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·1-IISTORIA
DE LA.


POIl


AIJT O R D Ji: L.A. G E O G 1\ A. FÍA. lJ N 1VE 1\ S AL.


=rlU8'Sl8E
TOMO 11.


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Historl« veN' tesli. lempora."


Iu» ""ritatís , vitn memoriw, mil-
sidra ",tm, nunti••'stastatis,
:¿·qU4 vQ~e afia,. nls! oratoril ,
inmortalitati oommenlllalurr


ele. DB OUT• .,•• 11.


~lthi~:
~"1t.ettt«J ~ vIb(JI'ffl<)~ plasucla ~Atli~90i, núm. í.


.;IJo.







que no lleve la




..


CAPITULO PRIMERO.


IjDENoS-¡\I.I{ES:
.Creacion de un director supremo. Disensiones de Artigas con


las t}'(>jJ.fS de Buenos-..!l/res. Conoocacion de un congreso
oriental, Tropelias del citado-rlrtigas. Abandona este el
sitio de Monteoideo. Desorden del campo insurgente. Sa-
Iid« de los sitiados i su precipitado regreso á la plaza.
Prcscripcion de Artigas por el. director supremo. Victoria
de la escuadra argentina. Apuros de Montevideo i su ren-
dicion. Llegada de Rondeau al alto Penl ; su reemplazo
por Aluear; i desavenencias entre este i aquellas tropas.
Eleccion del mismo jJ6ra el puesto de director supremo.
Disgusto general por este nombra'tienlo. Desunion de las
prooincias. Estado critico de la república de Buenos-Aires
á fines de este alto.


Desde la batalla de Ayohuma llahia crecido considerable-
mente la agitacion de esta repúhlica: se atribuyeron sus re-
veses :í la falta de~nergía del poder ejecutivo; el pueblo
pidió otros miembros; la asamblea estaba al mismo tiempo
ocuparla en insignificantes debates : se creyó pues que el go~
bierno de un solo individuo seria el mas á propósito para dar
una r.ípida direccion á los negocios • aquel estado. Despues
de una acalorada sesion, ceIcJ?rada en 31 de diciembre del
año anterior, en la que unos defcndian la conveniencia de
esta. medida, apoyados en el conocimiento i pr~ica que te-
nian de la dificultad de acordarse los pareceres en los cuerpos
numerosos , en los que se pierde todo el tiempo en disputas
pueriles ó ambiciosas, i otros se afanaban por probar los gra-




4 ~U"NOS-AIRES: ISIt"
"el pe~jl1icfos de fiar la suerte de la república al capricho de
Un solo hombre, quien con su despótico proceder podía lle-
nar de llanto i miseria aquellas provincias, quedó nombrado
finalmente el ciudadano don Gervasio Posadas director supre-
mo, i le fue agregado un cotsejo (fe siete miembros con fun-
eiones meramente consultivas.


El ejército insurgente de la banda-oriental cobraba por
cada dia nuevo aliento al ver que' en igual ,sentido crecían
los apuros de la plaza de Montevideo. Descübrense algunas
eonspiraciones en dicho campo; son sacrificados varios indi-
viduos á sus escesivos temores: sucede á este tiempo una
nueva escísíon con el bullíeioso Artigas, que pudo ser mui
favorable á las armas de Castilla. Este genio atrevido i vio-
.Iento se creía con derecho para no obedecer mas que á su ca-
pricho; sus anteriores hazanas le habían dado una gran nom-
bradía. entre aquellos naturales, particularmente entre la
gente del campo mas feroz i guerrera, :í la que dírijía con
el simple impulso de su voluntad. Disgustado con el gobier-
no central, cuya autoridad le era~ui repugnante reconocer,
alegó sus quejas de q.este premiaba á las personas que ha-
bian incurrido en su indignacion , i que él creía que debían
ser castigadas. Aunque aparentaba un ardiente deseo por la


.- independencia, era sin embargo esta consideracíon inferior á
su resentimiento i ambicien: de aquí procedío Iadesavenencía
entre aquellas tropas 'i el principio de la guerra civil.


Los argentinos trabajaban con el oIyor reson por sofocar
estas discordias que debian ser tan funestas á sus miras; para
conseguirlo babia convocado Rondeau á nombre del gobierno
un congreso oriental con el objeto de nombrar diputados para
la asamblea nacional.,-a en vísperas de verificarse esta re-
union manda Artigas que los electores se presenten en su cuar-
tel para recibir instrucciones: sin hacer estos el menor apre-
cio de aq~la arbitraria providencia se congregan en la ca-
pilla de Macíel, i se ocupan del cumplimiento desn misión
observando las formas prescritas para estos casos. Irritado el
díscolo Artigas al ver desatendida su intervendon 1 anula di-





l\t'F."'o~-HnF."': 181,'1: :1
eho congreso del modo mas violento; i ul1¡¡que el nuevo go-
bierno siguio impavidamente en su carrera celebrando el te-
sultado de sus operaciones con pompa militar i con otras (le~
mostraciones de regocijo, tuvo bien pronto motivos de ar-'
repentirse de haber chocado abiertamente con este gefe tan
inquieto i p~Hgroso, quien desmembrando su gente con fin-
gidos pretestos , i desamparando por último su puesto en tra-
&c de gaucho, dejó flanqueado todo el costado derecho de k
línea de que estaba encargado. Aunque muchos de sus oficia-
les i soldados no siguieron tan pernicioso ejemplo, quedaron
-sin embargo los sitiadores en la mas terrible confusión i em-
barazo; tres veces se dió la órden de levantar el sitio i otras
tantas fue revocada; pero creciendo el desorden fueron aban-
donados los campamentos con pérdidas de mucha consideracion.


Fue escesiva la agradable sorpresa de los realistas cuan-
do al hacer su dese•.. hallaron evacuadas las principales
posiciones de los sit • e- s ; pero temiéndd algun ardid insi-
diosa, no se atrevieron á franquear sus trincheras hasta ave-
riguar la causa de tan inesperado acontecimiento: el pueblo
sin embargo salió en .-opel de las murallas con el deseo de
respirar el aire libre; mas el gefe de dia , el irlandés French,
qne se hallaba todavía en uno de los reductos de las avan-
zadas ~ mandó descargar de improviso un cañonazo á me-
tralla, i confirmo con esta fatal ocurrencia los recelos que
se habían concebido acerca de los artificiosos desjgnios de loo
insurgentes. El regreso á la plaza fue todavía mas rápido
que la salida, i efdesaliento de los defensores creció en razón
directa de aquel pretendido malogro. La oportuna llegada en
aquel mismo día del habilitado de Buenos-Aires con crecidos
fondos, i las noticias de prepararse una respetable escuadrilla
con nuevos refuerzos ~ra estrechar el sitio de l\1outevide@,
dieron nuevo valoré impulso á los desordenados sitiadores.
Muchos de los fugitivos vuelven asus posiciones; los pueblos
se prestan con mayur empeño al sosten de aquella causa, i
el prudente -i sagaz Rondeau s..be sacar un precioso partíde
de tan f':'vQtahles dispQ¡¡iciI,H~~S.






G nTTN')~- el tnts: 1S1'i.
El director P~sadas vió con la mayor indignucion la fu-


nssta desercion i violento proceder de Artig~s; .i dando á su
~~cntimiento mayor esrension de la que dictaba la política


.en tan criticas' circunstancias, espidío un solemne decreto
privandole de sus empleos, declarándole infame , fnera de la
leí i de la patria, agregando al catálogo de lcm ~(;bercs de
tocIo ciudadano la persecucion de aquel facciéso , i tasando
en 6:0 pesos su cabeza. Esta. rigurosa providencia, si bien en
armonía con la disciplina militar i con la obediencia á las
autoridades constituidas, fue sumamente fatal é intempestiva;
los orientales revere;ciahul1 ¡f Artigas como al í,Julll m;s pre~
dilccto , el rigor de Posadas fue interpreta.lo por ¡gnu/Jie des-
ahOgo de su enemistad i emulacion; a:ludla terrible pros-
cripcion no .podia alcanzar á quien era dueño de inmensos
desiertos; la impotencia del castigo creaba mayor desprecio
ác.:ia la a.utaridad qu~~bia imll, la reeon~iliacio? se
hIZO desde entonces Imposible ; se o mas la impunidad
del delincuente; la. guerra civil se.desemolvió con formas
mas horribles; la autoridad suprema quedó desairada, i dió
este nuevo rasgo de su debilidad. •


Sin embargo de tan horrorosa discordia iban tomando
bastante incremento las tropas de la capital i su marina.
Mandada esta por el inglés Brown , bien provista de todos
los pertrechos guerreros, proporcionados por este aventurero
i por .sus paisanos ~ atacan la escuadra realista i la vencen
en 16 de mayo. Faltando á los sitiados este único recurso
que les quedaba para proveerse de víveres, caen en el mayor
desaliento; i tornando al mismo tiempo los negocios un as-
pecto mas serio. por la parte de tierra, bajo la dirección de
Alvear , que había reemplazado á Rondeau , se rinde final-
mente, i se pierde con aquella plaza f} paladión de la autori-
dad real ep la 'América Meridional.


Ha sido mui censurado Vigodet por esta capitu lacion cuan-
do conservaba todavía sV hombres de tropas escogidas , con
los que podía cómodamente abrirse paso. para trazar nuevos
planes con el ejército del alto Perú, i haber dado diJs 4C




s' •nTT'iO~-Hn1'~: J, J~. '7
gloria á la Monarquia española. Tal vez ocurrieron causas
mui poderosas para que aquel genen".que tenia t:111 acredi-
tado su valor i pericia militar dejase de tomar el partido que
á todos parecía el mas oportuno i decoroso. Influirla asimis-
mo en el :fnimo de este gefe la consideracion de no dejar
abandonarlos al desapiadado furor de los sitiadores los muchos
soldados que tenia enfermos i heridos ~ i los heroicos habitan-
tes que tantos servicios habian hecho en obsequio de la ma-
dre patria. Unos i otros habrian sido barbaramente sacrifica-
dos si con las armas en la mano no se hubiera ase¿urado una
eapitulacion que salvase sus personas é intereses. i Situacion
critica por cierto para un guerrero ~ la de luchar entre las
ventajas de la guerra i40s sentimientos de humanídad l


En el acto de tomar Alvear el mando de las tropas que
sitiaban á Montevideo habia salido Rondeau á ponerse á la
cabeza de las destinadas contra el alto Perú; i como el go-
bierno de Buenos-Aires reconociese en el referido Alvear al
hijo predilecto de la victoria ~ lo envió pocos meses despues
á arrancar nuevos laureles del general Pezuela; pero las tro-
pas que habian comenzado á aficionarse á Rondeau maní-
festaron su repugnancia en recibir al nuevo gefe; i aquella
parece no dejó de ser fomentada por quien iba á recibir este
segundo desaire. Así pues las miras de la capital de enviar
un general que daba mayores garantias ele la feliz termina-
eion de aquella interesante" campaña, se atribuyeron á la par':
cíaíidad d~ una faccíon que queria presentir á dicho Alveá;
las mas brillantes ocasiones de distinguirse para consolidar su
opinion i con ella el influjo de su poder. Se habia introducido
asimismo en el ejército del Tucuman la mayor alarma cuan-
do ~supo lacomision estraordinaria que se había dado á,
don Véntura Vazquez para entregar ciertos pliegos al general
Pezuela ~ i el nombramienro de diputados para la corte de
España. En medio de este choque de opiniones se resuelve el
caudillo Roncleau á hacer una demision que lo eximiera de
toda responsabilidad ; pero sabia que no le seria admitida
tomo en efecto ¡e opusieron á ella su. subalternos ~ i Aiveal'




8 ·J:UFNOS.UIU:S: 1814.
hubo de volverse á la capital, El partido que dominaba en
ds.ta, buscó los mediwIe reparar aquel agravio, i los halló
mui eficaces influyendO para que el objeto de su culto fuese
elevado al rango de director s.uprcmo.


Esta violenta eleccion que llevaba todos los caractéres de
ser obra de h intriga i no de la conveniencia, file recibid.
con desagrado general: todos presagiaban funestos resultados.
suponiendo con fundamento que un ejército que había negsde
su obediencia á este gefe como general, estaría mas remiso
en reconocer su autoridad como dictador. Estaba por otr.•
parte bastante desacredirado el partido de dicho Alvear; i
reforzados los descontentos con el apoyo del ejército del alta
Perú, i con las disensiones del gene.l Artígas trataban de
disolver aquella asamblea i derribar al ídolo á quien la leo-
gua tributaba respetos que desmentía el corazon. El re-
seutimiento j el deseo de la venganza se comunicaron por
todas las províncías, Córdoba se sustrae á la capital; Santa
Fé sacude totalmente su dominio, i sigue el sistema qua
Labia adoptado desde que la~ tropas de Al1igu habian en-
trado en su territorio.


Estas discordias influyeron considerablementeen la suerte
'del ejército del alto Perú; sus progresos habrían podido ser
mas rápidos, i sus triunfos mas seguros,sien vez de ocuparse
las tropas sitiadoras de Montevideo enC\l&itionea políticas,
llUbieran pasado á reforsar al general Rondeau. La república
pues estaba en eJ, mayor desconcierto; el nuevo 4Jreetor vie>
la nube formada. sobre su cabeza, i se apresuró á conjurarla
por todos los medios que podían sugerirle sus encontradas
ideas de patriotismo i ambiciono Sabiendo que la esperanza.
el temor SOQ los dos grandes móviles del corazon, tr,. de
ganarse :( unos con el premio, i de aterrar á otros con el
castigo. Para dar peso 4-su autoridad, que veía escaparsele
de las manos por falta de opinión en el pueblo, puso todo su
esmero en la organizacion de tropas regladas: de esta tenden-
cia á hacerse respetar con las bayonetas , i de slgunes tro-
pelíaa .cometidas en obsequio de su despótico.poder, cual fUQ




nl!ENOS-AIRES: 131:'1. 9
la muerte trágica del desgraciado Ubeda , procedió el ser de-
llignado con el denigrante título de Tirano, quien pocos meses
antes había sido reverenciado como una divinidad. .


Siguiendo las ideas de su antecesor, ó mas bien las del
partido del ayuntamiento, pnblico una proclama "furiosa,
dando con su tono amenazador í ruidosas frases la idea mas
positiva de lo mucho que temía á aquel osado enemigo. A
fines pues de 1814 estaba le república argentina en vísperas
de una desorganizacion política; su desorden creció en el afio
siguíeate como se verá en el capítnlo que le corresponde«;








TOMO JI.







10
,,'- W\I\I\I\I\i\i\'\\,,\\U \ '\'\:\.\'\'\J\I\I\J\I\i\'\I\J\:\'\i\'\'\'\i\J'\i\\i\!\I\f\i\J\i\'\'\J\J\\1\'\1\1\1


CAPITULO JI.


r


PE RU: 1814·


Formaeion de partidas contra el ejército del Rei , entre las
que se distinguió el caudillo Arenales, que fue ~o por
l1daeta, Blanco, i O'stria, Formacion de otrJlll'Olumna
contra los caudillos Unza/la, Padilla, Cárdenas i Zárate.
Indulto general. Creacion de nuevos cuerpos. Traslacion
del cuartel general á Jujuf. Varios golpes dados d las
guerrillas. Providencias contra las familias de los' emi-
grados' al campo insurgente. Ventajas conseguidas por el
coronel Marquiegui. El general Pezuela altera el plan de
seguir su marcha dcia el Tucuman, Derrota del coman-
dante Blanco. Apuros de las provincias del interior en
medio de las victorias del coronel americ .no don Sebastiatt
Benaoente. Subleoacion del Cuzco. Espedicion de Pinelo i
jJ.1úñecas sobre Puno, de Mendoza i Bejar contra IJua-


. manga, i de Pumabagua sobre Arequipa. Crítica situa-
cion del uirei Abascal i del general Pezuela. Esfuerzo del
primero para enviar una pequetia columna al mando del
comandante Gonzalez sobre Huamanga, Entra el segundo
en negociaciones con el caudillo de BuellJJs-Aires; pero se
resuelve por último a correr todos los trances de la guerra.
Subleoacion del coronel Castro. Malogro de sus planes.
Acendradafidelidad de lossoldados cuzqueños.Formacion de
varias columnas contra ldfJt!infinitas partidas rebeldes. Ca-
tástrofe de La Paz por PineZa i Muñecas. Victoria del
general Ramirez en Zas altos de la misma ciudad. Otra
del comandante Gonzalez en Huamanga, Toma de Arequi-
pa por Pu,agua i Angulo, i prision de Picoaga, Mos-




l'Emj: 18] -i· 1 1
caso i Valle. Alam2a de la capital del uireinato. Evacua-
cion de Arequipa. Merito» contraido. por et general
Pezuela.


Aunque los insurgentes habian sí-lo completamente der-
rotados en las dos brillantes batallas de Vilca¡:lIlgio i Ayohu-
roa del afio anterior, habían quedado todavía algunos restos
ocultos por aquellos partidos, los que puestos dc acuerdo COIl
varios de sus habitantes comprometidos en la revolución ern-
pezaron á formar fuertes cuadrillas para hostigar al ejército
realista al favor de la cscalnosiJaddel terreno. Arenales fue
el caudillo que mas pronto se distinguió en esta clase de
guerra penosa: halhíndose de gobernador en Cochabarnba al
tiempo de la última derrota, orecogió antes de evacuarla cuan-
tas armas , caballos i numerario pudo liaber á las manos, di-
rigiéndose ~í VaIle grande despues de haber sido batido por el
teniente coronel don Francisco Udaeta en los puntos de Ome-
reque i la Abra. Creciendo sin embargo la fuerza de aquel
caudillo, fue enviado desde la plaza el capitan don Francis-
co de O'stria con 60 caballos; i como el citado Arenales en
union con Cirdenas i Umaña hiciese los posiblel'esfuerzos
para sublevar á los indios chiriguanos , conoció el general Pe-
zuela la necesidad de aumentar sus precauciones para cortar
oportunamente aquellos vuelos.


Destacandocon este objeto al teniente coronel don José
Joaquin Blanco ~ comandante militar de Oruro , con parte de
su guarnicion idos cañones de montaña ~ pasó por Cocha-
bamba, de donde ya había salido otro refuerzo de 120 hom-
bres á las órdenes del eapkan don José Llano, i engrosando
su columna con otros ciento tomados en el mismo punto i
con un callan de á cuatro ~ continuó su marcha hasta el pun-
to de Tótora. Noticioso de que los insurgentes habían salido
de aquel fuerte, determinó frustrar sus planes con la celeri-
dad de sus movimientos: adelanrandose él solo dejando or-
den á su division de que caminase con la mayor presteza, llegó
muí pronto áreunirse en Tulquia con dlcboagefes Udaeta , O s-




1:2 PEn¡'~: 1814.
tria, i Llano, Desde su primera confereneia convinieron en
la necestcIaJ de tomar por un atrevido golpe de mano las al-
turas de San Pedrillo ; i aunque se llevó á ejecucion este
proyecto sin pérdida de tiempo, cuando llegaron á aquellas
posiciones ya estaban ocupadas por los enemigos; pero atacan-
do con tesan la mas alta de todas lograron arrojarlos de ella.


Aunque no habia llegado todavía al dia siguiente la di-
visión que habian dejado en 'I'otora , se atrevieron á bajar al
Llano i atacar á mas de 300 rebeldes que los esperaban á
pie firme con cuatro cañones i con los flancos bien cubiertos
por la inmensa caballada, Fue furioso el ataque i obstinada
la defensa; mas á las tres horas i media de viro fuego fue-
ron derrotados los insurgentes, quienes entregandose á una
fuga desordenada dejaron en el campo mas de 100 hombres
muertos, entre ellos cuatro capitanes, muchos heridos, 2 1 ~
prisioneros, 4 cañones , 4 cargas de municiones, 32 fusiles i
100 lanzas; Arenales i los demas caudillos salvaron su vida
con la ligereza de sus caballos. El comandante Blanco se vió
precisado á hacer un terrible escarmiento sobre tres cabecillas
que habi,.n caido en su poder, i sobre otros individuos que
habian (mio pruebas mas positivas de su espíritu cruel i de-
vastador. Asi quedaron desagraviados los malles de seis veci-
nos honrados, cuyas cabezas, cortadas por aquellos furiosos
bandidos, habían sido colocadas sobre picas en el camino real
por donde habia de pasar el ejército cspaiíol. A pesar de estas
ventajas fue preciso destinar una división de 450 hombres i
4 piezas al mando de dicho Blanco para que contuviera al
referido caudillo Arenales, i se apoderase de Santa Cruz,
de Mojos i Chiquitos. •


Fue asimismo destinada otra división á las ordenes del
coronel Benavente compuesta de 200 infantes i 330 caballos
para que observase los movimientos de los caudillos Umaña,
Padilla, Cárdenas i Zárate, que habian formado otra nume-
rosa reunion en el partido de la Laguna (provincia de la
Plata ) con el apoyo del cacique bárbaro Curnbai , que vivia
en los confines i era señor del valle de lngre.




l'F.fJ:.Slí. 1:)
El infatigable Pezuela se valió de cuantosmedios le sugl-


r,ió su celo i decisión para dar solidez á sus víctoriaj", -1 pres-
tar nuevos servicios á la causa del Rei, Creyendo que un in-
dulto general retraería de la carrera del desorden á muchos
de los descarriados, 10 concedió con amplitud, ~ándüle la
mas rápida circularían. Como tardaban á venir los refuerzos
del Cuzco para reemplazar sus bajas, se determinó á formar
dos batallones de los habitantes de Chichas, Cinti i Tarija,
admitiendo para completarlos á los mismos prisioneros de
las batallas anteriores que' manifestaban mas dísposicion de
corresponder á aquella coníianza : al primero de dichos cuer-
110S se dió el nombre de Granaderos de reserva, i al segun-
do el de Batallan del general.


Despues de haber tomado oportunas providencias para
asegurar el orden en el interior, en cuyas operaciones fue se-
gUl1,lado con el mas esmerado celo é inteligencia por el mayor
general don Miguel 'I'acon ; i dejando en Potosí con una buena
guarnicion al brigadier Lomberu para que velase sobre este
interesante objeto i sobre las operaciones de los cuerpos espe-
dicionarios del Valle grande.i de la Laguna, levantó su
cuartel general de 'I'upiza ~ i se trasladó á Jujuí para dar im- •
pulso á la campaña por aquella parte.


La vanguardia realista habia ocupado desde principios de
este año la citada ciudad de Jujuí i la ele Salta"! el fuerte de
Cobos; pero las malignas tercianas, propias .ile aquel tempe-
ramento, la escasez de subsistencia, i los repetidos choques
de los partidarios favorecidos por el perfecto conocimiento del
terreno i por la ventaja de sus buenos caballos i destreza
para manejarlos, causaban bajas considerables en el ejército
del Reí. Cuando el general Pezuela llegó á dicho -ejército que
fue á fines de mayo, consistía toda su fuerza·en 4Z\ hombres,
inclusos 450 de caballería i :;00 artilleros. Era su ánimo
continuar la marcha sobre el Tucuman luego que llegasen los
refueraos que debía enviarle el general Picoaga; pero como •
tardasen estos á causa de la repugnancia de las provincias en
prestarse :f aquella clase de servicio, formó dos escuadrone,




1 /~ J'~: 18¡4.
.de cazadores, "lue era el arma de que mas necesitaba para
emprenc1er la campaña , mandados por el valiente COrQ-
lle1lIarquiegui, i otro denominado de San CárIos por haber
sido compuesto de Iós naturales de dicho valle, que habian
mostrado.una particular adhesion á la causa del Reí , del cual
fue nombrado comandante el teniente coronel don Martin
Aramburu.


Urgia sobro todo disipar las infinitas cuadrillas de
gauchos, que con algunas ventajas que habían logrado sobre
las partidas mas adelantadas del ~ronel Castro, habian ad-
quirido el mayor orgullo. i emprendían atrevidas incursione¡
desde sus madrigueras. Disponiendo el general l'ezucIa que ~
retirasen á Jujuí los pocos dragones que habia n quedado ca;'
¡U comandante, hizo un movimiento general i repentino con
los tres escuadrones nuevos, con los dos batallones de tropas
ligeras i con el regimiento número 19. Apoderándose con esta
acertada maniobra de los parages que llaman de los Cerrillos,
Cabos, i de otras guaridas de aquellos bandidos, los estrechó
de tal modo que se vieron precisados á salir de ellas, i á re-
tirarse al otro lado del río Pasage , quedando asi el ejército
libre de sus continuas ~larmas, i en tlisposici. de proveerse
de caballos, carnes i granos de que empezaba á escasear.


Se presentó á este tiempo á pervertir la opinión de los
pueblos un n~vo enemigo sumamente peligroso" cual era la
intriga agitada flJ'r las mugeres i familias de los que habian
seguido las banderas del Bclgrano, por medio de las cuales
tenia este caudillo exacto conocimiento de todas las operacio-
nes de sus contrarios, no limitándose á esto solo su maléfico
influjo, sino estendiéndolo hasta el. estremo de prostituirse á
los oficiales' i soldados que abandonasen las filas de los realis-
tas, 6 que les ~municasell avisos de interés: fue preciso por
10 tanto trasladarlas á los pueblos de retaguardia para que
fuese menos activa su venenosa seducción.


Como dicho general Pezuela careciese de noticias sobre.tá
situacion i fuerzas de sus enemigos, ordeno que el coronel
Marquíegui ~ práctico de todos aquellos terrenos, saliese con




rnnD: 1314. 15
una espedicion de 300 hombres á esplorar el campo insur-
gente del 'I'ucuman , dando la vuelta por los fuertes de Santa
Bárbara? Río del Valle? i Pitos, que están situados en las
fronteras del Chaco? pais habitado por indios bravos,


El bizarro Marquiegui evacuó con tanta felicidad esta es·
pinosa comision que el 16 del mismo mes sorprendió á los
enemigos, se apoderó del fuerte del Rio del Valle, i averi-
guó con toda certeza que la fuerza de BeIgrano no pasaba
de 39 hombres de tropas bisoñas, ni su artillería de 2" pie-
zas , í que la vanguardia se componía de 800 gauchos á las
drdenes del caudillo Martin Gücmcs, distribuidos en partidas
sueltas que vagaban por diferentes puntos.


Los planes ({ue con estas lisongcras noticias pudiera for-
mar el general Pezuela , sufrieron una notable alteracíon,
luego que se comunicaron por el mismo conducto las de la
tristcsituacion de la plaza de Montevideo; cuyos valientes
defensores? que segun los mejores datos componían todavía
una fuerza de 59 hombres? se esperaba que mas bien 'que
rendir fríamente las armas, se resolverían á abrirse paso para
que sus operaciones facilitasen los adelantos de las tropas del
Perú. Influyeron asimismo en la variación del proyecto del
señor Pezuela sobre ocupar al 'I'ucurnan los desastres ocurri-
dos á aquella sazon en las columnas encargadas de mantener
la tranquilidad interior. El coronel Blanco, que después de
la ilustre accion de San Pedrillo había conseguido nuevos
triunfos en la Angostura, i que había llegado á apoderarse
de Santa Cruz, acababa de ser derrotado en el Pirai , adonde
habia penetrado con mas valor que precaucion: por su des-
cuido se perdió él mismo i toda su tropa, sin que hubieran
podido salvarse de tan terrible catástrofe sino tres oficiales i
nueve soldados; de cuyas resultas iba caminando para Cocha-
bamba el orgulloso Arenales con mas de 300 fusileros, muchos
indios fle~eros, i cuatro piezas ds a.rtillería. .


La _ion del coronel don Sebastian Benavente , situada
en el partido de Tomini habia sostenido varias acciones glo-
riosas contra 10& caudillos Padilla, Umalla, i otros, siende




16 PEn ú : 1814-
1:13 principales la de Pomabamba en 19 de marzo, cuyo pue-
blo infiel fue reducido á cenizas; la de 'I'aravita en 11 de
abril, resplandeciendo mas que nunca el distinguLlo mérito
de dicho gefe en esta ocasión en que su celo por la causa del
Rei le hizo superior á hs graves calenturas pútridas que pa-
decían él i dos tercios de su tropa, pues levantándose de la
cama suplió con su arrojo i valentía la falta de fuerzas físicas
i la debilidad de su cabeza; la de MolIein en 13 del mismo
mes ;1 la que escarmentó fuertemente á los rebeldes; la de
Campo redondo sostenida ya por su segundo el teniente C01-0 1
nel don Manuel Ponferrada en Z 1, quien ocupó dignamente
el puesto de su postrado ge.fe; pero á pesar de estas ventajas
había quedado tan débil aquella columna por efecto de di-
chas enfermedades, malos alimentos , contínuas privaciones i
penalidades que no se hallaba en estado de resistir á los re-
beldes; i mucho menos de emplearse en su persecucion.


Estos inesperados contratiempos, comunicados por el bri-
gadier Lombera con una triste pintura del estado de la opí-
nion en Potosí, Charcas i Cachabamba , i confirmados por los
urgentes pedidos de 400 hombres para cada una de las plazas
de la Paz i Oruro , i hasta de 1600 para la Plata, tenían per-
plejo é indeciso al general Pczuela sobre el partido que debía
tomar en tan críticas circunstancias. Aunque habia renuncia-
do á la idea de cstender la línea de sus operaciones, no se
atrevía á evacuar la ciudad de JujuÍ por ser aquel el punto
mas á propósito para combinar acertadas operaciones con el
general Vigodet, de quien se esperaba una arrojada salida
para levantar el sitio, posesionarse de toda la handa oriental,
entretener por aquel lado las fuerzas argentinas, i socor-
rer abundantemente la plaza con el ausilio de sus buques.


En esta espectativa suspendió el señor Pezuela su replie-
gue, limitándose á destacar un batallan i algunas compa-
ñías á disposición de Lombera para que atendiese t los pun-
tos mas urgentes; pero no habiendo conseguido eAte tiem-
po las armas del Rei mas ventajas que la derrota de Arenales
en 6 de agosto por el coronel don JavierVelasco; no pudien-




'PT,f'lí: I.BI'¡. 17
do ya dudar de 1:1 ren.Iicicn de Montevideo, i creciendo de
día en día Ios apuros de las provincias de- retaguardia, cuya
oj'inion se ll,'ü,ü llq:;ado á estraviar completamente con las
noticias de lo" triunfos "'de los rebeldes en dicha plaza, i con
la falsa voz divlJI~;¡da ele 'lue venian de Buenos-Aires 621
Iiombres de refuerzo al Alto Perú, se retiró flnahnerge á
Suipacha.


L:i provinci: ele Cw~co, en la que ya clesde algl1I1 tiempo
se hallaban sembradas las semillas de la insurreccion , dió un
horroroso estallido cn el dia 3 de agosto luego que supo los
reveses dc las arrn.rs cspllíohs, i 10 desguarnecida que había
quedado el vir, imto (í~ Lima con la cspedicion que hahia 6:1-
lido para Chile. Este terrible golpe puso el calmo á las inqui'3-
tudes del benemérito Pezuela. Sin mas recursos que su·valor
i su ingenio, con un ejército rebelde al frente que iha á ser
reforzado por numerosas tropas, con el horroroso fuego de
la insurrección <que soplaba por todas las provincias, i que
había llegado á contaminar el mismo terreno que pisaba, sin
esperanza de recibir género alguno de ausilios , solo un áni-
mo esforzado era capaz de mantener su vigor en Un espan-
tosa crisis, i aun de hallar medios para salir con honor de
aquellos apuros.


El brigadier indio, Mateo Pumacagua, que tantas dis-
tinciones había merecido del gobierno español , se puso á la
cabeza de aquel w0dmi-:;lJto, de acuerdo con los hermanos


José' i rieeute Angula. El desprevenido presidente brigadier
Concha, el regente de la real Audiencia , todos los oidores,
menos Vidunrre que sucesivamente se distinguió en las ana-
,les de Ia rebelion , i otro! muchos partidarios de la causa del
Rei, fueron confinados en prisiones , i debicl'onM salvacion
de sus villas ú la mc.liacion del ol,i::ipo i á la de ~gunos su-
getos influyentes. La tropa seducida' rindió sus armas á los
conspiradores , quienes sin la menor efusión de sangre se apo-
deraron de les almacenes, pertrechos, artillería, i de cuanto
existía en aquella ciudad. Ensobervecídos con este primer
tritiMo, i r'ontando con el apoyo de los soldados cuzqueños,


Toi\1.o.H. 3




18 UI'JJ: IR'I¡.
que componían la mayor parte del ejército de Pezuela , creye-
ron que mida habría capaz de contener sus sacrílegos impulsos.


Nombrado en cabildo abierto José Angula gde gene-
ral de las armas, su hermano Vicent!, segundo en el mando,
é instalada una junta gobernadora compuesta del eita.Io gefe,
de fumacagua, del doctor' Astete,. i del coronel Mosroso,
dispuso la salida de varias divisiones para prop9gar su maléfi-
co influjo. Una de ellas se dirigiri sobre Puno á 1.15 órdenes de.
Pinelo; sargento: que hahia silla. del ejército del Rei , i del
él¿rigo JWuiÍccas; otra' sobre Huamanga, mandada por Wlcn-
doza i Ikjar, i la tcrcer.i subrn Al'cpli", á rnrl~o de dicho Pu-
macagua. Llevaba instrucciones la primera de Ih¡pr :í Potosí,
i la stgunJa de estcn.lerso hasta Lima 1 su noniendo que Pe-
zuc' no podria oponer el menor obst.ícnlo ¡wr ·lcner un ene-
migo poderoso al frente, i aun menos el virei Abascal, que
era qniendebia proveer con mIS e.npe.io á la conservación
de esta provincia por ser' de la ¡wrrenencia de su vircinato.


Dicho virei recibió casi á un mismo tiempo este golpe
mortal, el de la pérdida de Montevideo i las mas funestas no-
ticias del estado de la opinión en las demas provincias. Cele-
brada una junta estraordinarla de guerra á fines de agosto
para resolver sobre las medidas mas oportunas que conven-
dría tomar á fin de contener el torrente de males que iban á
desplomarse sobre aquel reino, no se. hallaron otras mas
prontas i útiles para ausíliar al general Peauela , -al que se
consideraba en el último estado de su agonía i próximo <í En-
cumbir á la furia de sus soldados, sino las de disponer que el bri-
gadier Osorio abandonase á Chile, Óllue dejando en aquel reino
las tropas mas precisas, embarcáraouna fuerte división con di·
reccion a.puerto de Arica á fin de apoyar la retirada i tojo
otro mo&iEmto de dicho general; i en el entretanto salio de
Lima el teniente coronel del rcgiuiiento de 'I'alavera , don
Vicente Gonzalez con l20 hombres ,. que fueron los tmicos
de que pudo. desprenderse el señor Abascal. Estos sin embar-
go eran remedios mui tardíos, i poco eficaces para mejorar la
posicion del ejército del Alto Perú. . ....




PERÚ: ISIIi; 19
Su digno gefe procuró ocultar por algun tiempo aquellos


funestos acontecimientos con la idea de prepararse á neutra-
lizar los tiros de la seducción i de la intriga; mas estos tar-
daron poco-en burlar la vigilancia de sus medidas. Viéndose
en tal conflM.;to,· i rojeado al mismo tiempo por una poreiori.
consarable de cuadrillas sueltas, que si bien habian sido-
batidas en tojo. encuentro por las divisiones de Vclaseo cerca
de Cochabamba, de Benavente en la Laguna , i de Ba~ en
Cint! se rehacían al momento para vol ver con mas tesón á la
pelea', llegó á desconfiar de poder evitar la inmñiente disolu-
cíon de su ejército. En tanto que lnlagaba á los oficiales i
iol~dos trabajando con el mayor ardor para que los sentimien-
tos del l10110r i de 1:1 fidelidad triunfasen sobre los de la na-
turaleza i de la s:lIIgre, entró en negociaciones con el gene-
ral insurgente Rondeau , proponiéndole un armisticio i sus-
pension de hostilidades hasta que el legítimo Monarca, resti-
tuido á esta sazon al trono de sus may~res, tomase disposicio-
nes decisivas sobre la suerte de aquellos paises; pero la alta-
nera i descomedida contestacion del caudillo de Iluenos-Aires,
fijando por condicion la retirada del ejército realista al Desa-
guadero, hizo ver al señor Pezuela: la necesidad de recurrir á
los estremados recursos que sugiere la misma desesperacíon,
i á los estraonlinarios esfuerzos, que dicta á veces el honor
propio lastimado , para dar al enemigo una leccion práctica de
lo arriesgado que es el insultar á quien sabe sentir todo el
peso de111OIlor.


En medio de estas terribles angustias que traspasaban' el
corazón del general realista se le ofrecieron luminosas prue-
bao- par~ persuadirse de que el ánimo del soldado estaba lejos de
haberse pervertido con los insidiosos manejos de sus parientes,
amigos, ¡. paisanos rebeldes : plógo al cielotemplar la amar-
gura de tantos contrastes inspirando en g~nera.l á aquellas valien- -
tes tropas una elevacion de sentimientos superior á todo elogio•


. El coronel comandante de dragones, don Saturnino Cas-
tro, que había dado repetidos testimonios de gratitud á 10s
lietldados beneficios, i honondcas distinciones que había recí-




M' l'r11.ú: 18L'Í.
bido del gobierno español , concibió sin embargo el alevoso plan
de poner todo aquel ejército á disposición de los insurgentes de
Buenos-Aires. Creyendo que la revolucion del C1l7Á~0 i la cir-
cnnstancia de ser de aquella provincia una gran parte de los sol-
dados del señor Peanela , i especialmente el regim.nto núme-
ro I?, allanaria tojo tropiezo para llevar á cabo su criiltinal
empresa, trato de ganar dicho cuerpo, sublev..r á los demas,
i de 41rrestar alo general i á todos los gefes i oficiales europeos:
plra, asegurar el resultado de su movimiento escribió al cau-
tUllo insurget!'te encargindole se aproxímase con fuerzas impo-
nentes' en la noche del I? de setiembre en que debía darse
el golpe. •


Noticioso el general Pezuela de estos ocultos manejos d('s-
de el 30 de agosto, dispuso el arresto de dicho individuo en
aquella misma noche; pero aunque fueron comunicadas las
órdenes con el mayor ~gilo, llegó sin embargo á traslucirlas
lino de los capellanes del ejército, quien dió aviso al referido
C'istro (Juc ya se hallaba separado del escuadran en uso de la
licencia que pocos días antes se le había concedido para pasar
a.Lima, Viendo ya descubierto su infame plan, se apresuró á
darle ejecucíon sin pérdida de tiempo,


El citado regimiento número I? se hallaba ;¡tlla.!o en el
punto de Moraya , distante seis leguas del cuartel general de
Suipacha ; i en el puesto mas avanzado de lVIojos 8e hallaba
el acreditado escuadran de cazadores de ;IVlarquiegui. Dicho
Castro, que habia huido de 'I'upiza con doce soldadus dos !;,)-
ras antes que llegasen los que iban ,i prenderle, se dirigió al
cuartel general, i se metió ti media noche en el .campamento
del escuadran de dragones que antes man.laba , agotando ·to-
dos los medios de la seduccion , del engano , i de su vehemen-
te elocuencia para atraer aquellos soldarlos ,í su partido , ma-


•nifestandolcs que ya el espresado regimiento numero I? iln ca-
minando para atacarlos. Sus enérgicas escitacioncs fueron oídas
con tal desprecio, que solo un hermano suyo, i una docena de
soldados siguieron a ¡ue! imnulso revolucionario. Sahendo cnton-
CC5 á esca1m de dicho pun~o, hizo alto á mitad de' camino de




T''!!11 ti: 18 J 'l.. ~ 1
la vanguards», desde donde escribió al general Pezuela , inti-
m.índole la entrega de sus armas i las de todos los oficiales cs-
p:tfí(}les 1 ~¡ los qUé prometía una segura escolta para trasladar-
los al parase (Iue <1esigll1SCn; i que de no conformarse con
estas disposiciones, espirarían todos ellos á los golpes de sus
mismos soldadosque estaban ya decididos por la Causa de la
independencia. :
J<~fl el mismo acto en que el señor Pezuela recibía tan


insultante i descabellada intimacion , circulaba por el ejército
una proclama incendiaria , por la que se esforzaba Castro en
pcrsuadifl" á aquellos valientes soldarlos de qt!e dicho general
iba á sacrificar en una accion ti todos los .queuos, i que
los que sobreviviesen á ella serían enviados al Socavan de
Potosí para terminar -en breve sus miserables elias; poniendo
aquel traidor el sello. á su pcrfldia 1 dándoles á entender que
el mismo gener..l1 le l~aJ¡i;1 dado parte de tan inicuo proyecto,
que el habra jurado veng:.lr con su sangre. Para introducir mejor
el veneno de la seduccion 1 les presentaba el cuadro ele sus
parientes i paisanos que pedían con la liJayOl' ansia su adhc-
sien á los principios de la, independencia 1 i les afeaban.el uso
d~Jas armas estrangerns en su propio dalla, terminando lo
ponsoríoso de su alocucion con manifestarles que Arequipa
habia abrazado su causa, i que Lima había sacudido igual-
mente el yugo del virei AbascaI.


Dejando en arrud sitio los pocos wI(hdos que le habían
:seguirlo al ~u¡';.¡r!o de su "ermano ,quien parece que mas
bien seguia su impulso por un efecto de torpe embelesamien-
to que de criminal intenciou , pasó á Moraya1 íJleno ele una


• petulante conflnnza , fundada en las numerosas tropas de su
devocion que iingiaiban caminando p:.lnl apoyar sus proyec-
tos, mandó al coronel (1011 JIalluel Gonzalcz ele Hcrnedo,
iinico español que había en dicho primer regimiento? entre-
gase el mari-lo !tI.sargento mayor don l\IarftI:o Antonio Novoa
i dió á este el m~IS premuroso encargo de fíue se preparase J
rechazar los violentos ataques del general Pezuela , que se
aproximaba con. la idea de deshacer aquel cuerpo i de enviar




2S I'En,(¡: 1 R11'
todos 5US inJiviJuos al mencionado Soe avon de p'úlost


A pesar de la seguridad que afectaba Castro el! aquellas
disposiciones, no hizo su intriga el rál"i,lo efecto I [uc; se pl'8;-
metía, pues que reunidos todos lag oficiales en r~li~! r!d coro-
nel, se aseguraron de la falsedad de los asertos dcl l'(lnS, ,j:",dor
por el teniente den MariallO Mdtorras qUil !lama n'gado en Sil
compaúía; i comisionado el referido NOYOa Inll~J cerciorarse
de tamaña impostura, en compaúía de otro capit..lni,k cu.a-
tro soldados, observaron qll~ Castro iba precipitadamente, á
tomar su cábal10 para. sustraerse con la fuga á la dura suerte
que debía pro¡erse de sus' descubiertas tramas. ,s. arrcja-
ron tntonces,," él, 10 presentaron de I~UCYO al coronel, é
hicieron pública SIiS maldades á tojo el regimiento,


Poseidos los soldados del mas justo furor, clamaron todos
:f una voz que fuera despedazado en el acto aquel gento de la
discordia i del deshonor: sosegados' sin embargo .,cdtl las pro-
mesas que les hicieron sus gefes de que se le impondria el con-
digno castigo, fue remitido tÍ Suipacha con una compañía de
granáderos. HaII:índose en el camino con otras dos que el activo
rezuela había enviado en su persecucion, fue detenido basta'
que a~~sado dicho generaol de aquellos acontecimientos ,¿lió
erden para que fuera devuelto á Moraya, accediendo á las
IIrgentes solicitudes que el espresado regimi~nto le había diri-
gido para que se le permitiera el honor de ser el ejecutor de
la bien merecida sentencia de muerte, que le fue impuesta
despues que el auditor de guerra Jtubo apurado los medios de,
averiguar los cómplices que tenia en su bárbara ~onspiracion.


Asi murid este' malogrado guerrero, que tanto aprecio ha.
hia llegado á merecer de los buenos realistas por su fiel i bi-
zarro comportamiento hasta que-las venenosas doctrinas de"
los buenos-aireños llegaron tÍ pervertir su juicio. Bien. lo co-
noció en los últimos momentos, en que viendo las cosas por
el prisma de la ve_d, de la razón i del deber , se manifestó
arrepentido de sus errores, hizo útiles advertencias al general
Pezuela para que observase con cautela la conducta de algn-
JiOS individuos, le nombre por su albacea, i .le pidió perdoa




1''1':''1'1: 1 81,'~. .25
pór su rebeldía i por. el diahólico aesignio que habia tenido de
as.isinarle en Sil mismo cuarto pocos dias antes de dar el grito
de-se.licion. Esre es otro de los argumentos mas poderosos
que prueban b' injusticia de la cauSil de los r~heldes.


EiJtr;; los inílnitos realistasjue han sido sacrificados al puñal
fr:ltriti,ll no ha nabiIo uno que haya mostrado temor alser
conducido (JI su.ilicio , i m'ucho miOS su arrepentimiento por
haber abrazado un partí lo que eftaba en perfecta armonía
con la rel igion, con la virtud i con el honor; i entre los que
han sufri.Io ip;u'al destino, pertenecientes al bando contrario,
toilos con muí rocas e.ccpciones ,. aún los mas obcecados i fu-
riosos han det,'staJeJ en los últimos instantes de su vida las
erronrus Joctrinasque los habían conducido á morir en un
afrentoso pnr.bulo. "i.


A nesar de este terrible escarmiento i de otros varios que
fue preciso hacer para contener el genio del mal, •entre ellos
d del sargento primero José Lino, que habia tratado de en~·
tn'gar al cnemígo el escuadran de dragones del coronel ~'Vlar­
quiegui al que pertenecia , estaba mui distante de mejorar la
situacion de los negocios. Baez avisaba desde Tarija la nece-
~idad de evacuar arrue! territorio á causa de la superioridad
de fuerzas enemigas con' que se veía ahrumado, i del mal es-
píritu de aquellos habitantes, acreditado con la desercion de
tres compañías montadas que había formado de ellos. Los
otros ctuulillos dd interior liubien llegado á ocupar á Cinti,
amenazaban ~[ Potosí i la Plata, i hacían una guerra cruel á
cuantos caían en sus manos. Los del Guzco ;lejos de" suavizar-
se con "las oficiosas proclamas del virei i pastorales del arzc-
hispo de Lima, pouian en movimiento los mas sutiles rcsor-


, . .
tes de su intriga para estcnder su ardor revolucionario por
todas las provincias.


El mariscal de campo don Francisco Picoaga, que había
Iogrado refugiarse en Lima huyendo de las. inmediaciones del
Cuzco, en donde se hallaba al tiempo que estaQó la suble-
vacion , salió de dicha capital para Arequípa , en. cuya ciudad
"operaba organizar algun ejército, i sostener la autoridad del




2/~ nnú: 1811,.
Rci con el apoyo de su opiníon , que suponía favorahln á su
causa i á su persona, i con la dicaz eooperacion del inten-
dente 1\10SC050; pero estos remedios paliJtivos no eran ~!'fi­
eientes para disipar la g,i"'w borrasca que se hahü levantado.


En. medi~ de los graves cuidados que ocupaban :JI g(,nerJ!
Pezuela se resolvió á desmembrar su PC(fUCiln ejército, único
medio de cortar aquella insurreccion : el valiente Ramirez
fue encargado de llevar á~abo tan ardua empresa, El regi-
miento numero ¡?, quc debía inspirar la mayor desconfianza
por ser todo él compuesto de hijos del rnisrnopais que se tra-
taba de sujetar, pidió con tanta vehemencia el honor de abrir
esta campana, que hubiera sido tan imprudente el desairado
como se presentaba aventurado su desenlace. En este estado de
inquietud i perpIegidad concedió á dicho brillante cuerpo la
gloria de vencer i de vencerse á sI mismo. Situado Pezuelu en
Santiago de Cotagaita , i fortificado en buenas posiciones, al
favor de las cuales esperaba resistir á los ataques que le hície-
I3-D SLlS enemigos luego que tuvieran conocimiento de la poca
fuerza á que habia quedado reducido, emprendió su marcha
Ramirez , i casi al.mismo tiempo salieron del Cuzco 105 cau-
dillas Pinelo i el doctor Muñecas para reunirse con los insur-
gentes de Puno. Las primeras operaciones de estos f~ccio50S
fomentaron sus locas esperanzas: despues de haberseapo-
derada del Desaguadero, 'i de 13 Ó I4 piezas de .artillería i de
otros efectos de parque que había en aquel punto, despacha-
ron nuevos emisarios á Orura, CochalJamba, Potosi, i al mis-
mo Rondeau , fomentaado la sedicion por todas partes para.


. dar un golpe decisivo á las. armas del ReL
Aunque estos pliegos fueron interceptados, en Oruro con


la aprehensión del alcalde provincial del Cuzco, Paredes, (pu:
los conduda , no pucIo evitarse qne por otros COIl¡!UCtos lle-
gasen sus .revolucionarios avisos d las provincias i al ge-
neral Rondeau , que había ya ocupado á 'I'arija i adelunta-
do su vangvardia á Yavi. Un enjambre de partid:l~ tenia sitia-
,lo el cuartel general de Santiago, i le interceptaba todos SU8
eívercs i comunicaciones. Era pues de la mayor unicncü or-




l'r.r:r:: 1.314. 25
ganizar nuevas fuerzas ambulantes que se empleasen en la
persecucion i esterminio de arrucHas gavjI1as. Formadas tres
pequeñas divisiones al mando de los "alientes oG.ciales Ro-
Ln.lo , Jáurcgui , i Carda, fue destinada la primera contra
Zárate, Ilctunzos , i Navarro , que con 200 fusileros, algunos,
lanceros monta.los , i consi.lerahle indiada, hacían sus corre-
r.as ROl' la provincia é inmediaciones de Potosí á espaldas del
cj,'rcito: salió h segunda contra Carnargo , Caballero i Baca,
(fue desde las altura; de .Santa Elena se derramaban sobre
el partido de Cinti por la izquierda de lIlicho' ejército; i la
tercera se uirigió contra U rdininea i Vidaurre , que por su
derecha i dcspoh1:Hl0 ocupaban á Cochíuaca , la Rinconada i
la, Punas de Calina.


Conoeiend6 el sellar Pezuela la importancia de recobrar á
Farija, cuya ~rclida se hacia mas sensible por las provisiones
que de allí podia recibir, movió su vangv-ardia con tan feliz
resultado, que el cor~nel Olaílcta batió á los enemigos en
Yavi, i el coronel lVIarquicgui se apoderó del dicho impor-
tante punto de 'I'arija sorprendiendo i 300 hombres que lo
guarnecían, i cortando pGr este medio la comunicación que
tenían aquellas tropas con los caudillos del interior.


Aunque l{amirez había salido precipitadamente de Oruro,
no pudo impedir que P'lnelo i Muíiec:¡¡ se anticipasen á caer
sobre la Paz, cuya ciudad atacaron el 22 de setiembre con
nueve cañones , quinientos hombres de fusil i muchos indios
armados. Puc lJeróica la defensa de su gobernador, marqués
de ValJehoyos á pesar de su corta gU3.rnieion; pero pasin-
dose al enemigo una parte de la misma plebe que debía con-
tribuir á rechazarlo, quedaron Ills realistas sin fuerzas para
resistir aquella furiosa invasión. Ya desde la primera entrada
de los facciosos se habían visto cometer las mas bárbaras tro-
pelías contra las personas é intereses de los españoles; perG
negó al úitimo grajo el furor de aquellos caribes- cuando se
huhieran volado accidentalmente en el dia 28 las municioné;
que tenian en el cuartel, de cuya esplosion fuerolt' víctimas
los infelices presos i los soldados que los custodiaban.


'i' O'lTO n. 4




26 !'nü: ¡8I/¡.
Atribuyendo á malicia de los realistas 10 que era efecto


del descuido de las guisanderas que estaban enfrente de dicho
cuartel , se derramaron por las calles como tigres sedientos
de sangre, se dirigieron á la casa del gobierno donde se ha-
llaban presos el marques de Valdehoyos, seis coroneles, cinco
tenientes coroneles, el sargento mayor de la plaza í su ayu-
dante, cinco capitanes i otros varios militares i caballeros


. principales de la ciudad hasta el núm"ro de 57, á los que
sacrificaron con tanta inhumanidad i barbarie, que no con-
tento aquel fririos0llf>0pulacho con haber ejercido los mas re-
pugnantes desacatos i escandalos , llegó su ferocidad hasta el
punto de beber algunos la sangre de aquellas ilustres víc-
timas, i se abalanzaron otros á chupar sus corazones j á ha-
cer las mas terribles demostraciones de su saiítinfernaI.


Presur oso Ramirez por dar algun ausiH'á aquella des-
graciada poblacíonj, envió por delante al coronel Saravia; i
reunida toda la columna á fines de o~ubre determinó atacar
á los referidos caudillos que se hallaban situados con toda!
sus fuerzas en los altos que dominan la ciudad. Este fue el
momento de mayor inquietud i alarma para el benemérito
general español : por grande que fuese la decisión que afecta-
han sus tropas, se exigía ,de ellas sin embargo la dura prueba
de pelear contra sus JUismos parierñes , amigos i conocidos.
Aparentando en medio de sus temores una serenidad i con-
fian~a de que estaba su ánimo bien distante, sono la trompa
de ataque. Desatendiendo ensquel momento sus fieles soldados
los vínculos de la sangre i de la amistad, i deseando hacer un
nuevo i costoso sacrificio ante las aras de la Monarquía espa·
1101a, se lanzaron con tanto arrojo i esfuerzo contra los re-
beldes, que en un momento fueron completamente derrota-
dos, abandonando el campo cabierto de cadáveres, diez
piezas de artillería, ciento cincuenta fusiles, i un ·gran nú-
mero de prisioneros.


Rebosando del mas puro gozo el general Ramirez por un
triunfo .n ilustre, cuyo primer ensayo i pronunciado com-
premiso daba las mas sólidas garantías de la noble i heroica




pmn\: 1814.' 27
carrera que habian de recorrer sus valientes tropas, ocupó
inmediatamente la ciudad de la Paz, i despues de haberla
organizado bajo el mas acertado plan que le sugirió su celo
i prudencia, i de haber estraido cien mil pesos-para soste-
ner:i sus beneméritos soldados i pagar sus alcances, continuó
su marcha sobre el Desaguadero i Puno, seguro de que se-
Ilarian en cuantas ocasiones S(lexigiera de ellos Jos sublimes
sentimientos de honor i lealtad que habían consignado en los
altos de la Paz.


Por la parte de Huamanga habia hecho bastantes progre-
sos el comandante Gonzalez sin embargo de haberse sublevado
400 milicianos que el intendente de aquella provincia habia.
puesto sobre las armas para contener á los caudillos Menrloza.
i Ilejar, i á pesar de la marcada adhesion de esta fuerza á
la causa de la índependencíaa acreditada á la nueva apa-
ricion de los cuaqueños en aquel territorio, olvídando-Ia gra-
titud que debian al gobierno realista por haberles perdonad()
el primer crímen de su insurrecciono Reforzado pues el refe-
rido Gonzalez con 500 hombres, aunque mal armados ,.de
las milicias de Huanta , proporcionados por el celo i decisión
de los gefes de aquel cuerpo, don J uan José Lazan, don
Nicolás Torres i don Pedro Fernandes de Quevedo, había
l¡;rado batirtllllgunas partidas sueltas que los insurgentes te-
nian avanzadas en el pueblo de Huarganguilla , i vengar el
desacato que habían cometido, arrestando dos parlamentarios
que les había enviado con proposiciones conciliatorias. Lejos
pues de corregirse con estos reveses, juraron el esterminio del
gefi realista, 1 reuniendo con este fin JHendoza i Bejar unos
cinco mil hombres, entre ellos 300 fusileros i cuatro piezas de
artillería, cayeron sobre la división del referido Gonaalea :;
principios de octubre.


Las tropas del Reí sostuvieron con impavidez aquel impe-
tuoso ataque; pero siendo tan superiores las fuerzas contra-
rias, lograron penetrar por las l¡lismas calles de la población:
esta efímera V'elltaja sin embargo fue causa de su propia
ruina; el comandante realista conoció 10 crítico de su posición




28 FIRl',: 181'~.
i la. necesidad de 'dar un golpe estraordinario de valentía i
arrojo para salvar el honor de las armas españolas : puesto á
la cabeza de sus tropas, i echandose con dt:st:srcrado valer
sobre aquellas hordas rabiosas que se saboreaban ya con el
triunfo dc sus criminales p~oyectos, introdujo en eilos tan
grande terror i asombro, que dejando 600 hombres tendi.los
en el campo, gran nrimero • heridos , toda su artillerta i
municiones, no pararon hasta mas allá de Huamanga , en
cuya ciudad cometieron , ann jue de paso, los mayores esce-
IJOS i tropelías. Habiendo dado los sediciosos á la accioa jle
Huunta un sentido inverso <le la realidad, se sublevó la ciu-


<i
dad de Huancave1ica, fue arrrst.ujo su intendente, i se pro-
cedio al saqueo que es el tr'rmino de todas 1:;s maniobras de
los nl.cl.les, pero descu hierra aquella impostura se restablcrió"
d crden , que fue cOiisc,lidad.con la llegada de cien hom-
bres del Real de Lima i dos callones al mando del capitán
don Felipe Enlate. •


,.


El aspecto de los negocios no era-tan lisongero por la
p~rte de Arequipa. Pumacagua i Angula se hablan aproxi-
msr!o á dicha ciudad antes que arribase á Quilca la fragata
Tómas con una compaiíía del Real de tima, 500 fusiles i
dem!ls pertrechos que esperaba el general ]>ico:ga para orga-
nizar una fuerza respetable capaz de reetw.r victoriosa-'
mente aquella invas~t. Sorprendido dicho general en trn
criticas filamentos sin poder contar mas (¡ue con unos 100
'Veteranos i con algunas milicias mal armadas , i peor dis-
puestas, se vió precisado á (m¡ ((¡ar una accion su ma mente
desigual en el dia 10 de noviembre; pero er resultado; fue
cual debía esperarse de la falta de recursos para resistir :1 un
eneilligo tan osado como orgulloso por la inmensa superiori-
dad de hombres i útiles g e-rr-ros. Fueron completamente ba-
tidos los realistas, perdieron su artill-rfa , armas i municiones;
Picoaga , Moscoso i el tlarrentü n:ayor del Real de Lima don
Antonio del Valle , cayeron. en po.jer de aquellos rebeldes,
rruienes entraron triunfantes en la ciudad ,escitamlo eu tila
i' en t0105 sus p::ntiJas tal entusiasmo i devoción á su BaCI'[~




1'r:n1'J: 1814. ~q
lega causa ,. que el ayuntamiento se atrevió á intimar al
virei de Lima la cesacion de una guerra tan contrariada pOI'
la pública oiinion.


Este gOI¡lC terrible acabó de desconcertar las débiles es-
per:lllZ3S de los buenos realistas: toda la provincia de Are-
<¡uipa se ¡Juso en estado de s~levacio,l, especialmente los
partidos de Nh¡uegua i Chuquibamba ; i quedó cortada la
con unirncic n por todas partes ¡ntre Lima i el ejército. Tan
funesta ncticiu hizo subir de punto los temores de los Iirne-
110s: ya se figuraban ver sobre las murallas dc aquella capital
lÍ estas hordas furiosas, reforzadas con los negros esclavos
de las lJacicmJas inmediatas de Jca, Pisco i Cañete , que no
J)ajarhm de 7 J 8 mil hombres j renovando las trágicas esee-
nas de Santo Domingo. A estas poderosas consideraciones se
.dIhU tal vez la sal vacion de Lima; porque lejos de hallar los
facciosos apoyo alguno cn sus habitantes, aun en los menos


,jdictos al gohierno español , se estrellaron todos' sus planes
tontta la constante fidelidad tlc la parte sana, tnntra la justa
apreheusion de la viciada. Asi pudo el virei habilitar una
pcrlucrta division de to.Ias armas, la que ausiliada por
algJ;lQs milicias del tcrritorio , se iÍtuó en Tca á las orde-
ncs del teniente coronel don Isidro Alvarudo , á fin de
cortar toda. comunicarían con los partidos confinantes de
Areqlli;)a, i conservar la tranquilidad en los paises .de re-
taguardil.


'l\lLias estas meili.lss sin cmhargo eran Insuficientes para
restablecer la calma: la situación de los negados era la mas
desesperada i violcnta , los :ínimos estaban abatidos; todos
tcml.Iah.m , i aun los mas adictos á la revolucion se desrna-
yalnn al tcn.Ier la vista sobre el horrible cuadro que p~­
scntabau los pueblos en su disolucion: S~lo 'as noticias de
Europa cOlllunic:lban alguil consuelo ; la restauracíon de
Ter.wn.1o VII al trono de sus mayores hacia C6peral' que.
rnui en hrcv« partieinaria la América de los benefice de la
pa,; p;enera1. Se habl.iha ya de la espedicion del general Mo-
rillo; i aun se presumía que la suertq, del Nuevo lHumlo 't'.i:




30 PERI; : I ('h Ir.
fljaria de un modo irrevocable en el antiguo, contra cuyas'
resoluciones no podrian prevalecer los Conatos i empeños de
Ios ínsurjentes, reducidos á un estado de aislamiento i abandono.


Cobró nuevo aliento el ánimo de los realistas COIl las no-
ticias que se recibieron á este tiempo de la brillante camparía
del brigadier Osario en ChiJa" quien habla repu_o rápida-
mente la autoridad real en todo aquel reino: su viva imagina-
cion les hacia ver' el desemba.¡to de dicho Osario con una gran
parte de su ejército para dar impulso á las operaciones de la
guerra del Alto Perú: 13e estendió la esfera de su confianza
luego que el general Ramirea , despues de haber derrotado á
Pinelo i MuÍlecas en los altosde la Paz, i restablecido el or~
den en esta plaza i en la de Puno, venia sobre Pumaca.gua
i Angula, disipados ya todos los recelos acerca de la fidelidad
de sus tropas.


Cambió pues en un momento la escena política: del
sumo ~bat~m~nt~ se pasó á la esperanza I de ·un halagüe¡l
porvemr; 1 SI hien era prematuro todo calculo que se hr"
ciese á aquella .saaon, su acierto se debió indudablemente en
esta parte al arrojo, constancia i decision de los gefes á quie-
nes estaba confiada la direccion de los negocios militares i
políticos. Los caudillos Pumacagua i Angula iban perdiendo
con su torpe manejo, desabridos modales i ~rosera .codicia
aqnel prestigio que pudieron crear á su primera entrada en
la provincia de Arequipa. Era mayor todavía el desagrado de
los finos, sensibles i caballerosos arequípeños al verIa alta-
nería é insolencia de aquel enjambre de indios rudos, que
todo lo miraban eon los ojos de bárbaros conquistadores; i
a.¡¡mqne algunos por hallarse ya en un estado de despecho i
compromiso no podígn desprenderse de las banderas rebeldes,
la mayor partt sin embargo deseaba sacudir un yugo tan
ignominioso.


La aproximación de Ramirez abrió un campo libre á sus
esperaeas; i aunque aquellos caudillos se habían reforzado
con el armamento i artillería de la division de Pícoaga , no
se atrevieron á permgnecer en dicha ciudad, en la que ya se




rEilÜ: l8l/¡. 3l
habían traslucido los síntomas de descontento i desafeccion,


.si bien publicaron al evacuarla que su salida llevaba por ob-
jeto 4r un golpe decisivo al cuerpo realista. Partieron con
efecto por el camino de PUllO con 21 piezas de artillería i
ocho á diez mil hombres ~ en su mayor parte chusma colee-
ticia sin subordinación ni disciplína , escepto unos 600 fusi-
leros que habían servido en el ejército. Haciendo la mas pom-
posa ostentación de sus fuerzas ~ enviaron un parlamentario
al general realista ofreciéndole un salvo conducto para su
persona si desistía de su inútil empeño en chocar con la pri-
blica opinión de todas las provincias , inclusive la capital de
Lima, en la que supusieron haber sido proclamada 1;1. in~e­
pendencia; pero desechando Ramirez con la mayor indigna-
cion tan atrevidas proposiciones ~ se preparó para ir en busca
de aquellos bandidos, quienes viendo la entereza i decisión del
general español levantaron su campo á media noche ~ ienter-
raudo la artilleria mas gruesa, é inutilizando muchas cargas
de pertrechos ,.se dirigieron ácia el partido de Lampa ~ aban.
donando enteramente la costa. •


Noticiosos los arequipeños de aquellos acontecimientos \
de la aproximacion de las tropas fIel general Ramirez , pren-
dieron á los que habían quedado mandando á nombre de los
rebeldes; i rest~ledendo por sí mismos la autoridad real,
nombraron una diputación para· que acreditase la adhesión
de aquellos habitantes á la causa que defendía dicho general.
Este hizo su entrada en Arequipa á principios de diciembre,
i toda la provincia sif{uió luego el sistema de la capital ~ es-
cepto el partido de Chuquíbamba ~ que cedió sin embargo á
la impqtencia de sus compromisos. Desde este momento
quedó abierta la comunicacion con el ejército del Rei , el
cual, aunque rodeado por todas partes de enemigos ~ se con-
servaba siempre en su posicion de Santiago ~ i continuaba de-
fendiéndose i opera ndo con ventaja sobre los caudillos de su
espalda i costados, é imponiendo al ejército de Buenos-Aires.
Empero un estado tan violento no podía ser duradero: era
de temer que la entereza é impavidez del general realista




32 PERÚ: 181,1.
se estrellase contra los no interrumpidos é irresistibles esfuer,
zas de sus enemigos, si de aIgun modo no mejoraba su po.'
sicion..,Estaba ya altamente comprometida la opinioI~e di-
che general, i aunque conocía la necesidad de sucumbir sino
recibía refuerzos, ó si á lo menos no regreuba triunfante la
division del general Ramirez , habia resuelto no transigir de
modo algu no con los enemigos, ni dejar las armas de la mano
en tanto que hubiera un soldado que quisiera seguirle á sa-
crificarse ante las aras de Ia fidelidad i del honor.


..


Para adquirir alguna celebridad en el templo de la Fama
se necesita la prueba de estraordínarios servicíos , de sereni-
d,\d eu. el' desprecio del peligro, de constancia en el su fri-
miento, d~ hriilantes recursos del ingenio para salir de lance"
apurados, i de aventajados talentos para llevar :í cabo arduas
empresas. Si se examina pues con escrupulosa imparcialidad lGS
infinitos contrastes con que tuvo que luchar el general Pezuela
en este año de I 814, aunque no se dió en él ninguna batalla
que mereciese aquella oalífioacíon, i sí 6010 acciones parciales
que ;n0 bjjaron de 150, no fue menor su mérito de haberse
sabido sostener en medio de tantos elementos de discordia i
oposicion , á cuyo fuego devastador no parecía posible resistir
en el órden natural de los acontecimicnti humanos. Fue
una especie de prodigio que sorprendió al gobierno de Lima,
de que este afortunado gefe no' solo pudiese conservar sana
la nave del gobierno en media de tan horrorosas borrascas,
sino que supiese sin mas recursos que su ingenio í decisiou
disipar todas las nubes que las promovian, hacer que se
serenase el horizonte de la oiJinion., i adquibir nuevas fuer-
zas i vigor para' dar al año siguiente galpes decisivos qUt~
fijasen la solidez del dominio del Reí' en todas las provin-
cias del alto i bajo Perú.




3::1
\\f\N\N\'\i\'\i"VW\'\I\'\J'!\f\V\'\i\:\w\'l. \." 'l."V;I\'1.'\\1'."''''1''''''\\'\1\'\I\'\\'\J\'\W


CAPITULO 111.


CI-IIl~E: ISq.


J/rribo áChUe del brigadier Gainza para tomar el mando
de aquellas tropas. Sorpresa i arresto de los Carreras por
los realistas. ~1cci()/t de Rere. Rt:Jldicion de laica. Alar-
mas de la capital. Derrota de Blanco Ciccron: Idem de
Gainza por Mackena. Nuevas mouimientos de Gainza $0-_
bre el Maule. Retirada de los insurgentes. Toma de C01J,-~
cepcion i Talcahuano por las tropas del Rei. Creacion de
~n dictador supremo en la capital. Tratado de paz ajus-
tado en Lircai. Libertad de los Carreras i alarma de sus
rivales. Su reposicion e~ el mando i Sil generosa conducta;
Desavenencias con O-Higgins. Arribo del brigadier Oso-
rio á Chile. Reccnciliacion de Carrera i O-Higgins. Ba-
talla de Rancagua. Entrada de los realistas en la capital.
Emigracion de úl chilenos á Mendoza. Nuevos desastres
de los republicanos. Restablecimiento absoluto de la auto-
ridad Real.


El coronel Sanchez estaba esperando con la mayor an-
siedad los ausilios que había pedido á Lima, lisongeandosede
dar con ellos un impulso rápido á la guerra de Chile; pero
estaba bien lejos de creer que coa ellos le fuera enviado un
gefe estraiío á rebajar el mérito de sus hazazias , i á dispu-
tarle el honor de sus triunfo. sucesivos. Si aquel benemérito
oficial tuvo el consuelo de saber que había arribado. á las cos-
tas de Anuco un bergantín bien provisto de "b.rmas, muni-
ciones, vestuarios i dinero, tUYO al mismo tiempo el dolor
de saber que don Gavino Gainza venia á encargarse del man-
T(liílO n. ' 5




3!~ r.rTTT.P.: 181~.
do de aquellas tropas ~ que él había creado i que untas ve-
ces había conducido :í la victoria. No fue menor el s.nti-
miento que cupo á todos los verdaderos amantes de 11 crusa
del Reí al ver el ultrage que se hacia á un comandante tan
celoso que á fuerza de padeciruicntos , valor i constanci.i 11'1-
hia salido cO:J honor de una de las cam..añas mas dificilrs i
penos:ls de Chile, i que había sabi.Io entnsiismar de tal
modo el .íni.no del sol.lado , que se creía invencible bajo su
direcci.m, Se escito así mismo la mayor aprchension por ]03
defeitos en lue podría incurrir alud nuevo caudillo á causa
de su ninrun conocimiento del pais i de su ignorancia en la
clase -Ie g.lern que era preciso hacer parl aseguf:lr sn re-
sultaI i ; pero como la obediencia es la primera divisa del


.JIol 1:110,. S:mclJe.z i todas sus trO;J:H se pusieron sin la menor
!If>¡x>siciJn 11ljJ Lis ór lenes del nuevo comandante.


Fue in lu.Iable.nente sobrecogido el .ínimo lid virci para
quitar el manlo al referí.Io Sanchez : los curzos princi-
pales I.mza dos contra él por la n~alignidaJ de sus émulos,
recayeron sobre la inesperiencla , torpeza, mala dircl' ..ion, i
falta de t.ilento , así como sobre el abuso que suponían halda
hecho ele ascensos i gracias; ¿ pero puede UJ'rt'l'I'fSC un arg:¡·
mento mas positivo para demostrar la f:.dsedad de :que1l:JI
gratuitas suposiciones , qu~ el mismo resultado de su brillante
camparia , i el estado de pujanza i vigor. con que se sostenía
la causa del Reí al arribo de su succsor l' i con respecto á las
gracias p-odigadas ¿ pudieron ser estas lilas dign:lJll' 11te em-
pleadas guP, en don Illefonso Elorrhga,·en don Joaé Quinta-
nilla , en don Clemente Lanraño , en don Cipnuno Palma, en
don An¡;el Calvo, Urréjola , Olate , Castilla , Cañizares , i en
otros varios, cuyo sobresaliente mérito hemos visto en parte,
i que nos irá descubriendo con mayor claridad la fiel relr-
cion de los hechos sucesivos?
. La naturaleza que le había prodigado á manos llenas la
parte de valor; parece que no fue tan generosa en la distribu-
cion de las dotes del ingenio; he aqui la verdadera causa de
no haber sido consultado en la parte directiva de la gnerr:l,




crmr: 18¡!¡.' 35
i este fue el origen del resentimiento contra su suresor, de quien
D::> :luiso admitir el mando de la plaza l"~ Chillin que le hahia
confcri.lo, Sin embargo de estas disgust<claS con deudas, i en
medio dd pesar que dilaceraba el corazcn de Sanchez , no se
enfriaron de modo ulguuo sus nobles sen t lmientos de amor i
liddi.!ad al :tlonarca espallol, i de ciega obediencia á la orde-
Danza militar. .


Como á la llegada de dicho brigadier Gaínza hubiera sido
rel. vado del mando de las tropas chilenas el formidable Car-
rera, i reemplazado por O Higgins, eran incoeparablemente
menores los tropiezos que iban á encontrar las armas del Rei
pan salir tÓlJlIfmtes de aquella Iucha, Varios oficiales de so-
bresaIlente mérito habian abandonado asimismo el ejército
patriota , resentidos de que los tres hermanos Carreras hubie-
r:1:1 sido tratados con tanta mengua i desdoro. Todo obraba á
favor JG Gainza , i hacia creer que las tropas del Reí habían
de encadenar :í Sil carro la victoria , i cortar las últimas rai-
ces de! germen revolucionario. Los -indios araucanos habían
recibido con entusiasmo varios regalos que les habia llevado
Gainzu , i habían jurado favorecer su empresa.


Sus primeros planes fucron los de poner sitio á Concep-
cían conviniendo en esta parte con las ideas de Sanchez que
ya había aproximado las tropas eon este.objeto, Empero me-
jor aconsejado por los gefes U rréjoh i Elorríaga , se sllspen-


•dió esta operacion hast:l f¡Ue hubiera sido batida una colum-
na que al man lo dc1 brigadier Mackena había saIi~o de Tal-
GIl en ausilio de dicha plaza de Concepcion, i que había to-
mado posicion en el Mcmbrillar, que era el mismo paraje en
donde se había acampado el alío anterior 1a división de Juan
José Carrera. -


En tanto que se reunían las fuerzas realistas fingió Urrr'-
jala dirigirse sobre Concepcion para que deslumbrado :11aeIce-
na con este movimiento IlO se dedicase :í fortificar dicho pun-
to del Membrillar. DespleganJo Gainza su natural carácter
de actividad i energía se!' había detenido en Chillán tan solo
cuatro días , que empleó en reconocer el estado del ejército, i en




315 rnnn: lSIt,.
tomar disposiciones generales; i despues de haber enviado al
citado Urréjola un refuerzo de 150 fusileros montados, al
mando del valiente coronel don Manuel Barañao , se puso en
marcha para el Roble donde ya se hallaba la divisrorr de
Elorriaga. Habiendo recibirlo aquel comandante aviso de la
salida de un convoi desde Talea en ausilio de Mackena, se
preparo á interceptarlo, avanzando una partida de 150 hom-
bres bien montados, á las órdenes del bizarro coronel Olate.
Noticioso dicho Mackena de que ya Ohte se hallaba en
la hacienda" Cuchacucha , trató de cortarle los vuelos con
una oportuna soqJresa. Saliendo de su campamento en la
noche del 2! de febrero con 400 hombres dc infantería
i algo nas milicias de caballería, cayé al amanecer sobre
las caS1S de la citada hacienda que halló desiertas porque
OlatE, se había colocado en Güechupin , que está situado á
la orilla opuesta del rio Nuble. •


Cerno á este tiempo se dirigiese UrréjoJ. á tomar posícion
en el Coleral á la confiirencia de los rios Itata i Nuble de la
otra parte del =Hembrillar con el ánimo de entretener á Mac-
kena en tanto que OIate desempeñaba su comision , á los prime-
ros avisos que tuvo' de este gcfe, hizo adelantar la mayor parte
de sus tropas en su ausilio , c-uzando aquellos ríos ya reuni-
dos, por el vado de.. las Matas. Tan pronto como Olate vió
acercarse "aquel refuerzo se adelantó áiicar la retaguardia al
enemigo, quien hubo de hacer alto para rechazar estos ata-
ques. CUlUdo ya se hallaba á medra legua de su campamen-
to, llegó Urréjola i se trabó un empeñado comhatc : el gofe
del estado mayor de los insurgentes don ,'Harcos Valcarccl,
que había quedado" encargado del mando durante b ausencia
de Maekena, salio' asimismo en apoyo de su general, i á
abrirle el camino para que I,udiera volver á sus fortifica-
ciones.


Urréjola pasd entonces á acampar en la hacienda de Cu-
chacucha , i Olate salió' al día siguiente con su columna para
el Portezuelo de Duran con el fin d~(hr cumplimiento á su
primer encargo de apoderarse del convoi: este sin embargo se




CRTa: 1 81.'~. 37
salvó por un efecto de la misma victoria' conseguida por los
realistas, poque temeroso Mackena de sus respetables fuer-
zas, dio aviso pa~a 1ue aquel no se ~oviera ~e?alca.


Situado Urréjola de nuevo en Quinchamali a la otra parte
sIc! Itata , se le reunjeron muí pronto las tropas de Barañao,
-Ias divisiones de Elorriaga i de reserva, i llegó finalmente á
-ponerse á la cabeza el mismo Gainza. Reconecido por este
general el campo enemigo ~ se convenció de que no seria fácil
apoderarse de él sin que corriese copiosamente la sangre de
¡US soldados, que él tenia ¡un en mayor aprecio que su gloria
militar: para lograr el objeto con el menor quebranto posible
ci¡¡ó S:JS operaciones :í un estrecho sitio, esperando que el
.hambre obJigaáa :í los insurgentes á salir de su~arapetos,
en cuyo caso le sería mas fiól derrotarlos. Enviada Olate á
apoderarse de Cauquenee , depósito de las provisiones qne ~
remitían tanto á~1ackena en el Membrillar como á O' Higgins
en Concepcion , desempeño felizmente su comision , i remitió
á ChilIán los muchos efectos que encontró en aquel punto.


Sucedió á este mismo tiempo i en el día ;) de marzo la
prision de José Miguel Carrera, su hermano Luis, el co-
ronel Portales, i otros oficiales de su c!cvocion por sor-
presa repentina que les dio en Penco una grues3. partirla


'realista, mandada por el teniente coronel don Clemente
Lamaño. Este último golpe calmó las inquietudes del gobierno
chileno, que no se creía seguro mientras que existiesen aque-
llos ~lOI1lhrfS, á quienes se debían indudablemente los progre-
sos de la insurreccionó No podían proporcionarse al ejército
del Rei medios mas eficaces para restablecer prontamente la
legítima autoridad que las discordias en qne estaban envuel-
tos los patriotas. Era pues del interés de Gainza tener bien
aseguradas las personas de dichos Carreras para fomentar el
encono de los partidos, valiéndose de ellos segun lo exígie-
6~ las circunstancias.


En el entretanto se preparaba O' Higgins á abrir la cam-
pafia creyéndose libre de los embarazos qUIl debiera ofrecerle
la presencia de IUS rivales; pero desde sus primeras operacio-




· 38 CITlT.F.: 181 ',..
nes se dejó ver la falta de genio para seguir Ia carrera que
aquellos habían trazado. Se hallaba acampado el oficial Casti·
Ha en Rere con 150 milicianos: nombrado el coronel Urizar


para sorprender aquella fuerza con 30~ dragones escogidos,
pudo penetrar en su campo sin ser sentido á las diez de 1,
noche del mismo día 3 de marzo; pero desempeño tan torpe-
mente su comision , "que fue en su vez derrotado por el CQ-
mandante realista, dejando en su poder 40 soldados entre
muertos, heridos i prisioneros, 50 fusiles, 2 piezas de :i
«ua!fC~' 40 tiendas de campaña i iJgunas municiones.


Este fue el principio de los desastres que acompañaron al
nuevo g~fe insurgente en la mayor parte de sus empresas.
NoticioscAainza de que Talea se halbba con poca guarni-
cion por haber salido la fuerza principal mandada por don


-.tuan ~lackena á reforzar á O' Higgins, había destacado á
Elorriaga para que se apoderase de ella con una fuerte guer-
rilla. Como hubiera logrado este valiente oficial sorprender
dos destacamentos que estaban de observación en la margen
del rio Maule, se presentó en ios arrabales de la ciudad; i
negándose su gobernador el español don Cárlos Spano á las
intimaciones de rendicion que aquel le había dirigido, se ar-
rojó impetuosamente contra dicha guarnieion, á la que hizo
prisionera despues de un sangriento combate en el que ~u- •
rieron el mismo Spano , i sus mejores oficiales. Siendo esta.
plaza el depósito principal de defensa de la provincia de San-
tiago, fue su toma de la mayor importancia para las ifmas
del Reí por los grandes repuestos de municiones, víveres i
demas aprestos guerreros que en ella se encontraron, La jun-
ta gubernativa, que se había situado en Tales á fin de dar mIT-
yor impulso á las operaciones de la guerra, había teniIo h
precaucion de retirarse dos dias antes de aproximarse las tro-
pas de Elorriaga.


El aspecto de los negocios era pues sumamente brill~te
en el principio de la campaiía: la accion de la hacienda de
Cuchacucha , la ftrision de los Carreras, la sorpresa de Uti-
zar, i la toma de Talea, que ocurrieron casi simulr.íneamente,




CrHU:: 1SI í· 59
elevaron al mas alto graio la opinión del nuevo general, i
consoli.Iaron la que habían acreditado en muchas ocasione,
los coman clan tes Elorri'lga, UrréjolalJ}arafíao , Olate , Casti-
lla, Lanraño i demas que defendían la causa del Rei.


El esforzado Quintanilla se !'lizo ácia el mismo.tiempo acree-
dor á los mayores elogios : ~sde la retirada de Elorriaga de la
frontera había quedado situado en el pueblo de San Pedro que
se halla enfrente de Concepcion con solo el rio Itata de por me-
dio para defender todo aquel territorio hasta Arauco. Aun-
que sus instrucciones le prescribían ceñirse á rechazar Íos ata-
ques que le fueran dirigidos, su actividad j celo sin embargo
no le pennitiJ.n continuar en aquel estado sin emprender al-
gUIIJ.s hazaflas de riesgo i trabajo. Una de ellas fue la de qui-
tar á O' Higgins toda la caballada que hacia pastar en Gual-
pen, distante poco mas de una legua de la plaza. Aunque el
rio tenia por esta parte Il1:lS de media legua de ancho , i que
en talla aquella estcnsion so hallaban mui pocos bajos en
que pudicilll descansar 10'; nadadores i caballos , no titubeó
un momento en dar ejecucion á su proyecto. Nombradas para'
esta peligrosísima erupresa las gentes HUS prácticas del teere·
no i mas diestras en superar aquella clase de obstáculos, se
dejaron caer :í media noche sobre la guarilia encargada de la
seguridad de los pastos. Dado felizmente .este golpe de mano,
'Volvierori á arrojarse ~i:los al río con la presa, entrando al-
gunos ~e los eS{Jedicionarios en ciertas- balsas formadas para
custodiar los prisioneros i arrear los caballos, i agarrándose
otros á la cola de los últimos para impedir que ¡¡inguno de
ellos pudiera volver atras ni estraviarse. Asi regresaron todos
sin el menor tropiezo al citado pueblo de San Pedro.


Este mismo activo i esforzado comandante continuaba
amagando ntíevos desembarcos, i mantenia en una contÍnua
alarma á un enemigo jactancioso, que si bien era diez veces
superior en el número de sus fuerzas, era en igual grado i~
feriar en los recursos de imaginarian i fortaleza de ánimet:'


Se halbba pues O' Higgins como sitiado en Concepcion: .
el citado Quintanílla le interceptaba todos los ausilios que




40 CHIT.'!!: 18 I !~.
podía esperar del territorio comprendido entre el Biobio i
Arauco; Castilla le tenia cerradas todas las comunicaciones
con el partido de Rere.a frontera de los Angeles; Barañao,
situado en las inmediaciones de la villa de Coelcmu con una
partida fu.erte de caballería ostruí~ sus relaciones con Quirí-
güe, Cauquenes i Santiago; variatpartidas de guerrilla des-
tacadas del .campamento general español ocupaban 10~ ca-
minos que por la Florida se dirigían á los demás partidos.


Si la situación de O'Higgins se-presentaba bajo un aspec-
to triste, era todavía mas apurada la de Mackena: situado en
el Membrillar con un terrible enemigo al frente, con parti-
das de caballería que cruzando ea todas direcciones desde el
Itata hasta el Portezuelo de Duran, le cortaban todos los
socorroade víveres de que tanto necesitaba desde que había
caido en poder de Olate la villa de Cauquenes , que había
sido s.u depósito principal, era dificil hallar un medio que lo
rescatase de los graves peligros que le amenazaban. F,alto
pues de todo recurso i e~peranza, veía no serle PjSible con-
servar aquella posicion, i por otra parte conocia que de aban-
donarla serian mayores sus quebrantos, cayendo en manos


.de unas tropas que habian tirado diestramente sus líneas
para que llegase este caso tan deseado, que ha bia de poner'
el sello á su triunfo.


El infatigable Gainza, que no perd<*aba diligencia alguna:
para que llegasen los insurjentes al último grado de qesespe-
racion , trató de apoderarse de su caballería á fin de privarle•.
aun de 10j escasos recursos que estasolía proporcionarles en
sus salidas. Observando que Mackena la enviaba á pastar
á un campo abierto mas abajo de su campamento, man-.
dó pegarle fuego en una noche en que el viento favore-
cía para que fuera todo incendiado .Ics facciosos se vieron
precisados por lo tanto á sacar al dia siguiente los caballos i
ti parte superior, que es lo que buscaba el gefc realista. Ha-
"fta á corta distancia de este punto unas hondonadas cubiertas
'de maleza que ofrecian porporcion para una embescada. El
coronel Urréjola , encargado de dirigir esta operacion , de...




r.rm.E : 1814· 41
laceS á su ayudante don Pedro Asenjo con roo hombres
bien montados para que se situase en el indicado bosqne. Sa-
lieron con efecto los caballos del enemigo, i arrojándose
Asenjo improvisamente sobre ellos se apoderó de todos, i re~
rvesó al campamento con tan interesante presa.


Tantos i tan continuados reveses llenaron de inquietud i
alarma la capital de Chile: para contener á los victoriosos
realistas fue organizada u+ivision de 1650 hombres, i
tlirigida á lA órdenes del teniente coronel Blanco Cioeron
eontra la plaza de Talca. Fue tal la celeridad de aquel rno-
'Vimiento que en ~ 9 del mismo mes se hallaba ya delante de
1U1I murallas. Desechando con desprecio su comandante don
Angel Calvo las intimaciones del enemigo, se trabó un cm-
perísdo ataque con ventaja al principio por parte de los re-
beldes; pero 'la noticia de que se aproximaba Elorriaga COIl
300 hombres á reforzar la guarnicion que se componia de
igual fuerza, fijó la pronta retirada de Blanco para Lírcai,
Habia ya desfilado con efecto dicha dívision cuando salió de
la plaza el valient~ Olate con ~ 00 hombres de á caballo ,i
cargó con tanta fogosidad al enemigo que lo derroto comple-
tamente, tomándole 400 prisioneros , 6 callones, la caja mi-
litar, municiones, caballos i casi todo el armamento. Esta
accion tan bochornosa para las tropas insurjentes , como bri-
llante i heróica para las del Rei , desengaiíó á los enemigos
de Carrera de la injnsticia é imprudencia con que habían
perseguido al único hombre capaz de sostener su moribunda
causa; pero estaban tan enconados los ánimos que preferian
su propia destruccíon á la sola idea de que pudiera mandar-
les su irreconciliable enemigo.


Crecían eri el entretanto los apuros de Mllckena; las car-
tas que dirijia á O'Higgins pidiendo urgentes ausilios com-
probaban lo crítico de su posiciono Resuelto este último á
salvar aquella columna á todo trance, salió con unos 2000
hombres para el Membrillar, dejando una escasa guarnicion
en Coneepeion i Talcahuano, Veia Gainza desenvolverse á
toda su satisfaccion lo~ planes que tenia trazados: deseaba


TOMO n. 6




· !~2 cmu:: ISJ4·
batirse en campo raso con las di visiones de Mackena i
ü'Higgins, i ellas mismas ee 10 iban proporcionando. Era del
mayor interes saber pnntualmente la verdadera direccion que
hubia tomado el último desde su salida. de Concepcion: como
es el mismo en gnn parte el camino que desde la citada
plaza conduce al Membrillar i á Chillan, temia el gefe rea-
lista de que amagando los ínsurjentes su aproximacion á so-
correr á Mackena cayesen de.nte sobre Chillan, i se apo-
derasen por sorpresa de aquella plaza que 11!bia quedado
también con mui poca tropa para conservar sus importantes
almacenes. Con la idea de saber oportunamente el verdadero
objeto de la rebelde columna, hizo situar-en las alturas de
Quilo, distante tres leguas del campamento realista, al va-
liente Barañao con una partida de 200 hombres, dándole el
encargo mas especial i premuroso , de que á toda costa tras-
mitiese con rapidez cualquiera noticia que pudiese adquirir
sobre el enemigo.


Se Conservaban en el entretanto las tropas sobre las ar-
mas, i las acémilas cargadas para emprender la marcha sí-
.guiendo la dirección que tomase O'Higgins-, ya. fuese para
Chillán, ó bien para dicha altura. Llega' con efecto el aVISQ
de que los enemigos toman esta última, sale Gainza con la
mayor presteza á defegder el punto ocupado de antemano
por Barariao ; mas al llegar al pie de dicho cerro, oye ya el
tiroteo sostenido por l:~luella partida, la que no pudiendo re.
sistir al empuje contrario se ve precisada á retirarse con pre.
cipitacion , dejando aquel punto en poder de O'Higgins. Al·
gunos cañonazos disparados por el mismo anunciaron á Mac-
kena la aproximacion del socorro.


Colocado el gefe realista en medio de estos dos Fuegos, é
indeciso sobre el partido que debía tomar, se resolvió Iinal-
mente.a dar el primer ataque á Mackena; pero la suerte de
la guerra, que con nadie hace pactos in violables, fue esquiva
en esta ocasion á las tropas realistas. Todo su arrojo i deci-
sion , de que dieron las mas brillantes pruebas en esta fatal
jornada, se estrelló contra los firmes parapetos i bien dirigí-




mULE: 1814· 43
dos fuegos de los contrarios. Los realistas se retiraron por la
noche con tanto desorden á la hacienda de Cuchacucha , i
desde aIlf ya reunidos á Chillán, que pocos habrian podido
llegar á disfrutar de aquel asilo, si O'Higgins, que se man-
tuvo inerte en aquella batalla, hubiera destacado algunas
tropas en su persecucion.


Reunidas las dos divisiones chilenas.vdeterminaron ambos
caudillos dirigirse en ausilio de la capital, despues que hu-
hieran arrojado de Talca á Elorriaga, figurándose que Gainza
se hallaba demasiado ocupado en Chillán reorganizando su
desbaratado ejército para que pudiera ofrecerles el men~r
obstáculo; pero dando á este gefe nuevo vigor la misma ad-
versidad í la seriedad del peligro, trató de sostener á todo
trance la referida guaruicion de Talca; i reuniendo con la
mayor presteza ochocientos hombres i varias partidas sueltas,
se encaminó ácia el Maule para anticiparse al enemigo, i
frustrarle sus planes.


Ambos ejércitos llegaron el J de abril al citado rio , el
que cruzaron en la misma noche; O'Higgins por el vado de
Querí, i Gainza por el de Bobadilla. Los patriotas siguieron
el camino de Lontúe sin atreverse á dar paso alguno contra
Talca, porqu€ el gefe realista les iba picando la retaguardia.
La guarnicion de dicha plaza hizo un esfuerzo superior á si.
misma ~ saliendo á impedirles el paso en los montes de Gua-
jardo , í en las orillas del río Claro, en cuyos puntos tuvo
algunos choques parciales, aunque de ningun modo inter-
ceptó la marcha de los rebcldes , quienes llegaron á acam-
,parse en Quechereguas, Gainza se p.tó en este punto el
dia 8 con todas sus fuerzas reunidas; pero se retiró sin em-
peñarse en ninguna acciono


Ada este mismo tiempo fueron tomadosIa ciudad de Con-
cepcion i el puerto de Talcahuano por una pequeña.división de
don José Quintanilla , combinada con otra qu.:: había salido
de Chi.llán, i ambas á las órdenes del intendente don Matiai
de la Fuente.


El reino l1e C.hile iba caminando i su total ruina por el




lj[~ cntrz : 1814.
furor de los partidos, cuando la junta suprema decretd otra
forma de gobilirno, delegando el absoluto poder en un solo
individuo con el título de dictador, cuya primera elección
recayó en don Francisco de la Lastra, oficial que -habia sido
de la marina Real. Estos estremados recursos sin embargo
estaban mui distantes de restablecer la calma en aquel agi-
tado pais. Todos los. partidos estaban cansados de una guer-
ra tan complicada i desastrosa, i todos deseaban á porfia
verla terminada á costa de cualesquiera sacrificio. Si la sítua-
cion de los rebeldes era crítica no era menos embarazosa la
q,e Gainza, desde que con tan poca prevision habia ido á po~
ner en 'I'alca sus cuarteles de invierno. Dificil ea atinar la
causa de su obcecación, cuando veía ya entrada la mala esta-
eion , i cuando conocía los pocos progresos que podían hacer
sus armas en el tiempo de las copiosas lluvias sobre caminos
interceptados por caudalosos rios , i en puntos que carecian
de hospitales para el ausilio de sus enfermos i heridos, pre.
eisarncnte en un momento en que reforzado O'Higgins en
Qnechercguas habia tomado la ofensiva contra las tropas del
Reí , acampandose á dos leguas de distancia sobre las orillas
del rio Lircai, .


Situados de- este modo los dos ejércitos combatientes en-
traron en negociaciones políticas, que salvasen el honor é
intereses de ambos partidos. Había pasado desde Lima á la
capital de Chile el Comodoro inglés don Santiago Hilliars,
con autorizacion del virei para intervenir en la pacificacíon.
Con tal objeto se dirigió al campo militar del referido rio
Lircai , en donde se .puló por su mediaeion un convenio,
que si bien hacia deponer las armas por el momento, no de-


. jaba satisfecha á ninguna de las partes contratantes, i que·
daba por lo tanto en pie el gérmen de nuevas contestaciones.
Las principales condiciones de este tratado se reducian á re-
conocer el gobierno de la península i á jurar obediencia al
Reí de España, durante cuyo cautiverio ejerceria el mando
de aquel reino la misma junta que habia sido disuelta tur-
bulentamente el II de diciembre de 181 l.




(;!fTU;;: I <'31-í. ljS
La contradicción de sus principios en regirse aquellos


pueblos por si mismos, enviando diputados á la península,
pero no admitiendo clase alguna de orden ó disposicion que
atacase á su gobierno inte.ior, hacían ver claramente las
efímeras bases sobre que estaba fundado aquel insignificante
tratado.


Loa buenos realistas recibieron con el mayor dolor las
noticias de estas negociaciones, no pudiendo menos de rece-
lar de que el general español babia padecido alguna ofusca-
cion al firmarlas. Evacuar todo el territorio de Chile, dejarlo
Q discrecion de los que ni aun tenían habilidad para encu-
hrír sus ulteriores aspiraciones, convenirse en enviar ambos
partidos sus diputados á las cortes de la península, conceder
á los revoltosos con aquella condicion todo el tiempo que
necesitaban para dar mayor solides á sus planes, sancionar
su misma rebelion permitiéndoles el establecimiento de un
gobierno popular ; eran arcanos, en cuya penetracion se pero
dia el juicio de los que deseaban ver restablecida la :autori-
dad del Rei en todo su esplendor,


Despues de ajustado el referido convenio, quedó O'Hig-
gins pacíficamente acuartelado en Tulca , i Gainza se replegó
á ChilUll, en tlotul« estuvo á pique de amotinarse el ejército
cuando supo que uno de sus artículos ordenaba la degrada-
cion de todos los oficiales i soldados que quisieran quedarse
en etpaís , quienes debian volver al estado en que se halla-
ban antes de la guerra. El mismo pueblo de ChiI1án i toda
la provincia de Concepcion se Ilenaron de la mas viva indigna-
cion al ver que por premio de sus costosos sacrificios recibían
el abandono i la en trega de s. intereses i personas á sus en-
earnizados enemigos.


No fue menor la irritacion del virei de Lima luego que
tUYO conocimiento de los cscesos de su comisionado, i de la
aquiescencia de Gainza; i deseoso de anular aquellas 1:ransa-
cienes i de renovar la guerra con mayor teson , nombró por
~efe del ejército chileno al coronel de artillería don Mariano
Osorío , quien á 10$ pocos días se embarcó en el navío Asia,




cmr.s : 1314.
consigo al batallón de Talavera, recien llegado de


46
llevando
Cádiz.


Si aquella pacificacion habla sido del desagrado de los
realistas, no lo fue menos de J0-erartidarios de la indepen-
dencia. Por mas que el disector Lastra se esforzase en cum-
plir las condiciones del convenio, mandando que nadie usase.
otras divisas que las del Rei" eran sus escitaciones recibidas
con tal desprecio, que ·descaradamente se presentaban muchos
con el bonete tricolor, otros colocaban la cucarda española
en la cola de sus cabapos, i aun apareció dos días en la
horca el pabellon de Castilla. . .


Aunque se había estipulado en dicho tratado la soltura
de todos los presos por opiniones, fueron sin embargo escep-
tuados los Carreras de este beneficio, quienes por acuerdo de
Lastra, O'Higgin¡; i Gaiftza deberian ser conducidos en Sil
vez con toda seguridad á Lima, porque no de otro modo
podrian tener cumplimiento sus disposiciones. Estos en el en-
tretanto habían sabido eludir la vigilancia del comanjíante
de Chillan don Luis Urréjola, ó mas bien abusar de su buena
fé , fugándose en el acto de haber recibido bajo su palabra.
de honor la licencia de salir de su arresto momentáneamente
para visitar á la intendenta.


Esta noticia·· fue un trueno que llcnó de terror al go-
bierno de Chile; i la que recibió posteriormente de q.ue se
hallaba ya José Miguel Carrera oculto en la capital, acabó
de introducir la consternacion i el desorden. No eran infun-
dados estos temores si se considera el aura popular que aquel
había sabido grangearse, el gran partido que se había forma-
do entre las tropas , i el men" desagrado con que los mismos
realistas recibían la Iei de este gefe, que en medio de su fogo-
sidad í ambician había causado menos tropelías que los demas
gobernantes. Persuadido el director de que no liabia medio
entre la muerte de Carrera i su propia destruccion , adopté
cuantas providencias le dictaron su mismo riesgo i apurada
sítuacion , tratando de apoderarse á todo trance de aquel fu-
I'jOSO enemigo, amenazando, halagando, prometi6ndo i va-




cn:r:f:: IBIi'r. 47
liéndose de toda clase de ardides para lograr su intento.


Puso en movimiento todaslas tropas de la capital'las mi-
licias de la -campaña; O'Higgins desde Talca desplegaba igual'
ardor ~n la persecución de aquel formidable caudillo. Se suce-
dian unos á otros los pregones, bandos, edictos i proscripcio-
nes: toda la atencion del pú~co estaba empeñada esclusiva-
mente en este ruidoso personage, cuando saliendo en la noche'
de 23de j~lio del oculto asilo que había hallado en la misma
ciudad de Santiago, se presentó con algunosamigos en el cuar-
tel de dragones; i Con su militar elocuencia mezclada con la
distribucion de algunas onzas de oro, se ganó de tal modo
Ia adhesión de aquellos soldados que le proclamaron- en el
acto por su general. Esta noticia corrió con la velocidad del
rayo, i su fuego eléctrico se comunicó con la mayor rapidez
por todas partes. Dueño Yllede la fuerza armada, árbwa de
aquel reino, sorprendió en sus mismas casas á los individuo.
que componían el gobierno, i pasó en persona á la del di.
rector Lastra, al que cogió en su misma cama eh la mayor
desprevencion i confianza. Nunca creyó Lastra que la gene..


• sidad de su enemigo se estenderia hasta el estremo de sal-
varle la vida, i menos de que le permitiese vivir libre dentro
de las paredes de su casa cuidando d~u familia. Ocho fue ..
ron tan solos los deportados á Mendoza, i aun con estos si
usaron las mayores consideraciones, recomendándolos á la
benignidad i eariñoso trato del gobernador San Martin.


Jamas se Ira visto una mudanza de gobierno verificadA
con tanto silencio, orden i sosiego. Convocado el pueblo al
dia siguiente, fueron electos para la nueva junta don José
Miguel Carrera con el título de presidente, supremo magis-
trado i general, i por colegas don Manuel Muñoz Ursría, i
el presbítero don Julian Uribe. Asi pues en menos de 1I'e.
boras , i sin ningurt movimiento tumultuario qued6 estable-
cida la reforma, el pueblo en reposo, el nuevo gobirno en
posesíon de la autoridad, i los antiguos gefes retirados al seno
de sus ramitas. Un velo cubrió desde entonces la memoria
ik la pe.rsecueion de aquel heloe revolucionano, i sus {uriQ"




4~ CHItE: 11'\''t.
sos rivales que habían puesto en venta su cabesa recibieron
una lec&n práctica de virtud i generosidad. Hasta las pobla-
ciones mas lejanas de la capital enviaron al nuevo gobierno
parabienes i ofertas de cuantos recursos pudiera necesitar para
sostener la guerra de la inde¡endencia. Coquimbo fue uno
de los puntos que demostró con mas energía sus sentimientos
de adhesíon á aquel partido. Para asegurarse de la devoción


•de O'Higgins se le confirmó en .el mando del ejército; pero
lejos de prestarse á la obediencia que de él se exigia, se puso
en marcha contra la capital para reponer i los antiguos man-
datarios.


Ghínza estaba' contemplando desde C1JilIán la horro-
rosa 'guerra civil en que iban á quedar envueltos los disi-
dentes, i lejos de prestarse á la evacuacion convenida en el
térmwo de dos meses, que ya hallian trascurrido , trataba de
hacer ilusorias las reconvenciones de O'Higgins, para dar lu-
gar á que llegasen las contestaciones de Lima i obrar en vir-
tud de ellas, sacando el partido que le proporcionaban aque ..
Has desavenencias.


Empero'preponderando en el citado caudillo el odlo qA
profesaba al nuevo dictador, parece se puso de acuerdo
con dic~o Gainza, i ~n se aseguró que "este le había prome-
tido 500 hombres para reforzar su partido, si bien la cir-
cunstancia de no haberse llevado :í efecto puso en duda
aquella imputacion , i abandonando sus posicionesen las ribe-
fas del Maule se fue aproximando á Santiago, aumentando
su ejército en el tránsito cop sus violentas proclamas i enér-
gicas disposiciones,


Iban los realistas ocupando sucesivamente los puntos qua
abandonaba el ejército chileno. Las tropas del citado O'Higgins
fo.wnaban la vanguardia de los realistas. Se había empeñado
este gefe en desechar con tal desprecio toda proposicion de su
rival, <¡ue Fegó á poner incomunicado al oficial parlamen-
tario que le habia enviado, haciéndole ver coq.aquella tro-
pelía la inflexibilidad de su resolución á pesar derdesembarco
verificado por Ia vespedicion dtll brig¡tdicr Osorio en Talclb





8 ' ,cmr.r . 1 l~. iJ
Imano, del que había tenido conocimiento en aquellos días.


A mediados de agosto cruzó el do J'Haipu, sin que Car-
rera le hubiera opuesto la menor resistencia. Se hallaba ya á
cuatro leguas de la capital cuando el coronel don Luis, her-
llalla del dictador, que se habla situado en aquel punto con
<-;¡lgunas tropas, conoció Ia necesidad imperiosa de disputarle
el paso. Eran las tres de la tarae cuando empezó la accion,
llamada de las Tres Acequias. Engaúado O'Higgill.s por el
astuto contrario, á quien deseaba atraerle a las inmedíacione»
de la ciudad para asegurar el triunfo de; sus armas, iba ga-
nando incautamente el terreno que aquel perdia con el me-
jor orden, hasta que llegando al punto en que terminaba el
plan combinado, fDe destacado el regimiento de caballería de
A.collcagua para cortarle la retirada í SI1 flanco derecho ; i
lanzándose el mismo general Carrera de frente con el pe-
queño cuerpo de reserva que habiagtenido oculto toda la
tarde, en menos de un cuarto de hora derrotó completa-
mente á las tropus de O'Higgins, las· que abandonando la
artillería, municiones i equipages, armas, muertos, heridos
i cuatrocientos prisioneros, se entregaron á una fuga tan
desordenada, qne su caudillo debió su salvación á la oscuri-
dad de la noche,


Este genís inquieto i obstinado ~ lejos de desistir de sa
fatal empella, retrocedió á organizar algunas tropas que había
dejado ~etaguardia; prro la conducta de Carrera fue día-
metralnllílte contraria: habiéndose propuesto vencer á su
rival, no solo con Ias armas sino con la generosidad de sus
sentimientos, PUS') en libertad á todos los prisioneros, i los
atrajo á su partido con la dulzura i persuasion. Conociendo
O'Higgins su impotencia para resistir á aquel' formidable ad-
versario, imploró pOl' el conducto del coronel Portales un
perdon, que le fue concedido con franqueza i magnanimidad;
mas recelando injustamente de su sinceridad, volvio á reunir
los dispersos i á prepararse á un nuevo ataque. Carrera dis-
puso la salida de la vanguardia de su divisíon, compuesta de
Tos 400 prisioneros cogidos en la batalla anterior. Esta roIl~


'1\UlO U. 7




;lO CITff.E: ISlí.
tica disposicion hizo caer las armas de sus manos ~ i cambiar
las amenazas en contestaciones oficiales para asegurarse mejor
del indulto concedido.


Este era el estado de los negocios cuando I1egó un parla-
mentario del comandante gener:.ll Osorio con la intimación á
Ü'Higgins de suspender su marcha ~ i al gobierno de Chile de
deponer las armas i prestar la debida obediencia á la autori-
dad Real ~ alegando por causa del rompimiento de las hosti-
lidades la variación que se habia hecho del gobierno de la
capital. La situación de Carrera era sumamente apurada: en
guerra civil con O'Higgins, i con un respetable ejército al
frente, que se habia enseñoreado lihremente de todo el pais,
por donde habia estendido su halagüeño influjo, solo un
genio estraordinario era capaz de desechar con altivez las
.intimaciones de Osorlo , i de apelar á las armas en una crísis
tan espantosa en que tgdos los elementos obraban contra él.
Deponiendo privados resentimientos, i aun derogando su
misma dignidad, escribió á O'Higgins encareciendo la nece-
sidad de unir sus armas contra el enemigo cornun : reconci-
liados en una entrevista estos dos furiosos rivales, se ocuparon
de consuno en hacer los mas vigorosos preparativos para re-
chazar los ataques del gefe realista.


Aquí brilló por la iiltirna vez la energía i aptitud de
Carrera: levantar nuevas tropas, destruir .h divergencia de
opiniones, guarnecer los puertos, reunir un millon.Je pesos
en las cajas públicas, i limpiar el interior de los sugetos mas
inquietos i sospechosos, fue obra de mui pocos dias. Era
el 2 o de setiembre cuando llegaron á la villa de Rancagua
las primeras tropas de los disidentes, en número de 1150
hombres al mando de O'Htggins; la segunda division , que se
le reunió el 24 á las órdenes del brigadier don Juan José
Carrera, constaba ele 2000. El ejército realista, superior en
número, estaba situado en la casa de Valdivieso cinco leguas
al sur de Rancagua , i sus avanzadas se estendian hasta las
orillas del Paine, Habiendo cruzado Osario dicho rio en la
noche de JI? de octubre dos leguas mas abajo, en un vadó




CJIILE: 18¡'í· :)1
desguarnecido por las tropas contrarias, se ha116 al amanecer
sobre su flanco derecho.


Salió la caballería de los insurjentes á contener aquel
movimiento; pero á pesar de sus brillantes cargas, se vi6
precisarla á retroceder i encerrarse en Rancagua , picándole
tan de cerca la retaguardia los realistas, que entraron casi
al mismo tiempo en el pueblo apoderándose de la mayor
parte de sus calles i acorralando en la plaza á las dos divi-
siones enemigas. La tercera de estas, al mando del supremo
magistrado, estaba maniobrando en las inmediaciones de
aquella villa con la mira de ausiliar la salida de las tropas
sitiadas; mas todos sus esfuerzos fueron ineficaces para rom-
per la línea de los españoles , quienes deseando ver terminada
pronto aquella contienda, dieron un asalto general, dejando
espedíta la salida por la parte del Este para que fuera menor
el empeño de la resistencia. Los patriotas se defendieron con
valor; pero hubieron de ceder al irresistible brazo de los
realistas. Los dos gefes principales de las divisiones, varios
oficiales i alguna caballería se salvaron por el indicado flanco;
los demas quedaron en poder del victorioso Osorio , que ciíió
aqui su frente de los mas ilustres laureles, habiendo peleado
á competencia con la mayor bizarría gefe~, oficiales i solda-
dos, i en particular el benemérito Elorriaga, á quien había
sido confiado el Importante punto de la Cañada.


El cuerpo de reserva se dispersó por la ineptitud de los
comandantes encargados de incorporarse á la 3~ division. En
estas críticas circunstancias era tan imposible la defensa de la
capital como peligrosa la retirada ; pero, el impávido Carrera
la verificó con el mayor orden, dirigi~ndose ¡Ícía CouuimbG
escoltando un conv.oi de cien carros i mil seiscientas mulas,
cargadas de municiones, pertrechos de guerra, i de trescieu-
tos mil duros, destinados á la cumpra de ausilios para abrir
de nuevo la camparía en dicha provincia de Coquimbo. El
ejército realista caminaba en e.I entretanto para la capital,
de la que tomó posesion el día 5 de - octu bre , habiendo
sklo uno de sus primeros cuidados destacar contra los pro-,




5~ CnTrE: 181/1'
fugas una fuerte columna al mando de dicho Elorriaga.


Al llegar los emigrados á Aconcagua se desertó una parte
de las tropas que los escoítaban ; i la pequeña fuerza ausiliar
de Buenos-Aires estacionada en aquel punto se negó á pres-
tar los servicios que se exigieron de ella, Carrera se hallo cd
el último grado de desesperacion: con mui poca tropa, i
aun esta desmontada, rodeado de infelices familias que huían
de la afortunada espada del general realista, i cuyos lasti-
mosos ayes herian de eontínuo sus oidos ; desobedecido por
las partidas sueltas, contrariado en todos sus proyectos, i no
hallando por cualquiera parte por donde tendia la vista mas
que tristes efectos de la seduccion , ele la intriga, de la in-
dicíplína , del desaliento i de la cobardía , conocía que todos
los caudales i efectos salvados en la emigracion iban á caer
en las manos del orgulloso enemigo, que se hallaba ya á
mui pocas leguas de distancia, si con los atrevidos vuelos de
su ingenio no paraba aquel terrible golpe.


No tenia Carrera á aquella sazón mas que ochenta fusi-
leros disponibles; pero vistiendo con nuevos uniformes á los
conductores del cargamento, á los libertos i demas indivi-
duos del eonvoi, reunió hasta 500 hombres, los que saliendo
al campo sostenidos por cuatro piezas volantes , i aparcn~
tanda un aire marcial que convenia muí poco á su verdadera
disposicion , se dirigieron á ocupar la cuesta de Chacabuce
con la mayor confianza. Los realistas, que estaban bien dis-
tantes de creer que habian de encontrar una fuerza tan res-
petable, no se atrevieron á atacar dicho convoi , el que al
favor de aquella ...tratagema pudo continuar su marcha,
abandonando sin embargo preciosos efectos que la falta de
acémilas í la misma precipitacion de su ~age no les permi-
tía conducir.


Con aquellos' mismos ochenta fusileros montados que
Carrera habia presentado en Chacabuco , se dirigió ácia Co-
quimbo para examinar los motivos de la tardanza de la di...
visión que ocupaba á Valparaiso , tomarla á sus órdenes, pro-
teger los caudales públicos, i formar un nuevo ejército con-




crm.r.: ~SL'i. 53
los dispersos que dehian reunirse en ••quelb provrncia por
la parte oriental de la cordillera; pero hacía tiempo que la
inconstante fortuna miraba con rorbo ceño á este esforzado
guerrero. Apenas llegó á Santa Rosa se le desertó la mitad
de su escolta, i supo que la citada division de Valparalso se
había rebelado, i que caminaba en busca de los caudales del
gobierno para presentados al general español. Este fue el
último golpe que llegó á conmover la inimitable constancia
i entereza de aquel caudillo: vió lo infructuoso de BUS es-
fucrzes , i la fatalidad de su destino. Ya no pensó sino en
poner en salvo su pel'son.'l, lo que consignió uniéndose cori
su hermano el coronel, no sin las mayores diflcultadcs por
lw.lJarsc ocupa.íos casi todos los pasos de la citada cordillera.


El bizarro Elorriaga, que había llegado hasta el parage
llamado Ojos de agua, hostii~ndo mcesantemente á la er-
rante i desgraciada carabana , regresó á la capital cargado de
un precioso botin. Ya se hallaba pues todo el reine de
Chile pacíficamente sometido á la autoridad Real, menos la
provinia de Coquimbo que al favor de ta distancia, i con la
presencia dt9 sedicioso Carrera había quedado aIgun tanto
conmovida. El atrevido Elorriaga, que fue el almá de la pa-
cificacion en esta campaña , se embarcó en Valparaiso para
Coquimbo; i la sola noticia de su llegada sosegdlllos ánimos, i
sometió toda la provincia, cuyo gobierno le fue conferido en
premio de sus distinguidos servicios.


Ya desde este momento pudo el general Osario dedicarse
libremente á cicatrizar las Hagas de la pasada insurreccion,
con sus saludables consejos i benignas disposiciones. Anduvo
mui detenido en la iinposicion de castigos, de modo que los
mas culpados habían llegado á deponer totalmente sus pri-
meros temores, cuando por dar ejccucion á las órdenes del
virei fueron sorprendidos i encerrados en estrechas prisiones,
La vindicta püblica clamaba por su desagravio ; se necesitaba
un ejemplar escarmiento que dejase permanentes recuerdos
de la suene que debian prometerse los promovedores de des-
órdenes;'~ra preciso finalmente conformarse con las instruc-




5i~ CHILE: 1814.
ciones recibidas en Lima. Osorio con efecto procedió contra
ellos después de haber tomado los mas escrupulosos informes;
pero ninguno sufrió la pena de muerte; ni el número de los
castigados llegó á ochenta, i aun imploró para estos un ge-
neroso indulto de la corte, relajando en el entretanto el ri-
gor de aquella forzada providencia, i permitiendo que se
fueran acercando á sus haciendas. Los mas delincuentes fue-
ron deportados al presidio de las islas de Juan Femandee,
otros á los castillos, i los restantes á las cárceles i cuarteles.
Quiso el general Osario que en esta ilustre campaña brillase


tanto la generosidad de sus sentimientoscomo los esfuerzos
de su brazo. Los preciosos laureles cogiJos en Rancagua ad-
quirieronnuevo realce con la fina pol.tica , noble conIucta,
infatigable celo, madurez, .eírcunspeccion i acierto con qUJ
manejó los .negocios de aquel Estado .







CAPITULO IV.


Batalla de Calibio Muerte gloriosa de Asin. Acciones de
Juanambrí, i de Lagartijas Retirada de Aimerich. Glo-
riosa deftnsa de los pastusos. Derrota de las tropas de
Santa .Pé i rendicion de Nariiio, Malograda conspira-
cían de los quitetios, Nuevas alarmas ·por la parte de
Popayan,


Despues de la batalla de Palacé ~ Cjya victoria llenó de
orgullo á los insurgentes, que no hallaron mas combatientes que
400 hombres con el brigadier Samano , dirigió Nariño al co-
ronel don Ignacio Asin ~ que conservaba intacta todavía su
fuerte division de mas de 500 valientes ~ un parlamentario,
que lo fue el teniente coronel Urdaneta ~ á fin de establecer
una t..msacion amistosa ~ cuya base fuera el reconocimiento
de su independencia, El bizarro Asin ~ digno imitador de las
virtudes de Sámano, desechó con la mas viva indignacion
aquellas degradantes condiciones ~ i aun acompaño su repulsa
con modales demasiado duros i desabridos. Malograda esta
segunda negociacion, se prepararon ambas partes para nue-
vos combates. Asin se acampó primeramente en Rioblanco i
despues en Calibio, en donde se le reunió su gefe principal
con otros 400 hombres, asi como los pastusos licenciados,
que fueron llamados de nuevo al servicio ~ i varios patriotas
decididos por la causa del Reí.


Engreido Nariño COIl sus anteriores triunfos ~ no titubeó
un momento en dar el ataque á todas aquellas tropas reuní-
uas en la referida hacienda de Calibio, que se· hallaba cer-




flG
~ell.da de


QlTfO : 18 rí .
zanjas i" con verjas de madera á la entrada; pene-


tran los ínsurjentes por este punto sin dar á Samano mas
tiempo qne el mní preciso para arreglar su division en ba-
talla; este gefe ocupa el ala derecha, Asin el centro protegido
por la artillerfa formando un martillo á la izquierda; avanza
Naririo con rapidez, i mandando romper el fuego á la 1 ~ i
2~ fila hace calar bayoneta á una de ellas, compuesta del
batallon veterano ausiliar de Santa Fé que el mismo Samano
hnbia instruido cuando era gefe de él, é introduce el dC3-
6rden en las tropas realistas. Fue aquella batalla de las mas
desgraciadas de América: el mayor general don Ignacio Asin
hizo prodigios de valor; herido su caballo, i él en una pierna
por una granada enemiga dirigida CON acierto, animaba to-
davia á sus soldados sostenido sobre un pie dando sahlazos
mortales. Los insurjentes le intimaron entonces la rendicion
empeñados en respetar su valor; pero temeroso de que si
daba señales de debjidad se creeria que había capitulado con
el crúnen , re-soLdó .sepultarse en las ruinas de su ejército,
esperando aumentar con su sacrificio el número de los venga-
dores de su muerte.


