DE SU VIDA MILITAR ï POLITICA T DE L O S G B A N D E S S U C E S O S C O N T E M P O R Á...
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DE SU VIDA MILITAR ï POLITICA
T DE


L O S G B A N D E S S U C E S O S C O N T E M P O R Á N E O S :




The proper study of mankind is man.
(POPE.)


Esta obra es propiedad de D. Wenceslao Aygüals de Ítto>








STA obra ha merecido ya los elogio»
de los inteligentes, tanto por su méri*
to literario, como por la exactitud út.
los interesantes sucesos que en ella se
relatan. Para escribirla de un modo


digno de tan elevado ñsunto, púsose la
SOCIEDAD LITERARIA en relaciones con cuan-
tos altos personages han figurad® ya en la
tribuna, ya en el campo de batidla durante


las revueltas de los diez últimos años. Generales,
diputados á Cortes >•én una palabra, cUaniés pa-
triotas distinguidos se interesan en que triunfé la
verdad y quede como corresponde el honor del HOM-
BRE DEL PUEBLO que supo elevarse con sus brillantes
servicios hasta egercer el poder regio durante la
minoría de de su reina, lodos se han apresurado
gustosos á proporcionar datos preciosísimos que el
público desconoce y que hacen nuestra historia}fal-
tamenU interesante. Puestos en relaciones con el
mismo ESPARTERO y con sus mas fieles adictos y




amigos mas allegados, nada nos falta para que
Hüestra obra sea perfecta. Hemos confado su di-*
reccion al entendido historiador Don José Segun-
do Florez, y el éxito ha coronado nuestras espe-
ranzas.


Empezamos nuestra publicación con el lujo ti-
pográfico que por su importancia merece, y apenas
concluido el primer tomo, fué ya solicitado y leido
con tal avidez que se agotó en breves dias su pri-
mera numerosa edición. Pero como para cubrir los
grandes desembolsos del editor no pudo cederse á
precio tal, que por su baratura pudiesen adquirirla
las grandes masas, el pueblo del trabajo y de la
honradez; deseosa la SOCIEDAD LITERARIA de que
la historia de ESPARTERO se propague por todas
las clases de la nación, ha resuelto publicar
una nueva edición DE UNA BARATURA SIN
EGEMPLO.


• Sin perjuicio fle continuar hasta su fin la pri-
mera edición de la obra (de la que va publicada
mas-de la mitad) con la corrección y lujo tipográr-
fico que tanta aceptación ha merecido „ se da ú luz.
esta EDICIÓN ECONÓMICA de la vida de ES-
PARTERO , para que hasta las clases menos aco-
modadas del pueblo puedan adquirir tan importan-
te producción.


Por la Sociedad'Literaria, su director.


$ O t O SE ADMITEN SUBSCRICIONES EN MADRID.


P B E C I O S : cada entrega seis cuartos y pagando cuatro ade-
lantadas, CUATRO OVARIOS cada una.




PROLOGO.


i la filosofía nos pre-
senta al hombre en
abstracto, por decir-
lo así , dándonos á
entender los medios
que él posee de c o -
nocer, de querer, y de
obrar, la bistora nos.
le representa ya en
concreto , poniendo


ante nuestra vista el producto de aquellos medios y dé
aquellos procedimientos, que son sus acciones. Aque-
lla nos pinta al hombre en teoría; esta en el terreno




— V I —


lángíMc dé la práctica; aquella establece los consejos
de la razón y las prescripciones de la conciencia,
esta nos hace ver hasta qué punió el hombre ha oido
tales consejos y obedecido tales preceptos : aquella
nos enseña la pauta del entendimiento y la ley inde-
clinable del deber, esta la observancia ó inobservan-
cia de dicha pauta y el^cumplirniento ú no cumpli-
miento de dicha ley: la primera en fin considera al
hombre tal cual dety'Sgfo hj^^pm^la nos le manifiesta
tal cual es. Por eso la filosofía y la historia son in-
separables ; porque la luz que esparce la primera
ilumina las vias que emprenda la segunda; porque
las lecciones que da esta con el auxilio de la espe—
riencia y en el discurso del tiempo, Jas aprovecha
aquella para rectificar sus sistemas y fundar bien
sus principios.;, i v ' ! " ^ ¡


Pero si , hablando en tesis general, lo? hechos
históricos deben ir acompañados de cjanstdéracioaes
filosóficas, al tratar de una biografía, y.UBaiJb|&gíafía
contemporánea; y lo que es mas, de un person,1g¡e que,
como todos, los que han figurado en grande esca-la, es
obgeto de grandes afecciones simpáticas y, antipáti-
cas , seria estemparáneo é inoportuno, tal yez i m -
prudente, el.eatfar en ese terreno en las circunstan-
cias actuales:, y hé ahí la razón por la cual decíamos
en nuestro prospecto:


«No se crea, pues, que nosotros guiados por run
nes miras do pandillage ó impulsados por una




— V I I —


pasión ciega y bastarda., ramos á ensalzar ó á v i -
tuperar, sin criterio, los actos que constituyen la
vida pública del pqrsonage que intentamos histo-
riar. Antes por no incurrir en. esta debilidad hu-
mana, en un tiempo en que todavía bollen y bra-
man, aquejadas dé mortal resentimiento, las pa-̂
«iones, vamos á narrar desnudamente los hechos,
sin comentarlos por medio de la dmfcion de nues-
tros juicios ú opiniones, dejando á la consideración
y a la espectacion fria y serena de nuestros lec -
lores , adictos ó no adictos á ESPABTERO , el dédueir
de las premisas verídicas que aquí consignemos
las consecuenoias que , en su sentir y según sus
creencias, deban deducirse.»


Sin embargo, en la manera de esponer los be¿-
ches y -aun¡por medio de ciertas calificaciones que
se hará» indispensables, apuntaremos, cómo no po^
•drá menos de suceder, nuestra opinión acerca d¿
algunos puntos importantes .haciéndolo de un modo
terminante y esplícito sobre otros que por su natu-
raleza no tengan un roce intimo con las pasiones;


No participamos de la opinión de aquellos que
creen que las historias deben escribirse mucho tiem-
po después de acaecidos los sucesos , y cuando las
personas que en ellas figuran han desaparecido de
Ja haz de la tierra. Bien al contrario juzgamos con
Volhey , que así como la mayor distancia á que
nos colocamos de los obgetos disminuye la clari-




—vía—
dad con que vemos estos, así también la claridad
con que veamos los sucesos históricos * está en ra-r
zon inversa de la distancia á que los observemos.
Por éso creemos que las historias de mera nar-
ración, como será la nuestra, deben publicarse du-
rante la vida de los actores, ó,al menos de las.per-
sonas que tengan interés en que quede consignada
la verdad, y nada mas que la-verdad de los hechos.
Asi estas personas podrán reclamar, y es muy n a -
tural y aun justo que reclamen contra la inexacti-
tud de los relatos, lo cual suele surtir muy buen
efecto , sobre todo en los paises en donde es res-r
petada y protegida la libertad de imprenta , que
tan propicia es para el buen éxito de, las obras
históricas.
••; ( Penetrados nosotros de estos principios , y ani-
mados de los mas sinceros deseos de ser imparcia-
les y verídicos, todo nuestro anhelo, al escribir esta
historia , se cifra en depurar la verdad de los su-
cesos , procurando beber sus cristalinas aguas en
las fuentes mas puras y genuinas , á ñm de lograr
el acierto que es el único galardón á que aspira-
mos. Pero si , como nada tendría de estraño, c o -
metiésemos alguna leve inexactitud en nuestras des-
cripciones y relatos, lo cual (sea dicho de paso)
nunca dará á nadie el derecho de atribuirlo á una
mala y deliberada intención ó á falta de concien-
cia literaria de parte del historiador, nosotros pres-




— I X —


turemos gustosos nuestra atención y daremos pido
á cuantas rectificaciones nos sean dirigidas con
buena fe y en sana y leal discusión, las cuales que-
darán consignadas al final de esta obra por via de
notas; pero cuenta que siempre seremos sordos á
las diatribas personales, y á la voz ponzoñosa de la
calumnia y de la injuria, que nunca pueden cons-
tituir verdad histórica.


La posición particular en que se encuentra el
. personage que es objeto de este libro , al tiempo de
emprender su publicación, pone á sus autores á cu-*
bierto de toda mira apasionada ó de calculado inte-
rés. Ensalzar al caido por mera ficción y sin moti-
vos suficientes para hacerlo , no parece que se avie-
ne bien con la condición del hombro; vituperarle
y calumniarle cuando está en desgracia , seria inno-
ble é indigno de un corazón todo español y honrado.
La IMPARCIALIDAD , la JUSTICIA tal cual nuestra men-
te la concibe y nuestro corazón la siente , será el al-
ma que vivifique todo el cuerpo de esta obra. Tam-
bién sus autores se hallan en una posición venta-
josa para poder llenar cumplidamente esta misión.
No habiendo militado en ninguno de los dos bandos
políticos que se han distinguido , durante la domi-
nación de ESPARTERO , por sus grandes simpatías ó
antipatías hacia su persona, nuestra voz parece la
mas propia para espresar LA VERDAD , que es el ca-
rácter distintivo de la historia.




"X.—


Por lo deinas, la que vamos á dar á luz presen-
la un cuadro magnífico y¡de grande ínteres á la con-
sideraci6T»'del,filós«ífo y del publicista, y de prove-
choso estudio, ál militar, 'al ¡hombre-de Estado , á
Unió repúblico; • • •
:i Un hombre jjue.se ve elevado 4esde el seno dé
la pobFcz*nhasta el punto mas culminante que hay
en una sociedad , que es el que ooupa el gefe dé
blla, mayormente cuando está sociedad és regida por
instituciones monárquicas,, es siempre obgeto digno
de un estudio profundo y de un análisis filosófico
y detenido de su vida!. Sobre todo, cuando media
Ja circunstancia , que media en ESPARTERO , de
baber dado, con el poder de su brazo , con su valor
y con su pericia militar, ó sea también por medió de
combinaciones (que siis enemigos personales llama-
rían intrigas) llevadas á cabo con perseverancia, pero
que al fin le proporcionaron la gloria de haber dado,
repetimos, k libertad, á su pais, en los términos y
por ios medios que mas detenidamente: haremos ver
cu esta obra, en donde procuraremos no defraudar
anadie de la parte qué ven nuestro juicio, le perte-*
nezca, no puede menos de acrecer mas y mas el in¿*
teres que de suyo ofrece este género de escritos; y
si se tiene en cuenta , como no puede dejar de tener-
se también, la repentina y estruendosa caida que, de
tan alto puesto, ha sufrido aquel personagel, esta me-
tamorfosis aumenta eslraordinariamcnte lá importan-




— X I —


cía dé su estudio y de sus atentas observaciones.
: Pobreza / medianía , engrandecimiento, eleva-


ción, desgracia, todajs las fases de la vida humana
se hallan simbolizadas de una manera sorprendente y
maravillosa en la historia biográfica del COXDE-DUQÜE
JÍSPARTERO. Hazañas militares j glorias nacionales,
alzamientos populares , grandes1 virtudes ; grandes
crímenes * debilidad, arrojo * pasiones , peripecias
inauditas, todo contribuye á formalr tacróhica'de ese
período,: que tan fecundo ha sido1 y es en sucesos y
en circunstancias estraordinarias: todo se presta; á
matizar con diferente colorido el cuadro interesante
que ofrece esa época complicada y difícil do nuestra
historia contemporánea. Los pueblos, las corles ó par-
lamentos, los reyes, los gobiernos, los grandes digna-
tarios del Estado, todos-los funcionarios públicos, la
clase militar como la de empleados civiles, y aun los
simples ciudadanos particulares, todos hallarán l e c -
ciones saludables, terribles unas, agradables otras,
en el discurso de esta historia. La política , la m o -
ral pública y el arte militar aprovecharán los egemplos
que ella ofrece, dignos los unos de ser imitados, los
otros de ser evitados y rehuidos. Los partidos polí-
ticos también tendrán mucho que aprender en este
período histórico, en que los vaivenes los han colo-
cado en situaciones tan diferentes, como diversas
han sido las situaciones y las fases que ha recorrido
el ilustre personage cuya historia trazamos.




— X I I —


Finalmente, el hombre mimado por la fortuna y
acariciado por la suerte echará dé yer que no siem-
pre aquella deidad derrama con prodigalidad igual
sus gracias y favores; SÍBO que algunas veces, quizas
cuando aparece mas propicia y espléndida, suele vol-
ver la espalda desdeñosa ó irritada; y.entonces la
filosofía y una razón clara y serena acompañadas de
una educación cimentada en los buenos principios de
virtud y de sana moral, suplen en gran manera y
en alto grado los medios de ser feliz, de que pare-
cía verse ya privado en la tierra.




DESDE EL NACIMIENTO DE ESPARTERO HASTA QUE T O -


MÓ EL MANDO, COMO GENERAL EN GEFE DEL EJERCITO


DEL NORTE, EN 25 DE SETIEMBRE DE 1836.


C A P I T U L O P R I M E R O .


Origen de ESPARTERO, SU palria, su familia, su
infancia, su instrucción y educación primarias,


SPARTERO n a -


dó el dia 27
de febrero de
1793 en la v i -
lla de Granátu-
la , situada en
el campo de Ca-
latrava, pro -
vincia de Ciu-
dad-Réal, ó sea
en la Mancha.


Dicha villa contendrá unos cuatrocientos vecinos, y
está edificada sobre las ruinas de la antigua y c e -




— 2 —
lebre-ciudad d&pr|£o;<^táiógi^^bf9^ aquel país,
llamado de los bfeiános, erJun terrena fértil y abun-
dante en riqueza minera+rp'erü'ün tanto abandonado
por la ^ncuria dcsuS: habitantes quei cuelen dedicar^
se á las ; manufacturas de esparta y.las, mugerjeSjá las
de blondas y encages. Por la parte. Sur¡ y ¿i distan-
cia de dos mil pasos geométricos, está circunva-
lada por el rio Jabalón, famoso en la antigüedad,
y cuyo puente, no menos afamado, fué recons-
truido por venusto*íublío Véneto, natural de
Oreto, de orden del emperador Constantino el
Grande.


Sil nombre baúlishial es Joaquín Baldomefo. Sus
padres se apellidaban Antonio Fernandez Espartero
y Josefa Alvarez \ resultando de aquí á primera vis-
ta una diferencia entre él nombre y apellido que lle-
va ESPARTERO, y los que parece que debiera llevar,
diferencia que no ha dejado de llamar la atención v
aun de ser notada cotji «visos de ; crítica por algunos
biógrafos. Nosotros, ietijperó, que no hemos descu-
bierto ni traslucido en esto ningún designio misterio-
so y que, por otra parte, estamos acostumbrados
á ver ese quid pro quo en los nombres, señalada-
mente en las poblaciones pequeñas, en donde.de«r-
dinario suele hacerse cuéstioB de gttstqú de capricho',
na encontramos en este punto motivos de "sorpresa,
mucho-menos de censura. Una cosa sihetnbargo, he-
mos averiguado como cierta, la cual basta en núes-




tro ¡sentios!para desvanecer >todo:escrúpulor ¡ h ¡saber:
faéiíE8i)A№r8«ia< af­tólinde'su* «isa•^idie''edad é& ¡t№
ce<añ»s, para emprender sus estudies de filosofía etií
la universidad de Aluiag^o, ya hacia uso del mismo
nombré qae hóyllevailooüal'prueba, á no dudar,,
que en el pueblo dé su naturaleza,.y por causas bien",
insignificantes é inocentes, se verificó aquella «omi—
nal transformación.


Era su padre un pobre labrador y artesano, d e ­
dicado á Ja construcción de carruages; y hé aquí su
mayor gloria y su mas grande honra : de tari humil­
de cuna haberse alzado á un puesto de tanta e l e ­
vación. La probidad de Antonio Fernandez eS aun'
hoy reconocida y tradicional en Granátula, en don­
de es fama el virtuoso comportamiento que tuvo en
ios primeros años de este siglo , cgeraendo varios
cargos de república : y compruébase también por
medio dé la solicitud y esmero con que fueron edu­
cados los nueve hijos que contaba este matrimonio
patriarcal (1).


(1) A pesar de que los padres de Espartero poseían algu­
nos bienes raices, no eran estos suficientes para subvenir á
los; gastos que se originan al tratar de dar colocación y c a r ­
re jad una tan numerosa familia. Por eso es muy de notar
que­Su tierna y .activa solicitud su'píia en gran nian«r« esta
fa l ta : y así vemos que los hijos de Antonio Fernandez E s ­
partero nada tenian que envidiar á los de las familias m a s
acomodadas, puesto que todos ó la mayor parte de ellos, e m ­
prendieron carreras análogas á las circunstancias finque la
nación entonces se encontraba.




— 4 —
Baldomcro, bien sea,porque se distinguiese por


su vivacidad de ingenia y buenas disposiciones, ó bien
porque era¡ de los mas pequeños ó el menor de to-
dos sus hermanos, ya en iin porque contaba para me-
jorar .su. suerte y condición con el auxilio de los ma-
yores, entre ellos, con especialidad, don Manuel,
presbítero de Ja orden de santo Domingo, del con-
vento de Almagro, recibió desde, sus primeros años
una.instrucción y educación esmeradas. Impuesto en
los rudimentos de la enseñanza primaria, pasó á es-
tudiar el idioma latino con el ilustrado profesor don
Antonio Meoro, que á la sazón regentaba una cáte-
dra en (iranálula. Los progresos que hacia en este
estudio eran tan rápidos, que en poco mas de un
año dio por concluida y aprendida la gramática lati-
na, conapróbacion.de su maestro, quien hacia de él
los mayores elogios; hallándose ya en disposición,
por los años de 1806, de emprender otro género de
estudios.


Su viveza era estreñía , su travesura no conocía
egemplo: sobre todo distiguíase por su apasionado


Al fallecimienjo de tos consortes quedaban todos sus h i -
jos colocados* Tres eran sacerdotes, una monja, los restan-
tes, eseepto Baldomero, habían abrazado ya el estado del m a -
trimonio; siendo de advertir que á uno de estos, qweí era el
mayor, llamado Vicente, le hahia cabido la suerte de solda-
do, cuando va estaba impuesto en el oficio de carretero, y
sirvió ocho «Sos en-el regimiento de la Corona, en clase do
cabo, obteniendo su licencia sin la menor, nota.




— 5 —


(i) Las diferentes noticias y: datos curiosos que hemos r e -
cibido de varinspersonas que nos han favorecido por medio
de comunicaciones interesantes, tanto de la villa de Graná-
tula, como de otros pueblos inmediatos, todos contestes afir-
man que Espartero, cuando niño, gustaba siempre de j u e -
gos que parodiasen acciones de guerra y formación de tropas,
lo cual es ciertamente muy común en esa edad ; pero no ha
dejado de llamar nuestra atención la circunstancia, confirma-
da también por todos, de que dicho Espartero construyó en
el taller de su padre un cañón de madera, con cuyo auxilio
ven virtud de un resorte que le aplicó, por medio de una
cigüeñuela, egecutaba disparos, los cuales se reducían á des-
pedir piedras con violencia contra los niños que ocupaban el
campo enemigo, que solo podian arrojarlas ron hondas ó a
mano.


TOM. I. 2


y decidido afecto á la carrera de las armas, lo cual
formaba siempre el objeto y tema favorito de sus
diversiones infantiles, en los ratos de solaz y recreo
que con sus condiscípulos y amigos disfrutaba (1) .


Algunos podrán juzgar que lo que generalmente
se atribuye á todos los guerreros en la infancia , cuan-
do se trata de investigar y descubrir sus inclinacio-
nes , no son sino vulgaridades y paradojas inventa-
das á posterioni, con ánimo de sorprender á los in -
cautos y avivar la afición de los apasionados á este
género de lectura. Este es el único fundamento que
suelen hallar, los que tal piensan, en los juegos
bélicos que se cuentan de Napoleón, cuando era n i -
ño , así como del gran Federico y otros celebres c a -
pitanes. No.suele, por esta causa, prestarse asenso
á tales historietas, que se consideran por algunoslé%-
crupulosos como puras ficciones, meras fábulas. Sin




— 6 —
Si» embargo , los que conocen que nuestros instin-
tos y afectos nacen con nuestro ser , y tienen su
causa fisica ó fisiológica en nuestra organización., le-
jos de maravillarse y estrañar esos relatos, los en-
cuentran muy naturales y con todos los caracteres
de la verosimilitud.


i




C A P I T U L O I I .


ESPARTERO, estudiante en Almagro, abrasa la car-
rera de las armas: sus primeros pasos en está
carrera: su ingreso en los colegios de la Isla de
león y de Cádiz, hasta su salida de este último.


ALIÓ ESPARTERO de sir


casa paterna, según t e -
mos indicado en el capí-
tulo anterior, por los años
de 806, es decir, cuando
apenas contaba trece de
edad. Llevóle consigo su


hermano Manuel á la ciudad de Almagro , en donde
había entonces universidad literaria ; y aquí fué,
como queda dicho , donde estudió dos cursos de fi-
losofía con la misma aplicación y aprovechamiento
que había mostrado en el estudio del latin.


Ocurrió á dicho su hermano , en 1809 , hacer
un viagc á la ciudad de Baza, en Andalucía, pro -




— 8 -
vincia de Granada, y se hizo acompasar, en esta
espedicion, de Baldomero, quien viendo que las
circunstancias no favorecían mucho la carrera de
las letras, presentándose por, e l contrario, mas
propicias á la de las armas, que era la que for -
maba su desiderátum, y llenaba cumplidamente su
anhelo satisfaciendo sus instintos ; aguijoneado por
estos, por aquella inclinación que ya hemos des-
cubierto en sus mas tiernos años; y viendo por
otra parte que en aquel y en el anterior de 808
era ya general la conscripción de mozos que la
nación hacia para levantar cgércitos que venciesen
las huestes invasoras de Napoleón, se trasladó á
Sevilla, á principios de noviembre, y el dia 10 del
mismo sentó plaza para servir voluntariamente
durante aquella guerra (palabras tesluales de la fi-
liación) en el regimiento infantería de Ciudad-
Rodrigo, que se hallaba de guarnición en dicha
ciudad, en el cual principió á servir ESPARTERO
en clase de.«soldado distinguido por el inspector»
gracia que impetró, según parece, por la mé¿
diacion é influjo de su hermano.


Inauguró ESPARTERO la carrera militar partici-
pando de las glorias que cubrieron las banderas
de sü cuerpo en la memorable batalla de Ooaña,
dada nueve dias después de tomarle filiación.


Ultrajado el honor y resentido el orgullo e s -
pañol por la conducta falaz y artera de la Francia




— 9 —
y, sobre todo, la agresión brutal de las tropas
imperiales, en todas partes brotaba y crecía el en-
tusiasmo ; y la nación entera, alzada como un cuer-
po solo, pero vivificado por almas infinitas, apres-
taba fuerzas mmensas, aquellas fuerzas colosales
que á los pocos años habian de vencer y derrocar
al mas fuerte y valeroso de los capitanes que han
contado los siglos. El ardor de la juventud no "
conocia diques. Las universidades de Salamanca,
Toledo y otras varias, habian formado batallones
de estudiantes, que con las denominaciones de Vo-
luntarios de Honor, Cuerpos Sagrados e t c . , pres-
taban igual servicio que las demás tropas del egér-
cito. Era natural que ESPARTERO quisiera asociarse
á sus compañeros y paisanos. Y hé> aquí que a le -
gando la cualidad de estudiante universitario, pasó
en 25 de diciembre de dicho año de 809 , al bata-
llón Sagrado ú de Voluntarios dé Honor de la uni-
versidad de Toledo, también en clase de «soldado
distinguido.»


Con este cuerpobonorífico permaneció de guar-
nición en Sevilla, hasta qué disuelta la junta cen-
tral, á consecuencia dé la invasión dé los fran-
ceses en la capital de Andalucía, tuvieron nuestras
tropas que evacuar esta ciudad y unirse á las de
Estremadura que , á las órdenes del Esceíentísiiño
señor general duque de Alburquerqúe, verificaron
la memorable retirada á la isla dé León y Cádiz,




- l O -
en cuyos puntos quedaron todas aquellas fuerzas de
guarnición.


Habia grande falta de gefes y oficiales en nues-
tros egércitos ; y como el carácter español es tan
fecundo y tan á propósito para improvisar medios
y recursos de toda especie , señaladamente cuando
se trata de una guerra, y una guerra de interés
social como era aquella, en la cual luchábamos
nada menos que por nuestra nacionalidad é inde-
pendencia , apeló el gobierno al medio escelcnle.y
eficacísimo de las Academias Militares , que lan
oportuno y útilísimo ha sido en España en todas
épocas, con especialidad en la de que tratamos,
y cuyos brillantes j sorprendentes resultados me-
recerían ser descritos con mas detención y prolijidad
y por plumas mas entendidas que la maestra. Del
seno de las montañas , de lo mas escarpado de las
rocas , de entre los.muros de las plazas sitiadas y
bajo el estruendo del cañón sitiador, salieron los
oficiales españoles instruidos y aleccionados eu la
ciencia y eft el arte dé-la guerra, para hacerla de
muerte á los enemigos de nuestra independencia.


Todos los cadetes del egércilo y los individuos
de los cuerpos literarios , que contasen dos años de
facultad mayOf j fueron llamados por el gobierna
para constituir estas academias. El 1 . " de setiembre
de 1810 se instaló la de la Isla de León , hoy ciudad
de San Fernando: y en el mismo día ingresó Es-,




— 1 1 —


PARTERO , con casi todos los de su cuerpo, en ella
sirviendo COUÍO de núcleo los estudiantes Volun-*
luntarios de Honor de Toledo , y los cadetes de los
regimientos que allí habia. El fundador y director
de este Colegio Militar de todas armas fué el co-
ronel de artillería D. Mariano Gil de Bernabé. Los
alumnos , á la par que cumplían con sus deberes'
literarios, prestaban un servicio activo é importante
en el bloqueo de la Isla, situándose como escuchas
del campo de los sitiadores, en primera línea, sa -
liendo de avanzadas y retenes, y egerciendo las mis-
mas funciones militares que cualquier otro cuerpo
del egérciío. En estos casos siempre procuraba dis-
tinguirse ESPARTERO por su intrepidez y bravura ( 1 ) .


En los meses de febrero y,marzo de 1 8 1 1 se
halló al servicio de la batería del Portazgo'en dicha
plaza de la Isla; y el 1 5 de este último mes también
asistió á la batalla del Pinar de Chiclana.


Su conducta como estudiante no desmerecía de
su comportamiento como soldado; correspondiendo


(1) De los apuntes que se ha servido facilitarnos uno de sus
gefes en aquella época, persona respetable y digna de toda fe,
tomamos el párrafo siguiente, en corroboración de este núes- ,
tro ju ic io :


«Desdo entonces dio ya (Espartero) las pruebas mas posi-
tivas de bizarría é intrepidez militar; pues como los individuos
de aquella academia egercinn las mismas funciones militares'
que;cualquier cuerpo del cgército,.cuando salía de -avanzada ó
de reten, siempre trataba de distinguirse por alguna acción de
valor: y así es que muchas veces trajo del «ampo enemigo f ru-
tas , verduras y otros efectos que se complacía luego en rgpsr-
t i r con sus compañeros.» 4




— 1 2 —


exactamente á la que había observado y á las e s -
peranzas que había hecho concebir durante sus es -
tudios anteriores. En esta, que se titulaba, Academia
Militar del 4.° egércüo, se celebraban exámenes dos
veces al año por una junta de profesores y. otras
personas ilustradas que al efecto nombraba el g o -
bierno, y era tal y tan constante la aplicación do
ESJPAKTERO y su empeño en adquirir los primeros
conocimientos • acerca de la ciencia de la guerra»
que siempre obtuvo las censuras de «bueno» en las
clases de Aritmética, Algebra, Geometría, Fortifi-
cación y Teoría y práctica del Dibujo, siendo «so-
bresaliente» en Táctica. Cumplió exactamente con
todos sus deberes en la espresada Academia, l o -
grando merecer el aprecio de sus profesores y do
todos sus gefes, así-como la amistad sincera d«
sus camaradas y compañeros.


Los cuerpos facultativos del egército habían es-
perimeutado numerosas bajas de oficiales subalter-
nos, y era necesario reemplazarlas. El general Sam-
per, comandante general interino del cuerpo na-
cionaj de Ingenieros, había propuesto al gobierno,
en noviembre de 1 8 1 0 , un plan que envolvía este
pensamiento previsor. Mediante una espesicion ó
memoria, pedia el restablecimiento de las Acade-
mias de este y demás cuerpos facultativos, en los
términos que existieron ya de antiguo en España-,
que ha sido sin disputa la nación que mas ha so-




— 1 3 —
bresalido siempre por el esmero, por el buen orden,
organización y sistema, así como por la brillante
ilustración que ba distinguido y distingue á dichos
cuerpos.


Los estudios preparatorios, los conocimientos
preliminares de Matemáticas etc. que los regla-
mentos previenen, como indispensables, para in-
gresar en estas Academias ó Escuelas especiales da
las armas, era natural que se encontrasen en los
alumnos mas aventajados de las otras Academias ó
Colegios Generales, compuestos, según queda dicho,
de la clase de cadetes y de la de «distinguidos»
de los cuerpos literarios; y habiendo solicitado del
gobierno el de Ingenieros permiso para examinar
unos cuantos alumnos de la Academia Militar del
4.° egército , á fin de que ingresasen en la de aquella
facultad, creada en la ciudad de Cádiz, en 11 do
setiembre de 1811 fué espedida una real orden
por el ministro Heredia,,concediendo dicho permiso
ú licencia para qué fuesen examinados cuarenta y
nueve alumnos del espresado colegio de la Isla, que
eran los que, á juicio de los profesores, se hallaban
en disposición de pasar á Ingenieros. '


Una comisión de estos, nombrada al efecto por
el gobierno (que, como se deja ver , se hallaba á la
sazón en Cádiz) verificó en diciembre de dicho año
de 81tMos exámenes de los individuos propuestos
por ia junta de los profesores de la Isla,pasando ¡al mi-




nistcrio en 28 del mismo la lisia'de los aprobados.
Entre estos cupo á ESPARTERO el honor de ser
comprendido-, mereciendo en este examen general
las mismas notas ó censuras que hemos espresado
antes, y ademas la de «buena conducta.» En conse-
cuencia de esto, obtuvo el real despacho de subte-
niente de Ingenieros el 1.° de enero de 1812, ha-
biendo servido dos años y dos meses en clase de
«soldado distinguido;» siendo de notar que en l .°de
octubre de 1810 , cuando ya era alumno de la
Academia de la Isla, pasó otra vez como plaza
efectiva á su antiguo regimiento infantería de Ciu-
dad-Rodrigo ; lo cual debió ser con el fin de per -
cibir por aquella caja sus haber**, según acontecía
ú la mayor parte de los individuos de los cuerpos-
literarios.


