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A lJ T O lt DEL A G E (l G II A FíA II 1\ ] \ E R S A ¡ ..


T O '1 O 111.


In (antis {;{¡¡s h¡ rni!IliIH r(¡¡ra
flll'randll .,>uni q/urm 1(1! dando:
(11m si IC.w!anT{s, rareu . ;; si (,/l{~
pOI'cris, nhnills ¡tll., s,: d¡('(lris ~
qua'11l'is Ulud rlcl!¡ssim~, IIr e '"('.";-
(r¡dis~¡me (((fris. Sul !/{!L(' 1IlfU
me 1'ctal danl: cst cnim mi/li pro
fidr:j satis anhni.
C.u Pu:.u SKCI!NDI 1:?I:H. K.R L1TJ.l.


plazuela ,le AfligiW'~; rnf¡n. 1 •
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la




CAPi'l'ULO PRIJIERO.


BUENOS-j\IRES: 1820.


Nottci¡¡s preliminares ti la histl)ria de Baellos-Aires ,íO:
1820. Invasion de los ]XJrtugueses en la hl1lu!1l orientaT.
princljJiada en léll6. Relaci',;nes d!plumdt ieas i protestr¡
de la corte del Brasil. Rápida resella, de Artiga3. Lig,z
de federalistas contra los centr,7l,'s. Apoyo de estos en su
misTit:L wúon i en su hen.'za:uüui masónica. 1lI!lniobr<1s
del enviado arJentino, Go¡;¡ez, CErca de la corte de ji'ran-
cia parll coronar Rei de BI~cllo)-Aires d S. A. l~. el
Diillle de L¡lca. Declaracion de ¡i'in',,{ .:'JOr A!,tig,,, IÍ di-
cha capital de B¡¡c¡zo;-Airt:s'. S';'Jili'Lie/OIl de la; pi'O~'¡il­
cías. Fl.ga de pllc:rredon con S:tS satdites. Elevacioll de
R'J/ldcLlil al mando slIpremo. Derrota de Balearee pOI'
Ralllire,:. DeposiciiJn rle,: ('!teda Rondcau i del¿gricl.),¡ (id
mando en el nYiUltam¡¡;nio. Elecc:"Oil j)()p:dar de S u'ratc,z
przra g'J!;er¡wr d Estad'j, Aria/;,tiei) de? Lu/:m. l't-atrüh
de p:I7., deZ j-'iTur. Prep:!f\itiV')S d~ B:1Ícarce p'tra SJ$te-
/la el llnri/Jundo p:zrtido de ia Lr;.JJ¿ [J!IC:'N¿dü!l;,lt:r.
Su en! rada en la ca pitrd. _\'úc'vos al boru/o, p:O',1 C0/:;-
carte al ji'c,'ILe de lU5. ;l':g(J~'/'I';. J:"'::''-':l':il!rJ d~1s~;r.1e¡íld)
de Ealcaree CJn li/s tr0[J.!s dl! 0lm',,!) jH!W[.] 1 i Sil j't-
g:l. Ajuri,',ét dd 1ll!";)O l\{';¡¡Yt'07Z '/:>"/ Cdrl')s Ah·e:.r. E;-
Lu!.) la,tl"lOso de CS[')S pUiSiS á ji.N.! d¿ lat~~.


( " jomo el objeto princiFal Jc nucotn !Ji,UJrü e3 el fI:,ferir
los SllCeSl'S de b r¡;\'olucion dr~ Am('ri¡:l en ('[unto tienta rd::-
óon con las :ll'mas espaiíoLs 1 ,lOS lJu~l(I:i ah:,tcnU') de InL,I"l'




'1 III L",OS-An,r:~: 1 ,'<,n.
de ButnCE- Airts por lo rdatiro á los míos 1 [117, 1813 i
! '3 19, )'a porque habi] ces:Jdo en aqucl p;Jis la inDué-!lcÍ1
de h metrópoli, i ya por que lo ocu rri,.l e, Juralltc la cit;IlL~
"v:;ca podia s'.'! incluido C0l110 prcliminlr del I'f(','(:1Ito ca;:!-
tulo 1 que por Su importancia Jebe em pelhr mas que otro
nuestra atencion. Para describir pUl's dign:llllclItl! <sta épo('J,
ea meJio de h conci,ion que nos hemos proi,mst,) 1 c~¡:!i,'J.'
rCillOS las razones que prrpararon el }¡orro]'(;50 caos. cn 'luf
Lis pro\inciJs del Rio de la J 'lata ljUl.:d;lrOIl en \'lll'ltus.


Los portllgueses habian atacado la band<l oricntJ! :í fiIlt',~
de 1316 sin que el gobierno espailol hll hiera si, lo consu!t~­
dD p:lf:l esta agrcsion: fueron sus mirns ostensibles I:Js de pr0-
tegcr al Eraál de las ideas subversi\:ls <luC reillab~1l en di-
cha banda oriental; pero como se recelase que ];¡ amllieion
tenia en ella mas parte <¡uc b política 1 SA protestó S. lH. C.
cOEL'a una inYJsi0n, Llnto menos {s;l('rada cu:mto que :ícia
el m:s:no tiempo se !nbia en!:l?ado cn III ltrimo!1;O ron una
Sll¡:;U3U princc':a ~k la casa de DngJl1za. L:lE pote¡]cias ;.¡!i:::.-
¿;tS tom;\ron p:ute ca csta ~u,."ü)n dij.[om;Ítica á [¡¡vor de
los derechos Je la Espaila; i se yió con la lll<lS agradable sa-
tiófaccion la dcd<lf3.cion del gol¡i'cTnO J ,r:¡·ilelto, que ~ponia
en cl:.II:o los nobles sC:1timil'utos Jc (flC c;t,J!n ~nÍill:I\lo, i la
pro:ncsa fOfmal ue tcnef ar¡l1cll'Js JC1llill¡OS á la dis¡JOsj('iull
de S.H., p:Ul cu:mdo se lialLtse cn "sLl;o de h2ccr rcs¿ct:ll"
Sil :mtvrilad en el vireinato Je l;um ]s- Aires.


CU:.illélO los purtugut:i:iCS se pr'cs~n1:lr<)n <Lhllte (le ;\1on-
tCi'U(O t"t<lbJ. a'íuel!a ciudad ocupaJa por bs tr'Jins ,Le Al"
tig:lS; Jc ese g~fc bullic:iuso i em;Jrén b!or, cinc 3.1 Ll\ cr dd
pr~stigio r¡uc ej~rcia entre las g-lltcs (~,~ la Clmp1:í.l, !uh;;¡,
1ll'g3~Io ,í hJ.cr'e tem;:r del ¡;ol)jcrr:o de rUCI1'Js·.',;¡-.,s, i ~í
arr:!r:c3rlc dicl!o doa1ini·.). Ese indo:n:thle re~,~<./ü'~·:·~:~~l:;')"l 1:2..-
tido U:1:~S veces") í ,'cnCed;Jf L!s llLtS j ~i-:.::tIJVO Ui!a :_~U;._'lT:l 3~>'
tiv:l con l,)s port:¡g'!CSCS Insta el a¡,ía J O:~ c) ~n ([GC ¡"¡le o:::·
plet~:ncnte derr:J~:h'lo por el gcncr:d p0r~!lt-;:;C3 '¡ilL::~lu~'rJ er ....
la or:~la izquifr(~l dtl riíJ Tat'u:lrf'lnlJO tn ;:: 2 ele f1]CrO ~ ,le
eu VJ.S rtsu!tc.s ~:'!l2(5 el (J ru ~~] ~d con ~.'iac0 -< .: f. ~~ ~1c 5 _:.s :::._tS




r.ri"l'i05-Alfots: ¡8:lo. :;
adictos, i se refugió al Paragu:lÍ, en donde espiraron sus gi~
gantcscos proyectos.


Habia sido tan ambigua su conducta en varias circuns-
tancias, que pared a obrar en unas á favor de la independen-
cÍl i en otras en obsequio del Soberano espanol; pero siem-
pre contra el partido portugues. Mas de una vez se enganaron
los mismos cspaÍloles, al ver que á un mismo tiempo hacia la
guerra á dichos portugueses i á los insurgentes de Bucnos-
Aires: c3ta creenda dió lugar á nna conspiracion concebida
por los realist:ls de Montevideo en 1819, la que habiendo
abortado por la f¡¡Ita de concurrencia del incomprensible Ar-
tigas envolvió la ruina de mas de 100 individuos, que fue-
ron arrestados, i de otros muchos que fueron tambien arro-
jados del país por el general Lecor.


Los verdaderos planes del citado caudillo eran los de no
obedecer autoridad alguna en la tierra 1" i de egercer un do-
minio arbitrario i despótico sobre el pais. Como estaS ideas
se hallaban en contradiccion con las de los gobernantes de
Buenos-Aires, que querian dictar leyes á todas las dem3i
provincias I se dedicó con infatigable celo i constancia á pro~
tejer el si~tema de federalIsmo I que debia asegurarle la libre
posesion de la b:.mda oriental. Tomó con este motivo el títu-
lo de protector de la federacion I i fue el abrigo de to,los los
revolucionarios descontentos, i aun de varios gefcs de opi-
nion é influjo, que habian sido arrojados de sus mandos por
nuevas facciones.


Se hallaban entre eí'tos últimos Carrera, AIrear I Rami-
rez i otros I que guiados por principios de odio i ani¡nosidad
cOntra el director supremo Pueirredon I entraren gustosos en
1Gs proyectos dcsorgmizadores I i lograron finalmente encen-
e!;::r 'a tea de la discordia por toda la estrnsion de dicho
vÍrtÍnato.


El enunci3.(~o PUeirrdon habia sabido eonS2rvarse en el
mando desde el afio 18 r 5 h;:¡sta principios de 182 o. El apo-
yo de los congresist:.i.s del Tucuman, i sucesivamente el de
la i\rllll logia mas':nica; sus no pequeñas lucei, i la astucia i




G DLE:\"OS-ArR~:5: 1320.
refina(h malicia de su secretario Gregario Tagle le hirieron
triunfar de todos sus rivales, i le mantuvieron en la silla
dictatorial mas tiempo de lo que debia esperarse: de un pais
insurreccionado, en el que con tanta frecuencia se habia visto
la súbita mudanza de los primeros gefes del estaGo.


Si el espiritu de partido hubier::t enmmleciJo ante los in-
tereses generales, debier::t Pueirredon haber adquirido en el
templo revolucionario un nombre glorioso. Haber sabido sos-
tener la nave corsarÍa enmedio de tantas borrascas, era em-
presa que rec¡ueria estraordinarios talentos, un valor á toda
prueba i un refinamiento de política, si bien era esta gene-
ralmente mas conforme con las máximas maquiavélicas que
con la razon i la justicia. Varias veces estuvo el estado para
disol verse, i Pueirredon lo sostuvo. Se habia tratado ya de
enviar diputados á EspaíÍa p::tra reconocer el gobierno legíti-
mo, i Pueirredon supo frustrar esta atrevida prol'idencia.


Cuando llegó á persuadirse de la imposibilidad de resistir
á las armas del Reí, que amenazaban una próxima invasion
en aquel territorio, ayudó á introducir con sus intrigantes i
artificiosos manejos el fuego de la sedicion entre las tropas
españolas, destinadas á la recoIllfuista de este pais; i á su
pestilencial influjo se debió en parte la rebelion denominada
de la isla de Leon, cuyas fatales consecuencias quisiéramos
borrar de nuestra memoria.


Don José Valentin Gomez, quc por dicho Pucirredon
habia sido enviado cerca de la corte de .Francia como repre-
5entante de aquella república, empezó ya á m:lJlcjlf relacio-
nes diplomitieas en el mes de mayo ce" 1819 (1) con el mi-


~l) L!'rames muí di~[at:tes de cdticar por pr('cipitndo jUil'io la e ),:-
uu(:la dd goIJier!]o ClanCeS" aunque alguno de sus iudi\idlloS ll,lhiera
cnÍlado ea la clase de confianzas que enumera el prOCt:so que se in::-I ;:u-
y,; en 23 de febrero del alto 1820 contra las autoridauc< 'l"P fuer:)a
d.erribadas f:.n la rc,'oIuciun ocurliua en el luismo 1I1f'5. Las jdca~ jrl1·~
\'crtiulOS ~ohJ'c e~t~ pal,ticular han sido ~<l('adas del citado pr: i Cl"50 '1u~
le imprimió á aquella sazon en lluenos·,\ires. Nos indinaU11l3 .i clcrr
'1ue ~;t"i uocumentos son apócrifos, é imeutados por los il!snJ'}ent:;




..,
¡


nistro de rc1adones estrangeras baron de Reneval, quien, se-
gun los (Iespachos de aquel emisario 1 habia formado el pro-
yecto de coron:!r Rei de Buenos-Aires á S. A. R. don Cár-
los Luis de Borbon, duque de Luca. Prometia aquel minis-
tro gbtener el consentimiento de nuestro augusto Soberano
el sriÍor don Fern:.mdo VII, paralizar la formidable cspedi-
don que se iba preparando en Andalucia, conceder á dicho
PrIneipe toda clase de ausilios para cerlir la corona, i facili-
tar su enlace con una de bs augustas princes3s de la casa de
Braganza, para obtener por este medio la ceúon de la banda
oriental, i formar un reino unido de todus aquellos inmen-
sos p3ises.


Si venhderamente se concibió este proyerto, fue una
emanacion de las conferencias del congreso de A quisgran,
en el que parece trataron seriamente de la revolucion de
América los miembros que lo componian, i espresaron una casi
unánime opinion de la conveniencia de establecer monarquías
en la América del Sur. Sienuo estas las ideas que regian en
}"5 varios gabinetes europeos. 110 seria de cstrafiar que apro-
basen el proyecto del baron de Reneval, de que se hace
mencion, contando con la sancion del Soberano legitimo de
aquellos dominios.


Las autoridades que gobernaban el timan de los negocios
en Buenos-Aires á fines de ,8 '9 , i aun el mismo congreso
oyeron con agrado i satisfaccion unas propuestas tan venta-
josas en aquella época, en b que se esperaba por mamento3
la llegada del conie del Abi3bal con sus formLlables Iegion(;3
es pcd icion:lrias.


El indomable Artigas, que lleg6 á traslucir la próxin13.
reconciliacion de brasileilos i buenos-airellos, clechr6 ¡i estos


p6.1/:\ dc~a(,J'(·(1il~1' la fac('j~;n ca!'Ja, n~JS Lipl1 que ú :d¡jbllir al gahi ..
ll!C {le !as TtlUl-¡ ¡ .. lS Ida:1cs de a~a{'aJ' 1.1 I"Obt'rall~a dl·l .Jlona¡ca C;;l'.J ..
üul. S0aIH,.5 Jl'U.';;! p~'rmitid('1 COn f'sta protesta seguir el il~!O de aquello!;
bc.ulnilllÍ'.'nlop, dd Inodo q'J<I fueron enloJle .... rr~,.ent3d0s alUll!"Ju
I"Jltt¡UI.




11 [ESOS-AIHS: libo.
últimos la guerra i tremoló el estandarte de 1.I rebdion con-
tu aquella capital. Habian sufrido las provincias todos los
efectos del rigor i de la opresion de sus mandatarios, empe-
fiados en mantenerlas unciJas á su yugo, valiéndose de to-
dos los resortes de la intriga i perfidia, siempre que era ne-
cesario recurrir á ellos para no perder su pretendida supre-
macía.


Córdoba fue la primera que proclamó su separacion, i á
su consecuencia se pronunciaron por el mismo sistema el
'rucumán, Entrerios, Santa Fé, i sucesivamente las demai
provincias, hasta el punto de quedar dichos mandones de
Bucnos-Aires reducidos á los estrechos límites de su distrito.
Empero conociendo aquellas la necesidad de coligarse para
oponer un dique al impetuoso torrente de dicha soberbia ca-
pital que, aunque aislada, tenia fuerzas bastantes para ioun-
dulas de sangre i horrores, se pusieron bajo la proteccion
del general Artigas, i se presentaron bajo una actitud tan
imponente, que teffi€roso el director supremo Pueirredón de
los efectos de aquel volcan, be embarcó de secreto para Mon-
tevidéo en una fragata anglo-americana, con su digno se-
cretario Gregorio Tagle, i con otros varios de sus secuaces.


Al día siguiente de h forzada espulsion de dicho director,
que fue el l? de febrero, subió á aquel elevado puesto el ge-
ueral Rondeau con las mas ámplias facultades del mismo con-
greso, para que tomando en consideracion el estado crítico
del país adoptase las medidas mas eficaces que le dictasen su
celo i la conveniencia pública. Aunque el dominio de este
nuevo gefe duró lioIo siete dias, fueron marcados sin embar-
go con prisiones i destierros i con toda clase de tropelías i
violencias. Se nombró á este tiempo :í don Miguel Soler, ge-
neral en gefe del ejército esterior, i se dedicó la pública aten-
cion á poner la capital en estado de defensa.


El general Ramirez, que mandaba las fuerzas orientale:!',
batia en el entretanto en la canada de Cepeda al ejército di-
rectorial , mandado por Balcárce , quien se vió precisado á
retirarse dejando sobre el campo de batalla un número cousi-




:r. fE;'(I)~-A /I;T:,,: 1820. !)
derable lle muertos i de heüdos. Creyendo el victorioso Ra-
mirez que; hal,ia perecido en la refriega el grneral del 0rues-
to bando, intimó al coronel Rolon se rindiera á discHcion
en el término de dos horas si queria evitar los desastres de
su brazo vengador; i ofició al mismo tiempo al ayuntamiento
de Buenos-Aires para que salvára aquella dudad de tallos 10i
horrores de la guerra ci vil, ofreciéndole suspllldcr por ocho
di as las operaciones de su ejército, cuyo tiempo parecia sufi-
ciente para deliberar con la debida cordura.


No habia contestado todavía el ayuntamiento á las comu-
nicaciones de Ramirez, cuando recibió otras del general Soler
desde el puente de IHárquez con fecha del 10 de febrero l e.
que le avisaba que las legiones federales pisaban ya el terreno
de Lujan para derribar un congreso que á nadie ffpresenta-
ba, puesto que las provincias se habian separado de él, i á
un director, cuya autoridad no era reconoeiJa fuera de las
murallas de aquella ciudad.


AmenazaLa asimismo no deponer las armas hasta que hu-
bieran sido separados de sus destinos los empleados del go-
bierno, por considcrarlos ligados á la faecion de Pucirred6n, i
esclavos dc aquella logia, que era mirada por todos con hor-
ror. Le intimaba asimismo la necesidad de que dicho ayun-
tamiento reasumiese el mando soberano, i dejase al puehlo
fij1r con taja libertad sus dcstinos ~ protest:lllclo no ser otros
sus votos ~ ni los del general Ramirez que la armonía gene-
ral i la felicidad de la patria.


Comunica.-Ios estos despachos al congreso i director supre-
ID') interino RonJeau, depusieron el m::m·lo ¡ímbos poderes
en manos del referido ayuntamicnto en el ciia 1 I ; i ya al si-
guiente salí5 una comisi0ll de tres individuos de su seno para
sentar con el general Ramirez hs bases ce Ulla transiJ,ion
que terminase lqudL!s ,tiscorJils. Haúi¡;ndo lIega.-lo did,0i
comi~iClna.los al cuartel general de I~amirez en el dia ; 5., re-
cihieron por lmica contestacion b m:g:{tiva de trat:ir con ellos
púr no lukr emana:lo ¡liS pederes de pcrsoll:'s nc.mtraaal


'fON:O Ir!. ~




lO llUE:'\Og-AlRES: 1820.


de un modo público i solemne por el pueblo, puesto en una
completa libertad.


Regresaron dichos diputados mortificados con aquel de.-
aire, cuya irritacion se comunicó al momento á todos los in-
dividuos del mismo cuerpo, al que ellos pertenccian; pero su
situacion era tan apurada que hubieron de renunciar á sus
vehementes deseos de vengar aquel ultraje. Conocian que
el ejército esterior, combinado con el orient:ll \ habia de
burlar cuantos esfuerzos hiciesen para sostener su efímero
dominio.


Las tropas direetoriales, despues de su derrota en lo. cam-
pos de Cepeda, ib:m naveganrlo por tI rio Paran:i, á mUc11ól.
distancia de la capital de Buenos-Aires, i eS¡lllcstas á que el
enemigo victorioso les embarazase el descmbarco : otro de 101
cuidados del ayuntamiento era su incertidumbre sobre el par-
tido que tomaria el general Balcárce. La ciUilaJ contaba cón la
sola fuerza de cuatro batallones de esclavos que se habian le-
vantado en aquellos dias para Henar el hueco de los cívicoi
que habia~ salido á reforzar los ejércitos de afuera. No que-
daba pues otro recurso á los capitulares que el de sufrir la
lei que quisieran dictarles los invasores.


Habiendo desterrado á todos Jos sugetos á quienes pudiese
comprender el decreto de proscripcion, intimado por los fe-
deralistas, avisaron al pueblo por medio de los alcaldes de
hurio para que en cabildo abierto se eligiese un gobierno
provisional hasta que conv()cados los habitantcs de la cam-
palla se fijase definitivamente la forml que debia regir. Re-
unido COIl efecto el pueblo en la sala capitular, ¡separados
de ella los individuos del ayuntamiento, escepto el alcalde
de primer voto, don Juan Pedro Aguirre, que salió electo
presidente, se procedió despues de una prclija discusion á la
votacion indivilu:ll, de la que resultó la designacion de
doce representantes con el título de junta electoral, ple-
namente facultados para nombrar el gobernador de la pro-
.. incia, para resol ver sobre el cése ó continuacion del ayuDta-




nr'll:VOS-AIRES: 1820. 1 1
miento, i para tomar las medidas que considerasen condu-
centes al logro de una paz honrosa i duradera.


Habiendo dado principio á sus funciones esta junta elec-
toral el dia J 7 del citado mes de febrero, que fue al si-
guiente del de su eleccion, nombró por gobernador interino
del Estado :S. don Manuel de Sarratea, con encargo al alcalde
que presidia ]a votacion, de que mandase la provincia en
clase de interino, hasta que dicho Sarratea, que se hallaba
entonces :S. seis leguas de distancia, hubiera pr,"stado el jura-
mento de estilo, i tomado posesiono Aunque dicha junta de-
claró que no hallaba motivo para decretar la remocion del
ayuntamiento, adoptó sin embargo á los dos dias una me-
dida diametralmente opuesta, que se creyó dictada por los
generales Ramirez i Soler, i fue la de nombrar capitulares
nuevos desde el primer alcalde 11astl1 el último regidor.


Mientras que la junta de representantes elegia en Bue-
nos-Aires un gobernador de la provincia, i el ayuntamiento
eicribia todo lo ocurrido :S. Ramirez i Soler, estaban estos
dos generales estipulando en la villa de Lujan un armisticio
de tres dias que firmaron en 17 de febrero, conv iuiendo
entre otras cosas en no dejar en su empleo á ningun indi-
viduo de la administracion depuesta. Sarratea, que acababa
de llegar á la ciudad i de tomar posesion de su gobierno,
cuando llegaron las noticias de dicho armisticio, encarg6 in-
terinamente el mando al mayor general don Hilarion de la
Quintana, i salió al momento para la capilla del Pilar, en
donde le esperaban los dos gefes de las fuerzas orientales,
con el objeto de ajustar un tratado definitivo de paz entre
01 pueblo de Buenos-Aires i las provincias de la V nion.


Se firmó con efecto JicllO tratado por el que prometie-
ron combinar sus armas para el establed.niento dd gobier-
no federal, i para la pcrsecuciuu del parti Jo de Pueirredon
i demas prosélitos de la J ógia masónica: se arreglaron asi-
mismo otros artículos relativos á Jos puntos que habian de
ocupar las tropas orient<lh:s, i á los recíprocos ausilios que
debían prc,starse.




j:>. n¡;ENOS-AIí',r:s: J ~2().
La notlGla de este importante suceso derramó un con-


suelo vivifbdor sobre los ha')itctntes de la capital, que cre-
yeron ver termina las las furios:!s discordias que los tt'ni:m
en un continuo sobresl1to, i les hacian temer que iban á
Jer sepultados en el abismo de ambiciosas pasiones la vicIa,
la hacicnch, i los intereses de la decantada piítria; Ulas esta
halagikíía perspecth'a cesó bien pronto, i volvieron á apa-
recer espantaBas nubes que amellaZClron una completa dioolu-
cion del Estado.


Se congratulaba Sarratea consigo mismo al consiJerar
que habia restablecido h paz i la tranquilidad en afIuella,
provincias, i contaba eon h seguridad de su gobierno (mien-
tras que los tres diputados nombrados por las provineias con
arreglo al artíeulo I? del trarado del Pilar, acordasen los
medios maS conducente~ á la felicidad del pais), cuando
hubo de volver toda su atencíon :leia un enemigo peligroso~
á quien habia considerado con menor importancia de la que
convenia dar á quien tenia en sus manos una respetable di-
vision decidida i entusiasmada.


Era este el caudillo Balearce, titulado general en gefe
del ejército del Norte, que con la columna que habia sal-
vado del descalabro de Cepeda, se habia embafcaJo el 15
de febrero en el puerto de San Nicolas. I,levaba ya cinco
dias de navegaciOll por el río Paran á , cuando recibió en las
cercanías de Zarate un espreso de Soler, por el que se le
instruia del armisticio de tres dias, celebrado con 103 orien-
tales, i se le prevenia la necesidad de retrogradar al punto
de su salda 6 de quedar estacionado, i de :wspender todo
acto de hostiliJaJ contra las fuerzas combinadas , hasta
nueva disposicion.


Quedó sobrecogido el espíritu de Balcarce de la mas
justa alar m:!; i persuatÜdo de que los tiros de los reforma'
dore5 se dirigian esencialmente contra todos lo. individuos
que hubieran figurado durante la antigua administracion,
entre los que ocupab:t él un lugar distinguido como elevado
Bliembro de la l6¡ia i hechura predilecta de Pueirredoll'




RrEl\O.s·A¡nE~: 1820. 13
trató de oponerse con todas sus fuerzas á los llueros parti-
darios, cuya autoridad era incompatible con la suya. Ha-
biendo principiado :í mostrar su disgusto con quejas al ge-
neral Soler por haberle dejado ignorar tanto tiempo aquel
importante acontecimiento, i con reconvenciones á Ramirez
!obre violacion de territorio por las tropas orientales, desem-
hareó en el putrto tIe Camp:ma, desle donde m:mdó publi-
car estas mismas comunicaciones, asi como el acta de la
junta militar, presiJida por el ex-director Pudrredon, en
que él había votado por la guerra contra el gobierno del
llrasil, pntendiend~ fijar con estos documentos su vacilante
opinion, i se pmo en camino para la capital de Buenos-
Aires.


Se hallaba ya el I? de marzo en sus cercanías, i deseoso
de esplorar la 'disposicion del pueblo con respecto á su per-
SODé!, hizo alto en los Olivos, desde cuyo punto despachó
d la junta electoral un oficio firmado por los gefes principa-
les, en el que trató de indagar la opinion de dichos repre-.
sen tan tes sobre su entrada en la citada ciudad. Reunidos
en el mismo dia el gobernador de la provincia ~ el cabildo i
la junta electoral, se resolvió que fuera contestado aquel
oficio con ]0" mas cordiales testimonios de agrado i satisfac-
cion acerca de la conducta que habian observado las tropas
de Balcaree en circunstancias tan espinosas,


Habiéndose determinado el referido Balcarce á hacer su
fntrada con tan franca salvaguardia ~ fue recibido con acla-
macion gentraJ, i saludado -con salvas de artillería. Presen-
tarlo en la sala capitular, en la que le esperaban la junta i
el caoildo, fue felicitado por el gobernador de la provincia
sobre la ilustre campana que acababa de hacer. Desde este
dia siguió el estado de los neb0cÍos sin la menor aIteracion
hasta el 6, en que hallándose reunido el cabildo en' la sala
capitular ~ recibió una representacion firmada por' 165 . indi-
viduos, relativa á manifestar que el gobierno vigente no
era de su confianza, porque sobre otras fundadas razones
hahia entregado armamento i vestuario al ejército f"de-




~UENOS-AlnES: 18:w.
ral, i que por lo tanto debia cesar en el momento, nom-
brándose en su lugar un sugeto de toda confianza que sos-
tuviese el timon de los negocios con el pulso que requerian
los apuros del Estado.


1<'ranqueaua la sala capitular para que el pueblo resolvie-
se en eIla lo que tuviese por mas conveniente á sus miras,
salió electo por gobernador i capitan gener:.il de la provincia
el coronel mayor don Juan Ramon Balcarce. Al dia siguiente
volvió á reunirse el pueblo en la iglesia de San Lorenzo
con el objeto de continuar las discusiones que h:lbian que-
dado pendientes; pero fue tan grande el alboroto, que nadie
¡e enten:lia, hasta que subiendo uno á l:.t tribuna llizo la
modo n de que cada barrio nombrase un diputado que fuera
el órgano de su voluntad; i en el entretanto se acordó que
ie guardase religiosamente el trau.do de paz firmado en
el Pilar.


j Cuántas reflexiones políticas arrojan las escenas po pu-
hres de estos di as en Buenos-Aires! Iguales i aun mas san-
grientas las ha habido repetidas veces en los varios estadoi
de la América espaÍlola. Esta es la felicidad que les han pro-
porcionado los filosófos modernos. Ya el pueblo americano
le ha ido desenganando mas ó menos tarde de los irrepara-
bles dalios que ha sufrido desde el momento en que se dió
el malhadado grito de la independencia. Ya pocos de los prin-
cipales motores de esta rebelion sobrevi\'en á los estragos
que aquella ha producido; pero su memoria es un objeto de
execracion para todos los que saben i pueden comparar el
estado de aquellos paises bajo el Liulce gobierno del Monarca
espaaol con la lastimosa dtcadencia i miseria que present~n
en el dia. Em?ero SOI1 tan obvias estas reflexiones I)"ue 1103
parece escusarlo detenernos en ellas, i seguiremos ¡JOr 10
tanto el curso de los sucesos de Buenos·Aires en la desas-
trosa época de 1 320.


El partido de la l6gia, ó lo que es lo mismo, de Pueirre-
dón, habia arrojado raices tan profundas en la capital de Bue-
nos-Ains, que asomaba la cabeza enmedio de sus m~s terri-


/




lIUEN05-.unrE: 1820. .1;)
bIes quebrantos. Rondeau habia sabido restablecerlo á prin-
cipios de febrero, si bien el 1 1 del mismo mes habia sido
derribado el altar erigido á aquel ídolo masónico. BaIcarce
volvió á entronizar dicho partido en 6 de marzo; pero se
empeiíó en sostener con tanto descaro sus planes é intrigas,
i manifestó tan poca voluntad de observar el tratado de que
se ha hecho mencion, que se atrajo mui pronto la odiosidad
de todas las tropas, escepto de las que él tenia vendidas á su
persona. Deseoso Ramirez de acabar con los restos de aqueHa
faecion hacia sus preparativos para apoderarse de la capital,
cuando llegaron á su cuartel general Soler, Sarratea i otros
muchos enemigos de Balcarce i de Pueirredón, que habian
debido fugarse en la noche del tumulto. Animado con tan fir-
mes garantías dirijió proclamas por todas partes i convocó á
los hlbitantes de la campalla para que concurriesen á engro-
sar s us filas.


No se descuidabl Balcarce por su plrte en tomar las mas
vigorosas medidas para resistir á tan poderosos enemigos. Re-
petidas órdenes al vecindario de Buenos-- Aires para tomar
las armas, ensayos no interrumpiuos en ejerckios militares,
proclamas i arengas diarias á todas las clases, infatigable ce·
lo para comprometer al pueblo en su partido, i rigurosa vi-
gilancia p:1ra evitar la desercion que se habia hecho general:
he aqui las armas de que se valló el atrevido Balcarce para
asegurar su uominio .


. Llegaron á etite tiempo comunicaciones de Sarratea para
el ayuntamiento desde el cuartel del Pilar, escitándole á
abandonar al tirano i á derrocar ue una ve;.: la aristocrácia
militar, la que dando la lei en los comicios plíblicos privaba
al pueblo de los pretendidos derechos que tenia VáU nombrar
libremente sus g'l!J~rn:Intes; i terminaba sus liespachos con ma-
nifestar que los federalistas no uepondrian las arlllas hasta
(Iue hubiesen uespedazado las cad~nas con que los tenian
aherrojados los déspotas militares.


Noticioso BaIcaree de la aproximacion de sus contrarios,
s~lió contra ellos des pues de haber puhlica fa una enérgica




JlUEXO~-Alf\E~: 18:~o.
proclama, dirijida á entusiasmar los állimos de Ufi1 poblacion
que en lo general estaba poco dispuesta á segundar sus im-
pulsos; pero el resultado de su encuentro fue cual podiJ es-
perarse de la debilidad de su partido. A los dos diai estaban
ya los federalistas dentro de la ciudad de Buenos-Aires, i res-
tablecido Sartatea á la cabeza del gobierno. Ya desde el dia 1 ~
de marzo se habia difundido la notici:I de que don CirIos
Alvear que habia manejado antes que Pueirredón la frágil· nrl-
ve de aquel Estado borrascoso, estaba para entrar en la re-
ferida capital; i como el dia 5 se hubiera sabi,lo de positivo
la ocultacioll de dicho peligroso sugeto dentro de las mismas
murallas, no pudo Sarratea tomar las necesarias providencias
de arresto ó proscripcion contra él, porque al dia siguiente
comeuzaron las ocurrencias de Balcarce.


Apenas volvió Sarratea á colocarse al frente de Jos nego-
cios despleg6 toda la energía i actividad de su cadcter contra
los dos objetos de su mayor aprehension, que lo eran los re-
feridos Balcarce i Alvear: para desconceptuar al primero hilO
publicar los mas horribles cargos de tropelías, estorsiones,
robos, perfidia i traiciono No le era tan fácil producir igual
impresion con los ataques dirijidos al segundo, ya fuese por
que sus defectos como mas arlejos se tenian menos presentes,
6 porque verdaderamente no fuesen de un caráctr.r tan odioso
como los cometiuos por los dernas gobernaates? ó porque
¡¡US ilustres hechos en la tom::t de IHuntcvideo le hubiesen
grangeado una aventajada opinion, ó finalmente porque se
vi~se apoy::tdo por un partido numeroso que embotaba los ti-
ros de sus enemigos. .


El citado Alvear que no habia hecho movimiento alguno
durante el go"Jlerno de siete dias de B:,Icarcc, llegó á sno-
nar sus intrigas en el dia 26 del mismo mes <le mJrzo en que
lie hizo nombrar general ·de las armas, i sacó violentamente
de casa de Sarratea al general Soler, á quien puso preso á
bordo de la fragata la Argentina. Euterado el ayuntamiento
de estas tropelías ofició á Sarratea para que intimase á AI-
vear la dejacion del mando que habia usurpado, i que salie-




l'!r~¡:;N()S-ATl\ES: 182():~ 17
¡e sin la menor dilacion del territorio de la provnc ia. El
modo con que aquel desempeiió esta comisÍon fue el mejor
comprobante de su debilidad: proponer á dicho contrario el
plan de dirijirse al Perú á defender la patr!:! contra los rea-
listas, ó abandonar la provincia, ó elegir autorid:hles que re-
emplazasún dignamente á las constituidas, que faeNa los
adoptados para contener dicho Alvear, indicaban claramen-
te la desconfianza de abatir el orgulló de aquel formidaLI e
enemigo. Sin que este hiciera caso de las intÍnt:lciones de Sar-
ratea, salió de la ciudad Ilevrindose consigo una fUerza res-
petable; Í si bien ent(}nces se vieron horribles decretos de
proscripcion contra el nuevo Catilina, que así era denomina-
do en los papeles públicos, acreditaban mas i lllas a:}ucllas
violentas me<.li,1as los impotentes esfuerzos de 103 gobernantes.


Esta fue la época de 1-1 mayor agitacíon i ansieJaJ pau
la capital de Ruenos-Aires. El gobierno con sus contínu:u
mutaciones estaba débil i estenm.do, i hahi::t perdido entera.-
mente la fnenm moral; la tropa acostuil,bracla á quitar i po-
ner autoridades no las respetaba ni temía, ni les guadal:n la
menor consideracion; el pueblo, mas tiranizad:! i mas en vi-
lecido cada dia, no era ya sino el jnguete de los eauJilIos
de los dil'ersos bandos qne 10 tenían di\,ülido. L:l ciu:lad te-
nia mui poca fuerza para su defensa; el estado se hallaba ex-
I¡ansto de fondos; Pueirredón desde Montevideo, i Balcarce i
Rondeau desde la Coloni:l atizaban el fuego de 103 partidos;
el ejército federal, contra lo tratado en el Pilar, perlIlaIJcci~l
en la provincia l i hahia puesto S~l cuartel general en Luj:m;
Alvear no dejaba de h:1Cer sus correrías en todo el territorio,
i esperaba á C:lrrera qne se bllaha á cuarenta Ie¡.;uas de dis-
tancia para atacar la capital en combinacion con sus tropas.


Todo l1acÍ3 presagiar el llEl3 flluesto descnlw.:e de la for-
zada posiciorl en que se hallaban las provincias del Rio de la
Plata; algunas partidas portuguesas de la diyiaiall dd lnwn
de la Lagt¡.na pi.suban el !er1"i~orio de h provinci¡¡ de fllife-
rios, i alllenazallJ.n la c,tpital del mismo modo q llC Ah celf,
Ramirez i Carrera. Edte último, que sostCHÍJ. ti partitb de 1'.16


TUf,lO 1II. 3




1 ~ "rr.l'\OS-AIJ\ES: I B20.
federalist1s, lleg<í á ent ra r en ella dictando una capitu lacion
desllOnrosa; pero b. evacuó mui pronto dejando encendida h
tea de la dis'.:ar lil. Las oscilaciones políticas duraron todo el
año de 13 ¿o, durante cu y 1 época quedó la espresada ciudad
entr'~g'l h á t0 los los horrores de la anarquía, i envuelta en
la sangre de sus hijos, siendo este el terrible fruto de diez
ai'ios de s:lllgricntos combates por adquirir UIla efímera liber-
tad que l..t aristoct':Ícia militar, la ambicion de los pretendi-
dos sabios i el desenfreno popular convertian en mortífero
veneno.


Cesaron por fin est!lS turbulencias á principios de 1821
con la creacian de un poder administrativo provisional, com_
puesto de 103 generales Rodriguez i Cruz, i de los ministros
Riva:lavia i García, i con la adopdon de un sistema repre-
sentativo repu blicano, el cual decretando la inyiolabilidad d.
la proilÍeJad, la publiddad en los actos del gobierno, la am-
nistía general, tolerancia sin límites, i una reforma estensiva
á tojos los raUlos ,restableció por algun tiempo la (;onfianza
pública.




19
~'\ \;\\:\'\'V\'lUHW\'\:\'\!H \'\:n \'V\\I\'\ \'\:\'\I\\'\'\!\ \''';\\1\1\:''';\\1 \JI:,', \'\ \1\1


CAPITULO IJ.


,


1) E RU:
Estado del PerlE á princlplOs de I8:20. Los iI/Slflj:lltC¡ de


Chile introd!6Cen el frIego de la seduccioll, i los resortes
de la intriga. Enérgicas providencias del virei Pc.z!tela
para rechazar la irwasiolZ proyectada por San ¡¡¡([rtin.
Suspension de ellas á virtud de las noticias sobre las dis-
cordias de las provincias del Rio de la Pla ta, (jiie {¡acian
esperar no fuera turbada la paz en el vireinato de Lhna.
Graves atenciones del virei. Brillante estado del ejército
del alto Perú, i sus victorias. Mteva cOllspiracion del
coronel Gamélrra en Tupiza. Pictorias del ronzandante
Ramirez i del coronel Antesana sobre las gavillas de
facciosos que vagaban por la provincia de Cochabamba.
Alarma ell Lima por la certeza de llevJ.rse á efecto la
invasion por San J.!Iartin. Funestos efi:ctos producirlos en
América par la cOllstitucion publicada en la península.
Disposiciones generales del virei, estensiv:ls hasta Quito
i Guayaquil. Llegada de San lVlartin d Pisco con su
ejército. Nego~¿aciolZes entre este caudillo i el virei, que
no tuvieron mas resultado que ltIl armisticio de oL'ho dfas.
Arenales sobre T:a. Derrota de Q:¡,¿mper en jV:tsca. Pro-
gresos de dicho Arenales. Victoria del coronel Pardo so-
bre B~'rmltdez. Aballd·ma San lI:lartin el primer punto
de sr¡ dcsemDar,;o i se dirige el Ailcr!n al .Lv. de Lima. Su-
bleoaeion d.e Gu:qll'f.'úf. P/i'dida de la fra;at:.t Esme-
ralda. Desgracias de la m:trillCl eSjyulola en lil !inr dr:l
Sur. ¡'/c:lt'lfIS cUlHeg¡úJas por el coronel Val,!:s /"l C/un-
c:aillo. J!fo1.!imientos del miSlllJ para situ.lrse en[re Are-




ilahs i Alv::rado. Su retirada. D(Jecdon del hatallon de
. ~\.'liIll:mcia. Progresos de la sedicion. D,:struceion del br¡~
baLé! Orcilli ene!' cerro de Paseo. Derrota de los indios
s,:L!ciJudcs en Hltancayo por el brigadier Rieafort. Paet'-
jicacion de Hltamanga, lIuancavelica i Huaroohiri por
el mis:no. Apurada siütacion de los realistas. Conspira~
cion de la villa de Ol'ltro, sofocada por el coronel Espar-
te.vo. Otra s¡¡scit:zda pOi' el coronel Lavin. Reflexiones so-
bre el estado de los ilego~ios á fines de I8l/o.


Ios asuntos pLÍolkos tomaron en este afío un se3go
mui contrario i las esperanzas de los realistas. Las horribles
discordi::¡s en que estab:m envueltas las provincias del Rio
de la PIdta presentaban co:~J() impracticable la ejecucion del
proyecto de invadir desde Chile el vireÍnato de Lima: las
provincias del alto PenÍ se mantenbn en la mas perfecta
clIma, sin que se hubieran ejercitado las armas del rei sino
en choques parciales, COI1stantemcnte gloriosos. La marinl
que habia podido reunirse en el Callao, aunque no era su-
ficiente para des!mir las fuerzas de I.Jord Cochrane, era
capaz sin embargo de l'eclJazar sus 3t::¡ques. Las 'tropas pa-
recían animadas de la mayor firmeza i entusÍasmo; su fuerza
efectiva no bajaba de 2 3~ hombr'~3, si bien se halIah::tn es-
pnrcidos por un inmenso territorio de 50':) leguas; todo pues
hacia esperar que la autoridad real HO habia de sufrir nÍn-
gnn dcsa;:3.to.


Empero el 110dzonte político se fue cargando poco á
poco de nubes, i empezó :i amenazar unll próxima tempes-
t.1cl. Habian sido dcsembarc'lrlos en el ailo anterior de la es-
cu~clra chilena varios emiciarÍos de San lHarti~1, con el ohjeto
ue pervertir el espíritu público i de conmover las provincias:
alg~mos habi:m sido aprehelldirlos; pero los mas seguian ejer-
CIC!lJo sa p~st!fel'O influjo. Entre los perversos planes del ci-
tado c:mdíilr) babia sido conCebido el de a:iCslnar al vírei
cé:anclo saliera á pasco, ó el de sobornJi' algun individuo
ec m f\1:ni.li.l par:! 'l'le le admini5~msc un veneno entre 1011




rTl,l 1020. 21


rr.anj:¡res ele; su mesa. Un tal Pecet i Paredes estaban encar-
gados de eEta horrible ej(~cucion. Otro de los emisarios lle-
vaba la comi5:on de corromper alguno~ artilleros para que
con los illgrcJ.ientes que al efecto debia entrrgarles, desfo-
gonase la artillería que se hallaba situada en la capital; i
fin:t!mellte se emplearon todos los medios de la filS depra-
varb m:llicia para introJucir el desórden i asegurar su triunfo.


Fueron burladas sin embargo la mayor parte de estas
infernales maquinaciones; mas el país quedó estremecido
wn el fuego de la seduccion, i se aument6 con eUa la in-
quietud i el desasosiego dél gefe cspallot, á quien el augusto
Monarca habia confiado aquellos sus dominios. Veia que
tenia que luchar mas bien con la intriga que con la fuerza;
temia fundadamente que cuando el enemigo presentaba la
cara habia de contar con el apoyo de la opinion.


Los pueblos dd víreiIl:.!to de Lima no habian probado
'todavia los efectos de la guerra civill i mucho menos los es-


,tragos de la lucha por la independencia; así no era estrano
que se deslumbrasen con las halagiieuas promesas i con las
bien tr,jidas frases de libertad i emanci[1adtm de la metró-
poli. Estaba por 10 tanto decretado que este país esperimen-
tase igualmellte los males de una ilegítima revoluciono Los
peruanos habian sido felices hasta est.l época 1 i se presenta-
ban como un objeto de envidia para sus vecinDS: era pue~
mui propio de su decantada filantropía i de su aLsurda
crecncia política centaminarlos con su mismo contagio.


Ü.:::upaban estas serias consideraciones el ánimo del virei
Pezuela, i conocia qlIe era preciso poner i dura pruek1 has-
ta el último quilate de su valor i previsionl si ha!;ia de triun-
far de 13 amenazada lucha: como hombre ·público no se le
ocultaba h dificultad de resistir victorios:ur.ente al primer
desarrollo de un movimiento revolucionario; como militar no
se le presentaba mas iJea queja de morir con las armas en
la mano antes que le fuera arrancada sU autoridad por los re-
beldes. El conocimiento de los peligros que le rodeaban, era
su mejor -ausi1iar para pl'CC;lVCrloS. Principió por animar con




e1ocuentc3 proclamas á 1:13 tropas i :í 10, pueblos; situó aque-
llas en los puntos que creyó dc mas utilidad i conveniencia
para contener los embates subversivos; dió á tOélo3 Jos gcfe
las instrucciones mas urgentes i activas con presencia de cuan-
tos lances pudiese ofrecer la próxima gucrr::! : puso en el me·
jor estado de respeto i de defrnsl la capital, cuya conserva-
cían creyó desle el principio absolutamente necesaria para
que no decayese el prestigio real en aquellas dilatadas regio-
nes; levantó fondos para subvenir á los gastos CstraorJirra-
rios, escitó el celo de todas las corporaciones, i adoptó ti-
nalmente cuantn medidas de preeaucion le sugirió 3U aCCIl-
drada lealtad.


Entre las mas oportunas providenchs dictadas para la me~
jor defensa del vireinato, se contó la de formar en Piura
una division volante de 1500 hombres, que tuviese por ob-
jeto cubrir la costa del Norte i ausiIíar á GlJayaquil en caso
de ser invadido por los chilenos. Se dieron asimismo las or-
denes para que las fragata" Veng:mza i Esmer1l.1da saliesen á
dejar en Paita un cuadro de oficiales, sargentos i cabos, arma-
mento, muaicioncs i 509 pesos para dicha division de Piura,
i de qu;; sin detencion pasasen á la boca de la ria de Guaya-
quil á obligar al comandante de la Prueba á cumplir las reite 4
radas órdenes que se le habian comunicado de salir con su fra-
g:lta de a:luel punto peligroso, en el que no poJia por sí sola.
prestar servicios de importancia.


Se mandó asimismo que los batallones de Gerona i Cen-
tro que componían parte del cuerpo ausiliar intermedio entre
Arcquipa i el ejército del Alto PerlÍ, vinieran á marchas for-
zarlas sobre la capital; pero de rcslJltas de Ulla junta de guer-
ra celebrada en 2:¿ de marzo, á la que asistieron los generales
IJa Serna, La lHar, Llano i Vacara con presencia de las no_
ticias recibidas sobre las discordias en que estaban envuelta¡¡
las provincias del Rio de la Plata, se acordó que se desellar-
telase la tropa miliciana de Lima que habia sido puesta so-
bre las armas, que se suspendiera la formacion de la divi-
>ion de Piura, que el batallon de granaderos pasara á Gua~




yarluil., rru¡o el de Ger;;na regresara al ej({rcito i el del centro
á Are' ¡llipa.


JlafCi:e que en esta medida de reforma tuvo una parte
eseneialla penuri:J. de fondos en que se Il:1Ilaha el virci, i la
treeucia que prevuL:cia ácia este tiempo de que los i¡¡surjcn-
tes de Chile estaban d~mi1s;.ado embarazados con la :lnaqufa
de sus vecinos para que pudiesen acometer un:! empresa tan
arricsslua, cual era b. in vasion del Perú. No sabia con efec-
to el sellor Pezuela de que medios valerse para cubrir las in-
mensas atenciones que le rodeaban por todas partes. El consu-
lado, el comercio ¡varios pulientes lubian hecho cuantiosos
desembolsos, i ya no era fácil hallar en ellos la mi1!tl1a gene-
rosiuad que en los primeros tiempos; fue preciso pues se-
guir la reforma i dejar en cuadro el batallan de Arequipa.


Se necesitaban 1960 pesos mensuales para cubrir las aten-
ciones onlin:irÍé1s Jcl Estado: se agolparon á un tiempo urgentes
reclamaciones Jel comandante de marina para pagar los atrasos
de su departamento, del gobernalor de Chiloe para poner aque-
lla isla en un estado re.petable de defensa, del comanuante
Benavides para seguir con vigor la guara de Aranco, i final-
mente del gobernador de GU:lyaquil, de los gener:Ales del ejú-
cito del Alto P¡;rú, i del de reserva, i hasta del virei de
Santa Fé i uef general de Panamá que pedian todos á la vez
dinero, víveres, armamento i vestuario.


Se agravó todavía la triste posicion de los negocios pú-
blicos con la nc,ticia de la criminal insurrecdon de las tropas
!ituadas en AndalUCÍa con destino á la pacificacion de Améri-
ca, que fue recibida á fines de lIlayo por un buque anglo-
americano procedente de Baltimore i Montevideo. La opiniún
que ya habia principiado á estraviarse con los artificioios ma-
nejos de los insurjentes progresó considerablemente con la
idea de haber quedado paraliuda esta· fuerza, capaz de cortar
de un golpe las esperanzas de los desconten~s.


Por la parte del Alto Perú era mui diferente la situacion
de los negocios. A'{ueI ej¿rcito compuesto de 6 á 7~ hom-
':!tes dominaba el país en tolas direcciones, i tolos los ¡me.




bIos obedecían sumisamente á la au toridacI real. 1J08 insu!'"
jentes de Buenos-Aires, sumidos en toJos los horrores d,~ una
guerra intestina, teni;m descubierta aquclb. frontera; así DU-
do el general don Juan, RamillCz que habia tomado de nu~vo
el maooo á fines del ano anterior, dirijirse ácia este mismo titm~
po sohre Juju[ iSalta p:ua llamar la ateneion del enemigo i
proveerse de ganado. Aunque no salieron al ftente ejército3 re-
glados hubieron de res,istir sin embargo las trepas realist;ls á
una poreion de ata'lues impetuosos dirijidos por los gauc]¡O¡
formados en cuerpos, acostumbrados al fuego i á todos los
riesgos de la guerra.


DarIFos una breve idea de ellos en obsequio de los indi-
v,iJuos que mas seÍlalaron su actividad i bravura en esta cor-
ta campada. Al levantar Ramirez su cuartel general de Tll-
piza en el dia 8 de mayo, dividió su ejército en tres colum-
m.s con orden de dirijirse simultáneamente á la Abra Pamp:J.,
que era el puntQ designado para la reunion: verificada esU
continuaron la marcha ácil Jujuí, á cuyas inmediaciones lle-
garon el dia 24. El gefe de estado mayor Callterac, que des-
de el 22 se habia adelantado con parte de la caballería i la
division de vanguardia, tomó posesion de aquella ciudad acu-
chillando algunas gruesas partidas enemigas que halló á SU
entrada. Continuando su movimiento sobre Salta tuvo OC:l-
sion de adquirir nuevos tr~unfos en el punto de Cupya, en
el que se atrevieron á esperarle otros grupos de insurjentes,
habiéndose distinguido en esta refriega el coronel V aldé3~
iuLinsp€ctor entonces de infantería i caballería, el ayudante
de campo del general en gefe don Eulogio Santa Cruz i otros
varios oficiales de plana mayor.


Destacado á este mismo tiempo el coronel don Guillermo
1\1arquiegui sobrc l\1onterico, punto situado á la ü¡qulcrda
del camino que llevaba el ejército, obtuvo importantes ven-
tajas sobre los enemigos, i volvió á reunirse con él en 3 1
del mismo mes en la hacienda de San Lorenzo, en la que
se habia situado en el rlia anterior despues de haber pasado
por las cercanías de Salta, que con mm poca oposicion por




pute de los enemigos ocupó el general Canterllc, no alú la
refcri:b lw.cienda de S:ln Lorenzo, cuya posesion costó un
ompelido choque que fue deciJdo á fa\"or de dos esculdro-
ne, re.disti¡S que fueron cmp:eados en él.


Informallo el general en gef.~ de que en el Chamical
hahia una reunion considerable de insurjentes dispmo que
en el dia 2 de junio saliese sobre aquel punto una fuerte
division á hs órdenes elel brigadier Oláfieta. Por algunos pri-
sioneros que hiciGr'Jn hs guerrillas re:óstls cn el parage de la
Pedrera adquirieron noticias positivas (J¡~ que la fuer¿:l situa-
da en el rcferilo punto dd Chamical consistía en dos escu;.dro-
ncs de gmc/¡.Js de V clardc, i en el segundo de granaJeros de
línea. Se trat5 pues del esterminio de esta columna; pero co-
mo no pmiiese verificarse sin dar primero un golpe de 50r-
pre8a á la avanzada sobr3 la que aquella descansaba, tI coro-
nel l'ald,:s fIue hJ.ciJ. las [/llldones ele segundo cn esta espc-
dicion pUió el honor de que le fuen confiada aquella deli-
cada em~Jrcsa; i cscogien:lo 55 caballos se adelantó :Í rlescm-
pCfÍarla si¿;uiénclole Ob.iÍeta á m¡:dia legua de distancia COIl
el resto ele sus tropas.


Ver Valdés h referida arJllzada, [t~roj:usc impetuos:uncn-
te sobre e1h, i h!ecrla prisionera, fue la obra de pocos ins-
tantes: un solo inJi\'Ílluo pu io sustraerse á la furia de los
realistas; pero temiendo aquel bizarro gefc que pu 'liese comu-
nicar la alarma al campo enemigo, se dirijió sobre este sin pér-
dida de tiempo, con a::¡uel purhdo de valientes. N o se halla-
ban los insurjentes tan des¡)fevcniJos como se habia figuraJo
"a1M3: 1 00 hombres colocaélos en un dcsfi11JCro, que era
p:lS'> preciso para elltrar en S~I campo, estaban remeltos ::í ,le-
f~n·lalo i tedo tonee; pero ya el gd~ esp~Í!ol s" hallaba
compro:nc:tido i se determinó por lo tanto á correr to:1os los
riesgos de aquel arriesga'Io lance.


Puesto á la cabeza de su ciiforz3:Ja partida EtC arrojó cie-
!§am:.>r¡tc sO~Jl'e los co:ltral'iQ, i los que logró pon::!' en p:-cei-
"[lita,la fuga, aCllchilLlw[olos horriblemente Insta BU llIis/no
campamento, en el que s,' intr,):1ujo el ffilyor desorlen i
l'o~o lit. 4




confusion. El bra::l'O de los soUados de V:t1Ms est1ra ransado
de descargar pesaJos golpes cuando ILg') O;~(;Lta con el rrsto
de la dirision: solo lna pequen;:: reserva h"IJiJ.ll pOé;i.!o t',-,Il-
servar Jos rtbeLles i ést:l acabó de ser desbaratada con t:m
oportunos refuc~rzos. ~\TJS Je 100 caballos, la mayor parte
ensillados, 80 carabbas, lIlas de 100 sables, Q4 priJioneros,
igual número de lIluertos i porcion conoi.JeraLle de heri,lcs
con sus eq'..lipages i pertrechos fueron Jos trofeos de aqnd
brilbnte movimiento.


Dtjando á Lahera con una parte de aquella di\'isi0n en
d mismo punto del Chamical, F-sÓ O!aiÍ!.-ta á situarse en la
Troja, i Valdés con una compaÍlía de llúsarcs fue destinado
á perseguir los dispersos del día anterior en direeeion del rio
Pasage , llevando asillJismo el objeto de hacer un reconoci-
miento por este lado. Ambos objetos fueron desempei'íados
felizmente por el cita. lo Valdés, p:JsailGO á nado el menclo-
nado rio, i estendiendo sus correrías en com;Jaiíía del coronel
Vigil hasta dos leguas mai allá de 'a'IucIlos límites que no
habian sido franqueados por ningun gefe realista desde la des.
¡raciada accion del Tucumán de 1812,


Retrocediendo á reunirse con sus tropas salieron por dos
tlirecciones diferentes en persecucioIl del cawIillo Rojas que
tantos danos habia causado desde el principio de la revolu-
cíon : la muerte de este indomable insurjente i la completa.
derrota de su partida fueron nuevos títulos de gloria para la
columna de Valdés, que fue la qne tuvo la fortuna de al-
canzarle. Terminada favorablemente esta atrevida operacion
regresaron los encargados de ella con mas de 2® vacas, por-
don crecida de mulas i caballos i multitud de despojos i tro-
feos militares, por cuyo recomendable servicio recibieron tes-
timonios p¿blicos de singular aprecio.


El cuartel general se llabia trasladado en este intervalo
á 103 Cerrillos, en cuyo punto fueron asimismo escarmenta-
dos los rebeldes, que en número de 300 habi~n teniclo b 03a-
día de aproximarse á ella habiéndose hecho acreedores á IOi
mayores elogios don Valentin Ferraz i don Gaspar Claver á




Pr!::j: 10:",. 2)
cuyos esfuerzos dirijilos por el mismo general Cantcrac se
debió el brillante rcsu!t:do de este combate.


Con tan repeti,los encuentros felices para las armas espa-
60b, habian llcgallo á desmayar a'luellos feroces gauchos que
tant:l arroglneia habian cobrado en los a:~os 15, 16 i J 7. La
numerosa caballería que se haba creado en el A!to Perú i
que Se hallaba en este afio bajo el pie mas brillunte, hizo per-
der á aquellos cosacos hasta b memoria de sus afortunadas
escursiont:s cn las épocas anteriores.


'fouos l~s gefes i ofici:.tles empleauos en esta dpida cam-
paiía se hicieron altamente recomenJables por su actividad,
por su celo i por su valentia. La fortuna pues sonreía por
todas partes á los realistas; cuantas operaciones se habian em-
prendido habian sido coronadas de los mas felices resultados, i
se esperaba todavía acometer empresas mas importantes cuan-
do las urgentes cscitaciones del virei Pezuela para que retroce-
diese rápidamente aquel ejército ~ cortaron su brillante carrera i
dejaron respirar á los rebeldes, en cuyas filas se habia intro-
ducido tan grande desaliento i espanto, que habian impetra-
do ya muchos la gracia del indulto.


Asi pues el Alto Perú sobre el que habia recaido todo el
peso de la gllerra en los primeros ::1108 de la revolucion,
que,Id por entonces sin lIlas atenciones que las de algunas
gavillas que v:Jgaban por los sitios mas escabrosos; i conti-
nuó en el misllIo estado de tranquilidad estendiéndose el be-
néfico inI1ujo de b autoridad re:!l hast:! los puntos de Mojo,
Tarija i Talina, mientras que el vireinato de Lima iba á su-
frir tojos los desastres de una furiosa invasion. En la retira-
da que hizo aquel ejéreito se descubrió eu Tupiza una séria
cOl1Spiracioll dirijida por G:lIl1arra, Veh3co i otros gefes; pero
como desgraciadament¿ el contagio habü cundido de un moio
mui serio, i l{Ue no era posible vengar com¡Jlet1mente aquel
agravio sin incurrir en males todavía mayores, se sobreseyó en
11 Cilusa á peSlr de haber hallado Sll fiscal el coronel don
Gerónilllo Valdés la correspondencia con el caudillo Güemes
i pruehas lIlas que ~uficie¡¡tes de aquel criminal proyecto.




Se limitaron por lo tanto tajas las mecl;Jas del gobiern f )
á separar del Ilnwlo con decc.rosos prc:tcstos a'luellos sugetas,
cuyo influjo era ma~ temible, i se trató de comprometer á
otros con halagos, grallos i distinciones. La provillda de Co~
chabamb1~ que habia da,lo nuevas pruebas de su espíritu bu-
llicioso abrigando en su seno á varias partid:<s de rebeldes, i
entre ello3 á los cabecilbs Chinchilla i Gandarillas, tuvo re-
petiJ.os de;iengurlo;¡ de la ir resistí ble fuerza oe los realistas.
Ya r 80 hombres á hs órdenes de clan Manuel Ramirez, te-
niente coronel lIlayor del primer regimiento, m:mdallo enton-
ces [J'l[ el COrlll1eI don Sebastiall llellavente habian consegui-
do iluótres triunfos en los meses de abril, mayo i junio. Su
digno comandante que habia conseguiJo en el primero la dis-
persioll de Chinchilla i la muerte de 100 individuos de su
gaviila tuvo i¿;ual felicidad en el segundo contra el cabeeilla
Moya l que fue sorpremlido en el pueblo de 1\1oh05a con 70
fac~iosos que fueron asimismo hechos prisioneros; i fueron
tGdav fa mas importantes las ventajas conseguidas en el mes
de junio contra dicho Chinchilla i contra una inmensa in-
diada reunida en la Loma grande i altos de Sisi l cuyas fuer-
zas sufrieron una derrota completa en dos acciones consecu~
tivas, dejando 85 muertos en el campo de batalla, i entre
ellos el cabecilla Mariano Aguilar.


No fue menos titil la persecudon que dió ¡í lo~ rebeldes
en la misma provincia el coronel don Agustín Antesana, i
en. particular la aprehension del caudillo Gandarillas, que
por el espacio de siete aL10S habia hostigado á las tropas del
Rei en varias direcciones. Casi al mismo tiempo estaba don
Sebastian Benavcnte destruyendo las partidas sueltas de in~
surjentes que hacian sus correrías por la provincia de La
Paz, dando nuevas pruebas, de acuerdo con el celoso in-
tendente don Juan Sanchez Lima, dc Sil fidelidad i decision.


A los pocos dias de haber hecho el virei Pezuela las re~
formas indicadas recibió noticias positivas de la proyectada
espedicion de San Martin contra las costas de su vireinat\),
FU0 preciso vo!ver !le nuevo á adoptar las ma~ vigorosas me-




clidh5 para recibir á un enenIÍC;o tan os:do ~ Tl~ en ;Jrcsn-
miblc no se arrojase á aq:.ltlla empruJ sin contar con p"-
cIcrosos ausili:lrcs. Los primeros cui,lados del yirei se diri-
gieron á la defensa de 1:.1 ea"it31 ~ damlo todo el vigor nece-
sario á la guarnicion del Callao ~ al regimiento üe la Cen-
cor,lia\ i á 10$ CÍyicos organizados bJjo la rli¡-¿:ccion de los
oiclocs, alcaldes i empleaclos civilc3. Hizo venir des.Ie Are-
quipa al bJ.talLm de VictorÍ1 compuesto uo 700 pbz:ls á
bado de h5 frag:ltas Esmeralda i Y ~ng mz.1. Pocos dias
antes Inbil t¡;nido la PiUeba un corn t'ate CO;1 la pirata lLl-
mada h RJJS:l de los "indes; i aU:1~Fw esta tenia ¡ G call·)n.es
menos (¡ue la cspalto!a, menor tripnbcion i ClFl¡¡d:¡¡lcs D1lli
inferiores en su con~trilccion ~ se saln5 ¡¡in emb.ll"60 0.1 d
lio Izeuandé ~ aunque algo maltratada.


Fueron igualmente acti va, las órJen~s (¡ue COllEll11CÓ el
'l'irci PezlIl;la :í todos los comandantes de cnerpos i de plazas,
intendentes i demas empleados en el servicio del Rei \ para
que apurasen todos los recursos de su celo é ingr;¡io., ¡í fin
de conservar la tranc¡uililaJ en sus respé:ctivo3 distritos, j
concurrir .con toda clase de 5acriL¡rÍos á sostener ar¡ucllc's
dominios. Sin embargo di~ llJber llcgeHlo par la viD. de Pa-
namá la notj¡;j:;¡ de la revolucion constitucional en la penín-
sula, i aunque habia en Limil un p:utiJo empetbdo ea ({l1e
le proclamase tan ominoso sistema, supo el virei contc:nn
aquel peligroso fllego hasta que hubo reci biJo directa:l1en~c
las órdene, relativas á 1:1 jUr:!o


Este desgraciado accidente llen6 de amccion el ánimo
del yireí, porque couocÍen,lo á fondo la situacion de los neo
gocios públicos, nia con dolor el abuso que habían de ha-
cer los rebeldes de la decantarh filantropía de los regenera-
dores peninsulares. La igu:dclad legal, san::ionalla COI:~O dog-
ma político, el absunb princi:Jio senta,lo por atrUenos Cf efe
que la soberanía residia en la nacioa ~" h formacion de jun-
tas populares para nombrar sus diputalos á corte3, las es-
tensas facultades concedidas á las diputaciones provincial{'s
1. ayuntamientos, la segn:gacion ele la parte civil i judíci~I




tIc 103 e0l111l11ll1te3 de di,tritos, h proseripeion de las ror-
IlLlo m,ncÍr,:{Uicl', t~U1 necesarias para asegurar la obedien-
cia de los pueblos, i mucho mJ.s en paises distantes del een.
tro del po(!er, i finalmente el orgullo de que habian dc po-
seerse los f.iceiosoa al ver que sin separarse de las regla¡¡
constitucionales podian sazonar impunemente los pbncs de
em:ll1cipacion; todos estos escollos que se ofrecian á la ima-
gil11cion de las autoridades realistas_cn América, i que no
se ocultaban al primer gefe, que ya habia visto por espe-
ricncia los fatales efectos producidos por la no bien caku-
¡a:la alocucioIl del consejo de regencia del [UIO 1810, llena.
ban su corazon de hs mas terribles angustias; pero era su
deber la obediencia, i se entreg6 por lo tanto con ciega con-
fianza al mar borrascoso de una complicada políticJ.


Trabajando con infJtigablc celo por desem?eiÍar con ho-
nor sus altas funciones, continuó tomando sin illterru peion
las mas eficaces providencias para que su honrosa carrera no
quee[:¡ra úesluciJa. Fue una de ellas la de situar en Üruro
una division compueota de dos batallones i un escuadron
eon el título de central, como lo habia estado antes de la
JK\j~da del ejército á Salta, á las órdenes del coronel Valtlés;
pero esta division sc deshizo mui pronto con h salida de un
batallan i un escuadron para Lima por la via del Cm:c6, con
la llamada de Valdés á la capital, i con la marcha poste-
rior de otro batlllon i del escuadroll mas inmediato en ausi-
lio del virei por b vÍl de Arica, que fueron los cuerpoi
conducidos por las fragatas á Cerro azul.


Como el reina de Quito era el antemural par:l contener
á las tropas de Colombü, oyó el general Pezuela con vivo
interes las reclamaciones que le hizo á este tiem[lo su pre~
~idente interino el general Aimerich sobre la necesidad de
que le fuera enviado un gefe militar para relevar al coronel
Calzada, á quien acusaba de falta de union con sus oficii1~
les i de dur~za para COll los puelJI:)3. El comandante general
de la costl del Norte don Vicente Gonzalez fue designado
p:lla este reemplazo; i abundando Pezuda en !(ü ideas de




1'T""';: )",:)1), e;:
~omcrvar r!if'lJO punto de Quito á toda CCOiLJ, detcrminr{
que [J1s:Jnl1 ,í él igualmellte el coronel V Jl,r¡:s 1 el tl'niellte
['oronel bcoanc, Cl.vianJo contempor:íill:3n~cnte al ccrOlltl
Loriga de scsun,]o cabo ~¡ Gmpquil; cuyo proyecto no llegó
á efectuarse en ninguno de 103 tres últimos, por'1ue b cs-
cu:HlrJ insarjente i las trop:1s que á [lOCO tiem?o desembar-
caroo en Huacho cortaron tocbs LIs eomüaicacÍones con la
citloJa plaza, i ostruyeron completamcnte el paso p:ua aquel
reir:o.


Se di'[luso asimismo (lue se completase la formacíon del
haullou i escuadran dl~ provinciales de }Jiura, quc sc ha-
llaba suspensa, i que el ejórcito del alto Perú se situase por
escc:lunes desde 'rupiza á lHoquehu::t, i el cuartel general en
La Paz ó Puno, en cuyo último punto se fijó por últim')
como el mas central. Surcab::t en el entretanto las aguas del
Pacífico la espeJicion il1surjente preparada en Valparaíso i
formada de dos dü'ísiones, que lo eran de los Andes i ele
Chile; componiéndose la primera de tres batallones de in-
fantería, dos escuadrones de caballería i tlos compaííias de
artillería; i la segunda de i¿ud mÍmcro de batallones i de
una compaíiía de artiller/l; i ascendiendo en su totalidaJ á
45cO hombres i r 2 callones. Al llegar á la punta de Cahallo,
que erd el tercer punto de reunían de la eitada escuadra, se
hallaba ea si consumida la aguada que hahia sae:ldo de Val-
paraíso, i se dirigió por lo tanto á. la lnhü u.e Paracas, si-
tuada á los 13 grajos de lat. Sur.


Era el dia 7 de setiembre cuando dió fondo este gran
convoí dcspues ele haber recorriu0 en diez i seis dias laa
l500 millas que separan este puerto del de Valparaiso. El
coronel Las Beras, que era el gefe de Estado mayor i se-
gundo eomJurl.1l1te de las tropas rebeldes, elesembare6 al
<tia siguiente dos leguas al S. del de Pisco con los batallones
número 2, 7 i 1 r, 2 piezls de artillería de montaña, i 50
caballos; mas no se a proxim1 á tiro ue fusil de la citada
villa hasta las siett! de la tarde. En el eu rso de estas rnanio-
br.s tan soio habian visto ~:.dir de ella unos 40 soldado:; el-




I'P.r.Ú: 1,~:tO.
paúol(s d\~ cub~,dler;a, que creyeron fuese la ünica fuer1:tl
quIC la gtnrnecia. Asegura=Ios los p:J.triotas de no ha/hr ene-
migos en el dtado punto, se dirigieron sobre él, aunque
ún hacer ulteriores movimientos hasta que hubiera deseIll-
barc:¡Jo el resto de la tropa, 10 que se verificó en el dia 12.


La calma con que se ejecutó esta operadon i 12 t:mJunz:l
en ocupar los paises inmedi:Hos al punto del desemlnrco frus-
traron en p:ute los primeros planes del caudillo San ""'lartin
(Jue erJn los de en.:;wsar su ejército con Jos esclavos de las
lWl'iendas é ingenios, pues que ya muchos habian siJo inter-
nacL1s por sus respectivos dueÍlci con la cah:dlada i efect().
t~¡¡sportablcs. El dia 13 estableció San Martin su cuartel
gC[l:~r:lI en Pisco, i el 22 tomó posesion de los dos puebleci-
to.; alto i bajo Chincha el coronel Alv:lIado con el regimien-
to de granaderos á Caballo; i de esta clase insigniikante fue-
ron los demas reconocimientos en tojo el curso del citado
Lil2S de setiembre.


S,; h,tllaba el general illsurjente en la mas penos:! per-
plrji,iaJ, :¡tr;buyendo la evacuacion del pais, en el que ha-
Li:- (~ls::Jl:barcad0, i hs llOftíI¡;s disposiciones de los pucLlo5 coa-
tn ¡)'j5 pretendiJos libertadores. E~te prelu:lio aparentemente
fUllesto ue su empresa preparó su ánimo :í oir COIl meno, alta-
llc'lLt bs propo5ic:iones que le dirigió el yirti Pezuela con un
lnreo de guerra IJ1rl:llllcntario que llevaba á su borJú al al-
ferez (lun C!-cto Eseucll'ro, para qu~ se smpendieran bs h05-
tiliJaucs, i se nombrasen comisionados á tin de zanjar las
ues:lveilencias que existian entre espaÍLolcs i americanos. Ha-
Lia debUo eI:.!r este puso forzado el referido virei por no des-
obcJecer hs órdenes que le hahia cOlllunieauo á este o~-,jeto
c\ gO\Jlt,H\C> CClll.tltU\:lCl\'\'ó.\·. t"t-l.Da bi.en \1efsuaclilo de qu e el
resultado ue aquellas negociacione,¡ no lmhi:t (le concs;:10111er
de moJo alguno á las gra~.diosas miras que se habian propues-
to los Ilue~·os gobernantes; m:lS no quiso dejar de dar cum-
})1imiento i ellas, á fin de CIue en nin¡;un tiempo recuyese ~ojJre
su r;~~po:lO:lhilidad la sangre que tri predsa derr:llnar para
so.teu::r t,,:1 ;:odiada lucha.




rr.;~~ : 112!:. 3:)
~e rcunieron les comisiOllados de ambos eyrcitos en z6


de setiembre ClI ;'tIiranoros d03 leguas al S. de Lima, i firma-
rOIl un armisticio de ocho dias; pero como los esparl01es pi-
diesen el reconocimiento del gobierno constitucional í la eva-
cuadon del ejército peruano por Jasfuerzas cbilenas, i los
patriotas el de la independencia absoluta del pais, termina-
ron las conferencias con total desacuerdo Jel objeto de la mi-
sic'l]; i en 5 de octubre se ahrieron de nuevo las hostilidades.


En este mismo dia salió de Pisco el coronel Arenalei
con una division de 1 ~ 00 homhres i 2 piezas de artillería
con el objeto de internarse por las provincias, i de atizar el
fuego de la scclieion. Fueron sus primeros pasos sobre Ica,
Cl1yo punto estaba guarnecido á aquella s:l.zon por el coronel
realista Quimper i por el conde de I\II.ontcmar con 808 hom-
bres, parte de tropai regladas i parte de milicias; pero rcco-
nückndose estos gefcs re:t1istas Jcmasi;¡do débiles para oponer
u¡,;¡ al'l'eglada resistencia al atrevido Arenales, se retirarOl\
COll ti mióIllo Órden con que habian abandonado la villa de
Pisco ~ que lnbia sido confiada :.l su cuidaJo. Aunque evita-
ron juiciosamente el combate l sufrieron sin embargo la pér-
dda de dos compailías de milicias que se pasaron con todo.
sus ofió;¡)es J los l'(:hcIdes.


11Iirorcc!dmlose estos del desaliento en que ouponian se
llalIaba aquella colulllna destacaron en su persecucion al te-
niente coronel ROj'1S con Do infantes é igual mÍmero de ca-
baHos: habiendo ;ltg~ldo el dia 15 á Chagiiillas, distante
cuatro leguas al N. de Nasca, tuvieron noticia de que en este
último punto habían hedlO alto Jo~ realistas, i concibieron
dcs:1e lucgJ el proyecto de sorprenderlos: aLldanLÍmlosc la
caJxdlerfa :í. las órdenes de los capitanes La Valle i BralJsden
i dd teniente Suurc,; 1 entraron á la carrera en la referida
ciuJete!, acuchil;:U0Il fllriú.3~l!ncnte á bs desprevenidas tropas
de QlIi!:J;:r:r, lüri\reil ;cri,iorIcj'os 6 oflcietlcs, 30 soldados i
un :_;""Ul n(cncro c;,: 11.dt{'i~iiH).3., i be npoc1('fJron de ¿co fusi-
Ls i " }'n,-,L,1 CC,.L'Ítlt.l'dLle de ciFJJas i buzas.
~; o 1¡3I:'.fon ~L.ai I~. p~~rJi~IJ.s de esta dcsgracLhla dh· ~sion~


1\,;\1.. El. ,)




rn!¡:: J 820.
p:l,:~ 1'Je inforn1'l103 103 in"llr~ente3 por 10~ mj~mos h:1bit1n-
Li ,le ''\JSé::l, .12 q'l.'C ,ir; :)Jlh~)an to lJ\'Í:l CI1 Adri, di"1nt,~
;;0 1, gll'lS al S., 108 m:1hs CHgdd:lS rilO pcrtrcdlOl nt͡;t"ru,
que hdbi3 82c:.Hlo de fel, se encargó de esta impOl'tlule (;3~}C­
dicion el cita,jo teni~nte Suarcz, i la llevó á cabo con tanta
f::li,'idarl, (Iue á las dus de la tarde del día siguicnte cra ya.
dueíÍo de arluel convoi.


ALrió á este tiempo nuevas negociaciones el cau,JilIo ¡;ne-
migo con el virei Pezueb,' pi,liéndole cange de prisíonct'03;
pero como al Ilusmo tiempo hubiera recibido éste la procla-
ma que aquel habia dirijido á los habita ntes dc lea, Pisco i
Chincha, por la que les anunciaba que habia venido á tcr-
minar de un golpe la guerra, contestó con scrcnidad i fir-
meza, r~ que supuest() era tan corto el plazo de la contienda
se trataría de dicho cange despues que se hubiem decidido.
Se resintió San Martin por una resolucion t:m irónica i des-
preciativa, pero aun mas cuando le significó el citado viró
que todo pliego que le fuera remitido con el fantástico é ir-
risible dictado de Libertador del Perzi le seria devuelto Siil
abrirlo. "


Habiendo dejado los insurjentes en el ya citado punto de
lea una columna de 300 infantes i 400 cab::dlos, mandadl
por el teniente coronel Bermudez i por el mayor Alrlao para
conservar la posesion de aquella provincia é incorporar á sua
filas á los negros esclavos, á quienes el caudillo San IVbrtin
habia ofrecido la libertad, se avanzó Arenales en 20 de oc-
tubre áda el interior. Teniendo noticia el virei de estos su-
cesos mandó salir al coronel don Juan Antonio Pardo contra
Bermudez 1 á quien atacó sin embargo de ser sus fuerzas mili
inferiores, i lo puso en completa fuga matándole 14 lJOm-
bres, hiritndole 4, haciéndole 13 prisionero.s i apoderándo-
íe de 19 tercerolas, 2 fusiles, 5 Janzas, ¿j sables, 52 caba-
llos, 42 mulas i de un buen surtido de municiones i pertre-
chos de guerra. I,os pueblos de lea \ Córdoba i Chivillo die-
ron las lIlas brillanteli pruebas de fidelidad á la causa real:
les Vicmos de 10& dOi loÍltif.lilos se reunieron para batir una




}'I:n( ] ~;~f). 3;:;
partida de ins¡¡¡jcl1tc~ que se :uliÍa addl1ntlldo por aqueII:l
parte, i aUIJI¡m: no teuian aLíS armas que palús, hondas i
pitllfi'S, lograron rendir á tollas los individuos que 1:1 com-
pOJ1i:lI1.


Las tropas tituladas libertadoras se embarcaron en 2,j
dd citado otltnbre con dircccion al N. de Lima, despues de
una permanencia de cuarenta i cinco dias en <J.rpc1bs pbyas.
Los moti,os que tuvo el gefe insurjente para tomar esta re,-
jolucion fueron la desconfianza de fOlllentar en ellas su cau-
sa, los deseos de reconocer otros puntos en los CJ ue hallase
1111S propicia la opinion á sus pIanes, i el mal estado de Sil
ej0rcito producid;) por la incorregible aficion de sus soldaJoi
á chupar la calla de azuear que tanto abunda en aqudlui
partirlos, asi como por el maléfico influjo de sus ¡iriJos <.i .in-
,:dutíferos arenales.


Tbbia siclo su primera idea la de dirigirse á TrujilIo; pero
mejor aconsej3.c1o por el almirante, que le hizo ver las pri-
ncioncs :í que padian qlledar espnestas sus tropas, las ma-
yores dificlllt::tdes de amenazar á la capital de Lima, de h
que diEtaba ¡ 00 leguas la indicada cÍuda:}, i los riesgos que
corri:, la division ue Arenales que estaba operando por la es-
palch del enemigo, varió completamente IUS planes, i viró
;íóa la b:!hi:l de .Ancón, distante siete leguas de Lima, en
t:mtoque la UHiggillS, la Lautaro, la IndepcndellcÍJ. i el
J¡riel;: Amucano permanecían á la vista del Callao.


Por no in \'ertil' el or,kn regular de los acontecimientos
!hremos cuenta en este: lugar de la sublevaeion ocurrida en
Guaya\luil que fue comunicada á este tiempo por la goleta
.l/cance. ¡';fil gohernaJor de aquelh plaza el brigadier don


.fosé lhscual Vivero que cn el Mío anterior habia pasado .¡
encar~arsG del m:mdu ¡¡el'ando de refuerzo el bat:¡/[on de gra-
naderos de rcserva: diddi:lo este t:uerpo en partidas manda-
das por sus misllIos oílci:¡Ls, lograron en 9 de octubre ren-
dir á su c(llmmla¡¡lc don Benito GJrCü del Harria, al mi,-
mo gobern:;,rLr, :1 su s~gundo don Jos¿ ElizJ.lde, al coman'
Aafitt~ de urtilLr:;t ,j'JU ~,Lí;Jd 'l'orl't,;" i los con,lujnon pre-




80S al cuartel así corno á todos los europeos ~ emplearlos i cla-
mas rcalistJs que ¡m,lieron haber á las manos, apoderándose
al mismo tiempo ,lt' las h:lterias, rJel parque i ;'¡!.llilCrnCS de
pólvora. Los ag¡;¡¡Ls l'linr:ipales de esta horrible eOIlsi,ir:l-
cion fueron los capitanes don Gregario Escohedo, don Mi··
gueJ Leta,llcnJl, don Luis U rJnnet1, d·m Lean Cordero, los
paisanos don José ViIlamil, don José Uncblmru, don lIh-
nuel Loro, don Manuel Antonio Luzagarra, don LcocaJio
Yana, i los mulatos Perla i )J [{jera.


Al citado batallan ele grall'lderos se hahían reuni,lo treo
com¡míias ausiliares, las milicias de par,Jos i una gran parte
del pueblo; no es, pues, estrarlo que el golpe se: diera con tan
feliz resultado que á las cuatro de la maÍlana se hallasen ya
los rebeld(js en posesion de la ciudad i fuertes á pesar de b.
bizarra defensa que hicieron los leales dirigidos por el cita,lo
comandante Garcia del Barrio i por el capitan ele dJ':Jgoncs
de Mauli don Joaquin Magallar, quien quedó muerto en JI!.
refriega con 8 soldados i 2 heridos, habiendo sido cuatro ve-
ces mayor la pérdida de los amotinados. Quedaban tOrl:.lYi"l
libres del contagio revolucionario cinco buchas cailoneras qm
ie baIlaban al mando del capitan del puerto don Joaquin Vi-
11alba; i aunque hubiera podiJo tSste Cllusar irreparahles da-
nos á la referida ciudad, construida casi en m totalidad d"
madera, no se atrevió á hacer US0 de la fuerza por no em-
peorar la situacíon de los realistas que habian sueumbi:lo {¡
tan horrible perfidia; pero sirvió á lo menos el imponente
aparato qne desplegó el citado Víllalba para entrar en conve-
nios ventajosos con los mismos rebeldes, de cuyas mano~
Heyó haber salvado á las nobles victimas de b ficleli,bd
fsparlo1a, con seguros pasaportes para restituirse :oí los .itioi
ocupados por las autoridades del ReÍ.


Mas la misma facilidad con qIle fueron otorgadas hs recb-
maciones de Villalba, arrojaba las mayores dudas sobre su cum··
plimiento: tardó poco en descubrirse este nueyo acto de fJ.l-
sedad é hipocresía: lejos de dar la prometida libertad al go~
bernador i uewai pre¡¡,,¡¡ flJ(mm coloew.d08 in la goleta .1.lcrw·




r'En: 1820. 37
,t, para ur rcmiti·Jos á la disposicion del general San IVIar-
tin, r¡uicn uSilmlo de mayor generosidad los envió al virei de
Lima sin Exigir por ellos mas rescate que el del teniente co-
ronel 'follo, que le fue remitido con promesa de hacer 10
miomo por otl'OS tres que aquel designase en cange de los
tres gr,[es ya citarlos i del tenicnte de granaderos de reserva
don namon lihnincz de Campos, que fueron los militares
que con mas firmtza habian rechazado la perversa seduccion
de dicha guarnidon de Guayaquil, i que hahi3n acreditado
su lealtad con una desesper.Hla resistencia.


La pérdida de esta plaza importante, en la que se halb-
1a el único arsenal de h mar del Sur; la falta que hahian
de lurer para la defensa r 500 bombres de que se eomponia
su guarnicion ~ los que tornando la divisa contraria equivJ.-
lian á una fuerza activa de 3®; el malogro de aquella inmen-
sa porcion de armas i pertrechos; i el fatal resultado de ha-
ber quedado descubierto uno de los flancos mas interesantes
para la defensa del vireinato fueron golpes los mas terribles
par,l 13s brillantes esperanzas del general Pezllela. Sensi:Jlc
fue por cierto que el descuido i torpezCl del gobernador Vi-
vero huhieran sido los agentes mas poderosos de los conju-
rados. Con lIlucha 311te1i.1cion se le habian dado exactos in-
formes de cstos planes; mas fueron tocIos desechados con ar-
rog,111cia i desprecio.


El llesordenado alborozo con que los gll1yaquiletios ha-
bian proc1amado el sistemJ. constitucional antes de recibir ór-
~c¡¡es del virci Pezuela, hacia ver aun á los menos desGo~­
fiarlos la propension de a luel pueblo :í Sil hlc\:lrse, i que
"'luclla asonJ,la era un ensayo p3fil acomrter lIJuÍ pronto la
empresa de la inr"leí,en.kncia. Hal)iendo visto sucesivamente
la dcfeccbn de dil'~w '~i~·cro, nos inclinamos á creer que
dicha w apatía í ah::'illono, inescusabLs bajo todos aspec-
tos, tcnian un origen todavía m:1S ignalfle que el del miedo,
Il.ojc(hrl üc filml, f':~ma de carácter ó atunlimiento.


Otro golpe no menos cruel recibió el virci en 5 de no-
:!iembre .:ün el Otpres:miÍrnto (le la fragata Esmeralda. Se ha-




35 PIlIlU: I S20.
lIaba esta lI.coderadll. i dentro de la c::tdCll:t :i b clhe~l de b
línea de los 11 buques mayores igualmente a':0d,Jrados, i
entre ellas uno con 8 canones de bronL:e de á 16, desti;w, lo
;Í us:!r de la bala roja, sin que el virei Pezuda tuviera el
menor reparo en recurrir á esttl vi'Jlcnto arbitrio, ya que
Cochrane no ]0 habia teni,lo para diriJir contra los buquei
esparloles sus cohetes i brulotes. Las bnchas callonrras en mÍ-
mero de 24, entre las del Rei i particuhrcs, se hallaban do-
tadas por indios en la clase de remeros i por alg!lnos indivi-
duos sacados de las tripulaciones de los barcos de guerra,
con cuyo ausilio podia uesempeíÍlrse con alguna regularidad
la maniobra; Jos comandantes habi:.m recibido repetidas ex-
hortaciones sobre la vigilancia que debian observar en su.
respectivas embarcaciones, teniendo á dos millas de distancia.
un enemigo tan osado i emprendedor; mas toclas estas pro-
videncias i recursos no supieron parar aquel desgraciado cou-
trailte.


Era el gran proyecto del almirante insurgente apoderar-
le de todos los buques españoles que se hallaban fon\leado¡
en el puerto del Callao; aquel denojado marino lubia deter-
minado valerse svlamente de los soldados que voluntariamen-
te quisieran alistarse para esta operacion tan arriesgaua, que
requeria un estraorJinario valor i decision; pero no bien
habia hecho la propuesta, cuando todos los individuos que
componian tu diferentes tripulaciones solicitaron ser los pri-
meros en los puntos de mayor peligro; con la idea de amae¡-
trarlos armó el dia 4 catorce harcas, que cubiertas de mari-
neros i soldados se encaminaron ácia la plaza á bs diez i
media de la noche; pero despues de h:tber hecho este
simulacro de ataque nocturno, volvieron todos á sus bu-
ques respectivos.


El dia siguiente, que e.ra el destina/lo par,'l dar el arro-
jado golpe, se mandaron hacer seiÍales en la isla de San
Lorenzo, á cuya consecuen€ü¡ zarparon el anda la Lautaro,
la Independencia i el Araucano, i dejaron en la babia á h
O'Higgim, que con 1m alto bor\lo ocult¡tba las b~rc;js colo-




39
cada~ al costad o opuesto Figudn:lose los realista~ que el
movimiento de aquellos bU\lUCS habia sido producido por
la vist;! de algunas velas dcscoaociJas l creyeron que podian
ur.scansar a'luella noche sin el menor cuidado.


Eran las diez cuando se embarcnon las tropas destina-
das al asalto, i se dil'ijieron en el mrryor si/tnrio ácia el fon-
deadtro dr. los huqut's espaúoles. La frJgata anglo - ame-
ricana la llfacedonian, i la inglesa la Hiperion se ll:lllaban
5urtas fuera de la estacarla; i lo que prueba su inteligencia
con los insurjentes, especialmente de parte de la primera,
fueron los vivas en que prorrumpieron los mismos oficiales,
i las demostraciones del mas arLliellte interes por el feliz fI'-
sultado de tamaÍta temeridad.


Las harcas llevaban solo 240 combatientes formados CD.
dos divisiones, una de las cuales era mandada por el capitan
Crosby, i la otra por el capit:1l1 Guise ambos ingleses, bajo
la inmediata direccion de Lord Cochrane. Seria la media
uOc!Je cuando cruzaron la estacada: al aproximarse á 11 LS-
mera Ida , les dió el quien vive un centinela de proa de una
iancha caÍlonera que hacia la guardia á la citada fragata.
Cocltrane, que se hallaba en la primera barca, se arrojó en-
cima del citado centinela, í le amenazó con la muerte si
hacia ti menor movimicnto: en un instante se 1Ja11aron to-
Jos los botes reunidos, i abordaron aquella fragata por bll-
bar i estribor.


Sorprendido el capitan Coig, que se hallaha en la cá-
mara cunversando con don Meliton Perez del CJmino i
con don Manuel 1:laiíuclos, comandanteF dI: otros LlJuue¡,
que habian ido casualmente á visitarle, no pudo hacer amo
L!H muí débil resistencia desde debajo de la cubierta, pues
que la gente que se lJalhba encima habia sido sorprendida
por el referido Cod,rane i por el capitan Guise, que por
.. mIJos lado$ fueron los primeros en subir al abordage.


Dueiío ya de este buque aquel temerario caudillo, man-
dó picar los cables, soltar las velas i pasar á otro anc1agc
ron. dos lanchai cartoneras que tenia apresaJa •. La~ fragataí




~l\) Pl:nV: IO:W.
~1lIaceJonian é Hiperion isaron faroles como seilal conveniUl
pan que no se diribiesen contra ellas los fllegos de la pbza.
Lord Cochrane, qUe indudablelllent~ tenía aviso anticipad\)
de esta operacion, presentó igual número de faroles para que
los espaúoles dudasen de cual habia de ser el verdadero bl:lIl-
ca- de ~us tiros. La pérdida de 103 espailoled no bajó de IOJJ
hombres entre muert03 i hetiJos: entre estos último3 se
contó el capit'lll Coig despues de rendirlo, de resultas de UH'!
bala de cañan disparada de los castillos ó de alguna lancha ca-
1lonera.


Los patriotas perdieron escasamente la mitad de ge !lte
que los españoles; la fortuna premió con dadivosa mano la
ciega confianza con que lie habian entregado á tan arrojadll
ompresa, propia sola para ser concebida por una cabeza es-
céntrica como la del marino britJnico. Fué este sin duela el
rasgo mayor de valentÍa 'lue se recuerda en su sobresaliente
carrera: su bien acreditada serenidad en los peligros superó
de mucho en eeta ocasion aun los cálculos menos modestoi
de los partidarios mas adicto~ á su persona. Aunque habia
recibilo un balazo en un muo lo , no hizo caso de él hasta
que se hubo posesionado completamente de su presa, i ni
:!lun entonces aplicó afro remedio sino el de ligar la herid2.
fuertemente con un paúuelo. Sentado sobre un caíÍon i estcn-
diendo su pierna sobre una hamaca, mandó impavidamen-
te la maniobra, i continuó en aquella actitud hasta las tre.
de la maÍlana en que pasó á boruo de la O'Higgins.


El comandante del bergantin de guerra Pe.wela, don RIl"
mon B:uludos, que habia podido fugarse de la fragata donde
se hallaba accielentalmcnte al tiempo del abordage, llegó opor-
tunamente á poner sobre lds armas toda su tripulacion, i se
debió á sus esfuerzos i actividad asi como á los del entonceii
teniente de fragata don Antonio Madrollo que mandaba in-
terinamente el bergantin Maipu, fondeado al laJa del apre-
sado buque, el malogro de los rebeldes que trataron tamLicll.
de abordar ambas embarcaciones, habiendo contribllilo no-
poco el vivo fuego que salia de iU artillería á hacer desi"tir




á los insllrgentes de su primitiva dea ¡le r;:\'[lfS~ ó qtlcmar
to los 103 buques mercantes ,í lo menos, ya '1ue no l::s tuna
posible apoderarse de los de guerra.


Los comandantes i tripulacionts de ambos hergnTItinrs se
cuhrieron de gloria en mcdio de la faulidad dd d,'stino de
la BSJIlcralda; pero brilló tOllavia de un mOllo ma, recolllcn-
,-bhle h hi'larra defensa que hizo el JUaipu contra un ¿ran
lltímero de barcas que lo atacaron por tOcIas partes, edlan 10
algunas de ellas á pi(pe i escarment:m lo á las dem3s. ~:ste
nsgo particular de arrojo i valentía llamó la ateneion del vi-
rei, quien envió al dia siguiente 1000 ptSOS para la tripnla-
cion, i los mas ardientes testimonio~ de gratitud i aprecio pJr[l
su digno comandante MadroiÍo.


La pérdida de este hermoso i velero buque, armado ~on
40 cañones, perfectamente surtido de jarcia i enseres maríti-
mas, con provisione3 para tres meses i repue,tos para dos
a:los, llenó el corazon del virei del mas profundo dolor, i
c¡¡:ilsper6 hasta el último grJJo los ánimos de los soldauos i
del pueblo contra las tripulaciones de las citadas fragatas Ma-
ceJonian é Hiperion, sin cuya cooperacion no parecía posi-
ble que se huhiera llevado á efecto con tanta felicidad aquel
temewrio asalto. A.Igunos individuos de la primera, que baja-
ron imprudentemente á tierra al tercer dia, sufrieron los efec-
tos de la irritacíon popular, que fueron contenidos sin em-
bargo tan pronto como la autoridad tuvo aviso de tamaiÍos
escesos.


Este fin tuvo h fragata Esmeralda, que luego fue l1am3da
Valdivia por los insurjentes en conmemOr:.lCiOll de la conqui¡;.
ta de esta plaza importante que habia sido hecha á princi-
pio$ de año por el almirante Cocllrdne. La suerte de la Prue-
ba i Venganza, mandada la primera por ViIlegas ~ i la se-
gunda por Soro:!, fue igualmente funesta, pero aun mas ver·
gonzosa. Ya desde principios de setiembre habia dispuesto el
virei que dichas dos fragatas con la E.meralda salieran á hos~
ti1i~ar la espedicion enemiga por todos los medios posibles,
evitando así el ataque ineendiario que Lord Cochrane. inteR-


'}'O[I(O lIT. ~




taba darles en el Callao, á cuyo un l") habia pnvi.,;to r1" hn"
eh as c.lfíoneras p:lfa hCJr uso con el!.¡, dc Lt hb roj l .. L;,te
acertajo plan iluúió un:.: néit:J.ble vari:l':Íol1 por L,·, i mi 'fev L~U!3
reparos que hizo la EoIfier,dda p1B no salir á la mar hasta
que !mb:era completJdo su habiEt :cion.


Las citadas fragatas Pru;;b:¡ i Venganza. c!es'm('s de ha-
ber tenido un encuentrv con la es¡-:cJic'ion c~Jile;¡a, en el (¡ne:
corrió mucho riesgo el tr1S?Orté b 1.:.0S1 de ser apn'sado por
ellas, 1!e;pron á tomar á su hordo en Arica al segunllo bat~­
lIon del primer regimiento, i do. escuadrones de lancerOl
que habian sUa dirijidos para Lima con el gCilcnI Canter.ic,
i desembarcaron, segun 1Ia sido indicado, ariuclbi tropas en
el Cerro azul en 27 de noviembre, vista la rWicult:tJ de en-
trar en el Callao sin tropezar con 11 escuadra insurjente.


Haciéndose á la vela p::rt el Norte sill recibir ordenes rU
\'irei anibaron á Panamá, i haUdhlo tomado en aquel pun-
to algullos dectos á fletes para !hn Bh:s, toe;¡ron en ACil-
pulco á tiem¡Jo de 11lberse prcebma,lo en aquella plaza la in-
dependencia. En la hiatoria de lHéjico del afío 1821 se verá el
sospechoso comportamiento el;; los citados capitanes i de Cor-
tés i Aldana; i en la de Guaya1uil del afio 1822 se dará
cuenta de la périida venta que los referidos ofici&!es hicieron
á lü~ imurjent~s de dichos dos hUql1e5 i de la corbeta Alejandra.


En 1825, fueron entregado, así mismo á los :nejicilnos
el navio Asia i el bergémtin Aqllilef. 'la ea el allo 18 r 8 ha-
bia sido apresada la í'VhrÍ:l Isabel en Taka[¡llano; en 1820 io
fue el bergantin Po trillo en VaUivia; en [821 el Aranzazu en
las agu~ls del Callao; í en este mismo puerto i aiío el resto
de las fllerz:tS navales reali.tas. En 1 S r 9 había naufraga-Jo el
navío San 'l'e1mo en el cabo de Hornos, i el Alcj~mdro hahia
déido volverse á Cádiz desde la línea. Parece pu~s que ci
mas funesto destino persiguió á todos nuestros buques de guer-
ra en el mar pacífico durante la insurreccíon de aquellas co,-
taso La marina que ha dado tantos dias de gloria á la Espa-
tia, ese cuerpo compuesto de caballeros pundonorosos i esfor-
aaJos, que ha sabido eonservu constantemente m lustre sin




c:ue niDgill10 de sus in./i "iduos 10 huijiera contaminwio con
[;':l\cr,) a!ganél de de~lealt:ld. 6 vileha, bnn6 en la citad:.t luclu
nn niOmellt3lH'O paréntesis á su brillo,
N'¡]~s(ro espíritu observador se detenJría poco en h;¡crr


rsta rcvlota crítica, si en h ciurla UJU'ina se hubiera not;Hlo
tan solo esa incsplicable [,tLli,bd, qu(.; en meJio diO L.lllt(!s
reveses no contó otr:.l 3ccion gloriosa ~dno el apresumiento del
}1aipu por el tenic,¡t~ bevi¡b., üIui lejos estariamos de lamen-
tanws dé: ,:in fulta de fortuna, pues que este ente caprichoso
no SiCm¡)l'c se fija en el verdadero mérito, ni reparte sus gr:l-
cius por lo general con rel:titud i justicia; duélenos, por cier-
to, que ocho buques dG los mas hermosos que se hayan
construido en los arsenales de Espa.iia, se hayan perdido por
torpeza i l1lJ.lieia de algunos de sus individuos: lo primero
~<:lía disimulable; pero lo segundo no puede hallar escusa
;;lJll de F,rte de los m:.:. ciegos (lLf2mores de este respétabJe
CJerpo. Los nombres de Yiiiegas, Soroa, Aldana i Cortést
j tn p~l't¡cular los de los dos primeros, no poddn ser pro-
Bunf'Íados s1n escitar los mas vivos sentimientos ele horror é
indi~nac¡on. Los comandantes i oEdales del navio Asia i del
bergantin AClulles fueron víctimas de una subleyarion alevo-
sa, i est:1ll pOI' 10 tanto al cubie!to de una séri:l censura, si
JJien se les 11:1 querido tildar de descuiJo i despreveneion.


Sin embargo nos cs grato manifestar á la faz del mundo,
~nc los cuatro mencionados sujetos han sido los único~ que
ILO/aH m~nchaJo con un:l nCcira trail'Íon su didsa. Gócese~
pucs, la marina española de que habiendo cundido por des-
gl't:cia con demasiada rapidez por todas las corporaciones el
cip[ritu ue inSUE,)ccÍon i desordeIl , hayaIl sido tan pocos 101
in<1idduos de su seno que l13yan partidpado de las abcrr:lcio-
nes del siglo. GJcese asimismo al Lmdcr actualmente la vista
sobre el Atl:íntico americano domina:lo por ella, i al oir la
plíblica gratitud por losestr:.ldrJillarios servicios que está pres-
tllndo á la ll1011urqufa espai1ola, como si pretendiese con un
doble desplic¡;ue (!G intrepidez é inteligcncia hacer que des-
apare2;c;,¡ p:l1';1 siempre aquel aisluuo borro n , \.fue bajo ninguH




4 '~ PTilW: 1 ~'1\}.
aspecto puede manchar IU antigu:l i sólida glorh.


Empero volvamos á las tropas imurjentes de la eSilcdicioJl
chilen'l. Dós¡meS de haber dejauo en tierra 4::l0 inf.wtcs i 50
caballos, á las 6rdenes del mayor Reyes los primeros, i á la.
del aventurero francés Bransden los segundos, se dirigieron
desue Ancón al puerto de Huacho ~ á donde llegaron el dia 9
de novienibre El coronel Valdés, quc llabia sido enviado de
'Vanguardia por el virei Pezuela con 3co soldados de infante-
ría i 200 de caballería, se aproxim6 al pueblo de Chancai"
en Jon,le Reyes habia tomado posiciono Creyendo no poder
resistir al auque de los realistas habia' principiado Reyes su
retir.da, cumdo observado por Valdés este movimiento, sa
arrojó sobre su retaguardia.


L:l formaba ésta la caballería, i como ya le fuera á los al-
cances la realist:l por una especie de cal!ejon formarlo por ¡ai
tapb.s de las haciendas, cuando ya estaba para term;nar dicha
paso angosto, reflexion6 Bransuen que al salir de él la caba-
lItría de Vald¿,s podri.i desplegarse libremente i envolverlo;
por lo que hizo alto de repente, i cargando impetuosament&
al eSl'ua,1ron de dragones de la Union que iba delante, logró
desordenarlo i hacerle volver caras. Observado este inesperado
contr:l.ste por el teniente coronel don Anllres G:J.rcía Camba.,
que mauJaba el e!cuadron de retaguardia, retrocedió con
presteza al dicho puato de Chancai, porque no halló otro di
sufkiente eótension plra formar su tropa Obtenido su intento
de no ser arrollado por el mismo escuadl'On batido, atac6
con firmeza al or!~ulloso enemigo, i lo hizo retroceder preci-
pitaJamente, habiéndolo perseguido por el espacio de tr611
horas \ hasta que el cansancio de su tropa le hizo ver la llece-
lidad de replegarse.


Habiendo vuelto á salir el coronel Vafd(lg con una divisioll
.ie tres batallones idos e'scuadrones sobre el mismo Chilncai~
tllW noticia de que el coronel insurjente AlvaraJo habia si-
do cnviauo desJe Huacho para ponerse en. comunicacion con
Arenales, i concibió al instante la idea de hacer un atrevido
movimiento sobre ~ayan, ~ituándose entre €ste último cau-




dillo i el refto del ejército rebelde; pero como ¡f este tiempo
hubiera recibiJo drden de retroceder á su primera posicion,
tn la que tuvo otras posteriores para qupJarse eOIl el solo
b1tJllon de Nlltnanda, un eS('uadron de dragones del Perú i
dos piez39 de montaña 1 1e lue preciso deshacer la operacion
principiarla.


Los humos efectos que ésta produjo desde el momento
In que los rebellles tuvieron conocimiento de ella probaron
el acierto del gefe que la habia proyectado. Alvarado tuvo
vrcIen de retirarse, i la tuvieron asimismo de embarcarse al
momento los enfermos i almacene, del ejército, mientras que
eran alejados por tierra los ganados, caballos sobrantes i
cuanto puJiera embarazarles en sus marchas; pero informa-
dos de la variacion de los planes de los realistas volvieron de
nuevo á su primer estado de sosiego i seguridad. H,,-llándose
en esta posicion se le presentó en 25 de noviembre de des-
cu!Jiertl el teniente don Pascual Pringüeles con 2-5 grana-
deros montados de los Andes i un guia. Deseoso Val,/(s
de enviar á Lima muestras inequívocas de sus esfuerzos
guerreros, trató de apoderarse de dicha partida, i lo logró
tan felizmente al fa vor de su astucia i buena dircecion , que
ni uno solo eSCclpó de aI'~e!los individuos á pes:u de haber
llec110 una desesperada defensa. Tallos, menos dos que que-
daron ten.:1iJos en el campo, fueron remitidos á la capital,
indusive 12 herUos , con la idea de sostener en parte el aba.
lid o esplritu.


Habiendo entablido ya á este tiempo los insurjentes una
criminal correspondencia con algunos oficiales de NUllluncia,
i llabiendo solicitado éstos la aproxi;nacion de alguna fuerza
para proteger su desercíon, trat6 el mismo Alvarado de ir
faldeando la sierra con toda la caballería, con 400 infantes
i dos pie~as de artillería para caer de repente por la espaMa
sobre las tr02as de Val,us. Avisado este gefe oportunamente
de a'luel movimiento pas6 á tomar posidoll á la desemboca.
sura de la 'Iuebrala por donde venia el referido Alvarado;
aquella actitud imponente Dust6 para que é~te ie retira$e del-




p!.h::. :L; lLthersG rrn;~J.j() {l!:;LlBOS tiros (~e fusil i cailon de
~ ':1:) u P,trtcs; pero l'C'concl'io-:n·lo82 el coronel \"aL/és muí i1l-
f ... it..lr C3 ca~);._dl~rÍJ., i jezg:lnJt) qU8 los i~!S'u)jentes ¿'J:..¡hl:·;a
de voh'cr á 1"1 r,~-fg!l con 1l1'yor df:C1!lioll á ia lnaÍJana s;gu;·'~?;­
te., ernprcn,.E;J S:1 repliegue e~l aq:ucll~l lni::ma noche haciendo
alto á euatl'o lfgE:.ls de; clist::nciu, en cuya po;;i"ioR perma-
n¡dó el resto de ella i todo el Llia inmediato sin 'l,-le h~; bien
oCcJrriJo mas noveclaJ que la de haberse presentado de ¡lU" \'0
los insurjentes á bastdnte llist3ncia.


Era la noche del 2 de diciembre la destinada para dar
III incipio ({ SlI rehlJia el bataIlon de N urnáncia; mas como
el activo Valdés se hubiera situado accidentalmente en el pa-
rage en que acampó la compartía de cazadores, que era lit
que debia dar el principal impulso, (pcdó parado el golpe
por temOr de un gefe tan vigilante, que con su acostumbrada
5erenLlad i prontitud en acudir ú las primerJs seÍlales de
alarma i riesgo habia de destruir tOllas sus tentativas.
l~hs se llevó á efecto este criminal proyecto en la noch~
~iguiente mientras que se retiraba aquella columna al cuar-
tel general. Como ignoraba YaIJé, el espíritu se· li:::i,)",) q:]'~
babia cundido en aquel cllerpo, del que Id):J. po,h'¡o d-
(luirirescasosconocinúentos en lo, seis úaicos dicls .¡ne lo te-
nb á sus órdenes, dctermin1 poner la cabIL~r;'a :í L. nm-
guardia por exigirlo así la aspcrGza dd t"rro'1O, ;';0 teniendo
tampoco el m~nor recelo de ser :ltacado por el enrJí);;~O, que
h:J.bia" quedado á mas de tres legucis de distanciJ., s': "l!::~¡¿¡uÓ á
reconocer la posicion , en la que debia acampar su colum::¡a,
i :í prc'J:Jrar bs víveres i forrages que pudiera necesitar.


Crda el citado Vo.lJJs que aquel b:üallon seguia la m::.r-
du cuando las pritileras notic;¡as que tuvo de él al a¡;¡:.tw;'t-'(,r
fueron lus de su alz1!miento. Los capit:.tnc'l don Ramo:! Her-
rera i don Tom:ís HJr<;", los tenientes Guas, IzquierJo i
otros oficiales dieron las priilJ",r:ls seíidlc5 ,le la subyersion; la
tropa seducida úe antemano siguió 1,1 scnLla trazaJa por estos
desleales; flleron arrcst:,¡J;s su coronel don Rupcrto "' \'¡:},do
i dos oficiales 111lS ~ILH: rluioieroll ¡ !.leer :¡]:;C1r.IJS UftlU ,;0': ;: 'lr:l




T!T!~.·': ~0¡;~). ~7
f~lY.1r la indelehle afr211la (jne iba ,í 1'ecacr 5001'e a'1uel C'Ucr-
po, ¡ se p3SS entero al cn,cmígo cmbarcindose en seguicLt en
ClurJi:,li en des tro.s¡,ortes P:'1'1 f:uactlO, adonde lIege.í Ii~
á!!. ~igutcntc. La i!\~rdida de estel::aLdLHl ngravó consider.l-
¡ lemente Lt critica sltu2cion de 106 negocios públicos; In-
bia sido crrado en setiembre oc 1813, per el comunc!:J."íe
don Jos': Ya!lez; se C()![líJC¡Jil en ~t1 totalidwl de zambos,
indios i mulatos de la pr,)dnlia de lhfinas, i habia sido en-
via, lo lle refuerzo al Perll, superando indecibles trabajos i
prí \luciones en un viage de mas de mil legu:ls por caminos
i desiertos los m:1S dSIJ:;ros i pelle30s, i conservando w¡ gr:/(I()
tan perfecto de 6is<:Ílllinct (lue podia competir con los ma.~
brillantes cuerpos emol~éos.


Ilabia llegado ,t t::1 punto el cstrav;o de la pública 0pi-
nion que ya no se podia eOlltar con la ftllcIidad 1 ni aU:l de
Jos hombrcs Cjue :JJ:l:1 Labm aCl'td.itaJo hasta tnto¡~ces su ad-
l¡esion al 1{ci. r~-o paE~\ha dia en que no llegasen al cunrtd
general c1esastros:ls noticias de haberse pasado <Í los enemi-
gos, individuos de toJas clases, i de b defeecion üe s'J1J:l~
dos i aun de oGdales i geteso


El lastimoso cl!:ldro qlle ofrecÍ:.t el Perú á fines de 18:w
3e completó CCll 1.1 derrota del brigadier O-Reilií en el cerro
de Paseo ·por el ca:Ji.IílIo ArenaJe", HaLia (óste emprendido Sil
movimiento desrIr.: Pisco en el elia 6 de octubre con el objeto
de cortar la comlJnicJ.cioll con el ejército del Alto Peni, i de
estenJer el fuego de la il1surreccioll por las provincias de la
eS,lalda de Lima. La caprichosa' fortuna se habia empeihdo
en guiar sus pasos: despues de haber permanecido en IcJ.
ha.>ta el 21 del mislllo mes, entró en Huamanga en 3 r , se
apoderó de Huanta en 6 de noviemhre, de Jauja en 21, í de
Tarma el!- :13, DatÍt;nr!o en todas direcciones las fuerzas que
se le opusieron á su paso, especialmente las que habia podido
reunir el intendente de Tarma con la agregacion de la compa-
¡Ha llamada de Cárdenas, que habia s'llido de Lima con eote ob-
leto, i apo(íedndose de 200 caballos que el celoso subdelegado
de Jauja habia ireundo para la dhision de O-Reilli. Des 4




~¡) l'Err: 1 f', ~(').
p:1Cg ele estos dpilos triunfos se habia dirigí fo Aren11,'s d
cerro de PelSCO, para verifi~ar p<Jr ailu.·¡ pu'lt'l su Í:h:or·or:::.-
cían con hs trollas de Sel:! 1hrtin .Jesel1lbJrc 1 Lts en rr 1 tcllO.


Pre.vienrlcJ el virci estl) mismo movimiento alteran' 10 ws
primeras disjlosiriones ellvd cn aqu.Jh Jire:~don al citado
bri¡pdier O' Reilli con un batallon, un eS 0 uJ,Iron j una COIn-
pat1ía de artillería, á cuya fuerza se dehian rClHir hs p'lrti-
das sueltas de Jauja, Tanna, HUanCdVl'lica i las situud:1S en
el puente de Iscuehaca Justa com,Jc:t:lr I.')ClCl Ó 2000 hom-
bres, cn cuyo solo caso debla entrar en aC2Íon. Era el di ...
6 de diciembre cuando se encontraron ambas divisiones en el
espresado cerro de Pasco, pero sin llUS fuerza por parte de
O' Reilli que la que habia sacado de Lima, i algunas parti-
das sueltas que se le habian reuni,lo, puesto que las tropas
de Tarma i del puente de Iscuchaca habían ya sido batidas i
desordenadas.


Los realistas ún embargo se desplegaron en batalla detras
de un barranco profundo apoyando su derecha á un terreno
pantauoso í su izquierda á un lago pequeno ; i aunque su nú-
mero en cuatro veces menor que el de los contrarios, esperaban
que lo favorable de la posicíOll supliría aquella desvenuja.
l\1l'11 decididos los patriotas á deshacer á toda costa aquel
antemural que se ofrecia á su marcha, se dirijicron al a!:lque
con la mayor firmeza i confianza: el batallon número ~,
mandado por el teniente coronel Aldunate, dió vuelta al ci-
tajo lago~ i se puso sobre el flanco, en tanto que el númerlt
1 1, á bs órdenes del de igual grado Deza, atacaba de frente.


La fortlll'l3 abandonó en esta ocasion á las tropas realis-
tas, bs que á pesJr de su bitarrh hubieron de ceder á la vÍo-
lencia del ataque, quedando muertos en el campo 1 oficial i
53 soldados, heridos 90 hombres, i hechos prisioneros 28 de
103 primeros i 315 de los segundos. Concurrió á ilustrar el
triunfo de 10$ patriotas la toma de dos piezas de artillería
i de 360 fJsiles, a,i como el apresamiento del mismo O' ReÍ-
lli por el teniente Suarez, i la sucesiva rendicion de la caba-
Uexía mandada pox el teniente coronel don Andrés Sauta Cru~,




T'I,rJ: lS~20. ~()
'<-/


quien desde este momento entró al serrido de los r;,be Ides, i
lIegó á ocupar posteriormente el primer puesto de la rep;iblica
peruana.


Con este desgraciado suceso quedó Arenales duelo ¡j,"
aquelloE paises; pero halLínuose su divisicm bast:mte l11altrl-
t:lua i lJabicl1(lo recihido á cste tiempo avisos de Alvarado~
que mandaba las fuerzas avanzadas ·en Palpa cerca de Cha.n-
cai, pasó los Andes contra los deseos de San Martin, empe-
fiado en que conservara aquellas posiciones. Estas órdenes no
fueron recibidas por Arenales sino despucs ele haber cruzado
dicha cordillera i cuando se hallaba en el estado mas deplo-
rehlc á consecuencia de las penosas marchas i demas privacio-
nes que hahia sufrido en aqud tránsito, especialmente en la
travesia desde lea á Huamanga, cuyo camino de 80 leguas es
en parte un verdadero desierto, acompalÍad o tan s 010 de pri-
vaciones i necesidades aumentadas por la frigídísima cordille-
ra de losAne/cs.


El subdelegado de Canta, teniente coronel don JUanuel
CehaIlos, que hubÍ:! prestado importantes servicios cuando los
insurjentes desembarcaron en Ancón poniendo fuera de su
alcance los ganados, caudales i efectos., i alistando á sus ór-
denes 200 hombres para protejer los intereses de aquella pro-
lincia, tU\'O nueva ocasion de acreditar su celo por el Real
~ervicio proveyendo de acémilas i víveres á la division del
brigadier O'Reilli en su paso para el cerro de Paseo, tranqui-
lizando once doctrinas de indios, cuyos alcaldes se habian
reunido ya en el pueblo de Banos en 17 de noviembre para
dar principio á su rebelion, i poniendo en salvo los ricos
metales del citado cerro de Pasco despues de la derrota de
O, Reilli, asi como dirigiendo la opinion con sus útiles i bien
razonados artículos que se insertaron en los papeles públicos
con el título de Amigo verdadero de los hombres.


La partida insurjente que habia quedado en Ica á las or-
denes de Bermudez i Aldao hubo de ahandonar aqueHa pro-
vincia despues de haber sido batida por Pardo; i encaminán-
dose ácia Janja para apoyar la sublcvacion de los indios de


TOMO IlI. 7




G o r u. L: ¡ 8 :H).
aflucll03 p:utiJ03 so .... ió Lien pronto eWo'Uclta por la division
del brigJlliér Ricafürt que habÜ! siLla moYiJa por Jisposicion
del vireÍ. Ihbi.l llegado á formar aquel benemérito gcfe en
Arequipa um brillmte division de 3000 hombres ~ ueuomi-
nada de reserva; pero como se hallaba compuesta de gente
de la cost:!, naturalmente floja i vü;iosa , quedó en esquelL to
cuando fue puesta en aedoll; mas luego que se le hubo agre-
gado en dicho punto de Andalmailas el acreditJJo h:111110/1 de
Castro, conocido COlllunmeute con el nombre de ehilotes ~ i
el no mellaS bi;;arro rs,~LJJdrün de grail:lderos ele la gllui-diJ,
continuó la pcrsecucion de Arenales que habia cruzado dpi-
damente por las eitJebs provincias dejando en eilas el pestí-
fero fuego de la insurrecciono


Por grande que fuera la actividad de Ricafort, no llegó
á tiempo de b3tirse con ¿¡(Iud c:1udilio; p'.:ro logró á 10 mc-
nos derrotar en las inmdiacioncs de lJuam:1I1g'l á priacipios
de cEciemhre á los caudillos Landeras i Torres, qUe! lJahi:m
jillllJ.]O tG,:J:¡ la indilJ:.t del partido de Cangllla, algunos días
despilcs ,í los que ln[est:1ban la provinch úe Hil:1ncavelica, i
en 2') rIel mi3mo mes en lad paffiFrls cercanas á Hu:mc:1yo :í
otro inmenso enj:1mbre t:e 8 á 109 indios qlle se hahian 6i-
tu:lllo en clbs, armaJos de lanzJs, rtjoncs, !JonJas ,algunc:l
fusiles i cscopttdS, i apoya;tos r;or [00 milicianos i negros, i
tres piezas de artillcr[a al mando lid cit:J.do AIJao.


Quinientos llluertos, un mímcro mayor de heridos i pri-
sioneros \ la compltta dispersion ue los r;'stantes, toda la a1'-
tilltrIa, la mayor parte del armamento i llIuniciones, por-
cion considerable de cabulios, i cuan tos eLctos. de guerra 1"0-
seÍan 105 rebdlrs, fueron los trofeo:; de los realistas ca esta
sangrienta refriega, en la r¡ue ofici,dcs i soldados se eu Ilrie-
ron de gloria, distinglli"nclosc eobre todos el hrigadicr R ica-
forti los tenientes coroneles Garc'ia, l~alllire:~, Ferraz i Seoa-
nc. El di:¡ antes de esta batalla IJa]-;ian l'ecibi,lo los realb,:1s
otro golpe de los mas crueles con la sublcvarion de Trujillo,
dirigida por su desleal intendente el mar ¡urs Jo Torrdagle.
Habiendo preparado la intriga muí de antemano con prctcs-




fa de que los curO¡)COS tl'atahan de asesinar :i 103 Q;,E:ricanDs,
supo haccr IJI"ccha cn la firleliJad de aquellos halJiUntes i eL:;-
ciJirIos á la rebelion.


Removidos con astucia torlos los obEtáclÜ')S lluC Lubieran
podi,lo oponerse á sus planes, dió el gr;to <le inLlcpenclrncia
sin fIue el rlJIJil aunluc leal destacamento de K umancla que
se l¡alJaba de gu:.múci:.J1J, hubiera podLlo parar aquel pronun-
ci:unicnto simuldnco de h opinion, nI conseguir mas venta-
ja que la de sllvarse del incendio, refugiándose entre las
trollas de PiurJ, quc mui pronto participaron de igual conta-
gio. El Ilmo. obispo don José Carrion i Marfil con 16 indi-
viduos mas fueron embarcarlos para el Callao. Al fayor de t:m
horrible traicion se hicieron dueÍlos los rebeldes de la parte
septcntri.onal del Perú, quedando cubierta la retagu:mlia de
las tropas de San I\Iartin, i privados los realistas de aquel
interesante granero, que á ftlta de los suministros de Chile
lwhi.1 abastcciJo de YÍ.-eres h~lstJ. entonces d virein::tto de
Lim:t.


El cdiEcio rc,distél se ibJ d;:smoronando por todas p:ntes:
aUll'jue las proYincias de Huam:mga, Clnzallo i Huun'2;\"cli-
ca habian sido pacificadas PO!" el brigadier Ricafort; i aD nque
se JlaLii1n nOÍl,lo En vJrios puntos rasgos particulares de
acendrada lcaltld, era sin embargo casi general el c!esalirnto
en toJo el yircinato de Lima: en un solo dja que fue ti 8
de diciembre s, hallian fugado de la capital 38 oficiales i un
cadete; en todos Jos cuerpos se habia introducido esta des-
leal propension, i ya 103 mismos gefes i oficialeS no tenían
confianza unes de Ot;:03. Crclan Jos mas que íba á ser irre-
panhlc el torrentei:l1petu0S-) de la insurrecciono


Si la capital se Ilfllhha rodeada de tan graves peligros, no
era menor la abrma e11 las provincias; las voces alarmantes
que esparcian los maI0\clos anunciando desastres i derrotas
de parte de los realistas ~ i aun la toma de la mi~ma ciudad
de LiIm. por las tropas de San Martin, llabian perverticlo oe
tal mojo el e.:;;úitu público, que muchos indivUuos del
(:jército, no tanto por amor á la independencia como por te-




G2 Hí-t': 1820.
mer los efectos ue la lucb, trabajaban en igual sentido
prestando importantes senicios que los llicieran acreedores á
1 a consideraeion de lús nuevos gobernantes; i los ff;:Jli,t3S
mas decididos trataban de hacer los tÍltimos esfuerzos de su


. valor, i cuando ya hubieran agotado todos sus recursos, pen-
saban abrirse paso por entre los indios hárbaros, i 113ccr su
retirada ácia los dominios del Brasil. j Tal era la opinioll de
muchos á fines de este afÍo!


