LA SOBERANíA NACIONAL ó EL ÚL TI~IO SUSPIHO DE UN TRONO. TOMO PRIMERO. ...
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LA SOBERANíA NACIONAL
ó


EL ÚL TI~IO SUSPIHO DE UN TRONO.


TOMO PRIMERO.








.1) ~33 -1 .




BIBLIOTECA HISPANO-AMERICANA.


LA


SOBERANIA NACIONAL
ó


EL ÚLTIMO SUSPIRO DE UN TRONO.
(PÁGlN.~S DE tTIL ENSE~.tNZA PARA EL PUEBW.)


Gran coleccion de cuadros históricos, de episodios interesantes; de conmovedoras
escenas: Abusos de la mayor parte de los Monarcas de todos los tiempos y


paises: crímenes cometidos á la sombra de la Monarquia; luchas y
convulsiones políticas de gran importancia,


VíCTIMAS DEL DESPOTISMO DE LOS REYES Y DEL FANATISMO RELIGIOSO.
Combates sostenidos por la idea contra la fuerza,
doloroso~ martirios de los pueblos, vicios de que siempre han adolecido


las instituciones monárrluicas.


POR


CON UN JUICIO DE


ANTONIO ALTADILL.


SEGUNDA EDIOION. !""'.
---e.,~~o----


BARCELONA:


E~TAB1EClMlENTO TIPI1GRAFICO-ElJITORIAL DE JUAN PONS,
OLMO. 13.




ES PROPIEDAD DE JUAN PONS.
----------~~(




CUATRO PALABRAS PRELI~{INARES
AL LECTOR.


La libertad del pueblo acaba de lograr en España un triunfo de-
cisivo aunque no sea el completo de sus aspiraciones. Nada falta á
este triunfo para ser duradero y fructífero. Lo ha traido el poder
de las circunstancias unido á la fuerza de las ideas, sin la menor in-
tervencion de la fuerza de las armas.


La República Española, engendrada por la doctrina democrática
que desarrolló la constante propaganda de sus apóstoles, ha naci-
do de la necesidad de la época, y en la conciencia del pueblo ha de
hallar su sostenimiento.


Fortalecer esa conviccion, afirmar esa conciencia en los corazo-
nes con la continuacion de la propaganda de las ideas en las inteli-
gencias: hé aquí el deber que tienen hoy los escritores que han
consagrado su pI urna á la libertad y á la defensa de los derechos del
pueblo.


QUB no adormezca la mente el placer de la victoria; que no ener-
ven la actividad los goces de la conquista; que el entusiasmo no
oscurezca la razono La libertad se ha perdido muchas veces en Es-
paña, y siempre al compás del himn0 de Riego se han forjado los
primeros eslabones de las nuevas cadenas de esclavitud.


El pueblo debe saber cómo la libertad se conquiRta; mas debe
saber tambien cómo la libertad se pierde.


Importa asimismo que aprenda cuanto la libertad vale; única
manera de saber conservarla.




VI


La libertad 110 es un fin, es un medio de lograr los fines á que el
humano progreso se dirige.


El progreso se detiene y sus fines se alejan cuando falta la li-
bertad.


y la realizacion de los fines del progreso importa á todos los hom-
bres, aun á los mismos que, corrompidos por los goces de sus privi-
legios, repugnan, porque su corazon no la siente ni quiere su razon
eomprenderla, una sociedad dentro de la cual la igualdad de la
justicia sustituya la institucion de injustos privilegios, y matando
el gérmen de las malas pasiones, haga que formen los hombres una
gran familia en la cual no puedan caber las sangrientas guerras en
que individuos y naciones se destrozan.


Este es el último fin de la libertad; y para llegar á él, es indis-
pensable que el triunfo de hoy se afiance, sin lo cual habia de ser
cuando menos muy remoto el triunfo de mañana.


Tal propósito encierra la obra de Juan Belza, en la cual con la
historia en la mano, se propone fijar la atencion del pueblo de Es-
paña sobre los escollos en que otras veces ha naufragado, á fin de
que no vuelva á tropezar en ellos la nave que marcha con decidido
rumbo al anhelado puerto de la salvacion de la patria.


Propósito noble y en estremo patriótico en un escritor que si ha
sabido batirse mas de una vez alIado del pueblo en sus luchas por
sus derechos, nunca ha cometido la bajeza de adularle; que si celebra
con él su presente victoria, no por esto permite que se adormezca
con ella y quiere mantenerle despierto á fin de que no le sea otra vez
arrebatada su conquista.


De esta suerte sirve un escritor público á su patria, y no de otra
manera hallan empleo digno sus facultades.


Antonio Altadill.


Barcelona 23 de febrero de 1873.-AflO 1 de la República.




El AUTOR.


¡El Sol de la libertad acaba de brillar en el cielo de la justicia y
de la razon, de la verdad y del derecho!


Las absurdas preocupaciones, los pretendidos derechos di vinos~
la tiranía y el abuso se han hundido para siempre.


La vieja Europa, antítesis á tod8 idea de progreso y de adelanto,
en vano hizo poderosos esfuerzos para oponerse.


Desde el palacio á la cabaña, desde la mas h1,lmilde aldea hasta
la gran Ciudad, se abrió paso la luz y la libertad, que es la civili-
26cion y el prog'reso, ha tel'minado dignamente su obra.


y debe tenerse en cuenta que el resultado de hoyes el producto
de] trabajo de muchos siglos; porque los mismos monarcas, aquellos
tiranos que procuraban encadenar el pensamiento y hacian de sus
pueblos rebaños de esclavos de que á su antojo disponian, trabajaban
ellos mismos, hasta sin apercibirse, en pró de la Santa idea.


Entre los autos de fé ordenados por el sombrio Felipe II, en lo
mas infecto de los calabozos de Spiltberg y de las minas de Silesia;
entre las deportaciones decretadas por el prisionero del Castillo de
Ram y entre las escomuniones é intolerancias de la Córte Pontificia,
resonaba sin cesar la mágica palabra de libertad, y en ella esperaban
y confiaban las víctimas del segundo Felipe, los encarcelados por
Federico de Prusia, los deportados del tercer Napoleon , los esco-
mulgados; en fin, ó perseguidos por el fanatismo y la intolerancia
religiosa:


Fernando VII de España, con su ridícula farsa de la purificacion,
especie de crisol compuesto de la preocupacion mas ridícula, del
absurdo y del mas irritante fanatismo, no hizo otra cosa que prepa-
rar la aparicion de la aurora liberal de 1834.


Porque el pensamiento podrá cohibirse durante un espacio mas Ó
rllenos largo, podrá encadenarse la voluntad en un periodo determi-




VIII INTIWD"CCCION.


nado, pero así como el fuego se conserva entre ceniza, de la misma
manera la libertad, entre las cadenas, entre ](IS suplicios, víctima de
las mas atroces persecuciones, consérvasf' siempre parc1 renacer mas
grande despuE's de sus mumentáneas derrotas,


Porque la libertad es una idea encarnada en la humanidad.
Es una parte de la esencia del mártir dd GólglJta que, al derra-


mar su ~angre, salpicó con ella las generaciones futuras legándoles
tan preciado don. .


Ejemplos prácticos tenemos de esta verdarl, no solamente en los
grandes acontecimientos de la humanidad, sino qUf' circunscribién-
donos á nuestro pais, lo hallamos plenamente justificado.


No tenemos que remontarnos muy léjos.
Nunca se creía mas sf'guro el trono secular de los barbones que


cuando precisamente se hallaba mas mimado, mas próximo á der-
rumbarse.


La fuerza imperaba por dó, quiera: la prensa de oposicion habia
enmudecido bajo el férreo yugo de la volulltad gubernamental; el
pensamiento y la accion hallábanse encadé'lwdos.


Al ligero destello de libertad que en el bienio de 1854 á 1856,
sucediera á los once años del moderantismo, sig-uió bien pronto el
entronizamientode las antiguas ideas, que, resta bleciendo una omní-
moda autoridad en el trono, restringía poderosamente los derechos
y franquicias populares


La union liberal, dividiendo los partidos, rlpsorganizándolos to-
dos, puesto que ella en sí no era otra cosa qU8 un engendro sin
carácter propio ni definido, parecia haberles quitado su negatiYa
fuerza privándoles de sus mas importantes elementos.


Su forma de Gobierno parecíale todavía PUCCl á aquel trono en
el cual se hallaban encarnadas las tradiciollps autocráticas del se-
gundo Felipe, con las vanidades é inconsecupneias de Fernando VII.
y la union liberal sucumbió, despues de ahogar con fuego y sangre
el grito de libertad lanzado en 1866.


y de nuevo subieron al poder los mismos hombres que sintetiza-
ban la tiranía y la violencia, el abuso y la inllJoralidad.


y el espíritu liberal de la España pertelleciente a la segunda
mitad del siglo XIX, vióse de nuevo persf'g'uido y aherrojado.


Mientras los pueblos lanzaban gemido~ dp Hgonía, en el Alcázar
régio solemnizabase con festines y banquete~ el que creian postrimer
suspiro de la libertad.


Mas ¡ay! que quien estaba próximo á lallzar el último suspiro
era el Trono; era la caduca y viciada institu1'ion, era la vieja idea
que en vano habia tratado de oponerse al tl'Íllnfo de la llueva.


y llegó un momento en que á semejanza de aquellos edificios
cuyas fachadas se revocan sin procurar robustecer los cimientos y




INTRODUCCION. IX


:3atisfecho el trono por los resultados obtenidos, se entregó contiaela-
mente á sus ensueños de placer.


y mientras Isabel de Borbon se sumergía tranquila en las bené-
ficas a,O'uas de la cantabrica costa, al débil soplo de un puñado de
hombr~s dpsmoronóse el s6lio centenario que se creía invencible por-
que á su lado tenia el derecho de la fuerza.


¿ y fueron oquell()g hambl'~g, tt~r¿ader.amen{e, los que ~(c{eron
rodar por el suelo la herencia de Pelayo soberana, el trono cuyo
orígen algunos pretenden ser divino y la esplendente corona que or-
gullosa ceñia en sus sienes la heredera de Felipe V y Carlos IU'?


N6, y mil veces n6: fué la mágica palabra que aquellos invoca-
ron, fué la sublime idea que sintetizaba: idea que durAnte muchos
siglos y apesar del hierro forjado para extinguirla habia ido lenta-
mente minando, socabando, los cimientos del monárquico edificio.


• El rumor de los festines, los melodiosos acordes de las músicas,
la voluptuosidad de los saraos, el embriagador perfume de las orgías
impidieron siempre á los Reyes escuchar los destructores golpes de
aquellos trabajadores de la idea, que, sin descansar un dia, ni una
hora, ni un minuto, trabajaban sin cesar.


Por eso al primer ligero impulso rod6 el trono por tierra, viéndo-
se obligada á salir de España y casi como fugitiva, la hija de tantos
monarcas.


Pero como muchos de los hombres que invocaron aquella palabra
mágica carecían de fé en la idea que simbolizaba; como únicamente el
despecho les obligó tal vez á servirse de ella; como sus anteriores he-
chos y antecedentes estaban en abierta contradicion con lo que hasta
entonces habian predicado y mantenido, se asustaron de su propia
obra: aviniéronse mal sus bastardas aspiraciones con, la pureza del
simbolo proclamado y una lucha terrible dió comienzo entre la ver-
dadera libertad y los que solo hicieron de ella el escabel de su
fortuna.


Inauguróse en las esferas gubernamentales el hipócrita sistema
de los términos medios y una política incolora, indefinible, dió por
resultado una nueva monarquía mas incolora y mas indefinible
todavía.


En los dias que precedieron á esta recomposicion de un Trono
hecho pedazos y de una corona que habia servido de juguete despre-
ciable á las masas populares, habíasp empeñado la lucha entre la ra-
zon y la fuerza, entre la justicia y la violpllcia y las anterioyes ofertas,
fueron indignamente olvidadas, escarnecidas, pisoteadas; los campos
y las ciudades regados quedaron con la generosa :-angre de sus hijos;
de los que defendiendo la libertad, sucumbían en la lucha.


Satisfechos de su obra los que de la libertad hicieron un medio
para encadenarla con mayor seguridad, recompusieron del mejor


TO:UO J.




x INTRODUCCION.


modo que les fué posible un trono que cimentaron sobre las movibles
puntas de algunas espadas y que rodearon con las bayonetas asala-
riadas, símbolo siempre de la fuerza bruta.


Pero la libertad no se habia detenido un instante en su laboriosa
tarea.


La misma sangre, por ella vertida, sirvióla de poderoso abono, y
sin que fueran bastantes á. dominarla los potentes y desesperados
esfuerzos de sus contrarios, llegó un momento en que se impuso, no
por la fuerza material de que sus contrarios abusaron á cada paso,
sino por la fuerza de la razon y de la justicia.


y el trono elevado por 191 diputados, undióse con mayor facilidad
todavía que el de Isabel de Borbon.
~Y por qué'?
Por que le faltaba el apoyo de ]a voluntad nacional; por que en


vez de apoyarse en la libertad se hallaba sostenido por el favoritis-
mo y la ambicion.


Habian creido que la libertad estaba muerta y al aparecer de
repente, sus vivísimos resplandores les cegaron y no pudieron menos
de comprender el error en que habian vivido hasta entonces.


Hoy brilla esplendorosa la estrella de la libertad.
Ante su fúlgido destello te estasias, ¡oh pueblo!. ..
Mas no te entregues demasiado prematuramente á confianzas que


fácilmente pudieran quedar mas tarde defraudadas.
Los enemigos de esa misma libertad, que acabas de conquistar, te


acechan sin cesar, aguardan una nueva ocasion para herirte traido-
ramente.


En las páginas que hoy te ofrecemos encontrará.'; provechosa
enseñanza, pues todos los cuadros que en ellas hemos trazado están
arrancados de la historia de tantas tiranías, y esta es la verdadera
escuela en que deben aprender los pueblos para no dejarse sorpren-
der por los que, con mentidas frases, aspiran únicamente á esclavi-
zarlos.


Juan Belza.




EL LEGADO DE UN MASON.


PRÓLOGO.


Eran las diez de la noche del día 9 de Febrero de 1873.
Una agitacion estraordinaria reinaba en Madrid.
Habíase esparcido la noticia de que el rey Amadeo tra-


taba de abdicar y varios grupos estacionados en la Puerta
del Sol, en las inmediaciones del Congreso, Carrera de San
Gerónimo y otros diversos puntos, comentaban á su antojo
tan inesperado suceso dando distintas versiones al aconte-
cimiento y apreciándolo cada cual segun sus opiniones.


En una modesta casa de la calle de S. Agustin, próxima
al Palacio del Congreso y q ne hace esquina á la calle de
Prado, vamos á introducir á nuestros lectores, si se dignan
acompañarnos en la peregrinacion que tratamos de em-
prender.


En una habitacion ta.n modest~ como en el esterior de la
casa y tendido sobre un lecho mas limpio y aseado que lu-
joso, un anciano dormitaba con ese intranq.uilo y desaso-
segado sueño de los enfermos calenturientos.




XII PRÓLOGO.
A corta distancia del lecho y sentada delante de un cos-


turero, una jóven separaba de vez en cuando su vista de la
labor en que se hallaba entretenida para fijarla en el lecho.


Si nobleza, dignidad, honradez y sufrimientú habia en
el rostro del anciano; belleza, bondad, tristeza y resigna-
cíon se reflejaban igualmente en el de la jóven.


En las paredes de aquel aposento, despojadas de todo
adorno, veíanse sin embargo, colocados en grandes cuadros,
los cabalísticos signos masónicos.


La escuadra, el mazo y el triángulo destacábanse en
primer término, llamando poderosamente la atencion y
haciendo sospechar si aquel anciano que se ballaba sufrien-
do en el lecho del dolor, pertenecería á alguna de las lógias
masónicas de Madrid.


Rato hacia que el enfermo dormitaba y que la jóven
cosía 0uando la aguda vibracion de la campanilla hizo des-
pertar al anciano y abandonar su labor á la jóven.


Momentos despues un caballero penetraba en el aposento
precedido por aquella.


Aproximóse al lecho del enfermo y dijo:
-¿Cómo vá ese valor, D. Antonio~ María me ha dicho


que el médico le ha encontrado á V. mej 01' •
-El médico se engaña, repuso con voz débil el anciano;


sé que para mi mal no hay remedio.
-Tiene V. esa aprension ...
-No es aprension, amigo mio: bien sabe V. que me ha


conocido enfermo otras muchas veces y me oyó decir siem-
pre que viviria apesar de mis dolencias y de mis heridas.
Hoy, por el contrario, le dije desde el primer momento que
esta sería mi última enfermedad y puede estar seguro de


. que no me equIvocO.




PRÓLOGO. XIII


-¡Oh! padre mio! qué afan tiene V. de entristecerme,
esclamó María con sollozante acento.


-Hija, para sufrir estamos en el mundo y hace tiempo
que procuro preparar tu corazon para que puedas soportar
este golpe terrible.


-Pero ¡que hija puede soportar tranquila la muerte de
su padre!


-Tienes razon, María, replicó el caballeto que habia
entrado momentos antes en la estancia. No sé por qué tra-
ta V. de afligirla así cuando fácilmente, á veces la natu-
raleza haciendo un supremo esfuerzo, vence de las enfer-
medades mas graves.


-Al tronco carcomido basta para derribarlo el débil
esfuerzo de un niño!. .. Yo soy ese tronco: las infi.nit~s pero
secuciones que he sufrido, las numerosas heridas recibidas
en esa constante batalla que por la libertad sostuve, han
llegado á debilitarme, amigo don Juan. Habia concentrado
todo el espíritu vital que me restaba en el postrer esfuerzo
que hize el año de 1868, para ayudar á los que la libertad
nos ofrecieron. ¡Ay! el desengaño que desde ~ntonces he
recibido es la causa de mi muerte. No sabeV. 10 horrible
que es concentrar todo el postrer esfuerzo de la vida, cuan-
do se ha llegado á la ancianidad, en un obj~to determinado
y obtener por toda recompensa el mas triste de los desen-
gaños! ... es la gota de agua fria que vertida sobre la brasa,
aquella es absorbida por ésta, pero casi inmediatamente el
fuego se apaga y la brasa queda helada. Traté de absorver
la desesperacion que me asesinaba, afectando una indife-
rencia que no sentia, pero el ~eseDgaño ha ido poco á poco
helando la sangre de mis venas y ya siento el frio de la
muerte que se aproxima al corazon.




XIV PRÓLOGO.
-Pues con la noticia que le traigo, replicó don Juan,


estoy seguro de que ha de sentir circular por sus venas
el ardiente, el santo fuego de otro tiempo.


- 1m posi bIel ...
-No lo creo yo así.
-¿Qué hay, don Juan, que hay'? preguntó María con


anhelante acentoj hable V. pronto, si cree que con ello ha
de encontrar mi padre algun alivio.


- y tanto como lo tendrá: ya tú ves; yo, que apenas
puedo moverme, al saberlo, he brincado como un chiquillo.


-¿Qué pasa?
-Que el rey trata de abdicar.
- ¿Cómo? esclamó don Antonio incorporándose sobre


un brazo, abriendo desmesuradamente los ojos y fijando
una mirada insistente en su amigo.


-Sucede lo que lógicamente debia suceder: hay un
con~icto abocado. EH rey al punto q oe han llegado las co-
sas, no es posible que pueda hacer que se entiendan los
partidos que con tan ruda saña se disputan hoy el poder y
los hechos incontrastables, poderosos, se imponen de una
manera tal, que casi me atrevo á asegurar á V. que nuestro
dorado sueño, que nuestra aspiracion de tantos años está
próxima á realizarse.


-¿Qué me dice V.'? esclamó el anciano profundamen-
te afectado y conmovido.


-Sí sí, amigo mio; lo que V. oye.
-La república se aproxima y se aproxima atraída por


la lógica natural de los acontecimientos.
-¿ y que hacen los conservadores d.e la revolucion'?
-Ofrecerse al Rey para anonadar á los radicales.
-¿Y estos?




PRÓLOGO. xv


-Se aproximan á nosotros, se unen, quieren que for-
memos un solo partido! ...


-¡Ohl ¡Señor! esclamó don Antonio alzando los ojos
al cielo con indefinible espresion de alegría, dejadme al
menos que en mi última hora y antes de exhalar mi último
suspiro, pueda saludar la aurora de la república en mi des-
graciado país.


-En este momento el Congreso, declarado en sesion
permanente, se está ocupando de la manera mas acertada
para salvar tan dificil situacion. Figueras y Pi Y Margall,
Castelar y Martos, son los héroes de cuyos labios, de cuya
elocuencia, de cuya persuacion y patriotismo se halla pen-
diente el porvenir de la pátria en estos momentos supre-
mos.


-¿Y qué hace la cámara que no se ha declarado ya en
Convencion'? en situacio'nes tales un instante que S~ pierde
puede convertirse en un siglo de atraso. ¡Oh! y qué yo no
pueda salir á la calle!. .. ¡qné no me sea posible enterarme
por mí mismo y saberL ..


y el anciano trató de incorporarse en el lecho pero vol-
vió á dejar caer su abatida cabeza sobre la almohada de-
bilitado por el esfnerzo que acababa de hacer.


-¡No puedo!. .. no puedo!. .. murmuró, ¡qué desdichado
soy!


-No se apure V, por eso, repuso D. Juan, yo le tendré
al corriente de cuanto ocurra, ahora mismo vuelvo á ad-
quirir nuevas noticias que vendré á comunicarle, si son de
verdadero interés.


- ¡Oh! sí, sí; creo que la proclamacion de la república
seria capaz de devolverme la vida, si mi pobre existencia
no estuviera ya tan trabajada.




XVI PRÓLOGO.
-Vaya V., D. Juan, vaya V ... dijo :María con acento


suplicante.
-Al momento, hija mia: al personal interés que me ins-


pira un acontecimiento semejante únese en esta ocasion el
de tu padre; ya ves si no procuraré tenerle al corriente de
cuanto suceda.


Momentos des pues D. Juan abandonaba la modesta es-
tancia. Cuando María hubo cerrado la puerta y penetró de
nuevo en la alcoba del enfermo, aproximóse al lecho y
haciendo que aquel bebiese la medicina ordenada por el
facultativo, le dijo con acento mas cariñoso:


-¡,Cómo se siente V., padre?
-Por qué te lo he de ocultar, María!' .. ya te eduqué


para que pudieras soportar con resignacion todas las desdi-
chas, todas las borrascas de la vida. Procuré dar á tu alma
un temple tal que ni los peligros, ni los infortunios, fueran
bastantes á doblegarle. :Me siento mal, muy maL .. tú sa-
bes que tu padre no te engañó jamás y criminal fuera si
en estos momentos tratara de hacerlo.


-¡Dios mio, Dios mio!. .. murmuró la jóven dejando
resbalar por sus mejillas un torrente de lágrimas que habia
subido de su coraZOD á los ojos.


-No llores, amada hija mia, ¿que ha sido para mí la
vida"? un combate contínuo, una tiránica lucha sostenida sin
cesar por un pobre hombre contra pueblos enteros!... bien
lo sabes, María; bien sabes que yo he sido preso en Madrid,
que he sido herido en Barcelona, que en Francia fuí depor-
tajo á la Guyana, que en Italia pasé largo tiempo en los
calabozos pontificios; que en Polonia me dejaron por muer-
to y que por donde quiera que he ido, luchando siempre
por la libertad, solo recogí la persecucion, las inj urias, y




PRÓLOGO. xvn


la injusticia. ;;Qué puede ser la muerte para mí'? el des-
canso eterno, la paz~ la quietud! ...


-l, Pero, y yo, padre mio'?
-jAy! ¿de qué puede servir el carcomido tronco á la


robusta encina'? ¿qué sombra puedo ya prestarte, ni qué
apoyo ofrecerte'?


-No hable V. aSÍ, padre, pues me desgarra el alma,
esclamó la pobre la niña prorrumpiendo en amargos sollozos.


-Ya te he dicho que la vida no es otra cosa que un pro-
celoso mar rodeado de escollos, en que va tropezando sin
cesar el mas sábio piloto; toda nuestra ciencia, todo cuanto
podemos hacer, es procurar que el buque en que navegamos,
resista eon mejor fortuna los contrarios vientos que sin ce-
sar lo arrojan de uno en otro peligro. Yo he procurado ro-
bustecer tu corazon con la fé) con la energía, con el valor,
con la virtud y la resignacion mas santa; he procurado
abrir á tu inteligencia ancho campo para que en todo tiem·
po sepas conocer y apreciar los punzantes abrojos que el
mundo encierra, ocultos entre flores; puse en tus manos
seguro y confiado el timon de la vida y mue"!'o tranquilo y
satisfecho porque sé que, bajo tu frágil cuerpo de mujer se
esconde un alma recta~ esforzada y varonil. Empeñarse en
que yo viva es desear la prolongacion de mi martirio, pues
martirizado vive sin duda alguna el que, soñando con un
bien estar infinito, tropieza por do quiera con las contínuas
miserias de la vida; quien busca gigantes y solo encuentra
pigmeos, quien ansiando la luz se ve contínuamente ro-
deado de tinieblas.


Iba aun á replicar María, cuando un súbito campani-
llazo hizo á la sobresaltada jóven separarse del lecho del
anciano, en tanto que el pobre paciente murmuraba:


TOMO l. 3




XVIII PRÓLOGO.


-Si será Juan otra vez'?
Corrió María á abrir la puerta pero apenas lo hubo he~


cho retrocedió algunos pasos sorprendida.
-¿A quién buscan VV.'? esclamó.
Esta pregunta se dirigia á treq individuos que, decen-


temente vestidos, penetraron sin ceremonia alguna en la
habitacion.


-Tranquilícese V. señorita, dijo uno de ellos desem-
bozándose y dejando ver un rostro en el que, al fijarse las
miradas de María, arrancaron de sus labios una esclama-
cion de sorpresa.


-i V. aquí'?
- Yo, sí señora, yo; que vengo en nombre de la ley y


como representante de la autoridad á practicar un registro
en su casa.


-¿Qué está V. diciendo'? Qué tiene que ver la autori-
dad en mi casa, y en qué hemos faltado á la ley mi padte
ni yo'?


-Señorita, yo cumplo únicamente las órdenes que re-
cibo.


-Mi padre está muy enfermo y me atrevo á suplicar
á V. que tenga piedad de su estado.


-María, dijo el caballeró en voz baja y aproximándose
á la jóven, una palabra de V. es bastante para que, aun
faltando al cumplimiento de mi deber, retroceda inmedia-
tamente: dígnese V. pronunciarla y yo la prometo ...


-NuncaI replicó María con acento enérgico y altivo.
-Reflexione V. que yo la ámo; que mi amor puede


proporcionarla todo aquello de que carece.
-Cumpla V. con su deber, repuso secamente la jó",



ven.




PRÓLOGO. XIX


En este momento se escuchó la voz del anciano qw.e
decía:


-lVlaría, María ¿quién está ahí'?
-¡Oh!
-Aun es tiempo, continuó el representante de la auto-


ridad á la jóven. Hable V.
-No puede ser.
-Por su padre de V.
-l\1í padre no puede consentír en mi deshonra.
-Pero ...


"


- Basta: Obre V. como quiera.
y Maria, la.nzando una mirada de supremo desprecio so-


bre su interlocutor, penetró en la alcoba de su padre.
-i,Qué hacémos, señor de Lopez'? preguntó uno de los


dos individuos de la policía que permanecian en la puerta_
-Venid conmigo.
y Lopez, seguido de sus dependientes, lanz6se en se-


guimiento de la jóyen.
Al ver el anciano á las tres personas que acababan de


entrar en su alcoba, se incorporó vivamente, diciendo con
voz muy entera y que desdecia de su estado:


-Qué quieren ustedes'?
-Vengo en nombre de la autoridad ...
-Calle V., no vé como está'? dij o María en voz baja á


Lopez.
-Su amor de V. es lo que yo necesito; una sola pala-


bra, ULa esperanza ...
-No puede ser.
-Acabemos, dijo el anciano.
-Si, acabemos, murmuró el que parecia jefe de aque-


Uos hombres y que desde el primer momento se habia sig-




xx PRÓLOGO.


nificado en aquella casa y en momentos tan solemnes, mas
que como el hombre que cumple con un déuer ineludible"
como el que obedece á un interés personal, esclusivamente
propio, y que aprovecha la favorable circunstancia que se
le presenta. Tengo órden de registrar esta casa.


-Toda vía no han concluido las persecuciones? ¿toda vía
se han propuesto los tiranos ni aun dejarme morir en paz'?


-¡Padre!
-Calla, :María; deja que mi corazon se desahogue.


Cumpla V. con su deber, añadió, dirijiéndúse al agente de
la autoridad; cumpla V. la mision que le está encomenda-
da. Increible parece que estos gobiernos encuentren perso-
nas capaces de cometer semejantes atropellos.


-Tenga V. cuenta con lo que habla, pues si mucho me
apura ...


-Silencio, diJo María en voz baja interrumpiendo á
Lopez.


-¿Con qué tambien me amenaza V? esclamó el an-
ciano dirigiendo una mirada altiva y severa á su interlu-
cutor.


-y me veré obligado á pasar á vías de hecho, si con-o
tinúa provocándome.


-¡Oh! qué infamia!. .... murmuró la jóven cubriéndose
el rostro con ambas manos.


-Vamos, señorita, menos palabras injuriosas y entré-
gueme todos los papeles de su señor padre.


-Búsquelos V., replicó la jóven con tono despreciativo.
-¿, Es decir que prefiere V. la guerra? murmuró


Lopez.
-. y á muerte, tratándose de un miserable como V."


repuso María en el mismo tono.




PRÓLCGO. XXI


-Está bien; yo sabré doblegar esa fiereza.
-Imposible!
-Registrad la casa,· dijo Lopez á sus dos satélites.
-María, dijo el anciano, dame esa medicina que rece-


tó el médico, pues no me siento bien.
La jóven se apresuró á satisfacer el deseo manifestado


por su padre.
Aproximóse al lecho con una taza que contenia la


medicina indicada.
Apenas el anciano tuvo á su hija junto á sí yaprove-


chando el instante en que Lopez daba sus instrucciones á
los agentes, la dijo rápidamente y en voz tan baja que na-
die mas que ella pucHera oirlo:


-Busca en el cajon de tu cómoda un legajo de papeles
atados con una cinta verde y tráemelos.


-Bien está.
-Procura esconderlos entre los colchones.
--Asi lo haré.
-Si cayesen en su poder, lo sentiria extraordinaria-


mente.
-Descuide V. padre que no los encontrarán.
y ~laI'Ía se separó de la cama al mismo tiempo que Lo·


pez se vol via hácia ella diciendo:
- Las llaves de esas mesas y de esos armarios.
-Tome V.; ya pueJen registrar hasta mis vestidos,


hasta la ~opa blanca, hasta el lecho del pobre enfermo. Bra-
va accion llevan VV. acabo! Honrosos serán los hechos de
la historia de V. si todos son como este.


-Señorita tenga V. presente á quien está hablando.
-A un miserable, le dijo María indignada y al pasar


por delante de él.




XXII PROLOGO.


-¡Oh: y Lopez se puso en persecucion de la jóven que
se dirigió á su cuarto.


El polizonte fué á penetrar tras de ella, pero María vol-
viéndose hácia él le djjo:


-Atrás. ¿ Acaso tiene V. órden tambien para penetrar
en mi estanda '?


-Yo puedo entrar dónde me plazca.
-Usted entrará donde crea que existen pruebas de soña·


das conspiraciones, pero nó en las habitaciones de honradas
doncellas. Y á la par q ne esto decia, cerró de golpe la puer-
ta dejando un tanto confuso á Lopez.


l\laría sacó los papeles que su padre le habia encargado.
Momentos despues hallábase de nuevo en la alcoba.
Lopez al verla la dijo:
-A un cuando V. se oponga penetraré en su cuarto.


No tengo por que respetar femeniles caprichos.
-Veo que con V. es inútil pretender que conserve si-


quiera ciertas fórmas sociales. El móvil que le inspira es
sobradamente mezquino para que pueda apreciar la gran-
deza y la delicadeza de ciertas cosas.


-¿Se ha propuesto V. insultarme?
-Los insultados somos nosotros, ¿puede haber mayor


ultrage que el que nos hace con su presencia?
-¡Oh! VV. me han de pagar bien caro todo cuanto es-


tán diciendo.
y fuéronse precipitados hácia el cuarto de 11aría princi-


piando á revolverlo todo.
E.ntre tanto ésta se aproximaba al lecho.
-Tome V ., dijo á SR padre, entregándole los papeles.
-Ahora, que busque ese hombre todo lo que quiera., re-


puso éste.




PR6LOGO. xxnr


-Que habeis encontrado? preguntó Lopez viendo apare-
cer nuevamente á sus satélites con algunos papeles en la
mano, donde se veian los atributos masónicos.


-Nada mas que esto; repusieron aquellos.
--Con qué tambien es V. mason? dijo el de policía con


despreciativa sonrisa y dirigiéndose al anciano.
-y qué tiene eso de estraño ¿acaso es un crímen para


usted? En ese caso puede prender á su rey D. Amadeo y á
todos los que hoy gobiernan, que en su mayoría pertene-
cen á esa asociacion.


-¿y se atr~ve usted á decir semejante atrocidad?
-¿Por qué nó?
-Terminemos un debate inútil, dijo María; taflto sabe


usted como nosotros que semejante hecho no constituye de-
lito. Usted busca solamente un pretesto para obligarme y
se aprovecha del primero que se le ofrece.


-¿Qué quieres decir, María? preguntó D. Antonio con
trémulo acento.


-Nada, padre; son cueDtas pendientes entre este caba-
llero y yo. Inútil es que se esfuerze en justificar su atrope-
llo; ¿qué es lo que pretende tlsted? ¿conducirnos á la cárcel'?


-¡Oh! qué horrible luz alumbra mi espíritu, esclamó
D. Antonio de repente. Habla, María ¿acaso este miserable
se habrá atrevido á hacerte alguna indecorosa proposi-


• '2 ClOno ...


-Calle usted, gritó Lopez, cada vez mas furioso.
-No se altere usted, padre mio, no se altere usted, que


harto sé cómo se debe tratar á personas de su calaña.
-¡Qué humillacionI Y aun se llaman liberales los que


tales demasÍas consienten; los que á tales miserables pro-
tegen.




XXIV PRÓLOGO.


-Hará usted que me propase si así continúa faltándome.
- ¡Propasarse! ¿Pues acaso puede hacer mas de lo que


ya hizo'?
-Sí tal.
-Tiene usted razon: personas cual usted de todo son


capaces.
-Pues bien, ya que hablan ustedes a~í, dijo Lopez con


voz ahogada por la cólera, hablarán con razono A ver, uno
de vosotros, prosiguió dirigiéndose á los que le acompa-
ñaban, que vaya á buscarme un coche.


-¿Qué va usted á hacer'? preguntó temblando 'Maria.
-A llevar á su padre de usted á la cárcel.
- j~' la cárcel! en el estado que se halla!
- Sí. Todo lo que aquí pasa, todo lo que ustedes están


haciendo no es mas que una farsa indigna que es menester.
concluya.


-¡Oh! piedad, piedad; no comprende usted que el pobre
enfermo sucumbiria en estos momentos'?


-Yo tambien la he rogado á V. y mis ruegos no fueron
escuchados.


y el acento del polizonte vibraba lleno de celos, de
venganza y de impureza.


-¡Oh! qué inícuo es su proceder!
-Mi hora ha llegado y la aprovecho: Me parece que


obro con justicia.
D. Antonio seguia con estraviados qjos esta escena.
En ellos brillaba de vez en cuando un sombrío res-


plandor de cólera, que la misma debilidad, el mismo estado
de abatimiento en que se hallaba, hacia que desapareciera
instantáneamente.


No habia comprendido bien todo lo que se encerraba de




PRÓLOGO. :xxv


terrible y amenazador en el propósito de Lopez, y ya im-
pacien tado, pregun t6 :


-¿Pero de qué se trata'? ¿Qué quiere ese hombre toda-
vía? ¿No está satisfecho aun'?


-¡Oh! padre!. .. padre mio!. .. esclamó María precipi-
tándose sobre el lecho; pretende llevárselo á V., cuando su
estado no le permite ni aun moverse de la camaL ..


-Qué quiere llevarme? tY á dónde'?
-Donde hace tiempo deberia V. estar; á la cárcel, don-


de los conspiradores, los trastornadores del público sosiego
encuentran su correctivo.


-jDh!
y el anciano no pudo proseguir.
Sofocado por la misma emocion que esperimentaba, no


pudo al pronto proferir mas palabra; dejó caer la desfalle-
cida cabeza sobre la almohada, quedando inmóvil.


María exhaló un grito desgarrador, un grito de angus-
tia:


-¡Padre mio!. .. padre mio!. .. dijo; malditos sean de
Dios tus asesinos! ...


Lopez quedó tambien silencioso y como avergonzado.
Vi6 á la j6ven alzarse de repente y avanzar hácia él


terrible, implacable, amenazadora.
Vió destellar de aquellos hermosos y rasgados ojos un


fulgor tan sombrío, tan magnético, por decirlo así, que, á
su pesar, b,ajó los suyos ante aquella mirada fascinadora.


María dominaba todo aquel cuadro.
De repente y cuando ya se hallaba cerca de Lopez, que


maquinalmente iba retrocediendo á la par que ella avan-
zaba, un nuevo personaje apareció en la puerta de la habi-
tacion.


TOMO l.




XXV'I PRÓLOGO.


A su vista María dió un grito de alegría.
- 1 Felipe! Felipe!. .... Dios sea loado..... el cielo os


trae!
El recien llegado era un gallardo jóven como de unos


treinta años; buen mozo y vestido con cierta elegancia.
Abarcó de una ojeada todo aquel cuadro, comprendió lo


que sucedia, conoció á los personaj es qua allí encontraba y
dirigiéndose al polizonte le dijo con cierta severidad mez-
clada de asombro:


-¿ Qué g uiere decir esto, Sr. Lopez'?
El polizonte se quitó su sombrero, saludó ~umildemen­


te y contestó:
-Señor, he recibido órdenes y bien á mi pesar ...
-Salga V. de aquí inmediatamente y vaya al gobierno


civil á esperarme.
-Pero es el caso que ... se atrevió á murmurar Lopez


en estremo contrariado.
-Cuando yo mando deseo ser obedecido sin réplica,


sin observaciones; salga V. de aquí.
Lopez no se atrevió á insistir. Habia en el acento del


re cien llegado tan irresistible imperio, que el polizonte y
su satélite, pues ya sabemos que el otro que le acompaña-
ba habia ido en busca del carruaje, salieron de aquella es-
tancia mohinos y cabizbajos.


Tan luego como se quedaron solos, :María se dirigió al
lecho donde su . padre continuaba inmóvil y cogiendo un
frasco con algunas esencias lo aplicó á su nariz.
~¿Pero qué ha pasado aq ui? preguntó Felipe ..
- Todo lo sabrá V.
Momentos despues don ADtonio, merced á los ausilios


que se le prodigaron, volvió en sí.




,


Abdícacion del R_ey.




..




PRÓLOGO. XXVII


Sus estraviadas pupilas recorrieron la estancia ~urmu·
rando:


-j Infames!.. ~ .. se han propuesto no dejarme morir
en paz! joh! los verdugos no están satisfechos todavía! ...


-Ya se han marchado, padre, dijo :María, y creo que
para no vol ver.


-No lo dudes, volverán; la hiena necesita sangre to-
davía!


-Felizmente ya tenemos aquí 'quien nos defienda,
murmuró tímidamente la jóven.


-Nada tema V., don Antonio; si hubiese saLido el pe-
ligro que V. corria, antes hubiera venido, porque desde esta
maña estoy en Madrid, pero los acontecimientos se suceden
con tal rapidez que apenas tengo tiempo para nada.


Gracias, Felipe; gracias, hijo mio!. .. esclamó el viejo
con acento conmovido.


-Pero cómo tan humildemente ha obedecido á V. ese
hombre? preguntó María.


- Debe hacerlo porque soy su gefe.
-¿Usted'? esclamó María con asombro.
-Yo, sí, María: hace algun tiempo que ocupo un alto


puesto, mas para' poder servir á mis amigos que por hallar-
me identificado con el actual órden de cosas. Por esta razon
he tenido que ausentarme de Madrid algunas veces, -lo
cual estrañaba á VV.


-Díme Felipe, hijo mio, replicó don Antonio con voz
desfallecida, es cierto que nuestro triunfo está próximo'?


-Sí señor; en estos momentos es cuando de mas juicio,
de mas prudencia necesita nuestro partido. Don Amadeo ha
comprendido perfectamente que no le es posible continuar
en el trono y persiste en su abdicacion. La república se




XX.VIII PRÓLOGO
aproxima impuesta por las circunstancias y como lógica
consecuencia de los aconteciinientos.


'-¡Ohr Dios mio, Dios mior ... esclamó el anciano con
indefinible espresion de alegría, y que no pueda yo, que
tanto he luchado por ella, yo, que tanto la he amado, yo
que por su triunfo he sacrificado las mas caras y mas, santas
afecciones, verla brillar resplandeciente y pura en el cielo
d . t" e mI pa rla ....


-¿Otra vez tan tristes ideas?
-Sí, sí, María; mis fuerzas se agotan, comprendo que


me restan muy pocos instantes de vida.
-Usted exagera, don Antonio, replicó Felipe procu-


rando tranquilizar al anciano.
-Nó, hijo mio, nó; el que durante tantos años se acos-


tum bró á ver tan cerca la muerte en los enfermos que ha
asistido, crees que se engañará ahora?


.-y por qué nó'? tambien la ciencia suele á veces equi-
Yocarse.


-Yo n.o me engaño, nó: tú mismo sabes que yo no he
sido un médico como kt generalidad. Desde que caí en el
lecho he comprendido que no me levantaria mas y todos
mis esfuerzos, desde entonces, han sido para que mi hija
vaya poco á poco acostumbrándose á una separacion
eterna.


María lloraba silenciosamente.
Felipe se encontraba visiblemente afectado.
Para dar un nuevo giro á la conversacion este preguntó:
-María, esplíqueme V. que ha veüido á hacer aquí ese


hombre á quien encontré á mi llegada.
La jóven le refirió todo lo que ya conocen nuestros lec-


tores.




PRÓLOGO. XXIX


Durante su relato, mas de. una vez se crisparon de c6-
lera las manos del j6ven y se fruncieron sus cejas.


Cuando María hubo concluido, dijo aquel:
-Está bien; yo le aseguro al miserable que caro ha de


pagar su desmano Felizmente el ocaso de todas esas tira-
nías está cerca y próxima la aurora del imperio de la paz
y de la justicia. Todos esos asquerosos reptiles, satélites
indignos de la tiranía y del atropello pagarán con esceso
las amarguras que hicieron sufrir á sus semejantes.


-Nó, por piedad, Felipe, esclamó el anciano con voz
vibrante. El imperio de la paz y de la justicia debe ser
tambien el del perdon y el del olvido. ¿En qué se diferen-
ciaría sino la República de los demás gobiernos'? Nada de
venganzas, nada de represalias. Nuestro purísimo em-
bIema no puede, no debe manchar su blanco m'anto con la
sangre de la venganza y del rencor. Desde el momento
en que se inaugure en España esa era republicana, que
tanto he ambicionado, es necesario que desaparezcan todos
los vicios, todos los resabios de las épocas anteriores; es
necesario que así como la sangre de Cristo al ser derra-
mada en el Gólgota, purificó los pecados de la humanidad,
la República en España, purifique tambien la corrupta
atmósfera en que por tan dilatado espacio hemos vi-
vido.


-¡Oh! qué santas palabras!
-Son las de un moribundo que toda su existencia la


ha sacrificado al triunfo de una idea.
-Escuchándole á. V. me estaria toda la noche pero ...
-Tiempo tienes ya, hijo, de que mis p'l.labras hayan


hecho mella en tu corazon, de que todas mis máximas,
todos mis pensamientos se hayan grabado en tu m'ente y




xxx PRÓL060.


en tu corazon. Tú has participado de todos los azares, de
todos los peligros, de todos los sinsabores de mi existencia da-
rante muchos años y confiado y tranquilo en vosotros aban-
dono la vida porque sé que vosotros recogereis el fruto que yo
y otros como yo hemos sembrado.


-¿ y por qué no ha de verlo V. ya que tan pró~imo se
halla el ansiado triunfo?


-Porque yo estoy en los postreros instantes de la vida
y si muy pronto no proclamais esa forma por la que tanto
sufriera, no podrán mis ojos contemplar la realizacion de
tan bello ideal.


-Yo le aseguro que pronto lo veremos.
-No ha mucho tiempo que don Juan me decia lo mis-


mo: me prometió enviarme noticias de lo que ocurriera, y
veo que nadie viene, lo cual me prueba que vuestros deseos
superan á la realidad.


-No lo crea V., jamás hemos estado tan próximos.
-Mucho mas lo estábamos el año 1868 y ya has visto


lo que ha pasado.
-Son distintas las circunstancias. Yo voy ahora mismo


á adquirir noticias al gobierno Civil y á impedir que se
repitan hechos ,como el que felizmente pude evitar hace un
momento. Esté V. seguro que las nuevas que le traeré se-
rán satisfactorias.


-Dios te oiga, hijo mio!
-María, prosiguió Felipe dirigiéndose á la jóven, ¿te


hace falta alguna cosa'?
-Nada: ya sabes que aun nos queda algun dinero.
-Sentiria que carecierais de algo y por orgullo ó por


cortedad ...
- Gracias Felipe, gracias.




PRÓLOGO. XXXI


-Esa palabra no se -debe pronunciar entre nosotros:
tno soy tu hermano acaso?


-Siempre, repuso lajóven con voz trémula y sintiendo
llenos de lágrimas sus oj os.


Poco despues Felipe salia del aposento: cuando ~María
oy6 cerrar la puerta de la escalera, rompiendo á llorar amar-
gamente, se dejó caer sobre el lecho de su padre murmu-
rando:


-¡Ay, padre mio! Ya lo ha visto V.; por él me estoy
muriendo de amor y él no ha tenido para mí ni una sola
frase de cariño!




LA ABDICACION DEL REY.


Antes de pasar adelé:1nte, preciso es que consagremos
algunas líneas á la relacion de los gravísimos sucesos de
que D. Juan y el caballero que María ha designado en el
capHulo precedente con el nombre de Felipe, indicaron al-
go al anciano enfermo.


En ella hemos de relatar con tan rigorosa exactitud
como imparcialidad los hechos, dando al mismo tiempo
cabida á, ciertos documentos importantes que deben pasar &.
la posteridad, testuales, originales, tales como se concibie-
ron y escribieron. Muchos deo ellos conocidos son de nues-
tros lectores: los periódicos todos los han publicado y co-
mentado á su antojo, segun la impresion producida en el
ánimo de sus redactores y el criterio en que se inspiran.


Pero nosotros no escribimos esclusivamente para el dia
de hoy, lo hacemos tambien para el de mañana: tenemos la
idea de quee~ muy posible que dentro de ciento ó doscientos
años nuestro libro puede leerse por nuestros nietos, y si no
por estos, por cualquier curioso que se le ocurra ojearlo en·
una biblioteca.




PRÓLOGO. XXXIlI


Así que, la responsabilidad del historiador empieza don-
de la del novelista acaba.


Hoy están grabadas en la mente de la mayor parte delos
españoles hasta los detalles, las frases mas insignificantes
de las principales escenas de este grandioso drama popular
que ha terminado con la única solucion 16jica, posible,
única, para salvar la patria en tan supremo instante; la
proclamacion de la república. Los periódicos nos tienen
hoy al corriente de cuanto ocurre de notable; pero pasado
algun tiempo y cuando entremos en el sosiego del estado
normal, cuando á la agitacion haya sucedido ]a calma, se
bOl'rarán aquellas escenas de la memoria, poco á poco, sin
que por esto se entivie el patriótico entusiasmo que hoy nos


. alboroza y enagena á todos.
Los periódicos que al presente buscamos con tanta avi-


dez para devorar noticias, habrán desaparecido sindeja~
ninguna huella, porque tal es la condicion de cierta claSe
de publicaciones.


Pero el libro subsiste, el libro queda.
Un libro no se destruye tan fácilmente, y mañana pue-


de ser consultado, de la misma manera que nosotrus hoy y
á cada momento nos vemos en la imprescindible necesidad
de consultar obras, crónicas y otros documentos curiosos
para no cometer errores, mucho mas, tratándose de hechos
históricos de reconocida importancia y que 'pertenecen á
épocas lej~nas.


Era el dla 9 de Febrero de 1873, y en Madrid se . Dota-
ba cierta agitacion y cierto movimü~nto inusitado; los cor-
rillos de gente en la puerta del Sol y carrera de San Geró".
TO~fO I. 5




XXXIV PRÓLCGO.
nimo eran mas numerosos que de costumbre, y en ellos,
aunque sin precisar nada positivo, circulaban rumores
graves, de trascendencia suma.


Todo el mundo se preguntaba, pero eran muy pocos los
que, conalgun acierto y solo por congeturas, podian sa-
tisfacer la curiosidad pública.


A las seis de 1:1. tarde, segun nos dice un autorizado.
periódico, empezó á circular en el salon de conferencias
del Congreso una noticia, que por su estraordinaria grave-
dad, nadie se atrevia á darla crédito.


Rablábase de cierta resolucion que quizá diera por reo.
sultado el inmediato advenimiento de la república.


La noticia corrió instantáneamente, trasmitióse de boca
en boca hasta los mas apartados grupos, los cuales fueron
haciéndose cada vez mas numerosos y compactos.


El Consejo de ministros se hallaba reunido. Pocas per-
sonas sabian mas á aquella hora y los_ que estaban en otros
antecedentes, lo callaban prudentemente, temerosos de que
el rumor no se confirmase ó el pensamiento fracasara.


Pero,como no era posible que situacion tan violenta
pudiera sostenerse por mucho tiempo; al cabo de algunas.
horas, la verdad, que tanto preocupaba los ánimos, era ya
del dominio público.


El rey, fatigado por-las contrariedades con que venialu-
chando, habia anunciado hacia dos dias su propósito de ab ...
dicar.


El dia anterior, por la mañana, lo manifestó terminan-
temente al presidente del gabinete, y éste intentó en vano
di~uadir1e.


El Sr. Ruiz Zorrilla reunió el Consejo á las cinco, y
á las diez volvió á reunirse.




PRÓLOGO. XXXT


Por consecuencia de lo tratado en él y de las indicacio-
nes que se hacian despues de la una de la madrugada,
hora en que se retiraron los ministros, se daba por seguro
que al dia siguiente se suspenderian las sesiones por d"os ó
tres dias.


Pero el hombre propone y Dios dispone.
El estado de la opinion pública en Madrid y en aquellos


momentos, seria impo~ible describirla bien: era la duda, el
temor, el mal estar que precede á los grandes aconteci-
mientos.


Se hadan infinitos comentarios, pero en todos los áni-
mos se notó el levantado sentimiento del amor patrió y una
gran predisposicion, á la calma y en momentos tan solem-
nes en que la menor imprudencia pudiera ser perjudicialísi-
roa para el porvenir de la patria.


Los republicanos de ideas mas avanzadas, -lejítima ...
mente esperanzados con el giro que la política podia dar á
aquel suceso, eran los primeros en aconsejarse mútuamente
la prudencia y la moderacion.


y este consejo se oia en todos los labios, en medio del
estupor de que todos se hallaban dominados.


Las autoridades continuaron en sus puestos velando por
el sosiego público y el gobierno, 'olvidando que represen-
taba un partido, pellsó únicamente en que antes ,que los
intereses de una agrupacion cualquiera, está el bien supre-
mo y la salud de la patria.


Gran número de hombres importante~ 'se presentaron
tambien al gobierno ofreciéndole su apoyo.


Asegurábase tambien entre las personas que maS auto-
rizadas se hallaban para estar enteradas de ciertos detalles,


'que la primera vez que D. Amadeo habló al Sr. Zórrilla dEl




XXXVI PRÓLOGO_


su proyecto de abdicacion, fué á las doce del sábado 8, hora
en que llamó á su cámara ,al presidente del Consejo y al
Sr. Mart0s.


Decíase que el rey fundó su resolucion en que ]a vota'~
cion de la Cámara le ponia en la alternativa de obrar anti-
parlamentariamente, lo que no quería, ó de carec~r de li-
bertad constitucional para desaprobar una medida de go-
bierno y elegir en su consecuencia nuevos consejeros.


Tres horas emplearon, al decir de las gentes mejor en-
teradas' los señores ministro de Estado y presidente del:
Consejo para hacerle desistir de su)ntento.


Lo único que consiguieron fué que éste les prometiera
meditarlo y darles una contestacion definitiva al dia si-
guiente. :


Como se comprenderá, la situacion de los ministros era~
no solo embarazosa, grave y preñada de grandes responsa-
bjUdades.


A las doce del dia siguiente, fué cuando definitivamen,
te manifestó el rey al Sr. Zorrilla que se hallaba resuelto á
llevar á cabo su abdicacion.


¿Qué sucedia en aquellos momentos en la Cámara po-
pular?


Fácil es adivicarlo; ya no era un misterio para nadie lo.
que ·el diaanterior solo habia sido un enigma.


La apertura de la sesíon del dia 10 tuvo lugar, aun
contra la voluntad del ministerio que pedia una tregua
para tomar acuerdo; tregua que se negó á conceder el pre-
sidente de la Cámara, alegando que en aquellos momentos
supremo$ no podía permanecer inactivo el único poder le-
jítimo.


Como decia muy bien El Pueblo, en su número de.




PHÓLOGO. XX.XV .. I


aquel dia, anticipándose á lo que tlespues se propuso y se
acordó por la Cámara, lo que procedia era el nombramiento
de un gobierno provisional titulado de la república.


Nada de mistificaciones, decia, que dejen abierta la
pue:ta á los arrepentimientos monárquicos ¡nada de adjeti-
vos, peligrosos en estos momentos para la unidad de la patria!


La sesion fué, por]o tanto, en estremo animada: la
tribuna pública, y reservadas de la pre.nsa y del cuerpo di-
plomático, se veian atestadas de gente; todos con la respi-
racion contenida, ansiosos, anhelantes, se hallaban pen-
dientes de los labios de los oradores que iban á tomar parte
en el debate.


Efectivamente, el momento era solemne: iban á deci-
dirse dentro breves instantes los destinos de la nacion.


El Sr. Figueras preguntó si estaba dispuesto el presi-
dente á dirigir una escitacion al gobierno para que acudie-
se al Congreso y de no hacerlo así, que abriese el presidente
discusion sobre los sucesos que preocupaban á todo el
mundo.


Cuando el Sr. Rivero contestaba á la pregunta del señor
Figueras, se presentaron en el salon los Sres. Zorrilla,
Mosquera y Montero Rios, que ocuparon el banco azul, y
siendo nuevamente interpelados por el Sr. Figueras, el se-
ñor Zorrilla se escusó de no haber dado antes cuenta á l~s
Córtes puesto que hasta aquel momento nada ocurria que
debier~ ventilarse de una manera oficial. Hizo sin embargo
la relacion de los sucesos y de los incideI1tes todos que ya
saben nuestros lectores: que el rey les habia pedido veinti-
cuatro ó cuarenta y ocho. horas para pensar lo mas oportuno
y que en esto no creia hubiese nada de particular. Terminó
su discurso aconsejando á todos los partidos que no alterasen




XXXVIiI PRÓLOGO.


el órden público y dijo que el gobierno estaba resuelto á
morir en la calle para conservarle.


Leyóse inmediatamente una proposicion del Sr. Figue-
ras y seis diputados mas, pidiendo que el Congreso se de-
clarase en sesion permanente.


Despues de un debate en que terciaron los Sres. ~artos,
Zorrilla y Castelar, y de asegurar el Sr. Figueras que la
sesion permanente no significaba desconfianza hácia el go-
bierno, que no tenia por objeto deliberar ni resolver, sino
únicamente velar por la sal vacion de la patria y estar pre-
venidos para cualquier evento~ el presidente propuso se
nombrase una comision compuesta de cincuenta diputados
que permaneceria en el edificio.


Así se acordó y se suspendió la sesion, ó mejor dicho la
deliberacion, marchándose entonces las personas que ocu-
paban las tribunas y muchos diputados, saliendo unas y
otros por la calle del Florin, pues por la de Jovellanos no
era posible á causa de lo compacto de los grupos que inva-
dian la calle.


Por indicacion del presidente del alto cuerpo colejisla-
dor, los señores senadores se reunieron á las cuatro y media
de la tarde en el salon de conferencias del Congreso, por
el cual habian sido invitados con objeto de formar un solo
cuerpo, y abierta nuevameute la sesion, el presidente de
la Cámara popular dijo á los ugieres que manifestasen á
los señores senadores que el Congreso esperaba.


A los pocos moment0s penetraron estos en el emiciclo
y tomaron asiento.


El Sr. Rivero manifestó que se reunían para consti~uir
las Córtes soberanas de la nacion.


Los bancos se poblaron por completo y el ministerial




PR ,LOGO. XXXIX


fué oeu,pado por los ministros de Estado, Marina, Hacienda,
Fomento, Gracia y Justicia y Ultramar.


El p~esidente declaró constituidas las Córtes soberanas,
y el Sr. Martos, despues de esponer que al Sr. Zorrilla no
le era posible asistir á la sesion y que el rey habia mani-
festado aquella misma mañana su irrevocable propósito de
abdicar, juzgaba el gabinete que sus funciones habian ter,


,minado y que él y sus compañeros entregaban sus poderes
á las Córtese El mensaje de abdicacion se hallaba concebido
en los siguientes términos:


(,Grande fué la honra que merecí á la nacion española
eligiéndome para ocupar su trono, honra tanto mas por mí
apreciada, cuanto que se me ofrecia rodeada de las dificul-
tades y peligros que lleva consigo la empresa de gobernar
un pais tan hondamente perturbado.


»Alentado, sin embargo, por la resoludon propia de mi
raza, que antes busca que esquiva el peligro, decidido á
inspirarme únicamente en el bien del pais y á colocarme
por cima de todos los partidos, resuelto á cumplir el jura-
mento por mí prometido á las C6rtes Constituyentes y .
pronto á hacer todo linage de sacrificios por dar á este va'~
leroso pueblo la paz que necesita, la libertad que merece y
la grandeza á que su gloriosa historia y la virtud y cons-
tancia de sus hijos le dan derecho, creí que la corta espe-
riencia de mi vida en el arte de mandar seria suplida por
la lealta,d de mi carácter y que hallaría poderosa ayuda para
conjurar los peligros y vencer las dificultades que no se
ocultaban á mi vista, á las simpatías de todos los españo-
les, amantes de su patria, deseosos de poner ya término á
las sangrientas y estériles luchas que hace tanto tiempo
desgarran sus entrañas.




XL


»Conozco que me engañó mi buen deseo. Dos años lar-
gos há que ciño la corona de España, y la España vive en
constante lucha, viendo cada dia mas lejana la era de paz
y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran es-
tranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de
estos soldados tan valientes como sufridos, seria el pri-
mero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con
la pluma, con la palabra, agravan y perpetuan los males
de la nacion, son españoles, todos invocan el dulce nombre
de la patria, todos pelean y se agitan por su bien~ y entre
el confuso fragor del combate, entre el atronador y contra-
dictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opues-
tas manifestaciones de la opinion pública, es imposible
atinar cuál es la verdadera, y mas imposible todavía hallar
el remedio para tamaños males.
~)Lo he busúado ávidamente dentro de la ley y no lo he


hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha pro··"
metido observarla.


»Nadie achacará á flaqueza de ánimo mi resoludon. No
. habria peligro que me moviera á desceñirme la corona si
creia que la llevaba en mis sienes para bien de los españo-
les: ni' causó mella en mi ánimo el en que 'corrió la vida
de mi augusta esposa, que en este solemne momento ma-
nifiesta, como yo, el vivo deseo de que en su dia se indulte
á los autores de aquel atentado. _


»Pero tengo hoy la firme conviccion de que serian es-
tériles mis esfuerzos é irrealizables mis propósitos.


» Estas son, señores Senadores, las razones que me mue-
ven á devolver á la nacion, y en su nombre á vosotros la
corona que me ofreció el voto nacional, haciendo de ella re-
nuncia por mí, por mis hijos y sucesores. Estad seguros de




PRÓLt...GO. XLI


que al desprenderme de la corona, no me desprendo del
amor á esta España como agradecido y de que no llevo
otro pesar que el de no haberme sido posible"procurarla todo
el bien que mi leal corazon para ella apetecia-.}>-" Amadeo.
-Palacio de :Madrid, febrero (sin fecha).


Preguntadas las córtes soberanas si aceptaban la renun-
cia de D. Amadeo y acordaban se le dirigiera un mensage
de despedida, contestaron sí, por unanimidad: no podia es-
perarse otra cosa de la proverbial hidalguía castellana, de
la cortesía y esquisita política de nuestros dignísimos re-
presen tan tes.


N om bróse una comision para redactar el mensage y los
ministros abandonaron el banco azul para venir á tomar
asiento entre los diputados.


A los quince mjnutos los encargados de escribir tan
importante documento habian cumplido ya con su come-
tido: penetraron nuevamente en el salOl: y el Sr. Castelar
que era uno de ellos yal que fundadamente se atribuye su
redaccion, dió lectura de él, siendo en estremo aplaudido.


El mensage dice así:
«La Asamblea nacional á S. 1\1. el Rey D. Amadeo 1.~­


Señor: las Córtes soberanas de la nacion española han oido
con religioso respeto el elocuente mensage de V. M:., en
cuyas caball~rosas palabras de rectitud, de honradez, de
iealtad han visto un nuevo testimonio de las altas prendas
de inteligencia y de carácter que enaltecen á V. M. y del
amor acendrado á esta su segunda patria, la cual, generosa
y valiente, enamorada de su dignidad hasta la supersticion
y de su independencia hasta el heroismo, no puede olvidar,
nó, que V. M. ha sido gefe del Estado, personificacion de


-su soberanía, autoridad primera dentro de sus leyes, y no
TOMO 1. 6




XLII I>nÓLOGO.


puede desconocer que honrando y enalteciendo á V. M., se
honra y se enaltece á sí misma.


(,-Señor: las Córtes han sido fieles al mandato que traian
de sus electores y guardadoras de la legalidad que hallaron
establecida por la voluntad de la nacion y la Asamblea
Constituyente. En todos sus actos, eL. todas sus decisiones
las Cértes se' contuvieron dentro del límite de sus prerro-
gativas y respetaron la voluntad de V. M. y los derechos
que por nuestro pacto constitucional á V. M. competian.


»Proclamando esto muy alto y muy claro, para que nun·
ca recaiga sobre su nombre la responsabilidad de este con-
flicto, que aceptamos CJn dolor, pero que resolveremos con
energía, las Córtes declaran unánimemente que V. ~r. ha
sido fiel, fidelísimo guardador de los respetos debidos á las
Cámaras; fiel, fidelísimo guardador de los juramentos pres·
tados en el instante en que aceptó V. M. de las manos del
pueblo la. corona de España; mérito glorioso, gloriosísimo,
es, en esta época de ambiciones y de dictaduras, en que
los galpes de Estado y las prerrogativas de la autoridad
absoluta atraen á los mas sensibles, no ceder á sus ten-
taciones desde las inaccesibles alturas del trono, á que solo
llegan algunos pocos privilegiados de la tierra.
i)Bi~n puede "'l. M. decir, en el eilencio de su retiro, en


el seno de su hermosa patria, en eJ hogar de su familia,
que si algun humano fuera capaz de alejar el curso incon-
trastable de los acontecimientos, V."tt1. con su educaeÍon
constitucional, con su respeto al derecho constituido, los


'hubiera completa y absolutamente atajado. Las Córtes, pe-
netradas de tal verdad, hubieran hecho, á estar en sus
manos, los mayores sacrificios para conseguir que V. l\L de-
sistiera de su resolucion y retirase su renuncia.




PHÓLOGO. XLIII
,


»Pero el conocimiento que tiene- del inquebrantable ca-
rácter de V. M., la justicia que hacen á la madurez de sus
ideas y á la perseverancia de sus propósitos, impiden á las
córtes rogar á V. M. que vuelva sobre su acuerdo, y las
deciden á notificarle que han asumido en sí el poder su-
premo y la soberanía de la nacion, para proveer en cir-
cunstancias tan críticas y con la honradez que aconseja lo
grave del peligro, lo supremo de la situacion, á salvar la
democracia, que es la base de nuestra política, la libertad,
que es el alma de nuestro derecho, la nacion, que es nues-
tra inmortal y cariñosa madre, por la cual estamos todos
decididos á sacrificar sin esfuerlo, no solo nuestras indivi-
duales ideas, sino tambien nuestro nombre y nuestra exis-
tencia.


i)En circunstancias mas difíciles se encontraron nuestros
padres á principios del siglo y supieron vence.rlas inspi-
rándose en estas ideas y en estos sentimientos.


»Abandonados por sus reyes, invadido el suelo patrio
por estrañas huestes, amenazados de aquel génio ilustre
que parecia tener en sí el secreto de la destruccion y la
guerra, confinados e,u una isla, donde parecia que se aca-
baba el-suelo nacional, no solamente salvaron la patria y
escribieron la epopeya de la independencia, sino que crea-
ron sobre las ruinas dispersas de las sociedades antiguas
la nueva sociedad.


»Esta.s córtes saben que la nacion Española no ha dege-
nerado' y esperan no degenerar tampoco ellas mismas en
las austeras virtudes patrias que distinguieron á los fun-
dadores de la libertad en España. Cuando los peligros estén
conjurados, cuando los obstáculos estén vencidos, cuando
salgamos de las dificultades que trae consigo toda época




XLIV PRÓLOGO.


de transicion y de crísis, el pueblo español, que mientras
permanezca V. M. en su noble suelo ha de darle todas las
muestras de respeto, de lealtad, de consideracion, porque
V. M. se lo merece, porque se lo merece ,su virtuosísima
esposa, porque se lo merecen sus inocentes hijos, no podrá
ofrecer á V. M. una corona en' lo porvenir; perC\ le ofrecerá
otra dignidad, la dignidad de ciudadano en el senó de un
pueblo independiente y libre.


») Palacio de las Córtes, 11 de Febrero de 1873.»
Despues <;le leido este mensage se acordó el nombra-


miento de una comÍsion que lo llevara al Rey y otra para
que lo acompañase hasta la frontera.


Don Amade? hilbia significado su propósito de salir de
:Madrid en un término muy breve.


Inmediatamente despues se leyó una proposicion ro-
gando á las Córtes se sirviesen acordar como forma de Go-
bierno la República.


El señor Pí y Margallla apoyó proponiendo que por vo-
tacion directa se nombrase un Poder ejecutivo que cum-
pliese con rapidez los acuerdos dellegislati va. El señor Pí
se estendió en lógicas y robustas consideraciones en pró de
la idea que sustentaba, poniendo de manifiesto los incon-
venientes de las monarquías y la proposicion fué tomada
en consideracion.


En vano dos señores diputados pertenecientes á una de
las fracciones de la Cámara, aunque sus nombres sean res-
petables y de gran valía, usaron de la palabra en contra;
verdad es que con noble franqueza hicieron una salvedad
y esta fué: «Que de tQdos modos declaraban en nombre de
su partido que ayudarian á sal"var el órden y la integridad
fuese el que fuese el poder emanado de las Córtes. »




PRÓLOGO. XLV


El señor Salmeron (don Nicolás) dijo, hablando en
pró de la proposicion, que hoy no era posible otra forma
de gobierno que la republicana, bajo cuya bandera cabian
todos los partidos, añadiendo que. para la minoría no habia
republicanos de ayer, ni de hoy, sino solo españoles.


Momentos antes habia entrado en el salon el señor Zor-
rilla y propuso que se nombrase inmediatamente un go-
bierno que respondiese del órden público.


Esta proposicion fué causa de acaloradas réplicas entre
el Presidente del consejo y el señor Rivero; de palabras
mal interpretadas por algunos señores, de ofensas que se
creyeron inferidas en el ardor de la improvisacion y que
des pues de esplicadas no tenian la importancia que se les
supuso; susceptibilidades que no tenjan razon de ser y
mucho menos en aquellos momentos solemnes.


Así lo comprendió el señor Martos, pidiendo ardorosa-
mente que en bien de la patria, suplicaba que inmediata-
men te se votase la proposicioD del señor Pí. Añadió que
era preciso que cesase el período de interinidad para entrar
decididamente en la República y que al hablar así lo hacía
por encargo del partido radical, pues con la misma efusion
y cariño que el partido republicano les recibe, con la misma
efusion se acercan á él. Dijo por fin, que los radicales iban
á votar la república porque la aceptan lealmente y porque
otra solucion no era compatible con las ideas democráticas,
añadiend~ que seria una vergüenza para cualquiera que
en algo se estime, fijar su vista en la restauracion borbó-
nica, á la que trató tan dura como merecidamente.


En contestacion á algunas observaciones en contra, de
los señores Collantes y DUo a y en que el primero se esfor-
zaba en querer probar que la ,monarquía de la casa de Sa-




XLVI PUÓLOGO.


boya no habia sido derrumbada por las conspiraciones Al-
fonsinas, el señor Castelar con la elocuencia que le distin-
gue, con esa frase que seduce y cautiva, esplicó en breves
palabras que la república venia por sí sola, por haber
muerto la monarquía absoluta con Fernando VII, la parla~
menfaria con doña Isabel 11 y la democrática con Amadeo l.


Procedióse, pues, á votar la proposicion del senor Pí y
fué" aprobada por 256 votos contra 32.


El señor Figueras propuso que se comunicase tan faus-
ta noticia á todas las autoridades civiles y militares de Es-
paña, como así se verificó, terlninando con un entusiasta
viva á la república, que fué repetido con la mágica celeri-
dad de la chispa eléctrica, como un prolongado eco, desde
el salon de sesiones hasta los mas apartados barrios de 1Ia-
drid, cuyas calles, lo mismo que las principales, estaban
cuajadas de gente, ávida y ansiosa, impaciente, anhelante
por saber la resolucion de la Cámara. Suspendióse la sesíon
por br~ves momentos: era preciso que los diputados se pu-·
siesen de acuerdo par:\ la formacion del nuevo gobierno.
Apenas trascurrida media hora volvieron á entrar en el
salon y procedió se á la eleccion siendo elegidos: don
Estanislao Figueras, Presidente; Ministro de Estado, don
Emilio Castelar; de Gracia y Justicia, don Nicolás Salme-
ron; de Hacienda, don José Echegaray; de la Guerra, don
Fernando Fernandez de Córdoba; de Marina, don José 1\1a-
ría de Beranger; de Gobernacion, don Francisco Pí y Mar-
gall; de Fomento, don lVlanuel Becerra; de Ultramar, don
Francisco Salmeron.


Invitados los nuevos ministros por el presidente del
Congreso para que ocuparan el banco azul, así lo hicieron,
recibiendo un prolongado y atronador aplauso.


. ,




PRÓL(jGO. XLVII


El señor Martos dió un viva á la república, al presi-
dente y á la integridad de la patria, viva que no podía
menos de hallar eco en todos los corazones y que se repitió
por todos los señores diputados y senadores con igual en-
tusiaSluo que el señor Martos lo pronunció.


El señor Figueras pronunció inmediatamente un breve
discurso, diciendo que el gobierno acudiria á las necesida-
des públicas, aplicando los principios republicanos y sobre
todo que cuidaria de afianzar el órden público. Añadió que
las córtes constituyentes decidirian la forma que la repú-
blica debia ostentar, asegurando que en las próximas elec~
ciones habria la mas completa libertad. El señor Echega-
rayen nombre de sus compañeros, hoy ministros de la re-
pública, declaró que habian aceptado un compromiso que el
patriotismo les exigia; que cumplirían con su obligacion
y que Dios los juzgara.


Así terminó la célebre, Ja memorable, la patriótica se-
sion del dia 11 de Febrero de 1873, cuyo recuerdo quedará


,grabado eternamente en el corazon y en la memoria de to-
dos los españoles que sinceramente amen la patria.


Algunas horas despues, á las seis de la mañana del 12,
abandonaba á Madrid con direccion á Lisboa el ex-rey,
acompañado de toda su familia.


Consultados los médicos de Cámara si el delicado estado
de salud de la Reina la permitiria ponerse en camino con
tanta precipitacion, el señor Diaz Benito dió su opinion
afirmativa y doña María Victoria se decidió á no abando-
nar á su esposo.


Es opinion general gue esta egregia Señora es un mo-




XLVIU PRÓLOGO.


delo de virtudes, de caridad y que posee un bellísimo co-
razono Es lo cierto que sin ostentacion y sin orgullo, sin
hacer alarde de su munificencia, ha derramado pródiga-


,


mente sus beneficios durante su estancia en la capital de
España, enjugando no pocas lágrimas.


En la satisfaccion que produce siempre el'hac~r bien
encontrará su recompensa y nosotros faltaríamos á nuestro
deber de caballeros y de historiadores si aquí no lo dejáse-
mos consignado.


Los Reyes marcharon acompañados del Gefe del cuarto
militar, señor general Búrgos, de sus ayudantes los seño-
res Portilla, Tejeiro y Villacampa, del señor Almirante,
señor Pirala~ señor Diaz Benito, señor Conde de Rius y
otras varias personas.


:Momentos antes de salir de la régia estancia, la guar·
dia del R~y se colocó en la escalera para hacerle los hono-
nes debidos.


A las seis en punto salió de la cámara la comitiva,
siendo conducida la Reina en una litera hasta el pié de la
escalera principal donde aguardaban los carruajes.


Doña María Victoria estaba sumamente afectada y'der. _
ramaba abundantes lágrimas.


Al bajar la escalera iban saludando cariñosamente á
los guardias y servidumbre que encontraban al paso.


Cuando llegó la litera al carruaje, don Amadeo cogió
en brazos á su esposa y con el mayor cuidado la colocó en
el coche.-


El señor Rivero dió la mano á los Reyes y estos le en-
cargaron mucho que mirara p()r su desgraciada servidum-
bre: el señor Rivero les ofreció que así se haría.


Terminada la despedida, doña María Victoria dió la se-




PROLOGO. XLIX


ñal de la partida y á los seis y diez minutos salían por la
puerta del Príncipe cuatro carruajes dirigiéndose á la es-
tacion del Norte donde les esperaba un tren especial com-
puesto de un coche de segunda, donde iba alguna fuerza de
la guardia civil, un coche de primera donde iba colocada
la cama para la Reina, en un departamento y algunos fur-
gones.


A las seis y Inedia, próximamente, el t¡'en partió por el
'ramal del campo del Moro á tomar la línea del Medi terrá-
neo, de donde salieron enseguida en direccion á Lisboa
acompañados de la comitiva antes indicada y de la comi-
sion nombrada por las Córtes, para despedirle en la fronte-
ra del vecino reino Lusitano.


Viage de SS. MM. á la frontera de Portugal.


Para que nuestros lectores no carezcan ni aun de los
mas insignificantes detalles del viaje de D. Amadeo hasta
que pisó la frontera portuguesa, estractaremos lo y. ue un
testigo ocular refiere; el Sr. Pirala, cronista de la córte, y
que acompañó á SS. MM: hasta Elvas. Dice así:


«Trasladóse la reina en otra silla de manos al carruaje,
y á poco partió el tren por la vía de circun valacion á la es-
tacion del :Mediodía, tambien desierta. Solo estaba allí To-
pete, ese hombre de gran corazon, y el agradecido conde
de Almin~; pero ni autoridades, ni guardia, ni escolta, y
entre los dos citados señores y:Montesinos, siempre solícito
y fácil á proveer á todo, se dispuso que los ocho guardias
de órJen público que habia en la estacion subieran al tren
para dar escolta.


J)Sileuciosamente, y formando marcado contraste con
TUMO l. 7




L PRÓLOGO.


la partida del rey cuando fué á visitar la costa de Levante
hacia poco mas de un año, y siendo ministros algunos de
los mismos que ahora lo son, partió el tren) ocupando la
reina un departamento en el que fué acostada; inmediatos
sus hijos y el rey, yen un coche salon los que formaban la
comitiva (1).


»Nadie esperaba en las estaciones hasta Aranjuez, y
aun aquí fué escasa la concurrencia, á pesar de los muchos
dependientes y jornaleros del real patrimonio. Siguió el
tren á Alcázar de San Juan, donde ya se habia recibido
el parte' del gobierno para dispensar á las reales personas
los honores debidos, que los hizo el presidente de la junta
revolucionaria, y preparado el almuerzo á virtud de un te··
légrama que se envió desde Aranjuez pues nada se habia
dispuesto, hasta el punto de carecer la reina, enferma, de
una taza de caldo, no obstante haberse preparado en :Ma 4
drid algunas botellas de consommé, que quedaron muy
tranquilas;- descendió el rey del carruaje, y abriéndose
paso por entre la multitud silenciosa y respetuosa, ocupó la
cabecera de la mesa á la que se sentaron todos sin órden
ni etiqueta, pudiendo servir apenas los calnareros, por estar
invadido el comedor con la gente del pueblo, que contem-
plaba asombrada la digna tranquilidad del que acababa de
ser el jefe supremo de una nacion de 16 millones de
almas.


(1) La constituian, la comision de la Asamblea, compuesta de los señores
Montesinos, marqués de Seoane, Moncasi, Ro~sel1 Ulloa (D. Augusto), que iba
tambien con el carácter de administrador de la compañia del ferro-carril, el
Sr. Montero Rios, generales Tassara y Gandara, hermanos Alvaredas, general
Burgos, Portilla, Almirante, Villacampa, Tejeiro, Benifayó, Ogea, Benazuza,
algun otro y el que suscribe. Iban tambien los representantes de Portugal e
Italia. Este último quedó indispuesto en Alcázar de San Juan.




PRÓLOGO. LI


);.Continuóla marcha, atravesó rápido el tren los vastos
y desiertos campos de la Mancha, fijóse apenas la atencion
en el pueblo que tuvo preso á Cervantes, que á "ivir hoy,
abundante cosecha hall aria de locos y simples y aun mal"
vados, para inmortales obras; detúvose un momento en
Manzanares, donde recibieron SS. MM. respetuosos salu-
dos, y en Ciudad-Real se ofrecieron las autoridades: estaban
formadas las fuerzas del ejército, que presentaron armas
y batíeron marcha, y todo el anden y sus inmediaciones
invadido por inmenso gentío, ávidos todos de contemplar
á la real familia.


» Con una pequeña detencion en Puertollano y Alma-
den, y descendiendo por las gargantas de este venero de
ri.queza á Belalcázar, se dejó la Mancha, se atravesó un pe-
queño confin de Andalucía y se penetró en Estremadura,
parando un momento en Cabeza del Buey, y co"miendo en
Almorchon en una ruinosa y enegrecida pieza perfecta-
mente ventilada: no habia otro sitio.


»1.a noche, aunque alumbrada por espléndida luna,
apenas permitia contemplar las risueñas llanuras de Villa-
nueva de la Serena, don Benito y Medellin, patria de Here
nan Cortés, y las venerandas ruinas ~de la hoy triste Mérida
y antes opulenta colonia romana, y á las doce llegamos á
Badaj oz. -Era la última po blacion española que despedia á
don A~adeo, y que acostumbrada á recepciones de alegría,
no podia menos de pensarse en el contraste que formaba
aquel séquito silencioso y triste, mas triste cuanto m as se
alejaba de España, con el que presentaron las bodas allí
celebradas del rey de Castilla don Juan 1 con la infanta de
Portugal doña Beatriz, la recepcion de doña Juana de Por-
tugal para ser esposa de don Enrique IV, de] solemne re--




LIl PRÓLOGO.


cibimiento hecho á la infanta de Portugal doña Isabel para
ser esposa del emperador Cárlos V, del no menos ostentoso
dispensado á doña l\faría de Portugal que vino á StW esposa
del que fué á poco don Felipe II, hijo del que es fama que
al año de haber abdicado la corona, que le abrumaba por
el gran peso de su inmensa gloria, mostrábase arrepenti-
do, y de los grandemente celebrados conciertos reales en
1729. En este siglo Cárlos IV y María Lui8a se trasladaron
á Badajoz en 1801 con motivo de la guerra con Portugal,
para atender mas á un fa-rorito que á los intereses na-
cionales, y que tan funestos resGltados produjo á aquel
rey;-pues siempre los favoritos han sido funestos á los
reyes y á los pueblos,-y eu diciembre de 1866, tambien
estuvo allí la familia real de España á su paso para Lisboa
á pagar atenta visita á los reyes de Portugal.
>~QuedároDse en Badajoz los guardias que formaban la


peque'iia escolta, y siguió el tren á Portugal, cuya tierra
se pisó en breve. El silencio de la noche, la melancólica
luz de la luna, lo desierto de aquellos campos, la tierra
estranjera, cuanto á todos rodeaba, convidaba á la reflexion,
y grandes podian hacerlas cuantos el tren conducia ...


»Las músicas de ]a guarnicion de Elvas anunciaron la
llega>da á su estacion, donde esperaban las autoridades de
gran gala, y tropa de cazadores con músicas, que no cesa-
ron de tocar el himno nacional portugués. No habia pueblo.


»Parado el tren frente á la pequeña y humi1de aduana,
apeóse don Amadeo, y en el despacho del administrador,
una reducida pieza á la izquierda de la primera sala, reci-
bió á las autoridades y se despidió de la comision de la
Asamblea y de los que regresamos, aun cuando algunos
~levábamos ánimo de seguir hasta Lisboa, dando á la real




PRÓLOGO. LIII


familia esta prueba mas de sincera y desinteresada adhe-
Slon.


»Dispuesto allí otro tren, con un coche-salon que os-
tentaba las iniciales de don José Salamanca, se unió á él
el carruaje en que iba la Reina y los Infantes, y á las tres
partió para Lisboa, despedido con los mismos honores; re-
gresando á Madrid la comision de la Asamblea, el general
Tassara, brjgadier Portilla, coronel Almirante y el autor
de estas líneas.


» En todo el viaje demostró el público grande avidez
por ver y contemplar á doña María Victoria, cuya mere·
cida fama era general: todos preguntaban por esta señora,
cuyo talento y caridad conocían; todos la ad~iraban, todos
se apenaban por su desgracia, y la Reina, no muy atendi-
da por quien mas obHgaciC'D tenia de hacerlo, iba postrada
en un lecho, abismada en sus tristes pensamientos y sin
otro consuelo que el de tener á su lado á su esposo que ama
y á sus bijos que adora. ReciLa en lejanas tierras el tributo
del que siempre la ha admirado y la ha servido con vene-
racion profunda y respetuosa, sin haberla demandado nun-
ca la menor merced. »


. .


. .


En el entretanto el entusiasmo en las masas populares
en Madrid, desde el primer momento en que se hubo pro-
clamado la república,. fué indescriptible; á la intranquili-
dad anterior habia sucedido la mas franca y la mas espan-
sivaalegría.


Grupos de pueblo, en actitud pacífica, y al compás de la
marsellesa, discurrían por las calles precedidos de música,
y banderas.




LlV PRÓLOGO.


Ni eh los barrios principales, ni en los mas estraviados
de la capital se cometió el menor exceso, ni hubo que la·
mentar desgracia alguna: verdad es que desde la tarde del
dia anterior habia aparecido en las esquinas el manifiesto
de los republicanos mas intransigentes,.suscrito por cin-
cuenta y una firmas de las mas autorizadas en el' partido,
recomendando á todo el mundo la calma y el órden; ha-
ciendo comprender á las masas que se estaba atravesando
una de las mas graves crísis porque puede pasar un pue-
blo y que la mas ligera imprndencia .ba~taria para coro-
prometer la suerte de la repú blica y de la patria.


El inmenso gentío aglomerado la noche anterior y la
actitud como se presentó en los primeros momentos en los
alrededores del Congreso, hizo preciso adoptar algunas pre~
cauciones y hubo varias carreras, pero la alarma cesó á los
pocos momentos.


A la una y media de la tarde habia formado un bata-
llon de la milicia nacional delante del Congreso para con-
tener, á cierta distancia del mismo, la multitud que era
estraordinaria.


El Comercio y otras muchas personas de arraigo se or-
ganizaron por barrios para establecer patrullas y atender
al reposo público, pero todo esto pacíficamente, como no se
habia visto nunca en ninguna de las revoluciones conoci-
das hasta la fecha.


Mucho contribuyó á calmar los ánimos el dia diez, el
que, cuando á las cinco de la tarde, los grupos que rodeaban
el Congreso empezaron á agitarse y á dar vivas á la repú-·
blica. apareciesen en el vestí bulo de] mismo y areDga~en á
las musas los señores Figueras y Castelar, Ribero y Ocon,
Carmona y Sorní, Nouvillas y Luis Blanc, los cuales con




PRÓLOGO. LV


su autorizada palabra llevaron la confianza y la tranquili-
dad á los mas agi1ados ánimos.


Bajo esta impresion y despues de la partida del Rey,
" proclamada la república y hecho el nombramiento de los


que debian componer el poder Ejecutivo, dió principio la
sesion del dia doce.


Reunidos ambos cuerpos colegisladoaes, se precedió al
nombramiento de los tres Presidentes, Vicepresidentes y
Secretarios, y despues de haber anunciado el señor Figue-
ras que el Gobierno no tenia candidatos que proponer, pues-
to que la Asamblea era soberana y nadie tenia derecho
para in!!liscuirse en sus actos, se procedió á la votacion
siendo elegido presidente por 222 votos el señor D. Cristi-
no Martos.


Nada mas levantado y patl"iótico, nada mas entusiasta
que el notabilísimo discurso que al ocupar el sillon presi-
dencial, pronunció el nuevo presidente de la Asamblea.


Con la elocuencia que le distingue, con la facilidad
que le es peculiar, con la. ecsuberanciu de talento con que
la naturaleza le ha dotado, y en estremo conmovido por la
alta honra que acababa de dispensársele, cautivó por espa-
cio de mas de media hora la atencion de la Asamblea,
siendo interrupido varias veces por los mas entusiastas
aplausos.


Empezó dando gracias á la Asamblea por el alto honor
que le h~bia dispensado,y que consideraba, dijo, como un
puesto de honor y de peligro: «de peligro, por si sobrevi-
niese para España; de peligro, por si sobreviniere para la
libertad; de peligro, por si pudiere acontecer para la repú-
blíca, en favor de la cual, despues que por el voto libre de
nuestra conciencia todos la hemos proclamado, todos ten e-




LVI PRÓLOGO.


mos obligacion de trabajar, y si es preciso de da; nuestra
vida.,>


Añadió que la situacion que se habia creado imponia á
laAsamblea grandes deberes, que se resuleven en uno so-
lo: en el de salvar la república, prestando absoluto apoyo al
gobierno.


<\ Yo, señores, dijo, ,entiendo que así como la primera
necesidad de las monarquías en estos tiempos es la liber-
tad, del mismo modo el órden es la necesidad de las repú-
blicas. Trátase de establecer, de arraigar una forma nueva
y desconocida de gobierno en España; no cerremes los ojos
ante sus dificultades, que descorocer las dificultades no es
el modo mejor de vencerlas; antes bien; deteniéndonos de-
lante de ellas, consideremos que es preciso que hagamos
saber, no tan solo por nuestras palabras, sino tambien por
nuestros actos, que la república no es el desórden, no es el
tumulto, no es la pasion, no es la ruina de los intereses;
que la república puede y debe ser el órden, la libertad, la
confianza, la paz pública, la proteccion segura dispensada
por un gobierno liberal, pero fuerte á todos, absolutamen-
te á todos los intereses de la nacion española, porque es
singular privilegio de esta forma de gobierno que no haya
en su seno gérmen de division, sino que todas las opinio-
nes quepan en este gran molde en que vamos á dar nueva
forma á la vida de la sociedad española. '/


Este período fué muy aplaudido.
Declaró luego que'aquella era una Asamblea soberana,


y las asambleas soberanas, por lo mismo que son un grc;.u
poder, pueden ser un gran peligro .para sí propias. ('(y es
bueno, añadió, á fin de que inspiremos confianza y respe-
to, que comenzemos por l'espetarnos á nosotros mismos, y




PRÓLOGO. LVII


que no entendamos que el aso escesivo del poder es el signo
revelador de la fuerza. »


El nuevo pre~idente de la Asamblea terminó su discur-
so con las siguientes frases, que merecen llamar la aten-
.


Clono


«Si acaso las dificultades aumentan, y los peligros cre-
cen, y las nubes que tal vez comienzan á divisarse en
nuestro horizonte se cuajan y se condensan y amenazan
descargar sobre la República cruda tormenta, ¡ah! entonces,
señores representantes de la nacion, hemos de investir á
este gobierno de todos aquellos poderes que necesitare para
salvar la patria, para salvar la República; que la salud del
pueblo, pr~ncipio peligroso cuando nace del terror y se
concede para .su ejercicio la tiranía, es un principio salva-
dor cuando nace de la serenidad de la fuerza del derecho v


w


se concede para la realizacion de la justicia .. •


En tanto, el gobierno de la república no permanecia
.


'OCIOSO.


La responsabilidad que sobre sus hombros pesaba era
inmensa y desde el primer momento se dedicaron todos
sus dignos miembros, con un celo y actividad prodigiosas,
á entrar en el lleno de sus funciones, atendiendo lo prime-
ro á la cuestion de órden público, aunando sus esfuerzos
para precaver conflictos, para evitar escesos que mas tarde
tendrian que castigar.


Afortunadamente en casi todos los pueblos de España se
habia recibido con igual entusiasmo la noticia de la pro-
clamacion, al mismo tiempo que con una mesura y circuns-
peccion superior á todo elogio y encare.cimiento.


En los únicos puntos donde se cometieron algunos es-
TOMO l. 8




LVIII PRÓLOGO.


cesos, pero que fueron sin embargo reprimidos inmediata-
mente, fué en Málaga, donde generalmente se aprovecha
siempre, cierta clase de gentes, de cualquier conmocion
popular, esplotando el patriótico entusiasmo, para introducir'
el contrabando; en Montilla, Aguilar -y Fuentes donde des-
cuella desdichadamente el elemento demagójico-comunista,
muy distinto por cierto de lo que exige, significa, 'procla-
ma y representa la santidad de nuestra noble y generosa
causa; y finalmente, en Orihuela, donde los carlistas cuen-
tan con una gran mayoría dispuesta siempre á empuñar e~'
trabuco en pro de la ridícula y absurda causa que con·tan- .
ta pertinacia como mala fortuna vienen defendiendo 'hace
tantos años.


El empeño que se supone en el nuevo ministro de Es-
tado, Sr. Castelar, en el Memorandum que prepara para el
rápido reconocimiento de la república española por todas
las potencias, es demostrar al mundo que nuestras institu-
ciones han nacido del sentimiento nacional y de la repug-
nancia del pueblo español á toda ingerencia estrangera en
su gobierno interior. De consiguiente, la rep*blica espa-
ñola no tiene ningun carácter de agresion, ni directa, ni
indirecta al esterior.


No ha querido el pueblo español que se mezclen en sus'
asuntos, ni se mezclará él tampoco en los d~ los demás
pueblos.


Esta es la base de la política internacional del gobier-
no. En este sentido y como preliminar del Memorandum
que prepara el popular ministro, en su circular á los re-
presentantes de España en el estranjero y al darles cuenta
de los últimos acontecimientos les dice: «Las córtes sobe-
anas han proclamado la república como forma definitiva




PRÓLOGO. LIX


de gobierno. No ha sido resultado de una sorpresa sino
de la reflexion de las córtes que han creido que, en las ac-
tuales circunstancias previstas, hace mucho tiempo, tal era
el sentimiento nacionaL)


Haciendo despues justicia á la lealtad y al espíritu
constitucional del Rey Amadeo, dice, que no habiendo po-
dido vencer aquel la repugnancia innata, digna y orgu-
llosa de la nacion española, habia resuelto pacíficamente
el conflicto', abdicando:


El decreto de abolicion del juramento militar es igual-
mente un documento notable; en su preámbulo descuella
un párrafo que demuestra toda la nobleza, toda la indul-
gencia, toda la generosidad del partido republica:lo y que
dice así:


. (,Se necesita que no haya en el ejército españoles jura-
mentados é injuramentados. Se necesita destruh esta od~Q­
sa distincion que dividia á nuestros militares en ca~tas.
Todos deben ser soldados de la patria; y todos, obedeciendo
á la república, obedecerán á la nacion de que son leales
servidores y fieles hijos. Así la república, que no les pedi-
rácuenta de sus ideas, ni de sus compromisos, ni de su
·historia para emplearlos en su servicio, les exigirá en cam-
bio, con mas derecho que el antiguo régimen, la obedien.cia
·áuna autoridad que á nadie rebaja y la sujecion á. leyes
que á todos exaltan, y que se curan, no sQlamente de. S1;lS
derechos, sino tambien de la virtud de su honor y de la
tranquilidad de su conciencia.»


,





LA MUERTE DEL JUSTO.


¿Qué habia sucedido en todo este tiempo en la casa de
don Antonio?


Lo mas natural del mundo.
Lleno de vi vísima ansiedad, habia estado escuchando·


todos los rumores que hasta su casa llegaban de la vecina
plaza del Congreso.


Habia recibido, segun le ofrecieron D. Antonio y Felipe,
noticias del estado en que se hallaban las cosas, la marcha
de los acontecimientos que en el capítulo anterior hemos
relatado y á cada satisfactoria nueva que recibia murmu-
raba con acento de inmensa, de indescriptible angustia.


-¡Mucho tardan!. .. no será posible que yo lo alcanc&
á verl. ..


En el momento en que se presentaba :en el Congreso la
proposicion de Pí y Margall para que definitivamente se
declarase la república, único medio de salvar el pais de la
ruina, D. Juan se dirigió á la casa de su amigo.


El enfermo se habia debilitado de una manera estraor-
dinaria en el breve espacio trascurrido desde que nosotros.
le abandonamos. ..


-Albricias, amigo mio, esclamó D. Juan en el colmo.




PRÓLOGO. LXI


iel entusiasmo y al penetrar en la alcoba del enfermo. En
este momento acaba de presentarse la proposicion que será
aceptada indudablemente.


-¡Ay, amigo mio! replicó el anciano con desfallecido
acento, difícil es que alcance á ver su resultado.


-¿Volvemos á las andadas? .. vaya una manía ...
-Harto sabes que no me gusta entristecer á las perso-


nas á quienes amo; pero ...
-Pues entonces, qué diablo!' .. tenga V. ánimo y no


desmaye en su esperanza ...
~Imposible!. .. qué regularidad podrá exigirse á una


máq uina cuyas ruedas están ya gastadas'? .. He derramado
tanta sangre por la santa causa) que mis venas están exaus-
tas; de tal modo gasté mi inteligencia buscando los medios
de hacer que triunfara la idea á que desde la niñez me
habia consagrado, que hoy ya mi cerebro está vacío.


-Pues bien ágil y bien robusto le hernos estado á us-
ted viendo hasta hace muy pocos días; hasta que esa mal-
dita pulmonía le ha postrado de una manera tal, que su
espíritu lo encuentro en estremo abatido.


-¡Qué desatino! no es esa enfermedad, nó, la que me
lleva al sepulcro; la pulmonía solo es el pretesto: la reali-
dad está bien á la vista ... muero de consuncion, de debili-
dad ... mis años son ya muchos y debo como todo el mundo
pagar mi tributo á la naturaleza!. ..


-¡Padre! ...
-Pero no continuemos discutiendo sobre esto, porque


cosas mas graves, asuntos mas sérios reclaman nuestra
particular atencion ... y es preciso no perder tiempo: la vio-
lencia misma que hago para hablar, agota las pocas fuer·
zas que me restan.




1 XII PRÓLOGO
-¿ y no valiera mas que descansara V. un rato como


lo ha mandado el facultativo'? dijo María, estrechando en-
tre las suyas la mano de su padre.


-DescansarL .. ¡Ah! sí; dentro de poco descansaré para
siempre ... pero antes y cuando la razon aun existe y re-
flexiona, el que debe emprender tan largo viaje y,deja en
el mundo séres tan queridos, el que recuerda en sus pos-
treros instantes todos los dolores que le han atormentado
en su penosa agonía, esa agonía á la que dímos el nom-
bre de existencia y á la cual asociamos esos mismos séres,
si recordamos el triste legado que vamos á dejarles; si re-
cordamos que los perdemos para siempre y que ya no he-
mos de volverlos á ver! ...


-Padre, ¡cuánto me está V. haciendo sufrir!
--En el alma me duele, hija mia, pero llorando en-


traste en la vida, llorando pasaste la mayor parte de ella,
y llorando tambien la abandono yo, yo, que jamás he 110-
radoL .. Resígnate como yo me resigno.


y la voz del anciano, que cada vez iba debilitándos~
mas, quedó sofocada por un reprimido sollozo que tuvo la
duracion de algunos segundos, y una lágrima desprendida
de sus encendidos párpados resbaló lentamente por sus ca-
davéricas mejillas.


-Al fin conseguirá V. que vacile mi serenid8 d, dij o
don Juan. Si piensa V. proseguir hablando de ese modo
me voy otra vez, pero no vuelvo á traerle á V. mas no-
ticias.


-¡OhI no se vaya V .. .! quizá cuando volviera no IDe
encontraria ya vivo y es muy importante lo que tengo que


. decirle.
-Pues prométame V. ser mas razonable.




PRÓLOGO. LXIII


-Lo prometo: pero como calculo por las pulsaciones y
los latidos de mi corazon los cortos momentos que me res-
tan de vida, no puedo hacerme ilusiones y no quiero des-
aprovecharlos. Harto le consta á V., amigo mio, como á
todos nuestros hermanos de asociacion, los grandes traba-
jos de mi vida; no hay un momento en ella que no haya
sido consagrado á la def~nsa de la idea que ambos susten-
tamos.


Mucho tiene que aprender nuestro pueblo todavía, mu-
cho que es necesario enseñarle para que vi va siempre pre-
cavido.


En mis largos viajes, en esa colosal peregrinacion que
por el mundo hice, combatiendo bajo las banderas de la li-
bertad y en pueblos diametralmente opuestos, he recogido
muchos é interesantes apuntes, he leido y escuchado inte-
resantes tradiciones de los tiempos antiguos y modernos
que afanoso gravaba en mi mente para trasmitirl:ts al pa-
pel, presintiendo que algun dia habrian de ser útiles mis
apuntes, mis memorias y mis consejos, á ese mismo pueblo
por quien me sacrificaba y combatia.


El anciano se detuvo un instante al pronunciar estas
palabras, porque la violencia que estaba haciendo era su-
perior á las fuerzas que le restaban.


Don Juan, no pudo menos de decirle:
-¿Pero es tan importante lo que tiene V. que referir-


me? Porq~e si no lo es, no debe V. fatigarse de tal modo.
-Tiene razon don Juan, padre mio; ¿por qué no reposa


V. algunos momentos'?
-Dentro de poco reposaré para siempre.
-Pero ...
-Déjeme V. acabar y déjame tú tambien, pues tu suel'-




LXIT PRÓLOGO


te depende en gran parte del encargo y del dep6sito que
voy á confiar á don Juan.


-i, un depósito'?
-Sí, amigo mio: le estaba hablando de eSR co1eccion


de episodios de la tiranía, de esas leyendas de lágrimas,
de esa co1eccion de cuadros históricos de todos los pueblos,
de todas las épocas, desde las mas remotas hasta el dia,
que en mi larga vida recogí, y al escribirlas, tuve la de-o
bilidad tam bien de referir algunas escenas de mi vida en
las cuales representé el principal papel. No sé si podrán
ser útiles á mi partido, pero 10 que sí puedo desde luego
aseguraros á uno y otro, es, que en ellas va encerrado el
porvenir de mi hija.


-¿ y dónde están esos papeles'? preguntó don J nan.
-Aquí.
y el anciano sacó de entre las ropas de su cama e11e-


gajo de papeles que en otro lugar hemos visto le entregara
su hija, cuando el polizonte iba á comenzar el registro de
la casa.


Aquellos papeles, estaban cerrados cuidadosamente bajo
un sobre y sellados con los atributos masónicos.


-¿Y qué destino, debo dar á estos papeles'?
-El dia en que la república triunfe en nuestro pais, el


dia en que España sea un pueblo verdaderamente libre,
entregue V. esos manuscritos al 'Venerable de nuestra lógia.


-y si la muerte me sorprendiese á n;:lÍ, aun cuando no
la espero, antes de que llegara tan suspirado dia'? replicó
don Juan.


-Entonces de la misma manera que hoy le confío este
depósito, confíeselo V. á su mejor amigo. Esos papeles so-
lamente deben leerse en los momentos en que el pueblo,




PRÓLOGO. LXV
rompiendo las cadenas' que le s ugetan , sea dueño de sí
mismo; porque precisamente entonces es cuando debe te-
ner mas cordura para no vol ver á perder lo que á costa de
tantos sacrificios logró adquirir. Es, pues, mi deseo, que se
conserven hasta ese dia.


-Cumpliré sus órdenes religiosamente.
-Es mi postrera voluntad.
-Pero recuerdo, si no he oido mal, añadió don Juan,


que ha dicho V. que en estos papeles se encerraba tambien
la suerte de su hij a.


-Iba á hablarle sobre ese particular.
-¡Qué suerte mas desgraciada! es clamó María; qué


puedo esperar, ni desear si le pierdo á V.? N o se oc u pen us-
tedes para nada de mí; no quiero otra cosa sino que no se
desanime V. de ese modo, que viva para mí, y todo lo de-
más me importa poco.


-Noble corazon! Déjame, que de tí me ocupe, que tal
es el deber que los padres tenemos sobre la tierra.


y dirigiéndose á don Juan, continuó:
-Bajo este sobre, se encierran dos paquetes; en el uno


de e~los, que es el mas voluminoso, hay un lema que dice:
{,Para el dia en que sea una verdad en España, la Libertad, ,
]a Igualdad y la Fraternidad» y en el otro, dice: « Docu-
mentos referentes á mi hija María. ,) De este paquete, debe
usted raID per el sobre, y eu terado de las instrucciones qua
allí encontrará, obrar con arreglo á ellas.


-Preveo que es grave la mision que se me confía.
-Por esa misma razon lo hago, porque tengo ilimitada


confianza en V. y la completa seguridad de que cumplirá
como hombre honrado.


-¡Oh! en cuanto á eso, juro á V. que acaba de morir
rOMO l.




LXVI


en mi corazon cuanto me ha dicho, hasta el momento en
que deba de obrar.


y don Juan al pronunciar aquel juramento estendió el
brazo sobre el lecho con ademan solemne.


El rostro del moribundo espresó una visible satisfac-
cion y con su descarnada mano estrechó tiernamente la
de su amigo.


-Gracias, ¡oh! gracias: dijo en estremo conmovido.
Despues permaneció algunos momentos en silencio, al


cabo de los cuales esclamó de pronto.
- j "María! ¡Hija mia! ¿Dónde estás'?
-Aq uí, contestó la jóven visiblemente afectada, por-


que advirtió que á pasos agigantados iba descomponiéndose
el rostro de su padre.


-Ven aluí, dame tu mano! .. no te separes de mi lado ...
María pasó al otro lado de la cama, y no pudo menos


de estremecerse al advertir que la mano de su padre estaba
helada.


--¡Don Juan! ¡Amigo mio! esc]amó el anciano, á V. se
la encargo; vele V. por ella que tambien la pobre es muy
desdichada.


-¡Padre mio! ¡padre mio! ... esclamó l\tIaría sollozando
é imprimiendo' un amoroso beso en la sudorosa frente del
moribundo.


-¡Hijade mi corazon! ¡pobre y desdichada flor, que solo
para padecer viníste al mundo! si algun sentimiento llevo
á esa eternidad en que voy á penetrar, es el de no haber
podido hacerte dichosa. Don J uaD, mi buen amigo, ¿me
promete V. ser su segundo padre?


- Con todo mi corazon, contestó don Juan con voz con-
movida.




PRÓLOGO. LXVII


¡. María no podia articular una rrase ... las lágrimas la
ahogaban, un dolor inmenso desgarraba su pechol ...


La estension de su mismo dolor oprimía su garganta y
solamente las lágrimas encontraban paso hasta sus ojos.


La respiracion del anciano hízose cada vez mas di-
fícil.


Su agitacion era estraordinaria y todos los síntomas
que en él se advertian, demostrahan que su fin se aproxi-
maba.


Un silencio solemne reinaba en el aposento, únicamen-
te interrumpido por el leve rumor de la fatigosa respira-


. cion del moribundo y los sollozos que en vano trataba de
contener la jóven.


Don Juan se hallaba tan afectado que apenas podia
pronunciar una palabra.


Amaba al anciano con extraordinario afecto, con entu-
siasta cari ño.


Juntos habian hecho muchas de aquellas campañas á
que se re feria el infeliz y aunque de la misma edad próxi-
mamente' siempre don Juan profesó tanto respeto y ve-
neracion á su amigo, como fraternal cariño le tenia.


Así fUé, que al contemplarle en aquellos postreros mo-
mentos y próximo á espirar, sentia su corazon tan 'oprimido
que ni una frase de consuelo pudo brotar de sus labios, ni
acertó á formular una idea.


El anciano se aproximaba gradual y rápidamente á en-
trar en ese período que constituye el epílogo de la vida.


La agonía se hacia presentir por la agitacion nerviosa,
cada vez mas creciente, y por el cristalizado brillo de . sus'
ojos fijos en María.


En Maria á quien iba á "dejar para siempre.




LXVIII PRÓLOGO.


Hubo un momento en que pareci6 que iba á exalar el
último suspiro.


Todo su sér se agit6 con un marcado estremecimiento.
Cerráronse sus ojos, crispáronse sus dedos, oprimiendo


mas fuertemente las manos de su hija y de su amigo, que
conservaba entre las suyas.


-¡Padre! exclam6 :María, dando un grito yestrechan-
do entre sus brazos la cabeza del anciano.


-Amigo mio, dijo don Juan, inclinándose sobre el
lecho.


Pero en aquel momento un alarido inmenso que se al-
zó desde la Plaza de las Córtes y que llegó hasta los oidos
del moribundo, mezclado con las exclamaciones de las dos
personas que le acompañaban, le hizo incorporarse sobre
un brazo preguntando con voz entera:


-¿Qué es eso? ¿-qué significan esos gritos y víctores'?
En el mismo instante, llamaron violentamente á la


puerta.
~laría sali6 i abrir.
Felipe se precipitó en la alcoba gritando.
-Albricias, don Antonio, la república acaba de pro-


clamarse!
-¡Oh! gracias, señor! exclam6 el anciano, retratándose


en su rostro ~na espresion de inefable alegría.
-¿Oye V. '? ¿Oye V.?, con esos gritos espresa el pueblo


su entusiasmo; esos vivas son la f~rviente espresion de su
placer ... Figueras y Pi Margall, Castelar y Sorni, nuestros
queridos amigos, Ocon y Luis Blanc, dirigen su voz al
pueblo' y lo electrizan.


Don Antonio prestó durante algunos segundos su aten-
cion á fin de poder percibir mejor aquellas voces.




PRÓLCGO. LXIX


Su fisonomía parecía iluminarse, adquirir nueva vida.
Parecía que todo su sér, al mágico influjo de aquellos


vivas, habíase trasfigurado cobrando nuevo vigor y estra-
ordinaria energía.


-¡Se ha salvado! esclamó María.
¡Pero ay! ¡SU mismo deseo le engañaba!
Aquello no habia sido mas que el último resplandor de


la luz próxima á estinguirse.
Don Antonio dió un suspiro sonrió dulcemente y se dej6


caer sobre la almohada.
Cerráronse sus ojos, tornáronse á abrir, y dirigiéndose


á don Juan y á su hija, díjoles con acento apenas impercep4
tibIe.


-Los papeles ... mi hija ... se ... los ... confío ... no olvi-
deis vuestro juramento .