Tales fueron los principios, tan pobres como
honrosísimos, que tuvo en los primeros años de
su carrera militar, larga y gloriosa, el hombre que
hemos visto, ha pocos días, elevado á la cúspide
de nuestra sociedad.


Diez y ocho años contaba ESPARTERO, cuando y»
era subteniente de uno de los cuerpos mas distin-
guidos del egército, debido solo á su mérito per-
sonal, á sus talentos, á su laboriosidad, en medio
de la distracción que producen los continuas fatigas
de la -guerra: no al' favor , no á la vana y ridicula
distinción del nacimiento, ni menos al influjo cor -




— 1 5 —
ruptor del oro, que á tantos hombres coloca fuera
de su centro, de su esfera y de su elemento natural.


Entrado que hubo en la Academia gaditana , em-
prendió ESPARTERO SUS estudios con la misma apli-
cación que hasta entonces habia mostrado. Así lo
atestiguan las censuras que alcanzó en los exámenes
celebrados en setiembre de 812 , que fueron las
de «bueno» en todas las principales asignaturas,
cuales eran las de Aritmética f Algebra, Geometría
especulativa, Secciones cónicas, Trigonometría rec-
tilínea y Geometría práctica, y la de «mediano»
en Dibujo. Mas habiéndose abandonado después y
mirado el estudio con menos interés y mas des-
cuido , entregándose á una vida un tanto disipada
con algunos de su» condiscípulos y amigos que, mas
que de trabajar , gustaban de las distracciones que
les ofrecia la alegre ciudad de Cádiz, no logró ya
tan buen éxito en los segundos exámenes verificados
en marzo de 1813.


Clasificados los alumnos con las notas de Sóbre^-
salientes > muy buenos, buenos, medianos y malos,
figuraba el nombre de ESPARTERO como el primero
de los «medianos», siendo de advertir, que estos y
los «malos» no tenían derecho á la aprobación del
curso, quedándoles solo el de poderle repetir (1).


(J) Si se examina atentamente y se procura investigar la
vefdad de los hechos, se vendrá en conocimiento de que no fué
solo la causa que apuntamos, es decir , su inaplicación, lo que-




— 1 6 —
No tuvo por conveniente hacerlo: y entonce»


pidió coa otros seis úocho , que se encontraban en
igual caso, pasar á infantería , en cuya arma con-
cluyó la guerra de la Independencia, según haremos
ver en el capitulo siguiente.


En la Academia especial de Ingenieros de Cádiz


produjo á Espartero el mal suceso de que aquí se trata , que
por otra parte fué tan conducente para labrar su ventura. Nues-
tra imparcialidad y la justicia y la verdad exigen que hagamos
mérito, aunque solo sea por via de indicación, de cierto choque
personal que, según hemos llegado á entender, tuvo Espartero
con alguno délos profesores, por motivos ágenos,á la clase,
ágenos también á la historia: por alguna ligereza propia de la
edad. Los que así opinan, juzgan que Espartero pudo muy bien
continuar en aquella carrera, como lo hicieron otros muy i n -
feriores á él. .


Para esclarecer este punta hemos creído oportuno trasladar
aquí una délas notas especiales, relativa solo áEspartero, qu»
seguían, á la lista de (os alumnos examinados.


Dice as í :
3." «De los incluidos en la nota de medianos, D. Baldomero


«Espartero pudiera , si hubiese tenido aplicación, haber m c -
«recido mejor nota; pues su disposición es mediana.»


Esta circunstancia, unida á la que dejamos espresada arriba
de ser el primero que figuraba en los «medianos» , y á las c a -
lificaciones y censuras que había merecido en los exámenes an-
teriores, tal vez pueda contribuir algo pera fijar la opinión
sobre este punto.


,Nosotros le abandonamos á la consideración de nuestros
lectores, creyendo siempre para nuestro gobierno, digámoslo así,
que ni Espartero eí «n, talento eminentemente privilegiado,
un genio., coxno podrá creerle la pasión ciega de algunos de sus
adictos, ni'menos una medianía de mal templé , como le j u z -
gan sus enemigos, que tan á su s a b o r , y con tanta,injusticia,
procuran sacar partido de este hecho, adulterándole de maneras
diversas. Ninguna medianía se eleva jamás a la altura á qu*
se ha elevado Espartero. Hé aquí lo cierto.


Por lo demás', si hubiese continuado en el Cuerpo de Inge-
nieros 1, hoy seria probablemente un teniente coronel. ó coronel
lo mas. '•• 1




— 1 7 —


estuvo ESPARTERO unos diez y seis meses, que fué
cabalmente el tiempo, con una diferencia levísima,
que habiá estado en el colegio general militar de la
Isla de León.






C A P I T U L O I I I .


Desde que salió ESPARTERO de la Academia especial
del cuerpo de Ingenieros de Cádiz, hasta su em-
barque para América, en dicho puerto, verifi-
cad» d 1 . ° de Febrero de 1 8 1 5 .


5 L dejar ESPARTERO la Escuela Es-
pecial de Ingenieros de Cádiz, á
fines de abril de 1813 , fué des-
tinado por el sub-inspector del
segundo cgército al regimiento
provincial de Soria, entonces se-
gundo de infantería del mismo


nombre , en clase de subteniente. Este
cuerpo era uno de los que componían
la segunda division á las órdenes del te -
niente general D. Pedro Villacampa, la


cual se hallaba situada en la Valí de Uxó,
inmediato á Murviedro ; y ESPARTERO fué
dado de alta en la sexta compañía de dicho


regimiento,.
A este tiempo ya la guerra contra Francia toca-


ba casi su término: y los heroicos hechos dé Bailen»




_ • — 2 0 —
Medeliin, Talayera de la Reina y la Albuera, así
como los sitios portentosos y para siempre memora-
bles de las invencibles ciudadesde Zaragoza y Gero-
na , habian sido precursores del total desplume que
en la Península había de sufrir el águila que poco
antes asentaba orgullosa sus garras en las márgenes
del Nilo y en las del Volga. Por último, la célebre
batalla de Vitoria, ganada por las tropas aliadas, al
mando del duque de Wellington, el 21 de junio
de 1813 , puso el sello al fenecimiento de aquella
guerra, tan fecunda en glorias y eh desastres, p o -
niendo también en vergonzosa fuga á las huestes de
Bonaparte.


Por esta razón á ESPARTERO tío fué posible, ya en
adelante, participar, sino muy pota cosa* del grafi mé-
rito y alta preeminencia que alcanzó á tbdos los bra-
vos que componían los egércitos españoles, durante
aquella inolvidable liza.


A mediados de julio pasó su división desde los
referidos puntos de Murviedro y la Valí de Uxó, á
situarse en Amposta y después á Cherta , con el ob-
jeto de formar el bloqueo de la plaza de Tortosa,
durante el cual y durante todo el tiempo que restaba
hasta finar el año, se halló ESPARTERO en las varias
acciones y escaramuzas que ocurrieron con motivo do
algunas salidas que hacían los enemigos. Fueron en-
tre aquellas las principales, la acción de Cherta , que
tuvo lugar el 9 de noviembre, y la de Amposta




— 2 1 —
verificada él 22 del mismo mes, en las cuales nues-
tras armas llevaron la mejor parte.


Habiendo sido nombrado el general Villacampa
capitán general de Castilla la Nueva, á principios del'
siguiente año de 8 1 4 , trájose de guarnición á M a -
drid al regimiento de Soria, viniendo, con aquella
fecha, y con tal motivo, ESPARTERO á residir en la-
capital de la monarquía.


Vuelto el rey á España, y evacuada esta por las
tropas francesas, á consecuencia de la terminación •
de la guerra , hallóse-ya el gobierno en disposición
de volver los ojos á las cosas de América. Las ideas
de la revolución de Francia y , mas que todo, la in-
triga perenne, que, ya de muchos años, habían des-
plegado en nuestros dominios -americanos los g o -
biernos francés é inglés, que siempre han mirado
con envidia implacable las preciosas joyas que han
adornado la corona de Castilla , todo esto, decimos,
imido á la marcha errada, y á la administración in-
discreta de nuestro gobierno para con nuestros h e r -
manos de Ultramar, á quienes tan pocas garantías se
dispensaban, en cambio de las multiplicadas cargas y
gabelas de toda especie con que agoviaba su suerte,
el rey que lisonjeaba su amor propio lo bastante con
repetir el dicho aquel célebre de uno de sus antepa-
sados: «nunca deja el sol de alumbrar mis reinos»
sin curarse de la dicha de estos, y unido ademas á
las circustancias en que sé habia hallado hasta en-


TOM. I. 3




— 2 2 —
tonee¿ la nación, trabajada por seis años de guerra
desapiadada y cruel, que la'obligó á mirar con algún
descuido aquellas lejanas tierras, habia producido
los resultados que naturalmente eran de esperar.
Mégico se habia declarado el año anterior indepen­
diente : . y en la América Meridional también ardia
guerra intestina de los indígenas contra los españo­
les , cuyo yugo querían aquellos arrojar de sí.


En tal situación, el gobierno se ocupó en dispo­
ner y organizar un egército espedicionario, que ¿ á
las órdenes de uno de los generales mas acreditados,
pasase á restituir la paz á nuestros dominios del Sur
de América. El designado para mandar esta espedi—
cion fué el general D. Pablo Morillo (1). ESPARTERO,


(1) Hésenos referido, como histórica, ива anécdota, la cual,
por cuanto pinta al V ÍYO el carácter de Espartero, no menos
que el del general que mandaba la espedicion de Ultramar, he­
mos creido que no desagradará á nuestros lectores.


Parece que al tiempo de inscribirse Espartero en las tropas
de Morillo, pidió á este gefe la gracia de pasar con licencia,
unos días á su casa, alegando el deseo que­ tenia ya , después
de tantos años, de ver á su familia , á quien iba á dejar de ver
durante otro período, tal vez mas largo. Sentó mal al general
esta petición , y prorumpiendo en mil denuestos, llegó á de­
cirle que «el soldado español, cuando de servir á su país su
trata, acostumbra á olvidarse de sus padres y hermanos: que
no era nada militar aquella demanda: que mostraba un alma
muy madrera, y por consiguiente era signo de poco valor, lo
cual no ce ciertamente lo mas recomendable para la carrera dé­
las armas.» Al oir esto Espartero, enfurecióse de tal modo,
que llevando la mano derecha al costado izquierdo, contestó á
Morillo: «aii general, si otro que V. E. me hubiera dicho tales
eosas, mi contestación hubiera sido muy breve. . . . con esta e s ­
pada.» Kiyói* estonces Morillo, lleno d» satisfacción, y enor­




— 2 3 —


ganoso de gloria, se alistó al punto voluntariamente,
y tuvo entrada, en setiembre de dicho año de 1814,
con el grado de teniente, en el regimiento de Estre-
madura, bajo cuyas banderas salió, con los espedi-
cionarios, del puerto de Cádiz, á bordo de la fraga-
ta Carlota, el 1." de febrero de 1815 , haciéndose á
la vela con dirección á Costa-Firme.


gullecido con la respuesta, le dijo. «Está bien: guapos, así,
es cabalmente lo que yo busco: ahora puede V. ir á ver á su
familia.» Espartero se resistió ya á hacer uso de la licencia,
por temor de que le tuvieran por cobarde; pero instado repeti-
das veces por el general, y casi obligado i e l lo , pasó á Grana-
lula á despedirse de sus padres.






C A P I T U L O I V .


Arribo del ege'rcilo espedicionario de Morillo á las
playas de Costa-Firme: estado de aquel pais:
toma de lajsla Margarita: el regimiento de Es-
tremadura, donde servia ESPARTERO , es desti-
nado á Lima, desde cuyo punto sale con direc-
ción á la provincia de Charcas: pacificación de
esta y otras provincias, y comportamiento de
ESPARTERO en aquellos hechos de armas-


AS playas septentrionales
de la América del Sur
que habian visto, tres si-
glos antes, arribar al gran
Colon por v.ez primera,
llevando hoy aquella tier-
ra, por esta circunstancia


nolablei, el nombre de Colombia (que es el que d e -
biera darse al nuevo inundo, en vez ¡d» América),
divisaron también al egércita espedicionario del g e -




— 2 6 —


neral Morillo, compuesto de seis regimientos de in -
fantería, dos de caballería, un escuadrón de artille-
ros y algunas compañías sueltas de obreros, mina-
dores etc . , cuyas formidables fuerzas se presentaron
delante de Cumaná, á principios de abril del, citado
año de 1815.


Grave sensación produjo en América la llegada
de aquellos guerreros esforzados, que habían l u -
chado tanto tiempo, y con tanta gloria , con las me-
jores tropas del mundo: sensación de espanto y s o -
brecogimiento entre los insurgentes» de alegría y
regocijo entre los que se habian mostrado fieles á la
causa de España.


Citando llegaron nuestras tropas á Costa-Firme,
estaba aquel país en muy buen estado. Hallábanse
pacificadas las provincias de Venezuela, merced á
la actividad y celo eficaz del general Morales, capi-
tán general de Caracas, que habia sabido desbaratar
los planes de una terrible conspiración, fraguSfti por
los sediciosos entre las mismas filas del egéréÜEl^eal,
invirtiendo á este sin demora en atacar á los rebel-
des, siendo el resultado de esta pronta y bien cal -
culada espedicion, el apoderarse dicho MoriUs de
los pueblos de Soró, Irapa y Güiria , últinwí» "atrin-
cheramientos de la rebelión venezolan* que espiró
entoñees, perdiendo los insurgentes, solo en el
pueblo de Güiria, 300 soldados y 40 oficiales que
quedaron muertos en la refriega. Toda la gente que




- 2 7 —
defendía los otros dos pantos cayó también en poder
de los nuestros, con todo su armamento , cinco c a -
ñones , municiones y varios pertrechos de guerra.


Pacificada ya, casi completamente, la capitanía
general de Caracas, en donde solo restaban por des-
truir el comandante Zarasa que con 200 insurgentes
se ocultaba en las montañas de Chaguaramas , y a l -
gunas partidas insignificantes que Vagaban por la
Guayana y por los Llanos, el único obgeto que se
presentaba al general Morales capar ya de fijar su
consideración, era la reconquista de la isla Marga-
rita, situada enfrente de Cumaná, y que era el pun-
to de refugio en donde se habían albergado los r e -
manentes de los enemigos que hábian sido ahuyen-
tados de los países continentales.


Veinte y dos buques armados componían la e s -
cuadra , destinada á someter aquella isla , al mando
del teniente de fragata D. Juan Gabaso: su mayor
porte era de lo" cañones, contándose entre ellos 13
faluchos de un cañón cada uno; y ademas se habían
reunido varios trasportes. La fuerza espedicionaria
no bajaba de 5,000 hombres. Solo se esperaba la
orden del embarque para poner en breve tiempo a la
Margarita á las órdenes del gobierno de España.
Guarnecían esta isla dos regimientos de infantería con
la fuerza de 1,600 hombres, cuatro escuadrones con
la de 6 4 0 , y 153 artilleros. Sus habitantes hallá-
banse lodos resueltos á vender caras sus vidas, de-




— 2 8 — • .
cididos como,estaban por la causa de su indepen-
dencia. Era, por otra parte, muy grande la resolución
de los isleños, porque su posición debia de ser tan
crítica como desesperada. Baste decir, que'entre ellos
se comprendían los cabecillas que con mas obstina-
ción habían defendido su causa, y que acosados y
vencidos habían tenido que huir en busca de aquel
asilo abandonando el continente de Costa-Firme.


Las ideas del general Morales, con respecto á los
habitantes y refugiados de la Margarita , eran no
solo hostiles, sino terribles y crueles. Mas habien-
do sido puesto su egércilo y marina á las órdenes de
Morillo, trató este general de llevar á cabo aquella
medida de guerra de una manera mas humana, con-
ciliando con la severidad de la justicia los fueros de
la clemencia, que tan bien sentaba en los aguerridos
campeones vencedores en mil batallas contra huestes
formidables, y que por primera vez se presentaban
á luchar en el nuevo mundo con un enemigo débil
y que ya entonces, antes de habérselas con él , se les
aparecía cómo vencido y humillado.


Con efecto, apenas divisaron los isleños el apa-
rato imponente y respetable que desplegaba en la
playa, al verificar el dia 8 de abril su reconoci-
miento, aquella multitud de buques y de guerreros,
descaecieron sus fuerzas,-y su ánimo se vio como
sumergido en el mayor abatimiento. A las doce del
dia 9 , después de haberse salvado con la fuga en




— 2 9 —
varias flecheras el caudillo- Bermudez y otros 3 0 0
de los mas comprometidos, enarbolaron los restantes
bandera parlamentaria, dirigiendo al punto un oficio
al general Morillo, en el cual mostraban sumisión
y respeto á esta y demás autoridades del gobierno
de España. Desembarcaron nuestras tropas el 1 0 y
con ellas el general en gefe, acompañado de Morales
y de Su estado mayor, dirigiéndose al dia siguiente
hacia la Asunción, que es la capital de la isla. Con
la ocupación de esta, quedaba ya tranquilo todo el
territorio de la América del Sur, que comprenden
la Colombia y las Guayanas.


Dedicóse-entonces Morillo á organizar los ramos
de justicia y hacienda, y fué tal su comportamiento
y tanta su clemencia, "que formó un cuerpo nacional
de los mismos batallones rebeldes que'debieron ha-
ber sido desarmados; y cuéntase como un rasgo de
sin par generosidad, el hecho de haber abrazado- y
haber sentado á su mesa al célebre cabecilla Aris-
mendi, que se habia cebado el año anterior, en san-
gre española, sacrificando á mas de mil víctimas en
el matadero y en las plazas de Caracas.


Con esta conducta, que es la conducta propia de
los valientes, inauguraron los bravos espedicionarios
del año 1 5 , entre los cuales, según dejamos dicho,
se cuenta á ESPARTERO, la nueva guerra que iban á
emprender enel otro hemisferio. Arreglados los asun-
tos de la Margarita, reembarcáronse Morillo y lodo




— 3 0 —
su egército para las costas de Cumaná y Barcelona.


Llegado que hubo el general en gefe á aquel
puerto, dejó en él la guarnición necesaria, dirigién-
dose con su egército á Caracas, en donde, con infa-
tigable celo, se ocupó en el arreglo de las, hasta en-
tonces; desordenadas provincias de Venezuela.


Pero siguiendo el hilo de nuestra propuesta his-
toria, diremos que por este tiempo, es decir, al pro-
mediar de mayo, envió Morillo de refuerzo al egér-
cito del Perú el regimiento de Estremadura, que era
el de ESPARTERO. Atravesó este regimiento el istmo
de Panamá, y, zarpando en este puerto, llegó á L i -
ma en el mes de setiembre. Permaneció aquí algún
tiempo, al cabo del cual fué destinado á engrosar
las filas del egército de operaciones del Alto Perú.
Al año siguiente, de 816, tocó á este cuerpo for-
mar parte de la división que, al mando del general
D. Miguel Tacón, marchó á la provincia de Charcas,
que se hallaba en parte sublevada, y toda ella en
mal sentido respecto á la causa española. En la nueva
organización que él Virey dio á su regimiento, a u -
mentándole un 2.° batallón, fué destinado á él E S -
PARTERO en clase de capitán. Distinguíase este siem-
pre, y era apreciado, de sus compañeros, por su c a -
rácter jovial y franco; y prendado el general Tacón
de estas cualidades, reconociendo en él ademas bue-
nas disposiciones, valor y genio militar, quiso ade -̂
lantarle y hacer que se distinguiese en su carrera,




— 3 1 —
para lo cual creó una compañía de zapadores cuyo
mando le confirió.


Como fuese entonces necesario el fijar algunos
puntos de apoyo, á fin de poder contener y contrar-
restar las incursiones de los enemigos, recibió E S -
PARTERO el especial encargo de construir reductos ca-
paces en la villa de la Laguna y pueblo dé Tarabuco,
y los atrincheramientos del Potosí y de La Plata:
todo lo cual, así como los planos corográficos que
levantó después en cumplimiento de otra comisión
que recibió de orden superior, de las provincias de
Arequipa, Potosí, Cochabamba, Paz, Pruno y Char-
cas, fué desempeñado con prontitud y con inteligen-
cia; siendo todas aquellas obras de grande utilidad,
y facilitando estraordinariamente los mapas las ope-
raciones militares en los años subsiguientes.


Concluido el obgelo', mandó el general Tacón
disolver dicha compañía, incorporando su fuerza al
batallón ligero del Centro, de que era primer gefe
el actual teniente general D. José Santos de La Hera.
ESPARTERO fué promovido á 2.° comandante de dicho
batallón. Este ascenso dio margen á murmuraciones
y disgusto entre los oficiales, señaladamente entre
la clase de capitanes que quedaban postergados, por
ser ESPARTERO el mas moderno: así que fué recibido
con frialdad. El valor era una de las cualidades1 que
mas se apreciaban en aquel pais y en aquél Cuerpo•
y oficiales de reputación muy aventajada en este con-




— 3 2 —


cepto, esperaban ver cuál era el comportamiento del
nuevo gefe, que el favor del general Tacón habia
traido á- participar de sus glorias.


Incorporado, como 2 . " comandante, en el regi-
miento infantería del Centro, contribuyó ESPARTERO
á las operaciones que tanto dicho cuerpo, como los
demás de infantería y caballería, que existían en la
provincia de Charcas, egecutaron contra lasdiferen-
tes-partidas de enemigos que invadían el territorio;
mandando unas veces como gefe, y otras á las órdenes
de su coronel, el ya citado D. José Santos de La
Hera. En todas estas operaciones se condujo siempre
ESPARTERO con mucho celo y valentía : y desde los
primeros encuentros que tuvo en lela, Mollecitos,
Montegrande y Oroncota, en los dias 7, 9, 10 y 11
de febrero, en los cuales batió completamente á los


.caudillos Prudencio, Zarate y Pcreira, tomándoles
casi todo el armamento, caballos y 49 prisioneros,
entre ellos al último, los oficiales que Je acompaña-
ron quedaron contentos y satisfechos de su valor y
disposiciones, y empezaron á quererle, desapare-
ciendo la mala impresión que habia causado su as-
censo. Hallóse ademas por este tiempo en once ac-
ciones parciales.


En los dias 13 y 19 de marzo qsislió á las accio-
nes de Carretas y de Garzas. La primera no de mu-
cha importancia: la segunda muy sangrienta y de
grandes resultados. Ambas fueron mandadas por el




— 3 3 —
coronel La Hera. Sitiados los restos de la división de
Marnri, que había sido batida pocos dias antes, por
los caudillos Ravelo, Prudencio, Fernandez y otros,
en el fuerte de la Laguna, era muy crítica y angus-
tiosa la situación de la provincia de Charcas. Solo un
golpe de intrepidez y arrojo podia reanimar el espí-
ritu público,y evitar los males que amagaban des-
cargar sobre aquella infortunada provincia: y el dar
este golpe saludable estaba reservado á los bizarros
gefes La Hera y ESPARTERO. Con una pequeña c o -
lumna compuesta de dos compañías de infantería,
salieron aquellos bravos militares de Chuquisaca,
dirigiéndose á dicho punto de la»Laguna. Luego que
los'rebeldes vieron acercarse aquella fuerza, al pa-
recer insignificante, .la miraron con desprecio, ocu-
pándose solo en cortarla, á fin de que no pudiese tor -
nar á la capital. Mas luego que la columna llegó á
pisar la llanura de Garzas, se vio atacada con vigor
y obstinación por los insurgentes, hallándose preci-
sada á desplegar un arrojo y firmeza tales, que bien
pronto superaron á los contrarios en furor y en d e -
sesperación. No bien habian transcurrido algunas
horas, cuando resultando,heridos los dos principales
gefes rebeldes Prudencio y Ravelo, viéronse los s u -
yos desconcertados, y en disposición, los nuestros,
de fijar á su lado la victoria.


De grande utilidad fué esta para el país , que lo-
gró por entonces recobrar la tranquilidad, rescatados




— 3 4 —
que fueron los que estaban sitiados en el fuerte de
la Laguna, demolido este, y enviados cuantos efec-
tos de guerra habia en él á Cbuquisaca, situándose
después nuestras tropas en Tarabuco.


El 5 de abril, sabedoras estas de que en un pue-
blecito, no lejano, llamado Presto, se albergaba
una gran partida de rebeldes, salieron en su busca
repentinamente; y habiéndolos sorprendido, trabaron
sangrienta lucha en el pueblo y sus inmediaciones,
resultando de ella la mas completa derrota de los
enemigos.


Ocupaba una avanzada de estos un punto distan-
te, como una legu¿i, del sitio de la "sorpresa. Los
que componían dicha avanzada estaban muy ágenos
y descuidados de lo que pasaba en Presto: y E S P A R -
TERO entonces ideó y llevó á cabo un ardid ó empre-
sa, propia de su genio, y que por lo arriesgada y pe-
ligrosa, pudo haberle costado muy caro. Llegó á en-
tender que los rebeldes esperaban un nuevo caudillo,
llamado Fernandez (del cual hemos hablado ya), que
á la mayor parle de ellos era desconocido, por ser
la primera vez que venia á capitanear aquellas par-
tidas. Este Fernandez era procedente y fugitivo de la
acción dada en las llanos de Garzas. Enterado que
fué ESPARTERO de este hecho, y del anhelo y fé entu-
siasta conque los enemigos esperaban á su redentor,
partió solo, y á caballo, de dicho pueblo de Presto,
sin comunicar á nadie su atrevida resolución; y di-




— 3 5 —
rigiéndose al punto que ocupaba la avanzada, fingió
ser el caudillo Fernandez; y haciéndose aclamar por
tal, fué recibido con viVas y aclamaciones por aque-
lla tropa rebelde, que capitaneada al punto por el
supuesto gefe de ella, revolvió á Presto, en don-
de conoció tarde la red en la cual venia envuelta,
viéndose engañada y prisionera en poder de los
nuestros.


Invadida la provincia de Charcas por tropas de
Buenos-Aires, al mando de La Madrid, acorrieron
inmediatamente en su persecución algunas fuerzas de
nuestro egército, qué formaban la división espedicio-
naria de Charcas, regida por el brigadier Orreilli, y
á la eual se incorporó el batallón del Centro, haciendo
la vanguardia de esta espedicion. Aunque el del Cen-
tro contaba solo unos 300 hombres, número muy
inferior al de los enemigos, que triplicaba á aquel,
hubo sin embargo de dar esta bizarra gente de la
vanguardia, sin auxilio alguno de nadie, dos terr i -
bles lecciones á los rebeldes. Fué la primera el e n -
cuentro que tuvo lugar el 10 de junio en Yamparaes,
en donde quedó muy mal parado, deshecho y con-
fuso el enemigo. Pero cuando este sufrió una der -
rota completa, que no le permitió ya mas levantar
cabeza, fué en el sorprendente acometimiento que
esperimentó el dia 14 en Sopachui, dado por la mis-
ma fuerza de vanguardia que mandaba La Herá. En
aquella gloriosa acción sufrió La Madrid la muy




— 3 6 —


considerable pérdida de 300 muertos, 100 prisio-
neros, 3 cañones con todo el tren de artillería, 500
fusiles, multitud de sables ,'todas" sus municiones,
bagages y papeles, 500 cabalgaduras, y otros varios
trofeos, entre los cuales se contaba el estandarte de
los húsares del Tucuman.


Para dar una idea cabal de este importante hecho
de armas y de los laureles que él proporcionó á los
dignos y bizarros gefes del batallón del Centro , así
como á todos los bravos que componían aquella fuer-
za, siempre vencedora, trasladaremos aquí el pár-
rafo, con el cual termina la descripción que nos ocu-
pa el Sr. Torrente, en su Historia de la revolución
hispano-americana, cuya obra hemos consultado re-
petidas veces y con fruto, durante este período.


«Esta brillante jornada (dice), que recibió nue-
«vo realce con el rescate de los prisioneros de Tari-
fija y del escuadrón de Laguna, aumentó el catálogo
«de los ilustres hechos de La Hera, y puso en claro
«la bizarría de aquella columna, especialmente la del
«segundo comandante- del batallón ligero del Cen-
«tro D . BALDOMERO ESPARTERO , que se cubrió así-
«mismo de gloria.»


Publicada esta obra en Madrid, en el año 1830,
no puede sernos sospechosa; por cuanto no es pre-
sumible que entonces la pasión, ó el interés, ó un
espíritu de lisonja dictase estas palabras. Otras mu-
chas, de igual sentido, estampa el autor citado en




— 3 7 —
diferentes páginas de su obra, de las cuales nos ha-
remos cargo, pues que ellas conducen al fin que ribs
hemos propuesto y que hemos deducido , como ver-
dad inconcusa, del estudio que hacemos en la vida
militar de ESPARTERO, á saber: que los grados y
ascensos que este recibió"en América, le eran debi-
dos, por rigorosa justicia, en virtud de servicios
importantes y de un mérito indisputable, no á be^-
neficio del desorden que allí hábia en las promociones,
como gratuitamente sienta el autor de un folleto
publicado en Francia en 1 8 4 1 , intitulada « E S P A R -
TERO , ETUDES BIOGRAPHIQUES.»