Por un e fecto de csa misma desconfi~nza i terror, ha-
hia sirio fragl1ada una terrible conjuracíon en Oruro para cn-
tregar la plaza al cauclillo Chinchilla, que se hallaba i 5 l('guas
con 800 hombres, El misllIo gobernador Vega, i el coman-
dante de la guarnicion, l\1endozaval, así com~ los empleados
de real Hacienda i una gran parte del pue&o estaha ini-
ciada en aquel horroroso proyecto. EstJba ya pUl'a eS Llllar e 1
golpe i para caer en poder de los insurjentes los inlllensos al-
macenes i pertrechos que se conservaLan en dicha villa de
Oruro como en ua depósito seguro, en cuyo caso hubiera
quedado enteramente cortado el ejército del alto Perú, i falto
de tan preciosos recursos guerreros, cuando la divina Pro-
videncia que habia tratado de probar la constancia de los rea-
listas, haciéndoles tragar los mas amargos IJrevJ.gcs de la acl-
yersiuud, empezó á manifestar por un maravilloso accident~
la facilidad con que sabe desbaratar los atrevidos planes in-
ventados por la arrogancia humana,


Despues que por órdenes urgentes i prcmurosas de! drei
Pezuela, habia debido suspender el genera] en gefe del Alto
Perú, don Jnan Ramire%, ~u brjJ]ante carrera en la invasion
de las provincias de Jujui i Salta, i replegarse ácia el centro
del Alto Perú, situando su cuartel gC!H,raI en Puno para ha-
llarsc en mejor disposicion de ausili:tr hs operaciones del vi-
reinato de Lima, había c{uedCldo en la yanf,uardia el briga-
dier OIaueta con una divisioll esco,':iida; pero no amenazamlo
por entonces ningun peligro aquella frontera ~ i siendo Illas
necesarias las tropas para operar sobre las costas contra las
lCiipedirionarias, se habia dispuesto que se aproximase á mar·




l'·:¡'~': 18:<0. 5:3
ehas forza~~s el hJulba titulado del centro \ mandado por el
actual hrigadier don DaIJomero Espartero. Deseando cste be-
nemérito gefe dar un exacto cumplimiento á su rnision \ re-
corri() rapidumcute aquellos yastos esp:lcios \ i tomando una
senda desusada i desierta l por la que si bien hubo de sufrir
duras privaciones, logró sin embargo el ahorro de 40 leguas,
cayó sobre 11 :'a IllCilciona·la villa de Ornro , sin que se hu-
Liera tenicIo la menor noticia de aquel movimiento.


Apenas Ilcg0 Espartero á este pueblo, emmdo el sornbrio
carácter de sus hahi~,"ntt5, la taciturnidad i reserva de las
nli5lW1S aut'Jridacles, i el recelo, b desconfianza i el desalien-
to (pe cst:.¡]nl1 pintatlos en todos los semblantes, le anuncia-
ron la proximidad de algun grave mal, quc atribuyó al prin-
cipio á la predominante idea uel triunfo de las tropas es pe-
diciol1ari:l5. V lleltos los conjurados de su primer estupor i 80-
1JfCcogimiclltu, S~ d:::dicaron con el mayor teson á pervertir
el espíritu de aquel bizarro cucrpo : el sargento primero de
granadtros, que finjió entrar cn sus crimiI1:l1es proyectos ~ i
que con la divisa de conjurado asistió á bs juntas celebradas
en los primeros dias de diciembre, en las que se habia resucI·
to activar la csplosion, comunicó á su coronel el horroroso
pbn, rcdm:itla á que el capitan dc la quinta compailía habia
de dar principio á la rebcJiua asesimíndole con sus propias ma-
no, ,en cuya consecuencia tomal'i:.tn las armas los seducidos,
con el apoyo de lus caudillos Chinchilla, Lanza ~ OrilmeIa
i otros ~ i con la coopel'acion de las mismas autoridades i del
puchlo, impondrian un sileneÍo de muerte á los leales que
no CjuUf:sen st1S(.'ribir á aquella felonía.


Disimulando Espartero la angustia ele su :ínimo al verw
tan próximo á la orilla del precipicio, llamó astutamente á
su casa á la llnyor p:.ll'te de sus oficiales con el pretcsto de
pasar alegremente algunas horas ele la noche i celebrar el fe-
liz término de w penosa marcha. Verificada esta r!'union sin
que nadie pudiera concebir la menor alarma ~ reinó cntre to-
dos los com'Íll'los la Hnyor alesría i cnntcnto hasta las on-
ce en <lue trataron algnnm de retirarse ¡ pero ccrranüo el




gcfe la puerta i cambiando de re;1cnte é!C l::n,~:1'1"8 dei') :í:
t0,1:';3 sorprcnJilos con la reveb:ion eL ],1 ur~¡;;;:llJ ¡,,;t:~3-
trofeo ToJ03 juraron uerramlr su s::mzrc I;:)r S-Jstcnc, la a¡¡-
tardad Real i á su digno comanchnte: un) de las ofi,:i:des,
que fu:) el Lhi~o de aquella juaL! que cswvicra j;¡j jc¡do en
la eanj~¡raeion, bizo i¿:Jales protcst:1s, 112ro ILlCi1:lS del im-
perio de las circunstancias.


Discuti lo el 1110do de par.llizn eqlld pcr,uso designio se
acordc5 arrestar en la lllióma noche á tojos los reos prhcipales
i (le lneer un ejém?Iar i ejc':"ulilO csc:!l';lúcnto so~);'e clJ.::>s.
Diri.;iJn:1ose tojos en derce:lUl'a al cuart-J,ccrraron bs puer--
tas con el IInyo!' silencio, i for,uada la tropa fue arengada
por su gefe con toJa la elocuencia de que es capaz un entl1-
sias~TI'do mili tu. H"hiendo t~nijo la sltisfaccion de oir por
unanimiJad el cmpefio de vengJr 11m lJíos ultngoJ, salieron
al lllom,mto diferentes p:¡¡tiaas IlumLdas pOl' sus oGeiales á
ha0er los arrestos cQQvenidos, eo~no lo verifical'an menos en
la persona de Mcndozaval, que ha/JÍa salido en aquella mis-
ma noche á comUnal' sus planes de infidc!1cÍa con 105
caudillos.


Se ejecutó e3ta operacion COn tanto sigilo, que nadie tu-
vo cou,)eimicnl0 Uf; ella, sino las familias en cuyas casa, se
IulJiaa \'CrifieaJo h3 prisiones. El pueLlo sorprendido se 111-
llaba en la mayor inquietud cuando oyendo al día Eiguiente
los tiros diri,-~Llos contra el infid capiLm N onJennicbt, sGn~
ten;:iaclo breve i sl1mlriamente á ser pasado por ha armas
por un CO:lScj0 de guerra, se convenció uel malogro COIU-
pleto que haLia tenido la cons¿iraeion.


Todos los presos fueron convictos i confcsos de su cri-
men, del mismo modo que el cit~,do N ordcnlEcht; j Gun·
que se les lubia impuesto igualmc:1te la PCi):J de muerte l na
llegó á verificarse poque el dema,üuo generoso Ramirez,
que entonces se hallaba en Puno, o~'delló se suspendiera h
ejecucion i les conmutó el castigo sucesivamente en Ciez aúos
de presílio, que nunca llegó á cumplirse, porque los reveses
iUfridos por las armas espanoIas, ofrecieron á aquellos des ...




53
1cales los medio3 de sustraerse al mcrcci,lo castigo. Contri-
huy 1 asimii!l1O i poner en cbro cst:l cons;)ir:ldon un plieGo
diriJIo ~í Giicmcs rOl' d caudillo CUncLijL¡ con la firma
de! )'1 (inde, LLmlo;~'lVal, (lIJe fue interccpt:-:do por las tro-
11rlS del coronel Hu:nte gob¡;rnaJor de POiOBí, en el tdnoito
del emi3:uio p:¡¡'J Sdta, donde se hallaba entonces el i"di-
odo calJi.-dh,:1 quien pedian los faccioBOs alguna partilla
de C:l!>:ll1erI,¡ :);tr:l :lj!oyar su empresa.


Císi d mi,':'llo tiempo que se descubrió esta conjuracion
Jchi:¡ luhcr est~:;l,lc:o otra en b vJngí'JdiJ no IllUtoS pdi-
gl'<kl cn sm efecto3, alll1TE! de Ilh!5 cliLcil ejl'cueioa, Era el
plJIl ¡!e los tt-.ÚJorcs aszsin:.;r d com"w;ll1tC g( ncml OLlIleta
i :í todos los g(,ft,~ ,i oficiJlcs, lbnnr al CJuJillo Giiem~s, i
militar bi1jO sus órdenes hiista la total evacuaciOll del Perú
[or las trop:.ls del RLi La (s:~GnLÍncl r:t::ucion LIe uno de los
p'-üL'ip:J s co¡;jura:l')3 Gel:V,] alFld,a d¡vision de su amenazada
n:id:l; i el pru;¡to i CjeWphl' csc:1l'micnto que se hizo sobre
los plinl,ji'ulcs 12lOtor, s de a(¡ud hirbJro proyecto, restable-
ció 11 e.dma , el órdcn i la disciplirlJ.


A C8t:J8 ,los conspir:.tcioncs !nlJi:\ precedido otra, dirigida
JlDr los mismos princi;i')3, si bien pareciaa 11l:1S efúlJeros sus
e!tmclItus. CO:l,;e!:iía con al[¡una anteJacion por el coronel
La\ i;1, por los Ca¡liIJI1CS Robndo, Vill"doIlg:t i Z~l!nora, por
un pLt,;ro i [101' otros varios secenees de la inrlependcllr:ia,
debia h:tber tst:lll:trJo lu:'go C¡U,2 ¡1m :1I,utin desembarcó
sus tropas cn Pis(:o, calcuhndo a~ert.ljamente que estando la
atcnclon \le los reali, t.ls dirigidct :idl ~qIL-I punto, poJrian
ellos asegurar h fdicirla¡! de su re,,] ~L:do. Ya con este un
se lwbiall puesto de acu~rJo (G;l d mCJ1('1;:n:l<o gcneral in-
surgente; y;1 se habiJu rCUIl i lo ¡()¡)~!i)S, i aun s: lubian ;¡u-
mentHl0 con monedJ aeuibda P')i' d r,-fcri 10 pbtero para se-
ducir á b tropa, i repartirla á la ¡;lebe lle dic!JO punto de
Arequipa; ya eSluban pues los confdel'J'bs para dar ejecucion
á su proyecto, cuanclo fue (]CSCll hierto rOl' d celoso i activo
gcu"ral CarrataLí, que como gcfr; su [clÍor El':l h primera víc-
tima de5ign::ula pan el sacrificio. j,ncstl¡'!O el primer cons-




pir:dor LlVí¡¡ \ a3egurudos asimisll1Cl los d,;¡¡ns dmpliees , i
remitidos al Cll¿CO para ser juzgarlos, se cort6 de ni:~ esta
terrible fueg'J C¡UC lnbia umcnazatlo mui de cerca el inccn-
dio de a::¡uelbs provincias.


Los mas exaltados realistas censuraban agriamente las
operaciones del "irei: pretendían que San ~hrtin habria po.
dido ser uerrotarlo cornilletamente en Pisco si (le Lima 1m-
biera salido una division proxirnamente igual á la que des-
embarcó el caudillo insurjef.lte, lo que aiiadi:m se hubiera po-
dido pl'actic:u dejando toebria 3000 hombres para las guarni-
ciones de dicha capital i del Callao. Igual operacion sostenían
que pudo haberse hecho por el general del Alto Pe:rLÍ, que
sc hallaba cntonces á la cabeza de 6 á IV hombres de tro-
pas escogidas, 6 á lo menos haber enviado á marchas forza-
das la mitad de estas para operar en combinacion con la3
de Lima, i que este habría sido el único medio ele evitar el
cstravÍo de la opinion i la formacion de tantas conspira-
ciones.


Este argumento parece convincente á primera vista;
pero si se considera la posicíon del vireínato de Lima, que
forma una faja de mas de 13 graJos de lat. desrle Guayaquil
hasta el rio Loa, la que por sus muchas tortuosidades i aspe-
rezas se considera como una distancia de 600 leguas, se veu-
drá en conocimiento de que no dominando la mar se ofrecen
dificultaues casi insuperables para dirigir oportnnamente las
operaciones militares sobre aquellas costas. Este fue el ori-
gen de los triunfos de San lVhrtin, i lo que mas ejercitó en
lo sucesivo el sufrimiento i constancia de 105 ejücitos rea-
listas aun en el momento de sus victorias.


Esta fue asimismo la causa de la indccisio!l del vil'ei Pe-
zuela en dirigir sus tropas contra el citado San 2Vbrtin, te-
meroso de que éste embarcase hs suyas de repente, i fuese
á caer por sorpresa sobre la capital, antes que las columnas
ambulantes pudiesen acudir á su socorro. Pe zuela creyó con
la mas sana intencion que perdida la capital se perdia el
¡;eino: sabia que en ella habían sido plantadas las semillai




nr.l: lfbe. :J., ,
de b imurrcccion, i temia que ei se 1!11$eutaba para operar
40n el resto dd ejácito, sucumbiera facilmente á la¡¡ fUerZJi
de Ban ltlartín combinótdas con los im pulsOiI de los descon-
ten tos , aunque en ella quedara una guarnicion respetable.
H(~ aqui 108 justificados motivos de no haLer atacado á los
IlspedicionllrÍos, quienes en el entretanto engrosaban su par-
tido i acababan de pervertir el espíritu público.


SugetDs respetables, Ilevadoll del mejor celo, i otroo: pOl'
maHgniuad aconsejaban á dicho virei la necesidad de no al-
terar su sistema; los h3.bia asimismo que opinahan que el
dominio espaÍlol no podia consen'arse sino retirándose á las
!lrovinci,18 interiores de h sierra, dejando al engreído ene-
migo todo el dominio de la costa del N. Bien es cierto que
01 abandono de la capital debia comiderarse como un' Ju-
ro sacrificio, que habia de envolver h ruina de inflnit:.ls
familias comprometida. por la C:lusa del Rei. Tampoco S~
o':ultaba aun :í 103 mismos que pl'oponmn este espediente
como el único capaz de salvar 1a narc del Estado, que SUi
primeros resultados habian de ser el descrédito del pal'ti~
0.0 realista, el ins?portable orgullo de 103 disiucntes, la
mrmacian de un gobierno central que pudiera reunir la~
yoluntarles i la creencÍa de los gabinetes europeo.! Í aun
de la misma E¡¡pafía de la irremediable pérdida de aqueo
llos dominios,


Obra/do fuert.'~llJentc en el l11imo de! virei est3s grave"
consideraciones, se dcciJió por la conservacion de dicha ca-
pital:[ cost:l ur- euat[uiera sacrificio. Todo3 sus habitantes,
aun los mas decididos realistas, aplaudieron csta dí!termina-
don, confiando en que ri la fortuna .los abandonaba despues
de h.1.ber desplegaJo todo.> lús rccur.Oi de su in~enio i valor
podrim asegunr Un3. llOnras1 ,Clpitul:tcion, mediante b cual
fueran respetadas S!U per3011.:J., i propiedades. Guiado! por
rstos principios, i Yiendo agnvarsc 10 crítico de las cir-
cunstancias á pasos agig:mtadCls, se atrevieron 72 indivi.
dllo~ de los rn~j di~ting-uiJos de aquella ciudad :í firmar


'lr.>MO III. 8




ana repreSenLll'ioIl en 16 de diciembre pUicndo al virei
que e.tipulasc con San Martin tratados amistosos, com.
una continuacion de los principiados en Miraflore3, i que
cesasen de una nz las discordias entre europeos i al1lG-
ricanos.


El ayuntamiento, á quien fue presenuda dicha csposicion
para que por su coa,lucto i con su apoyo fuera trasmitida
al gefe sup~rior del reino, reconoció la convenicnci::t de esta
medija, i reunió Sll3 votos á los de los suscritos, en el acto
de hacer la entrega; p~ro el virei Pezucla que; todavÍa conO.-
na con fuerzas rC3¡;ct:lblcs para no dar un paso tau bochor-
naso, rechazó a1uella intcm[lestiva súplica, i tratJ de soste-
ner la guerra hasta el último trance.


La triste i dolorosa lectura de este capítulo, que por
des;.rraeia abunda tanto en contrastes i reveses para Lis arnns
del Rei, po.Jr:i ser interpretada por alguaos como un argll-
mento á favor de la independencia: estendedn su raciocini!)
con toda la apariencia de solidéz hasta el punto de afirmar,
que la opinion general estaba por dicho sistema, i que era
un imprudente desacierto de parte de las autoridades realista.
el pretenJer contrariar con tan débiles medios la opinion de
dos millones de habitantes. Para corroborar su idea, alega-
ráu que sin la adhesion de los pueblos á los principios su b-
versivos no habría sido posible que un ejército estrangero de
<4500 hombres hubiera hecho tantos progresos contra un go-
bierno establecido por justas i sabias leyes, arraigado por el
dominio pacífico de 300 all0s, i defendido por 23,000 solda-
dos valientes, mandados por hábiles generalei. i esforzadoi
.ficiales.


Cualquiera que haya estudiado á fondo las revoJuc¡.,nes, se
.orprenderá mui poco de ver triunfar á veces una corta fuerza so-
bre un pais invadido, aunque la opinion no le sea generalmente
fal'orable al principio. Los peruanos, segun se ha dicho en
otro lugar no conodan todavía los males de las nuevas teorias
proclamadas por ms vecinos:, cl'eyeroll que estas habían de




T'r.~~: J .'):!~. ,ID
comtitúir su felici:.!ad. De ~qui el oir con 3~rado LIs sCllucto-
YiH prod:wne ; de aquí el enfriarse su espíritu guc;rrero i fa-
vor del l{ei; de aqui el pasarse muchos paisanos á engrosar
d ejército invasor; i de aquí finalmente la inaudita defeccion
de gefes, oficiales i aun cuerpos enteros, de esos mismcu in-
dividuos que ~e habian conservado constantemsnte fieles, sin
que llUbieran manc11ado jamas su buen nombre.


Un golpe atrevido de parte del virci, un:: batalla dada
al caudillo San Martin, alguna ventaja comeguida por la ma-
rina habría podido sostener la opinion i dar un giro mu; dift:-
rente á los negocios; pero como el plan de campaib del seúor
Pezuela se limitó á la defensiva, tuvieron tiempo los contr:¡-
riOi de reforzarse i de hacer rápidos progresos en su cansa.
Cuando un edificio principia á desmoronarse, no ba3tan pun-
tales para sostenerlo. Así sucedió en esta desgraciada época.
Introducido el desaliinto en el ejército real i en igual pro-
porcion la creencia en el pueblo de que iban á triunfar la¡
armas de San Nlartin, era consiguiente en unos i en otros ol-
vidarse de sus deberes, i dirijir todas sus miras á prestu
~ervicios á los que eran ya considerado. como nuevos dueilos,
para comervar sm empleos, i aun para ganar may0res gra-
uos i distinciones, que no eran escaseados por los imurjen-
te! cspcdicionarios.


J\ o fue, pues, en nuestro concepto la fuerza genera1 de la
epinion la que redajo en e~tos momento~ á la orilIa del pre-
cipicio el dominio del Rci, sino la fatalidad del destino, i el
mismo curso irrc3Í5ti:)le de los sucesos. Porque si hubiera si-
do 10 primero ¿ (~ómo habrian podido los gefes realistas 1 e-
yantarse á los pocos meses de su "bz,timicnto, organizar nue-
vos ejércitos de los esclDsivamente hijos del pais, porque ya
los europeos lJabi:m c¡:.lC:!aclo reducic10s á mui corto mí mero,
apoderarse de la lmyüt" parte del vireinato i sostener la guer-
ra con brillo por el fSp2.cio de cuatro arlo:,?


N os ha parecido mui conT,miente hacer est<ls criticas ob-
terneiones ante¡ de concluir el capitulo histórico del auo I8z()




para reb:ttir los eepeciosos a-rgumentos qHe hemos visto eG!\.-
lignados en repetidos escritos, i dirigidos á hacer ver á la
Europa el inútil empeño del Monarca espaiíol eu pretender
el dominio de unos paises, que quieren probar le son abier-
tamente contrarios. Son, lo repetimos ~ especiosos, i le vería
su poco fundamento, $i una regular espedicion, apoyada
por fuerza¡, navaleJ que domina.sen el pacífico, apareciese por
aquellu eo.t .. J.




(jI
'","""''\~'\'\\\I, \ H,'nl.Va\'\'\\'\;\\:\U tU \ '.\\'~.n C.'. "1:\\'\/\1. ,<n,~


CAPITULO IU.


(:lIILE: 18.2Q.
Regreso de Lord Cochrane á Valdiv¿a, Apresamiento d:.'lbcr~


gantin Potrillo. Entrada de! citado almirante en Talca"
huano. Proyecto de apoderarse de Valdivi:i. Su;ntnist,,,o (!t~
algunas tropas de lireire. Ataque á la citada plaza. Exi··
to feliz de este temerario proyecto. JIIlalograda eJfzpresa de
Cochrane contra la isla de Chiloe, Derrota de Bobadilla i de
Santalfa en los llanos de Toro sobre Osorno. Retirada del
almirante ti Valparaiso. Entrada de San Martín en Chi-
le, procedente de '([s proL,incias d¿ Buenos-Aires. Demi-
.~ion de este general desechada por sus tropas. Brillantes
lsfuerzos de BenaL'ides i sus progresos. l/lisian de Pico ri
Lima. Disgustos de Lord Cóehrane con el gobierno chiZ¿-
no, i con el capital1 Guise. Alarma de aquel por la re-
1tuncia que hizo el almirante. Recoilcilincion. Preparat¡iJo~
para la espedicion contra las costas del Pent, Modo inge-
nioso de completar las tripulacionis de los barcos, Tráf'§¡~o'
fin de los Carreras, i IIstincion total de su partido .


. A bandonando el almirante Cod"irane su crucero sobre Gu" ..
yaquil, se diriji6 acia Valdivia con la idea de averiguar el
arribo del navío San Telmo que babia salido de Cárliz en el
mismo auo, pero que desgraciadamente hahía perecido ya á
aquella sazon en el cabo de Hornos. Habiéndose presentado
en el citado puerto en 18 de enero con bandera espai1ola, ha~
cieudo la aeÍlal de ped¡j: práctico, sali6 este al instante con
lin oficial de la guarnicion i cuatro soldados, que fueron de~
1Klidoti para saber por ellos la situacian de la plaza,




G:J. CrrIr.r.: IS)().
lHientt:15 que aquel atrevido In:Jrino estaha luciendo un


prolijo recono,_'iIníento del puerto, se avistó un 1m 1ue SISp~­
choso que fue apresado á las tres horas de haberle dado b
caz:.!. Era este el bergantín de guerra cspanol llamado el Po-
trillo, de 16 callones, que habia sido enviado desde el c.,-
Hao con 20~ pesos i municiones para los gobernadores de
Clliloe i Valdiría, i que conducia para este último punto to'¡lI.
:que!la suma por no haber tenido proporcion de dejarla en
Chiloe á donde habia tocado :í su paso.


Apcn:\s llegó la O'Higgíns á la bahía de Talcahuano, que
fue en 20 del IllisIllo cuero, concibió Lord Cochrane el atre-
viuo plan de tomar á Valdivia por un gol pe de mano, si el
gobermdor Freire queria facilitarle un pequeiío refuerzo. Sur~
tió tan buen efecto la espresiva é insinuante elocuencia de
aquel aventurero, que le fueron confiados 250 hombres á la¡
órdenes del mayor Beauchef, á pesar de estar al frente de Con-
eepcion un terrible enemigo cual era Benavides. Embarcada
est:! fuerza en la citada fragata O'Higgins, en la goleta Moc-
tezuma i en el bcrgantin de guerra el Intrépido, se hizo á la
vda en 25 del espresado mes de enero. Al pasar la O'Higgin~
por enfrente de la isla Quiriquina, tocó en b. punta saliente
de una roca por descuido del encargado de la guardia: la tri-
pubcion se alarmó terriblemente con este inesperado contras-
te; pero la destreza i serenidad de Lord Cochrane, la sacó
bien pronto de alud peligro.


Ocupado este hábil marino en SH gran proyecto. de apode-
rarse de la plaza de VaIJivia, no se detuvo {prácticar los re-
conocimientos necesarios en aquella fragata, la que al anoche-
cer del dia 26 tenia cinco pies de agua en la bodega, i do¡
horas despues se habia aumentado hasta siete. Se hallaba ya
inunJado el almacen Uf. pólvora; el peligro crecía rápidamen-
te, i en el semblante de toJos se veian pintados el terror i
h confllsion, cuando pcmiéndose el mismo Lord el primero
al trabajo I consiguió kd.Jilitar dos bombas en poco tiempo, i
sJ.ivar por este medio arruel buque de la amenClzada ruina.


l::ra el diu 2 ele fcbrtro cuando llegaron á la latitud de




~¡¡ ¡lE: ¡ <'32(}. G:í
Valdivia reunidas toJJS las embarcaciones de ar¡uella escua·
drilla. Cuando ya se b:dlaban á treint:l millas de tierr:!, fue-
ron trJsporta lis to las 11S trop:u¡ ,i bordo de b goleta i (Ic!
br-rcrantill cuvos dos barcos hi:i:ron fucrz:l de vela pan Ile-


, :-J , 01


g1r al puerto con la espennza de sorprender i los realistas;
pero h ('Sl~aSez del viento les impilió h:lClOf el (~scmbarco en
aqudL¡ nod:e.


Una ca,lena de fuertes, que cruzanJo sus fuegos en direc-
ci():¡c~ eneoIltr;d~1S, defen lian la entr 1(1:1 del citado puerto,
ofreci m obstá,'ulos al parecer insuperables á la corta fuerza
que tratlba rle a[JO.Jerarse de ellos; eran sus nomlJres el Nie·
bla, el A I1Hrgr¡S, el Curral, Choroé'ollza )'0) S;m Cárlús, el In-
glés, el lWancera, el Piujo i el Carbonero; cstaban supera-
bUl1íluntemente artillaJos ~ i cada uno tenia un foso profundo
i su muralla de piel Ira que no podia versc ni hatirse desde el
mar, es 'cpto d Tngll's (IUC la formaba una t&t:.lcada. Las tro-
p:¡.¡ regbJls que los gUdrnecian no bajaban de Boo hombres.
Hdbi:l a lemas un número próximamente igual de milicianos)
cuya 1ll:1}'or parte se hallaba entl)J1ces en Osoma á treinta leguas
de distancia en direccion dd estrecllO de }'Iaf;:d~anes, i Jos dem:.:s
en la ciudad de Valdivia, situada á catorce ll~ilbs de la cm ..
bocadura del rio.


La aSiJcreza del terreno, la espeWr1 de la maleza, la {¡lI ..
ta de caminos i la sob habilitaeion de send~s al alcance ele
los fuegos de dichos castillos, aumentaban su fuerza; mas to ..
dos estos dementas de vigor i resistencia fueron instrumentos
inútiles en las manos de aqlldhs tropas. Habifmdo fondeado
los dos referidos buques tremolando la bandera espafíob en b
tarde riel 3 de Lbrero, bajo el tiro del fuerte Ingles, frente al
único sitio de desembJfco que lo fOfma una caleta, trataron
de usar de los mismos ar,lides empleaJus en la primera espe-
dicion; ptro como ya estlban los espailoles prevenidos con-
tra los falaces designios de los insurjentes ~ no tuvieron esta
,'ez el resultado que se prometían.


Hechas hs seúlles de alarma, fue ré:forzada la. guarniGion
del fuerte Inglé¡;, j deitinado un grueso destacall~nto p:¡r;;¡




G¡ U¡;U': I S20.
impelír d desembarco. Fue el aventurero Millcr d primer0
'lue trató de slltar en tierra con 44 marinos 'lile llevaba en
~u lancha, i á p:s,lr del vivo fuego que salia Je bs baterúu
de la plaza, i de 103 fuertes o::'stáculos que ofrecí;¡ la mar
embravecida, i el alga marina que se habia acumulado en
alJU[lclancia cerca de h costa, logrS desembarcar su gente i
descllojar de dicha caleta á los rcalista.~ que la oeupaban. Lle-
g:uon prontamente otras lanchas i en mella. de una lIara se
hallaron rcmiJos hs 350 sol,lados patriotas, que eran los úni-
008 con (¡l.!,~ te eont:.tl.n para aquélla temeraria empresa.
I<'avo;-~,~idus esto .. por la oo~uri bd de i:I noche, por el es-


truenLlo del ca(¡on, i por el murmullo de las aguas, lIegaroIl
libremente al pie del citado fuerte ingles; i como el intrépi-
Jo subteniente Vidal ausilíado por algunos de sus ¡¡oMados hu-
bieru podido rrlllOver algunos de los troncos que formaban
aquc1b. muralla se mttitron sin SEr vistos dentro de las trin-
cher::ts; i haciemlo nna terrible descarga por la espalda de las
tropas esp:¡¡lola~ lpe e3tab:lll empelladas en defender eIataqu"
por el fú;nte \ introdujeron en ellas el mayo.!' desaliento, ha-
cibJolas en.'cr que tcni3.u encima toda la fuerza enemiga.
DanJo por irrcmecll:lblc su ruina huyeron en el mayor desor-
den, i por eEtei:ni1l"Cvióto recurso se h,dhron los insurjente¡
dueiÍos lk aquclh posicion.


N'o e3 c3tr:.:il0 que este prim.er contraste introdujera su
maléfico influjo en 103 dcm:ls puntos de deLnsa, i que figu-
rándose aquellos flojos soldarlos que la espcdicion encargada
de su asalto era su porior á todos los esfuerzos de su resisten-
cía, participasliiIl de igual confusion i espalito. Así pues en
poco tiempo, i en medio dd desorden, aumentado por la mis-
ma lobregue.;: de la nadIe, Sé apolleraron los p:ltriotas de laill
interias de Amarg0s, de los dos Chorocornayos, de s:m Cár.
los, del Corral i iitnIll1cnle llc toJa la parte merUional del
puerto. C"fca de 1 00 cspaiíoles perecieron en c3ta infausta no-
che, i casi igual número fue hecho prisionero: l:ntre los cogí·
dos en el castillo del Corral que fue el único punto que hi-
~o una al'l'egheb, defensa, se halló el coronel Jon Fausto del




Hoyo que se vió envuelto en aquella catlstrofe á pesar ce su
Gecision i firmeza.


ToJav[a se hallaban dueiíos los realistas en la maiíana dd
4 de los fuertes de Niebla, Carbonero, Piojo i IHanc(~ra; pe-
ro sohrccoj ¡(los del terror que cm consiguiente á las cJesgrac i:IS
de aquella noche, los ab:mdonaron apen3s vieron aproximarse
los patriotas, quienes quedaron dUCIJOS de tan fürmidab le:>
(~lstjlios, de 118 piezas de artillería, ~840 barrib de pólvo-
ra, 17°.000 cartuchos, 10.000 balas de caríon é inmensa!
c:llltiJacles de provisiones ele g~erra i boca, de un mojo que
superó de mucho los fant:Íaticos pLtnes forja ios por la teme-
ridad i por el irreflexivo orgullo.


Los mayores Beauehef i :\1ilIer subieron el dh 5 por el riG
con Lorll Cochr:lUe, á la cabeza de 200 hombres, i toma-
ron poses ion de h ciudad de Valdiv·iJ. que habia sido abando-
nada en aqudlJ. mi"nu ll11lhna par 5::;0 soldados que b. guar-
necün, i por la m,lY or [nrte de los 15.000 habitantes que
contenia aquella ciu,j,d.; pero muchos ue estos regrc,:lfon á
ms casas, luego que supieron por una prochma que publicó
en el acto el almirante, el moder:luo i noble comportalllien-
to de los vencedores. Las tropas realistas toma!·on la direcciol1
de Osomo con la ide3 de embarcarse para Chiloe.


Despues de este fllo triunfo, con el que h caprichosa
fortuna quiso exaltar mayormente la delirante imaginacion de
los aventureros ingleses, re301vió el gefe prineip:.tl de elb>i
emprender nuevas haz:ll1a5, esperando hallar por todas partei
una estrella ignalmznte venturosa que en V aldí via. Se diri-
jieron sus miras contra la isla de Chiloe, en doule vicí estre-
llarse su loca conflanza contra la firmeza i arrojo del bene-
mérito gobernador Quintanilla, i de sus digllas tropas i pai-
s:maje, que concurrieron con la IDas fina voluntacl á ca;;ti-
gar tamaua osadía (¡).


(1) Nos proponemos dar al fin de fa onra IIn cstracto de lo., prine;-
p3.1es sucesos de esta isla uurantel:.i re\'olucioI1 del cont.illelltp., i aun ha ...
~.,d .. e'len,iva ha,ta 611 honrosa C.pilulacioll, rara que no queden ocul"
tos los herÚlc~)'" servicios prestados por fl1l5 defensores.


TOMO UI. 9




{j:; eH In:: ) 0)0.
EIllJayor lleauchef que había quedado m:mdando en \'a1-


Jifia durante la éspedícíon de la escuadra, salió con 200 hom-
Lres en persecucion de los realistas fugitivos, á los que no
habia permitido QuintanílIa pasar del partido de Carelma-
pu, provincia del mismo Chiloe, porque reconoda la necesi-
(hd de que volviesen á cruzar el río Maullin i á situarse sobre
los llanos á fin de que pudiesen abastecer la isla de víveres
desde aquel punto. Habiéndose dírijido el citado Quintauilil
(!u persona á organizar aquella trop", separó al coronellHon-
toya \al comandante don Ju:m Sao talla i á otros oficiales i la
puso á las órdenes del comandante de cazadores dragoll(;s doa
Gaspar Fernanclez de lkbadilia con enérgicos exhortos para
que salvase la llltngua de la primera derrota; mas apenas
haLian an,lado catorce leguas cuando se encontraron con el
intrépido Belucbef, resuelto á disputar eOil e,npeiio la victoria.


Aunque la vanguardia de los insurjentes fue arrollada al
principio por el entonceseapitan don lHigl1el Senosiain, re-
plegados sin emhargo los restos sobre el grueso de la colum-
na tomaron posicion en el Toro, i se prepararon al cOlpbatc;
pero continu'lIIdo b suerte de las arlIlas en mirar con torbo
cCilo á aquellos débi:es restos de la fatalidad i de la desgra-
cia, fueron derrotados complet:unente, cayendo en poder del
orgulloso enemigo 17 oliciales i cerca ele 200 soldados, reti-
rándose los dtInas al rio lHau!1in al que pudieron llegar al
favor de la aspereza del terreno. Los enemigos aunque vic-
toriosos sufrieron asimismo bastante descalabro, i se reple-
garon sobre Valdivia, temerosos de nuevos esfuerzos del co-
ronel Quint"nilla. Nombrando este por comandante de dicho
punto de ~VIaullin, como el mas avanzado al enemigo, al ya
mencionado Senosiain, lo sostuvo con la mayor bizarría todo
el aúo, rebistiemlo eon honor varios ataques parciales.


Completada ya e~ta importante emprrs3 se retiró la es-
cuadra para Valparaiso á fin de d:u Fj,'cllrion al proyecto de
invadí,. el vireinato de Lima. Ya a']1ICI ¡:abia sido concehido
d('sde la batalla del Maipu; pero las discordias en que cstu-
'Vieron envudtJ.s las provincias.Je laPlata, i de las que hemos




cmJ:l!.' I S 20
dado una rápUa reseiÍa en este mismo ano impidieron su rea-
lizacíon, ,'isi, pucs, no salió San lUartin de Mendoza de re-
greso para Chile hasta principios de febrero; i aun si enton-
ces se atrevió á dar este paso, fue para sacar sas tropas del
contagio que las amenazaba, i del que llegó á participar el
regimiento número 1?, que se dispersó completamente.


No h.ien Ilabia el referido San Martin cruzado los Andes,
cuando fue lI:llm.Jo por el gobierno de Buenos-¡"l.ires {la--
ra terminar lai disensiones que ueslle tanto tíempo estaban
devorando el pais, Se negó ar[ueI astuto caudillo á obedecer
la órden, alegando que si empleaba sus trop:ls en estas cues
tiones domésticas, no podri~ llevar á efecto la cspedicion
proyectada contra el Perú, i que se esponia asimismo á que-
darse sin tropas si llegaba á situarlas en puntos en los que
tcuian un completo dominio los principios anárquicos.


Habiendo incurrido San J1Trrtin por esta razon en el des-
agrado dd rdt'rido gobierno de Buenos-Aires, del que ema-
naba su autori,lad en el ejército, envió desde Santiago un
pliego cerrado al coronel Las Beras, gefe de estado mayor i
segundo en el mantlo, que se h~lbba entonces con el cuar-
tel general en Rancagua, por el cual hacia demision de su
mando, facult;mdo i todos sus oficiales para que eligiesen un
mcesor. Este fue otro de les ardides de aquel astuto imurjen-
te, que deseaba ser solicitado para un mando que tanto ape~
tecÍa; i lo logró tan completamente, que la general aclama-
cion de su ejército dió nuevo vigor á su poJer, i aumentó su
prestigio.


Trabajaba en el entretanto sin cesar el referilo Ben:ni-
des por organizar su ejército, i por suplir con los es¡'utrzos
de liU brazo la falta de recursos que esperimto ntabi1 con la
pénlida do Valdivia. Ápes3r de tantos ekn:entos dr. o[osiciou
¡ contraste se atrcvió i haccr algunas correrías al N. dd :nio-
Dio teniendo á los enemigos en una contínua alarma. 8ieudo
infatigable en los movimientos guerreros, tuvo el arrojo dI)
meterse á lllcJia noche con 400 hombres en 1'aleahuano,
dando un ataque tan brusco ,i la gU:irnicion, COID rae"t:! ctr




68 CIl/T.E: J 820.
ma.> de 100 rebeldes 1 que todos ellos fueron lH::cho5 pns¡o-
2iCroS l i de,;ollados suceúvamente, quedando dueoo del puer-
to, i earg mdo para Aranco algunos efectos que podian serle
mas útiles á bordo de dos embarcaciones menores que halló
fondeadaa en él.


Al retirarse á su campo eucontró una gruesa columna ene-
miga que iba en ausilio del citado puerto, i :lUD'¡Ue
tra aquella mui superior en fuerzas, fue sin embargo arrolla-
ela por el il1trépi,Io don Juan IHanuel del Pico, segundo en
el m;ndo de las tropLls realiztas, i ¡:erseguicla hasta hs inme-
diaciones de la dudad de Concepion. Viendo el citado lle-
llavides la imposibiliJad de seguir adc1autc en persecucion del
enemigo que ya se habia puesto al abrigo de los fuegos de
¡((lucHa guarnidon, se retiró ácia el rio despues de un arclíen-
~e choque ~ i continuó su marcha para Arauro , en donde es-
tableció su cuartel generd. ;11:15 siendo mui cortos los recur-
sos que habia podido sacar de la citada plaza de 'l'alrabuano;
dctlrminó enviar á las cestas dd Pert'i eI! uno de los botes
que habia tomado en el rrferido puerto al espresado don
Juan IUanuel del Pico, dando parte oficial al virci Pezuela
de los prugresos que hahia hedlO en el pais á pesar del des-
amparo en que hahia queJado, i pidiendole ausilios pecunia-
rios, regdos para los indios i abundancia de arm:J5 i pertre-
chos de guerra. Hahiendo tenido Pico la buel1a suerte de ar-
ribr al puerto de Arica, pasó dc"le alli por tierra á Lima :1
fin de dar mayor pcso á aquella mision con los recursos de
su ingenio i de su laudable celo.


Fue con efecto acogida la SLíplica con el mas vivo inte-
rés, i hacirndo el digno virei UII generoso des[lrenclimicGto
en favor de Pico de cuantos SO·2orros le fue posible facilitar,
se emharcó aquel de nuevo IXlra thauco dcspucs dc ¡laber si-
uo nombrado teniente coronel de cahallEría de dragones ele
la Frontera, i llevando los dCFpa<:hos de corcllt·l de infante-
ría para Eenavides con la aprobacion de bs proJluestus para
"riciales subalternos, i facultarles á aquel esforzado guerrero
para premiar dadivosamente el ,'crJadero mérito de los in'¡¡d-




(;,(tl:: lbj!0. 6~1
d;:¡os de su rjé¡r¡~ito i toJos 105 rasgos brillantes de \'alor i fl·
del iLH1.


Luego que aquellas tropas vieron regresar al valiente PicG
en un bu:¡ue estrangcro con todo cuanto podia necesitar pan
sostener la guerra, se llenaron del mas "ivo entusiasmo, al.
vidando complttamente la pér.iida de Valdivia, que tanto
lEs habü afectado por ser el mismo punto, de donde pudie-
Sta recibir los neccsilríos ausilíos.


Lord Cochrane que habia llegado á fines de febrero á
Yalparai30 en elll/[octezuma con el Mayor lHilIer i con los he-
ridos cEtaba recibienJo los mas puros testimonios de aprecio
i consideracÍo>! de parte de 103 chilenos, sumamente recono-
cidos á sus estraordinarios servicios, cuando se halló Lien
pronto envuelto en las discordias, tan comunes ~ los estados
Dacientes, i le faltó poco para ahandonar aquellos paises, i
:regresar á Europa. Principiaron sus disgustos al ver que el
gobierno no premiaba á medida de sus deseos á las tropas i
marinos que habían tenido parte en sus recientes empresas;
i guiado por un principio de desinterés personal se nrgó á
:.dmitir una hacienda que le ha1ia sido concedida l manifes-
tando q!le él estaba bastantemente remunerado con la gloria
adquirida, i que 8010 aspiraba á ver recompensadas las rati-
gas de 8US compaiÍeros de armas. Hubo con este motivo con-
testaciones serias con el departamento de marina, que lo irri-
taron hasta el punto de hacer renuncia de su mando.


Empero obligado por la eficaz mediacÍon de O'Higgin! i
S:m Martin que supieron halagar su amor de gloria, ofre-
ciéndole: la pronta salida de la espediciélll para atacar el vi-
rJÍnato de Lima, i que muí pronto serian satisfechas sus d e-
mandas relativas á sus tripulaciones, se rtsolvió á permane-
cer en el s<:rvicÍo de los insurjentes. Habiendo insistido á esta
Bazon el director supremo en la cesion de la referida hacien-
da como un testimonio de la gratitud de la repúblka, la re-
husó de -nuevo, si bien determin6 en el mismo acto comprar
una posesion conocida con el nombre de Q:únttro, distante
ocho le¡uas al N. de Valparaiw, esperando (.br por este ms,




'0 CintE: ¡[;20.
dío una prueba nada equ{voca de su adhesíon á un país, ('TI
el que trat'1ba de fijar su residencia.


Al r['Ganocer Lord Cochrane aquella hacienda, hizo asi-
mismo prolijas esploraciones sobre la bahia llamada de la
Herr<ld¡¡ra, i demostró al gobierno que en alud paraje se
poJian proporcionar mayores ventajas que en Valpaniso i
formar un establecimiento I'n el que estuviesen m:,jor sÍtlla-
das las m.ves del Estado, ofreciendo al mismo tiempo el tc.;r-
reno que fuera necesario para construir el arsenal i el depó-
¡¡ito general de 11 marina. J-1ejos de agradecer d gobierno este
illlportante servicio, le comunicó la orden de absttnerse ue
h:lc('f ninguna mejora en aquel territorio, que de hecho que-
daba incorporado al Estado, pagando al noble marino Lu¡
sumas que hubiera desembolsado. Llegó al último grado la
irritacion de Lord Cochrane por una resolucion t:m incüllse-
cuente i descompasada; i aunque el gobierno se apresuró á
darle una satisfaccion por ella, quedó sin embargo ulcerado
m Gornon, i predispuesto á chocar por el mas leve pretesto.


Ocurrieron á este tiempo algunas desavenencias entre el
rihuo Lord i el capitan Guise, á quien aquel habia arresta-
do con el decidido empeno de que lo juzgase la lei marcial
con presencia ue las faltas de que le acriminaba. Mereciendo
Guise b lilas alta opinion del gobierno chileno, se hizo poco
aprecio de la reclamacian de Cochrane, i de aqui resultó el
llaber hecho nueva demision del mando i el de haber pedido
su pasaporte, sino se le queria permitir h residencia en el
pais en clase de ciudadano. Teniendo los de mas oticiales de
.la escuadra noticia del rompimiento en que se hallaba Co-
chrane con el gobierno insurjente, le entregaron todos sus
despachos manifntando que ellos cesaban de sen-ir á los chi-
lenas, sino se hallaba á su cabeza el bizarro marino con
quien estaba íntimamente unida su suerte.


Se alarmaron los insurjente5 con estos peligrosos mantjos,
i como sin la marina no podian llevar á efecto la espedieion
proyectada \ emplearon todos los resortes de la intriga i per-
:masion piara calmar el enojo del almirante. Prometió éste de-




C!JfTE: ¡820. 'JI
pO!wr su Icst'ntilllit'nto, levantar el arresto al capitan Guise
i restablecerle f:n el manejo, si el gobierno l'econocÍ:1 la justi-
cia con ~llle d !J,¡l:ia procediJo en el castigo de este individuo.


ArrqlaJas estas diferencias con aceptacion gtneral, i re-
conciliado Cochmne con Guise, si bien se ObSérvÓ todavia d-
gunu fri:.thlaJ '-lue solo se diúpó cuando al abordar Coc!Jrane
la fragata Esmeralda en el puerto dd Callao vió saltar al
mismo tiempo por la cubierta de la otr3 banda al citado Gui-
Se, hu bo que sllper:lr otr3s nuevas dificultades, producidas
por la oposicioll de los m:¡rineros á embarcarse sin haber co-
Lrado antes todos sus atrusos. Queria el gobierno valerse de
ios llIediús de la fuerza para l[UC :'Iquellos hombrcs acudie-
sen á sus puestos; pero manifestamlo lord Cochnmc la justa
oposicion (lue era presumible hiciera el capitan Sherif de la
marina inglesa, que se hallaba entonces en Valparaiso, con-
tra toda medida que llevase el carácter de violencia sobre
los súbditos de su nacian, se adoptó otro espediente que pro-
dujo todo el efecto que podia desearse. Una pronta proclama
en la que prometia San i'rIartin pagar á su eutrada en Lima
todos los atrasos á los marineros estranjcros que se alistasen
para servir sobre los barcos <id Estado, i que se daria ade-
mas á cada individuo UIl ailo de sueldo por recompensa, hizo
que to.los se apresurasen i contraer lluevas empello3.


A pcsar de la falta de metálico i de los inílnitos tropie-
zos que rodeaban á los geJes insurjentes de Chile, llegaron á
reunir en el campo de Quillota un ejército de 4500 homhres
que fueron embarcados en 19 de a~osto á bordo de la escua-
dra i de algunos trasportes, que dieron la vela al dia .,i¡;uien-
te para acometer la empresa mas arriesgada que se hubiera
ofrecido á la exaltada imaginacion de San Martin, de la que
le La hablado ya en el capítulo del Perú.


Parece ser este el lugar mas oportuno para dar cuenta
del fatal destino de los Carreras, pues que quedó totalmen-
te estingllido aquel partido en este a!lo. Estos tumultuosos
revolucionarios, segun dijimos en el capítulo de Chile de 1814,
habian debido fug:ll'SC del reino á consecuencia de la desas-




troslI batdla de R::mcugua; i en V~'Z ele bU:!f Ulla (ImE::l
Deogda de sus her:nanos los reocL!.es de llUf!1 I)s·Airt's, tu-
vieron el dolor de verse tratados {~Oll el m:.lVOl' desprecio i
mala volunt::id. Contillu:lfon en aquelh carlital ac~clW(:()5
sie:npre por el gobierno \ i con"ider:lilos como hombres peli-
gro505 á la reyolucioll, hasta qU0 aburrido el mayor de ellos
de h conducta misterios::t que se o h,servabJ. ,~on él, :-esohió
cmhJl'carse para los Estados Unidos en husca de Froteceioll
i apoyo.


Ya flle3C que la fmna de sus primeras l!:;:z:lihs sa]¡verú-
vas hubiera resonado eOIl aplauso en la América de!. N., cí
Licn porque la sólida opinion mercantil de su casa, 6 los fon-
dos que lleró conúgo hubieran Jiabidú inspirar confianza ~i
¡¡quella repúblicn.,se le vió volver en 1817 desde Nueva


York con algunos buques de guerra, oficiales i recursos, para
organizar i armar Ul1::t espediciol1, con la iúea de libert:ll' d
reino de Chile del dominio de los realistas i de la oprosion
de sus ri \'ul~s; pero habici1l~o oC:lrrido á este tiempo la vic-
toria de Chac:lhuco, desplegó mayor empelio el gobierno de
Buenos-Aires en c'.m!r::triar los planes de este fanático pa-
triota, que debian SJ;;onarse en :lquella misma ciudad, de
cuyo apoyo necesitaba para llevarlos :í cabo.


El enemigo irreconciliable de dichos Carrerus, que lo era
O'Higgins, se hallaba ligado con los vínculos mas estreclWi
de amistad i recíproca conveniencia con el victorioso San
l'r1artín; i por lo tanto no dehe parecer estraíÍo que los go-
bernadores de Buenos-Aires, imbuidos por éste, tratasen de
desbaratar los proyectos de los Carreras, i d~ hostigarlos por
CU~!Htos medios estuvieran á su ale::tn~e. Se esten'Jió la pcrse-
cucion hasta el estremo de pri\-arles de la liberud. ; pero lJa-
Liendo tenído J03é J'Iiguel la suficiente astucia ¡ura salvarse
de los lazos que se le tcndían, logró embarcllrse secreta-
mente para Montevidéo. Pocos di as despues u.e su salida des-
aparecieron sus dos hermanos, quienes luellOS afortunatloo:
llue el primero, fueron arrestados, el UIlO cerca del rio Cuar-
tI}, i el otro en Mendoza.




Rf'uni 103 1Í:¡¡)DS eIl h mLmn e,írce] ele este lHtimo pun-
to, ngllarLtb'JIl 1""'1' llFJ¡llf:n:03 d r:'sc]!t:dc¡ fi:ul de su causa,
que lnjo diversos a;;)c<?t0s, po Jil s\:r mui fanesto, Los que
mam:jlba!l e:ltoa"e~ el tilll1n dc los n~gocios de Chile 1 que
eran sus furi')sos e'lCmig'l3 O' ¡Ii(~i:ls i San M,lftin, penua-
n~cienn en Wla 11rg3 perjJlrji hl é itr2s::ducion SJbrc el
de3tino rIue poJLm e1:lr i esto, dos peligrosos el:;:::nici0s, Varús
eran las c:!Uns qU8 debian influir pan re301 ver esta cuestiono
Si venrohu los p:1trLtas, tCll1i:l11 rIue el ¡nrtiJ,) de dicho ..
Carreras, libre ya de enemigos cstcrio:cs, a l1uiriC'sc mn [>re-
punleranciJ irresistibI0 con p"rjuieio dJ su opinion i de sus
amhicios'lS as~Jirad,me3 Si vencian los re .. lli:tas, se !1¿urahm
ver fulmina los los JnlS horribles anatenns contra los enemi-
gos de dichos Cam:ras, fundados en la idea de qac Il:lhrh
lIiJo otra la suerte de las armas, si se hubiera d:lI.b el mJ11do
de ellas á a'rucilos campeones.


Pllra salir pues de esta embarazosa agitarion se decretó la
mun.rte de a'luellos ÍndiviJuos, i se clle:ll'gó Sil ej'~Gt!cion al
lIu.Jitor del ejército de los An.Jes don R;rnarJo J'VIontclgildo.
Deseabl éste revestir aparentemente con formas legales su hor-
rible sentencia, i á este fin se t1': 'de dar una 6153 impor-
tatlcia á ciertos cargos qUe de TIÍl'6un modo encerraban un
carácter criminal. Se les qlli:>o pintar como asesinatos los re-
sultados de un desafio; se urdieron otras muchas riclículas in.
Tenciones que dejaban la causa en un imperdonable descu-
bierto. Apurado Y'l lUonteaguJo para que terminase pronto
est~ injusto proceso 1 se valió de algunos soldados seducidos
de antcmlno, para que con el mas taimado disimulo hicie-
sen entrar á los Carreras en planes sediciosos con la esperanza
de rescatar su libertad.


Las declaraciones de estos espías \ h suposicion de haberse
hallado algunas armas i bastante dinero á diclJOs presoi 1 con
lo que se quiso probar por medios ilegales i viciados el cohe-
cho i se!ucc¡on que habian empleado para evadir el f:.illo de
llls leyes 1 lnstlron para que se les impmi~ra la peIll de
muerte en B de abril de Il.lI R ~ cuya sentencia oyeron aqt1(l·


T ()!IIO lli. 1 o




7-+ rHnJ;: 1 82/').
Has arrogantes víctimas con la mayor impavidez. Asidos es-
tos dos hermanos por el brazo, salieron de sus calabozos
para la plaza pública en la que debian ser ejecutados: i ha-
biéndose abrazado dd modo mas tierno, recibieron las des-
cargas, que ellos mismos tuvieron b serenidad de mandar, i
cayeron al suelo conservando la misma postura.


Este cruel castigo debiera haber producido en Chile la
sen sacio n mas desagradable con visible ritsgo dt sus autores,
si la opinim adl{uirüb por los mísmos en la hatalh del lVIai-
pu, ocurrda ácü la misan época, no hubiera templado 15
irritaci:Jn de los chilenos Creyeron asimismo todos los pa-
triotas, i aun los mísmos partiJarios de los Carreras, que el
país no podri<t establecer nunca un gobierno sólido sino con
la ruina de alguno de los partidos contendientes: considerado
baj9 est.e aspecto a.quel horrible atentarlo, fue menor su sen-
timiento por el sacríllcío de aquellas victimas que las circune-
tancÍ<ls habían hecho necesario al parecer para cimentar sus
nuevas instituciones.


El hermauo mayor de dichos Carreras, José Miguel, se
entregó a todos los trasportes de horror, indignacion i despe-
cho: arJiendo de im i de venganza desplegó la mayor aetid-
dad i energía para destruir á sus irreconciliables enemigos.
Ya desde mucho tiempo iba preparando los medíos de lo-
grar su objeto a"regándose al partido de Arti~as, Ramirez i
aemas federalistJ.s que habian jurado el esterminio de las au-
toridades de Bucllos-Aires, de las que emanaba todo el po-
der é influencia de San Martín i Ü'Ri¡;gíns, como miembro.
de la gran 16gia masónica establecida en la capital. José Mi-
guel Carrera obraba contra los centralistas de Buenos-Aires,
no con mÍra alguna de ambician sobre aquel pais, sino con
la de posesionarse sucesivamente dd gobierno de Chile.


Habiendo reunido algunas tropas al f<tvor de su elocuen-
cia i genio ~uerr3ro, se aproximó á dicha capital i entró en
ella victoriosamente; mas como su ohjeto era el de introdu-
cir el desórden en todas las provincias, logt:ó encender en
ésta la tea de la discordia ,ila abandonó tan pronto cumo




r.IIILl: 1820.
la vió hecha presa de la anarquía. Dirigiéndose eon 700 en-
tusiasmados guerreros, los mas de ellos indios ó descendien-
tes de los mismos, volvió á cruzar las Pampas en direccion
de IHendoza; cuyo gobernador, reforzado con las tropas que
iC retiraban del frente del Alto Perú, salió á darle un furioso
ataque, en el que fue derrotado Carrera á pesar de su bizar-
ría personal i del esfuerzo de su gente. Aunque pudo esca-
par del campo de batalla, fue preso mui pronto con astucia,
i fusilado en el mismo sitio, en el que dos anos antes 10 ha-
bian sido sus hermanos, dando iguales muestras de impavi-
dez i firmeza.


El desgraciado i respetable padre de estos tres revoll1-
cionarios sobrevivió poco tiempo á tan terribles golpes; i aun
le dijo en aquella época que habia sido acelerada su muerte
por la insultante reclamacion que le hizo San Martin de tel-
dos los gastos causados por aquellas víctimas durante iU e8-
tado de continacion. Si fuera cierto este acto de ferocidad i
barbarie, la llistoria seguramente podria citar pocos que le
igualasen en su género.


El partido de O'Higgins dió por seguro su triunfo ha-
biendo desaparecido de la escena revolucionaria los tres hom-
bres mas peligrosos por su valor personal, pericia guerrera,
influjo popular i riquezai. Para dar el último golpe á las es-
peranzas de sus partidarios, fueron arrestados algunos de 10$
lugetos de m3.i opinion i fuerza, i deportados á Guayaquil
para ser enviados á la disposicion de Bolivar; pero en vez de
sufrir estos desgraciados proscriptos todo el rigor que se pr()-
metian de parte del ruidoso caudillo de Colombia l fueron
recibidos con agrado l i céllocados los mas en destinos correa-
pondientes á sus clases.


El famoso Rodríguez, otro partidario de los Carreras,
JUgeto mui superior á San Martin i á O'Higgins en genio mili-
tar i en conocimientos políticos, habia sido conservado al
principio en el servicio de aquella nueva república á caUSIl
de la necesidad que tenian de sus talentos; pero creyéndose
ya. MIS rivalCi asegurados en el mando deipuei de la batalla




'76 fHTT, Jl: ,S~o.
del 'tlli;Ju, cup victoria se debi6 c¡¡~i esrlusiv1mente á SUI
esfuerzos, fue drr:stc!· b ent0!lCeS ocultamente, dirigdv fULra
de la ciw.l:d tI:; S-illtiago con el manto de la noche, ase~i~
D:ldo por su e¡¡"olu, enterrado con igual reserva, i les ejecu~
tores de alud crímen dirigi.1os en derechura á la punta de
San Luis, para que de ningun modo pudierll. trailucirse por
el pueblo taa aboJlúnable alevosía.




'7 \'\:\\ \. ... ,," " lxn H \ \ ~ t ~Uf\\J\ ,'H \;\\1\\'\"- \'\:\,,\'\ "\in\ \\ n \.\in n\"\,\'\I
CAPITULO IV.


QUI1"O.· 1820. (1)
~,


Formacion d~ una ~scelente division por Calzada en Pasto.
Derrota de lus rebeldes, i toma de Popayán. Salida de
los realistas sobre el mUe del Caucd. Principio de las des-
avenencias de varias autoridades i gefes con Calzada. Pre-
parativos de éste para atacar la capital de Santa Fé.
Alarma de aquel congreso. Retirada de dicho comandan-
te general. Infundados temores de los gobernantes de Pas-
to. Desercion de los pastusfJs. Desmorali:r.acion del ejército.
Venida del caudillo insurjente J7(.¡/des. Desgraciada accion
de Lopez en Pitayó, Retirada para Popayan, Instalaciolt
de una junta superior en Pasto. Entrada de los rebeldes en
Popayan. Viage repentino de Culzada á Pasto, Temores
del R. obispo. Salida de ambos al encuentro de Aimerich.
Desaires hechos á aquil gefe. Su regreso al ejército. Su
tras/ac¡on á Pasto por orden superior. Salida del presi-
dellti, del mismo Calzada i Lopez para Quito. Nombra-
miento de Garcia para mandar aquellas tropas. Intrigas
contra Calzada, su horrorosa persecucion i padecimientos.
Noticias sobre don Francisco i don Vicente Gonzale'lf. Vic-
toria d~ aquel en Guachi contra las tropas de Urdaneta,
procedentes de Guayaquil.


Sitnado el comandante general Calzada en la fiel ciudad
ue Pan·), segun dijimos en el capítulo anterior, se dedicó con


(1) Ya en ~stc 000 ~e bace preci,o d~scri¡'ir por "'parado la histo-
ria 4., Quito, la d. Sanla Foí i e,u aca., porque oí consecuencia de la




(ll'lTO: 1 8~lO.
inimitable actividad á levantar nuevos cuerpos de tropll i rí.
organizar una brillante division que ascendió lIlui pronto á.
39 hombres de todas armas i clases, mandados por los bizar-
ros gefes don Nicolas Lopez, don Martín Bengoechea, don
Francisco Gonzalez, don Juan Carcaño, don Basilio Garda i
.011 Ramon Zam brano.


Todas estas tropas habían sido perfectamente vestidas i
armadas con los copiosos ausilios enviados desde la capital d~
Quito i con cuantiosos suministros, á que se prestaron e¡¡-
pontáneamente los realistas, no habiendo sido el obispo Ji-
menez i los llabitantes de Pasto 108 que hicieron menos sa-
crificios en esta ocasiono Popayan habia sido ocupado en el
entretanto por el caudillo Ovando, i estendia el fuego de la
seduccion por todas partes: convenia destruir aquellos rebel-
des i este fue el primer hecho de armas emprendido por CaI-
sada en dicho reino.


Puesto en marcha con la mayor parte de ¡ilS fuerzali á
principios de enero, i deseoso de dar un golpe al enemigo
por sorpresa, por que no de otro modo podia esperar que le
proporciona3e la gloria de ejercitar el valor de sus soldados,
anduvo catorce horas seguidas en el dia 23, i asi pudo ha-
llarse á la una de la maÍlana siguiente en el alto de Riohon-
do, distante dos leguas de la referida ciudad de Popayán.
No habiéndose movido de aquella posicion hasta que se hubo
ocultado la luna, logró que no se tra.luciese &u aproxima-
t:ion, si bien la misma oscuridad, la aspere~a del terreno i
la estrechez del camino retardaron considerablemente su mar-
~ha, de modo que ya era mui de día cuando le preientó .1
frente del campo enemigo.


Agregándose asimismo á estos tropiezos la angostura del
puente, que debe cruzarse para entrar en Popayán, se lJizo
impracticable la rápida direccion de algunas de sus tropas á


uatalla de lloyacá quedó el primer punto aislado, el segundo domina-
do en su mayor parte por los rebeldes, i el tercero en P6Úil' deJ. ¡e-
n.ral Morillo. ptl'O ,ja comanicadQIl CIIIl el int~'iilr.




Ol'TTO: 1.')~O. 79
~ortar el del Cauea para que los rebeldes no tmiesen medio
alguno de salLlfse. RedujéroD6e pues las operaciones de Cal-
zada á atacar simultáneamente la refericb ciudad; formado,
los batallones en columna, tomaron la vanguardia los caza-
dores i el batallo n de Aragon; el centro la caballería; i la
retaguardia los pastusos, unidos con los patianos; una compa-
ñia de la caballería de estos i otra de cazadores fueron em-
pleadas en guerrillas.


La primera que empez6 á obrar desde el cal1ejon de
Chuni sorprendió á las cinco i media á una avanzada ene-
miga; i un solo tiro disparado por aquellos facciosos fue la
señal de alarma para touos los demas. Tocan al momento la
generala, se forman en la plaza, reunen mui pronto lIlas de
19 hombres. Cubriendo su espalda con el edificio del cuartel,
destacan dos trozos para ocupar las calles del Petril i de los
Valdeses, i son atacados por nuestras gu~rri1las qne ie diri-
gian por las de la catedral i San Francisco; aquella es ocu-
pada por el referido batallon dc Aragon, i esta por la co-
lumna de cazadores, en tanto que la caballería de Patía ocu-
paba la de San Agustin.


Apenas rompió el fuego nl1C5tra infanterfa, flanqueada
pGr la caballería, temieron los rebeldes 5er envueltos Úl una
total destruecion, i se ent:egaron por lo tanto á la mas pre-
cipitada fuga por la parte del Cauea, dejando una porcion de
muertos i, prisioneros por las calles; pero el mÍmero de unol
í otros fue incomparablemente mayor, en particular de los
últimos que no bajaron, de 300, así que empezaron á ser car-
gados por la caballería i por el batallon de la columna de
(!azaclores desde el tránsito del rio del Molino hasta Calibío.


Habiéndose adelantado Calzada 11asta Piendamó, colocó
en el rio de este nombre algunos caballos idos compailias do
infantería, situ6 igual fuerza en Paniguitá; i otra columna
persiguió por el cerro de BeIen á, Jos dispersos, que fueron
mui pocos los que se sustragero,ná su ¡¡',ctividad i energ(a,
habiendo caido asimismo en poder de los realistas 600 fusiles,
200 lanzas, :;¡o~ cartuchos, infinidad de monturas, equipa-




gps i pertrechos de guerra. En este mismo di 1 hi,:o puh1ieat
dic:110 COlllelnlante g.:neral un generoso indulto en nOlllhre ,ic
S. l\l. ~ al cual se acogieron sobre 150 in IhiJuus de tropa i
em;)¡calto~ ~ i entre aquellos el general Vergara que dos días
antes habia vellj,]o á tom:lr el Hl1ndo en relevo de O\'ando.
~.l'emiendo CIlJ;.:acla que los n:heLlcs se refor7,astn en el


valle, emprendió su lT13rcha contra ellos en 23 de dicho
mes, lleVJ.ndo asimi,mo el sr'gllndo objeto ue dar cU!IJpli-
miellto á una or.Jcn del virei Sá.-nano que le ordenaba SI'
adelantase sobre la proí incia de Antioquia, para ohrar en com-
biuacÍon con las trop3S que habían saldo de CJl"t:Jgr:na al
m:mdo de ""Varleta. DJf.pues de haber desbaratado tJt1:J.s L5
partiJas de facciosos quc ha~16 en el tránsito, derrotó 3siHlis-
lIlO un cuerpo de 600 caballos sobre la ciudad de Cart,lgo.
Situado ya en este punto abrió la comunicacl.)Íl con la vilh
de Anserma ~ que luchaba con el mayor teson por sostener h
causa dd Rei: no bien habían trascurrido dos di:ls ClunJo se
le pJ'cscn taron 30) hahitantes de la cita:ia villa l armados
los mas de lanzas i fusiles, bajo la direccíon del teniente co-
ronel JIufioz i lid ca;Jü:m Castiila.
Deseo~o Calzada de averiguar el estado de las tropas es-


P:::dicionarias de Carta"cna. diri,ri6 u;a barnesa pdrtda de las o I L'
suyas sobre el camino de Zardgoza, i en el entretanto se de-
dicó ~f reunir g.mad~ l esperan.lo dar ejcrueion á sus gramlio-
sos planes luego que hubiesen llegado las municiones i ar-
mas que teni:t pcdhias al presidente Aimcrich. Como los ene-
migos cncúhie'rtos conociesen que 5010 dividiendo los tlnimOi
de los reJ.list:ls po.:lian fij:u el triunfo de su causa l princi-
)¡ama i se:nbrar· h semiUa de b discorlia apenas hubo sa-
~ .


liJo Calzada de IJopayán ¡ i 10 lograron con tan feliz SUCcs()
que el obispo de esta ciudad l anticiuo amigo de aquel digno
gefe; i aun entusiasta adruir:d.or de sus virtudes, se convir-
tió en su· Illas terrib le contrario.


Aunque se habiafrustrado la empresa de Caliada sobre
Autioquía en atencion :í los reveses que 8ufrieron las tro-
pas salidas de Cartagena, segun ie dirá en el capítulo de




l¿rITO: 1520." S 1
Santa Fé, 11:1);13 concebiLlo sin embargo el atrevido pl'oyecti)
de dirigirse él solo sobre la capital con los 3:00 hombres á
que ya ascendia su ejército, que se halhha á esta sazon bjo el
pie mIS brillante de arreglo i entusiasmo. La oca3in n era se-
guramente la mas favorable pJ.ra lnber intentado un golpe
sobre dicha ciudad: se hallaba ésta sumamente escasa de tro-
pas, porque casi tajas habian nwrchado con lJoliVar sobre
las prorincüs de Venezuela contra el· g'3neral IVlorillo q:Je
hahia empezado la camp:Ela eon el ejército InJ, brillJ.nte que
se hubiera visto en a'Iucll03 paises. El huen rcsnllJdo dé! c,11
tspedicion parecia indudable, i solo aguardaba Calzada el ar-
ribo de abundantes municiones, como se necesitab:m par:!
obrar en un país montuoso, en el que debía ~uponersc le EC-
Iia cortada la comunicacíon por algun tiempo.


El congreso de Santa Fé se disponia á ahand0mr la c~pi­
tal al primel· al'iso que w,·o cle haber hecho las tropas de
Pasto un rcconoci;lliento en dircccion de Jbagüe: todo flle
alarma i confusion en aquella Cilllbel; volaron los Inrie" á
Bolivar anunciándole la aproximacion de Cal¿aJa ; se haltaba
ya aquel en el Rosario de Cúcuta., en cuyo punto detuvo Sil
marcha, i desde el cual destacó en ausilio cid referido ce:J.-
greso algun03 cuerpos que se adelantaron ál'Ía Pamplona. La
f.dta de las Illuniciones, que aguardó en vano C:lL;aJa, 105
alarmantes avisos que recibía diariamente de las alltorLbde:i
de P3StO, relativos á marcar el movimiento de una di I'ision
enemiga por el camino de la Plata, con el ohjeto de inva-
dir la provincia de Popayán, i los tropiezos que le opu:,ie-
ron 5US émulos para llevar adelante su grande cIlI1Jl'es:l, hi-
cieron que abandonas~ los valles del Cauca, i que se rfTlc-
gase á la citada ciudad de Popayan.


Desde que llegó á este punto se convenció de que nr¡ue-
lIas alarmas habian sido creadas por las intrigas de sus riva-
les i envidiosos de sus glorias. Vivamente ofendido por Lm
igi'lobles manejos, i observancIo que de dia en cIia se engro-
saba el partido que h:lbia decret:ldo su ruina, procedió al a1'-
í'csto del gobernador de Popay:ín, Tamariz, i tomó otr:lS m~-
1'0)10 nI. 1 1




,,',


di,las ele pr2c:llIcion i vigilancia contra diversos ;.:efes. Se,Ju-
'. i!os ~1,úllisillO los fieles pastusos, habia desaparecido lIlas de
la mitad de dloi de su campo. Una columna de 140 hom-
bres lId batallo n de Aragon, que al mando del capital! Va-
w¡r,gucz habi:I "i,lo situa la en posicion mui ventajosa sobr~
la (iudad de la Plata, fue sorprenJiJa por un cuerpo de 4é)~
fact:Íosos, i tan solo 10 Ú 1 1 hombres pudieron SJh .:!'Se J,:
Lm funesto combute .


.FJitarol! :1 su consecuencia los recursos (PW Calzada po-
tiia e::;'crar de aq udla parte., i 51: agrdvó de tal mOllo su po-
S:f';'Yl, qu~ fue pr.cciso ir ;Í !;usl'lr su subsi,;tcncia al paÍ.
enemigo. Aquella brillante di \ i,ion de 3700 hombres l!:..l,ia
t,;niJo lIlas de J 500 1 ajas entre Cnfl:rlllOS i desertores: ya r.f)
¡tinaba en ella atluel elltusÍJ.smo que na el mejor garante ,le
1J viltoria 1 sino (I!Je constituida en la Jura alternati\'a, ó
í.!e pere('(:r de ilambre, Ó de S'llir á probar de nuevo la suerte
fie la, urJIJas , se dcci..tió su gefe por este último partiJo.


El c:m Ello Yallé", que lubia vellido á tomar vI m:.II1ch
de los insu rjentes de w¡udIas proüncias, se uirigió con dOI
cuerpos de inf:lllhría i z 00 calnllos en ausilio de los valles c:d
Cauca l en los que se haJ:.i:m reunido ya sobre 1 eoo de 101
últimos. En la Imualll dd 4 de j!.lnio mandó Calzad:! que ~II
pusiera en marcha b co'unma de caD lores, C'Olllpuc:sta J.,; II G')
pIaZ:lS; que el baullon de Aragon, las C0ll1¡J:liíl:1S de Pat:a i
la caballería empremlier:lU igual Jllorimiento al medio dia coa
érden de situarse torios en Paai{uitá; quedando él en b
(:ÍL¡Jad contestando á toda rriesa á un correo que habia reci-
bido del prcsUen te.


Habiendo llegarlo á ms m:mos :i lns dos i media de aqmllll
tarje un p:trte del teniente justit:ia de Guamhia, auuncLín lole
que 600 rebeldes entre ingleses, negros de Sallto Domingo i
gente del interior habian bajado por el camijJu ,ie Silos, i Cll-
tr:1,10 en Pitayó; cuyo suceso le fue confirma'lo por el !t-
F.i:3ntc coronel don NicoLs Lopez, que !ll:lllda a la c;Úwlna
de cazadores, se puso al IUUlUQnto en mare'ha :í fin (~e reunirs,,"
flOR llii trapai . .álllegar oí Paniquitá iUpO la ~.IiJ¡¡ de; la cit<i:h




Qr[T(¡: ":'.;0. E::i
(.: Illmna rle elzadores para Guambi:l con el olljr:t'J ele proteger
I! !uel pueblo, No contento Lopez con haber hCC~lO cste arLi-
t rJriJ mo\"Ímient8, s'~ dejó arrehatar de su genio guerrero, i
,~ resolvió á cac:r sobre 105 enemigos en el cita:lo punto Je
i'it¡y'í.
_'\pí:n~ls tuvicl"Jl1 éstos notie 11 de su fll:lr,h3 ~ sr, 51tiJarOn ca


nnt:¡j·)"iS pusi!'junc:s lbnlo el triuufú lit;. SC;S HU~.!S :í la as~}e­
r,;21 dd t(;rreno i ~í Jos terri~¡Jé3 fhm;os 'lue prc5c;nta el ca·
ntiIlo cutre eS~3 rl)J.,J~;3 L)H1SS i es¡)e,,") arbol~"l,). ~:¡ ... lt,)t·~:;_J;t
pues Ull;¡ lurte de los i:l::L::j,LlLs (,1 l.JS llJ,'jiJ,";3 p::dci,,-
IlfS á 11 i;i¡trl.JJ del [llIclllo, i co;cL:1lb la ot1".1 ell una ~1tur:l
l{L:é ckft:r1.¡ Ll su frrnt", ,Jesk la q,¡C (L;~cu brún :í 1:na gran
tlistancl:t tL can1iuo (llJC hlbia tOllLi.·lü LOIJez"J IlerclJ.í1~ci~ron
(n el IU'l)'or sil"nciCJ ha;ta que cste intrépiJo befe se LdJó en
Illt'tlio de la r~f:;ri'h !"mhosr:aua.
nómpcs.~ cnto;j('e.1 U,¡ ~ir,) flJC''';o por tllJJS partes; pero


11:1 ~e i:l:i llÍdJ (1 Y:l1jent~ LC'iH'z; ,.::egunJJdo í!od~r0.saJn(ute
por sas oH-:i":'!25 i s'lld:.:.Jo3'i (fIl!.: (Ll~i cn ~u Ll~:.~ (-r U~l~tL' lt)-
nc.~0Lul'JS de 1',,)5 a::tiguos r('gin~:e!ltos u~J R .~~ i _\ ~l~~L·~L·i.l,
a,,~o~turn!)r:l,los 6. dcsprcci.lr los rt:Iigru5~ carg~ Ú. LIla:, Onf't~l
i los cnemigl3, los uc3Jlc:ja l!e B:1 [l0ú:bn, 103 :.:rrc,Pa i
103 pon~ en CJilll';tt:¡ dispcrEion. Entra á su cunStc~1pn('ia
en el pclCulo; i p;lrc"ia y:l q:1C pw!h cantlr la ,lncr;a,
cLL!n,Io .rcu:lÍJo3 de n~wro 1')5 reheldes C.:l1'f;~ln l:on l:ohle De·
lbr:í los rC:IJiot:1s, i C011 t3!1 :J.rroj:tdo ¡;oipc :;j'!!1 á S:1 1.:.:0
19, f:..;rtun'l. ])0S.:Í2:·ltJ$ cln:.~uenLl rc;lli3tJ.S p~lfGt03 fur.:r:l cl:~
co:n'!:J~tc entrc muertos i her: 103 , habiénduóc ÚlTitlHtO 1. 0;1-
el,.des entre 10~ prü.nel'os') i 8 e;ltrc 103 5c¿;un L,s ') 00 :1;<.
sioncro3 i por\:i~)i1 cU~Ei 1-":1'~-~hle de .IisF:..'r~03 filL~YJll lú3 tr0;"~:';~
gJilJllos p,J[ laG reDeLIt·s e11 cst~; c:lnpc!t:ldo conlo:.:.te.


[;¡ br~gJ.Jier Ctl;,¡ h, 'p'" In~Ji:'. ~1¡j,!J en l)Use:! de 1,0-
l)'~z plr:l Gll:llu]úa, tl':lto.b.l (ie J:lIprea la de llJteVO su m:if-
eh:! dt:3Je este punto con el afan de sall .. arle de 103 pdigrús
á que le esponia su illl'onsi,l¡;ra:lo valor, cuando tuvo COllO-
cimi.ento de su derrota por u no de los otieiJles que se habia
s.tlvado d<> elh. fhcicndo aJelanL!r cuatro compañías para




~rrH): 18:'0'
proteger la retirada de aquellas tropas ~ i situJndo el resto &
Ll su:iJi! ele h montalla ~ se logró recoger todos los dispersos,
i se rcsolYió cntonecs la rctira,la para Popayín.


Est.1 de"gr2ciaJa accion produjo las consecuencitJs mai
funEstas. El rartido de oposicion que habia en Pasto contra
C:!zada instaló una junta superior presidida por el illmo.
olJispo; i aquel se habia replegado en el entretanto al va-
lle de Patía ~ en Jonde podia proporcionarse algunos ví\c-
res para 5:'13 tro;¡as. Rtunidos los rebeldes del valle del
Cauea CO:1 la di";sio!1 que habia b:Jti.lo á Lopcz ~ fOrIfu-
ren ua total de 38 hombres con los que se apoderaron
de l'opay8n" entregando aquella ciudad á un horroroso m-
guro ~ i las avanzadas realistas pasaron á sitmrse en el
.1nto ftIoreno. Habiendo consultado á este tiempo el gefc
rcalista á las autoridades de Pasto si convendria retinme
al punto del Guavito, fue descd11ua su propur~ta de un
molla imperioso, que chocaha abiertamente con el respe-
to debiuo á quien estaba revc~tido con el carácter de co-
mandante genera! de las arrnJS.


Resentido de la abierta pugna en que ~e habian pue~­
to los inclividuos de la junta ~ creada arbitrariamente en Pas-
to, determinó p:lsar en persona para contener aquellos e~cc­
~os. Ya ,í este tiempo habia sido invitado el presidente Aime-
rkh á concurrir al mismo punto de P~sto para dirimir por sí
mismo aquelhs fatales contiendas. IIdJiendo peJillo el citado
A imerich con bastante anticipacion al viró del Perú un gefe
de graduacíon que reemplazase dign:unentc al que trataba de
despojar de su mando, sdió de Quito en 25 de julio delegan-
do tI mando político al regente Manzanos i el militar al co-
ronel don Damian Alba. Independientemente de zanjar las
desavenencias de que se h:l hecho mencion trataba de levan-
tar en masa á los pastusos para rechazar los impulsos revolu-


• cionarios, á cuyo efecto se habia hecho preceder en su mar-
cha por algunas sumas de dinero 1 armas, municiones i per-
trechos guerreros.


Tlinliendo el obispo Jimenez los efectos de la repentina




HC'"l")rh ,je C:i;xaJa á !l¡¡sto, i viéndose ab::mJonado por los in-o . .
diriJucls de b junt:t, ha;)h 8:1li\10 precipitadamente á encon-
trar al citado general Aimcrich que se hallaba ya á dos jor-
nadas de distancia. SJ.lc: i,:;nalmente Calzada con el ohjeto de
p1r:lr los golpcs \le su enemigo; pero preveniJo AimcTich ele
antem1nO contrJ él, lo recibe con frialdad; i viendo cste á
su ]a,b en IJ. Hl1yor confianza á aquellos mismos sugetos que
él habiJ. enviado á Quito en la clase de presos, se convenció
del ningun apoyo que poclia prometerse del presidente, i se
marchó al dia siguiente á reunirse con su division en lilcr-
caderes.


P0COS cHa, hahiln trascurriJo desde esta clesagrallable con-
ferencia \ cuando se presentó el coronel don Rasilio García
con órdenes de que dicho Calzada i el coronel Lopez P:1-
~ascn á Pasto para recibir las mui reservadas é interesan-
tes que acahallan de llegar del gobierno, quedando este cmi-
5ario encargad') interinamente del mando ele aquellas tropas.
N o bien lllb:l !1eg:H!o Calzada 6. Pasto cuando se vió arrestado
en su casa, en cuyo estado permaneció hasta mediados de oc-
tubre, en que se puso Aimerich en marcha para Quito á con-
secuencia de haber sahirlo la sublevacion de Guaywluil; i S~
lo llevó cn .su compailia juntamente con Lope¡;.


Apenas hubieron llegJdu estos ilustres presos :í la célpital,
rClbbló el rigor contrJ. el primero por influjo ponzoiloso de
los disj,lelltes encubiertos; deseando estos desembarazarse de
u:! gefe tan bizarro i tan cursado en la carrera de las armas,
cuya opinioIl i prestigio eran los mas terribles enemigos de
SllS pérfidos planes, le acusaron de estar consrirando para
deponer la legitima autoridad. Como mas diestros en el ma-
nejo de la falseJad é intriga \ 10grJ.ron ulceras el ánimo dí>
Aimerich hast:! el estremo de haber mandado al citado Calza-
da s'lliese par:! Cuenca sin concederle mas término que el de
doce horas para bacer los preparativos de aquel viage.


Obedeciendo sumisamente esta orden rjue llevaba todos
tos car:JL'!trC3 de un preri;lltl:lo juieio, se puso en mar-
cha con el mencionado Lopez i con 4 ordenlllzas, luego;)




que supo que llaLil sUo deslte nJi,b por el p:'fúLnte !a
oficio;} i:Jtcrvencioa Jd tribuIl:ll de la Rt;.¡J au,'icncia pufa
que se le form,lra causa i Se oyer:::.n sus dcsean;'~f. E:',m
rues los tUtimos días de octubre i el prill:Cl'O de la EJ1icb de
Ca l,3lld:l de Quito, cuan,lo fue instrui,lo ror un re~tli5t:l q'IC
vc,:i1 de h parte de GU::lyaluil dt que ¡ÚO fch,JL;es se ll~lL.l~
banl una SCtla jarna,la c!e dist1l1c:i:1.
Deti~nese Calzada por t:m alarmant"s llotici1S ~ i las tns~


llÚe á Quito por el conducto de Lopez, pidiendo instruc-
eictles se'),m: b dircccioa que deLia to¡e:!r f:n tan criticas cÍr-
Cll1zt:¡:1,:iil3; se hospeJa a'}Unlla nocbe (:n una lncitwla in-
mediata i }'lúchachi; pero haLiém!osc llagado ccrcado :.d
amanecer del di:! siguit:nte por 300 insurjentes l 50 de ;cs
cuales se lwhian situado en la principal salilla, fue Gin em-
b:lTgQ t:m estraordinario su arrojo i la firmeza de sus 4 lur¡-
ceros, que supo abrirte paw por meJio de a(Iuella tLlr;:a, i
s~Ivar milagrosamente su vida :.¡un1ue COIl la f'c!nlió cIe to-
clus SGS cquip3S"s é in t('reses.


l)iríjcse en derechura á Quito, cuya ciuuad k::)Í:J. sUo
c~:i::crta de gt,;:.¡rdi:.Js por :qudla funesta aprd¡er:.:;ion ue que
CJ];;J.;]a Plldiera arrog:Irse el ml11l!o supremo: penetra e5te á.
p.lope pura ocultar la nr.;üeaza que le daba h t058a ropa
de que iba vestido; se presenta á las órdenes dd presidente;
: :de ron h Illél yor ansia el honor de senil' en la simple da-
oC dc soletado contra los orgullosos gU3ya:luile(¡os, que á esta
misma sJ.zon habian intimado la rendicion á b capital, i que
n:nian i mareLas forzadas sobre ella; mas nada fue capaz
l\e elmar los injustos i funestos recelos de (1'Ie estal}u posü-
do el ituiulÜ de Aimerich, quien lej0s ,Jé ace:!tar tan no)¡lc~
i l1csintcrLs~Jas ofertas le Jió orden uc s:tlir i¡;'illCt1i:¡tUlllC:l:tC
IlJra Otavalo.


nesutlto Calzada i correr tocIos los !'i(ésgos Jc tIue esta-
Dan cubiertos los caminos [Jor el estndo de fcrmentacion en
quo se habian constituiúo casi todos los pueblos l no tuvo
ni:J, prdcmioncs para dar pronta ejecucion á Lm terribles
1, a ~jatG8, SillO d a¿)J'onto de algun dinero, (:el 'l~é b.-




(r ,"'1,: I 82\). ~;
L:l ~i,lo e¡; ttr!;!l::~ t;, I~CSr;L j ,".]O, i el de ca 1nllo5 frcscm,
pr1~S r{u~' 105 ~L:yOS lubian quedado rendidos de su penos:! i
ripih fúgl antc:rior. Pro\isto de uno i otro emprendió w.
marclJ:l p~Hd b citaJa villa de Otavalo , en la que ya no pu-
o.'J entrar porque la lulló ocupaJa por los rebel'les : reciLió
:.i su consl:cuencia nuevas ór,lcncs para dirigirse á Fusta, f'll
uorrde el lJaJo a,lvcrso, que no estaba todavía cansado de
perseguir á este guerrero, le pre¡Janiba nuevos golpes de
amar¿Ufa, como se ved en el capitulo del W!O si~uicnte.


Aimuil'h se dedicaha en d entIctanto á hacer los rna$
vigorosos preraratiyos para resistir la amcnazada invasion de
IJe J 500 gUJy~!qu;lt.1os (lue iban c3min::mdo para Quito á hu
órdenes de l!r,hnlta (o!lcial que habü sido del regimiento
de J';umancia). Habiendo formado una pcqueÍ;u divisivu
.550 hombres, compuesta de 300 infantes i 50 caballos que
llahÍa traiJo consigo desJe Fasto á las órdenes inmediatas del
teniente cOIoad Jon Prandsco Gonzalez, i completando aquel
Dilmcro con otros deslacauH.:ntGs de la misma gllarnicicn,
dió el manlo de estJ.s tropas al rcferiJo Gonza!ez para que
pasara á defender las avenidas de Cuenca i de Guaranda.


Otro Gonzalcz ((!on Viunte) hahia sido enviado por d
"irei Pezut:1a desde Piura para reemplazar á Calzada; pero
primCl'Clln~nte su enft'rm¡;d:d, luego su di~gusto por !a¡
tlGFe,Ls COlllC tidas contra tste digno gefe, i por último la
C0!lst:{nte antipatía i siniestra prevencion de Aimerich con-
tra é;., lo n¡a¡,tllvieron alejado del gobierno i fuera de e,ta-
do de Pl'C,t:lr los activos servicios que habian f0rmndo tI ob-
jeto de su salib dd Perú, i que solicitó \'aria. ,,('ces con el
mus arJicfite cm¡JCfío.


Fue eiU't~mcnti' sc:nsible Inl'a tCi,los los que se interC3~­
han ele veras en h UlUsa c5¡'Jiíuh ti abandono en que fue teni-
do un coronel tcin IJ[zarro como don Vicente GOllzale¿; que
hahia adquirido la 0íAaion mas dislinguiJa en sus carl!?a:~:\¡
5G;:',C el vin:inatJ de Lima: su falta se hiw JTI:J.S TIGuUr en
1-0 8uc~"iyo, ya 'pe ca 11 presente épo~a le sc1iú,j di¡;l1J.:J1c:l-
te el csfúcrzQ i la íntrcpi 1c¿ Jd otro G~>nz,alt;t.




Habiendo emprendido este su m3rC~3. por Lat'lC'unglt á
tiempo que ya las tropas de Urdaneta avanzaban sobre Ias
hodegas de llabahoyo, que son el punto E;n[trofe de amhas
provincias, llegaron :í encontrarse en las alturas de Amb:lto,
que viene á ser la milal del camino entre Guayaquil i Qui-
to. Al otro lado de dicho punto de Ambato hai un:.t llanura
espaciosa llamada Guar:hi: este era el punto destinado rara
que las armas espaÍlolas se cubrieran de gloria: ambos p:1r!i-
dos contendientes sin embargo se miraban coa respeto; tI
número de los insurgentes se había aumen t1do llasta 1 [lec;
hambres con la gente reclutada en los pueblos per donde ha-
hian transitado. Confiados en h inmensa superioridad 1~1l1ll:;­
rica de sus fuerz:ls se arrojaron al ataque con la mayor impa-
vid"z en 2 1 de noviembre; sus primeras cargas hiCieron ti-
tube31' algun tanto á Jos realistas; pero sigui(!ndo el ejrmplo
de su digno gefe, que se presentó el prjm~:'o en el puesto
del mayor peligro, hicieron prodigios de nJor i arrebataron
l1e las n:anos de sus contrarios unos triunfos que daban por
seguros.


Toda la artillería enemiga que consistia en tres "io1cIltOS
de á 4 reforzados, el campo cubierto de cad:ívercs, un in-
menso número de prisioneros, la mayor parte de sus e"ba-
llos, D. l'!:l as , municiones i pertrechos fuero:l el precioso fruto
de tan importante refriega, en la que todos los realistas die-
ron luminosas pruebas de su intrepidéz i valen tia. Si la caba-
lleria de Gonzalez no hubiera estado tan cansada, ni un solo
insurjente habría podido llevar ú Guayaquil la noticia de
aquella derrota; pero aunque se reunieron en dicha plaza
los miserables restos de la espresalla espedicion de U rduneta,
no pudieron emprender operacioIl alguna hasta el aiío siguien-
te; por que si hien vinieron ambos partidos :l las m3110S en
\lO de diciembre en Veideloma sobre Cuenca, fue de mui
poca importancia esta acciJn aunque favorable á las ar;n~s
espaÍlo!a¡¡,




CAPITULO V.


'yI');¡imielltos de la columna de rrarteta .. C),t retirada d Jlofil-
pox. Espedicion de Bolivar por el ria. Des~mb(/rco de
Brion i Montilla en Rio Hacha. Victoria dI! S:ulclzez Li-
ma. Desembarco de lus rebeldes en Sabanilla. Retirada de
Diaz i Villa: muerte de este último Jura de la constitu-
cion en Santa J/farta. Derrota de Sanchez Lima. Prepa-
rativos de drjénsa en San Jitan de la Cienega. Turna d~
este pUl/to por los independientes. Cap:t:t!acion de S mt(J,
jIart(!. F;¡ga de su gohernador. Apuros de la plaza de
Cartagena. Alborotos para la jura de la constituGÍoiZ. En-
tereza de SlÍmano i del coron¿l Cano, q:{e resisten aJ¡ierla-
mente aquel fiItal sistema. Triunfó de los constitucionales.
Deposicion de Sámano i separaciol de Callo. Ene'rgica¡
di~¡'josicioncs del gobernador Torres pura sostener la pla.za.
$alida de los sitiados al malldo de Romero, sin ninguna
t:uztaja. Otra, dirigida pOl' el mismo Romero i Balbu?na,
con ¿Jeito lI1!li favorable. Refuerzos de los inswjentes, con
las (]!le queda estr·echado el sitio. Llegada de Porras á /0-
}¡!ar el mando del istmo de Panamá. Con·~urre á este punto
el virá Sámano. Debates para recibirlo.


Situada la cO¡llmn~ de! coronel \VarIcta Llesc1e fines del
:1:;0 anterior en el punto de 2:u:lgoza, dió principio á sus
operaciones en 4 de enero del presente destacando 90 solda-
dos con el teniente don Luciano Perez con instrucciones de
ptill'trar hastl RcmeJios i de dirigirse en segida ú. CáceruI, dOll~


12




no f' ~ '"'r.\ d:: 1,(>, "o.
de rlehnri'l ll:lIlarse el resto de la col'Jmnll, la que llegó en
efel'to á dicho punto el dia 17 i Perez lo verificó el 2 o. si
bien con la baja de 40 hombres que no pudieron resistir
aquella rá:irla i penosa marcha.
Pue~to \'\1 ~rlp,ta nuevamente en movimiento el 22, llcg6


al Yarumal en 1.° de febrero sin la menor- resistencia; i to-
mm lo posicion en una altura flue se llalh á tiro dE' eaiÍon
de dicho punto ,. envió al subteniente don Fernando. Rome-
ro con 32 hombres á situarse en el Llano de Santa Rosa, con
el ohjcto de ohservar á los insurjE'ntes que en número, de 50.
á 600 llOmhres se IlalIaban posesionados de aquel pueblo.


Confiado, Warteta en las ofertas que. le habia 11ec}¡0 el P.
ReEtrepo, rura del pueblo llamado del.Valle, de que suble-
varia sus feligreses i que los armaria con. los 50 fusiles que
para el efecto le babia suministrado el referido. gefe, perma-
neció en sus posiciones hasta el dia 12 en que tuvo noticia;
de que el t:nemigo se dirigía á atacarle por el camino de la
Culebra con el fin de cortar la avanzada de Romero. Dando
entonces á este oficia 1 la órden de retirarse del IJano i de si-
tuarse fU tl runto que él iba á dejar para. tomar nueva po-
!icion á un cuarto de legua á retaguardia en la avenida del
citado ramino de la Culebra , envi6 al subtenif'llte oon
Antonio Fermmdez, para que reconociese con 25 ca?:udores
la fuerza enemiga, i para atraerla á este nuevo punto, en
el que habia colocado un pedrero con las disposiciones nece~
sarias para recihir el ataque.


En la mañana del mismo dia 12 se encontr6 Fernandez
con .1 00 infantes i 20 caballos, sobre los que rompió un vi-
vísimo fuego, apoyanflo su espalda á un_ empinado cerro i su
frente á un pequeño rio. A pesar de ser tan corta la fuerza del
bizarro Fernandez, sostuvo soJa el combate hasta las dos de
la tarde en que le lleg6 un rcfuf'fzo de 60 lIOIllb{es, man-
dado por el capitan don Simon Alvarez; i. aunque el enemi-
~o habb teniJo la pérdida de mas de 50, crey6 sin embar-
go que seria mui arriesgado el éxito de un nuevo ataque de
parte de unas fuerzas tan ~up(;Iiores en námero l i determi-




nrJ por 10 t:m to rctir:Ir~e á tiro de ca:íon de la posicion Jc
"VVarlcta.


ElltcraJo {'ste grfe de b pérJir)a que lubb Sd friTo el ene-
mi;o por el sDlo esfuerzo de 25 va!ientes, i lle llldcnrlv de
este hecho taja h proh3~,i]¡j~J de aJljll:¡ir un tritm!O CO;ll-
1Jeto si ponia en aedoil tajas sus .fu~rz"3, r,-soLi,j da,' Uil
impetuoso 1ta'luc en ld lTIl:llua del 13, cU.Ii1Jo á las cuatro de
:!rIuclh misma tarJe recibió 13s funestas lloticilS de que se
había ped],_:!) la div iEion del altolYhei,lalcl11) i tic) que ul
v,,;: el enemigo victoriu~o so h,:Lrü a,'o leraJD de ~!Iomí),J:\.
Ahriludo 'Wll estes sucesos, ordenó la rctiru¡]..¡ al anoc;¡c:ccr de-
imdo lwguaas eileeil,_~i ha en el campo p3ra ocultar su mot'l-
miento. DesprenliénJosc ú su paso por C;Íceres Je uua compalíí1
de voluntarios de Aragon para que guarneciese aquel punt.)~
lnjó con el resto ue la divi¡iÍon á N echí, en aouJe pc:rmneci'
huso que rcriL:ió urgentc's oucios eu 22 de marzo para que
pasara al ciudo punto de lUompox á org:lllizar la divisiGn ue
lit izquierda qm: se halbba en el mayor dcscÍr,lcu; pero acg o
mcti.lo en esta vilLt por una aguja enfermedJ,J, huho ele re-
tirarse á Soledad sin háber poJido llenar ei objeto de s.
!;omision,


El resultauo de estas parciales i débilcJ espediciones fuI";
pues tan funesto como de/Jia esperursc. r.lompox sin emhar-
go se sostenía con las bayonetas del batdlon de Albuer.l,
que llabia tomarlo el no:nhre de Valencia. TIoiü'ar, cuy<!
desmedida ambí.jon, iccJ yo ojo previsor é incansahle ccliJ
revülucion:uio se cste:1dia por todos los áng!l1os de aT"u:!
reino, dirigió algunas t:-01'a5 por el rio tn rÍ;-aguas 1 C3!lOa3
i bongos i i aunque civil IgnacIJ Larrus comand:mte de di-
ellO batallon dispuso fuer¿Jo sutib para combatir llquc!la
eocnaJrilh, qued;lfO;¡ sin en,!¡jf;o frustrados sos planes pJr
su muerte ocurric;ll :i est.: Lcmpo, i por no haber enviad.
C1rtagena los ausWú3 (jne se le Jwhiau pedido; i á su Cütl-
secuencia se penlió Jlompox, retirándose 3 la citada plaza
de Cartagena los restos del batanon de Valellcia.


Uahicmb l!:;diV c<tsi clint(;HlpOraneamentc un de.cm-
~




b:m:0 en el I<iJ II IC'U el aVén.t1rn ~t¡()n ~ g,~fe de 1:1 nu-
ri:-~l i[E'J~j,;nte i el cludillo ¡~IJrLIG:l "'~I) ~t;Ul CiJa 30C}
Iw:u'¡rcI , 11 IlUyJr ¡nrlG irbnleses ~ aprcstJ el general 1\»'-
ras U:11 es'y~ licbn deslc S:F1Ll ;¡lEta al ffill1,lo dd co,'o¡¡d
don VLvnte S,mchcz de Liml; cuyo gefe amiliado porlero-
nm ente p:;r los COnOc1Jllieatos pricticos del oiki:ll dOll
}1'raIlcisco Labarcés, natural dd valle de U par ~ i por los
briliantes esfuerzos de los atrevidus s:tmarios, derrotó á di-
chos es¡)(dicion:trios, cluitmes se vieron precisados á reembar-
carse pcg'Hdo fu<'go á ailuella pobhcion.


Proyectando nuevas empresas los citados rebeldes, tu-
vieron la oudía de cra"lr sobre ¡ai aguas de Santa Marta i
de hacer por último un desemharco en Sahanilla, pueblo
de la provincia de Cartagena; apoderándose de otros pueblos
ól'cua'recin03, i aumentando sus filas con el violento rc-
€:lutiJ.miento de la gente útil para las armas. Ihjahan en el
entretanto los insurjentes de O':.1:h i "¡:IJlll;WX ven,;iendo
bs obstáculos que 1", ofred:m u:):J. Vicente Villa, ~~gund.)
com:mÜntc uel batll!on de Va:c:1cia ~ i el cO:llanda ,te de
eY.!:1adron do~ Esteban Diaz: viuiendo el pri1ll8ro en un
OOi!¡;Cl de ~llerr.1, i Vitil&OSC estrechado por los enemigos
¡;in esperanz1 de salvarse de sus illllnos, pegó fuego á la
pJlvon, i fue víctiml de su esplosiou por no ser el objeto
d~ 1.1. melCa i ese.1f.lio dd vencc:Jvr: Düz sin e1ubargo llegó
¡alvo á San Juan de la C¡Jne~a.


Habiendo que lado dueiíus los rebclcles de todo el pai.~
que se halla desde S"b:milla llaMa Santa Fé, establecieron
en aquel puerto un activo comercio con los estrangeros i
armlf<lll. nl1 vos corearios, por melio de los cuales quedó
tmtc;rallle:1Íe interce¡)tada la comunicadon de Carta~na con
Santa Marta. LUlS á pesar del bIo ¡ueo entraron en este
pa~rto aL~unos bU'luel de Santiago de Cuba ~ pOtO los cuales
!2 saín la revolucion de la península ~ á cuya coulecuencia
g-: jud !J. o:uin:)sa constitucion en dieha ciuJad. Los partida-
rios cid antiguo revoltoso :vIunive i varios jóvene3 seducdos
por las ftil.sXl teorl:U; del nuevo úpterna, trat:uon de apoJc'




. ~ A., f\ ji::: , , '2 () •
rarsa ,le las fortahzas de aqueIb pb:.::a: pero tOJ0s ::us [lL:.-
nes, ';oncebi Los en sus cba !C3tí~lJ.S J.;oc;,ll'¡ones, L1:':T011 bur-
lados por b. vi6iLmda i Ic:Jt:d del pcle;:;b.


S"mc1L'z Li 'na, á quic!l Po;'ra3 ha;¡ia IFJmbrado brig¡-
di,~¡- en pr\)ílÜ0 del feliz r,,:>ultJJiJ de h cSi1edicion que 1 e
luhh con:h:lo contra ~\IoatiIla, fue enc::.r5aJo de otra sobe
d ya reLri lo puerto de ~hba,ülld; i aun:lue su columna se
C:Hnf10nÍ:l de h gente mas agclCrridá de Santa M:uta, fue
:oía e'n!nrgo derrot:do co:! pérdila muí consUerablc, i hubo
d,~ 8!tlvJr SIl vida co!'! li; fllg:l diri¡;iG'nioce por IIqudh" á3 t)f:-
ra. monta b¡; ¡ícía IHGr:l;;~liiJO.


Ih:lic¡¡.jo lle~alo á (:;;ta sa¡;on á dicho P!l!1to de [bb::ni-
lla lo~ batallones de R ¡(¡~S ~ un cuerpo de ¡Leleros i a1;;,u:05
otros de.taca'uclltO$ de infantería i caballería, formaron ¡¡".lÍ
pronto 10i rGbelJes yna brillante didsion, ref0YZada con un
b¡¡UUOil qlJe lnbim l,,¡¡aIlUdo de los habitantes de v:lrio~
pLItUuS ÚG b prodw'ia de C~l!'t.lgf):ll. Cono¡;iem!o Bolivar h
illl,Jo;tancÍa de apo.ler:lfsc de SJ:1ta :H~rtl, plSÓ él mismo
en persJua á S,,!nnilb para acti "-J.I' estJ opera,ion ; i como
ya hubiera visto cU':l~JliJos iUS neces:¡rios prep'lr2.tivos corrió
r;;pilamente sobre '\-,:llcZUtb.


Aunque los 5a mrjos estJi¡-111 informarlos de los pl'lncl
de sus cOlluarios, era sia embargo tan estraor,li'l:nil su Je-
ci.;ion i valentía, que se alegraban de tener nuevas ocasiones
de acreditar su heroisllw: eran mayores sus cui,lados por la
paralizacian del eom:;n~io, sobre el que estribaba la suhsis-
tencia de aque¡b~ beneméritos habitantes; i aunque se bm-
caran toJos los arbitrios posibles, i entre ellos el haber es,,¡~
blecillo su gobernador Porras una casa dc: moneda acnil:lmlo-
la de cobre i ue plata (menos [:.iril de falsificar qae tI l1loa-
talvina) se haciJI1 scnsiJ)les los apuros ud gobierno i las es-
Clseces de los P,Hticlllarcs agovi.:lilos con tmtos i tan rC;:2~i­
dos desemh',¡lsos, sin los cuales luhria dejado de existir deildc
mucho tiempo aquel baluarte de la firlclidad.


Su valor sin cmbargo est:1ba mui distmto de debi!itarse
por mas tropic,ws que la alvcrsa fortuna les opusiera. Gn:.




!) í f' \'fT\ n: I (hl').
S.:fíll rI.:: ahrml que hizo el gl!Jern ¡.lor al ver 1u~ los corol-
rL,3 ir!s~lI'jentes se acerc-abJn demlSi-l b i los ('a'bn~:l de Sall-
t:l Ihrbaril, co:ncmieó un m0vialiento el,::trieo á tolo el
pu~blo, el cmI se vi6 mui pronto re:mirlo en la pll¿a de Ul'-
11113 ~JiJ:elllJ ser c:rl,pt~J~'L) en lJ (JüfeJgl~ 80 ~.ilt:J.si:1.s~n·) ti
g~nc;ral Porrls al ver tJDCl dcclsion de p:Hte de aquellos ha-
bitClntes, i desplegó por lo tmto m~yor cncrgí:l para corres-
ponder 6. t::m briHantes ras,:03 dc kiltd. IhhienJo foranl.
lluevos cuer[lGS ele cab:.¡J!:.;rÍa, en cuya arma fueren emplea-
dos 103 fieles i csforzad.), in, Has de JlLlllJtOCO i de otroi
pantcs, se resolvió que el puehlo de S.m Jllan de la Cíéne-
ga, del que Diaz IlJbi:! silo nombrado comandante general.
fuera kereado con parapetos i foso csterior; cuyas obras SI:
Yicro~' mui pronto concluidls por el afm i em;e5a con que
se dedicaron á elhs todas las cIases de h pobhcionsia
distiucion alguna.


Empero tojos estosberóL:os esfuerzos se malograron des-
gracbdamente sin que el miSlll) Porras se huhiera Iiberta¡~.
de la fuerte cen:mra de 10,1 samlrio3. Los insurjentes desclll'
b:ucaron tropas de inf:lfit¡~tLt i elbllIería en la orilla del río
l\hg,Ialem. corre3pon:-licntc ;Í la provincia de smt:l l'ihrt:t, i
bastante in'ueJiatos al ref~ri'Io pu,blCl de san Juan de la Cié-
nep; i aunque se lnlhb:m reu¡ü las algull3.s fuerzas redis-
tas, cuyas avanzldls se estenlian rusta Rio-fria, eran ¡¡ill
embargo demasi:do débiles para di;¡lUtarles el terreno.


Era el 10 de nov"iembre cuan;!o se prese:1t:¡ron utlaató:
cId ri~llo pueblo los Int:llJone3 de Rifles, Giraldó ¡otros des-
tl'~Jmento3 sudtos: 103 rCllist13 rom~lieron un horrible fueg.
de artillería qur. cJusah~ el Imyor estr~go en las filas de los
ccmtrarios; mas est03 no intcrrum¡)Í:<n 5:1 imp:íviJa rnJrcha
sobre lils baterías. En el entrd1nto C:l:10:lCa/¡:m los LuquCi
de: guerra á las que clún por h parte: de b playa, i ve-
nia por vered~s escusJ/las 1.1 (jhallería de los formi.lables
ll:llleros, C,111 la que se creia habian de quedar descoll(~erta­
dos los samarlos. Introducidos didl03 lhne¡-os por el il meo
que habia qued..tdo abierto sobre d c:unino de ~mta j\J"lrt:t




por una mal calellll(/;} disposicion del general Porras, :l!lca-
l'on vigorúSllIltnte á los realistas sohre las mism::¡s calles, á
tic!Il;JO que ya su infant('riu harlL! a¡;~ltado por otros puntos
el f¡)SO i los paf'1[lctos l i dirigía un nuevo' ataciue á la bayollc-
ia [lar el hj·) 0lJUcsto.


Viéldose los realistas tlcometidos por todas pa.rtes, redo·-
bJ:¡rnn su ¡mlor ¡Br:.! deft',dcl'se de tan terribles enemigos: to-
dos hicieron prodigios de valor; muchos se abrieron las puer-
tas de la gloria; pero llegaron por último á desorganizarse i
á ceder el c,lln~;o á los rebeldes. La mayor parte sin em-
bargo S~ salvó en santa ,Hurta abriéndose paso por entre las
lanzas i b:lJonetas enemigas: hubo algunos tan ciegos en el
combate que sin reparar en la dispersion de sus compaiíeros,
leguiulI vendienJo sus vidas á caro precio, ~uando reducU03
ya á un cort;simo numero i teniendo encima á los llaneros
(ue /nbÍ:ln jundo pasarlos á degüello para castigar una ter-
qnec!o.d tan incxllfable, lJalbron un generoso protector en el
coronel de caballería José "'Haría Carrell0, que m:::ndaba ¡que-
1I.i tro;)<1,


Esta funesta derrota se atrihuy6 á intrigas del coronel
lUunive i de otros de sus partidarios que habian illfluiJo
para que los cartlldlOs de caÍlon estuviesen llenos de arena
en VeZ de p61 vara: ,ea como quiera el golpe fue terrible, é
11izo creer á mochos lo poco que podia cspenrse de los pre-
parativos !Jechos en la capital para su defensa. Celebrada con
liste objeto una jélIlt:l Jc guerra votaron todos por la imposi-
bi1iélad de sostener aquel punto sin el apoyo del de san Juan,
que era de donde se proveía de víveres, i se acord6 la sali-
ca de dos regidores para capitular con el enemigo.


El gobernador don Pedro Ruiz de Porras 11Uy6 por mar
con tres solos individuos de los principales de Santa Marta,
salvándose de un modo prodigioso de los bafeos corsarios que
bloqueaban aquel puerto. La emigracion fue mas considera-
ble por tierra en direccioll de Maracuibo, á cuya provincia
lleg;lron algunos, si bien otros perecieron en aquel malísimo
aamino" i los mas regresaron á sus casas luego que supieron




0\~'~ ~ \:YJ'~I rl~:: 1 S2().
la moder:1cion que halJian ¡¡(!optado los ro. beldes ;f su entn:h
en ar¡uc:lla plaza, que la verificaron ya d("ode el Jiu 1 1 , j al
siguiente el gefe princiJ1al IUariano ~Iontilb.


Si hi::n esta ciudad pudo salv:'rsf: del dec;iidlo i dd f:1··
queo qUG se temi:l por llct!Jcr si Jo h fIlle "on lIlas furor hu-
biera sosteniJo la auturi.lad real en aCFlt'¡¡'JS r1ullli;li~!s, no se
libertó .in emb:Jrgo de ('u~n!ios:Js contIÍ 1,llCio:IC5 i1l1!'u:~.'tas
sobre las clases pudientes ¡ i en particuhr sohre ID3 clt!e SI"
b.dJian mostraJo enem;gos mas cllf'arni7adús de Jos insul'jcn-
tes. Sin embargo de verse los fleles s:1Jnarios bajo t:m fi:,Lt
coyunda, no alteraron de modu alguno sus sentimientos á fa-
yor del Monarca espailol, i lo acreditaron en la repug1uncia
con que se prestaron á jurar la iUllependencia, á cuyo acto
a(~eedieron tan solo cuando el arce-liano europeo don Miguel
r'il~ri1 de Yarza les per.ma lió Je que no poJria ser de moJu
alguno obligatorio aquel juramente prestauo por la vide1Cia.


A los pocos dias de haberse perdido Santa IVbrta llrgaron
las noticias del armisticio ce!t::bralo entre IHorilIo i llolivar,
i los comisionados Lauda i Briceilo lHendez para dem:1rca¡'
los límites ue uno i otro parti:lo. Dcspues de una corta ~f'r­
manencia de dichos comisionui.!os en esta ciudau pasarori:í b


de Cartagcna, caya lJÍsforia h:mos debido illter1'iJl11jilr !J:iS::!
el prcsent~ por seguir la séri~ de 103 sucesos de la rere.á·la
Sant:l !lIarta.


La plaza de Cartagena hahia que,Lldo .U1nida en el ma·
yor desconsuelo i afiiccion desrle la pérdida de bs espcdicio-
¡¡es dirigidas sobre el río Magdalena, i la de todas sus fuerzas
mtiles l en cuyo apresto se habian gasbdo mas de 40:9 duros.
El cntllligo era dueíÍo de todas sns inmediaciones, i los re:.t-
listas no.lo eran sino de sus formidables baterias Empeza-
b:m ¡i escasear los vlveres i el nlllllcr:uio: la pC;Jhciofl haLia
crecido exorbit'llltemente . con el gran númcro de emigrados
que lnbian concurrido de Sant:! Fé: entre estos se vei:m Sll-
gúos de los mas ricos del reino l pero que no hahiecc1,) [10-
dil[o) llevar fondos en su precipitada fuga, se veian espuestos
á sufrir toda chse ue privaciones. El gobierno no podh S9-




.rA!\"'rA rr: 10:,n, /"\~
:J)


('.orrer 1:lJlfa~ necesidades; la miscri:l crecia de ;lía en dia; i
;¡f¡uelIa ciudarl, en un tiempo tan OplJJ~nLI, prc8entaha á
t:slJ s~,wn un llOrri t¡le cuadro de luto i tristeza,


! ¡"só en estos momentos críticos con pror.edencia de la
¡I;lb~En uno de los emigrado¡ de S:mta Fé \ don Rafael Ra-
mirez, con imprésos sobre la jura c)r ;1 constitucion \ cele-
)¡ra,h en la citada isla en medio l!C los, mas reprensibles ai-
lorotos i de la mas atrevida coaccíon que se habi~ hecho á
SIl capit:Jn gcncrd d¡lU Juan Manu~l de CagigaI. Como en
todas partcs ahundan los ;eni03 d:scolos i sediciosos \ nf;) dfjÓ
rle haberlos en Caru:cna, los que deslu:nbrados con ar¡ucllas
l~lsas teúriJs trataron de imitar tan pernicioso ejemplo. Co-
nociendo que solo las bayonetas podían oDrar a'luel trastor-
no, se dedicaron á gamlr la tropa con dádivas i promesJs,
Cuando ya creyeron ílL1C se podia contar con estos poderosos
Olusiliares \ se dil'igi::rcll al yirei S:ímano {lidiendo la jura de
dicho sistema.


Aquel respetable ancÍln), si ¡¡ien 113hia incurrido en '-:1-
rios defectos proceclent<2s de falta de cálculo mas no de vo-
luntad, conservaba en medio de su agoviada salud el fondo
mas puro de lealtad i de amor al Soberano espanol, i se ne-
gó por 10 tanto á fsta violenta medida sin haber recibido
~ntes hs órdenes de h corte con todas las formalidades que
se recIBieren para talco :'[[SO;;, El bri:iadicr don Antonio Cano,
coronel dd regimi,~nto de Lean, era otro de los realistas ma¡
pecididos, cuyo cspiritu no se habia viciado con las quimé-
ricas ideas de regenerarion, i <3uya pdctica de mundo le ha-
cia ver los escollos en que ib:m á tropezar los que promovian
:;¡'l'li:1hs asonadas.


1),;5,le luego cono('icron los conspiradores la necesidad de
alcj1r cId mando J. estos dos gefes 1 r;orr¡ue no de otro modo
podrian dar existencia i so;i, /,;:" á ms planes, Se principió el
rompimiento en 7 de junio suIJl"';mdo pC<rfid:¡mentt: al ('j-
tdo rcgiqJicnto de Leon i 13 br;gj,h ele artillería: rClJnicios
C,t05 dos CllCI'[JOS en la ph;;:! de h Inr¡uisicioil \ jjc;ó Cuno <i
ti'cmr'o 'FHc ;in, soLlauos esobn rc('¡biendo el dinCfJ 'Iue se


TOi.lf) 11 [, 13




~)5 :"\NTA 1'1':: I ~~o.
lea h3.hia prometido. Todol enmudecieron al ver el IIrrojo de
aque! benemérito gefe; pero como (-.;te les 1mbÍlra rcprl'ilJi-
do agriamente aquel acto de illSU horL!haciun i rebcL'ía, se
a'l'anzaron algunos granaderoi de 101 m:lS exaludüs i Cn'Il('tí-
eos con el fUiil preparado i I.t bayoneta c<lLlda gritanJo viva.
S. aquel ominoso siaf'ma.


Sin inffillt.lnc el iutrépiclo Can,), aunfl::e resentido de vcr
tamaiL Ll¡;r,ltituJ en nremio de los aFanes i d,sH:lüS CPU ¡lue
ha1)i:¡ prlJ:'ll ''1:io ateJi :,~:r á toi:¡s ha nCl'si,bdes lk los r¡ue
él apr,'cLlba ,~,!no Ei fueon sus verJ:LLros hijos, escLlIn6
con u:! tuD de Y::H firmo i asegu rJ.'lo: r: \int el llei CiUlFlul
mUera Cano," El profunJo silelldo de toJos los t'S¡l{~ct¡,fore¡
i de la tropa fue el indicante lllas espresivo de lo q llC impollC la
l'irtud i la entereza militar aun en los casoli mJS apuraJ05 i
en medio de los mayores peligros; mJS vueltos mui pl'Outo
de su sorpresa 10i directores de a1uelLti tramas con,Jujeron
forzadamente tÍ los portales del p:tlacÍo del gohícrno :Í aquel
'Valiente español tratando de justificar taw:.¡;ü violencia con
,1 alegado celo de salvar sus preciosos dias.


Se juró finalmente la constitucion en 9 del citado me~ de
junio: le fijó en el delltinado nicho el ridíc¡¡lo emblema de
la lípida, i se entregaron los alborotadores á los mas in:Do-
.eradol actol de bullicio i alborozo. El pueblo tomó poe::! par-
te en e.tas escenas; el deshonor de cste reprensible movimient.
fue debido esclusivllmente á un puñado dc oficiales, que 01-
"idando lo ¡¡agrado de SU¡ juramentos, i d;>.conociendo que
su primera diviia debe ser la obedienQia i la subordinacion,
se propasaron á seducir á sus soldados empleando en .egundar
sus caprichosos fines i sus privados interelies las arma. qUI
el Sober:mo les habia confiado para sOitencr sus reales é im-
prllScriptibles derechos.


No bien ntisfecllOs los sedici6sos con eite primer en-
layo revoIunionario, o:9ligtlron al virei á deponer su all·
toridad, , lo que accedió mas bien que á jurar dicha com-
titucion, como le exigia de él; i en su couiecuencia delegó
el mando militar ila .1 ¡Qbernador de la plan, i 01 polític.




rn el cleltH10 ele la real audjencil dou Ff~llC::TO ri~O;¡'lU~l"l i
CJ.hrera. C~no fue espulsado á Santa TrIarta; pero hube d,~
re;;res:tr d~5.]e el camino por h9.1hrse ya intercepttH.1o por los
inslIlj('l;tcs, i permaneció UlguIl tiempo en la mlyor oicuri-
Jad. i ~ishmiento hasta que logró proporeioll de embareariC
¡J3B h penímula á recibir dd Sobt:rano el premio de t:mta
Hdt1i32,1 i consta:lci:.1.


Ln el cUn.tanto iban adelantando lci~ rebelde. sni fuer-
zas .vhc el tio, de m:lllo ([u;: el teniente coronel llalbuen~,
sucewr cl~ O~.n;) en tI maTIllo del r~gimiento de Leo n, ': m:
h,~Ji-l .iJo c:l;~~do á I\Io!:n¡;ox COH u;-¡a fuerte coiuIlllla, no
Fu,lo SC5tC ::<21' el i.:aillFo i se rdÍró i Cartlgena. Este fue e!
.ltimo anu:lCÍ0 de la proxinádad dd sitio de aquella plaza.
El go',~crnador Torrc:., que por renuncia de l\Iosquera habi:t
reunido el maULlo l'úhtico i militar, desplegó h mayor
energía petra reunir los nec2sarios alJastoJ, i para que se p:o-
porcionait.:n víveres todos los ncinos que debian permanecer
dentro de sus mur:,Jlas; i ;.;t":r;uo en la fj~~cuciou de e"ta me-
dida se notó algun alJu.o, 11') dejó por oso de ser laudaLle su
celo .


. Fuc á este tiempo cuando el c:mdillo IHariano Montilla
hizo su e3[Jedicio:1 so:),e Río rhc1~a ~ cc:;un ya rebdollndo en
la historia corrcspolltlú.'IJ ~e á Santa ;¡larta. De resultas de b
derrota que mfrió en aquel punto, de¡embarcó, segun se ha
dicho, en Sabanilla distante cinco jornadas úe Cartagena.
con el ohjeto al p:ucccr de 111ccr aguada i de retirarse; pere
observando la dcsp:'evcneioa de los re3.listas por aquella parte,
Se determilló :1 int:'rnorse, eS¡;f:rum:o (lue la fcríulu premia-
r]:! su atrevimitnto. Apenas tuvo el goLcrp:l '01' Terres no-
ticia de esta invaáoil envió IJara cont'~ncrIa al COmaG~c1ntc de
artillcrí:l don f;;IJJLÍCJ Romero con ..roo soldados (:e L,;('n; m::s
~8tl columna ~.: ,id Litll l,E;:é) j':';_:~('S~ir á la jJL:-:a "in q::e
h:.1} -ir'ra ohtl!ni3 o ningl1n.1 y~·nt.j ~
lLthic~!do l1eg:iJn (,oE:Ll._l~:~~:z·s ]::::"'~1'TZ05 ~llGS rC}'l1.:C1 á
e~ta S:l:,,'Jn, r¡nc,l ó formaliz:l':) d ,:~;:). 1.:1 m.ismo I>}li;,~r, qae
h¡.ihil bajw!o de S~nLl ¡'1é 3 jl-;,.)p:.\cC'iün',:¡~ ~.rFJeil~5 Gij~.::.' .. l'j.Jn~·51
Gutr,j ea inútiles JC;JltCS o!l~'i~lc~ eo!) l:)s s!ti::ldos, pe.í.\) S~·




!'.~'iT', TÚ: 1:-;:<0.
lió mui pronto para YenezueIa dfjancJo W~ trop:\~ repartidas
en aquella línra i 1200 hombres en Turb:¡co con órdenes al
coronel Carreiío de atacar i Santa Marta, cuyos sucesos han
sido ya referidoli.


Las tropas jnslll'jentes que quedaron entonces para ,itiar la
referida plaza de Cartagena no eran de modo alguno :;;upe-
riores á bs realist3.s; i no se concibe por 10 tanto como SUI
gefes no fueran informados oportunamente de la debilidad d.
~us contrarios i como no intentaran vigorosas salida5 para te-
ner espeditas sus comunicaciones: una sola fue emprendida
con vigor i ejecutada con felicid2d, aunque sus resultados
no fueron tan brillan.tes como debia esperarse. Embardndo-
se en la noche del II de agcsto 400 soldados escogidos J~
la guarnicion al mando de los ya mencionados Balbuena i
Romero, llegaron á la hacienda de Compi(lue, que se haIllo
en el camino de Turbaco, en donde tenian los rebeldes su
cuartel general: despues de haber tomado a' gunas horas de
descanso emprendieron la marctla con áni!llo de caer s(lbr~
dicho punto al n¡yar el alba.


El áito correspondió á lo acertado de este phn: sür-
rrendiJos 103 rebeldes se entregaron á una vergonzosa disper-
Ilion pereciC!ldo muchos en esta vi,·a refriega. Pareci~ que la
consecuencia de este feliz gQlpe de mano debiera haber sido
la toma de todo el campo insurjeute, de 5US provisiones dt
guerra i boca, i demas efectos; pero temerosos los gcfes rea-
listas de que vueltos los enemigo.> mui pronto de w dCSC')!I-
cierto i estupor pudieran cargar Eobre ellos con fuerzas mui
superioEs, i arrebatarles de las manos el honor de aquella
Tictoria, regresaron prontamente á la plaza, ufanos por loa
grandes quebrantos que habian camada en el campo enemi-
go, mas no por los ausilios que intro ¡ ¡¡jeron en ella.


Al ver los insurjcntes la pront:; rdirada de 105 reali8ta~,
volvieron á sus antiguas posicione., i situaron nllev¡:mcute su
cuartel general en el citado pueblo de Turbaco. Desde estlli
Jnomento cobraron mayor orgullo; i aumentadas considera-
blemente sus fuerzas ton tropas enviadlls del int¡;rior, con


.algunos ave.tureros europcoi i co:J. recJut<ls dd pOli., ¡e atL,-




101


vieron á cstcnrlcr sus operaciones dirijiJndo~e los unos á la
citada phza dc Santa Muta? que tomaron á principios del
mes de noviembre? i estrechando los otros la línea del blo-
queo, limitándole los sitiados á defender 101 baluartes, i sin
que se hubiera hecho movimiento alguno en todo el curso de
cste aÍlo.


El go!JcrnaJor don Pedro Ruiz de Porraa en su fuga des-
de Santa l\:brtl pasó al istm~ de Panamá? del que habia sido
nombrado coman lante general. El malogrado virei Sám:.mo,
que habill salido tambien para Jamaica á consecuencia de su
,·iolenta deposicion, ¡c dirigió á fines de este arlo ácia dicho
istmo, i desembarcó en Portobelo. Habiendo pasado á Cha-
gres, i escrito desde aquel punto al referido general Porras
para que le preparase la acogida correspondiente á su carác-
ter de virei i capital general del reino, se suscitaron varios
debates sobre su admision; aunque algunos opinaron que no
poJia negársele h obc clit:llcia en tanto que no hubiera 6rde~
1Jei en contrario del gobierno de la Metr6poli, e/tros sin em-
hargo creyeron que era sllÍiciente motivo el haberse negado
~ jurar la constitucion, para dc~conocer su autoridad; i aun
l(¡~ que menos se dirigian por el espíritu de partido, consi-
deraban como de mal agüero conservar á la. cabeza de aquel
ccrto recinto, á quien acriminabau haber perdido por su tor-
peza é i¡¡llabiliJad todo el resto de aquellos dominios.