. Despues su agitacion fué aumentándose: hízose mas
violenta la respiracion, enturbiáronse sus pupilas, y el
noble anciano entró en el período de la agonía.


Pocos momentos después habia dejado de existir.
Una música improvisada pasaba en aquel momento por


la calle de San Agustin tocando la' marsellesa.


F in del prólogo.






LA SOBERANIA NACIONAL


EL ULTIMO SUSPIRO DE UN TRONO.


CAPÍTUl.O PRIMERO¡


Dos palabras sobre el origen de las sociedades masónicas, sus leyes, sus es-
tatutos, su representacion política y época en que se establecieron en Es-
paña.


Para mayor inteligencia del lector y antes de pasar ade-
lante, como quiera que :r;nuchos de ellos aunque conozcan
la palabra mason ó fracmason, no tienen noticia de su orí-
gen, ni saben 10 que simboliza, ni mucho menos cuál ha
sido su verdadera importancia política" vamos á esplicárse-
la, é indicar la época en que, como asociacion, fué estable-
cida en España, segun lo relata un ilustre publicista con-
temporáneo, hoy ministro de la república, variaciones q~e
en ciertas épocas sufrió por la di vision y particular modo de
apreciar las cosas en política, por varios de los individuos
que la formaban.
Poc~s épocas en la historia de los .pueblos prueban tan-


to como la de 1814 al 1820, y bajo el férreo yugo del dés-
pota monarca Fernando VII, del que tendremos lugar de
ocuparnos muy en breve, que las ideas no se encierran en
los calabozos, ni se matan con las bayonetas, ni mucho
menos se estinguen y anonadan bajo el hacha del verdugo:




2 LA SOBERANIA
por el contrario, se propagan y florecen al fin con la sangre
de sus mismos mártires.


Es imp~sible, no se ha conocido nunca una dominacion
mas suspicaz, mas violenta, mas rigurosa que aquella; y
sin embargo las conspiraciones se sucedian ligándose unas
á otras con estraordinaria rapidez.


Sobre cada víctima que se inmolaba, sobre cada 'una de
las sentencias que firmaba impasible aquel absoluto mo-
narca, que tantos liberales envió al patíbulo, sobre cada
uno de los atropellos, vejaciones y atrocidades que en nom-
bre suyo verificaban sus implacables sicarios, parecia que
venian á cruzarse miles de brazos para ofrecer á los augus-
tos males de tan ilustres víctimas el juramento de lidiar y
morir por la misma causa.


¿Cómo no receló el tirano que no siempre habría un
traidor en medio de tantas almas generosas ó que la fortuna
no pudiese proteger una vez sus secretas maquinaciones~
Una vez las protegió al fin y esa vez triunfaron de él.


Por aquella época y apesar de la poca suerte de :Mori-
110, el gobierno, obstinado en su propósito de someter las
Américas, preparó una grande espedicion que debia partir
á las órdenes del Conde del Abisbal. Para estimular á los
oficiales ofreció un grado á cuantos hiciesen parte de ella,
pero este galardon anticipado solo sirvió para exagerar los
peligros é indisponer á los soldados á quienes nada se ofrecía.


Se cometió además la imprudencia de concentrar en
Cádiz y sus alrededores las tropas, mucho antes de que es-
tuviesen preparados los barcos que debían trasportarlas, y
los conspiradores tu vieron en la ociosidad y crecido número
de aquellas, mas facilidad para promover el espíritu de in-
surreccion que ya las aminaba.




NACIONAL. 3


Ya no fueron los proyectos de conspiracion\ aislados. á
una provincia, 00mo sucedió hasta entonces, sino genera~~,
y obra, no de algunos individuos, sino de un número con-
siderable unidos por ci~rtas formas y"juramentos en socie-
dades secretas.
~iempre apeleron los hombres al misterio y á las som-


bras cuando se les vedó reunirse y comunicarse en pú-
blico.


La tiranía Oriental nada pudo contra esta tendencia na-
tural del hombre, y los conciliábulos contra los poderes
existentes ó las ideas reinantes se han sucedido constante-
mente, pasando de los egipcios á los griegos, de estos á los
romanos y de ellos á la moderna Europa.


De todas las sociedades secretas que nos legaron los
tiempos antiguós, la Francmasonería, la mas antigua de to-
das es la que, ó por sus fines, ó por su organizacion se ha
generalizado mas.


Los nuevos estatutos publicados últimamente en Fran-
cia, dan de ellos esta definicion: «La órden tiene por o~jeto
>jel ejercicio de la beneficencia, el estudio de la moral universal,
»de las ciencias, de las artes y la práctica de iodas las '()irtudes.»
El artículo 2.° añade: «Se compone de hombres libres, que:
sometidos á las leyes, se reunen en sociedades constituidas seglún
los e~ tatutos generales.})


Su organizacion es, apesar de fines tan filan.trópicos y
fraternales,altamente gerárgica pues hay en ella aprendices,
compañeros y maestros. Hay igualmente entre sí ciertas dis-
tinciones que sugetan á unos detrás de otros.


Hay lógicas y capítulos, ó sea pequeños círculos de 'aso-
ciados, dependientes de un grande oriente, presidido por un
gran maestro representante del grande arquitecto de¿·, uni'Ver ..


TOMO ),




4 LA SúBERANIA
~(), ooyas órdenes 6S preciSú respetar ciegam~n te. Tienen
ade'm.á-s· frases y términos simbólicos, como la escuadra, la
regla,. el compás; acompaña en fin á esta asooiacion cierto
misterio muy apropósito para ganarle prosélitos y rodear-
la de prestigio.


En España se introdujo á principios del siglo y á pesar
de la. vigilancia de las autoridades y las persecuciones de
la Inquisicion, se estendió estraordinariamente. Sin duda
por e·sto mismo tomó el color político con que entre nosotros
fué siempre conocida, hasta el punto de ser el nombre de
maso"" sinónimo de liberal.


Los liberales, en efecto, encontrando en la francmaso-
nería la organizacion que necesitaban y erigido el secreto
en principio religio,so, corrieron á ella como á un asilo
coiltra el rigor y la ruina de las persecuciones y desde el
cual podían combatir mej or á sus enemigos.


A esta asociacion habia estado afiliado siempre D. Anto .
nio, el pobre anciano á quien hoy contemplamos moribun-
do en e11echo del dolor y al lado de aquella desconsolada
jóven.


y esta misma asociacion, representada por algunos in-
dividuos de su seno, es la que, tan luego como la abdica ...
cion de D.· Amadeo fué un hecho oficial y se proclamó la
república, presentóse al nuevo poder constituido pa!'a feli·
citarle y ofrecerle sus servicios y cooperacion.


Tamoien tuvo ~u época de division entre sus afiliados,
por supuesto únicamente en España, yen la cual se hicieron
cruda gu(~rra por la forma de apreciar ciertas cue$tiones re-
ferentes á la política palpitante. Defecto gravísimo en que
el partido liberal incurrió oonstantemente y que le propor-
cionó siempre no pocas desdichas. La época á que nos refe~




NACIONAL. 5
rimos fué la de la segunda lejislatura del año 20 al 22
cuando la exhoneracion del ministerio ArgüeUes, y el ge-
neral Riego fué .separado de la capitanía general de Catalu-
ña; época desdichadísima en que los liberales se dividieron
tomando los nombres de masonel los unos, comuneros los
otros y anilleros los restantes, que se hicieron, con bien
poco juicio, una guerra á muerte.


Los moderados que habia afiliados á la masonería se
separaron para formar una sociedad pública con el título
d~ Los amigos de la Constitucion, dando á entender que los
demás no lo eran, y como entregándolos á la execracion


. pública. Estos, en vez de retirarse como habían imagina-
do aquellos, persiguieron á los disidentes con el $arcasmo
y el insulto, no siendo en breve conocidos del vulgo Illas
que por el mote de anillei'os, que les pusieron, ridiculizando
la puerilidad del anillo que adoptaron para reCOl1oceL'se ..


Pero luego que se vieron solos los exalt31dos1 se fraccio-
naron, así porque la masonería se habia hecho demasiado
pública, y viciádose con los especuladores, que siempre
acuden á donde quiera que el poder se halle, como porque
lo indirecto del reg lamen to de aqueUa ~ciedad y su orga-
nizacion no satisfacían ya sus miras. La mayor parte se
separó tomando el título de Oomuneros kyos ele Padilla, en
m~moria de aquellos infortunados defensores. de nuestras
antiguas libertades, que sucumbieron ba.l<> la tiranía de la.
cafla de Áustria. Sus estatutos declaraban fran.eamente que
«la confederacion de los CfJmUnerli.~ era, la reunio,Jil¡ libre y
espontánea de todos los alistados en las diferentes forta-
lezafl del te!ritorio de la cOIllfede:rrac.ion, en. los términos :y
eon las ÍG>rmalidades prereritas en ~1M$ le'J'es y JlegJamen~;
y tema por objeto, obtener y eonservau p~r ·iQd,QS)oo me":"




6 LA·SOBERANIA


dios que estuvieren á su alcancs, la libertad del género
humano, sostener con todas sus fuerzas Jos derechos del
pueblo español contra 10s· abusos del poder arbitrario, y
socorrer á los menesterosos; principalmente á los que hi-
cieran parte de la sociedad. \) Se dividía esta en metindades,
.en c(jmMn1·dade.~, en torres, fortaleza.~ ó ca.~til1o.~, y éra diri-
gida por una asamblea suprema compuesta de los siete
mÍenlbros mas ancianos residentes en la capital, y los pro-
curadores nombrados por las comunidades, tenian como
todas, sus palabras simbólicas y fórmulas de admision, que
nosotros espondremos aquí ligeramente por se: la única
sociedad de este género q ne pueda considerarse de crea-
cion nacional. Averiguado que el candidato era digno de
pertenecer á las banderas de los comuneros, el que lo habia
propuesto y el alcaide del castillo en que deseaba entrar,
salian á su encuentro, y le advertia éste las graves obli-
gacioDes que iba á contraer, de las cuales respondia con
su cabeza si faltaba á ellas, despues de prestar el juramen-
to. Conforme en esto, se le vendaban los ojos y acercaba al
castillo, cuyo centinela, al divisarlos, preguntaba:--¿Quién
vive'? El caballero cpnductor respondia: - Un ciudadano que
se ha presentado en las otras avanzadas con bandera de
parlamentario, á fin de ser alistado.-- Entregádmele, con-
testaba el centinela; yo le conduciré al cuerpo de guardia
de la plaza de armas. Y al punto se oía una voz que man-
daba bajar el puente levadizo y alzar el rastrillo, y un
ruido como de haber practicado estas operaciones. El can-
didato era conducido al cuerpo de guardia, habitacion
adornada con inscripcione~ en honor de las virtudes cívi-
cas, armaduras y grupos de armas, algunas con manchas
.de sangre, en la cual se le quitaba la venda y dejaba solo




NACIONAL. 7


con un centinela enmascarado. Trascurrido ·un rato para
que reflexionase su situacion, se le entregaba un papel que
contenia estas preguntas: -«¿Cuáles son las obligaciones
mas sagradas de un ciudadano para con su patria? --¿De
qué castigo es digno el que no las llena'?-¿Qué recompensa
merece el que se sacrifica en su cumplimiento? 1) -Escritas
las respuestas, el centinela las entregaba al alcaide y éste
al presidente, quien las leia á la Asamblea. Hallándolas en
el espíritu de la asociacion, el alcaide conducia ante ella al
candidato, vendados nuevamente los ojos, y el presidente
le dirigia la última exhortacion sobre las obligaciones que
contraía; y si el neófito preserveraba en su propósito, le
decian:-«Repeiid conmigo; juro ante Dios y por mi honor
guardar secreto sobre todo lo que he visto y . oido, sobre lo
que pueda ver en adelante y sobre cuanto me sea confia-
dO.)··-(,<Me comprometo igualmente ·á hacer cuanto se me
ordene por la confederacion; y si falto á esta promesa en
todo ó en parte, consiento en que me maten. '}-«Si cum-
pÜs vuestros deberes como hombre de honor, añadia el
presidente, la sociedad os ayudará: sino los cumplís, ella
os castigará con todo el r~gor de la ley.» Enseguida se le
desvendaba, y el recien afiliado se encontraba en medio de
los demás comuneros del castillo que habían presenciado
este acto espada en mano. Luego el presidente le decia:
(¡ Ahora que estais afiliado en la sociedad, y vuestra vida
nos responde de las obligaciones que habeis contraido y
que vais ájurar, acercaos, estended la mano sobre el escudo
de nuestro jefe Padilla, y con todo el ardor patriótico ~e
que sois capaz, pronunciad conmigo el juramento que
debe quedar grabado en vuestro corazon para que no falteis
á él jamás. -(,Juro ante Dios Y- esta Asamblea de caba ...




8 LA. SOBE.JUN1A
lleros comuneros guardar, sea solo ó con la ayuda de mis
confederados, todos nuestros dere~hos, usos, costumbres,
pri vilegios y cartas de seguridad, y defender eternamente
los derechos, libertades y franquieias de todos los pueblos.
Juro impedir, soo solO' 6 con ayuda de mis confederados,
por todos los medios que estén á mi alcance, que ninguna
corporacion ni persona ninguna, sin esceptnar el rey y los
reyes queje suceJan, abusen de su autoridad ó violen las
leyes: en este caso,juro tomar justa venganza con la ayu-
da de la confederacion para impedir el establecimiento de
toda inquisicion general ó particular; para oponerme á que
ninguna corporacion, ni persona ninguna, sin escepiuar al
rey y10s reyes que le sucedan, ofenda ó inquiete á los ciu-
dadanos españoles en su persona ó en sus bienes, ó los
despoje de su libertad, su fortuna y su propiedad; en fin,
para impedir nadie sea preso ni castigado sino en la forma
legal y despues de convicto ante el juez competente. Juro
someterme á todas las decisiones que tome la confederacion
y ejecutarlas. Juro union eterna con todos los confederados
y prometo ayudarles en toda eircunstancia, con todos mis
medios, mis recursos y mi espada. Y si algun poderoso ó
algun tirano quisiese destruir la confederacion por la fuer-
za 6 por cualquier medio, juro defender con la ayuda de la
confederacion todos nuestros derechos por las armas y á
ejemplo de los ilustres. comU,'1leros de la . batalla de Villalar,
morir antes que ceder á la tiranía óla opresion. JurQ, si
algun caballero comunero faltase en todo 6 en parte á este
juramento, matarle al punto que la confederacion lo decla-
rase traidor. Y si yo falto en todo 6 en parte á es tos jura-
mentos' me declaro á mí mismo traidor y digno de ser con-
denado por la confederacion á una muerte ignominiosa. Que




NACIONAL. 9


las puertas y los rastrillos de las torres, fortalezas y casti-
llos me sean cerradas; y para que no quede memoria de
mí despues de mi suplicio, que se me queme y arrojen mis
cenizas al viento.')


Acabado este juramento, le decia el presidente: «Sois
caballero comunero, y en prueba cubríos con el escudo de
nuestro gefe Padilla.» Los demás comuneros tocaban en-
tonces el escudo con la punta de sus espadas, y el presi-
dente volvia á decir: «Este escudo de nuestro gefe Padilla,
si cumplís los juramentos solemnes que acabais de hacer,
os pondrá al abrigo de todos los golpes que la maldad pueda
dirigiros: al contrario, si no los cumplís, n.o solamente es-
tas espadas os abandonarán, sino que os arrancarán el es-
cudo para que q uedeis descubierto y os harán tajadas para
castigar tan horrible crímen.» Despue~ de esta ceremonia
el alcaide le calzaba las espuelas y le ceñia la espada; los
demás caballeros envainaban las suyas, y segun iba pa-
sando por las filas el nuevo camarada, le alargaban yapre-


. taban la ~ano. Por último, el presidente le daba la palabra
de órden, la seña y contras~ña, y le mandaba sentarse. En
el día una sonrisa de compasion asomará á los labios del
lector recorriendo estas escenas tenebrosas, misteriosas fór-
mulas y terribles juramentos; pero no nos impide ·conocer,
q ne, en tiempos de menos descreimiento que los presentes,
de mayor inocencia y mas fé, pueden conducir eficazmente
al fin q\le se pr0pone la sociedad.


Por otra parte, el carbonarismo, mas democrático que la
'masonería y dotado así mismo de recuerdos antiguos y sím-
holos misteriosos, se estendió, reclutando tambien la mayo~
parte de sus adeptos en las antiguas 16gias.


A una de estas, quizá la mas importante, pertenecia el
difunto D. Antonio.




10 LA SOBERANIA. NACIONAL.
Al venerable, ósea gefe de la misma, era á quien iba di-


rigido el manuscrito que al espirar habia depositado en
manos de D. Juan, que era igualmente uno de los afiliados,
exigiéndole un solemne juramento.


El pobre anciano pudo al fin ver realizado, antes de es-
pirar, el sueño de toda su vida. La proclamacion de la re-
pública.


Los atronadores gritos de entusiasmo que se sucedian
sin interrupcion en la plaza de las Córtes, fueron el canto
funeral que acompañó la tranquila agonía del justo.


Su alma sublime vió elevarse al cielo en alas de los
querubines, puesto que su existencia la habia sacrificado
constantemente por sus semejantes, yen aras de la libertad.




CAPITULO 111


Una lógia masónica.,


Han trascurrido algunos dias des pues de los sucesos re-
latados anteriormente.


Penetremos en una casa de la calle de las Huertas, su-
bamos al primer piso y despues de franqueada la puerta
principal y haber cruzado varias piezas nos hallaremos en
el salon.


Adornan sus paredes signos cabalísticos y en el tes-
tero principal, sobre un escudo de bruñido acero, se desta-
can grabados con estraordinario mérito los atributos masó-
nicos.


Debajo del escudo se encuentran el sillon y la mesa
presidencial.


Sobre la mesa lucen dos magníficos candelabros y pen-
diente del techo brilla una lámpara de cristal esmerilado
que ilumina perfectamente todo el salon.


Varias filas de sillas, formando círculo, se hallan
dispuestas para la reunion que sin duda debe tener lu-
gar pocos momentos despues.


TOllO l.




12 LA. ::iOBERANIA
Daban los 10 y media en todos los relojes de la capital


cuando sucesivamente y poco á poco fueron llegando á-la
puerta de aquella misteriosa casa varios individuos que,
prévias varias formalidades de seña y contraseña, se les de-
jaba el paso franco hasta la sala de que ya hemos hecho
mérito.


Entre los individuos, por lo visto allí congregados, se
hallaban dos de nuestros antiguos conocidos.


Don Juan y Felipe.
Los dos únicos que habian asistido en sus postrimeros


instantes al pobre don Antonio, rindiéndole el último tri-
buto que nos es dado consagrar á la amistad.


El anciano parecia triste y dolorosamente afectado.
El jóven pensativo y como dominado por una gran


. preocupaclon.
Cuando sin duda habian llegado ya todos los que com-


ponian la lógia, se cerraron las puertas y el hermano vene-
rable ocupó el puesto que le correspondía, en el sillon pre-
sidencial.


Todas las conversaciones particulares de los personajes
allí reunidos cesaron inmediatamente.


El silencio era solemne y hasta tenia algo de impo-
nente.


Al cabo de algunos segundos el venerable tomó la pala-
bra y dijo:


-Hermanos, un acontecimiento grave, trascendental,
de inmensa importancia para nosotros, acaba de verificarse
en España.


La monarquía electiva que sustituyó á la hereditaria, ha
sucumbido como sucumbió aquella, como irán sucumbien-
do todas, unas despues de otras, porque la civilizacion mo-




NACIONAL. 13


derna, los progresos, los adelantos de todos los pueblos y la
luz que se abre paso hasta las mas oscuras' inteligencias


.


rechazan abiertamente la tiranía, la fuerza, el abuso y el
privilegio; bases únicas sobre las cuales descansan todos
los tronos de Europa.


Saludemos alborozados esa nueva era civilizadora que
brilla para España y derramemos al mismo tiempo una lá·
grima por los nobles m~rtires que por conseguirla se sacri-
ficaron constantemente, algunos de los cuales, 6 mejor di-
cho, la mayor parte de ellos, eran hermanos nuestros.


-Las lógias masónicas, replicó don Juan despues que
hubo terminado su discurso el venerable, me parece que
no solamente deben asociarse á ese gran movimiento polí-
tico, sino que tambien se hallan en el caso de ofrecer al go-
bierno de la república su mas decidido apoyo y coopera-
.' ClOno


-Ya está hecho; sin embargo de que mi hermano com-
prenderá muy bie~ que las actuales condiciones de nuestra
asociacion no la permiten figurar como institucion política.


La masonería hoy no ansía mas que al adelanto moral
y lnaterial de la sociedad; aspira igualmente á la forma-
cion de una gran familia universal, sin distincion de razas
ni de especies; al lazo fraternal que une todos los pueblos
como hermanos y como el sistema republicano es el que
precisamente mas afinidad tiene con las ideas que susten-
tamos y defendemos, como es el único á cuya sombra pue-
de nuestra propaganda hacerse mas activa, el gobierno de
la república puede contar con nuestro apoyo y así se le ha
hecho saber por una comision de nuestro seno, que le ha si-
do enviada.


-Mucho me sati~face escuchar á nuestro venerable hernla·




14 LA SOBERAN lA


no expresarse en los términos que acabo de hacerlo y como
quiera que la intencion mia no fué la de promover discu-
sion ni incidente alguno, dóime por satisfecho y le suplico
se sirva hacer presente á nuestros hermanos el verdadero
objeto que hoy nos reune en este sítio.


- Triste es, dijo el 'Venerable despues de algunos mo-
mentos de silencio y dirigiéndose á la asamblea, el objeto
que me hizo anticipar nuestra semanal reunion.


Todos estais viendo un sillon vacío en esta sala; todos
habreis observado qu.e lo cubre un fúnebre crespon.


Esta silla es la que ocupó por espacio de muchos años el
que fué nuestro hermano en la lógia;- pero mas que hermano
debiéramos darle el título de maestro, por su clara inteli-
gencia, por sus raras virtudes, por su temerario valor.


Antonio Rodriguez falleció en el mismo instante en
que la república se proclamaba en España, y él, que tanto
habia trabajado por ella, tuvo por lo menos la satisfaccion
de escuchar en su dolorosa agonía las entusiastas aclama-
ciones de la multitud, que saludaba alborozada la aurora
de su libertad.


Nuestro hermano ha dejado una hija., ha confiado un
doble manuscrito á un amigo y compañero nuestro, á don
Juan, para que se dé lectura de ambos en este sítio.


Una parte, ó mejor dicho, el pliego menos voluminoso,
se refiere á esa hija que ha quedado huérfana y cuyo por-
venir, segun parece, depende de su lectura. La otra parte
que es ya un abultado legajo, encierra á lo que entiendo,
útiles y provechosas enseñanzas históricas para todos nos-
otros.


-Con profundo dolor, dijo uno de los hermanos y des-
pues que hubo terminado el venerable, supimos la muerte




NACIONAL. 15
del justo, del honrado, del consecuente don Antonio y con
honda pena le acompañamos á su última morada. La maso·
nería en general y esta lógia, á la q ne tengo el honor de
pertenecer, en particular, debia mucho, muchísimo al her-
mano que hoy todos lloramos. Él, con incansable celo, ar-
rostrando toda clase de peligros yen épocas en que se con·
sideraba como un .crímen el ser mason, tuvo valor bastante
para arrostrarlo y desafiarlo todo; para salvar, aun á riesgo
de vida, documentos importantísimos; para ver sobre su
pecho sin palidecer y sin temblar las bayonetas con que le
amenazaron mas de una vez; sin que un solo nombre, ni
una sola palabra indiscreta, comprometiera ninguna de las
muchas y preciosas vidas que en varias ocasiones estuvie-
ron pendientes de sus lá bios.


Muchos de vosotros hermanos mios habeis venido á la
verdadera luz hace poco tiempo; la época que alcanzasteis
ha sido mucho menos azorosa que la que nosotros conoci-


. mos, así que, no podeis apreciar como los que tenemos el
triste privilegio de ser mas ancianos lo que aquel hombre
valia. Por mi fé de hombre honrado 'os juro que ese hunlil a
de hermano á quien siempre conocisteis tan prudente, tan
reservado y tan modesto, fué desde muchos años el alma de
nuestra poderosa asociacion.


Sus méritos igualaban á sus virtudes; sin su modestia
y abnegacion es muy posible que en lugar de verle con el
mallete del hermano, lo hubiéramos visto ocupando el pues-
to del Grana e Oriente.


Hoy la lógia debe demostrarse agradecida al que tanto
hizo por ella durante su azorosa vida. Deber nuestro es
auxiliar á los hermanos en sus aflicciones, pero en el caso
presente no es ya únicamente el deber, sino la justicia la




16 LA SORERANIA


que exigé hagamos por la hija lo que jamás su padre per-
mitió que hiciéramos por él, ni aun en las épocas de su ma-
y~r desgracia .


. Un grito de unánime aprobacion acogió las sentidas
frases del hermanó que acababa de usar de la palabra.


Cuando se restableció el silencio, dijo el 'Venerao!e.
-Tan conforme me hallo con los sentimientos nobilí-


simos que acaba de expresar nuestro hermano, que al ha-
cerlo, parecia que iba trasmitiendo frase por frase las quemi


.


corazon le dictaba.
No he podido conocer la época á que se refiere el her-


mano que acaba de hablar. Léjos de España entonces y
profundamente resentido con mis hermanos por razones
cuya esplicacion no es de este momento, no pude apreciar
los generosos esfuerzos, los inmensos sacrificios y el heróico
valor del compañero que acabamos de perder. Sin embar-
go, de tal manera oí encarecer sus virtudes, sus servicios,
su heróico valor, que si vosotros no os hubierais anticipado
á mis deseos yo me hubiera encargado de la suerte de la
desdichada huérfana.


-En mi casa se encuentra, dijo don Juan, en tanto
que la lógia, despues de escuchar la lectura del manuscrito
que me fué confiado por mi amigo, acuerda lo que consi-
dere mas conveniente y justo.


-La lógia debe acordar de~de luego encargarse de
asegurar la suerte de su hermana, puesto que como tal de-
bemos considerarla desde hoy, conte$taron algunos indi-
viduos.


-Me parece, añadió otro, que lo mas prudente por el
pronto es que se habra y se lea el pliego, puesto que así
tambien cumplimos con la última voluntad del finado.


> ".




NACIONAL. 17
Despues de hecho esto, la lógia podrá. resolver lo que con-
sidere mas acertado ..


-Sí, sí, contestaron varios.
- Están todos conformes en que se proceda á la aper-


tura del pliego? dijo el 'Oenerable.
La contestacion fué unánime y afirmativa.
La curiosidad, por otra parte, se hallaba escitada y to-


dos ansiaban saber lo que el pliego contenia.
-Hermano don Juan, dijo el ancia~o presidente, po-


deis dar principio á la lectura de tan interesante docu-
mento.


-Permitidme que os suplique, replicó aquel, que en-
carguéis á otro la lectura de ese pliego: en el~estado en que
mi ánimo se encuentra me seria imposible descifrar ni una
sola línea. Mi corazon se halla aun oprimido por la irrepa-
rable pérdida del amigo, del hermano á quien tanto quise
y tengo la seguridad de que, aunque mi voluntad sea mu-
cha' el valor me faltaria.


-Comprendo y respeto vuestro dolor; mi sobrino Felipe
se encargará de este trabajo.


Felipe habia permanecido silencioso, con la cabeza in-
clinada sobre el pecho y como en profunda meditacion.


Al oir pronunciar su nombre levantó la cabeza y ente-
rado de lo que se le exigia, exaló un suspiro y dijo:


-Estoy dispuesto.
Felipe, segun acabamos de oir, era sobrino del'Oenerable:


era el mismo Felipe, el gallardo mancebo que hemos co-
nocido en casa de don Antonio y por el cual María, segun
ella misma dijo á su padre, estaba muerta de amor.


Don Juan sacó del bolsillo de su gaban el paquete
sellc:t~o que le confió su amigo momentos antes de espirar,




18 LA SOBERANIA
-


al cual iba unido, no. ya otro paquete, sino un voluminoso
rollo de papeles igualmente lacrado y sellado.


Todo le fué entregado á Felipe, el cual se aproximó á
la mesa del presidente y, prévia su vénia, tomó asiento
próximo á uno de sus ángulos con objeto de tener mas
cerca la luz.


Sobre el primer sobre aparecia escrito lo siguiente:
«Para que se abra. despues de mi muerte en la lógia á


que pertenezco yen presencia de-todos mis hermanos.)
- Están conformes? preguntó el 'Venerable á la asam-


blea, ¿debe abrirse?
Ábrase, contestaron todos á una voz.
- Ábrelo, pues, replicó el 'V~nerable dirigiéndose á su


sobrino.
Felipe ejecutó lo que se le mandaba.
Rompió el sello y bajo el primer sobre aparecia otro con


esta inscri pcion.
«Documentos interesantes referentes al porvenir de mi


hija, que de hoy en adelante dependerá de mis hermanos.»
Seguidamente Felipe leyó tambien en alta voz el lema


que aparecia sobre el otro paquete, que era el mas volu-
minoso, y q ne decia así:


«Memorias de mi vida,-impresiones de ml: jU1)(!ntud-pá-
ginas de la tiranía de todas las épocas 11 paises-estudios críti-
cos y filosóficos sobre la libertad 'Y la emancipacion del hombre
desde los t?:empos primiti1)os-biografias de los tiranos-hor-
rendos suplicios de sus mártires. Para que mis hermano~, $i se
dignan leer mi pobre manuscrito, encuentren en él provechosa
enseñanza.


)8 e dará lectura de estas páginas, 11 aun imprimirlas S1: la
sociedad á que pertenezco lo juzgase con1)eniente, cua?tdo el




NACIONAL. 19
,triunfo de la república en España esté completamente6segu-
rado. »


-¿Por cuál damos principio'? preguntó Felipe.
-La voluntad de mi pobre amigo, repuso dún Juan,


fué que empezáramos por el que á su hija se refiere.
-Empecemos pues por él, replicó el 'Venerable.
Felipe, en virtud de la 6rden rompió el sello del segun-


do sobre y sacó un cuadernito escrito con letra tan correcta
como clara.


-Puedes empezar, dijo el presidente viendo que su so-
:brino únicamente esperaba sus órdenes.


El jóven dió principio á su lectura en estos términos:


1.


«El año de 1848 habia comenzado de una manera alal-
)mante para los tronos de Europa.


«Los monárquicos tradicionales empezaron á sentir 80-
» bre su rostro el poderoso aliento de las soberanías pópu-
·~)lares.


«Luis Felipe de Orleans descendió del trono Je Francia
»dejando el paso franco á la república .


. « A ustria y Prusia se conmovieron; Italia. hacia un su-
»premo esfuerzo; Polonia y Ungría se agitaban y todos los
»pueblos oprimidos trataban de alzarse contra sus tiranos.


«La hora de la espiacion habia sonado.
«El látigo de los señores se hacia pedazos entre las ma-


»llOS de los siervos.
«España tambien acudió á tomar su parte en aquel ge-


»neral movimiento, pero desgraciadamente en nuestro pais
,\>no se han sabido hacer aun revoluciones.


TOMO J.




20 LA SOBERANIA
«El plan mejor combinado fracasó; hubo traidores don··


»)de se creyó contar únicamente con leales.
«Acusaciones injustas se lanzaron contra honradísima~


»personas.
«(Uno de los maestros de nuestras lógias españolas fué:


»villanamente acusado de traicion ante sus hermanos.
(,Circunstancias puramente especiales habíanle obliga~


»do á auséntarse por aquellos dias, abandonando bien á su
»pesar su puesto de peligro.


«De esta ausencia tan inocente como involuntaria tomó
»pretesto el miserable que lo'rlelató.


«Para cubrir su crímen, no vaciló en arroj arlo sobre la
»cabeza de un hombre honrado.


« y o castigué mas tarde al criminal.
»Yo rehabilité en tiempo oportuno al mason indigna~,


» mente calumniado.
«Porque tambien sobre mí se arrojó la infame nota ds


»traidor.
«Sobre mí, qu.e en aquellos tiempos de prueba salvé la


»vida de centenares de hermanos mios.
«Sobre mí, que pude llev~r á paraje seguro papeles y


»)documentos de gran importancia.
«Sobre mí, que en poder de los tiranos opresores de 'mi


»patria, amenazado de muerte y halagado con deslumbra-
»)doras ofertas si me decidia á ser traidor, mis labios per ...
»manecieron constantemente cerrados, sufrí con resigna-
)cion cuantos qtartirios les plugo imponerme á mis verdu~"
»gos y cumplí dignamente con mi deber.




NACIONAL. 21


H.


(~El dia 26 de marzo y el dia 7 de mayo de 1848, son
)dos fechas escritas con sangre en la historia de la libertad
:»en España.


«( La traicion abrió el camino á los satélites del gobierno.
<~El pueblo fué arrollado por las tropas y por los sicarios


r)de N arvaez.
«Fueron fusilados sin compasion los sargentos y solda-


r:dos del regimier:.to de España, y á los que nos hicieron
»gracia de la vida, nos condujeron encadenados á los puer-
\)tos donde nos aguardaban los buques que debian condu-
») cirnos al otro lado del mar.


«Yo, mas afortunado que mis compafieros, conseguí es-
»capar.


(Oomo era pintor, supe desfigurarme de tal modo que
»pude desafiar impunemente el ojo perspicaz de la policía.


«Volví á Madrid con objeto de arreglar ciertos negocios
~)pendientes que no podia dejar abandonados, pero habien-
»do escitado nuevamente sospechas á la policía, víme obli-
t)gado á salir de la córte con direccion al estranj ero.


«En aq nellos momentos se combatia por la libertad en
~)Italia en Alemania, en Polonia y en la Ungría.
«Anc~o era el campo que se ofrecia á mi ardiente en-
~)tusiasmo.


«Provisto de un pasaporte estendido en toda regla, bajo
»un nombre supuesto y con un disfraz impenetrable, en;t-
~prendi mi viage.
~ ~Caminaba solo y á pié.




22 LA SOBERANIA.


«Comenzaba á desconfiar de todo. ¡Habia visto tanto en
»tan poco tiempo!. ..


»Traté de penetrar en Francia por los Pirineos, y al
»efecto salí de Jaca dirigiéndome á Canfranc, pretestando
»la compra de un poco ,de ganado mular, cuando al llegar
»al valle de hecho, un incidente inesperado me . obligó á
~<-cambiar mi itinerario.


»Habia hecho una jornada larga y fatigosa.
»Senteme para tomar algun,reposo á la orilla de aque-


»l1os murmuradores arroyos que las vertientes del Pirineo
»suelen á veces trasformar en rios y el fresco, el silencio,
»la quietud y el cansancio~ cerraron insensiblemente mis
»párpados: quedeme dormido.


»De pronto me desperté sobresaltado.
»Movido violentament~ abrí los ojos y quedé sorpren-


»dido.
» Una hermosísima jóven tenia cogido mi brazo.
-Pronto, me dijo, levántese V., su vida corre peligro.
,


-¡Cómo! es clamé yo sin acertar á penas á formular una
frase.


-V. sin duda Jebe l~evar encima papeles de impor-
tancia que le comprometen; alguno los ha visto y se ha
apoderado de ellos; en estos momentos los carabineros
cercan el bosque para prenderle.


»Instintivamente llevé la mano á mi bolsillo: recordé
»entonces que al sentarme, rendido de cansancio y creyén-
»dome completamente solo, habia sacado de mi cartera para
)repasarlas algunas cartas que acreditaban mi personali-
~ad para hacer uso de ellos bien en Francia 6 en Italia,
}>bien en cualquier otro punto á donde me condujera mi
)destino.





NACIONAL. 23
»Ellas eran un compendio de mis servicios á la causa de


»la libertad.
»Me quedé sin duda dormido con alguna de aq llellas


»cartas en la m~no, porque al registrar mi cartera me aper-
»cibí de que faltaban dos.


-¡Maldito sueño! esclamé.
-Es necesario que se ponga V. inmediatamente en


salvo, me dijp mi interlocutora.
-¿Cómo? ¿Por dónde'? Desconozco completamente el


terreno que piso ...
-¡Fatalidadt murmuró la jóven en estreroo agitada.
-Dígame V, señorita, por donde podré ganar la fronte-


ra lo mas pronto po si ble y me alejaré de aquí llevándo
un grato recuerdo suyo que jamás podrá borrarse de mi
corazon.


»La jóven se quedó pensativa por algunos segundos.
»Despues, tendiéndome la mano, me dJjo.
-¿La causa porque persiguen á V. es de aquellas que


en vuel ven algun crímen '?
-¡Oh! no señora, la contesté. Mi único delito es haber


consagrado toda mi existencia á conseguir.la libertad del
oprimido, á amparar al débil contra el fuerte, á enjugar
las iágrimas q ne otros hicieron derramar. He conspirado
y peleado contra el gobierno despótico en Madrid y ahora
me encamino á pelear y á sacrificarme por la libertad de
otros pueblos.


-Entonces venga V. conmigo; yo le salvaré, me dijo
mi celestial aparicion.


- ¡Oh! no; no puedo consentir en que V. se cOIDFrometa
por mí. Indíqueme V. únicamente alguno de estos senderos
que conducen al otro lado del Pirineo y esto me basta.




24 LA SOBERAN LA-
-Imposible; los carabineros que se ocupan en su per-


'secucion conocen perfectamente todos estos sitios y caeria
usted indudablemente en su poder .


. - Prefiero afrontar la ro uerte á causar á V. el mas pe-
queño disgusto.


-Sígame V., vuelvo á repetirle, y no se ocupe de mi
persona; no tenemos tiempo que perder.


-Pero ... , esclamé yo vacilante.
-Si no me obedece y continuamos en tan inútil polé-


mioa, positivamente que, sin salvarse V., conseguirá tam-
bien comprometerme.


- Esa consideracion es bastan te para decidirme á
aceptar.


-.Oorramos pues.
»Y la j6ven guiando y yo siguiendo sus pasos ,penetra-


»mos ambos por entre aquellas malezas salvando breñas y
¡>precipicios donde indudablemente, antes que nosotros,
»so10 habian puesto su planta las fieras de que aquellos lu-
tlgares se hallaban infestados.


IlI.


»Tres cuartos de hora próximamente duraria aquella
r~ peligrosa espedicion:


»Mi hermoso guia caminaba con una seguridad estraor-
»dinaria, sin temer á aquellos espantosos precipicios los
»cuales salvaba con la ligera de una corza.


»Yoapenas me fijaba en el peligro propio, preocupado
;);con el suyo.


» Habia momentos en que el mismo terror que esperi-




NACIONAL. 25
»mentaba me hacían quedar inmóvil, obligando á mi guía..
ȇ que vol viendo el rostro me dijese:


- Ande V. mas deprisa; el peligro DO ha desaparecido.
aun.


»De repente, y cuando mas intrincado se nos ofrecia el
»camino que íbamos recorriendo, la jóven cambió súbita-
i>mente de direccÍon y penetrando por un estrecho y tor-
»tuoso desfiladero vinimos á salir, al cabo de diez minutos,
ȇ. un ameno y delicioso valle en cuyo centro se alzaba un
»caserío.


-Ya estamos en salvo, esclamó la jóven batiendo pal-
mas.


-¿Qué casa es esa'? la pregunté.
-La puerta de esa casa, mereplicó con la mas encan-


tadora sonrisa, está siempre abierta para la desgracia. Mi
padre ha sido tambien muy desgraciado. .


-¿Y puede juzgarse tal ~ poseyendo un ángel como V'?:
me atreví á decirle arrebatado por la gratitud y el entu-
~iasllioq ua re.bosa ba que mi corazon.


La jóven no me contestó; únicamente fijó en mí una
severa mirada y prosiguió avanzando hácia el edificio.


Los criados recibieron respetuosamente á su señorita,
no pudiendo menos de demostrar cierta estrañeza al verla
acompañada de un hombre para ellos completamente des-
conocido.


-¿Está. mi padre en casa'? preguntó la encantadora
niña.


-N ór señorita, contestó uno de ellos; hace ya tiempo.
que salió con la escopeta y acompañado de Leal.


Leal era su perro de caza .
. - En ese caso ya no vol verá hasta la caida de la tarde ..




26 LA SOBERANIA


Disponed inmediatamente una habitacion y una cama para
este caballero, que necesita de quietud y descanso. Escuso
preveniros que si alguien os preguntase vosotros nada sa-
beis, ni habeis visto á nadie~


Aquellas buenas gentes comprendieron perfectamente
el encargo de la señorita, puesto que me dirigieron una es-
presiva y cariñosa mirada, tan compasiva como respetuosa.


- Ahora ya puede descansar tranquilo todo el tiem-
po que quiera, me dijo la jóven, aqui se encuentra V. per-
fectamente seguro.


-¡Oh! cuánto debo á V! ¡cuánto tengo que agradecerle!
esclamé yo.


-- A mí, nada: he cumplido con mi deber tal cual me
lo ha enseñado mi padre y por nada en el mundo trocaría
el placer, la satisfaccion que me produce cuando consigo
ser útil á cualquiera de esos desgraciados que por sus opi-
niones liberales padecen persecucion de la justicia.


-Segun eso, su padre de V., señorita, es ...
-Mi padre, segun le oí decir varias veces, se batió


en el año de 1820 alIado de Mina y Quiroga de quienes
fué íntimo amigo; mi pobre madre' hubo de pasar por la
vergüenza de verse en vuelta en un proceso críminai por
sus simpatías á la causa que mi padre sustentaba: mi ma-
dre arrostró toda clase de peligros y de humillaciones por
salvar á mi padre. Ya comprenderá V. que con tales ejem-
plos que imitar, nada tiene de estraordinario, ni de estra-
ño lo que acabo de hacer con V.


En este momento, un suspiro muy semejante á un ge-
mido resonó en la sala de la logia que hizo interrumpir á.
Felipe en su lectura.




NACIONAT,. 27


Todos los individuos que' componian aquella asamblea
y que seguian con gran interés la dramática relacion del
manuscrito, volvieron vivamente la cabeza en direccion á
donde habia partido aquel gemido.


Todas las miradas se fijaron sobre el venerable.
Era indudablemente de su pecho de donde se habia


exhalado.
Desde las primeras páginas del manuscrito habia ido


agitándose progresivamente.
Pintóse primero la sorpresa en su rostro, despues una


furti va lágrima brotó d-e sus párpados.
Conforme iba Felipe adelantando en su lectura, nuevas


y mas abundantes lágrimas siguieron á la primera, que fue-
ron resbalando silenciosamente por sus mejillas, viniendo á
esconderse entre los plateados hilos de su prolongada barba.


Llegó un momento en que no pudiéndose reprimir, 6C-
saló aquel suspiro, aquel plañidero gemido que tan pode-
rosamente llamó la atencion de los que le rodeaban.


Con afectuosa solicitud se dirigieron varios al sillon
presidencial.


-¿Qué tiene V? dijo uno de ellos, ¿se siente V. mal?
-No es nada, hermanos mios, contestó el venerable con


trémulo acento y llevando su pañuelo á los ojos, únicamen-
te que la lectura de ese manuscrito ha venido á evocar en
mí ciertos recuerdos que yo creia ya muertos. Prosigue Fe-
lipe, contiuuó dirigiéndose á su sobrino, esa relacion tiene
para mí. mas interés del que podeis imaginaros.


El jóven que habia dejado el manuscrito sobre la mesa
para volar de los primeros en ausilio de su tio, obedeciendo
las órdenes de este, volvió á tomarlo y continuó su lectura
desde el párrafo en que la habia interrumpido.


TOMO r. 13




28 LA SOBERA~IA.


IV.


»"tvle fué imposiblB contestar á las sentidas frases de la
jóven.


» Mi admiracion hácia ella tenia algo de esa adoracion,
»hasta supersticiosa muchas veces, que profesam?s á los
»séres celestiales.


»Vistiendo el caracterisco traje de las doncellas de aquel
y/país estaba tan hermosa, habia tanta belleza y tanto can-
»dor en aquel rostro angelical, que yo, que nunca habia
;:'creido pudiera existir en el corazon del hombre otro sen-
>,timiento, ni otra adoracion que la de la libertad, conocí
>,por la primera vez que me habia engañado.


»Sin duda el brillo de mis ojos debió espresar con so-
)) brada elocuencia lo que por mi pasaba y mi corazon sen-
>,tia toda vez que la jóven, cuyas megillas se tiñeron con el
'>:carmin de la amapola, volvió á lanzarme una segunda
,,;mirada aun mas severa que la primera y sin dejarme pro ..
>lnunciar ni una sola sílaba, me dijo secamente.


»-Lo que yo hago caballero es cumplir con un deber;
}>todos en este mundo los tenemr)s y es muy conveniente
¡>no olvidarlos jamás.


»Despues, dirigiéndose de nuevo á uno de los criados,
>,prosiguió:


»-Acompaña á este caballero á su habitacion.
~)-Sereis obedecida, señorita Angela.
);La jóven me hizo una ceremoniosa cortesía y desapa-


»reció.
)/Parecióme al pronto que habia quedado ciego; apenas


»me atrevia á moverme del sitio en que me quedé como
;'>clavado.




29


»Repúseme un poco al oir la voz del criado que me
»decia:


-Cuando V. guste, señorito.
»Le seguí maquinalmente.
»Una vez posesionado de la habitacion que me habia


»sido destinada, en vez de buscar el descanso, el alivio que
»mis abatidas fuerzas reclamaban, dejéme caer sobre una
»silla y mi pensamiento se fij 6 tenazmente en aq nella
.»mujer, en aquella hada benéfica que de una manera tan
»inesperada se me habia presentado para salvarme la
»vida.


»Antes de retirarse pregunté su nombre al criado. Se
)llamaba Angela y jamás nombre alguno tuvo aplicacion
»mas perfecta.


j)Se llamaba Angela y positivamente era un ángel.
»Apenas me fijé, en nadá de lo que me rodeaba, sino en


»las vicisitudes de la vida política de su padre que la hija
»acababa de referirme.


»Solamente á ella veia, su acento resonaba en mi oido
)j y no habia un latido en !!li corazon que á ella no fuese
»dedicafto.


»Ni me apercibí del tiempo trascurrido, ni de la lasitud
»en que me habia postrado el cansancio, debilitando por
)completo mis fuerzas.


»Fué necesario que el criado subiera á avisarme que su
»señor habia llegado y que me esperaba para cenar.


»Procuré sobreponerme á aquel poderoso magnetismo
»que me subyugaba y seguí al criado.




30 LA SOBERANÍA


v.


»Al penetrar en una espa~iosa habitacion, en cuyo
»fondo descollaba una colosal chimenea, ví sentado un ca-
»ballero que, al verme, se levantó cortesmente salié~dome
»alencuentro.


»Simpática era su fisonomía y desde el primer momen-
»)to cautivó mi atencion.


»Su hija ocupaba un asiento alIado suyo.
-Caballero, me dijo, mi hija acaba de manifestarme la


persecucion de que es V. objeto. Abierta está siempre mi
puerta para el que por delitos políticos es perseguido; cer-
rada para el verdadero criminal.


»Oomprendí lo que sus frases querian significar y me
»apresuré á contestarle, satisfaciendo su natural curiosidad.


-Mi nombre es Abelino Gutierrez; me he batido en
Madrid el 26 de marzo yel 7 de mayo: se me persigue ac-
tivamente, y ya que la desgracia ha hecho que tambien
por esta vez sucumba la libertad an España, huyo al es-
tranjero en busca de un pais donde aun pueda combatir por
ella.


-Difíoil es el paso en estos momentos por cualquier
punto de la frontera:' se ejerce una vigilancia muy activa.


-No importa, yo la. burlaré.
-Tenga muy presente que esta casa puede servirle de


seguro abrigo.
-Lo agradezco, pero no me es posible permanecer en


ella mucho tiempo.
-¿Y por qué'? si no es indiscreta mi pregunta.
-Porque me lo impide un juramento, y por nada del




AACIO~.A.L 31
mundo he dejado de cumplir hasta ahora ninguno de los
que hice.


-Eso es muy digno.
-J uré consagrarme sin descanso á la causa de la li-


" bertad y allí donde por ella se combate, allí está mi
puesto.


-Permítame V. que le diga que intentar salvar la
frontera en estos momentos, es una imprudencia, aun mas
que imprude~cia, una locura.


-Sin embargo ...
-Nada, nada, me pertenece V. desde ahora y no le


permitiré marchar hasta que yo lo crea conveniente.
-Tiene razon mi padre, dijo Angela fijando en mí sus


hermosos oj os.
VI.


»Aquella armoniosa voz que tantos encantos tenia para
»mi, produjo en mi ánimo mas efecto que cuantas reflexio-
~)nes su padre 'me habia hecho.


»)Fijé en ella una mirada que, por mas esfuerzos que
»hice, no pudo ser indiferente.


-Me es muy sensible ser molesto, repliqué, y por esta
razon ...


-¿Quiere V. callar? repuso mi huésped, V. me ofende.
-Además, un fujitivo, un proscrito como lo soy yo,


lleva consigo el peligro á donde quiera que vaya y no debo
envolver á Vds. en el que yo corro en estos momentos.


-No hablemos mas de eso, volvió á decir Angela con
su argentina voz que penetraba en lo mas profundo de mi
corazon.




32 LA SOBHRAN ÍA
-Pero ... me atreví, sin embargo, á balbucear.
-Mi hija lo manda y bien sabe V. que á las jóvenes:


aunque no sea mas que por galantería, ~e las debe siemprE
ciega obediencia.


ji N o insistí mas.
»Por otra parte es lo cierto que yo tambien, deseaba


»quedarme, cada vez 'me sentia mas prendado de aquella
»encantadora criatura.


»Un criado entró á anunciar que la cena estaba servida
..


»y mi huésped nos invitó á seguirle.
»üfrecí mi brazo á la jóven, pareciéndome notar un li-


»)j ero temblor cuando su mano se apoyó en él.
;) Una emocion desconocida embargaba mi ánimo.
ji Habría deseado que el trayecto hasta el comedor se


»hubiera prclongado indefinidamente.
»Nos sentamos á la mesa y fuí colocado frente á An-


»gela.
»Mis miradas se encontraron mas de una vez con las


»suyas y hasta me pareció advertir en sus mejillas, cuando
»esto sucedía, una ligera tinta sonrosada, efecto sin duda
»del rubor.


»Los primeros momentos fueron silenciosos.
»8emejante silencio me era tanto mas conveniente en


»aquellos momentos cuanto que la emocÍon que yo esperí-
»mentaba me hubiera impedido tal vez contestar acorde, si
»mi huésped me hubiera interpelado. Por otra parte me pro,-
»porcionaba el indecible encanto de ocupar mi vista y mi
»pensamiento escluslvamente en aquella mujer que habia
»conseguido subyugarme.


»De pronto, la voz de D. Eugenio, pues tal era el nOID-
»bre del padr~, vino á sacarme de mi éxtasis.




NACIONAL. 33
-,-- ¿Cuántos años tene V.?
-Treinta y seis, le contesté.
-Jóven es v. todavía y pocas deben ser las funciones


de guerra, es decir, de la guerra que sostiene ha~e tiempo
la libertad contra la tiranía, en que V. se halla encontrado.


-En cuatro nada mas. ..
-¡En cuatro!
--Sí, señor; recibí el bautismo de fuego en Barcelona


el año de 1841.
-¡Ah! con que por aquella época se encontraba V. en


Cataluña?
-Si, señor. Mi padre fué uno de los compañeros de


Riego y sufrió la misma suerte que él. Mi madre era cata-
lana, y apenas quedó viuda, regresó á su pais, donde poseía-
mos a1gunos bienes: por esta razon me hallaba en Barce-
lona estudiando cuando ocurrió el movimiento que acabo
de indicar.


-¡Bien desgraciado por cierto!
-Como que desde el principio fué mal dirigido, resultó


lo q ne no podia menos de suceder.
-¿Y despues'?
-Despues marché á Francia, regresando de nuevo á


Barcelona para tomar parte en el pr0nunciamiento centra-
lista de 1843.


-¿Es decir, que ha presenciado V. los dos bombardeoEC
de la primera capital de España?


-Sí, señor; he sentido ya muchas veces las balas cru-
zar por mi lado y francamente, no me infunden pavor.


-¿Y su madre de V.? me preguntó Angela que al pa-
recer tomaba vivo interés en mi relato.


-La desdichada, contesté yo ex al ando un suspiro f fa-




34 LA SOBERA.NrA


lleció del esceso de su dolor al saber que su hijo habia sido
hecho prisionero y que tal vez iba á ser fusilado.


-¡Qué horror!
-¡Pobre señora! dijo D. Eugenio conmovido.
-Creo, pues, que no me queda ningun dolor que sufrir.
-Muy jóven es V. todavía.
-Sin embargo he padecido mucho.
-Cierto es; ha visto V. morir á su padre por defender


una idea, y á su madre de dolor y de angustia al saber la
suerte que aguardaba al hijo de sus entrañas ...


-¿Y acaso le parece á V. poco'?
-Nó señor, por el contrario, me parece mucho; tanto,


que no he podido comprender aun, sino por una de esas
bondades que debemos á la Providencia, cómo un hijo pue-
de subsistir despues de perder á los que le dieron el sér ..
Pero ¡ay! amigo mio, desengáñese V., en el mundo se es-·
perimentan dolores aun mas grandes todavía.


-No sé cuales pueden ser.
-Pues los hay.
-Yo he visto morir á mi lado amigos queridos, que ni


aun tuvieron tiempo para terminar la frase que me diri-
. glan.


-Mas todavía.
- Yo he sufrido esas angustiosas horas de fiebre y de


aturdimiento. que preceden al que sabe que pocos momen-
tos despues debe ser fusilado.


-Todo eso no es nada, porque el que vá á jugar su vi~
da en un combate, debe tener por seguro que mas bien la
lleva perdida que no ganada. Los que como V. se consa-
gran á la defensa de una idea, deben tener anticipadame-
nte hecho el sacrificio de su existencia.




NACIONAL.


-Es cierto.
-Pues bien, amigo mio, ~Uij. hay dolores ma$gran4~~


que todos esos.
--En tal caso yo no los he sufrido.
-Ni quiera el cielo que jamás lo sufra.
-Puesto que V. lo dice, debo creer que efectivamente


existen esos acerbos dolores que yo no conozco, pero ...
-¿Ha sido V. vendido alguna vez'?
-¡Vendido!
-Si señor, vendido.
-No comprendo lo que V. quiere decirme, pues no he


amado hasta hoy á ninguna muger como no haya sido 4
mi madre.


y al decir esta palabras involuntariamente dirijí mis
ojos á Angela.


Esta se ruborizó baj ando los suyos.
- N o habló en este momento, continuó su padre, de la


falta de fe en la mujer amada; eso afecta á una sola clase
de sentimiento, pero nada mas.


-Sentimiento, sin embargo, que puede quitar la vida,
repliqué yo sorprendido de que diera tan poca importancia
á lo que en mi concepto era tan digno de respeto.


-Si no ha amado V., segun dice, mal puede hablar de
una cosa que no conoce; además, no es á ese sentimiento
al que yo me referia, sino á la traicion de los amigos.


-He. tenido muy pocos.
-Procure V. continuar, siendo muy parco en esto


porque son bien escasos los que merecen semejante tí ...
tulo.


El acento de don Eugénio, al esplicarse en estos térmi..,
nos, bivró de tal manera que no pude menos de uomprender


TOMO 1. lit




36 LA. ::;OBERA.NIA
que su corazon estaba herido por alguna de aquellas infa-
mes traiciones de que acababa de hablar.


Para mas seguri~ad le dige:
-¿Es decir que V. me aconseja desconfiar de ese sen-


timiento tan santo, tan preciado y que en nuestras tribula
ciones y desgracias siempre es un gran consuelo'?
~Si señor, porque en la duda de si el amigo es ó no


bueno, leal y consecuente; digno ó no de nuestro cariño, lo
mas prudente es abstenerse de confianzas indiscretas, evi-
tando de este modo graves disgustos.


-Me deja V. confuso; pero apesar de todo, no puedo, no
acierto á comprender como la desilusion que pueda produ-
cir en el ánimo la traicion hecha á la amistad, supere en


. dólorosa amargura á la que se esperimenta por la pérdida
de tan qlleridos séres, cual lo son un padre y una madre.


-Desengftña8e V., jóven, nada hay mas doloroso, mas
horrible que, despues de depositar esa santa afeccion, como
V. la acaba de llamar, ese profundo cariño y confianza en
una persona, despues de gozar ron sus alegrías, llorar con
sus desdíchas, verse de repente vendido por él.


-¡Efectivamente que debe ser un desengaño horrible!
-y no solamente vendido y puesto en evidencia, sino


ultrajado, vulnerado, escarnecido en lo mas santo y respe-
table que existe para el hombre sobre la tierra ... ¡en su
honra!


-¡Será posible! esclamé yo, viendo á aquel anciano que
cada vez mas escitado conforme abanzaba en su esplica-
cion, habíansecolorado sus mejillas con vivo carmin.


-Ese es el ~olor de los dolores, la desgracia mas triste
que un hombre puede esperimentar en su vida.
~ Me inspira V. tal temor ...




o
NACIONAL. 37


-Créame V., añadió despues de algunos momentos de
silencio y ecsalando un suspiro, V. todavía es ILuy j6ven;
puede decirse que empieza ahora á vi vif, su ecsistencia
puede ser preciosa á esa santa causa en aras de la cual la
ha consagrado, y por el bien de la misma le aconsejo se
muestre parco en contraer amistades.y entregar su corazon
ni su confianza á nadie, basta tener la completa seguridad
de que la persona en quien la deposita es digna deseme-
jante honor. De lo contrario, llegará dia que una traicion,
una decepcion 6 una villanía de esta especie lo conduzca
hasta el suicídio, hasta el crímen ... le hablo á V. por es-
periencia.


- ¿A tal estremo podria conducirme'?
-Sí, jóven, y á tal estremo me hubiera conducido á mí


á no haber tenido á mi lado este ángel por cuya existen-
. cia de bia velar.


y el caballero, al espresarse así, fijó una tiernísima mi·
rada en su hija.


-_.- ¿Por qué evocar esos tristes recuerdos padre II;lio'? ex-
clamó Angela en estremo conlllovida.


-Tienes razon; olvidemos lo que debe darse al olvido
puesto que ya no tiene remedio y tanto oprime nuestro co .
razono


VII.


Desde aquel momento la conversacion giró sobre otros
varios objetos, bien apesar mio, pues no me hubiera desa-
gradado conocer el secreto de don Eugénio, porque, no ca-
bia duda, segun su. manera de espresarse, existia unsecre·
to en aquella casa, donde positivamen te no ~ran cpmpleta·-
mente felices., ¡ i! i': ~'i




• 38 LA SORRRA'NIA
l\fis ojos aprlYVecharon todos los instantes que podia


pa1ttt dirigirlos á Angela sin que su padre lo advirtiese.
Cuando termin6la cena y nos quedamos solos, pues An·


gela habia sálid:O del comédor á dar algunas disposicio-
nes, D. Eugenio me dijo:


....... Voy á hacerle á Vd. una pregunta y deseo que me
ce~tést6 V. con iglIal franqueza .


.........:-Jamás supe UE'ar otro lenguaje .
..... No le sorprenda á V., porque tengo poderosas razones


pá:ra ello .
..... V. dirá; repuse yo cada vez mas sorprendido.
-¿Es V. mason?
Debo confesar que durante algunos segundos me quedé


sin saber que decir. Tanto me estrañó aquella pregunta,
que despues de algunos momentos de vacilacion y en vez
de contestar directamente, como se me exigia, le dije:


....... yerdaderamente caballero no me esplico ...
--Me ha dado V. su palabra y espero que me conteste


con sinceridad.
-Desde luego y estoy dispuesto á hacerlo así.
-Hable v.: mi exigencia no carece de razono
---Pues bien, sí, soy mason.
-¡Fatalidad!. .. exclamó D. Eugenio.
y en su acento habia algo tan estraño que me hizo es-


tremecer apesar mio.
~tPor qué dice V. eso le pregunté'?
-J-Porque precisamente los individuos de esa asociacion


son mis mas mortales enemigos.
-'-¿Qué dice V? exclamé en el colmo del mayor asombro.
---y á los únicos á quienes me veo en la precisiúD de


cerrar mis puertas.




NACJO:-iAL. 39
~Pero ...
-Por 10 tanto, y aun con gran sentimiento mio, me veo


obligado á ...
Y D. Eugenio se detuvo como si no tuviese valor para


terminar la frase.
-;,Obligado á qué? le pregunté maquinalmente.
-A evitar el que por mas tiempo permanezca V. en


.


mI casa.
-Está bien.
Al pronunciar estas palabras conocí que mi corazon se


oprimia y que todas mis ilusiones rodaban por tierra, como
al mas ligero soplo de un niño se deshace un castillo de


.


naIpes.


VIII.


D. Eugenio se habia quedado silencioso y como medi .
tabundo.


En su semblante se dibujaba algo de doloroso y colé-
rico á la par, que imponia é inspiraba interés al mismo
tiempo.


Despues de hacerle un respetuoso saludo; me dirigí há-
eia la puerta del comedor.


-¿A dónde va V.? me dij o con vi veza .
..;.;...A evitarle el disgusto que debe producirle mi pre-


. ~


sencia.
-Escuche V. caballero, repuso D. Eugenio con acento


un tanto conmovido, no quiero que me juzgue de un modo
inconveniente, creyendo que es el temor el que acaba de
dictarme ciertas frases, ó que me arrepiento del servicio
que acabo de prestarle.
~iOh! de ningun modo, le contesté; además y~ respeto




40 LA SOBERANÍA


como debo las razones que V. pueda tener para obrar así.
-Muy grandes son, caballero; hace un momento le


dije que habia sido indignamente vendido y de esa traicion
nace mi resolucion.


-Siento haberle causado tal disgusto, y si yo hubiera
sabido ...


-Desde luego lo esperimento viendo que la fatalidad
me obliga á obrar con V. de este modo, pero de igual
manera que antes me dijo V. que juramento que hacia por
nada en el mundo lo quebrantaba yo debo decirle tambien
que el dia en que tan villanamente fuí engañado y ven-
dido juré á mi vez, que ni tenderia la mano á un mason,
ni le prestaria mi ayuda.


-Esté V. seguro que no seré yo quien le obligue á
faltar á su juramento.


Volví á saludar ceremoniosamente y dí un paso ht\cia
la puerta.


-Espere V., me dijo D. Eugenio, viéndome decidido á
partir.


-¿Y para qué~
-Esta noche permanecerá V. en mi casa.
-De ningun modo; ni un momento mas despues de lo


que acabo de oir.
-V. no conoce el terreno y seria fácil qu~ le sucediese


una desgracia, lo cual para mí seria un remordimiento
eterno. Mañana cuando sea de dia saldrá V. de esta casa.


--Pero ...
- Por una noche bien puedo ser perj uro. Descanse V.,


recobre las perdidas fuerzas y parta mañana, cuando el pe-
1igro para V. no sea tan inminente.


-Obraré como V. quiera, contesté yo, dejándome con-




~ \ClONAL. 41
vencer mas fácilmente porque deseaba, como es natural,
permanecer algunas horas más bajo el mismo techo que
Angela.


-Por si se marc!:ta, como es muy posible, antes de que
yo me levante, dígame V. si necesita algo.


-Darle únicamente gracias por su hospitalidad.
-No las merece, máxime cuando por mi desgracia, me


veo obligado á despedirle, á aparecer á sus ojos como un
horo bre grosero é inhumano, pero ...


-Siempre conservaré un grato recuerdo de las horas
que he pasado en su casa.


-¿Pero de veras no necesita V. recursos?
-N o señor; toda vía me queda algo de la herencia de


mis padres y el administrador en quien tengo depositada
mi confianza es un hombre honrado.


-Como V. quiera.
--Vuelvo de nuevo á significarle mi gratitud.
-Descanse V. Y no olvide que á pesar de las razones


que me obligan á proceder con V. de tal m.odo, sin embar-
go de lo que me ha oido hablar respeto á la amistad, tal es
la simpatía que V. me inspira que me ofrezco por su amigo.


- Mil gracias.
En aquel momento entró uno de los criados en el come-


dor y D, Eugenio dirigiéndose á él le dijo:
-Conduce á este caballero á su aposento.
- Suplico á V. se sirva hacer presente mis respetos á su


noble y bondadosa hija, dije á D. Eugenio al disponerme
para seguir al criado.


-En su nombre los admito y se los agradezco, me dijo.
Un instante despues salí del comedor precedido del


criado.




42 LA SUDERANIA


IX.


En vano miré á todas partes por si podia ver á Angela
eIl. todo el espacio que recorrí hasta llegar á mi aposento.


El criado me dejó la luz que llevaba en la mano y se
retiró.


Dejeme caer sobre un sillon y un mundo de 'ideas á
cada cual mas estrañas é irrealizables, se presentó á mi
mente.


Tuve momentos de verdadera locura durante aquella
noche de agitacion y de fiebre.


Cogí la pluma una porcion de veces con ánimo de es-
cribir una apasionada carta y dejársela á cualquiera de los·
criados para que la entregasen á su señorita.


Pero la pluma se caia de mis manos; no sabia como em-
pezar.


Otras veces pensé en salir de mi cuarto, intentar un
medio cualquiera de aproximarme á Angela para decirla
antes de partir cuál era el estado de mi corazon.


Hubo momento en que hasta cruzó por mi mente la idea
de eS0aparme á favor de las tinieblas, descolgándome por
la ventana de mi cuarto,


Ignoro la hora en que el cansancio y la fatiga me rin-
dieron.


Cuando desperté, los primeros albores de la mañana de-
jaban pe.netrar en mi cuarto una ténue claridad.


Como me habia acostado vestido, me hallé bien pronto
en disposicion de emprender mi marcha.


Las pocas horas de reposo que habia disfrutado me pro-
porcionaron la sufici~nte energía para poder volver á ser
dueño de mí mismo.




NAClOKAL. 43


Pero mi corazon se desgarraba al pensar que iba á aban-
donar, para siempre quizás, aquel hospitalario techo donde
habia encontra.do lo que hasta entonces no pude presumir
siquiera existiese sobre la tierra .... un sér angelical que
tan repentinamente me hiciese conocer ese sentimiento tan
dulce que se llama amor.


:Mi deber me obligaba. á partir ahogando en mi pe-
cho aquel amor de un día, pero que por el ef·)cto que en
mí causaba, parecía contar muchos años de existencia .. Al
contrario que la noche anterior, solo anhelaba salir cuanto
antes de la quinta, no fuera que la casualidad me hiciera
encontrar á Ángela y su presencia debilitar:t mi resolu-
.


ClOno


En lo que menos pensaba ya era en los peligros que.
iba á correr.


Salí de mi cuarto y descendí al piso bajo.
Al llegar á la cocina ví que los criados estaban ya de


pié y sin duda advertidos de mi partida, pues se empeña ..
ban en que tomase algo antes de ponerme en camino.


-Gracias, amigos mios, les dije, ni. me encuentro bien,
ni tengo apetito.


-Como el señor 'gust.e. '
-Sin embargo, éreo que una copa de ginebra y unos


bizcochos no pueden. hacerle mal, y V. los aceptará, segun
creo, si yo se lo suplico, dijo una armoniosa voz que resonó
á mi espalda y que me hizo estremecer.


Volvíme vivamente y Ángela se presentó á mi vista
,mas hermosa que nunca.


Quedéme inmóvil y no supe al pronto qué contestar.
Sentia una mezcla estraña de alegría y de dolor.
De alegría: porque volvia á verla. . " .


TOMO l.




44 LA SOBERANrA
De dO'lor, pO'rque la iba á abandO'nar quizá para siempre,
Ángela tO'rnó á repetirme su O'ferta.
yO' la admití, porque'era ella quien la hada.
CuandO' hube· comidO' un bizcochO' y tomado un sorbo.


'"


de ginebra, me dijO':
-MarchemO's.
- iCómo! _'esclamé yo sorprendido.
- Ya lO' ha oidO' V.; marchemos.
-¿Pero, dónde'?
- Ya'lo sabrá V.


YO', maquinalmente, la seguí sin poder adivinar cuál
era su iritenciO'n.


Cuando estuvimos fuera de la quinta, añadió:
-Supe anoche lo que habia pasad<>e'ntre mi padre y V.
-Yo deploraba solamente el no poder despedir:me de


usted; de V., á quien tanto:debia,de V. á quien ...
-Si antes hubiese sabido que pertenecia V. á esá fu-


nesta asociacion, me interrumpió sin dejarme terminar' lo
que iba· á decir, hubiera evitado que sucediel'a lo que ha
sucedido ..


-¡Ay! Ángela; valiera mas que me hubiese, V. dejadO'
ayer dormir tranquilo á la orilla del rio, aunque al desper-
tarme me hubiese vistO' en poder de 1O's. soldados.


··-¿Quiere ·V. callar'? contestóme la jóven con acentO'
ligeramen te alterado.


-¡Si supiera V ~ la que sufrO'!. ..


x.


Ángela no me contestó; bajó los ojos y apresuró el
pasO'.




NACIONAL. 45
Yo no rile atreví á decirla mas palabra, ni á ser maS'


esplícito en aquellos momentos.
Así anduvimos algun tiempo.
Viendo que su silencio era tan pertinaz y que nuestro


viaje se prolongaba, me aventuré á decirla:
-Dígame V. señorita, ¿podré saber dónde vamos'?
-A un asilo tan seguro como impenetrable.
-Detengámonos, repuse, no quiero comprometerá us-


ted mas; estoy decidido á jugar el todo por el todo y hoy
procuraré salvar la frontera,.


-¿,Está V. en su juicio'? lo que V. pretende es una lo-
cura, mucho mas con la vigilancia que hoy se ejerce en la
frontera, de resultas de lo que sucedió ayer.


-Es que yo no puedo permanecer aquí, bien lo sabe v.
-Usted hará lo que .yo ;disponga,repuso Ángela,. ha-


ciendo un graciosísimo gesto de impaciencia.
-Pero señorita, esclamé sin poderme contener mas, ¿no


comprende V. que es martirizarme, obligándome áperma-
necer en estos sitios?


-¡Martirizarle!
-Sí tal, que vivir cerca de V. y no poder verla, no


poder escuchar su acento, terrible martirio ·ha de ser pa-
ra mí.
-~ ¡Caballero! replicó la jóven, mas bien ruborizada.que


ofendida.
y Angela inclinó la . frente ante el poderoso fuego de


mis miradas.
Despues, quedóse pensativa algunos momentos.·,
Al cabo de ellos, fijó en mí una mirada tranquil~ y con


tono resuelto me dijo: ,.
~No importa; sígame:V.; .1




46 LA. SOBERANIA


XI.


Yo 1:0 tuve valor para oponerme á sus deseos.
Fuí siguiéndola y' poco despues llegamos á una casita


escondida en el fondo de un valle.
- ¡Orosia! gritó la jóven desde la puerta.
Inmediatamente apareció una muger en el interior de


la casa.
-¿Qué tiene V. que mandar" señorita? preguntó ade ~


lantándose á nuestro encuentro.
-Este caballero necesita permanecer uculto algunos


dias, mientras se calma·algun tanto la persecucion de
que es objeto .


. -¡Todavía otro!. .. es clamó OrQsia, puesdígole á V. que
si el gobierno persigue de esa manera á los buenos libe-
rales, media España vá á emigrar.


-Inútil es que te diga nada. Ya sabes que va en ello
su vida.


-La guardaremos como la nuestra.
~¿ y tu 'marido'?· .


. -Ha ido· á Canfranc. '
-¿Se trata de alguna nueva introduccion?
-Que hemos de hacer, señorita, de un modo ú de otro,


preciso es ganarnos la vida.
-Sí; pero esponiéndola siempre.
-¡Cá! no señora; ninguno como mi Roque conoce todas


las veredas y todos los pasos del Pirineo: á ojos cerrados
va él por esas tierras.


-Sin embargo ...
-Ya lo sabe V. por esperieneia· propia, que algunos.




R\CIO~AL. 47
personajes han sido llevados por él á Francia, sin que, ja-
más hayan sufrido percance alguno.


-Por esa razon acudo á tí. Es necesario que ni aun mi
padre sepa que este caballero se encuentra aquí.


-Descuide V., señorita, nadie lo sabrá.
-Ya lo oye V., prosiguió Ángela volviéndose hácia


mí, puede V. estar tranquilo, esperando una ocasion en
que sin esponer su vida ...


-Imposib¡e, la contesté en voz baja, mi tranquilidad
ha desaparecido desde el momento que la ví á V.


Ángela tornó á ruborizarse.
Despues, hizo un movimiento como si tratara de ale-


jarse.
-¿No tiene V. nada mas que mandarme, señorita'?


preguntó Orosia ..
. -Nó: unicamente que ejerzas gran vigilancia.


-En cuanto á eso puede V.descuidar.
Iba ya á abandonarme, cuando aproximándome á ella


la dije:
-¿Pero no vol verá V. mas?
-¿Para qué?
-¡Oh! ¿no ve V. que me quedo sin vida'?
Ángela pareció reflexionar: pasados algunos instantes


y tendiébdome la mano, dijo:
-Veiveré.
-¿Cu~ndo'? ¿cuando? ... repliqué yo con efusion.
-Lo ignoro.
y hechó á correr como si tratara de alejarse cuanto an-


tes de aquel sitio. "
Roque era un paquetero ó contrabandista como la mayor


parte de los vecinos de aquellos valles.




48 LA SOBERA:SIA
Pero tenia sobre sus compañeros la ventaja de conocer,


tal vez mejor que ninguno, todos los pasos de aquellas cor-
dilleras, oj o certero y perspicaz y una serenidad á toda
prueba.


Su honradez era tan grande como su valor.
y su valor era reconocido y respetado por todos sus con-
.


veCInos. '
Orosia, su esposa, era una muger digna de tal nombre.
tos dos eran la providencia de los liberales que se veian


o bligados á buscar en el paso de los Pirineos el medio de
evadirse de las persecuciones de que eran objeto.


Penetré 'en .la, casa y Orosia me condujo á un cuartito
abierto en el hueco de un peñasco, diciéndome:


-Aquí estará V. en completa seguridad. El dia en que
mi Roque vuelva de Canfranc, si quiere V. que le lleve á
tierra estrangera, en menos de tres horas está V.en salvo.


-¡Oh! cómo les podré pagar á Vds.' .. , esclamé yo, con
voz ahogada por la emocioD.


-Muy sencillamente.
-Diga V.
-Haciendo por otros, si llega el caso, lo mismo q ne


nosot.ros hacemos por V.
, -¡Oh! cuánta nobleza y cuánta generosidad!. ..
-La señorita nos ha enseñado.
-¡Cómo!
- ¡Oh! Es un ángeL
-Así me lo ha parecido desde el primer momento que


la 'VÍ. ,-
-Usted no la conoce bien, nosotros que desde niña la


hemos conocido, que ha pasado largas temporadas entre
nosotros, mientras su padre se hallaba por esos mundos ds .




NAClONAL. 49


Dios, peleando y esponién.dose á que lo dejaran seco de un
tiro, por la causa de la libertad, somos los que verdadera-
mente podemos apreciarla.


---Es decir, que casi siempre ha vivido aquí'?
-Desde la muerte de su madre casi siempre.
-Segun eso su señor padre ...
-Don Eugénio, entre la política que le trajo siempre


preocupado y las persecuciones que ha sufrido, pasó mu-
chas temporadas léjos del pais.


¿Y cuánto ti~mpo hace que vino definitivamente á es-
tablecerse en él?


-Unos cuantos meses nada mas; y por cierto que tan
disgustado y tan triste llegó que daba pena el verle.


Esta sencilla esplicacion me hizo comprender la causa
de aquella tristeza , aplicándola álo que me habia dicho el
mismo don Eugénio la noche ahterior,respecto á la decep-
cion de que habia sido víctima ..


Durante aquel dia fué ya muy poco lo que hablé con
Orosia, puramente lo preciso.


Tenia demasiado en qué pensar.
Angela llenaba por completo mi pensamiento.
Llegué casi á olvidarme del amor delirante que profe-


saba á la libertad por el inmenso amor que habia desper-
tado en mi alma aquella celestial mujer.


Corrían las horas con sobrada lentidud para la impa-
ciencia devoradora que me consumia hasta volverla á ver.


Habia pasado tanto por mí y en tan breve espacio que
estaba como aturdido.


En primer lugar l~ aparicion de Angela.
En segundo la impresion que habia causado en mi


/


ánimo.




50 LA SOBERA ~r A
Despues el misterio de que parecia rodearse la existen-


cia de su padre.
¿De qué nacia aquel ódio profundo que profesaba á 10s


masones'?
Recurriendo y comentando en mi imaginacion todas las


frases que le habia escuchado la víspera, no me da,.ban otro
resultado que la seguridad de que habia sido víctima de la
traicion de un amigo, que por lo visto pertenecia á la socie-
dad masónica.


¿Pero quién era él'? ¿Cómo la logia representada por
uno de sus miembros pudo obrar de una manera tan im-


.


procedente?
¿Cómo esplicarme el interés que la hija me demostraba


aun despues de haber sido arrojado de su casa por el padre?
Todas estas ideas se agitaban y confundian en mi men·


te, produciendo una escitacion tal en todo mi sér, que olvi-
dándome por completo de la situacjon en que me encontra-
ba, no pensaba en otra cosa que en la hija y en el padre.


XII.


Orosia s encargó de sacarme de aquel estado.
Libre ya de aquella estraña fascinacion, las necesidades


materiales de la vida se hicieron sentir, como era natural.
Hacia muchas horas que no habia tomado alimento.
Por la . mañana muy temprano y por no desairar á An-


gela, habia llegado á mis labios una copa de ginebra y
probado un vizcocho.


El disgusto que en ~quel momentoesperimentaba, me
permitió apenas gustar la primera ni concluir el segundo.


Era mas de medio dia y podia decir que aun estaba en
ayunas.




~ACIONAL. 51
Así fué, que hasta con avidez me precipité sobre los


manjares que me habia preparado la buena Orosia; manja·
res que segun despues supe se los habia proporcionado la .
señorita.


Cuando concluí de comer me dirigí hácia la puerta. de
la cabaña.


-Cuidado señor, me dijo Orosia, no vaya V. á cometer
alguna imprudencia; no tendria nada de estraño que pa ..
sara algun conocido por el valle y le chocase el ver á la
puerta de mi cabaña una persona desconocida.


-Es verdad, y si por algo sentiría el verme descubierto
no seria por mí seguramente.


-¡Ah! pues yo lo sentiria por V., porque en cuanto á
nosotros, ni nada tememos, ni nada malo nos sucedería.


-Sin embargo, debe ser muy comprometido en estos
momentos el dar asilo á un proscrito.


-Cá, no señor; ya saben los· carabineros que en estos
valles tenemos la buena costumbre, que todo el mundo de-
beria imitar, de dar franca hospitalidad á los que nos la
piden.


Largo r~to continué hablando conOrosia.
Empezaba á anochecer y, aventurándo.me, me decidí á


salir á la puerta de la cabaña.
Ansiaba aspirar la perfumada brisa del valle.
Da pronto quedé inmóvil: acabaLa de aparecer ante mi


vista la encantadora figura de Angela.
Habia descendido por entre aquellas breñas con la agi-


lidad y ligereza que tanto me sorprendieron el día ante-
rior' y aprovechándose de mi dístraccion, presentóse repen-
tinamente á mi vista cual si hubiese salido del centro de
la tierra.


TOMO r.




52 LA SOllERA:\ Ü
Su padre habia tenido que marchar aquella misma tarde


á Jaca v ella venia á saber como me encontraba en el nuevo
'"


refugio que me habia proporcionado.
Parecióme algo mas reservada que el dia anterior, y


comprendí que estaba agitada, que no se atrevia á cruzar
sus miradas con las mias.


Breves momentos estuvimos hablando, y en ellos acabó
de mostrarme todo fÜ inmenso tesoro de v irtudes y de no-
bleza que se anidaba en su corazon.


Ella, en cambio, debió comprender igualmente todo el
entusiasta amor que habia producido en el mio.


y deLió comprenderlo por lo_ardiente de mis miradas
que' la 8spresaron lo que mis labios no se atrevían á decir,
por lo trémulo de mi acento y lo tímido de mi actitud ante
ella.


Cuando se retiró quedéme triste, pensativo y eonocí
que ella tambien iba muy preocupada.


XIII.


En vano la esperé al dia siguiente: sospeché si la ha-
bria ofendido y mi desesperacion era inmensa.


Comprendiendo que no podria vivir cerca de Angela
sin que de mis labios salieran enamoradas frases y calcu-
lando igualmente que esto tal vez la ofenderia, resolví ale-
jarme de unos sitios donde era tan desgraciado y podia
llegar hasta ser importuno.


Tomada mi resolucion, al día siguiente se la comuni-
qué á Orosia.


Aquella noche debia ponerme en camino.
La mujer de Roque se limitó á decirme:




NACIONAL. 53
-¿Lo sabe ya la señorita?
-Nó, ni es necesario que se en.tere de nada hasta que


yo haya desaparecido.
Orosia no me contestó, pero cuando al cabo de tres ho-


ras estaba disponiéndome para emprender mi ¡marcha, An··
gel a se presentó repentinamente en la cabaña.


-¿A dónde vá V.'? me dijo con voz alterada, mas bien
por la emoúÍon que por el cansancio de la carrera q ne aca-
baba de dar.


-A Francia, le respon dí inclinando la cabeza como
avergonzado.


-Sígame V., se lo suplico, replicó con aquel ac~nto de
ángel que embargaba todos mis sentidos.


La obedecí y salimos de la cabaña andando un cente-
nar de pasos.


Despues de haberse asegurado de que nadie podia es-
cucharnos, detúvose ante una piedra, donde se sentó, y
obligándome á que ocupara u~ sitio á su lado, me dijo:


-¿Por qué se alej a V.'?
-Porque aquí me ahogo, señora; porque el aire que


aquí se respira me asesina, porque yo no puedo continuar
viviendo en este estado.


-¿Es decir, que está V. resuelto?
-Muriera aquí de desesperacion, y ya que debo· morir


quiero hacerlo siendo útil en algo á la causa que defiendo.
-¡Morir! es que yo no quiero que V. muera, repljcó


Angela con voz temblorosa y fijando en los mios sus her-
.


mosos oJos.
. Lo que pasó por mí en aquel momento no me seria fáeil


esplicarlo.
Tenia resuelto callar y no supe cumplir mi propósito.




54 LA SOBERANIA


131 entusiasmo de que mi corazon se hallaba poseido, subió
hasta los lábios y desbordándose hizo público cuanto en él
se encerraba.


Treinta y seis años tenia y no habia amado aun á otra
mujer mas que á mi madre.


Por eso el amor de Angela compensó en un . instante
t()do aquel tiempo que yo habia estado ciego, mudo mi co-
razon y sin comprender la sublimidad de aquel noble sen-
timiento.


Brotó en un instante, se desarrolló en breves minutos,
creció en horas y un día fué bastante para avasallarme por
eompleto.


Angela sentia de igual manera que yo.
Tambien el amor en ella germinó instantáneamente


haciéndose dueño de su albedrío.
La confesion del mio se la hicieron mis labios.
La de su correspondencia me la hicieron sus miradas y


sobre todo su fina y torneada mano que vino á posarse en-
tre las mias y una furtiva lágrima de inefable dicha que
se desprendió de sus párpados.


XIV.


Un mes de inmensa felicidad trascurrió bien rápida-
men te para mí.


Al cabo de él, una nube vino á empañar el hermoso
cielo de nuestra ventura.


El padre de Angela regresaba á su quinta. Su e!.lpedi-
cion se habia prolongado mas de lo reJular Y volvia ansioso
de abrazar á su hija.


La dicha habia desaparecido para nosotros.




NACIONAL. 55
-¿Y qué hacemos ahora'? me preguntó Angela comple-


tamente trastornada.
-Mañana lo sabrás, la contesté.
Al día siguiente hice llegar á malios de D. Eugenio


una carta, en la cual le decia que amaba á su hija, que mi
amor era correspondido y que le pedía su mano.


La firmé con el mismo nombre de Abelino Gutierrez,
con que me habia presentado en su casa, no atreviéndome
á revelarle el mio verdadero por temor á una imprudencia
de cualquiera de sus criados, la cual podria muy bien com-
prometer la casa.


En mí no pensé, como no he pensado jamás, ni aun en
los mayores momentos del peligro.


La contestacion no se hizo esperar.
Don Eugenio me decia, aunque con formas muy corte-


ses, que. si no habia podido consentir que un mason per-
maneciese bajo el techo de su casa, faltando hasta á las mas
sagradas leyes de la hospitalidad, menos podia consentir
en entregarle la mano de su hija.


De nuevo volví á suplicarle, haciéndole presente todo
lo absurdo de su oposicion y de su negativa.


De nuevo tambien volvió á darme una negativa, aun
mas .seca que la primera.


A todo esto, Angela no hab!a vuelto á aparecer }?or casa
de Orosia. Supuse que su padre lo habria impedido, nó por-
que so~pechase que yo estuviese en la de aquella buena
mujer, sino por evitar el que su hija se encontrase con-
migo.


Supliqué á la mujer de Roque que fuese á casa de don
Eugenio á ver si podia adquirir alguna~ noticias, pero no
pudo ver á Angela.




56 LA SOBERANIA
Pasé otro dia sin verla, y mi incertidumbre y mi des-


esperacion iban en aumento.
El cuarto fué horrible para mí.
-¿,Qué habia sucedido en aquella casa~
Habia ya cerrado la noche hacía tiempo.
Todos estaban recogidos en la cabaña, cuando de repen-


te oí que llamaban á la puerta.
Mi corazon latió con violencia.
No sé porqué, me figuré que debían traerme noticias de


Angela.
Orosia se vistió con precipitacion y corrió á la puerta.


Una esclamacion de sorpresa llegó hasta mi oido.
Abandoné precipitadamente mi eseondite y salí á la


habitacion.
Allí estaba Angela.
Mi sorpresa fué tan grande como mi alegría.
Sin embargo, al observar la tristeza que aparecia en sus


ojos, al ver la palidez de su rostro, al recobrar la razon su
imperio y comprender lo intempestivo de aquella hora, no
pude menos de estremecerme, diciendo:


-jAngela mia! ¿Qué quiere decir esto~ tQué ha pasado
en tu casa?


-Nada me preguntes ahora: Orosia, tú conoces todos
los pasos hasta la frontera tambien como tu marido. Dis-
ponte á servirnos de guia.


-¡Cómo! ... esclamó sorprendida Orosia.
-Acabo de abandonar la casa de mi padre, para seguir


á mi esposo.
Yo dí un grito de alegría, y abrí mis brazos para estre-


char entre ellos á aquella mujer tan querida.
Pero ella me contuvo, diciéndome:
-Todavía no soy tu esposa.




NAClONAL. 57


xv.


Nada quise preguntar; nada mas supe por entonces.
Ol'osia habia despertado á su hijo.
Ambos estuvieron dispuestos en breves momentos.
Ni la madre, ni el hijo, dijeron una palabra.
Estaban acostumbrados á obedecer las órdenes de la jó-


velJ., porque sabian que todo cuanto disponia, era digno y
honrado.


El paso que Angela daba en aquellos momentos lo
creían justificado, por razones que, nila una, ni el otro,juz-
ga ban prudente preguntar.


Inmediatamente emprendimos la marcha.
Ol'osia conocia perfectamente el terreno que atravesá-·


bamos ..
Comenzaba á amanecer, cuando habíamos pasado ya la


frontera.
Entonces, Ángela, al despedirse de Orosia, la dijo:
"-V uel ve á tu casa y te ruego que jamás sepa mi padre


que me has acompañado y servido.
- ¿ Pero no vol verá V. señorita'?
--lVlucho tardaré, si es que vuelvo.
-¿Pero qué ha sucedido'? dige yo.
-Lo que debíamos esperar, conociendo el inflexible


caráctel,' de mi padre: lleva su rencor á todo lo que se roce
con la masonería á un estremo tal, que raya en exagera-
cion. Tus cartas le irritaron y mi confesion franca y digna
no consiguió mas que aumentar su disgusto. Traté de salir
y se opuso; procuré convencerle con mis ruegos y solo con-
seguí aumentar su cólera. Entonces y habiendo agotado ya




58 LA SOBERANU.
todo género de persuasiones, tomé la resolucion de aban-
donar el paterno hogar para seguir al esposo que mi corazon
ha elegido. Esto es lo que ha ocurrido; réstame decirte que
la espedicion que mi padre ha hecho estos dias pasados,
fué únicamente para ocuparse de mi matrimonio con un
caballero de Zaragoza, amigo suyo, á quien apena~ conoz-
co y á quien nunca podria amar. Esta es otra de las razo-


,


nes que mas han infl uido en mi resol ucion.
-Bien ha hecho V., señorita, repuso Orosia; antes que


ser mala esposa y sacrificarse, sacrificando tambien al hom·
bre que se uniera á V., es preferible el paso que ha dado.


-Dentro de breves días nos casaremos, dige yo, y tu
honor quedará cubierto.


Orosia y su hijo regresaron á su cabaña.
Ángela y yo nos detu vimos en la primera poblacion


francesa que encontramos y tres dias despues era mi esposa.
- Entonces escribimos ambos una carta á don Eugenio,


enviándole copia de la certificacion de nuestro enlace.
Don Eugenio no nos contestó. _
Ángela me esplicó las causas del ódio q1A.e su padre sen-


tia hácia los masones.
y comprendí que tenía razon.


XVI.


Desde aquel momento me ocupé con tenaz empeño en
rebabilitarle ante nuestra asociacion, yen procurar que es-
ta le diera todas las satisfacciones á que tenia derecho.


Recordé muchos de los papeles que yo habia salvado de
, .


la lógia, á que pertenecia en Madrid.
Don Eugenio habia ocultado su verdadero nombre al


l'egresar al valle.




',-


NACIONAL. 59
Sus criados y sus amigos llamábanle entonces así, mas


no era este su nombre verdadero.
Apenas Ángpla me 10 dijo, recordé que efectivamente


le habia visto escrito en algunos de aquellos importantes
documentos.


Arriesgando mi vida y acompañado de mi esposa volví
á Madrid.


Recogí todos aquellos papeles, hice cuantas diligencias
me fueron posibles y regresé de nuevo á Franci~.


Mas tarde, ante el Gran Oriente, tomé la defensa del
l)adre de mi esposa.


El mas feliz éxito coronó mis esfuerzos.
Don Eugenio quedó brillantemente rehabilitado.
Mas tarde, una comision de tres individuos, por man-


dato del Gran Oriente, se dirigia al caserío del valle á de-
vol ver á don Eugenio todos los honores y todas las digni-
dades que le habian sido arrebatadas.


D. EugenioDo supo jamás quien habia hecho tal milagro.
Ángela escribió á su padre y no tuvo contestacion.
Desde aquel momento consagróse por completo á la


causa que yo defendia, al amor que me proresaba y al
cuidado de la hija con que mas tarde bendijo el cielo
nuestra union.


:i\1uchosde mis hermanos de lógia, deben recordar, en
Paris y en Lóndres, una mano misteriosa que les socorría
durant~ su emigracion.


Aquella mano era la de Angela.
y sin embargo, mi desdichada esposa llevaba la muer-


te en el corazon.
El despego de su padre, llevado hasta el estremo mas


absurdo, la e,ausaba un dolor horrible. . :',
TOllO J. 1,




62 lA SOBhRANÍA.
Fui otra vez perseguido y. ya mis débiles fuerzas no


pudieron soportar el peso de tantos infortunios.
Conozco que Angela me llama á su lado.
Pero antes de morir, pues preveo que mi fin está muy


próximo, escribo estas páginas que llegarán á ser el acta
de reconocimiento de mi hija por parte de su abuelo.


Además, mis hermanos de logia deben velar por aque-
lla que fué tantas veces su providencia.


A unos y á otros se la encomiendo.
Cuando estas líneas sean leidas, yo habré dejado ya de


existir.
Su abuelo lo es D. Francisco de Rojas, nuestro 'Generable.
Mi postrera súplica es que abra sus brazos, no á la hija


del hermano Antonio Martinez, qua le rehabilitó ante el
Gran Oriente, sino.á la de Angela cuyas últimas palabras.
al espirar fueron para su padre.


Todo por ella, nada por mí.
Hermanos mios, velad por mi hija.
Venerable amigo, abrid los brazos á vuestra nieta.


XIX.


Felipe dejó de leer, y vivamente impresionado depositó
sobre la mesa el manuscrito.


Rato hacía que todas las miradas se hallaban fijas en el
veneraóle.


Los ojos de éste llenos de lágrimas, los sollozos que de vez
en· cuando se exalaban de su pecho, duraI~.te la lectura del
manuscrito habian revelado á todos los hermanos, aun an-
tes de la conclusion del mismo, quien era el padre de An ~
gela.




~ACIO~AL. 63


Cuando Felipe hubo terminado, el noble anciano con
acento tembloroso, efecto de la emocion que sentía, dijo:


-Hermanos mios, en vuestra presencia debo declarar
que cuanto ese manuscrito dice es exactísimo.


Yo, efectivamente, era el que habitaba en el valle de
Hecho: mi hija la que abandonó el paterno hogar huyendo
de él:por mi incalificable obcecacion. Reconozco á mi nieta
y no siento mas,. en estos momentos que, no haber conocido
á tiempo á su honrado y dignísimo padre.


-y nosotros á nuestra vez, repuso don Juan levantán-
dose de su asiento y en estremo conmovido, juramos am-
parar y proteger á la hij a de nuestro hermano, si la desgra.
cia hiciera que cual hoy ha quedado sin padre, quedára
mañana sin abuelo.


Momentos despues se disolvió la reunion dándose cita
para la semana siguiente, pues debia procdderse á la aper-
tura del segundo y mas voluminoso legajo, que les habia
sido legado por el difunto don Antonio.


El ,:enerable, Felipe y don Juan se dirigieron á la casa
de este último, para que el primero abrazase á su nieta,
quedando acordado que en la próxima reunion se daría co-
mienzo á la lectura de las memorias.




CAPITULO 1111


li'elipe. - Un recuerdo á la memoria de dos víctimas de la tiranía. - El Noy de
la Barraq ueta y Carvajal.


1.


. Han pasado dos dias de los sucesos anteriores.
Felipe se encuentra el café de Madrid discutiendo con


algunos amigos acerca de las inconveniencias de los go-
biernos anteriores y de las ventajas del actual sistema.


En uno de esos momentos en que el pueblo se muestra
impaciente é intranquilo, porque, naturalmente receloso
por las lecciones adquiridas por la esperiencia, teme le sea
arrebatado por cualquiera evolucion de la mayoria de la
Asamblea, eltriunfo conquistado.


Numerosos grupos pueblan la carrera de San Gerónimo
á cuya calle dá una d~ las puertas del café de Madrid.


Acaba de ocurrir un incidente que ha desagradado á
muchos, si bien á ciertos dislates y falta de juicio en esca-
sas individualidades y en momentos dados, no debe dárse-
les importancia ninguna, ni mucho menos servir de pre-
testo para esplotárlas en contra de todo un partido.


Uno de los grupos mas numerosos y lo que es peor ar-




LA SOBERANIA NACIONAL. 65
mados, se dirigian al congreso, promoviendo algun tumul-
to, á pedir al Gobierno la libertad de los presos republicanos.


El señor Figueras ,presidente del poder ejecutivo, al
tener noticia del prop6sito de aquellos, abandona el salon
y corre á su encuentro en la carrera de San Ger6nimo.


LOJ detiene, les habla con la energía y la severidad
que todos reconocen en tan esclarecido repúblico; les pro-
mete 10 que pedian, mas, significándoles terminantemente,
que tales resoluciones eran de la incumbencia del gobier-
no, pero de ninguna manera de grupos armados en son de
amenaza.


La mayoría de los que formaban el grupo compren-
diendo la justicia de los razonamientos del presidente,
aplaude y le victorea; pero unos cuantos, en número muy
escaso afortunadamente, y de esa gente que, aunque con
traje del pueblo, no pertenece por cierto á tan honrosa clase,
sino que por el contrario, el verdadero pueblo les rechaza;
unos pocos de esos individuos que vemos aparecer en todas
las revoluciones, de formas soeces y traza patibularia, de
esos que nadie conoce, ni nadie sabe de donde vienen ni á
donde van) sin embargo de que ambas cosas son de presu-
mir, se atrevieron, faltando á todas las consideraciones y
todos los respetos que son debidos al ilustre patricio, al
jefe del gobierno republican{), elevado por la vctacion ds
la asamblea, á mostrarle un gorro frigio, esclamando: (\Que
se lo ponga.»


El venerable, el pundonoroso, el patriota señor Figue-
ras, rechazó con cierto enojo el emblema republicano qua
se le presentaba, lamentando sin duda en lo íntimo de su
alma, aquellos escesos y aquella falta de respeto y con voz
gra.-ve y entera re-plic6:




66 LA SOBERANIA
«No me lo pongo, ciudadanos, porque no lo necesita


quien, como yo, hace treinta años que lo lleva puesto.~)
Severa leccion y bien aplicado correctivo para los que,


faltando á todos los respetos, se permiten escederse, abu-
sando de las circunstancias.


Este era el tema de la animada, conversacion que sos-
tenian en la mesa del café de Madrid los amigos de Felipe,
entre los cuales los cuales los habia de distintas opiniones
y procedencias.


Uno de ellos, que por su manera de esplicarse debia
pertenecer al antiguo partido moderado, segun pretendia
probar las escelencias de aquellos tiempos de órden y de
paz que ya desaparecieron, y Dios quiera que para no vol-
ver jamás, se desataba en injurias y en. improperios contra
el actual órden de cosas, comentando á su antojo los acon-
tecimientos de Málaga, Córdova y Orihuela, dando propor-
ciones de que carecian á los escesos cometidos por la turba
de merodeadores que se permitieron penetrar en la Casa de
Campo y en el Pardo, con objeto de matar un centenar de
conejos ó llevarse algunas leñas muertas.


Empeñábase en achacar y hacer responsable de seme-
jantes aislados desmanes l todo el partido y á los hombres
que hoy regian los destinos de la nacion, sin considerar
que aquellos escesos fueron instantáneamente reprimidos
por \os voluntarios de la república, y sus principales auto-
res entregados á los tribunales, por esos mismos volunta-
rios que desde los primeros momentos de alarma se ofre-
cieron á velar por la tranquilidad pública y que lo mismo
en Madrid, que en Barcelona, g11e entoda España, han cum-
plido tan dignamente su empeño, siendo los primeros á
evitar toda perturbacion. -'




NACÍONAL. 67


Felipe, indignado ya de oir tanto desatino, y no pudien-
do contenerse tomó ardorosamente la defensa del partido á
que pertenecia, probando que en el cambio esencialmente
republicano á que ha dado lugar la abdicacion repentina
de D. Amadeo, para honra nuestra y admiracion del mundo
la sensatez de los primeros momentos no se ha desmentido
despues por ningun esceso de carácter general y grave y
que era muy estraño que su amigo, inspirado ciegamente
por la pasion, se permitiera espresarse en semejantes tér-
minos, cuando hasta la prensa de todos los matices prodi-
gaba unánimes aplausos al espíritu de prudencia y de cor-
dura que ha presidido á la caida de la Monarquía demo-
crática y al inesperado advenimiento de la república.


Lo que mas ofenbió á Felipe, fué oir en los labios de su
amigo la apología encomiástica de la feroz domin~cion de
Narvaez y Gonzolez Brabo, pintándola con tan bellos colo-
res y como la época de mas paz J mas sosiego y bienestar
que hemos conocido.


N o se podia lanzar al rostro de un liberal un sarcasmo
mas sangriento.


Pocas épocas registra la historia de mayor opresion, de
mas inauditos atropellos, de f mas irritante tiranía que la
del año 66, postrimerías del reinado de doña Isabel 11, sien-
do presidente del Consejo D. Ramon María Narvaez, de in-
fausta memoria y de la Gobernacion del reino D. Luis
Gonzal~s' Brabo, el antiguo redactor de El Guirigay, el
transfuga del bando liberal, convertido en ~l azote, elláti-
go mas cruel de sus antiguos hermanos.


De los ocho individuos, dijo, que por aquel entonces for-
maban el ministerio y que firmaron el célebre decreto de
26 de julio, declarando la nacion en estado de sitio y que


'101110 J. 18




68 LA SOBERANIA
pusieron en manos de la autoridad militar lo espada de la
justicia, autorizando el Consejo de guerra para dictar en
breves horas cualquiera sentencia, llevando el terror y la
desolacion á todo el país, seis han dej ado ya de ser, ó lo
que es lo mismo,pagaron ya su tributo á la tierra.


Si Dios es justo debe haberlos juzgado bien severa-
mente.


¡Cómo usar de su infinita misericordia con hombres que
hicieron derramar tantas lágrimas y tanta sangre generosa!


Gonzalez Brabo, como ministro de la Gobernacion (1),
llevó la persecucion á un grado inconcebible.


Era el desafuero, el atropello y la arbitrariedad llevada
á pabo con el cinismo y la mas irritante audacia.


Baste con decir que se quiso prender hasta los muertos.
El· gobernador de Barcelona pidió una lista de los til-


dados por sus opiniones políticas, ó lo que es lo mismo, de
los liberales de ideas mas avanzadas y se le dijo que debia
obrar en la seccion de policía del gobierno civil.


En efecto, se buscó y se halló.
En tregóse á un comisario con la órden de prender á


todos los que la lista contenia.
Algunos de ellos habian 'fallecido; otros se hallaban


avecindados en distintas provincias.
Se prendió á todos menos á los ausentes y á los muertos;


pero como faltando estos la cuenta no salia, se buscó quien
tuviera·.el mismo nombre, y por el solo delito del homóni-
mo, se le prendió así mismo.


La lista se habia confeccionado el año cuarenta y
nueve.


{1) Altadill.~Ultimo Borbon.




NACIONAL. 69
En ese acto, lo estúpido corre parejas con lo brutal, y


lo arbitrario con lo ridículo.
Felipe rebatió cuantos argumentos habia presentado su


amigo en pró de sus ideas.
Hizo á grandes rasgos la verdadera apología de aquel


gobierno sanguinario y cruel: sus atropellos, sus persecu-
ciones, sus asesinatos y como una irrecusable prueba de lo
feroces que fueron estos por aquella época, hizo alusion al
de un amigo suyo, el de Vícente Martí, cuyo desastroso fin
aun lloran sus amigos de toda España.


Varios de los amigos de Felipe, que rodeaban la mesa
y que no conocian los verdaderos detalles de tan inaudito
crímen, le suplicaron que los refiriera.


Felipe no se hizo de rogar, pero haciendo sin embargo
la salvedad de que no iba á hablar por inspiracion propia,
sino en vista de los antecedentes recojidos y publicados ya
por su querido amigo y correligionario Altadill, que tam-
bien se habia honrado con la amistad de aquel mártir, co-
nocido por el N oy de la Barraqueta.


Todo el mundo le prestó religiosa atencion y Felipe dió
comienzo en estos términos á tan conmovedor como dra-
má tico episodio.


Nacido Vicente Martí en el año 1830 y en la villa de
J\fartorell, contaba treinta y seis años de edad cuando los
sicarios del moderantismo cortaron el hilo de una vida con-
sagrada toda á la patria.


Muy jóven aun perdió Martí á su padre, que, al morir,
legó una fortuna de cincuenta mil duros.




70 LA. SOBERANIA


El nombre de lvoy de la Barraqueta se lo dió el pueblo,
tomándolo del meson de su padre, que se llamaba la Bar-
raqueta.


Defsde sus primeros años, Mentí, que estaba dotado de
una constitucion física privilegiada, porque era robusto,
bien formado y hermoso, se sintió inclinado á las i~eas li-
berales, las mas en armonía con los sentimientos de un
corazon tan generoso y noble, como valeroso y fuerte.


Su instinto belicoso y el amor á la idea democrática,
perfectamente desarrollada en él á los diez y seis años, la
llevó en 1848 á unirse á la faccion republicana mandada
en las montañas de Cataluña por el generoso Baliarda, ase-
sinado posteriormente por los mozos de la escuadra de la
manera alevosa y traidora con que perpetró siempre aquel
cuerpo de verdugos sus sangrientos crímenes.


Vencidas á la sazon las partidas carlistas que recorrian
el antiguo Principado, sino por la pericia y el valor, por
el dinero que empleó en ello el general Concha', los repu-
blicanos, no pudiendo sostenerse por sí solo, se retiraron á
Francia en donde permaneció el Noy hasta 1853, regre-
sando á favor de un indulto que le libraba de la pena de
muerte pronunciada contra él por un consejo de guerra.


Desde entonces el Noy de la Barraqueta tomó una par-
te principalísima en cuantos trabajos y revoluciones se han
hecho hasta 1866 por dar la libertad á esta España, digna
de otros gobiernos yde otras instituciones, y lo hizo siem-
pre con pérdida de sus intereses y en exposicion constante
de la vida.


En 18 años que llevo de vida política, le oimos decir
en una ocasion, he pasado mas de doce escondido, entre
prisiones ó emigrado.




NACIONAL. 71
Los sucesos de Junio de 1866 abligaron al Noy, como á


otras personas en ellos comprometidas, á esconderse 'á las
iras del gobierno.


Con el advenimiento al poder de Narvaez, sustituyó al
general Cotoner, unionista, el moderado Gasset, en el man-
do militar de Cataluña.


Gasset la quiso hechar de paisano y tolerante con los
catalanes, y publicó una alocucion de la que importa transo
cribir algunos párráfos porque en ellos está el orígen del
sangriento drama que sucedió mas tarde.


({Traigo mision de paz, decia el capitan general á los
catalanes, y mi deber es ser útil á mi pais, ya que la suer·
te me ha conducido á él; las circunstancias· son difilícimas
p,ara todos, pero todos me ayudarán á vencer las que de-
ploramos .


. » Sin el órden material, base de toda sociedad culta, na·
da puede hacerse: desechad, nobles catalanes, las hala-
güeñas frases de la revolucion, ofreciendo siempre lo que
jamás cumple.


» Las condiciones del ciudadano no se cambian ni se
mejoran sino con el trabajo, la moralidad y el respeto á la
ley. Toda propiedad adquirida por la revolucion es un crÍ-
men, y los crímenes rara vez quedan sin castigo en la
tierra.


]) Reasumidas en mí todas las atribuciones de la autoridad
por el estado escepcioual en que se encuentra el distrito,
mi deber es velar por todos, enjugar lágrimas, devolver al
pais la confianza que tanto necesita para mantener la tran·
quilidad á toda costa; que el hogar doméstico sea el refu-
gio de la familia, lugar sagrado donde el cariño de todos
hace conllevar los males que Dios en su alta sabiduria




72 LA SOBERANIA


envia á los pueblos para poner á prueba sus virtudes.
) Mis queridos compatriotas: escuchad la voz de un hon-


rado soldado, siempre leal á su reina, que ha servido á su
patria en medio de vosotros defendiendo lo que todos he-
mos defendido, el trono de S. ~I. la reina doña Isabel II y
las instituciones que nos rigen.


» Acercaos á mí, no tengais reparo en ello, nunca me
encontraré mejor que entre vosotros, haciéndome conocer
vuestras necesídades, y feliz yo si, en nombre de S. M. y
de su gobierno, pudo contribuir á reparar vuestras desgra-
. Clas.


«Tened tambien entendido que pesa sobre mí la sagrada
obligacion de sostener el órden material, que este se sos-
tendrá y sin contemplacion de ningun género, única y
verdadera garantía de un país culto: esta promesa que á
favor de buen español os doy, debe llevar la tranquilidad
á todos y apercibir á los revolucionarios de oficio, de lo
que deben esperar de mi au.toridad; me sobran medíos para
ello, y al asegurarlo así, lo hago con toda la sinceridad de
mi carácter y de los deberes que pesan sobre mí, al defen-
der los sagrados intereses confiados por el momento á la
autoridad de vuestro paisano y capitan general-MANuEL
GASET.»