Una decision tan heroica merecía una terminacion mas
feliz; ·pero los hados habían decretado la pérdida de aquel
esforzado gqerreroaragonés, quien no pudiendo sosteser el
peso de sus heridas rindió su grande alma al golpe de las
punzantes bayonetas. El comandante Rodriguez , que consi-
deró aquella víctima como el triunfo mas ilustre de la ha-
talla , se entregó á una alegria tan estravagante i feroz q:lC
le mandó cortar la cabeza, i disfrutó del bárbaro pasatiempo
de jugar con ella á la pelota; acción execrable , que si him
fue reprendida amargamente por el gefe principal Naeiño , i
por ella despedido l!e1 servicio aquel genio infernal, no por
eso quedó borrada tan horrible mancha, que ofreció al mundo
entero un nuevo argumento de la fiereza é inhumanidad que
presidia á las acciones de una gran parte de insurjentes de
América. Dos culebrinas, 4 violentos, un caíion , muchísi-
mos pertreehos,360 muertos , 80 prisioneros i mas de 200




QrITO: 131). 57
fusiles fueron los trofeos de los enemigos en. aquella fatal
jOfn:lJa.


• En el mismo dia salió una división rebelde para- el alto
de Cauca , distante tres cuartos de legua de Popayan , i al
dia si;:uiente tomó~gual dirección el resto del ejército. El j 7
:ll"anzó el coronel Cabal con 500 hombres ¡feia el pu~blode
'I'ambo , en donde se creia que pudieran reunirse las t'cliqu las
ele los realistas; mas estas en slflvez se dirigieron á la siern-
rre fiel ciudad de Pasto. Entra Nariüo en Popayán , impone
una contribucion forzada de 1009 pesos, i manda fundir i
acuñar toda la plata de las iglesias apropiandose lasalhajas mas
preciosas. Apenas tuvo el activo nlüntes noticia de los desas-
tl'C' ,le Paheé i Calibio , dió orden para que Sámano pasara
:oí Quito, i que el general Aimerieh se dirigiera á tomar el
man.Io de aquellas tropas con 200 hombres de refuerzo i
ton nuevo surtido de pertrechos de guerra.


l,a primera posición que eligió Aimerich para esperar al
enemigo fue en el rio Juanambii , cuyas obras de defensa
fueron confiadas ul ingeniero Atero: presentase el orgulloso
Narii'b delante de las tropas del Rei, no bien vueltas toda-
l'i:: de su priditf utll.:'~r; hs ataca con tanta firmeza como·
confianza; los realistcs sostienen aquel punto con empeño;
la flraieaa de la resistencia no era inferior á la tncrgí::t del
1l1'l'1ue; ambas partes daban iguales pruebas de constanc ia,
de ardimiento .de valor. ;~unlue las tropas realistas recha-
zuron 13s im['cIUOSJS cargas de los encmigos , hubieron de
ah:mdoH::l' sin embargo su posieion por la noche, i tomar otra
~ retaguardia en el elevado punto de las S;chollas. Se trab í
L 1 . d'· ~, ¡ b 1 .. dI"il 'JS cznco -j3.S otro rente o com ate en e SItIO e -lJg:trtlFlS,
i en se;;uda fueron fl.tlC¡L1JS Ias líneas de Aimerich , i ga-
nada la referida posieion con gran ph,li'Ja de parte de los
insurjentes i rnui poe~Ic: los realistas. Un repentino i rr c.o
temporal de lluvia i gr:!üi ..w dividU este día á los comba-
tientes. Las tropas leales S8 retiraron ::í la ciudad de Pasto,
i el gcn"ral Aimerich pasó en la misma noche á situarse en
el pwhlo de Yactmn'luér, distante cuatro leguas de la refe ..


'JCl'W H. 3




58 OrITO: 1814·
rida ciudad, ~n la que dejó tan solo dos destacamentos al
mando del teniente coronel Noriega i del capitan don Ma-
riano Cucalón para que observasen al enemigo. <t


Empero no pudiendo los valientes pastusos sufrir la pro-
fanacion -de sus hogares por las vengativa! tropas de Nsrhio,
determ'naron hacer una desesperada defensa : en esta heroica
resolQf~n tomó una parte tan activa el bello sexo, que al
ver que algunos trataban d~retirarse al cuartel general Ile-
gó á amenazarles con cuchillo en mano, i á afrentarle!
con ofrecer el cambio de sus vestidos mugeriles, cuando ya
hu bo agotado fados los recursos del llalago i de la pero
suasion, Picados los pastusos con el noble ejemplo de aque-
llas amazonas , juran sacrificar sus vidas antes que ceder el
campo al insolente enemigo. Rómpese el fuego de guerrilla
en los' arrabales de la ciudad; se enciende la pelea con ,'i-
veza por los valientes pastusos , anticipándose á los planes
del gcnerai Aimerich, dirigidos á atacar al enemigo tan
pronto como hubiera recibido las municiones de que carecia;
crece en efecto el aliento de los soldados i la esperanza de
la victoria; luego que el oficial don Pedro Galup (1) las


(1) Este digno oficial, i su IIp.rmano don Agu,tin, rr-side nte en la ac-
tualidad en .. peninsula , se hun distinguido en la carrr-ta m il i tar compi-
tiendo en b izari-ia , decision i fiddiuacl con Su bcncmérito padre el capitau
don Nicolas, 'lile fue víctirn a de la perfidia en la conmocion de 2 de
agosto de ,810 oCllrrida.en QuilO, de b ~IJe se hizo nlt"cion en C'! lllgar
cerrespondiente, Aun que el furor de estos dos hermanos, (~.'\JH'cjalUlcnte
el del segundo, en el momento de vr-r cobardement e asesinndo ;i su pa(lr~1
llegó á tal !!rado que salió fn'ni:tico por la, callr-s con Un fusil en la mano
dispuesto á emplear sus no bien desarrolladas fuerzas conj rn todo iudivi.
duo que llevase señales de pertenecer al .acl'ílego I'a¡lf¡do de Ia indepen-
denr ia , (cuyos atrevidos impulsos fuerot'l couteuidos pur sus gei~s), brilló
sin erubarpo del modo m as recouieudable su generosidad i nobleza, per-
donando al director descub ie eto i al ,..;nal ejecutor de aquel bárbaro asesi-
nato, quc llegaron á ser apr!'hendidos, limi.do su venganza á jurar no
deponer las armas en tanto que en el reino de Quito bubiera bayoneta~
destinadas ,í sostener los Reales derechos, i á derramar la sangrc de 10~
rebeldes. Cumplió su palabra este animoso oficial qne hubo sin embargo
de refugiarse á la península después de las desgraciadas hatallas de Río.
bamba, i .l.'icbinoba i en qne fueron veucidas las al'~~ de Castilla,




QrTTO: ISl'¡. 59
hubo llevado al cuartel general desde Quito, salvándolas con
su celo i arrojo de una cuadrilla de facciosos, 'mandados por
los caudillos Soberon i Reealde que las estaban esperando para
apoderarse de ellas al paso por lbarra i provincia de Tuquerres.


Ya los pastusos habian arrollado al enemigo cuando- se
aproximaron las tropas de Aimerich á la ciudad: ya aque-
llos esforzados guerreros se habían cubierto de gloria arladien-
do Cita nueva prueba de heroísmo á las muchas que tenían
dadas desde el principio de aquella malhadada revolucion, la
memoria de cuyos ilustres hechos será trasmitida á la ,mas
remota posteridad por mas esfuerzos que haga el espíritu de
partido para oscurecerla. La ambician del Nariiio se estrelló
en los pechos de estos valientes: desalentado su ejército con
tan inesperada resistencia se entregó á una horrorosa disper-
sion ; se esforzaron los gefes en disipar su alarma i en volver-
lo al combate, pero en vano. Desesperado aquel caudillo al ver
la mengua que iba á recaer sobre su opinion , determinó re.
hacer su/\ tropas á todo trance, i mientra¡¡..que se ocupaba en
este objeto con todo el ardor que es propio de un pundono-
roso militar, dieron los pustusos otra carga impetuosa i decí-
siva, en la que quedó envuelto el mismo Nariño, no permi-
tiendo la desolacion i espanto qne habia sido comunicada á
sus tropas hacer el menor esfuerzo por salvarle.


El coronel Cabal se retiró con los restos, mas humilla-
dos todavía que si hubieran pasado por las horcas caudinas,
La prisión de] citado Nariiío i de un número bastante cqnsi-
derable de soldados i oficiales, entre estos algunos estrange-
ros, que fueron mui pronto fusilados, la muerte de 473 in-
surgentes 1 la toma de toda su artillería 1 armas 1 municiones,
tiendas i demas pertrechos de guerra enagená de gozo á Ios
vencedores. Arrojados pues Jos rebeldes al valle de Canea, i per-
seguidos en su derrota por los valientes habitantes de Patía,
los que si bien mui inferiores en número á los de Pasto, han
competido siempre con éstos en bizarría, lealtad, constancia i
amor al augusto Monarca español, quedó nuevamente libre de
enemigos el reina de Quito.




60 ~LrTO: JSIf¡.
El desgraciado don Antonio Narírío se dirigió al g,;uiifri1


Montes en 11 de mayo? que fue á los seis días de su prisión,
pidiendo licencia para pasar á la capital á fin de establecer
las bases de un convenio pacífico i amistoso, que sin menos-
cabar la autoridad del Rei , satisfaciese á los ({ue se habian
pronunciado por ei partido de la independencia. Oyó Montes
con agrado estas proposiciones confiando en <¡tte sus victorias
í la restauración del Monarca español al Trono de SI:lS mayo-
res, verificada á este mismo tiempo, impondrían á los rebel-
des. i los harían desistir de sus injustas aspiraciones. Princi-
ópió con efecto una correspondencia formal COIl los encarga-
dos del poder de Santa Fé; pero al ver su tenacidad i despe-
cho? hubo de renunciar á sus generosas miras, i de prcp;.¡rar.
se á conseguir con el valor de sus trQP3.s 10 que era negado á
su celo.


Esta malograda negociacion exasperó notablemente su
ánimo; pero como no siempre el rigor es una emanación de
la prudencia, susp¡ndi6 el bien merecido castigo de~ caudillo
Nariüo 1.a8ta que la corte dispusiera de este reo, i en el en-
tretanto se observó con él la mayor vigilancia p~ra que con
el cohecho i la seducción no eludiese el brazo de la justicia.
Todos 105 planes de Montes se dirigieron entonces i hacer UIl3
espedicion sobre Popayan para impedir la reconccntracion de
fuerzas enemigas sobre aquel punto, Sus fuertes escitaciones
para que don iHeIchor Aimerich diese cumplimiento ~i este
pIan. no producían el rápido efecto que se hahia propuesto.
Airnerich adolecía de la gota, i sus- males se habían agra~
vado considerablemente: se hahia suscitado al mismo tiem-
po un espíritu de discordia, alimentado por la altivez de
los pastusos desde que á sus esfuerzos se había debido la.
derrota de Nariuo; habia lIe/pdo su desatencion i falta de
respeto hasta el estremo de hacer injuriosas increpaciones
á dicho general; los realistas pues? estaban di vididos en han.
dos, i no eran estos por cierto los mejores auspicios para em-
prender la camparía, Aimel'ich llegó á pedir con el mas vivo
empeño su relevo, al que accedió el presidente, nombrando




or rro = 13l'!. Gi
por gefe interino de aquella div ision al teniente coronel don
Felipe Vidaurrazaga.


Aunque'este sugcto reunía apreciables cualidades, i sufl-
ciento insrruccion , era sin embargo su graduacion muí su-
balrerm para que conciliase el respeto general i la armonía
de los de mas gefes que se creian con tftulos iguales 6 muí su-
periores á los suyos. Así es que desde el principio se vi6 con-
trari.udo en Jidas "" prov~dencias i 11ec:lO el blanco de ""
partido que~arecla empellado en deslucirle, Deseosos sus rr-
vales de sacudir primeramente con decoro aquella dependen-


•cia que tanto les repugnaba, se diri~eron al general Airne-
rich para ql!~ viJh·ü:ra:í tcniur el mando de las tropas; i (-'amo
en este ticlnIJo 1Jl1bicra notado con efecto bastante alivio en
sus dolencias, escribió al presidente su aptitud i empello en
dirigir aquella campaña ; pero ya ?\Iontcs, que se sentía sgrl1-
viado por varias acaloradas cuestiones que hahia sostenido
con dicho Ailllcrid~, r.n 13.8 cJ'uc le narecia no haber observa-


. .


do éste toda la deferencia i consi.leracion que se le dehia, ino me-
nos solicito i}or complacer ~í los valientes pastusos que se ha-
him declarado enemigos de Aimerich ? insistió en q~le se
Ilcvasc i cf'cto su primera resolucíon , i que éste pasara á su •
gobicmo de Cuenca.


El compromiso en que ya se vió constituido el general
Montes para que no fuera desairada su autoridad, introdujo
una fatal acedía en los ánimos, i dió un giro poco favorable
á los fI('gociG~. '\¡o faltaron genios intrigantes que blandían la
tea de la discordia con la idea de que se ma'ograse todo el
fruto de las prudentes medidas de Montes i de las bien corn-
binas operaciones del nuevo gefe destinado á mandar la espe-
dicíon de Popayan. La presencia de Aimerích en Pasto era
considerada por algunos como el gérmen de las desavenencias
cuyo fomento era. atribuido por otros á los ocultos manejos
de aquel mismo general: de aquí la desconfianza del presi-
dente, i la reiterucion de órdenes terminantes para que sin
pérdida de tiempo saliera para su destino.


Los pastusos , que guiados por su resentimiento i des-




62 QlJTTO: ISI1'
agrado contra dicho general Aimerich, se habían negado á
suministrarle gente, acémilas, provisiones i demas ausilios
para emprender la ;eferida espedícion , se prestaron COIl la
lU3S fina voluntad á favorecer esta empresa bajo la dirección
de Vidaurrazaga; mas no fue tan laudable la conducta de varios.
gefes í oficiales, movidos por la devoradora envidia i emu-
Iacíon. j Cuántas veces han sido los Reales intereses sacrifica-
dos al influjo de privadas pasiones! Si los espaúllks han deja-
do bien acreditado en Amérlea su valor, su in~gencia, sus
virtudes i su briUa~te mérito, han dejado asimismo por des-
gracia varios egemplos «e desmedida ambicion de gloria, de
funestos piques, de reprensibles resentimientos, i de acalo-
radas disputas, que mas de una vez han entorpecido sus ope-
raciones con visible detrimento del Real servicio.


A pesar, pues, de los tropiezos que halló Vidaurrazaga en
el ejercicio de su mando, movió sus tropas para Popayan,
de cuya ciudad tomó pacífica posesion en 3 r de diciembre; i
como este fue el tiltüno importante suceso del año 18 (4, que-
dará suspensa la relacion histórica hasta el capítulo del
. . .


sigurente,




63
~'\1\:"\'\iV~\'\\I\i\J'\I\I\i\~\ I\i\\i\J\Jni\.'\1\'\in\\!\'\i\,\j\;,\'\,'\1\'\;'\'\1\;'\1\1\:\1\1 \\i\'\Il,'\iW


CAPITULO V.


FE:
_9ó3_


Estado prospero de los negocios para los republicanos á prin-
cipios de 1814. Disensiones entre los santafereños i tu n-
jeños Ataque de estos, mandados por Bolioar ; contra la
capital del reino, i su rendicion, Fidelidad de Santa
Marta. Arribo á este puerto del nuevo uirei don Fran-
cisco Montaloo. Acufíacion de una moneda de cobre. Es-
citaciones á la plaza de Cartagena para reconocer la au-
toridad Real. Figoroso«preparativos de defensa por Mon-
talco, Creacion. de una escuadrilla, i sus empresas. Fiestas
públicas por la libertad del Monarca español. Ocurrencias ..
de Panamá.


•1 as armas de esta república iban adquiriendo pujanza i
l'igor. Las tropas ausiliares de Bolivar habian ganado algu-
nos triunfos parciales por la parte del Norte; i las de Naririo
asimismo se hablan cubierto de una gloria inesperada por la
del Sur en la batalla de Calibio , en la que fueron derrotadas
las tropas de Quito. Los nombres de Bolivar i Naritío eran
pronunciados con entusiasmo por todos los fanáticos revolu-
cionarios: sus hazanas guerreras, presentadas cornomodelos
de imitacion; los enemigos de la Espafía se entregaron á las
mas lisongeras esperanzas de asegurar su independencia; mas
no previanque la inconstante, fortuna iba á dar un vuelo rá-


'pido i á fijarse al lado de los fieles realistas. Mui pronto fue-
ron desheehas las armas de la república en los mismos para-
ges qu~ habian sido testigos de sus victorias. Nariúo vio es-
trellarse su loca confianza en los pechos de bronce de los
valientes pastusdll. Bolivar perdi6 todo el mérito de sus an-
teriores ventajas en las batallas de Barquisimeto, Boca-




g!.NTA r;~: !8L~.~
la Puerta, la Cahrcra , Ar:lgu:r, Cumanf i


6'+
clJi¿::t, Arno ,
DrÍCa.


Las disensiones entre los fedcralisras de Tunja i los cen-
rralistas de Santa Fé halfian tenido una tl"'.'gua momcnt.ínea;
mas no F~ habían desvanecido completamente i su rrvonci-
Iiacion jamas había tenido todos Jos cnractcrcs de la fran-
queza i buena fé; el fuego estaba encubierto ~ i solo se espe-
raba una ocasión favorable para que se encendiera de IlllCVO
con cualquier pábulo que se fe aplicara. La prision de su
presidente Nariño , el desaliento en que quedaron sumidos
sus partidarios, i la eonfusion de los negocios priblicos hi-
cieron ver á las tropas de la Union , dirigidas por el mismo
Holivar refugiado á fines de este año en este reino, que ya era
llegado el momento de derribar con un golpe de mano sus
antiguas pretensiones, i de asegurar la sumisión i dependen-
cia de aquella capital al congreso de Tunja.


N o .había olvidado éste la mengua de la derrota de sus
armas en el ario anterior, i [Jara landa aprestó una espcdi-
cion , colocando á su ca6lcza al citado Bolivar. Era el 10 de
diciembre cuando se dió el primer ataque á dicha capital:
el esforzado valor de los federalistas los hizo muí pronto
dueños de las calles del barrio de Santa llirbara ide otros
puntos, hasta dejar acorralada la guarnicion en 10 interior
de la ciudad. Hallándose al día siguiente reducidos los sitia-
dos al recinto de la plaza, entraron en negociaciones con 1:.18
tropas contrarias, i firmaron la capitulacion que Ics fuc die-
tuda por el caudillo caraqueiio , desistiendo de todo empeño
que no estuviese en armonía con los intereses i deseos del
llam:,do gobierno de la Unión.


De este modo quedó dt?spl)pda Santa Fé dc su capitali..
da,1, i sometida al dominio dd cengreso de Tunja. Fuc con-:
tado aquel dia por uno de los mas memorables para los fe-
deralistas, i celebrado por lo tanto con públicos testimonios
de regocijo; el héroe de tan brillante campana fue condeco-
rado con el altisonante título de espitan ge~ral de los ejér-
citos d·~ 1:.1 Union , i la humillación de los santafercños , aun-




fondos de la Ha~a, eran estos
9


~ANT~ FÉ: 1514· 65
que por una í otra parte hubiera habido, grandes quebrantos,
siendo incomparablemente mayores los de los federalistas que
consistieron en 1200 muertos , fue considerado como uno de
sus triunfos mas gloriosos, sin calcular que aquellas discordias
habían de debilitar una causa, que necesitaba de todos los
esfuerzos reunidos para darle el vigor de que carecia; pero
como en estos acontecimientos se consultó mas la venganza
que h seguridad, quedó siempre en pie aquella funesta.
querella, origen emponzoñado de interminables males.


En la marcha ordinaria de las pasiones una primera revo-
lucion engendra otra; porque una vez formados los partidos
cada cual arregla su justicia por su propia conveniencia: así
suceclieí con los hahitantes del nuevo reino de Santa Fé,
quienes estuvieron fluctuando de contínuo entre la ambición i
la impotencia, i entre la apariencia de virtudes cívicas i el
ejercicio de sus rastreras pasiones, constituidos entre sí en un
estado de pugna i §in lIegar á establecer jamas una per-
fecta union , sin la cual era imposible triunfar de sus con-
trarios.


Seguia en el entretanto la fiel Santa Marta , desafiando
todo el poder de los furiosos republicanos i rechazando' cons-
tante_te los ataques de los cartageneros, quienes desde
los prillftos meses del año habian situado en el rio algunas
tropas, á las que dieron el nombre de ejército del Magdalena.
El arribo á mediados de este mismo año-del mariscal de campo
don Francisco de lVIontalvo, procedente de la Habana su pa-
tria, en cuya isla se hallaba ejerciendo el empleo de segundo
cabo, reanimó el espíritu de los samarios. Habia sido nom-
brado capitán general del reino eú· reemplazo de don Benito
Perez fallecido en el aiíoanterior; i'aunrlue la situacion de
aquel vireinato se presentaba con caractéres muí poco Iison-
geros al nuevo gefe, esperó este sin embargo mejorarla ven


·10 posible adoptando un sistema de actividad i energía, dife-
rente del de flogedad i condescendencia que tan funesto ba-
bia sido á su antecesor.


Aunque trajo algunos
TOMO lI. .


".,::




66 SANTA FÉ: I 8 14.
insuficientes para dar lÍ la guerra aquel 'vigoroso impulso que
se necesitaba para levantar de su abatimiento la autoridad
Real: acuño con esta mira monedas de cobre i de plata, las
que si bien teniln un valor intrínseco mui inferior al que
representaban, aumentaban sin embargo la circulacion , ilo
sacaban de sus primeros apuros. Fue asimismo uno de sus
preferentes cuidados enviar á los gobernantes de Cartagena la


• constitución dé las cortes de Cádiz del año XII CaD filosó-
ficas escitaciones para que la jurasen, reconociendo el domi-
nio del Soberano legítimo, quíensestando ya muí próximo á
salir .de sn cautiverio, se ocuparia en castigar los atentados
contra su autoridad, si con la debida sumision no se apresu-
raban aeeponerle los motivos justos que tuviesen para haber
formado aquella escision. Este era el solo partido que podían
tomar con alguna vislumbre de razón, seguros de que si sus
quejas eran fundadas, serian oidas, i obtendrían por ellas la


" "


debida satisfaccion del paternal gobieeno de la metrópoli;
mas como las declamacionesde los rebeldes han sido en todos
los ángulos de la América un juego de palabras para aluci-
nar á la muchedumbre , era facil conocer que serian des-
echados con desprecio consejos tan sanos i juiciosos."


La causa de la independencia se perdía en el.nento
que se sometiera al irrevocable fallo del recto rací.io; era
pues del interes de aquellos corífeos no busca. jamas seme-
janteárbitro que había de co~~enarIos sin apelacion. El go-
bierno español habria pulverizado todos sus argumentos, i
obtenido. una victoria completa en esta contienda política si
hubiera querido por .una superabundancia de su justificacion
i nobleza convencer á Jos'disidentes de la sinrazón de su re-
beldía; mas como el merohecho de haber entrado en estas
aclaraciones habría debilitado tal vez ese inatacable derecho
de legitimidad, que es el que di seguridad á los gobiernos, i
que si llegase' lÍ ser desconocido 6 impugnado quedarían des-
quiciados los;'vínoulos de la sociedad, desplegó constante-
mente toda la dignidad de su carácter sin hacer mas conce-
sienes que lá.e emanasen de su clemencia, ejerciendo el




6)
el de perdonar á


H]'.;TA :f'í~: 1814.
principal atributo de la soberanía, que es
los súbditos descarriados.


Empero conociendo Montalvo la tenacidad de los insur-
jentes, se dedicó primeramente á torríar algunas medidas de
defensa, males fueron la' conclusión de la batería que Laba-
tuthabia empezado en el Ancón, á la que fue dado el nom-
bre del Espíritu Santo; i en seguil;la á armar algunos, bongos
de guerra para hostilizar á los enemigos en el rio grande,
ensanchando de este modo su dominio fuera de aquellas
murallas.


El pueblo de San Juan de la Ciénaga fue el punto desti-
nado para la consrruccíon de 8 buques ele guerra, de- que
carecían totalmente los realistas; el ayudante de Montalvo
don Ignacio Larrus , encargado de estos trabajos bajo la di-
reccion inmediata del gobernador Porras, que se trasladó al
mismo pueblo con igual objeto, fue segundado en ellos. con
el mayor celo i esmero por sus habitantes, quienes ofreciendo
voluntariamente las maderas , su trabajo. i cuanto pudiera
necesitarse para su pronta conclusion , hicieron que á los po-
cos dias se hallasen en estado de ir á buscar á los rebeldes á
pesar de que solo uno de dichos buques tenia cañón de á 24,
tres los tenian de á 1 2 , i los restantes tan solo de á 4, muí
inferiores en todo á la escuadrilla de Cartagena, que se como
ponia de ,11 barcos de mayor porte con .los que dominaban
la Ciénaga, i mantenían el bloqueo de Pueblo viejo.


Los samarios , que estaban acostumbrados á burlarse de
los esfuerzos de los insurjentes i á fijar á su lado la victoria,'
esperaban suplir con el mismo prestigio de su nombre la des-
igualdad que se notaba en lbs medios hostiles , i no trepida-
ron un momento en arriesgar un combate naval. En el mo-
mento en que los independientes estaban mas descuidados é
ignorantes de la flotilla que acababan de crear sus contrarios,
se presentó ésta al mando del citado capitán Larrus al ama-
necer del 28 de marzo á tiro de metralla de los buques de
Cartagena , apostados en la isla llamada d.n~io: forma-
dos estos en batalla sin pérdida de tiempo, apoyando su &-




68 SANTA Fi: 1814.
quierda á un banco de- ostriones , se rompió un 'Vivo fuego
por ambas partes; el empuje de los realistas fue irresistible;
Larrus cortó la línea de los patriotas, i envolvió la izquier-
da; la derecha que huía ácia Riofrio fue alcanzada i obligada
á arriar su bandera, del mismo modo que' lo había verlfioado
fa. otra. A las nueve i media de la mañana estaban ya en
poder de los 'realistas los J 1 buques cartageneros, 1 6 piezas
de artillería, todas sus municiones, 4' trasportes i 175 pri-
sioneros. Fue asímismo considerable el número de los muer-
tos, i entre ellos se cont6 al comandante Nuñez. Una accion
tan-brillante para las turnas españolas fue celebrada con las
mas'vivas demostraciones dé jiíbilo i entusiasmo: una me-
dalla que el Monarca español concedió á todos los valientes
que habían tenido parte en ella fue la prueba mas positiva
del Soberano agrado i de su Real gratitud.


Los samarios ·adquirieron nuevo vigor i declsion con tan
ilustres triunfos. Si bien se habían cubierto de gloria en va-
ríasacciones , í rechazado en este mismo año las tropas de
Cartagena en Jagua, Pilij:ai i en otros' puntos defendiendo
por una i otra parte la línea del Magdalena, no habían po-
dido obrar tan libremente hasta este momento, porque los
enemigos dominaban el canal con sus fuerzas' sutiles. Por
ambos .partidos se habían cometido violentas estorsiones en
los pueblos de aquellas riberas: los de Cartagena habían
quemado todos los de la m:frgen oriental del rio desde Sitio
nuevdtcerca de la' embocadura -hasta el Cascajal, mas arriba
'del puente deOcaña , incluyendo la hermosa villa de Tene-
rife; los realistas habian incendiado asímismo las poblaciones
dePoneclera, 'Campo de la C¡';z, Candelaria, 'Iacamochc,
Peñon ,Margarita, Loha , Badillo , Regidor i San ~Pedro~
eomo pertenecientes á los republicanos.


Estos que habían sido batidos por los samarios casi en
todo' e~cuentro, i que solo con el apoyo de sus fuerzas suti-
les hahian podido 'soetener su efímero poder, i subsanar en
parte lasp~dáfsufridas por tierra, quedaron completa-
m~nte desconcertados con la derrota de dicha su escuadrilla




~,\:'HA FÉ: 1814· . 69
en la Ciénaga, i hubieron de renunciar á toda tentativa hostil
"obre la fiel Santa l'Harta.


Llegaron á poco tiempo las lisonjeras noticias de la liber-
tad del Sr. D. Fernanéo VU i su gloriosa restauracion al
trono de sus mayores: fue este fausto acontecimiento cele-
brado con todo .el ardiente entusiasmo de que es capaz un
pueblo tan fiel como lo ha sido siempre ~ de Santa Marta.
Bailes generales para toda clase de personas, iluminaciones.
repiques de campanas, solemnes funciones c~ los te r¡rlos , i
toda clase de demostraciones de júbilo ialegría; todo se agotó
en desahogo de las dulces emociones de, que estaba poseído
el coraeon de al/ueIlos habitantes,


Cartagena sin embargo, del mismo modo que las demas
provincias suhlevadas del reino, permaneció en su obstina-
cion sin haber adoptado otra variacion en su sistema sino la
de relajar en parte el rigor de la persecución contra los rea-
listas, de la que disfrutaron los samarios que se hallaban
confinados en este puerto xlesde el arlo anterior para resti-
tuirse al seno de sus familias. l ,


A poco tiempo del nombramiento del nuevo virei arrancó
el ayuntamiento de Panamá con insidiosos manejos del go-
bíernode Cádiz el decreto de que fuese el R. Obispo remo-
vido tle su silla-, 1trasladados. á otros tribunales los oidores


• que constituían h audiencia de Santa Fé en dicho punto;
esperando que con la salida de aquellos únicos sostenedores
activos de la causa del Reí, les había de ser mas facil la pro-
elamacion de la independencia. Este fue el golpe mas terrible
para los buenos realistas 1 que habían creído iba á mejorar su
posicion con la muerte del anterior virei don Benito Perez,
en quien habian observado, no sin la mayor sorpresa, una
equivocada intimidad con el citado ayuntamiento, i poca es-
crupulosidad , ó á lo menos ninguna vigilancia en corregir el
contrabando que destruía las rentas públicas tan necesarias
para sostener las cargas generales.


Todos los oidores salieron para sus destinos, menos el de-
eano encargado de la regencia don Joaquín Carrion , quien




'70 I'Al\;TA FÉ: 1814.,
se eltlpeiíó en conservar Su puesto, 1 en tener abierto el tri-
bunal hasta que llegasen de la península sus sucesores. Los
disidentes encubiertos pretendían que debía cerrarse porque
no babia el número suficiente de ..inistros que marcaban
las leyes constitucionales que entonces regian: Carrion se
apoyaba en las"de Indias que autorizan la existencia i ejer-
cicio de dichas aiJIiencias aunque no baya mas que un solo
oidor para administrar la justicia.


.En,edio d,e estos porfiados debates , i á pesar de la viva
oposicion del citada ayuntamiento i del comandante general
don Cárlos Meiner, desempeño Carrion sus funciones judi-
ciales desde el 31 de noviembre de 1813 Iiasta el 8 de julio
de 1816, con el apoyo del pueblo que estaba decidido á su
favor. El virei Montalvo, que ignoraba desde su residene ia
de Santa Marta lo peligroso que había de ser la retirada de
Panamá en aquellas circunstancias, de la única eorporacion
capaa de sofocar las chispas revolucionarias, mandó que la.
citada audiencia se trasladase á Santa Marta; pero el decano,
que temía con sobrado fundamento las fatales consecuencias
de aquella medida, suspendió el cumplimiento de ella, cuya
resolucion fue aprobada por una Real orden de 2 r de octu-
hre de 1814. Así pues se sostuvo el gobierno español en este
punto, á pesar de sus oscilaciones, hasta el I.a 2 1 ; habiendo
a¡:reditado de mil modos el pueblo de Panamá, del mismo #
modo que todos los demas de América, su adhesión á la
madre patria, contra la que solo han aparecido á la palestra
como verdaderos enemigos los ayuntamientos. algunos indi-
viduos del clero, la clase de los letrados, i los jovenes dís-
colos i viciosos.




71
ww\'\:\f\i\'\I\J\i\N\'\""\I\f\I\J\'\I\HX\.'\:\'\1\1\ \'\"'\\.\l \ \:,,\\'\!v..'\:\I\I\I\I\N\N\'\




CAPITULO VI.


CARACAS:
Asamblea general en el convento de San Francisco, en la


que Bolívar depuso fingidamente el mando, que le fue
decuel to con dobles facultaties. Preparatioos de-los rea-
listas para abrir otra campaña. Inútiles esfuerzos de al-
gwlOs eclesiásticos para desarmarlos. Batalla de la Puerta
por Báccs. Horrible sacrificio de mas de lOCO oictimas del
honor i de la fidelidad, Batalla de la Victoria por el gene-
ral Mora les. Otra en Cantarranas, dada por los citados ge.
fes realistas. Progresos de la columna del comandante Ya-
iiez, Ataque de la villa de Ospino, Dolorosa muerte de dicho
comandante, ¡¡pien fue reemplazado por el coronel don Se.
bastiati de la Calzada Toma por éste de las villas de .drau-
re i San Cdrlos. Victoria por el brigadier Ceballos en Bar-
quisimeto Hazañas del oaliente Báoes contra Bermudez l
1Warino. Batalla de Bocachica, Derrota de Arismcndi en
el Llano :!Ito. Victoria de Riuas En los ualles de Tui. Triun-
fas conseguidos en Arao por C"'Jul1os i Calzada. Arribo del
capitan general don Juan Manuel Cagigal. Derrota de di-
cho geje en la llanura de Cara bobo. Segunda batalla de
la Puerta grmadr.1 por B1'Jes. Otra victoria en la Cabrera.
Entrada de una de las divisiones de Báoes en Caracas.
Rendicion de la ciudad de Valencia. Destrozo de la dioi-
sien de Urdaneta por el general Cagigal. Fuga precipi-
tada de los sitiadores, de Puerto Cabello. Importante oic-
toriade .dragua por Morales. Destruccion del mulato
Piar por Báoes en Cumaná. Batalla de los Magueyes i de
Urica ; en cuya última perecio el insigne BooesvDbseroa-
eiones sobre este héroe fle la guerra de América. Morales




í~ CARACAS: 181!~.
se encarga del mando del egercito i se·cubre de gloria.
Toma por el mismo ael pueblo de Maturin , último asilo
de los facciosos.


f..Jos rebel.les de Caracas se creian ya invencibles coa ICi
triunfos obtenidos en el año anterior; i figurándose Bolívar
haber llegado al apogéo de su carrera revolucionaria , trató
de vincular en sus manos el poder absoluto COIl una sirnu-
lada hipocresía é insidiosos manejos. Reunida una asamblea
general en el convento de San Francisco ~ se presentó en ella
dicho arñbicioso caudillo con sus edecanes i secreturlos de
Estado; i despues de habe~ pronunciado un elegante dis-
curso, tomado de las arengas de los aníiguos grivgos i ro-
manos cuando daban cuenta de la favorable terrninacion de
una guerra importante, afectó imitar las mismas virtudes
i desprendimiento , haciendo una espontánea demisión de su
mando, que sabia no sería aceptada , i pidiendo retirarse,
cual otro Ci.icínato , alcuItivo de sus campos.


Tuvo tan felíz resultado este primer ensayo de su fin-
gida ambician, que elevando los convocador hasta las nubes
el distinguido mérito que incautamente reconociau en aque I
repu blicano , no solo se negaron á admitirle su renuncía , sino
que votaron por que se le confiriesen todas las facultades de
la soberanía. Empero no bien había salido victotioso de este
primer esfuerzo de su iMriga cuando hubo de dirigir toda
su ateucion á contener los progresos que iban haciendo los
realistas, vueltos ya ele su primer estupor i alarma por sus
anteriores reveses. El infatigable Boves, de quien no habia
hecho mención Bolivar sino para despreciarle, habí.i reunido
mui pronto un egéreito de 7 á 8~ llaneros montados i ar-
mados de lanza. El valiente i'ailez se habia organizado de
nuevo ~ i caminaba desde San Fernando á Barinas. El briga-
dier Ceballos había vuelto de la Guayana, i se preparaba
á invadir la provincia de Caracas.


Seguia en el entretanto el sitio de Puerto Cabello, con
tanto rigor 1 que sus heroicos defensores estaban reducidos á




la


r.AnACA~: 1SIl' 73
la mayor miseria, i aun á no tener agua potable; pero
todo lo sufría con placer porque no dejase de tremolar so-
bre su~ murallas el pabellon de Castilla. La oportuna lle-
gada eld general don Juan 1VIanuel Cagigal á principíosds
este año á encargarse del mando de la provincia reanimó el
espiritu de los sitiados. Las "Primeras disposiciones de Bolinr
fueron las ele presentar imponentes fuerzas contra el for mi>
dable Boves , á. cuyo efecto reunió unos 4~ hombres en la vi-
lla de Cura, i situó otros en las ciudades de Barquisimeto,
Valencia i villa.de Aragua. No bien satisfecho con este apa-
rato guerrero , i~1flLJ)'ó en el reverendo Arzobispo; .en el an-
tiguo prefecto de 103 capuchinos Fr. Francisco Caracas, i en
otros res(lctab1es eclesiásticos para que .pasasen.á los LIanas
á predicar la concordia i la obediencia á aquel ilegítimo go-
bierno. Deslumbrados estos varones apos·tólicos con 18sprotes-
tas de los revolucionarios dieron cumplimiento á su mision;
pero el Ilmo. Arzobispo retrocedio desde la villa de Cura, i
los domas que trataron de PélSi/.l' mas adelante ,.fueron arres-
tados por Bóves i remitirlos á la Guayan~.


Lejos de intimidarse Bovcs con este despliegue de fuer-
zas i de intriga ~ trató ele aumentar el c<1t::llogo de sus ilus-


•tres hechos. IJuesto en movimiento á principios de febrero
eneontro ya el dia 3 en la' Puerta á dicha división de la villa
de Cura mandada por el caudillo Campo EIías, rebelde
europeo que habia hecho sus primeros ensayos en la carrera
de la crueldad aiandando asesinar á sangre fria á su tia don
Antonio Arizurricta , á quien había deLido su edncacion i
suerte. Verlo llóvcs, atacarlo i derrotarlo completamente ~
fue obra de poco~ instantes. Solo el traidor Campo Elías i
los soldados mejor montados pudieron sustraerse á una se-
gura muerte con la celeridad de sus eaballos:A su consecucu-
cia se apoderó Bóvts ele ~villa ~e Cura i lje todos 10<; alma.
cenes que tenían los insurgentes en aquel "punto El total des-
trozo que hizo el gefe español sobre la brillante div ision del
citado caudillo llenó del mas lxírbaro furor el ánimo de los
insurgentes.


TOJw U.




Tí c.uuc ¡\S:" 1\ lj.
Fue entonces cuando el vengativo Bolívar manchó su


carrera ~ mas que nunca, con decretos de proscripcion
i horror: fue entonces cuando sus dignos satélites ~ los
feroces Palacios i Arismencli ejecutaron aquel inhumano sa-
orificio de que" no se halla .otro igual en la historia: sacar
desde el 10 al 16 de febrero rrri] desgraciadas víctimas de
las bóvedas de la Guaira i carceles de Caracas, ~en las que
habían sufrido las mas penosas amarguras, hacer llevar á
vista de las mismas, la leña que debia reducir ;( cenizas aque-
llos monumentos de la lealtad espariola , reunirlas "en los al-
tos de la Guaira ~ en "el camino de Maonto, i en otros mata-
deros, caer sus soldados furiosos al primer toque de degüe-
llo sobre aquellos infelices', verlos sucumbir asesinados á san-
gre fria á los' golpes de las sacrílegas b;yonetas, machetes,
sables i puñales, i arrojarlos semivivos-aIa ardiente hoguera
encendida á su presencia : éste fue un ensayo de fiereza que
dificilmente "podrá -ser copiado aun por los caribes mas des-
apiadados.


No habié~dose saciado todavía la crueldad de aquellos
monstruos, se detúvieron á considerar como otros Nerones
t'an horrible espectáculo," complaciéndose con el rechina-
miento i chasquido que hacían las llamas por el contraste ele
la humedad de las palpitantes entrañas con la accion viva
de su ·fuego devorador. j Horrible mancha que el curso de
los tiempos no podrá borrar jamas! i Testirnonio perenne
que hará ver á las. futuras cdadés la sinrazpnde la rebeldía
de los americanos , su indomable protervia para llevarla á
efecto, i los execrables medios de que se valieron para fo-
mentarla!


En 22 de febrero fue atacado un cuerpo de sediciosos ~i
las órdenc,s de Riva~ en la Victoria por el esfpizado Mora-
les, quien rompi~ por varias part~los atrincheramientos del
enemigo, i le causó una gran pérCIida despues de haber sos-
tenido un combate de ocho horas. Boves se habia presentado
delante de san Mareo', donde habi~ otro cuerpo mandado por
Bolívar, con bastantes fortificaciones en la parte llamada




CAnAf'A': 1S 1!Í-. 75
Cantarranas : reunido aquel gefe con Morales atacó dicho
pueblo :í fines d~ febrero; h pelea fue tenaz i sangrienta,
ambos partidos salieron descalahrados , i entre los heridos se
contó al valiente Boves; quien debió trasladarse para su C11-
racion :í la viJIa de Cura ,cediendo el mando á su segundo
el refcri,¡:Io Morales.


La columna del comandante Yañez , que habia restable-
cido:ya la autoridad del Rei en toda la provincia de Baci-
nas, i ocupado la 'ciudad dé Guanare :í .fines de febrero,
llevó sus armas contra la villa de Ospino , defendida por 500
facciosos: mientras se hallaba en lo mas fuerte de esta pe-
lea, que sus tropas sostenían con el mas esforzado valor ,vió
en la llanura un cuerpo enemigo de 3¿O hombres, i para
evitar su reunión con' los' que él tenia sitiados, si bien aque-
lla columna se dirigía en fl1g' á la villa de Araure, salió'á
su encuentro :í la cabeza de un escuadran. El enemigo quedó
deshecho; pero fue irreparable la pérdida que sufrieron. los
realistas en la persona del valiente Yaúez, que era el orna-
mento de la milieia española, i el terror de los facciosos- este
ilustre guerrero, que tenia asombradas las provincias de Ve.
nezuela con la fama de sus hazañas, sucumbió á los primeros
golpes de aquella fatal refriega.


Llenas sus tropas de' la mayor consternacion ífuror , in-
cendiaron la citada villa de 'Dspino, i se retiraron á Gua-
nare , en donde fue nombrado el coronel don Sebastian de la
Calzada paca reemplazar J. su malog~ado comand~~ie.Este
gefe, digno asimismo de todo elogio por su decision , lealtad
i bizarría, tomó la villa de Araure , i en seguida la de San
Carlos despues de una obstinada resistencía , en la que pe·
recieron casi todos los defensores.


A mediados de febrero liabia emprendido el brigadier
Ceballos I1l1a marcha penosísima contra Barquisimeto para'
sorprender un cuerpo de etropas que alli mandaba don Rafae!
Urdaneta. En la madrugada del dia 1 J de marzo estaba ya
el ejército de C~ro sobre las calles de dieho pueblo: al rayar
el alba salia de suscuarteles un batallón insurgente para 11a-




j() CAniIC,!S: 1S1'1.
cer el eiercicio en el campo, cuando cayendo sobre él los
400 ho;nbres de Granada que lo estabal; csp~rando, quedó
rodo aquel cuerpo en su poder, habiendo sido mui pocos los
que pudieron sustraerse á la muerte con su fuga. El gefe
Urdaneta saltó de la cama en el mayor desorden, i tomando
precipitadamente su caballo escapó para San CJrlos, cuya
villa halló ya en poder del coronel Calzada; i salvándose con
su actividad i previsión de este' nuevo peligro, pudo JI"2(ar á
Valencia despues de haber sufrido los mayores trabajos i so-
bresaltos. ,


Empero quien mas brilló en este teatro de sangrientos
combates fue el bizarro Boves, el cual parecido á un firme
escollo entre las tormentas del Océano, SOSttITO con pujanza
la autoridad real, i dió repetidos dtas de gloria á la inonar-
quía española, Ese hombre e~aordinario df:'spues de haber
escapado afortunadamente del puñal de dos asesinos que Boli-
val' había enviado contra él á la villa de Cura, se determinó
á atacar 4V sediciosos mandados For Bermudez i Mariño que
venían de las provincias de Cumaná i· Barcelona á socorrer á
su gefe sitiado en San .'\1ateo. Cuando ya dichos refuerzos se
hallaban próximos en el día :2 de abril, se arrojó el cj(h-cito
de noves sobre este pueblo con el mas desesperado valor,
persuadido .de que aquel golpe decidirla uc la suerte de la
campaña: la fortuna coronó lar heroicos esfuerzos de las tro-
pas realistas; quedaron eompletamente derrotados los insur-
gentes;t dquel campo se vio muí pronto cubierto ele c.rd.íveres,
i entre ellos 103 europeos Villapol , Campo Elias, i cl cana-
lío V~ceI1te Gomez l todos tres generales de Ia repriblica, Ca..
Y'tOl'on asimismo en poder de noves toda la arti!lerfa,' fusiles
i municiones de los contrarios de que tanto escaseaban; Bo-
lívar tuvo la suerte de sustraerse al brazo del vencedor con


. algunos de sus oficiales.
A los dos dias ya estaba el ejército realen Bocachica em-


i:eflado con ibual ardor en otro comtate que se prolongó por
el espacio de seis horas, hasta aue concluidas olas municiones
se fió á 13s lanzas su terminacion. Fue terrible i saDgrienta




CAl' C'¡S: 18 ¡ !~. '7
esta jornada; ambos ejércitos se tretiraron dcscalabrad,osdd
campo de batalla; el en:migo se dirigió ária Ja Victoria' por
el escabroso camino del Pao de Zarate , i Boves sobre Valen-
'cia , á cuya ciudad llegó el 6 de dicho mes de abril. Po-
niendo entonces todo su ejército á la disposicion dtrbrigadier
Cfballos salio con J 00 caballos á la villa de Calabozo para
levantar nuevos cuerpos; pero sus' solJrdos' que nunca se
creian seguros ni satisfechos sino coa aquel digntl comandan-
te que había sabido entusiasmarlos con la fama de sus insig-
nes hazaüas , abandonaron el campo d~ Valencia pesprecian -
.do el exhorto i la persuasion del benemérito Ceballos, í pasaron
á reunirse con el objeto dc su culto i veneracion , sin que se
hubiera desertado un solo individuo, habiéndose por el con-
trario aumentado su fuerza en el tránsito.


.. .Este inesperado, contratiempo sin embargo de¡jeoncl:W1:ó
las operaciones militares por aquella parte: los sitiados en Va-
lencia estaban para rendirse, i contaba Ceballos con una ~­
gura victoria, cuando la debilidad á que quedó reducido, i el
fundado temor de ser acometido esteriormente por Bolivar le
obligó á levantar el sitie i á ponerse en marcha para San
C,írIos, perdiendo en un momento todas las ventajas de sus
bien toma~as disposiciones. Un cuerpo pcrtene;iente al ejér-
citó de Boves que había quedado en ~ llano alto hizoun
movimiento sobre Caracas penetrando hasta l~ llanura de
Ocumare, distante J 6 leguas de dicha capital; el sanguina-
do Arismendi que la mandaba salió contra él con 700 hom-
hrcs ; pero huyó á los primeros tiros i quedaron las tropas
realistas dueñas de aquel campo empapado en sangre de los
infelices que habia conducido al· sa~cio. Mui pronto sin


.' embargo trocó la fortuna en esquivez sus pródigos dones. Don
José Felix Rivas , que á los primeros avisos de Arismendi ha-
hia corrido á los valles del 'Tui, próximos al -sitío en que.se
lJabia dado la batalla anterior, se encontró con.la8l tropas
victoriosas en 24 de marzo; i aunque sus fuerzas consistian
en solo 600 hombres, obtuvo una brillante victoria que repa-
ró la afrenta de su colega.




18 CARACAS: 1814·
Luego que el brigadies-Ceballoj-Ievantd el sitio 'de Ya-
lenti~ se aproximo Bolivar á esta·ciudad, i unido con su
g~arnicion sedirigió ácia San Cátlos en seguimiento de dicho
Cebalíos i de Calzada: las tropas del Reí' esperaron á aquel'
furioso enemjgo en el sitío-Ilamado el Arao, que se hallaba


.naturalmente d.efendido por las lagunas que tenia "á su frente
i costados: dióse l~ataUa á fines de abril, i las sienes de
tan dign'Oll ~fes fueron coronadas con ilustres laureles.


Habiendo llegado á aquel ejército el capitan general de
la provincig don Juan. Manuel Cagigal, se puso eu comunica-
cion con el infatigable Boves para hacer movimientos combi-
nados que dieran nuevo lustre á las armas de Castilla: este
debía hallarse sobre la villa de Cura á fines de mayo, i Cagi-
.al.s09re Valencia, á fin de dar un golpe decisivo á las fuer-
zaj·re~ldes. El capitán general fue el primero que empren-
dió su marcha para dar cumplimiento :f las operaciones de
aguella campaíía: había llegado á las inmediaciones de Va-
lencia sin que Boves-hubiera concurrido todavía al punto in-
dícade, Puesto ya en aquel compromiso sehizo necesario re-
currir á un .doble despliegue de valor para rechazar al atre-
vido Bolívar que habia: salielo de dicha plaza á probar de
nuevo la suerte de las armas: el ejército real se formó en la
llanura de Carabob<¡,.afectando una serenidad í bizarría que
daba las mayores seguridades del triunfo; pero estaba decre-
tado que las armas- realistas hubieran de sufrir algunos con-
trastes para que fuera mayor el mérito de su constancia.


Al primer ataque del caudillo insurgente se desordenó
aquel ejército i se entregó á· una espantosa desercion ; Cagi-
gal, Ceballos i Calza. hicieron los' mas heroicos esfuerzos


.para contenerlo, pero en vano. Viéndose en tal conflicto fia-
ron á la ligereza de sus caballos la conservación de sus- vidas;
para emplearlas con mas utilidad en otras acciones menos
desgractadaS; se retiraron á la Guadarrarna, á cuyo pnntq
concurrió de alli á pocos dias el mismo ejército disperso c~n
mui pocas faltas. •


Habiendo perdido Boves un tiempo tan precioso en or-




CAnACA5: 181l~, 79
ganizar sus brillantes cuerpos, se puso, en marcha con 3~ in":
fantes i 5~ caballos i I1egó el 14 de junio al sitio llamado la
Puerta. AIli estaba reunido todo el ejército de Bolívar.en nti-


. mero de 4300 hombres de tropas escogidas, i alli se halla-
ban asimismo sus mejores generales, sus secretarios de Estado
i PUC\'C piezas de artillería. Antes de principiar la batalla
provocó Boves á su contrario á un desafio personal; pero '
viendo la repugnancia de corresponder á este rasgo de bizar-
ría i arrojo, dió la señal de ataque,i en breves momentos
cayó en su poder la artillería que los ene~~os habian colo-
cado en una altura. Apenas se había principiado la batalla
cuando ya Bolivar estaba de retirada para Caracas con solo~
dos ordenanaas. En menos de tres 'horas quedó todo el ejér-
cito enemigo tendido en el campo sin que se hubieran sus- •
traído al br1Wio del vencedor sino 100 hombres que pudie!'on
ocultarse por los bosques. No sé ha visto en América una batalla
tan sangrienta como esta: 4200 hombres mo;dian el polvo, los
realistas quedaron rendidos con tan horrible carnicería. Todo
pereci6en aquel dia de sangre i horror; los secretarios de
Estado, los edecanes de Bolívar , todos sus generales se halla-
ron en el número de los muertos; solo el de artillería don
Diego' Jalan, europeo, cayo vivo en manos de 'Morales; para
ser fusilado al día siguiente en la villa de Cera. La; .secreta-
rías del gefede la república Venezolana, su estado mayor,
aV fusiles; todos los almacenes de la citada villa de Cura,
i c;anto poseía aquel formidable' ejército cayó en poder tIel
invencible Hoves. ff
. . .


En este dia puede ~ecirse que espiró el gobierno de' los
ínsurjentcs: fue tal el" terror que se introdujo en su á~i­
mo , que' solo el nombre de Boves les hacia, caer las. ar-
mas de las manos: ya desde este mom1!Jto no hubo quien .
pudiese resistir á aquel impetuoso torrente : un~ de. sns di-
visiones.se dirigió á Maracai contra mil seiscientos hombres
que defendían el punto fortificado de la Cabr~a, al mando
del infiel don José María Femandez , natural de Ceuta, Toda
esta brillantecohnnna fue pasada á cuchillo el 17 del mismo




80 CAnAcA~: 181/¡.
mes de julio desde Fernandez hasta el último tambor; i ca-
yeron en poder del ejército Real 11 cañones, todos sus fu-
siles i municiones , i cuatro lanchas cañoneras que defendían
su flanco izquierdo apoyado á la laguna de Valencia. En 'esta
ciudad se habian parapetado 1500 hombres sostenidos por 2 ~
piezas de artillería, á los que los mismos vencedores de JU~b
racai les pusieron un estrechísimó sitio que debía producir
su pronta rendición.


El otro cuerpo del ejército de Boves que se había dirigido
ácia Caraeas , tomó posesión de aquella capital en el día 7


••de julio. Esta fue la feliz rerminacion de la brillante cam-
pana de aquel esforzado comandante. Se disiparon totalmente
las negras nubes con que habia estado ofuscado el hermoso


• cielo de Caracas; los amantes del' orden i de la legitimidad
res~il'aron líbsemente ; el genio de la revolucíen se sepul-
tó en los espantosos avernos; todos presagiaron un d~lce
porvenir. i se entregaron ~ las mas lisongeras esperanzas;
poco se hallaban demasiado conmovidos los ánimos para que
el brillo de una sola campaña pudiera hacer enmudecer
las pasiones.


Estaban dislocadas' todas, la·s familias, i comprometi-
dos sus intereses é individuos; por otra parte la obstinacion
í terquedad, que es propia de los venezolanos, eran tantos
obstáculos que se ofrecian á la conservacion de la paz bajo.
el dominio del gobierno español, Sea como quiera, los pri-
meros meses lo füeron de alegria i placer: ver restablecida la
autoridad Real en todal aquellas provincias despues de
tanto; ilOrrores que habian precedidosí la marcha de los ;e-
volucíonarios ; saberse ..al mismo tiempo la gloriosa o entrada
del 51'. D. Fernando VII en Espaüa, i haber recibido noticias
las mas l;alagüeiías JI los paternales intentos de S~ 1\'1. para
que renaciera la calma en sus agitados dominios de Uitra-
mar; i tefter· seguro conocimiento de que el citado o gobierno
vuelto á su °dbtiguo lustre i esplendor había dado -el ir-


o revocable fallo de esterminar la revolucion americana, aun
¡J9r 19s medíos' de la fuerza i con el envío de .respetahles




C.\I1A.f:,H: 1814· 81
ej¿rcitos i escuadras, si los de la dulzura i persuasión eran
insuficientes; todas estas noticias á cual mas lisonjeras hacían
rebosar del mas puro gozo el corazon de los realistas, i se
apresuraron por lo tanto los infinitos emigrados que habia
·uiseminados por aquellas islas contiguas , á volver al seno de
su', familias.


Para completar el favorable cuadro de la reconquista
faltaba la rendicion de la ciudad de Valencia, la que se ve-
rificó el 1 1 del mismo julio con todos sus callones, almace-
nes i cuanto pertenecia al ejército insurjente. •


Era mui justo que el geuem! Gagigal participase de los
ilustres triunfos de tan Lrilhntc campaíla, i con efecto los
eogi1 con el destrozo que hizo de la. división de Urdaneta
que iba en socorro de Valencia. La toma suceaiva ~j} esta
ciudad, i el precipitado abandono del sitio de Puerto Cabello,
diándose su general D' Eluyar toda la artillería i pertrechos,
fueron los golpes precursores de la disolucioa del partido.
rebelde.


Morales había salido para Barcelona i Cumaná, en cuyos
puntos se iban" replegando las reliquias de los rebeldes: con
otras tropas que habia reunido en ~ transite constaba
su ejército de '8000 hombres cuando llegó á la villa de Ara-
gua, capital de los Llanos de Barcelona. Aquí le esperaba
Bolivar con 6000 que habia podido organizar de sus disper-
sos , de nuevos reclutas, i de los emigrados útiles para las
armas: dióse esta sangrienta batalla en 28 de agosto: ambos
ejércitos pelearon con el mas terco i desesperado valor; solo
Bolívar fue el que abandonó el campo de batalla á la hora 1
media de haberse roto el fuego; la intrepides de su segun.Io
en el mando hizo que no se sinties e la falta del general en
gefe; sigui6 la fuerza de este em peúado combate por el es-
pacio de ocho hosas , hasta que derrotado en la calle princi-
pal de Aragua el formidable escuadran qut mandaba un
negro feroz, conocido con el nombre de Tigre encaramado;
terrible competidor del esforzado coronel zambo Alejo Mira-
bal que mandaba por el Rei un escuadran de 400 hombres


'l'aMO n. 11




82 CARUAS: ¡SI4..
de su casta, empezó á aflojar el ejército rebelde, i todo cedió
¡ los esterminadores rayos de los realistas.


Un batallan de 800 plazas, compuesto de la principal
juventud de Caracas, i mandado por don Pedro Salias, quedó
tenlido en el campo desde su gefe hasta" el último soldado.
Todo pereció en aquel dia de sangre i horror: reconocido el
campo de batalla, las calles, las casas i aun las iglesias se
hallaron tajas ellas empapadas en sangre: 3700 ínsurjentes
muertos i ?30 heridos , todos sus fusiles', equipages i mu-
niciones rcon dos piezas de artillería, fueron los trofeos con
que ilustró su triunfo el valiente Morales, si bien fueron
adquiridos con la pérdida de j 840 hombres, entre ellos mas
de 1060 muertos.


Algunos de los insurgentes que sobrevivieron á estas san-
grien tas escenas, se dispersaron por los bosques, otros se re-
tiraron ácia Cuman.í. Bolívar, que á este tiempo fue arroj~o
del país por sus compañeros Bermudez , Rivas i Píar , pasó al
reino de Santa Fé á egercer en él su pestífero influjo Des-
pues de esta insigne victoria solo quedaban en poder de los
rebeldes los puntos de Irapa , Soro, Urica , (Jüir4! i Maturin,
cuyo tiltireo punto ~bia sido fortificado de tal moJo que lo
tenían por inespugnable. El comandante Bóves·salió de Cara-
cas á fines de julio con el brillante escuadrón de cazadores
mandados por el esforzado cariano don Nicolas Lopee. Des-
pues de haber organizado nuevos cuerpos en Carabobo , em-
prendió la marcha para Barcelona con 29 homhres: h~l1:ín­
dose en esta ciudad tuvo aviso en J5 de octubre de la
ocupación de Cumaná por 700 facciosos de tropas escogida!
que el mulato Fiar habia sacado de Maturín. Puesto en mar-
cha al dia siguiente con sus bravos cazadores franqueó con
la mayor rapidez doce legu<ls de asperísimas montañas, i al
inmediato Ile.ó á las manos con aquella columna, la que
mordió el polvo á los pocos minutos sin que hubieran podi-
do salvarse del irresistible furor de las tropas realistas sino
Piar i algunos oficiales 1 entregándose en un bote á la cor-
riente del río.




C\ltAC\,;: lSI~. s:)
A los pocos dias se dirigió ácia. Urica con orden á Mora~


les i á los demás cuerpos, de que segundasen aquel movi-
miento: al cruzar por la fragosa montarla de 103 MaguGYeJ
halló al sanguinario Bermudez con 1500 hombres colocados
en buenas posiciones; pero nada arredró al gefe realista: dá
la serial de ataque, i trepando por aquellas alturas destroza al
enemigo, i lo pone en desordenada fuga.


Era el 5 de diciembre cuando ya estaban reunidas toda¡
sus fuerzas para dar la última batalla que debía cortar la
brillante carrera de aquel valiente gefe; .los insurgentes ha-
bian podido reunir 49 hombres á las órdenes del gran cori-
feo don Felíx Rívas , poseídos de todo el furor lue presta la
misma desesperación. No era menor el empeño de los realis-
tas en esterminar las últimas fuerzas de la sedición que po-


dian dar algun cuidado: principióse la batalla entre el irre-
sistible escuadrori de carabineros, i el cuerpo mas acreditado
de los rebeldes llamado rompe líneas; Boves conoció que ar-
rollado este escuadren nada habria que pudiese resistir á su
esforzado brazo, i que seria s~ra la victoria: así pues colo-
cado á su frente dió un ataque tan impetuoso, que su teme-
rario valor i la ligereza de su caballo le hizo llegar á Lt línea
contraria antes que sus mismos soldados, quienes se habían
detenido breves instantes, algo turbados con la horrorosa
descarga que ~se había dirigido contra ellos con el mayor
acierto. Viéndose solo Boves i hecho el blanco del enemigo,
trató de retirarse; pero no pudiendo mover su caballo para
que tomase la vuelta fue i echar pie á tierra, i en el mísmo
acto de descolgarse de la si1l~ fue atravesado su corazon por
una sacrílega lanza que ·privó desgraciadamente de la vida
al hombre mas valiente que se .ha visto en América, al rea-
lista mas acendrado, al guerrero mas abundante en recurso¡
i ardides, al comandante mas afortunado, al gefe mas po-


. pulae,i que mas hahia sabido grangearseel amor del soldado,
i un~semi-adoracion de parte de los llaneros.


Ya que los insurgentes no han podido negaráeite héroe
el merito de su distinguido valor, han procurado ajar su re-




84 CillACAS: ¡81/f.
putacion presentándolo al mundo como el hombre mas feroz
que haya producido la España. Es innegable que la guerra
que Hoves se vió precisado á hacer en América no estaba en
armonía con los principios observados en Europa; ¿pero
quién fue el inventor de este horroroso modo de matarse sin
eompasion ? ¿-no fue Bricefio el autor de aquel execrable con-
venio firmado en Cartagena en 16 de enero del afio anterior
para esterminar á todos los espallales ? ¿ no fue ese mismo Bo-
lívar quien con fecha de 15de junio habia declarado la guer-
ra á muerte, i la-habla llevado- á efecto del modo mas desa-
piadado?


Boves no hizo mas que conformarse con el sistema
adoptado por sus contrarios; si admitió en sus filas á todas
las castas i aun á los mismos esclavos fue con la idea de de-
volver _estos á sus dueños luego que hubiera terminado la
eampaña , como lo verificó con muchos que' fueron- reclama-
dos apenas entró en Caracas. Si dio facultad á sus tropas' para
degollar á todo traidor ó enemigo del Rei (i ésta en nuestro
concepto debe considerarse ct1fno la providencia mas terrible
que haya salido de sus manos) fue porque se penetró de que
solo el terror podía salvarle de su amenazada ruina, i obrar,
algun cambio en la opinión, La apurada sitnncion en que se
halló. dicho gefe, la obcecacíon i temeridad del enemigo, sus
mismos estravíos i persecuciones fueron finalmente las causas
que pudieron hacer escusable un procedimiento tan violento,
que seria mirado con indignacion por pueblos que hacen Ia
guerra por reglas humanas i benéficas sin separarse jamas de
1'0 que prescriben el honor militar i el derecho de gentes;
mas estas teorías eran desconocidas en las provincias de Vene-
zuela, en las que se habian enconado de tal modo los áni-
mos de los combatientes que solo respiraban odio, vengan.-
za , destruccion i sangre.


Apenas -supo Morales la muerte de. su dignísimo ..gefe,
tomó el mando del ejército haciendo los posibles esfaerzos
para ocultar aquella pérdida irreparable por temor de que su
desaliento le arrebatase de las manos unos triunfos que daba




C:lI1M::lS: 181!í. 85
ya por seguros. De este modo obtuvo una victoria eompleta,
habiéndose retirado á n'Íaturin los pocos que sobrevivieron á
aquella. sangrienta batalla, escepto Rivas , dos edecanes i
cuatro oficiales que dirigieron su fuga por los llanos de Cara-
cas, con la mira de trasladarse á Santa Fé , si el pueblo de
1thturin, en el que se hallaban reunidos los sediciosos emi-
grados de todos los pueblos i la mitad de la nobleza de Ve-
nezuela con cuantas riquezas habían podido llevar consigo,
caia , corno era de esperar, en poder del victorioso Morales.


Sus tropas despues de la batana de Úrica le habian ma-
nifestado su resolucion de no reconocer á la legitima autori-
dad que 10 era el general Cagigal, intimindole al mismo
tiempo que si d dejaba el mando se desbandarían inmediata-
mente. j Terrible posición por cierto la 'de un gcfe que en
tan críticas circunstancia" se ve precisado á seguir el impulso
de una furiosa soldu.lesca , árbitra en aIgun moJo de la
suerte del EstaJo! Mucho se ha censurado este violento pro-
ceder flue los mas atdbuyeron á los encubiertos designios de
ambician del gefe reaiista ; pero en verdad Se' presenta mas
bien la llquiescencia de Murales como una iconsecuencia in-
mediata de la poca disciplina de aquellas tropas i de su ten-
dencia á no respetar en sus ·gefes· mas que los signos de un
valor acreditado i de una indomable fiereza. Acostumbradas
á obedecer ciegamente al esforzado Boves , que era el' mismo
valor personificado, crryeron que nadie ¡,oelia reemplazarle


• dignamente sino el cítado Moralcs; i lIé aquí otro ejemplo de
Insubordinacion, que si bien se presenta con todos los carac-
téres de .reprensible, se hace en algun modo escnsable al con-
siderar que de haberlo querido reprimir se habría corrido el
seguro peligro de hacer vacilar el edificio monárquico que
habia principiado á levantarse sobre soli.ios cimientos. •


A los cinco días despues de la batalla de Urica se presen-
tó Morales delante del citado pueblo de Maturin: se hallaba
este punto defendido en su frente i costados por lagunas in-
vadeables; i los espacios intermedios estaban flanqueados por


.18 cañones i fuertes atrincheramientos con la espalda cubier-




8G CAnACAS:1S1'J'
ta por una inaccesible montaña formando el todo una posí-
cion formidable. Concibió Morales· de repente el plan mas
acertado para acabar con el último.í al parecer impenetrable
asilo de los rebeldes. En la misma tarde del 10 destacó mil
quinientos infantes para que penetrando por la montaña i
venciendo un rodeo de tres á cuatro leguas se hallasen por
la espalda del pueblo al dia siguiente.


A las ~cho de la mañana del mismo día principió un vi-
va fuego sobre las baterías del frente; seguia con el" mayor
teson , cuando á las once entraba ya por detras del pueblo
aquella bizarra columna de infantería despues de haber venci-
do innumerables obstáculos con su ardimiento i constancia.
Viéndose los enemigos atacados de repente por el punto por
donde menos 10 espera han , se apodera de ellos un pánico
terror, abandonan las baterías, se desmayan i dan por irre-
mediable su ruina; penetra el general Morales por el frente
del pueblo; sus enfurecidos soldados desoyen la voz de sus
gefes i se ceban en la sangre de los sitiados. Todo sucumbe
al hierro i al fuego; todas las familias principales de Carac as
refugiadas en este sitio perecen con sus esclavos; nadie sale
con vida de tan mortífera batalla ; las armas, municiones,
equípages , despojos, i cuanto póseian los últimos sosrenedo-
res de la revo[?cion.., todo cayó en poder del vencedor, así
.como treinta i 'seis quintales de alhajas de plata i oro, que
fueron devueltas por los realistas á las iglesias de donde ha.
bian sido estraidas, Este fue el último gJlpe.de importanc ia .
dado á la rebelion de Venezuela, la que por ~ntonces quedó
sin mas apoy~· que el, de unas miserables partidas errantes,
que á principios del año siguiente sucumbieron á su fatal
destino.




8'7
.


'W\'!'I~,\""\f\,~\:'i\;\,\;\!\ '\.\1\),\:\,\'\ \;'\Y\ \,'\!\, ,<\:\1',\ol:'\ Hú\1\ \'\::\.l.\'\!\\J\i\I\i\!
.,


CAPITULO VII.


,


MEJICO:


Derroto: de Morelos en Puntarán. Prision. det cura Mata-
moros. Indulto concedido ti consecuencia de la restauracion
del Monarca espatiol. Disensiones entre los principales co-
riftos de la revolucion mejicana. Varios combates gloriosos
sostenidospor las tropas del Rei, Toma por ems de la ciu-
dad de Oajaca; i del castilloi puerto de Acapulco. .dceion
del Veladero, Destruccion completa de los rebeldes'. Nuevas
espediciones del citado Morelos i consecuentes discordias
con los demas caudiltos , Vict~rias del brigadier Arredon-
do 80b,. los indios sublevados en las fronteras de la pro- •
oincia de Tejas. Nuevos triunfos parciales ganados por los
realistas. Toma de Nautla. Consecuencias de la restaura-
eion del legitimo Monarca. Estado de los negocios á fines
de 1814.


1 a derrota de Morelos en las. lomas lfle Santa María;
ocurrida ária flnes del alío anterior, parece que debiera haber
desconcertado á este enemigo de la pública tranquilidad i
haberle lJec110 renunciar ~ la continuacion de sus desórdenes;
mas no estaba todavía su al ma feroz satisfecha de derramar
sangre'nocente, i siguió por 10 tanto comprometiendo las
sft\cillas turbas para "llevarlas al matadero.• Despues de la ci-
tada derrota habia tomado posición en la hacienda de Purua-
ran , distante veinte idos leguas al H. O. de Valladolid con
todas sus fuerzas, capitaneadas por él mismo, por Matamo-
ros, Mmliz, Rayon i otros cabecillas. El honor de este triun.·




138 ~nÜre(): 1 f) l (~.
fo estaba reservade al impávido brigadier Llanos, que COn
tanta ~Ioria le habia vencido pocos días antes,


Conociendo este digno gefe la necesidad de desplegar to-
dos los recursos de su ingenio] los esfuerzos de su brazo para
dar !ln golpe decisivo al ejército de dicho' More/os, que era
el mas numeroso i respetable, i el principal apoyo de la insur-
recoion , tomó las medidas mas oportunas que le sugirieroa su
celo i patriotismo. Habiendo envi~do una division de infante-
ría al mando del sargento ¡nayor don Domingo Clavarino pa-
ra que atravesase las penos:is barrancas de la iaqnierda, i sor-
prendiese á los insurgentes emboscados, rompió Llanos la
marcha con todo el resto de so division ; i situado en una al-
tura inmediata á la que ocupaba el enemigo, observó todo su
campo, conoció sus flancos, i advirtió que otra altura que se
hallaba al a.ance del c¡¡(¡on dominaba sus puntos fortificados•


. Ocupando aquella posición sin demora, i colocando en ella
un obús idos cañones, mar»fó romper el fuego, que fue con-
testado con vivexa por el elJe,nigo, bien preparado en todas
5US líneas de defensa. El teniente coronel Orrántia, que fue
destinado á este tiempo con dos batallones i una p~za contra
las cercas i parapetos de los 'contrarios, no pudo conmover su


. entereza i ánimo resuelto; pero habiendo emprendido con un
trozo de caballería un movimiento sobre la izquierda, i ataca-
do de frente con la infantería, logró hacerse dueño de aque-
nos atriucheramientos. Dcsor.Ieua.lo entonces el enemigo,
puesta en dispersfon toda su infanterf i , i yéndole á los al-
cances los batallones realistas , dio orden el brigldier LImos
para que saliese toda la caballería en persecución de los pró-
fugas, como lo verifico , especialmente la del min lo de Ittír-
biJe, que esteudio sus correrías por el espacio de dos leguas.


Por mas aliento que infundiese á aquellas g,lvillas~a pre-
sencia de su geller~l Morelos, llegaron á' perderlo roralmerae
á la vista de unas tropas tan valientes, á Lis que nada arre-
draba en lacarrerra de la gloria. Nadie pensó. ya sino en la
conservacion de su vida, la que salvaron muchos con la cele-
ridad de su fuga i al favor ~e la aspereza del terreno. Empe-




J.¡;' SIC): i S 1.1·' 89
ro reconocido el _campo de batr.¡¡¡:. se hallaron mas de ·600
muertos, entre e~os mucho, gdcs, 700 prisioneros , 23 pie-
zas de varios calibres, Ó2 6 fusiles, 3 ~ 5 carabinas, i T50 car-
gas de municiones. Otro de los triunfos mas importantes de
esta jonl1da fue la prision dd clér;~o IVI,ltamoros, teniente
gen:!'"l i seguudo de ,1iorü1ús, i la de 18 coroneles, tenientes
coro 11 eles i '>1 pitan es.


Esta ilustre victoria, que solo cesto 5 muertos i 36 heri-
dos á las tropas realistas, acabó de hacer perder al terrible
caudillo de la revolucion mejicana el resto de aquel prestigio
que había sabido conservar todavía entre .una porcion de vi-
ciosos é ilu3üs, ([u:; se cn,:an invcncibies al laja de un hom-
bre tuu estraor.iiuerio por sus IlulLladL's como por su activi-
dad, enel'g[a, valentía i arrojo. La noticia de los dos irrepa-
rables golpes dados á Murelos en el corto espacio de diez días,
derramó por todo el vireinato de lHéjico e1mayor consuelo
i satisfaccion. El celoso virei Calleja crey6 ya desde entonces
que el restablecimiento de la paz general seria toJavía 1TI1S
rápido de lo que podía esper¡use, especialmente si se 10"rabo.
la fortuna de aprehender al genio errante de Ia rebclion , al
que si bien se creía sin fuerzas para volver á la pelea, no se
.le dejaba de temer por aquella audacia i fiereza que Jeb%,
.cia mirar con desprecio.Ios mayores contrastes i reveses .


.Los realistas pues no se dese uidaron en tomar eficaces
medidas para esterrnlnar tan form iilao/e enemigo ~ i si bien
no [Judieron conseguirlo hasta el a fío úguientc, las operaciones
de los rebeldes sin embargo se ".sintieren desde esta época


de la adversidad que 1:::3 perseguie , del descrédito en que ha-
hían cai,10, i de lPs progreso~ que ib a haciendo la opiuion á
favor de los reales derechos.


El caudillo jlat:'llUOr05, homb re de mayor ingenio i tra-
Tesura que su Illismo'gefe, i en yas acertadas disposiciones
babia debido este la mayor parte de sus ventajas, fue reserva-


•do por entonces de la muerte á q ue habian sido destinados
en el acto los demas gcfes insurgen tes, con la idea de que hi-
ciese revela('i0R-.es útiles á la cau $~ del Rei, 6 de que con el


TOMO ir, 12




!'lO Mf!;CO: 1814.
prestigio de su nombre desarmase el brazo de sus compaíle-


L . . d •ros. a rerractacion sucesiva e sus errores, i la humildad
religiosa con que imploró el perdon por sus enormes culpas,
son dos testimonios auténticos que debieron haber separado
de la senda del crímen á los fanáticos rebeldes si la fiebre
revolucionaria les hubiera dado lugar á reflexionar sobre su
posicion; pero á pesar de la publicidad que se dió al arre-
pentimíento de aquel estraviado eclesiástica, i no obstante
la cristiana conformidad con que sufrió el último suplido á
principios de febrero, no depusieron las armas los principales
cabecillas, i continuó la guerra por 10 tanto con igual enco-
no i animosidad.
}1~8ta empezd sin embargo á ceder algun tanto desde que


se supo de positivo la restauracion del augusto Soberano le-
gítimo al trono de sus mayores. Tan fausto acontecimiento,
acompañado de un indulto generoso, i de toda la energía ca-
paz de hacer respetar las amenazas á los que empedernidos
en el crfrncn r/eso)'esen aquel Real llamamieato, obró mara-
villosos efectos en Ia opinion: fueron no pocos los que re-
nunciaron á SUs depravadas conexiones i' que se retiraron al
seno de sus familias á disfrutar de las gracias dispensadas por
.1 benéfico Monarca espaíiol ; pero quedaron los mas con las
armas en la mano dispuestos á morir con ellas antes que
abandonar su infame profesion. Así pues veremos empeñados
los realistas en contínuos ataques, que si bien no fueron tan
sangrtentos como los del año anterior, no dejaron de ejercitar
su constancia i sufrimien•• Daremos tina rápida resella de
ellos en honor de tan valie.es tropas i de su Lizarro gefe,
que con tanta inteligencia i tino dirijia sus.operaciones desde
la capital.


Desde el momento en que se supo~ derrota de Morelos,
algunos malcontentos del fantástico CO~l'eso insurgente, que
con el mayor dolor habia~ visto arrebatada de sus manos ]!t
tiranía absoluta , conocieron era llegado el caso de sacudir
toda dependencia de aquel formidable enemigo. Rayon , Li-·
cc:tga i Verdusco, que jamás se habian reconciliado de buena




~!ÉHCJ: 18L~. 9 1
fé , se unieron para derribar 6U pre¿tigio, é influyeron en el
citado congreso para que le despojase del poder ejecutivo. Ra-
yon fue comisionado COInO espiran general con las mas árJlJ
plias faculta.Ies para. poner á cubierto de una in vasion la pro-
vincia de Oaj:.lCa. El licenciado Rosaíns salió con igual auto-
ridJ.J para Puebla í Veracruz , i otros se esparcieron por di-


teren. rumbos á sostener aquella devastadora guerra, ó
mas bien á prestar ;Í llAstropa.s del Re~ ocasiones de ganar
lluevas laureles.


Tales fueron los que logró el teniente coronel don Fran-
cisco Gonzalez, derrotando completamente el 21 de enero en
las inmediaciones de llIexcala á una gavilla de 500 Insurgen-
tes capitaneados por Víctor Bravo, quien pudo A.lvarse da
aquella mortífera batalla con solos ~ O de sus soldados , per-
diendo todo el resto de su gente, dos caiíones , muchos fusi-
les, caballos i equipages. Tres dias antes habia ganado el co-
mandante .don Melchor Alvarezuna acción, sino .tan impar",
tanto por los resultados, á lo menos tan gloriosl por el ven-
cimiento de obstáculos acaso mayores: 400 facciosos al man-
do de los cabecillas Rincon, Juan Rafael, José Antonio, lUr-
cena i otros se habían fortificado en la cumbre de una rnon-
taÍla cerca del pueblo de Tomadánen el rumbo. del Sur;
mas despreciando los realistas el vivo fuego que salia de aque-
lla terrible posicíon , treparon por la penosa subida de tres
cuartos de legua sin disparar un tiro hasta que se hallaron
encima de los parapetos. Aterrados los rebeldes al ver tan
Ilcf<iica decisión i empeiío, abandonaron precipitadamente su
campo, perdiendo leo hombres en sn fuga i la mayor parte
de sus cfcrtu$.


Acia el mioma tiempo habían sido derrotados en el dis-
trito de Colima los cabecillas Regalados por don J\Iariano
Diaz , teniente de la columna del comandante Basavilbaso,
matándoles 'cerca de 130 hombres i tomándoles z 5 prisione-
ros, una porcion de m~ i caballos , municiones, objetos de
parque,i .os de sus efectos robados. Por la parte de Za-
catecas acababa de cubrírse de gloria d."pitan don Beraar-




9~ nr.rrcn: I S1Ir·
do Diua Cosío , quien con solos 90 hombres que tenia de
¡¡,arnicion en la villa de la Enearnacion, tuvo el arrojo de
sa!ir á media legua de dicho pueblo contra las numcrosasga-
villas de Amador, Segura, Santos Aguirre i otros cabecillas:
habiendo formado su cuadro ~ no sin las mayores Jifrcu1tades
á causa de la improvisa 1kw¡da de los facciosos en la madru-
gada, se rompió un vivo fuego durante el cual se l.zaron
cuatro veces á la bayoneta sin hacer mella en aquel impene-
trable muro de bronce, cuyo terco i desesperado valor los hi-
zo huir cobardemente, dejándose en el campo mas de :lOO
muertos, Cosía no juzgó oportuno salir en su seguimiento
porque su frop~ cSVJb. sin aliento i estenuada de Ltiga: El
coronel C8l:!de de l~e:~ Gah'ez deshizo' en Ias inmedíacio-
bes de Lean, de cuya villa era comandante militar, á las ga-
villas de Rafael Durán, José Antonio Segura, Juan Rios i
Silllon Sanchez , mandando colocar en una de las calles de
dicha poblacíon la' cabeza del primero, ~que habia sido ha-:
11:11.~o entre un monton de cadáveres ..


Entre las acciones brillantes que se dieron en el mes de
feDre ro merece particular mencion el asalto de un cuartel for-
tificado por los insu rgentes en el pueblo de Acnleo , verifica-
do por don Juan Galopen, comandante de una columna pet·,
teneciente á la division del coronel don Cristóbal Ordoñezr
60 f~ICeiOSOS muertos i varias armas de fuego fueron el pre-
mio de tan arriesgada empresa El bizarro afió]! don .',\<la-
nuel Lorensis , perteneciente ¡i la division del Sur, sostuvo
con un puñado de valientes tres ata:¡nes consecutivos en el
pueblo de Huejocingo , haciendo ver ú los rebeldes el herois-
mo de qne son capaees los que pelean por una cal1:':¡lf'gítiiIJa.
Otra rmtida de la division del' Sur, al mando de don J05c
de La Madrid, se apodero á viva fuerza de las haterías de
Rio-Frio i de 5 Callones que las guamecian, aumentando sus
trofeos con la toma de varias armas de chispa i municiones,
dos cajas de guerra, una bandera i..gUI10S prisioneros ~ que
pasados inmediatamente por las armas comple6n el n úrne-
ro de 40 muertos. 11 ya cuaéo comandante don Juan Galo-




:1.¡¡¡nro: 18 1 1_ ~1
pen adquirid nuevos blasones esterminando en la villa del
Carbon al regimiento de infantería fijo d.: Chapa, que á las
órdenes del cabecilla Dpitacío formaba parte de 101 división
insurgente est.rblccida en las cercanías de dicha vilia : la des-
truccion de aquella guari,h desde la que emprendian los re-
beldcs sus continuas correrías por los caminos de Tuh i Que-
rétaro, restableció la calma por entonces, i (J¡rramó un con-
suelo vivificador sobre todas los pacíficos habitantes de aque-
lla comarca. . .


El teniente coronel don José Gabriel deArmijo derrotó"
en Chichihualco á 22) insurgentes mandados por KicoLís
Bravo, Sesma, Gali:un i o tras cabeciiias , quienes perdieron
Una parte consí.íeral.le de: su gente, armar municioncs , ga-
nados i otros ef.:ctos. El comandante clan Francisco de las
Piedras rechazo victoriosamente los impetuosos ataques que
dieron al pueblo de 'I'ulancingo 2500 insurgentes acaudilla-
dos por los tres hermanos 0,;01':103, Espinosa, Inclan , Serra-
no, Pozos, :Hcc0n, Mariano :Uoilt:l::iO, Diego .rVIanilb, i otros:
el gcfe realista desecho co.i el mayor des;wJeÍo la altanera in-
timacion que le hahian dirijido para rendir las armas , dichos
cabecillas, poseídos del mas irritante orgullo fundado en la
inmensa superiori.Iar! de su mimero , é hizo ver en la defensa
de a luel punto lo poco que podían esperar los rebeldes de
quien sabia apreciar en toda su estension el pundonor militar.
El capitan don Anastnio lLizuch, perteneciente á la división
dd general Cruz sostuvo glorÍJsi'tbente otro brusco ataque
contra 2500 facciosos capitaneados 1)')1' los religiosos Torres,
Navarrete i Uribe i por 1:.>3 seglares Martin lVIHtinez i Segu-
ra, quienes des¡mes de haber hecho un vivo fuego tojo el
dia 16 de febrero hubieron de abandonar el CJllJi,J, dejsn-
dose varios muertos i 1!c¡,in,losc 36 heridos.


No fueron menos ilustres los combates dados cri el mes
de marzo. Desrues de haber tomado el teniente coronel Ar-
mijo el pueblo de Chichihualco se dirigió con 3.;infantes
i 150 caballos para el pueblo de 'I'lucotepec con la esperanza
de apresar al rebelde Morelos , que se hallaba en él con Ios




g¡ . llÉJIf.O: J 8 J;i.
cabecillas Galiana, Dr. Ccs , Nicolas Bravo, Rosains , Sesma
i otros: á pesar de las precauciones con que caminó Armijo
por sendas intransitables, fue su marcha anunciada con an-
ricipacion á Morelos, quien había ya huido del citado pueblo
cuando .llegó la división realista. Se seutia esta sin embargo
animada de tan ardientes deseos de dar nuevas ijruebas de su
valor, que sin..¡omar el menor descanso salió inmediatamente
contra los prJfugos, los que alcanzados por la caballería,
fueron puestos en la mas completa dispersion , dejando el
campo sembrado de cadáveres. Morelos perseguido de cerca
pudo ocultar su vergüenza' en la espesura de las montanas
de Zacatlán; pero perdió todo su er¡uipuge, corresponden-
cias, plauQP, seltbs, el archivo de la quimérica juruu da
Chilpancingo, la imprenta, el resto miserable de sus provi-
siones de guerra-í boca, i una parte de sus satélites mas
adictos.


Don Felix La Madrid comandante de una de las colum-
Das del Sur, seiíaló de nuevo su bravura en las inmediacio-
nes de Chautlan , resistiendo brillantemente á un impetuoso
ataque de 600 facciosos capitaneados por Miguel Bravo, Vic-
toriano l\1aldollado i otros cabecillas, quienes dejaron 50 ca-
dá veras tendidos en el campo, i en poder de los realistas dos
caríones , muchas municiones, dos estandartes i otros des-
pojos. .A los pocos días de esta bizarra acción tUTO este mismo
gefe nueva ocasion de acreditar su valor, derrotando á los
iusufjcntes en el pueblo '. Chila , i haciendo prisionero al
cabecilla Miguel Bravo, al teniente corone! subdiácono AI-
ducin i á otros varios, cuyas vidas salvó por entonces, mal>
no las del coronel Zenon·Velez , del sargento mayor Herrera
i de otros satélites que mas se habían concitado el odio pú-:
bIíco por sus maldades. El teniente coronel don Matias Mar..
tin Aguirre salió con orden del comandante general del ejér-
cito del Norte don Ciriaco de Llanos á destruir las fábricas
que t.en. los insurjentes en una tremenda caverna, situada
en la barranca de Coporo , en cuyo profundo seno podiau
alojarse cómodamente mas d~ 2') personae: el cEf'orz'luQ




• ~ ('()' l'c, " ,...]O, LJI.. '-' I '-í' 9~)
Aguirre desempeñó exactamente su comisión despues ele haber
batido la gavilla ele Francisco Rayan en Tuxpan, i la de su
hermano Hamon en Jungapeo.
-. El teniente coronel don Cárlos ll[al'ia Llotente vol vió 1(
medir la espada con Ios rebeldes en los cerros je Aeopiua1co,
cuyas posiciones forzó á pesar de sus formidables obras de
defensa adquiriendo nuevos timbres en esta jernad.i , de 10.
que participaron asimismo el capitan don Anastasia Busta-
mante i el sargento mayor don José Barradas El coman-
dante don Saturnino Samanicgo se hizo acreedor á las ma-
yores elogios salvando un rico convoi que escoltaba de Vera-
cruz á Jalapa en medio de los tepetillos ata'Iues i 'emhosca-
das que hubo de resistir por todo aquel tránsito infestado
de insurjentes , quienes tuvieron la pérdida de Ro muertos,
de varios heridos i prisioneros, sin mas desgracias por parte
de Samaniego que la muerte de J o de sus soldados.


No bien había descansado el atrevido Llorente de la
acción de los cerros de Acopinalco cuando hubo de empuñar
de nuevo la espada contra los rébeldes en el paraje nom-
brado Portezuelo entre Zacatlán i Chícnahuapan , en cuyo
punto batió completamente á 20 de ellos, capitaneados por
el cabecilla Osorno i montado" en buenos caballos


Entre los hechos mas gloriosos correspondientes al mes
de abril debe ocupar un lugar de preferencia la entrada de
las tropas realistas en Oajaca, el dominio de cuya ciudad no
había podido ser conservado por el insurjente Rayon , si bien
ba bia pasado á esta provincia con.-aquel solo objeto: los
oajaqueños dieron en esta ocasion los mas puros testimonios
de júbilo i alegría al verse libres de aquella chusma de-vasta-
dora, á cuya horrible presencia habian debido sofocar sus
sentimientos de fidelidad al Monarca español i de amor á sus
tropas. Este golpe importante , i la ocupacion ocurrida en
el mes siguiente del castillo i puerto de Acapu!co con todo
10 que poseían los facciosos entre la costa del Sur i entre el
Mexcala i el mar, con otras muchas acciones parciales dadai
oí este tiempo por los bizarros gefes Samaniego, Orrantia,




96 m1.Fco = I8I 'Í."
Ordoiíez, Alrarez, Vi1laeseusa, Reguerra, Ri vas, Briaun-
día, Gonzalez, Landa, Portillo, Melgares i otros, introdu-
jel'on el mayor desórden en el partido insurjente, i fueron
causa de que se disolviese por entonces su efímero congreso:


Empero 1~ que mas contribuyo á mejorar el aspecto de
les negocios fUe la referida toma de Oajaca i Acapu leo, El
,~oronel Arrnijo, encargado de 'esta última espedicíon, la eje-
cutó del modo mas brillante llenando completamente las mi-
ras del celoso virei Calleja, que era el alma de todas aquellas
empresas. Temeroso el enemigo de no poder resistir á la cs.
forzada division de Armijo que se iba aproximando , evacu6
el citarlo pueblo i fortaleza (~ Acupulco , i reconcentró todas
sus fuerzas en ~l Veladero: era este un grupo de montulas
bastante elevadas, situadds al N. E, i O. de un estenso bos-
que cubierto de zarzas, espinos i otras malezas que se es-
tendía hasta el mar por la circunferencia de cinco leguas.
Fijando Armijo su cuartel general en el A huacatillo , ! de-
jando el campo á cargo del mayor Avilés, salió con 3.50 in-
fantes í 60 caballos :í recenocer la citada plaza í los flancos
que presentaba por aquella parte la posición del Veladero,
. Despues de superar increíbles obst.ículos para lim;Ji:lr el


camino de los muchos embarazos i cortaduras que habicm
opuesto los rebeldes, llegó por fin á presenciar tl inrendio
de aquella desgraciada poblacion , la. ruina. de su castillo i la
destruccion de cuanto estuvo al alcance de aquellas hordas
forugidas, Habiendo reconocido al dia siguiente Ias posiciones
de que era. preciso apodjrarse para esterminar el geilio de la
discordia, observo una porción de puntos fortificados que se
protegían recíprocamente cruzando sus fuegos, dr; modo que
en caso estremado podían sus defensores replegarse libremente
hasta el ¡'¡!timo de ellos. Aunque en esta curiosa esploracioa
tuvo el acerbo dolor ele ver todavía fresca la sangre de 21
prisioneros españoles que acababan de ser inmolados en el
sitio llamado la Quebrada , i de saber el sacrificio de otros 39.
5 de ellos en el hospital í 34 en una de las barrancas inme-
diatas 1 logró sin embargo el importante objeto de adquirir




mbrr:o: 1814· m
conocimiento! exactos de aquel terreno para formar un atee-
"ido pIan ~ ouya acertada ejecucion hizo ver que los esfuerzos
dé su ingenio no eran inferiores á los de su brazo.


-Habíendo dado orden al mayor Avilés para que se tras-
ladase al pueblo de Tixtlancingo ~ trató Armijo de dirigirse
sobre la costa de Zacatula ~ venciendo los puestos {ortificadoi
del Bejuco , i del pie de la cuesta ~ bajo cU,yos fuegos estaba
situado el camino. Era el dia 15 de abril cuando á las dos
leguas de Acapulco se encontró con el primero defendido por
dos cañones i por 70 insurgentes ~ armados algunos de fusiles
i los demas con lanzas i machetes, Apenas vieron estos Ia
serenidad con que se dirigían los realistas á apoderarse de
aquella posicion, la abandonaron precipitadamente i pasaron
oí replegarse al segundo reducto. Estaba este defendido por
una fuerte trinchera sobre la loma que dabavista al camino
en la que habian sido colocados dos Callones i 100 hombre..
con fusiles; dicha primera trinchera se veía apoyada por otra,
guarnecilla con 200 hombres armados, dos culebrinas i siete
cañones ; mas este imponente aparato no arredró de modo
alguno á las valientes tropas realistas; se lanzan. pues con el
m~or denuedo sobre el enemigo que había roto un horrero-
SO fuego desde sus parapetos; un tesón i esfuerzo .~an ines-
perado le hace titubear ~ ;ia~ observar. ,1Qa prepar~!~vos del.
asalto ; se .dispersa ~ huyeácia los bosques inmediatos i áciÍ
las canoas .qae tenia preparadas en la gran laguna de CoriC!!;
van los reafistdB en su persecución acuclJíllando { cuantos
tuvieron menos celeridad para salvarse; se apoderan de las
baterías i de todas sus muníeioaes ~ i queda Iíbre i despejado
el camino,


Después de haber dado Armijo Iln breve descanso á su
tropa, se dirigió por la playa acía el pueblo que lleva el mis-
mo nombre que la citada laguna, con la mira de salvar del
furor de los prófugos algunas familias de Acapuleo que en él
se habían refugiado: fue esta marchade las mas penosas á
causa de 10 ardoroso del clima, de lo cansado de su piso are-
noso, i aun mas por haberse visto precisada la columna realis-


1'0:1:10 II. [3




93 , JlI·iJIco: 1814.
ta á vadear tres grandes lagos, uno de ellos con agua hasta
los pechos.


Antes de verificar Sil lV'trada en dicho pueblo ha-
bía dado órdenes terminantes al mencionado Avilés para que
se situese en el. Ejido viejo dos leguas al Norte delVeladero, i
dispuso asimismo que don Juan Bautista Miota se dirigiese á
Teipan con la mayor rapidez á fin de libertar de la furia de
MoreIos algunos prisio~etos, cuy& esterminio habia jurado
aquel monstruo de barbarie. ,Aunque ambos comandantes
ejecutaron su movimiento con toda la celeridad posible, no
pudieron evitar el sacrificio de 100 víctimas inocentes que
cayeron bajo la feroz cuchilla del sarrflego gefe insurgente;
pero pudieron salvar á lo menos de tan funesto trance otros
600 hombres que habían sido condenados á la muerte, i
entre ellos muchos prisioneros de ,Asturias, Fernando VII i
de otros cuerpos.


Apenas babia $alido Morelos del citado' pueblo CuaR--
do entró la columna de Miota á recibir los parabie-
nes de aquel vecindario, i las demostraciones del mas puro
regocijo par verse libre de la vengativa espada de los proter-
vos; el cabecilla Ignacio Ayala, socio i confidente de Mo~­
los, fue aprehendido en su fuga para desagraviar con Su san-
gre los manes ue ilirltÓ' benemérito 'proscrípto, La mayor par-
te <le la tropa¡'qrlebabfuenttad'oe1'iCoy~ca fue ;eIFáa:da·lt.
los Tepehuages, punto inmediato al Veladeropor el rumbo
del AhuaéatiHo; i reunido Armijo con Avilés en el Ejido vic-:
jo, fue destacado este gefe con otra columna á ocupar el ca-
mino que eonduce desde 'dicho \Teladero á Texea i sierra de
la Brea, quedando asi cerrados todos los conductos por donde)
podian los' rebeldes re('ib~ aignnes aasiHos.:


Viendo el coronel Atmijo la necesidad' de dar un pronto
golpe de mano antes que llegase la esracion de las aguas; i
que se desarrollasen con mas violencia las fiebres endémicas
que hablan empezado tÍ acometer á algunos de sus soldados,
babia principiado ya á tomar las disposiciones mas activas,
cuando el orgulloso enemigo se atrevió á atacar al capitan




:MÉJICO: 18I/~. 99
Moya comandante de la columna situada en el punto de los
Cajones, i sucesivamente ¡¡J mismo Avilés en su nueva posición,
i aunque estas temerarias tentativas se estrellaron en los ín-
vencibles pechos de las tropas del Rei ~ no por eso desistió el
indómito Morelos de hacer otro ensayo de su desesperado valor.


El día 6 de mayo estaba prefijado para el ataque gene-
ral: todos los comandantes tenían las necesarias instrucciones
para concurrir simultáneamente á este golpe, decísívo ;1$1 ca-
pitan don Ignacio Ocampo fue encargado de p~net'ar con 19o
hombres por la montaña en que estaba situado el fuerte ,m;¡.s
elevado de los insurgentes ~ llamado San Cristobal ; los demás
gefes fueron á ocupar sus posiciones respectivas; pero una
feliz combinacion , que puso á Ocampo en .Ia necesidadde
romper el fuego una hora antes de lo convenído , decídio del
éxito de aquella batalla. Tomado en menos de diea winutgs
el citado fuerte de San Cristobal, que formaba 111 principal
defensa de los demas puestos avaneados ,quedar.onlo~ rea-
listas dUCIIOS de todas aquellas fortificaciones ~ i ,l9s rebeldes
no tuvieron mas recurso que el de fiar ~ la celeridad de sus.
pies la salvacion de sus miserables vidas. Todo fue entre ellos


, confusion i desorden; el campo quedó cubierto de cadáveres;
Galiana i los demas cabecillas se arrojaron por barrancas i
precipicios huyendo de la afortunada espada ide las tropas
reales , que apenas habían oido romper el fuego por la CQ-
Iumna de Ocampo ~ se habian arrojado con intrepidez por
todas direcciones para envolver al enemigo en su completa
destruccion: todo pues quedó en poder de los realistas ~ dos
culebrinas, 14 cañones ~ varias armas de chispa ,grandes re-
puestos de municiones i otros pertrechos fueron los ílustrés
trofeos de tan memorable jornada.


Cuando se creíaque ya Morelos, falto de prestigio i opi-
nion ~ habría renunciado á la espinosa carrera de la ínsurrec-
cion, en la que no hallaba sino disgustos, quebrantos i los
riesgos de una desastrada muerte ~ se supo que .unido con


.algunoe de SU!i\ secuaces i con sus dos mayores rivales Verdus-
co i Liceaga, se habia amparado de las fragosidades de la




roo lrÉJICO: 181~.
sierra que corre desde Huéramo hasta las inmediaciones de
Valladolid, i "lue al favor de la aspereza del terreno i de la
estación de las aguas habia erigido otra vez el congreso, for-
mando una complicada constitución copiada en gran parte de
la promulgada por las cortes de Cádiz. Empero duró mni
poco esta aparente reconciliacíon entre los mandatarios insur-
gentes. Rayon introducido en la provincia de Puebla fUe
contrariado en sus proyectos ambiciosos por el licenciado
Rosaíns , i éste batido á su vez á principios de julio, asi como
¡US compañeros Arroyo, Correa i Andrade, por el sargento
mayor don José Santa Marina, perteneciente á la division del
brigadier don Ramon Diaz de Ortega en el pueblo de San
Hípolíto , con pérdida de muchos muertos i de 49 prisioneros.


A consecuencia de este contraste volvió Rayon á titular-
se ministro universal de la naeion ; i contando con el apcrj'Q
de Bustamante i de otros gefes adictos á su partido se atre-
vió á negar la obediencia al congreso. Un nuevo cabecilla lla-
mado Guadalupe Victoria, situado entre Veracruz i Jalapa,
se había declarado tamhien contra el l~endado Rosains, i
obraba de acuerdo con los hermanos Rayones que se habían
hecho fuertes en el cerro de Cóporo. Serrano i Gomez se ba-
tian en Calpulalpan ; Morelos hahia vuelto i perder su in-
fluencia; Cos insultaba al congreso después de haber concur-
rido á la formacion de su constitucion ; i el cuerpo soberano
síempreInquieto i alarmado proseribia á cuantos creia que
podrian atravesar sus miras, sin que los librase de aquellos
decretos esterminadores la eonsíderacion de ser del mismo
gremio, pues que eran reemplazados al momento por cual-
'quiera individuo de las gavillas errantes.


En tanto que el congreso iba vagando por los diversos
'pnrages de la indicada serranía, siempre en discordia, confu-
síon i desorden, no se descuidaban las varias columnas' rea-
Iístas' en perseguir las partidas rebeldes en todas direcciones.
En el me_de junio había logrado grandes ventajas una es-


. pedícion que había sido dirigida sobre el territorio ele Hui-
ehipan , Zimapán, el Cardonal i sus contornos. El coman-




:dnco: I ') 1 'J. 1 01
dante de la Huasteca, don A1ejandJ'O AIvarez Güitian, obtu-
1'0 iguales triunfos en su distrito, i entre los principales la
prision del presbítero Calderón, apellidado vulgarmente obis-
po de Papantla i el IHorelos de la Sierra. Aconsecuencia de
estos felices sucesos se presentaron basta 4~ insurgentes de
la facción del coronel Peña al goce del indulto, al que se aco-
gieron asimismo los cabecillas Aldana 'i Osomo , cuando vi~­
ron los rápidos progresd§ que hacia la opinion á favor de !QS
reales derechos.


El furioso cabecilfa. Galiana babia entrado en aecion
i finee de junio en las inmediaciones de Coyuca con don
Juan Ignacio Ferraud , perteneciente á la columna Pel
mayor .4vilés; i aunque todas las apariencias obraban ti
favor de los 500 hombres de que se eomponia la fuerza con-
traria, todo cedió sin embargo al invencible brazo de los
realistás: el mismo Galiana fue hecho prisionero con otros
varios despues de haber quedado en el campo bastantes muer-
tos. Nicolás Bravo, Vazqnez , Pineda i otros caudillos que
capitaneaban una gavilla de 600 facciosos, fueron batidos en
el ptteb!o de Tepecuactlilco por el comandante de Iguala don
Mariano Ortiz de la Peña perdiendo mucha gente, mas de 60
armas de fuego, i una gran parte de sus bagagcs i de los ro-


. bos.que habían hecho pocos días antes.
Acia las peovincias internas del Oriente se distinguia así-


mismo el bizarro don Joaquin Arredondo batiéndose en re-
petidos encuentros con las naciones bárbaras de los cuman-
ches , Talmayaces, Tancahues, Tahuacanes i demas que ha-
hian tenido parte en los movimientos, -de Tejas. De 1200
gandules que penetraron en el mes de agosto por aquellas
fronteras tan solo una tercera parte pudo volver á franquear-
las; los demas quedaron Ó IDUertDS Ó heridos en poder de las
tropas del Rei. Don José Miguel Paredes, don José Manuel'
de Zoraya, i don José Joaquín Mufíoz de Teran, fueron los,
gcfcs que mas brillaron en este teatro de acciones gloriosas.,


Algunos de los gcfes insurgentes que habi:msufti6.>,1a gran
derrota de Tejas por. el br.igadier Arredando, de laque se tr-a-




J02 ~!ÉJI(IO: JSI~.
tó en la historia del a~ anterior, habían sido los principales
motores de la sublevacion de estas tribus ; pero como hubieran
tenido la imprudencia de ejercer algunas tropelias sobre la
nación de los indios Saetas, reunieron estos todas sus fuerzas,
i acabaron de destrozar en el mes siguiente las reliquias de
aquel ejército ,apoderándose de la artillería que habían traí-
do de Batan Rouge icausándole una horrorosa mortandad :
el granCadó ála cabeza de 3~ itdios armados fue persi-
guiendo los prófugos por el rio de Trinidad arriba para com-
pletar su esterminio ;~e este mQdd' quedaron enteramente
frustrados los planes de aquellos genios bulliciosos que trata-
~n de cnbrir con nuevas empresas la mengua de sus prime-
ros reveses.


Continuaba al mismo tiempo el bizarro Armijo haciendo
los mayores progresos por la parte del Sur contra los rebeldes
de Silacayoapan, mandados por Terán, Mentado, Victoriano,
Adan Sanchez i Juan del Cármen, que tuvieron el atrevi-
miento de atacar el pueblo de Tlapa: la fuerza de estos con-
sistía en 1000 hombres, í las de los españoles en (70; pero
esta .escesiva superioridad numérica estaba abundantemente
compensada con la imperturbable serenidad, inteligencia i
arrojo de los que peleaban por la razon i por la justicia. Las
impetuosas cargas de los rebeldes fueron recibidas con la ma-
yor impavidez, i se estrellaron en aquellos pechos de bronce:
la pérdida de 150 hombres, entre ellos los cabecillas Che-
pito, Herrera, el capitan traidor de Saboya Canero , Cha-
varría i :Mejía, i el abandono de una porcion considerable
de armas i pertrechos de guerra fueron el fruto que sacaron
los rebeldes de su temerario atrevimiento.


En el entretanto se había ido rehaciendo el prófugo Ra-
yon en el pueblo de Zacatlán, i amenaaaba tomar nna pre-
ponderancíamui peligrosa á toda aquella comarca. Su vene-
noso influjo se estendia hasta la capital, á cuyas autoridades,
corporaciones, i SIl getos mas distinguidos dirigía, sus pérfidas
comunJtaciones, por las que se esforzaba en probar que
siendo tan lastimoso el estado de la península, no se ofrecía




lnl'Jlc-o'. 18J4, 1'0'3
otro medio mas saludable para salvar el pais de su ruina
total que la fusion de partidos bajo el mando del mismn
virei , cuya vigilancia trataba de adormecer por este medio
engañoso. Varias veces había intentado el señor Calleja des-
truir aquel foco de la insurreccíon.; pero como estos rebeldes
se hallaban colocados á la entrada de una fragosa serranía,
ibien servidos por sus espías, se escondían-en sus impenetra-
bles abrigos mientras duraba la persecu"'i las teopas del
Rei se veian precisadas á retirarse Ó po;"'F'faIta de víveres
que se espefimentaba en aquellos despoblados, ó por acudir
á 'otras atenciones, i entonces volvian 108 rebeldes al citado
punto de ZacatUn.


Era sin embargo tan considerable el estrago que hadan
aquellos en la opinión, que el. vireí juzgó necesario su ester-
minio:í todo trance. Formada con esta mira una bríllamé
espedicion al mando del coronel don Luis del Agúila,eomari-
dante general de las llanos de Ap'an, dió las órdenes- mas
terminantes para llevar á cabo aquella importante operación.
Emprendiendo este gefe valiente' lit marcha en 25 de setiem-
bre por los sitios mas ocultos i ásperÓs de aquel terreno, siern-
pre ft¡ra del camino, logró á los dos dias de tan penosa cer-'
rería sorprender completamente dichas gavillas, A pesar de
sns preparativos de defensa i de: los obstáculos que ofrecían ,
¡;~8 ~ tespeuhlesp05ieióne&,. todo cetlió al irresistible brazo de'
los 'españoles; el enemigo fue arrollado en breves instan-
tes , mas de 200 hombres quedaron muertos en las calies, i
fueron infinitos los heridos; el' pérfido Rayon: pudo satt'atse
con la fuga sin I~as acompañamiento que el de 4 soldados de
su gavilla; el doctor Crespo, vocal por Oájaea en el congreso
de Chilpancingo, fue herido Í hecho prisionero; el coronel
Pardo, varios gefes i oficiales fueron contados en el número
de los muertos : la toma de 3o prisioneros, de 1 la piezas de-
todos calibres, 200 fusiles i carabinas, 30 cajones de muni-
ciones, todos los equipages de los rebeldes i hasta del mísmo .
sombrero i bastón .del principal caudillo, corono Jos triunfos
de aquella brillante jornada. FUll sumamente distinguido el




] O~. Mineo: )814.
mérito de todos los individuos que tuvieron una parte activa
en este combate: aquel resalta de un modo mas luminoso al
observar que tan ilustres triunfos fueron conseguidos con la
pérdida de un solo muerto i dos heridos; inconcebible ven.
taja que se debió al ímpetu i animosidad con que los realistas
se arrojaron sobre el enemigo.


Ladivision del coronel Armijosiguió asimismo su brillante
carrera en. el~ octubre; .las p~rtidas del subteniente
don Francisco :L\1IIIto del Castillo , 1 del alferea don .[\1a-
nuel Navarrete lograron derrotar en el pueblo de Papalutla
al cabecilla Cornejo, matándole mas de 50 hombres, toman-
dole varios prisioneros, caballos, mulas i armas de fuego, i
poniendo el ireste de la gavilla en la mas desordenada dís-
persion, Una partida de 50 hombres, al mando del capítan
don Calísto Gonzalez Mendoza, perteneciente al ejército del
Sur, sorprendió en el pueblo de 'I'ecemachalco otra de fac-
ciesos, menos Irnpqrtantepor el número, pues no pasaba de
~ 1 Individuos , que por su calidad é Inñnjo. Nneve de ellos
en particular eran muí temidos en el país por sus maldades,
pDr su desesperado valor i por la fama de sus hazañas : los
nombres de Rafael Meudoza, Buen brazo, Isidro Liman,
José Rasete, José Ramírea , JO&~ Sosa \ Francisco Fern~dez;,
José Antomo RQdrigue~ ~. Santi~o Castro , difícilmente po-
drdnborrarsede aquel teatro de llapÍtÍ3& idesolacion. 'I'odes
ellos fueron pasados por las armas, quedando así limpio el
país de tao terribles enemigos, i los demas facciosos que
fueros aprehendidos en dicha sorpresa siguieron su destino
para Puebla á fin de ser juzgados con mas bt'nignidad.


Las tropas del coronel don José Antonio Andrade se ejer-
citaron con los Olas felices resaltados .en perseguir sobre el
distrito de Ario á los cabecillas Muiíiz, MontaíÍo, Cervantes,
Lorenzana, Sanches i Savariego, obligándoles á buscar su
salvación en la fuga, sin dejar un rqomento de descamo á su
jup.ta revolucionaria, la que trasladada desde Santa Efigenia
á la hacienda de Tomendán, i sucesivamente á Uruapan, iba
erradte sin domicilio fijo, i sin hallar punto alguno de de-




l\[b[~(): 18'!i. 101)
fensa contra las victoriosas armas de los realistas. Aciael
mismo tiempo estaban atacando á San Miguel el grande las
gaviUas de Fernando Rozas, Serapio Valdés, 'I'ovar , Vargas,
Sotera Lopez , Rrígiclo i otros varios caudillos que habian
reunido hasta 6co caballos , 100 infantes i una gran chusma
.-le honderos provistos de embreados para incendiar los puen-
tes i 198 puestos fortificados; pero la bizarría i acierto con
que el comandante americano don José Castro dirigió la de-
fensa , biza que se estrellase la audacia del enemigo- en los
esfuerzos de sus valientes tropas La línea de los realistas se
mantuvo impenetrable á las repetidas cargas de los facciosos,
quienes dcsmJimados al ver una resistencia tan heroica, de-
sistieron ele sus criminales intentos abandonando una presa


•que d"an ya por segura, i dejando mas de 50 cadáveres en
las avenidas de dicho pueblo.


El comandante don José Santiago de Galdames , depen-
diente de la cKvision del brigadier don Diego García €onde
resistió con su acostumbrado valor á fuerzas mui superiores
de los rebeldes, que indudablemente lo habrian envuelto en
una completa destruccion si le hubiera faltado aquella ente-
reza de ánimo que es tan propia del carácter español. Había
salido con 440 hombres para ausiliar al Real de Pinos; i al
llegar á Buenavista descubrió á los insurgentes que se diri-
jian ácia la Jaula: sin reparar en tropiezos i sin examina r su
número se lanzó contra ellos; pero conociendo por su empe-
nada resistencia que aquellas·fuerzas eran mui superiores á lo :
que él se había imaginado, se vió precisado á formarse en
cuadro para rechazar sus impetuosas cargas. Habié ndose in-
troducido sin embargo algun desaliento en aquella columna,
sé puso en fuga la mayor parte, quedando tan solo un pu-
nado de soldados á sostener el honor de las armas del Rei,
jurando morir en defensa de sus soberanos derechos antes que
ceder el campo al altanero é implacable enemigo.


Con estos pocos valientes hizo el benemérito Galdames
una resistencia tan obstinada i heroica que el enemigose vió
precisado á retirarse no sin la mas furiosa irritación de los


TOMO II. 14




106\¡UICO: 1,8 L¡.
cabecillas Rosas, Paehon i Rosales, que repetidas veces se
aproximaron á. tiro de pistola, sin que su audacia i ternera-
rio valor hiciesen la menor impresion en aquellos impávidos
pechos. La pérdida de 22 realistas muertos i de 37 hehdos
fue inferior á la que sufrieron los facciosos . el imperturba-
ble Galdames regresó á la Ciénaga de Mata, de donde había
salido \ salvando á estos últimos i á cuantos tuvieron la cons-
tanela de no sapararse de sus filas. Esta aecion, que se presen-
ta como una derrota de los soldados del Rei , fue en su vez
sumamente gloriosa en medio de sus mismos reveses i contras-
tes; i el mérito contraido por su bizarro comandante i por
la tropa, que se mantuvo firme "en tan graves peligros, ad-
mite pocos ejemplos de comparacían.


Otro de los hechos t-tas ~loriosos de esta ¡;lJoca fu_la he-
róica defensa que hizo el capitán don Anastasia Ilrizuela en
el pueblo de la Piedad con solos 80 hombres que tenia de guar-
nicion contra z® facciosos capitaneados por lOj PP. 'I'orres,
Saenz , Navarrete, Sixto , Carrasco, Uribe i Saavedra , i
por los seglares Cabeza de Vaca , Obregon, Ve1aseo i otros.
Tres días consecuti vos duró este porfiado combate, sin que
las bordas devastadoras pudiesen forzar la citada posición,
ni conmover la entereza de aquel puñado de valientes. Al
llegar en su ausilioel brigadier don Pedro Celestino Negrete
huyeron los rebeldes COn la mayor precipitacion despues de
haber perdido en sus inútiles tentativas sobre 100 muertos,
entre ellos al caudillo Fulgencit. Rosales, dos coroneles í un
eclesiástico, i otros tantos heri.Ios , con ruui poco quebran-
to de parte de los bizarros defensores.


No fue menos ilustre la resistencia que lJi¿o en el mes
de noviembre el sargento mayor donJosé Barradas en el pue-
blo de Apan contra 1700 bandidos acaudillados por Rayan,
Osorno , Inclan , Espinosa, Serrano, I\1:.milb, H..amirez , Bo-
cardo, Benavides i el P. Lozano. Doscientos cincuenta hom-
bres, de que se componía la fuerza realista, destruyeron com-
pletamente aquellas gavillas ,matándoles mas de 100 hom-
bressin que hubieran conseguido otras ventajas sino las de




MÉnco: 181 /,- 1°7
inceñdiar algunas de las casas de aquellos habitantes, que por
su fidelidad al Rei i adhesion á los que defendian tan justa
causa habían llegado á hacerse acreedores á la mas decidida
proteccion. El valiente sargento graduado de oficial don Fran-
cisco montes í Rios , con solos 35 dragones de Sierra gorda i
dos hijos suyos derrotó en la hacienda de Turica á 500 rebel-
des d~ caballería, matándoles 50 hombres, i obligandoles á
ocultar con la fuga la mengua de tanta cobardía.


El teniente coronel don Felipe Castañon sorprendió al
enemigo en el pueblo de Puruandiro del modo mas honroso
á su inteligencia i hizarría. Después de haber andado diez le-
guas de asperfsimo camino se arrojó de repente sobre el cita-
do pueblo, i penetrando á toda carrera por sus calles intro-
dujo en los rebeldes tal terror i desaliento, que perecieron
los que trataron de hacer alguna resistencia, i tan solo salva-
ron sus vidas los que rindieron las armas: 70 muertos, en-
tre ellos el mariscal de campo Manuel Villalongin i el co-
ronel Antonio Perez de la Busra , 1 1.1 prisioneros, I 25 ca-
ballos, 6 1 fusiles i carabinas, pistolas, sables i varia. montu-
1';s fueron el fruto de tan feliz jornada, en la que los rea-
listas no tuvieron la mellar desgracia.


El teniente coronel don Francisco Orrtínfia , que trocan-
do su prpfesion mercantil por la espinosa carrera de las ar-
mas, abandonando las ventajas .de una vida cómoda para
acreditar en medio de penalidades i riesgos su acendrada fide-
lidad i prtriotismo ; ese bizarro español que tanta gloria ha-
bia adquirido en las repetidas ocasiones en que había podido
desplegar su impávido valor á las órdenes del corone! Itiir-
bide, :í cuya division pertenecia , adquirió nueros blasones en
tres acciones consecutivas que dió á los rebeldes en el mes de
noviembre: deshizo en la primera 400 caballos mandados
por Matias Ortiz en las lomas de la Deseadilla (provincia de
Guanajuato), mutándoles 60 hombres i tomándoles 12 prí-
sioneros , 80 armas de fuego, muchas lanzas , machetes' i ca-
ballos ; en la segunda volvió á derrotar en las cercanías de la
hucienda títulads de la Obra al mismo Ortiz, que había sido




108 :I.lÉJICO; 1b1t¡.
reforzado con otras partidas sueltas hasta el número de 1500
hombres: otros 50 muertos ~ 4 prisioneros i varias armas de
fuego fueron el resultado de este segundo empeño, El tercer
hecho de armas ocurrió en las inmediaciones de San Luis de
La Paz, donde los facciosos perdieron ISO hombres ~ mas de
200 caballos ~ muchos fusiles ~ Ianzas i machetes.