Sin embargo de estai consideraciones se determin6 que
fuera reconociJo su mando; á cuyo efecto i pan felicitar á
dicho virei, se enviaron dos comisionados, que lo fueron el
coronel don Isidro de Diego i el comandante de ingenierol
(leJa. l'ra:lcisca AL1m~lh; pero no bien habian estos salido para
~'{acual' dicho encargo? cuando el ayuntamiento influy6 en
el gCllf'ral Purras á fin de que alterase aquel primer acuerdo,
alq ,nclo COlllC! el mas decoroiG prete.to la escasez absoluta de
fondos para suplir á los gastos que debía erogar la alta re-
presentacian del virei. Como el desenlace de estl contielllla
corrcsponJe al 'l¡le> siguiente, suspcnderemoi su relaeion ha¡-
ta el [JrJximo capíu,};¡,




lO~
n\\'V\li"\f\\'\\'\I\i\'\\"\H\\t\'\\:\ \\U\'\. H\'n¡ n "c U H \¡"\H~"\\'\l


CAPITULO VI.


Latorr~ en Bailadores. Tardanza d~ ll'¡-ori!la en rt!forza,;'
aquella illuisiolt para reponer la autoridad real m Sant({
Fé. Conspiracion de Valencia. Arribo de las noticias dI!!
la revolucion peninsular. Esfuerzos de algunos scdiciosoi
para que ¡e jurase la ominosa cOllstitucion. Impolíticas i
degradantes instrucciones recibidas por l!Jorillo par<'/' cn-
trar ell negociaciones con 10$ disidentes. Institucion de
una junta pacificadora. 21Ialogrados sus primeros pi'ISO¡;
para ajustar la paz. Preparativos de 1vIorillo para abrir
la campaña. Ocurrencias de las provinci;ts de Cumaná
i BarcelMa. Brillante estado del ejército de JYlorillo. Re-
tirada de la division situada m Bailadores . .drXll1;~a B,·
livar sobre lIIérida, Trujillo i Carache. Sus pl'opasicionet
para el arreglo de aquellas discordias. NOlllbramienio d~
comisionados realistas pa¡ a trutar de ellas. ¡Yúevos i mas
urgentes oficios de Bolivar para que ]llJarilIo suspenda su
marcha i las hostilidades. Armisticio. Tratado de regu-
lari;.ucion de guerra. Salida de JYIo/'illo para E.<paf..a.
Inescusables errores de los cor~feus lilJerales. Sus jatale:
consecuencias. Reflexiones críticas.


El general LlItorrc, iegun va indic:ulo en el capitulo del afio
anterior, habia salido con 'un batallan para C,icllt:t a[KnaS se
tuvo noticia de haher invadiJo Uolivar el reino de Sant:! re;
i como al llegar á dicho punto lmhiem teni,lo COllO.j'lli.ntQ
ds la batalla de Boyad I [liC reforzauo inmeL!Í:.¡t~mH:fite P$C




C\ll\(:'\!,;: I,';?-O, 103
etro hatallon com;>oniewlo un tot.ll de r 400 :f 1500 hom-
bres con rldJOs do, cnerpos, con bs g11errillas de 108 pue-
hl0' i eOIl Jlg:Ji10¡: emigra los que le hahi,¡n reunido á dicha
di\ i,Lli1. 'fe,llirí sin cmlnrgo f¡Ue estas fuerzas no fueran
,ur¡r:i"tltCd para m:mtencrse en eúcuta contra las que ya se
pres<'.l1t:lh:lO, i contra hs mui superiores que creia habían de
c'¡ry,,:r mui pronto so')re él, i se retiró por lo tanto i Baila-
dores. rcscldto ;í S0:.tel1::r a'Tuella posicion á todo trance i á
eontmer en ella al osaJo en21I1igo.


Tú,Jos creian que mui pronto fuera reforzada esta di vi •
• ion, i se encr"ba verb C'1m1rur con mui poca demora á sal-
var el honor de l.ts legiones de lhrreiro, i á restablecer en
aquellos paises b. autori.L.l'¡ real lue habia sucumbido de un
modo bi.on di"tante de los cálculos de los gobernantes; pero
.e vieron frustrados tan halagüeilos planes sin que sea fá-
cil descifrar 1.1 causa de tan larga inaccion de parte de un ge-
ncr,11 comollorillo, Cllyl virtul mas recomendable era el
vi:jor i ü energíi1. Cerca de un arlo estm'0 b corta division
de Latorre en el citado punto de Bailadores sin ser ausilia-
da, i sin atreverse por 10 tanto á emprender operadoD
a.l¡{,una.


Los enemigos que tenia Moril!o :f esta sazon en las pro~
vineias de Venezuela cran insignificantes; solo daba algun cui-
darlo José Antonio Paez, quien habb vuelto á ocupar los Lla-
nos dd Apure desue h retirada del ejéreito en el mío antErior
eon I 400. caballos, con los que no era sin embargo presumibl.
que pudiera ¡aHr fuera de aquellas sus madrigueras_ LalO tro-
pas realist¡;s ~e hallaban. en el estaiil.o mai hrillante de ar-
m¡¡mcnto i disci!Jlina; i parece que 110 le lJabrü alterado
elc .lllOdo algullil h tranquiliJ:d de cl¡ellas proTindai, aun·
que .e 1mbiera desprendido Morillo c!(: 3 á 4000 vetera.
nos, que lwhri::;1 si!o n!us que suficientes para destruir ,1
edificio lcvant¡do por lLli Tur en Santa Fé, i cuyo éxito no
podia ¡er dudoso 0Í:'cnndo de acuerdo COIl la5 tropa. que
habia reunido Caiz:,¡d.l en Pop&yán, i con las que podian
nlir i ¡ali.;roJ;l con ef"cto de CaltJgCllJ i Santa marta á




I o!~ (:,A~",'A~: 1820.
llamar la atencíon del enemigo por el río ~!3gr1aIcn'\,


Las razones mas plausibles que se ofrecieron para CE:'ll-
!ar la tardanza de estoii movimiento. de parte de LI\:IorilIo fue·
ron la falta de recursos para dirigir una numerosa divisi:Jl!
por paises despoblados i totalmente desprovistos de víveres,
la necesidad de formar almacene. para allanar este obsdeulo,
la de aumentar la fuerza armada, i la de d~rle una completa
organizaeion.


En estoi preparativos se pasaron los últimos meses dd
tt:10 anterior i los primeros del presente, sin que hubiera
ocarriC]o 1l!1S I10ycdaJ en Ycne;;;ucla que el descubrimiento
de u na terr .i.ble compirJ.cio~l en 28 de fe lJre ro , fr«guada rOl'
algunas personas de las mas principales de Valencia que e;:[:l-
km en perfecta in tcligeneia con un:! partida de facciosos dl~
lIJas de 1 00 J¡ombre~, oculta en aquellas inmediacionEs á 118
órdenes de un tal Rosales, naturd dd pueblo del Tin8cu.
Aunque todos los cómplices aprehendidos fueron convíctoi
de su delito ~ i aunque la mayor parte fueron condenados II
la pena capital, mui [loco. sin embargo llegaron á sufrirla ~ i
los demas debieron á la generosidad del general en gefe b
conmutacion de aqad!a pena en otra m~~s henigna, i á 10&
pocos meses su absolnta libertad á consecuencia de las nego-
ciaciones pacíficas que se irán desenvolviendo gradualmente.


Cuaado ya Morillo se hallabj en estado de dar un golpe ge-
neral i cIeéi vo á los rebeldes, i cuando ya estaban cOlllunic;ldas
las órdenes para a bando llar la ciudad de Valencia, en la :lu e
habia situado su cuartel general desde fines de lllJyO , i par;).
¡Dandar que avanzase el ejército en direceion de I\Iérida , lle-
garon á Caracas las noticias del de.enlace de la abollJinab1r~
insurreccion del eircito de la isla, i varios impresos de h
Corona relativos :í 103 movimicntcs $U bversi\ 03 de a~¡ud¡;t
provincia i de otros pl1ntos elel reinu, AC:lloraJa la fantash
de algunos incautos é ilusos .e pmiep)!l en aC2ioIl i se dirigie-
ron al capitan gemral , qua lo era entonces el brL;a.Jier don
Ramon COrrE\I, Gon UI!:l represcntaeíon para que ode1l1Se Lt
jura i b. publicaciün ele ~qud aciJgo si,tClm.




CHACAS: 1820. ]U~l
HabiJnclose negado Correa á esta solicitud sin que se viese


facultado para ello por el general en gefe \ se dirigieron LioJ
individuos de los mas influyentes al cuartel general con eEta
comisiono Sorprendido Morillo 1 i deseoso de ver por si mismo
si habia algun medio de parar aquel terrible golpe 1 p~só e)l
persona á la capital recorriendo en menos de 24 horas las 38
leguas de mal camino que la separan de Valencia; i á los
dos dias de su llegada recibió comunicaciones directas de la
Corte, que con fecha de 1 1 de abril le prescribian la procla-
macion de la referida constitueion , i la abertura de ne¡;Oci¿l-
ciones pacificas con los rebeldes, suponiendo torpemente
el gobierno liberal de la península 1 que habiendo sido decla-
rados los dominios de Ultramar parte integrante de la mo-
narquía , quedaba sin efecto la sangrienta lucha promovida
por los disidentes para ganar por la fuerza la llamada liber-
tad que les era ofrecida espontáneamente.


Por grande que fuese la irritacion de Morillo al ver que
por un medio t;m inesperaJo se iban á hacer ilusorias tu
ventajas que se habia prometiuo con los e5fuerzo3 de un ejér-
cito constituido á fuerza .de afanes i sacrificios bajo el pie
mas brillante que hubiera tenido desde que principió a:1uelIa
malhadada revolucion, nada igualó sin eIlIbargo á la que pro-
dujo en su pundonoroso corazon la llllmillacioll que se (Xi-
gia de do Sancionar cuanto habia sido ejecutado por los mis-
mos insurjentes del moJo mas bárbaro é ilegal; reconocer
todo~ sus empleos i mandos; dejar el pais enteramente á
su discrecion \ i sujetos l(ls fieles realistas á .sus tropelías i es-
píritu de venganza, sin mas condicion que la de jnrar la cí·


o tada constitucion española, i la de enviar diputados á las cór-
tes: 11e aquí las instrucciunes comunicadas por los pseuLlo-li-
berales espaúo1es para la pacificacion de Venezuela.


Aunque Morillo se hallase convencido de la inevitable rui-
na de aquellas provincias como consecuencia necesaria de tan
inconsideradas disposiciones \ estaha LierÍ penetrado sin em-
bargo de que la primera divisa del milÜlr es la obediencia,
i se resolvió por lo tanto ¿ hacer este duro sacrificio, el 1l13.-


TOMO lII. 14




IOG CAn,\r.A~: IÓ2(').
yor que pudierrl imponerse á un hombre que habia dadc>
tantas pruebas de la rectitud de sus intenciones i de su amor
á la monarquía. Mas calculando que ditlcilmente poclia pre-
sentarse á su direccion un negodo tan delicado i espinoso,
quiso que cste fuese discutLlo maduramente en una junta
que creó al intento con el título de pacificadora, compues-
ta del capitan general, del gobernarlor dd arzobispa1lo, del
inten:Iente, de los dos alcalJes, de dos vecinos l'rin('i~lalcs 1 i
de un secretario con yoto que Jo fue d illspertor gencr:il
de los hospitales, reservándose aCInel la presidencia cuando
estmiera presente.


Los primeros trabajos de esta junta, despucs ele b fn-
nest:! jJra, que se verificó en 7 de junio, fu:ron 103 de di-
rigir en 17 del mismo mes comunicaciones cOUl.:iliatoria3 á 10.
gef'es di3L!cntes Paez, llel'illurlez, Z:lra.'la, Monap;as, Cctlcilo,
Rojas, lUontes, Montilla, i al gobernador de la isb de la IUar-
garita. En el mismo dia fueron comisionados ¡wra el congre-
so rebcl,Je establecido en Angostura t:l brigadier Cires i el
asesor de la intendencia é inten,lente interino don José Do-
mingo DLJ1rte. El alcalde primero constitucional de Caracas
don Juan Rodriguez del Toro i don Francisco Gonzalez de
Linares lo fueron cerca del general Bolivar que Be hallalla
~n lances en los valles de Cúcuta.


Los plenipotenciarios enviados:í Angostura no pasaron
de la antigua Guayana, ,!ue distaba todavia 40 lcgu3s eJe la
residencia del citado congreso, porque ex;giendo éste como
base de aquellas negociaciones el reconocimiento de su in-
dependencia, debieron rrgresar :i Caracas desde dicho punto.
Despues de haber sufrido Linares penalidaJes in es plica bIes
en recorrer 200 leguas de montafías, desi2rtos i desfiladero.!'
en la estacion mas rigurosa d'] las lluvias, llegó en 20 de
agosto á san Cristobal de Cúcuta, hahiendoscle asociado el", el
tdnsito el coronel don José 2Haria Herrera perleneciellte á
la division situada en Bailadores, en reemplazo de Toro qtiC
habia caido enfermo.


I.Jo¡ caudillos subalternos contestaron esponiendo su f:.¡'"




CAnACc\.~: 18.20. 107
'\;J. de facultades p.ua entrar en convenios sin una orden e~­
pecial de su gobierno superior. Los comisionados para ljo]i-
var abrieron sus comunicaciones con el titulado gener:!l de
airision Rafael Urdaneta i con el secretario de la guerra co-
ronel PeJro Bricerlo Mendez, á los que concedid aquel gefe
sus poderes al tiempo de salir para las orillas del Magdalena;
pero la alt:mería de estos en exigir el rcconocimiento de su
independencia 1 i en pretender una distinguida consideracion
;Ícil su ilegitima causa, de la que est1ban bien disttintes los
litles rc~listas, hizo que regre¿aran dichos Linares i Hcrrem
~in haber adeLtntado un paso en la carrera de la reconciliaríon.


Enterado el general en gefe del malogro de estas prime-
ras aberturas, salió rápidamente de Valcncia á ponerse :t
la cabeza de los cuerpos que debian operar al occidente de
Venezuela. Todo anunciaba que esta campaña iba á ser hL
mas san;;rienta; el general realista lo deseaba porque eono-
ÚI que no en posihle cstab!cca una perfecta armonía entre
ambos partid03, j :WIl I!aj)ia contado (~OJl]O uno tIc sus ma-
yores tJ junCos la no ac~:e, ion uc los comisionados ele Buliv:lr
<Í eSl'Uchar las proposiciones de paz, que les habia dirigido
forzadamentc i tm solo por no tlejo.r de obedecer al go;;ierno
de la penínsub.


1-:1I el clltret.mto hahia tomado la guerra un cadeter
~erio por las provincias de l;~rcelona i eumaná. El coronel
San J ust gobcmac!or Je la primera hahia destruido las fuer-
zas rebeldes, acantonadas en bs ]Il[~setas en 17 de j olio, i
asimismo varias lanchas que aquellos tenían en la ensenada
de Santa Fé, con las que ostruian el co:.nercio i la nav'_~¡;a­
cían de la Gnaira i Cumaná. Como cscaseJsen b, carnes en
el LIuno, Tlubo de pasar á Orituco la columna realista que
10 ocup:;¡ha, con cuyo movimiento pudinon los encmigoa
estenL!er sus corn:rias, sin embargo de quedar todavia con
fuerzas regulares los cantones del Potrero, Güere i Km
Mateo. El gencrlll disidente l\:Ionagas recihid á esta sazon un
refuerzo de la mayor importancia, que lo fue el P. ArbeJaIs,
cura del pueblo del Guapo, sugeto de la mayor inÍ1uenci;¡




JU:) CAn\c,\s: 1820.
en el pais, que habia abandonado las banderas de h fiJcli
dad por resentimiento de no haber sido premiados digna
Iilf!lte los eminentes servicios que habia prE'st~do i la caus:
del Rei, asi como por los modales áspero. i desabdtlos Cal
que habia sido tratado por algunos individuos que sosteniar
el mismo partido.


IJas sugestiones de este eclesiástico sedujeron al corone
don Ignacio Torralva, comanc!ante del Potrero, é hicie:'C'D
perder á los espaiícles aquel pU:1to interesante. :;;c unió á su
consecuencia á los rebeldes el cantan del G iiere; mn3 ne
fllcron estos tan afortunados ell el de San ]'il,,!co. El corcné'!
Sotillo i 6 ontiales hahi:m siJo comisionados para atraer á
su partiJo dicho cnnton: su coman,lnnte, quc 10 era don
Francisco Guzman, se hallaba ausente en arluel mOIJJtnto;
pero impuesto ele los motivos Jo h citada mision se dirigió
con 12 hombres de su confianza :i la casa uoade a'.]uellos
se habi:m alojado, i como se Illlhieraa puesto en defclls:l en
vez de renclir3e á la intimaeioll que les ¡lizo el gt;[e rcaliaa;
(tudaron todos muertos en la refriega.
A,m~ILic fe frustró este golpe por la enterez~ Je Guzm~m


i por los rduerzos que Je fueron remitiuos inmediatalIlent~
por el comandante de b provincia, San Just, 110 dej~ron los
disidentes ele hacer algullos progrcws en la opinion penir-
tiendo la de varios pueblos con el eucaz ausiJio c/el citado
P. Arbebis. Hahi6nllose pose"ionado de Píritu el desertor
Torralva, concibió San Just el proyecto de darle un golpe
de wrpresl, lo que verificó en 5 de setiembre con la mayor
fdicÍ'.bd, si bien huho de reemharc3rse mui pronto en hs
miSll13S f!echeras qUé! le habi,m cowkcir!o á aquella opera-
cio!! por ser SllS Llcrzas demaói:do escasas, i per temor de
que le arrebatase el fcHe¡ de b "jetoria la columna princi¡nI
de los enemigos que se hallaba á tres legm,,, de distancia en
el [JUeblo de San Miguel.


Parece que estas tratah:m de nDear la capital, cuando
las acertarlas nllniobras del gobcrn:lllor, una llueva cOlTcría
ignl!llent~ feliz que hi-w sobre el citallo punto Je Píritll




CAIUCi.S: 11520. IOfl
en el (lia 18, i el imponente aparato ciue dfSjJIcgú para re-
ehal,ar las fuerzas contrarias fueron causa de (111e se dirigie-
sen en su vez por Quiamare á destruir el referido cantGn
de San Mateo. Los 500 infantes i 100 caballos, de que cEtas
se componian, franquearon ripid ameate la distancia que
los separaba, i al amanecer del 29 se presentaron en las ca-
lles dd citado pueblo l sin que su guarnicion hubiera tenido
el menor avi,oc>.


Sin embar;o clcI dcdrclen l que es propio de los pri-
meros momentos ele toda sorpresa, se r~solYió su bizarro ca·
man':ante á EU plir C'on su arrojo i decision la inferioridad
númerica de ms sol(larlos. l'uoto á la cabeza de aquel pu-
fiauo de valientes atacó .denodadamente á la bayoneta á
tiempo que una de las descubiertas de San Just entraba por
otro lado de dicho pueblo en ausilio de los sorprendidos.
Varió en un momento 1:1 escena: temieron los enemigos verse
enn¡c1tos en una completa ruina i se entregaron á la mas
prccipita¡!a díspersion, dejando en hs ca /les é inmediaciones
1')0 muertos, 70 prisioneros, 350 fusiles, varias cajas de
guerra i la mayoría.


Ufanas las tropas de Guzman í San Just con este ines-
perado triunfo, salieron reunidas en perseeucion de Jos re-
beldes, quienes alcan~:lJos en el pueblo de San Bernardino,
~ufri8ron un segundo i vergonzoso contraste. Siguiendo
aquellas SIl carrera gloriosa se apoderaron al dia siguiente
del pueblo del Pilar i de las trincheras que tenian estos en
los pasos mas diflciles. Desalentado Monagas con tantos reve-
ses, i no atrevién,lose á dar b cara á los victoriosos realis-
tas, aUll'Iuc tenia todavia 800 hombres i sus inmediatas ór-
denes, se encerró con ellos en el convento de San Migue!,
en cuyas ruinas trataba de sepultarse mas bien que ren-·
dirRc á Ws contrarios: pero estos, que por baher ttnido ha-
jas considerables en medio de sus YClltJ.jOSOS combates, no
se cfeian bastantemente fuertes para acometer aquella em-
presa, se retiraron :í sus antiguas po,icio:Jrs de Quiamare i
Barcelona.




1 ¡O CAlUr.AS: I S2 ij.
Los encmigos no cesaban de aplicar sus esfuerzos para


scducir á los pueblos i á hs mismas tropas. El batallon de
la Reina que habia bajado á la co.ta de Río Chico, tuvo
en su seno una porcion de individuos débiles, que SUCUlll-
hiendo á dichas arterías i maniobms, se separaron de la
senda de la lealtad i del honor, i proporcionaron á los re-
beldes unas ventajas que nunca habrian pOllido prometerse.


Obrando iguales causas en la misma capital de Barce-
lona, habian quedado red ucidas sus fuerzas á unos 200
hombres disponibles; todas los e1emementos parece que se
presentaban del modo mas propicio á los planes de Monaglls,
quien puesto á la cabeza de 1000 infantes i 2CO cabullos,
i reforzado con 2 caiÍllnes que habia recibido de Rio Chico,
se puso en marcha para ataC:lr la espresada ciudad de Bar-
celona.


Atrincherado su gobernador en la plaza, recibió en la
mañana del 22 de octubre un brusco ataque que se pro-
longó todo el die! con la mayor viveza; pero descuilriendo
San Just 103 pbnes de los rebeldes reducidos á ostruir su re-
tir;¡da ,,1 110rro, único punto de salvaeion, pasó á ocupar
:1queI punto á las diez de aquella misma noche; i apoyado
por cuatro flecheras que allí se hallaban, inspiró tanto re.-
peto á los enemigos que no se atrevieron á atacarle.


D,cjan,lo á b Vi3tl de estl posirio.1 algmns fllenas, s:¡-
lió I'IIonagas con 13s cIernas á destrnir el canton de S,m IVh-
tea, cuyo bi;.;arro comandante, si bien hizo una em¡1ci1a rla
l'esist,"ncLt á p2sar de hallarse gravemente heri lo, no pu 10
resi,tir esta ve~ un combate tan desigual, i con su H1Lle,t~,
de cuya gloria participaron algunos e.forzados ollci:dt,S, se
ahorró el sentimiento de pre3c:nci:a' el triunfo de h rebJdb.


AdJ el mislID tié':npo se Iubb insul'recdon:¡J,) d (J:1rti-
do de Caní¡l1no; i d.; rcoult:13 de lJ. su l)lcV:F'ion rld primer
b:!tallon de h Reina habia situado Bwnll,Iez su cuartel ge-
neral en 1:t l>g:ma de Taearigua. La mayor p:utc de) h ita-
110'1 de HJ3ULi-ch iha eaminmlo des,le Caneas en ,anilio
de estos P:Ü5C" CUr:l pérJiJa parecia inevitable: ya est,,¡JJ¡t




NrL\r..\S: 1820.~ 1 ¡ 1
para lIegu á ras m:mos con Rermudez, cuando llegaron las no-
ticias Je las transaciones de Bolivar con Morillo, á cuya con-
sccuenria se suspendieron las hostilidades.


Despucs de haber dado una libera reseúa de estos suce-
sos, volveremos á las operaCic>lH'S de Morillo i Bolívar. Este
último que conocia 10 dclic:do de su p03icion, regresó pron-
tamente de las orillas del IYIagdalt3na á donde se habia diri-
gi/o, segun 11e\ amos inJicacJo, en los dias de la negoeiacion,
i escribió llllé:nllll'nte en 2 J de setiembre á IVlorillo, hacien-
do alarde de las fuer;ms con que contaba pJra hacerse rcs-
pet"r, pero mani'·u~talldo al mi,ma tiempo deseos de estiru'
br un armi,tido, nüt¡fidnc!,Jle 'llJe se pani:l en marcha para
San Fernando de Apure 1 á donJc uquel paJi:! remitir SUi
comisionados.


Se temió que este movimil,nto fuese uno de los golpes de
intriga (Iue tlnL ten Hit> 'it:¡¡!<JS el caudillo caraqueño, i que
qucr]J[C compré:!>' 'f; L¡ h Sllcrt.: de h Jivision que se habia
situJdo en JbiLtI.Ir'1 s Iles,!1.' Jos 111timos meses del aiío ante-
rior. Est:1 Ilu]Jia suúilu por el espacio de 11 meses las mas
duras privaciones, h:lbiendo debido remediar mas de una vez
la urgente nece,i,hd del momento con plátanos en flor que
se habia vi,to precis:l,la á recogl'r á algunas leguas de distan-
cia en medio del fuego de las partidas enemigJs.


Creyéndosc perdida si se alejaba de aquella posieion, tan
5010 una s.¡lida hubia intentado ¡(ci:1 los yallta ; i como al lle-
gar á la ciudad de la Grita se hubieran tenido noticias alar-
mantes de las tropas rebeldes regresó sin demora al citado
punto dc Bailadores, Desde que principiaron las negociacio-
nes de Cúeuta salió el general IJatorre 1':11'a Caracas dejando
el m:m lo al coronel don Juan Tel1o. Poco tiempo despues de
haher dírijiclo Roli val' al gencrul Morillo el oficio de 21 de se-
tiemhre, em;JrenJió un ráiJido movimiento con todas las apa-
riencias de querer romper las hostilidudes. Descoso 'l'cllo d"l
salvar su cOrta division se puso en retirada, la que verificó
con el mayor órden, aunque con algunu precipitacion por
cuya causa perJió en la bajada del páramo de Timótes el




] J'2 CAn \US: j :!,20.
ganado '. 103 pertrechos i armas sobrantes, i algunos otros
efectos.


Al llegar á las inmediaciones del pueblo de Carache, &e
encontró con dicho lHorilIo que sc adelantaba con su ejérci-
to para atacar á Bolívar, si las nuevas negociaciones que ihan
á entablar los dos primeros comisionados Toro i LirElres jun-
tamente con el brigadier Correa, que ya llabian pasa Jo á Ca-
labozo con ánimo de dirigirse á san Fernando de Apure, no
surtían mejor efecto que las anteriores; mas como Bolívar
llabia tomado otra dircccion á pretcsto de haber enfermado
Urda neta , i se habia apoderado ya de Bailadores, l\1érida,
Trujillo i Carache estendiendo sus puestos avanzados hasta
Agua de Obispos, escribió desde dicho punto de Trujillo en
!l6 de octubre proponiendo otra vez el armisticio en térmi-
nos mas moderados i razonables.


Al llegar Morillo desde Barquisimeto á Humacaro bajo
el 1 I de diciembre, recibió á los plenipotenciarios de Boliral',
general Sucre i coronel Ambrosio Pb;.:a, port:.tdores de un
oficio para los comisionados espaIÍoles, en el que si bicn el
gefe de aquellos republicanos manifestab:.t deseos de arreglar
una transacion amistosa, hacia traslucir sin embargo una
chocante confi:.tnza en BU porler i una irritante altanería. Di-
dlú general !\Torillo, que fue quien abrió a]ud pliego, con-
testó cen el decoro conveniente, manifestando qae los co-
misionados que tenia nombrados para tratar con él, no ha-
bian llegado todavía 6. aquel punto, pero que al favor de la
Yilarc\ra. r<cí.p:",b. que b:3.b1'J.U cm\wcuJi.dQ dCf,dc C:a.\abozo, se ll'J.-
Harían mui pronto en su destino. ReproJuci:.t asimismo la
pro tesO de sus generosos sentimientos, aunque con la cliu-
sala de que seguirian abiertas las hostili3:des hasta que se
hubiera arreglado de un mojo definitivo el inJicado ar-
misticio.


En tanto que llegaban los re fe riJos comisionados conti-
nuó JVIorillo $U marcha obligando al enemigo á retírar.:::.: de
sus puestos avanzado8 de Agua de Obispos, i 5uct:sivamente
de Carache ~ en cuyas inmediacicnes dejó tan solo U11 cuerpo




.',: ralxd1rr!'l que fue cargado i arrollado por dos compail¡as
l'Iíwrl's de Vcmamlo ,el L Habiendo situado ,vlorillo su


('l1rtc1 general en el citado punto 'de Carache, recibió ele
i;)Jil'ar 1 que se habia replegado ¡Í Trujillo, un oficio Ct·n fe-
cha el0 19 de noviembre, por el cual urgia para que se es-
tipulase provisionalmente una Sllspension de hostilidades hasta
h llegar!:! de 105 comisionados, marcando la grave responsa-
bilidad que grdvitaria sobre el general realista si ~e empe-
[,:lba en desechar unas proposiciones tan conformes con el es-
píritu del Gobierno que regia entonces en la península.


Esta cOIl1U!1Ícacion acabó de desarmar el brazo de] bi.
zarro conde de Cartagena, i arrebató de sus manos unos
t!'iunfos que podia dar por seguros, Desde este momento se
activó la correspondencia entre ambos gefes con repetidas
prote:.tas de sinceridad i buena fe, hasta que pasando por fin
al cuartel general de Truji110 los comisionados Correa, Toro,
¡ Linares que ktbi:lll llegado el 19 á Carache, ajustaron en!t 5
i rlespues de varios debates, un tratado de armisticio esten-
~ivo al reino de Santa Pé, i que debia durar por tI espacio
de seis meses.


Fueron sus conJic:iones principales las de prescribir que
permaneciesen los t;jército5 contendientes en las posiciones
f(Ue ocupasen en aquel momento; que se fijasen los límites
correspondientes para evitar tolla disputa en 10 sucesivo;
que Se: enviao,m comisionados de una i otra parte al gobierno
illperior pan negociar la paz, i que en el caso de abrirse las
hostilidades se diese un prévio aviso de cuarenta dias, de-
hic~ndose considerar asimismo como un acto de hostilidad el
apresto de toda espedicion militar contra cualquiera de las
partes contratantes, i conformándose el general realista con
la cláusula de que los bUé[ues de guerra, que iban cami-
nando á esta sazon desde EspaLh, se cellirian al relevo de la
escuadra espaííola estacionada en aquellos mares, sin que le
fuera permitido desembarcar trvpa alguna.


Al día siguiente se celebr6 otro tratado para regularizar
la guerra con!<mne á las leyes de las naciones cultas i á los
Tol'4o III. 1 .)




1 I!¡ r \[UC.~ s: ) A.'.lO.
principios mas liberales i filantrópicos. Bolivar ratificó amhos
Hatados en la ciudad de '1'rujlllo; i IHorillo dió saneion al
primero cn Carache ~ i al segundo en Santa Am. IhbienJo
concurrido á este último punto el gefe disidcnte, " .. l1aron
ambos la santidad i pureza de aquellos convcrrius CGIl un!icn-
tes demostraciones de entusiasmo i recl peco a pl'erio, ron
cordiales efusiones de amistad, i ron refll tidas l' rotest:1S de
consideracíon , de generosidad i de no))1eza.


Ko dejó de estrafÍarse sin cITib:1rgo IIn f¡~,to On E:miliar
i cariiioso de parte del grave i circuns¡:(;~to gfl1cral c3ste·
llano con un f('volu,:ionario tan feroz i obstina~~o (fue babia
sido el ,azote de aquellos pl:lis~s; pero la mÍl'mu [nllqufzu i
honradez, que son las car3cterísticas ele la provincia de su
orígen , le hicieron bOl"rl:lr (n un momento ue su memoria las
11Orror05a5 páginas de la Listoria de Bolívar para estrecharle
afectuosamente contra Sll seno, arcg:m:lo por otra parte que
las órdenes im;)oliticas dd gobierno constitucional le ponian
en la obligacion de sacrificarlo toJo por 1JO incurrir en la nota
de rebelde ó insubordinall'J.


Aunque se inclinó :í. creer desde el princi;-¡io de aque-
llas negociaciones de que (;11 ellas iba á quedar envuelta la ce-
sacion de la autorilad Re:ll, tuvo sin embargo alguna espe-
r:mza de que no desmentida Eolivar h sincera profesion de sus
sentimit'lltos áeia un justo aeo moc!:tmi¡;nto con la madre pa-
tria, i de que no insultaria con otre· guIlle de negra ingratitud
la beneficencia de que hacia ulla mal caIcultlda pompa dicho
golierno liheral. Esta fue pues la causa de aquellos trasportes
de alegría, fraternidad é íntima lmion, :í. fJue se entregó el
citado general realista en su entrevista con el gefe ÍnSIJr-
jente. Habiendo recibido á este tiemiJo la licencia que t:mtas
veces habia solicitJdo p:lfa regresar á la península, se ¡lizo
á la vela para Cádi7, en T 7 de diciemhre, dejando el mando
del ejército al general .Ion iUiguel de Latorre.


La salid<t de Morillo en circunstancias tan críticas, in-
trodujo el m~yor desaliento en el partirlo n~aILta: torlas Id5
corpOIaciones militares, políticas, eclesiisticas ¡literarias,




CAIUC'\S: : 8_'20. Il:í
habian hecho los m1yof@s esfuerzos para disuadirle de su pro-
yecto de: ab:.IldoUll' ae[ue! país, qlW se conserVl]n fiel al .so-
berano por el solo prestigio de su nombre. No hubo resorte
que no se tocase para conseguir tan necesario objeto. Se re-
currió igualmente á picar su mismo pundonor, único medio
de poder hacer alguna impresion en aquel inflexible pec:lO;
mas todo fue inútil, i con su terco empeuo dejó samiJ:13
aquellas provincias cn el mayor desconsuelo, i no poco re-
sentidas las personas mas respetables por el ningun 3precio
que habia llecho de sus elilérgicas representaciones i aaa hu-
millantes ruegos.


Este es en nuestro concepto el mayor defecto cometido
por Morillo en América. 1-lIbia visto en el afio 18 que la sola
voz de r~ Morilto vive" habia contenido la horrorosa emigra-
don de la Guaira; no podia ignorar que por granele que futése
el mérito de su sucesor, jamis podria llenar el gran vacio
que dejaba en el ¡ínimo del soldado i en la opinion de los
pueblos.


Opinamos pues que IHorillo no debió de modo alguno
abandonar las playas de América, i que independientemente
de la obligacion que tenia de sacrificarse por su Rei i pOl' su
patria, era ya falta de generosída<i i de gratitud ácia los fie-
les realistas de Venezuela dejar de complacerlos en lo que
pedian COIl sobrados títulos, fundados en su mismo amor
de que le tenian dadas tantas pruebas, i en este liltimo i el
mas hrillante rasgo de ilimitada confianza i distinguida con-
sideracion ácia su persona, sin la cual daban por irremedia-
ble su ruina.


Es pues apinion general que solo Morillo habria podiJo
contener la pérdida de los dominios de Ultramar, decretada
en el acto de la violenta lllutacion del gobierno legítimo de
Espaiía: esta fue la causa primordial de todos los desastres
que sufrieron gradualmente nuestras armas: Jos mismos di-
sidente. no podian haber dictado una medida lilas propicia á
IUS fines.


El genio de la revolucion estaba para sucumbir, .el im-




116 CAP.ACAS: 1820.
pulso dc la esp¿dicion destinada á principios de fste ur-:o para
Buenos-Aires, ltabria sido irresistible. ~-ingllna fuer zu LU!I;a-
lla poclia haber libertado á los rebeldes de su C(iw¡;ldO f'S-
ter minio si aquella se hubiera llevado á efecto. La conocie-
ron éstos oportunamente, i no perdonaron mcdio algllao
para frustrarla: intrigas, secluccion, halagos, promes:¡s, des-
embolsos pecuniarios, maniobras sectarias i cuantos mcJios
mgieren la astucia i la perfidia, todas fueron empleados en
esta acasion para trastornar la fideliebd de dichas tropas es-
pedicionari:ls.


A pesar de tantos esfuerzos es preciso confesar sin etn~
bargo que fueron mui pocos comparativamente los que llega~
ron á contaminarse con aquellas ideas desorganizadoras; pero
eran estos los mas osados i emprendedores, los mas furiosos
i despechados, i df'jaron sumida la mayoría, aun'1lle mo-
mentáneamente, en una aturdida inaccíon, hasta que reco-
nocirndo el horrible crimen cometido por aquel puiíado
de facciosos se dedicó á perseguirlos con "igor, i logró des-
truirlos completamente.


Ya habia triunfado, pues, la lealtad en la parte meridio-
nal de España, cuando estallaron iguales movimientos sub-
versivos en Galicia, Zaragoza, Barcelona i en otros puntos,
á cuyo imponente aparato i pronunciamiento casi simultáneo
de los sediciosos sucumbió de nuev() la fidelidad española. Los
mismos conspiradores no previeron la fatal trascendencia de
su enorme atentado: no fue sola la l\'Iagestad del trono la que
sufri6 sus ultrages; no fue sola la península la que vió sumel'~
gida su paz i prosperidad en el profundo aLismo abierto por
aquellos desórdenes; sus efectos fueron, si ca be, toda v ía mas
funestos en América. Las llagas de la Esparía han sitio cica-
trizadas por el benéfico i paternal gobierno del Sobt'rano le-
gitimo restituido á la plenitud de sus derechos en 1 B Z 3; las
de América estan todavía chorreando sangre i se necesitan
grandes sacrificios pan curarlas.


N o podemos menos de lamentarnos de la fatalidad que
presidió á Jos consejos de los titulados regeneradores. Uno




por perversidad de corazon, i los mas por crasa ignorancia
de 13:5 COS3S de América, ereycron desarmar á los rebcldt:s
con Iilantrópicas negociaciones, ~in calcular que era de toda
imposibilidad conservar ligadas á la madre patria dicllls po-
~esiones ultramarinas bajo aquella clase de gobierno.
~~o nos uetendremos á dar difusas aclaraciones so:)re un


punto tan obvio del que hemos tenido ocasion de tratar mas
de una vez en el curso de nuestra his"toria: concrct;tudol1os
á hs provincias de Venezuela, i del reino de Santa Fé, hien
puede asegurarse que quedó sellada su emancipaeion desde d
mome1lto en que llegaron las ¡trimeras noticias del entroni-
zamiento tIe aquel tl1aJha~lado sistema. El ejército de Mori-
llo habia llega¡lo á un grado Un sublime de organizacion i
fuerza, que los triunfos de esta campaúa habrian siJo in:lu-
dables i decisivos.


'l'oJo pues 10 paralizó ué[ueIla funesta revolucÍon penin-
sular. Separado el gobierno político de la primera autoridall
militar, que-jó enteramente o3truida su accion, en tanto que
el antagonista Bolivar con la amalnugacion general de todos
los poderes porli3. dar una rápida direccion á sus operaciones,
como lIue p,ntian de un mismo centro. Las trahaa que se
pusicr0n á .los tribullales de justicia eran los mtjores ausilia-
res para que los enemigos del orJcn traO.ljucll librem¡;nte en
la consumacían de sus planes. La institucion de diputaciones
provinciales abría las puertas á to,hs las cábalas de la intri-
ga i de la ambiciono La dísminuciou de atribuciones á los in-
tendentes i su despojo de la autoriúad juclicial hablan de u:-
torpecer necesariamente la recaudacion i los bucnos resulta-
dos de la parte administrati\'a. La libertall de imprentl, que
en los gobiernos nacientes es siempre converti.la en licencia
i tomada como un medio de b:¡rren:Ir el crédito del Estado i
la opinion de los particulares, era un veneno corrosivo de
la paz i de la pública prosperiJad.


Ko se puede coneebir cómo hombres que habian dado
pruebas de estar dotados de nn profundo ingenio i de vasta
iustrucc ion bubieran dejado de CODocer estos terribles escc-




118 CAP.AC\>:: 1820.
110s; i nos a,Imira todavía filS su estúpida creeneia de que
puJiera ser en su vez el arco iris que serC:11SC ba borrascas
políticas. Los daños que estl reprensible jgno~ancia ha pro-
du,:ido en América son incalculables, i pesan esclusivamen-
te sobre su rebeldia, impericia, orgullo i ambician. La Amé-
rica se perdió por ellos; á ellos se deben todos los desastres
que han ocurrido sucesivamente; contra ellos chmarán los
manes de 103 que han sido sacrificados por su torpeza: sin la
existencia de estos enemigos del trono i de la verdadera fe-
licilad de la n:lcion lÍo se veria ést:l en h necesidad de ha-
cer dolorosos sacrificios para v Jlver á adquirir el dominio de
unos paises que de tan legítimo derecho pertenecen á la Mo-
narquía española.




119
'\\\J\ lf\\N\'\ '\'H'\Jl,'\\'\ n n n n l.it \'\ n \;\1.'. \1, n \"" t', 1.YH nn '\'I.\1.\:\\''\i


CAPITULO VII.


~IÉJICO: 1820.


Estado prrJspero de los llegodos el principios de este artJ. Fl-
timas acciones gloriosas dadas d los f::cciosos. l,~imero de
combates travados por las tropas del Rei desde la entrada,
del virei Apodaca en el mando; i de los rebddes acogidos
al indulto. Compltta pacificacion del reino, si se esefptlJan
algunas barroneas en el rumIJo del Sur, lYlales producidos
por la 1!Z1t/,írulad:z cOllstituGÍOIZ esp'1ñola. Estado del ejer-
cito i de /IIS detiZ:lS ramos de lu administracion: En,ppÍto
de al gltlll.s celosas realistas por derrocar dicho sistema li-
beral. J!mtus Je la Profesa, de las que res!dt6 ¡lit trúnfo
completo para los disidentes encubiertos por los mismos me-
dios ¡me/ltadus para el primer O!~;C!IJ. JVunJbramiento de
lturhide pura dar ejecuáon á aql/;/!os planes. Glrdder i
círcllflsta/lcias de es!!! rC1Jolw;ionéll·¡'O. Sil csp2dicion contra
las g,wi!las de Guerrero r<jí¡gi,a/as en Tierra Caliente.
OcupucilJ!l jJJr él misma de 7°:::>8 pesos prrtenecientts á los
manilos. lYlaniobras de este astuto insurjente con el ci-
tado Guerrero, prccursi¡)ras de su abierta reVelion ..




O frecia el reino de MJjiro á principios de 1820 la mas l1:;l-
bgüeiÍ'l perspectiva de 'fU:.! se hJ!Ji1 de disfrutar en él de to-
dos 10s hendidos de 1:1 ¡HZ, co:n;Jr¿lJt con diez dos. de pa-
de' Lni.entos i saerifi·ios. El genil} de la rebelion hahia sido
8oL'("ldo por las aeert:¡(!ag rlis;JOiicion'~s del virá i pOl; 103 es-
fuer¡;os de sus tropas. Sujo unas (;01't;1s gavillu3 Ique mas po-
diau titularse de salteadores i bandiJus, ib;ill huyendo de.




i ~~n !-~l",r~r:q: 1 S"'?O.
sierra en siCrrtl de la afJrtuna,]a ts;:.:da de los realistas. Pocos
L"'.'..'r: h5 ,1~':ue,Ilro, (!'~~ o:j 1\3Ci.lu,bn ue Cob época; los r:;-
c!C,rcr::nni sin em'nrgo ~:mnque sea con r~lr¡Je:~ para no d,~­
j::~. c:;t,-: V1cío en b. histú'.'b, i para que no quejen olviJados
10.; .iuTic:os (!t; lcls ,;i;::no3 militares, á los que fue confiado
tl ,,;¡carg) ele cümpL!ür lo. pacilicacion.


Los que tuvi·.;ron oClsion de distinguirse principalmente
en d mes d5 enero ,) fuel ')ll el t2!l.icnte coronel don DionisiQ
F,~mandcz de h db!3ion de Valladolid, quien atacando con
(~c:lO,-laJo e:;p(riccl en el puerto dd Aguih al rebelde Ma-
gaiía, lOb":) m:':::lr)c: 9 lH):nbrcs de 811 [¡¡,tiJa, i cogerle 1 Z
prisioneros ('Gn variJ.s Hrmas i caballos. l'ambien el coronel
don HcrrnenegiHo Revuelta acreditó nuevamente su ceJo
ye"d;) en perse(;ucion de los Ortices, que se habian refugia-
do en la provincia de Nueva Galieia, causándoles pérdidas
de consideradon. El teniente coronel don Manuel de Beza-
nilla se hi7.0 ig:lahmmte recoml~l:Jable por haber sabido lim-
piar enteramente de i:aL',:i~):-os el di.trit o de Salvatierra i
toJa3 sus depclldcIicir,s, reeibitndo la entrega de las armas
de los cabecillas Val0ntin ~\Iontes, Manuel Calderon i de
otros varios.


Se hizo no m,~nos aner30r :í lo., púhlicos elogios el capi-
tan de Zarago?'f¡ don Juan .intonio GnihIJo, por el acierto
de sus operacianes en su 1":1105.1 corre"'-', que dur6 desde
fines de dicie¡;nhre hasta priuei[lios de feLrcro sobre la pro-
vincia de Guanajuato i rumbo del Sur, derrotando á los
exánimes facciosos cuantas veces pudo llegar á las manos
con ellos. El teniente coronel don 19nat:¡l> Corral, depen-
diente de la division de Temascaltcpec, se batió gloriosa-
mente con 105 cabecillas Rein050 i P. Izquierdo, impidiendo
Sil reunion con Guerrero i .Montes de (ka, únicos gefes de
algun influjo i opinion existentes en todo el reinO de Méjico,
aJelllJ.S de los caoecill:Js Ascnsio ¡Campos, quienes ejer-
ciendo todavia sus sediciosos estragos por el rumbo del Sur
COll 300 indios i criollos, fueron batidos por el teniente co-
ronel don Manuel T gnad o Baena, eomandante dEl Alahuist-




MblCO: 1 A20. ) 21
Jan ~ dejan.Jo mas de 30 muertos delante de dicho punto
que tuvier,)n la osadía de atacar ~ habiéndose creado espre-
samente un escUllo para los que hubieran tenido parte en
tan bizarra ddensa.


Entre los gefes que mas seúalaron su bravura en el
mes de febrero merecen particular mencÍon el ya citado te-
niente coronel don Ignac.iu del Corral ~ i el de igual clase
don José FernanJez de Córdoba, derrotando al cabecilla
Campos en el cerro de los Calabozos, distrito de Temascal-
tepec, causindole la pérdiJa de 30 muertos que quejaron
en el campo de lnt:1I11, la de IlUS de 100 caballos i mulas,
con bastante ntÍm Tu ue arm"s, dIO que se apoJerJrvn, é im-
pidiendo con este oportuno golpe la rcunion del citado Cam-
pos con la gavilla de Pedro Asensio. El coronel dou Fran-
cisco de Orrántia adquirió nuevos títulos de recomendacion
pacificando tan completamente la provincia de Gnanajuato,
que los lJabit:mtes i aun Jos indios por sí solos se arrojaban
.con decidido valor sobre cUll1uiera cuadrilla que se presen-
taba en aquella dem:lrclcion ~ como lo verificaron con la de
Rosas i otros insurjentes del rumbo de Sanh Cruz, que
fueron batiJos con bastante pérdida. El teniente coronel
don Cárlos Moya defendió con la mayor firmeza el convoi
de platas que custodiaba para Acapulco, sosteniendo en 21
del citado mes de febrero una empeiíada accion en el para-
ge del Agua del Perro contra 200 insurjentes, capitaneados
por los cabecillas Alvarez, Mateo i el Chino, á los que
puso en vergonzosa d¡3persion matándoles 19 hombres, i
a[1o lerindose de varias arill1S i ca baIlas.


El cJpitan don José María de Ar11liju, dcpenJie.ntc de
la division del corond EchávJrri, sostuvo cuatr') .ii:.;s aDtes
otra accio!1 no menr)~ brill mte cn la rancllerfa de '1.'ar,{tano
sobre d rumbo dd Sur contra Rafael H.a:nircz, aii:ls el lzu-
care¡lo, que habia &ido envialo por su gefe Vi;;¡,nte Guerrero
á sorprenuer aquella p:lrti.la rcalisLl ~ i cn b']sc:a de v!nrts
para sus camp:unentos. Habiendo rcuni,lH ,-,s1,; c~b('ciJjJ. mas
de 100 hombres, luego que se le hubo il1corporado el cabe-


TOMO III. 16




122 MÉJICO: 1820.
cilla Mondragon, se rompió el ataque contra los realistas,
que escasamente llegaban á 60; pero á pesar de esta des-
igualdad de fuerzas fueron aquellos bizarramente rechaza-
dos con hastante pérdida en muertos i prisioneros, habién-
dose hallado entre estos últimos el citado Ramirez que fue
fusilado en el acto.


Presentado al indulto en esta época el temihle insurjen-
te Encarnacion Ortiz, trató el virei de comprometerlo mas
en el servicio por la buena causa, formando á sus órdenes
una partida titulada de realistas para perseguir á los ciernas
facciosos que todavia conservaban las armas en la mano. A
su consecuencia fueron destruidas por las acertadas disposi-
ciones del benemérito coronel Orrántia i recto desempeiÍo
del capitan Galindo, las gavillas de Bocanegra i Murillo que
hacian sus correrías por San Miguel el Grande i rumbo· de
Chamacuero, habiendo sido aprehendido el primero de di-
chos cabecillas por el esforzado teniente de realistas don
Juan de Dios Marquez, i habiéndose acogido el segundo al
real indulto. El caudillo Reinoso habia logrado sustraerse con
la fuga al adverso destino que cupo á su compartero Murillo
en la accion que trabaron con el coronel Ordntia; pero hos-
tigado por las tropas del teniente coronel don Pedro Ruiz de
Ota¡'ja, entregó en el mes de marzo sus armas i las de varios
ue sus secuaces.


El teniente coronel don Ramon Dominguez, dependien-
te de la seccion del cor~nel Rafol!, sostuvo en el mismo
mes de marzo una de las acciones mas reñidas que recuerda
la historia de este año. Con la fuerza de 60 hombres se di-
rigió á reconocer el punto del cerro de las Animas, la bar-
ranca de 'repehuaxtitlan, las orillas del rio Ixtapan, i otro,
varIos puntos del distrito de Temascaltepec. Al llegar á los
conocidos con el nombre de la Goleta se halló improvisa-
mente con las gavillas del indomable Pedro Asensio; i aun-
que la fuerza de este cabecilla era incúmparableme'l\te mayor
que la del gefe realista no se escusó el ataque, al que se
lanzaron los facciosos con el mai ciego furor, haciendo un




llI,JlCO: 1020. 12:.
fuego vivísimo por el espacio de siete cuartos de hora; i si
bien cediaon en esta primera tentntiva, trabaron segundo
combate :í las pocas horas, redoblando su ard0r i su decidi-
do empeúo. Mas haciendo prodigios de valor las tropas de
Dominguez, tuvieron constantemente atada á su carro la
fortuna, i obligaron á retirarse con la mayor mengua á los
180 llOmbres de que se componia la citada facdon de
Asensio, dejándose mas de 50 muertos; i porcion considera-
ble de armas i pertrechos.


Pue asimimo digno de particular recomendacion el cho-
que que empeúú en la plaza de Tusantla el teniente coronel
don Uborio Borobia con 42 illfantt's i 19 ca baIlas contra
400 facciosos capitaneados por el citarlo Asensio, P. I zquier-
do, José Figueroa, Vicente Ponee, Telesforo de los Rios,
Serrano, Juan María Estrada, Agüero i otros. Los desespe-
rados esfuerzos que hicieron estos rebeldes para apoderarse
de dielJa plaza, se estrellaron en los firmes pechos de aquel
pwíado de valientes, en cuyo obsequio i para perpetuar la
memoria de sn bizarria fue creado un escudo de 11Onor.


No se recuerdan mas que dos acciones dadas en el me¡¡
de abril á los rebeldes; pero ambas de la mayor importan-
cia por los rasgos de valentía que desplegaron en ellas lo.
realistas i por el descalabro de los enemigos. Fue sostenida la
primera por el slrgen to mayor don Juan Dominguez, coman·
dante de la 4~ seccion de Nueva Galicia, contra 3eo infantes
i 400 caballos capítaneados por varios cabecillas i principal-
mente por Guzman, en cuyas filas causó tan horribles estra-
gas, que no hajr! de 60 el número de muertos, i en igual
proporcion el de heri,los~ quedando asimismo en poder de
los realistas una pordon considerable de caballos i de armas
blancas i de fuego. Aunque to:lavia se mantuvo la gavilla de
lVIontes de Oca parapetiJda en un fortin, no fue lllenor el
mérito lle la victoria por el espantoso escarmiento que l1izo
Dominguez en aquellos foragidos.


La otra acdon que merece ocupar un lugar de preferen-
cia en la presente hiiitoria la dió el coronel Rafols coman-




12'~ uÉnco: 1820;
dunte de la division de TemascClltepec á la chusma de Asen-
sio, compues-ta de 400 hombres situados en el cerro de la
RueJa poco distante de los Palmares, i reforzados suce,in-
mente con otros 100 al mando del feroz Pablo Oeampo. Era
impenetrable el frente que presentaban los rebddes desde su
formi, labJe posicion; mas dirigiéndose los reaIistas por la dc-
recha á tomar una altura que distab'! tiro i me.lio de fusil
de la orupada por los facciosos, se introdujo en ellos un pá-
nico terror, i elltrcg:índose á la mas vergonzosa fuga, se sal-
vó la mayor parte por una barranca, si bien quc(broll mu-
chos sepultados tU tlla por bs victoriosas tropas que habian
salido en su perSt'guillliellto, no siendo pocos los que pere-
cieron en los varios choques que se travaron antes ue la ci-
tada Jispersiun.


Despues de las menciomdas acciones ya no se ven mas
que impotentes esfuerzos para arrastrar una precaria i peno-
la existencia los moribundos facciosos. Una gavilla de 300 de
ellos capitaneados por los cabecillas Miguel Avila, su herma-
no Andres i Bernabé PaJilla fue derrotada en el mes de ma-
yo en la hacienda de Santa Efigenia, provincia de Vallado-
lid, por el capitan don Rafael Saez, dependiente de la sec-
cion del teniente coronel don Miguel Francisco llarragan:
12 rebeldes muertos, inclusos un capitan i dos alféreces, un
prisionero, i dos soldados realistas rescatados, 13 fusiles i
carabinas, varias armas de corte, 29 cabaIlos 1 mas de 40
indultados fueron el premio dd valor desplegado por la ci-
tada columna.


Otra reunion de facciosos mandados por Velazquez, Vic-
tor Rosales, Daúesta, i Marcelo Michel, sufrió asimismo un
fuerte descalabro en la caiÍada de Cioga, provincia de Nueva
Galícia, en el mismo mes de mayo por el esforzado empeÍlo
del capitan don lVIariano de la Madrid, destacado de la co-
lumna del comandan te don Anastasia Brizaela, habiéndose
contado entre los trofeos de aquel combate 2 z muertos, mu-
chos heridos, 4 prisioneros, 80 caballos i algunas armas.


Las gavillas de Bedoya i Gamill0 en número de 500




m:JiCt): 1820.
hombres, que hacia n todavia sus correrias por la provincia
de Yalbdolid en tI mes de junio, fueron batidas en las ccr-
caniJa de !inapecllarocon pérdida de 23 muertos l entre ellos
el coronel AlIgon i el capitan Rodriguez. Este ilustre triunfo
tanto mas reco'nendablc Cllanto que fue conseguido con fuer-
zas lIIui inferiores, costó sin embargo el senúhle precio de
la ~i la del cOlllaml:lllte de realistas del citado punto de Zi-
111: eeuaro don José Calderon i la de 10' soldados mas que
que 'al'C!n muertos en la refriega, de la que salieron otros 5
heridos de gnvcdad i 8 li~eramente.


La gavilla de Vi!Jare~1 flle alcanzada en el mes de junio
al retirarse subre Tierra Caliente, en el puesto de ]a Legia,
di.trito de rromendan, i provincia de ValladoliLl, por la co-
lumna del teniente coronel don José María Vargas; i aunque
los facciosos se defendieron con furor i desesperacion, murie-
ron sin embargo 26 de ellos, se les hicieron 6 prisioneros,
entre los cuales el mismo cahecilla Villa real i los capitanes
Gaona i Palma; fueron rescat:ldos 24 prisioneros realistas; i
acabaron de ser destrozados los restantes de aquella partida
por el alferez don Marianu Villegas, que los fue persiguiendo
por el espacio de legua i media.


Empero la empresa mas brillante de esta época fue la
que el teniente coronel don José Antonio de Echávarri llevó
á cabo en el dia 30 del mismo mes de junio sobre los rebel-
des que ocupaban el cerro del puerto de Coyuca en el rumbo
del Sur. El obotinado Guerrero habia adquirido algunas ven-
tajas en sus tltimas correrias sobre el cerro de Ajuchitlan,
Tl.lpehuala i Coyuca, con el apoyo de Asensio, Campos i
otros cabecillas que llamaban la atendon simultáneamente
por Cuaulotitlan i Tlalchapa; i era preci30 por lo tanto dar
un golpe decisivo á estas gavillas, que puede decirse eran ya
las únÍfa¡ capaces de dar aIgun cuidado á las tropas del Rei.
Encargado de csta opcracion el citado Echávarri por el co-
mandante general de Valladolid don Matias Aguirre, la prin-
cipió con solos 40 dragones que le habían quedado disponi-
bIes, i llegó con ellos á Coyuea, cn donde supo que dicho




126 .\rÉ,w:o: 1820
Guerrero habia tOll11lo posicioll del inaccesible cerro del
Puerto, que por hallaroc entre el citado pueblo i Ajuchitlan
impedia la comunicaCÍon con el comandante espafl01 de este
riltimo punto don José Muía Armijo; i averiguó asimismo
que llabia colocado dos atrincheramientos en las márgenes del
rio que pasa por el pie del cerro ~ con los que protegia al
puehlo de Tanganguato i el costado opuesto, en el que se
habian situado igualmenta 200 rebelde5 al mando de un in-
glés i de los cabecillas Camilo i lVlelchor.


Era la posicion de Echávarri la mas crítica i apurada; pero
su esforzado cspiritu no se abatió en 10 mas mínimo, i se de-
bió por lo tanto á su constancia i sufrimiento el triunfo com-
pleto que obtuvo sobre aquellas formidables masas. El citado
capitan Armijo habia hecho una inútil correria i se hallaba
ya de regreso en el mencionado pueblo de AjuchitIan, dis-
puesto á operar con 120 hombres en combinacion con Echá-
varri, El teniente de granaderos don Ignacio Vitra llegó en
22 del mismo Ules de junio con otros 150 -á reunirse con
el mismo Coyuca. Aunque las fuerzas de estas tres colum-
nas eran todavía mui inferiores, resolvió Echávarri sin em-
bargo arrojarse sobre el enemigo, esperando que la fortuna
recompcnsaria pródigamente su confianza.


Se babia fijado la marcha sobre el Puerto para el dia 23;
mas fue preciso diferirla hasta el dia siguiente por la no-
che, en que se llevó á efecto á pesar de los fuertes aguace-
ros que habian sido causa de aquella detencion. Habiendo
llegade en la siguiente marrana al frente de los atrinchera-
mientas, tomó las mas prontas disposiciones para que fue-
ran atacados, mientras que el mismo Echávarri ocupaba las
alturas de la derecha á fin de proteger aquel movimiento.
Habiéndose retirado los rebeldes precipitadamente al fuerte
apenas observaron aquellas maniobras, fue enviado ArmijG
á defender la única retirada que tenia el enemigo para la
Sierra Madre, i dividió lo restante de su tropa en cuatro
trozos para estrechar el sitio.


Ya el dia :15 les habia sido cortada el agua, cuya veu-




1IÚ¡fO: 1820. ) 2'"
..


taja habri:l bastado por si sola para abatir el ánimo de
los rebeldes, si los aguaceros que continuaron todavía en la
misma noche, no les hubieran proporcionado hacer algun
acopio de ella. SeGuía en el entretanto el gefe realista prac-
ticando toda clase de tentativas para vencer con la dulzura i
con la oferta de un generoso indulto la indomitez de aque-
llos füragidos; lilas viendo la inutilidad ·de sus esfuerzos, i
deseoso de apoderarse con un pronto i atrevido golpe de aque-
lla posidon, resolvió darle el asalto en la madrugada del 30.


Dispuestas con este fin algunas escalas, i venciendo los
mas terribles obSUículos, se aproximaron los realistas al ata-
que con noble intrepiLléz, despreciando los estragos de una
furiosa borrasca, que parecia cIÍlpeiiaua en contrariar tan he-
róico empeiío. Al hacer uso de las hachas para abrir aquel
fragoso camino se alarmaron los facciosos, i rompieron el fue-
go que fue contestado con ardor por los realistas. Ni éste, ni
las gruesas piedras que arrojaban aquellos, ni todos cuan-
tos obstáculos se ofrecian á la vista, debilitaron tan noble
resolucion, en cuyo feliz resultado estaba comprometido
el honor de aquellas tropas. Haciendo, pues, prodigios de
valor, i trepando de roca en roca con las armas á la espalda
llegaron al punto donde debian situarse las escalas, despues de
haber sostenido cuatro horas de fuego por escalones.


Empero lo que mas desalentó á los rebeldei fue el impe-
tuoso ataque que les dió el capitan Galeana por la lÍniea
puerta o abertura de dicho cerro, por la cual entró pisando
cadáveres sacrificados por la bizarría de sus tropas. Ya desde
este momento solo trataron los insurgentes de ocultarse en
las cavidades de aquellos peñascos, 6 de arrojarse por eUos
para sustraerse á la formidable espada de los vencedores. De
este modo i á espensas de la vida i heridas de 2 1 realistas,
cayó en poder de éstos el citado cerro, habiéndose conta-
do entre sus trofeos h muerte de 37 facciosos, inclusos el
cabeciIla l\'Iondragon, 2 capitanes i 1 teniente, la torna de
6 prisioneros, 3 canones, 25 fusiles, porcion de espadas i
machetes, i el rescate de 1°7 individuos de los pueblos in-




128 ~¡ÉJIco: )t;20.
1ll2li,1tv:) ~IU:: s" 111I1ahan en aquella fortificacion en la clase
de rehenes.


El cabecilla Guadalu¡le Rernandez sufrió en el lll~S de
agosto un fuerte uescalabro por el alferez don Tiburcio Gon-
aalez de la comj)a,íia del comandante accidental de Ario en
la provincia de Valladolid, don Jose Ignacio de Olavarrieta.
Catorce rebeldes muertos, 6 pri,ioneros, entre ellos el refe-
rido cabecilla i su segundo Francisco Lopez, 25 caballos en-
sillados i varÍ1s armas de chispa i corte, fueron el fruto de
tan feliz combate.


El último choque de alguna importlllcia que se recuerda
en este alÍo fue el que S(jstuvo el teniente don Francisco No-
voa, dependiente de la division de Nueva Galicia, defendiendo
en principios de noviembre el punto de Santa Ana de Amat-
Jan contra las gavillas de Montes de Oca i Guzman qu~ ha-
bian reunido uua numerosa chusma de 16o hombres. Aunque
esta guarnicion se componía de solos 70 soldarlos, dcsj)lcgó
sin embargo un valor tan firme i desesperado, que vi~ndo los
facciosos el poco fruto que iban á sacar de sus esfuerzos se
retiraron á los dos dias de haber empelíado un vivo fuego í
de haber intimado la rendicion con el mas imponente aparato
de ridícula so bervia i vanidad Qu ince facciosos In uertos, in-
cluso el cabeci11a Trinidad Sanchez, segundo de Guerrero, i
el calJitan Corona, con un número proporcionado de heridos
que se llevaron al retirarie, sin mas pérdida por parte de los
realistas que la de 10 soldados, fueron los mejores testimo-
nios del buen comportamiento i del feliz resultado de la
lealtad i deciEion de aquellos vulientcs.


En el mismo mes de noviembre obtuvo el coronel don
José Barradas por resultado de su penosa espedicion sobre el
Cuyusquihui la presentacion ue todos los rehddes que se con-
servaban todavía por aquel fragoso territorio~ la entrega de
200 fusiles, i la promesa de nndir tambien sus armas los
que guarnecian el punto de Palo gordo, como se verificó á
los pocos dias, quedando asi sometido dd tojo aquel pai~
que habia sido comtantemente el abrigo de los malvados.




~1f.JfCÜ: lS'),O. 120
El celoso virei llegó á conr-ebir las mas lisonjeras i bien


fundadas esperanzas de restablecer mui pronto cu el reino de
Méjico el estado de tranquilidad i opulencia e1c que disfruta-
ba antes de aquella bárbara revoluciono Desde principios de
e.te año haLian aido recibidos de casi toelas las prOVincl:IS 108
mas satisf¡¡ctorios des,pachos de sus respectiros comandan-
tes, de h::lllarse totalmente pacificaths las que estaban
eO!1fbdas á su mando. Sería arriesgado conceder á unos mas
elogios que á Qtrol, pu~sto que todos desempeúaror: su.
deberes del modo mas recomendable. Se habia conseguido so-
focar entenmente la revolucion i confinar los débiles res-
tos de los obstinados Guerrero, Montes de Oca i Asensio,
al rumbo del Sur, en cuyas impenetrables madl'igucr:¡¡
ocultaban su vergüenza, dispersándose cuando eran persegui-
dos por Un:l fuerza mayor, i reuniéndose de nuevo para ejer-
cer de tiempo en tiempo sus dilapidaciones i tropelias. Desde
que el virei ApoJaca habia tomado el mando de Méjico se
contaron ha~ta fines de este alÍo mas de 300 acciones sosteni-
das por sus valientes tropas, i no bajó de 30V el número
de individuos acojidos al real ¡adulto. Parece que no se ne-
~sitan mayores pruebas para venir en cononocimiento de sm
relevantes servicios, asi como para graduar el acierto de sus
.peraciones, i el mérito de su fina política hasta dicha época.


Si se esceptuan, pues, algunas barrancas de Tierra calien-
te, todo el resto del reino disfrutaba de la lllas perfecta tran-
quilidad, si bien se presentó á mediados de este mismo aIlo
nn enemigo el mas terrible que pudiera ofrecerse á la estabi-
lidad del dominio del Rei. Fue este la constitucion trasmi-
tida desde la península á las playas de Méjico á fines de ma-
yo, i que apenas hubo llegado á Vera Cruz fue proc1amaja
¡olem:1emcnte por algunos génios díscolos i bulliciosos sin es-
perar la necesaria orden del virei. Este se viJ asimismo pre-
cisado á dar ejecucion al decreto de su jura, poque de no
obedecer al gobierno aunque ih;gitimo esubleeiJo entonces
en España, pOllian haber resultado males ele mayur trascen-
.tencia; U18S no iC ocultaban á su eSfluisito juicio i sagá.


TONO lIL 17




m:,lTU): 18~o.
prevision las desgracias en que po:!ia envolver á todo arrue1
reino un sistema tan funesto que ofrel'ia <Í los conspiratlorcs
tojos los medios de sa~on3r illlpúncmente sus planes. ,r eia
con dolor que lejos de venir de 1.1 madre Patria tI con-
suelo para cicatrizar las llagas de la sofocuc!a rebelion l re-
eibia la fatal Caja de Pándora ~ b que abierta en tan criticas
circunstancias en que se mantenia todavía el rrino estremeci-
do con el terrible sacudimiento del encono de los p:utiJ03,
iba á arrebatarle la gloria adquiri:1a á costa de tantos sacrifi-
cios, i á sus valientes tropas el mérito de sus padecimientos


estraorJinarios servicicios.
El mal se presentaba con síntomas de la mayor grJvc(hrl,


i era preciso ~ ya que no fuera posible cauterizarlo, usar á lo
menos de todos los mecJios de energía i vigor para evitar 3m
progresos. Redoblando ~ pues, su vigilancia, consiguiósoste-
ner con lustre por todo este ailo i aun por una parte del si-
guiente el dominio de aquellos paises en medio de las fscenas
acalorarlas de los partidos ~ corno consiguientes al abuso de la
imprenta i á las reuniones populares para las elecciones de di-
putados á cortes i de miembros de los ayuntamientos i di-
putaciones.


Brilló por lo tanto mas que nunca en esta ocasion el ce-
lo de dicho virci i de las demas autoridades i gefes para con-
tener el desplome de otros males ~ que tal vez habrían queda-
do encubiertos sin la funesta aJopdon del nue\'o si3tem:I, i
que desde este momento ya no estuvo en su m'mo aplicarles
un remedio eficaz. Aunque habian triunfaLlo hs tropas rea-
listas ~ habian tenido ~in embargo considerables bajas, i no
se presentaba la menor apariencia de que pudieran ser rcuu-
plazadas con fuerza europea, pu;'s que el goLit'rno lLll1ado
constitucional ~ demasiado ocupado cn calmar h et:~.rvescen­
cia de las pasionei, i en sofoi'ar el pronunciamiento de la
opinion á favor ue los }leales (le~'cchos, no se hallaba en es-
tado de hacer nuevas espeLiiciones; ni parece era otra su vo-
luntad con respecto á los establecimientos de L'ltranur ~ sino
la ue entrar en transaciones, que creia podrian ser de reci-




!1:T,.rrr:(¡~ JS~f). 111
proca conveniencia, s,"ntada ya la 112sB de la JibertJd general
i de In i6ua!dad absoluta entre americJnQS i espmÍolcs.


Estas mismos voces que los ocultos cOllspir;do:"cs tenian
burn cui,JaJo de cstender por todo el vireimto de :\1éjico; la
f¡clujacion del freno popular; la hrecha que aquel ominoso E'Ís-
tema ]¡abia hecho en la disciplina milit2r habiL~;¡;Jose ('once,
dido al soldado una im¡)ortancia peligrosa ~ uSJllllole mira-
ramientos i consideraciones que eran mas Lien signos de de-
bilidad que la efb,;Íon de sentimientos liberales; la suspension
de licencias ;Í muchos de estos mismos soldados que habian
cumplido el tiempo de su alistamiento; el atraso de pagas en
algunos cuerpos; la escasez de fondos ~ como resultado del
trastorno general de aquellas provincias uesde el mío 18 r o, i
del entorpecimiento de todos los ramos productivos; la ne~
cesaria su bdivision de tropas por compañías, destacamentos i
aun piquetes con la idea de tener guarnecido todo el país, de
cuya providencia, si bien resultaba una conocida ventaja en
poder sofocar al momento cualquiera partida insurjente que
se sublevase aun en los puntos mas ocultos i desroblados,
cm!naba otro inconveniente que era el desarreglo de los mi.
litares ~ viviendo separados de sus gefes, i la imposibilidad
de que estos sostuviesen la disciplina i cuidasen de su instruc-
CÍon; el abuso que algunos gefes hicieron de la misma fuer-
za armada para sus especulaciones particlllares, descuidando
enteramente el servicio: todas estas razones rendidas debilita-
han considerablemente los cimientos principales sobre que es-
taba fundada la conservacion del dominio del Rei.


Los cuerpos armados del pais eran numerosos ~ i aunque
no tenían la instruccÍon i la actitud guerrera de los europeos
no dejaban de dar graves cuidados al gobierno. La adminis-
tracion de justicia ¡labia recibido ron la constitncion las mai
terribles trabas, la civil de los pueblos habia sufrido una to-
tal alteracion; i 5e principiaba á notar alguna decadencia en
la Real hacienda ~ cuyo falllO habia principiado ya á caminar
á pasos a,;igantados ácia su antiguo lllstre, habiendo tenido
el conde del r enadito la dulce satisfaccion de haber "isto




aunque por breve tiempo cultivadas de nuevo la~ tierrlS
~bandonadas por un, efecto de la horrorola revolucion, i de-
dicados Jos facciosos indultados á sns anteriores tareas de in-
dmtria, comercio i arriería, en términos qu':! los convoyes de
platas para la Real hacienda'11abian llegado á recorrer cente,·
nares de leguas sin escolta, del mismo modo que se practIca-
ba en los tiempos tranquilos.


Los verdaderos realistas i los hombres sematos atribuían
el estado poco próspero que iban presentando los negocios al
maléfico influjo de las ideas liberales, i se ocuparon por lo
tanto en meditar los medios de cortu el naciente mal. Se di-
rijió todo su afan á derrocar la malhadada constitucion, que
preveían habia de burlar tarde 6 temprano la vigilancia, la
política, el valor i el heroismo de los fieles, Las primeras reu-
niones de los que mas detestaban aquel sistema se celebraron
en el convento de la Profesa, ó de San Felipe de Neri de
la ciudad de Méjico bajo ]a presidencia del europeo P. Mon.
teagudo, prepó!ito de dic1lO convento, i canónigo de aquella
catedral, i del americano doctor Tirado, am b08 inquisidores
i acérrimos enemigos de Jos liberales. Desconfiando al princi-
cipio de las mismas autoridades i aun de las tropas, entre las
que si bien habia muchos dignos sujetos prol,ltos á ~acrificar­
~e por su soberano ~ no escaseaban los adictos :t los principios
liberales, no se atrevieron á confiar aquellos ocultos planes,
en la duda de haIlar oposicion i resistencia aun en las perso-
nas que mas hubieran acreditado su buena opinion, recelan-
do de que la delicadeza en nnos i la desconfianza en otros
paralizase los impulsos de la verdadera fidelidad.


Parece pues que estas fueron las razones de no haber con~
tada al principio con el virei ~ con el general LifÍan i coa.
otros varios gefes civiles i militares que tenian bien proba-
da su adhesion á la soberana autoridad del Mon&rca esparro!
i su aversion al titulado sistema regenerador. Dichas junta.
clandestinas de la Profe¡¡a se fueron haciendo numerosas gra-
dualmente, habiendo sido admitidos en ellas muchos ilustres
individuos del clero ¡ecular i regular, algunos hacendados i eG'




MÉ.m!n: ¡~'J,O. 1)')
mcrei:mtes \ i sw~esivamentc varÍos empleados cí viles i milita-
res aunpe no de l'i primera gerarc1uía. Una porcion de tai-
nndos americanos, que vestidos eon la piel de oveja oculta-
ban toda la fiereza de sus designios, lograron introducirse cn
dichas juntas con la mas refinada hipocresía, aparentmdo un
fingido celo por el triunfo del altar i del trono, que estaba
bien distante del verdadero objeto de sus planes.


Todos al parecer obra1):¡n en el mismosentido; pero estos úl-
timos tiraban diestramente sus lineas para lograr su apetecida
indepenrlencia. Como c(3ilociaa que laí> primeras autoridades
por su mrlyor prevision é inte1igcncia habian de atr.aycsar su>
fementidos desi6nios si se les daba entra'b, en aquellas reunio-
nes, procuraron alejarlas de ellas escitando en los individuos,
que de huena fe asistian :í la Profcsa, una fundada descon-
fianza i los mas injustos recelos acerca de la opinion de aque-
llas. Esta espe(:Íe de asociacion antilihoral se fue estendien-
do de tal modo que lleg6 :í ramificarse en la Puebla de 108
Angeles bajo la direccion de su rererendo obis;:¡o ~ i en otros
puntos.


Cuando ya hnbieron sazonado su plan, i adquirido el ne-
cesaría vigor para (hr el g'llp:;, trataron de nombnr u n fiel i
hábil ejecutor de sus deseos: despucs de haber pasado en re-
vista todos los gcfes militares empren.Iedorcs i de prestigio, se
fijaron en el coronel dO::I Agustin Itnrbidc, quien agresaln i
su estremada osadía i arrojado valor unas estcrioridades de
religion i austeridad, capaee3 de deslumbrar aun á los hom-
bres menos virtuosos. La frecuente práctica del sacramento
de la penitencia, su a>idua asistencia á los templos de Dios,
IU diaria costnmbre de rezar con su familia el santo rosario,
i finalmente otras demostraciones de pura devocion i acendra-
do catolicismo daban las mas sólidas garantías de su recto de,
.empeño para la cit:Hla comisiono


Convenidos pues en la elecciolol de este gefe, era preciso
inventar un medio plauaiJle que 10 pasiera en actividad; pero
esta empresa se presentabl con todo5 los :::aracthes de imprac-
ticable. Se nece.iÍtaba hacer ver al virei la utilidad é impor,




-,
l.) !


uncia cJ~ cre:.lr um comisirO!l cstraorclin:tria, i al nlÍslllo tiem-
po h convenien::ia de con[jarla al citaJo lturbdc. Lo prime-
ro se I06ró b.cilmente porque el digno virei ahundaba en Ja¡
mismas itIeJ.s, re,jUl:ilhs á envi-tr una rBspdlblc divisioll da
trop:.ts contra las únicas gIVilbs insurgentes de Guerrero qUe
se ahrigcth:.lil en el rumhü del Sur.


Era inco!ll;Jarablelllcntc lIns di!ieil la scgunJa )l3rtc á
GlUSJ. de hallarse Iturbile en a'luclla éjJoca Jlrocesado PUl'
vari:ts concusione!l, cstorsiones i tropelías cometi.las en Gua-
ll:J.juat'l mientns que estuFo ;Í la eabcila de a'¡uclla provincill,
i probaJas por el eura de Siho, don Allt()uio Lavarrict:l ., p:¡i-
sano del mis,no lturbi:lc i antiguo a:nig:J de su úmiliJ. Se le
babia permitido en el entretanto la libre resiucncia en h
capital, i se iba demorando su sentencia por los buenos ofi-
cios del regente de la Real auJiench, Bataller, en cOllsiLlera-
cion á los relevantes servicios que aquel habia prestado á la
causa ele la Monarquía. A pesar de estos legítimos estorbos su-
pieron los asociados de h Profesa inliuir indirectamente i elel
modo 1ms astuto en el ánimo del virei á fin de que dicho
1 tnrbide fuera nombrado para la mencionada comision ( 1 )l que-
dando sobr~seida su causa.


Como la fama adquirida por Tturbi~le durante las anterio-
res campañas hubiera resonado por todos los ,íngulos del vi-
reinato de Méjico; i como estuviese adamado de ulla gallar-
da presencia, del porte filS fino i amable, de aventajadas lu-
ces naturales, de refinada política, i demas cualidades capa-
ces de aprisionu la voluntad del soldado, de grangearse el


(L) ~l' Cll}c'J ~f Ih'r~rJrH;nte qllC d "ilC! f\pl\llaca huLiera ("Hado Uf!
~lcLle,'~Io CIll 1):0. Ini~~nd.Lo.., (le ;}(ple~¡a~ j~l~~LlS: ~ i ITa b~lt:-¡ l~1:13 IlJflllal dax
a:it'lig.) ~'t t:1]C'~ voces c,unto qtH' di:::¡) ,in;! t\'r,l:l (~:ldJ"; j,Td', .1.:;ahJ¡,:-, pnH;~
IJ;!~ dt: ~'U a\e.'.si)[} al ~j~knla cOB~titt;('iüll;;] ¡](-,...,dl~ (JlH': fue IlIanuadJ df;
(,¡pitan g'encral ~ la isb de' Cuha t:n l.)i1;; 1'1:1') CJJilJ el aJ.tor de la pl',~.
;.t'ute hi .... turia ha oído Je !-'u ll)i~ma b;)ca d('':;lUl:utir <":...tu~ :.U::iert,I:-l, su:a
l~'lll.~ljd::I(l SO::itener una opiniJD r<.:lJatiJJ pOI' el vivo t<.:stiU10llil) tl(, ~qLlj:'n
}l'JI' S:l e!clado rar:go, }H'ubidad .i a('ri~ola(la~ ,¡!Ludes tl:..:ne U¡l Ol.;fCCa!)
ú,,:!is,)ulablc de ser creido pOl' su l'"laiJ l'a.




~rhrcn: J :)2().
a;oredo de 10s pueblos i aun de desurnl1r á los rebel,les tal
vez sin Dece,í,~:l:l de recurrir ~ hs armas 1 no fue dificil per-
sua,.'ír al v irá de que dicho gefe era tl mus á pro¡;ósito para
aquella empres3.; i en su consecuencia se le habilit6 con to-
dos los medios necesarios para llevarla á cabo. Se presentan
en esta época tres partidos, i todos tres creen lograr sus res·
pectiv~os fines por los esfuerzos del citado Tturbide.


El vírei trdtaba de destruir los únicos restos de la insur-
recciou cOlltinada en las barrancas de Tierra caliente i de
consolidar la 3.utüridad real sin venir á un rompimiento con
la [lClIíIl5Ul.! 1 temeroso de que sedan mas fUIlf.stas las conse-
cuencias si negando la ohedil'ncia al gobierno aunque ilegí-
timo, de entonces, se comtituia en estado de emancipacion i
quedaba reducido á sus propios recursos, Los antiliberales de
la Profesa nú cúnsultab:m sino sus deseos de ver derrocada la
constitucivo i restablecido en su antiguo estado el esplendor
del Altar i del Trono. Los independientes aspiraban :í la ab-
soluta separarion de la Metrópoli; pero no tuvieron bastan-
te fuerza para csprcsar sus ide'ls en el acto de es tenderse el
primer plan de operaciones, que fue entregado tí Iturbide
bajo la sola base de abolir dicho sistema constitucional.


P:.Jra acabar de deslumbrar á los fieles realistas, pasó
Iturhide á Il1cor unos ejemplares ejercicios en el dicho con-
Hnto d,' la Profesa, durante cuyo tiempo recibió de todos
los asociados los m,lS Liti les consejos i enérgicas amonestlcio-
nes; mas si bien apurcnLiba este pérfido confidente un aire
estlrior e,lificantc i una dócil conformidad con las instruccio-
nes de sus m:lCstros, tenia ya premeditado turhr á unos i á
otf08, i valerse ,le t~n favorables elementos en su propio pro-
veelw Ll primera perSOili.l á la que confi6 Iturbi,Je el sigilo-
so pl:lu ,le la Profesa fue á una dc las seíÍoras principahs de
l\Iéj:co, en h que la mturaleza hahia pro ligado de tal modo
sus favores, que ¡lJ.ru'Í.l se h:!Lia emper1ado en fOfmar un
nn,Jeiu lh> l)~rfeéJll"$. :~Il talle ekgallte, su ru bicuwlo C(l-
lar, 5,1S UjOS r.,sf~:ld.Js, h fr!.:seu ra cie su tez, sus bien deli-
neadas tormas 1 i el mas interesallte conjullto de gracias con\-




¡:iG 'n~.JT(;n: 1820.
petian con la am:tbiliJad de su cadcter, con la dulzura de
!u voz, con la sutileza de sus conceptos, sagaz prevision,
agudeza de talento, rara penetracion i práctica de mundo.
No es estr:lllo, pues, que un ser adornado de tan seductores
atractivos hubiera merecido taja la confianza de quien tenia
bien a.~rerlitada su aficion á quemar incienso ante los profa-
nos altaras del amor (1).


Elita nueva Ninette L'Enclos trató desde aquel momen-
to de adquirir una celebridad en el templo revolucionarie
f');~I:.;nLlUdo la ambician en quien establ muí inclinado á.
¡~guir ilJS impulsos, i fortificando en él la Ue:.: de procla-
unr la independencia para vincular en sus manos el mando
supremo. Quedó, pues, convenido entre ambos que se co-
metiera al licenciado Zozaya el encargo de refornnr el plan
de la Profes:! en el sentido de la independencia; i como este
lutracJ.o no supiese peJir pre~tadas á su domÍnante pasion por
el juego las horas necesarias para e.5to trab3jo, se encargó de
él ~l licenciado don Juan Jos¿ Espinos3. di 105 Monteros,
qUbl formó el que lueJo fue conocido con el nombre de
Pian de Iguala.


Los asociJ.dos de la Profesa que ¡:lnoraban estoa pérfidos
ama:íos i artificiooos manejos, trabajaban incautamente por
proporcionar á Iturbide para destruir la constitucion los me-
dioi que luego sirvieron para asegurar el triunfo de la rebel-
dia. Habia s:lIido don Antonio Terán de Méjico para Guada-
bjara á ponerse de acuerdo con los generales Cruz i Negrete
á fin de que los planes del héroe americano no sufrieran por
este lmlo el menor tropiezo. Como era necesario investir ea
dicho Iturbide estraor,linarias facult3.dcs l se le confirió 111.
comandancia general de las provincias dd Sur por enfcrme-


(1) Tenia ya dicha señora lilas de 50 arIOS i .consf'rvalll, tan rrtsca.
su beHcla que lIar}¡e qlle 1;.1 haya c:)lloc~du eH aqu~l tiemr'o dil'cÍ qUt!
lu.i r.;x~-<e;acio;} en el euaul'o (IIJ.~ aca~cl.rn:):; d{~ hazú!': bCl~t:\!'a t:bl\! p n"
~.i. s~l)J ra,'a. no ('ll¡J:l'OCR;','''; en su (h;~ignaciun, ill.HHlue por ufce~c¡J. :3C
suprÍlna 5:1 nü!Ubl".




Mbrco: 1820. 13J
dad de w propietario Armijo; i le fue asimismo encargada la
rondurcion :i Acapulco de 7009 pesos pertenecientes á los mI-
nilos, CGn el ohjeto encubierto de que echára mano de ellos
para sus primeros movimientos.


Los realistas de la Profesa querían que Iturbide derrotá-
ra á Guerrero, i que se proc1amára en seguida cabeza dd
partido antiliberal, formando un centro de union para todoi
105 que profesasen aquellas ideas, i proceder, despues de ha-
ber adquirido fuerzas respetahles, contra la capital, en el caso
que ésta se negase ti reconocer la legitimidad de aquella reac-
cion. Los anti-espaúoles por el contrario deseaban que su
campeon se uniera con Guerrero i con todas las partidas in-
surjentei para dar el grito de independencia: en esto último
con venia aquel ingrato, si bien le parecia conducente á sus
fines principiar por la derrota del citado caudillo á fin de
c:mtirar mejor su voluntad, i ejercer sobre él libremente
aquel predominio que temia pudiera serIe disputado por
quien contaba mayores timbres i blasones en la carrera que
él ibCl á abrazar. Empero no habiéndole surtido buen efecto
sus maniobras hostiles 1 i convencido de lo dificil que habia
de ser domar aquel esforzado insurjente vari6 de conducta, i
se diri~ió á conqui~tarlo con la dulzura i con la invocaeion
(lel nombre de libertad é independencia, entablando con
él las relaciones de amistad i union, de las que se tratará
en h ¡listoria del ¡nlo 1 82 I á laque perteneceR.


'f01l10 III. 18




l:iS
\'\" ~:'\lt l ti: • \¡ '\. 'eJ, ~\:\I~\i""W\VWWW\\:nll'\l\\:\ \I'"'V\ '\1',1.1\'\1\'\1'1:\1\ \lnI\J~


CAPITULO VIII. .


,


PERU


Preparat/vos de los realistas para dar una acdon general á
Sar¿ lJI<lrtin. Choques parciales con los cuerpos avanzados.
Salida de una parte del ejercito para Chancai á las órde-
nES dd general Canterac. Retirada al campo de Aznapu-
qu.:o. Disgusto eh? los gefes. Intimacion firmada par 19 J.e
éstos para qltC el virei Pczuela abdique el mando en favor
del general Laserna. Aquiescencia el esta violenta medida
con el fin de evitar la escisioll en las filas de los leales.
S-llidu del epresado Pezuela para la península. Su carác-
ter i SltS virtudes. Dijil'ctltades para evacuar la capital.
E'palicion del entonces coronel Valdés al valle de Jauja.
Brillcmte accion de ./lta¡tra. Union de éste eon el brigadier
Rít'ofJrt i Sil regreso á Lima. El brigadier Carratald en
el Cara de P .1sco. Llegada del comisionado constitucional
Abreu para tratar con los irlsu/jentes. SIt cardcter é inu-
tilidad de su misiono Salida de Arenales desde Huaura ci
.Jauja COil una fuerte division que obliga á Carratalá d re·
tirarse desp:lcs de haher prestado los mas recomendables
servicios. Conspiracion de Lrwill en el CUeCO. Otra en Si-
casiea. S:llidu de Gmterac para los valles de Ja:tjrt. Total
evacua"ion de la capital. L.unar gobernador de los fuer-
tes del Callao. C'llllp:lnx del aventurera Jl:liller por la par-
te del Sur. Bzjada de Canterae al socorro de la plaza del
Gl11.'10. "~I[r!rito de sus IlZJvimientos. Proyecto de contrata
para abastecer aquellos fuertes. D:sercion de una parte de
ias tro¡Jas r¡;alistas. Rendic¿an de la citada pla.za. Varia~




1"1lnf: 1821.- 1:)9
acciones sostenidas con gloria por dicha d¿vision de Can-
terae. Operacto:les de los illdependientes en Lima. Ambi-
cian de San Martin. Fanatismo de Lord Cochrane i serios
dchates entre ambos. Detalles cllriosos relativos á los revo-
l¡¿cionarios. Brillantes operacionFs de Valdés, nombrado
gefe del estado maJar del ejército del Sur. Espedicion d~
];larcilla i Loriga al cerro de Paseo. Actividad de los
reúlistas situados en los valles de Jauja para hacer SU$


1Jrrparativos guerreros. Salida ikl virei para el Cuzco.


ta agitacion de los ánimos era es trema á principios de
c.te ailo; de todas partes se levantaban negras nubes que
amenazaban una próxima tempestad; el estravio de la opi-
nion iba en aumento, i si bien estaban ya á las puertas de
la capital algunos refuerzos del Alto Perú, mas bien debian
.. errÍr c!stos para cuhrir las grandes bajas producidas por la
descreÍon, que para dar al f'j(~rcito de Lima unasuperiori-
dad marcada, capaz por si sola de aterrar al enemigo sino se
desplegaban nuevos medios de vigor i entusiasmo. Era preci-
so sin embargo arriesgar una accion general, con cuya mira
se habia formado un campo respetable en Aznapuquio, dis-
tante Ulla legua de la capital. El general insurjente San 1.\1ar-
tin se ¡labia adelantado llasta Retes, cuya posicion dcbia fa-
vorecer la empresa de los realistas, i se creia por lo tanto
improrrogable el momento de emptÍlarse ambos ejércitos.


Las avanzadas de los insu rjentes esttmJieron su recono-
cimiento hasta cerca del Tambo (1) de Copacabana i tral'3-
ron algun tiroteo con la gran guardia que halJia salido de di-
cho 'Pamba, la que se retiró al cumpamcnto por ignorar 1:1
calidad i el número de dichas tropas, á las que no pudo
desculll'ir á cama ele la espemra ele la niell1a, dando aviso al
mis mo tiempo de aquel suceso á lo .. puestos realistas sitm.-
dos en ambas orillas del rio Chilíon , para que aUmentasen su


--------....... _------------


(.) TamLo en el rCJÍl es el nomLle que se da á lo~mesul1.s j f'JsaLbs.




Vl~lllneÍ1. Abrmado el ejército de Aznapuquio con aquella
noticü, se pre3entó el coronel Ceballos <tI general Canterac,
para que sc le d~stinára al reconocimiento uel ca r.l1po enemi-
go j i mereeÍendo dicho gefe la m'lyor confianza por su bi-
zarria i decision, se Je entregaro\' 5:::> caballos, con los que
,,-adeó el citado rio Chillon, i sigui6 el mismo rumbo por el
que se habian presentado los enemigos.


Disipada á este tiempo la cIens:! niebla que ocultaba los
objetos, divisó unos 60 caballos quc se retiraban á media
lf'gua de distancia; i habiendo continuado su march:t hasta
la pampa de A:!1con, ctrca del 'rambo, hubo de hacer alto á
la vista dc los buques fondeados en dicho puerto, i de loa
nuevos refuerzos que recibieron los rebeldes. Mientr::ts que
las tro¡x¡¡¡ delRei sostenian un corto tiroteo, se dedico Ceba-
llos á reconocer prolijamcnte aquellos puntos, i cuando ya
5e creyó suficientemente inform:do de cuanto puuiera intere-
sar p:ua las ulteriores operaciones del ej:!rcito, se retir6 con el
mayor ór.1en, establecienrlo una gran gU~lf<lia en las inmedia-
ciones del bosIue de Copaeabana. Se halla ha ya mui cerca del
campamento, cuando encontró al general Canterac, que con
una gruesa columna de caballería se dirigia en su ausiliQ
creyéndolo empeíÍado en algull arriesgado combate.


En vista de los informes que lIió el referido' Ceballos so-
bre el número de velas fondeadas en Ancoll, se prestó mas
asenso á las voces que corrian vagamente de la aproxÍIm.cion
de San l\'lal'tin á probar la suerte de las armas. Eran varias
las opiniones de los gefes espa(¡olcs con respecto á los desig-
nios ue aquel caudillo. Si habia reembarcado su ejército, de-
cian algunos, i segun apariencias, queria saltar á tié~ en
el areuow dts1cortO de Ancon, debia presumirse que su intento
no podia ser otro sino el de situarlo en el mas fértil suelo,
defendi,lo por los realistas. La suerte de Lima dependia del éx'~
to de esta empresa. La posicion de dichos realistas era bastante
apur~Ja: ;;i perJían una aecion general, serian tal vez irrepa-
rables sus efectos á pesar de su heroísmo; si la g:maban, me-
joraba verdaderamente el estado de su opl(1lon ; pero no des-




trui:ln b C;lUSJ J,~ su" ID 1'es, ni en [J'lsiblc tl::struH:t rnien-
tr~s (Iue domimnlJ I03 re: bd les el padfico, tuvies·;n la fI-
ci1ida 1 dc h'lcer SU3 des:;rnharcos en los de'g:.¡arne,j.!os pun-
to3 ,le a (ud las inmen,a,'l eostas. LGS l:~ales n~¡ péI,li'ln calmH
",B t ,mores h,tsta 'pIe no viesen surcar a'rucllos m:Hes U:Hl cs-
cwdra cspafiola con tolo el aparlto c:lpaz cid impon'er á los
c~lntr¿¡rios.


EL¡ temto que se entreg.1.b111 á estas melanc61Ic:ls icleas,
se c:lLJO el descalabro su!'rido el dia 7 de enero por nuestra
descubierta, sltu,Fla Cf'r,:a dtl bOSqUd de CO[lacab~na , la que
atacaia por fuerzas muí su?,riores, tuvo la pér,Jirla de 3
húnres llam:llLos lLd Perú ~ que f')rmahan una parte de
elh. Este inesperado ataque confirmó b c-reenci'l de la apro-
ximóleion del grueso del ejército insurjente; i mientrds que el
general La Sera:!. i el gefe de Estado mayor Cantuac se ha-
llab:'¡1l conferellcian.lo sobre 1a.~ medidas que debhn tornarse
ell a_luellos críti:os mOincntos, ge ofreció el citaJo coronel
Ceballos á presentlrse en el mismo puerto de Ancon ~ bur-
land<> la vigilanda de los puestos avanza,Jos, i avcriguar con
certeza las intenciones del enemigo, si se le entregaba un
pliego de correst}on.lencü que le sirviera de pretestJ plra lle-
var á efecto a'fuella comisiono


Serian las CU~ltro de h tar le del mismo dia 7 CU'lnJo sa-
lió Ceball03 del c,jm~H,n::;at() con un tN;npctl i caatro hú-
sares escogUos. D,::,p:1es út: lUDef hecho U:1" pequefío descanso
en el 'ramho de GJ;)J.caoln1, 1l10nU en el caballo que llevaba
de refresco, i emprendió de nuevo su mlrcha con tanta inte-
ligencia i acierto, que no fue visto por el primer puesto ene-
migo hasta que ya se hallaba á su retaguadia. Tomando en-
tonces la carrera ~ para no ser alcanzado por otro pUCftO que
se hallaba en un flanco á 111 falJa de la cuesta, llam:.tria tam-
bien de Anean ~ se hallti en breves instantes sobre los gr;.m-
des médanos de arcna, contiguos al eitdJo puerto; i órde-
Dando entonces al trompeta que hiciese Jos al'ostumhrados
toques de parlamento, se metió en el campo enemigo por
IVl'prCsa;.




, ,~ .,
• j"


9c l.all"bn :í aquella snon scldudos i lTI3rin,:ros ('Ile-
11fa:l,'o grusen:mrnte el trillnfo conseguido tn armella lLisma
maúana, i Cirra:;trando Jos morriones de los Foces pri,iú¡;¡ r03
que hi¡biJn lJ(cho. MQlldall::¡ aquella fuerza tI an;n1111U'0
franres Roulct ,oLcial tan diotin [;uido rOl' EllS ta1mtos i por
la práctica que Labia tenido de la guerra d scnicio de Na·
roleon, como por su esp:ritu reyo!llcioÚário i por su ndbc-
sien á la lilxrtGd é indepcnclr.nl·ia. Fue e,fremu la irritJ( i911
dt. este rtvo!urionnio al ver con tan arrcjado goll~c de pctrte
de CeLd]r;s, ro tbJos los j'bncs que f'ra de su Íntrl'(s m:3l1-
tl!ner ocuitos , i C]Üi¡'[lSO For lo t:lllto de :ICUlT,Io con sus ofi-
ciales i capit:.:nes de lmques emiar ,1icho cmisario i CiJaH-
cai pra ser presentado á San Martin en la chacra de Re-
tes, en donde tellia entonoes EU cuartel general; pero Ccba-
lbs pudo revoc:!r este f,ltal drcfeto scstcnicudo con ilrmp-za
i arrog1.l.ucia , que ll-jos de violar los ('erecLos de la guerra, ó
atro~H::lbr 103 p:esto,,, ¡:V3nzul:os, IJabí:1 hccLo los tociues de
orrlcnan:m ¡jI pasur cerca de ellos, que sin duela estaban des-
cuid.¡dos ó dormidos, de CUy:l po~a vigilunda no podia ser
rtSpollS:;hL~ fluien no habia faltado á lo que prescrihcn las
layes lllilitares.


Dcspues de esta acnlorada cmstíon ~ que se resolvió á fa-
yor del citado Ceballos, regresó (ste al rcferido campamento
de Aznapnquio con noticias exactas é individuales de la furrza
inmrjente , qne no bajaua de 120 caba~los, asi como de su
m¡.n4na que se componia de c!0S hergantines de guerra i ocho
tnsportes sin gente alguna uo dLsemharco. Como Cel)allos
en su retirada hubiera mmifest:,do al olicial que lo escoltaba
les deseos que tenia nuestra suberbia caballería, mandada por
el bizarro gr:ncral C3ntI'fJC, de tr:11'ar un onlenaJo combai~
(~on la contr:.uia, dando por S~bUI'O el trilln[o dC:'l'juella arma
ill'/eHcib~e , rcr.;Li6 al dia siguiente un r.Lcgo de desafio par-
cial (id capitan Roulrt, con solos fO lJolllLrcs por cada parte.
Era esta roca gloria sin rmbrgo para unas Hopns que cifra-
han todas las esperanzas r!e mejorar de posidon m una 0pe-
meiGn en gr:mde, i sc dC)f'r!Jó por 10 tan to :Vllll'iLí in,;:u15a




, -
1


bnvat"l r¡ne IlO po'lü prol!lcir /lns resultar;o quc el de 1011-
tc,rrecer Ls actins O¡lCl\¡cio113S, de que era prec:iso ocuparse
en arrue! l1lO:l1:'nto.


Aunque estos acontecimientos no se presentan á primera
viota como, de h unyor im[lortlndl, lo fueron sin embargo
si se consilera que eon este im:lortantc secdcio quedaron
descubiertos los ar,litles de San lVItrtin, l'e,!ucidos á aparen-
tar cn Ancón fU(L~as imponentes mkntr<:s que él se dispo-
nia el operar con el grueso lIe su ejército sobre la lIcre::ha de
los re;llistas. Se trató al mismo tiempo lIe sorprender al cita-
uo puerto de Ancón, de cuya cmprcs3 quiso encargarse el
gen'~ral Canterac poni¿ndose en marcha en la noche del 10
con una columna de caballería, cuya vanguardia era m:m-
dada por el fiel i decidido amerie<!no realista marques de
Valle-umhroso; pero habiendo el tránsito de un gran cerro de
aren:! retardado la m:lf(~ba mas tiemLJo que el calculado para
la SOf¡JreSa , que,ló est:! frustrada por el anlicipado aviso que
tu va el enemigo, quien retirado á sus buques i abrigado por
los fuegos de 1.1 artillería, dejó sin objeto h citada operacion_


Pensó entonces el virei seriamente en dar una arcion ge-
neral, que conocia era ya i nJis¡¡ensahle en el estado en que
se hallaban los negocios: mandó con este objeto se apresta-
sen las bestüs necesarÍJs pan m')Ver la p;ruefa artillería i
teda el mlterill del ejr:rcito; se dispuso qu~ el gencnl Can-
teme se 1Vanzase COil Lt C3.bl11ét'Ía i con algunos batcllIones
sohre Chancai , en djnle deberÍJ. r2unírsele el resto elel ejér-
cito (:(m el gcn3rJ.l L:t S2rn 1; pero se ffillogró tan arerta'lo
movimip,nto á C:lilS:! de lo~ alarm:mtes avisos qll'J reci))ió el
virei dd pLm 'lue tenia acordado Sln ,1'hrtin ¡nra c::ter sobre
la ci1.'Íta! !u'ogo C¡Ut) se hubiera ansentdo el ej:!rcíto.


Estas m:l:liohrJ.s, si bien ventajosas en su su totalUarl, pri-
varon á los rc:alistas ele la oC:13io;¡ dG dar la aj)décih bata-
lla {,eneral a¡ ell,~'n¡go, ya que no era tm fácil ide á bus-
car á los puntos de aUJcllJ i H.J lllrl, á 103 qu,~ habia he-
cho su rí;tira,h lupgo que supo la entrJ.da de C,mtenc en
€lJancai. Crecían en el entretanto los apuros de la capital i




~ " '; rE :n:: 1 S f~ , •
el ¡]iSé'OtiL;:to c:c Ls flue habian visto perdidos los m~s pre-
1';0.,0, lllümei,té!S para dar algun vigor al a),atido espfriw pú-
", '-' l" 1 l ' '1 J:JlCO. JUillO (,e punto .a anllllosll,a:l ue algunos gdts contra
el virei Pczuc!a pOl' la terquedad con que suponían estaba re-
sudto á sacrificarlo todo por no perder la ca pital oel reino.
Ya esta especie de lucha babia pr~ncijli;¡do desde fines del
::.:10 anterior, i no :1treyiéndose á procel]er toda,vía violenta-
mente contra su autorioiad habíau trataJo de atraerlo á SUi
planes por medios imlirectos.


Suponían que la fürm::tcion de ana junta, con el título
de Dirediv:l de la guerra, llabí::t de dar IInyor actividad á
las 0iJcradon<:s militares 1 i lograron su pronta aquiescencia,
hasta que observando que su autoridad Bufda un notable
de3:ún.! sujetando el giro de los negocios á la dcliberacioll de
a'{uel c(ltrpO, i dándole una parte lIlas importClnte que la
consultiva l privó á J03 vocales de las estensas facultades de
lfue úesC3.1nn estar revesti:Jos, i rqlUso dicllJ. junta. en el m;s-
lnO cst:do que pre3cribe la ordeB3nza.


Otra de las r'lzones á que atribuían muchos la f.llta de
r,'soludon <le dicho virei para evacuar la capital i dirigir to-
Jas sus fuerzas contn el enemigo, si bien la posicioll que
e5tc habia tomado en Huaura no se presentaba ya tau vcu-
t~josa como la que ocupaba anteriormente en Retes, era la
numerOSa familia de que se veia rodeado, i los graves cuida-
dos que debian ofrecerse á su imaginacion si se decidia á cru-
zar los Anues con clla, á conservarla en ineómoclos acampa-
mentos , i á sufrir 1.18 privaciones l:onsiguientes á aquel tru-
jnjom g¡(r:cro de vida.


Pa"u S:llV,lr este íni'oaveniente, se le propuso con todo
tI rCS;lcto que Ha dtl:iJo á Sil aIto rango i por medio de
personas <lu,; me¡CcL:.n t0r!a su confi:wza la conn:nicncia i
aun nece3ilLd tItó envhr á Es¡xt.'la dicha familia, para que-
dar mas dC3c!1.'Jarazado cn el manejo de los ncgo~ios duran-
te aqucllé1 0 jJoei! cJ!amit03a. El benemérito Pezllela, á cuya
gran,k alnn no npugnah:.m los roa, dolorosos s:lcri;icios, si
condu::i:m al princi[.'fil c;bjeto de EUS !lnsi~s, 'luC era 13 con-




scrvacíon de la autoridad real en aqueIIo3 dominlos, accedió
gustoso i esta dura proposicion; i se habían ]jrincipi..do ya
á hacer los preparativos dc dicho viage, i aun se habi:m com-
prado maderas para formar cómo/as habitaciones en el bU-Iue
que se lubia esco~iLlo al intento cuando se recibió la corres-
}londencia de la península, i la particular de su apoderado en
C;ÍLliz. Contestando (~ste á los avisos que dicho virei le habia
dado sohre a[Iue! proyecto, que no se habia ocultado á su
sagaz prevision mucho antes que le fllera sugerido por peI-
sonas estrallas, marcaba abiertamente su dcsaprobacion,
fundada en los malos efeetos que habia de proJucir la l1e-
gada de su familia á la penínsllia, la que sería considerada
como una seual indudable de la desesperada situacion de
los negocios en el Perú, escitaria una intempestiva alarma
en el público i una fatal deseonfhnza en el gobierno, cu-
yos resultados habían de ser el verse privado de los ausi!ios
que tal vez se estilban disponiendo en aquel momento, se-
gun ttnia pe·lidos por varios coniuetos, en repetidas inst:m-
cbs i ('on urgente encarecimiento.


Al ver esta inesperada variacíon creció el descontento de
a.lgunos gefes que crei1t1 de buena fé, que queJan.lo solo el
virei hahia de ser el primer solcbdo del ejército, el primero
en los peligros, en las fatigas, en los padecimientos i priva-
ciones, re¡¡itie:do los nwgn,fkos ejemplos que habia dado
en el alto Peni ele edo, firmcz:l, sobriedad i temphnza.
La exasp;;racíon de los mas celosos i exaltados por sostencr
el hOllor de las arlIlas españolas llegó á su colmo cuando las
t"opas av:mzadas sobre Chancai, al mando de CUlterac, tu-
"ieron órden de retroceder eIl vez de ser reforzlJas por el
testo del ejércíto, segun habia s;d 1 m:mdado anteriormente.


Fi;;udndcsc dichos gct~s que si no se desplegaba un
grado estnonlj¡w)'iú de ener:-;Ía iha á perderse el rjército,
que contaba toda da con brazos esforzados para no recibir
la ¡ei de un enemigo jlctaneioso, concil,icron el plan de de-
poner á dicho virei Pezuela, perm:Hlidos, segun manifesta-
ron, de que solo con esta providencia podian ~alvarse Ú" la


TQMO IlI. 19




in,~\'itJh!e rma~ (pe les :trlwl1:.t2:lba, i de reSCJtJI" al mismo
yj¡·ci dd pru'ipicio que habia ahierto el I,n:tcndido empelLo
de no ll1lJr~~r5e de la clpital por t~mor de que el enemigo
¡;e apocluJse de ella durante S:J. ausenci1.


Lleg:l Glllterac al C11l1;J:lmento de Aznapnquio: una gran
part~ de los gefes i of!c;dlcs que luhim queuado en él ahun-
daban en las mismas íJeas que se habian generalizado en la
divisioa de vanguardia; se as-ita la cuestion 1 suscriben toJos
los presentes al atreviJo proyecto: se comprometen á soste-
nerLJ lnjo su respo!l3abili:.hl; se eotienJe la minuta de la
intimacion, se discute i se firma en nO'llhre de todos lo~
gef.:s del ejército; i se le dirige al secretario de la junta de
guerra, que lo era entonCes el coronel don JU1n Loriga.
Pres~nta éste dicha intimacion al pundonoroso Pezuela; se
irrita al leerla , se detiene sin embargo paus:.lCbmente á con-
$iderar las causas alegad:!s por 103 referidos gefes para obli-
g:ule á entregar el mando al general L1serna, designado por
su sucesor segun el pli~go de proyiJencia (1); no pierde su
~ereniJa:1 i firmeza en un momento tan critico, en que no
solo vé el decret:ldo despojo de su autoridad, sino el zaheri-
miento menos disimulado é indecoroso de su conducta i ope-
raciones; pide la opinion de los generale~ que componian la
espresada junta de guerra i tojos enmudecen; envía árden
á Laserna para que monte á caballo i salga inmcdiatuuente
para el campo de Aznapuquio á sofocur aquel movimiento;
le escusa éste, apoyado en la desigr,¡acion que se habia hecho
de su persona p:ua sur:eder en el mando del vireinato, teme-
roso de que ml1ogdlHlose «1 ohjeto de su mision, como era
de esperarse de 103 gefes de un ejército que tan abiertamente
habían manifestado su empeIÍo en llevar adelante aquella
medida, pudiera ser atribuido á flojedad á connivencia d~


(1) Pliego de providencia ú de morlaja as el que se cspedia cerradv,
ocsignamlo el .~m('e.'ior de los virpyes Ó capitanps gllnt~rale . .., en caso de
fallecimiento Ó de otra caUia que impidiclC el ejercicio de iUi /'Wll'
~ione&.




11':1\(:: 1821. 117
su p1~tc lo que se prescnt~ó:l como efecto irresis tiLle de 1a$
circullEund:1s.


Lo inminente del peli¿;ro no ab:1tió de moclo al.';uno el
ánimo sereno del gel1i:rJJ l)c;melu; se agol p:dxm á su i:mgi~
nacion los mellios de f}ue aun paji:! valerse para hacer res~
petar su u;triljaJa autoridad. Presentar.se en el mismo e j¡'r-
cito, en el (lue no en posible que se huhiera perdido en tan
breves instuntes el prestigio de su nombre, habriu siJo el
medio mas ejecutivo para desbaratar los planes de sus con-
trarios: asegurarse la devocion Lle las pocas tropas que se
hallaban en la capital i aUIl del mismo vecindario con vigo-
rosas procl::mHs, ell las que apelando á su apoyo contra 111
iulicaJa trollelía pOLlia esperar comprometerlas á su fclVor i
sostener su autorilacl en medio de tan terrible violencia;
hé a'Iui el sega mIo espediente que pareei:l de mas facil i se-
gura ejecuciol1.


Estos eran verdaderos recursos de fUCi'za i poder, de IOti
que se habria valido quien no llUbier.l antepuesto 10" interG~
ses públicos á los pri vados; mas previendo PezueIa (¡ue Sil
insistenci:l en conservar el ma¡llIo había de producir una
anarquía militar ó que introduciría á 10 menos el mayor desor~
den i desunion entre las fibs de las valientes tropas, i que rota
Dsta armonÍ:t habia de ser seguro el triunfo de los enemigos,
principió por vencerse á sí mi5l1lo p:lfa que aquellos no VEU-
cieran.


Prevaleciendo estas nobles ideas á toda otra consiJera-
.:ion privada i aun á los vivos estímulos de algunos de sus
adictos partidarios que le provocaban á tomar una hostil ini-
ciativa, cedió al peligroso torrente de ¡quella c0I1111ocion; i
para que la acdoll del gobierno 110 se debilitase de modo al~
guno, presentó (JI públic:o la. CC3'lcion de su mando como fru-
to espontineo de S:1 volunt2d, apoyaLla en la estel1llJcion ue
¡U salud i en la necesiJal ele ddscansar de los duras fatigas
que habi:m marcado todas las épocas -de su lurga carrera. ven·
dendo con Sil genero3a eon !lleta la repu;.;nanci..l que el cita-
d? Laserna halJia mostrad.o desJ.e el principio de encargarse




r~nl~: 1021.
dd "ireinato, Ilcya,lo de sus vehementes deseos dé rcgl'(sjl'
¡[ h pcn!nsu!a.


Luego que el general Pezucla hubo resignado el man-
do, se retiró á la ca<a de campo llamada la '/Ylagdalclla, dis-
tJ.ntc una legua de la capit~l, cn donde aguard0 una oClsioll
oportuna para dJ.f la vela para Esparia, como lo vcrificaron
en 8 de abril su espoE3 i familia con torIo el equipaje en la
fragata de guerra inglesa la Andl'omaca \ i en 29 de junio el
mismo gener:¡!, á bord() de b goleta anglo-ameriéana la TViu-
hinglon. Ann en la sa1i:b del Perú tUYO Pezucla nuevos mo·
tivos de ejercitar su paciencia i sufrimiento; "ió con el ma-
yor dolor separarse su tierna familia sin haberle permitido el
capitan inglés la entrada en aquel hu que por no infringir IaJ
leyes de h ne:.ItraliJad pactadas con los insurjelltes; i aun
para alranzar la goleta que se hallaln á cinco leguas de distan-
cia hubo de embarcarse á bligera en um mala lancha de imIios
con la que cruzó por el medio de la escuadra enemiga que
bloqueaba entonees al Callao, sin mas compañía que b del
coronel Ceha!los, el marques de Casares i el alferez de navío
I.Jlercna, ni m;¡s vestidos que los sim;:>lemente puestos. De es-
te mo lo llegó al Janciro en donde se embarcó en un paquc-
bot inglés para Falmonth en Ingbtcrra, desde cuyo puerto
pasó á Esp::uí.a por la via de Portugal.


. Asi terminó su carrera en el Perú el vencedor de Vilca-
pugio, Ayohum1 i Vilutn:J., cllFs primeras campaIÍas en el
Perú han dado nna justa celcbridai á su nombre, i cuyor
iml)Ortantes servicios le han asegurarlo un grado distinguido de
consiLleracioa. ~ o es nuestro l{nimo l11cer un ciego panegírico di
este general, si bien es tan digno de él por BUS virtudes como
por los repetidos rasgos de firmeza, inteligencia i acierto que
tiene consignados en su nohle profesion. Sería pues tanta in-
justicia negarle los elogios que merece por este lado como te-
meraria prevencíon el Creer que no hubiera sido capaz de co-
meter defecto alguno durante su larga administracion; pero
los que se ofrecen aun al mas severo observador no nacieron
de falta de celo 5ino de inocente equivocacion , demasiado e5-




n¡:¡: 1821. 1'¡f)
~usa1')le en llOlIórc3 F:1blicos sobre cuyos hombros pc~a un
rLÍI11'Jlo de 1L',.{ocios i compromisos, superiores á veces á las
fuerzas aun de los mas dccidilios, mas previsivos l mas labo-
riosos i mas rectos. De est:l clase pretenden que flleron bs
de haber empr¿ndi.lo la espedicion contra Chile en 1818 sin
aguardar el arribo de otra de 2000 hombres que habia sllido
de Cádiz con alguna antelacion; la evacuacion i desmantela-
mitLlto del puerto de Talcahuano, á cuya consecuencia se per-
dieron la fragata María Isabel i la espediciou espaííola que
acaba dc indicarse, i tomó la m1rÍlu chilena una irresistible
prep0ll'lerancia en el plcifico; la lentitud en enviar fuerzas
respetlbles contra San [U"rtin cUJnlo hizo su primer desem-
barco en Pisco en 13:)0, é igual tardanza en atacar al refe-
rido caudillo cuando se situó en Retes.


Despues de haber pasado en revista á este ilustre per-
sonaje, daremos una ojeada aunque rápida de los gefes del
ejército que promovieron su sC?J.racion. Si fue á toda
prueba el celo elé) aqud, su d2cision l fidelidad i entereza
por sostener los reales dfrec1lOs, no 10 file menos el de 105
que forman el objf:to de csta dcscripcion: estos gu:;rreros
ocnparan así mismo U:1 In;;ar distinguido en los :wlIes del Pe-
rú por sus p:J.decimientos, por sus sacrificios, por los rasgo ..
de sn valor, i por los dias rJ.c gloria que dieron á la :\:Io-
narquía espallo1a. Flleron los ¡iltimos en tremolar el penuon
de Castilla en el continente peruano á pesar de haberse ha-
llado rodeados de enemigos por tajas partes, i privados abso-
lutamente de ausilios del gobierno espaiíol, quien no ptdo su-
ministrárselos á causa de la agitaci-Jn i desorden en que esta-
ban sus domini0s europeos, por efecto del ominoso sistema
constituciollal, que regía entonces, de cuyos devastadores efec-
tos se resinti6 por mucho tiempo la afligida EspaiÍa, 'mn des-
pues de la gloriosa restaur:lcion de nuestro amado Monarca.


Repetidas veces heillos combatido (ste odioso principio
de insnhordinacion militar, que tantos estragos ha hecho
en nuestro siglo: no podemos ser por 10 tanto apologistas de
la deposicíon dd citado v.lrei Pczueh. Si se llUdiera fij:lf el




150 l'Ent\: 1321.


caso estrcmado de ser imposible sostener mas tiempo aque-
llos dominios sin variar la primera autoridad, qucdari:I dis.
culpada esta acdan que se presenta con todos los c:!ractércs
de ilcg:!l i reprensible.


Es innegable que el Perú se hallaba mui apurado CU3n-
do ocurrió la mencionada depo,icion; es tambien Ci;Tto que
evacuada la capital por el nuevo virei i refugülc!OS los re:JJis-
tas á las provincias internas de la Sierra reo;ganúaron dpi-
dalllente sus ejércitos i sostuvieron con brillo la antorilbú
Re:.!! por espacio de cuatro auos. No es LíciI por 10 tanto
ni nOr atreveremos á fijar una libre .i dccisira opinion en
esta parte (1). El general Pezueh goza de toda la consi-
deracíon que es debida á sus virtudes é ilustre carrera; los
general8s que tuvieron parte en aquel suceso han recibido asi.
mismo irrefragables pruebas de gratitud i aprecio; .{lO es es-
trauo, pues, que prestemos el debido respeto á unos i á otros,
absteniéndonos de calificar la parte de mérito ó demérito l{UG
se halle en tan desagraolable ocurrencia.


Es cierto que imperiosas circunstancias, la dura lei de la
necesidad, los momentos críticos de evitar una próxima rui-
na justifican á veces la adopcion de medidas estraordinarias,
así como conviene cortar una parte del cuerpo humano para
5a1\'ur el todo; pero siempre es de lamentar que se ofrezcan
ca5iOS de esta naturaleza, porque remedios violentos, . aunque
sanen por de prou"to, suelen dejar fatales consecuencias, que
tarde ó temprano destruyen el beneficio que hicieron al prin-
cipio. Quisiéramos por lo tanto borrar de nuestra obra tan


(L) Sj~ntinl0S sin embnrgo (Iue unos ejemplos oc tlascrndencja tau
funrsta hayan b~I'1(,llado el brillante COTlCl pt() de ¡Ul.1 P(li"ciuli ch, ;':Ué'l'4
lefQS f'spaü:.Jes qUl: han a.s0LlJJladi) la ~~!~l'~¡kd con !Vi l'1'.:-,J de Sl~6 aI'lnailli
en lü~ diferentes puntus d{~ ¡":Il~ re~pr>('tiros gobií'I'Iin . .;, l.a l1la~'or ll:'lllc de
t':jlas irregularidades han s;do frel.'l·' ~;iUélS j apríJhad'l~ por s. ::\1. (eu
cilyü ca~o se ha la la presente) bien ~ca por tu iUlperi,Sf) de las circulls-
tat;cia~; loeales i del monlC:nto, ú uien por llaber ft'coLl\;cido Illotivos po-
t.leru~os que las jusli:it:ast.'Il. EsLól C:oi una cuc,stion (lue Ja HI;", amUj dicho
nu au.s aL.l't:!'¡L:l.CLllUii nunca ..i l'ciulv~r.




fLln('~t1s S!]f'P,S')S 'Tlll~ forman h parte mas espinosa de 1010
jui"io30 ;ii,¡:¡ri:uI"r rluc desca descmpeiÍlr di~namente su t1fca
sin h:Icpr dUr:!o :Ierimimciones, las que siewJo infundad:Is de-
ben producir su des. rédito i la aniIlllc1version pública, i
ann sien lo ciertas le lneen ddin:Iuir contra el decoro que se
debe á las perSO;lJS;OilÓ,tituHas en alta gerarcFlía, i que go-
zm dd aprcl:io genel'cll. J'crminada esta larga digresion, en
la que ha sillo preciso iuternarse para rÍo lastimar la brillan-
te reputacion milit:.!r de que disfrutm los ilustres inJividllo~
que son el objeto de esta indeterminada controversia, voh'e-
remos á recorrer los sucesos históricos del Perú bajo el nue-
'Va virei el general Laserna.


Uno de los primeros cuidados de este general despu8s
de haher tomado las riendas del gobierno fue el de enviar
á la península comisionados que diesen cuenta de aquellos
sucesos: uno de ellos fue el marques de Valle-umbroso?
ese henemérito americano que t:mtos servicios habia presta-
do á la causa del Reí con sus fonclo, i con su espada. Habia
desempe'lado dicho marques con aceptacion general los varios
cargos que se le habian confiado en todas épocas, habiéndose
distinguido en particular en el segundo ataque que dió lord
Cochrane á la plaza del Callao en setiembre deJRI9, i por
{¡ltimo habiendo mamLido con lustre á fines del aiÍo siguien-
te i prinl:ipios del 2 [ las tropas avanzadas contra las espedi-
cionarias de San Martin. Se creyó, pues, que un sugeto tan
deciliJo por la consen'acion de la autoridad real en aquellos
dominios, en quien brillaban todavía lllas los rasgos de su
fidelidad que los timbres de su cuna, habia de ser el mas á
propósito para llevar. á cabo esta importante comision, redu-
cida esencialmente á pedir refuerzos navales i terrestres á la
madre pa.tria, á informar del verdadero estado de los nego-
cios del Perú, á pedir un nuevo gefe que reemplazase á IJa-
serna, quien estaba empellado en clemitir el Il1Jnlo, i á da.r
aclaraciones sobre los motivos en que habían apoyado la cle-
posicion del virei Pezuela.


Embareadooi los comisionados en 29 de marzo á bordo del




I 52 I'F.T' é: I ~ ~n .-
bergantín de guern lIarmdo JWUljJ:!, se rIí6jieron 6. Rio J and.
ro para provcmse de víveres de los que empezaban á escast'ar;
i cumllo y:l. se hallaban á la vista de dicho puerto fueron
:'lpre3ado3 por la corbeta eorS'trü¡ de Buenos-Aires b J!croin:¡.
Dcspues de haber siuo Jespoja'Ios dichos comisionados de tojo
su Jinero'i cfedos obtuvieron fimlmClItc la líbert .. d, i r011
algunos ausilios recibidos cn la rdi'rUa ciuJ~t 1 de Rio Janci-
rD se hü:ieron á la vela para la pen(nsub. á lbr cuenta ver-
bJI de su eomisiljll, pues que b oiicial halJia si 10 arrojada
al agua.


No dejó de ser apreciado este importlll te servicio, en pal'-
tkular el del esprc3ado marques, quien por el aran de des-
empeiíarlo dignamente abandonó á su esposa, ocho hijos, to-
Jos sus intereses, sus mas caras relaciones i las comodidades
que eran propias de sn rango i rirpez:1s.


Se dedicaron en el entretl.l1to los nuevos gobernantes dd
Perú con el mas ardiente entusiasmo á consolidar el dominio
del Rei sin perdonar género alguno de s:1criflcios, esperan-
do lavar con nuevos é ilustres hechos la m:1neha de haber
atentado contra la legítima autorid¡¡d. Er:t, pues l su empellO
acreditar que el Perú se habria perdido sino se hubiera adop-
tado aquella medida, i que su salvaeion se habia debido es~
clusivamente á sus esfuerzos.


Empero como todo el empriÍo de los nuevos gobernantes
habia sido la evacuarian de la c:lpit:ll, sin cuya atrevida provi-
dencia opinaban que no era posible salvar el reino del Perli de
su amemlzac!a ruina, no dejó de parecer estraiío que tarua-
sen ellos á adeptarla mas de cinco meses. Es verd:td que ocur-
rieron nuevos incidentes no calculados ni previstos anterior-
mente, que parece contribuyeron á entorpecer el nuevo plan
de campalla que se habían propuesto. Como se ll!ILicra pa-
sado todo el mes de febrero en formar los arregles de la nue-
va administracion i en tomar las neces:uias medidas para que
iU retirada á la Sierra causara la menor ruina posible en los
intereses de los muchos realistas habitantes de Lima compro-
metidos por la buena causa, entró el mes de m~:tr¿o sin liue




JHl: 1 ~·:21.
.C' hubiera lw.:IlCJ toJ",ía la m~l1'lr YdrUi.:l J[J
mientas l1liliUrcs.