U na larga esperiencia ha bia demostr:A.do que era locura
fiar en las palabras de tolerancia y conciliacion de los mo-
derados; pero con tal carácter de sinceridad revistió las
suyas el general Gaset, que su alocucion fué recibida con
general aplauso, haciendo nacer la lisongera esperanza de
un período de seguridad para todos los que no perturbaran
el órden material.


El Noy de la Barraqueta, que s(hallaba escondido, leyó




~ . .;CIONAL. 73


la alocucion y creyó que podria aprovecharse. de las ga-
rantías en ella ofrecidas, ct)rrespondiendo él por su parte á
la conducta del general, dándole palabra de honor de no
hacer cosa contraria á la situacion, mientras permaneciese
en su casa de Martorell, si le permi tian regresar á ella.


Con esta comision y en nombre del Noy, presentáronse
dos amigos suyos al Capitan general.


Martí necesitaba ocuparse por algun tiempo en el ar-
reglo de sus intereses, harto descuidados y grandemente
perjudicados con el abandono de tantos años.


Estaba ya casado, por cierto con una señora modelo de
esposas, ejemplo de virtud6s y dechado de discrecion y
prudencia; tenia hijos y hubo de pensar "sériamente en sus
intereses, para dejar á lo menos á su familia á cubierto de
la pobreza, si los acontecimientos desgraciados le arreba-
taban al fin por completo á su cariño.


Los amigos del Noy intentaron disuadirle de su idea,
no fiand9 en las promesas que pudiera hacer el General.


-¿Quereis privarme, les dijo Martí, del gozo de pasar
unos dias al lado de mí familia y sobre todo de arreglar
mis intereses? Es este, hoy, un deber sagrado para mí y á
toda costa he de cumplir con él. Yo no quiero estar en mi
casa mas de quince dias; con ese .espacio de tiempo tengo
bastante. Despues, me marcharé al estrangero; doy mi pa-
labra de honor, de que mi permanencia en España no dará
un dia ma,s, recelo alguno al gobierno.


-Créeme, Noy, replicó uno de sus amigos, vete ahora
mismo al estrangero; no debes fiar en esa gente, porque te
darán su palabra y te matarán como un perro.


El Noy insistió y no hubo mas remedio que compla-
cerle.




74 LA. SOBERA.NÍA


El capitan general dijo á sus amigos que se tomaba
breve tiempo para consultar con el gobernador civil y el
comandante de mozos de la escuadra, á fin de saber hasta
que punto podia comprometer el órden, conceder lo que pe-
dia á una persona como Martí.


Vol vió á los pocos días la comision y Gaset d~j o á uno
de sus dos individuos, José Anselmo CJave:-Puede V. dar
al Noy toda clase de seguridades de que no se le molestará
en lo mas mínimo por lo pasado. Vuelva tranquilo al seno
de su familia y descanse en mi palabra de honor de que
como no me perturbe el órden, de hoy en adelante, nada
desagradable ha de sucederle. Hágame V. el favor de tras-
mitir estas mismas disposiciones á su hermano de V. (An-
tonio Clavé) á R. Targarona y demás comprendidos en los
sucesos de Junio. Que vivan tranquilos que á nadie se mo~
lestará por lo pasado.


Tales fueron las palabra9 y la seguridad que dió el ca-
pitan general, lo que se comunicó al Noy, insi~tiendo to-
davía sus amigos en que no se fiase en la garantía y en
que se marchara al estranjero.


Esto sucedió el 25 de Junio.
El Noy volvió al seno de su familia.
Pocos dias despues se encontró con uno de sus amigos


en una calle de Barcelona, y al darle la mano, lo llevó el
Noy á una escalerilla y allí le dijo:-Esto es insufrible!. ..
no puedo verme libre de espías; esa gente me sigue á todas
partes!... ~


En aquel instante pasaron por delante de la puerta dos
ó tres esbirros disfrazados.


-Temo que me jueguen una mala pasada, añadió. He
visto hoy á Gaset acompañado de un amigo mio, y lo que




NACIONAL. 75
este me ha dicho, despues no r:ne gusta. Segun él, una
simple denuncia, de un guardia ó de un polizonte, 'basta:ria
para llevarme á Fernando pó.


¿Cómo se concibe semejante modo de espresarse en el
capitan general despues de lo que habia dicho y prometido
en su alocucion y de lo ofrecido bajo palabra de honor?


Solo en el caso de que el Noy turbara el órden material
podia haber motivo justificado para proceder contra él.


y de la palabra del Noyy esto es, de que Gaset se es-
presó luego en sus términos no cabe duda.


Entre las buenas cualidades, y eran muchas, que ador-
naban á Martí, se hallaba la de no faltar nunca á la verdad.


Cuantos le tratamos íntimamente sabemos que desco-
llaba esta entre sus bellas prendas morales.


El amigo halló en el presentimiento de Martí qn nuevo
motivo para insistir mas vivamente en que lo aba,ndonara
todo, y se sustragera cuanto antes á una celada infame de
los esbirros del gobierno.


-No puede ser, replicó el Noy, me faltan ocho dias
para dejar terminados los asuntos de mi casa y familia.
Que me dejen este corto espacio de tiempo y me basta.


-No te dejarán.
-Pues antes no puedo abandonar mi casa.
y el Noy volvió á Martorell.
Llegó el dia 10 de Agosto. A la caida de la tarde se pre-


sentaron en Martorell cuatro mozos de la escuadra con un
cabo.


Su visita infundi ó en al~unos la sospecha de una prision.
Prision en Martorell estando Martí en el pueblo, no po:-


dia ser mas que la suya. Así lo presintieron instantánea-
mente varios de S'J.S amigos.


TOMO 1,




76 LA SOlIERANIA
Uno de estos corrió en su busca, pues se hallaba en


aqueJlo's' momentos fuera de su casa, y le avisó del peligro.
-¿A qué han de venir por mí'? ¿Qué he hecho yo estos


dias? nada, absolutamente Dad*" que pueda dar ni aun pre-
testo á mi prision .


. En efecto, los que fuímos sus amigos, sabemos· y' afir-
mamos qu~ Martí, desde que le fué concedido el permiso
por el capitan general, no s~ ocupó en otra cosa que de los
asuntos de su casa y familia.


Los mozos se dirigieron de la estacion del ferro-carril á
la calle donde vivia el Noy; se sentaron en el umbral de
la casa cuartel de la guardia civil, situado frente por fren-
te de la que Martí habitaba.


No podía caber duda de que se pusieron en acecho.
Apesar de esto, el Noy que se sentia sin culpa, no daba.


completo crédito á lo que era evidente para sus amigos.
-Pronto lo veremos, dijo: vamos á casa.
-¿Oómo'? ¿te vas á esponer'? ...
-No me espongo. Vaya delante uno de vosotros y deje


abierta la puerta de atrás: yo iré luego, entraré en mi casa
por la principal y si los mozos penetran tras de mí; me eva-
diré por la trasera; si, viéndome, no se mueven, prueba
será de que os habeis equivocado yescuso el recelo en que
constantemente me tendria la incertidumbre.


Así se bizo.
Marchó delante uno de los que le acompañ~ban; egecutó


lo convenido y á poco se dirigió el Noy tranquilamente á
su casa, acompañatlo de Mariano R., uno de los mas fieles
y leales amigos.


Ya amanecia.
El Noy y R., penetraron en la casa. y aq nel se dirigió




NACIONAL. '77


á la puerta trasera, en aguardo, y atento á lo que suce-
diese.


Dos minutos despues los mozos entraron en la vivienda
de Martí; cogieron á R. del brazo y le preguntaron:


-¿Dónde está el Noy?
Iba R. á responder, cuando de improviso se. presentó


Martí diciendo: ~
-¿Qué quereis? Aquí está el Noy.
Su amigo quedó estupefacto.
Nadie ha podido aun esplicarse, ni darsecuentá de esta


imprudencia ue Martí.
La salida por la puerta falsa estaba franca y por nadie


vigilada, y no se comprende cómo el Noy no quiso huir y
sí entregarse como lo hizo.


-DéseV. preso, profirió el cabo de lo~ mozos.
-Preso quedo, replicó Martí con estraordinaria calma


y serenidad.
- Venga V., pues, con nosotros.
-Permítame V. que tome antes algun dinero ...
El N oy, con el permiso del cabo, se dirigió al comedor


á donde le siguieron los cuatro mozos; tomó del cajon de
una mesa veinte piezas de oro de cinco duros y siguió á
los mozos á la estacion del ferro-carril.


Su amigo R. le acompañaba á poca distancia.
El tren ya habia partido.
Los, mozos propusieron tomar un carruaje para ir á Bar-


celona. El Noy y R., movidos por el mismo súbito y natu-'
ral temor, replicaron á un tiempo:


-Eso no puede ser.
-¿Por qué? dijo el cabo.
- Porq ue no tengo confianza para ir solo con mozos :de




LA SOBERANÍA


la escuadra, mucho' menos de noche y por una carretera
solitaria, contestó el Noy sin rodeos .
. ¡ . Los mozos no replicaron una palabra.


Los 'crímenes cometidos por aquella gente con los presos
políticos, eran de todos bien conocidos, y autorizaban á Mar-
tí áespresarse éoh tan ruda franqueza.


-- Entonces, dijo el cabo, pasaremos la noche en el
cuartel de la Guardia civil y saldremos mañana en el pri-
mer tren .
. . ''Se de8tinó en su consecuencia una sala de la casa cuar-
tel para prision del Noy, quedando con él dos mozos como
centinelas de vista.
'. R., que no le abandonó un momento, fué á buscar la


cena para su amigo.
El hermano de Martí encontró á R. Y le dijo:


. -Acabamos de reunirnos algunos amigos y hemos re-
suelto libertar al N oy.


-¿Cómo? esclamó su amigo.
-De cualquier manera y á toda costa, replicó el her-


inano c~n energía.
: El hermano de Martí tenia de éste la valentía y el ar-


rojo, y además, le queri,a entrañablemente. Oon pocos
amigos contaba para tan árdua como arriesgada empresa,
porque no quiso que fuera grande el numero, pero aquellos
eran escojidos entre los mejores de los muchos buenos de
Martorell.


; 'R., dij o al hermano del N oy, que éste seria llevado al
dia siguiente á la estacion para salir en el primer tren.


-Perfectamente, respondió éste, entonces yo estaré
apostado con mis amigos en una casa del tránsito, y, al
pasar~ le salvaremos. Oomunícaselo así á mi hermano.




NACIONAL. '79


-¿Pero estais decididos'?
-¿Y tú me lo preguntas'? Decididos á todo.
R. ya no dijo una palabra mas, y se encaminó con la


cena á la prision.
Difícil era, sino imposible, dar á entender nada á Martí


delante de los mozos sin que estos se apercibie.ran.
Durante la cena fué completamente inútil el deseo de


R.; los mozos no los perdian un momento de vista; solo al-
canzó á significar á su amigo con una espresiya mirada que
tenia absoluta necesidad de hablarle.


Poco despues de haber cenado el N oy dijo:
-¿ y cómo dormimos esta noche'?
-Se puede hechar un colchon en esa alcoba, replicó R.
El cabo de mozos hizo con la cabeza una señal de


asentimiento.
-¿Te quedas tú conmigo'? preguntó el Noy sencilla-


mente á R.
-Sí, me quedaré, respondió éste en el mismo tono.
La sala era reducida ..
De la mesa donde se habia cenado y junto á la cual se


!labian sentado los dos mozos, á la alcoba, mediaba muy
corto trecho.


Martí y R. comprendieron que los mozos no se move-
rian de allí en toda la noche.


El Noy, al recojerse, notando que la luz daba de lleno
en la alcoba y que los mozos podrian, sino oirles, ver como
hablaban en secreto, dijo á R.:


-Haz el favor de poner la luz en otro sitio, porque me
incomoda para dormir.


R. trasladó el velon al otro estremo de la sala y fué á
tenderse en el colchon que habían echado en el suelo.




80 LA SOBERANIA
Acerc6se al Noy, y aplicando los labios á su oido, le


dijo en voz casi imperceptible lo que su hermano y sus
amigos intentaban.


Luego de haber hablado R. separ6 un poco la cabeza y
qued6 en disposicion de oir.


El Noy hizo á su vez lo mismo que aquel, y dijo:
-Que vayan á apostarse en la casa de la esquina inme-


diata á la estacion y cuando vean que yo me quito el som-
brero pueden, lanzarse. Mientras yo no haga esta señal,
cuidado con que ninguno se' mueva. Darás esta 6rden á mi
hermano.


Al amanecer sali6 R. á desempeñar su cometido.
El Noy se levantó tambien y notó un malestar general


en todo su cuerpo.
Sin duda la cena no le habia sentado bien.
R. dijo adenlás al hermano de Martí:
-Me ha parecido observar que, al verme salir, el cabo


de mozos ha mudado de repente la conversacion que en voz
baja tenia con dos de los suyos; juraria que algo sospechan
y creo conveniente que se le haga saber al Noy.


El hermano de éste tuvo ocasion y medio de hacerle
decir que estuviese muy prevenido y que la gente estaria
dispuesta en el punto señalado.


A las ocho sacaron los mozos al preso y se encaminaron
á la estacion.


N o es posible describir la ansiedad del hermano de
Martí y de sus amigos, con él apostados. El primero se ha-
llaba en el umbral de la casa, los demás detrás de la puerta
y preparados: eran cinco que valian por veinte.


Al ver penetrar al Noy en la calle, su hermano clavó
en él sus anhelantes ojos, esperando la señal convenida.




~ACIONAL. 81


Pero Martí pasó por delante de la casa, miró tranquila-
men te á su hermano y ni ademan hizo de llevar la mano


1\-


al sombrero.
El Xien, que así llaman en el pueblo al hermano de


Martí, quedó como atontado.
Los mozos con el preso penetraron en la estaciono
Los amigos que se hallaban apostados preguntaron al


Xich:
- ¡Qué! ¿ha pasado?
-Sí, respondió aquel con desaliento.


k -¿Y qué ha hecho?
-Nada.
-¡Oh! ¿qué quiere decir esto'? esclamaron sus amig.os


en el colmo del mayor asombro.
- Ni lo sé, ni puedo esplicármelo. No os movais, yo voy


á verle y vuelvo enseguida.
Ei Xich penetró en la estacion y fué á dar la mano y


abrazar á su hermano.
Cuando lo tenia estrechado entre sus brazos, le dijo al


oido con voz rápida:
-¿Por qué no has echo la señal'?
-¿Cuántos sois?
-Cinco y yo seis.
N o podian permanecer abrazados los dos hermanos por


mayor esp~cio de tiempo sin despertar sospechas á los pers-
picaces mozos.


Al desprenderse de los brazos del Noy, el Xich le dijo:
-Pero qué hacemos?
El Noy le respondió en alta voz diciendo:
-Oye Xich, despacha á los trabajadores; diles que de-


jen las herramientas y se vayan, pues las cosas que no veo




82 LA SOBERA:NIA
y dirijo por Ini mism.o no tengo confianza en que ~algan
bien.


Traducimos literalmente dal catalan sus propias pala-
bras.


El Noy hacia á la sazon obras en una casa de su pro-
piedad.


El hermano, aunque descontento, salió de la estacion
resignado á cumplir la órden y á comunicarla á sus amigos.


Pero éstos, léjos de obedecerla, se enfurecieron, mani·-
festando que de todas suertes llevarian adelante su propósito.


Hemos dicho antes que Martí se sentia indispuesto. De
caJa momento su· malestar se aumentaba.


Sin duda la mala disposicion física influyó en la parte
moral, cortando los vuelos á su ánimo, tan fuerte siempre y
arrojado, y por esto hizo desistir á sus amigos de la em-
presa.


Pero ellos, repetimos, no se conformaron á dejarle en
manos del gobierno temiendo sériamente por su suerte.


En vano el Xich hizo esfuerzos para disuadirles.
Viendo que toda razon era inútil y que iban á ejecutar


su intento, entre abandonarles en el, lo cual era imposible,
y seguirles, se puso á su cabeza y puñal en mano se lanzó
á la estaciono


En ella habia además de los mozos, once guardias civi-
les armados.


El número de viaj eros no era escaso y habia mucha
gente en la sala de espera. ~


Al penetrar en ellá el Xich seguido de sus cinco va .
lientes camaradas, uno de estos disparó el trabuco al aire.


A la detonacion se apoderó de todos un pánico general
indescriptible.




NAC1PNAL. 83
Los mozos se acurrucaron. e.span~ados; 'los ciyiles se'


-eclipsaron entre las faldas de las mujer~s y por d~baJo ~e
los bancos.


El Noy quedó frio, helado como 'una estátua de már~oL
~ En, aquellos momentos s~s amigos y sp. hermano hu-
bieran podido acabar sin resistencia alguna con la vida de
los mozos y civiles.
N~ lo pensaron ni lo quisieron.
Uno de ellos se dirige al Noy y le dice:
- ¡Qué haces! ¡Huye!
Pero el Noy quiere andar y no puede.
Es empujado por uno de sus salvadores hácia la puer.ta


'que comunica con la vía, y con gran trabajo emp~ende la
fuga por la vía misma.


Los mozos y civiles empiezan á reponerse.
El Xich y sus camaradas luchan á brazo partido con'


·ellos.
La lucha es corta, la confasion aumenta;. al volvér en s1


del susto las personas al1 í reunidas,'"y á favor de esa misma.
eonfusion, escapan el Xich y sus camaradas sanos y sal-
vos.


El Noy, en un estado deplorable, incomprensible~ ape-
. sar del motivo que hemos señalado, en aquella naturaleza
,de hierro y en aquel corazon valiente y siempre sereno eI;l.
las mas críticas situaciones, anda una media hora escasa-
;mente.'


Respira acongojado, como' si se ahogara, y al fin no
puede dar un· paso mas ..


El fiel amigo que le sostiene auxiliado por otro que lltlgfl
jadeante, le coge en brazos, lo sube al rivazo de la vía. lJ.o
eonduce á una choza no distante.


TOMO l.




84 LA SOBBRANIA
El Noy siente abrasársele las entrañas. Pide ag~a y


bebe ávidamente.
Acaba de beber y s,us miembros se niegan á todo mo-


vimiento.
El trance as apurado, crítico por extremo, de vida (}


muerte.
,


No tardarán, quizá ya lo están haciendo, en buscarle-
en todas direcciones.


Ser habido es mórir sin remedio.
, En vano se int~nta infundirle valor, reanimar aquel


cuerpo ~asi exánime.
, La- vista y la palabra: son los dos únicos signos esterio ..


res queda de vida.
Todo lo demás está en él muerto.' .
Sus miradas revelan el recelo de una muerte próxima


y desastrosa. '
Los dos amigos, en la imposibilidad de cargar con él á


cuestas, dicen que corren á buscar un vehículo.'
-Es inútil, profiere el Noy con un acento desconsola ...


dor mezclado de amargura y de coraje. No tendreis tiempo
de- ir y volver. Pero salid, no os detengais, yo soy muerto,
salvaos vosotros.


Salieron los amigos presurosos con el propósito de traer,
un carro Ó U!la caballería y llevar al Noy de allí, pero ya
no tu vieron tiempo.


No habian andado la distancia de doscientos metros:
cuando subian de la vía al ribazo los mozos' y los civiles.


Un hombre infame, un guarda agujas del ferro-carril
habia señalado á los esbirros el lugar donde se hallaba el
fugitivo. -


Llegan ... miran á distancia y con recelo la entrada de




Asesinato de Vicente Marti (a) Noy de 1a barraqueta.






NACIONAL.' 85
la cabaña ... ven á Martí tendido en el suelo ... así ytod~
n~ se atreven á entrar ... cercan la. choza ... uno de ello~
levanta una teja y por el agujero dispara cobarde yalevo-


. samente el fnsil contra Martí.
Sucede á la detonacion U:Q. grito desgarrador, masdEl;


'coraje que de dolor.
. \


Entonces los mozos y los civiles se precipitan dentro
de la choza, y allí se verifica una escena cuyo horror no
alcanza á describir la pluma; disparos, bayonetazos, pata--
das, todo lo que la saña, la cobardía y la vileza inspiran á
los asesinos, lo emplean éstos para acabar con la vida da
Martí.


Este pronunció únicamente estas palabras:
-¡AhI «lladres,» cobardes asesinos!
y sus labios se cierran al atravesar su noble corazon el


hie1'ro vil que en él penetra.
El oficial de la guardia ci vil llegaba á la choza gritando:
-¡No le mateis, no le mateisf
¡ Ya era tarde!


- Y aunque fuera tiempo, le asesinaran aquellos tígres
sedientos de su noble sangre!


Así terminó sus di as el noble, el valerosoNoy de la
Barraqueta.


Así acabó una vida consagra'da á la libertad y á la ge-
nerosa idea del bien y de la honra-,ci~la patria .


. Lo.s periódicos de Barcelona, por Órden .del general Ga-
~set, dijeron lo que siempre, que lo.s mozos asesinaban á
hombres políticos para justificar la necesidad de su muer-\
te: que el Noy se habia resistido como una fiera.


- Ah! como un leon resistiera y se batiera contra sus
infames perseguidores, á no verse privado de todomovi-




/


ss LA SOBERANIA I •
I


miehto; pero la. verdad fué lo que. hemos referido; lo qU&
elcapi~an general mandó decir á los periódicos, una infa-
niementira.


El q ne mas se ensañó con el N oy .siendo ya éste cadá-
'Ve.~, ru.é el cabo de civiles que se cansó de dar patadas y
hundir la bayoneta en el cuerpo, de un hombre ya muerto,
llevando el alarde de su' bestial ferocidad al estremo de
'Volver lQ.ego·á, Martorel1, profiriendo palabras atroces de
la mas soez y br~tal satisfaccion y mostrando como frui-
eion horrible las manos teñidas de sangre.


,


No tan i~mediatamente pagó su cobarde crimen; pero-
no quedó impune.
:~~,/',Pasaron dos' años, y vino la revolucion de Setiembre.
_·~o· _


.' Al detenerse en la estacion de Gracia un tre:l de Sarriá,.
cuatro hombres que estaban en aguardo en la vía se acer-
earon á un vagon.


En él iba el cabo de civiles, que al verlos se puso pá-
lido como un cadáver.


El cabo, que se vió harto comprometido en el vagon,
saltó por el lado opuesto y echÓ á correr hácia la Riera.


Los hombres se lanzaron á su alcance.
,


'Una bala de rewolver hirió al fugitivo en los riñones.
Apesar de la 4erida continuó la fuga; pero tropezó, .


. 'cayó, y efecto del tropiezo ya no pudo levantarse.
Una convulsion general se apoderó de todo su cuerpo y


quedó sin movimiento en los miembros, como el Noy de la
Barraq ueta.


Sus p~rseguidores llegaron á él.
Solo los ojos del cabo daban señal de vida en su cuer-


PC?, lanzando miradas vagas de pavor y quedando luego,
estúpidamente fijos' en un punto.




NAClON'AL.


Varias 'veces penetró el· hierro en su cuerpo.
No profirió un grito, ni dió un suspire.


87


Hasta la lengua tenia paralizada. _
De esta manera acabó sus dias el mas sañudo de los ase-


sinos del Noy de la Barraqueta.
Antes de concluir, dijo Felipe á sus amigo~, debo hacer


una obs.ervacion para cortar los vuelos á la malicia de al-
guno que pudiera permitirse interpretar nuestras ideas y
sentimientos de torcida manera.


Si del desaliñado relato que acabo de hacer se~despren-
de, lo que es natural en nosotros, una indignacion por la
muerte del Noy, que no espreso por la del cabo de civiles,
,Preciso es decla~a~ que yo y cónmigG todo el partido, ~
probamos esta ultima. ." - ""


Las venganzas personales son siempre negras manchas
que empañan el lustre 4e una revolucion; el pueblo DO debe.-
nunca hacerse justicia por sus manos. Pero no hemos de
ser mas severos con el pueblo que con el goqierno, ni tan
poco en tanto grado con aquel como con éste. El gobierno
dé España, ó su~ esbirros en su nombre, ó por su mandato,
han asesinado siempre á sangre fria 'y cuando tenia 'en su
mano los medios de hacer justicia, con arreglo á la ley: El
pueblo no dispone de esos medios, y ha visto impunes,
despuesde una revolucion, á los asesinos, esbirros de la
tiranía, cuando ha encomendado la justicia al gobierno, ó '
la ha e~perado de los tribunales.


Mal hecho está lo hecho por el pueblo, pero al fin tien~
esta disculpa. A los gobiernos que hicieron lo mismo y
mayor número de veces, nada basta á disculparles ..


' .


• • • •


I




"


LA SOBERANIA


Calló Felipe por algunos momentos.
El amigo, orígen de la. cuestion, y que se habia empe-


ñado en probar las esce1encias del pa,rtido moderado, teme-
roso sin duda de la brQméA.· que le esperaba, habia desapare-
cido sin ser de nadie visto ..


Positi vamente su situacion era demasiado violenta en
aquel círculo de amigos, en el que casi todos eran' republi-
canos, y si alguno no llevaba este honroso título, pertene-
-cia á esa fraccion, jóven tambien, entusiasta y liberal que
solo difie·re de nosotros en la manera de aplicar sus princi-


.pios, pero que por afinidad y en el fondo de las ideas se dan
la mano.
-,·{uno de ellos se atrevió· á invocar ciertos apellidos y


"élertos hechos, para enaltecer á unos.y otros, respecto á los
hombres que ocuparon el poder inmediatamente desplies de
-la revolucionde seti~mbre, y á los que, segun su opinion,


. nose podia negar la gloria de haberla iniciado y haber




sido los que habian dado el primer paso, facilitando el ca-
mino, hasta entonces penosísimo y lleno de abrojos, para
el advenimiento de la república en España.


¡Horrible sarcasmo!
¡Decir esto de aquellos hombres que tantos atropellos


cometieron!
.


Sin embargo,en boca del referido jóven eran disc"ulpa-
das sus palabras; llevaba un apellido muy identificado con
a.quella situacion y se hallaba 8Il el imprescindible deber
de defenderlo; por lo -demás, hablaba de buena fé y sin
acrimonía, ni pasion ,condiciones de que por completo ca-
recia 'el que acababa de abandonar el campo, ó lo que es lo
mismo, la. mesa en que se hallaban sus amigos: Felip8
tomó nuevamente ~a palabra .




NACIONAL. 89
< -Sentiria molestaros, . dijo, pero me es muy sen~ible


. I .


haber de callar cuando la justicia y la razon están de nueS-
tra parte; cuando tan victoriosamente pueden combatirse
errores que creo hijos de la ~lucinacion, 6 de las simpatías,
mas bien que de la mala fé.


-Habla, habla, digeron todos sus amigos demostrand()
gran interés.


Verdad es que F~lipe tenia un especial talento como
< narrador y se le escuchaba siempre con gusto.


-Pues bien, hablaré; quiere decir que si al otro le he-
mos hecho batir en retirada, á éste, que es "Gn buen mu-
chacho, procuraremos convencerlo y traerlo a:l buen camin?


Nadie mejor que Moja y Bolivar ha hecho la verdadera
apología de aquellos hombres áe órden y de sus armonías re ...
'Dolucionarias.


Pedir la ruina de lo existente, ha dicho, y meditar en
su conservacion; atacar las institueiones y espulsar las
personas; prometer economías y crear gastos; transigir con
las exigencias y negarse á su cumplimiento; marchar con
la opinion p3.ra oponerse luego á su marcha; coronarse de
lau:eles y coronar con espinas; tomar el timon de la nave
.y estrellarla contra las rocas.... ¿En esto estriba la honra
de la revolucion~


Coadyuvar á que la tiranía se vaya á paso de carga y
hacerla vol ver por tren exprdss;' dar vi vas á las ideas y
mueras á-los que las sustentan; pedir la abolicion de las
injusticias para trabajar por la abolicion de los derechos;
escamotear y no da.r; burlarse del que pide y ametrallar al
que reclama. ¡Esto es horrible!


Todos somos libres, 'digeron los libertadores, y el aIllo
aherroja al esclavo.




.90 LA. SOBERANÍA


Todos somos igu.ales, y el fuerte oprime al débil.
Todos marchamos unidos y un abismo separa á los de


arriba de los de abajo. : '
Todos somos herm~nos, y Caín mata á Abel.
Dar' vida á la libertad para decretar su muerte; enseñar


el cielo y empujar hácia el infierno; economizar la sangre
espurea para derramar la noble; contra el derecho de peti-
cion silencio; contra las ideas bayonetas; contra la mirada
suplicante la despreciativa; contra las lágrimas y los la- .
mentos risas, banquetes y toda clase de excesos.
, . Tal es el retrato fotografiado de aquel gobierno, que,


'. mas que ningun otro, cometió violencias sin húmero, atro-
pellos sin cuento, asesinatos y fusilamientos que no, pueden
olvidar~e nunca .


. Aquellas violencias, aquellos atropellos, no pueden tener
justificacion ni perdon; mucho menos en una época y en
circunstancias tales que debia presumirse habia llegado
para este desdichado pais una era de justicia, de moralidad,
de .respiro y de bienestar, principalmente para los oprimidos
pechos ·liberales.


.


Derrocado el trono del último Borbon, alzada la enseña
nobilísima de la España con h('nra, ocupando el poder los'
mismos hombres 'que habian sufrido toda clase de -vejáme-
nes, destierrros y persecuciones, era lógico, era de presu-
mir que habrian aprendido en la desgracia lo que pueden
esperar los déspotas y los ~iranos en un plazo mas 6 menos
br-eve, y abstenerse y huir de una senda tan fatal.


Era de calcular que no se derramaria mas sangre.
Debia creerse que, léjos de esto, las antiguas heridas


serian cicatrizadas.
y sin embargo ¡cuánta y cuánta se dertam6 por aquel




NACIONAL. 91
gobierno que, haciendo traicion á 'sus antecedentes,: olvi-
dando que todo lo debia al generoso pueblo, desconocieiido
la alta mision q ne le estaba encomendada, no soló' rasgó
de una pluinada el título primero de la Constitucion, sino
que asestando las bocas de sus cañones al pecho de sus
propios. hermanos, derramó su sangre, barrió con la metra-
lla los campos y las calles de ciudades tan importantes como
Cádiz y Alicante, Valencia y Andalucía, las cuales dieron
el grito de rebelion contra un gobierno tan reaccionario
como el anterior, y c~ando ya nuestra causa se habia per-
dido en Cataluña, que fué la primera en iniciar el movi-
miento de acciono


Este, pala justificar semejante atentado, tan inÍcrta
violacion de todos los derechos, tantas atrocidades en fin
como presenciamos, en bien corto espacio de' tiempo, buscó
pretesto en un delito comun, aislado, parcial; el del asesi-
nato del secretario del gobierno civil de Tarragona, cuya
responsabilidad quiso arrojar el ministerio Sagasta sobre la
frente del partido republicano.


Los diputados que se honraban con este título y que se-
hallaban por aquel entonces en Madrid, se apresuraron á
protestar contra calumnia tan grosera.


El partido republicano, unánime, reprobó en todos sus
clubs, en todos sus periódicos, aquel atentado contrario á
sus doctrinas, y opuesto á su conducta; crímen aiolado que
no puede manchar la limpia historia de un partido, el cual,
en todo tiempo, predicó la inviolabilidad de la vida huma·
na, é intervino con su autoridad y su prestigio para evitar
la efusion de sangre.


En la referida protesta descollaban algunos párrafos,
admirablemente escritos y que hacian la verdadera apolo-


TOMO l. 21




92 LA. SOBERANIA
-


gía de aquel gobierno que tan mal correspondió á las espe-
ranzas que de,él se concibieron en un principio .


. «Desde el dia en que el cód~go. fundamental se promul-
gó, decían los diputados, traInóse contra él una conjura-
cion en el gobierno,conjuracion que comenzó por adulte-
rarlo ·aca bando por destruirlo. ,


,) Varios gobernadores, contrariando el espíritu y des-
conociendo la letra de la Constitucion, declararon el códi-
go fundamental indiscutible.


»El ministro de la gobernacion prohibió los lemas
. I


escritos en las banderas y los vivas con que, en todo tiem-
po ,ha espresado el pueblo sus votos y revelado su con-
eianciª,.
, ,»:tJna lllcha oontínua se empeñó, entre el pueblo que se


creia amparado en la manifestacion pacífica de sus opinio-
nespor la constitucion, y el gobierno que legislaba y aun
perseguia tales manifestaciones por medio de sus agentes.


»Impone, con audacia sin ejemplo, su autoridad admi-
nistrativa sobre la nacion, su policía sobre los legisladores,
su capricho sobre aquellas facultades primordialessuperio-
res á todas las leyes y que,á títulQ de código fundamental
de la naturaleza humana, habian pasado á ser, por el voto
de la revolucion, sancionado en las córtes, fundamento de
la socieq.ad democrática, levantada sobre las ruinas de las
instituciones monárquicas que por tanto tiempo oprimieron
ó degradaron al pueblo.})


L9 que aquellos dignos representantes no pudieron
creer, ni imaginar siquiera, y·~sí lo consignaron en aque-
lla noble protesta, fué que el gobierno llevase su demencia
reaccionaria hasta el estremo de imputar al partido repu-.
blicano el asesinato cometido en Búrgos y fundar sobre tan




NACIONAL. 93


calumniosa imputacion la méngua política que atentaba á
todos los de rechos de aquel.


Levantóse el pueblo en armas· contra un gobierno que
tan mal üorrespondia á los deberes que sehabia impuesto
un año antes.


El pronuncicmiento civil de 1869, al grito de la Repú-
blica Democrática Federal, no tiene ejemplo en España, ni
en ningun otro pais q.e Europa.


Grande fUé, impon~nte, imposible al parecer de que pu-
diera sofocarse, y, sin embargo, el resultado fué la derrota
de los republicanos y el triunfo completo del gobierno.


¿Cómo ·pudo suceder así'?
La causa principal estuvo, segun con gran juicio indica


nuestro correligionario Altadill, en la obra titulada La mo-
narqu.ia sin monarca, en la pugna del espíritu· conservador
y el espíritu revolucionario, dentro del mismo partido re-
publicano.


¡Fatal division! ¡error funesto cuyas consecuencias se
esperimentaron muy en breve!


Las pequeñas causas producen á veces grandes efectos;
quizá la conducta de un solo hombre fué como el primer
eslabon de la cadena de males que sucesivamente ha ve-
nido esperimentando despues tú do el partido republicano.


Permitidme tributar aquí un doloroso recuerdo de cari-
ñó á una de las ilustres víctimas sacrificadas en aquella
época, que aunque muchas fueron las que aquel ministerio
6 sus agentes inmolaron,· con inaudita barbarie, no todos
alcanzaron el triste pri\rilegio de hacerse notables yalcan-
zar por su hetoismo, con la palma del· martirio, una fama
imperecedera.


Me refiero á nuestro desgraciado y malogrado amigo,




;94 , lA SOBERANÍA


Froilan Carvajal; aquel infatigable republicano que sacri-
• fic6 todos los instantes de su vida, desde que tuvo uso de


razon, á la defensa de una idea por la cual habia combati-
do siempre.


No pienso relataros en este momento su historia, sus
padecimientos, SUS martirios y su desastroso fin,. porque
seria quitar el interés á cierta página de ciertas memorias
que muchos de vosotros habeis de oir despues, como 'Os es~
táprometido.


Felipe, al decir esto, dirigió- una mirada de inteligen-
.cia á algunos de los que le rodeaban.


Positivamente entre 'ellos habian muchos que perteu-e-
,cian á la lójia masónica de que él era hermano, y compren-
,dieron perfectamente que Felipe hacia alusion á las me-
mprias del difunt? don Antonio, cuya lectura estaba apla-
zada.


Felipe continuó:
.


-A Oarvajal, señores, yo le amaba mas que como ami·
go, con e~ fraternal cariño de un hermano ..


Verdad es que por su carácter, por su nobleza, por las
relevantes prendas que le adornaban, era querido de cuan-
tos le conocian. y trataban.


Pero dejando por el m~mento la cuestion del malogra-
dóFroilan, pues rp.as tarde tendremos ocasio,h de ocuparnos
de él y volviendo á la de las comparaciones, podrá nadie
negarme que no puede haber, que no ,existe en el mundo
un pueblo tan no~le y tan sufrido' como el nuestro? ¿qué
pueblo cambia de repente,. de institu~iones tan tranquila y
sosegadamente como nosótros, demostrando al mundo, eo-
mo dice El Gil Bias, nuestra sensatez y cordura?


Criminal es por demás se nos inj urie villanamente con




NACIONAL. 95
sospechas y'con ca1!lmniaS" que el pueblo no ha pensado
siquiera intent~r.


-A propósito; dijo uno de-los jóvenes que en la mesa
estaba y que sin embargo de prestar atencion al discurso de
Felipe, no por esto dejaba de reco~rer con la vista las co-
lumnas de un periódico ilustrado que tenia en la mano;
permítame que te interrumpa porque viene perfectamente
con lo que acabas de decir, las breves líneas de este perió-
co francés, a.l cual, mejor que á ningun otro puede aplicar.
se el epíteto de calumniador y de criminal. En él, señores,
se nos insulta, se falta á la verdad de una manera indigna.


-A ver, á ver, diieron todos con vivo interés.
-Lée, pues, añadió Felipe.
E~ jóven que tenia el periódico en la mano leyó lo que


.


sIgue.
«(1) Las noticias que, con la mayor irregularidad, con-


tinuan llegando del otro lado del Pirineo, nos pintan 'con
los mas sombríos colores la situacion del gobierno de aquel
pais (España). La anarquía es general, y bandas armadas
recorren impunemente y sin que nadie las moleste, todas las
provincias, ejerciendo todo género de escesos y atropellos.
La insubordinacion de las tropas ha llegado á su colmo; los
soldados del ejército español se niegan á reconocer, y á
ebedecer á sus gefes; el efectivo del mismo, en el Norte, ha
quedado reducido á casi la mitad y los carlistas van ga-
nando cada dia mas terreno. Para combatir este creciente
progreso, al gobierno de la república no se le ha ocurrido
otr-a cosa mejor, que organizar en cuerpos francos cuarenta
y cinco mil voluntarios, que no llegarán á reclutar segu:-


- C) L' lllustration.-Samedi.-8, Mars.-18i3.




96 LA SOliERAN lA
ramente, pero, aunque así fuera, su, presencia sobre el tea-
tro de la insurreccion, no hará otra cosa que entorpecer los
movimiep..tos del ejército regular, acabando de desmorali-
zarlo por completo. '


» Impotente para mantener el órden en el pais, el go-
bierno de la república española vé· cada dia am~nguarse
su autoridad, puesta ya en cuestion, hasta en el seno mis-
mo de la Asamblea nacional, ante la que acaba de propo-
ner la disolucion de la misma.


» En la sesion del dia 4 del corriente, el señor Figueras
ha leido un proyecto de ley ,convocando á los electores pa-
ra el primero de Abril, y fijando las elecciones para el pri-
mero de Mayo.)


. ,


Todos los jóvenes prorrumpieron en un grito de indig-
nacion.


Parecia increible que tan descaradamente se mintiera y
se desfiguraran los hechos por un periódico de cierta im-
portancia y procedente de una nacion amiga que 'se rije·por
una forma de gobierno llamado republicano!


Felipe, al ver la exaltacion de sus amigos, se sonrió y
procuró calmarlos.


·-Qué estraño tiene que allende el Pirineo se juzgue 'y
se escriba en esa forma, cuando entre nosotros mismos, la
pasion nos ciega á veces de tal manera, que negamos y dis-
put~mos las cosas mas evidentes'? Sin ir mas léjos ¿,quereis
una prueba'? pues aquí teneis dos periódicos llegados hoy
de Barcelona; edicion de la mañana el uno, edicion de la
tarde el otro.


Todos sabeis que el ilustre .presidente del Poder Ejecu-




NACIONAL. 97
tivo, Sr. Figueras, se halla' en Barcelona y que el entu-
siasta recibimiento que allí se le' ha hecho escede á toda
ponderacion.


Pues bien; uno de estos periódicos, que por cierto, no
debe abrigar grandes simpatías por lo existente, y mucho
menos por los hombres que han tenido la abnegacion de
sacrificarse, aceptando la pesada carga del gobierno en tan
críticas como espInosas circunstancias, dice en uno de sus
números: que «(habiendo asistido el presidente del Poder Efecu-
ti'Vo á la fruncíon que en el gran teatro del Liceo se dió en su
obsequio la noche del tantos ... contra lo que era de esperar, la
concurrencia fue muy escasa. »


Otro periódico, volviendo sin duda por los fueros de la
verdad y de la justicia, hace ver á su colega la inexactitud
cometida, puesto que, aunque así estaba anunciado, las
graves y perentorias ocupaciones del Sr. Figueras no le
permitieron asistir á la representacion de 1 Puritani,. que
era la ópera que se ejecutó aquella noche, ,lo cual no impí·
dió que el teatro estuviese completamente lleno, por un
público, que déseaba ver y aproximarse al que, por tantos
títulos, es digno de consideracion y aprecio.


Los amigos de Felipe no pudieron menos de prorrum-
pir en una carcaj ada.


La leccion del uno al otro periódico no podía ser mas
severa ni mas justa.


Positivamente, visto esto, y como esto tantas otras co-
sas de mayor importancia, nada debe estrañarnos que nues··
tros vecinos mientan y nos calumnien cuando nosotros mis-


I •


mos procuramos engañarnos y nos m~ntImos á cada paso.
De pronto, una confusa gritería llegó hasta la sala del


café donde se encontraban Felipe y sus amigos.




98 LA. SOBERA.NÍA
Las voces provenian de la Oarrera de S. GerÓnimo.


-Felipe y los demás jóvenes abandonaron la mesa para
sa1ir á la puerta y enterarse de lo que pasaba.


Eran alegres grupos, en ademan pacífico, con banderas
y estandartes de todos colores y con inscripciones mas ó
·menos acentuadas, que subían de !a plaza de las OQrtes con
direccion á la puerta del Sol.


Los gritos eran de entusiasmo, de alegría.
Todo eran vívas, pero ningun muera.
De pronto, Felipe frunció el ceño y comenzó á mirar con


mayor insistencia é interés hácia uno de los grupos, donde
sobresalia un individuo que era el que mas gritaba y mas
gesticulaba, demostrando un frenético entusiasmo..


Llevaba cügido del brazo. á un soldado., que habiendo
..


abandonado el ros, ostentaba en su lugar el gürrü frijio.
Ambos gritaban desaforadamente ¡ viva la libertad!. ..


jviva la república federalL .. y todos los demás les hacían
coro.


En los momentos en que no gritaban, el paisano habla-
ba alüído al militar y éste se encojia de hombros como
el que está convencido á medias de lo que se le dice, se le
aconseja, ó se le exige.


Al pasar el grupo pür la esquina de la calle de la Vi-
toria, Felipe, que permanecía en la puerta del café, vülvió


.á mirar con mas detencion y ya no pudo. dudar .
. Oono.cia perfectamente al mas ardiente patriüta del


grupo..
Pero no deberia merecerle gran confianza su entusiasmo


cuando dejando á su,s amigos, hasta sin despedirse de ellos,
di~ un salto y repartieI!do codazos y empujones á la, api-
ñada multitud que le obstruia el paso, pugnaba pür aproxi-




NACIONAL. , 99 ~


marsa al ,grupo ~ndicado, el .c1).&l, por efecto de aqll.:~l es-
'p~cie' de oleage de humana carne c:tda vez se aleJal,>amas
de su ,alcance.


-Ah: bribon, esclamaba Felipe, apretando los pnij.ps,
como te llegue á pillar yo teaju~taré: las cuentas: viyeel
cielo q r:.e ya le habia olvidado!.... Este infame, se propone
'sin duda de este modo salvar la. ~esponsabilidad que: pesa
<sobre él y eludir el castigo que merece, .;por tan~.os desm~­
nes y desafueros 'Como ha cometido en el de$,empe.ño de
su odioso destino... Per9 yo le juro que no se rei~á'~e la
gracia... . . :


El lector· ya habrá ct;)J1ocido que el patriota improvisado,
no era otro que el inspector Lonez, el ,audaz y gr:osero:.p~i·
~onte .. ·: que se pelimitió, .insult~,en$u l~ho de muert~ al
anciano don Antonio, yha&ta':reql;lerir~q~r . " r~~ . affi-
jida y honradísima. hij a. '. ;, ,: . ~; ~


El inspector Lopez, que segun lu~ ~,el'iguó tE. ·pe
f:e. ,. ~


por el mismo Gobernador, que lo era en ~~ . r.t:í;¡. en-~~c· (.,\~-:.
tos un cumplidísimo caballero, incapaz de a U\, i aun
consentir el mas mínimo atropello, habia obrado por
cuenta propia, sin órdenes de nadie y únicamente por ver
si consentia doblegar la noble altivez, la inmaculada honra
de la pobFe niña.


El señor Lopez, que desde que vió el pleito mal parado
abandonó las oficinas del gobierno y las insignias de su
cargo, se hizo furibundo republicano, y se dedicó con de-'
cidido empeño á seducir soldados, predicándoles la insobor-
dinacion y la desobediencia.


En esto llevaba su plan.
y además de llevarlo pór cuenta propia, era de presu-


/


mir que obra1)a tambien ... por cuenta agana.
TOllO l.




" 100 LA. SOBErtANIA. NACIONAL.


Era raro que desde aquella mañana se le hubiera visto
-gastar y triunfar' en los andaluces de la calle de Sevilla y
en los cafés, con una respetable cantidad de -oro en los bol-
sillos, cuando hasta entonces; su escaso sueldo apenas le
habia bastado para sus necesidades mas preciosas y sus vi·
cíos que' no eran 'pocos.
- Todase~iasnoticia:s fueron adquiridas por Felipe de


uno de sus 'dependientes, con 'el cual tropezó, cuando en
persécl1cion de Lopez corria. -


, 'A éste no le pudo dar alcance, porque al llegar el gru-
po frente á la calle de Carretas, el antiguo inspector volvió'
casualmeIite la cabeza, por casllalidad tambíen, su mirada
se encontró con la'de:F61ipe y comprendiendo algo de lo
que su antiguo ,gefe' intentaba se escabuLló entre ea: gentio
sin, que 'aquelplHllege ya da.r con :él.


Hn tanto el pueblo gritaba sin cesar iviva la 1ibertad!
¡viva la j'epública federal!




"" i


¡.,:


CAPIT:ULO IV J


La libertad.


¡Libertad! palabr~ m,ágiQa, qv,e ®nmn~ye, que ~~duce,.
-que: ele(}triz,a,. que hace ,f~~rte al ¡d~bil, :val~~~te _~ c,ob~r4~;,
arrojado al pusilánime; capaz por. si sola de' pro~ucir " las
mas nobles, las mas grandes, la~ :m.a.s generosas ac<?ione~:!


. Pero saben todos los que la invoc~n, los que laprpcla:-
man, los que de ella s~ valen, algunas; veces por, <l.esgra~~
-Con aviesos fines, lo que significa, lo que merec~ áyJo que
obliga'?'


Positivamente nó.
Escuchad como la define el ilustre Emilio. Castelar; e,~ ;


fig,ura la nlas siro páti ca del part~do ji ese gig~Ilrte de l~ e~o ~ .
cuencia, ese hombre áq uien.la na tu.raI6~a h~ .do~ado po~~l ,
envidiable privilegio de encantar, 'de, seducir'Jde arreba~~r:.'
con 'la palabra hasta á sus propios ad"Yie;J;sarios·Pf?lítioo.s .. "11 ,


En; medio de este contín,uo o~e.aje de jdeas, ' ~~ ~echq~j);
, , • ,.¡.


de grandes revoluciones y reacciones que agita al Eliglo
XIX, cuya vida parece sobradamente activa, existe ~n prin-


• .'. ; '. ~:.." .L .~.' ~ . • •




102 LA SOBERANÍA
cipio, una idea que todos invocan, aun sus mas ardientes.


, '


enemigos: la libertad. (1) Por ella el hombre se siente ma-
yor, y toda la fuerza de su naturaleza moral se reyela cla-
ramente á su conciencia; por ella se reconoce causa y agen-


o '. {,.. I .


te en el Univer~o;, y estáb1ecetodas las relaciones de su
espíritu. El hombre, al decir «siento,» afirma que existe
un mundo de hechos á su alrededor; al decir «pienso, » afir-
ma que existe un mundo de ideas sobre su frente; pero al
decir «quiero,) solo afirma y solo encuentra su propia exis-
tencia.


La sensibilidad, el pensamiento, son facultades de 1'e-
lacion, lazos que unen al hombre con la Naturaleza, con
esa patria que tiene en el tiempo y con el Cielo, con esa
ótra patria que tiene en la eternidad. Pero la libertad, el
dér~cho"dé; caú~r' :tb<fas §~úf: obras; todas sus "acCiones~ la
lib~ríaa';'medíantela 'cÍ1~l !determina su sér á producirse;
la Iioertatl' 'esla 'sústancia de su naturaleza, el alma de su
altha:' 'Todas las grandes' concepciones del hombre, sin eS8·
principid,' serian mentirarsueños,' nada; y toda institucion.
política, social y religiosa, sin ese firme asiento ,seria una
liOrr'ible'injusticia. ; " '. ','


Borrad la libertad en el hombre, y ved si es dable com-
prender la justicia, el gobierno, la sociedad, la religion, el
arté., S{lá'li1'>ettad' nÓ"éxisÍiera; si el hombre fueseesclavo
de la Natbr'a:lézaó del destino, ¿en nombré 'de qué';princi~.
pio l~ eiigiriala religion,sh;responsabilidad moral, y laso-
ciedad~ su' reSponsabilidad 'ante la ley? Su'prirnid ese' prin ..
cipiO'/,jf s'e árruihai'íari:lós templos, y arrui~arian loS tri-o
buiüiles; j ila ley :móraly laileypolítica' serian vergOE.zosas


.. ,


," ~. -: - -~ ~ ;' ¡ : "


j


O) Enciclopedia Republicana.




NACIONAL. 103
cadenas arra~tradas pQr 'un esclavo. Nada hay, pues, tan
verdadero, tan fuera de duda, tan arraigado en nuestra.:
cOílciencia y en nuestra naturaleza como ese principio de
libertad" que es el brillante norte de toda nuestra vida.


Por eso, sin duda, las generaoiones en sus peregrina.,..
ciones por la tierra, han buscado la libertad; por eso la his-
toria está llena de guerras tremendas, las ciencias de aspi-
raciones generosas, encaminadas todas á buscar esa ley
misteriosa de nuestro sér, que se' llama libertad. Palabra
divina, que 'conmueve el corazon y cautiya la inteligencia,
ha poblado ,de artistas, de héroes,de mártires la tierra, ha
inspirado generosos sacrificios; palabra que centellea en la
frente de los poetas, ctland'o abr~n las alas de su imagina-.
cion; que .... inunda de luz el alma del filósofo cuando sear-
roba en contemplár la verdad.; palabra:qne pronunciaban
los que morian por la patria'en las:'Termópilas, ylos que
morian -por Dios en los circos tomanos,; y Losqu~ ,morian
por la Humanidad en las grandes prjmeras 'guerras de
nuestro siglo; palabra que' está escrita al frente de nuestros
Códigos, en el libro de nuestras Constituciones, que está
grabada indeleblemente on nuestra conciencia; palabra por
la cual se 'han sacrificado infinitas generaciones, y que re-
suena como un eco' sin fin., desde las primeras hasta las
últimas páginas de la hum:ana'historia~,


Así, no ha dado el hombre un paso en el progreso que
no 1e1 hay~ conducido en la 'libertad,:y -no ha crecidQ su
libertad sino para acercarse á'Dios. Examínese toda la Ris-
ioria, y :s~ encontrará"que; desde el principio de :los tiem-
pO-s, todos 'los:'esftler~os del hom.bre, ,todos 'sus grandes mo~:
vimientosry' . todas las revolueioriesque h~n agitado e!'
mundo moral, tan pasmosas éomo 'las grandes catástrofes '




104 LA SOBERANIA
del mundo físico, h~ contribuido á exaltar aJ hombre á su
libertad, restaurando en su conciencia la imágen perdi.da
de Dios. Desd~ el hombre de los primeros tiempos históri-
cos] anegado en la naturaleza, envuelta en el seno del
panteismo materialista, adorando sus propias sensaciones,
aplastado. bajo la. inmensa. pesadumbre de las :Cf\stas que
oprimian su voluntad y su conciencia, hasta el hombre de
nuestros dias, sujeto á la ley, libre, en su pensamiento,
dueño de sus 'acciones, interviniendo en la sociedad yen el
gobierno, media un abismo que haL llenado mares de san-
gre, infinitas genetacione.s de mártires. Toda la historia del
mundo es la historiada los esfuerzos hechos por el hombre
para alcanzar su libertad y realizarla cumplidamente en


I


el espacio.
En: la Histor~a .. _moderna. desciende el eristianismo.del


cielo á dar al hombre la conciencia de la libertad, y vienen
nuevos pueblos, nuevas tríbus) nuevos hombres, en quie-
nes se encarnó esa idea. Al lado del castillo feudal, qu,e·
bosqoejabala primera imágen de la personalidad, nació: el
municipio, que levantaba generaciones enteras de esclavos
al goce de la vida. Y todas cuantas instituciones se crearon
por el progreso de los tiempos.y por los esfuerzos de los
hombres, ,todas vinieron á aumentar la personalidad hu-
mana y á añadir nuevos diamantes á la corona de sus de ...
'rechos.


Llegaron ·los tiempos modernos;. el mundo .se~i.t6 d~
manera" qll:e muchos creian oirJahOl'a del desquiciamientQ
universal; y.siu,embargo, delfo~do de aquellas tempesta-
des . revolucionarias, que- pare~iande~tinadas \ á sacar la,
Tierra de su eje, sa\ió el hombre mas fuerte y una socie-
dad mas, libre y mas justa •. ¿Quién no admite hoy la igual-




XAClONAL. 105
dad civil'? ~Quién no quiere la inviolabilidad del hogf\r'
doméstico? ~Quién no suspira por la libertad política'?
Hasta los mismos que la denuestan 'la ejercen, probando
con este ejercicio la libertad, como el filósofo a;;'tiguo pro-
baba, moviéndose, la ·necesidad del movimiento.


Pero la verdad es, que la angustia producida por estos
tiempos de sacudimientos y deesplosiones no ha concluido
todavía. En todos los puntos del horizonte se hallan signos
q oe dicen á los hombres que el cielo está cargado de tor-
m~ntas, y en todo el espacio hay ruinas que les enseñan
que la tierra que pisan está atórmentada por-el hervor de
grandes volcanes. Es nuestra época, una de esas· épocas tris-
tísimas, angustiosas, en que el hombre y el mundo oscilan
entre dos. principios; 'época en que la duda se apodera de
las 'Íntelig~ci8.S y 'la incertidumbre Teina en los corazones.
Tod~s los caraetéres' d's ,esta época Son' los :grandes 'caracté ...
res de una época de transicion. Lo mismo sucedia eh el
siglo v, cuando el mundo, empujado por las ráfagas de una
tempestad desoladora, gigantesca, abandonaba las rientes
riberas del paganismo; lo mismo sucedía ·en el siglo VllI,
cuando, al calor de un nuevo espíritu, surgia el feudalismo;
lo mismo en el siglo xv, cuando el mundo pasaba de la
Edad Media á la Edad ~foderna, y del cao~ feudal á las mo·
narquias de derechodivino~ El mundo no encontrará su'
base sino cuando la ti bertad se enca-rue en todas las insti-
tuciones' ,se muestre en todas sus fases y se desarrolle 16-
gicamente, sÍn encontrar ,esos grandes 'obstáculos que im-
piden su natural crecimiento, y que, tarde 6 temprano,
siendo coniO son causa perma:uante de desórden, arrojen la
electricidad de nuevas tempestades en los aires. '


La sociedad debe s;j¡empre estar en 'armonía con el hom-




106 LA SOBERANrA
bre; y como el hombre es naturalmente libre., la, sociedad
debe fundamentarse en la libertad. Las, leyes de nuestro
pensamiento son tan reales, tan verdaderas, como las leyes
con que Dios ha enla7.ado y unido y dado su armonía á toda
la Naturaleza, á-todos los mundos. Así como al hombre no
le es dado trastornar la Naturaleza- ni suS eternas leves.


. & f


así tampoco le' es dado fundar la sociedad, una sociedad
durable,: una sociedad justa, fuera de las leyes dela huma-
nidad.


Por 'es{), mientras las naciones no se levanten en la.ver-
dad9ra idea, acorde con la'Natur~leza humana, en la id'ea
de su libertad, andan solicitadas por diversos movimientos,
trabajadas por cOl).tínuos :dolores;, como el.cuerpo que ha
sido arrancado á' su. ,centro de' gravedad oscila' l' tiembla
hasta qpeencaja~dent~o de lá ley de su :p.aturaleza. La li-
bertad, pUéS, la libertad allegada á tanta costa,' esa nocion,
clarísima de nuestros principios,es.e instrumento poderoso
de nuestro destino, ese cincel que Dios nos bá dado para
perfeccionar en nosotros su imág:Bn; la libertad, tan fecun-
da en grandes bienes, puede resolver en :armoníás todas las
oposiciones históricas que tr.astanto, tiempo martirizan á
la sociedad y al homb:re., Porque la verdad es.que, cuando
todas, las neceSidades sociales se manifiestan á la clara, luz
del día; cuando todas las aspiraciones encuentran un. cauce
por donde correr, léjos de trastornar la sociedad,. le darán
todo lo que en sí tengan de justas y de .. verdaderas y de
grande,s,al paso que·lainjusticia morirá por sí misma con
golomó~tral' su dolorosa fecundidad por el mal.


i Dichosos.]QS pueblos donde el pensamiento es libre,
donde la leyes la norma á ;que todos se suj etan, donde el
hogar "doméstico está guardado como un santuario, donde




NAClO~AL. 107
el hombre encuentra todas las esferas de la vida abiertas á
su poderosa' actividad, donde los derechos fundamentales,
esas condiciones precisas de nuestra existencia moral,' es~
tán garantidas, y son tan firmes como nuestro planeta, y
se consid.eran tan necesarias á la vida como la atmósfera!


El mal mas grave q ne tiene esta nuestra edad, tan en..;
ferma, es á todas'luces que, confundiendo tod:J.s las nocio-
nes, se ha dado en llamar por los partidos medios libertad á
lo que es privilegio. Así los pueblos, cuando ven que esa
libertad privilegiada solo les dá trastornos por un lado, y
desconcierto y opresion por otro, cuando no tienen concien-
cia de su grandeza, suelen volver los ojos entristecidos á la
dictadura ó al despotismo.


Es necesario, pues, que todos contribuyamos á realizar
el gran ideal de nuestro siglo. Nuestra sociedad tiende,
'por' leyes propias de' su naturaleza; por el poderoso impul-
so de sus propios movimientos, á estender la libertad sobre
todos los hombres, para que sea como ese azul espacio que
Dios en su justicia estendió sobre todas las frentes, como el
sol que todo lo fecunda y lo ilumina. La libertad, que mo-
ráliza á los individuos, tambien moraliza á los pueblos.
Por eso nosotros creemos que solo son pueblos dignos de
este nombre los pueblos libres.


, La libertad, que inspira. grandes, pensamientos, que
fo'rtifica nuestro sér, que tiene tesoros inmensos, esa Uber-
tad tan fecunda en el mundo 'moral como la vida que cir-
culá por la Naturaleza; la libertad, que hace del hombre el
rey de todos los séres creados, puede tornar estas ráfagas
que agitan' y trastornan el mundo, en bla'ndas auras qu~
nos impulsen suavemente' á la realizacidn del ideal humano
en la tierra.


TOMO l. 23




108 LA. SOBERANA
Pero., fUerza es decirlo.: la libertad no. ha sido. cDmpren-


dida, no ha sido. alcanzada, no. ya co.mo.. ,derecho ó co.mo
institucio.n sDcial, como.. idea, hasta nuestro~ tiempo.s. Véase
sino. el libro de la histDria, y se comprenderá que la liber-
tad ha sido. el dogal CDn que el fuerte, el poderDsD, ha Dpri·
mido. al débil, al humilde. En elo.scurD fDndD de . las pri-
mitivas so.ciedades no. habia libertad sino. para eLsacerdo.te.
El que velaba al pié del altar de lo.s grDserDS primitivos
diDses,' ese tenia co.nciencia, vDluntad, razono Lo.s demás
hDmbres, sDmetido.s á su dDminiD, eran co.mD las gradas de
su tro.no." co.mo. las piedras inertes y frias de RU altar. Des-
pues, .el do.minio. de la so.ciedad pasó de lo.s sacerdo.tes á lDS
guerrero.s; el que habia fo.rjado. una espada, el que habia
conseguido. mas victorias, el que habia esterminado' mas
ejércitDs, ese: era hDmhre; los demás-que le rodeaban eran
sus instrumentos de muerte, eran co.mo. su lanza, CDmo. su
escudo., co.mo. su caballo.. Viniero.n o.tro.s tiempDs, amaneció
o.tro. dia en el ho.rizo.nte, y así co.mo. antes ID fuero.n tDdo.
ciertas clases so.ciales,despues lo. fué to.do. el Estado..


Ante esa deidad, que vivia devo.rando. y rumiando. á sus
hijos; desaparecia la cDnciencia, la vo.luntad, la razo.n del
ho.mbre~::EI 'Estado. envenenaba á Sócrates, abria las venas
á Séneca, crucificaba á Jesucristo. El Estado. dDminaba
desde. el seno. de la conciencia, último. refugio de la liber-
tad, hasta el seno del ho.gar dDméstico. Amaneció mas tarde
una luz' divina en el cielo, .. una nueva revelacion en el8fJ-
pírittidel hDmbre. La humanidad supo. cuál era su destino.
religiDsD, . cuál era la justicia divina. Esta justicia tenia
pDr base la libertad del hombre, SDlo por, ser hDmbre, y la
libertad tenia pOl'base la igualdad de tDdos ante DiDS. Mas
esta revelacion de la verdad no pasó de la esfera religiosa á
la esfera sDcial.




~ACIONAL. 109
El gran cataclismo del mundo antiguo; elnaoimiento


de una nueva edad; ia muerte de la religion de la natura ...
leza; la caida de tantos' dioses; -Ia rqina de tantas institu";
cion'es; la irrupcion general de pueblos bárbaros que cu-
brieron con sus bandas la tierra á manera de inmensa nube
de langostas; el dolor intentísimo que sentia en sus entra-
ñas la hu'manidad al producir un nuevo elemento social,
todo esto trajo consigo la inevitable necesidad del feuda-
lismo. Entonces solo hubo libertad para los señores yescla-
vitud para los demás hombres; El noble, es decir, el fuerte,
el poderoso, levantaba su vivienda, como el águila, allá en
el pico de las montañas; la fortalecia contra todo peligro;
la pohlaba de soldados; la aislaba con -fosos, con muros, con
rastrillos, y en su interior, apercibidos siempre, .caballo y
lanza' a lapelea~, 'vivia dictando leyes, recogiendo para sí
loS frutos del trabajo de sus ~ieÍ'vos,dominandosobre toda
la comarca con poder absoluto é incontrastable; 'de tal
suerte, que en mas estimaba sus ganados que sus vasallos.
Allí no habia mas hombre libre que el señor feudal. Es
verdad que al lado de] castillo se levantaba el municipio;
es verdad que el municipio escribia venerandos códigos y
forjaba derechos progresivos; es verdad que en esta suerte
de pequeñas repúblicas se conservaba el fuego sacro de la·
libertad; pero esta libertad era particular, prendida á la
tierra como la~ raíces de un árbol, encerrada. dentro de los
límites ,de un corto horizonte; libertad que hacia mas dura
y mas triste y mas penosa 'la condicion de los siervos
amarrados al pié del castillo feudal. Vino otra nueva edad:
los reyes, sobrep0I?-iéndose al feudalismo y al municipio,
destruyeron y enterraron la Edad :Media; eon una 'mano
rasgaban los fueros de los señores, con la otra los fueros de




110 LA. SOBERA~Ü.


los pueblos:; arruinaban los castillos y,arruinaban tambien
los ayuntamientos; hacían entrar todos los fuerosparticu-
lares, todas las libertades fraccionadas, todos los elementos
sóciales, todos los derechos y todas las tiranías bajo las pe-
sadas ruedas de su poder nivelador, de. su poder absoluto,
llegando así, socialmente, todos á la deshonrosa igualdad de
la servidumbre. El -noble fué criado del rey, el plebeyo
vasallo del rey. No hubo .mas quann hombre libre, el rey.


Mas cambiaron Jos tiempos. Aquella igualdad el\. la
servidumure era una gran enseñanza para los hombre$, y
adivinaron. que, así como eran iguales en la esclavit~d,
pod~an ser iguales en la libertad. Entonces el espíritu de
la revolacion traido en alas de la tempestad se apoderó del
hombre, . y agitándole yenfureciéndole corno el espiritu


, divino á la Pitonisa de Délfos, le inspiró el gran cántico
de la libertad, el Evangelio social, la declaracion de los
derechos del hombre. En la gran Revolucion francesa, en
aquel brillante Sinaí de las modernas ideas , cuando'la tem-
'pestad se desencadenaba sobre el mundo, ·cuando el ra:Yo
hervía sobre to(ias las ca.bezas, cuando iba á caer una lluvia
de sangre como nuevo bautismo de la humanidad regene-
rada, el.espíritu hum,a.no, hablando por boca de Francia,
arrojó en el llil1Iido.la. santa idea de la igualdad ciyil, de
la igualdad poHtiéa, de la verdadera libertad.


Mas sucedió con la Revolucion francesa loq1l8 antes
habia sucedido, con el Cristianismo. Como la verdad reli-
giosa. ,no pasó de la esfera divina, como no pasó de la con-
ciencia á la política, del mismo, modo la Revolucion fran-


.


ces~ no. pasó de los códigos civi!es á lós códigps políticos.
Bien: ,pronto la clase media, que se habia despertqdo al es-
truendo de la rev.olucion, la clase. media, que habia sido




t\ACIONAL. 111
la depositaria del poder en la Asamblea pon~tituyente; la
clase ,media, que habia acabado con las últimas sombras
del: feudalismo; la clase media, que habia uncido á su, carro
triunfal á los reyes, quiso alzarse con todo el poder, sin'
dar parte alguna al pueblo que la habia auxiliado en su
demanda con sus: ideas y con su sangre, La clase media,
menos gloriosa que la antigua aristocracia, nQ fué menos
injusta. Olvidó bien pronto que su frente habia estado ta-
ladra'da con el clavo de la servidumbre; que su hogar do-
méstico habia sido violado por la tiranía; que sus padres
habian regado de sudor y sangre la tierra para alimentar
á sus voraces señores; que su cuna era la misma cuna del
pueblo, el dolor y la servidumbre; y enriquecida con la
desmoralizacion, con los restos de la fortuna del clero y la
nobleza, y embriagada en el festin de.'~u victori~,yorgu ....
llosa como todos los vencedores, cayó ~n la injusticia, y
no sabiendo á qué precio vender la llbertad yel derecho,
los vendió vilmente por miserable oro. Sí, el privilegio
continuó, la libertad se fraccionó, la libertad se perdió, la
libertad no luce aun, nó, en Europa. Todos sois iguales
ante la ley; pero yo, que soy gobierno, dijo la clase media,.
nombraré los tribunales. Todos tienen opcion al derecho,;
pero solo el rico puede entrar en los comicios, sentarse en
]asCámaras. Todos po deis . publicar ·libremeIlte, vuestras


"-ideas; pero, á fin de probar la alteza de vue.sira' inteligen-
cia, es necesario que me mostreis oro, mucho oro. Sin di-
nero que os rescate de la servidumbre, no podeis ser.libres.
Todos sois iguales ante el impuesto; pero yo, clAse media,
que doy los diputados, los ministros, los empleados, los
alcaldes; yo, solamente yo, puedo yotarydistribu¡r los·
impuestos. La libertad, enianacion de Dios, ,.ciencia d~:1a




112 LA SOBllRANIA


naturaleza del 'hombre, : alma de su alma; la libertad, por
la cual se habiari' sacríficadotantasgeneracionesy habian
venido á la tierra tantas tempestades; la libertad, que el
Oriador repartió" igualmente' entre· todos los hora bres; la
libertad, quehabiasido sellada con divina sangre en el
altar delOalvario; la libertad fué vilmente veudida de
nUf3VO, vilmenteisacrificada, obligándola á llevar la coyun ..
da·'de la grosera materia bruta, cuando ha descendido pura
como el espíritu, inmortal como elhombre, y divina como
su origen, de los mismos cielos. '


Es necesario, pues, que la libertad sea verdad. Importa
poco que el poder esté en manos de uno~. ó en manos. de
muchos, si ese poder es tiránico e injusto. En materia de
tiranía' estaremos siempre por la mas sencilla, por ser la
menos gravosa~ Y todo pode~ que no se funda en la justi-
cia es tiránico; así como toda 'justicia que no· se funda en
la igualdad es abs urda y desmiente y contradice su propia
naturaleza.


,N osotros creem'Os que las sociedades no estarán organi-
zadas con arreglo al ideal de la verdadera· justicia,hasta
que no hayap. consagrado todas las libertades, y que todas
las libertades no, pueden existir sino 'basadas en su idea.
capital,en su idea madre, en la igualdad .. Por eso, no es
libertad la queso~o consiste en los privilegios de una aris-
tocracia, la que públicamente comer~ia con el derecho, y
lo tasa, aunque sea á vil precio.


Pero nosotros aun creemos mas; . conceded el derecho de'
sufragio universal á todo un pueblo, ceñidle la corona de
su fJoberanía, rodeadlo de todo el poder imaginable y deJad
á su libre arbitrio lajusticia, el déreoho, y habreisconsti~
tuido una tiranía aun mas 'temible que la tiranía de los




N_\CIO~AL 113
reyes, y habreis matado la libertad con muerte mas cel'tera
y mas dolorosa. N ó; la ~epública no quiere ninguna tira-
nía, no quiere ninguh despotismo, ni -el despotistllo de los
sacerdotes, niel de Los guerreros consagrados en Oriente,
~i el despotismo de 'la sociedad con sagrada en Grecia y
Roma, ni el despotismo feudal consagrado eu la Edad Me-
dia, ni mucho menos el despotismo de los reyes consagrado
en el Renacimiento, ni mucho .menos el despotismo del
pueblo, que quieren, con grave daño de la libertad, con-
sagrar ciertas escuela.s que se llaman á.sí mismas liberales
y progresivas.


N uestra fórmula es sencilla, es lógica: contra el derecho
DO hay derecho, ni en los monarcas, ni en las. Asambleas,
ni en los comicios donde se reune todo un pueblo. ¿Qué
me importa que me lo~<arranque un tirano, ó que me lo
arranque un pueblo'? Hay algo superior á todo poder, mas
alto que toda soberanía, mas fuerte que toda voluntad, mas
respetable que toda tradicion; y es la ley de la naturaleza
humana, grabada por Dios en mi conciencia con la misma
fuerza con que ha grabado la ley de la gra.vitacion univer-
sal en los cuerpos.celestes. Mi derecho es mi -vida, mi de-
recho es mi sér, el espíritu lo que el espacio es al·cuerpo.
y por eso, en una sociedad justa, todo poder, lláme.se·como
se quiera, todo poder habrá de respetar la conciencia, la
voluntad, la razon .del hombre encarnadas en grandes ins-
tituciones., como la prensa, ,el jurado, el sufragio univer-
sal. Y esta es la verdadera libertad; la. libertad qu~ no l~­
vanta: una elase sobre los hombros de otra clase; la libertad
que no preguuta1l1 hombre ni por su cun,a" ni por su or()-,
sabiendoqu8¡todo'hQmbre es hijo de,Dios,.y que el asiento
incontrastable del derecho es el alma; la libertad justa,




114 LA SOBERANÍA
que se manifiesta á todos igualmente', que se es tiende so-
bre' todos los hombres como lo's arreboles del cielo, como la
luz del soL


La libertad es unaé invisible: penetra toda el alma,
~omo el aire circunda todo el cuerpo. Si esclavizaisuna fa-
cultad del alma, si oprimís alguna de las manife~taciones
de nuestro sér; habéis esclavizado y oprimido todo el hom-
bre. 'Nada importa' que dejeis libre su voluntad si dejais
esclava su razon; la voluntad, sin la razon que la guie, se
déspeñará en los abismos como nave sin brújula ó sin pi-
loto. Pero nada importa que dejeis libre la razon si escla-
vizais la voluntad, porque la libert~d de la razon, sin la li-
bertad de la voluntad, será como un alma sin cuerpo, como
una idea sin forma, como un principio sin' consecuencias.
y no importa que liberteis la razon y la voluntad si -escla:'
vizais la conciencia; cualquiera que sea el altar donde se
sacrifique, la libertad se perderá en el vacío como la nube
d'e humo de los holocaustos i-'aganos. Nada importa, en fin,
que liberteis del yugo á una de las facultades humanas
sino las libertais á todas; porque será 'lo mismo que si li-
gais 'un miembro del cuerpo y lo separais del movimiento
de la vida y de la circulacion de la sangre; pronto vendrá
á entorpecerla vida de todo el cuerpo.


Cuanto mas' miramos esta teoría, cuanto mas la estu-
diamos, mas verdadero nos parece, como que es la conse-
cuencia 'social de toda la civilizacion presente. Mirad, si
nó, el movimiento de la historia moderna, yvereis como
esta misma verdad' que nosotros sustentamos en política se
reconoce en religion', en filosofía, en ciencias, en artes,' en


, códigos, en toda la gran evolucion dél pensamiento hu-
mano.




NACIONAL. 115
IJos pueblos antiguos tenían cada uno su religion pri-


vilegiada, su religion particular, su Dios que amaba á SU:
pueblo y aborrecia ~ los demás pueblos; que ofrecia una re-
compen~a á los sacerdotes y otra á los guer:eros; 'que guar-
daba un cielo para los libres y otro cielo distinto 'para los
esclavos; religion de privilegio que no murió hasta que
Jesucristo vino providencialmente á predicar un solo Dios
para toda la humanidad, padre de todos los hombres, justo,
igual para el pobre que para el rico; un Dios en cuya pre-
sencia no hay gerarquías sociales; un Dios que mira á cada
uno segun sus obras y nó segun su cuna; Dios justo, eter-
no ideal de la ci vilizacion moderna. Y esta es la democra-
cia religiosa.


y lo que sucedió primero con la religion, sucedió mas
tarde con la ciencia. Las escuelas filosóficas eran una aris-
tocracia científica. Se creia mas venerable el principio mas
antiguo. Aristóteles era un tirano que ungía con su óleo
todas las conciencias, y sol:> la razon por él ungida era una
razon Yerdaderament~ filosófica. La palabra del maestro
pasaba de genel'acion en generacion, aumentada) contra-
vertida, desfigurada, y la palabra del maestro era la única
autoridad de la ciencia. Para saber, lo que menos se nece-
sitaba era pensar; lo que mas se necesitaba era aprender.
La tradicion y la autoridad habian absorvido al único ins -
trumento de la ciencia, el raciocinio. Y un dia se levantó
un filósofo, y dijo:


«En la razon se encuentra la base de 10da la ciencia. »
y desde que este nuevo Sócrates apareció en la historja,


todo ha cambiado de rumbo, y el pensamiento humano ha
comprendido mas claramente su inmortal destino~ Y esta
~s la democracia filosófica.


,'01(0 l.




116 LA SOBERANIA
y 1,0 que sucedió con la filosofía, sucedió con las cien-


cias naturales, que, cuando un principio es verdadero,
llega hasta tocar la raíz misma de la .vida. Las hipótesis
tradioionales se enoadenaban unas OOIL otras de generaoion
en generaoion. Pero otro génio estraordinario, Baoon,
dijo:


<c.Es necesanio basar las ciencias físioas en el hombre, en
su obs.ervacion yen su esperienoia.~)


Y·desde entonces, las fuerzas del hombre se han centu-
plicado; su mirada se ha perdido en la inmensidad de los
espacios celestes y ha contado los astros; su pensamiento
enlaza en armonías unos séres con otros séres; sus fuer-
zas domeñan todos los elementos; su poder llega hasta
aproximar el rayo y esclavizar el vapor y la electri ~
cidad.


y esto mismo, en una palabra, ha sucedido en todas las
cienoias, en todas las manifestaoiones sooiales. La eoonomía
polítioa se enlaza oon el dereoho, y en ~ombre del dereoho
pide las libertades eoonómioas. Los oódigos civiles se fun·


.


dan en la igualdad, y por la igualdad esplioan y abonan
la justicia humana. Lo que es verdad en religion, en filo-


.


sofía, en oienoias naturales, en la eoonomía política, ¿no
ha de ser tam bien una gran verdad social?


Contra estas verdades no se oponen nunca objeciones
capitales: el temor á la anarquía, el recelo de gravísiruos
desórdenes, hé aquí todo cuanto se dice en contra de nues-
tra teoría. Nosotros creemos que la palabra libertad y la
palabra. órilen son los dos términos de una ecuacion, como
la palabra {f,11Jtoridad y la palabra razono N o hay órden .sin
libertad, n6 libertad sin 6rden, como no hay autoridad sin
razon en que se apoye, ni hay razon que no lleve en sí vir-




NACIONAL. 117


tualmente la autoridad. La confusion y el desórden, nacen
de la injusticia; de permitir á unos lo que se Diega á otros;
de basar el derecho en el oro, de establecer privilegios iní-
cuos, de matar la libre actividad del pensamiento, de me ...
nospreciar la naturaleza humana, de violar la inviolable
conciencia, de perseguir basta en el cerebro el espíritu, de
abogar todas las voluntades bajo la voluntad de un tirano,
de consentir que pesen aun sobre los hombres los últimos
eslabones de la dura cadena que han roto á tanta costa,
despues de tantos y de tan largos martirios; confusion y
desórden que no cesará hasta que no se consagre la verda-
dera libertad, la única que es posible, la libertad que or-
dena y concierta todas las voluntades y devuelve al hom-
bre toda la integridad de su sér.


Si esta libertad hemos sostenido siempre, hoy como
ayer, esta sostendremos mañana como hoy. Nuestra polí-
tica se apoya en algo mas respetable que la tradicion y la
rutina y el interés estrecho de partido, en la naturaleza del
hombre. Queremos levantar al oprimido, pero no conver-
tirlo en opresor; queremos destruir el privilegio; y nó que
el privilegio venga á nuestras manos; queremos justicia
para los mismos que han sido injustos, para los mismos
que nos tiranizan; queremos ser verdaderamen te hermanos
de los que han remachado nuestros hierros. La venganza
no es propia de corazones generosos. El terror y la muerte
todo io a'gostan, todo lo aniquilan, los abrojos y las flores.
Pedimos la abolicion de toda la tiranía, de toda inmorali-
dad política, porque no queremos ni que los mismos escla-
vizadores sean esclavos; pedimos la muerte de todo prjvi-
legio, porque no queremos que los privilegiados sepan
. cuán duro y amargo es sufrir las injusticias de los privile'"




118 LA SOBERAN1A NACIONAL


gios; queremos que caigan los cadalsos, que se acabe la
guerra del hombre C0n el hombre, que las revoluciones se
realicen allá en las esferas de la ley sin conocer la socie-
dad, que los pueolos se 'unan,' que todas las inteligencias
abran sus alas' á la luz del dia; y porque deseamos todo
esto., defendemos' la verdadera libertad, que es la Repú-
blica ).




CAPITULO VI


Dos palabra:,; sobre los acontecimientos de Barceloná.


, Nadie ignora los acontecimientos de Barcelona en los
dias 21 y 22 de febrero próximo pasado; pero no todos co-
nocen la exacta verdad y cada cual les ha dado á su antojo
el carácter que mejor le ha parecido.


Lo cierto, lo exacto, lo verídico, es lo que vamos á de-
jar consignado aquí para ilustrar convenientemente la opi-
nion, que sufre á veces lamentables estravíos.


Susurrábase en los círculos políticos de Barcelona desde
algunos dias antes, que se estaba aguardando UDa conspi-
racion militar en favor de determinada idea política; y tales
rumores tornaron mas pronto á reproducirse en la noche
del 20, cuando, al mismo tiempo que llegaban á Barcelona
algunas columnas de operaciones, recibian órden de salir
de la misma capital los batallones de cazadores de la Ha-
bana y Ouba, los cuales estaban considerados como muy
adictos á la causa republicana.


Circuladas estas noticias instantáneamente y sabiéndo-




120 LA SOBERANU
se ya que el general Gaminde, capitan general del Princi-
pado, habia huido, embarcándose para Marsella, despues de
resignar el mando en el general Andía, segundo cabo del
distrito, constituyóse la Diputacion provincial en sesion
permanente y una comision de la misma se dirigió á la mo-
rada del citado general Andía, para suplicarle que diera
esplicaciones satisfactorias acerca de la inesperada concen-
tracion de tropas que se habia verificado últimamente y
. cuya concentracion habia alarmado al pueblo de Barcelona.


Eran las primeras horas de la madrugada del 21, Y se
divulgó que los batallones de la Habana y Cuba se nega-
ban á marchar en socorro de Tordera, punto donde se ha-
llaban encerradas tres ó cuatro compañias del ejército, si-
tiadas por el gefe carlista Saballs. .


Entonces fué cuando un señor diputado provincial, el
señor Viñets, se presentó en el cuartel acompañado de
algunos republicanos y conferenció con el coronel del
cuerpo.


Los soldados, que estaban muy animosos, rompieron en
demostraciones de entusiasmo apenas se enteraron de que
los paisanos que habian entrado eran una comision de la
Diputacion provincial, y el coronel y la oficialidad no tu-
vieron el mas mÍúimo reparo en manifestar que se halla-
ban resueltos á sostener á todo trance la república, como el
gobierno que legalm'3nte se habia dado á España.


Un numeroso pueblo se agolpaba en las avenidas de los
cuarteles y al salir el batallon con charanga y bandera
desplegada, á los gritos de «viva la república federal) pai-
sanos y soldados se abrazaban, tirando los primeros los
gorros y roses al aire y colocándoles los paisanos gorros
frig·ios y barratinas encarnadas.




NACIONAL. 121


Así siguieron por la .esplanada, calle de Cádiz, plaza
del Angel y calle de Jaime 1 hasta la plaza de la Constitu-
cio, dando los soldados, cabos, sargentos y oficiales, contí-
nuos é incesantes vivas á la república.


Al llegar á la citada plaza, se formó todo el regimiento
y, desde los balcones de la Diputacion, se arengó á la tropa,
que con sus aclamaciones á la república federal y al pue-
blo, ahogaban la voz de los oradores.


El pueblo, que estaba allí imponente victoreaba al ejér ~
cito republicano.


Las tropas entraron con las culatas al aire y se posesio-
naron de -la plaza hasta la llegada de la artillería de mon-
taña que subia por la calle de Jaime 1. ,


Los gritos y aclamaciones á la república de los solda-
dos del regimiento de la Habana, dieron á conocer á la ar-
tillería que las fuerza~ que tenian delante eran amigas y
deseaban lo mismo que los artilleros, así pues, al entrar en
la plaza fraternizaron y se abrazaron unos á otros.


A las diez y media de la mañana, varios diputados pro-
vinciales y algunos conocidos republicanos se dirigieron á
sacar las tropas acuarteladas en A tarazanas y Santa Ma-
drona' y enseguida el diputado señor Carreras, se em-
barcó en la puerta de la Paz, para encaminarse á la Barce-
loneta, donde estaban acuartelados los regimientos de Te-
tuan y Navarra y el batallon' cazadores de Arapiles.


La adhesioD allí fué mas difícil, porque los coroneles
de los cuerpos se escusaban terminantemente, abroquelán-
dose en la ordenanza, y pidiendo una órden del general,
pero despues de haberles participado el señor Carreras, que
el general Andía habia desaparecido de la plaza, y viéndo-
lo ellos confirmado por mensajeros que al efecto enviaron, se




122 LA SOBERANlA


pu~ieron á las órdenes de la Diputacion, y á las dos de la
tarde los soldados recibieron la órden de partir.


Apenas se tocó llamada estos prorumpieron en grandes
demostracionés de alegria, victoreando la repú blica fede-
ral, la Diputacion y el ejército.


Entre tanto los señores diputados Lairet y Abella, se
embarcaron para que la escuadra se adhiriese, y recibidos
con el mayor entusiasmo en la Vt'Ua de Madrid, lo lograron
plenamente.


Mientras ocurrian estos gravüdmos sucesos, la Diputa-
cion habia asumido el mando militar superior de Barcelo-
na, y habia nombrado capitan general interino al coronel
mas an1Jguo de las fuerzas, que lo era el del regimiento de
caballería de Almansa, don Félix Remigio Iriarte, y se-
gundo cabo, tambien interino, al coronel del regimiento
de infantería de Cádiz, don Mauricio de Lera y Mendia,
quienes se hicieron cargo del mando.


Preparadas ya las tropas como hemos indicado, á las
doce se presentó en la plaza el regimiento de Cádiz, bata-
llon de Tarifa y sucesivamente, el regimiento de San Fer-
nando, que fué recibido con entusiasta.s victores. Saludó el
coronel á la bandera republicana y apeándosa, subió á las
Casas Consistoriales, desde cuyos balcones arengó al pue-
blo y al ejército, y victoreó á la república. Despues fueron
entrando en la plaza fuerzas de artillería rod~da, condn-
ciendo dos baterías de cañones Krupp; una seccion de
guardias civiles, sin armas, tres baterías de artillería de
montaña, una compañía de la de plaza, tres ó cuatro escua-
drones de caballería, el batallon de francos de Cataluña,
cuatro compañaís de carabineros, otros tres 6 cuatro regi-
gimientos de línea y otros tantos batallones de cazadores.




NACIONAL. 123
Al presentarse las fuerzas en la plaza echaban las culatas al
'aire, los gefes vitoreaban á la' república entre l~s aplausos
de, los paisanos y los gritos de la tropa, que, con un entu-...
siasmo indescriptible, se entregaba á los mas ~spansivos
trasporteg. El pueblo abrazaba á los soldados, se encarama-
ba en las baterías, levantaba en brazos á los gefes, y de to-
das suertes manifestaba el entu.siasmo que sentia. A eso de
las tres el aspecto que presentaba la plaza de la Constitu-
cion era imponente.


La artillería habia montado los cañones junto á la en·
trada de la calle de la Libretería: la de Jaime I estaba oeu ..
pada por un batallo n de cazadores; la de la Ciudad por la
caballería; la de San Honorato por los Francos de Cataluña;
en el centro de la plaza los cañones Krupp, yen los cuatro
lados de la misma los regimientos de línea, cazadores, ca-
rabineros yartilleria de plaza. Entre los nombres de estos
cuerpos recordamos los de la Habana, San Fernando, Cá-
diz,Arapiles~ Madrid, Tarifa, Cuba, Francos de Cataluña,
Alcántara y Tetuan.


Desde los balcones de las Casas Co.üsistonales varios
ciudadanos, diputados provinciales, gefes y soldados diri-
gieron la palabra al inmenso gentío apiñado en la plaza,
que acogia calurosamente los vivas y apóstrofes. A eso de
las tres y cuarto las cornetas hicieron la señal de marcha,
y las distintas fuerzas desfilaron, abriéndose con dificultad
paso entr~ las oleadas de la multitud. Dirigiéronse á la es-
planada, formaron allí en batalla, apoyando el frente en el
Jardin ,del General; presentóse el coronel señor Iriarle,
nombrado capitan general interino, y desfilaron otra vez
por la calle de Oádiz y plaza de la Constitucion, para' reti ..
!'arse á los cuaTteles.·


TOMO l.




124 LA SOBERANIA
Mas tarde, esto es, el 9 de Marzo, prodújose un nuevo


conflicto que pudo tener muy sérias y graves 'proporciones,
efecto de las noticias y de los rumores que circulaban y
que á todo el mundo tenian en viva zozobra yansiedacl.


La piedra de 'toque, la causa pri!lcipal, era la noticia de
que tal vez no se tomaria en consideracion por. la Asam-
blea) ni mucho menos se aceptaria el v9to particular del
señor Primo de ,Rivera para que ésta se disolviese, combo-
cándose en un término preciso y perentorio las nuevas Cór-
tes Constituyentss. Voto que el gobierno apoyaba y sobre
cuya aceptacion,ó n6, habiahecho cuestion de gabinete~


Como quiera que estos',acontecimientos son de impor-
tancia'suma, vamós á trasladar' aquí la relacíon de los
mismos, segun las diferentes versiones de dos de los perió~
dicos mas' autorizados que en la localidad se publican, 'd~,
clinando sobre los mismos la responsabilidad de su exacti-
tud, sin embargo de que, por I?-uestra parte, les concedemos:
entero crédito.


La lnaepenaerj-cia, en su edicion de la mañana del día
10, se espresa en los siguientes términos:


«Las dud.as que algunos ,de, nuestros correligionarios,
manifes.taban abrigar sobre la votacion verificada ante-,
anoche en la Asamblea nacional, fué causa de la agitacíon
que cundió en nuestras filas desde las primeras horas de la
madrugada de ayer.' Creciendo la misma, gracias á los pOI'
demás parciales comentarios que hacian algunos cí udada-
nos del voto particular del Sr. Primo de Rivera, aceptado.
por el gobierno, y de cuyo voto todos sabíamos, por lo que,
nos' habia comunicado el telégrafo, que, era en un todo
idéntico al proyecto presentado por el ministerio,menos en
la parte referente á la convocacion de los comioios para la.




NACIONAL. 125
eleccion de Constituyentes, que el voto particular retardaba.
de un mes, decimos, que creciendo la agitacion merced á.
estos errores y apasionados comentarios, llegó á su paroxis-
mo entre once y doce de la mañana, cuando, en verdad, la
situacion presentaba síntomas alarmantes. Sin embargo, la
sensatez de nue~tro pueblo, que nunca se pondrá ponderar
lo bastan te, triunfó de las esci taciones mas ó menos in ten-
cionadas de algunos pocos, y los telégramas tranquilizado-
res que por varios conductos se recibieron de Madrid, aca-
baron de restablecer la calma.


»Durante todo el dia circularon en la ciudad las mas in-
sistentes noticias, de las cuales no nos haremos eco por ser
todas ellas inexactas. Esto no obstante, debemos ocuparnos,
de la especie que cundió á las primeras horas de la tarde,
;¡ que por las particularidades de que se hallaba revestida
tomó; algunas proporciones.


})Decíase que sobre la una y media, desde los balcones
de la Diputacion provincial, se habia proclamado Cataluña
independiente, por algunos individuos de la corporacion
provinciaL Este rumor, sin embargo, .estaba desprovisto
de fundamento.


»Lo que sucedió fué que al llegar la manifestacion obre-
ra que tuvo lugar ayer; á la plaza de la Ciudad, y en la
cual figuraban delegados de varias importantes poblacio-
nes de la provincia y de los centros de esta capital, subió
una com~sion á la Diputacion, y en nombre de los manifes-
tantes y de las asociaciones obreras á quienes representa-
ban, pidió á dicha corporacion que proclamara la autono-
mía de Cataluña. En nombre de la Diputaci.;>nprovincial
y autorizado para ello, el diputado ciudadano Los tan dijo
q ne les animaban los mismos deseos, y los trabajos qUEJ se.




126 LA SOBEHANIA
estaban practicando tendian todos á· asegurar el pacífico
advenimiento de la república democrática federal, única.
forma de gobierno que garantía las libertades y por consi-
guiente las reformas sociales que la clase obrera anhelaba;
pero que debiendo llegar de un momento á otro el presidente-
del Poder Ejecutivo, ciudadano Figueras, les supli~aba que
reservaran para mas adelante la resolucion de la peticiono
Añadió, que si pedia el aplazamiento, era obligado por las.
graves y difíciles circun.,stancias por que atravesaba la pro-
vincia, pero que sin embargo de ellas, la Diputacion pro
vincial habia acordado: 1.0 La disolucion inmediata del
ejército que actualmente se encuentra en esta .provincia; y
2,1) La conversion,iambien.inmediata, del mismo en ejér-
cito de voluntarios. Terminó -dando vivas á la.república
federal, al ejército libre y á la union del pueblo.


) Usó luego de la palabra el diputado ciudadano Roig y
. Minguet para manifestar, que, dado por la Diputacion el de-
creto de disolucion, deben unirse todos los buenos republi-
canos para ir á combatir á los carlistas que asolan nuestras
hermosas campiñas y deshonran la España liberal, tremo-
lando su estandarte desprestigiado en todas las naciones·
cultas del mundo.' Añadió que no eran estos únicamente
los enemigos que tiene la república; que habia otros pa~ti­
dos qtiemas hipócrita y embozadamente trabajaban para
su destruccion, y estos estaban entre nosotros y con nos-o
o-tros se confundían, y que era indispensable conocerlos y
rechazarlQs para 10grar que se coloquen frente á frente y
podltrloo combatir con energía. Terminó dando un viva al
-ejército libre y; otro á la igualdad.


»SeguidameJite eloiudadanv Brugolat en nombre de los-
mawlestantes dijo que se felicitaba y se alegraba ds la




NACIONAL. 127
resolucion de la Diputacion provincial, recomendando á los
obreros el mayor órden y perseverancia y es citando á esta
corporacion á que siguiera por la senda revoluci<?naria, en
la seguridad de q'le ha de encontraren los obreros un firme
apoyo para sostener el ótden y para alentarla en la difícil
empresa que seguia. Al acabar dió un viva á la revolucion
y otro á la república democrática federal con sus naturales
consecuencias. La manifestacion se disolvió luego en me-
dio del mayor órden.


})Ta1 es en suma lo que dió pié ayer á los rumores que,
con tanta insistencia, cundieron. Las precauciones milita-
res que se tomaron por la mañana, colocando en varios
edificios algunas fuerzas ciudadanas, no tuvieron mas ob-
jeto que evitar la consecuencia de la alarma que á causa de
los sucesos de Madrid reinaba en esta.


! »Los partes telegráficos que publicamos ayer dando
cuenta del resultado de la votacion, han devuelto la calma
y la confianza á los ánimos tan so brescitados hasta ahora.
De esperar es que los que publicamos hoy y la llegada del
presidente del Poder Ejecutivo, contribuirán á la calma
completa en nuestra capital. \)


Por su parte el periódico La Imprenta, en su edicion de
la tarde se espresaba en los siguientes términos:


«Ayer tU'vieron lugar en Barcelona importantes acon-
tecimientos. El día anterior la Diputacion provincial de
acuerdo. con las delegaciones de las Diputaciones de las
otras tres provincias catalanas habia resuelto, si la Asam-
blea no acordaba disolverse, proclamar la República fede-
ral y constituir el Estado de Cataluña. Decíase que lasDf ..
putaciones de las Baleares, Valencia y Zaragoza estaban
dispuestas á hacer 10 mismo si Barcelona daba el ejemplo.




128 LA SOBERANIl
Para llevar á cabo este acuerdo, la Diputacion debia desa-
parecer cediendo su lugar á un directorio compuesto de dos
diputados . provinciales y un representante ~e cada una de
las tres grandes agrupaciones del pal'tido federal de esta
ciudad. Así las cosas, s.e supo que en Madrid los radicales
se proponían derribar al gobierno y solo se espe~aba que
les condujesen á mejor acuerdo los telégramasque las Di-
putaciones antes citadas habian dirigido al Presidente de
la Asamblea, señor Martos, en los que le manifestaban en
términos precisos que si era derrotado el gobierno, procla-
marian la República federal en sus respectivas provincias
ya que los radicales habian roto el pacto formado al procla-
marse la República. Empero, se sabia que el señor Martos
se habia reservado estos telégramas.


» En el ínterin, se iban tomando disposiciones y se for-
mulaba el programa de lo que debia hacerse. El impulso
estaba ya dado y eran muchos los que deseaban que se
hiciese la proclamacion en el acto, ya que para esto basta-
ban tres ó cuatro músicas y una proclama. Sin embargo,
en el seno deja Diputacion se hacian esfuerzos para que
ésta, modificando su acuerdo, se encargase de la direccion
del movimiento.


»En tal estado y agitados los ánimos, citado el meeting
de laclas.e obrera, avisadas las fuerzas ciudadnnas yagita-
dos los cuarteles, se recibió el telégrama que decia haber
sido tomado en consideracion el voto particular del señor
Prim.o de Rivera. Aunque este hecho no resolvía la cues·
tion,' una. de las agrupaciones republicanas se dió por sa-
tisfecha y acto contínuo se declaró en aciitud hostil contra
lo~.que queria.n qJle el primitivo plan se llevase á cabo.


»La situacion se fué poniendo tirante por momentos,




Nf CIO~AL. 129
empezó á dominar la pasion y amenazaba· un sédo cónflic-
too Sabíase que habia elementos poderosos que seguirianel
impulso que habian recibido y se temia, que, abandonados
á sí mismos, fueran mas allá del punto f\. donde querian Ue~
gar. Algunas personas de las que habian sido designadás
para formar el directorio, apoyadas por algunos amigos,
republicanos federales' antiguos y probados, creyeron que
solo poniéndose al frente del movimiento podrian encau-
zarle.


»Mucho debió trabajarse durante las pocas horas que
quedaban de la noche. Debieron darse noticias detalladas al
gobierno, citándole nombres propios, pues al amanecer em-
pezaron á recibir, las personas indicadas para ponerse al
frente del movimiento, telégramas de los señores Figueras,
Pi y Tutau, ,apelando á su patriotismo para que contuvie , ..
ran lo que se proyectaba .. '


»Poco despues de amanecer se tomaron algunas precau-.
ciones; fuerzas de guardia civil y voluntarios de la Repú-
blica se situaron en el Banco; un piquete de fuerza ciuda ...
dana ocupó las oficinas del telégrafo, y los batallones de
milicia se fueron reuniendo. Rec~bióse un telégrama·del
señor Figueras preguntando si seria conveniente su venida
á B:l.rcelona.


»A las nueve de la mañana pareciainmínente la procla-
macion de la República, yel salon,de San Jorge parecía un
campo ~e Agramante: Por 'último, tratóse de avenencia; en
los primeros momentos fué imposible entenderse, pero poco
á poco se estrecharon un tanto las distancias, hasta que por
último se convino que no se proclamaria la República feh
dera~,~i se d~s,ti~uiria el Ayuntamiento, pero ;sí QU8;,aE, ',i,"-
cenClarla el eJércIto. ' , '~.:




130 LA. SOBERANIA
»Reuni6se la Diputacion que sancionó esta transaccion y


promulgó el decreto de licenciamiento del ejército, que se
hizo público ante la manifestacion que habia llegado á la
plaza de San Jaime, y enlos cuarteles. Finalmente se anun-
ció que el señor Figueras estaba en camino para esta.
~)Tal fué el desenlace de una situacion que pronosticaba


important,es acontecimientos. Sus consecuencias no pueden
precisarse por ahora, pero las proclamas que han aparecido
hoy en las esquinas pueden servir de indicios para conje-
turar las. })


Por su parte las diputaciones de Gerona, Lérida, Tarra-
gona y Baleares, protestaron contra "el acuerdo de la Dipu-
tacion de Barcelona en lo que hacia 'relacion al licencia-
miento del ejército, por juzgarlo inconveniente en momen-
tos tan graves y cuando el enemigo comun" ó sean las
facciones carlistas, invadian el territorio, asediaban á los
pueblos, é iban tomando proporciones tales que mas que
nnnca necesitaban de una activa persecucion, se habia de
conseguir su esterminio.


La armada y el ejército, digno siempre, noble cuanto
valeroso y patriota, no quiso aceptar tampoco la licencia
ofrecida, por 10 menos en tanto que hubiera facciosos á
quienes combatir y elementos perturbadores dentro de la
ciudad,d~spue3tos siempre á alterar el órden y hacernos


• perder las conquistas adquiridas.
Asi lo consignaron, para que llegara á noticia del pú-


blico, en una especie de manifiesto tan lacónico como bien
escrito y mejor sentido, que se fijó en todas las esquinas
de :aar4)élona en la tarde del día diez.
"~tretanto, vencidos ya los elementos d~ discordia que
~ entonces se habian agitado, restablecida la calma,




NACIONAL. 131
por erecto de los partes telegráficos recihidos, si bien con
harto sentimiento de los que á otra cosa aspiraban y se
proponian llevar á cabo, ya no se pensó mas que en el re-
cibimiento que debia hacerse al Presidente del Poder Eje-
cutivo, que, segun noticias, debia llegar de un momento á
otro.


Este no pudo verificarlo tan pronto como era de esperar
por las interrupciones que sufrió en el camino, viéndose
obligado á detenerse en diferentes poblaciones del tránsito,
pero llegó por fin el dia doce, y se le hizJ un recibimiento
tan entusiasta como espontáneo.


Seria demasiado prolijo si hubiéramos de consignar
aquí, detalladamente, todas las atenciones, todos los cariños
de que fué objeto.


Su sola presencia bastó para que todos los ánimos se
tranq uilizaran, hasta los de las personas mas pusilánimes.


Él, concilió á los que se habian desunido, poniendo en
grave peligro los mas sagrados intereses.


El, hizo comprender su deber ti los que de buena ó de
mala fé se habian separado del buen camino.


El, restableció la disciplina en las filas.
Con su esquisita bondad y esa fuerza de conviccion que


acompaña siempre á su autorizada palabra, resolvió las
cuestiones mas difíciles é importantes. Cuantas comisiones
se presentaron á cumplimentarle salieron encantadas de
su amabilidad y cortesía.


y no hay que decir que aquellas fueran escasas,pues,
entre otras, recordamos que se apresuraron á rendir este
natural homenage de respeto y consideracion á tan ilustre
patricio, la oficialidad en masa de los buques ;~e guerra
surtos en el puerto, la Junta del Banco de Barcelona, la de


TOMO l.




132 LA SOBERAN lA
Agricultura Industria y Comercio; la del Colegio de Abo-
gados; la de la Sociedad Catalana; la del ferro-carril de
Martorell; Círculo Ultramarino; España Industrial; Ayun-
tamientos de los pueblos; Cónsules de Suiza y la República
Argentina; Vicario general Castrense; oficialidad del Ba-
tallon de Veteranos y de los Voluntarios de la República y
hasta una Comision de Obreros delalnternacional de Gracia.


Sin embargo de que su salud se hallaba un tanto que-
brantada y de las graves y urgentísimas ocupaciones que
le asediaban, á fuerza de buen deseo, de energía y aun
robando las horas al preciso descanso, el Presidente del
Poder Ejecutivo dedicó las primeras horas de dos ó tres
mañanas para visitar los establecimientos de Beneficencia,
con objeto de enterarse de sus necesidades y acudir á ellas
en la forma mas conveniente. La cárcel pública, el Hospi-
tal de beneficencia provincial, la Casa de Caridad y de Ma-
ternidad, la de Correccion, Misericordia y Hospital general
fueron inspeccionadas minuciosamente por el señor Fi-
gueras.
~or cierto que merece relatarse un episodio tiernísimo


ocurrido en una de estas visitas.
En la Casa de Caridad le fueron presentados dos niños


de corta edad, que trabajaban en la imprenta de aquel es-
tablecimiento, los cuales le entregaron una solicitud de
indulto á favor de su pobre madre, que se hallaba en Alcalá
de Henares estinguiendo la condena que le habia sido im-
puesta en virtud de los acontecimientos de Sanso


Escusado creemos decir que muy en breve aquella ma-
dre infeliz, volviendo al seno de la familia, podrá, gracias
al señor Figueras} estrechar contra S11 corazon á los hijos
de sus entrañas.




NACIONAL. 133
y puesto que de indultos hablamos, debemos tambien


hacer mencion del que fué concedido por el mismo ilustre
Presidente del Poder Bjecutivo, al cabecilla lYariano de la
Coloma, que se hallaba en !-fonjuich estinguiendo la con-
dena á que habia sido sentenciado, consiguiendo del citado
cabecilla la formal promesa de renunciar para siempre y
no volver á rcezclarse en los asuntos carlistas.


Siempre atento á todo y previsor como nadie, convocó á
una reunion de gran importancia á los comerciantes y
banqueros mas acaudalados de Barcelona. Correspondiendo
á ella asistieron casi todos los invitados, contándose entre
los mismos, los señores don Jo~é Amell, don Juan Jover y
Serra, don Manuel y don Ignacio Girona, don José A; Mun-
tadas, don Nonito Plandolit, don Antonio Brusi, don José
Ribas de Clascar, don José M. Serra, don José Canela, los
señores Vidal y Cuadras, don Miguel Boada, don Antonio
Lopez y Lopez, don Mariano Carsi, los señores Bacardí,
Batlló, Ferrer y Vidal, Freixa y Mercader.


La conferencia duró mas de dos horas.
En ella el señor Figueras empezó por manifestar qua


les habia convocado para esponerles la situacion del Go-
bierno. Que la guerra civil ocasionaba cuantiosos gastos,
que habia que atender á la movilizacion de algunos millares
de voluntarios, y que el gobierno apelaba á su patriotismo
para arbitrar recursos y mejorar la situacion económica.del
Tesoro. Todos los presentes estuvieron conformes en pres-
tar el necesario apoyo al gobierno, para que fuese mas de-
sembarazada su marcha, en especial, la Junta del Banco
de Barcelona, que ofreció incontinenti y con un patriotis-
mo que la honra, cuantiosas sumas. El acuerdo final fué
nombrar una comision, que entendiese en llevar á cabo el




134 I.A SOBERANÍA.
proyecto de facilitar recursos al gobierno. El seño:." Figue-
ras quedó muy satisfecho del resultado de la conferencia,
y los señores invitados muy complacidos del espíritu que
anima al señor Presidente del Poder Ejecutivo.


Al regresar á la Córte ha debido llevar el señor Figue-
ras, gratísimos recuerdos de la ciudad Condal, donde ha sido
constantemente objeto de las demostraciones mas vivas de
simpatía y de cariño, y sobre todo una gran satisfaccion en
su alma, por haber dejado complet3,mente restablecida la
tranquilidad y el órden en la capital del Principado.


GranJes han sido los obstáculos que ha tenido qlAe ven-
cer; ímproba y dificilísima la mision de que se habia en-
cargado; llena de abrojos y de punzantes espinas la senda
que debia recorrer y, sin embargo, con su colosal talento,
con las bellísimas condiciones de su carácter, .con el pres·-
tigio de su valía y con su espíritu conciliador, con la auto-
ridad de su palabra, lo ha vencido todo, lo ha allanado todo,
y, como César, puede lisongearse y decir Vini Vidi Vinci.




CAPITULO VII


Triunvirato de pícaros.


Nuestros lectores no deben haber olvidado, aunque no
hayan tenido mucho tiempo para conocerle, á un persona·
ge que en las dos escenas en que hajugado, apenas si he-
mos hecho otra cosa que delinearle.


Sin embargo, es un tipo digno de estudio.
Tomasito Lopez comisario de policía durante la situa-


cíon Amadeista, por cierta clase de servicios prestados an-
teriormente ... á no sabemas quién, era lo que se llama un
pícaro redomado.


y como en la sociedad en que vivimos, por mas que sea
una desgracia y una vergüenza el tener que confesarlo, los
pícaros tienen mas suerte que los hombres de bien, parecía .. "
que el tal Tomasito había nacido de pié 6 caído. en gracia.


Era hijo de honradísimos padres, pero como hasta en
los troncos mas sanos suelen brotar ramas viciadas, Toma-
sito fué una de estas.


Cuando chicuelo, en vez de ir á la escuela, allá en su


..




136 LA. SOBERANÍA
. puebl-o, los mas de los dias hacia lo que suelen llamarse
novillos, y en compañia de otros muchachos se dedicaban á
coger nidos y á robar frutaS en los huertos de los vecinos.


Es verdad que estas correrías solían costarle muy bue-
nas palizas que le arrimaba su padre, cuando se enteraba,
amen de no pocos pellizcos que por via de introd:uccion le
aplicaba su madre.