A primeros de marzo de 1818 salió al frente de
una columna compuesta de 300 hombres, encargado
de penetrar tierra adentro en la provincia de La Pla-
ta , dirigiéndose á las inmediaciones de Pomábkmha
y ribera del Píleomago , con el fin de perseguir á
los caudillos Fernandez, Prudencio, Aldonaire y
otros, que sustentando belicoso tráfago en el pais,
traíanle siempre revuelto y en continua alarma. Está
comisión fué desempeñada por ESPARTERO tan á sa-
bor de sus gefes y con éxito tan venturoso, que en
pocos dias logró aventar á los referidos cabecillas de
aquel territorio, atacándolos vigorosamente en un
paraje no lejano de dicho pueblo de Pomabamba,
dándoles una carga á la bayoneta; y deshechos, y hui-
dos y perseguidos en todas direcciones, sufrieron


grande pérdida, Habiéndoles apresado los nuestros
TOMO I . 4




— 3 8 —
varjas armas, caballos y 800 cabezas de ganado
vacuno.


Con no menos feliz estrella logró alcanzar, batir
y derrotar, el 20 del mismo mes , en el punto lla-
mado el Pepinal, situado en las llanuras de Mojo-
coya, á la facción que capitaneaba Cueto, haciéndola
varios prisioneros y apoderándose de gran parte de
su armamento y municiones.


Así prosiguió todo el resto del año 18 y aun
hasta promediar del 1 9 , haciendo aquella especie de
guerra tan sembrada de trabajos y de compromisos,
cuanto que las gavillas facciosas eran numerosísimas,
y el espionage casi nulo para los nuestros, en unos
pueblos que les eran contrarios por lo general-, a r -
raigadas profundamente, como se encontraban ya*
las ideas de independencia y de insurrección. D u -
rante todo este tiempo, cada dia se presentaba á
nuestros bravos soldados ocasión de egercitar su a r -
rojo y denuedo en todas las provincias del alto P e -
rú , en donde multitud de caudillos insurgentes man-
tenían perenne y cruda guerra.


Es cierto que muchas de las acciones dadas contra
enemigos que no formaban cuerpos regularizados é
instruidos, eran de poca consideración; pero también
lo es que estos choques se repetían sin cesar , y que
si los insurgentes se componían de varios grupos de
indiada inculta y por disciplinar, adestrábalos sin em-
bargo el egercicio y el uso continuo de guerrillas y




— 3 9 —
escaramuzas, hasta el estremo de amagar con fre-
cuencia á las capitales y á los puntos ocupados por
nuestras tropas.


La toma de ganados al enemigo, y en el pais1


ocupado por este, era operación en la cual se inver-
tían frecuentemente nuestros soldados, costando á
veces'su adquisición alguna sangre: como que por lo
general no se daba otra ración que de carne, des-
conociéndose el renglón del pan (delcual aunlosmis-^
mos gefes y oficiales, con mas medios para ello, so-
lian estar privados meses enteros durante las opera-
ciones militares) en unos países en parte despoblados,
ó en que los naturales no hacianuso de aquel artículo.


Conseguida la pacificación de la provincia de
Charcas, y habiéndose retirado los enemigos que
la ocupaban á los ásperos y fragosos valles de las in-
mediatas de Potosí, Cochabamba y La Paz , dispuso
el general en gefe La Serna la persecución y esler-
minio de aquellas gavillas; y al efecto situó en las
villas de Oruro y Sicasica al regimiento del Centro,
verificándolo dicho general en Cochabamba con otros
cuerpos de infantería y caballería. Desde este punto,
dispuso la organización de varias columnas, que, á las Órdenes de los gefes Villalobos, Ameller, Valdés,
Lezaroa, Ramírez, ESPARTERO, Germán y otros, y
aun el mismo general en persona, dieron principio á
la persecución, resultando de este bien combinado
plan, la prisión y esterminio de casi todas las partidas,




— 4 0 —
y la aprehensión de su armamento, con dos piezas
qué tenían lds réítéJdfcs.


La destrucción del caudillo Chinchilla, que se
hallaba aposentado en los valles de La Paz, adonde
llevó la desolación y el espanto, en combinación"con
MamÉrni, Santisteban, Lira y otros cabecillas, fue
encomendada á ESPARTERO, quien á principios de
junio ¿el 1 9 , salió cort este obgéto, al frente de otra
colnmna, de igual fuerza que la del año anterior,
del espresado pueblo de Sicasica. En esta espedieion
logró, el 7 de dicho mes, sorprender en Inquisibe
al cabecilla Órihuela, haciéndole prisionero con toda
su gente. En esté hecho de armas, que fué de grave
riesgo, se cOndujó ESPÁBTRRO con mucho valor y
acierto, según el sentir de las personas que tienen
un exacto conocimiento de ello, las cuales elogian
en alto grado su comportamiento en esta ocasión,
así como en la que le proporcionó el dia 27 del
mismo, de batir y derrotar á los caudillos Chin-
chilla ; Castro, Vidélá, Cohtíéras y otros qué, con
200 fusileros y una numerosa indiada, se le pre-
sentaron en las alturas del mencionado pueblo de
Inquisibe. Fuéles eñ seguida picando la retaguardia
en la fuga, y persiguiéndolos y acosándolos mas' de
cerca, logró al fin alcanzarlos segunda vez, él 29,
destrozándolos de remate enMarchacamarca, hacién-
doles muchos prisioneros, tomándoles parte del resto
de sus armas, 33 quintales de azogue y todos sus




— 4 1 —
equipages. El 13 de julio sorprendió igualmente en
Ca piñata al caudillo Castro, haciéndole prisionera
toda su partida.


Este acontecimiento fijó ya la bandera de paz en
aquellas comarcas; y el 3 de agosto fué relevado E S -
PARTERO de la, comisión dejando los pueblos-tran-
quilos.


Hablando el Sr. Torrente, en su ya citada obra,
de la pacificación de los valles de Coehabamba, La
Paz ect-, encomendada á aquel y otros ya menciona-
dos gefes, se espresa de esta manera:


«El coronel D . Joaquin Germán , los comandan-
t e s D . Manuel Ramirez, D . BALDOMERQ ESPARTERO
«y el coronel D . Agustín Aqlesana, fueron los agen-
«tes principales de dicha pacificación, haciéndose
«todos ellos dignos de los mayores elogios por su
«decisión y firmeza, y por los felices resultados de
«sus escursiones, durante las cuales fueron comple-
«taumüe destruidas las partidas revolucionarias.»


Mas no duró mucho el reposo á aquellos infelices
pueblos. El fuego de la insurrección so habia sofo-
cado , s í , pero no estingttido. Rehechos y reanimados
los cabecillas insurgentes á beneficio del abandono
en que quedó el pais por parte de nuestras tropas,
bien pronto se hallaron en disposición no solo de
alzar otra Y e z el estandarte de la rebelión sublevando
los pueblos, sí que también sorprendieron una par-
tida nuestra que conducía 160 fusiles á la villa de




— 4 2 —
Oruro. No se hizo", pues, esperar largo tiempo la
necesidad de acorrer con urgencia á salvar aquel pais
del cruel azote de la guerra. E l 11 de octubre salió
segunda vez ESPARTERO do la-capital, con igual fuer-
za y con igual obgeto que antes. En unión con el gefe
de igual grado D. Cayetano Améller^ formaron en
•los valles de Sicasica una fuerza de 730 hombres,
con la cual persiguieron en distintas direcciones á los
insurgentes; siendo el resultado, después de conti-
nuas marchas por caminos casi impracticables, es -
terminar en el espacio de tres meses todas aquellas
partidas, dar la muerte á los dos hermanos Contre-
ras, Andrés Rodríguez , Ramos, Hervoso, Gómez y
otros cabecillas , cogiéndoles 85 prisioneros; 2 c a -
ñones de á 4 con sus cureñas, 77 fusiles y gran
surtido de municiones, mil cabezas de ganado vacu-
no y tres mil ovejas, con lo cual se restituyó la paz
á aquel pais, quedando tranquilas las provincias de
Charcas, Cochabamba , La Paz y demás inmediatas
á estas.


A este tiempo La Serna , de acuerdo con el virey
Pezuela, había entregado el mando del egército de
operaciones del Alto Perú al general Canterac, hasta
entonces gefe de estado mayor de dicho egército.




C A P I T U L O V.


Espedicion de Jujuí y Salta: recíbese en América
la noticia de haber sido jurada por el rey, el 9
de marzo de 1 8 2 0 , la Constitución política de
la monarquía proclamada en la Isla el primero
de enero del mismo año, por el egército destinado
á aquellos dominios: ideas políticas de E S P A R -
TERO en aquella época: conspiración de Oruro
descubierta y castigada por.él: otra éspediciou
á las costas de- Arequipa.


ASIÉNDOSE puesto al fren-
te del egéreito de opera-
ciones del Alto Perú, c o -
mo general en gefe, don
Juan Ramírez y Orozco,
y dejado el mando que
hasta entonces habia eger-


cido interinamente, según hemos indicado en el ca -
pitulo anterior, el general Canterac, gefe de estado
mayor, ordenó aquel que todas las tropas marchasen




— 4 4 —
á reunirse en el cuartel general situado en Tupisa,
pueblo distante unas 50 leguas al S. de la villa de
Potosí. Los insurgentes de Buenos Aires, distraídos
entre sí, y abrumados con los disturbios y calami-
dades que son consiguientes « una guerra intestina,
tenían cubierta toda aquella frontera, y en disposi-
ción su territorio de ser invadido ventajosamente
por nuestras tropas.


En tal situación creyó Ramírez que seria muy
conveniente emprender una acometida por las pro-
vincias de Jujuí y Salta del Tucuman, con el doble
obgeto Je batir al enemigo, y proveerse de algún
ganado, del cual escaseaban los nuestros. Verificóse
al fin la escursion con tan buen éxito como era de
esperar. Levantó Ramírez su cuartel general de di-
cha pueblo de Tupisa el 8 de mayo: distribuyó su
egército en tres columnas, las cuales se dirigieron
simultáneamente á la Abra Pampa, que era el punto
ttesignad-o para la reunión, continuando en seguida
la marcha hacia Jujuí, á cuyas inmediaciones llega-
ron el dia 24. Aunque nuestras tropa* no se las hu-
bieron con egércítos numerosos y reglados, hubie-
ron de resistir sin embargo una multitud de ataques
impetuosos dirigidos por los gauchos, que formaban
cuerpos más ó menos organizados,.y que hoscos y fie-
ros como ellos solos» estaban ademas acostumbrados
ya al fuego, y á todos los riesgos y sinsabores de la
guerra*




— 4 5 —
Antes de llegar el grueso de nuestras fuerzas á


ju juí , se había apoderado ya de esta ciudad el g e -
neral Canterac, que se habia adelantado con parte de
la caballería y la vanguardia. Tampoco se hizo es-
perar mucho la ocupación de Salta por los nuestros,
así como los puntos de Monterieo, San Lorenzo y
otros, si bien el último costó un choque empeñado
con el enemigo que hizo allí firme rostro á los s o l -
dados de Ramírez.


Esterminada una columna compuesta de dos es -
cuadrones de gauchos de Velarde y dé un 'batallón
de granaderos de línea, que vagaba en el Chamical,
como también la partida que mandaba el terrible cau-
dillo Rojas, bien pronto se puso cima á esta cam-
paña, qpedando tranquilos aquellos países que por
tantos años habían sufrido el azote cruel de vandáli-
cas gavillas. A todos los gefes y oficiales que con-
currieron á esta rápida campaña, entre lps cuales se
cuenta ESPARTERO, que se halló en varios tiroteos,
los recomienda su actividad, su celo y su valentía.
Tornaron á Tupisa las tropas espedicionarias de R a -
mírez enriquecidas con multitud de despojos y t r o -
feos militares, con algunos miles de vacas y con
grande porción de caballos y de muías.


Al llegar estas valientes tropas á dicho pueblo de
Tupisa , (el cual, como centro que era de los can-
tones del Alto Perú, servia" de Cuartel general) que
fué al promediar del año 1 8 2 0 , recibieron noticia




— 4 6 —
de la grande y feliz alteración que en España había
sufrido el régimen político, con motivo de haber pro-
clamado el egército situado en la isla de Leoh, con
destino á América, la Constitución de 1812, que
juró el rey en 9 de marzo de dicho año de 1820.
Grande alborozo produjo esta nueva en el ánimo de
unos militares, en quienes la circunstancia de estar
luchando coiitra la independencia de los peruanos,
por conservar la integridad de la monarquía españolar,
no habia sido bastante á estinguir su amor á la l i -
bertad/ El Sr. D. Gerónimo Valdés, subinspector
entonces de aquel egército, convocó una reunión sa-
tisfactoria y amistosa en su casa, á la cual concur-
rieron todos ó la mayor parte de los gefes y oficiales
que habia enTupisa; y estuvieron celebrando, hasta
pasada media noche, las faustas noticias llegadas de
España. Al salir ESPARTERO de está reunión, inspi-
rado en su casa por el entusiasmo que habia visto
pintado; durante toda la noche en el semblante de sus
compañeros, y que tan profundamente habia pene-
trado también en su corazón, se entretuvo en escri-
bir la siguiente composición poética, que retrata fiel-
mente los sentimientos patrióticos, nobles y altamente
liberales de que se hallaba poseído; y que solo por
este motivo y bajo este respecto hemos creído opor-
tuno y conducente estampar aquí, ya que hemos te-
nido la suerte de poseerla, debiéndola á la generosi-
dad y suma condescendencia de uno de sus compañe-




— 4 7 —
ros en aquella época, al cual él la entregó á muy
pocas horas de escrita en el respaldo del parte de
retreta, que daba el oficial de la guardia del cuartel
que ocupaba su batallón.


He aquí, casi íntegra, la composición de E S P A R -
TERO á que aludimos : *


« . . ¿ . . . . . . . . i i . . . . ; : . . . . . . , . . . . . . v . . •'


Entre el mas inaudito despotismo
La madre España ba poco se veía.
Y rodeada de hijos ambiciosos
Del bien particular que los domina,
Ni aun bailaba consuelo en la esperanza
De recobrar su libertad perdida.
Arrojado á sus piéá y ya disuelto
El mejor de ios códigos yacia,
Destrozadas sus páginas hermosas
Que al pueblo hispano hicieron libre un día.
Y el noble agricultor, él comerciante,
Las doctas Musas y la industria activa,
Testigos eran de su amargo llanto
Que fieles á imitarle concurrían.
En esto, de la fama diligente
Se oyen los ecos que pidiendo albricias,
Publican que los pueblos de la Iberia
Logran su libertad apetecida.
Los ciudadanos llenos de entusiasmo,




— 4 8 —
CoúsLitucion, Constitución» decían,.
Precisando al monarca á que la jure,
Pues nada á un buen patricio Je intimida:.
El cielo que su luz tibia y escasa
Mostraba a la sazón en nuestros climas,
Principió de repente á serenarse
Con nuevo resplandor, nueva alegría,


i Y pues ya, compañeros, somos libres,
En obsequio "á tan próspera noticia»
El oprimido espíritu ensanchemos f
Trocad los ayes por sonoros vivas!»


Era tan marcada y reconocida: la fama que de l i -
beral tenia ESPARTERO* entre las tropas realistas de
América, que algunos oficiales de lo&mas adictos á
la causa del rey, le atribuyen, tanto á él como al
primer gefe del batallón del Centro, D. José Santos
de La Hera, el designio de haber querido adelantarse
á proclamar la Constitución en el Perú, aun antes de
recibirse allí de oficio el juramento del monarca.
Los que tal juzgan añaden, que el Sr . D. Rafael Ma-
roto, presidente que fué de la provincia de Charcas»
conoció y frustró aquel proyecto. Nosotros no h e -
mos podido adquirir un conocimiento exacto de e s -
te hecho. NO obstante, las fechas y la» distancias á
que estos señores á la sazón se encontraban» nos ha-
cen vacilar en este punto, tan fácil por otra parte de
ser esclarecido por los mismos interesados.




— 4 9 —
* Después de la campaña de Jujuí y Salta «e! r e -


plegó el egército á las provincias interiores del Perú,
que se bailaban amenazadas por las espedicíones ma-
rítimas y terrestres que la república de Chile babia
dirigido sobre el Callao de Lima y puertos interme-
dios de Arica, Quilca etc. Acantonóse entonces el
regimiento del Centro, mandado ya por ESPARTERO,
en la villa de Orara, punto estratégico de las opera-
ciones de aquella campaña, que ademas de estar for-
tificado y contener almacenes y depósitos del egér-
cito, era intermedio de las posiciones del cuartel g e -
neral y las de las tropas de la vanguardia del Alto
Perú, y el que protegía al pais contra las incursio-
nes de los sublevados de Cochabamba y los valles de
La Paz, qué c&n frecuencia interceptaban las comu-
nicaciones, ocasionando grave daño á nuestras tropas.


Por este tiempo, es decir, á fines de 1820, las
ideas de emancipación habían cundido ya estraordi—
nanamente entre los hijos de los antiguos Incas; y la
circunstancia de haberse frustrado la espedicion que
Fernando VII tenía preparada para sugetar en este
año aquellos pueblos, había reanimado su espíritu
y ayivado su amor á la independencia, cuya auro—
ra:empezaban ya á vislumbrar. La sedición germi-
naba por dó quier; ora entre tos naturales, ora tam-
bién. (Hítre las mistnas filas del egército. El Ód¡o á
Fernando.y á los españoles, odio que, como hemos -
dicho , era atizado con mafia y astucia- por nuestros




— 5 0 —


(1) Como una muestra dé las ideas que cundían por este
Uemp&íntreiOB peruanos, j de. swentrañable malquerencia h é ­
cia los españoles, trasladamos a continuación un documento cu­
rióse ; : qtié'debemos ; á la generosidad de uno'de los sfeiores «A*
cíales, generales que se hallaban entonces en el Perú, el cual
documento creemos que no desagradará á nuestros lectores,
por cpantoél no há visto aun la luz pública­, al menos, no ha
llegado á nuestra noticia.


Es este un Catecismo que los indígenas insurgentes hacían
aprender á sus hijos, imbuyéndoles los sentimientos de eman­
cipación é independencia. Hé.aquí el


. U>m a № . S . . 8 l ¡ M № > f l k


CAPÍTULO PRIMERO.


Pregunto. Decidme niño ¿cómo os llamáis? Respuesta. Patriota.
• P. Qué quiere decir patriota? R. Hombre de bien.
'P. Cuál es'la señal del patriota? R. La­santa libertad.


vP¡ , Y p ó í q u é ? R. Porque por el la han muerto los.nias {gran­
des héroes, por redimirnos y libertarnos del cautiverio español.
• 'P. Cuándo usaremos de esta señal? 8 . Siempre que comen­
záremos á pensar sobre la buena obra de nuestra independencia,
cuando seamos tentados de los godos, y.morir por ella s iem­
pre que esté en peligro de perderse.


P. ­ Mostrad cómo. R. Diciendo así: muramos con valor y
constancia en defensa de ;la libertad, en el nombre d é l a r e ­
ligión, de la patria y de la unión.


P. Y cuántas son las obligaciones del patriota? R. Tres.
P. Cuáles son? R, Saber ser cristiano, católico., apostó­


lico romano; defender su religión, patria y ley; y morir antes
que ser vencido.


P. Quién es nuestro presidente ? ~ R . El Escmo. Señor Don
José de la Riva: Agüero.


émulos, loscstrangeros, acrecía y se aumentaba­ca­
din mas y mas (1). ... i ¡ . ­ .• . . ; ¡ . . >.•.....


Era de grande importancia; para,los enemigos el
apoderarse sde dicha p l a z a y con este obgeto, f ra ­
guóse una horrible conspiración dentro de sus muros,




— 5 1 —


en la chai estaban iniciados nada menos que : cL go-
bernador Vega, él comandante ^ de la guarnición
Mendozabal, varios empleados de Hacienda, y una
gran parte del pueblo, de acuerdo todos para en^
trégar este, con sus'inmensos almacenes y pertrechos!


P. Quién es el enemigo de nuestra felicidad? R. El
español.


P. Y quién es este hombre? R . Un señor intruso,.infini-
tamente malo y codicioso, principio de todos los males J fin
de todos los bienes; es el compendio y depósito de todas las
maldades.


P. Cuántas naturalezas tiene? R. D o s : una diabólica y
otra inhumana.


P. Cuántos de estos hay? R. Uno verdadero, pero trino
en personas falsas.


P . Cuáles son? R. Fernando VII, Canterac y La Serna,
P. Es mas malo uno ú otro? R . No padre, pues todos tres


son iguales.
P. De quién procede Fernando? R . Del infierno y del


pecado.
P. Y Canterac? R. D« Fernando; '
P. Y La Serna? R. De uno y otro. '
P. Qué atributos tiene el primero? R. La soberbia, la


maldad y el despotismo.
P. Y el segundo? R. El robo, la infamia y la crueldad.
P. Y el último? R. La traición,lalascívia y la ignorancia.


CAPÍTTLO I I .


P. Y quiénes son los españoles? R. Los antiguos cristia-
nos y los hereges nuevos.


P, Quién los ha conducido á este delirio? R. La falsa f i -
losofía y la perversa costumbre.


P. Ha de tener fin algún día generación tan inicua? R. Se-
gún el sentir de los mas sabios políticos está muy próxima su
ruina. , . .


P. Volverán alguna vez acá? R. Sí padre.
P. Cuándo vendrán? R. El día del juicio.
P. A qué han de venir? R . A maldecir enteramente la


hora de haber sacrificado las inocentes vidas de los incas.




— 5 2 —
de guerra, á los insurgentes, que en número de 800,
capitaneados por Ohihch'iMa, se hallaban á 5 leguas,
'- Xas tropas del coronel Huarte, gobernador de
Potosí, habían interceptado vía de Salta, donde se
bailaba Güemes, un pliego dirigido á este caudillo


P. De quién sabes estos anuncios* B . De las disposicio-
nes de nuestra santa madre la patria.


P. Quién es la patria?" R . El conjunto ó congregación de
muchos pueblos regidos por un gobierno representativo y go-
bernados por una misma constitución.


CAPÍTULO ni-


P. Quilín es el que hace hoy de general en el egército espa-
ñol?' R. La segunda persona de la trinidad endemoniada.


P. Cuáles son sus oficios? R. Los de engañar, talar, robar,
asesina^ Y oMímir . ,


P. Que doctrina quiere ¿«señarnos? R, La de engañar,
talar, robar, asesinar y opriniir.


P. Y qué mas quiere (enseñarnos? R, La heregfa, la de-
pravación de costumbres y la irreligión,


P, Quién puede librarnos de semejante diablo? R. La
unión, la constancia y las armas.


F., Será pecado matar espafioles? R. No padre, si se les
encuentra con las armas en ia mano, robando, talando etc . , ó
en disposición de hacerlo-, los que se rindan deben admitirse y
protegerse; y losenfermos socorrerse y respetarse, pues en ello
brillará la humanidad en que nadie eseede al americano.


CAPÍTULO I V .


P. Qu¿ conducta y política debe regir á los patriotas? R. Las
máximas de Jesucristo y eí Evangelio.


P, Cüálessígue nuestro adversario? R . LasdeMaqniavelo.
P, En qué se fundan ? R. En el eg'oismo'y amor propio.
P. Y qué fines llevan? R . Él beneficio propio y el perjui-


cio del común de sus semejantes. '
P. Cómo tos siguen? R . presentándolos crímenes y deli-


tos por virtudes.




- 5 3 —


por Chinchilla, en el cualapíirecia la firma del citado
Mendozabal, y dejábase verde plano todo el pro-
vecto, puesto que los facciosos pedían alguna caba-
llería de que escaseaban, para apoyar su empresa.
Por eso cuando ESPARTERO llegó á Oruro , después


C A P Í T U L O V .


P. Qué es el v a l o r ? R . Una c o n s t a n c i a y firniezade e s -
'pír i lu quo busca con prudencia y s e r e n i d a d de á n i m o la ocasión
de la v ic tor ia .


P. Quien es Bntc la p a t r i a el m e j o r hijo de e l l a ? R . El
<¡ue se porta con m a s valor , honor y d e s i n t e r é s p r o p i o , sea el
que. fuere .


P. Quiénes son los "que sol ic i tan g r a n d e z a s , h o n o r e s y a s -
c e n s o s , a n l c s de haber e j e r c i t a d o la v i r t u d ? R . L o s obogados
y necios q u e 110 s a b e n obedecer y por lo r e g u l a r son los m a s
i n ú t i l e s .


P. Y quiénes son obligados á t o m a r las a r m a s ? R . T o d o s
en g e n e r a l , y p a r t i c u l a r m e n t e a q u e l l o s que eligiese el g o b i e r n o
por m a s a p t o s , bien dispuestos y m e n o s út i les á la p o b l a c i ó n .


P. L o s demás que obl igación t i e n e n ? R . C o n t r i b u i r con
generosidad con todos los bienes q u e han r e c i b i d o de ella m a -
nifestando su p a t r i o t i s m o .


1'. El que no tiene qué h a r á ? R . P e d i r á Dios por la f e -
licidad de las a r m a s p a t r i o t a s , y o c u p a r s e en los negocios á que
están d e s t i n a d o s , que t a m b i é n es c o n t r i b u i r á la a b u n d a n c i a
y felicidad polí t ica .


P . De quién d e b e m o s e s p e r a r e s t a s c o s a s ? R . De Dios
nuestro s r f i o r , de nues t ra j u s t i c i a , de la per ic ia y leal tad de
nuestros g e n e r a l e s y of ic ia les , y de n u e s t r o v a l o r y d o c i l i d a d .


C A P Í T U L O vr.


1\ Con qué medios han o c u p a d o n u e s t r o s p u e b l o s los t i -
r a n o s ? R . Con el e n g a i t o , la t ra ic ión , la vileza y la perfidia.


IK y estos son bastantes y sutieientos? I t . No p a d r e , a n -
tes m a s bien se han hecho indignos de n u e s t r a c o n d e s c e n d e n -
c ia ; y d e b e m o s resist ir con todas n u e s t r a s fuerzas á un s a n g u i -


TOM. i . 5




— 5 4 —
de largas y forzadas marchas , iba con conocimieuto
de causa, impuesto ya en gran parle de los planes
que se habían premeditado. La primera impresión
que en el ánimo de los conspiradores produjo el
inesperado arribo de ESPARTERO, fué de sorpresa
y sobrecogimiento: y en el sombrío aspecto que pre-
sentaban los habitantes, en lá taciturnidad y reserva
de las autoridades", y en la desconfianza y recelo que
veia pintados en los semblantes de todos, halló con-
firmados los que él abrigaba acerca de les males que
amagaban descargar sobre aquella villa.


Volvieron al ün de su primer estupor los con-
jurados , y ya entonces aprestaron de nuevo las fuer-
zas de su maquinación é intriga, llegando hasta em-
plear las armas de la seducción contra aquel bizarro
cuerpo, cuyo escelenleespíritu intentaron pervertir.
Pero cuando ellos creian que iban á dar cima á su
obra , avínoles terrible fracaso. El sargento primero
de granaderos D. N. Bustillos (ascendido después á


nario monstruo que quiere quitarnos nuestros derechos libres,
por medios tan injustos y abominables.


P . QUÉ felicidad debemos buscar? R . La que ellos no
pueden darnos.


P . V cuál es? R . La seguridad de nuestros derechos y
personas, el libre egercicio de nuestra sagrada religión y el es-
tablecimiento de un gobierno arreglado á las costumbres ae-


-tuales de la América y relaciones con las provincias aliadas.
P . ¥ quién podrá hacer esto? R . El sabio ysoberano con-


greso á quien Dios guarde con ma.yares felicidades por los s i -
glos de los siglos. Amen.




— 5 5 —


oficial , en recompensa del servicio importanle que
aquí prestó) fingió entrar en la conspiración, a c c e -
diendo a las instigaciones del infiel capitán de la quin-
ta compañía del mismo batallón del Centro, barón de
Nordenllicht, que se puso al frente de ta ti criminales
provectos. Estaban estos reducidos á que el e s p r e -
sado capitán había de dar principio á la rebelión a s e -
sinando , con sus propias manos »• á su gefe E S P A R -
T E R O ; que después tomarían las armas los seducidos
apoyados por las autoridades y secundados por el
pueblo, poniendo así la plaza en disposición de r e -
cibir, como en triunfo, á los cabecillas Lanza, Chin-
chilla, Orihuela y otros que estaban en espera de
estos sucesos, para hacer de seguida cruel matanza
en todos cuantos no quisiesen suscribir á aquella
maldad. Alma aviesa debia tener el tal barón; p o r -
que ESPARTERO (que era la víctima por 61 señalada
y escogida) le había dispensado siempre su amistad y
dislinguídole entre todos sus oficiales.


Bustillos, que, con la divisa de conspirador, a sis-
lia á todas las juntas secretas que se celebraron en
los primeros días de diciembre, reveló á su coman-
dante todo el plan y los medios de llevarle á cabo.
ESPARTERO entonces, apelando á los recursos que. la
necesidad y su astucia le sugerían en tan funesto
trance, ideó armarlos una celada , y envolver y con-
fundir y anonadar á todos los conjurados.


Para esto llamó á su casa , con disimulo, a la ma-




— 5 6 —
yor parte de sus oficiales, pretestando el pasar satis-
factoriamente algunas horas de la noche , en cele-
bración del feliz término de su penosa marcha. Tuvo
lugar la reunión sin que nadie se alarmase ni fuese
afectado dé la menor sospecha, reinando entre lodos
los convidados la mejor armonia y entregándose go-
zosos á tan, al parecer, sencillo distraimiento. Mas
llegada que fué cierta hora avanzada de la noche, en
que algunos iban ya á retirarse , ESPARTERO que lo
notó cerró al punto la puerta, y cambiando repentina-
mente el tono alegre y festivo que habia usado hasta
entonces, por el tono y el lenguage de severidad y alar-
ma que infunde un gran peligro, dejó á todos sorpren-
didos con la revelación del plan y de la inminente ca-
tástrofe. Cruzáronse las protestas que todos, aun
alguno de quien se supo luego estar iniciado en la
conjura, hicieron de mostrarse fieles á la causa es-
pañola y á su digno comandante, hasta derramar su
sangre, si era necesario , por sostener aquellos s o -
lemnes juramentos.