, ,
} ,¡ J


L.l primiti~'a opini,)l1 del g.;ner .. ll Llserna i de otr03 v u-
ri')s sefes sélbre qUe se evacuaS3 dich1 capit:ü sufri6 algur:l
yariaclon dtsde que puesto aquel al frente de los negocios pu-
do grada J.r lllas de cerca 103 gran les inca!1\' enientes que E'~
ofrsilll p.l'~t llevJfLl á decto con pr0ntituu. UIl:1 poreüm
IlU;!]Crúsa J.; cin;l!cauos civiles 1 cu)'..! suert'~ Lle¡Jcn,Ji:! ltiC la
c):l5erv:1ci0¡¡ de a::¡uel punto imporl1!ltc; 0!r1 ¡¡el m:;IlJ3 C'JH-
~i1cr:l~)lc ele llcgúciant~s i prú¡JÍcwrio..; Ll11c ilJJ!1 á lju,:,ür re-
ducidos :í b mi;crÍ.l, h fJlta que !labia dc hacer b pJrJiJ:t
de aquel centro de los recursos; la urgente nccesilhl J:; b:1S-
car víveres p:H.l abastccer los fuertes cid C.lllao, i HInlmen-
te el pendrante chmor ile tantos COlllpl'Omdidos por la Lue-
Il:1 C1US21, no Ibm:m lo menos b. atcncion del gobierno Jos
muchos solJ:J.Jo3 cnfcrIlDs i heridos quc habia en los hos-
pit~¡~s; tú/1S CSt1, CO!]O¡,]';LLCi'J:IéS reU!1¡'¡:.t3 j¡ici,~l'on que
el gen.:fJ.! Lasct'llJ. n:tlrlbsc: dico:l slliJa b¿t:l el último
31)~ro.


En\'i6 en el cntrttanto sohe el vulle de Jauj:.t al cnivIl-
ces coronel don Gerónimo YnlLlés con un bat:!Ilo!ll p:lftc de
otro i dos cs~'u:dro¡¡es, pan que reunÍJo con el brigadier
Ric:Jfo¡t, que se halbba siw:.do en h bamb occidental del
valle dettruyese :í los inJi"s wblendos i restableciese la cal-
ma en el p,üs. Como bs c:gU:lS rstuvicscn :í aCluella ,azoa en
su lllayor altura, i los inc!ios hubiesen cortado los pu~ntcs
del rio granJe 1 tuvieron que su pe'ar aquellos geft's les ma-
yores obst:ículos p:lra VW1C~lrIO; pero 1ogr:l,lo ya eS!2 primer
ohjctü 52 dirjgiS tI cÍt:t1o Valc~¿'s sol::re J auj1 con b cabalIe-
JI:!., i Ee ht11,) C'n Atal?ra CO!1 l!na fuerte rnmion ee subLra-
l:03 que no ll:l.i'1haI1 de! 49, :í lus que lxlticí completamente
(!,'s::;]oj,luJulos de sus pcsid('l1cs, i eaus:ir:.~!ülcs un horroroso
cstl'J,;O de mas de 4eo muertos i 3eo pl'i::iGl1cros; no habien-
LIo <il.!o mellor su pérdiJcl en fu,;:lcs, lanzas i en 1:1 únic:1
pi·;~:t J(; ~trtil1ería .que telllan sin mas quebranto por parte de
hs I\~.1l!ctas que el de algunos soldados muertos i el del co-
TO~l1() 111. !Z o ,~




I ~:~ I'ErU:: J 821.
mandantt don Dionisio Marcilla que salió herido de aquell9:
refriega.


Fue increible el valor desplegauo por gefes i oficiales en
esta ocas ion : entre estos últimos se distinguió don 'romas Li-
niers, quien sin embargo de no tener mas que 18 alÍas de
edad hizo ver la noble sangre que corria por sus venas, i
dió muestras de querer rivaliL~ar en gloria militar con su
digno padre, el héroe de Buenos-Aires, i el vencedor de Be-
resford i de "\Vhitelocke. Los soldados se ceLaron ue tal mo-
do en la sangre de las hordas desleales, acofc!;índose de la
mofJ é insultos que les habian hecho en los di:ls anteriores,
que se Yió precisado el generoso i noble Valdés á usar de to-
da su autoridad para calmar su furor, i para contener sn ir-
resistible bnzo. Des¡mes de Uila aedon tan brillante por sus
resultados, continuaron los l1JeIlcior.auos gefes Ricafart i Val-
dés limpiamlo de enemigos el país hasta el cerro de Paseo,
desde cuyo punto retrocedieron á Lima por orden superior,
habiendo tenido el valiente Ricafort i el capitan Garin la
desgracia de ser heridos de bala á su tránsito por la villa
de Cant:.l.


N o dejó de censurarse en este tiempo la llamada de aque·
Has gefes á la capital, cuando su permanencia en el cerro de
PaEeo parecia marcada por la mayor conveniencia, á fin de
cortar la comunicacion de las tropas insurjclltes de Huaura
con los enemigos de la Sierra; pero el general Laserna de-
terminó que quedase en dicho cerro el general Carratalá con
cuatro compafíias del primer batallon del lmpr.rial Alejandro
i dos escuadrones incompletos; fuerza que parecia miiden·
te para sostener aquel punto, por que no se habh previsto·
la marcha de una di .. ision tan respetable coma fuu la que
dirigió Arenales desde dicho punto ele HU:lUl"a sobre Jauja.


Al mismo tiempo que Ricurort i "alMs operaban por
los citados puntos~ habian salido otras columnas en busca de
víveres para suplir la escasez de la CJ pita!: !as que operaron
soL re lea, Yauyos i quebrada de ~Hacas i SantJ Rosa á bs
ordenes del general Canterac, hubieron de superar grandes




1 " )
obst~culoii en sus marc1Jas á causa de las nUllllól'OSJ3 gucl'li 11:;;
que se habían formado con la seduccion, i con 103 fusile.>
que á manos llenas habia suministrado San l\Iartin á a'plc-
110s lJaDit:mtes.


Seguia revolucionada la provincia de Trujillo, de CU)'Oi
efectos habia participado asimismo la de Maims 1 m:muada
militarmente á esta sazon por el teniente coronel don Manuel
Fernandcz i Al varez; porquc ú bien' éste, del mismo modo
que su R. obüpo don Fr. Hipólito Antonio Sanchez Rangel
¡;e habian rehusado á jurar la independencia, el inttudcnte de
TrujilIo Torre rragle les había negado el situado, sin el ('ual
aquella provincia no podia subsistir, i la amenazaba asimis-
mo con la fuerza de las armas, por cuyas razones i para
e vitar todo desacato contra el sagrado carácter episcopal ha-
bia debido fugarse aquel benemérito prelado para el centro
de su diócesis, á donde se habia retirado tambien á fines de
didem bre del aiÍo 1 [J ~ o el lJ~i5mo gobernador.


Habü queJado regentando aquel obispado el presbítero
don José María Pajilla i Aguila, secretario de aquella dióce·
sis; pero habia tenido que abandonar igualmente su destina
por que vienclo el enemigo lo infructoso de sus esfuerzos
para atraer este eclesiástico á su partiJo con halagos i ame-
na zas , puso en movimiento sus tropas á Ls que hubieron de
ceder el campo las realistas. Sc celebró á su consecuencia en
la Laguna en ~ 3 de febrero una jUllta compuesta del mismo
Illmo. obispo, del citado secretario, del gobernador Fernan-
dez, del coronel don CárIos Tolrá que se habia refugiado
en Mainas con algunos de los soldados de Numancia fuga-
dos ue 'l'rujillo, á cuya junta asistieron asimismo los princi-
pales empleados civiles; pero algunas de~3.venencias entre los
referidos Tolrá i Fernandez fmstraron las ventajas que la
.causa pública pudiera haber derivado de su celo. Se habia
determinado que las pocas trop:lS que tenian á sus órdene¡
volvieran á Moyobamba, que era la capital de aquella pro-
vincia; mas no llegó á verificarse tan acertada disposicion, i
,en .m vez se espidieron pasuportes para Espaúa al R. obispo,




al prC:.iOitérü Padilla, i :i O,fOS respetahles sug2tos, quienes
e:ll¡JlTndieron S:I yiagé! para Tabatinga, frontera del Bns.; 1
sobre el río ManILlon, en donde determinaron esperar el rt. ...
sult:l,lo final úe los sucesos de dicha provinóa.


Los rebeldes chachapoyanos cargaron 5Obr~ lVIoyoh:l.lnh.l
con una e.pedirion, en la que iba el teniente úon José Mar-
tos, ruyo fiel i valiente oficial Ee drcbró contra les rebeUcs
apems entrÓ en IUÚl1:15, los d~lT()U é lJi:óo prision~Tüs, i íh-
siló al (,o:llan,¡ant·~ :t p~ticion de! rmeLlo nmotirl'1do, quc-
dando en poder de los rraliH1S Lis nrmas i Inllniciorles dI.!
los espediciornrios. S:tbe,hi' ¡·'rcnundez de es!,)] suce.iOS eFe
lnhi:m ocurri,lo en 103 dias JO i I f de :'!~)ril ref;rrsó ;Í ¡,ro-
yolxunba, relsumiú el mando, puco en libertad á los pri-
sion,;r()s é intimó la rendieion á 103 lulÚante3 de ChJeha¡:JG.-
yas, eontr:! los que aprestó un:! eS¡"Je,!icion que fue eomplc-
tamente rechazada, per,Hendo todo el armamento i peltre-
dIOS que el dC:10dmlo 'H lrt's habi.l gan.1r!Ll.


Los Y;:lgercs clttcni;los en Tabatinga s,~ pusieron en mar-
cha ran l\hinas asi que mpieron las pri'l'eras ,ictorias COTI-
seguidas pür los realistas; pero Jirgaron dcsgraciaeblllcnto en
el mO;llcnto en que I\cubJbJIl ':3t03 (le ser derrotarlos por 103
chachapoyanos. Se trató de Ic\ant:Jr llueves planes en favor
de l::t buena causa; hubo al<illnas reaccio!1t:s parciales; pero
quejaron finalmente dudos los hcciosos de aquel/os vastOi
paises, sobre los que se tr~t1ha cn Ii3 ~5 de !J:.¡cer u::n es¡x:-
dieion polítieo-religio3a eles,le Enropa, intcrn~í!1l105;; por el rio
J\1araiion bajo el influjo del celoso Parlilb, tm conoceJor de
aqud t~rrcno como am1do por sus lnhit:1ntes, cuando se su-
po Ja pénli,Ll de la ktJ.lla de Ay::wucho.


Otra de las r::lZO:1es (fue i:lf1uycrO!l en la permanenci3.
uel gobierno realist:t en Lilll1 fue la l!:';1.b ele don ilh-
nuel Abrcu, comisionado por el goJJierno constitucion:J.l ue
Es[xula pJra entJ.blar un acr)mo,bmientü pacífico con los
insurjentes. Como dicha Abren se lwhicr:l embarcado en Pa-
nami plra Paita, i hubiera continUftUo desde este: )Junto su
viage por tierra hastl Lima, tUYO ocasion de tratar en su




rtn1': lS~¿l. )~;
I


tránsito ron t1 fP1Cl'a¡;,imo San :ibrtin, quien mbieíl(!O r011u'
cillo rles,;e el principio la facilidad ve dominar sobre el ~ínimo
de dicho comisionado, empleó con él a~l1Jc1 falso carLlo i lIn-
girbs demostraciones de ,irtuc1 i de,prendimiento que con
tanta destreza han sabido manejar los independientes; i para
com¡womctt;r:o m~s ¿n SllS mir~s le asignó un:! guardia de
honor míen tras (pe pcrma:1cció en aquel punto. Falto Abreu
de pdctica p:r:¡ CO'10cer 1;)3 arJides' enemigos, se present.J
en Lhl1 h:teic"lo de3mdi.!o3 elogio.:; dd citado 8111 l\hrtin,
<ltrih¡yel1,)o m:l, hien ,í tcrC¡l1ed~.td ó torpe mancj() de los
l'c:di:.t,:s la Uta <le :\l'LlOi1i:l que e;dslia e¡~lre americanos i
europeos.


Se califi('c! mui pento de mal agiteru 13. mediacíon del
comision:.t.do constitucional; i aunque él general Laserna i las
demas autoá(ladcs se convencieron de que no era aquel el
llO:11bre qnc se rO:¡l1crÍ:l parel el desempeÍto de tan delicado
tneJl'fo, 11:) dcj:lJ 011 de reconocer su mision á fin de evita:
los grarcs C:':'i;03 f¡ne un di:! podían hacerse coutra los que
hubieran a1ra,eo2.']0 Jos pianes del gobierno entonces yigente
en la penfnsu!a, que cra el l1nico responsable por haber con-
fiado esta importante comision á un indiviJuo, que carecía
de todos los medios mora:es i aun de los físicos, pues que
Sil preSEncia inspirab eS inspiró en efecto á 108 independien-
tes um idea Illui pobre del negociJdor i dd gobierno que
le había nombrado.


Apesar, pues, de la Jcscon{l¡¡nza que se tenia del agente
espaiíol se formó l/na junta con el título ele plcit1caclora,
presidiJa por el \ irti, i se propuso á San l\1artin un conve-
nio amistoso no:n8rando por socios de Abreu, al su binspector
de artilicría, don :U~mnel_de LIano i Nájcra i al alcarle de se-
gundo voto don liIari:wo GaUiano i JJmlozu.Aceptó San
.Martín b proposicion, i envió sus comisionados á Punc:lauca,
cinco leguas distante de la capital, á cuyo punto concurrie-
ron los uesignarlos por Laserna para dar cu;nplimiento á las
prevenciones del gobierno.


El resultado de mas de veinte dl:B e13 conft>:rcnchs fue




PEl',¡;: 18:01.
h estipubcion de un armisticio ú suspension de armas por
otros vcinte, que luego se prolongó por doce mas, ii bien
los enemigos fueron poco fieles en su cumplimiento, pue~
que antes de espirar aquel término salió una de sus divi-
siones compUEsta de 2500 hombres desue Huaura á Jauja.
¡egun se dirá mas adelante.


A fines del mes anterior de marzo estalló en el Cuze o
una horrible conspiraeion con síntom3.s 103 mas alarmantes.
El coronel L,avin, que babia sido remitido en el aiio anterior
desde Arequipa á este punto para ser juzgado de sus pro-
yectos subversivos descubiertos en el mes de octubre en
aquella ciudad, logró ponerse en comunicacio!] con el cau-
dillo San Martin i con otros partidarios de la independencia.
Con su elocuente persuasion i destreza para seducir el ánimo
del soldado, introdujo con efecto su venenoso influjo en una
parte de la guarnicion; pero el teniente Vidal, t:m honrado
i fiel á las reales banderas como fue desgraciauo i perseguido
posteriormente por los independientes con violacion de los
mas solemnes pactos csti pulados en ]a capitulacion de Aya-
t'ucho, descubrió aquello$ devaHadores proyectos á las au-
toridades superiores.


Estas sin embargo necesitaban de pruebas positivas para
proceder ue un modo ejer,nplar contra los autores i cómpli-
ces de aquel atentado, i determinaron por lo tanto no tomar
proviJencia alguna 03tensible para frustrarla, i sí las necesa-
l'ias medidas de precaucion para cortar sus progresos. Bien
instruido Vil:il de 103 deseos de sus legítimos gefes, se prestó
:fingidamente á cuanto quisieron exigir de él los conjurados;
i habiéndose designado la noche del 21 al 22 de marzo para
d:.u el golpe, el referido Vidal, que mandalJ3. en aquel dia
la guanlia de prevencion, apesar de hallarse acechado por
los sediciosos supo hallarlos medim de comunicar tan im-
portante aviso al segundo en el manclo don Antonio maría
Alvarez, entonces brigadier, i en la actualidad mariscal de
call1po de los reales ejércitos.


'ramadas por el citado general Alvarez las oportunas dij-




PfIlLr: 1 S~ l. 1 Gí)
posICIones en 10 interior del cuartel de las tropas que estaba~~
bujo su m:múo inmediato, dió los avisos convenientes al pre-
sidente Triatán para que estuviese prevenido á sostenerlo en
caso de que sus esfuerzos no fueran suflcientes para destruir
lOS criminales intentos de los revoltosos. A la una de aquelh
noche fueron abiertos los calabozos de acuerdo con el men-
cionodo Vidal, se dió soltura á todos los presos i á cuantos
militares se hallaban en el cepo ó en clase de arresto; el
capitcm Vill<Jlonga se puso á la cabeza de los 40 hombres
de que se componia lo. guardia de prel'cncion; el capitan
Zamora salir] tn busca del coronel Lalin, que gozaba en-
tonces de una absoluta libertad dentro de las murallas de la
ciudad; i como ya estuviera éste prevenido de aquella ma-
niobra, no fue difícil hallarle á los primeros pasos.


Incorporado con los facciosos les arengó con energra i
entusiasmo, les llizo pOIn pÜ!'as ofertas, i mandando cal'gar
las armJS se Jjs[Jolli:t :i adelantarse ácia Jas primeras tropa,;
del cuartel, esperando rPunirlas á m partido con la dulzura
i persuasioll, cuando receloso Alvarcz de que los conjura-
dos tomasen demasiada preponderancia, avisó al presidente
Tristán, que se hallaha ya en' el cuarte! rlc caballería con
el piquete montado de dicho arma i con una corta partid:!
de infantería, la necesidad de obrar contra los rebeIJes: así
pues colocado aquel gefe á tu cabeza de una compartía, se
dirigió á atacar á h b:¡yoneta la ref.:rida guardia de preven~
cion. Aunque los sublevados ocupaban un laja del claustro
por donde 111bian de desfilar los rc:!.listas, no pudieron resis-
tir al empuje de estos, i aun1ue se empt;lló un vivo fuego
por ambas partes lograron cerrar el portan principal dando
treguas por este medio á sus moribundas esperanzas.


D"seoso e! bcné!.ico general Alvarez de, ahorrar la efu-
sic}Jl de sangre unto úe sus tro[ns como de los infelices que
habian oido la voz de la se1uccioa i de h perfiJia, les inti-
mó la renJicion ofrecienrb perdon:tr á tojos menos á los au-
tores de a(luclla rebeldía: sus generosas espresiones fueron
interrumpidas con insolente gritel'ía. Conociendo entonces la




JeO
rrecc'silbJ Ut3 Il3.cer uso de la fuerz1) m::lD.l,j dLl~Jir algunos
EJLLd:J5 pJ!'.l qll~ I\lcieran fuego dede una n:ntarn alta, i
aunque los tiros cran inci2rtos por su ob' í~l!i.bl i por 1:1
tot:tl oscnriJ:lll en que había queJado el p:Srtil:o ue la pr~­
yeneion, uno de ellos sta emlnrgo iliric5 al coronel Lavin,
quien poseído <.le la IllJ.S desesperada rallia i furor no Se ocu-
pó de rest:Híar h s1ngre que l'orri.! COi)io3:lm~nte de S:l he-
riela, por cLlyo JcscudJ se lnlh yerto ca11\t:r á. las poca>
horas


Lucgo que el presiJente Trist:ín oylÍ :as rri:IlC'r~5 tI co-
c;rgas, s:llíó dpidamentc con la olJ:lllerÍl, i flwrLÍ al fren te
de la puerta prin2~pal que lb,ba á h pb:.:a, mand:mJo [l!
mismo tiempo que su p1rtiJa de infantería hiciera un yir o
fuego p:ua impedir la comunicacÍon de los subleva,los eOIl
los muchos inicildos en dichos phnes que se luIlaban cll·la
ciudad. Viéndose ya perdidos 10s rebeUes, solo tr:lt,lfOn de
salir á. la plaza i suotncrse con b fuga á 5:1 bicn lllfrcciJ ()
castigo; i al tiempo de a1rír la puerta ¡nra nrificar su fuga,
se metió clcntl'O de dh el cita Jo 'l'risLll1 é hiw rendir b8
alllws al c~pitan Vilbbngu i á los Ueln2S sublenlios.


Asi terminó esta terri!Jle conspir:lciJn, h que si hu-
hiaa tenido un feliz desenlace habri:.t estencliJo su m:.tlifico
lD.,.l1ujo P?r toJ~s las prorincias i¡¡terms de b Sien:> i :mn por
las dd Sur: i S~ habrb arrr:ly:.¡do consiJerablclllcate1:1 ,lema-


. . .:"' ". o
siado crítica posicion de los negoci03. Así pereció CEe malo-
grarlo guc~rero que tantos senici(}s hrrbi:l prcst::lLlo :.í la cama
<le! Rli, h~])icndo princípi:.¡do w carrera dcs:~e hs l'ri:ncns
conmociones de Buenos-Aires en que fus C~l'> ¡:lelo Lar el vi·
l ·',>¡· C;,,¡,nl'OB' ~."O"'''I)l'Ca-l"s al "C'I,,,,···l ) ;'·"'1'< "" ,':, ,." cJc·'-v _1,; .. lo. u'\,.. ..... t....... .t"1Á k ........ ~ ...... "---' ..... ~ d. '- ~~ .~ .. __ ....... « • v


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81strado cupo :í quien uIvid:inr:os,~ ce EU] !li;u¡':;;iv eL kJ~or i
lealtad ~ i no teniendo en .colls:Jer::'L'i~;ll lo~ !!.'-.:Zl,-!l'~ ;;~'!1(:Jicio3
que hahü rccib.idp c~cl goLicmo csp.llCil (IUC L lnbi.i <.:11.:\':':.10
l.llsta la cl:lsC .d03 ccr~l1el") u!J:lnt.!on.:5 Ll i:ustre C3rrcrl que por
t:!ntcs t:rlOS haLi:.t recurrit.1o, fe dc¡ó cont3.:.nin3.r no!' el fUf'fTQ


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de la EcLlicicn 1 i selló su perfldia en Arcquipa i en cstó,; ¡úi·
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Ibbiénr10sc procc<lido .I juzg:;.r i los causantes rl~ ar¡:Jel


desorden, fUeron scntenci:dos ~í ser fusila,los por la f's¡ul:b
como traidores el capit811 Villalonga, un sI)Lhdo que le ser-
vil!. uc asistente i un cabo d~ la guardia de preven don ; h
tropa de que éota se componia fue quint:da para sufrir un ili-
mitarlo servicio en los cuerpos dd f'jt<fl:it(); el ca!.it~ltl Guillen,
que erl tenido por uno de los inicia,los en el proyecto, fue
absuelto fin embargo por falta de pruebas; el capit:m Zamo-
ra, ilue era el se6umlo gefe de los sublev.itlos, se halló espi-
raBte cnando estos rindie:-on SU;¡ armus, ¡murió poeo ticmpo
dcspues. La pér.licla de los redista. consistió en un soldaJo\,>
muerto i 9 heridos; pérdiJa bien insigniGeante si se conside-
ra el gran servicio que prestaron á la buena causa destruyen.
do un mal tan terrible que amenazaba la ruina total de una
gran parte del vireinatl'l del Perú. Fue por lo tanto altamen"
te recomenJahle el mérito contraido por los generalfB Tristán.
i Aharcz, ¡í cuyo celo 1 entereza i dtcÍúon se debió efte ilus-
tre trinn;!),


Oto conspiraeion igualmente 3éria se hahía fraguado ácia
este nlis:no tiempo por el batallon de infantería del Cuzco
que se hallaba en Sicasica; pero su coronel el brigadier don
l\hnuel Ramirez evitó con su oportuno descubrimiento los
des15trcs que hubieran siJo comiguientes á aquel atentado:
arrestarlos los prindpaJes motores i formada la correspondiente
sulll2.ria sufrieron su eondigno castigo por providencia del ge-
neral en gefe dd Alto Perú don Juan Ramirez.


Otra conspiracion, pero de distinto género, estalló ácia
este mismo tiempo entre los prisioneros realistas que se
h~Ilaban deteniJos en Huarmei, i que sc componhn cn gran
parte dd regimiento de "Victoria que llabü sido derrotado en
Paseo. Cansados dc sufrir tanWs vejaciones é insultos por el
espacio de cinco meses, sin comer BUS que un mal rancho ca-
caJa veinte i cuatro hJiaS, compue~to de menestras de pé~i­
fila calilad i algunas \eCt-S de carne podrida, alojados en los
¡¡itios lilas inmundos, i tr;¡uH1os con tanta tiranfa que llegó á
fijarse b orden de que por c1Ja hOlr;bre que se fuO'ase sería


To"uo Hl. 'C I o




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pnsl110 por 1:13 armas uno de los qqe quedasen, se l'f'sohieron
¡Í i ntcntcu' la fu;a á pesar de los graves riesgos que ofrct:ia es-
ta empresa, cuyo resultado mas probable parecÍ'! uebia ser
el s:lf'ritlcio ele sus días.


Don l',Lnuel Sanehez, coronel de dicho regí miento de
,Cictaria, fue puesto por unanimidad á la cabeza de este teme-
rario movimiento. La desespcracion con que lo principiaron
á las onc,; de la noche del 23 de abril acobardó á los solda-
dos enc.lrgcldos de su custodia quienes sucumbíeron á aquel ar-
rojdo g"lpe. Ar;nados con los fusiles de esta misma tropa salie-
ron en dírtccion de h cordillera con la idea de reunir!'e á la di-
"ision del generlll Rieafort; pero á los cinco dias de marcha
se hal1aron con la sublevacíon general de aquellos pueblos,
cu yos babi tant,s, estrelhándolos en los desfiladeros i otros pasos,
rctidnJoIes los recursos, i haciendo un fuego contínuo sobre
ellos, ks obligaron á rendirse.


ConJud,lús :í Cot3pafaCO habrian sido asesinados en
~!(]uc!la misma nocllC pc!}' sujcstiOll del comandante del depó-
sito de II uUl'mci, si UlIO de los curas (lue acaudillaba parte
de los alza Jos 110 se llllbierJ 0J'ucsto á este bárbaro proyecto.
T~l vez habrian sido mas felices si aquel se hubiera llevado
á efecto, porque á lo menos !labró ceslJo el wartirio que les
estaba reservado. No hubo gc(nero de escarnio, dureza i pa-
decimientos que no sufrieran cstdS desgraciadas víctimas. El
citado coronel Sanehez, los capitanes uon Vicente Aí.ieses í don
José Espejo, í el alféreZ de fragata don Juan Agustin Tbarra
fUeroll separados de sus eOlIlpaíie~'os para sufrir la pena de
muerte 1 b que habían sido rouJcnados por San :\hrtin: ya ha-
lian sido [lucstos tn capilla, y2 e51::..b:m todos eSiJeranc!o con la
m:lS serCiW. edl ma i couformÍlb.el el momento del supIicio~ cuando
á lJs ocho ele la mallalw, en la que dC!li:J ejt:cutuse, se :;!.Jli~­
ron las ruertas de Sil ¡)rision para cO!llullic"rlcs la gracÍ:l que
el co:no;1oro inglés Spencer habia. obtenido dd gencralisi!ll(l
imllrjente.


Pur este me,.lio sJlvaron sus vidas ar¡'Jc11os cu::;tro animo-
ws rc:ilidas l que fuer011 sin embargo cunJtll:J.L[OS á un des-




pr~:': I :3'lI.
tierra ¡lC'r"étufJ en las islas de Juan Fern~n(Ip,7,; pero dcsJe
el rcino de Chile; :í de,nle habicll1 silo trlshbdos vr,hi'''''J'l i
rccLlbruf su libertad á prillcipios de feb¡'cro dc 1 8 ~4 en C2il-
gc de otros prisioneros,


Aunque el general Laserna conocia la urgente nrccsihl
de evacuar la capital de Lima, pCrSLl2 lijo de que ha lJü¡ de
ser inii'lFtuosa toda clase de negociado,n que se quisiera en-
tahLa con el enemigo, no se atrevió sin emb21'go á dcj:lr de
probar todos los medios de una decorosa t1'aJ1'a ion, i con
esta idea accedió á la entrevista pcriOual propuesta por San
Martin en el mismo punto de Punchauca.


Congregados, pues, este caudillo, s ! s,'gun,lo las Hens \ los
miemhros de la comision pacificauora de una i otra ¡¡:.Irte, el
virei Laserna ~ los generales Canterac i Monet, el brigaJicr
Camba i el subinspector La Mar, propuso San IHartill ~que
se declarase la independencia del PenÍ, i que se formase una
regencia presidida por el viró IJasta la vcni,Ja de un príncipe
de la familia real de EspaíÍa, con cuya p.?ticion se ofrecia él
mismo á embarcarse para la península dejando las tropas de su
mando á las órdenes de aquella.;,


Aunque el comisionado Abreu se mostró complacido con
esta pl'oposicion, no la consideraron bajo un aspecto tan li-
s')¡¡jero el general Laserna i otros gefes, quienes vicndo por
el contrario en ella un lazo de perfiJia mas bien que dc un ion
i al'monJa, se escusarOll á emitir abiertamente su contrclria
opinion sohre un asunto tan grave ~ presentando corno pretes-
to la necesidad de consultar la diputacion provincial i ayun-
tamiento de Lima, con lo que salían de la emboscada que
les habian tendido los independientes que parecian resueltos á
detener su persona i las de los negociadores si no mostraban
una predisposicion favorable á SllS planes.


Asi, pues, envió Laserna al dia siguiente otra proposicion
que dejó sorprendidos á los gefes independientes que habian
Iiegldo ya á persuadirse de conseguir su triunfo desde que
!u hi~l11 oido que aquella consu Ita lnbia de pasar por los con-
ductos citados [lar el vire;i. r:Que se suspendiesén las h05ti-




f' ,
1 '.1 I


1i h les por el tiem?o qu~ se considerase necc3ario par:! el yia-
ge de da i vUelta á la península; qUe desde el rio Cb~ncai
al N. gobernasen los enemigos; que el resto, del Pení fuera
r,JgiJo por el gobierno espauol; que el virei despues de haber
nomhrado un:! junta de gobierno á este intento se embarlase
para Euro[Xt á instruir de estas tr:lllsaciones al gobierno de la
metrópoli, pudimdo tI general San Martín hacer el mismo
viage en su compa1l:l si 10 tenia por conveniente:"~ hé aquí
las bases que propuso Laserna, trasmitidas por el general
ValJés i por el brigadier Carcía Cam0a, con instrurciones
de hacer verhalmcnte las reflexiones oportunas sobre su utili-
dad i conveniencia. El primero de estos gefes i el oidor mar-
ques de VaHe hermoso, acreditados ambos por su fidelidad, i
este último por el recto i acertado desempeuo de muchas i
árduas comisiones que habían sido confiadas á su celo, fueron
ineor¡.¡orados sucesivamente á dicha eOiouision paciticadora con
h es¡;eranzade que sus talentos, firmeza i úecision produje-
sen n sultados fayurables á la buena causa.


DcscchaJas las mencionadas proposiciones por los burlados.
indepcnJicnt,:s, i notieíoso tI virei de la violacion del armis-
ti;;io por parte de é.,tos, quienes hicieron prisioneros un ca-
pitan i algunos soUados sobre Huancavelica, i tomaron en
10.5 inmeJiaciones de Lima una parte de los caballu" de husa-
res de Fernando VH que cstaban pastando sin que se consi-
guiese su devolucion por mas reclamaciones que se hicieron
sobre tamniía tropelía; consickrando que el interior estaba
ostruUo por la sublevacion de Jos partidos de Huarochiri,
Yau.YG3 i Jauja; que en Lin:a ib:m de (¡ia en di:.! escaseando
los ,víveres por ti bln;!ueo de mar i tierra; que el espíritu de
inuovaeion habü heeho tan ri;,.tidos prosresos quc :atribuían
sus habitantes tl t;ú,uu!o de males 'lue los afli)a á la per-
manencia del ejército encargado de su defensa, segun lo acre-
ditó aquel ayuntamiento en sus despachos oficiales al misJn.J
yirei ; i observan. lo finalmente que el ejérr;ito sufria una ba-
ja estraor,ji..aria por el estrago qne en el hacian las enfer-
medaJes, i con espeeialiJad la Jisentéria, determinó llevar á




rbz·to su priu~r:l ílea de evacuar la c3piwl á pe~:ir de la re-
sL,t '.ncia lue oponi.ln algunos individuos, ya fuera por un
ceh es,-:c3ivú que les hll('ia ues'conocer el [lE'li~ro, ó ya por no
peder sus i:ltcréses i drjJr co:nprometdas sus familias.


Resuclta ya esta for;;aua medida, que necesariamente Je-
bi:l envüh?r costa80S sacrificios, por cuya consideracian se
lLl:Ji.! ido dh¡rienJo el llnmento de realizarla, pero que pa-
nda J1 justili:..:arh 'por lo cr~co de las circunstancias, dis-
puso el virei La Serna que en 27 de junio saliese el general
Canterac con los soldarlos que se hallaban en mejor estado
ue s:¡lu'! para Lumgu:má á caer sobre IIuaneavelica i Jauja
CO!l la idea de batir la division de Arenales que se haIluba
en aquel valle; mag éste se retiró luego que supo la aproxi-
madon del gefe realista, quien llegó el 22: de julio al dicho
valle con solos 500 iMantes disponibles i algull3 cnbaHerfa,
en dOllJe se le reunieron los dos escuadrones que estaban á
lds 0rJcnes de don José Carrat:l1á.


Nos parece ser este el lugar mas oportuno para hahlar de
h brillante campa:ln sosteniJa por este digno gefe rontrn Are-
nales. Despues de haber restableeido el órden en la provin-
cia de Huancavelica, á principios de aflo, i de haber reorga-
nizado en ella todos los ramos públicos quehabian sido CH-
teramente trastornados por los disiJentes que la habían inva-
dido poco ántes, S~ habü unido con un batallan i un escua-
dran á los generales Ricafort i VaLlés en el valle de Jan ja
para operar sobre el flanco izquierdo del enemigo que ocu-
Plba entonces los pueblo" de la cost!! i parte de la sierra al
N. de Lima. Mas h!!biénrlose retirado por ónlen del drci di-
chos dos generales, quedó Carratalá encargado de cubrir i
defender el importante millnal del cerro de Paseo, ¡todo
el pais de retaguardia que forma el centro del Perú, i se
compone de una parte de la provinda de Tarma al S. del
espresado cerro i de hs de Huancavelica i Huamanga.


Para tan delicada operacio;¡ tenia tan solo 300 caballos
algunos de ellos inútiles, i 4c ° infantes distribuidos en ya-
rios de~t:lc:lmentos, seiÍalauamente sobre el territorio de Can-




gallu ¡ c" ye'3 in !ios ¡bundos l'lJro':!!'{('OS, L:lbian p('r::"\;-:c~
('i·lo u·¡ ;}Lr¡'lÚUO esta,lo de lncln ([(:s le el ::!rO I,j i ,'t]' tin


L ..,. '"1 1 - -~ ... ,


scio se s::)jnctil:ron sínccramvnte ~¡ la autori Ld n'aL el el 22
al farol' de bs enérgicas medi,las tomadas por dicho Carra-
Ltlá, encar:~ado de su paeiJ:earion,


La suerte de esta columna fJ:1fcé'ia muí comprometida si
cvmo era de temer, se presentaban conUa elLl impollentes
fUCE1S de las ¡;¡ue podian disponer los eU2mi;os, ]Jitn il\1l1r-
m:dos éstos de su estado de debilidad, destacaron al coronel
Arenales con tEn rli,iúon de 2500 homhres, segun ha sirlo
índic.ldo anteriormente, con la que dab:l!1 por Begura ]a des-
truccion ele los .realistas, el libre dominio del mencionado
mineral, i el goce de sus productos metálicos. Ni se limitaba á
(:"to colo d plan de Arenales, sino que se estcndia á su ble\'ar
aquellos hermosos p:1ises \ de cuya adbesion á sus ideas no
c1Lrhln, i á posesionarse Lle 1::8 avenidas de Lima á la sierra
p,: n hostili:'::Jr desde las ciuns de los Ancles los tristes restes
d,,) cj ;I(~ito e3pallol, que presumía habi:m de verse precisados
áCVclCU:lr la capital.


Ll posicion eJe hs débiles fuerzas del coronel Carratali
era sumamente critica i aventurada; todas las probabilidades
ele b gT::rra est:lban en su contra: batirse contra una divi-
sion tan numerosa parecia temerario arrojo; su retir~da se pre-
Sentaba tan difícil como su defensa; mas nada arredl'() á este
hi~Jrro gefe en la carrera de la gloria. Aunque el virei le
habia ordenado se replegase sobre el Cuzco si no podia ha-
cer frente á sus contrarios, tomó sin embargo b3jO su
LSjJOl1saLiliebd sostener el C31llpO ha.ta el último estremo,
rafa (['le los designios de los rebeldes no tuvi2sen el fdi:'.
(umpl i :uiento que se ilahian propuesto. Como (stos se n~eo­
nadan mui sUiJcriore" en fuerza i opinion se llenaron de
g07,O cuando viere,l la cibstinacion de Carratalá en no sus-
tl"<!t;t'se c()a una pronta retirada á su activa perseencion.


Ll p1"l1(!encia aeonsej:lba que se huhiera adoptado este
partUo; C:l el cálculo mas utrevieJo no cabia la espr.r:1n%'l de la
vi,:tor;:\; pero eonsderilll'lo el gefe realista que (le abanr!'Jnar




l' r ¡': 1 ~>: I • 1 (j-
.-


i'Fl';ILs pf8'.illCi"s ¡:oc!i1 dimanar la pérdida dd Perú, se
ofnc¡:; en !w!JCJusto para evitar tan terrible crisis. Animado,
pl'C,' , d2 un grl,Jo de rcsolucion que le hizo altamente reco-
men ':!h!e , cO!líi'J tJdav{u en que la fortuna no corresponde-
ri:l (")11 dC3,len :i b no!.JJez3. de sus sentimientos, i que la mo-
viIi ¡ad i esfuerzo de sus soldados le sacarian con honor de
a fue) [¡;'U r¿¡,h lance. Fue con efecto cstraordinaria su acti-
v¡.¡~ 1; sus ;¡lOvimicntos estratéjicos surtieron prodigiosos efec-
tos; Lt" SOi'¡ll'es:ls 1113 dió al cne!uigo fueron desernrelladas con
acierto i felici,!;¡J; i con SIl const:mcia i esmerado celo Iog1'6
cont3ncr sus im;m!sos, i asimis:llo los tle los pueblo., entre-
tenienJo á 11'.10S i á otr03 por el espacio de ochenta i cinco
dias, hasO qu~ lubien lo c:IIprenJiJo la primera division al
111Jn10 del general Canterac su marcha sobre el valle de
J ::wj:l, logró apoyarla tan oportunamente, que Arenales hubo
de rctiraróe Jcslluc:s de llabcrsufrido considerables que-·
br:tntos .


.Fue tan brillante el mJrito contmi;Jo por csta esforzada
columna que los insurgentes aseguraron en sus escritos, i
aun el mismo }Iiller en su, mcmoriJs publicad.ls en Lóndres,
que su fuerza no bajaba de 4000 hombres, por .juc no de otro
mojo les parecia poiible una resistencia tan heróicu contra
ti 3°0, de qu¿ se cJmponia tiitima:net1tc la del cita [o A,"c;l:l-
Ls, Tal 17,;Z de la men,;11J (Iue l'elbycí sobre Lts dLlns rc:lnl-
des en haber síJo cO:Jlpltt:li11;ntc ¡n:":!1izucLs l!Gi" un pl;:L'.:·)
dc valientes. dim.ul':Í Lt a¡Ü,llJSUaJ i e:nl)ejo con une: tra~a-


. < <


l'Gn sucesivamente de cmpdl1.tr el lustre ele b C:lrrer.l I;:::lur
del indica,lo CarrataLí atribuyéndole actos <le enJó.l.hJ, (pe
€stul'ic:rO:l siempre bien disul1tcs de .m 11:)1);,: CCiT:C:1.


El di:l 4 d" julio :lllUllCi j el YÍrci ~;j 8:;2i IJ él:: Li,:n por
medio de lLl:l Cd')Sl j liLttltr')pil~3. 1'ro(':lm.1 (¡U~ CO!130 i ;d,j la
buena opÍllion de qlle ya gn::;)a en el paió, i escit\; 1.1 a~!­
miracion de 103 mismos en::mido3; al siguiente día o{;ció al
general San Martín haci,(ndole Eaber clue el lUári,cdl ele ca:ll-


[lO ~ man[ués áe iffonfemr'ra , t t'CTílG (( kj~ á f¡ m;S¡:i:? C¡[l-
,L,l: '-[licu:.¡]Ja t:Iicargado de con:ei'var la tranquilidad, hasta




rr'~!'; l'_':'~ l.
que entr¡,ndo d con sus tro[lJs diese Ls órdGllcs ncresarl'3
pL'] 'Iuc a~uel/'¡ no se alter:¡se, i r,;coJl1;;n,!:ín·hle la obol'r-
YJnl'¡a de !3S leyes gcn;;ros:ls de la gu::rra en eUJuto corn.-
pl'Cll1i:u ;{ ! 000 s,¡ldat!c>s en t\'1'IllOS TIC '1w~daban en los 1]05-
pitales i ;,<11 porrh¡¡ de fllni:[,s, solJre hs que de nbgllfl
molio debia recaer el óJio i prr3c:cul'ion de los independien-
tes por haber sido fides nI gohierno l"gítimo.


El diJ 6 fue evacuarla di;;ha CÍurh.1 por el virei dcj'UlLlo
1 1 (. \ 2000 ¡JO:U:'fe5 un'l graa P:li'tG de ellos Cnfl~r¡l1:)s) p1ra gnar-
Jl~cet' los fllert"s del Cl!LIO á bs órJt!:les del mari"cal de cam-
po don José LaliUl', quien por su caJi lau de suhi'lspcctor de in-
fanterÍJ. i caballGría era gobernador nato de aquella plaza; i aun-
que SLlS abastos eran escasos, se creia que pudieran ser aumen-
tiEtoS con algunas p1Itibs de eomestibles sacadas de los bar-
cos estrangero3 surtos en aquella bahía, cuya venta sería ase-
quible sielllflre que con Sl1 alto precio se halagase el primer
móvil ele los negociantes, que es la utilid:d i la gananei:J.


Puesto el vird á la c:lileza de su débil ejército, com[mes-
to en gran parte de convalecientes, se dirigió por el partiJo
de Y,myos al valle ele JaujOl, á donde Hegeí el 4 de agosto,
hOlbién!o esperimentado tan consjJ~rables bajas en el difícil i
penoso paso de los AfilIes, que reuuido con las tropas ele Can-
terae, se contaban eseas:J.meatc 40CO hombres inclusos lOi
cnflmnos (1).


e') Al cruzar la cordillel3 oe los Ande. del Perú se suden padecer
.lus lU:llt's, que son el pasmo i el mareo: este últimu es mas '::01111111, ('S~
pecialmcutc ~i los que YlenCn de los lerrenos bajos i c~í;itl()."i de la costa.
I .. a ~;ltih.·za del aire Lil esta atm'hfe1'3 c<Jluprimc la respiracion i la pone
sumamente lr-ahajDsa, rell.-d)b la p;]! pitarion , acelt ra 1.1 cilC'1I1aClon ,haCl~
que se surran intc;¡soS oO:ÍJ-/'cs de (',abf'za, fJue n~l}u~t'1l p,'onto I{JS l'a."O.i,
¡que algunus pdcit~lll('~ rcbi~nten 3l'Lí'januo SJllg-rf'i poe boca. ojo.; i nari-
ce.). Esta {;-s una vCl'Oadcl'rl snr ,caclon, que ataca asjllli~ulo :( los aninlales
por poco qne ~e les l[uie1'3 tt,l'lar -en ~u.-; cargas ú en sus rnarcl13s. Las b:l-
jas del corto f~Vlcit() de La Serna fueron ruayores á causa de lwHar~e tlU;t
grao l'allc de sus s01dadcs todavia en cbtado de convalecencia.


Parece (lue las \'enas de p~'tc.i0sos luetalc5 i de antiuH)uiu., que CrUl31t
)'Ol' lodQ d teni,oúJ ud r'\:lÚ , son la, qu~ r~l',,,,,n Cota c~JldJí"acil!ll at-




PEI\¡;: 1821.
En 15 de este mismo mes de agosto fueron sorprendidos


I,OS suhlevauos de Cangallo en la hacienda de Quircamachai
por el bizarro capitan del Imperial Alejandro don J um James,
sin que hubiera podiuo salvarse un solo individuo de tan hien
combinado golpe: esta brillante empresa fue de la mayor
importancia en aquellas circunstancias; se desalentaron las
partidas rebelues; se habilitó con los despojos ue éstas el es-
cuadron de San Cárlos, que se hallaba desmontado i sin ar-
mas; los prisioneros de dicho punto reeemplazaron las bajas
de h infanterfa realista, i de este modo qneJó la guarnicion
de Huammga, !llliléh'h entonces por el coronel de milicias
don Gabriel Herboso, cn estado de desafiar to,lo el poder de
los osados cuadrilleros.


San Martín ocupó á Lima en la noche del 9 de julío,
noche seÍIalada por el autor de la naturaleza con un temblor
de tierra de los mas fuertes i de mas duracion que se hayan
sentiuo en aquellos ¡nis3s donde son tan frecuentes: aciága
noche en la que Ill'HeÓ el Criador supremo con indelébles
caractéres de luto i horror su desagr:1'10 divino contra los im-
píos é infieles vasallos del Monarca español; noche terrible
que aguijoneó las criminales conciencias, aun de los menos
crédulos, é hizo tituhear á los m1S arrogantes republicanos,
al paso que dió :.tliento i consuelo á los que no se habi:ln se-
parado de la senda trazada por la lealtad i por la virtud al
ver esta tácita aprobacion del cielo sobre la nobleza de su
causa. MiS bien pronto olvidaron los independientes esta es-
trepitosa 1eecion, i se les vió caminar bajo tI pie de la mas
segura confianza en el triunfo recientemente conseguido.


Antes de referir las operaciones del virei desde sus nuevos
cantones i las de los defensores del Callao, daremos una VlS-


D10sfúJ'ica, lan cO:itraria :1 la ::;:;ahd , i .iD prueba b circutl;:;tanci'-l di: S('!
n}uc~1O nl(~nOIi sensibles sus eL_~:.,t'.)s en los punttJ~ de llla'ydr dcracioo de
la cordillera del Chile i aun "n la Sierra de Pichincha i demas llIrllltaüJS
ce Qllito. Dichu mareo es conocido en el P li, con el nom ure de zOl'oclw,
i '" Ut:ga;Í ,'spcriml'ntar hasta en algUllllS l,oblaciones bajas siluada. so-
l)j'C U'r rPIl')S mctalifcl'OS.


TOM.O rIL. \1 2




1'70 PERÚ: 1821.
ta aunque rápida de las emprendidas por los llamados patrio·
tas en las provincias del Sur. El 13 de marzo se habia he-
cho á la vela desde Huacho lord Cochrane, llevando á bordo
del San martin 500 infantes i ¡jo soldados de caballería dc,;-
montades, mandados unos i otros por el teniente coronel lHi-
lIer. En la noche del 21 del mismo mes desembarcó en Pis-
co esta columna reforzada por los soldados de marina. de la
escuadra, i ya el dia 26 fue ata~ado el ~apitan ricleJa, que
se hallaba en Chincha con una compailía i algunos caballos,
por un destacamento realista que se había aproximado á su
reeonocimien too


Informado el virei del desembarco de estas tropas, man-
dó salir de Lima al coronel Garda Camba para rechazar sus
ataques. Se situó este gcfe en Chincha alta, ocho leguas al
Norte de Pisco, en cuyo último punto se habian establecido
los independientes. Reforzado asimismo l\'IiIler con algunos
esclavos negros que halló todavía en las haciendas, estuvo
maniobrando varios dias sin atreverse á venir á las manos
con los realistas, i se pasaron algunos mas en simpks esca-
ramuzas por haber caido enfermos simultáneamente Jos gefes
de ambas divisiones. Si bien los patriotas evitaron el comba-
te, no dejaron por eso de ejercer con fruto su espíritu de ra-
pacidad: cien esclavos ~ 69 duros, 500 botij¡¡s de aguardien-
te, I:él cargas de azucar, gran cantiúad de tabaco i otros va-
rios géneros robados de las haciendas, perteneciesen ó no á
esparloles ó naturales d€! pais, fueron el primer fruto de aque-
lla correría.


Agravándose la enfermedad de Miller, i hal:ándose la
tercera parte de su columna atacada del mismo mal endé-
mico de aquel pais, se resolvió su reembarque, que se veri-
ficó el 22 de abril con Ia esperanza de que un paseo marí-
timo le, volveria la salud de la que les habia privado aquel
insalutífero clima. Se hallaba este convoi en 6 de mayo á 25
Ó 30 millas de Arica, cuando haLiendo sobrevenido una gran
calma, i hallándose el citado l\'Iiller aliviado de sus dolencias
del mismo modo que sus tropas , determinó hacer algunas




PEnú: 1í32t. 171
tentativas de desemharco en aquellas costas. Sus dos prime-
ros ensayos estuvieron para costar la vida á este gefe i á una
porcion de sus soldados, que ;favorecidos por la oscuridad de
la noche: lograron desembarcar entre las rocas. Todo el afan
de los patriotas se dirijía á apoderarse de una porcion de re-
cuas que habirtn visto pasar en direccion de la citada ciudad
de Arica, i que suponian iban cargadas de plata ó de obje-
tos preciosos; mas la desmedida codicia casi siempre se estre-
lla en la insensatez de los que dejan dominarse por ella; i
así sucedió en esta ocasion en que no solo vieron Jos inde-
pendientes malogrados SLlS ignobles proyectos, sino que es-
tuvieron sus principales gefes al borde del precipicio.


Figurándose que la fortuna les sería mas propicia en el
Morro de Sama se dirijieron á este punto, en el que desem-
barcaron sin dificultad i se prepararon á hacer sus acostum-
bradóls corrtrfas i depredaciones sin embargo de la gran de-
bilidad de sus soldados, como un resultado de las calentu-
ras intermitentes que acababan de padecer. D€spues de ha-
ber recorrido aquella montana con indecible trabajo, lle-
garon á Tacna que se hallaba en un estado completo de des-
prevencion. El mayor Soler, que se habia dirijido á Arica
por la costa, alarmó la guarnieion en términos de haber
en.lcuacl.o alltltlla ciudad apenas se su po la aproximaeion del
gefe insurjente; pero componiéndose ésta en gran parte de
milicianos i tropas débiles, halló Soler una plausible ocasion
de engrandecer su mérito guerrero COIl la agrcgacion á sus
filas de 4 oficiales i unos 50 solJaelos, asi como con la apro-
piacion de 1209 duros que halló cerca de Loculllba, úe
otros 49 que: sacó de la aduana, i de ;:;009 m:lS en crespone3
i géneros de la India, vinos i aguardientes franceses, cerve-
za inglesa, i otf'.l5 ricas mercancías, que por el tirál1ico tri-
bunal insurjente: fucl'ul1 decbradas de propiedad espaiíob para
apodetarse de ellas sin eSI~rlL,i.Jlllo i lueer este uuevo obsequio
de rapacidarl i uevastacioa al gran almirante de las fuerzas
chilenas.


Habiéndose unido á esta sazon á MilIer el teniente coro-




172 P!!RU: 1821-
neI Landa ~ que habia sido hasta entonces uno de los ameri·
canos mas decididos por la causa del Rei, pudo estender con
acierto sus operaciones á beneficio del conocimiento práctico
que tenia dicho Landa de aquellos paises. Ansiow el gencrd
Ramirez por arrojar de la costa á estos revolucionarios, dió la"
órdenes mas premurosas para quP, el coronel Lahera saliese ue
Arequipa con todas las fuerzas dis¡JOnibles, ofreciéndole que
se le reunirhn en el camino algunos refuerzos de Oruro, se-
gnn le habia prevenido al coronel tic! centro don BaldomerG
Espartero. Aunque Labcra escasamente pudo reunir unos 350
hombres tan atrasados en instruccion i disciplina como en li!.
práctica de la guerra, no titubeó un momento en cIar ejecu-
cion á las órdenes superiores; pero como no tuviese la ma-
yor confianza en estas tropas colecticias, i si en las de Oruro,
con cuyo comandante le unian los vínculos mas estrechos de
amistad, le escribió en particular pidiéndole lo mas escogido
de su cuerpo ya que estaba autorizado para ello por el ge-
neral cn gefe, porque de otro modo tcmia que el aventurero
Miller se burlase de sus esfuerzos.


Salió al momento de Oruro una columna de 150 valien-
tes granaderos i de 50 cazadores., capaz- por sí sola de fijar
la victoria aunque hubiera debido combatir con dupla fuerza:
su comandante se habia adelantado á Midbe, en donde se
habia situado Lahera, á anunciarle la proximidad de aquel
refuerzo, prefijándole la hora indudable de su llegada. Ya á
esta sazon se iban aproximando los enemigos con fuerzas
mui superiores; pero como la posicion de los realistas era
bastante favorable para sostener el fuego hasta la incorpo-
racion del citado rcfuer.w, no rehusó Lahera el comba-
te, seguro de que las tropas de Oruro habian de completar
el triunfo.


Se travó el choque -con el mayor empello; llegó la hora
designada por el comandante i no se dCicubrian las tropas de
refuerzo; conociendo Miller la debilidad de los defensores,
forzó el ataque i se arrojó con el mayor denuedo sobre elles,
los que si bien hicieron prodigios de valor, acreJitaJos con la




PEl1t: 1132\. 1'j3
muerte de ¡¡6 Í¡¡c!iviJuos i J 56 heridos 1 no pudieron dispu-
tar largo tiempo la victoria i los cortos restos de aquella fuer-
za que fueron mui pocos infantes i 80 caballos se saharon
con ü fuga. El tan deseado refuerzo l que habia retardado su
llegada por haber equivocado el camino aquella noche, pare-
ció á l~ vista del campo de batalla en el ú¡ timo perior[o de
su derrota; i aunque a(luellos valientes ansiaban por salvar
el lustre de las arlllas espaiiolas 1 como eonocian sus oficiales
10 arri,~sgl·10 qUé poli:! ser la prov"cacion de un enemigo
ensoberbecido con b superiorid,id numérica ae sus arlIlas i
con la victoria recientemcnte obtenida, resolvieron su replie-
gue á sus cuerpos respectivos.


Irritado el pundonoroso Lahera por el inesperado malo-
gro ele unos planes que lubian silla combinados ~on todo el
cálculo de un buen lililitar, corrió rápidamente por Moque-
lu¡::¡ ácia Pun C) i renuir una columna respetable para arran-
cur COI! ella de hs munos del orbullúso enemigo los triunfos
gllC él a.~ar i la fataliJarl le habian proporcionado. Aunque
el gobernadur de lHoqllchua 1 Portocarrero, se pasó á esta
sazon á los rlisi.lentes 1 nada arredró al of~ndido Lahera para
volver como un rayo por el ho¡¡or de sus armas. Ya se ha-
bia avanza:lo con unes 600 hombres á cuatro leguas de Tac-
na, dun,le se haUaba :tliller, cuya ruina babia sido irrevoca-
blemente llecrdada por la deCÍsion del gefe realista i por el
esfuerzo de su bizcirn di¡'¡sion, cuando huho de regresar
á Santiagü de :lTachaca 1 por haberle sido comunicada la no-
ticia del armisticio de Punchauca en el momento mas crítico
en el Cple jiu á al..;auzar una segura victoria.


LilS tropas de ]'liller ascel!dian en este momento á 90:;'
hombres, no induyendo en este ntÍmero varias partidas de
guerrilleros, por medio de las cuales tenia ahierta la comuni·
cacion con el famoso Lanza del Alto Perú. Sus puestos avan·
zadus llegahm á 14 leguas de Arequipa, T 2 de Santiago de
Machaca i á pocas millas de I,¡uiqlle. Habiendo atmn,~ia.jo el
eoronel L:.thera oficialmente en 15 ele julio la renovacion de
las lIOstilidades 1 temió lVIiller no poder resistir á este for-




1 ~ ", PEr. (r: 189, J •
midable enemigo i resolvió por 10 t:mto su retirada.


Reunidos los destacamentos que tenia en dh'ersos pun-
tos, enviando á Arica sus enfermos ¡pertrechos, i dando or-
den para que tomasen aquel rumbo los tres únicos berganti-
nes que habían qued:Hlo en no desplles de la sa\ich de Co-
chrane á tener una entrevista con San Martin en Linn , mo-
vió su campo en la noche del 19 con direccion al citado pun-
to de Arica.


Al IIegar La llera á Tacna, se vid precisado á dar un
corto descanso á sus trop::zs, tanto pOI' 1:1 necesidad que de-
bían tener <18 él ,L:s¡mes de h::zbcr hedl0 do~ IIl1lrc!lJS suma-
mente penosas, Como por lo conveniente que era tomasen
nuevo aliento p:ua cruzar el inmenso arenal que di vide este
pueblo del de Arica: á esta inevitable demora debió Miller
su salncion, porque pujo lleg'lr O;JOrtlmaillcnte al cital.lo
puerto., pasar inmediatlmeute á hodo de UlU fi".J!cta anglo-
americana de 300 tonela,las, apoJel':lr:;~ de clb á disgusto
de su capitan., asi COlll') de otro~ tr8'; lnques mercantes ~ i
verificar en ellos el embarco en tojo el día i noche del 2 I
con tanta felicida({, que al salir de tierra la IÍltimu lancha
parecieron ya los realistas sobre la costa.


Puesto en salvo Míller· con sus tropas, formó el plan de
desembarcar en Quilea i de marchar rápidamente sobre Are-
quipa, cuya guarnicion habia siJo enviada por el gencral
Ramirez á Arica; pero reinando un· viento impetuoso que
impedia dar ejecucion á la maniobra sohre el citado puerto
de Quilca ~ i no pudiendo demorarse á bordo de sus buques
porque sus provisiones i agua escasamente alcanzarían á tres
dias, rcsolyió volver á Pisco. Al anochecer del 10 de agosto
entró en aquella bahi8, i ya al dia siguiente antes de rayar el
alba se hallaba aucIlo de la villa por ab:mJono que hicieron
de ella 50 realistas de caballería, únka fu~rza que la guar-
necia. Careciendo l\1i1ler de trasportes~ no pudo emprender
su marcha hasta que la fortuna le deparó llna recua de 50
mulas que habia salido de la capital en busca de aguar-
diente.




PEru': ]891.
El teniente corone! don Ju:m 8antalla manddba á aqnc-


!lo. S3Z011 el Jistrito de 1 ca; pero cOUJO sus fli.,rza, trall lilUÍ
inferiores á las de los patriotas, hubo de levantar el campo
apenas Stl aproximaron Estos á dicho punto. Deseu briendo el
referido Santa11a que los enemigos con sus marchas forzadas
le habian cortado la retimrl:1 por el camino de Palpa á Are
quipa, oe retiró pr~cii)i:l\hmente ácia las montanas; IlJas
o:.:umo los inuios morocllUcos, seducidos r-Je antemano por
Miller, se hu hieran :1poderado en completa sublevao:.:ion de
las cimas i gargantas de aqudlas sierras. se v ió en el apuro
de volverse por tI camino de la eosta, perdiendo alguna
gente en Copari á !llanos de los disideIJtes.


Uabiendo salido en persecueioll de arjuella eolumna los
capitanes Plaza i Carreño, sorprendieron á la meuia noche
en Cahuachi, distante 3 leguas de Nasca, á los restos del
citado San talla , quien pudo salvarse de aquel funesto golpe
con unos CU:llltos de los mas dijigent~s j prev~nidos, que-
dando 103 ¡lemas mucrtos, heriJos ó prisioneros.


Como ya á este tiempo se hubiera divulgado la noticia
del movimiento del general Canterac desde su nueva posicion
de Jauja, de que va á tratarse, dejó '\1ilIer al mayor Videla
por cüm:mdante interino de sus tropas situadas en lea, i
se dirigió :í la capital figurándose que su preseneb podia ser
tÍtil á los patriotas para rechazar cualquiera ataoiue que los
realistas pudieran intentar contra aCIuella ciudad.


Siendo para el viró Laserna un objeto de preferente
atencion el sflsten de la plaza del Callao, en la que no se
Iwbi:m podiL~O encerrar tojos los víveres que se necesitaban
para Ull largo sitio, determinó apenas llegó á los valles de
Jauja envicir una espedicion respetable para intro lucir en
ella cuantos socorros fuera posible al gefe que la eonducia.
Era del mayor interes esta operacion, tanto por el número
de tropas qne habian quedado para guarnecerla, como por
las muchas familias re'llistas que alJ[ habían buscado un
abrigo contra las desapiadadas falanges de los independientes,




i asimismo por las muchas arlllas i municiones que p,staban
depositadas en aquel redllto.


Era tal ei empeilo del virci por salvar de las manos de
los enemigos este formidable baluarte del Perú, que quedan-
do solo con unos 1000 hombres en sus nuevas posiciones,
la mayor parte inhábiles por sus c,tferm~d'l'¡es, entregó todo
el resto de su ejército al general C~nterac para que llevase
á cabo aquella importante empresa. Con 2000 infantes,
850 caballos i 7 pie..:as de á cuatro se puso en marcha el
referUo Canterac en 25 de :lljost'), llevan.lo por g::fe de es-
tado m:lyor al entonces coronel don G~ró¡lilllO \[al/és. Se
reprodujeron las inevitables penalila.!es propi1s del paso de
los Andes; si bien fueron ahora menores, porque la varia-
cíon de los terrenos altos á los bajos es menos sensible, i
porque la permanen·.:ia, aUW¡u'3 corta, de las tropas en aque-
llos sahdables paises les habi:t lubia d;do un1 robusteZ que
no teni:m á su salila ue LiaH, Si¡pien,lo su lllilrciu:11 u ella
bizarra di vis ion sin que la arredrase clase alguna de obstá-
culo se hallaba el 23 de setiembre en el pueblo de Santi:Igo
de Tuna, distante 16 leguas de Lima. Desde este punto se
separó el coronel Loriga con to1a la caballería i 250 infan-
tes en direccion de la quebrada del Espíritu Santo, i al
mismo tiempo marchó la infantería por los altos de la de
San Mateo, siel1l1o el objpto de estos movilllilJutos el de
ocultar al enemigo el verdadero punto por donde pensaban
los realistas desembocar en la costa.


El general Cunterac varió su rumbo al anochecer ácia
la izquierda, i forzando -el paso de sus tropas lleg1 á reu-
nirse el dia 5 en la CieneguilIa con la columna de Loriga
que le hahia precedido des¡mes de haber batido cuatro com-
pañías de los diúdentes, que habian intentado ostruirle el
paso. E'iguiendo esta division su movimiento tomó posicion
en el Late en la maiÍana del 7: el ejército contrario estaba
acampado á media legua de distancia; su númerJ no bajaba
,d?, 7000 hombres de tropa de línea, reforzados por Ilna




I~'" ) J
multitud de guerrilleros ó cuerpos francos, que se graduabt
de mas de 3000: se estcndian desde la chacra de iUendoz~l
hasta quedar completamente interpuestos al Callao; (l c lJyo
punto no podia penetrar Canterac sin forzar aquellas terri.-
bIes masas. Este general i el coronel Valdés se adehnta ron
el dia 8 sobre el campo enemigo, apoderándose de las altu-
ras que se h;dlan entre la hacienda de la Malina i la llanura
del Cascajal: se creyó que aquel movimiento causaria otrl)
de parte de los indep¡;ndientes; ma. se "ió [lcr el contrlr1f1
que quedaron firmes en sus fuertes posiciones, teniendo Sl!
flanco izquierdo i frente cubierto por el cimal llamado ri<J
Surco ~ su derecha ~ que S~ estendia por el camino real d~
Lima á San Borja, resguardada por V'lrias órdenes de tapias,
i su caballería, situada detras de su derecha i de la3 altum.
llamadas dd PinQ.


Era necesario crUZilr el rápido é invadeable rio Surco;
pero sus dos únicos puentes estaban á retaguardia de la casa
de Monterico ocupada por los enemigos; i aunque era grande
la confianza de Jos que defendian este punto respetable, ce-
dieron sin embargo á las brillantes cargas de los realistas,
quienes camparon apoyando su derecha á las alturas q1lf~ do-
minan la llanura del Cascajal por donde habian d~semboc¡l~
do. El gefe de estado mayor Valdés hizo por la noche un rr-
conocimiento sobre los enemigos empeñando un vivo tiroteo
para conocer sus verdaderas posiciones i movimientos. Ha-
hiendo arengado al dia siguiente por la maíÍana el general en
gefe á sus tropas manifestándoles la necesidad de mostrar,r,
dignos soldados de la causa que defendían, mande) en segui-
da que marchasen pOI' líneas por la izquierda en tres colulll-
nas paralelas, la primera de caballería, la segunda de infan-
teria i artillería, i la tercera de una pequena resen;a con el
bagage, i al liegar á la cabeza del Tambo variaron rapida-
mente á la derecha marchanao por el camino real á apoderar-
se del puente sobre el citado rio Surco, distante dos tiros de
cañon de la posicion enemiga.


Ejecutad·o este mO'fimiento con toda la maestría capal';
TOMO IlI. 23




por sí sola de dar opinion á los gefes que lo dirigieron ~ que-
daron sobrecogidos los rebeldes, quienes en vez de proceder
al ataque efectuaron un cambio de frente ~ conservando siem-
pre su posicion cubierta pc>r varias órdenes de t1pias; i al
ver la impavidéz con que los realistas despreciaban toda clase
de obstáculos, se corrieron por la tarde sobre su derecha has-
ta apoyarla á la muralla de Lima, i estcndimdo su izquierda
hJsta la chacra uel Pino. Como el general Can terJC ohsclvase
que desde la nueva posicion del enemigo eonuueian varios cami-
nos á ret:lguarJia dc los espauoles mandó llacer otro cambio de
frente, con cuya oportuna maniobra quedaron burlados cuan-
tos proyectos hubitran podido concebirse en favor de la eau-
la rebelde.


Persuadido el referillo Canterac de que no entraba en los
planes de San Martin salir de sus fuertes posiciones para ata-
carle, determinó dirigirse al Callao por uno de los lllas finM
movimientos de estrategia: aparentando él en persona con
toda la cabaIlcrfa i (los piezas arrojarse por San Borja sohre
el campo enemigo en tanto que el gefe de estado mayor Val-
dés i los comandantes de dhision 1Honet i Carratalá se cor-
rian rápidamente con el resto de las tropas entre el mar i la
Magdalena ácia Bellavista, creyó el enemigo que el general
realista iba á cometer la imprudencia de atacarle en sus líneas;
mas cuando estaba saboreándose con el placer de un seguro
triunfo, se alejó la caballería, i llegó por San Isidro á reu-
nirse á dicho punto de Bellavista con la infantería, que al
mando de ios citados gefes habia negado con antelaeion
despues de huber arrollado un batallan de los patriotas, que
halló á su tránsito. Superado este último tropiezo, pasó aque-
lla valiente division á acampar bajo los fuegos del Real Feli-
pe, i á descansar de sus penosas fatigas.


El sitio de esta plaza habia sido estrcGhado desde el día 6
Ele julio por mar i por tierra de modo que estaban ya consu-
midas casi todas las provisiones que se habian podido pro-
porcionar á fuerza de teson i sacrificios: la marina espaíÍcIa
Ya no existia desde que la corbeta Sebastiana í bergantín Pi-




J'rn¡;: 1,s21. 170
:mela llabi:m sido desmantelados _ i desde que el di.! 24 del
mes de julio lJabia tratado Lord Cochrane de COmpCf13ar h
pérdida de su navío el San I\1artin que se había ido á pique
en Chorrillos con túda la. artillería, trenes, parque i c'lrgJ.<
mento de trigo, con haber quemado á la<; once de lrtQocbe
las fragatas mercantes 111ercedes i Piedad, surtas en el mis-
mo puerto, i llt;vádose á remolque á las jlilag¡'o, San Fer-
nando i Grampos del comercio de LiJiza ,en cuya operacion
parece fue ausiliado del mismo modo que lo hahia sido parl.
el apresamiento anterior de la EsmeralJa, por la5 embareacio-
nes menores estranjeras que se halblxHl fondeadas en h líne:!..


Tanto Lord Cocluane como San l\lartin habian intimado
repetidas veces la rendidon á dicha plaza del C,lllao, i siem-
pre se les habia contestado con el tono de firmeza i dignidad
que es propio de esforzados i pundonorosos militares. Las tro-
pas bloqueadoras habían establecido en huena posicion algu-
nos obuses por medio de los cuales habian principiado á in-
troducir bombas í granadas dentro de las fortificaciones. En
el dia 9 de agosto se hablan presentado en dicha plaza lo.
diputados de la junta de pacificacion á celebrJr nuevas confe-
rencia que no produjeron el menor resultado favorable tÍ los
sitiados.


Viendo los insmjentes el indomable tesan i constanci!l
del gobernador Lamar i de sus decididas tropas, concibieron
el proyecto de apoderarse de la plaza por un golpe de mano:
aprovechándose del momento en que la guarnicion iha por
agua al muelle, que era á las diez i tres cuartos de la maÍJa-
na del 14 de agosto, salieron de J3el1avista tÍ escape violento
contra la puerta principal del Real Pelipe unos 300 caballos,
á los que seguían tÍ paso de trote sobre 1500 infantes en tres
columnas.


Por rápida que fuera esí2 maniobra, se habÍ:!. logrado le-
vantar el rastrillo dos minutos antes de la llegada del enemi-
go: la avanzada del Ovalo que mandaba el teniente de 11n5:1-
res don Pedro Gonzalez pudo salvarse á h carrera i en dis-
persion arrojándose al foso; la de zapadores se rcple¡;:í al cas-




,So PE);l"": 11321.
tillo de San Miguel; la mayor parte de dieha guarnicion, que
llabia salido de sus recintos tell busca de agua, le tía i forra-
ge¡;, se salvó asimismo tirándose tambien al foso. La caballe-
ría enemiga sufrió poco quebranto por la velocida:! con que
supo "'a'llocarse bajo los fuegos de los castillos i meterse den-
tro Jel pueblo (1) : una parte de los que lo habitaban se ar-
rojaron al mar para salvarse sobre sus botes; el brigadier
don I\hriall.o r~icafort, que habia salido á hacer algun ejerci-
cio con el ausilio de sus muletas, fue acuchillado hasta qutj
Jándoac á conocer á los rebeldes se contuvo su furor, t fu~
puesto Cil ancas para ser conducido al campamento de San
J'Iartin. Una bah salida de las filas realistas atravesó el pe-
cho Jel soldado encargado de la persona de Ricafort, quien
aprovechándose de tan favorable incidente se dejó caer en el
me lo , de donde fue recogido por el comandante del fuerte de
San ~'Iiguel, García del Barrio, el cual libertó de su fatal des-
tino con un:.! opor1l1m saliJa á e3te benemérito general, así
(:GIUO á otros varios sugetas que hahían sufrido igual desgrac.
cia. Esta atrevida tentativa costó á los independientes la pér-
dida de mas de 60 muertos i de un número mLlcho mayor de
heridos, sin que los realistas esperimentaran otro quebrant()
lino el de 40 hombres entre muertos, heridos, prisioneros
i contusos.


En el curso de este sitió se empellaron varias escaramu-
,as; mas ninguna tan séria como la del 14: de quinientas ca-
bezas de ganado vacuno que se habían encerrado en dicha
plaza del Calláo habia sido preciso matar ea los primeros dial
las 380 pOl' falta de forrages, i dejar vivas tan solas 120 pa-
ra los enfermos del hospital. Faltándo la sal para conservar
dicha carne se recurrió á ponerla en barriles con aguardiente
i agua, creyendo sería este un precioso equivalente para evitar
:11 puwefaccion; pero á los pocos días se halló en estado in-
5rfvibie, i falt6 por lo tanto este interesallte renglon. Doscien-


----------------------------~~--~
rl) Dicuo ¡l.!cblo. eld Callao liC ha\11 fll~ra tic lai fOlti¡¡cacioll~s.




l'n ¡j: 1 82 J. 1 S 1
tas quintales de arroz, que habian sido c-omprados de un
buque de Calcúta, fondeado en aquel puerto, habian si-
do colocados dentro de sacos impregnadoi en J!alitre, i to-
maron asimismo un gusto tan ingrato, que dificilmente se
lJodia sustentar al soldado COll este artículo, que era de los
mas importantes.


De este modo fueron escaseando los recursos i en igual
.proporcion se aumentaba el número de los enfermos en el hos-
pital. Para no distraer á las tropas sanas de sus ocupaciones
militares se ofrecieron á cuidarlos las selloras emigradas, espe-
~ialmente la digna esposa del general en gefe del Alto PerLÍ
don Juan Ramirez, i doiÍa Isabel Cavero, las que dieron con-
tinuas pruebas de beneficencia i de lleroísmo, al paso que los
paisanos tambien emigrados se distinguieron por su bizarría,
por su lealtad i decision, ell particular don Francisco Anto-
nio Solorzano, que habia entregado voluntariamente desde el
principio por viu de empréstitu valor de 8~ duros en víverCJ!,
encerrándose udemas con sus esclavos en la plaza para defen-
·derla.


El enemigo iba de dia en dia estrecl.¡ando á estos valicn-
t,es defensores haciendo sus Iíltimas intimaciones, acompaila-
das de terminantesamellazas; el desaliento habia crecido á
€UllSa de los rápi,lo3 progresos que habian hecho las enferme-
dades, i en consideracion á la escasez de víveres para sostenerse
mucho tiempo. Tal era el estado de los negocios cuando se
presentó en 10 de setiembre la dh'ision del general Canterac.


La vista de aquellas bizarras ,tropas llenó del mas puro
,ozo á los sitiadoo; daban por concluidas sus penalidades i
miserias ; entonaban ya el himno de la victoria j de la con-
fianza ,cuando cayeron de nuevo en un estado de mayor in-
quietud j alarma. El general Canterac se habia cubierto de
gloria en su científica marcha bur1ando á un enemigo mui
superior en fuerzas i en recursos de toda especie: esta habia
!ido una hazaJia militar de imponderable mérito; pero no sa-
tisfacía á la guarnic.ion del CaIl~\o, la que no vió acompallada
aquella feliz operacion deloi áusilios de que 'tanto necesita-




PERÜ: 1821'-
ba, si bien se consoló con la idea de que mui pronto iba á
darse una accion general al enemigo, cuya victoria habia de
rescatar la plaza de su estado de penuria i abatimiento.


Empero no era este el ánimo del referido Canterac, ni
eran de esta clase las órdenes que habia recibido del virei:
sus primeras instrucciones se dirigian á allsiliar la citada pla-
za, i en caso de no poderlo verificar, arrasar dichos fuertes i
recoger su guarnicion para regres:lr con ella á los valles de
Jauja; mas como obsen·ase la inevitable ruina de una por-
cion de familias beneméritas, como consecuencia inmediata
de la ejecucion de estos últimos planes, fueron ahandonados,
i en su vez se dedicó el general ausiliador con doble empeúo
á buscar los medios de que su llegada produjese los felices
resultados que se había propuesto. Mas como hubiera per-
dido la esperanza de realizar tan benéficas ideas, deter-
minó salir de aquellos fuertes en donde su hrga permanen-
cia debia contribuir al mas pronto consumo de los pocos ví-
veres que habia en ellos; i cargando sobre sus mismos solda-
dos de 3 á 48 fusiles sobrantes, que era de lo que mas se
escaseaba en los valles de Jauja; reforzado asimismo por al-
gunas trop3S de la misma plaza que voluntariamente se ofre-
cieron á seguir la suerte de los que trataban de dar nuevos
di as de gloria á las armas del Reí desde las posiciones de la
sierra, emprendió su movimiento de retirada en la noclJe del
1 2 al 13; pero al llegar al estrecho de Boca negra halló os-
truido aquel paso por las lanchas cartoneras de la escuadra
enemiga, i hubo de regresar á los citados fuertes.


Dedicado segunda vez con infatigable celo i constancia al
apronto de víveres, se presentó el espartal don Fernando del
Mazo, que se hallaba embarcado á bordo de la fragata in-
glesa mercante Lord Lindock, prometiendo llacer una con-
trata con los mismos ingleses para abastecer abundantemente
aquella plaza si se proporcionaban 1008 duros de contado, i
hasta 4009 en las cajas de Arequipa que deberian desembol-
sarse á medida que se hicieran las entregas. Apenas oyó el ge-
neral Canterac t:m favorables proposiciones, desplegó la ma-




rT:r,r: 1821. 183
yor actil'idaJ para reunir 3 1Iudla suma. Sus escÍtarione5 fue-
Ion corresponcliJas con noL1eza: todos á porfia hicieron gene-
rosos desprendimientos: las mismas tropas, que el dia antes
llaLÍJn recibido una paga, la devolvieron Íntegra en obsequio
de tan interesante servicio; los gefes i oficiales entregaron
ademas el poco dinero que habian sacado de sus nuevos can-
tones; los emigrados en el Callao se picaron de desinterés,
i concurrieron con la mas tina voluntad á llenar este primer
cupo: h ya citada generala Ramirez seíÍaló del modo mJS
recomendable su amor á la causa del Rei, entregando 1 V
onzas de oro en su propio nombre, i otras 1600 por conduc-
to i á nombre de uno de los espauoles refugiados en el Callao.


Asegurado dicho Canterac de que aprontado ya el dinero
pedido no dejaria de llevarse á efecto el empeuo contraido
para el acopio de víveres , determinó hacer una salida de la
referidd plaza con ánimo de volver á ella á los siete dias,
dejando en testimonio de la sinceridad de su promesa los fu-
siles que untes llabia determinado llevarse, i hasta sus mis-
mos equipages. Como el objeto de este movimiento era reser-
vado menos al general Lamar ~ porque asi con venia en aque-
llas circunstancias, llegaron á creer los sitiados que se diri-
gia contra la capital ¡tal era la ansiedad con que todos desea-
ban ver decidida su suerte en una accion campal!; pero di-
dIO gefe realista, que como ya se ha observado, ni tenia las
órdenes para empeiÍarla, ni su cordura i reflexion le per-
mitian esponerse á tan arriesgado trance, del que, siendo
desgraciado, habria resultado la inevitable pérdida del Perú,
llizo en esta ocasion en obsequio del bien general i de sus
deberes el mas costoso sacrificio, sofocando :tU mismo fuego
guerrero, i conteniCl~do los inconsiderudos arrebatos de sus
tropas.


El objeto de su salida fue en su vez para proporcionarse
víveres á lo menos para su divisi9n en tanto que se ajustaba
la negociacían con los buques. A las cuatro de la tarde del
16 rompió la marcha para la Legua, adelantando unas par-
tidu de caballería sobre el camino del tercer óvalo, donde




)8'~ l'r./1E: T021.
existía el campo enemigo: tomó posidan á la. dereclla eJ pri-
mer batallon del Imperial, quedando sobre el mismo cami-
no los escuadrones de granaderos de la guardia mand'adoi
por el teniente coronel don Valentin Ferraz, i dos piezas á
las órdene5 del coronel Carratalá, mientras que el resto de
las tropas verificaba el movimiento por b izquierda con di-
reccion á San Agustin, pasando el rio Rima,c por frente de
la hacienda de Villegas. Siguiendo est2s tropas en la misma
noche la marcha por Oquendo, quedaron fuen del fianca
enemigo, i éste por 10 tanto no menos burlado con tan delí-
cada maniobra, que á la ida para el Callao.


Habiendo salido el espresado Mazo con 8o~ duros para
firmar la enunciada contrata, RO halló en la línea de mar la.
persona encargada de la negociacion, i regresó por lo tanto
con aquella suma á la plaza. Fuese porque Lamar hubicr1I
ya principiado á entrar en las miras de los independientes,
6 porque creyese irrealizable dicha contrata é impracticahle
el regreso del general Canterac, mand6 devolver una parte
de aquel dinero á Jos contribuyentes i repartir la restante Á
sus tropas, en vez de repetir con nuevo ardor sus gestiones
con los citados buques, como lo aconsejaba el interés de sal-
var aquella plaza. Regido por los mismos principios se pres-
tó á oir sin desagrado la sesta inti.macion que le cnvi6
San Martin, ofreciéndole pactos ventajosos en premio de su
pronta rendician. Nombrados con plenos poderes para caten-
der la capitulacion el brigad~er do~ Manuel Arredondo, el
capítan de mvÍo don José Ignacio Colmenares, i el capitan de
infantería don Rarnon Martinez de Campos en la clase de se-
cretario, la firmaron en Lima á las ocho i media de la no-
che del r 9 de setiembre con todos los honores militares i
con cuantas ventajas podia prometerse una plaza que habia
perdido las esperanzas de ser socorrida.


Si bien se rindi6 Lamar antes del término que le habill
fijado el general Canterac, i que bajo este aspecto aparece al-
tamente reprensible la conducta de aquel gobernador, la que
!labria admitido ma¡ disimulo si poco tiempo des pues no }¡u-




18S
btera tomado partido en las tropas rebeldes, parece sin em-
bargo que no llegó á firmarse dicha entrega hasta que se su-
po la IlOrror05a desereÍon de mas de 800 hombres que sufrió
la division de Canterac, i entre ellos 32 oficiales, algunos de
los cuales fueron vistos en la capital por los mismos negocia-
dores realistas, ¡;i bien mucho antes habian principiado SUi
trlltados.


Este funesto desenlace estuvo mui di~tante de los cál-
culos del general de la division ausiliadora: era tal la C0n-
fianza que tenia en la conicrvacion de aquella plaza, que
en el mismo dia J 6 en que verificó su salida, dejó en ella
aeglln se ha dicho, hasta.sus equipagcs i 10i de sus tropas.
i Cuál seria, pues, su sorpresa al recibir por premio de su
inteligencia i acierto en cruzar por las líneas enemigas, i de
¡US grandes padecimientos en el paso de los Andes, la pérdi-
da de dichos fuertes, la desercion de una parte de sus tropas
i la necesidad de emprender su retirada $obre la otra parte
de dicha cordillera!


Los enemigos habian dirigido ya desde el dia 18 un grue-
so considerable de infantería i caballería á las alturas de San
Lorenzo; pero el coronel Carratalá los dCMlojó de aquella
posicion ~ i el teniente coronel Garcia Camba los acuchilló con
sus dragones del Perá poniéndolos en desordenada fuga. Si-
guiendo Canterac su retirada para la Sierra campó el 20 en
Poroehuco, eil cuyas inmediaciones dió el coronel ValMs nue-
vos rasgos de su bizarría batiendo una fuerte columna de in-
fantería i caballería que habia llegarlo á atacar la retaguar-
dia espaúola. Las tropas reales descansaron en Huamantanga
eI.l los djas 22 i 11 3 : á las once de este áltimo se presentó so-
bre su frente otra columna de infanteria enemiga á la que
dieron un ataque tan impet,lloso los coroneles Valdés i C::¡rra-
talá con el primer regimiento mandado por el teniente coro-
nel don Francisco N arvaez i algunas compañías del Imperial,
que no pudo el enemigo re::istirlo, i cedió el campo á aque-
llos valientes espaúoles.


Al mismo tiempo maniobraba el general en gefe con el
7'oAIQ lIJ. !4




¡3ti l'Ull: 1821.
resto del IJJ!petial i con un escuadran de dragone~ de ]:m
Unían sobre el citada punto de Porochuco por el camino real,
cuyas alturas habia ocupado la columna del comandante in~
surjente lHilIer, reforzado con hs tropas batidas delante de Hua-
mantanga. La posicion enemiga era mui respetable; mas de nin-
gun modo capaz de arredrar á las decididas tropas realistas
que la atacaron con empeiío., i la tornaron á la h}yoneta, ha-
biéndose aparecido el incansable YalMs ú la cabeza de la ca~
baIlería á aumentar el destrozo ele los rebdJc3, ele los cIue quedó
cubicrto el campo, asi como de prLiolJCros, fusiles, cajas de
guerra, i otros pertrechos (j). Con esta brillante i~ccicn 'illeél6
de tal mOGO escarmentado el enemigo, que ya no Ele i,~rtvi(¡
:í disputar el terreno; i por lo tanto empHIlllieron IdS trC¡;úS
del Rci tranquilalll\~ntc su tcrcer paw de los nevados An~H.s
sin tiendas, sin cotüluÍncs i sin ninguna dase de au¿i;io ~ en
cuyo tst:lllo llegaron á acantoIlUr¡;e en el vaHe Jauja el tiía
l? Je oetubre.
E~te file el término de la arrirsg:ltla espcdicion dd gene-


1'31 Cautcfac, I:t que debió aumcntar el lustre de su nomhre alln~
lIne sus resu !tud0S no hubiL!fdn correspondido á las granúiüias
miras CJil que se habia proyectado. Los bien combinaclos i felices
movimientos que efectuó al frcllte úe un ejército tan superior
en to'¡o S20tiJO l menos en valor é instruccion l son el mejor
testimonio de su génio guerrero, i merecedll siempre un lugar
distinguido entre los hechos ilustres. La mayor parte de los gdes,
oficiales i soldados que llevaba á sus órdenes desplegaron en este
teatro h lUJS brillante disciplina, impa riMz, constancia i
sufrimiento. El mismo Ste'"ensoll, HumIue perteneciente al
p:.tl tido contrario, no pulo mcn05 de tributar los debidos


(1) Entre los p:-j:-;nr:c,os '~e L~l:L¡¡ou ~J:.,:; O;JI"j;¡!!,S i cj¡;CO Boldados,
'ple PO(;C,g dia~ ant('s hJhi,lD .. :b;!lldp"1~ldü ~:l''; O;lr,d{':;l"; del Hei. El ejf'm-
l)~ar i pronto c::.stigo de mue; le {pIe ;jp !Ji;,!) si.,Lrc c!Ls cortó totalmen-
te la urscrcioil, i Uc¡ !~dilú ('} :::"l'~;;l'to eJe l:s ~)d'{'''i '\' ddes i Lo] iga que-
illnnycrol] en el consejo de Fl1crra, cd~'hl'~do cO!) f'~~te (}hjf'Lq , para q!Je
no se ditran con una Hl:Jl cl,tent!ítla ciJn{l{':;'."'nd,;n.ri~ :'t't::1!rs d~' !Cnl:Jr,
;, 1iaqur..::za, que tan falall...!5 pOl1i:ill s;,;r:l la. "~~:~o. (rH: ¿i...r''';1Jl.ll~Ul ..




1'Im¡]: 1821. ¡Si
elogios al referido Cantenc i á sus gefes principllcs cuando al
nescribir el mérito de esta espedicion i de la estrat¿gia de sus
movimientos, esclama c~que harian honor al mismo iI¡-apoleon".


Despues de haber referido las operaciones de las tropas
IGalistas daremos una reseÍla de lo ocurrido entre los indepen-
diente. apenas tomaron posesion de la capital del Perú. AUil-
que las tropas entraron en ella el dia B de julio se mantuvo
¡in embargo el general en gefe San Martín á bordo de su hO-
Jeta en la bahía del Calho hasta la tarde del 9 en que hizo
IU entrada pública en a'1ueIla ciudad, lmrcada segt'lll se h¡¡
dicho, por un horroroso terremoto, precursor de los grave¡
males que h::tbian de llover sobre aquellos infelices paises.


Ya desde el dia 14 se habia dirijido el citado S:m l\!artin
:al ayuntamiento de Lima pidiendo la convocacion de una
asambl,a gener:tl para regular la pública opinion; i deseos¡t
dicha eorporacion de corresponder á las miras del nuel'O ge-
fe supremo, reunió á lo~ principales de todas las clases del
estado, quienes decretaron CCimo órganos de la voluntad ge-
ne~aI rrque el Perú debia ser independiente de la Espana í
de todo otro dominio estrangero.;, El almirante Cochrane hi-
zo asi miomo su entrada plÍblica en Lima en el dia 17 cnme-
dio de hs aclamaciones de un inmenso vccin(lario, ansiow
por cOllocer al héroe britinico que ¡labia sirlo cl terror dd
mar pacífico. San Martin que babia establecido Sil cuartol
general en la Legua, á mitad del camino entre I,ima i el Ca-
llao., mandó en el 1 S organizar Ull3 guardia cívica, de la que
debia ser corl>nel el gran mariscal marque,~ de Torre Taglc~
en reemplazo del regimiento espaíÍol de la COllcordi:l.


El día 28 era el destinado para la pro~hmacion ele la
decanta]a independencia: se levantó un anfiteatro en la phz:t
mayor, sobre el cual dió aquel llOrrísono grito el general San
l\'lartin en el acto de dcsplepr d pab::l/on ll!lcional. Un solem-
ne Te Deum, que se cantó el domingo siguiente en la catc-
dfJ.I ron to·h la pomJ)l que es propia de t:m augustas fun-
cioll;>s, dió nueva sancion á a]uel acto ilegítimo. Cuando rles-
¡lUe, de esta ceremonia se presentó el ayuntamiento al refcri-




188 l'Imú: 1821.
do San Martin á ofrecerle el mando supremo político i mili·
tar, recibi6 una descomedida contestaCÍon, que puso en cla-
ro la ambician de aquel individuo i la debilidad de la voz
de ese pueblo, que se invoca siempre que se trata de dar un
carácter noble al desacato i rebeldía. ~Esta oferta es absolu-
tamente inútil; yo he tomado el mando i lo conservaré en
tanto que lo juzgue necesario; sin mi consentimiento no ha-
brá juntas ni asambleas para la discusion de los negocios pú-
blicos:" he aquí la famosa re3puesta del héroe de la libertad
amerÍc1na, que dej6 :ltónitos á tojos los que habian conce-
hido neciamentp. las mlS altas esperanzas de su filantropía i
virtndes.


Para que nadie ignorase los desp6ticGs procederes de es-
te rebelde general, repiti6 aquellos mismos acentos por
medio de una proclama que publicó en 3 de agosto, doradOi
tan solo con la protesta de la pureza de sus intencrones; se
declaró protector del Perú i nombró por ministros de estado
á don Juan Garcia del Río, don Bernardo Montellgudo i don
Hípólito Ullanlle. Habiendo pasado al dia siguiente el almi-
rante Coehrane á pedir al nuevo protector las pagas atrasadas
de todos los marineros estrangeros, segun había sido esti-
pulado antes de salir la escuadra de Chile, fue recibida
¡!lueHa solicitud de un modo tan brusco por San Martin,
que irritado al mas alto grado el noble marino, tomó in-
mediatamente un caballo, i pas6 á Bocanegra á embarcarse á
bordo de su fragata con ánimo resuelto de veugar aquel
insulto.


Conociendo San Martin que su imprudencia podría serIe
sumamente fatal, i que si Lord Cochrane se ,ausentaba con
sus buques no podría realizarse la relldicion de los fuertes
del Callao, cuya toma formaba todo el objeto de BUS ansias,
se apresuró á justificarse· i á desarmar la cólera del citado Co-
chrane por medio de dulces espresioil"!s i lisongeras prome-
sas. En el entretanto se iban arreglando todos los ramos de
la adminittracion: se instaló á principios de agosto una alta
cámara de justicia, de la que fue nombrado pmidente don




189
José de la Riva Agüero, ese genio astuto i sedici030 que tan-
tos servicios habia prestado á la independencia, i que llegó á
ocupar sucesivamente el primer puesto de la república pe-
ruana. Para dar los nuevos gobernantes una idea positiva de
sus filantrópicos sentimientos, decretaron por libres á todos
los hijos que naciesen de padres esclavos desde el dia 2 S- del
mismo agosto. Esta medida, llena al parecer de humanidad i
grandeza de alma, fue contrapesada por la violenta espulsion
del reverendo arzobispo de Lima i del obispo de Huamanga,
cuya apostólica presencia era un insoportable obstáclalo para
IUS profanaciones.


Aunque la marina estaba mui descontenta al ver retra-
~ado con especiosos pretestos el pago de sus haberes, se pres-
t6 sin embargo con la mas fina voluntad á concurrir decidi-
damente (precedida por su noble comandante) á l:r· aedon
general que se creia inevitable contra la division del general
Canterac que pasó á principios de setiembre al socorro' de· los
fuertes del Callao; pero la indecision, ó mas bien el temor
de San Martin, dejó inutilizados los impulsos de mas de
109 hombres, con que podia contar inclusive las guerrillas
i cuerpos francos, i que habrian sido capaces de pulverizar
la corta fuerza espaíÍola que no llegaba á 3V soldados de
todas armas, si aquellos hubieran igualado á estos en nrma-
ZJ, instruecion, disciplina i valentía.


Quedó pues el titulado protector dentro de sus posicio-
nes dejando el campo libre á las esforzadas tropas realistas,
segun he ido apuntado anteriormente; i cotno la aprehension
de dicho gefe crecia en razon directa de la osadía de· los lea ~
les espedieionarios, se dedicó á enviar al Ancón los tesoros
del gobierno· i aun de muchos particulares para sel' embar-
cados á bordo de los buques mercanfes que se hallaban allí
Burtos, á quienes dió la preferencia sobre la fragata chilena
la Laútaro, que se hallaba fondeada en el mismo· puerto.


La tripulacion de este buque de guerra se alarmó al vér
el embarque de tanto dinero·, deduciend(} de aquella· preci-
[litadJ operadon los cálculos mas fatales á la causa de la iIl~




lWJ PIlRÚ: ¡8-J.!.
Jependencia, i un fundadG temor de que se perdiesetl. con
tila las csperanzas del .cobro de sus atrasoa. Noticioso Lord
Cochrane de aquella sedicion, pas6 ea persona al citado
puertu de A~GÓl1, é hizo trasladar á bordo del navío almi-
rante todos 105 fondos pertenecientes al gobierno, que ascen-
di:m :í 285i) pesos, los que fueron invertidos en el pago de
un alío de sucldoatrasado á todos los que componi:m la
:flota, ressrY.ludo una parte para los indispensables reparos i
acopios.


Al regreso de Lord Cochram~ al Callao se travó una seria
correspomlencia entre él i San¡rHartin, cn la que reclamaba
este últilllO con las IlllS vi vas instancias el reintegro de 10ll
fondos que aquel se habia apropiado; 11113 todo fue inútil, i
los marinos celebraron con alborozo la feliz ocurrencia de su
gefe, á. quien prestaron nueVlS adoraciones hijas del entu-
siasmo. Como á este tiempo se hubiera alejado Canterac de
dichos fuertes hizo el almirante á lús siti::1dos ventajos:ls pro,
posiciones para que se los entregasen: inf.Jrm:dll San ;Uartin
de estos manejos se apresuró por su parte á IlJcerlas igual-
mente [en'orables, á cuya com¡Jetenci:t debieron las re,\listas
una suerte mIS feliz i condiciones mlS honrosas de lo que
tpDdian prometerse. En virtud, pues, de la capitulacian ajusta-
da.en. Lima en h noche del 19 Wanrou los p:ltriotas pose·
siéln de aquellos fuertes en el 25, daado al Real Felipe, al
San J-liguel i al San Rafael los nombres de castillo de h
Independencia 1 del Sol, i de Santa Rosa.


ContinUJ.b:m las desavenencias entre los gGncrai% de mar
i tierra j i se veia claramente que cstc último esLtln empe-
(¡ldü en alntir el orgullo delprirnero i cn destruir su C::CIl:l-
<Ira, á cuyo fin empIcaba tojos 103 m21ios de la iI' tri ~a i
seduccion con los in lividuos de sus tripulaciones. Lkgo la
inlisposidon de ambos gdes Insta el estremo de odenar San
}hrtin al almirante la pront:¡ salida da la bahía del Callao
eon toJQS sus buques, esperando que no podria veritlcarla
por faltl de marineros eUropeos; pero con su lll:.tyor sorpre-
sa vió hacerse :í la vela el 6 de octubre tojos los bU:luCS dt




PEr.Ú: J 8:d • 191
guerra con la proa al N., hasta que llegando á Ancón dis-
puso Lord Cochrane que el Laútaro i el Galvarino yolviesen
tí Valparaiso, i que la O'Higgins, la Independencia, la Val-
divia, t:l Araucano i las dos presas San Fernando i la lJ:ler-
cedes siguiesen su rumbo para Guayaquil con la idea de care-
D:ulús [J,ua Cl'Uzar en seguida sobre la costa de Méjico en
busel Je hs ,los frag.ltJ8 esp11101as b. Prueba i la Venganza.


Los ú!tLno3 SUCesOS nutables de los independientes en lo
resLmt0 .id arío fLldon tI libert,} [ de la Lu ;)renta proclam.l-
da en I ~ Ji; octu~)re, Lt institucioll de la or,kn ,!('! ~Jol co:n-
pue,u Je 26 t'ún !aJUI'~'S, bajo b. prcúJt:ncii Je :3dil JIartil,
de 133 b":Uf:luéritos i 102 asoei:dus, esten'lit)n,[v igual dig-
nHal á 120 mugen::. de las recono::iJas por mas adientes
p:1triOLts; 11 con,ervacion Je la antigua nobll:¿:a con la adi.
cion le un sol á ca h uno de sus blasones; i la conversían
de ls titilLs Je Cr!,tilb en titulos del Perú. I,a anomalía
qu" Se oÍJserve) en ],1 elicFJcta, ceremonias, timbres i distin-
ciones 1ll0náriiuicas, Estublecdas en el centro de una repú-
blica, biza ver qne est..t1Jan muí dislantes los primeros gefes
de durle: la de: Li.la sol; Jez i consistencÍ1; i esta creencia
tomó mlyor fu'~rza cuando se oyeron algunos vivas al em-
perd.Jor dd PCl'lÍ, i se vieron circular varÍJa composicio'1es
pot'tícas deJic:l,b;; COl! tan pom;Josa designacion al protec-
tor Sdll Martin. Aun~ue el gobierno manifestó al principio
algun des:lgrado por est3i voces seJiciosas, no se observó
en él aque, la decidida energ(a para castigar á sus autores,
que habría siJo €ll1 tJleada seguramente por quien hubiera
teni,-lo un pecho ver:laderamente republicano. Todos pues
llegaron á persua:lírse de que San IUartin aS¡lÍrab 1 al impe-
lio, i de que tanlaria llIui poco en de"cllbrir sus ambicio-
sos designios.


Dej:.uemos por ahora los in lepeldientcs entregarse al li-
bre desahogo de sus ignobles ¡HsiollCS contra las uesgraciadas
familüs realistas, tanto enropeas cr¡mo del país, que tenian
el gran delito de poseer algunas riquezas, cuya adquisicion
tenia ulcera(los los coJiciosos corazones de los titula~Q6 repu-




qJ2 PllR ú: I ~ 2 ~ •
blicanos, i volveremos á recorrer las operaciones de las trO-
paji espallolas desde la retirada del general C:mterac. Luego
que los enemigos qq.edaron dueitos del campo, destacaron va-
rias partidas fuertes sobre los pattidos de Lucallols i Parinaco-
chas, estendiéndose hast1 el pueblo de Caravelf i hasta las in-
mediaciones de Chuquibamba, con cuyo movimiento se pu-
sieron en estado de flanquear las provincias de HuancaveHca,
Huamanga ¡el_Cuzco, i de amenazar de frente á la misma
ciudad de Arequipa, cuya provincia se hallaba ya insurrec-
ciQnada en la parte septentrional del rio de OcorÍa.


Como no se le ocultaba al virei Laserna la necesidad de
.alejar prontamente aquel peligro; i como por otra parte Il()
pudiese el general Ramirez, situado en Arequipa, operar actl._
va mente á causa del m:Jl estado de 5·U salud, fue nombrado
el coronel VaÍdés gefe de estado m;yor de este ejército con
encargo de dirigir en persona las operaciones de la costa. De-
jando este activo gefe el ejército del Norte, llegó en posta á
la citada ciudad de Arequipa, i marchó sobre ,Clmquibamba
con llna columna de infantería i ca·baIlería, batió :{ 10,8 in_
.iUrjentCiJ en CaraveIí, inmediaciones de Huancahuanca i en
~tros puntos, les tom6 vario~ prisioneros, 2 piezas de ·arti-
llería, armas, municiones i otros pertrechos de guerra, i res-
tablecU la tran]uilidad i confianza en aquellos partidos.
. POCOI dias antes se .habia cubierto de gloria la guarnicion
de Huamanga rechazllldo al coronel insurjeute Latapia que
habia pasado á intimarle la rendicion cm· 7 de octubre. El
capitan Jal~les, á cuyas acertadas maniol"us i esforzado brazo
se habían debido aquellos triunfos, regresó de su vigorosa sa-
lida con 350 prisioneros, 4°0 fusiles, un cafÍon, dos cargas
de municiones, i gran número de indios, que seducirlos por
el caudillo insurjente le .babian acompalíaclo en aquella espe-
dicion.


L9.s tropas salidas de Lima seguían en el entretanto en el
v~lIe de Jauja, dedicadas con inimitable celo á su arre-
glo i disciplina i á la fOrll}acion de nuevos cuerpos para tomar
la ofensin sobre el enemigo. Es superior á todo elogio el m€-




rEno: 1821. 193
rito contraído por los !lignos gefes espaiíoles en esta nueva
posicion: el pais abundaba en recursos; pero carecia totalmen-
te de fábricas i de los medios de sacar algun partido de las
primeras materias. Era preciso, pues, suplir aquella falta cen
atrevidas invenciones i con una perseverante industria. Otra
clase de hombres que no hubiera tenido tanto teson i con$-
t'lncia se habría desanimado con este clÍmulo de tropiezos i
dificultades; mas nada retrajo á aquellas bizarras tropas de su
[¡¡'me propósito de poner en actividall todos los recursos de Sil
ingenio para disputar á palmos el terreno.


Mientras quc el ejtircito dirigia con maravillosa actividad
sus trabajos tanto en las fraguas i maestranzas como en la
formaóon de nuevos cuerpos con los reclutas que venian de
largas distancias segun las activas órdenes comunicadas por el
\' irei, salió á tines de octubre una corta division sobre el cer-
r') de Paseo á las ordenes del teniente coronel Ilon Dionisio
l'hrci!b con el ohjcto de proveerse de algunos artIculas nece-
nrio., al ej'(rcito; pero como no se hubiera llenado completa-
meute el objeu de esta operacion, salió para el mism'J pun-
t,) en 30 de noviembre otra division al m1Udo del coronel
Lnriga con orden especial de hacer acopio de fierro, del que
se r:m>t:Ía totalmente, i era de sUllla necesidad para la re-
composit:ioll rld armamento.


Se llalIahan ya dichas fuerzas en el cerro cuando atacadas
el 7 de diciembre antes de amanecer por 4,00 soldados ene-
migos l apoyados por una inmensa chusma de mas de 5000 iu-
dios, sufrieron alguna pérdida causad.a por lo oscuridad i por
la aspereza del terreno, lleno dc bocas min"s basta el mismo
P:¡sco; pero tomando Lori,~a h ofensiva apenas se disiparon
las tinieblas, atacó con denueJo aquellas desordenadas masas,
sobre las qne lJizo tan t:;rrihle destrozo que á los pocos mi-
nutos 1110rllian el polv,) mas de 500 miseraLles, entre ellos al·
gunos granaderos de á clbaHa i 3 oficiales. Esta accian impor-
tante cortó completamente 103 vuelos á los alzados, a3cguro
las posiciones (le los n:al l;tdR, hiw ver al caudillo San Mar-
tin, que,no se habia eotinguid.o el valor i la fuerza en las tro-


T01IIIO llJ. 25




19!~ PERÓ: ,821.
pas recien salidas de Lima, i proporcionó á las mismas inte-
~, resantes ausilios.


Conociendo el virei Laserna que para dar actividad á sus
providencias, especialmente para la pronta remision al ejérci-
to, de reclutas de las provincias del interior, era de suma uti-
lijad fij:u su residencia en el Cuzco, como punto céntrico del
Perú, distante 150 leguas de Jauja, salió de aquellos valles en
l? de diciembre dejando el mando de las tropas al general
Canterac, i llegó á la citada capital el penúltimo dia del
ailo 1821.




195
'\'\,'\\ '\'\ \JW\,'\"\\\\ \¡\ W\\ \\ \;'\ \'\ \\ \\ \\ \\ \.'\ \.1\\'1.\'\ \\. \.\ \'\:\\\.'\'\\\:\\\.1


CAPITULO IX.


e II 1 J~ E :
Operaciones de Benavides sobre la provineia de Concepcio1Z.


Destruccion de una division illsurjente en el Manzano por
Pico. Accton de Tarpellanca, de cuyas resultas rindieron
las armas 1000 facciosos con su general Alcázar. Entra-
da de Benavides en Concepcion ~ i su marcha sobre Talca-
huano en cuyo punto se habia encerrado el caudillo Frei-
re. Sitio de tres meses; varias acciones favorables á las
tropas del Rei, escepto la última en la 'que fueron completa~
mente derrotadas. Retirada de la caballería sobre el Bio~
liJ. Aúevas correrías de los realistas~ i como las mas im-


portantes las de Pico. ]JIluerte desastrosa del leal chileno
Zapata. Graves cuidados de los realistas al considerar su
crítica posiciono Apresamiento de un bergantin insurjen-
te, con el cual fueron enviados comisionados á la isla de
Chiloe en busca de ausilios. Pasan en esta época vario$
oficiales á servir en las fronteras de Arauco ~ i entre ellos
el benemérito Senosiain, que fue el último sostenedor del
partido espafiol en Chile. Apresamiento de otro bergan~
tin insurjente con 159 armas de chispa i corte. Desastres
por la falta de metálico. Nueva espedicion sobre Clzillán,
que fue derrotada en sus inmediaciones. Bizarra conduc-
ta de Smosiain. Detencion de este gefe i de Pico en el can-
tan del Biobio. Mar.cha de Benavides ácia el Arauco, Des-
gracias de este gefe. Su clesconcepto~ i desavenencias con


. Carrero. Su salida para el Perú; i Sll prision sobre el
rio Maule.


1 Lbi:J. quedado el reino de Chile desguarnecido de tropas
tlcsue la sa]id:¡ de la cspcdj(;jon para el Perú, i asi pudo el




10G CHILE: 1821.
esforzado Benavides con 2000 hombres que habia logrado re-


unir., estenla á principios de este mIo la linea dc sns opera-
ciJues, i a~)foxim,lfse á la provincia de Cünccpcion. Cuando
ya se haIllban sus tropas á las inmediaciones de YumbJl fue
ataC3.éla por los robeldes sn vanguardia, que al mando de don
J lun ;'Iimuel Pico se habia aJdantauo con la Uea de ineor-
parar á sna filas la guarnicion de Santa Elr bara. Aunrlue Pi-
co se puso en retirada luego que reconoció el C:tUlpO enemi-
go; i observó que no bajaban de 1000 homhres los que se
habian reunido á las ordenes de un inglés i del segnndo co-
manJante don Ambrosio Acosta, apoyados por Jos piezas vo-
lantes de artillería, siguiemlo en esta parte las instruecioncs
de Benavides que le habia encargado no comprometiese ac-
don alguna por sí solo, se yió sin embargo estrechado tan de
cerca 1 que no pudo menos de presentar la bat1l1a en el pun-
to del Manzano. Engreídos los insurjcntes con la superioridad
de su número se lanzaron al ataque con todo el vigor que es
propio de sus primero! impulsos; pero desllreciando el co-
mandante espa1101 el peligro i la muerte, j no consultando
sino la opinion i el honor de sus armas, recibió con la mayor
impavidez aquel brusco ataque:, del que salieron tan desai-
rados los insurjentes 1 que se retiraron vergonzosamente des-
pues de hllber dejado tendidos en el campo mas de 500 hom-
bres, entre ellos el inglés que los mandaba, i perdiendo las dos
piezas volantes que pasaron á reforzar la division realista. Ha-
biéndose presentado el referido Pico á Benavides al dia si-
guiente de tan brillante batalla, le fu« dado el grado de co-
ronel en premio de su bizarría i decÍsion.


Aterrados los enemigos aband0naron la plaza de los An-
geles í se pusieron en retirada para reunirse al grueso del
ejército que se hallaba en Concepcion; mas como Benavides
observase la ansiedad que manifestaba su tropa de adquirir
nuevos laureles, forzó sus marchas para alcanzarlos. Al llegar
á las orillas del rio de la Alhaja se guarecieron los rebeldes
de la isla de Tarpellanca; i aunque esta ventajosa posicion
puJia impontr aun á los soldados mas atrevidos, no se de-




("¡qrp: ! ~ ~ I • 197
tllVO por tales tropiezos el :Jizarro B ellJ.vi eles , quien des pues
dt treinta i dos Incas de fu~go vivi5imo, so~teni lo con hr:l-
vurl :lOr amelas p¡;rtes. obligo al geueral Aldzar, que l1l.lt]-
(/:¡!H h fuerza enemi¡';:l, á pedir una honras:!. t:apitulacion.


Ajustarla esta en el acto, rindieron las arm::lS juntamente
con 4 piezas de campafía. 600 hombres del batallon de infan-
tu:a de Co,pimbo i 400 de caballería; pero hahiendo pedido
.:í una voz tudos los soldados del Rei que se hicieran algunos
S1críf!"ios eii~)iatorios en desagnvio de los ultrajados manes
de los prisioneros de la punta de San Luis, fue preciso ac-
ceder á este ruego que se presentaba con algun carácter de
di:C'ulpa, si bien f:le ilegal i reprensible en su esencia,
i 'lue 10 exigia asimismo la necesidad de contentar á unas
tropas que no siendo pagadas ni alimentadas generalmente
pür el Estado tcnian mas derecho á ser atendidas, i aun
á veces con d"trimentl) de la misma disciplina. Fueron en
su consecuencia pasados por las armas el general Aldzar i
23 oficiales; i todos los demas prisioneros fueron incorpora-
dos á las filas realistas á solicitud de ellos mismos, acom-
paliada de los mas solemnes juramentos de amor i fidelidad
al Soberano espauol.


Engrosada por este medio la orgullosa division de Bena-
vides, se dirigió sin pérdida de tiempo sobre la ciudad de
Concepcion, ocupada entonces por el general insurjente don
Ramon .Freire, comandante en gefe de aquella provincia,
quien evacuó dicho punto, i se replegó al de Talcahuano
luego que supo la catástrofe de sus columnas avanzadas i la
aproximacion de 111'5 del Rci. Habiendo l1aI1ado Benavidts
abandonarla dicha ciudad, se dirigió á poner sitio al referido
puerto de Talcahuano, que sostuvo el general Preire con el
mayor tesan por el espacio de tres meses sin que las contí-
fiuas pérdidas que sufría en los repetidos encuentros que te-
nia con sus contrarios hubieran debilitado en lo mas mínimo
el ardor de su resolucion de sepultarse en las ruinas de la
plaza antes que rendir BUS armas.


Si Benavides, en vez de obstinarse en esta conquista,




lliS rmu:: lf\?l.


hu biera movilo su campo ácia el interior del reino, acaSi)
113br¡a rrstableci 10 en él la autoridad real i tal era el terror
que bfun.lia su solo nombre, i Hn escasos se 1 wJ:,'ban los
chil:::no3 de fuerzas para resistirle! Empero perdido un tiem-
po tan precioso en aquel sitio, lo tuvieron estos para des-
plegar nuevamente su energía i para enviar refuerzos por
mar al general Preire, que no había ce.ado de pedirlos,
pintando con los mas vivos colores la deplorable situarían de
la repLiblica, sino se lograba batir la dirision realista que te-
nia al frente.


Escarmentados los sitiados en cuantas salidas llabian he-
cho de la pIna, dispusieron otra con 10 llúm]¡rc5 de ca ha-
Hería que habían podido reunir con los llegados de la capital;
i aunque salieron. al campo con mayor aliento i confianza.
fueron sin embargo rechazados compJetamente 1 puestos en la
mas horrol'Ooa dispersion 1 i acuchillarlos hasta tiro de pisto-
la rk sus misrms baterías. J.la pérdi-Ia dc los rebc1Jes se gra-
duó en 200 hombre incluso el desleal i feroz español Mali-
na, quc llallú en esta ocasion el castigo ¡[chirlo á su sangui-
nario carácter, marcado horriblemente con el degüello de
cu:mtos paisanos suyos habi3n caido en sm manos desde que
h:lbia adoptado la divisa rehcLle; pero fué toJavia ll11yOl" la
de los realistas 1 causada por el fuego de metralla de dichas
Jxltcrías, al quererse aproximar á ellas, llevados del ardor <le
la pelea.


Reducido Freire :l la situacion mas desesperada, trat6 de
llacer una terrible prueba del valor i constancia de los re a-
lisLls. Dcspues de haber arengado á su tropa para despertar
en elb los últimos restos de su entusiasmo, dispuso su salida,
que verificó á Jos dos días con 3~ hombres do todas armas
en direccion del campamento deUenavides. Sin arredrarse éste
por aquel imponente despliegue de osadla i despecho, aceptó
el combate, aunque conoeia que solo á fuerza de sangre i
sacrificios podia triunfar de unos enemigos resucltos á" apu-
rar los últimos quilates de su ciego furor.


Ya la caballerh contraria pisando centenares de catlávc a




un re:: I ~ 2 I • 10q
res habia princií'iado á rCl,!cg::rsp, sobre su infanterh, í ésta
corria en dispcrsioll arro! larla por b rC:l.Li,ta, CU1IliIo ap1'o\('-
cldn:losc FrcÍrc del desorden de diGhuil filas contr:::rias ca el
acto lle seguir al alcance de los ven:2idos, i puesto al frente
de su caballería reanimada con su sola prescncil, atacó con
tanta decision á la infantería de BenavUes, que á las dos
hords i medi:! ele re(¡ido i sangriento choque quedaron ente-
ramente desbechos los rcalistas á pesar de los heróicos es-
fuerzos que hizo la caballería, que fue la única ar,na que
pudo salvarse de a'llieIla mortífera batdl1a. Los 400 hom-
bres que la componían hicieron con· el mayor orden su re-
tirada sobre el Biobio, desplegando en ella un valor sin igual
los ilustres gefes BenavUes i Pico.


No bien habian llegado estos restos de la fidelidad espa-
nola al antiguo cuartel general de Arauco, cuando empren-
dieron nuevas corlcr/as con cortas divisiones en union con
los indios. Fue encargada la primera salida al coronel Pico
con 500 hombres de cabaIlel'Ía de línea i de milicias, con
la idea de quemar los pueblos de los Angeles, Santa Bárbara,
Colcura, Gualqui, Santa Juana , Nacimiento, San Pedro, Tu-
capél, San Cárlos, 'l'aIcamavida i ChilIán. Asi lo verificó con
todos ellos escepto con Chillán, cuya ciudad fue salvada esta
vez por la rcsistencia que opuso el comandante Zapata, como
natural de ella, á quien era ju~to i político complacer, tan-
to por los importantes iervícios que habia prestado á la cau-
sa. del Rei desde el principio de la revolucion en que se de-
dicó á cantrariarIa, no siendo entonces mas que capataz de
una recua de la hacienda de Cuchacucha, perteneciente á
los Vrréjolas, como por el grande ascendiente que tenía en
el pais i en las tropas, con el que podia ser muí peligroso si
se le escitaba su irritacion.


Empero una accion tan recomendable para sus. paisanes,
si hubieran sabido apreciar debidamente su mérito , l¡alIó
por premio una muerte horrorosa que le dieron ellos mismos
en un choque que ocurrió á los pocos dias al frente de aque-
lla ciudad, durante el cual tuvo la desgracia de ser lazauo




"1,00
por el pescuezo, i arra~trado por to,las sus calles hastl qlle
exhaló el postrer aliento.


A peslr de 103 esfuerzos de los que defendían la caus.!
del Rei en estas fronteras, reinaha entre ellos bastante des.
aliento i desconfianza de porler sostener brgo tiempo su ar-
riesgado partido á causa de la falta de armamento, municio-
nes i numerario, i de la total incomunicacíon can el Perl1,
i aua con la isla de Chí!oe. El1treg;Hlos á tan IJIclancólicali
reflexiones les ofrecíó la Providencia un inesperado consuelo
en tan críticas cÍrcunstanci,lS. Habi:.t fJndeado en la ensenada
de Arauco un bergantín insurjente; i como 1m Líese barado
en tierra una lancha. le ocurrió á Benavides apoderarse de
él por sorpresa: embarcado por su orden el teniente corone 1
don-.Antonio Carrero con 12 bombres, i protejido por la O¡¡-
curidad de la noche~ abordó silenciosamente al referido b ¡-
que, é hizo prisionera su tripulacion, de ctlya suerte parti-
cipó un capitan de ingenieros, cuií¡¡(lo del director de Chile!
O' Híggins, que fiJe ill momento pasado por las armas.


Qued:mdo el piloto i el resto de los marineros al ¡;eJ'-
vicio del Rei por ardiente solilitud que hicieron á Eeru-
vides, se dispuso que dicho bergantin pasara á Chilop con la
dotaeioncompetente de tropa i las órJenes del espresaüo Car-
rero, con encargo de pedír al goberna(lor QuintanilIa ofida-
le" arm:unento i Cuantos ausilios pudiera facilitarle. Como yll
Quintanilla hubiera recibido anticipadas órdenes del virei del
P(;rá relativas á eS)e objeto, se dedie6 con el mayor esmero
:l darles cumplida ejecucion escitando por medio de circulares
el patriotismo de 103 oficiales para ir á continuar sus servi-
cios en las fronteras de Arauco, i suministrando los socor-
ros que estuvieron á su arbitri<J á pesar de la csca¡;cz en
que se hallaba por la falta de remesas de Linl1, sin las
cuales nunca hahia crcido posible sostener el dominio d6
aquella isla.


Entre 105 oficiales que se resolvieron á recorrer un camp~
tan sembrado de abrojos, privaciones, penalidades i riesgos,
¡e baIló don Miguel Senosiain, de quien debe hacerse hono-




ClIIf.Il: IS·!I. 201
ríficl mencion desde este momento, porque á este valiente ofi-
cial estaba reservado ser el último sustenedor de la auturidad
real en estos paises. Embarcado en una lancha carlonera, hu-
bo de regresar á la isla por no haber podido resistir al ell1bra~
"eómiento de las olas. Emharcado nUevamente á bordo del
bergantin apresado, llegó á las playas de Arauco en 17 de
ago,;to á tiempo que ya a1ueilos leales presentaban un aspec-
to brillante, que Jist1ba mucho del que habían manifestado
los mismos comisionados, i de lo que pOcHa creerse segun el
curso de los sucesos. -~


La favorable variacion que ha1l6 dicho Senoshin, se de-
bió á b feliz circunstancia de habers2 apoderado por sorpre-
sa en las inmediaciones de la isla de Santa María de otro ber-
gantin insurjente, que desde la costa se habia visto fondear
en una de sus ensenadas, cuyo buque, de pertenencia anglo-
americana, llevaba por cuenta del gobierno de Chile I 59 ar-
mas entre fusiles, pistolas i s3bles, i fue ueclarado de buena
presa conforme á las reales órdenes que entonces regian. N om-
brado el citado Senosiaiu comandante de escuadron por llena-
viJes, i facultado para elegir el armamentu necesario, se de-
dicó con inf:.!tigaLle teson i constancia á org3nizar .su cuerpo,
i lo consiguió de tal modu que ya en sus primeros encuentros
con el enemigo adquirió ilustres blasone, clue le grangearon
la cotifiJnzll del gefe sll¡:erior i de sus oficiales i soldados.


El feliz h .. dbzgo de tan abund:mte armamento babia in-
fundidu en el ánimo de los realistas algunas Esperanzas de sa-
lir triunfanteS de 3.f!uella penos:.! lucha; [leN faltab:t mucho
para rcstJl,lecer la moral de aquel ejército, On rebj:!da por
la catáotrofe sufrí la nUGve lIIt:ses antes en 'l\ll~ahu3.no, i era
seguramente el mayor de los tropiezos l.l falta absoluta de
metílico (jue obligabJ á tum:.!1 lúa víveres en donde los ha-
lLtb:.t, comdÍ!;njo pur cO.UigUl"lltt; todas las tropelías i vio-
lencias propias de a'ludh a;mf .i!a SÜU.¡ciOIl. Se vdaa por lo
tanto precisauos los gefes rudisLls á reunir en sus filas á 103
indios araucanos, i á toLrar sus escesos por'pe no de otro
mojo podian contar con su obeuit::ncia. De esta forzada posi~


'l'u:vw 111. 26




2ü2 CIIIT.E: Ilb l.
cion resultaba que el pais pisado por estos ausiliares qued!!-
ba con vertido en un monton de ruinas: ; tal era el espíritu
de furor i devastado n que dominaba á di .. IlOS indios, tan lir-
mes i eswrzalos en el ataque, como crueles é inhumanos eu
la victoria!
Or~anizado prontamente un cuerpo de 1200 caballos, in-


yadió de nuevu la provincia de Conce[lcion en el Illes de se-
tiembre, se presentó al frente de Chifbín despues de tres en-
cuentros parciales, i dejando atds a Iuella plaza guarnecida
con bdstllltrs fuerzas insurj,ntcs ~ cruzó el rio Kuble con
ánimo de internarse en el ¡mis, cuando noticioso de que
dos divisiones enemL,as est:lbm próximas á reunirse con 1/1
referida guarnicion de Chillán, rep~s6 el espresado rio en
retirada para los Angeles, avistándose una de ellas en 7 de
octubre en las Cllsas de Arre, inmediatas á la villa nueva de
San C:.í rlos, con la que hubo de sostener un pequeÍlo tiro-
teo. Al }I egar la citada columna en el dia lO á las vega~ de
Saldia, fue atacada por torIa la fuerza reunirla de los disiden-
tes en número de :<500 hombres de infantería i cabaleria,
dos piezas de campaña i 400 indios ausiliares.


Habiéndose situado éstos en el paso de un desfiladero,
que solo permitia el de dos cahallos de frente para vadear el
rio de Chillán, lograron envolver la division realista de un
modo tan desastroso, que habria quedado toda destruida si
el comandante Senosiain , que cubria la retaguardia C0n su
escuadron, i que felizmente no habia entrado todavía en el
desfiladero no se hubiera arrojado con el mayor denuedo so-
bre las desordenadas filas contrarias, mezcladas ya con los
realistas. A los esfuerzos de este bizarro gefe se debió la sal.
yacÍon de aquella columna sin que hubiera esperimentado
mas pérdida que la de 300 hombres entre muertos i es-
traviados.


Hahiendo Senosiain, del mismo modo que Pico, adquiri-
do una ventajosa opinion en el ejército, fueron dejados am-
bos por Benavides en el canton del Biobio, frente á los An-
geles, mientras que aquel se encaminaba con las demas tro-




CI/HE: 18?1. 203
pas á su cuartel gpnera! de Arauco, bien distante de pre-
vetr !{)s revf'SCS de sus armas, i el fatal destino que le esta-
ba preparado. Al llegar dicho Benaviles á Aranco, lo ha-
lló ocupado por los insurjentes, quienes se mantuvieron fir-
mes á pesar de los repetidos ataques de los realistlls, á los que
fue esquiva la fortuna cuantas veces quisitron apelar á su
proteccíon. Engreí los los rebeUes con sus cOlltinuados triun-
fas, manífestnon doble atrevimiento e~ sus consejos i un es-
traordinario esfuerzo en Ia ejecucion: desalentados los realis-
tas en igual proporrion se introdujo en ellos la mas escan-
dalosa desercÍon á las filas rebelJe~, des'le las que se presen-
taban á insultar á los fieJes, haciéndoles ver la impotencia
de su partido desde que depuesto el virei Pezuela habia sido
evacuada la capital del Perú retirándose las tropas del Rei á
la sierra. Trataban asimismo de completar la desmoralita-
cion de las de Rennides haciéndoles ver la ninguna esperan-
%11 de reroger el fruto de sus trabajos, pues que duenos lo.
insurjentes dil Pacífico, i posesionados asimismo de los pun-
tos de la cOita no podian recibir clase alguna de comunica-
cion i mucho menos de ausilios.