Pero poco á poco, porque á todo llega uno á acostum-
brarse en este mundo, se fué nuestro muchacho haciendo
á los golpes y lo mismo se le daba á él recibir una paliza
que comerse un merengue.


De este modo fué Tomasito, poco á poco, perdiendo la
vergüenza.


En la escuela le castigaba el maestro por su desaplica-
cion y su padre en casa por sus malos instintos y su hol-
gazanería.


Viendo la ineficacia en la correccion, (el buen padre,
que se habia propuesto hacer de su hijo un sabio) y que es-
te continuaba tan zopenco como cuando empezó á estudiar,
hizo, á fuerza de latigazos con el tirapié, que apreL.diera el
mismo oficio que él tenia.


El padre de Tomasito era zapatero.
El buen viejo sabia, como vulgarmente se dice, donde


le apretaba el zapatero, pero se encontró con la horma de
.... su ídem,. al tratar de enseñar á su hijo.


En vano blandia el tirapié y lo dejaba caer silvando so-
bre las espaldas del mancebo.


Este no llegó á saber otra cosa, durante su vida de
,_ aprendiz, que á machacar la suela.


En cambio sabia otras muchas, que su padre habia ig .
norado siempre.




NACIONAL. 137
:Mostraba felicísimas disposiciones para apoderarse de


los objetos de sus compañeros; sus inclinaciones eran tan
perversas que gozaba en pelar las gallinas vivas, ó en ator~
mentar con inaudita crueldad á todo perro 6 gato que le
venia á la mano; tenia un descaro á toda prueba para ne-
gar lo mismo que se estaba viendo; mentía con un aplomo
inaudito, era hipócrita y solapado, y en resúmen, demostra-
ba perfectamente desde su primera edad lo que podria llegar
á ser.


Su pobre padre le amenazaba constantemente con que
habia de conseguir el corregirle ó poco habia de poder.


Desgraciadamente sucedió esto último.
Pudo mas que él un maldito ataque cerebral que se lo


llevó al otro mundo en cuatro dias, sin haber podido corre-
gir á aquel pilluelo.


El muchacho derramó unas cuantas lágrimas, tan falsas
como en él lo era todo, y despues se marchó á jugar á las
naipes con los cuartos que habia encontrado en la cbaque -
ta del difunto.


Esto demostraba ya una de las nuevas habilidades que
Tomasito iba adquiriendo.


Jugaba, pero todo lo que tenia de torpe para aprender
en la escuela y en el modesto taller de su padre, túvolo de
diestro para cierta clase de juegos.


Tomasito ganaba siempre.
Cierto es que algunas veces solían decirle que· haciá.~


". ~~
trampas, pero el pillete, que tenia unos puños como un hér.
cules, y la fuerza de un toro, de tal manera ensangrentaba
las narices de los desvergonzados maldicientes, que les
obligaba á confesar en voz muy alta que se habian equi-
vocado.




138 LA SOBERANIA
Pero es verdad tambien que despues y en voz muy ba-


jita iban diciendo por todas partes que Tomás era un esta-
fador y un fullero, que despues de robarles los cuartos les
solfeaba de lo lindo; pero todo esto lo hablaban de manera
que el hijo del zapatero no llegase á oirlo.


La viuda no tardó mucho en seguir á su marido.
El dolor que la causó la muerte de éste y los disgustos


que su hijo la proporcionaba á cada paso, de tal modo acÍ-
bararon su existencia que la pobre mujer no encontró otra
cosa mejor que dejarse morir lo mas pronto posible, para no
padecer tanto.


Héte aquí á Tomasito dueño de sus acciones á los diez
.y seis años, y, aindamais, con unas cuantas monedas de
cien reales ahorradas á costa de muchos afanes por el pobre
zapatero y su mujer; propietario igualmente de la casa que
vi via y de un maj uelo y una viña á poca distancia del
lugar.


Personas caritativas y oficiosas trataron de aconsejarle
lo que meJor podia hacer para conservar aquello que sus
padres, á costa de tantos sacrificios y privaciones, le habian
dejado.


Pero ¿qué falta le hacian á Toinasito consejos cuando él
se creia: el mas sábio de todos sus convecinos?
/ Decíanle que debia pe!'manecer en el pueblo, acabarse
~.d9"perfeccionar en el oficio de su padre y de este modo
.~";,.<¡,'~ ..• ,
~.~i.tener la parroquia que aquel dejó.
'! .. ¡ Vaya una sarta de sandeces!


Tomasito no queria seguir un oficio, aspiraba á una
carrera; no le convenia residir en el pueblo sino que se
propo-cia brillar en la córte.


En su consecuencia, recogió bonitamente todo el dinero




NACIONAL 139
,~~ue habia heredado de sus padres, encomendó el cuidado
f:" ~e la casa y de las tierras al señor cura y caba.lgando 80-
:,:bre uno de los pollinos del arriero, que iba semanalmente
'\{l Madrid, encaminóse á la coronada villa del Oso y del
:",Madroño.
" ~. , Prudentes eran los consejos que le habian dado las gen-
~,les del 'pueblo, pero ¿qué necesidad tenia de ellos Tomasito
~;-eua;n.do era la nata y flor de los mozos espavilados'?


y prueba de lo lis!o que era, que aun no habian tras·
~>, .eurrido ocho dias de su llegada á la córte y ya los reln-
t;;"¡ t'
~'Cientes escudos, ahorrados por los que le dieron el sér, ha-
\:"bian ido á parar á los bolsillos de las honradas gentes que
~~e entretienen la mayor parte del dia jugando á la.s chapas,
::.'~l cané y á la carteta, en las afueras de la puerta de ~oledo
Lyen otros lugares no menos importantes y conocidos.
',',


:::' Tomasito habia querido averiguar si los jugadores de
": ' ...


:lIadrid eran tan sándios como los de su pueblo, y se encon-
)tró con que él estaba todavía en mantillas para poderse
~omparar con aquellos truhanes.
;;~, Entonces dió comienzo la gran educacion artística del"
Jóven lugareño.
,:~. La honrada sociedad qu,e le habia gan~do los cuartos, '
'¿omprendiendo que el muchacho prometia mucho, creyó
',in deber de humanidad el enseñarle á ganarse la vida de
'~a manera decorosa y digna.


': En esta nueva fase de la vida de Tomasito sucediV.L'''''IL.L.LlL
~rios percances .


• r:, Le abrieron un chirlo en la cabeza que le condujo
;~ospital, donde tuvo ocasion de ver cómo se trata en ciertos
tailos de la humanidad doliente, á esa misma humanidad
~uando se queja y no tiene un éuarto.
<,
~. . TOllO l.


~"'"




140 LA SOBERANIA.
Otro dia, le cogieron infraganti ·en el momento que po


..


nia en práctica el inocente juego .de salvar un pañuelo Y'
dieron con el buen Tomasito en el Saladero (cárcel de villa),
donde, menester es confesarlo, completó su educacion.


Porque en España, hasta el dia, doloroso es confesarlo,
las cárceles y los presidios han sido las mej ores escuelas del
vicio y las mas brillantes universidades del crÍmen.


Entre el Saladero y el Correccional de Alcalá y en el
breve espacio de dos años, quedó Tomasi to en disposicion de
dar quince y raya al mas pintado de todos los que fueron
sus compañeros en aquellos establecimientos.


Cuando volvió de nuevo á pisar las calles de Madrid
sabia leer y escriqir con tal perfeccion, que leía á veces lo·
que no estaba escrito, y tenia una habilidad asombrosa
para falsificar al vuelo cuántas letras y firmas veia.


Esto era en las postrimerías del partido moderado.
Tomasito fué uno de los mejores agentes de policía que-


tuvo aquel gobierno que nos desgobernó á todos.
Entonces cambió por completo de apariencia.
Era todo un caballero; vestia con elegancia y frecuen-


taba los paseos, los teatros y las reuniones ..
Desgraciadamente la revolupion del año 68 vino á dar


al traste con todos los proyectos de ambicion que habia
concebido nuestro héroe.


Durante los dias que se siguieron á aquel movimiento,
creyó muy conveniente ir á su pueblo, á dar una.


ta y ver en qué estado 'se hallaban sus intereses.
El buen cu~a habia creído de buena fé que el mucha-


cho' ya hombre, habia entrado en razon, que era juicioso.
y bueno y que seguia la honrada senda que sus padres le
trazaron.




NACIONAL. l41
Debemos decir tambien, en ob~equio de la verdad, qU&


:aquel buen sacerdote s~ apresuró á dar cuenta al jóvel1,
tanto del arrendamiento de la casa, cuanto de los productos
de la viña y el majuelo. '


Cierto es que, entre reparos, jornales, malos años 'y con-
tribuciones, casi, casi, los rendi~ientos estaban equipara-
-dos con los gastos.


Pero Tomás, echándoselas de generoso, dejó á favor del
eura la pequeña cantidad que le resultaba de beneficio y
pasó unos cuantos meses en el lugar viviendo de sus rentas,
segun decian algunos, aun cuando si' á registrar fuéramos
la conciencia de la mayor parte de la gente que ocupó des-
tinos en el ramo de policía en aquella ocasion, tal vez hu-
biéramos encontrado en ella algunos centenares de onzas
'que se echaron de menos, por aquel.entonces, en una caja,
á la cual fué Tomasito ,á practicar un registro en nombre
del gobierno.


Cuando lo víó ya constituido y calculó que sus servicios
podrian ser utilizables, dirigióse de nuevo á la córte y el
gobierno provisional, satisfecho del esquisito celo que de-
·mostraba en perseguir álos pícaros republicanos, nombróle,
no ya agente subalterno, sino gefe de un ramo de tanta
importancia.


Cierto que sobre Tomasito habia otros varios gefes su-
}'leriores, pero de cualquier manera que fuese lo cierto es
que ?abia.ascendido y al ensancharse la esfera de suacci~~~o~ .. ~
'ensánchábase tambien el círculo de los negocios lucrativos."


Merced á su cargo, tuvo ocasion de conocer á María, y
como Toma'3ito comenzaba ya á ser una persona de posi-
eion, trató de completarla casándose, si le era posible, con
~na mujer tan honrada y tan hermosa como aquella, y




142 LA SOBERA~ fA
euyo padre además tenia gran influencia en el partido re-
publicano.


Parecerá estraño que Tomás tratase de unirse con la
hija de uno de los gefes de este partido; pero precisamente
era esta una de las principales razones que á ello le impul-
saban.


Debe tenerse en cuenta que el tal mozo era muy pre-
,isor, y como veia el triunfo de la república mas ó menos
próximo, queria estar bien con ellos, para cuando llegase el
día; hábilmente combinado estaba su plan, pero para la
realizacion del mismo vino á tropezar en una grave difi-
cuItado


María rechazó enérgicamente el amor que aquel hom-
bre la ofreció.


Con ese privilegiado instinto de la mujer, comprendi(}
que en aquel coraZQIl habia algo de ediondo é innoble, que
repugnaba á su honradez y á su pureza.


Vanas fueron las sÍíplicas, los ruegos y aun las amena-
zas, que todos los recursos puso en juego aquel solemne-
bribon.


Ya hemos visto hasta qué estremo llevó su perversidad
y lo opottuno que estuvo Felipe al penetrar en la casa de
D. Antonio, en el momento que le dimos á-conocer en el
prólogo de nuestra obra.


Felipe estaba colocado en el gobierno civil y era uno.
.t· :d~Jos gefes superiores del mismo.
?L .~ . ~~8:


l\lercea al alto destino que desempeñaba podia evitar-
muchas persecuciones á sus correligionarios y amigos.


Precisamente Tomás Lopez era ULO de los gefes subal-
ternos que servia bajo las órdenes de Felipe..


De aquí la importancia que tuvo su aparicion en el mo ..




NA.CIO~AL. 143
mento en que aquel, viendo lo infructuoso de los _medios
emp1eado(hasta entonces para vencer la resistencia de la
jóven, se disponia ,á emplear otros mas eficaces.


La proclamacion de la república arrebató á nuestro po~'
lizonte el destino que disfrutaba.


Mas DO en balde habia servido en la policía y conocia á
mnchos elevados personajes.


Arrepentido de haber servido al gobierno de D. Ama-
deo, volvió sus ojos al bando alfonsino, y pensando muy
cuerdamente que de los arrepentidos es el reino de los cie-
los, cátate aquí, que de la noche á la mañana, reaparece
nuestro hombre derramando el oro á manos llenas, conver-
tido en un socialista furibundo y- aconsejando- á los soldados
la insubordinacion y á que reclamasen su licencia absoluta,
pllesto que así lo tenian ofrecido los republicanos.


Tal fué el momento en que, segun han viRtO nuestros
lectores, Felipe tropezó con él; y de la misrua manera que
el sobrino del venerable, al verle con el soldado y al recordar
su pasado, sospechó la verdadera mision que cumplia, así
tambien el Sr. Lopez, ó Tomasito, como mejor queramos
ij.amarle, al ver dirigirse hácia á él á su antiguo gefe, sos-
-pechó tambien que habia sido descubierto, y, poniendo pié s •


l,'én polvorosa, desapareció entre la multitud por la calle <le_._
Carretas.


,!'


Aquella misma noche, Lopez, acompañado de- otros dos
jóvenes, sentados alrededor de una mesa de un café en 'Un~
de los barrios mas reti~dos, hablaban sigilosamente.


Los dos coro pañeros d~, aq uel trnhan vestian con la -
misma elegancia que él.


Pero de la misma manera llevaban impreso en su rOstro
y en sus modales ese no ,é qué, indefinible y estfaño que




144 LA SOBERANIA
indica· á 'Pi'imel'a vista los dudosos antecedentes y la mas
dudosa aun posicion de los que lo poseen.


-Con qué díme, Manolito, preguntaba Lopez á uno de
sus comensales, ¿dónde has estado hoy'?


-Yo? en el cuartel del soldado; allí he jonjahao á unos
cuantos inocentes que, con la ayuda de algunos chulés. que
les dí, van á armar una marimorena de mil diablos si me
cumplen lo prometido.


-Bien, hijo, pero es necesario mucho ojo, porque si
nos p~scan puedes contar que nos divierten; ya que ha
fracasado el plan de D. Alfonso es neces~rio susc~tar cuan-
tos obstáculos podamos á esta gente.


-Sin disciplina, ni subordinacion no hay ejército posi-
ble, ap.adió el otro compañero de Lopez, y sin ejército para
hacerse respetar, á esta gente se la lleva la trampa .
. , - Así se los lleven los mismísimos demonios en cuerpo


y en ~lma.
-Calculad si los debemos querer bien, cuando han ve-


nido á limpiarnos el comeaero.
-Ya se vé, añadió Lopez sonriendo irónicamente, dicen


-que pueden pasarse sin policía ... pero no tengas cuidado
. ":-l"


~~.'rj,t~iitos, que ya les daremos nosotros tanto que hacer que·
". han de venir á buscarnos.' J


primero que tenemos que hacer es desmoralizar el
ejército; poco importa que sea una ignominia, un borron
para España y aun para él mismo, cometer escesos y tener
ciertas exigencias cuando la patri~ peligra y los carlistas
nos acosan por todas partes ... ¡¡pero á nosotros qué nos im-
porta eso'? la cuestion es hacer nuestro negocio y que man-
de Juan ó Pedro debe dársenos un ardite.


-Sí, replicó el tercer compañero de Tomasito, pero es




NACIONAL. 145


necesario q ne no carguemos nosotros solos con el mochue...;
lo ... nosotros nos encargamos de Madrid, pero en otras po-


" blaciones de importancia es necesario que tambien se tra-
baje.


-Eso ya está hecho, contestó Lopez; ya han salido emi-
sarios entendidos y activos que practicarán lo mismo que
nosotros, en Oataluña, Andalucía, Navarra, etc. etc.


-Se me antoja á mí, añadió el que Tomás habia de-
signado con el apodo de Antojitos, que esto no ha de durar
mucho .


. -¡Oh! Y si nosotros trabajamos con fé y en un país
donde hay tanto mentecato, mucho menos.


-¿Y qué vendrá des pues? preguntó Manolito.
-¡La mar, chico, la mar!. ..
-Pues entonces á nadar.
-Sí; á nadar, y sobre todo saber guardar la ropa; en


este mundo se necesita vivir muy despierto.
-Mientras haya parnés iremos por donde nos guien.
-i, y tú que has hecho, Antojitos?
-Oreo que algo hice con los intransigentes.
-Bien, hijo, bien; no abandones ese camino que es de


.. ~~j aquellos que mejores resultados pueden darnos; hay mu-
1 __ ~chas impaciencias que conyiene esplotar y bueno será que


:"las tengamos en movimiento antes de que les tapen la boca.
, -Oon qué?


-Qué estúpido eres, hombre; eso no se pregunta. ¿Con
qué ha de ser'? con alguna yema acaramelada ...


-¿Y tú, en qué ha's ocu~ado el dia? preguntó Manollto
á Lopez. ..'


-Cállate, porque el susto aun no me ha salido del
cuerpo; si me descuido me dan un mal rato.




146 LA SOBERA~IA
-¿Cómo?
-Figuraos que cuando yo salia del Congreso mas en-


tusiasmado que un Maziniano y con unos soldados medio
gilís á quienes iba camelando, trqpiezo de manos á boca,
.J,con quién direis? .


-¿Con quién~ contestaron los dos á un tiempo.
-Con don Felipe ... !
~Con el Gefe de .. .


-¡Demonio!
-Como el pícaro tiene aquel ojo tan perspicaz, apenas


me vió; debió comprender algo, porque le ví dirigirse á mí
disparado como una flecha.


-¿Y tú que hiciste?
- poner piés en poI vorosa ... la del humo, hijos, la del


humo ... en un decir Jesús me escurrí y le dí el mico mas
solemne que pudo llevar en su vida.


- ¿Y qué se hace ahora ese?
-Oh! está perfectamente. Y á propósito voy á daros


una comISIono
-Dí.
-Os advierto de antem~no que es servicio particul.ár..l.~··
~' .


mIO.
,'.


-Para qué están en el mundo los amigos sino para';
servirse mútuamente?


-Gracias, Antojitos, hecha esos cinco.
Y Lopez estrech6 entre las suyas la mano de su com-


pañero. .
-Habla, ¿qué es lo que 11eseas de nosotros? preguntó.


Manolito.
-Que me averigüeis d6nde ha ido á parar una mucha-




NACIONAL. 147


cha que vivía en la calle de San Agustin, cuyo padre mn-.'
rió hace unos diez y ocho dias.


-¿Te interesa mucho'?
-Ya lo creo; es una hembra de mistó.
---Vamos, y estás cltalao por ella ... '?
--, Ckalaito, pero me ha jugado una partida que la juro


la ha de costar cara.
--~Te engañó'?
-Por ahora no me pregunteis nada: averiguadme lo


que os digo y despues veremos lo que hemos de hacer. ,
-Pues mañana mismo lo sabrás.


,


-' i,Qué es eso? ¿nos vamos ya'? preguntó Antojitos, vi en- .
do que Lopez, despues de haber pagado el gasto, abando-
naba su silla.


\


-Sí, es. ya tarde y preciso es descansar; mañalta cada
cual á su. puesto y á obrar con arreglo al plan que nos tie-
nen trazado. Momentos despues aquellos tres bribones aban-
donaban el café y cada uno tomó distinto camino para ~i­
rigirse á su casa.


Eran las dos de la madrugada.


TOMO l.




CAPITULO VIII


Dan comienzo las memorias de D. Antonio.-Una necrología. -
~~~\l'ó..~ c.'ó..~~'ó..\'ó..l_


I.


Han pasado ocho dias desde la reunion celebrada en la
16gia, ála cual asistimos, y donde se habia dado lectura


. del manuscrito referente á l\faría, legado por el difunto
don Antonio. De nuevo encontramos reunidos en -el mismo
salon á todas las personas que ya conocemos.


El venerable, con un semblante mas risueño, con la son-~
risa en los labios, con la alegria en el corazon.


En su ancianidad ha encontrado casualmente lo que no
podia esperar siquiera, la viva imágen de su querida Án~
gela en su nieta María, y ya no se considera solo en el
mundo ~ puesto que tiene á su lado un ángel que le cuide,
que le ame, que velé por él.


La fisonomía de don Juan tambien demuestra la satis-
faccioD.


Es la que produce siempre el placer de un deber cum-
plido.


Por su parte, Felipe, demuestra cierta tristeza que se




LA SOBEitANIA NACIONAL.


revela en todo su sér, pero es esa tristeza dulce, cqY;Q:' mo-
. .¡. ' ..


tivo no se es plica aunque, sin embargo, siempre reconozca
por base algun motivo legítimo. .


¿Aquella especie de preocupacion tend:rá su orígen~.
los peligros que la patria corre, ó mas bien en los que debe


. ,


producir en su ánimo el amor de María, que desde la muer-
te de su padre está afligidísima y sin consuelo?


Quién sabe: tal vez sea una de estas c~sas; quizá ambas
. á la vez.


Todos los hermanos, conforme fueron penetrando en el
salon, se iban dirigiendo con cariñosa solicitud á saludar
al presidente, á enterarse de su estado y del de su amada
nieta.


El venerable aceptaba con gratitud aquellas marcadas
muestras de aprecio con que la sociedad le distinguia, es-


, ,


trechando la mano á todos los h(JIJ'rrtanos y. contestando con
.sentidas frases á todos aquellos cumplidos.


Cuando estuvieron todos y los asiento~ se ocuparon, ~t
vfnerable abrió la sesioD.


-Hermanos mios, dijo, hace ocho dias cumplimos en
una pequeña parte la última voluntad del que fué mi yer-
no y hermano vuestro; leímos el manuscrito confiado á la
custodia de don Juan y que hacia relacion á mi amada nie-
ta. L~ felicidad que desde aquel dia esperimenta mi co-
Dazon, no me seria fácil esplicarla. ¡Cuán léjosestaoa yo
de so.spechar entonces que aquel pliego encerraba tantas
tristezas y tantas alegrías como me ha proporcionado, con
una revelacion inesperada! ,


¡Pobre hija mi a! ¡pobre yerno mio!
y el venerable, en estremo conmovido, enjugó una lá- ._
. grIma. .¡l,.




15'0' LA."SOBERANfA'
'Altora nos r~sta' cumplir con' el; sagrado debér que nos
li~mb~r iiÍlpuest8~dando comienzo á ' la lecturá de sltffmemo¡


, rias; de este trabajo se encaÍ"gá.r~fml sobrino y)como'quiéra
qtie:el manus6rito' es en estremo voluminoso y hábtá de'
ocüparnos: ruuchis" sesibnes, lo dividiremos -y clasitlc~remos
con el titulo de veladas; quiere decir que todas las ~étna:­
nas, si bien os paréce, despues' del despacho ordinario; con-
sagraremos nuestra atencion á ~as útiles enseñanzas' que
nos ofrece nuestro hermano.


, -Aprobado, dijeron todos.
"":"'En talcaso, querido sobrino, si no te molesta puedes


dttr'pHncipio á la lectura.
,Felipe inclinó la cabeza- en señal de asentimiento y


rompió el sello lacrado del legajo.
, Este' se componía de cuadernos, cosidos separadamente.


El primero que apareció á su vistá llevabá suscrito en
su primera hoja el nombre de


FROILAN CARVAJAL.


El sobrino del1)enerable di6 principio á su tarea en los
sfguientes términos:
«Empiez~' por d~r gracias á mis hermanos.
Cuandcr lea:n estas líneas ya se habrán enterado de mi


árité!lól étbntó y é11iliplido mi última voiuntad.
Te'iJ.go i~ s~'guiidad del que mi hija habrá encontrado'


en: suahtie10 un s'egundo padre y en mis hermanos la fa-
Iriiltt dé qüé h::iS-ia allorit había carecido.


Teng8 igrúrltriénte él convencimiento de que nuastro
1)ene~aole habrá perdonado al esposo de Sl'l amiada;' hiJa. Án-
gela.
¡Graci'á~ á. tbdos, por ella y por mí!
~~~' Antes de empezar la ~stensa relacion de las desdieh:\s




NACIONAL. 1§-.1,
y tribulaciones de mi vida, de los trabajos que fueron el I
resultado dé' mis constantes estudios sobre las tiranías de
todos' los tie-ropos y paises; de todos los mártires que se sa,.. .. ·
crificarQD en defensa de la idea liberal, permitidme que os
cumpla lo ofrecido~ que os haga el relato de uno de los mas
espantosos crímenes que registra la historia de nuestros
días; de un asesinato que como indiqu~ en mi anterior ma~'
nuscrito fué, como si dijéramos, el golpe de gracia que pre·
cipit6 mi muerte, por la impresion que en mí produjo y las
circunstancias que lo rodearon. .


Carvajal era para mí, mas que un amigo, un hermano.
Este distinguido patricio, esta nueva víctima' de un go-


bierno tiránico y arbitrario, este mártir de la idea rep~bli­
cana, fué inhumanamente fusilado en, Ibi (provincia de
Alicante) el 8 de Octubre de 1869.


¡Horror y vergüenza siento al tener que consignar' su
horrible muerte, l!evada á cabo por 6rden del ,gobierno,
cuando aun no se habia publicado la ley marcial en el ter~
ritorio sobre el cual se levant6 en armas este valeroso pa-
tricio!


y todos debemos sentir horror, porque la sangre es
siempre repugnante, porque la pena de muerte, padron de
ignominia del siglo XIX, nos inspira horror; sentimos v-er.;.
güenza por el gobierno, que, cubriéndose con una máscara
de mentido liberalismo, arrebata la vida, el d6n IDaS pre-
cioso de la~ criatura, el único patrimonio del sér h}lmano,
á un hombre honrad? y leal, á un digno y consecuente pa-
tricio, cuyo solo delito consistia en ser republicano, cuyo
único crímen era profesar la idea federal, y que murió con
la sonrisa en los labios, con la fé en el alma, regandocQn
su sangre e] árbol santo de la república federal.




152 L~ SOBERA.NIÁ.
_. .


¡Sombra venerada, regocíjate! Tu memor~a vivirá eter-
namente en el corazon de todos los buenos republicanos, de
todos los hombres que aman'sinceramente la libertad de su
patria, de esta patria hoy hollada y escarnecida por los
mismos que juraron sal varIa.


¡Sombra querida, alégrate! Tu sacrificio no será estéril;
tu preciosa sangre vertida no será inútil: pueden haberte
quitadQ la viua perQ tu grallue \uea 1\.()\.a ~~ ~\ ~~~'(\.~\.~
como ténue gasa; tu martirio ha privado al partido'repu-
blicano de uno de sus mas valerosos soldados, de uno de
sus mas fuertes adalides, pero en cámbio ha impreso un
estigma de maldicion sobre la frente de tus verdugos y ha
arrojado á nuestro campo miles de hombres que han jurado
sacrificarse por nuestra" causa, que sienten hervir la sangre
en las venas al solo recuerdo de tu martirio.


¡Jiroilan Carvajal, duerme tranquilo! Descansa en paz,
amigo mio, y repite á _ aquellos de los nuestros, que ya no
existen, al inolvidable Sixto Cámara, al generoso amigo
Moreno Ruiz, al malogrado niño Bohorques, al noble Ruiz
Pons, á los valerosos patricios Abdon Terradas, Baliardo
Ribó ySaint Just, al desgraciado Francisco Cuello, á los
valientes Vicente Martí, Espiga y García, Lopez Carrafa y
Dominguez, y al invicto Guillen Martinez, que su récuer""
do está grahado en nuestra mente; que su sangre y la tuya
ha sido el fresco y puro rocío que ha hecho brotar miles de
fiores en los fértiles campos de la república; díles que nos-
otros procuraremos inspirarnos siempre en sus acciones, en
su valor y constancia; díles que el triunfo de nuestra cau-
sa es pronto y seguro: que todos los tiranos de la tierra
juntos no pueden impedir la aparicion del sol de la repú-
blico, cuyos primeros rayos, atravesando los mares,11e-




" .


NA,CIO~ALI 153-,
gan de América á Europa, del' nuevo al viejo mundo.


Díles tambien que el dia de nuestra redencion se acer-:- /
ca; que nadie es capaz de impedir la marcha del progreso; /
dHes que el pueblo español, harto ya de sufrir, se apresta
al combate, deseoso de"ocupar el primer puesto, llevando.
alta y erguida su gloriosa enseña; esa hermosa bandera en
cuyos pliegues está escrita la salvacion de Europa, que no
es otra, que no puede ser otraque la libertad, la igualdad,
y la fraternidad, bajo la forma republicana federal.


Díles, que gracias á vuestra preciosa sangre vertida y
á vuestro her6ico sacrificio, el partido republicano es uno
de los que mas héroes y mártires puede presentar á la vista
de sus conciudadanos) y que se equivocaron lastimosamente
los que pensaban que solo teníamos hombres para la pro-
paganda' la tribuna 6 el club. .


¡N6, Y mil veces nó!
Sixto Cámara era el tribuno del pueblo; Ruiz Pons el


gran publicista; Abdon Terradas el génio organizador;
Francis_co Cuello el enérgico propagandista; Saint Just re-
presentaba la audacia; Lopez Carrafa, Espiga y García, y
Bal~ardo Rib6 el valor.; Dominguez la idea consecuente;
Guillen Martinez era uno de los mas firmes baluartes de
nuestra cal.:sa; Moreno Ruiz y el niño Bohorques ert\n la
viva imágen de la. abnegacion y el sacrificio; tú, pobre
amigo mio, el valor y la constancia, y como si vosotros,
nobles víctimas, no fuérüis bastante á probar esta verdad,
recordaremos á esos detractores infames á nuestros desgra-
ciados hermanos de Sietamo, Alicante, Cartagena, Barce- I
lona"Madrid, Iznajar y otros cien, sacrificados por la ti-
ranía.


.•


i Afuera, pues, los detractores y los tiranos!


"-




, 154: ~A SOBERANIA.
¡Paso á los héroes y á'los mártires!
¡Hermanos, una lágrima sobre la tumba de nuestros


mártires y de nuestros héroes!
¡Valerosas y dignas republicanas, tejed guirnaldas de


acanto y siemp:fe vivas para adornar el sepulcro de nues-
tras queridas víctimas!


¡ Vates del gran partido federal, empuñad las sonoras
liras"y dedicad vuestro melodioso canto á nuestros valien-


,


tes campeones!
¡Republicanos federales, esperanza y fé; constancia y


energía, que si hoyes el dia de las lágrimas, quizá maña-
,na será el de las justicias!


.' .


.. •


Nació Froilan Carvajal el 5 de octubre de 1830 en
Tevar (provincia de Cuenca), y era hijo de una familia
acomodada.


Hizo sus prim,eros estudios en Tevar; pasó á cursar los
años de latin á Villanueva de la Jara, demostrandq una in-
teligencia poco comun; en 1841 se trasladó á Madrid cuan-
do ft penas contaba doce años y estudió en la Universidad
central, filosofía, continuando despues sus estudios para la
carrera del Notariado, hasta al año 1846, que regresó á su
puehlo, deseoso de abrazar á sus queridos padres y herma-
nos, de quienes estaba separado hacia cinco años.


Nuevamente partió á Madrid en 1850, á practicar en
casa de un notario los ejercicios de su carrera, donde per-
maneció hasta 1 R53.


España se hallaba éntor:ces bajo la mas odiosa inmora-
. lidad y la mas horrible tiranía; gobernaban el país los po-


lacos, y todos los que por liberales se tenian, no cejaban en




NACIONAL.


el firme y honrado propósito de derrotar un gabierno que
asesinaba al país politica y socialmente. Froilan Carvajal
no podia permanecer indiferente ante las desgracias de la
patria, y aunque muy jó.ven, solo la idea de libertad se al-
bergaba en su generoso pecho, y no dejó de trabajar un
instante en la revolucion que se anunciaba próxima á es-
tallar.


Deseoso de unir al glorioso nombre de su país al de los
libertadores de su patria, partió para Tevar en el mismo
año (1853), y poniéndose de acuerdo con varios amigos, se
dispuso á secundar la revolucion de ] 854.


Llegaron las célebres jorhadas de Julio, y Carvajal, en
union de sus amigos, ayudó al glorioso alzamiento que ar-
rojó del mando á los polacos, y alzó al partido progresista
entre ví6tores y aplausos á la gobernacion del país.


Orgal!izada la Milicia Nacional, tlivo la satisfaccion de
ser nombrado teniente de la compañía de cazadores, forma-
da en Tevar, perteneciente al batallon denominado de la
Motilla del Palamar, saliendo varias veces en persecucion
de malhechores y prestando otros vario~ é importantes ser-
vicios.


¡Pero, Carvajal no fué de los que se hicieron ilusiones!
Con su clara imaginacion, con su buen talento, compren-
dió que aquella situacion no era mas que transitoria, que
la revolucion habia degenerado, que las ptome$as no se ha-
bian cumplido, que el noble pueblo sufria en silencio otro
despotismo, peor aun que el de los polacos, el imperio del
sable: que á falta de un Sartorius, habia un O'DonneU, y
con verdadero amor á la libertad, con verdadero cariño
al pueblo, siguiendo sus nobles aspiraciones, y de acuerdo
en un todo con las ideas que el gran demócrata Sbtto Oá-


'rOMO l.




156 LA. SOBERANIA..
mara sostenia con valerosa energía en las columnas de La
Sqoerania Nacional, afilióse resueltamente en las filas de la
democracia, de aquella jóven democracia saludada en el
teatro de Oriente por el célebre Gonzalez Brabo, y que con·
taba entre sus filas, oradores como el jóven Emilio Oaste-
lar; políticos como Orense, y tribunos como Sixto Gámara.


De aquí puede decirse que arranca la vida política de
Froilan Oarvajal, cuyo único pensamiento era la sal vacion
moral é intelectual del pueblo; su redencion política y so-
cial, y el planteamiento del principio democrático, de ese
gran principio que se condensa en tres breves palabras:


Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Todo para el pueblo, porque todo es suyo.
N o era preciso ser adivino para com prender que los tristes


sucesos de 1856 vendrian, como vineron, á ahogar la liber-
tad por muchos años; así que, Oarvajal se dispuso, en union
de varios amigos de la provincia, á resistir aquel tremendo
golpe: reunió sus amigos y compañeros, se proveyó de ar-
mas y municiones, recorrió varios pueblos, reunió á los
tímidos, arengó á los valientes, y firme en su puesto se
dispuso á jugar su vida en defensa de los sagrados dere-
chos del pueblo tan villanamente escarnecidos, pero ¡oh fa-
talidad! Barcelona, la valerosa Barcelona, cayó despues de
tres dias de sangrienta y horrible lucha, sostenida por un
puñado de hombres contra doce mil soldados.


¡ZaragozaI la heróica Zaragoza, despues de grandes es-
fuerzos sucumbe al sinnúmero de sus enemigos, y con ella
multitud de ciudades y pueblos importantes. ¿Qué hacer'?


Froilan Oarvajal con los pocos amigos que quisjeron
seguirle, levanta una partida republicana, que tiene que
di sol V{lr al saber que Barcelona y Zaragola han sido ven-




NACIONAL. 157
cidas; y errante y fugitivo llega á Madrid, donde perma-
neció oculto durante mucho tiempo, la mayor parte en 'casa
de un íntimo amigo suyo, don Juan Moreno y Sanmillan,
al que le unia un fraternal cariño.


Este puerle decirse que fué su primer paso en la carrera
política, costándole el abandono de su pais, de su familia,
de las comodidades de su casa, que abandonó «con el fir-
mísimo propósito de no volver, ni á las segundas, ni al
primero, sino en son de guerra» y valiéndole que le for-
maran una causa por conspirador y republicano.


Llegado á Madrid, entró en la carrera literaria, por la
cual tenia. una aficion que rayaha en delirio; escribiendo
sucesivamente en los periódicos literarios El L1tnes y El
Eco de la Razon, y como diario político, en El Porvenir,
periódico el mas avanzado de aquella época y que dirigia
Juan Belza, el cual sufrió en muy corto espacio de tiempo,
siete denuncias y dos de desacato. Tambien publicó algu:..·
nos artículos en La lIducacion pintoresca, La Bat1da, Elllco
de OlUlnCa y otros varios, hasta él año 1863.


Desde su llegada á Madrid hasta 1861, qué de sufri~
mientos, qué de privaciones, qué de amarguras no sufrió
el desgraciado Froilan para buscar el preciso sustento, en
cpmpañía de su hermano, el noble y generoso Basilio, com-
pañero desde entonces de su desgraciado hermano hasta su
muerte; siendo un modelo de abnegacion y cariño, sufrien-
do lo que Froilan sufria, amando lo que Froilan amaba., y
pronto siempre á sacrificarse por su hermano y por la noble
idea que defendia, que es la misma que él ama y defiende
con todo su corazon.


Hermanos, enviad á ese modesto cuanto noble j6v.en la
viva espresion de vuestro cariño y de vuestra .. a:dmiracion




LA SOBERANIA
\ '


á nombre del gran pal'tido r-epublicano federal y de la lógia'
á q na perteneceis.


D":fante algunos lllases;, Carvajal escribió en un perió-
dico de intereses material~, titulado El Faro de OasUlla,
que ~irigia don Saturnino Navarro de Vicente, y habién -
dos e ausentado éste y quedado Froilan al frente d.el perió··
d¡eo, su aficion á la política le hizo publicar un notable
articulo contra el gobierno que le valió ser conducido al
Saladero, y no pudiendo prestar fianza, fué preciso esperar
á que el señor Director viniesA, é interpusiera su influencia
y amigos, para alcanzar la libertad-de Froilan.


Llegó al punto mas importante de su vida, á un punto
de que ciertos hombres quisieron sacar partido contra nues·
tro amigo, y cuya miserable voz fué ahogada por un cla-
mor general de indignacion; es el en que Froilan aceptó
un destino del gobierno de la union liberal en órden pú-
blico: el partido republicano supo que la desgracia obligaba
á Froilan á aceptar semejante destino, pero lo que no saben
todos es, que al pJ:oponérselo, lo rechazó con noble indig-
nacion; que entonces fué á contar á varios de sus amigos
la insolencia que habian tenido de proponerle semejante
empleo, y que esos amigos le dijeron:


« FroilaIl, no seas· niño: en primer lugar has agotado
todos tus recursos y no tienes medios para continuar vi-
vie~do así; en segundo, puedes prestar grandísimos servi-
cios á la revolucion y á nuestro partido desde ese empleo,
y nó es cosa de que, por un orgullo mal entendido, vayas
á perder la magnífica ocasion que te ~e presenta de servir
á los amigos, á la libertad y á la patria.»


EntQnces, y solo entonces, pudo decidirse Froilan á
aceptar aquel empleo que le produjo grandes amarguras,




~A.OI@NAL. , 159
terribles dolores, é incalculables sacrificios; llevados á cabo
con la mayor abnegac.ion porque eran en bien de su parti- I
do, en pró de sus ideas y en servicio de su cansa.


Esta página, la mas triste é importante de su vida, la
ha descrito él mismo de una manera admirable, y yo quie·
ro rendir un justo tributo á su memoria copiando ínlegro
el notable documento en que reseña á grandes rasgos ese
período de su existen'3ia, contestando á un comunicado que
vió la luz pública en el periódico de Alicante titulado El
Comercio. . ..


(~En cambio, yo justificaré cumplidamente, decia, que
naciendo á la política el año 54, se me encausó el 56 por
haber levantado una partida en sentido republicano.-As1
dice la causa.-Que de sus resultas tuve que abandonar mi
pais, mi familia y las comodidades de mi casa, con el fir-
me propósito de no volver, ni á las segundas, ni al primero,
sino en son de guarra: Que careciendo de recnrsos~ no sa-
biendo estafar, y no queriendo molestar á mis amigos, ni
ceder en mi propósito, despues de tres años de amarguras
y de privaciones infinitas, á las que no estaba habituado,
y de las que podia prescindir transigiendo con mis enemi-
gos políticos y volviéndome á mi casa, se me ofreció PQ'r
personas respetables del patr-tido liberal de. Madrid, donde me
bana.ba, un aestzno de 6rden pú blieo-llámeselo de policia.
ó como guste el Sr. Jorro;-pues cuanto m~s lo denigre re-
saltará mas mi abnegacion y mi heroísmo: Que, porque se
me dijo con",enia así 4 los intereSfs ael partidQ, me decidí á
aceptarlo y lo acepté, no sin protestar solemnemente que
era un sacrificio inmenso que por el bien del p~rtido, M-cia
tan solo: Que, aceptado, en semejantes condiciones, seg"'"




160 LA SOBERANIA
los que me lo ltabian impuesto lo esperaban y segun mi deber
lo exigia, favorecí en cuanto pude y mas de ~o que pude
acaso, lo mismo á mis amigos de Madrid, que á muchos de
las provincias, sin reparar el riesgo que corria de' haber
ido á presidio, por lo menos, si me hubieran descubierto:
Que por semejante causa, léjos de decaer en la amistad y
la confianza de nadie, adquirí una cosa y otra hasta un
punto ilimitado; hasta el de no haber para mí secreto al-
guno: Que no ha habido desde entonces conspiracion chica
ni grande, donde yo no me haya hallado, ó donde yo no
haya tenido una inteligencia directa é inmediata: Que co-
mo no estaba ligado al destino que ejercía y sí con cuerpo
y alm:). á mi partido, cuando este dispuso que cada uno
saliera á ocupar el puesto que le correspondía en el
combate, yo salí á ocupar el mio, abandonando el destino
con muchísimo placer, y abandonando á la vez, como en
mi pais, mi casa y la familia que me habia creado en Ma-
drid: Que fué mi primer salida en abril del 64, cuando se
esperaban los sucesos de Valencia: mi segunda en enero
del 65, cuando los iniciados por D. Juan: mi tercera, cuan·
do los del 22 de junio del mismo año: y mi cuarta cuando
los de agosto del próximo pasado (1867): Que en todas ellas
he cumplido como iodos cuantos han cumplido bien; pero
en la ú)tima, anteponiéndome á todos, pues. me cabe el
justo orgullo de haber destituido entonces de sus supuestos


. derechos al t.rono de esta España tan desgraciada, bajo la
presion horrible de su mas horrible tiranía, á todo') los Bar-
bones, sentenciánd )108 á muerte como criminales de lesa


.


naClon.
Que he ~ufrido persecuciones infinitas, y tanto mas es-


puestas y temibles, cuanto que los mismos que me perse-





-NACIONAL. 161
guían me conocian perfectamente: Que he tenido que
emigrar: Que se me ha condenado á muerte: Que he veni-
do de la emigracion, esto no obstante, á trabajar si era po-
sible y que he trabajado á todas lioras, sin tregua ni des-
canso alguno, y sin tener en cuenta para nada lo mucho
á que me esponia: Que he salido en setiembre último (1868):
Que he sostenido la bandera que llevaba á la altura que
debia sostenerla: Que lo miRillo para s6tiembre, que para
agosto, que para junio, que para enero, y que para abril
arriba mencionados, no !te recibido de nadie un solo céntimo,
y me he compuesto ,deshaciéndome de lo poco que poseia,
para salir cuando llegaba el caso y para poder vivir mas
tarde.


Que me he quedado hasta sin ropa (lo digo con estraor-
dinaria vanidad) porque la guardia civil se apoderó de la
que tenia en el mes de agosto, y no sé por disposicion de
quién la vendieron en pública subasta: Que, á pesar de
todo, ni !te pedido, ni pido, ni pedú'd cosa ninguna que equi-
valga á recompensa; porque la mayor, la mas g~ande re-
compensa para mí, es la satisfaccíon que esperimento al
recordar, tranquilo en mi conciencia, que he cumplido
como leal y bueno, y al poder decir muy alto en todas par-
tes: ( ¡Santa y bienhechora idea, libertad querida y anhe ~
lada! te he sacrificado, mi honra en la apariencia, te he
consagrado mi vida y todo ha sido para tí: nada por el in-
terés, nada por el medro personal; único móvil de muchos.»


¿Queda con esto satisfecho el Sr. Jorro'? ¿Queda con esto
en aptitud de echarme en la cara el acto mas meritorio de-
mi carreta política?


Pues bien: escribí al principio que yo probaria cumpli-
darnente lo que acabo de esponer, y sin perjuicio de au-




, \


162 LA SOBERANÍA
mentar el número, ofrezco desde ahora para luego; en el
concépto de testigos sabedores, unos de unas cosas, otros de
otras y la mayor parte de todas, á Marcili, Cervera, Pino,
Bartomeu y Montesinos, de esta provincia: á D. Ramon
Moreno de Albacete; á D. Francisco Valero, de Villarroble-
do; a D. Ramon Castellanos, D. Antonio Villava y otros
mil de Cuenca; á D. Juan Pablo Soler, de Zaragoza, á la
vi uda de D. Pascual Ventura de la Torre, y á la madre de
D. Ramon Copeiro del Villar, fusilados en Barcelona y en
Palencia respectivamente; á D. Francisco y D. Ignacio Es-
cobar, hermanos; á D. Manuel Metelo, D. Bernardo García,
D. Pedro Mas, D~ Juan de Dios de Mora, D. Luis MoliIlé,
D. Telesforo Montejo, D. Manuel Lasala} D. Julio Vizcar-
roneto, D. Domingo Villasarte, D. Manuel del.()jo, D. To-
ribio C~strovido, D. Tomás Berenguer y D. Juan Santos
Rodrigue~ de Ma.drid; á los representantes de casi todas las
demás provincias, cuyos nombres no cito, porque lleván-
dolos supuestos cotuunmente, desconozco los suyos verda-
deros: á' D. Domingo Moriones, hoy mariscal de campo; á
D. Antonio Zapino, coronel gefe de estado mayor del ge-
neral Pierrad; á este mismo general y al ilUstre y respeta-
bil1simo decano de los republicanos españoles, D. José Ma-
ría Orense.


¿Quiere mas el Sr. Jorro? Si quiere mas que lo diga,
porq ue es tan largo el catálogo, es tan escesi vo el número,
que no reclamará segutan:ente tantos como yo pueda ci-
tarle, vivos, por fortuna aun, como los que he citaq,o ya y
que podrían desmentirme si á la verdad faltase. El polizonte,
pues, que dice el Sr. Jorro, ha ser'Dido á su partido 'constante y
activamente, desde que formó en sus filas hasta ahora, y


, por vestirse la. camisa roja, no II1erece el dictado de farsante.




NACIONAL. 163
Díganlo~ en vista de los datos anteriores, todas las per-


sonas imparciales: diganlo todas las que me han visto tra-
baj ar y sufrir y padecer con la decision y la constancia del
creyente, con la fé, la abnegacion y el desinterés del
mártir ..


Hasta aquí lo que el pobre Carvajal decia en su comu ....
nicado.


¿Y qué diré de su vida de emigrado, ya en Orán, ya en
Burdeos, ya en Marsella, que no digan sus viajes, sus mar-
chas de un punto á otro con riesgo de la vida, sus privacio-
nes y escaceses, su existencia intranquila y las grandes
amarguras pasadas en estranjero suelo, comiendo el negro
pan de emigracion, contemplando desde léjos las montañas
de España, aspirando el fresco viento que viene de la pa-
tria; recordando el hogar en que nació, los herIJ?osos cam -.
pos en que corrió su infancia, los besos de su adorada ma-
dre, las caricias de sus hermanos, y verse condenado á su-
frir y padecer solo, y á morir quizá en estranjero suelo,
sin recibir el último beso de su anciana madre, sin tener
quien cerrara sus ojos cuando la muerte se apoderase de su
cuerpo!


¡Qué diré de todo esto, que no sepan y comprendan tam-
bien como yo mis queridos hermanos!


El general Prim salió de Aranjuez e12 de enero de 1866
al frente de los regimientos de húsares de caballería de
Bailen y Calatrava, alzándose en armas al grito de libertad.


Froilan Oarvajal, que venia trabajando en este movi-
n1iento hacía mncho tiempo, partió para el pueblo de Si-
sante, donde tenia preparados sus amigos y compañeros
para secundar al general Prim en su empresa libertadora,


TOllO l.




164 LA SOBERANJA
pero una carta dirigida desde Madrid por persona de toda su
confianza le hizo retroceder, al saber que el general Prim,
en lugar de venir sobre Mad~id, se dirigía á PortugaL En
silencio devoró Carvajal esta nueva amargura "Y tornó á
Madrid, triste y desconsolado al ver perdida aquella mag-
nHica ocasion de dar libertad á España y devolver .al pue-
blo sus hollados derechos.


Un año pasó; año de peligros sin cuento, de tribulacio-
nes y desengaños, y llegaron los sucesos del 67.


Carvajal, seguido de sus buenos y valerosos amigos
.Juan Pujol, Alfonso Lopez, Adolfo García La Mora, Ramon
Izquierdo, Enrique Moreno y Fernando Valarino, respondió
al comprom.iso contraido de secundar el movimiento revo-
lucionario de Aragon y Cataluña, y se alzó en armas con
sus dignos compañeros en el pueblo de Vara de Rey (pro-
vincia de Cuenca) al grito de ¡Viva la República! Con solo
diez y siete hombres, por haber faltado los demás que se
hallaban comprometidos: de aEí pasó á Sisante, y antici-
pándose un año al resto de los españoles, destituyó del
trono á los Borbones.


Recorrió los pueblos de Picayo y Teba, llegando á reu-
nir 200 hombres; e·n este último punto fué cogido un pai-
sano que hizo resistencia á los libertadores de su patria, y
una mitad de la partida queria fusilarlo" mientras la otra
mitad se oponia á ello; Froilan tambien se opuso, y ordenó
que se le encerrase en la cárcel del pueblo para que á su
debido tiempo fuera juzgado: pero los caciques del pueblo,
aprovechando la ocasion de e~ta querella entre la partida,
comenzaron á ~scitar los ánimos de aquellos hombres sen-
cillos, prometiéndoles lo que no les podjan dar con tal de
que abandonaran :á Carvajal; no contentos aún, y aprove-




NACIONAL. 165


chando la hora en que la partida estaba comiendo tranqui-
laUlente, dieron la voz de alarma diciendo que la tropa es-
taba entrando en el pueblo, resultando de aquí la confusion
y el desórden consiguiente y la huida que ellos esperaban.


Carvajal y cincuenta hombres se hicieron fuertes en el
puente, abriéndose paso con las armas, hasta que recobrada
un instante la calma, Carvajal encomendó la defensa del
puente á Valarino, y seguido de sus valientes compañeros
Pujol, Izquierdo, García, La Mora y Lopez, todos á caballo,
recorrió el pueblo, retando ~ aquellos cobardes traidores,
que huyeron ante un puñado de hombres.


En la noche del 27, en vista de las tristes noticias que
llegaban de todas partes, y de que algunos pueblos impor-
tantes en quienes confiaban no secundaban el ~ovimiento,
á las doce de la noche disolvió la partida, y seguido de sus
cuatro amigos, fué vagando por los campos todo el dia 28,
dirigiéndose en compañía de Pujol á Alicante y embarcán "
dose despues para Marsella.


De nuevo comienza para nuestro amigo una vida de pri~
vaciones y trabajos; de nuevo la idea de libertar á su
querida patria, abrasa su mente, "de nuevo los viajes secre-
tos, los peligros, las luchas de todo género, en Marsella, en
Burdeos y en Orán.


Vienen los sucesos de Agosto del 68, y Carvajal, de
acuerdo con su íntimo amigo el valiente Tomás Bertomeu,
lanza una magnífica proclama el dia 23, y llegan al pun-
to de reunion (Villena) para levantarse en armas; pero des-
graciadamente fracasa el movimiento, y Carvajal y Tomás
logran salvar la vida, despues de grandes peligros, y per-
manecen ocultos, pero sin dejar un instante de trabajar en
la obra revolucionaria; buscando amigos, armas y muni-




166 LA SOBERANIA.
ciones, hasta el 13 de Setiembre, que, seguidos de algunos
bravos y leales compañeros, se levantan en armas en la li-
beral provincia de Alicante, y recorren los pueblos de la
Marina que los reciben en triunfo, ayudando en gran par-
te al éxito de la revolucion de setiembre.


Llega á su noticia que el heróico pueblo de Alcoy iba á
ser atacado por las tropas del gobierno; Carvajal y Tomás,
al frente de sus valientes corren á su defensa, y hacen
prodigios de valor en aquella sangrienta lucha; Carvajal,
encargado de la defensa del fuerte, demuestra una vez mas
su serenidad y arrojo, despreciando la vida, que no quiere
conservar si nú ha de ser la de un hombre li bre, en un
pais igualmente libre.


Despues de cumplir como bueno, una vez terminada
la revolucion, y constituido el gobierno, Froilan se ~etiró
á Alicante, donde tenia muchos y verdaderos amigos, to-
mando la direccion del periódico La Revolucion, del que era
propietario su buen amigo el consecuente republicano José
Marceli, llegando á ser, bajo su acertada direccion y su
enérgica pluma, uno de los periódicos mas importantes de
España.


Poco despues fué nombrado presidente del Club de los
Radicales, compuesto de buenos y valerosos republicanos.


Pero ¡oh infamia! el viernes 12 de febrero de 1869, cuan-
do Carvajal, tranquilo y satisfecho, se ocupaba solo de sus
tareas periodísticas, se presenta á las once y media de la
noche en la casa que habitaba el inspector de policía al
frente de sus dependientes con objeto de ,prenderle, en vista
de Ü.n exhorto del juez de primera instancia del partido de
San Clemente (provincia de Cuenca), porque el dia 26 de
agosto de 1867 se alzó en armas, secundando el movimien-




NACIONAL 1(57
to de Aragon y Cataluña, en Vara de Rey y Sisante, el cual
le valió la emigracion á Frar:cia.


Vean nuestros lectores un párrafo de los publicados en
el periódico La Re'V(lucion del dia siguiente, escrito por
nuestro inol vidable amigo:


«Apenas constituido el gobierno provisional, que des-
pues de la revolucion se creara, se mandó sobreseer en to-
das las causas incoadas por política, sobreseyéndose las de
los cinco oficiales que con nosotros venian, como así se jus-
tifica por el hecho de estar todos colocados, con sus ascen-
sos respectivos: la de ellos y nosotros era la misma; en ella
no aparece, fuera del delito de reflelion, ninguna circuns-
tancia que le agrave: es que es Política, pura y esencial-
mente Política.


¿Y ,por qué cumpliendo los mandatos del gobierno no se
encuentra sobreseida'? i Y por qué se sobeeseen las otras
cinco y ella no? i Y por qué cuando el delito es igual y
nuestros consortt:s están libres y han sido recompensados por
la patria, á nosotros se nos manda encarcelar y tal vez se
pretende castigarnos'?


¿Es esto justo'?
¡Revolucionarios españoles, compañeros nuestros, así es


como se premia el patriotismo, la abnegacion y la virtud
política. Abandonad vuestras familias, perded vuestros in-
tereses, corred todos los azares de la conspiracion y de la
lucha á' mano armada, conquistad la libertad últimamente
que á nombre de la libertad os pondrán presos, os encau-
sarán y os fusilarán! ,)


Tres di as despues escribió un artículo que se titulaba:
«Desde nuestra jaula, á los lectores de La Revolucion y al
público,» el cual empezaba así:




168 LA SOBERA N ÍA
«Salud: en nuestro primer artículo del número 88, di·~


gimos que por la policía se nos buscaba para prendernos
Por Politica, y que á fin de evitarnos los disgustos y las
vejaciones consiguientes, en vez de dejarnos poner presos,
optábamos por 'Volvernos á ocultar, exactamente lo mismo
que si el célebre Gonzalez Brabo se encontrase aun rigiendo
los destinos J.e esta nuestra pobre España.


Ocultos estamos, pues, pero ocultos nada mas que para
]0 arriba consignado.


Para propagar nuestras· ideas, para defenderlas donde
quiera que nuestra defensa lo reclame, para combatir los
abusos, para denunciar las arbitrariedades, para decir la
verdad y para responder de nuestros dichos, nunca.


Pero hagamos aunque sea á la ligera dos preguntas.
¿Hay dos leyes diferentes para una misma cosa?
¿Se castiga á los unos por lo mismo que á los otros se


premia'?
Entre otros que podriamos citar en este instante, se nos


ocurre el primer nombre que en la lista de la actual revo-
lucion figura: el del ciudadano general Juan Prim.


¿,Qué hizo éste'?
Sublevarse.
¿Qué hicímos nosotros?
Sublevarnos.
¿Por qué Prim se encuentra en libertad y ha recibido


empleos y honores infinitos'?
¿Por qué á nosotros se nos busca para llevarnos á la


cárcel?
¿Porque no somos Prim?
O por eso, Ó porque hay dos leyes diferentes: una para


juzgar al ciudadano referido, ot.ra parajuzgarnos á nosotros.




NACIONAL. 169
¡Bueno es saberlo!
Carvajal continuó escribiendo y dirigiendo el periódico


La Re'Ool1IJcion, bajo el nombre de Plácido Bernardo, y su-
friendo toda clase de persecuciones, mientras sus amigos
trabajaban en Madrid para que el gobie'"no abandonara el
camino que habia emprendido tan injustamente, y orde-
nara el sobreseimiento de una causa á todas luces ridícula
y ar bi traria.


En el mes de j ulío llegó á Alicante desde Madrid, su
buen amigo el ciudadano Enrique Rodriguez Solís (1), re-
dactor entonces de La lJemocracia Republicana, y se hizo
cargo por algunos di as de la direccion de La Revolucion,
durante los cuales Froilan Carvajal pudo marchar á Ma-
drid, donde su presencia era grandemente necesaria.


Al gobierno convenia mucho que Froilan Carvajal per-
maneciera] aunque injustamente, bajo la accion de los tri-
bunales, pees conociendo su decidido amor á la libertad, y
sus grandes trabajos y sacrificios por la causa de la Repú-
blica, comprendía, vista la situacion del pais, que la lucha
entre los partidos monárquico y republicano era inminente,
y f]ue nuestro amigo era un terrible elemento contra la
monarquía y los monárquicos.


El 15 de agosto de 1869 apareció el periódico La Revolu-
cíon con su primera plana ocupada en letra gruesa con los
siguientes lemas:


<<¡INJUSTICIA, ARBITRARIEDAD, ESCÁNDALO!;)
Desplles se llamaba la atencion de la prensa y del pais


entero para saber si el delito de sedt'cion y rebelion del año


(1) Autor de su biografi&.




170 LA SOBERANIA


67, podía ser tal delito el año 69, y terminaba pidiendo


«JUSTICIA!! JUSTICIAIl JUSTICIA!!»


El 26 de agosto recibió Carvajal una carta de su anti-
guo amigo Ramon Castellano, abogado y alcalde popular
de la villa de Belmonte, provincia de Cuenca, participán-
dole que «~l auto inaplicable de prision contra él, habia
sido alzado por el juez de San Clemente, con, los pronun-
ciamientos mas favorables para él, y que la causa seria so-
breseida en igual forma, luego que se evacuasen algunas
diligencias formularias que la ley exigía. »


Esto sucedia el 26, y el 28 se publicaba en el Boletin
Oficial de la provincia el siguiente decreto:


(,D. Mariano Dié y Pescetto, juez de primera instancia
de esta ciudad de Alicante y su distrito.


Por el presente se cita, llama y emplaza por primer
pregon y edicto á D. Froilan Carvaj al y Rueda, á fin de
que se presente en este juzgado en el término de nueve
dias, con objeto de recibirle indagatoria en la causa que
contra él mismo estoy sustanciando, por amenazas al señor
gobernador civil de la provincia, en la parte del artículo de
fondo, inserto en el periódico La Revol'llciO/¿ del dia 18 del
actual, que empieza: (,Venid aquí,\) y concluye (·muerto ó
herido de muerte por lo menos; » apercibido de que si no lo
verifica, le parará el perjuicio que haya lugar. »


Despues de insertar el edicto en e! periódico, escribía
nuestro amigo:


«Sin salir, pues, de una causa, se nos ha metido en
otra. Si ha sido á instancia de parte ó si ha sido de oficio, lo
ignoramos.


Mas á instancia de parte presumimos que habrá sido, y




NACIONAL. 171
la parte en la cuestion es el gobernador civil de la provin-
cia, contra el cual veis que protesta diariamente la pro-
vincia en masa.


¿otra causa criminal contra nosotros'?
Sí, otra causa.
¿ y por qué, ó con qué motivo'?




Escandalízate ó ríete á mandíbula batiente, pueblo
.


amIgo.
¡ Por amenazas!
¡Por amenazas al gobernador civil de la provincia!
¡Así lo vemos escrito y nos avergüenza el verlo!
¡Nos avergüenza, porque nosotros no tenemos por cos-


tumbre amenazar á nadie, y á mujeres mucho menos!
Mal es este que pica en historia y que hay que com-


batir como mal crónico.
Un dia le amenazamos con romperle un l¿ueso si se de-


terminaba á entrar en nuestra casa chillando y alborotando;
se nos llevó á los tribunales y se nos encausó por desacato!


Hoy, refiriéndonos á la prensa, refiriéndonos al terreno
de la discusion, le hemos citado, diciendo: Venid aquí, que
muerto ó herido de muerte, por lo menos, habeis de quedar en el
combate, y hace que de nuevo nos encausen.


¿Es esto regular'? ¿Es esto digno'? ¿Es esto caballeroso
señor gobernador'?


Mas, ¿á qué cansarnos'?
Y, ¿á qué dirigirnos á V. directamente?
No merece V. tal honra, y desde aquí en adelante nun-


ca nos di:igiremos.
Pueblo amigo., á tí, que nuestros pesares sientes con


igual sinceridad que nosotros sentimos lo que tu sufres; á
TOMO l. 31




172 LA SOBERANIA
tí, q'\l6 pOl! nosotros te interesas; á tí, que con imparcialidad
puedes jllzgar, á tí nos dirigimos solamente.


¿Es ponernos en la cárcel lo que se quiere'?
¿Es no dejarnos una hora de tranquilidad y sosiego'?
¿Es satisfacer una venganza'?
No puede estar ya mas claro.
Deduce de aquí lo que podemos prometernos del gober-


nador civil'de la provincia.
¿ Qué podemos prometernos'?
Pueblo amigo, á tí te toca decirlo.
Nosotros, sea lo que quiera, lo aceptamos desde luego


á calidad de reintegro, repitiendo lo que el otro dia di-
. gImos:


<! OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE.»


Son innumerables las felicitaciones, las cartas y los
ofrecimientos que Froilan Carvajal recibió, no solo de los
pueblos de la provincia, sino de España entera, y las co-
lumnas de La Revolucion publicaron multitud de estas car-
tas, que entrañaban el cariño mas vivo, la amistad mas
desinteresada, el aprecio mas profundo, al constante defen-
sor de la idea republicana.


Pasemos á reseñar la última parte de la vida de este
noble mártir .


. De acuerdo con varios amigos de Madrid, se dispuso á
secundar el movimiento republicano-federal, que, segun
confesion del entonces ministro de la Gobernacion, señor
Sag~sta, fué provocado por el gobierno.


Jamás Carvajal faltó á su puesto, y en esta ocasion de-
mostró m~s val9f si cabe, mas abnegacio~ y mayor patrio-
tis~o.




NACIONAL. 1'73
N o siéndole posible secundar el movimiento en la repUi-'


blicana ciudad de Alicante, por haóerse opuesto á ello algu ...
nos que se llamaban republicanos, alegando que no tenian órde·'
nes para ello, y atendiendo á los a visos y cartas de personas
respetables del partido federal, y de buenos y leales ami·
gos que le aconsej aban la lucha, como el único medio de
responder á las insensatas provocaciones del gobierno; pro ..
testando así del desarme de las milicias de Zaragoza, Tor-
tosa y Barcelona; de la disolucion de los ayuntamientos de
las principales ciudades de España, y de la salLgre de sus
hermanos inhumanamente derramada en Cataluña, Aragon
y Valencia; d,ando así una alta prueba de que el partido re·
publicano tenia en mucho su honor, su dignidad y los de-
l'echos conquistados por la revolucion de setiembre. De
acuerdo con varios amigos, buenos y consecuentes republi-
canos, cuyos nombres omitimos por razones qu~ compren-
derán fácilmente nuestros ilustrados lectores; despues de
recibir multitud de cartas, recibió la órden da levantarse,
de la cual fué portador su íntimo amigo el ciudadano
E. R. S., que le acompañó en su salida, no separándo-
se de su lado sino por órden suya, y des pues de una jor-
nada de 12 leguas, para traer á Madrid documentos im-
portantes, los últimos que escribió, y comunioar enérgicas
órdenes á algunos pueblos comprometidos, corriendo gra-
vísimos peligros. Recibida esta órden, Carvajal dispuso el
movimiento en uno de los pueblos mas importantes de la
provincia, movimiento que fracasó por haber sido descu-
bierto el secreto.




Preciso rué pensar en otro punto, y despues de correr
las órdenes á todos. los pueblos de la provincia, que se pu"
sieran en armas inmediatamente, órdenes que no cumplie-




174 LA SOBERA.NIJ\


ron porque algunos qúe se titulan republicanos escribieron á
los pueblos que no se les diera cumplimiento, se combinó
por Carvajal, de acuerdo con sus valientes amigos de las
provincias de Alicante y Albacete, lanzar el grito salvador
en la madrugada del dia 4 al5 de octubre.


No cito los nombres de los valerosos republican?s que
acompañaron á Froilan Carvajal ni me detendré á describir
otros detalles interesantes porque nada seria nuevo, pero c0:r;t
datos y pruebas irrecusables quiero relataros, mis queridos
hermanos de lógia el horroroso drama de mi infortunado
amigo.


Conocidos son de todo el mundo los grande~ servicios
que la perseverancia y fé republicanas de Froilan prestaron
á la causa del pueblo en la provincia de Alicante.


Las contínuas persecuciones que sufrió durante su vida,
su conductá en los últililos acontecimientos y su heróica
muerte serán siempre el mejor testimonio de la grandeza
de su carácter, de su entusiasmo, y acendrado amor á la
causa que defendia.


Pero el papel de narrador no es el único que me pro-
pongo desempeñar; el enviar un recuerdo de gratitud y de
admiracion á la memoria de nuestro querido amigo no es la
única mision que debo cumplir. Me dirijo á vosotros, her-
manos mios, para acusar á sus matadores y al gobierno por
los incalificables atentados que se cometieron en la persona
del gefe republicano.


Los hechos, de que muchos fuímos testigos presenciales,
'constituyen la mas terrible acusacion que pueda lanzarse
'Contra los asesinos de Carvajal.


Mejor q'G.e yo pudiera hacerlo, los describe de una ma-
nera admirable y conmovedora, uno de nuestros compañe-




NACIONAL. 175
ros de desgracia, que despues de consumado el sacrificio,
escribió una carta á Basilio,. hermano de nuestro querido
Froilan, de cuya carta he conservado el borrador y he co-
piado en las memorias que os dedico.


El referido documento dice así:
«Salimos de Alicante el dia 4 por la noche, con direc-


cion á N ovelda, donde nos teníamos q ne reunir con C.; pero
cosa de una hora antes de entrar en el pueblo, tuvimos
aviso de que la columna del Sr. Arrando estab3. en el pue-
blo, lo que nos obligó á internarnos en la 'sierra de Casta-
lla, en la cual nos perdimos, viéndonos obligados á refu-
giarnos en la casa del Palomaret. Al dia siguiente pudimos
llegar hasta el pueblo de Castalla, en el que entramos unos
26 hombres, que formamos en Id plaza.


»Al poco rato supimos que se adelantaba una columna,
que habia salido de Villena á las dos de la madrqgada.


»En vista de esto, salimos del pueblo con la intencion
de refugiarnos en el monte; pero no pudimos conseguirlo,
porque al salir á una gran llanura que rodea á Castalla, nos
encontramos cercados por unos 30 caballos y 300 infantes.
¿Qué hacer'? Ibamos á morir: Froilan no quiso que hiciéra-
mos fuego, y además, se adelantó el teniente y el Sr. Arran-
do, gritando: No tirar, están V des. indultados; lean V des. el
bando: el cual rué leido por el noble mártir, que se acogió á él
como nos acogimos toaos. Entonces nos llevaron á Ibi, encer-
rándonos en dos calabozos; Froilan, solo en uno, y todos los
demás en el otro, donde no nos podíamos mover. Así nos
pasamos hasta el otro dia, en que nos llamaron á declarar. »


lié aquí la declaracion de Carvajal, ratificada por todos
sus compañeros:


({He tomado las armas, porque habiéndonos obligado el




176 LA SOBERANIA
gobierno á jurar una Constitucion con la mayor parte de
la cual no estábamos conformes, el gobierno ha sido el
primero en violarla en la parte mas aceptable que tenia,
esto es, en los derechos individuales.»


Digna y enérgic& es la declaracion de Carvajal,:y es
una nueva prueba de la noble independencia de su carácter.


«Por la tarde, Froilan, ya estaba en capilla. Al poco
rato oí subir tres curas y despues el Oleo.: los oidos me


. ,


zumbaron, pero no quise decir nada á mis afligidos com-
pañeros. A los po<}os minutos le vimos bajar lleno de vida
y de serenidad, y decirnos: «Nobles compañeros, valor 'JI
constancia;) y luego despedirse diciéndonos: <<¡Adios, repu-
blicanos!,» y dar un grito d~ ¡Viva la República!. ..


»Basilio, DO me pidas mas pormenores, porque me nla-
, tarias; imposible me. seria continuar.


Poco despues me trajeron un pañuelo con la inscripcion
«Oarvajal á su amigo 1,» y una carta, que me quitó (no es
testualla frase) el oficial de la guardia: se la guardó '!I no
~e la aevo lvió.»


,


De esta carta resultan claros y evidentes dos hechos:
primero, que los republicanos no hicieron resistencia; y
segundo, que se rindieron confiando en la solemne prome-
sa de indulto que para todos ellos concedía el bando publi-
cado por el capitan general; y sin embargo, al día siguien-
te, hollando los compromisos contraidos con los prisioneros,
y faltando á la palabra empeñada, era fusilado Carvajal.


El cura de Ibi, al cual enviamos un abrazo fraternal
en nombre de todo el partido republicano, seguido de su
clero, de las señoras todas de Ibi, y del pueblo en masa,
se presen tó al Sr. Arrando para pedir le la suspen,ion de la
ejecucion, obligándose ellos á pedir el indulto á costa de su




NACIONAL. 177
peculio; pero tan noble proceder, tan digna conducta no
fué comprendida por el Sr. Arrando, que despidió brusca-
mente á los que iban en nombre de lo mas sagrado que
hay en el mundo, en nombre de la caridad, á pedir por la
vida de un hermano.


Penetré en la capilla donde Carvajal, si bien con una
serenidad pasmosa, estaba resignado y contrito de una
manera edificante.


La pluma se escapa de mis dedos, porque" no puede
estampar lo que entonces pasó: yo, llor~ba, y él con la
serenidad de un caballero cristiano, cuya noble arrogancia
y serenidad guardó hasta su muerte, con admiracion de
los que lo presenciaban.»


Momentos antes de morir, escribió, con ánimo tranquilo
y sereno pulso, la siguiente carta á su hermano Basilio.


Capilla de la Cárcel de lbi, á las dos de la tarde del
dia 8 de octubre de 1869.


«Querido hermano Basilio: •
»Valor y serenidad. Sin llegar á rebelarme caí en poder



»de una columna de ejército.


»Sin estar publicada la ley marcial se nos ha sometido á
)}sU fallo, y voy á morir dentro de breves instantes, por-
»que me están esperando.


» Dos encargos:
»Consuelos á la familia.
»Cuidad todos de mi hijo.
» ¡ Hasta la eternidad!
»Tu apasionado hermano


FROILAN CARVAJAL.»


De la fé de un moribundo no hay quien plled~ duda,r,
y esta carta es la ~ondenacion m~$ terrible, ~l OO$tigo




1 '78 LA SOBERA'NÍA


mas cruel que jamás cayó sobre la frente de gobierno al-
guno.


Llegado el momento fatal, Carvajal, sereno y tranqui-
lo, se encaminó al lugar del suplicio: el pueblo en masa
cubria la carrera, y abundantes lágrimas regaban el cami-
no que el noble mártir debia recorrer.


Ya en el sítio de laejecucion, con paso fi~me y resuelto
fué á colocarse en el puesto señalado; alzó su noble cabeza y
esperó á que el plomo homicida viniera á poner fin á su


- .


existencia: un silencio sepulcral reinaba en torno suyo, el
pueblo contenia hasta el aliento, y los soldados se miraban
aterrados ante aquel sangriento' espectáculo. Una voz reso-
nó marcando las horribles voces de preparen, apunten, fue-
go .•. un ay! terrible y desgarrador salió de todos los pechos
y el humo de la pólvora empañó el puro azul del cielo.
Disipado por fin, todos los ojos se fijaron en el sitio fatal:
Froilan tranquilo y sereno, erguia aun su nople cabeza ...
las balas no habian penetrado en su noble cuerpo!


"Los pobres soldados no habian tenido. valor para ma-
tarle. Indudablemente y no queriendo ninguno ser verdugo
de tan noble mártir, habian disparado sin apuntarle.


¿Qué debió pasar en el interior de nuestro inolvidable
amigo'? Dios únicamente puede saberlo.


N uevamen te sonaron las mismas voces de fuego, y á
ellas contestó nuestro malogrado compañero, nuestro inol-
vidable amigo, con un sonoro ¡Viva la República Federal!
que fué á resonar como un eco en el corazon de todos: las
balas cruzaron el espacio, y Carvajal cayó para no levan-
tarse mas.


Ahora, pueblo amigo, á tí te toca juzgar de la vida y




Fusi1amiento de Froy1an Carvajal.




.,.




l80 LA ~OBERAN1A ~AClONAL.
das por una de las mas repugnantes figuras que registra la
historia entre los monarcas absolutos; la de Fernando VII,
padre de l~abel y penúltimo Borbon de España.


Los sublimes mártires á que aludimos son, el inmortal
Rie.qo y la simpática .ll1ariana Pineda; ahorcado el uno en
la plaza de la Oebada de Madrid, de la manera mas jnfame
é ignominiosa y agarrotada la otra en el Triunfo de Gra-
nada en el año de 1831.




~ACIONAL. 179
de la muerte de aquel que todo lo sacrificó por ti, por tu
libertad, por tus derechos: familia, amigps, carrera, amor,
honra y vida, todo lo despreció por tí.


Tú eres el juez que debe sentenciar en esta causa: ¡juez
imparcial pero severo!


Todo lo perdió por tí, y fué inhumanamente fusilado
cuando la ley marcia/no se habia publicado en el territorio
en que se alzó en armas; no fué un castigo por lo tanto lo
que se le impuso, su muerte fué ... tú sabes bien lo que
fué; tú, pueblo amigo lo sabes, y nosotros tambien. Cuan-
do el momento oportuno sea llegado, tú cumplirás con tu
deber, como él cumplió con el suyo; él dió su vida por tí,
y tú estás en el deber de dar tu vida por él: en tanto lle-
ga ese momento, pensemos que tiene un hijo, un hijo que-
rido, y que en su última carta nos dice:


(·'cuidad todos de mi hijo.»
El mártir Froilan Carvajal ha dejado un niño, un niño


que debe heredar las virtudes y el valor de su heróico
padre.


Paguemos hermanos mios á esa tierna criatura la deuda
que hemos contraido con su desgraciado padre.


Ni una palabra mas: Froilan cumplió con su deber;
vosotros cumplireis con el vuestro.


Si aquel fué el dia de las lágrimas quizá mañana sea el
de las justicias.»


Calló Felipe y colocó el manuscrito sobre la mesa; ha-
, bia terminado la velada. Disol vióse la reunion citándose los
hermanos para la semana siguiente, cuya sesion prometia
ser igualmente interesante, pues, segun Felipe habia leido
en el epígrafe del cuauernillo inmediato, era aquel dedica-
do á honrar la memoria de dos ilustres víctimas, sacrifica-


TOMO l.




CAPITULO VIlll


Lo que puede pasar durante ocho diai.


1.


~Iaría se encuentra instalada hace bastantes dias en la
casa de su abuelo.


Este, que tanto habia llorado á Angela, ha llegado á en <
contrar la compensacion del dolor que esperimentara por la
pérdida de su hija, con el hallazgo de su nieta.


María, por mas esfuerzos que hace, no puede dominar
el dolor que la devora.


¿,De qué nace esta paRían de ánimo?
¿Qué motivos tiene para sufrir tanto cuando al perder


un padre ha encontrado otro, y cuando á la agitada vida que
hasta entonces llevara ha sucedido una existencia tranqlli·
la, Hena de comodidades y con el disfrute de todos los goces
que puede proporcionarla la desahogada posicion de que su
a huelo disfru ta?


Necesario nos seria para comprenderlo poder registrar
esos imperceptibles pliegues del corazon humano, pliegnes
entre los cuaJes escóndese casi siempre la amargura y el
pesar.




182 LA SOBERANIA


Si nuestros lectores conservan en la memoria las prime-
ras escenas de nuestro libro, deben recordar una frase ex-
halada por María en una esplosion de angustia y de dolor;
frase, que es por decirlo así, la clave del enigma que hacia
palidecer sus mejillas ..


Al retirarse Felipe de casa de D. Antonio, la primera
vez que nuestros lectores le vieron en ella, María, sollo-.
zando y afligida se dejó caer sobre el lecho en que agoni-
zaba su padre, esclamando con aeento desesperado:


-¡Ay! padre mio, ya lo ha visto V.; por él me estoy
muriendo de amor, y él no ha tenido para mí ni una sola
f d '- , rase e carlno ....


Hé aquí la causa del dolor de María.
Acostumbrada desde su niñez á ver á Felipe á su lado,


pues ya sabemos que, muy niño aun, se habia quedado
,huérfano y el padre de María se le llevó consigo, fuese ésta
acostumbrando á quererle con fraternal afecto al principio,
pero con un cariño muy distinto conforme adelantaron los
años.


Felipe tambien amaba á María, pero como un hermano.
Imbuido en las mismas ideas de su padre, ideas avan-


zadas que de igual modo sustentaba el de María, educado
y nutrido por decirlo así, en medio del infortunio, fué hom-
bre antes de tiempo y todos sus esfuerzos, toda su energía,
todo su sentimiento, se con centraron en aquella causa por
la cual habia muerto el autor de sus días, y que con tan
delirante empeño defendia igualmente su otro padre adop-
tivo.


Mas tarde las exigencias de la misma causa á que se
consagrara le obligaron á separarse de este último.


María quedó profundamente herida é impresionada.




Del mismo modo que Felipe habia concentrado todo su
afecto en la libertad, constantemente perseguida y coibida
por dó quiera, María, cuyo corazon era todo sentímiento,
todo ternura, habia concentrado su afecto en los dos séres
que la rodeaban, en su padre y Felipe.


Este comenzó á viajar y su corazon vagó en mas anchos
espacios, las peripecias de su vida de conspirador, el cam-
bio que en su suerte se verificó al ser. reconocido por su
tio, todo ello contribuyó, no para que se estinguiera el
afecto que profesaba á María J á su padre, pero sí para que
se debilitase algun tanto.


En la jóven sucedia todo lo contrario.
Cada dia que pasaba, se acentua.ba de una manera mas


potente, aquel amor inmenso que profesaba á su tio.
Involuntariamente, sus mejillas se cubrian de vivo car-


min cuando su padre la daba algunas noticias respecto á
Felipe.


El dia en que supo que éste habia encontrado á su tio,
y que disfrutaba de la posicion que aquel tenia; que fre-
cuentaba los mas elevados círculos de la córte, que se ha-
llaba en camino tal vez de una gran fortuna, el dolor q ne
esperimentó su corazon adquirió mayores proporciones.


.


Empezó á medir la distancia que la separaba de Felipe.
Su padre no le habia revelado nunca su verdadera posi-


Clon.
No la habia dicho jamás que todavía de su patrimonio


conservaba alguna par~e; q l1e su orígen era digno y ~le­
vado; que su madre era hija de aquel mismo tio que Feli-
pe habia encontrado, y que, por lo tanto, era ella la única
heredera de sus riquezas.


Nada de esto sabia, y creíase muy inferior á Felipe, é




184 LA SOBRRA NÍA
inferior tambien á todas aquellas damas á quienes éste,
forzosamente, habia de conocer y tratar en su nueva posi-
cion.


y ansiaba poder regresar á aquella España, doblemente
queri<la, porque en ella se hallaba el hombre, objeto de su
ca,riño.


El movimiento insurreccional de 1868, abrió á D. An-
tonio las puertas d,? la patria.


Con delirante alegría llegó la jóven á Madrid, en com-
pañía de su padre.


Desgraciadamente, Felipe no se hallaba á la sazon en la
córte.


En las distintas ocasiones en que posteriormente pudo
verle, Felipe fué solo para María el hermano tierno y afec-
tuoso, pero nada nlas.


La jóven en cambio, comprendió, con harto dolor, que
amaba á Felipe con un afecto muy distinto del fraternal que
éste la profesaba.


Así fué que,alpenetraren la casa de su abuelo, alhabi-
tar bajo el mismo techo que habitaba Felipe, en medio de
la alegría que debia esperimentar al ver al noble anciano,
padre de su madre, que la estrechaba cariñosamente sobre
su corazon, sintió un dolor punzante, desgarrador ~ al es-
cuchar la voz de Felipe que la decia afectuosamente:


-_ .. Si antes te quería como un hermano mayor, hoy, qne
respecto á ti añado á este carácter el de tio, mi afecto es
doblemente estremado.
Desd~ aquel monlento la. vida de Maria fué un tormento


contínuo. Veíase obligada á ocultar toda la inmensidad de
su infortunio para no afligir á aquel noble anciano que la
quería y mimaba con paternal solicitud.




l\ACIONAL. 185
Mas á pesar de cuanto hacia, el dolor, mucho mas fuer-


te q na su voluntad, se reflej aba siempre en su sem blante.
En vano era que D. Euganio tratase de interrogarla


para averiguar la causa de su tris,teza.
María, entonces, lo acariciaba y procuraba hacerle com-


prender que era completamente feliz y que su duda era
hija únicamente del afecto que la profesaba, que le hacia
ver lo que no existia.


Felipe á su vez estaba igualmente preocupado hacia al-
gun tiempo.


Apenas dirigia una frase de afecto á la jóven; parecia
que hasta evitaba su presencia.


l\Ial'Ía ad vertía tan estraña conducta y esto contribuia
á aumentar su pena.


Tal era la situacion en que se hallaban nuestros perso ..
najes al cabo de los días que habian transcurrido yen que,
a consecuencia de la lectura de las memorias de D. Anto-
nio, la huérfana habia pasado á la casa de su abuelo .


. Volvemos"á encontrarnos con los tres bribones, que tal
calificacion podemos dar á Lopez, Antojitos y Antonio.


Han pasado tres dias de la escena que presenciamos en
el café de la plaza de la Cebada.


En este momento se halla nuestro célebre Triunvirato
en las puertas del Congreso, aumentando el número de los
curiosos, tomando parte en las discusiones mas ó menos
acaloradas' que tienen lugar entre los grupos, procurando
esci tar los ánimos y desprestigiar aquello mismo que
quieren enaltecer.


- Vamos á ver ~c6mo van nuestros asuntos'? pregun ~
tó Lopez dirigiéndose á sus compañeros y llevándolos
aparte.




186 LA SOBERANU.


-Se me antoja que no van muy bien, que digamos; por
mas esfuerzos que hacemos la mayor parte de los soldados
dicen que nones y creo que si continuamos así, saldremos
con las manos en la cabeza.


-Eso nunca, Antojitos, ó somos mozos de pesqui ó no; la
cuestion está en apandar los chulés de los Alfonsinos y de los
otros, que tambien nos pagan con largueza; lo demás debe
importarnos un bledo.


Lo principal es nadar y guardar la ropa, ó lo que es lo
mismo, conservar el número uno: con que se oigan unos
cuantos gritos y mantengamos cierta agitacion é indisci-
plina en los cuarteles, cubrimos el espediente y Cristo con
todos.


-Esa es la fija, Antonio; por ese camino' llegarás á ser
un mozo de provecho.


-Ya se vé que sí.
-Si por algo me gustas es por lo modesto.
-Chico, quien tiene modestia no pasa toda su vida de


ser un pelele.
-Hablemos de otra cosa; díme Antojitos i,hicíste mi


encargo?
-¿Cuál? el de la muchacha'?
-Sí.
-Pues no, que no; crees tú que yo me duermo en la.


pajas?
-¿Dónde para?
-¡Cá! chico si es toda una historia.
-Cuenta, cuenta ...
-Figúrate que aquella moza ha tenido un fortunon so-


berbio.
-Ya sospechaba yo que el viejo tenía cuartos.




NACIONAL.


-¡Oá! N o ha. sido ese viej o el que la ha proporei4n.adG
. ".


'esa suerte.
-Ya, algun tio berrugo, de esos que ya no pueden con


los calzones pero que están cargados de relucientes pelu~~ \
cona~ y van buscando muchachas bonitas para hacer su
suerte.


--Vamos, Antonio, tampoco das en el quid.
-. Pues entonces no sé lo que es.
-Antojitos, acaba ya y no me fastidies mas con tus


sandeces.
-Pues habeis de saber que la :!!luchacha se ha encon-


trado, como si dijéramos, un tio en Indias .
. -¡Hum! mala espina me da.n á mí esos tios.
-¡Mal pensado! este es u~ ,abuelo, pero un abuelo real


y efectivo que a'Oilla mas parné que has visto en toda tu .
vida.


-Pues señor, ahora si que me conviene la mucha\}ha,
repuso L'opez, cuyos ojos brillaron codiciosamente.


-Me llan;¡o á la parte, repuso Antonio .
• -Oalla, imbécil.


-Pues tendria que ver! Despues que uno se ocupa
de tí. ..


-Yo os prometo que no tendreis por qué quejaros de !
mí. .. el dia en que me case.


-Presumo que eso está un poco lejano.
~Mira, haz me el favor de no venirme con siniestros


:augurios.
--Cuando yo lo digo, me fundo en algo.
-Pues esplícate.
-En primer lugar debo decirte quién es el abueLo en


cuestiono
TOMO J.




188 LA SOBERANIA
-Acaba.
-Es el tio de D. Felipe.
~lAh!
-La muchacha parece que anda triste y preocupada;


áD. Felipe, que por lo visto es. tambien tio de María, le su ..
. cede lo mismo y todas estas cosas me prueban q ue ~i el
amor no anda entre ellos, les falta muy poco.


Lopez se quedó pensativo durante algunos segundos: lo-
que acababa de escuchar habíale llamado la atencion, ha-
ciéndole recordar la escena que ocurrió la noche en que,
se presenta en casa de D. Antonio á practicar el rejistro,
pretesto empleado para obligar á María á que aceptase su
amor.


El interés 'que Felipe mostró entonces, corroboraba.
I


hasta cierto punto la suposicion hecha por Antojitos.
Así fué, que al cabo de algunos momentos repuso:
'-'-Sabes que es grave lo que acabas de decirme'?
-Iriasá abando:q.ar la plaza por semejante contra ...


tiempo'?
-¡Cá! por el contrario, esto me hace formar mayor em-


peño.
-y es natural.
-Lo único que hay es que necesitamos proceder con


mayor cautela.
~Eso es cuenta tuya.
-Nó, cuenta vuestra: para que veais como. yo sé apre-


ciar á los amigos, desde este mismo momento os asocio á,
,los beneficios que pueda producirme mi matrimonio.


-¡Hombre! ¿será verdad?
-Lo dicho; yo hago las cosas siempre así.
- y bien mirado, qué demonio, á ayudarte vamos ....




NACIONAL. ,'- 189
--y mucho. Por lo visto, tú, Antojitos, cuántas con re-.


laciones dentro de la casa, he'? \ ~. ;
. -Ya lo creo; pues si hay allí una doncella que está.


muerta por mis pedazos. .
-Pues chico, francamente, mal gusto tiene la .désdl ..


'Chada.
-Vamos á lo que importa, dijo Lopez, cortando la frase. ';;,,< .•


eon que Antoji.tos iba á responder á Antonio. . , •. J •. '
;' ',; t"j:",


-Tú dirás. . -.. 0.,
-Antonio, es necesario que se ocupe en averiguar la


vida y milagros de D. Felipe.
-¡Cáspita! pues ahí. es nada la tarea que ·:ffie &D.CO-


miendas.
-Convié!tete en su sombra, y entérate á dónde vá yen


'qué se ocupa. . f o
I _


-Corriente; te prometo que has de quedar satisfeeho
de mí.


-¿ y yo'? preguntó Antojitos.
-A tí te permito que sigas haciéndole el amor á tu ...


-doncella, pero á condicion de que ésta consiga apoderarse
por completo de los secretos de su ama.


-Entiendo.
-Pero y tú, entonces, qué te re$ervas? .. dijo Antonio.
-El derecho de obrar en virtud de lo que vo~otros me


-digais.
- ~ sobre todo, el papel de casado ... si llega á serlo ...


iTe parece poco'?
-La cuestion es de cuartos.
-Tras ellos vamos todos.
-¿Teneis dinero?
- ¡ Phel alguno nos· queda; pero eso no viene nanca


\




19n LA. SOBERANIA
- "


mal; si quieres darnos algunos millones á cuenta de la dote-
. .


de tu mujer ... los aceptamos.
-Si tuvieras las' narices tan largas como la ambicion .. ,
-No estaria mal, nó; te aseguro que ni Ovidio Na-,


sone ...


, -En fin, tomad y seguid manteniendo la ~larma y la,
inquietud; esparcid de cua~do e~ cuando alguna noticia de
efecto.


-¡Oh! eso ya sabemos hacerlo á las mil maravillas.
-Pues no perdais la costumbre y á trabajar.
-Es decir, que por ahora. no nos necesitas.
-¡Nóf. en el momento en que sepais algo de interés


. avisadme.
-Por mi parte estate seguro que tal vez mañana ó pa-


sado te dé noticia exacta de lo que hace D. Felipe.
-Poeo es un dia para averiguar la vida de una persona


como D. Felipe; no por tu presuncion vayamos á dar un ·
golpe en vago.


-Descuida, que no soy tan tonto.
-En cuanto á tí, espavila bien á esa doncella que pue-


de servirnos de mucho.
-Muchas veces he tenido intencion de enviarla á paseo,.


pero me ha contenido el aquel de que quizás algun dia po ..
dia serme útil, y ya tú ves como no me he engañado.


-Si continúas así, llegarás á ser un buen lebrel.
-Lo malo es que con estos republicanos poco podremos:


medrir nosotros.
'-:¡Phef cuando Dios quiere con todos los aires llueve,.


dice el refrán, y los mozos como noso~ros siempre son ne-
cesarios. ¡Ea! á trabajar que yo voy á entrar en el Congre--
Boá ver lo que pasa por allí dentro.




NACIONAL. 191 . I
Log tr,es bribones diéronse un apreton de mano y ,se~


separaron tomando cada uno direccion opuesta.
Esta con versacion habia sido tenida en la acera de. las


casas de Santa Catalina, frente al Congreso; precisamen-,'
te al lado de una reja baja, adornadá con una persia~a
verde.


Imprudencia estraña en aquellos .bribones, porque de-
bieran calcular que detrás de aquella persiana podía haber
gente que escuchara y oyera.


Efectivamente, detrás de la persiana habia álguien que
escuch6 y oy6, porque inmediatamente que Lopez se separó
de sus camaradas, tres hombres salieron del portal á que
pertenecía la reja baja.


Como hacia frio iban abrigados con sus capas y con el
embozo hasta las narices.


Uno de ellos, que por sus maneras é inflexion de voz
parecia ejercer alguna, superioridad sobre los demás, di61es
en voz baja á los otros dos algunas órdenes, que inmedia-
tamente fueron puestas en ejecucion.


El uno se lanzó en seguimiento de An toj i tos, el cual
tomó el camino de la calle del Prado; el otro se, colocó so ..
bre la pista de Antonio, que, habiendo subido por la Car~
rera de San Gerónimo, se encaminaba á la de Jitanos; en
tanto que el tercer embozado, 6 sea el que parecia gefe ó
superior, penetraba en el Congreso en seguimiento de Lo-
,pez por l~ puerta de la calle de Jovellanos, ó lo que es lo
mismo, por la que solo es acequible á los diputados, pe-
riodistas, y á las visitas que 'van á robar el tiempo á unos
y á otros.


Por 1) visto, Tomasito tenia cierta influencia, 6 era co-
nocido de alguno de los porteros, porque la puerta de la




/ 192 LA SOBERA~rA
izquierda, que conduce á la tribuna de la prensa y á varias
~tras reservadas, se le abrió sin dificultad.


Lopez hizo un ligero saludo, dándose importancia, y
empezó á subir la escalera.


¿A dónde se dirigia'? mas tarde lo sabremos.
Pero es lo cierto, que el,embozado que le seguia los


pasos no debia tener men?s influencia que Tomasito, cuan-
. ,do al llegar delante del mismo portero que acababa de cer":


rar la puerta de la escalera, bastó que aquel bajara un poco
,elembozo de su capa y descubriera á medias su rostro,
para que el portero, gorra en mano y haciendo algunas ge-
nuflexiones-y cortesías, se apresurase á abrir nuevamente
la puerta.


Por pronto que el embozado, aun saliando de dos en dos
lo~ escalones, llegó al último tramo, ya Lopez habia des-
-aparecido de su vista y se habia eclipsado.


¿.A qué tribuna -se habria dirigido'? Vaya V. á adivi-
narlo. .


¿A la de periodistas'? no era lógico, porque en ella ha-
bria muchos que lo conocerian de muy antiguo y de allí lo
hubieran echado á patadas.


¿A la del cuerpo diplomático? pensar esto era un ab-
surdo.


¿A la de los ex-diputados. y senadores'? no era lógico
-que en semejante sitio tuviera Lopez cabida, ni menos re-
laciones de ninguna especie.


, En la duda, nuestro desconocido penetró en la de perio'";
distas, donde indudablemente tenia amigos, pues muchos
·al verle se apresuraron á sal'.ldarle y estrechar su mano .


. Colocóse en los asientos mas altos .de tercera fila y desde
allí -empezó á recorrer con la vista todas las tribunas de la




NACIONAL 193
derecha, que son precisamente las que acabamos de in--
dicar.


En aquellos momentos se ocupaba la Asamblea de la
interesantísima discusion del proyecto de ley sobre la abo-
licion de la esclavitud en Pllerto-Rico.


Todas las facultades, todos los oidos, todos los ánimos se
hallaban en aquel momento pendientes de la voz del emi-
nente orador que usaba de la palabra.


y nada tenia de estraño; aquel orador era Oastelar, que
pronunciaba uno de los mas notables discursos que han
brotado de sus labios; discurso que entrañaba tan estraor-
dinaria 'importancia, cuanto que á él se debió mas tarde el
patriótico, el sublime espectáculo que presentó á los ojos
de la Europa entera, la sesion del 22 marzo, votándose por
unanimidad la abolicion de la esclavitud.


Cuando nuestro desconocido penetró en la Tribuna se
hallaba Oastelar en uno de los mas brillantes períodos de
su disc urso.


El silencio con que era escuchado era tal y tan solero-
ne, que hubiér~se oído el vuelo de una mosca.


El mismo embozado, no pudiondo resistir á la general
fascinacion de aquella poderosa elocuencia y olvidándose
por un momento de Tomasito, :fiJó tod~ su atencíon en el
ilustre Tribuno que en aquel momento esclamaba: .


»Pues qué, ¿por ventura no debemos decir la verdad,
toda la verdad? ¿Por ventura, la cuestion ~de la esclavitud
es una cuestion naciopal, puramente nacional en que la
nacion sea dueña absoluta de su soberanía y de sus desti-
nos? ¿Lo creis así? ¡Ah! os engañais. ¿Por qué no hemos
de decir la verdad? La cuestion de la esclavítud es una


,


cuestion internacional, no puede menos de ser una cues-
tion internacional.




194 LA SOBERANIA.
- .


»Presoindamos de una idea que ya he apuntado muchas;
veces y que sostengo ahora; la idea de que es imposible;
que existan ciertas -instituciones y ciertos cambios en el
espírítu de los pueblos, sin que estos cambios en el espíritu




de los pueblos se universalioe por toda la tierra.
,>Pues qué, cuando no habia telégrafos, ni cam.inos de


hierro, ni los- pueblos se conocian unos á otros, ¿no coinci-
den con eso que se llama sincronismo histórico, no- coinci-
den todos los grandes movimientos y todas las grandes
transformaciones sociales? Es mas; hay un historiador que
sostiene, con gran copia de datos, que coinciden los movi-
mientos europeos con los movimientos asiáticos y con los
movimientos americanos, aun antes de que se conociera la
'América, por indicios de la historia y de los monumentos,
como si el espíritu humano habitara en todo el planeta.


-Pues qué, ¿no se conmueve á un mismo tiempo toda la
Europa feudal, y á un mismo tiempo aparecen en el siglo
duodécimo, poco- mas 6 menos, las comunidades con los
gremios'?


>:>¿No cae este feudalismo al mismo tiempo en toda
Europa? Luis XI, Fernando V, Maximilíano de Austria,
¿no son á la verdad un mismo espíritu, aunque sean dis-
tintas y diferentes personificaciones de este espíritu'? ¿Quién
descubre á un tiempo la brújula, la imprenta, el telescopio,
todos los medios. de dominar la tierra? Cuando en seguida
s~ descubre América para completar este poema-del trabajo
tno aparecen los reformadores'? ¿N o se fundan las monar-
quías absolutas'? Enrique VIII, Felipe 1, Cárlos V, Felipe
11 ¿ no son la misma personificacion'? ¿N o viene el moví-
miento liberal de Europa, el leva:ltarse de las clases me-
dias, el caer de los reyes, el abolirse la 6rden de los jesui-




NACIONAL. 195
tas, el establecerse el espíritu de la enciclopedia en todas
partes con Pombal, con Choisseaux, con el conde de Aran-
da, con Leopoldo de Toscana'? ¿Qué quiere decir esto'? Que
las cuestiones todas difícilmente son nacionales; que hay
en todos los grandes problemas humanos un lado interna-
cional.Yo recuerdo que aquí mismo, desde este sitio,
cuando yo hablaba del influjo que habia de tener la Revo-
lucion de setiembre en todos los problemas europeos, se
decia: (,Este Castelar es poeta siempre; siempre fuera de la
realidad. \Pues no decia que nuestro modesto ~uente de
Alcolea, que esta nuestra Revolucion, que como todas las
nuestras, se reduce á un cambio de destinos, que todo va á
influir en Europa y va á trasformar el mu.ndoI» Y sin em-
bargo, señores, mirad lo que ha sucedido; mirad á aquella
Revolucion española; el poder temporal de los papas ha


_ caido; el jefe de la Francia con eYantiguo imperio ha cai-
do tambien; la República está en la nacion vecina y está
en España; la unidad está en Alemania, y Europa entera
se ha trasformado al cañonazo que sonó en el puente de
Alcolea.


»¿Y por qué, señores, por qué? Por este sincronismo
histórico, por este gran sincronismo histórico, que prueba
una cosa, que si yo fuera capaz de entrar en esa discusion
que con tanto gusto entra mi amigo el Sr. Pidal, diria
que es la derrota de los materialistas y la victoria de nos-
otros los. espiritualistas; porque prueba la unidad, la iden-
tidad, y hasta cierto punto la divinidad bajo el cielo del
espíritu humano. .


})Pues bien; la cuestion de la esclavitud era una de
estas cuestiones; la cuestion de la esclavitud era lo que no
podia menos de serJ una'cuestion internacional. ¿Por qué?'


TOldO J.




196 LA SOBERANÍA
Porque el principio verdaderamente evangélico, ann que
algo comentado y ampliado por la ciencia filosófica, el es-
píritu que separa el siglo XVllt del siglo XIX, es la liber-
tad y la igualdad de derechos. Así, sucedió un dia, que la
Convencion francesa divulgó este gran principio, el cual
estaba ya proclamado en anteriores Constituciones; y I un
pobre negro que habia subido desde el hondo abismo de
su servidumbre y de su ignominia hasta la cima de la
Convencion, se levantó y dijo: «habeis declarado la unidad
de derechos humanos, la igualdad de derechos humanos, la
libertad del espíritu humano; yo tengo espíritu, yo tengo
ideas, yo tengo palabra como vosotros, yo siento algo aquÍ,
en mi frente; yo soy una conciencia y una razon y no soy
libre; luego son mentira todos vuestros principios.» Y en-
tonces, en una sola sesion, movida aquella gran Asamblea,
que algunas veces caia en el cieno de todos los crímenes,
pero que otras veces s~ levantaba hasta las alturas del
ideal, aquella Convencion dijo: «no nos deshonremos dis-
cutiendo esto;» y abolieron la esclavitud.


»Yo he referido muchas veces y repito ahora la escena
que se siguió á esto; se abrieron las puertas como si invi-
sible mano las moviera; entraron los negros, abrazaron á los
convencionales, se arrojaron á sus piés, lloraron; y yo he
dieho que aquellas lágrimas borraron para siempre las
manchas de sangre que tenia en sus manos la Convencion
francesa.


»Pues bien; desde este ~omento, desde este gran mo-
mento, no habia remedio; la abolicion d,e la esclavitud te-
nia que correr como un reguero de pólvora por toda la
tierra. El hombre á quien tanto ha adulado la servil com-
placencia con el poderoso, que ha llegado á llamarle génio




NACIONÁL. 197
sobrenatural, cuando no hay nada sobrenatural para salvar
á los ciudadanos mas que el ejercicio de sus derechos por
sí mismos, ese génio sobrenatural que ha dado en llamarse
el primer coloso de la fortuna y de la guerra, quiso des-
truir la obra de la Convencion; restauró la esclavitud en
Santo Domingo, y entonces vinieron, á resultas de esta
gran apostasía del gran apóstata, del Juliano apóstata de la
revolucíon, entonces vinieron aquellos escándalos, aque-
llas desgracias y aquellos crímenes que crímenes' fueron,
pero no menores que los que han cometido todos los pue-
blos desde España hasta Rusia, por su libertad y por su
independencia. »


Escusado es decir, porque se comprende perfectamente,
que cada párrafo, cada período; de tan magnífico discurso
era aplaudido frenéticamente.


Las voces de ¡Bravo! ¡bravo! ¡bien, Men! se repetian sin ce-
sar, lo mismo en los bancos de los representantes de la
Asamblea, que en las Tribunas, pública y reservádas.


La satisfaccion se hallaba pintada en todos los semblan-
tes; el entusiasmo se desbordaba de todos los pechos; la ale-
gría se reflejaba en todos los ánimos.


Uno de los que mas gozaban en aquellos momentos era
nuestro desconocido, que olvidándose sin duda del objeto
principal que le habia conducido á aquel sitio, parecia vi-
vamente impresionado.


Sin embargo, en medio de su entusiasmo, una voz, sin
duda bien conocida, vino á ~acarle de su éxtasis, obligán-
dole á volver rápidamente la 'cabeza.


En la tribuna de los ex-diputados y senadores, aunque
colocado en segundo término, Tomasito hablaba y gesticu-
laba acaloradamente, siendo uno de los que mas aplaudian.




198 LA SOBERANIA
A su lado y sonriéndose de una manera eq uí voca, habia


otro caballero de elegante porte y finas maneras, aunque
ya entrado en años y completamente calvo.


Lucia en el ojal de su levita una condecoracion encar-
nada, que lo mismo podia ser la de la Oruz de Cristo, la de
la Espuela de Oro, ó la de la Legion de Honor.


Lo cierto es que aquel individuo, que en tan cordial ar-
mo;nía se hallaba con el ínclito ex-polizonte, era igualmen-
te un ex -d!putado tradicionalista, que se hizo célebre, en
época no muy lejana, por los soporíferos cuanto insolentes
discursos que pronunció en el Congreso .


.Dime con quien andas y te dir.1 quien eres, dice el refran,
y en ninguna mejor ocasion podia aplicarse proverbio tan
~


verídico como en la presente, al ver á Tomás tan amigote
del ex-diputado carlista.


El desconocido púsose de pié, y como la distancia que
medía de la Tribuna de periodistas á la en que se hallaba
Lopez es muy corta, éste, que habia vuelto maquinalmente
la cabeza, conoció perfectamente á aquel, con tanta mayor
razon, cuanto que, como comprenderán nuestros lectores,
el embozo no le ocultaba ya la cara.


La sorpre$a y lp.. angustia se reftej al"on en 1 as facciones
del polizonte; aquel encuentro positivamente no le habia
iido nada grato.


Toda la sangre se le arrebató á la cara y deslizándose
poco á poco del asiento que ocupaba, procurando ocultarse
lo mejor posible, fué escurriéndose hasta la puerta, la cual
abrió sin hacer ruido, y salió de la Tribuna á paso de lobo
y hasta sin despedirse de su amigo.


Ya fuera, sus piernas adquirieron mayor ligereza y en
dos saltos cruzó las dos ó tres habitaciones que conducen á
la. escalera.




NACIONAL. 199
Dos minutos mas y estaba en salvo.
Pero habia echado la cuenta sin la huéspeda.
El desconocido, que habia seguido todos sus movimien-


tos, y aunque le era en estremo sensible dejar de oir la ter-
minacion del discurso de Castelar, con igual rapidez que
Lopez y casi á un tiempo llegó al peristilo de la escalera en
el momento en que éste, agarrado á la barandilla, se dis-
ponia á franquearla en dos saltos.


El desconocido le sujetó fuertemeJ+te por el cuello.
-No tan deprisa, señor Lopez, no tan deprisa ..... hace


dias que me vá V. huyendo el cuerpo, lo cual prueba que
me teme, y siendo esto así, algo me debe.


-¿Yo? .. señor D. Felipe, replicó el ex-polizonte com-
pletamente trastornado y confuso.


-Sí, V. que para haber pertenecido á la policía es bas-
tante poco precavido y aun mucho torpe.


-No comprendo lo que V. quiere decir.
-Quiero decirle, que para averiguar mi vida, que es


bastante pública, no necesita -valerse de ninguno de los
truhanes, dignos compañeros suyos, puesto que yo mismo,
si tanto interés tiene en saberla, puedo satisfacer cumpli-
damente su curiosidad.


-Francamente, Reñor D. Felipe, replicó Tomás, repo-
niéndose poco á poco, cada vez entiendo menos lo que V. me
q niere decir.


-Voy á darle un consejo, dijo D. Felipe clavando.sus
ojos de águila sobre el atribulado Tomasito; cuando haya
de tratar asuntos que requieran cierta reserva debe ha-
cerlo al aire libre y léjos de puertas ó ventanas, detrás
de las cuales puede muy bien escucharse.


-Como V. no se esplique mejor ...




200 LA SOBERANIA ~
-La esplicacion es muy sencilla. He oidÓ'y me He en-


terado de la conversacion que hace media hora tenia V. con
dos bribones en la acera de las casas de sta. Catalina. En-
cuanto á lo que á mí hace referencia, ya le he dicho que


I puedo satisfacerle cuando guste. Pero hay otra cosa de ma-
yor importancia y quiero prevenirle antes de que le suceda
una desgracia ... lo cual sentiria.


Se trata de mi sobrina María, en quien segun parece se
ha atrevido V. á poner los ojos.


-Señor D. Felipe, juro á V. que yo soy incapaz ...
-DéjemeV. acabar. Mi sobrina María ha despreciado


á V; desde el primer momento, tanto como se merece un
canalla como V.


-' Señor mio; V. abusa de su posiciono
-Abuso y usaré de ella como bien me pareciere; no


tengo por qué, ni para qué tener consideracion alguna con
un hombre cayo paradero sé perfectamente cuál ha de ser,
andando el tiempo ...


Tomás Lopez sudaba la gota gorda; su fisonomía habia
cambiado progresivamente de colores; del blanco mate al
rojo amapola. Sentia un malhestar en todo su cuerpo que
le producia una especie de temblor convulsivo. La domina-
cion que ejercia en él D. Felipe era bien patente.