Las gavillas insurgentes de la provincia de Nucva Galicia
se iban reuniendo con la intencion de atacar á Zapotlán el
gran:le: estaba combinado este golpe entre las que se hallaban
situadas en Cotija ~ i las que se estendian desde la sierra de
Teocuitatlan hasta JLluilpaIl, valle de Mazamitla i rio del
Oro al mando de Vargas ~ Salgado ~ Menrloza ~ el Gnaparron
i otros muchos cabecillas ~ á los que se habían agregado al-
gunas de Ias tropas de Morelos. Noticioso el teniente coronel
don Luis Quintanar de los planes de estos perversos contra el
citado pueblo de Zapotlan ~ les salió al encuentro ~ i les pre-
sentó la batalla frente al pueblo de San Sebastiano Aunque
el enemigo habia desplegado una fueraa de 800 infantes i 2:1)
caballos", flanqueados por cuatro piezas de artillería ~ no se
arredró de modo alguno el valiente Quintanar , ni dudó lfn
momento de que la victoria había de coronar los heroicos es-
fuerzos de su "equeña columna. Lleno de esta confianza,
propia de varoniles pechos, se arrojó contra el enemigo con
la mayor firmeza i decision: una carga -tan impetuosa no pu-
do ser resistida; desconcertado el enemigo huyó vergonzosa-
mente en todas direcciones abandonando el campo cubierto
de 300 cadáveres, sus municiones i artillería, mas de lOO
fusiles i.8 2 prisioneros.


Se hallaba &1 enemigo fortificado en la Barra i pueblo de
Nautla, desde donde causaba los mayores quebrantos; el virei
Calleja ~ cuyo celo i eficacia se estendia por todos los ::ingulos
de su vasto gobierno ~ confió el encargo de apoderarse de
aquel punto interesante al comandante don Manuel Gonzalez
de la Vega ~ dándole los ausilios necesarios i oficiando al go-
bernadorde Veracruz para que concurriese con sus esfuerzos
al buen éxito de la operacion.El acertado desempeiJo de este




MLTlCO: ISlf¡. lOe¡


plan debido :f. los movimientos estratégicos del referido Veg~,
puso en claro á un tiempo los recursos de su iBgenio i la for-
taleza de su :Jnimü: la toma .de dicha posicíon , de los caño-
nes que la defendian , piraguas, buques i municiones con por-
cion de fusiles i carabinas, además de varios prisioneros, i
muertos que tuvo el enemigo en aquella refriega, fueron el
fruto de la constancia i arrojo de las tropas realistas.


No tuvo menor felicidad el sargento mayor don José Maria
Travesi en su espedicion desde Veracruz á Jalapa, verificada en
los primeros días del mes de diciembre , cuyo resultado fue el
de haber limpiado aquel camino de las gavillas que lo infesta-
ban, i de 1Jabcrles causado la pérdida de mas de 50 hombres
en Val jos encuentros que tuvo con las mismas. Habia queda-
do iria aquel tien.po la provincia de Guanajuato libre de las
reuniones de facciosos que con tanto empeño habian hostili-
~do las tropas de su comandante grneral don Agustin Inir-
bide ; por todas partes habían adqnirido considerables venta-
jas los realistas, i en igual proporcion iba perdiendo terreno
la causa de la independencia No contribuía poco al desalien-
to de este-partido la feliz perspectiva que ofrecía la madre
patria con la restauración de su augusto Monarca. Esta plau-
sible noticia habia sido recibida generalmente como el arco
iris que venia á serenar las borrascas políticas, i por lo tanto
se esmeraron :i porfia tedas las provincias en celebrar tan
fausto acontecimiento cap las demostraciones mas puras de
su placer i regocijo.


Hasta los mas ilusos i fanáticos llegaron-á desengañarse
de la insubsistencia de su ilegítima causa; ya no era tiempo
de hacer creer á una muchedumbre insensata , que el objeto
del alzamiento era la sustraceion de aquel reino á un domi-
nio estr:mgero. Ya era rlcmasindo público que el legítimo
Monarca sé hallaba en el 'i'rono de sus mayores, ejerciendo li-
bremente todos los actos de Sil soberarua : ya no se podía du-
dar de ello desdeque se habiun recibido las órdenes para anu-
lar el régimen constitucional, que ni estaba en armonía con
su decoro ni con las necesidades i conveniencia de sus puel..los,




110 ~IÉJTr.O: 18'1j.
Solo la locura i desesperacion podían empeñarse en sos-


tener una lucha que se presentaba. con todos los caracteres de
ser acompañada de llanto i miseria. A pesar pues de estos in-
convenientes no faltaren g~l1iJS dfscoloa i hombres viciosos,
que no pudiendo 'capitular con la moral ni con las leyes, es~
tendieron to Iavir su mlléko infl; jo hasta que fueron su-
cumbiendo gradualmente á su fatal destino. Esta obstinacion
i terquedad de los rebelIes , si bien era causa de la desola-
cion del país i de otros quebrantos que esperimentaban lag
realistas, sirvió plra acrisolar las virtudes de los que defen-
dian tan noble causa, i plra dar ~ su digno gefe nuevos tim-
bres i blasones. Era este con efecto infatiglble en buscar los
medios para afianzar s6lilamente la autoridad real; la pro-
fundidad de su ingenio, su fina penetracion , el ~ran oouocí ,
miento del pais , su larga práctica en el gobierno, i su es-
traordinario celo i eficacia, eran las mejores garantías del
triunfo de su partido, i de que había de llegar al término de
sus deseos, que era la destrucción del espíritu revolucionario.
Asi lo veremos en el año siguiente, en el que si no quedó
del todo sofocado, qued í á lo menos reducido á un puñado
de bandidos sin plan, sin concierto, sin apoyo en la opinion,


sin mas elementos que los del despecho i de la desesperación,




• tI r
"t\nj\J"\I\i\,\)\,\)\:\:\J\.\~Hl"n\ ",.'\in\'\,\ \\nn \~'\:\ '.';\I\':J\I\.'\'\!l'\t\J\I\\iW


CAPITULO VIII.


:BUENOS-j\.IIlES: 181;),
Estado del pais á principios de 18 J 5. Malhadada espedi-


don del general Alvear contra el caudillo .drtigas. De-
posicion de dtcho A lcear i eleccion de Rondeau para di-
rector supremo, i de Alz'CNZ ]Jara MljJ!cnte ..Nomliramien-
to de una junta de obscroacion en reemplazo de la supri-
mida asamblea nacional. Esfuerzos de este cuerpo para
ensanchar la esfera de sus atribuciones á espensas del po-
der ejecutivo Providencias para desarmar la cólera de
Artigas. Espedicion del coronel Fiamont sobre Salita Fé.
Disposiciones para elegir un congreso nacional que cele~
brase sus sesiones en el Tucumdn, Desórdenes de las pro-
uincias del Río de La Plata.


l ..os neg-oCÍos de Bueno,· Aúes presentaban á principios
de este arlo el mas furioso contraste. ~a capital i todas las
-ptovmeias de la Plata se hallabanen el mayor desorden; al
paso que las del Alto Perti , constituidas en un estado de su-
hlevacion casi general, prouutian un vasto campo de triunfos
al tjéreÍto dé J{olllkau. En el capítulo del afio anterior van
mdicadcss los esfuerzos de Alvear para sostener, su despótica
autoridad, Había tenido la imprecaucion de enviar las tropas
veteranas, en las que cifraba su principal apoyo contra el
sedicioso Artigas, i sobre aquellos puntos que habían deseo-
nocido su mando.


Apenas se vi6 el pueblo libre de tales instrumentos de
opresion , se Iev.mt o en masa, i todos los cívicos i eua..
tos ciudadanos habia hábiles [11¡a tomar las armas abando-
naron sus talleres i ocupaciones por tres días consecuti-




112 ¡n:FX'lg-,1TP..TIS: 181.l.
VOS, i se parapetaron en sus casas para resistir todo acto de
agresion de aquel aborrecido gobierno. Empero , no bien ha,


hia llegado la noticia del alboroto á la columna espediciona-
ria , cuando se desvaneció el prestigio que el gefe del Estado
habia sabido conservar todavia en eIla con el alternado ma-
nejo del rigor i del halago: el coronel don Ignacio Alvarez,
gefe de la vanguardia, compuesta de 350 hombres, aver-
gonzado de emplear su espada en defender al tirano de su
patria, se decide contra él i prende á los oficiales sospecho-
sos, entre los cuales figuraba el mayor general Viana, que
acababa de IIegar á tornar el mando de aquellas tropas.


La Camparía, varios destacamentos, Mendoza i otros pue-
hlos se declaran á favor de su movimiento: aislado entonces el
director en su campamento de los Olivos pone en actividad
todos los recursos de su ingenio para disipar aquella furiosa
horrasca ; mas todos sus esfuerzos fueron infructuosos: la in-
constante fortuna se habia ya cansado de prodigar sus do-


*I1es á quien se lrahia hecho indigno de ellos por su torpe
manejo. Contando el cabildo de Buenos-Aires con la decidida
cooperacion de Alvarez i con el pronunciamiento de la opi-
níon , toma en su mano las riendas del Estado; la milicia
cívica í muchos oficiales de sobresaliente mérito corren á su
defensa: viéndose el lPirector rodeado de tan terribles obstá-
culos, í desconfiando aun de sus mas fieles partidarios des-
ciende de su encumbrado puesto, i se refugia á horda de un
harca inglés, lfesue donde pasa á ocultar en. Rio Janeiro la
vergüenza de su desgracia.


Colocado ya el cabildo al frente del gobierno, jo disuelta
como una consecuencia inmediata la asamblea nacional, pu-
blicó dicha corporacion en 16 de abril un prolijo manifiesto
enumerando los infinitos males causados por la última admi-
nistracion, i desacreditando, segun costumbre, con tanto des-
caro corno animosidad á los gobernantes caídos.
• Para dar un sucesor al director depuesto se formó un


cuerpo de electores, el cual hizo recaer el nombramiento en
el general Rsndeau gefe del egército del Perú, llamando al




m:F.';OS-lTnr5: Ir; 1:J. ÍJ 3
coronel Alvarez para egercerlo iuterinameate en premio de
los peligros que había arrostrado en aquella revolucíon, i de
los méritos cIue habia contraído como primer agente de aus
felices resultados.


Se lJallaha ya el pueblo cansado i "aburrido con tan fre-
cuentes cambios de gobernantcs~ i deseaba por lo tanto la
necesaria cstabi~i'.la~.l ~ i solidez en la.ministr~ci.on: cada
una de estas oscilaciones aum-entaba el"eo de limitar el po-
der egecutivo ~ cuya tendencia constante- por ensanchar la es-
fera de su mando absoluto daba no pocas inquietudes; pero'
eran mayorc~ los inconvenientes que se notaban en la repre-
Ilion de rliC!JO poder. Siguió sin embargo el empeño de reunir
las pri!lc\!)"Ics :¡tribuciones de la soheranía en un cuerpo po-
pular , Ilaurado junta de observación, en reemplazo de la pre~
ten" lid:! asamblea, parJ. celar la puntual observancla de sus le-
yes ~ flscalízar las acciones del director, i oponerse á cuanto no
estuviese en armonía con su iJ,imitado poder, cuya idea iba en-
cubierta coa la solapada manifestacion de la felicidad genenl.


De este sistema de restriei~n 'i desconfianza resultó el me-
nosprecio de la autoridad i la debilidad de su voz para corre-
gi r los ahusos. Dicha junta de observacion ~ colocada ya en
el punto de su lllay¡¡r influencia ~ sin el menor dique que
contuviese las deni!lslas de su, ambician ~ publicó un estatuto
provisional, en el que si bien reconocia ,los derechos físicos i
pollticcs ~ dejabanbierta la puerta á sus arbitrarios procede-
res con b facultad.que se habia reservado dé atacar la libero


'Lid individua! bajo el jJe1igroso protesto de usarla cuando la
exigiese la salud dd pueblo. ". .


Uno de los frutos mas sazonados que se esperaban de este
nuevo orden de cosas era el restablecimiento de la paz i con-
cordia con los hahirantes de la banda oriental, cuyai desave-
nencias habían llenado 'la patria de luto. Deseoso el ayuntg-
miento de Buenos-Aires de dar una satisfacción al bullicioso
Al't~as ~ mandó quemar por la mano del verdugo en la plaza
de la Victoria aquella fatal proclama contra .dicho caudillo
'Iue el director Alvelil' le había arrancado con violencia. Se
. TeMU n. 15




t [4 nrrxos-nnts: 1815.
adoptó una condu!b diametralmente opuesta á la que habían
observado los anteriores gobernantes; i si dejó de restablecer-
se una perfecta reconciliacion , solo puede atribuirse al ambi-
cioso carácter de dicho Artigas, quien parece gustaba mas
de vivir en estado de anarquía en el que era mas estensa su
autoridad i podía soltar mejor la rienda á sus caprichos i
estravagancias.. •


Temeroso eÍ go1Wlo supremo de ver propagada la guer-
• ra civil en el centro·& las provincias inmediatas, envió tro-


pas á Santa Fé á las órdenes del coronel don Juan José Vía-
rnont para cerrar al caudillo Artigas aquclla pirerta , que era
por donde mantenía sus comunicaciones sediciosas. A fin de
calmar la inquietud de sus habitantes , Ies prometió el direc-
tor suplente una absoluta libertad en sus deliberaciones civi-
les i en su gobierno interior, sin que la tropa egerciese el me-
nor influjo en ellas. La muerte del gobernador Candiorí ocur-
ricia á esta sazon abrió un vasto-campo al egercicio de las pa-
siones, á debates acalorados, á pretensiones contradictorias
:l manejos inseparables de los ~artidos. Salió finalmente elec-
to teniente gobernador don Juan Francisco Tarragona; pero


.Ia ciudad de Santa Fé quedo- mui resentida por este nom-
bramiento.


El nuevo gobierno de Buenos-Aires s~ ocupó á su con-
tinuaeion .en convocar un congreso nacional compuesto de
verdaderos i dignos representantes del pueblo. Dicha ciudad
dió en esta ocasion la n;as brillante p~ueba clt desprendimien-
to i desinterés: conoci,nao que una parte' de las discordias
civiles procedía de 108 celos de las demas provincias, al ver
erijída en ella la capitalidad, i vineulados los beneficios que
resultaban de poseer en su seno al centro del poder, represcn-
taren al ayuntamiento mas de 200 ciudadanos rog~lndole que
f.era despojada de aquel honor á fir: de desarmar por este
medio á los descontentos argcntínos , i privar á la maledicen-
cia de todo pretesto para egercitar sus tiros. Se determino
con efecto, que dicho congreso se reuniese en el TocunJáo,
distante mil i doscientas millas de la '!capital. Se concibieron




r,tJE:.'iOS-,Hlil':S: ¡SI5. ]·15
las mas lisongeras esperanzas l!e aquella asamblea, la que fue
considerada por los políticos pensadores como el único puerto
en que podia salvarse la mori~unda república. Su (sudo era
en verdad el mas deplorable á aquella sazono La J!rrota de


. Rondeau en Viluma en el mes de noviembre habia'sido tan desas-
trosa como la batalla de Canas para la república romana: Chile
devorado por los parti.Iqs habia caído en poder de los españo-
les, quienes podian enviar con facilidad refuerzos al.Perú, por
CltyO motivo se había visto prtcisaJo Buenos-Aires á formar
un egército al :~e de los Andes ¡¡ las órdenes de San IHartin.


Aunque (os españoles habían sido atrojados .cle, la pla•
de Montevideo, la ínsurreccion de Artigas sin embargo !lIbia
tr:¡stoflHido todos los planes del gobierno de la capital: sobre
la !Janda oriental. El Mónarca español estabapreparaúdo una
poderosa cspe.licion , que en el concepto ge!1eral jba á ser di-
.rijidu contra el Río de la Plata. Todo er¡. .larma i terror ea
.este país Alvarp había hecho renuncia ele un empleo-, cuyo
huen desempeño tcn~a por mui superior á sus débi.les fuerzas.
Ilalcarce, que había salido electo en su rceuiplazo, hizo igual
demisión. Rondcau , que era 'el director propietsrio , no quí-
IIO pasar á tomar el mamlo supremo sin haber dado 'antes ua
golpe decisivo al general Pezuela contra el cual obraban to- •
dos los elementos en las provincias del Alto Perú. '.r;n media
de estos contrastes se desvirtuaba por cada día la accion del go-
hierno , i empezaba á asoma!' su cabeza la terrible anarquía.
Se reunió el congreso nacional en los últimos días de este aJo;
¡ esta fue la única ventaja que obtuvieron los argentinos por
entonces. Las noticias ele la citada derrota de Rondeau en Vi-
luma, que corrieron rápiüamente, habrian acabado de desconcer-
tar al partido revolucionario si la confianza que inspiraba el con-
greso del Tucuruan, i la cesación ele los temores por la espedí-
don de Morillo, quien había ya principiado sus operaciones
por la parte de Costa firme, no hubieran concurrido á dar
nuevo vigor i esfuerzo á su espirante é ilegítimo empeilo.


. Fue esta sin embargo la época mas terrible para los re-
Leldcs de Buenos-Aires. Dividida la capital en facciones, ama-




1 ! G llrE"O;"~1!\l!5: 1815
gada pur la parte del Brasil, g~ apoyo alguno de las poten-
cias estrangcras, privada de los recursos i numerario del Perti,
destituida de los de Chile, i pmenazada en el territorio de
Mendaz"!!; poro segura de "la fé i union de la provincia de
Córdoba, rcd~CÍd1 en fin á sus propio~ recursos i ;Í los c!e
las pohres provincias del Tucumán i Salta, estuvo mui :í pi-
que de c}isolversc enteramente ; i h:¡bria sido inevitable su
ruina si aproveehandose la Es~atia de tan feliz coyuntura hu-
biera caído sobre ella con algunas fuerzas, ó si la córtc del
Bra~jl conociendo sus verdaderos intereses h~biera hecho un
*1'Hcgue ere su entonces irresistible poder. • .


"'TQdos creían que la Espaíh enviaría una cspedicion com-
binada con las tropas portnguesas: d~ tal modo prevalecía es-
ta opinion, que ya se daban por perdidos los principales agen-
tes de la re~blica.: ·unos hacían sus preparativos para emi-
grar á paises lejan• .á buscar un apoyo en su inevitable rui-
ns ; otros se esforzaban en hallar plausibles pretestos para eu-
bri r su compro.nlso ; no eran pocos los qpe trataban de pro-
rbrm¡¡' por emiJerador de aquellos paises á un infante de la
Real casa de Ilorbun ; habia asimismo algunos que proyecta.
ban su incorporacion al Hrasil , al paso que los mas sensa-


• tos suspiraban por la perfecta reconciliación con la metro-
poli, quedando tan solo una corta porcíon de despechados
que no tenían otro arbitrio para salir de tan apurado conflic-
to, sino el de morir con las armas ~Il las manos sepult.índose
en las ruinas de aquellas desgraciildas provincias.


Este era el verdadero estado de Buenos-Aires á fines de
1815; confesado paladinamente por el mismo director Pueir-
re.Ion e8 el aíÍo de 1817. Lástima fu~ en verdad que Ia ESl'aii.a
no hiciera m:lyores esfuerzos en aquella época para destruir
de un golpe el foco de la rebelion americana; pero desapro-
vechados aquellos preciosos momentos volvieron los a'rgenti-
nos mui pronto de su estupor, i favorecidos por la fuerza
moral del congreso del 'I'ucuman i por otros sucesos estraor-
dinarios adquirieron nuevo vigor i pujanza á fines del ano si-
guiente de 1a16.




~-
Crítica 'situacicn del Alto Perú. Movimiento del géneral Ra..


mires: contra Cuzco . Malograda reaccion de Ruiz Caro
en Tinta. Desaliento de los revoltosos cuzquetics, Asesinato
de Picoaga i Moscoso Insolencia i perfidia de los caudi-
llos Pumacagua i ..<fllgalo. Batalla de Humachiri, Sumi-
sinn del Cuzco ¿ de todos aquellos partidos. Reduccion de
la partida del caudillo Jvlendoza. Acciones del coronel don
Francisco Gonzalez. Restablecimiento de la tranquilidad.
Mooimiento de Ramirez para volver al cuartel general.
Ventajas conseguidas por. las tropas del general Pezuela,
]I;[llerte de Ezenarro i derrota de la diuision. de JaÚregui.
Nomhratniento del brigadier Tacan para el mando de Chu-
gúisaca. Derrota del capitan Corral por el comandante
Aguilera. Velltaj:ls obtenidas por este geJe. Derrota de
otros facciosos por lOl comandantes Rolando, i Careta,
Brillante accion del comandante. Vigil contra el mayor
general insurgente don Martin Rodriguez, Preparativos
del general }J..ondeau para atacar el campo realista Cange
de dicho Rodriguez por dos coroneles españoles. Empeñada
combate en el puesto del llIarqués Retirada del general
Pezuela á Cliallapata, Rendicion de Cochabamba á los ¡¡;-
surgen tes. Formacion de una columna para reconquistar'
aquella plaza. Llegada de los refuerzos de Chile i de la di-
vistan del general Ramirez. Varias acciones con las parti-
das insurgentes. Junta de guerra. Enfermedad del gen,eral
tri gefe. Accion ..de Venta i media. Batalla df Vilurna.
Sus ftlrces conseeuencias, •


..


La situacio~· del Alto Perú era sumamente apurada á
principios dei S J 5 : la. atención del general Pezucla tenia que




1 18 I'Er. ti: 18 I 5.
estar ocupada en tantos i tan complicados objetos, hormi-
gueaban de tal modo las partidas enemigas, i C1;a Un impo-
nente el aparato hostil de las tropas de Ilucnos-Aires , que en
~I orden n.ral na parecía posible salir con honor de aquel
conflicto.


Aunque el general Ramirez había adquirido preciosos
laureles en los altos de la Paz, i aunque á su aproximación
;i Arequipa habia huido el altanero enemigo , le faltaba sin
embargo ejecutar la última i mas interesante parte de su
atrevida empresa. Para llevarla á cabo hizo los preparativos
'necesarios en dicha ciudad de Arequipa , en la que dio á sus
tI opas un descanso de 61 dias , de que tanto necesitaban. Si
bien era urgentísimo sofocar la insurrección del Cuzco i yol-
veto rápidamente al cuartel general, fue indispensable dicha
detencion para reponer las fatigas del soldado que no había
tomado aliento desde Santiago de Cotagaita ~ así COU\O para
cubrir Iill. desnudcz , y comp:mer su deteriorado armamento.


Era el día JJ de febrero ClI:lILtO Ramirez levantó el
c·ampo, dejando á la cabeza de la provincia al hrigudier don
'Fio 'I'ristan , 1uien siendo natural de ella? parecía el ID1S
á propósito. para conservar la tranqujlidatl i la obe.liencia al
Soberano español, Pumaqagua i Angulo se habian situado en
el centro del Collado ~ desde donde les habría sido fíeil apo-
derarse de Puno? del Desaguadero i de la Pas (cuyos puntoa
se hallaban mui desguarnecidos), si hubieran tenido el neo
cesario arrojo , Ó la debida inteligencia para calcular los gr:¡-
Tes males que con este funesto golpe podrían haber causado
al ejército del Rei , cortándole las comunicaciones i los ausi-
líos. Se hallaban en su vez entretenidos haciendo alguIl:lS
correrías en el partido de Lampa, i ácia los altós i cabece-
ras ,de Cailloma , cuando levantó en el distrito de Tinta la
voz á fa~r del Reí, el teniente coron~ Ruiz Caro, for-
m:ftJ.do una contrarevolucion , la que si ~n de hrs!t';nifican-
tes resultados, no dtjó de prestar alguna »tilidad á las mi-
ras del general Ramirez.'


Los revoltosos del Cuzco habían pr!neip~ado á desanimarse




'I'Jrrni: 1815. ) 19
al ver la imperturbable serenidad de este general,- i· al oír las
ventajas conseguidas al mismo tiempo por el comandante
Gonzalez hacia Huamanga, quien habiendo atraído los in-
surgentes hasta Matará, 1~ había enganado con una falsa
retirarla, i ocasionado la pérdida de 4 piezas de .tillerlu,
i de mas de 1 00 fu~i1es. Los sugetos de alguna representacion
que habían tenido la debilidad de suscribir á las pri meras
tentativas de its rebeldes, se retrajeron de tan criminal cm-
peño al ver su conducta inmoral i sanguinaria: todos eno~ se
apresuraron á abandonar tan vergonzosas conexiones retirán-
dose á sus casas i haciendas ; i algunos de los que componían
la misma junta revolucionaria, se esforzaron en persuadir al
gr¡biefIlo de Lima de la pureza de sus intenciones, dirigidas
meramente á evitar mayores tropelías 1 hasta que 1Iegase tI
afortunado momento de sacudir tan pesado yugo 1 i de sellar
su fiddi~ad á la causa del Rei. De este númcro eran don Luis
Astete i el teniente coronel don Juan 'I'omas MOSC050.


Entre los vario, sugctos de po.Ier é influjo que habían
emigrado desde el principio de aquellas conmociones, se con-
taba el mariscal de campo don Francisco de Pico:¡ga, que
llabiJ cai.lo prisionero sucesivamente en la ciudad dc Are-
quipa, Todas Ias miras de los rebeldes estaban vueltas acia
este digno gt~fe, á quien consideraban COlDO el único capaz
de dar vigor á su ilegítima causa: fueron por lo tanto es-
traordinarios tus esfuerzos para que se pusiera á su cabeza;
pero al ver IU entereza de carácter, i la indignaciou con
que desechó toda proposición que tendiese á separarlo de la
senda del honor i de la lealtad 1 despues de haber agotado
todos lQS recursos de la persuasión , del halago i de las ame-
nazas, determinaron manchar sus sacrílcgas manos en una
sangre tan pura que debía fecundar el campo ele las glorias
monárquicas 1 si bien por un momento daba un efímero des-
ahogo á la safÍ~ i venganza de aquellos verdugos. El l¡orri-
ble st'fllicloejecutado en la misma capital del Cuzco contra
este benemérito general, i contra el intendente Moscoio,
tarnbien americano'[ hizo subir al ültímopanto la irritacioa




].'JO Y'HU: 1815.
de las tropas reales , con particularidad la del regimiento
n? I?, que habiendo militado anteriormente bajo las órde-
nes del citado Picoaga ,le profesaba aquel cariño i singular
aprecio á que lo hablan' hech~ acreedor sus esclarecidas
virtud.


Fortificada por este medio la causa" que defendía el gene-
ral Ramirez , i mas alentado con las nuevllJa..Sarantías que
tal acontecimiento daba ·sobre la fidelidad de's tropas, tan
ansiosas por hacer los mas costosos sacrificios ante las aras de
la monarquía esparíola, como por vengar la ilustre sangre de
JO"antiguo coronel, emprendió con el 1D1yor tesan la campa-
tÍ:!. Al llegar al partido de Lampa, en el cual í entre los
pueblos de-Ayaviri i Pucará , habían reconcentrarlo su "fuer-
As Pumacagua i Angula, recibió de estos caudillos una in-
solente íntimacion de rendir las armas, i al mismo tiempo
Ilcgaron á manos de varios gefes i oflciales de su columna fe- .
mentidas cartas de scduccion , suponiendo en elias inteli-
genci:! i acucr.Io , con cuya impostura esperaban que i lo
menos scmbrarian en el cuerpo ~ealist:l las semillas de la
desconfianza i discordía ; pero este perverso designio sirvió en
su vez para rectificar los sentirnie nros de honor i virtud de
las valientes tropas que sostenían el parti.Io del Rcí , i para
aumentar el f~rolltde su 'digno gefe.


Cuando Ramirez avistó al enemigo, ocupaba este una
posición ventajosa á la orilla del entonces invadeable :tia Pu-
caní : tan in esperarlo contratiempo puso al fYrrito del Rei en
la precisión de dirigirse por su derecha .. aguas arriba .. toman-
do el camino de Hurnachírí. Igual dirección siguieron Angu-
]0 i Pumacagua por la orilla 'opuesta, hasta que lJall:l1hlo
una posición .ventajosa en la que su frente podia estar defen-
didopor el rio Cupi, i su espalda por una serranía escabro-
la, colocaron en ella 40 piezas de artillería, i su inmensa
mu~hedllmbre de gente armada que no. bajaba de 20000
hombres, aunque solo se contaban Soo con fusil, i lItlgllnoli
montados eon pistolas i sable,


Era el dia 1 1 de marzo cuando Ra1nirez llegó á situarse




rr:l\Ú: I~J~. 121
delante del campo enemigo con la idea de atacarlo al amaneo
cer d~l dia siguiente; pero los rebeldes que trataban de sacar
II.lgun partido del cansancio de lis tropas realistas, se pusie-
ron en movimiento contra ellas obligándolas á entrar en ac-
cíon , i á cruzar el rio , cuyas aguas aun por aquella parte
lI~gaban hasta los pechos del soldado.· Superada esta primera
dificultad sin mas tropiezo que el de no haber podido tras-
ladar así miSIIlO la artillería, formó Ramirez su brillante co-
lumna,» la orilla opuesta, i cargó á los enemigos con tanta'
decisice i arrojo, que en menos de media hora los puso en
la mas desordenada fuga dejando el campo cubierto qe ar-
mas i cad.íveres. Terminado gloriosamente este primer ataque
fue preciso dirigirse á la cumbre de la montaña inmediata en
la que se había reunido una p1rte de los rebeldes mas obsti-
najas que querian probar de nuevo la suerte de las armas;
mas fueron estos completamente derrotado! a~mentando··los
preciosos trofeos del general realista, quien se apoderó de 31
piezas de artillería , de todas las municiones, pertrechos,
tiendas, equipajes, i de cuantos efectos contenía el campo
rebelde.


La noticia de esta importante victoria fue un rayo que
abrasó todos los proyectos revolucionarios. El pueblo' de Si-
cual~i, cabeza del lLar~id(J de 'finta., en .el q~e PUma?aglla
habla marcado ati'lenormente su ferocidad 1 barbarie en


,venganza de la r~accion que habia intentado Ruiz Cato i
fa vor del Rei , fue el primero que se sublevó contra aquellas
hordas foragidas que huían con,el mayor asombro de la afor-
tunada espada de Ramirez. Aquel sacrílego .caudillo, horren
i afrenta del. género humano, fue aprehendido por los fieles
Sicuaneses , á cuyas instancias sufrió el-último suplicio en la
misma plaza, siendo conducida su cabeza en una pica á la
capital del Cuzco. Los demas pueblos siguieron tan noble
ejemplo, i se redujeron por sí mismos á la obediencia de la
autoridadlegínma. De este modo hizo el general Ramirez su,
entrada triunfal en el Cuzco en 1.5 del'mismo mes de marzo
entre las aclamaciones de todos los pueblos desengañados ya


'fOMO lf. 1 6




122 rEr.u: ¡SI;}.
de sus errores, i arrepentidos de sus estravfos, La capital dió
en esta ocasion una prueba luminosa de sus buenos sentí-
mientos , formando una contra revolucion apenas .sllpo la
derrota de Humachiri ; i batiendo i haciendo prisioneros á los
hérmanos Angulos, i á otros cabecillas que habían tratado
de hacer alguna resistencia, quienes fueron inmediatamente
pasados por las armas.


Luego que el general Ramirez hubo reorganizado la ciu-
,'dad del Cuzco, imponiendo algunos ejemplares cas\i¡os 1'0-
bre los principales autores de aquella sublevacion ~ .once-
diendo un indulto general á cuantos se presentasen de buena
fé. á implorarlo ~ envió una dívision á las ordenes del coronel
don Francisco Gonzalez en persecucion de los facciosos, que
vueltos de su primer estupor lifbian principiado á formar pe-
ligrosas reuniones. El caudillo Mendoza conservaba todavía
nna partida c~nsiderable- ácia Andahuaílas i Abancai ; pero
la noticia de la batalla de Humachíri i de la reducción. del
Cuzco aterró de tal modo á sus soldados ~ que procedieron á
asesinar á su caudillo con la idea de lavar su mancha con la
sangre del causante de aquellos desórdenes, i de merecer una
favorable acogida de parte del comandante Gonzalez, á cuyas
filas pasaron ~ incorporarse con la mayor parte de sus armas. -


Dejando Gonzalez cubierta la~iudai de :r:u.amallga ~o~
300 hombres ~ al mando del coronel1J.asagolt1a ~ se diri-
gió á la provincia de Puno, que acababa de dejar abandonada
su demasiado tímido intendente don Manuel Quimper. Re-
forzado aquel digno gefe con .algunas tropas que le suminis-
tró don Pío Tristan desde Arequipa ~ lIeg6 á reunir cerca de
1000 hombres ~ con los cuales derrotó á los insurgentes en
tres acciones obstinadas que sostuvo con ellos en el mes de
abril sobre las alturas de Octo en Azangaro? AzangariHo i
Asilla. Sostuvo del mismo modo otras todavfa mas importantes
en los meses de mayo i junio, en las que les causo una horro-
.rosa mortandad ~ é hizo prisioneros á los principales caudillos
Carrion i Monro}', á10s que pasó inmediatamente por las
armas ;' i estrechó de tal modo á Carreri , tan perverso como




~ f !\ rJ ,.,.
l'F.l1l': 10! :). 12,)


lo, mencionados, que se pri vó .de la vida por no caer en ma-
nos de los realistas. A consecuencia ele éstos felices sucesos se
tranquiliearorí los partidos de Carabaya, Huancane, Sorata ,
Omasuyos i las misiones de Apolobamha I en cuyas escabro-
sas montañas se habría podido perpetuar la guerra si los pue-
hlos aburridos ya de sufrir las tropejías i estorsiones de los
rebeldes no hubieran contribuido á su destruccion.


Quedaba tan solo con alguna. pujanza la partida del cura
1\'[uÍlecas que se había refugiado á los YU,ngas, desde donde
hacia los posibles esfuerzos á fin de resucitar su moribunda
causa, cuando se pus~ en marcha don Juan Ramirez para reu-
nirse al general Pezuela , dejando el mando de las armas de
la ciudad del-Cuzco al teniente coronel de Talavera don Vi.
eente Gonzalea con 500 hombres; entre ellos I bo soldados
de su cuerpo \ i el gobierno superior i presídeneía de la
Real audieneia á don Ramon, Gonzalez "de Bernedo , coronel
del primer regimiento. Despues de haber dado una idea de
los, principales sucesos ocurridos por esta parte, pasaremos á
"recorrer las operaciones del cuartel general.


Había concluide el año 14 con varios triunfos parciales
conseguidos por los comandantes de las columnas realistas
ambulantes contra varios caudillos insurgentes; mas no por
eso había- mejorado de modo alguno la pesicion del general
Pezuela. Este sin embargo estaba muí distante de arredrarse
por ningún tropiezo ni contraste: así pues dispuso ewl' mes
de enero reforzar al comandante Jáuregui con 160 hembrea
al mando del corones Itzenarro para que limpiase el país de
las gaví11as que 10 infestaban.


Jáuregui dió principio á sus brillantes operaciones á me-
diados dé febrero en que recibió dichos ausilios, con los cuales
lhtió completamente. á ]05 cabecillas Caballero, Camargo,


" Olivera, Vaca i otro! varios en los cerros de An'cuconina, de
Santa ~ena, Pasitito i Quisiquira, t:~tlsámJoles'la perdida de
mas de 60'0 muert~ de Otros Untos heridos»: Este terrible
golpe, ltljas de desconcertar á los rebeldes aumenro su irrita '
éion i empeño en volTer á la pelea: al día siguiente de la úl ....




1 2 ~ l'E n;: 18I ~)'.
tima acciou se había reunido una inmensa muchedumbre de
los pueblos de la Loma, Cueva, San Lucas, Ingllaguasi,
Culpina i Quisiquira " cuyas hordas rgbiosas cayeron impro-
vlsamente sobre la cola de dicha division que caminaba con
el 11l1yor descuido i sin la menor aprehensión de que tan pron-
to hubiera podido tomar una actitud tan imponente el der-
rotado enemigo. .


Ezenarro, que recibió aquel brusco ataque con la ma-
yor' iJlIpavidez, quedo muerto de una pedrada; 103 40 sol-
dados que tenia f sus inmediatas órdenes se entregaron á
una fuga precipitada; el capitan ElizaJde fue víctima del
furor de los indios i del abandono de sus soldados; el resto
de la division que vió desordenada aquella parte. de la colum-
na participó d~ igual confusión arrojando algunos de ellos sus
fusiles i cartucheras, sin que el bizarro Jaureguí pudiera
contenerlos en su precipitada díspersion. Llegó á tal grado el
terror' pánico de aquellos soldados (que pocos dias antes ha-:
bian dado brillantes pruebas del mas decidido valor) que al
llegar al rio de la Palea grande se arrojaron á él sin mas con-'
sideracion que la -de huir de un enemigo .imaginario, que es-
taba contemplando á sangre fria, i sin hacer el mas leve mo-
vimiento las víctimas sacrificadas á ti furiade la rápida cor-
riente por un insensato estupor. Por este medio inesperado se
perdieron en un momento todo el botin i.despojo delas accio-
nes, anj¡,flrieres, un carion , la mayor parte de las armas realis-
tas, i t~ el fruto de las fatigas de los dignos gefes que man-
daban aquella división. .••.


A pesar de la falta que podía hacer al, señor PezueIa el
may.or gene~I brigadier don Miguel Tacan, se había visto
precisado á en darle á Chuquisaca para tomar el mando de
las armas i la presidencia de Ia real.AuJicllCÍade aquella
provincia, con la mira de que á sus prudentes i políticas pro-
videncias cediesen las desavenencias suscitadas entre el gober-
nador, cabildo. i corporaciones, que au.ntaban co~sidera­
hlemente los cuidados de aquel gefe. Las flJerza~ realis-
l¡:S de la referida provincia consistian en 500 hombres á las




PE r. ú: ¡ 8 1:), 1 25
órdenes de dicho 'I'acon , en 1 10 al mando del capitán' don
Francisco Corral, situado en el pueblo. de Presto, distante 18
leguas de La 1:1ata, i en 35,fusiJeros 80n al",unos paisanos marro
dados por el teniente coronel don Francisco Maruri.


Corral fue atacado en 19 de enero, i si bien al principio
se inclind :í su lado la victoria, v¡uió mui pronto aquella es-
cena quedando muerto dicho gefe i destruida toda su fuerza,
sin que 1mbiera podido salvarse mas qué un soja individuo que
llegó á Chuquisaca con todas las señales del terror.i alarma.
Pide azorado el brigadier Tacan urgentes socorros'al ¡¡Aernad?f
de Potosí; no pudiendo éste suministrarlos, traslada aquella
perentoria demanda al cuartel general; teme Pezuela Ios efec-
tos de a luellos primeros triunfos de los rebeldes i envía 'al
comandante Aguilera con 300 hombres para que busque al
caudillo Padilla, que habia sido la causa de tan terrible angus-
tÍJ: ya este había sufrido un vergonzoso golpe por el coman-
dante Maruri, quien con.n puñado de valientes'habia desa-
fiado todo el poder de dicho cabecilla i de su segundo, Car-
rasco, á los tres días de 8U, ponderada victoria, persiguíén-
dale por mas de dos leguas i i matándole bastante gente.


Asi pues no fue diflcil al citado Aguilera destrozar dichas
gavillas, ni el mérito de su victoria fue tan brillante como la
actividad empleada por.~ste digno oficial en cumplimiento de
Sil eom~sion.,Enmen{)s 11e un mes anduvo 'aoo leguas, S08-
tuv-o cuatro accíonés gloriosas contra fuerzas mui superiores;
ID3tó mas de 700 fa-ciosos , ahuyento :í Padilla i á los demae
cau,lillo;, restableció la calma dd país i dió nuev~8 garantías
á la seguridad de 11 guarnicion de La Plata, El infatigable
celo de este comandante , el acierto en sul maniobras, la ra-
pidez de sus muchas, i la bizarría' desplegada en cuantos lan-
ces tuvo ocasion de usada, le hacen digno de ocupar un lu-
gar-dístingui.Io en el catalogo .de los guerreros que mas han
·contribuido á dar lustre á las armas del Reí. .


41 dia siguiente de haber regresado al cuartel general el
esforza-[o Aguilera hubo de salir á cubrir el flanco íequierdo,
situándose en la Palea grande, abandonada pocos días antes




B.O J>F.:r:Ú: lSI:>.
por las tropas de Jáuregui i del coronel Ezenarro. Aquí tuvo
:hien pronto nueva ocasionde distinguirse, siendo atacado en
27 de marzo por el caudillo Camargo que mandaba mas
de 2~ hombrea: siete horas dur6 el empeñado combare quc
sostuvo el gefe realista; pero fue finalmente rechazado el
enemigo ron pérdida' de 150 'hombres , muchos heridos , '4
prisioneros; un número considerable de mulas ~ caballos , fu-
siles i provisiones de guerra i boca. No· fue 'menos feÍiz en el
segundo ,»llque que recibió á los dQS diasen la misma posi-
cíon de.lalcagrande por 'el citado"caudillo en union con Ca-
hallero i lriIlarrubia que le habían llevado r500 hombres de
refuerzo: fue mayor 'todavía el escarmiento de los orgullosos
rebeldes; quienes dejando en el campo de' batalla mas de 200
cadáveres i varios prisioneros, entre ellos al cabecilla Cuba-


, llero, 'que fuerontodos pesados por las armas , huyeron en el
mayor desorden ;Í ocultar su vergüenza entre las breñas i de-



síertos de aquellas serranías. •


Se distinguía al mismo tiempo el comandante Rolando
por la parte' de Puna, pueblo distante t2 legoos de PótGSÍ.
Aunque los caudillos Navajro , Vef\ancio, Lean i Romero
habían reunido mas de 600 hombres; los ataco en 13 de
enero con solos' 90 fusileros i algunoe caballos: despues de-
una reñida aéciQtl que datd cinco hosas i media' dejaron los'
faccíoscs mas de ioo muertes, un rtd'nié1l0 DláYIlr de heridoS,
i hnyaroR los demás con el mayor asombró. No bien .habian
pagado tres wascuando nuevos campeones se presenta¡on con-:
tra el imp~vido :Rélanda, considerándole mui débil á pesar
de su victoria. Berdejes i Betanzos condujeron 13°.0 hom-
bres de fusíl , lilíl'i!Íl~' hdrtdaá tiempo que Rolando había re-
cibido del general Peaueleun pequeño refuerzo de 30 grana-
deros i 8 drágólles. tés indios q!Jé se creían segbros del tribn-
fó ,pelearon con el mayor denued-o i obstinacion; lilas t'odo.
cedi6 á la serenidad i bizarría de las tropas del Reí,
Despues'd~ cioco horas de horroroso fueg9 se' dejaroa 103


ínsurjentes 200 muertos sobre élcampo de batana, un núme-
ro inmensamente mayor de heridos t 11abienda sido pocos lo!




l'EIIÚ: 1815. 12j
que .pudieron- sustraerse con· la fuga á 'la persecucion de 10$
realistas, quienes para completar el lustre de aquella jornada
hicieron' prisionero al barbarp cacique Betanzos , que era- el
terror del Jluis i aun de los mismos indios que seguian por un
maquinal é inevitable impulso la direecion que queria darles
aquel hombre ~roz .


.No hahian dejado de dar alguna inquietud al general es~
pañol las incursiones que hacian los caudillos urdininea , F-a-
lagiani i Vidaurre por la parte del Despoblado, i derecha del
ejército; pero quedaron disipados sus temores por este lado
luego que el comandante Garcia pudo llegar á las manos con
ellos, :í los que batió completamente en Iós puntos del Mogi-
nete , Exmoraca i Cochinoca obligándoles á replegarse sobre
su cuartel general, . que se hallaba situado en Humahuaca,
despues de haberles quitado la mayor parte de sus mulas í ca-
ballós, i una porcion considerable de ganado. .


A fines de febrero estaba el comandante Vigi.)guarne:.
ciendo con 100 hombres el puesto llamado del Marques; i
habiendo tenido noticia de hallarse una partida rebelde en la
casa del Tejar, se aproximó sin ser visto poco despues de
.haber entrado en ella el msyor goocral del ejército ene-
migo don Martin Rodríguez con 6 ayudantes i 50 hom-


•hres con el encargo de hacer una esploracion sobre el cam-
po realista: reforzado Vigil con 80 soldados. que le envió
el gefe de la vanguardia don Pedro Antonio Olañeta , atacó
dicha casa defendida por fuer¡es parapetos; pero. nada era
capaz de arredrar á unas tropas tan valientes, que pelea-
ban por la mejor de las ~ausas. La resistencia fue tenaz i
vígorosa , 'hasta que viendo los insurjentes su inevitable ruina
i la inutilidad de sus esfuerzos rindieron sus armas coronando
las sienes de los realistas con un ilustre triunfo, no tanto
por el número CalDO por la calidad de los prisioneros, entre
los que se contó el mismo Rodríguez, que era el alma de
las operaciones de R ondean. • .


Este sin embargo había recibido refuerzos de Buenos-
Aires con los que llegq á formar un ejército de 4000 hom-




I 'J, S PE n ú : 1 8 ' 5.
,


bres de tropa reglada ademas de una inmensa porcíon de
gauchos de la provincia de Salta , armados con mach: te i
sable corto, to'103 montados i mni diestros en el manejo del
caballo. 'Con a lueHa fueraa i con ,1} piezas de arJ;ilI~rIa se
disponia á avanzar sobre el ejército del Rei; i para asegurar
mejor el éxito de SJl empresa había antici.ia.Io circulares "á
los caudillos del interior para que hiriesen los iiltimos es-
fuerzos á fin do llamar la atención del general Pezuel~ P9r
diversos puntos, Alentarles aquellos rebeldes con tan vivas
escitaciones activaron' sus operaciones; Olivera, Daniel Ru-
biria i Rojas contra el coronel Lavin , encargado de la de-
fensa de 'I'arija ; Padilla contra la ciudad de la Plata ; Zurute
contra Potosí, i los demas por otras dirccciones ; pero las
acertadas providencias de los gefes realistas , i una serie na
interrumpida. de felices sucesos c< ntra dichos caudillos i contra
Camargo, Navarro, Lira, Cárdenas, Carrion i otros, mejo-
raron laposicion del general español á pesar de la gr,m dife-
rencia numérica que lIabü entre su ejircito, compuesto
de 4500 hombres que tenia ,esparcidos sobre 12~ leguas de
terreno, i el de los insurjentes , que ascen.iia á 209, inclu-
yendo todas las partidas -sueltasde cholos é indios


Aunque el citado Pezuela no tenia sino 29 homhrcs á
JUS inmediatas 15rdenes sobre el. cuartel general de Santiago'
de Cotagaifa,. se empeño en sostener aquella ventejosasitua-
cion aguardando el regreso de la dieision de Ramirez i los
refuerzos de Chile que le habían sido prometiios Habiendo
dI terminado remitir á Lima v~rios pI bi¿neros que no dl'j,dJ.lu
de embarazar sus operaciones, empleó el lll:lyor Rodrigue»
todos los resortes de 1~ malicia é . intriga para no ser al/j do
<le aquel país en el que esperaba ejercer todavía su lllJI¿fico
influjo. Con su hipocresia i con una afectada r<'signacian, ca-
paz de deslumbrar al hombre lilas prevenido i desconfiado. es-
puso al general.en gefe los deseos de retirarse á su casa ,si se
le queria cangear por dos oficiales de igual graduadon, pro-
metiendo desengañar á Rondeau de lo infructuoso de sus es-
fuerzos CIl. continuar una guerra, cuya terminaclon llc:yaD3,




rERÚ: IBiS. 129
todos los caractéres de serle adversa desde que el legítimo
Soberano había sido restablecido al trono de sus mayores con


-.aclamación general. Fue aceptada dicha proposicion de ~_
driguee i admitido su cange por los coroneles SU:lrez i
Sotomayor.


Sus primeros pasos cerca de Rondeau estuvieron en ar-
monfa cou sus anteriores promesas: el cau.lillo insurjente
entró al parecer con gusto en los planes concertados , i como
una prueba de sus buenas disposiciones ácia una. transacion
amistosa puso en libertad las familias' de Oluíeta i }hrquie-
gui, i envió á las avanzadas del ejército realista á su sargentó
mayor Zarnudio, por cuya mediacíon se trato de una sus-
pension de liostiluludes que no llegó á verificarse, asi como
tampoco tuvo efecto la entrega de los dos coroneles cangea-
dos, porque no entraba en las mitras de los rebeldes perder
aquella ocasion que les parecia tan favorable á su causa.


A pesar de los deseos que afectaban deon pacífico
convenio, vivia el general Pezuela con 'las mayores precau-
ciones para resistir prontamente á cualquiera asechanza que
pudiera armarle su fementido enemigo; i para frustrar de un
golpe la agresion de que con tanta razon recelaba, movió
su ejército contra él dando las órdenes mas urgentes para
que apoyasen aquel movimiento Portocarrero que se halla-
ba en las cercanías de Potosi, i Jáuregui desde el partido de
Cotagaita; pero habiendo sabido Rondeau los apuros del ge-
neral Pezuelu por la falta de Portocarrero , que habia debido
volver á la villa de Potosí, reducida á su mayor conflicto á
causa de la amenazadora intimacíon del caudillo Zarute que
la tenia circunvalada con una gran muchedumbre de faccio-
sos, asi como por el malogro de Jauregui en su proyecto de
sublevar en masa el partido de Cotagaita, i por otros con-
trastes que esperimentaron á este tiempo sus tropas del inte-
rior, se aprovechó dicho Rondeau de tan propicia coyuntura
para anticiparse al ataque.


Sus primeros encuentros fueron en el puesto avanzado
del Marques contra don Antonio Vigil, que mandaba 200


TOMO H. 17




)~O rEJ'\.U: IS.5.
hombre~ de caballería, cuya fuerza fue arrollada en 11 de
abril por mas de 700 de igual arma i por un batallan de in-
fat'ltería, no Win la mas heroica defensa de parte de aquel
digno gefe, que perdió 7 oficiales i 140 hombres en sa larga
retirada de cuatro leguas que hubo de hacer por escalones.


En vista de este alevoso golpe, i no pudiendo Pezucla
contar por entonces con ausilio alguno de las provincias de su
espalda, en las que estaba demasiado empeñada la atencion
de las columnas mó.les para resiStir con alguna aparien-
cia de buen resultado á los ataques infructuosos del enemigo,
inmensamente superior en número i, en aprestos guerreros,
determinó abandonar su posicion de Santiago i retirarse al
interior. para esperar allí el regreso de la mencionada columna
de Ramirez i las tropas ausíliares de Chile. Este plan, que
era el único que podía !doptarse en aquellas críticas cir-
cunstancias, estaba aun espuesto á mil inconvenientes en
5U ejecucion. Rondeau en movimiento con todo su ejército
~e hallaba poco mas de una jornada de distancia de la van-
gu:mlia situada en Yavi al mando de Olañeta : la guarnicion
de Tarija i las columnas que protegian las partirlas de Santa
Victoria i Cinti, demasiado internadas para que pudiesen ha-
cer comodamente su repliegue; i las guarniciones de Potosi i
la Plata se hallaban asimismo aisladas, i cortada su comu-
nicacion por las partidas de faeeiosos que infestaban aquel
territorio, por cuyo motivo era mui dificil que llegasen opor-
tunamente las instrucciones necesarias para concurrir con la.
uniformidad de sus movimientos á la ejecucíon del plan


general.
A pesar de tantos obstáculos pudo el ejército emprender


su retirada el 22 de abril siguiéndole la vanguardia con un
dia de diferencia, habiendo despachado desde el 19 anterior
los enfermos i heridos con una buena escolta i las órdenes
mJS perentorias para que lo~ gefes de Potosí j,.. la Plata eva-
euasen aquellos puntos, protegiendo las personas i propieda-
des de los realistas que quisieran seguirles, i prometiendo su
apoyo á los que no pudiesen abandonar sus hogares, -siempre




PEn[j: lS15. 131
que su conducta fuese prudente i comedida. El 8 de mayo llegó
el ejército á Condo sin el menor quebranto con todas las fa-
milias emigradas de Jujní , Tarija i Chichas; i el 9 se trasla-
dó á Challapata en donde se hallaba ya el presidente de Char-
cas 1 brigadier 'I'acon , i el gobernador de Potosí 1 coronel
conde de Casa Real.


Aunque la remada de este último había sido protejída
1:'01' 400 hombres que le envió Pezuela al mando de Porto-
carrero, i por 200 granaderos destacados desde Quirve con el
sargento mayor don Francisco Aguilera , había sido ataca-
do en la misma villa un dia antes de su salida por los cau-
dillos Z,írate 1 Na rarro i Mena: confiaban estos para el lo-
gro de. su atrevida empresa en el desconcierto i confusion
que había de reinar entre los realistas, i en el apoyo de to-
dos los indios i cholos de aquellas comarcas, quienes era de
esperar se lanzasen con ardor á apoderarse de los caudales que
iban á estraerse de aquel punto; pero derrotados completamen-
te por las tropas del citado Portocarrero , i por los granade-
ros de Aguilera que cubrian la retaguardia, llegó felizmente
el dia 3 de mayo al indicado punto de Challapata aquel rico
convoi , compuesto de 1°7 cargas de pertrechos de guerra,
90:0 pesos de plata acuríada , 48 barras de á 200 marcos
cada una, dos zurrones de Chafalonia , varias piñas, 7 car-
gas de piezas principales de las máquinas de la casa de mo-
neda con todos sus operarios mas titiles 1 i J:3 emigrados de
las personas mas distinguidas de aquella poblacion, Todo pues
se salvó de las manos de los rebeldes escepto la· división de
Rolando, que perdió por desercion 379 soldados, naturales
del país que acababan de evacuar.


El brigadier Tacon tampoco fue feliz en su retirada por
haberse estravíado las órdenes qae el general Pezuela le diri-
gió para verificarla del modo que mas convenia á sus planes.
Tomó el camino de Potosí manifestando que su objeto era
atacar al caudillo Zárate en el punto del Terrao, i siguienJo
Iuego-despues la quebrada de Coro en la direccion de 'I'inqui-
paya i Culta, llegó á reunirse con el ejército después de ha-




132 PERÚ: 1815.
her deshecho un grupo de insurgentes que tuvieron el atre-
vimiento de salir á interceptarle el paso, pero con la pérdida
de 352 hombres que se le desertaron: no fue esta tan sensi-
hle al general Pezuela como el haber dejado en descubierto
la provincia de Cochabamba que era el objeto principal de
sus ansias, i en lo que insistía vivamente en los estravíados
avisos dirigidos al citado gefe. •


La posicion de Challapata era ventajosa para el ejército:
en ella podía tener espeditas sus comunicaciones con la costa
i. carrera general de IJÍma, i proporcionarse asimismo abun-
dantes víveres i forrajes mientras que mantuviese en su obe-
diencia la espresada provincia de Cochabamba que le queda-
ha á la izquierda. Había mucho tiempo que carecía de noti-
cias de su situacion por haberlas interceptado los caudillos
Lira, Fajardo i Arenales que vagaban por sus alrededores.
Este último que tendria á sus órdenes unos 400 fusileros, 300
lanceros montados i cuatro piezas, intimó la rendición al go-
hernador intendente coronel don Antonio Goiburu, luego
que tuvo conocimiento del repliegue del ejército realista i de
la evacuacion de las provincias de Potosí i La Plata.


Aunque el coronel Velasco había entrado en Cochabamba
á .reforzar su guarnicion con 300 hombres i 4 piezas de ar-
tillería, con cuyo ausílio parecia que Goiburu podria soste-
ner su autoridad, era tal el empeño del general Pezuela por
que se conservase aquella plaza como el punto de mas im-
portancia en tanto que estuviese situado su cuartel general
en Challapata , que envió un nuevo refuerzo de 280 infantes
i 40 caballos al mando de Aguilera. La perentoriedad de las
órdenes comunicadas por el general á este bizarro gefe pam
que á marchas forzadas se dirigiera sobre aquella ciudad llizo
honor á su previsíon. El coronel Velasco ofrecia todas las se-
guridades de poseer el mas acendrado pundonor militar i deli-
eadeza; pero se veía mui agoviado por. su avanzada edad
para que sus operaciones no se resintiesen de aquella fal-
ta de vigor i energía tan necesaria en semejantes Ianees si
bien la que habia desplegado en sus anteriores operaciones




}'fi:¡¡Ú: 181~1. 1;).)
hacia' esperar que quedasen desmentidos aquellos temores. :


El gobernador Goiburu no habia tenido ocasion de des-
plegar todavía aquellos grandes recursos del ingen'1.o i del ar-
dimiento que se requerían para salir con honor de arriesga-
das empresas. Aguilera por el contrario estaba ya amaestrado
en superar toda clase de dificultades i .piezos, i merecía por
10 tanto toda la confianza de Pezuela; peto desafortunadamente
llegó tarde el remedio; ni mejoró la situacion de los negocios.
por aquella parte el victorioso encuentro que tuvo dicho co-.
mandante en 4 de mayo con el caudillo Lira en el punto Ila-
-mado de la Ramada. El placer que recibió con este afortuna-
do combate fue acibarado por la declaracion de los mismo!
prisioneros que aseguraron de un modo indudable el abando-
no de Cochabamba por las tropas del Reí. Acelerando con
este motivo su marcha para ver si podia hallar el medio de
reparar aquella pérdida, llegó á las dos. de la tarde del mismo
dia á las cercanías de dicha dudad, en la que halló la divi-
sion de Velasco que solo había tenido resaludan para no- ren-
dir las armas á los insurgentes, mas no para obligar al coro-
nel Goiburu á hacer una desesperada defensa cual convenía
en tales circunstancias.


Fue la primera intencion del valiente Aguilera volver á
recon~istar dicha ciudad de Chochabamba 'con todas aque-
llas fuerzas reunidas;' pero desistió de ella al observar el
desarreglo i desorden de los soldados de Velasco i los mu-
chos emigrados i cargas de efectos que debian necesariamente
embarazarIe su operación. Forzado por estas consideraciones,
retrocedió al punto de Paria. distante cuatro leguas de Oru-
ro, desde dlde dió parte de aquellas ocurrencias al general
en gefe, asi como de otros dos encuentros que tuvo con el
mismo Lira igualmente felices que el anterior.


Fue entonces cuando el general Pezuela dispuso la reor-
ganlzac!on de aquella tropa en un batallan con el titulo de
Fernando VII, i en dos escuadrones de caballería para que
reunidos con el de dragones de San Carlos i 4 piezas á las
órdenes del coronel don Melchor .José Lavin pasasen á re-




I ~4 1'rrr;(,: 1815.
cuperar á CocIlahamba ,ya que el ejército de Rondeau no
había hecho todavía moviiniento alguno de sus posiciones de
Tarapaya, Yocalla i Potosí. Era su objeto entretener al en emigo
hasta que desembarcase la primera espedicion de Chile conaco
hombres que lo verificó ello de mayo en Arica á las ordenes
del coronel de T:l1avA. don Rafael Maroto, i la segunda á
principios de junio con otr0ll478 mandados por el coronel don


José Ballesteros con igual destino i procedencia. Esperaba asi-
mismo la llegada del general Ramirez que había terminado
gloriosamente la campaña del Cuzco; mas como tardasen di-
chos refuerzos, i tomasen por cada dia mayor fuerza las no-


. !icias de un próximo auque de parte de Rondeau, dirigió
las órdenes convenientes para que la espedicion destinada
contra Cochabamba regresase á Paria á fin de reunirse con
él en Sorasora i presentar mayores fuerzas al orgulloso
caudillo argentino.


Eran al mismo tiempo frecuentes los encuentros con las
gavi1las insurjentes· en toda aquella vasta estension de país,
Lanza había sido batido en las inmediaciones de Oruro i
VeItta i media por el comandante de escuadron don Fran-
cisco Javier de Olarría: el mismo Lanza, reunido de nuevo
con Arenales i con otros cabecillas, volvió á amenazar mui
pronto la citada plaza de Oruro, Centeno, Barroso" otros
hacían sus correrías entre Chayanta i elcllaltelgeneral; i
en los puntos de Quillacas ~ Tolcdoi sus eercanjas se halla-
ban asimismo varias partidas para llamar la atención del ejér-
cito realista, é interceptar toda clase de ausilios.


Sin embargo de los justos temores concebidos de que el
ejército grande de Rondeau abandonase sus posi!ones de Y0-
calla i Potosí, p'1Ta echarse sobre el de PezueIa ántes que se
hubieran reunido las tropas de Chile i de Ramirez , pudieron
éstas llegar oportunamente para contribuir con sus heroico s
esfuerzos á dar dias de gloria á la monarquía española, 'por
todo el mes de julio tenia ya Pezuela dentro de su línea di-
chas divisiones, si bien muí deterioradas por sus bajas, i mas
particularmente por la circunstancia de traer Ramirez- 80-




r'E1HJ: 1815. 155
liTe 700 reclutas que hahia debido tornar en reemplazo de:
otros tantos que se le habían desertado despues de sus victo-
rias, al ver que no se les dejaba de guarnieion, como e.spe-
raban en aquellos mismos puntos que habian ido á sojuzgar.


COjldtndo el general en gefe 1& necesidad de venir pron-
tamente :f Ius ruanos con el enemigo para evitar el acrecenta-
miento de su poder dentro del pais , i anticiparse á la llegada.
de nuevos refuerzos de Buenos-Aires, que indudablemente le
serian enviados luego que tuviesen conocimiento de la varia-
cion de destino de la espedicion del general don JiItIblo Mari-
no, tomó las disposiciones mas acertadas para el ataque.
Despues de haber dado las órdenes mas premurosas al coro-
nel don Francisco de i'Hendizabal, i al comandante de la di-
vision de Paria don Melchor José Lavin para que obrando
en perfecta combínacion i arman ía defendiesen á todo trance
la villa de Üru ro en la que se hallaba un gran repuesto de
pertrechos i municiones, trató de emprender la m~rcha para
Yocalla con 3721 infantes, 809 caballos , 23 cañones de á
cuatro, i cuanto podia necesitarse para su servicio. Esta era
la fuerza total del ejército realista adenias de los 624 hom-
bres que quedaban en Paria con 4 cañones.


Ya esta iJa dada la orden para levantar el campo á fines
de agosto cuando las noticias .recibidas á este tiempo de los
eoo~i· del gqpierrio de Lima hicieron suspender dicha
resolucion«: las primeras anunciaban que el caudillo argentino'
con un ejército de~9 hombres i J 4 piezas pensaba salir á
principios de sctieJilft¡re ron díreccion á Chayanta , en donde
le debían esper:lI' Arenales' con ~:D cochabambínos i las par-
tidas reunidas de Jos caudillos Lanza, Camargo , Lira i Cen-
teno; con cuyas fuerzas- reunidas trataba de caer sobre el
ején,ito del Reí al mis-no tiempo que el caudillo Zárate con
otros ~0 hombres de chusma de f()('a especie amenazara á
Sicasica i pro(!urara pOllfr en desorden toda su retaguardia,
i principalmente la provincia de la Paz. El virei ordenaba al
mismo tiempo que para atacar al enemigo se reuniesen todas
las fuerzas, inclusive la división de Paria; i ofreeiael pronto




T56 PElUJ : I 8 15.
envío de 1~ hombres que esperaba en el Callao, i orees ~3
que desde Panamá llevarian la orden de desembarcaren Arica.


Grande fue el embarazo del general Pozuela para decidir
con acierto en Inedia de tantas contradicciones: si daba cum-
plimiento á las urden~s del vir~i, tenia queabandon~(d in-
teresante punto de Oruro , ó dejar que el enemigo se reforzase
en términos de ser irresistible su impulso. Para cubrir su
responsabilidad en tan delicada posicion convocd.una junta
de guerfa'; en la que se resolvió por unanimidad que se sus-
pendiese la4kccion hasta la llegada de los 3~ hombres ofreci-
dos, que no se moviese la división de Paria, i que se reple-
gase el ejército á Sorasora seis leguas á vanguardia de Ornro,
donde podríán proporcionarse con mas facilidad abundantes
víveres i forrages. Si bien el general Pezuela hubo de confor-
marse con esta resolución tan contraria á sus deseos,dirigi-
dos á desconcertar al enemigo con la celeridad de sus mo-
vimientos, determinó sin embargo avanzar algunos cuer-
pos para eng:liíarlo CO'l la apariencia de un próximo ataque,
en tanto que los deuias iban caminando para sus nuevas
posiciones. _


Este infatigable general empleó el tiempo de su forzada
inaccion en ejercicios doctrinales i en maniobras en grande
dirigidas por el mismo para. amaestrar á sus soldados en el
arte de la gnerra; pero SIlS graves cuidad~, la continuada
agitacion, las pesadas tareas, i la intemperie i furiosas neva-
das que cayeron por tres días consecutivos Ilesaron á debili-
tar sus fuerzas i á postrarlo en una can". Para salvar tan
preciosa vida, que de dia en dia amenaaaba mayores riesgos,
fue trasladado al punto de Sepulturas , distante seis leguas
de Sorasora i dos de Oruro, quedan.lo delegJdo interinamente
el mando á su segundo Ramirez, La fuerza del mal estaba
lejos de ceder á todos los ausilios del arte, i ya se trataba de
conducirle á la costa, cuyo suave temperamento era el único
que podía dar algun alivio á sus dolenclas , cuando el 28 del
mismo mes de setiembre recibió urgentes escitaciones del ci-
tado Ramirez para que á toda costa pasara .á ponerse á la




l'E.Jtli: 18 I :í. lO;
cabeza del ejército, porque sin su presencia temía no ser po-
sible resistir al atrevido Rondeau, que se iba aproximando
:í dar una acción decisiva segun le habían asegurado las espías
i las partidas avanzadas, i aun los mismos desertores.


Jamas se ha visto un gefe en tan grave conflicto. Du-
rante el restado de su enfermedad había debido ocultar los
peligrosos síntomas que esta presentaba por no desalentar al
soldado, que creia identificada la fortuna con su persona. Se
necesitaba pues hacer un esfuerzo estraordinario para que
no se perdiesen en un momento todas las ventajas obtenidas
:í c~sta de tantos sacrificios: prefiriendo el bizarro Pezuel.,
el bien público :.í Ia conscrvacion de su vida, i haciéndose
superior á todas sus dolencias i angustias, se puso en marcha
para el cuartel general contra el dictamen de los facultativos
que daban por segura i mui próxima su muerte. Empero
esta heróica decision fue premiada d¡l modo mas inesperado:
el ejercicio, el aran i la misma inquietud dieron prontamente
á sus males el alivio de qpe IlQ había podido disfrutar en el
descanso i bajo el riguroso régimen cu ratívo , Apenas llegó á
ponerse al frente del ejército, dió las disposiciones necesarias
para recibir en Sorasora al enemigo, de cuya aproximacion
ya no dudaba: el batallón de partidarios p2SÓ á reunirse con
el de cazadores que se hallaba avanzado por el frente en
Venta i 'media, distante cuatro leguas de dicho punto ele So,
rasora , á donde tambien dd.la concurrir el segundo escua-
dran de cazadores.


Up movimiento tan acertado cortó los vuelos al enemigo:
ignorando este que ¡que! punto había si~o reforsa.lo , tr;,¡tJ
de sorprenderlo COIl 1000 hombres escogidos de infantería i
caballería; pero noticioso de aquel proyecto el gcnerJ! Pe-
zuela por avis3s del comandante delta vanguardia don Pedro
Antonio OIaiíeta despachó aceleradamente al escuadrón de
San Carlos , á las órdenes del coronel don Melchor Sainz,
para que se situase entre el cuartel general i dicha vanguar-
dia á la boca de una quebrada en . el camino de Chayanta.
El mayor general Rodriguczsalió con efecto de este último


TrnlO n. 18




138 PERU: 1815.
punto el 17 de octubre con la idea de atacar á Olañeta por
la espalda; pero estraviado inocentemente por su. guias se
encontro al amanecer del dia 20 en las inmediaciones de
Venta i media con una avanzada realista de 40 hambres.


No pudo esta partida resistir al brusco ataque de los con-
trarios; fue completamente arrollada, quedando tendidos en
el campo los oficiales Aragon, Carraeholi i mucha parte de
los soldados, sin que hnbie ran logrado salvarse sino el sub-
teniente Valdés con algunos de ellos, por los que stlpo Ola-
ñetaaquel contraste.


Las disposiciones tomadas en el act.o para defenderse :ítodo
trance fueron tan activas i prontas como la marcha de los or-
gullosos insurjentes. Aquella columna contaba apenas con
600 hombres; mas era tal su firmeza i arrojo que juró dis-
putar á palmos el terreno. Travóse una aecisn sangrienta,
que se prolong6 por el apacio de cuatro horas, i 6US resul-
tados fueron la complet a derrota de Rodríguez , la muerte
de dos comandantes, seis oflciales i. 150 soldados, la aprehen-
sion de dos de los segundos, i ISO de los últimos con 320
fusiles, 6 cajas de guerra i otros varios pertrechos, sin mas
pérdida por parte de los reali stas que la de 44 muertos j 34
heridos. Los enemigos fueron perseguidos por dos diferentes
caminos; pero á beneficio de sus buenos caballos ppdo lle-
gar Rodriguez á Chayanta con 50 hombres á que quedo re-
ducida su brillante columna. -


Esta acción importante, que fue premiada con honorffi-
cas distinciones á los gefes y onciales que mas se habían se-
tíalado en ella, tuxo entonces un influjo decisivo: 'descon-
certarlo el enemigo al ver frustrado un proyecto tan bien
combinado que daba las mas sólidas garantías de tener una
terminacion feliz, temi!que sus ulteriores planes ofensivos
cubriesen sus armas de nueva mengua j desdoro; i en su con-
secuencia trat6 de ponerse en la defensiva hasta recibir nue-
vos refuerzos que diesen mas seguridad á sus operaciones.
Mas el gefe realista, que penetró los" designios de Rondeau,
trató de aprovecharse de tan preciosos momentos) i de sacar




r~bÓ: 1815. 139
partido del desaliento que aquella primera victoria había in-
troducido en las filas rebeldes.


D&sconfiaba ya el general Pezuela de recibir los 3000
hombres que el virei AbascaI le había prometido, i se deter-
minó por 10 tanto á dar ejecución á sus primeros planes que
Iiabían sido alterados por la junta de guerra de que se ha
hecho menciono Vió pues que era llegado el momento de obrar
por sí solo sin aguardar instrucciones de dicho virei ni suje-
tarse á las que le tenia comunicadas, puesto que las opera-
ciones militares variaban por momentos, i no era fácil que á
-500 leguas pudieran preveerse, i menos remedíarse los infi-
nitos lances que ocurrían en aquel vasto teatro.Abnque la
sítuacíon de Pczueh era menos lisonjera que en el agosto an-
terior, nada sin cmbargo le" arredraba cuando las circunstan-
cias reclamaban el de';Jlieguc de sus recursos guerreros. La
aridez del pais que ocupaba , i lo rígido de su temperatura.
habían acabado con la mayor parte de sus caballos, i carecía
asírnismo de mulas pura los tr::'PJrICS: las nieves i yelos te-
nian arrecido al soldado por falta de abrígo , i de tiendas de
campaña ; no habia dinero pan pelgar los sueldos, ni zapatos
ptlra que las tropas pudieran superar los obstaculos del ter-
reno i de 1:1 estacion,


En medio de tantos elementos contrarios quiso el general
realista hacer la última prueba del sufrimiento i constancia
de que era susceptible su ejército; i por mui grandes que
fueran Sl:lS esperanzas las superó este haciéndose acreedor por
su inimitable conducta á los mas distinguidos elogios, i á Ia
indeleble gratitud del gobierno. Habiendo reunido Pezucla
todas sus fuerzas esparcidas por aquellos partidos, i especial-
mente la dívísion de Paria, rompió la marcha en l. e de no-
viembre dejando en Oruro 432 hombres al mando del coro-
nel don Iosé de MendizabaI I para que apoyado con otros 16()


-destacados en dos columnas defendiesen aquella plazaírnpor-
•tanteo


La apertura, de esta campafía " en la peor estación del
afio 1 i por terrenos los mas escabrosos. era de.funesto agüe-




l'~() FERU: 18 J :J.
ro para los que quieren dirigirlo todo por la prudencia, i que
no reservan nada para la suerte i osadía; pero la sola presen·
cía del general en gefe era el mejor garante de la victoria.
Se pronunciaron sin embargo con tanta dureza los elementos
contra esta penosa marcha; se aumentó de tal macla el gra-
nizo, la ventisca i la nieve, que se puso intransitable la cor- .
dillera de Bombo, haciéndose necesaria la retirada, porque
aun 'en la misma falda se hallaba enterrada la yerba que era
el rinico alimento para los caballos y bestias de carga. En el
dia 4 entró el ejército en Venta i media después de haber
sufrido los mayores trabajos por razón de la misma intempe-
rie i por" eJtengrosamiento de los arroyos i torrentes, que Ile-
gl á tal grado de obligar al rrgimiento nrimero 1. ,que for-
maba la retaguardia, á quedarse á la parte opuesta del últi-
mo de estos. que se habia hecho invadeable. Aquel acertado
paso retrogrado salvó el ej ército real de los quebrantos con-
siguientes á la obstinacion del mal tiempo que duró por
algunos dias .


Habiendo sabido el general Pezuela por varios prisioneros
fugados i por otros desertores i pasados el movimiento ciue
Rondeau habia hecho el día 6 por el camino de Cochahamba,
dejando al caudillo Camargo en Chayanta para ocultar su
maníobra , combinó otros planes á fin de desconcertar los de sus
contrarios. Mitigado ya el temporal, i yendo en descenso las
corrientes, luego que hubieron llegado de Ormo algunos au-
silios i víveres, i que se hubo reunido en Venta i media el
prierer regimiento i el parque, hizo salir la vanguardia por
el camino de Chayanta hasta TangaIara para que creyéndose
los insurgentes perseguidos por todo el ejército del Reí, se
introdujese en ellos la confusion i el desorden, i como su
consecuencia inmediata el abandono de pertrechos i enfer-
mos, como se verificó en gran parte. Saliendo al mismo
tiempo Pezuela á dar la vuelta 'Ir Sorasora , Sepulturas,"
Paria, Huailas i Challa, se reunió con dicha vanguardia en-
gañando al enemigo con tal movimiento; i -Ilegando á Taca-
paú, distante once leguas de la fuerte posícíon de Sipesipe,




rHL: Ilil~l. L,+I
que habtá tomado para esperarle, se dirigió por un sendero
de su izquierda á Calliri , habiendo dado á la tropa fatigada
un día de descanso para preparar sus armas enmohecidas coa
el agua, i para recoger algun ganado que le sirviera de ali-
mento.


Era el dia 25 de noviembre cuando el ejército realista
Jlegg á las alturas de Chacaltaya, distante dos leguas de la
pampa de Sipesipe , que era donde 'habla formado sus fuer-
zas el caudillo insurgente. Salió Pezucla al dia siguiente á
reconocer el camino mas practicable para su descenso al va-
lle, i no hallo mas que senderos rnui pendientes por Ios que
apenas cabia un hombre de frente Deseoso de evitar los ries-
gos que se ofrecían ¡í 811 marcha si la emprendía por el cami-
no habilitado de Sipesipe , en donde habían formado los re-
belbes su principal defensa, i no menos. solíéito por salvar
el segundo camino conocido que entraba por la derecha de
dicha ~ierra, en cuyos rodeos i g:lrgaMas se hallaban embos-
cados muchos grupos de insurgentes con la idea de ostruir
aquel paso ~ se dirigió ¡l la cuesta de Viluma , situada á una
legua de distancia por la izquierda, por la ql1'~, si.bien era
considerada hasta entonces como intransitable , parecía sin
embargo que poJi:! rodar la artillería sin gran quebranto.


Conociendo la ventaja de abrir aquel camint-, en el que
solo esperaba hallar los tropiezos del terreno" i de ningnn
modo los del ejército contrario ,"cuya atención estaba total-
mente empeñada en defender los puntos accesihles , se de-
terminó á tomar esta direcciono En su virtud fue destacado
don Pedro Antonio Otuíeta con dos batallones i un escua-
dran á la loma de la derecha, á fin de que empeñándose con
los cuerpos emboscados en sus sinuosidades los conservase en
su creencia de que tales esfuerzos tenían por objeto hacer
espedíta la bajada por aquella parte. En tanto que Olañeta
entretenia á los rebeldes en continuos ataques , hacía el ge-
neral en gefe los reconocimientos necesarios para habilitar su
nuevo camino :{ fuerza de zapa: todos los equipajes, parquil
¡ provisiones, fueron colocados en el escabroso pinaculo dl~-




1'1:1 PEnú: 1815.
fendido por un reg~h" destacamento de emigradog' i sirvien-
tes armados \ í as! pudo el ejército llevar adelante sus opera-
cienes con mas libertad.


Continuaron en el (lb 2? los parcrúes combates de Olailet:t
sobre las mismas posiciones mientras <fue el teniente coronel
don Francisco Ostria ocupaba las alturas de Viluma con 20,;)
hombres \ i que el general en gefe se situaba con su estado
m3yor' en las inmediaciones para mantener la' ilusión del
enemigo en tanto que desfilaban ocultamente las fuerzas
principales por la citada 10m:! de la izquierda. C;nfinnóse el
error de dichos rebeldes al descubrir en. el ataque dirigido
contra Ostria la cabeza de las divi3Í0lles realistas que empe-
zaban á asomar por su ilaneo derecho. EmpIcado todo aquel
dh en maniobras i movimientos basta el signi:cnte ~ fue pre-
ciso suspender la cjCCUCioll de la grandiosa empr:;sl de des-
cender al valle por· el camino proyectado. Dos horas antes de
amanecer el ella 28 principiaron Ius tropas del Reí sltS ope-
raciones , i superada tC';~]a clase ele obst.ículos i tropiezos que-
dó ejecutada fdizmente la primera parte de su plan tornan-
do posicion en la falda de dicha sierra á la vista del campo
enemigo que les habi.i disputado con el m;])'or crnpcrio 11
bajada ~ dirijiéndose contra ellas aFer.a:; 1:1S l¡:lbi:I visto c1c~­
colgarse porequellos derrumbaderos.


Bien habría podido dicho general empeñar la batalla en.
el mismo día; i ésta fue la opinion de una junta de gefes que
convocó al intento; pero descoso de dar algun descanso á su.
estenuadas tropas ~ que escasas de aJimento ~ habían dd,i<1o
sufrir indecibles trabajos en hacer l'f'llctwbles aquellas esca-
brosidades i malezas; i no menos esperanzndo de que fuese
considerable en aquella noche la deserción de los relwlclC6,
cuyo desaliento debía ~ber creciIo en, proporcion de la ím-
pavides i coufianaa con fluC el ej((rcito de Pezuelase prepa- >
raba para el combate ~ determinó esperar al siguiente para
encadenar con mas seguridad á su carro la victoria. Empleó
sin embargo lo restante de aquel dia en varios reconocirníen-
ros dirigidos en persona con la mayor esposicíon , i por alga-




T'En1;: I S 1 ;-i • 143
nos cuerpos ele infantería i caballería al mando de los coro-
neles Benavente i Olarr.u.


Antes de amanecer el día 29 estaban ya formadas las tro-
pas en columna describiendo una línea oblícua por la iz-
quierda para desplegar en batalla frente á la principal pcsi-
cion que ocupaba el enemigo. Fue éste el primero que rorn-
pío un vivo fuego capaz de desalentar á cualquiera otra clase
de soldados que no hubieran respirado tanto ardimiento i
decísion : la mala calidad del camino que entorpecía el paso
de la artillería, i las muchas zanjas i acéquias que habia que
saltar , eran nuevos obstáculos que se ofrecian aP general Pe-
zuela; pero sus acertadas disposionts fueron ejecutadas con
tanta puntualidad i emperío , que en breves momentos fue-
ron forzados á pecho descubierto aquellos atrincheramientos
en los que se abrigaba la maldad i l.perfidia. Desconcerta-
dos los rebeldes con tan brusco é irresistible ataque , aban-
donaron sus ventajosas posiciones, i perdiendo un obús i un
caÍlon que habían adelanta-lo para. impedir el paso del zan-
jan principal, pudo ya el ejército del Rci desplegarse mas li-
bremente. Se sostenia todavía el enemigo en el primer morro
Ó altura ,1l:csue donde causaba los mayores quebrantos; mas
el binrro'l.i.It:dloll ele voluntarios de Castro despreciando hu
balas de callan i fusil que vomitaban la muerte por todas
partes, se apoderó de él :t viva fuerza.


Ya no quedabaen poder de los facciosos sino el _gundo
morro, en el qlW form ¡,b. su tercera línea, trataron de dis-
put:lr la victoria; pero hubieron también de ceder al denoda-
do esfuerzo de las tro.ias de Peeuela , cuyo valor se aumen-
taba en proporción de la resistencia, Desalojados los rebeldes
de este último punto, era de esperar qne solo pensasen en
salvar sus reliquias con una pronta fuga; mas era tal su obs-
tinaeion í ceguedad, que volvieron á formarse de nuevo en
los campos de Sipesipe, Aqui es donde los esperaban los ani-
masas realistas para hacer UIl despliegue general de sus fuer-
zas i para completar el triunfo de aquella jornada: nada hu-
bo que pudiese resistir ¡l sus Impetuosos ataques; muí pronto.




) t¡{~ I';:nú: 1815.
acabó de perder el enemigo el último aliento que le daba su
desesperada situación : arrollado por todas partes se entregó á
la mas desordenada fuga; la caballería acabo de fijar su des-
trucrion, i el escuadron de la guardia de honor á las órde-
nes del teniente coronel don Francisco Javier Olarria se cu-
brió de gloria: despues de haber salvado dos escuadrones de
cazadores mandados por l\1arquiegu'i ~ que se hallaron en vuel-
tos impensadamente por la caballería enemiga, se dirigió en
su pcrsecucion por el espacio de tres leguas acuchillando á los
\")t'ófu\]:,Qs. i dC\3.nuo rendidos en a<,\uel td:ul'.i.tCl wo, u.úxue\:Cl
considerabl~de negros ~e hablan jura~.o el día antes no dar
cuartel al cuerpo que mandaba aquel Ulgno gefe.


Los timbres de esta insigne victoria alcanzaron á todos
. .


los grfes, oficiales i soldados; hasta el "icario.castrense clan
Mariano de la Torre .Vega, obispo electo en la actualidad,
adquirió un mé¡ito estraordinnrio combinando -Ios ausilios de
la ieligion con los esfuerzos de su brazo: sin descuidar el
principal objeta de su ministerio prestó importantes servicios
al general realísta , á cuyo lado se hallaba siempre que no lo
cxigia la necesidad de consolar á los moribundos soldados.
V iendo tu uno de los movimientos de las columnas realistas
la dificultad i falta de tiempo pura desbarrancar'w ca.íon,
que iba por lo tanto :.í ser abandonado, lo enlazo ú la cincha
de su fogoso caballo í lo sacó del atolladero.


"'roios pues tm ieron ocasion de distinguirse: 1<1 nota de va-
liente es debida á todos los campeones de tan brillante jornada.
Mil doscientos facciosos muertos, 600 heriIos , Beo prisione-
ros, toda la artillería enemiga, municiones, víveres, equipa-
ges i cuanto existia en su campe¡ fueron los laureles con que
ciñeron sus sienes las tropas realistas; laureles tanto mas
ilustres cuanto que fueron alcanzados con la sola pérdida
de 37 muertos i 198 heridos. A fin de perpetuar la memoria de
tan brillantes hechos se creó un escudo de honor para todos
los que habian tenido parte en ellos; i se confirieron gra-
dos i condecoraciones á los gefes i oficiales que mas habían
sobresalido.




PEnt : 1815. 145
La vocinglera fama preconizó rápidamente por todas par-


tes la sólida gloria obtenida por las tropas del Rei en los
campos de ViJuma i Sipesipe. Este terrible golpe cortó la cabeza
á la revolución é introdujo tal terror i desaliento en los rebel-
des buenos-aireños que ya no pudieron presentar nuevas es-
pediciones contra el Alto Perú: todas estas provincias se con-
vencieron de la imposibilidad de fijar á su favor la fortuna
que se habia declarado inseparable campanera de los que pe-
leaban por la religion, por el Rei i por la justicia. Ya desde
entonces fueron mui débiles las tentativas de los desconten-
tos, i pudo el gobierno entregarse libremente á restablecer
el orden en todos los ramos de la administracion, que ha-
hian sido enteramente desquiciados. El altanero Rondeau,
que se había propuesto no tomar el mando del gobierno
wpremo de Buenos-Aires, para el que habia sido electo,
sin acabar antes con el ejército de Pezuela , hubo de fu-
garse precipitadamente sin saber en donde ocultar Su ver-,
güenza i deshonor.


El dia 30 que fue el siguiente de la hatalla salió el co-
mandante ele la vanguardia don Pedro Antonio de Olañeta
eon dos batallones, un escuadron , idos piezas de artíllerfa
por el camino de Potosí, cogiendo en su tránsito algunos fu-
gitivos, recibiendo la sumisíon de otros, i sorprendiendo en
el pueblo de Pitantora á tres caucli1los compañeros de Padi-
lla, Fernando i Anclres Salazar , i José Bnrgos. Habiendo en-
trado en dicha villa en la mañana del 16 de diciembre, hailó
á sus habitantes divididos entre el temor i la esperanza;
Jos unos por el remordimiento de sus pasados estravíos ,
i guiarlos los otros por sus asdientes deseos de que fina-
lizasen de una vez unos males tan terribles, que desde tan-
tos anos se habían ido acumulando contra aquellas desgra-
ciadas regiones.


En eldia ¡? del citado mes de diciembre salió el según- .
do en el mando teniente general don Juan Ramirez para Co-
chabamba con un regimiento, un escuadran i una brigada
de artillerfa , cuya ciudad halló en el mas profundo silencio,


1'01'40 H. 19




1:[6 l'En(: 1815. .
que denotaba el terror de que estaban poseídos los ánimos de
aquellos habitantes por creer que los realistas se entregarian
al saqueo i á la perpetradon de otras tropelías; pero su ge-
neroso i noble comportamiento fue el mayor castigo que pu-
diera imponerse á aquella ingrata ciudad, que careciendo de
la elevacion de sentimientos. que caracteriza :t las almas
grandes, no creia que en el gefe español cupiese tanto he-
roismo ea la victoria. El dia 4 salió tambien de Sipesipe el
general en gefe para Cochabamba con la idea de recorrer to-
das las provincias, i afianzar en ellas los beneficios de la res-
tauracion. Fue infatigable el celo que desplegó en esta oca-
sion ; atendía con paternal solicitud á todos los ramos que
podian dar vigor i pujanza al gGbiern~ del Rei i prosperidad
á los pueblos. Su fina prevision , sus acertadas providencias,
la oportuna correccíon de abusos i sus .bíen concertados mo-
vimientos para completar el esterminio de los disidentes hi-
cieron brillar sus talentos políticos acreditando que estos no
eran inferiores á los militares.


Varios ministros del santuario, que alucinados por las
falsas doctrinas habían comunicado á sus felig-reses tan pestí-
fero influjo, fueron castigados sino con el rigor que merecían
tamaños ultrajes, á lo menos de un modo que dejase perma-
nente recuerdo de su prevarícacíon, Fue asimismo refrenada
la desenvoltura de una parte del bello sexo que habla perdi-
do todos sus encantos con suscribir á las ideas de desrnorali-
zaeion i desorden. Las mayores penas impuestas sobre los que
conmayor vigor se habían pronunciado contra la causa del
Rei se redujeron á multas pecuniarias i á Ia exaccion de con-
tribuciones, tan necesarias para subvenir á Ias necesidades de
un ejército, que habiéndolas sufrido de todas clases durante
la campaña , era mui justo que las viese terminadas despues
de la victoria.


'En medio de las graves atenciones que rodeaban al gene-
ral Pezuela fue la primera su religiosa gratitud al patrocinio
celestial que espreso del modo mas luminoso en una solem-
ne función que se celebró el día 5 en el comento de car-




l'EnJi: 1St;). JI,7
melitas de la referida ciudad de Cochabamba, bajo los aus...
picios de cuya inmaculada Virgen habían sido dadas tan
brillantes bnailas.


Entrar en prólijos detalles sobre las varias operaciones
emprendidas por el señor Pezuela para cojer 10" ópimos fru-


• tos de su victoria, sería alargar demasiado la relacion de su-
cesas, que si bien son en sí de alguna importancia, no pue-
den compararse con los ya descritos, ni su minuciosa enume-
raeion añadiría mayor lustre á su carrera: nos limitaremos por
lo tanto á manifestar el estado de los negocios á fines de 18'5.
Habían quedado en Cochabamba 51o hombres, cuya guarni-
cion ausilíada por siete subc1elegados de los partidos, á cada
uno ele los cuales se habían entregado 50 fusiles para crear
compañías de vigilancia, podía conservar de un modo sólido
i permanente el orden i la tranquilidad, La Paz se hallaba
guarnecida asimismo con otros .500 fusileros que eran mui. ..
suficientes para desembarazarse del clérigo Muñecas , único
caudillo que babia quedado vagamlo por aquellas monta-
nas, i para evitar un nuevo alzamiento. El teniente coronel
Maruri con 200 hombres de guarnicion en Oruro i 70 en el
partido de Carangas tenia bien defendido aquel distrito. El
coronel Velasco , gobernador del partido de Chayanta ~ tenia
fuerzas sobradas para reprimir el espíritu bullicioso de sus
habitantes. El conde de Casa Real de moneda tenia asegura-
da la defensa de Chuquisaca con un batallan llamado del
Centro; i 300 hombres estacionados en la villa de Potosí da-
han sólidas garantías de su tranquilo dominio,


Se estaban org;mizanr1o al mismo tiempo en todas las pro~
vincias i partidos compaiífas sueltas de los indiv iduos que hu-
biesen dado pruebas mas relevantes de su adhesión al Sobera-
no español. Los departamentos de Santa Cruz en donde se
habían refugiado algunos restos de las espirantes guerrillas,
habían sido puestos bajo la inspección inmediata del coman-
dante del batallan de Fernando VII don Francisco Javier de
AglJilera, cuyo acreditado valor i conocimientos pr.ícticos de
un pais que lo era de su nacimiento, daban alguna se~




148 PERÚ: 1815.
guriu:d de nuevos triunfos, si los caudillos Barnés , Arenales
ú otros trataban de resucitar sus estcrminadores proyectos.
Con las ventajas que podia proporcionarles un terreno tan
vasto i escabroso se habían reunido éstos sin embargo en mí-
mero demasiado considerable para que dicho Aguilcra pudiese
proceder contra ellos sin reforzar su columna con reclutas del
país ó con ausilios de las guarniciones inmediatas. Esta fue la
Causa de que hasta el año siguiente no pudiese adquirir unos
laureles, cuya demora era el mas terrible contraste para su
acendrada lealtad i decidido patriotismo.


La glJrÍa adquirida por el general Peznela en esta hri-
liante campaña está traeada con caracteres ia.ielehles Los
mismos insurgentes se vieron precisados á conf..'s1fb en sus
papeles públicos i en sus manifiestos sucesivos: el humillado
Rondeau , .celoso ya de. la fama que iba adquiriendo el cau-
dillo San Martin, trató de rebajarla sosteniendo que no po-
dria preten.ler un verdadero derecho á ella siri que antes mi-
diera su brazo cun el mismo que acababa de eclipsar sus an-
teriores hazañas. Enterado el Soberano español de la impor-
tancia de la referida batalla de Vil urna , i descoso de que la
península í la Europa entera admirasen el heroísmo desplega-
do por sus valientes tropas, dió la mayor plJ blici,lad :í tan
ilustres hechos, i mandó con fecha de 2 de abril del año
siguiente que se cantase por ellos un solemne Te-Deum en
todas las iglesÍ:ls do la ftlonunJl1ía; honor que por lo dificíl
de su concesión fue el tltalo mas esclarecido de nobleza del
digno gefe que con tanto acierto había diri¿;iJo sus ope-
raciones (r) ..


No deberá pues admirarnos el ver premiada muí pronto
la bizarría é inteligencia de aquel general con el vireínato del
Peré , cuya salvación se había debido eselusivarnente á sus
esfuerzos.


(1) Con el nombre de hta b"l"tlla l.a si.!o crr-a clo por S. ]\f. en el
"'10 Fresc,'(/~ un (dujo de C",lil1a ;\ favor d el cspresadu gelwral don
J o¡¡(¡uin Ú.., la Pezuela i ¡loe sus sucesores,




'149
\'\i~'I\f\!\:\i\i\''\ \f\\,V\:\i\f\lAA;W'ini\J\/\I\,'\:\1\:\1\;\1\'\1\1\1\,\1\H:\,'\ \;\1n.\\,\,,, \; ~ \'\1


CAPITULO X.


---====9<~~~---


'Estado pacífico del reino de Chile. Acertada conducta del
brigadier Osario, Embarque de una diuisicn de tropas pa-
ra el puerto de Arica. Desgracias de los Carreras i de to-
dos los disidentes emigrados. Contraste entre los soldaclos
espedicionarios i los del pais. Nombramiento del brigadier
don Francisco Marcó del Pont para la presidencia de Chi-
le. Temores de los realistas, i su resignacion, Observaciones
sobre los males que acarrea el desconocimiento de la l,egiti-
ma autoridad•.


L'os acontecimientos de Chile son poco interesantes en
este año. Arrojadas ya las reliquias de! ejército rebelde mas
'allá de la CordiHcra, í restablecida plenamente la autoridad
Real en todo aquel reino, no tuvo en que ocuparse el digno
gefe realista don Mariano Osorio,á quien se debieron aque-
llos ilustres triunfos, sino en consolidar su dominio, i en dar
fomento á los desquiciados ramos de pública'prosperidad. Pa-
rece que aun los disidentes mas pronunciados'besaron· con la
mas fina voluntad el augusto cetro español , bajo cuyos aus-
picios esperaban SG cicatrizarían las Hagas abiertas por la pa-
sada revolucion , de la que habían tenido motivo para estar
escarmentados en vista de los desórdenes, tropelías, discordias
i anarquía r¡ll.e habían sido sus resultados.


Scguia pues esorio apoyado en el prestigio de la opíníon,
i fortalecido con un brillante ejército que habia sabido formar
para dirigir una parte de él contra Mendoza segun le había
sido prevenido en la¡ instrucciones del virei de Lima; pero




150 CHIlE: 1815.
las crftícas circustancías en que se vió~nvue1to dicho virei
en aquella época por los apuros del general Pozucla , por la
insurreccion del Cuzco i por el enjambre de partidas Ql'gu-
llosas que llegaron á amenazar á la misma capital, hicieron
variar los bien concertados planes anteriores. Aq uellas mis-
mas tropas, que de tanta utilidad habrían podido ser fran-
queando la referida Cordillera, llamando la atención de
Rondeau por su espalda, oponiéndose á los refuerzos que le
fueran remitidos desde Buenos-Aires, i destruyendo la no
bien organizada division del caudillo San Martin que ha-
bia establecido su cuartel general en Mendoza, fueron embar-
cadas para el puerto de Arica ti fin de iucorpotsrse con las
del Alto Perú.


.Con no haberse Ilevado a efecto la proyectada espediclon
se perdió mui pronto el fruto de tantos sacri~ios. San lUartin
continuó en su despótico mando tratando con el mayor des-
precíaí rigor á los prófugos soldados de los Carreras sin per-
donar á estos mismos gefes,quienes hallaron un terrible enemigo
en vez de un generoso protector. La noticia de la fatal aco-
gida de aquellos miserables emigrados, que se comunicó con
rapidez por todos los pueblos que empezaban á prosperar ba-
jo el paternal dominio del gobierno esparíol , habría debido
destruir para siempre el gérmen de la ínsurreccíon , si
circunstancias estraordinarias no hubieran concurrido á hacer-
lo brotar de nuevo. Emperrados los buenos-aireños en soste-
ner el partido de O' Higgins, no hu bo género de tropelía í
persecucion á que no se entregasen contra los Carreras hasta
obligarlos á salvarse con la fuga del pais , al que se habían
acogido como al mas seguro asilo: sus soldados fueron incorpo-
rados en las tropas de aquel estado, unos por la violencia i los
mas por la necesidad de ganar un precario sustento. Qui-
nientos de estos, que formaban la parte mas importante de la
division díríjída ácia Santa Fé , fueron los principales instru-
mentos del coronel Alvarez para sublevarse contra el director
Alvear.