Estas alarmantes voces i envenenadas frases de amistad é
iuteres, unidas á las desgraciadas acciones que habian tenido
en aquellos días los realistas, llegaron á pervertir su espíritu
i aun el de los mismos indios, quienes por seguir el partido
del Rei recibian daños incalculables de algunos de sus mis-
mos paisanos, como lo eran los del partido de lVIalalches, ca-
pitaneados por los caciques Venancio Coiquepan, Me 'ipan i
otros, adictos á los insurjentes; pero las ar,~ng~s de los cacÍ-
qut's amigos, don Pdipe Güerchuguir i don Martin Cheü-
quemilla del partirlo de Arauco, don Francisco Marih'an i
don Juan l\Ianquinbueno del de Moluches, frente de los An-
geles, don Martin Toreano i don Juan Neculman del de lo.
Pegüenches, situados al E. de la cordillera de lus Audes j
Pampas de Buenos-Aires, los hacia n continuar en la deftnsa
de los Reales derechos.


Sin embargo de 10i brillantes rasgos de fidelidad i amor




;cf)'! eH/!.\<:; 1~'~I.
al Soberano espanol que presentaron en esta. oeasion algun:ts
tribus de los indios bárbaros, seguia el terror i la desconuan-
Z:iI de las tropas que defendían esta noble causa; i corno SiDO
hubieran bastado las razones indicadas para pones en el ma-
yor peligro á este desgraciado partido, se suscitaron tod:nia
otras que le aproximaron á la orilla dd precipicio. Fueron
estas las desavenencias, tan comunes en la rtvolucion de
América ~ entre Jos mismos gcfes realistas, i seíÍaJadamentc
entre el comandante general Benavides i el teniente coronel
Carrero. Aprovechándose este último del deseoncepto público
en que aquel habia caido á consecuencia de sus últimas des-
gracias, que las tropas i aun los miEmos indios atribuian á su
torpeza é impericia, llegó á hostigarle con tanto descaro é in-
solencia, que viéndose el malogrado Benavides sin apoyo, sin
amigos i sin el menor prestigio, determinó abandonar nnas
gentes que premiaban con tanta ingratitud SIJS anteriores pa-
decimientos i sacrificios, i se embarcó en una lanclla en el
rio Leviz en compañJ'.a de su esposa, del coronel Artigas, del
capitan don Mateo Martelin i de tres soldados con direccion á
las costas del Perú; pero la falta de hombres de mar que di-
rijiesen su frágil nave, i la escasez de víveres ide agua le
obligaron á arribar al Maule cerca del pueblo de Bilbao con
la mira de proveerse de los ausilios que necesitaba.


Habiendo enviado á la costa un soldado de su mayor con-
fianza para que esplorase el terreno, concibió al instante
aquel pérfido confidente el horrible plan de sacrificar á su
gefe por asegurarse la indemnidad de su persona i tal vez un
rico premio correspondiente á su traiciono Al llegar al citado
pueblo se presentó al alcalde, i le ofreció entregarle la perso-
na de Benavides si queria ayudarle en su proyecto. Oída con
el mayor agrado una propuesta tan lisonjera, cual era la de
poner en manos del gobierno de Santiago al enemigo mas ter-
rible que hayan tenido los insurjentes de Chile, salió el ei-
tado alcalde á ocultarse detras de unas tapias con 50 hombres
bien armados, en tanto que regresando el inÍcuo soldado, i
persuadiendo á Benavides de la seguridad con que podia des-




r.mI.E: 18~1. ~n.)
cm barcar por hallarse los veeinos de aquella pobbcion ccu-
pados en sus laDo res de campo, é informándole de la facili-
dad con que se proveeria de viveres i de agua, se resolvi6 á to-
car aquel suelo fatal, en el que fue al momento cogido por
los emboscados, asegurado con dos harras de grillos, i con-
ducido á la capital para ser la befa i escarnio del pueblo, i
para sufrir el mas horrible suplicio que le fuera impuesto al
afÍo siguiente.




!o6
W\~\IW\I\." \e'\/\,,,,,\ \~\;\f\ \ ~\!\\" \i\;\'\i\"\I\MI\ \i\ \J\J\'\I,/\i\i\i\i\j\¡\\ \i"\'" ""


CAPITULO X.


Llegrzd'l de tropas eo'omTu'anas i del general Suen á Gua-
yaquil. D'scordias entre los realistas. Ventajas de las tro-
pas de Pasto. Accíon de Genoi. Llegada á Quito de Mo-
les i MJrales comisionados para comunicar el armisticio
de Santa Ana. Suspension momentánea de hostilidades, que
fi~eron rotas m'ú pronto por el caudillo Pedro Lean Torres.
Salida de Calzada del reino de Quito i su peligrosfsima
fJiaje. Presentacíon de Lopez i Salgado al presiden U
Aimqrich con un batallon que habian formado entre los
mismos enemigos. Malogrado el plan de estos gefes con
los comandantes de las lanchas canoneras para dar un
golpe sobre Guayaquil. Brillante cuerpo formado en Cuen-
ca por Gonzalez. Su total destro.zo en Yaguachi por haber
·obrada aisladamente i sin combinacian. Critica posicion de
Aimerich. Illingrot sobre Quito. Segunda batalla de Gua-
chi. Nuevos esfuerzos de los insurjentes por todas Zas ave-
nidas de este reino. Armisticio de los de Guayaquil COIf,
To!rá. Llegada de Cru.~ Mourgeon.


,;,,\ unque los insurjentes de Guayaquil hahian visto ('om-
pletamente desconcertados sus grandiosos proyectos des'le la
derrota de Guachi sufrida ~n el alío antt:rior, se reanimaron
sin embargo á principios del presente con la llegada de al-
gunos refuerzos de la titulada repliblica de Colombia i con
la confian~a que les inspiró la presencia del general Su(~re.
Desde luego trataron de hacer nuevas espcdiciones contra IOi
realistas de Quito, entre los que se habia introducido algu-




(¿rITo: lS20. 2(J~
na discordia soore opinionfs políticas, producida desde la lle~
gada de las noticias de haberse jurado en la península la
aciaga constituci'ill de las córtes de Cádiz.


La repugnancia Je Aimerich en proclamar aquella forma
de gobierno, i el empelio de otros gefes en que se lillltase
el ejemplo de la ~1adre patria eran elementos poco favora-
bles para abrir la presente campi.!lla ..


Pasto se vió amenazado á principios de este aÍlo por nu-
merosos cuerpos de rebeldes que se estrellaron repetidas ve-
ces en los pechos de aquellos habitantes, i en el rIel no menos
esforzado comandante general don Basilio Garcia, que habia
reempla3ado á Calzuda. El territorio de Popayán i de la cos-
ta era ocupado alternativampnte por tropas de ambos parti-
dos. La bravura de los realLotas se senaló particularmente en
el Jia 2 de febrero subre la quebrada de Genoi, en que ata-
cados por 1200 hombres, pertenecientes en su mayor parte
á los ¡,at:ll1oncs de H.iflt's i Albiün, capitant'ados por el titu-
laJo general VaLles, fueron batidos completamente por 250
soldados de línea i por 500 paisanos pastusos, á que ascen-
dia toda la fuerza de los realistas, sin que el caudillo insur-
jente hubiera salvado sino 400 hombres, habiendo queJado
muertos i prisioneros Jos demas en el campo de batalla con
todo el armamento, pertrf;chos i €quipages i hasta las ofici-
nas ue los cuerpos i su correspondencia.


Hahria sido to,:lavia mas completa esta victoria, i tal ve2;
ni el mismo Valdés se habria salvado del irresistible brazo de
108 vencedores, si en el momento de la persecucion i cuando
ya se hallaba cortado por algunas guerrillas no se hubieran
presentado los comisionados Moles i Murales, enviado el pri-
mero por 111ürillo ¡ el segundo por &livar con el armisticio
de rrruJillo, del que se ha hecho mencion en el capítulo de
Caracas del aiío anterior.


Dicho Morales estaba de acuerdo con Valdés para entre-
tener al comisionaUo espariol con vanos pretestos hasta que se
huhiera visto el resultado de aquellas operaciones hostiles,
movidas por el mismo gefe Jupremo republicano que acaba-




20.) QVITO: ] 82 1 .
ba de jurar en Santa Ana la santidad de sus contratos. Co-
mo el resultado fue tan funesto á las armas rebeldes 1 se
apresuraron á comunicar el objeto de su mision quedando
por este medio dueÍlos de Popayán i de un inmenso territo-
rio que pertenecia de derecho á los vencedores de esta últi-
ma batalla.


Se s::¡metieroQ sin embargo los realistas á las disposicio-
nes del general en gefe espedicionario 1 quedaildo los insur-
jellteo en sus posiciones. Cuando Pedro Lean Torres que ha-
Li:! reemplando á Valclés en el mando de aquellas tropas Ue-
g6 á reunir unJS 2000 ha mbres 1 tr;¡t6 de dar un golpe á la
ciudaJ de Pasto despreciando los convenios pacíficos que se
h3.bian ajustlclo; pero al llegar al valle de Patía se vi6 hosti-
bada del molo mas vigoroso por los esforzados pastusos 1 que
García l¡abü situado de avauzada en aquel punto; i cómo
á estos t~rriblcs enemigos se agregase el del insalubre clima,
hubo de rctirarse á Popayán con la baja de 70e hombres,
cediendo vergonzosamente el campo á las guerrillas realistas.


Por estas fue perseguido hasta la citada ciud.ad de Popa-
yán, dc la cual salieron 80 caballos mandados por el coro-
nel negro, Infante, por un teniente coronel i cinco ondales
en persecucion d.e las mismas, á cuyo esfuerzo sucumbieron
tojos cn su vez en QuiIcasé á Ulla jornada de Popayán, ha-
]JicnJo sidu wnduciJos prisioneros á Pasto los pocos que sa-
lieron con vida de aquel combate.


Engreído Garcia cún estos ilustres triunfos 1 enyi6 tropas
bohre h custa dd Sur para libertar á Barbacoas i todo el pais
que se iu da desde l¿cuandé á Atacames 6 cabú de san Fran-
cisco ~ qm fue el punto {;l1 que desembarc6 á flnes de este
:HlO el t:,cncr:.¡l lHou!'geon en óu yiage para tomar bs riendas
dd gobi¡;fl1o de Quitu. Dej~llJo, pues, al coronel don Ihoi-
lio Garch en pacffica posesion de los pueolos del Norte, que
lw.biJ. s.lbido sujetar con sus victorias, volveremos á deseri,
,!Jir las o!.,crucÍcnes dt.: los realistas en la parte del Sur, Lian·
elu Ulla ripió reseua de la suerte firial que cupo al corunel
.c~La:!:¡ en este Dais.




Qnro: 18.:&1. ;2~
Despues que este gefe habia contribuido COffi(} simple


6ficial i consejero del teniente cOronel Vizcarra, que fue el
primero que tomó posicion en Genoi, i á cuyos esfuerzos se
debió en parte la citada victoria, recibió por el conducto del
comandante general don Basilio Garcia la órden del presi-
dente para regresar á Quito. Estando en la villa de lbarra de
tránsito para su destino, al que era conducido en clase de ar-
resto por un escuadran de caballería al mando del teniente
coronel don Manuel Rodriguez, fue .visitado por los comisio-
nados Moles i Morales, quienes le prometieron influir en. el
ánimo de Aimerich, para que cesase de una vez aquella hor-
rible persecucion.


Cumplieron éstos con tanta prontitud i eficácia su pro-
mesa que ya al dia siguiente le remitieron el pasaporte para
reunirse al cuartel general de Morillo. Lleno de gozo Calzada
por este importante servicio, mediante el cual podia abanrlo-
nar aquel ingrato país, en el que por premio de sus ilustrei
11azaiÍas i de los iniinitos sacrificios prestados en defensa de
los reales derechos, habia hallado un inflexible rigor de parte
del gefe su perior, una abierta pugna de algunas autoridades,
i los mas irritantes desaires de varios de sus su baltemos, se
entreg6 desesperadamente á los graves peligros que debian
acompaiÍ:r.lc en el viage qne cmprelllJió por las montarlas de
Sebendoi, á fin de no pisar territorio enemigo; i como al11e-
gar al Orinoco tuviese noticia de la salida de Morillo para
Europa, se dirigió ácia el Marañen ó rio de las Amazonas,
sufriendo las mas duras penalidades que le hicieron cree.r l'e-
petidas veces irremediable su ruina; i embarcándose para
Portugal llegó fclizmrnte á la península.


Déspues de haber hecho esta prolija di;resion en obse-
quio de uno de los militares que lIlas han trabajado en Amé-
rica, pasaremos á dar cuenta de las operaciones de las tropas
de Quito contra los insurjentes de Guayaquil.


Hallándose el general Aimerieh en Riobamba, tuvo del
mojo mas inesperado una de las mayores satisfacciones de su
vUa, que fue tal vez el origen, ó á lo menos el preludio de


Toxo IlI. 27




210 (lT'TTO: J 82 I •
una nueva carrera de triunfos. El teniente coronel c10n Nico-
lás Lopez habia sido llecho prisionero' cuando á fines de oc-
tubre del ano' anterior, fue' enviado por Calzada para dar
aviso á Aimerich de la aproximadon de los enemigos á la
capital: la fama de este bizarro oficial fijó mui pronto
la aten don de los rebeldes; i creyEmdo que la circuns-
tancia de ser un hijo del mismo suelo ameri~ano fuera liU-
ficiente garantía para merecer SIl confiunza, lit úejlofita-
ron en él de un lIJodo tan absoluto, que le permitieron for-
mase un cuerpo á toda su satisfaccioll, dc los mismos prisio-
neros realistas i de cuantos quisieran incorporarse á sas filas.


Fingilindose Lopez un ardiente promovedor de los intere-
ses revolucionarios, llamó astuta r maiíosamente á su servi-
cio á tolos los que habian dado mayores pruebas de adhe-
sion al partido realista, entre los que adquirió particular re-
comendadon el capitan ValJés, habiendo sido lIJayor toda-
vía su empeño en la eleccion de sus oficiales, de los que tan
8010 tres Ó Cl1;¡tro dejaban de estar adherídos á sus iueas i
proyectos Luego que hubo organizado dicho cuerpo, fue
enviado ror los gluyaquilmlos á las bodegas de llabahoyo
uniJamente con las tropas que mandaba el coronel don Bar-
túlolllé SalgaJo, aparentando operar en combinacion con las
demas fúerzasde los rebeldes; pero cuando se creyó en es-
t:\(Jo de poder descubrir abiertamente el objeto de susmanio-
bras, formó su tropa, i despues de haberla arengado con toda
la elocuencia que cabe en nn pecho inflamado, victoreÓ can
el mayor entusiasmo al Monarca espallol; i aquel acto tan
laudable como atreviJo, fue imitado' por la mayor parte de
su gcntc sin que se hubiera hecho la menor l'ielencia á los
pocos oficiales i soUados que se mantuvieron obstinados en el
partido de la insurrecciono


El plan de Lopez habia sido combinado con los coman-
dantes de las lanchas caúoneras, los que debian simultánea-
meute'atac[wal, puerto de Guayaquil i entretener á los re-
beldes por aquella parte en tanto que las tropas del Rei se
aproximaban por tierra á conseguir un completo triunf-o so-




QrITO: 1821. !tl
bre aquella rebelde ciudad; pero como dicha fuerza marí-
tima hubiera capitulado apénas hubo tomado una hostil inicia-
tiva sin que sea fácil averiguar la verdadera causa de su floje-
dad 6 torpeza, se frustró el golpe por este lado ; mas no pOI' los
esforzados Lopez i Salgldo, quienes ,puestos á la cabeza de
los que con la mas fina voluntad segundaban sus nobles im-
pulsos siguieron su marcha arrostrando todos los peligros de
1a mas viva persecucion, que emprendieron los rebeldes tan
pronto .como tuvieron conocimiento de su defeccion; i llega-
ron .al cuartel general de Aimerich, quien quedó tan satisfe-
cho ceomo sorprendido deh:ilIar generosos amigasen ve¡o; de
terribles contrarios, i dedicada á su servicio una fuerza que
creia lo fuese de los disidentes. Agradecido el citado gener:!l
á estc rasgo de acendrada lealtad concedió á Lopez el grado
de coronel, que aquel benemérito geferehusó .hasta que no
lo hubiera ganal10 con nuevas empresas ,guerreras.


El coronel don Francisco Gonzalez habia formldo en
Cuenca un cuerpo brillante de 1000 plazas, con el que se
cOntaba esencialmente para rechazar los nuevos esfuerzos que
hicieran los guayaquileños. La primera operacion de éstos se
dirigió á ocupar á Yaguachi i á Babahoyo ,que forman dos
de las tres salidas quehai desde el citado punto de GU3.ya-
quil para el de Cuenca; i estacionados en a'luelbs posiciones
se dedicaron á introducir e~ el reino el pestífero cebo de la.
seduccion, sin que la rigurosa observancia de los realistas
fuera bastante para impedirlo, i menos para cortar sus pro-
gresos.


Habia sin embargo en la mismaciudac! de Guaya pil al-
gunos sujetos recomendables por su Jealt3..J, que se pusieron
en comunicacion .con Aimerich, ofreciéndole su acrü'u coope-
racion é influjo en caso de dirigirse con sus tropas á dicho
punto ,como le aconsejaban debiapracticarse para acabar de
un golpe con el génio de la rebéIdia. Alent:1c1o Aimcrich con
este apoyo se determinó á dirigirse en el mes de julio ~ohre
Guaranda á fin de obrar en combinacion COIl la columna del
citado Gonzalez i dar un golpe decisivo á los indepcllllicntcs.




21.2 (!I'!TO: ¡52!.
Ante~ de emprender este movimiento previno á don Ba·-


5íIio Garda, que mandaba las tropas de Pasto, desplegase
toda la posible actividad i energía para sostenerse con hOrlor
en aquellas provincias en tanto que él se alejaba con. el
citado objeto.


El plan del referillo Aimerich no podia ser· mas acertado:
dirigirse á Babahoyo en donde debia reunÍrsele Gonzalez en28
de agosto, segun órdenes urgentísimas que ;í este fin le ha-
bia comunicado par:l caer con rapidez sobre la ciudad de
GuaY,lluil , cra una m;:miobra es(;e1entG, que debiera haber
sUo coronalla con el mas feliz resultado; pero aUIque pres-
cribid al espresado Gonzalez la necesidad de que antid¡xíra su
marcha desde Cuenca cruzando la línea de Yllguachi, á cu~tro
jornadas de di.:itancia, tuvo. este g.efe la mal caleulada presun-
(:ior!. de creerse bastante fuerte con su solo batallan para re-
novar Jos triunfos del aiio anterior; i llevado de b ambicien
de que se debieran éstos esc!usivamente á su direecion i va-
len tía , se arroj·) sobre ellos recibiendo en la completa des-
trucóon de sus 1000 hombres el escarmiento de su teme-
ridad, i una dura lecdon de los majes que produce la des-
obediencia militar.


El infatigable celo de este gefe i sus ardientes impulsos
de clecision por la causa del H ei dejaron de ser cuali:lades re-
comendables en aquella ocasÍon en la que la falta de subor-
dinacion al general que dirigia a'lelLis operadonues fue causa
del malog:t:o. de todl's sus plane¡¡ , i de que una campaña, que
prometia seguras· ventajas, fuera acompañada de los mayores
desastres.


Aimerich ignoraba lainctlnsiderada resalucion de Gonza-
le? , i por consiguiente la inutilizacÍon de a(!uelh respetable
columna, tan necesaria para el desarrollo de sus planes. Ha~
biéndola esperado en vano dos dias mas del prefijado para su
reunion, se resoh ió á emprender su movimiento en la no~he
del 30 con 800 infantes i ISO caballos que el teniente coro-
nel Moles habia organizado eu'Quito á su llegada en comi-
!,ion desde el. cuartel general de. l\lorillo , i cuyo gefe sen ia.




Ql'TTO: ,R21.
de segundo en esta campm1a" Atra\t;5ar;do el 1';1:1'131080 i nr¡-
vegaLle rio de 1<13 Bodegas ~ sobre u nas balsas dt gu ,í, ~ UllE 6
callas hravas, i la caballería á nad\), i contÍnu"l1,lu su nl'lr-
cha por aluellos ásperos terrenos cubiertos de malcÉ;:! i ar])()-
lado ~ llegó el l? de setiembre á.las inmc,liacioncs del indí~
cauo punto de Yaguachi ~ en, donde fue informado Je la des-
graciaJa accion de Gonzulez por un parlamentario) que le di"
rigi6 el mismo caudillo Suere.,


Conociendo lo crítico de su posicion determina instanta-
neamente su retirada, i la lleva á efecto con la mayor crIe-
úrlall; los enemigos se ponen á sus alcances; unos i otr83
llegan á un tiempo al mencionarlo rio de BabaliOyo; !.'Cl·O
verificando su paso con mayor destreza i prontitu,l las tro-
pas realistas, quedan las de Sucre á su retaguardia esten-
~ién lose unas i. otras s.obr.e la llanura llamada de la Sa.-
baneta.


Habiéndose reunido los disperso! que pudieron sarvarst;
de la derrota (le Yaguachi, se llJ:lntuvieron algunos dias es~
tacionados para dar á toJas sus tropas el necesario descanso,
que se veía ain embargo illterrumpido por el, cOlltÍnuo tiro-
teo de las gucrrHlas· enemi;.(as. Viemlo y::l Ai~nerich comple-
tamente frustrados sus primitivos planeB, resolvió retirarse
á la capital de Quito, que le quedaba 80 ltguas á retaguar-
di¡¡ : emprende una noche este movimiento retrógrado, los
enemigos le estrechan en un monte real, sufre allí una gran
pénlj¡.1á en municiones, hombres i caballos,. sigue en' desór-
den i disptrsion áeía Gu:¡r¡mJa, j. llega por fin á la villa de
Riobamba, en donde trata de estaciOllll'se i .le rehacerse de
sus quebr~t1ltos; pero los enemigos, ¡¡ne haLull ¡,;idu tn su
pcrsccuc:ion, i que iban ocupando con un solo di,! ue atraso
las posicioDc'8 que aquel aLallLlon:,ba, llegaron á co¡ocJ~'se
paralelamente al citado punto de Riobamb al otro lallo (le
la cordillera de Chimborazo ó ¡.JUcbb de f\loclJ",


En tanto que Aimerich sufria toda la ¡¡rn3~gllra de su
poskion se veia amenazac!i la c3pital por el aventurero ingles
Illingrot., que habia salido de Guayaquil por S.lUto Dllmi.n-·




21!~ QtTITO: 18~1.
go de los Colorados; pero 11ue1h henemiritl .gu'lrnl'~lon~
aurF[ue compuest:l de solos 80 hombres á las órdenes del co-
ronel don Damian Alba, .supo defen,jerse de este arroj,do
cau:lillo. La Tacuuga .habia .sido .invadida al mismo tiempo
por otra columna que hlbia .salido de dicho punto de Gua-
yaquil i penetrado por Angamarca; JnlS tambien fue ésta
recll1zada jJ'n el coronel Tolrá ,quehabia lL~g l']O reciente-
mente de i',fainas despues de mil encontralas vicisituJes
que habia sufrÍ,lo ea aquella provincia del mismo mojo que
en la de Trajillo con la llllyor constancÍ:! i deci,ion, si bien
de ambas .habiasidoarrojaJo yor .las vÍ<:toriosJsarmas de
los rebe'Ides.


Temiendo que sin embargo aeestos triunfos parciales
pu:licse dirigir Sucre todos sus planes sobre la capital, resol-
vió ponerse en mucha para defenderla de tojo golpe de
1ll1nO; i asimismo para proveerse de víveres, de que ya em-
pezaban sus tropas á escasear á causa del aislamiento de Sil
posiciono Habiendo emprendido con efecto su rdirada, le-
vantaron igualmente el ,campo los enemigos,é iban en su
Beguimiento con solo la cordillera de por meJio •. Era el 12
de setiembre cuando ácia d mism'l punto de Guachi, en
donde habia dado Gonzalez su primera .acGÍon en el allo ano
,terior, se avistó un pequeúo cnerpo enemigo como de des-
cubierta, sobre las colinas de la Jerecha que daban frente .al
camino .


.A.larmadoel general, i sabiendo que Sucre, aunque era
mui superior .en .infantería \ tenia mucha desventaja en el
arma de caballerfa ,se lisongeó de que le seri.a propicia
la suerte de las armas si 'lograba empeiíH un lance en
la llanura, Descenlliendo á ella con este objeto, se situó á
mas de tiro de caiíon del enemigo, aguarJando impaviJa-
mente el ata'lue, del que no dudaba, i de cuyo resultado
estaba pendiente h suerte de tojo el reino.


Habiendo roto la marcha los rebeldes, paiaron los realis-
tas á situ:use al apoyo de una pequet1a ensenada, en la que
remata dicho estenso llano: fórmanse aquellos en batalla i




QnTO: J 3,'21. ~n 5
ros reali~tas en colllmna~ sencillas; nuestra caballer{a da dos
cargas furiosas sin obtener las ventajas que se babia pro-
puesto; se relwcc d~ m;evo á la izquierua Ud la línea ene-
miga, que habia formado su cuauro· con toúas las re;:;Ias del
arte; mas volviendo aquella con nuevo aruor á la pelea, es
ista arrollada j. deshecha, i cede todo al impulso de los
realistas.


El campo quedó cubierto de cacláveres, i en poder del
vencedor los erluipages, pertrechos, municiones i tocIo el
material del ejlircito. La viva perstcucion que 8e d~ó á los
prófugos agreg6 las últimas tintas á aquel cuadro de deSLlh-
don i espanto. El español Mires (1), general al servÍc:io de
Colombia, 40 oficiales, entre ellos algunos estrangeros i
800 501dadbs quedaron nncidos al victorioso carro rea:ist:lr
el resto de la fuerza insurjente, que ascendia á 1 óoo al
principio de la batalla, quedó mordiendo el polVo. Solo el
general Sucre, herido levemente, i unos pocos oficiales pu-
dieron evitar con la celeridad de sus caballos la il1fau,ta
suerte que cupo á sus compaiÍeros.


ToJo, pues, lo perJieron los rebeldes en· esta memorable
jornada, en la que todas las clases dd ejército espanúl se cu-
brieronde gloriá, especialmente la cabaHerb i sUJ¡Iigno CO'llan-
dante el coronel nIoles, á cuyo esforzado brazo é incolllr'urahle
arrojo personal se debió principalmente el honor dt. t~n bri-
lIante,"ictor;a, que costó sin emb"rgo la sensible rúdida de·
una tercera parte de su fuerza, i dd bizarro COrollel· Payol.
Recogidos en' aquella misma tarue los heridos de una j otra
parte para derramar sobre ellos todos los ausilios dd a;t:')., i
recorrido el campo~de batalla al día slgr.;icntc per el COY0nl'l
don Miguel de la Piedra, emprendieron los realiH:¡s W 1:'ar-
cha para Quito,.cargádos con tantos i tan ilustres tfo:eos, i
llegaron á loo pocos di,:s á recibir los aplar;sos debiJos á su
constancia r valent{a.


~l) E~te fue uno de los ddat0rts de la cur,t,·arevulucilJll d~ Cat¡¡~af
'f1l ISII) , conocida- coa elllombre de los L¡llar~5.




.210 QTTro: 18'11.
IJejos de desanimarse los disidentes guayaquileiíos con tan.


daros i terribles contrastes, redoblaron su arJor i energía
IJara levantar nuevas trop(l~, i para volver á adquirir una
actitild igualmente respetable. Los insurjentes de Santa Fé
habían reunido fuerzas imponentes por la parte de Popayán
i amenazaban dar un golpe á las tropas que guarnedan aque-
llospuntos. Los del Perú amagaban una illvasion por la par-
te de Piura. La atencÍon de los realistas estaba, pues, divi-
dida Bobre una estension de terreno de mas de 220 leguas
de N. á S. i de 120 de E. á O: su fuerza para cubrir este
inmenso espacio no pasaba de 2700 hombres, de los cualcl
re hallaban 1 ~ en Quito, 200 en Cuenca i 1 Seo en Pasto,
600 de los cuales eran del ejército espedicionario i el resto
s.e componía de paisanos que suplian con su decision, fideli-
dad i arrojo su falta de instruccion i disciplina.


Deseosos los guayaquileÍlos de ganar tiempo para termi-
nar sus preparativos guerreros, entraron en negociaciones con
el coronel Tolrá, que se hallaba situado en el campo de Sa-


bUlleta, i despues de varios debates se ajustó á fines de no-
viembre UD insignificante armisticio, en virtud del cual se
retiraron los realistas á Riobamba, i quedaron suspensas la.
hostilidades, mas bien por haber ocurrido á este tiempo la
inundacion general de las montañas de Gvayaquil, que por
voluntad de los disidentes en observarlo ~ i menos por la de
Aimerich en ratificarlo.


Habiéndose tenirlo noticia áeia esta misma época de la lle-
gada elel general don Juan Cruz Mourgeon con el carácter
de "irti de Nueva Granada, se dirigieron au~iliol para habi-
litarle el penoso camino que habia tomado desde la costa de
l1t:.leames, en la que habia desembarcado con procedencia de
¡'anamtt, segun se dirá mas por estenso en la parte destina-
da ;;Í describir los sucesOs del istmo. Eran ya los últimos
dias de r 821 cuando Mourgeoll tomó el mando de la presi-
dencia de Quito; quedará por lo tanto suspensa la relacio.a.
b¡~tórica de etite pais hasta el aúo iiguiente.




Qlj
\Jli\l\'\i\I\J'i\'\:\\'\\i \,\ u, U! 1 H\' .. '\\!\\ nnnnn ,h\;ü H.\ \il ';.; \:\, II \ "'''


CAPITULO XI.


r


FE:


$,úida de Cádiz del general Cru:<: lV[ourgeon para tomar el
mando del reino de Q,úto. Contrariedades en sus planes á
causa de la batalla de Carabobo. Su llegad1- á Panamá.
Discusiones sr,spendidas en el capítulo del ano anterior
acerca de reconocer la autoridad de Sámano. Detalles ge-
nerales sobre el istmo. Apresto en él de una espedicion so-
bre Quito. Enérgicas disposiciones de Cru.~. Su salida. Su-
blevacion de dicho istmo de Panamá. Llegada de la espe-
dicion á la costa de Atacames. Situacion penosa de 'eslas
tropas. Descripcion del terreno recorrido por ellas en su
tránsito para la capital. Su feliz arribo. Mala fe de los
sitiadores de la plaza de Cartajena en sus comunicaciones
(J()n el comisionado Landa i COIl el gobernador Torres.
Abierto rompimiento del armisticio. Progresos del in sur-
jente Padilla pélr mar. DecisiOIl de Torres. Su desaliento
al saber las desgracias de Venezuela i al verse privado de
los ausilios de la Habana. Promesa de entregar la plaza
por todo setiembre sino recibía v/veres. Honrosa capitu-
¡acion.


El gobierno constitucional de la penlnsula, que creia po-
tier arreglar los negocios de Méjico i calmar la furiosa insur-
rece¡on suscitada por ftllrbide enviando á aquel reino un ge-
neral de prestigio que supiera al mismo tiempo conservar las
instituciones liberales que formaban el principal ohjeto de
!ms desvelos, i cuya desacerta4a consideracion fue indudable-


TOMO III. !.lB




.:nS ~,\r.\ r¡;: 10:.l)'
mente la G1US:l di! la ruina de aqllellos p.lises, Jwhia nombra-
do al general dOll Juan O'Donojlí par,l el desempefío ue e>:ta
eomision, i dispuso igualmente que se emharcJse en el mis·
mo navío ~ que lo era el Asia, el general don J Ll31l dc h Cruz
l\:Iourgeon con destino á Panamá i con el título de virt'Í de
Santa Fé, que deberia tomar luego que hubiera reconqllista-
do las dos terceras partes ele aquel reino, yendo hasta enton-
ces revestido con tI cadcter de c:lpitan general i presidente
de Quito.


Salieron ambos comisionaJos del plIcrto de CúJiz en 3c
de mayo, i llegaron á Puerto Cabello en 4- de julio á tiempo
de hallarse alli reunidas las únicas tropas realistas que pisa-
ban el territorio venezolano como un efecto de la desastrosa
batalla de Carabobo, por la que se perdieron todas aquellas
provincias. Viéndose Mourgcon privado por tan inesperaJo
acontecimiento ~ de los ausilios que segun órdenes del gobier-
no debia prestarle el capitan general Latorre, Imbo de ape-
lar á los cEtremados recursos á que le obligaba su apurada
situacion á fin de no dejar ilusoria su salida de la península.


Reunida previamente una junta de generales á la que
asistieron O'Donojou, Mourgeon i Latorrc, i los hrigadieres
Correa, Sartorio i Mor<lles, se acordó que dicho lHourgton,
se trasll,ldara á Puerto Rico hasta que el gobierno de la pe-
nínsula, mejor imtruido de los últimos sucesos de Venczut"la,
tomase las medidas que no habian estado antes tn w previ-
~ion; mas era tan grande la fortaleza de ¡ínimo de este guerrero
que se empeñó en llevar á cabo la empresa eont1ada á su celo.
Sin ha bu recibilú de Latorre lIlas que unos pocos olici;, les,
sargentos i 501, lado~ de su clerrotaJo ejérc~to, i la com¡nllía
de cazadores de Lean (¡ue pert~IJecia al 1'cino, se feStJiVÓ á
pas:J.f á la isla de Cura.:ao á pedir á aquel Johernarior un hn-
que de guerra que lo convoyase á Chagre5, con cuyo f)hjcto
le habia precedido su ayudante de campo dou Pascual lVklrs.


Hallánuose á aquella sazon el citarlo gobcrna'/or t(Jf~I­
mentí:; desprovi!to de buques de guerra, se frusuo por est:!
Causa el principal fundamento de su eipeJicion, si bien rc-




,~ \ '1 T \ FI::: 1 c') 1 1 • !l I !)
cihió en dicha isla las mayores atenciones indIcantes la gra-
titH:! llObwlesJ. por el reconocimiento qUe las tituladas córtes
aCJ,!Jalnn de hacer de su deuda. Sin desanimarse lnourg,~on
por cst:l contrariedad ~ i sin c¡u~ le i\rfC frasen los peligros de
:l1lJelh navegacion, resolvió h3cersc Ú la nla ¡):Ira CIl:1grcs,
obligando al cOlmnJante del queche Hiena, cuyo buque le
lnhia sdo con,:ecli:Io por Lltorre para (lue le acom ¡mfÍ:lse á
Curdzao, á que le siJuiesc cscoItánJulo hasta el cita'Jo pun-
to de Chagres.


Habieudo arribado á él en 12 de agosto des pues ue habe~
mfri:!o los nnyorcs quebrantos por erecto de la fiebre ama-
riUa que se' habia declarado en tojos los blques del eonvoi,
se dirigió úcia Pamml, en donde hizo su entrad..! en I6 del
mismo mes, no bien libres tou.avia sus soUad03 de aquel con-
tagio, al que sucumbieron muchos europeos.


En el capítulo del aIlo anterior quedó suspensa la discu-
sion sobre si don Juan Sám:l11o debh scr reconocido por ca-
pitan general i virci. Como este se hubiera empeilado en pa-
sar desde Ch:lgres á Panamá contra 10 rcsuelto cn las actas
del ayuntamiento, se pretestó que no pocHa dársele el maudo
llar que no había jurado la constitucion segun prevcnÍan las
órdenes que regian en aquella época. A pesar de haberse
1l1bIl1clo 3:rue1 respetable anciano á celebrar en 21 de enero
este acto que tanto le repugnaba, halló todavía una tenaz,
oposicion de parte de dicho ayuntamiento: 3uelto entonces
:í los gefes i oficialcs de la guarnicion que habian asistido á
a'lueHa juntl les preguntó si reconocian su carácter; algunos
manifest:uon adherirse al partido de oposicion; pero los IlIas
se inclillabm al de la legitimidad.


Temiéndose entonces que la dirersidad de pareceres de
un cuerpo t~n numeroso pudies~ producir alguna awnada
militar se dispnso á pro ¡mesta del coronel don Isidro de Die-
go, qUD SD retirasen los oficiales i quedasen solos los gefes
en junta u.e gllerra para decidir aquelh cuestiono Dirigiénd()-
se entonces Sámano al menos conlecoraJú que lo era el co-
mandante de pardos don Francisco Mexcaclillo, i por su 01-




220 ! A:'iTA ri:: 1 82 I • ../d"'
den hasta lIegar tÍ dicho de Diego CO!110 de mayor i mas
antigua graeluacion, todos convinieron en que se le confia-
sen las riendas del gobierno á pesar ele la repugnancia del
general Porras i de la abiel ta ofosicion del c!tádo ayun-
tamiento.


Siguió, purs, el istmo bajo la autoridad de Sámano hasta
qui nce dias antes de la llegada de Cruz lHourgeon, en que
por su repentino fallecimiento fue devuelto el mando al eg-
presado Porras. El coronel de Diera habia sido el alma de
las operaciones políticas i militares durante todos los gobier-
nos. El influjo que egercia en el pais debiuo á su larga reii-
dencia en él, á su carácter de primer comandante del Inta-
Han europeo de Cataluña, i finalmente á su enlace con una
de las familias mas riras de la ciudad, le daban un peso de-
cisivo en todos los negocios. .


El istmo habia sido fiel al Monarca espariol mientras que
la mar del S. habia estado dominada por sus buques. Pana-
má es una poblacion esencialmente comercial, i debe estar
por necesidad sujeta i aun adicta á quien le preste mayores
facilidades para seguir su giro mercantil. N o es, pues, ue
estraJlar, que desde el momento en que le faltó el apoyo
de los realistas, desde que sus puertos se vieron bloqueados
por los insurjentes, i desde que cesaron sus utilidades i ga-
nancias, desease la terminacÍon del gobierno espaiío1. Mucho
antes habria sido éste derribado sin el respeto que impo-
nia el batallan de Cataluña, i sin los estraordinarios esfuer-
zos de m coronel para destruir las maquinaciones de los d~s­
contentos.


Poco antes de llegar lVIourgeon á dicha plaza se hallaba
en tales escaseces i apuros que se habria visto precisada á
capitular si de Diego no hubiese sabido llallar recursos para
sostenerla. Conveucido aquel gc/:/eral de la necesidad de salir
pronto para Quito, tanto por ser este el punto de su destino
como por aliviar las pesadas cargas que era preciso imponer
á los panameños para proveer á los gastos de una gu:unirion
tan numerosa, despleg6 aquella energía que le era tan natu-




1;,~XTl rÉ: ,S21. 21/
[al para la organix:lcion de nuevos cuerpos i para el apu-
to ele una eSlJedil'ion. Uno de sus primeros cuidados fue la
cleccion de un gefe á quien pudiese confiar el mando Jd
istmo, puesto que Porras iba á salir con destino para la isla
de Cuba.


De Diego era el mas á propósito para este encargo;
pero estaba empeÍlado en regresar á la península i no fue
posible disuadirlo de aquella idea. El teniente corcnd don
José Fibregas, gobernador de Santiago de Veraguas, fue rre-
¡entado como sugeto de los mas fieles i acrecIit<::cos en tl
servicio del Rei: en este, pues, recayó la decdon de IUour-
geon, i para comprometerle mas en defcnJer la justa C:lusa de
la Metrópoli le confirió el grado de carenel, i le afrcció m
amistad i el mas decidido patrocinio si sabia hacer fespetar
la autoridad real, en tanto que opera mIo él sobre el reino
mejoraba el rstaJo de los nego~ios, i aun el de la marina, que
~ra de 10 que mas necesitab:m los p:mamCllos.


A beneficio de su a('tividad formó Cruz en brcve tiempo
el batallan de Tiradores de Cádiz sobre la base de los ofitia-
les i tropa que habia llevado de Esp3l1a i Costafirme, otro
batallan de parJos, i dos escuadrones de caballería sin mon-
tar; puso en estado de salir á 1:1 mar á la mui deteriorada
corbeta ./llejandra, que poco antES habia arrebatado de Jos
enemigos de Guayaquil i conducido á este puerto el piloto
don Ramon Oyagüe; logró que el comandante del qucche
1Iiena don Benito Larraigada se quedase para dirigirla; i fi-
nalmente iban tornando los negocios un asombroso impulso
cuando quedó todo paralizado por una aguda enfermedad
que l1izo desesperar de su vida. Mas luego que se hubo
restablecido se dedicó con nuevo ardor al apreste de la ci-
tada espedicion.


Esta se componía de 700 á 800 hombres, que fueron em-
barcados en la indicada corbeta la Alejandra, en tres peque-
tías goletas del pais que se armaron con un catlon de colisa
cada una, i en otros barcos costeros, forll1«ndo un vi,ibIe
4!ontraste la estrechez de los recursos con lo grandioso i arl'iec-




:-~~?I~ ~,\~T,'\ Jq:: lS.~1.
garlo de la cmpres:1. Pasma en cfecto como Cruz se hubiera
atrevido ~í com:ebirla clrecien:io de todo para llevarla á ca-
be>, i esp~Gi:t¡m~nte de numerario. Tallo su celo sin embargo
no 1I1brÍl bast:do si en tan crítica3 circu::lst1ilcias no ¡mbie-
ra aparecido en aquel puerto el negociante don Fr:mciseo Lu-


CÜUG JVLlrrietl., em'jalo des le AreC¡éli¡Jl á eomprJr fusiles,
lU,ddulS i otros pertrechos para el ejército Real del Perú.


COIl mas de 20.0:)0 pesos que dejó lflurrietJ en pJgo de
103 cÍtldos objetos, COIl 7.0:)0 que aprontó Cruz de su pro-
pic;/ad i con el préstamo de algunas celosos re:di¡;ta3, se pUlio
dlr un ripilo movi,niento á estas opCmCiO!lBS, i zarpu el
anda en 26 de octubre.


Sin em!nrgo de haber dejado Mourgeon en este punto uu
gobernador que parecia lo fuera de toda su con!bnza, asi
eomG un batallan de parlos l dos compallíJ.s dd ¡? de Ca-
taluth, i otras dos del de tiradore, de Cádiz, que se sortel-
ron plra este servicio, se subln'ó á las pocos dias de su sali-
d:!, por iaflnjG del corrompilo ay:wtamiento, i con el ausi-
lio de las mislJus trap:!s del pais, á cnyo pronunciamiento
hubieron de sucumbir 103 pocos espaCíoles que h:ibÍ1n que::la-
uo, i entre ellos el mismo coronel de Diego, cuya resisten.
eh fue in fructuo.ll C11 esta ocas ion .


Ihbién:Jose dirigi,fo prilll~film~nte los buques á hacer
agulü en la isla de 'l'aboga, zarparon nnevJ.cnente el ancla
:í los cuatro dia, dede este último punto con la aparente di-
rcccion sobre MJnte Cristi en cuyas inmciiaciones se decia
bs es¡¡crJ.b3. LJrd CJchl'anp, con su es;;uadra para batirlos;
pero :El:! pe el gcn~nl Nbnrgeon trató de lucer público i
Ilot::.rio Ú tolos, que se dirigi'lll SI13 miras á descrnb:ucar eu
ddlO pJnto; se traslucía sin em bargo que estos eran ardides
para deslurnbrar ~ los agentes encubiertos, i para salvarse
m~jor de las asechanzas que pulieran armarle sus contrarios.
Asi pues apenas se IllHó en alta mar, envió á su ya mendo.
nado ayu:lantG de campo el capitan Mole.s en una de las go-
letas armadas á reconocer la rada i pueblo de Atacames, i


facilitar algunos víveres para la citada espedicion, que .llegó




~.\:\T.\ fié: 1(-19.1. 223
felizmente en el dia 23 de noviembre, aunque dispersa de un
recio tempor:)/'


El mismo ayudante l\-Tolcs fue tl1viado sin pén!ié!a de
tiempo á hacer el reconocimiento del rio If:~m€raldas i del de-
sierto que se liana hasta Quito, con el objtto de anriguar el
estado de aquel reino, i si la capital se sQstenia todavía por
la EspaÍia' ¡ tal era 1¡¡ incomuniCacion en que se estaba des-
de mueho tiempo con aquel pais! La situaeion de los 700 á
800 hombres quc IIe~'aba Mourgcon á sus órdenes, era su-
mamente crítica: había debido este general despedir los buques
qne le lnhi:m conducido á dicha3 playas; se hallaba en un
pais árido é iacuLto, enterameate aisbdo, i sin que [,udien
adquirir la menor noticia dc los limítrofes que habian sido el
ttatro de la guerra.


Se sostenia felizmente el reino de Quito á favor del Rei
bajo la direceion del mariscal de campo don lVIelehor Aime-
tich: lIno de sus oficiales don Franriseo Carrai1o, que pasaba
de observacion á Esmeraldas, se halló en medio del desierto
con el espresado Moles que precedia la marcha de l\1ourgeon
para allanar el camino i. sus dificultades. T:m sorprendidos
uno i otro, como lIe:nos de plarer por este feliz encuentro
que anunciaba á amhos un porvenir dichoso, siguió cada uno
de ellos para su destino; i el cnviado de iVlourgeon llegó á
la capital dcs¡mes de nueve dias de marcha que empleó en
cruzar dicho asperísimo desierto, aunque de solas 30 leguas


. de estension.
Poseidos los realistas del mas puro gozo al saber el pr6-


ximo é inesrera lo arribo de la esp.edicion europea en momen-
tos en que eran tan nec¡~sarios aquellos refuerzos, dispuso el
genera I Ail/lerich que S1líeran inmediatamente algunos cente-
nares de indios para ai¡rir dicho camino, i llevar al capitan
general i 1 su tropa CUi.tntO. víverdl! i ausilios pudiera necesi-
tar. El lUaito ad'iuiri,io por este cuerpo de }ro¡:¡as en haber
sido el nrimero que baya cruzado por .este clifirjHsimo i. ca-
si intransitable terreno, nos obliga á destinar algunas Iínea$
á su ueseri pcion.




l1Jl pueblo de At:lcames es luhit:l:lo por i:1dios <1ue viven
de frut'ls silrestres, i se [lreocllta por lo t mto hajo el aspec-
to IIJas miserable. La villa de Esmerallbs, pobhb tarn bien
de indios éa,i en su totaliJa,I, tiene algo mlS de importm-
ci:l; pero carece así mismo tle recurs,), i auu del P;lll que es
muí poco conocido en ella. Era, pues, in\lispenslble que
las tropas espe,licionarias salieran pronto de ar/LIdlos tristei
lugares. Su viage mas rápiJo i mas practicable se hace por
el rio sobre canoas pequeúas hasta el punto llamado puerto de
Q:u'to. Este fue el primer moví'llÍento que hicieron los espe-
dicionarios, no sin las mayores dificultades á causa de la es-
casez de dichas canoas, por lo que debieron las mismas repe-
tir sus viages hasta que hubieron trasportado á todos los in-
dividuos i efectos.


Desde una casa de madera bastante grande i cómoda, que
fue construida en otro tiempo por el gobierno espalíol, i que
en estas circunstancias sirvió de punto de reunion para todas
las tropas, iban estas saliendo en pequeú:ts partidas ó peloto-
nes para internarse en el desiert0 sin mas víveres que pláta-
nos fritos, de los que se habia hecho b:lstante provision en
el mencionado puerto de Quito. Un gran número de indios
armados de machetes é instrumentos cortantes, rompian la
marcha para despejar el camino de la espesa ;maleza que lo
ostruia, puesto que llIoles que les habia precedIdo en la mis-
ma direccion, no habia hecho mas que trazar las veredas
para cruzar rápidamente i á la ligera en desempeuo de su
comisiono


Este horrible i solitario desierto ahuyenta los rayos de 1
Sol con las copudas i elevadas cimas de sus árbole3: de estoi
parece que son seÍlores únicos i absolutqs los monos que se
bailan con una abllndancia prodigiosa; el dominio del terre-
110 lo pretenden de uri. modo esclusivo las venenosas cule-
bras que· no permiten que naJie vaya á disputárselo sin qu e
pruebe· los efectos de su mortal mordedura, i los tigrillos que
se arrojan asi mismo de noche sobre todo ser viviente. Otra
de las particularidades de este desierto, es la lluvia que cae




SANTA FÉ: 1521.
periodicamentc todas las tilrdes, en cuyo tiempo se hace pre-
ciso suspend'Jr la mucha i formarse un abrigo con ciertas ho-
as graneles parecidas á las del plátano, con las que se levanta


una especie de techado sostcnido por algunos puntales. La~
dificultades para cruzar por estos asperÍsimos bosques, se au-
mentan con los barrancos i torrentes que se haIlan á caela
paso.


Puesto el general Cruz á la cabe~a de esta caraba na del
desierto, camillauclo tí pie para dar egemplo de constancia i
sufrimiento, resbaló al cruzar uno de dichos riachuelos, í
dió Ull!l cada funesta que fue tal vez la primera causa de
su muerte ocurrida á los p9COS meses. Al ver los soldados
que SLl general era el primero en las privaciones i padeci-
mientos, creció su entusiasmo i el deseo de prestarse á cuantos
sacrifidos se exi¡;iesen de ellos. El viage sin embargo se ha-
cia mas largo de lo que se habia previsto, i empezaban á
escasear l:.!s provisiones; pero su justa aprehemion se vió des-
vaneci t.l co'] Lt pr,);¡tl a;nrieioa de los ausilios que habian
sic/::¡ remitidos de la capital: ya desde entonces se hizo mas
ripi la la rn~rc!Ja, si bien fue de cerca de un mes ~ 10
que prueb::t las grandes dificultades que se esperimentaron
en ella.


Er:J, pues, el dia Z 4 de diciembre c!J.1ndo el general lHour-
geon hizo su entrada en Quito, lJabiendo tomado á su con-
secuencia las riendas de aquel gobierno, de cuyas operacio-
nes lublaremos en el capítulo del aiío inmediato, pasando en
el entretanto á recorrer los ,sucesos de Cartagena.


La plaza de Cartagemt se sostenia con el mayor empellO
á pesar del estrecho hloqueo que le habian puesto los rebel-
des. El capitan don Manuel Landa, que en comp:i!lífa del di·
~idente coronel Briceño Me!ldez habia pasado desde Santa
Marta á comunicar el armisticio de parte de Morillo al go-
bernador don Gabriel Torres, i á demarcar los límites de
las posiciones respectivas, se vid sumamente contrariado en
el noblf' objeto de su eomision por las arterías é intrigas de
los en.::migos. La formaliuau i franqueza que erm cancterIs-


Tm,¡u III. 29




SANTA rÉ : 1821.
ticas al capitan castellano formaban un contraste demasiado
fuerte con las sutilezas é ignobles manejos de los insurjentes.
Aburrido dicho Landa al ver la mala correspondencia á su
celo i justificacion, se embarcó para la Habana dejando el
citado encargo al gobernador.


A si, pues, puede decirse que las ventajas del armisticio
se hicieron ilusorias en Cartagena; por que si bien los sitia-
dores suspendieron aparentemente las hostilidades, no drja-
ron por eso de estender sus trabajos, a.i como su dominie
sobre puntos que no les correspondian, cuales fuenm las Su-
bánas del Corozal i Tolú, abundantemente provistas de vÍ-
veres , cuyos habitantes que habian dado incqulvoeas prue-
bas de su adhesion á los reales derechos, quedaron sujetos ií
todas las tropelias que debian prometerse de sus irritados con-
trarios.


En medio de rutas discordias se observaba entre ambas
partes U;l1a aparente armonía, que fue interrumpida á los pri-
meros avisos de haberse roto el armisticio en las provincias
de Venezueb. El brigadier Torres desplegó desde este momen-
to nuevo vigor i energía para prolongar la defensa hasta donde
fuera posible i permitido por las leyes de la guerra. Mien-
tras que pedia urjentc3 socorros á la isla de Cuba (que nun-
ca le fueron enviados) hacia varias salidas para destruir las
obras de los sitiadores i para proporcionarse algunos víveres;
pero aunque fueron felices, especialmente la que hizo el re-
gimiento de Leon sobre Turbaco, cuartel general de los re-
beldes, no mejoraba de modo alguno su rosicion.


Mientras que dichos sitiadores se fortificaban cn el cerro
de la Popa, adquiria el dominio del puerto el gefe de mari-
na, Padilla, introduciendo sus bongos de guerra por tI dique.
Sublevada á esta sazan la guarnacion de Bocac1¡ica contra su
comandante, fue entregado aquel C3Stíl10 á los rebeldes ha-
biéndose agravado por este funesto incidente la situacíon de
]a plaza. Los mismos bong0s que Padilla habia introducido
en el puerto sacaron de su muelle ó arscnal las lanchas caiÍo-
neras que allí .se habian situado para su mejor defensa. De




S,\XH Ff.: 1821. 2"-
cuantos golpes sufrieron los realistas en este detgracíado siti~
ninguno se ¡lizo mas doloroso i menos creíble que este últi-
mo, consiJerando que no podia llevarse á efecto sin cruzar
por debajo de los fuegos de las baterías i sin entrar i salir
IJor estredlOs que podrían defenderse con sola la fusilería.


Se veia, pues, qye una mano oculta iba desmoronandQ
[¡que! edificio á pesar de los esfuerzos de los lea1es españoles.
El brigadier Torres manifestaba estar resuelto á pesar de es-
tos contrastes á sppultarse en sus ruinas antes que permitir
fuera desairado el pabeIlon de Castilla, i selló estos nobles
lientimientos con la firme i aun altanera respuesta que dió
á los gefes sediciosos, los que desde los primeros días de julio
babian principiado á intimarIe la rendicion.


Los vÍvereli i recursos guerreros no correspondian sin eIll-
nargo á la arrogancia que manifestabau los realistas en su:¡
comunicaciones: aquellos en particular escaseaban de tal mo-
do que muchas persolJas se yieron precisadas á evacuar la
plaza es poniéndose á todo:> los insultos ele una furiosa solda-
desca i á ser rechazados en su mayor parte con la idea de
que no disminuyéndose el mímero de consumidores se leri-
ficase mas pronto la rendieion. 'rodo, pues, parece que cons-
piraba contra Jos fieles defensores de C:1rtagena sin que se hu-
biera ahatido su ánimo llasta que hubieron recibilo noticias
de la derrota de Cara bobo , de la capitulacion de Pereira i
cIernas sucesos desgraciados correspondimtes á la historia de
Caracas.


Fue entonces cuando conocieron la necesiJad de oir con
menos sobervia las intimaciones de los rebeldes. Los víveres
de que podia disponer Torres alcanzarlan e3casamente para
todo el mes de setiembre: acordó por lo tanto con los enemi-
gos que entregaría la plaza si en todo el curso de dicho mes
no recibia refuerzos ú ausilios. Se preparó en el entretanto la
capitulacion que fue firmada por ambas partes eil 22, por la
que obtenian los realistas cuantas condiciones ventajosas po-
dian prometerse en su crítica posiciono


.La lIlas sólida garantía de personas é intereses, la libre


; ~'-'.
'<;¡
\' ~




~alida de uno i otro en el término de seis meses á cuantos lo
deseasen, el embarque por cuenta del gobierno disidente de
todas las tropas de la guarnicion conservando sus armas i
efectos sin ser considerados como prisioneros de guerra, su
segura tradacion á la ida de Cuba, i otras varias concesiones
á cual mas brillante i honrosa á las armas que habian ma-
nejado aquellos leales, fueron las bases principales de esta ca-
pitulacion, mediante las cuales fue entregada :.í los illclepell~
dientes la llave del reino de Santa Fé i la mejor fortaleza
de la América del Sur, cuya toma l¡abia sido tan costosa al
general Morillo en I 815.


Parece que si esta plaza hubiera recibido algunos ausilios
de la Habana habria podido sostenerse mas tiempo, en cuyo
caso variaba enteramente la escena polítiC:l. El general Mo~
rales al operar sobre Coro i Maracaibo tenia puestas sus mi-
ras sobre este punto, i no era improbable que hubiera podido
combinar con su gobernador algunos planes que tal vez ha~
brian tenido un influjo decisivo. Se perdió, pues, dicha pla-
za, i con ella las esperanzas de volver por entonces á domi-
nar el reino, del cual ya no quedó á los realistas mas que la
parte de Quito.




220
n n \\" \, "\iH \\ ~'\n n \tu, \\ n \\ \\;\;Hf\. \'\ \;'\ Vt \;'\ \ \ 'V .. \\ \'\ \\ \\ \\ \~


CAPITULO XII.


CARACAS:


Noticias sobre los comisionados enviados á América para en~
trar en negociaciones. Maquiavélica conducta de Bolivar
¡.qe sus mandatarios. Sus preparativos para abrir la cam-
pafia. I~ifracciones del armisticio en Barinas i por la par-
te de PopaytÍll i Cartagena. Forzada sublevacion de Ma-
racaibo, que puso en claro la perfidia de los insurjentes.
Ahiertél rompimiento de (Zic!to armisticio por declaracíon
de Boliv:.tr. Posicion aplfrada de los realistas. D¡~posicio­
nes enérgicas del general Latorre Derrota del batallan de
Hostalrich por Bermudez. Idem del de blancos de Valen-
cia en el Rodeo. Emigracion de Caracas. Entrada de di-
cho Bermudez en esta ciudad Retirada de Correa Su diS.
persion en el Consejo. Acciónes de Morales en las Cocui~
sas, i en el Limoncito, Destruccion de Bermudez. Entrada
de Morales en Caracas Su salida para el cuartel general.
Reveses de Fereira en Santa Lucía. Sl~S gloriosos triunfos
en Caracas. Batalla funesta de Carabobo. Esfuerzos de
Pereira, sus padecimientos i su honrosa capitulacion con
Bolivar para ser trasladado á Puerto Cabello con sus tro-
pas á hordo de una escuadra francesa. Retirada de la
guarnicioft de Cumaná á Puerto Rico. Salida de Bolívar
para Santa Fé. Preparativos de defensa por Latorre. Sa-
¡idé/, de algunos cllerpos contra los sitiadores·. SublevaciorA
de Coro á favor, del Rei. TeUo en su ausilio, Morales SQ-




':',:;1) etIR,HAS: 1821.
bre la Guaira. El disidente Gomez sohre Coro. Espedicion
de Latarre sobre esta provincia. Su hrillante victoria. Re-
greso á la plaza.


Habia concluido el aíÍo veinte sin mas novedades que
la llegada á fines de diciembre de varios comisionados espa-
fioles para intervenir en la pacificacion de aquellos dominios.
El brigadier de la real armada don Jo!é Sartorio i el capi-
tan de fragata don }<'ranCÍsco Espelius habian sido nombra-
dos para Venezuela; el capitan de navio don Tomas U rrecha
i el de fragata don Juan Barri 10 habian sido para Cartag¡:-
na; i otro~ dos habian llegado con igud carácter para el
Perú, i lo eran el brigadier de marina Arias, i el capitan de
fragata don Manuel Abreu. Todos ellos habian ido con la
escuadra destinada á relevar la que ya se hallaba en aquellas
aguas, i se componia de las fragatas Viva i Ligera, de la
corbeta Aretusa, de los bergantines Hiena i Hércules, i de
cuatro trasportes, cargados de municiones de boca i guerra,
pero sin niogun soldado.


Como á la llegada de dichos comisionados estuviera ya
firmado el armisticio, i dispuesta la salida de otros para la
pcnínsula~ limitaron aquellos sus comisiones con Bolívar á
aprobar cuanto habia sido practicado por Morillo, j á pedÍr
con urgencia la pronta remision de sus agentl's á h córtc de
l\1adrid para terminar de ulIa vez aquellas cOlltie¡das l come
lo verificaron Echevarda'¡ Revenga aunque sÍn fruto.


Seguian en el entretanto los negoc:ios públicos en una
aparente calma; i Bolivar se habia resignado á la abierta
oposicion del general Latorre contra la propuesta que aquel
le habia hecho de situar en Barinas, en vez de un desta-
camento como llabia sido estipub.do, uno de sus batallones,
con el objeto de proveer á su subsistencia, de la que escasea-
ba en las posiciones que le habían sido demarcadas; pero
aunque habia retirado dicho batallan de aquella ciudad lo
babia situado en sus inmediaciones, sobreponiéndose con este
acto arbitrario á una de las condicionei del citado armisticio,




(AtACAS: ¡52!. 231
Se notaba sin embargo una rígida observancia en las de-


mas operaciones terrestres; pero no era asi por desgracia en
las marítimas. Aunque parece que Bolivar habia comuni-
cado al comandante de la isla de la Margarita, en la que
se abrigaban todos los corsarios" la 6rden de que les fueran
recogidas las patentes i de C{ue se desarmasen los que se ha-
llasen en tojos los puertos de sus dependencias, hicieron
estos muÍ poco caso de tales intimaciones si verdaderamente
existieron, pues que como estaban asimismo provistos de pa-
tentes de, Buenos-Aires, enarbolaban la ban,lera de esta re-
pública, i robaban á mansalva cuantos buques espaLl01es
surcaban por ailuellos mares, fiados en la santidad de los
contratos que acababa.n de celebrarse.


Las artificiosas miras de los disidentes se dirigian esen-
cialmente á ganar terreno sobre la opioion, á levantar fuer-
zas i á forta: ecerse con nuevos au.siliares, respetando osten-
siblemente los cmpeíÍos contraidos con los gefes realistas,
pero minando sordamente para destruirlos. Empezaron á.
deicubrirse sus pérfiJos designios con las 6rdenes que comu~
llicó 'Bolivar al caudillo Valdés, que mandaba las tropas de:
Popayan, para que diese un golpe decisivo á las de Pasto,
segun va indicado en el capitulo de Quito. Vació igualmente
toda la ponzo11a de sus maniobras por la parte de Cartagena,
donde puede decir~e que fueron ilusorias las ventajas de di-
cho armisticio; i acredit6 finalmente la falacia de sus pro-
mesas en sus ilícitos manejos sobre la ciudad de Barinas i
de Maracaibo.


Ha bia esta última sufrirlo varias vici .. itucIes desde que
hubo sido depues'o') á fines de I8 ¡ 9 su fiel gobernador don
Manuel Jun'1uito por el desleal comportamiento elel coronel
don Felíciano MOIltenegro, quien detenido en aquel punto
á consecuencia de la derrota de Boyad 10gr6 quitar el
mando al citado Junquito i enc~rgar5e de él interinamente.
Las justas reclam,aciunes del propietario fueron oidas por el
general en gefe, i el interino hubo de sufrir todos los trá-
milJ'S de un juicio que supo eludir sin embargo á fuerza de




CARAC,\S: 1821.
intrigas i de una mal entendida proteccion que halló de
parte de los gefes superiores.


Por ausencia de Montenegro habia sido encargado dd
mando de aquella plaza el teniente corlmel don Francisco
Delgado con gran sorpresa de los buenos realistas, por lo;
que aquel era designado como adicto á la independencia,
del mismo modo que toda su familia. Los clamores de va-
rios respetables individuos i aun del capitan dOR Manuel
Landa, quien en su viage para cJmUniCal' el armisticio á
las provincias de Rio Hacha, Santa Marta i Cartagena habia
observado la sospechosa conducta de dicho Delgado, nq pro-
dujeron efecto alguno, ,í éste continuó á la cabeza de aqueo
lla provinCÍ;Z. '


En el dia 20 de enero habían salido de la citada ciudad
'~'... con pretestos especiosos á conferenciar coa el general insur-
~Jente don Rafael Urd:meta, que se hallaba al otro lado de
la Laguna, don José María Delgado, hermano del gobernador,
i don Domingo BriecÍlo, ambos conocidos por enemigos de
la España. A consecuencia de esta entrevista embargó U rda-
neta todas las embarcaciones del tráfico de dich/l laguna que
existian en las orillas i en la línea de la dem:ucacion, pri-
vando 'ele este mOLto á aq,¡el pueblo de su subsistencia con el
objeto de exaltar los ánimos i de prepararlos á la rcvolucion,
Embarcándose en dichos barInes en 26 del misillo mes el
batallon Heras que habia bajado precipitadamente de la ciu-
dad de Trujillo, se hiw á la vela para la punta de Cama-
cho, que dista 3 ó 4 leguas de diclu ciudad, en donJe per-
maneció oculto hasta el 28, qUe era el dia destinado Liara
la sublevacion.'


Di6se con efecto en aquella rnafÍana el grito sr. Iidoso con
el ap9Yo del mismo gobernador, á CllyO pronllnchmiento
hubieron de sofocar los dictados de la fiJeliJad vatios espa-
fioles estableciJos en aquel punto, i la generalidad del puc·
bIo, que no estaba de modo alguno predispuesta, á favor de lit
independencia. Apenas tuvo el comamtmte del citado bata-
llan noticia de este movimiento, se dirigió á aquella ciudad




con el pretesto ele salvarla de la anarquía, i de concederle
la proteccion que falsamente suponía habia sido reclamada
por sus habitantes.


Como los diside.ites en merlio de sus tropelías deseaban
d:u una aparente satisfaccion á los gobernantes españoles,
comunicó Urda neta aquel acontecimiento al general en gefe
don Miguel de Latorre con esplicaciones capciosas i vanos
sofismas, que de ningun modo produjeron el efecto que se
habia propuesto, que era el de alucinar á dicho gefe. Ha-
biéndose reunido con este motivo la comision pacificadora,
opinaron algunos dc sus individuos, i aun el mismo Latorre,
~ que se debia salir inmediatamente á tomar venganza de
aquella descarada infraccion con las armas en la mano;',
pero hubo otros individuos, que menos conocedores del ca-
rácter de los disidentes, i mai escrupulosos observadores de
la noble i caballeros:! concIucta castellana afearon aquella
proposicion, creyendo que sería posible zanjar todavía amis-
tosamente tamañas tropehas, i ahorrar por este medio la efu-
síon de sangre.


Asi, pues, quedó en poder de los enemig{)6 la espresada
ciudad de Maracaibo, la que por haber sido la menos vejada
durante la guerra i por tener dicha ciudad por sí sola una
poblacion de 162') almas podia ofrecer al ejército español
considerable.s recursos, i los medios de formar en ella fácil-
mente uno ó d{)s batallones.


Poco ingenio se necesitaba para conocer que estos actos
de retinada malicia eran los preliminares del rompimiento del
armisticio. Bolivar con efecto declaró en sus despachos á La-
torre con fecha de 10 de marzo, ~ que se abririan de nuevo
las hostilidades á los cuarenta dia'S de haberse recibido esta
notificacion, alegando para tan inesperada medida la miseria
en que yacía su ejército, i la necesidad de darle movilidad
á fin de impedir su disolucion."


El general en gefe contestó con toda la entereza i digni-
dad que era propia de su alta representacion, ~ que si bien
1labia estado dispuesto á hacer toda clase de sacrificios por


l '0MO III. 3 o




CARACAS: 1821.
conseguir la paz, n(} temia ]a guerra, á la que se daria prin-
cipio en 28 de abril, haciendo sin embargo responsable al
mismo Bolivar de toda la sangre que iba á derramarse en
aquellas provincias por su desmedida ambician."


Fue entonces cuando los iefes españoles conocieron los
perjuicios que les habia ocasionado su escesiva delicadeza i
el carácter de form:lliJai i franqueza de que hacia n alarde.
En tanto que e:los descansaban sobre las garantías del citado
armi~ticio, cuyo t6rmino se llegaron á figurar habia de ser
la pacificacíon general, se habian descuidado en el arreglo
de su ejército, i se habían dej;do tomar la importante pro-
vincia de Maracaibo, al paso que los insurjentes habían le-
vantado nuevas tropas, habian dado órdenes anticipadas á
todos sus comandantes, i estaban preparados á emprender
la campaña con nuevo tesan i empeño.


La situacion, pues, de los realistas-no era tan favorable
como podia serIo. La provincia de Cumaná estaba perdida.
escepto la capital, á la cual fue puesto al momento un estre-
cho sitio. Estaban asimismo en poder de los enemigos las de
Barcelona, Coro, Maracaibo , Barinas, Guayana, isla de la
Margarita, i aun una parte de la de Caracas. Las fuerzas con
que podia contar Latorre para abrir esta campaña ascendian
á 1 2~ hombres, inclusas las guarniciones. La segunda divi-
sion i la de vanguardia se hallaban en Calabozo; la primera
en Barquisimeto escepto el batallan de Hostalrich que habia
sido enviado á los valles de barlovento de Caracas; la quinta
en las fronteras de la provincia de Barinas, i la cuarta
guarnecía la plaza de Cumaná.


El genenl Latorre desplegó la posible energía para formar
nuevos cuerpos, mandó replegar á San Cárlos la I~ 2~ i 5~
division, i se puso en movimiento sobre Barinas; la vanguar-
dia quedó en Calabozo. El capitan general de Caracas., bri.
gadier don Ramon Correa, tenia fuerzas suficientes· para im-
pedir la penetracion de Bermudez en su provincia; el ller-
maso batallon de Hostalrich, que se hallaba en los valles de
barlovento desde fines del año anterior, lejos de dirigirse con




CARACAS: ,821. 235
todas sus fuerzas á la laguna de Tacarigua, que era la única
entrada de dicho BermudtSz, procedente del llano de Barcelo-
na , permaneció diseminado en varios pueblos corno ]0 esta-
ba antes de romperse el armisticio, CUy03 destacamentos ais-
lados fueron deshechos con muí poco trabajo de parte del
enemigo.


Avisado el capitan general de la derrota de este batallon
envió en su ausilio al de blancos de Valencia que estaba en
Caracas; i como hubiera sido conducido contra dicho Ber-
mudez i colocado torpemente en una hondonada llamada el
Rodeo, á tres leguas de Guatire, fue igualmente destrozado.


Serian las cinco de la tarde del 13 de mayo cuando se
tuvieron avisos positiV05 de que se hallaban los rebeldes en
Petare, distante tres leguas de la ciudad de Caracas. N o ha-
bian quedado en ella fuerzas para defenderla; los dispersos i
11eridos llegaban en el estado mas miserable; todo, pues, es-
taba perdido, i ya se hizo necesario ceder el campo al orgu-
lloso Bermudez, que entró en dicha capital con poco mas
de 700 hombres, constituidos en el ulayor desorden i des-
arreglo, i compuestos en gran parte de zambos i negros que
bahian sido arrebatados de las haciendas del tránsito, é in-
corporados á las filas rebeldes sin ninguna clase de instrucdon
i con el mismo trage que usaban para sus faenas agrícolas.


Habiendo reunido Correa algunos dispersos, i entre ellos
varios oficiales de graduacíon como les brigadieres don Tomas
Cires i don Francisco IlIali, el coronel don Antonio Tobar,
el comandante de artillería don Joaquin Gascüe i otros va-
rios, se dirigi6 ácia la Victoria, acompañado por una par-
te de la emigracion de Caracas, pues la otra, que era la ma-
yor, habia tomado el camino de la Guaim. Al llegar al pue-
blo del Consejo hizo alto con el objeto de esperar á los sol.
dados de Hosta/ríeh qne habían podido salvarse de su derro-
ta, i que debian llegar por el ri'J del 'fui, cuyo camino no
llabian tenido los insurjentes la p recaudon de interceptar.


Reforzado Bermudez en Caracas por algunos de BUS ha-
bitantes pertenecientes á la hez del pucblo,ie dirigió contra




236 C\IlACA~: )021.
el capitan general que ya habia reunido l]asta 700 hombres
en el citado pueblo del Consejo, en el que le halló sumido
en la mas ciega confianza ¡absoluta desprevencion. Era tal
el desconcierto i asombro de Jos dispersos realistas, que se
entregaron á la mas desordenada fuga desde los prinieros ti-
ros. Engreídos ]os rebeldes con aquel segundo triunfo, pa-
saron rápidamente á la Victoria, de la que se apoderaron
del mismo modo.


Apenas se recibieron las noticias de estos desastres, se
puso Morales en marcha con el tercer bataJIon del Rei, el
de Burgos i algunos escuadrones que formaban parte de la
vanguardia, i el general en gefe, que habia llegado ya á
Araure en busca de BoH var, retrocedi6 á Valencia i dió or-
den al segundo de Valencei de salir á marchas forzadas á
incorporarse coa dicho Morales en los valles de Aragua i ata-
car á Bermudez. Se presentó aquel henemélito gefe con la
celeridad del rayo delante de la Victoria, de cuyo punto se
retiraron los rebeldes á las ventajosas posiciones de las Ca-
euisas, que son las faldas de la encumbrada montaíÍa por la
que cruza el camino de Caracas.


Reforzado Morales con dicho batallan segundo de Va-
lencei, compuesto de mulatos de Valencia i de los valles de
Aragua, mandados por el esforzado Pereira, se creyó seguro
del triunfo, i sin reparar en lo fuerte de las posiciones que
ocupaban los enemigos, condujo á sus valientes á apoderarse
de ellas en 24 de mayo. No bien escarmentados aquellos con
los primeros efectos del ardiente impulso de los realistas, se
hicieron fuertes á mitad de la cuesta en el sitio llamado el
Limoncita, en el que fueron atacados con igual firmeza.
Aunque su resistencia fue la mas obstinada, i aunque toda-
vía se conservaban 1200 hombres apoyados por dos piezas de
artillerí:l. i defendidos por la aspereza del ter1'eno, fueron sin
embargo arrollados: i perseguidos hasta el pueblo de Petare,
al cual llegaron escasall'lente· IS0 hombres reunidos con su
gefe; todos los demas habül'll muerto ó se hallaban en la mas
horrorósa dispersiori:




CAnACAS: 1821. 23-;
Habiendo regresado á la citada ciudad de Caracas el vic-


torioso Morales se dedicó á restablecer el orden i la tran-
quilidad i á poner en acdon todos los ramos de la adminis-
tracion publica; pero como Bolívar hubiera hecho algnn mo-
vimiento sohre el cuartel general de Latorre, recibió órdenes
para que emprendiera sin dilacion su marcha sobre Carabo-
bo, dejando al hrigadier Pereira el mando de aquella capital
con alguna caballería i los batallones segundo de Valencei i
tercero del Rei, que formaban un total de poco mas de 1000
hombres.


Bermudez se habia retirado á los atrincheramientos que
habian formado sus partidarios en las alturas de Santa Lucia.
Aunque Pereira le habia perseguido hasta este punto, no
quiso darle el asalto hllilta que se hubiera reforzado con la
columna que estaba situada en la sabána de Ocumare con el
objeto de impedir que los contrarios recibiesen carnes del
Llano; pero habiendo sido reforzado á este tiempo Bermu-
dez con sus mismos dispersos i con nuevas tropas, con las
que llegó á completar una division de J 500 hombres, empe-
íÍó un combate feliz con los cuerpos realistas, á cuya conse-
cuencia retrocedió Pereira á Caracas.


Tard6 mui poco en presentarse delante de aquella ciudad
el altanero Bermudez c(mfiamlo en la buena suerte de sus
armas; pero el nunca bien ponderado Pereira, au nque solo
tenia 90C infantes i 64 caballos, no se arredr6 de modo al·
guno por el imponente aparato de aquel formidable enemi·
go. Situado en el cerro del Calvario al Oeste de la ciudad,
aguard6 á pie firme el ataque: 500 facciosos se corrieron por
la calle de San Juan para flanquear por la derecha a']uella
posicion mientras que los demas atacaban la izquierda por
la calle de la Faldriquera. Dos solas compañías de Valencei,
mandadas por los valientes caraquetíos don Franci.i;co i don
Juan NepOlDuceno Bolet, bastaron para destrozar al primer
cuerpo de los rebeldes; la calle de San Juan hasta el puente
de San Pablú quedó sembrada de cadáveres enemigos, los




~38 CARACA~: 1821.
demas fueron hechos prisioneros, i mui pocos lograron sal-
varse de aquel sangriento combate.


Igual suerte tuvo el otro cuerpo que habia atacado por
la izquierda. En un momento coronó la victoria las sienes
del gefe realista: 600 prisioneros i unos 300 muertos fueron
los trofeos principales de aquella memorable jornada. Los
demas facciosos huyeron en el mayor desorden i confusion.
Pocas acciones nos presenta la historia de tan fdices resulta-
dos; i pocas en que los vencedores luyan dacio tan luminosai
pruebas de serendad , decísion i valentía. Mas se perdió muí
pronto el fruto de tantos esfuerzos, i se marchitaron á los po-
cos dias por una fatalidad no merecida los ilustres laureles de
dicho P ~reira, quien ocupará sin embargo un lugar de los mas
distinguiJos en el catálogo de los bpneméritos guerrerOS i
sostenedores de la autoridad real en América.


El ejército de Latorre se hallaba acampado en la llanura
de Carabobo desde principios de junio con el objeto de espe-
rar aIli á los enemigos, i de fiar al éxito de una batalla la
suerte del ejército i de las provincias de Venezuela. Bolivar
tenia tan solo en la villa de San Cárlos 2~ hombres escasos,
i vivia en el mayor sobresalto, temiendo que las I4 leguas,
que lo separaban del campo realista, fuesen un pequeño ob¡-
táculo para que estos se arrojasen rápidamente sobre él, i le
destruyesen sus quiméricos proyectos. Este movimiento de
parte de los realistas parecia sobradamente indicado; pero á
beneficio de su inaccion lograron reunirse las tropas del Apu-
re al mando de Paez con el citado Bolivar, i completar una
fuerza de 6V hombres, con la que se puso en movimiento
en 20 de junio.


El ejército realista acampado en Carabobo era próxima-
mente igual al insurjente. Habiendo recibido el general La-
torre avisos del coronel don Manuel Lorenzo, que se halla-
ba situado en San Felipe, de que algunas partidas enemigas
se habian aproximado por aquel punto, dispuso la salida, que
se verific6 el 22 en la misma direccion, del primer batalloD




CARACAS: 1821. 239
de Navarra, del de Barinas i de un escuadron de cabaIlería~
al mando del brigadier TeUo.


El enemigo manifestaba con sus movimientos su' resolu-
cion de travar un empeño formal; el espíritu osado i em-
prendedor de Bolivar era bien conocido; no lo era menos el
prestigio de su nombre; parecia ~ pues, que solo con grandes
esfuerzos i con estraordinarias medidas de precaucion i vigi-
lancia podían frustrarse sus planes; pero tal vez la demasia-
da confianza del general en gefe fue causa de su ruina.


No ~e vió en aquel campo aquella actividad tan necesa-
ria en los momentos de venir á las mano. con un formidable
tnemigo; parecia asimismo de mal agüero esperarle en un
punto en el que se habia estrellado por dos veces consecuti-
vas el heroismo espanol; su posicion por otra parte no era de
las mas ventajosas; la de las Palomeras, 'lue SOn unas mon-
tañas contiguas á aquella sabána, ofrecian mayores esperan-
zas de la victoria. Latorre~ sin embargo, se empeñ6 en con-
servarla, tal vez con el noble objeto de salvar en eIla la men-
gua de las dos anteriores derrotas.


El enemigo se present6 el 24 al amanecer fIente á las
alturas del campo realista: con la no bien calculada separa-
cion de las fuerzas de T8Ilo habian quedado éstos inferiores
en número. Viendo ya el general Latorre mas pr6xima la ba-
talla de lo que se habia figurado ~ tomó con la brevedad que
exigian las circunstancias las medidas mas oportunas para
recibir al ejército contrario: fueron estas las de ocupar el
frente de dicha sabána á las inmediaciones de la quebrada
del Loro, situando al primero de ValenceÍ i dos piezas de
campazla sobre el camino real de Valencia á San Cárlos, co-
locando á Hostalrich á la derecha, i á Barbastro en el cen-
tro. A la izquierda de esta linea i un poco á su retaguardia
sobre el camino del Pao i altura por donde cruza, se habia
situado .el batallon del Infante. El de Burgos se hallaba de
reserva en el camino real; la mayor parte de la cabaUería
se habia formado en el término de la citada sabána.


Los insurjentes principiaron á bajar la gran cuesta que




240 CARACAS: 182 l.
concluye en la quebrada; mas luego que llegaron á sus irt-
mediaciones, variaron de direccion i se dirigieron por un
claro que formaba el bosque á la derecha i á tiro de callan
da la línea realista corriéndose ácia la pica de la Mona, que
sale al centro del llano. El general en gefe que observ6 este
moviIniento se dirigió al encuentro de los insurgentes con el
batallan de Burgos: la primera columna de éstos fue recha-
zada al primer ímpetu, i se vió en la precision de volver á
cruzar la cluebrada; pero reforzada mui pronto con las de-
mas, que seguían igual direccion, se empeñó un vivo i san-
griento combate.


Mientras que el referido batallan defendia aquel puesto
con tesan i constancia, i que Barbastro i Hostalrich se ha-
bian aproximado á sostenerlo, un pequeño cuerpo de caballe-
ría enemiga se corrió por el flanco derecho; i penetrando por
el bosque se presentó en la Sabána; los escuadrones de húsares
de Fernando VII i carabineros se movieron contra él; pero
al llegar á la inmediacion de dicho bosque, i al observar que
por el mismo punto habian penetrado otros cuerpos contra-
rios de igual arma, volvieron caras i fueron cargados cO'n
vigor.


Se arremolina dicha caballería realista, pierde su for-
macÍon i desaparece del campo: la línea realista se pone á su
consecuencia en la mayor confusion; la infantería que se ba-
tia á las inmediaciones de la pica de la Mona se retira siB.
formacion á causa de la maleza del bosque que lo impedia,,,
i se desordena á pesar de los esfuerzos del general en gefe
quien dió en esta fatal jornada nuevas pruebas de su arrojo
pet'sonal, i firme decision. El batallan de Valencei , que per-
manecía en la posicion que se le habia asignado, al ver el re-
sultado de la batalla, i que todo el Han o que tenia á su re-
taguardia estaba cubierto de caballería enemiga i de disper-
sos, emprende su retirada con las dos piezas, que tan solo
habian podido dirigir sus tiros con acierto cuando los rebel-
des se dirigían á la citada pica de la Mona.


Habiendo encontrado dicho cuerpo unos 250 caballos




que todavía se conservaban formados l se dispuso que cargas6
á otro de caballería enemiga que se hallaba á su frente; pero
aquella arma no desplegó en este día la firmeza que tenia
tan acreditada, i se dispersó, quedando abandonado á su
~uerte el citado batallon de Valencei. Su coronel don Tomás
GarcÍa vió en esta ocasion los felices resultados de sus afanei
en disciplinarlo i de su singular prestigio en elevar el ánimo
del soldaclo; sin dcsórdenarse i sin dar la menor senal de
desaliento ó desconfianza continuaba su marcha abriéndose
p1S0 entre las filas rebeldes, i rechazando todos sus esfuer-
zos para rendirlo 6 dispersarlo.


La caballería enemiga le habia dado dos cargas, i en amo
bas ha hia sido rechazada. Valencei l pues, se conserva ha Ím-
p:ívido, cual terrible fiera en medio del desierto ac~osada por
los cazadores; pero irnponiendo. desconfianza i espanto al solo
frjar Bohre ellos sus 'centelleantes ojos. Antes de llegar á la
salirl'i de la sabina dió la tercera carga la caballería insurjente
por un llaneo i retaguardia; mas su resultado le fue tan fu-
nesto como en las primeras, si bien las mayores fuerzas que
presentaren en ésta, aumentaban las probabilidades de la
,·¡etoria.


En la quebrada, que se halla al fin de dicha sabána \ per-
dió Valencei su formacion al trepar por una perlueúa cuest:l
pendiente i lIlui resbaladiza 1 que dificultaba considerablemente
la subida, i en particular la de los carIan es ; mas ya en la
cima 10gr6 rectificar el órden de las companías. Poseido Bo-
livar de la mas viva irritáciQn al ver los estragos que este
solo cuerpo invencible habia hecho en sus tropas, espcrial-
mente en la caballería, areng6 á todos sns gefes i oficiales ha-
ciéndoles ver la necesidad de reparar la mengua de aqueIloJ
contrastes humillando CQn un pronto i decisivo golpe de ma-
no la altanería de los realistas. Formando con este objeto una
columna titulada de llonor, se arrojó sobre aquellos con el
mas ciego furor; mJS fue recibida con tanta firmeza, que á
la primera desc:uga, heeha :i tiro de pistola por la compaúía
de granaderos 1 cayeron muertos de sus caballos varios oíicia-


'l'OJlO IIL 31




les ~ i entre ellos el famoso general CedefÍo, comandante de
dicha columna, llamado por antonomásia el bravo de los
bravos, i el coronel Ambrosio Plaza.


Rechazado este primer ataque, fue preciso prepararse nue-
vamente contra otros destacamentos tambien de caballería
que se presentaron por el frente i por el flanco derecho. El
que se hallaba en esta última direccion , se corrió á un cos-
tado cuando vió aproximarse á los vencedores de tantos com-
bates. :!\ o bien escarmentados todavía los insurjentes, persi-
guieron á aquellos valientes llasta el Tocuyito repitiendo sus
cargas, haciendo uso de todos sus esfuerzos para desbaratar-
los, i aprovechándose de los. momentos en que caian fuertes
aguaceros, 6 de los. pasos difíciles en que era preciso perder
la formacíon; mas siempre con un completo malogro.


Exaltada la ira de Bolívar al último grado contra esta co-
lumna de bronce, trató de alcanzarla con las dos armas, ha-
ciendo que montasen infantes á la grupa de los caballos:
consigui6 efectivamente su intento á legua i media de ra-
lencía; pero retirándose Garcia sobre esta ciudad con el ma-
yor órden i superando todos los tropiezos que le opuso el
enemigo en su tránsito, no rehus6 el combate en las tapia.
de dicho pueblo, en donde ciúó de nuevo aquel hizarrísimo
gefe sus sienes de ilustres laureles.


Continuando su repliegue con el mayor órc1en i deno-
dado espíritu, hizo alto en Naguanagua , sin que sus con-
trarios se huhieran atrevido á pasar de Valencia; i sin ha·
ber sufrido mas pérdida que la de la artillería que lwbo de
abandonar en dicha ciudad de Valencia, llegó finalmente á
Puerto Cabello, á donde concurrió mui pronto la divi:;jOll
del mando de 'Iello, con toda su fucn:a j vigor; i asimismo
la mayor parte de los dispersos. Así se vi"ron reuui,log mui
pronto en aquel formiJable recinto de cuutro á cinco mil
nteranos ~ superiores en dis(~iplillu i valor á los que I)oli-
var podía presentar á su frente. L1 dccisioa i heroismo de
Yalencei indica bastantemente que habia elementos podera-
so~ para que el resultado de la bat:i1J:¡ de Carabobú hubiera




CAnACAS: 1821. ~.,¡:;
sido honroso á las armas de Castilla si se la hubiese dado me-
jor direccion ,i si la caballería hubiera desplegado en ella to-
dos los recursos de valor é ingénio de que era capaz, i que
tenia tan acreditados. Se perdió pues, i con ella espir6 el
dominio del Rei en aquellas regiones, porque si bien se hi-
cieron ~osteriormente vigorosos esfuerzos para ganar el ter-
reno perdido, fueron todos ellos parciales é incompletos. L:l
gloria de los independientes en haber derrotado tan bizarras¡
tropas fue eclipsada sin embargo por el citado primer bata-
llan de Valeneci, el cual salvó lOan su estraordin:uio valor i
her6ismo la mengua que recae siempre sobre los vencidos.


La fortuna, qGe tantas i tan repttidas veces babia hala-
gado el amor propio del gefe que mancló la batalla, le miró
con torbo ceíÍo en esta ocasion, como si estuviera arrepentida
de haberle llispensado tanta generosidad, ó tal vez por temor.
de que su mismo engreimiento le hiciese olvidar la gratitud
que Ja debía. Ese ser veleidoso acreditó el acierto de su vul-
gar calificacion. Sensible é irreparable fue por cierto la pér-
dida de esta b:ttaIla, i mas sensible todavía cuancIo concur-
rian á fiVor de los realistas taJas las probabilidades de la vic-
toria. Eite funesto acontecimiento será un nuevo comproban-
te de la imtabilidad de las cosas humanas, i de que aun los
gllcrrtros Illas afortunados estan espuestos á mil desaires en
lú 1ll,IB hrilla:1te de su carrera. La Providencia se complace
á veces en deshacer con mui débiles medios, ó por los menos
esperados los proyecto3 creados por la vanidad i confianza,
como si pretendiese darnos una dura leceion de lo efímera
que es r:uestra gloria i de 10 infundado de nuestra presuncioo.


Atribúyase á la causa que se quiera el fatal desenlace de
nuestras armas en las llanur3s de Cara boba , en ést3s se fir-
mó la emancipacion de hec!lO de las provincias de Venezue-
la, como se verá por el mismo curso de los sucesos.


Cunde con rapj¡lr:z la noticia de estos desastres; la recibe
Pereir3 en tI momento en que estaba celtbrando el triullfo de
su contemporánea victoria en Car:lcas; Conoce lo crítico de su
posicion; vé con dolor é irritacÍon que no puede embarcarse




~1 ~ CAl'tACAS : 182 I •
~n la Guaira, porque celebrada en aquel puerto tln~ junta
de guerra á consecuencia de la8 ventajas conseguidas por Ber-
mudez en las posiciones de Sauta Lucía, se 1labia resuelto
evacuar aquel punto, en el que habia surtos una frag3.ta de
guerra i 72 buques mercantes, los que se habian hecho á la
vela para Puerto Cabeno sin contar con dicho gefe superior.


Este bizarro comandante no se desmaya en medio de tan-
tos peligros; resuelve pasar á lús Llanos donde el prestigio
de su nombre ofrecia. todas las garantías de ligar á su volun-
tad los corazones de aquellos Ilabitantes, j en donde esperaba
incorporar á su~ filas la caballería realista que habia tomado
aquella direccion al abandonar el campo de batalla de Cara-
hobo, con cuyos elementos esperaba sostener la guerra con
vigor i con ventaja. Evácua con efecto dicha capital para dar
ejecucion á su bien concebido proyecto; pero estando ya en
el pueblo del VaBe, que dista media legua de· dicha ciudad,
cuando ya tenia reunida su divisíon de 800 11Ombres, mu-
chas personas respetables, i mas de 600 prisioneros que con
sumo gusto se habían incorporado á sus filas, i cuando ya iba
á romper la marcha llega un oficial del ejército con órdeIl
del general en gefe para que se dirija á Puerto Cabello por
la cOita, en la que hallaría los necesarios buques para tras-
portarla.


Bien conocía Pereira las fatales consecuencias que había de
producír su obediencia; mas se acordó en aquel momento, que
ésta formaba el primer deber del militar, i no titubeó en
darle cumplimiento sacrificando en honor de este principio
tuda otra consideracion. Volvió en su consecuencia á la capi-
tal, se dirigió á la Guaira, i siguió por la costa de sotavento
atravesando caminos fragosos i montes casi intransitables;
pero no divisando los barcos que se le habían ofrecido, in-
t¿nta abrirse paso por aquellas cscabros(ls montanas que no
habian sido holladas todavía pór la planta humana. No ha-
Liendo sido posible penetrarlas á pesar de sus estraorJinarios
I;ófuerzos, hubo de ngre5ar á la Guaira, de cuyo puerto ~e
LaLiall ya 3poderado las tropas de Bulívar.




CA'\.~CAS: 182 l. !L45
Pereira ~e resuelve entonces á hacer una obstinada de-


fensa dando tiempo para que regresasen dos ollciales que ha-
bia envildo pidiendo con encarecimiento al general Latorre
le proporcionase trasportes en lOi que pudiera salvar á sus
fieles companeros, dignos por cierto de que se hubiera hecho
en obsequio de su distinguido méríto toda clase de sacrificios;
pero como al poco tiempo de estar situado cerca del citado
punto de la Guaira careciese de toda clase de víveres i aun
de municiones; i corno por otra parte no pareciesen los ausi-
lios de Puerto Cabello, aunque en este puerto habia sobre
100 bU:IUé:S mercantes, i de 5 á 6 de guerra perfectamente
e'IuipaJ03, se vió en la uura precision de implorar el apoyo
del almirante francés J urieu que habia fondeado á aquella
sazon en la mism'l rada ue la Guaira con su escuOl.ura com-
puesta de 1 navío, 1 fragata i 1 bergantin.


Habi0ndose rehusado á admitir las tropas realistas á su
bordo, alegando la estricta neutralidad que se veía precisa-
do :í observar, interpuso sin embargo su mcdiacioll para que·
eatre dicho Percira i Bolivar se estipulase un convenio, por
el cual se concedia á aCluellos ¡¡oldados la libertad de ~uedar­
lIe al servicio de la república. 6 de embarcarse para Puerto
Cabello. De los 700 negros, mulatos i umbos (le que se com-
ponia la inflmtería, tan solo 6 abrazaron el primer partido,
formando un estrauo contraste con la caballería que se com-
ponia en su mayor p:ute de europeos, i de la que se vieron
mas inJividuos abandonar las banderas del Rei, anDrIne su
fuerza total no llegaba á 70.


Embarcada en su consecuencia la citada dirision a Lordo
de los burlues franceses, arrib6 á Puerto Cabello en donde
pocos Jias dr;s¡JUes murió el pundonoroso Pereim de UOJ nt~­
bre que le causaron sus f..ltigas i el sentimiento por el tér-
mino fatal de b c::unpaíb. :Este bizarrisimo g . .tllego un;a la
bonda,l i 1-1 m:J([e:\\cioIl á una actividad i v>llor, que en est~s
últimas dotes le haám comparable al inmortal Bóves, i las
c{ue le comtituyaon en objeto de aJoracion de 1.)s f"foces
llantt()~.




!i43 CH',CAS: ¡r;:n.
La guarUlclOn de Cumaná, compuesta en su prinCIpIO


de 1400 veteranos que habian permaneci,lo en estado pasivo
durante la campaña, i los que lubrian pOJiJ'l prestar ser-
vicios importantes si se les hubiera retirauo con tiempo de
aquel punto, que al parecer no era de los mas necesarios, su-
frió con la mayor constancia un estrecho sitio hasta que ago-
tadostodos sus víveres, i llegando ya t:ude los que con vi.
vas ansias tenia pedidos al general en gefe su comandante Ca-
turIa, llUbo de capitular con llermuJez en el mes de octu-
bre aunque sus fuerzas eran superiores á las de los insurgen-
tes, por los que fue trasladado á Puerto Rico con todas ms
armas i equipages, por cuenta de los mismos.


La residencia de Bolivar en la Gu:¡il'a i en Caracas, á don-
de habia concurrido á recibir los aplausos por sus brillan-
te victoria de Cara bobo , fue de mui cortl dur:E~ion: IlI11i
pronto regres6 á Valencia, esta bleció el sitío de Puerto Ca-
bello, corrió á Santa Fé, i emprendió la conrluista de Po pa-
yan con el objeto de apoJerarse de Quito i llevar sus arlllas
triunfantes al Perú, como se verá por los capitulos succsi vo,
de la historia de estos pai~cs.


El general Latorre desplegaba en el entretanto la m] yor
activiliad para poner la dtada plaza de Puerto Cabello eu Ull
respetable estado de defensa, con cuya idea habü mandado
estender la línea de fortificaciones construyendo otra á algu-
na dista.lcia de la antigua, obteniendo por este medio la ven-
taja de dar mayor anchura al alojamiento de sus tropas i ve-
cindario, i de encerrar en su recinto la desembocauurl del
rio para no sufrir en este sitio los c.<;tragos que se habian es-
perimentflrlo en el anterior por falta de agua.


La larga permanencia de tan numerosas tropas en este
corto é insalubre terreno dt.:bia ser sumamente fatal i Sil con-
servacíon; se llegó con· efecto á ohsenar hs gr:u1<fes bajas
proclucirbs por hs enfermedades, i se convenció Latorre de
la necesidJd de hacer a!guuJ salida para evitar su disolucion.
El coro!lel don Tomas García fue destinado con el prímer
b¡¡tallon de Valencei á ocupar la cumbre de Puerto Cabello




CA1lACAS: 1 tb l. 2"7
con órden de bajar hasta la Guardia; el primer batallan de
N avarra fue enviado sobre llurburata para que tomando un
antiguo camino por el bosque, cayese á retaguardia de la ci-
tada cumbre en el momento en que fuese atacada por Garcia
con quien debia reunirse; el gefe de estado mayor de la pri-
mera division, don Juan San Just, fue encargado del mando
de la columna que debia atacar la poskion de Vigirima, i se
componia del batallan de Hostalrich, i de los cantones de
Patanemo i Hurburata.


Esta columna, que debia hacer una marcha mas larga, sa-
lió de la plaza treinta horas antes que Id de Garcia. El dia
20 de agosto era el destinado para atacar dicha posicion de
Vigirima, en la que se hallaba acantonado el bat:lllon de
Boyad i un escuadron de caballería. San Just dispuso que
antes de amanecer se corriese el capitan de Hostalrich don
José Mujica por la fóllda del cerro al abrigo de la arboleda
hasta ponerse si era posible á retaguardia de los parapetos
ene:ni",os, con instrucciones de cargar con su compaúía por
¡"luella parte, apenas viese principiado al ataque de la
trinchera.


No se divisaban todavía con claridad los objetos cuando
puesto San Just á la cabeza de su coluUlna atacó decidiih-
mente dicha posicion; i h:1biendo sido segllndlr!o ar[llel mo-
vir:Iiento con el mayor acierto por el espresado lHujicl, fue-
ron completamente dfshechos los enemigos á pes1r de su
obstinaila rcsistencid, i huyeron desordenlda,nente dejando
en el campo de bat:t!1a muchos muertos i prisionerQs, mas
de 300 fusiles, bastantes cargas de municiones, alg!Jn g1-
nado vacuno i varios cab1110s. Saliendo dicha columna cn
persecucion de los rl;spersos llegó hasta las inmedLlcioncs
dd pueblo dl~ SJn Diego, desde donde pudo descubrir las
CiS1S de la Gl1:lrdi:!, i ohservó que hs tropas de Garcia no
habian franqueado tabda b cumbre de Puerto Cabello,
ni tampoco se ycian Lis que hlbian salido para Burbu-
rata; i com'J se hallase sola dicl1:l columna de San J ust á la
vista de l'ú::;u:m:tgm, en donJe tenían los rebeldes forma-




~!liS CAl: \C:A~: J ~21.
das todas sus fuerzas, se retiró á las alturas de Vigirima.


Aunque dicha columna de Gurcia habia forzado las trin-
cheras de la cumbre, permanecia en ella sin embargo espe-
rando la reunion de Navarra, ~uyo cuerpo no llegó á veri·
ficarla por no haber podido penetrar por un monte escabro-
so, en cuya maleza desapareció el camino que habia tomado.
Habiendo IUovido los euemigos á esta suzon fuerzas superio-
res desde su campo se vieron precisadas estas columnas á re-
tirarse á la plaza.


Acia este mismo tiempo se habia sublevado la provinci:l
de Coro á favor del Reí bajo la direceion de los leales ame-
ricanos Enchauspe iCarreras. Ent.erado el general en gcfe
de este favorable acontecimiento envió algunas tropas al
mando del brigadier Tello en ausilio de dicha provincia,
desde la cual regresó á Puerto Cahello dcslmes de haber
organizado en ella algunas partidas, i conferido el mando
III se~undo de clieh03 campeones de la reaceÍon.


El general :\lorales salió el 10 de noviemhre J sorpren-
la Gtnira con 800 hombres; i aunque no logró el objltr;
principal de su mision, batió i dispersó 200 insurjcntes que
guarnecían el pueblo de Ocumare, i se proveyó de vívere$
frescos con los que volvió á entrar en la plaza.


El coronel disidente Gomez se habia dirigido sobre la
producía de Coro, í ~e habia apoderado de su mayor parte,
obligando á las débiles tropas realistas á retirarse á la parte
mas escabrosa de ella, desde donde sostenian la guerra de
partirlas. ConocienJo el general en gefe la importancia i ne-
cesirhd de salir con respetahles fuerzas á hatir los 1 SOl)
bombres (¡ue mrlndaha el citado Gomez, tomó 1200 s::¡ItbJos
escogi: los, con los qlle se embarcó en 12 de diciembre, i
se presentó en el punto llama lo la Vela de COi'O. Ejecutado
el desemhareo á algun;t distanGia á sotavento de! puerto cu
aquellos penosísimos arenales, se dirigió ripidamente sobre
el pueblo .. atacó su fuerte i lo rindió en el corto esplcio de
dos di:!" Toda la divÍsion cnemig'l, que era superior en nú-
mero ,i los vell~rdorf;3 ~ quedó en porler de éstos con todo su




CARACAS: 102 l.
armamento, municiones i efectos, incIusi,-e su mismo cau 4
dillo.


Termill3.da con tanto lustre esta feliz espedic10n se f2ti¡:)
Latorre dejanJo en dicha ciudad de Coro i en el puc!Jo d,)
San Miguel del Tocuyo á los batallones de Barincls i HostaI-
rich para su defensa 1 i hasta 3000 hombres inclusive las
trop3.s colecticbs que habia formado en ar¡uel co rto ticmpo
de los fieles corianos. A s:J llcg:L[a á Puerto Cabello volrier0!l
á poner el sitio los rebeldes que 10 ü;l!Ji::m teni'.!o levant,,:;,)
hasta que se cercioraron ele que el objeto ¡le aquella salid:l
habia sido sobre un punto determÍIudo, i no para empren-
der operaciones combinadas cuntra hs sitiadores. En este es-
tado concluyó el aiío de ¡ 821 ; i quedará por lo tanto sus-
pC!J,sa la relucion de. los hccl~os post~:iorcs hasta el 5iguieut c.


'l'm"lO 1 n.




251)
,'""' \. '\..", ,,", ""'''''''''' "" "'"'," ".,,"~"" ,,,.,,,, ",.,-"""


CAPITULO XIII.


l\IÉJICO: 1821.
Primeras artificiosas operaciones de Iturbide por el rumbr;


del Sur. Su correspondencia con Guerrero. Ventajas COIl-
seguidas por el teniente coronel Verdejo. Reconciliacion
de los dichos Guerrero é Iturbide. Perfidia de este IUtimo,


. i proclamacion del plan de Iguala. Formacion de un ejér-
cito á las órdenes del general Liiian. Salida de la van-
guardia realista mandada. por el coronel folarquez Do-
nallo ácia la hacienda de San Gabriel, i retirada de
los iturbidistas. Razones porque no avanzó la divisioll de
Litlan contra el enemigo. Movimientos en la capital contra
la autoridad del virei. Fuerzas de Iturbide cuando dió el
grito de rebelion. Maniobras de eSte para apoderarse de la
plaza de Acapulco. Llegada á este puerto de las fragatas
Prueba i Venganza. Arresto del disidente Cavaleri i su
evasion. Crítica posicion de Iturbide en el principio de
su sedicion.Ácciones favorables á los realistas. Bizarría
del coronel Hevia. Progresos de los independientes. Bra-
va, Herrera, Osorno, Santana, Victoria i otros caudi-
llos. Bustamante, Corta zar í Filisola desertan con sus
tropas á las filas rebeldes. Destreza de Iturbide para ha-
cer su revoluciono Causas que embotaron el valor í deci-
sion de los realistas. Choques parciales gloriosos á las ar-
mas del Reí. Novoa l Hevía. Muerte de este último. De-
ficcíon de Quintanar. Debilidad de Horbegoso. Accion de
Tetecala. Espedicion de Marquez Donallo á Acapulco.
Desgracias de los realútas en San Luis de la Paz ~ Que-
retaro i San. Juan. del Rio. Sus triunfos en Pera cruz,




Arroyo hondo, i Hacienda de la Huerla. Nw::vQ; reueses
de los realistas por todas partes. Brillante defensa de la
guarnicion de Durango. Cruz, Negrete, Zamora, Rrn':;.
Rasgos particulares de heroismo. Apurada situacion d,.
los negocios. Violenta deposicion del conde del Venaúito.
R~fiexiones políticas. Nombramiento del general Novellct
en reemplazo del legz'timo virei. Inji'uctuosos esfuer.zos d~
aquel. Llegada del general O DonojLi. Tratado de CórdrJ-
bao Batalla de Etzcap/.tzalco. O Donojti reconocido gej~
principal de las tropas realistas, i vocai de la jun! a ilZ-
.'!urjente. Entrada de los independientes en la capital de
~rejico. Entereza del general Dávila. Honrosa capitula-
cían de todas las tropas europeas. Su acCtntonamiento ¡,
medidas para embarcarse.


Se hallaba Iturbide maniobrando á princIpIOs de este
:liio por el rumbo del Sur, m:lS bien con la intriga i con la
falsedad, que con la nobleza de sus armas. Ya desde fines
de! anterior habia emprendido sus operaciones contra Guer-
rero; pero lejos de darle el golpe que queria precediese :í
su reconciliacion ~ habian sufrido sus tropas algunos revG-
ses parciales; j como llegase á conocer que este enemigo eu
mas terrible de 10 que se habia figurado, trat6 de hacer sus
primeras aberturas pacíficas que allanasen el camino á su
traiciono Para llegar á este fin era preciso valerse de mil
fingidos rodeos, i se necesitaba una estraordinaria travesura
para no estrellarse en alguno de sus escollos.


Es innegable que su plan fue desde el principio la in-
dependencia á su modo; pero no podia desenvolverlo franca-
mente hasta que hubiera conciliado el partido de los insur-
gentes antiguos, i tranquilizado el ánimo de las autoridadei
realistas i aun de las mismas tropas que tenia á sus 6rdenes
inmediatas. Principi6 en 10 de enero su correspondencia coa
Guerrero desde Cualotitlan exhortándole á unirse á su partid ..
con la seguridad de que los diputados mejicanos que ya ha-
hian salido para el congreso de la Península habían de trab't~




7..) 2 '\j ,",1 P'(,; 1 '~-':~ I •
jar pOi' la fe1ic;·]al Jc aquel rnis, estableciendD una perf~ct~
igualdad f,r;tre los bijos de ~llllhos continentes, i aun le incti-
caha qne tal HO:Z pasaria :í Nueva J~sr:.:!h nUestro amado So-
berano, ó alguno de sus angustos hermanos.


A fia de inspirarle mayor conflanza le hacia saber que
p 1',5 principales caudillos de la imurreccion que se haBa-
Lan prt'sos, don Ignacio Rayon, don Sixto Verdusco, don
::-:ü;;!.ís Bravo i otros habian sido puestos en libertad en prue-
ha de h libpralidarJ de sentimientos de que alJUnuii0aIl t"J",s
18.s alJtcriJ2des r~ali~tJ'. Le invitaba asimismo á que le en-
viase liD comisir-mado de toda su confianza para declararle li-
brem~nte sus ideas, que daba á entender eran conformes á
las de didJO Guerrero, si bien se notaba todavia alguna di-
ferencÍl en los medios de la ejeeucion.


Lo que no dejará de [J:lreccr estraiÍo en este primer des-
p'leho "fue la am-enaza que le hizo dt tener troras sufióentcs
pan imponer á los insurg<·ntes lila facilj·Jad Je recibir de
la cariLt~ CU'lntas pi riese i pw!icse necesit:1r, 1Jounci:[n.:1o!c al
mislIlo tir~mpo la marcha por Tlaeot~pec de 1J:l:l fuerte scccion
al maido del teniente coronel don Francisco Antonio Ve dejo,
i su salida con otra por el camino de Teloloapan, si bien ana-
dia que el citado Yerdejo estaba prevenido de suspenrler las
hostilidades hasta que se hubiera rceihUo su rCfOluclon.


Se pierde la imaginaeion en lwetr cá/celos sobre el giro
que dió Iturbi-le :í estas prirr.eras ('Olllnnieaciones: quien hu-
hiera de forinar un juicio sobre las ideas de este re,·olilcion~~
rio por el citado ofkio, creería que estaba arlud bien dis-
tante de ahrigl,lr ideas de independencia; i no se sabria como
descifrar e~te misterio, sino considerándole empeúado en hu-
millar á los antiguos iosurj 'ntes para que bajo ningun aspec-
to pudiera serIe disputad,) el mando 'sobr.:: ellos- Queria, pUlC:s.
que dichas partidas se acogiesen bajo su proteccion despues de
haberbs reduciuo á un estado de impotencia, ó convencido
de la iai.Jt¡lid¡¡r! de sus esfuerzos para resistirle. Esta es la
causa por que asumió aquel ambicioso caudillo un tono de
arrogancia i sólida fu~rza, i el carácter de un generoso bien-




~,¡¡:JICO: 1 821. 2~)3
l¡echor que iba á rescatarIos de la esclavitud, de la miseriii~
de la ruina i de la drsesperacion.


No fue feliz lturhide en esta primera travesura de su
ingenio. Guerrero respondió con fecha de 20 del mismo
mes desde el Rincon de Santo Domingo con tanta entereza j
dignidad que le hctbria hecho altamente recomendable si hu-
hiera sostenido una causa mas noble: desechó con indigna.
cion toda propuesta que no llevase por base la indepen-
dencia absoluta del pais; despreció todo el aparato imponen-
te de sus fuerzas, i se valió de argumentos tan convincentes
i persuasivos en su viciosa clase, que ya no le quedó mas
arbitrio á IturbiJe que el de descubrir sus ocultos proyec-
tos sin conseguir su preliminar intento que era el abatimien-
to de los que temía .pudieran s€r un dia sus mas furiosos
rivales.


El teniente coronel don Francisco Antonio Verdejo, que
cstaba bien ageno de pensar en la perfidia que ya á este
ticl; IpO estaba fraguando su gefe, seguia su marcha para
Chilp:::.ncingo, cuando supo que estaba interceptado por los
insurjentes el camino de la hacienda de ChichihuaIco. Como
toJo el afan de este bizarro oficial se dirigía á la destruccion
de las gavillas , trató de venir á !as manos con ellas sin es-
pérar hs órdenes de su superior, proponiéndose asimismo el
o!¡jeto de salvar la guarnicion que se halI:lba en el referido
punto de Chicbilmalco. Cuando llegó á él la citada columna,
que fuc á las doce de la noche del 26 de enero, se habian
fubado ya los rebe1Jes con direccion a JaJiaca, llevándose
Ui1J. porcion consider,ible de ganado, maiz i otros efectos ro-
bados: despues de 'haber dado Verdejo un coito descanso a
su tropa, sáliS en persecucion de dicha8 g1Vil1as con las que
empezó ya á tirotearse á un cu:.uto de legua, i continuó su
mucha hasta t::l sitio de la Cueva del Diablo, en donde en-
contr6 al grueso de ellas.


Era esta posicion ventajosúüma por su eIcvadon, por S::JS
formidables trincherasi por la escabrosidad de l¿s caminos
que c:mducian á ella; mas nada era capaz de retraer al es-




25,!~ .MÉJiCO: 1821."'
forzado comandante realista de su decidida resolucÍon ele dar
IIn dia de gloria á las armás espaúolas. Conociendo que un
ataque brusco dado de frente, aunque produgese felices re-
sultados, habia de ser comprado con la preciosa sangre de
aqueI10s valientes, trató de suplir con los ardides de la guer-
ra los recursos de la fuerza.


Emprendiendo una falsa retirada con la idea de que SI;
arrojaEen sobre él aquellas orgullosas masas que no bajabar.
de 700 hombres capitaneados por el mismo Guerrero, vió
enteramente cumplidos sus deseos de un modo que superó
todavia sus esperanzas, pues que saliendo de dicha posicion
103 insurgentes Con increible ardor i ferocidad, hubo de re-
currir á la bayoneta para contener sus furiosas cargas. El
choque fue sangriento por ambas partes; cuatro veces fueron
atacauos los realistas al arma blanca; duró el vivo fuego
desde las siete de la maiÍana hasta la misma hora de la noche,
las tropas de Verdejo consumieron todas sus municiones i
sufrieron la pérdida de J 5 muertos i 36 heridos; pero la de
los facciosos fue incomparablemente mayor habiéndose con-
tado 40 de los primeros en el campo de batalla i un número
proporcionado de los segundos que algunos hicieron subir
hasta 100. El campo, sin embargo, quedó por los realistas
sin que de su inmenso botin hubieran podido salvar los re~
beldes sino sus caballos.


Estos esfuerzos, sin embargo, no podian producir efectQ
alguno cuando ya estaba tan próximo el momento en que
su gefe principal diese el grito de la rebelion. 'faI vez ni aun
esta gloria habrían tenido las armas espafiolas si Iturbide hu-
biera recibido oportunamente la carta de Guerrero, de que
se ha hecho mencion; pero como hubiera sufrido algun tro-
piezo i mayor tardanza de la necesaria para llegar á sus ma-
nos, no tuvo tieIp-po paroa evitar aqur1 gol pe. Asi se lo ma-
nifest6 este desleal en los nuevos despachos que dirigió al es·
presado Guerrero con fecha de 4 de febrero, en los que des-
envolvia con mas claridad sus planes de avenirse con las icleail
d~ aquel insurgente, á quien invitaba para una entrevista




~!lbrro: 18;l!. 255
á fin de ponerse de acuerdo i establecer el modo de asegurar
la iudepcmlencia del pais. Continuando Iturhide en su car-
I10ra de falsedaJ i engailo, participó á dicho Guerrero los pla-
nes, que luego fueron conocidos con el nombre-de Iguala, i
llegó á convencerle de la necesidad de que sirvieran de base
para sus operaciones, ·pues que no de Dtro modo podia con-
tarse con la adhesÍon de los varios .partidos en .queestaba
entonces dividido el reino. .


No ocultándose al citado Guerrero la necesidad de con-
temporizar con el partido europeo, que era numeroso, reco-
noció la fuerza de las razones del nuevo campean rebelde so-
bre llamar un individuo de la casa reinante de España para
gobtrnar inclependientementeaquel Estado con las formas
constitucionales, si bien ni uno ni otro creian que aquella
idea se llegase á verificar, ni pensaban de modo alguno en
·apoyarla sino el tiempo necesario para conseguir su oQjeto
favorito de la ·emancipacion.


Vencidas ya por Iturbide todas las dificultades para su
reconciliacion con Guerrero trató de asegurarse de la aproba~
cioni obediencia de las tropas realistas que tenia a sus ór-
denes ~ i ]0 consigui6 en gran parte con su acostumbrada as-
tucia i refinada ·hipocresía. Al darles conocimiento de los pla~
nes que iba á proclamar, se esmeró en probarles que nadie
le avent~jaba en verdadero amor al Rei i á la naCÍan espa-
ÍÍola, i pretendia demostrar que de cuantos servicios habia
prestado hasta entonces á ]a monarquía, ninguno tenia un
mérito tan re1evante cOUloel que iba á contraer·con e] men-
donado motivo.


Sus planes, daba á entender, reaJizarian una perfecta
fusion de partidos i unirian sólidamente europeos i america-
nos; harian· desaparecer para siempre el espíritu de sedicíon;
i dejarian vinculada la corona de Méjico en la familia reinan-
te de España. Los hijos de uno i otro hemisferio sedan con-
siderados bajo el mas riguroso pie de igualdad; ambos Esta-
dos estrechamente unidos presentarian una fuerza que im-
pondria á todas las naciones del Globo; con la total cesacíon




,56 MÉJICJ: 1391:
de la guerra se Ie'/3.ntaria mui pronto IUéjico de su cEtado
de abatimiento i mi3eria, i con el apoyo de nuevas leyes,"
arlficu3r.las á las necesidades de Jos tiempos, volvería á su an-
tigua opulencia i á formar un brillante imperio que escitarÍJ.
la admiracion universal.


Estos capciosos discursos no dejaron de hacer ímpresion en
el ánimo de sus tropas, si bien una parte de ellas al ver h
fnnca comunicacion que tenh con los illsurjentes de Guer-
rero, desconfió de las hidagüeiías promesas de su gefe, i se en-
tregó á la desereÍon. Iturbide tenia en el entretanto adorme-
cido al virei con la falsedad de sus despachos. Seis di3S an-
tes de dar el grito de insurreccion en Iguala le habia escritü
que ya Guerrero se habia puesto á sus órdenes con 1200
hombres bajo las bases de una perfecta surnision sin mas di-
ferencia que la de haber solicitado no se le considerase como
indultado i sí como adherido á la causa que defendía dicho
gefc.
" Arladia ltul'bide que recibirfa muí pronto igual sumision


de parte de las gavillas de Asensio, Montes de Oca, GuzmaTl
i demas que se halIab~n situadas desde Mazatlan á Colima
bajo la direccion de dicho Guerrero, cuya fuerza se regulaba
~Il 3500 hombres; i pedia para estos gefes una ocupacion
honrosa que les asegurase cómodamente su subsistencia; pe-
ro bien se dejó de ver por el mismo curso de los sucesos que
~stas comunicaciones al vi reí no eran masque artificiosos
amano!) forjados con la idea de ganar el tiempo que todavia
necesitaba para quitarse totalmente la máso::ara.


Cuando ya creyó hallarse suficientemente apoyado por sus
mismas fuerzas i por las de Guerrero, i que la opinion esta-
ba dispuesta á recibir la nueva forma de gobierno, dió el gri-
te en Iguala en 24 del mismo mes de febrero, de clIyo pue-
blo tomó su nombre el plan, que se juró en el acto i que
formó la base de aquella revolucion (1). Apenas tuvo notieia


(1) Las bases de dicho plan eran la emancipacion ,\(. la Illcl""'í"o!i, d
e~ttl.blc;G;uÚcnto de una monarq:uia TJ.loderada que del.H!1 L:.I pi lUl·il'iat f':t




~rÉn{'o: 1821: 257
el citado virei de tamaua traicion, dió una enérgica proclama
para embotar los tiros de la seduccion de aquel pérfido con"
fidente; i el ayuntamiento de la capital dirigió con igual pres-
teza una elocuente i animada representacion consignando en
ella los sentimientos de la mas acendrada lealtad. La prime,:,
i la mas importante providencia dictada por dicho virei fue
la formacion de un ejército denominado del Sur para salir
contra aquel nuevo insurjente. El honor de este mando fue
conferido al general don Pascual Lifían, que tantas pruebas
tenia dadas de fidelidad i decision. Mientras que se ocupaba
con infatigable celo en el arreglo del ejército, trataba con
dicho Iturbide haciendo los posibles esfuerzos para distraerle
de su desleal carrera por todos los medios de la dulzura, de
lapersuasion i del halago.


Este hombre ambicioso trabajaba por su parte con igual
ardor en dar vigor á su ilegítimo empeño: por todos los ca-
minos se cruzaban los correos que conducían su sediciosa cor-
respondencia; no hubo cuerpo al que no tratase de seducir
con el sutíl veneno de los citados planes; todas las partidas
insurjentes se pusieron en mGvimiento para segundarlos. Lo,


nuestro augu,to SoberallO i ~n sn defecto en los Scrmos. Sdíores Infante>
por.el órden de su nacimiento; la creacio\l de \lna junta gllbl'rnativa
hasta la ¡-('union de públicos representantes; el respeto de la propiedad;
la comerv"cion de todos los empleos C'iviles, militares i ecJesiástico~; la
formadon de un ejército con la denominacion di! T"igarantc, 6 de la,
tres garantias, cuales eran la conservacion dc la religion católica, apostólic~
Tomana, la independencia bajo las bases enunciadas, i la i"lima unifn ollre
americanos i europeos. Los demas artículos ele dicho plan comprendian lá
parte de arreglo i de ejp.clIcion como eman"riones ,de aquellos prinéipios.
La juuta gubernativa designada pOI' dicho lturbide no fue del agrado de
los independientes, i lo habria sido Illucho menos de una {'orcieu de be-
,ueméritus realistas á quienes la sola pmposicion les hubiera c"citado t()d~
la'irriLabiliJad de su carácter, i pOI' lo tanto no IJ¡.gó á plantrarse' debia
~omponerse segun la lista de Iturbide, del cOI,de del Venadito como pre-
sidente, del r~gente Bataller COIllO vicepresidente, i de los ,'ccales Aleo,
cér, conde de la Cortina, Lobo, Monteagudo, Yañcz, don José Mari"
J"agoega, Espinosa, Azcárate i Pereda; i como suplentes Sanehez de Ta-
gh~, O~f'S, 'MnralCIi i Aguirl'c\~cngo3.


TOMO IIl. 33




25B MÉJICO: 18';!!.
ene'nigos de la metr6poli que habian permanecido ocultos
lIdsta entrlDces asomaron la cabeza i se c(mvirtieron en tan-
tos falsos apóstoles de aluellas perversas dúctrinas. El fuego
corría violentamente i amenazaba un incendio general. Abun-
daban en la capital los comisionados, eonHdentes i partidari08
de IturbiJe; i los habia tambien cerca del mismo gobierno,
10i que al favor de su hipocresía i refinado disimulo contri-
buian á estremecer el edificio realista, i tenia n una parte no
pequeña en la paralizacion de las sabias medidas proyectadas
por el virei.


La situacion de este digno general era la mas apurada; no
podia tener confianza ni aun en aquellas personas que mas
la habian merecido hasta entonces: unos por ódio á la cons-
titucion , i otros por amor á gobernarse por sí mismos i vino
cular en sus manos los principales destinos, estaban mas ó
menos complicados en aquellos peligrosos movimientos. La
prueba de que habia al lado del virei enemigos encubiertos,
la suministraron los mismos insurjentes con las anticipadas
noticias que recibian de muchas de las órdenes que emana-
ban del gobierno superior; i no lo indicaba menos la facili-
dad con que eran atravesadas las benéficas miras i las disposi-
ciones de dicho vireL No se ocultaban tales maniobras á la
penetracion de este noble espanol; i por lo tanto despachaba
por sí mismo los negocios mas delicados é importantes; pero
como estaba viciada una parte de los órganos por los que le
eran trasmitidas las noticias del estado del pais, no era es-
traño que hubiesen Uegado en algunos momentos á ofuscarle,
Ó á lo menos á hacerle dudar de la ,erdad de los hechos.


Desde los primeros momentos de haber declarado Iturbi-
de su traicion, hizo avanzar una seccion de sus tropas sobre
la hacienda de San Gabriel, distante nueve leguas de Cuerna-
vaca á observar los movimientos que hicieran las tropas de la
capital, i á ponerse de acuerdo con el subdelegado de aquel
pueblo el español don Miguel Cavaleri, á cuya travesura i
espíritu revolucionario se debieron en gran parte los progre-
1108 de 108 trigarantes.




~llÍJTCO: 1821. 259
Parecia que la medida mas oportuna en tan críticas cir-


cuntancias habría siJo la de presentar prontamente respeta-
bles fuerzas al frente de Iturbide antes que éste hubiera te-
nido lugar de engrosarse: así lo creia el previsivo virei, i
aunque solamente habian podido reunirse 2600 hombres
disponibles, tuvo Liíian la orden de salir con ellos en los
primeros dias de marzo ácia el rumbo del Sur. Obedeciendo
fielmente este general las órdenes superiores, se situó en la
hacienda de San Antonio, distante tres leguas de la capital, i
envió su vanguardia al mando del coronel Marquez DonalIo
á la villa de Cuernavaca, de la que tomó posesion el dia 8;
i recibida á los pocos dias la noticia de haberse retirado el
enemigo de dicha hacienda de San Gabriel, que distaba otras
nueve leguas, se adelantaron á aquel punto las tropas realis-
tas estendiéndose hasta el Real de Tasco, desde cuyo punto
hubieron de retroceder por órdenes procedentes de la capital.


Fue sentida generalmente esta retirada en unos momentos
en que con menores esfuerzos era mas fácil conseguir un
triunfo absoluto: de aqui se tomaron varios motivos para
censurar las operaciones del virei, unos por esceso de celo,
i 1<.,s mas porque conocían de cuánta utilidad habia de ser el
desconcepto del primer gefe del reino para que prosperase
el partido de la independencia. Este digno general tenia al
parecer razones muí poderosas para haber mandado la retira-
da de dichas tropas. La capital ardía en el fuego de la sedi-
cion; las tropas que la guarnecian no eran suficientes para
haber contenido su esplosion; si las tropas de vanguardia
su frian algun revés, podia éste precipitar la ruina del Estado.
No se atrevió por esta misma razon á mandar al general
LÍlÍan la continuacion de su marcha con toda la division,
porque en tal caso habria quedado todavía mas desguar-
necida dicha capital, i doblemente espuesta á ser envuelta
por aIgun golpe de m:mo de los rebeldes.