Este, sin alterarse en lo mas mínimo y con una sere-
nidad que contrastaba perfectamente con el deplorable es-
tade del polizonte, continuó:


---Como he dicho, mi sobrina ha despreciado y despre.
cia á V. tanto como se merece. V., ya que por medios le-
gítimos nó, por otros altamente reprobados y punibles pro·
-yecta V. -yo no sé qué infamia; pero como estoy prevenido,
le advierto: 1.0 Que la criada á quien su satélite trata de




~~-::,'5~- ': ~ ,.
NACIONAL.:~_) 20]///0-


'Seducir Ó ha seducido ya, para hacerla c6mpli <dAlf~-l~n~;?\\
d- I ~ (fl


mia que medita, será dentro de una hora .\~¡>~dida 4::' ,
mi casa, y 2. o, añadió llevando la mano al b· "i:Uk~g~'..~lf / .
gaban y mostrando á Lopez un revolver de seis tir " ,. ':~V~
se permite, ó cualquiera de sus amigos, penetrar por las
puertas de mi casa, bé aquí el instrumento con que le haré
volver á la razono Esté V. convencido de que lo mataré co-
mo á un perro, si V. me obliga á ello.


Lopez quedó como petrificado: quiso hablar y no pudo;
las palabras no pasaron de su garganta ....


La manera de decir de D. Felipe era tan tranquila que
DO dejaba lugar á la duda y era positivo que cumpliria su
amenaza si Lopez se permitia el menor esceso.


La conversacion no pudo prolongarse por mas tiempo,
porque, habiendo terminado la sesion, la gente salia de las
tribunas agolpándose en el tramo de la escalera, donde se
hallaban nuestros dos interlocutores.


Felipe, despues de hacer un movimiento como para re-
cordar á Lopez que no olvidase lo que acababa de decirle,
descendió lentamente la escalera en compañía de dos ó tres
periodistas, amigos suyos, que se le reunieron, dirigién-
dose con ellos hácia el café Suizo.


Por su parte, Lopez, tal era la impresion de terror que
le habian causado las palabras y la terrible amenaza de su
antiguo Jefe, que, tambaleándose, bajó la escalera y hubo
de pedir un vaso de agua en la portería antes de salir á
la calle.


¿Qué resultado obtendrian las investigaciones de los
individuos que por encargo de Felipe siguieron á los otros
dos bribones'? Mas adelante lo sabremos; por ahora trasla-
démonos á la calle de las Huertas para asistir á la tercera




202 LA SOBEitANIA NACIONAL.
sesion que debe celebrarse en la lógia masónica y que pro-
mete ser intere$antísima: en ella debe leerse la relacion
histórica de los martirios y suplicio de dos ilustres vícti-
mas; Riego y Mariana Pineda: com pañero el primero del
padre del difunto D. Antonio; simpática figura la segunda
y cuyo recuerdo sé'conserva siempre grabado en el corazon
de todos los liberales. .




CAPITULO IX.


Fernando VII.-Lig·era reseña de sus iniquidades.-Historia de dos de las
mas ilustres víctimas sacríficadas á su implacable saña.-Suplicio de Riego
y la Pineda.


Il.


Eran las ocho de ]a noche.
Reunidos en su mayor parte todos los individuos de la


lógia masónica, que ya conocemos, se reflejaba en sus sem-
blantes el vivo interés con que se preparaban á escuchar la
continuacion de la lectura del manuscrito, cuyo trabajo es-
taba encomendado á Felipe.


El difunto don Antonio era hijo, como se lo oimos decir
á él mismo, de un ilustre patricio, amigo y compañero del
héroe que simboliza en España el progreso y la libertad;
de Riego, sacrificado á la implacable saña del monarca mas
ingrato y veleidoso, mas cruel y mas tirano que !egistra la
historia contemporánea.


Nadie mejor que un testigo presencial podia referir con
~scrupulosa exactitud los hechos que condujeron á aquel


TOMO J.




204: LA SOBERANIA


mártir á tan terrible catástrofe, y habiendo sido el padre
de don Antonio uno de los individuos que compartió con
el héroe de Las Cabezas de S. Juan, sus pen:ls, sus perse-
cuciones y sus amarguras, nadie mejor tampoco podia dar
cuenta de ellas, en términos precisos, irrecusables.


Todos los hermanos de la lógia se mostraban impacien-
tes; así que, tan luego como Felipe tomó en sus manos el
manuscrito, un profundo silencio sucedió á las conversa-
ciones particulares que momentos antes sostenian entre sí
algunos de ellos.


El venerable indicó á Felipe que podia dar principio á la
lectura, y éste lo hizo en los siguientes términos:


«Como mi constante propósito, ll;ermanos queridísimos,
es demostrar, para que el pueblo aprenda en las lecciones
de la historia, lo que puede esperar y debe tem.er de los
monarcas, cualquiera que sea la denominacion con que se
disfl'aéen, Rey absoluto] Rey constitucional, porque en la
esencia es lo mismo; como quiera que el reinado de Fer-
nando VII mas próximo á nosotros, se presta mejor que
otro alguno á la útil enseñanza que deseamos, pues, como
ningun otro, está plagado de crímenes y violencias, de
atropellos y desafueros, de villanías é iniquidades, y por
su causa se ha derramado tanta sangre liberal, lo mismo
en los campos de batalla que en los patíbulos, por él voy á
dar comienzo, teniendo muy presente las relaciones que de ,
esta época oí referir á mi pobre padre, que fué una de /
las víctimas de tantas persecuciones y tantas indigni-
dades.


En bien p'ocas líneas se halla admirablemente retratado
por el notable publicista Guzman de Leon, la fisonomía de
aquel,monarca ingrato, cruel y veleidoso; de aquel hombre·




NACIONAL. 205


'-que de nadie rué querido, ni aun de aquellos á quienes pro ...
digó sus beneficios y cuya muerte léjos de ser sentida ni
mucho menos ~lorada, "produjo un jú.bilo inmenso, univer-
sal en toda Europa.


lIluerto el monarca, el -pueblo -pareció respirar con al-
guna mas libertad.


Fernando VII no poseia el afecto de nadie.
Absoluto é inclinado por carácter y temperamento á la


ingratitud y al despotismo, así burlaba á los realistas y les
castigaba cuando le con venia parecer bien á los liberales,
como desterraba, ponía en duras mazmorras, ó asesinaba á
los liberales cuando las circunstancias le eran propicias,
para entr~e á sus instintos y echarse en brazos de Jos
realistas.


Perjuro é inconstante con todos, nunca satisfizo á nin-
gUDO.


Hijo desnaturalizado y falto de respecto, él fué la prin-
cipal causa de las tribulaciones y desdichas que "esperi-
mentó, en el último tércio de su vida, su mentecato padre,
y al que obligó á abdicar.


:Mal esposo, no pudo hacer felíz á ninguna de las cua-
tro Reinas, que con él compartieron tálamo y trono.


1\::fal español, perjuro y traidor; porque, aparte de otras
muchas razones de gran peso, basta para que el rubor de
la indignacion y de la vergüenza encienda nuestro rostro,
leer las, miserables cartas llenas de humillaciones y baje ...
zas, dirigidas por él á Napoleon 1 desde el palacio de' Va-
lenciens, donde estuvo prisionero, prodigando insultos á su
propia patria, á aquel pueblo que tuvo el mal gusto y el
estúpido capricho de apellidarle El deseado.


Los hombres exaltados de todos los partidos, de los par-




206 LA. SOBERANÍA


tidos entonces militantes, no podian ni aun estimarle; an-
tes habian de aborrecerle.


Los mas templados y pensadores, no podian menos de
despreciarle, cuando no le miraban con horror.


Rey ignorante y bajo, hizo como por escárnio, ó para
hacer alarde de la pequeñez de sus sentimientos, cerrar las,
universidades y mandó abrir escuelas de tauromaqu'ia.


No tuvo inconveniente en humillarse como vil siervo á
Napoleon, el cual le despreciaba igualmente, tratándole
hasta con dureza, mientras el pueblo derramaba noblemen-,
te su sangre por reconquistar su independencia.


El ingrato pagó con las cadenas y el suplicio los emi-
nentes servicios de los héroes, que, al mágico grito de in-
dependencia y libertad, levantaron la corona de España
arrojada por él á los pié s del sobervio emperador.


¿Qué podia esperarse de un rey que en el siglo XIX se
atrevía á tratar de vasallos á sus súbditos, como señor de
horca y cuchillo?


Tal era Fernando VII.
Infiui tas son las víctim~s sacrificadas á su crueldad y


su perfidia; tantas, que seria prolijo enume~a~ pero las
que se destacan eLL primer término, los prjrícipales nom-
bres de aquellos mártires, que no se borrarán jamás de la
me'nte ni del corazon de los españoles, son: Rie,t}o, Empeci-
nado, Torrijos, Lacy, Porlier, Ricart, Manzanares, LJlillar y
Mariana Pineda, todos ellos sacrificados á las iras del ti-
rano.


Cataluña; la noble, la valerosa, la indomable Cataluña
tambien pagó con esceso su tributo de sangre al feroz mOq
narca.


Un nombre existe gravado en la mente de los catalanes"




NACIONAL. .. 207
que vá íntimamente ligado al de Fernando y que pasará á
la posteridad, de padres á hijos, por el horror que inspira?
por la indignacion que produce:


Este nombre es el del Conde de España.
Él reorganizó en Cataluña los cuerpos de voluntarios


realistas y creó una policía secreta que en breve tiempo
pobló las Cá~ de liberales, tal vez para acallar los cla ..
mores del bando apostólico. ¡Cuántos inocentes fueron sa ..
crificados á su cruenta saña!


. Una declaracion anónima era suficiente para decretar
una prision, aceptándose como legítimas las declaraciones
de los mismos indivíduos de la policía.


No bastaba esto: los presos no tenian mas cama en su
inlilundo calabozo, que una mala estera; comian UD rancho
infame que se les hacía pagar á peso de oro y hasta se les
obligaba á limpiar sus propias inmundicias.


Se les encerraba con los ladrones y ase.~jnos, á quienes
se concedia el perdon para que sirviesen de espías. Se ha-
cian los registros de Jos presos esponiéndolos desnudos
á la intemperie, en medio de un dia cruelísimo del invierno
y los que no iban pronto al patíbulo, despues de algunos
meses de prision y de martirio, marchaban á los presidios
de Africa con la cabeza rapada! ...


Todo esto era lo que el pueblo catalan liberal debi6 á
su deseado monarca, siendo el ejecutor de tantas atrocida-
des el ~onde de España.


Aprende, pueblo, aprende, y no olvides jamás estas
tristes pero utilísimas lecciones!


Los presidios se llenaron de familias enteras en las que,
la esposa purgaba el delito de !lO haber querido declarar
contra su marido y su hijo contra su padre.




208 LA SOBERANIA


Aun no satisfecho con esto el inhumano, el sanguina-
rio conde, hacia de vez en cuando, como él decia, sn.s re-
mesas al cadalso.


¡Barcelona estaba aterrada!
La primera de estas remesas se verificó e119 de setiem-


bre del año 28, componiéndose de trece víctimas: otra de
once el 26 de febrero siguiente; y otra de nue'Ve el 30 de
. . JunIO.


Para mayor solemnidad, un cañonazo anunciaba las
ejecuciones y quedaban colgados de la horca los rígidos
troncos de tantos infelices, ofrecidos á la espectacion pú-
blica.


El conde no faltaba jamás á estos espectáculos: en ellos
se gozaba, se deleitaban sus instintos de hiena; sus labios
se plegaban, su boca sonreia con inefable deleite.


La desesperacion de los infortunados presos llegó á tal
estremo , que en pocos dias se in ten taron quince suicidios,
llegando algunos á consumarse; faltos de medios para lle-
var á cabo su desesperado propósito, el uno se traspasó la
cabeza con un clavo que habia en su calabozo; el otro se
abrió las venas con un hueso puntiagudo, un tercero se es-
tranguló y otro se atravesó la garganta con un vidrio!. ..


Es imposible escribir ni leer semejantes infortunios sin
estremecerse de indignacion y maldecir al mónstruo cau-
sante de tantos horrores.


El cielo es justo, y como no hay plazo que no se cum-
pla, ni deuda que no se pague, el feroz conde satisfizo la
suya pereciendo de una manera desastrosa.


¿Pero qué significa la vida de un mónstruo semejante
comparada con las de tantas víctimas inocentes sacrifica ...
das á su feroz venganza'?




N!~CIO.NAL 209
Como quiera que seria una interminable tarea referir


minuciosamente la historia de tantos y tantos mártires,
porque, en tal caso, habríamos de ocupar muchos volúme-
nes f nos limitaremo~ á reseñar algunos episodios de los mas
principales y naturalmente descuella como el primero en-
tre todos el que se relaciona con la muerte de


D. RAFAEL DEL RIEGO.


Si algnn nombT'e hay popular en España, dice con gran
verdad en una de sus obras un íntimo amigo nuestro, y
del cual tomamos estos apuntes (1), es sin duda el de Riego,
convertido por su popularidad en símbolo y héroe de la li-
bertad; cada vez que el pueblo sufre alguno de esos sacudi-
mientos que cambian de faz la política del Estado, la me-
moria de Riego hiere la imaginacion de todos y los corazo-
nes se electrizan á la simple audicion del himno que lleva
su nombre.


y sin embargo, estamos por decir que la mayor parte
de los que pronuncian aquel nombre, la inmensa gene-
falia;¡ de los que tararean aquel himno, el mas popular
sin duda de todos los cantos populares y patrióticos de Eu-
ropa, no conocen á punto fijo, ni las hazañas, ni las desdi-
chas del hombre á quien yictorean; Algunes tienen noticia
de que Riego fué el alma de una revolucion constitucional
y que pereció mas tarde en el cadalso, víctima de la reac-
cion absolutista, pero nada mas.


¿Basta esto para glorificar á un hombre ante la concien-
cia de los pueblos'?


N o basta; es menester que los ídolos tengan un pedes-
--------


(1) Angelon.




210 LA SOBERA"NIA


tal mas sólido que la mera opinion de la generalidad; es
indispensable que antes de hacer un héroe se conozcan sus
hazañas; la glorificacion debe ser consecuencia de la vir·-
tud probada. Los pueblos no están dispensados de tener
lógica, pero tienen derecho á que se les faciliten los medios
necesarios para ser consecuentes.


Poco se ha popularizado en España la vida de Riego, y
menester era que fuese referida al pueblo, si la epopeya
no habia de degenerar en cuento, si la historia no habia
de -perder con. el tiemro su ca:ráctel' de verdad "y adquirir el
incierto color de tradicion.


Vamos, pues, á bosquejar la situacion de España y á
trazar la série de acontecimientos en que tuvo participacion
el general Riego, ese ejemplo vivo de la verdad de una sen-
tencia que dice, que, en los períodos revolucionarios, el
Capitolio se halla á un solo paso de la Roca Tarpeya. A
llesar de lo cual, "Y de <lu.e esta sentencia es barto sabida de
~ctu.el\o~ b.é~oe~ ({\le ban l'ecibiao ue "Dios el uón, fatal mu-
chas veces, de descollar por cima del vulgo de las gente~;
únicamente en ciertos períodos críticos de las sociedades,
brotan por lo comun esos héroes de la abnegacion patriótica,
puntos luminosos, astros que disipan las tinieblas de un
período histórico, que mancharía las crónicas de un pais,
si los mas grandes confesores, apóstoles y márthes de una
causa no aparecieran en las épocas de mayor persecucion.
iAcaso la tiranía de Diocleciano no fué origen de una de
las mas brillantes fases del cristianismo'?
~ Rafael del Riego, oscuro oficial del ejército español,


conquistó un triunfo envidiable merced á las circuntan-
cias polítjcas de la época en que vivió; el comandante, cu-
yo nombre jamás habia resonado produciendo emocion




, ,


NACIONAL. 211
alguna en el corazon de los hispanos, acabó por signifiear
en nuestra patria lo que Guillermo Tell en Suiza; y oual
si escrito estuviera que el término natural de los redento-
res de los pueblos habia de ser el Gólgota afrentoso, Riego,
desde la cumbre de sus dignidades, descendió al mas igno-
minioso de los suplicios; su misma popularidad escitó la
envidia y embotó la clemencia de sus jueces; y en Madrid,
Jerusalen para el hombre de las cabezas de San Juan, en-
contró palmas y dogales, triunfos y cadalsos. '


Cuando en 1820 estallaron los movimientos de la isla de'
Leon, se encontraba España trabajada por cuantos elemen-
tos heterogéneos pueden producir una excision general.
Hacia mucho tiempo que los partidos trabajaban sordamente
para':alliquilarse en su dia, y el rey Fernando VII, que habia
sido recibido con entusiasmo por los españoles despues de
la guerra de la independencia, el rey Fernando VII que ob-
tuvo el epíteto de el deseado, timbre de gloria para un
monarca; el rey Fernando VII, decimos, luchaba entre los
instintos de su persona y la voluntad de su pueblo, del
pueblo español que le habia guardado incólume su trono á
fuerza de prodigar sin escrúpulo su generosa sangre; pero
que en ausencia del monarca habia aprendido algunas no-
ciones de libertad, mayormente despues de promulgada
la Constitucion del año 12.


y no era por cierto exigencia inconsiderada de un pue-
blo que regalaba un trono á un rey'J solicitar de este rey
un gobierno mas liberalizado; una palabra empeñada so,-
lemnemente de no vol ver á incurrir en los defectos y erro-
res de otros tiempos; tiempos tristísimos y separados de los·
presentes por un mar de sangre, der~amaba durante seis
años, en una lucha que se llamó de la independencia, y


TOMO 1.




212" LA. SOBERANIA.


que en pos de la victoria corri6 peligro de haberse de titu-
lar la guerra del servilismo.


El pueb10 queria pactar de nuevo con el soberano que
de nuevo se imponia; porque, seamos francos, el trono de
San Fernando dejó de existir el mismo dia er.. que se sentó
en él José 1; y en tanto que los españoles se batian ~eno­
dados para re,cobrar su. emancipacion de un rey extran-
gero; en tanto que en Gerona y Zaragoza, en Tarrago-
na y en Ciud3,d Rodrigo perecian los españoles á millares
de toda suerte de muertes horribles ¿dónde estaba el nieto
de Pelayo'? ¿qué brazo de príncipe borbónico se estendi6
hácia el trono español, huérfano de soberano? ¿Quién era
rey de España despues que Bonaparte dijo: no lo es Fernan-
do VII, y el pueblo españolhabia contestado: no lo será
tampoco ,José I?


Los derechos del monarca emigrado residian en el amor
de sus súbditos, á la terminacion de la guerra: verdad es
que los derechos basados en el amor, tienen, para nosotros
al menos, mucha mas estima que los ~manados del naci-
miento ó de la fuerza.


Fernando VII fué ingrato, muy ingrato con los españo-
les; sea cual fuere su modo de pensar, sean cuales fueran
los sentimientos que le animaban respecto de su pueblo,
ello es que sus mas ciegos defensores no podrán des-
truir dos argumentos dirigidos contra él, á saber: el mo-
narca que restablece el 3.bsolutismo entre un pueblo que
se da á sí ~ismo una Constitucion, mientras sacrifica por
aquel monarca sus tesoros y la vida de sus mejores hijos,
es un ingrato; el monarca que jura una Constitucion y
quebranta luego sus juramentos; que á medida de su ca-
pricho, luchando entre sus instintos y el poder de las cir-




NACIONAL. . 21:3


cunstancias, se hace alternativamente libera16,abgolu~~sta,
amigo Q verdugo de este 6 de aquel partido; es ú.n perjuro.


Malos csnsejeros rodearon al rey, se nos dirá: es .mtly
fácil, como lo era tambien que el rey hubiera oído las voces
del pueblo que bien claramente manifestaba sus aspiracio-
nes. En Fernando VII pudo haber exis~ido quizás la idea de
que toda.concesion hecha á la voluntad nacional debia re-
dundar en menoscabo de las preroga ti vas réj ias, pero al so-
berano de un estado no le es, cuando menos, lícito ignorar
el siglo en qué vive, en qué reina. ¿Acaso durante su larga
emigracion en Francia, no oyó referir nunca la historia de
los desaciertos de Luis XV, tan terriblemente espiados por
Luis XVI?


Entre la nacíon, pues, y el soberano existia una lucha
de principios, una contradicciondeaspiraciones; ma.s por
de pronto el absolutismo se erigió en gobierno; la vengan-
za de algunos malos españoles se :estableció en tribunal
ejecutivo y las sombras de los generales Lacy, Porlier,
Richard, y otras víctimas vagaban errantes pidiendo una
reparacion de tres sentencias pronunciadas y ejecutadas
contra lo mas respetable del derecho natural y'del derecho
social; el derecho de defensa.


Si tan triste era de una parte la situacion política de
España, no era mucho mas agradable la económica.


El tesoro estaba exausto; emitías e inconsideradamente
papel moneda, y el crédito, este último aunque poderoso
recurso de los estados, era nulo, despues que el gohierno
habia puesto de reliave la falta de buena fé con que
eludia los pagos de los intereses de la deuda nacionaL'


La ignorancia y la imprudencia se encargaban de
atesorar el absolutismo.




214 LA SOBERANIA


¿Cómo se pretende en tales casos, que toda sublevacion
encaminada á derribar lo existente, no en persona~ sino en
principios, deje de encontrar eco en los agobiados pue-
blos? ..


y hé aquí como una vez mas las circunstancias crearon
un héroe, á Riego; que fué el alma, la representacion de
una situacion nueva, creada por los desaciertos de sus pro-
pios enerp.igos.


Triunfó al fin y al cabo en la lucha. el partido absolutis-
ta, y Riego pasó á aumentar el número de los mártires de
la libertad; pero la posteridad se ha encargado de vindi-
carIe; la posteridad dice que la plazuela de la Cebada fué
el calvario de aquel redent.or de las libertades españolas.


Así, los favorecedores del despotismo, al envolver en
una sangrienta mortaja el cadáver de su implacable ene-
migo, no vieron que en lugar de aniquilarle le eterniza-
ban, y, por su desgracia, incurrieron en el error de olvidar
que en política los bautismos de sangre borran todas las
culpas, y que al ser regenerados por el martirio, los hom-
bres mas pequeños tienen derecho á azotar el rostro de sus
verdugos con una rama de la palma que orea el viento, al
pasar por encima de los sepulcros de Padilla y de Juan
Bravo.


Rafael del Riego nació en Oviedo en el año 1783: su
padre, administrador de correos de aquella capital, le des-
tinó á la carrera de las armas despues de haber cursado fi-
losofía y leyes en la universidad: desde muy jóven ingresó
en el cuerpo de guardias de Corps.


Licenéiado este cuerpo á principios de la guerra de la
Independencia, pasó Riego á servir en clase de oficial en
otro de infantería, perteneciente al ejército que por aquella




NACIONAL. 215
• época se puso á las órdenes de Acevedo, pero la suerte de


las armas le fué contraria, y conducido como prisionero á
Francia, no regresó á España hasta la paz de lB14.


Un hecho de aquella oampaña que relata con vivos co-
lores el notable publicista Chao, caracteriza perfectamente
su condicion moral.


Despues de la derrota de Espinosa, y disperso nuestro
ejército, se veia á su general caminando en un carro, ma-
lamente herido.


Los ~enemigos, divididos en pequeños grupos, perse-
guian á los fugitivos y éstos, llenos de pavura, se separa-
ban unos de otros para mejor salvarse.


La' autoridad y la desgracia del general apenas retuvie-
ron á su lado algunos soldados, todos le abandonaron; solo
Riego permaneció constantemente á su lado hasta que los
franceses los·atajaron: entonces, solo su espada se desenvai-
nó tambien para defender al general moribundo.


Conducido Riego á Francia prisionero, pasó los ócios del
destierro aprendiendo el francés, el inglés, el italiano é
instruyéndose en varios ramos científicos, sin olvidar el ar·
te de la guerra.


Estos conocimientos le valieron, al regresar á España
por la paz general, un puesto en el cuerpo de Estado Mayor.
Al ejército espedicionario habia ido en calidad de ayudan-
te de la plana mayor, y por efecto del grado general se
halló de comandante. Tenia entonces treinta y siete años.
Incor~orado por aquella época al regimiento de Astu-


rias' donde .por su celo llamó la atencion de sus gefes, fué
destinado á la espedicion de América con el grado de se-
gundo comandante.


Sin embargo, de aquel cuerpo espedicionario destinado




216 LA. SOBERAl'\ fA.


á ir á batir en América á los pueblos que se declaraban in-
dependientes del dominio español, debia salir el primer
grito de libertad, lanzado en la península en el año 1820.


Ya en 8 de julio de 1819, el mismo ejército se hallaba
dispuesto á dar el mismo grito; pero su general en gefe,
conde de Labisbal, que en un principio parecia favorecer y
aun estar al frente del movimiento Constitucional, no solo
descubrió al gobierno las tramas de sus subordinados, sino
que en virtud de la autoridad que ejercia decretó la prision
de varios gefes, entre ellos Arco Agüero, San Miguel,
O'Daily y Quiroga. El conde de Labisbal recibió del gobier-
no, en premio de esta defeccion, la gran cruz de Cárlos HI;
pero como nada hay mas débil que los juicios de los' hom-
bres, poco pudo el conde calcular, al desbaratar el pronun-
ciamiento del año 19, que seis meses despues estallaría la
revolucion, y que, el coronel Quiroga, preso en Santo Do-
mingo de Alcalá de los Gazules, habia de ponerse al frente
de un pronunciamiento, del cual, mas tarde, el mismo con-
de debía ser uno de los principales corifeos.


Era indudable el espíritu liberal que animaba al cuerpo
espedicionario de América; sus gefes y oficiales eran teni-
dos por adictos á la causa Constitucional, y quizás por esto
mismo se les desterraba políticamente de España, con des-
tino á un país mortífero, ya por su clima, ya por las guer-
ras contra la península, que á la sazon la ensangrentaban.


Nada tiene de particular por lo tanto que los gefes y
oficiales partieran de mala gana, y de peor sí cabe los sol-
dados, que si en todos tiempos tienen á desgracia el pasar
á las Antillas, por mayor desgracia debían conceptuarla en-
tonces, yendo á tomar parte en una guerra sin esperanza y
sin gloria.




NACIONAL. 217
A todo esto las sociedades secretas, ramificadas hasta lo


infinito en España, alentaban poderosamente el eupíritu de
rebeliou; yen este estado de efervescencia llegó el primer
día del año 1820.


El batallon de Asturias, acantonado en el pueblo de las
Cabezas de San Juan, estaba mandado á la sazon por Riego,
y colocado éste al frente de las banderas del cuerpo, pro-
clamó 'el primero la Consti tucion del año 12.


Acto contínuo se reunieron los oficiales superiores de
diferentes cuerpos, y de aquel consejo, celebrado por un
puñado de hombres 'entusiastas, que habian :concebido el
audaz proyecto de libertar á España, salió la resolucion si-
guíente:


El coronel Quiroga, con el mando de los batallones de
España y la Corona, debia arr,ojarse sob~e la plaza de Cádiz,
en tanto que Riego, al frente de los batallones de Asturias
y Sevilla, pronunciado este último en Villa Martin con su
gefe D. Antonio Muñiz, debia sorprender y apoderarse del
general en gefe, conde de Calderon, y demás autoridades
militares y civiles. El hombre de las Cabezas de San Juan
se puso en marcha inmediatamente contra el cuartel gene-
ral situado en Arcos de la Frontera y aun cuando por en-
gaño ó estravío de los guias, no pudo llegar al punto de
sus operaciones en compañía del batallon de Sevilla, no por
~sto titubeó en su empresa. Sin dejarse arredrar por el ma-
yor número de tropas con que podia contar el general, pe-
netró Riego en Arcos, arrestó al conde de Calderon, á los
generales Jaurnar, Salvador y Blanco, junto con las demás
a.\ltoridades y tuvo la buena suerte de proclamar la Cons-
titucion en Arcos, como la habia proclamado en las Cabe-
,zas, causando en la tropa tal entusiasmo, que, voluntaria-




218 LA SOBERANIA


mente, se le unió hasta el batallon de Guias del general en
gefe.


Al frente de este cuerpo, de su batallon de Astúrias, y
del de Sevilla, que ya se le habia reunido, pasó Riego á
Bornos, asoció á su causa en este punto el batallon de Ara-
gon, se trasladó á Jerez de la Frontera, atravesó el puerto
de Santa María, llegó á la isla de Leon, depositó sus com-
prometidos prisioneros en el fuerte de San Pedro, y en cuan-
tos puntos se dejó ver proclamó acto contínuo la Constitu-
cion del año 12.


Quiroga, por su parte, se dirigió á la isla Gaditana,
apoderóse de la importante posicion del puente de Zuazo,
hizo prisionero en San Fernando al general Cisneros, mi-
nistro de marina, y si no tomó á Cádiz contando como con·
taba con el espírit~ público y los trabajos de las socieda-
des secretas, fUé, porque sabedor de lo ocurrido el teniente
rey que accidentalmente mandaba la plaza, pudo con es-
traordinarias medidas conjurar por de pronto aquel grave
peligro.


Al reunirse Quiroga con Riego en la isla de Leon, con-
taban los sublevados con siete batallones, sin el de Cana-
~


rias, que se pronunció en Osuna, y la artillería de la Car-
raca, que al tiempo de su pronunciamiento entregó á los
constitucionales el punto confiado á su defensa.


Respetable era en consecuencia este cuerpo de ejército,
y de él fué nombrado general en gefe el coronel Quiroga,
sin que Riego manifestara celos de ninguna especie por
aquella preferencia, aun cuando podia conceptuarse, no
solo como el verdadero inaugurador de aquella revolucion,
sino asimismo quien con su valor y hábiles medidas habia
asegurado su éxito, destruyendo con un solo golpe de ma-




NACIONAL. 219
no el mayor contratiempo que pudo haber sobrevenido, y
arriesgando su cabeza en el cuartel general del conde de
Calderon.


Esta conducta destruye la acusacion que algunos han
dirigido contra Riego, suponiendo que aspiraba al mando
supremo, no solo del ejército, sino tambien de la España,
proclamándose dictador.


Pero los hechos de su vida pública demostraron hasta
la evidencia, que las aspiraciones de Riego se reducian á
liberalizar la monarquía, haciendo entrar al soberano en la
senda de la libertad Constitucional.


Este proyecto podia hacer traicion á los planes de la
camarilla que rodeaba á Fernando VII, pero en tanto, no era
un delito contra la nacion, en cuanto ésta fué la que, se-
cundando unánimemente los pasos de los pronunciados,
consiguió que la chispa prend~da en las Cabezas de San
Juan, circulara. rápidamente por todas las provincias pro-
duciendo en los ánimos un verdadero entusiasmo en pro
de la causa "liberal.


En varias poblaciones de España se publicó solemne-
mente la Constitucion y en ninguna de ellas hubo que
lamentar disturbios, sino es en Cádiz, cuyo pueblo pedia
con mas ánsia que otro alguno el restablecimiento de una
Constitucion, que en los momentos de gran peligro para la
patria, habian elaborado en el seno de la antigua y esfor-
zada Gades unos próceres á cuya valentía y nobles deter-
minaciones nunca la nacion y la monarquía estarán bas-
tan te agradecidas.


Pedia el pueblo gaditano que fuera proclamada la Cons~
tituclOll, pero la gU~l.rnicion de la ciudad no participaba de
esta voluntad: era de temer un choque violento, choque


TIl\fO J. S7




220 LA SOBERANIA
que trataron de impedir el capitan general Freire y el ge-
neral.del departamento de m"arina Villavicencio.


Pero á las exortaciones de estos contest6 el pueblo vic-
toreando á la Constitucion y dando al aire las campanas, y
tan formidable se presentó la opinion pública, que hubie-
ron de prometer las autoridades pára el siguient~ dia la
proclamacion del suspirado código.


'Llegó con efecto el dia siguiente: alegre el pueblo, por-
que iba á conseguir el objeto de todas sus ánsias, se reunió
en la plaza de San Antonio; mas cuando Sd prometía ver
cumplida la palabra que el dia antes se le habia empeñado,
resonó una descarga seguida de un contínuo fuego gra·
neado, y á los cantos de alegría y á las expresiones de júbilo
reemplazaron los ay es de dolor y las escenas de la mas vio-
lenta desesperacion.


y fué el caso que el batallon de Guias, instigado se-
gun despues se dijo por su coronel y por ~l general Cam-
pana, habia roto el fuego traidoramente sobre el pueblo,
hiriendo y matando sin piedad, á jóvenes, ancianos, niños
y mujeres, reunidos con un plausible motivo bajo la ga-
rantía de la palabra empeñada por las primeras autoridades
gaditanas.


No pararon a1uí tampoco los desenfrenos de la solda-
desea; antes bien, profanando y saqueando los hogares de
muchos pacíiicos ciudadanos, llevaron á muchos de ellos la
desolacion, la miseria y la muerte.


y fué lo peor de todo q Ile mientras el pueblo era. asesi-
nado tan vilmente, el rey habiajurado ya la Constitucion,
y tanta sangre derramada no hubiera manchado los anales
militares de Cádiz, si los gobernantes, que no podian ig-
norar el estado de agitacion en que se encontraba la pe-




NA(;IONAL. 221
nínsnla, hubieran procurado apresurar todo lo posible el
hacer llegar á noticia de la España entera la resolucion del
soberano.


Pero vol viendo á Riego, debemos decir que, nombrado
por el consejo de oficiales comandante general de la pri-
mera division del ejército constitucional, si bien no fué
por cierto afortunado en sus empresas militares, sin em-
bargo, demostró en todas ellas la mayor pericia, constan-
cia, serenidad y arrojo. esponiéndose mas de una vez á la


\ '


muerte puesto al frente de sus soldados, como le sucedió el
dia 16 de Enero, al atacar infructuosamente la cortadura
de Cádiz.


Rechazado por los enemigos, cayó de la muralla y reci-
bió una fuerte contusion que le obligó á guardar cama du~
raute algunos dias.


No bien estuvo en disposicion de emprender la marcha,
cuando acometió una empresa aun mas arriesgada, como lo
fué salir el 27 de enero de la isla de Leon, al frente de un
cuerpo de ejército de mil quinientos hombres y escasa-
mente cuarenta caballos, con el intento de proveer de ví-
veres á las tropas encerradas en la isla.


Dirigióse Riego por Chiclana á Algeciras, punto de
grande importancia por ser la llave de la retirada á Gibral-
tal', de donde fácilmente podian estraerse recursos.


El general Freire mandó entonces en persecucion de
Riego al' teniente general O'Donnell, quien colocándose en-
tre ,la columna de Riego y el cuartel general, trató de cor-
tarle la retirada, de lo cual, apercibiéndose el gefe de los
pronunciados y convencido que no podia luchar con es ..
peranza contra las fuerzas superiores de su enemigo, S6
internó en la montaña y tomó el camino de Málaga. Du~




222 LA ~O.BERANIA
rante esta larga y penosa travesía, colocado el cuerpo es-
pedicionario entre el mar y la montaña, fué atacado varias
veces por el general O'Donnell y perdió unos cien hom-
bres.


Al fin y al cabo pudo penetrar Riego en Málaga, cuyo
gobernador evacuó la ciudad tan pronto como los pronun-
ciados hicieron su entrada por la calle de la Compañía. Los
malagueños recibieron con grandes demostraciones de jú-
bilo á Riego y á sus soldados; iluminaron los frentes de sus
casas, repitieron el himno que varios venian cantando y
que tan popular se ha hecho posteriormente en España; pero
cuando al dia siguiente se presentaron en los campos de la
Trinidad las tropas del general O'Donnell, y entrando por
la tarde en dos columnas por la calle de la Carretería rom-
pieron el fuego, con las tropas pronunciadas, en la calle de
Alamos y Ancha de la Madre de Dios, aquel vecindario que
tanto entusiasmo habia mostrado pocas horas antes por el
héroe de las Cabezas permaneció indiferente espectador de
aquella lucha desigual, dejando que la desconfianza del
éxito helara sus fogosos instintos patrióticos. Riego tuvo
que abandonar la ciudad, y seguramente llenóse su cora-
zon de amargura viendo que un solo malagueño se habia
unido voluntariamente á compartir las glorias y los pe-
ligros de aquella giganteS'ca empresa.


Sin embargo, no eran estas las únicas defecciones que
debian atorment.ar á Riego durante su vida política; la pa-
sion debia ser antes que la muerte.


O'Donnell perseguia sin trégua á aquel débil ejército,
mermado á un tiempo por los combates, la fatiga, la falta
de víveres y la desercion. Cuando llegan los malos di as de
una causa, cuando se eclipsa el astro de un hombre, el sín-




....


NACIONAL. 223


toma mas indubitable de la desgracia es la ingratitud, la
tibieza, la defeccion de los antiguos partidarios.


El dia 11 de marzo, cuarenta dias despues de su salida
de la isla de Leon, Riego, cuya division se hallaba ya re-
ducida á 300 hombres e8casos, vióse obligado á fraccionar
su gente en guerrillas para evitar la persecucion de que
era incesante objeto. Por UD momento hubo de creer que su
causa habia fracasado, y es dudoso averiguar si aquel hom-
hre entusiasta tomó la desesperada resolucion de morir sin
deponer las armas, 6 trasladarse á un pais estranjero, en
cuyo punto aguardara impaciente á que luciese una aurora
mas brillante para la causa de la libertad española.


Pero la Providencia guardaba á Riego para el cumpli-
miento de mas grandes designios: el héroe de las Cabezas
de San Juan habia de pasar sucesivamente por el mas po-
pular de los triunfos y por el mas ignominioso de los su-
plicios ..


Felipe fué interrumpido en su lectura por la entrada de
un nuevo personaje, que penetró en el salon en estremo
agitado y conmovido.


Era uno de los hermanos, cuya falta no habia sido no-
tada en un principio.


Era tan visible su agitacion, era tal el dolor de que pa-
recia hallarse poseido, que todas las miradas volviéronse
hácia él y la inqui.etud y la curiosidad que despertó su lle-
gada, impidieron, tanto el que Felipe prosiguiera su lec-
tura, cuanto que sus amigos le prestaran atencion.


--¿Qué os sucede? preguntóle el venerable, tratando de
satisfacer con su pregunta la general impaciencia.




224 LA SOBERANU
-Acabo de saber una noticia, repuso el interrogado,


que me ha llenado de indignacion, que me ha producido
un efecto tanto mas grande, cUéA.nto que yo, hijo de la co-
marca á que se refiere, tengo en ella relaciones, amigos,
parientes, que tal vez hayan sido víctimas de la infamia y
villanía de los que se dicen defensores del altar y cle.l trono.


--¡Qué! ¿ha sido alguna fechoría de los carlistas?
-Sí, por cierto; una nueva infamia, tan indigna como


todas cuantas cometen esos miserables.
-Algo se susurraba cuando" eníamos á la lógia.
- ¡Oh! per? los detalles que se han recibido en el mi-


nisterio son verdaderamente horribles.
-Pero esos hombres ¿qué es lo que defienden'? dijo Fe-


lipe, porque hasta ahora no es posible que puedan procla-
mar causa política alguna los que asesinan bftrbaramente
como el cura Santa Cruz, los que hacen fuego sobre los
trenes de viajeros y los que roban y saquean. de la manera
que lo están haciendo; si es una causa política la que se
vale de semejantes medios, indigna es de consideracion
alguna.


-Aun no lo sabe V. todo. Lo que acabo de oir sobre-
puja á cuanto hasta hoy tenemos que deplorar.


-¿Pero qué ha pasado'? esclamaron algunos.
-Porque la entrada en Ripoll, añadió el 'lJenerable, ya


la conocemos, y á no ser algo de nuevo ...
--y mucho: del mismo Ripoll no sabíamos mas que los


términos generales en que estaba concebido el primer par-
te; posteriormente han llegado nuevas noticias que han
acrecentado la indignacion que ya se sentia, indignacion
que llega á su grado máximo con lo ocurrido en Berga.


-¡Cómo! en Berga tambien'?




NACIONAL. 225
-¡Oh! sí, señores; y lo mas doloroso todavía es que se


presten te una traicion infame.
-Eso mas?
--Hable V., hable V.
y la impaciencia, la cólera y el dolor, se reflejaba en


todos los semblantes.
Porque desde el momento en que de los carlistas se


trataba ya estaban presintiendo alguna infame alevosía.
Porque desde el primer momento en que se alzaron en


armas esos miserables que se titulan partidarios de una
causa que lleva ~or lema Religion y Trono, su paso fué se-
ñalado constantemente con las depredaciones y las violen-
.


mas.


Siguieron á estas, en lúgubre progresion, los asesinatos
y las tropelaís.


y finalmente, para que nada faltase á tan des~ichado
cuadro, el incendio y los fusilamientos, bien en masa, bien
en individuos que ya se habian rendido, siguieron á los
primeros asesinatos y á los posteriores robos.


y lo que es mas doloroso todavía; lo que apenas hemos
podido concebir á pesar de que lo estamos viendo constan-
temente, es que los q ne se dicen ministros de un Dios de
paz y de justicia, de un Dios de misericordia y de perdoll,
sean los que esciten, los que aconsejen, los que dirijan y
los que llevan tras sí esas hordas de forajidos, cuyo único
norte es la sangre y el pillaje.


Mas que hombres que obedecen á un fanatismo político,
son bandidos que roban, que incendian, que asesinan.


Mas 1ue sacerdotes dignos, intérpretes de una religion
todo mansedumbre, todo pureza, todo virtud, son los terri-
bIes sucesores de aquellos vengativos jueces de la inqui-




226 LA SOBERANlA
sicion, intolerantes é intransijentes, que se complacian con
los ayes de las víctimas y con los tormentos de los desdi-
chados que caían en su poder.


Con el crucifijo en una mano y la tea 6 el trabuco en la
otra, éstos, como aquellos solo dejan tras de sí el espanto y
la desolacion.


Perdona y olvida, no 'Oiertas la sangre de tu hermano, dice
esa religion que proclaman; formad nuevos creyentes por la
bondad de vuestras predicaciones! ... y la manera de inter-
pretar semejantes máximas, de enaltecer la religion, de
practicar las sublimes máximas del Evangelio, es crear
nuevos rencores, es destruir, y prostituir, y envilecer la
misma religion.


De indignacion rebosa el generoso pecho repasando to-
das esas negras páginas de que está sal picada la historia
del partido carlista, especialmente en sus últimas ha"
zañas.


Pero esta indignacion no puede menos de subir de
punto ante los últimos hechos que GarcÍa, el mason que
acababa de entrar en la lÓJia, venia á referir á sus com-
pañeros.


-En Ripoll, les decia, recurrieron al indigno medio
de prender fuego á la iglesia, obligando á rendirse á los
carabineros que en ella habia.


-De manera, que los mismos que tanto habian ana te·
matizado el uso del petróleo; en las sangrientas escenas de
la Commune de Paris, lo santifican hoy, empleándole como
medio para asegurar su triunfo.


-Naturalmente; ¿cree V. que si no fuera por eso po-
drian vencer á los valientes que hoy luchan, no !wr soste-
ner en el trono á tu:~a persona determjnada, sino por defen-




NACIONAL. 227
der su propia soberanía, su independencia y su libertad?
¡Oh! 116 por cierto; serian invencibles!


-Pero todavía no nos ha dicho V. que es lo que ha pa-
sado en Berga.


-¿Los últimos detalles de Ripoll tampoco los cono-
cen Vdes? ...


-Sí, por lo que hemos leido en los periódicos.
-Sabrán, pues, que fueron fusilados nueve carabineros


pero no los detalles de este indigno asesinato.
-Hable V. hable ... es clamaron todos á una voz.
-Horrorízense Vdes.; abriéronse los hoyos en que ha-


bian de ser enterrados, hízoseles arrodillar á la orilla y
muertos ó vivos todavia, sus últimas convulsiones, sus
ayes de dolor quedaron sofocados bajo la tierra que se ar-
roj 6 sobre ellos 1. ••.


-¡Oh! qué infamiaI
-¿Verdad que sí, señores'? ino es cierto que contra un


acto semejante tiene que sublevarse el hombre mas pacífi-
co, el hombre mas indiferente, el que no tenga vacío el
sitio en que el corazon se halla colocado?


-Sí, García, repuso D. Juan; porque ese crímen no es
ya el fusilamiento político mas ó menos justificado; es la
infamia refina.da, es la maldad llevada al último estremo,
es, señores, el crímen repugnante y hediondo que obliga á
todos los hombres, sin distincion de partidos, á alzarse
contra fieras de semejante naturaleza.


-P¡':es todavía hay mas.
-1\13S aun? .. parece imposible!
- Pero si no cabe mas maldad!
-Escuchen Vdes.; Berga, por si lo ignoran, es de las


poblaciones mejor defendidas por la naturaleza del terreno.
TOMO r.




228 LA SOBERANIA
Unan V des. á esto la fortificacion militar facultativa.


. 7


merced á la cual y aunque de escasa importancia, podia
sostenerse, sino muchos dias, los bastantes al menos para
que llegase el refuerzo de alguna de las colunlnas que ope-
raban por aquella parte y que con tiempo se habia recla-
mado.


-Yo he estado en Berga, dijo Felipe, y recuerdo un
convento que hay aislado, y muy apropósito para la de-
fensa.


-Justamente, el de S. Francisco; pues ya vé V. lo só-
lido que es y si podría resistir con ventaja todos los esfuer-
zos de la escasa artillería que lleva esa canalla.


-Sé muy bien lo que es Berga; repuso el venerable y
con un poco de inteligencia en el Jefe militar, secundada
por el valor y decision de parte de sus defensores, la creo
á cubierto de cualquier golpe de mano.


-Eso mismo creía yo tambien, pero desgraciadamente
todos mis cálculos, todas mis esperanzas han quedado do ..
lorosamen te defraudadas.


-¡Cómo! pues, ¿han entrado en Berga los carlistas'?
-Sí, señor, y lo mas triste de todo es que su entrada


no ha sido debida ni á la cobardía d~ sus defensores, ni á la
falta de elementos para defenderse.


- Pues á qué entonces'?
-Sospéchase que fué debida á la traicion del Jefe mi-


litar que mandaba en la plaza.
-¡Oh! qué vileza!
-Si así ha sido, con cien vidas que tuviera no pagaba


ese nuevo Vellido Dolfos su traiciono
- y cuando sepan Vdes. que la cobardía, ó la traicion


de ese Jefe, ha costado la vida á toJos los voluntarios que




NACIO~AL. 229
formaban la compañía movilizada de aquella villa; cuando
sepan Vdes. que en estos momentos tal vez hay mas de
cien familias que lloran la pérdida de un sér querido; cuan-
do sepan Vdes. que quizá en estos momentos cien infelices
niños se encuentran huérfanos, aun antes de haber podido
balbucear el dulce nombre de padre; cuando se hagan car-
go del porvenir de miseria y de llanto, de luto y desolacion
en que quedan esas pobres esposas, esas acongojadas ma-
dres, esas hijas de los miserablemente fusilados en Berga,
estoy convencido que á esta sola idea sentirá alzarse en sus
nobles corazones, mas grande, mas potente, su justísima
cólera contra el vil traidor, si es que lo ha habido, y con·
tra los que, despues del triunfo, en vez de mostrarse ge-
nerosos se han mostrado mas salvajes que hordas de Cari-
bes. Despues del rendimiento ¡horrorícense Vdes! sesenta
y seis francos voluntarios han sido bárbaramente fusilados,
viniendo á aumentar con su her6ica muerte el largo catá-
logo de los ilustres mártires de la república.


-¡Desdichada noticia!
-Al saberla yo, hermanos mios, confieso francamente


que no pude esplicarme lo que sentí; creo que hubiera sido
capaz de volverme tan fiera como ellos si en mi mano hu-
biera estado poder vengar tanta y tanta maldad.


-Es decir, replicó Felipe temblando de cólera, que esa
gente ha cometido en ese desdichado pueblo las tropelías á
que están ya tan acostumbrados'?




-¡Horrores, amigos mios, horroresl .. figuraos que segun
los partes y cartas recibidos, hace apenas una hora, dicen
«que las personas que van llegando á Barcelona, procedentes
de Berga, están como aleladas de espanto: no saben darse
'cuenta de los actos de salvagismo que han presenciado, des-




230 LA SOBERANIA


honra infamante no solo de la causa carlista sino de la raza
humana. Los asesinos que pretender pelear por un Dios de
paz y de misericordia, no se contentaron con fusilar á los
prisioneros que habian capitulado bajo la garantia de que-
dar salvas sus vidas, sino que se complacieron en darles
tormento.


¡A un pobre 'Voluntario le sacaron los ojos antes de fusilarle!
Los Caribes, los pieles rofas no hubieran hecho otro


tanto.
A un valiente capitan, llamado D. Rafael Niqui, qt:.e


fué de los últimos en rendirse, lo llevaron al sitio del su-
plicio atado por los pies y como no pudiera andar de prisa,


. sus verdugos lo apalearon inhumanamente, y para acabar
de martirizar le, le obligaron á presenciar el fusilamiento de
sus subordinados.


A otros les destrozaban á bayonetazos las estremidades
de su cuerpo, y mientras aquellos infelices, bañados en su
propia sangre, padeciendo horriblemente, pedian por mise-
ricordia la muerte, los energúmenos de Saballs contestaban
con satánicas carcajadas, con cánticos de alegría, con soe-
ces insultos!. ..


y cuando quedó consumado el sacrificio y revolcándose
en un charco de sangre sesenta y seis cadáveres, entonaron
los carlistas un canto de victoria y obligaron á los demás
prisioneros á desfilar por encima de sus desventurados
com pañeros de armas! .


La casas y establecimientos de los liberales fueron sa-
queadas ó incendiadas despues de los asesinatos; sus mue··
bIes y alhajas sacados á pública subasta.


-Positivamente, dijo el venerable, que no puede escu-
charse semejante relacion sin sentirse aterrado.




NACIONAL. 231
-Es una relamon que espanta, que estremece!. .. Figu-


raos que hasta ha f';lncionado una seccion de petroleros
franceses que los acompañan; delicioso obsequio que nos ha.
hecho Francia, á quien somos deudores de tan buenos ser'Dicios
desde que principz'ó la guerra.


-Es decir que tambien ha jugado el petróleo'?
-Sí señores, el pet1'óleo, usado por los carlistas; el pe-


tr.óleo que era el S. Benito que arrojaban sin cesar al rostro
del partido republicano y precisamente ellos son quienes lo
han venido á poner en práctica en nuestro país.


-y qué otras infamias han cometido además de esos
bárbaros fusilamientos?


- El incendio y destruccion de dos ó tres edificios:
fácilmente pueden V des. comprender la rabia de que se
hallaba posei~a aquella gente por la resistencia que les


.


opusIeron.
-Luego hubo resistencia?
-y desesperada; hasta hubo algun jefe q ne en los pri·


meros momentos trató de, desobedecer la órden que para.
rendirse se le habia dado.


-Pero lo que no puedo concebir, dijo D. Eugenio, es
como se ha podido dejar tan abandonada á esa desdichada.
poblacion.


-Muy censurable es en efecto; así como es censurable
lo de Ripoll y como son censurables otras cien cosas que se
están' viendo por 'aquella alta montaña de Cataluña.


-Hermanos mios, esclamó Felipe, poniéndose en pié y
exsaltado por la noble cólera que brillaba en sus ojos; per-
mitidme que por breves momentos use de la palabra; la
mas santa de las indignaciones se desborda de mi pecho
á la sola enumeracion de semejantes infámias: es preciso




232 LA SOBERANÍA.


que yo hable, que diga lo que siento, que me desahogue!. ..
La conducta de esos miserables, de esas hordas de fo-


ragidos, pues no merecen otra calificacion, es tan indigna
como villana, tan salvage como cobarde.


El asesinato y el incendio, la desolacion y el estermi-
nio, la desolacion y el robo, lágrimas y sangre es la hue-
lla que dejan en pos de sí por el camino que recorren.


¡ Maldicion y anatema sobre tan inicuos séres t
Como los antiguos ibridas ante el pedestal de Bracma,


esos miserables que se titulan defensores de la religion, in-
cendian las iglesias, profanan los altares, escarnecen los
símbolos de esa misma religion, y se gozan, y se recrean,
improvisando á cada. paso festines de carne humana cuya so-
la descripcion espanta y horroriza! ...


Mentira parece que sea España el teatro de semejantes
crímenes! Solo el pensarlo me avergüenza.


¡Esta España que ha sido siempre, ante la Europa en-
tera, modelo de nobleza, de hidalguía, de generosidad
hasta con sus propios enemigos! ¡ Cómo no sentirse pro-
f~ndamente afectado, hondamente conmovido!


El rubor de la vergüenza abrasará las mejillas de todo
buen español, al reflexionar el concepto que de nosotros
formarán las demás naciones civilizadas.


Daremos cumplida razon á los hace tiempo dijeron y
continuan sosteniendo que el África empieza en los Pirineos.


Pero nó; con toda la noble indignacion de que nues-
tro ardiente pecho se halla :poseido rechazemos siempre
semejante injuria!


Esos canaUas no son hij os de España.
Los que militan á las órdenes de Saballs, de Tristany,


Cura de Santa Cruz, Cucala, Barrancot, Dorregaray y tan-




NACIONAL. 233
tos otros bandidos, no pueden ser españoles, no lo son; la
patria los rechaza y los repudia como hilos espúreos, como
infámes parricidas, como brutales facinerosos! ...


No en valde llevan entre sus filas lo mas abyecto y mi-
serable de todos los paises; la escoria de las naciones ve-
cinas, que, ávidos de sangre destruccion y ruina, su único
móvil es el robo y el saqueo.


En esas hordas multícores en las que se ha condensado todo
el 'Vicio, toda la crápula, toda la bestial ferocidad procedente
de las mas cenagosas capas sociales, aparecen organizados, Pe·
troleros de la comune de París, zuavos Pontzftcios, los indivi-·
duos mas viles, los mas repugnantes séres, que parece se ltan
dado cita para satisfacer en nuestra desgraciada patria sus
salvajes instintos.


Parece mentira, vuelvo á repetir, que haya hombre tan
inícuo que, titulándose general y despues de la rendicion
de una plaza, traidoramente vendida; en lugar de apreciar
el heróico valor de sus defensores, en vez de tener con ellos
las consideraciones que se prodigan siempre al enemigo
vencido y en casos semejantes, cometa el inaudito cr'Ímen de
fusilar sesenta y seis prisioneros indefensos r


¡Gran hazaña por cip,rto! i puede vanagloriarse de ella!
¡Este es Saballs! Si Dios es justo, si cierto es que no hay


plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague, cuando lle-
gue á este foragido su vez y el plazo termine, su fin debe
ser desastroso.


La para y noble sangre que h9Y hace derramar caerá
sobre su frente gota á gota como plomo derretido.


Singular c~ntraste el que presenta, al lado de estas
inauditas atrocidades, el juicio, la mesura, la sensatez, la
noble y generosa actitud del pueblo liberal.




234 LA SOBERANIA
La idea de j ustísimas represalias ha cruzado por la


mente de todos; y ¿cómo no? cuando son muchos los que
se hallan lastimados y heridos en las mas santas y mas
caras afecciones de su corazon"? .. pero la han rechazado
para no justificar en lo mas mínimo los crímenes de sus
enemigos; en silencio devoran sus lágrimas, procuran vio-
lentarse, acallan su justa indignacion y .... esperan ..... .!


Esperan, sí; esperan á que el gobierno de la república,
en quien tienen absoluta confianza, acuerde en su alta sa-
biduría y reconocido patriotísmo, el medio mas breve y efi-
cáz de acabar en un corto espacio de tiempo con esas hor-
das de salva/es, vengando á la sociedad de los continuos n1-
trages que la están infiriendo.


Pero ¡guay! si el remedio se tarda.
El pueblo es noble, es paciente, es generoso; pero la pa-


ciencia tiene tambien sus límites.
Si se le provoca, si se le obliga á dar el primer paso en


la senda de las represalias.,. ¡el rugido del leo n herido será
terrible! ...


¡Guayl si sacudiendo su melena empieza á usar de su
potente garra!


¡Guayl si el pueblo acepta como buena y legítima aque-
lla célebre máxima de un fanático: Ojo por %, diente por
diente!


Si este caso llega, ni nada, ni nadie, será bastante á
refrenar su fiera saña; con tanta mayor razon, cuanto que,
abusando de su generosidad, en plazas y calles, en teatros
y reuniones, paseos y cafés, se vé continuamente insulta-
do y escarnecido con la sonrisa despreciativa de aquellos
que, habitando en la ciudad y profesando las mismas ideas
que los bandoleros que aparecen en armas incendiando los




NACIO~A.L. 235


pueblos de la montaña, se presentan en todos los sitios mas
públicos, haciendo alarde de su cinismo y como desafiando
las iras del pueblo!


Pues, mucho cuidado, imbéciles defensores de una cau-
sa tan absurda como ridícula: la justicia del pueblo, cuan-
do se le llega á provocar, suele ser tremenda, y llevada al
último límite, se ensaña con inaudita crueldad!
, En último resultado; si lo que Dios no quiera, y de todo


corazon debemos pedírselo, Begase esto á suceder, doloroso
es confesarlo, pero tendria su justificacion.


yenga pronto el remedio de donde debe venir, y eviten
el conflicto las personas que están en el deber de conjurarlo.


-A ello estamos obligados todos, dijo el venerable, des-
pues que Felipe hubo terminado su'discurso, y yo os pro-
pongo, si es que lo juzgais acertado, que nombremos una
comision de nuestro seno que se presente al ilustre Presi-
dente del Poder Ejecutivo; no solo para significarle el pro-
fundo dolor que han ca usado en nuestro ánimo tan sen si -
bIes catástrofes, sino para ofrecer al gobierno el concurso
de nuestros servicios, suplicándole al mismo tiempo que, sin
consideracion de ninguna especie, escogi te los medios mas
rápidos y eficaces para acabar con esta desastrosa guerra.


-A pro bado. -Con testaron todos.
Procedióse, en su consecuencia, al nombramiento de la


comision, de la cual formaron parte, en union con el vene-
rable, nu~stros amigos D. Juan y Felipe.


Siendo ya una hora bastante avanzada de la noche y,
además, hallándose los ánimos profundamente afectados
con los sucesos de Ripoll y de Berga, acordaron unánime-"
meIJ.te dar por terminada la sesion, dejando para la próxi-
ma la continuacion de las memorias referentes á Riego.


TOllO l. 39




CAPIT-ULO X¡


c'ontinuacion de una velada interrumpida .


. A la semana signiente,. -volvió, en su dia marc~do, á
reunirsela logia, para continuar la ses~on interrumpida el
sábado anterior, ó lo que es lo mismo, la desdichada histo-
ria de Riego.
-' Felipe, sin embargo, no habia parecido, lo cual era muy


estraño sabida su puntualidad y hubq de encargarse de
ocupar su puesto y continuar la lectura del manuscrito,
3.quel mismo D. Juan, amigo del difunto D. Antonio, y
que fué verdaderamente su único testamentario.


Continuó, pues, la relacion en los siguielltes términos.
La nacion española habia -acogido con júbilo la noticia


del pronunciamiento llevado á cabo por el ejército espedi-
cionario ,de América; en varios puntos se habia. proclamado
la C'onstitucion; reinaba la mayor efervescencia en las ca-
pitales,' y aun -cuando el gobierno no ignoraba la mala
suerte-que habia cavido á Riego, sin embargo, se sentia
harto débil para oponerse á la obstinada manifestacion de
la opinion pública. El mismo monarca llegó á comprender




LA SOBERANIA :\ACIO:"AL. 237


que, cuando un soberano deja de ser la síntesis de la-vo-
luntad nacional, libremente manifestada, siente bambolear
bajo la presion de su planta el trono que tiene por únicos
cimientos la exageracion' del derecho de imponer leyes; y-
Fernando VII, pese á sus absolutistas instintos, hubo de
convencerse de que si la lucha se travaba, habia de hallar-
se el dia del peligro solo y cara á cara con los poderosos
enemigos de su mal aventurado sistema de gobierno. En
tan críticos momentos, el conde de La Bisbal vino á arrojar
el peso de su espada en el platillo donde se pesaban los des-
tinos de España. El mismo general que, en julio de 1819,
hizo abortar y sofocó la conspiracion constitucional, se
pronunció contra el gobierno absoluto en Ocaña, á nueve
leguas de Madrid, al frente del regimiento de infantería
Imperial Alejandro, cuyo mando estaba 'confiado á D. En-
rique O'Donnell, hermano del conde. Esta circunstancia
hubo de llamar poderosamente la atenciondel monarca,
pero lo que sin duda contribuyó mas á mover su ánimo,
fué la conducta observada por la inmensa . mayoría de la
Guardia Real, que notiéiosa de los sucesos de Ocaña, no
ocultó su resolucion de formar causa comun con los pro-
nunciados.


- El rey tendió la mirada en torno suyo, y enc{)ntró tan
solo á su lado á unos ministros débiles é- incapaces de con-
jurar la tormenta; era necesario obrar y obrar pronto, por-
que en los períodos revolucionarios un día de dilacion im-
porta muchas veces la destruccion de una dinastía, ó la
desgracia de todo un pueblo.


Por un momento pudo creer Fernando VIlque el peli-
gro se alejaria fácilmente, haciendo á la nacion algunas
concesiones en sentido liberal, y por decreto de 3;de marzo


,




LA SOBERANIA


dió al derecho de representacion una latitud nunca vista en
su reinado, por medio de un decreto relativo á la organi-
zacion del consejo de Estado, cuya firma debió conmover
profundamente el corazon del soberano, tan inclinado al
réjimen absoluto.


Sin embargo, á la altura en que se encontraba.1a revo-
lucion española, aquella concesion era un paliativo que no'
debia producir ningun buen resultado, y tres dias despues,
reunido él pueblo con una multitud de oficiales del ejérci-
to, restableció la lápida de la Constitucion, y dirigiéndose
en tumulto á la casa de la villa donde se estaba instalando
el Ayuntamiento Constitucional, mandado reunir por el
monarca, exigió de la nueva municipalidad se trasladara á
palacio y exigiera al' monarca el juramento de fidelidad á
la Constitucion del año 12. El Ayuntamiento, con efecto,
se trasladó al real alcázar, y Fernando VIl accedió á la vo-
1untad del pueblo, y al pié del trono prestó el jurament
que se le exigia. N o bien cundió la noticia por Madrid, se
entregó el pueblo á la alegría que le dominaba por aquel
triunfo, y aun cuando no descuidó reiterar su solicitud de
que se nombrara una junta provisional de Estado, dedicó
por de pronto sus atenciones á reparar agravios del pasado
réjimen, por cuyo medio no solo creia inaugurar digna-
mente el nuevo, si que tambien desahogaba la bilis que
durante muchos años habia amargado su corazon.


EIi semejantes casos, siempre el pueblo busca una víc-
tima, y el de Madrid tuvo un feliz pensamiento en la elec-
cion de aquella. Dirigióse fuerte y amenazador á la cárcel
de la Inquisicion, puso en libertad á los presos que gemian
en sus lóbregos calabozos, destruyó los archivos en que se
encontraban causas célebres, por lo espantosas unas, por lo




~ACIONAL. 239


ridículas otras, por las personas procesadas muchas; y borró
con su fuerza incontrastable aquellos títulos con que el fa-
natismo yel despotismo aunados habian manchado la re-
putacion de innumerables familias.


Poco despues, el tumulto se habia calmado por comple-.
10, y con general contento se nombró la junta consultiva
de Estado, compuesta de las personas siguientes: el arzo-
bispo de Toledo cardenal de Borbon, presidente; Queipo,
obispo de Mechoacan; D. Ignacio de la Pezuela; Lardizá-
bal y el conde de Taboada, antiguos magistrados; D. Ber-
nardo de Borja y Tarrius, antiguo empleado en rentas; don
Vicente Sancho, teniente coronel de ingenieros; Tejada,
rico propietario; y el general Ballesteros, el hombre que
despues de haber sido destinado para reprimir el pronr:n-
ciamiento de la isla de Leon, tuvo la valentía de decir á
Fernando VIlque, en el estado en que España se encon-
traba, no quedaba al monarca otra alternativa que el jurar
la Constitucion 6 resignarse á perder el trono. Esta junta
inauguró sus actos proclamando el olvido de los agravios y
la completa fraternidad entre todos las españoles.


Posteriormente y á propuesta de la misma, formó el
rey el siguiente ministerio: D. Agustin Argüelles, minis-
tro de la Gobernacion; Ganga Argüelles, de Hacienda; Por-
cel, de Ultramar; Perez de Castro, de ERtado; el marqués
de las Amarillas, de la Guerra; y García Herreros, de Gra-
cia y Justicia. Estos seis personajes representaban genui-
namente el espíritu Constitucional, y todos ellos se habian
hecho notables durante los acontecimientos del año 14.


La revolucion que Riego habia inaugurado en las Ca-
bezas de San Juan habia triunfado por completo: el hom-
bre acosado en la montaña y batido sin compasion, como




240 LA SOBERANIA
una fiera, cuyos sanguinarios instintos alarman á toda una
comarca, vió cambiada por completo la decoracion del tea·
tro en que se representaba el drama de su azarosa vida.
Habiéndose trasladado á Sevilla, vió á los pueblos agol-
parse á su paso, saludando entusiastas al héroe de la rege-
neracion española, y en los oidos en que pocos di~s antes
silvaban las balas enemigas, resonaba un prolongado grito
de ¡viva la Constitucion! ¡Viva Riego!


Las poblaciones en que se hospedaba le obsequiaban á
porfía con bailes, banquetes, músicas é himnos en su ho-
nor; triunfal era su marcha, y Riego, constituido en ídolo
del pueblo, cuyas cadenas habia sido el primero en romper,
pudo mirar, hasta con· desprecio, aquellas ovaciones que
las antiguas sociedades tributaban á los guerreros que lle-
gaban á Rom&.manchados con la sangre de todo un pueblo ..
El mérito de Riego consistia en haber liber~ado á España,
lanzando entre el pueblo el primer grito de libertad,
rompiendo aquellas ataduras con que los conquistadores de
otros siglos sujetaban la fiera y noble independencia de las


.


naCIones.
Riego podia gozar y enorgullecerse de su triunfo, que


no habia conseguido derramando sangre ni haciendo correr
lágrimas; y sin embargo, el corazon del bizarro jóven
nunca sintió el mas mínimo impulso de ambicion; nunca
sus ojos perdieron la tranquila ,mirada de la inocencia, se·
rena en medio del vendabal revolucionario, para buscar
entre el pueblo que le victoreaba frenético, el basto n de.
mando que se habia caido de las manos de un monarca que
confundió los tiempos en su gobierno y el progrese de los
pueblos.


El alma del movimiento liberal tuvo siempre en sus


I




NACIONAL 241
labios palabras de respecto para el monarca juramentado,
y encaminó la voluntad de los pueblos hácia Fernando VII
constitucio:c.al, que se habia enagenado de mucha parte de
la de los españoles.


La modestia de Riego era quizás la prenda mas segura
de su popularidad.


y con todo, inspiró celos al gobierno, á los hombres
cuya autoridad habia él creado, á los que se hallaban muy
léjos del peligro cuando Riego veia caer en torno suyo á
los pocos soldados que le restaban, diezmados por las tro-
pas del general O'Donell.


¡La ingratitud, siempre la ingratitud! ...
Hé aquí el premio que comunmente recogen los que,


como Riego, crean instituciones de que se apoderan des-
pues ambiciosas individualidades.


Los celos que inspiró Riego no fueron disimulados
mucho tiempo. -


El marqués de las Amarillas, ministro de la Guerra
como hemos dicho, empezó por cambiar el nombre al ejér-
cito de la isla de Leon, que se tituló ejército de Andalucía,
calculando que por este medio menguaría el espíritu de
aquellas tropas; y enseguida intentó licenciar aquel ejér-
cito cuyo entusiasmo por Riego hacia peligrosa la suerte
del gobierno.


El nuevo ministerio quiso seguir una conducta tortuosa
y contr~dictoria, y en tanto que por una parta procedia con-
tra los sesenta diputados de las Córtes del año 15 üonocidos
con el nombre de Persas, porque al representar á Fernando
VII en contra del sistema constitucional, ponían por ejem:-
plo la anarquía de los interregno s en la nacíon Persa, pro-
curaba destruir un cuerpo de ejército por temor á los sen-




242 LA SOBERANIA
timientos liberales que siempre. habia manifestado y al
influjo que sobre él ejercía Riego.


A fin de deslumbrar á este y obtener su consentimiento
para la destruccion de su propia obra, le nombró capitan
general de Galicia; pero Riego comprendíó de sobra la
mira que el gobierno llevaba en aquella promocion, yan-
tes que hacerse cómplice de las consecuencias que pudiera
tener aquella disposicion del ministerio resol vió pasar á
Madrid, villa que le recibió el dia 3 de setiembre tribután-
dole toda suerte de honores y ofreciéndole para su entrada
un carro triunfal adornado con los emblemas de la Cons-
titucion.


Las sociedades patrióticas corrieron con estos obsequios,
y la de la Fontana de Oro le dió un gran banquete, durante
el cual se sucedieron sin interrupcion los vivas al código
político y al primero que habia tenido valor de restau-
rarle.


Terminado el banquete se dirigió Riego al teatro del
Príncipe; á su entrada rompió la orquesta con la cancion
del T'rágala: gran parte del público la e:p.tonó á coros, y
dícese si el héroe de la fiesta siguió en este punto el ejem.
plo de la multitud.


Si así es, prueba de poco talento dió Riego en aquella
ocasion, pues no supo prever con cuanta facilidad, en mo-
mentos criticos, el entusiasmo degenera en esceso.


Con efecto, aquella noche quiso la autoridad poner
término á tan ruidosas y acaloradas demostraciones, y fué
insultad'o y atropellado el presidente del coliseo, y la villa
de Madrid hubiera presenciado quizás deplorabilísimas
escenas, si la reaccion de los liberales, perfectamnte co-
nocedores de la situacion, no hubiera puesto un dique á




NACIONAL. 243


los desmanes de lo~ anarquistas, que tan oportunamente
favorecian los planes de los anticonstitucionales.


El general Riego, causa inocente de aquel deplorable
lance, empezó á resentirse acto contínuo de sus consecuen-
cias. Por de pronto, el partido templado empezó á temer
que aquel hombre, embriagado por su triunfo, no se dejara
arrastrar por ambiciosas ideas que los anarquistas hubie·
ran alagado de' muy buena voluntad; y el gobierno, que
indudablemente no veia con buenos ojos á Riego, pudo con
justo motivo qui.tar de por medio á su sombra, ya que al
estremo á que habian llegado las manifestaciones y los ~s­
cesos, era imposible ser gobierno y transigir á su tiempo
mismo con los fautores de aquellas crísis continuadas en la
córte.


Por de pronto, alejó el gobierno á Riego de Madrid des-
tinándole de cuartel á Oviedo~ su pais natal; y en cuanto á
los demás oficiales que habian tomado parte en los moví-
mientos de los últimos dias, se les alejó destinándoles á
distintos cuerpos y aun confinándoles á distintos puntos.


La estrella de Riego palidecia momentáneamente, pero
bien pronto volvió á brillar con nuevo resplandor.


Aun cuando ya llevamos dicho qU,e el gobierno se portó
con ingratitud respecto á Riego, no se crea tampoco que
para obrar como obraba con los autores de los desmanes
acontecidos en Madrid, le faltara un motivo, en aquel en-
tonces muy digno de ser atendido. No debemos suponer
que un ministerio, al frentedel cual se encontraba un hom-
bre del carácter de D. Agustin Argüelles, atropellara sin
nece~idad ó sin fUDdam~nto los fueros de los españoles; y
la clave de este enigma político se encuentra indudable-
mente en el recelo que debia inspirar al gobierno un hom-


TOMO 1 ~o




244 LA SOBERANÍA
bre de la popularidad de Riego en los críticos momentos
que atravesaba España, en víspera de ser presa de la anar-
quía y descubriéndose, como todos los días se estaban des-
cubriendo, nuevas conspiraciones en sentido republicano.


(,Contra todas las declamaciones de sus riv-ales, contra
los envenenados tiros de los enemigos de su causa, contra
las interpretaciones calumniosas que daban de su conducta
los políticos del retroceso, los camarilleros de Fernando VII;
el gobierno tenia á mano un documento incostrastable,
cual lo era. la representacion que desde Sevilla, con fecha
21 de Marzo, habia dirigido Riego al soberano. Esta repre-
sentacion, profesion de fé del general, estaba concebida en
los siguientes términos:


;)Señor: D. Rafael del Riego, comandante general de la
primera di vis ion del ej érci to nacional, que en el primer dia
de este año se pronunció por la causa de la patria, se apre-
sura á poner á los piés del trono de V. M. los sentimientos
de amor y de respecto que abrigó constantemente en su
corazon, y que su conducta no ha desmentido jamás.


Ni la ambicion, ni el deseo de adquidr celebridad, ni
ninguna de las pasiones que con frecuencia influyen en las
acciones de los hombres, le han podido impeler á publicar
el primero la Constitucion sancionada por la nacion, que
garantiza su prosperidad y su grandeza. El amor mas puro
de la patria y los deseos mas ardientes por su dicha han
sido las únicas guias de mi conducta.


»Gefe de la columna móvil de los patriotas, que el 27 de
Enero salieron de la ciudad de San Fernando, para propa
gar los sentimientos liberales de que se 8entian animados,
jamás he perdido de vista una misio n tan importante de la
que no me hice nunca indigno por mis acciones. La vio-




NACIONAL. 245
lencia, el robo y los desórdenes que suelen acompañar las
insurrecciones, no han mancillado jamás la causa que mis
compañeros de armas y yo hemos resuelto defender. Los
trabajes, las privaciones, los mayores sacrificios, no pueden
borrar los proyectos con tanto ardor concebidos y con tanto
valor realizados. Las ciudades por donde he pasado son
testigos de la su bordinacion, o bediencia y disciplina de
mis tropas. El ciudadano no ha sido molestado por su opi-
nion y se han respetado sus propiedades; el magistrado ha
seguido en sus funciones; el venerable carácter de los mi-·
nistros del altar ha sido respetado, y los penosos trabajos
de la guerra no han deteriorado la agricultura, ni la in-
dustria. Las ventajas oLtenidas sobre los que se llaman
sostenedores de V. M. no han acarreado ningun abuso y
las leyes de la humanidad no han sufrido menoscabo. Cuan-
do han sido vencedores no han insultado al vencido; cuando
han cedido al número de sus enemigos, ha sido sin humi-
llarse y sin que su honor padeciese la menor mancilla.
~)Debilitados por un conjunto de circunstancias desgra-


ciadas que se conjuraron contra ellos, se sintieron, sin em-
bargo, bastante fuertes con la rectitud de su conciencia y
con la buena opinion que concebian de ellos los hombres
de bien.


)El cielo no ha querido dejar sin recompensa sus servi-
cios; constantemente )nteresados en la dicha de Jos hom-
bres y de las naciones, ha querido que la España fuese el
teatro de tan noble resolucion.


»EI amor de la patria ha inflamado toda la península.
}) V. M. ha rasgado el yelo tejido por los mal'vados y ha


cedido á los impülsos generosos de su corazon paternal.
»EI código sagrado, objeto del amor de todos los bue-




246 LA SOBERAN CA.


nos españoles, recibió de los labios de V. M. la sancion tan
suspirada, á lo que se han resistido todos aquellos que no
tienen mas patria que su interés, ni mas Dios que las né-
cias sugestiones de su orgullo.


»La nacion, que ha levantado este monumento de sabi-
duría, recibe el juramento de V. M.; colmada d~a]egría
funda en su sinceridad la esperanza de la dicha futura y
de la gloria á qUé la llama su destino.


»N ó, jamás ha ofrecido la España un espectácnlo tan
grandioso; jamás el trono de San Fernando se ha visto tan
radioso de gloria.


J)Un -rey unido á la nacion j un rey que jura la Consti-
tucion que le priva del triste poder de hacerla desgraciada,
es el objeto mas grande que se pueda presentar á los ojos
de la humanidad y de la justicia.


»¿Quién no se enternecerá, señor, mirando la brillante
perspectiva que ofrece una resolucion tan noble y tan ge-
nerosa'?


»El renacimiento de la industria, la proteccion de la
agricultura, la reaccion del comercio y el nombre de Fer-
nando VII, que pasará á la posteridad con tanta gloria, ¿no
son objetos que aplaude el corazon de V. M.?


» ¿N o hacen que á cada momento se felicite por haber
sacudido el yugo que le habian impuesto la adulacion y la
perfidia?


»Recibid, señor, etc. etc.»
Este documento demuestra hasta la evidencia que nun-


ca trató Riego de negar al rey la obediencia que le era de-
bida por entonces, y convencidos de esta verdad, varios di-
putados, que no pudieron avenirse con que se hiciera res-
pon sable á un hombre de los escesos cometidos por un pueblo




NACIONAL. 247·


que durante mucho tiempo se habia visto privado de poder
desahogar sus sentimientos, promovieron en las C6rtes una
sesion acalorada á prop6si to de ULa manifestacion suscrita
por Riego, y pidieron que el ministerio se presentara en el


. seno de la representacion nacional para responder á los car·
gos que se le iban á dirigir.


El ministro Argüelles pudo con su elocuencia conjurar
por de pronto la borrasca; pero esto no impidió que el go-
bierno se convenciera de la necesidad en que se encontraba
de reconciliarse con Riego si no queria perder ante el pue-
blo el poco prestigio que ya le restaba.


En consecuencia, nombró á Riego capitan general de
Aragon (de cuyo destino fué separado al poco tiempo) des-
terrándole á la ciudad de Lérida, bajo pretesto que se habia
descubierto alguna otra conspiracion en sentido republica-
no, y' achacando, como de costumbre, la responsabilidad al
capitan general de Aragon.


El destierro de Riego dió márgen á varias manifestacio-
nes de descontento por parte del pueblo, y aproximándose
el dia de su santo, comu·nicáronse las sociedades patrióticas
un aviso para que en aquella festividad se preparase en
todo el reino un nuevo triunfo al hombre de la isla de
Leon.


y así se hizo en efecto.
En la capital de la monarquía se dispuso pasear por las


calles el retrato de Riego representado en actitud de soste-
ner con una mano el libro de la Constitucion y amenazan-
do con la otra á dos figuras, símbolo de la ignorancia y del
fanatismo.


Recurrió la comitiva algunas calles, pero salió ll;lego á
su eneuen tro el jefe político Martinez de San Martin, y la




·.


248 LA SOBERANIA.
intimó que se disolviera, á lo cual, resistiéndose los rie-
guistas, hubo necesidad de emplear la fuerza, dispersándo-
se los grupos entre los cuales se escondió el trofeo que es-
citaba el entusiasmo popular.


Sin embargo, la fiesta interrumpida en las calles con-
tinuó en el seno de las sociedades patrióticas, don~e el gOM
bierno, con voluntad ó sin ella, hubo de tolerarla, ya que
no consentirla.


. Diariamente aumentaba el descontento del pueblo, el
cual se iba convenciendo de que la reaccion ponia enjuego
poderosísimos manejos, contando con el favor y simpatías
del soberano y con la indiferencia y hasta apatía del go-
bierno, que al paso que era intransigente con lo que llama-
ba excesos de los exaltados, se precavia harto poco contra
los recursos poderosos de los absolutistas.


El gobierno tenia el 'don de descubrir contínuamente
conspiraciones republicanas y de no apercibirse jamás de
las que á sus propios ojos estaban tramando los serviles.


Como si tantos males no bastaran para trabajar una na-
cion que, en todo lo que iba de siglo, se hallaba agitada
por continuas guerras, un nuevo azote, mas terrible si ca-
be, vino á aumentar las angustias de los pueblos.


Declar6se en Barcelona la .mortal fiebre amarilla, y tan-
tos fueron sus estragos que hasta á la política obligaron á
suspender la lucha que empezada tenia.


Convocadas las córtes extraordinarias, ofreció el gobier-
no grandes recompensas á los médicos que fueran á atacar
el mal en los puntos infestados; mas por desgracia la cien-
cia se hizo sorda á las voces de la humanidad> y mientras
la muerte diezmaba la poblacion de Barcelona, los faculta-
tivos de Madrid, á muchas leguas del peligro, discutían




NACIONA.L. 249
friamente si era ó no contagiosa una epidemia que no co-


.


nOClan.
La fiebre amarilla, que nada ciertamente tenia que ver


con la política, sirvió de pretesto no obstante al rey de
Francia para que, con el título ó apariencia del cordon sa-
nitario, constituyese en la frontera un formidable ejército,
que desde el primer momento fué mal visto por los libera-
les de España, pues nadie en ésta ignoraba que el monarca
francés, participando de la misma opinion que las córtes


,


del norte, no veia con buenos ojos el restablecimiento de la
Oonstitucion en nuestro país, mU0ho menos despues que los
reinos de Nápoles, Piamonte y Portugal habian liberalizado
asimismo su gobierno, á imitacion de la península hispana.


En esta sitnacion se abrió la tercera legislatura en mar-
zo de 182], Y como quiera que el partido exaltado tenia en
ella numerosos repl'esectantes, quisieron estos dar un tes-
timonio público del descontento con que habian mirado el
destierro de Riego, y para calificar mejor el espíritu q ne
animaba á la asamblea, concibieron el proyócto, q~e lleva-
ron á cabo, de nombrar á Riego presidente de las Córtese


Fernando VII abrió en persona la legislatura, y fué de
admirar q ne en un país regido constitucionalmente, ter-
minara el soberano su discurso, llamado vulgarmente de
la Corona, con una adicion de que no tenian ninguna noti-
cia los ministros, cosa nUlica vista en semejantes casos.


Aqúella adicion decia lo siguiente:
«No se me ocultan las ideas de algunos mal intenciona-


dos, que procuran seducir á los incautos, persuad~éndoles
que mi coraZO:1 abriga miras opuestas al sistema que noS
rije; y su fin no es otro que el de inspirar una desconfian-
za de mis puras intenciones y recto proceder,




250 LA SOBERANIA
He jurado la constitucion, y he procurado observarla en


cuanto ha estado de mi parte, y ¡ojalá qne todos hicieran lo
mismo!


Cooperemos pues, unidos al poder legislativo, y yo,
como á la faz de la nacion lo protesto, en consolidar el sis-
tema que se ha propuesto y adquirido por su bien y com-
pleta felicidad.»


Riego, como presidente de la asamblea, contestó al
monarca de la manera siguiente:


«Al escuchar, dijo, de los mismos labios de V. M. la
situacion en que se halla la fuente de la riqueza pública,
el órden interior del Estado y sus relaciones con las poten-
cias estrangeras, parece que debemos entregarnos todos á
las mas lisongeras esperanzas· de un dichoso porvenir.


Sin embargo, las circunstancias difíciles que-p.os l'0-
dean, las maquinaciones constantes de los enemigos de la
libertad y la resistencia que siempre ofrecen todos los cam-
bios de cosas, hasta por parte de aquellos que no aborrecen
las reformas, reclaman imperiosamE'nte la mayor energía
para consolidar el sistema político actual.


Para efectuar las reform~.s ya principiad~l.s, es necesario
remover con rnano fuerte los obstácnJos que se puedan
ofrecer.


Las C6rtes, señor, sin pasar mas allá de sus atribucio-
nes, trabajarán sin cesar para vencer todas las dificultarles
y se ocuparán además en tomar en consideracion todo lo
que les propondrá V. M.


Intimamente unidas á V. M., ellas se prometen asegu-
rar para siempre el goce de las libertades del pueblo e~pa­
ñol, elevando á la nacion al grado de -prmrperiuad. á que es
llamada; ellas buscarán al mismo tiernpo modos para dar




252 LA SOBERANIA


tuvo un desenlace hasta trágico para su autor. Fué el caso
que circuló, sin prévio anuncio, por Madrid, un impreso
titulado: La Gaceta ae Munich, junto con v:1rias proclamas
subversivas, todo lo cual se supo era debido al presbítero-
D. Matías Vinuesa, ex-cura del lugar de Tamajon y á la
sazon capellan de honor de Fernando VII.


Pudo descubrirse la tipografía de donde habian salido
dichos impresos, ocupáronse los moldes, y en la casa del
ex·cura fueron hallados igualmente varios papeles que con-
tenian un plan de conspiracion en sentido absolutista, que
luego se hizo célebre en España bajo el título de Plan de
Vinuesa.


Su autor fué reducido á prision acto contínuo, y el
pueblo, que esperaba impaciente la condena del procesado
como reo de alta traicion, recibió con sorpresa, el dia 5 de
marzo, la noticia de que el conspirador habia sido conde-
nado únicamente á diez años de presidio.


Esta sentencia exasperó los ánimos, y una masa de unos
cien hombres turbulentos, asaltó impunemente á las tres
de la tarde la cárcel llamada de la Corona, y penetrando
en el calabozo donde se hallaba preso Vinuesa, le dió muer-
te, deshaciéndole la cabeza á martillazos.


Este ej emplo de la terrible justicia popular, estremeció
á los madrileños y sirvió de poderoso argumento á los ene ..
migos de la causa constitucional, que con negros colores
pintaron la conducta de los asesinos de Vinuesa.


y en este puesto la imparcialidad nos obliga á confe-
sar que los autores de aquel motin sangriento dieron una
prueba, no de sus instintos justicieros, sino de sus apetitos
'Vengativos.


Mas ó menos .criminal y digno de un castigo mas ó




NACIONAL. 251
un nuevo esplendor al trono Constitucional de V. M. Y
. '


patentizarán al orbe entero que el verdadero poder y la
verdadera grandeza de un monarca, consiste únicamente
en el exacto cumplimiento de las leyes.


En obsequio á la verdad es lo cierto que muy pocos
diputados dieron créditJ á las palabras del monarca, que
pocos dias antes habia dado una muestra patente de sus
absolutistas instintos á propósito del nombramiento del
capitan general de Castilla la. Nueva.


Apesar de lo cual y de que no ha faltado quien suponga
que las mencionadas Córtes se componian de antí-monár-
quicos demagogos, la asamblea del año 21 confeccionó una
ley que responde y confunde estas acusaciones, pues en
'su artículo primero dice textualmente:


«Son objeto de esta ley las causas que se formen por cons ..
piracion ó maquinaciones directas contra la observancia de la
Constitucion, la seguridad interior y este1'ior del estado, ó la
invio lab le persona del rey Constitucional.


Esta determinacion demuestra que en las Córtes del
año 21 pudo haber dominado un espíritu inminentemente
liberal, pero de ningun modo hostil á la monarquía ni al
monarca.


Por aquel entonces los partidos del absolutismo, que
comprendieron sobradamente que el triunfo de la causa li-
beral se habia debilitado en mucha parte por la mala orga-
nizacion conque el partido habia luchado contra sus ene-
migos, tomaron leccion del pasado, y dispuestos ya á
levantar la cabeza, formaron núcleos y sociedades secretas;
titulándose delensores del altar y del trono.


Entre otras de las tentativas practicadas por los absolu-
tislas, debemos hacer especial meneion de un hecho que
'ro~1O l.




NACIONAL. 253


menos terrible, ni Vinuesa era responsable de la sentencia
que habian dictado sus jueces, ni en ocasion alguna le es
lícito á un pueblo asesinar por su propia mano á un hom-
bre que, aunque sentenciado, se halla bajo el amparo de
la misma ley que le condena.


Pero el pueblo se hallaba irritado con las nuevas que
todos los días llegaban á la capital de la monarquía: en
varios puntos de España se habian levantado partidas,
que engrosándose con los contrabandistas del país y la
gente holgazana y perdida del pueblo, recorrian la monta-
ña dando vivas á la religion y al absolutismo, y mueras á
la Constitucion del estado.


Esto acontecia principalmente en Navarra, Asturias-,
Galicia y Castilla la Vieja; los obispos de Orihuela, Pam-
plona y Barcelona se negaron á mandar esplicar la Consti ...
tucion á sus párracos, como estaba mandado; el primero y
el último de aquellos prelados redactaron famosísimas pas-
torales escitando al Fueblo á la desobediencia al gobierno
Constitucional, hasta tal punto, que por su conducta hu-
bieron de ser extrañados del reino, como tambien al gene-
ral de la órden de Capuchinos; y para colmo de escándalo,
en Toledo, Orihuela, Sevilla y otras cabezas de diócesis,
se hacian diariamente procesiones en las cuales millares
de personas rezaban el rosario, entremezclándole con '()ivas
al rey absoluto y mueras á la Constitucion, en tanto que los
curas fanatizaban las conciencias ofreciendo numerosas
indulgencias á los que se alistaban en las filas de los fac-
ciosos.


España era ya presa de la guerra civil, de ese azote con
que la Providencia parece haber querido aniquilar las fuer ..
zas de n uestta gran nacion.




254 LA. SOBERA.NfA.
Al poco tiempo los absolutistas contaban ya con nu-


merosas gavillas y pertrechos de guerra que, tal vez la
Francia, habia proporcionado en mucha parte; y gefes J
cabecillas, entre los cuales con dificultad olvidar~ España
al baron de Eroles, al célebre Trapense, al cura Merino, á
Miralles, y á Besieres.


¡Cosas del mundo ... !
Este último, Jorge Besieres, de nacion francés, habia


sido condenado á muerte en Barcelona como autor de una
conspiracíon en sentido republicano, y estando ya en ca-
pilla, debió la vida á las influencias. y tal vez á la coaccior
que algunos de los barceloneses mas exaltados ej ercieroI
sobre Villacampa, entonces capitan general del Princi-
pado.


Elocuente leccion para los pueblos que las mas veceE
ponen su estúpida confianza en esos empíricos políticos~
cuya creencia y lealtad se reduce á trasladar á sus bolsillo~
el oro de los crédulos, sin perj uicio de ensangrentar horri-
blemente el país cuya felicidad prometieron hacer.


A todo esto el general Riego, gracias á las simpatía~
que supo captarse como presidente de la asamblea, erE
conside!'ado como el símbolo del régimen liberal, y su~
partidarios mas acérrimos le llamaban único defensor de~
código político y personiflcac~on de la constitucion misma.


En e,stas críticas circunstancias, mientras la guerra
civil empezaba á producir sus consiguientes estragos y en
tanto que unas poblaciones vituperaban lo que se exaltaba




en otras, y unos partidos erigían ídolo~ que otros partida-
rios derribaban, la única popularidad que se sostuvo incó-
lume era la del héroe de la Isla de Leon.


Una vez que pasó de Valencia á Madrid, fué su marcha




::WACIONAL. 255


una ovacion continuada: á su llegada á la córte, se presen ..
taron á felicitarle todas las autoridades, y el 18 de marzo
se dispensó al regimiento que Riego mandaba en Cádiz,
cuando tuvo lugar el primer pronunciamiento, el grande
honor de desfilar por delan te del salon de las Córtes al
mismo tiempo que se devolvía al jóven libertador el sable
de su pertenencia, cuando era comandante del batallon de
Asturias, y cuya arma habia ofrecido en homenaje á la.
asamblea.


La entrega de aquella espada le fué hecha bajo la con-
dicion de depositarla en el honroso sitio de donde era es-
traida, tan pronto como hubieran sido esterminados en
España los enemigos del órden Constitucional.


Tantos honores, tantas ovaciones, tanto prestigio con-
cedidos á la virtud de un patricio, hubieran podido, con
razon, hacer cobrar orgullo á un hombre en quien la fria
esperiencia de los años, no hubiera aun 6Lf'riado los fuegos
del corazon.


y á pesar de todo, á pesar de que en la época de sus
mayores triunfos no contaba aun Riego la edad de cuaren-
ta años, el orgullo no prevaleció poco ni mucho en aquel
pe~ho, cerrado al parecer á todo mal pensamiento.


Antes al contrario, en Riego resplandecia primero que
todo, la humanidad, la modestia y el desinterés.
Noticio~o de que á su entrada en Madrid se le prepara-


ba,un nuevo triunfo, entró de noche y de incógnito; pidió
seguidamente á las córtes que se prohibiera dar el grito de
¡Viva Riego! porque no se glorificara á un hombre en me-
noscabo de la causa constitucional; renunció la pension de
cuatro mil duros anuales que la nacion le habia votado; y
para poner el sello á su magnanimidad, pidió que se con-




256 LA SOBERANIA
cediera una ámplia amnistía á los rebeldes absolutistas, á
aquellos mismos que en pago de su noble generosidad le
dieron posteriormente la mas afrentosa muerte.


No es nuestro ánimo trazar un cuadro de la guerra ci-
vil de España en aquella época, pero sí diremos que los
absoluti.stas adelantaban á paso tan rápido por la senda de
la reaccion, que declarándose abiertamente enemigo's de
todo lo existente, llegaron hasta á constituir una regencia
en la Seo de Urgel, compuesta del baron de Eroles, el mar-
qués de Mata Florida y el obispo Creus, cuya regencia, por
muy ridícula que pareciera su instalacion, fué reconocida
por las juntas apostólicas de Navarra y Mequinenza, y en-
tre otros hómbres de alguna representacion, el general
Eguía, don José O'Donell, el inquisidor general de España,
el arzobispo de Tarragona, el obispo de Pamplona yel ge·
neral de la órden de Capuchinos.


Sin embargo y apesar de la proteccion que el bando
absolütista encontró en algunas potencias de Europa, espe-
cialmente en la Francia, cuyo ministerio habia dicho en
las cámaras, que la Constitucion española. tenia defectos
esencialmente ruinosos, la regellci~ de Urgel hubo de
evacuar el punto de su instalacion, trasladándose precipi-
tadamente á .Puigcerdá, desde cuyo pueblo contrató un
empréstito de ochenta millones, delirio financiero que nin-
gun resultado hubiera producido, á no ser porque la nacion
francesa, que fué la que aprestó el capital, se desprendió
por cálculo, de él voluntariamente, á trueque de que, ba-
tida la Constitucion en España~ no cundieran en el reino
francés los principios representativos y de soberanía na-
cional.


El empréstito se ejecutó pues en París, hipotecando en




lSACIO~AL. 257


garantía el subsídio eclesiástico, para lo cual ningun de-
recho asistia á la regencia de Urgel, por mas que el inqui-
sidor general de España y el superior de los Capuchinos,
no hubieran creido hereges, ni'escomulgados, á los que
destinaban las rentas eclesiásticas á un objeto tan poco
canónico.


No era dudosa la victoria entre los dos partidos conten-
dientes, y quizás la obstinada resistencia de los absolutis-
tas hubiera logrado tan solo afirmar mas y mas en sus ideas


e á los defensores del sistema Constitucional, único legal por
ser el vigente en España.


Mas, por desgracia, la nacion francesa miraba con ma-
los ojos nuestra libertad; las tropas que habia reunido en la
frontera, y á las que dieron el nombre de cordon sanitario
fueron llamadas ejército de observacion, y bien pronto de-
jó de ser dudosa la intincion que abrigaba el soberano del


. .


veCIno reIDO.
La invasion estrangera era mas <\.ue temible., era inmi-


nente; y para contrarrestarla se resolvió aumentar el ejér-
cito y poner bajo pié de guerra, á la milicia nacional espa·
ñola.


Antes empero de que esta eficáz medida pudiera ser lle-
vada á cabo, luchando como luchaba el gobierno con la
estremada penu~ia del tesoro, tuvo lugar la invasion fran-
cesa, verificada sin declaracion de guerra y de esa manera
desleal que tanto habia irritado al pueblo español, en
tiempo del primer Bonaparte.


Cien mil bayonetas al mando del duque de Angulema,
venian á destruir la Constitucion que el pueblo español se
habia dado, mientras luchaba con otra invasion, así mismo
francesa; y el dia 6 de abril de 1823 rompió el ejército




260 LA SOBERANIA.
los enemigos de la causa constitucional comprometieran
al rey.


Pero las Córtes 1:0 consultaron en este punto la volun-
tad del soberano, y el dia 12 de marzo amenazó UD nuevo
conflicto á consecuencia de la lectura de una comunica-
cion del ministro de Gracia y J ustida, acompañando una
certificacion de siete médicos, cinco de los cuales opinaban
que la salud del rey no le permitia emprender el viage sin
riesgo de su vida.


Mala opinion formaron los diputados de esta escusa de
Fernando VII, y cundiendo rápidamente la voz de que el
monarca deseaba permanecer en Madrid para estar al fren-
te de una gran conspiracion en sentido anticonstitucional,
tomaron las Córtes una resolucionextrema, cual lo fué
nombrar una comision de su seno compuesta de nueve in-
dividuos, seis de ellos médicos, para que, prévio un reco-
nocimiento de S. M., informase á la asamblea de la verdad
que hubiera en la escusa alegada para no emprender el
. .


vIaJe.
La diputacion cumplió su cometido, y dió cuenta á las


Córtes, reunidas en sesion permanente, de que la salud del
rey en nada podia alterarse por efectuar el viaje á Sevilla.


---Así pues, resol vieron las Córtes que aquel se verificara,
y á las 0ho de la mañana del día veinte, salió Fernando VII
de Madrid, de buena ó de mala gana, pues aun no se atre~
vía á chocar abiertamente con los liberales de España.


A esta traslacion del gobierno y del monarca contribu-
yó primero que todos el general Riego, y aun cuando es-
tando Fernando en Sevilla nombró á D. Rafael segundo
jefe del ejército que mandaba Ballesteros, es muy probable
que el rey no olvidara la conducta observada en este pun-




NACIO~";AL 261


to por el hombre de la isla de Leon, conducta que tan terri-·
blemante se le hizo espiar poco tiempo despues.


A todo esto continuaba la guerra sostenida por los fran-
ceses, los cuales en breve llegaron hasta Madrid y se dis-
pusieron á salir contra el gobierno de Sevilla.


Respecto á las intenciones que llevaban los invasores
y á la idea política que representaban, no hay que dudar
gran cosa, pues á su paso, unánimes eran los gritos de las
turbas victoreando al aosolutismo y á la inq'llisicion.


y preguntamos nosotros ¿ quién habia llamado á ese
ejército extranjero'? ¿acaso España no habia restablecido
~ibremente la Conbtitucion'? ¿acáso el rey no la habia ju-
rado, asegurando en pleno parlamento que estaba decidi-
do á marchar el primero por la nueva senda constitucional?


Si el rey de Francia temia que las ideas de libertad
traspasaran el Pirineo, en hora b~ena tomára en su casa
todas las medidas que creyera oportunas para garantir la
seguridad del principio político que tenia la desgracia de
representar; pero esto no le autorizaba nunca para matar en
un reino amigo la libertad de que este era partidario desde
m:uchos siglos, antes que la raza del rey de Francia em-
pezase reinar en aquella nacíon.


Matar un principio en un pueblo sobre el cual no se
tiene derecho alguno, era un renuncio solemne del monar-
ca francés que de hecho y ante la España se colocó en la
misma, poco envidiable posicion deN apoleon Bonaparte al
invadir traidoramente nuestra península.


A la noticia de q ne las tropas francesas se dirigian so-
bre Sevilla, las Córtes obraron con gran prudencia mani-
festando la necesidad de que el gobierno se trasladára á
Cádiz ; á Cádiz, cuna de la Cünstitucion del año 12 ; á Cá-




258 LA. SOBERANIA


las hostilidades, dividido en cinco cuerpos, mandados, el
primero, por el mariscal duque de Riego, el segundo por el
teniente general conde de Molitor, el tercero por el tenien-
te general príncipe de Hohenloc, el cuarto por el mariscal
Moncey, y el quinto por el tentente general conde de Bou-
defulle.


No por esto desmayó el aliento de los constitucionales:
'en España se sabia de sobra lo que era 1 uchar con los fran·
ceses, y lo que es mas, sabian lo que era vencerlos; y to-
mando una de esas resoluciones supremas que salvan á las
naciones en los momentos de mayor peligro, se comprome-
tieron los constitucionales, á luchar por su causa, para que
nunca se dijera que el hierro de los estranjeros era bastan-
te á encadenar una nacion, que durante siete siglos habia
luchado encarnizadamente para sacudir el yugo que la
impusiera un pueblo estraño.


La situacion del monarca era cada dia mas crítica: na-
die ignoraba que Fernando VII era poco adicto á la causa
constitucional, y que si en una ocasion solemne habia di-
cho que marcl¿a1'ia el primero por la nueva senda en, que Es-
paña voluntarz·amente habia entrado, su verdadero ánimo era
muy distinto por cierto.


De esta verdad respondian ante la Europa todos los actos
dol rey; sin conocimiento de los ministros procedia al nom-
bramiento de altos funcionarios: frecuentemente se descu-
bria que sus allegados mas adictos, eran los primeros en
conspirar contra la ley del estado; y su cuerpo favorito, los
guardias de la real persona, llamados de Corps, habian
acuchillado una vez al pueblo por haber este tenido la au-
dacia de victorear á la Constitucion á pocos pasos del pa·
lacio de S. M.




NACIO~AL.


El descontento natural que todos estos actos debían pro-
ducir, aumentó tan pronto como se hicieron públicas las
intenciones de Francia, y circulando la voz de que el so-
berano del vecino reino amoldaba su conducta á los deseos
del español, á quien se suponía el primer conspirador con-
tra la libertad, aumentó la efervescencia popular; y el diez
y nueve de febrero, día en qne se cerraron las Córtes del
año 22, hubo un motin en Madrid, con pretesto de que
Fernando VII había destituido el ministerio, y por primera
vez durante aquel período revolucionario, se oyeron los
gritos de ¡muera el rey! ¡muera el tirano!


Quizás aquel dia corrió peligro la seguridad de algun
alto personaje, la del rey mismo tal vez; pero los gefes del
partido constitucional, secundados por la milicia nacional
de :Madrid, contuvieron á los amotinados y evitaron proba-
blemente un crímen desconocido en la gloriosa historia de
nuestra patria.


Fácilmente se comprenderá sin embargo, que despues
de la invasion francesa, rotas las hostilidades entre los dos
partidos que se disputaban el triunfo, y conspirándose pú-
blicamente en Madrid y en varios otros puntos de España


. por los absolutistas, que, gracias á Francia, contaban con
un ejército mas numeroso que los constitucionales, era su-
mamente dificultoso impedir que el descontento público no
estallára un dia ú otro de una manera terrible y deplorable
para todos los hombres enemigos de la violencia y de es-
cenas de sangrientas represálias.


Ante estas conBideraciones, que pesaron no poco en
el ánimo de los gefes de aquella situacion, decidióse
que el gobierno se trasladára á la capital de Andalu-
cia, á donde iria tambien el monarca, á fin de evitar que


TOMO J.




260 LA. BOTIERAN lA.


los enemigos de la causa constitucional comprometieran
al rey.


Pero las Córtes :co consultaron en este punto la volun-
tad del soberano, y el dia 12 de marzo amenazó un nuevo
conflicto á consecuencia de la lectura de una comunica-
cion del ministro de Gracia y Justicia, acompañando una
certificacion de siete médicos, cinco de los cuales opinaban
que la salud dell'ey no le permitia emprender el viage sin
riesgo de su vida.


Mala opinion formaron los diputados de esta escusa de
Fernando VII, y cundiendo rápidamente la voz de que el
monarca deseaba permanecer en :Madrid para estar al fren-
te de una gran conspiracion en sentido anticonstitucional,
tomaron las Córtes una resolucion extrema, cual lo fué
nombrar una comision de su seno compuesta de nueve in·
dividuos, seis de ellos médicos, para que~ prévio un reco-
nocimiento de S. M., informase á la asamblea de la verdad
que hubiera en la escusa alegada para no emprender el
VIaJe.


La diputacion cumplió su cometido, y dió cuenta á las
C6rtes, reunidas en sesion permanente, de que la salud del
rey en nada podia alterarse por efectuar el viaje á Sevilla.


----Así pues , resolvieron las Córtes que aquel se verificara,
y á las 0ho de la mañana del dia veinte, salió Fernando VII
de Madrid, de buena ó de mala gana, pues aun no se atre·
vía á chocar abiertamente con los liberales de España.


A esta traslacion del gobierno y del monarca contribu-
yó primero que todos el general Riego, y aun cuando es-
tando Fernando en Sevilla nombró á D. Rafael segundo
jefe del ejército que· mandaba Ballesteros, es muy probable
que el rey no olvidara la conducta observada en este pun-




NACIO~AL 261
to por el hombre de la isla de Leon, conducta que tan terri-,
blemente se le hizo espiar poco tiempo despues.


A todo esto continuaba la guerra sostenida por los fran-
ceses, los cuales en breve llegaron hasta Madrid y se dis-
pusieron á salir contra el gobierno de Sevilla.


Respecto á las intenciones que llevaban los invasores
y á la idea política que representaban, no hay que dudar
gran cosa, pues á su paso, unánimes eran los gritos de las
turbas victoreando al absolutismo y á la inq~lisicion.


y preguntamos nosotros ¿ quién habia llamado á ese
ejército extranjero'? ¿acaso España no habia restablecido
~ibremente la Con¡,titucion'? ¿acáso el rey no la habia ju-
rado, asegurando en pleno parlamento que estaba decidi-
do á marchar el primero por la nueva senda constitucional '?


Si el rey de Francia temia que las ideas de libertad
p


traspa~aran el Pirineo, en hora buena tomára en su casa
todas las medidas que creyera oportunas para garantir la
seguridad del principio político que tenia la desgracia de
representar; pero esto no le autorizaba nunca para matar en
un reino amigo la libertad de que este era partidario desde
muchos siglos, antes que la raza del rey de Francia em-
pezase reinar en aquella nacion.


Matar '\In principio en un pueblo sobre el cual no se
tiene derecho alguno, era un renuncio solemne del monar-
ca francés que de hecho y ante la España se colocó en la
mism~ poco envidiable posicion de Napoleon Bonaparte al
invadir traidoramente nuestra península.


A la noticia de q ne las tropas francesas se dirigian so-
bre Sevilla, las Córtes obraroll con gran prudencia mani-
festando la necesidad de que el gobierno se trasladára á
Cádiz ; á Cádiz, cuna de la Cc-nstitucion del año 12 ; á Cá-




262 LA SOBERANIA
diz, que ya otra vez habia sido baluarte de la libertad es-
pañola contra el despotismo de los franceses.


Mas ya al punto en que se hallaban los negocios de la
guerra, Fernando VII se creia en el caso de poder oponer
una resistencia mayor que otras veces á la voluntad del
partido constitucional.


Los defensores del absolutismo, á que tan aficionado
era el traidor é ingrato monarca, cada dia ganaban mas
terreno en España, merced á la creacion de la fuerza en
principio de derecho; el ejército de Ballesteros no se ha-
llaba en disposicion de ofrecer gran resistencia po.,. causa
de los grandes descalabros que habia esperimentado: en
una palabra, la fortuna habia ya vuelto la espalda á los


'constitucionales y el rey opuso para trasladarse á Cádiz,
mucha mayor resistencia que habia opuesto para trasla-
darse á Sevilla.


El dia 11 de Junio, las Córtes llamaron á su seno al mi-
nisterio, interpelándole para que diera cuenta de las me-
didas que hubiese tomado á fin de garantir la seguridad
del rey y de la asamblea.


Contestó uno de los ministros, que si bien se habia
hecho presente al rey la necesidad de su traslacion á Cá-
diz, S.M. nada habia resuelto todavía.


Esta respuesta no podia tranquilizar á la asamblea, que
con harta razon creia inminente el peligro ; y á propuesta
del diputado Argüelles, acordó el Congreso quedar en se·
sion permanente hasta tanto que una comision de diputa-
dos daba cuenta de la reso]~cion definitiva del rey.


Nombrada la comision y presidente de esta el general
D. Cayetano Valdés, fué recibida por el monarca á las cin-
co de la tarde del propio día 11 de Junio, y á la media




NACIONAL. 263
hora regresó al seno de la asamblea para dar cuenta de su
cometido.


Se reducía este á que S. M. habia contestado con la
mayor enterez.a que «su conciencia y el a.mor que profesaba á
sus subditos no le permitian salir de Sevilla; q'ue como parti-
cular no tendria inconveniente en hacer este ó cualquier sacrifi-
cio; pero que como rey no se lo permitía su conciencia.»