En esta sazón , solo se pensó ya en discutir bre-
vemente los medios de paralizar y frustrar aquel de-
signio alevoso, á fin de no dar tiempo á los conspi-
radores en que pudiesen esquivar la vigilancia de
nuestros soldados y las medidas que habian de adop-
tarse. Fueron estas poner en cobro aquella misma
noche á todos los reos principales, y hacer en ellos
inmediatamente un severo y ejemplar castigo. De




— 5 7 —
acuerdo ESPARTERO con el coronel de artillería B r a -
v o , á quien manifestó cuanto sabia, sin omitir la
circunstancia de que el gobernador, según se le ha-
bía asegurado, era parte muy integrante entre los
fautores de la conspiración , pasaron en seguida lodos
los gefes y oficiales de la reunión al cuartel, cerran-
do las puertas en silencio. Formada la tropa , de o r -
den de su comandante, la dirigió este una elocuente
arenga, con ese acento que ha sabido ¡V veces inspirar
tanto entusiasmo al soldado. Reiteraron eslos las mis-
mas protestas que los oficiales hablan hecho en casa
de su gefe , jurando todos unánimes vengar la iniqui-
dad de quc'acababan de tener conocimiento.


Grande satisfacción produjo á ESPARTERO el buen
espíritu de que veia animada á su tropa : y sin perder
momento dispuso que diferentes partidas,.mandadas
por sus oficiales, se encaminasen á verificar los arres-
tos convenidos. El y el citado coronel Bravo pasaron
á casa del gobernador, á quien dieron parte del s u -
ceso y de las pro videncias que se habían tomado , las
cuales-se llevaron á cabo con la autorización de este
gefe de la ¡daza , sin permitir empero aquellos el sepa-
rarse, de él ni un instante , mientras duraban las pri-
siones, por temor de que se trasluciesen. Vega , con
efecto, .resultó complicado en el proceso. La ins-
trucción de este fué cometida al capitán D . Manuel
Suarcz, con Orden espresa de que le substanciase
brevemente. Las prisiones se cgecularon con tal si-




— 5 8 —
gilo y prontitud, que solo tuvieron conocimiento de
este hecho, las familias en cuyas casas se verificó!
Todos los gefes principales de la conjuración, esceplo
Mendozabal rjue no se hallaba* en ci pueblo por ha-
ber salido aquella misma noche á combinar sus planes
de infidencia con los caudillos de fuera , se vieron en
pocas horas encerrados en calabozos: y cuando al
despuntar del alba el pueblo quiso tomar algún c o -
nocimiento de lo que pasaba , fué sorprendido de oir
tos tiros que contra el pecho del ya mencionado ba-
rón , el capitán D. Pedro Nordenllichl, se asestaban
por sentencia de un consejo de guerra.


Era este ordinario, ú de capitanes; y como el
barón también fuese de esta clase y ESPARTERO , que
autorizó la sentencia, un gefe subalterno, arguyen de
aquí algunos de incompetente y de contrarío á las
ordenanzas militares tal consejo y (al procedimiento.
Mas es lo cierto, que si bien fué preciso saltar por
algunas fórmulas de ordenanza, lo crítico v azaroso
de las circunstancias justifica plenamente la irregu-
laridad de tal proceder; puesto que en aquel lance y
en aquel lugar no era posible obrar de otra manera,
ya que la necesidad del escarmiento obligaba con
tanta premura. Nosotros no vacilamos en asegurar
que cualquier otro gefe militar que ESPARTERO, hu-
biera obrado del mismo modo; por mas que la pre-
ferencia que dio al castigo del barón, nos traiga in-
voluntariamente á la memoria la poca grandeza y




— 5 9 —
generosidad de alma que ha mostrado aquel, siem-
pre que de juzgar á sus enemigos personales se ha
tratado. Es verdad que cuando estos enemigos han sa-
lido del seno mismo de la amistad, via de la. ingra-
titud, parece que no dan lugar siquiera á la discul-
pa, y que son en cierta manera imperdonables.


De lodos modos la medida fué altamente salvadora
yclicaz: la conjuración fué ahogada en su misma
cuna. Convictos y confesos de su crimen todos los
demás presos, como lo fué el capitán Nordenílicht,
fueron condenados á sufrir igual pena que este; pero
habiendo llegado á Oruro un ayudante de campo del
general en gefe, D. Juan Ramirez y Orozco que se
hallaba entonces en Puno , encargado de hacer que se
suspendiese la ejecución, les fué commulada aquella
pena en la de diez años de presidio que, como es
consiguiente, no llegaron á cumplir jamas.


Invadida la costa por las columnas rebeldes que
capitaneaban el general San Martin, Lord Cochra-
ne, el mayor Soler Miller.y otros muchos caudillos
que desembarcaban diriamente, procedentes de las
tropas chilenas, dispuso el general en gefe reforzar
las guarniciones de aquellos puntos y plazas : y con
este obgeto salió ESPARTERO de Oruro, al frente de
su regimiento, en febrero de 1821 , dirigiéndose á
Arequipa, en cuyo pueblo y otros inmediatos per-
maneció durante los dos años de 21 y 2 2 , prestando
ademas del servicio de guarnición, los que eran con—




— 6 0 —
siguientes al estado de inseguridad y de continua
alarma en que aquel pais se encontraba, teniendo que
hacer frente áiasincursiones que con demasiada repe-
tición intentaban y aun ¡levaban á cabo los enemigos.




CAPITfflJfc .© V i .


Acción de Calaña y reconocimiento de Tacna:
sangrientas batallas de Torata y ñloquekua, glo-
rias adquiridas por ESPARTERO en estas memo-
rables jornadas: ocupación de Lima por nues-
tras tropas: bloqueo del castillo del Callao:
campoña del Sur.


o s a ¡ ios e r a n p a s a d o s ,


s in q u e á ESPAIITK-


RO s e a b r i e s e a p e n a s


o c a s i ó n e n q u e p o d e r


o s t e n t a r s u s b r i o s y


s u p r o v e r b i a l d e n u e -


d o . M a s a p e n a s d e s -


p u n t ó el 8 2 3 , c u a n d o


e m p r e n d i ó d e n u e v o ,


c o n s i n g u l a r b i e n a n -


danza , el c a r r i l de s u s g l o r i a s . L o s e n e m i g o s h a b í a n


g u i a d o sus o p e r a c i o n e s d e s d e A r i c a ¡sor l o s v a l l e s d e


T a c n a v Z a i n a , v en los ú l t i m o s dins de d i c i e m b r e ,




— 6 2 —


salió el regimiento del Centro, con su coronel al
frente, del pueblo de Arequipa, con dirección á di-
chos valles, y con obgelo de reunirse á las fuerzas
que estaban á las órdenes del general I ) . Gerónimo
Valdés. El rebelde Alvarado con la Legión Peruana,
el regimiento del Rio de la Plata y los granaderos á
caballo , habíanse movido desde las inmediaciones de
Arica , donde se acampaban , sobre dicho punto de
Tacna , al cual llegaron el dia 2 9 . En la tarde del 31
salió de Z a i n a Valdés con una división volante de 4 0 0
caballos, 4 0 0 de infantería montados en muías y dos
piezas de campaña, con el tin de sorprender á los in-
dependientes, situados en el referido punto. Grande
confianza llevaba el general en la pericia y valentía
de sus oficiales y soldados ; pero frustróse su bien
meditado plan, respecto del reconocimiento y sor -
presa, á poder de la suma prevención y vigilancia que
en lance tan crítico desplegaron los rebeldes. Iníro-
dújose, no obstante en el campo de estos la mas
grande confusión y alarma: y el primero de enero se
pusieron en movimiento , via de Calaña , en donde
tuvo lugar un encuentro que pudo haber sido funesto
para nuestras tropas, muy inferiores en número á las
contrarias que componían un respetable egército;
pero que, á pesar de su inmensa superioridad, compró
bien caro y á costa de su sangre , los pasos que ade-
lantó sobre los escalones formados por nuestros sol-
dados , que cu el corto número de 8 0 0 , como queda




— 6 3 — •-
dicho; pero decididos y entusiastas, contuvieron
aquellas numerosas huestes, empleando toda la tarde
en veriiiear, con el mejor éxito , la retirada do.dos
leguas que mediaban entre el lugar de la acción y el
de Pachía , en que llegaron á campar los nuestros.


En esta jornada se condujo ESPARTERO con tanto
arrojo é hidalguía militar , como lo habia de cos -
tumbre en las jornadas anteriores. Pero las mas gran-
de ventura para su espada , reservábanla los dias 19
y 21 del mismo enero. Un movimiento atrevido, ege-
cutado con maestría por el coronel Ameller, al fren-
te de tres compañías de su regimiento de Gerona y
unos 120 caballos, habia conducido á los insurgen-
tes hacia los campos de Moquchun, que era el punto
por donde debían venir las tropas que al mando del
general Canterac, habian salido de Puno forzando
sus marchas, y sin temor á las nieves que cubrían
los Andes. El dia 16 camparon los enemigos en la
Rinconada, con todas sus fuerzas que no bajaban de
5,000 hombres, y Valdés con una pequeña división,
obra de 1,600 combatientes, afianzó una estancia
al E . de Moquehua, no lejos de las posiciones de Al-
varado. Así las tropas, pasáronse tres dias en pre -
parativos y escaramuzas, y en espera los nuestros de
las fuerzas precedentes de Puno, hasta que en la
noche del 18 vióse precisado Valdés, á causa de un
movimiento general que sobre Torala habian hecho
los enemigos, á situar su infantería, en Yacaiigo, cu—




— 6 4 —
briendo de seguida el camino de Puno, con la caba-
llería y artillería que colocó entre los altos do Val-
divia y Sabaya.


El 1 9 , al quebrar del alba , rompieron los i n -
Murgentes el fuego, prevalidos de su superioridad
numérica; pero rompiéronle solo contra el batallón
del Centro que formaba la vanguardia. Presentóse
.¡:¡uí á su digno coronel brillante ocasión de lucir su
bizarría : y en verdad que no fue desperdiciada. E S -
PARTERO solo, co:¡ su regimiento, contuvo la orgu-
llosa impetuosidad de todo aquel egércilo, batién-
dose, por espacio de dos horas, sin variar d.e posición,
viéndose al cabo de aquel tiempo obligado á em-
prender su retirada con el mayor orden, disputando
á palmos el terreno , y haciendo gran destrozo en las
lilas enemigas. Andada iba una legua de esta suerte,
cuando liego la división de Valdés, quien ordenó el
ataque con toda la fuerza. Serian las diez de la maña-
na, cuando un fuego intenso y sostenido se hacia oir
de ambas partes. Desde luego quiso lijarse la victoria
á nuestro iado ; pero voces alarmantes y avisos s i -
niestros que se hicieron correr cu nuestras filas, de
que las alturas que estas tenían á retaguardia se ha-
llaban ocupadas por gente enemiga, precisaron al
general Valdés ú emprendersu replegué. Bien pron-
to se descubrió la falsedad de aquellos rumores: y
entonces nuestros soldados redoblaron su empeño y
sus esfuerzos. Mas cuando subió de punto el ardor




— 6 5 -
cntusiasta en nuestros valientes, fué á las tres de la
tarde, hora en que apareció, como por encanto-, el
general en gefe, D. José Canterac, en el campo de
batalla , sin mas acompañamiento que el de dos ayu-
dantes con los que se habia adelantado á la división
que conducia ; pero cuya presencia sola era ya una
prenda de ventura, y un seguro de la proximidad da
las fuerzas amigas.


A este tiempo se hallaban las de Valdés dispues-
tas en esta forma, el batallón del Centro ocupaba la
izquierda , al cual seguia parte del de Gerona, con
5 0 cazadores montados: en la derecha estacionaban
tres compañías del mismo Gerona : el resto de la ca-
ballería estaba á retaguardia; no siendo por demás
advertir que esta difícilmente podia operar á causa
de lo quebrado y áspero del terreno. Las fuerzas
enemigas estaban situadas de esta suerte: la Legión
Peruana formaba la derecha de su egércilo, delante
del pueblo de' Tora ta ; su centro, que ocupaba una
altura accesible de frente, pero defendida en sus
flancos por barrancos de muy difícil acceso, formá-
banle los dos batallones del Rio de la Plata: la i z -
quierda correspondía al número 4 . " sostenido por el
11 . a : á retaguardia hallábanse el 5 . " y el 8 . ° : y sobre
la derecha, en última línea, la caballería.


Después de haber hecho los contrarios un nue-
vo esfuerzo, subiendo los batallones 4.° y 11.» á
la altura de la derecha nuestra, que fué reforzada




— 6 6 —
seguidamente por las compañías de Gerona, resol-
vieron los generales Canteracy Valdés atacarlos de
frente. Los escuadrones de.caradores montados fue-
ron dirigidos contra la Legión Peruana; Vaidés, con
pa'ííti.de Gíerona, acometió con bizarría á los del
Rio úe la Plata; Ameller con los suyos fué destina-
do ¿forzar la nueva posición de los batallones de la
Guardia, en cuya arriesgada operación perdió tres
caballos; y por último, ESPARTERO con dos compa-
ñías del cuerpo de su mando , cerró bayoneta calada
y punzó toda cj ala derecha de la línea enemiga, lo-
grando, con singular bizarría, desordenarla y po-
nerla en precipitada fuga. Viéndose en tan angustio-
so conflicto un gefe de cuerpo , de la espresada L e -
gión , arrollados los suyos, fugitivos y en derrota,
por fuerzas harto inferiores-, se esforzaba á gritos
para reunirlos y hacer que volviesen cara á los del
Centro. Entonces ESPARTERO se adelantó con la ve -
locidad del rayo, y atacándole con su espadín le atra-
vesó el pecho diciendo «así se manda reunir, y vol-
ver cara.» Pocos instantes de vida contó este infeliz
coronel peruano, que batiéndose cuerpo á cuerpo
con ESPARTERO, hubo de ceder rendido, y al fin c a -
yó muerto junto al caballo dé su valeroso compe-
tidor.


Hablando de esta batalla el señor Tórrenle, dice
en su historia:


«El coronel don BALDOMERO ESPARTERO, con el




—G7—
«batallón del Centro , cargó á la bayoneta á la mis—
»ma Legion Peruana: el ataque de este digno gefe
»fuó tan decidido é impetuoso, que puso en fuga al
»referido cuerpo; y aunque brotaba copiosamente
»la sangre por dos heridas que en él habia recihJ'ío,
«continuó á la cabeza de su regimiento basta latter—
«minacion de la batalla , en cuyo feliz éxito tuvo una
«parte muy activa.»


Con efecto, esta jornada fué gloriosísima para
ESPARTERO, quien, sobre haber perdido el caballo en
la refriega , recibió, no dos , sino tres heridas de ba-
la de alguna consideración; siendo muy notable que,
á pesar de hallarse amalado con las heridas v de sor
instado por el general en gefe y el de division á tin
de que se retirase al hospital de sangre, nadie pudo
recabar de él que consintiese en-ello, ni se separase
de su cuerpo hasta entrada la noche, hora en que co-
so el combale. Justo es también tributar aquí eí ho-
menage debido al segundo gefe, que era entonces del
Centro , D. Felipe Rivcro, hoy teniente general de
los egércilos nacionales, quien se condujo con su
acostumbrada bravura en esta memorable acción, así
como en la que tuvo lugar en Moquehua dos dias
después, según iremos narrando.


Vencido y derrotado el enemigo, no obstante la
grande superioridad del número de sus fderzas, com-
parado con el de las fuerzas que los nuestros le opo-
nían , se retiró hacia dicho punto de Moquehua, de-




— 6 8 —
jando el campo sembrado de cadáveres y heridos en-
tremezclados con despojos de toda especie. Tal fué
el brillante resultado que obtuvieron en la batalla
de Toñita las tropas de Valdés, sin que hubieran
podido aun unírsele las que conducía el general en
gefe Canterac, y sin que esta circunstancia obstase á
poner á los insurgentes mas de mil plazas fuera de
combate.


Violentas marchas habian hecho adelantar á las
tropas que mandaba Canterac á plinto de" llegar á
reunirse el 20 con los vencedores de Torata. Todos
se pusieron al siguiente dia en movimiento , guiando
Valdés la vanguardia compuesta de los batallones de
Gerona y Centro y del tercer escuadrón de dragones
de La Union: el primero y tercero de granaderos de
la guardia,-con los cazadores montados y dragones
de Arequipa, iban á las órdenes del coronel Bedoya;
formando la retaguardia los batallones de Cantabria
y Burgos, regidos por el brigadier D- Juan Anto-
nio Monet.


Llegado que hubo esta imponente fuerza á un
punto distante como lengua y inedia de Moquchua,
adelantáronse los generales Canterac y Valdés , con
el intento de esplorar y reconocer las estancias del
enemigo que eran formidables. Su derecha esten-
díase en dirección de unas alturas escarpadas; cu-
bría y ocultaba su centro un profundo barranco cu-
ya anchura y bordes le hacían casi inaccesible; su




— 6 9 —
izquierda , en fin , se apoyaba en otras alturas que,
á manera de anfiteatro, cerraban el pueblo dc'MÓ—
quehua, y que ademas estaban artilladas. Posición
verdaderamente inespugnable y de temeroso aspecto,
que hubiera aterrado á otros soldados á quienes fue-
se menos familiar la victoria que á los que Canterac
mandaba. Ordenó este gefe.que Valdés, escudado
con una colina que ocultaba su movimiento , se en-
caminase hacia las alturas que cubrían la derecha
enemiga , mientras que la caballería , en dos colum-
nas paralelas y en otras dos los batallones de Can-
tabria y Burgos, se dirigián sobre su frente.


Fija solo la atención de los insurgentes en las
tropas que tenían á la vista, cruzó Valdés el barran-
co sin ser apercibido , y llegó á apoderarse de las al-
turas mencionadas, arrollando en esta operación el
regimiento del Centro, con su coronel ESPARTERO á
la cabeza (á pesar de sus heridas) á una compañía
de cazadores y un batallón que se oponia á aquel
movimiento.


Llenó justamente de admiración á todos este com-
portamiento bizarro de ESPARTERO. Mal enojado el
general en gefe Canterac , al ver la terca obstinación
con que aquel prosiguió al frente de su cuerpo,
allá en Torata, después de tener el otro, que pa-
recía deber interesarle mas, acribillado á balazos;
apesarado alprevecr que seguiria también alegérci-
to en su movimiento sobre Moquehua, h,abia1éman-


TOM. i. 6




— 7 0 -
dado espresamente, concluida que fué la acción del
1 9 , que se retírase al hospital, tratando de reco-
brar su salud y de salvar su vida. Hizo, con efecto,
ESPARTERO como que*cedia y accedia á lo que le era
prevenido por su gefe. Mas es lo cierto, que cuando
el dia 21 se dirigía su regimiento á tomar una posi-
ción comprometida, como llave que era del flanco
derecho de los contrarios, ESPARTERO apareció allí á
caballo mandando el del Centro , si bien imposibili-
tado del manejo y uso material de la espada , por lie—
yar el' brazo derecho sugeto con un pañuelo y pen-
diendo del cuello. Así y todo, ello es que picado
•en su honor y aguijado por ésa insaciable sed de glo-
ria, que, mas que ambición, ha tenido siempre E S -
PARTERO , se condujo con tanto valor y tanta hidal-
guía militar en la arriesgada operación que se le
-encomendó en estedia, que como llevamos dicho,
dejó asombrados á cuantos le rodeaban , de quienes
muchos recuerdan hoy con orgullo los laureles que
ciñeron las sienes de todos los vencedores en aque-
lla y ett la anterior batalla.


Atacada el ala derecha flel egércilo enemigo,
mandó Canterac á las compañías de cazadores de Can-
tabria y Burgos, que cruzasen en guerrillas el ya
mencionado barranco y^atacasen al enemigo por su
frente, disponiendo asimismo que el primer escua-
drón de la Guardia lo verificase por el camino real,
protegiendo á los cazadores y dirigiéndose sobre la




— 7 1 —
artillería ; que este movimiento fuera sostenido por
los dragones de La Union y por el regimiento de Can-
tabria; y que por su izquierda avanzase el de B u r -
gos, á fin de que fuese simultáneo el ataque del cen-
tro al de Valdés : el resto de la caballería seguia en
reserva detras de los citados cuerpos de Cantabria y
Burgos. . • •


Dada la señal, fué al punto acometida tolla'la lí-
nea enemiga. Cantabria descantilló y forzó el centro
en que los contrarios liabian aglomerado el grueso
de sus fuerzas: Valdés arrolló la derecha: nuestra
caballería acuchilló la infantería de los contrarios:
su artillería, que tan nutrido fuegoíiabia arrojado á
los nuestros al principio de la pelea, quedó al fin en
poder de los soldados de Canterac, que victoriosos
ya y dueños del campo que poco antes dominaban
las aguerridas huestes de Alvarado, se apoderaron
también de sus banderas, sus municiones y pertre-
chos de todas clases, mas de 3 ,000 fusiles y todo
cuanto poseía aquel numeroso ejército rebelde, com-
puesto , al decir de su gefe, de guerreros agoviadm
éonelpeso de sus laureles.


De tal suerte y en tal lugar dejó de existir el
ejército de 6,000 insurjentes que poco antes había
desembarcado en las costas de Arica , Con ánimo r e -
suelto de hacer la conquista de aquel reino. Con es-
te ejército acabó también su existencia el tan famoso
regimiento de caballería de los Andes, respetado




— 7 2 —
hasta entonces en Chile, en el Perú y en Quito por
su escelente disciplina y bien acreditado valor.


Gefes , oficiales y soldados , todos los nuestros
compitieron en decisión y en bizarría en esta jornada
memorable, ornando sus sienes con coronas de in-
marcesible gloria. Los remanentes.del egército ven-
cido procuraron buscar en la huida algún remedio á
tan t€*»ible desastre; siendo muy digno de notarse
que el bravo coronel del Centro, después de tan lar-
go y penoso lidiar, y sin miramiento á lo estrema-
mente delicado de su salud, cometió el increíble ar-
rojo de perseguir dichos restos por espacio de tres
leguas, guiand» su regimiento-que en unión con el
de Gerona y con dos escuadrones de La Union y de
la Guardia, á cuyo frente marchaba el general
Canterac, emprendieron con el mejor éxito la
persecución.


A consecuencia de estas dos bataljas, le fué con-
ferido á ESPARTERO el grado de coronel efectivo,
ornando ya entonces su pecho las condecoraciones,
siguientes: la cruz de San Hermenegildo^ idem de
San Fernando de tercera clase; la de la retirada del
egército-de Alburquerque á la Isla de León; la de
Chiclana; la-del segundo egército; y por último, las
dos concedidas por las referidas acciones de Torata
y Moquehua.


Concluidas las operaciones sobre la costa, y libre
esta y el interior del pais de enemigos, se dirigieron




— 7 3 -
las miras del virey sobre la capital, disponiendo al
efecto que una gran parte de las fuerzas que se e n -
contraban en las provincias de la Paz, Puno y A r e -
quipa, se dirigiesen á marchas forzadas al cuartel ge-
neral del egército del norte acantonado én los valles
de Jauja, Huancayoetc. siendo uno de los cuerpos
el que mandaba ESPARTERO , quién no obstante el
malestar de su salud, se puso én marcha con las'he-
ridas abiertas, en el mes de febrero, sin temor á la
estación y sin arredrarle la dilatada distancia de Mo-
quehua a Lima. Hallábase esta capital ocupada por
el gobierno y el congreso de los insurgentes, quienes-
estaban desunidos y en el mayor abatimiento, á causa
de la derrota que habiá sufrido el egército de Alya-
rado :y el 18 dé junio tremolaron ya los pendones
de Castilla en las almenas de Lima , conducidos por
los soldados victoriosos de Canterac y Valdés.


Emplearon nuestras tropas desde el 26 de junio
hasta el 16 del mes siguiente en reconocer primero
y bloquear después las imponentes fortalezas de la
plaza del Callao , punto cercano de Lima, y lugar de
refugio de los principales de la república , y yarios
miembros del congreso. Pero habiendo llegado á no-
ticia de Canterac que el presidente Riva-Agüero ha-
bía hecho zarpar del Callao una fuerte división, que
á las órdenes del general Santa-Cruz debia desem-
barcar en las costas de Arica y demás puertos inter-
medios , con objeto de molestar á las provincias in-




— 7 4 -
teriofes del Perú, aprovechando así la ocasión de
estar nuestras tropas distraídas con la ocupación de
Lima y bloqueo de dicha plaza del Callao, vióse
obligado á retirarse sobre sus antiguas posiciones, le-
vantando el bloqueo al amanecer del ya citado dia 16
de julio. En seguida ordenó que el general Valdés,
al frcnte.de tres batallones, dos escuadrones y dos
piezas de artillería, saliese sin demora , via del Sur,
en ánimo de proteger las provincias interiores y de-
mas puntos litorales, que se veian amenazados por
respetable fuerza enemiga. Uno de los cuerpos que
formaban parte de esta nueva espedicion , fué el del
Centro; y su coronel ESPARTERO, después de haber
asistido á la ocupación de Lima, y al reconocimiento
y bloqueo del Callao, emprendió esta ot,ra partida de
mas de 300 leguas, á marchas forzadas, y sin ciar
jamas en esta , como en ninguna de sus empresas.


Las tropas de Valdés llegaron por fin al Cuzco,
cu donde se hallaba el virey del Perú con algunas
mas fuerzas: y unidas todas, puesto este gefe supe-
rior al frente de ellas, porque así 1» exigía lo apu-
rado y crítico de las circunstancias, emprendieron la
marcha hacia las provincias de Puno, la Paz, C o -
chabamba y Potosí, dando principio á esta que reci-
bió el nombre de campaña del Sur, y que tan glo-
riosa fué para las armas que guiaba La Serna.


No tardó mucho el rebelde Santa-Cruz en des-
embarcar con los suyos en el puerto de Arica: y




— 7 5 —
distribuyendo las fuerzas en dos divisiones, reservóse
el mando de una , dejando la otra á cargo del general
Gamarra, y plantando los dos bandera de ventura en
aquellas costas. Hallando el pais desguarnecido é in-
defenso, á causa de no haber llegado aun á su arribo
las tropas del virey, no encontraron los espedicio-
narios insurgentes obstáculo alguno en su desembar-
que, como tampoco en la travesia.de la cordillera de
los Andes, logrando así penetrar tierra adentro en
aquel vasto continente por es pació de mas de cien le-
guas, y engrosando á la vez sus huestes con variaspar-
tidas sueltas que se les incorporaron , con las ranche-
rías de indios sublevados,,que, esparcidas por aque-
llos bosques, se les adherían al pasó, y finalmente
con el prestigio que-iban suscitando en los pueblos
que les eran adictos. Cuando las tropas de La Serna
alcanzaron á las de Sanía-Cruz en las cercanías de
Oruro, eran ya estas fuertes de 7 ,000 hombres con-
tando apenas la mitad de este número al tiempo del
desembarque.


Llegaron los de Valdés á aquel punto en el mas
brillante estado, á pesar de las fatigas consiguientes
Ü un tan prolongado y penoso viage, y de los obs-
táculos que ofrecía el terreno que media desde L i -
ma á Oruro., que tuvieron que andar por care-
cer los nuestros de buques desde 1820. Habíase
mostrado la fortuna airosa hasta entonces á los ca,nV.
dillos rebeldes; y no hubo empresa acometida




— 7 6 -
ellos, que no fuese pronta y fácilmente coronada con
feliz estrella. Así era natural que aconteciese, habi-
das en cuenta las circunstancias y causas ya enuncia-
das. Mas luego que en los campos de Oruro avista-
ron los insurgentes las banderas triunfantes que
conducían las tropas del virey, sin trabar apenas re-
friega , tornaron atrás pronunciando su rápido r e -
pliegue, sobre la costa ,• repasando la cordillera, y
sufriendo en esta retirada una viva persecución que
las dejó reducidas casi al aniquilamiento.


Solo con movimientos estratéjicos y empeños
parciales que tuvieron lugar en los meses de setiem-
bre y octubre, pusieron fin nuestras tropas a esta
importante y gloriosa campaña: y abatidos por Valdés
los enemigos en un encuentro verificado en Zcpita;
malparados en las márgenes del Desaguadero, en
donde esperimentaron rudos y acerados golpes ; así
como en Alzuri en cuyo punto les dio Olañefa una
lección terrible, fué en vano ya el desembarque
efectuado por otra nueva espedicion chilena en el
mismo puerto de Arica ; pues que á pesar de esto y
de algunas sorpresas que sufrieron los nuestros, las
victoriasya indicadas, así como otras muchas debidas
al bizarro comportamiento de los dignos gefes La
Hera, Ameller, ESPARTERO , Ferraz y otros, pusie-
ron bien pronto aquel vasto territorio bajo el do-
minio del virey.


Solo 500 hombres llegaron fugitivos y dispersos




— 7 7 —
á Moquehua, de aquel egército brillante y orgulloso
que con ánimo tan arrogante habia desembarcado eit
Arica hacia tres meses. Nuestras tropas no solo ahu-
yentaron y destruyeron á las espedicionarias de Santa
Cruz en este tiempo; sino que una división colom-
biana que de orden de Sucre desembarcó en Chala,
posesionándose de Arequipa y otros puntos inmedia-
tos , vióse también obligada á reembarcarse , men-
guada con bastantes pérdidas que la incesante perse-
cución de nuestros soldados hacía cada din en sus filas.


Pacificado el Alto Perú, y dueño La Serna de todo
aquel-vasto territorio, nombró á Valdés' (que habia
ejercido las funciones de gefe de estado, mayor en es -
ta campaña), general en gefe del egército del Sur,
retirándose él al Cuzco, con el objeto de volver á
sus antiguas tareas administrativas, que era la nece-
sidad que mas apremiaba entonces á los pueblos.