El ánimo de dicho \ irei estiba devorado por las mas ter-
ribles angustias: conocÍJ lIlas que nadie la necesidad de mo-
ver SllS tropas contra Iturbide; pero no se atrevía á alejarlas




2GO MÉJICO: 1821.
de su lado por los espresados motivos. Todo su afan sediri-
gió entonces á hacer venir á marchas dobles nuevos cuerpos
europeos á la capital, como 10 verificaron entre otros el bao
tallan de Castilla en 16 de marzo desde las villas de Córdoba
i Orizaba, i el del Infante don Cárlos al dia siguiente desde
el Saltillo.


Cuando ya dicho vÍrei hubo reunidfr mayor número de
tropas para guarnecer la capital sin necesidad de la division
que mandaba Lirlan, habia adquirido Iturbide mayor pre-
p(lnderancia i orgullo con algunos batallones que se le ha-
bian agregado, i no era prudente esponer dicha division á
los hazares de la guerra, porque Sil derrota, si la suerte le
hubiera preparado aqudla fatalidad, habria producido el
pronunciamiento de todos los que se retraian de declarar su
adhesion á los trigarantes, por no hallar todavía bastante es-
tables los fundamentos de aquella causa.


Ré aquí ot1'3. de las razones porque no llegó á verificarse
la activa persecucion de Iturbide por las tropas de Liiían.
Perdidos ya los primeros momentos, era preciso arriesgar
una batalla general, i tales eran 10i planes del virei Apoda-
ca, resuelto á hacer los últimos esfuerzos de su valor i ente-
reza antes que dejarse arrebatar de la mano aquellos domi-
nios , cuando ocurrió uno de los lances mas terribles, cuyo
odioso principio, solo imperiosas circunstancias, los apuros
del Estado, la descGnfianza i el desaliento de los buenos, la
altanería de los contrarios, i en fin, la inminente ruina del
gobierno, ó faltas mui graves han podido hacer disimulable
alguna vez, si bien ha sido reprobado constantemente por las
leyes, i afeado por no.otros, siempre que hemos tenido que tra-
tar de esta clase de sucesos: hablarnos de la insubordinacíon i
rebeldía contra la primera autoridad, de la que hemos visto
por desgracia repetidos ejemplos en la moderna revolucion
de América; pero antes de dar cuenta de este ruidoso suce-
so, pasaremos á recorrer las operaciones de las varias colum-
nas realistas que se hallaban de...guarnicion en las provincias.


Cuan do Iturbide dió el grito de independencia en Iguala




MÉJICO: 1821. új I
contaba con el apoyo de 6 compañías del regimiento de JUur-
cia ~ i 200 hombres del de Fernando VII, alabos espetlicio-
narios; con el de la Corona ~ i el batallon de Santo Domin-
go infantería de línea, con la compaiiía fija de la costa de
Acapuleo, conJos regimientos provinciales de Ce1aya, Tres-
villas i batallon del Sur, con 2 comparlías de dragones del
Reí, otra de los titnlados de Espana, 2 escuadrones del Sur,
í otro de Epítacio Sanchez, con varias compañías sueltas
de realistas urbanos, i finalmente con las dos gruesas divisio-
nes de los rebeldes Pedro Asensio ¡Guerrero, que compo-
nian en todo una fuerza de 6000 hombres. Para inspirar á
este último la debida confianza, í á fin de comprometerlo
mas fuertemente en su partido, le confió los caudales toma-
dos á los manilas, con orden de que los condujese al cerro de
Barrabás, en donde deberia formar respetables fortifica- .,,;
ciones que lo pusieran al abrigo de toda sorpresa.


Uno de los primeros cuidados del citado Iturbide, habia
údo el de apoderarse de la plaza de Acapulco, á fin de te-
ner abiertas por mar sus comunicaciones con otros puntos re-
beldes de la costa. Habia hecho salir con esta mira ya desde
el dia 20 de febrero la escasa guarnicion con su gobernador
don Nicolas Rasilio de la Gándara, i la habia reemplazado
con 174 homures dd regimiento de la Corona, mandados
por el capitan don Vicente Enderica, en quien depositaba
aquel revolucionario toda su confianza. Correspondió éste
con efecto á las esperanzas que de él se habían concebido,
influyendo en el ayuntamiento para que fuera reconocido el
sistema proclamado por Iturbide, i que fue comunicado :í
dicllO pueblo en el dia27.


No habia muchas horas que tremolaba el pabelIon triga-
rante cuando fondearon en aquel puerto las dos fragatas de
guerta Prueba i Venganza, al mando de los capitanes VilIe-
gas i Soroa. Los buenos realistas que habiansídó sobrecogi-
dos en el mismo dia por los despachos de lturbide , i por la
temible influencia de su nuevo gobernador, respiraron al. ver
por un medio tan inesperado el necesario ausilia para 'soste-




Hinco: 1821.
ner la autoridad real. El teniente coronel don Francisco
Rion:la que se hallaba con alguna fuerza en el punto de Ayut-
la, fue informaclo por su hermano don Ramon, contador de
las cajas del referido pueblo de Acapulco de la variacion que
se acababa de hacer en el gobierno, i trató .de acudir á der-
rocar la faccion rebelde.


Acapulco se sostenia en el entretanto en la mayor incer-
tidumbre i vacilacion; volvió el antiguo gobernador Gánda-
ra seducido por Iturbide, para asegurar el nuevo dominio;
el ayuntamiento no se adhirió á sus planes; los rebeldes no
se atrevian á hacer uso de la fuerza ni de la violencia por ha-
llarse con mui pocas tropas para resistir la temida espedic.ion
de Rionela desde Ayutla, de acuerdo con los marinos. Lleva-
da ésta finalmente á efecto en la tarde del 15 de marzo fue
restablecido en todo su esplendor el gobierno del Rei.


No tenia Iturbide conocimiento del estado de los negocios
por esta parte, deseaba por lo tanto hacer los mayores esfuerzos
para conservar sumisa á su voluntad aquella poblacion; pero
como se hallase entonces en la incapacidad de dividir sus tro-
pas por el temor de que se aumentase la desereíon, comisio-
nó á su amigo i confidente don Miguel Cavaleri, para que
con letra abierta por 409 duros, ó por sumas mayores si lai
necesitaba, supliese la falta de la cooperacion aflll:J.da. Cuan-
do salió Cavaleri del cuartel general de Iturbide) se creia
que Enderica estaria mandando dicha plaza á nombre de 10&
trigarantes, i que por lo tanto llegaria sin obstáculo á aquel
punto para ejercer libremente en él sus intrigantes manejos,
que debian ser estensivos á las mismas fragatas.


Cavaleri habia servido antiguamente en la marina espa-
ñola, tenia muchas relaciones con los iudivHuos de aquel
cuerpo, poseía un gran fondo de astuci:J. i trav;¡sura, le asis-
tia una afluente verbosidad, abundaba en destreza para gran-
gearse la voluntad i confianza, i era finalmente el hombre
mas á propósito para conducir planes revolucionarios. Cami-
naba mui desprevenido figurándose que hallaría el camino
sembrado de rosas, cuando cayó en poder de las tropas rea-




lIÉJlCO: ¡ 82 l. .2 63
listas, que en aquel corto intervalo que habia mediado desde
que él emprendió la marcha, habian derribado la divisa
trigarante. Era demasiado conocido este sugeto para que no
le gozasen aquellas fieles autoridades con tan rica presa.


Despues de haber dado parte al virei de este feliz en-
cuentro, se dispuso tener bien asegurado dicbo individuo
hasta que la autoridad superior determinase el destino que
debía darsele. Se crey6 que en el entretanto se hall aria mas
bien custodiado á bordo de una de las fragatas, cuyos bu-
ques eran considerados como barreras inespugnables del ho-
nor i ue la fidelidad. Empero esta creencia lisongera fue mui fa-
tal á la buena causa. Desde el momento en que Cavaleri pu-
so el pie en dichos buques, .se dedic6 á corromper á los ofi-
ciales i tripulacion con sus venenosas máximas i doctrinas: se
dirigió su principal empeño á convencer á sus capitanes Vi-
llegas i Soroa de 10 irremediable de su ruina sino se amol-
daban á las circunstancias; les hizo ofertas las mas lillOn-
jeras i pomposas, precedidas por la del pronto desemllOlso
del valor de dichos buques; i no perdon6 medio alguno pa-
ra atraerlos á su partido.


Villegas sin embargo, ó creyó que era mui efímera la
revolucion principiada por Iturbide, 6 no estaba dispues-
to todavía á Ilal'U traicion á su honor i á su carrera; i
rec11az6 por lo tanto las proposiciones de Cavaleri ~ si Lim
le facilit6 la fuga en una lancha que lo condujo á un pun-
to de la playa ~ ·libre de la infiuc:ncia realista, desde donde
volvi6 -dicho Cavaleri á reunirse con su protector. La cau-
sa de éste no se presentaba al principio bajo el llalagüeño
aspecto que el se habia prometido: llabia principiado á
desertarse una parte de las tropas seducidas por la perfi-
dia i por la intriga; el teniente coronel don Tomas Cagi-
6a1 habia abandonado las banderas de aquel rebelde con
200 hombres, i se habia puesto á las 6rdenes del coro-
nel Donallo, comandante de la vanguardia, en el dia 10 del
mismo marzo,


El bizarro don Manuel de la Coucha, comandante gene-




26~ MÉJTCO: 182 t.
ral de los llanos de Apan, entÍ-6 el 2 r en el pueblo de
Hauachinangodespues de haber ahuyentado las partidas que
ocupaban aquella posicion, en la que halló un obus, 5 ca-
iíones, i porcion considerable de armas que lo precipitado
de su retinda no le~ habia permitido trasportar. A beneficio
de un destacamento de dragones que salió en persecucion
de los prófugos, se logró la presentadon de 40 de estos, Í
sucesivamente la de otros roo, inclusos 4 capitanes, 3 te-
nientes i 4 alfereces con otra porcion de armas; de modo
que ya en el día 24 contaba Concha con 4 obuses, B ca-
nones, r80 fusiles, i 20 cajones de municiones; todo de
pertenencia de los disidentes.


E[ ya mencionado coronel Donallo, á quien se le habia
dado la comision de hacer una correría sobre Acapulco á
fin de dar mayor solidez al dominio del Rei en aquel pais,
se dirigió á sorprender al cabecilla Pedro Asensio que habia
tomado posicioll con su gavílIa en el Rea[ de Zacualpan. Ha-
biendo Ilegddo el ID de abril á la hacienda Nueva, supo qne
dicho Asensio habia salido dos dias antes ácia Sultepec para
avistarse con el padre Izquierdo dirigiendo una partida á la
baeienda del Lavadero, cerca de Toluca, otra al rumbo de
Teloloapan, i dejando la tercera en el pueblo de Sosocola in-
mediato á Zacl1alpan. NoticiDso asimismo de la aproximacion
de una avanzada salida de este último punto se dedicó á
sorprenderla con los dragones del Reí, que tenia á su lado;
i lo log¡'ó con tanta felicidad que á los pocos minutos se ha-
llaban ya mordiendo el polvo 7 de aquellos facciosos, i en su
poder Ot1'05 6 todos heridos, asi como 8 fusiles, 8 caballos i
varios efectos de guerra.


El teniente cOI'onel don Jorge Henrir¡uez, encargado por
el comandante general de Toluca, coronel don Nicolás Gu-
tierrez de perseguir al sedicioso Inclán, logró sorprenderlo á
las tres de la manana del J 6 de abril en la hacienda de la
Gabia, habiendo sido el resultado de tan bien concertado mo-
vimiento i de la bizarría de sus tropas la aprehension de di-
cho caudillo, la del teniente Ballesteros i la del alferez He-




~rf.:.JICO: 1821. 265
ras con 34 soHad03, 36 carabinas, 17 machetes, 50 caba~
lIos i algunas provisiones ue guerra i boca.


El \ aliente coronel don Francisco Hevia, á cuya salida
de las villas de Orizaba i Córdoba para Méjico, por llama-
miento del virei en 103 primeros momentos de alarma, se ha-
hian sublevado aquellos territorios, hubo de volver de nue-
vo á reponer la autoridad real en todo su esplendor, i lo con-
siguió en parte, cubriéndose primeramente de gloria en los
dias 23 i 24 del mismo mes de abril en que rechazó á las
gavillas ue Herrera, Bravo, Osorno i otros cabecillas que se
l:¡abian aproximado á Tepeaca, causándoles la pérdida de 50
muertos i 100 heridos; cuya aecion fue altamente recomen-
dable, i escitó doble entusiasmo á causa del espíritu d~ se-
dicion que habia empezado á propagarse por todas partes.
Recorriendo este gefe una brillante carrera de triunfos, en-
tró en Orizaba ahuyentando de aquel pueblo á los disiden-
tes, i se prepar6 á atacarlos en la de Córdoba, en la que se
habian fortificado con el :inimo de hacer una vigorosa defensa.


Iturbide habia tenido que sufrir los mayores contrastes i
amarguras en los primeros dias de BU revolacion; pero ya
desde el mes de abril habia principiado á mirarle la fortuna
con sonrisa, i á pagarle con una prodigalidad superior á sus
cálculos la ciega confianza con que se habia arrojado á aque~
lla temerarÍ:l empresa. Alemls de las partidas de Herrera,
Bravo i Osomo, que habian comenzado á llamar la atendon
de los realistas por la parte de las villas, se sublevó el enton-
ces capitan del Pijo ue Veracruz don Antonio Lopez Santa
Ana, hoi en dia general de aquella república, i puso sobre
las armas á los jíbaros 6 gente de color de la costa, con los
que i con una parte de la columna de granaderos provincia-
les i dragones de Esp:.tÍ1a salió á dar el grito dc inJepen,len-
cia al Rancho de hs Vigas, situado en la montalh lhmada
Cofre dc Perote, á seis leguas de Jala[)1 ; desJe cuyo punto
intentó sorprender, pero iafructuosamente, el castillo llamado
tambien de Paote. AcÍ1 el mismo tiempo se unieron á Itur-
biele el coronel BLlst,lIlUllte i el teniente coronel Cortazar con


l 'ÚMU IlI. 34




266 ~nhTco: 18?1.
la respetable division que mandaban en el Bajío de Guana-
juato, compurstade 20 -dragones provinciales los lIJas bi-
zarros de Nueva Espana, i de 1Ilguna infantería, despuei
de haber hecho prisionero al comandante general de la pro-
vincia don Antonio Linares.


En la provincia de San Luis de . Potosí se insurrecciona-
ron varias compallías de caballería é infantería del valle del
Máiz, San Francisco i Rioverde á las órdenes del teniente
coronel Tobar i capitan don Cenan Fernandez. Un escuadron
de dragones de Sicrragorda abandonó asimismo el destaca-
mento de San Luis de la Paz del distrito de la comallllancia
general de Queretaro, i se paso á los disidentes. Fue segudo
este fatal ejemplo por otros varios piquetes i compaiiías en-
tems de infantería i caballería en la provincia de Valladolid
á las órdenes de los tenientes coroneles Parrcs i Barragal1.


El enemigo se habia reforzado asimismo con 1000 hom-
bres que le entregó el capitan don José Herrera entre grana-
deros provincialtós i otras partidas sueltas. Otro de sus gran-
drs apoyos fue el teniente coronel Filisola, quien deponien-
do tÍ su corond don Pio María Ruiz i colocándose á la cabe-
za de la division de Zitácuaro ~ compuesta de zooo soldados,
constituidose.n el mejor estado de armamento i disciplinal
pasó á ofrccer al nuevo revolucionario el homenage de su re-
belrlíai traiciono


I.Jos eftóctos de la revolucion fraguada por Iturbi,le eran
tan difercntes de los de la primera, como lo habian siJo al
parecer los planes i la divisa de ambos partidos. Los anti-
guos insurjentes habiJn hecllO una guerra cruel á todos los
europeos i aun á los americanos realistas, si poseian hacien-
das i riquezas, con las que pudiera cebarse el espíritu de ra-
pacidari que los airigia. lturbide por tI contrario respetaba la
propiedad, enfrenaba la ·plebtó, i protejia :i los hombres acau-
dalados é intluyel~tes, cualesquiera qu() fueran sus opinioncs.
Couuei(~lllo ([ue el partido europeo cra el solo capaz de


m:¡r¡' hitar sus aeiago~ laureles, si con S:I imprudente conduc-
ta Ht~gaba á irritado 1 empIcó en iU vez tojos los recursos de




,d.rrr.(): I f\ 2' . -:dj7
la f;ilsechi é l¡ipocresü para atraerlo á SIl partido ~ dán,lolc
una ,!t·cj.Jj¡/¡1 preleren.;Ía en to:10s los des:; lOS, i halag:ín 1010
con Ir) Ll 'eh,e de ¡isJnjeras promes:¡s i \'encllo"as frases de
amí,t:.tJ ~ l'(J'lsirlenjoll.¡,reG;)cto. Si b:'c:l eótJ i;i~tern1 era
mira lo con desagrado por k,s aGtiguos LlSurJt:ntes n:O d¡;;is-
ti'; de él ;t'lrbi 'e~ por luiLrse persua.!do de que sin la co-
O¡I(~r-I .. ioll de ]di europeos no poJia. re .. ¡izar sus planes,


Hubo l<1Í1 incautos Co¡J:.IlíoJes que c~:'eron en la re-I CIlle
les ten,li í este: a,t;]to Í":1"lrj~': [(~; h~b0 Jjj¡ni,mo v:uius ~rfes
i ,,:i,:i:.t1~i '{U e ,¡]vU1nC ¡¡e ('d honor 11,; :tar i de sus rl,~bcres
ácia el :3J'¡Jrilllu i ácia 11 N l'.:iO.1 qllC l~ h:thÍl dalo el ser,
se de lieafiHl COil el mayor t, '.)ll i actiddl l á levantar el gra!l
e iiiieio im)erb.l, sill nlcular qu,~ ellos e.m UlJélS est,ípIlos
an,bmios que saiall derribados tan pronto como su ídolo hu-
biera vistv (~oas'Jli,Lvla a'Iuella fábrica Recibi:lll en el entre-
tJntlJ (·;),¡tínulS de;n()straciones de cordialidad i confianza de
part'~ dt:l gefe tlue necesitaba en estos momentos de sus
8~ryi,jos.


tus n0tieias de la filantropía i nobleza de sentimientos
despleglla por Iturhi.le recorrieron rápidamente todos los
ángulos dd reino de Méjico, i ya no pensaron los realistas en
comprometer cumo en el ailo de 1810 sus personas é intere-
ses, poque llegaron á persuadirse de que aquel nuevo cam-
peon no desmintiria eOIl su conducta sucesiva el buen con-
cepto que le habían grangeado sus primeras operaciones en la
carrera de su revoluciono


Esta fatal'creencia determin6 á algunos á segundar acti-
vamente sus proyectos ~ enfrió el arJor de otros ~ i enervó
aquella gloriosa decision con que por tantos afÍos habia sido
combatid,) el genio de la insurrecciorí.Los 8oHados dd pÚi,
de que se componia la mayor parte deréjercito realista ~ se
prepara han á abandonar sus banderas pará en6rosar las
filas del decantado héroe americano ~ cup faena habia
llegado á conmover la entereza a!lll de a1U'~1l0 s que loIlas


'servidos h ahian pre~tado á la monarquía.
En mMio de la desmoralizacion general del ejército i del




2G8 :1.I:ÉJIC0: 182i.
pronunciamiento de muchos pueblos por la iJ,ldependencia se
contaron algunos choques gloriosos á las armas del Rei i ras-
gos particulares de bizarria i esfuerzo de parte de algunos in-
dividuos: ~al€s fueron Jos del coronel don José María N ovoa,
natural de Méjico, quien derr~tó en 23 de mayo en el cam-
po del TasquiUo sobre el puerto de Ixmiquilpan i camino
de Zimapan á las gavillas del doctor Magos causandoles la
pérdida de 59 muertos, 39 presentados, 14 prisioneros, 6 J
fusiles i carabinas, 6 lanzas, 7 maclletes, 4 cajones de mu-
niciones, 18 monturas i 28 caballos, llabiendo sido el mayor
mérito de este cmpeñado combate la ninguna baja que espe-
rimentaron los realistas en medio de tan arrojada empresa.


Tambien el esforzado coronel doJ,l Francisco Hevia des-
pues de haber hecho prodigios de valor se habia abierto ocho
dias antes las pu,ertas de la inmortalidad en el asalto que· dió
por la brecha de la casa de la Torre á la villa de Córdoba,
ocupada por los facciosos, i si bien su digno sucesor en el
mando el de igual clase don BIas del Castillo i Luna sostuvo
con empeíÍo el honor de .las armas españolas, fue tan .nota-
hle la ferociJad i despecho de 10B sitiados, que se vieron pre-
cisados los realistas á retirarse á la villa de Orizaba recha-
~andQ con impavidez los furiosos ataques que les dirigió el
envalentonado enemigo en su retirada, sin que se hubiera in-
terrumpido 1" viveza de la persecucion hasta las garitas de


. dicha villa. Aunque los insurgentes tuvieron la pérdida de 40
muertos i de mas de 200 heridos, que fue dos tercios mayqr
que la de los realistas, la de estos sin embargo se hizo doble-
n~ente 5ensib1.e por la calidad de los sujetos que fueron víc-
timas d~ su fidelidad i honor, i especialmente por la falta
que habia de hac~r Un gefe tan acreditado i de tan distingui-
dos tal~ntos ~iIitares ~ políticos para apoyar la vacilante na.-
Te del EstadQ. .


Aunque estos empeiíos guerreros dieron aIgun lustre al
nombre espanoI en aquella aciaga época, no eran suficientes
sin embargo para hacer cambiar el curso á la adversa fortu-
na, á pesar de la. salla intendon del virei Apodaca, qujen 110




:~rEJlCO: 1('21. 2Ll!)
'e111itió medio alguno de cuantos se ofrecierl!.ln á su alcanz.e
para contener el furioso torrente de la rebelion. Creyendo que
Ulla junta parmanente de guerra haIlaria mayores recursos
para sostener la autoridad real en tan apurados moment03,
la formó de los mariscales de campo don Pascual Liúan i don
:Francisco NoveIla, subinspector general el primero del reino,
i el segundo de Ilrtillería, del brigadier Espinosa, del co-
mandante de ingenieros don JuanSociat i de don Antonio
Moran secretario interino del vireinato para que actuase en
ella con el mismo carácter. Se redoblaron desde entonces los
preparativos de defensa de la capital, se activó la fortifica-
cion de toda la linea, i se tornaran cuantas precauciones dicta
.1 verdadero celo para hacer una resistencia vigorosa.


De dia en dia se presentaba mas crítica la posicion de los
. negocios. El coronel don Luis Quintanar, comandante de las
tropas que guarnecian la provincia de Valladolid, se babia pa-
~ado á los enemigos, capitulando con ellos su segundo Cela
en 31 de mayo sin hacer la menor resistencia, si bien ase·
gur6 la franca salida para la capital de 600 hombres que se
mantuvieron fieles bajo la palabra de no tomar las armas en
aquella guerra. La guarnicion de Jalapa á las órdenes del co-
ronel don Juan de I1orbegoso se habia entregado tambien tÍ
los trigarantes en 4 de junio, sin haber hecho la oposicion
que estaba en la línea del deber: pero en medio de estos re-
veses tuvieron algunas ventajas las armas del Rei, las que si
bien no pudieron contener el impetuoso torrente de la insur-
reccion son dignas sin embargo de particular mencion para
que no queden prh'ados de estos hvnoríficos recuerdos Jos
que tuvieron parte en ellas.


Fue de esta clase la gloriosa acdon que dió el capitan
don CristobaI Huber i Franco en San Francisco Tetecala á
las gavillas de Peuro Asensio que fueron completamente ba-
tidas en 3 de junio, habiendo quedado muerto en el campo
de batalla el mismo in,Jomable caudillo. La espedicion del
coronel l\'larquez Domllo sobre Acapulco fue asimismo diri-
ji'la con inteligencia i aderto; i si bien debió regresa.r ffiui




270 ~nhTr.(): 1821.
pronto á la capital por orden que le comunicd el VIrel con
fecha de 10 de junio por haberse agrav~ 10 el estado d~ los
negocios, dejó por toJas partes sdíales ine'pívocas ,1,:, Lt bi-
zarria de su column'l, aunque no se logró el ohjeto pdrL'i-
pal de aquel movimiento, que fue el de llevar víveres i fon-
dos á aquella plaza, pues que los pri:neros S~ consumieron
en el camino i los segulldos nunca pujo ll/:'g:II' á reunirlos.


Otro de los triunfos gloriosos conseguidos flor las armas
del Reí aun en esta época de fat.t1Had i de des;,ra~h se de-
bi& á la gU!lI'nicion de Querétaro: se hallJba esta. incomuni-
cada desde fines de mayo i amenazada por toJas part!'s; i
aunque se dudaba de la entereza del comandante general hri-
gadier don Estanislao Loaces se conservaba sin elllbargo la
mayor decision en una parte de sus oficiales i soldados, quie-
nes acreditaron su bizarria i arrojo saliendo 200 infantes i 11:.O
caballos á picar la retaguardia de la didsion de 3000 hom-
bres que al mando de Iturbide cruzaba por los arrabal es de
dicha ciudad en direccion de la hacienda del C:)lorado so-
bre el camino real de M(:jico. El comanlante del segun 10 ba-
tallon de Zaragoza don l!'roilan Bocinas, á quien fue encargada
la citada comision, la desempeiló con tanto brillo i felicidad
que alcanzando á dicha retilguardia enemiga en Arroyohon-
do distante tres cuartos de legua de la ciu·larl, sostuvo una
reñida accion á pesar de estar sus fuerzas en proporcion de
uno á tres con respecto á las del enemigo ~ i aunque la pér-
dida de los realistas fue considerable, no fue menor la. de
los disidentes.


Los que hostiliza han la plaza de Vera Cru z lograron en
la noche del 7 de junio escalar las murallas contiguas á los
baluartes de San José i San Pernando, abandonados momen-
táneamente, á causa de un furioso chu basco, por la marine-
ría mercante que los guarnecia, i apo lcrarse de la puerta
de la Merced, por la que se introJujeron hasta la plaza del
mercado; pero pasando del castillo de SJn J lllll de mUl r 50
hombres á las 6rdenes del capitan Pulle lo, tom) n!.levo
aliento la guarnicion realista, la que proceJieuJo al atJ-1ue




MÉ,m:0: 1.$21. 2jl
en armonía i perfecta combinacion, desalojó al em'migo de la
ciudad despues de haberle causado una pérdida cllmidErable
que se graduó en 200 hombres entre muertos, lJeridos i pri~
iioneros.


A consecuencia de la toma de Valladolid marchó FilisoJa
con una seedon ue 1500 insurjentes sobre Toluca, guarne~
ciJa entonces por los batallones del Infante i de Fernando VII,
con ('uyos cuerpos travaron los enemigos, reforza(los ya (:;n
la hacienda de la Huerta con otras tropas hasta el númfro
de 3000, una empeuada accion en la que brilló del mismo
modo que en la de Arroyo hondo el valor i bizarría de las
tropas reales mandadas por el coronel [Ion Angel Diaz del
Catitillo. Aunque las fuerzas de éste eran mui inferiores á
las de los disidentes, quedó sin embargo duellO del campo
cuhierto de cadáveres. Las provincias internas tanto de Orien-
te como de Occidente empezaban ya á manifestal' los sínto~
mas de la 8edicion, i se esperaba de un dia á otro su defini~
tivo pronnnciamiento por la independencia. El fuerte que
habian construido los realistas en Teutitlan del camino pro~
viucia de Oajaca, i que servia de depósito i de apoyo para
las espedicioncs de la l\Tistt'ca, cayó en poder del enemigo
en 18 de junio por capitulacion con una compmlía de la Rei-
na que lo guarnecia .


. Se agrababan ya los cuidados del vil'ei en el mes do
mayo, por lo que mandó que saliesen las tropas que guarne~
cian la ciudad de San Luis de Potosí en ausilio de Queréta~
ro; i como 83 notase lentitud en dar egecucion á estas djspo~
sicioms repitió las órdenes Idas urgentes á principios de junio
para (lue á toJo trance, i aun á costa de perder aquel punto
se llevase :i. efecto sin la menor tardanza. Dicha guarnicion
constaba tntonces dd segundo bataJIon espedicionario de Za-
ragoza i de 220 llOlll!m's entre cazarle res i granaderos del
regimiento de Zamora situado en Durango, que llabia sido
diri iJo á San Luis ('011 el indicado ohjeto. Se ha ¡ laba asi~
mismo en esta calJitJl el marques del Jaral , ~llgeto el mas i!)~
fluyente del rtino de Méjico por lo ilustre de su cuna, por




~';2 MEJIeo: 1821.
l'l opulencia de su casa, por su sólida opinion i por su acen ..
{h'ada lealtad al Soberano es paria!. Aunque resentido por ha-
ber sido desatendida la oferta que habia hecho al principio
de la insurreccion de Iturbid e, de montar i armar de 4 á 59
individuos de sus haciendas para sostener la causa de la legi-
timidad, no por eso dejó de mostrar menos ardor para se-
gundarla en este momento en que dicho virei apeló á SUi
esfuerzos.


El teniente coronel San Julian que mandaba aquellas
fuerzas, así como toda la provincia, se alarmó al recibir Jos
citados premurosos despac1lOs, i comunicó á toda la pobla-
cion sus mismos temores, mandando impolíticamente que bB
Landas de tambores saliesen por las calles á tocar la generala.
Temeroso el vecindario de que á la salida de aquellas tropas
pudieran repetirse las trágicas i devastadoras escenas del alÍo
1810, rogaron al benemérito marques del Jaral con el mas
vivo encarecimiento no los abandouase en tan críticos mo-
mentos. Por influjo de este ilustre americano se suspendió la
tialiJa de hs tropas hasta el dia siguiente, durante cuyo tiem-
po se tomaron las medidas Jllas oportunas para que aquellas
no careciesen de los ausilios mas necesarios, i asimi~mo para
hacer menos sensible la evacuacion. Consolados los habitantes
con las generosas ofertas que les habia hecho de no abando-
narlos? se creyerun seguros detodo elesacato i tropelía con su
sola presencia.


Se hallaba á aquella sazon el wmercio en posesion de 5
á 6 millones de duros que habian llegado en pasta desde
las pl'ovÍnt'ias internas i que no habian podido ser trasmj·
tiJos á la capital á causa de la interceptacion de los cami·
nus. La eJ.sa del referido muques era considerada como un
sagrado deposito que llillguno de Jos p¡¡rtirlos contendientes
d('jaria ele respetar: todos, pues, traslad'-ll'on á ella sus cau-
dales en el silencio de aquella noche, i sin que tuviera cono-
cimientu de esta operacion sino un otidal de toda su confian-
za, juntamente con uno de los sirvientes mas esperimel1ta.
dQs de la casa.




~lIi.J 1 e;) : I 8:: I •
Entre la una i dos del dia siguiente cmlm~ndió 1.1 mar-


cha dicha division, compuesta ue los cuerpos ya citados, de
un escuadran de dragones de San Luis i dos pie~as de art:-
Hería, que ascendería á 700 infantes i 100 caballos disponi-
bles. Dos eran los gefes que se hallaban al frente de estas
tropas; el citado San J ulian i el coronel don Rafael Bracho,
que ya lJCmos diclJO lwhia venido á aquella ciudad con las
compaiÍias de Z¡¡mora; i aunque el m:mdo de todas corrcs-
poncha á este último por ser de mayor graduacion, no quiso
San JulÍJn desprenderse de él hasta el pueblo UIt Santa liJa-
ría del Rio, que fue el punto de descanso en la segunda
jornada. Los dragones de San Luis se entregaron á una como
pleta desercion á consecuencia de haber sido desechada con
desabrimiento su peticion acerca de ser pagados sus haberes
sin embargo de haber en la division un fondo sobrante de
65:0 Juros. Serian las dos de 1:1 tarde del quinto dia de mar-
ella cuando llegfl.fon estas tropas á la hacienda de la Sauceda;
i al dia siguiente se dirigieron con la mayor confianza á San
Lui.5 de la Pa~, [Iestacando dos leguas antes de llegar á di-
cho puehlo á un teniente de Zamora para hacer el alojamien-
to sin mas e~colta que la de 4 dragones, con la que el
mismo comandante San Julian qUi30 adelantarse; pero no
bien se lJaLün ¡¡kjaJo pocos pasos de la vista de h úirision
cuando recenocieron las primeras :¡ vanzadas de les indepen-
dientes.


Informado el coronel BradlO de este inesperado encuentr')
fomléÍ sus tropas é impartió las órdenes convenientes para el
:Jt:quc, A poco tiempo se oyeron clarines de la cahallería
enemiga, i se dejaron ver entre la espesura del bosque al-
gunos ouci:lles i soldados iusu rgentes. Rompióse el fuego en
el acto; pero 11abdndose adelantado un ayudante de Zamgo·
2a á hablar con uno de los gc[cs enemigos, don Manuel To-
bar, mandó suspender el ataque, i no sin la mcnor repug-
nancia cedieron aquellos valientes desconfiando justamente de
la entrevista que proponian á los citados gefes Bracho i San
Juli:m. Verificada ésta con ua misterio, que estIba mui Je-


1'01'20 UI. 35




"'~. í Mi:.flco: 18~;.
jos de tranquilizar los ánimos, se pres8nt6 el desleal europeo
hrigaclier Echávarri i se mandó á la division descansar sobre
h~ armas.


Estos primeros emisarios trataron de ganar tiempo pam
!lsegurar su triunfo, haciendo ver á los gefes realistas que
no teniendo mas objeto que el de pasar á Querétaro i á la
ciudad de Méjico, era ~eguro que Iturbide no se opondria de
modo alguno á su marcha, como podria verse enviando un
oficial de cada parte á c0!Dunicarle aquellas ocurrencias al
pueblo de Casas viejas, situado á 1 Z leguas de distancia, don-
de aquel se halbba.


En el entretanto la division se puso en marcRa para San
Luis de la Paz, i al concluir el bosque se divisó toda la fuer-
za enemiga, que seria de unos 200 caballos i 400 infantes con
4 piezas de artillería, i era la misma que había llegado la no-
che anterior á dicho punto de San Luis. Amhos partidos se
alojaron en la referida poblacion separadamente unos de otros:
al dia siguiente' retrocedieron los realistas á la hacienda de
San Isidro, que se halla á una legua de distancia; dos días se
pasaron sin recibir noticias de los enviados al campo de Itur-
bid e ; el descontento se iba propagando; todos estaban rece-
losos del resultado de aquellas negociaciones; creció la agita-
cion al ver la tenacidad con que se negaban los gefes á pagar
á la tropa sus atrasos.


En este estado de murmullo i desorden amanecieron si.
tiados al tercer dia por una fuerte division de infantería i ca-
ballería que habían reunido l~s insurjente~ aprovechándose
de los momentos tan preciosos que habian perdido los realis-
taa, quienes si hubieran usado de mayor actividad i energía
habrian podido destrozar completamente las primeI3s fuerzas
que se les opusieron, i sucesivamente cuantos refuerzos hu-
hieran llegado. Se dejaron, pues, perder aquel10s gefes tan
favorable coyuntura, cuyos resultados podrian haber sido
con toda probabilidad la derrota general de los rebeldes, la
salvacion de Querétal'o, la conservacion de la columna que
.e percTió spcesiYam~nte en San Juan del Rio ~ i un túlInfo




'l1t,rICO: Ig~~]. :~:::l
alJsoluto capaz de haher variado el aspecto de lo. Ilcgocio;, .1
de haber cubierto ~u nombre de gloria.


Por tal descuido sufrieron en ~u vez el boc1lOrno de ren-
dir las armas? que fue mas sensible todavía por el ~llodo al-
tanero con que les fue intimado por Iturbide este violent<)
decreto, que si bien ponia en claro su alevosía i perfidia? no
descubria menos la imprevision i falta de cautela de nues-
tros gefes.


Aunque la situacion de los soldados realistas era la mas
apurada? se llenaron de corage sin cmb:lrzo al ver el modo
áspero i orgulloso con que eran tratados por los insurgentes.
i resolvieron morir todos con las armas en la mano antes que
rendirlas con tanto desdor~. Conociendo aquellos la impruden-
cia de sus primeros pasos, variaron prontamente de conduc-
ta, i se dedicaron á adularlos con las frases mas cordiales i
cspresivai á fin de borrar la primera impt'csion recibida. No
fue, pues, el Illímero de 33 desleales el que triunfó de
aquel pulíado de \"alientes, sino la elocuente persuasion del
general llustam:mte, <Iue supo desarmarlos con sus dulces
promesas i con la falsedad de sus alabanzas i caricias.


Se alucinaron los soldados con tan intrigantes I41anejos :
algunos oll\.!iales conocian el fatal desenlace que iban á tener
aqueJ!os Sl1:;esos; pero no hallal)3n medio para reparar su
ueogracia, Uno de ellos sin embargo, don Pranciseo Gon-
zale:;;, trató todavía de escitar su furor al tiempo quc se di-
rigian ,í San Luis de la Paz á dejar sus armas: arrodillán-
dose delante de ellos i vemLlndose los ojos, les dirigió la
arenga siguiente : r~ yo no puedo sobrevivir á la mengua de
"Iwbcr sido vencido sin combatir por esta chusma fementida;
"asestad contra mí vuestros tiros; la muerte es el don mas
"precioso que pueda yo recibir en este momento; sin honor
~,i sin patria es insoportable la vida; todo mi afan era de per-
;;derla peleando á vuestro lado contra los enemigos del Reí;
"el descllido é impericia por una parte, i el dolo i la perfidia
"de que somos ahora víctimas por otra, son dos males qU('
mlO poddn borrarse jamái de mi memoria. Sea yo el bl~nco




l' ~l ~ \j ',rÉJ!Co: J ,';21.
~~de vueslros fuegos; emplead los últimos instantes en que con-
::servais las armas en vuestras manos para librarme de esta
:'afrenta; bien pronto sereis reducidos á la clase de misera-
;,bles esclavas 1 i llorareis amargamente la precipitacíon con
"que os despojais de esos distintivos 1 emblemas de tant:1S viG-
"torias." Enternecidos los soldados abrazaron á este digno 0:1-
cial, i le hicieron las mas solemnes protestas de admiracion i
carilla; pero ya era tade p3ra hacer rcsi"tcncÍ1, i por lo
tanto se cncaminaron á San Luis de 1:1 Paz 1 en cuya po-
blacbn entnran con todos los llOnorcs militares i tambor
batiente.


Es!a malograda division conservó en medio de su desgracia
los mas ardientes sentimientos de fidelidad i pundonor; mui
pocos fueron los que .e adhirieron al partido de la indepen-
dencia; los dem~s fueron remitidos á San Luis de Potosi en
la clase de prisioneros. Todo 1 pues, quedó en poder de los
JisiJcntes; arm:lS 1 mnniciones i las cajas de nquellos cuer-
pos_ Un inocente error es á veces causa de Jos n~ayores reve-
ses. Con un poco mas de actividad en las marchue, i c'm me-
nos indeci.lion de parte de los gefes, lubria podi(lo tal vez
aquella division ser la restauradora del árden i el sostrn prin-
cipal del edificio monáquico. Fue por lo tanto este golpe tIc
l(1s ffi:lS sensibles para los buenos realistas.


El tan esforzado como criminal Echávarri se dirigió desde
aquel punto á San Luis de Potosí, amenazó al mismo tiem-
po á Zacatécas, i aproximó sohre el Saltillo una de sus colum-
nas, Ji! qne en combinarion con la que mandaba el teniente
coronel don Cenan Fern:mde;c:, impuso á las provincias in-
terms de O¡ient'O ebligmclo á cc:pitular en San Antonio úe
'rula, á los restos ,:e Un.1 pe'¡ur;fb acceion, que á las órdenes
del Lizarro capitnn ele caballería (ha .rosé dI) Castro habi:t
salico de ol)servadc~l él¿'sje Aguayo, ec!rmÍ1 del Nuevo San-
tJ:1der.


Lleg:m á este tie:n:~o ,;1 S ,tI tillo des,le Montcrci un bata-
1I0n del fijo ,h V Cl"l' Cm?" i 150 caballos con el fin de es-
traer 10:i (,UlF'h!cs f\;otcntes en a(Iudhs caj~s rc~l('s; se in-




)JJbrco: 1821. 2,);
surreccion:m dichas tropas i proclaman la independencia.


La pérdida dc la division, que habia salido de San Luis
activó el ataque dc los rebeldes c.ontra la ciudad de Queré-
taro, de cuyos arrabales se hallaban ya posesionados desde
el dia 19 de junio. Reducida la guarnicion á solas cinco com-
paiÍías del segundo hatallon de Zaragoz~ se defendió con obs-
tinacion de los 15')0 llOmbres con 2. piezas, de que se com-
ponia b fllcrza sithdora b:.ljo la direccion del coronel Quin-
tanar; pero dcspucs de haber sufrido cuatro días de nn vivo
fuego de artillería i fusilería, destruido el parapeto, nom-
brado de la Académia, i a~altado el del C:írmen en la tarde
dd '17 , hubo de retirarse la acosada guarnicion al convento
de la Cruz, en donde desfalleció sn ánimo al considerar su
crítica posicion., i la uingun::t esperanza de ser socorrida, i ca-
pi tu ¡ ó por lo tanto ron todo,> los honores de la guerra el
di.t 23 ron el mismo IturbiJ@, que fue quien entró en la
cil/dl 1 á la cab'.:;~a· de su, trol1:1S vi~toriosas. El brigadier
I~'Jace3, que al parer;er se habÍl conducido con honor hasta
aquel momento, varió de conducta i tomó partido con los
disiJentes con una parte de la :nisma tropa capitulada.


Este fue el géJlpe mas terrible para las autoridades supe-
riores. Se estr;;mceicí la capital, temieron los buenos, se en-
soberhecieron los descontentos, se exaltaron los oficiales mas
fogosos. í se acderó la erupeion del volean político contra el
íntfgm i honrado virci; pero ántes de dar cuenta de este su-
ceso, aeabaremos de pasar la revista sobre toelas las provin-
cias, para que se vea sin intcl'mpcion el fatal desenlace i la
casi simultánea cesacÍon del dominio espauol en los diversos
puntos de 3'1t1e1 vasto imperio.


El infatigable virei , que conocia la import:mcia de con-
serV:H la posesion de Querttara, habia manda,lo salir asimis-
mo de Toluca, en ausilio de aqTlella ciudad, al batallo n de
Murcia con la fuerza de 300 plazas; i como al llegar á San
Juan del Rio se halbse con la columna del bizarro comnel
Novoa, quien despucs de su victoria contra el doctor Mago.
babia debi'Jo replegarse á aquel punto por temor de una




gruesa divÍsion enemiga, procedente de VaIJaclolid, se dio-
ponian los comandantes respectivos á llenar el objeto de
3U mí.sion cuando supieron la rendicion de la columna de Bra-
cho, i la aproximacion de los vencedores contra ellos. Gefe.
i, oficiales estaban dispuestos á sellar con su sangre la fideti-
dad que debian al Soberano espaÍlol; mas siendo los enemi-
gos mur superiores en fuerzas, habiéndose les pasado la ma-
yor palte de su caballería, i muchos soldados de infantería,
i no llegando á tiempo los socorros prometidos', hubieron de
rendir las armas mediante una llOnrosa capitulacion. Ftle
tanto mas sensible este fatal desenlace cuanto parece que si á
dichas fu.erzas se hubieran unido las de Bracho, usando de
mayor ,celeridad en los movimielltos, podian haber llegadQ
á tiempo de salVíl-r la referida ciudad de Querétaro, i de sal-
varse á sí mismas.


El brigadier Alvarez, coronel del regimiento de la Reina l
que habia salido de Méjico con una columna de 15CO hom-
bre3 en ausilio de las tropas situadas en San Juan del Rio, se
repleg6 á la capital luego que supo su rendicion; i llevó á
sus alcances, hasta las inmediaciones de la misma ciudad,
la caballería enemiga sosteniendo algunos choques parciales.


Las tropas de la provincia de Guadalajara se pasaron
igualmente á los enemigos con el brigadi~r i\Jrgrete,i el coronel
Andrade; i el comandante general de esta provincia don Jase
de la Cruz, se retiró á Durango, en cuya ciudad si hien se
hizo una heróica defensa, no templ6 de modo alguno la agi-
tacion de los buenos realistas al ver desmoronarse precipita-
damente aquel grandioso edificio monárquico, cimenta'lo
con su sangre ~ con sus sudores i con costosos sacrificios de
tres siglos.


La defensa que hicieron las tropas que gua1'lleci3n la ci-
tada ciudad de Durango fue mui recomendable por haber
sido en la que mas se sella16 el altivo carácter esp:tfÍol dando
un terrible ejemplo de lo que pueden los valientes cuando
ven comprometido IU pundonor militar. No habia esperanza
alguna de que aquellos esfuerzos pudieran ten~r resuk:dIH




m',JICo: \821. 279
favorables. La mayor parte del reino habia sucumbido al ir-
resistible ím pulso de la opinion estraviada; su guarnicion
~e componia de unos 700 hombres; los sitiadores, dirigidos
por el tan activo i esforzado como desleal europeo don Ce-
lestino Negrete, contaban con una fuerza lleis veces mayor;
los dictados de la prudencÍl clamaban por la pronta rendi-
cion i por el ahorro de la inútil sangre que iba á derramar-
se; p~ro la bizarría de algunos gefes i oficiales se hizo supe-
rior á toda otra consideracíon que no llevase por base el es-
plem]or de las armas espaíÍolas.


Entre estos ~e distinguieron los coroneles don José Ruiz
i don Felipe Zamora i Bueso, quienes se encargaron del
mando de las tropas por indisposicion del gener,¡l Cruz i por
desaliento i fiogedad tlel mariscal de campo, Don Alejo Gar-
cia Conde que mandaba al{udla ciudad, quien abrumado
eOIl el peso de una numere'sa familia, escaso de medios, é
inhábil para abanrlollar el pilís suscribi6 sucesivamente á las
ideas de O-Donojú, i tom6 partido con los insorjentes.


Para la mayor claridad de estos sucesos, los tomaremos
desde su orígen. El referido coronel Zamora, tan acreditado
por su valor como por su fidelidad i amor de gloria, habia
estado mandando el regimiento provincial de Guadalajara
~ituado en la villa de Tepatitlan, distante 20 leguas de la.
-citada capital de Nueva Galicia, cuando á las cinco de la
tarde del 12 de mayo se le suble~'6 la tropa, i le amenazó
con la muerte si se empeñaba en contrariar su intento, que
era el de reunirse con Iturbide. Zamora se dirigió entonces
solo i por caminos estraviados ácia dicha ciudad de Guada-
¡ajara á tiempo que su comandante general salia á tener uIJa
entrevista con Iturbide con la mira ostensible de paralizar
ws movimientos.


El general Cruz á su regreso de aquella infructuosa es-
pedicion se habia dedicado á fortificar la plaza, i :í hacer
los mas vigorosos preparativos para la defensa: teniendo la
mayor confianza en el sobresaliente mérito de Negrete, ha-o
bia mandado que desde la Barca, en donde estaba situado




:úio MI",JI eo: J 82 ¡.
desde fines de junio) se trasladara al pueblo de San PeJN,
distante una legua de dicha capital de Guadalajara; pero no
bien habia llegado á este punto aquel pérfido europeo cuando
dió el grito de independencia, se dirigió á sor prender á su
general, quien noticioso de tan inesperado movimicnto se
retiró al punto fortificado llamado Jalostotitlan, que se In-
11aba á 19 leguas de distancia.


Apenas llegó á este sitio reunió la division que mandaba
el teniente coronel Revuelta, i otras varias partidas sueltas
con las que formó un total de 1 coo caballos é igual número
de infantes. Nombrado entonces el citarlo coronel Zamora.
para introducirse ocultamente en la referida ciudad de Gua-
dalajara, á esplorar el ánimo de 108 fieles i averiguar si era
posible intentar una reaccion, evacuó en mui pocos dias pero
~in fruto, esta espinosa comision; i con venciJo Cruz de la
inutilidad de sus esfuerzos, se dirigió ácia las provincias in-
ternas, recogiendo á su paso por la de Zacatecas dos compa-
iíías del batallan ligero espedicionario de Barcelona, mand4-
das por el benemérito coronel don José Ruiz, con cuya
tropa i con 50 hOII,lbres, que fueron los LÍnicos que dejaron
de dese;rtarse de la prirnera division reunida en Jalostotitbu,
llegó á Durango despues de una marcha de mas de r 00 le~
gUls, en cuya ciudad halló s::is compa¡lfas de Za;nora que
la guarnecian.


Estando reunilos en el ayuntamiento todos los Índi-
.viduos que componian este cuerpo, el goberna,lor G.ucia
Conde, i varios gefes militares i civiles para tratar de mdi-
das de saluJ pLÍlJlica, se traslucieron por el pueblo en la
noche dd Z 5 de julio, noticias de la aproximacion de los
rebeldes; i creyendo los partidarios que se hallaban en esta
misma plaza, hacerse célebres en los anales de la revolu-
cíon, si con un anticipado pronunciamiento lograban derri-
bar la autoridad real, se diseminaron por las calles en nu-
merosos grupos proclamando la independencia, i profiriendo
VOC~i de ódio i execracion contra los espa1oles. El valiente
Zamora, que se hallaba asimismo en el ayuntamiento, co-




:p.d:nco: 18~1.' 23l
gió !I hombres de los J 5 que habian sido co!8.::}c!os de guar-
dia; i puesto á la cabeza de tan corto número de valientes
se arroj6 con furia sobr.e las desenfrenadas masas, las llencí
de terror, las obligó á retirarse á sus casas, i quedrí muí
pronto restablecida la tranquilidad, habiendo podido enten·
ces 103 congregados en el ayuntamiento discutir sosegada-
mente los plancs de defensa.


Se decretó ésta con efecto, i se hicieron vigorosos pre-
parativos para r8cibir al orgulloso enemigo, que mui pronto
.e present.) contra ac¡ueIl" dudad. La poca tropa que la
guarnecia hizo proúigiosCls esfuerzos bajo la direccíon de lo~
dos citailos ci1Toneles Ruiz i Zamora El enemigo cono(':6
uesde sus primeros ataques la necesidad de estrechar un
sitio formal para triunfar de unos militares dotado, de t111
terl;.O i desesperado valor. Rabia ya colocado aquel su arti-
llería t!lIl. puntos ventajO.i03, desde donde camaba los mayo-
Tes quebr:l.l1tos :i las tropas del Reí: la posicíon de estai
solo se podLt mejorar apoJerándose de un torreon que uo-
minaba los ciulClos puntos. El denodado Zamora se dirigió
con algunos soldados taladrando casas, saltando patios i azo-
teas ~ i llcg6 á apoderarse por sorpresa de dicho torreon,
dtsde donde dirigió un fuego tan acertado sobre los sitiado-
re3, qne desh.1ratr) por entonces todos sus planes; mas estos
I1sgos de valentía i arrojo no eran suficientes para asegnrar
el triunfo sobre enemigo3 tan pOlJerosos, apoyallos por tojos
los elemento:; guerrcro3 i por la misma opinion.


Cansados ya estos de la tardanza que esperimen.taI}311 3,.,
ar:nas en remlir aquella ciudad, le dieron un 1t:1-:<13 ,;t':h:-
ral en el dia 30 ue agosto ~ que duró desde el .1m:mcccr b:,·
fa las ocho de la noche, habiendo obtenido por ffSlÚJdo di'
su temeridad !JU gran destrozo en muertos i heri,Jos, i en tré
estos Últimos el mismo general insurjente, i el vergoIlZJ.,)
malogro de sus tentativas, que se estrelbron todas en los pc-
e!los de bronre de los defensores, dígnos por cierto de unl
suerte mas feliz que la que les estaba prer:nada. CU::lIlda se ClJ-
treg'l ban estos esforzados milit:lrcs á la satisfacrion que era FO-


TOMO nI. 36




2;)2 "incn: 1 S~ 1-
pia por tm hizarra defensa, recibieron las comunicaciones i
proclarnls del genenl O'Donojú, que ya á este tiempo habia
1!eg-l' lo á "hIel'a I~sp3ila, i habia suscrito á b. venta de aque-
llos dominios. Ya dcsue este momento se iutrodlljo el nl1-
yar desaliento, i en al~unos la desesperacion bajo las m1S
trijU's formas: entre estos últimos se cont6 el pundonoroso
coronel Zamora, quien descoso de sacriticarse en las aras d€
la IIlJIlar'luÍa esp:lÍíoh ant,:s que presenciar un deslcato tan
llOrróle al nombre espaÍlol. salió ele los parJpetos í presentó
ill1pivilamcntc su pecho á los tirJs de h artillería que es-
taba sitllarla á doscientos pasos de distancia; pero la fortuna
se empeÍló en salvar esta noble víctima para que en momen-
tos menos aciagos pudiera su patria sacar brillantis ventajas
de tanta deeision i fidelidad. Fue vuelto dicho Zamora á
sus trincheras ~ i se estipuló á su cOI13ecuencia una honrosa
capitulaeian, que abrió el paso á aquellos esforzados militares
para retirrrrse á la capital del feino á incorporarse con las
demas tropas que conservaban todavía las armas en la
mano (1).


Ya á !ines de junio ofrecia el vireinato de Méjico la mas
triste peropectiva: todos los esfuerzos del virei i demas auto-
ridades hahian sido ineficaces para contener el estravío de la
opinjon; no se oía mas que defeecion de unos, rem1icion de
otros i levant1miento general de pueblos i provincias. En me-
dio de aquel general desconcierto parece que debiera haberse
conservado el camino desde Méjico á Vera Cruz; i reconcen-
tradas las tropas realistas en este último punto, en Jalapa,
Perote, Puebla i aun en las villas de Córdoba i Orizaba ha-
berse sostenido algun tiempo hasta el arribo de nuevos re-
fuerzas; pero la ninguna esperanza de que estos llegasen
mientras que estuviese regida la Espailil por la forma de


\1) Fue tan grande la complicacion de los sucesos cn esto funesta ~po-
00, que no es r:lCH foieguir un ül't!{'u riguroso en su narracion, pOTque rl~
qucre,' sujeta,' Ls cOllceptos á c,t" invnrbblc mélodo, gcria preciso trun'
""f algunos puntos ¡in haberlos dilucidado 3uli.cient8mente.




MÉJICO: I S21
gobierno que habia sido p' anteada en !TI arzo del ano an te-
rior, 103 reveses que ya habian s¡1frido nuestras armas en
varios puntos de hs ú,-,signaJos, á impulso úel desertor San-
tana, de los inrlultados Bra\o, Herrera i Osorno, del indo-
mlble Guadalupe Victorh, que tambicn habia salido de sm
barrancas en las que habia est;J.t[o metillo por espacio de dos
:tilos, i otras causas que tal vez habrían podiJo remed iarBe
en sus pri:lci¡lios silla se hubiera ll:lInaLlo á lHl:jico al bata-
lIon d,; Ca,tilLt, qlle era tan ne~es'lrio para consernr la
tranquilU:Fl en aquellos puntos, dieron ya un carácter de
imposibiliJad á este primitivo plan, é hicieron mas crítica la
posicion del gobierno.


Co:no g,;n¡;r:ümente sucde que en momentos de des gra-
cias se designa como causante de ellas á la primera autoridad
empezó á ser el virei ApoJaca el blanco de los tiros de la
m;¡ledicen+l, i se princi;Ji:uon así mismo á concebir planes
para dcrri L'arle de su em:urnbrado puesto, Una poreion de
oficiales de los In lS bulIici030S formaron sus reuniones con
el objdo Jo dC5J...:re 1iUr dicho gefe; i como paso prelimi-
m.r qu,~ allJn Be la ejecucion de sus proyectos., estaban re-
cogienlo firm IS par.! dirigirle una representacion ;í fin Je que
se insuL¡se Ulll junta d,~ ¡perra, en la que tuviesen entrada
los 5U:Hlt,;r:ns, quienes po lrian ayudar con sus luces á sos-
tener la dccaiJa opinioll, cum lo el general LiiÍall aió los
avisos 0;}OrtUl10S de estos planes subversivos, los que se cor-
taroa oportllnlmente con la prision del oficial que mas parte
habia tcni lo en aquella reprensible maniobra.


Empero estaba ya la tra,na mui adelantada, i no fue
posible sofocarla. Los mismos oficiales 'lile habian plillei-
pia lo los espresados m:mejos, hicieron la esplosion entre
8 i 9 de la noche del .5 de julio. Puestos por ellos so-
bre las arm:lS los regimientos ,J..; Ordenes i Castilla, i el es-
cuadren de la LltegrHad, ocuparon todas las avenidas del pa-
lacio, de cuya puert:l se apo.leraron asimismo con el apoyo
de la guc\f.lia de n~alistas, i de dos compauías de m:1rina tl
las que estaba conib.da b seguriJal del digno vir ei. Los ge-




::lA/, ,J.rIO): 1 S~ll.
fes de dichos cuerpos, que fueron enviados pl!r~ contener
:v¡ue1 alboroto, vÍt'ron desoheúeeirla i atropellada su autori-
rl:¡,l. El regimient0 del Infante que se lwlf3ha en I~erma, á
1 2 le,~u:J.s de la capital, ahaoJonó al coronel de Fern~nrJo VII
don Angel D13Z del Castillo que mapdaba aquel distrito, i
se puso en I113rcha ccn su I~niente coronel, aposdndose en
h g:lfitl de San C03JllC en la lIIi~m3 Hoche, para ~ostC'ller la
dcposicicn, i si era ncccs[Hio tOlmr b ciudadela á 1,1 fuerza.


En el momento de ba hrr estallado esta achga sl1blevacion
se 1111bba congrega,]a en jl11acio la junta de guerra de quá
se ha hecho mel1Gion anteriormente; i 113bién:fose dis-
puesto que se preguntase á los amotinarlos cuál era el ob-
jeto de su rebeldía, manifestaron qu~ el ejército, cuya voz
habían uRUl'pado, pedia la renuncia del virei en uno de 10í
subins:-:ectores en quienes tenh 1l1:t:l confianza para salvar la
nave ·Jel Estado de tan tremenda borrasca. Contcstóles el ul-
tr:1jatlo virei con la mayor cll tn'l i compost1lfa su ninguna
repugnancia en demitir el lIlQndo en tan apuradas circuns-
tansias si r..o se !dlase comprometido su JlOnor, i si no co-
nociese que esta decision habb de acarrear Ja 'inevitable i
pronta ruina de aquellos dominios que el Reí habia confiado
ásu celo. El general T~i(¡an i los demas inrIivirluos de la junta
se edorzaron en afcar aquel atentarlo, i en llamar al órden á
105 conjurados; mas todo fue en vano, i sus últimas intima-
ciones encerraban alarmantes amClUzas á la seguri,lad del
yirei si no cntr2gaba el mando en el acto al gener,ll Novella .•


Hahiendo tcnido el brigadier Espillosa la feliz ocurren-
cia de prc<pouerles que sc:ía nomhrado para mandar las ar-
lllas dicho NoveIIa en quien habian manifestado tener mas
rtJnfianza, conservando el conr!e del V cnarlito las de mas atri-
buciones de virei i gefe político, por cuyo me(lío ohtenia n
ellos su prillcipal inttnto; i no S8 llegaba á efectuar el horri-
}¡le desacato á la autoridad legítima, quedaron desconcertados
10il pretendidos órganos de las tropas, i pidieron ~alir á con-
sultarlas sobre este nuevo incidente; pero volvieron á poco
rato imistiendo en que !in detr.ou ablicase el mando dicho




'1\1 { Ji ro: 1 ~ ~ 1. 2 [) 5
virei, firman:lo el cloell mento que á este ohjeto lIev1l11lD eS-
crito Los términos inJecorosos en que estaba concebido arrue!
papel, irritaron de tal mojo el ánimo del prudente i jui-
cioso conde del VenJdito, que lo hizo pedazos en su misma
presenriJ, i escrihió otro ue su pUÍlo, por el que se hacia me-
nos bochornosa :quella violenta tropelía, con la idea de evi-
tar los molles '}Ile pudiera proJucir en el púhlico con menos-
cabo de su bien cimentada opinian.
~alie, on los amotinnlos llenos de gozo por haberconse-


guí/;) el fruto .113 sus lllac¡uinaeio:les , des,mes de haber firmado
otro documento que ponh á cubierto la persona de dicho
virci. Esta renuncia se presentó al público con todos los ca-
ractéres de espontánea en la gaceta de 7 dejulio, á fin de que
110 quedase entorpecido el curso de los negocios, ni reci-
biese el ID.enor contraste la autoriddd, aunque ilegítima, que
lubia silo instllatla en IJ persona del general N ovella para
representar al Soberano. Repetidas veces hemos visto esta
<:Jase tle violencias contra los primeros gefes del Estado, i
constantemente hemos manifestado nuestra oposicion á tama·
fías escesos, estendiélldonos mas ó menos en m acriminaciun
~egun las circunstancias que los habían precedido. Sensible
nos es declarar en esta ocasion que no hallamos motivo al.
guno que haga eseusable esta violentl tropelía; i aunqne se
quisiera convenir en que sos autores fueron arrebatados por
un ard}ente celo ácia la conservacion de la autoridad real,
Mempre habría llevado aquel acto todos los caractéres de la
il~galilad é injusticia, i bajo este aspecto ha incurrido en
el desagrado del Soberano espaíiol, al paso que el conde del
VenaJito ha recibido públicos testimonios del Re~¡} aprecio.


Si se perdieron, pues, los dominios de Nueva Espafia
en el afio /821, file por el mismo irresistible corso de los
sucesos, i por el general prormnciamicIlto de la opinion por
la iu,iepen!Ieneia , al que hO parecía posible oponer un diqu\O
que lo contuviera. Tal vez se habria podido sostener ill:lS
tiemilo el prestigio Real en aquellos paisc$ si huLiera sido
én vi:.lda prontamente contra Iturbide la division que se for-




mó á la3 óruenes del general Liíían , ti hien sobre el bajio
de Guamjuato, donde habria podido conteuer la defeccion
de Bustamante, i el desbordamiento de la rebeldía; ¡'era la
fa~iliJad con que todas 13.s provim:ias se unieron á este omi-
noso sistema, era el mejor comprobante de la predisposicion
de 105 ánimos á separarse de la EspaiÍa. Ni era posible des-
truir aquel maléfico influjo mientras que subsistiese t¡¡n des-
airada la autoridad del Soberano en la península á ca/ua de
la igl10ble revolueion , f'rJguada por las tropas que habian
sUo reunidas en la isla ele Leoll para pasar al Kuevo IVlund,)
á restablecer en tojo su lustre i espleador los derechos di;
la monarquía espaIÍola.


El grito que <.lió IturbiJe en Iguala resonó por toclai
partes con el seductor aliciente de quebrantar las supuestas
cadenas que les habían impuesto los espa¡loles por el espa-
cio de 300 allos: no habiéndose parado los mejicanos á con.
siderar si les sería dable EUstituir un gobierno que los hi·
ciera mJS felices, se lanzaron gustosos ,í la empresa ele la
emanci?acion En sus primeros trasportes de arrebato i en-
tusiasmo formaron causa comun, i se empellaron en sofocar
hasta las mas cordiales relaciones que los unian con sus her-
manos los peninsulares si no estaban de acuerdu en su favo-
rita causa. La anomalía mas estraiÍa que se presenta con
este motivo, fueron los aplausos triLut:1I1os por muchos
inJignos hijos del suelo es?aíiol á las proclamas incendiarias
i groseros insultos proferLlos generalmente contra los titula~
dos opresores de 300 all08, siendo pr2cis:uuente de este nú~
mero los mismos autores el(~ tan infames libélos ó los propa-
ladores de tan absu !lbs doctrinJs.


Apen3s cesó esta primera efervescencia~ empezó el ellconu
de los partidos entre los mismos mejicRnos, los acalorados
debates en sus cám:uas, la persecucioIl de bandos, la guerra
civil i la anarquía con tojos sus horrores. Este sudo, el mas
felíz i opulento del Nuevo, i aun del antiguo Mundo, 1m
quedado reducilo á un monton de escomhr)s i ruinas, ha~
bienuo desaparecido de él la riqueza de las minas, la agrieul-




],' E.Tl~(): I k21 . 287
tma , el comercio, i la seguriJad persona1. Si los innovadores
hubieran previsto un desenlace tan fatal, no habrian mani-
festado ciertamente tanto entusÍ1smo por segundar los pérfi-
dos impulsos del campeon Iturbide.


Por la misma razon puede 'asegurarse que si el destino
tiene decretados lluevos esfuerzos de los espanoles para repo-
ner la. autoridad Real en aquellos dominios, no se repeti-
rán escenas tan trÍ5te~ i aflictivas. La esperiencia de los que-
brantos surri,los sed la mejor maestra para la comlucta su-
cesiva de aqu~llos pueblos. La fragilidad humana llega á tal
punto, que no se creen los m:lles hasta que llegan á tocarse;
la presuncion i el orgullo nos hacen ver generalmente que
fiOIllOS capaces de soprepujar en todas materias á nuestros
mayores: el espíritu de inllovacÍon ha hecho terribles pro-
gresos en este siglo, i se necesitan por lo tanto lecciones prác-
ticas de los escollos en que se e~treIlarán siempre el desvarío
é inconsistencia de los entendimientos formados con las teo-
rías de una vana é insustancial tiloso fía.


Doloroso es por cierto que los tronos hayan sido estre-
mecidos por este genio destructor; pero tal vez habrán gana-
do mucho en solidez i permanencia con tan repetirlos escar-
mientos i costosos desengauos de los que han tratado de se-
p8rarse de la senda trazada por el llOnor, por la convenien-
cia~ por la justicia, por la sabiduría i por la larga esperien-
cia. j Quiera Dios que sean estos los últimos ensayos de los
insensatos, que imbuidos en las superficiales ideas modernas
se han dejado arrebatar por la corriente de sus vicios; i que
disfruten los Estados de la paz i felicidad que solo es dada
obedeciendo sumisamente á los legítimos soberanos á quienes
la Providencia ha confiado el dominio de los pueblos!


Empero volvamos á tomar el hilo de estos importantes su·
~esos. Apenas se encargó dd mando el general N ovelIa, dió las
mas enérgicas proclamas para comprometer á todos los habi.
tantes de la capital en la defensa de la autoriJad Real: re-
sucit6 los bandos i mdidas adoptadas ya por el gobierno del
eonde del Venadito, llamando de nuevo al servicio acti\'o á




MÉ.JíCO: 18? 1:
los l1l¡¡¡t:lr~5 retirados, promoviendo el alistJmi,ul:O de todos
los hombres útiles para las armas, influyendo pJra que el
ayuntamiento ofreciese cuantiosos premios á los que abando-
n lsen las filas del disidente Iturbide, interponiendo. b media-
civn apostólica del illmo. arzobispo para sostener la oflnion,
e.pidienJo reglamentos de policÍJ ad~cuados á las circunst:m-
cias, conteniendo entre sus útiles dispusiciones b de eximir
d,~ dc, .. ~choJ ¡Je puertas:í todos los comestihles r¡ue se intro-
dajeran para el abasto de la cimlarl; i valiéndose tinalmcnta
de cu,mtos recursos sugiere el mas ardiente deseo del acierto
par:! distinguir si er.l posible el principio de su gobierno
con resultaJos f.1voJ;'ables :í la causa del Rei, que borra-
sen la mancha de 1;¡ e1eccion ó el viciado orígen de su man-


do; mas eran demasiado opuestos i contrauictorios los ele-
mentos que se le ofrecian para tan árdua empresa, i se ma-
lograron por lo tanto tocIos 103 impulsos de su firmeza i
decision.


La guarniciol1 de Puebla, que fue uno de los puntos mai
firmes en la def~U3.l, capitul6 en 27 de julio obligándose á
entreg.1r la ciudad eI4 1 ~ de agosto. Aunque se babia agitad~
con c;¡lor cn la capit:ll la cuestion de socorrer este punto in-
t~rc5ante , cuyo ret:mln fue una de las causas alegadas por los
enemigos del conde del Ven:ulito par:t arrojarle del mando,
no fueron mas diligentes los nucyos gobern~mtes, pues que ~o·
lo d65pues ue un mes de haber conseguido el triunfo de su
sublevacion, movieron una column:t de 19 hombres á la, ór-
denes del eoroncl Concha, la qUe llegó á San Martin de 're-
meslnca, distante nueve leguas de Puebla, cuando ya habia
capitulado su escasa guarnicion, reducida á unos 800 euro-
pcos, pues que tocios 103 uenlls cuerpos ucl pai3 se lli1bian
desertado. Algunos censuraron la poca firmeza del coman-
dmte general brigadier don Ciriaco de L1:lno, de quien so
e,qperaba que repitiese en esta ocasion los magníficos ejem-
plos que tenia dados de su bizarría i arrojo: otros quisie-
rOIl m:mifestar que el disgusto recibido por la violenta clepo-
gicion del virei Apodaca, i la desconfianza ue que los nueros




~lL.fjC(): ¡321. ~)?'J
gobernantes pudic:ral1 salvar la nwe dd Estilo coa tm dé-
biles remos, habia embotado su ante dar enrgía é irresióti-
ble valor; lllas todos e5t03 cargos no pasan de ser UlUS m,-ra.
presunciones) que se desvanecen al eX:Jmill:.tr la crítica posi-
cioa de los negocios.


Tanto este gefe como el benemérito coronel don Benito
ArmiÍlan, que era 11 s3gunda autorilad) estenlieron la de-
fensa de b plaza aun mas aU¡( de 10 que prescribe el Jcber
militar. Acosados p'Jl' los sitiadores, sin recibir ni aun noti-
cias de la capital, convinieron con est03 en entregarles aque-
lla ciudad si veian confirmadas por dos oficiales de la con-
fianza de los realistas las tristes noticias comunicadas por los
disidentes acerca de la rendicion de la mayor parte de las
guarniciones del rcino; i como hubieran vuelto con cfecto di-
chos dos oficiales informando con certeza del desastroso es-
tado de los negocios; no pareciendo por otra parte ausilio al-
guno de la capital, ni sicnrIo posible sostenerie lTIJS tiempo
con Bn poca fuerzl contra una poblacion de 8o~ almas, cu
la que habi1ll cunlido cOllsderablemente las iJeas revolu-
cionarias , i much0 menos emprender la retirada carecien-
do de caballería, en cuya arml eran mui fuertes los sitiado-
res, hubieron de cumplir su promeSl qucdanlo por este me-
dio ilusorias las tarlias lll~ji hs dictJJJS por el gobierno de
la capital.


lUientras que Novella se ocupaba con infatigable celo en
los medios de sostener su moribunda autordarl, tuvo noticia
de la llegada á Veracruz de don Juan O' Donojú, nombrado
capitan general i gefe po]{tico de aquellos reinos. Se le ha-
bía dado dicha inve.tidura en España, apenas supo el go-
bierno constitucional, vigente en aquella época, esta nue-
va revolucion, que ya desde el principio se presentó C011
los caracteres mas alarmantes. Infúrm:ldo Iturbide del des-
embarco de dicho O' Oonojú, salió á la ligera á ponerse en
comunicacion con él, consiguió atraerlo á una entrevi~ta en
,Córdoba, i celebraron ambos gefes con fecha de 27 de agos-


TOMO IIl. . 37




~:Y) ~lE.í[r.o: 18:21.
to un tratada que tomó el nomhre de la mhma villa (1).
Fumlado este nuevo gcfe en la crítica posicion á que se veía
reducido por hallarse todo el reino de Méjico en poder de
los disidentes sin que pudiera contar con mas apoyo que
con las cort:ls guarniciones del castillo de San Juan de Ulua,
Veracruz, Perote, Acapl1lco i la capital, í aun ésta en po-
der de una autorichrl intrusa; apoyado en los despachos que
habia dirigido al gobierno apenas puso el pie en aquel con-
tincnte, que ftle en 31 de julio, remitió otros con fecha
de 13 de setiembre por el conducto de dos comisionados,
desenvolvienlo los m;smos principios reducidos á manifestar
la imposibilidad de sostener la autoridad real contra el tor-
ren te d,: la opinion, que se empeñaba en probar se habia
pronunciado simultaneamente á favor de la independencia.


Aunque trató de piotar sus operaciones en dichos despa-
chos del modo mas ingenioso con particular esfuerzo de que
llevasen la conviceion al ánimo de los gobernantes peninsu-
lares, fueron altamente desaprobadas por el augusto Mo-
naro csparíol; i aun las mismas cortes, con las que tenia
las Illas e,trechas relaciones de amistad i conformidad de
ideas, estuvieron mui distantes de ver con agrado el descaro
con que habia traspasado los límites de sus faculta .. les. Toua
la naCÍon oyó con horror tamafÍo esceso; i aunque salieron
á la palestra algunos apologistas, nadie podrá negar los ¡rre-


(J) r,C5 principales artículos de dicho tratado fucJ'on el recoIlocimien·
¡.) de "'ludie, dominios como imperio sobct'ano i; independicnte; la dc-
~if'nacioH de nuestro 3ligU..;tO l\louarf'a ó de alguno de los Seren.· . .;imcs
!lIcItC,res Infantes p": a o(;up~r aquel trono con el titulo de empcradol'
~oosljtLlciuna¡; la ¡'.rmacioll de una jonia provisional gubcmali,.,L; b
c:lt:'ccion de ur.a regcnda de tres individuos para t'jf'rcer inteJ':namcntc
.1 poder ejecutivu ; la convoc3ciun df: corft's para fOlmar su cODstitucioll;
l.a inyiol,Lili<lad de las p"0pi"dades; la libertad para salir del pai~ cuan-
tD'; lo solicitasen con touos sus inteleses t ~;jn mas tr3va que la de sa-
tisfacer los tl"r~chos de espol'la.::ion; i la promesa de O' DonojiL de que
hs tropas ~"f'a;lolu8 l:vacuasen la capital mediante .na honró¡Q tapó·,
ttirolaeion ..




pa-rahlcs males que rroJujo ~quelIa mallI:l(lJ.Ja tram'H:i0H.
por la que quedaron completamente para'i~auljs l~ TÍlti!llOS
medios de resistencia que todavía se ofrecia á los real;s-
ta8 1 i fortaleci h la causa de la independencia con la régia
aunque usurpada sancion que le dió aquel indigno represen-
tante espalÍoL


Algunos dias antes de haberse firmado por O' Donojú el
tratado de CórJoba, las tropas deÍ Rei I al mando del coro-
nel don Manuel de la Concha I lwbian dado inequívocai
pruebas de su firmeza i uCc'ision por sostener el honor d~
sus armas. Se I¡aUaba situada el J 9 de agosto en 'J'acuba la
vanguardia del ejército de operaciones, compuesta de los ba-
tallones del I-nfante Don Cárlos, Ca~tilla I Ordenes, Illurcia,
Zaragoza, compaíiía de la Reina i de granaderos ele Barce-
lona, i de los drlgones del Rei, provincial de Méjico, de
Slln Luis, Fieles de la mi,ma ci~dad, Príncipe i Sierra
gorda, urhano" de T'Jluca, RIGlll1ca iÍ htla[lll1ca 1 r{j¡¡lista~
de MaJinalco, CO:lt8pt'C i Salto, compaIlia de Integras i de
Tanepantla, cuya di vision, aunque fomnrJa de cuerpos en
esqueleto i de partidas Sl,lCItas l ascerdeda á \lilOS 30QO
hombres.


Presentado el enemigo con fuerzas lIIul superlore~ I rom-
pió un l'it'o fuego de arcillaría i fusilería contra el primer
cuerpo avanzado á las ór.lenes del sargento IU1yor de Cas-
tilla don Francisco lluceli; el coronel Concha \ que se ha"
liaba con otros dos cuerpos en la villa de Tacubaya, acudió
al ausilio del primero, i dirigió tojos sus conatos á rechélZar
á los rebeldes por el rumbo de Et:wapuznlco, al cual debió
l'epl,?garse con las dos piezas que l¡abil presentldo en el
campo. Refor¿ado Concha con otros cuerpos se dirigió souro
dicho pun to de Etzcapuzalco, que fue evacuado por los re-
beldes tan pronto como vieron el continente unrcial i la flr-
meza con que nuestras tropa~ caminaban contra ello3. lh·
l)iendo salido aquellas en su persecucion, llegaron hast;l la
hacienda de Careaga, en donue se hicieron firmes los con-
trafÍ0s f¡¡yo¡:ecidos por su buena posicion; i aunque los rea·


.




J:):¿ ~1l::J¡co: 1821.
list:.ls se empell~ron en darles repetidas cargas con el may!}!
entusiasmo, hubieron de retirarse á Etzcapuzalco por ha-
bérscles iríutilizaJo un carian de á ocho sobre el que apoya·
ban sus operaciones.


Engrei:los los insurjentes con este pequeíÍo triunfo ata-
caron á su vez las posiciones de los espauoles, quienes habién-
dose prodsto de otro caíÍon de igual calibre que el primero 1 i
diri¡jienuo sus fuegos con el mayor acierto consiguieron recha.
zarlos; mas como hubiera recibido á este tiempo el coro·
nel Concha noticias eTe la dircccíon de dos columnas de
caballería enemiga sobre Tacuba 1 pasó á reforzar la corta
guarnicion que habia en aquel punto, dejando á Buceli en
Etzcapuzako, quien terminó la accion :í poco tiempo de
haberse ausentado Concha, quedando nuestras tropas dueiÍas
del campo.


Esta jornada 1 aunque brillante para los realütas por
la:, ventajas conseguidas 1 asi como por ha)Jer causado al ene·
lIli;;o pértltJas de consideracíon, i que hu hieran podido ser
todavia mayores con mejor 6rden i direccion de parte de
los gefes, fue comprada sin embargo con el caro precio de
114 soldados de infantería entre muertos, heridos, estra·
viados i ~ontusos, 7 de artillería i 42' do caballería; de cuyo
descalabro se consolaron al considerar que aquella preciosa
sangre, derramada con tanta gloria en el campo de batalla,
podia fecundar todavia los agüstadOli campos de la fidelidad
i del honor; pero estaba ya decretada la ruina de aquel es-
t.ado, i no produgeron por lo tanto el menor efecto los últi-
mos esfuerzos de los leales en la batalla del 19.


Conociendo Novella que las translciones de O, Dúnojd
habían acabado de estravíar la opínion i de enfriar el ardor
que todavía conservaban muchas realistas por segundar los
impulsos de los que defendim la causa de la metrópoli; i
cOll\'encido ya de que todo plan de ulterior resistencia no
podía tener mas resultado que la inútil efuiion de la sangre
de homhres decidilos i valientes, cuyos manes Ilabian de
~lamar contra iU mal calculad ~ obstinacion i temerario em·




lId.nco: ) 82 \. 293
pelto, se decidió á someterse á la autoridad de dicho O'
Donojú, aunque estuviera mui distante de aprohar el recono-
cimiento que aquel gefe acababa de hacer de la independen-
cia mejicana.


Cediendo dicho O' Donojú á los planes de Iturbide, ad-
mitió el puesto que le fue ofrecido en la junta provisional,


se prcsent6 con el referido gefe insurjente á las inmediaCio-
nes de la capital con la idea de ordenar la evacuacion á las
tropas del Reí i de allanar todo obstáculo para la entFada de
los trigarantes. La entrega del mando la hizo Novella en ma-
nos de O' Donojú en 13 de sttiembre en la hadenda de la
Patera, poco distante de dicha capital, desatendiendo los
útiles consejos é instrucciones que se le habian dado en la
junta directiva de la guerra, i haciendo una completa sumi-
sion sin haber asegurado antes todas las ventajas que podian.
esperarse.


Parece que el nombre de O' Donojti le hizo caer las ar~
ma~ de las manos, i desde que lIego á conferenciar con este
burlado genenl no tuvo accian para 8epal'arse de la carrera
que aquel quíso trazarle. j Tal es el prestigio de una autori.
dad que se presenta con todos los caractéres de legitima an-
te otra que reconoce su origen de una conmocion militar!
En el acto de informar NoveIla al público de haber en-
tregado su mando al citado O' Donojú, dió á reconocer
por gefe de las armas al general don Pascual Liúan hasta
que aquel hicirra su entrada en la capital;. mas repugnando
al pundonoroso LirJan el bochornoso trance de mandar la sao
lida de lVIljico á las valientes tropas, cargadas de cicatrices i
llf:ridas que habían recibido en once afios de una lucha tan
terca como constautemente gloriosa, hizo' renuncia de su
ma'ndo, del que se encargó el mi~mo O' Donojü aun antes dI}
entrar en la referida ciudad.


Quisiéramos borrar de la memoria tan tristes i lamentables
sucesos. Triunfo Iturbide aun que sin una degradante humilla-
cion para las armas de Castilla. Hubo sin embargo algunos gefes i
oficiales que se cubrif:ron de ignominia abandoaando las bande·




29'~ MÚJJ(;0; d:l21.
ras á las que estaban ligados con solemncs junmentos i por su
propio honor. Hubo asimismo algunos escesos de insubordina-
don i falta de respeto á las autori,ladcs constituidas; hubG
tambicn defectos de tibieza i desconfianza; i los hubo fina}·
mente como emanaciones de las ponzoiíosas ideas que regia n
en la península; pero la generalidad de los espaÍJoles se con-
duja con la delicadeza que es propia de sus eleva Jos senti-
mientos. Un conjunto de inesperados accidentes conducidos
por la fatalidad i por lo adverso del destino les obligó á ceder
al furor irresistihle de la revolucion; pero no llegaron á ren-
dir las armas., pues que todos estipularon en sus capitulacio-
nes respectivas la necesaria condician de conservadas, i salie-
ron por lo tanto del territorto mejicano. CQn todos los hOno-
res de la guerra, habiendo sido may.Qr todavía la gloria de
las tropas de la capital, !as que obedeciendo las órdenes de
O, Donojú pasaron á tomar nuevos cantoncs sin l¡aber reci-
bido la menor intimacion de los trigurantes ni clase algunll
de desdoro.


Verificada la solemne entrada de Iturbíde en Méjico en
27 ele setiembre, cesÓ la resistencia de Acapulco, Perote i
"era Cruz, si bien en este último punto fue donde sc lJicie-
:ron los t'íltimos c3fuerzos por el digno general don, Jo.6 Dá-
vila ~ quim no pudiendo resistír mas tiempo una lucIIa taTi
Jcsigual con los disidentes i con el mismo O' Donojú, cuya
autoridad no quiso reconocer desde que Ja vió menoscabada
con sus ilejitimos manejos, hubo de retirarse al castillo de
8¡m Juan de Ulua, en donde rechazó con heroismo i firmeza,
las repetidas intimaciones que le dirigió el gefe de los hnpe-
riales valiendose de los acostumbrados medios de una f¡¡lsa
16gica i de su no menos hipócrita lenguage, al que l¡abill
debido sus dp~jos triunfos en la nueva carrera.
l~as tropas esparÍolas habían sido acantonadas en los pun-


tos de Toluea, San Joaquin, Tacuba i Cuautitlan mientras
que ~e disponia su ~mbarque para la península por los pun-
tos de Campeche, Tampico, TúspaFl i Alvarado. Seguian en
el entretanto los disidente. celebrando 1" entrada triunfalJte




~¡(:¡c:o: : 82 r. 29:)
de su héroe fantástico, i planteando el gohierno trigarantc,
cuando ocurrió la muerte de O' donojú en el dia a dc octu~
bre con síntomas demasiado alarmantes para que los enemi~
gos de lturbide no ejercitaran toda la fuerza de sus malignoi
tiros.


Tom6 entonces el mando de aquellas tropas el general
Litlan, quien solícito siempre por el honor i conveniencia del
pabeIlon espaiÍol, obtuvo de Iturbide que en vez de llevarse
á efecto el embarque por puntos tan distantes en que debiaa
carecer necesariamente de las principales ausiIioi, se forma-
!en dos divisiones; la primera de las cuales deberia salir por
el puerto de Vera Cruz en 1 .. de enero de 1822 , i la segun-
da dos dras despues.


Estaban ya tomadas las neceiarias- medidas para empren-
der las tropas aquel movimiento cuando ocurrió uno de los
lances mas terribles que pueden ·ofrecerse para probar la en-
tereza de un gefe militar idólatra de su honor i reputacion,
cuya relacion quedará ~uspem!ida h(1.ta la época de 1822 á
la que pertenece.




296
'\ \H;H\\ \\ n \\:\ a't\·\)\\in\\iwnul'.;),\·'\'\'\iY\'\·\ '.. \ \y ~\\ \\1\ \:;'\\\'.Y


CAPITULO X IV.


,


PERU


Conspiracion de Potosí. Primera salida de San Martin para
Guayaquil. Delegacion del mando supremo en Torre Tagle.
Regreso de aquel, i su retiro á l(!, Magdalena. Carácter
opresor de éste. Venta de las fragatas Prueba i Vengan-
z;a. Espedicion de Tristán sobre lca. Legion peruana. Car-
ratalá en Cangalla. Movimiento de Canterac i Valdés con-
tra dicha espedicion. Victoria consegida por el primero.
Bedoya. Marcilla. Loriga. Ventajas conseguidas por Val-
dés, Carratalá, Rodl} i otros gefes. Pacificacion de la
Paz. Derrota de Lanza. F'er9cidad de Monte agudo. Des-
contento de la capital. Numancia. Bárbara proscripcion de
españoles. Segunda salida de San Martin para Guaya-
quil. Desacuerdo con Bolivar. Revolucion de los limeiíoi
contra Monteag1!-do. Regreso de San lJfartin. 1!ls/aZaeion
del Congreso. Renuncia de aquel caudillo. Creacion de una
junta gubernativa. Esclarecido tnérito de los realistas.
Potosí. Proyecto de espedicion sobre Arica. Debates sobre
la recaudacion de fondos. Su salida al mando de Alvara-
do. Preparativos de Valdés. Movimiento de Canterac en
su ausilio. Viage de Ramirez para la península. Arrojo
de Pinto. Valdés sobre Tacna.


Aunque los realistas 1l3.bian dado las pruebas mas p()-
sitiyas de su noble é inflexible valor, no por eso era menor
la confianza de los disidentes en el triunfo completo de su
causa. Aquellos génios atrevidos no se habian desanimado en




l'rn(: ~ 3~2.- ~q:
forjar proyectos rlc"I'J5tadores, :iUn en e1 (entro del (kminio
de los reJ¡istas, Eill qU8 les hu bieran hecho mella los repe-
tidos escarmientos i ejemplares castigos que se h~thi~Il im~
puesto en el acto de sufocar las horribles conjuraciones des-
eulJierbs en nrios puntos. La que estalló en Potosí el dia 2
de enero, á tiempo de haber salido para su nuevo destino de
1:1 }Ya .. ; EU gobernad&l' H uarte, tm·o mOlllcndneamente 1m
fdiz re;,ulta,!ü: seducidos i sublevados los 3')0 hombres que
componían aCjudla gunnicion, con tanta rapídéz que no pu-
dieron llegH o;lOrtunamellte á cortarla las autori.Jades realis-
tas, quedó la villa á su disposicion, fueron presos tolos los
europeos, i se proclamó la independencia.


El pueblo mas sensato i juicioso no tomó parte en este
desesperado alboroto, temeroso de las ·irresistibles fuerzas que
habian de cargar contra los amotinados, desde TupÍza, Chu-
quisaca i Omro, donde estaban situadas. Fue con efecto in-
creible la ccleriLld con que voJarol1 de tajas partC3 á deJ-
truir ,í los amotinarlos: el primero que se p1'C3entó al frente
de los reheJ,[es fue el general l'VIaroto, gefe político i milit:!r
del cit,ldo punto de Chuquisaca, quien puesto oí la catc;-;a de
300 infantes i 100 caballos tuvo la gloriJ. de reponer la au-
toridad real en a'1uella villa en el diil 1 ~ , despw's de un pe-
q:¡eltO tiroteo, en qlJe fueron batidos los sublevados.


Al di;¡ siguiente entraron las tropas de Tupiza i O1'uro, i
qncdó compldalllente reshblccida la calma 1 i consolidado
mas que autes el dominio espaílúI. Los indígenas de ::qnclbs
inmediaciolles, i aun los de la misma villa se hicieron alta-
mente recomenJah!es por los eficace~ ausilios que prestaron
á las tropas del Rei; i no fue menos laudable la conduct:! (Je
la gcner::li hd de aquel yecindario, que lejos de haber apo-
)''i(rO el csprc,:dJ !1v)\'imi"nto·, fue el '¡ne mas cmpefío un."
niftstó para dC3CU :'rir los foado" de las cajas reales i ele-
mas ohjetos roba,Ji)5 por los sediciúsos Don Antonio ::'.1a-
rí:.: .tlharez, que l11hia sido nombra,lo comi\n!J.nte gener<ll
de esta punto, Iitgó á él á los pocos dias de tan ruidoso sn-
cese', i contlihuyó asimismo con su celo i energía á restable-


'l'UMO L I. 33




(',,1." 1.1 C'<!ir:'i1 ir..:;-~I~llI;jtbj. La j::tnta de guerr, ~ rpH~ hahían
LJj'''¿,,:~, .);,U'¡;:;1 i ¡'Jaroto ¡¡Ltes ue rctiraf5C i sus yt,spf'('til',¡s
; '!¿iL'",:", iU;Ju_o la pené! de muerte ;í tres tl ni,mtes C01'O-
u:c ~ entre ellos al principal motor de w:¡ud1:t cons;liracion,
HUy:Js, i á clü'¿ inlivicluo3 mas entre oficiales i soldados; hu-
I-:) :cd;éll1JS c0n,lcn;1<1os al destierro; (ltro~ rr:nlieron sus rm-
!~'¡"O'; Se mandó que EOhre otros se ohs'Orvase una rLurosa
vi;áLmcia, i h trap"! Jesarmada fue agregada al tjército del
Norte para alej'!rb de ('sí:!. fragua de Sc(!uccion.


El coronel SaJg~(!o, 11110 de 105 mas culpables en aquel
atent:1r!o, habi~ salido de Potosí dos dias antes lIc la entrada
de lUaroto, para el cerro de Pilima con el objeto de sublevar
la Ínlliada, i fortalecer por este medio su sacrílega causa; i
aunque Maroto le ofreció el indulto, quc luego le fue reife-
rado por Alvarez. dcscrhó con altanerh pstos rasgos de ge-
lH"rosHaJ de ambos gefes. Asi, pl1f~5, se vió preci,ado este
último á dirigir contr,1 él no hombres p:1ra que venciesen
con la fuerza su indomitcz. -riéndose Salgl rlo estrechado ror
esta p;¡rtida, depuso h8 armas. i fue destinado por el virei á
la isb de Jos prisioneros en la laguna de 'fitiraca; pero como lo,
génios díscolos jamas desisten de sus devastadores proyectos,
fue víctima á princijJÍos de 1823 de otra cL:sleal maniobra
~mpleada p:lra seJucir la escolta que Jo rllsto cliaba en l:t pro-
vinei !! de IVlojos, á donde habia údo remitido á la disposi-
cion dd comandante V €lasco.


El vird Inserna desre el Cuzco, i el general Canterac
des l " los v:,}i:Ó:J de ,1'i'~'jil desplegaban una estraonlinaria acti-
,,¡,¡ud i' ra leY~¡l t1f Cl;~t71J ::'Gpn i tomar la ofensh'a. Este
,j;ti'no eL ) Illle\G yl,J;cí: J. ks tr2cbajos principiarlos en el aíÍo
~:'1t'é"¡or. L.:. campos,~c-:njju. ~e f;("r;irtieron mui pronto en
fr::b;J~:¡3'\ tdIIei'f:;;'j r-{bl~Ci):; ! DHt:inz¡;.~ ~:.ttf.'··ti;:'js~ en 133 que to-
dil5 t~'"b:lj:lb::m á porlJa : é.':',l ,;1 ;,-¡-,:>'<:r [",;'¡:,:as1l.lv: unos fun-
t:l,,11 rark.oes, baIn~, i graíU¡<;~ CAl L", (;(lE1panas que de tO d
dos los pllehloi veni:m á ofrecer gnst(}samentf~ !os fides pár-
l'O(,O~: otros curtian las pieles de hu tC3e" y 4('11 :',% i l::m~lfes
I'{Ut H: distribuia.a rara mantPncl' ¡¡l i ... 11,¡,b, f,'rm;mdo dI




ellai zalell!, morrionrs, c:¡rtucheras i f)rnitur.'!~; otro3 em-
picaban la misma l.ma, des[Jues de hihda por las indi3s, en
tejer pailos ele !J. tierra, de f¡Ue se haeian uniformes i otros ~lli­
daban del calzado; otro¡¡, cullÍertos de sudor, golpeaban sin
cesar en el duro yunque el hierro para sacar de él herradu-
ras (conoálas entonc':s por muí pocos de aquellos habitantes)
Lmzas, est!'i\'OS, es¡md:,¡s, bocadq~ i dem1s útiles de gucrn:
se veü á otros eJaborJr la polvora con el mayor trahajo mo-
liendo SU3 materiales en las piedras (ir. m:mo que tenían los
indios para machacar el maiz; i todos finalmu:te se esmera-
han en llenar las grandiosas miras de los gef¡;S, ejercitándOíic
en toda clase de fatiga i en el ejercicio de Jas aH,~g mai pre-
d¡;as para abastecer al ejército de cuantos peltreehos pudiera
neC('sitar para entrar en campafía.


N unca podrá ser atribuido á una vil lisonja el que nos
detengamos á enll!1lUar estas preciosas particularidades, ea
Jas que resplandece el génio, la firmeza, 1'1 lealtad j la deci~
iion, tal vez de un modo mRS recoll1eu(1ahle ¡!le en el desem-
peño de empresas rUcrr·'.filS: llen:1r en estas su puesto (t3 el
deber de todo milit3l'; 1:1 victoria no siempre se fija en el
verdadero mérito, i IUll.S de una vez se ha delicia h pl'otec-
cion de aquel ser veleidoso al mimlO dcs:1cierto, i muí co-
munmell!c :1 J1 casuali ¡¡¡el; pero las virtudes estl'aonlinarias
de un ejJreito, su constancia i sufrimitonto en tl ofiricso ejer-
cicio de operaciones que deben resistir3e á los que no están
animarlos de un ardiente entusiasmo; los industriosos arbi-
trios para suplir la privarion absoluta de elementos gnerre-
ros; esta sublime clase de servicios encierra esdmi\'amente
un múito solo é indisputable, i es por 10 tanto 10 que mas
~scita nuestra admiracion en esta campaña, i lo que m3S deb~
refluir en hallar i gloria de los qne tUlieran la parte princi-
pal de la dí recrian , i srgundariamcnte (re los que se prcsta-
ron con fina voluntad á tJl1 gencrooos i noUes impulsos.


Estos vigoroso. esfuerzos, sin emb3rgo, 1:0 surtian los
buenos efectos que se habi3n prometido por ]a falta absolutll
ce armas pafa m. reclutas. Se ¡labia perdido la esperanza de




:100


que pudieran llegar de la peníusula; i era prec;so por lo t:1n-
to arr:ll1carlas de las manos de los cne:nigos con golpes de ar-
rojo i bizarría. La caprichosa fortuna, reconocida sin duda á
la constancia con que aquellos Iwbian sufrirlo sus m35 duro!
golpes, quiso ser propicia á sus V{)tos, i les proporcionó una
brillante ocaoion de d'lr cumplido desahogo á sus deseos;
pero conven:!rá tomar las cosas desde su origen para qne se
cono ·:cal1 las ra~lsas antes que sus efectos.


Llen:.> el p!Gtector San l'\!brtin de Hna loca confianza en
la prctcndi,la il1l'encibilid:l,j de sus batdlones, hahia anun-
ciado desde el dja 19 de enero su proyecto de pas:!f á Guaya-
quil á teucr una entrevista con el colombiano Bolívar, pro-
metiendo como resultado de ella las mas brillantes ventajas
para el EstaJo peruano; i conforme con esta iJea delegó el
día 20 el poder ejecutivo en el gran mariscal marques de
Torre rragle. Se malogró sÍ;'} em bargo est3. primera salida,
porqm: al lIepr á Trujilio recihió despachos de Bolínr
en los que manifestaba no serIe posible concurrir por enton-
ces al punto in,Jicado; í habiendo regres3.do á Lima en el
día 3 de marzo, conservó en el gobierno á su sustituto, i
pasó á vivir con. afectado retiro á h casa de campo del virei
Pczue1a, llamada la Magdalena, á la que dió el nombre de
Pueblo de los libres;


Parece que la mano de hierro cun que gobernaba Torre
'rngle era su mejor recomendacion cerca del protector: FU
primer decreto luego que se huho Eilcargado del mando,
probó que era digno ejecutor de las órdenes de aquel gefe.
re Que todos los españoles solteros pudieran salir del Perú ele-
,,;jando á t1n-or del trsoro la mitad de sus propiedades, i
~'que en caso de fraude serian todas ellas confiscadas con
"destierro personal:" hé aquí un sublime rasgo de la filantro-
pia del citado marques.


La fragata española la Prueba, que habia capitulado ea
Guayaquil en I5 de febrero al mismo tiempo que la Ven-
ganza i la corbeta Alejandra, llegó al Callao en 31 de mar-
zo i fue entregada j~¡nediatamente al gobierno perUaDO, segun




JOI
1'31)ia 5i(10 l,a~t:lllo por los desleales capitanes VilIt'gas i Soroa)
seduciJüs al pureccr [Ior los generales, antes realistas, Lamar
i lJLno, r¡ne accidtl~t<!lmente se hallaban en aquel pUterta.
lJasó illlIlec!iat;'¡ill81lte á bordo el delegado supremo, hizo tre-
moLtr en ella el pabelJon de aquella república, i le dió el
nombre del Protector.


COIlociclIllo San Martin que seria de la mayor importan-
cia la posesioll de los valles de Pisco é lea, no solo por sus
I1Iir~IS eomcrci:dcs, sino por las ventajas que ofrecian como
posicion militar, sin embar60 dd voluntario desprendimien-
to que habia hecho de la autoridad civil en favor de 'forre
TagJe, i de.: la llIilit:lC en Alvarado, mandó que salieran ácia
el referiJo punto de Ica 39 hombres de tropas mandadas por
el gen¡>ral dOil Domingo Tristán; de ese génio voluble é in-
constante, que tantas veces habia muiado de divisa, llevan-
do por sf~!i!lmlo al general Gamarra, tambien desertor de las
filas realist,¡s.


Ya se dijo en el articulo del aíÍa anterior que el coronel
ValJés obraba activamente con las tropas del general Rami-
rez consolidando su opiuion con nuevos i brillantes gGlpes de
bizarría i esfuerzo. Tambien el coronel Carratalá, que opera-
ba en el partiJo de CallgaJ!o~ pro~'incia de Hll'lmanga, cuntra
los indios su b1evados, conocidos con el nomhre de JYIorochu-
cos, habb destrozado en febrero una numerosa rtunion de
estos rebeldes, prGtf'gidos por algunas partidas de tropa de
línea en los altos de Parinacocha; de cuyas resultas se pre-
sentaron :4 implurar el pedon los principales caudillos, que-
dando por este mertio asegurada la tranquilidad del pais.


Desde que salió para lea la indkarla espedidon de Tris-
tán llabia empezado Arenales á amagar un movimiento sobre
la sierra, i habia procurado dar á este ardid militar toda la
posible publicidad, para que llegando á noticia de Canterac
n') se moviese de sus cantones, proponiéndose como segundo
ebjdo la ereadon de guerrillas para hostilizar á sus contra-
rios. Convencido el vird de que solo con un pronto desplie-
gue de fuerzas i de activiJad podia evitarse la terrible bOl"o




rasca que le amenazaba si los espedicionarios llegaban á fi-
jar sóliLhmente el pie en el referido punto de lea i á adelan-
tarse hasta Parinaeochas, en cuyo caso quedarian espucstas á
~er interceptadas las comunicaciones del ejército con el res-
to del Perú, seria mui fácil la invasion de la provincia de
Huamanga, i podria estenderse rápidamente el fuego sedi-
cioso por tojo el resto del virei~ato, dispuso que el hriga.-
dier Valdés (I) se pusiera en ffi1rcha desde Cara.ve1f, en don-
de se hallaba, para qU3 toónando á sus órdelles una columlla
que debia salir de HU:Hlunga al mando del coronel Rodil, i
otra divisioll del valle di Jauja, diese un golpe deL'!sivo al
confiado Tristán.


Aun'lue dicho virei solo habia ordellado la salida del bri-
gadier Carratalá del citado vaiIe de Jauja, crey6 el genera-!
en gefe Canterac, que aquella empresa tan importante po-
dría aumentar el cadlogo de sus ilustres hechos; i ansios()
pr)f dar m1yor estensiou .1 su gloria g.'lerr';ra, se puso em
marcha eu li6 de muzo con 1200 infantes, 600 caballos i
3 piezas úe artillería. Usando de uua celr.rH.ad increible :1
fin de oeulur el objeto .le su movÍlnientc, i superaflrlo los
terribles obstáculos de la frígida cordillt:rél con la misma fe-
licidad con que en otras muchas oc~siones lnbia verificado
I/quel escabroso i terrihle paso, llegó el 6 de abril al pueblo
del Cármen alto, distante dos leg'JJs i me.1ia del cspresaclo
punto de lea l sin que los enemigos hubieran padilo adqui-
rir la menor noticia de los elementos que constituían aquel
cuerpo realista. .


Despues de haber da-lo des('anso á sus tropas dn em-
bargo de la gran desiguallaJ 'lue ohservaba en ellas, pasó al
anochecer á interponerse en el CJmillO de lea á Lima para


(1) TIn honor de la .. edad i de la ¡!!sticia <1"1>,, decirse que lo. gcf".
del Alto Perú no tuvieron ascensO alguno' tU.sta trt~c(', lneses ue::;pl/cs de
la dCposlcion del vil'ei. Pezuela, ni se hizo innOY.'H.'i8!l nlgun~ c:.cnC'ial
en la adlllini&il'l\cion hasta ql1e se hubo recibido la al'w\)"ci0n del go-
.'erno de 1" peU'i:¡S1.'¡il sobre aquello. ,uce.Oi.




rFr.t: 1 S.?"., :io3
impe.1ir que el enemigo eludiese el cornhate con una pronta
fuga, ó ltién para ab,'ctrlo al dil siguiente dentro del pueblo
sino hJ bi;¡ illtcuLldo al:;un movimiento. Al llegar oí la una de
la noche á la 111ci'~nda de la JIacacona, situadlt en dicho cami-
no, fue sorprcUlliJo el ganaJo de los insurjentes por el coro-
nel Loriga, c¡uicn supo por los mismos conductores, que
aquellos habi:1ll ya principiado su retirada. S:.dien·lo Cante-
rae al momento de los callejones, que forman el frente de
dida hacienda por medio de varios cercados de tapias ,i re-
ronocien,10 con la opaca luz de la luna un cbro bastante es-
pacioso en que pOl:ia m~niobrar su caballería manteniendo
oculta su infalltería, Sacó todo el partido posible del terreno
colocando una parte Je ésta detras de unos zarzales mui altos
i otra en un médano de arena, en el que debia permanecer
emboscada; colocó su caballería en los flancos i en los pun-
tos mas ventajosos para envolver al enemi60 en una com-
pleta ruina.


A tI una i cuarto de la noc11c desemhocan por el cami-
no en la lLmura tres compallia3 qlle formaban la vanguarJia
de los rebeldes, i hacen alto al divisar las tro¡ns realistas;
,de de su elllooscada una p:.ute del Imperial; fórlllanse los
dragones espar10les en bat¡¡lIa, rompe el futgo dicha vanguar-
dia insurjcnte; pero es arrollacla al momento por los drJgones;
acud~ en llusilio de los enemigos el regi;niento número 2 de
Chile; i au nque 10 estrecho dd terreno por aquella parte
no daba la libertad necesaria para que se desenvolviesen nues-
tros caballos, el comandante de ellos, sin emhargo, don Ra-
mon Gomez de Redaya se arroj;¡ contra aquel regimiento
~on la mayor bizarria; sus valitntes soldados siguen el noble
ejemplo de su gefe ~ i arrollando completamente las filas
contrarias siembran por tO.las partes el terror i la muerte.
COllcurren los dcmas cnerpos á tomar una parte activa en
tan gloriosa acrion; des pues de las dos primeras cargas Cit:l-
das intenta de nuevo i por distintas veces re[¡accrse el ene-
migo; mas atacado el flanco por los cazadores del Imperial,
mandados por el teniente coronel don Juan James, i por aL-




30'~ l>i: n 1" : i 82:<
g'JU1S cOmr[l~b3 dc Cuntlhria, i curg:¡'¡o siempre de frente
por los irresisti:)les drJgoncs, queJü Jinulmcllté: asc¡;OJr"da la
victoria m3S completa.


D.cstruda dit:ha dí vision de Tri,tín, de la r¡ue solv pu-
dicroil escapar 1 Z 5 hombres entre gefes, oficiales, i s0Ida¡jG~,
inclusive el mismo general, se rlió o:den :i las trCJ de la un··
Ílana á los granaderos de la guari ¡ia, mandados por don Ya-
lcntín Fcrraz, de marchar á Pisco, cuyo punto se creja coa
fundado motiro habia de SCl' el paso pura los d;spersos; mas
antes de llevarla á t'fecto se disjJuso que sulicrnn en su vez
los dragones del Pcní ,í las órdenes (:e don Dionisia IVIarci-
11a para Yillaeurí i se ad¡¡lantaran á clidlO punto de Pisco si
el gefe de aquella columna lo consideraba necesario. L:1 pron-
ta retirada de dieha caballería por no haber hallado iorrage
ni agua en ViIlacurí, fue CJusa de que no se complet:1se el
triunfo de aquella jornada con la aprehcnsion de los princi-
p:1Ics gefes disidentes, que parece hu biera podido veriticarse
con facilidad. Si bit:'n la caballería dej6 de aprovec1J:1rse de
esta feliz acasion, quedaron compens:1c!os sus esfuerzos en-
contrándose casualmente al amanecer del di::t 8 con los lan~
ccros del Perú que habian venido de Chinct>a á ref.?Jrzar h
espedicion del referido Triatán , cargándolos con el mayor de-
nuedo i derrotándolos tan completamente que sin haber su-
frido la menor desgracb, quedaron ten' ¡idos en el C;l1lI po 10
ue aquellos i en poder de los realistas 90 prisioneros.


Dcspues que el general Canter::tc hu bo rccorri.lo con su
cahallería todos los alrededores dc lea para coger los últimoi
frutos de la victoria qlJe aeahaba de corOllar sus noble, es-
fuerzos, hizo su entrada trillnfal en esta ci,d.ul al amanecer
del 7 en medio de bs aclllm:.lciones de un pueblo cadfH!o eJe
la o;1resion que wbre él hahian rjr:rcido 103 rebé L!C3. fgual :1(:0-
gi.la tuvo CI1 Pi~co el coronel Loriga, dc:licindose:í recoger
el considerable armamento, mu ni.;ioilc:; i pertrcdlos de guerra
que el enemigo habia abandouado en su desordenada fuga (1),




.,. -
J(JJ


Lleno el general Canterar del en! usiaSIllO que tJ.:;bia ill5-
pirarle ü rictorÍ:! despucs de haber recorrdo aiuel1o; cam-
pos cmpupados en sangre de los rebelde,,;; clfg,do de trofeos,
aCJlIlpa¡hdú por mas de 10 prisioneros que fue incorporando
gradualmente á sus filas, i provisto de 39 fusiles, que tra
el artículo de que mus escaseaba para poner en actividad á
sus nuevos reclutas, determinó regresar á la sierra, dejando
de guarnicion cn el e5~resaclo runto de Ica al brigadier Car-
ratalá con una fuerza, que si bien no era numerosa, pareei:l
suficiente para consolidar el orden en la costa, i mantener es-
pedita la comunicacion con el cuartel general i con ,Arequipa.


La citada victoria de Ica conseguid::! con fuerzas mui infe-
riores, compuestas en gran parte de gente biso(¡a, elevó almas
alto grado el distinguido mérito del general en gefe i de SUi
valientes tropas. Es verdad que aun despues de ella que,la-
ron los I\'beldes de Lima en actitud imponente, por cuya
razon afectaron mirar este rcvés con la mayor indiferencia;
pero considerado con relacion á las cir:;unstancÍas del mo-
mento, bien puede atribuirse á dicho contraote el resultado
de sus desgracias sucesivas. Los realistas necesitaban adqui-
rir algun prestigio para horrar de los pueblos las primeras
impresiones recibidas acerca de lo irresistible que se presen-
taba el torrente dc la independencia; dicha batalla se los pro-
porcionó: carecian de armas para sus reclutas; las hallaron
en los campos de lea; ccnvenia hacer ver al enemigo que el
valor de los esparl01es no habia perdido el menor quilate por
la mala sucrte de sus armas en el aÍlo 182 o i en la mayor
parte de 182 J ; 'fristán recibió una lecelon práctica de esta
H~rdad: con venia asimimw que los peruanos incorporados á


que se lloraba en los pueblos á farol' de los imul'jent"s antes [le C,1Il0-
cer i de t'8pclüncntar los dectos de ~II admiLlbtracion, se halló hien
IH'onto en su ,a\'el'sion, declarada abierlarnente á aquellos nüsnlos, CIl-
ya presencia habia sido tan dt~beada, i en d clllpeiío con qUI~ so:icila·
l'On el apoyo de los lcalislas. Así es, quc el pal tido rle di,'!.os in.m-
jentes era Uloyor en lo. sitios á los que no había a!c~nzarlo todal'ia SI'
inllujo I!pr . ,nl1ill.


TOMO III. 39




306 PERU: 1822.
las ilLs de lus l'l;,!i¿las tuvieran confianza en la causa que
defendüu; no dudaron de ello desde que vieron la facilidad
con que habia sido destruida la referida espedicion. Bien pue-
de, pues, asegurarse que esta victoria fue el primer ealabon
de la gran cadena de laureles con que quedaron ceñ.idas por
tanto tiempo las sienes de los licIts i esforzados guerreros
que luchaban en aquellas regiones por los intereses del Sobe-
rano espadol.


Don Gerónimo Valdés llegó á lIuaitará mando habia
emprendido su retirada ácia la sierra el citado Canterac: su
marcha hasta este pueblo había sielo dirigie1a con el mayor
acierto, contándose eomo resultados de sus bien combinados
movimientos la destruccion en Querco de una fuerte guerri-
lla insurjente, la inquietud en que logró mantener á la enun-
ciada division de Tristán, la retirada de Gam:ura desde la
N asea, temeroso de caer en las lIlanos de tan peligroso com-
petidor, i el haber abierto al general Canterac la carrera glo-
riosa que recorrió en los campos de Ica, proporcionándole
con dichas maniobras los medios de sorprender al enemigo.


Terminada esta brillante campana, dispusieron Canterac
i Valdés despues de haberse reunido en el referido punto de
Huaitará, regresar á sus antiguas posiciones, el primero al
valle de Jauja i el segundo á Arequipa, 11abiendo aun reco-
gido en sus respectivas marchas nuevos frutos de la victoria.


La pérfida venta de las fragatas Prueba i Venganza en
Guayaquil se hizo doblemente sensible en este momento, en
el que se habria podido dar un estraordinario "'igor á las ope-
raciones de los realistas, si aquella fuerza marítima se hu1Jie-
ra presentado en las costas del Perú, totalmente desprovistas
entonces de marina rebelde desde que el almirante Cochrane
las habia abandonado por desavenencias con el protector San
:Martin.


Desde el mencionado dia 7 de abril se cDnservó Ica en
poder de las armas realistas con mui pocas interrupciones.
El teniente coronel RauIet, que habia sido comisionado para
ocupar este pueblo con 200 caballoi escogidos, fue atacado




en b pIaZ:1 del mismo por el brig:dier Co.rratalá i coronel
ROllil i l:l'stroz~Jo completamente con b p::':-did:l de 88 hom-
bres. Algunos dias antes h:tb¡a sido hatijo por el mismo Car-
ratJLí la fucrte partilla dtl cauJillo Quirós que desde la cost1
se habia internado en el pais; i á su consecuencia fue apre-
1lene/ido en el acto de su fuga i pasado por las armas. Igua-
les reveses su frieron las guerrillas de Yauyos, i Yauli en
Chup:Hl1area, 'l'cqWClI i en los altos de Vizcamach:li i la de
Ordntia en Hualhi con destrozo total de tojos sus indivi-
duos incluso el cabecilla, i las de Sanchez i otros en la pro-
,incÍa de Tarija.


Se habi,,- vuelto á encender durante la camp3.ua de ICl
la tea de la insurreccion en los valles de la provincia de 1::t
Paz; el c:mdillo Lanza habia interceptado el camino que
conduce de las provincias interiores á Oruro, mantenia en la
mas viva alarma á la Jc Cochabamba, i estendia su maléfico
influjo hasta la misma ciudad de la Pa:-:. Era de la mayor ne·
cesidad acabar con este indómito seJicio50, fJllien al p~so (l'ae
cortab':l los recursos á los realistas, entretenía una parte de
sus tropas, cuya faIta se hacia sensible p3.ra el dcsempeÍto
de otras operaciones de cálculo i combÍlllcion. La aUllacla de
este caudillo competfa con su terquedad; su fanatismo revo-
lucionario conmo" [a 1:13 pobLtciones; su sola presencia impo-
nia á los indios; rcpctiJus veees habia siJo dfshecbo i otras
tantas hahü y ucIto á la palestra con nuevas fuerzas i con
doble arJor. COU\ en!a, pues, no pedon"-r medio alguno para
dar este golpe ckciciP/O: EC fijHon ¡líen pronto las miras riel
vird en el es:'o;-:'I:1'[o Valclés, quien fue lLm,do d Cu¡;co p~¡ra
cOlllLlllÍcarle verbalmente las instl'ucciodcs 'Fe J(;;j~n g'liade
en :l!¡uella eSflcdicion.
Dl'~UllLS de :J;¡~)Ct' f!~cF:i,~o dil~h}s insfr:!cci J)I1';2-, s~Hó '-~:l_;~'!)


en posta para lJ I'J¿, :lC:;jl cl,LLd !l_'~:J tu o;n;':_l~l ¡:llé·:lt'.',
qu~ tal vez Sitl su ~)ront:l 3p·¡fil·¡~)n IL1 1j;·i.l :l1~LI;uhi,I¡) ~d Cit:H!O
c:Judillo Lanza '1 qUf~ S~~ hallJ.;,;:t J. soIJS tr,-'s 1l';:_1':3 '!C ll1s~Jrr­
cia. Em;Jlcando aquel geft: en rst·, Oi':ISi'Jll se1 1L\JStu:ubr:d:l ac-
tiviclad, calmó la inquietuJ de sus lwbitm¡ie3, dió lluevo ,-i-




:JoS rEnÚ: 1822.
gor á las pocas tropas que guarnecian aquel pueblo, hizo que
saliesen otras de Orul'O i Cochabamba para llamar la aten-
cion dd enemigo por varios puntos, i se dedicó él mismo á
perseguirle por los quebradísimos i escabrosos terrenos de los
Talles, en donde logró derrotar completamente aquellas ga-
villas, apoderándose de las únicas dos piezas de artillería que
llevaban, de la mayor parte de sus armas i de todas sus mu-
niciones. Un gran número de muertos i prisioneros, é inmen-
sas parti,Jus de ganado coromron el triunfo de aquella jor-
nada; el despechado Lanza con 6 tÍ 8 de los mas adictos
huyó á ocultar su vergüenza entre los indíos infieles.


Seguia en el entretanto el atroz Monteagudo desempe-
i'Ían.!o su cruel ministerio, marcado con las mas horrible$
manchas, no solo contra los desgraciados que eran tenidos
por partidarios de los realistas, sino aun contra los mismos
pacíficos peruanos que no participaban de la exaItacion de
sus ideas ó de la dureza de su temple. Su espíritu de perse-
cucion se cebó esencialmente sobre Jos europeos, 11asta el
punto de haberse jactado con bárbaro placer en su mismo,
manifiesto, de que 10:0 individuos que halló á su entrada en
aquella capital habían quedado reducidos á 600: todos los
deqlas habian, sucumbido á su furor i venganza, sufriendo
algunos una muerte violenta, pereciendo otros al rigor de
agudai enfermedades producidas por la inquietud í el sobre-
salto, deportados otros, i fugados los restantes.


Por influjo de este mismo monstruo de la humanidad se
publicó en 24 de abril un feroz decreto imponienrlo pena
de destierro í confiscacion á los españoles que se presentasen
en la cal1e con capa, i á Jos que fuesen hallados en conver-
sacion particular en mayor número que el de dos individuos;
la de muerte contra los que se encontrasen fuera de sus casas
despues de puesto el sol; i esta misma pena, junta con la de
confiscacion, contra los que retuviesen cualquiera clase de ar-
mas, cscerto cuchillos para el servicio de la mesa ( I ).


(1) N i el bello sexo se ~ ió libre de sus d~cre los de opn,¡c·n; era·




PEnú: 1012. ;)00
Tal era el estado de los negocios en el Pení á fines ue


abril en que regresó Lord Cochrane de su cspedicion á las
CaIifornias, No se veían mas que decretos contradictorios,
infracciones de derechos, violacíon de justicia, i como consi-
guientes resultados el descontento, la desunion i la anar-
quía. Todo el empeño de los gobernantes se dirigia á ocul-
tar los reveses sufridos en lea, á cuyo efecto se habian en-
cerrado en el CaIIao los débiles restos de su jactanciosa espe-
dicion; pero esta misma misteriosa conducta hacia que se
creyera el peligro mayor todavía de 10 que era en sí. El pue-
blo murmuraba i temia una próxima catástrofe; las tropas
maldecían de sus nuevos gobernantes por que no se les CUlll-
plia ninguna de las promesas que se les habian hecho; habia
desaparecido el oro i la plata, cuya falta creyó el gobierno
que podria ser reemplazada por la emision de un papel mone-
da i por la aculÍacion de algunos millones en cobre; cuya úl-
tima providencia enagenó completamente los ánimos, no solo
por haberse dado á esta moneda un valor superior á su mé-
rito, sino porque nunca se habia visto en el país aquel sig-
no tan miierable i súcio de la riqueza mineral, que la gente
acomodada, especialmente las seuoras, tenían á menos recibir-
lo en sus manos delicadas 1 i lo miraban con asco i fastidio.


Las contribuciones iban de día en aumento, i su violenta
~xaccion agravaba el disgusto de los pueblos; aquel famoso
regimiento de Numancia, que creyendo llegar al apogeo de


~ostumLre entre ¡-as señoras salir á la calle medio taparlas, TerGgiendo
con gracil Sil manto !!cia un lado de la cara i dejando el otro ligera-
mente descubierto, al parecer con el de;ignio de dar pábulo á la am-
bieinll femeuil, dedicarla siempre ;\ llamar la atenciorl', i á valerse de
todos los medí,,, par. acrecentar la ansiedad de sus amantes i de Jo~
curiosos petimetres. No dejaba de prollllcir el efecto deseado esta moda
caprichosa, qne proporcionaba al mi,mo tiempo escenas mui dh'ertidas f'n
las qn~ nlas de una vez habia siuo descubierta la infidelidad de los mari-
dos; fue pOl' 10 tanto un golp~ mili sensihk>,. espf'ci:dn1{'nte p,H'a las de
ma)"or tono, d dll'o manelato de descubrir SllS semblantes al pasar jun-
io á los encrpo.' ,le guardia, CalDO si llcnsen en ellos otras arma! qpe·
Ids de ~Il~ ojo"




3JO J>"EI\U 182:2.


su felicidad i gloria, habia abandonado las banderas del Rei,
se comtituyó en completa insurreccion, protcstan,Io que no
saldría á campaña sino se le pagaban toJus sus atrasos i se le
cump1ian las promesas que se le habian hecho ue volverlo á
Colombia tan pronto como se hubiera rendido Lima; uno de
sus capitanes, llamado Doronsoro, entró en comunicaciones
con Lod Ccchrane, solicit:mdo su admision en diclJOs bu-
ques para evacu:1f el territorio peruano; pero la escena mas
horrible de desorden i desolacion estaha reservo.da para la no-
che del 4 de mayo.


Mientras que los fanáticos miembros de la orden del Sol
celebraban en un gran baile su primera reunion; cuando
hombres i mugeres estaban entregados á los lIlas acalorados
trasportes de placer i alegria, fueron clIviados destacamen-
tos de tropa á las casas de los espaúolcs para arrancarlos del
seno de sus familias i trasIa!larlos violentamente al Callao (1).
Respetables eclesiástico3, viejos octogenarios, hcncm¡'ritos
padres de ljmilias, sugetos ricos i acostumbrados á toLlas las
comodidades de la vida, oficiales civiles i militares, aun
aque1!os mismos que por flogedad ó por sus vicios habían
desertado de las banderas realistas, todos sin la menor distin-
cion de eJad, ni rango hubieron de andar á pie las seis mi-
llas que h:ü desde Lima al Callao á la media nocllC, algunos
á me-Jio vestir, i otros sin ninguna clase de allSilios para ser
embarcados á bordo de la fragata ilI¿lagm. Dos ancianos
desgraciados fueron ya en la primera noche víctimas de la
cruclohd de sus verdugos; todos habrian perecido de hambre
sino hubieran implorado la yena! piedad de los gobernantes
con (~OStOS0S sacrificios pecuniarios. Fueron por lo tanto agra-
ciados los que. pudieron aprontar á lo l:lenOS 18 pesos para
conseguir su pasaportt: el precio de esta licencia era arregla-
do segun los medios de fortuna. que se atrib~JÍa.n á cad.a indi-


(1) Esta clase de h'.rbaros atenta(Io~ Ita sido perpetraua varias YCCC.~
por los rCl'uLlicano. de Culombia i de otro. puntus.




viduo: alguno de estos desgraciaLlos hubo ele desembolsar
hasta '0:0.


Los que no pudieron reunir la necesaria SUllla para com-
prar su libertad, que fueron los mas, sufrieron la pena de
ser deporLtdos á Chile, i como nunca se hubiera teniao no-
tida de la llegada de estos sugetos á aquel reino, ni á nin-
gun otro punto, i como por otra parte hubiera hallado en el
territorio de IIuaroclJiri tÍ la distancia de 10 á 12 leguas
de la costa el entonces coronel Jan José Ramon Rodil los
insepultos i desfigurados cadáveres de an gran núnICro de
individuos, se creyó que hubieran sido internarlos á aquel
matadero; i aunque muchos tienen este hecho pOl" invci'osi-
mil, ninguno hai á 10 menos que sepa dar razon del destino
,'erdadero de aquellos infelices.