Seguia en el entretanto don Mariano Osorio con el carac-




CUltE: 1815. 151
ter de presidente interino del reino de Chile que el virei Abas.
cal le había conferido con fecha de 24 de noviembre del aiío
anterior, i cuyo formal reconocimiento no sellJlabiaverificado
hasta el 15 de marzo por no haber sido restablecida antes el
suspenso tribunal la real Audiencia. Recorria aquel digno
gefe una carrera brillante de buena administracion , si bien
principiaba ya aser censurada por algunos su conducta al
ver que no se castigaban con el rigor que se debía los escesos
de los soldados de 'I'alavera , que se hicieron bien pronto
aborrecibles en el pais , al paso que los nuevos batallones de
Chiloe, Valdivia, Concepcion, Chillan i los diferentes cuerpos
de caballería reclutados en aquellos pueblos eran un modelo de
disciplina militar, de mansedumbre, i de virtud. Solo se no-
taba en estos últimos el defecto, demasiado COmún en todos
los puntos de América, de ser mui propensos á la desercion,
la que no se podia , ni era político corregir con la misma se-
~~~~&~" •


A pesar de estos inconvenientes no parecía imposible que
el comandante general Osario hubiera podido organizar la
proyectada espedicion contra JUendoza si hubiese recibido
nuevas escitaciones para ello, aun despues de haberse embar-
cado los cuerpos destinados para Arica, entre Íos que se vió
salir con satisfacción. general dicho batallan de Talavera, que
por su mala nota fue sucesivamente reformado por el gene~
tal Pezuela; pero se perdió la mejor coyuntura para dessr-
mar los enojos de la esquiva fortuna. Estaban sin embargo
los chilenos mui distantes de creer de fácil ejecucíon nn tras-
torno absoluto de la autoridad Real, que parecia fundada so-
bre tan sólidas bases; mas crecieron sus esperanzas con la
noticia de haber sido nombrado presidente propietario de
aquellas provincias el brigadier don Francisco Marcó del Ponr,
<\.uien \.l0r mas talentos militares i políticos de que pudiera
estar adornado, carecia sin embargo de la ventaja mas necesa-
ria para gobernar con acierto, cual era el conocimiento del
país i de sus habitantes; i no será estraño por lo· :tanto que
veamos resentirse sus operaciones de aquel defecto 'al que in-




152 errrtn: I ~h 5'-
dudablemente deben atribuirse todos sus reveses i desgracias
sucesivas.


Aunque 10:buenos realistas conocedores de los intrigan-
tes manejos de los independientes vieron con el mayor sentimien-
to la llegada de dicho señor Marcó del Pont á la capital da
Chile"'á fines de diciembre por las razones indicadas, no de";
jaronpor eso de respetar sumisamente las sóberanas disposi-
ciones de la corte de Madrid, i todos concurrieron con la mal
fina voluntad á celebrar con sus aclamaciones el acto solem-
ne de la toma de su posesiono El brigadier Osario, si bien in-
teriormente debió sentir que el premio de la pacíficacion de
aquel reino no fuera la conflrmacíon de su autoridad, se con-
formó sin embargo con toda la 'resignacion que es propia de
un obediente militar á las órdenes superiores del Soberano es-
pañol, sin dar la menor muestra de desagrado ni descontento,


Para dar nuevos .testimonios de su fidelidad i subordina-
cionlse dedicó con el mayor empeño. á comunicar al nuevo
general todos los conocimientos, informes, i noticias que mas
debian contribuir á desempeñar dignamente aquel destinó;
indicándole los escollos en que podrían hacerle tropezar los
fementidos amigos i los disidentes encubiertos, i prestándose
con tanta cordialidad como laborioso celo· á cuanto exigió i
pudo necesitar desus laces, i de ,su práctica en la adrninis-
tracion del pais, j Ojalá hubiera sido esta misma la conducta.
de otros muchos gefes en América en iguales circunstancias,
i no llorarfamos tal vez unos males que en gran parte han
emanado de aquella falta de armonía! Los varios actos de
desobediencia á la autoridad legítima, que por desgracia se
han visto mas de una vez durante aquella revolucion, la
facilidad de dar i quitar opinion á los gefes superiores, los
repetidos ensayos de desairar personas de alta representa-
cíon , la impolítica de acostumbrar el pueblo á presenciar
escenas subversivas, i el orgullo de este i del ejército al ver
solicitado su apoyo para triunfar respectivamente cada uno
de los partidos, han ~do poderosos ausiliares para allanar el
«amino á la emancipacion de la metrópoli,




153
'\JW\lW\N\\I\r,,\¡,\/\\I\i\f\;\I\I\J\I\J','\!\,\;\!\"\I\"'J\J\I\IWW\IlJ\'\N\I\~\"W\:'W\ó\,,"


CAPITULO XI.


1815.


Movimiento de las tropas de Pasto sobre Popayan: Presenta-
cion de Montufar en el valle del Cauca, Malograda cons-
piracion de los quitetios. Traslacion á la península del
ilustrísimo Obispo, del Magistral i del' rebelde Nariño,
Aeeían de las Ovejas. Derrota deVidaurrasaga. en el Palo»
Nombramiento de Sámano para tomar el mando de las tro-
pas de vanguardia. Desgracias sufridas anteriormente.por
este digno gefe.


Se cumplieron á principios de este año los deseos del ga-
neral Montes con respecto al movimiento de las tropas de
Pasto sobre Popayan: lleg6 con efecto á esta ciudad el suce-
sor de ~merich don Aparicio Vidaurrazaga con 600 hom-
bres, i tom6 pacífica posesion de ella. Los insurgentes se ha-
bian retirado al valle del Cauca para fortificarse contra todo
ataque de los realistas mientras que levantaban nuevas ao-
pas para tomar la ofensiva. El sedicioso don Carlos Ntontufar,
que habia sido aprehendido en el año anterior en la ciudad
de Quito , en la que permanecía oculto, habia sido dirigido á
la península por lavía de Panamá bajo partida de registro;
pero fugado de este punto por descuido 6 connivencia de los
encargados de custodiarle, se internó por el puerto de San
Buenaventura, i llegó á reunirse con las teopas qu~ se estaba.
organizando en dicho valle del Canea.


Como hubieran sido despreciadas las cordiales escitacio-
nes que el general Aimerich i el presidente Montes habian dirí-
jido á los rebeldes, habiendo oficiado el primero á don José


TOMO n. 21>




J 54 (\lTTO: 18l:l.
de Leiva cuando se hallaba de comandante de Popayan,
i'el segnndo al mismo congreso de Santa Fé para que desis-
tiendo de su criminal intento se ahorrase la efusión de san-
gre, i se restableciese la calma en aquellos paises, que el ge-
nio del mal había cubierto de luto , fue preciso desplegllr


• nueva actividad i enerjía para conseguir con las armas 10 que
era negado á la persuacion, al exhorto i aun á la misma con-
veniencia pública,


A pesar de haber aplicado los realistas, i por último hasta
el m iEIIJO Vidaurrazaga, los medios mas eficaces para que ce-
sara la guerra dvil, habia tomado ésta en. el presente al10 un
earacter de mayor .dureza i obstinacion , nacido del espíritu
de ·Yen~al.i2;a de que estaban poseídos losánirnos de los rebel-


odtis, ó' bien de 500, vehementes lreseos de lavar con atrev idos
ataques la afrenta de. sus derrotasaaeeriores , ó finalmente de
los inicuos manejos del bullicioso Montufar, quien desple-
gando en esta ocasión mas que nunca su odio á los españoles,
supo comunicar á sus partidarios el mismo ardor revolucio-
IIfIrio que leabr~sab¡¡..


El revoltoso Nariño, que había sido conservado por
el espacio de un año en las prisiones de Pasto , fue
conducido á, este tiempo por órden del gobierno .superior
á la ciudad de. Lima para ser trasportado desde 'aquel¡ punto
á la península; Todo el empeño de los disidentes encubiertos
de41uito pllra que aquel preso fuera remitido á la capital se
frustró á beneficio de medidas de precaucion bien calculadas.
Se había traslucido que al pasar por las cercanías de esta ciu-
dad en el. indicado viage habia de suscitarse un motin para
quebrantar sus cadenas i para colocarle á la cabeza del go-
híerno. Sª dió á entender que una parte de los revoluciona-
rios del aqo 9 que no había desistido todavía de sus inícuos
proyectos, aerraillaba profusamente el oro para conmover al
pueblo i esterminar la escasa guarnicion que tenia entonces á
sus órdenes el presidente Montes.


Este ilustre genezal ; 'tan -terríble en los combates , como
generoso i clemente con los vencidos, había tratado de con-




or rro : 181.1. 155
°quistar con la dulzura los corazones de aquellos mismos re-
volucionarios, cuyos cuerpos habia rendido por la fuerza; la
grandeza de su alma i la nobleza de sus sentíuíierstos no le
dejaban ver que el pago de sus beneficios podía ser una ale-
vosa traiciono Los realistas mas exaltados veían' «:16ft [dóli!>r la
poca impresion que hacian sus oficiosos informes en el ánimo
de aquel valiente guerrero.; i llevades finalmente de un eseeso
de celo creyeron necesario: ~cerlm. raomenraneo 'pIU'éíitéSi&
á la subordinacioni' respeto. Entrando'en palado eHJieai'f8
Sámano, le intimó en nombre de 103· verdaderos solt8nell~1!5
del Trono español la necesidad de amistar a don' o'Mátiflel
Mateus, don J\Januel de Letree , don Guillermo V!l'ldív'ieeo,
don Joaquin i don Juan Sanohez , al magistral doctor SotO·l al
P. Herrera, á los que suponía agentes principales de la cons-
piracion ; pero como no se hubieran hallado suflcientes dlitos
para probar su atentado, fueron todos puéstos enlilJertad
menos el doctor Soto, quien siguió su destino para la: peW1nl
sula en compañía del R. Obispo i de Narírío (1).


Deseoso el teniente coronel Vidaurrazaga de cortar los
vuelos á los rebeldes-del valle del Caúca , pidió con urgencia
desde Popayan 103 necesarios refuerzos i ausilíos para empren-
del' la campana tan pronto como hubiera cesado la estación
de las aguas. El infatigable Müntes dirijió ácia aquel punto
cuantas tropas pudo di~pOMf sin que hicieran falta para con-
servar la tranquilidaden 10 restante del reino: con igual sr-.
dar se remitieron municiones Í pertrechos i sumagoeorr~üféiá..'
hles de dinero; los pueblos de Pasto i de Pafia eoncurrie'ton
asimismo con la ¡W1S fina voluntad á llevar adelante afliella:
empresa. Cuando ya Vídaurrazaga hubo reunid-o una división
de 1200 hombres emprendió la marcha, i en 3o de jtilflio
le presentó en el paso llamado de las Ovejas, que-se hilbBa
defendido por el teniente coronel }lonsaIve con ~ ~50· !ion!'-


o, J


(1) El citado 'Xariiiu se fugó al .¡1O SIguiente dr-I castlllo de San: ~b.$­
tlan , siendo esta la segunda vez que eludiendo el castigo merecido volvia
á las; playas de Améloica á aplicar uuevo combustible á la llama revolueio-
naría que asolaba aquellas regiones. •




156 QUITO: J 8 I 5,
})res: atacar la posición á la voz de Viva el Rei , arrollar-
aquella fuerza, i ponerla en precipitada fuga, fue la obra de
pocos instantes.


Engreidos los realistas con este primer triunfo dieron por
seguro 'el total estermínio de los rebeldes: las fuerzas de es-
tos, que escedian en número'á las de sus contrarios, se ha-
hian situado á la otra parte del .rio del Palo en actitud de
dísputar á palmos el terreno. En.la noche del 4 de julio cru-
zaron los realistas aquel rio por el paso de Pilamd, i al ama-
necer del 5 se presentaron por la derecha del campo de los
insurgentes: man:laba la izquierda de estos el brigadier José
María Cabal; fue puesta el ala derecha á las órdenes del
aventurero francés Serviez , apoyado por un bata1Ion de ca-
zadores. del Canea sostenido por 80 cabalIos que se hallaban
á su vanguardia. El sedicioso montufar hacia las funciones
de cuartel maestre general. Los realistas presentaron por su
frente 700 infantes; i lo restante de su fuerza estaba dividi-
do en dos columnas que cubrian sus flancos. El primer ata-
que dado á los rebeldes fue irresistible; perdieron estos su
parque de artillería, i qued6 el campo cubierto de cadáveres.


Fue superior á todo elogio el valor desplegado por las
tropas del Reí en esta refriega; pero entretenidas en el sa-
queo de las barracas que habian caido en su poder, se olvi-
daron.del grave peligro que las amenazaba un enemigo des-
pechado que habia de probar todos los trances de la guerra
antes de renunciará su atrevido emperro. Se rehace con efecto
á favor de aquel desorden'; atacan COIl el mayor furor á la
bayoneta Serviez por el centro i Montufar por la derecha;
vacilan los realistas, i llegan finahnente.á desconcertarse per-
diendo del modo mas inesperado todo el fruto de sus prime-
ras hazañas. La caballería enemiga completó aquel cuadro de.
desolacion ! ruina.


Perseguidos los realistas en todas direcciones, se perdió la
mayor parte de aquella brillante divísion , i se inutilizaron
en un instante los estraordinarios esfuerzos que había hecho
",,1 activo Montes para habilitarla. Quince oficiales muertos,


..




QnTO: 1~IS. 157
entre ello! el comandante de Patíadon Joaquin Paz'~i el ma-
yor general don Francisco Soriano ~ quien fue sacrificado des.
apiadada mente despuesde rendido, por el pérfido Montufar:
250 soldados muertos; 67 heridos, i 358 prisioneros 1 entre'
ellos 8 oficiales; 600 fusiles; 28000 cartuchos; 4 piezas de
artillerfa; J 00 ti~ndas de camparia ; todo el parque, montu-
ras 1 pertrechos i provisienes de guerra i boca fueron los tro-
feos que ilustraron el tr!nfo de los rebeldes, sin mas pérdi-
da por su parte que la de 50 muertos i 140 heridos. Orgullo-
sos con tan importante' victoria se adelantaron ácia Popayan;
en cuyt ciudad entró el referido Serviez con 250 hombres.


Sorprendido el general .Montes con tan infausta noticia,
que le fue comunicada al momento con los cargos mas terri-
bles , hechos ..11 parecer injustamente contra el comandante
Vidaurrazaga, hubo de recurrir al brigadier don Juan Sá.
mano, para que sin pérdiJa de tiempo se dirigiese á reunir
los restos dé' aquella división 1 i á reorganizar un nuevo ejér..
cito. Se hallaba Sámano retirado en Quito esperando el re;.
sultadode la: causa, que se le ilabia formado por los reveses
recibidos en -Palacé i Calibio , así como por algunos cargos
de tropelías que sus tropas habían cometido á su misma vista
sobre Popayán i eternas pueblos que habían recorrido en el
afio 13.


A pesar del resentímiento que debia tener contja-el pre.
sidente, por el desaire que había sufrido durante el tiempo
de su separacion , obraban en su alma noble varios senti-
mientos de gratitud, independientemente de los de respeto
i obediencia; tenia gravado en Sil corazon el cuidado (es-
mero con que Montes habia procurado salvarle de las manos
de Soberon i Recalde, en las que habia caído á principios del
año anterior á su paso por Iharra cuando fue llamado á Quito.
Aquellos dos revolucionarios habían jurado la muerte del es-
forzado guerrero 1 que tantos daños habia causado á los inde-
pendientes; i discurriendo los medios de consumar su aten.
tado encubriendo la parte de odiosidad i compromiso, le ar-
coj aran de noche al rio Guaitara , fingiendo hipccritamente




158 QUITO: t 8 15.
para escudar su maldad, que había sido una caida aecidental,
Sola la visible .mano.de la Providencia podía haber libertado
de tan inminente riesgo á aquel virtuoso militar. La casualí-
dad de haberlo arrojado la corriente contra un montan de
broza que formaba una isleta cerca de la orilla del rio , i la
de Jiaberle visto al amanecer del día sígufente una- muger
humana í sensible que tenia .su:habítacion en aquellas in-
mediaciones, volvió á la vida al ,elílliinaSáman'o ,quien
pueste bajo la salvaguardia de douPedr« Serrano que recor-
na con una partida de. tropa aquellas riberas en su busca,
llegó felizmente á la capital despues de haber probado to-
das las angustias de la muerte.


El mismo Montes, aunque poco.satisfecho de la conducta
que habia observado' ultirnarnente díohogefe., reeonecia en
él un valor á todaprueba', un fondo acendrado de realismo,
una grande influencia popular i bastante práctica en la car-
rera de las armas, aunque sus talentos no fueron 10;< mas
aventajados, No tenía por otra parte un gefe superior á
quien confiar el citado mando - de vanguardia, i: había cono-
cido por fatal.esperiencia que los gefes i oficiales no se some-
ten con gusto á ser mandados por otros de igual ó menor
graduacion, i que esta pugna funesta ha'bia contribuido po-
derosamente álos contrastes que acababan de sufrir las armas
del Re; en el río del Palo,.pues.que parece .; indudable que
estuvo en la posibilidad de algunos de los rivales de Vidaur-
razaga haber contenido el desórden que fue causa de su
destruccion.


- Sofocando pues ambos gefes sus mutuos disgustos, se de-
dicaron con el mayorempeño á lavar la mancha de la últi-
ma derrota, i á contener al altanero enemigo. A la vista de
Sámano se reanimó el espíritu de los acobardados realistas
que habían podido salvarse de la persecucion de los s!mt.afere:
ños. Con una increible celeridad formó nuevos soldados, 1
llegó á reunir una fuerza proximamente igual á .la que, había
sido destruida por los rebeldes. Ni estos se atreVIeron a fran-
quear el territorio de Popayan , ni tampoco Samano juzgó




QrITo: I.Sl ;1. 159
oportuno emprender nuevos combates hasta que pudiera
obrar en perfecta combinacion con las tropas del general Mo-
rillo que habian desembarcado en Costafirme, i dar un golpe
general de esterminio al genio de la revoluciono Así pasó el
presente año sin que los realistas hubieran perdido terreno
por esta parte 1 i mucho menos la epinion. El honor de un
triunfo completo estaba reservado para el siguiente.





160
\I\I\.'\I\J\I\'\/\'\'l\'\ '''\!\'\'\\I\H'\i\\'\'\i\\.'\\I\I\I\\I\\i'\"\\!\I\\I\I\J\I\I\I\i\I\J'\'\ '\J\\~W\'\


CAPITULO XII.


CARACAS 1 SANTA FÉ.: 1815. (1)
---~==~=-----


Espedicion al mando del general don Pablo Morillo. Su ar-
ribo á Costa firme. Estado d~ este pais, Conepiracion de
las tropas venezolanas. Acciones de Soro, Irapa i GÜirta.


.. Preparativos del general JI/forales para atacar la isla de
Margarita. Salida de Morillo para llevar á cabo esta
empresa. Su feliz resultado. Filantr6picas providencias
adoptadas para pacificar aquellas provincias. Mal calcu-
lada, pero forzosa reforma de los cuerpos americanos al
servicio del Rei. Incendio del naoio San Pedro Alcántara.
Apuros del general en gefe para proveerse de fondos. Sus
esfuerzos por ahorrar la efusion de sangre. Fidelidad de
Santa Marta. Bolívar á la cabeza de las tropas de Santa
FIJ. Subleuaeieti del general insurgente Castillo contra los
demagogos de Cartagena, Pugna entre ambos caudillos.
Triunfos de los samarios en la Barranquilla , i sobre la
orilla del Magdalena. Conspiracion de los realistas de
Santa Fe' Apresamiento del general Hore destinado al
gobierno de Panamá. Llegada del ejército de Morillo á
Santa Marta. Su buen comportamiento. Su aproximaciotz
á la plaza de Cartagena i su inmediato sitio. Nuevos
pero inútiles esfuerzos para rendir á los insurjentes con la
dulzura. Estremado apuro de dicha plaza. Fuga de Boli-


(1) Como ya en este año principiaron las operaciones del general
Morillo en la Capitanía general de Caracas i en el reino de Nueva Gra-
nada, hablaremos de ambos estados en un mismo capítulo, cons ide-
r.mdolos como un mismo teatro que rec ihia el comblnado i simultáneo
impulso del gefe espediciouario ,


(2) Aunque en la página 155 se dice que el R. Obispo i el doctor Soto
siguieron su destino para España con ~al'i¡lo , no llegarou :i salir de Lima,
i .í solo este último.




CARACAS 1 84NTA PÉ: 1815. .61
"ar i de algunos de los mas despechados. Su rendieion,
Beneficencia .de los realistas. Preparativos del ge~eral
Morillo para seguir la obra de la pacificacion, Movimiento
de sus columnas. Pequeiias correrias de Zar~sa i de otras
partidas de insurjentes 'por las provincias de Vene%.uela.


I~j esde 61 momento en que el Soberano español, fue res-
taurado al Trono de sus mayores, del que le habían arrojado
la perfidia i el abuso de la fuerza, tendió una cariñosa mi-
rada ácia sus dominios de Ultramar, i se dedicó con la 1111S
ardiente solicitud á sanar las llagas de aquella bárbara revo-
Iucion ..Naves de guerra, batallones bien organizados, ausi-
lios de toJas élases, autoridades virtuosas' con las mas enér-
gicas exhortaciones para hacer respetar la autoridad real por
los medios de la dulzura; todo fue puesto en obra con tan
lan~able fin. r: reinos de lVIéjico i del Perú wr~n a~riba~
mm pronto a sus.playas aquellos esforzados guerreros que
habían combatido gloriosamente con ·las mejores tropas del


. mundo. Los nuevos indultos, las elocuentes proclamas i las
garantías mas seguras de cubrir con un. denso velo todos los
delitos contra la lVIagestad del Trono,' fueron los prelimina-
res de las operaciones del Monarca legítimo. Empero siendo
indomable la' tenacidad de algunos genios díscolos i bullicio-
sos, identificados con el desorden, se vió en la necesidad de
enviar reunido un ejército respetable, el que al paso que ater-
rase á los malos, ofreciera un abrigo seguro á los débiles que
gemían 'J)ájo el yugo de los sediciosos. Se formó con efecto
dicho ej5rcito de seis regimientos de infanterfa qlle 10 fueron
los' de Leon, de la Union , de la LegiQn,' de Barbaslro , de
Victoria i cazadores de Castilla; se agregaron, á éstos la co-
lumna de cazadores ó el batallan del general, otra compañia
de cazadores i minadores, i otra de obreros: se:~mponia la
caballería del regimiento de húsares de Fernando VII i del
de dragones de la Union con un escuadran de artilleros.


Puestas estas brillantes tiaplS á las órdenes del entonces
mariscal de campo don Pablo Moríllo, zarpar,Qn el ancIa desde


TOlllo n. 2 t




16~ CAnACAS 1 SANT;\. FÉ: ISIS,
Cá~li~ 'en el mes de febrero con ostensible direccion ácia las
provincias del ríode La Plata. Parese haber-sido este' el pri-
mer plan ~l gobierno teniendo por mas facil fa 'completa


. pacificacion de la América del Sur, principiando las opera-
eionespor Bue nos-Aires, i acorralando la revolución en Ve:-
nezuela. Los disidentes del río de La Plata daban por irre-'
mediable IIIllU esterminio á pesar de sus insensatas. declamacio-
nes; la parte juiciosa de la poblacion se preparaba á recibir
con entusiasmo á los Iibertadores ; muchos de los comprome-
tidos estudiaban el modo de congraciarse con el legítimo So-
berano, i los mas despechados trataban de sustraerse con la
fuga á su bien merecido castigo luego que hubieran probado.
.los primeros trances de lá guerra. Empero había el gobierno
español variado su primitivo plan i adoptado otro totalmente
diferc¡lte; los mismos gefes de la espedicion lo ignoraron has-
ta la altura.. Canarias, en donde fue abierto. el pliego que
contenia ias instrnccion,es necesarias pa!a.~varlo á·efecto. Se
dirigió pues la cspe~ieioll á Costa firme -i se p:cscntó delante
de Cumaná á principios de abril


Suspenderemos la. relacion de Iasoperaciones del ejército
espedicionario hasta qne hayamos descrito el estado que pre-
sentaban las provincias de Venezuela cuando llegó aquel á
estas pIayas. La' fortuna había coronado los heroicos esfuer-
zos de fos gefes reaIístas en el afio anterior. A principios de
este se había visto amenazado aquel pais de ser sepultado en
sus ruinas. Habian sabido -los sediciosos formar una' .terrible
conspíracion en el mismo ejército realista 1 compuesto casi en
su totalidádedeIa gente de color, i estaba para firmarse el
decret; de muerte contra todos los blancos cuando la acÚvi:.
dad i eficacia del general Morales salvó á Venezuela de su es-
terminfb cortando de raizaquelIos proyectos devastadores, i
encerrandotat genio del mal en sus tenebrosos abismos.


Para dar ocupacion útil á aquelTos valientes, que solo'
contaban los dias de alegría por los de empeñados i sangrien:-
tos' choques , se dirigi6 dicho general contra los rebeldes que
hablan quedado reducidos á los recintos de los pueblos de




CAnAr.A~ 1 SANn TÉ: 18,-5_ J63
Sor~, Trapa, i Güiria. Fueron atacados los dos primeros .. los'
últimos días de febrero ~ . i tomados á viva fuerza eon toda la
gente que los defendia , 'con todo su armamento, cinco cano.
nes , pertrechos i municiones. El pueblo de- Güiria cayó en
poder de las mismas tropas á principios de marzo, perecien-


. do en la refriega 300 soldados insurgentes i 40 oficiales. En
dicho pueblo de Güiria- espiró la rebelion de Venezuela, sien-
do mui notable la circutetancia de haber sido aquel punto la.
primera tierra de Costa firIne que pisó Colon 305 aíÍ~ i 5
meses 'antes" •


Se hallaba yaplenamente pacificada la capitanía general
de Cáracas , si se escepnían las montarías de Chaguaramas en
las 'que se conservaba todavía el comandante Zarasa con 200
insurgentes, i algunas insignificantes guerrillas que vAgaban
por la Guayana i por los Llanos;' i ya no ~e presentaba al gc~
neral Morales otro objeto. que 'pudiera fijar su atencion sino
la reconquista _ isla Margarita", 'situada en 'frente de Cu-
maná, á donde ~abian r~fugiadolas reliquias de los revol-
~osos cspulsados del continente. •


Las órdenes de las cortes, arribadaq á mediados de mar-
zo para conciliar las diferencias que habían existido entre el
general Morales i el teniente geneI:al de la provincia donJuan
Manuel Cagigal ~ hablan dado mayor estabilidad á los nega-
dos púbhcos, i ;reian los valientes .guer;eros realistas que ha-
hia llegado el tiempo de descansar de sus gloriosas fatigas. La
psonta' terI~imicion de la guerra en -h isla Margarita estaba
asegurada.en labizarría de los.soldados que iban.a combatir-
la ~ así como en su respetable número. que no bajaba de 5000
];ombres: veinte idos buques armados componían la eseua-
dra de Morales al mando del bizarro teniente de fragata de


_ la Real armada dou Juan Gabasa; su mayor porte era de 16
cañones , i'entre ellos se contaban J 3 faluchos de un callan
cada uno; se habían reunido asimismo varios trasportes, i no
se esperaba mas que la orden del eaibarcopara esterminar á
todos los revolucionarios refugiados en 1a citada isla, i aun á




'164 CARACAS 1 SANTA FÉ: 1815.
sus 4Ilismos.habitantes qne habían participado general.lI?ente
del mas ardiente espíritu de sedición. .


Las ide~s del general Morales eran terribles "por cierto; i
aunque estamos' muí distantes de complacernos con las esce-
nas sangrientas, tal vez habría sido mas útil á la misma hu-
manidad que se hubieran llevado á efecto" sin alteraci;n. La.
amputacion de un brazo muchas veces salva á todo ~l. cuer-
po de la muerte. Si aquella isla IIlbiera quedado destruida
por.s Cimientos, parece lo mas' probable quehabria espira-
do para siempre eJcenio del mal. Si este punto hubiera que-
dado inhabitado' i desierto, no se habría visto desplegar en él
al ano siguiente tanta ferocidad i barbarie contra los valientes
europeos que hubieron de pasar á apaciguarla, hallando por
pago .e sus generosos sentimientos una muerte cruel acom-
pañada de todas 'las angnstias i padecimientos que la hacian
mas horrible. Si 'aquella madriguera de la maldad i de la
perfidia hubiéra desaparecido de !a super.,de las aguas ,·no
habríamos visto tantas veces salir de el as furias revolu-
cionarias á asolar las inmensas regíones del Continente.


Empero el general Morillo, á cuyas órdenes fue puesto
el ejército i marina· de Morales,' trató de hacer brillar la
magnanimidad i clemencia. de su Soberano, sin que cupiera
en su noble corazon la idea de que el perdon concedido en su
Real nombre había de ser el puñal mas afilado contra su pecho.
Sin pérdida de tiempo se hizo el general en gefe á la vela ad-
mitiendo para esta operacion el refuerzo de 70Ó hombres de
las tr0p'us de Morales, dirijidas por este gefc; i en el día 7 fon-
deó en el placer de Pampatar, Habian tenido noticia los rebel-
desde esta brillante espedícion por el J;lergantin Guatemala que
formaba parte <Je la misma, i que fue apresado por uno de
sus corsarios con 70 obreros que llevaba á su bordo. Aunque
guarnecianesta isla dos regimientos de infantería con la fuer-
za de 1600 hombres, cuatro escuadrones de caballería con
la de 640, i 153 artilleros' además de los habitantes, que es-
taban todos resueltos' á sepultarse en sus ruinas, llegaron á




CARACAS 1 5A:.\1'A n\: 1815. 165
desmayar sin embargo al ver los reconocimientos que iba
haciendo el ciia 8 sobre la playa aquella inmensa porcion de
buques i gnerreros, qne siendo este el primer 'ensayo de sus
hazanas, era de presumir disputasen ,la victoria COn el mas
vehemente entusiasmo. En "aquel momento de desolacion i
horror trataron los rebeldes de vestirse momcnt-íneamente
con la piel de oveja, para adoptar bien pronto la fiereza del
tigre•
. , Eran las doce del dia 9 cuando enarbolaron la bandera
parlamentaria dirijiendo sucesivamente un pliego de sumi-
Ilion i respeto á la autoridad Real. Ya para entonces se ha-
bia fugado en algunas ilec1lcras pequeIla~ el obstinado cau-
dillo Bermudcz con 300 de los mas despechados por temor
de que no les alcanzase el perdón por tanta sangre que ha-
hían derramado en la guerra á muerte que se liabia seguido
hasta .entonces. Desembarcadas las tropas en el día loen nú-
mero de 300q hombres, se adelantaron al Morro Moreno i al
pueblo de Pampatar. Morales desembarcó al mismo tiempov
i el general en gefe, que lo verificó á su continuacion con su
estado mayor, se dirijio al dia siguiente ácia la capital lla-
mada la Asuneíon. _


Reconocido el gobierno del Rei, sin que se hubiera der-
ramado una gota de sangre, renovado el juramento de fideli-
dad, organizados los ramos de justicia i hacienda, formado
un cuer~ nacional de los mismos batallones rebeldes que de-
bian conservarse sin armas hasta que se hubieran hecho. dignos
de ellas con repetidos rasgos de fidelidad i amor al Monarca es-
pañol ~ i practicadas todas las diligencias necesarias para res;
tablecer la calma, salió Morillo de aquella isla dejando la
guarnieion que creyó suficiente para evitar la reproduccíon
'de los movimientos revolucionarios, i reembarcándose con todo
ro ejército para las costas de Cumaná i Barcelona•


.Brilló en esta ocasion la beneficencia española de un
modo que supero los cálculos aun de los mas encarnizados
enemigos; un país, que había dado las mas terribles prue-
bas de ó,lio al nombre español i de obstinacion en sus crimi-




, ('j6 CARACAS 1 SANTA FÉ: '815:
nales intentos; una fK>blacion, que babia j~rddo el estermí-
nio de todo realista que se aproximase á aquellas costas, i
que para este" fin se había armado en masa , lJabilit::melo.así-
mismo á los indios en número de 500 á 600 'que se hablan
presentado con sus flechas en e' campo rebelde; una guarni-
cion tan decidida á mantener el foco de la inSlifl'l:'ccion en
aquel recinto, que lo había guarnecido con 82'piezas de "arti-
llería; un caudillo tan protervo como Aris~endi, que cual
hambrienta fiera se habia cebado en lasangre de rooc re:l¡,-
listas que por su dirección habían sido sacrificados el año arr-
terior en el Matadero i en las plazas de Cararas ; todos btos
séres desorganlaasores cubiertos de los atentados lilas horro-
rosos, recibieron por castigo un abrazo cordial del represen-
tante del Monarca español, Esclamaba el mismo Arismendi,
confuso i en aquel momento avergonzado de su alevosa con-
ducta, no ser dign; de tanta generosidad. El general ~n gefe,


"sin embargo lo tuvo á su mesa, i le dió las mayores mues-
tras de cariño i confianza , esperando que éste sería el mejor
medio de desarmar á los malvados, si fueran capaces de un
síncero arrepentimiento._


Apena.-llegó Morillo á Cumana , se ocupó con infatiga-
ble celo en el arreglo de aquellas pIovincias , dirigiendo elo-
cuentes proclamas con francas promesas garantidas por su
misma rectitud i justificacion á los que reconociendo la voz
del Soberano abjurasen el partido del crímen que )-úlbia de
envolverlos en su ruina \ i permaneciesen pacfficos en el seno
de sus familias en dende serian protejidos por la mano activa
del gobierno. Fueron dignas de elogio todas las providencias
emanadas de las autoridades principales para cicatrizar 'las
llagas nbicrtes en' estos pueblos. Una tan solo produjo efec-
tos mui funestos, que la severa historia no puede pasar
por alto, para que se, eviten iguales tropiezos si en algun
tiempo llega á triunfar en el Nuevo-Mundo la causa de la
legitimidad i de la justicia.


El no bien calculado desprecio que se hizo de 'aquellas
tropas que habían derr~mado su sangre en defensa de la ~la~




CARACAS 1 SAl\TA FE: 18) 5. 167
drc-Patria , de aq~llas tropas que se habían cubierto de glo-
ria en Santa Catalina , en San Marcos, en la Puerta, en la
C~brera, en Valencia, en Aragua, en Cumaná, en' los Ma-'
gueyes, en ü rica, en Maturin , en Irapa i en Guiria: la re-
forma, pues, que se hizo de dichos cuerpos, recogiendo los


. de~p::tchos·á muchas de sus oficíales , introdujo en el corazon
de estos agraviados un furor i despecho que fue de lo mas
fatal para las armas realistas. .


Si nuestro plan de indicar las causas que han influido en
la revolucion de Ar¿'érica nos impone el deber de no omi-
tir esta circunstancia demasiado esencial i notoria, no hare-
mos uso de él con la idea de rebajar el distinguido mérito de
qu~. estuvieron adornarlos los gefes, á los que fue confiada la
importante empresa de la pacificacion: al ver unos soldados
constituidos en el mayor desarreglo, vestido cada uno á. su
modo, 6 por mejor decir, con. los despojos cogidos al ene-
migo; otros medio desnudos i sin la menor muestra aparente
de actitud militar, cualquiera gefe europeo recien salido de
las brillantes campañas sostenidas con las formidables águilas
imperiales habría recibido iguales impresiones, é indudable-
mente habria tomado las mismas disposiciones de supresíon i
reforma.


Existia ademas otra razon mui poderosa que justificaba
aquella medida. Las pr~víndas de Venezuela, ó por mejor
decir, los pueblos de la costa, que eran los únicos que se
hallaban á aquella época en estado de subvenir á los gastos
del gobierno, escasamente podian mantener con la debida
brillantez de 4 á 5Zl ho.bres sobre las armas. Como la di-
visión de Morillo se componia de mucho mayor ntimero , era
necesario que debiéndose procederá la reforma, recayera
ésta mas bien sobre las tropas del pais que sobre las euro-
peas.lIé aquí una de las razones que parece indicaban la ma-
yor conveniencia de que la citgda espediciori sehubiera·diri-
gido al río de la Plata•.


. Por efecto pues de la necesidad ó de. la desgracia fueron
enviados. á 5US casal] la mayor parte de :1quellos zambos i




168 CAUAC,\5 1 SANTA FÚ: 1815.
mulatos que estahan cubiertos de cicatric!s honrosas reclbi-
das en defensa de los reales derechos :' el regimiento de Ia Co-
rana, que el valiente Bóves habla dejado de guarnicion en Ca-
racas para que descansara de tantas i tan penosas campañas
en las que se había debido constantemente la victoria á sus
heróicos esfuerzos, sufrió asimismo' este fatal destírro. Si estos
son los vencedores j que serán los vencidos! Esta intempesti-
va esclamacion que salió de los labios de uno de los princi-
pales gefes del ejército, puso el sello al resentimiento i al fu-
ror de aquellos fieles soldados, tan su~isos hasta entonces á
la autoridad real, corno fueron sucesivamente terribles á las
órdenes de otro genio atrevido i emprendedor. Fue este José
Antonio Paez , que habia militado á las órdenes del valiente Xa-
ñez i merecido el grado de capitan por sus ilustres hechos,
Por quejas i discordias que tuvo funestamente con el co-
mandante de San Fernando de Apure abandono las banderas
del Rei , i se declaró su enemigo tan implacable, corno- antes
babia sido decidido defensor. Arrebatado de laignoble pasion
de la vengansa , reunió á sus ordenes á todos los desconten-
tos, i formó bien pronto en los Llanos un cuerpo respetable
de caballería que asombró al país por las tropelías i cruelda-
des cometidas contra los realistas.


Otro de los contrastes que sufrieron éstos en el principio
de sus operaciones fue el accidental incendio del navio San
Pedro Alcántara, ocurrido en el dia 24 del mismo mes de
abril. Se hallaba fondeado cerca de la isla de Coche cuando á
lastres de aquel aciago dia se prendió fuego en la dispensa
por haber aplicado inadvertidamen1t la luz á uno de los bo-
coyes de aguardiente el encargado de su distribución. La gran-


de alarma producida por esta inesperada desgracia, los .vi'i0-
rosos esfuerzos de toda la rripulacion 'para ahogar las voraces
llamas, el recomendable celo de los oflciales i en particular
del teniente de navio don FeJ~n,mdo Lizarza , la serenidad i
valor de la compañía de granaderos de la Union gue tenien-
do á su cabeza á su,subteniente don José Aboiarrojó al agua
.en medio de las Iíamas mas de 500 barriles de pólvora que




t":AEAC\S ; ~'\;,TA l:.: J;:) ¡ G. I (;i\
83CÓ da la Santa Barbara , la cfic élz cooperacicn' del COroIHc1
de cazadores de Estrerriltdura don Mariano Ricafort, los au-
silios que de todos los demas ~llques salieron en el momento
de haber oído los cañonazos indicantes de aquel apuro; todo
fue inutil para contener al elemento destructor. El humo
que salia por las escotillas impedía la aproximacion á ellas;
se tlat6 de anegar ellmque.disparando contra él algunos C:1·
Honazos i mas ni esta maniobra pudo verificarse á causa del
espeso humo que sofocaba á los que se habían encargado
de el1:i.
~ran-Y'ft inútiles todos los esfuerzos humanos; habria sido


una imprudencia altamente reprensible obstinarse en lo qne
estaba y.1 fallaJo de un modo irrevocable; habría sido crimi-
l¡:JI detenerse en inútiles tentativas el tiempo necesario para
salvarse de la muerte. Dióse la orden de abandonar aquel
volean que amenazaba una próxima esplosion ; esta se verifi-
có á las seis de la tarde cuando ya casi todos habían hallado
un seguro asilo en la infinidad de barcos que se presentaron
con tal objeto. Al}l1i se perdió la tesorería del ejército , una
~rcion considerable de municiones, i no menor copia de ar-
mas i pertrechos guerreros.


El general en gefc llegó á Caracas el día r 1 de mayo
despues de haber dejado de guarnicion en Cumana al regi-
miento de infantería de Barbastro i al de Caballería ele dra-
gones de la Unión. Reunidas las demas tropas en Caracas en
los primeros dias del citado mes de mtlyo, fue preciso bus-
cal' nuevos arbitrios que sin el mayor gravamen de los pue~
blos supliesen las pérdidas sufridas en el navío incendiado. La
fina voluntad con que tojos concurrieron á hacer laudables
esfuerzos produjo el favorable resultado de que se reuniesen
mui pronto cuatro millones de reales con los que pulo el
ejército dar principio á su plan de operaciones.. ¡'}forillo se de-
. .


tuvo algunos días en la capital de Venezuela para enterarse
á fondo de los males que liabian afligido á aquellas provin-
cias, i de los remedios mas oportunos para restablecer la paz
i la fe1icrrIad. .


TUMO n. :'.2


i'




,-o C\)C¡\('¡\S 1 SAl\H FÉ: 1815.
Presentaba el país el aspecto mi triste; el furor de loa


partidos i la guerra á muerte que con tanta terquedad i bar-
barie se I!abia seguido por el espacio de dos años habia destrui-
do la agricultura i anonadado el comercie; las rentas de la Real
Hacienda eran por tal razón de muí poco valor é insuílcien-
tes para cubrir todos los gastos. Se hallaba sumamente ;n-
gustiado el ánimo del general en gefe al ver la indispensable
necesidad en que se baIlaba de imponer costosos sacrificios
que repugnaban á su bondadoso corazon. Antes de desenvai-
nar la espada agotó todos los recursos de su ingenio i de su
pluma. Todos sus manifiestos, alocuciones i proclamas no
respiraban mas que dulzura, clemencia, deseos de ahorrar
la efusion de sangre', i de que deponiendo su ira los partidos
trabajasen todos en perfecta union i armonía bajo su pater-
nal direccion í amparo, por hacer que volviesen á la infeliz'
Venezuela aquellos días venturosos que había gozado, antes
que un gtnio maligno hubiera hecho de aquellas deliciosas
campiñas la mansion del horror.


Precedido por estos emisarios de su béneflcencía i virtu-
des, se hizo á la vela en Puerto Cabello con 50CO homb~s
de ~ropas europeas, i 3000 de las del pai~ al mando de Mo-
rales, dejando el gobierno de la capital á su capitan general
Cagigal, í lteg6 á Santa Marta en 22' de julio con aquella
formidable espedícion, Antes de describir los sucesos concer-
nientes al sitio de Cartagena , que era el punto por donde el
esforzado Morillo deseaba dar principio al csterminio de los
revolucionarios, será mui conveniente enumerar los princi-
pales acontecimientos de esta provincia i de su vecina i rival
la de Santa Marta.


HaLia adquirido el comercio 'bastante pujanza en este úl-
timo puerto, que se había hecho el centro de las operaciones
mercantiles con los Estados-Unidos, con Jamaica, Sant.-nas,
eurazao, isla de Cuba i España. Permanecía esta ciudad í
toda su provincia constantemente leal á 8U Soberano, i de .
consiguiente en pugna con la inquieta Cartagena. f arios ha-
hian sido los proyectos de los ca1'tagener~s para derrocar aquel




CAl\¡\CAS 1 S ',UTA Fií: l S I 5. J '7 1
recinto de lealtad i bizarría; pero todos se hablan estrellado
en los firmes pechos de los Samarios. Bolívar, que 1myendo
de la afortunada e~pada'" Morales se babia trasladado al
reino de Nueva Gnnadaá fines del año anterior, se dedicó
tí formar los planes de campaña que creyó mas tconducentos
para 1.1 defensa de la república, uno de los cuales fue el di-
rigir sus tropas sobre Santa Marta para adelantarse despues
de conquistada esta plaza sobre el rio Hacha i Maracaibo, i
asegurar de este modo la costa del Norte.


Para realizar este proyecto se contaba con la cooperación
:J.~iva ~e los cartageneros i con el suministro de pertrechos
de guerra. El gobierno general espidió las ón.!enes necesnrias
para reunir en Santa Fé un cuerpo ~espetable de tropas, i
con efecto se organizaron mui pronto mas de 2000 hombres,
la mitad de los ~a]es se componia de veteranos, con cuyos
medios no dudaba Bolívar conseguir su triunfo á pesar del mal
aspecto de los negocios de las provincias de Venezuela. Una
division de 2000 realistas que se hallaba. estacionada en
Cúcuta i Guasdalito , al mando del coronel español don Se-
bastian de la Calzada i del americano don Rernigio Ramas
tenia órdenes del capitan general Monta1vo parll obrar por
OC311a en cornbínacion con las tropas de Santa l\'l~rta.Lll
provincia de Cartagcna se veia reducida á sus propios recur-
sos sin poder emprender operacion alguna decisiva; el coro-
nel don Manuel del Castillo había debido limitar sus opera-
danés á defender la línea del Magdalena por medio de lan-
chas cañoneras , apoyadas por 2500 hombres que tenia dis-
tribuidos sobre aquella ~nea; i lás grandes bajas que esperi-
mentaba diariamente en su pequell0 ejéréito por la desercion,
por el hambre" i por la falta de recursos) lo tenían comple-


.lamente desanimado.
Ocurrieron á este tiempo serios i desordenados debates en


la plaza de Cart~gena producidos por los hermanos Piñeres,
naturales de Mom pox, quienes desde el principio de la revo-
Iucion habían figurado como los corifeos de ella, i los que ~í


. imitacían de los Gracos romanos mantenían en perpetua in-




J72 CAl\'.CJ.S 1 SANTA n:: lt$lJ.
quietud i las autoridades constituidas, bajo el fementido celo
de ejercer la potestad tribunicia. Los me.os amantes del des-
úrc1en i varias municipalidades r.n á Castillo se dirigiera
con sus tropas sobre dicha ciudad de Cartagena para sofocar
aquellas conmociones populares, i enfrenar la am bieion de los
citados Piúeras. No podía ofrecerse al gefe de estas·tropas una
ocasión mas favorable para destruir aquella demagógica fac-
cion á la que habia mirado siempre con el mayor tedio, i
aceptó por 10 tanto el referido encargo: todos los pueblos de la
provincia aplaudieron esta saludable medirla, i se esmeraron
en suministrarle á porfia cuantos recursos pudiera Itecesíiar
el referido Castillo desde que tuvo la astucia de persuadir á
muchos de ellos, que aquel movimiento tenia por objeto res-
tablecer la autoridad real, i esterminar á les sostenedores de
la república.


Había sido nombrado á esta sazon gobernador de Carta-
gena en el diu 5 de enero el astuto caraqueño don Pedro
Gual; i aunque aparentó al principio hacer una vigorosa re-
sistencia á Castillo, pOfllue asi 10 exigian los revoltosos que
tenían embargada su voluntad i su brazo, logró sin embargo
tener una entrevista con aquel caudillo en el convento de la
ropa; i COlIlO desde este momento se hubiera aumentado la
desconfianza acerca de su persona con inminente riesgo de SlI
propia vida, se puso de acuerdo para abrir las puertas de la
plaza, como lo verificó al amanecer del dia 8, poniéndose á
la cabeza de una compañía de zapadores i de otras dos de es-
trangeros, i asegurando c~n ellas el Puente, la media Luna
i otros puntos principales , COn cu}"'> ausilio fueron introdu-


. ciclas en la ciudad las tropas de Castillo antes. que los cnemi-
gos del orden pudieran estorbarlo: los dos hermanos German
i Gabriel Piñeres , el presbítero Gordon , el doctor Ignacio
Munoz, i otros cinco individuos de los mas díscolos i sedi-
ciosos fueron desterrados á los Estados-Unidos.


'El colegio electoral, cuyas funciones habían sido inter-
rumpidas por los alborotos del 17 de diciembre anterior, vol-
'¡Íó á reunirse pacíflcamente eligiendo nuevos magistrados,"




(;UUi:A8 ¡ SAVfA j<i,: 13,:). 1'73
Juan de Dios Amador, miembro del congreso, fue nombrado
gobernador; i el doctor Antonio Ayos su segundo; Gual en-
tregó el mando á su sucesor, i pidió pasaporte para Inglaterra.


Bolivar , quc desde -el año 1813 miraba con ceíio al re-
ferido Castillo, trató de privarle mañosamente de la peligrosa
preponderancia quc le daban en la plaza de Cartagena su
opinión i sus bayonetas, influyendo en" el gobierno de Santa
Fé , para que le fuera enviado el despacho de general de hri-
gada, i la drden de pasar inmediatamente ~i dicha capital á
servir una plaza en el supremo consejo de la guerra; pero
Castillo que conoció la red que le tendía su rival con el ob·
jeto de dirigir sin tropiezo los negocios de la citada plaza de
Cart3gena, se mantuvo firme en su proposito ele no abando.
narla á la merced de aquel ambicioso.


Desengañado Bolívar del ningun fruto 'lile podia prome-
terse de su astucia contra Castillo; i temeroso de que éste se
anticipase á hacer dicha espedícion sobre Santa Marta, i le
usurpase la gloria á que él aspiraba? salió de Santa Pé para
embarcarse en Honda; i al aproximarse á la ciudad de Oca-
ÍJa , después de haber manchado su espada con la sangre
de :< 7 españoles inocentes que llevaba en calidad de presos,
entre ellos el virtuoso capuchino, P. CoreIla, ¡¡upo que dicha
ciudad estaba ocupada por 400 fusileros i 200 carabineros
realistas. Recelando ser atacado por la espalda si se avanzaba
sin apoderarse de aquel punto, dió las órdenes mas oportu-
nas, que fueron ejecutadas felizmente por su mayor géneraI
Miguel Carabarío , quien hizo replegar á los realistas sobre
Chiriguaná.


Apenas llegó el referido Bolívar á MompoX4'oficíó á su
competidor Castillo, como gefe de las armas de Cartagena,
para que le surtiese de provisiones de guerra i boca, i le en-
viase todas las fuerzas disponibles á fin de Ilevara efecto
la conquista de Santa Marta. Pidió asimismo 2V fusiles i 2V


'vestuarios que orteeia fJag~r de su caja militar. Obrando
ahora mas que nunca en el ánimo de los cartageneros la ri-
validad, los celos j, la desconfianza del atrevido caudillo ca-




1 ),'~ r.Ar.,H'\S 1 5.HHA FÉ: 18J:J.
raqueño , desplegaron una increíble acti.vidad i energía para.
que ninguno de los pueblos de aquella provincia le prestase
el menor ausilio ; i retirando á la plaza todas 13s tropas que
guarnecian el bajo Magdalena, desde Barra nca hasta Sabani-
lla, abandonaron el campo, así como un crecido tren de arti-
Heria i 33 buques menores que componían su escuadrilla; 1
para que se completase el malhadado cuadro de la escisión
republicana, la pólvora, municiones, una parte de la arti-
llería, i una considerable porcion de fusiles que fueron em-
barcados en la goleta l\'Iompoxina para salvarlos de las ma-
nos del caraqueño , se perdieron en el naufragio que sufrió
dicha goleta en el bajo de Galera Samba.


A pesar de la actitud hostil que presentaba la plaza de
Cartagena contra Bolívar , ofreció Castillo deponer toda si-
niestra intencion contra él i de prestarle todos los ausilios
de que pudiera necesitar si limitaba sus operaciones á ata-
car elvalle de Dupar , en tanto que dicho Castillo se diri-
gia por el bajo Magdalena contra Santa Marta; pero Boli-
var , que de ningun modo quería ceder el mando en gefe de
aquella espedicion , abriden su vez negociaciones con Casti-
llo con la idea de atraerlo á su partido; i como no pudiera
hacer la menor brecha en el indomable pecho de aquel des-
contento rival, resolvió ocupar á todo trance la Ifnea de di-
cho Magdalena con sus tropas de la Union, La pérdida de
un tiempo tan precioso , la baja de 800 hombres' entre muer-
tos, enfermos i desertores, la penuria metálica prorluci.Ia por
los enormes gastos erogados en los 40 días de i~accion, i el
mortífero clima de l\Iompox eran las causas alegadas por Bu-
livar para l.cer aquel movimiento.


Eran sin embargo mui diferentes los juicios de los carta-
generas: todos temian la ambician de aquel caudillo i el en-
tronizamiento de un gobierno militar i despótico si la suerte
de las armas le era propicia. Mas para asegurarse de sus
definitivas intenciones entraron en nueeas comunicaciones,"
reducidas á marcarle su marcha contra Santa Marta por
Chiriguaná i Ocaña , ca euyo caso le serian suministrado.




rAnArAf; 1 ¡:;:\:-iTA ní: 1S15. 175
800 fusiles i las municiones necesarias si él les remitía 500
reclutas i 409 pesos de su caja militar: exaltada "la cólera de
Bolívar ~ i no considerando sino el ignoble desahogo del re-
sentimiento i de la venganza, resolvió lanzarse rrípidamente con-
tra dicha plaza de Cartagena tomando el camino de Barran-
ca ~ Mahates i Turbaco ~ i DjJ su cuartel general en el cerro
de la Popa á la vista de la plaza ~ á la qu~ envió un par-
lamentario que' fue. recibido á balazos; i desde entonces se
dió principio á la guerra civil.


Ambos partidos se prepararon á sostener con el mayor
encarnizamiento sns respectivas pretensiones: ambos emplea-
ron todos los recursos (pIe sugieren las mas bajas pasiones
para buscar recíprocamente su destruosion ; Ilolivar trató de
apoderarse de Tolú ~ del Zapote i de toda la costa de Sota-
vento para cortar los víveres á la citada plaza; pero fue re-
chazado en su intento, aumentándose su irritación i despecho
al observar la dañada intencion de los cartageneros en haber
arrojado cadáveres i otras materias corrompidas á los aIgibes
de la Popa ~ que eran los únicos puntos de donde podía pro-
veerse de agua.


En el entretanto llegaban á las manos las tropas de Boli-
1'.:Ir mandadas por Carabarío con los realistas situados en Oca-
ña sosteniendo ambos. partidos empeñados choques, aunque
ninguno de ellos decisivo ~ en el Cascajal ~ Agua chica, Aco-
séa i Simaüa. El virei Montalvo formó ácía el mismo tiempo
desde Santa Marta una espedicion contra el pueblo de Bar-
ranquilla ~ que hahia sido fortificado por los insurgentes de
Cartagena , i confió su mando al teniente coronel don Valen-
tin Capmaní. Al llegar al rio de la Magdalena dividió este
comandante su fuerza en tres secciones, quedando él á la ca-
beza de la primera i poniendo las dos restantes á las órdenes
de los valientes oficiales pardos ~ Sirneon - i Pacheco,


Ataca este último la entrada del pueblo que estaba defen-
dida por cuatro violentos; hacen los enemigos una descarga i
abandonan el puesto: animados con CEla primera ventaja los
samarios hacen un uso activo de sus armas; vuela Caprnani en




1'.76 CARAf'J\S 1 SM.TA n;: 181:) •
. su socorro á tiempo que ya ~ímeon despnes de haber asaltado


uno de los {mntos mas fuertes ~ concurría á tomar parte en
aquella sangrienta refriega; los insurgentes se defienden con
encarnizamiento ; se poseen las mugeres del mismo furor que
animaba á sus maridos, i despojándose de su 'natural carác-
ter de dulzura i delicadeza emplean sus débiles brazos en
arrojar agua hirviendo desde sus halcones; mas todo cede
al irresistible v~lor de los realistas. ~pmani se apoden
de 18 bongos de guerra .arrnados con cañones de 18 á z4,
i ya no tuvieron mas recurso los sitiados que el de ganar
con su sumision , aunque tar.Iía , la clemencia del ven-
cedor.


La noticia de este ~lustre triunfo que se comunicó r.ípida-
mente á San Juan de la Ciénaga ~ exalto el entusiasme de los
indios hasta el estremo de hacer salvas de artillería á media no-
che; i como se hubieran oído en Santa J\<larta~ aunque distante
siete leguas de este punto, se suscitó la mas terrible alarma
creyéndose generalmente que el enemigo victorioso estaba
batiendo al citado pueblo. Todos aquellos habitantes se arma-
ron en masa para contener el terrible golpe que creian arne-.
nazarles; i cuando se hallaban en lo mas ardiente de SllS pre-
parativos de defensa, llegó un espreso con la noticia de la te-
ma de Barranquilla ~ con lo que se entregó aquel vecindario
á las mas dulces emociones de júbilo i alegria.


A consecuencia de este brillante suceso quedaron sujetos
á las autoridades de Santa Marta los pueblos de la Soledad,
Sabanilla i demas de las orillas del río que antes pertenecian
á la provincia de Cartagena. Siguiendo las tropas reales la
carrera de sus triunfos ~ se dirijieron rio arriba :í las órdenes
del comandante don Ignacio Larrus: rescataron la ciudad
de Ocaih que habían ocupado los insurgentes después de las
acciones sostenidas por Carabaño ~ sorprendieron la villa de
Santa Cruz de Mompox en la misma noche del día de 111.
Cruz ~ i vencieron en Magangué á los rebeldes que defendían
aquel punto, si bien fue comprada aquella victoria con el
costoso precio de la sangre de Larrus 1 quien recibió una he-,




CARAeBIS\l"TAFE: 18!5. 177
rida cruel e~ el muslo derecho, que le dejó cojo para el res-
to de sus días.


La capital del nuevo reino de Granada abrigaba muclros
fieles que deseaban ver terminado prontamente aquel calami-
toso gobierno. Ya desde algun tiempo estaban maquinaudo el
modo de derrocar las autoridades independientes ~ i de restable-
cer las del Reí; pero su descubrimiento fuera de sazon ma-
logró sus nobles impulsos', i motivó el inmediato arresto de to-
das las personas acusadas de haber tenido parte en la conspí-
.racíoa , habiéndose contado entre sus principales autores á
los fieles americanos don Juan J\fanuel García del Castillo i
Tejada, don Manuel Hurtado, i don Bernardo Pardo coman-
dante del regimiento ansilíar de Santa Fé ~ i á los españoles
cAn Antonio Salcedo , segundo comandante de dicho cuerpo,
i á don José Anci.sar. La benigna sentencia qu¡: sucesivamen-
te se les impuso, á pesar de algunos genios sanguinarios que
pedían la muerte, probó hasta la evidencia que los realistas
infíuian en los mismos consejos de Ios altos funcionarios , ó
que conociendo estos la flaqueza de su causa no se atrevían
á irritar un partido que iba mui pronto á ensalzarse sobre
la ruina del edificio rebelde.


Eran impotentes los últimos esfuerzos que trataban de
_ hacer los agonizantes revolucionarios; sus fueraas principales


parece que se iban reconcentrando en Cartagena que era el
único punto que' podía ofrecerles alguna seguridad.


Botivar í Castillo se habían convencido de la necesidad de
unir sus fuerzas para dar alguna tregua tí su ruina, amenaza-
da tan de cerca por Ias irresistibles ·tropas espedicionarias. Así
pues resultó de sus conferencias una reconciliacion aparente-
mente amistosa; mas como no era posible vivir mucho tiem-
po ea arrnonfa estos dos caudillos, en los que estaban arrai-
gadas profundamente las semillas de la discordia i del odio,
cedió Bolivar el campo fA su afortunado competidor, i se em-
barcó para Jamaica.


Tal vez este generoso desprendimiento .tuvo un orIgen
menos noble que el decantado Pil' aquel sedicioso: veía el
Th~a 23




178 C\ll\l"A' 1 ~Ar,T\ ní: 1815.
gran torrente que iba á destruir cuanto había sido creadopor
la deslealtad í la soberbia ~ i sostenido por la tiranía militar;
i halló en estas contiendas un prctesto plausible para salvarse
del ptIigro con una fuga anticipada, que verificó saliendo por
BJ.':l Grande en un barco plano i sin quilla, con el cual pu-
do sustrarse á Ia vigilancia de nuestra escuadra. Este ha sido
generalmente el sistema practicado por Bolívar en todos sus
fastos revolucionarios. Alborotar i eomprometer las poblacio-
nes pacíficas, arrancar violentamente del seno de sus familias


.á los hombres titiles para la guerra ~ conrlucirlos al matadero,
i abanloriarlos en medio del peligro para que fueran estúpi-
damente sacrificados: he aquí sus principales hazañas.


Se reducían pues las operaciones principales de los rebel-
des á poner la plaza de Cartagena en el estado mas rigurtllo
de defensa ~ i. á conservar el dominio de la orilIa izquierda
del Magdalena hasta donde alcanzasen sus fuerzas, Habian
armado diferentes corsarios que con sus presas abaste-
cian la plaza ~ manteniendo al mismo tiempo espeditas sus
comunicaciones con los puntos neutrales. En una de sus cor-
rerias ñre apresado el buque que conducía á Panamá al gene·
ral Hore , que había sido nombrado gobernador de aquel ist-
mo; Se habb.profmesto·la Corte asegurar el dominio de qicllO
punto como el mas interesante en aquellos momentos para
su correspondencia Con las posesiones situadas en la mar del
Sur; pero tan ürlles miras sufrieron esta inesperado con-
tra§te, debido tal vez á la demasiada confianza de! citado
gefe ~ que. no se opuso á la aproximacion del bJ.¡que á la
costa inmediata á Cartagena en busca de agua ~ de que
el desprevenido comandante de la emharcacion empezaba d
.escasear.


La prision del citado llore filé celebrada con entusiasmo
por los insurgentes, quienes se proponían obtener por su me-
dio considerables. ve~ljas. El titulado presidente de Cundi-
nsmarca , Nariilo ~ que pabia sido hecho prisionero por los
'pastusos \ fue la persona que la voz pública designó corno la
mas á propósito para ser <¡ngeada por el nuevo gobernador de




C:~'U(;A~r 1 i;Ar\Tc\ Ff:: 181~. 1'9
Panamá; mas la trasladan ocurrida á este mismo tiempo de
dicho Nariño desde Pasto á Lima , dejó sin efecto estos pro-
yectos, que habían merecido asímismo la saaeíon de los car-
tageneros. Permaneció pues el general Hore ,en la clase de prí-
sionero , hasta que ya estrechada la pbza á los pocos meses
por las tropas realistas, obtuvo su rescate por una letra de
Beoo duros, garantizada por el comandante de un buque in.
gles , que fue quien lo condujo á Jamaica.


Al llegar la grande espedicion del general Morillo á Santa
Marta en 112 de julio desembarcaron en el acto una parta
del ejército i sus principales gefes, i 10 verificaron los demas
11 dia siguiente. No es fácil describir dignamente la alegria i
consuelo de los samarios al ver en su sudo al ejército mas
brillante que se hubiera reunido hasta entonces en aqu ellos.
paises: su ave marcial, aquella nobleza que nace de la
misma elevacíon de sentimientos i ~l' convencimiento del
verdadero mérito; aquellas cicatrices recibidas en los camp os-
mas gloriosos de la península; la suhordinacion i .disciplina
que brotaba como fruto espontáneo de su pundonor i no del
castigo ni del rigor; las ideas que llevaban todos los euro-
peos a[ Nuevo Mundo de considerar.en los reheldes america-
nos unos hermanos estraviados por la seduccion rí de ningun
modo encruelecidos en el vicio <j eran las mas firmes garantías'
de que el triunfo de la causa Real habia de quedar sólida-
mente cimentado en la misma generosidad de los ausiliadores
i en el voto general de los ausiliados,


La mayor parte ele 'las tropas europeas fueron alojadas
comodarnente , i la division de venezolanos al mando del ge-
neralHorales, como mas acostumbrada á aquel clima, campó
á las orillas del rio Manzanares" que corre cerca de la ciudad,
i en la salina al pie del cerro Pelado. Fue tan severa la dis-'
eiplina de este numeroso ejército, que lejos de ser gravo~a
su permanencia en la citada ciudad, se hizo sensible.su salida
para sitiar la plaza de Cartagena, que se verificó pasado ~t:t
mes, que debió emplear el ejército en los. necesarios prepa~a:"
tívos para aquella empresa, . o




\.~() C'.!-.\\~('.~", '- e.~~:n.. vt.~ \~\S.
Las vistosas paradas que hacía dicho l'jérdto todos los


domingos llenaban de júbilo á los fieles realistas, al paso que
debian aterrar .los rebeldes i retraerlos de su obstinado par-
rído ,' que no podía tener otra terurinacion sino la de SIl
muerte i estermínío. Iral vez esta idea entraba en el cálculo
del general en gefe, quien desde que puso los pies en Amé-
rica estudiaba con infatigable desvelo los medios de vencer á
los contrarios con la persu:lsi~n, con las. promesas-, con las
amenazas , con el imponente aparata de fUS fuerzas, sin re-
currir á las vias de hecho sino en el estremado apuro de una
terquedad inexorable.


No menos solícito el general Morillo por premiar Jos ser-
vicios prestados al Monarca español , hiao que le fuera pre-
sentado el cacique de :¡;tamat6co, i á presencia de todo el
ejército le puso en el pecho uua medalla con el ~lSto del Reí,
i arengó en seguida á tildas sus tropas con toda la viveza que
es propia de su genio militar, encomiando la fidelidad i el va-
lor, i asegurando su proteccion i lasdebidas recompensas á los
que se distinguiesen en la ilustre carrera de las armas. El va-
liente Pacheco , que por sus brillantes hazañas formaba la
admiracion del país, fue. uno de los que recibieron mayores
muestras de cariño i aprecio del general español : nombrado
en el acto capitan efectivo de ejército, recibió como gracia
todavía mas especial la de tomar una parte activa en las ope.;.
raciones guerreras de aquel lucido ejército.


Puesto ya en marcha llegó mui pronto á situarse al
frente de la plaza de Cartagena : parecía 10 mas sabio i aun
lo mas conveniente al buen resultado haber dado un brus-
co asalto á la plaza, ihaber tomado posesion de ella aun-
que á eEpensas de algunos centenares de valientes, si los
sltiados se empeñaban en hacer una desesperada defensa. Si
se hubiera adoptado este plan, se habría ahorrado un número
mfinitamente mayor de víctimas que sucumbieron al rigor
de las estaeioncs-í de males contagiosos. Tan persuadido se
hallaba .el gineral en gefe de la toma de esta plaza por el
niedío indicado ,' como de las privaciones ~ padecimientos i




CAl',Ar.A5 1 fL\NTA FÉ: 1815. 1<.1')\
desgracias que debian acompañar aquella empresa, si la lle-
vaba á efecto cO::J. lentitud á fin de poner á los rebeldes en
la necesidad de escuchar los dictados de la tazan i dtó su pro.
pía utilidad,


Empero siempre invlriable en su sistema de lenidad i
dulzura se decidió por este último partido, i á mui poco
tiempo empezó á esperimentar los males que no' se .habian
ocultado :í su prevision, Los pueblos de Ternera, Santa Rosa,
Turbaco, Truanca i otros muchos de los mas inmediatos á la
citada plaza habían sido incendiados; cuantas haciendas i ca-
seríos había en el espacio de muchas leguas habían sido des-
truidas; las provisiones para el ejército debian venir de tar-
gas distancias, i sus precios eran escesivos ; se temía que lle-
gasen á escasear, ó que los fondos no pudiesen cubrir atencío-
ne.. tan estfaordinarias , i sin embargo de' estas consideraciones
solo pensó Morillo en desarmar con dulces i halagüeñas pro-
videncias el furor de los partidos. El americano don José
Domingo Duarre , revestido del carácter de intendente, agotó
con este mqtivo todos los recursos de su elocuencia i exhorto".
El mariscal de campo don' Pascual Enrile, segundo en el
mando del ejército espedicionario , que había tenido en la pe-
nínsula relaciones Íntimas con Villavicencio i Montufar, en-
~ .


tonces residentes en Santa }t'é i con la mayor influencia en
aquel gobierno, les dirigió car~ las, mas cordiales i espresi-
vas .para establecer una perfecta reconciliacíon que alejase de
América los males consiguientes "á una sangrienta lucha civil,
que había de convertir aquellos hermosos paises en un campo
de desolacion i horror.


Despreciando los obstinados rebeldes toda clase de con-
venio amistoso , vió el general español la necesidad de dar
principio á sus medidas de rigor; i aunque estaba en SU arbi-
trio haber abrasado la plaza con los fuegos de su artillería i
con la inmensa cantidad de bombas i granadas que llevaba á
este efecto, quiso mas bien establecer un estrecho sitio, es-
perando que la escasez de vive res había de hacer lilas impre-
ilion qne sus curiílosas alocuciones. Varias'veces Intentaron




llb C.\ llAr. \S J SANTA FÉ: 1815.
hacer algunas sali.Ias, pero siempre fueron rechazados. A 'in es
de octubre era ya muí triste la situacion de la plaza: c 011
la idea de esplorar si había cedido la in.iomitcz de a Tuello.i
rebeldes hizo nuevas escitaciones que fueron recibidas con er
mismo desprecio; i para poner el sel~ á su despecho i b rr-
barie arrastraron por lag calles :f. un' soldado español qire ha-
hlasido, hecho prisionero -en Una de' sus refriezas. El hambre


. o
i las enfermedades crecían de día en dia : á principios de di.
ciembre se presentó en los puestos realistas un gran número
de personas que huía de la plaza, llevando marcada en su
semblante la imagen de la horrible miseria que afligia á los
siti lft:los;i aunque las leyes de la guerra autorizaban á re-
chazarlas para acelerar por este medio da rendicion , se usó
sin embargo de generosidadco~ aquellos seres , tal vez cri-
minales, pero siempre desgraclados. •


El solo ataque que señald , aunque parcialmente, los hor-
rores de la guerra, fue el asalto dado al castillo de Boca-
chica que domina la entrada al puerto de Cartagena: aquí
recibió Pacheco una cruel herida que á los tres días privó á
Santa Marta de uno de sus mas valientes hijos; i tal vez se
debió á este funesto incidente el incorregible furor de sus
soI~ados.2 i el haber. entrado á degüello en el pueblo que lleva
el mismo nombrede,Bocachica. Cuando ya estaba la plaza
reducida al último estado de ~esolacion i ruina se fugaron de
ella varios estrangeros con otros revolucionarios de los mas
desalmados quehabian sido l!l causa de aquella tenaz defen-,
sao La oscuridad de la noche, la circunstancia de haber ele-
gido un bergantin sin quilla, que calando poca agua, pudo
cruzar por Bocagrande, i acaso algun descuido de la escuadra
sitiadora, fu.eron los agentes de su fortuna..


Erata!' el furor que animaba á aquellos hombres fero-
ces, que á pesar· de 'hallarse convencidos de lo infructuoso
de su resistencia asesinaron pocos dias antes de su fuga á casi
todos los -presos españoles que tenían en su poder, i entre
ellos 14 ofleíales de los pertenecientesa la espedicion del gc-
neral Hore; pero fue tan noble la conducta de los vence Io-




CA'ftM:M:: ll'iA!\TA Fi: 181:'.' '}?3
res, que 'cuando entraron en la moribunda Cartagena en 6 de
dic1embre, que fue al día siguiente de la fuga de los prin-
cipalcs corifeos , en vez de entregarse á 'una terrible .,-engan-


.za , que IwbrÍJ. si.Io sobradamente justificada por las trope-
l/as referidas, no se pensó sino en aliviar los males de aque-


iTas ínfelices , que luchando con las angustias de la muerte,
no tenian aliento sino para execrar la memoria de los indo-
mables caudillos que con su inflexible rabia i desesperacion
los habían reducido á las puertas del sepulcro.


La plaza de Cartagena presentaba el aspecto mas horro-
'roso; no era sino un vasto cementerio en que se veían haci-
nados los cadavercs espiJiendo un hedor pestilencial ; no se pre-


.senteb« á la vista mas que la i¡mígen de la desolación, i las
terribles señales de la ferocidad i barbarie de sus verdugos.
Se enterneció hasta el soldado mas encallecido en los horro-
res de l:rguerra: la beneficencia manifestada en esta oca-
,.sio~or todas las clases del ejército es digria que,se tras-
mita á la mas remota posteridad: el general en gcfe mandó
distribuir una sopa económica .que restaurase pausadaraente
las agonizantes fuerzas de aquellos séres desgraciados; mu-
chos se hallaban ya en estado de no tenerlas para prestarse á
ninguna clase de alivio; los soldados partían .sus raciones, i
deponiendo todo sentimiento deodio i de fur.or asistían f los
enfermos con unacaridtd ejemplar. El rigor de Ía justicia no
se ejercitó sino sobre algunos que habían sido los instrumen-
tos de aquellas horribles calamidades; á estos solos alcanzó
su brazo. El capitan general Montalvo que quedó mandando
en Ia plaza, llizo sustancial' las causas; i aplicada la senten-
cia de muerte por todos los trámites legales, fue ejecutada en
nueve de los IU1S culpables, qae lo fueron el general Casti-
110, el coronel de artillerfa ~on lHanuelAnguiano español,
eldoctdr Ayos, el doctor Diaz Gran~,jos, don José Mar. Too.


, ledo, doctor Porrocarrero , don Pantaleon Ribon., .don Mar-
tin Amador i don Santiago Stuart.


A les pocos días de haberse rendido la citada piaza de Cato
tagena , puso el general Morillo 'en movimiento todas las 'C0"





t ~4 onACAS 1 SA:XTA FÉ: 1815.
lumnas que debían concurrir á dcsempetiar los planes com-
binados para la pronta pacificación de aquel vireinato. S~ ne-
cesítabsn grandes medidas i acertadas disposiciones para que
dichas columnas corriesen con velocidad los inmensos espacios
que se hallan desde los lejanos desiertos del Casanare hasJ.s
las inhabitables oriilas del Atrato ; i desde las riberas de Santa
l\'Iarta i Cartagena hasta las escabrosas montañas de Popa-
yan ToJo fue ejecutado con tanto órden i prevision que dió
á aquellas sufridas i valientes tropas un mérito superior á todo
cálculo.


Solo el que haya recorrido tan inmensos paises, total.
mente desprovistos de recursos, i ostruidos por ásperas mon-
tallas, caudalosos rios , interminables llanos, é insuperable¡
atolladeros, podrá apreciar en su justo valor el mérito de aqueo
llas campaüas : hubo una en particular que superó, segun al-
gunos, la retirada -de los J 09 griegos, tan celebrada por brí-
Ilantes plumas dirigidas por fecundos ingenios. Son _nas,
pues, de que el mundo fije en ellas su atencion así como ea
los' héroes que por tantos títulos han aventajado á los que
nos presenta como modelos la vocinglera fama. Desearíamos
tener la amenidad i el vigoroso estilo de un Salustio para no
~ebilitar con flojas espreaiones que no correspondan lÍ la gran-
dei\ del objeto los gloriosos timbre~.,que adquirieron; pero á
falta de estas altas dotes nos esmera~mos en referirlos con el
posible entusiasmo, esperaado que la sola narracion de ellos
.sín necesidad de los adornos de la historia, haga reflejar so-
bre aquellos guerreros todo el esplendor á que se hicieron
acreedores.


Reservamos pues para el capítulo inmediato la. descríp-
cion de los sucesos correspondientes al año de lB16, i COIl-
eluiremos el presente con aiíarJir algunos apuntes sobre las
pro-Ancias de Veneznela despues de haberse ausentado de ellas
el general en gefe espedicionario, Solo había quedado con Ias
armas en la mano ea dichos paises el caudillo Zarasa con
200 hombres refugiados en las' montañas de Chagüsramas , i
los bandidos Monagas i Cedeiío vagando por la Guayana i los




€:A1l.ACM 1 SANTA FÉ: 1815. ¡8S
Llanos. Poca antes de haber desembarcado Morillo en aque-
llas playas se habia dirigido el citado Zarasa al general de
Caracas don Juan Manuel Cagigal solicitando el indulto; i
a.unque la política í la misma conveniencia pública deman-
daban una pronta aquiescencia á tan oportuna sumision , Ca-
gigal sin embargo no se atrevió á darla sin oir antes al gene-
ral espedicionario, temeroso de ver desairada su autoridad si
aquel traía órdenes que estuviesen en contradiccion con s~
deseos.


Esta intempestiva delicadeza del mencionado Cagigat-fue
sumamente funesta á la causa del ReLZaiasa creyó que era
irrevocable su decreto de proscripcion, i se dedicó por lo tan-
to con todo el furor que sujieren el despecho i la desespera-
cion á hostilizar á los españoles del modo mas terrible. Mui
pronto agregó nuevas tropas á su. corta partida, .i se defendió
bizarramente de las que habiansidl) enviadas contra él
antes de emprender la espedicion -sobre Cartágeaa ; pero toda-
l'ia fue mas terrible su sedicioso influjo cuando se hubo in-
ternado el ejército llspedieionario: fue entonces cuando pudo
hacer libreiuente sus escursiones sobre la Guayana .¡ empeñar
'acciones parciales que, dando nuevo vigor i altanería á sus
hordas, acaloraron st. fantasfa hasta 'el punto de creerse capaz
-desostener todavía con.algunéxitoIa moribundacausa de la
iu.depeudencia•






."




186
'i\l\'\l\Ml\HJ\f'i\\I\f\i,tl\\\I\f\i'\f\i\f\i'!\J\I\I\'\JW\~'I\¡'f\t';\i\lJ\""''\I\:\t\i\lV~,ttJ


CAPI.TULO XIII.


MÉ JI eo: 1815.
COntinuacion de los hechos de armas mas brillantes sosteni-


dos por los realistas en este ano, entre los que se distin-
guen la espedicion concertada por el coronel Itürbide con-
tra la junta rebelde situada en Ario. Mejora de los ramos
de pública administracion: Nuevos refuerzos recibidos de
la península. Feliz i arriesgada espedicion. del teniente
coronel don Cárlos María Llorente sobre Misantla. Der-
rota del licenciado Resainspor Guadalupe Fietoria. Ter-
ribles discordias entre los principales caudillos insurgen-
tes. Prision del feroz Morelos, i destrsccion de sus gavi-
llas. Progresos de la opinion á favor del Rei á consecuen-
cia de tan importante suceso. Muerte de aquel formidable
enemigo en 'Z I de diciembre, en cuy~ dia se concedió un
indulto genrenll:Nuooos esfuerzos de los rebeldespara res-
tablecer el congreso, á cuya cabe~a fue colOcado el in-
surgente Terdn. Estado del uireinato de Méjico á fines
de 1815. ..


• Aunque e~ este aoo cédi~ coóside~blemente el espíritu
de sedícion , no por eso~jatortde ~arse tan sangrientos i re-
petidos combates que l. relacltmIhinuciosa de ellos seria tan
pesada como poco necesaria; nosceñiremos por lo tanto á in-
dicar los mas importantes. Los de esta clase pertenecientes al
mes de enero fueron los que concertó el comandante don
Luis del Agu~a contra 900 insurgentes de caballería situados
en la Antigua, provincia de Veracruz, en donde fueron com-
pletamente batidos con pérdida mui considerable, habiendo




lIIÉJICO: 18.J 5. 16J
sido de la mayor entidad la del cabecilla Viviano, segundo ~Q
Guadalupe Victoria.


Fue todavia de mas lustre i esplendor el resultado de los
acertados plapes que el coronel Itúrbide había combinado con
tropas de Apasco, Chamacuero , Celaya, Salamanca, Bilao i
Guanajuato contra las partidas rebeldes que se hallaban por
aquel distrito, Parecía que 'tie este golpe de astucia i arrojo
no debía salvarse ninguno de IQS protervos j con tanto esmero,
habían sido tomados todos loscaminos, i guarnecidos veinte ¡
siete puntos en la prolongacion de diez i nueve leguas, í con
tanta celeridad habían desempeñado todas las 'columnas 10$
movimientos que se les habían confiado para cortar al e~e'"
JlIigo todos-Ios pasos!


Aunque el bizarro gefe que dirigió esta operación la vió.
ejecutada con felicidad, no quedó sin embargo satisfecho
cuando supo que algunos de lQS principales caudillos que
componían el fantástico congreso se habían sllstraidoá l¡{
muerte. Halló sin embargo los medios de templar su sen-
timiento al tender la vista sebre 800 facciosos que habían
sido presa de aquella cacería guerrera, i cuando vió el)
su poder un obus, un cañon , algunas armas de fuego, dOi
costales de pólvora i unos 200 caballos. Tuvo la satisfaccíon
asimismo de contar entre los prisioneros á José FulgenciWlo-
sales comandante general de los'partidos del valle de Santia- ..
go, Salamanca, Santa Cruz i Celaya, al brigadier José Mi-
guel Sainez , á los coroneles Andres Lazcano i Juan Mata, 4
los tesoreros, al asistente del vocal Liceaga i á una p.p~~ioIJ
de eclesiásticos i empleados en aquel quimérico gobierno,


El coronelde Lobera don José Joaquín Marquez i DOQ3.-
110, perteneciente al ejército del Sur, ganó una accion suma-
mente gloriosa en Huamantla iecnjra los cabecillas Rosario,
Ojeda, Velasco, Terán, Andrade, Sesma, Machorro, Bena-
vides, Correa i otros que habían llegado á formar una ·reu~
nion de 900 caballos i 400 infantes. Doscientos muertos,
otros tantos heridos, 14 prisioneros, 4 cañones , mas de 100
fusiles i una porcíon considerable de pertrechos' de guerra





1M nÉ.HCo: 18:5.
fueron los blasones con que ennobleció el eseudo de'sus ar-
mas el bizarro gefe re;lista, sin mas pérdida por su parte-
que la de dos muertos i 25 heridos.•


Entre las operaciones mas notables del mes de febrero
merece ocupar un lugar en la historia la defensa que hizo el
eapitan don Josede Barachina en el. pueblo de Acámbaro
contra 800 rebeldes bienarmados~que al mando de los cabe-
cillasTorres, Obregón ~ Saucedo, El Jiro. i Flores se lanzaron
con-tanto furorcorno confianza contra aquella débil guarni-
cion. Ya habían logrado apoderarse de algunas casas, i ame-
nazaban la total ruina de la poblacíon , cuando una impetuo-
sa salida 'de los realistas hizo variar totalmente la escena. Al
ver los facciosos la desesperacion con que peleaban las tropas
del Rei í los daños que sufrían por el bien dirigido fuego de
llJ,s mismas ~ se retiraron precipitadamente con la baja de unos
J 00 hombres que fueron puestos fuera de combate, sin que
la pérdida-de" los realistas escediera de 22 muertos i de algu-
nos heridos. El comandante don José Brilanti correspondien-
te á la dívísíon del brigadier don Diego Garcia Conde sostu-
vo un choque feliz en la hacienda de los Ranchos de la sier-
ra de Comanja contra la gavilla de Morelos causándole la
pérdida de 50 muertos, ,17 prisioneros, algunos caballos i
arqs de fuego.


Entre los hechos dearmas que mas -brillaron en- el mes
de marzo debe hacerse mencion honorífica de la espedicion
del comandante don Luis del Aguila, ejecutada entre in-
mensas gavillas, capitaneadas por el comandante Guadalups
Victoria, "que se habianempeiíado en ostruírle el paso. Aun-
que los rebeldes jamás se presentaton en CaJIlPO abierto i si
solo desde sus emboscadas i ventajosas posiciones, fueron sin
embargo esearmenrados en varias· de sus correrías, en las que
tuvieron bajas de la mayor consideracion. No fueron tan afor-
tunadas las Mmas realistas-en el ataque que dieron al fortifi-
cado cerro de Copero , del que hubieronde desistir al ver la
tenaz resistencia de los sitiados 1- su .favorable posícion para
sostenerse, ·Si bien este choque puso fuera-de combate á mas




)fÉJICO~ 1815. r89
de cien individuos de la división del brigadier don Ciriaco tI~
Llanos, se ejecutaron en él sin embargo tales rasgosde bizar-
ría i arrojo, que se aumeatd el catálogo de los brillantes ser-
yicios, de aquellas tropas, haciéndose acreedoras á Ioa mayp-
res elogios á pesar del malogro de sus tentativas.


.A los pocos días de haberse retirado del cerro de Cóporo
el teniente coronel don Marias de Aguirre, que fue uno de
los que mas se dlstingureron en aquel ataque, tuvo nueva
ocasión de ejercitar la valentía de sns tropas atacando en él
puerto de las Milpillas á las gavillas del coronel Menchaca i
á las del famoso Rajron , las que pudieron sustraerse á la fu-
ria de lost/ealistas ~on una vergonzosa fuga, abandonands por
el rumbo del Oro 250 caballos, que no pudieron internar á
causa de las malezas i escabrosidad del camino que tomaron
para hallar un asilo en su desgracia, Las tropas del brigadier
don José Gabriel de Armijo obtuvieron repetidos triunfos
contra las gavillas insurjentes en sus trincheras- de Playa
grande, distrito de Petátlan, ácia la parte del Sur, de las
que fueron desalojadas con la pérdida de cerca de 200 hom-
bres, 3 cationes. de á cuatro, varios fusiles, porcicn. eonside-
rable de municiones i otros pertrechos de guerra. Los prófu-
gos de esta refriega fueron alcanzados á su continuacion en
el paraje de Paut}a por el ayudante don Crístobal Huber que
acabó de esterminazlos,


Otro de los combates mas reñidos que se '1'~cuerdan en
esta época fue el que sostuvo el capitan don José Vícente
Robles con solos 80 infantes i un corto destacamento de ea-
hal1erfa contra las gavillasde Guerrero i Herrera, que een tri-
plicada fuerza se habian arrojado sobre los realistas en el
campo de Tlalistaqui1Ia, distrito de Tlapa, despues de haber-
les degollado varios de sus centinelas: el primer ataque del
enemigo fue tan brusco é impetuoso que quedó arrollada la
infantería, cercado el mismo Robles, i obligado lÍ saltar
por una barranca con un oficial i siete soldados para salvarse
del' faror de los facciosos. Empero fue tan decidida la resis-
tencia de aquellos valientes en medio de sus contrastes i re-




• Q ,...
190 MEJIeo: i o i o.


veses, que si bíenhubíeron de ret irarse con los mayores ries-
gos i no poces.quehrantos, acreditaron en repetidos encuen-
tros su denodado espíritu, i dieron á los rebeldes una terrible
Ieccion de lo que puede el entusiasmo i la fidelidad. Mas de
50 cadáveres que se hallaron en el campo sin contar los mu-
chos heridos que fueron ocultados, segun indicaban los ras-
tros de sangre que se hallaron en varias. direcciones ;' acíbara-
ron á los. facciosos el placer de su decantadavietoeia,


. Entre las acciones mas ilustres ocurridas en el mes de
abril debe contarse la obstinada defensa que hizo la guarni..,
cion de Chamaeuero á pesar de haber sido sorprendida por
300 rebeldes introducidos por traición d~l cabo ~rigue~,
de quienes fue primera víctima el comandante de aquel pun..,
to don Antonio Ormachea; pero el que le reemplazó en el
mando, don Isidro Granda, salvó el honor de las armas espa-
ñolas rechazando con el apoyo eficaz de sus valientes solda-
dos al orgalloso enemigo, i ohligándole á retirarse con gran
pérdida de muertos i heridos. El gobernador de Tlascála don
Agustin Gonzalez del Campillo se vió atacado de improviso
por las gavillas de Inclan , Cortés, Rojano, Montes, el Cam-
panero i otros cabecillas hasta el número de 700 hombres: el •
decidido empeño de apoderarse de aquella poblacion fue
inferior al de la resistencia. Aunque los facciosos habian to-
mado posesión de algunas casas, i que iba~taladrando otraa
para introd~eir el desaliento en aquella débil guarnicion,
desplegó esta sin embargo todos los esfuerzos de su brazo, al
que sucumaíeron 80 rebeldes entre muertos, heridos i pri-
sioneros, i los restantes se vieron precisados con tan inespe-
rado contraste á ocultar su verguenza con la fuga.


El comandante don Ignacio Ocampo, dependiente de la
division del brigadier don José Gabriel de Armijo, sostuvo
un combate de los mas sangrientos i gloriosos en el pueblo
de San Crístobal , inmediato·á Ajuchitlan con 300 hombres
escasos contra 15°0 caballos capitaneados por los cabecillas
Bravo, Galeana , Lizalde, Campos, Ochoa,· Mora i Arines.
Engreidos con la inmensa superioridad numérica i con la




., 'LEJlCO: 1815. 19 1
buena calidad de sus tropas. daban por segura la víctoríaj
pero los realistas acostumbrados á ,superar con su heroislIlQ
toda clase de obstfculos i tropiezos, no se desconcertaron con
este imponente aparato, i en su vez se prepararon con el mas de-
nodado espíritu á salvar su sólida reputación á costa de.los ma-
yores sacrificios. Cuatro horas dur6 este reñido combate en
que cada cual empleó por su parteeuantqs esfuerzos, sugiere
el mas ardiente entusiasmo ; mas Una terrible carga que dio
con su caballeríael.capitan don José Joaquín de la RoSjl Goí-
lloa. acabó de fijar la fortuna en las filas realistas..~r;escientos
eadavéres, muchos heridos, 36 prisioneros, dos. cañones de
grueso calibre, inmensa porcion de armas i caballos, iel to-
tal desorden i vergonzosa dispersion de los insurgentes f~eron
el fruto de su -temeri.lad.


Como pertenecientes al mes de mayo se hallan varias ac-
ciones consignadas en irrefragables testimonios que elesaa al
mas alto grado el mérito de las tropas realistas en esta san-
grienta i porfiada campaiía: una de ellas fue la bizarra de-
fensa del pueblo de Acatzingo hecha por su comandante don
José de Porras: despreciando con indígnacion este valien-
te oficial la íntimacion de rendirse que le habia dirigi-
do el cabecilla Teran , puesto al frente de 800 infantes con
tres piezas de artillería ~ sedió principio al ataque con el ma-
yor ardor por ambas partes;" mas viendo los rebeldes el poco
frllto que sacaban de su terco empeño desistieron de él , i se
retiraron con la baja de J 00 hombres entre muertos i heri-
dos, contándose entre los primeros el cabecilla ViHasánz.


Fue todavía mas importante ~que ganó el coronel co-
mandante de la seccíon. de Tula don Cristobal Ordoñea con-
tra una reunión de J 200 facciosos, procedentes de Cóporo i
Zitácuaro, al mando de Ramón iFrancisco Rayan, Epitaeio,
Pascasio i Cañas: habiendo hecho una atrevida salida de Ji-
Iotepec el citado Ordoñes , logró desordenar la línea enemiga
despuesde media hora de vivfsimo fuego; i carganclft enton-
ces á la bayoneta obtuvo un triunfo completo; ápode#n!h>se
de 120 prisioneros, de una grancantidadde fusiles, asi como




'192 MÉJICO: 1815.
de un canon, un obus i otras varias armas i pertrechos de
guerra, i de un campo cubierto de mas de 160 cadáveres,
eatre ellos varios de sus cabecillas.


Merece particulares elogios la bizarra defensa que hizo
el comandante de Teloloapan, don Marcial de Arechaba con
solos io hombres contra 600 rebeldes de caballerfa é ínfan-
teria perfectamentegarmados , que al mando de los cabecillas
Bravo, Galeana, Ursua , Pablo Ocampo, Pedro Talavera i
stros ,e arrojaron inesperadamente i con la mayor furia sobre
aquella débil guarnicion. Su ruina estaba decretada, i no pa.-
recia posible evitarla ; mas fue tal la bizarrfa i decisión de
este fUiíado de valientes, que recibiendo con sonrisa la muer-
te, mas bien que rendirse á aquellas hordas' desenfrenadas,
supieron fijar á su lado la inconstante fortuna. En el cálculo
mas osado no cabia esperanza alguna de la victoria; los realis-
tas sin embargo la obtuvieron rechazando tres ataques encarni-
zados, hasta que cansados finalmente los rebeldes, i desconfian-
do de debilitar el terco valor de sus contrarios, emprendieron la
retirada á las nueve horas de haber roto el fuego, dejándose
en el campo 40 muertos i una parte de los 100 hombres que
salieron heridos de aquella refriega, habiendo sido mui corta
la pérdida de los bravos defensores de 'I'eloloapan.


Era de la mayór importancia sorprender la junta rebelde
situada en Ario para destruir de una vez á aquella fragua de
patrañas i seducción : el infatigable Itúrbide, que tantas ve-


.ces habia señalado su bizarría i decisión por los derechos del
Rei , quiso agregar al catálogo de sus servicios .éste que debía
ser superior á todos los ~teriores. 'I'omadas las providen-
cias mas acertadas al objeto, hizo catorce jornadas de diez, i
aun de veinte leguas, sin mas que un dia de descanso para
las valientes tropas, á las que sabia entusiarmar con su ejem-
plo. Los méritos contraídos por esta división en tamaña em-
presano admiten comparacion: no podía ciertamente verifi-
carse l.sorpresa sin superar todos 10& obstáculos de 'una mar-
cha rápida i penosa i de caminos impracticables por sus male-
zas , escabrosídades i barrancas,




Il'l!iJICO: 1815. 193
Todo sin embargo estaba vencido, i el dia 5 del mes de


mayo debia haber caido á la madrugada sobre los despre-
venidos individuos del quimérico gobierno, cuando un ino-
cente estravío , ocurrido en la noche anterior al franquear un
monte espesísimo , frustró los planes combinados con el ma-
yor acierto, i ejecutados hasta entonces con toda felicidad.
No habiendo podido llegar á dar el golpe en dicho dia 5~ fue
preciso diferirlo hasta el siguiente. Los rebeldes no habían
tenido aviso alguno del movimiento de Iturbide basta el
mismo dia designado para la sorpresa, la que se habría ve-
rificado sin el indicado tropiezo, dejando envueltos en sus
mismas ruinas á todos' aquellos genios maléficos , instigadores
principales de la guerra"¿'vil. Si bien no tuvo e;taespedi-
cion el éxito feliz que se mian prometido, merecieron sin em-
bargo t,pdos los individuos que la componian , los mayores
elogios del virei Calleja por el esmero con que concurrieron
al desempeño de tan importante i penoso servicio.


Conociendo dicho general los malos efectos que debían pro-
ducir en muchos ilusos de aquel reino los incendiarios pape-
les que salían de las prensas de Apatzingan i Taretan por in-
flujo dc1 llamado congreso mejicano, hizo publicar un bando
en el que probaba evidentemente la traicion i rebeldía de
aquellos hombres inmorales, reunidos sin ninguna clase de
poderes de los pueblos, i mucho menos sin las facultades del
Soberano legítimo, que restablecido felizmente al trono do
sus mayores estaba en el pleno ejercicio de su dominio sobre
la América española, Proscribió á 6U consecuencia del modo
mas terminante la circulacion de dichos impresos ~ i declaró
por traidores 'á todos los que abrazasen tan execrables máxi-
mas. El cabildo eclesiástico i gobernador en sede vacante dió


..


una pastoral no menos enérgica para atraer al sendero de la
virtud i de la obediencia á todos los descarriados por tan in-
fames teorías. Los pueblos se apresuraron á desmentir COIr
actas públicas i solemnes la atrevida usurpacion de sus pode-
res por los titulados vocales de la junta de la nacían.


Parecía que estos auténticos documentos que espresaban
Toaw U. 25




r ' 8 ,.,
'91 lmJTCO: t o i o.
la verdadera voluntad de los mejicanos, deberían haber der-
ribado el prestigio que habian principiado á adquirir en a1gu-
nos puntos aquellos genios de la discordia; pero su terquedad
i animoso empeño no cedia á los dictados de la razon i de la
justicia: así pues los veremos aunque errantes i proscriptos
perseverar en su desleal partido hasta que el curso del tiem-
po i los repetidos esfuerzos de las tropas realistas hicieron
desaparecer aquel sinmlacro de ilegftimogobierno, ó mas
bien de deslealtad i protervia.


En medio de estos contrastes se observaba sin embargo
una notable mejora en todos los ramos de la adrninistracíon,
cuyo estado, sino era tan pujante corno el que ofrecía el país
antes de ·la revolucion , superaba. mucho al de los alías de
181 1 i 1812 : en este último se ~bian acuñado en la Real
casa de moneda 4.409.266 pesos, i en el ] 4 habia ~ido un
aumento de 3,214,939' IJa aduana en dicho año de ]812
tan solo había producido 1.091.123, i en el 14 se notó el
aumento de 910.768; el de J 8 15 presentaba todas las apa-
riencias de ser sus resultados mas brillantes.


La enerj (a desplegada por el gobierno para cortar de raiz
el genio del mal, hacia esperar un rápido cambio en la opi-
nion , i que fuera calmando el furor revolucionario con el es-
carmiento de los principales corifeos, i con el desengaño de
las masas alucinadas. Se aumentaron todavía las esperanzas
de los buenos luego que supieron la llegada á Vera-Cruz á
mediados de junio del brigadier don Fernando Miyares con
2000 soldados españoles. Este importante ausilio , al paso que
servía para reforzar las columnas realistas, infundia nuevo
aliento á las mismas, presentándose como un espresivo tesrí-.
monio de la paternal solicitud del Monarca español , i de la


•decidida atencion que prestaba á aquellos sus dominios. Ya
desde entonces se hicieron mas dulces las fatigas de la guer·
ra para todos los empleados en ella, al observar que sus es-
fuerzos :i... padecimientos merecían la singular proteecion del
Soberano, por cuyo benéfico influjo habian de tener una
pronta terminacion , í sus servicios 1'1 debida recompensa.




lfÉ,HGO: 1815: ]95
A estas poderosas consideraciones se debieron los ilustres


triunfos puados sucesivamente por los realistas, mereciendo
particular mención la bizarra defensa hecha en el mes de ju-
nio por el comandante de Apuleo don Rafael Duran , contra
900 rebeldes de la gavilla de Zacatlan, Huauchinango i Sier-
ra baja, á las que obligó á retirarse despues de haberles pues-
to 125 hombres fuera de combate. Es también digna de ho-
norifico recuerdo la feliz espedicion de don Cristóbal de Huber
i Franco, correspondiente á la division de don Gabriel Armi~
jo, cuyo bizarro oficial tuvo varios encuentros con los insur-
jentes, aprehendió algunos de sus cabecillas, entre ellos á
Montoro, Julian Gutiesrez i Sota, mató á otros, les tomó 32
prisioneros, porción de armas i municiones.


No fué menos feliz otra espedicion emprendida á este
mismo tiempo por el teniente coronel don Domingo Clavari-
no, dependiente del ejército del Norte: puesto este valiente
gefe al frente de su division , compuesta de 450 hombres i
dos piezas de á cuatro, recorrió la serranía de Tacámbaro,
haciendas de la Loma, Chupin , Pedernales, cercanías de Pu-
ruarán, pueblo de Ario, Araparacuaro, 'I'aretan , 'I'omendan,
Santa Clara, Chearan, Nahuatcin i Paztcuaro , en persecu-
cion de las fuerzas que defendían la junta revolucionaria,
mandadas por varios cabecillas, entre los que se distinguían
el P. Carbajal, Cervantes, Vargas, Sanchea , Vedoya, Flo-
res, Cos i Lailson. Tuvo con ellos varios encuentros constan-
temente felices, i regresó á Valladolid á los cuarenta i ~os
días de penosas marchas, habiendo causado al enemigo consi-
derables quebrantos con sus frecuentes sorpresas, sin mas pér-
dida por su parte que la de 4 dragones muertos i 6 estravíados,


A este mismo tiempo brilló el distinguido mérito del tc-
!dente coronel don Antonio Flon en tres ataques consecu-
tivos que tuvo en el pueblo de AcatIán contra mas de 1000
rebeldes mandados por los cabecillas Sesma, Guerrero, Alar·
con i Andrade: con su corto destacamento de menos de 100
hombres resistió el bizarro Flan las impetuosas carga!' de
aquella faccíon desorganizadora, laque cubierta de mengua




196 MÚlCO: 1815.
i desdoro Imbo de abandonar el campo sembrado de mas de
200 cadáveres, sin que la pérdida de los realistas escediera
de 10 muertos i 1 2 heridos.


El capítan don Juan de Ateaga se defendió vigorosamente
en Tetela, provincia de Veracruz, contra 1000 facciosos capi-
taneados por Osorno , Inc1an i otros cabecillas, cuyos vigoro-
sos ataques rechazó COD bizarría, causándoles la pérdida de 30
muertos. i de un número mayor de heridos. Por la parte de
Guadalajara se distinguian asimismo las columnas ambulantes,
i en particular la del capitan don José Valleno, quien en va-
rios encuentros que tuvo con los rebeldes de Tamasula, les
tomó mas de 200 prisioneros, les causó un quebranto consi-
derable en muertos i heridos, i se apoderó demucho ganado,
caballos, armas i otros efectos.


Entre las acciones que mas brillaron en el mes de julio
merece ocupar un lugar distinguido la espedicion del teniente
coronel don Eugenio Yi11asana, comandante de la seccion de
TcIoloapan, quien tuvo varios choques con' las gavillas de
Ga]eana, Ocampo i Bravo, i el mas importante en 'la ha-
eienda de San Juan á las cercanías de 'I'lachapa, en donde fue
batida completamente la division del brigadier Lobato de·
jando 45 muertos i 13· prisioneros en el campo de batalla,


El teniente coronel don Cárlos María Llorente se cubrió de
gloria en la espedicion que emprendió sobre Misantla: con
solps 412 hombres anduvo 45 leguas de país el mas esca-
broso del reino; i que por el espacio de cuatro años habia
estado ocupado por los rebeldes. Entre los 19 que defendían
este territorio había 300 milicianos, cuyos conocimientos i
práctica de aquella impenetrable serranía parece debian frus-
trar cualquiera afaque concertado contra ellos. Llorente sin
embargo la recorrió en todas direcciones, les dió varios gol-
pes, i les convenci6 finalmente de que no hai obstáculo que
detenga la hravara de los realistas cuando se trata de sellar
la fidelidad á su Monarca legítimo. Estaespedicion l que fue
la primera por aquel rumbo desde que principió la guerra
eivil , fue ejecutada felizmente iSlu mas pérdida por par-




MiJIco: 1815. 1~'l7
t-:: de la división de Llorente que la de 17 muertos i 31
heridos.


Otro de los hechos gloriosos que mas brillaron en esta
época fue el terrible golpe que el esforzado Orrántia dió en
el rincon de Ortega á las gavillas de Rojas, Encarnacion
Ortiz. Rosales i Moreno, que ascendian al zíumero de 14°0
hombres. La muerte .3°0 de estos, la prision de 30, la
pérdida de un caiíon i de 200 armas de fuego fueron el fruto
de tan importante jornada, con cuyos trofeos, ganados sin
mas pérdida que la de 10 muertos i 3o heridos, quiso la
fortuna premiar la bizarría del benemérito comandante, bien
conocido en aquel teatro de sacrificios i victorias.


Uno de los sucesos mas notables del mes de agosto fue la
derrota del licenciado Rosains en las inmediaciones de Cos:
comatepec por su rival Guadalupe Victoria, i su fuga ácia la
sierra de San Antonio de Arriba, con cuyo rápido movi-
miento había evitado el alcance del teniente coronel don José
Moran, que habia tratado de sorprenderle en San Andres 6
en 'recolo. Entre los hechos de armas mas ilustres de esta
época son dignos de honorífica mencion los que tuvieron las
tropas del comandante de TuIancingo, teniente coronel don
Francisco de Las Piedras en los pueblos de Huauchinango,
San. Pedrito , ApllIco i 'I'ulancingo , en los que perdieron los
rebeldes 1 33 muertos, J 2 prisioneros que fueron pasados por
las armas, 128 fusiles, 54 lanzas, 40 machetes, un cafion,
una caja de guerra i 2000 cartuchos: en estos empeñados en-
cuentros se cubrieron de glorh no solo el teniente coronel
Las Piedras sino los comandantes de las ,varias columnas don
Rafael Duran , don José María Lubian , don Rafael Asiain i
el alferez don afaeI Ricaño , asi como cuantos oficiales i
soldados tuvieron ocasion de desplegar su esfuerzo i bizarría.


El comandante general de las Villas, brigadier don Fer-
nando Miyares, se hizo altamente recomendable por su bien
dirigida espedicion desde Jalapa á Veracruz batiendo en re-
petidos lances á todos los rebeldes de Tierra caliente, gU(\)
:11 mando de Guadalupe Victoria habían salido á intercep-




108 MÉJICO: 181 j.~
tarle el paso i á apoderarse del rico convoi que escoltaba.
Fue asimismo importante el ataque que el capitan don Pedro
de la Sierra, perteneciente á la dívísion de Querétaro dió en
las cercanías de Cadereíta á 800 ínsurjentes , que favorecidos
por el terreno i por sus buenos espías habian tratado de en-
volverá los 180 hombres de que se componia la colurnga rea-
lista, i daban ya por segura la vi&ia; pel'o se debió á la
bizarría de nuestras tropas que huyeran los facciosos des-
ordenadamente, dejando 40 de ellos tendidos en el campo.


Como pertenecientes al mes de setiembre deben citarse
las gloriosas acciones del espitan don Ramon Galinsoga, cor-
respondiente :1. la comandancia general de los llanos de Apan


J:ontra las gavillas de Espinosa, Inclan i Serrano, á las que
batió constantemente causándoles pérdidas de consideracion; i
la feliz sorpresa que el ya citadoOrrántia hizo en el pueblo de
Dolores sobre la gavilla de Encarnacion Ortiz, compuesta de
350 caballos, quedando todos en su poder con sus sillas i
armas, asi como 40 facciosos muertos en la fuga, i pasados
por las armas otros 53 que cayeron en las manos de los rea-
listas; habiéndose podido sustraer á la muerte el principal
caudillo sobre un caballo en pelo, i los demas valiéndose de
la misma confusión i desórden.


Este fue el momento de mayor agitacion entre los rebel-
des: el doctor Cos , Rosaíns , Rayan, Navarrete , Morelos,
Sanchez , Aniola i demas cabecillas se perseguian recíproca-
mente i sin piedad: huian unos desengañados de sus fatales
errores á acogerse al generoso indulto de las autoridades espa-
ñolas, i entre ellos eL1icenciado Rosains, don José Guevara , i
otra porcion de antiguos insurgentes, los que lograron salir con
las tropas reales á dar pruebas de su deélion por la justa
causa que ofrecian sostener con todo empeño, á fin de borrar
la mengua de su antigua conducta: otros fueron víctimas de sus
mismas discordias; í losdemas cayeron gradualmente en po-
der del ejército del Rei. Esta última suerte cupo al contumaz
Morelos, quien amenazando abandonar la serranía con varias
partidas que había reunido en Huétamo, ofreci6 una brillan-




lrímco: lfíl~. 109
te ocasión al teniente coronel don Manuel de la Concha de
hacer ilustre su nombre.


Como las primeras noticias que hubieran circulado acer-
ca de este indomable insurgente indicasen que sus ,correrías'
tenia n por objeto descolgarse por el rumbo de los Laureles ó
el valle de Temascaltepec para internarse en las provincias de
Puebla i Oajaca , atravesando los cerros de Apisco i Juchimil-
ca, contiguos á la capital de Méjico, ó bien cruzando por
entre TaiCO i Cuernavaca , did orden el celoso virei al refe-
rido Concha, que se hallaba mandando una división en el
territorio de Toluca, para que se dirigiese sin dilación al in-
dicado punto de Temascaltepec. Ejecutado con puntualidad
este movimiento, i reforzado Concha con 250 hombres, con
los que llegó á completar una fuerza de 600, procedió á la
orilIa del Mexcala dando por mas segura la direccion de.aquel
caudillo sobre este punto .como que tenia en él mayor práctica
é influjo, i menos obstáculos i tropiezos, que por el territo-
rio de Ixtlahuaca , El teniente coronel don Eugenio Villasanaf
comandante de una seecion situada en Teloloapan, debia se-
gumlar los movimientos de esta espedicion obrando en per-
fecta arrnonfa con el gefe principal de ella.


La derrota sufrida á este tiempo al pie de Valladolid por
las gavillas que se. encontraron con el teniente coronel don'
Domingo Clavarino confirm6 el concepto de que MarcIas se-
guiria el Mexcala para caer sobre Tehuacan. A fin de asegu-
rar el terri torio que antes cubria Concha, se mandó situar:
al teniente coronel don Matias Aguirre con su columna en,
San Felipe del Obrage, i fueron puestas en movimiento las'
guarniciones del valle de 'I'oluca , de Chalca , CooutIa, Cuer-
navaca i toda la línea al S. O. de la capital. Como cuerpo
de reserva se mandó tomar posición en Chalco á la division
de Apan para quc acudiese al punto mas necesario si More-
Jos por una marcha imprevista eludía el encuentro de Con-
eha i Villasana. El virei, cuya vigilancia se estendia a todos
puntos, ]¡landó que otra división de las tropas del ejército del
Sur partiese desde Huajuapan á reforzar el pufsto de 'I'lapa,




200 :uhrco: 1815.
amenazado por varias gavillas, con cuya disposicion el coro.
neI Armijo comandante general del rumbo de Acapulco podía
retroceder ácia Tixtla á fin de proteger Un rico cargamento
venido de la China, cuyo robo era de recelar fuese tarn-
bien uno de los objetos de Morelos.


Este complicado plan fue ejecutado con tanta felicidad i
acierto que los rebeldes se hallaron envueltos entre -Ias fuer-
zas del citado Armijo, de Concha i Villasana. Acordada por
estos dos últimos la final persecucion de aquel formidable
enemigo, no pudieron descubrir su retaguardia hasta la ma-
ñana del día 5 de noviembre desde el pueblo de 'I'emalaca:
apoderados los rebeldes de la cumbre inmediata aparentaron
una resistencia que solo duró hasta que los realistas se diri-
jíeron sobre ella. Replegándose á otras lomas no mui distan-
tes, ea las que se habia situado su caudillo, i formándose eu
tres trozos mandados por él mismo i por los brigadieres Bra-
vo i Lobato, afectaron una confianza que no podian tener e11
sí mismos, é hicieron ver á los realistas la necesidad de des-
plegar su acostumbrado arrojo é ingenio para destruir de un
golpe al genio errante de la revoluciono


No podía ofrecerse á estos valientes una perspectiva mas
agradable; había llegado el momento tan apetecido de poder
venir á las ma~os con sus enemigos, que al favor de sus co-
nocimientos topográficos i de su práctica en la guerra de
montaría habian burlado de contínuo sus operaciones mas
bien combinadas. La existencia de aquellas gavillas se debía
á la presteza de sus retiradas; era pues seguro el triunfo el
dia en que perdiendo su criminal cordura se atreviesen á es-
perar á pie firme á los que no te~ian mas deseos que 10. de
medir sus victoriosas armas.


Tomadas por el comandante Concha las disposiciones del
ataque, lo emprendió :í las once de la mañana con tal viveza,
que adelantándose el bizarro capitan Gomez sin reparar en
las dificultades que presentaba el terreno, se pusieron en pre-
cipitada fuga casi á un mismo tiempo las tres ai\"isioncs in-
dicadas, contra 1:1s que se laasaron los esforzados realistas




Ml:"':lí"C¡: 10],). ~o,
que habían jurado su total esterminio. Mocelos con mm de
los pelotones priucipales de los dispersos había tomado la di-
reccion del gran cerro contiguo á la loma de su formucion,
sobre cuya cima pensaba hacerse fuerte con un cañón q:Je ba-
bia po.Ii.ío salvar de la refriega; pero tornado este á mitad
de la cuesta por la valiente caballería coutraria , i acuchill.i-
da sin piedad aquella fuerza, fue aprehendido finalmente el
prófugo Morelos en una de las cañadas por el teniente de rea-
listas de 'I'epecuacuilco don .I\1~t¡as Carranco.


Los últimos resto, de los facciosos sacando fuerzas de su
misma desesperarían se formaron en una de las bal rancas
inmediatas al camino Real de Coesala para ofrecer nueves
tsnreles á. sus implacables perseguidores; la pérdida de los
rebeldes no bajó de 300 hombres icclusive 30 prisioneros, que
fueron fusilados en Atenango. 'fan solo se sustrageroIl á la
muerte los que tomaron la fuga con mucha anticlpacíen.
Dos cañones con todas sus municiones, porción considerable
de armas de chispa i corte, tojo el equipage de MarcIas i de
los cabecillas que lo acompañaban ; i finalmente cuanto exis-
tía en su campo contribuyeron á ilustrar el triunfo de aque-
lla jornada. Morelos i su capellán mayor, Morales, fueron
asegurados en estrechas prisiones para sacar de tan feliz deteu-
cion todo el partido que proporcionaban las circunstancias.


Los buenos oyeron con placer tan fausta noticia, i se en-
tregaron á las mas lisonjeras esperanzas de ver terminada
prontamente la revolucion , faltando el genio inquieto que la
fornenraba ; los amantes de la independencia se esforzaban en
desmentir aquellos sucesos, hasta que desengañados por la
misma comparecencia de aquel ídolo de su culto, quedaron
sumidos en la mas profunda tristeza, i Henos de la mas viva
aprehensión de que entre los papeles que le habían sido ocu-
pados se hallasen indicios de complicidad. Temblaban sobre to-
do los disidentes estable!dos en la capital, que conocían Ias
dificultades de alucinar á un gefe tan esperto i astuto, en cu-
ya sutíl penetracion se estrellaban todas las asechanzas í ar-
tificiosos manejos de la íntriza.


TQ;\lO rr, o!6




2ü?' M:ÉJleo: 181:í.
Cuando esperaban una providencia de rigor i proscrip-


eion ~ que no dudaban tendria efecto en el mismo dia 2 [ de
diciembre en que fue fusilado el citado J11ore!os después de
haber confesado sus horrendos crúnenes , é implorado por
ellos humildemente la misericordia divina (r) ~ se di¡J en su
vez un indulto generoso ~ que dando nuevo lustre á las virtu-
des del gefe superior llenó de confusión i vergüenza á los que~
siguiendo el errado camino de la seducción i del vicio ~ llega.
ron á conocer finalmente la sinrazon de su reheldía.


La prisión pues de Morelos fue uno de los triunfos mas
ilustres conseguidos por los realistas durante el período de la
revolucion hispano-mejicana: este terrible golpe acabó de des-
concertar las esperanzas de los mas obstinados. Ya desde este
momento tomó la guerra UlI aspecto menos feroz ~ á pesar de


(1) Aun'!ue por no faltar {, la verdad histút ica haya sido preciso hacer
nH'¡..ci .u de aI¡!1H::ü::i ('clesl:-.s¡ico~ e.-.;lraviado.s momentáneamente de la sen..
ú..t de 1.1 lldtdidad i de la virtud , tCIll'H.lOS la satisl'accion de OLSf'I'Vn1' que


oila número ha sidu infinitamente menor, segnn hemos indicado en ctro
!Jzni.', qne el de los dignos ministres del Altar: la nlayor parte de aquellos
~t> lanzaron en la revolur iou pOI' un a fa~sa idra de que iba» :í ddf'udt'r al
1\1f)il<i1'C3. lt'gitilno contra las miras ambiciosns Ut' ::\apol,'oll ; otrox adnp!a-
run la desleal divisa porque se figuraron que los pueblos de 1\mt"ri(,<l ha-
Lian de ser mas felices gobernándose por sí mismos ; pero los mas han ah ..
jurado púhlic~mcnte sus errores, i todos detestan en la actualidad al in mo-
ral é irre ligiuso gobierno iu surjr-n to , qtlP tan funesto ha sido (t la verdadera
creencia. Uonveucidos ['''''s de que solo [¡ajo el belldico influjo del .sobe-
rano cs p o üol pn.~d(~ le B(~l;'gi.on conacrvar tullo su lustre i esplendor, ansían
porque llegue el dichoso momento en (lue se iJllpollga el dcbi.lo Ireno al
vicio i ;; la impiedad.


l\o debe por 10 tanto sufrir el menor des.loro la henem{'rLta i l'(':;pctilA
Lle c'"se de los individuos dedicade:.s al Sacerdocio: uno, dos (' Ill.1S casos
d e e!'t'i'pcinn ;, la ('('gola g-eneral no prnlran jamas rebajar el alto concepto ü
que.se han hecho acreedores por sus ('jt'mpJ.art'~; virtudes, i. pUl' MI celo ver-
rlade rumen tn apo... to lir-o , así corno ra-n poco rrIluy» sobre el santo cáractnr
d" lo. discípulos de nuestro divino Hcdcnror la perversa conducta dc uno
,le sus mieurhros. l\os ha parecido convCllien'p.. dar estas nc laraciones P¿F:I
(litar toda siniestra interp rctacion de P::ll'tc de Ios qne no e;;landn h.cn ar-
.raif!adc,~ en la Ic , pretendan valerse de estos hechos aisladcs P~d'~1 dt¡:lil!)jL'
,. esta disting,úda clase, que forma el principal objeto ~¡c nuestro J":;l'l'~o i
rcueraciou ,




e.JEJlC;}: 181.'. 2 O:)
que algunos de los principales cabecillas permanecieron todavía
en su criminal protervia: los que se congregaron en 'I'ehua-
can para dar un sucesor á More1os \ no lograron ponerse de
acuerdo sobre la eleccion ; i guiados esclusivamente por su
peculiar interés ~ se dividieron en bandos, habiendo sido el
mas fuerte ti que se declaro por Teran , quien llegó á apri-
sionar, i aun á amenazar con la muerte á varios de sus
compañeros.


Reunido pues el quimérico gobierno bajo la direccion del
citado caudillo, tomaron los satélites que lo rodeaban el nom-
bre ruidoso de supremo congreso mejicano, i tuvieron la avi-
lunte,"; de ,!iriji1'oc :Í Ius naciones europeas como legítimos re-
presentantes de un pueblo libre. Esta farsa, sin embargo \ no
mejoraba de modo alguno la crítica posición de su ilícito
empe.io ; sus espirantes esfuerzos se estrellaban como siempre
cn la bizarría de los realistas; solo la temeridad mas indis-
creta, i el mas rabioso despecho, radian hacer tener las ar-
mas en las manos á un puñado de ptbseriptos, qne por de
quiera que dirijian sus pasos hallaban la espada vengadora
de la justicia. Las tropas del Rei contaban el número de sus
triunfos por el de las veces que llegaban á las -manos con lo"
últimos restos de aquella feroz revoluciono


Así sucedió tí. las gavillas de Vargas, GOREalez, JJhuriúo
i Herrera, que en número de 500 caballos i 60 infantes \ ha-
bian tenido el atrevimiento de atacar á mediados de noviem-
bre al destacamento de 'I'Iayacapa , i se hallaban cometiendo
las mayores estorsíones ; pero como huhieran l1tgado á las ma-
nos con el capitán don .\"icente Lara, fueron completa.nente
derrotadas, dejándose en el campo mas de 3:::J muertos, i hu-
yendo toda aquella chusma en la mas horrorosa dispersión. :'·0
habían salido menos escarmentados 2000 facciosos, que pocos
dias antes habían tenido la orrogancia de sitiar el pueblo de
'I'lapa \ defendido por U1lJ déhil guarnieion ~ pues que ataca-
dos por el bizarro Armijo perdieron mas de 200 hombres de
sus mejores tropas, si bien su desesperada resistencia obligo




2(,;', }'u':Sli:O: 1815.
tí. las del Rei á retirarse coa 100 hombres puestos fuera de
combate.


Ni tuvieron mejor suerte las gavillas que sitiaban al
pueblo de Apan ~ ni las de Espinosa ~ Osorno ~ Inclan ~ Ser-
rano ~ Vargas i Correa, que fueron batidas en varios encuen-
t¡CS por el sargento mayor don Juan Rafols, i por el coro-
nel don !\1anuel de la Concha. Como una consecuencia de los
reveses de los rebeldes, cuyo influjo se estendid por todas
partes ~ entró así mismo el abandono de la terrible fortifica-
cion del Puente del Rei , dejando nueve piezas de artillería,
una de ellas de á diez i ocho, gran porcion de municiones,
fusiles, morriones i víveres


.Gsta azorada retirada fue producida por la alarmante voz
He; aproximarse las valientes tropas de los brigadieres Daoiz
¡ 1Uiyares, por las que habia sido arrollada pocos días antes
su caballería en las inmediaciones del rancho del Guaje ~ así
corno por el terror que les habia infundido el teniente co-
ronel don José Joaquilt Marquez i Donallo , quien encargado
de su persccucion por el referido Miyares, se condujo con
tanto honor i bizarrfa , que causando á los facciosos la pérdida
de mas de 100 hombres, mereció los mayores elogios del
virei Calleja, i toda su division la mas fina gratitud del go-
bierno, i los mas honoríficos recuerdos de sus compañeros.


Así se iba desmoronando la causa de la independencia sin
que tuviera mas apoyo que en el terco i desesperado valor
de los cabecillas mas comprometidos ~ quienes hallaban siem-
pre algunos secuaces entre la pillería i hez de las poblaciones,
atraídos por el cebo del saqueo. N() puede decirse pues que
estuviera sofocada la revolucion á fines del año 1815; pero
se habían (ludo pasos agigantados para lograr este beneficio
tan apcrecído , como un resultado de los inmensos sacrificios
prestados por los que defendían la causa de la razon i de la
justicia.




205
'\f\ '-1\".I\J\'nn'H'\i ~\;\,n n u \:\ \\ \'\\'\\\J\'n;n'\\'\U\\\'- '\'\'\\,'\;,\\U\\l


CAPITULO XIV.


J3lJE~()S-j\.IllES: 1816•


•Carácter del director supremo Pueirredon; i su empetlo en -re-
mediar los males producidos por el desorden popular. Sus
trabajos para dar vigor á la causa de la independencia,
Discordias de la capital. Encono de los cívicos contra los
veteranos. Atrevidas empresas de Pueirredon contra el
reino de Chile i contra las tropas del Alto Perú: jeliz re-
sultado de la primera. Estado de los negocios tÍ fines
de 1816.


Par mas que se esforzase el nuevo director Pueirredou
en calmar los ánimos de los buenos-aireños i en zanjar las
desavenencias de las provincias Unidas en el nombre, i real-
mente divergentes en el todo, estaban los efectos mui lejos de
corresponder á su ardiente celo i sanas intenciones. Aunque la
eleccion de este magistrado no fue del agrado general del
pueblo, no por eso dej6 de tralJajar con igual esmero en la
árdua empresa de asegurar su felicidad consagrándose entera.
mente ií tan noble objeto. Siendo uno de los cuidados que mas
agravaban su ánimo las disensiones ocurridas en Salta entre
paisanos i soldados, se dirigi6 desde el seno del supremo con-
greso á cortar con su presencia aquella exasperación.


Terminada felizmente esta primera empresa se dedicó
á reconocer su ejército, á examinar la línea que ocupa-
ba i á inspeccionar sus fortificaciones: desempeñado dicho
encargo á toda su satisfaccion regres6 al Tucuman para
acelerar la solemne publicacion de la ridícula acta de su
independencia, apoyada en las bases Olas frágiles del racíocí-




nio i en la falsedad i graciosa invencion de sus asertos. Diri-
jiéndose desde aquel punto á Córdoba, en donde le esperaba
[3m Jhrtin para combinar los planes de la invasión de
Chile, emprendió de nuevo su marcha para regresar á Bue-
nos-Aires.


Las atenciones que rodeaban á este primer magistrado
eran de tal magnitud que podian acobardar al ánimo HJ:l"
atrevido. Veia los puntos interiores de aquella república en-
vITe.s en interminables discordias; la misma capital, devo-
rad.¡.~ por las mas viles pasiones del egoismo , ambician, riva-
lidad, competencia i encono de partidos. Los mas decantados
patriotas daban mui pocas seriales de POSCC¡' atpeJb elevación
de sentimientos que escita á sacrificar pri vados miramientos
en obsequio del bien general: las rencillas i la envidia ejer-
cían todo su poder; algunos hombres de juicio i sensatez se
retraían de tomar parte en un goblemo que no tenia fuerza
para enfrenar b. osadía popular. Eran tan públicos estos ma-
les que ti s corporación es mas respetables los marcaron en re-
petidos documentos que salieron de sus manos con la idea de
atajarlos.


En las varias representaciones de! mismo pueblo S,] ve
consignada su desconfianza, su apreheusion i su duro pesar
de que fuera igualmente desastroso el estado de los negocios
á pesar de la instalacion del congreso general i del nombra-
miento de un solo individuo para el gobierno superior.
Viendo pues que subsistim las provincias en la misma clase
de dependencia, se agriaron los ánimos de cívicos i veteranos
ea la capital,


La noche del 18 dc junio estaba destinada para cubrir
de luto aquella tan criminal como desgraciada poblacion. Los
primeros trataban de sorprender [t los segundos con el ausilie
de dos oficiales de estos cuerpos '1ue hablan prometido alla-
narles el camino para la perpetracion de tamaño atentado.
Prevenido con tiempo el regimiento número 8 , se puso en
actitud hostil, i lo mismo hizo la artillería esperando CO]l
mschns encendidas i con todo el aparato de la guerra el .Ics-




"[',ro;n.o-n!:E": 1810. 2°7
enlace de aquel drama alarmador. Aunque la prevcncíon de
los veteranos evitó por entonces el golpe de esterrninio , no
se estinguió poreso la animosidad entre ambos partidos l la
que prometía hacer tarde ó temprano su e-rlosion.


En medio de estos desórdenes, que debilitaban conside-
rablemente la fuerza moral que necesita un gobierno para
dirigir altas empresas, tuvo el atrevimiento el impertérrito
Pueirredon de dar ejecucion á dos de ellas de las mas impor-
tantes c(be se hayan presentado en los anales de aquella re-
volucipn. Fue la una activar la espedicion del general San
Martin contra Chile, la quc se vcrificó á principios del afi;)
siguiente desafiando to:lo d poJcr de un gobierno consolidado
por la legitimidad de su causa, i por las bayonetas de bizarras
tropas, que tenían justos motivos para esperar que la fortu-
na no hahia de volverles las espaldas. Fue la segunda refor-
zar el ejército de Salta para resistir á los furiosos ataques
que le diera el nuevo g"uer:ll del Alto Perii don José de la
Serna, á quien suponia ansioso por hacer célebre su nombre
en los primeros combates.


Era necesario pues un temple fuerte de alma para entre-
garse á tantos i tan arriesgados lances que se ofrecian simul-
táneamente al infatigable Pueirredon, Todas las probabilida-
des obrahan contra él; las discordias interiores embarazaban
sus operaciones; el ejército del señor IHarcó del Pont era
mul superior al de San Martin en número i en disciplina; el
del general la Serna estaba engreido con sus anteriores hazañas,
i perslJadirIo de tener vinculada en sus manos la victoria.


La república pues de Buenos-Aires se presentaba á la orilla
del precipicio; la salvó Pueirredon, ó mas bien la fatalidad del
destino que persiguió á los ejércitos del Rei. La Serna no
pudo abrir la camparía con la debida rapidez por falta de
las acémilas i útiles de guerra, para llevar á cabo su proyec-
tada espedicion, San Martin penetró felizmente por la cordi-
llera de los Andes; i la opinión de los genios bulliciosos se
rectificó al ver unos progresos tanto mas apreciables cuanto
menos esperados. Des~ entonces fue tomando solidez i COIl-




s~o8 Tjl,'-'~~os-AlnEs: 18 I :i. ~
sisteneia la entorided del director supremo; creció el aliento


de los republicanos, se disipó el abatimiento i el desorden,
que era un efecto de su crítica posicion , i file tomando r.ípi-
damente aquel go14ierno un vigor i enerjía de-que no se creía
capaz.


Este era el estado de los negocios de Buenos-Aires á fines
de 18 I 6; por todas partes sonreía la fortuna á los indepen-
dientes menos por la banda oriental. Artigas permanecia en
su estado de insubordinacion i rebeldía; las tropas portugue-
sas amagaban una invasiou , el doctor Francia ejercia sy. des-
pótico poder en el Paraguai , despreciando todas las prsposi-
cienes i amenazas de la república de Buenos-Aires; la pro-
vincia de Santa Fé se hallaba asimismo en estado de confÍl-
sion. Empero comenzaron los porteños á concebir fundadas
esperanzas de disipar prontamente aquellas nubes de oposi-
cion al favor de las sabias medidas emanadas del supremo
congreso, cuyos efectos habían de ser prodigiosos recibiendo


el activo ímulso de su primer magistrado.









209
"''W\~W'\I\IW\lV\J\I\\\'\i"\'"\lI\'\i\¡lJ\'\IH¡\;'\;\!\¡';'J\'\!\\\'\''''\nn'\;\'\i\'\ \;'\j


CAPITU 1..0 XV.


}Jrogres()s de los realistas, cuyo general en gefe se situá en
las inmediaciones de Potosí. Accion de la Angostura de
Salo. Providencias del general Pezuela para reunir for¡,dos.
Acertadas disposiciones para derrotar los caudillos insur-
gentes. Bizarra defensa de Chuquisaca por el eeronel don
José Santos de la Hera. Feliz espedicion del comandante
Centeno contra Camargo i La Madrid. Acciones brillan-
tes del coronel O/arria contra varios cabecillas, Estado
militar de las provincias del Alto Peni, Traslacioti del
euartel general á Santiago de Cotagaita. Razon de Ia
fuerza del ejército porte/la en la frontera ide la de los in-
surgentes del interior. Reveses de la columna del sarg-nt»
mayor Herrera. Salida de Potosi del mayor general Ta-
-eón ácia Chuquisaca, Aproximacionde los rebeldes á Po-
tosí. Ventajas conseguidas por -el comandante realista Cen-
-teno. Preparativos del general Pezuela para invadir las
provincias de Salta i del Tucuman, Nombramiento de este
general para el uireinato interino de Lima. Delegacion
del litando de aquel ejército en el general Ramircz hasta
Ja llegada del propietario. Subleuacion en Lima -del pri-
mer batallan de Estremadura i de dos escuadrones de ca-
balleria ,calmada por la energi« del uirei .dbascal, ra-
rias acciones dadas en el Alto Perú, mereciendo un lugar
de preferencia en la historia las de los coroneles Fercolme,
Laoin ; Vigil, .dguilera i del coronel La Hera, Llegada
al Perú del mariscal de campo don José la Serna i de al-


'I'J\!lO II 27




2 1 O J>E/,¡':: 1 g 16.
gunas tropas i buques de guerra. Vigorosas providencias
del virci Pezuela para mover el ejército del Alto Perú i
ausiliar al reino de Chile.


A principios de enero se hallaban ya las tropas,
realistas por Ius provincias ele Potosí i la Plata i el gene-
ral en gefe en la ciudad de Cochabamba. Deseoso éste de es-
tender la Hnea de sus operaciones ~ emprendió su marcha por
Chayanta ~ LagunilIas i 'I'arapaya recorriendo un camino su-
mamente penoso por sus escabrosídades ~ quebradas ~ arroyos~
intemperie de la estacion , falta absoluta de subsistencias ~ i
cubierto de. tropiezos capaces de desalentar al ánimo mas
atrevido. Por todas partes dejó el general Pozuela seriales po-
sitivas de clemencia i de recta administeacion


Cuando llegó en el dia 31 del citado mes á la hacienda de
Mondragón ,que dista cuatro leguas de la villa de Potosí, se
hallaba tan quebrantada su salud por las penalidades que ha-
bia sufrido, que para restablecerla determinó permanecer
algunos días en aquel punto como el mas á propósito para el
objeto, á causa de su benigno temperamento, i como el mas
central para sus operaciones sucesivas.


Pocos días antes de este movimiento habia seña-
lado el comandante Olafieta su inteligencia i bizarrfa en
un encuentro con el caudillo insurjente don Martín Ro-
driguez en la villa de 'I'upiza : emperrado este perjuro en
alucinar con noticias supuestas á aquellos infelices habitantes,
derramaba á manos llenas papeles seductores por todos los
pueblos, i entraba en comunicaciones con algunos oficiales
realistas i especialmente con el capitán Baspillciro eon la pér-
fida mira de hacerles avandonar sus banderas. Informado opor-
nmamente Olañeta de tan insidiosos manejos salió de Potosí,
i en la madrugada del 17 cayó sobre las abanaadas enemigas,
que se hallaban situadas en la Angostura de Salo, en número
de 250 hombres mandados por el teniente coronel don Igna-
cio Reglar ~ oficial que habia sido del Rei en Montevideo, i
gefe en aquella sazon de la legion infernal de Salta.




PERÚ: 1316. 211
Cayendo impetuosamente el primer escuadron de cazadores


'al favor de la opaca luz de la luna sobre aquellas tropas que vi-
vian en la mayor desprevencien , las arrollo completamente sin
darles lugar para defenderse. Setenta i cuatro prisioneros in-
clusos el comandante, tres capitanes i dos subalternos, un
campo cubierto de cadáveres, en el que se hallaron asimis-
mo '70 fusiles, 50 lanzas, 20 acaballas, mucho ganado , mu-
niciones i otros pertrechos de guerra, coronaron los desvelos
del bizarro Olatieta , quien tuvo sin embargo e1scntimiento
de no poder alcanzar al principal gefe de aquella fuerza, que
con 70 hombre.habia podido sustraerse á la afortunada es-
pada realista, dirigiendo su fuga ácia el pueblo de Moraya
donde se baIlaba el cuartel general del acobardado Rondeau,


Uno de los principales cuidados del generalPezuela fue
el dar fomento al real banco, casa de moneda i mineral de
Potosí, que habian sido enteramente arruinados por los in-
surjcntes : .á falta de fondos para este .interesante objeto
le escitó el celo de las autoridades eclesiásticas para que
en tan imperiosas circunstancias se desprendiesen genero-
samente de la plata labrada i alhajas de las iglesias que no
fueran absolutamente necesarias para los oficios divinos, ofre-
ciéndoles para su reintegro hipotecas seguras sobre los mis-
mos ramos que se trataba de vigorizar con .aquel necesa-
rio sacrificio.


Sobre las ventajas que debía producir esta proví-
deneia llevada á efecto con el debido celo, se conseguía
otra no menos importante que era la de sustraer aquellos in-
tereses á la rapacidad de Jos facciosos. El mayor general don
Miguel Tacán gobernador propietario de dicha villa, quedó
encargado de esta interesante eomísíon, que tuvo puntualcum-;
plimiento ,pero aun mas en la ciudad de La Plata, cuyo ca-
bildo eclesiástico dió en esta ocasion las mas brillantes .prue-
has de desprendimiento i noble lealtad.


Era el 20 de fehrerocuando levantóPezuela su xampo
de Mondragon despues de haber arreglado las provÍ1t1ias re-
cuperadas i comunicado á todos los cv.erpos del ejército el




212 r'JlnV 18J11.
plan de sus operaciones respectivas. Apenas entró en Potosí,
tomó las mas activas providencias para dar solidez i consisten-
cia á sus ilustres triunfos: coa sus urgentes escitaciones se
reunieron en pocos días 452' pesos, con los que pu.lieron sa~
tisfacerse las necesidades mas perentorias del ejército.


Al favor de la misma energ-ía de sus providencias se creó un
nuevo batallan ele aquel partido sobre la base de algunos oticia-
les i tropa de linea, cuyo mando fue conflado al acreditado co-
soncl Rolando ; se formó también una compartía de 50 infan-
tes i otros tantos caballos para que bajo la dirección del te-
niente coronel don Angel Francisco Gomez,*uiJasc lid t;s,-.cr-
minio de los rebeldes que solían refugiarse CH el distrito de
1'inquipaya; i se organizó finahncnte la comparí.u de:ernplea-
dos ele Potosí á las órdenes- del contador de las reales cajas
coronel don Mariano Sierra. Con la adopción de estas me-
didas estraordinarias se lograba el importante objeto de
mantener desembarazada la fueoa efectiva del ejército para
concurrir libre í prontamente á donde el caso pudiera re~
querirlo,


El gdneral Ramirez había salido de Chuquisaca para Po-
K3! á fines de enero, dejando el mando interino de aquella
ciudad i provincia al entonces coronel i en la :.lctu:lliiad ma-
riscal de campo don- José Santos de la Hera , con sulas 300
hombres i un cañón. Al observar aquellos inquietos habitan-
tes 1:1 corta fuerza de su guarnicion, llamaron al caudillo
Padilla ofreciéndole su cooperación para asegurar el triunfo.


'I'raslucidas por el astuto La llera estas pérfidas comunicacic-
nes no se descuidó en tomar las mqs eficaces medidas para 5~
defensa 1 ni perdió tiempo en pedir nuevos refuerzos ¡d gu:e-


. ral en gefc; pero como la interceptacion de los caminos no
permitió que sus oficios llegasen hasta el día J 4 de febrero :í
manos del citado general, aunque éste dispuso la pronta
salida del batallan titulado del General, de 200 hombres
del de Potosí i de un escuadran de cazadores al mando de
Rolanjo, no pudieron tomar parte en las brillantes accio-
ncs que SOitUYO dicho La Hera en los días 10 i 1 I cantea




"Té Y: r : 1(;16. !n 3
4f} hombres de todas armas que se arrojaron sobre el con el
mayor furor.


Para premiar el entusiasmo desplegado por estas va-
lientes tropas en los repetidos ataques que dió el formi-
dable e'nemigo á la plaza, apoderándose en uno de ellos de
algunas calles i aumentando su gavilb con toda la hez del
pueblo, fue crea-lo un escudo de honor ;como un testimonio
indeleble de su fidelidad i bizarría, i á su benemérito goher-
nador se le confirió la éruz de San Fernando p()r tan heroica
resísteneia.


Al mismo tiempo crue Padilla hacia sus correrías por 1:1
provincia de C1J:lrcas llamaba la atención de las tropas del
Reí por Cinti su compañero Camargo unido con el capitan
veterano de los in-,urgentes La IHadrid, que había podido
reunir hasta 480 fasibro",i mucha indiada. El primer re-
gimiento, que :\1 mando (fe su coronel don Antonio MarIa
Alvarez , Iubia s..lido de Potosf para 'í'upiza con ór,lenes de
que recorriese de paso dicho partido de Cinti , tropezó en
los primeros días de marso con aquellas gc.vjlbs, por las
que se' vió sumamente estrecharlo i en la necesidad de re-
tirarse con alguna pérdi..ia: este contraste, si bien fue de
poca consi!cracion, d.i6 sin embargo nuevo pabulo á la in-


• solencia i altivez de los citados caudillos.
Conociendo el general en gefe las Lt:,les consecuencias


que podia tener a-Illd inflmdür!o cngrejmirnto, tomó las
mas activas disposiciones pam qlW otra c1ivision compuesta de
Il11 batallan i un cscu:~j'on al mando del comandante don
BwnaVClltllra Ccntcnct saliera inmediatamente contra ellos.


Oni!'ll .ando al mismo tiempo al comandante gener;}l de
.vanguaniú don Pedro Olaiieta , que dejase guarnec'ido el rio
dc San Ju:m p:lra cortar la retirada á Cumargo , emprendió
Centeno OH mucha por 1.1 1ava , Vilacuya i San Lucas ; i co-
mo dicho 01.;-;,ta hubiera prevenido esta misma operacion
enviando unticipaclamente :\30 infantes i 40 caballos al cita-
do PUBto ,pudieron coger ilustres laureles sobre La Madrid,
qne separado de Camargo se dirigía ácia 'I'aríja con 2 00 sol-




~14 PERÚ: 1816.
dados de infantería i ISO de caballería par:l reunirse con
otros 300 hombres que habian llegado en su ausilio por la
orilla opuesta, procedentes de la citada villa de la que era
gobernador el insurgente Arévalo. El teniente coronel Gon~ •
zalez que mandaba aquella columna se lanzó impetuosamen-
te sobre La Madrid en tanto que una parte de sus fuerzas
entreteniaá los 300ausiliares en el paso del rio: no pudo
La Madrid resistir por sí solo á tan furiosa carga,.i en su estado
de desorden i confusion no le quedó mas arbitrio que el de
arrojarse á la corriente de las agua.s para salvarse á nado de
su irremediable .ruina. Los que pudieron sustraerse á los fu-
riosos golpes de los sables realistas murieron ahogados .en el
rio , habiendo sido mui pocos los que salieron libres de tan
mortífera refriega. Gonzalez quedó dueño del campo, de una
gran parte de los equipages del.rmigo, de bastantes fusi-
les, i aun de-su misma correspondencia.


Se ocupaba en el entretanto el general Pezuela en bU54
ear los medios de sacar al ejército de sus apuros i de hallar
los fondos necesarios para continuar aquella .campaña , la que
se hacia mas penosa por las gavillas que infestaban el país i
por la predisposicion de una gran parte de sus habitantes á
proteger sus correrías. Era menor su cuidado por el ejército
insurgente de ¡Buenos-Aires, el que á pesar de algunos re-
fuerzos recibidos de su capital con el coronel French, no
llegaba á 29 hombres, ni se hallaba en estado de operar
ofensivamente. Era pues de la mayor urgencia dar un golpe
decisivo á Camargo, que iba fomewando su partido con su
artificiosa seduccion. Para asegurar el feliz resultado de la
espedicion de Centeno había sido enviado desde Potosí á
principios de marzo el coronel don Francisco Javier de OIar-
tia con dos compañías del escuadran de su mando con or-
den de tomar.á Sil paso por Cotagaita 200 infantes, i de
marchar con toda aquella fuerza reunida á situarse en la
Palea grande, cuatro leguas distante de Cinti, i combinar
desde allí sus operaciones con el referido Centeno.


Ya éste había dada pruebas de ~u celo i actividad , ha-




I'llRtJ: lS1G. 215
t4endoen Tiralloyo, Tamaquira i Sacaca un número consi-
derable de enemigos armarlos con fusil, honda i palo, manda-
dos por los callo Iillos )'Iendez, Gomez, Cuiza, Manuel Pala-
cios i JOSt Villarubia; i al favor de estas ventajas habia lo-
grado posesionarse de Cinti en el día 12 de marzo sin mas
pérdiJa que la de 4 muertos, i 8 heridos. Habiéndose reuni-
do á los citados caudillos el de igual clase Mariano Delgado
i el principal de ellos Camargo , componiendo entre todos
una fuerza de mas de 3~ hombres, volvieron á poner sitio á
Cillti , i llegaron á estrechar fuertemente á Centeno tomán-
dole .todas las alturas.


Apenas supo Olarrfa la situacion apurada de esta colum-
na, se puso en movimiento en su ausilio ; pero cuando se
presentó sobre el pueblo al umqfecer del dia 14; ya los ene-
migas, noticiosos de su aproxímacion , se habían. retirado á
(lulpina , distante cinco leguas de este punto, ~entado Cen-.
teno con los refuerzos que le habían sido remitidos ,salió á
huscar á los rebeldes mientras que Olarrfa tomaba el camino
de San Juan para cortar aquel paso indicado para su retira-
da; pero estos mO~'imient08, si bien ejecutados con el mayor
celo é inteligencia no produjeron los felices resultados que
se habian prometido los gefes realistas, á causa de lo encon-
trado de las marchas de los rebeldes¡ i tan solo pudieron em-
peñarse algunoo choques parciales con las partidas sueltas que
fueron constantemente batidas con bastante pérdida,


La villa de Potosí se hallaba á esta sazon organizada com-
pletamente en todos sus ramos; la de Coehabamba estaba so-
metida por una brillante guarnicion; el batallen de Fernan-
do VII sehabia situado en ValIegrande co1l dos piesas de
artillería en estado de caminar sobre Santa Cruz luego que
cesasen las aguas ~ i combinase sus operaciones el coronel Agui-
lera con el sargento mayor don Pedro Herrera, quien debía
tomar posicion en la Laguna con otras dos piezas i con el
batallon titulado. del General. La ciudad de la Plata inspi-
raba toda la cOJ;lfianza de mantener su sumisíon í dependen-




!16 pnnlJ: 131G.
cía desde que el atrevido Padilla había sido escarmentado poi
La HaJ.


En la villa de Oruro , en el partido de Carangas . en Tara.
pacá i en toda la costa no se observaban elementos de oposi-
cion , i parecía asegurada su tranquiliIa 1 con 150 soí.lados
que tenia de guarnicion el gobernador coronel. Jon "Halluel
Fernandez. El subdelegado de Sicasíea l teniente coronel don
Francisco España , hacia respetar la autoridad del Rei en Sil
partido con solos 60 hombres; el de Chayanta se hallaba al
parecer suficientemente guarnecido con otros 50. Cuatrocien-
tos doce hombres distribuidos en la ciudad i provincia de La.
Paz manténian el país en una iperfecta tranquilidad.


El punto del Desaguadero guarnecido con solos 30 hom-
bres se hallaba libre de ene.s. La provincia de Puno había
logrado la .eompleta destruccion de los insurgentes mandados
por su gener,l Leandro, Bustios , por el clérigo IHuiíccas i
otros, habiéndose debido á las acertadas disposiciones de su
intendente don Tadeo Gárate i á la actividad del tenienta
coronel don Agustín Gamarra la aprehensíon de dicho gene~
ral Bustios , de siete caudillos mas i de· varios soldados:
con tan afortunado golpe l del que fue una consecuencia la
presentacion al mismo Gamarra de otros trece caudillos, in.
cluso elcura de Ayata, i la impetración del indulto por el
sacrílego clérigo Muñecas, parecía que debian disiparse to-
dos los temores de los realistas por aquella parte.


Asegurada en gran parte la tranquilidad por las provincias
de retaguardia, determinó el general en gefe levantar su eamp()
de Potosí en 13 de marzo dirigiéndose por la Lava, 'I'ucta-
parl , lTitiche, R'ámada i Tumusla , ácia Santiago de COt2.,.
gaita, á donde llegó con su segundo el general Ramirez , coa
su estado mayor, parque i ramo de hacienda en 24 del
mismo mes. Constaba entonces el ejército de operaciones do
solos 3433 hombres armados, i de 640 sin arrnas ; las guar-
niciones de las provincias ascendían á 3,5 J 9.


Las fuerzas que Rondeau había podido reunir despues de




l'El~Ú: 1816. ~17
su derrota en Viluma, inclusos los regimientos número 2 i 3,
que habi3lfecibiLIode Buenos-Aires á las ordenes del citado co-:
ronel French coando iba huyendo por Humaguaca, consistian;
en 3.800 hombres con 6 piezas de artillería, á .los.que podían
agregarse otros 400 que mandaba el intruso gobernador de Salta
lUartinGiiemes. Sin embargo de ser mui superior el ejércftó rea-
lista tenia sus tropas demasiado divididas, i era preciso diri-
gir su atencion a varios puntos, no siendo los enemigos que
daban menos cuidado al señor Pezuela los caudillos Padilla,
Camargo i otros, que entre gente armada é indios de lanza,
garrote i honda habían llegado á reunir 80 hombresen los
partidos de la Laguna, Puna, Cinti i Tarija.


Creció la inquietud del general en gefe cusndosupo que
por descuido i falta de energía del sargento mayor don Pe-
dro Herrera habían sucumbido á fuerzas mui inferiores los
170 hombres del batallan denominado del General, con 10$
que conducia á la ciudad de La Plata algunos prisioneros
hechos por el coronel La Hera, La muerte sufrida por el des-
graciado Herrera á manos del cabecilla Serna, fue el castigo
de su desprevencion , i al mismo t'fempo un documento de
abono para quc su memoria no se resienta de la Inengua de
aquella -derrota.


Los enemigos que La Hera tenia á SI1 frente, cobraron
nuevo aliento con aquel funesto incidente;cl alzamiento de
algunos pueblos, producido por igual causa, exaltó sus lo-
cas esperanzas; las tropas realistas debieron renunciar por
entonces á operaciones arriesgadas i ceñirse á la defensiva.
El«eneral en gcfe mandó entonces que el batallan de grana-
deros, que estaba en marcha para el cuartel general, retroce-
diese á la villa de Potosí, con .encargo de salir prontamente
{ las órdenes del mayor general Tacan ácia Clmqui8aca, á
fin de poner aquella ciudad en estado tW respeto, i de proteger
la división de La Hera. Al mismo tiempo que el señor Pe~
zuela disponía esta espedicion sobre Chuquisaca trataba de
situar su ejército en Moraya ¡. vanguardia en Yavi hasta
que recibiese refuereos que debian llegar muí pronto de la


TOllIO n. !S'




21~ fERIi: 18J6.
península, "in lo" cuales era mui arriesgado estender sus ope-
raciones, tanto por los nuevos é inesperados a:celos qll(~
ofrecían las provincias de la espalda como por haber recibido
ya Rondeau otros 2 ~ hombres, muchas armas i municiones.
Olañeta fue encorgado de esta Begtmda operacion , la que sin
embargo de su importancia daba menor inquietud al general
en gefe que la marcha de Tac6n sobre Chuquísaca.


Aquella se aumento con los primeros avisos remitidos por
dicho Tac6n que pintaban en el estado de mayor apuro la
ciudad que formaba el objeto de su espedicion , i presentaba
la suerte de La Hera mui problemática. Creció asimismo
con las noticias que recibió al mismo tiempo de los funda-
dos temores éle los potosinos de ser atacados por el caudi-
llo Betanzos , confiado en la poca guarnicion d~ aquella plaza
desde la salida de Tacón. Los partes de Vitiche anunciaban
que los cabecillas Cuiza, Gonzalez, Fuente i Martinez se
aproximaban á aquel punto, por el cual eran dirijidos todos
los ausilios al ~uartel general, i que ya habian entrado en Vi-
lacaya distante cinco leguas de dicho pueblo de Vitiche, des-
truyendo una partida de '"20 hombres que se hallaba allí de
avanzada. Conoció Pezuela la necesidad de cortar oportuna-
mente los vuelos al enemigo por aquella parte, i envió con
efecto fuerzas suficientes para darle un golpe decisivo que
restableciese las libres comunicaciones de quetanto necesitaba,


En medio de estos graves cuidados que rodeaban al refe-
rido Pezuela, tuvo el consuelo de saber que el valiente Cen-
teno habia derrotado el 3 de abril al formidable Camargo en
una qnebrada inmediata á Santa Elena, á donde había 6i()
conducido desde Culpina por dos indios desertados de 10B
insurjentes , i que tenían un conocimiento práctico de aque-
llos .escabrosos caminos: al favor de la fidelidad i destreza
desus guias pudo caer al amanecer por sorpresa sobre el ci-
tado Camargo, quien fue degollado por el mismo coman-
dante realísta.. habiendo te¡idO igual suerte Villarubia ie-
gundo en el mando, í toda numerosa gavilla.


Este primer triunfo fue pt:eculior de otros felices acontecí-




rEJ:ü: ISla. 2]9
mientes que hicieron variar de aspecto .el estado de los nego-
cios. Las tropasde Roudcau , que amagaban un movimiento
sobre Yavi, quedaron reducidas á una corta partida, que con
el capitán Rojas iba vagando por aquellos puntos; los. faccio-
sos de Vilacaya se habían retirado apenas vieron sproximarse
los refuerzos enviados por el general Pezuela ; el señor 'facón
habia entrado felizmente en Chuqnisaca, á cuya ciudad se
habiareplegado el bizarro coronel La Hera después de haber
señalado su inteligencia i arrojo en los repetidos choques
que hubo de sostener con los rebeldes, quienes llenos de in-
solencia i confianza le habían ido persiguiendo con la ma-
YOl' firmeza.


Cuando el general Pezuela libre ya de los graves peli-
gros que amenazaban á sus divisiones ambulantes se prepa-
raba á emprender operaciones mayores; i cuando solo esp.e-
raba la reunion de los batallones de Estremadura j demás
fuerzas que se le habían prometido para caer sobre el ejér-
cito de Rondeau , ocupar las provincias de Salta i el 'I'ucu-
man i los valles de Tacamarca i la Rioja, entrar en comu-
nicacion directa con el reino de Chile, i obrar en combina-
cion con las fuerzas que aquel presidente hiciese salir par~
Mendoza, se recihio en el cuartel general la Real órdm
.de 14 de octubre del año aterior por la que había sido
nombrado virei d°eI Perú, i al ~ariscal de campo Senches:
Salvador se le encargaba el mando en gefe de aquel ejército,
del que debería tomarlo interinamente el de igual clase don
Juan Ramirez, destinado ¡m propiedad para la presidencia
de Quito


Esta noticia, si bien grata á la tropa i á los pueblos al
ver premiados los relevantes servicios de un general tan
afortunado que tantas veces los babia conducido á la victo-
ria, habiéndose contado el número de sus triunfos por el de
sus acciones militares, no dejó de crear alguna inquietud i
recelo de que las operaciones de la guerra se resintiesen de
la falta de quien siendo un esquisito conocedor del terreno,
de lo. pueblos, de todos los individuos de su ejército, i el!-




220 I'nnYJ: lSIG.
pecialmente de las arterfas i flancos de los enemigos que tenia
al 'frente, daba garantías mas seguras de no sufrir interrup-
cion alguna su gloriosa carrera; pero la no menor práctica i
entereza de ánimo de su sucesor interino, i el celo i decisión
del propietario, que 10 fue el mariscal de campo don José
de la Serna en reemplazo del primer nombrado, Sanchez
Salvador, disiparon la justa aprehensión concebida al prin-
cipio, i tranquilizaron el ánimo del soldado, si bien no se
pudieron hacer los mayores progresos hasta que el nuevo
gefe adquirió los precisos conocimientos para emprender
libremente oslÍsopcraciones.


Habiendo entregado el general PezueIa á don Juan Rami-
rez el inando del ejército compuesto en aC(uella época de 7284
hombres de teidas·· armas, se dispuso l)ara el viaje de Lima
que' empreiidío en 15 del mismo mes, recorriendo á su paso
las prdvincias de Puno, Cuzco, Ifuamanga i Huancavelrca,
logrando asi tomar' conocimientos topográfiéos de aquellos
paises, 'i personalés de sus respectivos gefes. Se hallabaen-
tonces mandandoen el Cuzeo el coronel de Estrémaduflldon
Mariano RicMort, quien con suedo i actividad habia po-
dido instruir i uniformar 400 realistas, de los que el víreí
Peauela formó el .segundobatallon de dicho cuerpo de Es-
inmadura, que dirigiti al cuartel general despues d¿ haberle
da:dd el .COlripPetó de 620 plazas,' .


.·''jl ~dpaso por Huamangahalloun escuadrón de húsares
de 'F~l'n¡lIido VII mandado por don Joaquin German, i otro
¿ drfgBnes 'de la union por d coronel don Vicente Sar-
dina , cuya fuerza de 230 hombres, que el virei sahcnte ha-
h'ia puestoen marcha para el referirlo ejército, recibió nue-
'ia~ escítáciones del entrante á fin deqne concurriera con su
llil':rrfa i: deeision á las glOrias que debían esperarse deI ei.;.
t d, ejercito de operaciones.


Eri el dia 7 de julio cuando entro en Linia el señor
Pe!llelá. con el jribilo mas puro d~ aqueIb'Ieal población
(1 }¡) se creía alabrigo 'de todo ernbate, teniendo á la cabeza
del gohierno un gefe tan ~creditado á quien se habia dchir¡~




"ERl'r: 1816. 221
mas de una vez la salvación del víreínato. Sin tomar el me-
nor descanso después de un viaje de 540 leguas, que habla
recorrido á caballo, se ocupó con el mayor teson 'i !energía
en el inmediato arreglo de todos los ramos de la adminis-
tracion publica , i aunque los ha1I6 bastante decaidos , i una
deuda de once millones de duros, pudo sin embargo ocurrir
con puntualidad al pago de los gartos ordinarios, enviar
considerables ausilios al ejército del Alto Perú, i aun llevar
á: cabo costosísiinas espediciones sin apremios violentos i sin
exacciones, vejatorias.


El primer batallan dc Estremadura se había sublevado
'poco ticmpo antes de la entrada del señor Pezuela en Lima,
juntamente con los dos referidos escuadrones pidiendo sus
alcances de España, i desobedeciendo la voz de BUS gefcs;
pero la recomendable oposicionque hallaron en el! cuerpo de
artillería para unirse á sus depravados intentos, j Ía 'energfa
que desplegó sucesivamente el vírei Abaseal presentándose á'
caballo ante aquellas masas insu bordinadas, calmaron com-
taplemente el motin , i disiparon los justos temores que había
concebido aquel vecinclario por unas tropelías desconoeídas
11a5ta entonces.


Uno de 105 primeros actos en que el señor Pezuela ejer-
ció su autoridad fue eu mandar' llevar iÍ 'efecto la sentencia
pronunciada por el consejo de guerra nombrado con esta espé-
cial comision: despues de haber sido castigados los princípa-
les motores, i de haber sido entusiasmados los demas con una
enérgica alocucion que les dirigi6 dicho virei Pezuela , rna-
nifesraron con tanta sinceridad. su arrepentimiento, que para
dar nuevas pruebas de su 'tidelida,d fcIecisioll; 'pidieron, í se
les concedió el honor de ser enviados al cuartel general' á :fin
de ejercitarse activamente contra los enemigos del Reí,


Mientras, que el nuevo gefe estaba arreglando todos los
ramos de la administracion , seguían las tropas realistas. eu-
hriéndose de' gloria en el Alto Perú, El coronel don José de
La Hera habia logrado sorprender-en el mes de.junie el gru~
po principal del caudillo Padilla e~},puebIQ de Quinteros,




~ 2:.i PUÓ: 1816.
distante tres Ieguas de la dudad de L9. Plata valiéndose del
ausilío de un indio que habia sido hecho prisionero con
otros cuatro en Ul10 de los ranchos inmediatos. Arrojándose
el bizarro L9. Hera con impetuosidad i rapidéz sobre el cam-
po de Centeno antes del atn mecer, causó en él una horrero-
sa mortandad, á la que pulo sustraerse aquel caudillo con
la mas precipitada fuga.


Padilla, que se hallaba poco distante, formó inmedia-
tamente su tropa, que se componía de [50 fusileros, de
igual numero de caballería i de [~ indios, i emprendió
su mareha para atacar á IDs realistas: la serenidad con que
los ínsurjentes empellaron el ataque no dejó de causar
algun respeto al principio; mas entusiasmarlos los solda-
dos de La Hera con el noble ejemplo de su gefe, resistie-
ron con tanto vigor las cargas de los contrarios que se vieron
éstos precisados á replegarse á las alturas inmediatas, de cu-
yas ventajosas posiciones no era fácil desalojados con la poca
tropa qua tenia entonces el citado coronel. Así pues, deter-
miná retirarse á la ciudad despueade haber causado al ene-
migo' la pérdida de mas de lOO muertos, entre los cuales se
contaban los caudillos Feliciano Asurdani i Pedro Herrera,
[5 prisioneros, algunas armas i caballos , sin mas quebranto
l,),or parte de los realistas que el de una contusion que reci-
bió el capitan de caballería don Francisco Rondeau.


:A. los tres días de la citada refriega tuvo Padilla el atre-
vimiento de atacar á la ciudad de La Plata, defendida por su
gobernador el coronel don Rufino Vercolme, hallando en el
malogro de su temeridad una nueva Ieccíon de la impavidez
de las tropas realistas. Siguiendo éstas en la carrera de sus
triunfos alcanzarou otros no menos preciosos contra el cabe-
cilla Lorenzo Eranieta , dependiente de la dívísíon de Padi-
11.1, que había tomado posicion en Quilaquila i Tipoyo, de la
que fue desalojado .con pérdida muí considerable.


El coronel de ejército don Melchor José Lavín , goberna-
dor interino de Tarija, tuvo en el mes de agosto un hecho
de armas sumamente faitrable contra los insurjentes situa-




l'Ellt: 1S16. 223
dos en los campos de Canasmoso. Treinta fl.lsiles;- un par de
pistolas, ~ 6 cadáveres, 33 prisioneros , 87 caballos i un ri-
co botin fueron el premio de En bizarría i esfuerzo.


El mariscal de campo don Miguel Tacón, que babia sali-
do en 1,) del mismo agosto á hacer una correría sobre la
provincia, i conducir de paso á la ciudad ele La Bata un ri-
co convoi , supo en aquella tarde por el ccmandante mili-
tar de 8iporo don Juan Alcaráz la entrada del caudilo 13e-
tanzos en el mineral del mismo nombre, sin que 10 hubiera
podido impedir la columna de 200 hombres de infantería á
cargo del teniente c~ronel don Francisco Garda que se halla-
ba en sus irunecíiacíones , quien l.ul.o de replegarse aten-
dida la inferioridad de su fuerza i las ventajosas posí-
c~nes que ocupaba el enemigo , llegando á incorporarse con
la divísion de Tacón al dia siguiente. Quedándose este bene-
mérito gefe con la mitad de aquella fuerza, i remitiendo la
restante á Potosí se dirigió al pueblo de Bartola, donde tuvo
aviso de que los rebeldes se corrian por la izquierda sobre el
camino de Poaohamba ; siguiendo áeia la ranchería de Tico-
ya descubrió un grupo de 3°0. indios, á los que ahuyentd, ha-
riendo en ellos bastante estrago una guerrilla de 50 granade-
ros de n serva mandada l,ur el espitan Arauso,


Cerciorado el señor Tacón de que el grueso de los ene-
migos había tomado la direccion de PiJima, continuo su mar-
cha hasta que al bajar la 'cuesta del rio Pi1comayo con la ma-
yor parte de su eonvoi que consistía en mas de 1 ~ acémilas,
fue acometida ímprovisamente su retaguardia por mas de 3@
insurgentes, quienes si bien contaban tan solo con 80 fusi-
les útiles dieron terribles pru.ibas de su ciego valor, que se
estrellaron sin embargo en los firmes pechos de las tropas que
\fataban de com batir. Volvieron al dia ¡;iguiente aquellas tur-
has con nuevos refuerzos á atacar la columna espresada en
la estrecha quebrada de la Calera; [{'ro aunque rompieron
el fuego por varios puntos, fueron sin embargo rechazadas
Yigorosamente, i puestas en desordenada fuga, abandonando
tI campo empapado en su sangre. Siguiendo sin intermpcion





22!~ PERÚ: 1816.
elgeneral realista su marcha sobre La Plata, halló en la ha-
cienda de Cachimayo t'Jnos6ooinsurjentes de la facción de
Padilla preparados á ostruirle el paso, contando con el apoyo
de las' cuadrillas batidas en el día anterior , que mui pronto
se presentaron por retaguardia é izquierda; pero este imponen.
te aparato no tuvo mas resultado que el de recibir los rebel•


.desmuevos golpes; i con ellos un triste desengaño de lo iafruc-
mosc.de.sus esfuerzos para arrancar de las sienes de 105 rea-
listas loslaureles que habían sabido asegurar con sn valor i
.constancia


Fue asimismo de la mayor importancia el feliz combate
que sostuvo á principios de setiembre el coronel don Anto~
nio Vigil".comandante del destacamento de Vitiche, contra
los caudillos Gonzalez, Cardoso, Fuentes i Carreño , á las.
que .tratd de sorprender en su campamento á fin de frustrar
por este medio los planes de ataque que .aquellos tenían con-
cenados contra el citado punto. Fue tan afortunado este
atrevido movimiento que desordenados completamente los re-
beldes huyeron en la mayor confusíen , dejand~63 cadáveres
tendidos en el campo i 50 prisioneros, 17 de los cuales fue-
ron pasados por las armas como principales motores de aque-
lla faccion.


El coronel Lavin hizo una brillante espedicion desde Ta.
rija. hasta .las ínmediaoiones de Baritú habiendo. dejado .mar-
cadcs aodos ~os,pasos de su marcha con señales del valor i
lustre de las armas. de. Castilla: brilló su gallardía en el va-
lle de la Concepcion , Pilaya, Orozas, Campanario, Chírigua-
no muerto, i en la encumbrada cuesta de Cullambuyo. Se.
hallaba ésta defendida por 500!acciosos, quienes sin embar-
go de lo terrible de, SIi posieíon fueron desalojados á las dos
horas de fuego, i arrojados á los montes del Porongal. J'0t
todas partes fueron coronadas, del mas feli.;¡: suceso las armas de
la columna del bizarro Lavin; los enemigos quedaron escar-
mentados cuantas veces dieron. el frente á los realistas. Mul-
titud deca'dáveres, entre ellos los de. los caudillos, Lorenzo
Ruiz i Mariano Segovia, 24 prisioneros incluso el cabecilla




22;)
varias armas, de
fueron el fruto


l'En li: 1 S1G.
Juan de la Cruz Tarraga, algunos cabalios ,
chispa i corte, i el rescate de 4 soldados
principal de esta bien dirigida espedcion.


No bien había Lavín descansado de ella cuando hubo de
empuñar de nuevo la espada contra 2.50 insurgentes que con-
cihieron la vana esperanza de triunfar de un destacamento
de sus cazadores montados en los campos de Yeseda: tres fu-
riosos ataques dados con mui poca intcrrupcion acrisolaron la
serenidad de este puñado de valientes: mas de 100 facciosos
muertos incluso el de un caudillo , 6 prisioneros, varios fusi-
les i lanzas*fueron los trofeos de este combate parcial, en el
que tuvieron asimismo Jos soldados del Reí algunos heridos i
mayor número de contusos.


Estos choques particulares iban aumentando Ia. oposi-
cion del Perú á favor de la causa del Reicuando se supo el
desembarco verificado en Arica en el dia 8 del misniomes de


se tiembrc por el mariscal de campo dtm José La Serna i por
el batallon de Gerona, que hsbies: sidó condncidos en 1;1 "fra-
gata de guerra Venganza. Para dar nuevo impulso á las ope-
raciones militares, asi como para habilitar dicha fragata de
guerra i dos bergantines mas con el objeto de que salie-
sen á batir á los piratas i dirijirse en seguida contra la escua-
drilla de Buenos-Aires, que se decia haber sido destinada con-
tra las costas de Chile, abrió el virei Pizuela un préstamo de
500~ pesos que no tuvo todo el resultado que se habia
prometido.


Seguian en el entretanto las tropas del Alto Pe ni ejerci-
tando su biziurie. aun antes que llegase al cuartel general el
seiior La Serna. Una de las acciones mas- brillantes· que se
dieron ;Í esta sazon fue la que sostuvo el teniente coronc1don
Joaquin Lira, unido con el espitan don José María Arce con-
tra el cabecilla Mendieta, á quien causó un destrozo dé 60
muertos i 6 prisioneros sin mas pérdida por su parte qué
la de II caballos.


-El valiente coronel don Francisco JavierAguilera, que ba-
bia derrotarlo completamente el 13 i 14 de setiembre en el


T(mo U. 29




.226 l'EH': 1i.116.
partido de la Laguna á las gavi11as del indomable Padilla
cortando con su propia mano la cabeza de este feroz insur-
jente, dejando tendidos en el campo de batalla mas de 6co
hombres i tomándoles J 00 prisioneros ~ 3 banderas, 1 canon,
150 fusiles, 3c sables, algunas cargas de municiones i varias
cabalgaduras, adquirió nuevos laureles sobre el csbecill« Gon-
zalez en el mismo territorio causándole la pérdida dc J 50
muertos i de varias armas i provisiones de guerra i boca.


A consecuencia de estos dos brillantes encuentros queda-
ron pacificados los dilatados partidos de la Laguna, Yampa-
raes i Porco , rectifica-la la opinion de aquellos pueblos, ma-
Iogradas las qu iméricas esperanzas de los descontentos, i de-
cretada la destruccion total del caudillo Barnes que todavía
se mantenía dueño de la provincia de Santa Cruz.


El esforzado coronel Lavin adquirió nuevos timbres en la
heróica defensa que hizo del pueblo de Tarija con solo su
escuadron. contra 5eo caballos i 700 infantes que se habian
díríjído á tomar posesion de aquel punto: sin reparar en la
inmensa superioridad del enemigo i sin mas consideraciones
que las de defender la causa del Reí i el honor de sus armas,
resolvió Sll propio esterminio antes que rendirlas. Lejos de arre-
drarse con aquel formidable aparato emprendió una salida con-
tra los enemigos de su frente; i aunque recibió al principio
algun contraste, fue éste sin embargo el mas poderoso es~
tímulo para desplegar todos los recursos de su hizaría é
ingenio, único medio de parar los golpes de la adversa
fortuna.


Electrizados sus soldados con tan noble i animoso ejemplo,
volvieron de su primer estupor, i arrojándose ciegamente so-
bre los contrarios les infundieron un terror pánico que los
puso en vergonzosa dispersion. Doscientos cadáveres, entre
ellos los del comandante Manuel Pereda i otros cabecillas,
156 prisioneros, 1 cañon ele á dos, 70 fusiles, 25 sables, 3
cajas de guerra, multitud ele flechas, i algunas, municiones,
muchos caballos i monturas f~eron los trofeos de esta memo-
rable jornada.




])J~ r. ÍJ: I 8 I (j. 2. '2: 'J
Todo parecía que concurrís á dar solidez al dominio del


Reí en esta parte de América. Habian desembarcado en no-
viembre en Huacho una compañía de artillería i JI 4 hom-
bres del regimiento del Infante don Carlos, procedentes de
Panamá; i en el mes siguiente llegaron al puerto del Callao
con igual procedencia otros 200 hombres del citado regi-
miento.


Las tropas del brigadier Olañeta que formaban la van-
guarJia del ejército salieron á recibir á su nuevo general en
gefe don José la Serna con las sienes cubiertas de preciosos
laureles ganados en Yavi el dia J 5 de noviembre, que fue el
inmediato al en que tomó aquel posesion de su man-]o. Este
sangriento i reñido combate costó al enemigo la pérdida del
famoso marques del Tojo que fue hecho prisionero, la de
36 oficiales, 340 soldados, 300 fusiles i cuantos víveres i
equipajes llevaba aquella malhadada columna.


Para destruir completamente el foco de·la insurreccion
en la provincia de Santa Cruz ~ que había sido constante-
mente el asilo de todos los prófugos i dispersos, se necesita-
ba dar un golpe decisivo al caudillo Barnes que ejercia en
ella su devastador influjo; el bizarro Aguilera cargado de
trofeos, conseguidos recientemente contra Padilla i- Gon-
salea, dió ejecución á la última parte del plan que le había
trazado el señor Pezuela , que era la del total esterminio de
este envalentonado insurgente, no menos feroz que lasque
habían sucumbido á los irresistibles golpes de su brazo.


La fortuna escuchó propicia los votos de aquel denodado
guerrero, i premió con prodigalidad su confianza i decisión. Los
rebeldes hicieron una desesperada -defensa que sirvió tan solo
para ilustrar el triunfo del vencedor: ochocientos de ellos
quedaron tendidos sobre aquel campo de sangre i de desola-
cían; el formidable Barnes exhaló el postrer aliento entre
montones de cadáveres; nueve cañones, una porcion consi-
derable de fusiles i lanzas i cuanto poseían aquellas hordas
desalmadas cayeron en poder del vencedor, quien en medio
del puro gozo de que rebosaba su alma por tan distinguída