La campaña del Sur que fué de éxito tan ven-
turoso para las tropas del virey, egerció un grande
influjo político en el pais, que contaban ya por suyo
ios insurgentes. Pero una de las cosas que mas de no-
tar hay en estos hechos de armas, es que , si bien las
batallas que se empeñaron no fueron de gran monta,
según se deja ver, las marchas y contramarchas r á -
pidas que hicieron las tropas de Valdés bastan por
sí solas para escitar nuestra admiración y asombro.
Echemos una ojeada sobre la caminata que empren-
dieron dichas tropas cuando después de las batallas




- 7 8 —
de Torata y Moquehua se dirigieron hacia el norte á
amparar la capital; consideremos su vuelta al Sur
desde Lima para guerrear con los cspedicionarios de
Santa Cruz ; y por último, su retorno al Norte, ve -
rificado en este mismo año; y si tenemos en cuenta
los movimientos preparatorios y de continua perse-
cución , veremos que esceden de 1,500 leguas las
que recorrieron casi sin intermisión , en el espresa-
dey año de 18'23, aquellas valientes tropas, p»r paises
los mas sinuosos y quebrados del globo. Si á estas
circunstancias añadimos la que es peculiarísima de
ESPARTERO , á saber , el haber emprendido tan enor-
mes viajatas á principios del año en la mala disposi-
ción de "salud que es consiguiente á las tres heridas
de bala que recibió en Torata, notaremos que el
bravo coronel del Centro no fué de los que menos
laureles ciñeron en la gloriosa campaña del Sur, di-
rigida por el virey La Serna, cuya opinión quedó
así mismo desde entonces profundamente consoli-
dada.


Justo es también que consignemos al paso el j u i -
cio que , hablando de las forzadas marchas que hicie-
ron nuestros soldados desde Lima á las provincias
del Mediodía en esta ocasión, sienta^ el señor T o r -
rente acerca de uno de los. gefes mas beneméritos
del egército del Sur , hoy mariscal de campo de los
egércitos nacionales.


«Brilló sobremanera (dice el citado historiador)




— 7 9 —
«en esta rápida marcha el celo, actividad é inlefi—
agencia del teniente coronel D . Juan Tena, capitán
« de ingenieros , que tanto se habia distinguido en las


«nombre hasta la batalla de Ayacucho en la que
«desempeñó iguales funciones en la división de van-
« guardia.»




— 8 2 —
causa de Fernando absoluto , cuál mira con ojos de
benevolencia la luz de libertad que aun brillaba en
España , cuál en fin se muestra atento solo á consul-
tar sus intereses en reconcentrado egoísmo , no dejó
de contribuir en gran manera esta circunstancia á la
total pérdida de aquellos vastos dominios , anuncia-
da ya desde que el gobierno español dejó de enviar
el refuerzo que debió salir de Cádiz en 1820, y
que con tanto ahinco reclamó el virey en el siguien-
te año.


Hombres de espíritu revolvedor agitaban sin ce-
sar la intriga y la conjura en sociedades secretas: y
no faltaban almas libres y corazones esforzados , que
procurando dar un impulso y un giro mas racional y
humanitario a l a revolución americana, tratasen de
salvar los derechos de los indígenas y de conciliar sus
intereses con los de los españoles, sin menoscabo de
nuestra nacionalidad. Aspiraban estos á hermanar la
libertad que se disfrutaba en la Península, con la in-
dependencia y libertad que debiera respetarse en
nuestros hermanos del Perú; pero queriendo con-
servar ál propio tiempo la integridad de la monar-
quía , y la fraternidad que debe haber entre los que
pertenecen á una misma asociación política.


Dejábanse ver algunos destellos de esta luz y al- '
gúriaS chispas del fuego que deboraba las entrañas de
aquella sociedad desesperada y frenética, hasta en
los mismos periódicos; sirviendo estos á veces de sá-




— 8 3 -hroso apacentadero á los genios irritables y de poca espera , que no pudiendo contener el ímpetu de sus pasiones, hacían alarde de sus deseos, y no hacían escrúpulo en manifestarlos con mas ó menos a m b a -ges y disimulo. En un periódico que se publicaba en el Cuzco en 1823 se leia , en el número correspondiente al 10 de marzo , el misterioso párrafo siguiente: «Se desea con ansia la celeridad de las tfguas, y «que calmen en abril ; porque en mayo será la f é l i -«cidad del P e r ú , y en junio l a . . . (1) si no lo i m -«pideñ las semillas políticas y militares de (2) » Cual sea el sentido que deba darse á estas pala-bras y el espíritu que ellas encierran, fácil es dedu^ cirio de estas otras que estampaba el mismo diario pocos números después de publicado aquel. «Los americanos (dice) no han llegado a c o m -«prender que clase de guerra debe adoptarse en «\ «Perú. No puede haber guerra entre españoles y «americanos ; pero sí debe haberla entre españoles «contra (3) quien trata de destruir los d e -r e c h o s del ciudadano.» Vemos aquí, pues, divididos ya los españoles que
(1) Independencia. (Nota espücatoria posterior á la inser-


ción del párrafo).
( 2 ) España.-{li).
(3) Fernando. (Id).




— 8 4 —
estaban en el Perù eo los dos partidos liberal y rea-
lista, division que si bien se hallaba en la naturaleza
de las cosas, y era harto conforme á la condición hu-
mana, no por eso fué menos fatal á la causa de E s -
paña en aquellas tierras. Pero cuando llegó á ser
mas funesta , fué.á principios del año 24; luego que
se supo en aquel pais la restauración del absolutismo
en la Península que habia tenido lugar el año anterior.


El general Olañcla, fanático realista, hombre de
estraordinario valor, pero de escaso entendimiento,
y que á su modo, como soldado de arrojo y aun
como contratista proveedor, habia prestado hasta
entonces importantes servicios á la causa española,
habiendo merecido por ellos las mas honoríficas dis-
tinciones del virey Pezuela , quien le elevó en poco
tiempo de la clase de simple paisano contrabandista
á la de general de división, hallábase al frente desús
tropas en la vii la de Potosí, cuando inspirado de su
indiscreto celo por la religión (que nadie atacaba) y
pore l rey , (á quien, menos los insurgentes, todos
obedecían ) , tuvo la singular v dañina ocurrencia de
mostrar el mas insigne ejemplo de defección, sepa-
rándose de sus compañeros de armas y de glorias,
motejándolos con mil dicterios, que, mas que de un
hombre razonable y juicioso, parecian el triste pro-
ducto del frenesí ó de la embriaguez, atacando brus-
camente á las autoridades españolas, y dando margen
á la escisión mas escandalosa y terrible por medio de




— 8.1 —
la proclama imprudente que echó á volar el dia 4 de
febrero en la espresada villa.


Figuraba á la'cabeza un carro (1) tirado decua—
tro caballos, y en la cubierta de este carro se leía la
inscripción siguiente:


jVIVA RELIGIÓN !


Seguia después la proclama concebida en estos
términos:


EL 01'IPi.L MMh­


A ros


«Os hablo por primera vez y no dudo que es­
«cuchareis mi voz. No acostumbro otro lenguage
«que el de la verdad, y esta constituye mi carácter.
«Consecuente á los principios de la religión, en
«que desde mi infancia he sido educado, y fiel al.So­
«herano por inclinación y convencimiento , no me es
«ya posible disimular por mas tiempo la escandalo­
«sa corrupción en que algunos novadores querían
«sumergiros. Ellos han derramado todo el veneno de
«la falsa filosofía que abrigaban en su corazón: prc­


( 1 ) Sin duda el buen general quiso simbolizar el despotis­
mo en este carro, al cual queria amarrar generosamente á sus
carneradas y amigos.


том. i. 7




«tendian con ella persuadiros de vuestra propia felici-
«dad, cuando mas distantes estaban de procurarla.
«Vosotros habéis resistido desde luego sus asechanzas,
«mas no han faltado algunos, que renunciando suS
«primeros principios han adoptado las perniciosas
«máximas de sus impíos maestros: así han conse—
«guido triunfar de su imbecilidad, y la seducción ha
«causado estragos amargos. Vosotros sois testigos
«de ello, y lamentáis conmigo esta desgracia, sin ha-
«ber podido precaverla. La religión y el rey, obge-
«tos los mas sagrados , han sido profanados con des-
«vergüenza en concurrencias públicas , aun por las
«mas viles personas. Se ha hecho alarde de despre-
«ciarlos , y la tolerancia y disimulo de las autorida-
«des habia afianzado la iniquidad de este horrendo


i «crimen. No me detengo en acusar el vilipendio á
«que estaban condenados los templos y el saeerdo—
«cío, por no ruborizar con este recuerdo á unos
«pueblos católicos, que han sido espectadores mu—
«dos del mas sacrilego fanatismo, deduciéndose
«en conclusión-, que la impiedad, un desenfrenado
«liberlinagc , el odio al rey , la depresión , el total
«trastorno del orden y la mas torpe arbitrariedad,
«eran los caracteres de su decantado liberalismo.
«Por fortuna han desaparecido de esta villa los mas


t «decididos partidarios de este sistema destructor de
«la moral cristiana, de vuestrasantiguas costumbres
«y de la futura felicidad de los pueblos: van ear-




- S 7 —
«gados de confusión y oprobio, y sus inmundas planr
«tas no volverán á manchar este suelo.


«PERUANOS: lamino favor lo debéis á la Pro-
«videncia que siempre vela en vuestro socorro y
«quiso poneros á la sombra de la división de mi
«mando, antes que fuese disminuida y destruida por
«la facción de gefes conspirados contra su existen-
«cia.y la mia: cuales hayan sido sus aspiraciones bien
«podéis calcularlo. Mis soldados y yo trabajamos
«con heroico entusiasmo por la religión, el rey y
«por los derechos de la nación española á que tene-
smos el honor de pertenecer. Esta ha sido nuestra
«divisa y estos los únicos fines á que se dirigen mis
«conatos. Para conseguirlos con todas las ventajas
«posibles no exijo de vosotros sacrificio alguno. La
«uniformidad de vuestros sentimientos con los mios
fcson los únicos ausillos que necesito. Si me los pres-
tíais sometiendo ciega y generosamente vuestra obc-
«diencia á las legítimas autoridades, habremos triun—
«fado, seréis felices, tendré la gloria de cimentar
«la verdadera felicidad de los pueblos del Perú, y
«nos quedará la inmortal satisfacción de haber He—
«nado los deberes que nos inspiran DÉOS, el rey y
«la sociedad. — Cuartel general en ^Potosí, febre-
«ro 4 de 1824. — Pedro Antonio de Olañela.


Cuanto daño ocasionase en el pais esta conducta
estravagante y ridiculamente criminal del general




— 8 8 —


Olañeta , es naas fácil sentirlo que calcularlo. Una
cosa , sin embargo, no podemos menos de dejar aquí
consignada: qne csle hombre que tan celoso se
mostraba por los intereses de su rey y por los dere-
ehos de lunación española, á la cuál decia que tenia
el honor de pertenecer , sostuvo en este mismo año
correspondencia secreta, y en la cual mostraba su in-
fidencia y su traición , con los caudillos insurgentes
Bolívar , Sucre y Arenales; correspondencia que vio
después la luz pública en el periódico titulado El Sol
del Cuzco , y en la gaceta del gobierno insurgente del
Perú, y cuyos originales parece que están en poder
del teniente general D. José Ramón Rodil: y según
confesión que hizo el general rebelde Alvarado al
mariscal de campo D. Antonio Alvarez, á principios
del año 23 tuvo aquel una conferencia secreta con
el referido Olañeta en el puerto de Iquique, en la
cual manifestó este general sus designios de negar la
obediencia al virey , aprovechando para ello la pri-
mera coyuntura que se le presentase. Es verdad que
también es justo advertir que la causa principal de
la deslealtad de Olañeta, según todas las conjeturas,
no tanto se hallaba en él mismo, cuanto en las per-
sonas de que por desgracia suya se veía rodeado.
Fueron estas, entre otras, su sobrino y secretario
D. Casimiro Olañeta , su auditor de guerra el doc-
tor TJsin y el capellán D. N. Rodríguez, los cuales
abusaban de su sencillez y procuraban atizar en su




1


— 8 0 —
ресЪо la Наша voraz que Je abrasaba, en mortal
desesperación, desde que en 1821 fué depuesto el
viroy Pezuela y sustituido con La Serna, á quien
Olafleta profesaba un odio feroz.


Hallábase á la sazón ESPARTERO en Potosí, egcr­
ciendo el cargo de gefe de estado mayor general del
egército del Sur, á cuyo.empleo babia sido ascendi­
do en 11 de octubre del 2 3 , habiendo obtenido el
grado de brigadier el 5 del mismo. ¥ previendo los
males que eran consiguientes al paso inesperado que
acababa de dar Olañeta , creyó oportuno el levantar
altar contra altar (como suele decirse), á fin de pre­
venir y evitar las calamidades que intentaba sembrar
con su alarmante papel aquel rebelde; y decidióse á
dar al siguiente día , en que él lo hizo, la alocución
que sigue:


VIVA LA R E L I G I Ö S , E L H E Y Y LA Ш\Ж,-
«PERUANOS: El infame Olañeta,, infatuado


«con las condecoraciones que obtuvo, y á las que
«nunca pudo considerarse digno , acaba de cometer
«la traición mas horrible; él no obedece á la supre—
«ma autoridad del Perú, no pertenece ya ni quiere
«pertenecer á la heroica nación española: quiere
«unirse con los insurgentes de las provincias délBio
«de la Plata, y sumergir estos pueblos en el caos de
«males, en. que aquellos se miran. La Divina P r o ­




- 9 0 —
«videncia que visiblemente nos protege, ha permi-
«lido que por la casualidad mas rara , lleguen á no-
«licia delExcmo. Señor virey las tramas inicuas de
«este hipócrita, que para comprometeros tiene la osa-
«dia de escudarse con el nombre sacrosanto de nues-
t r a religión: él pretende haceros creer que la des-
«precian los gefes beneméritos que tantas pruebas
«os han dado de sus virtudes: los suponen enemigos
«de nuestro adorado Monarca el Sr. D. Fernando VII,
«y nadie como vosotros puede desmentir á este
«impostor inicuo: á vosotros apelan estos varones
«ilustres, que viven tranquilos, con la seguridad de
«que les haréis la justicia que tanto merecen.


«El ladrón mas descarado , el contrabandista mas
«público, el mas ratero estafador , y en fin el traj—•
«dor Olañeta desaparecerá muy en breve de entre
«vosotros, y os veréis libres de los males que pre-
«paraba. El mas virtuoso de los vireyes, el inmortal
«La Serna, marcha á la cabeza de nuestros bravos
«batallones, y estoy seguro que tan luego como se
«aviste, correrán á implorar su perdón, los que
«alucinados con las promesas del mas infame de los
«hombres, sirven hoy de instrumento á sus críme-
«nes : el traidor huirá cargado de confusión y ópro-
«lio, y sus inmundas plantas no volverán á manchar
«este suelo.


«PERUANOS: Ya restan muy pocos dias, para
«que sepáis hasta qué punto se estendian las niaqni-




— 9 1 —


«naciones de un traidor hipócrita. El Excmo. Señor
«virey os manifestará, con la franqueza y verdad
«que le son características, la trama horrenda que
«disponía-.aquel pérfido. Quien os habla, es impul-
«sado solo del amor que profesaba á los habitantes del
«Perú, y de la decisión con que ha defendido siem-
«pre los derechos de la nación española , los del rey
«y los de la religión.—Potosí 5 de febrero de
« 1 8 2 4 . — B A L D O M E R O ESPARTERO.»


Lenguaje apasionado, virulento y de mal temple,
tal vez no. el mas á propósito para conseguir el
fin que era de apetecer; pero que retrata fielmente
el estado de violenta agitación en que se hallaban los
ánimos , y la fuerte y nada grata impresión que pro-
dujo en el de ESPARTERO la cstraña cuanto criminal
conducta de Olaííeta.


En el año anterior de 1823 habia desempeñado
ESPARTERO una comisión importante de índole di -
plomática y muy espinosa , la cual conviene que ten-
gamos en cuenta en este lugar, porque ella nos
prestará abundosa luz para esciarceer el punto con-
cerniente á otro encargo honorífico que recibió en
este año, de 8 2 4 , y sobre el cual ha divagado un
tanto la opinión de las gentes de juicio ligero é in-
maduro.


Habian tratado nuestras cortes el año 22 el grave
asunto déla independencia de los nuevos estados de-




— 9 2 — . ,
América y de la necesidad que habia de entablar con •
ellos, al menos, relaciones mercantiles. Varios co-
misionados fueron nombrados al efecto, por decretos de 13 de febrero y 28 de junio de dicho aña, ios
cuales habian de entenderse con los gobiernos de
nueva España, Guatemala, Costa Firme y Buenos-
Aires; habiendo tocado á este último los señores don
Antonio Luis Pereira, magistrado de la audiencia de
Chile, y el teniente coronel D. Luis de la Robla.
Llegaron estos á aquella capital á principios del 23 ;
y entrando en habla con el gobierno de la república,
presentaron sus credenciales y dieron .principio al
ajuste de las negociaciones. El 4 de julio iban ya es-
tas en bonanza, habiéndose firmado en este dia un
convenio ú armisticio que uebi» durar afio \ me-
dio, tiempo que se consideró entonces suficiente para
que llegara á solución la gran cuestión americana,
reconociendo entretanto dichos comisionados la in-
dependencia de la república en la parle comercial,
estipulada como estaba ya por ellos una perfecta a r -
monía en las relaciones de este género, á punto de
admitirse en los puertos de España la bandera in-
surgente de aquel paisy vice-versa. Era esta solo un»
convención preliminar, fecunda en otras que debie-
ron seguirse , consumada aquella, y que hubieran,
no hay dudarlo, cimentado la paz y amistad que ya
desde entonces debió reinar entre España y aquellos
estados.




— 9 3 —
, Avenidas entres si los individíos conspicuos del


poder egecutivo de ja república argentina, y los co-
misionados del gobierno constitucional de España,
trataron al punto de elevar á conocimiento del virey
del Perú , el general La Serna, el resultado de sus
contrataciones, pidiendo su conformidad en lo con-
cerniente al vireinalo que él gobernaba.


Desconfianza mutua y temores nimios, desmaño,
irresolución, torpeza, ó lodo junto, hizo que las
parles ante dichas no se aviniesen^con la suprema
autoridad real del Perú, de quien no fué posible r e -
cabar asintiese á las propuestas que aquellos hacían.
Valiéronse los republicanos para formular y hacer
presentes al virey estas propuestas, ó proyecto de
convención , del general Las Heras, quien fué nom-
brado plenipotenciario cerca de dicho, virey. Este
por su parte, nombró á ESPARTERO, considerándole
como el mas apto para oir las proposiciones de Las
Heras, y sacar el mayor partido posible de aquella
circunstancia. El punto avanzado de la ciudad de
Salta fué el designado para la celebración de esta
conferencia. Aportaron y avistáronse los dos comi-
sionados en esta ciudad, y después de serios y aca-
lorados debates , es sensible decir que nada conclu-
yeron. Mucho pudieron influir,ya entonces en el mal
éxito las noticias que de la invasión francesa en Es -
paña debieron tenerse en América en aquella sazón;
pero es preciso conocer que ni los de Buenos-Aires




— 9 4 —
anduvieron cuerdos en no querer retirar la división
de los Andes , que habia sido enviada en ausilio de
los disidentes de aquel vireinalo, lo cual exigía La
Sarna comocondicion precisa si había de conformarse
coii la convención, ni el virey tampoco estuvo ,pru-
dente ni político en exigir de los republicanos el re-
conocimiento de la autoridad real del Perú. La
Serna sobre tcdo se mostró poco galante y nada con-
descendiente , en no acceder al empeño decidido que
hizo Las Heras (jpr presentarse á conferenciar en per-
sona con el mismo virev en la ciudad del Cuzco.
Asuntos eran estos de gran cuenta, de un interés
vital para España y para América, y en cuyo obse-
quio no debió omitirse jamas paso ni diligencia.


Todos los que militaban en nuestros egércitos del
Perú conocían la grande utilidad que reporlaria, en
aquella sazón, la celebración de un tratado de paz y
comercio con unos pueblos mercantiles y de ricas
producciones, cuales eran varios de los puntos princi-
pales de la América del Sur, pueblos á quienes ya
no podíamos domeñar por medio de las armas, como
los de Chile, Montevideo, Buenos-Aires y otros, y
que naturalmente debieran de tener por inmediatos
aliados á sus antiguos hermanos los españoles; p e -
ro que por la incuria de estos, y sobre todo , por la
torpe política de nuestros gobiernos, han unido sus
intereses mas bien con otras naciones europeas, que
supieron con artimaña aprovecharse de nuestra pu-




— 9 5 —
nible indolencia sobre obgeto tan importante, en
gravísimo' perjuicio de nuestros intereses comerciales.
¡Desgracia de nación! ¡ Tantas vias de prosperidad
como ha tenido abiertas, y condenada siempre á vi-
vir en tanta miseria y abatimiento!


En honor del comisionado elegido por La Serna
para entender eti la negociación de Salta, copiaremos
á continuación el párrafo que sobre este punto le
consagra el mencionado autor de la Historia de la
revolución •hispano—americana:


Dice así:
«El brigadier D.BALBOMERO ESPARTERO fué en-


cargado por el referido vire)' para oirías proposi-
c iones de Las Heras, con cuyo gefe tuvo sus s e -
«siones en la ciudad de Salla , sin que hubiaran p o -
«dido avenirse en sus respectivas pretensiones.
«ESPARTERO manejó su comisión con todo el pulso
«y acierto que la misma requería, y adquirió por
'do tanto nuevos grados al aprecio y consideración
«de la suprema autoridad que se la habia confiado.»


Si la gloria de ESPARTERO, en este caso, se cifra
én no haber concluido nada acerca de aquellas necias
negociaciones, inventadas por la mala fé; dirigidas
por la ceguedad de los partidos, y sancionadas por la
estúpida credulidad y torpe tompromiso, como se e s -
presa con harta impropiedad é injusticia el señor
Torrente, confesamos con sinceridad que esta sería
una gloria nada envidiable, y á la cual nosotros r e -




—96—
Ranciaríamos de muy buen grado. Pero hay datos pa-
ra creer, y eslo lo justifican los pasos que poste-
riormente se dieron por el virey, que tanto este
como ESPARTERO estaban animados de los sentimien-
tos y poseídos de la idea que hemos indicado arriba,
acerca de la grande utilidad de consolidar la paz
y entablar relaciones de comercio con aquellos e s -
tados; pero que motivos de delicadeza y el respeto
debido al gobier 119 de la Metrópoli, unido todo á la
nueva situación que acababa de crearse en España,
cortaron el hilo de aquellas contrataciones, en la
idea sin embargo de anudarle después, como se i n -
tentó el siguiente año, dirigiéndose ya el virey
para este asunto en tal época al gobierno absoluto
de Fernando , que ocupado á la sazón en eslermiuar
á los hombres libres y en cebar , con la sangre de
estos, á los esclavos, no era ciertamente entonces,
ni nunca, el mas aproposito para conceder paz, y
comercio, y felicidad á los que él llamaba sus va-
sallos. '


Desesperanzado, el general republicano, del lo -
gro de la negociación, tornó á Buenos-Aires á dar
de ello cuenta á su gobierno. ESPARTERO salió igual-
mente de Salta, á fin de avistarse con el virey y dar
también razón de su cometido á aquella suprema
autoridad.


Restaurado que fué el poder absoluto de F e r -
nando en España, era y3 preciso que el virey del Pe-




— 9 7 —
rú diese cuenta oficialmente al monarca del estado en
»juc se encontraban los dominios transatlánticos que
aquel regía. Después de la loma de la importante
plaza del Callao y de la ciudad de Lima , capital del
territorio; cuando nuestras valientes tropas, laurea-
das con las victorias que alcanzaron en tantos com-
bates , y recientemente en la venturosa campaña del
Sur, aprestaban sus fuerzas para embestir á Quito
y arrojar de tan hermosa posición á los insurgentes,
hallóse La Serna apurado con el desmembramiento
y confusión que en el egército introdujo la defección
de Olañeta. La situación del Perú entonces llegó á
ser comprometida y difícil de sostener sin que' acon-
tecimientos mas fatales aun viniesen á empeorarla,
según se vio mas adelante. Para prevenir los males
que amagaban, y que dejaban entreverse ya, al tra-
vés de oscuros celages, necesitaba el virey fuerzas
marítimas de que carecía desde el año 20, como he-
mos ya dicho: necesitaba también cuadros de oficiales
y sargentos para reparar las pérdidas que habían su-
frido nuestras tropas: necesitaba ademas una remesa
de fusiles y otros pertrechos de guerra. Quería igual-
mente aquella autoridad obtener del rey la aproba-
ción de algunas medidas que acababan de adoptarse, •
tales como la colación de varios grados y empleos
que habia creído conveniente decretar; y también
juzgó oportuno hacer ver al monarca los graves com-
promisos que rodeaban al egército en aquellas aza-




— 9 8 —
rosas circunstancias, falto como se encontraba de ta-
les auxilios, y la-3 consecuencias fatales que deberían
seguirse de sostener; con tan escasos recursos, aque-
lla guerra encarnizada y sangrienta „ que no dejaba
vislumbrar mas término que el de la dominación
española en el Perú;


La conferencia de Salta había suscitado otra idea
que era menester elevar á conocimiento del monar-
ca: y el tratado de paz y comercio, ó la convención
del armisticio etc. quu fué ventilada en dicha ciudad
por los comisionados del Perú y Buenos-Aires, tam-
bién fué sometida á la deliberación del gobierno de
Fernando.


Creyó ef virey que para pasar á España en de-
sempeño de esta importantísima comisión, ninguno
de los que á sus órdenes militaban era mas apropó-
silo que el brigadier ESPARTERO , probado ya con
ocasión de la espresada conferencia cíe Sulla. El c o -
nocimiento que habia adquirido entonces de la polí-
tica y derlas miras -que guiaban al gobierno de los
Estados^Unidos del Rio de la Plata, unido al buen
tino y acierto con que babia desempeñado otros en-
cargas que le fueron confiados en los años anterio-
res, le constituían en uu estado, preferente para ser
elegido porrLa Serna en esta ocasión, en que se tra-
taba de un asunto de carácter político. >


No que ESPARTERO viniese á España á reclamar
la aprobación de los sucesos ocurridos en 1821,




— 9 9 -
cuátidoAié depuesto ei virey Pezue/a. según algu-
nos creen , no: puesto que en el mismo año de 24 ,
y aunantes de salir aquel del Perú, llegó allá di -
cha aprobación decretada por el rey y acompañada
del nombramiento de La Serna. También habian s i -
do antes aprobados por el gobierno constitucional de
España tales sucesos, acaecidos tres años antes de
salir ESPARTERO de América, y en los cuales (sea di-
cho de paso) este no tuvo ni pudo tener parte a l -
guna directa, por hallarse á la sazón operando con
su cuerpo en el Alto Peru. El oligelo, pues, de esta
comisión de ESPARTERO queda bien determinado con
lo que hemos dicho arriba.


Embarcóse esté gefc,en el puerto de Quilca él 5
de junio de 1824 á bordo del bergantín inglés Ti-
ber, arribando á Cádiz el 28 de setiembre v á MálfPni
eIT2 de octubre del mismo año. Concluida su c o -
misión regresó á América, á principios de diciembre;
siendo de notar que el 9 de este mes, dia en que se
dio la tan famosa como infausta batalla dé Ayacucho,
en la que perdió España para siempre las inmensas
y pingües regiones de la América del Sur , fué pre-
cisamente el mismo dia en que se hizo á la vela E S -
PARTERO en el puerto de Burdeos, con dirección á
aquél pais. Véase con cuanta razón se ha hecho r e s -
ponsabléá esté general del éxito de aquella memo-
rable batalla, por personas mal informadas, de sú-
bito y liviano pensar y desazonada crítica.'




f"
— 1 0 0 —


Hasta e l i de majo del siguiente año no llegó »
locar las costas del Pacífico; habiendo esperimenta-
do en este penoso viage de cjnco meses, mil sinsa-
bores y disgustos, espuesta su embarcación repeti-
das veces á ser presa del terrible elemento que la
sostenia : que tan fuertes y horrorosas habían sido
las borrascas. No era mas benigna para 61 la que
le esperaba al saltar en tierra; pues hallándose ya
todo aquel pais en poder de los insurgentes, no bien
hubo desembarcado en Quilca , cuando fué hecho
prisionero por las autoridades de Bolivar. Tuviéronle
estas al principio por espia ; pero habiendo llegado á
entender después que venia nombrado.gefe dé estado
mavór y que era portador de una interesante corres-
pondencia oficial, d e varias gracias concedidas por
el rey á aquel egército, con mas, la aprobación de
todo lo hecho por La Serna , le trasladaron á Are-
quipa y le empozaron e n U n oscuro é inmundo cala-
bozo después de'haberle ocupado parlé de la corres-
pondencia ; pues lo mas importante y comprometido
de ella había cuidado antes ESPARTERO de botarlo al
agua. También parece (y así se dijo entonces en
Arequipa) que este solicitó acogida de un pabellón
«sstrangero, el cual le denegó su amparo.


Encerrado el brigadier español en un local no
solo oscuro sí que tambien'irfmundo, húmedo y que
le hacia recordar la morada de los criminales y de-
sertores de nuestro egército, bien pronto una r ¡ -




— 1 0 1 —
gurosa incomunicación le aisló completamente pri­
vándole del placer de ver á algunos de sus paisanos y
amigos que en los primeros dias iban á visitarle.


£ 1 6 de mayo habia sido fusilado sin causa ni
proceso el brigadier español Echavarria: y este pre­
cedente era fatal augurio para el porvenir de E S P A R ­
TERO. Enconados los ánimos y horriblemente des­
bordadas las pasiones, ¿qué esperanza de vida podia
restar á uno de los mas distinguidos soldados del
egército que espiró en Ayacucho? Ancianos, jóvenes,
niños, y lo que es mas, hasta las mugeres, respiraban
allí entonces con feroz y satánica alegría, una at ­
mósfera impregnada con sangre de las víctimas es­
pañolas! En una comunicación inserta en el periódico
intitulado La Estrella de Ayacucho, suscrita por va­
rias hienas (que no señoras) leíase precisa­
mente el mismo día en que incomunicaron á E S P A R ­
TERO , el siguiente párrafo que no podrá menos de
asombrar á nuestros lectores:


«Hemos leído varias amigas en una tertulia el
«número 7 de La Estrella de V . , y su contenido no
«nos merece el mayor concepto; por eso tienen Vds.
«razón en llamarnos tontas. En el artículo Justicia
«del brigadier Echavarria, al concluirle , largamos
«todas una carcajada, y dige yo: de los enemigos los
«menos.»