-«Hice presente á S. M., añadíó el presidente de la
comision, que su conciencia estaba á salvo, pues que, aun-
que como hombre podia errar, como monarca constitucional
no tenia responsabilidad alguna ni otra conciencia que la
de sus consejeros constitucionales y de los representantes
de la nacíon, sobre quienes estribaba la salvacion de la
patria; y que si S. M. era gustoso de ello, podía oir sobre
este punto á cualquiera de los individuos de la diputacion
que me acompañaba.»


A pesar de las oportunas reflexiones que el general
Valdés habia dirigido al soberano, se limitó éste á contes-
tar:-l¿e da·clto.-Y volvió groseramente la espalda á la di-
putacion, sin añadir mas palabra. En consecuencia, la
diputacíon del Congreso ponia en conocimiento de sus
comitentes que el rey no tenia por conveniente su trasla-
cion de Sevilla á Cádiz.
Pue~e calcularse el efecto que esta respuesta produjo en


la Asamblea.
Hubo una escena acalorada en la cual tomaron parte


varios diputados, entre ellos el general Riego, y por últi-
mo, haciéndose Galiano eco de la opinion general de la
Asamblea, presentó la siguiente notabilísima proposi-
.


ClOn:


« Pido á las Córtes, en vista de la nega.tiva de S. M. á




264 LA ~OBERANIA
poner en salvo su real persona y familia de la in vasion
enemiga, se declare es llegado el caso de considerar á su
magestad en el de impedimento moral, señalado en el ar-
tículo 187 de la Constitucion, y que se nombre una regen ..
cia provisional, q ne para solo en el caso de la traslacion,
reuna las facultades del Poder ejecutivo.»


La proposicion del diputado Galiano fué votada acto
contínuo por las Córtes, y nombrados,~ regentes del reino
los Sres. Valdés, Ciscar y Vigodet, los cuales tomaron en~
seguida las disposiciones oportunas para la traslacion de
la real familia y del gobierno, segun así se verificó el dia
12 de junio, á las seis de la tarde.


Opuso el monarca resistencia, noticioso sin duda de
una conspiracion tramada para impedir su salida de Sevi-
lla, pero el Poder ejecutivo descubrió con tiempo el pro-
yecto y fueron reducidos á prision los jefes que debian po-
nerse al frente del movimiento. ...


Salió Fernando VII de Sevilla, escoltado conveniente ~
mente para su seguridad y la del órden público; y no hay
para qué decir, porque se comprende, si en el interior de
su corazon juró desquitarse con aquel partido, y sobre todo
con aquellos diputados causantes principales de la ir..terina
suspension de su autoridad.


Los enemigos de las Córtes del año 23 califican de aten-
tado contra la magestad soberana la medida propuesta por
Galiauoi ~e!o de esta medida habia una necesidad absoluta
en aquellos críticos momentos, y el espíritu de aquella
Asamblea, arrastrada á pesar suyo á un acto previsto en la
Constitucion del reino, se reflejó en la conducta observada
á la ins talacion del gobierno en Cádiz, pues uno de sus
primeros actos fué devolver á Fernando VII la. autoridad




NACIONAL. 265
soberana, de que solo estuvo desposeido durante cuatro
dias.


A todo esto habia en España dos gobiernos, pues el
generalísimo francés habia establecido en Madrid una re-
gencia que declaró reos de alta traicion á los votantes de
la suspension de Fernando VII, fulminando contra ellos la
pena de muerte. Y fué lo mas terrible que esa sentencia
odiosa é inj ustificada, dictada por una fuerza estranj era é
invasora, vino á ser cumplimentada con el tiempo por los
mismos españoles. ¡Vergüenza es decirlo!


Riego en tanto fué destinado por el gobierno á Málaga,
para ponerse al frente del ejército que mandaba el general
Zayas, en quien los liberales receJaban defeccion y no sin
fundamento, pues harto evidenció las miras que sobre
aquel ejército se habian tenido, el estado en que lo encon-
tró Riego.


Por de pronto, el nuevo general redujo á prision al an-
tiguo, y en union de varios otros oficiales, le embarcó en
una fragata anclada en aquel puerto.


Procuró enseguida reanimar el espíritu del soldado,
cubrir las muchísimas bajas de los batallones, estirpar el
hasta entonces impune delito de desercion, y luego hacer
que las tropas se acostumbraran á mirar al ejército francés
como turba de gente mercenaria, venida á España con la
sola idea de asesin~r la libertad que el pais habia recobrado
á costa de jigantescos esfuerzos. Despues que hubo conse·
guido ::.-ealizar en parte sus proyectos, fogueó á las tropas
en varias salidas que hizo para batir á las facciones de la
Sierra; pero impotente para reprimir á las huestes france-
sas, cuando estas atacaron á las de su mando, hubo de re-
plegarse sobre Velez·-Málaga tan pronto como supo que en




266 LA SOBERA-NIA
su persecucion habian salido fuer1es cuerpos estranjeros de
Granada.


Esto ocurria el dia 4 de setiembre, y por la noche, á su
llegada á Velez-Málaga, tuvo Riego el disgusto de saber
que un escuadron del Rey y cuatrocientos infantes, que
debian componer la retaguardia de su ejército, se habian
entregado cobardemente al enemigo.


Este contratiempo perjudicaba considerablemente los
planes del general, que ya tenia que comba tir á la vez
contra fuerzas diez veces mayores que las suyas y contra
la deÍeccion de sus propias tropas, seducidas por el mal
ejemplo de muchos generales que, sin escrúpulo alguno, se
hacian absolutistas ó constitucionales,.' segun así lo exigía
la ley de su conveniencia y de su ambiciono ¡Cuando los
de arriba dan este ejemplo, qué tiene de particalar que los
de abajo se miren en su espejo!


Harto preveia Riego todo lo que debia suceder, pero su
corazon no se prestaba á ninguna doblez política, y con los
pocos amigos que le restaban, resolvió hacer frente al fatal
destino que tan de cerca le amenazaba.


Sus operaciones hasta el dia 10 de setiembre, en que
tuvo lugar uno de los lances decisivos de aquella compa-
ñía, fueron las siguientes:


En la madrugada del 5 emprendió la marcha sobre Ner-
ja, y por la noche tuvo noticia de que una division fran-
cesa, fuerte de dos mil hombres, habia entrado en Almu-
ñecar.


En la madrugada del 6 salió decidido en busca d~l ene- '
migo, pero á media legua de Nerja cambió de direccion y
comenzó á ascender el elevado monte del Lucero en cuyas
escabrosidades sorprendió la noche á Riego, siendo talla




NACIONAL. 267
oscuridad que le rodeaba y tan inminente el peligro, en
razon á los muchos precipicios que bordeaban· el camino,
que fué preciso incendiar algunos pinal"es para procurarse
la indis,ensable luz; á pesar de lo cual, las dificultades de
aquella marcha fueron infinitas y se despeñaron algunos
caballos desde asombrosas alturas.


El dia 7 marchó la columna con direccion á Llena, y
por la tarde con direccion á ViII:!, N~Jeva.


El dia 8 se encamÍI¡ó Riego con los suyos hácia Monte'
frio, resolviendo dar á las tropas algun descanso, que bien-'
lo necesitaban.


El dia 9 por la mañana descubrió á poca distancia un
escuadron de lanceros franceses, y habiéndose aquel ade-
lantado á su pequeña columna para esplorar la situacion
del enemigo, cortóle este la retirada y el general hubo de
abrirse paso entre los franceses, sable e"!l mano, batiéndosA
en aquella ocasion como hombre de valor que desprecia la
vida por salvar esta vida misma.


N o bien escapado Riego á este peligro, continuó la mar-
cha sobre Montefrio, y á las 7 de la mañana del dia 10, á
media legua de aquel plleblo, tuvo el peor encuentro que
podia temer en aquellos momentos: el general Ballesteros
con su ejército estaba allí para cerrarle el paso.


No bien Riego tuvo noticia de aquel encuentro, se di-
rigió acto contínuo á las avanzaClas de Ballesteros y tan
inspirado se sintió en aquel momento que cow::iguió del
capitan de artiJ1ería D. Manuel Pezu


'
31a, un parte para el


general enemigo, cOIDlluicándole las in~enclones puramen
te patriótica') del hombre de la lsla de Leon; pero transcur-
ridas f!(IR horas sin que el capitan Pezuela volviera con la
contestaeion, se rompió el fuego entre la avullzada de Ba ..


rOMO l. i3




268 LA SOBE RANIA.
Besteros y la vanguardia de Riego; maS como el jefe que
mandaba esta última ordenase á sus soldados hacer fuego
al aire mejor que disparar sobre enemigos que eran espa-
ñoles y compañeros de armas, estos se sintieron conmovi-
dos con tal proceder y se pasaron á los de Riego, con uno
de sus oficiales al frente.


Esto sin embargo no impidió que Ball~steros tomara
posiciones y presental'a la batalla. Trabóse la lucha, y
cuando ya habia comenzado á derramarse sangre en uno y
otro campo, Ballesteros se dirigió solo con sus ayudantes al
de Riego y Riego salió al encuentro de Ballesteros. Enton-
ces tuvo lugar una de aquellas conferencias de que pende
á veces el destino de una nacion. Ya reunidos los dos ge-
nerales se dirigió Riego á Ballesteros, hablándole en los
siguientes términos:


-¿Es posible que V. E. permita que las armas de la
patria se empleen contra los defensores del código que V. E.
Y su ejército tienen jurado? ¿Es posible que hermanos con-
tra hermanos derramen esa sangre preciosa que toda vía
puede salvar á esta nacíon desventurada? La de mis solda-
dos ha sido vertida por los de V. E.; uno de mis ayudantes
ha sido víctima de su arrojo y bizarría, y cuando mis tro-
P:l,S se presentaban como amigos á sus hermanos de armas,
han sido recibidas á balazos. Me cuesta mucho creer que
V. E. haya dado semejante órden, que V. E. permita tales
asesinatos, porque asesinatos son en efecto; que V. E. haya
transigido vergonzosamente con los enemigos de la nacion;
y si es cierto que V. E. haya hecho esa transaccioD, V. E.
no podia hacerla, ni como general, ni como patriota. Los
ejércitos son do la patria, y no de los generales que los
mandan. V. E. no estuvo, ni pudo estar autorizado por la




NACIONAL. 269


patria para transigir con sus mas inexorables enemigos.
¡Cómo pódria V. E. cohonestar semejante defeccion á los
ojos de España y á los de Europa entera que nos con-
templa!


- Yo no he traLsigido, respondió Ballesteros, trému-
lo y balbuciente; mis tropas son las que han querido se-
pararse del camino que su honor debiera haberlas tra-
zado.


-- No obstante, replicó Riego, si he de dar crédito á las
señales positivas que descubro en el ejército del mando de
v. E., es de esperar que no tarde el momento en que cor-
ramos unidos á salvar á esa cara patria del peligro que la
amenaza. V. E. como general esperto y acreditado, puede
toda vía esplotar á fa vor de España el resto de entusiasmo
que anima á sus tropas: tome V. E. el mando de ambos
ejércitos; yo me uniré á V. E. como ayudante, como mero
ordenanza, como el último de Jos soldados; y si V. E. con-
ceptua que mi presencia en el ejército puede ser causa de
disturbios, deme V. E. palabra de romper esa malhadada
transaccion y contento me volveré á las Córtes.


-Mi nombre, djjo Ballesteros, está comprometido ante
las naciones estranjeras: he firmado la transaccion y no
puedo dejar de cumplir mi palabra.


-Primero tenia V. E. comprometida su palabra y su
honor con la Constitucion, y este empeño era mas sagrado
que el otro: cumpla V. E. con él, y cumplirá con su honor
y con su patria. Y toda vez que dice V. E. que el ejército
ha sido quien se ha pronunciado por esa nefanda transac-
cion, tan pronto como ese mismo ejército vea que la tran-
saccion no le es conveniente, queda roto todo compromiso.


-No sé lo que sobre el particular opinará mi ejército,




270 LA SOBERANIA
pero desde este momento prometo á V. E. dar órden á mis
tropas anuncjándolas quedar libres de todo compromiso si
prefieren retirarse de las filas, caso de que su voluntad no
esté de acuerdo con la transaccion de que hemos ha-
blado.


No otra cosa pudo recabar Riego de Ballesteros, pero de
todos modos se suspendi6 la batalla y los dos ejércitos pe-
netraron juntos e:c. Moniefrio. Alojadas las tropas, las del
primero de aquellos generales recibieron órden de evacuar
silenciosamente el pueblo al mando de su segundo jefe, y
la retirada se verificó con tanto disimulo, que, cuando Riego
fué advertido de ella y corrió á los cuarteles para contener
aquella nueva defeccion, ya encontró desiertos los aloja-
mientos. Entonces, sin consultar nada mas que al peligro
de la patria y en uno de aquellos arranques que tan freo
cuentes eran en aquel ilustre patricio, montó á caballo, y
0010 y á todo escape tomó el camino que habia seguido el
ejército de Ballesteros. Echáronse sus ayudantes detrás de
él y consiguieron alcanzarle y disuadirle de sus proyectos,
haciéndole presente el peligro en que se veria la causa
constitucional si el segundo jefe del ejército de Ballesteros
retenia á Riego en su poder, en rehenes de lo que pudiera
acontecer al otro general. Comprendiólo así Riego, y re-
gresando á Montefrio puso en arresto á Ballesteros, aunque
hubo de levantárselo pocos dias despues, convencido fle que
le seria imposible sostenerse en dicho punto.


Pocas esperanzas de libertar á la patria restábanle al
caudillo de la isla de Leon: el ejército de Ballesteros, cuyo
entusiasmo habia resucitado por un momento, acababa de
dar una prueba de sus pocas simpatías por la causa cons-
~itucional. El jefe de esta causa siguió el carrlÍno de Martos




NA.CIONAL. 271


á Jaen, y el dia 14 se encontró con una de las columnas
de facciosos apoyados por los franceses, que las seguian á
corta distancia.


El general Riego no podía rehu~ar el combate ni tam-
poco esperar un triunfo; pero sí podia pelear corno un va-
liente y morir con gloria, si era preciso; y esto se resolvió
á poner por obra. Presentó el combate, pero los facciosos
tuvieron el buen talento de no aceptarle hasta tanto que se
les uniese el grueso de la infantería francesa. Así lo com-
prendió Riego, y mandando romper el fuego de guerrillas,
destacó al batallon de Galicia para que desalojara á los ene-
migos del ventajoso punto en que se habian situado. Oon-
~;iguiéronlo los bravos soldados; pero en esta operacion
transcurrió un tiempo precioso, y llegando las fuerzas fran-
cesas, mucho mas numerosas y descansadas que las cons-
titucionales, atacaron al ejército liberal. La refriega no fué
larga pero sí terrible. Riego hubo de emprender la retira-
da, y en esta y en la accion perdió dos mil hombres, es de-
cir, se quedó sin ejéruito. Pero esta derrota, si tal puede
llamarse al vencimiento de los más sobre los menos, prue-
ba indudablemente el entusiasmo que reinaba en el ejér-
cito constitucional y la fé con que las tropas se batian al
mando del héroe de la isla de Leon. No retrocedid éste ante
el peligro, ni reusó encontrarse cara á cara con la muerte,
que nunca tal vez le pareció mas apetecible. Batiéndose
como el último de los soldados vino al suelo por la muerte
de su caballo, y allí sin duda le hubieran esterminado sus
enemigos á no ser porque el Lravo oficial D. Agustin La-
nuza se desmontó presuroso y con noble generosidad cedió
su corcel al geueral.


La retirada de Riego se verificó por la Manchuela, don-




272 LA SOBERANIA


de racionó á sus tropas en la noche del fatal 14, llegándo á
.Todar en la madrugada del 15.


Sin embargo, decidido estaba que ni una hora de de~­
canso debian esperimentar aquellos bravos hombres, pues
no bien habian detenido su marcha para proporcionarse al-
gun descanso, cuando fueron sorprendidos por la caba,llería
francesa.


Riego, con su estado mayor y trescientos infantes, tra-
tó de rechazar el ataque, pero inútilmente.


Pronto la dispersion fué completa, y convencido el ge-
nera] de que era imposible luchar por mas tiempo con tal
desventaja, ordenó á su ayudante de campo D. Joaquin Gar·
cía Segovia que reuniera á los fugitivos, en tanto él, con
el resto de sus ayudantes y oficiales, peloton de hombres
leales que todo lo sacrificaron para asociarse á la suerte de
su general, tomaba la cordillera de la izquierda con direc,
cion al pueblo de Arquillos.


Así lo hizo Riego, y como á media leg"J.a de la pobla .
cion entró á desayunarse en una casa de campo solitaria;
pero ni en ella encontró comestibles, ni tampoco podia
adela n tar un so lo paso por el mal estado del herraj e de los
caballos.


En este conflicto, aquel hombre, cuyo corazon leal no
le permitia so~pechar que bajo un esterior honrado cupie-
ra una alma negra y tra~dora, suplicó al ,dueño del cortijo
que se llegára al vecino pueblo en busca de lo que tanta
falta hacia á los fugitivos, un poco de alimento para no
morirse de hambre y los medios para continuar una re ti .
rada que harto sensible se les estaba haciendo.


Partió en efecto el dueño de la casa, y volvió provisto
de lo necesario para satisfacer las necesidades de su ilus-





~AClONAL. 273


tre huésped; Riego apenas pudo probar algunos bocados,
coal si previera que aquel era. el último alLlluerzo que en
libertad debia hacer.


Dominábale por completo el pensamientQ de la suerte
futura 'que cabria á su amada España, y el pesar que'sen-
tia su corazon embargaba sus sentidos.


Aquella patria cara, á la cual habia sacrificado su re-
poso, por una libertld que habia suspirado tantos años,
iba á verse en vuelta otra vez en los horrores de la anar·
quía; otra vez iba á ser aherrojada por los satélites del ab .,
solutismo.


Riego debió llorar lágrimas bien amargas al sondear
aquel nuevo porvenir entre cuyos densos vapores vis-
lumbraba tal tez algo parecido á un cadalso afrentoso.


Embargado por estos pensamientos no se apercibió sin
duda de un rumor que por el campo se dej ó oir; pero su
desilnsion debió ser horrible, cuando de repente se vió
preso en las redes de la traicion mas negra. El dueño del
cortijo, infiel á las santas leyes de la hospitalidad, puso
una carabina al pecho del general, intimándole que se rin-
diera; acto continuo penetraron en la sala unos ve1nte
hombres armados, prorrumpiendo en voces de prision y de
muerte.


El dueño del cortijo habia dado parte de la llegada del
gene~al á los vecinos de Arquillos, y estos corrieron á apo-
derarse de la persona del q ne habia cometido el exclusivo
delito de querer liLertar á un pueblo, que en aquel enton-
ces renegaua de su glorioso pasado.


Escrüo está que nunca á los redentores ha de faltarles un
Judas.


Riego no trató siquiera de oponer resistencia: en aque-




274 LA SOBER:\ NÍA.
lla lucha no cabía esperanza de triunfo, ni gloria en la
derrota; por lo tanto se entregó en manos de sus aprehen-
sores, que tanto equiva1ia ponerse á merced del verdugo.


Antes empero de seguir á nuestro héroe hasta el fin de
su azarosa vida, veamos en que vino á parar el descala-
brado ejército del insigne libertador.


El ayudante encargado de recoger á los fl:1gitivos con-
sigui'Ó reunir á unos dociento~ de aquellos, y en su cami-
.no hasta Cazorla, se aumenM la columna hasta reunir una
fuerza de quinientos infantes y veinticinco caballos, cuyo
mando tomó el coronel D. Ignacio María Aguirre, nom-
brando geje de estado mayor á D. Tomás Yarto.


De esta suerte caminó aquel puñado de valientes á tra-
vés de un pais enemigo, luchándo con el ejército francés y
con las facciones que incesantemente se oponian á su
paso.


Ante la inminencia de aquel peligro, ante la cuasi se-
guriJad de la muerte, conEultaron los gejes á las t.ropas,
si esfaban en voluntad de seguir adelante en su azaroso
empeño, ó bien si por lo contrario preferian dispersarse
evitándo el peligro de un encuentro, pero los soldados,
aleccionados con el ejemplo de su antigLo general, respou"
dieron á una, que en defensa de las banderas Constitucio-
nales se ba tirian un dia y otro, y morirlan cuando otra co-
sa no pudieran hacer.


Formada tal resolucion, llegj la columna. á las Hanuras
de A viles, y allí se ti ñió el s ael0 con sangre de los es pa
ñoles, en lucha desigual, peleando de un lado él número,
de otro la desesperacion, en entrambos el en~arnizamiento.


Era el dia ~ 9 de setiem bre, dia terrible en los fastos de
la libertad española, pues en él murieron ó fueron hechos




275
prisioneros los últimos campeones que por aquella empu ..
ñaban sus armas.


Las bayonetas francesas se hundieron nuevamente en
el cuerpo de los Constitucionales, y estos vendieron caras
sus vidas mientras quedó á los soldados un solo cartucho
que quemar, un pedazo de espada que romper ..


Al cabo de cincuenta años trascurridos sobre aquel
dia aciago, la España recuerda con orgullo aquellos héroes,
y quiero dejar consignados los nombres que de ellos nos
restan, para que sirvan de estímulo á los españoles que ca-
minan sobre las huellas de aquellos bravos.


La posteridad nunca es ingrata con los héroes; jamás
se han dejado de erigir, tarde ó temprano, altares á los ver-
daderos mártires.


Relacion nominal de los señores gefes y ofic:iales que se ha-
llaron prisioneros de guerra en el convento de la Merced de Lor·
ca:-D. Ignacio :María Aguirre, coronel.-Tomás Yarto,
teniente coronel, segundo ayudante general.-Pantaleon
Yerro, id. teniente coronel.-Manuel Castro, capitan.-
Francisco Mola, teníente.-José Pumarejo, capitan 'de Ma-
rina. ,_. Joaquín García de Segovia, id. de caballería regi.
miento 8. o de línea,-Santos Cremona, comandante.-
Mariano Gonzalez, capitan de cazadores.-Juan Santos,
teniente. --- Felipe Gomez,. id. --, Juan Bautista Groch, id.
ayudante. --Juan Casanova, id. agregado.-Agustin José
Rada, ayudante. -Fernando Llamas, subteniente.-Joa~
quin Ruiz, id. --- Manuel Laserna., id.-- Pedro Marcos San··
chez, id.-José 0011, id.-Pedro OarpL capitan.--Antonio
Lacerda, id.-Casiano Arroyo, id.-Estevan Reyz, id. ayu-
dante.-Segundo Prado, teniente.-Jaime Moneada, te-
niante.-Mariano Guardiola, id.-TeJmo del Villar, id.-


lOMO l.




276 LA í::iOBERA.NIA
Francisco Perez, id.-Juan del Villar, id.-José Noriega
Guerra, subteniente. - Francisco Tomarid, capitan. -José
Maria Sorazaba, id.-Juan Caballero, id.-Antonio Panca-
biea, id.-Martin Carreño, teniente.-Fulgencio Fernan~
dez, id.-Manuel Baltasar, id. ayudante.-Francisco Bar-
reda, subteniente.-Manuel Suarez, id.-Francisco Gradoli
id. --Rafael Amad, id.-Ignacio Legarsegui, teniente.-
Estevan Orox, id.-Manuel Clemente, id.--An.tonio Jole,
subteniente. --Antonio Porta, capitan.-Francisco Velasco,


. teniente.-Benito Cavajal, id.-Andrés Puig, subteniente.
- Francisco Corrales, id.-Alonso Barreno, id.-Manuel
Riber.o, capitan. - Ricardo Maestro, ayudante. - Juan La
Fé] teniente. - José Valentin, subteniente. -- Manuel Fello
Camus, coronel.-- Felipe Sanchez, teniente.-Francisco
Ason y Evia, id.-l\fanuel Suarez, subteniente.-Anselmo
Imurrigarro, primer comandante.-Vicente Sarlaguillas,
capitan. --Leon lriarte, id.-Pedro Balvés, id.--· José de
Montes, id ... Cárlos Ballina, id.-Cárlos Robador, primer
ayudante.-Rafael Delgado, teniente.-Fernando Portosa,
id.-Diego Corrigar, id.-Angel Mendio)a, id. -- Jorge
Amador, id.-Sehundo Amich, id.-Juan Perez, subte-
niente. - Ramon Martinez, id.-José Acevedo, id.-Miguel
Aguilar, id.-Tomás Gibert, id.-Cárlos Ralor, id.-Este-
van Rebusí, id. -Juan Charriel, id.-Nicolás Esteras, id.
- Loren:lo Cabrera, comandante. - Francisco Maria Arro-
gia, capitan. --Agustin de Lanuza, teniente.-Manuel Gal-
.


ves, subteniente.-José Campuzano, id.-Francisco de
Paula Ramirez, ayudante del regimiento. -.. José Altimira,
subteniente.-José Blanco, id.-Vicente Villar, capellan.
-Luis García, teniente. - Ramon Aceveredo, subteniente.
- Restituto Jauregui, id. -- Agustin Bada teniente ayudan-




NACIONAL. 277
te.-Leandro Martinez, capitan.-Juan Ruiz, oficial dé la
intendencia. ---Francisco Morido, teniente.-Gaspar Carde-
nas, subteniente. -Juan Antonio Peri, capellan. ,; i


En cuanto á los indivíduos de tropa, la patria recono-'
cida guarda su memoria en el panteon no menos glorioso,'
donde descansan los innumerables é incógnitos mártires
de la libertad.


Restablecido en España el gobierno absoluto, gracias á
la intervencion de los franceses, pudo Fernando VII entre-
garse sin rebozo á su pasion decidida por el mando despó-
tico, y para justificar en algun modo el cambio que iba á
introducir en el gobierno de la nacion, espidió desde el
puerto de Santa María un real decreto, cuyo preámbulo
era una condenacion terminante del movimiento liberal,
una apoteósis del absolutismo y de los absolutistas y un
ridículo tributo, satisfecho á Jas opresoras armas de los
franceses.


Este real decreto espedido por Fernando VII, contenja
el siguiente párrafo:


« 1. o Son nulos y de ningun valor todos los -actos del
gobierno llamado Constitucional (de cualquiera clase y-
condicion que sean) que ha dominado á mis p'leblos desde
el 7 de marzo de 1820, hasta hoy día l. o de octubre de 1823,
declarando como declaro que en toda esta época he careci ....
do de libertad, obligado á sancionar las leyes y espedif las
órdenes, decretos y reglamentos que, contra mi voluntad;
se dictaban yespedian por el mismo gobierno.


Apruebo todo cuanto se ha decretado y ordenad.o por la
junta provisional del gobierno, y por la regencia del reino,
creadas) aquellas en Oyarzum, el dia 9 de abril, y esta 'en
Madrid el dia 26 de mayo del presente año, entendiéndose




218 LA SOBERANIA


interinamente, hasta tanto que, instruido competentemen-
te de las necesidades de mis pueblos, pueda dar las leyes y
dictar las providencias mas oportunas para causar su verda-
dera felicidad y prospe,ridad, objeto constante de todos mis
deseos.


Tendréislo entendido y lo comunicareis á todos los mi-
nistros.


Puerto de Santa María 1.0 de octubre de 1823.
Rubricado de la real mano.
A D. Víctor Saez. »
Preciso es confesar que así los absolutistas como el pri-


mero de ellos, Fernando VII, apreciaban muy poco el deco-
\


ro de la monarquía, cuando así se prestaban á suscribir un
documento que la posteridad apreciará como la mas gran-
de palinodia que puede haber cantado un soberano.


Antes que firmar este escrito debió el rey haber tenido
presente que no era dueño de haber puesto en ridículo á la
monarquía, y los hombres que de monárquicos blasonaban,
no debieron haber olvidado que los pueblos aprecian tanto
mas y respectan las instituciones, en cuanto los encarga-
dos de representarlas velan con mayor interés por su pres-
tigio.


Esto es lo q ne no tuvieron presente ó quisieron olvidar
los consejeros de Fernando VII; pero -la cuestion estaba re-
ducida á entronizar el gobierno absoluto, y al decreto de
1. o de octubre siguió en breve otra real órden, dictada á
consecuencia de haber hecho creer al rey que su vida peli-
graba durante el viaje á Madrid, si no alejaba del camino
que S. M. debia recorrer á las personas tachadas de libe-
rales.


Creyera 6 no Fernando VII en la existencia de aq nel pe-




NACIONAL. 279
ligro, apresurándonos á hacer constar que nosotros opina-
mos por la negativa; ello es que antes de emprender el via-
je, se espidió la siguiente indigna disposicion:


«El rey nuestro señor quiere) que duraIJte su viaje á la
cóL'te, no se encuentre á cinco leguas en contorno de su
tránsito ningun indivíduo que durante el sistema Consti-
tucional haya sido diputado á Córtes en las dos últimas le-
gislaturas, ni tampoco los secretarios del despacho, conse-
jeros de estado, vocales del supremo tribunal de justicia,
comandantes generales, jefes políticos, oficiales de las se-
cretarías del despacho, jefes y oficiales de la estinguida
milicia nacional voluntaria, prohibiéndoles par'a sie'mpre la
entrada en la córte y sitios reales, al radio de quince le-
guas.


Esta soberana determinacion, esta voluntad de S. M. no
sea comprensiva para aquellos individuos, que despues de
la entrada del ejército aliado hayan obtenido por la junta
provisional ó la regencia del reino un nuevo nombramiento
óreposicion en el que tenian por S. M. antes del 7 de mar·
zo de 1820; pero unos y otros con la precisa condicion de
encontrarse ya purificados.»


Imposible parece que en un pueblo c.ulto se fulmine un
decreto de esta naturaleza y contra unos hombres cuyo
único delito consistia en haber elevado sus pensamientos á
la altura de la dignidad de un pueblo qUé hacia muchos
años habia sacudido el yugo del feudalismo.


y no fué lo peor que el decreto se promulgara, sino que
se cumplimentase con tal rigor, que hasta fué arrojado de
Sevilla el general Za.yas, el valiente militar que el dia 7 de
julio habia espue8to su vida en palacio por salvar la del rey
y los cortesanos, despues que derrotados los guardias cau-




280 LA SOBERANÍA
santes del enojo popular, creyeron los absolutistas llegada
la hora de su esterminio.


Los dos decretos que en parte hemos transcrito, son bas-
tantes para demostrar la nueva via porque entraba el go-
bierno de España y las pocas esperanzas que podrian res-
tarles á los Constitucionales de buena fé, que no 'quisieran
pasar por una innoble apostasía mal disimulada con el
nombre de purificacion.


En tales circunstancias llegó Riego á !vladrid, atado co-
mo un malhechor, despues que hubo estado preso por los
franceses en la cárcel de la Carolina, desde la cual fué en-
tregado á las autoridades españolas de órden del duque de
Angulema, que con tal accion puso el sello á la conducta
observada por la Francia.


Semejante mancha empañará eternamente el escudo de
aquel militar; que no merece ser llamado valiente, ni sol-
dado, el general que se venga de un noble enemigo entre-
gándole á los verdugos que no tenian derecho á reclama··
cion alguna.


Los paisanos que habia~ verificado la prision de Riego,
. entregáronle voluntariamente á las tropas francesas, de


que era generalísimo el duque de Angulema: éste se ha-
llaba en su derecho reteniendo á Riego como prisionero de
guerra, y si tanto se nos apura, si se quiere erigir en prin-
cipio que en la carrera de las armas no caben la clemencia
ni la magnanimidad, diremos que el duque de Angulema
estaba facultado para disponer á todo trance de la "ida de
su prisionero, enemigo que babia sido aprehendido despues
de una batalla y sin garantía de gracia alguna.


Pero lo que la hidalguía, el valor, la civilizacion, no
pueden perdonar al duque de Angulema, por mas duque y




~ÁCIONA.L. 281
príncipe y francés que sea, es que no atreviéndose á dictar
por sí mismo la sentencia de Riego, no siendo bastante ge- .
neroso para perdonarle, ni bastante valiente para darle
muerte, hiciera de él entrega al gobierno español, no pu-
diéndole caber la mas mínima duda acerca del destino que
de tal suerte le cabria á la infeliz víctima.


Cuando el duque de Angulema regresó á Francia, hasta
arrepentido del éxito de su espedicion, pues pronto se hubo
de convencer de que el agradecimiento no era la virtud que
mas resplandecia eIllos absolutistas, y mucho menos en su
Rey, ninguno en la córte ni en el pueblo le pidió cuenta
de la conducta que habia observado con Riego.


Verdad es que la Francia, patria de adalides:1 cumpli-
dos, como Bayardo el caballero sin tacita, lo ha sido tambien
de capitanes como Duguesclin, el villano por escelencia.


Riego llegó á Madrid el dia 2 de octubre y fué encerra-
do en uno de los calabozos del Colegio de nobles.


En vano su esposa y su hermano, respetable eclesiásti-
co, intercedieron por él con los ptimeros hombres de la si-
tuacion; en vano escribieron hasta á Lóndres, tratando de
hacer interesar á favor de la víctima á algunos elevados
personajes que por sus opiniones debian simpatizar con el
ilustre prisionero.


Así los españoles como los ingleses, le abandonaron por
completo á su suerte: á los tres años de recorrer incesan-
temente la gloriosa senda de los triunfos y los honores, es-
taba escrito que recorrería á su vez el ensangrentado ca-
mino del ignominioso cadalso.


A solas en la oscuridad de su prision, insultado por sus
carceleros, atacado por una cruel enfermedad nerviosa,
abandonado por el mundo entero, y abatido, mas aun que




28.'Z L .... SOBEB.ANIA.
por todo, por la idea que la misma mano que le postraba á
él postraba á la patria; muchas veces el general Riego de-
bió volver los ojos á aquellos hermosos dias de su vida en
que el pueblo se electrizaba simplemente con pronunciar
su nombre, símbolo de una nueva era de libertad y de dig-
nidad que él habia tenido la envidiable suerte' de inau·,
gurar.


Entonces, por fuerza debió pensar en la inconsecuen-
cia de los pueblos y para sí debió temer que el peor azote
de una nacion es la ignorancia y la frivolidad de sus
hijos.


Uno de los principales cargos que entonces hicieron á
Riego fué haber solicitado el ausilio de los estranjeros para.
empeñar y prolongar una guerra, que al decir de los abso-
lutistas, los franceses habian venido á terminar.


A nadie por aquel entonces se le ocurrió decir que aq ue-
lla guerra hubiera dej:].do aun de tener comienzo, si en mal
hora los retrógrados no hubieran sublevado á los incautos
de España contra una constitucion qU3 el pueblo se habia
impuesto y el rey jurado solemnemente; y que aquella
guerra hubiera terminado tambien mucho antes, si los
franceses no hubieran intervenido en ella, cuando por na-
die legítimamente habian sido llamados.


A pesar de todo, veamos en qué se fundaba la acusacion
dirigida contra Riego. En una ca.rta, en un escrito del ma-
logrado general á Sir Roberto Wilson, implorando de los
ingleses un ausilio de dinero y municiones para proseguir
la. campaña; solicitud que el defensor de las libertades es-
pañolas tenia poderosos moti vos para hacer, sin que por
esto su memoria se empañe con el feo borron de estranje-
risillo, que sus enemigos han arrojado sobre la brillante y




NACIONAL. 283
sangrienta historia de aquel adalid. Antes empero conoz-
"camos la carta.


Decia así:
«Ilustre patriota, mi compañero de armas y amigo: La


situacion deplorable á que ha reducido á mi pais la inva-
sion estrangera, me obliga á dirigirlLle á vos para reclamar
vuestro ardor patriótico en favor de los bravos que pelean
á mis órdenes. Las circunstancias y los acontecimientos
desgraciados que han sobrevenido á esta fraccion de la pe-
nínsula, me han colocado en una posicion muy crítica, y
yo imploro los sufragios de los hombres libres y generosos,
para que pueda ser mas útil á mi patria y á la sagrada
causa de la independencia de España. Bajo este concepto os
dirijo esta carta, rogándoos que empleeis toda vuestra in-
fluencia sobre vuestros compatriotas, á fin de que pqedan'
enviar á la mayor brevedad posible todos los fondos y mu-
niciones, que sus generosos esfuerzos me puedan procurar,
para socorro de mi ejército, completamente exausto de
medios de subsistencia: y vivid seguro, en pago de los be-
neficios señalados que aguardo de vos y de vuestros ge-
nerosos compatriotas, de mi reconocimiento yel de mi
patria.


Rafael del Riego.»


Digamos ¿qué pensamiento criminal, qué plan traidor,
qué v,enta infame al estranjero encierra esta carta, que al-
gunos han echado en cara á Riego, precisamente al tiempo
mismo que con aplauso de los detractores de aquel gene-
ral, el duque de Angulema habia penetrado en España al
frente de cien mil hombres de armas franceses?


El paladin constitucional pudo dirigirse á los ingleses,
TOMO J.




284 LA SOBERANlA
en primer lugar, porque Inglaterra, con buenas ó malas ra-
zones, hace muchos años que venia representando el pape}
de protectora de la libertad y de los oprimidús pueblos; y
en segundo lugar, porque defendiendo Riego la Constitu-
cion del año 12, era muy natural que llamara en su apoyo·
á aquella nacion que tanto habia contribuido á la procla-
macion del célebre códjgo, cuando España se hallaba
empeñada en lucha horrible y gigantesca contra las hues ...
tes del invasor Napoleon I.


Por segunda vez los franceses venian á destruir la li-
bertad españolao ¿Tenia algo de particular que Riego im-
petrase por segunda vez el apoyo de aquella nacion que
tantos servicios habia prestado la primera'?


Desgraciadamente, el gobierno inglés distó mucho de
portarse el año 23 como el año 12; el duque de Angulema
no hubo de temer los golpes de la espada de otro 'Velling.
tono Seamos francos, Inglaterra se portó poco generosa-
mente con el hombre de la isla de Leon, pues no solo se
desentendió de sus súplicas, sino que ninguna gestion
practicó, ni con el gobierno francés ni con el español, para
salvar la vida al desgraciado que de tan buena fé se habia
lanzado á defender aquel principio que la soberbia Albion
se glorÍa de personificar.


Era llegado por fin el dia del juicio de Rafael del Riego:
sus enemigos iban á vengarse, humillando aquella cabeza
orlada de tan inmarcesibles laureles o


Era el día 3 de nomoemore del afio 1823, dia de luto en los
anales judiciarios de España.


Riego enfermo y abatido, mas aun por sus dolores que
por sus padecimientos físicos, fué sacado de su calabozo y
presentado ante sus jueceso ¿Quiénes fueron estos'?




NACIONAL. 285
Se ignora; pero es lo cierto que nunca aquel nombre.


:augusto estuvo peor aplicado.
¡Los hombres, reunidos con aquel motivo, no iban ájuz ..


gar; iban á condenar, iban á matar ... eran unos ase-
sinos!


Sus nombres nunca se han hecho públicos; el proceso
del general jamás ha sido hallado ¿qué mejor prueba de la
vergüenza que debia causar á los que en el intervinieron?


Es fácil que en épocas de mejor aspecto político, lo des-
truyesen aquellos mismos que le habian instruido.


Si así fUé, se habrá perdido un curioso documento his-
tórico, pero al menos no figurará en ninguno de aquellos
archivos españoles pertenecientes á la administracion de
una justicia vilipendiada? ~scarnecida en aquel proceso.


Sin embargo, se conserva y ha llegado hasta nosotros
la acusacion fiscal; sin duda porque no existia el mismo
interés en ocultar los cargos que se hacian contra Riego,
que en apartar la vista del público del juicio informal que
se celebró para dictar una sentencia de antemano pronun-
'ciada por sus jueces.


La acusacion estaba concebida en estos términos:
«Serenísimos señores: sí el magistrado á q uíen se ha


cometido el encargo de proceder contra el traido~ Riego, se
yiese en la precision de enumerar los crímenes y desafue-
ros que llenan la historia de su vida criminal, colmada Gon
el delito de alta traicion de que está acusado, no serian
bastantes muchos dias para referirlos todos.


)La comision impuesta á su ministerio, el poco tiempo
que el procurador general ha tenido á la vista las piezas
-del proceso, porque él no ha atendido sino á los intereses de la
'vindicta pública, no le permiten ser difuso en su esposicion;




286 LA SOBERANIA


es necesario que el mayor y mas atroz de todos los críme-
lles reciba pronto castigo.


»Además de estos motivos y atendido á que esta causa.
debe ser juzgada sin distincion, el magistrado que tomó á
su cargo este negocio se ve obligado á reducir su acusacion
y á concretarse solamente á uno de los numerosos crímenes
que se imputan al acusado: el crímen de alta trm·cion.


»Elleal pueblo español entero pide venganza de todos
los delitos que se han cometido en España durante la re-
volucion; la sociedad y el pueblo piden que Riego sea cas-
tigado como el mas culpable revolucionario, que despues
de haberse rebelado contra el gobierno legítimo de nues-
tros reyes, ha causado tantas desgracias á la generosa y
noble nadon española.


»El infame Riego, aprovechándose de la cobardía de los
soldados destinados á la pacificacion de América, olvidando
los deberes que le imponia la mision de que estaba encar-
gado, y proclamando una Constitucion que estaba abolida
por su soberano como destructora de sus sagradós derechos
y base de un gobierno anárquico, destructor de las leyes
fundamentales de la monarquía, de nuestras costumbres,
de nuestros hábitos, de nuestra santa religion; el infame
Riego es el autor de todos nuestros males; él es quien ha
hecho correr por las mejillas de un rey justo y magnánimo
las lágrimas que le arrancaron las desventuras de España;
él es el que ha menospreciado los mas santos deberes, el
que ha violado el juramento que habia prestado á las ban-
deras del rey su señor, en el momento en que entró en la
c~rrera honrosa de las armas; este Riego en fin, es el que,
no solo ha publicado la Constitucion, sino que poniéndose.;
al frente de una soldadesca desenfrenada, ha violado el ter-




NACIONAL. 287
ritorio español, obligando á sus habitantes, con la fuerza
de las armas, á participar de su traicion y de su perjurio;
ha destruido las a u toridades legí timamen te consti tuÍ<las y
reemplazádolas con otras constitucionales, compuestas de
facciosos y rebeldes, lo que les valiera el nombre de héroes
de las Cabezas; ha obligado al rey nuestro señor á aceptar
esa odiosa Constitucion, fuente de tantos males para Es-
paña.


»Desde entonces Riego no ha cesado de ser objeto del
escándalo de la Península, presentándose en las plazas pú-
blicas y en los balcones de todas las casas en que estaba
alojado, predicando la rebelion, haciendo triunfar el siste-
ma constitucional y autorizando los mayores crímenes, re-
sultado inevitable de una revolucion que ha colmado de
amargura y de ultrajes la persona augusta y sagrada de
S. M.


»Si vuestro fiscal, serenísimos señores, usando del de-
recho que confiere su ministerio, quisiese aglomerar los
cargos que se levantan contra el acusador, producirian una
série de crímenes de toda especie que han indignado de tal
suerte al pueblo español, que de todos lados de la Península
se ha levantado el grito de ¡muera el traidor Riego! mez-
cIado con el ardor de su celo con el de I1)i1)a el rey. absoluto!


»Sin duda, el motivo en que se funda la formacion de la
causa á Riego, impone á vuestro tiscalla obligacion de :fi-
jar especialmente su acusacion, sobre el horrible atentad(}
que este traidor ha cometido, como diput&.do de las preten-
didas Córtes, votando la traslacion del rey y de la familia
real á Cádiz; empleando la violencia y la amenaza contra la
resistencia de S. M. que rechazaba enérgicamente prestar-
se á semejantes medidas; y teniendo la audacia de despojar




288 LA SOBERA~IA
:al monarca, ya cautivo, de la autoridad efímera que le ha-
bia dejado la revoluciono


}) Mas si en la causa en cuestion no obran en nuestro
poder todos los documentos, todas las pruebas, que en cual-
quier otra causa menos grande son indispensables para
hacer una aplicacion justa y proporcional de las pepas á los
delitos, el delito está en la violencia empleada contra el
rey nuestro señor, para obligarle, á pesar de su resistencia
á su traslacion á la isla de Cádiz, crímen sin ejemplo en los
anales del pueblo español; está en la creacion de una re-
gencia, formada á consecuencia de una proposicion hecha
en las mismas C6rtes por el diputado Galiano, otro c6m-
plice de Riego, y todos estos actos de violencia y revolu-
cion constituyen evidentemente el crímen de lesa m3jestad
que nuestras leyes castigan con la pena de muerte y otras
penas infamantes prescritas en el título 2. 0 de la 7. R Parti-
da, acorde sobre este punto con la Novísima Recopilacion.


» Nosotros reconocemos como reo convicto de este hor-
rible atentado á don Rafael del Riego, uno de los diputados
que votaron en favor de la odiosa proposicion de Galiano.


»La prueba de su culpabilidad, no solo resulta de los in-
formes adquiridos en las córtes reales, audiencia de Sevilla
(cámara criminal) y corroborados por todos los periódicos
de esta época, que dieron una exacta y fiel relacion de la
funestajornada de 11 de junio, sino de las mismas confe-
siones del clllpable, confesiones que hacen brillar sobre to-
das las pruebas materiales que hemos recogido, la viva luz
de la evidencia.


»Por todas estas consideraciones, pues, el fiscal requiere
que el traidor don Rafael del Riego, acusado y convencido
del crímen de lesa majestad, sea condenado al último su-




NACIONAL. 289


plicio; que sus bienes sean confiscados para el comun, que
S~t cabeza quede espuesta en las Cabezas de San Juan, y que
su cuerpo sea dividido en cuatro pedazos, colocados uno en
Se'tilla, otro en la isla de Léon, otro en Málaga, 'V el último es-
puesto en esta capital y en los lugares acostumbrados, ¡JUes estas
cwd8.des han sido los principales puntos donde el traidor Rt·ego,
l~a escitado el fuego de la revolucion y manifestado su péJ'flda
conducta.


» Así lo requiere el fiscal por el interés de la vindicta
pública, cuya defensa se le confió, y en virtud de los dere·
chos q ne le están cometidos en calidad de taL»


Esta fué la acusacion fiscal, y por ella se ve claramente
que Riego no fué juzgado'y condenado como autor princi-
pal de la sublevacion ocurrida en las Cabezas de San Juan,
que no lo fué como caudillo armado de la libertad consti-
tucional, sino como votante de la proposicion que suspendió
de su autoridad al monarca.


Los absolutistas, no contentos con matar á un hombre)
condenaron á muerte á unas córtes eDteras.


Al general Riego no se le nombró patrono, ni tampoco
se le proporcionó medio alguno para su defensa.


Se le permitió, empero, que hablase ante el tribunal, y
el ilustre acusado lo hizo, limitándose á demostrar que, en
el mero hecho de haber sido entregado por los franceses á.
los españoles, se habian violado con él las mas santas leyes
de la guerra.


Nada mas quiso probar en su discurso, ni se esforzó
en defender una vida que de antemano le constaba haber
sido condenado á perder.


Todos, pues, se 'hallaban preparados para el sacrificio,
los sacrificadores y la víctima.




290 LA SOBERA~fA
No cogió, por tanto, de sorpresa á ninguno de los inte-


resados, ni tampoco á ninguno de los partidos, la sentencia
fulminada de esta manera:


«La segunda cámara de alcaldes de la Real Casa y Cór-
tes, ordenan lo siguiente: don Rafael del Riego está conde-
nado á la pena de horca: será por lo tanto conduc~do allu-
gar de la ejecucion, atravesando las calles mas públicas de
la capital; sus bienes serán confiscados para el tesoro real;
estando además condenado al pago de las costas del pro-
ceso.»


Consultóse con S. M. sobre el modo de llevar á ejecucion
la sentencia; y Fernando VII respondió que no quert'a inler-
'Venir en este aSlllnto, dejándolo toao á cargo ae la justicia ordi-
narta.


¡El corazon palpita y la sangre hierve al escuchar se~e­
jantes infames palabras!. ..


Sentenciado Rjego, fué puesto en capilla para ser ajus-
ticiado al tercer día.


El esforzado adalid de la causa cons~itucional, sufrió
'Con cristiana resignacion la suerta que le habia calJido: lo
que sin duda no podria sufrir con igual ca~ma, sería verse
a bandonado de todos sus amigos en aquel instan te su pre-
IDO, Y á merced de sus verdugos, que antes de quitarle la
vida, le llenaron de insultos, cebándose en su maniatado
antogonista.


El general fué bárbaramente cargado de cadenas, y
ningun respecto ni miramiento se tuvo con él; con él que á
fuerza del entusiasmo que habia producido con sus precla-
ros hechos, habia recorrido en el cQrto espacio de tres años
todos los escalones de la dignidad y de los bonores; con él
que pudo disponer de la suerte del rey y del reino, y que




NACIONAL. 291-
en épocas bien críticas habia conservado al primero para
el segundo yal segundo para el primero.


i Digna fué la recompensa del tirano! ...
Llegó por nn la maña del fatal dia 7 de noviembre: las


calles de Madrid presentaban un aspecto imponente: nume-
rosas patrullas las recorrian, y eran de ver, asustando á la
gente honrada, muchas turbas compuestas de lo mas soez
del pueblo bajo, que armados de cuchillos y pistolas, iba.n
profiriendo toda suerte de amenazas contra los liberales.


No bastaba matar á un hombre; era preciso matar una
causa, aniquilar una idea.


Afortunadamente no se inmola un principio tan noble
y fecundo, como se ahorca á uno de sus campeones.


Llegada la hora, vistieron al ilustre reo una túnica ú
, hopa blalJ.ca, y le sacaron de la cárcel fuertemente, es-
. coltado.


Faltaba, sin embargo, cometer un acto de ridícula fero-
cidad, uno de esos hechos que no se esplican porque re-
pugnan á la religion, á la justicia, á la humanidad y hasta
al decoro com un.


Este acto fué meter á Riego en un seron y conducirle
al lugar del suplicio tirado á rastras por un asno.


La civilizacion y la caridad se sublevan ante esta cir-
cunstancia; 'y no obstante, no fué la única de que han de-
bido ruborizarse los autores de aquella escena.


Compadecidos quizás de la triste posicion del general,
los hermanos 4e la paz y caridad pidieron permiso para le-
vantar el seron algunas pulgadas sobre el suelo, y de esta
suerte le acompañaron hasta la plazuela de la Cebada,
donde el gentío apenas dejaba paso al fúnebre acompaña-
miento.


TOMO r.




292 LA SOBERANIA.
En el centro de la plaza se habia levantado una horca


de inmensa altura.
Riego llegó tanquilo, sereno, como el que camina á la


muerte con la conciencia muy tranquila ... ¡Como el Reden-
tor del mundo llegaba al término de su Calvario!


El silencio rnas profundo reinaba en todos los c~rcuns­
tan tes: la tragedia tocaba á su término.


El verdugo se apoderó de la persona del reo, á quien
hubo que ayudar á subir la terrible escalera, no por falta
de valor moral, sino porque las piernas se le habian incha-
do con el peso de las caden~s que sus enemigos le habian
puesto desde el momento de su prision.


I


Así pue~e decirse que en todo fué tratado Riego peor
que el mas indigno y mas temible de los facinerosos, peor
que el mas degradado de los hombres.


De repente resonó entre las turbas un grito de ¡viva!
Riego habia dejado de existir, y algunos, miserables


victoreaban sin duda la esclavitud del pueblo, el yugo á
que buenamente se doblegaba. Aquel grito de ¡viva! pro-
ferido á la vista del cadáver oscilante del general Riego.
era el anatema, la voz de esterminio lanzada contra los
liberales todos de España.


Acto contínuo la cuchilla del verdugo hizo pedazos el
cadáver: nuestra nacíon habia retrogradado de repente al
orígen de los pueblos primitivos y por ella habían pasado,
sin producir efecto alguno favorable, diez Y ocho siglos de
ci vilizacion cristiana.


Aquella misma tarde, el cadáver ensangrentado del
general fué trasladado á la vecina iglesia por compasion y
8Gterrado de limosna ...




t,,:.I.·'O,:,,¡}
.,'t ! 1"


u.


conducido al patibulo.






NACIONAL. 2J3


Así vivió y así murió D. Rafael del Riego, el restaura-
dor di3 las libertades españolas.


Cincuenta años despues de su desastroso fin, aun el pue-
blo pronuncia su nombre con entusiasmo y lo pronunciará
eternamente. Hermoso y triste es á la vez el pr-ivilegio de
los mártires. Se les erije un altar por premio de la san-
.grienta ignorancia é ingratitud de los pueblos. El de Es-
paña en el año 23, sentimos tener que decirlo, no fué dig-
no de que entre él hubiera brillado un hombre como el
general D. Rafael del Riego.


Por esto algun tiempo despues, Dios le castigó, permi-
tiendo que le azotaran otros hombres como el general conde
de España, como Elío, como Calomarde, como el feroz Mo-
reno!. ..




CAPITULO XI.


Consecuencias de la muerte de Riego.-Persecuciones y horribles asesinatos
de los liberales.-Dicho célebre del monarca, que hace la verdadera apolo-
gía de su carácter sanguinario.-Un recuerdo á las ilustres víctimas sa-
crificadas á su saña.


1823 á 1825.


Si por la época en que ocurrió la desgracia de Riego el
gabinete de las Tullerías no habia pensado llevar la reac-
cion hasta el absolutismo, amargo desengaño debió sufrir
en el decreto de 1.° de octubre del año 23.


Conoceria entonces con cuál culpable imprevision habia
'14


procedido al prestar sus armas para derribar unas institu-
ciones' sin haber antes convenido en las que debian reem-
plazarlas.


La intervencion por sí sola podia parecer una falta
cuestionable; pero, sin objeto préviamente establecido, la
intervencion á la ventura, no puede mirarse sino como un
atentado contra la humanidad.




LA SOBERANIA ~ACIONAL. 295
Porque ella sigue su marcha; y no siendo la anarquía


un estado natural, duradero, entregar al azar la suerte de
una nacion es alterar sus leyes, es sustituir la nada al
pensamien to providencial.


Triste debió ser tambien el desencanto de los que ha-
bian con tanta indiscrecion confiado en que las lecciones
de la desgracia habrian enseñado á Fernando, y un régi-
men templado, aunque absoluto, sucederia á la Constitu-
cion democrática de 1812.


Angulema, al leer aquel documento y observar el es-
píritu de ódio y de venganza que respiraban todos los que
rodearon al rey desde que puso los piés en el puerto de Santa
María, al ver desestimados sus prudentes consejos y la es-
casa inflúencia que podria. ejercer la Francia en la situa-
cion que acababa de crear, partió precipitadamente sin
acompañar á Cádiz á sus tropas, sin detenerse en Sevilla,
sin aguardar al rey, próximo á emprender la marcha á la
capital, y hasta sin despedirse de él.


Tampoco en Madrid quiso esperarle, pues, por no ser
testigo del suplicio de Riego, á quien habia él entregado á
las autoridades españolas, se salió la víspera y regresó á
Fran.cia, de~lorando quizá los males de la cruenta reaccion
que se preparaba y á que habia contribuido tan principal-
mente.


La muerte de Riego, de aquel en que habia venido á
personificarse la revolucion, fué un presente que quisieron
hacer al rey los furiosos y aduladores que le aguardaban
en Madrid. Habíanlo reclamado á Andalucía á fin de que,
ajusticiado en Madrid, fuese mas solemne el espectáculo.


Entró Fernando ~nMadrid á los pocos dias del asesinato
con.~\1.mado, habien.do ~ido el trán.~ito desde ~n.dalucía un.a




296 LA SOBERANIA
contínua ovacion popular y un grito incesante de ven ~
ganzao


Un inmenso gentío poblaba los balcones y las calles de
las carreras hasta palacio, cubierta por una doble fila de
~ropas españolas y francesas y de voluntarios realistas y
cortada por tres arcos triunfales o


¡"Miserable degradacion del pueblo del Dos de Mayo!
Restablecióse el diezmo, se ordenó la devolucion de los


bienes nacionales pertenecientes á las comunidades reli-
giosas; por supuesto, sin género alguno de resarcimiento
y considerando como un delito el solo hecho de haberlos
comprado; se repusieron los mayorazgos y vinculaciones;
y en fin, por decirlo en una palabra, se anuló como en
1814, todo cuanto se habia hecho ó_creado bajo el régimen
constitucional.


Porque entonces se habian establecido varios colegios
y academias militares, se mandaron cerrar los de Segovia,
Alcalá, Santiago, Granada y Valencia, fundando la provi-
dencia en que la juventud educada en ellos estaba imbui-
da en las detestables máximas de la revoluciono


Porque varios estndios, como los de física y química,
habian merecido alguna proteccion, fueron suprimidos, in-
vadidas las cátedras y destrozadas las máquinas por un
vulgo ignorante, á quien se hacia ver en la ilustracion el
mayor enemigo de la ilustracion y del Estadoo


Lo único que no se consiguió del monarca fué que se
restableciese la Inquisicion; pero no por el horror que le
causase tan odioso tribunal, sino por el temor de que
su influencia sobre el espíritu público ]e sometiese á él
mismo á una esclavitud tan dura como difícil de eludir;
tampoco podia restablecerla, aunque quisiese, por la enér ..




NACIONA.L 297


gica oposicion que manifestaron las C6rtes estra'!ljeras.
No se limitó el ódio á lo que habia sido creado durante


la época nefanda, sino que comprendió tambien á cuánto
habia sido tolerado.
Des~e el 7 de marzo de 1820 todo tuvo que pasar por


las aguas del Jordan de la reaccione
Para que nada pasase olvidado ó desapercibido, se resu-


citaron las purificaciones contra los empleados desleales á
la causa de la patria, y de las cuales habian desistido los
mismos gobiernos absolutos por conocer las granJes injus-
ticias y venganzas privadas á que aquellas daban lagar.


Debian purificarse, no los empleados nombrados por los
gobiernos Constitucionales, que esos desde luego fueron
destituidos en masa, sino los que habian seguido en sus
destinos.


Al efecto se crearon juntas especiales encargadas de
recoger informes secretos sobre la conducta política que
hubiesen observado, sin que las disposiciones generales ó pu-
ramente negativas, decia el decreto, puedan servir, 11 sin que
sea permitido aamitir las }ustiflcaciones 'Voluntarias de los tes-
tigos presentados por los ·interesados.


Con arreglo á estos informes se hacian las calificacio-
nes como les daba la gana, y admitian ó desechaban al
infeliz, á quien quizás sacrificaba traidoramente un falso
amigo o algun resentimiento privado.


Convertido en delito el acto de haber renunciado los
destinos, sin que valiese la disculpa, el que habia jurado
el rey y la Constitucion y mandado jurarla, se vió el re-
pugnante espectáculo de much,os que se esforzaban en pro-~-.r'


ar que habian sido infieles en el ejercicio de sus fun-
• Clones.




298 LA SOBERANIA
Los militares fueron tambien sometidos á calificacion,


teniendo que presentar una confesion escrita y firmada de
propia mano de todos los actos de su vida desde principios
de 1820; la cual, para salvarles, debia concordar con los
informes secretos.


La desmoralizacion que por tales medios cundia acaba-
ba de gangrenar la sociedad.


En cuanto á los que habian dado pruebas de adhesion á
los principios liberales, por inofensiva que hubiese sido su
conducta, nada pudo salvarles de una cruda persecucion.


Ya al partir el rey de Andalucía se espidió el célebre
decreto de que hablamos en el capítulo anterior, diciendo
ser la voluntad de S. M. que «durante su viaje á la córte
no se encontrase en cinco leguas en contorno de su tránsito
ningun individuo que durante el sistema constitucional
hubiese sido diputado en las dos últimas legislaturas ... ,
ministro, consejero, jefe político, comandante general, jefe
en la milicia nacional etc; prohibiéndoles para siempre la
entrada en la córte y sitios reales al radio de quince le-
guas.)


A este anuncio correspondieron inmediatamente otras
disposiciones que sembraron el terror en las familias ame-
nazadas.


Se estableció con el título de Superintendencia de ~igi­
lancia pública una comision de pesquisas, que, introdu-
ciendo el espionaje y otros medios inquisitoriales en el ho-
gar doméstico, pob161as cárceles de delincuentes políticos,
cuyo delito en su mayor parte consistia en haber profesado
opiniones contrarias á las reinantes.


De los diputados pudieron salvarse los mas por hallarse
en Cádiz, y haber favorecido su fuga los franceses.




NACIONAL. 299
El número de presos fué en poco tiempo tan grande


que, no pudiendo los tribunales ordinarios juzgar con la
rapidez que se necesitaba, ni sirviendo para conocer segun
las leyes en esta clase de delitoR, se crearon en Madrid y
las capitales de provinci~ tribunales especiales mas espedi-
tivos, sin las travas de las formas judiciales, y permanen-
tes para sentenciar las causas de conspiracion: se les dió el
nombre de Oom'isionr:s militares ejecutivas.


Al principio fueron arbitrarias en la imposicion de las
penas, y es de suponer los infelices que sucumbririan al ri-
gor de Jos ódios que animaban á los vencedores.


Despues, á consecuencia de algunas dudas y consultas,
so marcaron las penas, pero sin disminuir el rigor (9 de
octubre de 1824).


De los once artículos que contenia el decreto solo uno
dejaba de condenar á muerte: á los que desde 1.0 de octu-
hre del año anterior se hubiesen declarado ó declarasen en
armas ó con luellOS de cualquier clase enemigos de los legí-
timos derechos del trono 6 partidarios de la constitucion,
pena de muerte; á los que desde la misma fecha hubiesen
escrito ó escribiesen papeles, ó pasquines, dirigidos á los


,


luismos fines, pena de muerte; á los que sedujesen ó pro-
curasen seducir á otros para formar alguna partida, pen&.
de muerte; á los que promoviesen alborotos, cualquiera que
fuese su naturaleza ó prete,sto, si se dirigian á trastornar
el gobierno ú obligar á S. M. á que concediese á un de-
creto contrario á su voluntad soberana, pena de muerte; á'
los que gritasen muera el t¡'ey, pena de muerte; á los maso-
nes, comuneros y otros sectarios, pena de muerte y confis-
cacion de todos sus bienes; á los que usasen las voces alar-
mantes y subversivas de ¡viva Riego! ¡v'¡'va la constitucion! ,


TOI'IO l.


"




300 LA. SOBERANIA


¡mueran los serviles! ¡mueran los tiranos! ¡viva la libertad!
pena de muerte ... ¡Mas todavía! q aedaba «al prudente é
imparcial criterio de los jueces la fuerza de las pruebas en
favor y en contra del procesado y no debia servir de escep-
cíon para la imposicion de la pena ¡horroriza el decirlo! la
embriáguez ... »


El único artículo que no imponia la muerte es el que,
por solo hablar en contra de la soberanía de S. M. ó en fa-
vor de la abolida constitucion, si sus conversaciones no
producian actos positivos, condenaba á cuatro ú diez años
de presidio con retencion, segun las m.iras qne en ellas se
hubiesen propuesto y la mayor ó menor trascendencia de
su malicia.»


Horribles fueron las consecuencias de está 'legislacion
draconiana.


Una delacion, que la envidia. ó un sentimiento particu-
lar sugeria muchas veces, bastaba para llevar á cualquie-
ra al banquillo de los criminales: una palabra vaga ó fria
era suficiente para sumergir á uno en un calabozo: el ca-
pricho de los jueces decidia sobre la validez de las pruebas,
sin hacerlas constar en el proceso.


Se de bia arroj al' veneno en la con versacion y respirar
sangre. ,


No se pueden leer sin estremecerse las Gacetas de aquel
tiempo, llenas de sentencias de las comisiones militares:
CIENTO DOCE PERSONAS fueron ahorcadas, y fusiladas en el
espacio de diez y ocho dias, desde el 24 de agosto al 12 de
setiembre, entre ellos, varios muchachos de diez y seis á
diez y ocho años: un infeliz zapatero, por la imprudencia
de conservar colgado en las paredes de su cuarto el retrato,
de Rie~o, fué condenado á diez años de presidio, llevándolo




NACIONAL. 301


antes pendiente del cue~lo :!1asta el lugar de la horca para
verle quemar por mano del verdugo; y su mujer, por cóm-
plice en el mismo delito, á diez años de galera ... !


Seria interminable el catálago de las atrocidades que
en nombre de la ley se perpetraron.


Era frase usual que se de bia esterminar las familias de
los negros hasta la cuarta generacion.


Así estimulados los ódios y los resentimientos privados,
se aumentaron prodigiosamente las víctimas de la reac-
cion, porque se formaron en casi todos los pueblos compa-·
ñías de apaleadores, que caian sobre el infeliz á quien per-
donaron ú olvidaron los tribunales .


. Consentidas por las autoridades, su tiranía no fué de las
menos duras que entonces sufrieron los liberales, porque
~ra imposible defenderse, y era inútil quejarse.


En casi toda España podia decirse lo que en Galicia :
«En Santiago no hay mas ley, que Radia y Asarey», dos jefes
-de los apaleadores.


:Mucho contribuyeron á exaltar y envenenar las pasio-
nes los dos p.,eriódicos que entonces se publicaban en Ma-
drid, el Resta~trador y la Gaceta.


Sus artículos eran rugidos de fiera hambrienta que ne-
,cesitaba carne y sangre que devorar.


El primero, dirigido por un eclesiástico, fray Manuel
Martinez que predicaba diariamente el degüello y el ester-
mInIO.


Cuando los liberales, espantados de los primeros indi-
'cios de la reaccion, corrieron en tropel á Cádiz para buscar
un asilo en Gibraltar, en América ó en Inglaterra, El Res-
tanrador escribia estas líneas provocadoras: «Desde que ~l
rey ha salido de Cádiz han entrado ya en aq:uellaplaza




302 LA SOBERANIA
cuatrocientos ochenta bn"bones y br'ioonas de ltt negrería •.


Antes habia cerca de mil: no se puede andar por aque~
lla ciudad por que no se vé más que esa canalla, y como
no tienen nada que haüer .se están todo el dia en las calleg
como los judíos.»


El mismo Fernando llegó á cansarse dellenguaj e pro-
-caz y sanguinario de este periódico, y lo suprimió, bien
que premiando al redactor sus servicios con la mitra de
Málaga.


La Gaceta, mucho]mas moderada, jamás nombraba á los
constitucionales sino los pillos, los asesinos, los ladrones.


Tambien el clero contribuia á la volcanizacion de log
ánimos convirtiendo en lógia de nueva especie la cátedra
del Espíritu Santo, y el púlpito en tribuna de demagogo.


Por todas partes y con cualquiera acasion se oia predi-
car una cruzada contra los. herejes, confundiendo de pro-
pósito ante el vulgo la causa de sus propios intereses mun-
danos, únicos atacados por)os constitucionales, con la ~au­
sa de la religion católica, cuya unidad y esclusivísmo ha-
bian consagrado en la ley fundamental. •


Natural era, sin duda, que se celebrase con entusiasmo
el triunfo; natural tambien que los resentimientos engen-
drados por las reformas, mas que por las persecuciones de
los liberales, buscasen una satisfaccion' en' la venganza:
que ningun pueblo se sustrae á las convulsiones de estos
períodos de fermentacion social.


Pero ¡esas purificaciones que condenan. á la miseria á
muchos infelices que tal vez no tuvieran dolor para arran-
car un mezquino pedazo de pan de la boca de sus hijos!


. .


¡esas escitaciones desde el púlpito á la persecucion y el
esterminio! j esa multitud de proscritos que buscan léjos




NACIONAL. 303


de la patria un asilo para sus dias amenazados por el do-
gal del verdugo! ¡esas cárceles cuajadas de presos, cuyo·
delito consiste las mas veces en haber obedecido las órde-
nes del monarca ó profesar distintas opiniones! ¡ esos ca-
dalsos crujiendo sin cesar con el peso de las víctimasl ¿á
qué cadalsos? ¿á qué encarcelamiento y proscripciones? ¿á
qué comisiones militares y depuraciones correspondían?
¿De qué eran represalias? ¿de qué venganzas que hubiesen
ejercido los liberales por las persecuciones de que fueran
objeto en la primera reaccion?


Que hubo lesion grave de intereses en el trienio cons·
titucional, persecuciones injustas, agravios irrita:l.tes, es.
innegable; pero lo es tambien que unos hechos correspon ...
dian á la esencia del sistema, y otros efectos de las cir·
eunstancias y de la necesidad de la defensa.


La ley no inició las persecuciones como ahora; no es-
tableció comisiones militares, ni purificaciones, ni lanzó.
decretos de esterminio como el de 9 de octubre de 1824~


Aprendan los partidos"á saber que la 'Venganza, como la
bola de nieve, 'Va creciendo segu;¿ lJ'ueda, y que los pueblos por
donde corre ¡tallan tambien en el {o.ndo del abismo la destruc-
cion y la 1·uina.


Al fin sonó la voz de la templanza. .
El general Pozzo di Borgo, privado del emperador de


Rusia, aunque en un tiempo revolucionario, y enviado por
él á felicitar á Fernando por su libertad, fué quien prime-
ro osó hablar á éste de la conveniencia de un sistema me-
nos violento, menos tiránico y opresor.


Atribúyense á sus consejos el cambio ministerial que
inesperadamente se verificó~


El marqués de Casa,Yrojo sustituyó en el ministerio.




304 LA. SOBERANÍA.


de estado á Saez, á quien en recompensa se dió la mitra
de Tortusa; el conde de Ofalia ocupó el de Gracia y Justi-
cia ; el mariscal de campo Cruz,el de la Guerra; Balles-
teros, el de Hacienda: todos conocidos por su moderacion
y prudencia.


Muy luego, por la muerte de Casa-Yrujo, Ofalia .pasó á
ocupar su vacante, y llenó el puesto de este, Calomarde,
persona de bien distinta índole, y por sus maldades, de im-
perecedera memoria.


Disgustó el cambio á la mayoría del partido realista,
que tenia toda su confianza en el P. Saez, y un hecho vi-
no en 'breve á aumentar sus recelos.


Ofalia, puesto de acuerdo con Cruz, ministro de la
Guerra, á quien como militar desagradaba el espíritu de
insubordinacion que caracterizaba á los cuerpos realistas,
trabajó porque se concediese un perdon en favor de los
perseguidos liberales.


Se publicó en efecto elLo de mayo, con el nombre de
amnistía; pero ¡cuánto distaba aquel documento de la gran-
deza del sentido que eneierra esa sublime palabra!


La verdadera amnistía perdona á la víctima sin ofen-
derla; la rehabilita sin humillarla: no hace escepciones;
cobija á todos bajo sus grandes y generosas alas; bor-
ra lo pasado sin dejar mas que su memoria para aborre-
cerlo.


Aquella amnistía fué solo un indulto; lo único tal vez
que permitian lRS circunstancias á tan corta distancia del
período constitucional; pero un indulto que, por sus nu-'
merosas escepciones, revelaba mas el encono que aun abri·
gaban los corazones de los realistas, que la generosidad que
empezaba á introducirse en ellos.




NAClONAT,. 305
Parecia que no se perdonaba á los unos sino para mani-


festar mejor el 6dio que se profesaba á los otros.
Quedaron esceptuados de la falsa amnistía los autores


principales de las rebeliones militares de las Oaoezas, de la isla
de Lean, Ooruña, Zaragoza, Oviedo y Barcelona, donde se pro-
clamó la Constitucion de Cádiz antes de haber recibido el
real decreto de 7 de marzo de 1820 mandando jurarla; los
de la conspiracion tramada en Madrid para obligar al rey
á espedirlo ; los jefes militares de la rebelion de Ocaña y,
señaladamente, el conde de La Bisbal; los que le habian
obligado al establecimiento de la junta provisional, primer
gobierno constitucional, y los miembros que la compu·-
. Sleron.


Los que en los tres años habian firmado ó autorizado.
esposiciones para privar al rey de su libertad ó autoridad, y
con ellos los que hubiesen dictado providencias con este fin.


Los que en sociedades secretas hubiesen hecho proposi-
ciones con los mismos objetos y los que hubiesen concur-
rido á ellas, despues de abolida la Constitucion.


Los escritores y editores de ooras en que se impugnase la
religion cat6lica.


Los autores de las asonadas que hubo en Madrid en
1820 y 23 en que se coartó la prerogativa real de separar
libremente á los ministros.


Los jueces y fiscales de las causas de Elío y Goiffieu.
Lo~ autores y ejecutores de la muerte de Vinuesa, del


obispo Levich y de los atropellos cometidos en los presos
de Granada y la Coruña, así como cualquier otro de la mis-
ma naturaleza.


Los comandantes de guerrillas, formadas despues de la
entrada de los franceses, contra estos y los realistas.




306 LA SOBERANIA
Los diputados de las c6rtes que en Sevilla votaron la


destitucion del rey; los regentes entonces nombrados y el
general que lo condujo á Cádiz.


Los que en América tuvieron parte directa en el conve-
nio celebrado entre O'Donoju y Turbide.


Los que ausiliaron la insurreccion de aquel país y los
. .


emigrados que conspiraron contra la soberanía del monar-
ca, 6 contra su familia. »


¿Qué quedaba,. pues, de una amnistía tan ridícula qua
esceptuaba todos los sucesos notables del sistema constitu- .
cional'?


Aquel era un documento irrisorio que se reducía á la li-
bertad de algunos procesados, dejándolos, sin embargo, su-
jetos á la purificacion y vigilanoia de las autoridades.


La mayor parte de los liberales tuvieron que huir yes·
patriarse, decididos sin embargo á aprovechar la primera
ocas ion que se les presentase para levantar de nuevo el
abatido estandarte de la libertad.


El primero á intentarlo, con mas ardor que prudencia,
fué el coronel Valdés, oficial valiente que se habia distin-
guido en el período constitucional combatiendo sin tregua
á los realistas.


A principios de agosto desembarc6 en Tarifa seguido de
los suyos y se apoder6 fácilmente del pueblo que se halla-
ba fortificado.


Pero ¡ay! veinte y ocho dias de~pues y no habiendo res-
o - pondido los pueblos de Andalucía al generoso grito por él
lanz~do, Íúé batido, y mas de cincuenta prisioneros fusi-
lados de una manera bárbara en Algeciras y en Almería.


¡Sangre y siempre sangre!
Fernando VII era una verdadera hiena.




NACIONAL. 307
La derramada por Riego, Lacy, Porlier, Torrijos y el


Empecinado no era suficiente á satisfacer su hidrópica sed
de vep.ganza.


Alguno de sus cortesanos le animaba en sus feroces ins-
tintos diciéndole á cada paso las siguientes testuales pala-
bras: «Señor, un poco de sangre impura derramada con oportu~
nidad es muy conveniente para la salud de un imperio.»


Verdad es que Fernando no necesitaba que le animasen
á obrar de esta suerte; pero si la sangre de los liberales era
impura á los ojos de los realistas, por una consecuencia
muy lógica, 'se desprende que la de los realistas no debia
ser mas sagrada para los revolucionarios.


Seguramente una de las figuras mas simpáticas de
aquel terrible período de crímenes y de asesinatos es la de
la ilustre mártir Mariana Pineda, cuyo recuerdo imperece-
dero se conserva en el corazon de todos los españoles y mas
particularmente en la poética ciudad que el Darro y el Ge-
ni! baña; lugar de su nacimiento y de su suplicio.


Lo interesante de su proceso, lo dramático de cuantas
circunstancias lo rodearon, lo conmovedor de ciertos deta-
lles y finalmente la sublimidad de aquel martirio me im-
pulsan á darlos á conocer tal y como lo relata un reputado
autor contemporáneo, correligionario nuestro, (1) en u.naJ
obra publicada hace veinte años, y cuyo interés, á pesar
del tiempo trascurrido, aun se conserva palpitante.


(1) Tresserra.


TOMO l.




CAPITULO XIII


DOÑA MARIANA PINEDA.


Liberal sí, pero religioso.


En una de las estrechas y tortuosas calles de Fernando
vivia el año 1831 un hombre ya de alguna edad, de opi M
niones exageradamente realistas en compañía de un hij o
suyo, jóven y eclesiástico.


El dia 18 de Marzo del indicado año se hallaba el sa-
cerdote sentado en un sillon de cuero leyendo en voz baja
la" Gaceta de Madrid, cuando ~e repente" no sabemos que
hubo de ver en ella, pues arrojándola al suelo con violen-
cia, esclamó:


-¡Dios mio! cuando terminarán estas tiranías!. ..
Su padre, que se hallaba á co~ta distancia, oyó seme-


jantes espresjones y dirigiéndose al hijo con lento paso y
una infernal sonrisa en los lábios :-¡Qué dices! .. perverso
sacerdote, esclamó, ¿te lamentas del rigor con que n"uestro
paternal gobierno persigue el crímeny la impiedad de ""los




LA SOBEHANIA NACIONAL. 309
negros? lOh! vosotros los liberales sois incorregibles ... é
aquí porque el Gobierno, gracias al cielo, es incansable en
vuestra persecucion.


¡Bien hecho¡ ... ¡bien hecho!. .. yo le aplaudo.
y recogiendo la Gaceta del suelo con dificultad, porque


el peso de"los años se lo impedia, buscó con avidez la últi-
ma línea del decreto y besó con toda la ponzoñosa hi pocre-
cresía de un blanao el «YO EL REY.»)


-Padre, dijo el sacerdote, yo soy discípulo de J esu-
crito y Jesucristo me munda amar al prójimo.


-Los liberales no son nuestros prójimos: son de la ra-
za de Satanás.


-Dios es el padre común de la humanidad y nos man-
da no aborrecer á persona alguna.


¡Bien! Persiste, persiste en esas ideas ... Dios haga que
algun dia no te arrepientas de ellas.


El gobierno de nuestro sabio monarca tiene oidos en
todas partes de las casas y... quizás un dia no te valga tu
estado, ni la probada fidelidad de tu padre.


Anda con tiento.
-Lo mismo le recomiendo á V., padre mio; ¡ándese


V. con tiento!. ..
Estas palabras fueron pronunciadas por el jóven sacer-


dote con una entonacion tan significante que, alarmaron al
padre de una manera manifiesta.


-¿Qué quieres decir con esto? repuso precipitadamente.
Habla; habla ... hay que temer algo?
--Quizá sí, padre mio" y sentiria en el alma que por


una indiscrecion de V., mañana nos proporcionase algnn
disgusto.


-Pero esplícate querido hijQ mio, ¿qué hay"?




310 LA SOBERA.NIA
Háblame con confianza; ya sabes cuanto te quiero.
-Pues bien, padre; le recomiendo á V. una gran cau-


tela: se trabaja mucho para derrocar ese ínicu,o sistema que
V. llama sábio y paternal, y cuando un pueblo entero y
bravo como el español hace desesperados esfuerzos para lo-
grarlo, es muy posible que lo consiga.


Yo mismo he visto cosas que ...
~¿Qué has visto hijo mio, qué has visto'?
-Cosas que no me dejan dudar que tenemos una revo-


lucion muy próxima; le aconsejo á V. que sea prudente.
¡Ouidado que no sean cosas de vuestra ardiente imagi


nadon!
Los masones soñais siempre en el triunfo, y en realidad


os encontrais muy amenudo con el cadalso.
¡Oómo no me digas lo que has visto! ..... .
-Pues bien: se lo diré á V., pero fiando en que un


padre no puede delatar á un hijo y en que V. me guardará
el secreto.


-y acercándose al oido) le dijo con mucho misterio:
----lIé visto la bandera q1~e debe servir de enseña pa'ra la


próxima reüolrucion.
-¿Dónde'?
El sacerdote pronunció un nombre con acento apenas


inteligible.
- ¡Gran Dios! esclamó el viej o realista; si esto es cier-


to, estoy perdido, estamos perdidos todos ..... .
- ¡Oh, nó! repuso el sacerdote con dulzura, los libera-


les no se vengan; no dicen, diente pór diente y ojo por ojo,
como sus crueles é in placables enemigos.


La grandeza del perdon es nuestro mas bello atributo.
-¡Cálla! ¡cálla!. .. me avergüenzo de que seas mi hijo.




:SACIONAL. 311
Y tapándose los ojos', erizándosele materialmente los


cabellus, añadió:
-¡Me voy!. .. ¡me voy!. .. ¡Dios nos asista!
Habia en Granada y en la época á que me refiero un


hombre tan perverso, que su nombre como el del conde de
España en Cataluña, á pasado á la posteridad como símbo~
lo de infámias y crueldades: este hombre se llamaba
D. Ramon Pedrosa, alcalde del crímen y subdelegado de
policía.


Instrumento ciego del sanguinario Calomarde, tenia la
misio n especial de perseguir á Jos liberales y llevarles,
por cualquier pretesto, á la horca, que era el suplicio co-
mún en aquel entonces.


Gozaba de una gran fama de adicto al sistema absoluto
y ejercia una influencia tal sobre la chancillería de Gra-
nada, que bien puede decir~e que era en ella juez y árbi-
tro de todos los destinos del territorio.


El padre del cura,. al verse poseedor de tan gran secre-
to, por la criminal imprudencia de su hijo, yoló á la casa
del mencionado Pedrosa y se lo reveló todo.


Pedrosa conoció al momento lo delicado de este asunto
y opinó que si no obraba con toda la infáme sagacidad de
que la naturaleza le habia dotado, el buen celo del viejo
realista quedaria frustado y el perderia una ocasion de
acreditar ,mas y mas su servilísmo, en favor del rey su señor
'!I amo.


En esta alternativa resolvió mandar á buscar al cura,
dándo palabra á su padre de no castigarle, si el se atenia
en su presencia á lo que acababa de revelarler.


El padre se avino á todo y consintió en esconderse de-
trás de unas cortinas, desde donde pudiera oir el ínterroga-




312 LA SOBERANIA.


torio y salir repentinamente en el instante que fuese lla~
mado.


La casa de Pedrosa distaba muy poco de la del cura;
así es que, á los pocos momentos, se presentó aquel acom·
pañado de un alguacil.


Estaba pálido y conmovido como si un secreto presenti~
miento le anunciase toda la desdicha de que iba á ser causa .


. Pedrosa le mandó tomar asiento y dejó que se serenase;
hasta que por fin, prévias algunas preguntas de mera for ..
mala, principió el siguiente interrogatorio.


Preguntado: Si sabe que en Granada se está fraguando
una conspiracion para derrocar al gobiern,o del rey N. S.
por los constantes enemigos del trono y la religion'?


.Dijo: Que él no sabe nada de esto, por ser cuestiones
ajenas á su sagrado ministerio.


Preguntado: Si sabe en qué casa se está bordando ona
bandera destinada á servir de enseña á la revolucion?


Dijo: Que nada sabia.
Pr~guntarlo: Si conoce á dos señoritas hermanas, llama-


das, Mercedes la una y Angustias la otra, y de qué las co-
nocia'?


.Di/o: Que si las conoce, por ser amigas suyas desde la
infancia, pero nada mas.


Preguntado: Si estas señoritas tienen modo de vivir co-
nocido.


lJi/o: Que eran bordadoras.
Preguntaio: Si recordaba baber dicho á alguna persona


que habia visto en su casa una bandera'?
Dijo: Que nó.
Acto contínuo se levantó Pedrosa y preseniándole un


crucifijo, le dijo:




NACIONA.L.


""t; ... , .i
a.'


."'\. ..... :


-313
-Jurad por Dios y los santos Evangelios, que cuanto


habeis dicho es cierto y de pura verdad.
El sacerdote temblaba; impulsado por un sentimiento tan


noble como generoso iba á estender su diestra sobre el cru-
cifijo, cuando el alcalde del crímen hizo una seña y el pa-
dre del sacerdote se presentó rápidamente, gritando:


-jPerjuro!.,. ¿qué vas á hacer? ..
El sacerdote retiró la mano como herida de un rayo. El


padre continuó:
-¿ Te atreverás á negar lo que yo mismo he oido de tu


boca'?
-¡Padre!. .. esclamó el sacerdote ¿qué ha hecho V? ....
-Dí la verdad y no tengas miedo por tí.
Pedrosa contemplaba aquel cuadro con sarcástica son-


risa y gozaba en ver aquella lucha de encontJ:ados afectos:
su génio infernal se complacia en la ira del uno, en el
acerbo dolor del otro.


Efectivamente, el trance DO podia ser mas duro, sobre
todo para el hijo, que era liberal, si, pero religioso, y como
tal, mucho debia repugnarle acusar á su propio padre de
calumniador, cuando en realidad no lo era.


Largo tiempo luchó consigo mismo como acosado por
las ánsias de la muerte.


Sus ojos parecian saltársele de las órbitas y su mirada
vagaba desatentada y siniestra como la de un loco.


Una e~pantosa tempestad rugía en el fondo de su cora-
zon y de su conciencia; se interrogaba á sí mismo pero sin
acertar á darse contestacion niLguna, hasta que por fin,
pasándose la mano por la frente, para 'enjugarse el frio y
el sudor que la inundaba, murmuró entre dientes: -


-¡Perdon! Iperdon!. ..




314 LA SOBERANfA


y cayó de cabeza contra el respaldo de la silla, exámi-
ne y sin sentido.


-Ya lo ve V., señor magistrado, esclamó el padre,
¡todo era cierto! Mi hij o está perdonado ... Ahora ¡persiga la
ley á los culpables!


MERCEDES Y ANGUSTIAS.


Una hora despues Pedrosa ponetraba, acompañado de un
alguacil, en la casa de las dos hermanas.


Eran huérfanas, jóvenes y hermosas.
Esto para el sanguinario alcalde del crímen no signifi-


caba nada; al contrario, el déspota, que tiene mucho de
cobarde, siempre se ceba mas cuanto es mas débil la víc-
tima de su encono.


Pero en la ocasion presente, conociendo que las dos ni ..
ñas debian ser instrumento muy secundario del delito que
trataba de perseguir, creyó que el modo mejor para conse-
guirlo era presentarse en la casa, mas bien como amigo
que como autoridad.


De todos modos su resolucion estaba tomada: si no lo-
graba su objeto tenia preparados crueles tormentos y qui-
zás el mismo cadalso para las dos infelices huérfanas.


El alguacil se habia quedado en la pieza anterior, de
modo que las niñas, á quienes encontró Pedrosa en un ga-
binetito que daba á unosjardines, ignoraban la permanen-
cia de aquel en la casa.


Cuando estas reconocieron al subdelegado, no les fué
posible co~tener un doble movimiento de repugnancia y
sobresalto.




NACIONAL. . 315


Pedrosa era muy conocido en Granada y su poder te-
mido de todos, y como no podian sospechar el objeto de la
visita de un hombre con quien no las unia ninguna clase
de relaciún, de ahí que su sorpresa fuese legítima; por otra


,


parte, los comentarios q ue sobre sus infames crueldades
pasaban de boca en boca tenian aterrorizadas de antemano
á las dos huérfanas y esta quizás seria la única causa de
haberse manifestado mas de una vez simpáticas por el
bando contrario.


Esta circunstancia no se ocultaba á la perversidad de
Pedrosa y ]e dió pié para entablar el siguiente diálogo:


-Señoritas, dijo, mi presencia no debe alarmar á uste-
des. Yo vengo simplemente para hacer á Vdes. una pre-
gunta, como amigo, aun cuando no tengo el honor de con-
1;arme en ese número.


Desearia que me fuesen V des. francas y leales y que
sin rodeos se limitasen á corroborar un hecho del cual es-
toy perfectamente enterado.


-Caballero, contestó Angustias, que erala mayor de las
dos hermanas, puede V. hacernos las preguntas que tenga
por conveniente, seguro de que nuestra franqueza y leal-
tad corresponderá á la opinion que de V. tenemos formada.


Esta contestacion fué acaso mas franca de lo que Pedro-
sa hubiera deseado, por lo que, mordiéndose ligeramente
los labios, y comprendiendo todo su significado, repuso:


-Ya sé que no tengo la dicha de hablar con personas
~ctas al gobierno que á mí me cabe la alta honra de ser-
vir y que por consiguÍente ...


- ¡CaballeroI es clamó entonces Mercedes, tOI?ando por'
primera vez la palabra; nosotras, pobres huérfanas, $in
instruccion, sin amparo, no entendemos nada de política:


TOMO l.




316 LA SOBERANIA


llo sabemos quien manda, pero le respetamos y obedecemos
q,\l.i~u. ~"\\.i~ra ~"\\.~ sea.


-En este caso, dijo Pedrosa, ¿podré saber por encargo
de qué persona bordan Vdes. cierta bandera 6 lienzo que-


,


sé positivamente ha visto alguno en esta casa'?
Las dos hermanas se quedaron mudas de asorp.bro; no-


acertaban á mirarse la una á la otra: sus ojos fijos en el
suelo y sus rostros repentinamente cubiertos del mas vivo
carmin formaba un singular contraste con la actitud ar-
rogante, con la Ronrisa burlona del sagaz subdelegado de
policía.


-Caballero, dijo por fin Mercedes; nosotras no hemos
bordado bandera ni lienzo alguno que pueda infundir á V.
la menor sospecha.


-Bien decia yo, contesto Pedrosa, que sus opiniones
políticas les obligarian á mirar en mí otra cosa que un
amigo.


---Ya hemos dicho á V., repuso. Angustias, que nos-
otras no tenemos opiniones políticas.


-Sin embargo, Vds. han bordado una bandera, y se-
gun el interés que tienen en ocultármelo, me hacen dudar-
de sus contestaciones.


Pero todo es inútil, señoritas, ya que no me quieren
ustedes recibir como amigo tendré que valerme de mi au-
toridad.


Les doy á Vds. cinco minutos de tiempo para presen-
tarme esa bandera, dijo sacando el reloj, que coloc6 sQbre
un pequeño velador; si pasado este término Vds. no se han
decidido, llamaré al alguacil que aguarda en la antesala y
se procederá á un minucioso registro.


Entonces seré yo, señoritas, quien tendré el disgusta




NACIONAL, 317


de presentársela á Vds. y el negocio tomará un sesgo muy
diferente.


Como saben nuestros lectores, Pedrosa podia hablar con
toda' seguridad.


Pero las niñas, aunque su semblante y el terror de que
se hallaban poseidas las hacian traic~on, se mantuvieron
algunos instantes en actitud negativa.


Cuando solo faltaban dos minutos de los cinco prefija-
dos, dijo Pedrosa:


-¡Cuántas veces la temeridad es la única causa de una
muerte en un cadalso!... Señoritas; el tiempo concluye.


En este supremo instante la idea del cadalso consiguió
desconcertar á las dos hermanas que prorrumpieron en un
copioso llanto.


El infame Pedrosa habia triunfado por el miedo -de dos
huérfanas, hasta aquel dia puras é inocentes.


-¿Por qué llorar? ¡si no tienen Vds. la bandera, no la.
encontraremos! dijo Pedrosa con entonacion burlona. ¡Pron ..
to lo veremos ... !


Aquel instante era decisivo.
Revistiéndose Angustias de valor y anim-ada de una de


'esas inspiraciones rápidas é intuitivas que son propiedad
esclusiva de las mujeres, trató de alejar al menos toda sos-
pecha de complicidad, dando á entender que ignoraban el
objeto de la tal bandera, y con este motivo dijo:
~jLloramos, sí, lloramos, porque somos pobres; porque


si V. se nos lleva el lienzo en cuastion, tendremos que pa-
garlo y Dios sabe lo que sucederá!. ..


-No tengan Vds. ningan temor: yo pagaré á Vds. el
trabajo, y el importe del tafetan lo satisfaré á la persona.
que se lo ha entregado.




320 LA SOBERANIA.
ninguno que merezca como el presente todo elódio y exe-
'Cracion de los séres humanos y justicieros.


Comprendemos hasta dónde 'pueden llegar las vengan-
zas políticas y á lo que puede conducir un fanático celo,
mayormente despues de una violenta reaccion absolutista
como la que atravesaba la desgarrada España desde el año
1823; pero no comprendemos la impudencia de ciertos
hombres que, escudándose en la inmensidad de su poder,
subordinan todas sus acciones á la sed de sangre y de des-
truccion que les domina.


Ray hombres "feroces por temperamento y por organi-
.


zaClon.
De estas desgraciadas naturalezas han de valerse los


gobiernos absolutos que comprenden bien que solo por el
terror pueden detener el carro del progreso un año, un dia,
una hora mas, en esa lucha de todos los instantes, de todos
los siglos; lucha gigantesca, incansable, entre el derecho
y la tiranía, entre Dios y Luzbel.


Pedrosa era una de esas naturalezas.
En Mariana Pineda, no solamente queria destruir un


enemigo, que cierta y sinceramente lo era, sino que iba á
recrearse en uno de sus mas grandes placeres; la matanza.


y para esto iba á invocar ¡tremendo escarnio! el nom-
bre de la ley, el interés del monarca, la gloria de la reli-
gion.


Para conseguirlo, poco tuvo que discurrir; muy poco
que preparar.


Le bastó valerse de una mujer, quizás inadvertida,
mandarla con el lio, cuidadosamente envuelto en varios
papeles, á la casa de la Pineda y entregárselo de parte de
las dos hermanas.




NACIONAL. 321
A esa mojer debian seguirla el celador de policía don


Pedro Fernandez) el dependiente Juan Diaz, con otros, y el
escribano n. Mariano Sanchez; y una vez que aquella mu-
jer hubiera saJido de la casa, debian entrar en ella y regis-
trarla minuciosamente, poniendo arrestados á cuantos en-
contrasen dentro.


La trama era infernal.
Si se hubiese Pedrosa limitado á proceder contra la Pi-


neda, solo por lo que habia de verdad, la hubiera podido
atormentar mucho, es cierto: quizás no hubiera pasado por


,


menos que por una condena de infamante presidio; pero
esto no era bastante para el mónstruo; la ferocidad de sus
instintos pedia ~angre, siempre sangre.
~ra preciso que el cuerpo del delito se encontrase den-


tro de la casa de la víctima predestinada, para arrebatarla
de este modo el punte ó la. baee capital de su defensa ..


Así efectivamente llevó á cabo Pedrosa su criminal
atentado.


En la tarde del mismo dia 18 y á eso de las cinco, los
indicados sujetos penetraron en tropel en la casa de Ma-
riana.


Encontraron sentado junto á la puerta de la antesala del
cuarto principal al sirviente de doña Mariana, llamado
Antonio José Burel, á quien intimaron la órden de no me-
nearse, dejando un dependiente en su custodia y observa-
cion; el Fernandez, el escribano Sanchez y otro dependien-
te penetraron en la habitacion principal, donde encontra-
ron á la Pineda, y el Diaz subió al cuarto segundo en el
que encontró á doña Ursula de la Presa, señora que habia
aprohijado desde muy niña á la Mariana, y la profesaba un
cariño entrañable.




322 LA SOBEl'UNÍA.
El celador y el escribano procedieron en presencia de la.


Pineda, á un minucioso registro y nada encontraron que
ind uj ese la menor sospecha.


Acto seguido se trasladaron al cuarto segundo, y Diaz,
sin aguardar apenas á que entrasen en la habitacion, les
presentó un Ho de ropa que era precisamente .el tafetan
morado ó bandera que ya conocen nuestros lectores, di-
ciendo que lo habia encontrado debajo de un hornillo.


- ¡ Es falso! djjo Mariana Pineda, con tono resuelto y
varonil: esto DO lo han encontrado V des. en mi casa.


La infeliz ignoraba lo acaecido y que doña Ursula lo
habia recibido de la consabida criada en aquel mismo ins-
tante.


-Que lo diga la señora ..... contestó Diaz, señalando á
doña Ursula.


La anciana no tuvo palabra que responder; un temblor
'Convulsivo se habia apoderado de ella y apenas podia rom-
per el llanto que la ahogaba.


La Pineda dirigió una mirada rápida pero penetrante
'Sobre todo& los individuos que la rodeaban, particularmen-
te sobre su buena madre, como llamaba á doña Ursula, y
-se penetró de todo lo crítico de su posicion; adivinó en el
acto toda la maldad que encerraba el hecho.


-¡Ah ... triste de mí! esclamó.
Por fin ... Ino me puedo sustraer á sus iras! pero ustedes,


-que sin duda serán mas caballeros ¿no se apiadarán de una
infeliz mujer'? ¿consentirán Vdes. que pérezca en- UD ca-
dalso quien jamás ha hecho mal á nadie'?


Señores, no quieran Vds. ser instrumentos ciegos de una
perversidad tan grande! tan inauditaf. ..


--Señora, contest61e el Diaz con tono despreciativo, pa-




'i';,J;' \ .. ", .1".
'\ < .... \ ~
,~ .. -, ,. I I ,~~ .!,..


NACIONAL, '


ra'no'sotros las lágrimas y las súplicas no significan nuda,
cuando el cumplimiento de nuestro deber está por medio,o


Doña Ursula se arrastraba por el suelo, abrazaba las
piernas de los esbirros, suspirando y gritando con desespe-


.


raClOn:
-¡Perdon! ¡perdoD' al menos para mi hija, señores!
La Pineda lloraba tambien, sí, porque comprendia toda


la infame traicion de que era víctima; pero su aptitud era
siempre noble y digna.


Sus lágrimas, el color encendido de sus mejillas, su ru-
bio cabello desmelenado y ondeando sobre su cuello yes-
paldas la daban el aspecto de una heroina de la antigüe-
dad.


Era alta, esbelta y bien formada: su cútis blanco y de
una tersUra sin igual; 'el color de ,su cabello rubi~suave;
sus ojos azules y aterciopelados, grandes,' espresivos y cir-
cuidos de una pestaña larga, espesa y bien cortada; su boca
era pequeña con una dentadura menuda y lustrosa como
una sarta de perlas y el color de sus la~ios y mejillas de
un cármin sonrosado, m'lY raro aun entre las mujeres mas
hermosas.


Sus manos eran celebradas como un prodigio de la na-
turaleza. ,


Una mujer de esta clase que suplica, que llora amarga-
mente, es capaz de conmover al hombre mas empederni-
do, pero no á aquellos cuyo corazon sin jugo era incapaz
de esprimir otra cosa que el 6dio y la venganza qu~ respi-
raba su Señor y dueño.


Así es que, escepto uno de los de la comitiva, los de--
más oian indiferentes y hasta con salvaje satisfacciou el
llanto é imprecaciones de aquellas dos mujeres.


TOMO l. 50




326 LA SOBERANIA NACIONAL.
\


Y·destinando para su custodia á,los individuos dela po-
licía J nan Diaz y Mariano. Rodriguez, se marchó con 108
demás, llevándose. solamente.: el cuerpo, del delito.


Era ya muy tarde ,cuando la policía hubo terminado es~
tas diligencias.


Pedrosa empleó toda la noche en instruir un b~eve su-
mario, faltando á todas las formalidades y pasando por en-
cima de la ley.


Al día siguiente, mandó su traslado á la sala segunda
del orímen de la real chancillería, al propio tiempo que es-
cribia á Calomarde suplicándole espidiese una real órden
cometiendo al subdelegado el conocimiento esclusivo de la.
causa.




• /'


CAPITULO XIII.


La bandera liberal.


Mariana Pineda, hija de D. Mariano y de D.- María.
}{uñoz, nació en Granada el l.- de setiembre de 1804.


,


Su padre, capitan de navío de la real armada., caballero
de la distinguida órden de Calatrava y dueño de nn gran
mayorazgo, pidió dos veces consecutivas licencia al gobier"
no para casarse con D.· María Muñoz, siéndole otras tantas
negada por el humilde nacimiento de la persona con quien
queria enlazarse, á tenor de las leyes del reino, vigentes e~
aq nella época.


Veinte dias antes de nacer Mariana, su padre la insti-
tuyó heredera de todos sus bienes qUA no estuviesen afec-
tos á vinculacion, así como de sus muchos créditos, que no
detallaba por ser muchos en número.


Contaba Mariana apenas cuatro meses, cuando su m~­
dre, mal aconsejada, creyó que si no se verificaba su casa-
miento era por falta de cariño ó por tibieza en las negoci~­
ciones que para este objeto practicára su amante, y deter-
minó huir de él para avivar así su actividad y celo. . ."


Estos cálculos salieron fallidos á la po bre .se~ora. ¿>




328 LA SOBERANIA.


Enfurecido su amante, creyendo aquella conducta prue~
ba de infidelidad, rompió con ella toda clase de relacior:es,
se negó á verla y hablarle, limitándose á reclamar judi-
cialmente la hija.


Poco tardó en alcanzarlo, 'pero apenas contaba la niña
quince meses, atacado su padre de una grave en~ermedad,
bajó á la tumba, dejándole á su hermano D. José el encargo
de su hija, pero aquel, prevalido del desvalimiento de la
niña, se alzó con todos sus bienes y renunció despues su
tutorí~, haciendo que recayese la que le nombraron los tri-


. bunales, en la persona de un confitero llamado D . José de
Mersa, hombre honrado y bueno, casado con D.· Ursula de
la PI"eSa, virtuosa familia quecar60ia de hijos y trató á
Marianá como á tal, no reclamando jamás del desnaturali~,
zado · tio el menor socorro .


... Recibió Mariana una educacion- esmeredísima y desde
muy jóven manifestó una· precocidad y un talento tan
grandes, una nobleza de sentimientos y una fineza tal,que
era la admiracion de cuantos la conocían.


Tenia quince años cuando se enamoró de ella eljóven
D. Manuel Peralta y Valte, natural de Huesca y poseedor
de una mediana fortuna.


,


A los dos años de casados entablaron demanda contra
su tío, el ex-tutor, pero éste, desde los primeros pasos, les
ofreció una transaccion, aunque no muy ¡Ventajosa, y re.,.
nunciaron todos sus derechos á cambio de un mayorazgo
radicado en la ciudad de Loja, cuya. renta era de ocho á
diez mil reales .


. A tos tres años de matrimonio,. durante el cual ni el
mas ligero disgusto vino á turbar su feliz y enamorada
existencia; todo debia cambiar de aspecto.




NACIONAL.


· , .-;,,: ~.~~~ 7~ :_.~'> ~
,'.:.. -!.,.~


....


; .


... ~


El-12 de mayo de 1822 qued-ó, Mariana Pineda viuda
con dos criaturas: un niño y' una niña.


El estrago que esta desgracia causó en ella se pudo
apreciar por la estraordinaria mudanza de su semblante.


Pero no hay humana sensibilidad q~e resista al influjo
del tiempo; así es que, pasado ese período, S11 calma fué re-
naciendo aunque muy lenta y dificultos~mente.


Viuda á los diez y ocho años, con talento y entusiasta
por todo lo grande y generoso, naturalmente :debia atraer
á su alrededor una coorte de admiradores y de pretendí en -
tes á su mano.


Contrajo en esta situacion muchas relaciones con jóve-
nes distinguidos y partidarios. del sistema constitucional,
caido en 1823.


' .. N ~ p<>dia. menos- de· ser, . así ,poseyendo . ,una alma. tan
no ble y generosa.


Esto le. atrajo, en 1827, y á la sazon que tenía algunQs
amigos y parientes presos por causas políticas, un proceso
criminal por sospecha~ de íntima correspondencia con los
numerosos emigrados españoles, residentes en Gibraltar.


La policía la vigilaba muy de cerca, pero confiaba de-
masiado en su esquisita vigilancia para temerla.


Era el ángel consolador ,de los presos políticos y de s~s
familias, y lo fué especialmente del presbítero D. Pedro de
la Serrana, tio suyo, y tambien de su primo .D. Fernando
Alvarez de Sotomayor, cuyas cabezas se hallaban ,eIl: gran
peligro.


Para que s~ vea el ingénio y valor que aquella ~ujer
desplegaba en. favor de los liberales, oigamos el rel~to au-
téntico q.ue hace el mismo Alvarez de la fuga que logró
verificar en la cárcel, por mediacion y consej~ de MariaIla ..




330 LA SOBBRANIA.


Acord6, dice, hacer· un hábito de capuchino y se vali6
para ello de una señora muy patriota pero pobre, que llo-
raba la reciente pérdida de un pariente, víctima sangrien-
ta del despotismo, la cual sali6 del apuro lo menos mal que
pudo haciéndolo de paño pardo, y creo· se lo cortó un sas-
tre de buenas ideas, aunque ignorando el objeto.


Tan;tbien me proporcionó Mariana un gorro negro, un
rosario, el cordon y unas barbas, llevándome estos efectos


, , . por SI mIsma.
Las barbas las proporcionó una cómica, cuyo nombre


ignoro, y-antes de una hora, despues de una hora de ha-
berme fugado ya estaban en su sitio en el vestuario del
teatro, sin que nadie hubiese notado su falta.


Debiafingi!"me enfermo, me acostaba temprano, y cuan-
do los compañeros de prision que ocupaban la sala princi-
pal de la torre de Santa Bárbara, se acostaban, que era
despues de la segunda requisa que nos la hacian á media
noche, espiaba yo el momento en que se dormian para de-
dicarme á mis preparativos de fuga, cuyo trabajo abando-
naba tan luego como me advertia el ruido de las llaves que
venian á la tercera req,uisa.


Llegó el dia señalado, que era el en que pusieron en
capilla á un desdichado para ajusticiarlo por robo de vasos
sagrados.


Hasta entonces habia yo reservado el secreto aun de
mis mayores amigos.


Siempre que se ponia un reo en capilla, nos encerraban
en nuestros respectivos calabozos 6 habitaciones, hasta que
á media tarde abrian las puertas de las salas ·para limpiar
los vasos inmundos y llevarnos agua fresca y las cenas:
entretanto salíamos á los corredores.




r,ACIONAL. 331
Pocos momentos antes de esta hora principié á vestir-


me: mientras estaba ocupado· en esta faena estuve varias
veces en peligro de ser descubierto por los muchos depen-
dientes de la casa.


Me puse un pedacito de caña entre el labio superior y
la encía y una holi ta de cera en cada ventanilla de las na-
rices, lo mas gruesas que pude para contribuir á desfigurar
la cara y la voz; todo segun consejo de la Mariana, que me
lo proporcionó.


Por el piso alto habLl" comunicacion á los corredores del
departamento inferior, y daba la puerta cerca de la capi-
Ha, pero habia ot'.'as cinco puertas intermedias cerradas.


Para abrirlas, Mariana me habia proporcionado unos
gruesos alambres, cuyas puntas doblarlas me servian ma-
ravillosamente, y como si fueran llaves ganzúas.


Salí, pues, saludando al paso á los muchos presos que
encontraba y dando á besar mi mano humildemente á
cuantos ·me lo pedían.


Llegué á la jaula, que así se llamaba una pequeña di-
vision formada de fuertes rejas y rastrillos con tres puertas
de golpe, y mandé abrir estos últimos para pasar á la ca-
pilla.


Todo me salió perfectamente; el mismo sota-alcaide me
acompañó y abrió el rastrillo de la ante puerta y pasé por
delante de la guardia riéndome de los sarcasmos y dicha-
rachos ~e los soldados. Ya en libertad, me trasladé á la
calle del Agulla, á una casa que la Mariana me tenía Jis-
puesta de antemano.


Por todo esto, y por ser tachada la Pineda de abrigar
opiniones manifiestamente hostiles al gobierno, se formó
en contra suya el primer proceso, Clue no llegó á sustan-


TOMO J •. ;)1




"


332 LA SOBERANIA


ciarse, y durante el cual se la dió por cárcel todo el rádio
de la ciudad.


En esta ·situacion se hallaba cuando llegó el 18 de
mayo de 183l.


Al difundirse por Granada la noticia del registro, hallaz-
go de la bandera y arresto de Mariana en su propi~ casa, se
apoderó una alarma general del ánimo de todas las gentes
honradas, pero el partido liberal sobre todo se agitó de una
manera estraordinaria; los unos, por un sentimiento de
terror al considerar sp. suerte pendiente de los labios de una
mujer; los otros por un deseo de venganza previendo el trá-
gico fin á que la destinarian sus im placa bIes enemigos;
todos por un movimiento de dolor profundísimo, por las


. inestimables prendas que reconocian en Mariana.
Al dia siguiente, algunos de sus mas entusiastas ami-


gos y partidarios políticos se reunieron en una casa -de la
calle de Elvira, con ánimo resuelto de tomar un partido de-
cisivo y salvarla á toda costa.