~~~S l'J,J:I: 1810.
victoria, su frió no poca afliccion al tender la vista sobre los
descalabros sufridos por sus valientes soldados.


En tan memorable jorn ada espiró el genio de la rebelion.
Si todavia quedaron con vida algunos caudillos obstinados,
hubieron de refugiarse á las sierras i parajes mas escabrosos
para salvarse de la victoriosa espada de los realistas: así que
destituidos de su antiguo prestigio fue mas üícil su destruc-
cion, cuando osaron comparecer de .nucvo en el teatro de sus


vandálicas incursiones.
El vigor que habían tomado las tropas destinadas á batir


al enemigo se comunicó á todas las provincias de la espalda.
Don Pio Tristán, presidente interino del Cuzco, habia orga-
nizarlo tan brillantemente su provincia, que se lJalLba en es-
tarlo de suministrar ingentes socorros, como lo verificó para
llevar la guerra á Buenos-Aires. El de La Paz don Mariano
Ricafort habia llegado á sujetar aquella indómita cindad; i
como el desagravio de la vindicta publica i aun la misma
conveniencia pol.tíca de que no quedasen impunes los hor-
rondes crímenes exigiesen un severo i ejemplar castigo sobre
los principales asesinos que mas habían figurado en las trá-
gicas escenas relacionadas ya en el curso de esta historia, se
celebró, un consejo militar, por el cual fueron condenados á
la pena de muerte en el mes de noviembre 15 de ellos, 44
fueron destinados á presidio, i 19 sufrieron un castigo mas
benigno. Algunas mugeres, que habian tomado asimismo una
parte activa en aquellos actos de inhumanidad i barbarie, es-
piaron su enorme culpa con multas, encierros, i con su espo-
sicion á la afrenta pública.


El virei Pezuela sin descuidar las operaciones del (jhci-
to del Alto Perú se ocupaba con el mas ardiente CJllpcÍlo ca
enviar socorros al reino de Chile que le 'pedía con urgencia
su presidente Marcó del Pont al verse amenazado por las tro-
pas de San Martin. Conociendo la necesidad de tener bien
defendidas la costas de aquel reino, no contento con la es-
cuadrilla que habia dirigido en el mes de octubre II Valpa-
raiso , hizo armar Ia corbeta Veloz i el bergantin Cicercn que




rnnu : I;)IG. 229
luego tomó su mismo nombre, habiendo tenido el consulado
de Lima la generosidad de encargarse de su primer costo i
manutención.


Sus planes principales se dirigian á realizar la invasion,
quc ya Irabia proyectado antes de dejar el mando del ejérci-
to sobre las provincias de Jujuf i Salta, de la que iba á ocu-
parse el interino general Ramirea, cuando noticioso eJe la
aproximación del señor Laserna , quiso ceder á este digno ge-
fe el honor de aquel triunfo.


Desde que tomó el mando del ejército dicho general La
Serna recibió las mas urgentes cscitacionespara Cjue la Ileva-
se á efecto, i asimismo cuantos ausilios estuvieron al alcance
del virei ; pero esta operación que por varias circunstancias
no se ejecutó tan pronto corno habria convenido para asegu-
rar la klicidad de su resultado, recibió imprevistos contras-
tes, de los que se tratará en la historia del l;l.ÚO siguiente.




230
\,'\i\!\iW\'\:~'\I\;" ~'\! l'\ Hi\\'\.\i\l/W\i\l\\1\1\1 ti!wW\ilI \;\i\i\l\'\i\!\I\i\I\I\P\,'\I \;'\1 \~'J\I


CAPITULO XV l.


CI-IILE: 1816.


Contraste en el cardcter de los dos capitanes generale» tú
Chile, Osorto i Marcó del Ponto Llegada á la península
de dos eomisienados de este reino. Primeros avisos de la
próxima in:uasiOfll, del caudillo in-surgente .San Martin.
Preparativos del senor Marcó del Ponto Planes del R. P.
Mdrtinez i -sUs útiles seroicios. .dlteraeion de ellos en la
parte de pasar á buscar á San M:¿rtin antes. que hubiera
cruzado la cordillera. lv.I:l1 calculada diseminacioti de los
cUerpos realistas. Situaeion. de la vanguardia en .dconca-
gu'],. Desaliento de los adictos á la buena causa al ver el
ascendiente que habian tomado en el gobierno los genios
díscolos é intrigantes. Estado crítico de los negocios á fi-
nes de 1816.


El gobierno delsetíor Marcó del Pent fue mui diferen-
tes del de su antecesor briglúier Osorio: creia éste que la
sólida pacificacion del pais debia ser obra de la demencia,
de la dulzura i de la afabilidad de los gobernantes, i aquel
opinaba que solo el rigor i la prontitud del castigo podia des-
armir el hr.izo de los tercos disidentes. Imbuido en estos
principios, estableció un tribunal de purificación para que se
juzgne en él á tojo el que hubiere tenido alguna parte en
el sistema revolucionario, ó que hubiera dado pruebas de
su adhesión á él.


Entre los muchos comprometidos había sujetos de gran
valimiento, dueños de haciendas mui estensas de quienes de-




f.J11T.t: ]516-. 23.
pendian infinidad de familias identificadas con ellos mismos:
estos eran enemigos mui temibles i era preciso atraerlos con
hala-gos i promesas i de ningun modo convenia exasperarlos
con prisiones i secuestros. El antiguo presidente Osario no
dudaba de la criminalidad de algunos de ellos; pero ml'jor in-
-formado de la verdadera pohtiea que debía seguirse ~ i bien
convencido de que pronunciándose contra aquella clase de
gentes se acarrearia la odiosidad d~la mayor parte de la ro-
blacion habia tenido el fino discernimiento de mitigar la se-
veridad: con que el virei de Lima había mandado gue algu-
nos de ellos fueran castigados, haciendo que volviesen de SllS
destierros :í disii'tltar libremente de Ias delicias de su vida rural.


El seiiot lH¡¡rcó por el contrario hacia observar con
rigor los fallos del referido tribunal de purificacion ; i una
parte de aquellos mismos individuos fueron separados de sus fa-
milias, confinados en prisiones ó deportados íuera del país i
privados del goce de sus haciendas, Anitos geffs estaban dota-
dos de la mas acendrada fidelidad i amor áda el monarca espa-
ñol: iaunque concedamos mayor acierto al señor Osario en el
modo de haber dirigido los negocios de Chile, no es nuestro
ánimo acriminar al presidente Mareó del Pont por las desgracias
en que se vió envuelto sucesivamente, ya que estas no pro-
cedieron de malicia si DO de equivocacion de calculo, ó de
falta (le verdaderos conocimientos sobre la situacion del país
i oataCl6r.de.~U¡ habitantes


DOB comisionados que el brigadier Osario había enviado
desde C1lile á la península para cumplimentar á S. M. por su
feliz restauracion al Trono de S1,S mayores, i para manifes-
tar el estado en que se hallaba aquel rein-o, llamado el uno
don Luis Urrejola , entonces coronel i en la actualidad inten-
dente de ejército, i el otro el abogado donJuan Manuel Elizal-
Ilt, vaticinaron esta triste verdad desde que llegaron á' su
noticia las rigurosas medidas adoptadas por el sucesor de Oso-
rio ; i por mas que se esmeraron en demostrarlo, no pudie-
ron llegar á tiempo sus oficiosas representaciones. La mision
de estos dos ilustres sugetos produjo el resultado que podía




232 r.1TTT.F.: 18 I G.
apetecerse en cuanto al envio de una fuerza naval capaz de
haber di.lo otro giro á la guerra de Chile, si circunstancias
i1u}revistas de ha que se hará mención en su debido lugar
no hubieran inutilizado aquellos esfuerzos de la paternal 80-
Iicítuí del gobierno de S.;U.


Seguia en el entretanto el sellar JIarcó del Pont adop-
tando las me.íi ha mas eficaces que le sugería su cclo , si
1i:::11 -IlJ estaban ea armonía con el acierto: le gnngeó sin
enbargo UtI gr ido no pe-1ft8ao de popularidad, la de dar au-
diencia pública sin dístincion de personas tojos los viernes.
Esti pr()ViL;Il.:Íl, tauro :n15 upreciablc , cuanto que no hab ia
si.lo practicada por ningu;u de sus antccesorcs , le propor-
clonaba conoci.nicntos i noticias muí íntcresanres que podían
haber sufri.lo UlU fatal ulteraciou si le hubieran silfo tr.ism i-
tijas por viciarlos conductos. Así pudo remediar muchos ma-
les, evitar estorsiones i violencias, i corregir en parte los
abusos de sus subalternos. Creia por lo tanto que la obedien-
cia i subor.liuaciou de los pueblos iba arrojando raíces pro-
fun.Ias , cu.m-Io recibió á mediados de octubre cartas anó-
nimas de J}1~nloza que le comunicaban los planes del go-
herna.Ior de aquella ciudad , don José San M.lrtin, dirijidos
á hacer U1H invusion en esté reino por el camino llamado
del Planchan.


Parece que estas cartas fueron escritas por influjo del
mismo caudillo insurjente , que obligó con- las mas terri-
bles amenazas :í algunos realistas que se hallaban allí de-
tenidos, á (lue las dieíjiesen á sus amigos i parien tes de Chi-
le, presentan.Iolas como un efecto de su ardiente celo por
la causa del Rei, á fin de que confiados cn los avisos
de pcrsonas que merecian mía solida reputacíon , pusieran
tolas sus miras en el PUllt.) falsamente indicado, en tanto
que se llevaba á efecto la espedicion por otros caminos., que
deberian por igual razón hallarse desguarnecidoss


Como en Santiago se ignoraba la coaccion que habían su-
frido los citados realistas para dirijir aquella falsa corrcspon-
denda, se creyó de bue~a fé el paso de San Martin por el




cntr.n : 1 t~ G. 211
dudo punto del Plnnchon . así co.no la SJ]ir!l qne 1n1Jül11
anunciado de un in¡;iOniero tr.urcés con nrrtcri.ilcs i gente plt-
J';) construir un pu,'nte sobre el río Diamante 'l'_w se bdla
I~il 1J d¡rc¡~cion de .!tL·nlozl. Alarmado el señor Yb.rcó con
c.;tJS avisos 1 i ueD\~OSO d~~ averiguar los planes de sus contra...
ríos, dirigió varios CSpJJS ácia su campo, i señaladamente so-
bre el cunino por eJ que debía lnsar aquel ejl(rcüo. Prepa-
ró en el entretanto el ~uyo para cruzar la. cordillera Iuego
que el tiempo lo permitiera, tratando con este anticipado
movimiento de privar al enemigo, todavía muí inferior en
fuerzas i recursos, de las ventajas qUB podía disfrutar sobre
el territorio chileno si LlegaiJa li ilVJdirlo.


Las frop:¡S realistas. que escasamente !lqahan :1 6il hom-
bres, no podían cubrir una Iínea de trescientas leguas, que
se estiende desde el camino que va á Coquimbo hasta el de
Antuco qm: se halla enfrente d,~ Concepeion; i he fLJuí otra
de 1:.Is razones rrU(~ abonaban la primera detcnninacion de ata-
car á San ~'VI'lrtilJ antes que hubiera franqueado h cor.Iillern,


Para llevar á efecto dicho plan, se dispuso que una
gnerrilh de 200 hombres se apostase en Curieó.¡ 1),,1,ladon
la IlUS illlllldi:.ít:l :í ]:t r.!f'sem!Joc;¡/ura del camino JeJ· Plan-
chon , con instrucciones de pasar dicha cordillera aJ primer
aviso , antes que San Martin pudiera ponerse en movimiento,
i de sorprender el fortin de San Raúd, correspondiente á dlen-
daza, i distante cincuenta lf'gw¡, al Sur de esta ciudad, que
solo (':;taba guarnecido por 40 milicianos. Mientras que con
esta nDiliebra se JbJlublb atcncion de dicho caudíllo , se
dalia Jugar :í que el grueso de 1:.Is fuerzas dd referido J;Lm:lÍ
cruzase Iíbremcnte por el camino mejor i mas recto de OH-
ilailhta.


Este proyecto, obra del R, P. W[Jr!lI1ez, que llevaba ,33
años (le residencia en el pais , durante los cuales habia a(l-
quirido loa HU3 es-juisitos conocimientos del terreno i de los
negocios públicos, fue aprobado por tolos [os geft:s i SUgct06
de alguna illte1i~enl.:ia en aquellas materias. El mismo vir-
tuoso ed,'sj:ístico fue comisionado para pasar sin pc'rdiu<t de


'l'o;u:J 1L 3e




:~. cnu s : It~li;.
tic:n po á Curico , ;'í 11n de informarse con exactitud de lGS
pn:pJl'.¡tivos de SJIl .:VIartill, de la fuerza de su espcdicion , i
di' cu.mtos incidentes podían conducir al mejor resultado de
Ios movimientos de los realistas.


Era el z4 de octubre cuando dic!Jo l'digiüso emprendió
su marcha recorriendo en menos de dos dius l.is cincuent.i le-
guas que median entre la capital i el punto sujeto á su ins-
peceion. Al reconocer el citado camino del Planchan, lo ha-
11..5 tan cargarlo. de nieves, que opino no podía ser transitable
lmsL! el mes de: diciembre. Por medio de varias espías, que
se atrevieron :í cruzar dicha cor.lillera , averiguó con certeza
11 Lh;r;cl de San .1Ltrtin, qne no csccdia de '2:' 50 hombres,
á los :lue estiba disciplinando en un campamento dos leguJs
al Norte de\:Ic:nloza; supo asímismo que si bien esperlmen-
taba mucha descreían, la cubria muí pronto con gentes qU!!
incorporaba por la fuerza á sus filas; i se cercioró de la fal-
sedad de los alarmantes anónimos, cuando adquirió noticias
indudables de no haber ido al puente del Diamante el anun-
ciado ingeniero írancés , ni de hallarse el menor preparativo
que indicase haber sido elegido aquel punto para el p::so de
las trapas rebeldes.


Estos mismos espías, por los que se tuvo conocimiento
de lo desguarnecido i descuidado que se hallaba el fuerte de
San RaF.lel, del que se ha hecho mencion , fueron remitidos
al capitan ¡;eneral para que los examinase por sí mismo, i
viera si convenian sus declaraciones con las que remitia di-
cho cemísionado.


En est is i otrasdisposiciones lleg¡) el mes de diciembre,
tiempo en que empiezan á habilitarse los caminos de h cor-
dillera; i obscrvan.ío que el del Planchon podía ya ser cru-
zado libremente por las tropas, se di6 aviso al presidente
parJ. que las dirijiera prvntamente en cjecut:ion del primiti-
vo pl.m. Empero había silo resuelto en un consejo de guer-
ra otro mui diferente, que derribando los únicos medios que
habia de salvar el reino, puso en la m1yor confusión i alar-
ma á los que conocían la verdadera situación de 103 negocio:::,




r:1[' '.:: :


Se re.lucia este á esper'lr al enemigo dentro dd reino, guar-
neciendo con la pequeña fuerza p. indicada de 6000 horo-
hres una linea de ciento sesenta leguas que hai desde Acol1-
cagua :í Concepcion. Llevada ~ efecto aquella fatal disposi-
cion , pasó á esta riltima ciudad el batallon del mismo nom-
bre; el de Chillan se apostó en Curicó; dos compaúias n;¡
'I'alca ; el cuerpo de caballería de Barariao en San Fernando;
otro cuerpo de caballería en Rancagua ; algums compartías de
infantería en el camino del Portillo; tropas de tocios cllerpo~
en la capital, i una división de 1000 hombres , ILllu:¡¡la dt~
vangu:udia, en Aconc:lgua cjue era donde terminaba la tr.i-
zada 1íne«.


Tolios los inteligentes prácticos del pais veían con el ma-
yor dolor que el estado iba caminando :Ícia su ruina: i tan
mal calculadoshabian sido los planes de su defensa! los ilus-
trísimos obispos de Santiago i Concepción representaron el
inminente peligro que amenazaba á aquel desjraciado pais:
el mismo P. lHartinez, á quien se le atribuía el mayor as-
cendiente sobre el capitán general, fue encargado de influir
para la variación de los citados planes; IIl:lS todo fue inútil,
porCfue escudado el seríor ¡Hareó en fol. acuer.Io de su consejo
de guerra, se creía libre de toda responsabilidad, cualquie m
que fuese el resultado de sus operaciones. Ya no qllC,J:dp
pues en tal apuro mas .arbitrio que el de la emí.iracion. r.•..
dos estaban penetrados de C!ue iba á sucumbir el gobierno
del Rei , j con cste desaliento general nadie pensaba sino en
su propia conservacion, Todo era confusion en la misma ca-
pital: cirdcnes i contra ordencs , marchas i contr .murchas,
mudanzas de gef(·s i nuevas promociones, insubsistencia en to-
das las providencias, i vacilación en todos los ramos: he aquí
el aspecto que presentaba dicha ciudad de Silntia6o.


El señor nLrcó del Pont , animado de los mas puros -sen-
tirnientos de amor al Reí, i de esmero por el honor de sus
armas , tenia la dcsgr:H'ia de verse rodeado por personas ines-
pertas i presumidas que le hadan seguir la direccion que ha-
l~gaba su amor propio , ó que convenía al engrandecimien-




to de aCl'!!:Lu;. San Martin nada i;:norah<l ,loe cuanto aG[u:¡J
entre J.Js n:distls; su crunin.il corns pondcm-la con los des-
contentos de Chile iba haciendo los HES rápulos progresos en
la opi.iion ; su OS1 Ha crecía en razón directa del desaliento
del enerniao que iba ;Í comlurir ; aquellos hacendados, ([lIe
imprudentemente habían si.lo perseguidos por el bobiern()~
movían sordamente los mas finos recursos de la intriga, i pre-
paraban á todos sus dependientes para segundar los impulsos
del general insurjente.


El plan que"tenia este adoptado era el mas á propósito
para asegurar la victoria: asf pues 10 veremos muí pronto
darle la debida ejecllcjon, con tanta rapidez i felir-i lad , que le
hicieron ad pririr un lugar distinguido en el t.unpio de h Lma
revolucionaria. Sensible es que en esta hubiera tenido mas
parte la fatalidad que los esfuerzos de su brazo. No fue pues
la desafección del pueblo la que hizo desaparecer el dominio
del Rei en el afio siguiente, sino las no bien calculadas medí-
das de Ios gobern:mtes de aquella l5poca , tan desgraciados en
esta parte como di.;nos de los mayores elogios por sus ante-
riores servicios, i por su acendrada fidelidad aun en medio de
sus mas terribles contrastes,




237
"""'" "'".'"~'" "''''''''''~'''''''''\i' """~"""'" "'"


eAPI TUL o X V n.


,


SANTA FE Y CAHACAS: 1816,


Espedicion del general Morillo contra Santa Fe, Calzada,
¡Yarleta, Bayer, Latorre, Mouimientos de las columnas
mandadas por estos gt:fes. Penosa marcha del primero.
SI{S l'i! ;rl'las Batalla de Caclur/, Ocnpacion de Santa Fé
por es/(¿s tropas, á las ordenes de Latorre. Aceion de Ceja
(tita. Tuma de Caucari por Warleta. Su llegada al puer-
to de San Buenaventura. Recomendables servicios de Mo-
rillo. Reflexiones criticas sobre una de sus providencias.
Salida de Latorre contra el francés Seroiez i su jeliz aun-
que penosísima campa/la. Fentajas conseguidas por Bscu-
té i Villaoicencic, Acorralamiento de los rebeldes por las
tropas de JVarleta, i por las de Sdmano en los montes-de
Popavan. Batalla del Tambo. Completa destruccion de los
rebeldes por el citado Sdmano ; Capdeuila i Tolrá. Meri-
to de estas campañas. Rigurosos castigos sobre los venci-
dos. = Causas que influyeron en la nueva subleoacion de
las provincias de Venezuela" Bolioar en Jamaica. Malo-
grado asesinato. Su viaje á Santo Domingo. -"presto de
una espedicion, Rebelion de la Margarita, Descripcion
geográfica de este, isla. Urreiztieta ; gobernador de ella
por el Rei. Energía de dicho gobernador. Rendido el puer-
to del Norte. Calueton, Apurada situacion de los realistas,
Reveses. .Asalto del castillo de Santa Rosa, funesto d los
rebeldes. IJtgada de algunos refuerzos con Pardo. Espedi-
cien de Urreiztieta sobre el valle de San Juan. Ventajas
conseguida« por los marinos. Ataque general dado por los
insurjentcs, Lleg.'ul:t de Bolioar. Eoacuacion de la capital


pOI' h;s /1'(l)(/S de Pardo. Fortificacio¡. de Pampatar i Por.




.~~s fL\:\T\ 1"1.:: y (;\nACAs: )('3IU.
lamar, Intimacion J! Bolioar. Comhate naval. Heroisms
de Iglesias. Aprestr;; en Cumand para socorrer dichos pun-
tos. Desembarco de Bolioar en Cartipano i Ocumare. Al-
dama. Circs. Red. Morales. Accir)fZ de las alturas (~
llJáriara. Batalla del cerro de los Aguacates. lllurales vic-
torioso en ambas. Fuga de Boliuar con sus buques á Bo-
naire. Reunion de los fugitivos de Aguacates al mande
del escocés Mac Gregal'; Sil penosa marcha sobre los lla-
nos de Barcelona, i SU reuniox con Piar, Marino i Mo-
nagas, Derrota de 11lorales 00 el Juncal. Estado critico de
Zas provincias de Venezuela. Salú!f:¿ de Latorre , i .ZJ1.orilttl
en direccion de estafo


No bien habla enjugado el general MoriUo las lágrima¡¡
de los desgraciados cartageneros , i descansado del penoso sitio
de 106 dias , que sc hizo mas largo por un efecto de su mis-
un humanidad, así como por no haber observado la eSCU:1-
ara bloqueadora la necesaria vigilancia, de cuyo descuido se
aprovecharon algunos especuladores de las islas para introdu-
cir víveres en la indicada plaza, cuando se dedicó tÍ concebir
nuevos planes que acabasen de desterrar al genio de la dis-
cordia de aquellas provincias.


A fin de que ninguno de los obstinados revolucionarios
pudiera sustrarse á su esforz:llo brazo, dividió su tjr<rcito en
cuatro columnas que debían invadir el reino de Santu Fé
por distintas direcciones, i en comhinacion con la quinta di-
vision que :l las órdenes de su com.mdaute general el co-
ronel don Sebastian de la Calzada se había ya puesto en rno-
vimiento ~i fines del ario anterior desde la provincia de Bari-
nas , última de las de Venezuela, í hJ.bia penetrado en el ter-
ritorio del citado reino por los llanos de Arauca pertenecien-
tes á la provincia de Oasanare,


El brigaclifT don Pedro Ruiz de Porras, que habia mandado
durante el sitio de Cartagena una columna sobre la villa de
1\hmpax, ciudad de Oraría i otros pueblos de las riberas del




!!AYiA I'!~ 1 (q;\(:\~: lStG. ~:5f.)
río Magdaltlla, para contener por aquella parte á los rebel-
des, rq~re,só ;í su gobierno de Santa Marta luego que fue
tomada la citada plaZ:l, cediendo el mando de aquellas tro-
pas al coronel don Francisco VVarleta Siendo de la mayor
importancia formar almacenes para proveer á las necesidades
de las tropas, i siendo la villa de !\'IOlllpOX el punto mas á
propósito para este fin, se dio tan importante comision al re-
ferido Warleta, quien la desempeño con tanto lucimiento i
esmero, que el ejército no careció de cuantos ausilios pudo
necesitar para continuar sus operaciones, i hallo asimismo
en la citada villa de lHompox por la dicaz cooperacion de la
:Marquesa de 'I'orrchoj-cs , esrelentes hospitales para recobrar
en ellos su salud los muchos enfermos que sucumbían al ri-
gor del clima i de la fatiga.


Habiendo adquirido \Varleta por este servicio nuevos tí-
tulos á la confianza del general en gefe, fue nombrado co-
mandante generar de todas las tropas que debían operar al
Oeste del Magdalena, en las provincias de Antioquia , el
Chocó, Nóvita i Zítará; i se puso en marcha sobre la pri-
mera con cuatro CO¡il-flaúías del regimiento de infantería del
l{ei , i una de húsares de Fernando VII.


Otra de la. cuatro columnas indicadas, compuesta de
una campañía del regimiento de infantería de la Victoria i de
l'arios destacamentos de estos cuerpos á las órdenes del teniente
coronel don Julian Bayer se embarcó en Cartagena en 12 de
marzo con el objeto de recorrer las costas del Darien , i de
penetrar por el río Atrato; pero habiendo hallado en este
punto fuerzas muí superiores de los enemigos, hubo de n~­
troceder por entonces ála misma plaza de donde habia salido,


La tercera columna al mando del brigadier don ~rniguel
de Latorre , ,con la fuerza del regimiento de la Victoria i de
los cazadores del ejército se dirigió por la parte oriental del
Magdalena, ocupó la provincia de Ocaña , é hizo adelantar
dichos cazadores al mando del sargento mayor don I'rIatías
Escuté, para reunirse con la quinta división que habia llegado
I,J;ila ti punto de Ramirea en los páramos de Cachirí. Si::




2!¡0 g,\:'\T\ rr. r C:\J\iC.\5: 18 ¡(¡o
componía ésta del I? i t? batallen del regimiento de infan-
tería de N umancía , naturales todos de Venezuela, i de 800
lanceros del mismo pais, Su prime¡' encuentro con J9 caba-
llos enemigos en ;)0 de noviembre del ::JiÍo anterior en las in-
mediaciones de Cliire dÍ!; las mas fundadas esperanzas dt Ji! fe-
Jiz terminación de aquella campaña, Como desde el ('Ítud..)
punto de CJ:ire distase todavía seo lrgll3s el ejército que
sitiaba á Cartagena , hubo de hacer una marcha de fhnco, i
cruzar las cordilleras de Chita, á fin de ocupar la provincia.
de Pamplona i de ponerse en comunicación con las mencio-
nadas columnas del occidente del lHagJalenu. No fue sola lit
accion de Chire LIue debió sostener Culzada para seguir este
concertado movimiento, sino que hubo de batir otro cuerpo
de 29 insurgentes sobre las alturas de Bálaga, cuya victo-
ria le abrió las puertas de Pamplona.


No bien se habían incorporado los cazadores de Latorrc
con las tropas de Calzada, cuando los rebeldes que habían
reunido la mayor parte de sus fuerzas sobre Bucararnánga ,
pasaren á fortificarse en las alturas del citado punto de Ca-
chirf, Conociendo Calzada la necesidad de destruir al enemigo
antes que hubiera tenido tiempo de reforzarse, j de tomar
una actitud imponente, determinó arrojarse contra él, con-
fiado en que el imperturbable valor de sus soldados había
de superar toda clase de obstáculos. La empresa sin em-
bargo era sobradamente espinosa; la posición era respeta-
ble; el número de rebeldes no baj.rba de 39 hombres: sus
gefes lo eran los de brig'lrJa Custodio Rovira, 'I'i moteo Ri-
caurte , Santander, Maddd. y el zambo Ar,~valo; mas nada
arredró :l Lis valientes tropas lid Rei acostumbrudus á osear-
mentar i 1:Is descnfrenadus turbas,


En el dia 2 I ¡le t;;l)J'(:ro, «uando las activas i vigoros:\t>
ihsposiciones adoptadas por el comandante cspaiíol, indica-
ron la proximidad de la batall« : el primer acto hostil ,
une fue la feliz sorpresa ele una partida enemiga avan-


I , !
zada , anunció los triunfos que iban ú. coronar 103 esfuerzos ce


1 1 , .. 1 t·'ro~ rea listas Los cazadores enviados por e )ng:¡dL~;rl':I c:n'1".. . ...' .....¡,,¡ •




~.\ NTh. r{: r fA TIACA«: I ~ 1G. 2~ \
fueron cnrarg2.dos de reconocer, J. las órdenes del capitán
don ~lilvestre Llor.-ntc , los bosques iume.líatos , i de atacar á
1! nos 300 rebeldes, que ca parti.Ias de guerri1!a prccedlan al
grueso del c/rcitc. La completa derrota de esta fuerza avan-
Z,tlÍ¿¡ flió lluevo aliento u Ias tropas del Rr-i , i aumento las
e,:'cr;mzus de la victoria. Ibllún..losc aquellas a Ias cinco de la
tar.Ie ,( tiro de e:.:¡lon del campo enemigo, fueron adelantado.
el Begumlo batallan de Numnncia i la columna de cazadores,
pan que, despleg:índosc en guerrillas, hostilizasen á los re-
bel Ies, Sobreviniendo la noche, sin que el fuego se hubiera
i nterrurnpido, mandó el coronel Calzada que las primeras
C()~:lpallías de cazatlcres del ¡ ~ i 2? batallan tomasen la altura
de la hq¡ÚerLb, con cuyo oportuno movimiento quedaron
flanqueados dichos insurgentes.


Em;'c:'o conociendo éstos lo crítico de su posicion, se
~provc('haron ele la oscuridad para mudar su campamento, i
p¡a construir parapetos que diesen alguna tregua ásn ruina•
•i~ pen;.\s 1:.: disipación de las rinicblas permitió 1í los realistas
descubrir el terreno que ocupaban dichos rebeldes, se lan-
zuron las guerrillas sobre Ias avanzadas, que fueron rechaza-
d:¡; cont ra sus trincheras, c!tj,mdo en poder de aquellas un ofi-
cl.rl i 10 soldarlos.


Viendo entonces Calzada elentusiasmo con que sus tro-
pas nnsiaban el combate, envió por la altura de la dere-
cha ialteniente coronel Eseuté con la mayor parte de la co-
Iu .nna de cazadores, i por la izquierda al resto de la mis-
un con el capiran Llorente á fin de flanquear las trincheras
cllemig:¡s: cuando ya llUhícron éstas ejecutado felizmente su
111 JVillliento , i aun colocado en huena posición una pieza de
artillería; ruando ya dos compañías del citado regimiento de
Numancia , se habían empeñado asnnismo en un VÜ'O fuego,
mando que los gr,madero;¡ atacasen por el frente á la bayo-
neta: los cazadores que deseaban rivalizar en gloria con di-
CilOS granaderos, se arrojaron al mismo tiempo con tanta in-
trcpi.Iez , que llegaron unos i otros á la st'g'mda de dichas
~tÜI~ller"s. mezclados con 105 rebeldes, quienes á pesar de
~:Wi40 11, 3 I




.2',2 .~\'\"TA FJ~ I C.\P<\r\S: IAI!).
haber percliclo mas de 100 hombres rc.Iohlaro n su ataque
hasta la tercera; pero habiendo lo,;ra"o iutrolucirse entre
ellos el comandante de carabineros don Antonio Gomez con
algunos soldados de su arma, a~:ahó de desordenarlos i de
ponerlos en tan horrible confusion , que ya no pensaron mas
que en salvar sus vidas con una fllga vergon;msa.


El campo de batalla i todo el camino hasta la villa de :\1a-
tanzas, que fue por donde huyeron. los rebeldes, i por donde fue-
ron perseguidos activamente por los realistas, quedó sembrado
de cadáveres, armamento, cajas de guerra, acérnilas , pertre-
chos, equípages i demas efectos. lHas de ] ~ rnurrtos , en-
tre ellos 40 oflcíalcs , 200 heridos, 500 prisionero;, :;¡ pie-
zas de artillerfa, 4 banderas , 750 fUEiles, 300 lanzus , 459
cartuchos, provisiones, ganado i todo el material de tm nu-
merosa chusma, fueron los trofeos de aqueila ilustre hata llu,
conseguidos con la corta, pero sensible pérdida de 150 rea-
listas que fueron puestos fuera de combate.


CeJes, oficialesi sol.Iados compitieron :1 porfiaen dar pruebas
de bizarría i deCÍsion : debe ocupar entre ellos un lugur de pre-
ferencia el bizarro capitán don Francisco 1)..17.1., quien á (lcsar
tIc haber recibido dos balazos IJar la m.rri.mu , no Ijuiso retirarse
del campo, ni que nadie le precediese en el as;dtt¡ Ik l:t príi!lcra
trinchera , en el que recibió una herida mortal. JUcrc:cen asi-
mismo ser recordados con distinguido aprecio los nombres de
los comandantes de batallen don C:ír1os 'I'olr.í , que mm la-
ha la columna que atacó por el frente los parupetos , i lL .lon
Ruperto Delgado, que haciéndose superior á los graves ma-
le': qUE le afIigi~n en aquel mo.ncntc , se mantuvo constan-
terncnte :í la cabeza de su cuerpo; don JHatías Esrut", dnn
Silvestre Llorcnte , don Antonio Gomcz, don JOS(: Mar:a
Quero i otros varios de todas clases i graduaciones, la prü-
ligidad de cuya enumeración debemos sacrificar en obse-¡ uio
de la eoncision que nos hemos propueoto.


A consecuencia de esta insigne victoria se dedicaron 1:Jg
tropis de Calzada á perseguir i los restos de los insl1l'g!·nt..s
ocupando la provincia del Socorro, cn donde se incorporaren




fL\'T.\ ri 1 (,\1\ \C\;:: 1ftG. 2'~)
con el brig1dier Latorre , quien lu];il:nl!ose puesto á la ca-
b~Z3 de todas ellas , se dirigió sobre h capital de Santa Fé,
de cuyo cahil lo habi:.t recibido ya una diputacion suplic.ín-
dole qu,; acelerase su marcha para salvarla de la depreda,
cion con que 1:.1 amenazaba el aventurero francés ;Ulnue!
Serviez , nombrado á aquella sazón por el congreso rebelde,
gencr::¡Jísimo de sus tropas. 'fomó con efecto POSCSiOll de ella
en 6 de m Iya en medio de públicas aclamaciones , espres3.-
das con tojo el aire de sinceridad i buena fJ. El general en
gefe don Pablo Morillo scguia desde Ocaña á estas di, isiones
con su cuartel general, con un escuadran de húsares de Fer-
nando VII , i con otro de artiHcria volante; pero la prcci-
pitacion con que marchó Latorre contra los enemigos no le
<lió tie.npo de alcanzarle hasta la capital, en la que hizo su
entrada á principios del siguiente mes.


Antes de detull.rr las operaciones de los gefes realistas
convendrá recorrer las de Ia columna del coronel ""VarJeta,
que tanto cooperó ul fdL rcsulrado de las armas del Rei.
Llegó esta en 7 de mur.co i 11 ciudad de Remedí::;., que
abandonaron los insurjentcs des pues de haberla inccn.iiado
ofreciendo por este !lEl.lío alg,m .lcscanso , de que tanto ne-
cesitaban SllS su! LL!os '¡CS¡IUCS tIe haber atravesado un p.ri..
desierto de mas de 6o leguas, cubierto de penalidades i tra-
bajos á causa de las cont.ínuns lluvias i malos caminos, que
sufrieron sin emb:ll'go con la mayor rcsignJcion i constancia,
aunque hahian quedado descalzos i cspuestos á todo el rigor
de los elementos.


Sabic:do lV;¡rIt:ta que los rebeldes estaban posesionados
del punto úc G!UC:l1l, trato de arrojarlos de ./1 antes que tu-
viesen Iuglr de íncendiarlo ; ~í cuyo efecto destacó en 16 una
columna compuesta de dos eOlIlp:tilí.;lS del Rei , otra de la
Victoria i 20 húsares montados, ú LIs órdenes del bizarro
teniente coroael don t\ icolas Lopez , uatural de la ciudad de
Coro, i antiguo cIecan de don José Tornas lUyes. Conti-
numdo el referido vV<lrkt1 su movimiento , aicanzo á dos
batallones titulados los Soberbios i los Es/orzados en número




.2)'~ S\\'T,\ F:: I r: \n\f. \~: IR j G.
de 300 :í 1ClO:) ho.n'ircs , al ID m lo (Ll C:lr:qlEijoAnclrc~
Jos¿ Li;urJs, que S3' h ibi.i situ i lo ¡,'m '1 pi.~:~.ls de artillcrla
en 11 fJrtt:ic.lb posición de Cejo. alta , distante dos lcguJS
dd cÍtx!o pueblo de Caucan. Las rehel.les opusieron los mas
fuertes ob-t.ículos por me.lío de cort.i.lu r.rs, )nr.¡petos i
demas obras de defcnsr ; mus ro los fueron superados por ha
v.ilientcs Íi'0iJ1S de \V.,r)etl, hs ({UC estuvieron cmpuüL!s
en repetidos cho ¡ues desde el dia 18, habiendo si.Io el fruto
eh t.m glorios.! espcdiion la pérdida <le mas de 1ca insur-
jentcs Il1U -rtos , entre ellos algunos oficiales, Ia ele un nú-
mero consi Icr.rble de heridos, la de sus 2 piezas de artille-
rfa, municiones i machos fusiles; victoria t mto mas rcco-
menlable cuanto que fue consegui,la con el illSigniul'ante
quchr.mto de solos tres realista~, debido al pareccr ú la COIl-
fusion i al desorden que reinaba entre los contrarios.


Al dia siguiente de este combate tomó \Varltta posesien
del pueblo de Caucan , i á su consecuencia de la ciudad de
l\,L,ldlin i de la provincia dI.; Antióquia. Restableeida ya la
autori.la.I Re:!! con todo su esplendor en la citada provincia,
en el C:lO;:Ó, Novita i Zitar.í , se dirigió por la ciudad de
Cali sobre la provincia de Popayan hasta el puerto dI.; San
Buenaventura, en cuyo punto se 1c r,:u;¡irS la coluuuux de l.b~
yer, la cual desde que supo que ""Varleta habia ocupado la
citada provincia de Anticquia se había puesto nueva.nente en
marcha en 1 2 de mayo, i hahía penetrado por el mismo rio
Atrato, i llegado á apoderarse de Quiddo capital del Chocó
en 22 de dicho mes, arrojan' lo de dh <Í los insurjcntes (iue
la defendian , haciendo prisionero al c:mlillo 'Pomas Pero»
que mandaba la retaguardia , destruycn.Io i cclwnlo :i pi,pc
cinco bongos armados en gUCITJ con callones de á ·í, i uno de
á 8, i ganando nuevos triunfos en el fuerte de lHurri i en
otros puntos. Se puso á este tie1JJ1JO en comunieacion el co-
mandante general \Vadeta con la columna del brigadier don
Jmil Samano que habia salido de Quito, la rdacíon de cuyas
operccionos quedará suspensa hasta qne Il:-l}'umos pasado lü
revista las del general Morillo á JU entrada en la capitat




Sj~TA ri T CARACAS: 1816. 245
Ofreciendo las mayores dificultades la organizacion de


todas i05 ramos del gobierno tan desquiciados por el des-
ónlcn revolucionario l que habia prevalecido en aquel país
por el Cii¡neio de cinco aíios, vió el general en gefe la nece-
sidad de flj:lr por algun tiempo su residencia en dicha eapi-
tal, ¡ de lkJicJ.r tojos sus afanes i desvelos á tan interesante
objeto. Aun los mis fieros contrarios de tan ilustre guerrero
no podr.in menos de prestarle los actos de admiración á que
Be hizo acreedor por sus incesantes trabajos en obsequio del
bien público.


Su prevision i buen colo alcanzó á todas partes: re-
poner los tribunales i autoridades designadas por 13s le-
yes; volver ¡í su antiguo estado el órJen político i admi-
nistrativo; mantener la disciplina en todo su vigor; aplicar
la perseverancia mas activa para restaurar la confianza pú-
blica, hacer los posibles esfuerzos para levantar de su ruina
el comercio , la agricultura, i demas ramos que constituyen
la prosperidad dc las naciones ; abrir nuevos caminos, com-
poner los antiguos l construir puentes i calzadas, levantar
columnas par:l designar las distancias , establecer posadas de
trecho en treeho , i poner todos los medios para facilitar Izs
comunicaciones; propag~lr el fluido vacuno, proveer á las
necesidades piihlieas , i finalmente dar nueva vida al país
con su activo i generoso influjo: hé aquí las nobles ocupa-
ciones de dicho general l1oril1o , cuya memoria jamas podrá
borrarse dc aquellos pueblos que fueron el teatro de tan
ilustres hechos


Uua sola proví Iencia jusra en su esencia , pero inopor-
tum en su a¡l/ic;¡ci();], vino á arroj Ir algunas sombras sobre
el brillante cuadro ¡pe acaba.nos de trazar. El gen:~ral Mo-
rillo babia dJdo varios in.lu it os , i el Mtimo de tojos en
OC1fia en el mes dc abril auwlue estaban concebidos en
términos llIJS g,'nero:;os de lo que po.Iian prometerse los pro-
tervos corifeus (le h rrvolucion ~ couteniun sin embargo al-
gunas re,;trici'Í'm'cs -¡ue no fueron tenidas en consideración
por el briz,:dl'~r Liatorre ¡,Í su entrada en la capital del reino.




246 SA'iTA fI¡ r (;Ar.A<'\S: 1816.
El que dió pues éste con tan plausible motivo tenia t al am-
plitud, que muchos de los rebeldes mas obstinados i e rimi-
nales permanecieron tranquilos en sus hogares, i otros regre-
saron á ellos, fiados en el canícter de noblezu (pe inspiraba
la palabra castellana.


Si bien el general :1lorillo deseaba con la lIl:Jyor ansia la
sólida paciflcacion de aquellos dorninios , i en obsequio de
ella estaba dispuesto á hacer los mas duros sacrificios, des-
aprobó sin embargo la conducta de Latorre en haber fran-
queado los límites que se le habiau pre:,j<ldo; i creyendo por
otra parte que hahi 1 de ser tan fUlllS~:), como lo habia
siJo en !Vbrgarita, el pr-r.Ion :í 1 'J (..~n";f;f)!lCS insurjen t es
que m1S se !w';iw di"tingui,lo por su n'"Í'::;('o infllJjo, des-
aten.Ii J dicho inlulto i mando por« r ~~nws tí los individuos
que no estuvieran l'úHll!'cndidos eu 10" que d hal.ia dudo.


Este es un lunar r¡ne aparece en':! brWJnte carrera del
referi.Io general JUJrillo: por justas qlle fuesen las razones
que hubiera tenido pura hacer esta in: spernda alteración,
parece (!ue debiera haberlas sacrificado á la necesidad ó com-
promiso en que ya estaba el gobierno de mantener la pro.
mesa que había hecho el comandante de la vanguardin , á
quien debía suponerse competentemente autorlzudo por el
gefe superiorví mas no ignorando que la fidelidad de los con-
tratos es la hase de la prosperidad pública.


La cuestión pues no debiera haberse agitado entre las
autoridades realistas i los rebeldes, i sí entre el general en
gefe i el brigadier Latorre. La severa imparcialidad, que es
nuestra divisa, nos obliga á desaprobar estas fatales providen-
cias, que fueron uno de los argumentos mas fuertes , opues-
tos entonces i después por los contrarios para desacreditar la
causa realista i fortalecer la de la independencia. Sensible es
por cierto que la inexacta Interpretacion que dió Latorre á
los indultos de Morillo ,ó tal vez una superabundancia de
sentimientos filantrópicos .hayan suscitado una cuestion tan
peliaguda, i ofrecido. á los rebeldes los medios de barrenar la
opínion española,




~\'íTA FÉ 1 CUAí.'.S: 18 J G. 9!Í7
Todos los órganos de los disidentes, tant o en el ",'lun-


do "",uevo como en el Antiguo, declamaron contra esta
disposicion gubernativa, que forman-lo un pequeño pa-
réntesis á la franca i generosa conducta observada general-
mente en !1múica por las autoridades realistas , se presenta
á 1:1 1:17- del inundo con caracteres poco recomendables. Es
v¡;nh¡ 'IlIe to.los I()B presos en esta ocasion, del mismo modo
qlli~ los ¡[U(; lo Iucrou sucesivamente, habían hecho truicion
al ,',Iunarea cspaii'Jl, i en esta parte deLiJ quedar el publico
convencido de tan triste verdad, cuando todos ellos fueron
juzgados por los tr.iuiitcs legales, sin que nadie pueda pre-
tender (Iue !I;JO Sil lo IJaY:1 p:.deci,Jo inocentemente, Los IlOIl1~
lm's de dic!JO" reos son bien conocí los en los anales de la re~
volucion . i se iusertir.tn los principales despues de haber
descrito i:;c!;lS las o!,cn!t:wnes militares por esta parte, i dado
cuenta del rl'w!t.iLÍo lina! d,~ la campuüa.


A los P"c'Ch di:JS de ;¡abcr entrado el hl'igarJiC'r Latorre en
Santa f~, SJii::1 JU ,,,:5 tropas ";¡ persecuciou dd caudillo Ser-
vicz que !taLi,¡ po.lulo nn nir unos 2000 lJo,nbrcs de los des-
alentado, pr6fuf'pii ele dicha cupit.il. Después de una accion que
sost.r, o ./ichc/ cawiiilu eu h L:dlllJ!a Ó Taraí'ita de Cáqueza
COWT,l el teniente corune! don !\nt:y;ia Gomez, de cuyas ma-
nos Sf' salvó mihg, u:" uente , Sil dispersaron dichas tropas con
tanto desorden que quedaron reducidas á poco mas de J 50
homl.res i á algunos ofici:J.les venezolanos i otros emigrados de
los mas com;)l omctidos de la capital.


El cit.i.Io 8"r"ie;: con aquel puñado de despechados quiso
~egulr !Insta los llanos de San Martin; pero como tenia que
cruzar el rio Negro, tributario del Meta , i como las balsas
que hnhia manla.lo construir de antemano no pudieran ser-
virle en aquel momento :í causa de la rapidez de la cor-
riente, no luyo mas arbitrio para salvarse de la afortunada
espada de los rcalistas , que el de Jiriji rse á los 1Ianos de
Casanare , en medio de las mas dur.is privaciones. El citado
Larorre , que ya :í este tiempo había salido de la capital á
incorporarse con sus tropas, con las que formo una ala desde




2018 :'.\NT\ rr.': r r.\n ~r.\<;: I El 1G.
la cordillera ar espresado rio nIeta, atacrí á ¡lidlOS pdfiJg:>s
et; 13 de junio; i aunque les causo J¡abtall!(~S quchi'allt,,,.i.
hliiTaron sin embargo apoyarse sobre el rio (ka::; p, ro ara-
h;'1:on de ser desordenados el 2:< en Upia por el llli,ulCJ :;cfl;.
i J su consecuencia entró en Pare, C<JlúU¡ Jv Ls lblns
de Casanare,


No fue Ja destruccion de esta gavilla el mérito prindpa!
de la columna realista, sino la penosa marcha que hu Lo J.I::!
hacer por el espado de 44 dias sin dormir en ¡oLlado. sin
mas alimento que carne, sufriendo 11u.ius contínuas , cami-
r.:'l1do sobre pantanos. i cruzando los rios Nt'gro, Ccoa,
G ... astiguia , Uj ia , TotuiLJo, Cuciana , Cravo i l'clUtO; unas
veces en balsas, otras en troncos ó canuas , j las mas ;,gt:'-
radas los soldados á Ias colas JI:; los caballos, sienIo el me-
nor de dichos ríos mas ancho que el Ebro en su embecadura.


Para que el P";wso movimiento de estas tropas pro.Ia-
gese los felies efecr«s fine se había propuesto el gefe que 10
había dirigi vo, se UlSPUSO que otra coluumu , compuesta de
108 cazadores del t'jér,ifO al mando del teniente coronel don
~I\'l.ltias Escuté pasara á situarse entre Venezuela i l'J8 fllgi.
tiHIS de Santa lié que habían tomado aquella direccion ó fin
de envolverlos en su ruina. Desempeño Es('uté con tanta ce-
lcr;clad i acierto esta comísion importante, que cruzando por
Tunja , Sogamoso i Tasco ~ atravesando la cordillera i el pá-
ramo, llegó á apoderarse de la salina de Chita i á otupar :l.
Sacama , entrada de dicho llano i posicion iuespugnuble , en
la que se reunen los caminos para penetrar á Socorro, 'I'unja
i Santa Fé.


El coronel don Manuel Vtllavlcencío salió de San Gil
C011 alguna caballería de Fernando VIl i de artiIll'fÍa ve-
lante á incorporarse con dicho .Escuré; i habiendo tomado
el mando de aquellas fuerzas se puso en marcha e-l ~ l:\ de
junio en dirección de Pore , en cuyo tránsito i en el mismo
día disperso algunos caballos enemigos, i derrotó al ~¡guic!lte
111 mencionado Serviez, reuniéndose sucesivamente ,:on eH
gafe principal de aquella divísion.




~','lSTA f'E r e \;¡ I.,,;\;í; r e ~ G. 2,r~0
Los df.biles restos que habían podido fug;¡:-se de la indi-
~'la aecion se rounian en Chire , i deseando ta,orre com-
pletar su estcnninio se dirigió á 3'1Ue1 punto con la co-·
Iumna d., i';jz;,dores, húsares de Fernando VI[, artillCl'üi:
i carabineros: habiéndose fu.::;·,¿o aquellos del menciona'¡"
sitio, salió en su persecución acia Botoyes atravesando el
Casanare con indecibles trabajos ; i aunque ya :i esta sazon
hubieran principiado á inundarse los llanos, era tan ar-
diente su empeño por destruir las errantes gaviHas, que
tomando los puntos mas elevados del terreno, en los rrue
llegaba el agua sin embargo hasta las cinchas de los eaba-
Ilos , JIegó ¡í dicho punto de Bdoyes, del que se habían
fugado asimismo los rebeldcr, l:labria sido ya una irnpru-
Jcncia obstinarse CIl luchar contra la estacion i contra los
elcmentos : asi pues determinó retirarse á Pore dirigiendo
á Guanapalo sobre las orillas del ::Yleta al capitan don
Manuel Morales , quien logró sorprender algunos restos de
insurjenres , cuyos gefes fueron pa:;aJ,)~ por las armas.


Ya se ha dicho antecedentemente la direccion que toma-
ron las columnas mandadas por don Francisco W arleta sobre
Papayan i el valie rIel Canea. Se había dispuesto que todas
ellas penetrasen J un tiempo por dicho valle: el punto central
era Cartago: las de Choc6 i Antioquia debian principiar por
reunirse en Anserma, al mismo tiempo que las de! :\'lag·ialena
i valle de Neiva debian verificar 10 á dos leguas del citado
Cartago: aquellas tenían que pasar despues e! Canea sin
puente ni vado; i éstas habían de faldear por el páramo de
Quindío al nevado i coloso Tolima , debiendo cruzar como
término i descanso de su rnovimiento , el rio la Fieja 1 que
en aquel parage es tan caudaloso como el Canea. Para asegu-
rar el feliz resultado de esta pcnos.simu manichr.i , se am:lgó
penetrar al centro de la provincia por Cali , j atacar la capital
por la Plata, franqueando el p:Íl'amo de Guanacas.


El brigadier don Juan S~mallo, que por orden del gene-
ra! Montes, habia salido de P:J:;to en el mes de mayo con uns
divísion de 900 hombres "t establecerse en 13. cuchilla del


i.!é,,(;) 1:. ;p




2'10 SA"iTA rú 1 CAfU.f.AS: ISI6.
'I'arnbo , dista nte seis leguas de Popayan, con particular en-
carJo de atrincherarse en aquel punto, observar los movi-
mientos de los enemigos, i adquirir noticias positivas de los
prog resos i planes de las tropas espedicionarías europeas, fue
el dique mIS oportuno que pudiera oponerse para contener
las últimas oleadas de la revoluciono Hallándose los despe-
cha.los revoltosos rodeados por todas partes, sin un flanco por
donIe sal val' con la fug3. sus miserables villas, i precisados
por lo tanto á ahrirse paso por medio de las filas realistas,
cleyeron flue las de Sárnano ofrecerian menos resistencia, i
con esta engailosa esperanza se determinaron á atacar aquel
bizarro gefe en el dia 29 de junio.


Como las fuerzas de Sfm.mo fueran inferiores ;í las de
los insu rgentcs, rompieron éstos el fuego con la mayor con-
fia nza :í las siete de la mañana contra los puestos avanzarlos,
por los que fue sostenido el ataque hasta las diez: se acerca-
ron entonces los rebeldes á tiro de pistola de las trincheras,
figurándose aterrar con su presencia á tan esforzados guer-
reros ; m15 hallaron en su completo malogro otra leccion
practica de su deshonor i vergüenza. Salen los, realistas con
el mayor entusiasmo por ambos costados de su posicion , cer-
can á los enemigos, les dan una carga impetllosa, 105 dcsorde.
nan , los. confunden, los destrozan i pcrsiguen en su retirada.


El campo quedó empapado en la sangre de 300 muertos:
~>:4o prisioneros, considerable número de heridos, toda la
artillcrla, municiones, pertrechos, fusiles, i tres banderas
concurrieron á ilustrar el triunfo de aquella jornada, en la
que se cubrieron de gloria dichas tropas quiteñas i los pas-
tUS08, que formaban una gran parte de lxs mismas, i que
tantas veces habian acreditado la nobleza de sus sentimien-
tos i el esfuerzo de su brazo. Para perpetuar la memoria de
una acción tan brillante m:mdó ¡\Torillo que se crease un
batallen con el nombre del Tambo; cuya pronta formacion
se debió á los eficaces cuidados de Sámuno. Se grangeá este
benemérito gefe, por estos servicios j por los tributados ante-
riormente en el mismo remo de Quito una opíníea tan dís-




SA1\TTA t-'1:: T r..,ln\f:_\:~: } 8 i:G~ 2;) 1
tinguicla cerca de dicho general Morillo" que le proporcionó
sucesivamente su elevación al mando del vireinato , sin con-
sideral' que aquel encumbrado puesto requería en tiempo de
revolucion una persona menos debilitada por los años , i mas
abundante en recursos del ingenio.


Liborio lUejía, que mandaba en Tambo las fuerzas re.
beldes en compañía de Custodio García Rovira , que era
quien había capitaneado las que habian sufrido la derrota de
Cachirí, trata de salvar los débiles restos que habían podi.lo
salir con vida de la mortífera batalla que acaba de referirse;
i reunido con Pedro lUonsalve, que pocos días antes habia
sido batido en dos encuentros sucesivos por los cazadores de
KUlDáncia, mandados por don Juan Francisco Capdevila, juran
todos vender caras sus vidas, ó abrirse paso á toda costa para
refugiarse entre los indios andaquies; mas el bizarro coman-
dante don Cárlos 'I'olní , que se hallaba en la Plata con seis
compañías del segundo batallan de dicho cuerpo ele Numáncia,
sitúa la mitad de su fuerza al paso del río, lo cruza él con la
otra mitad por su derecha. sin ser visto, se arroja sobre aque-
llos desesperados revolucionarios á la bayoneta, hace una hor-
rorosa carnicería; i Ios pocos que pudieron sustraerse á la
muerte, precipitándose en el rio , se dispersan en varias di-
recciones i caen gradualmente en manos de los realistas , i
entre los primeros, los gefes Megía , Revira il\lonsaive.
Para que fuera completo el estcrrninio deestos réprobos, so-
brevino un terremoto, que cortó el camino á los últimos que
se habían puesto en fuga para el páramo de Guanaeas.


Asi terminó esta brillante campaña que admite pocos
ejemplos de comparacion en la parte directiva de ella, en el
acierto con que fueron p.jeeutados sus varios planes i eu 1:1
felicidad de sus resultados, pues (iue ni un solo corifeo de la
insurreccion se s:l1v6 de su bien merecido castigo. El tea-
tro de esta guerra se estendió por un espacio de 500 leguas;
el impulso fue simultaneo , los sacrificios de todas las colum-
nas fueron superiores á toda descripcion ; su constancia i su-
frimiento pueden presentarse como modelos de imitacion.




;':If,,? ~\N['f, Fl: 1 Ur:\\,A:',: I~) .6.
K o es facil reconocer dignamente el mérito coutrai. [o Ijar el


gcaGl'dI ¡Harillo i por sus valientes tropas en tan penosa em-
presa, sin recorrer aquellos paises i sin observar de cerca los
in¡¡¡f.;J1s0s tropiezos que ofrecen los caudalosos rios , las áspe-
ras rnoutaiias i quebradas, los intransitables carninos , h des-
pobLtcioa del país i la carencia de toda clase de ausilios.


Ka podrán por lo tanto borrarse de la historia militae
estos hechos ilustres de los que no se puede formar una
idea verdadera en Europa. La subdivisiou que hizo Mo.
rillo de sus fuerzas no pudo ser mas a ccrtadu , porque
no de otro modo era posible franquear inmensas distan-
cías i proveer á su subsistencia; el l;XitO acredite) el ti no
con que habían sido coacebidos tan granJioso~ planes: qlle-
d i , pues, enteramente aniquilado el genio de la rebelión ea
Nueva-Granalla, i asegurada la obediencia i sumisión de to-
dos los pueblos á la autoridad Real. Si el castigo tan nece-
sarío para desagrnviar la rindicta pública se hubiera limitiid()
á lGS rebeldes aprehendidos con Ias armas en la mano, se
habrÍall embotado los tiros de la maledicencia en la justicia
i necesidad de hacer un escarmiento sobre los protervos;
pero buba entre los sentenciados al último suplicio :.lgullos
individuos que si bien eran mas criminales que los que ¡OB-
tuvieron la insurreccion hasta los últimos momentos, se ha-
llaban bajo la salvagu:ll'dia ofrecida por el coronel Latorre, se..
gun llevamos indicado.


Aunque no hubieran estado comprendidos en este caso,
parece que la misma convcaiencia política exigia que fuera
menor el numero de estas víctimas, Los nombres principa-
Ies , que nos parece oportuno sean trasmitidos á la postcrí-
dad, para que se retraigan otros de tan afrentosa carrera, han
sido ya mencionados en gran parte en nuestra historia, i mar-
cados con til sello de la execración.


Don Antonio Villavieencío , don Cárlos Montufar, don José
Ramon Leíva , don José María Carbonell, don Jorge 'I'adeo L()..
eano , los 'I'orices , los Ninos, los Monsalves, Cabal, Ilaraya,
Megía, Linares , IOj Grillos, Rovira , Céspedes, Pella, Ayala.




n yr\ I:'; T (: ~ " H; .\S: 1 S1(), ~ 53
R ivas , Angula, Troya:lO, d Mocho, Contreras , H arnirez ,
Orriz , Pelgron, el ospariol An.lreu , Lastra, Zapata, Tigua-
rana, Carute , (Jame;·;, Sanchez , 0111ya, Quijano, Herrera,
Palacc , Otero, los Salas i los Lopez , O1medilla, Salias, Mor-
talis , Caldas, Ulloa , Buch , Armero, el canario Paez , el
vizcaino Abad, i los letrados Valenzuela , Pamba, García-
Evia , Benitea , Gutierrez, Hoyos, Cortés , Carcfa-Rivera ,
Camacho , Alvarez , Anuhlas, Dávila, Ulloa , Chscon , Gar--
cía, Ardilla, Vallecillo , Frutos Gutierres , Vazquez i Caice-
do: todos estos individues habian adquirido una funesta nom-
bradía en la carrera de la deslealtad é independencia; unos ha-
bÍCIu [13<10 el primor grito de la insurreccíon , otros habían
aCi/u,lilh¡'/o las Fartidas i cuerpos que tantas veces se hahian
cebado en la sangrc española ; no pocos de ellos habían he-
cllO resonar l.rs dortrinas jacohínieas en los congresos i pú-
Llicas corporacio.ics ; los hahi.r as:mis:no que habían bus-
cado :í la sombra de esta ileg 'ti.na rddion un abrigo contra
sus crnnencs anteriores: tnlos , pUl:S, sin h menor escepriou
merecieron la clase de muerte que les fue Ülli.!Ucsta por lo.
tribunales creados con este objeto.


A resar de Lt jUliti('iJ con qne el generlll Marino san-
cionó estas scntcncias , es bien seguro que fueron éstos los
momentos mal .. olorosos de su vida: sus sentimientos de
humanidad eran bien conocidos; su horror al derrama-
miento de sangre fuera del campo de batalla, lo tenia hien
acreditado en reretidas ocasiones; si suscribió en ésta á tan
rigurosas medidas, no puede ser atribuido sino á ¡U íntimo
ronvenrhníeato de que Ia generosidad de parte de 10i rea-
Iistas era considerada por los rebeldes como si~no de debili-
dad é impotencia: si permitió estos actos sangrientos , fue
porque se persuadió que no de otro modo podía quedar con-
solidado el dominio del Rei en aluellas regiones.


Si hubo en esto algun defecto, fue por la creencia de que
e! sacrificio de unas docenas de consumados criminales había
de ahorrar el de miles de víctimas, cuya sangre correria ,




2S!t SAXH r{: I CAn\eAS: 1316.
tal vez con profusión l si no se sofocaba de una vez el genio
de la discordia.


Finalmente, si esta providencia es digna de alguna ceno
sura , queda sin embargo bastantemente disculpada comparan-
dala con la guerra de esterminio , adoptada por los rebeldes,
i con la repetida violacion que éstos habian hecho anterior-
mente, í en infinitas ocasiones, de la buena fé de los tratados
i de las promesas mas solemnes.


Terminado ya el cuadro de las operaciones del reino de
Santa Fé, pasaremos á recorrer las de la capitanía grnenl
de Caracas, ó sea de las provincias de Venezuela , quc cota-
han asímisrno bajo la dependencia del citado general Morillo.


Las semillas de disgusto i resentimiento que hahj;¡;) c1e-
j:ul0 sembradas los espedicionarios á su llegada á Costa-firme
en el año anterior, i que fueron tomaudo hondas raices coa
ulteriores decretos, en los que parece no estuvo bastantemente
consultada la conveniencia i la política, habían principiado
á conmover los ánimos, é iban preparando sordamente un
violento huracan , que amenazaba sumergir la tranquilidad
del país.


Uno de los indicados decretos (Ille produjo Ias mas fa-
tales consecuencias, fue el de secuestros, por el cual se ponía
á los infinitos comprometidos en precisión de hacer los últi-
mos esfuerzos para derribar un gobierno que les privaba de
los medios de subsistencia. N II fue esta provi.lencia menos
fatal que lo habla si.lo en t iemio del general IHontc\'erde. Se
dijo que el mismo nolivar estaba dispuesto en aquella época
:í hacer una sincera abjuracion de sus errores, cuando des.
enpiíal0 de no poder entrar en la libre poscsiou de sus pin-
gües rentas, desistió de su primitivo proyecto, j ju rú no de-
poner las armas lwsta que hubiera urrojailo del país á los
espartales.


El primer punto adonde abordó dicho caudillo en su fuga
de Cartagena, ocurrida en el año anterior, fne la isla de Ja-
maica, en la que trabajó con el mayor empella para proveerse




SA1\;L\ FÍ: 1 cARACAs: ¡8IG. !L);)
de buques i pertrechos guerreros á fin de hacer una invasion en
las provincias de Venezuela. Allí debió perecer ese azote de
la humani.lad ; pero la providencia por sus inescrutables jui-
cios le salvo la vida de un modo semimilagroso , tal vez, para
([ue por su medio se consumasen los sacrificios que eran de-
LiIos en espiacion de tanto desacato hecho á la verdadera
creencia i de tanto ultraje á la humanidad.


Vivía Bolívar en una misma posada con don Manuel
Amcstoi , oficial de la contaduría de Caracas : ambos dor-
miau en la misma habitacion ; el primero en una hamaca,
i el segundo en la cama. Solían recogerse ~i las once de la
noche ; i como en UD.a de ellas 10 hubiera verificado Ames-
toi alltc3 '1ue su comparícro , se acostó en dicha hamaca para
blIar a[~lln alivio contra el gran calor que le sofocaba. Ha-
biendo llegado Ilolivar á las doce, i hallado dormido al ci-
tado Alllestoi, ocupó la cama de éste para no privarle de su
dulce sueño,


Esta era la noche en que debia consumarse el sacrillcio:
el mulato Luis, esdava de Boli val', 1labia sido ganado para asesi-
nar á su amo. No bien habia pasado una hora cuando entrando
el referí, lo mulato en el ¡¡posenío con el mayor silencio cosió á
IJUllaladas al ilJfdi:~ Amcstoi, que dormía tranquilamente en
la hamaca, i quedó Bolívar por esta inesperada ocurrencia
libre de los golpes qne habían sitio preparados contra él. Fue
aprehendido el asesino, i ahorcado á los cuatro dias , sin ha-
ber querido revelar los nombres de los que habían dado im-
pulso <Í su brazo,


Viendo llolívar el poco fruto que sacaba de sus insisten-
tes escitaciones cerca de los negociantes de esta isla, pasó á
la de santo Domingo esperando que la mayor afinidad de la
forma de aquel gohierno con la que él trataba de establecer
tu su país le ofrecería mas fácilmente los medios de dar eje.-
cucion á sus rebeldes proyectos. No fueron vanas sus espe-
lanzas en esta parte. Ya en el mes de abril tenia dispuesta
una espedicion de negros i mulatos ~ que zarpó de los cayos
de San Luis en dirección de la isla Margarita,




2;) () .~ A:i T ~c Fl': I eA~; l. (' .H: Ui 1(i.
Se hallaba esta mui conmovi.Ia (bde fines del :nJi)ant-rio-


en que El perjuro é infame i\rismelldi hahia (LId·) n ucv.uncr.te
ti grito de la revoluciono Considerando la iuflucnciu fllIe ha
tenido este punto en las operaciones sucesivas de la guerra, nos
parece muí conveniente hac('i' una descripción circunstancia-
da de ella , i recorrer sus principales acontecimientos con me-
nos concisión de 10 que nos Iremos propuesto en el plan gene-
lar de la presente obra.


E,tá situada dicha isla [í 8 leguas del continente i ,1:" la [lro-
vincla Jl' CUl!Hná entre los 10° 30' i 1 [ gr ht.~., i á 103 3 ¡ 3"
long. E, del meridiano de la isla del Hierro : tiene 13 le-
gua3 ele largo, 6 de ancho i 3> ([e c¡rcLI:li~~r'Jnd:l : sus pro.Iuc-
cienes son igu:.tles á las de Co.;t:¡ Pirmc , á ":.dier: e :111.1 (/;; aZci-
cal', café, algodon i algunos otros frutos de 195 tropicos , pcro
en mui carla cantidad : la Ill:.lyor parte de sus Iiubitantes , que llc-
g:.lll hasta 2e9, son indios guaic¡u;~ries; i tanto estos corno el res-
to de la población que son criollos i castas, se dejan dominar dl~
tal modo por b desidia í lJOIgazaneria, flue no proveen gencr:t 1-
ill"nL, , sino ::í 1:J.s necesidades del momento: los ele las cost as
se ejcn:iLtn en la peso, con cuyo motivo han construido al-
gunas casas pJra la salazón en Ia contigua ish de Coche ~ des-
de donde envían algunos cJrgamcntos á las islas estrangt'r:Js.


Era antiguamente de bastante importancia el buceo de
perlas; pero tambien este ramo se halla abandonado en el dia,
Se ha consi.Iorado siempre esta isla como uno de los puntos
mas cómodos de recala.lu : el puerto de Pampatar , aunque no
es mas que un seno, es susceptible de r,;coger á su abrigo Jo
80 tí 100 beques Jo gu~rra; los de Porlumar i Norte son pla-
ps pccr);.hs; pero pueden fondear 105 hUILles á mui corta dís-
tuncia ':.1:: la C',-~;'3t:l,


Coaea; 1r:,3 rhs F!)t el ii1tCl'inf ~ el uno en el v.llh i el otra en
el Norte, que nuuca !J:lll llegado :1 S'C:lrse, aun'Iue se refiere
'JOl tradición ¡1Ue hubo ((¡}OCl en ()u:~ no lloví-í en tres arios•
.l 1. i. .l


L:J. fÚa de lluvia sin embargo c., 11 Ill:l}'or calumi.lvi 'fUe
pueda sobrevenir ti este pais , pues qne sin ella no ;me!c s.nu-
, l ' i' l ori ." l: I - ;.) ,." " .\')rarse e... 111:'U:~, tp_it .orma e pr~f<" ~: ;_L..l:~.1<f1.-1 (tI) lJ::. _, ...'_l~V1S.




33


~~\T\ r~: I CAn\tA~. lSlG. 2~7
Durante la estación de las aguas parece que todo conspira con-
tra la vila del hombre: enjambres de réptiles i de insectos de
todas especies no dejan un momento de sosiego al que ha te-
nido la fortuna de Sllstl'a~rse á las enfermedades prop ias de
la iml1ubrUad de dicha estaciono


E/ terreno está cuhierto de Cactus ó tunas I flue forman una
maleza impenetrable I i que las lrai de tresespecies : la primera
es la qli~ produce los higos llamados vulgarmente chumbos:
la segunda no se levanta del suelo mas que una tercia, pero
está armada de ciertas espinas de tres pulgadas de largo, i tan
gruesas i fuertes que atraviesan la suela de todo calzado, i que
en cierto tiempo se desprenden de la planta i cubren taja su
circunferencia: la tercera, que es la mas abundante, se llaman
Cactus cirio ó cilíndrico, que tiene de 20 á 30 pies de alto
i 2 de cliarnetro, formando bosques tan espesos, que solo pue-
den ser penetrados por algunas veredas abiertas con el mayor
trabajo, por las que no puede marchar mas que un hombre
de frente.


Este pues fue el punto primero que tremoló por segunda
vez el estandarte de la rebelion á fines de 18 J 5 por influjo de
aquel mismo Arismcndi , i 'Iuien tan generosa como funesta-
mente habia el general JlorílIo salvado Ia vida. Se hallaba á
aquella sazón de gobernador de dicha isla D. Joaquín María
Urreiztieta , teniente coronel del regimiento de la Union , quien
adquirió los títulos mas solemnes al aprecio público por la
energfa de sus providencias i por su denodado espíritu en tan
erfticas circunstancias. Los primeros grupos de los sublevados


,]11 rnímero de (,00 ;í 800 aparecieron dcia la parte del Nor-
te; i fueron batidos por el comandante D. Antonio Cabían.


Auwlue la guarnicion se componía en aquel tiempo de solos
400 hombreo, i Junlue despucs de cubiertos los puntos de
Pampatar, Porlarnar , Norte í castillo de santa Rosa, tenIría
escasamente Urreiztieta 200 hombres disponibles para entrar
en operaciones, les dió sin embargo toda la movilidad que era
propia de Sil activo carácter. :EI 16 de noviembre, qU3 fue á
.10s dos dias de haber estallado la revolución reforzó con 40


TO,\IO n.




258 S\'i'f'L FE 1 nH:C .s: J ~~ J e¡.
hombres el punto de Portachuelo • i al dia siguiente envió otros
40 en ausilio de Jos defensores del Norte I que en este inter-
valo habian silo hechos prisioneros en número de 96, sin que
hnbíeran podillo libertarse mas que 4 solJados con el subte-
niente Calveton ~ cuyo bizarro oficial herido cn un muslo al


salir del fuerte, esperó á los enemi.ros con dos piótobs amar-
tilla las, dcscargó la una sobre el primero que se le aproxii1d~
i la otra sobre su misma cabeza para no ser el objeto de la rno-
fa i escarnio.


Despues de haber mandado el referido U rrciztieta inutili-
zar los cartones de la buterfa destinada á b. defensa del puer-
to de Pampatar , se retirú el coiusuIsnte D. José illar[a Ro-
driguez al fuerte Jd mismo nombre, desde don le rechazó ,í
los suhlcvados que se presentaron mui luego sobre aquel pun-
to. Dicho U rreiztieta dominaba una parte de la ciudad de la
Asullcion i el castillo de santa Rosa; i aunque no ¡)Odia tener
comunicacion con las demas guarniciones sino por señales te-
le.,;ráfieas; i:í pesar de haber reunido ya los sitiadores una
fuerza de LD:J5 de 3500 hombres ~ con la que habían ocupado
la mitad de dicha ciudad ~ i con la que era preciso sostener
ataques no interrurnpidos , estaba mui distante su elevado es-
píritu de abatirse por tan gra ves peligros.


Hahiendo silo destruida con pérdida de la mitad de la
gente una columna de 160 hombres ~ que el comandante Ro-
drigtle~ enviaba des-le Painpatar en ausilio de la capital ~ re-
solvió Urrciztieta retirarse del mencionado castillo de santa
Rosa para pedir con nuevo ahinco al gobierno su perior de Ve-
nezuela la remesa de prontos é imponentes refuerzos ~ que no
b.Jj.lsen de 1500 á :20::>0 hombres, pur que no de otro modo
era posible sofocar una sublevacion , que por II:.I!)crla descui-
dado en su principio ~ habia tomado ya un incremento tan pe-
liC'roso. Confiando Urreiatie ta en que le seria mas fácil acti-
var la He.aJa de los ausilios del continente des le el puerto
de Pampat.n, se dirijio á él abriéndose paso por medio de
las filas rebeldes ~ i burlando con la rapidez de su movimiento
el gran poder que estos ostentaban.




6,\:\1'\ rú [ c vnsc.vs : ISrG 259
Al dia siguiente, quince de diciembre, fue asaltado dicho.


castillo de santa Rosa, en el que había quedado una corta
guarniciol1 á !:ls órdenes del comandante D. Francisco Ma-
ya; la inmensa chusma de sublevados se arrojó á las lIlU ra-
llas con 1:1 mayor a1g:J.z:J.l':J. no dudando de la victoria ; no
se desconcertaron los realistas por el furor i obstinación que
aquellos afectaban , ni se conmovió de mojo alguno la forta-
Ieza de su ánimo á la vista de 38 escalas que habün silo Jis-
puestas para asegurar el resultado de su operación.


Rompióse desde dicho castillo un fuego horrible de artille-
ría i fusilcría; mas era tal la tenacidad de los rebeldes que despre-
ciando la mucrte , llegaron á plantar sobre las murallas 3 de di-
chas escalas: este fue el momento de decidir h refriega; dos ca-
ÍÍones ligeros conducidos al punto del mayor peli~ro causaron
los nuyores estragos en las filas de los contrarios; r 8 de estos
quedaron muertos dehajo de las baterías; otros 53 mordieron
el polvo en las inmediacioncs ; porción considerable de fusiles,
lanzas, machetes, espadas i cuchillos, una caja de guerra i
una bandera fueron los despojos abandonados en la fuga. Fu-
riosos los alzados por tan fiero contraste, desfogaron su s.ula í
venganza sobre los prisioneros que conservaban encadenados
t11 el pud)lo dd l'.iortc, :i los (llie dieron una muerte harba-
ra é inhumana.


Crecía por momentos el apuro de los bravos sostenedo-
res de la autoridad real: el gobernador Oc Puerto Rico se ha-
bia negado á proveer de municiones j las tropas de Urrciz-
ticta sin una órdcn especial dd gobierno de ES;):lIlJ; un ofi-
cial que ll:l),ü sido dirigido á comprarlas á la isla de Curazao
con 3::) dnros que 1I:llJian sido recogidos con las nnyor¿s di-
ficultades entre varios habitantes de dicha isla , el goberna-
dor i los capitanes J'lorata i Rodriguez, cmple í al,"mus se-
manas en esta comision; i r,::gresá con algunos quintales de
pólvora i con porcion de fusiles.


A los pocos dias de haber recibi.Io estas cortos ausi!ios
Ile;aron 400 hombres de refuerzo idos buqucs.Ie ,;u2rn para
aumentar los que formaban el hloqueo , i sucesivamente des-




260 SA~TA Fi I Cl..p.íns: 1 <) 1U
embarcó la nueva cspedicion al mando del brigadier D. Juan
Bautista Pardo , compuesta de 600 hombres en el estado mas
lastimoso ele instrueeion i disciplina, i sin mas armas de fue-
go que 200 fusiles. Pardo se situó en Pa mpatar para tener
mas espedita la comunicación con Cnmana i Caracas.


Convenía destruir los almacenes que los l'Ul'llligos ha-
hian formado en el pueblo del valle de san Juan: L rrci;-;titta
fue encarjado de esta comision , i la desempeño satisfuctoria-
mente con 350 hombres, si bien á su retirada fue cargado por
600 caballos i por otros tantos infantes, i perseguido por el
espacio de 4 leguas sin que los enemigos hubieran conseguido
la menor ventaja.


Ya en medio de estos combates ¡Jabia entrado el ¡¡UO ele
1nJ 6, i Unto las tropas ele tierra como las de mur n:dohla-
ron su ardor i empeíió para salir triunfantes de aq uella lucha.
El teniente de navío D. Manuel Cailas , comandante c/c l¡¡~
fuerzas navales amagaba la costa, haciendo desembarcos en
varios puntos, i aiJIuiricndo gloriosos triunfos aunquc parcia-
les, lnbienJo sido el principal dc ellos la inutilizacion de 5
curiaras , i el apresamiento de otras 6 en la ensenada del Man-
saníllo , que tan útiles podian serlo para aquella clase de ope-
raciones. Con tinuando la marina en sus prósperos sucesos, Sl;
contaron hasta 33 embarcaciones tomadas á los enemigos en-
tre lanchas, flecheras, enriaras i canoas.


Despechados los rebeldes por estos contrastes , resolvieron
dar un ataque general á toda la línea fortificada por las tro-
pas de tierra, i lo verificaron el 2;) de enero á las once de la
mariana por }'J:3 puntos del Mamei, Puente i Cupci ; mas
fue tan heróica la resistencia, (pe en un momento se vió
aquel eam¡;o cubierto de cadáveres: solo en el plinto deL~Ia­
mei fue mas obstinado el combate, aunque al HT t.unbicn por
esta parte la inutilidad de sus esfuerzos, se retiraron dejando
el campo empapado en su sangre. La (lcsgraciada esplosion de
un cajon de municiones en el castillo de santa Rosa, de la fIue
fueron vfctimus algunos soldados, i el mismo Urrciaticta que
saliogravemente herído é inhábil para continuar la camparía,




hizo renacer la esperanza entre los rebeldes ~ quienes inten-
taron un segunélo atu'IUt; ~ que les fue tan funesto como lo!
anteriores.


Estos triunfos sin embargo no eran suficientes para ter-
minar aqudl:.t sangrienta campaíia : las bajas considerables
que suti'ian tojos los días las tropas del nei~ ya fuese por el
llÍerro ó por las enfermedades ~ la escasez de víveres (Iue cm-
pczaba Ú cspcrimeutarse ~ el terco empeño de aquellos isleños
en sepultarse en sus ruinas antes que abandonar su infame di-
visa ; su esper::mza de ser ausiliados por los aventureros de las
islas contiguas ~ i por el mismo Holivar que ya ,j este tiem-
ro estaba prcfJ:lr:llldo su cspcdic'ion en la isla de santo Do-
min¡,o; i 1«s nutieias qne re'cibian del continente sobre las in-
l¡nitas partidas ({ue hormigueaban por tOLlClS direcciones ~ i q'-H:
poniCln al gobierno legltilllo en la imposibilidad de enviar
nuevos refuerzos á la IHarc:arita: todas estas consideraciones
daban Huyor impulso i visor á los sublevados ~ i tenían en hl
:mas penosa peq:!cf;it!ad á las iidt's tropus de Pardo.
Esta~ sin cmharg0 est.ih.m resudtas;1 defender ,l torlo tran-


ce Ianoble i sagrada causa que estaba confin la i su celo , i 10
aerclut:¡rOn en los rep'.:tL 10sdJO:¡17es que sostuvieron diariamen-
te. EL! sin elll/J:>ro;o su sítuxion la mas apurarla: las fortifi-
caciones de los rebeldes por la parte de la capital estaban tan
inmediatas ~ que con el silencio de Ia noche podían hablarse
ambos partidos contendientes fin necesidad de esforzar la voz:
á todas las hOt':1S del dícl se ofrecían justos motivos de alar-
ma: era preciso vivir en una continua vigilancia: los oficia-
]{.'s recurriendo los puestos ~ i los soldados sin dejar las armas
sino los mus ¡n'~'L~iiOS .mcmentos pan dedicar en relevo a1¿u-
nas 1101'15 al descanso ~ que di;ieilmente dejaba. de ser in ter-
rumpi.io. Era pues imposible sostenerse lar¿,o tiempo con tau
estremada fltiga, i solo unas tropas tan valientes i sufridas
ha\)rian podido resistir por el espacio ele cuatro meses este gé-
nero de vida rnlscrul.le i destructor.


El bri¡.;::\(.lier P.irdo no se atrcv in á tornar un partido decí-
siro Insta verse autorizado por el capitan genera] de Caracas:




2'h Sl\'T\ 1"1; I e \'1.'1(' \<; I S1G.
mientras que se In/hin en esta dura inccrti.Iumbrc , se oye-
1\J:l e.r 1J m.ni.m r del 2 ele mlYo en el clm:JO enemijo con-
{iU.S voces del mIS loco rego~ijo, acompa.i.i Lis lb repetidas
salvas elJ artillerfa , sin que los realistas supieran aIivinrr el
r.Libn aco ate.iimiento que las motiv.ib.r : er.m wludbs diri-
gi 11; en celebri Ld de b oportuna lluga:h de BoliLU' con la
espe.liclon qlle había saca.lo de los Cayos. La falta de tino de
¡Hrte de los rebeldes en haber dado por este medio avisos an-
ticipados de 1:>3 imionentes rcfuarzos que habian reclbido , sal-
vó la guarnicion de la Asuncion de s.i ruina : esta habría sido
irre.nc.Iiable si obrando aquellos en perfecta combinacion 11u-
Licr.m d.ido LEl [H'USeO aLqae de sorprosa á la citada ciudad.


Alarmados los re rlistas , i ccrcíora.Ios muí l)ro;lto del formi-
dable enemigo que en preciso combatir , se prq):J.ruron á reti-
rarse á Pampatar i Porlamar con la mayor r.ipiIcz , i ]0 veri-
ficaron con mui poco quebranto, El brigalicr Pardo dicLÍ las
mis activas provl.lenciua lnra q[JJ dichos dos puntos fueran
forti'lca.los , a;otanJo to.ios los medios del arte i del esfuerzo
suhieu.Io la artillcrfa á los 111gar33 111as altos i escarpa-los con
gnn sorpresa de ellos mismos, á quienes parecia al princi-
pio impracticable este proyecto, concebido por el brigadier D •
Juan Aldarna,


Como Bolivar necesitaba de descanso pina organizar sus
tropas, no se presentó al frente de los realistas hasta el 17
de nuyo, en que intimo á dicho Pardo la ren Iicion con
un'! insolencia i altaneru , que h.ibria b.rstulo por si sola á.
destruir tola idea de e011 veni i si a pd .Ieci .liIo rculis ta hu-
biera sido c'llnz de tornar otro parti.l.i que el de una deses-
perada dcfens,i. Su contestacion Ilcn ; (l; digIl i.l x! i IClItereZ:l
fue la señal del principio de las hostili lr.les : to. Ios los bu-
ques enemigos cargrron al momento sobre el fuerte de Por-
Lunar, le dieron varios at:J.lues; pere) fueron constantemente
rcchazados , i se perdieron de vista.


El bergantín Intrépido i las goletas Rita , General 11/Io·
rillo ~ i Ferroleü: con otros buques menores bloqueaban la
isla cuando se presentó la espc.licíon de Bolivar : los dos lilq,




timos habían salido inmecliat:lmellte para CUIJwniÍ en busca
de ausilios : los dos primcI'Os, mandados por don Rafael de
19]('sias, i ,!un Mateo de Ocampo , que se halhb:m ,i la
pn rtc cid Norte, habían sido atacados por todas las fuerzas de
los sediciosos.


La historia presenta pocos combates tan obstinados
como el del Intrépido: dcspues de tres horas de soste-
ner un horroroso fuego con los tres buques enemigos de
mayor fuerza, cuando estaba ya desarbolado , cuando habían
si.lo rechazados dos abordajes, cuando había perdido las dos
terceras partes de su tripulacion , i su cubierta estaba llena
de eac!,ívl'rrs propios i enemigos, un tercer abordaje ya irro-
sistib1c IJi,;o 'l'!" se a1'1'ojascl1 al agua muchos de los que so-
brtTivian <Í aquella carnicería, i que rindiese su grande alma
el valicutísimo Iglesias al impulso de dos balazos que asestó
contra su cabeza, prefiriendo morir entre los brazos de la
glorÍJ á ser el escarnio de sus inhumanos verdugos. El es-
tado de dicho buque era el mas lastimoso: el enemigo triunfó
solamente de las ruinas i dc unos pocos marineros gravisí-
mumente heridos. Muerto el capitan de h Rita al principio
de la acción hubo ele rcn.lirse este barco á tI fuerza triple
que 10 atacó.


Mientras que Canas i Gabaso armaban en Cuman.í nue-
vos buques para volar en ausilio de los defensores de Pam-
ratar i Porlamar , llegj en una mala lancha con indecibles
trabajos, i superando los mas graves peligros el brigadier Al-
dama , fIne habia siJo enviado por sus compañeros de armas
para actit-ar dicha espedícion , sin cuyo pronto ausilio era
preciso sucumbir á ese terrible enemigo, contra el que el
valor es nulo é ilusorias todas las obras de defensa: habla-
mos del hambre c¡ue empezaba ya á espcri.nentarse entre
dichos realistas, i que con las esrastsimrs provisiones que
quedaban disponibles no era posible sostener sino mui pocos
días sus débiles fuerzas.


A h actividad pues i c¡-¡ergÍa desplegada por el referido
,lLlJama, á SU ardiente celo 1 que se estendio á tripular los




2G4 S\NTA n; 1 CAnAGAS: 181G.
buques con toIos los europeos que luJló en aquella costa
sin admitir escusa ni escepcion; á sus esfuerzos para cargar
en ellos los víveres necesarios i para da rlcs u na pronta habi-
Iitacion , se debió en g¡'an parte la salvacion de los cspre-
sados valientes, dignos por cierto de que se hicieran en Sil
obsequio los mas duros s'lcri¡¡ci()~.


A fines de dicho mes de mqo se hizo Bolivar á 1:1 vela
con toda su escuadra i espe.licion , i arribó el ¡? dc junio á
Carúpano en la costa oriental de Cumaná , cuya pequeña
guunieion i vecinos des¿ues de una bizarra resistencia se
retiraron á Casanai i á otros puntos de aluellas inme-
diaciones.


El gobernador de Cumana hrigadier don Tornas de
Círes , tuvo aviso en el día ! de junio de la aparicion de
Bolívar en aquellas costas, i se puso en marcha al siguiente
con algunas tropas de Barbastro , circulando ordenes á los
cU0rpos ambulantes ó acantonados para que volasen al es-
terminio del sedicioso. Vcia este pasarse los dias i en igual
pnporcioll las quirnéricas eS¡Jcr:mzas que había concebido
de ser conducido en triunfo por los venezolanos. N o se atre-
vió por lo tanto á salir del recinto de C:mípano, ni á adelan-
tar á mas distancia qnc á 11 de media legua 46 caballos i 54
infantes al mando del teniente coronel Francisco Alcántara.


Se hallaba en la Esmeralda un destacamento de dragones
de la Union i de soldados de Barhastro: creyó Bolívar que le
seria fácil apoderarse de aquel punto, á cuyo efecto dirigió tres
¡:pletas i una balandra de su escunlrilla con 200 hombres
eh desembarco ; pero muí pnnto d~:)i:.?ron de volver á su ma-
dl'igacrl dejando sobre la arena á ou.intos tuvieron el arrojo
di) pisarla,


S8 iln aproximm-Io en el entratmt o el bri;pclier Cires,
i :í las doce i media de la noche del I <) se arrojó sobre la
av mzaIa rebelde, i la sorprendió tan c:Jmplctamente que
perecio la mayor parte de ella, queIunIo muí po:~os para
Ilevar á Canípano la confusion i esLnnD. Se dirigieron sobre
este punto los realistas al día siguiente, i tomaron posicion




~ANTA FÉ 1 CAr.ACA~: 1~16. ~65
en sus inmediaciones. Lleno de un fiero furor i despecho el
caudillo insurjente pasó á las tropas del Rei la furiosa ínti-
macion eede qut: iha á degollar las mugeres i niños que ha-
hian quedado en el citado pueblo sino se retiraban; pero cre-
ci6 todavía mas su irritacion cuando por toda respuesta vió
el incendio de Carúpano alto, que demostraba la resolucion
que habían tomado sus contrarios de no pararse en género
alguno de sacrificio quc pudiera conducir á la ruina de 10i
invasores.