¡Y era el artículo en que La Estrella había dado
cuenta del asesinato cometido en la persona de un


том. i. 8




— 1 0 2 —
mócente cuanto ilustre brigadier español ! \ Y eran
mugeres las que tal decian! ¡ Baldón del bello sexo!
¡Sangriento borrón para la historia.. . . . . 1


. Aorála de este rasgo de bárbara inhumanidad y
de cruel frenesí, con harta razón debió temerse por
la suerte que aguardaba á ESPARTERO. Los amigos
de este que se hallaban en aquella sazón en Arequi-
pa , entre los cuales cuéntanse principalmente los
señores D. Antonio González, D. Facundo Infante y
D. Antonio Seoane, que habian tomado partido con
Bolívar, conociendo todo lo que tenia de peligrosa
la situación de aquel, y el inevitable é inminente
riesgo que corria su vida en tan críticos momentos,
dieron muchos pasos, y muy eficaces y provechosos,
para salvarle del terrible golpe que le amagaba.


Fué el primero presentar un recurso, ásu nom-
bre, como individuo del egército capitulado en Aya-
cucho , á fin de poder regresar á España, con arreglo á lo estipulado en aquella capitulación. Pero este
medio, á pesar de reiteradas instancias, fué al pronto
infructuoso. Entretanto ESPARTERO cayó enfermo,
sin duda por lo mal sano y húmedo del calabozo que
habitaba: y obtenida certificación de los facultati-
vos, pasó al hospital de San Juan de Dios , en donde
los religiosos hospitalarios, movidos de las persua-
siones y ruegos de dichos señores amigos de ESPAR-
TERO, y conmovidos del lamentable estado que habia
cabido hasta entonces al brigadier español, enfermo




— 1 0 3 —
y en una prisión inmunda, distinguiéronle, destinan-
do para aposento suyo, en vez de la enfermería, una
buena celda. Dentro de esta celda, sin embargo, t e -
nia un vigilante: y una guardia de oficial rondaba y
guarnecía sus contornos. El peligro no cesaba: todos
aguardaban de un momento á otro la orden para pa-
sarle por las armas.


Durante este tiempo, sus amigos, á vueltas de mil
pasos y humillaciones, consiguieron al fin que fuese
destinado á la isla de Capa-Chica, en clase de preso;
prefiriendo su traslación á aquella mansión horroro-
sa , á que le fusilasen, según era de esperar. Cuande
el brigadier Seoaney el teniente coronel D. Juan S e -
co Amarelo, que tanto interés tomaron en su suerte,
pasaron á S. Juan de Dios á dar cuenta de esta reso-
lución á ESPARTERO (lo cual no pudieron lograr sin
vencer antes la terca obstinación con que un oficial
negro, que mandaba la guardia, se opuso á que v i e -
sen al preso), enterado que fué este de la nueva que
traían, sus amigos, contestó furioso: «mejor quiero
«que me fusilen. ¿Qué voy á hacer en aquel des -
atierro? ¿ Qué esperanza tengo de ser cangeado,
«cuando ya acabó la guerra? No. . . Que me fusilen.
«Es preferible á aquella soledad y frigidez de tem-
«peramento.»


Es esta isla una roca descarnada y árida que sale
de en medio de una laguna, de ochenta leguas da
largo y de latitud variada , sita en la cordillera de los




— 1 0 4 —
Andes. Morada horrible, mas propia de aves erran-
tes que de criatura humana.


Trataron, no obstante, sus amigos de tranquili-
zarle, dándole, como siempre, alguna esperanza. Y
habiendo sabido que en aquella misma noche se c e -
lebraba un gran baile en obsequio de Bolívar, inten-
taron tocar con resortes de otro género el corazón
del general republicano. Pusiéronse en juego sus
afectos mas tiernos, como es frecuente y aun natu-
ral en tales casos; y á la segunda noche de baile,
halló ya el presidente del Estado una nueva solici-
tud verbal, á la cual no le fué.dado resistir ni
por un instante. Á las doce de aquella noche se r e -
cibió en San Juan de Dios una esquela firmada por
una señora , y en la cual se leía: «Mañana mismo
tendrá E. el pasaporte para Quilca, donde deberá ha-
cerse á la vela para España.» Así aconteció en efec-
to : que tan eficaces y poderosas suelen ser las reco -
mendaciones de esta clase.


Dispuso ESPARTERO inmediatamente su viage: y
para ello procuró recoger una cantidad algo conside-
rable de dinero que tenia en poder de un su amigo
comerciante; pero no solo perdió esta cantidad, sí
que también le fueron negados, por el mismo, varios
obgetos de lujo que habia llevado de España. Hizo
entonces dinero de su equipage malbaratándole, y
se puso en seguida en marcha para el indicado puer-
to de Quilca. Llegado que hubo á este punto, se pu-




— 1 0 5 —
so á jugar con un alemán , ayudante de Bolívar, que
marchaba también con licencia á su pais natal: y se-
gún hemos llegado á entender, ganó ESPARTERO á es^
te alemán mil onzas de oro.


Su suerte en el juego, como fuera de ól , ha s i -
do siempre prodigiosa; si bien sü pasión por aquel,
no tan decidida como algunos biógrafos han querido
suponer. Es cierto que cuando joven jugó bastante;
pero también lo es que en América, todos ó casi todos
los oficiales apelaban á aquel vicioso entretenimiento,
como por recurso, digámoslo así: ya que estaban en
tierras en las cuales los ocios solían ser penosos,
aisladas como se encontraban á veces nuestras tropas,
y á veces también mal consideradas por unos pueblos
que miraban en ellas á sus enemigos y opresores. E s -
ta circunstancia, unida á lo abundante que corría el
metálico, en ocasiones, entre nuestros soldados, y á
los pocos medios que allí habia de emplearle, hizo que
se generalizase el juego en los egéreitos del Perú, c o -
mo tal vez no se haya verificado en ningún otro egér-
cito del mundo. ESPARTERO logró en aquel país
ganancias considerables: y es fama que habiendo ga -
nado en una noche seis mil onzas á uno de los gefes
principales de aquel egército , como el juego de esta
enorme cantidad hubiese sido de memoria , al salir
los jugadores de la sala dijo á ESPARTERO él general
perdidoso: «Quedamos en que soy en deber á V. seis
mil onzas.» Á lo cual contestó aquel: «En la mesa,




— 1 0 6 —
es cierto, me debia V. esa cantidad: aquí, ya Hada
me debe.» Rasgos de desinterés y de generoso des-
prendimiento, como el de esta condonación, son muy
frecuentes en la vida de ESPARTERO.


El 1.° de agosto de 1825 embarcóse este en di-
cho puerto de Quilca á bordo de la fragata Telégra-
fo, del comercio francés, con dirección á Burdeos,
á cuyo punto llegó á fines de noviembre del mismo
año.


- Brillante hoja la de los servicios prestados en
América por ESPARTERO. Digno preludio, la época
que hemos recorrido, de las ínclitas hazañas que le
esperaban acá en la Península, para acabar de teger
esa hermosa corona de gloria con la cual ha ceñido
después su frente el guerrero de las mil batallas.


. A propósito hemos tratado con alguna osten-
sión este periodo, un tanto oscurecido, de la vida mi-
litar de ESPARTERO; porque él servirá para i lus-
trar en gran manera los hechos que vamo9 á narrar
seguidamente; y también conducirá á desvanecer al-
gunas dudas y equivocaciones, en las cuales se ha
incurrido por algunos biógrafos y , sobre todo, por
la prensa periódica.


Con particular designio uos hemos también dete-
nido en relatar estos últimos, sucesos, que pudieron
ser harto lamentables y funestos para ESPARTERO,
á no haberse interpuesto la mediación de sus ya men-
cionados amigos, que tan señalados servicios le pres-




— 1 0 7 —
taron, librándole del cadalso que le aguardaba, y-
aun de los grandes padecimientos que sufriera en
horrible prisión por espacio de tres meses. Tal vez
hechos posteriores, muy marcados y trascendentales
en la vida pública de este personage, tengan su cla-
ve y su esplicacion en los sucesos que acabamos de
consignar. Como la moneda del mal en el mundo es
el bien, y al contrario, tal vez males recientes ha-
yan sido el fatal precio del bien que ESPARTERO e n -
tonces alcanzara. Y si esto fuese así, ciertamente
que la gratitud del hombre que tantas veces ha sido
y es acusado de ingrato, habría sido llevada , en este
caso, mas allá de los límites que marca la pru-
dencia: mas allá también de los que señala la polí-
tica y el interés de los pueblos.


Pero cuenta que esto no pasa de Una conjetura
nuestra , á la cual nos conduce naturalmente el cote-
jo de los precedentes que dejamos sentados y de épo-
cas que distan menos de la actual que de los antedi-
chos sucesos.


En corroboración de cuanto hemos espuesto, du-
rante este periodo, insertamos á continuación un d o -
cumento que dice por sí mucho mas, en varios pun-
tos, de lo que nosotros pudiéramos decir por cuen-
ta nuestra. Es este documento una carta de E S P A R -
TERO, fecha en Logroño en 1828 , dirigida á un su
amigo y antiguo compañero de colegio y de armas,
que se hallaba entonces enla corte. Por cuanto en es-




— 1 0 8 —
ta carta comprende sucintamente el mismo E S P A R T E -
RO todos los hechos principales que encierra la épo-
ca que acabamos de recorrer, hemos juzgado con-
veniente el trasladarla á nuestras páginas, como la
recopilación mas completa que es posible dar de es-
te periodo histórico.


Dice así la carta:


^ • «LOGROÑO 5 de agosto de 1828.»


«Mi muy amado N . : Tengo á la vista tu muy apre-
ciable , fecha 19 del pasado , y por ella veo todos tus
acontecimientos desde que nos separamos el año 14.
Desearás saber el pormenor de los mios y voy á darte
de ellos una ligera idea.—Luego que el año 15 l le -
gamos á Costa-Firme, fui nombrado 2.° ayudante de
estado mayor; y después de haber hecho en aquel in-
fernal pais una guerra tan cruel y penosa como ya sa-
brás , fui destinado con mi división al egército del P e -
rú , para lo que emprendimos una marcha de mas de 1,200 leguas, y finalizada fui nombrado capitán. A
muy poco tiempo de este ascenso , tuve la suerte de
distinguirme con mi compañía en 17 acciones de
guerra consecutivas, y en premio de ellas, me die-
ron el mando de uno de los mejores batallones del
egército el dia 10 de enero de 1817. El año 20 fui
graduado de coronel por haberme distinguido con el
batallón de mi mando, y el 19 de enero de 23 fui
nombrado coronel efectivo por haber ganado la b a -




— 1 0 9 —
talla de Torata, en la que me mataron dos caballos
y yo recibí tres balazos de peligro y un bayonetazo,
en el momento mismo en que acababa de atravesar y.
dar muerte con mi espada al gefe de la columna ene-
miga, que, con la de mi mando, cargué á la bayoneta.
También se me concedió por esta acción la cruz de
tercera clase con placa de la orden de San Fernando.
E15 de octubre del mismo año , ya restablecido de mis
bebidas, asistí á la penosa y feliz campaña del Sur del
Perúj y fui ascendido á brigadier. Degé el mando de
mi regimiento, y me nombraron gefe de estado mayor
del egército. El año 24 fui comisionado para dar cuen-
ta á S. M. del estado en que se hallaban .aquellos d o -
minios. Llegué á Cádiz en octubre, y tomé la posta
para la córte¿ k


..Al mes no cumplido, r e -
gresé segunda vez al Perú en cumplimiento de la im-
portante comisión que S. M. se dignó fiar á mi cui-
dado. Esta navegación fué horrorosa, y en los cinco
meses que duró, estuvimos para ser mil veces vícti-
mas del hambre, de la sed y de la furia de los e le -
mentos , que parece se oponían á mi regreso para l i -
brarme de los tormentos que me aguardaban. En
mayo del año 25 llegué al puerto de Quilca, y en
lugar de ser recibido en los brazos de mis compañe-
ros de armas, fui hecho prisionero por Bolívar que
hacia cinco meses era dueño del territorio, de resul-
tas déla total destrucción de nuestro egército en la ba-




—no—
talla de Ayacucho, dada en el mismo dia en qué yo
me hice á la vela del puerto de Burdeos para el ya
referido de Quilca. Bolívar me trató con una inhu-
manidad de la que no hay cgemplo. Fui conducido
al mas lóbrego calabozo de la cárcel pública , y cada
dia me anunciaban la llegada de mi último fin. En este
estado sufrí, no sé como, tres meses, hasta que ha-
llándome muy enfermo y habiendo marchadoBolivar
de la ciudad de Arequipa, en la que me tenían, l o -
gré me llevasen al hospital de San Juan de Dios, y
de allí, escapar y meterme en la fragrata Telégrafo
del comercio francés, en la que'regresé á Burdeos
á fines del año 25, en donde quedé muy malo hasta
marzo de 2 6 , que fui destinado de cuartel á Pam-
plona , y en setiembre del año pasado me casé, y di


fin á mis inesplicables padecimientos
Tu affeemo. amigo»


BALDOMERO ESPARTERO.




C A P I T U L O V I I I .


Llega ESPARTERO á España: cómo es recibido ,en
la corle: cásase: toma el mando del regimiento
de Soria, con el cual pasa de guarnición á Bar-
celona y después á las islas Baleares: solicita y
obtiene del gobierno permiso para trasladarse á
las provincias Vascongadas al principiar la guer-
ra civil: sus primeros hechos de armas luego que
desembarcó en la Peninsula.


ECELOS , desconfianza y,
sin duda , también la en-
fermedad que aquejaba á
ESPARTERO al desembar-


¡I car en Burdeos, según él
nos lo ha dicho en la car-
ta que termina el capítulo
anterior, todo esto deci-


mos, obligó á aquel á permanecer en el espresado
puerto de Francia unos meses, basta que principian-




—112 -
do el marzo de 8 2 8 , púsose en camino para España
llegando á Madrid el 4 .


Cuando el año anterior habia venido á la corte, eu
desempeño de la comisión que le dio el virey del Pe-
rú , el recibimiento que le hizo el gobierno del rey
fué magnífico, habiendo sido entonces agraciado con
la cruz de S. Fernando de tercera clase; y según al-
gunos biógrafos , el Sr. Zea-Bermudez que desem-
peñaba en aquella época el ministerio de Estado, le
dispensó alta y muy distinguida protección. Mas es
lo cierto, que al volver en este año no fué ESPARTERO
escepcion de la regla , muy general, que condenaba
en el ánimo del monarca y de sus consejeros, á todos
cuantos gefes y oficiales procedían de América, quie-
nes eran considerados como partícipes délas ideas de
independencia y libertad que habian triunfado en
América , casi al tiempo mismo de sucumbir" en E s -
paña. Al dia siguiente de entrar en Madrid, recibió
la real orden para pasar de cuartel á Pamplona.
Veinte y seis meses permaneció en esta plaza en tal
estado de inacción , á que fué condenado por el g o -
bierno de Fernando; y este tiempo procuró emplear-
le ESPARTERO en reparar las pérdidas que en su sa-
lud habia esperimentado."


El dos de mayo de 1828 recibió orden de tras-
ladarse á Logroño, en donde egerció los cargos de
comandante de armas y presidente de la junta de
Agravios. Ya en setiembre del año anterior habia ve-




— 1 1 3 —
nido también á esta ciudad, á verificar su enlace con
la señorita Doña Jacinta Sicilia, hoy Duquesa de la
Victoria, hija única de un rico propietario y comer-
ciante de dicha ciudad, á quien habia tenidw ocasión
de ver en Pamplona, con motivo de un viage que
con su familia hizo aquella á esta capital. Poco des-
pués de casarse, hicieron también los consortes otro
viage á Paris, en donde estuvieron unos tres meses,
volviendo después á Logroño.


En 28 de octubre de 1 8 3 0 , es decir, cuando
ESPARTERO contaba en la Península , después de su
última vuelta de América, cerca de cinco años , pasa-
dos tan inútilmente como han podido observar nues-
tros lectores , en premio , sin duda , de haber estado
peleando diez años por conservar á la monarquia.es—
pañola un hemisferio , que si al fin se perdió, debido
fué á las causas que hemos apuntado ya en otro l u -
gar, se le confirió al cabo por aquel gobierno el
mando del regimiento de Soria , 9.° de línea , con
el cual pasó á dar la guarnición á la ciudad de B a r -
celona. Desde aquella fecha hasta el 31 de octubre de
1831 , permaneció prestando este servicio en dicha
capital y en su ciudadela.


Tanto en esta época en que estuvo ESPARTERO en
Barcelona, como en el período siguiente que le p a -
só con su regimiento en las Islas Baleares, básele
atribuido por algunos un odio encarnizado á los libe-
rales , á quienes, dicen, que perseguía de muerte;




—114—
tendiendo, por el contrario, una mano de protección
á los realistas. Nosotros, en nuestra imparcialidad
severa, hemos procurado indagar cuanto haya de
exacto en estas acriminaciones, y después de esplo-
rar los ánimos y de consultar á varias personas de
alta nombradla, grande inflencia y - conocimiento del
pais, personas que, en este como en todos los demás
casos, hemos cuidado de que sean diversas por su
opinión en política , viendo con ellas que no apare-
ce ese vestigio , ni esas ingratas reminiscencias que
deja siempre tras sí en los pueblos la conducta feroz
y despiadada, mucho mas de los gefes de tropa en
tiempos despóticos, hemos deducido, y creemos que
en justicia, que en el indieado juicio , tan ofensivo
á ESPARTERO , hay mucho mas que apasionada exa-
geración.


Cierto es, sin embargo, que hay documentos, y
alguno de ellos ha visto la luz pública ha pocos m e -
ses, que-hacen ver que ESPARTERO autorizaba, cuan-
do era necesario, los desmanes perpetrados por el
despotismo de entonces contra los liberales. Deber
fatal que le imponía el rigorismo de las ordenanzas
militares; funesta condición, ala cual estaba sometido,
sirviendo como servia, á las órdenes de un. . . . . Con-
de de España. Diráse por algunos que esta condición
y aquel deber desaparecían dejando el mando del
cuerpo ú emigrando al pais estrangero; pero s ise
tiene en cuenta que ESPARTERO no era entonces un




— 1 1 5 —


(1) La sentencia dada en la causa del teniente ilimitado don
Esteban Dolía y el paisano Juan Novell, fecha en la ciudadcla
de Barcelona á 30 de julio de 1831.


grande ni un potentado, sino un simple brigadier,
hijo del pueblo, que había ganado su posición en
largos años de continuo y penoso combate, y si á esto
se añade que él no había participado, acá en España,
de los compromisos adquiridos en la época consti-
tucional del 20 al 23 , se verá con claridad que e x i -
gir aquello, seria exigir demasiado de la virtud y del
patriotismo de los hombres. Por manera, que lo úni-
co que podría deducirse de esto, seria que E S P A R -
TERO, de quien hemos dicho en nuestras primeras
páginas no ser , en nuestro humilde entender, un
talento eminente, un genio; tampoco resultarla, con-
siderado bajo el aspecto moral, un Arístides. Esto
no es ni puede ser inculpación ; porque los Arísti-
des, por desgracia-, son harto raros en la tierra.


Pero hay mas ; las noticias particulares que han
llegado á nosotros, lejos de probar que ESPARTERO
dispensase protección á los realistas del Principado
y de las Baleares , que para nada la necesitaban en
aquella época, acreditan que el brigadier-coronel de
Soria patrocinaba siempre que se le ofrecia ocasión,
á los libres perseguidos por la implacable furia de
aquel gobierno y de aquellas autoridades. Fuera de
que el documento á que hemos aludido, que es él fa -
llo de una comisión militar ( 1 ) , hallándole firmado




— 1 1 6 —


solo por ESPARTERO , es de naturaleza difícil de de-
terminar; puesto que no sabemos la parte que es-
te tuviera en é l , si como individuo de la comisión
estampó su firma, que después ha sido sustraída y
presentada sola, eliminando las otras , ó bien si c o -
mo gefe del cuerpo dio , en la orden del dia , cuen-
ta de aquella resolución del tribunal militar á sus
soldados. Como quiera, el documento presentase de
índole ambigua, de .naturaleza anómala y desconocir-
da. No puede ni debe aducirse, cual se aduce, para
formar un juicio tan verídico como lo exige la historia.


El 1 . ° de noviembre pasó con su regimiento á las
Islas Baleares, desembarcando en Palma el dia 4 .
Una de las cosas 'que mas han distinguido enlodas
épocas y circunstancias áESPARTERO, es la de h a -
ber introducido buena ordenanza en las tropas pues-
tas bajo sus órdenes: y era tal el esmero con que
tenia su regimiento en Palma, cual aparece del s i -
guiente oficio, honrosísimo para él y dirigido á él mis-
mo por el teniente general D. Juan Antonio Monet,
capitán general que era á la sazón de aquellas islas,
con motivo de la revista de inspección celebrada á
principios del año 33 en cumplimiento de una real
orden que al efecto espidió el rey en 2 1 de enero
del misma año.


Dice así el
OFICIO dirigido al coronel del regimiento infantería


de Soria, 9 . ° de linea, por el Escelentisimo señor




— 1 1 7 —
capitán jeneral de las Islas Baleares al concluir
la revista de inspección, de que fué encargado
por S. M.


«He revistado, en detenida y escrupulosa inspec-
«cion, el regimiento de Soria del cargo de V. S. en
«cumplimiento de la real orden de 21 de enero dees-
ate año. El rey nuestro señor sabrá el estado de bri -
llantez y perfección de los batallones del cuerpo,
«el esmero , inteligencia y celo ardiente de V. S . ; la
«instrucción y espíritu de cuerpo de sus oficiales;
«la aplicación de los caballeros cadetes , y casi i n -
«creible instrucción que los adorna y decora; la
«exactitud con que la clase de sargentos^ ha contes—
«tado al riguroso y severo examen, qué yo mismo he
«hecho de ellos en público ; la precisión con que los
«cabos y soldados han satisfecho en la revista per-
«sonal, á presencia de la oficialidad del batallón de
«descanso y lodos los gefes, á los deberes de que
«han sido interrogados; el manejo de las armas, el
«completo casi lujuso del vestuario , la disposición
«interior délas compañías, almacén y talleres; el
«orden de las oficinas del cuerpo, la uniformidad
«délos libros y papeles de compañías; la instruc-
«cion de la banda en los toques de guerra, la inteli-
«gencia y legalidad en las cajas, separación de fon-
«dos, cuentas de estos y ajustes comprobados de la
«tropa , su completo desempeño y grandes alcances
«existentes en los fondos, componen un complemen-


TOM. i . 9




— 1 1 8 —
«10 de interioridad tan perfecto y uniforme, que puc-
«de decirse que jamas ha sido escedido y pocas ve-
«ces igualado ; la instrucción militar corresponde á
«las demás calidades que distinguen al regimiento:
«la precisión de las maniobras presenta el desvelo
«de V. S. en conseguir su perfección, y la de sus
«fuegos k atención á que Y . S. ha acostumbrado su
«regimiento. Yo me doy la enhorabuena de. ha-
«ber visto un cuerpo digno de su arma y digno de
«servir á su soberano, obedeciendo las órdenes que
«ha recibido Y . S. del Ministerio 6 Inspección, con
«la escrúpulos! ad que le ha conducido al grado en
«que se halla. Reciba V. S. , principal interesado , mi
«sincera complacencia y enhorabuena, y estiénda-
«la Y . S . con las debidas gracias á los señores
«gefes, oficialidad y tropa, cuyos méritos respecti-
«vos elevo á la superioridad, con la seguridad del
«digno y elevado espíritu de las clases en favor de
«los deberes sagrados de fidelidad á S. S. M. M. y
«descendencia directa , y demás sentimientos de ho-
«nor que las decoran. Dios guarde á Y. S. muchos
«años. Palma 3 1 de mayo de 1 8 3 3 . — J u a n Antonio
«Monet.—Señor brigadier don BALDOMEUO ESPAR—


«TERO , coronel del regimiento infantería de S o -
«ria 9 . ° de línea.»


Allí en Palma tuvo también efecto un duelo, del
cual se ha ocupado ya la prensa en diferentes ocasio-
nes , entre ESPARTERO y el teniente coronel de su




— 1 1 9 — regimiento. Sensible es decir que los dos contendo-res hanse tratado desde entonces con tal desvio y animosidad, que desdice de los sentimientos genero-sos y elevados que deben decorar un alma de caba-llero. Encendida la guerra civil en las provincias v a s -cas , que pedian con las armas en la mano la conser-vación de sus fueros , uniendo esta idea de libertad con la de sucesión en la corona á favor de D . Carlos y con el entronizamiento del despotismo , que los vas-co-navarros apetecían para el resto de las provin-cias españolas, solicitó E S P A R T E R O de S . M . p e r -miso para pasar con su regimiento á aquel pais , en ánimo de coadyuvar á la persecución y esterminio de las facciones que ya en aquella sazón le infestaban, Fuéle concedido inmediatamente aquel permiso, p r e -viniéndole S . M . por real orden de 24 de noviem-bre , que con solo su primer batallón pasase al c o n -tinente, lo que verificó desembarcando en el Grao de Valencia el 20 de diciembre Habíase ya enton-ces levantado en las inmediaciones de S . Felipe de Játiva y Onteniente una facción de 400 hombres, mandados por el cabecilla Magraner; y recibiendo orden del capitán general de la provincia, se dirigió
ESPARTERO , al dia siguiente de saltar en tierra, á dicha villa de S . Fel ipe , á cuyo panto llegó el 22.
Desde este dia emprendió una constante y activa per-secución de la citada gavilla , siendo tal el acierto do




— 1 2 0 —
sus disposiciones y la eficacia de sus medidas, que
en tres dias logró la completa desaparición de aque-
llos bandidos, viéndose reducido Magraner á escon-
derse solo en su casa de S. Felipe en la noche del
2 4 , con tan mala estrella para é l , que habiéndole
visto y conocido D. Vicente S. Félix de Aparici, ve-
cino del pueblo, le aprendió después de dispararle
un tiro, porque opuso resistencia, y conduciéndole
ante el brigadier-coronel de Soria, ordenó este
que fuese pasado por las armas, lo cual tuvo lugar
á las siete de la mañana del 25.


De tal manera inauguró ESPARTERO esa guerra
desvastadora y cruel, que por espacio de siete años
ha colorado tantas veces la tierra con la sangre de
nuestros hermanos, consumido ademas tantas r ique-
zas y ocasionado tan terribles desgacias. Así Ja no-
che de Navidad, esa noche misteriosa y sagrada
que los católicos llamamos Buena, lo ha sido tanto
para ESPARTERO , que no parece sino que desde 1833
designó ya con placentero augurio la estrella que ha-
bía de guiarle en lo sucesivo , hasta que tres años des-
pués marcase su apogeo en la eterna noche de L u -
chana.




CAPITULO I X .


ESPARTERO es nombrado comandante general de
la provincia de Vizcaya: encuentro de Barambio:
acciones de Guernica y Oñate : sorpresa de Cia-
nuri: socorro de Portugalete : aprensión déla
junta de Castilla: acción dada en el Puerto de
Arlaza, con otros hechos de armas que tuvieron
lugar durante el año 1 8 3 4 .


^ A C I F I C A D O tan de


repente el reino de
Valencia, se dirigió
ESPARTERO ála cor-
te; y el l . °de enero
de 34 fué nombra-
do por S. M. la


reina Gobernadora comandante general de la p r o -
vincia de Vizcaya, para la cual salió inmediatamente
llegando á Vitoria el 9. Desde este punto púsose




— 1 2 2 —
en marcha al dia siguiente, guiando una peque-
ña columna, con dirección á la villa de Bilbao, gano-
so de tomar parte en una guerra que tantas esperan-
zas encerraba para él allá en su oscuro porvenir. El
hado entonces correspondió dignamente á su anhelo;
pues habiendo tenido conocimiento de su tránsito
por aquel parage y de la comisión que ESPARTERO
llevaba , el cabecilla Luqui, que capitaneaba una
gran partida de facciosos, le salió al encuentro desde
Arrigorriaga donde le esperaba, y en las inmediacio-
nes de Barambio trabaron refriega, durando el tiro-
teo por espacio de tres horas. Al cabo de este tiem-
po, abrióse ESPARTERO paso con la mitad de su fuer-
za y se encaminó á Bilbao, dejando la otra mitad en-
cerrada en la casa de un cura de dicho pueblo de
Arrigorriaga, hasta que á la media noche llegó de
Bilbao el refuerzo para rescatarla, lo cual logró ahu-
yentando á los de Luqui, que en actitud amenazadora
aguardaban en el campo inmediato.


A pesar de haber intentado oponerse á ello fuer-
za enemiga , entró ESPARTERO en la capital de Vizca-
ya , según hemos apuntado arriba , el dia 11 de ene-
ro ; encargándose al otro dia del mando de la provin-
cia y de las tropas que en ella operaban.


Dadas las disposiciones convenientes para asegu-
rar la tranquilidad pública , dejar espedito el buen
curso de los negocios, y continuar las obras de for-
tificación tan necesarias en aquella plaza , la mas i m -




. — 1 2 3 —


portante de cuantas figuraban en el teatro de la guer-
ra , cuya circunstancia daba un carácter de suma
gravedad al cargo que tan acertadamente se había
conferido á ESPARTERO , salió este de dicha villa el
14 de enero en persecución de los rebeldes, con
quienes tuvo diferentes encuentros y tiroteos en
Miraballes, Ceberio, Orozco , Ibarra, Saloa y D i -
ma, en los dias que mediaron del 14 citado al 18
del mismo mes. El 19 llegó á Durango, punto el mas
estratégico de la provincia, el cual avitualló y fortifi-
có: y dejando en él establecida una guarnición r e s -
petable , salió de allí el 22 con el resto de sus fuer-
zas v al hilo de la persecución de los partidarios r e -
beldes que balian sin cesar los caminos, invadiendo
á veces los pueblos y ocasionando no menor daño á
sus habitadores que á los viageros. También en esta
espedicion tuvo varios encuentros y tiroteos en el ya
citado punto de Miraballes, en Santa Cruz de Viz -
carquiz , Mendata, Rigoitia, Arrieta , Larrabezua,
Arechabalogana y Munguía , desde el 22 hasta el 26
del mes en que vamos.