Parecia que la suerte de los treinta i tantos que apron-
taron las sumas de rescate, deberia haber sido menos desgra-
ciada; pero fue todavia mas cruel. Trasladados á bordo
de un blqlle inglés (lue se hallaba surtc\ en el Callao, sa-
lieron para el Rio Janeiro con prohibicion absoluta de acer-
carse á las costas del Perú.. Al pasar por la línea de Quilca
se entusiasmaron estos ilustres deportados al considerar que
alli estaban los defensores de los derechos del Soberano es-
paiíol; j precipitados por sus leales sentimientos, i por los
deseos de morir todos por arlucHa noble causa, antes que vi-
vir inerte mente en paises estrarlos, se sublevaron contra el ca-
pitan del buque i le obligaron á virar ácia el citado punto.
, Cruzando á esta sazon por aquellas aguas otro buque de
ia misma mwion, no tuvieron los sublevados la previoion de
impedir que ambos capitanes se comunicasen en su idioma,
cuyos resultados fueron tan funestos, que poniéndose en fa-
cha el buque ausili~dor, amenazÓ con su baterla echar á pi-
que á dichos alzados si con UDa pronta obediencia no borra-
han la mancha de sus violentos procederes. Cediendo aque-
llos desgraciados á la furia de e~te inesperado enemigo,
fueron colocados en dos malas lanchas i abandonados á la
discrecion de las olas, sin mas víveres que dos sacos de ga-




:3 1 2 l'll n l: 1822.
lleta i dos barriles de agua; pero que el capitan inglés cre-
y6 bastarían hasta llegar á tierra, sin haber calen lado que
careciendo aquellos miserables de instrumentos náuticos i de
conocimientos astronómicos habian de ser, COmo 10 fueron,
el juguete de las olas. Horroriza la relacion de los terribles
padecimientos de estas víctimas del rencor personal: consu-
midos sus COftos víveres, i luchando contra todos los ele-
mentos sin esperanza de salvarse recurrieron á 108 m:Js as-
querosos medios para sostener sus débiles fuerzas i apagar su
insufrible sed: agotados ya todos los recursos que sugiere la
estrema Necesidad, empezaron á alimentarse de la carne de
los que iban sucumbiendo al rigor de tantas desdichas. Cuan-
do las dos lanchas, mas bien empuj~\dai> por las olas que por
sus inhábiles esfuerzos, se hallaron cerca de la playa, solf)
tres individuos sobrevivian á tan terribles males; uno de eJIoi
murió en el acto de desembarcar, i los otros dos se hallaron
exánimes en manos de los insurjentes.


Hasta el corazon de los mas furiosos encmigos se enterne-
ci6 con tan lamentable escena; los afectuosos cuidaJos que les
fueron prodigados los volvieron á la vida; uno de ellos, lla-
mado Heros, fue admitido por Riva Agüero á su servicio;
pero se pasó al de los realistas cuando por aquel caudille fue
-enviado desde Trujillo en 1823 para entrar en negociaciones
con los realistas; de cuya boca se han recogido estos apun-
tes, demasiado interesantes para dejar de o~upar un lugar de
preferencia en la presente historia. Nos abstenemos de h~cer
reflexiones sobre ellos, pues sin necesidad de ser ~losados no
podran menos de interesar vivamente la sensibilidad aun de
los corazones que menos se prestan á ella.


Teniendo San Martín aviso:> de que Bolivar estaba para
llegar á Guayaquil se embarcó de nuevo en el Callao para
conferenciar con aquel revolucionario, segun la opinion de
algunos, sobre el modo de fundar para ambos dos m0nar-
quías en la Amé¡ic:l del Sur, cuya forma sostenia ser la ma.
propia para consolidar los respectivos gobiernos independien-
tes en Colombia i en el Perú; pero fuese que Bolivar asnjr~-




, ')
lJ: ,: u: ¡ tí :,; 2, ,j I .)


se al manuo general~ ó que creyese no CE ti.,mpo to.Iavia de
descubrir sus planes de régia ambician? aquella entrevista~
tenida en 26 de julio, agrió los ánimos de Jos dos campeo·
nes, i produjo la retirada de San Martín á las cuarenta i
ocho horas de haber llegado al referido puerto de Guayaquil.


Durante la ausencia del titulado protector del Perú se
suscitó una seria conmocion en I..Jima que tom6 por blanco el
esterminio del ministro de Estado Monteagudo; de este tigre
sediento de sangre, que no contento con derramar copiosa-
mente la de los desgraciado. espanoles que gemian bajo su
feroz cuchilla, se habia propasado á ejerc er toda clase de
tropel(as i estorsiones contra los mismos peruanos, por los
que fue arrojado del alto puesto que ocupaba con gran peli-
gro de su vida, i obligado á em.barcarse en el Callao para
Guayaquil.


Parece que en la odiosa persecucion de este génio san-
guinario tuvo asimismo una parte muí activa la vulgar creen-
cia de que iba preparauJo los nrgocios públicos para allanar
á su ídolo el camino del trono (1). j1'ue por lo tanto mui


tI) Se creyó en aquella época, i al pareccr no sin fundamento, q""
los reali,t", !.tabi,n armado esta asechanza al [,,[JUstieo prol~ctor Jet
l'erú para levantar el edilicio moncírql1ico sobre la ruin" i drscrédilo
de tan formidable enemigo. Se atribuyó asimismo á la ingeniosa fra-
ve,ura de uno de los gcfcs mas ilustres de aquel ejército la invencioll
de tres carlas veneno. as que dejaron empapados de su acrimonia to-
dos los parajes por d()nde circula,'on. Como torlas ellas respiraban el
milmll upiritu que guiaba las acciones i miras de San Martio, no fue
dificil conmover contra él toda la animosidad i encono de los perua-
nos. En ellas hablaba este caudillo con sus confidentes bajo la mas fin-
gida resen-3 subre los luedios de I'cgó!oerar el Perú. proscribiendo la~
Cf)rmaS ff~prcs(ml:lti\·'IS t i em;alzunuo las lnon:írquicas corno las úoieas
que podian conn'nír ,í aquellos pllchloli, chocando COn la religion i
con sus ministros, depriluicndo las falnjHas djslinguid38 i aCüulodadas,
escilanuo cdos i desconfianza entre las tropas ele Chile j ele I mi"~,,o
l'c'ú, i atacando finalmente los flancos ma, seosibles de tcd~~. Si fue
este nn IalO tendido por los realistas, dif,cil es qU(; '1.,:- pueda igualar
olro en la a,tucia uel concepto, en la ma\:.;tró: del manejo, i eu 1"
felicidad de .11. ,fectos,
T~1l1l0 III.




3:¿~ I'El:Ú: 1~22.
grande el desagrado de éste cuando al regresar á Lima en 19
de agosto tuvo conocimiento de aquellos escesos populares.
TocIos temian que se entregase á sus violentos impulsos de
venganza, i se confirmaron en esta opinion cuando se le "ió
reasumir el mando supremo á los dos dias de 511 llegada; mas
pronto ee tranquilizaron de estos temores cuando en el mis-
mo di:! 20 de setiembre en que fue instalado el congreso á
virtud de una convocatoria anterior, se liió á dicllO San Mar-
tin presentarse con toda la pompa propia de la soberanía en
el salon de los diputados, i despojándose de la investidura su-
prema, renunciar Sil autoridad ante aquella corporacion. Ha-
biéndose retirado en aquel mismo momento á su usurpada
easa de campo de la Magdalena, pasó dos horas despues una
diputacíon del referido congreso á espresarle la gratitud del
pueblo peruano, i á llevarle el nombramiento de generalísi-
mo del ejército.


Este artificioso campean revolucionario admiti6 el título,
mas no el ejercicio del manao, i se embarcó en la mismu no-
che en el Callao para Chile, dejando una elocuente proclama
llena de nobleza i filantropía, con la que esperaba paralizar
los efectos que habia principiado á producir en el püblico su
desmesurad:i ambidon. Apenas se hubo retirado San Martin,
fueron nombrados por el congreso para formar el poder eje-
cutivo, que se llamó junta gubernativa, el general Lamar,
don Felipe Antonio Alvarado, i el conde de Vista :Florida.


A pesar de la victoria importante ~onseguida por los rea~
Jistas en los campoll de lea, eran todavia mui graves sus cui-
dados, i se requeria un grado no pequeíÍ@ de heroismo para
sostener aquella porfiada lucha. La pérdida de las fragatas
Prueba i Venganza, i de la corbeta Alejandra, de que ya se
11a hecho mcncion, los habia afligido sobre manera; mas
ningun contraste Jes frie tan sensible como la derrota de las
t1 .. I.'aS de Quito en la batalla de Pichincha, dada en 24 de
mayo, t. ~onsecuencia de la cual babian quedado abier-
tas las puerta~ '1 Perú á los colombianos, i se temia que
todos los esfuerzos de.. "'ue defendian en aquel reino la




<' 1022.


causa de h metrúpo]i no fueran sufiriellte~ para rechazar los
ataques combinados con aquellas tropas, con las de Chile i
con las de Buenos-"<lires, pues que de todas partes habian
concurrido á destruir á los que consideraban como enemigos
comunes.


Así 10 manifestaba el virei Laserna en sus despachos al
gobierno de la península, que fueron interceptados sucesiva-
mente por el coronel MilIer durante su espedicioJJ. ~obre Quil-
ca. No es, pues, estrarlo que manifestemos un ardiente entu-
siasmo por unos gefes Í tropas, que abandonados á sí mismos
i sin mas dementas que su indomable valor, se burlaron de
tantos i tan poderosos enemigos hasta fines de 1824, dando
repetidas pruebas de su esforzado espíritu i de su amor á la
monarquía española.


Si este ejército se hizo recomendable por su lealtad i fir-
meza, no lo fue menos por sus desprendimientos generosos,
por la alegria i conf()rmidad con que sufrieron las mas dura.
privaciones, i por las virtudes poco comunes que desplegaron
en aquel teatro. Ya á poco tiempo de haber tomado Laserna
las riendas del vireinato habia hecho cesion de la mitad de
su sueldo: liste generoso ejemplo fue imitado por los gefes
que se hallaban en Lima, i sucesivamente se hizo estensivo
á todos los individuos del ejército en proporcion de sus ha-
beres; i creciendo de dia en dia las angustias del erario se
redujo dicho virei á la percepeion de solos 1 2~ duros anuales
hasta la eesacion de su mando. Esta medida económica, r.o
menos honrosa para los que la propusieron, que para los
que gustosamente se sometieron á ella, fue la principal án-
cora de la conservacíon del Perú bajo la obediencia del So-
JJerano espaÍlol. Cesaron de este modo los grandes apuros
numerarios que ya habian principiado á sentirse fuertemen-
te en tiempo del virei Pezuela, i que fueron todavia mayo-
res en 1822 en que se habia. ostruiclo las fuentes principa-
les de la riqueza, i los ramos mas productivos.


Fue preciso por lo tanto redoblar el mas vivo celo para
ncar algun partido de 10i veneros metálicoi que se halla:~




310 l)E~¡): 1822.
bujo el influjo de los realistas. La casa de moneda de Potosí
llabia quedado mui deteriorada á impulso dc la devastadora
guerra de que aquella villa habia sido UIlO de los teatros mas
activos. El brigadier Alvarez, que babia tomado el mando
de aquel gobierno á principios de enero, se dedicó con ini-
mitable emperÍo al fomento de este ramo, i logró habi-
litarlo en poco tiempo: habiendo rendido en Jos primeros
llUeve meses 5105 pesos de dcrechos de ensayo i quintos, i
33~ mas de ganancia para la referida casa ele moneda. No fue
menor su esmero en atender á todos los demas productos de
la administracion, de modo que obtuvo mui pronto por re-
sult,¡do de sus afanes dichos 33tl pesos mensuales dc renta
líquida, 209 de los cuales eran remitidos á la division de
vanguardia que mandaba e1 brigadier Olaiíeta, i los restanteY""
al ejército de Huancayo.


Fueron asimismo infatigables los demas gobernadores é
intendentes en reunir fondos con el menor agohio posible para
que las tropas del reino nu echúran de menos la pérdida del
grande almacen de Lima, de los 1209 duros mensuales que
producian por 10 menos aquella ciudad i el puerto del Ca-
llao, de los 50:3) del cerro de Pasco, i de otros diversos ra-
mas, pues que solo de este modo babria sido posible levantar
nuevos ejércitos, proveer á su vestuario i armamento, i sub-
venir á todas las urgencias de una guerra tan activa i costosa.


AIgun tiempo antes de la renuncia del protector San
Jlartin se habia tratad,) de embarcar 1500 hombres á las
.iruenes del coronel lVIiller para que operando desde Iquique
contra la division de Olafíeta I disemin.tda por la provincia
::e Potosi, pudiera batirIa en detalle con el ausilio de los
pueblos, en cuya adhesion fundaban su principal esperan-
za. Cuando el general en gefe Alvarado supo por el protec-
tor, que se iba á ejtcutar 'el citado plan, creyó que sus re-
sultados habhn -de ser mui gloriosos para el encargado de él,
i solicitó por lo tanto el honor del mando, asi como el que
la esperJicion se aumentase hasta 48 hombres á fin de que
··1 go!!)e fu~r8 deá'iio.




l'Enu: 18.\l!L 317
Las mayores dificultades que se esperimentaban para


reunir esta numero~a espedicion con todos los requisitos que
deberían acompañarla, Ietardaron su salida por algunos me~
s~, en cuyo tiempo ocurrió el viage de San Martin á Gua~
yaquil , la deposicion de Monteagudo i demas sucesos que ya
van anotadGs. El poder legislativo 6 sea la junta gubernativa,
instalada á consecuencia de la renuncia de San Martin, trató
de llevar á efecto la proyectada espedicion de Alvarado 1 fi-
gurándose que por este medio mejoraria la situacion de ]a
capital 1 que se hallaba á este tiempo exhausta de todo recur-
so i sobrecargada de tropas.


Para subvenir á los cuantiosos gastos que erogaba aquel
proyecto, impuso una contribucion de 4009 duros al comer-
cio de Lima, cerca de una mitad de cuya suma gravitaba so-
bre los comerciantes ingleses. El modo injusto con que se
1Jizo este reparto, produjo los mas sérios debates entre los
contri huyen tes ; los ingleses se negaron á él alegando la exen-
cion de que los estrangeros habian disfrutado siempre en los
diferentes estados de la América del Sur; el gobierno repu-
blicano insistió en hacer efectivos sus contingentes; aquellos
rcclamaron la proteccion del tapitan de la fragata de guerra
la Aurora, á cuya armada mediadon se debió que los insur-
jentes desistit:ran de sus pretensiones. Entonces les fue ofre-
cido por los súbditos de esta nacion un empréstito sin inte-
rés con plazos determinados para su reemb01so.


Habilitada por esta medio la referida junta para dar im·
pulso al movimiento de las tropas, se embarcaron éstas con
efecto en número de 5 á 62) hombres, á que ascendia la fuer-
za del primer b1ta1l0n de la legion peruana (1), de los nú.


t (1) Di:'La lp:zjon .-.;e 11<lbia pl'inc¡pl\dn .í Cfl':lr poco tiempo despucs
de la reti, ~da del ~eneral Canterac de los flledes del Callao en el ú ...
;Interior j i ('r)ll~taba de un rq;in!iento de ltú~;'HCS hasta {·1 completo de
~oo pICll,as, mandado por el n\'cnturciO f!'anccs Bransd,:o, de un ft:'gi-
mif'nto df' infantC'ría qnc asctndia ;'1 1 ?oo hornhr{'s {t las úrdenes cld
ing-l,· ... l\liUi'l", i (lr UI\a con1parria Je artillería ú caballo con 5 pitz~s
j(' ,', ·í ~ !In 'JLus i t ~.O h~nlbrtg, dirigida p:·)r ,;1 f;~pitaQ ..\.rcuaks.




:íiS PEnú: 182:!.
meros 4, 5 i 8 i artillería de Chile, del número 11 de Bue-
nos-Aires, del regimiento titulado del río de la Plata i del de
granaderos á caballo, cuyos cuerpos se hicieron á la veja en
los di as 10, 15 i 17 de! mes de octubre. Para que Alvarado
estuviera mas espedito en sus operaciones sobre la costa, sin
que las tropas de Canterac situadas en los valles de Jauja pu-
dieran moverse contra él, se habia dEterminado que una gran
parte de los 4~ hombres, inclusos 1200 colomhianos que
poco tiempo antes habían llegado de refuerzo, para guar-
necer á Lima á las órdenes del general Arenales, avanza-
se sobre dicho punto de Jauja i mantuviera en perpetua
alarma aquellas tropas. Todo, pues, hacia ver la importan-
cia del enemigo que los realistas iban á combatir, i la nece-
sidad de hacer los mas denodados esfuerzos i costosos sacrifi-
cios para salir triunfantes de aquella campana.


Valdés, que se hallaba ocupado en el arreglo i organiza-
cion de la provincia de la Paz, recibió las órdenes mas pre-
murosas para volver á Arequipa, cuya costa era la designada
¡Jara el desembarco de Alvarado.


El general Ramirez, cuya salud se hallaba sumamente
estenuada á causa de las duras fatigas é inmensos padeci-
mientos durante trece aftos de una lucha porfiada i sangrien-
ta, en la que repetidas veces habia ceñido su frente de los
mas ilustres laureles, tenia pedido su pasaporte al virei para
regresar á la península mucho antes que se tratase de la ci-
tada espedicion. Parece que este bizarro general, del mismo
modo que Olalleta i varios de Jos gefes que mandaban en el
Perú antes de la llegada de Laserna, Canterac, Valdés i de-
mas guerreros que habian peleado en Europa contra lag l1Ucs-


Aunque se di,; el mando general de este cuerpo al marque$ de Torre
Tagle, los dos av~nturems citados sin ernuargo fueron los principales en-
cargados de su organizacion i disciplina; pero todo el mérito contraido
por aquello., tllrbulentos génios i la p~tulante confianza con que uesafia.
ban el poder de los españoles, teniendo por invenci¡'le aquplla nneva
falange, se estrelló á los pocos lueses "0 los pechos de los realiatu
¡piados á la victoria por los geucralei Gauterac i " .. [dé.,




l'Enú: 1822. 319
~s imperiales ~ jamas se reconciliaron de huena fé con eIlos~
ni depusieron su resentimiento contra la arrogancia con que
se habían presentado en aquellos dominios ~ lastimando mas
de una vez el amor propio de unos militares ~ que si bien
eran inferiores en conocimientos científicos de la táctica mo-
derna, no asi en valor i en decision, i en la práctica de aque-
lla cIase de guerra: se creyó por lo tanto que estas no bien
curadas llagas habian influido en la determinacíon tomada
por dicho Rarnirez, tanto como la estenuacion de su salud.
Sea como (luiera el virei Laserna accedió á sus deseos, á cu-
ya consecueneia salió para EspaÍla dejando el mando al bri-
gadier La Hera en el acto de embarcarse. Valdés, que ha-
hia sido nombrado comandante propietario de las tropas que
ocupaban aquella provincia, desplegó toda la energía que es
propia de su carácter para prepararse á recibir á los orgu-
llosos espedicionarios.


Dando cumplimiento al mismo tiempo el general Can-
terac á las órdenes que le habia dirigido el vil'ei de reforzar
con algunas de sus tropas la division de Arequipa i teniendo
por conveniente ponerse él mismo á la cabeza de ellas, á pesar
del mal estado de su salud de resultas de una terrible enfer-
medad, por la que los insurjentes habian hecho regocijos públi-
cos espresivos del terror que les infundia este bizarro gefel
salió de Huancayo á principios de noviembre con dos bata-
llones i cuatro escuadrones 1 dejando el resto de las tropas en
sus cantones de Jauja al mando del general Loriga. Las pri-
meras providencias adoptadas por Valdés luego que hubo re-
gresado á Arequipa, fueron las de destacar partidas por toda
la costa desde Iquique hasta Camaná para que hiciesen inter-
nar hasta 30 leguas todos los ganados, acémilas, i demas re-
cursos que pudieran ser de alguna utilidad al enemigo. Bri-
lló asimismo BU infatigable celo en organizar con increíble
presteza su corta division que no pasaba de 1 ~ infantes i
400 caballos disponibles,· cuyas armas 1 vestuario 1 pertrechos
i cuanto pudiera darle una activa movilidad, fueron puestos
en el estado mas 50brelialiente. Cuando ya hubo completado su,




J:W I'},nÚ: T S2~.
preparativos guerreros, i que tuvo noticias exactas de la di-
reccion i punto de desembarco de los espedicionarios, situ6
en Torata al batallan de Gerona, en Omate al del Centro, i
en el alto de la villa de l\'Ioquehua toda la caballería, eacepto
el tecer escij.adron de dragones de la Union que ocupaba el
valle de Sarna i estendia sus observaciones hasta Arica.


Parte de la espedicion enemiga habia desembarcado en
este puerto el dia 27 de noviembre, i el resto llegó sucesiva-
mente á cscepcion de un cuadro de 450 hombres que lo ve-
rificó en Iquique, i pasó á Tarapacá con el objeto de com-
pletarse, proporcionar recursos, i de acechar los movimien-
tos de Olaneta en el Alto Perú. Es de notar el arrojo del
oficial realista americano Pinto, quien ¡aliendo en comision
con solos tres soldados bien montados para hacer un recono-
cimiento sobre dicho punto de Arica, se introdujo en medio
de la poblacion escitando la mas terrible alarma, i despues
de haber logrado completamente el objeto propuesto se reti-
ró á su campo con cinco prisioflt~ros, El 9 de diciembre avan-
zaron la Legion pe/Uuna, el regimiento del Río de la Plata,
i 105 granaderos á caballo á tres leguas de Arica; i sin hacer
ulteriores movimientos se mantuvieron en aquellas posiciones
por el espacio de .'Íres semanas, creciendo el aliento de la di-
vision de Valdés con tal inaeeion i aun mas con los avisos
de la aproximadon de Canterac. Variosgefes i entre el10s el
aventurero MilIer instaron á Al varado para que atacase á la
referida division de Valdés antes que pudiera ser reforzada
por la de Canterac; pero la falta de acémilas, la demasiada
circunspeccion del caudillo insurjente, i la creencia de que
Valdés tuviera fuerzas mui superiores, dieron á sus op~ra­
clones un carácter de lentitud é irresoIucion que aseguró el
triunfo de los realistas.


Se resolvió por fin Alvarado á mover su ejército sobre
Tacna, á cuyo punto llegaron el 29 el regimiento del Río
de la Plata i el de granaderos á caballo á las órdenes del
coronel Correa. DeseosQ. Valdés de abrir aquella campana con
algun brillante golpe de mano que aumentase el catálogo de




PERÚ: [822. 32l
sus ilustres hechos, saIi6 desde Sama en la tarde del 3 1 con
una divisiol1 volante de 400 soldados de caballería, 400 de
infantería montados en mulas, i dos piezas de campana á
sorprender en aquella noche á los independientes situados en
el referido punto de Tacna. Aunque sus fuerzas eran mui
inferiores á las de los enemigos que iba á provocar, tenia en
ellas sin embargo la mayor confianza, i no dudaba de que el
ardor i entusiasmo que habia sabido comunicarles le sacarian
airoso de aquel comprometido lance. Se frustr6 sin embargo
esta atrevida operacion como se verá en el capítulo destinado
á la historia del ano siguiente, quedando en el entretanto
suspensa la relacion de unos sucesos que fueron tan glorio-
JOS á las armas españolas.


'l'OMO III.




322
\IV\I\!\I\¡\:\J\J\i\J\:l:n ,\:\:\:\.1;\:\:\1\:\'\1\,'\:\1\ "" "'\I\J\J\J'\:\J\i \;'\¡\ \ \J\J\ \1\'\1 \\ \\J\'\ \JV\¡\J


CAPITULO XV.


CI-IILE:


Trágico fin de Benavides. Reflexiones sobre Zas funestos eféc-
tos de las desavenencias entre los gefes españoles. Presen-
tacion de Carrero á Pico, i nombramiento de éste para
mand,tr las armas del Rei en todo el reino de Chile, Su
entereza i decision. Malogradas intrigas de Lantano so-
bre Chiloe. Fidelidad de Quintanilla. Dejéccioll de Bocar-
do, i entrega, vil de su gente i emigrados. Castigo de este
traidor por mano de los mismos insurjentes. Sublime ras-
go de fidelidad de los indios. Ventajas de Pico con la coo-
peracion de estos buenos vasallos del Soberano español.
Traicion del mismo Carrero, Lealtad i firmeza de Farra-
bu. Crítica p?sicion de los realistas, i su brillante mérito
en no haber cedido el campo al memigo. Convulsiones de
los independientes. Regreso de Lord Cochrane con su vic-
toriosa escuadra. Su salida para mandar Zas fuerzas na-
vales del Emperador del Brasil.


E 1 malogrado Benavides, cuya desgraciada suerte quedó
iluspensa en el capítulo del año anterior, entró en la capital
en el mes de enero con todo el oprobio i afrenta con que
podiera ser tratado el facineroso mas desalmado; montado en
un burro desorejado ~ con su casaca de uniforme para mayor
escarnio de ]a real divisa, tres tiras de papel blanco en el
brazo, otra cosida al sombrero con un gran rotulon que de-
da: ~yo soi el traidor é infame Benlivides desnaturalizado




ClIfL'E: 1822. 323
americano:" este fue el modo de presentar aquel fiel rea~
lista á la mofa del público. Los parienteli, amigos, i conoci~
dos de los que habian muerto en la campaúa del Sur, salie-
ron á insultarle bárbaramente á las calles por donde transita-
ba aquella víctima desvc:nturada.


Introducido en un lóbrego calabozo, se le form6 una
causa aparente para deslumbrar á los incautos con las formas
legales de un juicio instruido por sus mas crueles verdugos,
quienes desde que tuvieron la presa en sus manos, habian
jurado inmolarla á su re~entimiento i espíritu de venganza.
Terminajo dieho juicio, que era mui natural tuviera por re-
sultado la sentencia de muerte, ya decretada de antemano,
fue sacado Benavides al patíbulo, arrastrad() sobre un cuero
tirado por un asno, recibiendo los mas viles insultos de aque-
llos séres inhumanos que contaron por su dia el mas dicho-
so aquel en que vieron perecer en horribles tormentos al
guerrero est:'Jrzado, al fiel realista, al valiente comandante
de los indios araucanos que habia sido el terror de aquellas
comarcas.


Este valiente americano exhal6 el postrer aliento con la
mayor serenidad i sin dar seúal alguna de abatimiento ni te-
mor. NI) contentos !.ls rabioso> insurjentes con presenciar esta,
llOrrible catiftrofe, quisieron llevar su ódio i crueldad hasta
el estrclllo de colocar la cabeza de este mártir de la lealtad
en la ciulad de Conccpcion su patria, sus brazos en Arauco,
¡las pil'rnai en Tarpdlanca i IHan;;allO , quemando el resto
de su cuerpo en el llano de Portales, i arrojando al aire sus
cenizas. Así concluyó la carrera de sus dias este fiel vasallo
del Monarca eS¡lallol, deja arlo con su trágica escena ptiblica
intlelébles rtcuerdos de la ferocidad de sus enemigos, i de su
cOililt:mGÍa i sufrimiento: su infeliz esposa, espectadora de
aquel horrendo atentado, fue conservada en la misma cárcel
hasta fines de este mismo aúo, en que fue trasladada al hos-
picio, i sucesivamente al com'ento de monjas de la Con-
cepcion.


He aquí los resultados de esa fatal desavenencia entre· los





CHILE: 1822.
gefes realistas, contra la que tantas veces hemos dec1amado.
Carrero i Benavides eran fogosos militares i entusiastas de la
causa que defendian; ambos prestaron importantes servi-
cios á la monarquía española; pero no se vieron exentos en
particular el primero del espíritu de ambicion i rinlidad
que tantos danos ha causado á la destrozada América. Aun-
que incurramos en fastidiosas repeticiones, no nos cansare-
mos de exhortar á nuestros guerreros depongan sus privado.
resentimientos en obsequio del biencomun, porque no de
otro modo puede la madre patria esperar felices resultados
de los esfuerzos de sus valientes hijos.


El concierto i' armonía que se observa en los ástros i en
todas las leyes de la naturaleza; el- órden invariable Con que
todos los objetos que se divisan en el firmamento concurren
al ejercicio de sus respectivas funciones, nos hace ver de un
modo' bien claro i convincente, que si á las acciones }lUma-
nas no preside igual espíritu de conformidad i union, sus
efectos serán siempre encontrados, quedará el centro sin ac-
cion, se chocarán unos con otros 1 i todo quedará sumido en
el cáos de la confuiion.


Estos principios tan necesarios para la conserV'acion
aun de los gobiernos mas sólidos i mejor constituidos 1 exi-
gen una observancia incontparablemente mas escrupulosa en
paises devorados por las facciones, arruinados por el' furor de
las pasiones 1 é influidos por genios indómitos i devastadores.
EspHcita obediencia á las autoridades, verdadera fraternidad
é íntima union entre todos los individuos que defienden la
causa del Rei, sacrificios continuos del orgullo i del amor
propío, séria COI1traecion á los negocios é intereses públicos,
ante los cuales deben enmudecer totalmente los privados: hé
aquí los principales medios de que pueda ser coronada de un
f-elíz suceso toda espedicion que se haga por el generoso Mo-
Barca español para pacificar los desgraciados paises de Amé-
rica, ahuyentando para siempre al genio de la discordia.


Despues de esta digresion tan necesaria para pintar los
irreparables perj!licios que han producido i pueden producir




cmu: 1822.


todavía las desavenencias entre los gefes realistas, pasaremos
á describir los sucesos de Arauco correspondientes á esta
tpoca. Apénas se supo la fuga d~l coronel Benavides por Jos
motivos ya indicados, salió Carrero para el Biobio ~ i se pre-
5entó al coronel Pico en su cantan, frente de los Angeles,
á darle una cuenta exact'a de cuanto habia ocurrido en los
puntos de retaguardia. Reunida una junta de todos los ge-
fes con presencia de tan desagradables antecedentes, fue nom-
brado dicho coronel Pico por comandante general de las
fronteras como oficial de mayor graduacion, i dado á recono-
cer con las formalidades que prescribe la ordenanza.


Desde qne este infatible i activo gefe se halló con el man-
do de las armas, se determinó á prolongar la guerra lmsta
donde alcanzasen sus heróicos esfuerzos, á pesar del aspecto
nada lisongero que ofrecia la opinion con los varios reveses
que habian sufrido los realistas en los últimos choques. Los
enemigos que no perdonaban clase alguna de nledios para des-
truir á esfe puñado de valientes que, haciendo resonar Con
entusiasmo el nombre del Rei en medio de aquellas selvas
solitarias i por parages que desde la creacion no habian sido
hollados todavia por planta alguna de sércs racionales, in-
tentaron domar tan inimitable constancia por medio del ex-
harto, de la persuasion i de la mlS solapada intriga.


Fué comisionado con este objeto el coronel don Clemente
Lantaño, natural de Chillán , i uno de los amerÍcanos que
mas servicios habian prestado á la causa del Reí en lbS pri-
meros años de la revolucion chilena, hasta que hecho prisio-
nero en el pueblo de Huaura del reino del PertÍ por las tro-
pas del ejército espedicionario de San Martin, solicitó la in-
corporaciun á tlas filas rebeldes: él antes tan esforzado
como lu(:;go débil i desleal Lantaño, que habia sido agasa-
jado por los independientes del modo mas cordial i espresivo
por las ventajas que se prometian de sus conocilDientos é in-
flujo en el citado reino de Chile; este Mil agente, con cuyo
envio á O'Higgins habia pretendido San Martin hacerle el ma-
yor obsequio, fue destinado á Chiloe con el objeto de seducir á




ClJIJ.E: 11)22.
su gob3rndor Q<liritanílla, racorJándole sus antiguas rela-
ciones, h intimidaJ con que habian vivido anteriormente i
las glorias de sus primeras camp:lllas, esperando que por este
medio pljria blrrenar la fidelidad de aquel esforzado gefe.


Em;>ero su entereza i decision dehió desengañar al fe-
mentido emisario de la inutilijai de sus esfuerzos para hacer
que su ejemplo de deslealtad i cobardia fuera imitado por
quien no tenia mas Uolo qU<3 el honor, ni mas aspiraciones
que las de servir á su Reí i patria hasta perder la virh po r
tan sagrados objetos. Regresan'lo L'llltaÍlo al continente, se
encarg6 en el mes de 1I11rZO del mIndo de una respetable
division para rendir con las armas á los peehos que estuvie-
ran parapetados contra la seduccion i el engaúo. Mas no to-
dos tenian la fortaleza de ánimo que el citado Quintanill9. :
no eran tan nobles los sentimientos del coronel don Vicente
Bocardo, natural d" la misma provincia, Con quien unian á
LantaiÍo antiguos vínculos de amistad i compa,lrazgo; i por
lo tanto no le fue difícil hacer brecha en su flojo corazon,
i decidirlo á abrazar el partido de la insurreccion con 400 in-
dividuos de tropa i mIS de 3500 p~rsonas emigradas que ha-
bian seguido constantemente la suerte de la division realista.


Fueron envueltos así mismo en esta vil entrega los ayu-
dantes de caballería don Nicolas de Rute, don Antonio Ibarz,
europeos, i varios firmes i dignos oficiales del país: fieles aque-
llos á sus juramentos, pidieron pasaportes para trasladaTSe á
los puntos dominados por los espaiÍoles, i estos para retirarse
al seno de sus familias sin querer tomar parte de modo alg,uno
en la sacrílega causa que defendian sus bulliciosos paisanos.


El mismo pérfido Bocardo, causante de aquellos desas-
tres, se llenó de confusion al ver tanta entereza i constancia
de parte de aquellos sus compa¡leros de armas; i para que
se cumpliera lo que está escrito en los altos destinos acerca
del desgraciado fin que tarde ó temprano tienen todos los
traidores, fue sorprendido en la plaza de Santa Bárbara mien-
tras que presenciaba los fuegos artificiales dedicados á cele,
brar la victoria debida á su villanía, por el comandante del




E e 3'2" ClIIL': lu22. )
depósito de prisioneros don Domingo Arteaga, i conducido
al que se hallaba situado en el basura1. '


Este fue el premio que recibió Bocaruo de los insurjentes,
quienes prolongaron todavía su martirio, cargándole de gri-
llos como á un salteador de caminos, i encerrándole en un
horrible calabozo, desde el cual quiso formarse algun parti-
do con 108 fieles que estaban sepulta,dos en las mismas prisio-
nes, mientras que bajo de cuerda trataba de suavizar la ira
de los gobernantes por medio de viles i bajas protestas diri-
gidas por el conducto de sus amigos i parientes; pero abor-
Iecillo i despreciado por todos los partidos, continuó todo el
afio 1822 i 23 sin el menor al,ivio hasta que á fintE de este
último en que fue depuesto O'Higgins del mando supremo,
recibió la libertad del general Freire, aunque sin sueldo ni
consideracion alguna, i con la circunstancia de no separane
de la ciudad.


lUdgnítíco ejemplo pam los que desconociendo 10 sagrado
de sus juramentos i los deberes que tienen contraidos con su
legítimo gobierno abandonan vilmente la carrera del honor
i de la virtuJ? i corren en pos de la vida licenciosa i del
desahogo de sus vicios i criminales pasiones que ·forman la
divisa de los revolucionarios del siglo presente ¡Cuántos otros
casos podrian citarse de la suerte desgr:tciada que han halla-
do en las filas de los rebeldes los que han creido que con su
traicion adquirian crédito i riquezas! El que es débil i cobar-
de en un partido, el que lo abandona por figurarse hallar
wasventajas en otro, el que es capaz de olvidarse una vez
de su propio honor i reputacion, lo será ciento i no podrá
jamas inspirar una justa confianza á ninguno. Este es el mo-
tivo por que muchos realistas americanos, i no pocos euro-
peos han llallado el desprecio i la persecucion en vez del pre-
mio al que se creian acreedores por BU defeecíon.


Para graJuar hasta que estremo llegaba la fidelidad de
los indios araucanos que peleaban por el Rei don Fernan-
do VII, es mui esencial insertar la respuesta que dieron los
caciques del partido de Moluehes don Francisco Marilvan, i




:h8 CHILE: 1822.
don Juan Manquin Bueno cuando fueron llamados por el ci-
tado Bocardo para entrar en la capitulacion: r~mientras que
"has sido buea vasallo del l\.:Ionarca espaíÍol, le dijeron aque-
"Uos justificados varones, mientras que has sostenido con te-
mon i constancia sus soberanos derechos, nos hemos gloriado
"de ser dóciles i sumisos á tus preceptos; ahora que has aban-
"donado tan inicuamente su causa, cuando te has olvidado de
"tus deberes cubriéndote de ignominia ¿quieres que participe-
muos de ella i que manchemos nuestrlls respetables canas ¡mi-
"tando tan pérfido ejemplo? No, nunca los fieles indi03 que
"obedecen ciegamente nuestras ordenes se separarán de la senda
"que les traza el honor; i aunque rudos é incultos enseñare-
mnos á ser virtuosos á los que han gozado del beneficio de una
"esmerada educacion, .previniéndo~es que si és.ta ha de contri-
"buir á alterar los principios del respeto i la obediencia á las
"autoridades legitimas, la detestamos, i preferimos vivir en
"nuestras ~elvas. N o descansaremos por 10 tanto hasta que ven-
"guemos en tu sangre:el ultrage que acabas de bacer al Sobe-
"rano que amamos." Confúndanse los modernos pensadores,
córranse de vergüenza los sabios presumidos, i queden hu-
millados los génios sobervios que imbuidos en las errónea¡
má¡¡:ima,s del siglo se .creen con derecho de dictar leyes al gé~
nero humano, con el pretesto de rescatarlos de las cade:nas
que arrastran bajo los 'respectivos gobiernos en que los ha co-
locado la providencia. Aprendan de los indios bárbaros el ho-
nor, la rectitud, la obediencia.ila observancia de los deberes
sociales; i se desengaiÍen de que es tan limitado el ingenio
humano que los que se empeiÍan en sublimar los principios de
religion i de gobierno, vienen á caer en mayores errores que
los seres aislados que no .llan recibido mas leí que la de la
naturaleza.


Reunidos estos fieles indios á la division del coronel Pico,
probaron nuevamente su bízarl:Ía i lealtad en la gloriosa ac-
cion del 5 de abril dada en Piles contra las tr9pas de Lan-
taño i V ulnes, que fueron rechazadas vigorosamente CO>Il su
ausilio, i obligadas á repasar el Biobio con pérdidas de la ma·




c:mrll: 182.?'.-
yor consideracion. Habiéndose rehecho losinslltjent~s á los¡
pocos meses, vohieron á ocupar sus primeras posici')nes, ÚI'3-
de donde hicieron varias correrías, todas ellas fatales á sus
armas, como fueron la del 13 de setiembre en Bureo, b
del 9 de noviembre en los campos de Púren, i la Jcl 8 de <1;
cic!1lbre en Lunaco. Esta última fue tan brillante pan ia~
realistas que á su consecuencia fueron arrojados los faccioso~
de sus atrincheramientos, dejando el campo cubie¡·to de ca-
dáreref.


Se repararon muí pronto sin embargo t1e tales r{lltbranto3,
poniendo en uso sus acostumbradas intrigas. El fam(130 Car-
rero rival de Benavides i autor de su desgracia, llegó ¡í chu-
par el veneno de la seduccion; i desatendiendo 10 que debia :Á
su Rei, á su patria i á SUi "alientes eOlll paneros de armas se
pltsd á los enemigos en 20 del mismo diciembre riesue el
punto de Arauco, que estaba confiado á su creída fidelidau,
con 400 hombres de trop:! i mas de 1000 emigwrlos, en-
tregando con perfidia i violencia nrios caci'Iuci que int-n··
taron parar el curso á su tr~icion, pero que fueron vícti-
mas de su celo. Tan solo pudo sustraerse á,la saña de este
vil europeo don Pedro Antonio Farrabú, cura párroco de la
villa de Rere en la provincia de Concepcion, quien inter-
nado en el pais pudo reunir á su causa á todos aquellos
indios que le prometieron observar rigurosamente sus órde-
nes siempre que se dirigiesen á defender los derechos del
Reí don Fernando VII.


Para inspirarles mayor confianza de que jamas haria trai-
cion á las reales banderas, nombró por comandante del [m n·
to de Tucapel el viejo al clI.pitan de milicias don lVIeh:h0l'
Mancilla, de cuya fidelidad se tenian las mas s6lidas garan-
tías, i se puso en cOUlunicacÍon inmediata con el corone 1
Pico, de quien recibió una amplia aprobacion por sus i:H'
portantes servicios á favor de la buena causa, i las,mI3 enér-
gic:Js recomendaciones para que conservase el entusiasmo di
dichos indios, hOótiliz'lU 10 i los rebeldes por todos los In .. -
dios posiLlrs.


Tvl\1J LII.




331) C:HlU:: 18:~:<.
Tal era el esta,1o de los ntgocios en Chile á fines del arv,l


1822. Aunque se habian repetido por desgracia los ejemplo~
de infldencia de varios gefes realistas, no por es') se abatian
los i¡¡¡dios ni se debilitaba el vigor de Pico, Senosiain, i de
otros varios oficiales que dejaron bien consignad:.! su opinion
militar i su deCÍsion por sostener los intereses de la monar-
quía eEpaílola. Es corto todo dogio que se haga de ellos si
lit:: tiende la vista sobre las duras plÍvaciones que slIfritrOIl du-
rante lsta época desgraciada, en la que careciwdo totalmen-
te de numerario, fue preciso adoptar las costumbres, la co-
mida i el traje de los indios errantes.


Esta sublime constancia, ~in 'esperanza alguna de recibir
socorros de afuera, en medio de enemigos crueles i sin poder
confiar en las mismas tropas que tenian á sus ordenes, pues
que si bien se condujeron en ]0 general con honor i bizar-
ría l hubo ctr;¡s .sin embarbo (Iue consumaron el atróz aten-
tado de pnsarse á los rebtlc!es; este tesan \'uronil, i los he-
rúi('os sacrificios, á fuerza de los cuales fUi:roll prolongando
llOnrosmllcntc su defensa, son dignes por (;erto de que una
r!u:na mlS feliz se dedique á presentar!cs al mundo 'con todo
el brillo i esplendor que les se debe de justicia. Pasarelllos en
el entretanto á dar una idea aunque ligera de las operacio-
nes del gobierno ,de la capital, i de las discordi1s intestinal
de los rebeldes.


Estos recibieron con los mayores trasportes de alegria
al almirante Cochrane, quien por ser fiel á los contratos
eelebrados con los chilenos, habia reñido amargamente con
San Martin, i habia abandonado las costas del Perü en el
mes de mayo. El parte pomposo que dió dicho almirante de
haber destruido completamente todas las fuerzas marítimas
de los realistas, contando como gloriosos trofeos las fragatas
la Prueba de 50 caflones , la Esmeralda de 44, la Venganza
de 44, la Resolucion de 34, la Sebastiana de 34 , los ber-
gantinesel Pezuela de 18, elPotrillode 16, las goletas la
PJOserpina i el Aranzazu de 14 ,~liez i siete lanchas caÍlo-
neras, los buques mercantes el Aguila i la RegolÍa, arllla-




cnm;.· 1822. 3:;1
dos en Guayaquil, i otros barcos habilitado! par:! la defenol
del Callao: su orgullo por estas victorias 1 i su complacenci:,
por haber prestado á aquel gobierno tan importantes scrv¡,
eios le hadan esperar que seria prontamente atendida su ar
diente solicitud sobre el pago de los atrasos á todos los iuJi-
,,¡cluos que habian servido á sus órdenes.


N o se engalló el almirante en el buen concepto que en
esta parte l1abia. formado de dichos chilenos, pues que f:Je-
ron con efecto satisfechas todas 1.18 atenciones de la m:nina,
á pesar de la vacilacÍon dd primel gc:fe del Estado don Ber-
nardo O' Higgins 1 que debió entregar el lIJando en 28 de
enero de 1823 á una junta administrativa, compuesta de
los ciudadanos don Agustin Eizaguirre, don José Miguel In-
fante i don Fernando Irrisarri, con acuerdo general de que
esta junta deheria convocar la representacion nacional, i
que $Í pasados los seis meses que se daban de tél'lnino no
llubian cesatlo las dcsavencncia3 qnc :¡!ligian á !:ls provin-
cias, SEria reemplazada cid mo lo 'Illc ti ptltblo de S,,;l~i!l~o
~otlsiderase mas útil á sus intereses.


Parece que la causa principal del disgusto popular COH-
tra O' Higgins, consistió en el tere0 empeño con que quiso
lIostener á su ministro de hacienda Rodriguez 1 contra cuya
arbitraria conducta se hahian principiado á dar las Illas ter-
ribles quejas desde principio; de octubre. Repetirlas veces se
le hahia pedido la deposicion de dicho ministro, á quien se
acusarn de delitos atentatorios á la prosperidad del Estado,
de una sorlla venalidad, del monopolio de transaC'iones co-
merciales 1 i aun d0 haberse apropiado ilegalmente los fon-
dos públicos; pero la resistencia de ambos á los públicos
clamores acarreó sucesivamente su ruin:!. lHientras que torl<}
Chile se hallaba en el estado de mayor incertidumbre i per-
plegidad .á causa de las amenazas alarmadoras que venían de
diferentes puntos ocurrió la repentína llegada del general
San lVIartín :í Val paraíso , cuyo ruidoso acontecimiento
distrajo por algun tiempo la agitacíon pública de las discn-
sionci gubernativas.




3:J? (,liTLl~: 1 EI,,~.
Este famoso caudillo salió mui pronto para Santbgo, en


(Jondc permaneció hasta principios de enero; pero viendo
qU!~ ni su presencia ni sus consejos influian en 10 mas mí-
nimo en el ánimo de su antiguo amigo O' Higgins para ha-
cede variar de opinion; i convencido de que las discordias
dd país no podian calmarse sin que fuera satisfecho el deseo
generJl pronuncÜldo de un modo firme i positivo por la
exoneraeion de Rodríguez, cruzó la cordillera i volvió á su
lntigua residencia de lHendoza.


Durante estas convulsiones poHticas permanecía Cochra-
ne en su hadenda de Quintero, en donde recibió en el mes
de diciembre una invitacíon del emperaJor del Brasil para
cfue aceptase el mando de aquella marina, i asegurase con su
acreditada bizarría i con el prestigio de su nombre la paz
i felicidad de que necesitaba aquel naciente imperio. Como
las discordia.s de Chile continuaban sin apariencia de que
pudiera moderarse su violenda, aprovechó Lord Cochrano
tan feliz coyuntura para dClembarazarsc de aquellos com_
promisos políticos, i salió á principios del mIo siguiente para
sl"rvir 'iU nuevo destino i al nuevo Soberano.




·l.),)


\,\ ,,\ t \.\.'~' \. ~ \,', n:'J\ \, \ ,,', \" "';" \ .. ~n '.v\'\',< \;n'\\I\''.''.'\.U. YI. \1. ";A\t'i V, .. , ~


CAPITULO XVI.


QUl rl'ü.· 1822,


V{SpOSlClOnes gubernatIVas de Cruz 1l1ourgeon. Planes de
los rebeldes para atacar ú Quito por Pasto i Cuenca. Re-
tirada de las tropas realistas situadas en este ¡¡¡timo
punto. Demision de Tolrá i nombramiento de Lopez para
mandarlas. Enfermedad del nuevo presidente. Infidencia
de Villegas i Soroa, capitanes de las fragatas Prueba i
lengam:a. ]Y]"uerte de dicho presidente 1JIourgeon. Ailne-
rich de nuC1..'O en el mando. Descuidos de los realistas. Re-
fuerzos enviados á Pasto. Toma de Pichincha por los in-
wrjentes. Su victoria sobri Lopez. Funesta retirada de la
'caballería realista i Sil derrota. Capitulacion de Aime-
rieh ,i pérdida del reino. Infracciones de los rebeldes.
Fl"ctorias de Garcia en el territorio de Pasto. Comunica-


. clones con Bolivar, i su necesaria rendicion contra la vo-
luntad de los pastusos. Reflexiones sobre estos desgracia-
dos sucesos.


Apenas se hubo sentado el general lVlourgeon en la silla
de la presidencia de Quito, se vió llamada su atencion en to-
das direcciones i por diversos é interesantes objetos. Sus pri-
meros cuidados se dirigieron al aumento de su ejército sobre
el pie de 700 á 800 hombres que habia llevado en su espe-
dicion, 'j sobre la fuerza todavía superior en námero que
halló en el pais. Con el objeto de evitar las quejas que de-
bian resultar de un reclutamiento ferzoso, llamó al servicio
á todos los esclavos solteros, á .Jos qUE concedió la libertad




33'+ QUTfI: 18J~.
mediante un papel de crédito á ,~us rJuefios, que deberia
ser abonado por el erario luego que se hubieran reunido
fondos para ello.


Ya desde prineipios de este alío se tuvieron exact~s no-
ticias de los planes combinaúos {l0r los insurjentes sobre el
reino de Quito. 1;08 de Guayaquil ~ al I:qando de Sucre~ ha-
bian de operar sobre Cuenca en combinaeion con las trop:.t¡¡
peruanas mandadas por Santa Cruz ~ en tanto que BoJivar
se presentaba sobre Popayán i atacaba las de Pasto. Bolivar
fue el primero que corri6 desde Venezuela á dar principii
á estas operaciones presentándose sobre el rio Juanambú. Se
mueven casi al mismo tiempo las tropas de Sucre sin que
Mourgeon tratase de ir á buscarlas sino de reconcentrar las
suyas, que estaban situadas en dicho punto de C~enca al
mando del coronel Tolrá, á fin de operar en grande i dar
un golpe decisivo en las cercanías de la capital.


Los planes del nuevo presidente en retirar sus tropas si-
tuadas en el camino ue Cuenca ~ no surtian los mejores efec-
tos: al verse los pueblos libres de su influjo ~ i contando con
la próxima llegada de los rebeldes guayaquileños i peruanos,
se declaraban á favor de la independencia, yendo muchos
de sus habitantes á ofrecerse á su servicio í á presentarIei
otros sus caballos, ganados ~ fondos í t9da clase de m¡silios.
Varios individuos que residían en la capit:}l adoptaron asillds-
mo a'luel partirlo, i fomentaron con su fuga la desconfianza
de dicha ciudad i la causa de los invasores.


Cuando ya habia determinado Mourgeon que las mismas
tropas que habian evacuado á Cnenca para trasladarse á
Alausí, abandonasen este último punto i se replegasen á la
capital ~ recibió de su comandante general ~ el ya menciona-
do coronel ToIrá, la renuncia ele su mando al'0yada en las
dificultades de continuar eri él á causa de habérsele enc~­
nado la herida que habia recibido en la hatalla ue Boyad,
pero que por algunos fue atribuida á sus desavenencias con
dicho ~eneral. Nombrando é~te en relevo de 'raid al coro-
nel don Nicolas IJopez 1 se llevó á e fecto dicha retiraua hasu




ílrTTO: 1 S2 2.
Riobambu) en cuyo pueblo tuvo UIl pequeilo encuentro con
las tropas de Sucre.


El general lHourgeon, que habia c_ido enfermo al poco
tiempo de haber llegado á Quito, se agravó considerable-
mente cuando supo la felonía de los capitanes Yillegas i So-
roa, comandantes de las fragatas Prueba i Venganza, COIl
cuyos buques contaba para el apoyo de sus planes sobre
Guayaquil. Como ya había salido de España con esta idea i
con las necesarias facultades para disponer de aquella fucrza
m:¡rítima, luego que supo desde Panamá que se habian diri-
giclo ácia San Blas 6 Acapulco sobre la costa de IHéjico, se
vali6 de! cuantos medios estuvieron á su alcance para comu-
nicarles sus órdcnes.


Aunque parece que dichos comandantes' se habian de-
jado ya contaminar con el veneno de la iusurreccion, regre-
¡aron sin embargo á Panamá cuando ya el general Mour-
gcon había saliJo de aquel Ístmo que se habia declarado in-
dependiente á su consecuencia. 1Jos preliminares de estos
dos gefes ácia su traicion fueron los de ajustar un tratado
con el gobierno insurjente del citado istmo para no hostili-
·zarse.


Informado Mourgeon del alzamiento de este punto, asi
como de la llegada de las fragatas, por el coml1ndante de la


corbeta Alejandra, con quien VilIegas i Soroa habían con-
venido (Jasar á la costa de Atacames á operar bajo su inme-
diata direccion, envió desde Quito á los coroneles don José
Santa Cruz i don Francisco Gonzalez, para que puestos de
acuerdo con el comandante de dicha corbeta, quitasen el
mando de los buques á aquellos dos sospechosos gefes
i los enviasen á la capital con la debida seguridad; pero
éstos que temían el castigo debido á su influencia encu-
bierta, ó á lo menos á sabíen probada inaccion i falta de
rectitud.Í de celo ,se dirigieron en su vez al puerto de Gua-
yaquil ,arrastrando asimismo á la corbeta Alejaadra, ha-
ciendo ver á su comandante que su ánimo era el de b10-




336 QUITO: 1822:
quear dicho puerto para segundar las operJciones de les t~a~
listas sobre él.
~3te fue el momento de descubrir aquellos desleales IDI.


rillos la bajeza de sus sentimientos: afV'nas llegaron á h
boca del rio ó sea la Puna, lejos de dar ejec:lcion á su 08-
temible proyecto, entraron en comunicaciones con aquel


sedicioso gobierno, i vendieron sus buques envolviendo en


este horrible contrato la cesion de la referida corbeta. Este


fue un golpe de los lIlas sensibles para 105 realistas del PerlÍ
i Quito: sí los primeros hubieran sido ausiliados por esta
fuerza ácia aquel mismo tiempo, habrían sido decisivos los


brillantes rcsultadgs de la batalla de lea: si los de Quit()
hu bierll.n podido contar con estos poderosos ausiliares, se ha-


brian determinado á dar un golpe atrevido á las tropas de
Sucre ~ i llevar sus armas triunfantes hasta la ciudad de
Guayaquil.


Se de3b:lrataron~ pues, los proyectos de unos i otros; i.
este tan funesto como vergonzoso suceso hizo una imprcsion


tan terrible en el ánimo del general Mourgcon ~ que se do-
bió á eUa indudablemente la gravedad de su mal, i contri-


buyó no poco á su prematura muerte, ocurrida en el dh
~8 de abril.


Puesto nuevamente Aimerich á la cabeza del gobierno


no hizo alteracion alguna en los planes de su antecesor. Lo-


pez se iba retirando ácia la capital, i Sucre ocupando lail


posiciones que aquel dejaba: los enemigos llegaron en 2 de
ma yo á 'facunga, en cuyo dia se halbban ya los espaíÍoles si-
tuados en el pueblo de Machachi, cubriendo. los inaccesi-
bles pasos de Tdlupana i la Viudita. Despues de algunos di:.li


de; detencion levantaron aquellos el campo, i llegaron el 16
á los valles de Chillo, distante cu.::.tro legllas de 13 K!pital , á
la que se replegaron todas las tropli realist"-s en aquella


misma noche.
Aunque la colina de Puengasi que dividía ambos partidos


contendientes es de dificil acceilO, lograron franquearla los iu*




QUITO: 1822. 33'7
surjentes en. el dia 20 sin la menor resisteneia;i ya al siguien-
te se hallaron en el llano de Turubamba. Todos creian que
en esta posicioniban á fijarse los destinos de Quito. Los co-
roneles don Francisco i don Vicente Gonzalez, i don Andréi
Santa Cruz estaban agregados á dicha division de Lopez,
pero sin mando alguno: todos deseaban ardientemente venir
á las manos con los rebcl,Ies: todo~ tres hicieron al general
Aimecich proposiciones relativas á este objeto; el segundo en
particular pidió con el mayor encarecimiento le fuera conce-
dido el mando de dichas tropas por el tiempo preciso pua
dar la batalla, pues que su noble ambician se limitaba á cOr-
tar los rápido. vuelos que indebidamente habian tomado los
contrarios.


Sus reclamaciol1.es sin embargo no fueron at~ndidas, i Lo-
pez continuó á la cabeza de aquella fuerza escusilndo el co~­
hateo En el entretanto se iban aproximando las dos divisio-
nes; ambas caminaban paralelamente sin mas distancia que la
de una legua ni mas obstáculos que los de la cordillera que
!e hallaba intermedia. Sucre entra en negociaciones con Ai-
merich para entretener el tiempo i asegurar mejor el golpe.
Mientras que las tropas realistas permanecian en la inaccion,
atraviesa el gefe disidente el 22 el llano de Turubamba por
retaruarJia de Lopez, i se sitúa á su izquierda entre los pue-
blos de la Magdalena i ChiIlogallo, apoyado en las alturas domi.
nantes que forman la cuchilla del volean de Pichincha.


Esta fue tal \'ez la mejor ocas ion para haber acabado con
los enemigos: al cruzar éstos un barranco i cuando sus fuer-
zas estaban divididas en ambas orillas, se presenta Lopez con
sus valientes soldad03, se di principio á un vivo tiroteo; pe-
ro como ya se iba aproximando la noche, tuvo por mas pru-
dente el comandante realista suspender el fue50 i retirarse á
sus posicion.;s.


Parece que la misma confianza de los esparl01es fue
causa de su ruina: hacÍJ.n tanto alarde de la calidad de sus
tro¡Jas, aunque su Illímero por una i otra parte sería próxi-
mamente de 2~ hombres, que al dia siguiente destacaron pa-


1'01'40 IIl. 43




338 QI:ITO: 18~22.
ra Pasto 200 soldados del batallan de Cataluña con su co-
mandante Salg:ldo i 50 de caballería á las órdenes del coronel
German, creyendo que sobre aquel punto iban á dirijirse la,
tropas de Sucre en vez €le atacar á la capital.


Tal vez á esta fatal creencia se debió su falta de activi-
dad i vigilancia, de la que se aprovecharon los insurjentes
para levantar el campo en la noche del 23 sin ser advertidos
por las grandes guardias que lo acech'1ban, i para tomar po-
sicion de la citada altur:! de Pichincha, en Ji{ que apuecie-
ron á las ocho de la ma/lana del 24. La distancia que media-
ba desde el citado campo á la nucya posicion á causa del gran
rodeo que se debía hacer para llegar á ella, sería de tres á cua-
tro leguas de asperísimo camino, por cuya razon i por haberse
practicado aquella marcha de noche, debe presumirse que se
emplearon mas de SRis horas: los realistas tenian dicha altu-
ra á mui poca distancia; de cuyos datos resulta que á pesar
de haberse dejado burlar en aquel movimiento nocturno, si
á los primeros avisos que tuvo de él el comandante Lopez se
hubiera adelantado rápidamente sin haber hecho alto á la en-
trada de la capital i sin haberse entretenido en mandar desfi-
lar sus tropas frente al palacio del general; si se hubiera, pues,
ahorrado el tiempo, aunque corto, perdido en una i otra ope-
racÍon, habria podido Hegar á la citada cresta del Pichincha
antes que los rebeldes, en cuyo caso era indudable la victo-
ria por su parte.


Sensible es, pues, el primer descuido de que se ha hecho
mencion, i todavía mas el que no se hubiera reparado, como
parece se habria podido sin dificultad, pues que no obstan-
te los momentos tan preciosos que dejaron de aprovecharse,
cuando Lopez determinó atacar aquella formidable posicion
tan solo dos ó tres compaIÍías de la division de Sucre habian
llegado á ocuparla, i las demas se hallaban todavía en marcha.


Una inesplicable fatalidad parece que presidió á los con-
sejos de los gobernantes en este dia. El ataque de frente no
podia ofrecer esperanza alguna de la victoria, los soldados de
Lopezse arrojaron al enemigo como los mas aguerridos del




(lcrro: 1822. '),)9
mundo; pero al llegar al término de aquella empinaJa cuesta
se hallaban ya sin aliento, i los enemigos pudieron con muí
poco trabajo rechazarlos poniéndoles 500 hombres fuera de
combate, aunque perdienuo ellos mismos unos 400 entre
muertos i heridos, que sucumbieron al estraordinario arrojo
de aquellas valientes tropas á pesar de su falsa posiciono


Siendo los realistas dueíÍos de la fortaleza del Panecillo,
que domina la ciudad i la misma altura de Pichincha, no se
concibe cómo se cometió la imprudencia de atacar de frente
esta posicion cuando por la espalda podia contarse con mayo~
res ventajas. Tal vez se apresuraron á dar este paso Aimerich
i Lopez en la confianza de que no habiendo llegado todavía
lIino una pequeúa parte de las fuerzas rebeldes podrian apo-
derarse de dicho punto sin elllbargo de lo desfavorable del
terreno.


Este fue el funesto error que acarreó la ruina de aquij~
1I0s paises. Viendo Aimerich retirarse en dispersion á la ciu-
dad las tropas empleadas en la batalla, mandó al corol~el
Tolrá se situase en el Egido con toda la caballería que pasa-
ba de 300 hOlllbres con el objeto de cubrir la retirada á Pa¡¡.
to, que aquel gefe pensab3 h"cer con todas las fuerzas que
pudiera reunir deapues de dicha derrota; pero fuese que Tol.,.
rá creyese irremediable la ruina de Quito i consiguientemen,..
te la de dichl caballer{:) sino la ponia inmediatamente en mar ..
eha, ó bien lllovido por alguna falsa é intempestiva alatw,lJ"
desapareció del punto indicado sin recibir órdenes ulteriores
del presidente.


Vista por los insurjentes la fu~a de esta columna, se
dirigió sobre ella el comandante Cestari, que se hallaba si-
tuado entre Quito iPasto con su mal{simamente montada
caballería la que preceJida sin embargo por el prestigio de
la victoria bastó para poner en la mas completa disper,.
Jion á. dichos soldados de Tolrá, de los que mui pocos
llegaron á Pasto con su comandante principal. Los coroneles
Santa Cruz í Vizcarra, i algunos subalternos lograron pene-
trar al MaraiÍon por las Misiones de indios, superando 10&




QVITO: 1822.
terribles abstáculos que ofrece el terreno; i atravesando 11)
dominios del Brasil se embarcaron para EspaíÍa.


Completamente desanimados los realistas de Quito con la
retirada de la caballería, i estrechados al mismo tiempo para
que rindieran las armas, ajustaron una honrosa capitulacion,
por la que cayeron en poder de los iusurjentes el fuerte del
Panecillo que se hallaba bien defendido i con bastantes pro-
visiones, 1100 prisioneros de tropa, 160 oficiales, 14 piezas
de artillería, 1700 fusiles i porcion considerable de fornitu-
ras, cornetas, banderas, ca-jas de guerra i cuanto poseía el
ejército español. Fue, pues, el dia 25 de mayo el en que se se-
pultó el dominio del Rei sobre el reino de Quito, i precisa-
mente á los 280 anos cabales en que el pabellon de Castilla
fue tremolado en él por la primera vez.


En aquel mismo dia empezaron ya los vencedores á que-
brantar uno de Jos artículos mas importantes de la capitula-
cíon: era éste el de conceder la salida para los dominios es-
pañoles á todos los oficiales i soldados que 10 deseasen sin que
pudiera exigirse de e110s mas que el juramento de no tomar
las armas contra el Perú i Colombia hasta que no hubieran
sido cangeados. A pesar pues de esta solemne garantía se les
obligó á tomar partido con terribles amenazas; unos 200 que
se resistieron á ellas fueron encerrados en un dep6sito de ham-
bre i miseria; i los oficiales tuvieron por alojamiento austerí-
simos encierros.
" La'posioion de las trop1IS de Pasto á las órdenes de don


Basilio García era sumamente favorable. Aunque Bolivar ha-
bia·logrado cruzar á viv0 fuego el Juanambú por el Tablon
de Gomez, mas arriba de las avenidas fortificadas por el in-
geniero Atero en 1815 i rectificadas per· el Estado mayor
de Mourgeon, en el que .sobresalía el teniente coronel don
Francisco Alameda, habían sido contenidos victoriosamente
sus í;mpulsos revolucionarios en la acoion de Cariaco, soste~
nída: en 7 de abril: Las fuerzas de los insurjentes se compo-
nían en su totalidad de z®. hombres; i aunque su eaballerfa
no tomó parte en esta refriega por no permitirlo el terreno,




QLITO: ,822. 3{~1
ni tampoco un cuerpo de su infantería por hallarse algo se-
parado, eran sin embargo superiores en número á los rea-
listas, de los que tan solo habia 450 hombres disponibles de
los batallollli:s de Aragon' i Cataluña mezclados con algunas
compallias de Pasto.


Habiendo salido el enemigo de la hacienda de Bomboná
se formó en el llano que hace frente á sus corrales, i em-
prendiÓ el ataque á las dos de la tarde. Una de sus colum-
nas con la fuerza de 600 hombres se dirigiÓ por· la loma de
la izquierda, en cuya cima estaba situado el téniente coro-
nel don Ramon Castilla con cuatro cQIIipaiíías; la otra se di-
rigió contra las fuerzas principales que mandaba don Basilio
Garcia, por quien fue recibida con tanto denuedo que se
vió. precisada á retroceder dejando el campocu bierto de ca-
dáveres. La primera columna de que ;se ha .. hecho mencion
rompió un vivo fuego que fue contestado con la mayor :vi-
veza, habiéndose disputado por ambas partes el dominio del·
terreno con el mayor encarnizamiento. La oscuridad sin em-
bargo separÓ á los combatientes despues de haber su,frido un
horroroso descalabw, especialmente los rebeldes, cuya pér-
dida no bljÓ de 600 hombres entre muertos, heridos i pri-
sioneros.


Estos funestos desastres pusieron á Bolívar en la necesi-
dad de verificar su retirada hasta el Peñol, perseguido por
dos compañias de Aragon i tres de Pasto que habian salido
desde Veracruz. Bolivarse habia posesionado el dia 2 G de la
loma del Granadillo; i como ya á este tiempo hubiera Ilega-
~e1 coronel Garcia c')n la idea de probar de nuevo la suer-
te de las armas, tomó las disposiciones ma! oportunas para
asegurar su buen resultado. Enviadas algunas guerrillas para
provocar el combate salieron los rebeldes en persecucion de
ellas ~ dirigiéndose por la izquierda de Garcla, cuyo gefe de-
terminó hacer un movimiento retrógrado á lln de llegar á la
union del camino para Genoi antes que el enemigo 10 hubie-
ra ocupado. Al ver Bolívar este movimiento detuvo el· suyo,
i volvió á ocupar los puntos anteriores, desde los cuales




:j!p QUITO: 1022.
pasó al dia siguiente á la otea parte de la quebrada de Mo-
linoyaco.


Ya desde la accion de Cariaco se habia entablado Ulla
co,rrespondencia activa entre Bolivar i Garcia: ambos gefes
le temian; pero ambos hacian alarde de sus fuerzas i recur-
sos. Esta' estudiada política fue mui favorable al segundo, el
cual habiendo quedado sumamente débil despues de la victo-
ria deseaba que el primero se retirase i le cOllcediese alguna
tregua para reorganizar su desbaratada, division i para repo-
nerse de sus fatigas.


De5pues de haber permanecido algunos días el citado
Bolivar en la indicada posicioll se retiró al pueblo del Trapi-
che en 1 1 de mayo) í corno á los pocos di as hubiera sido re-
forzado con tropas del reino escribió á Garcia en 23 del mis-
wo mes, intimándole la rendicion si queria evitar los horri-
bIes estragos de la guerra, en cuyo caso derramaría sobre él
toda su generosidad, concediéndole euantas condiciones ho-
noríficas fneran conciliables con el objeto de su empresa.


Se hallaba, pues, Garcia en la mas dura perplegidad sin
saber el partido que podria, adoptar en tan críticas circuns-
tancias, cuando le. fueron comunicadas las noticias desastro-
sas de la batalla de Pichincha i de la capitulacíon del presi-
dente. Los indomables pastusos no variaron de opinion por
tan duros contrastes, i se hallaban todos resueltos á morir
con las armas en la mano antes que rendirlas á su implaca-
ble enemigo: la posidon de éste en medio de sus bravatas
era bastante crítica i penosa: le faltaba.n los vivert;s i no po-
dia enviar partidas en busca de ellos porque Jichos valien-
tes pastusos tenían ocupadas todas las avenidas, i con su acer-
tada puntería destruían á cuantos se atrevian á salir de su
recinto.


Aunque todo estaba perdido para las armas del Rei, es-
peraba todavía aquel punado de valientes variar el curso á
la adversa fortuna luego que hubiera completado el es ter-
minio de Bolívar que parecia mui probable; mas su coman-
dante general don Basilio Garcia consideró las cosas bajo un




QrITO: 1822.
punto de vista mui diferente;i se resolvió por lo tanto á
rendir su espada á Bolívar, de quien esperaba i con efecto
obtuvo una capitulacion mucho mas ventajosa que la que
Sucre le ofrecia, i que habia sido concedida al general
Aimerich.


Todas las personas é- intereses aun de los mas indómi-
tos pastusos fueron garantidas por la mas solemne promesa
del titulado libertador de Colombia, quien engreido hasta el
ültimo gra:lo con este nuevo timbre agregado á su brillante
carrera revolucionaria, pas6 rápidamente á Quito, i c;} se-
guida á Guayaquil, en cuya ciudad tuvo una entrevista con
San Martin, de la que se ha hablado en el capítulo del
PerlÍ, é incorporó á su república dicha ciudad, que estaba
dividida en opiniones, deseando unos eitablecer en ella un
gobierno independiente de todo influjo, otros formar parte
del Pel ú, i los menos depender de Colombia. La. columna
de S!.Ilgarlo i German, que llabia salido en ausilio de Garcia
dos di as antes de rendirse Quito, recibió tan infausta noti-
cia cuando se hallaba en la mitad del camino para Pasto,
con cuyo motivo hizo alto i se acogió á la capitulacion de la
capital, en la que habia sido comprendida.-


Así, pues, cesó la autoridad real en todo el reino de
Quito, al parecer en el momento en que babia menos moti-
vos para esperar este terrible desenlace. Aunque este pais habia
sido atacado desde principios del presente ano por las dos es-
tremidades de Norte i Sur, tenia sin embargo todos los ele-
mentos necesarios para defenderse. Bolivar, que era el ene-
migo mas formidable, habia &ido batido por Jos past¡;¡sos, i
!TI influencia era pocO temible; las tropas reunidas de Suere
i Santa Cruz por la parte de Guayaquil i Piura eran colecti-
das en su mayor parte, carecim de instruCe10n i disciplina,
i de ningun modo podhn competir con las realistás, tan
amaestradas en la guerra.


Fue al parecer un error del general IHourgeoa el JJaber-
las reconcentrado abandonando paises que podian ser defen-
didos; fue una fatalidad que el coronel Tolrá no las huhie-




..


344 QUITO: 18.::u.
ra mélndado; fue una falta la de no ha:ber empenado el coro-
nel Lopez unaaccioIl; formal en el llano de Turubamba ó
sobre el pueblo de Chillo gallo en los dias 21, 22 i 23 de
mayo; fue Un inescusable descuido el haberse dejado tomar
por sorpres;;\ la altura de Pichincha; fue una temeridad la de
haber atacado al enemigo con tanta desventaja en el terreno:
fue reprensible la precipitada fuga de la caballería; fue final-
men.te dolorosa hasta el último estremo esta inesperada ca-
pitulacion.


Estamos mui distantes de atribuir á los gefes, oficiales i
soldados faIta alguna que proceda de deslealtad, cobardía ó


,mala intencioll : sus errores nacieron de equivocaeion de
cálculo i de oUa poreion de circunstancias á cual de ellas
mas desgraciada que produgeron igual resultado, que fue la
pérJiJa del reino, cuando parece que ni los destinos la ha-
bían decretado, ni la fuerza de la opiuion ni de los sucesos
la habían preparado.


N o dcb:crá cstr¡¿(¡arse que nos hayamos deteniJo en hacer
estas reflexiones críticas con mas estension que en otros pun-
tos. No es, pues, con el objeto de acriminar á los interesa-
dos en estas tran~aciones ~Jos que prestamos una respetuosa
defe"end¡) ,en' mt;dio de sus reveses, i sí el hacer ver la fu-
fIesta trascendencia, que tu rieron estos contrastes. Si el reino
de Quito no se hubiera perdido, tal vez tremolaría aun al
presente el pendon de Castilla sobre todo el vireinato del
Perú. Supo éste resistir á los 'embates de todos los revolucio-
narios ,del mismo Perú, Chilei Buenos-Aires; pero sucum-
bió á las fuerzaoque Bolivar sac6 en gran, parte de este
reino, incorporanJo voluntaria ó forzaualllente las mismas de
los realistas i reclutando otras con igual violencia.


Fue Quito finalmente el paso de los vencedores de Bo-
yacá para destruir en Ayaéucho los fieros leones de Castilla.




5!~5
\I\:\i\:\I\I\f\í\l\:\rn\'V\í\J\ \J\'\'\JH\\ \¡\:\I\i\'\J\¡\ \:li\" \ '\I\\\I\i\\J\1\; ~ \,\N\'\W'i\',t'\


CAPITULO XVII.


J:>esgracias de la provincia de Coro., Nombramiento. de Mo-
rales para. manrJ,arla. Progresos de este gefe. Batalla de
Dabajuro. Esp~didf)n spbl'e Maracaipo. al mando. del te-
niente coronel Morillo. Su malogro, R,.etirada de, Morales
á Puerto Canello á recibir el mando superior de las ma-
nos de Latorre. Espcdicion del mismo sobre Valencia. Su
pronto regreso á la plaza. Espedicion sobre Maracaibo.
Desembarco en CejQro. Ataque d,e la l~nea de Garabuya.
Combate de. Sí¡:¡amaH:a. Otros dos en las oriUas. del ri" S/l~­
cui. l1'luerte de Garcia. Batalla de Salina Rica. Entrada
de ¡¡/forales en lVIaracaibo. Sucesivo apresamiento de va-
rios corsarios. Sumision gustosa del país á las trop:1S del
Rei. Derrota de los insUljentes cerca de la linea, de GUl::a~
buya. Muerte del corOfu;1 Iturh.e. Acciones irr¡portantes de
Sabána Redonda~ i de Sabina Larga. Movimientos de Ur-
daneta en ausilio de Clemente . .entrada de llIorales en Tru-
jillo. Brillante estado de los negocios á fines de este año,
Estraordinaria opinion adquirida por dicho JWorales r;r~
fJste teatro. Rtjlexiones criticas. .


En l,nedio. de los reveses que acompañaron en las. pro-
vindas de Venezuela á las armas del Rei eu el aúo an~erior
~e concibieron ácia su concIusion algunas esperanzas de ha-
~er pagar caro á los insurjentes el Jrgullo de sq'> l;ictorÍ,af.


To;\'{o 1II. H




346 CARACAS: 1822.
Habia quedado completamente destruida la columna de Go~
mez de 1600 hombres; toda la provincia de Coro se habia
pronunciado á favor de ]a causa española; de todas partet
concurdan sus fieles habitantes á alistarse bajo las banderas
del Rei, i parecia que este punto habia de formar la base
de una gloriosa i decisiva campaíÍa, por la que volviesen los
wldados de Castilla á recobrar el terreno perdido.


Mas la pronta retirada del general Latorre, para la plaza
de Puerto Cabello, sin haber dado antes ]a mas acertada di-
reccion é impulso á aquellos elementos, obró rápidamente
un cambio funesto. Enterado dicho Latorre, al poco tiempo
de haber llegado á Puerto Cabello, de] mal aipecto que pre-
aentaban los negocios por aquella parte, dió la ordeu al ge-
neral Morales de pasar á tomar el mando de dichas tropas, i
de desplegar su acostumbrado vigor i firmeza. Aunque este
acreditado gefe se puso inmediatamente en marcha en des-
empeno de su encargo, no pudo remediar sino en parte las
desgracias ocurridas á aquellas tropas, pues que señaladamen-
te el cuerpo estacionado en San Miguel de] Tocuyo se ha-
llaba ya en el último estado de miseria i abatimiento.


Desplegando Morale. sin embargo todos los recursos de su
ingenio i energía, organizó mui pronto nuevas tropas sobre
]a base de las que ya existían, batió al general insurjente
Pitiango, penetró hasta los puertos de Alta-Gracia en las ori-
llas de la laguna de Maracaibo; i estaba ya tomando las mal
activas disposicioBes para apoderarse de la ciudad del :mismo
nombre cuando supo que el nuevo director de la guerra Cár-
los Soublette marchaba desde Caracas para la citada provincia
de Coro con mas de 2000 hombres. Esta inesperada ocurren-
cia le hizo variar sus planes; i conociendo la necesidad de
salirle prontamente al encuentro para suplir con la rapidez
de sus maniobras la diferencia nuollJrica de sus fuerzas, así
como para impedir el acrecentamiento de las de su antago-
nista, se dirigió contra él con 1500 hombres i 2 carlones.


Por esforzado que fuese Morales, no se reconocía inferior
dicho Soublette bajo ningun aspecto ~ ni escosó el combate,




CARACAS: 1822. 3!~7
Travóse éste el 7 de junio en el pueblo de Dabajuro : ambas
partes pelearon con la mayor obstinacion i furor; pero ven-
cieron las armas EspanoIas ; los rebeldes fueron completa--
mente derrotaUos \ i su orgulloso caudillo sufrió en esta san-
grienta batllb una de las mlyores humillaciones de su cur-
rera revolucionaria. El campo se vió mui pronto sembrado de
cadúveres; al(jllnos centenares de prisioneros \ i entre ellos el
g€neral Piiíango, quedaron atado •. al carro del vencedor; 300
fusiles, 10 cajJs de gucrra,.1 cornetas i una gran poreian
de erIuip'lges concurrieron á ilustrar aquel triunfo.


Fijo siempre en su idea de reconquistar la provincia dt~
lHaracaibo, destinó para esta operacion 900 homhres á las ór-
denes del teniente coronel don Lorenzo Morillo, quien debe.
ril h3cer el desembarco con 700 á sotavento de la plaza,
mientras flue un valiente capitan, natural del mismo Mara-
caibo, verificaba el suyo á barlovento. Ambas columnas
desempellaron con felicidad el principio de su comision.
pero afloj:mdo la primera, fue cargada la segunda por toda:.
las fuerzas de la plaza. Aunque solos i abandonados á su
8uerte estos Z 00 valientes se defendieron con el mas heróico
emperro: el batallan insurjente, titulado de Tiradores, sufrio
horribles fluebrantos; su comandante el habanero Reras, re-
cien llegado de Espada, en donde habia servido con bastante
aceptacion, fue contado en el número de 108 muertos. Este
triunfo sin embargo costó mui caro :í los realistas por la ir-
reparable pérdida del esforzado capitan que mandaba aquell3.
fuerza. Si Morillo hu biera concurrido á ausiliarle con la su-
ya, habria sido decisiva la victoria, i la plaza habria clido
en su poder; mas dirigiéndose en su vez ácia PeriJd, rindió
ias armas mediante una honrosa capitulacion , por la que de-
bian los enemigos, trasladar por su cuenta aquelbs tropas á
Santiago de Cuba.


,r erificad" prontamente el embarque, i principiada su
navegaríon , cayó lVIorillo en el agua la noche antes de salir de
la laguna sin que haya podiJo averiguarse si fue casual esta
uesgraciu, ó producid:! por la villanÍ3 de sus contrarios.




3!~8 'CAnACAS: ) 822.
Fue ácla este tiempo cuando el general Latoue reCibiÓ


el nombramiento de capitangeneral de la isla de Puerto-
Rico i la órden de trasladarse á ella delegando el m:mdo del
ejército de Venezuela al general Morales. Era de sUllla im-
portancia pasar á Puerto Cabello á 'recibir dicho mando de
las manos del general Latorre ; i aunque sabia Morales que
se dirigían sobre la misma provincia ue Coro nuevos cuerpos
enemigos mandados por Soublette, i por Lino Clemente, oncÍa!
que habia sido de la marina real, determinó sin em bargo nevar
á efecto sil viage, dejando algunas guerrillas para quehos-
tilizasená los inva~ores hasta que despues de haber arreglado
el gobierno á su satisfaccion, voh;iera rápidamente con ma-
yores fuerzas á dar golpes brillantes i decisivos, ó para com-
binar movimientos estratégicos que distinguiesen el principio
de su nueva carrera, i aumentasen el prestigio de su alitoridarl


De esta última cIase fue la espediciOl1 que hizo á prin-
cipios de agosto con toda la fuerza disponible sobre la 'ciu-
dad de Valencia, en cuya Ihnura estaban reuni,hs las tropa ..
de Paez. Situado Morales á la falda de las montuI1Cls que aCJ-
baba de cruzar ~ limitó sus operaciones á algunas escaramu-
zas de sus guerrillas burlando los ardides del citado Paez,
quien éonf1ado en su numerosa i brillante cabalIer!a trat;,La
de provocarle {la'ra que dejase sus posiciones i descendi';f,' .. :
la referida llanura.


Como desde el momento eú (iile élpareció JVtorales por tstt
punto creyesen los rebeldes que aquel habia úe ser tI te:! ~ro
de la campana presente se hizo venir á Soublefte con tant'l
precipitacion, que percÜ6 en su forzada marcha una parte clt,
su columna, Reunidos' ya amhos caudíllos ,el i B se disponian
á principiar sus ope-raciortes cuando el general moml",s , que
nohabia tratado sino de amagar el ataque por a'luc1h ¡ia; te
para dar el golpe por otra, 'se retiró en la misml noche oída
Puerto CabeIIo, en cuya plaza entró al día siciuiwte.


Tenia preparados con la mayor reserva los bU('Iues nece-
sarios :para embarcar sus tropas ,i annque ~olo pudo lb al'
víveres para seis cHas, se hizo á la vela el 24 con 1200 hom-




C'ARACB: 185l~. 5:19
bres, sin que lUdie supiese el objeto de su es¡;edicion. Era
-éste el de dirigirse á NLtracaibo; i para tener lIlas oculto su
movimiento desembarcó en los arenales de Cojoro en medio
de los indios Guajiros que habitan-elpais situado entre la ci-
tada provincia de Maracaibo i la delrio Hacha. Despidiendo
IiUS buqnes i trasportes con órdenes de que cruzasen sobre la
boca de la Laguna 1 i de que aparentasen algun desemharco,
emprendió la marcha despues de habér distribuido á cada sol-
dad o tres. puñados de· maiz . i una galleta, que eran -las -úuicas
provisiones que Iehabian quedado.


Despues de haber empleado tres dias en átravésaraque-
110s abrasados arenales sufriendo todos los rigores del ham.
bre, i especialmente de la sed, por no hállarse en todo el
tránsito mas que dos pozos de mala agua, ·se descubri6 la lí-
nea fortificada de Garabuya, que principia á la orilla del
mar i termina en UI! bosque. Se hallaba ésta defendida por
siete casas fuertes, sitll:lr/as de trecho en trecho con sus,cor-
rOfp;IllJientes estaca.,]as: éste fue el primer obstác:zlo que
hubieron de -superar los valientes realistas para dar princIpie
á aquella penosa campaúa.


-Conociendo Morales la r..ecesidad de nO perder tan precio-
- 'sos momentos dióla senal de ataque, i arrojándose sus sol-


dados sobre dichas fortificaciones con incomparable dcnup.do,
se Jpoderaron de ellas poniendo -enfnga ·á 'sus defensores ,i
apoderándose de !H piezas de dos á cuatro que aquellos deja-
ron clavadas, así como de algunos -fusiles i de una gran por-
don de ganado.


Era preciso seguir 'la' marcha sin dilacion para que'al fa-
yor de la 'sorpresa fuera menor la resistencia del enemigo;
se emprendió-con efecto en la misma tarde; i despues de ha-
ber descans:.do una . parte de 'la 'noche en medio del campo se
rompió de -nuevo al am mecer en direccion de la yma {Íe Si-
namaica , pr;mera poblacion de' la provincia de }1aracaibo
por aquella parte. El enemigo -se empeLló en disputar su do-
minio, pero infruet!lo3amtnte. Recibiendo en este set;u-lldo


. <:omb:~tc un duro escarmiento dp. SlJ obstiaac!o!l! rlu ('d6.res-




350 CARACAS: 1822.
tablecido el gobierno de S. M., i acatado sumisamente por
todos los vecinos que regresaron á sus casas, confiados en la
proteccion i en el dulce trato de las tropas realistas.


Habiendo levantado el campo al dia siguiente el general
Morales llegó á las tres hora. de marcha al caudaloso rio
Sucuí~ que hubieron de cruzar aquellas tropas con el agua
á los pechos en la estensil;ln de un cuarto de legua. Aunque
solos 500 hombres habian podido acampar á la otra parte
del rio, fueron sin embargo suficientes para defenderse de dos
empenados choques que travaron con ellos los insurjentes á
las doce de aquella noc11e i á las dos de la madrugada, así
como para adqnirir en ambos un triunfo glorioso, especial-
mente en el segundo, que fue sumamente funesto al enemigo
por el número de muertos i heridos que dejaron en el campo
de batalla, así como por el de fusiles, municiones, cajas de
guerra i otros pertrechos que se encontrarOn. Aunque la
pérdida de los rC:llistas fue insignificante por su número ~
no así por la del benemérito coronel don '}'omás Garda,
segundo comandante de las tropas , 4ue fue víctima dc su
decision i bizarría.


Reunido en la misma maúma todo el ejército realista, SI!1
adelantó ácia Salina Rica, i acampó á tres leguas dr este
punto, en el que se hallaban situadas las fuerzas rebeldes
de la provincia en númeroc!e 1200 infantes i 60 caLallos al
mando de Lino Clemente. Puesto de nuevo en marcha en la
madrugada del dia siguiente se halló á las diez de la misma
manana frente á dicha division enemiga. El éxito de esta ba-
talla no fue dudoso: atacado Clemente por cuatro columnas
en que se dividieron las tropas realistas fue completamente
destrozado. Seiscientos cincuenta i tres prisioneros, .entre
ellos trece oficiales, 762 fusiles, 17 cajas de guerra, 9 cor-
netas, muchas fornituras i cajas de municiones, algunos ca-
ballos, i el campo cubierto de rebeldes muertos fueron los
trofeos de tan brillante jornada.


Ya desde este momento quedaron superados todos los obs-
táculos, i pudieron en su consecnencia entrar la. tropas de Mo-




CARACM: 1t522. 351
rales sin tropiezo en la capital de Maracaibo en 8 de setiembre
entre las mas ardientes aclamaciones i testimonios de público
regocijo. Para que fuera completa la pacificacion era preciso
limpiar la laguna de los corsarios que la infestaban: el mis-
mo Morales quiso salir en persona á dar las últimas tintas á
IU cuadro victorioso. Embarcado con dos batallones en los
buques de guerra que habian concurrido al mismo tiempo á
dicha laguna, apresó en pocos dias "16 embarcaciones mayo-
res 1 ocupó la ciudad de Gibraltar i arrastró tras sí todos los
pueblos de aquellas orillas, i aun muchos del interior l ha-
biendo sido uno de ellos la villa de San CárIos de Sulia, en
la que perecieron á manos de sus habitantes el gobernador
don :¡"rancisco Delgado 1 i otros principales coriféos revolucio.
narios que se habian refugiado en ella.


Pocas campaiÍas se han visto en América tan penosas en
ID ejecucion 1 i de resultados tan rápidos i brillantes. La fa-
cilidad con que fue restablecida la autoridad real en dicha
provincia de Marac:úho manifiesta claramente la predisposi-
cion del pllis á ser regido por el gobierno de la metrópoli,
porque no de otro modo era posible que un pUíÍado de va-
lientes, por grandes que fueran sus esfuerzos, hubiese podi-
do adquirir un triunfo tan decisivo. Temieron los insurjentes
el encumbrado vuelo que habian tomado las armas del Rei,
i conocieron que era llegado el tiempo de desplegar los últi-
mos recursos de su ingenio i energía para cortar los progre-
.os que el influjo espaíÍol hacia en los pueblos.


Formando con asombrosa prontitud una division de 1 !OO
infantes i 160 caballos á las órdenes del desleal coronel es-
pañol don Jose Sardá i del frances Gargen de igual gra-
duacion se adelantaron desde Río Hacha hasta Sinamaica
en la direccion de Maracaibo i mui cerca de las líneas de Ga-
rabuya, en donde l~alIaron un cuerpo de realisfas resuelto á
defenderlo á toda costa. Garsen reconoció dea:le el principie
lo árduo de aqueUa empresa i se empenó en contrariarla; mas
el fogoso Sanlá~ que aspiraba á adquirir un nombre glorioso
en los anales revolucionaríoi, desechó aquel consejo, i se ar-




CAi1ACAS: 1822.
roj6. sobre lbs realistas con el mas ciego furor. Aunque al
primer impulso de su impHuoso choque sucumbieron v&'p
rios de estos no perdieron sin embargo su formarion;. i
mientras que sostenian con el mas decElido empeiÍo lag,
repetidos ataques del l,érfido Sardá se vió éste cercado
de repente con todos sus solJadas por otra columna que
él. UD, habia visto i que dirigiú en· ptrsona el mismo Morales.
Viéndose cortados i· ~in esperanza de, S<llvarse, se rindieron.
á discret',ion en núr¡-;ero de 700 hombres" Jos que entraron
cm l\1aracaibo ilustr:lmlo el triunfo del general en gefe, es-
cepto Sardá que logró' fugarse, i Garsen que por haber sido
herido, &105 primeros tiros se halló algo distante del campo
en el que se dió laacc10n decisi\'a, i de que murió á poco.
tiempo en Santa lVIarta.


Formados dichos prisiüueros por Morales, i' arengándüles
fwn una insinuante i popular elocuencia, se incorporaron á
rus' filas calli todos, i los pocos que dejaron de adherirse á su
partido, que en su mayor parte eran ofkialcs, fueron remiti-
dos gel~erOSaIIlC1'Jte i sin cange ~i: Rio Hacha, para donde fueron
saliendo con igual seguridad i franr¡ueza.


Esta brillante victoria no dt:jó de ser CQstosa á las armaS
!.le! Rei!. 238 individuos fueron puestos fuera de combate i
entre ellos el gefe de estado mayor corond don Lean Itur·
be, uno de los jóvenes ¡11aS e&forzados i apreciables de Ve-
nezuela su patri~, i que tantos servicios habia prestado con
su ingenio i con su espada á la Monarquía espaiíola. La muer-
te de este digno gefe escitó un sentimiento general en el cjér-
dto, i amargó el estraordinario placer de que €staba disfru-
tando al considerar el resultado tan feliz de la campaiía.


Ya no habia, pues, enemigos que cambaúren la provincia
de Maracaibo; mas no era asi en la de Coro confinante con
la misma laguna. El presbítero don Manuel Tarreyes, q\:le
tanto se habia distinguido en la defensa de los reales derecbos
en el primer periodo de la revolucion, cuya causa habia aban-
donado por resentimiento de que no hubieran sido premiados
~us Ilervicios, habia peneU'ado con una divieion por la citada




provincia de Coro; i aunque su principal residencia era una
fuerte posicion militar, llamada Sábana redonda, ,'arias par-
tidas sin embargo, que dependian de la misma, cruzaban en
todas direcciones, i causaban considerables quebrantos.


Conociendo el general Morales la necesidad de destruir
este foco de la rebelion 1 se hizo á la vela desde Maracaibo
en 24 de noviembre, i desembarcó al dia siguiente en el An-
cón, desde donde con una rápida ltiarcha i batiendo algunas
partidas que encontró en su tránsito llegó á atacar el dia
6 de diciembre la citada posiciono Aunque el enemigo se ha-
llaba resueIto á defenderla con denodado t'spíritu, cedió sin
embargo al indomable esfuerzo de los realistas, quienes des-
pues de haber puesto fuera de combate 49 insurjentes, cogi-
do 193 prisioneros, i apoderadose de 4 cañones, de 200 fusi-
les, de la bandera del batallon de Orinoco, de 42 cajones de
municiones i de otros artículos, regresaron á Maracaibo el J 7,
llenos de orgullo i confianza por esta nueva victoria.


Habiendo el ya mencionado Clemente reunido á este tiem-
po en Betijoque 800 hombres 1 inclusas las reliquias de
su derrotada columna, ofreció al general en gefe realista otra
favorable oeasion de desplegiir sus rocursos guerreros: emba;r-.
cado con la mayor parte de sus fuerzas, llegó el 26 á Che-
regüere i persiguiendo vivamente á los enemigos hasta Saba-
1¡alarga, acabó de derrotarlos en este punto, tomándoles
una gran cantidad de armas, municiones i otros efectos.


No bien supo dicho Morales, en eI acto de ocupar la ciu-
dad de Trujillo, que el general insurjcnte Rafael Urdaneta
iba caminando á marchas forzadas desde ClÍcuta con 800
hombres en ausilio de Clemente, se resolvió á salirle al en-
cuentro; pero noticio50 este caudillo de la derrota de su colf'ga
hizo alto en la ciudad de la Grita. Como este movimiento
pertenece ya al arIo 1823 reservaremos su reIacion para el ca-
pítulo al que corresponde,


N o podia ser mas brillante i halagüeiío el aspecto de los
negocios á fines del presente. Los enemigos habían sido bati-
dos por las bizarras tropas de Morales cuantas veces habian


TOMO IJI. 45




35(~ CARACA!; : 1822.
tenido la osadfa de presentarse al frente. La opmIOn habia
hecho dpidos progresos á favor de la causa real. Los mismo&
disidentes estaban U(¡!nos de asombro i de confusion al ver
emperrada la fortuna en contrariar sus atrevidos impulsos. Se
llegó á creer generalmente que Morales por sí solo era capaz <!e
derrocar el gobierno ilegitimo en todas las provincias de Vene-
zuela. Los buenos realistas se entregaban á las IDas dulces es-
peranzas; el nombre del citado general era pronunciado con
admiracion i respeto; de todas partes llovian las congratula-
ciones i elogioS' á este génio estraordinario.


Se hace por 10 tanto incomprensible como á los pocos me-
ses hubiera cambiado de tal modo la escena política que los
españoles se viesen en la necesidad de evacuar hasta su últi-
mo recinto, que lo era la plaza de Puerto Cabello. Se pierde
la imaginacion en hacer cálculos sobre la fatalidad que ha
guiado á nuestros gefes de América en ciertos momentos; ji
á quien no ha de causar admiracion el ver que aquellos do-
minios se han perdido precisamente en los instantes en que
habia mas fundadas esperanzas de poderlos conservar!


La América, segun nuestra opin¡on, no debió sucumbir al
furor revolucionario si en el partido realista hubiera habido
pulso i firmeza, buena direccion, perfecta armonia i general
concierto entre sus individuos. Nos reservamos dar mayores
esplicaciones sobre esta interesante cuestion en los capítu-
los sucesivos.




555
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CAPITULO XVIII.


J


MEJICO: r
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'::~~,':~--,-~
1 TERl\IINACION DE SU HISTORIA.


Planes de Iturbide para coronarse emperador. Empenados de-
bates para desarmar á las tropas españolas capituladas.
Decretada la salida de éstas para embarcarse en Vera-
cruz. Marcha de la primera division ácia aquel destino
con el general Liñan. Reaccion intentada por la segunda
al mando del coronel Buceli i otros gefos. Su rendicion,
desarme ~ i embarco. Proc/amadon de Iturbide. Primeros
movimientos de los republicanos contra el quimirico empe-
rador. Triunfo de estos. Abdicacion de Iturbide i su es-
patriacíon. Proyecto de sus partidarios para reponerlo en
el trono. Sublevacion de la provincia de Guadalajara. Ma-
logro de las primeras tropas enviadus por los centralistas
para sujetarla. Su triunfo en la segunda espedicion. Lle-
gada de Iturbide á Liorna. Su salida para Londres. Su
espedicion para Mejico, i su muerte. Momentánea consoli-
dacion de la república. Rendicion del castillo de San Juan
de Ulua. Horribles disensiones, Alborotos del mes de di-
ciembre de r811B. Espedicion del brigadier Barradas en
1829_ Reflexiones políticas.


El ambicioso Iturbi,le, que segun algunos habia ya empeza-
do á lisonjearse con la idea de ceñir la corona imperial desde
Etzcapuzalco, i segun otros desde Puebla, en donde los in-
ciensos i adoraciones de aquellos habitantes le habian en dio-




556 MÉJICO: 1822.
saJo, necesitaba de afgun golpe de intriga que hiciera ver al
pueblo mejicano la necesidad de tener vinculada en su mano
la autoridad su prema para la seguridad del- Estado. Discurri6,
pues, que el espeuíente mas plausible, t'que habia de ganar-
le mas partidarios ue sus desaforad~s proyectos, habia de ser
la insurreccion de las tropas europeas situadas en los puntoa
de que se ha hecho mencion en el capítulo del ano anterior;
pero como aun en medio de la desgraciii obedeci:an aquellas á
unos gefes prudentes ijuiciosos que tenia n el mayor empeño en
mantenerlas bajo el mas riguroso orden de disciplina, no ha-
bia el menor asomo de que se las pudiera sublevar, á menos
que no se las hiciera la tropelía de privarlas de aquellas ar-
mas que habian sabido conservar con honol" al favor de sus
solemnes capitulaciones.


Este fue, pues, el ardid al que recurrió Iturbide para in-
troducir en aquel campo los elementos del sobresalto, del
alarma i de la subversion. Se dirigi6 sin rodeos al general Li-
ñan con fecha de 10 de enero, dándole parte de las disposi-
ciones que tenia dadas para que salieran de Méjico sus tropas
imperiales á ¡desarmar las europeas con orden de pasarlas á
cuchillo si hacían la menor resistencia, alegando que no de
otro modo podia cortarse la supuesta conspiracion, de cu-
yos progresos daba á entender estaba positivamente in-
formado.


Indignado Linan por este rasgo de malignidad i perfidia, i
bien persuadido de que las intenciones de ItulIbide no eran
otras sino las de subir al trono imperial por encima de las
palpitantes entranas i humeantes cadáveres de unos soldados
que formaban todo el objeto de su cuidado i predileccion,
pasó á &vistarse con el citado Iturbide, i logr6 con su ente-
reza i persuasion revocar aquel decreto horrible de proscrip-
cion i deshonra; mas no bien habia llegado á Tolnca, cuando
recibió segunda intimacion insistiendo Iturbide en la necesi-
dad de desarmar dichas tropas de grado 6 por fuerza; i para
darle una prueba de que no eran ilusorias sus amenazas, hi-
zo caminar para Lerma, dos leguas de Toluca, una de sw




~--1 n:r. \T[;\- \CIO'í DE SI; IIlSTOnU. J;)7
divisiones con el objeto de dar ejecucion á tamana vio-
hóncia.


La exaItacion de los realistas subi6 al último grado con
la noticia de tan bárbaro ultrage; varias fueron las opinio-
nes de los gefes i oficiales para evitar tan furioso golpe. El
coronel don lHanuel Martinez, comandante del- Cantan de
ToJuca, reunió junta de oficiales, en la que manifest6 Bucen
la necesidad i conveniencia de emprender la marcha en aque-
lIa misma noche para Veracruz; i aunque su dictámen fue
aplaudido por algunos, los mas se opusieron á él manifestan-
do razonadamente la imposibilidad de recorrer 100 leguas de
camino sin ninguna clase de ausilio.s, llevando en su persecu-
cíon un enemigo tan osado i tan-superior en número i en re-
cursos de toda especie. Despues de una acalorada discusion
prevaleció el dictámen de que pasára el coronel Rafols á ver-
ie en Lerma con los gefes mejicanos, i á asegurarles de su re-
saludan de perecer todos con las armas en la mano antes que
sufrir la humillacion de rendirlas.


Viendo el general Liiían que se aproximaban el dia 12
los trigarantes sobre Toluca, convoc6 otra junta de gefes pa-
ra tratar de la defensa; todos estuvieron acordes al principio,
en que se llevase á efecto tan honrosa disposicion; pero al
volver Linan á dicha junta despues de una corta ausencia,
necesaria para dar órdenes á los comandantes de los cuer-
pos que estaban al rededor de Méjico, notó ya alguna frial-
dad de parte de los mismos que habian emitido con mas
ardor su opinion de no sufrir la mengua de que estaban ame-
nazados La afliccion i el desconsuelo rebosaron todas las me-
didas de su grande alma al recibir una representacion ver-
bal del cuerpo de sargentos del regimiento de Ordenes, en
la que manifestaba la abierta oposicion de la tropa á cor-
responder á las duras pruebas que iban á exigirse de su cans-
tanda ¡, decision.


Viéndose dicho Liúan en tan apuradas circu'lstancias, no
le quedó mas recurso que el de salir precipitadamente pa-
ca Méjico, á donde llegó en aquella noche; i cnce..rrándose




con Iturbide en su mismo despacho, supo pintarle con tantll
energía la desesperada resolucion de sus tropas á no pasar de
modo alguno por la decretada afrenta; le hizo ver con tan-
ta viveza los horribles efectos de aquella orden injusta; le
presentó el cuadro de la desolaeion que ofrecerian bien pron-
to aquellos campos empapauos en sangre de tan esforzados
campeones, cuyos manes clamarian contra un atentado tan
inhumano; le sobreeogió de tal modo con la exaltacíon
de su celo llevado hasta el punto de hacer aquella cuestion
personal; i fueron finalmente tan fuertes los impulsos de la
elocuencia dictada por la s~1fitidad de la causa que defendía,
qUB se revoc6 sinceramente aquel fatal decreto, i se restable-
ció la calma i la confianza en el campo realista.


Iturbide sin embargo no perdia de vista el objeto predi-
lecto de sus complacencias, que era su elevacíon al trono im-
perial. Insistia en la necesidad de diseminar dichos cuerpos
europeos manifestando temores de movimientos subversivos
si se mantenian reunidos: todos con ocian que estos eran es-
tudiados pretestos para realizar por último lo que desde tan-
to tiempo tenia proyectado; i para evitar la reproduccion
de tan tristes escenas propuso i obtuvo el general Linan del
midmo gobierno de Méjico, al que recurri6 con este objeto,
la salida para Jalapa de una de las dos divisiones destinadas
para el embarco, la que emprendió su marcha en 4 de fe-
brero, compu esta de 1 86gefes i oficiales, i de 1 163 soldados.


La segunda division, compuesta de 1400 hombres, debia
emprender su marcha tan pronto como el general Lió.an avi-
sase el embarco de la primera, i situarse en el entretanto en
Cuautitlan, Tezcuco, Cuernavaca, Guadalupe i Nopalucan.
Habiendo llegado dicha primera division á Veracruz, escri-
bi6 el general Linan en 14 de marzo á Tturbide dándole par-
te de que en 21 del mismó mes se verificada dicho embarco,
i pidiendo los ausiliDs necesarios para que se dirigiesen ácia
aquel punto los cuerpos que formaban la segunda. Para dar
mayor actividad á esta operacion envió de comisionado á Mé-
jico al coronel Rafols con el encargo especial de allanar to-




1 TEIUIi~ H:!O~¡ DE ~U lTISTORIA '),>9
dos los obstáculos que se opusieran á la pronta reaIlzacion
de aquel proyecto. Contestó lturbide á los pocos dlas ofre-
ciendo cumplir cuanto tenia prometido apenas tuviese noticia
de la salida de las primeras tropas; pero cuando ya se creia
tocar el momento de que las dernas evacuasen aquel territo-
rio sin que se las hiciera género alguno de tropelía, se iUS-
citaron nuevas intrigas, fomentadas al parecer por 108 disi-
dentes, aunque se presentaron con el carácter de haber sido
producidas por la imprudente conducta de los mismos
realistas.


Ya desde fines del aÍlo anterior habían principiado á for-
mar en Toluca mistericsas reuniones algunos gefes i oficiales,
entre los cuales se notaron aquellos mismos que mas parte
habian tenido en la violenta deposieion del virei Apodaca. Se
repitieron dichas juntas en el mes de marzo en una celda
del convento de San Prancisco de 'l'ezcuco, i se celebraron
otras asimismo en un caserío situado á la mitad del camino
de Nopalucan. Habiéndose esparcido á filles de este mes con
malicia ó por impolítico cejo noticias alarmantes de que
Iturbide habia decretado de nuevo el desarme de dichas tro-
pas, se resolvió que el teniente coronel don José de la Pe-
Íla, que mandaba el regimiento de Ordenes, saliera para Me-
jico, COlIJO 10 verificó en tI dia 2 de abril, á fin de parar
tan terrible golpe con su mediacion é influjo. Puesto á la ca-
beza de aquel cuerpo su segundo gefe don }i'rancisco Buce-
Ji, temeroso tal vez de que Peña no pudiera salvarlos de la
mengua i afrenta á que habian sido condenados; i esperan-
do que la fortuna no miraria con desagrado á 108 que iban
á hacer un voluntario sacrificio arrojándose ciegamente en
ms brazos, determinó salir para Cuernavaca COIl la idea de
proclamar el gobierno del Reí de acuerdo con el regimicnto
de Castilla, al que pensaba encontrar en el camino, i en
combinacion con el de Zamora que deberia seguir la mi8ma
direcciono


Formado al medio dia el citado regimiento de Ordenes
con la fuerza de 560 plazas, emprendió la marcha entre una




360 ~IÉ.JICO: I 82?.
i dos de la tarde, i despues de algunos descansos llegó á la
manana siguiente al pueblo de Juchi, en donde se alojó tran-
quilamente i sin el menor recelo. Serian las dos de la tarde
cuando se tuvo la primera noticia de la proximidad de los ene-
migos ; i aunque se tocó generala al momento, i desplegó Bu-
celi la posible energía i firmeza para sostener el pr~cípitado
empeiÍo que habia contra ido , no pudo evitar el desorden
que se introdujo en sus tropas, del que se aprovecharon los
gefes imperiales, i entre ellos el mismo Bustamante que man-
daba aquella fuerza, para adelantarse á arengar á los solda-
dos espailoles escitándoles á desistir de su temeraria empresa
en la que iban á ser víctimas de la imprudente conducta de
sus oficiales. Se convirtió en estupor é irritacíon la antigua
bizarria de dichos soldados, quienes arrepentidos de haber
tomado parte en tan insensata insurreccion, prorrumpieron
en amargas quejas contra los que tan torpemente los ha-
bian comprometido. Rendidos á discrecion i desarmados en
el acto, fueron encerrados en la parroquia del citado pue-
blo de J uchi, i conducidos el dia 4 á Chalco, en donde per-
manecieron hasta la manana del 6 en qne se les trasladó á la
capital en medio de un inmenso gentio que los esperaba para
llell!lrIos de baldones é improperios, desfogando sobre aque-
llos desgraciados la ira de que estaba entonces poseído su
ánimo contra el nombre español.


Habiendo ocurrido la violenta proclamacíon imperial de
Iturbide en 18 de mayo~ disfrotaron de la libertad que fue
concedida á todos los prisioneros con tan ruidoso motivo, i
pasaron á embarcarse en Vera-Cruz para la Habana, como
lo v.erificaron en 20 de julio. Las cuatro companias de Zara-
goza, que al mando del teniente coronel don Juan Antonio
Galindo habian salido de su acantonamiento de Nopalucan
-con el mismo designio de Buceli, fueron atacarlas al dia si-
guiente por los habitantes de Zacapocutla, rendidas al quin-
to dia de su movimiento por la milicia urbana, i desarma-
das en la hacienda de la Concepcion, habiendo seguido suce-
sivamente la misma suerte que el regimiento de Ordenes. El




1 TEr.:';¡:\,.\CIO:V DE se i1bTO);IA. 3G 1
de Castilla, aunque iniciado eu los planes de sublevacion uo
llegó á moverse de su canton, i por 10 tanto no sufri6 mas
pena que la del deóarme. El de Zamora, que nunca suscri-
bió formalmente á separarse de los empeuod contraiuos con
Jos enemigos, e(}llservó sus armas, i pasó á elllbarcnrs~ con
ellas en los primeros dias de junio.


Este fue el fin desgraciado de las últimas tropas peninsula-
res que pisaron el territorio mejicano. Por mas pureza que se
quiera dar al ear:ícter de la tentativa para sublev:u este pu-
lÍauo de valientes contra el gobierno de 1 tu cÍJide, estamos
1l1ui lejos de aprobar una resolucion tan desesperada, que ha-
bi:I de envolver necesariamente la ruina de aquellos restos
de la fidelidad espanola, i la mengua i desdoro de bs reales
banderas. Es tan culpable imprudencia atacar de frente oí
un gobierno, aunque intruso, en los primeros momentos de
la elervtscencia popular, como seria laudable totlo esfuerzo
que se llicÍera con tall noble objeto siempre que pudiera
contlrse con medios de probabilidad para el buen resultlluo.


No era este el caso en que se hallaban los gefes i onciales
autores de los referidos movimientos. Carecían de artiilería,
de municiones., de fondos, i de opinion :es verdad que
a bundaban en valor; mas este debe estar sujeto á ciertas re-
gIas p::!rj r{"le no degenere en reprensible temeridad. Algunos
hun <luerid{) imitar la am~jada empre311 de Carlos XII de
Suecia en Bender; pero se hanespuesto asimismo á· que se
les califi lue de locos frenéticos como á aquel ilustre gucrrcru.


Sca como quiera, las cOIlsecuencias de este proyecto fue-
ron mui fatales á la seguridad i al honor de aquellas tropas,
al paso que allanaron á Iturbide el camino á su apetecido
'rrono. Desde el momento en que cesó el dominio espaiíol
tomaron su asiento todas hs furias del averno en este des-
graciado pais. N o es nuestro ánimo describir la historia de los
independientes si no tn cuanto ha tenido relaeion con nues-
tro gobierno ó con las operueiones de nuestros ejércitos; ha
dado fin por lo tanto nuestro encargo por lo que respecta al


reí no de N ueya ES¡:l:líÍu; tan solo añadiremos una ligera rese-
'l'oDlCl lIf. 46




,;02 ~lÉJ[C'): 1822,
na de las fases de sus guerras civiles para confusion de los
que creían que emancipándose de la generosa i benéfica Ma-
dre patria iban á vincular en su pais todas las felicidades
que el Criador ha dispensado á los mortales.


En el dia 18 mayo fue proclamado Iturbide empera-
dor de Méjico por los sargentos del regimiento número l?,
por el regimiento de Cela ya , i por algunos leperos ó chusma
dd barrio del Salto del agua, dirigidos por un puñado de am-
biciosos que deseaban medrar á la sombra de aquel génio re-
volucionario. No dejaron de tener parte en tan atrevido pro-
yecto algunos eclesiásticos regulares i seculares, quienes de-
biendo optar entre la replÍblica ó el imperio, se decidieron
por éste con la esperanza de poder un dia desbaratar con
facilidad el ídolo, al que forzadamen~e quemaban un pro-
fano incienso. Con igual desórden i violencia fue aprobada
por el ya instalado congreso nacional la citada proclama-
cion, cuyo eco resonó por las provincias, al parecer con
agrado í satisfaccion en 10 general de la poblacíon; pero un
gobierno que no tiene bases firmes i permanentes, será
siempre el juguete de los hombres.


A los pocos días principió ya dicho congreso á maqui-
nar contra el soñado Monarea; i si bien supo éste cortar
Jos vuelos oportunamente á los primeros movimientos for-
mando causa á los diputados delincuentes, i suprimiendo
aquella asamblea, que tomó nueva forma bajo la direccion
de una parte de los vocales que habian mOitrado su adhe-
,ion al imperio, quedó sin embargo estremecida aquella na-
ciente fábrica, levantada precipitadamente por la vanidad,
por el desvarío i por la ambician. Habia tratado Iturbide de
asegurarse en su trono comprometiendo en su causa á las
tropas i á las primeras familias: á aquellas con grados, dis-
tinciones i con fingidas frases de amistad, consideracion i
confianza; i á éstas con brillantes empleos, pomposas deco-
raciones i lujosas placas de la orden de nuestra SeÍlora de
Guadalupe, que habi~ creado con aquel designio. Mas tojos
¡llS ardides i grandes miras de política i de bien gent:ral no




1 TEnl,fl'\' H:rON DE SU ¡¡¡HORL\' 363
le libertaron de ser el blanco de los tiros de 103 republica-
nos, quienes triunfaron reuniéndose en Veracruz el general
imperial Echávarri con el caudillo Santa Ana, que habia
sido el primero en dar el grito contra el emperador.


Aunque estos movimientos revolucionarios no tendian
abierta menta á la abolicion del imperio, i si al restableci-
miento de la representacion nacional" facil era prever que
la ejecucion de aquel intento no estaba separada de éste sino
el tiempo necesario para declararlo con seguridad. Bien lo
conoció Iturbide; i creyendo que una espontánea abdicacion
calmaria los ánimos al paso que le grangearia mayor opi-
nion, la llevó á efecto conteniendo el impulso de sus mai
ardientes secuaces, que querian á todo trance sostener la
autoridad imperial, seguros del triunfo contra 108 repu-
blicanos.


Resignado el mando supremo en los individuos del mis-
mo congreso que habia sido el objeto del ódio i persecucion
de Iturbicle, se embarcó éste para Liorna en Italia, á cuya
puerto arribó en agosto de I 8 2 3. Desde la llegada de este
bullicioso personage á Europa, se traslució en él una estre-
mada agitacion de ánimo, un vivo resentimiento que por mas
que tratase de disimularlo no dejaba de asomarse á su sem-
blante si entrando á. discutir aquellos sucesos, llegaba á ro-
zarse diestramente la conversacion con su mal encubierta
herida; j se notaba finalmente un engreimiento de su mé-
rito, i una fatal persuasion de que no podian los mejicano.!
ser felices sin su apoyo, i de que no habia de trascurrir mu-
cho tiempo sin que fuese solicitada su presencia para fijar
la suerte i tranquilidad de aquellos puebl<ls, en cuyo caso
creía asegurar su dominacion con bases indestructibles.


Sus partidarios en el entretanto movian todos los resor-
tes de la intriga para abrirle las puertas de aquel reino, Se
tramaron varias conspiraciones que Ilevaban por objeto su
reposicíon en el trono; mas todas se estrellaron en la vigilan-
cia de los republicanos. Conociendo los iturbidistas que era
ill:lS dificil su empresa de lo que s.e habían figurado al priq-




~IÉJJCO: 1822.
ClpIO, tiraron oblicuamente sus líneas, pero con tanta des-
treza que á los pocos meses se hallaban en estado de dictar
la Id á sus antagonistas. Como se habia sustituido al go-
bierno imperial el republicano central, ejerciendo el poder
ejecutivo por turno tres individuos sacados del mismo seno
del congreso, principiaron las provincias á murmurar de
a'Iuella forma i á pedir la federal.


lla de Gl.ladalajara, titulada Estado de Jalisco, se 1wHa-
ba dirigida por Quintan:u como gobernador Je dicho Estado,
i por Bustammte comandante de la provincia, ambos acér ..
rimos iturbiJistas. Los de este partido se fueron reuniendo
á la sombra de dichos dos gefea, quienes bajo el prctesto
de sostener la opinion general que suponian haberse pronun-
ciado á favor del republicanismo federal, se conHitu yeron
en estado de guerra abierta contra el gohierno de la c1pit:tI,
ó lo que es lo mi~mo contra los enemigos de su ídolo. Pene-
trando éstos las solapadas miras de los iturbiJistas, dirigie-
ron sus tropas á fines de ano á las órdenes de Bra vo i bJjo
la direccion inmediata del desleal europeo Negrete contra
dicha provincia de Guadalajara; pero apenas llegaron á avis-
tarse, cuando se pasaron todas á las tilas de Bustamante, que-
dando solos en el campo los gefes republicanos, los que se
vieron precisados á huir precipitadamente pard dicha capitll
llenos de deshonor, i corridos de vergüenza.


Este terrible é inesperado contraste alarmó de tal modo
á los centralistas, que se resolvieron á hacer una nueva es-
pedicion concertada con todos los medios de seduccion é in-
triga, necesarios para asegurar la felicidad del resultado. Cc>-
mo á este tiempo hubieran recibido las primeras remesa3
metálicas del empréstito que h:.tbia ajustado en L6nJres el
agente ::\'ligoni, determinaron dedicarlas esclllsivamente á cor-
romper la fidelidad de las tropas de dicho Bustamante, i la de
los principales baluartes de aquel peligroso partido. Precedi-
dos, pues, por este poderoso ausiIiar, á cuyo encantador ;¡)i-
cíente se rinlió la yoluntau del comandante de artillerí:l, i
de una porcion considerable de gefes, oficiales i soldados, se




T Tr,nm~,\ClOl'í ni, su rn~T{Yf!I,\. 3():;
presentaron los centralistas al frente de los feuer:úis't1S.


Quintanar i Bustamante, con el apoyo de otros coman-
dantes qne habian sido insensibles :í la penetrante voz del
cohecho, trataron de despleglr toda la energía de que era
-susceptible su firme carácter; pero tln atrevi(los impulws
fueron paralizados por la früldad con que la tro?'l contami-
nada oy6 las animadas arengls de,aquellos campeones. ne-
currieron éstos entonces á los ¡alagos, á las promesas i ;[ la,
amenazas; mas todo fue en vano: i viendo la imposibiliJad
de poner en actividad su encn'ado valor hubieron Je eupi-
tular con dichos eentmlistJs , quienes entraron triunfantes
en el mes de junio de 1824 en la referida capital de GlT1-
dalajara, restabkciendo en ella en todo su vigor el gobierno
absoluto republiC':mo, i destruyendo hasta el último elemento
con que 3e contaba p::rra entronizar al de~aiJo emperador <


Cans::¡do éste cb la vida oscura á que habia qucJa(lo re-
ducido en la ya mencionada ciucbrJ de I-liorna, i aun amen3-
zado por el gobierno tJscano , que no veia con gll3to en sus
estad05 la perm::mencÍ:l de un revolucionario ocliado por la
EspaÍla, i perseguilo por sus mismos paisanos, se dirigi6 i
Lóndres, esperando que le sería mas fácil fomcnt¡}r df"S'<:le
allí su partido, i tal vez hallar los medios n2ces:nios par::¡ ha-
cer una espedicion á imitarion de la del jóven Mina en J (Jr 7,
ó mas bien entablar negociaciones COIl el gobierno espa¡lol
para coronu em(Jerad0r de l\'léjico á uno de nuestros augus-
tos Infantes, en Nnformid:ld con su pdrnítivo plan de
Igullt i tratlJos de Córdoba, por los que se manifestaba
sínceramente decidido (1).


(l) Pu('do a~cgarai', que si á ntlestr0 amarlo Soberano hubiera p()(!io:l0
COIH1 cnir f:::!te últim;l 1H u.' teto, se hahria lkvado á {·feclo ron pt'! fl'-_'C!'1 8('-
guriuad ~ i con mal pocos ~aCjiri2LIS. _A e:;te fin se t:nc,nninaban b·~ 1'(']:.::-
ciones que co.lt:aj'c en aquella t'p"Jea t.:UIl el eiladlJ ltul'bide, csp~rando
lJue csh~·scr\;iei.o plltliera ~~:I grato ~í S. '1. Hai ciertos 1l10~lH>ht():.. ne C[f't-
\'tSCeLlci.~ CI. q'H~ uponer l'ue!'¡,as al en.t~ill¡gv es a-nment<'lr {.10; {(!W ya til'rlP.':
I,:":,,do, po~, ~'tc"aKiotn~ T'~!itic~, en" 'pe aq~c",cra. el ún:co 'mc,iio ,l"e,,·
rO!:iO dc resr.ala .. ~~ :\;l~ Yi.t·~;)l)a'l~ ¿.;.:~;.¡ (;,:;¡~c.r!1l;H4\~de sa~val' los !!lt-€Ie~e~




365 MÉ.nCO
Es 'de inferir, que ninguno de sús proyectos fuera se.


gundado como se habia prometido, cuando se observó que
pasaba á fijar su residencia en Bath, ciudad distante 33 le·
guas de 116ndres, con toda la apariencia de solidez i dura-
cion. Mas no bien habia llegado á este punto, que fue á fi-
ues de marzo, cuando empezó á recibir la correspondencia
de sus amigos de Méjico, quienes contando por seguro su
triunfo desde que vieron disuelta la primera espedicion repu-
blicana que habia salido contra las tropas de Guadalajara, le
escitaban con el mas vivo encarecimiento :í volver á su ape-
tecido imperio.


Predispuesto como ya se hallaba este iluso sedicioso á es-
cuchar tan lisongeros avisos, tardó poco en resolverse á aco-
meter aquella arrojada empresa. Sin dinero, sin armas, sin
mas acompañamieuto que parte de su familia, un coronel


ue l~ Monarquía c.-pallola. Los seis alios que han tl'ascunjdo han aujer!"
un campo mas vasto á las espernnzas de reponer en aquel pais la a"tmi-
dad Real en touo su esplendor. i ha'; acreditado la sagaz prcvision dd go·
bierno en uaber desechado una, ideas, que lIeva.ban á.lo menes el sello de
la buena I'é i lealtad del oficioso negociador.


AlgLh10S enewig9~ encubiertus , que lo son mas hien de la presente ollra
que de mi perSO~1a, pues que tengo la ol:g'ullo:->a confianza de (pIe nadie pue-
da prest~ntaJ'se á deci_r .con verdad que haya recibido de nlÍ el menor daño,
,~ pesar de lai pa>adas épocas de calaIl.üdad. dc,úrden i encono perso-
llal; no atre"iéuuose á atacar de frente esta importaute empresa, que debe
eseit.!' i ha escÍtado la mas f"riosa irritacion el) 105 enemigos Jel nei K. S.
i de la Espaüa, se han ~alido de engaliosas apariencias para deprimida.
E~ sicmp!'e una vilez~ herir cOu esta clase de armas. '


Conozco á alguuas de las personas á las que compreude esla uota: ,,~
lo que hall vaiidoí lo que valen; i descaria que ,Iiesen sus nombles pal~
poder yo publicar sus ocultas proezas. Sepan ,en el entretanto, que no sob
he tenido reIac.ion~s intimas con Itllrhide, sillo tambien con TIil'a Agü~I'O)
con ti que fue su, minisrro de la (;uerra, con el q"e Jo fue de Estauo de SaG
1\lartin, i con otros varios .gefcs de la jnstlLTeGc,lon de AUlérica, á ql.ÜCnCi
he tratado en L(,ndres i en Pads; pero ,s<'pan asílllismo,que el nohle embao
jador, bajo cuya dircceion seguia yo estas política,s comunicaciones tiene
bien informa<lo al Gobierno de S. 1\1. de la pllreza de mis fines i <le lo in-
lerrsante de fui,.; servicios, i q,ue existen ademas otras pruebas bien po-
¡;itivas para acreditar que he sido siem pr" un fiel vasallo ue S.l\I..! lIn bue.
,"'pa ñt l. (1rota del ~lól'),




1 TEJWnACTON DE SU HlSTOnJA. 367
polaco i dos eclesiásticos se hizo á la vela en Sonthampton á
bordo de un buque inglés mercante el dia 11 de mayo, en~
tregado á la ciega fortuna, la que no siempre protege á los
incautos i desprevenidos. Así sucedi6 en esta ocasioJl : ha~
biendo tenido Iturbide la imprudencia de desembarcar en
Soto la m:arina en 11 de julio sin ninglln apresto guerrero,
figurándose que con sus tiernas amonestaciones i patrióticas
protestas !Jabh de amansar cual otro Orfeo aquellas fieras,
tragó mui pronto el aazuelo de la perfidia revolucionaria; i
depositando una ilimitada confianza en don Felipe Lagarza,
cOlllandante militar de ~quella provincia, se le hizo saber
el horrible decreto de proscripcion , espedido por el congreso
mejicaRo, con fecha de 29 de abril del mismo aÍlo á canse·
cuencia de un pliego que le dirigió aquel miserable desde
L6ndrcs, ofreciéndole su espaela par)! defender la indepen·
dencia que consideraba amenazada por la Santa Alianza.


Sus primeras conferencias con dicho Lagarza suspendie-
ron la ejecucion de ]a sentencia hasta que resolviese el mis-
mo congreso ~i podía tener vigor i fuerza dicha proscripcion,
cuando estaba demostrada ]a imposibiliLlad moral de que hu·
biera tenido conocimitnto de ella. En el entretanto le usó
Lagarza las mayores consideraciones, i le hizo ver la necesi·
dad de dirigirse á las Tamaulipas, que era la cabeza de
aquel estado, en donde se hallaba reunido el congreso pro-
vincial. Cayó Iturbiue nuevamente en la red: hallándose ya
mui cerca de dicho punto, supo que se Ilabian fugado los
c(}ngresistas; i aunque debia desconfiar de algunos de dIos,
reconocidos por enemigos suyos personales desde Ta primera
insurreccion, tuvo con todo la desacertada política de con-
vocarlos, anunciándose como un ángel tutelar de aquel10s
dominios que venia á rescatarlos de la anarquía i de su
ruina.