El entusiasmo que reinó en aquella reunion, la emocion
de que todos se hallaban poseidos, las lágrimas que se ver-
tieron y la febril impaciencia que todos manifestaron por
salvarla, es imposible de describir.


Allí se espusieron con valentía mil planes, se discutie-
ron mil proyectos, y aun hubo quien propuso con este mo-
tivo lanzarse á la calle y promover una asonada, desarmar
la guarnicion y ahorcar á Pedrosa, á su infame satélite e]
escribano Fernandez, y demás cómplices de sus enormes
crímenes.


Decíase que la guarnicion estaba en buen sentido, pues
no pocos de sus oficiales se babian afiliado al Caroonaris-
mo ... y en cuanto al pueblo, creian era seguro que desde el




NACIONAL. 333
momento en que la campana de la Vela tocase á rebato no
faltaría uno solo de sus individuos al combate.


Hemos oído relatar aquella escena á testigos presen-
ciales y podemos asegurar que todos rebosaban de entu-
siasmo, de liberalismo y de deseos por salvar á la Pineda.


Pero estaba escrito que DO lo lograrian.
Faltaba una persona que fuere la primera en dar el


grito: nadie tuvo valor.
No dudamos que la Pineda se hubiera podido salvar


por éste y muchos otros medios, porque al fin se hallaba
en su casa sin mas guardia que dos solos dependientes de
la policía, pero quiso su desgracia que se tomase con me-
nos calor la parte ejecutiva y que ~e pasase el dia sin
adoptarse ninguna determinacion.


Cuando las circunstancias son perentorias, no se dis-
cute, se obra y reflexiona á un mismo tiempo.


El veinte por la tarde, sin embargo, enterados de la
verdadera situacion de Pineda, y sabedores de que amenu-
do se la dejaba sola con uno de sus guardianes, lograron
hacerla comprender que todo se hallaba preparado para su
fuga, siempre que ella pudiese salvar libremente la esqui-
na de la calle.


Para el valor de Mariana esta empresa era de muy fá-
cil ejecucion.


En la mañana del dia siguiente, veinte y uno, -apro 4
vechaildo la ocasion en que el Diaz se hallaba ausente en
busca de provisiones de boca, se vistió un traje de D. a Ur-
sula de la Presa y levantando con mucho sigilo el pesti-
llo de la puerta principal, en ocasion q ne Rodriguez se
hallaba contemplando unas obras que se practicaban en el
patio interior de la casa, se lanzó á la calle.




334 LA SO»ERAN lA


Quiso su desgraciada suerte qua dicho es birro notase
al punto su desaparicion, y como una saeta salió en su
busca en el momento en que salvaba la esquina convenida.


Mariana, al verse sorprendida, no por esto dejó de se-
guir su camino con precipitado paso, pero Rodriguez la
detuvo por el brazo y la dijo;


-Señora, si V. vuelve á dar un paso mas, la paso el
corazon con este espadin.


y sacando el arma hasta mas de la mitad del baston
que le servía de vaina, continuó:


.-Tengo órdenes muJ'" severas, "Y no -puedo -permitir
que salga V. de su casa sin órden espresa.


-¡Por Dios! contestó Mariana ¡por Dios, no tenga V.
una alma tan cruel!


Déjeme V... ¡tengo hijos! ¡soy inocente!
-¿Eso no es cuenta mia, contestó el polizonté: vuelva


V. á su casa al instante.
-¿,Qué interés puede V. tener en perderme? ¿qué le he


hecho á V.? ¿qué mal he hecho á nadie? .. V. no se com-
promete; déj eme V. marchar ...


-¡Basta de palabrerías! ¡Vamos; vamos! y acompañó
estas bruscas palabras con un fuerte empellon: Mariana
perdió el equilibrio, cayó, y el polizonte la levantó del
suelo, no por compasion, sino para asegurarse de su per-
sona.' ...


El rostro de la Pineda se puso encendido. como la gra-
ma; pero de ira y de vergüenza por el inmundo contacto
de aquel hombre en medio de una calle pública, aunque
á la sazon solitaria; así que llena de noble indignacion es-
clamó:


¡Infáme, tú eres mi perdicion!




NACIOhÁL 335


Entónces se tiró e] velo de la mantilla á la cara y mar-
chó á dos pasos de distancia delante del cruel Rodríguez.


Constituida de nuevo en prision., acto contínuo el de-
pendiente dió parte por escrito al subdelegado principal
de policía, el cual trasladó la comunicacion al juez D. Gre-
gario Ceruelo, que ya entendia de la causa, y éste proveyó
un auto para que se condujese á la cárcel de córte á la
Mariana, á D. a Ursula y á sus dos úriados.


Mas habiendo pasado el dicho Cernelo á la casa de Ma-
riana asistido de los dependientes de su juzgado, la encon-
tró acostada en cama, al parecer enferma é imposibilitada
de levantarse, y mandó fuese reconocida por facultativos,
como se verificó; despues de esta providencia se la re-
cibió declaracion, en la que se le preguntó si sab~a ó pre-
sumia el motivo de su arresto y si habia sido alguna vez
presa ó procesada; contestando que lo habia sido una sola,
por una declaracion falsa, en la causa que se seguia por
la policía, sobre supuesta infldencia; por último, se tomó de-
claracion á los facultativos, yen su virtud el juez proveyó
otro auto mandando suspender por el momento la trasla-
dacion de la Pineda á la cárcel de eórte.


El criado Burel y sirvientas María Roman y Cármen
Sanchez no pudieron evadirse de esta providencia.


Los dependientes Juan Diaz y Mariano Rodriguez fue-
ron releyados )or los algúaciles Pedro Ga~cía, Francisco
de Leon', Félix Merino y Fernando de Cámara.


Cayó efectivamente :Mariana en un profundo abati-
miento, en una enfermedad real.


Conocia que el proceso que se le iba formando tomaba
muy graves proporciones y que su desenlace seria fu~esto.


No hay alma, por grande que sea, que al verse·presa




336 LA. SOBERA.NIA.


de una vil emboscada no sienta todo el horror é indigna-
cion de su fa tal estrella.


Mariana Pineda era jóven, era sensible, era mujer y
en séres de esta naturaleza, las grandes emociones causan
profundos estragos; por esto al verse sola, incomunir,ada,
enferma; ~l ver que se pasaban las horas y aun 'los dias
sin que sus amigos tomasen ninguna determinacion, siem-
pre en. medio de un profundo silencio solo interrumpido
por]a presencia del escribano, del juez ó de Pedrosa, su
mortal enemigo, tuvo momentos de verdadero desaliento
y postracion.


tNó hay cuatro hombres, esclamaba, cuatro hombres
en el partido liberal de Granada, capaces de librarme de
las garras de esos esbirros cuya presencia me atormenta
mas que mil muertes'?


¿Qué hacen mis amigos que así desperdician esta oca-
sion~ ¡Dios mio! ¡Dios mio! ¿porqué me abandonarán'?


Pero liÓ, esclamaba acariciando aun las vanas ideas de
esperanza que cruzaban por su mente, ¡nó!. .. e1108 ven·
drán y me sacarán de aquí: tal vez en este mismo ins-
tante~ ....


y poniendo el oido atento, suspendiendo su propia res-
piracion, la parecia á cada eco, á cada lejano rumor, que
iban por ella, q"J.e la llamaban para salvarla .....


¡Pobre Mariana! Es cierto que no faltan de dia y de no-
che conciliábulos con este objeto, perotambien es cierto que
al ver frustrado el primer intento de evasion, un terror
pánico se apoderó de no pocos, el entusiasmo fué amorti-
guándose y finalmente se adoptó la resolucion de ver ve-
.


nIr .....
Apenas la robusta constitucion de su naturaleza triun-




NACIONAL. 337


fó de la enfermedad, Pedrosa, que estaba acechando ese
momento propicio para sus intento~, la hizo trasladar al
beaterio de Santa María Egipciaca.


Este golpe debió ser muy fatal para la Pineda.
Trató de resi~tirse á todo trance pero en vano; tuvo al


fin que despedirse de su casa.
Aquella escena fué triste y desgarradora.
Lloraba, pero sus lágrimas corrian silenciosamente por


sus megilla.s; era el llanto de la que principiaba á ser már-
tir resign ada .


Al verla tomar su mantilla y ponérsela delante del es-
pejo, al cerrar lOR cajones de sus comodas, entorr...ar los
postigos de los balcones y ventanas, meterse despues de
cerradas todas las puertas las llaves en los bolsillos, cual-
quiera hubiera creido que se preparaba para un largo
. .


vIaJe:
¿ Tendria la con viccion de q ueno vol veria mas á aq ue~


lla casa? .
Creemos que sí.
Cuando hubo coneluido su tarea:
-Vamos, dijo; señores, ya estoy -dispuesta.
Los alguaciles pasaron delante hasta la puerta de la ca-


lle, allí emprendieron su marcha de esta suerte: primero
marchaba Pedro García y Francisco d~ Leon; á la distancia
de unos cuatro pasos seguia la Pineda, que iba sola, y de-
trás, formando la retagu~rdia, Felix Merino y Fernando de
Cámara. ~


Bueno es que se conozcan todos estos nombres para que
la posteridad los execre.


Al atravesar el umbral de la puerta en medio de la ma-
Jor congoja, esclamó Mariana:




338 LA :HBERANIA.


-I Adios! ¡adios, querida casa mia! ...
El beaterio de Sta. l\laría es uno de los e,dificios monás-


ticos mas tristes y lúgubres de Granada, su diciplina una
de las mas estrechas y severas, sus rentas escasas ... es ana
comunidad pobrísima.


N o es solo una clausura sino una cárcel esp~ntosa ...
es un verdadero sepulcro en vida.


Todas las ventanas tienen dobles rejas de hierro con
esperas celosías, todas las celdas son estrechas y húmedas;
el coro, el refectorio, la iglesia de forma chata y above-
dada.


La oscuridad, au~ en medio del dia, es profunda; ni
una ráfaga de aire puro, ni el canto de un pájaro penetra ni
turba nunca aquella soledad ni aquel silencio imponente.


Mariana Pineda 'fué colocada en una de las celdas del
"tras-coro, que era como todas, pequeña, húmeda y nlal
sana.


Un catre de tijera, una mesita sobre la cual habia al-
gunos libros de devocion, un crucifijo de madera en la ca-
becera del catre, una imágen de la Vírgen de los Dolores
dentro de un nicho 'y dos solas sillas con asiento y respaldo
de cuero, constituian todo el mueblaje de la celda.


Mucho padeció la infeliz en aquella tristísimamansion,
sugeta A, una severa disciplina monástica, privada de toda
comunicacion con sus deujos y amigos: allí no tenia mas
amparo ni consuelo que el dt3l cielo, y falta de todo género
<le recursos, sufrió privaciones que aunque pequeñas en sí,
~o por esto dejaban de atormentar su alma oprimida ya
por tantas congojas! ...


Ella, habituadaálos naturales halagos que siempre sabe
conquistar el talento, la hermosura y la juventud; ella,


, .




NACIONAL. 839
:ac0stumbrada á las comodidades de su posicion un tanto
-desahogada!. .. Cuánto debió sufrirL ..


¿Cómo no hahía de comparar con punzante dolor el hor-
rible contraste de su situacion presente'?


Sin embargo, era talla fortaleza de su ánimo, que en
medio de la terrible agitacion de su espíritu manifestaba
la mayor conformidad.


La dulzura de su carácter cautivó bien pronto á las her-
manas del beaterio, á quienes edificaba con su humilde
comportamiento, y acabaron por ser su,s mas humildes ser-
vidoras, mas bien que compañeras de infortunio.


Aun recuerdan algunas de aquellas beatas, hoy ya bien
ancianas, y con lágrimas en los ojos, 'las virtudes, la ama-


. bilidad, la resignacion de aquella muger que tuvieron en
e-pinion de santa.


Conservan como reliquias algunas de las labores de su.
mano, trabajadas en las cortísimas horas que la lectura y
la meditacion le dejaban libre.


¿En qué pensaban entretanto sus amigos del partido
liberal de Granada'?


Continuaban celebrando nocturnos conciliábulos: en
España siempre sucede lo mismo ... resueltos estaban segun
decían á salvarla, pero ¿cuáles eran sus trabajos} sus me-
dios, los elementos con qué contaban? ..


No tenemos noticia mas que de sus buenos deseos y de
la conviccion en que todos estaban de que podrían sacarla
del Beaterio el dia en que se lo propusieran, pues que allí
no tenia guardia, ni celadores, ni esbirros.


Pero siempre la fatal resolucion de, 1)er 'Venir era la úni-
ea que se tomaba.


Recibida estaba la causa á prueba, por auto de la sala y.
TOllO l.




340 LA SOBERANIA


'Por término. de quince dias, cuando Pedrosa, recibiendo·
contestacion de su digno amigo' el ministro Calomarde, á.
la carta en que pedia le confiriese el conocimiento esclusi-
vo de la mIsma, obtuvo á medida de su deseo una real
órden mandándole incautarse de ella, y en caso de ser la'
sentencia de pena capital, encargaba su revision ~ la sala
de alcaldes de casa y córte.


Al recibo de esta real 6rden estendió Pedrosa un escrito
reduciendo á doce los quince dias señalados para el término
de prueba, improrrogables, con calidad de todos cargos y
con plazo fatal de veinte y cuatro horas para que elletra-
do se enterase del proceso y formulara la defensa.


Apenas Mariana principiaba á disfrutar algun reposo-
en la soledad, cuando vino á exacerbar de nuevo sus an-
gustias el escribano encargado de notificarle la peticion del
fiscal de S. 1\1. ¡Terrible trance!


Se le pedia, en nombre de la vindicta pública, la pena
capital en los siguientes testuales términos:


«El fiscal de S. M. en vista de esta sumaria en que se
trata de un delito horroroso y detestable, como es el del
encuentro y aprehensiones del signo mas decisivo y termi-
nante de un alzamiento contra la soberanía del rey N. S. y
su gobierno monárquico y paternal, dice:


);Que indudablemente aparece comprobado el cuerpo
del crímen de la mayor y mas intensa gravedad, con la
aprehension del tafetan mÜ'rado, cuyo trozo y signos que
comprende y que por una afortunada casualidad acababan
de aclararlos J las letr:as 6 caractéres sueltos, y la plantilla ó
,


modelo de sus tres lemas que fueron aprehendidos, presenta
la forma de una bandera, para que sirviese de señal de alar-
lIla para un gobierno revolucionario: y acerca de losperpe-




~ACIONAL. 341 '.


''tradores, cómplices y ocultadores de tan infernal como.
horror~sa trama y aun de la ejécucion de aquel signo con-
'vincente de su existencia, presenta tambien el sumario
proporcional y respectivamente el conocimiento mas apre-
'ciable contra los inculcados en él.


\)8e ofrece al exámen y juicio del trihunal uno de aque-
llos delitos, en que por circunst~ncias y modo tenebroso y
de estraordinaria reserva con que se maquina, hasta el mo-
mento de estallar, es susceptible de prueba privilegiada,
la cual en tales casos produce, segun derecho, la misma
virtud y valor que la mas solemne y acabada.


»La indicada bandera, señal indubitada del alzamiento
que se forjaba, se halló y fué aprehendida con los demás
earactéres que habrian de completar su forma, dentro de la
'casa en que habitaba doña Mariana Pineda, cabeza prin-
cipal de ella; y al modo que la ley recopilada hace respon-
der del homicidio al morador de la casa, si en ella se halla-
se muerto un hombre, salvo su derecho para defenderse si
pudiese; esta misma responsabilidad obra con la doña Ma-
riana, teniéndosela por autora del horroroso.delito, motivo
de este proceso; y tanto mas urgente se hace este cargo y
responsabilidad legal, cuanto que en la causa de aquella"
no era desconocido el carácter y objeto criminal de la meu-
-cionada insígnia, pues que resulta, que doña Ursula de la
l)resa, habitante de la misma casa, y quien tenia en ella
recogida á doña Mariana, aun dispensándole el título de
madre, luego que entendió que dentro de la misma casa se
hallaban los dependientes de policía, trató de ocultar el '
'cuerpo del delito} que al fin entregó por sorpresa, rogando
·al dependiente aprehensor, hiciese lo posible por no peraer
la familia de casa.




LA SOBERANIA


»La conducta criminal de la doña Mariana, por su exal-
tada adhesion hácia el sistema constitucional revoluciona-
rio, y por su relacion y contacto con los anarquistas expa- .
triados en Gibraltar, y por lo que tambien tiene procesOf
pendiente, segun informa el señor subdelegado de policía}
y aun ella misma tiene contestado, es una indicacÍon in-
destructible y del mas apreciable enlace con la perpetra-.
cion del deli to que se persigue, y para tenerla por uno de
sus principales autores, y el hecho mismo de haber em-
'prendido su fuga de la prision que le fué constituida en
su casa, y cuyo descargo es por sí mismo despreciable, la
presente confiesa, segun la ley, en el delito de que proce-
dia su prision, y con doble motivo porque intentó seducir·
ó cohechar al dependiente que la custodiaba, y que la dió·


I
al~ance en su fuga; diciendo á éste que la dejase, ofrecién-·
dole qua se fuese con ella y que le haria feliz : de forma,
que de todo ello se deduce, que la doña Mariana Pineda se
halla legalmente convencida de la perpetracion del atroz
delito de que se trata; como de maquinaciones y por actos
de rebeldía contra la autoridad soberana del rey N. S., Ó
suscitar conmocion popular que ha llegado á manifestarse,
pOI' un acto preparatorio de su ejecucion, como se designa
en el artículo 7. o del real decreto de l. o de octubre del año.
próximo pasado, y que por consiguiente es merecedora de
la pena capital que en el mismo artículo se fija.))


El magistrado que así reclamaba la imposicion de tan
cruel y desproporcionada pena era amigo de la. ~usada,
ministro puro '!J recto, segun se decia, hasta entonces; hom-·
bre compasivo 11 de carácter temp lado, pero de ánimo apocado.
y débil en sumo grado, que se dejó acobardar por las ame"" ~


. nazas del sanguinario Pedrosa.




\
NACIONAL. 343


Para nosotros no merece perdon; tan criminal es como
su cómplice, tan infame, ó mas si cabe, que todos ellos.


Aun cuando aquella circunstancia fuese cierta, no amen ..
guaría la gravísima responsabilidad en que incurrió seme ..
jante funcionario del órden judiciaL


Ningun poder. ha de ser bastante á torcer la vara de la
justicia.


Mucho sintió Mariana que pidiese su muerte un hom-
bre que hasta entonces habia tenido cqmo honrado, y mi-
rado como amigo.


Q d· ., ¡ ué 19no an:lgo ....
No podia convencerse de semejante anomalía.
Sin embargo, ni una queja, :c.i una espresion que indi-


case el menor resentimiento contra el fiscal .pronunciaron
sus labios.


Bien es verdad que la infeliz no consideró semejante.
atroz peticion sino como de pura fórmula.,


. P.or esto sin duda, echando una mirada risueña pero,
despreciativa al tribunal, dijo,:


-Noten Vds., señores, que tengo el cuello bastante ro-
busto para ser aj usticiada.


Pero el escribano de la causa, sin pararse en estas pa-
labras, la hizo firmar la notificacion y la indicó que nom-
brase abogado -y procurador para sus defensas.


-Nombro] dijo, con singular entereza, al letrado don '
José Escalera y al procurador D. Francisco l\tlendez.


Una de las' hermanas del Beaterio con quien hemos te·
nido ocasion de hablar mas de una vez, nos ha dicho que
desde aquel dia fatal hubo en la comunidad un verdadero.


.....


dolor y espanto.
-..;.AIgunas de nosotras, decia, pasábamos las noches




344 LA. SOBERANIA
prosternadas en el coro llorando amargamente é imploran-
do á Dios la salvacion de Mariana.


No la abandonábamos un momento, aun cuando no te-
níamos necesidad de confortarla, porque estaba tranquila,
en cuanto cabe, en situacion ta!l triste:


Aun ella misma nos exhortaba á tener valor yá no des-
consolarnos.


Durante estos momentos sus amigos hicieron llegar á
sus manos algunas cartas, recomendándole valor y espe-
ranza, asegurándola que se trabajaba mucho y que no sal-
drian fallidos sus esfuerzos ..•


¡ Pobre Mariana!
El abogado defensor pidió la vista de la causa en estra-


dos públi?os, lo que debt3 -preceder á la sentencia para que
el juez se ent~re á fondo por los informes del acusador y
defensor del mérito de_los autos y de las disposiciones de
la ley; pero esta utilísima solemnidad, que jamás se niega
en cuestiones de alguna importancia, se negó en esta cau-
sa' y no se notificó la negativa para que se ignorase cuan-
do habia sido consultada la 8entencia con la sala de al-


. -' \


c~ldes~
Hé aquí algunos de los principales párrafos de la de-


fensa, defensa pobrísima por cierto:
-«Cierto es que el delito de que se trata, decia el de--


fensor, es de los mayores y mas graves y que exige por las
leyes el mas ejemplar castigo: cierto es tambien que la


...


llamada bandera, letreros y demás encontrado, son cuerpo
de delito: é igualmente lo es q,ue la aprehension de todo
ello se ejecutó en la espresada casa como va referido; pero
DO lo es que mi defendida sea autora ó cómplice del atroz
delito que se le imputa, porque sobre ella no hay una prue-




NACIONAL. 345


ba cierta, y sí muchas duda~ que impiden la claridad qU&
exigen 'las leyes del reino, para que se imp~nga la pena.
del último suplicio, ni la inmediata, sin embargo. que sea
por las mismas privilegiada la tal prueba, porque es bien
sabido que ha de ser efectiva y cierta, aunque de menos so":
lemnidad, y que no bastan para ella, en el caso propuesto,.


"los meros indicios, sospechas, ni presunciones que resul-
ten contra los procesados.


(Aquí hace la historia del registro, hallazgo de la ban-
dera y arresto de la Pineda en su propia casa; en seguida
continúa :)


»Con presencia de todo ello, puede decirse con verdad,
que lo primero que en toda causa 6 proceso debe resaltar
bien comprobado, que es el cuerpo del delito porque se pro-
cede, no lo está en la presente, puesto que no es indudabl6
ni cierto positivamente que el tafetan aprehendido consti-
tuy~ 6 forme una bandera, y bandera de alzamiento, cons-
píracion 6 revolucion: lo uno, porque aun no estaba hecha'
bandera, y por consiguiente aun no lo era, y lo otro por-
que el emblema del triángulo verde fijado en su centro,
demues.tra que su destino era mas bien para adorno de al-
guna lógia francmasónica; y acerca de este delito que es de
otra especie, solo serán reos los que lo sean, ~ se reunan, y los
cojan; pero no los que formen cosas ó borden sus atavíos, '!I
menos las mujeres, que así como no pueden ser obispas ni
confesoras, tampoco pueden ser francmasonas; por lo inismo
el calificar de bandera revolucionaria el tafeta:a aprehen-
dido por solo los letreros, de los cuales solo dos están prin-
cipiados á bordar, es tan aventurado, como lo seria estimar
envenenado á todo difunto que tuviese las uñas moradas, ó
alguna otra señal de las que produce el veneno; siendo así




, , "


,


346 I.A SOBERANÍA


que muchos se mueren sin to~ar otro q,ue el que tenia n
en la'masa 'de sus humores, propio 6 adquirido, 6 el de las
medicinas que les recetan; y porque hay muchas cosas que
se equivocan con otras, así como el insultado con el muer-
to, el hip6crita con el hombre de bien, la venganza con la
rectitud, la ignorancia y la cobardía con la prudeI,lcia, y la
tontería con la santidad.


»Todo es de presumir que lo tuvo presente el señor go-
bernador de las salas del crímen, y que por ella usó de la
agudeza satírica en su oficio dirigido á V. E. con fecha 19
de marzo de llamar al tafetan aprehendido bandera tricolor
en lugar de revolucionaria, pues no podia ignorar S. S. que


, no toda bandera de tres colores se llama tricolor, que los de
esta son azul, blanco y encarnado, y los que se ven en el
tafetan son encarnado, morado y verde, y así tambien por
igual razon, no todo lo que forma tres es trinidad, pues no
lo son los tres números de un terno de lotería, ni los ene-
migos del alma que eran tres, antiguamente, aunque ya
se cuentan por gruesas como los del cuerpo, y los de la
tranquilidad y felicidad del género humano. \)


¡Qué defensa tan pobre! ¡qué lenguage tan vulgar el
del defensor! qué ideas, qué argumentos, qué figuras retó-:
ricas tan prosáicas! .


¡Pobre Pineda! ...
»A ello se agrega, continúa diciendo el abogado defen-


sor, que para un alzamiento 6 revolucion no hay necesidad
de banderas, sino de armas y gente, y así es que en las
muchas revoluciones que conocemos, unas por desgracia y
otras por fortuna, no habrá quien diga con verdad que ser-
via de señal ninguna bandera, y no habiendo en el caso.
presente ni armas, ni gente dispuesta ó alistada para aI-




~ACIONAL. 3t7
zarse á revolucionar, la llamada bandera es un trapo insig-
nificante.


»Por otro concepto, el legislador trata de ~ontenér, con
las graves penas que establece contra los conspiradores, la
ambicion de los hombres que las promueven para tomar
destinos.


»¿ y cuál podria esperar la doña Mariana Pineda, ni la
vieja doña Ursula'?


»¿Seria aca.so por la Iglesia, por la toga ó por la mili-
cia?


»¿Qué interés, pues, podia moverlas á tal atentado'?
»A la verdad, ninguno.
»Mas, sin embargo, la parte fiscal acrimina severamen·


te á una y otra.
(Habla aquí el defensor del tanto de- culpa de doña Ur-


su ~a y enseguida continua.)
»En cuanto á la doña Mariana PiLeda, puede decirse


que aun es menor, si cabe, la prueba que resulta de la cri-
minalidad que se le atribuye, porque ni la llamada bande-
ra) ni los letreros se le aprehendieron en su persona, ni en
cofre ó cómoda suya, ni en su habitacion, ni puede decirse
con fundamento que sean obra de sus manos las letras
bordadas del tafetan, porque no sabe bordar, y porque en
la casa no se halló bastidor alguno, ni otro indicio de que
allí se hubiese bordado, cuya ocultacion tampoco es de
presumi~, porque era inútil dejando el tafetan y letreros y
. siendo mas fácil y urgente esconder estos, que no un mue-
ble que por sí solo no prod ucia sospechas; ni además se
conve:c.ce que la doña Mariana supiera existian en su casa
el dicho tafetan y letreros ...


»A ello se agrega que no hay prueba alguna de que el
TOMO l. 53




348 LA 80BERANIA
repetido tafetan fuese para formar con él la bandera llama·
da revolucionaria, ni aun cuando para ello fuese, que se
niega, el h~berse aprehendido en casa de la doña Mariana,
no constituye por su mera existencia el acto preparatorio
de ejecucion del 'grave delito de rebeldía contra nuestro
soberano, ni el de conmocion popular de que habla el artí-
culo 7. o del real decreto de l. o de octubre del añó próximo
pasado, para que pueda imponer la pena en él señalada á
la doña Mariana Pineda, por dos razones: por la ignorancia
de esta ley de cuya noticia ó conocimiento DO se ha inter-
rogado, pues siendo mujer la referida, le basta solo alegar-
la para que sea atendida y la escuse por derecho; y la se-
gunda,porque los tales actos preparatorios deben ser de los
necesarios á la rebeldía ó conmocion popular, y 'no bastan
los contingentes ni equívocos, y porque además han de
ser completos ó perfectos; pues ya está dicho que el tafetan
aprehendido podria haberse formado con otro fin ú objeto;
esto es, para otro uso que el de bandera revolucionaria:


; qué las tales qanderas no son precisas, ni aun ne~esarias
para las revoluciones; y que aun cuando con el repetido
tafetan se hubiese pensado en formar semejante bandera,
se observa que no estaba, ni concluido el adorno ó distin-
tivo de sus lemas, pues faltaban por bordar mas de la mi-
tad dé ellas, y que por consiguiente, que sin estarlo, se
quitó del bastidor, del cual es bien sabido que no se separa
lo que se está bordando hasta que se concluya, porque se
desperfecciona y no puede despues continuarse bien, fal-
tando el primer atirantado que tenia la tela: y cuando se
quitó á medio bordar, seria por algo seguramente.


I »¿Y no es posible que fuese porque el autor de esta
obra se arrepintiera y desistiese de su empresa, y que tra-




NACIO~AL. 349


tara de conservar el tafetan· para aprovecharlo, desco-
siéndole y quitándole lo que tenia bordado?


) y si así fuese, porque es posible que lo fuera, y por-
que no hay prueba alguna en contrario, ni la hay tampoco
de que por otra causa se quitase del bastidor el tr.fetan an-
tes de concluÍ!- su bordado ¿cuál seria el delito del que lo
ejecut6?,


»Y cómo podrá, bajo de estos supuestos tan racionales
y prudentes, constituir en buena filosofía acto preparatorio
completo ó perfecto de rebeldía ni de conmocion popular la
mera existencia del tafetan aprehendido en la espresada
forma?


»No es posible, sin embargo de que se estime 'lue hay
alguna responsabilidad en la persona de cuyas manos se
aprehendió.


» Así como no se estimaría tampoco, si no es dispara-
tando' acto preparativo completo ó perfecto de un homici-
dio, el resolverse á ejecutarlo, tomar armas, dirigirse con
ellas á buscar ó á esperar en sitio fijo al que 'habia de ma-
tarse; pero que arrepentido el que lo hacia, se volvió sin
haber llegado al sitio en que debia esperar ó acechar y en
el camino, ya de vuelta, fuese aprehendido por la justicia;
al contrario, con razon podria estimarse que el acto prepa-
ratorio del supuesto homicidio era completo, si habiendo
llegado el figurado homicida armado al sitio que habia
de esperar ó acechar para ejecutar la muerte, Re le apre-
hendiese en él, esperando ó acechando con las armas pre-
paradas.


»Y por otro concepto, los delitos y delincuentes, asimis-
mo como las virtudes y los virtuosos, no se deben calificar
por el esteríor que presentan, porque no es lo mismo pare-




350 LA SOBERANIA.


eer criminal que serlo, así como tampoco es lo mismo ser
justiciero que justo; pues entre uno y otro hay mucha di··
ferencia.


,)Mas, sin embargo de todo ello, que es tan claro y sen-
cill01 y tan fácil de comprender, la parte fiscal acrimina á
la doña Mariana por dos conceptos, ambos en ley,. de pre-
sunciones: el -primero lo funda en el hecho de la aprenen-
sion ejecutada, porque se hizo en la casa morada de doTía
Mariana, "Y 'Porque ésta, como cabeza de ella, debe respon-
der, y para demostrarlo, hace comparacion de lo prevenido
en la ley de fuero y recopilacion acerca del hombre muerto
ó herido <lue se hallare en alguna casa -y no supiese quién
lo hirió ó mató; pero este argumento de comparacion no
podrá menos de o bservarse que no es tan exacto como se
supone, por muchas y poderosas razones; entre otras, por-
que no es tan fácil matar_ á un hombre sin veneno en una
casa sin que lo entienda el dueño de ella y que pueda de-
signar quién lo mató, como el introducir y colocar en al-
g~n sitio de ella un trapo y unos papeles de poco bulto ó
volúmen, sin que lo vea, ni entienda el dueño de la casa;
bien sea por los domésticos de ella ó por otra persona de
las que concurran á la misma, ó por las dos cosas, porque
la indicada prevencion de ley recopilada que produce la
notada sospecha y el cargo á ella consiguiente, se ciñe y
limita al homicidio de que trata; no se contiene en el real
decreto citado del l. o de octubre del año próximo pasado, y
su ampliacion de aquella á este; y con tan diverso objeto
es improcedente y odiosa en derecho; y sobre todo porque
la ante dicha ley recopilada solo ordena que el morador de
la casa sea tenido de responder de la muerte, pero. no que
muera por ende ni por allende.




NACIONAL. 351 '


»Y la misma respuesta que podia dar el morad.or de la
casa donde se hallare el muerto, si aquel fuese manco de
ambas manos, ó estuviese de otro modo impedido yen im-
posibiJidad de dañar á nadie, es la que debe dar doña Ma-
riana Pineda á la reconvencion que se le hace por el medio
muerto que se halló en su casa, puesto que no pudo ser
obra suya porque no sabe darlos.


»Aque se agrega, que en ninguno de los artículos del
citado real decreto se establecen reglas para la calificacion
del delito de que se trata, ni para la de sus autores ó cóm-
plices: y por ello es visto que en esta parte debe estarse á
las comunes establecidas por derecho.


»Segun estas, es bien sabido que no se conceptúan ni
autor ni cómplice de delito alguno al que no lo comete ni
tiene parte en su ejecucion; y para estimarle delincuente
es necesario que se pruebe en bastante forma lo uno ú lo
otro, y tambien que tenia el debido conocimiento de lo que
hacia y la libertad necesaria, porque sin esta ni aquel no
hay verdadero delito, ni delincuente; así como tampoco
hay pecado con respecto á la conciencia: y de -estas verda-
des que son bien sabidas, se podrian poner muchos ejem-·
plos que fuesen á propósito en el caso presente: entre otros,
se ocurre uno que no seria muy dificil se presentase; tal es
el caso en que, bien la ante dicha bandera ú otro trapo se-
mejante, se hubiera aprehendido á una bordadora de ejer-
cicio, estándole bordando por encargo de persona para ella
desconocida, puesto que ya la habia pagado su trabajo, y
que ni la tal persona ni otra alguna le hubiese manifestado
ó descubierto el emblema 6 significado de lo que hacia.




.. ..




352 LA. SOBERANIA.


»Ciertos acontecimientos y circunstancias fatales son
los que han hecho que á la acusada se la tenga por algu-
nos en un concepto que no merece.


» Por deber y por caridad ha dado pasos y gestionado la
misma en favor de algunos desgraciados; y por no haber-
accedido á pretensiones de otros sugetos se ha adqlJ.irido y
tiene algunos enemigos y no seria estraño que estos se ha..,
yan propuesto llevar su resentimiento y venganza hasta el
es tremo de arruinar la.»


(Concluye diciendo que no merece su defendida la pena
pedida por el ministerio fiscal y pasa á hablar de los demás
procesados. )


Es digna de observarse una circunstancia; el abogado
defensor que tiene momentos en su defensa verdaderamen-
te notables por el aplomo y acierto con que trata la cues-
tion. ;¡ ~or las ~ican.tes alusiones al ju.ez ue la causa, era
tenido en Granada por furibundo realista~ y lo era real-
mente; mientras que el fiscal pasaba, como hemos dicho,
por un hombre recto y bondadoso.


¡De todas maneras la forma de la defensa es deplorable;
su lenguaje chabacano, sin inspiracion ninguna!. ..


No sucedia así, sin embargo, con respecto á la persona
de D. Ramon Pedrosa, á quien conocian todos y en cuyo
juicio no se equivocaba ninguno.


Él impuso á la doña Mariana la pena capital; y con el
mayor secreto, como el que teme se malogre con la pu bli-
cidad un negocio de grave interés, consultó la sentencia
con la sala de alualdes de la real casa y córte.


En ella se vió la causa á puerta cerrada, sin citaCÍon ni
audiencia de la interesada, y se vió tambien una pieza
reservada, de que no se habia comunicado traslado en




NACIO~AL 353
Granada á ninguno de los acusados, y que era respectiva
á cierto depósito de escarapelas tricolores halladas en una
maceta de Doña Mariana.


Semejante pieza separada, obra hoy adjunta al proceso,
pero en Granada nadie sabia una palabra de su existencia
mientras aquel duró.


Llegó el trece de mayo y se difundió como una chispa
eléctrica la noticia de la confirmacion de la sentencia ...


N o es decible la dolorosa impresion que causó en toda
la ciudad.


Vagaban las gentes desatentadas de acá para allá, con
semblantes músticos y taciturnos, con la angustia en el
corazon y contristado el ánimo.


Llenos de ira los corazones no 1 es era dado espresar los
rencorosos sentimientos que todos abrigaban contra los au-
tores de tan inícuo é impío asesinato jurídico.


El alcalde mayor, segundo, en quien delegó Pedrosa
sus poderes para la ejecucion de la sentencia, se presentó
en el beaterIo, que ya se hallaba rodeado de los satélites
del despotísmo, y mandó que se presentase la Pineda.


Era ya muy entrada la mañana.
Mariana se presentó vestida de negro y acompañada de


algunas religiosas que la miraban con semblante triste y
alarmado.


-Señora, la dijo el juez, ha terminado ya su perma-
nencia en esta santa casa y es preciso que me siga V ...


Las religiosas que la acompañaban prorumpieron en un
desconsolador llanto.


Pero la Pineda, sin preguntar siquiera á dónde iba, se
dejó caer de rodillas delante la imágen de los Dolores es-
clamando:




354 LA SOBERAN fA


-¡ Madre mia; vos pasasteis por el amargo dolor de ver
espirar en la cruz á vuestro inocente Hijo á manos de sus
impíos verdugo$; contemplad lo que entonces sufrísteis y
consolad á una débil criatura que va á morir, tambien
inocente y como él por la causa de la libertad del género
humano; que vá á separarse para siempre de sus tiernos é
idolatrados hijos! ...


Hasta entonces tenia los ojos secos y conservaba una
actitud tranquila, pero al nombrar á sus hijos, prorrum-
pió en un amargo llanto, y alzando al cielo sus manos,
continaó :


-¡N o los abandoneis, Señoral ¡á vos los encomiendo! ...
¡Qué seria de ellos sin el ausilio de la gracia divina!
y levantándose de repente, y enj ugándose los ojos con


violencia, como si se avergonzára de este acto de debilidad
delante de su verdugo:


Vamos caballero, le dijo, vamos á dónde V. quiera ...
Iba á adelantarse, cuando retrocedió algunos pasos y


se lanzó en brazos de las beatas que la rodeaban.
--Queridas hermanas, les dijo, nada me queda con que


mostrarme agradecida á vuestros servicios ...
Cuando me vea en la presencia de Dios, rogaré sin ce-


sar por vosotras ...
¡ Su di vj na magestad os colme de beneficios y recom-


pense lo mucho que habeis hecho por mí! ...
'A d' ,


- J lOS .•••


y volviéndose de nuevo al juez:
-Vamos, señor, vamos, le dijo.
Las hermanas, anegadas en llanto, no podian pronun-


ciar U!1a sola palabra; pero al fin, revistiéndose de valor y
haciendo un supremo esfuerzo, la rectora la contestó:




NACIONAL. 355
-Hermana; no pierda V. la confianza en Dios, él la


ayudará en sus penas: nosotras rogaremos por V. eterna-
mente ...


A estas últimas palabras habia salido ya del claustro.
Atravesó los umbrales del beaterio entre los alguaci-


les y entró con el juez en una berlina qua tenia prepara-
da á la puerta.


La cárcel baja es un edificio próximo á la Catedral y
dominado por sus encumbradas torres, que la infunden un
aspecto melancólico y sombrío.


La entrada es por un zaguan lÓbrego y ruinoso.
Frente al zaguan paró la berlina que llevaba á Ma-


rIana.
Rechazó la mano del juez, que se la ofrecia para bajar;


atravesó hasta con indiferencia nor entre los soldados de
..


la guardia, de los hermanos de la caridad, de una turba
de frailes preparados para auxiliarla, de una multitud de
lla veros, alcaides y alguaciles, hasta llegar al cuarto prin-
cipal donde iba á notificársele la fatal sentencia.


El escribano estaba aguardándola y despues de haberla
mandado que se sentase, principió á desplegar sus rollos
de papeles, interin daba tiempo á que se formase en la
sala un aparato de fuerza y un lujo de arbitrariedad in-
decible.


Pedrosa se hallaba en el umbral de la puerta con los
ojos clavad08 en el rostro de la Pineda.


Cuando el escribano lo tuvo todo á medida de su gusto,
mandó á su víctima que se levantase y diese algunos pasos
hácia la mesa, detrás de la cual aquel se hallaba.


Entonces principió la lectura de la sentencia, que era
larga pOI' sus muchos considerandos.


TOM(I l.




356 LA SOBERANÍA
Mariana escuchaba atentamente y sin inmatarse hasta


que oyó pronunciar las palabras: en nomóre de S. M. el
rey (q. D. g.) decimos que debemos condenar y condenamos á
la pena de muerte en garrote 'Dil ... etc.


Entonces prorrumpió en aruarguísimas quejas contra
el rey, contra su gobierno y el juez de la c&.usa. .


Tuvo un" momento de verdad aro arrebato, durante el
cual, y vol viendo la cabeza de un lado para otro, reparó en
el rostro infame de Pedrosa, que con sonrisa burlesca en
los labios contemplaba esta escena desde el dintel de la
puerta.


Esta circunstancia la devolvió su natural calma y san-
gre fria.


-¡Ah! Señores, esclamó, perdonen Vds. mi destem-
planza: habia olvidado por un momento los santos princi-
pios de mi partido.


Prometo en lo suceúvo no dej~,rme arrebatar mas por
las pasiones humanas: estas podrian hacerme perder la ra-
zon y quebrantar el silencio que me he impuesto respecto
á ciertas pregunta'3 que incesantemente se me dirigen.


¡Nó, nó! es preciso q 'le por mi culpa nadie sufra un
solo dia vuestra odioso persecncion.


Prefiero mil veces sufrir una lnuerte gloriosa á cu-
brirme de oprobio profiriendo una sola palabra impruden-
te que pueda comprometer á nadie.


Se la condujo en seguida á la capilla.
Era esta una sala cuadrilonga, estrecha, con dos alco-


bas sin luz; negras las paredes, sucio y desenladrillado el
suelo, sin mas rauebles que dos sillas y una mesa sobre la
cual colocaron entre dos velas una jmágen de la Virgen
de las Angustias.




NACIONAL. 357
Al estremo de la sala se puso un centinela de vista, y


contínuamente vigilabau los ministriles y los dependien-
tes de la cárcel.


Apenas había entrado la infeliz en esta triste mansion,
cuando la cayeron encima un enjambre de fn:iles y her-
manos de la caridad, cuyas destempladas exhortaciones y
desaforados gritos disgustaron mucho á Mariana, basta el
punto de verse precisada á mandarles salir- en mas de una


.


ocaSlOn.
El R. P. F. Juan de la Hincjo,~a, del órden de S. Fran·


cisco (el mismo que la ha.bia bautizado) se att'evió á ha-
blarla en los siguientes términos:


__ o ¡Mariana! ¡bija mía! el lance en que te encuentras es
fataL .. no hay remedio para tí... la muerte te aguarda si
no logras templar las iras del monarca confesando quienes
son tus cómplices ...


C0nfiesa, hija mía, confiesa y confia en la clemencia
d el mas bondadoso de los soberanos.


-¡Padre!. ... le contestó indignada Mariana; esas pala-
bras me ofenden, y si lograseis que las diere oidos, nle ha-
rjan desconfiar de la divina clemencia.


Váyase V., retírese V.: para nada ,ne,eosíto seloejantes
exhortaciones.


-Cuando yo hablo así, hija mia, es porque me intere-
sa tu vida, porque estoy autorizado ...


---.:.Lo repito, no quiero oir á V.
y acercándose mas el fraile, murmur6 en su oidQ:
--- Tengo órden de anunciarte que nuestro digrro ma-


gistrado D. Ramon Pe:irosa tieue plenos podei'es para In-
dultarte sí dejas dI::) peL'sistir en tu silenüio, si permites
que ...




358 LA SOBERANÍA


-Pues diga V. á ese mónstruo, le contestó con altivez
Mariana, que no espere que mis labios pronuncien una sola
palabra; dígale V. que le emplazo ante la presencia de
Dios ... El fraile viéndola tan decidida, se despidió de l\1a-
riana diciéndole con enfático acento:


-Voy á cumplir con tu encargo.
Efectivamente, Pedrosa estaba facultado para perdonar-


la en nombre del rey, si se prestaba á declarar quienes
eran los que debían dar el grito de libertad, con la bande-
ra que de su órden se estaba bordando.


Cuando estuvo desembarazada de aquel molesto reli-
gioso, pidió á los encargados que, de su órden, fuesen á
buscar á su confesor, al honrado y liberal presbítero D. José
Garzon, cura de la parroquial iglesia de las Angustias.


Su presencia no se hizo esperar mucho.
Así que llegó, se retiraron los hermanos de la caridad,


dependientes da justicia y religiosos que allí habia, que-
dando solos Garzon y l\lariana en aquel tristísimo recinto.


Mariana se arroj ó en sus brazos.
-- Amigo mio, le dijo, gracias al ci~lo que tengo la


suerte de tener á V. á mi lado; así al menos este duro tran-
ce se me hará mas breve y menos doloroso ¿no es verdad?


El. párraco dejó asomar algunas lágrimas que rodaron
por sus mejillas.


-Animo, ánimo, continuó; he llamado á V. no para
entristecerme, sino para alentarme.


y sentándose en las dos únicas sillas del aposento, solos,
casi á oscuras, principió por enterarle minuciosamente de
sus negocios de familia; le ~ hizo varios encargos y solo sal-
taron sus lágrimas y se estremeció profundamente su co-
razon al recordar á sus hijos queridísimos.




N'.CIONAL. 359


-Quedan huérfanos, esclamaba, confiscados sus bienes,
sin apoyo, ni proteccion de nadie: 3GaSO mal mirados por
ser hij os de una ajusticiada! ...


¡Desgraciados! ¿,por qué no os sacrifican tambien con-
migo y se sacian de sang-re inocen t0 :r.. u estros enemigos'?


Mas os valiera, hijos mios, perecer hoy en un cadalso,
que quedar en tan tierna edad, sin padre, ni madre, aban-
donados á vuestra suerte.


El cielo oiga mis fervientes súplicas en vuestro favor,
y despierte la compasion de algunos de mis amigos, para
que mire por vosotros.
~,--Mariana, Mariana~ no desespere V. sobre este punto.
No le faltan á V. amigos fieles que miraremos por el


porvenir de sus hijos, que serán de hoy mas los nuestros
pr~dilectos .


No les abandonaremos ni los dejaremos conocer el triste
fin de su buena madre, hasta que siendo mayores, sean
capaces de apreciar el noble timbre que su desgracia les
lega por herencia.


¡Ah! Mariana; dia negará, no lo dude V., que todo es··
to cambiará de aspecto: V. desde el cielo lo verá, y ...
-Nó~ no lo dudo, contestó inspirada de un santo entu-


siasmo, no lo dudo, amigo mio.
La causa sagrada de la libertad de los pueblos, fecun-


dizada por el lnartirio de tantas víctimas, ha de triunfar
al cabo y los satélites del impío gobierno que hoy nos


,


rige han de ser arrojados de este suelo, y tal vez su propia
sangre lavará la mancha que la mia vá á causar en todo su
partido: el pueblo no puede ya con los duros hierros que
hoy pesan sohre él, y que arrastra mal de sn grado: ¡ay del
dja que rompa sus cadena~ y se arroje sobre sus opresores! ...


..






360 LA SOnERANJA


-- No se agite V., Mariana, se 10 suplico ...
-Poco pierde, amigo mio, el que en estas circunstan-


cias abandona este mísero mundo:- feliz mil veces quien
con una conciencia tranquila se somete con resignacion á
la voluntad del Señor.


Luego volviendo la vista hácia uno y otro lado de la
habitacion, llena de insectos incómodos y asquerosos, mirt) al
confesor con significativa sonrisa y le dijo:


-¡En qué aflictiva y humillante situacion me han co-
locado~ ...


¡ La muerte es poco para los satélites del despotismo;
nece~itan tambien a.tormentarme! ...


Pasando algun tiem,po en confidencial conversacion,
con aquel digno sacerdote, sintió una sed abrasadora.


-¿Qué quiere V., Mariana'? le preguntó el cura.
-Un vaso de naranja.
Al instante mandó traerse, y habiéndole side servida en


preseneia del juez, éste le dijo:
-Me parece que esta bebida puede dañar á V.
-Bien puede ser, contestó Mariana sonriéndose; pero


antes que esto suceda todo habrá concluido para mí. ..
Quedó el juez admirado, no menos de la pronta y opor··


tuna réplica, que de la calma y serenidad con que la pro-
nunció.


Al anochecer de aq nel primer día de capilla, indicó el
alcaide mayor 01 confesor que era necesario que la víctima
se sujetase á· ciertas formalidades establecidas para seme-
jantes casos, por cuya razon convenia la persuadiese se de-
jase mudar de traje, y entregase asimismo el cordon de
sus cabellos, las horquillas de su peinado y hasta las ligas.


Duro trance fué para el confesor el desempeño de esta




NACIONAL. 361
comision, pero al cabo se resolvLJ á ejecutarla de la mane-


,


ra mas conforme á la dulzura de su car . 'Lcter y menos humi-
llante para la infeliz :Mariana.


Poco costó convencerla: á todo se avino sin la menor
resistencia, sin bacer la mas mínima úhjeeion.


Entró para esto la mujer del primer alcaide; pero al
quererle ('!llÍtar las ligas:


... ' ¡Alto aquí, señora~ la dijo echándola una mirada de
noble dignidad; jaluás co'nsentiré snbir al patíbulo con las
medias arrastrando: que se tranq uilicon e"os ministros de
la tiranía, y vivan seguros de que aunq ue tuviera medios
de quitarme la vida, no lo haria, p01'q ue me sobra valor
para subir al cadalso ... y el que se suicida es un cobarde!


La mujer del alcaide LO insistió, tambien estaba pro-
fundamente conmovida.


A poco rato pidió una jofaina con agua para regar la
habitacion á fin de ahuyellt~r un poco los muchos insectos
que en ella pululaban.


Hecho esto, se aeostó vestida sobre una cama que aea-
baban de preparar al intento y durmió tranquilqmente
unas cuantas horas.


Apenas despertó por la madrugada, llamó á su confesor
y se reconcilió"pafa estar preparada á recibir la comuulon
que se administraba á los reos, el segundo dia de capilla,
con toda pompa y aparato.


Concluid.a esta ceremonia pidió hacer testamento y le
fué LJegado, bé1jO el pretexto de que tenia todos sus bienes
embargados por el tribunal ..


Entonces pidió papel y ti!.ltero para hacer ciertas acla-
raciones respectivas á sus deudas y empeños.


Estos documentos obran en la pieza de diligencjas de




362 LA SOBERANlA


ejecucion de la sentencia, en la escribanía de cámara de las
~alas del crímen de la chanchillería de Granada.


Suplica, entre otras co~as, se desempeñe un anillo de
brillantes y se entregue á su hija Luisa, para eterna y úni-
ca memoria de su cariño.


Despues escribió una carta tiernísíma á su. hijo, di-
ciéndole:


«Te recomiendo mucha firmeza en los principios polí-
)lticos de tu madre; te suplico que huyas de este pais cuan-
»do tengas edad y medios para hacerlo: no te avergüenzes
»nunca de haber nacido de una madre sacrificada por la
»mano del verdugo, puesto que muero por la libertad; por
»la causa santa del pueblo ... te ruego pOI' fin que jamás
»abandones á tu hermana Lucía! ... )


Otra carta escrí bió tam bien recomendando la tutela de
sus hijos al presbítero don Pedro la Sel'rana, condenado á
la sa20n á presidio por opiniones políticas.


Concluidas estas cartas se retiraron los dependientes de
justicia y se pasó el dia en la práctica de algunos ejerci~
cíos espirituales y hablando del mundo como de una cosa
ya remotamente pasada para ella.


El recuerdo de sus hijos era lo único que turbaba de vez
en cuando su serenidad.


_ Antes de media noche se acostó, y por última vez dur-
mió tranquila y sosegada el sueño de los justos.


A las seis de la mañana del día siguiente, mientras el
gorgeo de los innumerables gorriones que anidan en las
cornisas de la Catedral entonaban su canto matinal, la
Pineda se bajó de la cama y llamó al confesor.


-Amigo mio, le dijo, mi hora se acerca; poco tiempo
me resia ya de vida ...




NACIONAL. 363
-y bien, Mariana ..... para todos ha de llegar la hora


suprema.
Usted es un ángel y no debe temer la presencia de Dios


que la aguarda para colocar en su frente la corona de los
mártires.


-¿Qué hora es?
-Princi pia á amanecer.
-De modo que dentro de una hora ... '?
-Den tro de una hora habrá principiado para V. una.


vida eterna de 'paz y de ventara! ...
El confesor lloraba como un niño ... le era imposible


mostrarse sereno.
-Amigo mio, le dijo, es V. demasiado sensible yapo-


cado para vivir en este pais, en donde son por desgracia
tan frecuentes las escenas de horror y de sangre; aprenda
usted. de luí que en medio de los mayores infortunios toda-
vía tengo presencia de ánimo, espíritu suficiente para so-
portarlos: solo me siento débil cuando pienso en mis que-
ridos hij os.


¿Es posible que haya de morir sin verlos, sin estrech~r­
los en mi regazo, sin darles mi último adios, sin imprimir
en sus tiernos corazones la tremenda leccion que les daria
mi moribundo semblante? ¡Oh.! qué infames son mis ver-
dugos!. ..


¡Hijos mios, hijos de mis entrañas; vuestra madre
muere sin besaros una vez siquiera ... sin poder daros el
, lt' .,1' 1 U lIDO aL'lOs ....


En esto ya se oian á lo léjos los tambores de las tropas
que marehaban al sitio de la ejecucion y el piafar de los
caballos que tomaban las avenidas de la cárcel.


Al percibir el padre Garzon aquel siniestro ruido su.
TO,\fO r.




364 LA SOBERANtA


semblante hizo una trasmutacion visible y se apoder6 un
ligero temblor de todo su cuerpo.


-Vamos, vamos, dijo entonces Mariana al observar el
completo trastorno del sacerdote; le relevo á V. del com-
promiso de acompañarme en la carrera: no' podria V. sos-
tenerse en su papel, y me haria V. falta en el último
trance.


Váyase V. á aguardarme al pié del cadalso.
El cura se resistió algunos momentos, pero Mariana


continuó:
-Se lo pido á V. por favor, padre; vaya V. 'á aguar-


darme al pié del suplicio, no me faltarán religiosos que me
ausilien por el camino.


Efectivamente, en el instante en que el padre Garzon
obedecia á Mariana, se presentaron los hermanos de la paz
y caridad, los frailes agonizantes y el ejecutor de la jus-
ticia.


El hermano mayor de la caridad traia en una bandeja
de plata la h·opa y un birrete negro.


-Señora, la dijo, un sagrado pero penoso deber nos
obliga á presentarnos á V ...


- N o nos mire V. como enemigos, añadió otro de fiso-
nomía noble y respetable.


-N6, caballero; ya sé cuál es la mision de Vdes. en
este momento y es muy digna de ser apreciada.


-Animo, D. a Mariana, dijo uno de los frailes con des-
entonada voz.


-No me falta, padre!. .. morir por una causa tan santa,
no es morir, es ir al cielo! ...


El hermano mayor desplegó la hopa y le dijo presentán~
dosela:




NACIONAL. 365
-Hermana ... es la última prueba de resignacion cris ...


tiana. ..
-Sea enhorabuena, amigo mio.
y prestóse con la mayor humildad á vestirse aquel hor-


rible trage: el hermano mayor, turbado sin duda, se lo co-
locó al revés.


La Pineda lo observó y le dijo:
-Deje V. hermano, ya me lo pondré yo misma: no es


usted muy práctico en esto.
Ella misma se lo quitó y volvió á poner bien.
Luego se le acercó el verdugo y le dijo con humilde é


hipócrita acento:
-Es práctica, señora, en estos cas-os, aparentar las


manos atadas. Permítame V. que la coloque estos corde-
les ....


-¡Dios mio! esclamó Mariana; esto mas ¿temen mi re-
sistencia por ventura?


-Perdon, señora; la leyes inflexible.
-Está bien, sea; Jesús tambien fué atado y escarneci-


do!. .. yo no debo ser menos.
y aquellas manos tan delicadas, tan bellas, tan cele-


bradas por su blancura y por los lindos hoyuelos que al
abrirlas formaban las coyunturas de los dedos, se entrega-
ron al verdugo con la mayor humildad y resignacion.


Uúa tosca cuerda las aprisionó, no por mera fórmula,
sino dura y estrechamente.


-Me lastima V. mucho!. .. esclamó Mariana.
-Eso no es nada, contestó el verdugo, prescindiendo


ya de su primitiva hipocresía; es el primer momento .
. Los frailes de capuchinos, San Antonio y San Francis-


co que dehian acompañarla al suplicio, la colocaron un




366 LA SOBERANIA.
crucifijo entre los dedos, y sobre el pecho algunas reliquias
y escapularios.


El verdugo la puso el birrete que casi la tapaba la
cara.


Ella se lo retiró con el crucifijo, dejándose descubierta
hasta la mitad de la cabeza.


Destrenzado el cabello, salia por debajo del birrete cu-
briéndole la espalda, los hombros y una parte del pecho;
los bucles de delante ondeaban sobre SllS mejillas y caian
flotando casi hasta la mitad de su hermoso cuello.


Hubo un momento en que, concluida toda esta opera-
cion parecía que se aguardaba una voz, una órden para po-
nerse en movimiento aquella lúgubre comitiva.


Mariana lo conoció:
-Vamos, señores, dijo, marchemos al calvario.
y emprendió su marcha con paso firme, con semblante


animado, sonriente.
Los frailes principiaron á exhortarla todos á un tiempo;


todos gritaban á la vez, dirigiéndose, precedidos del ver-
dugo, á la puerta de la cárcel.


Al pisar sus umbrales, tuvo que aguardarse á que el
pregonero público anunciase á voz en grito el crínien de
traicion por el que habia sido sentenciada á la pena de gar-
rote y conflscacion de bienes, y en nombre del rey se amena-
zaba con igual suplicio al que implorase perdon ó de cual-
quier manera se opusiese á la ejecucion de 'la sentencia.


Evacuada esta formalidad, .ayudaron los hermanos deja
caridad á Mariana á montar en una mula; tiraba del ron-
zal el verdugo, precedido del pregonero ""S de un piquete de
c:tballería; alrededor iban los frailes rezando y amonestán-
dola; seguian los hermanos de la caridad, un receptor á.




NACIONAL. 367


caballo vestido de sério, y cerraba la comitiva una com ...
pañía de infantería con cajas destempladas.


. El pregonero repetia su pregon en los sitios de cos·
tumbre.


Granada estaba de luto: todos los balcones y ventanas
cerradas; los pocos curiosos que habia en la carrera guar ..
daban un silencio sepulcral.


Llegó la comitiva por fin á la puerta de Elvira,-desde
donde se veia la Vírgen del Triunfo, lugar de la ejecucion.


-(Madre miar esclamó al divisar la efigie, objeto de
particular veneracion en Granada.
¡~Madre mia! por la preciosísima sangre que en la cruz


vertió vuestro Hijo, ¡el grande mártir de la libertad! os
ruego que perdoneis á mis asesinos, os ruego que - mireis
por mis infelices hijos!


En esto el pregonero publicó el último pregon dentro el
cuadro que formaban las tropas al rededor del cadalso.


Al entrar en él la víctima, creció de repente el fervor
de los religiosos que la auxiliaban y el pánico de los con-


\


currentes sa retrataba en el rostro de todos.
El patíbulo estaba levantado alIado izquierdo d6 la


Vírgen, como á unas cuatro varas de la verja que la rodea.
Era un tablado de madera de cinco piés de altura, cu-


bierto de bayetas negras, en señal de la nobleza de la víc--
tima.


Una eircustancia merece consignarse en este lugar, que
no pasó desapercibida de persona alguna.


Al salir de la cárcel el fúnebre cortejo, el cielo estaba
límpio y sereno como el mejor dia de mayo en la hermosa
Andalucía; pero á los pocos momentos principió á ennegre-
cerse, á bramar el viento y hácia el horizonte, por la parte




368 LA SOBERA:\IA


de Guádix, serpenteaban de cuando en cuando algunos re·
lámpagos seguidos de terribles y prolongados truenos.


Principiaba á lloviznar cuando Mariana tocaba ya al
pié del cadalso.


Allí le salió al encuentro su confesor, don José Garzon;
el buen sacerdote lloraba amargamente.


La abrazó y cubrió con su manto reconciliándola por
última vez.


Subió Mariana las gradas fatales, mas bien abrazada
que sostenida por el confesor.


Al ver el espantoso banquillo que los religiosos procu-
raban ocultarle, levantó los ojos al cielo y gritó con voz
elara y distinta:


-¡Perdon, Dios mio, perdon!
Se sentó, y mientras el verdugo le arreglaba ]a férrea


corbata, el padre Garzon, sacando fuerzas de flaqueza, le
entregó su mano que asió la víctima con fuerza.


-Yo te absuelvo pobre ángel, en nombre de Dios, de
todas tus culpas; vuelve la vista al cielo, infeliz Mariana,'
y allí encontrarás la dicha y la ventura que te fueron ne-
gadas mientras has vivido en este valle de lágrimas; tien-
de tus ojos á la inmortalidad y desprecia todo lo de este
mundo, que no dura sino breves instantes, comparado con
la eternidad de la gloria: el Omnipotente te ha perdonado,
yo te lo aseguro!. ..


i Hasta el cielo hija mia deplora tu desgracia! ... mírale
ennegrecerse y amenazarnos con una tempestad; míralo,
infeliz mártir; al través de las nubes vas á pasar ahora
mismo,para subir á la mansion de los justos.


Ruega allí al Todopoderoso por nosotros! .. : jAdios!
¡adiosI




~ACIONAL. 36;)
Un violento apreton de manos y un horrible estremeci-


miento de Mariana anunciaron el último instante de su
vida.


Pedrosa, en aquel instante, penetraba en el interior del
cuadro.


¿Iba-á contemplar el cárdeno rostro de su víctima?
Algunos habian supuesto que iba á usar de la preroga-


tiva que tenia de indultarla en nombre del rey ...
Jamás 10 creeremos ... mentira; si tal hubiera"sido su


intencion tiempo tuvo de sobra.


Dos dias despues de la muerte de Mariana, Mercedes y
Angustias, vestidas con el hábito de los Dolores, se presenta-
ron al párroco de la iglesia de la Vírgen de las Angustias y
le entregaron cuatrocientos reales, para que mandase cele-
brar misas por el eterno descanso de la alma de 11ariana
Pineda.


Eran los veinte duros que dejó el infame Pedrosa en su
casa el dia en que vino á apoderarse de la desdichada ban-
dera mandada bordar en mal hora por la infeliz Mariana.


Algunos años despues, derrocado aquel odioso gobier-
no, se erigió un monumento de mármol á su memoria y se
inscribió su nombre con letras de oro en el salon de reunio-
nes del palacio del Congreso Nacional.


Hé aquí la única recompensa, el premio del sacrificio.
Su nombre en letras de oro sobre un mármol; su nombre


en letras imperecederas en el preciado Libro de la historia.
Abandonemos ya este reinado, pues seria interminable


tarea atravesar, sin mancharnos, las espantosas lagunas
de cieno y sangre que cada una de sus páginas encierra ..




370 I LA SOBERANIA


Me limitaré á trasladar aquí un párrafo, el último, con
que el notable publicista Eduardo Chao, termina la descrip-
cion del reinado de semejante m6nstr.uo.


Dice así:
«Es imposible juzgarlo sin severidad, pues basta para


»que le condenen los corazones honrados esta simple con-
»signacion de hechos sucesivos.


)jlntrigas del Escorial; motines de Aranjuez; viage á
»Francia; humillaciones de Bayona; felicitaciones á Napo-
»leon y peticioÍl de una esposa; decreto del 1 de Mayo en
»Valencia y persecuciones; jura la Constitucion y conspira
»contra ella; manifiesto de Cádiz y decreto del Puerto de
»Santa María; comisiones militares y cadalsos y asesinatos.
)JHijo, conspira contra su padre; rey cautivo, es cobarde é
»Ínnoble: rey rescatado, es ingrato y pérfido: rey constitu-
»cional, es perjuro: rey absoluto es déspota, receloso y
;)vengativo; ni respeta las leyes, ni atiende á la razon, ni
» usa de prudencia: como hombre, es artero} inconsecuente
\)y desleal. (1)


(1) ~ apoyo de este juicio, además de los hechos consignados, tomamos
dé la obra de] Sr. Galiano los siguientes:


Hablando de la disputa que sostuvieron el mínistro Cebllllos y Escoiquiz-
Bn folletos impresos con Real licencia, sobre los sucesos de Bayona, dice que
entretenia á los ociosos J divertia al monarca mismo, que por su condicion
gustaba mucho de ver pelear entre sí á sus servidores.


Cuando separó á Echevarr~a del ministerio de policía, creado por él, dice:
«Espidió en secreto una órden para que Echevarría no solo fuese depuesto
sino mandado salir de Madrid desterrado en una hora avanzada de la noche;
y como antes de saber el ministro su desgracia, aunque ya estuviere no solo
resuelta, sino encargada de su ejecucion al capitan general de Madrid, fuese
á presentarse al rey, segun solia, á la hora de recogerse el monarca, le recibió
éste con muestra de estraordinario agasajo y le despidió muy satisfecho.


»A pocas horas, cuando vuelto á su casa el general se habia acostado y
dormido, fué despertado por un oficüil que, trayéndole un coche á la puerta,




l\ACIUNAL. 371


;o¡Reyes como Fernando VII son siempre una calamidad
»para los pueblos y hacen mas y mas cdiosa la institucion
/)que los produce.


>;Con sobrada razon, al juzgarle un eminente escritor
»estrangero, termina con este enérgico pensamientQ: ¡que
i)descanse en paz! es todo lo que pudieron decir los menos
»rencorosos, porque en efecto, -vivió sin gozar un dia de
~reposo, y murió sin dejar sobre la tierra un amigo que 110-
» rase s u muerte. ,)


le obligó á levantarse, meterse en él sin demora y.salir de la capital, prorum-
piendo la pobre víctima en esclamaciones y justos reproches.


»Cansado por entonces Fernando, diee mas adelante, de sus ministros Ga-
ray y Pizarro, los separó de sus cargos, dándoles el golpe con la alevosía que
acostumbraba, y mandándoles salir desterrados á media noche, con el adita-
mento asimismo acostumbrado, de que pagasen los gastos del viage en el coche
que pata llacede se les ponia á la puerta.»


))Dióse á salir disfrazado por las noches, dice en otra parte, con algunos
de sus privados, siendo su intento, no como suponian algunos por mero paS(l-
tiempos de poca decencia, lo cual habria sido un tanto de disculpar en un hom-
bre todavía mozo, sino con la mira de indagar el estado de los negocios y de
la opinion; llaciendo á modo de califa de los cuentos árabes, CaE su visir, ó de
\'a.l'ios reyes de comedias.


Ganó con ello poco la justicia, y perdió mucho el régio decoro.
))Se elogiaba por algunos su llaneza, confundiendo esa virtud que nace de


la bondad del corazon y la persuasion de la igualdad humana con la natural
pasion á los placeres bastardos.


))Nosotros sabemos que el gabinete Argüelles hizo una vez dimision por las
palabras obscenas con que les contestó á una observacion hecha en consejo dé
ministros.


»Despues, uno de sus allegados consiguió que desistiesen de hacerla, dis_
culpando al rey con el mal llábito que tenía de tusar es presiones feas e inde-
ceiltes.)




CAPITULO XIV.


Gn resucitado.-·Mas detalles sobre el desgraciado acontecimiento de Berga-.
-Saballs.-Sus fuerzas y su organizacion.-Breves consideraciones sobre
la indisciplina del ejército y fatales consecuencias á que puede dar lugar.-
Un honrado veterano.


Pocos dias despues de los acontecimientos que acaba-
mos de relatar, reuníanse nuevamente en el salon de la
~


lógia masónica, los individuos pertenecientes á la misma, y
en la mayor parte de los semblantes se leia cierta tristeza
y abatimiento que~ sin embargo, tenia su esplic'lcion.


Muchas de las víctimas sacrificadas por esas hordas de
caribes que se titulan carlistas, ya en Cataluña, Valencia
ó las provincias Vascas, eran bien, parientes, bien amigos
de muchos de los llermanos.


Aun no se habia abierto la sesion por ser muy tempra-
no, yen diferentes grupos se discutia acaloradamente sobre
el estado del país y los sucesos mas importantes del dia.


Ninguno podia esplicarse lógicamente el crecimiento
que las facciones habian tomado, habiendo dispuesto el go-
bierno desde hacia mucho tiempo de fuerzas sobradas para




LA SOBE:rtANIA NACIONAL. 373


haber aniquilado en su orígen ese azote de los abatidos
pueblos, ese borron de España, esa manada de buitres ham-
brientos que están desgarrando las entrañas de la madre
patria.


y desengañémonos, decia uno de los masones que ha-
blaba en un corro, demostrando gran exaltacion, la mayor
parte de lo que se nos dice es mentira, la faccion no es hoy
lo que hace un año.


Hoy cuenta en ciertas localidades con fuerzas organi-
zadas, respetables en número, perfectamente armadas y
equipadas.


Triste, doloroso es leer en algunos partes oficiales, no
sé con qué obj6to, porque con ello se amengua el heroismo
de tantos valientes, se debilita el entusiasmo patriótico y
hasta se ultraja la memoria de tantas víctimas, que el cer-
co, el asalto y larendicion de Berga lo efectuó la faccion
con solos 700 hombres.


un testigo presencial é irrecusable, un actor principal
en tan sangriento drama, un héroe sal voado milagrosamen-
te de la desastrosa muerte que se cernia ya sobre su cabeza
y á quien llorábamos ya muerto, afirma todo lo contrario.


Don Rafael Niqui vive; se halla en Barcelona segun los
periódicos lo anuncian, y debemos enviarle la espresion
de nuestro mas síncero para bien.


Don Rafael Niqui vive y á su autorizada palabra nos
referimos.


Este valiente oficial, afirma y asegura que el grueso de
las facciones que cercaron á Berga pasaban de cinco mil
hombres J siendo las fuerzas car listas que dieron el asalto
unos 2500, con los Zuavos pontificios, mandados todos por
Miret, Cadiraire hijo,. Nasratat, Vila y a]gun otro, y sin.




· 374 LA sonER:~ ~ ÍA
embargo los bravos defensores de Berga sostu'déron un
mortifero fuego de ] 9 horas antes de capitular.


-Pero entonces, cómo se esplican las :loticias qlle hasta
nosotros llegan'? ¿por qué mentir tan descaradamente? re-
plicó otro de los del corro.


-Pues deje Vd. que aun no he terminado.
El mismo valiente oficial, cuyo valor y veracidad nadie


puede poner en duda, añade: que los que digan que los
carlistas carecen de importancia y que no están bien orga-
nizados faltan á la verdad; por supuesto, en lo que respecta
á Cataluña.


No solo están organizados por batallones ~¡ por briga-
das, sino que tambien divididos por escuadras y compa-
ñías.


Cada batallon tiene 600 plazas y van perfectamente
armados de Chasepots, Berdans y Hemingtons.


La oficialidad es mas numerosa que entre nuestros sol-
dados, en términos que el corneta de órdenes de Saballs es
un teniente.


Todos van uniformados y con gente de 20 á 40 años,
fuertes y de buen aspecto.


Llevan una compañía de unos cien hombres de zuavos
del Papa, en su mayor parte franceses é italianos, muy
buenos mozos v valientes .


...


f


En la infantería va ona compañía de chiquillos, mas
terrible que las o)~l':Js y á la cual llaman del recaté.


Los trabucaires van mezclados con la infanteria, están
muy disciplinados y guardan los mismos usos militares
que nuestro ejército.


Saballs lleva un numeroso y brillante estado mayor y
una escolta de 80 lanceros de imponento aspecto.




375
Tiene dos piezas de montaña de bronce y sistema anti-


guo y un tren de bombas de fábrica para lanzar el petróleo,
el cual llevan cargado en unos mulos.


En los dias en que Niqut permaneció con ellos prisio-
nero recibieron otras tres de las primeras, nuevas y fla-
mantes.


Cuando quieren incendiar un edificio ó un pueblo, re-
cogen por menio de pregones todo el petróleo de las loca-
lidades por donde pasan, y aquellas bombas las manejan
indistintamente zuavos pontificios ó voluntarios catalanes.


Va con ellos un cura armado de revolwer y sediento de
fusilamientos y de sangre; otro capellan lleva las insíg-
nias de Mariscal de Campo.


Entre ellos el grande hombre es Saballs, pero tambien
Huguet disfruta de gran reputacion.


Cuando llegan á una poblacion todos sus partidarios les
salen al encuentro; las autorida.des les acompañan y sobre
todo los curas; se echan las campanas á vuelo, y despues
de la c.omida ó del descanso se dá un gran besamanos, al
cual acuden todos los habitantes.


Doña Blanca es una señora de pequeña estatura, more-
na, poco agraciada, y que habla un chapurrado apenas in-
teligible.


Los carlistas la respetan tratándola como una verdadera
. prIncesa.


Todos ellos tienen gran confianza en el éxito de su
causa, esperando que dentro de pocos dias entrarán en Bar-
celona, desde donde pasarán· inmediatamente á Madrid,
¡ilusiones engañosasI


Fúndase principalmente su esperanza en la indiscipli-
na del ejército, la cual fomentan y en ella confian, y ade-




376 LA SOBERANIA
más en lo visoño de los cuerpos francos, en que la repú-
blica caerá por falta de energía ó por contemporizaciones
que no se esplican, y entonces serán ellos los llamados para
restablecer el órden y la religion en España.


-¡Terrible escarnio! esos miserables llamados á resta-
blecer el órden, á enaltecer la religion '?


¡Los incendiarios y los asesinos, los hombres que dia-
riamente, á cada hora, á cada minuto escarnecen esa reli-
gion santa y sublime!


-Pues bien, hermanos mios, continuó diciendo el jó-
ven que tenia la palabra, si esto dice, si esto afirma, si esto
asegura el valiente oficial tan milagrosamente salvado,
¿no debemos creerlo mejor que esos par tes, esas noticias
con que diariamente se nos quiere hacer ver lo blanco ne-
gro, y para que DO dando importancia al verdadero peligro
nos abandonemos á una ciega y temeraria confianza'? ;,Es
esto justo'? ¿Por qui, ni con qué objeto el periódico oficia!
viene todos los dias diciendo «de carlistas nada importante,>}
y esto repetido uno y otro dia, y leido en los pueblos, en
las comarcas, en las ciudades en que se está sufriendo tan
duro azote; en donde se está derramando tanta sangre, en
donde la industria, la agricultura y el comercio se arrui·
nan, viene á producir un efecto fatalísimo, indescriptible;
hace palpitar el pecho de rábia y desesperacion.


Dígas6 la verdaJ, señálese el verdadero peligro yaplí-
quese el remedio; esto es lo razonable, lo lógico, 10 que es
justo.


Esa relajacion de la disciplina de que habla Niqui, y
que es la principal esperanza de los carlistas, por desgra-
cia es una verdad, y si bien es cierto que ha mejorado
mucho la situacion de quince días á esta parte, no lo es




NACION.~L. 377


menos que aun el gérmen de tan grave mal subsiste en
muchos cuerpos del ejército.


Aun no se ha hecho un escarmiento, ni se ha impuesto
un castigo, sin embargo de que la salud de la república lo
reclama.


Afortunadamente las cuestiones de indisciplina quedan
hoy limitadas al ejército que opera en una esclusiva loca-
lidad, pero precisamente es la mas amenazada, la que ins-
pira mas sério cuidado, donde el peligro es mas inminente
y la subordinacion mas necesaria; pero aun es posible su
remedio con autoridades dignas, celosas, enérgicas y que
no se amilanen: así por lo menos lo exige la salud de la
patria.


¿No es deplorab'ilísimo el estado de lamentable insu-
bordinacion en que últimamente llegó á Barcelona el ba-
tallon de Navarra y que inmediatamente fué mandado
embarcar en el vapor Lepanto con destino á Puigcerdá y
otros puntos'?


¿No es tristísimo que el comandante general de la pro-
vincia de Gerona tuviera que decir, hace muy pocos dias,
al revistar sus tropas, entre las cuales se hallaba el bata-
llon cazadores de Madrid, que ya era tiempo de que la in-
disciplina cesara y que estaba resuelto para conseguirlo y
por doloroso qu~ le fuera, á fusilar al que no acatara yobe-
deciera la ordenanza, aunque le costase la vida'?


¿No es vergonzoso lo que ha estado sucediendo en Man-
resa con algunas compañías del regimiento de Estremadu-
ra, Saboya y de Artillería de á pié completamente entre-
gados en aquel punto á la insu bordinacion y á los escesos;
dando lugar á la colision habida entre ellos y las tropas
que formaban las avanzadas de la vanguardia del general




378 LA.. SOBERANÍA.


Velarde, el dia 10 de este mes, tropas leales, tropas sumi-
sas, tropas disciplinadas y dispuestas á no tolerar escesos,
ni mas actos punibles de desacato é insubordinacion?


Parece ser que á los sargentos, cabos y soldados que el
general Velarde ha mandado arrestar, por esta vez no se
les juzgará con arreglo á la ordenanza sino que s'erán in-
corporados á otros batallones en que la disciplina no esté
que bran tada.


La república será clemente y aun benigna en esta oca-
sion, sin embargo de su grave delito, con esos soldados'
víctimas sin duda de su inesperiencia y de las sugestiones
de algunos perversos; pero entiéndase bien que esta clemen-
cia y olvido solo serán por las faltas cometidas hasta hoy
y que no revistan el carácter de delitos comunes: de hoy
en adelante y segun tengo entendido, advertidos ya, toda
infraccion de la ~rdenanza será castigada inmediatamente
y con arreglo á las leyes, tanto en el gefe y oficiales como
en el soldado.


-Cierto, replicó otro de los hermanos que hasta enton-
ces habia guardado silencio, pero no me negará V. que no
toda la cul pa es del sol( lado, si no tam bien de los gefes y
oficiales, cuyo amilanamiento en ciertas circunstancias es
inesplicable; para exigir que los subordinados cumplan
con su deber, es necesario que los superiores empiecen por
dar el ejemplo.


Este ejemplo lo encontramos á cada paso en la histo-
ria, y sin remontarnos á lejanas épocas, ni estraños paises,
en el nuestro, y en nuestros dias tenemos uno bien paten-
te; un terrible escarmiento, ap1icado por un hombre cuyo
apellido inspirará eternamente respeto, porque va siempre
unido á la causa popular.




NACIO~AL. 3/9


¿Qué hizo Espartero en el año 37, cuando se hallaba
batiendo á 10s carlistas al frente del ejército del Norte"?
'¿No recordais, entre las diferentes insurrecciones militares
que ocurrieron por aquella época, la de Miranda de Ebro,
en la cual fué inícuamente asesinado el general Escalera'?
i)a muerte del conde Sarsfield y del coronel Mendivil en
Pamplona y la insubordinacion de Gayangos, en la cual,
los gefes y oficiales del regimiento de Mallorca se vieron
atropellados y maltratados por sus mismos soldados?


Pues bien, Espartero, entonces, y apenas se lo permi-
tió la importancia de las operaciones que habia empren-
dido, comprendiendo que era necesario cortar de raíz el es-
píritu de indisciplina, sopena de dar el triunfo á los carlis-
tas, se dirigió al teatro de aquel horrible crímen (la ruuer ..
te de Escalera,) mandando que, al paso, se le incorporase el
batallon provincial de Segovia que lo cometió, y con el cual
se habia propuesto hacer un castigo ejemplar.


Despues de un aparato imponente que dejó aterrados á
los cuerpos allí presentes, el general anunció, con aquella
'Voz de trueno que tanto imponia á los facciosos cuando los
cargaba con su escolta, y tanto entusiasmaba á sus valien-
tes soldados, guiándolos á la victoria, anunció, digo, el
tenible escarmiento que iba á hacer con el batallon en
cuyas filas se ocultaban los asesinos.


A invitacion suya, despues de un discurso enérgico y
conmovedor y para no verse diezmados como lo exige la
ordenanza, los soldados mismos delataron á los autores de
aquel crímen, que fueron fusilados inmediatamente.


N ada puede dar una idea mas exacta de aquel acto im-
ponente que la memorable órden general publicada por
Espartero en l\1iranda de Ebro, fecha 30 de Octubre de 1837.
TO~lO 1 57




380 LA SOBERANIA


Buscad el tomo de Gacetas correspondiente á aquel año
y leed: es un documento curiosísimo que se alegrará co-
nocer el que de vosotros no lo conozca ya.


Efectivamente, uno de los hermanos se dirigió á la
pieza inmediata al salon, donde la lógia masónica tenia
una especie de archivo ó biblioteca, y volviendo casi en el
acto con un voluminoso libro encuadernado á la rústica,
se buscó la Gaceta en que aparecia la indicada órden ge-
neral: decia,esta así,


«Soldados del ejército del Norte.- La sublevacion del
batallon provincial de Segovia en Santander en 9 de agos-
to último; la sombra sangrienta del dignísimo general
D. Rafael de Cevallos Escalera, sacrificado cobardemente
por una turba de asesinos sublevados en esta misma villa
en 16 del propio mes; la espantosa brecha abierta á la dis-
ciplina militar, único lazo de que depende la esperanza de
la patria; el feo borron de ignominia que tan inaudito
atentado inferia en la a,crisolada reputacion de este bene-
mérito ejército; y, en fin, el clamor de la nacion angustia-
da con ver impune un crímen tan atroz, que minaba por
su base las instituciones sociales, todo esto exigia de mí,
como vuestro general en jefe, una pública vindicacion.


»El dia de hoy la ha visto del modo mas auténtico y
solemne.


»)Los asesinos del héroe inmolado han sido en número
de diez, pasados por vuestras armas ...


'» Estas han lavado la mancha que oscurecia el preclaro
renombre del ejército.


»El brazo de la justicia militar alcanzará tambien á los
que no se hallan hoy en este cuartel general.


»Treinta y seis de menos criminalidad, aunque c6mpli-




381
ces en el hecho, salen hoy para el presidio de Ceuta, con-
denados por toda su vida; y el provincial de Sego,-ia, que
abrigó en su seno estos mal vados, ha sido disuelto al fren-
te de las divisiones de la Guardia Real de infantería, se-
gunda, tercera, caballería y baterías rodada y de montaña.


»SUS jefes, oficiales y sargentos, que no tuvieron la sufi-
ciente energía para morir defendiendo á su general en jefe
y la integridad de la disciplina, marchan á disposicion de
Su l\fajestad; y la tropa, quedando los cabos de soldados,
ha sido diseminada en todos los cuerpos, para que en todos
se recuerde la memoria de este dia.
»E~te acto de expiacion que reclamaban imperiosamente


tan fuertes consideraciones, repugna como todo castigo á
mi corazon, que os ama y aprecia vuestras virtudes;
pero era indispensable, y si lo he diferido hasta hoy ha
sido por la activa persecucion que hemos terminado, y por-
que deseaba que tuviese lugar la pena en donde se perpe-
tró el crímen.


»En vuestros rostros he visto con placer, mientras se
ejecutaba, la satisfaccion que os causaba el presenciar la
reparacion solemne de la nota que gravitaba sobre el ejér-
cito, y el castigo de los que os robaron un general, un
hombre á quien amábais y á quien siempre vísteis á vues-
tro frente en los peligros y en la senda de la victoria.


»Una diputacion de sargentos de todas las armas, ha ve-
nido al concluirse el acto, á darme las gracias en nombre
de sus clases y con permiso de sus jefes por el castigo de
los criminales, y este hecho espontáneo de vuestro amor á
la disciplina ha inundado de júbilo mi corazon .....


»Con soldados como vosotros nada es imposible.
» El tirano y sus hordas se estremecerán en sus guari-




384 LA SOBRRA NÍA.


-Estraño, replicó otro de los hermanos, que llame us-
ted actitud al desórden en todos los actos ... hemos presen-
ciado y hemos visto á los periódicos relatar hechos escanda·
losos, abusos y atropellos inauditos que no merecen perdono


-Sí, es verdad, tiene V. razoD, pero V. comprenderá
que en el desórden se halla siempre, aun cuando no sirva á
éste de disculpa, una razon lógica para existir; preciso es,
señores, elevarnos á la superficie, si hemos de juzgar con
acierto.


- Vamos á ver: ¿qué le parece á V. el gorro frigio so··
bre un capote militar? ó lo que es lo mismo, el gorro del
del liberto sobre el capote del autócrata'?


-Muy mal. yo no apadrino absurdos: pero ahora escu-
chadme y no me interrumpais; emitiré, buena ó mala, mi
opinion sobre tan delicado y grave asunto. Soy militar es-
perime::1tado y mi apreciacion debe valer algo, segun creo;
por lo menos está formada con la mas buena fé y mej or
deseo.


Mi amistad y compañerismo con muchos oficiales del
ejército, mas ó menos ilustrados, pero todos ellos pundono-
rosos y valientes, así como el placer con qUt3 por puro de-
seo de instruirme he leido sus libros y terciado en sus con-
versaciones, me permiten hoy t3mitir la opinion formada
sobre el estado, triste es confesarlo, de indisciplina en que
hemos visto y aun se encuentra el ejército en algunos
puntos. Dice la ordenanza que el soldado no llevará en su
'Oestuario prenda alguna que no sea de su uniforme y hoy, ya
ven V des. á qué distancia se halla el ejército del sentido
de aquel artículo. Dice tambien la ordenanza, que; para
oorár o'ien en paz ó en guerra, la dú;isa mz:titar ha de ser siem ...
pre el honor.


" .:




NA.CIONAL. ~85
Se lee además en el prólogo de las leyes penales del


./.}!anual coleccionado por Perea, qrue la e{lJÍsle¡~cia del ejército
depende de la disciplz'na, como la vida del Jwmbre de la sangre
que C074 re por sus venas.


Juzguemos pues la cuestion de la indisciplina actual
partiendo del fondo á la forma, porque en último término,
nunq ne habeiu empezado hablándome del gorro frigio,
quizá este detalle esterior, este accidente de forma, es lo
mas disculpable: yo seré severo pero justo.


El ejército español ha sido constantemente modelo de
valor, lealtad, disci plina y ...


-Pues, ¿y las insurrecciones y pronunciamentos, y
otras escenas de su historia? se permitió observar otro de
los hermanos.


-Oalma, amigo, que ya llegaremos á sus causas de-
terminantes, si no me interrumpís á cada paso.


Decia pues, que dotado de tan altas virtudes, puesto,
gracias á su disciplina y brillante instruccion táctica, á la


,.cabeza de los primeros de Europa; siendo sufrido en la paz;
á pesar de su exigüo sueldo y sóbria alimentacion, así
como poderoso y valiente en la guerra, porque se hallaba


..


su ser infiltrado todavía del generoso aliento y varonil es-
píritu con que tan altas empresas realizaron los Guzmanes
y Oórdobas, ese ej ército habria continuado dando dias de
gloria á su patria, si hubiera tenido otros generales.


Aquí, .Y solo aquí, hay que buscar primeramente la cau-
sa de todos sus desaciertos actuales; aquí y solo aquí hay
que ver el orígen de los presentes disturbios; en ellos y
solamente en ellos descansaba, como sólidas columnas ~ue
debieron ser del templo de su gloria, un ejército con el cual
no podia medir sus fuerzas ningun ejército de Europa.




386 LA SOB.ERA~IA
Dice Folard, que la guerra es un oficio para los ignoran-


tes y una ciencia para las personas hábiles.
Veamos si los generales españoles, ennobleciendo su


oficio, lo elevaron á categoría de ciencia; veamos cuáles
han sido sus ocupaciones en estos últimos años y compren-
deremos entonces, con la mayor claridad, la síntesis del
cuadro que tenemos ante nuestra vista.


Yo divido á los generales españoles, que son por des-
gracia muchos, en tres grupos.


Los ilustrados, grupo pequeño; los audaces grupo mucho
mayor que el anterior, y los de cuartel, grupo numerosísimo.


Los primeros se dedican á cultivar, de una manera bien
deplorable por tiierto en su mayor parte, la literatura, las
cieccias y las artes, pero casi ninguno de ellos se ocupa en
escribir sobre ciencia militar cual era su deber. --=--1


Los segundos, esto es los audaces, son generales de par~
tido, farsantes' de salon y de ante-cámara; generales que lo
mismo visitan el club que el palacio episcopal; generales
que sublevan regimientos, que viven constantemente cons ..
pirando, que se inclinan ante el hombre político que mas'
probabilidades tiene de estar en candelero; generale, que
con la punta de su espada, y no en el campo de batalla,
sino en el de accion de sus intrigas y de sus cábalas, escri-
ben los codiciados despachos de sus nuevos entorchados.


Estos generales son nocivos porque hacen descender el
mal ejemplo de arriba; siembran el descontento y despier-
tan la ambicio n en sus inferiores, que, naturalmente, se
contemplan instrumento de los medros de aquellos y por
último, destruyendo la fuerza de cohesion del cuerpo mi-
li~arJ que es la disciplina, infiltran en él un virus que tarde
6 temprano ha de dar sus resultados.




NACIONAL. 381
El tercer grupo, el de los generales de cuartel, carece


,de importancia. Sin valor ni talento, en su generalidad,
para conspirar y sin los conocimientos necesarios para
eclipsar á Gustavo Wasa ó á Turena, vegetan en un pueblo
ó dormitan en :tn casino; cobrando un magnífico sueldo,
con uso de uniforme que únicamente visten el dia de be-
samanos, ó la mañana del Corpus Cltristi.


No quiero citar nombres propios porque en vuestra me-
moria recordareis treinta ó cuarenta lo menos, que pueden
distribuirse entre los tres grupos.


Ahora bien, yo diría á los segundos « ltabeis sembrado
vientos .1/ recogeis tempestades. » Habeis enseñado al ejército
la indisciplina y el ejército ha aprendido prácticamente la
leccion.


,Hasta el último momento habeis tratado de seducirle, de
sublevarle y la esplosion moral que queríais causar se ha
vuelto contra vosotros mismos; pero al propio tiempo, yo
,diría tambien á los soldados; <por el camino de la indiscipli-
na no se va á ninguna parte.» La disciplina, como diga an-
tes, es una ley moral, innata á la formacion del primer
ejército permanente, como la fuerza de cohesion ~na ley
material, innata á la cr~acion del mundo.


Faltando la cohesion en la segunda, el mundo vuela en
átomos; faltando la disciplina. en el primero, sus partes dis-
gregadas caen en el espantoso caos de todos los desórdenes.


De forma, que tenemos pues una causa de indisciplina
ya, cual es el mal ejemplo que constantemente ha recilJido
el ej érci to .


La segunda é inmediata, es el poco interés que se han
tomado los que debieron hacerlo, en reformar sus orde-
nanzas.


TOMO l.




388 LA SOBERANIA.


Considerada esta obra literariamente, tiene rasgos que
honrarian á Esparta 6 Atenas.


«Todo servicio en paz ó guerra, dice, se h8.rá con igual
puntualidad y desvelo que al frente del enemigo.


»EI que tuviera 6rden absoluta de conservar su puesto,
á toda costa ¡ lo hará!


»El capitan cuya compañía esté mal gooe'rnada d peor
disciplinada no tendrá ascenso alguno.


»Desempeñaria mal mayor empleo, quien no l.lena bien
el menor que tiene.


»El oficial cuyo propio honor y espjritu DO le estimulen
á obrar siempre bien, vale muy poco para mi servicio. »


Todos estos fragmentos de artículos de la ordenanza que
al acaso cito, y q ne por la impresion que me causaron la
primera vez que los leí, quedaron gravados en mi mellloria)
los considero magníficos, pero pierden su brillante esp1en ..
dor al lado de otros vulgares é innecesario~.


. Considerada además la ordenanza como código, con-
tiene articulos terribles, dignos de Solo.n, que escribia sus
leyes con sangre, pero poco en armonía con el espíritu ci-
vilizador del siglo presente, y sus dulcificadas costumbres.


Se pensó, pues, que en vista de la poca ó ninguna apli-
cacion que aquellos tenian por parte de los tribunales mi-
litares, era necesario nombl'ar una com ision reformadora de
aquel código.


La comision _se nombró, é inmediatamen te se durmió. En
vano clamaba la prensa militar diariamente; en vano la
prensa política, mas clairvoyant que aque 11a, dirigía con-
tínuas escitaciones á la comision, y en vano oficiales, que
nada tenian de luteranos, clamaban por la suspirada re-
forma.




389


Ello es que Lutero terminó la traduccion de su Biblia,
pero la célebre comision ni aun comenzó la reforma de las
ordenanzas.


Siguióse de aquí que se relajasen mas y mas los lazos
de la disciplina, al observar los soldados que aquel código
no se obedecia, aun cuando se conculcára en favor de ellos,
pOl~ la gran distancia <l ue mediaba e.nt.re los leg{sLadores
de entonces y los jueces de ahora.


Habia "aquí un mal relativo que puedo presentaros con
claridad.


Es cierto que el delito por el cual antes un soldad'o era
fusilado, hoy se castiga con presidio, pero tambien es
cierto, que ese mismo delito en un general, le servia de
honroso luérito para pasar á una capitanía general, de ma-
yor consideracion é importancia.


Llegó á ser frase proverbial en el ejército que la orde-
nanza estaóa deúajo de la mesa para los generales y abierta
sobre ella para los soldados, y en cuando en un ejército se
dice esto, el gérmen de indisciplina, como veremos mas
adelante, no deja nunca de producir sus frutos.


Sigamos.
Con el advenimiento de la revolucion de Setiembre se


inauguró una era de propaganda y de personalismo.
La propaganda, cuando es noble, sincera, y sobre todo


ilustrada, hace irradiar la bondad de la doctrina que un in~
dividuo profesa, sobre toda la multitud; yel personalismo,
pequeño, miserable é interesado, hace refluir y condensa
el bien á que aspira cada uno de los individuos, en una sola
persona.


El ejército se hallaba solicitado por ambas fuerzas, ar-
r:1strado por las dos corrientes y al par que tenia la desgra-




390 LA SOBERANIA.
eia de no oir mas que la parte nociva ó mal comprendida de
la propaganda, esperimentaba el sentimiento de oir á sus
oficiales pronunciar constantemente la palabra ascenso, Y'
y veia que, caida de su pedestal y hecha pedazos la estátua
de la diosa Belona, todos habian elevado sobre ella á la.-
diosa Propuesta, con su ropage bordado de estrellq,s.


Llegan los sucesos carlistas y la tropa, en los cuarteles,
en sus alojamientos, va perdiendo su buen espíritu al oir
contínuamente ciertas confidenciales conversaciones en
que se pone de relieve la sed de ascensos de sus oficiales;
éstos acentúan cada vez ~as sus ambiciones y las presen-
tan ante sus propios subordinados de una manera mas des-
carnada, mas al desnudo.


El partido republicano dió siempre vagas esplicaciones
acerca de los futuros destinos del ejército, porque presen ....
tia que lo habia de necesitar; pero algunos de sus indivi-
duos, ya en la tribuna, ya en la sorda y contínua pro-
paganda de las conversaciones particulares ó de café,
habia insinuado la idea de un licenciamiento probable y
próximo.


Entremos, pues, en la República.
En el primer momento, el ejército no se opuso al plan-


teamieLto de aquella, acostumbrado como estaba á ser una
máquina; y tan máquina, que ninguna responsabilidad mo-
ral contraia cuando sus generales se dignaban sublévarle,
pero por lo mismo tampoco se le mandó reconocer la nue-
va forma de gobierno, como se habia hecho siempre en si-
tuaciones idénticas, siendo así, que en la presente, habria
sido sumamente fácil, pues cada soldado, en el fondo del
hermoso cuadro que se estaba desarrollando 'ante su vista,
veía el suspirado campanario de su pueblo.




NAClO~AL. 391
Si el presidente del Poder Ejecutivo 6, mejor dicho, el


señor Ministro de la Guerra hubiera dictado sus órdenes á
los capitanes generales en este se'ntido, habrian obedecido
todos y entonces se hubiese puesto perfectamente de relie-
ve la autoridad que tratara de desobedecer.


No se hizo así y en Barcelona, segun hemos leido en
los periódicos, se di6 lugar á una manifestacion de protes ...
ta contra los alfonsinos'j en lugar de una brillante y frater.,.
nal parada republicana.


Entonces estallaron las iras comprimidas ante el hura-
can republicano; se abrieron y maduraron rápidamente los
frutos de cuyos gérmenes ó semillas hablé anteriormente, y
estas son, el constante mal ejemplo de los generales y el aban-·,
dono completo, ó poco menos, en que se hallaba la Ordena.nza;
una propaganda mal esplicada y peor comprendida; el es-
píritu de injustici.a que dominaba en el ejército; el asque-
TOSO personalismo, individualismo, egoismo, 6 como que ...
rais llamarle, que existia entre los oficiales; la desespera~
cÍon en que sumia al ejército aquel abandono y muelle
descuido con que miraba el gobierno á los carlistas; las
sugestiones del reaccionarismo disfrazado de republicanis-
mo; el olvido del gobierno en cuanto á determinar de una
manera oficial y pública la actitud del ejército y por últi-
mo, la desaparicion, siempre punible, por mas que con ar ..
gucias quieran hoy justificarse aquellos señores, de los
generales Gaminde y Andía.


y aun añadiré mas causas para justificar, en lo que es
posible, la actitud, reprensible á pesar de todo, del ejércitn.
de Cataluña.


En tanto que unos cuerpos llevaban ocho meses de
campaña, ofros no habian salido nunca de las ciudades.




392 LA SOliERAN lA.
En tanto que unos tenian magnífico vestuario, otros


llevaban sus ?apotes desgarrados y los piés descalzos, y en
tanto que el soldado caminaba y se batía heróicamente sin
mas premio que su mezquino haber, los oficiales superio-
res medraban, ascendian y se daban buena vida.


Es mas; muchos oficiales abandonaron en seguida sus
regimientos y, desorganizado ya el ejército, fácil fué á otros
cuerpos obligar á sus oficiales á que se retirasen de grado
6 por fuerza.


Tan cierto es que el descontento y la injusticia son cau-
sa suficiente para desorganizar aun aquellas instituciones
llamadas á callar y obedecer de la manera mas absoluta.


No estrañeis, amigos mios, que sea prolijo en mi dis -
curso y un tanto severo en mis apreciaciones; se ha hecho
un llamamiento á mi franqueza y "digo lo que siento.


Hay que ver el camino que ha recorrido la falta, como
dice V. Hugo; en el exámen, hay que desüender aunque sea
á los infiernos.


No importa: tambien descendió Jesús.
Lo preciso, ante todo, es hacer justicia y en esta cues-


Hon" he procurado hacerla.
Entre la culpa y el delito os he mostrado la diferencia.
Hoy, el ejército, comete un grave delito, pero la culpa


no es suya.
El primero es digno de castigo, en tanto que la segun-


da asume la responsabilidad y esta será siempre de los que
han dado márgen á tales desmanes y á los cuales juzgará
mas tarde el tribunal de la historia.


-Cierto; interrumpió uno de los amigos, pero habién-
dose V. ocupado del fondo de la cuestion, justo es que des-
cienda á la forma.




XAClONAL. 3~3


- ¡Oh! La forma, naturalm~nte es aeplorabilísima. En
toda institucion cuyas partes estén sábiamente organiza-
das, en toda doctrina, cuyos principios estén armoniosa-
mente entrelazados, faltando una parte en aquellos, 6 un
principio en estas, todo lo que queda de la institucion 6 la
doctrina no tarda en derrumbarse; y así ha sucedido en el
ejército como institucion y en el respeto á la gerarquía co-
mo doctí'ina.


Rotos los lazos de la subordinacion concluyó el anti-
guo rigor en la uniformidad, y al par que en ciertas loca-
lidades se buscaba á los oficiales para ultrajarlos; al par
que se les perseguia, ó se les hacia dar vivas á la repúbli-
ca; al par que se abandonaba el fusil y se faltaba á lista, 6
se vivia d.ia y noche en la taberna ó en las calles de las
prostitutas; al par que se gritaba: «¡abajo galo:c.es y estre-
llas!» al par que las columnas se negaban á salir á campa-
ña como no las mandara un diputado ó un paisano cual-
quiera; al par que pedian algunos su licencia ó el aumento
de prets, se han presenciado espectáculos muy poco edifi-
cantes, tal como el pedir limosna con acompañamiento
de música, 6 bien parodiar al héroe del Gil BIas de Santi-
llana.


Se han visto por espacio de muchos dias y especialmen-
te en ciertas localidades, soldados promoviendo escándalos á
las altas horas de la noche; se ha visto á otros imponerse al
público de los teatros, interrumpiendo la representacion con
dicharachos y sandeces del peor género, viniendo á ser ob-
jeto de disgusto y desconfianza para todos; precisamente
aquellos mismos que debian ser la salvaguardia del órden
y están llamados á protejer los mas caros intereses de la
sociedad; los que, á semejanza de las antiguas Vestales, de·




39-i LA. SOBERA.NIA


bian conservar encendido, brillante y puro el sagrado fue-
go en los altares del honor.


En cuanto á la uniformidad siguió el mismo camino
que todos los buenos principios militares.


Hemos visto con dolor, y en Madrid no tanto como en
alguna otra poblacion no menos importante, soldados que
caminaban muy sérios y satisfechos con el capote militar
y el gorro frigio.


La estra vagancia y el afan de ganar dinero, por parte
de algunos comerciantes de gorras, llegó á tal estremo, que
en la mayor parte de los escaparates se han visto y conti-
núan aun viéndose gorros frigios, por cierto bien mal con-
feccionados, con triángulos de metal, en cuyo centro apa-
rece una bomba, distintivo de los artilleros; una estrella
para la infantería; una lira para los músicos1 y así sucesi-
vamen te. ¿Puede darse mayor irrision? ..


Hemos visto soldados con chaleco y chaquetilla abier-
ta; otros con el capote sobre los hombros, pero en mangas
de camisa; otros haciendo crujir su látigo de artillería
montada, asustando á las señoras; y otros, por fin, intro-
ducir la alarma en los transeulltes, sin comprender en su
ignorancia, que estaban desgarrando el corazon de la ma-
dre patria, y sin que nadie se atreviera á darles un buen
consejo, á guiarlos por el buen camino, á hacerles com-
prender el ridículo en que se ponian.


Tiempo es ya de que terminen escenas tan lamentables,
que en último resultado vienen á redundar en perjuicio y
desprestigio de la institucion y del gobierno proclamado,
con gran placer, "no solo:de los carlistas, SiDO de los ene-
migos todos de la república.


Si mi voz pudiera ser oida y escuchada con la misma




NACIONAL 395
sinceridad que yo la emito, diria al soldado: ¿Crees q U~
por llevar un gorro color de grana sobre la cabeza, sientes,
com.prendes, defiendes y conoces la libertad mejor q 118
otros infinitos que por ella se han sacrificado constante-
mente? ¿Crees, por ventura, que esta situacion anómala é
insosteni bIe p nede durar, ni que tú continuarás vi viendo y
obrando á tu capricho, sin respeto; sin consideracion á tus
superiores'? ¿Te figuras que la república, la redentora de
los pueblos, la que proelama]a igualdad y la fraternidad,
la que lleva por lema en su bandera el respeto, el órden y
la consideracion para todos, "ino para sancionar absurdos y
desmanes, creando un insufrible estado de cosas, á perver-
tir las buenas ideas, hacer triunfar las malas, introducir el
desórden y falta de respeto que nos debemos todos, inaugu-
rand.o el reinado del caos? Nó: la república rechaza, detes-
ta, anatematiza ese interregno entre el órden monárquico
fundado en vuestras bayonetas y el d.esórden republicano
RlOtivado por el abuso de esas mismas bayonetas.


Veis la pa;ja en el o.fo ageno y no la biga en eZ 'C1testro, por
que en tanto que, con sobrada razon, llamais cobardes ase-
sinatos á los bárbaros fusilamientos llevados á cabo por esa
eanalla indigna que se apellidan carlistas, no siendo otra
cosa que hordas de foragidos, vosotros os habeis permitido
atropellar á hombres indefensos yal salir de una taberna:
aquellos malvados, aunque sin razoD, é invocando un
principio absurdo, juzgan, condenan en nombre de una cau-
sa que por mala que sea ellos creen justa; y vosotros lo ha-
ceis guiados únicamente por un espí'J'itu bien distinto, por
la perturbacion de vuestros sentidos.


¿ y es así como comprelldeis la república?
¿Y es así como sentís la libertad?
TO~O 1.




396 LA ~BERANIA
¿Qué dirían si de un sepulcro se alzaran y en la forma


en que ahora os presentais, ú os habeis presentado hace
muy pocos dias, os contemplasen todos v uestros nobles
compañeros fusilados por defender la causa que vosotros
quereis desprestigiar con cierta clase de escesos? ..


La libertad, amigos mios, no es mas que la manifesta·
cion del bien en todas las esferas de la actividad'humana,
que busca su perfectibilidad relativa, porque la absoluta
solo reside en Dios.


Siendo buena como causa, es bella en sus efectos, y co-
mo lo bello no es mas que el resplandor y el vivo reflej o
de lo verdadero, claro está que la república, como la pri·.
mera y mas sublime de sus espresiones, es tambien la mas
suprema verdad, pero ¿cómo ha de comprender esto un sol-
dado cuando grita vi'oa la federal y abajo estrellas?


Si el ejército no se licencía en tanto dure la insurrec-
cion facciosa, yo tengo fé, abrigo la esperanza de que vol-
verá á ser subordinado; porque las instituciones, así como
los in di víduos, tienen cierto seguro instinto de conserva-
cion que les guia en aquellas situaciones difíciles, en que,
rotos los lazos que las unian á la firme base de la moral,
flotan descuidadas al impulso del viento de sus pasiones,
y el ejército, como institucion, obedecerá al mismo prin-
. .


ClplO.
Cierto que no habrá aquella ciega, entera y absoluta


subordinacion que antes, eso es ya muy difícil, pero tam-
bien no es menos seguro que han terminado los pronuncia~
mientos para elevar á un general ó entronizar á un par-
tido.


Por lo demás yo no niego que los desórdenes, con senti-
miento presenciados por todos, y mas particularmente en




NACIONAL. 397
ciertas locaHdades especiales, han sido reprol)ables, dignos
-de castigo, é impropios de la siempre acrisolada lealtad de
nuestro valeroso y cual ninguno sufrido ejército.


¿Cuándo se ha visto que un cuerpo en masa se niegue á
perseguir al enemigo"?


¿Cuándo que, tumultuariamente, se pida aumento de
paga?


¿Cuándo levantar la mano sobre un oficial inerme"?
¿Cuándo se vió en fin igual emancipacion de todo po-


der, igual imposicion, altanería, insolencia y des6rden'?
y en tanto los' encubiertos enemigos de la república


sonríen de gozo; los oscuros reaccionarios contemplan con
satánica alegría el envilecimiento del ejército, y al verlo
divorciado del pueblo sensato y digno, tocan los resultados
de su obra y esta no es mas que la realizacion de la ma.-
quía vélica frase divide y 'Vencerás.


No en vano se representa como un niño en mantillas á
toda institucion en los primeros dias de su planteamiento:
y así como todos los principios, los mejores elementos de
la economía se elevan al seno de la madre para alimentar
al hijo, del mismo modo el concurso de todos los ciudada-
nos que colectivamente forman la patria, han de unir sus
buenas ideas para alimentar la naciente República.


Si una institucion como el ejército retira su concurso,
'si se convierte en enemiga de aquella por quien ha de ser
libre ¿con qué derecho la pedirá mas tarde su libertad"?


Estraña lógica la del soldado que grita viva la federal
y la insulta con sus actos; que dá vivas á la República y
se coloca, vistiendo el uniforme, un gorro anti reglamen:'
tario, gorro que en su cabeza es el signo de la mas abyecta
de las esclavitudes, la esclavitud del fanatismo político.


\




398 LA. SOBERANIA


No en valde djce Cárlos Rubio, que el fandt~smo cun'Cierh
á los ltomores en fieras y ahora tocamos los resultados prác,.
ticos de su axioma.