Sabedor de que la guarnición, escasa que tenía-
mos en Guernica se hallaba atacada por superior
fuerza enemiga , marchó precipitadamente el 27 la
vuelta de aquel pueblo, bastando solo su presencia,
anunciada con algunos fuegos , para que los faccio-
sos se pusieran en precipitada fuga en todas direc-
ciones. Avituallado también Guernica , y hechos los




—124 -


reparos que exigía el mal estado de sus fortificacio-
nes, solícito siempre ESPARTERO por rastrear la hue-
lla de los rebeldes, continuó el 29 su persecución
dándoles alcance en las inmediaciones de Bermeo,
entre cuyo punto y el de Munguía tuvo con ellos di -
ferentes choques, si bien no de consideración.


El 30 regresó á Bilbao , se ocupó desde luego de
las obras de fortificación, pidió á S. Sebastian y á
Santoñalas municiones necesarias de quecarecia, hi-
zo montar algunas piezas de artillería de las tomadas
al enemigo, fortificó á Portugalete y Olabeaga, orga-
nizó el cuerpo franco de cazadores vizcainos de Isa-
bel I I , que tan importantes servicios ha prestado en
aquella campaña, todo esto sin dejar de operar por
los pueblos inmediatos á dicha capital de Bilbao hasta
mediados del siguiente febrero. Durante el tiempo
que va corrido logró ESPARTERO aventar del valle de
Arratia á las facciones acaudilladas por Latorre, Lu-
qui y otros cabecillas, á quienes apresó algunas a r -
mas , municiones y víveres. Gran parte de la facción
vizcaína con la junta , y Lardizabal con el batallón que
entonces mandaba, perseguidos y acosados por las
fuerzas combinadas de los brigadieres Jáuregui y
ESPARTERO, fueron á acogerse á la fragosidad del P i -
rineo , en donde acabaron por sufrir también nueva
y sangrienta persecución de parle del general L o -
renzo.


Habiendo llegado á noticia de ESPARTERO que las




— 1 2 5 —
facciones reunidas de Vizcaya , Guipúzcoa y parte de
las de Álava, en número de 6 , 0 0 0 hombres, estaban
atacando á la corta guarnición de Guernica, que ape-
nas contaría unos. 150, próximos ya á sucumbir victi-
mas de la diferencia del número, á pesar de no contar
aquel mas de 1,300 combatientes, se decidió el 17 á
marchar con ellos en socorro de dicho pueblo de
Guernica, adonde llegó en la tarde del mismo dia.
Fiados los enemigos en la superioridad de su fuerza
numérica , hicieron firme rostro á los de ESPARTERO,
rompiéndose de una y otra parte el fuego en los a r -
rabales del pueblo y en las alturas contiguas, resul-
tando de este reñido encuentro, habido entre fuerzas
tan dispares, el verse precisados los facciosos á r e -
plegarse á las ocho de la noche á los pueblos circun-
vecinos.


Repuestos del susto y conocedores de la fuerza
que se les oponia, intentaron y aun llevaron á cabo
¡os rebeldes al dia siguiente una nueva embestida. Vio
se, pues, ESPARTERO vigorosamente atacado por tan
considerable número en el espresado punto de Guer-
nica , y conociendo la crítica posición en que se ha-
llaba, falto de víveres y sin mas municiones que las de
las cartucheras, con tan escasa fuerza para contra-
restar las inmensas huestes enemigas, dirigió repetidos
avisos al general en gefe á fin de que le reforzase en
lance tan apurado y comprometido. En esta terrible
situación permaneció hasta el dia 23 , y en todos los




— 1 2 6 —
que mediaron desde el 18, esperimenló rudos y mul-
tiplicados ataques que rechazó siempre con valor, sin
que fuese dado á los facciosos conseguir la menor
ventaja. En el precitado dia 23 viéndose sin espe-
ranza próxima de socorro ni género alguno de vitua-
lla, y con solo veinte cartuchos por plaza, resolvió
levantar la guarnición y romper á toda costa por en-
tre los enemigos. Operación harto difícil y arriesgada
como se deja ver, egecutada sin embargo á las doce
de la noche por el camino real de Bermeo, en don-
de fué esquivada la vigilancia de los rebeldes y cor-
tadas sus filas por nuestros valientes soldados, que á
pesar de lo azaroso de este atrevido movimiento, lle-
varon consigo aquella noche, y pusieron á salvo to-
dos los heridos y enfermos que allí teníamos , y aun
los enseres de la fortificación.


Llegado que hubo á las inmediaciones de Munda-
ca, distante una legua de Guernica, ESPARTERO solo,
con un piquete de 2 0 caballos , destacado de su pe-
queña columna , arrolló una fuerte partida enemiga,
dispersándola y ocasionándola varios muertos. Suer-
te igual, si no mas desastrosa , cupo á otra partida
que encontró al cuarto de legua junto á Pedernales.
A las.dos de la noche llegó al referido puerto de
Mundaca, embarcó para Bilbao los enfermos y cuan-
to le embarazaba, continuando á las tres con direc-
ción á Bermeo , media legua distante de aquel puer-
to. En esta sazón, hallábase Bermeo ocupado por




— 1 2 7 —
un batallón enemigo, si bien escaso de fuerzas. A
las tres y media llegó al pueblo , y arrolló á la bayo-
neta las avanzadas facciosas., haciendo en ellas gran
destrozo y apoderándose de algunos prisioneros , y
rodeando la población con las compañias de cazado-
res , internóse en las calles, obligó á que cesase el
vivo fuego que á nuestros soldados se hacia desde
las ventanas de las casas, llegando á infundir tal ter-
ror , que casi en su totalidad quedó en poder suyo
el mencionado batallón faccioso, contándose entre
los prisioneros al titulado coronel Barrutia , y sien-
do considerable el número de los muertos.


Antes de amanecer continuó su marcha, y esqui-
vando la vigilancia del grueso de las facciones- que
le circuía y le persegnia de cerca , en ánimo de a r -
rollarle, entró en Bilbao á las nueve de la noche del
2 4 , en cuya villa permaneció unos tres dias que in-
virtió en las obras de fortificación y en dar modo
de abastarle víveres. Reforzado el 26 con 2 ,000
hombres que le envió el. general .en gefe, salió de
nuevo al dia siguiente , adelante en su idea de cons-
tante y activa persecución, logrando alcanzar otra vez
en Mundaca el 28 á las facciones que se dirigieron
fugitivas hacia Cenarruza.


Las fuerzas que contaban entonces los facciosos
en Vizcaya ascendían , según hemos ya indicado , á
unos 6,000 hombres , los cuales se hallaban situados
en las inmediaciones de Guernica.




— 1 2 8 —


Los gefcs que guiaban estas fuerzas eran Arana,
Masarrazo, Simón de la Torre , Luqui, Aguirre,
Verciolo, Ventades, Larruscain , el cura de Tremis
y otros cabecillas. Al reunir ESPARTERO el total de
las suyas en Bilbao, habia dispuesto se dividiesen en
tres columnas; la de la izquierda, que puso á las ó r -
denes del brigadier-coronel del cuarto regimiento de
la Guardia Real de infantería, barón de Meer ; la del
centro que gobernaba el brigadier barón del Solar
de Espinosa; y la de la derecha , á cargo del briga-
dier l ) . Manuel Benedicto. Con esta marchó E S P A R -
TERO, combinando los movimientos de las otras , y en
la mira de dar un golpe decisivo á las facciones. Con
este fin ocupó en primer lugar los pueblos de Mun-
guía , Larravezua y Zornozua , continuando al ama-
necer del 28 su movimiento , y cayendo simultánea-
mente las tres columnas sobre Guernica. Sabedores
los enemigos de la llegada de nuestras tropas, con
abguna anticipación, concentraron todas sus fuerzas
en las alturas de Mendala. Habiendo llegado á noticia
de ESPARTERO aquel movimiento de los rebeldes, re -
volvió con sus tropas sobre dicho pueblo , siendo con
efecto su columna la primera que logró avistarlos, si
bien aparecieron al mismo tiempo por la izquierda, á
distancia de hora y media , las que mandaban los ba-
rones de Meer y Solar de Espinosa.


Sin temor á la superioridad numérica , ni á las
ventajosas estancias que ocupaban los enemigos, r e -




— 1 2 9 —
solvió ESPARTERO atacarlos, siu titubear ni perder
momento; pero-la facción no tuvo por conveniente
el defenderse, emprendiendo, al aproximarse los
nuestros, su retirada, con el mayor oraren , hacia el
pueblo de Munitivar. Con grande ahinco prosiguió
entonces ESPARTERO picando la retaguardia á los con-
trarios, llegando, como hemos antesindicado, áCenar-
ruza muy entrada la noche, y obligando á aquellos á
activar su fuga via de Marquina, de donde también
salieron sin tardanza á los ocho y media de la mis-
ma noche, dirigiéndose por Erma y Aramañona áElor.
rio. Pero acosados y perseguidos con incansable afán
por los tercios de ESPARTERO, que no les permitían
descanso , ni aun para racionarse, determinaron al
fin los facciosos dividirse en dos grandes trozos, uno
de los cuales, obra de 2,000 hombres, al mando de
Simón Torre y Luqui, se encaminó hacia el valle de
Arralia ; y otro , bajo de los demás cabecillas, mar-
chó la vuelta de Oñate.


En tal estado, dispuso ESPARTERO que la columna
del barón del Solar pasase á situarse sobre Manaría
y en el alto de Urquiola , en observación de los p r i -
meros, enderezándose é l , con las otras dos, al a l -
cance del grueso principal de la facción, lo cual l o -
gró se verificase en dicho pueblo de Oñate, á las
tres de la tarde del dia 2, después de una larga y pe-
nosa jornada.


Hállase Oñate situado en medio de dos cadenas




— 1 3 0 —
de escarpadas montañas imposibles de ganar ó r o -
dear, sino á grandes distancias: y en vista de esto,
determinó aquel gefe que el primer batallón, á las
órdenes del barón de Meer, y cuatro compañías del
segundo de África con su comandante D. Lorenzo
Barberan, tomasen la derecha del pueblo hacia el
camino de Aranzazu; que las otras cuatro compañías
del mismo cuerpo y el segundo batallón del citado
regimiento de la guardia , al mando del primer c o -
mandante D. Bruno Alaix, se dirigieran sobre la iz-
quierda del mismo ; que doce cazadores, á caballo,
de la Guardia, guiados por el marques de Casasola,
alférez de dicho real cuerpo, marchasen á vanguar-
dia , y arrollando la avanzada que los enemigos t e -
nían en el camino real, atravesasen rápidamente el
pueblo, apoyados por la columna del brigadier B e -
nedicto , que, á paso de carga, debía situarse al otro
lado de este.


Todos estos movimientos fueron egecutados con
gran tino y maestría, brillando en ellos no menos que
la energía y el entusiasmo , la pericia y la hidalguía
militar: dignas prendas de las libres y bizarras tropas
que regía ESPARTERO. Al acercarse este con los suyos
á la población, los enemigos rompieron un vivo fue-
go: y dejando dentro alguna fuerza, salieron desor-
denadamente en varias direcciones, con obgeto de
apoderarse de las alturas adyacentes á Oñate , y ha-
cerse fuertes en ellas. Mas á pesar del cansancio de




—131 —
nuestras tropas, atacaron con vigor á las contrarias,
sin que las ventajosas posiciones, de que iban apode-
rándose estas, sirviesen de obstáculo para que fue-
sen , como fueron al punto , desalojadas y dispersas,
fugándose y guareciéndose de la escabrosidad del
terreno que hacia difícil su alcance.


Resultó, de esta brillante jornada considerable
pérdida para las tropas carlistas que, si bien no tu-
vieron muchos muertos, dejaron en poder de los de
ESPARTERO algunos prisioneros de guerra, mas de 200
fusiles, caballos , cananas, cajas y otros muchos efec-
tos, que abandonaban en la huida. A las cuatro de la
tarde de dicho dia 2 de marzo, mas dé 3,000 faccio-
sos desalojaban la provincia de Guipúzcoa retirán-
dose á Vizcaya y llevando consigo el terror que les
inspiraba el solo nombre de ESPARTERO. Al amanecer
del 3 se dirigió este sobre Eibar, á donde se habían
encaminado muchos de los rebeldes dispersos; y ha-
biendo alcanzado en el camino dos gruesas partidas,
las hizo cargar, sobre la marcha, por un piquete de
caballería , causándolas varios muertos y heridos, y
tomándolas algunos prisioneros con muchos trofeos
de guerra y todas las raciones que habian estraido en
su tránsito.


Divididas y subdi.vididas desde entonces de o r -
den de ESPARTERO las tropas que operaban á su car-
go en varias columnas, facilitando así el perseguir
á los grupos rebeldes en su dispersión , pasaron al—




— 1 3 2 —
gunos días sin que se verificase alguna reunión nota-
ble i pero incesante aquel gefe en la persecución,
logró batir en Lcmona, e-1 dia 8 del mes en que va-
mos , á unos 400 facciosos capitaneados por los ca-
becillas Lángaro y Lalorre, poniéndolos también en
fuga, matándoles un oficial y cogiéndoles varias a r -
mas, municiones-etc. Fruto de estos movimientos y
de los que practicaba contra la facción alavesa el c o -
ronel Tolrá, fué que algunos cabecillas, como S o -
pelana, D. Basilio y otros, hubieron de repasar el
Ebro, dirigiéndose el segundo hacia la Bioja, en don-
de tampoco se vio libre de la ruda y constante per-
secución de los nuestros.


Por este tiempo las atenciones del egército obli-
garon al general en gefe, que se hallaba á la sazón en
Navarra, á reunir todas las fuerzas posibles sobre
dicho reino; y llamando á las tropas de la provincia
de Vizcaya, volvió á quedar esta con solos 1,800
hombres disponibles para las infinitas operaciones que
allí ocurrían de continuo; dando esto margen á que
los enemigos lograsen rehacerse, aumentando mas
y mas la insurrección en dicha provincia.


El otro grupo de facciosos, que hemos dicho
constaba come dé 2,000 hombres , acaudillados por
Luqui y Latorre, que habia podido hasta ahora elu-
dir los esfuerzos de nuestras valientes tropas, tam-
bién fué sorprendido por la columna de ESPARTERO,
compuesta en esta sazón del 3.° ligero de infantería,




— 1 3 3 —
cinco compañías del 18.° de línea, 30 cazadores de
Isabel и y doce caballos de la Guardia Real , en el
pueblo de Ceanuri, á las cinco de la tarde del 15 de
dicho mes, después y á consecuencia de haber hecho
los de ESPARTERO una marcha forzada por caminos
tortuosos, indirectos y casi impracticables, que los
condugeron al anhelado punto de la sorpresa. Atacado
este con prontitud y con bizarría por las tropas lea­
les , viósc en pocos instantes deshecha aquella nume­
rosa gavilla enemiga , única que se habia mantenido
reunida en la provincia, por haberse seccionado del
grueso principal de la facción, antes de la derrota
que este sufrió en Oñate. Muchos muertos y prisio­
neros, gran cantidad de*fusiles, cajas de guerra, m u ­
niciones, equipages, raciones y otros efectos apren­
didos, fué el resultado de aquel brillante ataque, que
acabó por desconcertar é inutilizar este otro núcleo
de la facción vizcaina, que constando, hacia poco,
de la imponente fuerza de 6 ,000 hombres, que os­
tentaban sus brios y su pujanza.en aquellas breñas,
hallábase á mediados de marzo, disuelta y dispersa,
menguada ademas con bastantes pérdidas, sin que
fuese la incansable actividad de sus gefes bastante á
librarla del continuo acosamiento y de la triste rola
que diariamente hacía en ella el denuedo dé nuestros
esforzados campeones. También el 18 sorprendió en
Marqüina al batallón de Larruscain, ocasionándole
algunos muertos y tomándole prisioneros/


том. i. 10




— 1 3 4 —


Informado por estos de que los enemigos habían
pasado á ocultaren las espesuras del monte Acherri
4 0 prisioneros nuestros que tenían en su poder, d i -
rigióse el 1 9 ESPARTERO rápidamente con los suyos
¿dicho monte, con la mira do rescatarlos, como lo
verificó, á las siete de la noche del mismo día , cau-
sando á los rebeldes varios.muertos, entre ellos el
capitán que mandaba la escolta de los rescatados.


Hallábase el 2 2 con su columna en Durango,
cuando tuvo noticia de que la corta guarnición de
Portugalele estaba vigorosamente atacada por 1 , 0 0 0
facciosos guiados por su cabecilla Castor: y sin per-
der momento, se puso en marcha con el fin de s o -
correrla. Llegó á Bilbao á las dos de la tarde, y ad-
vertido por el gobernador de esta plaza de la grande
premura que exigian las circunstancias,; según los
avisos recibidos del punto atacado, á pesar de que
traia ya cinco leguas de marcha , sin detenerse mas
que el tiempo preciso para hacer la entrega de los
prisioneros y prescntacion.de los rescatados, prosi-
guió el camino de Portugaleté, dirigiéndose por el
preciso paso del puente colgante de Burceña. Al
acercarse ESPARTERO á dicho puente, hallóle ocu-
pado por las enunciadas fuerzas de Castor que habían
cuidado de cerrar sus puertas, resueltos á hacer allí
firme resistencia. Pero todo fué inútil, sirviendo
solo esta para hacer resaltar-mas y mas el valor de
los nuestros, que despreciando el obstáculo que se les




—135—
' oponía, con el brigadier ESPARTERO á la cabeza , que


los reanimó dirigiéndoles con energía la palabra, for-
zaron bien pronto dicho paso á la bayoneta, destru-
yendo las puertas con los útiles que al efecto lleva-
ban, y cargando en seguida á los enemigos con cuatro
compañías de preferencia y un piquete de caballería,
sembraron en sus filas tal destrozo, que les causaron
nada menos que 80 muertos, y varios prisioneros,
tomándoles ademas porción de armamento, caballos
y equipage. Once heridos hubo también de los nues-
tros , entre les cuales se cuenta al mismo ESPARTERO
que recibió un balazo, si bien no le interesó grave-
mente. Llegada la noche , puso fin al combate, que
de otro modo hubiera sido mas costoso y funesto ir
los dos campos. Seguidamente entró ESPARTERO con
los suyos en la espresada villa de Portugalete, que
de tal suerte se vio libre del terrible asedio que por
espacio de algunos dias habia esperimentado.. El 2 8
del mismo mes volvió á ser batido por las tropas de
ESPARTERO el mismo cabecilla Castor, que con 600
hombres se hallaba en Sodupe, en donde dejó varios
muertos, armamento y bagajes, con mas 6 prisione-
ros nuestros de rescate. Acosados los restos de este
cabecilla por las incansables tropas de ESPARTERO,
dirigíanse al dia siguiente hacia Gordejuela, por Gel-
dames sufriendo aquí también cruda persecución de
parte de la columna que mandaba el brigadier Iriarte.


Reunidas nuevamente las facciones de Vizcaya




— 1 3 6 —
en Auleslia, en número de 3 , 0 0 0 hombres, capita-
neados por Zabala, Yaldcspina y otros caudillos, h i -
zo movimiento ESPARTERO el 6 de abril desde Du-
rango al frente de 2 ,000 combatientes, cuya fuerza
se componia del regimiento del Príncipe, 3;° de l í -
nea; 500 hombres del de Almansa; el 2.° batallón
de Gerona, 30 cazadores de Isabel n; 18 ídem á ca-
ballo de la Guardia, y 15 de la misma arma del 3.° de
linea. A las dos de la tarde del espresado dia dieron
vista los nuestros á los enemigos, que apercibidos se
retiraron á las alturas inmediatas á dicho pueblo de
Aulestia, de cuyas estancias, después de un corto t i -
roteo , fueron desalojados y perseguidos hasta l l e -
gada la noche. Al dia siguiente, teniendo aquel gefe
noticia de que la misma facción mafchaba hacia R i -
goitia, emprendió su movimiento , vía de este punto,
del cual estaban ya, al llegar los de ESPARTERO , p o -
sesionados los rebeldes, viéndose á poco precisados
á desalojarle, no sin sufrir considerable pérdida en-
tre muertos y heridos, teniendo también cuatro de
estos últimos los nuestros, entre ellos el primer c o -
mandante del regimiento de Almansa D. Pedro Arias.


Seguidamente retiráronse los enemigos á Morga,
dejando en poder de sus contrarios 2 , 0 0 0 raciones,
con varias armas y otros efectos. A pesar de que la
noche estaba ya cercana, era el intento de E S P A R T E -
RO continuar la persecución; pero sabiendo á este
tiempo que á dicho pueblo de Morga acababan de




— 1 3 7 —
llegar Tos cabecillas Luqui y Latorrc, procedentes
del valle de Arratia , conduciendo algunos guipuz-
coanos y alaveses, cuya fuerza con la de los vizcaí-
nos que también llevaban, componía un total de
3,000 hombres, que unidos ya á los otros 3,000 que
regia Zabala , según hemos apuntado arriba , presen-
taban una masa enemiga respetable (que tan prodi-
giosamente crecían y pululaban entonces las faccio-
nes) , suspendió su movimiento hasta el siguiente
dia 9 en que lo egecutó, á la seis de la mañana, di -
rigiéndose por el camino de Arriela en cuyo desfila-
dero le aguardaban. Las posiciones que ocupaban los
rebeldes, y que, con su inmensa superioridad c u -
brían enteramente, eran muy respetables, como es-
cogidas de antemano; mas sin arredrarle tal ventaja
en las estancias, como tampoco la grande disparidad
de las fuerzas, formó ESPARTERO el plan de arran-
carlos de aquellas y atraerlos á mejor terreno de
combate.


Al aproximarse, practicó este gefe un movimiento
por el ilanco derecho con el fin de posesionarse del
camino real de Bermeo y de una serie ó cadena de
cerros que estaba contigua y que favorecía estraor-
dinariamcnle su proyecto. Tomaron los enemigos por
una retirada este movimiento, y viéndola á su pare-
cer bien marcada , adelantáronse sobre los nuestros
dejando sus posiciones. En tal estado ordenó E S P A R -
TERO que el brigadier Benedicto con su columna,




— 1 3 8 —
marchase rápidamente á situarse en la altura ó cerro
de Sollubc , situado en el mismo camino por donde
debian dirigirse nuestros soldados; quedándose aquel
gefe con los cuerpos de Gerona y Almansa , soste-
niendo los ataques del enemigo. Pero tan luego c o -
mo vio que la brigada de Benedicto se habia apode-
rado del mencionado punto, movióse también sobre
él , efectuando una hermosa retirada por escalones, y
defendiendo el terreno palmo á palmo. Situada ya
toda la división en el alto ú monte Sollube, bajó en
seguida con presteza á posesionarse del camino real
y altura de Sarraya que domina á aquel cerro, des-
plegando en esta operación ESPARTERO su linea de
batalla, sostenida en los flancos por dos columnas
cerradas, mientras que el enemigo , acometiendo á
la,vez todo el frente de los nuestros y también los
flancos, fué por largo rato contenido heroicamente
por dicha brigada de Benedicto y parte de las com-
pañías de cazadores del Príncipe , á las cuales soste-
niau otras del mismo cuerpo en escalones.


Engreídos los facciosos con la superioridad do
sus fuerzas y la aparente retirada de los nuestros,
cayeron en el lazo que les habia armado ESPARTERO;
siéndoles harto costoso el arrojo que tuvieron de
cargar á la vez por todo el frente de los nuestros, á
la bayoneta, emprendiendo sus columnas este ata-
que á paso de carga y al grito general de ¡Hoy no se
da cuartel! Pues contestando ESPARTERO á este grito




— 1 3 9 —
Con los de / Viva Isabel II! ¡ A. ¡a bayoneta! voces
que fueron repetidas con entusiasmo por todos lo*
Valientes que él guiaba , fueron también la señal del
espanto y de la universal derrota de los contrarios.
Toda nuestra línea rompió en cuatro columnas » la
bayoneta sobre la línea enemiga, haciendo la caba-
llería su embestida por el camino real, y dejando l o -
dos, en pocos instantes, cubierto el campo de cadá-
veres facciosos'; pues si bien ellos apelaron desde
luego á la fuga, las posiciones á que habían sido ma-
ñosamente atraídos facilitaron el que un gran número
llevase el condigno castigo de su orgullo y de su
loca temeridad.'


Desde entonces la victoria se fijó al lado de las
leales tropas que defendían los derechos dé la nación
v de la reina. Los rebeldes completamente dispersos
fueron perseguidos por espacio de dos leguas en to-
das direcciones hasta muy cerrada la noche, inuti-
lizando nuestros bravos en el alcance un sin n ú -
mero de armas que no tenían tiempo de conducir,
llevando consigo otras muchas y varios prisioneros,
entre ellos el cabecilla titulado- brigadier D. Pedro
José de Aranzamendia (a) Armendia, gefe de una
de las divisiones enemigas, y uno de los per-
sonagés que mas prestigio disfrutaban entre los
suyos, el cual fué después pasado por las a r -
mas, con arreglo á la ley. Grande fué el número
de muertos j heridos qne de una y otra parte resul-




— 1 4 0 —
tó en esta singular batalla; presentando, en dicha l í -
nea de dos leguas, que duró el alcance de los nues-
tros sóbrelos rebeldes, aquellos campos numerosos
grupos formados por las víctimas del fanatismo y de
la ignorancia y por los innumerables despojos con
que dejaban sembrada la tierra.


Asi logró acreditar ESPARTERO , desde los prime-
ros años de la última campaña, su entrañable adhe-
sión á la causa nacional, su hidalguía , su pericia mi-
litar y su estraordinario valor. Y como en aquellos
dias importaba mucho al gobierno de Madrid dar
alientos y esperanza á los gefes que ofreciesen prue-
bas de fidelidad y de bizarría, valió esta acción á
ESPARTERO el grado de mariscal de campo, al cual
se dignó promoverle S. M. la reina Gobernadora en
justo premio del señalado servicio que acababa de
prestar, conquistando una victoria de suma impor-
tancia sobre fuerzas triples de las que él mandaba.


Yése, pues, con cuan injusta parcialidad se juzga
a ESPARTERO cuando se dice que el empleo de ma-
riscal de campo le obtuvo á consecuencia de su pri-
mer ensayo en la última guerra, que, al decir de
ciertos biógrafos, no fué sino un choque de muy po-
ca importancia sostenido por algunos paisanos suble-
vados de que dio (ESPARTERO) conocimiento al gobierno
ponderando los peligros, (lo que equivale á decir,
que ese grado le fué conferido á ESPARTERO gra-
tis et amore, sin género alguno de merecimientos, ó




— 1 4 1 -
sea, por misericordia; que tan eslrañas y estremadas
salidas tiene á veces el ciego espíritu de partido), y
recomendando, continúa la biografía á que aludimos,
al brigadier Benedicto para quien pedia el grado de
mariscal de. campo: ambos obtuvieron la faja, por-
que el recomendar á su segundo era pedirla para sí.
Pero es lo cierto, que ni aparece del parle de esta
acción que ESPARTERO pidiese el grado de mariscal
de campo para Benedicto, ni este obtuvo, tal grado
sino mucho tiempo después, habiéndosele entonces
conferido solo á ESPARTERO, con la antigüedad de 17
de febrero del piismo año , dia en que tuvo lugar la
gloriosa acción de Guernica. Así se disfrazan y adul-
teran, quizas con la-mejor buena f é , hechos bislóri
eos tan fáciles de averiguar.


Hallábase el 4 de mayo en Zornoza cuando em-
prendió un movimiento contra las facciones del va-
lle de Arralia, saliendo al efecto de aquel pueblo
con dirección á Artíaga y Yillaro, cuyos puntos, así
como Ceanuri, abandonaron á su aproximación los
rebeldes, corriéndose Luqui y otros cabecillas que le


-acompañaban, hacia Ceberio. Marchó ESPARTERO al
punto en su seguimiento, con la idea ademas de s i -
tuarse en Miraballes, en observación de las facciones
de la parte^de Guernica , por si estas querían inco-
modar á Bilbao durante su ausencia. Mas á poco de
salir de Ceberio, de donde partió Luqui al acer- •
carse la columna de ESPARTERO, habiendo tomado




— 1 4 2 —
aquel caudillo rebelde una formidable posición em-
boscada sobre el flanco izquierdo de los nuestros,
apareció rompiendo el fuego á las cuatro de la tarde
contra el centro de dicha columna. Hizo esta entonces
alto; y lá brigada de D. Manuel Benedicto rompió
un vivo fuego contra los facciosos. En esta sazón el
gefe ordenó que el batallón de Almansa,, mandado
por su comandante D. Pablo Frías, y sostenido por
cinco compañías de Gerona al mando del comandante
D. Cayetano Olloqui, marchasen á desalojar de su
estancia al enemigo; encaminándose el resto de G e -
rona, cazadores del Príncipe y 80 provinciales de la
Guardia Real por otra cadena de cerross i tuada ú
la derecha de los nuestros y paralela á la que ocu-^
paban los contrarios, con el fin de proteger á los
primeros.


La columna qué fué á desalojar a los. facciosos
los acometió con bizarría, arrojándolos de posición:
en posición, hasta ía gran cordillera que separa los-
valles de Orozeo y Arratia; conseguido lo cnal,
mandó ESPARTERO tocar retirada á estas tropas, era
ánimo de continuar su marcha, vía deMirabaltes.
Mas á poco rato, habiendo llegado Lángara, Olivares
y otros cabecillas á reforzar á Luqui, dio este la se -
ñal de ataque, tornando á avanzar basta las mismas
posiciones de las cuales fuera antes desalojado. Au-
mentóse entonces el fuego, tomando ellos también
posición en las lomas de la derecha , á donde se di-




— 1 4 3 —


rigieron desde luego algunas compañías nuestras con
el encargo de flanquear las de la izquierda: y en tal
estado mandó ESPARTERO volver á desalojar al ene-
raigo de ambas posiciones. En ambos lados fué ege-
catada esta operación con presteza, con tino y con
denuedo, mandando el ataque de la derecha el capi-
tán mas antiguo D. Miguel Osset, del regimiento de
Gerona. Entretanto ESPARTERO, con su gefe de plana
mayor D.Domingo Aristizábal y con sus ayudan-
tes de campo y de plana mayor, dirigióse á otra c a -
dena de montañas, situada mas á la derecha, y desde
la cual se descubría bien de cerca al enemigo. Mas
hallándose ya en aquel puesto observándole, he aquí
que se allega á ellos por una cadena llena de a r -
bolado , y que insistía en una montaña que dominaba
á la que ocupaba ESPARTERO , una fuerza considera-
ble rompiendo el fuego á tiro muy corto sobre dicha
plana mayor que formaba un grupo á caballo.