Apénas se reunieron dichos vocales con tan necia salva-
guardia decretaron la muerte de su pretendido protector; i
por mas protestas, ruegos i lamentos que emple6 este desgra-
ei'ado para hacer revocar aqud bárbaro decreto, tuvo sin




emhargo su debido, cumfllimientoá las tres horas de ha-
berle siJo notifil:3do, espiando [lor las manos de sus mismos
paisanos el negro crÍmen lle traicion i pert1rlia que habia co~
llletitlocontra el mas generoso de los Momrcas, á quien ha-
bia debido toda su importancia i distinguido rango que ocu-
IJaln en las filas realistas.


A la muerte de este fantástico revolucionario adquirió
nuevo vigor la república mejic:ma; se :tdoptó el plan de fe-
ucracion en tOrIl0 al cual se reunieron todos los lturbidistas
i demas partidos en que est:lb:l clh:¡clido el reino; se creó un
presidente á imitacion del sistema observado en los Estadcs-
Unidos; Guadalupe Victoria fue el primero que recibió aque-
lb investidura; i Nicolás Bravo fue nombrado vice-presidente.
tliJ propusieron grandes planes para mejorar la hacienda pt:-
blica; se cstendieron la~ relaciones diplomiticag; se levanta-
ron nucvos empréstitos para comprcmeter en la conservacion
de 3queI gobierno á las I1:lciones europeas; se formaron COITI-
IJ:lííías para la esplotacion de minas, i se trató de dar al p:lÍs
una precipitada Jctiyid:l(! j puj:mz:: de la que no era todavía
susceptible.


Empero muí pronto principiaron a chocar varios partidos
que jamas podrá estínguir la dec:1r;tada república; la tropa
¡:clquirió una altanería intolerable, los hacendistas lJenchi:m
sus bolsillos, i las cajas estaban por lo tanto exháustas de
fon:ios; una parte del producto de los pré.tamos quedaba en
p()der de los agiotistas i man¡pulantes, i el resto se invertia
en buques, armamento l vestuario i otros objetos menos úti-
les, de los que no sacab:! aquel vacilante gobierno sino efí-
meras é in¡¡igniliClntes ,,(mtajas.


A pes:!r de varios golpes ele [ürtuna que tuyieron los re-
volucionarios, i el principal de todos la rcndicion en 1826,
del castillo de San Juan ele Viua 1 que sostuvo con honor por
algunos :l!los la autoriiJa 1 real hasta que agotados sus recursos
i enferma casi toda la guarnieioll por no haberla relevado á
tiempo, lHJbo de aceptar la honrosa capitulueiol1 que l:~ fLle
propuesta; i aunque llabian armado los mejicanos !1nl cs-




1 'l[lDrIXA\.fON DE sr m,<;TOllIA. ;'09
¿uadra respetable manela.da por el acreditado marino anglo-
americano Porter 1 sus desórdenes ib:.m creciendo dü dia en
dia ~ i se repetian con frecuencia las sublevaciones parcialt.>
movidas por los amantes del Soberano espuriol.


En medio de estas oscilaciones políticas se conscnó sin
~mb:lrgo t1 gohierno de Victoria hasta el mes de diciembre
de 1828, en que irritados los partidarios del mulato Guel,'~
rero al ver privado á este furioso insurjente de la presiden..,
cia :í que aspiraba, se pronunciaron contra Gomez Peuraz3,
que le habb sido preferido; i conmoviendo las de50ruenada.>
masas del faoz populacho entraron en la capital por la fueré
;r;a de las armas, i la condenaron á un hO.l'foroso saqueo, en:
el que quedaron mas de 600 familias reducidas á la mendi-
cidad sin haber respetado las casas estrangeras, que fueron
las que mas sufrieron los horrorosos efectos de aquel yanda-
lismo. Esta furiosa anarquía i la sucesiva promulgacion de
la violenta leí dc espuIsion, por la rlue hubieron de abando:"
nar ~ltlne1 suelo todos los españoles que 10 llabitaban pacífi-
ca mente , dedicados al cultivo de sus propiedades í al fo,:,
mento de su comercio é industría, acabó de formar el mas.
negro cuadro de horror i desolacíon.


Deseando el benéfico Soberano cspafÍol dar aIgun alivio.
á tan graves males, dispuso que una corta pero valiente di-
vísíon de 39 hombres saliera en el mes de julio de 1329 de
la Habana á ofrecer un c~ntro de uníon á sus amados hijos
de América que gemían bajo el yugo de los demagogos. La
mala eleccion del punto de d(:i;embareo~ que ÍLle la deúerta
costa de Tampico, lo poco fa" uraúle de la cst".cíon, la esca-
~ez de víveres, i las enfermedades consiguientes á las enun-
ciadas callsas, dehilitaron considerablemente dicha fuerza
antes que pudiera ir)ternarsc á recibir el homenage de los
afectos á b Monarquía, i antes que estos pudiesen franquear
la Sierra illadre para reunirse con sus libertadores. Se vieron
por lo tanto precisados estos valientes á capitular con los re-
pu blicanos, no sin haber ceriido antes sus sienes de laureles
en varios encuentros que tuvieron con ellos, en los que con-


TOMO 1II. 47




firmaron el arrojo, sufriI)liento i firmeza que son las caracte-
rísticas de los espailolcs.


Algunos creen que pueda deducirse de este ligerísimo
contraste la abierta oposición de los mejicanos á reconocer la
autoridad del gobierno legÍtimo. Seria este un error tan gran-
de como el pretender que la Espafía hubiera sido adieta al
ominoso sistema constitucional sih lilas razon que la de ha-
berse sostenido este orden de desh:ultacla administracion por
el espacio de tres afíos.


En una i en otra parte se halla bien demostrado que el
pueblo estaba oprimido por los revolucionarios; pero como
"tenian á su favor la aecion del gobierno, i como habia {llgu-
nos cientos de despechados en estado de no poder capitular
con la virtud i con el orden á causa de sus anteriores críme-
nes ó compromisos políticos, fue preciso que Ulla fuerza ausi-
liar bastante respetable viniera á la Península á despedazar
]~s cadenas de la tiranía liberal. Si 15 ó 208 llOmbres se hu-
bieran presentado en las playas de Méjico en vez de b corta
division titulada de vanguardia, su paseo por aquel inmenso
territorio habria sido tan glorioso como el de las tropas fran-
cesas el1 Espaila en 1823, i aun se habrian esperimentado
menos tropiezos. Esta es la opinion general de ]03 que aca-
ban de recorrer dichos dominios cubiertos de ll1to i horror.
de los que conocen á fondo el vacilante estado de los nego-
cios , de los que están bien infollllauo8 del cansancio de los
ánimos, de la irritucion de los psrtidos i de la nulidad i
impotencia á que han quedado reducidos los facciosos.




3;1
\'\ Y\ \'\í\'\:\" "Ii\""",,"\''\I\/VW\I\,"VW\'\I\J\;\ \1\,,\/\'\1\\'\ \'\IV\.\ \"'" \1\\ l\;\t~H:


CAPITULO X IX.


,


PERU
Úpenu'iones preliminares de Valdés i .Jmelhtr. Batalias d~


Torata i Jlfoquehua. Accíon de Iquique. Canterac. Lori{{a.
Arenales. Desaliento de los rebeldes. Rh'a-Agi¿ero preSi-
dente d~ la Repdblica. Su energía i sus relaciones ca¡¿ lo.
dernas Estados. Los colombianos en el Callao. Espedicion
de 8-mta Cruz al Sur. Grandiosos planes de los insurjm·
tes. Entrada de Canterac en Lima. Retirada de los rebel-
des al C,l/lao. SItS disensiones con Riva-Agilero. Sucre
nombrado gefe supremo militar. Riva-Ag¡iero depuesto.
Salida de Valdés en ausiliQ del virei. Retirada de Cante-
rae. E!pedicion de Suae sobre Qui/ca. Sorpresa de los dra-
gones de Arequipa en las cercanías d" Arica. Progresos
de los espedicionarios. Accion de Zepita. Campana del
Desag;",adero sumamente flliz á las armas españolas. Bi-
IWrros movimientos de La llera i Ameller. Victoria de
Ferraz en Arequipa sohre la caballeda enemiga. Aecion
de Ai;;,uri ganada por O/añeta. Desembarco infructuos,1J
de otra espedicíon chilena en Arica. Llegada de Bolivar
,al Pení. Sus desavenencias con Riva-Agüero. PrisiOIl d~
éste i su espulsion. Varias acciones parciales. Posicio.'l de
los negocios públicos á fines de este alto. Reflexiones polí-
ticas. Comisionados constitucionales enviados cerc':! de lo.r
republicanos de Bu.enos·Aires. Convencion preliminar. Con,
ferencias del general insu./"jente Las Heras con el brigadier
realista Espartero. Tesan del virei Lasi3rna .


. A.unque no tuvo efecto la sorpresa que el geaeral Val-




dJs habia intentado dar &1 punto de 'l'actia, segun ya iOlE-
cado en el capítulo del arto anterior, á causa de la suma
prevencí:m i vigilancia ele los rcbtldes, introdujo .in embar-
go en su caJIlIJo la mayor alarma, i los obligó á ponerse en
modmiento en el dia I'? de enero. Al observar la poca fuer-
za con que el general realista se habia atrnido á dirigirse
contra ellos, se llenaron de irritacion i se huzaron vi¡;oros~­
ment~ al ataque con la idea de hacerle pagar cara tam~iía
osaJia; i aunque debieron convencerse prácticamente de que
no era fácil tomar una ignoble venganza de tropas tan Va-
lientes i agnerridas, cedió sin embargo ValJés á la inmensa
superioridad del enemigo, si bien compró éste con su sangre
todo paso que adelantó sobre los escalones formados por nues-
tros soldades: asi, pues, 800 hombres decididos i entusias-
mados contuvieron á todo el ejército contrariu, que en la
misma maíbna i en el dia anterior se habían reunido á la
yanguardia, empleando toda la tarde en andar de retirada
!:ls dos leguas que mediab,n entre el punto donde empezó
la accÍon, i el de Pacbía en que camparon las tropas dd Rei
envanecj.las con haber dado esta nueva prueba de su sereni-
dad i firmeza.


Se distinguió particularmente en e,ta· jornada el capitan
Blan,co sosteniendo los ataques de los rebeldes, á la cabeza
de 35 cllz:idores montados, atraves:mdo con su misma espada
á un oficial enemigo, i apeámlo:;e para recoger el sable i som-
brero de su competidor enmedio del llOrrible fUflio de arti-
Heria i fusilería: fue por esta accion tan bizarra obsequiarlo
por sn general con ceiíirie en presencia de toda la dh'Ísion
otro hermoso sable tomado al caudillo La Madrid, i que di-
cho ~efe conservaba para premiar el primer rasgo de estraor-
dinariü valnr. Sensible es por cierto que un oficial tan reco-
memlabk huhiera sido sacrificado suct:shaIl1tnte al furor de
los mismos imlependientes, á cuyas filas se habia pasado
oesconfianc!o tui Vt.;Z de los esfuerzos de 10i realistas para
~ofl caer su causa.


COl1tiquando el general Valdés el plan combinado de




-operaciones para desempc¡lar con lustre aquella campana, di-
rigió el 1;; de enero sobre Locumba al co:;-onel Arndler del
regimiento ele Gerona con tres compaiíías de' su cueq'o i 120
caballos con la idea de reconocer al enemigo i atraerlo sobre
nIoquehua ~ que era el punto por donde debian venir las tro-
pas que al mamlo del general Cauterac habian salido de Puno
f:;fzan lo sus marchas á pesar de las nieves que cubrian lOE
Ardes. Informado dicho Amdlcr de que un cuerpo de 600
hombres pernoctaba sobre Locumba, formó el atrevido pro-
yecto de atac:lrlo por retaguardia ~ calDeándose entre el mis-
mo i el grueso del ejército cOl~trarjo; pero sabedor Alvarado
decste rno vimiento i de lrrs pocas fuerzas del gefe realista,
empleó todas las suyas para cortarle las avenidas del valle de
Loeumba, que era el único punto por donde podia retirarse.
Viendo Amcller en la mafÍana del I4 todo el ejército en mo-
limiento, trató de remontar dicho valle 1 supe:ramlo ,los gra-
ves obstáculos que le opusieron las emboscadas, i forzané!o
con el mayor denuedo 1u misma vanguardia de los indepen-
dientes: fueron estos en su seguimiento por el espacio de
cinco horas; pero quedaron compldamente burladüs sus es-
fuerzas, i aquellos valientes verificaron su retirada con el
mayor orden.


El movimiento de Amellcr fue tan glorioso por la maes-
tria con que 10 ejecutó como por haher producido la direc-
cion de todas las fuerzas rebeldes 50bre Moquehua, que era
el ohjeto principal de aquel arrojado golpe. El día 16 cam-
pal'on los enemigos en la Rinconad:::, i ValMs al E. de Mo-
qllchua, aparentando el mayor interés en defender á palm(}s
el terreno. Al dia siguiente se mo'Vieron aquellos sobre el ei-
tado pu n to ele Moquehua, i uno de sus escuadrones atacÓ
nUt:stra grm guardia que se replegó sin la menor pérdida;
otro de sus batallones que tuvo el atrevimiento de penetrar
hasta la pla¡;a de aquella villa fue desalojado por Jo-s compa-
utas de cazarle.res que fueron dirigidas contra él por el ci-
udo Valdés, quitn trasladó en aquella misma noche su ram-
po ;Í corta distancia de Yacango, en cuyo punto dejó al día




inmediato su Ínf'anfer(a í pasó á cu bn"r el camino de Pune,
situando la caballería i artillería entre los altos de Valdi\'ia
i Sabaya.


Al amanecer del día 19 movieron los enemigos todas sus


tropas; i á las nueve se rompió un fuego vlvfsÍmo por am-
bas p:¡rtes. Se presentaba la suerte risu:ña á los realistas en
aquel dia, i en el acto se habría dedJido la batalla si ahr-
mantes Voces i avisqs d~ que los altos de retaguardia ha-
bi:m sido ocupaGos por los independientes no hubieran obli-


gado al genenI Valdés oí emprender su replirgue ; pero des-
cubierta su falsedad fue defendido el terreno con tan rs-


traordinario empeÍlo, que mui poco hahia progresado el ene-
migo hasta las tres de la tarde en que se présentó en el cam-


po de batalla el general en gefe clan José Cauterac, quien sin


m'lS acompafÍamie\lto que el de dos ayudantes Ee habia ade-
lantado á la division que conducia, i cuya sola presencia in-
dicante la proximidad de sus compwíeros de armas, subió al


lÍltimo grado el entusiasmo i ardor de los soLlados de Valdés.
El batallon del Centro ocupaha en aqtiel momento la iz-


quierda; seguia parte del de Gerona, con 50 clz~Jores mon-
tados, i en la Jaecha tres compañías del mismo Gerona: el


resto de la caballería estaba á retJguar,lia. La Legion perua-


na formaba la derecha del ejército enemigo delante del pue-
blo de 'rorata; su centro situado en una altura accesible por


el frente, aunque defendida en sus flancos por barrancos de


paso mui dificil, estaba ocupado por los dos batallones del


Rio Je la Plata; la izquierJa la formaba el número 49 sos-


tenido por el 11 '?; á retagu:H,lia el 59 i el a9, i sobre la de-
recha en última línea la caballería. El enemigo hizo un nue-


vo esfuerzo subiendo los batalh>nes 4'? i ¡ ¡,? á la altuca de
la derecha contraria que se manuó reforzar suce"ivamen-


te por tres compañías de Gerona. Resolvieron entonces. los


generales Canterac i Valclés at:\car por todo su. frente; los


escuadrones de cazadores montados fueron dirigiUos con-


tra la Legion peruann; Valdés con parte de Gt:rona se arro-


jó denodadamente sobre el Rin de la Plata; Ameller, con d.




l'EnL ;


'resto de su regimiento 1 sali6 á forzar la nueva posicion de
los batallones de la GuarJia 1 10 que verific6 COIl la mayor
decision i v:llentía 1 habiendo perdülo tres caballos en aque-
lla refriega. El coronel don Baldomero Espartero 1 con el ba-
tallon del Centro 1 carg6 á la bayoneta á la misma Legion
p~ruana; el ataque de e~e digno gefe fue tan Jecidido é im-
petuoso que puso en fuga al referiJo cuerpo, i aunque brota-
ba copiosamente la sangre por dos heridas que en él ha-
bia recibiJo continuó á b cabeza de su regimiento hasta la
termiaaeionde la batalla, en cuyo feliz éxito tuvo una parte
mui activa,


Fue igualmente sangriento el choque de Valdés con las co-
lumnas enemigas, que quejaron destrozaJas por sus arrogan-
tes soUados 1 inflamados por su valor i entusiasmo sin que
11na herida que recibió en .Jo fuerte de la accion, ni la muer-
te de los dos caballos que montó durante ella le retragesen
de ser el primero en el peligro. 'fodos los demas gefes, ofi.
ciaies i soLla Jos se picaron de emulacion é llieieron prodigios
de valor; hasta el captllan mayor P. Alvino OJena participó
de las glorias de esta batalla 1 siénJole muerto el cab11110 que
montaba en el arto de prestar sus servicios espirituales i aun
corporales á los 1Ir.ri<los; el teniente cúrone} don Feliciano
Azin i Gamarra 1 comandante de los cazadores montados, re-
cibio una cruel herida que robó al dia siguiente al ejército
este bizarro i benemérito oficial. El enemigo, aunque mui
superior en número se retiró ácia Moquehua dejando el cam-
po cubierto de muertos 1 .heridos i despojos de toda especie.
Este fue el resultado de la batalla de '{'orata que puso mas
de 19 insurjentes fuera de combate.


Habiendo las tropas que conducia Canterac caminado ií
marchas sumamente forzadas 1 llegaron el 20 á reunirse con
los vencedores de;Torata. Al dia siguiente se pusieron todos en
movimiento llevando Valdés la vanguardia con los batallones
de Gerona i Centro, i tercer escuadran de dragones de la
U n ion; el 1? i 3? de granaderos de la Guardia 1 con los ca-
zadores montados i dragones de Arequipl, seguian á las 6r.




37G PEnú: 1323.
denes del coronel Bedoya; i form8:han la retaguardia los ha.
tallones de Cantabria i Burgos, mandaJo5 por el brigadier
don Juan Antonio l\lonet.


Al llegar á legua i media de dist:meia dé Moquehua se
adelantaron Canterac i Valdés á reconocer la posicion del
enemigo: era esta estraordinariamente fuerte; su derecha se
estcndia en direccion de unas alturas escarpadas; su centro
estaba cubierto por un profundo barranco, cuya anchura i
bordes lo hacian casi inaccesible; i su izquierda se apoyaba
á otras alturas que á molÍo de, anfiteatro en brian el pueblo
ue l1Ioquehua, i que habían guarnecido con artillería. A pe.
sar del aspecto inespugnable que p~esentaba esta posicion,
dispuso el general en gefe que YalJés, favoJ;ecido por una
colina que ocultaba su movimiento. se dirigiera sobre la~ al-'
turas que cubrian la d(~recha enemiga, mientras que la caba-
llería en dos columnas paralelas, i en otras dos los batallone~
de Cantabria i Burgos marchaban sobre su frente.


En tanto que los independientes dedicaban toJa su aten·
cion á las tropas que tenian á la vista llegó Valelés á cruzar
el barranco i á apoderarse de las alturas indicadas, habiendo
sido arrollados por el cuerpo de Espartero (cuyo gefe á pesar
de sus heridas quiso tener parte en esta refriega) una compa-
nía de cazadores i un batallan que ¡nten taron oponerse á aquel
movimiento. Luego que Valdés hubo forrnJJo impávidamen.
te su dil"Ísion sobre la derecha del encmigo, en cuya opera-
óon le fue muerto el tercer caballo, mandó Canterac á las
compailías de cazurlores de Cantabria i Burgos que cruza-
sen en guerrilla3 el citaelo barran~~o, i atacasen al enemigo por
su frente; dispuso asimismo que el primer escuadron de la
Guardia. al mando del bizarro comandante don Manuel Per.
nanclcz 10 verificase por el camino re:d, protegiendo á los
cazadores i dirigiéndose sohre la artillería; que (:"te movi-
miento fuera sostenido por los dragones de la Union i por
el regimiento de Cantabria; i que por su izquierda avan·
zase el de Burgos para que fuera simultáneo el ataquo: del
Centro al de Valdés: el resto de la cahall ería seguia en 1"e-




r r í: f: 1 S ~? J, ?J 7;
sena darls de los cit.1JOS cuerpo. de Gontlhlia i Durgos.


En un instante fue acon:.etirIa toda la línea encmiga'
Valdés arrolló la derecha; Burgos su ¡,eró toda dlEe de
obstáculos; Cantabria forzo el centro .cn que los enemigo.
habían reunido sus mayores fuerzas: la caballería i espe-
cialmente el primer escuadran de la Guardia legró acuclli-
llar la infantería enemiga, sí bien Gompr6 este glorioso triun-
fo con la preciosa sangre de 50 individuos i entre ellos el
benemérito Fernandez ya citado; su artillería., que con tan-
ta actividad i acierto 1labia dirit;ido sus tiros al principio dI"
la batalla, quedó enteramcnte ap3gada, i cayó toda en po-
der de los victoriosos realistas, nsi como sus banderas, ma.~
de 38 fusiles, sus municiones i ptrtrechos de todns clases,
i cuanto poseía aquel numeroso ejército rebelde lJue set-,un
~u general Alvarado se componía de guerreros agoviado.
con el peso de sus laureles.


El brigldi:l' l'Hom:t, que en el ataque dd centro habia
Lhdo tant:lS prueb:1s de estraordin1fÍo valor i pericia mili-
tar 1 quejó sobre IHoquchua con Burgos i Cautlbl'Í:l pam
hacer prisioneros i reunir los de.pojos del enemigo. El bri-
gadier VaLlés siguió por el canlino ele la Rinconada con lOoi
batallones de Gerona i Ctntro i los escuadrones 3? de dra-
gonES de la Unían i I? de b Guardia; j habiéndose encon-
traJo con el gemral Canterac que iba en seguimiento de h
caballería enemiga que había salicJo casi ilesa de aquella re-
frü'g.l, se determín ó que avanzasen los cazadores mont:l-
dos á las órdenes del comandante Solé; i como los enerr.i-
gos hubieran· vuelto caras al pasar por un drsfiladero, les
pocos realistas que sufrieron aquella carga se comlujerc.Il
c.o...'l tJnto honor i bizarría que dierDn tiempo á la Ikgadrt
del resto de la ca ballerfa realista, desde cuyo momento que-
dó asegurado el total destrozo de la contraria. De los Sr.o
hombres de que ¿ta se componía tan solo 180 que se h2.-
Ilaban mejor montados pudieron sustraerse á la muerte coa
la velocitlad de la fu~a, toJos los demas fueron acuchilla-
dos ó hechos prision<::ros. Aqui dejó de existir el famoso re-


TOMO lII. 43




378 PERÚ: 1823.
gimiento de los Andes que formaba el principal nérvio de
la cablllería enemiga, i que tanto se habia hecho respetar
en Chile, en el Perú i en Quito por su buena disciplina i
por su estraordinario valor.


Todo, pues, 10 perdieron los revolucionarios en estas san-
grientas batallas; de los 5 á 6000 hombres que habían des-
embarcado en aquellas costas tan solo 8eo lograron salvarse
de la afortunada espada de los realistas, refugiándose en
Ilo donJe tenian sus trasportes: algunos mas se dirigieron
por la costa á Iquique á incorporarse con el regimiento nú-
mero 2 que maniobraba por esta parte; pero los destrozó
completamente en 13 de fehrero el ge¡;\erll OlaiÍeta, cau-
sándoles una horrorosa mortandad, tomándoles 100 prisio-
neros con 10 oficiales i gefes, i apoderándose de todos sus
caballos i provisiones de guerra i boca, en cuya penosa es-
pedieion brillaron la actividad, valor i conocimientos del
coronel don Gaspar Claver, qne hacia las funciones de gefe
de estado mayor de ella.


Este fue el fin de aquella orgullosa espedicion, con la
que daban los enemigos por tan segura la conquista del rei-


"no, que habia sido decretada por el congreso ]a construc-
cion de un ohelisco en Arica para perpetuar un aconteci-
miento tan importante. Las tropas realistas adquirieron en
esta jornada los mas justos titulos á la gloria militar: gefes,
oficiales i soldados compitieron en bizarría i decision.


El general Carratalá, que habia sido dirigido desde Puno
. con 1 2 o caballos al mando del coronel Ferraz i con 400 in-
fantes á las 6rJenes inmediatas del coronel Somocurcio contra
el activo i emprendedor cor.onellHiller, que desde Arica se 11a-
bil destacado á llamar la atencion de los realistas al N. de Are-
quipa, se hizo acreedor del mismo modo que los citados ge-
fes á los póNicos elogios por la rapidez de BU marcha, por
el acierto de sus ,maniobras, á las que se ,debió la salvacion
de la citada' ciudad de Arequipa, i por su celo desplegado
para neutralizar los efectos de la seduccioo, rlue el atrevido
aventurero h;J.bia derramado por el pais.




l'r.nL': '<:;21. 3;9
Despues <le estas ilustres victorias ganaJ~s COIl la sensi.


ble pérdida de 150 valientes muertos i !<50 heridos, á cuya
consecuencia quedaron libres de enemigos las costas del
Sur, emprendió Canterac su regreso á HUlll1Cayo ron los
cuerpos que habia traido, i se retiró asimismo la divisioIl del
general Valdés. Algunas partidas enemigas que quedaron di·
seminadas por las provincias del N. i que se estendieron
basta la de Huaueavelica, fueron batidas en todas direccio-
nes, i especialmente por el intendente de esti\ última \ coro-
nel ,don Gabriel Perez en los puntos de Huayanto, Chu-
pamarca, Moya, Iscudlaca, Huamatambo i otros, habién-
dose hecho asimismo acreedor á los mayores elogios por Su
celo i actividad en el apronto de reclutas i ausilios para el
ejército, del mismo modo que los demas inte)1dente.s, pues
que todos concurrieron con la mas fina voluntad i empellO
al sosten de la autoridad real.


El brigadier Loriga habia conservado en el entretanto el
interesante valle de Jauja á pesar de los esfuerzos que hi-
cieron los enemigos para desalojarIe, ya por medio de nume·
rosas guerrillas i ya con movimientos por la costa que indi·
caban flanquear aquella posicion sin que hubieran llegado á.
conseguir la menor ventaja. Arenales, que mandaba la fuer-
za que debia operar contra las tropas del citado Loriga, se
quejaba de la junta gubernativa de Lima, á cuya apatfa ti
indecision en proveer á las necesidades de la trop.a atribuia
la falta de movilidad que se habia notado en ella, carecien-
do especialmente de zapatos i capotes tan necesarios pam
cruzar la frígida i escabrosa cordillera de los Andes.


Estaban por lo tanto tan disg!lstados los ánimos contra
dicha junta, que fue depuesta apenas se recibieron las noti-
cias de los desastres esperimentados por el ejército de Alva-
rado. Lima se bailaba á csta sazon en tal estado de abati-
miento i terror, que 3°00 espaúoles hubieran bastado para
restablecer el gobierno del Rei. Habia llegado al úitimo gra-
do el desaliento de todos; ya no se ocupaban los patriotas
sino del modo de veri6.car su emigracion con menos que-




bunto: se considera ha pues como irremediable la ocupacion
de todas las prorincias sujetas á los independientes asi que
se aproximasen á ellas las tropas realistas que se habian ¡úo
reuniendo en el valle de Jauja. La república no tenia á esta
sazon mas ejército que 3000 hombres dd Perú, unos 600
de Chile i 800 de los prófugos de Tarara, pertenecientes ::í.
Buenos-Aires, totalmente destr~idos i sin bases para su or-
ganizacion: faltaban los fondos, faltaba el crtdito i el CBIJÍ-
ritu de libertad estaba C:lsi estinguido.


Los moribundos patriotas creyeron que poniendo á la
cabeza del poler ejecutiro nn individue) de su confianza i
que al-mudase en energh, en tesan, i en conocimientos po-
líticos i de hacienda, se podria todavía disipar la borrasc~
qlle les amen:\zaba; i con este fin presentaron al congreso
ell 26 de fcbrtro una fuerte i animada esposicion los gefes i
oflciales i á su cabeza el general Santa Cruz, pidiendo que
nombr:::w para presidente de la rcplíblica alcoroncl dO~l
José de la Riva Agüero. Vaciló el congreso; mo~tró Jes3gr:.l-
Úo en desprenclerse de aquellas facultades que se habia arro-
galo; pero formado al dia siguiente el ejército en el Bal-
'.:oncilIo fLlera de las murallas de Lima ~ se pidi6 con un
tono decisivo la. aquiescencia de los legisbdores á dicha pro-
p::ú:sta. .


.ti consecuencia de estos SUCESOS salió Areuales para
Chile dejanJo el mando en gefe del ejército peruano, del
'lue fue investido el general Santa Cruz; el coronel Gamar-
ra fue nombrado gefe del Estado mayor; i el coronel don
R:::mon Herrera ministro dc la guerra. Los independientes
exaltaJos murmuraron al ver el hobierno del pais en mallO
Je cuatro pfrsonas r¡u~ no habían pasado del servicio del
Rei á Lis filJs rebeldes hasta algun tiempo despues de haber
¡J~sclllbarcado San Martín en el Perú; pero lo general de lol
jJ:Jbl.!ciol) vió con agraJo aquella variacion gubernativa.


Riva AgÜTO i Semta Cruz desplegaron una increible ener-
gía, capaz de haber dado consístencb á su gobierno si hubiera
teniJo bases fijas ~ i si l:.ls triunf.mtes al"m'lS espaÍlolas por




3S1
una parte, i las discordias de los mismos independientes por
otra no 10 hubier::m preeipitaJo ¡í los pocos meses. Rir:l
Agüero se o~upó con infatigable celo en proporcionar [on-
aos para remediar las necesidades públicas, i Santa Cruz en
disciplinar sus tropas i en levantar nuevos cuerpos para re-
chazar la t&niJa invasion de los realistas: aquel se dedieó
con el mayor empella á pedir á la rept't!Jlíca de Colombia
el ausilio de gente que ha bia sido estipulado de antemano,
habienJo salido con esta comision el general Portocarreró
para Guay:Hluil en donde se haliaba entonces el presidente
Bolivar.


Para g1n:lf tiempo el astuto Riva Agüero, entabló reh-
ciones con el virei Lasern:!. que se hallaba en el, Cuzco so-
licitanclo un armisticio i la abertura de negociaCiones para
dirimir aquellas contiendas; pero la absoluta 'negativa del
gener.1l realista fue caus:! de que se dedicase su atencion al
dcs.1rrollo de otro plan que era ciertamente el mejor que
poJi:! adoptarse en las apuradas circ:mstancias en que se h3-
llaba a'lucl!a vacilante república. Fue este el de !'nvür una
es[cdicion á la costa del Sur á fin de amenazar á la tran-
quilidad de a'lueHas proyincias i evitar á la capital el golpe
que le estaban prepar:mdo bs valientes i orgullosas tropas
del gLneral Canterac.


Habian ya clescmu::rca:!o en el Callao 3000 colc.mbi:mos
env:a lus por BoHvar aun antes que llegase Portocarrero coa
11 nisma solicitud, cuyo celo fue atribuido por entonc('s al
interes que tomaba aquél re',"olucionario por la em:wcipa~
don del Penl; pero que luego des pues se conoció no ser tan
generosos sus sentimientos, i sí los de csteuder su influjo i
prdo::ninio sobre este reino. A principi'os de mayo estaba ya
prun:a para dar la vela en dirercioIl él" Arica diclu espedicioll
co,npuesta de 5500 !1Ombrcs, la que zarpó del Callao en 23
del mismo mes, compuesta en su totéllidaJde nopas peruanas,
porque los gefes de las de Culumbia se negaron á formar
parte de ella, desdcllándose al parecer de operar á las órde-
nes de otro gobierno, pero prometiendo al mismo tiempc'




emplear toJos sus esfuerzos para asegurar el resultlcIo de la
campaiÍa.


El activo Riv!l Agüero, que se habia valiLlo dc cuantos
resortes se ofrecen á un hombre osado i emprendedor, habia
entablado asimismo negociaciones con la república de Chile,
de la que esperaba un refuerzo de 3°00 hombres que debe-
ria reunirse eon la citada espedicion. El coronel U rJininea
habil de penetrar contemporáncamente desde el Tucuman
1usta Oruro con igual fuerz:I; i el cuarlrillero Lanza, que
se habia reforzado considerablemente en los altos de la ciu-
dad de la Paz debia cooperar al movimiento general. Dichas
tropas de Colombia debían formar un cuerpo de 4000 hom-
bres con los restos de Buenos-Aires i Chile que estaban en
el Callao, é imponer á los realistas por el centro. Se con-
taba finalmente con el aumento de 2500 hombres que COlll-
ponian ll:l,s partidas de guerrilla, dedicadas á hostilizar al
ejército español.


Todas estas fuerzas debían caer á la vez sobre los realis.
tas i envolverlos en una completa destruccion: ¡tan fantásti-
cos eran los vaticinios de los republicanos, los que sino cor-
respondieron á las grandiosas miras del gefe que los habia
proyectado, pusieron en claro á lo menos su estraordinaria
a.ctividad, tanto mas admirable, cuanto que nadie creia rell-
lizable a1luelb empresa! Es verdad que necesitó de pocos es-
fuerzos para interesar en MI causa á los demas estados de
América, demasiado preparados á segundarla por hallarse
convencidos de la necesidad de aGabar de una vez con un
enemigo tan peligroso que amagaba la ruina política de todos
ellos mientras que tuviese las armas en la mano.


El ejército real del Perú era el único que tremolase el
pendan de Castilla en el continente de América, i era inte-
rés de todos los relolucionarios hacer cuantos sacrificios su-
giere el mas furioso entusiasmo por constituir al Pera bajo
el mismo pie en que ae hallaban ellos. Varias naciones es-
trangeras por una equivocada política aumentabau 10B recur-
sos de los independientes con cuantiosos empréstitos de nu-




383
merado i con facilitarles buques 1 armas, gefes? otlciales 1 pero
trechos i cuanto pudieran necesitar para dar robuslez á su
ilegítimo empeíÍo.


La EspaíÍa ocupada en la restauracÍon de su Monarca á ]a
plenitud de sus derechos, i en desterrar de su suelo ]a revo-
lucion i la anarquía, ningun ausilio podia prestar á los va-
lientes llÍjos que peleaban á cuatro mil leguas de distancia.
El ejército real del Perú abandonado asimismo, sin un solo
buque de guerra, sin poder reemplazar los espanoles que mo-
rían ó se inutilizaban, careciendo de todo recurso, i de todo
elemento guerrero menos de valor i constancia, tenia contra
sí todas las probabilidades de la ·victoria.


Empero despreciando los esforzados espaI101es toda consi·
deracion que no condugera al templo de la gloria, se prepa-
raban á invadir la capital del Perú, con cuyo motivo habia
pasado el general Valdés á reforzar el ejército del Norte con
les batallones de Gerona i Centffl, i con los escuadrones de
la Guardia. Las voces que habían circulado de que ufanos
Jos peruanos con el ausilio de las tropas de BaH var, deseaban
la aproximacíon de los realistas para decidir de una vez aque-
lla contienda, apresuraron la marcha de éstos, ea quienes
obraba todavia con mayor fuerza el deseo de desconcertar para
siempre las. esperanzas de los ilusos. Aunque sospechaban
que pudiera salir alguna espedieion para las costas del Sur,
no alteraron por eso sus planes por que esperaban que aun
en tal caso lo largo de la navegacion i la dificultad de pI'o~
veerse de cabaBos i bagages des¡:mes de haber desembarcado,.
les habia de dar tiempo suficiente para dirigir desde Lima á
aquellos puntos las tropas que se creyesen necesarias. Así
pues, l1~gó á ocu par la capital en 13 de \ junio el ejército
real, compuGsto de B á 9:3 hombres, mandado por los genera-
les Canterac i Yaldés; -este último en la clase de gefe de es-
tado mayor, d¡;spues de haber batido durante su marcha las
partidas de Huavique, Ninavilca, i Vivas en Chincha i Du-
r:lsmayo.


Luego que los independientes supieron con certeza la




::!~ '1 J 1.1: (: 1 & .,:i.
oproxi:ill,:ion de los rcalis~ls, uesi;tieron de sus hravatas ~j
se retiraron á Lt. pl~za del C:;¡llao cun tojos cuantos efecto.
d~ a1611I1 uso ó ".llor puJieron trdsportlr para que no c~lyeran
en manos de sus contrarios. Ant,:, de verificar dicha rl'tira-
th habian principiadu !Jo des:;¡venencias de Riva-Agliero con
d congreso, en l~ que l¡:;¡bia tom.luo parte el general co"
bmSianG Sucre con 111cn05cabo del primero: una parte de
JidlO congreso se habi:1 emerrauo en el Callao; el presiden-
te de él se habia quedado con otra en Lima; i los deulls se
113bian encamimdo por tierra ácia la costa del Norte.


Apenas sefofmó la reunion de los diputatlos refugiados en
el C:tlbo) se descubrió el empellO de destituir al citado Ri\'a-
A3üeto ,con el ap'0Yo activo del mismo Sucre, quien para lle-
gu á sus fines dió bs mas fuertes quejas contra él, atribuyén-
dole defectos que eran propios de las apuradas circunstancias
ud momento. De aquí resultó que esta fraccion dd poder le-
gishtivú im"istiese con el mundo supremo del Perú al referido
genenl Sucre, el eua! deseando obrar con mas libert:¡d en su
alto puesto, sacudió la dependencia de unos i otros, ¿ lJizQ
que todos ellos jJa~asen á rrrujillo iÍ arreglar en aquel pun-
to sus diferenrüs.


El ,ejército real se huLia situado en la hacienda Je CW:!la,
d:stante una legua del Callao; ptro bien inforn:aJo Cantere e
de 108 movimientos de los enemigos sobre las provincias cId
Sur, dispuso que salieran sin pérJiJa de tiempo para el in-
tI.>rior tres batallones, dos escuadrones i dos piezas con d ge-
ntr::t! YalJés, quedando touadJ con fuerzas suficientes para
guarúecer· h capital i amenazar 105 fuertes del Callao, á 103
que reCélilJció prolijamente en 26 dd mismo mes, haciendo
nuestros cuerpos ostentaeion i al:mle de su valor.


El nuevo befe militar supremo se figuró que el moJo
. m::s seguro de alejar de aquelI:l p3rte Ls trop:1s realistas se-
ria d de embarcar albun1s de lassuyas para reforzar hs dd
Sur, i asi 10 verificó enviando 2500 hombres, i saliendo su-
cesivamente él mismo con otros 5eo en direecÍon de Quilcil,
tcrando antes en Chala. No se cquhocó el gcncrJ.l c01o;.llbill-




no en su concepto 1 pues que las noticias de esta llueva espe-
dicion, la falta de provisiones i la internadon de Santa Cruz
á las provincias de la Sierra, obligaron al general Canterac á
retirarse sobre sus antiguas posiciones, levantando el blequeo
del Callao al amanecer del 16 de julio, despues de estraer
<le Lima las máquinas de la casa de moneda, i de ofrecer
convoi i racioues á las familias que quisieran trasladarse á
los pueblos tnlllquilos del PenÍ. Mas de 59 personas de to-
dos sexos i edades abandonaron la capital en medio de las
mayores necesidades i privaciones, prefiriendo la muerte en-
tre los realístas á la vida entre los disidentes. Mucho mayor
habrh sido el número de los emigrados si se les hubiera po-
dido proporcionar los bagages necesarios.


El general Canterac se dirigió á Huancavelica enviando
sobre Córdoba al general Monet con una division, i al ge-
neral Loriga con otra al valle de Jauja. Estas tres columnas
siguieron tranquilamente su marcha sin que hubieran recibi-
ao el menor quebranto. Cuatro dias antes de la evacuacion
de la capital se habian cubierto de gloria los esforzados tar-
meños derrotando por sí solos i sin el apoyo de ninguna tro-
pa á la division insurjente de Huánuco en las inmediaciones
de su misma ciudad.


La espedicion de Santa Cruz se habia reunido al frente
de Iquique en 15 de junio; i habiéndose destacado una co-
lumna de 400 hombres sobre Arica para sorprender al escua-
dron de dragones de Arelluipa, situado en el valle de Asapa,
el coronel Elespuru, encargado de dar este golpe, 10 verificó
con tanta felicidad, que ya al dia siguiente se hallaba en Sll
poder dicho escuadron, I,~9 caballos i mas de 200 mulas.
Este fue un golpe mui sensible para el virei, quien ,vió con-
trariada una parte de SUB planes por tan inesperado contraste,
que proporcionaba á los rebeldes los medios de recorrer la
costa ,buscar recursos, i emprender sus aperaciones un mes
antes dt: lo que podia esperarse.


El 17 llegó Santa Cruz á Arica, i al día siguiente, salta-
ron en tierra todas las tropas. Parte de la, caballería se apo-


TOMO Hl. 49'




386 f'lir.t.: 1823.
der6 de Tacna; el coronel 'Pardo de Cela 3aIió para Quílca
con dos compañías, i Santa Cruz avanzó ácia Moquehua.
Habiendo dividido su ejército en dos cuerpos, reservándose el
mando del primero, i confiando el del segundo á Gamarra,
emprendió la marcha desde Torata el J 6 de julio con direc-
cion al Desaguadero; i el activo Gamarra se movió en el
mismo dia desde Tacna sobre Oruro por el camino de Ta-
cara i San Andres de Machaca. Procediendo Santa Cruz sin
e!perimentar el menor tropiezo en el tránsito, tomó en 29 de
julio posesion del puente del Inca, i el 7 de agosto ocupó la
ciudad de la Paz. Gamarra llegó el 10 del mismo mes de
agosto á Calamarea, desde donde hizo retroceder al general
Olaiíeta, que con 1500 hombres marchaba sobre Puno en
conformidad con las órdenes que le habia dirigido el virei.
Siguiendo el referido Gamarra su movimiento sobre Oruro,
se le reunió poco antes de entrar en es-ta ciudad el gnerri-
llero Lanza con 600 hombres.


La fortuna habia mirado hasta aquí con sonrisa al cau-
dillo insurjente: parece que 1C,do obraba á su favor de un
modo que superaba todavía sus locas esperanzas: el- coronel
Urdininea se habia movido de Jujui con lf) hombres para
llamar por aquel lado la atencion de las tropas de Potosí;


. Arenales estaba levantando un cuerpo de gauchos para eoad·
yubar al buen éxito de aquellas operaciones: algunos desta-
-cámentús de caballería realista habian sido derrotados en Pis-
co por otro de granaderos á caballo ausiliado por las guer-
rillas.


La espedicion de Sucre, compuesta, segun se ha dichÜ',
de 3~ hombres, i dirigida por él mismo, i por los generales.
Lara, Alvarado, Pinto i Miller, desembarcó parte de ella en
Chala- á las órdenes del último en 21 de julio, i la restante
se dliigi6 á Quilca.


El geríCral'Valdés, que :con los cuerpos yachádos se ha-
bia separado del general Canterac á fines de' junio, llegó el
dia 5 de julio á Caoete, campó el 11 en las inmediaciones
fle J ca I i el 14 en Córdoba, desde :donde resolvió lomar eJ




camino de la Sierra. El dia 25 supo sobre la marcha que
parte de la última espedicion salida del Callao habia hecho
su desembarco en las inmediaciones de Chala; i aunque po-
dia lisonjearse de dar á estas tropas un golpe decisivo, juz.·
gó sin embargo mas útil á los intereses generales no perder
en estas atenciones un tief\lpO que podia ser tan precioso
para desiruir los planes de Santa· Cruz. El día 28 llegó á
Andahuailas dicha rlivision de Valdés en el mas brillante es-
tado de salud á pesar de las fatigas consiguientes á un viage
tan largo, i de los obstáculos que ofrecia el terreno,


Brilló sobre manera en esta rápida marcha el celo, actividad
é inteligencia del tenie~te coronel don Juan Tena, capitan de
ingenieros, que tanto ie habia distinguido en las cam pa6as
anteriores, i qlile supo conservar su buen nombre hasta la
batalla de Ayacucho, en la que desempenó iguales fllnciones
en la division de vanguardia. El 1? de agosto estaban todos
aquellos cuerpos en marcha, que emprendieron por iieparado
para que fueran menores sus privaciones, habiendo tomaJo
la posta el dia 19 el general Valdé3 para Sicuani, en donde
¡e hallaba el virei.


Este celoso gefe se habia situado en aquel punto i en sus
inmediaciones con un b:ltalIon i un escuadron que se esta-
ban organizando en el Cuzco, i con dos piezas de montafía~
bajo la inmediata direccion del brig:,¡dier don Alejandro Gon-
zalez Villalobos, únicas tropas de que podia dispoller por
entonces. Desde que supo por la llegada de Valdés al cuar-
tel general el 2 de agosto que sus tropas habian ya pasado
de Andahuailas, dispuso el movimiento de las de Arequipa
i Sicuani, ordenando que el brigadier Carratalá marchase
sobre Puno con un batallou i dos escuadrones, í que el resto
de su division quedase en Arequipa el mando del coronel don
Manuel Ramirez con el objeto de defender aquella ciudad
contra pequeiías fuerzas, ó de obligar á Sucre á marcar deci-
didamente su movimiento.


Habiendo salido al mismo tiempo Valdés en direccion de
Puno con el batallon i escuadron que estaban en Sicuani.




386 ¡'EHl;: 1823.
con cuyas maniobras se proptmia el virei llamar la atencion
de Santa Cruz sobre el Desaguadero, i evitar su reunion con
Gamarra, de la que podia resultar la ruina de Olaneta, llegó
el 16 á Puno, i sin aguardar las tropas de Carratalá, se diri~
gió contra una columna que tenian los enemigos en Pomata,
la que se retiró sin hacer la menor defensa. Habiendo Jl¡;-
gado el referido Carratalá al mismo punto el 2 z, s:¡}ieron
ambas divisiones al dia siguiente ácia el rio, cuyo puente
hallaron cortado i defendido por 4 piezas. Reconocida aque-
11a posicion i la fuerza enemiga, se ntir6 á Zfpita, desde
donde hizo el 24 nuevos recor/lcimientos sobre el Desagua-
dero lJabiendo debido prepararse el ! 5 al ataque que era de
esperar, luego que supo que aquellos habían cruzado dicho
rio. Entusiasmado Valdés con la idea de que no siendo es-
quiva la suerte al ardor de su ánimo i al esfuerzo de -sus
tropas, podia cubrirse de gloria en aquella ocasion-, i fijar
asimismo la suerte incierta del Perú 1 aguardó al enemigo
con la mayor ansiedad.


Como el pueblo de Zepita no presenta posicionalguna
ventajosa, se retiró á un tiro de cafion- 'á la gran llanura
que se estiende á retaguardia; i fue continuando su movi-
miento retrógrado- á lIledida fILIe se aproximaban los in-
surjentes hasta llegar á una loma pendiente, pero de fácil
acceso que se encuentra á legua i cuarto de dicho pueblo de
Zepita, i sobre el mismo camino. Siendo la estension de su
frente mui proporcionada al mÍQJero de sus tropas, se pose-
sionó de ella con tanta oportunidad i tan feliz suceso, qne
á los pocos minutos habia logrado dispcrsar la infantería
de Santa Cruz, i poner fuera de accion su artillería; pero
cargando con denuedo los húsares contrarios al mando d~l


,mayor SouIange ¡del TOm31J(1ante AramlJurlI, paraliza-
ron los triunfos de la division realista, que habrian sido
decisivos si la caballería hubiera desplegado igual hizarría
que la infantería. El campo sin embargo quedó por Valdés;
su pérdida fue menos considerable que la de Jos insurjentcs,
quienes se retiraron sucesivamente al Desaguadero avergonza-




11:1\ i : ~-­] \.J~.).
dos de no haber obtenido las ventajas que se prometian de
la superioridad numérica de sus fuerzas. Yaldés se replegó
lisímislllo en aquella noche sobre Pomata \ para evitar nue-
vos ataques del enemigo, envalentonado con los triunfos de
su caballería.


Se lwllaba sumamente inquieto dicho general Valdés en
el momento de su retirada, pensando en la desgraciada suerte
que iba á correr una compaúía de infantería que habia man-
dado situar desde Zepita en el estrecho de Tiquina á fin
de observar el paso del Desaguadero por aquella parte: para
comunicar sus órdenes á dicho destacamento, era preciso pa-
sar por algunos pueblos i rancherías de indios sublevados, i
chocar con el ejército enemigo, que tal vez se hallaba in-
terpuesto; la comision era difícil i arríe'gada, pero don Fran-
cisco lVIartincz de Hoz no trepidó .un momento en admitir-
la , i la llevó á cabo con tanta felicidad i acierto que no
perdió un solo 110mb re. Este benemérito realista, que dese m-
peíÍaba entonces el empleo de comisario de guerra i de pa-
gador del ejército, se hizo acreedor á nuevos ascensos i dis"
tinciones, no solo por este importante servicio sino por sus
anteriores méritos i honro~a carrera que habia recorrido por
la senda de la fidelidad desde el aÍlo 1806 en que entró al
Real servicio en la capital de Buenos-Aires.


Salió el virei de Sicuani el 18 á la cabeza de ]a dh'ision
que llabia traido dp. Lima el referido Valdés; i apénas supo
la accion de Zepita, forzó sus marchas, i se presentó el !! 8
en Pomata, .en donde se reunieron ambas fuerzas. Formando
uos divisiones de la infantería ~ una al mando de Carratalá
i otra al ele Villalobos, poniendo la caballería á las órdene~
elel coronel Ferraz, i dando á reConocer á Valdés por gefe
del Estado mayor grneral, se dirigió á cruzar el citado rio
del Desaguadero. Informado de que 40 leguas mas abajo se-
ría fácil vadearlo, ó construir en él un puente, cmprendió
aquel movimiento que producía al mismo tiempo la ventaja
de tomar en flanco hasta cerca de Sicasica todas las POSICIO-
nes que. podian ocupar los enemigos, de impedir la reunion.




390 Pi~''lj: 1 A?3.
de Gamarra con Santa Cruz 1 i de cortarles la cOlllunicacion
con Sucre i con Sil gobierno.


ealacoto era el pllnto que se habia indicado, en el qlle
se halló todo el ejército el dia 2 de setiembre i quinto de su
marcha, de lo que puede colesirse la celeridfl.d con que ésta
se verificó. Era ya demasiado tarde \lar a que se tratase en
aquel dh de sllperar los obstáculos ofrecidos por la caudalosa
corriente i por los 60 guerrilleros que se hallaban ,í la parte
opuesta decididos á defender el paso; lo cruzó sin embargo
la bizarra compania de la guardia del virei poniendo en pre-
cipitada fuga á sus defensores: en aquella noche se fabri-
caron dos balsas para pasar los enfermos 1 municiones i
bagages.


Al amanecer del día 3 se puso toc10 el ejército en movi-
miento. Agarrados los infantes de las colas de los caballos 1 i
conducidos otros sobre las balsas de que se ha hecho mellcion,
se hallaban todos á las dos de la tarde á la otra parte sin mai
desgracia que la de 5 caballos i algllnas mulas: el paso difí-
cil de este río hará siempre honor á aquellos militares, que
no consultando ~ino los consejos de su valor, se arrojaron cie-
gamente á los peligros que se presentaban á su vista. Si-
guiendo su marcha sin interrupcion, lI~garon al dia siguiente
1Í la Incienda del Marqués, en donde se presentó un parla-
mentario de Santa Cruz, con la LIea de informarse de la si-
tuácion i mimero de aquellas tropas. N o pudo éste disimular
su sorpresa al verse recibido por un oficial de Gerona, que
formaha parte de la division que Valdés había sacado de Li-
ma, h que parecia imposible que en tan poco tiempo hu-
hiera podido recorrer las 360 leguas que mediaban entre
uno i otro punto.


Desatendiendo por lo tanto el "ireÍ La Serna las co-
municaciones de aqud caudillo , movi6 Sil ejército para
las pampas de Vhcha, recogiendo ya en este tránsito 31gu-
nos dispersos; i continuando su marcha por Calamarca, los
Molinos, Skasiea i Panduro, supo el dia 9, en este último
punto, la reunian de Gamarra con Santa Cruz; i creyó por




rr:nÍ!: 1 S21.
lo tanto que los insurjentes tratarían
lla campal i decisiva.


39 1
de sostener una bata-


Empero los enemigos habian principiado á desalentarse
con la llegada de las tropas del general Valdés, i con las
llcertadas maniobras del virei, i solo pensaban en retirarse á
pesar de lo brillante i numeroso de su ejército, que no ba-
jaba de 1000 hombre, á aquella sazono Al amaneccr del 11
salió el ejército de Querarani en direccion de Omro, en
donde se hallaba ya el enemigo; mas á poco tiempo de haber
roto la marcha, vari6 de direccion ácia Sepulturas por un
movimiento de flanco, ejecutado con la mayor maestría i
precision, i campó aquclla noche á las inmediaciones de di-
cho pueblo, habiendo logrado tener al enemigo todo el dia
sobre las armas i abrir la comunicacion con la division de
Olañeta, que se iba aproximando desde Potosí.


Conoció Santa Cruz, aunque tarde, su error en no ha-
berse opuesto al citado movimiento de los realistas; i deseoso
de enmendar aquella falta que le privaba de la superioridad
que hasta entonces habia tenido, emprendió su marcha en la
misma noche del 1 1 con toda su fuerza por el camino de
Sorasora, de modo que al amanecer del 1 2 se halló sobre el
flanco izquierdo de los realistas, quienes poniéndose asImis-
mo en marcha, le hicieron suspender la suya i tomar posi-
cion, la que abandonó tan pronto como conoció el marcado
empeño de los realistas en atacarla, i corrió á salvar sus tro-
pas bajo los fuegos de dicho fuerte de Omro.


Frustrada en este dia la batalla, que los realistas deseaban
dar á los patriotas, se dirigieron aquellos por la tarde á Sora-
sora, con la doble idea de buscar forrage i de proteger la reu-
nion de la division de OIaÍJeta, que se verificó al dia siguiente
en el citado punto de Sorasora, en la que venia de segundo
el brigadier don José Santos de la Hera~ gefe político i mi-
litar de la provincia de Potosí ~ á cuyo celo i actividad se
debió primeramente el que la misma division que habia en-
trado en Potosí ~ con solos 15°0 hombres huyendo de Ga-
marra volviera á salir á campaíÍa con 1000 de aumento, i se




302 PERÚ: 1823.
debió en gran parte el acierto sucesivo en la3 operaciones que
io fueron confiadas.


El 15 al amanecer se puso el ejército en marcha para
Oruro, en cuyo punto se hallaron 60 enfermos i mas de 100
hombres estraviados i desertores. El 17 se hallaba cerca de
Sicasica á consecuencia de una marcha activa i penosa de
31 leguas, verificada en dos dias, de la que la historia mili-
tar ofrece raros ejemplos, cuando se presentó la caballería
enemiga en actitud de disputar el paso; mas luego se vió que
este' impon@nte aparato no tenia mas objeto !lue el de dar
tiempo á que su infantería se alejase de aquel pueblo, como
]0 verificó, pero con tanta precipitacion, que se dejó muchas
cargas de equipages i armas.


Ya desde este momento principió el desórden i la confu-
sion : hombres cansados, cargas, armas, cartucheras, caba-


'·}los, mulas, i cuanto marca el terror de un ejército batido
'por sn misma torpeza i aprehension 1 cubrian el camino por
espacio de cinco leguas. Poco antes de llegar á Ayoayo se
reunió la caballería enemiga con su infantería; i mui pronto
se halló toda la caballería realista en disposicion i con deseos
de dar una carga impetuosa, que agregando nuevos títulos á
la gloria del coronel Ferraz que]a mandaba, asegurase el
destrozo final de aquellos prófugos. La solicitud de] valiente
Ferraz sin embargo fue desatendida á pesar de los nobles sen-
timientos que la dictaban, porque no era prudente empellar
aquella arma cuando la infantería se hallaba tres leguas ¡(
retaguardi:l.


Al romper la marcha el ejército esparrol el 13 en Ayoayo,
salió la mayor parte de la caballería con 300 infantes al
mando de Valdés en persecucion del despavorido enemi¡;o.
No bien habia andado aquel bizarro gefe un:! legua, cuando
ya encontró pelotones de· soldados rezagados, que pudieron
evadirse de las filas apenas llabía entrado la noclle: siguien-
do rapidamente en persecucion de unas tropas ya desmora-
lizadas i destruidas por sí mismas, se las hizo perder el
poco drden que las restaba; i arrojando por todas part"·




393
fusiles, municiones, pertrechos de guerra, la lm prenta, que
llabia sido el vehÍculQ principal de sus embuste5 i patraÍlai,
i cuanto poclia embarazarles la fuga, iban los fea listas apro-
vechándose de aquellos despojos, i recogiendo los infinitos
desertores i dispersos que se hallaban en to d38 direcciones.


Conservaban los rebeldes todavía su artillería i parque tÍ
retaguardia, i era de la mayor importancia apodnarse de
ella: confió Valdc!s esta comision al capítan don Juan Martin
con 75 caballos, quien derrotó completamente en las cer-
canías de Viacha 200 lanceros enemigos sin que hubieran
podido salvarse de la muerte sino el teniente coronel Nava-
jas que los mandaba i unos cuantos soldados, habiénLlose de-
bido en gran parte este feliz golpe de mano á la buena cli-
reccion que supo dar á los realistas el eomisario de guerra
don Francisco Martinez ele Hoz, á beneficio de sus gran-
des conocimientos locales i de su eelo. Aunque Martin no
logró el principal objeto de su comision, no fue menos im-
portante el resultar!o ,le su valor, por haber destruido la ci-
tada columna de c¡¡ballerú, con cuyos despojos regresó al
ejército :t recibir como premio de sus fatigas i de su lealtad
la gratitud i admiracion de' sus dignos compmleros de armas.


Al ver el vergonw3o desconcierto de hs tropas de Santa
Cruz, creyó el ,,¡rei que t()(!as habian ele rendir las armas
á discrecion sobre el Desaguadero, espenndo que serian
ejecutadas fielmente las instrucciones que ha1ia dado mui
de antemano al comamlante militar de Puno, de apoderarse
del puente tan pronto como Santa Cruz 10 hubiera abando-
Dado, i de cortarlo cuando llegase el caso de ser LÍtil aque-
lla medida. La f<llta de cumplimiento lIe esta órden tan im-
portante s;tIvó al enemigo de su ruina total.


OlalJeta flle enviado iÍ cste tiempo á la Pn con el arma-
mento, prisioneros i t!cJll3S despüj8s del ejérdto enemigo; el
vÍrei trasladó el 20 su cuartel general á Tiahuanuco; La
llera pasó á situarse sobre el Desaguadero con 200 infantes
i 60 caballos; i Ameller se dirigió por la dereclla con 400
hombres áciá el estrecho de Tiquina. El primero halló en la


TC<MO Uf. 50




Paz un númpro considerable de enfermos i dispersos; I,a
Rera hizo rendir las armas el 2 l Ú 115 tropas que deft:ndian
los pJLlpctos del río en la orilla opuesta, con cuyo hrillante
succw acabaron de dCSr'Y;CIlarSe los rcbeldrs. Amd:'>r w
"podrró cn el wismo ,~ü del cstrcdlO de TÍt!uill .. , de sus
h". , i gU:lfnicion., 'll1elbnLlo asi duefÍos los re:llistas de lo~


:.s mas import:llltes.
Lo q1,e todavía sostenia en parte el a1Jati,Jo espíritll de


al"unos inJependientes era la esperanzl de que 1:1 diviEion
de Sucre se hubiera aproximado t:d De"~guadero; mas que-
elaron todos abis:u:ldo3 en el mayor desconsudo i desespera-
cion al ver completamente fallido su dlculo tamLien por
esta parte.


Apenas el virei, que se hallaba en TiaIlllanaco coa Valdés
i con el cuartel general, recibió aviso del importante trilln-
fo de la Hera, mandó suspcmler la construccion de balsas
Hotautes, que babia creido necesarias para cru 7.11' dicho rio~
pues no entraba en su cálculo que el rct~~riJ:J general Lu
lItl'J. pudiera l¡aber destruido con tanta felicidad á un ene-
migo dcfenditlo por buenos parapetos i por aquella cauda-
losa corriente que se hallaba intermedi'l.


Dicho virei llegó el dia 22 :í Zcpita: en cuyo punto se
habia situado La Hera ucsue d dia anterior á consecucncÍ:.l.
Jr~ IwlJerlo abandonado Santa Cruz, poseido del último gra-
Jo de confusion i desértIen. CarrataJá fue enriado COIl una
pcqueEÍd coluIllna sobre las huellas de estos prófugos, á bs
que dió alcallce en las inmediaciones de Santa Rosa, les
tomó llHil de 200 prisioneros con 3 piezas de artillería, i
les dispersó los demas en distinta, direcciones, i tspccd-
n:ente sobre 1l10'l u ellUa , 6. cuyo punto llegaron 8eo lwm-
ores, únicos tntos de a(lud orgulloEO ej«(rl'Í!o de ¡e 00, COIl
que Santa Cl'lll:: haLirt deSemDJrc:do en Arira tres mc¡¡ts
antes.


Como la division de Suere habia llegado á COIlmOHl" 103
partidos de Lucanas iParinacochas, i á dar a!gun cui-
rhelo por la fat:iliclf!r1 i propcnsion de muchos dt.: Ufluello




rE:1L: ! 8:,,) 3~}:í
puehlos á agitarse luego que se a lej:tlxm las tropas realistas,
In trcltó el general Canterac subre el ritJUO partido de Luca-
1115 con CUJtro batallones ¡tres escualroncs, dejando el resto
de sus fuerzas en Jauja al mando de Loriga; ffi:lS no bien
tu\'o Sucre noticia de este movimiento cUlnd o abandonó su
primera línea, i reunienda todas sus tropas sobre Quilca i
Cum:m;í, se dirigió á ArC']uipa, de cuya ciudad se retiró el
coronel Ramirez cuan!o lió aproximarse en fuerzas superio-
res á los enemigos, á los que lJa1)ia rcconociJo anteriormen-
te en Quilca á cS;lensas de uaa ligera herida.


Illformldo Canterac dd repliegue de estos tornó el
camino del Cuzco á fi[1 de librar sus trop3s de las que-
bradas mal sallas de la costl i de las frago31s su hU.!s i ba-
jadas del camino m,~dio, logrando asimismo el objeto de ase-
gurar h tranquilidad de aquel pais, verificar su reuníon con
las fllsrzas del citarlo Ramirez, i prepararse á bajar sobre
.Arequipa en ca,') de qUe el virei 110 necesitase de su ausilio.
A 103 primcros avisos qU3 tavo Sllcre de ia reuníon del
vir2Í Célrl 115 tropas d·, Potosí i dé! 1.1 retirad:! de S,:nt:!
Cruz 8Ob;c el De51guadero, salió de Arequipa en ~.j. de se-
tiembre en dircccion dc la Sierra con h ¡,te:! de ponerse en
eomunicacion COIl su J esgraciado com ra [lero ~ i de prestarI,~
Jos :msiJio3 dé tIlle puliera necesitar. ReJobló entonces C:!n-
tenc su adiva I1l1rcIll des le el Cuzco p~lra situ:lf3C entre
estos dos cau.JilIos i lntirlJs en detalI~. Aut11ue este plan
p:ueeia de dificil ej,;cucion por s'~r doble la distaneia que
tenh que recorrer Canter,lc, S8 cons~gllia á 10 menos el se-
gundo objeto que era el de aproximarse al virei para segun-
dar sus hien concertados movimientos.


La noticia de la destruccion del ejército de SaBta Cruz
i de la marclw del virei sobre Puno, di,) luglf á nuevos pb-
lles por IJ:lrtc de C:l:ltcr:!c i Slwrc: el primero 111lfC[¡Ó subre
Apo por el camino del Dc<poblado al mismo tiempo que el
Tirei tO'1Hlha ar:¡uelia direci'ion por el de Lampa; i Sacre
regresó á Are1ui¡Ja ej'~clltan.lo igUl1 movimiento bs partiJas
(lile había adchmtaJo hasta las inmediaciones de Puno.




J!)G I"Enú ) 32j.
Acobardada la infanteria colombiana, abl1ldonó aquella


ciuJai i tomó la direccion del puerto de Quílca para refu-
giarsc en sus buques. Aunque el virei forzó entonces la mar-
cha con sus fatigadas tropas, no pudo á pesar de su afan i
energía llegar á Apo hasta el 7 de octubre, en donde 3UpO
que ya no era posible dar alcance á la infantería enemiga,
pue3 que sola la caballería habia quedado en Arequipa, con
el misme> Sucre l que intentaba reunirse con Santa Cruz, Ó
mas bien sllvar los restos del ejército derroLdo.


Fue cntO:lces cuando dispuso la salida del brigadier Ferrar;
con 150 caballos en unian con 250 cazadores de Cantabria al
mando del coronel de este cuerpo, don Antonio Tur , contra
dicha caballería, que constaba de tres escuadrones, i contaba
por sus gefes al mismo Sucre l á los generales Pinto i Miller i al
coronel Raulet. Era la intencion del benemérito Ferraz tomar
la direccion del Batadera á fin de evitar el encuentro de las
avanzadas que los cncmigos tenian situadas cn Cangallo, que
era otro de los caminos que conducian i Arcquipa; pero ha-
biéndose cstraviado el guia en aquella noche en que debía
verificarse la sorpresa, se híz') por lo tanto mui arriesgada
csta empresa, de la que se habria retr,iido cualquiera otro
gefe que no tuviera un temple tan firme como Ferraz, i unas
tropas tan entusiasmadas i decididas.


Tomadas hs medidas mas oportunas para dar el ataqUé
en las mismas calles de Arequipa, destacó dicho gefe una co-
lumua por la izquierda en direccion del pucnte, en tanto
que él marchaba contra la mayor fuerza enemiga que se re-
tiraba por el frente. Aunque la eapresada columna de la iz-
quierda fue arrollada por haber principiado con demasiada
precipitacion su movimiento, no por eso se desconcertó Fer-
raz, si bien necesitó de mayores csfuerz0s p:tr1 enmendar
aquel primer defecto. Fueron con efecto b:ttidos los rebelUes
en la ealle del Sauce, i perseguidos furiosamente hasta el
puente, en donde rehechos con las tropas que no habi:m en-
trailo en aecion, vol vieron á dar el frente, i á ofrecer á las
nues.tras ll!leVOS triunfos.




rEnu: 1 t3~).3. 307
Puestos los insurjentes en retirada fueron alcanzados segun-


da vez á dos leguas de la ciudad en direccion de Huchumayo,
i cargados con igual vigor i decision; pero reconocié:ldose
mui superiores en fuerza á los realistas que se habian atrni-
do á perseguirlos, presentaron una actitud tan respetable,
que imlicaha su resolueion de comprar con su sangre el ho-
nor que habian perdido en los primeros dlOllues. En medio
del fuego guerrero que respiraba el gefe re,tlista conoció lo
crítico de su po~icion i la necesidad de desplegar her6ic08 es-
fuerzos para que 1;\ victoria no abandonase su constancia i
empefÍo : destacado el comandante Echezarraga con 50 caba-
llos por el frente, se dirigi6 Ferraz precipitadamente por el
flanco derecho á tomar la izquierda de los 200 que toJ.avía
quedaban á los insurjentes; pero como este segundo movi-
miento era mucho mas largo á causa de un barranco de di-
ficil acceso, hubo Echezarraga de hacer alto para dar lugar á
qne su gefe ejccut3se aquel movimiento.


La indecision i poco tino del general MilIer en no haber
atacado á la primera columna, salvó en este dia á los realis-
tas de su ruina. Respiró Ferraz cuando vió que los enemigos
no habian avanzado de su posicion, i aun mas cuando le de-
jaron aproximar sin haberle presentado mas ofensa que una
descarga ue sus carabina~; se arrojó entonces con tanto de-
nuedo i vigoroso impulso que quedó enteramente deshecha
aquella formidable columna cerrada que había formado lVliIler.


En esta última i decisiva carga que siguió por tl espacio
de legua i media, acabaron de perder los rebeldes todos sus
soldados i oficiales, pues apenas se salvaron 25 Ó 30 de los
primeros i 4 de los segundos, que no pudieron ser persegui-
dos por hallarse rendidos de la fatiga los caballos de Fer;'J7..
Fueron los trofeos de esta ilustre jornada la rendicion de un
comandante, un capit:m, 4- su halternos i 160 independien-
tes, la muerte de 5 oficiales i 47 soUados, i h toma de 142
caballos ensillados, 98 carabinas, 120 cartucheras, 100 i tan-
tos sables, 60 lanzas, i 3 chrines, adem~ls de los despojos
(lue pudieron r('ro~"r los vecinos de ArequipJ 1 i 101 ofi-




ci:.:ks i tr'Tl do infantcríl que marclJaban ,í ret~'guardia.
n . l' '1 1 J úL':S [lCCl0nes lal cOlllp,aau es con a presente, ya se


c0:Jsilerc por h parte ele arrojo Ó pOI' h eh; inteligencia: ;) 20
cab?llü3 eneI!;igos fueron cOlllpletamente (kEtrozados por menos
de la mic:cl de la fuerzl ele aquclh arma; porque si hien la
in;;.¡ntcría tuvo una parte gloriosa en el principio de la re-


üi0ga, las cargas succ:sivas fueron dadas eEe;usivalllcMe por la


caballería: se hicieron por lo t:llIto ~ltJll1cntc rccolllt'llclahles
gefes, o1!ci,t1es i tropa, i espe~:i31111cntc su digno coronel Fcr-
raz, c!JyJ flcricil, clecision i valentia desplegadas en esta ilus-


tre jcnl1J:t, h:¡brian siJo suSci~ntes para darle opinioll mili-
tar, d ya su anterior carrera llena de lucimimto 110 le hu-


biera granJeado el afe~to de sus gefes i el respeto de sus 5U-
b:dtt.:n;c:.


Entró el v:rcÍ en 10 de octubre con to h !a caballería en
Arequip:1 enmcuio de los virQs i ¿¡c!:ull<lciul,es con qne afJlIe-
1105 ha;';itar.tcs cspres1ron el am0r al 1\101l:1rca espario!, cuyo
l'etr~~to lJ~~)h al)~1'2('ilo ya en uno de los 011cone5 de 1:1 ph-
~:a, i las campan:.:s se eEta]J:l1l repicando en el mismo momen-
to en que Ferraz batí!! en ella la caballería de Sucre el día 8.


La infantería de Canter~c pasó por Arcquipa el clia 12 si-
guiendo su marcha hasta HndlUmayo, :í donde se dirigió


t:J.wbien su caballería, aEi como tres h:ttullones i un cscua-


uron de Ls tropas que habia tr::tido el ,¡rei.
IJegó este ejército el 14 á Sigua5, en ceyo punto se sepa-


r:l1'on ambos cuerpos para llenar dos distintos objetos: el gene-
r:.:l C::nterac marchó el 15 en direc~ion de 'Vhges para caer so-
hre Huamang2_; el general V 3.ldés retrocedió i Vitor para ob-
fer":Ji' la Jil-isÍ0n de' 8ucre que poco ticrll[JO despues marcó su
movimiento al N. desJe Callur::í. El! el l;¡ismo di:! ¡ z en que


Ealian las trüpas de Arqúipa tn direecion del N., lo ejecutó :íeia
d Sur un uaLtllon i un eseuadron á las órdenes del gener::tl


Carr:.!tal:í p:Jn ótuarsc en lUoquelma i forzar el reem!Jarco


de Ls rcli_llú1S de Santa Cruz en Ilo, i de b.s que se halla-


ban en Arica con Portocarrero. Aquel pudo llevarse :í efecto;
Lll1S no este, porque instruido Portocurrero de 1:1 poca fuer-




, n" "'" fU.e: lO'la. ;):;0
za con que se habil adehJltarlo~ i seguro de s,lIv::we en su, bu.
ques aun á su misma vista por tener el puerto de Aric:l atrin-
cherado i protejido por los fuegos de la fragata Pmeln 1 ocup6
el valle de Asap'l i p:ualizó el movimiento de los rellistas.


Al mismo tiempo fine hs tropas lb Valcl~s acabJban de
espeler de !Jo costas del Sur á los espedicion:ll'ios de S:ll1ta
Cruz i 0ucrc, se éullrü de gloria el bri6adier OLÚlctl en 103
CJl1l;J05 de Coduo:lIuIJJ. Habiendo recorrido victoriosamente
los Yungas i nIles de Sicasica, llegó el 15 al ¡muto de Alzu·
ri, en d0l1c1e con falos 800 hombres destruyó completlll1en-
te un) columna .J¡; 1 G:Jo, acaudilbda por L:1I1>:a, Yelasco
i BLInco 1 tonlÍndolcs 500 prisioneros, inclusos 3 [ afiebres,
i apoderándose del campo cubierto de cadáveres, del que se
rC"ogieron asimismo 600 fusilrs, 600 correages, 30 lanzas i
toda la artillería i pertrechos, sin mas pérJida por su parte
que la de zo muertos i 25 heri lo,. Lanza pudo fugarse por
los altos de Colollli, llIaaco per rilull1~l, iV elasco por Saca-
ba: Ót03 i los p:)CC'5 solJados que IH¡./icron smtraerse á los
mortíferos golpeS de aquella rtffi.:;ga la debieral! al CQ.;15:mcio
de los caballos de los realistas que les impidió salir en su
persecuclon.


T.:r¡nin.!11 feliLlUcnte estl dificil i (lc;igual c:uup:1L12 que
tle\'<~:du cllwnor de los espalÍolcs al mayor punto de esplen-
dor i gl'anduj podd lucer época en los anales americanos,
se r<:tircí el vir'2i al Cuzco p::tra vol ver á sm antieU:1S tlreas
a!g¡[11istr,ltivas, i Valdés, nombra,Jo ya g¡:neral cn gdú déjl
ejército del Sur (luedó encargarlo de LIs operaciones de h
gderra por est:! parte. lllbiemlo saliJo el I? d!:! noviembre
pua MOTdlUl el b:J.td!on de Gerona, i al dia siguiente el
mismo V:.dl':~, recibir, en aquel punto aviws positivos d" la
clirccci,)¡} de ISllcrc srJbre Pis.~o, i ue la de Slnta Gru7. con
~'lS mis(;r.lblcs restos al S Ottc. Si biell cst'JS movimientos
ofrccian la3 IllJ.S scgurJS garantÍ:.ts á la pÚ!J1ica tranciuilidad,
se presultlrOll nuevos motivos de abrma con el arriho á Arica
de eira espe lici')n de 2 seo hombres procedentes de Chile, que
!,~bjl llaLer cooperado eOIl las (lue habian salido del Callao.




í00 Hnú: 1823.
UabUlId03e m:mclado pasar al citado punto de Moque-


Imu tÍ los escuadrones de gr:maderos, salió Valdés para
'l'aena con los batallones de Gerona i cazadores para ob-
servar de cerca las maniobras de los chilen03; pero al Ilcgar
á SaLDa el dia 1 II Sllj'O que ya estos Estaban reembarcados, si
bien no se hicieron á la vela hasta el 17 en direccion del
Norte. Se repitió sin embargo aquella aLtrma el dia 25 en
que n:cibió nllevO~ partes de diferentes puntos, anunciando
que dicha espedicion regresaba otra vez á Arica, como lo
verificaron algunos de los buques en el mismo dia i sucesi-
vamente 1QS demas; mas se averiguó mui pronto que su ocu-
lncioa era la de hacer aguada, sin duda con la idea de rt'gre-
5ar (( su pais, ya que habia sido frustrado completamente el
gran plan de la coalicioll americana, i cuando supieron h
caiJa de Riva Agüero, por cuyo impulso escIusivo se había
lJ'lovido aquella fuerza.


'remiendo sin embargo el general Va1M3 que el objeto
de estos espcdiclonarios fuese el de ILunar las tropas realis-
tas al Sur para hacer su de$cmb!lrco en Qllilca si eran refor-
zados por alguna division de Lima, mandó pasar á Arequi-
pa dos escuadrones que se hallaban en IJuno Ú fin de para-
lizar sus progresosj en tanto que espedia los ausi:ios que po~
lIian necesitarse.


Asi terminó esa famosa liga que con tanta razon hahia es-
tremecido el edifIcio monárquico, i conmovido la entereza de
los que peleaban por tI mas digno de los soberano.. D.:¡
los 70cO espedicionarios tan solo 13°0 llegaron á embarcarse
incluyendo en este número las partichs de Portoearrero; pero
uno de los trasportes que c::mlucia 300 húsares de Lt lc:;ion
pJru:ma fue apres,do por un cor51rio eoIJa:l01 titu!ado el ge-
nerd Valdes, i enYÍado :i Cllilü:J: c",í'ca de 30 oficiales ue
1" ,. ~ , 1· .. ~. C üHcreates cuerpos, eatre ulos e anntu~~ro u:)uwuge, or-
rea, Hiil i el m;¡rque, de San 1ngud fueron trasborJ:d~s al
t:itaJo co;sario con la idea dc que estuvieran mas ascguraJ3s
sus personas; pero h¡¡biendo tcnUo este buc¡ne la desgracü
rle naufragar perecieron dichos oficiale3 i cuantos se hallaban




PERÚ: 1123. ~;)l
á su horda. Afi, p:.lCS, escasamente regresó al CalIao b s:'p.
tillll parte de didlO ejército. L03 ,r) de Sucre abandonlron
asimismo con bajas mui considerables i pérdida de toda su
cahallería aquel pais que les hahiasido tan fatal: los 2500
chilenos hicieron un paseo t:l.ll inútil como costos:>, arrojan-
do al m,u t0:103 sus cablllos; la numerosa columna de Lan-
za fUe Jerrotoda completam~nte; los refuerzos de Jlljllí no
pudieron dar un paso adelante; todo el Alto Perú i la ma-
yor pute del b,tjo quedaroll libres de enemigos; las tropas
dd Reí a(lquiriet'ün el renombre de invencibles, i cautivaron
con el prestigio de la victoria la vol untld de muchos pue-
blo, que habi~n mostrado una rj¡;cidida adhesbn por la in~
dependencia.


Esta brillante campaÍla consoliJ6 la opinion del virei I1a-
serm, qU€ la habia dírigido en persona. Sus bien combiaados
planes, la asombrosa movilidad que supo dar á sus tropas,
la pcecision i :.tcierto de sus maniobras, i su tesan i constan-
cia hicieron que tri untase completamente del orgulloso Santa
Cruz i de sus ausiliares, quienes des ,le este momento no pu-·
dieron mcnos de respetar un gefe tan recomendable por la ac>-
tividaq, de sus oper:lCiones guerreras i esfuerzo de su bra<:o,
corno por lo distinguido de sus talentos políticos i por la sa-
gacidad de su entendimiento.


Estos fl/nestus reveses i contrastes para. los insurjentes in-
fluyeron considerablcmente en el descrédito de los mandones
de Lima i en el desaliento de las tropas con que pensaban
touavía continuar la opresion de aquellas provincias. Viendo
Bolívar los apuros de los independientes peruanos i las difi-
cultades de ganar terreno sobre el brillante ejército realista,
pidió i obtuvo del congreso de Bogotá el permiso de acuJir
con su copada al soSt611 de tan impia causa; i embarcánJose
sin dilacion eu GU;¡ yaquiJ, con direccion al Calbo, hL,o su
entralLt pública en Lima el I'? de setiem bre en medio de las
IDJyores aclamaciones de los abatidos sediciosos que se figu-
raban ver en aquel cauc!;Uo al salvador de su ilegítimo par-
tido. El marques ue rforre (fagle retuvo el título de presiden-


1'),1lJ Ul. 51




te ~ pero enteramente subordinado á la voluntad del gefe to ..
Iombiano.


En el entretanto Riva Agüero, que llabia reunido en
Trujillo los miembros del congreso fugados del Callao, dis-
puso que se abriesf'.U nuevamente las sesione:; bajo sus aus-
picios. Sus primeras disposiciones se dirigieron á levantar
tropas que lo sostuvieran en el mando ~ habieudo sido t3n
eficaz su empeño en esta parte que al poco tiempo tenia ar-
mados i equipados mas de 33 reclutas, sacados de las pro-
vinclas del Norte. Tenia proyectado Bolil'ar entronÍzarse en
el Pení alejando del poder á cnantos sugetos de influjo i de
prestigio pudieran hacerle sombra: Riva Agüero fue por lo
tanto mui pronto el blanco de su persecucion: las desavenen-
cias suscitadas entre aquel, Torre TagIe, Sucre i una parte
del congreso, habian enconado los ánimos hasta un punto
dificil de describirse: la irritacíon contra dicho Riva Agüe-
ro creció con haber adoptado algunas medidas antipopulares,
cuales fueron la su presion del mismo congreso de Trujillo i
las negociaciones entabladas con el virci Laserna para zanjar
amistosamente los negocios de aquel reino.


PortaIecido Bolívar con tales armas, intervino en esta
cuestion que podia llamarse puramente nacional; i poniendo
en práctica primeramente todos los medios del exhorto, de la
dulzura, i de una aparente conciliacion ~ descubrió por nn
sus planes verdaderos ele destruir aquel peligroso enemigo;
lo que consiguió sobornando algunos de sus gef'cs (le mas con-
¡¡anza~ i en particular al coronel Lafuente, por quien fue al'-
restado ingrata ¡pérfidamente, puesto á la disposicion ele su
inexorahle rival, i conducido á Guayaquil sufriendo toda cIa-
¡e de tropelías i vejaciones, de las que fue libertado final-
mente por la poderosa meeliacion del almiraflte peruano don
Martin Jürge GUise ~ i fa'cultado á embarcarse para Europa
en compaiíia de su fiel amigo i compa¡lero de infortunios
el general Herrera.


Este revolucionario i el general San Martin se halla-
ron casualmente al afio siguiente disfrutando de un mis-




PEn tí: 1 8?:J. 1.\'<>
mo asilo, 'lu', fue Ja ciudad de Bruselas, en donue se
sepultaron las locas aspiraciones Í gigantescos proyectos de
aquellos dos génios emprendeclores, que habían estremecido
la América del Sur con el ruido de sus armas i con el fuego
de su se,h¡cciol1 é intriga. j N uevo ejemplo del fin que deben
prometerse los traidores á sus gobiernos respectívos!


AUllfJuc el orgulloso Bolívar se habia puesto á la caheza
de h revoluci:>n peruana, estaba mui lejos de tener la me-
nor eonfi~nzCl en el buen resultado de su empresa: el aspec-
to de Jos negocios públicos em sumamente liSGnjero para los
realistJ.> ú finca de este mIo. Desde la jornada feliz de lea ha-
bian recorrido una carrera de triunfos i glorias; los enemigos
habían sido batidos cuantas veces habian tenido serenidad
para ponérseles al frente; el dominio de estos se cefÍía por lo
tanto á la sola capital ue Lima i á los paises situados al N or-
te de csta cíu lau; el resto de aquel reino desde Tarma bas-
ta veinte leguas 111lS adelante de Tupiza, que es una esten-
sion de cerca de Cío:;, estaba sujeto á las armas de S. :\1. j
disfrutaba ut) la Ilul'0r tran(juilidad, asegurada por la decision
de sus habit:mtes que pedian á porHa armas i ausilios gner-
reros para defenderse contra las desordenadas falanges rebel.
des, cuyo espíritu opresor i violento habia borrado las pri-
meras impresiones de inJepcn:lencia, i dejado en su vez con
litiS estorsíones í tropcHas las semillas de desagrado i aversion.


Los pueblos que mas se distinguieron en la efusion de sus
leales sentimientos i que con mas empeño pidieron ser ar-
mados en defimsa de los Reales derechos fueron los de Canga-
110, Castrovireina, Hwmcavelica, Iscuchaca, Vilc[l, Nfop.
Cuenca, Chongos, Chupaca, Sicaya, 'rarllla, AcobamlJJ,
Palcamilyo, Huasahuasi, i otros muchos que se hici,;fon
acreedorf.' al aprecio i gratitud de las legítüms uutol'ila,ks.
Eran por lo tanto batidas hs gavilbs en todas direccionr.s,
ofrecien,lo los medios de distinguirse á va rios getes realistas
f¡Ue dieron nuevas pruebas de su v 19i!ancia i decision.


Fue uno de ellos el tcniente coronel don Cayetano Ava·
Ile, quien derrotó cn el día l? de diciembre en las inmedia-




; , . "...,.
~lO.~ PEill;: 162.).
ciones de Cabuachi á los caudillos Castañeda i Abarca, 1n1c
t~ndoles 13 hombres, haciéndoles 16 prisioneros, entre ellos
al mismo Abarca, i apoderándose de varias armas de chispa
i corte, monturas i caballos. Otro fue el teniente coronel
don l<'rancisco Narvaez, quien batió 3sÍmismo al amanecer
del dia 13 en el vado del Trapiche á la gavilla del Negro Po-
la, poniéndola en completa disrersion. No file IlICU'}S honroso
el empeilo con que el com3Ullante del batallan de Guías del
general don JoarTuin Bolivar resistió al anochecer dd mismo
dia 13 en la hacienda de Hu:mca á un furioso ataque de mas
de 500 insurjentGs de infantería i 130 de caballería, á pe-
sar de que la fuerza realista era mui inferior numérica:nen-
te, pues que se componia tan Bolo de tres compartías del ci-
talo cuerpo i de 30 húsares de Fernando VII.


El brigadier don José Ramon Rodil, que hahia sido des-
tacado por el gen~ral en gefe sobre la costa de' lea, ha t ió
completamente el 18 de diciem Lre á los caudillos Pardo Ce-
Ja, Huavique i otros, causindoles bastante pérdida de muer-
tos i prioi::meros, en cuyo favorable resultado tuvo una par-
te activa el comandante de caballería don Manuel de la Ca-
nal. El general !Vlonet , acompaiíad0 por el coronel 'rur salió
al encuentro de algunos partitlarios que se habian adelan-
tado sobre Llockllapampa con objeto de robar Jos ganados
de la provi,i'Jn del ejército, i 105 puso en fuga dejando cas ..
tigada su osadía.


Empero á remr de Vm il¡jstres victorias, debidas e5-
clusi vamcnte a! g"nio guerrero de los comandantes espauoles
i á los heróicos esfuerzos de sus bizarras tropas, i sin embar-
go de haber sabido rectificar con su prestigio la opinion cs-
traYÍada de aquellos pueblos, no dejaban de llenarse de apre-
llensíon al tender la vista sobre el aishmiento en que esta-
ban constituidos sin ningu;la clase dc cOJIlunicaciol1 con la
península i elltregad08 á los solos recursos de su valor é
ingcnio.


Tenían por otl'a parte en el mismo territorio un formi-
dable enemigo cual era Bolivar, armado con todos los rayos




1'1'1\(: )823. ¡'jo;)
~tl 110der de Cc.lombia icen la mágica fucr~ de su nombre:
su f(~!,;ibli[:;1 estaha résuelta á vaciar tolos los medios de la
fuerl<! i dJ la intriJ,a en obse'luio de la inJepcndeneia pe-
ruanJ: i,;:nl erJ. la decision de los deillJS esta:los Je la Amé-
ríe'l eS[.lauula, elll'lncipuJos ya de hecho de la madre patda,
i (lU~ no po,lim eoatar con la sJgurUal de sus triunfos re-
volu-:iuílllios en tanto, fue mantuviesen las armas en la nn-
no hs entlsiaaiH ¡,Jis tr')pa, del virei L.lserna.


80 flahi.l \isto por eS2criencia que los pueblos de este
vireia:ta vafiJb:Ll tJ.cilmcnte de opillion si,2,uiendo siempre
el partido vicL¡ri0S0, Como la guerra tieue tantas vll;i:útuJes,
i que el mas afortunldo i esperto gener31 no siempre puede
COlltar con los dones de la fortuna, era de temer que si las
arm:J.s realistas sui'rian algllll contraste se perdiese con. igual
n:)irle.z la gran pr~pollJerallda que habian adquirido á fuer-
za de sudores i de costosos sl~rificios; i se hacia preciso
por lo tcll1to obcu con mucho pulso i circunspeccion para
no prescnt;¡r fLllll:O algullt> qa;; malograse unos servicios tan
distinguLJos. El g¿nio de la discordia sin embargo encendió
en el allo siguiente sus abrlsaJords te3s, á las que no pudo
menos de sucu.nbir la le:.1lt:d i la constancia.


Es mni sensible confeslr que las desavenencias entre los
mismos grcffs re;llist:ls fucrün la causa de su destruccion.
Di~icilmel1te se cclmbirl1n las sublimes virtudes con la mode-
racion i templ.inzi:l: l:I ambicion de gloria, que ha siJo ~a­
racterístic:1 á 103 cspa:lolcs ell todos tiempos i edades, h'l te-
ni lo hs mas veces por falsas companeras la negra envidia i
el ignoble resentimiento: estos defectos, demasiaJo comunes
en nuestros guerreros, han producido dallos incalculables á
los in tereses del Soberano, i han puesto varias veces su au-
torida,1, especialmente en América á la orilla del precipicio.
Infinitos ejemplos no>, ofrece la historia de esta amarga ver-
dad desde los primeros tiempos de la conquista; no es, pues,
estrano qne los hayamos visto repetidos en los tiempos mo-
demos, si bien parece que debiéramos haber aprendido con
tan costosos desengaCios á deponer esos fogosos impulsos que




."06 PFnt'¡: 1823.
lejos de conducir al templo de la fama, rebajan Jos méritos
contraidos para logrlr un dia su entrada en él.


Quisiéramos por lo tanto borrar la sentencia pronuncia-
da por un antiguo guerrero, muí conocedor de hs virtuLles
i defectos de nuestra naclon, "de que los espartales son de-
masiado fieros para estar mrteho tiempo unidos." Ganarian
mucho la monarquía i los pueblos si pudieran conciliarse
ambos estremos: quedaria entonces elevado nuestro cadcter
al mayor punto de gloria, j nada tendrÍam0s que envidiar
á las demas naciones del globo. Somos por lo tanto mui
contrarios á los principies adoptados por el legislador de
I'3cedcmonia, quien s~gun nos dice Plutarco en la yida de
Agesilao, sembró en el gobierno'la ambician i los celos cem()
semillas de virtud. 'fal vez estas teorias serian útiles en
aquellos tiempos; pero en los presentes son siempre semillas
de dfsJrden i de ruina para los mismos gobiernos.


Antes de concluir este capítulo daremos una idea de las
negodaciones abiertas por el gobierno constitucional con lo,
revolucionarios de América, principiando por sus primeras
operaciones practicadas en la capital lie Buenos Aires.


Parecerá estraflo que se hable en este lugar de sucesos cor-
respondientes á las provincias del Rio de la Plata; pero no lo
es en realiuad, si se considera que aquellos estuvieron inti-
mamente enlazad'Ds con los del Perú. La historia de Buenos,
Aires por otra parte ofrece tan poco interes desde el aíÍo
1821 , que damos por concluida ya nuestra tarea eOIl res-
pecto iÍ aquel punto en el capítbtlo del ano 1 820 ~ en el
que hemos redacta lo cuanto puede empeñar la atencion pú-
blica: desde aquella época no se ha visto mas que la por-
fiada guerra con el Brasil terminaJa en ! 828, acalorados de-
bates entre los gobernantes, intermiruh1es discorrlias, dj:;¡-
gusto general i anarquía. Se Hll repetidas en este desgra-
ciado país casi todos los meses las tiránicas escenas de las
antiguas legiones pretorianas, dando el imperio ó El mando
al mayor postor ó al que sabe grangearse mejor la gracia
de la desordenada soldadesca.




pul': 182:-;. (~07
])t;stle que se restableció en España la malhadada cons-


titucioll de CáJiz, se observcJ en los principales directores de
este sistema un empeiÍo indirecto por la emancipaL'ion de
aquellos dominios, ó á lo menos una indiferencia absoluta
sobre su suerte. Al ver algunos 'una . conducta tan estraña
llegaron á pensar que tal vez el vacilante estado del nuevo
sistema les impelia ,i mendigar la amistad de los americanos
con menOsca bo j detrimento de los' intereses de la madre
Patría, :i. fin de proporcionarse un ventajoso asilo si la mal
caleula,la aplicacion ve sus nuevas instituciones i su impopu-
laridad los derribaban de su encumbrado puesto.


No bien escarmentados todavia con los malos efectos pro-
ducillos por la intem~)estiva aloeucion del congreso de regencia
del mes de febrero ue 1810, la que lejos de cautivar el áni-
mo i voluntad de los revoltosos criollos, en desagravio de cu-
ya3 infundadas quejas se deprimió injustamente la autoridad
de los vireyes i gefes realistas, les prestó todos los medios de
alzarse con los esterminadores rayos de la rebeldía i ambi-
cion ~ encubíertosbajo la sancion real; no bien desengaña-
dos los corifeos liberales de aquel yerro político tan trascen-
dental i funesto ()), ó tal vez olvidados de aquella a:narga
leecion, resolvieron entrar en negociaciones Con todos 10i
estallos revolucionados de América.


Despues de varios debates en las córtes, en las que se
notó que preponderaba el partido americano, al que nuestros
diputados peninsulares prestaban una ciega deferencia con
~l bien conocido designio de asegurarse de sus votos para
que fueran aprobadas las proposiciones que lisonjeaban mas
sus intereses, su ambicion ó sm caprichos, se dieron varios


(1) EsialllO,l, 1'¡pll di..,t.1nf(':-; de cret'r ({!Jf~ los individuos que fO¡n13-
han el l'Otlscju de regencia de aquella é-poca hubieran !:iido capaces de
causar á cieLlcia cierla el m('llor pcrjrnclo á los rt'l'dadcros if]t(~L'l':;{'S de
I':l ~lonarquia '''pa;iula: no fue, pues, m error decto de Dlalicia U de
falta ,le probid"l i .lc ,¡rtllde." i sí de equivocacion de ,,[¡Jculo en atri-
bujr .:i los disiderltr.:ii allluicanos subljme~ rirtudes, i eIe\-acion de scn~
l:llIlentos 'tU< hJIl tstau" bifll Ji,tantcj de Sil runducta.




4nS PERÚ: 1 ~?3.
decretos en 1 3 de febrero i en 23 de junio de 132 2 sobr~
el nombramiento de comisionados para dichos d0minios de
ültramar. Don Juan Ramon Osé" magistrJJo honor.trio del
supremo tribunal de justicia, í don Santi:tgo de Irrisnri,
brigadier de marina, fueron nombrados para Nueva Espafí3;
el brigaiier don Francisco del Pino lo fue para Guatemala;
el brigadier de mnina don José Sartorio, i el capitan de fra-
gata don Juan Bélrri lo fueron para Coshfirme; i salieron
para Buenos-Aires el magistrado de la audiencia de Chile
don Antonio Luis Pereira i el teniente coronel don Luis de
la Robla.


Apenas llegaron estos dos úItimoi á Buenos-Aires, que
fue á principios de 1823, empezaron á tratar con los insur-
jentes sobre los preliminares que debian producir el recono-
cimiento sucesivo de su independencia; i firmaron en 4. de
jalio una especie de COllVenio Ó armisticio qne debia durar
por el espacio de diez i ocho meses, durante cuyo tiempo se
resolveria la gran cuestíon americana, i en el entretanto re-
conocian dichos comisionados la independencÜt en la parte
comercial, pnesto que se habia estipulado una perfecta ar-
monía en aquella clase de relaciones, i la admision en los
puertos de Espada de la bandera insurjente de dicho punto
de Buenos-Aires.


Dificil es atinar si verdaderamente llevaron aquellos ne·
gociadores fiCnltacles tan estensas del gobierno constitucional,
i tan repugnantes al sentido comun i al honor esp:úlo!, ó si
se dejaron alucinar por las pomposas i quiméri-:as promesas
que les hicieron los republicanos de Buenos-Aires, de ausi-
liar á la Espmla para sostener su efímera libertad coh la
misma suma de veinte millones de duros, que habh sido
de<.:retada por las cámaras de Frdnci:1 para rceant'f :í S. ;11. C.
en la plenitud de sus dúedlOs. Si fue gr:lllde el úesvar[o de
parte de los unos en ofrecer 10 que ni en sueiíos podian ja~
mas realizar, lo fue todavia mayor de parte de los lJue eH>
yeron en su posibilidad. N o contentos dichos comisionados
con el resultado de sus insulsas negocí¡¡ciones en Buenos-




Aires se dirigieron al respetable virei Laserna para que se
conformase con la titulada convencion preliminar en 10 con-
cerniente á su vireinato; i los republicanos en este punto
quisieron hacerla estensiva :í todo el continente de América,
con cuyo motivo fue nombrado el general Las Heras .como
plenipotenciario cerca de dicho virei.


Empero este ilustre general, que acababa de ceiiir sus
sienes de los mas ilustres laureles, no solo ton las batallas
de lca, Toraca i Moquehua, sino tambjen en la reciente
campaÍla contra Santa Cruz que habia mandado en persona,
no quiso acceder al armisticio ó suspension de armas con el
gobierno rebelde de Buenos-Aires, sino se establecía como
base principal el reconocimiento de la autoridad real .en el
Perú, i la retirada de la division titulada de los Andes, que
babia sido enviada en ausilio de los disidentes .de aquel
vireinato.


El brigadier don Bardomera Espartero fue encargado por
el referido virei para oir las proposiciones de Las Reras, con
cuyo gefe tuvo sus sesiones en la ciudad de Salta, sin que
hubieran podirlo avenirse en ~us respectivas pretensiones.
Espartero manejó su comision con todo el pulso i acierto
que la misma requcria~ i adquirió por 10 tanto nuevos gra-
dos al aprecio i consideracion de la suprema autoridad que
se la habia confiado. Las Heras se em peÍló, pero infructuo,
samente, en presentarse á conferenciar en el Cuzeo con el
mismo virei ~ i hubo de regresar por lo Unto á Buenos-
Aires á aumentar eon tal malogro el desaire de los enviados
constitucionales, reducidos al mayor abatimiento i miseria,
no solo por la nulidad de sus poderes, sino por falta de los
medios mas precisos para su su bsistencia, como resultado de
la protesta de letras libradas sobre el banquero de Londres.


Asi, pues, terminaron aquellas necias negociaciones, in-
ventadas por la mala fé, dirigidas por la ceguedad' de los
partidos, i sancionadas por la estúpida credulidad i torpe
compromiso. Tal debe ser siempre .el éxito de toda operacion
que no esté fundada en lazon i justicia, en leyes funda-


TOMO III. 52




{¡lO PERÚ: 1823.
mentales de 105 estados i en la opinion de los pueblos. Las
bayonetas podrán hacer qu e enmudezca por un momento el
derecho i la legitimidad; pero el mismo silencio, produ-


"


cido por la sorpresa, es el signo mas positivo de la fuerza
con que se prepara el huracan político á destruir las obras
que no tienen s6lidos cimientos.




11 1 1
""Vi. "~\¡'\\\\¡\\JV\;\ \'tV\:\'\ \l\JnU\;\¡\J"\\\J\,\ \\ \\¡\:\\;\ \1\:\\ ''\in \'\\'\;\\¡\'I!


CAPITULO XX.


(~ 11 1 LE:


Perversa conducta de Carrero. Accion del Carrizal contra Se-
nosiain. Reunion de éste con Pico. Muerte desgraciada del
cura Farrabu. Desmoralizacion de las tropas realistas.
Critica posicion de sus dos gefes. Abandono de algunos in·
dios fieles. Muerte del esforzado Pico. Retirada de Seno·
siaín á las montar7as. Su desesperada situacion. Discor-
dias de los independientes. Estado de los negocios á fines
de este CUlO.


El desleal européo don Antonio Carrero, que se habia pa-
sado á los insurjentes á fines del ¡¡¡JO anterior, serun va in-
dicado en aquel capítulo, les supo inspirar tan ciega confiaIl-
za , que le encargaron del mando de una division de 500
hombres, con la que tuvo el atrevimiento de volver á pasar
el Biobio, yendo precedido en su marcha por proclamas hs
mas artificiosas i seductoras á fin de atraer al partido de la
independencia á aquellos esforzados realistas que habian ju-
rado sepultarse en sus ruinas antes de reconocer tan sacrí·
lega causa. Habiendo sido Senosiain ascendido en este tiempo
á teniente coronel mayor de dragones de la Frontera, i ocu-
pado la vacante que habia dejado el citado Carrero, tuvo h
gloria de ser el prim€ro en medir las armas con este trai,lor
el 16 de f~brero en el punto del Carrizal, partido de S:mtíl
Juana.




,'¡ 1 2 CHILE: 1823.
Aunque el comandante realista no tenía mas que !ro ca-


baIlas, cargó sin embargo á su competidor con tanta decision
i arrojo, que le obligó á volver caras en busca de su infan-
tería, cuyos fuegos hirieron 'al valiente Senosiain i le mata-
ron asÍmismo el caballo que montaba: se vió por lo tanto
l'recisado á retirarse, cediendo el campo á su contrario, no
sin haber quedado sorprendido de ver lo enervado que se ha-
llaba el espíritu de este malvado, cuya causa atribuyó fun-
dadameute al envilecimiento producido por su mismo deli-
to, pues que no era posible que tan pronto se volviese co-
barde quien tenia tan acreditada su valentía i esfuerr-o.


Incorporado Senosian al coronel Pico, que era el coman-
dante principal de todas las fuerzas realistas, logró tener una
parte activa en dos acciones importantes que sostuvieron las
armas del Rei en 30 de marzo i 7 de abril, la primrra en
Coilico contra el coronel insurjente Vulnes, quien debió re-
tirarse á Nacimiento con pérdida de 300 caballos; i la se-
gunda en Duqueso contra el teniente coronel Urquizo, el cual
debió asímismo retirarse con no pocos descalabros.


Mientras que el coronel Pico burlaba las tentativas de los
insurjentes, por la parte de los Angeles, el cura Farrabu es-
tendia sus correrías por el partido de Arauco con éxito tan
favorable ~ que llenó de aprehensioll i alarma las gual nicio-
nes insurjentes del mismo Arauco, Colcura, San Pedro i
Santa Juana, causándoles pérdidas de consideracíon ~ i apode-
rámlose de dos cañones i de cuatro cargas de municiones;
pero cuando e,te fiel realista estaba fraguamlo los planes de
adquirir mayores triunfos en aquella noble carrera, tramaban
sus enemi¿,os los medios de destruirle. Seducidos algunos in-
dios pertenecientes á su columna l introdujeron sigilo.amente
en la ll1ont:llJa una gruesa partida de troila en el mes de julio
i sorprenlieroa á u<Iuel deciJi.:lo eclesiástico en el rancho l al
qu~ se haLil retirado una noche á descansar de sus fatigas.


Conducido á la plaíla de Colcura ~ fue pasado por las ar-
ma$ por órden del intendtnte de Concepcion Juan de Dios
Rivera, cuyo gefc léjos de ofrecer con esta sentencia á los




crIH.E: IS:/.:í. !tl:¡
sosHmeuores del imperio espaiíol un correctivo de su Ial!cla.
bIe tenacidad, les proporcionó un magnifico ejemplo de ]eal-
tad que debió arraigarlos mas i mas en sus nobles senti-
mientos. Estando ya s~ntado en el banquillo de muerte el ci-
tado sacerdote sin que la vista del horroroso suplicio que iba
á sufrir, abatiese en lo mas mínimo su elevado espíritu,
quiso dar la última prueba de su fidelidad al Soberano esp1l-
uol escIamanrlo con un tono de voz firme i asegurado, ~~ que
"perderia mil vidas que tnviera en obsequio de tan venerado
"objeto, i qu~ no en digno de entrar en el templo de la
"gloria quicn no imitára sn beróico ejemplo antes que S:l-
"cumbir á las sacrilegas miras de Jos profanadores del aIta·r
"i del trono."


Sin embatgo de é5fe i otros rasgos de firlueza i decisiol'l
que desplegaban de cuando en cuando los realistas, habian
sido sumamente funestos los reslJ1ta,los de la defeceion de
Bocardo i Carrero; i se había desmoralizado de tá! modo el
ejército, que reinaba entre toLÍos sns individuos una horrihb
desconfianza, enemigo el lIlas pe!igroso que se ofreda p:uu
que pudiese prosperar tan noble causa. Los comandantes Fico
i Senosiain habian l1e~ado á recebr aun de los que tenia a
dadas las mas relevantes pruebas de adbesion á los Reales
dcrecllOs: sus temores se acrecent:uon hasta el estremo de 113-
cerse recíprocamente la gúardia mientras que dormian; flOro
á pesar de t,mtos contrastes i tropiezos; i sin embargo de ser
su situacion la mas apurada, era tan firme tI temple de
alma de Pico (que se hallaba adornado asimismo de la
imaginacion mas fecunda en recursos i ardides), que lé~
jos de desmayarse en su noble empeño de sostener con su
espada la autoridad Real en aquellos dominios, afectó mirar
con imJiierencia la suspen~ion de armas que algunos indios
habian c:;tipulaJo con los illsllrj:;¡¡tes de Chile, i miró con
ig¡,¡al desprecio á .. unos i á otros, aun:lue con este apoyo ad-
quirÍ:ln mayoref'fuerzas los segundos.


Los pueblos del Este de la cordillera de los Amles, cono-
cidos con el nombre de Pegiienchcs, i el cacique don Juan




,.j ! c:~~rr:r:: 1323.
lYIonfluín Bueno ~ que jamás quiso entrar en negociaciones.
ron los enemigos, se vdieron de la citada suspension de sus
vecinos para mover un:l fucrte division á las órdenes del
coronel Barmchea sobre el tenitoi'Ío de Arauco, que iuva··
dieron por casi todos los pu.ntos de la frontera. El coronel
Pico en el entretanto, aunque reducido á la corta fuerza
de 300 hombres IDal armados i peor municionados , busc~ba
can 1:1 m1S ansiosa solicitud una ocasion favorable ve adqui-
rir alguIl1 vidoria, con cuyo prestigio esperaba que babia
de mejorar el aspecto de S:l ¡L:3:;raciada posicion; pero la in-
constante fortuna llabia decrcU¡.]o su ruin:l, b que no pudo
evitar á pesar de su denodado espíritu é infatigable celo.


Estrechado por los rebeldes en todas direccion.~s, se vió
precisado en 29 de octubre á sostener en Buréo un temera-
río choque contra cuadrnplic.das fuer?:!s ~ en el cual rin-
dió su gr:lucte alma al irresistible impulso de dos estocadas
que recibió en el pecho en el momento que estaba dando las
pruebas mas decididas de arrojo é impavidez. Los rebeldes
se entregaron á los lIlas frenéticos trasportes de alegria con
la presa de aquel indomable guerrero: despues de haber re-
creado tO¿03 inhumanamente su vista sobre los venerables
)'('5tos de tan biz'lrro espaiíol, le cortaron la cabeza i la lle-
varon dentro de una jaula para colocarla sobre un palo eH la
pb?a de Yumbcl, en donde estuvo por espacio de tres me-
ses espuesta á la vista pública. Aunque los estragos que pro-
Jucen las revoluciones lleguen á hacer que desaparezcan los
parages que fueron el teatro de las hazanas mas distingui-
das; i annque perezcan los muchos testigos presenciales de
ellas, nunca podrá borrarse la memoria de Pico de los anales
de Chile, ni su Ilombre dejad de ser recurdado con aprecio
i admiracion por el país que tuvo la gloria de haberle dado
el ser.


Despues de la citada derrota ue Buréo, habia quedado á
la cabeza de solos 100 hombres, que sobrev ¡eron á ella, el
teniente coronel Senosiaiu, como ofieül de mayor graduacion.
:\0 cabiéndole mas arbitrio que la retiraua para salvar aque-




CIlII.E: 18:),3. !,IS
lIos débiles restos de la fi ielidad i del honor, la emprendió
con la Ill1yor precipitacion por lo interior de la montai1:I, ro-
deado de peligros i calamidades, sin saber á donde dirigir sus
pasos, sin la menor esperanza de consuelo, i sin que nada en
este mundo pudiera tranquilizar su agoviado espíritu.


La isla de Chiloe ,que era el punto mas inmediato, esca-
samente bastaba para sí misma, i tan solo podia sostenerse á
fuerza de padecimientos, privaciones i continuados sacrificios.
Aunque las armas rcalistas habían conseguido las lTIlS brillantes
ventajas en el Perú, los independientes sin embargo domi-
naban completamcnte la mar, i era imposible que pudiesen
llegar ausilios de aquella parte; la Madre patria se hallaba
envuelta en sus discordias domésticas, luchando la inmensa
mayoria de los espaiíoles por sacudir el insufrible yugo de los
pseudos liberales, i no se hallaba por lo tanto en estado de
enviar fuerzas 11m'aJes sobre el Pacífico. Todas las puerta1l
estaban, pues, cerrad:J.s para los defensores de Arauco; no
se presentaba al imperturbable Senosiain esperanza alguna de
~alir de su apurada situacioll ; nada sc ocultaba á este entu-
siasmado militar, i con todo tomó su irrevocable partirlo de
sostener la autoridad Real hasta donde alcanzasen sus fuerzas,


morir finalmente con las armas en la mano.




I¡ ¡(3
':le \H H'\ n}:,. wn \\H \ \ \1. "\\:\. \\,n'.YU;\\;\'Hn \~\i\"~'\iW\'l.\:V\'\"",


CAPITULO XXI.


CARAC-L~S:


Salida de 1Jforales contra Urdaneta. Retirada de tiste á Cú-
cuta, i de aquel á l'lIaracaibo, á donde concurre tambien
Calzada. Reaccion de Santa lYlarta, sofocada por las su-
periores fuer.zas rebeldes. j~Iovim¡ento de las tropas de ~1![()­
rales sobre este punto. Algunos choques parciales. Su re-
pliegue luego que supieron la sunzision de los samarios.
Preparativos de los insurjentes para atacar la ciudad de
Maracaibo. Su penetracion en tsta laguna. Demasiada
confianza de los realistaJ. Combate naval travado por
EchevarfÍa. Derrota de la escuadra insurjente por Labol'-
de en las aguas de Puerto Cabello. Falta de armonia en-
tre los gefes españoles. Fidelidad de los corianos. Salida
del ejército para el Mojan. Pérdida de los ellfermos salidos
de lVIaracaibo, i sucesivan'ente de esta misma plaza. Es-
caseces de los real/stas. Separacion de Calzada. Llegada
de Laborde al castillo de lu Barra. Empeño de Morales
en dar un combate decisivo contra .el voto de Laborde. Pe-
queiio choque en Punta de Palma. Otro general i desgra-
ciado en Capitan Chico. Escision i disgusto entre los gefes
i oficiales. Sus violentas representaciones para frustrar el
movimiento proyectado por Morales sobre Barinas. Capi-
tulacion de este ejército. Calzada en Puerto Cabello. Sft bi-
zarra defensa. Perdida de la Vigía. Apurada situacion de
esta plaza. Entrada de los rebeldes en la ciudad con el
apoyo de un desleal español. Calzada prisionero. Arrojo




f..\n.\c'\~: 10::1"\. í lj
dr Caltleron. Honrosa capitulacion de CaiTera. Rdpida I'c'*
sel/':¡' de las principa!cs fases revolucionarias hasta el pl'C-
smte. ReJlexiones criticas.


1 labia salido el victorioso Morales en los último di.' 1
del alto anterior dcsde 'l'rujillo contra Urdanet'i, que se In-
ti.l sitmdo en la Grita con 800 hombres. Para caer dlida-
mente sCJ:¡re iJicho cuerpo, formó al llegar el di:! 2 (le cnero
á IHenJoza, un:l columna escogida de 600 infantes i 50 ca-
bailas; mas brg0 que Crd1:1cta tuvo noti( i:Js de su a;'roxi-
n1:lcion se retiró á los vaILs de CÚCllta; i l\If¡w!cs que TI')
tuvo por ccnvcnicnte esten,Jer sus operaciones ror af¡uell:t
parte i si tm solo rectificar la pública opinion, retroce-
dió áci:! San Cárlos de Súlia con la idea de embarcarse en
aquel punto para Maracaibo.


Su segllnJo en el m,melo, don Sehastlan de la Calzacl:J,
que !l¿¡iJÜ qued¡¡Jo eDil los batClllones de r derrcti i cazadores
del Cencr:d sob:(! los plltblos de llurusú i Betijor¡ue con or-
den de regresar á los cuatro ó cinco di:Js uf dtado punto do
l\LuUCctibo por el de Gibraltar, llegó á a1luella ciudad el H)
del mismo mes i alc;ullos dias antes que el citado Morales.
Aunque eata retirada se hizo con el mayor orden i sin que
los enemigos llU hieran opuesto el menor obstáculo, llegaron
las trorJs realistas ron 400 hombres de baja, debida á la
propcnsion de los soldados venezolanos á desertarse cuamIo
ceden el terreno al enemigo, siendo en este caso t~n gr:mde
su desaliento como denodado es su espíritu cuando :¡vanz:lIl.
con la esper:mza de la victoria. Un corto deoucamento que
dichos realistas hubi:m dejado en Trujillo cayó t1l poder de
lDS encmi.gos, quienes vohieron al momento á ocupar tojo
el pais.


Ocurrió ,ida este mismo tiempo uno de les sucesos mas
sérios é importantes, el cual podia haber producido Ls l1lós
fdice,; resultados á las armas dd Rti, si hubiera rcciUdo un
i¡nru!.;o eombina,lo i lln:l acertada direccion: hablamos de


. la reacciou de Sant:.l JHarta, de ese modelo de la fidelidatl i
1'0.,10 llI. 5.3




!J 1 f) C.~[L\C.\S: 10:--!:l.
decision. ncsJe al¡;lln tiempo se estab':l tramanllo el mo;]o clé
derrocar el g(;bierno insurjente : el euroFf'o don Viccllte Pu-
yals, de ql1Íl'n hemos ttnido orasi::lI1 de hablar hO;)f(Js:;¡men-
te en varios lugares de la pre.~e~ltr historia ~ van Juu.n Texid6,
tambicn español, don FraE'i,co t,al:.:'Tcrs vecino de la Cié-
nl~g1, don Francisco Lezama natma; i re¡.:!Jor de 1Huaeaij,0,
don f'rancisco Antonio Linero i otros kal~s americanos C),'l~
los directores de estc' atrt'YiJo pbn, para cuyo cumplimicl1 to
ftltaban tan solo algunos "usíles qVt tenían pc,-!j¡]es al gene-
lal IHorales i al goLern~dor de Santiugc de (:'1ha.


El cit3JO IJabarcés, como natuw) qt:~: era dd nJJc de
(har i de bastante influjo entre sus haiJitantes, podia c'lntar
con 300 hombres dispuestos á Begundltr su movimiento i á
aí,o,lerarse de la ciudad de los Reyes. Se ('anta ba asimismo
con los Colorados de Ocana ~ caya mg} r¡r parte se rJJllabCl
dispersa, aUlHIue algunos yirian astuta:nente Y~l1Ji,los á los
jnsurjentcs. Se haU3n abierto asil!JislllO c:,uechas relacionei
con los pueblos de las SaLinas del CoroZ!ll i Tohí de la pro-
yineia de Carta,:eua, que en todas épocas habian darlo ine-
quí\'ocas pruebas dé) su adbcsion á la lHadre patria. Mas el
Ír)eo principal de esta revoluciol1 existía esencialmente entre
los fieleS indios i zamhos de h provincia de Santa Murta:
toJos los que sobrevivieron á las desgraciadas acciones de no-
\'iembre de J 8 ~:) se habian reti rada á los montes sin que se
Jwbiera aflojado en lo mas mínimo su indomable valor ¡sin
que fueran mcnos ardientes sus deseos j esperanzas de ver
restabl..:cida en todo su lustre la autoridad real.


Todo, pues, se iba disponitmdo del modo mas lis'mjerü
pJra dar un golpe seguro: los directores de esta empresa
aguardaban los amilies de que se ha hecho II1t.'lcion para
ponerse en movimiento. Se hahia maI1cj:irlo ron tJnto t¡no i
acierto la reaccion que mui pocos de llJs eOI1\úcados sabian
los nembres de sus eompaiíeros~ ni dcbi:lIl saberlos hasta que
e.stallase el rompimiento. Todo el empella de dichos realistds
se dirig[a á ponerse en comunicacion con :'Vlorales; 1>ero COhlO
el geft: insurjente Montílh se habia situado entre Santa Mar-




ta i Maracaibo \ quedó totalmente ostruiJo el p:lSO entre am-
bos puntas.


Por mui reservado que tuviesen los realistas los proyec-
~os de dicha rcaecion, llegó á traslucirse en el valle de Upar,
en donde fueron aprisionados 5 ó 6 individuos; i como de
sus rlecl:uaciones no se pudiese inferir que hubiera ramifica-
ciones en otros puntos, vivian los jnsurjentes en la mayor


•. '·mn:l1lZa, CU:lllJO divulgada la yoz de que los citarlos presas
que habian sirlo ya traslaJados á Santa Marta iban ti sufrir ,<
d lU'timo suplicio en Carta jella, se exaltó la ira ele los indios
dé ::quella proyincia, i avanzinclose sobre San Juan de la
Ciénega, batieron las pocas fuerzas de los rtbeldE:s que la
guarnecian, i se apoderaron de ella.


Habiúndose escitado pocos días antes algunas sospechas
contra el antiguo capitan realista don Prancisco Labarcés,
dió el gobern:dor de Santa Marta, coronel Luis FraJlcisco de
HieuJ(, las órdenes convenientes par(l su arresto; mas tste
elurlió urlucHa providencia con su pronta fUg3, i llegó á
tiempo de entrar con los indios en el citado punto de la Ci.i-
nega á 11. media noche del 31 de diciembre de r822.


Apenas tuvo Rieux noticia de este suceso, que fue al
amanecer del I? de enero, envió un buque con pliegos á
Montilla pidiendo urgentes ausnios, i mandó avanzar alguna
tropa sobre Jos sublevados para observar sus movimientos.
Informado asimismo de que los planes de aquellos se dirigían
(!(Jntra la ciudad, mandó fortificar i cercar con estacada el
punto del Dulcino ,que se llalla en el camino de la Ciénega
al pie de un pequeño cerro de la costa á unas des legu35 de
la capital, abastecer de víveres el l\lorro, embarcar los pa-
peks imI,ortantes i prepararse para la emigracion.


COlllnoviúos 103 fieles lJabüante¡¡ de aquella ciudad COIl
tan lisongeras noticias, instaron eficazmente al gefe del par-
tido, don Vicente Puyals, para que con el apoyo de una
parte de la artillería i de las milicias que estaban decidilbs
fJur la buena causa, estallase el mo\ imiento premeditado;
pero Puyala, que no veia la necesat'ia estabilidad en los n~-




godos, no se atrevió á dar un paso tan arriesg<H]o por no
comprometer neei:lmente una poreion de fa(nili~s dignas por
esta mÍ,ma nobleza de sentimientos ele salvarbs del ftIror de
los enemigos si lograban salir triunfantes de afllle!:'1 lucha.
1'08 indios de la Ciénega, que deseaban resolver aquc11a cues-
tíon con un pronto i brusco Rtar¡ue 1 se pusieron en mnrclJa
en 2 de enero en número de 3 :í 400 hombres entre ü;f:iI1-
tería icaballería, manda:1a aquella aflIJa por Jaciuto Du.;ta-
Hllnte 1 i ésta por tI citado LabareJs i por su hijo don
Ag'ipito.


Habiendo adoptado por dh-isa realista su desl1urlez hasta
h cintura con la dea de manifestar que los leales Euben prc-
~cntlr el pecho libre á las balas, llegaron á la posiciou cId
Dulcino, en la que hallaron una vigorosa resistencia de
p:.trte de 1JS reneUes. DC3e050 LaL~rcés de ahorrar la SJngre
de sus solJarl03, que debía correr copio"amentc si se empcÍÍa-
ba cn torrnrh por el frente., se corrió ron su eaballería áeia
la cEp:Jda; cuyo ll¡Q,ímicnt'} '¡ ~p('nJs flle ,¡sto por los u::e-
wigos, introduju en ellos, ellll~yur llcsaliento, i los puso en
h mas prccipitada fuga, creyéndose cortadüs. Don Joaquin
de ;',lier, teniente coronel i comandant:! de milicias, á quien
Ríeux habil conÍiado la defensa de aquel punto, fue el pri-
mero que lo ab:::ndonó vergonzosamente. Estalnn sus oficia-
les afl'unJo su cobardia, (uando viendo que muchos de sus
soldados iban i quit:lrse la camisa en testimonio de adherir-
se al partido realista, hubieron de buscar su salvaciol1 eu
los montes.


Si bien el gohernador de Santa Marta aparentaha una in-
flexible resolucion de sostener aquella dudad, surtiendo de
lluevas abastos las fortalezas de Santa Bárbara, .:.ktin i el
lVIorro 1 se fue ya el dia .3 al st'gundo de estüs )Juntos i em-
pezaron á embarcarse al aUlallect'r del mismo todos los em-
pleacos i personas compromdidas; el coronel Carmona se si-
tuó en la plaza de la catedral con un piquete de caballería;
tan solo 5e milicianos habían queuado en la ciudad, los de-
W:lS habían pasado á reunirse con los realistas en Gaira, Se-




ri~.n las diez del rlia (,Clan,Jo entraron estos con el mayor or-
(kn, i C~rlll()ua se puso en retirada ácia la tlalina con in-
!{'ncion de cm pcílar un comb;¡te en aquella despf'jQda po-
sicion.


l'\lui pronto i sin la menor resistencia se apoderaron Jos
realistas de la plaza de ar'llaS 1 del cuartel i del parque de
11'Iillcrí,,; h poca g¡;nte que guarnecia estos puntos reconoció
wmisdlllcl'tt: la autoriJ..¡.J real. }'llltaba que rendir la fuerza
quc r:nnJa ;):1 el ya eit~1l1o C~r;n()na, i se temía que el ter-
co valor de este caudillo hiciera pugar caro aquel triunfo;
las primeras tlOp~S que se dirisieron contra él fueron algu-
nos iulios armados de fmil pero sin orden ni disciplina. B.t-
chazauos éstos, fue envialo don l\gapito Labarcés con la ca-
ballería i travó un choque sangriento que se hizo asimismo
pcrsor:al: j t'll era el furor con que se perse¡;uian los dos ge-
fes CélnklJrlit"ntco! De sus result5s se metieron los insurjentes
en S:mta IUr!JUra, desJe cuyo fuerte empezaron á caiíonear
la ciudad.


Era tan grande la iI::1['ar iencia ele los inrlios por rendir
aluel rec¡uto que tr;Jtaron de dude el asalto; lIJas habiendo
halh.uo en el p:uque de ~utillerfa una culehrina de á 18, fue
presentada al instante contra los rebeleles, /luienes á los pri-
meros tiros clavaron la artilleria i se embarcaron para Betiu.
No creyéndose seguro Carmona en este asilo 1 salió aquella
misma noche por la cima del cerro para el pueblo ele 'fa-
ganga, en el que se rindió á los indios armados, con pro-
mes::! de salVJrle la vida.


El Morro, que era la última defensa de los insurjentesl
se rindi::í asimismo á los realistas, habiendo enarbolado la
misma guarnieioIl la bandera de la fidelidad des pues de ha-
b.~r aprisionado tÍ su comandante capitan de milicias Ramon
Martinez Guerra. EL negociante español, don Juan 'I'exidó,
que antiguamente habia sido oficial de artillería, prestó en
céta ocasion importantes servicios desclavando los ca'fiones de
Santa Bárbara, i dirigiendo en gran parte la maniobra.


Sucedió en Santa Marta lo que es propio de toda revo-