Habiendo salido á esta sazon , que fue en el dia 115, la
escuadrilla realista aprestada en Cumaná para el ausilio de
las tropas de Margarita, se hizo Bolívar á la vela el l? de
julio, dejando en dicho pueblo de Carúpano 100 miserables
mandados por el aventurero frances Brisel , que fueron sacri-
~cados á la insensatez de su general.


Apenas había regresado el brigadier Cires de su espedi-
cion sobre Carúpano, cuando se presentaron delante de Cu-
maná las partidas de Mariúo i Bermudez á poner sitio á
aquella ciudad: don Juan ALdama, segundo en el mando de
la provincia, salió en busca de la dívísion que mandaba el
-,.aliente Lapez en la de Barcelona; pero como á este tiempo
hu biera sido batido en el hato del .dlaoran , se vi6 envuelto
Aldama por los enemigos, i solo con su serenidad i firmeza
pudo salvarse del peligro, perdiendo sin embargo bastante
gente de su escolta, debiendo abandonar asimismo una por-
cion de emigrados de dicho punto de Barcelona, que sufrie-
ron los mayores quebrantos.


La guarnicion de la isla de Margarita lleg6 poco tiem-
po despues á las costas de Cumaná, i tomando Pardo el
mando general por inhabilidad física de Cires , hizo variar
.1 aspecto de los negocios, i los realistas adquirieron por
entonces una indisputable superioridad sobre las mencio-
nadas partidas rebeldes. Se ignoraba el rumbo que habia
tomado el osado Bolívar cuando aparecieron sus buques en
el día 5 sobre Burburata en las inmediaciones de Puer-
lo Cabello: algunos espcdicionarios saltaron á tierra ea


TOMO n. J4




?GG 51..~T\ r~. 1 ('.,l.\\\Cb ~ \~\G.
la isla de Monos í fijaron una bandera ; mas á las pocas hQ~
ras volvieron á sus buques i se dirigieron á Ocumare , en.
cuyo puerto desembarcaron al dia siguiente por la tarde.


El comandante militar de dicho punto, que hahia Ile-
garIo á San Joaquin á las dos de la mariana del 7, envió rá-
pidamente por todas direcciones avisos de aquella invasión,
1S\ ~ap'\an geIll"ra\ úon '2la1vailor ]),Joxó, si bien Sil cOllfJ:lllza
era estrernada , i tal vez se debieron á ella los progresos de
los rebeldes de Margarita i de las partidas que habían prin-
cipiado á engrosarse en el interior, tomó sin embargo algu-
nas providencias para COntener á este furioso torrente, que
amenazaba inundar con SlIS aguas pestilenciales aquellas pro-
vincias si no se le oponía un dique respetable al prineipio
de su carrera. El a por la neche estaban ya en marcha sobre
el enemigo el brigadier don Pascual Real, sus ayudantes,
el mayor don Juan Nepomuceno Quera, i un fuerte desta-
camento de tiradores de Castilla.


El brigadier don Francisco Tomas Morales, que á las
primeras noticias comunicadas al general Morillo de los mo-
vimientos revolucionarios de las provincias de Venezuela,
había recibido órden en Ocaña donde se hallaba situarlo, de
marchar inmediatamente á Caracas con una compauía de
granaderos de su división i otra de guias de Santa lUarta,
llegó á Valencia despues de una marcha penosa de 400 le-
guas por caminos ásperos i quebrados, sufriendo Ias mas
duras privaciones, en el mismo dia en que Bolivar desernbar-
caba en Ocumare. La vanguardia de los espcdicionarios , que
al mando dd secretario de la guerra CírIos SfJulJlctte se Iia-
Lb puesto en marcha el dia 7, apareció d 9 sobre las altu-
ra, de :'¡larür::l.


Aunque f.loml\:s no tenia mas que 500 hombres á qUtl
habla hecho ascender su corta columna en su tránsito
desde Ocafía ~ determinó arrojarse sobre dicha division,
esperando que le seria mas faeil derrotarla antes que hu-
biera podido reforzarse. Soublettc ocupaba Wl1 r.osivion
ventajosa en la serranja del camino de la Piedra tlw,: ni ;;




Sl\'NTA rÉ 1 r.ARACAS: 1816. 267
Oeu-narc: el terreno era tan fragoso que no permitia á las
tro pas realistas formarse en batalla; pero dando ónlen Mo-
rales de que se desplegase en guerrillas por derecha, izquier-
da i centro la compañía de cazadores del regimiento de la
Union con parte de las de granaderos, Valencia i San Joa-
quin, logró poner en precipitada fuga al enemigo despues de
dos horas i media de un empeñado combate, acompaiíado de
los mayores quebrantos, sin que participasen de ellos sino 7
realistas que salieron ligeramente heridos.


Aunque el capitan general Moxó habia encargado á 1\'10-
rales que obrase de acuerdo con el brig:dier Real, que se
dirigia en su ausílío , era tan grande su ansiedad por comple-
tar el esterminio de los rebeldes, que pareciéndole ya dema-
siada larga la detencion de dos días en San Joaquín de Ma-
riara , i temeroso de que siendo ésta mayor se perdiese el
fruto de sus primeros triunfos, resolvió atacar al enemigo
sin haber recibido todavía mas refuerzos que 200 hombres
que condujo el teniente coronel Bausá, despucs de una rapi-
dísima marcha por montanas inaccesibles que franqueó con
inimitable constancia. Dando la vanguardia de su pequeño
ejército, IllJe no pasaba de 700 hombres, al citado Bausd con
encargo particular de no disparar un tiro hasta hallarse en-
cima del enemigo, se puso en marcha á las doce de la noche
del dia J 3, i á las cinco i media de la mañana avistó á los
rebeldes en la cumbre de un cerro empinado i de un acceso
estraordinariamente dificil, llamado de los Aguacates.


Lo formidable de esta posición no arredró de modo al-
guno al esforzado Morales, quien deseoso de coronar 111
frente de ilustres laureles, mandó romper el fuego sobre 10.
puestos avanzados i en un momento se hizo general la ba-
talla. A las siete de la mallan a se habia ya ganado mas de
la mitad de la montana; i haciendo entonces adelantar la
reserva, se dió al combate el carácter mas sangriento i tenaz.


Los sediciosos, capitaneados de lejos por el índoma-
ble Bolívar , hicieron cuantos esfuerzos sugiere la desea-
peradon; mal todos se estrellaron en la impavidez i teson




208 ~ANTA tÉ 1 CAUCAs: 1~ ¡(jo
de los realistas. Viendo á estos en la cima de la mon-
tana se introdujo en aquellos el mas horrible desaliento
i oonfasíon: azorados con lo inminente del peligro, i creyen-
do ya tener las vencedoras espadas sobre sus cuellos, se pu-
sieron en la mas desordenada dispersion, perdiendo el fru-
to de seis meses de cálculos i proyectos, todos sus per-
trechos, provisiones, equipages, i hasta su opinion , i la.
últimas esperanzas de su desenfrenado furor.


Bolívar abandonó aquel campo de muerte con la anticipa.
elon con que ha solido siempre huir del peligw. La pérdida
de mas de 400 rebeldes entre muertos i hcridos , habiéndose
contado entre los primeros el coronel Vicente Landaeta i
un capitan frances; la toma de mas de 1000 fusiles nuevos
i todavia empaquetados, la de 300 que arrojaron en la fuga,
la de mas de 70~ cartuchos de fusil, 6 quintales de pólvora,
329 piedras de chispa, un cajon de balas de fusil, 5 mol-
des de bronce para construirlas, 3 pedreros, 3 esmeriles,
porcían considerable de lanzas, una imprenta completa, que
es el primer pertrecho revolucionario de que se provee Bo-
lívar para estender el fuego de la seduccion , i otros vario.
efectos fueron los gloriosos timbres de esta brillante jornada.


Luego que las tropas de Morales hubieron tomado el
preciso descanso continuaron la pcrsccucion de los fugitivos,
campando á tres leguas de Ocumare en el sitio llamado del
Peladera, desde donde salieron á las siete de la mañana si-
guiente, i á las once i media habían tomado ya posesion
del castillo, guarnecido la playa, i colocado los puestol
avanzados qne cubrían los caminos de Choroni, sin que hu-
biera padilla embarcarse en el citado puerto sino el corifeo
principal de aquella espedicion con tres ó cuatro mugcl'es.


Esta camparía , tan feliz como rápiJa l añadió nuevos
blasones al distinguido mérito del bizarro Morales que la
habia dirigido. Pocas fugas se han visto mas precipitadas que
la de los tres únicos buques de la espedicion, :í cuyas tri-
pulaciones habia sabido comunicar Bolívar la confusion i
espanto de que estaba ni animo poseidc.




SA!l:TA FÉ 1 CAll.ACAS: 1816. 269
Luego que hubieron fondeado en Bonaíre , i que el


titulado almirante de la república Luis Bríon , natural de
Curazao , hu ha considerado el abismo de males en que ha-
bia sido confundido por los inconsiderados proyectos de
Bolivar , por su torpeza en la ejecurion, i por su cobardía
al terrninurlos , lo llenó de baldones é improperios, le dió
públicamente de bofetadas, i aun habría procedido á arro-
jarle á la mar si sus amigos no hubieran contenido su braza
i calmado su justa cólera, exaltada al tender la vista sobre
los cuantiosos gastos que habia hecho con tan poco provecho.


Los fugitivos de la batalla de .dguacates ; que al llegar á
Ocumare se hallaron sin buques para salvar en eHos sus mi-
serables vidas, se entregaron al mas triste desconsuelo i de-
sesperacion , creyendo inevitable su ruina; pero el valiente
aventurero escocés, Sir Gregor mac Gregor, serenó su turba-
cion con la entereza i acierto de sus providencias. Puesto á
la cabeza de unos 600 hombres, que fue toda la gente que
pudo reunir en medio de aquel desorden, se dirigió sin pér-
dida de tiempo por la costa al pueblo de Choroní , que dista
tres leguas del citado punto de Ocumare, volvió á atravesar
las montarías , bajó al pueblo de 'I'urrnero , i siguió por San
Mateo, la Victoria, Villa de Cura i Orituco á ganar los Ha-
nos i reunirse en Barcelona con las muchas partidas que do-
minaban ya todos los de ~aquella provincia. Aunque el bri-
gadier Morales se puso en seguimiento de este sedicioso no
pudo llegar á tiempo de estorbar la derrota que sufrid el bi-
zarro coronc1 Lopez en el Hato del Alacran, segun llevamos
inJicado, de cuyas resultas adquirió Mac Gregor nuevas fuer-
zas para seguir su marcha.


Parece que en esta ocasion no desplegó el capitan gene-
ral Moxó toda la energía necesaria para esterminar á esta
despechada columna, que fue la base de las tropas que se
apoderaron sucesivamente de la Guayana, i arrancaron la au-
toridad real de las provincias de Venezu ela : tanto desde Puerto
Cabello como desdeCaracas podían haberse dirigido fuerzas sufí-
dentes para asegurar la completa ruina del citado Mac Gregar.




~7() .'UNT.1 FÉ I r:AnAC vs : I SI G.
Este descuido fue mui fatal á las armas de Castilla;


cuando dicho Morales llegó al sitio del Juncal, distan-
te tres leguas de Barcelona i 120 de Caracas, ya se había
reunido Mac Gregor can Piar, Marillo, :rnonagas i con otros
varios cabecillas; i era por lo tanto mui dudoso el éxito de la
suerte de las armas ..IHorales sin embargo, no se arredró por
el imponente aparato de 'aquellos bandidos: aunque su Jivi-
sion se componia tan solo de 1022 infantes, i aunque la
fuerza de los rebeldes era muí superior, i que hubiese de par-
te de ellos una gran ventaja en el arma de caballería, fue
preciso fundar en el valor i en el mismo compromiso todas
las esperanzas de la victoria: la fortuna sin embargo mir6
con torvo ceno en esta ocasion á uno de sus hijos mas predi-
lectos. Morales fue atacado por los descansados rebeldes , i
deshecho á pesar de sus heroicos esfuerzos i de la bizarrra de
sus tropas; perdió 700 hombres, un cañón i todas sus rnu-
niciones , i se retiró con el resto sobre el rio Unare, i segui-
damente sobre Oritueo.


Esta acción desgraciada hizo dueños á los rebeldes de casi
toda la provincia de Barcelona; la de Cumaná se hallaba al
mismo tiempo inundada de partidas sin que la fuerza vete-
rana que la guarnecia se atreviese á salir de los pueblos prin-
cipales que habian fortificado al intento, i que servían de
asilo á los emigrados de las poblaciones pequeñas, Zarasa con
una fuerza de 800 hombres, divididos en guerrillas, se pa-
seaba libremente por el Llano Alto de la provincia de Cara-
cas, é interceptaba todas las comunicaciones: en las inmensas
llanuras que se hallan entre el Apure, el Orinoco i el Meta
ejercía su devastador influjo José Antonio Paez , que por re-
sentimientos particulares segun llevamos indicado había
abandonado las banderas de la fidelidad, i tenia á sus órde-
nes gruesos cuerpos de caballería, compuestos en gran parte
de aquellos feroces i valientes zambos, mulatos i negros, que
al mando de Bóves habian sido el terror de los primeros in-
surgentes , i que por falta de política. de los europeos se ha-
bían convertido en sus mas furiosos enemigos.




!l:A:;TA Fl: 1 LlnACAS: ¡SIG. 27 1
La situación pues de las provincias de Venezuela era la


mas triste i apurada: COUlO el espitan general Tvloxó no había
considerado bs primeras chispas revolucionarias con toda la
atención qu~ kl1)ria sido necesaria para cortar sus progresos,
estaba mui distante el general en gefe clan Pablo J'Iorillo de
flglll'arse que tan prontamente habia de abrirse un abismo
profundo en el qne estuviera á pique de sepultarse todo
el fruto de tantas Iiazañas i de tantos sudores i sacrificios.


Informado finalmente de la gravedad del peligro, dió orden
al brigadier Latorre , situado á fines de este año en los llanos de
Casanare , dc hacer una marcha rápida sobre Venezuela , i en
20 dc nov iClllbre tomó Morillo la misma dircccion dejando
el reino de Santa Fé en la mas perfecta calma, organi-
zados todos los r.unos del Estado, i una elocuente proclama
por la que pintaba á sus habitantes los bienes de la restan-
raeion , i les aseguraba una sólida prosperidad si se mantenian
sumisos i obedientes á la legítima autoridad, que 10 era don
Francisco IVIontalyo. Acia el mismo tiempo salió para l« Pe-
nínsula el mariscal de campo don Pascual Enrile, gefe del
Estado mayor general del ejército espedicionario. Parece que
con h p:lCinC.lLÍ'.m absoluta del reino dc Santa Fé creyó que
se Iiabia cumplido ya el grande objeto de la empresa que
habiJ. sido coníiada en la pJ.rte política á su direccion , sin
recelar de que los fuegos, que habían aparecido por la
parte de Venezuela , pu dieran llevar al borde del precipicio la
nave construida por sus consejos.


Desde que el general Morillo entró en el territorio de
K ueva Granada se SUSCÜJron algunos choques con el referi-
do virci J"tlont1lvo, quien creyendo desairada su autoridad
por algunos actos á los que procedió por si solo el gefe cspe-
dicionario en uso de las ampliE facultades de que iba reves-
tido, hizo varias rcprescntaciones , que fueron atendidas por
el gobierno dc S. IH., dd quc recibió cumplidas satisfacciones.


Si por una parte endulzaron estas sus anteriores disgustos,
irritaron por otra el .ínuno de su competidor, i de aquí nacie-
na terribles males que influyeron poderosamente en la pérdida




, 8 '"272 ~ANTA Fll 1 CAP,ACAS: 1 10.
del reino. Tales fueron la cesacion de dicho Mor..alvo en el
ejercicio de su mando, ocurrida al año siguiente i el nom-
bramiento de don Juan Sámano por su sucesor, digno por
cierto de las mayores consideraciones por sus relevantes ser-
vicios, mas no de ocupar aquel espinoso cargo en momen-
ros de revoluciono Si se presentaba pues despejado el ho-
-:izonte político por la parte del reino, era mui diferente su
aspecto por Venezue1a: sobre estas provincias cargó todo el
peso de la guerra en el año siguiente, como se verá en el
capítulo que le corresponde.




~),.... ' .
.¿. ...>


\.'"\""~ \ ~t1.~~·lll -..".'t,"i. -:.,":\..~t \ \il-\;"\t'l ":-·\''''1:\ \'\1'l\.~'Yt\'11 Y\"~~:'\;\l:"t~\1.\.l\\.~;.'t"\ \'\v, ,~:~


e A IJ1TUL o XIX.


.s ¡ 5.


Estado abatido de los rebeldes á principia» de 18]1]. Brl-
liante espedie:on del coronel AI/mjo sobre la Sierra ."Hla-
tlre. Otra de! t cnicnic coronel Giiiticn, Varias acciones
D}Gr¡o'~'as J las armas de! J...."}.eÍ..Rendiciou de gran ruimcro
([1' [acciosos ccogí!ndos:: al indulto. Edrada en Mejico
.,zt'l nucco Dír'.i dun Juan Ruiz de Apodaca. Estado de los
Jl(¿ocios cuando 10:/11; el mando este benemerito general.
"tI",!WOS csfu-rros de las tropas del Rei pelra complet.ir la


p<1l'ific'aci')íl. Progresos de la opinio): el liVor de la justa
causa, Desaliente de los campeones reoclucuniarios á con-
secuencia de sus repetidos contra,tes , i su activa presen~
iacion d ¡'IS autorilJudes realistas.


1".t~~111 todos tiempos Iiabia sido Ir aspereza de la Sierra TtIa-
dre lo; asilo de los malhechores i de lÜ3 enemigos del gí.Jhicr-
no: d'2Sjlues de las gramles derrotas que habian sufrido por
h~ tnYH Lld rci , solo entre a'iudlo5 riscos i quebradas po-
é,e!) ;:::1Lrse libres de la persecucion i del esterminio ; pero
cerno rstos mO~l'c. son tal! dilatn.Ios , impenetrables por al-
gll:10S puntos, i [¡ItOi de poblaeion i de medios de subsis-
tcnci.s en los mas , no es estraño que se pasease todavía por
alguu tiempo el genio de la revolucíon por :.qudlJ.s profun-
(:::5 b.,rfuueils i ell1pillJ\los CU.TOS. Las valientes tropas realis-
LS., que crci.n no haber hecho nada cuando les faltaba algo
qu,: hacer , i que aLorrccinu el descanso mientras que hu be-
Fa e'h;miges que combatir en ti territorio de su demarca-
f.-> i , '.¡,';:'; :p'J:m activa carrera por diferentes direcciones.


'.(Il;¡U L'. 35




(' ."j ... ¡! !; ..


El h~:~arru Arrnijo dú,pw;o con cote fin hacer una rcn(\~1l
correria des.le Tcepau , 'I'eoluio.ipan i Pct.ítlau c'l·f.truYCIldo
1o,.1:1 clase de recursos , i concluyendo su Ispcdidoll en el
Jio de liIexcaLt al frente de Ac,¡tbn sobre cerro I'ricto , en
donde el cura Herrera i el cab.rilla Ag'ino !JcdJi:Ul construí-
do fortines desJc que se hubo al!!'" ;~,:'!o r,lorde:; ~í dichos
puntos con el objeto de obrar en c0ln:);';~ÓJ;¡ con las gl :,j-
lbs dd rumbo de 'rbpa.


Distribuyendo en siete secciones los 4<,\0 hornhrcs JI~
quc Sí" componiu su rlivision , i oíici.mdo :J mismo tiempo :t1
(:'J:'uucl Villasana i :;1 teniente coronel Pin;y;g1, para (tUl:
OCl1jJW lo el primero bs lnsos del rio de Ac::tLn , i el S('gUel-
do los dd Real del Li.uon \ im;)jiiL'c:cn h fuga de los rcbcl-
.JtS de Cerro Pricto , lubü e.npeendido su m.ircha á meuia-
((OS del anterior mes de diciembre pan Chichihualco , i s1-
!;Uió haciendo esploracioues sobre el terreno con mu í pocos
adeL¡l~ÚS hasta el 5 de enero del presente Mío, en que
aproxilll:lndose al citado Cerro Prieto encontró 300 facciosos
{lue Jo gturncci:l!l. Arenas vieron estos acercarse las tropas
(le }¡rmijo, ah:m,JonaIOn aquella pcsicion pcr.Iicndo alguna
gente ::í manes de una dCEi'lihkru de realistas quu tuvo la fe-
licidad de alcanzarlos. Al subir <l Ia cima el gcie de la co-
lumna la halló coronada con mas de trescientas casas de paja,
con su comandancia j hcrrcría , maestranza, fábricas de ar-
W'lS i otras oficinas. Fue inmediatamente destruida aquella
fragua de la insurreccion , i los varios destacamentos, dise-
minados por aquel territorio, se dedicaron á la pu-sCCW:Ít;D
d<; J05 prófugos con resultados felices aunque parciales.


Con estos movimientos tan bien concertados se ]¡)grd
desernliaraaar de ga!JilJas el estenso terreno de ('Cfca de ciu-
cuenj). leguas dc ó5p~r3s montarías desde Coyuca sobre h
cost i del Sur, 'I'etillas i Thc0tepec hasta Ar-arlan á las ori-
lhs del rio fl!Iexeala, i 3.1 al Poniente de este punto; se lo-
gró asimismo destruir el citado cstahlecimieuto de C'lTO
Prieto , qne tenia aterrados ;¡ t0I1C'3 los k:¡'itantes p:IciiJcos
de los pueblos de aquella lfnea ; privar á los rebeldes de los




~n:n~(): 13d). ?::'<'
rCCUrS,)3 (Te suhsistcncia ; mutarles algUlI1 grnte, lncerbs 30
prisilucr'1s; tomarles varios cajones de municiones i :¡¡';¡US
de i'Lh'go, J4 üllli.ls i 2oo etrgls de m.iiz ; i se c'rtuvo
iguul!lH nto el feliz resultado de insiirar cou.iauzu á una mul-
titu.I l!e Í1milüs emigraciJs i errantes pIra (lue regresaro.n:i
i!IS 1]O::;,:rc5.


Se hahi.in fortificado otras gavi'Ias de insurgentes en Ia
escabrosa posicion de 'I'lascalantongo , desde don,Jc desafiaban
todo el poder de las tropas realistas que se hallahan en aque-
llas inmediaciones. Era pues necesario destruir aquel baluar-
te de su insolencia: esta importante comision fue conferi.ía
al teniente coronel don Alt~jalldro AJvarez de GÜiti:m. Aun-
que la columna dc este gcfe se camponia de solos 148 hom-
bres, i la del enemigo ascendía á 400, no se paró un mo-
mento en las graves dificultades que se oponían al logro de
sus deseos. IUiJi~nJo en su vez la multiplici.Iad de los obs-
táculos por la estension de los recursos de' su ingenio i dp, su
valor, se arrojó á aquella atrevida empresa, que habria desa-
lentado á cualquiera otro que no hubiera poseil? un grado
tan sublime de flnncza i decisión. Su primitivo plan había
¡UO Id de obrar en C{}!H binar-ion con los comandantes de 1'11-
lanringo i Tuxpan ; In:!S corno tar.Iase á recibir avisos sobre
los movimientos de estas columnas á causa de la intercepta-
cían de corrcos , se decidió á dar el golpe por sr solo.


Amanceió el dia 3 de enero que había de ofrecer al reino
de 1H,(jíco un digno molelo de valentía i emperío : habiendo
emprendido su marcha el citado Güitian, se desembarazo de
algunas emboscadas enemigas, í se situó á tiro de fusil de
las referidas fortificaciones. Rómpese un vivísimo fuego por
ambas parte,'); el enemigo dirige sus balas sin tropiezo , al pasQ
que las de los realistas van á perderse en los parapetos: co.n-
prometido p el gefc en aquella refriega llega á dudar de la
victoriu ; pero disponiendo que un destacamento de 50 hom-
bres trepe por un pcñasco , tenido por inaccesible, desde cu-
yo punto podi.i hacerse una acertada puntería sobre los de-
ft;n~ores de rnascalantongo, se acobardaron estos de tal mo-




2;6 MEJICO: 18 ¡('j.
do, que ya no pensaron mas que en salvarse con la fuga.


Fue en su consecuencia ocupado mui pronto dicho punto;
qne por falta de competente g'urnidon hubo de abandonarlo el
vencedor. despucs de haber destruido todos sus parapetos que
tenían 368 varas de longitud i I! de espesor. E.ta brillante
jornada, en h que los realistas pelearon alglln tiempo á pe-
cho, descubierto , les costó la pérdida de (3 muertos i 'J 7 he-
ridos, mui inferior. á la de los rebeldes que se dejaron 48
cadaveres tendidos en el campo i J7 prisioneros que espiaron
sucesivamente en un suplicio sus horrendos crímenes.


El c:ijlitan don José. Brilanti ataco con su columna por
la parte de ZacatecasenIa caiíada llamada Ojo del Agua al
cabecilla Moreno, qua con 200 hombres escogidos defendía
sus posiciones con un terco i desesperado valer. Los realistas
estaban mui distantes de desistir de su glorioso empeño á pe-
sar de los mortfferos golpes recibidos en sus primeras carg~s
del ciego valor de unos malvados, cuyo despechado compro-
miso les ponia en la precisión de vender caras sus TiJa8; UlJS
en esta ocasión tuvo mas fuerza la prudencia de parte del ge-
fe que ordenó la retirada, hallando en t:310s valientes tanta
sumisian en 1.1 disciplina e >:JIO fiereaa en los combates.


Cuando rehecho Ilrilanti i reforzado con algunl/.S tropas dd
hc¡gadier Negrete quiso volver ala pelea á los dos dias , ya los
facciosos habían abandonado precipitadamente sus fortifica-
ciones, i en ellas un cañon, algunos fusiles, dos costal,..s de
pólvora i otros efectos. Esta espedhion , si bien no fue coro-
nada de un triunfo completo, sirvió á lo menos de terrible es-
carmiento á 1()~ rebeldes que tuvieron 100 hombres puestas
fuera de combate sin mas quebranto por parte de los realis-
tai que el de 4 muertos, 20 heridos i varios contusos.


El comandante de Huejucar, dependencia de Zacatecatl,
don Manue! Iriarte , tuvo ocasión de desplegar su bravura i
de presenciar la de sus tropas, que escasamenteIlegaban á 100
hombres, inclusas lae milicias urbanas i los paisanos armados,
resistiendo gloriosamente los impetuosos ataques que dieron
contra el citado pueblo 700 facciosos capitaneados por Her-




r,tr'.rrco: (8((/. 277
mosillo l Magdalena, Moreno, Valentin i otros cabecillas.


Llamada la ateueion de Iriarte por diversos puntos á un mi...
mo tiempo , no era posible cubrirlos todos con la corta fuer-
za que tenia ú su disposición. Prevalido el enemigo de cita
ventaja llegó ¿ saquear é incendiar la muyor parte de la po-
b14doll; mas no pullo penetrar por el fortin del Refugio ni
por la iglesil, á cuyos puntos habían tenido que replegarse
los realistas p:Ha salvarse del furor de la muchedumbre: pagó
esta sin embargo muí caro su momeatrineo triunfo , pues qU~
perdiendo 60 muertos, entre ellos al coronel Valentin, i
mayor número de heridos sin lograr su principal intento que
era de hacer prisionera aquella guarnicion l hubo de abando--
fiar el campo con tanta mengua como irritaciom


Los valientes defensores cantaron la victoria en medió
de las humeantes ruinas de un pueblo tan decidido por la
causa del Reí lino bien enjutas todavía las lágrimas que la
gratitud l el aprecio i el respeto que siempre infunden los
guerreros esforzados habían hecho derramar por 11.4 de es-
tos, que con una. inimitable decísion se habían abierto, las
pnertas de la gloria ..


No es menos recomendable la brillante espedieion del co-
renel Armíjo, principiada ya en' octubre del afio anterior,
i terminada á principios de este con' un reñido combate,
sostenido en la cumbre-de un cerro de la sierra del- Camaron
contra 600 rebeldes bien armados i resueltos á defender á
toda costa sus ventajosas posiciones. Aun-que solo' contaba
Armijo con 16o soldados, era tal el aliento' que infundía á
estos la sola presencia de un gefe que tantas veces los había
conducido á la victoria, que no titubearon un momento- en
lanzarse á la peles ; í aunque los esfuerzos de la resistencia
fueron superiores á sus esperanzas, sirvieron tan solo para
aumentar el mérito del vencimiento. Corrió la sangre de anr-
bos lados como efecto consiguiente de un choque tan reñido,
en que las respectivas posiciones caian alternativamente en
poder de unos i otros ; pero se dió, finalmente la. seríal del




.2'73 M"É.m:O: J S: 6.
triunfo al ver desistir tÍ los facciosos de su encarnizado
empeño.


Entre los sucesos mas notables ocurridos en el mes de
febrero deben ocupar un lugar en la historia los progresos
que hizo en la opinion una seccion volante (lue el coman-'
dante de la uivision de Tula, don Cristobal Ordoiícz había'
enviado á las ordenes del capitan don Francisco Manuel Hi-
dalgo contra los insurgentes d~ la sierra de Monte Alto. Ha-
hilfndC? llegado á sorprender á l~ ~uger é hijos d~l coronel
faccioso Epitacio Sanchez, logró por este medio desarmar el
brazo de aquel terrible enemigo. Era este por cierto de los
mas peligrosos por sus grandes relaciones en el pais , por su
práctico conocimiento .de todo aquel territorio, por su
fuerza descomunal, i por un arrojo tan estraordinario , que
por estas relevantes prendas habia llegado á adquirir la ma-
yor celebridad entre los mismos disidentes. Convenido con el
referido Hidalgo en el modo deacogerse al indulto, i de ins-
pirar igual resaludan á sus compañeros, estaba trabajando
en la ejecucion de tan noble proyecto, cuando la perversi-
dad del doctor Magos se empleó en hacer los posibles esfuer-
aos para frustrarlo;


SI! venenosa seduccion obró efectos parciales; mas no
consiguió paralizar los impulses de aquel arrepentido insur-
gente; pues que á los seis dias de su conferencia volvió á
presentarse al gefe realista con uncapitan i trece soldados,
Este triunfo, aunque insignificante al parecer, produjo sin
embargo las mayores ventajas á la causa del Reí. El influjo
de un caudillo tan acreditado desalentó á na pocos de sus
antiguos camaradas qae perseveraban en su obstinacion , de 1011
que fue aquel su azote esterminador en varios encuentros, en
que se condujo con una acendrada lealtad, que competía con
su acostumbrado valor. '


El teniente coronel don Fclix La Madrid con solos .60In-
fantes i 80 caballos ganó los mas ilustres triunfos en la ca-
ñada, llamada de los Naranjos, que se halla en el camino de




~f"·TlCO. ,8, o. 27!)
Oajn.ca·á Puebla, recibiendo impávidamente.nuera ataques
consecutivos (lue le dieron los insurgentes mandados for el
famoso cabecilla Teran , con el objeto de apoderarse del rico
convoi que escoltaba de 1400 mulas. A pesar de un empeño
tan terco i porfiado fueron 'constantemente rechazadas aque-
llas gnillas, las que hubieron de abandonar finalmente el
campo cubierto con 60 muertos , 3 prisioneros, varias arma!
de cl.isna i corte, monturas íuaballos.1 .. ..


El coronel don Agustin de Iturbide tuvo á este tiempo
tma favorable ocasion de dar nuevos timbres á su fama. Se
habían reunido todas las gavillas que existian en la línea de
Lagos hasta Querétaro i todo el Sur de estas jurisdiciones,
con mas las de Tapia i Rincon, i cuantas había en ia pro-
vineia de Valladolid desde Pátzeuaroinclusive por Zacapo,
Parindfcuaro i Angamacutiro hasta Purúandiro , bajo diferen-
tes cabecillas presididos por el corifeo principaiP. Torres.


Su número no bajaba de 1400 hombres, ia mayor parte
acostumbrados á los mas reñidos combates. Iturbide contaba
á penas con 8 artilleros, : 00 infantes i 370 caballos; pero
había sabido sujetar mas de una vez á la misma fortuna, i
no tuvo por lo tanto el menor reparo en lanzarse contra
aquella formidable reunion de gente desalmada i feroz, segu-
ro de que la mejor disciplina de sus tropas habia de compen-
sar la desventaja del número. Los facciosos por su parte, su-
mamenteengreidos de su preciado valor, habían tratado de
aprovecharse de Iáseparacion accidental. por asuntos dei ser-
'Vicio, 'de una parte de la división de dicho Iturbide, 1 especial-
mente de la columna del valiente Orrántia ~ que se hal1aba
ocupada en la conduccion del convoi de San Luis de Potosí,
i por este medio no dudaban del triunfo, sin calcular que la
decisión de sus contrarios cualesquiera que fuera su fuerza
le lo había de disputar con el mayor empeño.


Apenas había salido dicha divísion de Iturbide del valle
de Santiago, cuando fue sorprendida una de sus guerrillas
por el grueso del ejército el'le:migo, Sin que se notase lame-
nor alteracion en el ánimo impávido del gefe realísta dispuso




'-~o ~JÉ.if(:0: J 8 I 6.
prontamente el ataque dividiendo su ñrerza en varias seecio-
nes al mando de Monsalve? Pachecu, Reguera i Ikistegd.
Ejeeutado felizmente el movimiento general, aun untes de
hacerse de dia , se rompi6 un vivo fuego? que se esten-Iío coa
igual furia por toda la linea, i en menos de ocho minutos
fue decidida la accion , quedando arrolladas aquellas b- íllas,
puestas en dispersion i perseguidas algunas por el espacio de
tres leguas. Mas de 100 faccioscs muertos , entre ellos varios
cabecillas de altagraduacíon , 37 fusiles', el parqtlC enemigo,
:,¡.lgunas armas blancas, un cajon de ornamentos i otros efec.•
tos fueron el premio de la constancia i bizarria de los rcalis-
tas , conseguido con la ~o1a pérdida de 15 hombres puestos
fuera de combate.


El capitán don Cayetano Rivera, correspondiente á la di-
vision del brigadier Miyares, sostuvo bizarramente diversos
ataques dirigidos por triples fuerzas de los rebeldes á su re..
greso de la Antigua? á cuyo punto había conducido fclizmen..
te un convoi de vlveres. Grande fué la obstinación de lo~
facciosos para ostruirle el paso; pero todos sus esfuerzos se
estrellaron en losfirmes pechos de aquella columna. Cuaren..
ta muertos i 80 heridos que componían la tercera parte de
la gavilla fueron el .rcsultado de su temeridad. El cabecilla
Guerrero ,ese fiero .mulatoque lle,gó por fin á tomar en su
mano las riendas del gobierno mejicano, recibid un terrible
golpe por la parte de 'I'ulanclngo del comandante don Fran-
~~jCO de las Piedras , quien humilló por este medio la inso..
l::acia de quien pocos días antes había desechado con despre-
cío el indulto que le fuera ofrecido.


Entre las acqiones de alguna importancia , dadas en el
mss de marzo, debe hacerse mención de la que sostuvo el
coronel don Francisco Hevía en la barranca de Apapasco,
sobre el ~umbo del. Sur contra 500 rebeldes de á caballo,
Atacados vigorosamente por la infantería realista fueron desa-
Iojados de aquel punto, i llegando en su ausilio el resto de
1~ .columna los persíguío hasta otra barranca, llamada de Ix-
tlahuaca, por la ql1:e se arrojaron perdiendo muchos muertos,




lI}:.J1C:O: 1~16. ~Sl
cinco prisioneros entre ellos el insigne cabecilla Mateo Colín,
varias armas de fuego i 90 caballos, sin la menor desgracia
por parte de las tropas del Rei.


A los muchos rasgos de ferocidad i barbarie, de que es-
tán llenas las páginas de la historia mejicana, debe aña-
dirse el cruel destrozo que hizo el cabecilla Gonzalez ácia


.este tiempo en el pueblo indio de Huichilac, distante tres
:leguas de Cuerna-Vaca, degollando sin distincion de sexos
ni edades á todos aquellos habitantes indefensos que pudie-
ron haber á .las manos, i que no bajaron de ciento. Se es-
tremece el alma al referir unos ultrajes tan irritantes :í la
moral i '!í la reIigion; pero aquellos empedernidos corazones
parece se recreaban con arrancar las palpitantes entrañas de
Iai víctimas que habian destinado á saciar su natural sevicía,


Es asimismo digno de especial recuerdo el empeñado cho-
-que que sostuvo á diez leguas de Tecpan el teniente don José
Navarrete con su destacamento de 100 hombres contra 700
insurgentes mandados por los cabecillas Montes de Oca, Juan
.Galeana i otros: irritados éstos al ver una resistencia tan
.desesperada , se valieron del ardid de arrojar combustible
labre las casas de Palma, alrededor de las cuales' habian for-
mado los realistas sus trincheras; mas ni el incendio que los de-
voraba, ni el horrorosotíroteo que se habia aumentado para aca-
bar de introducir el espanto en aquel puñado de valientes, hizo
e~ ellos la menor ímpresicn á pesar de haber recibido dos
balazos su digno comandante.


Sería el medio dia del J 7 de marzo cuando calmó la
fuerza del fuego hasta las cinco de la tarde en que llegó el
ayudante mayor del escuadran del Sur con una partida de
ISO hombres de infantería i caballeria, habiendo ya de paso
dispersado dos numerosas emboscadas que le aguardaban.
Alentados los defensores con este refuerzo hicieron una vi-
~orosa salida que decidió de la accíon , recibiendo por pre-
mio la precipitada fuga del enemigo despues de haber perdi-
do mas de 100 hombres, un cañon , tres cajas de guerra, va-
rias armas de fuego, fíechas , caballos i mulas, si hien fue


TOMO ll. 36




28, lIÉ.JICO: J 81G.
costoso el mérito de la victoria por la sensible baja de 9
muertos i de 22 heridos, que sufrió aquella bizarra columna.


Entre las importantes ventajas que tuvo el partido rea-
lista en el mes de abril debe contarse la presentacion al in-
dulto de 4790 facciosos, pertenecientes á la comandancia mi-
litar de Tutotepec i de TuIancingo, como resultado del ban-
do publicado en diciembre anterior; i entre los hechos de
armas mas gloriosos de esta época deben citarse los golpes
dados por el comandante general de los Llanos de Apan co-
ronel don Manuel de la Concha á las gavillas de Osorno,
Espinosa, Inclan i Serrano en las inmediaciones de Venta de
Cruz i en la hacienda de Santa Ines , pueblo de San Felipe
i llanadas de Ometusco, en cuyos últimos encuentros habian
recibido ya refuerzos del cabecilla Gomez. La pérJida que
tuvieron en estas acciones no baj6 de ISO muertos i de un
número mayor de heridos, habiendo sido mui corta la de las
tropas realistas.


lVIerece ser recordada asimismo con elogio la fidelidad i
hizarria de 150 indios de la seccion de Tutotepec, quienes
sin mas armas que 2:eJ jaras i 50 arcos resistieron en los lla-
nos de Temascali1los dos ataques impetuosos de los rebeldes;
el primero contra 60 de ellos, del que salieron victoriosos, i
el segundo contra mas de 3°0, á cuyo inmenso número hubo
de sucumbir su ardiente entusiasmo despues de haber dado
las mas terribles pruebas de su arrojo, de cuya gloria parti-
ciparon tambien 20 mugeres que los acompañaban.


El teniente coronel don Felipe Castañon , que mandaba
nna de las columnas de la comandancia militar de Salvatier-
ra, tuvo un encuentro sumamente feliz en el rancho de las
Estacas centra los rebeldes P. Torres, Lucas Flores, Santos
Aguirre, Hermosillo , Borja, Viilareal i otros. Como. estos se


, hallaban á la otra parte del rio grande fue preciso superar
aquel obstáculo con agua hasta los pechos; pero ejecutaron
JUS tropas esta operacion con tanto entusiasmo, que descon-
eertada aquella chusma se entreg6 á una fuga desordenada
dejando tendidos en el campo 31 hombres, perdiendo otros




MÉJICO: 18]6. .285
muchos eu el paso de dicho rio , por donde trataron de sus-
traerse á la persecución de sus contrarios, á demas de 11
lltisioneros, ;):) caballos, 14 armasde f\le~(), "p()rc\()n. d~ lan.-
zas i machetes.


Los coroneles don José Ruiz i don Francisco Javier de
Llamas, el teniente coronel don Tomas Peñaranda, i todos
los oficiales i soldados que componian la columna que habia
salido de Vera Cruz escoltando un convoi para Orizaba i
Cdrdova , compuesto de mas de 39 mulas, adquirieron un
mérito estraordinario con haber salvado todas sus cargas de
la rapacidad de los facciosos, que reunidos en gran número
habían tonuuio los principales puntos de Chíquihuíte , paso del
llIacho, puente de Atoyac, i que por todo el camino fueron
tiroteando á las tropas realistas lanzándose á cada momento
sobre los flancos de tan numerosa carabana. La pérdida que
estos sufrieron en muertos i heridos fue mui inferior á la de
los facciosos, quienes vieron estrellarse todas sus esperanza.s en
la impavidez de los españoles, sin que lo fuerte de sus posí-
ciones i ventajas del terreno hubieran opuesto el menor tro-
piezo á los que estaban acostumbrados á despreciar todo
peligro.


Como correspondientes al mes de mayo debe hacerse
mencion de algunos empeños militares, que aunque parcia-
les dieron mucho lustre á las armas de Castilla: uno de
ellos fue el que trabó el teniente coronel don Vicente Lara,
dependiente de la division del coronel don Pedro Menezü
con las gavillas de Vargas, Gonzalez, Guadarrama, Carrion,
Maríllo, Roldan i Rojas, reunidas en la hacienda de Agua
amarga componiendo una fuerza de 500 hombres bien mon-
tados, armados i vestidos. Á pesar de la gran desigualdad de
fuerzas quedaron vencidos los facciosos perdiendo mas de 40
muertos, mayor número de heridos, muchas armas i caba-
llos. Su dispersión fue tan horrorosa que el mayor grupo no
llegaba á 20 hombres. El espitan de Fernando VII don
Joaquin Rivaherrera, que se unió á. Lara en el cerro de 10l!




, .!84 Ilinco: 1816.
Ailes, participó del honor del triunfo, al que habia contri-
buido con todo su esfuerzo.


El infatigable coronel Armijo que se desvivia por resta-
hlecer la tranquilidad en el territorio del Sur, confiado á
su mando, sali6 á batir una gavilla de rebeldes que se había
atríncherado en el fertil valle de Huamustítlan, Distribuida
su fuerza en tres trozos, el primero de los cuales puso hajo
ladireccion del eapitan don Juan Isidro MarrGn, el segundo
bajo la de! teniente coronel don Manuel del cerro, i con-
fiando el tercero al teniente don Felipe Cabarrado , se proce-
dió á dar ejecucion al plan de ataque concertado con la ma-
yor maestría.


Estrechados los' rebeldes por todas partes, i descon-
fiando de poder resistir al superior ingenio i fortaleza de
ánimo de los realistas, se entregaron á la mas torpe disper-
sion , pereciendo casi todos en esta fatal jornada. Cuarenta
muertos i 55 prisioneros fueron el fruto de tan bien combi-
nado movimiento: tan solo :l o pudieron sustraerse á la
muerte fugándose desde una eminencia en la que se habían.
colocado con anticípacion ; los restantes hasta el número
de 150, que era el total de la gavilla, se desplomaron por
aquellas' barrancas, en las que hallaron su sepulcro; 500
flecheros enemigos, situados 'enlas cimas de aquellos montes
huyeron precipitadamente tan pronto como vieron la com-
pleta victoria de los realistas, cuya derrota esperaban en su
vez para caer desordenadamente sobre el campo de batalla.


El capitan don José María Luvian, comandante militar
del distrito de Tutotepec acreditó nuevamente su ]Jizarría é
ingenio en la feliz espedicion que dirigió contra las partidas
de Barrada, Leiva, Mendoza, Isla, Martinez i Ortia , que
se habían fortificado en el cerro de Tecolotla. A· fuerza de
marchas i contramarchas emprendidas artificiosamente con
el objeto de sorprender al enemigo, se presentó á su frente
arrojándose sobre aquellas posiciones por donde menos 10
aparentaba: de este modo logró apoderarse del fortin mas




UÉJICO: 1816. .285
elevado, matando en él á los cabecillas Mendoza i Treja,
que lo defendian con 15 de sus campaneros escogidos. To-
dos los demas facciosos que se hallaban por aquellas sierras
fueron perseguidos vigorosamente, pereciendo muchos de
ellos entre aquellos derrumbaderos i quebradas.


A ¡;lesar de una derrota tan completa, tanto mas impor-
tante cuanto mayor habia sido su confianza de que las tro-
pas del Rei nunca llegarian á tomar posesion de aquel cerro,
reconocido por el mas alto de la Sierra, volvieron al dia si-
guiente á ostruir la marcha al bizarro Luvian, apoyándose
en las ventajas del terreno; pero la serenidad con que se
formó al momento la columna realista, i la no menor pron-
titud con qne se lanzó sobre aquella chusma, la aterró de
nuevo i la puso en el mayor desorden i confusion.; i dando
caza al mayor trozo, que se dirigia acia- Tlacuilo, llegó
oportunamente á aquel pueblo para salvarlo de las estorsio-
nes de las hordas foragidas. Lejos de desistir estas de su.
criminales intentos despues de tantos i tan continuados de-
sastres , se presentaron de nuevo al dia siguiente á hostigar
~ las tropas del Rei desde los cerros mas empinados, i conti-
nuaron en su terco empeiío, aunque con ninguna clase de
ventaja, hasta que Luvian regresó al pueblo de Tutotepec,
que lo era el de su residencia militar.


A pesar de los muchos golpes que recibian los rebeldes
parece que renacian de sus mismas cenizas; momentos habia
en que se creía enteramente sofocada la insurreccion , i á los
pocos dias hormigueaban por todas partes las gavillas: seria
demasiado prolija la relacion de los infinitos cheques parcia-
les que se dieron desde el mes de junio hasta la entrada del
nuevo virei; apuntaremos sin embargo los que pueden em-
pefiar mayormente la atención pública. El teniente don Fe-
lipe Guillen, dependiente de la 5~ divísion , se apoderó del
pueblo de Uruapan , matando 3 ínsurjentes i haciendo 73
prísíoneros. El teniente don Blas Magaña deshizo en las in-
mediaciones de Irapuato al cabecilla Camilo Lozano, i á
toda su partida. Don Manuel Ormigo, que salió á una es-




256 MÉJICO: 18 I 6.
pedicion marítima del puerto de Veracruz, rechazó ácia
la punta de Bernal los ataques de una goleta enemiga mejor
artillada i tripulada, la que sufrió una pérdida considerable.


El capitan don Luis Correa destruyó á una numerosa
gavilla que se hallaba en una de las islas del Mexcala al
mando de Luis Chaves , causándole el terrible quebranto
de 343 muertos, cuyo sangriento choque si bien honroso á
las armas del Rei, fue sumamente sensible por haber sido
puestos fuera de combate mas de J 00 hombres.


El alferez don José Martinez con solos 33 soldados,
de que se componía su partida, destrozó la de 200 facciosos
mandados por cinco cabecillas en el distrito de Yautepec,
matándoles mas de 30, apoderándose de 40 caballos i de
muchas armas de chispa i corte, asi como de algunos prisio-
neros. El teniente coronel don Felipe Castañon se apoderó de
la isla de Jaricho , en la que los rebeldes habian formado
una línea de circunvalacion de 2238 varas de estension , tres
de altura i otras tantas de espesor, con mas cinco fortines
en los cinco ángulos que forma el cerro.


El dia f 4 de setiembre lo fue de alegria i contento
para todo Méjil:o por la entrada pública que hizo en la ca-
pital el nuevo virei, teniente general don Juan Ruiz de
Apodaca. Como algunos enemigos de Calleja hubieran re-
presentado á la córte de España contra la severidad i dureza
de este gefe , á la que atribuían principalmente la causa de
que no hubiera quedado ya destruida la revolucion , fue
nombrado para este alto destino el citado Apodaca, cuya
dulzura de costumbres, afabilidad de porte i un carácter
pacífico i conciliador de que estaba adornado, daban Ias
mas sólidas garantías de que aprisionaria la voluntad de los
rebeldes mejicanos con la misma rapidez con que habia sa-
bido ganarse la confianza de los habitantes de la isla de
Cuba, en la que habia logrado restablecer con sus benéficas
providencias la calma que la insurrección de Aponte había
hecho desaparecer en 1812. Es incomprensible como después
de tantos triunfos conseguidos por las tropas realistas du-




1I1É,nr:o: 1816. 287
rante el gobierno de los dos anteriores vireyes no se hubiera
estinguido totalmente el espíritu de la sedición. El celo, la
laboriosidad i los sacrificios empleados por ambos debieran
Iiaber producíáo tan bríllante resultado. Resplandece sÍn
embargo Sil distinguido mérito en haber sabido sostener la
autoridad Real en los momentos mas críticos del ardor re-
volucionario.


La gloria de la completa pacificacion estaba reservada
para otro gefe mas afortunado: este lleg6 á recoger el fruto
de 1'1 constancia i firmeza de sus antecesores. No es nuestro
ánimo rebajar los brillantes servicios 'del señor Apodaca, ni
manifestar que cuando tornó posesion de aquel vireinato no
necesitara hacer todada uso de los esfuerzos de su braio é
ingenio; 1::1 misma narración de los sucesos indicará lo.
tropiezos que hubo de vencer para lograr tan plausible re-
sultado.


Sin embargo de que el pais estaba aun infestado de
guerrillas, no eran estas tan formidables como lo habian sido
en los tiempos pasados, ni sus caudillos podian igualarse en
recursos guerreros á los muchos que habian ya sucumbido
al brazo de la justicia. La gran resistencia que hicieron los
nuevos campe<mcs, fue en Ias escabrosas sierras, en las que
formaron infinidad de fortines, cuya destruccion por sí sola,
independientemente de los demás hechos de armas, reco-
mienda altamente los desvelos del gefe superior i los servi-
cios de sus tropas.


Cuando el señor Calleja dej6 el mando de Méjico era la
siguiente la posicion de las principales gavillas. En 'I'ehua-
can de las Gmnadas se hallaban los Teranes en comunica-
cion con los rebeldes de Oajaea. En los llanos de Apan Osorno
i Serrano. En la provincia de Méjico el P. Izquierdo i el
indio Pedro Asensio. En Cóporo los Rayones. En la provin-
cia de Guanajuato los Pachones. En la sierra de Jalpa , in-
mediato á Querétaro , e! P. Torres. Por el rumbo de! Sur
Guerrero, Zabala i otros, estendíendo sus correrías desde
Zacátula hasta Acapulco. En la provincia de Vera-Cruz,
Guadalupe Victoria i otras muchas bandas, que de tal modo




.288 lIÉ.rrCO: 18¡(J.'
tenian interceptadas las comunicaciones, que el mismo
Apodaca se vió asaltado por ellas al subir á Méjico, i
obligado á ponerse á la cabeza de su escolta para abrirse paso
con la espada, quedando sumida su familia en el mayor so-
bresalto i consternacion hasta que fueron allanados todos los
obstáculos con la oportunidad de sus medidas i con el noble
ejemplo de su valor.


Estado de la fuersa armada á esta sazono
DEP UITAMENTOS.


1'IOMBRES
DE LOS COMANIlANTES.


lIÚMEIlO
DE nOMBlltS.


Divisian de San Luis Potosi.


Divislon de Ixtifthuat;a. "


Division del rumbodeAcapulco.


Tropas de Tabasco , •
Tropas de la isla del Cúrmen.


991
380:>


7>665


6481
968


El virei , • • . • •
Corone! don Manuel de la Con-


cha. • • • • •
Teniente coronel don Alejandro


Alvarez de C"itian. • • •
Brigadier don Ciriaco de Llanos,
Mariscal de Campo don Jose


Davila••••
Coronel don Francisco de Hévia,
Coronel don Cosme Ramon de


Urquiola, • • • • • ••
Coronel don José Gabriel de Al"


m ijo.•••••
'I'eniento coronel don Nicolás Gu·


tierrez, •
.GorQnel don Marias Márj in i A·


guir.re. • • • • • • •
Coronel don CJ1stóba\ Ordoñez.
Brigadier don 1gnacio García Re-


hollo. • • .
Coronel don Agustín de Itui hide.
lIIariscal de Campo don José de


[a Cruz. • •
llrigadier don l\Januel Mad. de


Torres •
Brigadier don Joaquin Arre-


dondo • • • • • • • •
Mariscal de Campo ,don Bernardo


Bonavia.
Capitan don José Argüello. • •
Teniente coronel don Pablo Vi·


cente Sola. •


"


Id. de Tu/o.
Id. de Querétaro.


Ejercito del Sur. •
Division de Vera·Cruz.


Secclon de To!uc.. • •


Ejército del Norte.
Ejérci! o de Beserca,


J)irision deMI'jieo.
Dicislon. de Apa»:


Sucion de Iluejuila,


Id. de las prt.rincias internas
Ürientales •


Id. de {~sOecÚcnta!es.
.A"tiglla. California
Nueva C"Ú¡o~'lia ..




MÉJICO: 1816. .289
La guerra, pues, continuó con bastante actividad 1 aun-


que ya habia principiado á obrar prodigiosos efectos el últi-
mo indulto ofrecido á los rebeldes, muchos de los cuales se
habian acogido á él antes de la entrada del nuevo virei, Em-
pero la favorable opinion que precedió á este digno general, la
mayor conlianza que inspiró á los disidentes por la sola cir-
cunstancia de no tener ofensas personales que vengar en el
país, i el acierto con que las columnas ambulantes desempeña-
ron sus respectivas funciones, hicieron que insensiblemente
fuera desapareciendo de aquellas regiones el 'genio revolucio-
nario, i que á los p~os meses estuviera casi desarmado el
brazo aun de los mas obstinados, que habian jurado morir
defendiendo su ilegitimo empeño, Varios fueron sin embargo
los choques que prepararon esta época feliz; i si bien todos.
ellos importantes 1 aunque ninguno merezca el nombre de ba- '
talla, nos limitaremos á pasar en revista aquellos tan solo
que mas pueden empeiíar la atencion püblica,


Como pertenecientes al mes de octubre deben citarse el
ataque que el teniente don José Garcfa de la division del co-
ronel OrráBtia dió á los'cabecillas Gutiei.'rez, Sanchez Chico,
Jesus i ¡Trinidad Gonzalez, que con 500 hombres habían
atacado el tiro de Rayas, nombrado Santa Rosa en la mina
de Santa Anita: la heróica defensa que el capitan don Lncas
del Valle hizo con 50 soldados, de que se componia su par-:-
tida , en el pueblo de Tancoco 1 contra una numerosa reunion
de 600 rebeldes capitaneados por el coronelCaraballo, quien
fue muerto en aquella refriega con otros mnchos de suscom-
pañeros: el combate que dió el teniente coronel don Juan
Francisco Luengas en Puerto de Nieto 1 provincia de Queré-
taro, contra las partidas de Tovar i Vargas 1 á las que des-
truyó completamente matándoles 20 hombres, é hiriéndoles
un número considerablemente mayor; el choque del capitan
don Higillio Suarez en la hacienda del Cubo, provincia de
San Luis de Potosí, contra la partida del rebelde Ribera.quien
sorprendido al amanecer, huy6 del modo mas vergonzoso,
dejando 8 hombres degollados en el acto, 18 prisioneros ,


Tomo rr. 37




291) MÉJICO: 15 I 6.
200 remontas i algunas armas: i los golpes que el teniente
don Antonio Lopez Santa Ana di6 en San Campus i Cotastla.
á toda la facción rebelde dirigida por Guadalupe Victoria,
Francisco de Paula i otros cabecillas, cuyos resultados fue-
ron la pérdida de unos 100 hombres entre muertos, heridos
i prisioneros, i el escarmiento i la precipitada fuga de aquellos
miserables, pervertidos con el venenoso influjo de sus des-
pechados c~u,dillos.


Una de las acciones, que mas brillaron en el mes de no-
viembre fue la destrucción del cabecilla Bravo en la pro-
vincia de Puebla por el capitan don José Vicente Robles, á
cuya consecuencia quedó libre de enemigos todo el rumbo
de Jonacate , Teotla1co i Chautla, El coronel don José Moran
de la division del brigadier Llano., sostuvo un glorioso com-
bate en las lomas de Santa Marfa con solos 300 hombres
contra 1040 á que ascendían las partidas reunidas de Terán,
Osomo, Gomez , Inclan i otros. Un obús, un cañón de á
cuatro con todo su parque, 72 prisioneros, 46 muertos,
bastantes armas i pertrechos fueron el fruto de tan brillante
jornada, conseguida con la sola pérdida de 4 realistas muer-
tos i 7 heridos.


El coronel Marquez i Donallo desempeñó con el mayor
acierto la espedicion que el brigadier Llanos confió á su cui-
dado para que con 1000 infantes i 220 caballos se apoderase
del fuerte de Monte blanco, situado en lo mas áspero de la
sierra de Orizava. Despues de haber superado todos los obs-
táculos del terreno i de una tenaz resistencia ~ se hallaba ya
próximo á dar el asalto cuando los facciosos imploraron el
real indulto que este generoso gefe se determinó á conce-
derles, esperando ganar con un acto tan señalado de clemen-
cia otros tantos fieles vasallos del Monarca español. Demo-
lida aquella fortaleza que por tanto tiempo había sido el
abrigo de la insurreccion ~ entró el n}iente Donallo en la
villa de Oriaava, cargado de preciosos trofeos, entre las acla-
maciones del pueblo.


Acia el mismo tiempo se cubría de gloria .el teniente eo-




MÉ.JTf':O·: lBI ó. .29 I
ronel don Saturnino Samaniego en la catiada de los Naranjos,
distrito de Izucar, i provincia de Puebla. Con solos 1 1 e
hombres de que se componía la partida de dicho gefe fue-
ron completamente derrotadas las numerosas gavillas que'
defendian aquellas posiciones, bajo la dirección de los cabe.
cíllas Guerrero i Juan del Cármen. Sesenta rebeldes muer-
tos, i pcrcíon considerable de armas, pertrechos i caballos
coronaron el triunfo de tan bizarra acciono


El espitan don José María Luvían , comandante de Huau-
ehinango , emprendió una espedicion sumamente feliz contri
el rebelde Aguilar recorriendo 101 pueblos de Ocomantla,
Tlascalantongo, Apapantilla, el cerro de la Canoa, la mesa.
de San Diego, Tihuatlan i 'I'uxpan , i penetrando por los lu-
gares mas ásperos de la serranía, en la que ejercía sn de-
vastador influjo aquel malvado con mas de 600 hombres de
su faccion. El resultado de tan penosa marcha., en la qlta
tanto brilló la constancia i decisíon de los realistas, fue la
pér'~ida de 5 I insurjentes muertos en el campo de batalla,
1 1 fusilados, 7 prisioneros i 100 indultados, sin mas que-
branto por parte de Ls tropas' del Rei que la de un oficial
muerto, 5 soldados heridos, i algunos contusos,


El ya citado teniente coronel Samaniego se batió por ter-
cera vez con los rebeldes con gloria nada inferior á la que
consiguió en las acciones ya descritas. Habiendo sabido el re-
belde Terán que dicho gefe realista se dirigia ácia el pueblo
de San Geronímo , distante cinco leguas de Acatlan'féteyo
que la superioridad de su partida, que no bajaba de' 500
hombres, le haría triunfar de su formidable adversario, i
quien deseaba dar un g-olpe decisivo qne lavase la afrenta de
sus recientes derrotas . .salió con esta idea al parage llamado
de la Noria, que dista dos leguas del citado pueblo de ACat-
lan; preparado Samaniego oportunamente para'el'cómbate, hizo'
avanzar al capitan Zambrano con una parte de la cabaUcrfli
á recibir el primer empuje del enemigo: veói~'este muí ufano
aparentando una imperturbable serenidad i bizarría; pero-nadt
era capaz de abátir la fortaleza' de ánitnO"db loa reaniit!ai~·




292 lIlÉJICO: 1816.
El choque fue sangriento i obstinado, las acertadas ma-


niobras de Samaniego acabaron de fijar la victoria. Puestos
los facciosos en la mas desordenada fuga, ya no pensaron
sino en la conservación de sus miserables vidas á 'beneficio
de la aspereza del terreno: fueron en gran número los fusi-
les que arrojaron á las profundas barrancas; perdieron asi
mismo un callan de á cuatro, que los realistas llevaron á
Huajuapan; 40 muertos, entre ellos el segundo de Terán, i
80 heridos completaron aquel cuadro de confusion. Con-
tribuyó no poco á ilustrar tan precioso triunfo la poca pér-
dida esperimentada por los realistas, que fue tan solo de 11
muertos i 1 2 heridos.


El comandante de Tuxpan don Cárlos María Llorente,
que había salido contra el cabecilla Aguilar que habia to-
mado nuevamente posición en Paloblanco, consiguió arro-
jarlo de aquél punto causándole el mayor quebranto, i apo-
derándose de muchos caballos i mulas, cabezas de ganado
vacuno, armas blancas i de fuego, chaquetas nuevas de uni-
forme i la bandera del supuesto batallan de Papantla, Des-
pues de haber reducido á cenizas dích., cantan con el parque
de los rebeldes i otros efectos de penosa conduccion se diri-
gió á Palogordo, en donde se abrigaban asimismo algunos
ínsurjentes , que huyeron á los montes tan pronto como vie-
ron aproximarse las tropas realistas, SiR que estas pudiesen
causarles mas. daño que el de incendiar aquellas infernales
gqa,J;id~s•. ,::,


No fue' menos feliz el capitan don José Rincon en la es-
pedicion que emprendió desde la Antigua con 300 hombres
labre el punto llamado Boquilla de Piedras, en el que ha-
bían construido los insurjentes un forjin , que era el centro
de sus correrías por la costa del seno mejicano: despues de
dos h.o.-as i~€!d.ia de .1!-D combate encarnizado logró arrojar
al enemigo deaqueÍla posicion; 40 muertos, 10 prisioneros,
4 obuses, UD cañon de á doce , 7 de á seis, 2 de cuatro, uno
de á uno, I3sJusiles icarabinas, porcion considerable de
provisíenes º~guerr!t i boca, i otros pertrechos militares




'MÉJICO: 18I 6. 2"!)-3-:
fueron los trofeos con que ennobleció el escudo de sus ar-
mas aquel esforzado oficial, sin mas pérdida por su parte,
que la de 5 muertos i 1 6 heridos.


Los repetidos choques que dieron las tropas del Rei lÍ
los insurjentes en la provincia de Guadalajara, si bien les
añadían nuevos timbres, asi como al general Cruz que los
dirigia con infatigable celo, demos traban. sin embargo la exís...
tencia de un foco revolucionario, qu~ no podía ~stinguirB(I
por mas esfuerzos que se aplicaban para lograr tan fdi? re-
sultado ,sino se destruía la principal madriguera de los sedi...
ciosos que eran las islas de Mexcala. Consiguió tan impor-'
tante triunfo el citado Cruz estrechando con el mas rigu-
roso emperío el sitio de aquellas respetables posiciones, de
modo que careciendo sus defensores de víveresL recursosse
rindieron á la intimacion que les fue dirigida ell23 de no-,
víembre , i en su consecuencia tomaron las tropas del Rei
posesion de ellas en el dia 25, asi como de J 7 piezas de artille.
ría i de cuantas municiones, armas i pertrechos se hallaban
encerrados en aquel recinto de indomable valor i resistencia.


Las columnas que mas se señalaron á fines de este afio
fueron la del teniente don Santiago Mendoza, dispersando la
gavilla de Moreno que tenia interceptado el camino de La-
gos á la Ciénaga; la del comandante don José Ignacio Ortiz
de Rosas i del capitan don Manual Campos, que adelantan-
dsse ácia el Comedero lograron sorprender alcabeeilIa Her-
mosillo causándole la pérdida de 11 muertos, 18 prisioneros,
3 1 fusiles, IDO caballos, algunas pistolas ; sillas, lanzas,
machetes i una carga de municiones; la del teniente coronel
don Luis Quintanar , que se apoderó por capitulacion del
fuerte de Cuiristaran ó San Miguel, i:.de 1 ( cañones . 2 cbu-


les, 12~ tiros de bala i metralla, 6~ cal tur!'os de fusil i
otras varias provisiones de guerra i boca; i finalmente la del
capitán de frontera don Luis Correa que derrotó completa-
mente la gavilla de Rafael Rayan, cansándole un horroroso
quebranto, i la pérdida de porcion considerable de caballos,
cajone¡ de parque i equipages.




~94 Minco: 18! ts.
Estos brillantes hechos de armas rectificaron . notable-


mente la opínion del pais á favor de 103 reales derechos. Fue
desde este momento numerosfsíma la presentacíon de faccioso,
111 genót\J1lO indulto proloag:t!o por el virel Aplldaca; no fue
menor el empeño con qU3 10 solicitaron los rebeldes de las
demas provincias : entre estos debe hacerse particular men-
eíon del cabecilla Vicente G(}n'l3Z, que rindió asimismo las
armas con los 65 hombree de que se eompoeia au partida.


El generoso perdón concedido á ua hombre tan perverso,
que había empapado repetidas veces sus sacrílegas mano. ea
la inocente sangre de los españoles, haciendo mutilaciones
las mas dolorosas é inhumanas, de las que tomó el epíteto
por el que es conocido en los anales de aquella bárbara re-
Tolucion; la religiosidad con que se cumplió la promesa d.
un total, olvido por ofensas tan ultrajantes á la misma na-
turaleza, fue un nuevo testimonio de la m'lgnanimídad del
gobierno español, i de la seguridad con que podían contar loa
que se eotregáran ciegamente á su disposicion.


Este fue el golpe principal que descoyuntó la hidra reTO~
lucionaria: el espíritu de 'reconciliaeion i fraternidad se pro-
pagó rapidamente por todas direcciones, j recorrió aquello.
inmensos paises ton la misma presteza con que se había eo-
municade anteriormente el pestííero Teneno de la sedición.
Así pues habríamos visto á los pocos meses del ano siguiente
completamente desarmada la faocion desorganizadora, .i
el aventurero Mina no se hubiera presentado á dar nuevo
pábulo á aquel apagado fuego.




295
"WWWWW~W~"~~W"~WW~WWWW~~~W"~W


CAPITU LO XX.


r


PE R u:
E#a4Ot del Perú á principios de J B17. Proyecto de espedi-


cioncontra el Tueuman, Carácter de las tropas del pais.
Movimiento del general La Sana sobre Tan/a. Marcha
sobreJuju.í. Acciones parciales dadas en el tránsito ron


lx.itos oariados, Destruceion de La Madrid i de otros cau-
dillos. Retirada de 10$ realis las €Á 1;upz'.¡uJ; qCfmzpaooda
de bastantes pdrdidas. Pacificacio» de las proeinoias del
Alto Perú. Conspiracion del Callao. Preparativos de otra
espedicion que dr"ó á la vela á fines de año para reponer
la autoridad real en Chile.


Los cuidados del virri Pezuela se agravaron considera-
blemente á principios de este ano: se había volado por la
caida de una centella el parque de Potosí en el anterior mes
de diciembre, i era preciso repararlo sin pérdida de tiempo.
El reino de Chile amenazaba ser envuelto por la espedicion
de San Martin que se iba preparando en Mendoza i por el
espíritu de independencia, que había tomado en poco tiem-
po una preponderancia increible ; el corsario Guillermo Brown
había salido de Buenos-Aires con cineo buques de guerra i
4,qo hombres de desembarco para operar sobre las costas del
cltadp reino de Chile; .pero el infatigable Pezuela acudía á
C1;\ll.Jltos. puntos era llamada su atención. Potosí se vi6 muí
prQ~t9. surtido de una cantidad mayor de municiones j. per~
trechos de guerra de la que tenia antes de su incendio: fue-
ron enviados al mismo tiempo algunos buques á TaJcahuano
con gente, armamento i ausilios pecuniarios, Sf; remitieron




296 PERÚ: 1817.
igualmente al Alto Perú grandes sumas de dinero, refuerzo!
de tropas i todo 10 que podía necesitarse para llevar á cabo
la esredicion sobre el Tucuman.


Eran tan vivos los deseos de Pezuela de ver realizados
sus proyectos sobre este punto que no había correo en el que
110 inculcase al nuevo general esta idea que formaba el obje-
to principal de sus desvelos. A pesar de la repugnancia de La
Serna para empren Ier esta marcha , porque conociendo lu
dificultades que se oponian á su buen resultado, i faltándole
un cuerpo de -reserva, que al paso que mantuviese en suje ..
cíon aquelíaa provincias le sirviera de centro para recibir de
él nuevos refuerzos si llegaba á necesitarlos, ó para hallar
lin punto seguro de apoyo en caso de aIgun imprevisto con-
traste, se determinó ádar cumplimiento á las órdenes supe-
ríerescpara que enniagua tiempo pudieran. ser interpreta-
dos sus l'eparQspor falta de subordinacíoa ó por flojedad de
ánimo. Así pues habla empleado los últimos meses del año
anterior en organizar su ejército, en proveerse de toda clase
de pertrechos de guerra i en proporcionarse acémilas para
principiar aquella importante operaclon,


El general La Serna había recibido al llegar al Perú
iguales impresiones que el general Morillo en Costafirme:
acostumbrados ambos del mismo modo que sus oficiales á la
táctica europea i á la brillante disciplina i elegante porte
de las tropas que habian combatido con el primer guerrero·
del siglo, no miraron al principio á las del país con todo el
aprecio á que eran acreedoras. Habiendo llevado tambien al
Nuevo Mundv una mal calculada prevencion contra las guer-
rillas ó cuerpos francos, igual á la que los de línea habían
manifestado contra Ias partidas de España, en las que RO
querian reconocer un verdadero mérito militar por mas ser-
vicios que hubieran prestado á la conservación de la legítima
dinastía, i á la independencia de la Nacion, trataron de ha-
cer varias reformas, que fueron poco favorables por entonces
á la causa real. No es mi ánimo acriminar las operaciones de
estos gefes i oficiales, por que tal vea habrían obrado del mís-




~91
pasado desde


P'ERÚ: 18 I "1'-,
'1110 modo cuantos militares de lustre hubieran
.IaPenfnsula á América en aquella época.


Los soldados peruanos eran desaseados en su trage, te-
nian groseras costumbres ,poca elegancia en. su porte, una
tosca educacion, i finalmente un modo de servir enteramen-
te diverso del de los europeos. Eran seguidos por enjambres
de mugeres, propias ó agenas, que dedicadas á buscarles la
comida i á tenerla preparada, precediéndoles á este objeto en
sus marchas, i fomentando en' ellos su .íntemperancia , pre-
,aentaban á .primera vista una masa informe i ridícula con so-
]0 el nombre de ejército i todo el aparato de una poblacíon
ambulante (1). Su modestia natural con todos los caraetéres
-de timidez aparente" la palidez de sus semblantes i su color
moreno, accidentes propios del clima i de la interpolacíon


-de castas formaban un contraste demasiado visible con el
brío , alegria i franqueza de los soldados europeos: los del
país podían considerarse como un tesoro en bruto; i 19$ re-
cien llegados de España como una joya bruñida i pulimenta-
-da con tanto esmere que díficílmente se podía conservar
IU brillo.


Dicho general La Serna lleg6 á completar de estos i de
,10 mas selecto de los habitantes del país una división respeta.
ble dirigida por escelentes oficiales; mas el pomposo aparato
de los europeos i su nueva táctica no bastaban para hacer la
guerra en América. Se necesitaban pues soldados acostum-
brados á aquel clima i que conociesen particularmente ,al
enemigo que iban á' combatir, su carácter, sus inclinaciones,
sus astucias i sus ardides. Mui pronto se desengañaron los ge-
fes realistas de su primer error, i dieron la preferencia á las


,tropas del país para toda clase de acciones de sorpresa i em-
boscada cuando vieron su mayor destreza i la felici.Iad de
.lua resultados para aquella clase de guerra.


(1) Varias veces intentaron los gcfes realistas introducil' una reforma
(\e cC\~\\lm\)l'l'~'" \I~'t~ ~u.\i\:.~):o'Q. U~ ~~~UDi'C.).a.r a e\\~ a\. "\1~1: \Q'6 n:..'iIo\'U& ef"~":-.­
lo! (lIU" }worJl1cia.


TOMO II. aS




.2g8 J'EllÚ: 1817'~
Si el c1arin español vuelve á resonar en las playas de


América, convendrá que los gefes tengan bien presente esta
Ieccion : para una campana de marchas i de encuentros par-
ciales, para esploraciones del terreno, p:ua evitar repentinos
asaltos i para burlar los ardides enemigos son innegablemente
mas útiles lOE sol-lados americanos; i sabiéndoles inspirar la
necesaria confianza es segura su fidelidad i constancia: la lar-
ga esperiencia lo tiene bien acreditado con muí pocas escep-
eíenes rIos Castas en general han tenido siempre una perfecta
adhesión al JUonarca español , i nada los ha envanecido tanto
como empuñar la espada en defensa de sus reales derechos, i
alternar con los valientes europeos. .


Despues que el s-ñor La Serna se hubo apoderado del
pueblo de 'I'arija con tropas que había reunido en Livilivi,
á donde se había dirigído en so. primer movimiento por creer
'de absoluta necesidad dejar cubierto aquel flanco antes de
Inrernerse- en las provincias de alujo., i despues de haber
nombrado. por gobernador de ésta al entonces brigadier'
don Antonio M:lría Alvarez, en. 1.. actualidad mariscal de
campo, que había hecho todas aquellas campañas i servido
con honor i hiearrfa desde la formacion del primer ejército
por el coade de Huaqni ~ salió para Yavi á mediados Je dí-
eiembre; i como hubiera recibido en Yocla, cuatro leguas
antes de llegar á Cotagaita. nuevas i urgentes eecitaciones del
wirei para llevar á efecto su espedicion sobre el Tucuman,
emprendi6 en 1.~ de enero su marcha directa desde dicho
punto de Yav·i para dar cumplimiento á aquellas órdenes.


Los pcimeros choques que sostuvieron sus tropas con los
rebeldes fueron constantemente felices. El brigadier Olañeta,
que mandaba la vanguardia batió á los enemigos primera-
mente en el. paso de los ríos Leon i Reyes, luego en rio
Blanco que se halla en las cercanías de la ciudad de JujuL
Tambien los coroneles don Francisco Javier Olarría, don
Buenaventura Centeno, don José Carratalá ~ el teniente co-
ronel don Antonio Seoane , i el capitan don Pedro Becerra se
eubrieron de gloria en varios encuentros que tuvieron con




J'ERÚ: t S17- 299
los gauc1lOs i con el regimiento insurgente llamado de Dra-
gones Infernales en las inmediaciones del mismo punto de
Jujuí si bien el fruto de estas ventajas se per.Iia en gran par-
te en una sorpresa dada por los rebeldes en las mismas puer-
tas de la ciudad á los forrageadores de la division de Olaúe-
ta 1 cuyo golpe funesto causó la muerte de 40 europeos i 70
americanos con dos oficiales de los mas valientes.


Cuando Olañeta principi6su movimiento de frente sobre
Jujuí , emprendió otro el coronel Marquiegui sobre Oran,
con el objeto de destruir las varias partidas insurgentes que
le habían refugiado en aquel territorio bajo Ia dirección del
principal caudillo Arias. La gavilla que mas pronto pro-
bó los mortíferos golpes de la caballería mandada por el gefe
del estado mayor don Bernardo La Torre, fue la del cabe-
cilla Ramirez, quien alcanzado en 106 desfiladeros del río de
San Andres, fue víctima de su audacia, con dispersíon de
toda su gente. El mismo Arias fue sucesivamente arroH.tdo
en varios eneuentros , i finalmente en Ias calles de Oran, en
donde quiso hacer los últimos esfuerzos de una infructuosa
resistencía : luchando en vano contra la adversa fortuna hubo
de ocultar la mengua de sus derrotas en los bosques de los
indios Matucos con algunos pocos de sus oficiales.


Continnando la columna realista su marcha para Jujuí
por el desierto, luego que hubo remitido al interior los pri-
sioneros , entre los que se hallaban varios abogados i sugetoa
de alto rango, qUe habian huido á Oran con las reliquias de:
la faccion de Padilla despues de su derrota por Aguilera', se
encontró con otro enemigo tanto mas terrible cuanto me-
nos esperado. Era este el caudillo Benavides reforzado por
400 caballos que Güemes le babia remitido para que impi-
diera. la reunion de aquellas tropas con el resto del t:jérdt().
Con las muchas bajas que los realistas habian tenido duran-
te aquella arriesgada espedicion habia quedado re.Iuoi.la su'
fueua. á. 300 inJantes i 60 caballos; la de los enemigos era
triplicada, i su altanería habia crecido en razon de las ma-
¡ores probabilidades con que contaban para su triunfo: solo




501'- Plmú: ) 8)7-
la serenidad i bizarrEa de unos soldados entusiasmados conta
HntiJaJ de la causa que defendian era capaz de sacarlos con
honor de una situacion tan apurada..


Atacados vigorosamente en las alturas de Ledesma, en
el rio de las Piedras, i en los llanos de San Lorenzo , tuvie-
ron constantemente propicia la suerte de las armas ; i protegida
IU retirada por el brigadier Glañeta, quien recelando de los
peligros que los rodeaban había salido en su ausilio desde Ju-
juí"llegaron felizmente á reunirse conel ejército á los cua-
renta días de haber principiado aquella 'penosa campana en
la que gefes , ofleíales i soldados dieron las IDas luminosas
pruebas de sufrimiento , constancia i valentía.


Al llcglr el general en gefe á Humsguaca espirJi6 dOB
proclllu LS para asegurar la obediencia del país , í encarecer á
aquellos pueblos las ventajas que debían reportar de la ahju-
racion de sus erróneas doctrinas; i como hubiera elegido este
punto para depósito militar de retaguardia, íccjno. un medio
de mantener espedita la comunicacion , mandó que fueran.
construidos parapetos en la iglesia i cementerio, á fin de que
las tropas que debían quedar de guarnicion tuvieran todos,
los' medios-de rechazar victoriosamente los ataques que indu-
dablemente les darían los gauchos i demas cuerpos francos
luego que el. ejército se hubiera alejado.


Nobien habíanquedado soles los 130 hombres, que con.
7 oficiales componían aqix-lla guarniciun, cuando atacados


por el caudillo Arkls, muerto el capítan de artilletía don Fe-
lix de La Rosa, fugados los de igual clase don Narciso IHar-
tinez í don Juan de Santa Cruz al ver tI desaliento de sus
eompañeros de armas, fu eron los demas hechos prisioneros
con toda la tropa, 6 cañones , 500 fusiles i otros varios per.
trechos.


Sorprendido el gener31 en gefe con' esta infausta no-
ticia, 'dis.mso que al momento saliese el brigadier OlaíÍeta
con una brilante columna sobre Oran, á donde se dirigian
los rebel.les , para que obrando en combinacion con otra á
W ordenes dd' coronel Centeno, los persiguiese, i á toda COi'




PERÚ: 1gT 7, 30r
tll recuperase 111 presa cogida en Humaguaca. Desempeñaron-
estas columnas con tanto acierto aqueIIa comísíon, que alcanza-
dos los enemigos, sucumbieron varios de ellos al golpe de
8US sables, otros fueron hechos prisioneros, se descubrió el
litio en donde habían escondido la artillería, municiones, i de-
mas efectos tomados á los realistas, i fue rescatada una parte
de la tropa, menos los oficiales que habían sido entregados á
103 in.Iios , al parecer con el objeto de que fueran sacrificados.


Como el ejército se veia acosado en todas direcciones por
los gauchos durante la citada espedicion , salieron varias co-
lumnas con la iJea de despejar el camino: una de ellas fue
confiada al capitan Sanjuanena con 200 hombres de Gerona;
pero atacado este valiente gefe por fuerzas muí superiores de
la faedon de Güemes, fue preciso enviar en su ausilio- al bi-
zarro gefe del estado mayor general, don Gerónimo Valdés,.
con cuyo oportuno ausilio fueron completamente derrotados
los enemigos i perseguidos por el espado de tres leguas.


Habiéndose retirado Valdés á· jujuí con la caballería , pasó
la infantería al mando de Sanjuanena á situarse en la casa de
los Alisos á fin de cubrir la avenida de Salta, que era el
único camino por donde podian caer los rebeldes sobre la re-
taguardia realista. Aunque Sanjuanena desalojo á los enemi-
gas de dicho punto de los Alisos, fue atacado de nuevo al
amanecer del dia siguiente por las mismas fuerzas ya reuní-
das con otras; pero á pesar de la firmeza de sus ataques i de
111 obstinacion con que volvieron repetidas veces á la pelea,
fueron constantemente. rechaaadas con I?ér¡:lida de mas de
80 hombres.


Desmembrado el ejército con' fas espedícícnes dirigidas
sobre Oran, no habían quedado en Jujuí sino r é oo hombres,
i de estos había unos 500 enfermos de tercianas, entre ellos,
el mismo general en gtfe: aprorechsindcse los enemigos de
-.an. favl?rable coyuntura se presentaron sobre aquel pueblo.
masde. 1~ de ellos .montados¡ armados de fusil, esperando
que las debilitadas fuerzas realistas sucumbirian fácilmente.
por falta de caballos, úti~, ~ las Vib0l'osas cargas que repetían




Plll'r'r: ,SI7' 303
! los demas de su gavilla quedaron muertos en el campo, es-
ceptu dos oficiales i 16 hombres que rindieron sus armas.
Algunas mulas, caballos, la tienda del mismo caudillo, su
equipa~e i aun algun dinero concurrieron á ilustrar aquella
.vícroria.


Esta orgullosa columna pasó en seguida el rio grande en
.direecion de Sapla , en donde supo la brillante carrera que.
habían recorrido las columnas de Olañeta i Centeno, i que
la del primero iba caminando por Ormenta de regreso para
.~1 cuartel general; pero informado al mismo tiempo de que
108 enemigos habian contramarchado desde San Pedro para
caer sobre ella, 11izo un movimiento con el objeto de ausi-
liarla; i tropezó mui pronto con los rebeldes, á los que ahu-
yentó con las solas guerrillas, quedando por este medio des-
pejado el camino. La entrada de Olaiíeta en el cuartel gene-
ral, cargado de triunfos i trofeos, i el ftliz resultado de la.
columna ausiliar mandada por el referido Valdés privó á los
insurgentes de su preponderancia, i los obligó á retirarse á
Salta, distante 18 leguas. Empero se acibaro el placer de los
~ealistas por la sensible pérdida del esforzado teniente coro-
nel don Antonio Seoanc , quien al regreso de su espedicion
de Oran con la columna de Centeno .. de la que na gefe de
estado mayor, habia sido cercado.por los- encmigos,i cogido
prisionero despues. de haber hecho la mas desesperada de-
~nsa con solos 7 húsares de Fernando VII que Ilevaba de
escolta, quienes sucumbieron al hierro homicida antes que
.bandomar.á su gefe.


Empeílado La Serna- en;llevar á efecto su plan primitivo
de invadir dicha ciudad de Salta, i aun de' estenderse hasta
el Tucumán, dejó de guarnícion en Jujuí al brigadier Ola-
fíeta con la fuerza necesaria para sostenerse , i con el resto
e>slUi tropas. se diri¡dó ácia el indicado punto de Salta re-
llh~:).nnIo¡continuosataques en SIL tránsito, habiendo brilla-
~Q pa.rticulallmente el que sostuvo el teniente coronel mayor
don Bernardo.La Torre en el parage llamado la Caldera, en el
~uaI, fuerGa completamente; batidos los, insurgentes, aaí.eomc




504 I''ERÚ:IS17:
en la Pampa ó Uanura que hai en la entrada de 'dicha éiudád
en la que presentándose los enemigos con una fuerza de ll'
hombres fueron perseguidos, i acuchillados hasta las mismas
calles en las que habían tratada de defenderse.


Iba af;ravándose sin embargo la posicion del general; lo.
incansableilgauchos le hostigaban de continuo, llegando su in~
sclencia hasta el punto de llevarse arrastrando al lazo algu-
nos individuos de los puestos avanzados : convenía á todo
trance darles ua golpe decisivo, i á este fin determinó que
saliera para el punto .del Bañado, que era su principal abrigo
una espe.licion al mando del coronel Sardina con el bata..
110n de Gerona i toJa la caballería posible. Los rebeldes ea
fuerza de mas de 1300 hombres, montados la mayor parte
en buenos caballos, en 10 que eran mui superiores á los rea-
listas, i todos ellos armados de fusil esperaron á pie flrme á
Ias tropas del Rei; .lapelea fue viva i obstinada por toda.
partes hasta que anocheció; pero lo fue todavía mas la que
se emprendió al día siguiente en las pampas del Rosario en
donde los leales hicieron prodigios de valor. Los enemi..
gas dejaron muchos muertos en el campo de batalla; pero
este pequeño triunfo fue muí costoso á 10j realistas por la
pérdida del denoda.lo coronel Sardina, que muri6 de sus be-
rielas á. Iaapocas.horasde, llegará Salta, i por haber herido
asimismo al teniente coronel don Bernardo La 'rorre-i 30
hombres mas, si bien solo 3 6 4 de ellos sucumbieron á 1&
yioleucia de los golpesrecibiJos.


En medio de estos contrastes persistía La Serna en la idea
de estender su línea paraIlamar la atención por aquella parte
al caudillo San M:utin, cuando las noticias de que este había
franquea 10 victoriosamente los AnJes i arrolla lo al general
Mlrcó del Pont le hicieron variar enteramente sus planes, i prin-
eipiar en 15 de mlYo la retir.i.Ia que debió llevar á efecto
con bastante precipitacion á fin de restablecer la, ealma-, que
babia desaparecido de las provincias de la espalda por la en-
trada en ellas de algunos cabecillas insurgentes. A pesar de
laa continuas incursiones de los gauchos sobre los tllUlCOi ¡




502 ]'EI1Ú: 1~17"
de dia i de noche sin darles un momento de descanso; pere
la decision i firmeza de aquellos valientes en medio de 103
graves peligros que los rodeaban ~ los hizo triunfar de sus
contrarios á los que rechazaron cuantas veces tuvieron la
osadía de llegar á las manos.


La pérdida de los insurgentes fue rnniconsiderable
numéricamente; pero mas sensible la de los realistas por
la calidad de los sugetos: el ,comandante de caballería,
Torres, ayudante de campo del general, el capitan del
escuadren de granaderos de la guardia, Martinez, i el alferez
del mismo ~ Camarilla, 13 hombres de tropa i unos 30 heri-
dos fueron las bajas proJucidas en las filas realistas. Este
primer ensayo de firmeza i arrojo dió á conocer cuanto P(}o
día esperarse de los granaderos de la guardia, que tan glo-
rioso nombre supieron adquirir sucesivamente bajo la direc-
cíon de su coronel el actual brigadier- don Valentin Ferraz.


La situación del general era poco favorable hasta que lle-
gó á primeros de marzo desde Potosí el segundo batallón del
Imperial con un convoi considerable. En aquella misma na-
ehe de su llegada salió una espedíclona 'su inmediato mando
para sorprender una partida de 200 facciosos que había to-
mado posicion á tres leguas de Jujuí, El pronto regreso dé
este gefe con varios prisioneroaqrre 'había hecho al derrota-
.do enemigo, disipó las justas alarmas que se habían conce-
bido por entonces.


Otra espedicíon todavia mas respetable se form6 á princi-
pios de abril compuesta de 500 infantes, 60 caballos i una
pieza de artillería á las órdenes del referido coronel Valdés
con el objeto de sorprender la partida del caudillo Corte,
qu~ tenia su campamento en los bajos de Parpalá, i de adqui-
rir noticias sobre la division de Olalleta cuyos triunfos i aun
su paradero se ignoraba. Valclés ejecutó tan felizmente la sor-
presa de aquel caudillo insurgente, que""apoderándose de
to.Ias sus avanzadas, Ilegosín ser' sentido basta tiro de pisto..
la de Sil campamento. Solo Corte con tres 6 cuatro de sus
mas adictos pudieron sustraerse á la furia de los realistasj




l'ERÚ: 1817: :505
retaguardia del ejército no buba desorden en este movímíen-
to retrógado, si bien fue preciso abandonar muchos pertre-
chos i efectos pesados, i brilló mas que nunca el incansable
celo del general La Serna, i su acierto en buscar sitios que
adcmas de ofrecer una ventajosa defensa tuviesen en sus in-
mediaciones abundancia de leila, agua, i pastos, que eran los
articulos de primera necesidad ju~tamente con el ganado que
se podía recoger sobre el país.


Habiendo pintado ,en varias ocasiones con los colores mas
brillantes las acciones distinguidas de toda clase de sugetos,
que han llegado i nuestra noticia, como un tributo de nues-
tra adrniracion i aprecio, i llevando asimismo el doble objeto
de proponerlas corno modelos de jmítacion , faltaríamos á la
severa imparcialidad que es nuestra divisa, si no hiciéramos
mención en este lug:lf de un laudable rasgo de humanidad i
valentía de don GerónimQ Valdés durante la retirada que se aca-
ha de rcferir , en la que ejercía funciones de gefe de estado rna-
yor del ejército, Al llegar al punto llamado de los Alisos de
Yala , mas abajo de la confluencia del rio d~: Leon con el
de Hmuaguaca, que es cuando toma el nombre de río Gran-
de de Jujuí , se hallaba este tan caudaloso pCll' ser aquella la
estacion de lns aguas, que parecía invadeable; pero como
fuera necesario que 10 cruzasen algunas compañías á costa de
cualquier peligro, dió Valdés las órdenes convenientes pam
esta operacion despues de haber tomado todas las precaucio-
nes necesarias :\ fin de que Sil llevase á efecto con el menor
quebranto posible.


La fuerza de la corriente sin emhargo arrebato lino de
los soldados encargados de aquel paso; las tropas que se ha-
llaban sobre la orilla veían fríamente á este desgraciado que
estaba luchando con la muerte, sin que ninguno se resolvie-
se á prestarle el menor ausilio. Preeipiudo Valdés. por sus
ardientes sentimientos de nobleza i generosidad, se arrojó al
rio ; i aunque llegó i asirse del moribundo soldado, lejos de
poderlo sacar á la orilla, era igualmcnre arrebatado por aque-
lla t;l~rricntel' surnergido en ella repetidas veces, i espuesto á


OMO 1 . 29




306 I':ERl: 1817'
ser víctima de la misma grandeza de su alma. Al ver el ejér-
cito en tan inminente peligro á su respetal.le gefe , se lanza-
ron á aquel furioso elemento varios oficiales i soldados, i for-
manda una cadena con sus brazos consiguieron salvar tan
preciosas vidas. Se conmovieron todos al ver tanta entereza
de parte de aquel virtuoso guerrero; resonaron Iargo tiempo
en tolo el campo cordiales vivas i aplausos espresivos del
~as puro entusiasmo ; i aquella sublime prueba de filantro-
pia i arrojo fue sin duda una de las causas que mas contribu-
yeron á grangearle el mágico ascendiente que tuvo en lo su-
cesivo sobre cuantos empuñaron las armas para sostener los
reales derechos.


En 16 de junio se ballaba ya el ejl)rcito acantonado en
Chichas, el cuartel general situado en Tupisa , i la vanguar-
dia en Moraya i Mojo. Al llegar á este punto tuvo noticias
exactas de los acontecimientos de Potosí i Charcas, con cu-
yas provincias había estado interrumpida la comunicación
por algun tiempo. Desde que el ejército de La Serna había
principiado su movimiento COntra el de Buenos-Aires se ha-
hian destacado de este los caudillos Ravelo , Prudencio , Fer-
nandez i otros, quienes fomentaron de tal modo el espíritu
de insurreccion en la provincia de Charcas que ya el 5 de
marzo habían reunido fuerzas suficientes para batir la di vi-
sion del coronel don Francisco Maruri ~ i para sitiar sus restos
en el fuerte de la Laguna.


La situación de dicha provincia se habia hecho muí crítica
desde la indicada derrota; se hallaba entonces el cuartel gene-
ral en Jnjuí distante 130 leguas de este punto, i por lo tanto
no podían llegarle á tiempo sus refuerzos; la guarnician de Ia
capital era tan escasa, que apenas bastaba para su defensa;
los sitiados en el referido fuerte tenian víveres para mui po-
cos dias , i su rendicion , que parecía inevitable, iba á aumentar
el orgullo de los rebeldes i á completar el estravío de la opi-
nion, Solo un golpe de arrojo podía cambiar el aspecto de los
negocios i evitar los terribles males que estaban pendiente.
sobre aquella desgraciada provincia.




rEne: 1817. 307
El entonces coronel don José Santos La Hera, que ha-


hía dado repetidas pruebas de su decision i valentía, agregó
nuevos títulos á su gloria ofreciéndose voluntariamente á sa-
lir de la capital con dos compañías de infantería á ponerse
en eomunicacion con los sitiados de la Laguna i á hacer los
posibles esfuerzos por salvarlos de su ruina. El gobernador
de Charcas conocia lo arriesgado de la empresa; pero con-
vencido de que aquel atrevido movimiento era el único que
podíasacar la provincia del abismo en qne iba á precipitarse,
admitid la oferta de La Hera esperando que su habilidad i
recursos guerreros suplirian la falta de medios eficaces para
asegurar el triunfo. Cuando los rebeldes vieron aproximarse
esta pequeña columna, la miraron con el mas alto desprecio,
i dirigieron todas sus miras á cortarla, para que ninguno de
los individuos que la formaban pudiera retirarse á la capital.


La llanura de Garzas era el punto destinado para dar un
ejemplo de lo que son capaces los valientes que sostienen
una justa causa i que aprecian en su verdadero valor el pun-
donor militar: atacados con la mas ciega confianza é irritante
orgullo, hubieron de desplegar un increible grado de vigor
i firmeza para resistir las impetuosas cargas de los contrarios;
el choque fue obstinado i sangriento; cada cual puso por su.
parte todo el fuego i entusiasmo que sngieren el furor i la
desesperacíon ; pero habiendo sido heridos los dos mayores
caudillos Prudencío i Rabelo , se perdió el nervio principal
de las filas rebeldes, i arrojándose entonces La Hera denoda-
damente sobre aquellas masas descoacertadas , fijó á su Iado
la victoria. Rescatados los sitiados por el arrojo é intrepidez
de este gefe i de su. valientes tropas que con tanta felicidad
segundaron sus nobles impulsos, fue destruido el citado
fuerte de la Laguna, se enviaron á la capital cuantos per-
trechos j, efectos había en él, i se situó La Hera en T<1~
rabuco,
1, El terrible contrastequeacababan de sufrir los rebeldes,
i la alta opinión que llegaron á concebir de las tropas del
Rei fueron los agentes principales de la tranquilidad pública.




S08 J'1!f¡ü: 181"'.,
Empero no podía durar mucho tiempo ésta fotzada calma;
convenía al ejército porteño tener sublevados aquellos paises
á toda costa; el coronel La Madrid, de gran nombradía en
los anales revoluciónarios , fue encargado de encender de
nuevo la tea de la discordia. Con una respetable columna
de 600 facciosos i 2 cañones se presentó al frente de la villa
de 'I'arija , guarnecida á aquella sazon por 25'0 realistas á las
órdenes del teniente coronel don Mateo Ramirez ; i aunque
esta fuerza parecía suficiente para hacer una brillante resis-
rcncia , fue sin embargo hecha prisionera por capitulación.
No es fácil esplícar las causas que mediaron para tomar este
inesperado partido; pero segU1'amente presidió á IOt> consejos
de aquel gefe, bien acreditado por su bizarría i decisión
antes i despues de aquella desgracia, una inesplicable fatuli-
dad poco favorable á la opinion de las tropas que mandaba,


Engreído La Madrid con este triunfo importante, pmo
en la mayor alarma al brigadier Oreilli situado enCiJtti,
al coronel Jáuregui que mandaba en Cotagaita , al goberna-
dor de Potosi, i al de Chuquisaca don Pascual Vivero. Todos
ellos temían que aquella vandálica irrupcionse dirigiese con-
tra los puntos que estaban confiados á sus mandos respecti-
vos; pero La l\'I«drid se resolvio á atacar al ultimo de que
se ha hecho mencion , como 10 verificó el día 20 de mayo
sacando por premio de su arrojo un terrible descalabro 0) el
cual unido á otro no menos considerable que sufrió en la
noche siguiente en que trató de sorprender al coronel La
Hera , corto el vuelo á sus esperanzas.


Su principal robjeto habia sido caer primeramente so-
bre Potosí, confiando en que seria mas rápida la carrera de
sus triunfos si conseguia apoderarse de esta villa impor-
tante ; mas la energfa que desplegó en esta ocasion el bri-
gadier Ricafart formando una columna de accgranaderoa,
entre ellos algunos convalecientes é inválidos, de los que
tuvo que echar mano á falta de otras tropas, i aparentando
una actitud imponente que estaba en tOlltradiccion con el
verdadero estado de su fuerza, alejó al enemigo , i salvo




rEnV: lB 1 'J. 509
de su furor la Casa de moneda i demas riquezas, que eran el
principal cebo de aquel movimiento.


Puesto ya en derrota el citado La Madrid fue perseguido
por la division del brigadier Oreilli compuesta de 1100
hombres, i alcanzado en 14 de junio en el punto de ·Supa.
chui por la vanguardia que mandaba el citado coronel La
llera. Aunque la fuerza de los realistas se componia apenas
de 3bo hombres i la de los enemigos ascendía á 9°0, fue
este sin embargo derrotado completamente con pérdida de
300 muertos, 100 prisioneros, 3 cañones , todo el parque
de artillería, 500 fusiles, pordon considerable de sables,
todas sus municiones, bagajes ¡papeles, 5eo cabalgaduras,
j otros muchos trofeos hasta el estandarte de los húsares del
Tueuman. Esta brillante jornada, que recibid nuevo realce
con el rescate de los prisioneros de 'I'arija i del escuadran de
Laguna, aumentó el catálogo de los ilustres hechos de La
neta, i puso en cIaro la bizarría de aquella colamna , espe-
cialmente la del segundo comandante del batailon ligero del
centro don Baldomero Espartero, que se cubri6 asimismo
de gloria.


Situado ya el cuartel general en Tupiza despues de
tan desgraciada espedicion , se ocupo el señor La Serna en
restablecer la calma en las provincias del Alto Perú. Noti-
cioso de la derrota de La Madrid por la divisioú de Oreilli
dió órden al brigadier Ricafort para que saliese á cortar la
retirada á los 'testas del citado caudillo insurjente, que se·
gun todas las apariencias debia verificarla por la provincia
de Tarija. Aunque estas disposiciones no tuvieron el éxito
que se había propuesto el gefe~ porque llevando La Madrid
toda su gente montada había podido verificar su fuga COIl
celeridad, Ricafort sin embargo tom6 posesion de Tarija,
que babia sido evacuada por los insurjentes apenas tuvieron
aviso de su aproximacion. Hallándose todavia esta provincia
hostigada por varias partidas insurjentes se dedico el bene-
mérito Ricafort á perseguirlas con infatigable celo , obte-
niendo por resultado de su entusiasmo la destrucción de la




310 l'l':nrr: 1817.
mayor parte de ellas i la aprehension de los caulillos Raya,
IHendoza , Farfur i Cerdoso, si bien Rojas, Uriundo, Mendez
i Subiria pudieron salvarse por entonces de tan terrible
enemigo.


Ya desde 'este momento decayeron de 6nimo los enemi-
gos del Rei , i fueron perdiendo todo el mérito de sus ante-
riores hazañas revolucionarias. El coronel Aguilera segui!
imponiendo respeto en la provincia de Santa Cruz al favor
de las ventajas conseguidas por sus armas. Habia rechazado
los encarnizados ataques que habían dirigido contra la capi-
tal de aquella provincia en el mes de noviembre 400 insur-
jentes mandados por los cabecillas José Manuel Mercado,
Juan Lorenzo Saavedra i Francisco Nogales, apoyados en 3
piezas de artillería i en una porcion de indios chíriguanos
armados de flechas; i habia acabado de derrotarlos en su re-
tirada matando 100 de ellos, hiriendo un número mayor,
haciendo J 5 ,prisioneros incluso Saavedra, rescatando 3 I rea-
listas que tenían en su poder i apoderándose de varios fusiles,
lanzas, flechas i caballos. Con estos golpes, en los que con-
trajo un mérito sobresaliente el teniente coronel don Gaspar
Fontaura , quedó sofocada la insurreccion por aquel lado sin
que se recuerden ya mas combates en este aiío que el en-
cuentro que tuvo el teniente coronel don José ViIlfgas en
el punto de Mojocoya con el caudillo Narciso Callejas, al
que hizo prisionero con toda su partida compuesta de 18 in-
dividuos inclusive dos oficiales, cogiéndole tambien todas sus
armas, caballos i municiones.


Aquel mismo caudillo Lira, que batido gloriosamente en
el mes de enero por el teniente coronel don Juan Sanchez
Lima en las márgenes del rio Ayopaya, se había rehecho
nuevamente i habia tenido la temeridad de hostilizar la.
provincia de Cochabamba , IJ3116 en ella á los valientes rea-
listas que cansándole la destrucción de su partida se hicieron
acreedores á los mayores elogios, especialmente el teniente
don Francisco Bohorques i el distinguido don Francisco Na-
varro 1 dejando en el pueblo de Quillacollo , que fue donde




r nnú : 1817' 311
se sostuvo aquella empeñada refriega, un permanente re-
cuerdo de su bizarría i arrojo.


Igual suerte tuvo el caudillo Arias, que fue alcanzado
cerca del rio grande en esta misma provincia por el coman-
dante don Francisco de Ostria: despues de un reñido com-
bate fue enteramente destrozada esta partida insurjente que
se componía de 100 hombres bien armados; quedaron en
poder de los realistas los caudillos subalternos Velez, Mer-
cado i Vargas, 3 sargentos, 16 soldados, 96 fusiles i cara-
binas, todas sus munieiones , 3o caballerías ensilladas, i
hasta la correspondencia del mismo Arias; cuyo furioso in-
surjento pudo salvarse; con mui pocos de la segura muerte
que le esperaba Este ilustre triunfo i el rescate: de un ca-
dete i 5 soldados realistas que habían silla hechos prisione-
ros en 'I'otora , llenaron del mas vivo placer á todos los in-
dividuos que componian aquella bizarra columna•.


Casi pacíficas aquellas provincias después de tantos años
de desorden producido por el fuego de la íusurreccíon, se dedi-
có el gcneral La Serna á la formación de un brillante ejJrcito
bajo la táctica europea son tan feliz resultado que á los pocos
meses podía haber competido' con los mas aguerridos en ins-
t ruccion , en el manejo del arma, en pulcritud , en elegan-
cía Í en aire marcial. Disfrutando aquellas provincias del be-
neficio de la paz se fue rectificando la opinion á favor de
los' reales derechos, se establecieron varias mejoras en todos
los ramos de la administracion , i se fueron de tal modo ci-
eatrl ~a'Hlo l.ls llagas de la prsada revolucion , que las rentas.
plÍblL'as vol rieron á su nivel i los intendentes. pudieron lIe-
nar puntualmente sus cupos respectivos,


De este m')!-Jll1e,{j aquel ejército constituido bajo el pie
mas rcs¡'ct]hlc de dcf~'nsa i en disposicion de acudir á cual-
quiera punto dI1 vircinaro en que fuera requerida su asisten-
cia; pero huho .le renunciar á toda tentativa fuera de la de-
marea-ion (le a'lwl territnrio hasta que llec;asen nuevos re-
fuersos,o que la espedicion que al mando del brigadier Osario
iba á salir de Lima para Chile hubiera hecho loa progresos




31i PIBllJ: 1817.
que se prometia el gefe que la había proyectado. Se perdíd sin
embargo aquella espedicion corno se ved en el capítulo de
Chile del afío siguiente, i por lo tanto no pudo el ejl:reito
del Alto Perú estender la línea de sus operaciones.


El virei Pezuela había concebido las maa lisongcras es-
peranzas de estender el influjo de la autoridad real ({ largas
distancia,s ¡ pero el t!xito no correspondió de modo alguno á
sus nobles impulsos. Había recibido aviso del gobierno es-
pañol de haber salido de la península 2000 hombres de re-
fuerzo por la vía de Panamá á las órdenes del entonces bri-
gadier don José Canterac ; pero como este llevaba Instruecio-
nes dc ausiliar de paso las operaciones del general Morillo
en Costafirme, se vió precisado á condescender con. <¿t '~,\'i.\­
peño de dicho general en conservar aquellas tropas, que le ha-
cían suma falta; i por lo tanto llegó Capterae al Perú con
solos 4 oficiales i 5 I soldados, habiéndose malogrado por este
inesperado incidente 1 20S duros que costaron los fletes i es-
tarías de los buques dirigidos á Panamá para conducir á
Lima Ia citada fuerza espedicionaria.


Otro de los sucesos mas notables de este ano. fue la cons-
piracion proyectada en la plaza del Callao por 96 oficiales
prisioneros i 42 personas confinadas elel reino de Chile, pa ra
asesinar la guarnícíon , i con el apoyo de todos los detenidos
en la misma plaza embarcarse en aquel puerto para el de
Va1paraiso. Avisado el virei por uno de los 18 religiosos cor-
respondientes á los confinados de Chile se tomaron las pro-
videncias mas acertadas para su averiguacion; pero no rcsul-
tando contra los reos sino sospechas aunque vehementes, no
fue suficiente la presunción legal para proceder contra. ellos,
ni Se pudieron tornar otra clase de medidas que las de au-
mentar la precaución i vigilancia. Sin embargo de haber fal-
tado al virei los refuerzos de Panamá, con Jos que contaba
para completar la espedicion proyectarla contra Chile á fin
de salvar la mengua. de la derrota sufrida por el presidente
lilareó del Pont en el mes de febrero, determinó llevarla á
efecto á todo trance, convencido de la necesidad urjente de




PERÚ: 1817- 313
reconquistar nn país que era considerado COmo el granero
del Perú.


Como las victorias del brigadier Osorio habian sido tan
rápidas i brillantes en el aíio J 814, creyó dicho virei que
con igual facilidad volveria este mismo gefe á restablecer la
autoridad real en aquel país. Las circunstancias eran sin em-
Largo diferentes en todos sentidos: en la primera campaña
dominaba entre los insurjentes la sana de los partidos, los
combatientes eran todavía bisoños en el arte de la guerra, i
la táctica muí poco conocida; en esta habia un ion en los áni-
mos , los oficiales estrangeros habian instruido perfectamente
á las tropas rebeldes, i ya las mismas se habian acostum-
brado al fuego i á los peligros.. Su comandante general era
un genio emprendedor; sus talentos eran sobresalientes i sus
conocimientos militare! adquiridos al servicio del Rei de Es-
paila le daban una marcada superioridad sobre los demas
caudillos.


Los enemigos pues que iban á combatir los realistas eran
mas terribles que los de la batalla de Rancagua; llUbiera
sido tan imprudente el despreciarlos, como poco decoroso á
las armas del Rei el temerlos. El triunfo contra ellos era se-
guro si se les presentaban fuerzas próximamente iguales; i
aun podia esperarse la victoria con una tercera parte menos
de gente, siempre que no se notase esta desigualdad en la
artillería, pertrechos i demás ausilios, que se requieren para
seguir sin tropiezo una penosa campaña.


Si bien eran obvios estos reparos, se creia sin embargo
que el genio i la valentía de los realistas los allanaria fácil~
mente; tal vez el mismo Ordeñes contribuyó á que se for-
mase en Lima esta idea tan halagüeña , haciendo pomposas
ofertas desde 'I'alcahuano , de que con pocos refuerzos sumí-
ría en los abismos al genio de la revolucíon. Estas relaciones
exageradas, i la necesidad que tenia el Perú de abrir su co-
mercio con Chile, inclinaron el ánimo del virei á condes-
cender con el voto general, espresado con el mayor empeño
por el consulado, cuya corporacion se ofreció á contribuir


TOMO n. 40




314 PJl:HÚ: 181 7'
eficazmente para los gastos de aquella espedlcion si se con-
fiaba su mando al citado brigadier Osorio, que tantas glorias
habia adquirido en la primera campaña.


Es presumible que la designacion que se hacia de Osorío
para aquel honorifico encargo no fuera desagradable á quien
acababa de contraer con él los mas estrechos vínculos de
parentesco: todo elogio que se hiciera del yerno del virei re-
fluía en honor de la familia. Si los sentimientos de fidelidad
i amor al Soberano de que se veía animado Pezuela hubieran
sido susceptibles de aumento, indudablemente habrían rebo-
sado en esta ocasíon , en la que cumpliendo con tan sagrado
deber, podia labrar la carrera de su hijo político. Esta úl-
tima idea nos parece que nunca estuvo separada de la pri-
mera, si bien la maledicencia ha querido contestar su mérito.


Sea corno-quiera, fue grande el que contrajo Pezuela en
el apresto de dicha espediclen, que zarp6 del Callao el 9 de
diciembre con todos los elementos que pudieran asegurar su
feliz resultado, i con una fuerza hábil de 3407 hombres de
todas armas. Dejaremos surcar los mares á estos resueltos
guerreros en busca de una esquiva fortuna, hasta que llegue
el momento de describrir sus operaciones.




515
\"\V\'\i\'\'\V\'\ilN'..N\I\I\'\I\<\f\:w\i'V\;'VI/\I\I\I\,'\.V\'\IW\'\:\f\J\i\IWW\'\I\'\'W\,1\'W


CAPITULO XXI.


CHILE:


Estado agitado de los negocios en Chile á principios de este
ano. Insolentes intimaciones del caudillo San Martin al


presidente Marcó del Ponto Paso de la cordillera por las
tropas insurgentes. Desgraciada batalla de Chaeabuco,
Alarma de la capital. Fuga del presidente. Desordenada
I1migracion de los realistas. Sus apuros al llegar á Valpa-
raiso por no haber buques suficientes para embarcarse todos
los comprometidos. Salida del conooi para Coquimbo i
Huasca, i su llegada sucesiva al Perú. Prision del presi-
dente. Entrada de San Martin en la capital, i abusos
que hizo de la oictoria. Defensa de la ciudad de Concep-
cien i puerto de Talcahuano por los coroneles Ordoñez;
Sanchez ; su repliegue á este último punto ,en el que fue-
ron sitiados por el caudillo O' Higgins. Salida de los rea-
listas que no fue coronada de un feliz suceso. Brillantes
me'ritos contraidos por el bizarro Ordoñe« en esta campa-
na. Se organiza en Lima una espedicionpara reconquistar


.el reino de Chile. Asalto de Talcahuano por el aventurero
francés Brayer ;rechazado victoriosamente por losrealistas.


Con las fatales medidas adoptadas por los gobernantes
realistas en el afio anterior se presentó á. principios de. este
el reino de Chile en el estado de mayor agitacion; i llegó á
cundir de tal modo la opinion de que la proyectada inva-
sion del general San Martin iba á ser irresistible, que por
varios puntos se levantaban guerrillas, de las que 1~Il;as se




516 cnrrz : 1817'
dedicaban á llamar la atencion de las tropas del Rei , i otras
cruzaban la cordillera en ausilio del referido caudillo in-
surgente.


Empezaba ya este á saborear el fruto de sus intrigan-
tes manejos; i los caminos, libres de nieves i tropiezos, le
ofrecian todas las ventajas de dar ejecueion á BUS proyectos,
cuando determinó imponer al señor Marcó con el pomposo
aparato de sus movimientos i con el altanero despliegue de
sus fuerzas i recursos. Lleno pues de aquella confianza que
solo pueden inspirar la temeridad ó el orgullo, le intimó
por medio de un parlamentario la evacuación de Chile si
quería evitar los duros trances de la guerra, á la que se veía
precisado por impulso de la república de Buenos-Aires, cu-
ya aeta de independencia le remitió por el mismo conducto.


Irritado el 'presidente Marcó por tan descomedido mensa-
ge, mandó quemar aquellas comunicaciones pOi" mano del
verdugo, despidiendo con ira i desprecio al que se había
atrevido á presentárselas. No se dudaba pues de la próxima
llegada de San Martin, i aun este había tenido la insolencia
de marcar el camino por donde iba á emprender su invasión,
seguro de que despreciarían aquel aviso considerándolo corno
un engaño, del que debia resultar el descuido del citado punto.


Entre las varias providencias adoptadas por el señor Marcó
fue una la de enviar 200 hombres escogidos al mando del
teniente coronel Marqueli ácia la cordillera, para que cru-
zándola por Aconcagua se acercase cuanto le fuera posible á
Mendoza i averiguase la verdadera dirección que iban á to-
mar los insurgentes. Habiendo llega.do dicho gefe á las inme-
diaciones del valle i minerales de Ospaillata , sorprendió de
noche una guardia avanzada que se hallaba acampada á dos
leguas del citado valle; i al dia siguiente hubo de sostener
un' reñido combate con 400 caballos á los que rechazó glo-
riosamente causándoles una pérdida considerable en muertos
i heridos. Descubiertos ya los proyectos de San Martin, ace-
leró 8U marcha para disminuir con la rapidez de sus movi-
mientos el-mento de una bien combinada defensa.




crnr.n : 181';'. 317
Al llegar á 10 mas encumbrado de la cordilIera tom6 con


el grueso de su espedicion el camino que llaman de los Patos,
i despacho por el mas trillado, que lo es el de Aconcagua,
á su mayor Heras i al comandante Soler para que con su di-
vision llamasen por aquella parte la atención del enemigo.
Habiendo encontrado ésta un fuerte destacamento realista
que defendía el paso denominado de la Guardia, empeií6
una reñida accion , cuyos resultados fueron la retirada de los
defensores ácia la cuesta de Chacabuco, en la que se hallaba
situada la vanguardia, i la direccion de lleras sobre el valle
de Aconcagua á incorporarse con San Martin que estaba
acam¡nJdo sobre Putacndo.


Todo era á este tiempo alarma i confusion en la capital,
en medio de tantos elementos de oposicion i contraste que
en ella obraban, no se habia nombrado todavía un gefe pro-
pietario para el ejército; ya no podia diferirse mas esta me-
dida, í fue preciso por lo tanto resolverse sin pérdida de
tiempo. Recayó la eleccion en el coronel del batallan de
Talavera don Rafael Maroto , quien sin embargo de haber
usado de toda la posible presteza para encargarse del mando
no pudo presentarse al campamento de la vanguardia sino la
víspera de la batalla que iba á decidir de la suerte del país,


En el mismo dia llegó el coronel Elorriaga, á quien se había
llamado en los últimos momentos, obligándole á correr en
posta las ciento cincuenta leguas que lo separaban del punto
que iba á ser su sepulcro. Aunque no se perdió tiempo desde
los primeros avisos de Marqueli en reunir las tropas esparci-
das por aquel inmenso territorio, i por mas que- estas esfor-
zaron sus marchas, no pudieron llegar oportunamente á ar-
rancar de las manos de los insurgentes los triunfos que la fa-
talidad i la desprevencion iba á dispensarles.


'I'an solo Quintanilla i Bararíao , que con sus respectivos
cuerpos de caballería habian entrado el dia loen la capital,
tuvieron lugar de pasar á reunirse con la vanguardia en
Chacabuco. Quintanilla , que se atrevió á hacer una esplora-
cion con sus carabineros sobre el .elltenso valle de Aconca-




51 8 CHItE: 18 17,
gua, tuvo un feliz encuentro con la caballería enemiga, á la
que obligó á replegarse sobre su campamento no obstante
la superioridad de su número; pero reforzada con nuevas
tropas trató de volver por el honor de sus armas, lanzándose
sobre dicho Quintanil1a ,quien hubo de retirarse hasta el
rio, cuyo paso defendió con tanta bizarrfa i arrojo que que-
daron paralizados. todos los esfuerzos contrarios.


Era grande la ansiedad de San Martin por atacar la refe-
rida vanguardia realista antes que pudiera ser .reforzada por
los varios cuerpos, que aunque solo habian sido llamados en
los últimos momentos de apuro i consternadon , concurrian
sin embargo con la mas fina voluntad i firme decisión á for-
mar una masa, que si no hubiera sido deshecha tan oportu-
namente podia haber derribado completamente las halagüeñas
esperanzas de los insurgentes. Era el dia 1 2 de febrero el
destinado para el ataque; Maroto, que habia llegado en la
noche anterior, no pudo reconocer el campo ni el terreno
sino ligeramente al amanecer del dia de la batalla: sus pri-
meras disposiciones fueron las de colocar 200 hombres en lo
mas alto de la cuesta. con orden de no abandonar aquel pun-
to importante hasta haber perdido la mitad de su gente.