Os reasumí, pues, las causas anteriores y determinantes
de la presente indisciplina y para condensar en una sola
frase todo lo que acerca de ello os llevo dicho, gola me re~·
ta definirla diciendo que es el mayor \jrímen militar d€ la
España contemporánea.


Calló el veterano y sus amigos, que le habian escucha-
do con el mas religioso silencio, apenas osaron añadir ni
una palabra á su brillante peroracion, ni interrumpir la
profunda meditacion en que quedó completamente abs-
traido.


¡Alma generosa y noble! quizás soñaba ser él el encar-
gado de prestar pacífico curso al impetuoso torrente de to-
das las ideas revolucionarias; quizás recordaba los grandes
tribunos, generales y hombres de gobierno q1le llevaron su
palabra, su espada ó su accion á las inmensas piras de las
revoluciones, salvando á su patria y sacándola incólume del
abismo en que la sumiera esa ceguedad, que parece velar
moralmente los ojos de ciertas individualidades en los pri-
meros instantes de la caida de una instituciofl..


Quizás pensaba en las antiguas glorias de nuestro ejér·
cito, ora cuando sitiaba el imponente recinto de Marsella,
con el de Borbon, en tiempo de Cárlos V; ora cuando ven-
cia en los Países Bajos; ora cuando peleaba en Africa con
Cisneros, ó en América con Cortés y llevaba con la antor-
cha de la ci vilizacion en una mano y en otra la espada de-l
conquistador, la voz de sus misioneros y los pendones de
sus caudillos hasta los mas recónditos ~enos de los bosques
vírgenes del Nuevo Mundo.




~ACIONAL. 39;)
Quizá recordaba tambien el período en que los preto-


rianos eran los verdaderos déspotas de Roma, y fué aquel
en que mas se acentuó su decadencia.


De su abstraccion vino á sacarle la campanilla agitada
por el venerable.


Cada cual ocupó su puesto y abrióse la sesion, para con~
tinuar, despues del despacho ordinario, la lectura de las
memorias de D. Antonio, que á todos interesaban viva-
mente.


Pero como quiera que hace tiempo abandonamos á los
principales héroes de nuestra novela, preciso es, antes de
pasar adelante, que nos ocupemos de ellos, pues no menos
vivamente deben interesar al lector que las memorias de
D. Antonio.


Son dos narracjones de bien distinto género; la una que
procura hablar á la inteligencia, la otra que pretende im-
pre~ionar al corazon.


Por supuesto que Felipe no se encontraba tampoco aque-
lla noche entre los concurrentes cosa bien estraña en un
hombre tan exacto y tan puntual.


¿Dónde estaba'?
~Qué importantes negocios le retenian?
Pronto lo sabremos.





CAPITULO XV.


Amor sin esperanza.


Es muy natural que nuestros lectores ansíen volver á
ponerse en contínua relacion con los principales personajes
de nuestra novela; las tristes relaciones de las memorias
del difunto D. Antonio han debido sobrecoger su ánimo
haciéndolos casi olvidar.


Volvamos, pues, á ellos y sirva la interesante continua-
cion de la verídica historia de Felipe y de María, de bálsa-
mo consolador, de lenitivo, de eficaz alivio á la dolorosa
impresion con que embargan el espíritu y lo martirizan las
horribles descripciones de ciertas catástrofes, de esos mar-
tirios que, despues de todo, han sido siempre provecho-
sos para la útil enseñanza del pueblo, por que han conse-
guido encarnar mas y mas en su espíritu la idea republi-
cana, acreciendo en su pecho el profundo aborrecimiento
á las tiranías.


María, como ya lo hemos dicho en los precedentes ca-
pítulos, no solamente no era feliz, sino que se conceptuaba
como la mas desgraciada de las mujeres.




LA SOBErtA~IA NACIONAL. 401
Suponemos al lector interesado por esta pobre niña yes


natural que desee conocerla mas íntimamente; en su conse-
cuencia trazaremos en breves rasgos su retrato.


Si antes no lo hemos hecho, ha sido porque las dos si-
tuaciones en que la presentamos no admitiaD, por su palpi-
tante importancia, que nos detuviéramos en descripciones y
detalles insignificantes, robando el interés á la accion dra-
mática de la obra .


. l\Iaría era mas bien de una estatura pequeña que alta,
pero sin embargo de sus pocos años, se hallaba ya perfec-
tamente formada y desarrollada.


Su talle era esbelto y gracioso, su cuerpo bien mode-
lado.


Redonda y proporcionada su cabeza, se hallaba cubierta
de una brillante cabellera rubia la cual tenia costumbre de
recoger hácia atrás y en una sola trenza; pero aquel pei-
nado tan sencillo, recibia de sus manos cierta gracia espe-
cial: demasiado finos y al mismo tiempo espesos, sus ca-
bellos no podían sujetarse ni enroscarse todos al rededor del
diminuto peine, razon por la cual se escapaban muchos en
rizados y pequeños bucles, que venian á caer sobre su fren-
te y torneado cuello.


Rodeados de una casi imperceptible línea oscura y guar-
necidos de largas y sedosas pestañas, sus párpados se abrian
para dejar brillar unos espresivos ojos garzos, húmedos,
aterciopelados, y cuya pupila se hallaba dotana, hasta el
mas alto grado de contraccion y dilatacion.


La nariz, aunque pequeña, presentaba un perfil irrepro-
c hable y la boca perfectamente rasgada y arq ueada en sus
estremos, dejaba asomar entre dos sonrosados labios~ dos lí-
neas de menudas perlas blancas, tan iguales y de tan purí-




402 LA SOBERA~ÍA
simo esmalte, que la Vénus de Milon las habria envidiado
seguramente.


Aunque María podia pasar por bonita y hasta por her-
mosa, su belleza no era del todo irreprochable; los contor-
nos de su perfil, en conjunto, carecian de cierta esquisita
pureza, pero tal como aparecia, era imposible olvidarla des-
pues de vista una sola vez, y cuando se la miraba con algu-
na fijeza era preciso igualmente hacer un violento esfuerzo
para separar la vista.


En sus facciones se reflejaban constantemente las iro-
presiones de su alma; su franca y movible fisonomía reve -
laba claramente sus sentimientos, sus penas, sus emocio-
nes' y sus ojos límpidos y profundos dejaban leer hasta el
fondo de su corazon, cuando brillaban animados por la ale-
gría ó la ansiedad de un deseo no satisfecho.


La espresion que comunmente se reflejaba en sus fac-
ciones era la de la dulzura y la tristeza; mas marcada aun
desde el fallecimiento de su padre y cuando llegó á adqui-
rir casi el convencimiento de que Felipe ni la amaba, ni
siquiera habia hecho aprecio de la tierna solicitud con que
la pobre niña por él se sacrificaba.


En tanto, María, como ya lo hemos dicho, adoraba á
Felipe con todas las fuerzas de un corazon potente y jóven.


Para ella Felipe, aun no amándola, era la única felici-
dad de su existencia; su consuelo, su esperanza, su pasado
y su porvenir; no vi via sino por él y para él.


Desgraciadamente, tanta pasion y tanto sacrificio, ní
era apreciado en lo que valia, ni hallaba la merecida re-


\
-compensa. -


Felipe no comprendia nada de esto; parecía estar ciego:
La tierna solicitud y el delicado esmero de que contí-




NACIO~AL. 403
nuamente se veia rodéado por la niña, lo juzgaba como la
cosa mas sencilla y natural del mundo; para él no era aq ue-
110 mas que efecto del fraternal cariño de la hermana al
hermano.


\
Sin embargo, tantas y tan continuadas demostraciones


llegaron por fin á fijar su atencion ; le hicieron comprender
algo de lo que pasaba en el alma de María y motivo fué
este mas de sentimiento que de alegría.


¿Por qué? porque Felipe, sin embargo de que profesaba
á María entrañable afecto, era un cariño muy distinto del
que la pobre niña hubiera deseado.


Además, fuerza es confesarlo} Felipe que hasta enton-
ces se habia mostrado indiferente á los encantos del amor,
que no habia fijado su atencion en ninguna mujer, que su
corazon no habia palpitado por otro sentimiento que el de
la patria y por el del amor á la causa de la libertad, á la
que consagró todos sus sentidos y potencias desde que tuvo
uso de razon, habia llegado un dia en que la vista de una
mujer bella, elegante, considerada y de elevada posicion,
consiguió impresionarle de una llianera tan vivísima, que
le tenia como atontado.


Como todos los hombres en que el corazon ha estado dor-
mido mas tiempo de lo que es natural y cuando llega á des-
pertarse al eléctrico choqu~ de ciertas impresiones, es mas
violento y mas exigente en sus deseos, el de Felipe se sin-
tió herido, pero vivamente herido, y de aquí nacia la pre-
ocapacion en que últimamente le hemos visto; de aquí
tambien su falta á la lógia en la última sesion.


Precisamente á aquella hora Felipe estaba en el teatro,
porque sabia que la persona que le interesaba se hallaba
tam bien allí.


TOMO l. 60




404 LA. SOBERA.:'\ÍA


Preciso será que el lector se entere y sepa de qué modo
nació y tomó cuerpo este repentino amor en un hombre
hasta entonces tan indiferente y hasta escéptico para cierta
clase de afecciones.


Paseaba un día solo y meditabundo por una de las ala-
medas de la Fuente Castellana.


Completamente distraido, salióse de la línea marcada
del paseo y penetró en el de carruajes, que en aquel mo-
mento se contaban en gran número.


De pronto, vino á sacarle de su abstraccion un agudo
grito femenino, que fué seguido de un rudo choque que re-
cibiD en el hombro y que casi lo derribó por tierra.


Hasta pasado un momento, no pudo darse cuenta de to do
lo que aquello significaba.


Uno de los ginetes que galopaban ó caracoleaban al re-
dedor de los lujosos trenes, no pudo refrenar el ímpetu de
su corcel, y vino á chocar con el distraido Felipe, que se
vió muy espuesto, por su misma distraccion, á ser estro ~
peado y herido de una manera grave.


Una de las señoras que ocupaba el testero de una mag~
nífica carretela abierta y que precisamente se hallaba cerca
del sitio donde podia haber ocurrido una desgracia, al ver
el inminente peligro de Felipe, al considerar que iba á ser
atropellado por el caballo, lanzó un grito de angustia y de
terror, grito que á Felipe le obligó á hacer un movimien .. -
to, alzar la cabeza y esquivar en lo posible el rudo choque
del inesperto ginete.


Pero sus ojos se fijaron en la hermosa dama que habia
lanzado aquel grito, y al cual debia en gran parte el no
haber sido aplastado.


Al cruzar su mirada con la de aquella muger, no solo




:SACIONAL. 405


quedó como extasiado, sino que experimentó una impresion
tan extraordinaria como la que se produce al poner la mano
sobre el alambre eléctrico.


Aquella lujosa carretela, tirada por dos magníficas ye-
guas tordas y servida por lacayos de ostentosa librea, con-
ducia lo que muchos han dado en llamar un ángel, otros


"-


un demonio; Racine, un objeto lleno de encantos y atrac
tivos; una mártir, segun los menos ... una muger en fin
en todo el apogeo de la belleza y de la seduccion.


Nada, pues, tiene de estraño que Felipe, por indiferen-
te que fuese, quedase estático ante aquella peregrina apa-
l'icion, que al verle ya fuera del peligro, no pudo menos
de significar su satisfaccion con la mas encantadora de las


.


sonrisas; Felipe se inclinó, correspondiendo al interés que
por su peligro habia demostrado aquella hermosa dama,
quitándose respetuosamente el sombrero.


Un ligero movimiento de cabeza, equivalente á un salu-
do, correspondió igualmente á su fina ate~cion.


Los caballos partieron al trote largo y Felipe, que ha-
bía vuelto al buen sendero, ó lo que es lo mismo, á la calle
donde pasean las gentes que no pueden hacerlo en carrua-.
ge, quedó por algunos instantes perplejo y en esa situa-
cion especial de los que, víctimas de una emocion violenta
y repentina, no saben en los primeros momentos qué ha·-
cer, ni qué determinar.


Len.tamente continuó su camino, pero siempre atento
al regreso del carruage, que de bia vol ver por el mismo si~­
tio, si, como era de suponer, habia de dirigirse al Prado
como comunmente acostumbran las personas que pasean
en las primeras horas de la tarde por la citada Fuente Cas-
tellana.




406 LA. SOBERA.NIA


Efectivamente, aun no habia trascurrido un cuarto de
..


hora, la carretela volvió á pasar, y tal fué la precipitacion
con que Felipe quiso lanzarse á contemplar de nuevo su
ídolo, que de nuevo penetró en el paseo de carruages, y de
nuevo tambien estuvo á pique de ser aplastado por uno de
estos.


La carretela pasó á una vara de distancia del sitio don-
de se habia colocado Felipe, pero la señora en cuestion,
muellemente recostada en los almoadones de seda, ni si-
quiera fijó la atencion en el jóven que la contemplaba ex-
tasiado y con los labios entreabiertos, palpitante el cora-
zon, fascinados los sentidos.


En aquel momento pasaba por su lado una berlina de
plaza, que regresaba de vacío, segun aparecia de la carac-
terística targeta de metal fijada en la parte superior de la
caja, y Felipe, asaltado de una súbita idea, la mandó pa-
rar, y penetrando rápidamente en ella, dió órden al coche-
ro de colocarse detrás de la carretela, y seguirla á donde
quiera que fuese.


Felipe quería conoceJ' quién era su ídolo, dónde vivia,
su nombre y estado.


El auriga alquilon, obedeció las órdenes que hauia re-
cibido, y desde aquel momento se adhirió á la arristocra-
cia carretela, como la ostra á la roca, como la yedra al ol-
mo, como la enrredadera á la caña.


La cabeza del escuálido caballo parecia incrustada" en
las piernas de los lacayos: si marchaba al paso, seguia al
paso; si las yeguas tordas trotaban, á fuerza de látigo el po-
bre jamelgo sacaba fuerzas de flaqueza y trotaba tambien,
con objeto de no perder una pulgada de terreno.


Felipe, á todo esto, sacaba incesantemente la cabeza




NACIONAL. 407
por la portezuela., pero todos sus esfuerzos eran inútiles
para ver á la divina hermosura que tan repentinamente lo
habia cautivado.


Colocada en el testero de su carretela y yendo él detrás,
no era fácil que pudiera verla.


Así continuaron dando aun dos vueltas en el 'Prado, en
el trayecto que media desde la fuente de Cibeles hasta
el paseo de Atocha, despues de lo cual, la carretela tomó
el camino de la antígua puerta de Alcalá, y en direccion
al barrio de Salamanca.


Ante uno de los mas lujosos hoteles de aquel barrio aris-
tocrático, vino á parar, quedando la berlina de alquiler á
algunas varas de distancia y Felipe, abriendo la portezue-
la se lanzó á tierra con objeto de ver nuev-amente, yaun-
que no fuera mas que breves momentos, á la muger, al án-
gel, á la diosa que tan preocupado le tenia.


Efectivamente, descendió aquella de la carretela y dán-
do 6rden al cochero para que vol viese á la hora del Tea-


, tro, penetró en su casa, sin haber observado la persecucion
de que era objeto, ni mucho menos hecho aprecio de aquel
pobre mortal que la contemplaba embobado, apoyado en
uno de los árboles del boulevard Serrano.


Por el pronto Felipe sabia su domicilio y lo que es mas,
que aquella noche iria al Teatro; pero ¿á cuál? vaya V. á
adivinarlo: e;J, la duda, y puesto que aun faltaban dos horas
para que principiara el espectáculo, resolvió, utilizando la
berlina, trasladarse á comer á cualquier fonda ó restaurant
y volver á colocarse en acecho para continuar siguiendo á
la carr~tela cuando se dirigiese al Teatro; de este modo no
h:'tbia medio de equivocarse.


Hízolo así, y el auriga, segun su 6rden, lo llevó á casa




408 LA ~OBERANIA


de Fornos, calle de Alcalá, por ser la fonda mas próxima y
tambien la mas confortable.


Pidió de comer, pero apenas probó bocado; no tenia ape-
tito: era natural, su imaginacion estaba demasiado preo-
cupada.


Cuando le servian los postres y el café, penetró en la
sala uno de sus ma's íntimos amigos, . un pintor; un repu-
tado artista, relacionado con lo mejor de Madrid y muy
querido, por las bellas cualidades de su carácter, con lo
principal de la buena sociedad de la c6rte.


Llamábase Luis Marin y su edad próximamente la de
veinte y seis á veinte y ocho años.


Aunque de carácter alegre y jovial, se reflejaba contí-
nuamente en sus facciones un fondo de tristeza y de amar-
gura que no estaba muy en armonía con la constante son-
risa que plegaba sus labios.


Dos años hacia que habia perdido á su madre, y si bien
es cierto que aquel rudo golpe le habia impresionado vi-
vamente, porque la adoraba, positivamente no era aq uella
pérdida, aquel dolor, el único que daba á su fisonomía aquel
tinte de tristeza, aunque disfrazado siempre con cierta
máscara de franca alegría y hasta de volubilidad.


Luis habia quedado huérfano y no tenia parientes.
La corta renta que su madre le legó al morir habia sido


acrecentada con el trabajo, y como su pincel le proporcio-
naba desahogadamente para vivir, hasta con cierto lujo,
disfrutaba en Madrid, aunque con estremado juicio, de la
cómoda posicion que la buena suerte y su laboriosidad le
habian deparado.


Profesaba las mismas ideas liberales de Felip~ yen mas
de una ocasion, sirvió á éste la casa de Luis, de amparo y




NACIO~AL. 409


de refugio, cuando en épocas no lej anas tuvo necesidad de
esconderse huyendo de la persecucion de la policía.


Era además íntimo amigo de D. Eugenio, y visitaba la
casa con la misma franqueza que si fuera un individuo de
la familia.


Conoció á 1\1aría y desde el primer momento esperimen-
tó por ella la tierna simpatía, el dulce cariño de un her-
mano. Esta por su parte, conociendo lo que Luis valia, cor-
respondió á tan santa y desinteresada afeccion con un cariño
igual, y á los pocos dias de conocerse y de tratarse, ya se
habia entablado eIftre ellos esa ilimitada confianza que ge-
neralmente no se adquiere sino á fuerza de años y de posi-
tivas pruebas.


Luis conocía el estado del corazon de la jóven.
Sabia que amaba á Felipe con un amor inmenso, im-


perecedero, pero al hacerle depositario de sus confianzas, la
pobre niña le habia exigido su palabra de honor de que por
ningun concepto llegase á saber su tio el secreto que guar-
daba su corazon.


Su delicadeza, su noble orgullo, así lo exigia.
Tampoco Luis ignoraba que Felipe era insensible á


tanta ternura y que preocupado en asuntos muy sérios, ni
siquiera habia fijado su atencion en las muestras de cariño
de que constantemente era ohjeto.


Mas de una vez estuvo á punto de descubrirle la ver-
dad, pero 'el juramento que se le habia exigido sellaba sus
labios y contemplaba, con profunda pena, como languide-
cia aquella pobre flor sin esperanza.


Sin embargo, sus consej os servian de gran consuelo á
la pobre María; á fuerza de repetírselo llegó á hacerla creer
que llegaría un día en que su inmenso amor tendria su re ...




410 LA SOBERANIA


compensa y que Felipe, despertando de su sueño, ó arran-
cada la venda que le cubria los ojos, vendria á caer á sus
piés ofreciéndole todo el amor de que tan digna era.


Al penetrar en el comedor de la casa de Fornos donde
Felipe se hallaba terminando de saborear su café, se halló
agradablemente sorprendido con el encuentro de éste.


Dirigióse á él y estrechando afectuosamente su mano,
colgó el sombrero de una de las perchas y se dispuso á ocu-
par el asiento vacante, frente á Felipe y en su misma mesa.


-Ouánto me alegro de encontrarte, le dijo, y si quieres
que te sea franco te confesaré que hasta por egoismo.


-Oómo así~ replicó Felipe.
-Muy sencillo, chico, hoyes uno de esos dias que me


aburro, que no sé qué hacer, que todo me incomoda. Vengo
del Suizo donde he dejado media docena de esos que se
llaman nuestros amigos y cuya conversacion me cansa, me
hastía, me hace daño.


Parece que no saben hablar sino mordiendo; si se habla
de mujeres no hay para ellos una reputacion á salvo; si se·
habla de política barbarizan; si de ciencias, artes ó litera-
tura, el veneno de la envidia rebosa en todas sus palabras.


Francamente, me avergüenza unajuventud tan cínica,
tan maldjciente, tan pervertida, como la de esta época, á
la cual desgraciadamente pertenecemos tú y yo, que si no
somos impecables, por lo menos tenemos otras condiciones
de lealtad y de honradez que la juventud dorada desconoce
por completo.


Oompletamente fastidiado me he venido aquí á comer
y mi buena suerte me hace encontrarme contigo; esto al,
meDOS me sirve de compensacion y de consuelo.


-Mucho siento, mi querido Luis, replicó Felipe, que




NACIONAL. 411


-tus esperanzas se vean defraudadas; pero, bien á pesar mio,
solo breves instantes puedo permanecer en tu compañía.


-¿Cómo es e~o'? ¿me abandonas? ¡Y yo que habia pen-'
sado que pasaríamos juntos la noche!


-Imposible; un asunto de la mayor importancia me
llama á otra parte.


-Asunto político'?
-Nó; es asunto de bien distinto género y que me tiene


en estos momentos harto preocupado.
-En efecto; encuentro DO sé qué de estraño en tu por-


te, en tu fisonomía, en el acento de tu voz!. .... Creo que
siempre me has distinguido con tu confianza y si no me
consideras indigno de ella, si crees que puedo serte útil
'{~on mi persona ó con mis consej os ...


Felipe pareció reflexionar algunos momentos.
Luis le contemplaba atentamente, procurando adivinar


el secreto que su a.migo parecia vacilar en confiarle.
-Tal vez sí; es muy posible que te necesite y en prue-


ba de que ahora y siempre posees toda mí confianza, de
que te tengo por el mej or de mis amigos ...


-y puedes creerlo, ninguno hay que te quiera tanto
como yo: habla, habla ...


-En tal caso, come pronto lo que hayas de comer; que
te sirvan con presteza y te vendrás conraigo ...
~Si la cosa es tan urgente, puedo pasarme sin comer.
-- NÓ 1 aun tenemo~ tiempo; replicó Felipe, despues de


haber mirado Sil reloj.
Llamóse al camarero, pidió Luis la. comida y habiéndole


éste indicado que tenia prisa, le fué servida inmediatamente.
-i y adónde nos dirijimos'? áñadió interpelando á Feli-


pe, en tanto que se servia la sopa,
TOllO L 61




412 L.\. SOBERA.NIA.


-Al Teatro.
-¿Y á cuál?
-Aun no-lo sé.
-¿Qué no lo sabes? pues tiene gracia.
-No lo sabremos hasta que nos hallemos en la puerta


del mismo.
-Pues no lo entiendo.
-Ya 10 comprenderás á su debido tiempo; pero en el


entretanto, dime; tú que estás tambien relacionado con la
alta sociedad de Madrid y que "isi tas las principales casas,
¿conoces una m uj el' hermosísima que pertenece á la clase
mas elevada y que posee un magnífico llotell en el barrio
de Salamanca'?


-Hombre, conozco tantas de esas señas que no es fácil
acertar con la que quieres decir.


-Es que como la que yo digo no hay dos, ni fácil tam-
. poco equIvocarse.


Luis, que se llevaba en aquel momento una pechuga de
Salmi de cJwc1ws á la boca, quedó parado en su rnovimientu
y mirando á Felipe con estraordinario asombro le dijo:


-¿Qué no es fácil equivocarse'? .... ¡gran Dios! esta..,
rías ...


-¿Ena+norado? sí, no puedo negarlo; hace dos horas que
no sé lo que por mí pasa, que no tengo conciencia de lo
que hago, ni de lo que digo ... que estoy completamente
trastornado.


Tal fué la sorpresa de Luis que el tenedor se le escapó
de la mano sin haber llevado la pechuga á la boca.


Era una noticia tan estraordinaria para él, que contem-
plaba á su amigo como alelado.


¡Enamorado Felipe 1 y enamorado de otra mujer, cuan-o




NACIONAL. 413


do la felicidad le sonreía en su casa, cuando un ángel co-
mo :María era la única, que, en un caso, tenia derecho á
ser preferida en ta:l santa afeccion!. ..


Todo esto pensaba Luis y en su lealtad, en su bellísimo
corazoll, en el afecto síncero que profesaba á la huérfana,
lJ.O habia podido escuchar aquella confesion sin esperimen-
tar cierta molestia y mal estar, la cual, sin embargo, pro-
curó ocultar á los ojos de su amigo.


Pero tal fué la desagradable impresion que produjo en
su ánimo, que ya no quiso continuar comiendo y dijo al
camarero suprimiera los demás platos que aun restaban,
trayéndole únicamente el café y una copa de cognac.


Felipe en tanto permanecía peLsativo.
Por espacio de diez minutos y en tanto que Luis tomó


su café, el silencio no fué interrumpido por ninguno de los
dos an1igos. "


Pedida la cuenta y satisfecha, Luis fué el primero que
se levantó de su silla y cogió su sombrero.


-Vamos, dijo, cuando quieras; estoy á tus órdenes.
-Vamos, contestó Felipe, y ambos se dirigieron á la


puerta, d.onde les esperaba la berlina de plaza, que Felipe
no habia despedido, y á cuyo cochero dió nuevamente sus
órdenes.


Partió el vehículo otra vez camino del barrio de Sala-
lllanca, parándose al frente de losjardinillos que rodean los
antiguos monumentales arcos de la puerta de Alcalá y
quedando desde aquel sítio en acecho.


El cochero h'lbia comprendido la mision de que se ha-
llabu, encargado; no dudaba de que la propina seria esplén-
dida y procuraba cumplir con su obligacion.


A todo esto ya se habia hecho completamente de noche,.




414 LA SOBERA}lIA


pero la luz de los reverberos de gas alumbraban lo suficiente:
para distinguir, no solo los carruages, sino las personas.


En todo el camino, ni Luis ni Felipe habian cambiado-
una palabra; cada uno parecia absorto en sus reflexiones.


Por fin este último se decidió á romper el silencio:
-Parece, dijo, que mi confianza no ha sido muy de tu


agrado.
-A mí'? ¿y por qué no lo ha de ser? replicó Luis; lo


que si ha producido en mí es el efecto de la sorpresa: no te
creia susceptible de enamorarte y mucho menos tan repen-
tinamente.


-Tampoco yo me lo esplico, pero es lo cierto q,ue la
impresion que he esperimentado, á la simple vista de esa
mujer, es superior á cuanto yo te pudiera decir.


-Pero ¿y cómo ha- sucedido todo e~o'? ¿qué hemos ve-
nido á hacer aquí? ¿á quién esperamos?


Entonces Felipe le contó minuciosamente todos los de-
talles de su aventura de aquella tarde.


-y no hay nada mas? replicó Luis un poco mas tran-,
quilo.


- Nada m as ¿te parece poco'?
Luis no pudo menos de soltar una sonora carcajada.
-Vamos, vamos; dijo, yo creia otra úosa mas séria;


siendo no mas que lo que me cuentas aun, no hay peligro. 06
-Peligro ¿de qué?
-De nada ... pero me estraña que un hombre tan formal


como tú, tan juicioso como tú y que jamás ha rendido culto
á ciertos ídolos, se conduzca en esta ocasion ni mas ni me-
nos que un chiquillo.


-Es que tú no puedes formarte idea de lo que esperi--
m.ento, de lo que sufro ...




NACIONAL. 415


-Pues, hijo, ni que hubiera sido un disparo á quema
ropa, ó una exalacion ... no puedo comprender ni he com-
prendido nunca esas violentas pasiones repentinas, que,á
guisa de ferro-carril, penetran por los ojos y van directas
al corazon.


-Búrlate cuanto quieras, pero es lo cierto que desde
esta tarde estoy como un loco.


-Bueno, bueno; y como dice el refrán que un loco ha-
ce ciento, participaré de tu locura, pero te advierto que
hasta cierto límite.


-No te comprendo.
-:Muy sencillo: yo tengo mis ideas y mis ridiculeces;


te quiero mucho así como todo lo que te pertenece; me
tendrás á tu lado en cuanto esto no pase de una broma, pe·
ro si la cosa se formaliza, te abandono; no quiero ser c6m-
plice de ...


-De qué'?
.


-De ... nada; yo me entiendo, y Dios me entiende.
Por segunda vez y sin que Felipe se apercibiera de ello


Luis habia indicado su pensamiento.
La memoria de María no se apartaba de su mente desde


el momento en que Felipe le hul)o confesado que amaba.
Amar á otra mujer que á María, era para el noble jóven


una cosa tan absurda como indigna.
Comprendía que María. era capaz de morirse de pena) si


llegaba á' saber que el objeto de su cariño amaba á otra
mUJer.


Podia esta perdonarle y aun sufrir en silencio que no
fijase en ella su atencion, por las preocupaciones políticas en
que lo veia contínuamenteengolfado; podia esperar al menos
que llegase un día en que abriera los ojos, reparase en




416 LA SOBERANU


ella, y obligado por tantas y tan repetidas muestras de ab-
negacion y de ternura, la ofreciera la merecida recompensa;
pero cómo habia de tolerar que amase á otra mujer! ... y si
no podia impedirlo, podia al menos morir! ...


En esto la berlina de plaza se puso en movimiento.
Felipe sacó precipitadamente la cabeza por la portezue-


la, despues de haber bajado el cristal.
Delante de ellos marchaba al trote largo, no ya la car-


retela abierta de la tarde, sino un Olarens, con distinto
tronco de caballos.


Felipe creyó que su cochero se habia equivocado, pero
no era así: el auriga habia conocido perfectamente los co-
cheros y la librea y calculó perfectamente que era lógico
el cambio de carruage, mucho mas tratándose de ciertas
casas que disfrutan el privilegio de poseer varios trenes.


El carruage de la noche es completamente distinto del
que se usa para paseo.


Atravesaron ambos carruajes, uno en pos de otro, la dis-
tancia que media desde la puerta de Alcalá al teatro del Prín-
cipe, término de su carrera, y del primero descendió y pene-
tró en el vestíbulo la dama en cuestion; cubierta de un
lujoso abrigo y dejando en pos de sí ese perfume aris-
tocrático tan ensalzado y encomiado por las gentes de buen
tono.


Inmediatamente despues, y habiendo tomado sus loca-
lidades en el despacho, penetraron Felipe y Luis y fueron
á ocupar sus butacas de sesta fila, haciendo la casualidad
que se hallasen colocados frente á frente de la elegante
dama, gue lucia los encantos de su hermosura y la riqueza
de sus joyas y adornos, en un palco bajo de la derecha, in-
mediato al proscenio.




~AClO:VAL. 417


La representacion estaba ya empezada y casi terminaba
el primer acto.


Esto importaba poco á Felipe; él no iba á ver la funcion,
ni el estado de su e8píritu le permitis, fijarse en otra cosa
que en la contemplacion de aquella mujer que lo habia
cautivado.


Si Felipe no hubiera indicado á Luis por señas el palco
en cuestion, tampoco habria necesitado que su amigo le
dijese una palabra, porque sin mas esfuerzo que seguir la
direccion de todas las miradas y de todos los gemelos, ha·
bria comprendido y adivinado el resto.


Efectivamente, aquella hermosa mujer llamaba pode-
rosamente la atencion por su elegancia y por su belleza.


Además, sabido es que, cuando el público de un teatro
y en medio del silencio de la representacion, oye abrir un
palco y siente el crujido que produce la seda, instintiva-
mente la curiosidad obliga á todo el mundo á volver la
cabeza, para ver las personas que vienen á ocuparlo.


La dama en cuestion vestía un traje de crepe, color de
rosa, de anchos pliegues y larga cola, abierto por delante,
en forma de túnIca y recojido con lazos de la misma tela;
una especie de pardesus de terciopelo verde esmeralda, de
forma particular y elegante, ceñia su cuerpo, y ópalos ma-
ravillosos, en que se reflejaban todos los prismas del Iris,
brillaban en su frente, en sus di!:!linutas orejas, en su gra-
cioso cuello y en sus torneados brazos.


otros dos ópalos mas gruesos y guarnecidos de brillan Q
tes, sujetaban dos lazos sobre los hombros, y una magnífica


perla negra, de estraordinario valor, venia á unir sobre su
pecho y en la parte superior los pliegues del escote.


Esta elegante como rica toilette, atrajo naturalmente




418 LA SOBERANIA


las miradas de todos: pero lo que mas llamaba Ja atencion
era la hermosura y esquisita elegancia de su dueña.


El teatro, en la referida noche, estaba concurridísimo,
brillante, como suele decirse.


Tantas bonitas y elegantes damas ocupaban los palcos
y aun las butacas, que, mas que sala de espectáculo, pare-
cia un magnífico jardin cuajado de frescas y embalsamadas
flores.


Nadie acompañaba á la citada dama; apareció sola en
el palco y ocup5 el asiento principal con cierta magestad
de reina, no exenta, sin embargo, de cierto estudio y co-
quetería.


Cinco minutos despues terminaba el acto y el telon
descendia.


Felipe continuaba como embobado contemplando á
aquella mujer y sin perder ninguno de sus movimientos.


Por su parte, Luis, sonreia de una manera particular,
si bien St}. sonrisa no parecia exenta de aquella am~rgura,
de aq uena tristeza de que ya hicimos mencion anterior-
mente.


Conocia á aquella mujer y temia.
Temía por su amigo, pero principalmente por ~laría.
Restábale, sin embargo, una esperanza y era, que si


bien es cierto que Felipe podia haberse enamorado, aquella
dama era muy probable que, atendida la posicion que ocu-
paba en el mundo social, no hiciera aprecio de la pasion que
habia inspirado.


De pronto, Felipe estrechó el brazo de su amigo y con
viva ansiedad le interpeló:


.. - Ya la ves, le dijo, ¿no es c~erto que es un ángel?
--O un demonio, quién sabe; no te fles de apariencias.




NAClO~AL. 419


-La conoces'?
-Sí.
-¿Cómo se llama? quién es'? cuál es su estado'? ..
-Su nombre es Margarita; su posicion elevada; su es-


tado, viuda.
--La tratas'? ¿la visitas'? ¿eres su amigo'?
-N inguna de las tres cosas.
-Es estraño en tí, que estás relacionado con todo el


mundo.
-Es que yo elij o la sociedad que mas me agrada y la


de esa señora no se halla en armonía con mis aspiraciones.
-Verdaderamente que no acierto á esplicarme la con-


trariedad que noto en tí desde que te he confesado mi
amor.


-¿Contrariedad? y ¿por qué'? yo nada tengo que repro-
char á esa señora; además, tú ya no eres un niño y sí muy
dueño de obrar segun los impulsos de tn corazon.


Lo que no me agradaría, porque te quiero bien, es que
sufrieras mas tarde un desengaño.


-¿Un desengaño'? yen qué sentido'?
-Estas señoras del gran mundo, de cierta clase de so-


ciedad, por lo general ni tienen corazon, ni los sentimien-
tos que inspiran son para ellas otra cosa que un juego, al
que no suelen dar importancia, sin comprender las desgra-
cias y las consecuencias que semejante juego puede pro-
ducir.


Felipe no oyó estas últimas palabras; estaba completa-
mente extasiado en la contemplacion de la hermosa dama
que Luis habia dicho llamarse Margarita, y á la que, en
lo sucesivo, continuaremos designando por su nombre.


_ Casualmente, Margarita habia dirigido á Felipe sus ge-
TOMO 1-




420 LA SOBERANU


melos y permanecia fij ándose en él como si quisiera recor-
dar su fisonomía.


A esto contribuia la pertinaz insistencia con que era
contemplada por eljóven.


Indudablemente llegó á reconocerle, recordando tal vez
la escena de aquella tarde en la Fuente Castellana, pues
una significativa sonrisa y una lijera inclinacion de cabeza
vinieron á hacer de Felipe el hombre mas dichoso: inme-
diatamente se quitó su sombrero, saludándola respetuosa-
mente.


-- ¡Se ha fijado en mí!. .. ¡me ha reconocido!. .. dijo lleno
del mayor entnsiasmo y estrechanuo la mano de su amigo.


--Sí, sí, ya lo he visto, replicó aquel con la mayor in-
diferencia; por algo se empieza.


En medio do su entusiasmo, de su alegría, un inci-
dente, por otra parte muy sencillo y bien natural, vino á
hacerle descender de su paraiso, con tanta precipitacion
(~omo á él se habia elevado.


De pronto, hizo un brusco mQvimiento de contrariedad
que no pasó desapercibido para Luis.


Acababa de ver entrar en el palco un caballero de me-
diana edad y de elegante porte, que despues de estrechar
afectuosamente la mano de Margarita, vino á senta!se á
invitacion de la misma, en el sillon colocado á su derecha,
quedando por lo tanto fuera del alcance de la vista de Fe-
lipe.


1\Iargarita se volvió hácia el lado del recien llegado en-
tablando con él una conversacion, al parecer, muy animada
é interesante, porque, sin embargo de haberse alzado el
telon y dado principio el segundo acto, ninguno de los dos
prestó atencion á la obra que se representaba, ni á lqs ac-






N.~CION.ü. 421
tores que continuamente eran aplaudidos por lo esmerado
de su ejecucion.


Felipe estaba en brasas; la presencia de aq~el hombre
le hacia. daño y su pecho palpitaba con violencia.


Quizá presentía en él un rival y el demonio de los celos
empezaba á morder su corazon.


-¿Conoces á ese caballero' que ha entrado en el palco'?
dijo á Luis, con acento balbuciente y cortado.


-Sí, yo conozco á todo el mundo.
-¿Quién es'? ¿qué relaciones tiene con esa mujer'? ¿es


su amante'?
-Acabarás por hacerme reir ¿cómo quieres que yo pue-


da contestarte á cierta clase de preguntas?
Sin embargo, para tu inteligencia, satisfaré en lo que


me es posible á la primera.
Ese señor es estrangero y se le conceptúa riquísimo; s6-


cio de la casa Rostchild, ha venido i España hace unos dos
meses con objeto de tomar parte en ciertas especulaciones
de gran importancia; empréstitos, subastas, que sé yo ...
amigo y aun consócio del difunto esposü de esa señora,
naturalmente y desde su llegada á Madrid frecuenta su casa
y su sociedad .... mas no te puedo decir porque lo igno-
ro; como no sea ..... y esta no es una razon para que te so-
bresaltes, añadi6 Luis sonriendo, que ese hombre es ... sol-
tero.


Felipe se reprimió cuanto le fué posible para .ocultar la
contrariedad que le causaba la noticia y hasta se mordi6
los labios con rabia, pero no contestó una palabra, temeroso
de aparecer aun mas niño y mas ridículo á lüs .ojos de su


.


amIgo.
En el intermedio del segundo al tercer acto, otras dos




422 LA SOBERA;:\IA.


señoras y dos caballeros mas, vinieron á saludar á :Marga-
rita ocupando todos los asientos del palco y ya no se reti-
raron hasta que finalizó el espectáculo.


En vano Felipe permaneció con los ojos clavados en
su bello ídolo, esperando q ne por lo menos, al retirarse, le
concederia una nueva sonrisa y un nuevo saludo ..


¡ Vana esperanza!
Margarita púsose de pié, prendió su abrigo, que el ca-


ballero estrangero se apresuró á colocar sobre sus hombros,
;¡ despues de despedirse de todas las perilonas que última-
mente la habían favorecido con su visita, tomó el brazo de
aquel y salió sin volver siquiera la caoez<:t.


Felipe habia sido 00mpletamente olvidado.
Sa desesperacion no se marcó por ningun s:gno esterior,


pero no pasó desapercibida para Luis, que le obseryaba
.


atentamente y que tal vez en su interior se felicitaba del
desencanto de su amigo.


Siguió á éste hasta la puerta del teatro, donde Felipe
queria ver aun otra vez á Margarita, en el momento de
subir á su carruage.


Su deseo fué cumplidamente satisfecho, observando que
tomó asiento en el :;larens, frente á ella, el caballero que la
habia dado el brazo hasta allí.


Afortunadamente y para hacer illell0S amarga la deses-
peracion de Felipe, no iban solos: una señora anciana y
otra jóven, amiga sin duda de Margarita, ocupaban los otros
d9s asientos del carruage.


·-Supongo, dijo Luis á Felipe, que no marcharemos
ahora nuevamente en pos del coche de tu bella ingrata,
pOl'que sobre ser inútil, parecería hasta }·idículo.


-Tienes razon, replicó Felipe, despidamos el nuestro




KACIONAL. 423


y entremos en cualquier café donde yo pueda tomar algun
refresco.


Tengo seca la garganta; hasta me parece que tengo
fiebre.


Fué pagado el carruage, añadiendo á su cuenta una
buena propina; verdaderamente el cochero lo merecia.


Felipe y Luis, sin desplegar sus labios, siguieron por
la calle del Príncípe á la carrera de san Jerónimo, p,ene-
trando en el café de la Iberia.


El primero pidió una botella de cerveza y el segundo
una copa de Jerez con vizcochos.


V erdaderamen te s u comida en casa Fornos, y por las
circunstancias que ya sabemos, habia sido harto escasa.


Tres ó cuatro mesas mas al fondo de donde nuestros
amigos se habian colocado, se hallaban dos indivíduos en
animada plática, los cuales al verlos entrar en el café cam·
biaron de posicion, vol viéndoles la espalda, con o bj eto sin
duda de no ser conocidos.


Despues que de un solo trago Felipe hubo bebido un
vaso de cerveza, alzó la cabeza y dijo á su amigo:


-Positivamente, mi querido Luis, tu corazon está vír-
gen de cierta clase de impresiones y te felicito.


De igual privilegio disfrutaba yo y he sido feliz hasta
hoy ... tú no has amado nunca ... si supieras lo que yo su-
fro en estos momentos me compadecerias en vez de mos-
trarte indiferente.


-- ¡Qué no he amado nunca!. .. que mi corazon está
vírgen de cierta clase de sentimientos! ... replicó Luis con
una sonrisa amarga y exhalando un profundo suspiro,
e uán engañado estás!


He amado tanto como tú puedas amar; mas aun, puesto




424 LA SOBERANIA


que en tí lo q uc hoy tanto te preocupa puede ser únicamen ~
te la impresion de un momento, un capricho pasajero, una
alucinacion momentánea de los sentidos, en tanto que yo ...
yo he sufrido lo bastante para adquirir una dolorosa espe-
riencia,para temer por tí,áquien quiero como á un hermano.


-¿Pero qué es lo que puedes temer?
-Que elijas mal.
He amado lo bastante para poder hablar del amor, Y't


cruelmente herido, para juzgar á las mujeres.
¡El amorL ..
¡Oh! yo le rindo culto á pesar de todo y se lo rendiré


toda mi vida ¡es un sentimiento santo, sublime, infinito!. ..
pero en caanto á las mujeres, es otra cosa ...


Los poetas las califican de criaturas ideales y seráficas;
ángeles y flores, flores sobre todo; con todas las bellezas,
todas las gracias, todos los perfumes de la creacion ... los
poetas tienen razon, pero yo aseguro que si recoges en tu
jardin las mas hermosas, las mas fragantes flores, formas
con ellas un ramillete, lo colocas sobre cualquier mueble
de' tu habitacion y extasiado ante su hermosura te duermes
contemplándolo; perfumes embalsamarán tu sueño, pero á
la mañana siguiente, aquellas flores marchitas te habrán
envenenado.


Estas son las mujeres.
Te hablo en estos términos porq ne he sido envenenado,


porque me encuentro herido, porque no quiero que te suce-
da á tí lo mismo.


Algun dia te contaré una triste historia y ella te servi·
rá de leccion.


-Bien, pero no podrás negarme que en todo hay es-
.


cepcIones.




NACIONAL. 425
-Claro está; yo no profeso absurdos, seria para rene-


gar dA la humanidad; pero tampoco podrás convencerme
de que tu Margarita sea una de esas escepciones.


-¿Y por qué'?
-Porque ... porque esa mujer no te conviene; mi cora-


zon es muy leal y no puede engañarme.
Por lo demás, esto no es otra cosa que un consejo y si no


qUIeres seguirlo, eres muy dueño de obrar segun te plazca.
Felipe pareció reflexionar breves momentos.
Una lucha interior se libraba en su pecho entre el jui-


cioso consejo del amigo y las impresiones de su corazon.
De pronto alzó la cabeza y fijando los ojos en los de


Luis, djjo, con entonacion resuelta.
-No importa; acepto las consecuencias: Luis, yo nece-


sito ser presentado á esa mujer.
Luis hizo un ligero movimiento de disgusto, se enco-


gió de hombros y despues de lanzar al aire una bocanada
de humo del magnífico habano que estaba saboreando,


\


dijo flemáticamente-:
-Está bien; sea, puesto que tú lo quieres.
Nuestro amigo Mauricio el ingenie?o, que visita la casa


de esa señora con cierta intimidad, podrá servirnos para el
caso; él se encargará de presentarte.


-- ¿Y dónde le veremos'?
-Mañana en la misma casa de Fornos donde hoy he-


mos comido: lo citaré á las doce para que nos acompañe á
ulmorzar:


-Ahora retirémonos; va haciéndose ya tarde y preciso
es descansar.


Ambos amigos se despidieron en la puerta del café, to-
mando cada uno de ellos distinto camino.




426 LA SOBERANIA NACIONAL.


Ambos iban preocupados y silenciosos; el uno pensando
en su bella de la Fuente Castellana; el otro en la pobre Ma-
ría, que á haber escuchado la conversacion de Luis y de
Felipe, habria muerto de dolor.


Los dos indivíduos que ocupaban la mesa del fondo en
el café, segun dijimos anteriormente, recatándose de aque·
11os, cruzaron una significativa mirada; plegó sus labios
cierta sonrisa irónica y poniéndose de pié, salieron igual ~
mente del café con direccion á la Puerta de] Sol.




CAPITIJLO XVI,


Historia de una gran dama.-Delirios de una mente estraviada
y de un corazon vírgen.


Al dia siguiente, á las doce, hallábanse reunidos en el
)'estaurant indicado y al rededor de una mesa servida con
un suculento almuerzo, Felipe, Luis y Mauricio el inge-
. 11lero.


Este último se hallaba ya préviamente enterado de lo
que de él se solicitaba, á lo cual babia accedido gllstosísi-
IDO, por serIe Felipe una persona estraordinariamente sim-
pática.


A instancias de Luis y para satisfaccion de Felipe, no
tuvo inconveniente en decir cuánto sabia, hasta en sus mas
pequeños detalles, de la historia y crónica de la casa en que
este último deseaba ser presentado.


El difunto esposo de Margarita era un banquero anda-
lúz que habia metido mucho ruido en Madrid por sus ar··
desgadas em presrls.


Llamábase D. Ramiro Leguina y al llegar á la córte,
media docena de años antes, ambicioso y miserable, todo
el mundo se admiraba como en un espa0io de tiempo bien
~OIlO l.




428 LA SOBERANIA


exíguo, habia hecho una primera fortuna y la habia perdj·é
do: como habia vuelto á rehacerla; corno con gran ventaja
habia salido bien de dos ó tres quiebras y pjc~uciones en la
Bolsa; nadie ignoraba la parte activa que habia tomado en
cinco ó seis grandes negocios escandalosos; gerente ó ad-
rninistrador de varias sociedades anónimas, que al cabo de
algun tiempo ~e declararon en quiebra, él habia salido siem-
pre incólume de todas estas catástrofes, habiendo llegado á
agrupar una cifra de millones bastante respetable para pro-
porcionarle honor, consideracion y crédito.


Entonces compró el magnífico 1wtél del barrio de Sala-
manca y al poco tiempo, con gran sorpresa de sus amigos
y enemigos, casó con Margarita; preciosajóven que llama-
ba la atencion por su belleza en los saloneo:; de la aristocra·
cia madrileña, pobre de dote y de esperanzas, pero empa-
rentada con dos ó tres de las principales familias.


Apenas transcurrido año y medio, D. Ramiro murió de
un ataque de asma: su mujer esperimentó en aquella oca-,
sion el pesar que debe sentir una jóven hermosa y rica,
viuda de un hombre á quien no amaba y condenada á ves-
tir, seis meses por lo menos, de rigoroso l.u to.


Conformándose con las conveniencias sociales, suprema
regla de todas las cosas, hubo de suspender sus bailes y
reuniones, renunciando á los placeres que formaban el en-
canto de su existencia, é imponiéndose una contrariedad
real, por fingir un dolor que no sentia.


Pero el hastío, el aburrimiento, fué tomando en ella tan
sérias proporciones que, para no morir de pasion de ánjmo,
acortó el plazo del luto y á los tres meses próximamente
del fallecimiento de su marido, volvió á redbir á sus ami-
gos mas íntimos una vez por semana.




.NACIO.NAL. 429
Esto:) se componian, segun añadió Mauricio~ si no da


esa sociedad dorada que solo riude culto á los pergaminos,
de perso::J.as muy dignas y bien recibidas en todas partes:
por ejemplo, médicos y abogados que aspiran. á periodistas;
periodistas 'cuyo sueño dorado es ocupar los bancos del Con-
greso, una poltrona, ó hacerse especuladores y bolsistas;
comerciantes, homhres, en fin, de negodos, con los que
siempre es bueno estar en relaciones.


Por lo demás, respecto á la conducta de :Margarita, co-
rno mujer, nada tenia 1\fauricio que reprocharle.


Segun él, la bella viuda recibiendo con igual agasajo y
esqnisita cortesía á todos sus amigos J no habia mostrado
desde que se quedó libre, predileccion por ninguno de
ellos.


La crónica escandalosa de los salones no habia podido
hincar su envenenado diente en su intachable reputacion.


De carácter franco y jovial, solo pensaba en divertirse
y gastar espléndidamente la respetable renta que su esposo
la habia legado al morir .


. Tal fué la relacion que hizo Mauricio y que Felipe es-
cuchó con religiosa atencion.


Luis, por su parte, tambien escuchaba atentamente,
pero las impresiones por éste esperimentadas eran de muy
distinto género que las de Felipe.


Luis no estaba tr'anquilo y bien huhiera querido quitar-
le de la .caoeza la idea de la presentacion.


Tenia el presentimiento, sin poder esplicarse el por qué,
de que aquel amor habia de causar sérios disgustos á su
amigo y ha~·er derramar no pocas lágrimas á otra persona,
digna por cierto de mejor suerte.


Pero ¿cómo hacerlo? al estado á que ~abian llegado las.




,(30 LA ~OBERANIA
cosas y ante la resolucion inquebrantable de Felipe LO ha·~
bia mas remedio que ceder.


Sirviéronles el café, y Mauricio, que ya con anticipa--
cíon estaba enterado por Luis del naciente amor que :Mar-
garita habia inspirado á Felipe, dirigiéndose á éste con la
mayor afabilidad, le dijo:


-Pero ¿de veras estais enamorado?
-Aunque quisiera, no podria negarlo.
La impresioIl que en mi ánimo ha causado la vista de


esa mujer, ha sido tanto mas viva, cuanto que mi corazon
ha permanecido hasta el dia, no solo mudo, sino muerto
para cierta clase de sensaciones.


-Pero, sin que esto sea ofenderos, añadi,:) el ingeniero,
¿qué podeis ofrecer á esa señora en cambio de la respetable.
fortu~a de que disfruta~


--Mi amor y el entusiasmo de mi adoracion hácia..
ella.


-l\lucho es para las personas que comprenden y saben
apreciar cierta clase de sentimientos, pero muy poco para
las que, colocadas en cierta esfera, solo cifran su dicha en
las vanidades y el oropel del mundo.


No es esto decir que la viuda de Leguina pertenezca á
este número, pero yo la he visto rodeada de obsequios y de
atenciones; solicitada por ciertas personas que reunian á la.
juventud, al talento y á la riqueza, condiciones de atracti-
vo y de seduccion poco comunes, y su corazon ha perma-
necido constantemente insensible.


-Comprendo y aprecio cuanto me decís, pero mi amor-
es superior á cuanto po dais aconsejarme..... cuántas re-
flexiones me hagais serán inútiles ... amo y espero ... ni una
palabra mas; lo único que deseo es ser presentado.




NACIONAL. 431


-Lo sereis esta misma noche, os lo prometo; dijo Mau~
ricio sonriendo y escanciando tres copas de Jerez.


-Brindemos, pues, al feliz éxito de vuestro naciente
amor.


- Brindemos, repitió Felipe, apurando su copa de un
solo trago.


Luis llevó la suya á los labios, por pura fórmula sin
duda, y la volvió á dejar sobre la mesa sin haber probado.
una gota.


Este detalle no pasó desapercibido para ningunQ de los
dos amigos.


-¿Qué, no beJeis?
-No haga V. caso, replicó Felipe sonriendo, Luis es


tan original en sus apreciaciones que á veces se pone has-
ta ridículo. No sé por qué se empeña en contrariarme, pre-
sintiendo desdichas y catástrofes para un amor en el que
yo busco y creo poder encontrar la dicha ...


-El que viva lo verá, contestó Luis sentenciosamente ..
-¿Y si mi amor llegase á ser correspondido? ¿qué di-


rias?
-Diria ... diria que era lo peor que te pudiera suceder.
-Pero, ¿por qué?
-Por nada; cada cual tiene sus aprensiones: dejemos


al tiempo y él dará la razoná quien la tenga. Por el proúto,
tú ya has conseguido lo que deseabas y vas á ser presen ..
tado .. "


-Esta misma noche, dijo Mauricio interrumpiendo á.
Luis; precisamente esta noche hay reunían en casa de la de
Leguína y para q ne las cosas se hagan en toda regla y
como la buena sociedad exige, voy desde aqui, esta misma
mañana á anunciar á V. como es costumbre.




432 LA SOBERAl'\IA.


Efectivamente, una hora despues, Felipe era anunciado
á la señora de sus pensamientos por el galante oficial de
ingenieros, que disfrutaba en la casa de cierta confianza.


Casi á la misma hora er.. que se verificaba el almt:erzo
de los tres amigos, tenia lugar una escena de distinto gé-
nero en el parterre del Retiro.


Sentados en uno de los pancos de piedra que adornan
aquellos jardines, departian mano á mano ysin temor á que
oidos indiscretos pudieran sorprender sus confidencias, To-
masito Lopez y su amigo Anto/itos.


Indudablemente escarmentados de lo que les habia ocur-
. rido en la acera de las casas de santa Oatalina, habian to-
mado el consejo de D. Felipe y para tratar de sus picardías,
buscaron un sitio en que no pudieran ser oido~, ni espia-
dos y desde el cual, á cien varas de distancia, podian ver
si alguno se les aproximaba.


-Conque vamos á ver, dijo Lopez sacando la petaca y
ofreciendo un magnífico puro á su compañero ¿qué es esa
noticia tan interesante que me has ofrecido y para cuya
revelacion empleas tanto misterio?


-Asegurémonos primero si alguien puede escucharnos;
desde que me contaste la escena que tuviste con D. Felipe
y la amenaza de la pistola, estoy muy sobreaviso.


-¡Bah! á mí, al pronto, me impresionó, pero despues
he reflexionado que esas no son mas que baladronadas. Por
lo demás, puedes hablar con entera confianza, pues ya ves
que las únicas personas que nos rodean son chiquillos que
juegan, amas de cria, criadas y niñeras.


-Pnes bien, has de saber que la que te preparo es una
gran noticia.


-Desembucha.




~.'~ CIO~Ar.


-Creo que no ignoras que soy amigo, paisano y aun
algo pariente del ayuda de cámara de D. Luis Marin, ese
gran pintor que está de mo~a en la córte y que contra lo
que generalmente sucede á los artistas~ en nuestro pais,
tiene una regular fortuna, vive hasta con lujo y se da aires
de gran señor.


-¿.Pero y que tengo yo que ver ... ?
-Déjame continuar que aun no he empezado.
-Prosigue.
-Pues como decia; el referido ayuda de cámara, medio


pariente mio, es un bobalicon á quien esploto en distintos
terrenos, segun á ello me obligan las circunstancias.


Entre otras atenciongs que le merezco, entra la de con-
vidarme á almorzar 6 á comer muchos dias, lo cual me
economiza no pocos reales en el bolsillo y alguna que otra
indigestion, efecto de los guisotes que me sirven en los bo-
degones donde acostumbro á satisfacer tan imprescindible
necesidad.


--¿Pero á mí qué me importa todo esto'?
--Un poco de paciencia que ya llegaremos.
-Adelante.
-Hoy ha sido uno de esos dias y por cierto que no ha


podido tener mej or ocurrencia, ni eleccion mas acertada,
puesto que, aparte de los esqnisitos manjares con que ha
regalado mi paladar', y el esquisito vino con que ...


-Te has achispado ¿no es esto'? porque segun observo
estás mas hablador que de costumbre, dijo Lopez son-
riendo ...


-' Está bien, búrlate por de pronto, pero muy luego te
arrepen tirás.


-Continúa, continúa, hijo; pero te advierto que como




434 LA SOBERAN lA


no desembuches pronto la sorprendente noticia q ne me has
ofrecido, me levanto y te dejo en libertad para que des al-
gunos paseos por esta3 alamed~s, los cuales contribuirán á
que hagas mas b.ien la digestion.


-Todavía espero á que tú me convides á comer en pago
de la gran noticia que te preparo ...


-Acaba de una vez ó me marcho .
.. -- Calma, paciencia, que todo se andará. H::-"llábame


como te he dicho en compañía del ayuda de cámara de
D. Luis, regodeán"lome con una magnífica chuleta á la mi-
lanesa y una copa de escelente jerez, cuando oimos un
campanillazo.


Perico, que así se llama el tal corrió á la puerta é in-
mediatamente pasó á anunciar á su 'amo una visita.


Era este un jóven que, segun pude enterarme, era in-
geniero, amigo de D. Luis y convidado por éste á al-
morzar.


Por supuesto que el almuerzo no era en la casa sino en
la fonda y segun pude enterarme igualmente en compa-
ñía de ... una persona de nuestro mas íntimo conocimiento.


Como del gabinete en que los señores ba'lüaban á la
pieza en que yo me encontraba no habia mas que un paso,
su conversacion llegaba distintamente á mis oidos.


Calcula cuál seria mi sorpresa cuando oí repetir dos 'Ó
tres veces el nombre de D. Felipe!. .. ese nombre que de al-
gunos días á esta parte produce entre nosotros el mismo
efecto que aquellas tres simbólicas y aterradoras palabras
del festin de Bal tasar.


Sol té la copa que tenia en la mano y me dirigj á la
puerta de comunicacion, escuchélndo con estraordinaria an-
siedad.




NAClOXAL. 435


-Adelante; tu relato me vá interesando.
-He llegado á saber que D. Felipe e stá perdidamente


enamorado.
-¿Y es esa la gran noticia? pues nada nuevo me vie-


Des á contar.
-¿Cómo que no es nuevo'?
-Que D . Felipe ama á María lo sa bíam os ya hace


tiempo.
-Si tuviera uno mas confianza contigo te diria que


eres un majadero. María no entra en la cuenta para nada;
María podrá amar á D. Felipe, pero éste á quien ama es á
otra.


-lA otra! esclamó Lopez con alegría y dejando ver en
sus labios una sonrisa de satánica satisfaccion ¡á otral iY
quién es ella?


--Una señora que pertenece á la aristocracia del dinero
y que disfruta una elevada posiciono Esta noche debe ser
presentado en su casa.


-Es preciso averiguar quién es y dónde vive.
-Ya está hecho. La señora en cuestion se llama doña


Margarita Ribas, viuda de Leguina; su casa es uno de los
magníficos hoteles del barrio de Salamanca y sus re unio-
nes de las mas brillan tes de la c6rte.


-Preciso es hacernos amigos, buscar auxiliares en el
interior de la fortaleza) para que nos tengan al corriente de
lo que ocurra y para utilizarlos en un momento dado.


-En todo tienes suerte: dá la casualidad que la don-
cella de la referida señora es prima de mi novia, de aquella
desdichada que por causa tuya fué despedida de casa de
D. Felipe.


Además, yo procuraré rondar la de la señora de Legui-
TOMO J.




436 LA SOBERA'NIA NACIONAL.


na; ver á qué taberna concurre su cochero, entablar rela-
ciones y echármelas con el de generoso.


-Perfectamente; no hay cochero ú quien no le guste el
vino, ni criado de casa grande que deje de ser chismoso y
murmurador. Veo con placer, Antojitos, que te vas for-
mando.


-En tal escuela curso. ¡Gloria al maestro!
-En prueba de lo satisfecho que me dejan tus noticias


aquí tienes estos veinte duros para lo que eD: mi servicio
puedas necesitar; y además, puesto que me has significado
el deseo de comer en mi compañía, te convido; pero nada
de bodegones, hoy en albricias echaremos la casa por la
ventana... ¡cubierto de á duro y en el Restaurant del café
Europeo.


-¡Déjame que te admire! ¿habrá Champagne'?
--Lo habrá.
-Pues el primer bríndis á la posesion de tu bella in-


grata.
-Te juro que antes de un mes, María será mia 6 yo


habré dej ado de existir .
. -Cuidado, sin embargo, con la pistolita de D. Felipe ...
-No la temo; no ama á María, adora á otra mujer y


por consecuencia el campo me queda libre; sobre todo, con-
tra la fuerza bruta del leon está el diente envenenado de
la víbora y la astucia de la serpiente.


Una hora despues, aquellos dos bribones terminaban su
segunda botella de Champagne, entre risotR.das y soeces
gracias, dando ya por seguro' el triunfo de sus pérfidos
planes.




Sueños de oro.


Alas diez y media de aquella misma noche una modes--
ta berlina de plaza conducia á Felipe y á Mauricio á las
puertas da la casa de la señora de Leguina, resplandeciente
hasta en su interior, de luz y de armonía.


Descendieron del carruage en la puerta que rodeaba un
precioso jardin, iluminado con candelabros de gas hasta el
vestíbulo y cuajado de macetas de flores.


Subieron la escalera, cubierta de una preciosa alfombra
verde y rosa, y empezaron á sentir desde luego ese deli-
cioso perfume que se aspira en todas las reuniones de cierta
clase y que empieza por embriagar los sentidos.


Felipe sintió palpitar vivamente su corazon cuando, al
abrir la puerta del salon, un criado vestido completamente
de negro, anunció su nombre yel de Mauricio.


Al penetrar en aquella magnífica sala, donde el gusto,
la elegancia OS la riqueza se disputaban la supremacia, el
orgullo y la felicidad, le dieron hasta cierto valor y el
aplomo de que momentos antes no se creia capaz.




LA ::30BERA1\ÍA


El recibimiento que le fué hecho por la señora de la ca-
sa no pudo ser mas lisongero; circunstancia de escaso va-
lor si se tiene en cuenta, que, como persona del gran mun-
do y de esq uisi to tacto, en la señora de Leguina era
costumbre invariable obrar siempre así, haciendo á los
nuevos presentados los honores de la primera recepcion.


Sin embargo, con Felipe hubo una circunstancia parti-
cular; le reconoció al momento, recordando el incidente de
la Fuente Castellana, en que por su incalificable distraccion
debió ser aplastado bajo los piés del caballo.


Mauricio habia dicho verdad: el salon de la señora de
Leguina era de los mas agradables, observándose entre los
convidados no solo muchas personas que disfrutaban un
nombre distinguido en la sociedad, sino muchas hermosas
damas que eran tenidas en los principales círculo~ aristo-
cráticos, por reinas de la belleza y modelos de hermo-
sura.


Pero entre todas, descollaba y llamaba poderogamente la
atencion el ama de la casa.


Efecti v~mente, nada mas seductor que la preciosa viuda.
Representaba unos veinte y ·siete años; era morena y de


una estatura mas bien alta que baja; sus formas redondas
y bien proporcionadas, y en todas sus actitudes y movi-
mientos' descollaba una pureza de líneas que habrian he-
cho enloquecer á un artista.


Despues de media noche y á la terminacion de un wals
bailado con Felipe, durante el cual éste se creyó traspor-
tado al quinto cielo, sin embargo de que durante el mismo
solo se cruzaron palabras indiferentes ó de mera política,
tomó Margarita el brazo de su extasiado adorador, y prece-
diendo á otras varias parejas, se dirigieron á la sala del




~ACIONAL. 439


buffét, donde Felipe solo se permitió tomar un vaso de pon-
che, servido por la hermosa dama.


El resto de la noche se pasó sin incidente alguno parti-
cular: Margarita hubo de abandonarle, como era natural,
para atender al resto de sus convidados, no demostrando es-
clusivamente deferencia por ninguno de ellos.


Sin embargo, una cosa sirvió de gran consuelo á Fe- .
lipe.


El caballero estrangero, que en conversacion tan íntima
habia permanecido por mas de una hora con Margarita en
su palco del teatro del Príncipe, formaba tambien parte de
la reunion; pero con gran sorpresa y satisfaccion del ena-
morado jóven, que desde el primer momento que lo vió
sintió renacer sus celos, apenas cruzó en toda la noche al-
gunas palabras de cortesía con la dueña de la casa, retirán-
dose inmediatamente despues de haber tomado un té, y
mucho antes de que se tocase el cotillon.


Cuando Felipe regresó á su casa y se metió en la cama,
le fué imposible pegar los ojos en toda la noche; toda ella la
pasó en vela, soñando despierto, recreando su in:aginacion
en esos ensueños de oro, tan naturales y tan comunes en
todos los enamorados.


Tambien es cierto que no era él el único que velaba en
la casa; tambien habia otro sér bien desgraciado, que, en el
silencio de su retiro, derramaba amargas lágrimas, ator·
mentando su corazon y su mente.


Maria tambien velaba y soñaba despierta, pero sus sue-
ños, en vez de ser de oro, lo eran de hiel y desconsuelo.


Por primera vez Felipe se habia retirado á aquellas ho-
ras y la pobre niña habi:t esperado intranquila su vuelta,
temorosa si habría sucedido algo; pero al verle entrar á las




440 LA SOBERANIA


dos de la ma.drugada, vestido de etiqueta, cosa muy estra-
ña en él, que jamás habia asistido á bailes ni á reuniones;
al ver reflejada en sus facciones la satisfaccion y la ale-
gría que no podia ocultar, sin saber por qué, su corazon
se oprimia y cuando se vió sola rompió á llorar amarga-
mente.


Quizá su corazon presentía, adivinaba, la aproximacion
de una rival.


Felipe, por el contrario, completamente satisfecho no
pensaba mas que en aquella mujer, la primera que habia
revelado á sus santidos el verdadero imperio de la belleza y
la anhelacion del deseo.


Escusado es decir que á los poco::; dias Felipe se presen-
tó á hacer la indispensable visita de etiqueta; que fué re-
cibido de la manera mas amable y ¡oh felicidad inesperada!
invitado para formar parte de las reuniones de confianza
que la señora de Leguina daba, tres dias á la semana, cuan-
do no iba al teatro, y en las que solo eran admitidas sus
amigas y amigos mas Íntimos.


Pocos dias des pues Felipe estaba enamorado como un
loco: su vida hasta entonces tan metódica, tan juiciosa y
tan tranquila, se habia convertido en una vida de emocio-
nes y de fiebre: no tenia mas que un pensamiento, una as-
piracion, un deseo; ver á la q ne desde el fondo de su cora-
zon llamaba ya su amada Margarita.


Sin embargo, él se decia muchas veces, que como una
señora rodeada de homenajes y de lisonjas, de fausto y de
esplendor, de todo aquello en fin que mas puede envanecer á
una mujer de cierta clase, podia descender á fijar su aten-
cion ni su mirada sobre el mas oscuro y el mas modesto de
sus amantes; pero apesar de esta observacion justísima, ni




NACIONAL. 441
desistió de su empeño, ni dejó de hacer cuanto pudo por
obtener aquella mirada.


La pasion habia entrado en su corazon, lo habia llenado
completamente, arrojando toda otra clase de sentimiento.


Poco á poco, su condicion noble y enérgica se trasfor-
mó en la de un niño; tenia miedo de todo y por las noches,'
cuando se dirigía á la tertúlia con precipitado paso, se pa-
raba de repente y decia: ¿cómo me recibirá hoy'? ¿qué gen-
te habrá esta noche'? ¿llamará la atencion mi asiduidad'?
¿me comprometerá una palabra imprudente'?
. Si 11argarita, durante la velada, le dirigía una palabra


cariñosa, de atencion, 6 de cortesía; si le tendía la mano, si
por una casualidad en el discurso de la conversacion fijaba
en él sus ojos un momento mas de lo regular, cuando vol-
via á su casa, Felipe se abandonaba á las mas locas ilusio-
nes, á las esperanzas mas estravagantes.


Ella le habia sonreido, ella le habia hablado ... por qué
desmayar'? .. y ya cantaba las celestes alegrías del amor
triunfante! ...


Pero sucedia muy frecuentemente que Margarita, obli·
gada á hacer los honores de la casa, como una señora com-
m' il faut, le olvidaba para atender á otro, ó para hablar
con sus amigas, ó para ocuparse de los figurines que la ha-
bia traído la modista ... ¡oh! entonces eran los suspiros, las
lágrimas, la desesperacionI ...


Ella. no le amaria nunca; tal vez queria significarle
que su presencia la era importuna; sin duda aguardaba
una ocasion para despedirle, y otras mil simplezas por el
estilo, eran las que en tropel acudian á su imaginacion.


Todos estos tormentos, aunque muy bastantes para
martirizarle, no eran los únicos.




442 LA SOBERANÍA
Amar á una muger que no nos ama aun, y que no sa-


bemos si llegará ó no á amarnos algun dia, y querernos
proporcionar la inefable dicha de estasiarnos bajo su em-
briagadora mirada algunos minutos mas que lo que las
circunstancias de la vida lo permiten, es un suplicio de los


o mas tremendos.
Las noches que no habia reunion, porque á l\-largarita


tocaba su turno de palco en el Teatro Real, desde las pri-
°meras horas de la mañana ya estaba Felipe en el despacho
del mismo en bosca de una butaca, desde donde pudiera
contemplarla mas á su placer, y antes oque diera principio
la sinfonía ya estaba Felipe en su puesto, esperando con
impaciencia, no las sublimes melodías de Donicetti, Be-
llini, ó Verdi, si no la aparicion de su bella Diosa.


Llegaba esta por fin; se sentaba, distribuia á derecha
é izquierda sus saludos y monerías, y Felipe, :fijo<; en ella
los ojos, esperaba pacientemente á que por casualidad le
mirase y se dignase saludarle.


Generalmente, cada dos ó tres dias, iba Felipe á ver á
Luis por las mañanas, no solamente porque le conceptuaba
siempre, y con justicia, su mejor amigo, sino por que este
no creyera que la oposicion mostrada á sus amores le ha-
bia ofendi do.


Conocia la lealtad de Luis, y en aquella tenacidad no
vió otra cosa que su buen deseo.


Por una especie de respeto mas bien que desconfianz:1
no le hablaba jamás de Margarita, y se guardaba muy
bien, no solo de hacer orgullosa ostentacion de sus alegrías
y sus esperanzas, sino de contar sus penas y decepciones;
hubiera sido dar razon, d-emasiado pronto, á las lúgubres
profecías de Luis.




NACIONAL. 443


Sin embargo, en el momento en que volvemos á pre-
sentar juntos á los dos amigos, precisamente una de las
mañanas en que Felipe habia ido á visitar á aquel, nuestro
enamorado estaba tan satisfecho, que rabiaba por romper
la reserva que voluntariamente se habia impuesto.


Ambos ocupaban dos cómodas otomanas, próximas á un
caballete en el que descollaba un cuadro de grandes di-
mensiones, representando el descendimiento de la Cruz,
obra maestra, casi terminada, y que Luis destinaba á la
Exposicion.


Luis conoció que Felipe deseaba hablar, y sonriendo
de la manera particular que le era propia, rompió el pri-
,mero el silencio.


-¿Y bien? ¿á qué altura nos encontramos? .. ihas ade-
lantado mucho en tu conquista?


-¡Ah! lui querido Luis, dispensa si hasta hoy no he
sido franco contigo por la oposicion que me has demostra-
do, pero no seria buen amigo si no tuviera en tí ilimitada
confianza ... ¡soy el mas feliz de los hombres!


-¡Bravo! replicó Luis, siempre con su burlona yamar-
ga sonrisa; puedes decir como Shakspeare: TIbe beast roith
l1VO backs .....


-Si en vez de escuchar y hablar formalmente, replicó
Felipe un tanto amo8tazado, me dices tontunas me voy.


-¡Vamos, no seas majaderol ... ¿no puedo gastar una
broma? dentro de un mes te lo volveré á repetir y quizás
entonces no te ofenda.


- Entónces, lo mismo que hoy y que siempre .....
-Bien, bien; cuéntame el por qué eres tan feHz.
0-- j Ayer pasé toda la noche á su lado!
--¡Hornbre! lne parece perfectamente!. .. solitos ¿éh?


TQ:.!o l.




444 LA SOBERANlA.


-Solos precisamente... nó: ella en su palco, y yo en
la butaca.


Luis tuvo que hacer un supremo esfuerzo para no sol--
tar la carcaj ada.


-¿Sábes que eso es muy bonito? dijo.
-Fué en el Teatro Real, y me dirigió tres yeces sus


gemelos! ...
-¡Oh! pues eso es ya mucho ... palabra de honor que-


me das lástima: no puedó comprender que un hombre tan
juicioso, tan formal y de tanto talento como tú, se haya
trasformado en tan poco tiempo.


Te predije que este amor te vol veria estúpido, pero
jamás hubiera creido que la trasformacion se verificase en
tan pocos dias.


-¡Ah! si tú la conocieses á fondo, si la trataras! ...
-Ni quiero.
-Yo no sé por que la tienes esa aversion; Margarita es;:


una muger .....
- Como todas.
-Recuerda que dijimos que hay escepciones.
-No lo niego; pero no la juzgo á ella en semejante


caso.


-Pero qué te ha hecho, 6 en qué te fundas para .....
·-A mí nada; pero el corazon me anuncia que ese amor


debe ser causa de muy sérios disgustos .....
Esa señora vive en otra esfera que tú; sus aspiraciones,


sus costumbres, su existencia, muy distinta de la tuya .. Q
en tí todo es ingenuidad, franqueza, noble entusiasmo, es~
pansion; en esa clase de señoras sucede precisamente todo
lo contrario; jamás aman de veras; el finjimiento y la men ..
tira brota constantemente de sus labios, su corazon está




NACIONAL. , 445
seco para cierta clase de sublimes impresiones, y si alguna.
vez aman <5 creen amar, es solo 'un capricho pasagero, es
la ráfaga de viento, el vuelo de un págaro, el silbo de una
saeta, pero una vez el capricho satisfecho, el acto material
cumplido, sucede al entusiasmo el hastío, el cansancio, la
postracion, el desengaño ..... y lo mismo rompen y destro-
zan el corazon del hombre que les ha consagrado toda su
existencia, que arrojan por la ventana el búcaro en que
acaban de aplacar su sed devoradora de felicidad y de de ..
Jeite.


Oréeme Felipe, créeme; aun es tiempo ... resiste á la
tentacion y procura olvidarla .....


-¡Imposible! ... yo no podria vivir sin esa muger ... es
preciso que me ame, y me amará... replicó Felipe, con
Hcento enérgico, y profunda seguridad.


-Corriente: por mi parte te prometo no volver á ha-
blarte de ella, en pró, ni en contra, hasta que llegue un
dia ... que llegará, no tengas duda, en que afligido, deses-
perado, loco, vengas á buscar en mis brazos el consuelo de
,~a amistad.


Esto no impide que continues haciéndome tus con-
fianza~, desahogando conmigo tu corazon; hasta te permito
-que me hables de ella, puesto que tanto te agrada.


Oasi todos los dias, y apesar de los propósitos que se
lo


habian hecho, empezaban idénticas variaciones siempre
sobre el mismo tema.


Luis escuchaba con paciencia, y Felipe se espresaba
con entusiasmo, rebosando de felicidad.


Amaba á Margarita apasionadamente, y aquel amor,
que habia empezado por la admiracion, habia llegado en
muy poco tiempo á la adoracion sin límites.




446 LA SOBERANIA


Lo mas singular, en una persona de su edad y en que
generalmente no se vive ya de ilusiones, él se consideraba
feliz con amar, sin reclamar la recompensa.


Al solo pensamiento de confesar su pasion, al idolo que
se habia creado, se estremecia y se veia asaltado de un in-
vencible miedo.


Si yo me atreviese á confesarla mi amor, tal vez ss
ofenderia y me recbazaría.


¿No soy dichoso solo con verla'? ¿para qué mas'?
Sin embargo, las mugeres tienen una prespicacia y un


talento especial para adivinar estas cosas.
¡Verdad es que en la presente ocasion no tenia gran mé·


rito la adivinacion, pues Felipe era bien poco disimulado;
pero es lo cj erto que Margarita conoció desde la segunda
visita el amor que habia inspirado y sin mostrarse resen-
tida, ni animarle, tampoco lo rechazó.


Continuó siendo para él lo que para todos; amable,
atenta, coquetamente provocadora, pero solo de los labios ...
con la esquisita finura que la era peculiar.


El amor de Felipe era tan respetuoso, que se asemejaba
mas bien á un culto desprendido de todo pensamiento ter-
renal y egoista, y esto, ella lo conoció desde su principio y
como en su tertulia de confianza, compuesta casi esclusi-
vamente de hombres, era la única señora del salon, y por
esta circunstancia se encontraba mas al abrigo de una eno··
josa curiosidad ó envidia, ella misma dió pié á que, poco á
poco, f"'.lera desarrollándose sin obstáculos, una pasion que
ni la interesaba, ni tampoco dejaba de interesarla.


En su imaginacion exaltada y romancesca se propu so
'Únicamente seguir sus progresos y observar.


Empezó á jugar con el amor, y desdeñosa hoy, amable




NACIO~AL. 447
mañana, llegó i esperimentar cierta satisfaccion en abusar
de su poder sobre Felipe, para calcular mejor su fuerza. .


Este, siempre sumiso, besaba con igual respeto y sin
hacerse jamás traicion la mano que lo heria 610 acariciaba. ·


Pero poco á poco y sin sospecharlo siq ui~ra, vino á ser
ella misma el principal personaje en esta pieza, donde, en
su prineipio, creyó no representar otro papel que el de es-
pectador; la coquetería cedió la plaza al corazon; porque
para permanecer insensible á una pasion como la de Feli-
pe, para no ser arrastrada por un amor como el suyo, para
mostrarse fria y resistir á su atraccion simpática, era pre-·
ciso 6 no ten~r corazon, ó tenerlo ocupado con otro objeto ú
otra persona.


Precisamente Margarita no se hallaba en este caso,
puesto que no habia amado hasta entonces; los placeres de
los sentidos los habia conocido muy superficialmente y
hasta cierto punto, pero no las delicias de un amor que ella
ignoraba y cuyos goces Felipe la ofrecia.


Empezó por sentirse orgullosa por aquel sentimiento de
admiracion que habia inspirado; despues empezó á consi-
derarse feliz, y ciertas cuerdas sensibles del corazon que
hasta entonce:3 habian permanecido mudas, vibraron al con~
tacto imperioso del amor.


Bajo esta prestigiosa influencia comparó á Felipe con
los demás hombres que la rodeaban, hallándole muy supe-
rior á todos ellos.


Su voz llegó á causar en su ánimo cierta impresion de
inefable bienestar y, en el salon como en el paseo, en el
teatro como en todas partes donde se encontraban, de la
misma manera que Felipe, ella buscaba ávidamente su mi-
rada d e fuego.




44S LA SOBERA!\"IA_


La timidéz de aquel, su admiracion, su sacrificio, su
fidelidad, su entusiasmo, la parecieron llenos de embria-
gadoras promesas, y de-ellas aguardaba la revelacion de
ciertos goces desconocidos.


Una ardiente curiosidad, una sed de amor, siempre cre-
ciente, la arrastró poco á poco hácia su adorador; com-
prendió que una nueva vida iba á dar comienzo y llena de
desprecio y de piedad por el pasado, solo recreaba su fan-
iasía con la esperanza y el orgullo de un porvenir lleno de
delicias.


Lentamente fué embriagándose en esa atmósfera que
arrastra muchas veües á las mujeres á buscar en un nuevo
amante la rara y maravillosa flor de lo ideal, que ellas so-
ñaron y no pudieron encontrar en los primeros; flor que
muy á menudo huellan con sus piés sin hacer de ella el
menor aprecio y que en su loco orgullo, en su infatuacion
desesperada, buscan sin cesar, acusando á la fortuna en vez
de culpar á su pr0pia ceguedad.


Así fué, que Margarita se dejó arrastrar hácia Felipe
por una fuerza de atraccion desconocida; Felipe era jóven,
lleno de ilusiones, casi desconocido en aquella sociedad
que no habia frecuentado jamás ¿qué mejor objeto para una
úl tima esperiencia'? ..


Pero sobre todo, la prueua mas evidente de que él era
el Mesías esperado, el revelador de sus suMíos de oro, era
que, aunque no se habia declarado todavía, ella se consi-
deraba ya dichosa; se deleitaba en pensar que existia un
coraZOD que solo por ella palpitaba; que la era suficiente
un gesto, un movimiento, una sonrisa para proprocionar la
mas grande felicidad 6 el mas terrible sufrimiento; tenia
la seguridad de la pasion inmensa que habia inspirado, "1




~ACIONAL. 449


el orgullo y la alegría deben ser permitidos siempre á la·
mujer que se conceptúa amada de tal manera.


Además, lo que la arrastraba con mayor fuerza era su
esperiencia de la vida: contaba veinte y siete años y lleva·
ba diez viviendo continuamente en una atm6sfera impregA
nada de engaño y de mentira; todas las creencias de su ju-
ventud no la habian proporcionado mas que crueles decep··
ciones, y al presente, el amor era lo único que le parecia
eficáz y real; en él cifraba toda su esperanza, él era un re-
fugio, la rama salvadora hácia la cual tendia sus brazos;
lo que ansiaba era un amor j6ven y exaltado, con bastante
fuerza de voluntad para elevarla hasta él; y á Felipe, tal
cual ella lo veía y conocía, le j uzg6 digno y capáz de 11e-
val' á cabo esta grande obra de redencion y de iniciacion.


En cuanto á Felipe, estaba muy léjos, sin embargo, de
saber ni de comprender lo que pasaba en el corazon de su
bello ídolo.


.


Muy á menudo habia tenido ocasion de regocijarse es··
cuchando la terneza de la voz de Margarita y observando
la dulzura de su mirada, pero jamás, tanto era su amor tí--
mido y respetuoso, habia tratado de investigar la causa;
era talla ceguedad de su pasion que hasta se creia indig-
no de ella; no osando alzar los ojos hasta su ídolo, no veía
las muestras de deferencia de que empezaba á ser objeto.


Pero esta situacion no podia durar.
El amor, así espresado, por bien sentido que sea, no sa-


tisface á ninguna mujer; mucho menos á 1\largarita que
ya no era una niña, que disfrutaba de libertad completa y
en la cual la naturaleza reclamaba sensaciones mas vivas
que las que podia proporcionarle un exagerado plato-
.


nlsmo.




450 LA SOBERANIA.


El aburrimiento fué poco á poco apoderándose de ella;
el recuerdo de Felipe la perseguia sin cesar, noche y dia,
y cuando no le tenia á su lado, las horas se le hacian inter-
minables, insufribles ...


En este estado las cosas, llegó una noche en que, pene,
trando Felipe en el to(',ador de Margarita, donde ésta se ocu-
paba, sentada al piano, en preludiar un wals de \Vewer,
ésta no pudo menos de quedar en estremo sorprendida al
observar la alteracion que se dibujaba en las facciones de
su amante.


Inmediatamente púsose en pié y saliéndole al encuen-
tro' le tendió su preciosa mano.


Afortunadamente estaban solos, porque ninguna de las
personas qüe formaban la reunion de la bella viuda habían
parecido todavía.


-- i,Qué tiene V.'? le dijo con el acento mas cariñoso y
espresivo; n~to en su fisonomía cierta alteracion que DO es
natural y que me pone en cuidado.


-Verdaderamente, señora, que no tengo motivo para
estar muy satisfecho, replicó Felipe, añadiendo con voz
temblorosa y débil: -Vengo á despedirme de V.


-i,A despedirse'? esclamó Margarita en el colmo del
asombro .


.. -Sí señora; he sido llamado por uno de los ministros
que hoy forman el Poder Ejecutivo de la República, un
intimo amigo mio, á quien nada puedo rehusar y que exj-


·je de mí salga para las Provincias Vascongadas á desem-
peñar una mision importante; comision que por lo menos
ha de durar quince dias ó un mes.


-i,Y V. ha consentido'?
-No podia escusarme; un deber sagrado me lo impidió.




NAClO~AL. 451


-¡Ah!
Y sobre este ¡ah! bien seco y pronunciado, Margarita,


que miraba á Felipe con cierta sorpresa mezclada de curio-
sidad, bajó los ojos.


En esta situacion permanecieron algunos minutos en
silencio.


Felipe, inmóvil sobre su silla y estudiando atentamen-
te, al parecer, los dibujos de la alfombra: ambos visible-
mente contrariados.


-¿Y cuando piensa V. marchar? dijo de repente Mar-
garita.


- Pasado mañana ..
--¿Tan pronto'? .. en fin, como ha de ser; hay deberes


y compromisos que efectivamente no pueden eludirse: pero
,


si tan urgente es la mision que se le ha confiado, añadió
con maligna sonrisa, cómo no parte V. mañana'?


-Porque mañana, dijo Felipe levantándose, deseaba.~.
esperaba venir á ver á V. por última vez.


Y con los párpados llenos de lágrimas, los dientes apre-
tados y el corazon palpitante, esperó una respuesta, en la
cual se cifraba todo su porvenir.


-Muy bien, si así es, venga V. mañana, que le espero.
Al decir esto, alzó la vista y sus ojos se encontraron con


los de Felipe: los vió tan suplicantes, comprendió tan per-
fectamente el imperio de aquel mudo dolor que, cediendo á
pesar suyo á los impulsos de su corazon, añadió, tendién-
dole la mano:-vellga V. tempranito; comeremos juntos.


Felipe la estrechó entre las suyas y cayendo de rodillas,
la besó repetidas veces con frenesí; despues, levantándose,
huyó precipitadamente sin atreverse á pronunciar una pa-
labra mas.


TOMO J.




452 LA SOBERANIA.


Toda la noche la pasó temblando y en la incertidumbre
de si habria ido demasiado léjos; todo su afan se reducia á
saber como seria recibido al dia siguiente.


¿Cómo hqbia de serlo'? ¡pobre niño, apesar de tener la
edad y la esperiencia del hombre! fué recibido con la son-
risa en los labios y la primer palabra de Margarita fué una
espresion de cariño, su primer mirada un vivo destello de
la felicidad soñada! ...


--Ya ve V., le dijo, levantándose para salirle al encuen-
tro, que le recibo sin ceremonias y como si se tratase de
una persona de mi familia.


Esto no era verdad, porque la bella viuda habia arre ...
glado su toillette de mañana de una manera provocadora é
il'l'e~i~tiale. S(I~ eg.afJll(Jg', reeogidoS' hácia atráS', aefaban- al
descubierto unas nacaradas sienes en que se cruzaban mul-
titud de venas azules; su traje, de una muselina blanca
ligera como una telaraña, dejaban al aire sus brazos des-
nudos, y sus torneados hombros permitian adivinar su
morbidez, bajo un guipur negro pero transparente: ni un
adorno estraño, ni una joya, ni un diamante, ni siquiera
una flor en su peinado; era la be l1eza únicamente en todo
su esplendor, sin adornos y sin atavíos.


Durante la comida se mostró llena de atenciones y de
seducciones para con su nuevo esclavo, hasta el estremo de
que Felipe, sin embargo de su timidez, recobró un poco de
calma y se permitió alguna mas libertad, disfrutando de
una felicidad que hasta entonces le habia sido negada por
su carácter tímido y apocado.


Pero terminada la comida y vueltos al gabinetito, que
servía á Margarita aun tiempo de tocador y de estudio,
Felipe se vi6 asaltado nuevamente de aquel temor, de




1\ACIO~AL. 453
aquella timidez, de aquel embarazo que formaban el fondo
de su carácter.


Comprendia que la si tuacion habia llegado á ,ser difícil
y que una palabra, un jesto, la menor torpeza podia resol- .
verla de una "manera desagradable para él.


Positivamente tenia miedo.
No era posicle permanecer callado por mas tiempo pero


¿de qué hablar como no fuera de su amor'? ¿qué decir á no
decirlo todo? ni aun se atre via á levantar los ojos, temero-
so de que en el brillo de su mirada hallase su bello ídolo
la completa confesion del inmenso amor que la profesaba.


Era uno de esos dias sereno s y puros de fines de Marzo
en que el sol de Madrid tiene ciertos encantos y en que el
frio no se hace sentir muy rigorosamente; para disfrutar de
aqüel sol, que dGoba de lleno en el balcon del tocador, abrie-
ron las vidrieras y las flores del jardín, en alas de la brisa,
les enviaron su delicado perfume, porque el ind:cado baleo n
daba sobre el jardin de la casa de l\largarita.


Sin embargo, como contrariados, ó mejor dicho, tímidos
ambos, se sentaron léjos uno de otro y permanecieron en
esta situacion próximamente un cuarto de hora.


Pero la si tuacion era en estremo violen ta, no podia con-
tinuar' y para escapar al vértigo que le iba ya dominando,
Felipe se decidió á levantarse y trasladarse al piano.


Felipe estaba muy léj os de ser un profesor, pero era sin
embargo un aficionado muy notable y lo poco que tocaba
de memoria lo ejecutaba con una precision tal, con tan
estremado sentimiento, que se le escuchaba siempre con
placer.


En esta ocasion no solo tocó de memoria, sino que im-
provisó.




454 LA SOBERANIA


01 vidando la promesa que se habia hecho de permane-
cer impasible, conforme sus dedos recorrian el teclado ar-
rancando dulcísimas arruonÍas impregnadas del sentimien-
to que le dominaba, sefué dejando arrastrar por el entu-
siasmo y se olvidó completamente de todo lo demás.


Sin afrontar sin embargo la mirada de Margarita, sin
hablarla una . palabra, le pareció que podia confesarle su
amor ejecutando algun trozo de música conocido y que es-
presase el verdadero estado de su alma; si ella le amaba
necesariamente habia de comprenderle.


Entonces acudió á su imaginacion el trozo de ópera que
mejor podia significar el amor, la pasion, la amargura de
un corazon herido, y con un sentimiento superior á todo
elogio, empezó á preludiar el ária final de la Lucía, aquel:
bel' alma inamorata, que es imposible oir sin que las cuer-
das mas sensibles del alma dejen de sentirse impresiona-
das: hizo mas, uniendo su voz á los inspirados acordes del
inmortal maestro, improvisó con voz dulcísima y apasio-
nada el andante de la preciosa ária; ~ de tal modo consi-
guió su objeto, que Margarita, que habia permanecido
silenciosa en su principio, si bien mas de una vez las lá-
grimas asomaron á sus párpados, al escuchar aquella es-
plosion de amor tan sublimemente espresada, tan delica-
damente sentida; cuando llegaron basta el fondo de su alma
aquellos armoniosos conceptos que parecian proféticos, ya
no fué dueña de su emocion y acercándose al piano, esclamó:


-¡Ohl basta, basta ... esto es demasiado! ...
y casi sin darse cuenta de lo que hacía, colocó fami-


liarmente su preciosa mano sobre el hombro de Felipe.
Este se puso inmediatamente en pié, fijando sobre J.\.1ar-


garita su fascinadora mirada.






.11




NA CION.l..L. 455
Así permanecieron algunos minutos en silencio; inmó-


viles, estrechadas sus manos, los ojos del uno fijos en los
del otro ... lentamente fueron aproximándose mas y mas ...
y sin una palabra de súplica, ni mucho menos de reproche,
ambos temblaron y... se enlazaron de pronto en un estre-
cho abrazo! ...


Los purpurinos labios de Margarita fueron los primeros
en imprimir en los de su amante un ardiente y prolonga-


/


do beso ... Felipe creyó morir de felicidad!. ..
Un ahogado grito de angustia y de dolor se dejó escu ..


char á dos pasos del sitio en que se encontraban; detrás de
uno de los portiers que cubrian la puerta de la vecina es-
tancia.


Pero este grito no llegó á los oidos de los que en aquel
momento solo pensaban en su inmensa felicidad.


Creemos escusado decir que aquella noche la señora de
Leguina no recibió á nadie.


La señora, segun anunciaron los criados á los tertuIíos
cutodianos de la casa, se hallaba atacada de una fuerte ja-
queca, que la habia obligado á recogerse muy temprano.


Luis, fué á la mañana siguiente á casa de Felipe y con
gran sorpresa supo q ne, contra su costumbre, Felipe no
habia ido á dormir aquella noche; pero habia tenido al
menos la atencion de mandar un recado.


En cambio, María, atacada repentinamente de una fie-
bre y un delirio espantoso, habia puesto en cuidado á la
familia, oñligándola á llamar al fa0ultativo inmediata-
mente.


¿Qué ~abia causado este trastorno en la -pobre niña? '




455 LA SOBERANI~ ~ACIONAL.
Una villanía del bribon Toroasito Lopez, con la cual


daba comienzo al plan de campaña que se habia trazado.
En el mismo dia recibió el ministro una atenta carta de


Felipe, escusándose, y diciéndole que le era imposible
marchar á N a varra; que podia confiar á otro la honrosa co-
mision que, con harto sentimiento suyo, á él le er~ impo-
sible desempeñar.


Los salones de la señora de Leguina se cerraron con
harto sentimiento tambien de sus tertulios; pero segun una
esquela que recibieron todos se les anunciaba que Margarita
habia tenido que arreglar algunos de sus negocios en una
de sus posesiones de Andalucía y que habia partido, aun-
que pensaba regresar á la córte antes de terminado el mes.


El hecho de la verdad era, aunque nadie sospechó lo
mas mínimo, que ambos amantes partieron al dia siguiente
á disfrutar de su dicha léjos ,de miradas curiosas, importu-
nas, y de las lenguas maldicientes; no á Andalucía sino á
una magnífica posesion que Margarita tenia en Alboraya,
provincia de Valencia, proposicion que fué hecha por aque-
lla al enamorado Felipe y que éste, como era natural, aceptó
con entusiasmo.


El único que, léjos de ser engañado, sospechó toda la
verdad, fué Luis; pero le fué imposible saber por el pron-
to la direccion que habian tomado los felices amantes.


En tanto que podia averiguarlo y obrar segun su con-
ciencia y su amistad le dictasen, se dedicó con la mayor
solicitud, en compañía de D. Eugenio y de D. Juan, al
cuidado de la pobre María; la opinion de los facultativos
respecto á su enfermedad, no era por cierto nada tranquili-
lizadora.




CAPÍTULO XVIII .


.continuacion de las memorias.-Consejos y verdades útiles.-EI Parlamenta-
rismo.-La política del porvenir.


Justo es que volvamos á la interrumpida relacion de las
memorias.


Lo útil no debe olvidarse por lo agradable.
La nove1a debe de vez en cuando hacer plaza á la his-


toria y á la parte científica.
Si es muy grato conmover al corazon, no lo es menos


hablar al entendimiento.
N os hallamos de nuevo en la lógia.
Por esta vez la ausencia de Felipe no solo es notada


sino t.ambien comentada.
Don Juan ocupa su lugar y cogiendo el manuscrito se


dispone á leer.
Tanto la fisonomía de éste como la del 'Venerable. reve· ,


lan cierta tristeza que no es natural.
Sin embargo, despues de un suspiro, D. Juan:, empieza


á leer en esíos términos:
<. Cada buen libro que se pone en manos del pueblo, es


un arma terrible contra sus eternos enemigos, los oscu-




460 LA SOBERANIA
.


por la pasion y por la codicia, desafian imprudent.emente~
'Olvidando los ejemplos que la historia nos presenta y en
los cuales debieran estudiar y aprender.


Para con estos seré muy breve.
El responsable de un acto cualquiera, aunque sea este


acto un crímen, no lo es tanto el que lo ejecuta como el
que lo provoca.


El hombre que, castigado uno y otro dia, herido en sus
afecciones, ajado en su dignidad, escarnecido en su des-
gracia, violentado en sus derechos, se lanza á una resolu-
cion suprema que lo conduce al delito, no es, moraJmente~
tan culpable como el que lo ha puesto en el estado de exal-
tacion que produce sus desmanes.


No de otra manera las clases y los pueblos que, opri-
midos y maltratados un año y otro y por siglos enteros, se
levantan de su postracion, yal sacudir el yugo que los su-
getaba van mas allá de lo que la justicia y la moral orde-
nan, son menos résponsables de sus excesos que aquellos
que, oprimiéndolos sin piedad, han excitado sus pasiones,
alimentando el rencor en su corazon y la desesperacion en
su mente.


Desde la sublevacÍon de Euno y Esparrtaco en la histo--
ría antigua, laiaquería de la Edad media, y hasta la revolu-
cion francesa en los tiempos modernos, casi todas las gran-
das catástrofes que han producido las revoluciones han
sido provocadas por los mismos que primero han suffido


. sus efectos.
Los patricios romanos, manteniendo con la tortura yel


látigo manadas de esclavos, para gozarse en su muerte, sin
mas razon que su bárbaro capricho, ni mas derecho que


---el de la fuerza, provocaron y justificaron la terrible su-




NACIONAL. 461
blevacion que inundó de sangre los campos de la Italia .. ,


De los excesos de aquellas cosas, que quisieron ser
hombres, responsables eran los que los arrojaban al Circo
para pasto de las fieras, y les obligan, por un refinamiento
de maldad abominable, á saludar á sus verdugos.


Si los siervos de Francia asaltaron los castillos feudales
y los entregaron á las llamas; si pasaron á cucbillo á sus
señores, sin respetar el honor de las mas nobles doncellas;
si se embriagaron con su sangre y se hartaron con el pilla-
je, culpa fué de los que con la .f¡leva, el inmundo derecho de
pernada y el tormento, encendieron el ódio y sed de vengan-
za en el pecho del labriego, y le enseñaron con' su cruel-
dad á ser feroz.


Las hecatombes humanas del 92, mas que á los instin-
tos sanguinarios de los Marat y Robespierre, deben atri-
buirse á las violencias del despotismo, á la desmoraliza-
cion escandalosa de la córte, á las traiciones continuas de
los realistas, á la mala fé y á las asechanzas con que á cada
momento se irritaba la susceptibilidad _ de un pueblo que
reclamaba el uso de sus legítimos derechos y sentia aun el
dolor de sus pasados sufrimientos.


Esta verdad que la historia enseña y la rU,zon natural
-explica, pocas veces es negada, pero con sobrada frecuencia
se la olvida, y nunca tanto como ahora conviene recor-
darla.


El ~utócrata que allá en el Norte ordena ó permite que
se~'ametralle á un pueblo indefenso porque invoca su nacio-
nalidad y aclama el Dios de sus padres; el déspota que en
una parte de Italia sujeta á sus súbditos con lazos de hierro
y castiga al que proclama á su pátria; los que desoyen las
fundadas quejas de los oprimidos y desprecian los gemidos




462 L.\ SOBERANÍA


del que sufre, debieran tenerla siempre muy presente para
evitar lo que con su proceder hacen inevitable, siendo los
primeros en sentir sus terribles efect08.


Ellos, si así no lo hacen, serán responsables de los de-
sastres que ocurran; ellos, y solo ellos, serán los responsa-
bles de las víctimas inocentes que la reyolucion sacrifique.


Pero el egoismo y la pasion los ciega; y nada ven, y
nada comprenden, y, aún comprediéndolo, les importa
poco la destruccion de la hUinanidad entera si, con provo-
carla para mañana, pueden conservar hoy :sus privilegios
y disfrutar de los goces de su imperiosid:ld.


Un día empero, vendrá, y quizá no tarde, en que su
tenacidad les pese.


¡Dios es justo!
Mas ¿por qué ha de llegar ese día teniendo la seguri-


dad de que á todos á de ser fatal? tpor qué empeñarse en
provocar una lucha sangrienta y desastrosa, cuando tan
fácil seria conservar la paz, y con ella la tranquilidad y el
bienestar de todos?


¿Qué génio infernal, enemigo de su felicidad y de la
agena, inspira á esos hombres de todos los paises, que pu-
diendo ser tan poderosos para el bien, prefieren serlo para
el mal'?


¿Qué espíritu maléfico anima á los que, pudiendo es-
parcir á su alrededor la dicha y la alegría, se complacen
en causar el dolor y la tristeza'?


El egoismo, la ambicion, pero un egoisnlo ciego y tor-·
pe, una ambicion raquítica y miserable.


Si no fuese su egoismo ciego, vieran que con obrar·cual
obran, arriesgan y exponen á mil peligros aquello mismo
q 1le quieren conservar; si no fuera su egoismo torpe, com--




~ACroNAL. 463


prenderian que no es haciéndose' déspotas como conseguirán
. ser felices.


Si su ambicion no fuese raquítica, abrazaria algo mas
grande que los estrechos límites de su persona; no se ali-
mentaria en un grosero materialismo con los goces sensua-
les del cuerpo; buscaria en su espíritu placeres mas delica-
dos y mas dignos.


Si su ambicio n no fuera miserable, no se satisfaria con
fri volas apariencias, no se arrastraria por el polvo de los
palacios, sin mas norte que la vanidad.


¡Qué dicha mayor puede esperar el hombre que la de
verse aclamado y bendecido por aquellos á quienes ha he-
cho un bien 1. ..


¿Qué déspota, rodeado de cortesanos, qué magnate en
medio de sus lacayos ha tenido la satisfaccion inmensa del
patricio honrado á quien rinden sus conciudadanos el sin-
cero homenaje debido á sus talentos y á su·~ servicios?


¿Cuándo, los interesados obsequios que compra el oro,
han llenado el corazon de un hombre que siente algo, como
las rudas manifestaciones de un pueblo agradecido'?


¿Cuándo han resonado en los oidos de un hombre de
alma grande las mas corteses, finas y almibaradas frases de
un enjambre de aduladores, como las enérgicas yatrona-
doras aclamaciones de una nluchedumbre entusiasmada'?


Nunca.
Aun siendo el egoismo el móvil de todos los hombres,


debieran ser los poderosos defensores del pueblo, el amparo
del d6bil y el consuelo del afligido.


Por egoismo debieran serlo; pues tiO hay capital que
mayor interés produzca, ni esfuerzo que mayor prenlio al--
canee, que el que se emplea en hacer el bien de los demás.




464 LA SOBERA~ÍA
Compárese si no la existencia del que, buscando la.


dicha en las satisfacciones interiores, se complace en ser el
bienhechor y el padre de los que pueden menos, y la del
que, poseido de sed de riquezas y de mando, oprime, veja
y esplota sin reserva á los que, mas débiles que él, no pue-
dan resistirle.


El uno, siempre satisfecho y tranq uilo, nada teme y todo
lo espera.


El otro, siempre ansioso, siempre frenético, todo le
asusta y ve en todo un peligro.


Aquel, al m:1zclarse con sus inferiores, encuentra por
doquiera rostros afables, miradas de cariño que revelan fe-
licidad y gratitud.


Éste, solo encuentra á su paso rostros ceñudos, miradas
torvas, en las que, mal disimulado por el temor, brilla el
ódio y el fuego de la venganza.


El primero, al hallarse con un desgraciado á quien afli-
ge un pesar ó abate algun quebranto, observa en él cual
se dibuja en sus facciones la esperanza de un alivio.


El segundo, cuando encuentra un desdichado, víctima
quizás de SUE: vejaciones y de su crueldad, solo puede ob-
servar el horror que su presencia le inspira.


El uno, cuando solo con su conciencia se entrega al
descanso, el recuerdo de sus beneficios le mece y le halaga;
su imaginacion le ofrece el cuadro de plácida ventura que
presentan aquellos cuyas lágrimas ha enjugado; llegan
hasta él, como en dulce murmullo, las bendiciones que le
dirigen.


El, á su vez, se siente felíz, y es su dormir sosegado,
son tranquilos sus sueños.


El otro, cuando fatigado por la agitacion incesante de..




1\ACIONAL. 4G5
una ambicion sin medida y de una conciencia intranquila,
busca en el lecho el reposo, sus recelos le desvelan y el
recuerdo del mal que ha hecho le persigue, por mas que lo
disimule luego y se esfuerce en ocultarlo.


La noche es un martirio; la oscuridad le asusta.
El primero, cuando un :!?eligro le amenaza, sea el que


fuere, le anima y le alienta la confianza en cien brazos que
la gratitud alzará en su ausilio.


El segundo, cuando este peligro existe, aumenta sus
ansias el temor fundado de que cien brazos se dirijan con·
tra él, movidos por el resentimiento.


Aquel, doquiera espera un protector; éste, doquiera en ..
cuentra un enemigo.


En el uno, el recuerdo del bien que ha hecho alivia sus
pesares; en el otro, el recuerdo del mallos endurece.


El primero se siente halagado por sinceras protestas de
amor y de respeto; el segundo se siente perseguido por ru-
gidos de rabia, ó, á lo mas, engañado por interesados alar~
des de una adhesion mentida.


El uno cree en la virtud porque la practica; el otro solo
cree en la maldad porque en ella vive.


Aquel es feliz; éste desdichado.
El uno, en su secillez, es grancIe, y en su modestia


querido y venerado; el otro, en su 0p111encia, es miserable,
y en su orgullo, aborrecido y despreciable.


Tal es el cuadro exacto que ofrece el poderoso, segun su
proceder.


Si tan caro cuesta el ser déspota, y tan dulce es el ser
liberal, generoso y humano, ¿por qué no lo son cuántos pu-
dieran serlo'?


lSi no por virtud, séanlo por egoismo!




466 LA SOBERANIA


Ocurre con frecuencia sobrada, y en todas las clases de
la sociedad, á fuerza de hablar de los deberes ajenos, olví-
darse de los propios.


y de esta regla general, aplicable á todos los honlbres,
es, por desgracia, muy cierto que no siempre se esceptua
la clase proletaria.


Bueno será, pues, recordar que, si es verdad que los
poderosos de la tierra tienen muy grandes deberes que cum
plir, no lo es menos que tambien tienen los suyos los po-
bres y los débiles; y quien se los oculta ó disfraza, mas
que su amigo es un peligroso adversario, poes si al poten-
tado le perjudican sus defectos, mucho mas le perj lldica al
que se acostumbra llamar homore del pueblo.


No tengo la pretension, que seria en mí ridícula, de
constituirme en maestro, esponiendo yesplicando todos los
deberes que pesan sobre el hombre del pueblo, pero me per-
mitiré, sin embargo, señalar algunos defectos que, si por
fortuna no son comunes á todos los proletario~, afean por
desgracia un número mayor de lo que fuera conveniente.


A consecuencia sin duda de dolorosos y frecuentes des-
engaños y de ingratitud en ciertos hombres para con el
pueblo que los ha levantado y engrandecido, para verse des-
pues por ellos burlados y combatidos, se observa en mu-
chos proletarios una suspicacia, una desconfianza que, si
contenida en Jos límites de la prudencia es sumamente
útil y necesaria, llevada á la exageracion y constituida
en sistema es, no Sulo inj usta, sino perjudicial en sumo
grado.


Entre abandonarse desde luego y sin exámen al primer
eharlatan que se presente, y negar que puedan existir hom-
bres que de buena fé y con santa intencion sostengan la.




NACIONAL. 467


causa del pobre y los intereses del pueblo, hay una diferen- ,
cia inmensa.


De que baya habido traidores, no puede deducirse con
razon que no puedan existir hombres leales; y ejemplos
hay, no tan escasos por cierto en nuestra historia contem-
poránea,' que prueban cuán cierto es lo qu~ afirmo.


Los que se entregan sin reserva á esa desconfianza ab-
soluta, y no creen en nada ni en nadie, califican de igno-
rantes y estúpidos á los que se abandonan á una confianza
ciega; mas debieran advertir que tan hijo de la ignorancia