Mientras que dicho Maroto se ocupaba en situar venta-
josamente lo restante de sus tropas vió .venir á poco tiempo
batida i en desorden la referida avanzada. Formada sin em-
bargo una pronta Iínea hallaron los enemigos en ella un mu-
ro de bronce fabricado por la bizarria i entusiasmo de algu-
nos valientes oficiales entre los que se distinguieron Elorriaga
i Marqueli. Creyendo el comandante general que aquel pri-
mer contraste de los rebeldes era precursor de su total der-
rota, dividió sus tropas en guerrillas para perseguirlos; pero
encontrándose mui pronto con el grueso del ejército que iba
bajando la cuesta, se trab6 una pelea general, enla que si
bien se cubrieron de gloria el esforzado Maroto i sus bizar-
ras tropas rechazando con impavidez los primeros ataques de
un ejército mui superior en número, i aunque disputaron á
palmos el terreno empapado en sangre de los combatientes,




CUlJ,E: 181 7' 31.9
hubieron de ceder finalmente no sin haber dado antes las
mas terribles pruebas de su tesan i valentía.


Ya el insigne Elorriaga se habia abierto las puertas de 13.
inmortalidad rindiendo su grande alma entre montones de ca-
dáveres sacrificados por su mano, cuando el no menos atrevido


, Marque1i, celoso de la gloriosa suerte que había cabido á su
ilustre compañero, i deseando que su nombre ocupase un lu-
gar igualmente distinguido en el templo de la Fama, se hizo
fuerte con alguna tropa que le seguia , i sin querer admitir
género alguno de capitulacion que el enemigose hubiera com-
placido en.concederle en honor de las mismas armas que con
tanto lustre manejaban aquellos nuevos espartanos, sostuvo la
pelea con el mas terco i desesperado valor, hasta que muerta
ya la mayor parte de su gente, i espirando él en medio de
los valientes logró San Martin apoderarse de los venerables
restos de la mas acendrada fidelidad i patriotismo. Así con-
cluyó la batalla de Chacabuco que en medio de su fatal des-
enlace fue sumamente honrosa al nombre español por los re-
petidos rasgos que se vieron en ella de valentía, decísíon,
sufrimiento i heroísmo,


En medio pues de este duro contraste resalta de un modo
mui recomendable el mérito de unas tropas que supieron ha-
cer frente á un enemigo, orgullosocon el triplicado número de
sus fuerzas, i con no menor ventaja en' su artillería: sin em-
bargo de esta desproporcion i de no tener mas que dos piezas
de campaiía en el acto de la batalla, si bien á poca distancia
se hallaba eI gran parque con 16, fue tan considerable la pér ..
dida del enemigo, que habría quedado inhábil para dirijirse
á Santiago, si en esta capital hubiera habido mas tino para
dar movimiento á losdemas cuerpos realistas que ansiaban por
lavar la mancha de la primera derrota.


Empero no bien había tenido conocimiento el gobierno de
la jornada de Chacabuco, cuando limitó todas sus maniobras
á los preparativos de una fuga segura. Si no se hubiera intro-
ducido en el áni.mo de los encargados del poder el desaliento
ila desconfianza de resistir al enemigo, podrian haberse he-




:ho CHILE: 1817.
cho heróicos esfuerzos, i haberse disputado á San Martín el
fruto de sus empresas. Con las tropas de la guarnicion , con las
que acababan de llegar de Talca i del Portillo, i con las que
se habían salvado de la derrota, se habrían fácilmente podido
reunir de 3500 á 4000 soldados aguerridos, superiores á
todo el ejército enemigo; pero habiendo participado el señor
Marcó del estupor general, había tomado la fuga secretamen-
te quedando por este medio la ciudad en el mayor desamparo
i malogrado todo proyecto de resistencia.


Divulgada esta funesta noticia, ya no se pensó mas que
en la propia conservacion : los disidentes encubiertos esparcie-
ron voces de un reciente triunfo ganado por nuestra caballe-
ria, i pidieron para celebrarlo que se iluminasen todas las ca-
sas. Esta era una añagaza para adormecer á los comprometi-
dos en los preparativos de su víage, i hacer que con aquel fal-
so gozo cayesen sus personas é intereses en manos de las tro-
pas de San Martin que se iban aproximando.


Se disipó mui pronto este fatal error, i en medio del ma-
yor desorden i confusion se vi6 salir aquella numerosa emigra-
cion que habría enternecido á los corazones mas duros é in-
sensibles. Sollozos de ancianos i respetables padres de familias,
llantos de sus virtuosas esposas, alaridos de sus inocentes hi-
jos, un rechinante ruido de la artillerfa i cartas de trasporte,
un paso contfnuo de acémilas can toda clase de equipages i
efectos, el saqueo de varias casas, el abatimiento i terror en
todos los semblantes; este .era el cuadro que presentabala ca-
pital de Chile en aquella infausta noche.
Todo~ -los emigrados tomaron el camino de Valparaiso como


el punto mas próximo para ernbarcarse í abandonar aquel rei-
no. Tal vez si las tropas se hubieran dirigido á la provincia de
Concepcion habrían podido hacer una bizarra defensa; menos
elementos tenia el esforzado Sanchez despues de la accion de
San Carlos, i supo resistir sin embargo las huestes enemigas
mandadas por un gefe de no menor prestigio i opínion que San
Martin. Lejos pues de adoptar este plan que era el mas hon-
roso i conveniente, se apresuraron todos á buscar en Jas em-




cn rr.t : 18r7' 32\
harcacíones la seguridad que su deseo n cierto i atolondramien-
to no les permitía hallar en ningun pon to de aquel territorio.
Todo aquel largo trecho de treinta leguas que media entre la
capital i Valparaiso estaba ocupado por tr opas, cargas, per-
trechos de guerra, i por la inmensa proc esion de emigrados
particubres i de sus efectos. Se vcia asimis mo en esta retira-
da un tren imponente de artillería, que segun se ha dicho, uo
bajaba de 16 piezas, cuando para la batalla de Chacabuco no
se habian presentado sino dos de ellas.


A las pocas horas de marcha Se divulgaron alarmantes vo-
ces de haberse sublevado la tropa que eseoltaba 3000 pesos
correspondientes al Real Tesoro i que había sido desampara-
do el citado tren de artillería: ya no fue posible contener el
desorden desde este momento; todos los emigrados creian te-
aer sobre sus cuellos la esterminadora espada del formidable
caudillo insurgente; todos se precipitaban por llegar antes al
indicado puerto sin calcular el sensible chasco que iban á su-
frir la mayor parte de los dispersos, que por falta de buques
se habian de ver precisados á quedarse en la playa, espuestos
á todo el rigor de la persecucion de un implacable enemigo.


Este era el último golpe que estaba preparado para los
desgraciados realistas, víctimas de la torpeza, dJ descon-
cierto i del desórden: tan 8010 habia en aquel punto once ern-
barcaciones que estaban ya cargadas en su mayor parle con efec-
tos del mismo puerto, que sus habitantes habían tratado de
sustraer apena,s supieron la derrota de Chacabuco; era pue.
mui corto el sitio quepodia destinarse para tan numerosa
emigracion. Previendo los respectivos capitanes ei azorado
empella que habian de tener los emigrados en meterse toJOI>
en sus buques, se habían puesto en franquía fuera del tiro
de los castillos, i tan solo admitían á su bordo á los que iban
llegando en lanchas hasta com pletar el número que pudiera
resistir la capacidad del buque.


Fue uno de los momentos mas terribles aquel en que se
vieron tantos infelices proscriptos afanarse por llegar á las re-
feridas embarcaciones: cuando ya estas estuvieron llenas,
se zarp() el ancla dejando mas de sooo personas aliando-


Toma 11 41




322 cmr:E:1817'
nadas en aquel campo de 111nto i miseria 1 i entre ellas mu-
chos soldados, que se vieron precisados á tomar partido corr '
los insurjentes , engrosando sus filas por este fatal incidente.


No se sabia á donde dirijir el rumbo en el estado de des-
prevencion de aguada i víveres en qWl se hallaban aquellos
buques. La opinion general marcaba el puerto de Talcalma-
no como el mas á propósito, i el que ofrecía mayores garan-
tías de salvar aquellos restos de la fidelidad española. Es-
taba á aquella sazon mandando la leal i pacífica provincia
de Concepcion el bizarro coronel é intendente don José Or-
doñee , el que reforzado por las tropas embarcadas podia sos-
tener el campo hasta la llegada de nuevos ansilios de la capi-
tal del Perú. Este fue pucs el punto de arribada que se fijó
para salir de tan apurada situacion.


Al amanecer del dia 14 se descubrió todavia Valparaiso
ofreciendo nuevos motivos de dolor i tristeza las escenas ocur-
ri.las en aquel tiempo entre los descontentos i los soldados
quc no habían po.JiJo embarcarse: unidos estos por el furor
i la. descsperacion se habían entregado al saqueo i al incendio
mas horroroso. 'I'odos creían que el capitan general se halla-
ha oculto en el convoi ; pero fue distinta su suerte. Aunque ha-
bia abandonado anticipadamente la dudad de Santiago , ha-
bía emprendido su marcha cou tanta lentitud, que no sien-
do posible sacarle del paso comedo i pausado de su caballo,
no pudo llegar á tiempo de embarcarse, i fue por lo tanto
alcanzado por las partidas insurjcntes en un rancho de indios
sobre la costa septentrional de Valparaiso en compañia de su
mayor general Bernedo,


Sin embargo de haberse determinado dirijir la proa ácia
Talcahuano se comunicó á las dicz de la mañana una orden
general de que fuesen á recalar á Coquimbo; pero habiendo
visto que al aproximarse al tercer día de navegacion á dicho
punto de reunion se hacían preparativos hostiles, lo que in-
dicaba hallarse ya en poder de los independientes, se dispu-
so hacer vela acia el puerto de Huasca. Era el dia '9 cuando
entro el convoí en aquella rada; í botadas las lanchas :i la
mar trageron toda el agIla que podia necesitarse par:.! la tra-




cnn.s : 13I 7' 323
vesta; i como se necesitasen así mismo comestibles, desem-
barco el coronel Maroto con 500 hombres á sacar del interior
del país un rebaño de ovejas, con lo que se surtieron las na-
ves para poder llegar á Lima ó á cualquiera de los puertos
intermedios. Este gran convoi , compuesto de unos aoco emi-
grados, entre ellos 700 militares, fue lIe;jlndo sucesivamen-
te á los citarlos puertos del Perú, i á mitad de marzo se ha-
11aba todo reunido en el Callao.


San Martin habia entrado con su ejército en la capital de
Chile entre 10i mayores aplausos i aclamaciones en el misma
dia J 3 de febrero en que la habían evacuado los realistas.
Convocado el pueblo l111'a la clcccion del nuevo gobi&fllO sa-
lió nombrado su~)rcl1n director dicho general San Murtin,
i por renuncia de este recayó aquel alto destino en el bri-
gadier don Bernardo O'Higgins, quien debería estar subordí-
millo en la parte militar al caudillo porteño, segun prescri-
Irían las instrucciones de la repábliea de Buenos h ires, Llegó
á su colmo la alegria de los descontentos chilen os cuando vie-
ron restablecida su apctecida libertad; en igual proporcion se
manifestó el dolor de los realist as que no habían podido emi-
grar, luego que empez aran á esperimentar los estragos pro-
ducidos por la codicia i crueldad de sus contrarios.


La conducta de San Martin fue en esta época m ni diferen-
te de la que deberia haber adoptado quien aspiraba á ocupar
un lugar en el catálogo de los hombres célebres. N,) hubo gé-
nero de confiscaciones, clestierros i suplicios á qne no se en-
tregase aquel general para celebrar su triunfo. Estas son otras
tantas manchas que aparecen en su carácter en medio de su
brillante carrera. No fue Marcó el que menos sufrió los efec-
tos de su dureza i rigor: despues de haberlo tenido preso como
al hombre mas despreciable con una barra de grillos, lo en-
vió confinado á la punta de San Luis, situada á la otra par-
te de la cordillera , i permitió que al salir por las calles de
la capital se cometiesen los mas irritantes insultos contra aquel
desgraciado general; ¡conducta ignoble i altamente reprensíbic
entre pueblos que se jactan ce refinada ilustracion!




3~/, cntr.s : 1817'
Para completar San Martin la carrera de sus triunfos le


faltaba todavia subyugar la provincia de Concepcion ~ defen-
dida por dos valientes gefes los coroneles Ordoüez i Sanchez,
situado aquel en la capital ~ i este en Chillán. Aunque estos
dos ilustres guerreros se hallaban mui escasos de fuerza, no
se acobardaron por el imponente aparato de todo el poder
combinado de las provincias del rio de la Plata í de Chile-,
ni pensaron en abandonar la provincia sin dar antes Ias mas
terribles pruebas de su bizarría i arrojo poniendo en accion
todos los recursos i arbitrios que sujieren la fidelidad, el en-
tusiasmo i el honor de las armas.


Empero conociendo la dificultad de hacer frente á los
ejércitos contrarios permaneciendo separados, salió Sanchez
para Concepclon con una parte del paisanaje que quiso seguir-
le, apenas se divulgó la noticia de que el director O'Higgins
1<' aproximaba á aquel punto con una division de 49 hom-
brea. OrdoJÍez estaba trabajando de ante mano en fortificar
del mejor modo el puerto de Talcahuano, distante dos leguas
i media de Concepcíon , con ánimo de retirarse á aquel pun-
to en caso apurado, i de defenderlo hasta el último trance.
Llegó con efecto el caso preciso de evacuar la ciudad de
Coneepcion ~ en la que entró el orgulloso Ü'Higgills, anun-
ciando como segura i pronta la total espulsion de los realistas
de su último asilo ~ que lo era el citado puerto de Talcahuano.


Cuando se retiró á este el impávido Ordoñez contaba ape-
nas con 1000 soldados i con algunos paisanos realistas; pero
confiaba en que concurririan otros muchos á buscar aquel abri-
go contra el furor de los insurjentcs. Desde las primeras ten-
tativas sobre aquel baluarte de la lealtad i bizarría conoció
O'Higgins la dificultad de cantar Ia victoria sin aumentar su
ejército con mayores fuerzas que pidió á San Martin, i con
otras que trató de levantar en la misma provincia.


El infatigable Ordoríeeque trataba de acobardar al encmigo
con un terrible golpe de mano, hizo una vigorosa salida con
toda su guarnicion llamando la atencion de los sitiadores por
Ia entrada del Norte de la ciudad en tanto que cargaba con




f.lITIJ':: 181). ~b5
la mayor parte 'de su 'fuerza por la del Oeste. Tdbase un
reñido i sangriento combate; ambos ejércitos sostienen con
empeño sus pretensiones; las cargas de los realistas causan
los mayorell quebrantos en las filas contrarias, mas no llegan
á desconcertarlas; el mérito de Ordeñes resplandece en pro-
porcion de la bien dirigida resistencia del caudillo ínsurjente,
i habria sido todavia mayor si otra división á las 6rdenes del
comandante Morgado hubiera concurrido oportunamente á
segundar sus impulsos.


Deseando los realistas conservar sus cortas fuerzas para
otra ocasion en que con menos riesgos pudieran ejercitar 81l
valor se retiran á la plaza con el mayor orden , sin que el ene-
migo que fue en su seguimiento, pudiese conseguir las venta-
jas que se había prometido en el tránsito de dos leguas i
media, que había desde el campo de batalla, pues que si bien
les causó la pérdida de 158 hombres, fue mucho mayor la
de los rebeldes.


Aunque esta atrevida ernpresa , no tuvo los brillantes re-
sultados que esperaba el gefe de ella, produjo sin embargo
un cambio sumamente favorable en la opinion: los últimos
acontecimientos de Chile habían menoscabado de tal modo
el carácter de los realistas que los insurjentes se reconocían
mui superiores en arrojo é inteligencia: creían pues que la
valentía, que hasta entonces había sido su característica, ha-
bia desaparecido totalmente de aquel partido , i que habia~
de resentirse de tal defecto todos los que empuñasen las ar-
mas para contrariar la boyante causa de la independencia.
Tan pasmados quedaron los rebeldes de ver la serenidad i bi-
zarría de OrdoÍlez como los mismos realistas: ni aquellos 1a
esperaban, ni estos habían tenido motivo todavía de calificar-
la, siendo el referido gefe recien venido de Espalía para des-
empellar el empleo de intendente de Concepcion , del que ha-
bia tomado posesíon poco tiempo antes de la pérdida del reino.


Solo i arrinconado en aquel estremo., escasamente podia
haber tenido lugar para adquirir conscimientos generales, mas
no circunstancíados i profundos, cual convenía á un gefe que




326 CHILE: 181'7.
iba. á quedar de comandante principal de todo él, como ofi-
cial de mayor graduacion.


N:J.die esperaba por lo tanto una decisíon i constancia tan
heroica ; todos creían que lejos de pensar en hacer la menor
defensa se retiraría á Lima ó Chiloe; i he aquí una doble
razón por que la fama trasmitió con mas entusiasmo por
todas pntes los ilustres hechos de este denodado guer-
rero.


Seguia pucs defendiendo impávidamente la citada plaaa
resistiendo con vigor los ataques de O Higgins i causándole
considerables daños con sus frecuentes salidas , i con las gner-
rillas que despachaba en busca de víveres. Estaba por lo tanto
mui distante de escuchar los ventajosos partidos qne le ofrecian
los disidentes , i así se lo participaba al virei de Limél pidién-
dole algunos refuerzos, con 101 qm prometia acabar con O'Hig-
gins, i restablecer la autoridad del Reí en a'Ill Jlos domiuios ,
AUH!IUC el señor Pe zuela deseaba ardientemente que tremo-
lase de nuevo sobre los muros de Santiago el pabellon de CJS-
tilla, i aunque envio en varias ocasiones algunos ausilios en
dinero, municiones, víveres, hombres i buques, pasó sin em-
bargo algun tiempo hasta que pudo organizar una respeta-
ble espedicion que diese solidez i consistencia á 103 planes de
reconquista.


El mando de ésta fue conferido al brigadier ele artillería
don Mariano Osoric , que con tanta facilidad i lustre habia
restaurado la autoridad del Reí en to-lo el reino de Chil e en
el ano 14. Situado SM. cuartel general en Bellavisra , pueblc-
cito inmediato al Callao, se ocupó coa infatigable celo en su
importante comision , i ya á principios de diciembre se ha-
llaba en estado de salir par.! su destino. Sc hizo á la veía con
efecto á beneficio de los inmensos sacrificios del Vireí , i de
aquella heróica ciudad, que segundS generosamente tan no-
hles impulsos. La espedicion se componía de 3407 hombres
de tropa brillante, la que apoyada por los 1600 valien tes que
babia llegado á reunir Ordoñez en 'l'alcehuano , daba espe-
ranzas de un triunfo completo.




cmr.n : ,817' 527
Hacia ya nueve meses que O Higgins tenia sitiado este


puerto sin haber ganado terreno, ni obtenido mas resultado
que quebrantos, pérdidas, desalieato i desconfianza. Se ha-
llaba á esta sazon al servicio de San lVIartin en la clase de ge-
fe de la caballería uno de los generales Bonapartistas llamado
lIIr. Brayer, que había adquirido la mayor opinion militando
en la península contra 103 españoles ; i como desease ad-
quirir mayor celebridad en el Nuevo Mundo con atrevi-
das empresas, pidió á San Martín la facultad de ejecutar un
plan de ataque contra 'I'alcahuano ofreciendo su inmedia-
ta i segura rendicion , como necesario resultado.


Aburrido ya el caudillo porteño de ver la ninguna apa-
riencia de buen éxito de la parte de sus tropas contra las del
bizarro Ordoi'íez, i siéndole de la mayor urgencia la posesion
de la citada plaza, admitió la lisonjera propuesta del aventu-
rero francés autorizándole ampliamente para que diese ejecu <.
cion á su atrevido proyecto. Una hora antes de arsanecer el
dia 6 de diciembre dió principio el ataque general llamando
la atención de los sitiados con un desembarco de tropas por
el estremo occidental del recinto; acudid OrdoiÍez á cubrir
aquel punto; pero haciéndose general el ataque debi6 dirigir
su atencíon á toda la línea recorriéndola con tanta velocidad
que era el alma de todas las operaciones.


Su entereza de ánimo i la oportunidad de sus providen-
eiall infundian el mayor aliento en les pechos de sus fieles
soldados; su prevision alcanzaba á todas partes; mas pene-
trado mui pronto de las verdaderas intenciones del enemigo,
que eran las de dirigir el grueso de sus columnas contra al-
gun punto determinado, se estaba disponiendo á desplegar to-
dos sus recursos cuando supo que trepando aquellos por una
pequeúa colina, que levantándose de la llanura dá principío
al cordon del recinto, amenazaba arrollar 200 hombres que
se hallaba.n situados en aquel punto.


Se ha.bian arrojado con efecto repentinamente sobre estos,
i al favor de la oseara noche i de la eStKsura de la niebla
habían logrado acuchillar algunos de tilos, i seg ui a aquella




3.'-8 CHILE: 1817"
confusa peIea con el mayor encarnizamiento descargando in.


distintamente mortíferos golpes, hasta que serenados los rea-
listas del primer efecto, que les produjo aquella rápida sor-
presa, se retiraron algunos sobre una zanja rasa que defendía
su posícion , i otros se arrojaron por la barranca á la playa
salvandose de este modo la mayor parte, si bien perecieron
bastantes en los primeros momentos del inevitable desorden,


Habiendo quedado Brayer en campo abierto con los sitia-
dos sin mas obstá culos que la citada zanja que separaba am-
bos ejércitos, dio principio la accion mas sangrienta i obstina-
eh que pueda imaginarse, Aunque Ordeñes defeudia personal-
mente aquella posicíon , i aunqut! las baterías causaban bas-
tante estrago en los batallones enemigos, empeñados en su-
perarla, la falta de claridad hacia que los tiros no tuviesen
una dirección fija para haber decidido prontamente la bata-
Ila ; pero habiendo amanecido en lo mas fuerte de ella, se re-
dobló la actividad i decisión de los defensores, hasta que vien-
do la infantería enemiga el gran destrozo que sufrian sus filas
sin lograr su intento, que era el de forzar aquel pequeiío fo-
so, con cuya idea se mantenia su caballería formada á la
puerta del rastrillo, para penetrar con fiereza tan pronto co-
mo le fuera all anado aquel único obstáculo, tocaron la reti-
rada después de dejar 500 hombres de sus mejores tropas
tendidos en el campo, i un número mayor de heridos, entre
los cuales fue contado el mismo Brayer,


:Esta fue la terminación ele aquella temeraria empresa que
llenÓ de confusion al orgulloso general frances , que se ha-
bis empeñado en dar lecciones á los insurjentes americanos
del modo de asaltar plazas , de cuya t.íctica daba á entender
con su natural petulancia no tenian aquellos el menor cono-
cimiento. Este golpe funesto introdujo el mayor desaliento
en las. filas de los titulados patriotas, i los cubrió de mengua é
ignominia ,/así como al decantado guerrero, que confiado en sus
estraordinarios talentos, i contando con la sumisa obediencia
de 6000 hombres disciplinados á su modo, miraba con
ojos de compasion á un puñado de valientes, que careciendo




CHILE: 18I 7 52~
de todo, menos de bizarría i empeño, no debia segun su al-
tanero juicio hacer mas resistencia que la precisa para ilus-
trar mayormente su triunfo.


Aunque la pérdida de 10l! realistas no escedío de 140 hom-
bres, fue sin embargo sumamente sensible para todos los q1l4
aprecian el honor militar, i qne habrian deseado que tan bi-
zarro comportamiento hubiera sido premiado con los halagos
de la fortuna, i de ningun modo con los estrechos abrazos de la
muerte. El nombre de aquellos esforzados militares sera-siem-
{lre recordado con entusiasmo, Ltan glorioso empeñotrasmi-
tidoá la mas remota posteridad. El heroico vecindario de Tal-
cahuano ¡tomó asimismo una parte activa en esta memora-
blejornada; hasta las mugeres se cubrieron de gloria, sinque
les hiciera mella el vivo fuego de los contrarios; se las vió
mientras que duró la accion conducir municiones i toda espe-
cie de ausilios á los combatientes, entnsíasméndelosicon tu
noble egemplo de firmeza de ánimo, ide adhesión !-·la causa
del Reí.


Con esta importante victoria adquirió Ordonez tal grado
de celebridad, que su nombre solo aterraba á los jactanciosos
insurjentes; i la desconfianza de poder resistir á los esfuerzos
de su brazo, hacia que mirasen con repugnancia i aun CaD hor-
ror la guerra en que se veian envueltos por las maquinaciones del
gobierno de Buenos Aires, i por la ambician del caudillo San
Martin, i de otros sujetos de Chile, no menos interesado. ea
perpetuarse á la cabeza del gobierno, del. que su incapacidad
ó la falta de virtudes los tenia separados bajp ,el dominio -del
Rei. Ya á este tiempoestaba caminando la espedícíon del bri-
gadier Osario, de la que hablaremos en el allQ pródmo, al que
pertenece esta parte de la historia.


ToRJO II 4'




550
"WW\~~WWWW~W~WWWWWM~~W~U~W~


CAPITU LO XXII.


CARACAS 1 SANTA FÉ: 181 7-


Marcha de Eatorre. Batalla de las Mueuritas. Su reuniól'J
con el general en gefe. Operaciones en la provincia de
Barinas, Muerte de Seroiez: Disensiones.entre Paez i Do-
nato Perez, Destruceion de Bolioar en Clarines. Derrotas
de Marifio en la provincia de Cumané. Espedtoion de Piar
aobrefa G:fJayana. Cruel asesinato de los RR. PP. capu-
chinos. RefJnion vu 'lo« 'cabecillas rebeldes en Barcelona.
Movimiento del ejército de Real contra esta ciudad. Mo-
tivos de su retirada sin haber llegado con ellos á las ma-
nos. Disgusto general por haberse perdido esta favorable
ocasion dederrocar al genio de la insurrecciono Nombra-
miento de Aldama para mandar aquel ejercito. Asalto i
'tomade lit casa fuerte de dicha ciudad, á la que se hahian
retirado los rebeldes. Fuga anterior de Bolioar i otros
caudillos. Retirada de Áldama al Chaparro. Planes de
Morillo desde San Fernando. Salida de Latorre para la
Guayana. Entrada de Morillo en dicho punto del Cha-


. plLrl-o.Arribode la espedicion de Canterac. Preparativos
''p'ar'a llevar la guerra á la isla 'de Margarita. Pentajas
.de 108 realistas sobre la costa de Güiria i otros puntos.
Desembarco de los realistas en la citada isla. Campana
sangrienta. Toma de Porlamar ; Pampatar i fuertes de
Juan Griego. Preparativos. pa(Cf atacar á la ciudad de la
.dsuncion. Ret<rttfk!,. rep"~n~¡'n,t}",dqstas tropas. para conte-
ner losprogreso~:4l1e' ñ(¡r;{áfi 'ldfr~beldes en el continente.
Batalla de San Felix, Latorre sitiado en .dngostura. Sus
padecimientos i su fuga para la islade]« Granada. Nuevas




CARACAS 1 SANTA FÉ: 1817' 5:51
partidas de Marino en laproviflciflr de Cumaná. Asesina-
to de piar por Bolioar. Preparatioos de éste para-abrir
otra campaña con ! 3®,hombres; entre ellos algunos bata-
llonesde ingleses. Salida de Latorre C()'ftra~arasa i de Mo-
rillo sobre Paes, Victoria de? primero en el hato de la
Hogaza. Retirada dePaes id la. otra parte. del Arauea.
Regreso de ambos gefes realistas al cuartel general de Ca-
labozo. Estado de los negocios en el reino de Santa Ft.
.Cesacicn. del uirei Montalvo. Nombrqm~ento de' Sámano
para este destino. Bosquejo sobre la. administracion. de
,Montes en Quito. Salida de dichoMont~~. Llegada de su
sucesor Ramirez. Reflexiones sobre losma/es que ha oau-
sado en América la exaltacion de los realistas. Sentimien-
to generalpor la preferencia que se dió áSámaf}o sobre
Montes en el oireinato de Santa Fé. " .


E1 coronel Latorre , quehabia emprendido su mQvi~ie~:
todesde Pore en los últimos meses del afio anterior, pisó el
territorio de Venezuela en enero del presente, despues de
haber atravesado con indecibles trabajos los inmensos desier-
tos de San Martin i de Casanare. Habiendo continuado su
marcha por la orilla izqp~~rda ~el.A;Rure )legp. el 27 al pue-
blo de San Vicente, .i p~sando al dia. siguiente el citado río
para internarse por su derecha en los Llanos, i dirigirse á la
villa de San Fernando, apenas hubo cruzado .1aparte~l.9n-·
tuosa que se halla endichas o~llas, sehaUópon;3~~9fl~W¡,
que al mando delesforaado Paez venían ,á salo,Pe sRRre; Sl~S
tropas por aquella sabana. Aunque su {uerzapt;incip~l,cp'n­
sistia en el bisoño batallón de Cachirí, pues qué. del de Victoria
tan solo tenia un corto destacamento,' i toda su caballería s~
componía deunos poco~; húsares, ninguno de aquellos va-
Ü~.~t~6Ise)intim~dd al ver '~l rápido despljegu~ del osado .~ne~.
lUi~,o 14.6 euya aproximación í número no se había tenido. ]~,
menor noticia." .1 •
.,. Sin embargo deser ~qu,ella la primera V3Z en. qu~ el. ie~
f~rido batallón de Cachi~í.p.resjJ~ci~ba los hóro;r~.¡¡eMarte,


-" ~ t· , ;" .... ••.~ : • , ...




332 CABACU y SANTA FÉ: 1817'
acredito una firmeza i decísíon superior á los mas halagüeños
cálculos de la confianza: formando con asombrosa celeridad
un cuadro impenetrable, sufrió 14 cargas consecutivas sin
que cediese en lo mas mínimo su indomable valor, á· pesar
de los claros que abrían en aquella columna cerrada la.
laazas de los feroces insurjentes, no menos ciegos en el fu-
ror de la batalla, i despreciando la muerte que hacía los
mayores' estragos en sus"filas,


Al verPaez la obstinacion de lb. realistas i la poca es-
peranza de triunfar de un enemigo resuelto á sepultarse en
sus ruinasantes que rendir las armas, pegó fuego á la paja ó
yerba de aquellas llanuras ,-cuyo incendio propagado con una
rapidez eléctrica á causa de hallarse dicha paja muí seca i de
tener dos"varas de altura en aquella estacion , envolvió ins-
tantáneamente á las tropas delRei,i amenazaba su comple-
ta sofocacion, cuando el general Latorre tomó el único espe-
diente que se' le ofrecía, que fue el de entrar con todos SUl
soldados en un"gran pantano que halló casualmente á sus in-
mediaciones. Los torbellinos de humo que cubrieron' bien
pronto 'aquella posicion favorecieron su movimiento; i por
esta feliz ocurrencia conservaron la vida aquellos esforzados
¡uerreroscou' el"fango hasta la cintura.


Bespnes de esta insigne batalla ,llamada dé las MUC1lritas;
,e retiraron los enemigos, i se puso nuevamente en -marcha;
Latorre por la parte montuosa. del río, El 'general en gefe,
que ibl¡'-'cáminando asimismo para las províncías de Venezue-
la, i: que estaba mui ageno de creer el horrible estado de
convulsion en que aquellas se hallaban, pues que los aviso.
del capitan general de Caracas habian pintado 105 hechos
demasiado halagüeñamente, i muí distantes por supuesto de
la realídád, llego á reunirse con Latorre á los dos días de la
citadarefrieg!l; cuya noticia le produjo tanta sorpresa 'come
~d¡gnaCion . por el descuido 'con que; cOIl~ideraba' habla 'aido
mirada esta nueva rebelión.


I¡Q amargo de tales acontecimientos se templó en parte
al saber las ventajas que habían tenídó las tropas de Calza..




NRACAS 1 SANTA pi: l~lj. 555
da en la provincia de Barinas á fines del año anterior, I.
especialmente el teniente coronel don Salvado. Gorrin, quien
en su marcha desde el pueblo de Camaguan áeia la villa de
San Fernando babia rechazado bizarramente con !lOO caba-
llos i 600 infantes que tenia á sus órdem:s las repetidas ear-:
gas que le dieron tres escuadrones enemigos, causándoles la
pérdida de mas de 200 hombres. .


Fue asimismo otro lenitivo para la ansiedad del citado
general Morillo la noticia de haber sido asesinado el desal-
mado aventurero Serviez entre Achaguas ¡. Apurito; i' la de'
estar envueltos en sangrientas discordias los partidarios de
Paez con los del mulato DonatoPerea , cuyo último caudi-
llo habia asesinado en GuasdaJito á uno de 108 capitanes de
m competidor Herrera, i se habia arrogado el título de ge-
neral en gefede los llanos deCasanare, engreido COn. la epi-,
nion que le habian dado varios emigrados de Santa Fé que-
habían logrado reunirse con él. '


Caminando juntos ambos generales españoles, negaron
despues de díee dias de una marcha sumamente penosa á la
citada villa; de. San Fernando. Suspenderemos por un mo-
mento la relacíon de las operaciones 'de estos gefes en tánto
que damos cuentade las que emprendieron al mismo 'tiempo
independientemente de suihflujo los ~e mandaban á aque-
lla aazon en las provincias de Venezuela.


Acohsecuencia de la batalla perdida' en el' año anterior
pet Morales en el Juncal hahia'n:quedado dueños-loerebeldes
de la provincia i capital" deBarcelona. Bolívar, que' despues
de la derrota de los Aguaéateshabia ido vagando por aquellos
mares, se presentó en dicha ciudad de Barcelona, i reunido
con Mariiío, Arismendi, Monagas, Piar', Mac Gregor i otros
'Iarloscaudillos, eededícd ¡{, trazar nuevos planes para dar:
fOmento á su sacrflega cansa. El mas atrevido de todos fue
el de 'BOrprenderá.Caracas ,distante 60 leguas de malos ca-
minos, sublevando l.~erosos negros esclavos que habia
culoa l,luebloll del tn,usl.ta ~ 1UEllaDo ,(l6c()~idos"pau e.u. ·()P"~




534 cARACAS ( SA~TA FÉ: 1817.
racion 700 hombses, que :el sanguin:l,rio" A.d&mendi, había
traído de la isla de la Mar garita, i 200' soldados mas perte-
necientes á otros cuerpos: con esta corta fuerza se pusieron
ea mucha los. cit:t.JQS cau.Ií.Ilos 'en los primeros días de .enero,
eruzaren libremante al .Unare , i se dírígleron.sobze el pueblo
de Clarines. ", ,'


Aluí los esperaba el b iz,arrísim~ coronel don ,Francisco
Jimenea :COIl el batallon de indios del mismo partido de Cla-
rines, .i aquí hallaron los rebeldes su sepultura, cayendo in-
cautamente en .una emboscada ¡que dicho gef~ realista les
había arm!lf.lo, á cuya astucia, así. corno á lo invencible de
su braao J al denodado esfuerzo de sus tropas sucumbieron
todos, escepto Bolivar , Arismendi i 4 Ó 5 oficiales, que fue-
ron los úniqos :que pudieron salvarse die aquel horrible cam-
po de. muerte i., e~trandQ lQs"d0,6 prime...os ~~ Barcelona moa-
lados en una mula, "


Fue el segundo plan la salida del tu-qllldQ general Santia-
go Marino contra la plaza de CUIDaná, el.icual , confiado en
la superioridadou.mérica de su tropa .tuvo la Inaolencíade
íntímar.Ia 'l'endiGio¡:t en I.ll: de, enero, al brigadier don Juan
Bautista PaJ:q~ que mandaba la~itada plaza. La contesta-
cion ql,1e díd l?aJ;'d~eA;etW.'s~o Ai~ fll;e',!JUi!~:!l,ePiaell.perarse
de un pundonoroso, m.ilitar; ~:m~'creería.dig~o:" d~io aquel de-
cidido realista, de ser inmolado.a.Ia vengill1za pública si ca-
pitulase con el crimen, i si diese oidos á una proposícion que
lleva. todos los signos de la vileza.J cobardía: obre' V~ 'segun
le dicten sus dañados impulaos , i en su mismo escarmiento
hallará una dura Ieccion de sus desvarios.»


Dando Pardo por seguro el ataque, abandonó i quemó
el puente de la Chara,. retírandose hasta la plaza co~ su
guarnicion.A la mañana siguiente se, pre~ep.t9¡;el,. ~e.m~go
con el grueso de sus fuerzas que noba~~rían de,IASh~fP1;>res,
llamandolaatencion por toda Ia cin:~nfeJ'em;ia.i. cbteniendo
como el primero de sus effmeros triunfos la toma de dos pe-
dreros que había en la llamada Casafuerte , cuya corta guar-




CARACAS 1 SANTA FÉ:' 1817' 3:55
nicion se salvó á nado: formada t~á sú línea ~e'movió 'eh
direccion de la eíudad, rompiendo el fuego las guerrillas iá
su consecuencia todas las baterías.


A pesar de los quebrantos que sufrían los rebeldes no de-
sistieron del' ataque, i llegaron á apoderarse del barrio'de'
Chíclana i de las casas i edificios inmediatos á las trincheras
realistas: contra estas se la!' ¡~.aron á las cuatro de la t~rde
con el mas ciego furor i obstinacion : tres' veces atacaron á la
bayoneta los parapetos del hospital, isiempre fueron-recha-
zados. El fuego seguia sin intenrrísíon causando estragos por
ambas partes; i aunque lo mas empeñado-de la refriega ha-
bia cesado á las siete de la noche, continuaron sin embargo
hasta la mañana siguiente los ensayos de los enemigos sobre
varios puntos de la plaza, que fueron defendidos heroica-
mente por las tropas i habitantes-Endíebo-díe 2&'Se"retiía'"
ron las hordas despechadas llenas' de 'la ¡ fuas 'fiera ~ irritacion
por haberpeedído en tan Infruetúosos combates 'sobre J00
muertos i mas de 350 herides,


El tercer plan al que se dió pronta ejecución despues dé
las citadas derrotas file' la-salida de Piar: para la Guayana con
una dívision compuesta de los negros'del Gtiarico,Tde los des-
embarcados por Bolívar en Ocumare, que fueron arrebatados-del-
mando de Mac Gregor ,cuyo aventurero hubo de refugiarse
en las bias por ha ser víctima' de los celos i del desorden
que reinaba entre los cabecillas venezolanos, Cruzando Piar
efOrihoco ~ -iIivadió i se apodero-de las misiones del Carení,
parte 'la mas' poblada' i la' mas lid; de la provincia':' se ctllbpo-
nianáquellas-misionés de varios' pueblos', habitados solamen-
te por indios, que habían sido humanizados por el paternal
desvelo de los RR. PP. capuchinos catalanes.


Aquellos' establecimientos 'eran un vivo recuerdo de la,
..ida patriarcal: la voz' evangélica de:tan santos varonéseran
las: ,umcll.s ieyesqiie 'Mgiah 'en su' pacifica' socie(fatt'; :e'taÍl
en ella desconocidos los delitos';Ja's costumbres conservaban
su primitiva pureea'; i' si lajlustracíon no Iiabia hecho los.
mayores progres<ls {"abtlnda:ba"'gerlerálmente la: virtud i UD.,




336 CAUPAS 1 SANTA FÉ: 1817'
fondo puro de devocíon ácia la verdadera creencia; la. amh4-
cion , los celos, la rivalidad i la desobediencia eran éntes to-
talmente ígnorados , el amor del prójimo, la fidelidad en Ios
contratos, la seguridad, en la propiedad ,la frugalidad ,'la
templanza ,la sumísion i la paz habian fijado aquí Sil
morada.


Este fue, p,ues, el blanco re la crueldad de Piar: pe,-
saadido de que jamás podría atraer á su partido á aquellos
habitantes mientras que ejeecíesen su apostólico illftujo los
venerables ~ligiosos, concíbío el atroz proyecto de sacrificar-
los á su sañaí furor. Habiendo mandado que se reuniesen
todos en el. pueblo principal, que era la .residencia del Pre-
fecto, les intimó la sentencia de muerte, que habia de eje-
outarse al día siguiente. j Horrible noche por cierto que de-
biera haber estremecido .á 10B hombres mas encallecídos ea
el crímen l Toda t¡UaJu~,QCup~¡la por aquellas almas privile-
giadas en los .mas fervientes actos de. piedad i relígíon : du-
rante toda ella resonaron los salmos i cánticos divinos para
adorar los decretos de la Providencia; basta sus mismos car-
celeros, que lo eran 108 soldados mas feroces de Piar, lle-
garon á compungirse al ver tanta entereza, tanta eonformi-
dad i resigna8qn, i tan edificante santidad.


Pasada la media noche, í cuando ya todos los religiosos
se hablan confesado mütuaménte ~ celebró el Prefecto el santo
sacrificio de la Misa, i les repartió el sagrado Pan de la Eu-
ear.istía ; continuaron .sus santas oraciones, preparatorias del
terrible lance que iban á sufrir, hasta las cinco de la mañana
en que se abrieron las puertas del templo: conducidos á la.
plaza inmediata, q:lleera el punto destinado para el sacrifl-
do, hincados de rodillas , i dirigiendo las últimas míradas
ácia lacasa celestial que habían levantado. desde sus cirnien-
loMlOIJ,,taM~s,.af~lles, i desvelos; traspasados sus coraaonesal
G9.~i~e,raf el.,abandono en qy.~ q1l1ldaban sus hijos~~piritua.:­
les i los horribles males .en que jball á verse .sumidos aql.le-
110s pueblos que formahan,todo el, objet,o de su predíleocíoa
i CU~~:A,<,to ; .poseídos .(jel maifierO dol~,aI ver tanto desafuers




r..\RACAS I SJNL\ FÉ: 1817. 337
cometido á la rcligion, i tanto ultrage á la misma humani-
dad , fueron sus riltimas palabras las de recomendar aquellas
misiones al supremo Hacedor de todas las cosas, al Dios de
los ejércitos, .- quien todo lo prevee i todo lo dispone.


Concluirlas sus santas deprecaciones, presentaron humilde
i resígnadamente el cuello á la feroz cuchilla; pero la voz del
protervo caudillo no fue oída por los soldados de Venezuela,
á quienes repugnaba un atentado tan bárbaro é inhumano:
los desalmados negros del Guarico fueron los fieles ejecuto-
res de tan atroz mandato ; i las almas de aquellos bienaven-
turados religiosos volaron en un momento á las eternas man-
siones,


ll"1icntrns que se perpetrahan estos horrendos crímenes,
activaba el general l\Ioxó la formacion de un cllerpo respeta-
ble de tropas en Oritueo á las órdenes del brigadier Real.
Cuando ya se consideró en estado de imponer á todas las cua-
drillas rebeldes de Cumaná i Barcelona, se dió órden para
que dicho brigadier pasára á ocupar esta iiltima ciudad á
marchas forzadas sin pararse en ninguna clase de peligro ni
tropiezo. Se hallaban , segun se ha indicado, en dicho punto
de Barcelona (,J3Í tO~!03 103 cabezas de la revolución de Veue-
zuela, Ilolívar , :tIarillo, Arismendí, 1\Ionagas, CedeIlo,
Frcites i otros varios; del feliz resultado de la espedicion con-
fiada al bribJdier Real, dependia la salvación de aquellas pro-
vincias , i tal vez el total esterminio del genio de la insurrec-
cian. Dicho ejército se componía de. mas de 49 hombres de
tropas escogidas; los brigadieres Morales i Aldama formaban
parte del mismo, obrando el primero como gefe de una divi-
sien de íufantcna , i el segundo de la caballería,


Este ejército verificó con tanta rapidez su primer movi-
miento, qlle logr6 presentarse delante de la espresada ciudad
de Barcelona iíntes que ninguno de los corifeos la hubiera
evacuado. Parece que la conveniencia pública i el mismo ho-
nor ele las arma. cxigian que se diese un pronto asalto i que
se sacríficase, si era necesario, nna parle de aquellos valien-
tes rOl' conseguir un triunfo completo, que habría ahorrado


'l'(.>1O H. 43




;r';~ ('01\ ("\ Cl T 0=:\ "1'''"' F-r.: 1 R1 '"1.
indudablemente la efusión de tanta sangre que ha corrido á
raudales por aquellos paises.


El sedicioso Bolívar, ese hombre atrevido é ín-iornable,mag-
níflco con todas IJ.s sombras de la rí.liculea , religioso sin asomo
de virtud crístíana , i guerrero mas por ímpetu que por re-
flexión , se halló todo aquel día en la mas penosa ansiedad,
observando con el anteojo en la mano el campo realista , i
dan-lo por Inf..lible su propia destruccion i la de todos sus
compañeros de armas. La fortuna, que tantas veces le hahia
sacado de los mayores peligros, le proporcionó los medios <le
salvarse de éste, que era el mas terrible de toJos El ejército
del Rei se retiró repentina é inesperadamente al Juncal, i en
seguida á Cl.rrínes , en donde se estacionó, sufriendo 13s ma-
yores escaseces, que fu-ron causa de una horrorosa desercion,


Vari¡;.s han sidodas causas alegadas para justi 'icar este
movimiento retrógrado, que privando al gde realista de la
gloria mayor que se pudiera haber (~OllsegLlido en Venezueb,
fue tan fat ..l sucesivamente á la causa pública. Una de Ias
mas fundadas fue al parecer la [lIt 1 de art illería i lel escasez
de provisiones, si bien podía haberse dado el asalto rápi Ia-
mente, i haber deciIido de un golpe a,.-¡uelh ..allJpuÍJa Otros
la atribuyeron á alguna discordia entre Ida tres cita .Ios ge-
fes ,tan comun , por desgracia, en los anales de la revolú-
cion de América. Todos tres eran a.nbieiosos de gbria, i el
brigadier Morales en particular, tan acostumbrado á vencer
en aquellos mismos paises, parece no veía con agriFlo que
otro gefe de igual gradtl'lci'Jn ciñese su frente con unos Irure-
les que debían Sf r reputados por mas ilustres que cuantos :¡
había recogido con tantos sacrificios. Otros supusieron qlJe
aquella retirada habla sido motivarla por una de las muchas
astucias á las que ha debido Bolívar la mayor parte de sus
triunfos.


Se dijo que en aquella misma tarde en que el tjircito
real se hallaba sobre las murallas de Barcelona , hahia salido
de la Casa-fuerte , en la que se habían encerrado los faecio-
sos , uno de sus oficiales, aparentando con una reíiuaoa ruali-




CA~I('M! I ~ANTA FÉ: IR17' 339
eía deseos de burlar la vigilancia de sus contrarios, pero pro-
porcíonando-él mismo los medios de ser descubierto i apre-
hendido ea el acto de su fuga: ]0 fué con efecto; i presentado
al general fi¡¡gH vender á las a.nenazas i al rigor un secreto,
cuya revelacion fundaba el objeto de su empresa.


Descosiendo la suela de su zapato sacó un pliego dirigido
por Bolívar á Bermudez , por el cual combinaba astutamente
con éste i con los 2~ hombres que suponía estaban en marcha
para la citada Casa-Inerte, i con otras tropas que daba á en-
tender habían desembarcado en la costa, el modo de en-
volver á los realistas , i de hacer rendir por el hambre lo que
DO 110 bieran podilo conseguir las bayonetas. Se creyó, pues,
que este ardid ingenioso, desempellado por el oficial insur-
gente con todos los caractéres de sinceridad i buena fé, en
lo que dió muestras de ser un digno discípulo de su maestro
tan consumado en Ia carrera del maquiavelismo, fue lo
que influyó mas poderosamente en el ánimo del brigadier
Real para renunciar á la gloria que le esperaba.


Empero los temores de perder su ejército por falta de vfve-
res, falta que esperimentó por no haber hallado en aquel punto
el ganado que, segun los avisos del brigadier Morales, no
debia haber faltado, le impusieron mas que el respetable
aparato que afectaban los contrarios. Sea como quiera, fue
mui funesta aquella retirada; i sin atrevernos á arrojar la
parte odiosa de tal inaccion á ninguno de los tres gefes en
particular, pues que esta cuestion no ha sido todavía bien
determínada , RO podemos menos de lamentarnos de la fata-
lijad que presidió á sus consejos.


Asi como en las acciones gloriosasde una campaña se des-
tina el primer lugar para el gettl que se ha hallado á la cabe-
Ila de las tropas á cuyos esfuerzos se han debírlo , aun:lue no
haya tenido en ellas sino una parte mui subalterna, del mis-
mo modo recae sobre él en las adversas lJ parte principal de
la reconvencioa , aunclue se halle en igual caso que el antece-
dente: así sucedió en esta ocasiono El brigldier Real, como
gel.lct.il eu gefe de aquel ejército, sufrió todo lo amargo JI: 1<\




31¡o CARACM; 1 SANTA FI\: 1817.
crítiea i aun de la mas ponzoñosa maledicencia, sin que pu-
dieran escudarle contra estos cargos sus anteriores servicias, su
bien cimentada opinión militar, i su acendrada fidelidad i ad-
hesion á los Reales derechos. El capitán general Moxó lo re-
levó del mando; i este fue conferido al brigadier Aldama con
amplias facultades para vencer con el rigor en caso necesario
la tibieza Ú oposición que algunos atribuían al referido Mo-
rales, nacida de una presunta rivalidad i emulacion , como lo
verificó separándolo del ejército.


Habiendo puesto el mencionado AlJama las tropas en mo-
vimiento en la noche del 3, llegó al dia siguiente á la boca
de Caicara ; en donde se le reunió otra cspedicion de Cuma-
na , i en el dia 5 entró en la ciudad de Barcelona con armas
á discrecion i abriendo la marcha las músicas de los cuerpos.
Los enemigos se retiraron despues de una lif:erísima resisten-
cia á la casa fuerte; mas ya no eran estos los mismos, cuya
prision tanto interesaba á la causa del Rei, Bolivar, Mariüo ,
Arismendi i otros varios cabecillas i soldados se habian fuga-
do de ella, si bien quedaban todavía unos 600 hombres con
armas, mandados por el titulado general Freites , i hasta 1000
personas comprendiendo las mugeres i niños que habüm teni-
do la fatal imprevísíon de refugiarse en tan aciago re-
cinto.


Habiendo llegado oportunamente la escuadrilla real á se-
gunrlar aquella operacion , recibió Aldama del capitan de fra-
gata don José Marh Chacón todos los ausilios que pudo ne-
cesitar, i en particular la artillería, que mandó situar en una
casa quc se hallaba contigua á las fortificaciones de los rebel-
des. Desde el amanecer del dia 7 principiaron estas á ser ba-
tidas; i habiendo sido demolida 6. las dos de la tarde una par-
te de su fachada se dispuso el asalto, que fue confiado á una
columna respetable de granaderos i cazadores, mandada por
el bizarro teniente coronel del regimiento de la Unión don
Joaquín Urreiztieta : el resto de Barbastro á las órdenes elesu
sargento mayor don Vicente Bausa quedó de reserva, i la ca-
ballería de dragones COn la del país á las del comandante de




dR~r.;\~ 1 8,\NTA FÉ: ] 8] 7. 3!p
escuadran don José Navas pasó á colocarse á la parte opuesta
de la brecha para destrozar á los que intentasen la fuga.


El brigadier Aldama, acompañado por el coronel de Bar-
bastro don Juan Cini, i por el teniente coronel don Manuel
Bausá, recorría el campo en todas direcciones entusiasmando
á sus tropas con sus enérgicas alocuciones. Dada la señal de
ataque salió Urreiztieta con sus valientes, llevando á la ca-
beza las compañías de cazadores i de granaderos de la Unión
á las órdenes de sus capitanes don Juan Falomir i don Faus-
tino Narganes.


Al ver los facciosos Una decision tan heroica huyen despa-
v oriJos de la brecha; entran nuestros soldados por ella, pero
Be hallan con una segunda circunvalacion que no habian pre-
visto; no se desaniman por este inesperado contraste; se redo-
bla en su ver su furor i arrojo; penetra al mismo tiempo la
reserva, se arroja al paso de carga sobre el flanco izquierdo en
donde era mayor la resistencia; se desconciertan los rebeldes,
i huyen precipitadamente acia sus baluartes de flanco


No estaban sin embargo vencidos todos los tropiezos; la
cresta del parapeto tenia unas tres toesas desde el fondo de 1
foso; mas todo lo venció la constancia i el ingenio. Llenos en-
tonces los facciosos de terror i confusion abandonan sus últi-
mos parapetos i se precipitan ácia el campo donde fueron pa-
sados á cuchillo por las tropas que estaban allí situadas con
aquel designio. Sobre 1000 cadáveres quedaron tendidos en
este campo de muerte: todos fueron pasados á cuchillo me-
nos el comandante general Pedro Maria Freites, el intenden-
te Francisco Esteban Rívas i algunos pocos heridos: los dos
primeros fueron conducidos á Caracas á sufrir en aquella ciu-
dad su bien merecido castigo. Entre los muertos se contaron
los titulados coroneles Mesa, Velea , Morales, E}stanislao Rí-
vas, i Reinoso ; los tenientes. coroneles Hern.an&..%'!, Piñango,
Agustín Reyes, i mas de 50 oficiales subalternos.


Este fue el resultado de la altanerfa i soberbia de aquellos
miserables, quienes lejos de oir con sumision i respeto la in-
timacion que les dirijió el geíe realista antes del asalto, pro-




~rl2 'CARACAIJ 1 SAI\TTA Ff: ,8' 7'
rumpieron en los mayores insultos contrael Monarca español
i contra sus fieles tropas, i enarbolaron la bandera negra como
serial de su inexorable resolucíon de morir todos antes que
reu lir las armas. Fue por lo tanto relevante el mérito con-
traido en esta jornada por los gefesya mencionados, es! como
por el teniente coronel don Agustin Nogu'~ras, comandante
accidental de Granada, que marchó tamhien al asa' to á la ca-
beza de su compañía de granaderos, por el teniente coronel
don Francisco Jimenes con sus cazadores de Clarines, i por
cuantos. oficiales tuvieren parte en aquella gloriosa re-
friega.


Como el brigadier Aldlm'l al emprender su marcha sobre
Barcelona no hahia podido suministrar á sus tropas raciones
mas que para dos dias; i como la escuadrilla tan solo hubie-
ra podido proporcionarle para otros dos , fue preciso ponerse en
marcha para el Vano, poseído Sil ánimo de la illJy:>r afiiccion
al ver la dura necesidad de recorrer díez jornadas para hallar
algun glnado: su, tropas sufrieron por lo tanto en est i espe-
diciou toJas Ias amarguras de la hambre i de la ael : un ca-
ñaveral que se hal16 á alguna distancia , i cuan-lo ya se ha-
bian agotado todos los víveres , [Ud consi.IeraIo COIllO el IIU-
yor r¡~galo que pudiera enviarles la provideneia. Clltlp:mJo la
Calla pudieron sostener los mas sus débiles fuerzas, i llegar al
Chaparro en el estado mas abati lo i lastimoso.


Suspenderemos por ahora lasoperaclones SUCesivas de esta
eolumna , en tanto que recorrernos las del general en gefe don
Pablo Moril/Q i del brigadier Lrtorre , á los que dejamosen
la Villa de San Fernando de vuelta del reino de Santa Pe.
Fue aqui donde dicho general tuvo un exacto conocimiento
del estado de aquellas provincias , muí diferente del que se
flgnraba segun los partes que le hlbh dirijido el confiado Mo-
x6. Ha!lakí perdida la isla de la Margarita; casi en el misrao
estado las provincias de CUIQln:í i Barcelona; invadida por
Piar la Guayana; dominado el Apurepor Paez; el L'ano alto
de Caracas por Zarasa ; é inundada de partiJas la de Barína•.
Hallaba asímiimo una baja considerable en IOB cuerpos dlll




f:AMCAS 1 ~ANTA FF.: 1f~I¡. 343
ejército I un ponzorloso gérmen de discordia entre sus gefes, i
un disgusto general en los pueblos.


Penetrado de la necesidad del destruir aquellos elementos
de oposicion con la celeridad de sus movimientos i con la fir-
meza de sus operaciones, conociendo al mismo tiempo que
sine se esterminaba completamente el genio de la Insurreccion
en la Margarita i en la provincia de la Guayana , no podría
contar ja nas con ninguna seguridad en el dominio del pais,
determinó ir en persona al primer punto, i enviar al segun-
do al. general Latorre. Algunos habrian deseado que se hubie-
ra suspendido la espedicion sobre la citada isla hasta que hu-
hiera quedado completamente restablecida la tranquilidad en
el contlneate , i esp-cialmente en la Guayana , que debe ser
considerada como la llave de las provincias de Venezuela. Tal
vez si se hubiera contraído á este solo objeto el infatigable
celo de Morillo, se habrían evitado los inmensos males que
afii.jeron por tanto tiempo aquellas regiones I i que promovie-
ron sucesivamente la emancípacíon de hecho de estos do-
minios.


A pesar de estas obvias consideraciones no se renunció
al favorito proyecto. El general Latorre se embarcó para An-
gostura con el batallan de Cachiri i pequeños destacamentos
de otros cuerpos: fue fortificada la. villa de San Fernando, i
56 drjo en ella una competente guarnicion : se dieron órdenes
las mas activas para la creaeion de nuevos cuerpos í para el
reemplazo de las bajas que habían sufrido los ya existentes.


Ejecut'ldas estas primordiales disposiciones, salió el gene-
ral Morillo para el Chaparro á reunirse con el ejército que
mandaba el brigadier Aldama. Cuando este recibió la órden
de dicho general para permanecer en aquel punto hasta su
.llegada , iba á emprender un movimiento sobre la Guayana
en eombinacion con el general Latorre I el que si se hubiera
llevado á efecto habría sido completo el triunfo sobre las p~r­
tidas rebeldes, i el feroz Piar no habría podido ejercer de allí
á poco tiempo su devastador influjo. •


Los primeros sucesos del general Latorre en la GuayaDa




3"(~ CHUc\S 1 .'.\i.\'T.\ FJ~ : 181-;.
fueron so,)ra.!amente felices al principio: los cabecillas Piar
i Valdés se habían estrellado en sus primeros ataques sobre
la plaza de Angostura; í aunque se habían reunido en esta
provincia Bolivar , Bermudez, Arismenclii otros cabecillas hu-
yendo del fuerte de Barcelona i de otras provincias ocupadas
por las armas realistas, se creía Latorre bastantemente fuer-
te para rechazar sus ataques. Esta fatal creencia fue Id causa
de que se llevase á efecto el primitivo plan de sujetar la isla
de Margarita, abandonando un suelo cubierto todavia con
lava del volean revolucionario; pero antes de verificar dicha
esuedicion se ocuparon las armas del Rei en algunas acciones
. .


pcrciales , cuyo buen resultado añadió nuevos grados á sus
halagüeiías esperanzas.


Era el 13 de mayo cuando el general Morillo se reunió
en el referido punto del Chaparro con la primera división del
ejército á las órdenes de Aldama. Siguiendo el referi.!o gene-
ral su marcha regó al pueblo de Santa María de Ipire , que
fue abandonado cobardemente por los rebeldes despues de
haber arruinado las pocas casas que existian. Aqui recibió
noticias de haber arribado una espedicion al puerto de Cu-
maná en 21 demayo , procedente de la península á las orde-
nes del brigadier don José Canterac compuesta del batallan
de Burgos , de los' dosde Navarra , de un escuadran de lan-
ceros, de otro de cazadores i de una compañía de artillería
con la fuerza dez6co hombres. Llevaba este gefe la órden
de ausiliar algunas operaciones deI general MorilIo en Costa-
firme, i de pasar en seguida al Perú por el istmo de Panamá.


Se aumentaron las probabilidades de la victoria desde
que Morillo se vió reforzado por esta brillante division, i
desde que pudo contar con la activa cooperacion de un gefe
tan bizarro, cuya distinguida opinion adquirida en la guerra.
de la independencia contra los primeros soldados del mundo,


'erala mas sólida garantía de' que había de acreditar en este
~hHevo 'teatro, que [os-tímbres de su cuna i la gloria de ser
hijo de uno de los últimos tenientes mariscales de Francia,
dctima de aquella bárbara revolucion , del mismo modo que




CAilIH:U; r ~¡\NT<\ FR: 1817- 3'15
tola su familia por haber seguiclo la senda de la fidelidad i
del lionor , habían de ser menos brillantes todavía que sus
virtuIes personales.


'famando pllf:S una parte de esta division para la citada
empresa de la .'Vlargarita, i llevando á su lado al referido gefe,
principió sus operaciones sobre Carripano i la costa de Güi-
ria derrotando á unos 2000 bandidos capitaneados por San-
tiago Mariíio, titulado segundo gefe de la república, El re-
sultado de estos movimientos, que fueron desempeñados con
el mayor acierto, fue la muerte dada por las tropas del te-
niente coronel don Francisco Jimcnez en el citado pueblo de
Cal'lípano á mas de 100 bandidos, la prision del coronel
Raf:Jcl Jugo secretario de la guerra, del capitán Francisco
Suero , del secretario de Aris .ncndi , Antonio Herrera, i de
otros oficiales i varios soldados; la libre posesíon por parte
de los realistas de la costa de Güiria, Cariaco, Rio Caribe,
Cumanccoa ide todo el resto de aquella provincia; 1:1 pre-
sentacion de 600 rebeldes que erraban por los montés; la
toma de 14 callones de á 4, a i 1 2 , i de mas de 500 fusi-
les con abun Iancia de municiones ,


Pueden asimismo considerarse como resultados felices de
estas operaciones preparatorias la dispersión del fantástico
congreso colombiano , que los sediciosos .habian formado en
Cariaco, el apresamiento en el mismo puerto de Canipanc
por las tropas de Canterac del místico de guerra el Zarasa,
mandado par el frances Pedro Valcan , i el de la balandra la
Aurora perfectamente' armada i tripulada despues de un
duro combate, en el que fue abordada por el capitán don
José Guerrero, que habia sido el terror de los rebeldes pOr
aquellas costas.


Tranquilizada completamente esta provincia, destruido
el famoso grupo de facciosos que mandaba Marino CJn el
nombre de ejército, i reforzada la marina española con los
dos citados buques que formaban parte de la escuadrilla del
pirata Brion , se embarcaron las tropas destinadas para Ia in-
dicada espedícion de la Margarita en dos divisiones , una. de
1~MO IL .44




-'6 . . 8 .Jet CARACAS 1 S~NTA FE: 1; 17'
las cuales era mandada por Canterac, i la otra por Alelama:
el general Morillo acampanado por su gefc de estado mayor
coronel Warleta era el alma de todas las operaciones.


Fonde6 la escuadra en la tarde del J 3 de julio enfrente
de la punta llamada de Mangles: el dia siguiente se paso en
reconocimientos sobre dicha costa i en llamar la atención
del enemigo por varios puntos. Hallándose todo ya bien dis-
puesto principió el desembarco al amanecer del dia 15 bajo
la proteccion de los fuegos de las corbetas de guerra Desea-
bierta i Diamante. En pocos minutos se hallaron en tierra
las compañías de cazadores formadas en columnas para favo-
recer el desembarco del resto de la division de Canterac,
Atacadas nuestras guerrillas con el mayor empeño por los fac-
ciosos se puso en movimiento la columna de cazadores por el
centro del bosque; el brigadier Canterac, con 4 compaiíías
de Navarra, se dirigió por la derecha venciendo cuantos obs-
táculos se ofrecían á su marcha; el general en gefe siguió
detras de los cazadores con parte del batallon de Burgos en-
viando algunos destacamentos por la izquierda; í asi en bre-
ves momentos se hizo la accion general,


A la distancia de veinte pasos de la playa en punta de
Mangles empieza un bosque espesísimo de tunares i de ar-
bustos enramados cubiertos de espinos i puntas agudas que lo
hacen intransitable. Este fue el enemigo mas cruel que tu-
vieron que vencer los esforzados realistas: los rebeldes, prác-
ticos del terreno i de sus ocultas veredas, causaban los ma-
yores quebrantos sin que nuestras tropas supiesen de donde
les venian los mortíferos golpes: estos eran asestados princi-
palmente sobre los oficiales, sucumbiendo varios de ellos á tan
formidables emboscadas, La columna que mandaba Canterac
enfrió bastantes bajas al cruzar por una senda estrechísima; i
aunque desalojó i arrolló á los enemigos, fue sin embargo
eomprado aquel triunfo con la preciosa sangre de muchos
valiente•.


Era todavía mis vivo el ataque por el centro, i sostenido
por los Iebeldts con furor i deseaperacion sin que desistieran




CARACAS 1 SANTA FÉ: 1817' 547
de su empresa hasta que hubieron visto asomar el batallan
de Burgos en refuerzo de los cazadores. Desde este momento
le entregaron á la fuga dejando el suelo cubierto de cadáve-
res \ entre ellos al comandante de la caballería Manuel Tinea,
i al de escuadren Francisco Caraballo \ suegro de Arismendi.


Despues de esta sangrienta pelea, que se hizo doblemen-
te recomendable por la aspereza del terreno cubierto de ase-
chanzas, por el cansancio i demas penalidades [propias de
aquel género de guerra\ se replegaron las tropas españolas,
suspendiendo la continuacion de SU8 operaciones hasta que
hubieran recibido víveres i agua de que carecían. Se propu-
sieron entonces nuevos planes para salir con lucimiento de
aquella peligrosa empresa, bulliendo sido uno de ellos el que
los gefes i oficiales usasen el mismo trage del soldado, para
110 ser víctimas de preferencia de los desleales i pérfidos isleños.


Cinco dias estuvo detenido el ejército en el campamento
de los Barales hasta que se hubo provisto de los elementos
necesarios para cruzar por aquellos desiertos é ingratos ter-
renos: deseando Morillo hacer nuevos ensayos de beneficen-
cia i generosidad \ ofreció á todos el perdon por sus estravíos
si reconocian sumisamente la autoridad real; mas estas filan-
trópicas escitaciones fueron oídas con todo el desprecio pro-
pio de una consumada protervia.


Habiendo desembarcado en so del mismo mes el briga~
dier Aldama con parte del regimiento de la Union i con el
batallan de cazadores de la Reina doña Isabel , que forma-
ban una fuerza de J 200 hombres, se puso al día siguiente
en marcha todo el ejército con direccion al pueblo de Por-
lamar. Al amanecer del 22 fueron arrollados 600 rebeldes
labre el valle de Margarita por una columna destinada á
aquel punto á las órdenes del teniente coronel don Eugenio
Arana. Dirigiéndose al mismo tiempo el general en gefe por
la playa al pueblo de Porlamar , que ya había empezado á
ser cañoneado por algunas flecheras, huyeron á los montes
sus defensores, incendiando dicho pueblo i sus buques, ida"
vando los cañones,




3!tS r:A'RAr.\~ 1 1;Al':TA rÉ: 1817'
Dueños ya los realistas de este punto, en el quP- hallaron


agua con abundancia, de que tanto habían escaseado en los
días anteriores, trataron, de apoderarse del puerto i fortaleza
del pueblo de Pampatar: sus fortificaciones i las de los
cerros inmediatos eran muí respetables: un castillo, las ba-
terfas llamadas la Cardnta ; la de Osteriz i de los Dragones;
el cerro de Pan de A zucar ; el fuerte del Calvario i una
porcion de reductos i trincheras eran los obstáculos que se
ofrecían á la constancia española. Al movimiento combinado
de las varias columnas en que el generdl Morillo dividió sus
tropas I i al acierto con quc fueron desempeñadas las dispo-
siciones del ataque, especialmente por los esforzados Canterac
i Aldama se debió la pronta posesion de los fuertes de Pam-
patar con 28. cañones de á 18 i 24, con alguuos quintales
de pólvora, 4 grandes pipas de alquitran, i abundancia de
otros pertrechos guerreros.


Estos primeros triunfos aunque gloriosos, eran sin em-
hargo de poca importancia, mientras que las armas espaüo-
las no fuesen dueñas de la ciudad de la Asuncion, situada
en el centro de la isla, en terreno de acceso todavia mas
dificil que el de la punta de Mangles, i defendida por re-
duetos, parapetos, zanjas, fosos, i por cuantos medios podían
sugerir el arte i la mas indomable decision.


Este era el baluarte principal ~e la rebeldía; allí se en-
cerraban todos los recursos de los insurjentes, i solo en ella
podía darse un golpe decisivo al genio del mal. La escabrosi-
dad del terreno no permitia conducir artillería para batir aque-
llas fortificaciones; era preciso buscar el punto menos que-
})rado para aproximarse á ellas i asaltarlas. Solo por la parte
del Norte, opuesta á Pampatar , podia conseguirse este inte-
resante objeto; el general Morillo se puso en marcha el 31
del citado mes de julio, pasando á la vista de la plaza
para situarse entre cIla i el puerto del Norte, sin que
hubiera entrado en sus planes travar por entonces un em-
peño formal.


Empero siendo demasiado fogoso su carácter para no




on.\CAS 1 ~A~TA Fl~: ,ST? G~~
castigar la insolencia con quc las guerrillas contrarias salie-
T01l ::í ostruirle el paso, mandó gradualmente á las divisio-
nes de Canterac i Aldama se adelantasen para rechazar estos
ataques; i así fueron empeñ.índose todas.las tropas en una
aceion , que fue de las mas reñidas i sangrientas. Los enemi-
gas fueron arrollados mientras que el terreno permitió á los
realistas formar sus despliegues; pero parapetados en ímpe-
netrables espesuras i malezas, que llegaban hasta las mismas
fortificaciones de la."ciudad, se rlefendieron con obstiaacion
inutilizando los esfuerzos de nuestras tropas i los brillantes
rasgos de constancia i valor.


El campo fuc siempre de los españoles; mas se compró
d-cmasiadamente caro· este efímero honor. Ambas divisiones
sufrieron bastantes bajas, especialmente la de Canterac en-
earg:lda de defender la ala izquíerda , sobre la que el ene-
IDigo dirigió constantemente' el grueso de sus fuerzas. Dts-
pues de esta sangrienta jornada, en la que fueron tan co-
munes las aceiones generales j particulares de la mas heroica
decision i valentía, fue preciso retroceder á Pampatar para
curar los heridos, conducir las armas de estos i de los muer-
tos, i proveerse de municiones.


Habiendo' dado el general en gefe algunos' dias de des..
eanso á sus tropas , resolvió llevar á debido cumplimiento su
plan de ataque' sobre Ia Asundon por la parte del Norte.
El dia 6 -se pusieron las tropas en marcha por una direccion
tliferente de la' anterior, pasando por las inmediaciones de
Porlamar con ánimo de apoderarse del puerto de Juan
Griego, que era donde tenian los rebeldes toda su marí-
na con mas tres grandes flecheras i una balandra que aca-
baban de llegar de la Guayana: el 7 al amanecer se halla-
ban ya sobre el pueblo de SaB. Juan; i la dívísion de van-
guardia se apoderó de un parapeto avaneado que habian
construido> sobre el camino, i que abandonaron sin hacer la
menor resistencia, retirándose á la batería i trinchera con la
que aquel estaba protegido, El general Morillo pasó á ocu..
par el pueblo de San J nao', dejando al, hFÍ88p.Ílll.r.cauterac




550 CA'I\ACAS I MNTA PK: 1817'
para amenazar la citada batería i trinchera que quedaba :(
retaguardia.


El brigadier Aldama, que babia debido hacer alto hasta
reunir todas sus fuerzas, conecto la importancia de desalojar
del Portachuelo á los enemigos que lo ocupaban, porque do-
minando aquel fuerte por bastante trecho el camino, ostruia
la marcha de las tropas sobre dicho puerto de Juan Griego:
el teniente coronel Jimenez con sus cazadores, i el de igual
graduacion Nogueras con el segundo batallón de Granada,
desempeñaron con tanta bizarría esta arriesgada operacion,
que en pocos momentos I)e hicieron dueños de aquel punto.


Aunque rehechos los contrarios con algunos refuerzos
que habían recibido del puerto del Norte intentaron apode.
derarse de nuevo de aquella posieion, fueron siempre recha-
zados, brillando mas que nunca la flrmeea i sufrimiento del
soldado, cuando mojadas BUS armas por la copiosa lluvia que
habia caido en aquellos momentos hubo de destruir con un
arrojado ataque á la bayoneta la ventaja que llevaban los
contrarios en haherpodido conservar lÍ cubierto las suyas.
con las que hacian un fuego horrorosoi acertado.


La division de Canterae abrid el paso para que el dia 8
caminasen las demaa jropaa á un ataque general sobre lo.
enemigos situados en puerto Norte: protegidos estos por el
fuerte de Juan Griego hicieron una defensa capaz de ha-
herles asegurado un lugar en el templo de la Fama si la hu-
bieran dedicado á un objeto mas noble. Tres veces nuestros
valientes habían sido rechazados en los ataques del citado
fuerte; este se hallaba defendido por unos 600 rebeldes
de la gente mas atroz i desalmada de la isla: sus primeras
ventajas les habían infundido un desenfrenado orgullo que
les hacia arroatrar la muerte con la mayor impavidez.


Estaba ya comprometido el honor de Castilla, i era pre-
ciso asegurar la victoria sin pararse en ninguna clase de sa-
crificios: los batallones de Clarines ¡Granada, i el regimiento
de la UniOD adquirian con sus denodados esfuerzos solemnes
títulos , la gloria guerrera, soateniendo toda la fuerza del




CARACA1\ 1 SANTA Fi: l~l? 551
ataque: dichas tropas estaban ya para asaltar el parapeto,
cuando lanzándose por la parte opuesta el intrépido teniente
eoronel don Rarnon Gomez de Bedoya á la cabeza de dos
compañías de preferencia, despreciando el horrible fuego de
fusilería i artillería á pesar de haber recibido una gran con-
tusion en el pecho, fue el primero que franqueó las trinche-
ras, introduciendo la confusion i el desórden en las filas re-
beldes, i facilitando con este brusco é inesperado ataque la
entrada de las demás tropas por el frente.


Desde este momeato quedaron desconcertados i abatidos
aquellos fieros espíritus, qne habian peleado hasta entonces
como las mejores tropas del mundo. Todos los que sobrevi-
vían á tan mortífera refriega huyeron de aquel campo de
horror á refugiarse á unas lagunas inmediatas de poca pro..
fundidad: el general Morillo, que previendo este caso Be ha..
hia situado con toda la caballería en aquella direceíon para
esterminar á los protervos que pudieran sustraerse lÍ la furia
de las bayonetas, se arrojo sobre ellos i los paso á todos'
cuchillo, sin que nadie hubiera dado la menor señal de ti-
midez ni cobardía, ni implorado la clemencia del vencedor
sino un solo individuo. El mismo Morillo, ciego de furor en
aquel dia.al ver tanta ohstínacíon i despecho, fue el primero
en el ataqne dado por dicha eaballerfa , i al impulso de BU
esforzado brazo rindieron 1 8 de ellos sus feroces almas. (J)


Dificil es pintar con propios colores lo reñido i sangriento
de esta batalla, i mas dificil todavia hallar otros 600 rebel-
des tan furiosos i desesperados COmO los que sucumbieron en
este dia á las valientes tropas de MoriUo. Gefes, oficiales i
Jaldados, se cubrieron de gloria en las varias acciones que
le travaron en dicha isla desde el momento en que pusieron
el pie en ella los espedicionaríos: todos en general, i cada
uno en particular, son dignos de una encarecida recomenda-
eion en la historia; pero los que tuvieron una ocasion mas


(1) Los insurjentes dieron posteriormente á este .itio e nombre de
I.a8una de lo, mlirlirn maróarildÍ/1',




352 CA'!lACA5 r S~NTc\ Flí : ! ~ 17.
favorable de señalar su hmvura fueron 105 gefes principales
de esta espedicion , .i 105' ofl.;iales Otermin, Bedoya, Jhnenez,
Nogueras, Villavicencio, Lerroque , Ortega, Navas , Somoza
i otros muchos, cuyos nombres omitimos por no hacer de-
masiado prolija la narracion. Tambien la marina segundó
poderosamente las operaciones de las tropas, i se liicicron to-
dos sus individuos acreedores á Ios mayores elogios.


Despues del golpe terrible sufrido por los insurjentes en
el combate que acaba de referirse podi~ darse por segura la
toma de la Asuncion i la reconquista de toda la isla: ya
nuestras tropas estaban tocando el término deseado de reco-
ger el fruto de tantas privaciones i penalidades, sufridas en
aquel clima abrasador i mortífero: se acercaba ya el mo-
mento de ver premiadas sus fatigas i los brillantes esfuerzos
de' su. brazo, cuando en medio de los cánticos de la victoria
llegaron noticias las mas alarmantes del estado del Conti-
nente. Un oficial enviado por el general Latorre anuncio la
evacuación de la Guayana; i al mismo tiempo comunicó el
entonces capitan general de Caracas don Juan Bautista Pardo
los grandes progresos que habían hecho los rebeldes en todas
direcciones 1 i especialmente sobre los Llanos de Caracas, hasta
el punto de amenazar proximamente á la capital, haciendo
vera! general en ,gefe.Ia necesidad de abandonar dicha isla
de Margarita si queria evitar la pérdida de todas las provin-
das de Venezuela.


Tan crítica se representó á dicho general la posición de
los negocios, que sin embargo de contar con un triunfo ab-
soluto sobre la citada isla si dedicaba algunos días mas á la
termínacion de la campalía , determin6 renunciar á esta em-
presa, que parecía mui subalterna en comparacion de fu sal-
vacíen del continente, que Pardo presentaba como muí pr()~
blematica sino llegaban prontos ausilíos. En su consecuencia
dió órdenes para que en la misma noche saliese un bataIlon
de N avarra con destino á la Guaira, en cuyo punto des-
embarco él sucesivamente con el resto dc1 ejército, i con
mas 'de 700 heridos i enfermos e ,




CARACA:'; 1 .c;,H\iTA Fl¡: 18f':' 35;,
Todos los buenos realistas quejaron sorprendidos de Ia


subitánea aparicion de aquellas tropas, censurando agriamen-
te la demasiada aprcliension del general Pardo, causa priu-
cipal del abandono de la isla de Margarita, en el mamen to
en que se iba á dar el último golpe de esterminio á aquellos
revolucionarios. La imaginacion de Pardo aumentando los
peligros, i la de Mox6 disminuyén dolos , produjeron los mis-
mos efectos, que fueron siempre fatales á la causa del Reí.


El general Latorre habia llega do á Angostura, capital de
la Guayana , desde la villa de San Fernando, que fue el
punto en donde se separó del general en gefe. Teniendo por
invencible á su batallan de Cachirí , desde que lo habia pro-
hado en las lllucuritas, se figuró que él solo bastaría para
destruir las muí superiores fuerzas del sedicioso Piar: sa-
liendo á buscarle á San Felix con dicho batallón i con algu-
nas pocas tropas de otros cuerpos, halló en. 11 de abril un
enemigo terco i esforzado, una caballería numerosa i hri-
Ilante, i un arreglo i disciplina que estaban mui distan tes
de su creencia. El resultado de este equivocado cálculo no
podía ser de modo alguno favorable; no lo fue con efecto;
Latorre fue batido, i á pesar de su bizarría i empeño hubo
de replegarse precipitadamente á Angostura.


Aqní le esperaba un ;enemigo todavía mas terrible que
dejará siempre burlados todos los recursos del ingenio i de
la fuerza: los orgullosos insurgentes, reforzados considera-
blementc á consecuencia de la citada victoria de San Felix,
se dirigieron á poner un estrecho sitio á aquella eiudad. Las
valientes tropas de Latorre dieron las mas luminosas pruebas
de sufrimiento, valentía. i decision: los víveres iban esca-
seando sin que ninguno fuera tan débil que pensára en ren-
dir sus armas al enemigo. Cuando ya se habían consumido
hasta los alimentos mas groseros i asquerosos;· cuando los ani-
males.mas inmundos habian sostenido por algunos días la pe-
nosa existencia de los realistas, i cuando se habian éstos co-
mido hasta las saleas de las sillas, los pellejos i todo uten-
~ilio de cuero, evacuaron la citada ciudad de A.u60stura , em-


TOMO II. 45




3S!~ CARACAS 1 SANTA Fi: ISI7'
barcándose Latorre con todas sus tropas i habitantes para la
isla inglesa de la. Granada, desde donde pasó á Caracas á
reunirse con las que ya habian regresado de Margarita. Se
hizo doblemente sensible la pérdida de la Guayana, por ha-
haber sido apresada en el Orinoco una parte de la emigra-
clon, que pereció, 6 sufrió trabajos indecibles.


Fueron mas felices las armas españolas en Cumaná, cuya
guarnicion había sido reforzada por órden de Morillo con
parte del batallan de Barbastro, Durante las operaciones de
la Margarita se presentó sobre Cariaco el cabecilla Marino con
700 hombres que habia podido reunir en Maturio i en la
costa de Güiria ~ su pequeña guarnicion que escasamente lle-
garia á roo soldados, habia quedado reducida á una mitad
por haber salido la otra con so. comandante el capitán de
caballería don Ramón Arévalo, á impedir en la Esmeralda
un desembarco, que amenazaban cuatro flecheras de Marga-
rita procedentes de Guayana. Encerrada dicha guarnicion den-
tro de la casa-fuerte S05tu,·0 á las órdenes del capitan de
milicias don Juan Fuentes por el espacio de cuatro días los
porfiados ataques que le dirigieron todas las fuerzas de Mari-
tío, hasta que habiendo principiado éstas á batir las paredes
de dicha fortiflcacion , se fugó al favor de la oscuridad sal-
Tándose todos de la dura suerte que les esperaba, menos el
teniente coronel de milicias don Luis Lara i otros dos indi-
viduos, los que no teniendo valor para entregarse á los ries-
gos de tan arrojada empresa, fueron cogidos por los enemi-
gos i pasados por las armas.


Apenas se supo en Cumaná la aparicion de Mariño sobre
Cariaco, cuando se dispuso que el ceronel del regimiento de Bar-
hastro don Juan Cini , marchase con ,500 hombres sobre aquel
rebelde, el cual informado de este movimiento, se adelantó
asimismo con ánimo de sorprender la columna de Cil1i. Am-
bos combatientes se encontraron el 3 de agosto sobre. la casa
de don CárIos Lopea, en la que se habian situado los realistas.


Emprendiendo Mariño un impetuoso ataque sobre ellos,
halló un nuevo i duro escarmiento de su temeridad: 200 ca-




CAnACAS r SANT,~ rÉ: 1317" 355
dáTeres que dejó sobre el campo de batalla , muchos heridos
i prisioneros, considerable número de fusiles i otros efec-
tos de guerra fueron los principales trofeos de las tropas de
Cini. Si este gefe hubiera perseguido á los prófugos sin de-
tenerse, tal vez ni uno solo hubiera podido sustraerse á la.
muerte; el mismo MarÍl1o, herido en una mano, i lleno de
confusión i espanto llegó á Guanaguana , desde donde se en-
caminó á Cumanaébá con igual desorden.


Bolivar, que' desde Barcelona habia penetrado hasta el
Apure, uniéndose al indomable Paez , i recibiendo de él los
homenages propios del título que se habia arrogado de gefe
supremo de la república ~ i que había llegado á juntar fuer-
zas mui respetables, tragó el anzuelo que le habían arrojado
los realistas, i especialmente el redactor ~e la gaceta de Ca-
racas, don José Domingo Diaz : ulcerado su corazon por Ias
terribles alarmas i peligrosa desconfianza que se le habia sa-
hido inspirar contra el formidable mulato Piar, voló á la
Guayana i lo mandó pasar por las armas, dando así un día
de júbilo al partido realista, que veía purgado de la tierra
por manbde los mismos rebeldes al monstruo mas des-
apiadado, al hombre mas osado i emprendedor, al de ma-
yor instruccion é ingenió (1), al de mas prestigio entre 10:1
castas, i al que podia causar quebrantos mas seguros á las tro-
pas del Rei que todos les Bolívares, Marir10s i demas cabe-
cillas reunidos.


Dueño Bolívar por este asesinato de la provincia de Gua-
yana i de las tropas que la guarnecían, dispuso grandiosos
planes para la campaña del afio síguíeute. Podia disponer
de 3~ hombres que tenia Zarasa á sus órdenes en el Llano
alto; de 4~ que mandahaPaez en el Apure, i de 4 á 5~
que podia sacar de la Guayana, incluyendo algunos batallo.
nes de aventureros ingleses que habían llegado á este tiempo


(1) lIabia aprendido las mUem:H,cas hajo la dlrecclon del coronel
don Juan Piree , i babia hecho ba'illll.D.tca progrescll en loa_.ealRdiua.


:




7J5G CARACAS I SMfT\ Fi: 18J 7'
~ fomentar el fuego de la sedicion , i que hallaron abierto su
sepulcro en vez de la quimérica fortuna que se habian ima-
ginado. Así pues podía contar el corifeo caraqueño con 12
á 1 3~ hombres, la mayor parte de caballería.


El general Morillo, luego que hubo regresado á Caracas,
dió las disposiciones mas oportunas para proveer á la subsis-
tencia de su ejército, marchó á la villa de Calabozo, i esta-
bleció en ella su cuartel general , conselilf~n4o las tropas es-
pedíeíonariasdel brigadier Canterac p9r. creerlas mas nece-
sarias á su lado, por cuya razón salió aquel gefe para el
Perú por el Istmo de Panamá con sus ayudantes, los tenientes
coroneles Otermin i Bedoya, i con unos cortos destamentos
de caballería.


No habiendo podido MoriJIo esplorar todavía los verdade-
ros planes de .Bolivar , trató: de hacer los posibles esfuerzos
pata destruir á Zarasa i Paez , antes que aquel genio inquie-
to pudiera reunirse con ellos: el general Latorre salió para el
Llano alto en persecucion del primero con 1000 infantes i
300 caballos; i Morillo se puso en marcha contra el segundo
con un cuerpo respetable de tropas. Los planes de Bolívar,
segun se su.po posteriormente, llevaban por objeto cruzar el
Orinoco con 30 hombres, unirse á·Zarasa é invadir el cora-
zon de la provincia, al mismo tiempo que Paez á la cabeza
de su sobervía caballería atacaba á Calabozo i estendia sus
operaciones sobre Caracas. Los gefes de ambos partidos ha-
bían emprendido sus movimientos respectivos sin que nin-
guno de ellos tuviese: la menor noticia de 10 que pasaba
fuera de sus líneas.


El general Latorre caminaba sobre los Llanos siendo igual
su ignorancia sobre la situacion i fuerzas de Zarasa á la de
éste sobre las de sus contrarios; ni era posible averiguarlo
en aquellos inmensos desiertos. Las únicas noticias- que reci-
bi& Latorre en el dia 29 de noviembre, que fue al segundo
de haber emprendido su movimiento, indicaban la aproxi-
macion de Bolívar para reforzar á Zarasa ~ i le hicieron ver
la necesidad de precipitar su marcha. Al llegar al hato de




CAR¡\CA~ 1 fiAl';TA I11í: 15J 7' 357
San Miguel, adquiri6 por dos pasados positivos informes de
que los enemigos en número de 1 ® caballos i algo mas de
10 infantes, que se hallaban en el hato de Belen , se habían
dirigido por Apamate al de la Hogaza. Forzando entonces su
marcha, sin que esta se hubiera interrumpido en toda Ia
noche , se halló á las ocho de la mañana del 2 de diciembre
á la altura de dicho hato de la Hogaza, ocupado por los
rebeldes.


Aunque las tropas de Latorre eran mui inferiores en mí-
méro , resolvió sin embargo dar un brusco i decisivo ataque
antes que pudiera Hegar Bolívar can su division á fijar
á su lado la victoria. Los ardientes vivas al Monarca
español i el armonioso estruendo de los clarines, cornetas,
tambores i música fueron la señal del combate. Los enemigos
rompieron un fuego horroroso de fusilería i artillería; pero
las columnas realistas con armas á discrecion , i la caballería
con sable al hombro, marcharon con un orden i serenidad
capa-z de desconcertar aun á los soldados menos cobardes, i á
los hombres mas despechados. Lo fueron éstos con efecto en
tal grado, que ni uno solo escapó de su infantería, la que
fue toda acuchillada 6 prisionera: la caballería enemiga su-
frió asimismo terribles quebrantos, habiendo sido rechuadas
tres de sus cargas por el teniente coronel don Juan Juez.


La muerte de 1200 rebeldes, la toma de dos cañones d.
bronce con abundantes municiones, 1200 fusiles, 4 bande-
ras, 18 cajas de guerra, 50® cartuchos de fusil, una carga
de piedras de chispa, una imprenta, porcion de herramien-
tas de carpintería i herrería , sobre 10 caballerías de Tarias
clases con multitud de equipages, fueron los preciosos frutos
de esta ilustre jornada, conseguidos con la corta pero ilustre
5angre de 1 1 valientes realistas que quedaron muertos en el
campo de batalla, 16 contusos i B2 heridos, entre los que se
contó el mismo bizarro general Latorre de bastante grave-
dad, i el comandante don Pedro Gonzalez Villa, habiendo
sido ambos geíes los que mandaron las dos columna. de
ataque.




358 C,\nACAS 1 SANTA I"É: 1817.
Todos compitieron á porfia en dar brillantes pruebas de


bizarría i decision: dificil es hacer descripciones particulares
de los que adquirieron un mérito mas sobresaliente; bastará
que recuerde la historia que estos bravos pertenecian al ba-
tallon de Castilla, al segundo de Navarra, al primero i se-
gundo escuadran de húsares de Fernando VII, i á otro escua-
dran de lanceros del país. Los diez escuadrones de que se
componía la eaballererfa enemiga llevaban los retumbantes
nombres de inmortales, libertadores, restauradores, t1enga-
dores, intrepidos , oalientes ; terribles i atrevidos: sus gefes
principales lo eran Zarasa ,Lean Torres, Urquiola, Infante,
Briceño ~ Plaza, Martinez, Garcia i otros.


Al llegar Bolívar á Santa María de Ipire, distante tres
jornadas del bato de la Hogaza, tuvo noticia de este terrible
contraste que le hizo variar totalmente el plan de sus opera-
dones. Si Latorre no hubiera sido tan activo en dar la citada
batalla, habria sido inevitable su ruina: bien lo conoció Do-
livar, i esta pesarosa consideracíon escitó al último grado su
furor i despecho.


Fiado Morillo en las noticias que le habia dirigido el co-
mandante general de la quinta division , don Sebastian de la
Calzada, de que Bolívar .subia por el Orinoco para obrar de
acuerdo con Paez , se dirigía ácia. San Fernando de Apure; i
solo al llegar á las cercanias de este pueblo pudo averiguar
con certeza el verdadero movimiento de aquel sedicioso; i en
su vista dispuso salir en busca del citado Paea.


Despues de nueve jornadas, en las que se repitieron 103
padecimientos tan comunes en aquellos terrenos, en los pasos
de ríos , caños i esteros, llegó al pueblo de San Antonio
de Apurito, de donde se habían retirado los rebeldes á la
otra parte del Arauca con toda su cabaIlada i con cuanto pu-
dieron llevar en su fuga, mandando asimismo que siguiesen
igual direccion algunos escuadrones que habian invadido va-
rios pueblos de la referida provincia de Barinas.


Fue en este pueblo en donde recibid Morillo las faustasnoti-
cias de la victoria. conseguida por Latorre; i á Sil conseouen-




CARACAS 1 5ANTA FÉ: 1817' 359
cia determinó regresar á Calabozo despues de haber ofrecido
un nuevo indulto que fue mirado por los obcecados faccio-
sos con igual desprecio que los anteriores. Aqui concurrió á
los pocos dias el general Latorre de vuelta de su feliz espedí-
cion; i como la curacion de su herida recibida en el muslo
fuese obra de una esmerada asistencia, de remedios que no
podían hallarse con tanta facilidad en Calabozo, i sobre todo
de un largo i tranquilo descanso, resolvió pasar á la capital
de Caracas. En el entretanto el general en gefe habia reunido
en dicho pueblo de Calabozo- tres batallones i dos escuadrones
de húsares, i se iba disponiendo á abrir una campaña decisi-
Ta en el año siguiente., de la que trataremos á su debi-
do tiempo.


El reino de Santa }t'é seguía en la mas perfecta calma, si
le eecepnían algunas partidas de descontentos que cometían
algunos estragos á manera de salteadores. El doctor don Juan
Manuel Garcia del Castillo i Tejada, que habia sido nom-
brado redactor de la gaceta desde la entrada de Morillo en
Santa Fé , desempeñó este encargo con el mayor lucimiento,
habiéndose debido á su laborioso celo i acendrada lealtad una
parte de los progresos que hizo la opinion á favor de los rea-
les derechos. Los elocuentes discursos trazados por el fecun-
do ingenio de este benemérito eclesiástico americano, hicie-
ron que llegasen á ser generalmente' detestadas las doctrinas
revolucionarias, i que aun los genios mas inquietos no aspi-
rasen sino á vivir tranquilamente en el seno de sus fami-
lias bajo la egida de las leyes españolas.


El virei Montalvo había desplegado la energía posible
para conservar el fruto de tantos sudores empleados por las
tropas del Rei para la pacificacion de aquellos dominios; pero
fuese los disgustos i discordias que se habían suscitado en-
tre él i los generales espedicionaríos , Ó bien porque se hu-
biera ya cumplido el plaza ordinario para esta clase de man-
dos, fue exonerado de él en noviembre de este año, i nom-
brado por su sucesor el mariscal de campo donJuan Samano,
La dureza de carácter del nuevo víreí, su edad demasiado




360 CA'RACAS I SANTA FÉ: 1817.
avanzada, su casi a11801ut;\ ceguedad física, su faIta de polí-
tica i t31 vez una educacion no mui cultivada hacian qur.
todas las medidas dictadas por su sublime lealtad, por su
inimitable valentía i por su ardiente celo á favor de los in-
tereses de nuestro Soberano, no produjesen los buenos efec-
tos que debían esperars@.


Por cada día se hacia mas sensible que no hubiera sido
elegido para este delicado empleo el presidente de Quito, te-
niente g.eneral don Toribio Montes. Ada el mismo tiempo
babia sido este ilustre i distinguido guerrero relevado de di-
cha presidencia de Quito, que habia sido conferida al gene-
ral en gefe del Alto Perú don Juan Rarnirea.


Parece que las causas que mediaron para su esclusion
del vireinato de Santa ICé fueron las mismas que influyeron
en su exoneracioa del citado gobierno de Quito. Cuando
llegó á este reino el referido Montes en 1812, IJallá muí
exaltados los partidos; i aunque con el prestigio de sus in-
signes victorias logró pacificar completamente aquellas pro-
vincias, no pudo jamas templar el encono de los realista-s
contra los antiguos insurjentes, aunque se hubiera valido
para conseguir tan interesante objeto de todos los medios
que le sugerían su prudencia, su fina política, sus brillan-
tes talentos i el alto timbre de su nombre i autoridad.


Sucedió en Quito lo misme que en casi todos 10& demas
puntos de la América revolucionada. Algunos de los que ha-
bian prestado recomendables servicios en defensa de la causa
del Reí , desplegaron una amhicion sin limites, creyendo
que las mayores distinciones, los empleos mas lucrativos ,i
los rasgos mas brillantes de consideraciou i aprecio eran es-
casos premios por su lealtad: de aqui el mirar con horror á
muchos estraviados que de buena fé habían abjurado sus
antiguos errores, i que se hallaban bajo la salvaguardia de
solemnes indultos. Si veian con tedio aun la simple perma-
nencia de dichos individuos en el seno de sus familias,
j cuánto mayor era su irritacioa si aquellos recibían alguna
muestra de agrado i deferencia de parte de las autoridades


lO.




C.HACAS I SANTA I'É: 181': 3tj¡
realistas en recompensa por algun mérito contraído en la
nueva carrera que habian abrazado, ó bien por miras polí-
tices para arraigar en ellos los leales sentimientos que habian
principiado á profesar!


Es indudable fJue si los verdaderos realistas hubieran
tenido un gndo mayor de condescendencia con esta clase de
personas, habría sido menor el catálogo de los que abraza-
ron nuevamente la causa rebelde por libertarse de enemigos
tan furiosos que no quisieron en 10 general admitir diferencia
alguna entre el iusurji nte activo i entre el insurjente arrepen-
tido Creemos de absoluta necesidad inculcar con el mayor
empeño la convrnic ncla de que se sofoquen estos ignoLles
resentimientos, i de que se haga alarde de ideas' mas gene-


rOSJS \ si las ar mas de Castill.; vuelven á brillar otra vez so-
bre el continente americano,


Sus habitantes son hermanos nuestros; han tenido la
misma cunr , ti misma religion, la misma lengua i las mis-
mas costumbres : un error político no debe hacerlos indig-
nos de que les tendamos cariñosamente nuestros brazos, i
de que nuestra reconciliacion después de tantos desastres i
quebrantos sea tan sincera i franca como el mismo carácter
nacional de que nos preciamos. La esperiencia de tan terri-
bles males, sufridos por esa fatal escísion , debe estrechar
nuestros vínculos de un modo mas sólido i permanente que
antes: ese, funesto teatro de muerte í horror, en que unos
i otros hemos derramado con profusion nuestra sangre,
debe recordarnos perennemente la necesidad de vivir en
amorosa fraternidad, porque de la falta de armonía podría
dimanar la reproduecion de las antiguas escenas de luto.


Dna parte de estas reflexiones las hemos visto desenvuel-
tas con el mayor acierto i oportunidad por el redactor de
la gaceta de Caracas en la de 19 de abril de 1815 (1); i no


(1) Nos ha parecido conveniente copiar uno de los, trozos que mas
han L'amndo nuestra atencion en la lIaba que hace díeho redactor de,la


TOMO Ir. 46


"~,'-,
"J
\ .;~


~




562 CA1I.ACAS 1 SANTA FÉ: 1817'
podemos menos de hacer el debido elogio de su esquisito
raciocinioi bien entendido celo.


Estos fueron pues los elementos de discordia que ejercíe-
ron no pequeño influjo en el reino de Quito. El sabio Mon-
tes se enteró bien pronto de la necesidad de asegurar con la
dulzura i estudiados miramientos los corazones que habia con-
quistado por la fuerza de las armas: aunque conocía bien


llenélica i política alocueion dirigida á los habitantes de Veneluela por
don Juan Manuel Cagigal al tomar el mando de aquella capitanía general.
Dice así: • Fosotros que os precia. de leale" nos dice nuestro gefe, crmfir«
maol en vuestra teattad ; pero no to tengais por un mérito cstraordilUU';'. ,ifte
por una obligacion que habeis cumplido. No os olvideis jamas de esta ver-
dad eterna que tantas veces os he repetido. Los que han sido leales em
tiempos i situaciones tan peligrosas, no han hecho otra cosa que cumplir
con su deber: si hubiesen obrado de otra manera serian considerado.
(lomo rebeldes i castigados por la lei, Están mui engañados IQS que creea
que por haber cumplido con esta obligacíon tienen un derecho para
mezclarse en las deliberaciones del gobierno, para censurarlas de modG
alguno , para calificar la conducta de los demas , para obedecer cuantG
"parezca á su antojo, para considerarse de una condicion privU~giada,
para yengar J'or sí mismos sus agravios i aun para insultar á los otros,
Si entre v@sotrOS (lo que Dios DO permita) se apareciese por nuestra
i1esgracia csta raza pestilencíal , manifestadla al momento respetuosa-
lDente al gobierno, él la reprimirá. A la paz i seguridad pública se di.
ngen todos sus deseos. El o. ha presentado todos los medies de resta.
blecerla, i os ha dado el primero un ejemplo inapreciable sacrificando
para conseguirlo mucha parte de su autoridad, cuando "i6 que este
eaerificio era tambien indispensable. No haréis imitándolo otra cosa
CJ.ue ser agradecidos,


Tiempo es ya de que todos manifestemos al mundo que somos e.,
pañoles i que somos dignos de serlo; no Incurráis en la grosera contra-
diccion de teneros por leales, i de no obedecer ciegamente los decretos
tlel gobierno: la lealtad i la sumision son sinónimos: la lealtad j la des-
ebediencia están en contradiccion. La lealtad j el deseo de la paz pú.
hlica son una cosa misma: la lealtad i el trastorno de la tranquilidad
eomun son abiertameute contrarios. Es leal en las circunstancias actua-
les, el que sigUiendo el ejemplo, los deseos j los decretos del gobíemo,
1odo lo olvida, eomo su olvido sea conveniente para restaurar la paz
comUD. Es un perturbador el que por inconsideracion, por sns pasiones,
e por intereses particulares obra de otra manera. Compatriotas ¡la paz
públka! ¡la un ion fraternal! ¡la tranquilidad coarunl 111 mayor de
to cillS lo. bAenllls'




cAP.Ar.H 1 :;ANTA tÉ: 1SI': 563
:{ fondo las personas i el alto grado de criminalidad de algu-
nas de ellas, á cuyo maléfico influjo se habían debido los hor-
rores de su primera revolucion , se determinó sin embargo á
sacrificar en obsequio del bien general toda clase de resenti-
miento contra éstas, á establecer con todas indistintamente. un
sistema rfgido de imparcialidad, el cual chocó abiertamente
con los mas decididos realistas, que no tenían las virtudes
necesarias para hacer tan noble desprendimiento de su amor
propio, de sus intereses i de sus distinciones: de aquí las re-
petidas quejas contra este benemérito gefe ; de aquí el pin-
tarlo al virei del Perú don Fernando Abascal con los colores
mas denigrantes; de aquí el representar hasta al mismo So-
berano contra la abierta proteccion que dicho Montes dispen-
saba á los que mas se habian distinguido en la primera revo-
Iucíon , entre ellos á don Manuel Larrea, para quien obtuvo
un Título de Castilla, con el de Marques de San José.


Tantas i tan repetidas quejas que llegaban de todas par-
tes i de personas altamente condecoradas al gobierno de la
Metrópoli, no dejaron de hacer una fuerte impresion, i pro-
dujeron sucesivamente la separacion de dicho Montes de los
mandos de América, si bien á su regreso á España recibió ine-
quívocas pruebas del particular aprecio del Soberano.


Paragraduarlaconductade los magistrados es preciso obser-
var el resultado de su administracion: el de la del señor Montes
no pudo ser mas brillante. El reino estaba perdido ; Montes lo
aalvó: aparecieron repetidas chispas revolucionarias; Montea
las spfocó: se presentaron varias veces por la parte de Popa-
ya9 los insurgentes de Santa Fé; Montes los :derrotó. Cinco
a¡;iós dur6 el mando de este bizarro general, i siempre estuvo
in el mayor esplendor la autoridad real. lNos parece por lo
tanto que su mérito en haber sostenido el dominio espaiíol
cuando todo el citado reino de Santa Fé gemia bajo el yugo
de los facciosos, i cuando se hallaban á varios centenares de le-
guas los defensores de la justa causa, fue incomparablemente
mayor que pudo serlo desde que las tropas espedícionarías se
hícíeron dueñas de IOB paises inmediatos, sin que por esta Ií-




354 CAllACAS J SANTAFÉ: 181;.
gera reflexión tratemos de rebajar el valor de los servicios- pres-
tados por sus sucesores,


Sea como quiera, el país sinti6 la falta de un gefe, que
con sus benéficas providencias ¡-esmerado celo habia sabido
cicatrizar las llagas de la pasada revolucion; i si no fue toda-
vía mas sensible su falta , se debi6 á la no menos noble i ge-
aerosa conducta del digno general Ramirez. Santa Fé i todas
las provincias de Nueva-Granada , que daban por seguro el
nombramiento de Montes para aquel vireinato, quedaron su-
midas en el mayor desconsuelo; i mucho mas los verdadero.
realistas qne no podían tener una absoluta confianza en el
acierto de las operaciones del general Sámano, no por falta
de virtudes, i sí por su inhabilidad física, i por la caprichosa
terquedad de su ánimo. Siguieron sin embargo prospera-
mente los.negocios, j tan grande era la opinion del poder real,
que sofocaba todas las.querellas, disgustos i aun estorsiones
que se cometían á la sombra de tan respetable anciano, de
filya buena fé abusaron mas de una vez loa falso¡ cenñdentesl




3();)
':\'\~"'\J\'\I\'IJ\f\iW\f\l\'\\'\1\'\J\I\I\I\iUI\I\;"'""~\'\!n/\I\!\I\M.I\f\l\l\\M!\1.\I\I\]\;\J\I


C.APITULO XXIII.


MÉJICO: 181 7.
Brillante estado de los n-egocios á principios de este año•


.Alarma, por la espedicion del aventurero Mina. Acciones
gloriosas á las armas del Rei, Desembarco de Mina en
Soto la marina ; ¡ del general Liñan en Feracruz, Cons-
truccion de un fuerte. Destruccion de su escuadrilla. Pri-
meros combates con don 'Felipe La Gar~a. Su irrupeios:
por la Sierra 1vladre. Aceíon de üf hacienda de PeotilTos•
.Prestigio de este proscripto. Toma de San Luis de la Paz,
Otras ventajas conseguidas por aquel genio emprendedor,
Espedicion del general Liiian contra el mismo. Accion de
Lean. Sitio i toma del fuerte de Comanja. Sitio del fuerte
de San Gregorio. Acciones de San Miguel el Grande, de
la Zanja, de Guanajuato i de la Caja. Persecucion de
Mina por el coronel Ürrdntia i su aprehension en el rancho
del Venadito. Situacioa del citado fuerte de San Grega-
rio, i esfuerzos del general Liñan para rendirlo. Su eoa-
euacion; i derrota de los sitiados. Observaciones sobre esta
arrojada empresa. Rendicion del fuerte de Soto la marina.
Accion del sitio de los dos Corrales. Varios co~bates entre
las tropas realistas i las gavillas insurjentes. Carácter de
Bravo. Situacion de Méjico- á fines de 1817'


J....as tropas' realistas desplegaron en este afio un nuevo
pdo de vigor i firmeza; la pacíflcacion general era todo el
objeto de sus ansias. La rendieion del cerro de Copero por
el teniente coronel don Matias Martin i Aguirre con toda
.u guarnicion, eompuesta de 300 ínfantes , 45 artilleros,




566 luiJTCO: .1817.
1000 paisanos, 300 fusiles i porcion considerable de pertre-
chos; la toma de Tehuacan i de cerro Colorado por el co-
ronel don Rafael Bracho, destruyendo las gavillas de los obs-
tinados Teranes; la acción del trapiche de Ayotla, sostenida.
por el teniente coronel don Manuel Obeso contra 500 in-
fantes i 3ea caballos; la ocupacion del fuerte de Santa.
Gertrudis por las tropas del teniente coronel don Saturnino
Samaniego; la toma del convento fortificado de Tepexi
con J a cañones i muchas provisiones de guerra i boca por
la bien combinada espedicion del coronel don Francisco
Hevia; las brillantes victorias del brigadier Llano contra el
fuerte de San Esteban, atrincheramientos de Ostocingo, 'I'o-
topee, Alumbre i Tecolutla, de cuyos puntos se apoderaron
sus valientes columnas, asi como de las muchas piezas de
artillerfa qu~ los gnarnecían i de mas de 300 prisioneros,
entré ellos los cabecillas Sesma. i Alvarez de Almansa; lll.l
ventajas conseguidas por la bizarra division del brigadier
Negrete, i señaladamente por tres destacamentos al mando
de los capitanes don Juan Antonio Brizuela, don Andres
Galilea i don Marcos Garcia de Leon, batiendo el primero á
las gavillas del rebelde P. Torres, el segundo á los cabecillas
Villareal, Rodartes, Ibarra i Tomas Rodriguez, i ertercero
á HermosilIo, Rodriguez, Pio Gonzalez, lbarra i Molina;
todos estos ilustres combates i otros muchos, igualmento
gloriosos aunque parciales, que se dieron á este mismo tiem-
po en varias direcciones, introdujeron el mayor desaliento en
las miserables reliquias de los tercos disidentes.


Conoció el celoso Apodaca ser éste el momento mas opor-
tuno para acabar de destruir el genio de la revolucion con la
energía de sus proclamas i con la firmeza de sus providencias
gubernativas. La que publicó con fecha 30 de enero conté-
nia los mas sanos princípíos de razon i justicia ; i estaba con-
cebida en términos tan elocuentes i espresivos que llevaban
la conviccion al ánimo de los mas incrédulos, al paso que le.
aseguraba un porvenir dichoso, libre de quebrantos i temo-
fes si de buena fé abjuraban sus erróneas doctrinas..




MÉJICO: J 8' 7' 36,
Empeza.ron :í desengañarse por su parte los insurgentes


de la inutilidad de sus esfuerzos al' ver que en los últimos
tres meses no habían tenido mas qne desgracias é irrepara-
bles pérdidas; que en el citado periodo de tiempo se habian
apoderado los realistas de doce puntos fortificados, cuales
fueron Janicho , Monteblanco, Ossitlan, islas de Mexcala, Cui-
rístaran , Boquilla de Piedras, Cerro de la Faja, Coporo , Te-
pexl de la Seda, Teutitlan del Camino, Cerro Colorado, Te-
buacan i otros de menor consíderacion , i que habian salido
constantemente victoriosas dichas tropas de mas de 180 ata-
ques dados por toda la estension de aquel víreínato,


Desconfiando pues de poder resistir :í enemigos tan
formidables, trataron de abandonar su infame profesion i de
acogerse al generoso indulto que les ofreció por última vez
el bondadoso virei. Las armas de la religion no fueron
menos eficaces para rectificar el espíritu püblíco : el Illmo,
Arzobispo de Méjico don Pedro Fonte, sugeto adornado d.
las mas acendradas virtudes, dió repetidas i amorosas pasto-
rales para atraer á su grei las muchas ovejas estraviadas por
la seduccion i por la perfidia. Su apostólico celo se vió muí
pronto premiado por los rápidos progresos que hizo la opí-
níon en favor de la justa causa, por la que tanto se desví-
víau desde la primera autoridad hasta el último soldado.


Fueron asimismo de la mayor importancia los eficaces
ausilios para conseguir tan laudable objeto, prestados por el
entonces regente de la Real audiencia don Miguel Bataller ,
lÍntes auditor general de guerra del vireinato. Se debió puea
lÍ las acertadas medidas de la autoridad superior i " Jos bien
combinados esfuerzos de todos los amantes de la Metr6poli,
el que llegase mui pronto á .desarmarsecasi enteramente el
brazo de los rebeldes, concurriendo por todas partes con la
mas fina voluntad i franqueza á disfrutar del generoso é ili-
mitado indulto ofrecido por la clemencia del virei, i garan-
tido por BU misma probidad i jnstíficacíon.


El horizonte se iba despejando de las densas nubes que
lo habían ofuscado; el aspecto de les negocíos era sumamente




36~ MÉJICO: I ~ I '}.
lisonjero; rebosaban de placer los corazones de los leales al
ver el próximo premio de Ws. inmtlnsos padecimientos i u-
crífícios. 'I'odos se entregaban á las mas dulces esperanzas, de
que el agonizante .genio del mal no podria levantarse del
abismo en que le habían sepultado las irresistibles armas del
valor i de la política realista. Empezábase ya á entonar el
himno de la victoria i el de la reconciliacion general, cuan da
un peligro, tanto mas terrible cuanto meDOS esperado, vino á
producir nuevas angustias, i á'probar con testlmonics todavía
mas positivos los varoniles esfuerzos de los vencedores de
tantos combates.


Hablamos de un genio maligno i arrojado emprendedor,
del rebelde Javier Mina, quien iba surcando los mares en
busca ele una fortuna, capaz de lisonjear sus gigantescas aspi-
raciones; de ese hombre atrevido, quien apoyado en una efí-
mera celebridad, que desapareció apenas la había acíquirido
en el principio de la guerra de España contra Napoleón , ca-
yendo prisionero á los pocos días de su noble pronunciamien-
to, habia sabido escírar Ia codicia de algunos 'negociantes in-
gleses, i halagar la ambician militar de otros aventureros eu-
ropeos i anglo-americanos; con cuyos medios habia concebido
el atros proyecto de arrebatar de las manos de su Soberano
i Señor los dominios que la Providencia le había confiado, i
que la. pacifica posesioa de 300 aL10s había sancionado de UD
modo imprescriptible.


Empero ántes de recorrer la historia de estos ruidosos
accntecímíentos , pasaremos en revista los que ocurrieron en
dicho vireinato de Méjico antes de la llegada de aquel re-
volucionario.


Los hechos de armas quédieron mas lustre á las trop3i
del Rei en el mes de febrero fueron la ocupación de Piaxtla
por la divísion del brigadier Llano ; la espontánea 'rendicion
del caudillo Osorno , que había sido el terror del valle de
Apam; las correrías de los capitanes don José María i don
Alejandro Luvian sobre Palo-Blanco, madriguera principal
de 10Ji rebeldes del rumbo de Tulancingo ; los ataques que




:ltnbT<'O: 1S I 7, 369
dió en la prof.incia de Querétaro el teniente coronel don Ilde-
fonso de la Torre i Cuadra, á las gavillas de Jalpa mandadas
por Mendez i Vargas; la vigorosa defensa que hizo el teniente
don Juan Alegre con una corta partida de 50 hombres en el
pueblo de Huichilac, distrito de Cuernavaca, contra 500 fac-
ciososcapitaneados por los cabecillas Vargas i Gonzalez; la
accion brillante que dió el capitan don Antonio Aldao en
Santa. Cruz de Itundugia,provincia de Puebla, al desalmado
cabecilla Marcelino, Sanchez; la feliz espedicion del coronel
don José Ruiz sobre San Juan -de Coscametepee de la citada
provincia de Puebla contra las gavillas de José Marta Paez,
Cauto, Felix Luna, Rafael Pozo, Pedro Zamora, Matías He-
redia, Simon Bravo i algunos de los fugados de Tehuacan ; la
derrota sucesiva de los cabecillas Vargas, Gonzalez, Reyes,
Gomez, Rojas i otros por las tropas de la sección de Toluca
al mando del teniente coronel don Nicolás Gutierrez; la roma
de San Antonio Huatusco por la división del coronel don
Francisco Hevia; la reconquista de Nautla , Barra de Pal-
mas ,Barra-Nueva, Fuerte de la Casa i Fuerte del Estero,
por las tropas del coronel don Benito Armiúan; la-ocupacion
del cerro de Cl1iquihuite i puente de Atoyac por los valienl
tes soldados del citado coronel Heria; i la, bizarra defensa
-que hizo el teniente coronel don Manuel Bezanilla con e ID
hombres en el pueblo de Yurirapándaro contra l~cabil'Hos,
dirigidos- por.Ios cabecíllasCaheaa de Vaca, Cruz-Arroyo.,
Borja , Negrete, Huerta., Olivares i Lucas Flore$,


Se habían propuesto las tropas realistas no descansar
un momento hasta que hubiesen esterminado á los rebeldes
1 destruido todas sus madrigueras: el fuerte de San Miguel,
conocido por la PrIesa de los Caballos, era una posicion mui
importante, cuya toma ofrecía una brillante ocasíon de día:..
1:inguirse. Cupo esta glorh al bizarro coronel don Cristóbal
Ordoíiez, quien procediendo á su ataque en el dia Jode
marzo, "ió c?ronados sus esfuerzos, no sin alguna pérdida,
aunque muiinferior á la de los enemigos, que DO.bajó de 10Q


TONO U, 47




370 uÉJICO: ] ~ 17·
muertos: siete cañones , otras muchas armas i pertrechos de
guerra concurrieron á ilust rar su triunfo.


Ada el mismo tiempo sefialaba su bravura el brigadier
don Ciriaco de Llano enunion con el de igual clase don
Melchor Alvarez, apoderándose de otro fuerte llamado Si-
Iacayoapan , de 200 hombres que lo guarneciaR , de 4 piezas
de artillería i de porcion considerable de armas i efectos de
campaña. Otro de los gefes de su dívision el teniente coronel
don Saturnino Samaniego habia agregado nuevos títulos á su
fama en una accion que sostuvo pocos días antes contra los re-
beldes defensores de las fortines de Jonacarlan , que habían
salido de ellos á ofrecer á los realistas los medios de sellar su
fidelidad i valentía.


El capitan don José Cristobal Villaseñor de la división
del brigadier don Ignacio Garcia Rebollo obtuvo las mayores
..-entajas por la parte de Sierra-gorda batiendo en varios encuen-
tros á los insurgentes, pacificando tos pueblos de Cieneguilla,
Tierrablanca i Santa Catalina, i fortificando el punto de Ji-
chú i la hacienda de Charcas. La bizarra dívision del coronel
Armijo tom6 posesion en el mismo mes de marzo de los fuer-
tes de Jaliaca con pérdida muí considerable de parte de los
rebeldes. Igual felicidad tuvo el coronel don Benito ArmÍlían
en varios choques que sostuvo contra los rebeldes antes i des-
pues de haberse apoderado del fuerte de Misantla; i no fue-
ron menos felices las armas de los tenientes coroneles don Sa-
turnino Samaniego í don Feliz de La Madrid en el asalto del
ya citado fuerte de JonacatIan.


El teniente coronel don Ildefonso de Latorre i Cuadra
perteneciente á la división del brigadier Rebollo sostuvo el
honor español en un choque sangriento que tuvo en Monte"
negro provincia de Querétaro contra los cabecillas Francisco
Pacheco, Francisco Vargas, Guadalupe GODzalez i Máximo
Bnstamante, habiendo logrado su completa destruecíon i la
muerte del primero por sus mismas manos.


Con tantos reveses recibidos por los rebeldes por todas




MÉJTCO: 181 7. 371
partes iba cediendo el ardor de aquella guerra i en igual pro-
porcion se aumentaba el número de los que se acogian al in-
dulto, desengañados de la inutilidad de sus esfuerzos. Aun-
que los hechos de armas correspondientes al mes de abril
fueron poco importantes, varios gefes realístas ein embargo
tuvieron ocasion de distinguirse afianzando su sólida opinion
en el acierto de sus disposiciones i en la felicidad de sus re-
sultados : ocupan entre ellos un lugar de preferencia el te-
niente don Manuel 'I'apia , los capitanes don Antonio Amor
i don Mariano Vargas, el coronel Armijo, i el capitan don
José Aguilera.


El primero Ilegó á las manos con los rebeldes po r el
rumbo de Arar6n, provincia de Valladolid, matándoles
20 hombres i al cabecilla Evarísto, Elsegllndo i tercero,
dependientes de la division del brigadier Liana, contrageron
un mérito particular por la oportunidad de sus 'movímíentos
contra los facciosos mandados por Nicolás Espinosa .i por la
aprehension del caudillo Calzada, tan favorable para la pací-
flcacion por el rumbo del Sur.


El coronel Armijo, no bien habia terminado de rendir
los fuertes de Jaliaca i Jonacatlan, hubo de dirigir sus armas
contra el cerro del Fraile ocupado por las gavillas de Anzu-
res, confiando esta espedicion al capitan don CárIos Moya,
'1uien logró apoderarse de tres fortines que en él habian
construido. ' .


El capitan Aguilera, dependiente de la misma .divísíoa,
hizo una feliz espedicion con 170 hombres contra los cabecillas
Montes de Oca i Mongoi parapetados en Petatlan , distante 20
leguas de Teepan: 250 hombres, de que aecom-vmían aquellas
gavillas, trataron de hacer una vigorosa resistencia; pero sus
temerarios proyectos se desvanecieron á la vista de la impavi-
dez con que fueron atacados por tres columnas distintas en
que había sido dividida aquella fuerza. Veinte muertos, entre
ellos el capkan Gallo i un teniente, I Iprisioneros~ varias
armas de cbíspa i corte, cajas de gue~ra, caballos; mulasI
provisiones de guerrll i boca fueron -elfrato de 'aquella jor-




37 '2 ~nbJ(~o: 1SI';.
nada. Huyeron los demas facciosos en el mayor desorden fa.
vorecidos por el terreno i por sus buenos caballos. Otro de
los :trofeos de esta aecion fue la prision del capitan Gua-
dalupe, que por su osadía i espíritu devastador había sido el
terror de aquel distrito.


Vagaban todavía diversas guerrillas de suficiente fuerza
para egercitar la constancia i sufrimiento de 108 realistas: las
de Vargas, P. Izquierdo, Ocampo i Ayala reunidas en nú-
mero de .'}oo á 600 hombres atacaron en 10 de mayo al pue-
hlo de Coatepec de las Harinas por el rumbo del Sur; i aun-
que lograron alguna ventaja en el primer momento de sor-
presa, sin embargo el espitan don Hilario Garcia de 'I'ejada,
que guarnecía dicho punto, supo rechazar aquel brusco ata-
que entusiasmando á sus tropas con el noble ejemplo de su
bizarría.


El valiente coronel don Matias Martin i Aguírre, depen-
diente de la división del general Cruz, llevó á cabo una feliz
espediciou contra el cabecilla Victor Rosales, titulado co-
mandante general de las provincias de Mechoacan i -Zacate-
cas , logrando por triunfo de sus afanes que el teniente coro-
nel don Miguel Francisco Barragan alcanzase á aquella gavi-
lla en el rancho de la Campana, i de que se apoderase de la
.persan:! de tan formidable caudillo, cll)J,llánoole la pérdida de
::00 hombres entre muertos i heridos.
, Pocos días antes se había distinguido del modo mas reeo-


.JDendable el coronel Castañea en las cercanías de Irapuato,


.provincia de Guauajuato, atacando al rebelde P. Torres que
;había llegado á reunir un enjambre de partidas, mandadas
.por diferentea.eabeeiflas, Ochenta faceiesos rnuertos , un nú-
mero' mayor de heridos, porción considerable de armas i mu-
.nícíones fueron los trofeos de aquella empeñada refriega.


El· comandante don Anastasia Brízuela de la division
del brigadier Negrete se hacia ,al mismo tiempo. acreedor á
los marp'retl elogj?sipers~ggiendo las gavillaa de los Cabreras,
de Rodriguez, ídeFloreneío Dueñascponiéndoles 56 hom-
,bres fuera, de combate , i regresando al pueblo de la Piedad,




3i>
armas de fuego i


lJÚrco: 1817'
que lo era el de su residencia, con varias
blancas que habia tomado á los enemigos'.


El capitan don Ramon de Udias de la división del coro-
nel Armiñan deshizo asimismo las g3villas insurgentes que
infestaban el territorio de la Huasteca apresando á los cabe-
dllas Rocha i Vargas, causándoles una pérdida .consíderable
en hombres, armas, municiones i caballos:: el mérito de
esta feliz combinacion adquirió nuevo lustre á cansa de las
pesadas marchas que hubieron de emprender las tropas de
Alminan para efectuarla por caminos tan pantanosos é im-
practicables que fe veian. precisadas á· subirse á los árboles
si querian tomar algun descanso, libres de humedades.


L3's referidas acciones, aunque gloriosas á las armas del
Rei , fueron de poca importancia comparadas con las que fue
preciso empeñar contra el inquieto i ambicioso Javier Mina
tIue por algun tiempo tuvo en la mayor alarma á todo aquel
vireinato. Esperando este genio errante adquirir en el Nuevo
Mundo al favor de· su quimérica rama el encumbrado pues-
te q:ue le fuera negado en Europa, había dirigido sus miras
sobre este reino. Organizando en Nueva Orleans una división
de aventureros, entre ellos' muchos oficiales franceses' proce-
dentes de los reformados cuerpos del Emperador Napoleón,
ae había hecho á vela para el citado destino.


Envió anticipadamente á Boquilla' de piedras una goleta
esploradora para ponerse de aeuerdo con' el' eabecillaVicrorfa,
á qui-en suponía todavía dueño de aquel' puerto. Frustrado
este primer golpe de su intriga espidi6 otro buque á Nautla,
cuyo punto hal16 asimismo' en poder de los realiitas. A- pesar
de estos inesperados contrastes trato de' saltar"á tierra en el-
rio Bravo ó del Norte; pero no habiéndole sido posible rea-
lizar su proyecto, se hizo á la vela para Soto la Marina en:
donde desembarcó en 24 de abril unos 600 hombres de to-
das clases i naciones, la mayor parte oficiales, de que seeom-
ponía su espedícíon,


Alarmado el 'iirer par éste acoateclmiento que temía vol..
,'Jese á encender de nu"ev() la llama de la revolutjJog" qlJe




574 ~nhrr.o: lB1':
con la energla "de sus providencias i con Ia bizarrfa de sus
tropas había sabido estinguir casi enteramente en aquel in-
menso territorio, di6 las órdenes mas terminantes al brigadier
de la Real armada don Francisco Berenguer, que acababa de
llegar á Veracruz con el nuevo subinspector el mariscal de
campo don Pascual Liñan , i con el regimiento de Zaragoza
de J 600 plazas, para que destruyese la escuadrilla que habia
conducido á aquel infiel español á las costas de Méjico, i que
habia quedado al ancla en la barra del Nuevo Santander,
como punto de reserva para salvarse en caso de no teaee
feliz ejecucion sus malvados designios.


Tenia dicha escuadra en su principio 2 fragatas, I corbe-
ta, 2 bergantines, 2 goletas i una balandra; mas el pira ta
Auri i otros revolucionarios habian desaparecido con una
parte de dichos buques, i tan solo quedaban fondeadas una
fragata, un bergantín i una goleta al frente de un fuerte que
habian ya construido los rebeldes en la misma costa, en el que
habían dejado 300 hombres como punto de apoyo de sus
operaciones, i entre ellos al apostata P. Mier, fraile mejica-
no, uno de los genios mas díscolos de América, i de una
ambicion tan desmedida, que habiaintentado arrogarse las
funciones pontificias.


Apenas divisaron los insurgentes la escuadra espaiíola,
compuesta de la fragata Sabina i de las goletas Belona i Pro-
serpina , se alejó uno de sus buques ,contra el cual se diri-
jieron los dos últimamente mencionados en tanto que el co-
mandante atacaba con eu fragata á los dos restantes; á los
pocos tiros picó su cable el hergantin i fue á harur á la bar-
ra; la Cleopatra quiso hacer lo m{smo, mas no pudo verifi-
carlo tan pronto que no tuviese encima las barcas de los rea-
listas con gente destinada al abordage.


Aterrados sus cobardes defensores abandonaron dicha fra-
gata precipitadamente, i se refugiaron á la barra en sus bar-
cos menores. Un recio temporal impidi6 sacar de aquella em-
barcacion los vestuarios, armas, municiones, pertrechos, car-
n~s i harinas que se hallaban á bordo del almacén general




;\lÉJfro: I S J 7- 5'75
de los facciosos que lo era el referido buque. Todotue pasto
de las Ilamas aplicadas por los realistas al ver la inutilidad
de sus maniobras para apoderarse de aquellos despojos; i si
bien quedaron aun los rebeldes dueños del fuerte indicado,
su situacion se hizo sin embargo mui crítica, i did motivo
para esperar que mui pronto habían de ser todos sus defen-
sores víctimas de la deeision española,


El primero que tuvo la gloria de venir á las manos con
estos bandidos fue el teniente coronel don Felipe de la Gar-
Zl1, quien con 70 hombres que pudo reunir entre milicianos
i patriotas, detuvo IÍ 200 de ellos que se dirigian ácia la villa
de Aguayo, matándoles 10, entre ellos al segundo coman-
dante, i tomándoles 2 prisioneros i varias prendas de arma-
mento i vestuario. Sin embargo de este primer golpe eran
las tropas de Garza en mui corto ndmero para que pudiesen
ICehazar los nuevos esfuerzos de los espedícionaríos, Se ha-
bian apoderado estos de unos J l!J caballos que el coronel re-
tirado don José Quintero tenia preparados en su hacienda
del Cojo para hacer un donativo de ellosal virei. Con esta feliz
circunstancia se habilitaron aquellos hombres desalmados
para atravesar rápidamente la encambrada i dificil sierra
Madre, recorriendo sin oposícíon mas de J 00 teguas de
terreno.


El coronel don Benito Arnliñan, qne tanto! servicios
habia prestado á la causa del Reí en la provincia de Tejas,
en la que estuvo 'veinte i dos meses á fin de asegurar la pú-
blica tranquilidad que había desaparecido de aquel país por
la espedícion de los anglo-americanos, ejecutada en J 813
había sido nombrado sucesivamente comandante general
de la Huasteca, Estando egerciendo este delicado mando,
i ya sosegada su provincia con la destruccion de nume-
rosas partidas que hallaban un asilo en 10 escabroso de aquel
terreno, en la insalubridad de su clima, en lo impenetrable
de sus caminos, i en la insoportable plaga de insectos i rep-
tiles venenosos, á cuyas penalidades i trabajos no habían
podido acostumbrarle los europeos hasta la.llegada dél citado




376 MÉnco: 1~ 17:
g.efe, recibi6 los primeros avisos del desembarco de Mina,
i urgentes escitaciones del referido brigadier Arredon-
do p,tra que se pusiera en marcha contra aquel osado,
aventurero..


.Como pox todas partes por donde transitaha e¡;te a(',tl'fl:)
gefe en desempeño de su comisíon , salían gentes armadas
para concurrir al esterminio del invasor, incorporó á sus
filas en. el paso de la Tuna dos destacamentos de caballería
mandados por don Facundo Melgares i p.or don Eusebio Mo-
reno, i se reforzó con otro de los dragones de Sierra Gorda
á las 6rdenes de don Cristobal Villaseiíor, luego que se hubo
internado en el valle del Maiz. Estas tres partidas reunidas
componían una fuerza de 300 hombres, aunque no toda
e)la se hallaba el! buen estado de servicio.


Otra diy,isioJ¡l., llamada de realistas de Rio Verde, com-
~sta de 800 caballos al mando de don José María Tel'ta-
zas, debía obrar bajo la dirección inmediata del citado Ar-
miñan, si bien este confiaba poco en un cuerpo formado de
vaqueros sin disciplina, sin arreglo isin la firrneza que solo
cabe en hombres acostumbrados á la guerra. Deseando sin
embargo aquel celoso gefe sacar el partido posible de estas
tropas ausiliares, las puso á las órdenes del comandante
don Francisco de las Piedras para que se dirigiesen sobre el
enemigo en tanto que la infantería emprendía 1", marcha.
para dividir con ellas sus laureles.


Fue sumamente feJiz el primer encuentro que tuvo en
14 de julio en el sitio llamado el Rincon , en donde fue ar-
rolladoundestacamento de caballería enemiga. Al amanecer
del dia 1liguiente ~ presentó Las Piedras con toda aquella
fuerza sobre la hacienda de Peotillos, de la que se babia po-
sesionado el proseripto Mina con unos 600 hombres de
todas armas. Como era preciso dar tiempo á que llegase la
ínfanterfa se dedicó á entretener al enemigo con escaramu-
zas hasta las nueve de la mañana , en que se reuni6 aquella,
compuesta en e1prillcipio de su marcha de 3co hombres
del regimiento I? Amerícaao , mandado accidentalmente por




MEneo: 1817. 371
el teniente coronel don Juan Rafols , de J 40 de Estrema-
dura, i 40 del provincial de Méjico, formando UIl total
de 480 hombres, si bien en dicho dia de la accíon se notó
nna baja de una cuarta parte por lo menos.


Reunidas ya todas las tropas de que podía disponer el
comandante general Armiñan, se dió la señal de ataque;' i
desplegando los realistas un decidido valor i entusiasmo des-
alojaron á los rebeldes de las dos primeras posiciones, en las
que habian tratado de hacer una obstinada defensa, especial-
mente enla segunda , cuyo triunfo se debió esclusieamente
al arrojo é impavidez de los dragones de Nueva Vizcaya,
Sierra Gorda i sección de TuIancingo.


Desconcertado Mina con este inesperado contraste, vió
la necesidad de hacer los últimos esfuerzos 'que dicta la
misma desesperacion: puesto á la cabeza de sn caballería, i
comunicando á sus soldados el mismo ardor de que él estaba
poseido , se lanzó denodadamente á la refriega pala salvar la
infantería de su inevitable ruina. Aquella impetuosa carga
sin em'bargo fue rechazada con el mayor empeño; i cuando
los gefes españoles creían haber llegado al punto de cantar
la victoria, que parecía mas asegurada con el destrozo que
estaba haciendo sobre IOi rebeldes el valiente capitan don
Eusebio Moreno con una parte dé la caballería, Be desorde-
naron los realistas de Rlo :Verde por el imponente aparato
del enemígo , i atropellando en su fuga. á las demás tropas,
hicieron perder en un momento todo el mérito de las venta-
jas conseguidas hasta entonces.


Si la infantería no hubiera tenido tanta serenidad i fir-
meza, habria sido segura su total destruceion ; pero apesú'
de aquel fatal incidente sostuvo el campo con honor, i des...
confiande el proscripto Mina del resultado de ulteriores com-
bates se retir6 precipitadamente, quemando una porción
considerable de efectos, que llevaba de regalo para los cabe-
cillas inmrjentes, á fin de valerse de las mulas empleadas
en su conduccioa para cargar en ellas sus heridos, de l~


Tomo 11 48




375 MÉJICO: 1517.
que todavía quedaron algunos de gravedad, que no pudieron
resistir la violencia de aquella marcha.


Con esta pérdida i con la de 95 hombres que se 11aIIa-
ron tendidos en el campo de batalla ganó Mina aquel falso
triunfo que dió lugar á su engreimiento. Los realistas tu-
vieron asimismo el sentimiento de ver puestos fuera de com-
bate 1 16 hombres ent)e muertos, heridos i contusos; pero
quedaron dueños del campo con fundadas pretensiones de
pertenecer á ellos el honor de la victoria.


A consecuencia de esta refriega se atrevió Mina á inter-
narse en el Bajío con la mira de reunirse á los cabecillas in-
surjentes P. Torres, MUíÍiz, Borja i otros que aun se con-
servaban con las armas en la mano, guarecidos en los esca-
brosos montes de Guanajuato i de Jalpa.


'La snerte.eoritinuaba en contemplar con aire risueño al
esado aventurero para que fuera mas sensible su desplome i
destruccion. Apen¡¡s supieron' las referidas gavillas loa falsos
triunfos conseguidos por los invasores en Peotillos, salieron
de sus madrigueras á prestar un fingidohomenage, acompa-
ñado de descompasados elogios ácia el héroe europeo que ha-
bía sabido resistir á los orgullosos realistas. Los facciosos
mejicanos llegaron' á.creer que el famoso Mina había de ser
el azote de sus mismos paísanos, i la mejor aldava de la inde-
pendencia. Con tan felices auspicios empezó aquel genio em-
prendedor á engrosar su ejército, í á presentarse de unmodo
respetable á las tropas del Reí.


El celoso Apodaca, lejos de despreciar á este nuevo ene-
migo, aunque simple i despechado aventurero, se ocupó en
dirigir contra él fuerzas imponentes, desplegando un grado
de vigor i energía que hizo honor á su prevision é inteligen-
cia. Conocia aquel esperimentado gener!.ll la facilidad de des-
truir una .revolucícn en sus prhwipios, i la dificultad de
parar su curso cuando ya el fuego ha llegado, á propagarse
demasiado. Aunque el enemigo que iba á combatir no ha-
bia podido juntar mas que].2V hombres á sus inmediatas ór-




!rbICO: 181 7.- 37~
denes , si bien obedecían á su voz. las numerosas gavillas del
Bajío i domas puntos inmediatos, el virei sin embargo des-
tacó contra él en varias direcciones hasta 1 o~ soldados de
sus mejores tropas, llevado de aquella sabia máxima de que
no hai precaucion que baste para cortar oportunamente un
mal, que mirado con descuido en su origen puede precipitar
la ruina del Estado.


Iba en el entretanto caminando el so berbio enemigo
ácía el pueblo de San Luis de La Paz, situado en medio del
dilatado llano de su nombre; pero como lo hubieran fortífl-
'cado, aunque con débiles parapetos i simples cortaduras, los
realistas mandados por el capitan don Juan Nepomuceno
Guajardo, fue preciso emprender vigorosos ataques para
triunfar de tan bizarros defensores. Ocho días sostuvieron
estos las empeñadas cargas de los rebeldes ; hasta que la 110-:-
jedadó infidencia de un oflcíal del destacamento, á quien
estaba confiado uno de los puntos de la defensa, les facilitó
la entrada en la poblacion i la rendicion de aquel puñado
de valientes. El desgraciado Guajardo, que debiera haber
sido respetado por su misma decisión i valentía, fue sacrifi-
cado sin embargo á la irritacion que causó en el cura
Torres una resistencia tan obstinada.


Ejecutando puntualmente las columnas. realistas las pre-
murosas órdenes comunicadas por el virei Apodaca negaron
á amenazar á los rebeldes, quienes se retiraron á los cerros
de Comanja i San Gregorio como puntos de su mayor segu-
ridad. Como todavía pasaron algunos días hasta que los rea-
listas 1mbieran reunido la fuerza necesaria para dará dichos
rebeldes un ataque general i decisivo, los emplearon estos
en fortificar aquellas posiciones formidables por naturaleza,
abriendo profundos fosos, i construyendo espesas murallas i
~6lidos baluartes, que coronaron de buena artillería.


Aunque la llegada i progresos de la faccion de Mina ha-
bian causado una alarma general en todo el reino, i aun.que
sus primeras operaciones habian sido felices, especialmente.
en la ciudad de La paz, en el Real de Pinos i en la BOJ'~.




380 MÉJICO: 1817.
presa de una división que se retiraba de la villa de San Fe-
lipe, en la que perecieron los coroneles Ordoiíez i CastaíÍon,
,e mantuvieron sin embargo los mejicanos en la espectativa,
eseepto el valle de Santiago i la provincia de Guanajuato,
que volvieron á inundarse de partidas, capitaneadas por el
referido cura Torres, que se titulaba teniente general i gefe
de todas ellas.


El mariscal de Campo i subinspector de infantería don
Pascual Líñau, que acababa de llegar de la península con el
regimiento de infantería de Zaragoza, fue encargado por el
señor Apodaca del mando de las tropas destinadas al estermí-
nio del citado Mina. Aunque Lirían hizo algunas observacio-
nes , nacidas de la ninguna práctica que tenia del terreno i
del poco conocimiento de las tropas que habian sido confía-
das á su mando ,no fueron sin embargo atendidas, é insistid
el gefe principal en probar los talentos de aquel general
con una arriesgada campana, cuyos triunfos habian de ele-
V:lr al mas alto grado su dístínguído mérito.


Conociendo Litían que la suerte de aquel vireinato iba á
decidirse en el citado fuerte de Comanja, llamado por otro
nombre del Sombrero, i en el de San Gregorio ; no ocultan-
dosele por otra parte que su ejército i todo el reino tenia fija
su vista en sus operaciones militares, procuró llevar á cabo
aquella empresa con todo el vigor i entusiasmo de que es ca-
paz un esforzado gefe que sabe apreciar en toda su estension
el pundonor militar.


Habiendo entrado dicho general Liñan en Querétaro el
día 8 de julio á tiempo que los habitantes de aquella ciu-
dad estaban liando sus equipages para huir del victorioso Mi-
na, cuyo nombre tenia aterrado al partido realista, los
tranquilizó al momento con su sola presencia; i se dedicó á
organizar la tropa para entrar en campana. Su detencion
hasta e120 fue-sumamente útil para asegurar el buen éxito de
sus armas: aquí recibió al primer bat a110n del mismo regi-
miento que él había traido de España , 2 callones de á ocho, suce-
sívamente dos de á doce, i otros ausilios que le envió el.virei.




Ml":Jrco: 18J7' 381
Emprendiendo de nuevo su marcha el dia 20, llegó á


Guanajuato el 24, i el28 recibió la noticia de haber sido ata-
cada vigorosamente la villa de Leon por el arrojado Mina con
la mayor parte de BUB gavillas. Aunque destacó al momento
algunas tropas en socorro de dicho pueblo, llegaron despues
que la faecion había sido batida con pérdida de muchos
muertos, heridos i prisioneros, por el teniente coronel don
Francisco Falla, comandante de aquel punto, i por el coro-
nel don Antonio Andrade, que accidentalmente se hallaba en
él con la mayor parte de la división del brigadier Negrete,
i que selló su bizarría con las gloríosas heridas recibida¡ en
la refriega.


Desde el día 29 en que el general 1Iegó á Leon se for-
mó el plan de operaciones contra el fuerte de Comanja; i
habiéndose aproximado á reconocerlo, se persuadió de que
su rendicion habia de ser la obra de un estrecho sitio , 6 de
heroicos esfuerzos i costosos sacrificios. Deseoso de ahorrar la
preciosa sangre de sus valientes tropas; se decidió por elprí-
mer partido, i con esta mira las situó el dia 31 de julio so-
bre aquel estenso cerro, que tenia cuatro leguas de circun-
ferencia.


Se dividían dichas tropas en cuatro secciones, á cual de
ellas mas brillante. i ammosa;, ,elran ]08 .gefes que las mandá-
han el brigadier don Domingo Estanislao Loares, el de igual
clase don Pedro Celestino Negrete, el coronel don José Ruiz
i el teniente coronel don Juan RafoIs: su número no llegaba
á 2000 infantes i 1500 caballos; su ia~tiUeda consistía en r a
cañones i 4 obuses. Laseccion de Rafols 'estaba:encargada de
hacer correrías sobre Leon , .Silao.] Grtanajuato para protejer
los convoyes, i observar al rebelde P.Torres i demás gavillas,
mientras que las fuerzas prineípales estuvieran empleadas
esclusivamente en el sitio.


Fue estrechado éste con el mayor rigor haciendo el in-
fátj.gab1e J.~¡'lan, 'continuos reconocimientos ,;' i tomando las
más acertadas 'disposiciones para -hostigar á l~ rebeldes , pri-,
yándoles de toda clase de recursos, i haita: del agua, que por




7>82 MÉJICO: 1817'
no ser suficiente el único algibe que tenian dentro del fuerte,
se veian precisados á sacarla, con grande esposicion , de un
arroyo que corría a poca distancia de las fortificaciones.


Era ya el octavo día del sitio, sin que hubieran llegado
los ausilios del P. Torres i demas cabecillas del Bajío, que lea
habían sido prometidos, i· sin que hubieran tenida en todo
aquel tiempo mas ventaja que la de haber tomado un canon
de la posíeion del brigadier Negrete, de la que fueron sin
embargo rechazados con el recobro de aquella pieza á pesar
de la felicidad de sus primeros ataques lanzados contra dicha
columna. .


Viéndóse en tal desamparo, i teniendo ya por inevitable
BU ruina; trataron de abandonar el fuerte por el punto
que ocupaba el citado brigadier Negrete; pero fueron eom-
pletamente rechaaadós, 'Repitióseesta tentativa al día si-
guiente por los cabecillas Mina, Borja í Encarnacion Ortiz,
sin mas acompañamiento que el de dos asistentes : el poco
número de los fugados, el recio viento i la oscuridad de la
noche fueron circunstancias favorables para qué ,puestos fue.
ra del alcance de los centinelas, pudieran verificar su evasión
por una barranca inmediata.


A los pocos'días de haberse' reunido estos caudillos con
las gavillas situadas en las, ramedíaéionés del' citado fuerte,
trataron de hacer los últimos esfuereospara introducir los ví-
veres, de que empezaban á carecer los sitiados; pero fueron
completamente arrollados por una sola compañía de Zarago-
za. Un movimiento rápido que hizo al mismo tiempo el te-
niente' coronel Rafols.isobre las eercanfas de Bilao disipó las
que se habían reunido en aquel punto, é igual malogro
tuvieron cuantos planes concibieron en lo sucesivo con aquel
objeto.


Ya no quedaba pues á los sitiados mas recurso que el de
una pronta fuga: -creeió-estanetesidad cuando vieron des-
eéhadas.las :pr6posleiones quedirlgieron: 'el día:·1 j para capi-
tular ;por elconducto .de-un cirujano inglés i de un vecino
de Pátzcuaró, que' tenían prisionero. La circunstancia de ga,.,




lUúrco: J B) j. 585
rantirel general Liñan tan solo la vida de los españoles sÍ'
entregaban la plaza en el término de media hora, i de nin-
gun modo la de los estrangeros, que deberia quedar á la dís-
posicion del virei, puso el cúmulo á su. despecho.


Ansioso dicho general por apoderarse de toda la faccion,
especialmente de aquellos oficiales estrangeros de mayor cele-
hridad que habian venido con el aventurero español ocnyos
hombres, poseidos de un desesperado furor, habían de dar á
la guerra un carácter de firmeza i tenacidad, mientras que
conservasen las armas en la mano, determinó dar un ataque
á la plaza en el día 15. El resultado de esta jornada no fue
feIíz; pero quedaron mui escarmentados los rebeldes, aunque
persistian siempre en vender caras sus vidas i en disputar á
palmos el terreno.


Repugnando al benéfico Lilian derramer mas sangre ell'
hacer nuevas tentativas, que índadablemente le hubieran he-
cho dueño del referido fuerte, se decidió á esperar que su;
misma obstinacion les abriese su sepulcro. Convencidos los re-
heldes de la imposibilidad de sostener mas tiempo. aquella po-
sielon , resolvieron evacuarla áltodo trance en la noche del 19
4120. Salen con ímpetu arrollando el primer puesto que quiso
esrruírles el paso; los realistas hacen .las señales prel enidas
para anunciar su fuga; acuden 'prontamente de todas partes
para impedirla; se apoderan de algunos de los prófugos; re-
chazo áda :mayor partec.ontra la plaza ,. i tan $010 franquean
la: líriea:unPB',5P, que cayerontlD gr.anparteen poder de los
realistas destinados á su persecucíon, ':


Una densa niebla que amaneció con el dia,impedia ver
Jo que sucedía en el fuerte; pero conociendo el bizarro Líñan
la necesidad de aprovecharse de los primeros momentos de es,·
tupor.i alarma, se dirigió acia la puerta principal, i poniéndose
á ¡la cabeza de 'las tropas abanzadas por aquel punto, cayó
.obre ella á pesar de la resistencia que quisieron hacer los
rebeldes cuando vieron aquel arrojado movimiento; mas como
fue tan rápido el asalto, i tan bien ejecutado por los cazado-
les de Zaragoza i Navarra, cedió todo á sus heroícos esfuer-




384 lIfÚJleo: 181 7'
zas. Todavla trataron los rebeldes de hacerse fuertes en la
segunda posicion del mismo cerro que presentaba obstáculos
mayores á causa de una dificil angostura, única entrada para
aquel recinto;' perola prontitud con que se arrojaron sobre
aquel paso los soldados del Reí les asegur6 un triunfo com-
pleto.


Todo cayó en poder del victorioso Líñaa s 20 cañones de
varios calibres, 400 fusiles, 250 lanzas, 600 sillas de mon..
tar i un gran surtido de municiones i pertrechos de guerra;
7 r estrangeros muertos adernas de otros 3 I que habiau pe..
recido en el ataque de la villa de Lean i en la intentada fuga.
de la noche del 19 al 2 o; 615 facciosos'del pais con 4 cabe-
eillas entre muertos en accion i fusilados, fueron los trofeos
de este empellado sitio, ganados con la mui sensible pér~.
dída de 2?Z sold'll.doa·i 4o;;oficiales realistas puestos fuera de
combate , entre ellos, el colnaadante don Gabriel Rivas que
murió en el campo de batalla , , del que salió asimismo con..
taso el coronel del regimiento de Zaragoza don Domingo
Loaces. El teniente coronel mayor don Manuel Saetor había
muerto despues de la accionen que fueron heridos los ante-
riormente descritos, por impulso de una bala de canon que
le dió mientras queestaba almorzando en la barraca. con su
ayud~te, que tatnbíen fue herido por la misma.
, Terminaqa felizmente esta primera empresa se dirigieron


las tropas realistas cubierta)! de gloria á poner sitio al merl:.e
de San Gregorio, posícíon mucho mas importante que la da
Comanja. Aunque los rebeldes habian reunido en este punto
sus mejores "tropas con intencion de emplear todos los esfuer-
zos que sugieren el despechado compromiso i la ciega deses-
peracion , i aunque los infinitos recursos de que podian dís-.
poner para desafiar el poder de sus contrarios debieran haber
inspirado al aventurero Mina la suficiente confianza para en-
cerrarse en dicho fuerte, hüyó sin embargo de aquel peligro
prefiriendo hacer correrias en campo libre para fomentar su
partido con choques parciales.


Con esta mira se dirigió en 10 de setiembre ál:ia San




],nbTC~: 181 "J. 385
Miguel el grande con 1200 hombres, que habla -podído re-
unir de las dispersas guerrillas; i á penr de haberse apodera-
do en el primer momento de sorpresa de una casa fuerte i
elevada que dominaba uno de los reductos de aquella villa,
fue rechazado gloriosamente por el comandante don Ignacio
del Corral i por la brillante guarnicion que tenia ti sus órde-
nes, distinguiéndose sobre todos el intrépido capitan don
Antonio Alfaro.


Malogrado este primer golpe, proyectó, otra espedicion
contra la hacienda de la Zanja t defendida por el coman-
dante don Antonio Alvaredo. Reunidos sobre 600 hom-
bres á las 6rdenes de los cabecillas Lucas Flores, Encar-
nación Ortiz i Trinidad Magaiía, se presentó el referido
Mina á intimar la rendición al bizarro-Alvarado, suponien-
do que no seria tan temerario que quisiera sostener con un
puñado de valientes un choque que tenia todas 113 aparien-
cias de serle muí funesto; pero la respuesta de aquel digno
gefe merece ser esculpida en caractéres de bronce. re Tengd
"pocas armas i poca tropa; pero me sobran los cartuchos i
"los deseos de emplearlos para quemar el corazón de los
"traidores; á la disIJosicion de estos jamas dejan los leales
"sino sus cadáveres yertos; 1111 tropa morirá ~ pero I:\O ~<:
~ rinde."


Viendo Mina que solo la fuerza podría hacerle triunfar
de aquellos valientes soldados ~ tomó sus disposiciones para el
ataque: roto el fuego en la tarde del 16, era dificil decidir
si tenia mas mérito la firmeza de los sitiados que c1arrojo de
los sitiadores; se suspendió el csmbate con la oscuridad de la
noche; los trabajos de los rebeldes durante esta para cegar
los fosos tenían alarmada aquella henemérita guarnícioa
cuando á las dos de la siguiente mañana se aproximó la di.
visíon volante al mando del capitan don Manuel Diaz de
La Madrid que el teniente coronel don Antonio Larragoiti
enviaba desde Salvatierra.


Encenclida de nuevo la pelea, abandonaron el campo
los rebeldes, i los ausiliadores entraron á abrazarse con los
~rOl\f:0 rr, 49




386 )fíJIco: 1817.
Jefensores enmedío de públicas aclamaciones. Reconocido el
~ampo de batalla se hallaron 20 muertos, i entre ellos el ca-
becílla Ma~afia, que habia sucumbido en la tarde anterior
en una de las mismas correderas del puente del fortin. Otroa
12 muertos se dejaron en el valle de Santiago, cuyo número
agregado al :fe sus heridos i dispersos, dió una pérdida efec-
tiva de 100 hombres. sin que en lJs filas realistas se hubie-
ran contado mas que dos heridos,


No bien es-armentados todavía los rebeldes se atrevieron
:í es?erar á los realistas, mandados por el bizarro coronel
don Francisco de Ordntia en la hacienda de la Caja, situa-
da en el referido valle de Santiago El obstinado Mina tenia
reunidos en J o de octubre J 500 facciosos capitaneados por
Jos cabec'Ilas Lucas Flores, los Ortices , Pedro Moreno, Pio
el del rincon de Leon , Huerta el de Coeneo, i otros gefe.
de-partidas de la provincia de Valladolid.


Aunque Orrántia llevaba tan solo 600 caballos i 236 in-
fantes , no dudó un momento de la victoria. Al aproximarse
á dicha posicion halló formada aquella chusma en seis trozos
i algunos grupos apoyados á las casas i cercas de la referida
hacienda. Formado el plan de ataque marchó Orrántia en co-
lumna por la derecha para flanquear el costado izquierdo de
los rebeldes; apenas vieron estos aquel movimiento se desta-
caron 600 de ellos contra la izquierda i retaguardia de 101
realistas, estrellándose contra el teniente coronel Bustaman-
te que mandaba aquella fuerza; acude prontamente en su
ausilio la reserva á las Órdenes del capitán Moreno; salen
nuevos refuerzos de la hacienda i en pocos minutos se gene-
raliza la acciono


No pudiendo los insurgentes sostener las vigorosas cargas
de los realistas, se ponen en precipitada fuga, i son persegui-
dos con igu:tl ardor por el espacio de dos leguas: ISO muer-
tos, muchos heri.Ios, 157 caballos, porcion de fusiles, lan-
sas i machetes fueron los timbres dé- aquella ilustre jornada
ganados con la sola pérdida de 10 realistas muertos, 6 heri-
dos i 2 contusos,




MÉJICO: 1817." 33;
Esta derrota acabó de hacer perder al indómito Mina el


poco prestigio que aun le quedaba con los partidarios de l.
independencia i con algunos Husos; ya desde este momen-
to renunció á sus atrevidas empresas, i solo se ocupó en sal-
varse con la fuga de las manos de los r-ealistas. El coronel
Orrántia, que habia sido escogido por el celoso general Líñan
para esta delicada é importante comision, no descansó UII
momento hasta verla terminada á satisfacción de sus gefes,
Ya desde el 2 I de octubre iba siguiendo las huellas al famo-
10 arenturero , i estrechándole tan de cerca, que daba pOl"
seguro su triunfo. .


Habiendo sabido que aquel había pasado el rio grande
por SantiaguiIIo, emprendió Orrántia la marcha para Sa-
lamanca, i se dirigió en seguida por pueblo Nuevo á la
hacienda de Cuchicuato, siguiendo la misma direccion de loa
rebeldes que ya habian llegado á reunirse en número de 700
caballos i 60 infantes. Salió al dia siguiente para Guanajuate
haciendo una marcha forzada de trece horas á fin de salvar
dicha ciudad, que creia hallarse en gran peligro, segun lo in-
dicaban los cañonazos i el mucho humo que vió salir del tire
general de Valenciana.


No fueron equivocados 105 cálculos del astuto Orráotia,
por qI;le sabiendo los rebeldes la rápida marcha que hada
contra ellos, abandonaron aquel punto á las pocas horas de
haber principiado el ataque, retirándose para la sierra ó mi-
na de la Luz, despues de haber ofrecido al coronel don An-
tonio Linares, comandante de la citada ciudad de Guanajuato,
la favorable ocasión de cubrirse de gloria, batiendo con Sil
escasa, pero esforzada guarnicion, á los foragidos, i po-
niéndoles cerca de 100 hombres fuera de combate. E{l la
noche siguiente se dispersó en trozos aquella faccion, i Be dió
por mui probable que su formidable caudillo habria tornarle
el rumbo de la hacienda de la Tlachiquera con $00 hombres.


Como Orrántia llevaba por objeto principal la persecu-
oíon i esterminio del citado bandido, se ~irigió ál mom.




¡gS MÉJICO: 1817,
Icía aquel punto, i lleg6 á Bilao á las cinco de la tarde. A
as dos horas de su llegada tuvo noticias de que iba á pasar


.quella noche en el rancho del Venadito , distante nueve le-
~Uall del mencionado pueblo: poseído su corazo a del mas
puro gozo al considerar Y3 en sus manos la presa que forma-
ba todo el objeto de sus ansias, salió á las diez de la misma
con 500 caballos escogidos , entre ellos 200 que por dísposi-
cion del general le habían sido enviados para reemplazar 101
mas causados, i fiando la felicidad de la empresa á la rapidez
de su marcha,


A las siete de la mañana siguiente se hallaba sobre el in-
dicado rancho del Venadito sin haber sido sentido por las
abanzadas enemigas, cuya vigilancia supo burlar caminando
por veredas estraviadas. Cuando se presento la descubierta,
compuesta de 120 hombres al mando del teniente coronel
don José María Novoa , fue talla sorpresa i terror de los re-
beldes, que sin tener lugar para tomar sus caballos ni alien-
to para ponerse en defensa, huyeron todos á ocultar su ver-
güeuza entre los trigos i en el bosque immediato.


Entran en su seguimiento los realistas, destruyen cuanto
se les presenta al frente, dejan tendida en el campo la mi-
tad de la gavilla, inclusos el cabecil1a Pedro Moreno i tres
estrangeros , i logran finalmente apoderarse de la persona de
:Mina i de 25 de sus compañeros, entre ellos un francés que
le servia de asistente. Tres cajas de guerra, un clarin , 119
fusiles, 31l lanzas, varios sables i pistolas, 207 caballos, 160
sillas de montar i algunas municiones concurrieron á ilustrar
el triunfo de los esforzados Orrántia i Novoa.


Se hallaba en el entretanto el general Liñan agotando
todos 108 recursos de su ingenio para destruir prontamente
el último baluarte de la insurreccion , que 10 era el fuerte de
San Gregorio. En sus primeros reconocimientos hechos en r!1
de setiembre habia penetrado por la cumbre de la cruz del
Sauce al cerro del VeUaco que dominaba á tiro de pistola la
!<>.rtüicacion mas alta de los rebeldes llamada Tepeyac ~ i 118




utn~o: 1817' 589
había apoderado de una casa-fuerte á la que los rebeldes ha-
hian puesto el nombre de la Garita, que defendía la entrada
de la cañada por el llano de San Gregorio.


Habiendo trepado al dia siguiente á la citada cumbre iOO
hombres , rompieron inmediatamente el fuego-contra una de
las cortinas del citado baluarte de Tepeyac; pero sus progre~
ros fueron mui lentos, aun despues de haber colocado en
batería dos cañones de á 8, hasta la llegada de otros dos de
á 1 2, i uno de á 4 , que fueron subidos á la citada loma del
Vellaco con gran sorpresa de los sítíados que tenían por im-
practicable aquella maniobra.


Los cañones de á 12 rompieron el fuego el dia 13 coa
tan buen resultado que á las dos horas habian derribado ya
dos ángulos del Tepeyac, i en el ataque á aquel punto, que
le llevó á efecto el 17, llegaron á apagar todos los fuegos
contrarios, sin que se llenase el objeto de franquear !~_~ro-
pas aquellas elevadas murallas. . ,


Si nos detuviéramos á hacer una relacion circunstancia-
da de los infinitos lances i accidentes de este terrible sitio,
prolongado cuatro meses por la ohstinacion i despecho de los
sitiados , incurrir/amos en una notable incoherencia con el
plan qlo1e nos hemos propuesto para trazar la historia general;
nos ceñiremos por lo tanto á dar .euenta de sus resultados, i
por ellos se podrá graduar el distinguido mérito del gefe que
lo dirigi6 i de las bizarras tropas que segundaron con el ma-
yor acierto su heroico empeño.


El fuerte de San Gregorio era denominado enfáticamen-
te por los facciosos baluarte de la independencia mejicana.
El escabroso monte, sobre el que estaba situado, tenia mas de
diez leguas de circunferencia; sus avenidas consistian en pro-
fundas barrancas, murallas de roca viva cortadas á pico, ea-
pesos bosques, impenetrables caminos, zanjas, parapetos,
malezas i toda clase de obstáculos i tropiezos; la naturaleza
se presentaba en esta posición bajo las formas mas horribles;
la. variaciones atmosféricas eran rápidas i estremadas; sus es-
taciones sumamente molestas, en particular la que sufrieron




3g('t MÉJICO: 1817.
los sitiadores, que fue la de las aguas; parecía finalmente qne
todos los elementos se habian conjurado contra los bravos
realistas.


En aquella formidable posicion se habían practicado for-
tificaciones de mampostería con todas las reglas del arte,
abundaban los cationes de grueso calibre, las armas de chis-
pa i corte, las provisiones de guerra i boca, i hasta el agua
de manantial, las maestranzas, las fragnas, í toda clase de
pertrechos i utensilios guerreros. La guarnicion se componía
de hombres desalmados, que no tenían mas recurso que la'
victoria ó la muerte. Un enjambre de partidas circundaba
á las tropas sitiadoras, i hacia contínuas correrías i teme-
rarias tentativas para introducir en la citada plaza cuantos
ausilios pudiera necesitar.


Aunque Liñan habia nogado á reunir una brillante divi-
síon, era todavia mui escasa para cubrir una línea tan estensa:
era preciso pues vivir en perpetua alarma i replegar todas
las noches por el espacio de un mes hasta' que fue presG
Mina, una parte de las tropas empleadas en el sitio por te~
mor de que fueran arrolladas en razon de su debilidad,
usando el ardid de dejar grandes fogatas para deslumbrar á
los sitiados; pocos eran los momentos destinados al descanse
de aquellos sufridos guerreros.


Los repetidos combates provocados por las guerrillas de
afuera i de adentro; las obras necesarias para estrechar el
sitio como fosos, minas, caminos cubiertos, baterías i re-
duetos; los frecuentes ataques dados á la plaza para hostigar
á sus defensores; la construccion de barracas; la penosa con-
duccion de la artillería i de las provisiones de guerra i boca;
las operaciones de fragua, que se estendieron hasta poner oi-
dos á los dos cañones de á 12 que se hablan desfogonado; i
finalmente los estraordinarios servicios exigidos por el ínfatl-
gable celo de Liñan , ejercitaban de continuo la constancia i
la bizarría del soldado, en cuyos firmes pechos se estrellaban
todas las tentativas de los rebeldes.


La última que estos proyectaron con 61 carácter de ofea-




MlJICO: 18.,. 59 1
siva fue el brusco ataque dado en la noche del 28 de di-
ciembre á la posicion del Tigre. Trescientos hombres capi-
taneados por el caudillo Cruz Arroyo se arrojaron al arma
blanca con el mayor ímpetu sobre aquellos parapetos, den-
tro de los cuales pudieron penetrar en el primer momento
de alarma i sorpresa, i apoderarse de un canon de á 4; pero
esta primera ventaja sirvió tan solo para hacer mas amarga
su derrota: era su intencion forzar el sit io por aquella
parte para introducir un convoi de veinte cargas de víveres
i medicinas que habian aproximado con aquel objeto; pero
eayd en su vez en manos de los realistas victoriosos.


Aunque los despechados ínsurjenres dieron cuatro car-
gas vigorosas, fueron constantemente rechazados, i hubieron
de retirarse á la plaza, dejando 30 muertos en el campo de
batalla, llevándose un número mayor de heridos, i abando-
nando, embarrancado i clavando el cañon que acababan de
tomar de los españoles.


Ya los sitiados habian perdido toda esperanza de socorro
i se había introducido entre ellos un desaliento general, pro.
ducido por sus contínuos reveses i por la tenacidad de los
Slitiadores. El subterráneo estruendo de 10Ji barrenos en la
mina que tenian ya muí adelantada á¡;ia la plaza; su apro·
zímacíon á medio tiro de pistola de ella sobre un ca-
mino cubierto, una batería situada á tiro de fusil que al-
canzaba á todas sus habitaciones, las que por tal razon hubie-
ron de ser abandonadas, sin que quedase mas abrigo á aque-
llos miserables que los peñascos i las cuevas, i finalmente la
desesperacion que había llegado á su último grado, les hizo
acometer á toda costa la empresa de abandonar aquella fu-
nesta madriguera, prefiriendo morir con las armas en la
mano á implorar el perdón de los gefes españoles.


Entre nueve i diez de la noche del 1?de enero (1) em-
(,) Aunque este suceso pertenece al año de 1818, nos ha parecido


oportuno insertarlo en este capitulo por no dejar pendiente para otro
el último desctlláee de la ruidosa espediclon del aventurero Mina, 'lu,
forma IIDa parl. tan importallt~ d. la lU.toda. mejicana.




59~ HÉJIr.O: 1 A 17.
prendieron la salida 1000 hombres de que todavía se com-
ponia su guarnicion con una porcion considerable de muge-
res i niños , dejando algunos de sus compañeros en los pues-
tos principales para que pasando la palabra de unos á otros:
pudiera conservarse mas tiempo oculto su designio. Infor-
mado el general de la fuga de los rebeldes por uno que se
le pasó poco antes de verificarla, cuyos avisos se confirma-
ron por el incendio de la palizada de la primera brecha,
por la que se metieron las bizarras tropas de Ruiz i Rafols
que estaban mas inmediatas, destacó 300 hombres de re-
fuerzo al punto ocupado por Soto; envió otros 200 á apode-
rarse del Pepeyac , que fueron las primeras tropas que pisa-
ron aquel fuerte, dió órdenes rápidas á la caballcrfa para que
hiciera los movimientos oportunos, i en menos de cinco mi-
nutos recibió aquel Tasto calUpo el concertado impulso del
poder i de la fuerza.


Uno de los ardides de guerra que dieron mayor lustre
al benemérito Litían fue la feliz invencion de señales tele-
gráficas, espresadas por las cornetas; por cuyo medio se tras-
mitian en un momento sus órdenes de una á otra estrerni-
dad de aquella estema Iínea. Estos armoniosos sonidos, cuyo.
marciales ecos resonaban por todas aquellas cumbres, la
multiplicidad de hogueras que fueron encendidas en el acto
en todos los puestos ocupados por los realistas segun ordenes
que á este fin habían sido comunicadas previamente por el
general, los estrepitosos vivas que salian del mismo fuerte,
cuyas chozas i empalizadas habian sido incendiadas por las
primeras compañías que tuvieron la gloria de franquear los
parapetos, los vivos fuegos que hacían Ias tropas empe-
ñadas con los prófugos, i la alegría i entusiasmo que
se notaba en todos los campamentos al ver terminada fe-
lizmente aquella campaña, presentaban escenas animadas,
que no es dado describir con la debida brillantez. La di-
reccíon de los prófugos fue ácia la barranca de Panza-
cola con ánimo de forzar el punto que cubria por aque-
lla parte el corto destacamento del regimiento de la Co-




.dJIco: 1817' 39:)
rona, mandado por el teniente coronel don Ramon Soto.


Cuando notaron los errantes facciosos el movimiento que
hacia el refuerzo de Liñan sobre Panzacola , atravesaron la
barranca del mismo nombre, que tenian á su izquierda, á
fin de evitar el choque con aquellos valientes; pero no fue
menos desgraciada su tentativa sobre los puestos avanzados
i campamento de las tropas del brigadier Negrete, por las
que fueron bizarramente rechazados.


Seria la media noche cuando los diversos fuegos anun-
ciaron que los enemigos habian formado dos columnas, con
las que volvieron á atacar las mismas posiciones i á recibir
iguales descalabros. Al ver la serenidad i firmeza de los rea-
listas decayeron de ánimo i ya no pensaron mas que en sal-
'Var sus miserables vidas .entregándose á\una precipitada fuga.
Habian quedado apagados todos sus fuegos cuando .el re-
fuerzo de que se ha hecho mencion, compuesto de tropas del
regimiento de Zaragoza í Corona, que yaá este tiempo ha-
bia podido penetrar por la referida barranca de Panzacola,
los atacó repentinamente por la espalda.


Este fue el último golpe de terror i espanto: arrojar las
armas, sucumbir la mayor parte á las bayonetas realistas, i
desbarrancarse los demas , fue la obra de pocos instantes.


Las sienes del caudillo español. quedaron ceñidas de in-
marcesibles laureles: la toma de un fuerte, que era reputa-
do por el mas formidable de cuantos se habian construido
desde el principio de la revolucion; la muerte de 500 fac-
ciosos, entre ellos los cabecillas Juan Hidalgo, Cruz Arroyo,
-i algunos estrangeros que habian acampanado al insensato
Mina; mas de 400 prisioneros sin contar un crecido número
de mugeres i niños, distinguiéndose sobre todos ellos el ~ ~
de Mina, Diego Novoa , Muiliz, Becerra, Jimenez del Rio,
Florencio Dueñas i otros de menor nombradía; 15 cañones,
180 fusiles i carabinas, un inmenso surtido de pertrechos i
provisiones de guerra i boca, entre las cuales 540 arrobas
de plomo, 180 ídem de azufre, 500 tercios de trigo, 120(}
fanegas de maiz i otros muchos efectos profanos i de iglesia,


1'OMO n. 50




39!~ 'JÉ.JfCO: 181 7.
i hasta un cuila de monéda i un gran número de diplomas
masónicos, hallados entre los equipagcs, fueron los trofeos
principales de esta memorable jornada, que hará época en
los anales de Méjico.


Empero estos triunfos, aunque sumamente gloriosos, fue-
ron comprados con dolorosos sacrificios: dos gefts realis-
tas, 15 oficiales i 166 soldados fueron contados entre los
muertos: otro gefe , 38 oficiales i 297 soldados sellaron con
80S heridas so bizarría i decísion: 269 individuos de todas
armas i graduaciones conservaron por algun tiempo las glo-
riosas contusiones recibidas en este campo de honor. Gefes,
oficiales i soldados se superaron á sí mismos en sufrimiento,
en constancia, en valentía i en fidelidad. Pocos ejemplares
nos ofrece la historia de tantos padecimientos i de tanto he-
roismo: el nuevo general español dejó bien acreditada en
esta primera campana su inteligencia i arrojo; el digno vireí
agre~6 nuevos títulos á su fama.


Deseoso el Soberano español de premiar tan importantes
servicios, concedió al primero la gran Cruz de Isabel la
Católica, i al segundo un título de Castilla con el nombre
del punto en que fue aprehendido el aventurero Mina. Los
gefes i oficiales que tuvieron mas ocasión de distinguirse
participaron asimismo de las gracia¡¡ del Monarca; i fue tal
el entusiasmo general por tan brillantes victorias, que
hasta el individuo menos condecorado que hubiera tenido
parte en ellas era considerado con respeto i admiracíon.


Asi terminaron los descabellados planes del aventurero
español ,quien espió con todos los ausilios cristianos su 110»-
rible delito el dia 1 1 de noviembre en el Creston del Vc-
llaco , cuartel general de los realistas sin haber querido ha-
cer clase alguna de reve1acion. El espíritu revolucionario,
que desde Europa habia sido trasladado á las playas del
Nuevo Mundo, recibió en esta ocasion uno de sus mas ter-
ribles golpes.


Mina estaba apoyado por todos los republicanos de nues-
tro continente; eran intimas sus relaciones con personas de




JllbICO: 1817' 3q;)
la mas alta gerarqula. Méjico debía ser la fragua de Vul-
cano, de donde habían de partir los rayos con que los bulli-
ciosos regeneradores pensaban abrasar los tronos de Europa.
A su loca fantasía se representaba de fácil ejecucion cuanto
adulaba sus pérfidas miras; el nombre de Mina inspiraba
una ciega confianza; corrieron de todas partes á alistarse en
sus banderas oficiales de sobresaliente mérito, sugetos con-
decorados con cruces de nobleza i signos de honor i valen-
tls ; el espiritu mssdnioo uniá de nn modo ,,6lido esto C1'U-
sada , compuesta de tantas i tan diversas naciones.


Todo pues hacia ver los poderosos recursos con que con-
taban aquellos revolucionarios; mas éstos i sus mas decididos
conatos se estreI1aron contra la fidelidad i bizarría de los es-
pañoles. La codicia de algunos especuladores, que habia con-
currido á llenar de sangre i luto uno de los mas hermosos pai-
ses del mundo, recibió una terrible leeeion de sus injustos
procederes: 14S uniformes, 6@ fusiles, 62' carabinas, 30 ca-
nones, un gran surtido de armas de corte, municiones i de-
mas pertrechos de guerra, siete buques , los lujosos vestidos,
las pagas i adelantos hechos á aquellos 600 aventureros , otros
muchos efectos i caudales que hicieron subir Jos gastos de
aquella espedicion á mas de dos millones de duros; todo se
perdió para los necios proyectistas.


Los amantes de la legitimidad, los hombres de juicio, de
probidadi de justificaeion, todos los que no habian partici-
pado de las aberraciones del siglo, vieron con el mayor pla-
cer el malogro de una empresa, proyectada por la ambicien
i por el proselitismo republicano, principiada por la teme-
ridad, i llevada á cabo por la torpe logrería. j Ojalá sirva
este escarmiento para que los especuladores no empleen ne-
.eiamente sus fondos en atizar las guerras civiles i en ultrajar
Iahumanidad llenando el mundo de sangre, desolacion i
miria!


Corno nuestro ánimo había sido seguir al pérfido Mina
hasta su' esterminio, no hemos hallado un lugar oportuno
hasta el presente para describir los sucesos ocurridos en los




396 MÉ.m:O: I S J,.
primeros pueblos que pisó aquel atrevido caudillo al desem-
barcar en el territorio mejicano.


A los pocos dias de haber quedado sola en el fuerte de
Soto la Marina la guaruicíon , que debía servir de punto de
apoyo en caso de una retirada, se apoderó de todos sus indi-
viduos el mayor desaliento i desconfianza: 60 anglo-america-
nos al mando del titulado coronel Perri i mayor Gonton ha-
bian abandonado aquella posicion i se retiraban por tierra
ácia su país por el camino de Nacogdoches; pero alcauzados
en 18 de junio en el sitio llamado los dos Corra/es, por el
coronel don Antonio Martinez., se retiraron á un bosque
nombrado el Perdido, en donde fueron cercados sin que la
íntimacion que el gefe realista Ies dirigió para rendir las ar-
mas los retrajese de su temerario intento de morir con ellas
en la: mano.


El teniente don Francisco-la Hoz, que había quedado al
frente del enemigo con 70 caballos i 30 infantes por haber sa-
lido Martinez en aquella misma noche con el resto de las
tropas contra otra partida, que al mando del desleal español
Vicente Travieso se dirigia sobre el presidio de la Bahía, fué
atacado a la mañana siguiente con el mayor impetu por los
foragidos que trataban de abrirle paso á todo trance.


Toda la entereza i decision de este bizarro gefe i de sus
valientes tropas, aunque compuestas en gran parte de paisana-
ge ,habria sucumbido tal vez á la fiereza de los golpes que SQ.-
cudian aquellos despechados revolucionarios, si en lo mas vivo
de la pelea no le hubieran llegado 40 hombres de refuerzo.


Habian sido éstos destacados de la columna del referido Mar-
tinez desde el momento en que supo la variacion de ruta de
Travieso : el vigor que comunicó á los realistas la llegada tan
oportuna de sus compañeros les hizo triunfar completa-
mente de sus contrarios: 26 de éstos quedaron tendidos en el
campo de batalla, entre los que se contaron el coronel i ma-
yor , i 14 fueron hechos prisioneros, cuya suerte cupo al in-
diguo español Manuel Costilla, que sucesivamente sufrió el
castigo debido á su horrendo crímen,




Minco: 1817' 397
El citado Travieso se separó de su partida, i en compaiíía


de • ó 6 de sus mas adictos se dirigió ácia la provincia de
Ttjas , superando los tropiezos que le ofreció en su tránsito
.1 comandante de armas del Refugio don Enrique VilIareal,
en cuyo poder dejó sin embargo mas de ¡OO bestias que lle-
vaba lobadas para los Estados- Unidos; los demas en número
de 28 fueron alcanzados en el rancho de la Barra por el co-
mandante don Luciano García , i hechos prisioneros con todas
IUS armas, municiones i pertrechos.


En el día 14 del mismo mes de junio habia sido rendido
por el brigadier Arredondo, comandante de las provincias in-
ternas de Oriente, el citado fuerte de Soto la Marina con 300
hombres de toda clases que 10 guarnecian, apoderándose de
todas sus armas, municiones i pertrechos. El apóstata P.
Mier, que se halló en el número de los prisioneros, fue con-
ducido á las cárceles de Méjico, de cuyo reino fue espulsado
sin que hubiera calculado entonces el gobierno, que este ge-
nio inquieto no había de descansar hasta que hubiera vuelto
á blandir de nuevo la tea de la discordia en aquel desgracia-
do país,


Despues de haber recorrido las sangrientas páginas de la
historia de Mina , tenderemos la vista por todos los ángulos
de aquel estenso reino, para no pasar en silencio las princi-
pales glorias que al mismo tiempo adquirian varios gefes rea-
listas destruyendo las muchas guerrillas que vagaban por di-
versos rumbos.


Uno de los que mas se distinguieron fue el teniente co-
ronel don Miguel Francisco Barragan, quien con solos 200
caballos, con los que fue enviado por el comandante general
de Valladolid, coronel Aguirre, en persecución de la gavilla
de Victor Rosales, compne15ta de- 400 hombres, los alcanzó
en el sitio- de la Campana, distrito de Pátzcuaro, les causó
la pérdida de la mitad de su fuerza entre muertos i prisio-
neros, i les tomó 120 fusiles, 30 pares de pistolas, ISO ca-
ballos, 65 sables i machetes, al~nos srabucos _í bastantes.
municiones.




303 ~rÉJICo: 181 7'
.!


El teniente coronel don M:muel Francisco Casanova,
destinarlo por el eom m.lan te general de Querétaro , hrigadier
Rebollo, á construir algunas fortificaciones en las morroñas
de .Ialpa , rechazó en el mes de junio las ga villas de Lu-
cas Flores, el Giro, Bsrroso , Gervasio i taja 1:1 indiada de
Charmeuero , Neutla , Santa Cruz, San IHiguelito, San Juan
de la Vega, Amoles é Ixtla , que Se habian arrojado ímpetuo-
sarnente sobre sus parapetos medio levantados, llevando por
objeto destruir aquel baluarte que podía ser el mayor obs-
táculo para sus correrías. Aunque· los realistas no estaban
preparados á recibir un ataque tan brusco, triunfaron sin
embargo al favor de su imperturbable serenidad i acierto de
sus fuegos; quedó escarmentado el enemigo, i se retir6 en
desorden dejando 34 muertos en el campo de batalla.


Acia el mismo tiempo se apoderó el benemérito coronel
don José Santa Marina del fuerte de Palmillas, situado en
la provincia de Puebla, que fue evacuado por los rebeldes
no pu Iiendo ya resistir el peso de sus contrarios: las minas,
caminos cubiertos, baterías de faginas i salchichones, 'reduc-
tos de sacos de tierra i otras obras proyectadas para derribar
aquella fortíficacion , podrían formar por si solas el elogio
del gefe que con tanta inteligenciai celo las habiadírigído.
Siete piezas de artillería, 85 fusiles, porcion considerable de
muaiciones , algunos víveres i 75 prisioneros que pudieron
hacerse en la fuga, entre ellos el cabecilla Cauto, fueron el
premio de tan grandes fatigas.


El capitan don Juan Isidro de Marran, dependiente de
la division del coronel Armijo, sostuvo una brillante acción
contra el cabecilla Vargas que capitaneaba 300 hombres en-
tre infantería i caballería, al que derrotó completamente en
l!8 de junio en la rancheria llamada de Cincuenta arrobas,
causándole la pérdida de 50 muertos, l!9 prisioneros, variQs
fusiles, machetes, caballos ,monturas i otros pertrechos.


Es digna asimismo de especial recuerdo la espedicíon del
teniente coronel don Pio María Ruie por la serranía de Hué-
tamo recorriendo pueblos por los que no habían penetrado




minen: 1 (S, 7. 399
todavia los realistas en todo el periodo de su revolución á
causa de la aspereza i escabrosidad de las sendas ~ que son les
únicos caminos para llegar á ellos ~ especialmente á San Juan,
que lleva el nombre de dicha sierra. Despues de haber ca-
minado 133 leguas por aquel fragoso territorio en el espacio
de 28 dias ~ que duró la referida espedicion ~ logró destruir
la faccion de Benedicto Lopez ~ matándole 15 hombres, ha-
ciéndole 30 prisioneros i apoderándose de una porcion consi-
derable de armas de fuego i corte, municiones i caballos.


En los primeros dias del mes de agosto dieron las tropas
del general Cruz dos golpes importantes á los rebeldes, é in-
trodujeron en ellos bastante desorden: se verificó el primero
en el pueblo de la Piedad ~ atacado por 500 infantes i J 300
caballos mandados por el P. Torres ~ Huerra , Lucas Flores,
Calisto Aguirre i otra porclon de cabecillas del Bajio: el co-
mandante Don Anastasia Brizuela ~ que mandaba aquella pla-
za ~ se hizo acreedor á los mayores elogios por su bizarro
comportamiento , á cuyas enérgicas disposiciones i á la firmeza
de sus soldados se debió la vergonzosa retirada de aquellas
hordas foragidas despues de haber perdido 100 hombres en
sus infructuosas, aunque obstinadas tentativas, para rendir
la citada guarniciono


El otro golpe lo recibieron los rebeldes en el pueblo re--
cientemente fortificado de Mazamilla ~ que fue asimismo ata-·
cado por 350 hombres capitaneados por José Maria Hermosí-
no: la gloriosa defensa, dirigida por el comandante don Ra-
fael Cehallos , le hizo partícipe de los premios destinados al
sobresaliente mérito; el descalabro de J 50 hombres ~ que su-
frió aquella faccion ~ la desconcertó totalmente al paso que
elevó al mas alto grado de entusiasmo el ánimo de los rea-
listas.


El teniente coronel don Mateo Quílrí ~ el de igual clase
don Manuel Gomez ~ i todas las tropas que estaban al man-
do de estos dos bizarros gefes se cubrieron de gloria en una
accion que tuvieron en el mes de octubre contra 2® rebeldes
que se hallaban en el pueblo de Alahuistlan, distrito de




400 MÉJICO: 1817'
Zacol1plU, matando 1 JO de ellos, í apoderándose de muchas
de sus armas í municiones.


Acia este mismo tiempo fue tomado el fuerte de Cóporo
por asalto : el benemérito coronel Marqucz i Donallo , bien
conocido en aquel teatro gUi.lrrero por su bizarría i decision,
selló esta de nU3\"0 coa los infinitos padecimientos, riesgos
sacrificios, por medio de los cuales se abrió las puertas de aque-
lla fortiflcacicn , Los facciosos que se habian encerrado en
ella abundaban en tola clase de recursos para hacer una
obstim Ia defensa , gente esforzada, armas, municiones, ví-
veres, i sobre todo un desesperado valor , eran elementos ter-
ribles que debió superar la constancia realista.


Los ataques continuados, la construccion de baterías que
hicieran callar los fuegos contrarios, el cegamiento de fosos
por medio de faginas, i finalmente un vigoroso asalto; todo
fue necesario para hacer titubear á los rebeldes. Al ver estos
empeñadas las tropas realistas en sus murallas, se arrojaron
precipitadamente por un derrumbadero, llamado las Cuevas
de Pastrana. El fruto de esta victoria fue la aprehension de
277 prisioneros dentro i fuera de la plaza, entre ellos vario,
cabecillas de bastante prestigio en el pais, la toma de 8 ca-
ñones, 236 armas de fuego, abundancia de municiones i per-
trechos de guerra.


Seseñalé asimismo en noviembre la bravura del sargen-
to mayor don Juan Flores comandante de una division del
ejército de Nueva Galicia: situado este benemérito gefe á las
fronteras de la provincia de Guanajuatocon encargo de arre-
glar las fortificaciones i la defensa de toda la línea salió con 50
caballos de realistas con el nombre de Acordada de San Pe-
dro á los pueblos del Rincon de Leon, sitio principal de
reunion de las gavillas de los Pachones, i sorprendió una
abanzada , por la que supo que mas de 400 caballos enemi-
gos trataban de atacar al pueblo de San Pedro Piedra gorda,
punto de apoyo de la division del citado Flores.


Conociendo lo apurado de su sítuacíon , i que solo con 1:19
atrevido golpe de mano podía paralizar aquel peligroso mo-




nÚICO: l817- 40l
vimiento, arengo a sus soldados con todo el ardor que es
propio de un entusiasmado militar, i arrojándose á la carre-
ra sobre dicho pueblo del Rincon , envolvió completamente
á BUS contrarios, introdujo por todas partes el terror i la
muerte, puso en completa dispersión aquellas hordas desal-
madas que buscaron su salvacion en la espesura de las huer-
tas contiguas á dicho pueblo, hizo morder el polvo á IS0
hombres, entre ellos al titulado coronel Magdaleno Medina,
se apoderó de la caballada , de muchas armas de chispa i
corte, i dejó en el país un eterno recuerdo de su bizarría i
de los heroicos esfuerzos de sus 50 scldados.


Se dieron asimismo en el mes de diciembre varias accio-
nes importantes que agregaron nuevos blasones á las tropas
realistas: entre aquellas merece un lugar de preferencia la
destruccion del rebelde cabecilla Vergara, su indulto sueesi-
yO, i el de su gavilla, eª el campamento del Arenal, distrito
de Jalapa por el teniente coronel don José Rincon i por el
capitan don Diego Rubin de Celis , dependientes de la divi-
:ion del brigadier don Diego Garcia Conde; la derrota de
los rebeldes de la sierra de Nayarit por el teniente coronel
don Joaquín Mondragon, comandante militar de Tepic, ju-
risdíccion de Guadalajara; los descalabros causados á la gavi-
lla de Encarnacion Ortiz, compuesta de 200 infantes i 300
caballos en las cercanias de Ojuelos por el capitan don José
Gaspar de Ochoa de la division del general Cruz, quien se
hizo mas notable por su arrojo que por su prudencia en ha-
ber aceptado con un puñado de valientes un combate tan
desigual, del que hubo de desistir con bastante quebranto á
pesar de Sil estraordinaria ralentía ; i finalmente la prision
de los cabecillas Nicolas Bravo, Vaaquea, P. Talavera i otros
oficiales de aquella faccion , que fue totalmente deshecha en
el paraje llamado de Dolores, distrito de 'I'eloloapan con
pérdida.de todos sus cañones , fusiles, municiones, monturas
1 remonta, por el brigadier Armijo.


El citado Bravo, que con tanto tesan i constancia había
perseverado en las filaa de loa ínsurjentes , era uno de aque-


TOMO II.. 51




l¡o2 JnÍJIco: 1817.
110s hombres que merecian ser respetados aun'lue del gre-
mio de los amantes de la independencia. Su carrera fUI
una serie no interrumpida de acciones generosas; sus prin-
cipios habian sido mas nobles que los de la mayor parte de
los caudillos rebeldes; si la mano de la cultura se hubiera
ejercitado en él, habria hallado un terreno reconocido.


Jamas participó Bravo del espíritu de sangre i esterminio
que animaba á sus compañeros, se han notada por el contrario
en su conducta rasgos de nobleza poco comunes: algunos
años antes habia sido hecho prisionero su padre, i fusilado en
la capital; todos creian que saorificaria á su odio i despecho
una porcíon de oficiales realistas que tenia en su poder á
tiempo que recibió aquella triste noticia; j pero cuál fue la
admiracion de los mismos presos cuando recibieron en su
Tez la libertad bajo la condicion de que publicasen por todas
partes el modo generoso con que aquel caudillo -rengaba su.
agravios! ~


Ni fue esta la sola vez que PuS() en claro sus virtuie.
en medio de su estravío político: fue infatigable en salvar
del cruento sacrificio infinidad de víctimas españolas que
habian sido destinadas á él por las desalmadas partidas. Esto.
repetidos actos de humanidad i grandeza de alma hicieron
que los realistas le consideraran como un reo por equivoca-
cion de cálculo, i de ningun modo como alevoso ínsurjente;
el generoso trato que recibió del gobierno español acabó d.
ganar su corazon, i participando sucesivamente del indulto
real se conservo obediente á la autoridad superior, dedicado
esclusivamente al cultivo de sus haciendas.


Parecia sinceramente arrepentido de sus pasados errores,
cuando el revolucionario Itúrbide supo en 1820 hacer bre-
cha en su corazon con sus seductores manejos, desper-
tar en él la antigua llama de la libertad, i hacerle tomar
nuevamente partido para sacudir la dependencia española,
Triunfó Itürbíde, i Bravo estuvo mui lejos de adquirir alta-
nería con la victoria, en la que tuvo una parte muí activa.
'l'riunfaron sucesivamente los republicanos centralistas, í




M~JICO: 181 7' 403
:Bravo ocupó URO de los puestos principales de aquel estado.
Se suscitaron varias discordias civiles, i Bravo ha sido respe-
tado por todos los part~dos. Este generoso enemigo, en quien
los principios de moderación i órden no sufrieron jamas la
menor alteracion , se estrelló contra los anarquistas i por
ellos fue desterrado del país.


Este es acaso el único revolucionario, cuya historia me-
rezca ser trazada con benignas tintas por una pluma espa-
ñola; permítasenos hacer esta digresion en obsequio de la
imparcialidad, que es nuestra divisa, i en testimonio de gra-
titud por los servicios que prestó á los realistas durante el
largo periodo de aquella funesta guerra civil.


Por la relación de tantos i tan importantes sucesos ocur-
ridos en este año se vendrá en conocimiento del carácter ac-
tivo que desplegó en él el genio revolncionario•. A!lnque
triunfaron completamente los principios de órden i de justi-
cia, quedó sin embargo estremecido el reino, agitados los
espíritus i no sin alguna aprehension el gobierno desde que
hahia visto la facilidad con que un aventurero había sabido
formarse una peligrosa opinion en el pais , i ponerse en acti-
tud de desafiar su poder. Debió por lo tanto redoblar sus
afanes para disipar la inquietud producida por aquellas bor-
rascosas oscilaciones; mas no pudo conseguirlo hasta fines del
año siguientes que fue cuando el reino de Méjico empezó á
¡ozar del fruto de la paciticacion,




4ot~
\I\i\i\l\i\l\'\f\;\¡1.I\I\'\J\'\MI\'\!\J\j\;\'\I\I',,'\'\i\I\r\l\i\lW\i\l\f\l\i\l'\i\l\'\'\J\I\i\I\I\!\MI\I\'\IW


CAPITU LO .xXIV.


r


PER U:


Bajada de Olaneta i raldés á Jujui. Paria» accione!
parciales dadas por las tropas del Rei. Llegada de
Canteracá desempeñar el destino de gefe de estado mayor,
servido interinamente por el citado Faldee. Progresos de
la paeificacion. .dctivas providencias del oirei Pezuela
para poner el paJs en estado de defensa contra las tentati-
vas de Ias tropas rebeldes estacionadas en Chile. Forma-
cion de un ejército de reserva en. .drequipa. Disensiones en-
tre este gefe i el generalLa Serna:


Permanecia el cuartel general en Tnpiza esperando el
desenlace de la espedicion dirigida á Chile, objeto principal
que ocupaba la. atención del vírei , asi corno la de todos los
buenos realistas que eonocian la importancia de restablecer
la autoridad real en aquellos paises. El general La Serna em-
pleaba utilmente el tiempo en perseguir en todas direcciones
los moribundos restos de la impía faccion para fundar en s6·
lidas bases el dominio del Soberano español,


Una de las operaciones mas importantes emprendidas á
principios de este año fue la bajada á Jujui del brigadier
Olañeta i del coronel Valdés en busca de ganado para abas-
tecer el ejército, con la doble idea de alejar las partidas in-
surgentes de aquella frontera. El acierto con que ambos ge-
fes desempeñaron esta comisión regresando á los pocos dial
con abundancia de provisiones, caballos, mulas, varios pri-
sioneros i armas de chispa i corte, cogidas á 101 enemigo.




YEJlÚ: ISIS. 405
en varios encuentros que sostuvieron contra ellos sin que ja"
ma¡ les hubiera abandonado la fortuna, hizo honor á su in-
teligencia i prevision, i di6 nuevos timbres á su distinguido
mérito. Las bizarras tropas, que componian aquella colum-
na" se hicieron asimismo acreedoras á los mayores elogios
por la constancia con que sufrieron sus penosas marchas, i
por la firmeza que desplegaron cuantas veces fue preciso ape-
lar á su bizarría i decision,


Se batian en el entretanto varios gefes compitiendo en
brillantes esfuerzos para adquirir opínion i gloria. Por la parte
de La Paz señaló su bravura don José Mariano Díaz de
Medina, comandante de una columna, enviada en persecu-
eion del caudillo Capitas que se hallaba á las inmediaciones
del Paracate con 20 fusileros, 80 lanceros i 500 indios ar-
mados de chuzos i garrotes. Cargándolos denodadamente las
tropas del Rei , fueron prontamente arrollados i perseguidos
hasta el rio Cola, dejando mas de 50 muertos tendidos en
el campo, i un número correspondiente de heridos que pu-
dieron ocultarse ea gran parte en la espesura de los bosques.


El teniente coronel don CárIos 1Hedinaceli, gefe de una
espedicíon que el general había dirigido sobre San Lucas, der-
rotó en 11 de febrero al caudillo Vicente Martinez en el
cerro de~!P.'iri, logrando dispersar toda su partida i apode-
rarse de: ':im¡ gran porción de acémilas i de todo el ganado
lanar que llevaba para su subsistencia. A los ocho días batió
lile nuevo este mismo gefe en las inmediaciones de AchiUa
al referido Martinez i á otro caudillo llamado Cuiza, cuyo.
dos hijos ·lJizo prisioneros con otros varios individuos de
aquella partida.


Tamhien el teniente coronel don Juan Bautista Baspí-
fieiro hahia salido triunfante de un encuentró que tuvo en
el día J 3 del mismo mes con los caudillos Lorenzo i Maria-
no Fernandez en las alturas del no Chíríaiayo , cogiendo
varios prisioneros i apoderándose de algunas de sus armas.
Pocos días antes habían sido sorprendidos por el coronel
A~ui1era loa caudillos- Manuel Baca, Canuto i Damaso Ro-




406 PERÚ: 181~.
ch. que habian tenido el atrevimiento de aproximarse
Saata Cruz de la Sierra ; pero les sirvió di terrible escar-
miento la considerable pérdida que les causó aquel bizarro
gefe.


El teniente coronel don Antonio Vigil presto un servicio
importante á principios de marzo aprehendiendo al caudillo
Subiría, que era el principal insurgente de la provincia de
Tarija i á otros individuos de su partida, entre ellos un ca4
pitan i dos soldados de los indios chiriguanos.


El ya citado teniente coronel Medinaceli did nueras
pruebas de su actividad i adhesion á la causa real en otra es-
pedicion que emprendió á mediados de marzo sobre el cerro
de Toroco, en el que se hallaban los caudillos Agreda, M04
lina i el segundo de Carrillo con 60 fusileros i Sao indios.
Apenas divisó á los enemigos cuando se lanzó intrepidamen-
te sobre ellos i despues de haberlos arrollado completamente
los persiguió por mas de dos leguas hasta el rio de Turuchi-
pa haciendo en ellos un gran destrozo en muertos, heridos
i prisioneros.


Ni fue esta la sola ventaja de aquel movimiento, sino que
enviado á su consecuencia el capitan don Pedro Duchen con
50 infantes sobre los parages de Pulquina i Colpa á encon-
trarse con los caudillos Aranibar, Barrera i Palenque, que
ignorantes del suceso anterior se dirigian á aquellos puntos
como designados para su reunion, logró engañarlos fingién-
dose de su partido, i cuando los tuvo inmediatos rompió
un vivo fuego que los puso en el mayor desorden; i persi-
guiéndoles por mas de media legua á pesar de la escabrosi-
dad del terreno hizo prisioneros á los dos primeros, i mató
varios individuos de aquella gavilla.


Por la parte de Cochabamba i partidos de Misque i Ar-
que obtenían asimismo ilustres triunfos los comandantes
Bouza , Hidalgo i Lezama contra los caudillos Serna, Gan-
darillas, Curico , Pozo, Inojosa i Aseuas, apoderándose de
varios deelIos, de suartillerfa i municiones, de mucha par-
te de su armamento, acémilas i ganado, rescatando varios




l'E"RÚ: ISIS. 407
prisioneros que se hallaban en su poder ~ libertando á los
pueblos de la opresion en que los tenia aquella indómita
chusma.


Las tropas de don Pascual Vivero en la provincia de La
Plata, i especialmente las del coronel La Hera obtuvieron va-
rias ventajas sobre los insurgentes mandados por el caudillo
Fernandez en las inmediaciones de Pomabamba en ua para-
ge llamado Aguada-Casa ~ en donde atacados á la bayoneta
fueron prontamente deshechos i perseguidos por el partido
de Cinti sufriendo la pérdida de muchos muertos ~ de un ca-
non de á 2~ de 46 fusiles i carabinas i de otros varios pertre-
chos de guerra, asi como de 18 prisioneros.


El teniente coronel don Baldomero Espartero derrotó asi-
mismo á la gaTilla del caudillo Cueto en las llanuras inme-
diatas al pueblo de Mojocoya en el mes de mayo: en el de
ag(lsto obtuvo resultados no menos brilIantes el coronel don
Francisco de Ostria contra el cabeeilIa Prudencia, á quien
sorprendio en una casa de campo en las cercanías de Quila-
quila quedando muerto el mismo caudillo con 37 de sus sol-
dados, í los restantes hasta el completo de 60 hembres , de
que se componía la partída , cayeron en poder de las valien-
tes tropas realistas. Otra sección al mando del coronel La
Hera se dirigió contra Sillo, al que derrotó completamente
dejando libres los caminos para Potosí, Cíntí , Val1egrande,
la Laguna, Oruro i Cocbabamha,


Este mismo gefe salió de nuevo contra los facciosos refu-
giados en el escarpado cerro de 'I'aracachí, nombrado enfática-
mente Cerro invicto por no haber penetrado jamas en él las
tropas del Reí; í á pesar de la empeñada defensa que trata-
ton de hacer el ya citado Silla i su campanero Silva ~ fueron
arrojados de aquella posicion con bastante pérdida de gente
en muertos i prisioneros.


Una partida de tropas ~ que al mando del capitan don
Pedro José Gutierrez había destinado el presidente interino
de Chuquísaca don Rafael Maroto para protejer el paso de




.'¡ oS PERÚ: 1818.
los correos, logró sorprender unos 100 insurgentes embosca-
dos matando 20 de ellos inclusive su comandante , i cogién-
doles varias armas, municiones i efectos.


Por la parte de Cochabamba se ocupaban asimismo las
tropas del Rei en la persecucion de varias partidas sueltas, las
que si bien eran poco importantes en número, causaban sin
embargo considerable perjuicio estraviando la opinion icon-
moviendo los pueblos.


El comandante don Pedro Antonio de .ásua segundó po-
derosamente los impulsos de don José de Mendizabal é Irnas,
gobernador intendente de la citada provincia ahuyentando
de ella á los caudillos Serna, Pozo, Hinojosa, Cuero, Curito,
l\'lier i Díaz, El comandante del Canton de Arque coronel
don Francisco Guerra, dependiente de la misma provincia de
Cochabamba , contribuia contemporáneamente á la pacifica-
cion del pais , atacando á los facciosos en el punto de Agüe-
rana, i haciendo prisioneros á los principales caudillos de aquel
partido Tomás Pella, Andrés Cacilla, Alejo Totrico, André.
Ocaña i Francisco Chura,


Aunque parecia que los golpes dados á principios de ano
por el brigadier Ricafort á los rebeldes de la provincia de
Tarija debieran haber hecho desaparecer la revolucion de
aquel pais , DO fue así por desgracia, sino que se vieron mui
pronto levantar de sus cenizas nuevas gavillas contra las que
fue preciso dirijir una columna al mando del coronel Vigilo
Eran aquellas mandadas por los Uriundos i Rojas, i aunque
habian llegado á reunir una numerosa chusma, toda ella -se
disipó apenas supieron la aproximación de dichas tropas.
Uriundo perdió bastante gente, algunas municiones, acé-
milas i efectos; pero Rojas volvió á rehacerse, i protegido
por los indios, por la espesura de los bosques de San Luis,
por alguna gente que le había llegado de refuerzo del parti-
do de San Lorenzo obligó á los realistas á retirarse sin que
hubieran sacado mas fruto de sus esfuerzos que el de recojer
algun$unado. }




PERÓ: 1818: 409
La espedíclon que hizo en el mes de agosto contra los


mismos caudillos i contra Espina, Castillo i Sanchez el en-
tonces brigadier don José Canterac, que acababa de llegar al
ejército del Alto Perú á desempeñar el destino de gefe del
Estado mayor, que servía interinamente el coronel Valdés,
tuvo un éxito mas feliz que el anterior. La fortuna no le
abandono en cuantos encuentros tuvo con los espresados in-
surjentes , habiendo sido el resultado de sus desvelos i fatigas
la prision de 30 de ellos, la muerte de otros muchos, la to-
ma de 30 fusiles, dos cargas de municiones, 70 caballos en-
sillados, 100 acémilas, mil cabezas de ganado vacuno, é
igual número de fanegas de maiz , de modo que quedó per-
fectamente restablecido el 6rden en todo el inmenso territo-
rio que se estendia desde Tarija hasta las poblaciones de la
Nueva Oran.


Empero por mas golpes que se diesen á la faccion desor-
ganizadora, i aunque por algun tiempo pareciese hallarse el
país enteramente libre de enemigos, volvían prontamente á
la palestra nuevos campeones que tenían la osadía de presen-
tarse hasta las mismas puertas de los pueblos ocupados por
las tropas del Rei. Noticioso el general en gefe de que el
caudillo Fernandez recorría los partidos de Cinti i de la
Loma, i las doctrinas de Santa Elena, destaco en su persecu-
cion desde el cuartel general de Tupiza á los coroneles don
Gerónimo Valdés i don Fulgencio Toro, cuyos dos bizarros
gefes desempeñaron tan brillantemente su comísíon que to-
dos los grupos de los rebeldes fueron arrollados i perseguidos
hasta las orilIas del río Pilcomayo , abandonando en su mar-
cha porción considerable de ganado vacuno, i dejando á to-
dos aquellos pueblos una terrible leccion de lo poco que de-
bian esperar de unos partidarios, cuya divisa era el desdrdea,
el robo i la cobardía.


La sumision del indómito Mendez, que tantos danos ba-
bia causado á las tropas del Rei, su entrega espontánea al
general La Serna, quien premió tan Importanteservicío con-


TOMO 1I. 53




410 I'Jmú: 1818.
cediéndole el grado de teniente coronel, i treinta pesos men-
suales á dos de sus sobrinos, fue considerada como una gran,
ventaja para el partido realista, que halló en estos guerreros
unos firmes apoyos en vez de obstinados enemigos.


Las acciones que acabamos de referir no son por cierto
de aqueUa clase distinguida que dé una solida gloria i nom-
hradía á los sujetos que tuvieron parte en ellas; pero como
fueron las únicas que recuerda la historia de este ano, si se
esceptúan otras escaramuzas ligeras 6 choques parciales de
poca consíderacíon , son otros tantos testimonios de los pro-
gresos que habia hecho la opinion á favor de los reales dere-
chos, i de que la autoridad del Soberano español era respe-
petada generalmente, menos por un puñado de bandidos,
"ue tomando la voz de independencia para encubrir sus mal-
dades, Se entregaban :í todo género de escesos, i sublevaban
algunos pueblos' con el afan del botln,


El Alto Perú parecía pues solidamente asegurado; el ejér-
cito porteño situado en el Tucuman llegaba escasamente á
~300 hombres; la capital de Buenos-Aires no podia enviar
nuevos refuerzos; las tropas de San Martin \ aunque acaba-
han de vencer al brigadier Osorio en el !Haipu\ proyectaban
otras empresas, i de níngun modo podia esperarse que volvie-
ee á pasar los Andes. Los grandes cuidados del virei Pezue-
la desde que tuvo noticia de la citada batalla del l\laipu se
dirigieron á cubrir la dilatada costa de su vireinato, i á poner
la capital del Perú en estado de rechazar gloriosamente toda
mvasíon hostil de parte de las orgullosas tropas del caudillo
San Martin. Creciendo en este la ambicion á medida de sus
triunfos, trataba de llevar el peso de la guerra á dicho vi-
seínato de Lima: la marina que con este motivo estaba for-
;¡panda era un anuncio seguro de sus atrevidos planes.


El virei Pezuela, que Ilegó á penetrar sus designios, des-
plegó la mayor actividad para frustrarlos: sus desvelos en
aumentar las fuerzas terrestres i navales hacian honor á su
cele é inteligencia. Creyendo que la ciudad de Arequipa




PER ú : 1 3 l 8. 41 1
sería por su centralidad un escelente punto para organi-
zar un ejército de reserva que pudiese acudir con prontitud
á donde lo exigiese la necesidad, nombró al brigadier Rica-
fort para que se encargase de tan irriportante comisiono Ha-
biendo oficiado en su consecuencia al general La Serna para que
pusiera á la disposicion de este gefe el regimiento de Estrema-
dura i el escuadran de dragones (~e Ia Uriion , como base del
proyectado ejército? halló una tenaz oposicion fundada en la
mayor conveniencia que ofrecía la provincia de Puno para
su formacion. '


Las instancias del citado La Serna i de otros muchos ce"
lasos realistas, que reconociendo en los habitantes de Arequi-
pa menos firmeza de fibra i mayor aficion á aquella clase de
placeres que enervan el ánimo, aconsejaban que se diese la
preferencia á un pais montuoso, cuyoshabiraqteS exentos de
los vicios que son tan comunes á los que se han criado ea
los pueblos calientes de las costas, habian de corresponder
mas dignamente al objeto propuesto, no fueron escuchadas;
i se llevó á efecto con todo rigorla primitiva idea.


El objeto principal de estas 'cuestiones entre Pezuela i
La Serna parece consistía en que este deseaba que dicho ejér-
cito estuviera á sus órdenes, i aquel habia determinado con-
servarlo á las suyas. Triunfó pues enesteohoque Ia primera
autoridad; pero' lllijó arraigada la semilla de la discordia, j
ccrnpletd 111 acedia de los ánimos, que trajo tan fatales con-
secuencias, . )


Fue verdaderamente una desgracía que no dejó de influir
en los reveses de Ias armas del Rei la poca .armonia que
reinó entre estas dos autoridades desde ,que arribo La Ser-
'na á las playas del Perú .. El virei Pezuela deseaba que este
nuevo gefe hubiera pasado á Lima á recibir útiles instruc-
ciones de quien acababa de recorrer tan gloriosamente el país
que habia sido confiado á su mando; pero como éste al salir
-de España hubiera tenido la orden de desembarcar en Arica,
-¡ de pasar desde aquel puerto á .encargarse del' 'ejército' que




!~12 rERÚ: ISIS.
se suponia estar situado en Oruro , no se atrevi6 á trasgrc...
dir aquellas disposiciones sin una llamada espresa del virei,
quien considerando como absolutamente necesario el acto
de dicha entrevista crey6 inútil toda escitacion por su parte
sobre este punto.


Esta primera desavenencia, que indispuso momentánea-
mente el ánimo del referido víreí , qued6 prontamente sofo-
cada por ambas partes en obsequio de la causa real, por la
que trataron de trabajar de consuno con la mayor actividad
i firmeza; pero la demasiada precípltacíon con que por un
efecto de laudable celo queria Pezuela que La Serna llevase
á efecto su proyectada espedicíon sobre el Tucuman , i la re-
pugnancia de éste sin que antes se hubiera provisto de to-
dos los. elementos necesarios para no desairar el honor de sus
armas; la viva i aun picante correspondencia que se estable-
ció entre ambos, i el disgusto de La Serna al ver que el vi-
rei , ansioso por el acierto queria intervenir en todas las
operaciones de aquel ejército, fueron otras causas que dieron
pábulo á su mútuo resentimiento; i si bien se llevaron á
efecto los planes de Pezuela , ni se desempeñaron á su gusto,
Di el éxito correspondió á las grandes esperanzas que había
concebido La Serna de hacer tremolar el pavellon real en
las murallas de Buenoe-áírea.


La última cuestíon en que estuvieron empeñados estos
dos gefes acerca del punto en que debía formarse el ejérci-
to de reserva, i sobre la desmembracion de una parte de las
tropas que estaban bajo el inmediato mando de La Serna,
acabaron de indisponer el ánimo de este general hasta el es-
tremo de pedir por tercera i cuarta vez su relevo, i la li-
eencía de regresar á la Península para reponer su salud', su-
mamente debilitada por sus fatigas i disgustos.


Sin embargo de estas discusiones, eran ambos gefes de-
masiado pundonorosos para dejar de cumplir con las altas
funciones que exígía su delicado ministerio: los intereses del
Rei no fueroD de wwo alguno descuidados, i por tu censes-




PERÚ: I fh 8. 413
vacion i fomento puso cada uno de ellos por su parte CUan-
to puede prometerse de vasallos fieles i de militares esforza-
dos. Continu6 pues La Serna á la cabeza del ejército del
Alto Perú hasta que llegase la respuesta de la corte; i Pe-
zuela se dedicó con doble empeño á poner su vireinato en el
estado mas firme de defensa.




41 !~
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CAPITULO xxv.


CI-IILE: .1818.


Llegada de la espedicion de Osario á Talcahuano. Retirada
de los rebeldes que bloqueaban aquel puerto. Deoastacion
de la provincia de Concepcion, Motivos de disgusto entre
Osario i Ordoñez. Cardcter de ambos. Primer choque con
los rebeldes en San Carlos.Posicion de ambos ejércitos.
Carácter del coronel Primo de Rivera' i de los demas ge-
fes. Paso del Maule. Salida de Talca. Accion de las Que-
chereguas. Planes del caudillo insurjente San Martin
para cortar á los realistas. Apurada situacion de éstos.
Batalla de Canchnrayada•. ,Sorpreséi del campo enemigo,
i su total dispersion, Detencion mal calculada de los
realistas en Talca. Batalla del Maipu. Llegada de Osario
i de Rodil á Talcahuano, Reflexiones sobre esta desgra-
ciada batalla. Salida de Osorto para Lima ,i nombramien-
to de Sanchez para mandar la provincia de Concepeion,
Formacion de la marina chilena. Traicion alevosa del
trasporte la Trinidad. Combate con la fragata Esmeralda.
Apresamiento de la fragata española la María Isabel,
i de cuatro buques de la espedicion que habia salido de
Cddiz, Arribo de tres de ellos con su comandante general
á las costas de Chile, i del noveno al Callao. Arribo de
Lord Cochrane para mandar la escuadra insurgente.


Engreido el coronel Ordofíez con los preciosos triunfos
.conseguídos sobre las tropas de San Martin, continuaba sos-




.' CHTT.E: ,81 8. 4- I ~,
,teniendo con' el mayor lustre la plaza de' Talcalmano, cuan-
do tuvo el consuelo de ver arribar á aquel puerto la brillan-
te espedicion organizada en Lima por el virei PezueIa, i
confiada al mando del brigadier Osorlo. Se componía esta
de 3407 hombres de todas armas, los que reunidos á la tro-
pa que manclaba el referido Ordoñez componían una fuerza
de St'J soldados útiles para entrar en campaña.


Apenas tuvieron noticia de este desembarco los caudillos
O'Higgins i Brayer, se retiraron á Concepcion, i sucesiva-
mente tuvieron orden de desamparar aquella ciudad i toda
su provincia, i de retirarse á la de Santiago á incorporarse
con otra division de 33 hombres, mandada por el gefe prin-
cipal San Martin. Hasta que este supo con certeza el desem-
harca de la espedicion verificado en Talcahuano se mantuvo
en observación en las inmediaciones de Valparaiso, recelan-
do de que aquel pudiera emprenderse por este lado. Disipa-
do este primer temor formó su plan de reunir en un cuerpo
todas las fuerzas del reino para dar un golpe decisivo á los
realistas.


La retirada de O'Higgins selló la barbarie i ferocidad
que 1~ caracterizado siempre á los revolucionarios de Améri~
ca. La vandálica orden de que emigrasen para la provincia
de Santiago todos los habitantes de la de Concepcion, sin
esceptuar edad ni sexo , cubrió aquel dilatado camino de
eíento cincuenta leguas, de infelices familias que iban 8U~
eumbiendo .al peso de la fatiga, de los duros tratamientos;
de las angustias i de las privaciones. La pluma no acierta á
describir los actos de brutalidad i sevícia cometidos en esta
ecasion contra los fieles habitantes de la referida provincia.
El fuego i la espada acabaron de destruir cuanto había podi-
do sustraerse á la rapacidad i violencia de los soldados titula-
dos de la patria. Las casas, las haciendas, los campos, los
animales de servicio, todo fue inutilizado sin qtle á aquellos
pueblos miserables les quedase ni aun el estéril recursc de la.~
mentar sus desdichas.




416 CHILE:- 1818.'
El espírltu de devastacion, que precedía lÍ los rabiosos


patriotas, llevaba el doble objeto de hacer un terrible escar-
miento sobre aquella provincia, que tantas pruebas habla
dado de su adhesion á la Madre patria, i aun mas el de cor-
tar al enemigo toda clase de ausilios para seguir su marcha,
sin calcular que la propicia estacíon i los infinitos recursos
que ofrece aquel fertilísimo pais en carnes, pescados i frutos
no habia de producir mas resultado de sus bárbaras provi-
dencias que el pueril desahogo de su impotente rabia, i la
mancha indeleble de haber talado uno de los mejores paises
de aquel reino.


Luego que hubo desembarcado Osorio, trató de proveer-
se de caballos para salir á la persecucion de los pr6fugos; i
espedidas á este fin las necesarias providencias, se reunieron 28
de ellos á los siete días , i asimismo el número suficiente de
acémilas i de bueyes.


Desde el momento en que la division de Lima arribó á
Talcahuano se notó aquella falta de armonía i franqueza en-
tre Osorio i Ordoríez, que fue el origen emponzoñado de mil
males. Ambos tenian entusiasmo, inteligencia i decision; am-
bos deseaban dar dias de gloria á la España, i sellar con su
sangre la fidelidad al Monaica español; pero ambos al pare·
eer tenian aspiraciones que no eran conciliables.


Como el primero se hallaba con toda la proteccion del
vireí , no era estraño que aspirase al mando sup.emo de
aquel reino: no podia ver el segundo con indiferencia
que viniese otro á recoger el froto de sus padecimientos i sa-
crificios: he aqui una de las causas que influyeron poderosa-
mente en los reveses que sufrieron los realistas en aquella
campaña.


Los primeros síntomas del descontento fueron cortados
sin embargo por la mediacion de algunas personas celosas
del bien público, i con el grado de brigadier que de parte del
"tirei había llevado Osorio para Ordoñea á fin de hacer menos
sensible 111 desaire. Sofecando ambos por entonces su miitue




CIIlLE : 1818. 417
resentimiento, se dedicaron con el mayor tesan i ener gía á
conducir á feliz término la empresa de la reconquista. Des-
pues de haberse detenido los realistas en Concepcíon algun os
días para revistar los cuerpos, organizar la caballerfa i
amaestrar la tropa, haciendo con esta mira algunos simula-
cros de guerra para salir con lucimiento de la campaña que
iba á abrirse, levantaron el campo en el mes de febrero, i
se avanzaron varias de sus partidas de caballería hasta Chillan.


Todavía llegaron á este punto á tiempo de hacer algn-
nos esfuerzos para apagar las voraces llamas que abrasaban
todos sus edificios, en particular el magnífico colegio de mi-
sioneros de Propaganda de San Ildefonso , sin que al caudillo
O'Higgins, autor de tan bárbaro decreto, le hubiera retraido
de su criminal intento la consideracion de haber recibido en
dicho colegio la instruccion i conocimientos de que tanto se
jactaba, ni la de haber sido aquel establecimiento en todos
tiempos el asilo de la caridad i de la beneficencia.


Habiendo salido de este pueblo el coronel don Cipriano
Palma con 100 dragones i otros tantos indios bárbaros, que
halló accidentalmente en él, á picar la retaguardia de los re-
beldes, quc estaba poco distante, la alcanzó en los campos
de San Carlos , cinco leguas al Norte del referido punto de
ChilIán, i obtuvo por resultado de su bizarría i arrojo la
muerte de varios de ellos i la precipitada fuga de los demás,
Este primer triunfo llenó de altanería al ejército realista i le
hizo esperar que la fortuna jamas abandonaria á los que de.
fendian una causa tan noble.


Era sin embargo la posicion de estos muí diferente de
la de los rebelcles; i por lo tanto los hombres que sujetan
los resultados á los cálculos de la prudencia, temian con ra-
son que aquellos no correspondiesen á la confianza con que se
arrojaban á una empresa tan dificil. El ejército de operaciones
que Osario podia presentar contra San Martin despues de haber
"dejado algunas guarniciones, si bien habia incorporado varios
reclutas del país, no llegaba á 5000 hombres, entre ellos
700 caballos, i su artillería constaba tan solo de 1 JI piezas de-


TOMO u, 53




418 CHILE: 181ó.
cortos calibres. Los batallones de Burgos i del Infante tenían
una aventajada instruccion ; pero si se esceptúan el bata-
Ilon de Concepcion i dragones de la Frontera que habian de-
fendido á TalcallU~no, en los oidos de los demas soldados
iba á resonar por la primera vez el silvido de las balas. Lo,
cuerpos euro peos,que se hallaban can todas las calificaciones
guerreras, ib an á sufrir la variacion de clima, i no eran los mas
á propósito para hacer penosas marchas en un pais cubierto de
rios , que era pre ciso vadear frecuentemente con el agua á
los pechos.


Los enemigos contaban con un ejército de 8000 infantes
i 1500 caballos constituidos en el mejor estado de disciplina i
arreglo, é instruidos en toda clase de evoluciones por el aven-
turero Brayer, ex-general de Napoleon , i por otros muchos
oficiales estrangeroa que habian concurrido á aquel país á
atizar el fuego de la revolucion , que habia sido apagado en
Europa por la íntima union de los Soberanos legítimos. Las
tropas naturales, de que se componía el ejército rebelde, eran
mas adecuadas para aquella clase de guerra; su artillería era
mui superior en número i en calibre; las repetidas alocucio-
nes que salían de las tribunas populares i de las prensas re-
volucionarias prometiendo riquezas i prosperidades con el es-
tablecimiento de su independencia, habian principiado á ha-
cer alguna impresion en los ánimos; la opinión general pa-
recia inclinada á segundar las miras del caudillo porteño : to-
dos los elementos obraban en contra de los valientes realistas
que se iban aproximando al Maule.


Mui desde luego conoció el brigadier Osario los diferen-
tes auspicios, bajo los cuales se presentaba 'esta camparía. Te-
mia con razon que los brillantes triunfos conseguidosen 1814
no fueron suficientes para lavar la mancha de una batalla per-
dida en esta ocasion :andaba por lo tanto mui detenido en sus
operaciones formando su carácter un contraste muí visible
con el arrojo i precipitacion que eran las divisas de Ordoñez,


De ambos gefes se habria podido formar un general con-
sumado r Osorio tenia talentos no comunes, bastante instruc-




CIIILE: 1818. 1, I q
cion i mucha política; pero su demasiada circunspeccion daba
á todas sus providencias un carácter de perplejidad, inquie-
tud é irresolucion. Ordoñea era de ingenio poco fecundo, de
modales populares i nada cursado en la carrera política; mas
en su vez abundaba en valor, en decision i en firmeza. El
primero hallaba el camino sembrado de abrojos, i el segundo
de flores: aquel reconocía la importancia del enemigo que iba
á combatir, i éste lo despreciaba, convencido sínceramente
de que serian irresistibles los esfuerzos de su brazo i de 51U
bizarras tropas.


Como era mas fresca la fama de las hazañas de este úl-
timo, se dirigian mas ácía él las demostraciones de júbilo i
de aprecio de parte de los pueblos por donde transitaban. Era
natural que esta deferencia fuese poco grata al primer gefe, i
que contribuyese á aumentar su inquietud i alarma. El co-
ronel Primo de Rivera, que desempeñaba las funciones de
gefe del Estado Mayor, era un jóven de brillantes talentos
i de regular instruccion; pero tenia poca esperiencia en el
arte de la guerra, i no es estraño por lo tanto que sus opera-
cionesse resintiesende este defecto. Los demas gefes, fogosos por
naturaleza i Henos de un ardiente entusiasmo deseaban ve-
nir á las manos con los insurgentes, esperando que la for-
tuna sería propicia á sus votos: la idea de entrar en la ca-
pital de Chile i de que resonase desde aquel punto la fama
de sus proezas absorvia enteramente su atención, i les hacia
desconocer los graves peligros que acompaiíaban á aquella
atrevida camparía.


Era tan ciega la confianza de estas tropas , que sin es-
tar bien aseguradas de la verdadera posicion del enemigo,
se atrevieron á pasar el Maule arrastrando con el pronun-
ciamiento general por este movimiento la voluntad del bri-
gadier Osorio, que estaba poco dispuesto á segundarlo. Fue
Primo de Rivera el primero que cruzó aquella caudalosa cor-
riente; le siguió Ordoñez á mni poco tiempo, i el dia 3 de
marzo se halló todo el ejército reunido en Talea, primer
pueblo de la provincia de Santiago, distaflte 80 leguas de




420 CHILE: 1818.
Talcahuano. Viendo San Martin que su proyecto de atraer
los realistas á la otra parte del citado rio Maule había salido
á medida de sus deseos, movi6 su campo de la villa de San
Fernando i se aproximo al encuentro de ellos.


Después de haber tenido el ejército realista algunos dias
de descanso , salio de Talca el día J4, i se adelant6 sobre
el Lontúe Primo de Ribera con la columna de cazadores i
granaderos, dragones de la Frontera i lanceros del Rei , con
la ílea de I1eg:u hasta Curic6, i hacer un reconocimiento so-
bre el enemigo. Las dernas tropas salieron del mismo punto
de TaIca el día 14 , i llegaron al siguiente á Camarico.


Se hallaba ya San Martin con su numeroso ejército á
la orilla opuesta de dicho río de Lontúe, con objeto de cru-
zarlo al dia siguiente para hacer iguales esploracíones : des-
tacado con este objeto el valiente Freire con una gruesa co-
lumna, tropezó repentinamente con la caballería á la que
hizo retroceder en su primer encuentro, obligando á Primo
á encerrarse con su columna en unas casas llamadas las Que-
ehereguas.


Aprovechándose el gefe insurjente de la sorpresa i terror
que había introducido en el campo espaúol , intimó la rendí-
cion á aquella tropa; pero en tanto que el pundonoroso Pri-
mo hacia ver á los insurjentes que los soldados de su mando
no capitulaban con el crímen, volvió de repente la caballe-
ría á salvar aquel contraste, i se arroje con la mayor intrepi-
dez sobre los orgullosos chilenos. El primer escuadron de dra-
gones fue rechazado por los patriotas; pero atacados éstos con
doble furor por el segundo, compuesto del mismo modo que
el primero de esforzados araucanos, se decidió muí pronto á
IU favor aquella sangrienta refriega.


Huye Freire con el mayor des6rden; van en su segui-
miento los valientes dragones; cae aquel en un barranco; l•
•ucede igual accidente al esforzado capitan don Tadeo Islas,
que le iba á los alcances con los mas vivos deseos de vengar
en su sangre algunos desacatos personales que habia recibido
de aquel ínsurjeate ; se asen ambos como fieras rabiosas;




crt nz : IBIS. 421"
luchan á brazo partido con el mayor furor; pero sobreví,
niendo algunos soldados de la patria en ausilio de Freíre , se
vé Islas precisado á abandonar la presa reteniendo la gorra de
su adversario i un mechan de pelo indicante la violencia de
sus esfuerzos.


Este trofeo, aunque pequeño en apariencia, fue sin embargo
mui importante por haberse hallado en dicha gorra papeles ele
mucho intereso Los realistas continuaron su persecucíon hasta
que el enemigo se puso lIajo los fuegos de la infantería, situada
en los Cañaverales del citado rio de Lontúe. El brigadier
Ordoñez i el comandante general de la caballería don Fran-
cisco OJarrEa habían sielo enviados desde Camarico por Oso-
rio con los batallones de Concep cion i del Infante, con. el es-
cuaelron de Chillán i 4 piezas en ausilio de Primo, tan pronto
como se supo el riesgo que corría su columna. Aquel re-
fuerzo se limitó á hacer un prolijo reconocimiento del ene-
migo, i. regresó en la noche del 16 á Camarico, en donde
permaneció todo el dia 17.


La citada accion llamada de las, Quechereguas , que fue
dada el dia 15 de febrero, costó al ejército rebelde la per-
elida de 60 muertos, i fortaleció el ánimo del soldado hacién-
dole esperar que aquel pequeño triunfo fuese el anuncio de
una completa victoria. Los gefes sin embargo no habían que~
dado satisfechos al ver que la sola vanguardia enemiga había
sabido tener por algun tiempo indeciso el mérito del venci-
miento. Aunque esta era una nueva prueba de, la gran supe~
rioridad de los rebeldes, no se resolvieron á tomar el partido
mas prudente que exijían las imperiosas circunstancias, cual
era el de retroceder á Talca , repasar el Maule, i adoptar un
plan fijo de campaña, que tnviese mas mérito por la circuns-
peccion de sus operaciones, que por la rapidez de los movi-
mientos.


Aunque todos los gefes tenian poca seguridad en los prí-
meros combates que iban á empeñar con los independientes,
era sin embargo tan grande su entusiasmo i valentía, que se
,decicl.ieroD casi por unanimidad á arriesgar s~ misma opínionz




422 CJTILE: 1815.
el mas empeñado en seguir adelante esta espinosfsíma cam-
paña fue el impávido Ordorlez, á quien los dictados de la
hravura le hacían desconocer los consejos de la prudencia.
San Martin se llenó de gozo al ver que el ejército español se
obstinaba en sostener el campo á pesar de tener contra sí to-
das las probabilidacles del triunfo. Amagando un ataque por
el frente, emprendió un movimiento general por el flanco
derecho con la mira de apoderarse á uu tiempo de Talca i
de la orilla derecha del Maule , privando así á los realistas de
JiU retirada i de toda clase de ausilios i recursos.


Lo acertado de este plan hacia honor á los talentos mili-
tares del caudillo insurgente; pero se salvó el ejército de este
peligro por los avisos que dieron unos rancheros que cayeron
accidentalmente en poder de las guardias abanzadas. Ponién-
dose inmediatamente en retirada para frustrar este golpe
de mano, se dirigió por el camino mas corto sobre los des-
filaderos, i recorriendo casi á la carrera aquel largo espacio
de cuatro leguas, i caminando paralelamente con las tropas
insurgentes, pudo llegar al rio Lircai al mismo tiempo que
habia entrado en él el general Brayer con 24 piezas, i toda
su caballería.


Poseída la realista del mas vivo entusiasmo, se arrojó
contra la de los insurjentes sin reperar en la superioridad de
su número; pero el aventurero francés que la mandaba, li-
mitó su defensa al vivo fuego de su artillería. Eran las tres i
media de la tarde del dia 19 de marzo cuando se avistaron
ambos ejércitos en las inmediaciones rle Talca; mas como San
Martin no había podido reunir toda su infantería, no se atre-
vió á comprometer una acción general; i la caballería, que in-
tentó dar una carga mientras que los realistas cambiaban de
direccion para apoyar sobre el pueblo Su flanco derecho, fue
rechazada vigorosamente.


Empeñado entonces San Martin en arrollar la caballería
realista, tan inferior en número i en calidad, como superior en
valor i firmeza, determin6 darle otra carga violenta con casi
triplicada fuerza de la misma arma, teniendo por segura la




CHILE: 1 &I 8. 423
victoria; mas la impericia i el desorden con que vetific6 el'
ataque principiando la gran carrera á mas de doscientos pasos
de los escuadrones enemigos, i llegando á cruzar sus sables sin
guardar 6rden ni formacion, fue causa de que los españoles
sin mas esfuerzos que los de su imperturbable serenidad i for-
taleza pusiesen en dispersion á los altivos insurjentes, i los
derrotasen completamente obligándoles á ocultar su vergüen-
z aal abrigo de los fuegos de su infantería. Entre las pocas des-
gracias sufridas por el ejército del Reí, se cont6 la disloca-
eíon del brazo izquierdo del coronel del regimiento de Bur-
gos don José Maria Beza, causada por la caida de su caballo
á impulso de una bala de canon que le di6 en el anca.


Aunque los realistas habían salido victoriosos de estos en-
cuentros, i aunque las escelentes maniobras de la caballería, .
practicadas con la mayor inteligencia i acierto por su digno'
comandante general Olárria en aquella tarde, debieron im-
poner al osado enemigo, estaba mui lejos su espíritu de tran-
quilizarse al tender la vista sobre un ejército de mas de 93
hombres que era preciso combatir; no era menos imponente
el pomposo aparato de su artillería i la abundancia i ríqueza-
de su campo. En aquella misma tarde se habia visto cruzar
una columna considerable de caballería con el designio al
parecer de apoderarse de las orillas del Maule: si. se perdía
la batalla, era impracticable el paso de aquel rio caudaloso;
i en el estado en que ya se hallaban los negocios era muí.
arriesgado ~ aunque se hubiera tratado de emprenderlo antes
de sufrir ningun descalabro. ..


La situacion pues de dichos realistas era la mas apurada;
eldesaliento había alcanzado hasta á los gefes menos aprehen-
sivos; algunos individuos se fugaron en aquella noche llevan-
do á la provincia de Concepcion el terror i la desconfianza;
solo un atrevido golpe de estremada valentía podia salvarlos
de su inevitable ruina: atacar por sorpresa el campamento ene-
migo que distaba media legua de Talca, era la única áncora
de su esperanza.


,Apenas se propuso este atrevido proyecto, fue recibido.




[124 cnrtz r 1818.
por todos con entusiasmo; el mismo Osario no 10 desaprobó
á pesar de su detención i pulso en acometer empresas qne no
tuvieran todas las apariencias de un buen resultado. Forma-
das en el acto las divisiones en columna, tomó Primo la di"
reccion de la derecha, Ordoñez la del centro, i don Bernar-
do Latorre la de la izquierda. Llenas las tropas del mas ar-
diente entusiasmo rompen su marcha para caer sobre el
enemigo, tomando por norte el paraje en que habi sn que-
dado por la tarde. Como esta operacion se hizo con tanta
precipitación ¡en el silencio de la noche, se fueron reza-
gando muchos soldados deseosos de evitar la catástrofe que
temían pudiera sobrevenir á aquellos valientes, los que se
vieron reducidos por lo tanto á poco mas -de 20 infantes
i 500 caballos.


:. No bienhabianandado medio cuarto de legua cuando
la divisioa de la izquierda se encontró con una partida de
caballería enemiga, i recibió en seguida una terrible descarga
de fusilería i artillería del campamento, que se hallaba situado
en la cresta del cerro, distante pocos pasos. Aunque vaciló por
algun momento la columna de los fieles, volvió sin embargo
muí pronto de su primer estupor, i atac6 con denodado espí-
ritu el citado cerro, del que se apoderó en pocos minutos,
así como del hospital de la Sangre, de varias piezas de arti-
llería i de todos los equipages del cuartel general.


Las divisiones del centro i derecha, que debian haber
faldeado aquella colina i envuelto las tropas que se retiraban
de ella, se dirigieron en su vez al ataque por el parage en
que estaba empellada la izquierda, con grande esposicion de
haberse destrozado unas tropas con otras, si la casualidad no
las hubiera hecho reconocer prontamente á pesar de la oscu-
ridad i de la confusión del combate.


Desconcertados los insurjentes con este inesperado i brus-
co choque, se entregaron á la mas vergollzosa dispersion,
escepto una brigada que habia ya mudado de posicion á las
órdenes del coronel Las Heras. No fue menor el desórden de
los soldados realistas que cayeron furiosamente sobre el cam-




e'IlLE: 1818. !,Q5
po enemigo, i á los que no fue posible organizar hasta la
mariana siguiente. Solo el digno comandante de Arequipa
don José Rodil supo mantener ordenado su cuerpo bisorio, i
formar un punto de reunion para los dispersos.


Se arrojo Ordoñea con tanto ardor como confusión con
la sola compañía de zapadores sobre San Martin, que parece
trataba de rehacerse en el Llano. segun 10 indicaban los fue-
gos; pero había sacrificado ya aquella pequeña fuerza cuando
llegaron en su ausilio algunos cazadores i con ellos el tenien-
te coronel Latorre , habiéndose debirlo mas particularmente
á los bizarros esfuerzos del bien organizado batallón de Are-
quipa, la dispersion de aquellos grupos rebeldes. Todavía
quisieron rehacerse en las barrancas del Lírcai ; pero su-
perado por los realistas este último obstáculo, aunque con
alguna pérdida, quedaron dueños del campo huyendo el
enemigo en todas .direcciones con el mayor desconcierto,
escepto el citado coronel Las Heras , que pudo verificar su
repliegue con los dos batallones de que se ha hecho mencion,
aunque sin haber podido salvar sus trenes, equipages i caballos,


La pérdida de los realistas no baj6 de 300 hombres entre
muertos i heridos, inclusos r 4 oficiales i entre ellos el pri-
mer comandante del barallon de Concepcion Campillo, el
primer ayudante del de Burgos Rombau, i el espitan de ca-
zadores de ArelJuipa don Francisco María Enjute, que se
hallaron tendidos en el campo.


Osario, que se habia quedado guarneciendo la casa fuer-
te construida en el convento de Santo Domingo de Talca, en
donde se habían (kjJdo los hospitales i todo el rnatenial del
ejército, se presentó en el campo al amanecer iánclmirar los
ilustres trofeos que sus valientes tropas habian ganado en
aquella noche: consistían estos en 24 cañones, 2 obuses, por-
cion considerable de armas de toda especie, provisiones', cau-
dales, parque, pertrechos, cquipages i en cuanto poseia elal-
tivo i lujoso ejército enemigo, el cual tuvo ademas la baja
de 500 muertos i de un número proporcionado de heridos,


TOMO II. 54·




426 CHILE: 181 a.
Poseído Osorio del mas vivo placer al contemplar esta in-


signe victoria, tanto mas estimable cuanto menos esperada,
no le quedó otro sentimiento sino el no haber tenido en ella
la parte directiva. Si bien abrazó cordialmente al valiente
Ordoñezque la habia mandado, no dejó de esperimentar aquel
desagrado, que es propio de quien abundando en cualidades
guerreras, ve cortados por otro aquellos preciosos laureles que
la suerte habia destinado para sí mismo. En los primeros
trasportes de su alegría dió orden para seguir al derrotado ene-
migo, i al cruzar el rio Lircai encontró todavía sobre sus
orillas mas de 800 mulas cargadas de todo género de efectos
de campaña i provisiones.


El término de aquella primera jornada fue en las Que-
ehereguas, eIl las que se cercioraron los realistas del desorden
i confusion en que huian los rebeldes, pues que en el mismo
sitio había sido curado de sus heridas el director O'Higgins en
aquella madrugada. Aqui se acampó la vanguardia al mando
de Ordoñea , i las demas tropas se quedaron en Pángüe, tres
leguas á retaguardia. La primera determinacion de perseguir
al derrotado enemigo sin tornar el menor descanso se alteró
al día siguiente en virtud de una junta que se celebró á este
objeto. La mayor parte de los gefes votó por el retroceso á
Talca; pero los mas inteligentes, entre ellos el comandante
de Arequipa, i el de la artillería, don Manuel Bayona, opi-
naron por el avance, en el que insistió asimismo con la ma-
yor tenacidad el esforzado Ordoñez; mas todo fue inútil, i se
adoptó el dictamen de la mayoría, fundado en el cansancio
de las tropas i en la necesidad de organizarlas, sin temor de
que San Martin pudiera rehacerse, despues de tan decisivo
desconcierto, con el necesario vigor para oponer una arregla-
da defensa.


Este fue aquel funesto error que trajo tan fatales come-
cuencías. Viéndose los insurgentes libres de la témida perse-
cucíon , empezaron á reunirse i á formar con nuevo ardor
lua batallones: su mismo despecho i deaesperacion les hizo




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hacer prodigiosos esfuerzos; concurrían de todas partes los
fanatizados patriotas á reemplasar las inmensas bajas sufri-
das en Cancharayada.


San Martín, Rodriguez, O' Híggins i Las Heras desplega-
ron un grado de actividad i energía que solo cabe en pechos
volcanizados: á los quince dias tenian ya reunido un ejército,
si no igual al que acababan de perder, á lo menos superior
al de los realistas; i aunque su artillería i parque no era tan
considerable, bastaba sin embargo para fijar á su lado todas
las probabilidades de la victoria.


El ejército español se mantuvo hasta el día 24 en Talca,
ocupado en su arreglo i organizacion: emprendida finalmen-
te la marcha, llegó sin el menor tropiezo hast a Rancagua,
en cuyo punto cayó inesperadamente la caballería enemiga
sobre una columna de dragones de la Frontera i de ChilláD,
que fue arrollada, llevando en triunfo á Santiago la casaca
del segundo comandante, escitando por este medio, de poca
monta al parecer, tan grande aliento i entusiasmo en el áni-
mo de los insurgentes, que pasando rápidamente del abati