- Mandó entonces el general al batallón de Com-
postela, que con la primera brigada habia quedado
de reserva en el camino real, que subiese á atacar
esta nueva masa que se presentaba; logrando veri-
Bcarlo así aquel bravo batallón con tal bizarría, que
á pesar de la aspereza de los cerros y del vivo fuego
que le hacia el enemigo , el cual era contestado con
cargas cerradas sobre la marcha, cerraron los d«
Compostela bayoneta calada y punzaron en una t e r -
rible carga á los rebeldes, y á la voz de ¡viva ta




— 1 4 4 —
reina! dada por su valiente coronel D. J o 9 é Orozco,
bien pronto se gallardearon los nuestros en el escar-
pe de aquella montaña. También á retaguardia vióse
atacada nuestra división por otra fuerza enemiga, que
apareció de improviso rompiendo un vivo fuego con-
tra la reserva; pero no tardó mucho en ser contenida
y sofocada aquella turba por el regimiento del Prín-
cipe , 3 . " de linea , hábilmente dirigido por su coro-
nel Benedicto^ á quien ayudó eficazmente en esta
importante operación su ayudante de plana mayor
D. Anacleto Pastors. - •


Callados ya los fuegos del enemigo, y arrojado
este de todas sus estancias en vergonzosa fuga, siendo
la hora avanzada de las nueve de la noche y estando,
como era natural, la tropa muy fatigada, resolvió
ESPARTERO campar sobre el terreno mismo que habia
quitado á los rebeldes, puesto que no se hallaba
pueblo alguno en aquellas inmediaciones. Desde este
punto se dirigió en la mañana siguiente á la villa de
Bilbao con el bbgelo de atacar á Zabala , si habia
osado molestarla : y dejando en ella los prisioneros,
sin permitirse mas que dos días de descanso, el a c -
tivo comandante general volvió á salir de aquella
capital, el 7 de mayo, al frente de su incansable
columna, á la cual se unió en Orozco la del coronel
Carrera, el mismo dia, y al siguiente en Villaro la
del brigadier Jáuregui. El 8 , después de perse-
guir estas fuerzas á la facción en el valle de Arralia,




— 1 4 5 —
lograron su principal obgeto, que era arrojarla á la
parle de la costa: y proponiéndose ESPARTERO mar-
char el diez resueltamente contra los enemigos que
ocupaban entonces á Ereño, previno al gober-
nador de Bilbao hiciese salir de aquella plaza tres
trincaduras que habia habilitado la diputación del
Señorío, con 100 hombres de su guarnición, para
cruzar sobre los puertos de Bermeo y Lequcitio.


Victoria no menos señalada que la de Ceberio
alcanzó ESPARTERO el 14 del mismo mes en Santa-
Cruz de Vizcarquiz: y prosiguiendo en sus incesantes
batidas, y obrando en conbirtacion con los citados
gefes Benedicto é Iriarte y con los coroneles Carrera
y Ozores , logró arrojar hacia el valle de Arratia á
las columnas enemigas que vagaban por aquellas
provincias, guiadas por Castor, Ibarrola, Basilio y
otros cabecillas.


Mientras ESPARTERO se mostraba de esta suerte,
constante é impertérrito adalid en las filas de los l i -
bres , también su familia, identificada con él en sen-
timientos de patriotismo y de lealtad, daba de ello
señales ostensibles y pruebas irrefragables de ad-
hesión á la causa nacional, elevando sus votos al cie-
lo en demanda de un venturoso porvenir para Espa-
ña. Y no será por demás copiar aquí el párrafo que
á este propósito insertó la Gaceta de Madrid de 20
de mayo del año en que estamos.


«La villa de Granátula, dice, en la provincia de




— 1 4 6 — -
«la Mancha, por-un movimiento espontáneo de leal-
«tad y de admiración y de gratitud á los beneficios
«dimanados del Trono, ha proclamado solemnemente
«á S. M. (Q. D. G.) la reina nuestra señora doña
«Isabel i i , levantando pendones en los sitios publi-
ceos el alcalde de primer votó, y arrojando monedas


- «después de una lucida función de iglesia, en la que
«celebró tan fausta ceremonia el presbitero D .Ma—
«nuel ESPARTERO , concluyendo el acto con una
«abundantísima comida servida á los pobres, ila—
«minacion , pólvora y otros festejos.»


Pero volvamos al teatro de la guerra. Divididas
las fuerzas que operaban bajo el mando de E S P A R -
TERO en cuatro columnas, regidas por los precitados
gefes, ya digimos arriba que precisaron á las faccio-
nes de Vizcaya á acogerse al valle de Arratia, en
donde se juntaron con los de Luqui, Latorre, y
otros caudillos. Inmediatamente se dirigió ESPARTERO
sobre ellos, forzándolos al aproximárseles á frac-
cionarse en varios grupos que marcharon en distintas
vías. Continuó la persecución de uno de los princi-
pales , y picando su retaguardia todo el dia 2 8 , hizo
que dejasen los rebeldes en su poder tres carros de
víveres que conducían, algunas armas y otros efec-
tos. El 29 llegó á Llodio, persiguiendo á Luqui,
que con otros cabecillas se había dirigido á las En-
cartaciones r y en aquel pueblo recibió aviso de que
la llamada junta de Castilla, con Ibarrola al frente




— 1 4 7 —
de su batallón, que unido á algunos de los de Sope-
lana y otras partidas, componían un total de 600 á
700 hombres, habían llegado al pueblo de Urigoiti,
en donde pensaban pernoctar. Y no queriendo E S -
PARTERO desechar la hermosa ocasión que se le pre-
sentaba de darles un gran golpe, dispuso que se im-
provisase una sección ligera, compuesta del 2.° ba-
tallón de Gerona, al mando de su digno comandante
D . Cayetano Oltoqui, y dé las compañías de cazado-
res délos regimientos Príncipe, Almansay provincial
de Compostela, á las cuales se unió igualmente la de
granaderos de Almansa.


A las doce y media de la noche, puesto E S P A R -
TERO á. la Cabeza de esta columna, emprendió su
movimiento desde dicho punto de Llodio, dejando
en él y en los inmediatos cerros de Orozco, situado
el resto de sus fuerzas, las cuales ocuparon opor-
tunamente las montañas que dominaban el punto que
él iba á atacar, evitando de este modo cualquiera
tentativa de nuevos enemigos, y apoyando y prote-
giendo las operaciones del general que guiaba la co-
lumna espedicionaria. Marchó esta evitando el c a - .
mino recto, para ocultar así mejor su designio, por
una senda tortuosa; y á pesar de la oscuridad de la
noche y de las grandes dificultades que ofrecía
el terreno, montañoso yquebrado, al amanecer del
siguiente dia 30 hallábase ya enlas cercanías de Uri-
goiti. Al instante mandó ESPARTERO que las compa-




— 1 4 8 —
filas de cazadores y granaderos, al mando del capí-
tan de estos D. Félix Saraza, circumbalasen el pue-
blo á la distancia competente v debiendo en tal estado
permanecer ocal ta y en silencio esta fuerza , mien-
tras el general, con el restó de la columna , obfigaSe
á los enemigos á abandonar la población. Hallábanse
en esta IQS rebeldes en un descuido propio de la im-
pericia en el arte de la guerra, si bien estraño en tal
país y en aquellas gentes. Cuando bé aquí que, ape-
nas.despuntaban los arreboles de la mañana , el sagaz
cuanto intrépido general ESPARTERO al frente de sus
bravos y al grito de / Viva la Reina! cargó á la b a -
yoneta sobre los facciosos que encontraba en las c a -
lles y saliendo'azorados de sus casas, Jos cuales.á
vista de un tan inesperado y brusco ataque , huyeron
con el mas grande pasmo y desconcierto, por donde
quiera que hallaban salida, abandonando armas, ca -
ballos , equipages, y no pensando ya mas que en ver
modo de ocultarse entre las peñas y bosques inme-
diatos. .


A este tiempo las compañías dispuestas de an-
temano aparecieron ocupando tres puntos, cuya c o -
misión desempeñó con el mayor acierto el capitán
que las gobernaba : y confundidos los rebeldes , no
sabiendo á donde y por donde encaminarse , que no .
hallasen al punto á nuestros valientes, viéronse hor-
riblemente perseguidos y acosados, destrozados tam-
bién sus grupos que huían en desorden, cubriendo




en breve de cadáveres todos los­contornos de TJri­.
gojjti. Pasó de 100 el número de los muertos:que la
facción tuvo en este terrible encuentro; siéndolo en­
tre otros D. José Manuel de Zeiza, canónigo que fué
de Burgos, y presidente entonces de la titulada Jun­
ta de Castilla , otro cura ademas, un coronel, dos te­
nientes coroneles, dos capitanes, varios oficiales, un
abogado y otros muchos sugetos distiáguidosJ Entre
los; prisioneros contábanse también algunos iridivi^/
dúos de la Junta, que inmediatamente fueron pa­
sados por las armas. Cerca de 300 fusiles, municio­
nes, cananas, 2 5 caballos y multitud de equipages
con papeles de interesante correspondencia, quedó
igualmente eftpader de los nuestros, cuya1 pérdida
fué escasísima en está brillante sorpresa.


No, habia dia que no se señálase con alguna vic­
toria mas ó menos imporlante'alcanzada por E S P A R ­
TERO sobre las numerosas gavillas que infestaban
aquellos lugares y campos: y habiendo regresado e l
8 de junio,.á Bilbao, con obgetó de dejar allí los ber­
ridos y prisioneros,' y aprestarse ¿continuarla serie
de sus no interrumpidos triunfos, salió de dicha'villa
el­lO dirigiéndose al valle de Arratia , en donde е Ы
contra á.los cabecillas Latorre , Luqui /Olivares y
Qchoa,'» áiljós; quales persiguió activamente basta Mi
cuestas delíbidea; y no pudiendo continuar desde
este punto p<JiS impedírselo las escesivfas llttviasy'¡per¿
noctó en Ceanuri después de' теес­géT las ¡ armas qué


том. i . 11




— 1 5 0 —
abandonaron los enemigos. El 11 continuóla per-
secución de estos;' y noticioso de la nueva via que
habían tomado , najó por Ocftandiano á Durango, en
espera de las columnas que mandaban los coroneles
Carrera y Ozores: y habiendo salido de este punto
el 1$ con.dirección á Guernica en busca de la facción
que estaba en las inmediaciones de Muniqueta, la
persiguió sin descanso hasta las alturas de Santa-
Cruz de Vizcarquiz, en donde tuvo lugar un empe-
ñado choque contra los cuatro batallones que capi-
taneaba Zabala, á quien ESPARTERO dio un golpe
terrible en este dia, Al siguiente prosiguió á la de-
sesperada , insistiendo en el alcance de los rebeldes;
y haciendo marchar á-nuestros infatigables Soldados
difez y seis horas sin parar el dia 14 , les dio de r e -
fresco una acción en los cerros inmediatos á Herna-
ni, en donde con los batallones del Príncipe, A l -
mansa y Gerona, 200 cazadores de Isabel n y 30
caballos, atacó vigorosamente á un total de fuerzas
facciosas que no bajaba de 4,500 hombres, habiéndo-
se reunido poco antes á la facción de Vizcaya gran
parte de la guipuzcoana. Duró el fuego desde las
seis de la tarde hasta las ocho y media, hora en que
los enemigos desalojados de sus posiciones, se p u -
sieron en precipitada fuga, resultándoles de este
reñido encuentro mas de 80 muertos, muchos mas
heridos, con otras pérdidas considerables. También
lo fueron un tanto las nuestras; pues hubo bastantes




— 1 5 1 —
heridos y algunos muertos en las filas de ESPARTERO.


Tornó la facción de Zabala á sus antiguas posi-
ciones de la costa, y las de Luqui y Latorre al valle
de Arratia, sin que fuese posible á ESPARTERO evitar
esta desunión de los grupos facciosos, según ape-
tecía: y dividiendo él también y aun subdividiendo
sus\uerzas en varias columnas, continuó la perse-
cución con la misma actividad que hasta aquí, l o -
grando quitar al enemigo el dia 18 40 ,000 balas de
fusil y varias armas, inutilizando ademas la fábrica
de pólvora que tenia en Ereño, con lo cual presto
un servicio de tanta importancia como se deja ver.


La facción navarra que en unión con la guipuz-
coana al mando de Zumalacárregui se hallaba en
Azpeitia y Azcoitia, se retiró con direccjon á Segura
y Zegama, á la llegada de ESPARTERO á Eibar con
obgeto de atacarla. Y en vista de tal movimiento,
guiando este general los de las diferentes columnas
que componían su división, enderezóse él con los
batallones de Almansa y Gefona sobre Marquína: y
noticioso aquí de que la brigada que acaudillaba
Araná se hallaba en Berriz, emprendió su marcha
en la mañana del primero de julio sobre el citado
punto, al cual llegó á las cuatro de la tarde; pero l o s '
enemigos, que llevaban algunas horas de ventaja,
prosiguieron su paso hasta Elorrio, adonde llegó
ESPARTERO á las seis. Ya habían cuidado los rebeldes
de posesionarse de las alturas contiguas á dicho pue-




— 1 5 2 —
blo d é El oí r i ó y situadas por la parte de Áramanoriai
pero atacados con ' f í g ó ' r y decisión por la columna
de 'ESPARTERO, bieú pronto se rieron precisados á
d e s a l o j a r l a s , huyendo en el mayor desorden y d e -
j a n d o en poder de los nuestros 2,000 cartuchos, va-
rias armas y otros efectos d e guerra. '


Incorporado por este tiempo él egército e S p e d i -
cioháriq de Portugal coii él del norte en las cercanías
de Puente la Reina,. fué conferido el m a n d o en gefe
d e fódás aqüe/ías fuerzas reunidas al teniente gene-
ra] B: José Ramón Rodil, que acababa de llegar
triunfante de su correría por aquel reinó, nombrán-
dosele al mismo, tiempo virey dé Navarra, habiendo
sido exonerado Sarsfield de este cargo, y relevado
también de.la capitanía general de Castilla la Vieja
el general Quesad.a , marqués de Moncay'o, á quien
reemplazó ¿n aquel puesto el máriscaldé campo don
J o s é Manso. Los primeros pasos del nuevo gefe de
íos é g é r c i t p S reunidos fueron organizar él total(íé'sti
fuerza en divisiones y brigadas, dictando adémas.tó-
das las medidas conducentes á movilizarlas y emplear-
las con. utilidad, para cuyo efecto emprendió dicho
general sus operaciones en combinacjpn con las fuér-
zas de las. provincias vaspongaoas dependientes t a m -
bién dé su mando. El general ESPARTERO recibió en-
tonces la comisión de fortificar el importantísimo
punto de Bermeo, siendo de notar qué por disposi-
ción de este activo cuanto inteligente gefe, 800 hom-




— 1 5 3 —
bres en cuarenta y ocho horas dieron por concluidos
tan interesantes trabajos, ocupando seguidamente, ,á
dicho pueblo el regimiento provincial de Trujillo.


Sabedor ESPARTERO el 15 del , mismo¡Julio, de


que en el inmediato pueblo de Baquio se hallaba
una partida enemiga, ideó: sorprenderla, como lo
verificó en aquel dia, tomándola 14 prisionerosNya—
rías armas y caballos. ,


Al dia siguientej dejando ya á Bermeo en regu-
lar estado de defensa, y establecida su guarnición,
según queda dicho , marchó ESPARTERO rápidamente
á Navarra , con los 2>,500 hombres de que constaba
su fuerza disponible, en virtud de orden del general
en gefe, quien dispuso la formación de Ir.es/eolum-
nas, una ásus inmediatas órdenes, otra á;las del g e -
neral D. Manuel Lorenzo y la tercera al mando de
ESPARTERO, que no alteró el número de,los suyos.
Movíanse estasíropas no. lejos del puerto de Artaza
y sus inmediatos de llrra,, Gollano, Baquedano* y
Zudaire: y. apercibido nuestro general en gefe R o -
dil de que nueve batallones facciosos, que^compo-
drian un total de 5,000 hombres mandados por Zu-
malacárregui, Villareal, Eraso y otros cabecillas,
estaban emboscados á retaguardia de, dichos puertos,
previno á los citados generales Lorenzo y E S P A R -
TERO que,estableciesen, el primero una observación
en Baquedano, y otra el segando en Artaza. En tal
estado, serian como las once de la mañana del 31




— 1 5 4 —
de julio, cuando de dicha emboscada salieron fuer-
zas dobles de las nuestras con obgéto de envolver á
las que formaban las citadas observaciones. Al punto
se trabó el combate, empeñándose en él sucesiva-
mente más y mas fuerzas de una y otra parte, hasta
conseguir que lo estuviesen todas las del enemigo,
á las cuales batió, venció, derrotó, y dispersó el
bravo general ESPARTERO con sola su división, m i -
tad de las fuerzas rebeldes , si bien protegida eficaz-
mente en reserva*por la primera brigada de la pr i -
mera división, dirigida inmediatamente por el general
Lorenzo. Al trasladar Rodil el parte de esta brillante
acción al gobierno, se espresa de esta suerte:


«El mariscal de campo D. RALDOMERO E S P A R -
«TERO ratificó en esta ocasión su bien adquirido r e -
«nombre, y llenó á toda mi satisfacción los deberes
«de general y de soldado , sin economizar los buenos
«egemplos, las disposiciones y aun su existencia.»


Muchos muertos y heridos ocasionados á los fac-
ciosos y nueve cargas de municiones y piedras de
chispa con sus correspondientes acémilas apresadas á
los mismos, fueron entre otros los resultados de e s -
ta importante jornada.


Vuelto ESPARTERO de su espediciou á las pro-
vincias de Navarra y Guipúzcoa , situóse en Duran-
go, al cual constituyó punto céntrico de sus opera-
ciones en Vizcaya; y habiendo pasado , en virtud de
una real orden, á fortificar á Lequeitio el 22, hallan-




— 1 5 5 —


dose.cn esta operación se presentaron en las alturas
contiguas á este pueblo las facciones de la provincia
y algunos guipuzcoanos, logrando-batir y dispersar
toda esta fuerza, en una salida qué hizo el 2 8 , junto
al pueblo de Isparter, causándolas bastante pérdida,
y regresando en el mismo dia á Lequeitio enriqueci-
do con grande porción de víveres, cinco cañones
con sus, cureñas y multitud de proyectiles, que el
enemigo^había reunido doce dias antes y ocultado en
un caserío, distante media legua del punto donde se
hallaba situado ESPARTERO , con el fin de atacar á Ei-
bar que tan heroicamente sé habia defendj»lo dias an-
tes : todo lo cual sirvió oportunamente, para la de-
fensa del citado pueblo de Lequeitio.


Después de haber perseguido con actividad al
pretendiente D. Carlos, que por este tiempo se r e -
plegó Con algunas fuerzas al valle de Arratia, hallán-
dose acampado ESPARTERO en Begoña el 1 5 de setiem-
bre, púsose en marcha en la mañana: del J r 6 c o n
dirección á Guernica , y con el fin de atacar á Zabála
y Valdespina , que con cuatro batallones ocupaban la
enunciada villa y sus cercanías; pero á poco de em-
prender este movimiento , divisó un grupo de fac -
ciosos en las alturas de Santo Domingo. Era esta una
gavilla que capitaneaba D. José Isidoro de Garay cu-
ra párroco del inmediato pueblo de Munguía , hacia
el cual se retiraron los carlistas, abandonando in -
mediatamente aquellas alturas, y guareciéndose en




— 1 5 6 —


uu. bosque próximo á dicho pueblo. Mas no les
y alió, tal recurso; porqué desplegando ESP ARTE-
RO sus fuerzas y penetrando en el bosque por dis-
tintas y ias r obligó á los rebeldes á abandonarle,
huyendo desordenadamente en todas direcciones, no
sin dejar en poder de los nuestros entre otros fac -
c iosos , * ! ya citado cabecilla , el presbítero Garay, el
cual fué presentado á ESPARTERO con casaca militar,
sombrero calañés, montado en un brioso alazán, y
armado de sable, trabuco, un par de pistolas de ar -
zón , otras dos en el bolsillo y un puñal en el cinto:
arreó harto pesado y embarazoso, que debió sin du-
da estorbarle y hacerle imposible la fuga. Muoguía
vio pocas horaS después el horrendo espectáculo de
pasar por las armas á su pastor espiritual, á presen-
cia misma de sus feligreses.


En los dias 17 y 19 del mismo setiembre batió
ESPARTERO á las facciones de Vizcaya junto á Men-
data y en el monte Oiz, causándolas algunas pérdi-


' das y apresándolas mil raciones de pan, carne y vino.
Después d* haber sostenido otras dos escaramu-


zas contra los facciosos en los dias 5 y 6 de octubre,
pasó el 8 al puerto de Plencia, con obgeto también de
fortificarle, en virtud de real orden que recibió al
efecto, emprendiendo al siguiente dia 9 dichas obras
de fortificación con la mayor actividad. En este pun-
to y en las baterías de la costa halló siete piezas de
hierro, las cuales sirvieron para artillar la plaza: y




— 1 5 7 —
es de notar el rasgo heroico de una roúgter, natural
del mismo pueblo dePlencia, la cual presentó á E S -
PARTERO dos piezas de á dos que hábia tenido escon-
dldás por espacio de muchos meses :, á pesar de las
infinitas vejaciones y castigos qué la hicieron sufrir
los rebeldes á fin de que las sacara, lo que jamas
pudieron conseguir de aquella heroiüa á quien ali-
mentaba la esperanza de que pudieran servir algún
día á la causa de su nación y de su reina. Rangos
eminentes de patriotismo, ouaMo es este, son por
fortuna muy frecuentes en la historia triste de la
última guerra.


Hallábanse reunidas en Munguía , dos leguas dis-
tante de Elencia , las facciones de Vizcaya con otras
fuerzas rebeldes de Guipúzcoa, Álava y (Navarra,
mandadas por D. Carlos, y destinadas todas ¿Impedir
que se llevase á cabo la enunciada fortificación : y el
día 11 presentáronse en las alturas contiguas dos c o -
lumnas fuertes de 3,000 hombres con otras masa?en
reserva, cuyos tiradores rompiífron un vivo fuego
contra la segunda compañía de cazadores del Prínci-
pe situada de puesto avanzado en los cerros de, Beus-
tus. Inmediatamente dispuso ESPARTERO que el g e -
neral Benedicto marchase con dicho regimiento'del
Príncipe á ocupar aquellos cerros; lo cual egecutó
haciendo que avanzase su segundo batallón ai mando
del comandante donRamon Araoz ,á sostener las com-
pañías de cazadores que se habían adelantado, batíén-




- 1 5 8 -
dose contra fuerzas muy superiores hasta el monte
de Gallarraga, El enemigo fué desalojado de sus,po-
siciones, que Arajoz ocupó sin demora. Entretanto
también ordenó ESPARTERO que el segundo batallón
de Gerona , al mando del coronel D. Juliau Olivares,
marchase á apoyar los movimientos del Príncipe; y
ique el segundo de Almansa' ocupase unas alturas
importantes á.la derecha de Plencia, quedando el


, primero de reten en este pueblo con las armas en pa-
bellón para su, custodia en caso necesario: todo sin
dejar de ocuparse los soldados del citado batallón en
las obras empezadas, prontos á soltar los picos y
herramientas, y tomar las armas, si necesario fuese.


Viendo que era ya tarde, y qUe el fuego habia ce-
sado, mandó el general se replegase el batallón avan-
zado del Príncipe al punto de Beustus : mas al em-
prender su movimiento el comandante Araoz, los ene-
migos que se mantenían en las inmediaciones, cobra-
ron osadía, y vinieron á la carga sobre dicho batallón
hasta la mitad del ;monte queJeste dejaba.. El gene-
ral Benedicto entonces dispuso marchasen dos com-


- pañías del primer batallón, con su comandante don
José García Jove , en apoyo del segundo ; lo que di-
cho gefe egecutó con tal rapidez y bizarría, que los
enemigos volvieron á ser aventados de las alturas de
Gallarraga, emprendiendo su retirada con dirección
á Munguía,, siendo ya de noche: y como el obgeto
nias interesante que se proponía ESPARTERO fuese el




— 1 5 9 —
de cubrirlas obras, dispuso que el general Benedic-
to se replegase con toda la fuerza á su cantón de
Gorliz, lo que practicó usando de las precauciones
convenientes.


La pérdida del enemigo, entre heridos y muer-
tos , fué de consideración: la de las tropas nacionales
corta , pero sensible, habiendo resultado tres muer-
tos y ocho heridos, entre estos el bizarro capitán
del Príncipe D. Vicente Ruiz, que lo fué gravemen-
te al desalojar á la bayoneta á un número muy s u -
perior de enemigos de una altura, en que estaba en
posición.


Terminadas las fortificaciones dePlei»cia, diri-
gióse ESPARTERO al valle de Arratia en persecución
de las gavillas de Sopelana, Ibarrola y Castor, p a f a


lo cual se puso en combinación con los brigadieres
Triarte y barón del Solar. El 30 de octubre salie-
ron el general ESPARTERO de Llodio é Triarte de
Amurrio, y habiendo alcanzado , al anochecer, á di-
chas facciones , unidas ademas con dos batallones de
la costa, en las inmediaciones de Arteaga, trabóse re-
friega , de la cual resultó el ahuyentarse precipita-
damente los rebeldes , no sin sufrir grave pérdida, y
ruda, y porfiada y "tenaz persecución de parte de las
tropas que guiaba ESPARTERO.


Estaba el grueso' do la facción de Vizcaya en
Elorrio, el 8 de noviembre, con cinco batallones
vizcaínos y uno guipuzcoano mandados por Éraso; y




— 1 6 0 —
habiendo sabido, por los oficios interceptados, que
Iriarte estaha separado de ESPARTERO , y que tenia
parte de las tropas de este, se dispusieron á atacarle
en Orozco. Verificáronlo así, en efecto , los rebeldes
presentándose en posición á las dos de la larde del 9:
y ,á pesar de que ESPARTERO solo tenia cuatro bata-


-ilones, desmembradas como estabansus fuerzas, por-
que parte de ellas guarnecían á Plencia, y otras á
Bilbao , no vaciló un instante en admitir el combate:
y dejando en el pueblo la tropa que estimó oportu-
na, se arrojó sobre ellos sin arredrarle el nutrido
fuego que hacian á sus pequeñas columnas, y ata-
cándolos á la bayoneta, á la voz de Yi^ajsabel II,
logró arrallarlos y ponerlos en fuga, dejando el
campo cubierto de cadáveres. También el 10 batió
en Arraneudiaga á Castor, causándole varios muer-
tos , heridos y prisioneros.


Habiendo dejado á estos en Bilbao, y sabedor de
que las facciones de Sopelana, Castor, Ibarrola y
Aguirre se habian reunido en Llodip , salió de aque-


.. Ija plaza en unión con dicho brigadier Iriarte,. el 16
del noviembre en que vamos, encaminándose al es -


, presado pueblo de Llodio. Los facciosos abandonaron
este punto , marchando Castor á reuniese con los del
valle de Arratia , y emprendiendo los demás su mo-
vimiento por la derecha, via de Arciniega, con direc-
ción á Castilla. Al siguiente día marcharon los nues-


, tros'á Amurrio, en su seguimiento; y al tomar desde




— 1 6 1 -
allí el caminó de Arciniéga, descubrió I r ia r te lare -
taguardia de los facciosos que hacian marcha contra-
ria á la dirección que debían suponer nuestras tropas,
y venían á tomar la Pena Vieja de Orduña. Entonces
dicho señor brigadier cargó vigorosamente á la es—;
presada retaguardia, y ESPARTERO con su columna,-
por medió de un movimienío rápido , marchó por él
camino real á Órdúña para ver si conseguía tomar*-!
les la'angostura de la Peña Vieja, conlo cual eran'
perdidos indudablemente los rebeldes. A este efecto
se adelantó á Orduña con un piquete de caballería,
é hizo salir inmediatamente la guarnición al mando
del gobernador de aquella ciudad, el coronel don
Francisco Liiiage, apoyándole con dos batallones del
Príncipe y qaéf ¡as1; que llegaron dispuso que sigure-r
sen auxiliando el movimiento de, Linage, ¡al mando
del coronel D. Juati Olivares. Aunque tío se ómiíió
diligencia, el enemigo, que llevabamúcha delante^
ra , se apoderó de la angostura > peroiqi» qüefesto
pudiera librarle deque tautó los que salieron déOr^
dufia, como la columna del'brigadierilriarté'qué pi-
caba* su retaguardia , trabando con éi uh fuerte ¡tiro*
téo, le causasen bastante daño y ¡le púüeseiK.'en
dispersión'completa. • ••'•••• ! ••> • " 'u--';Á>.nmv,
• • 'Por éíte tiempo ya mandaba el egércifedel aorlfeí,
-conío general en géfe, el tenientei;gendrarEb.í'Frac*-
cisco EspOz y Mina, nombrado ademas virfey de;$fá-
varra.El comandante general de láíprovihbiasívas-




— 1 6 2 —
congadas era el mariscal de campo D. José Garratalá.


Reunidos en los valles de Arratia y Orozco las
facciones de Vizcaya, varios batallones alaveses man-
dados por Sopelana é Ibarrola, un batallón guipuz—
coano y las partidas de Castor y Ochoa, sufrieron
otro golpe terrible dado ,por ESPARTERO el 7 de di-
ciembre, en las alturas de Saloa y Urigoiti, junto á
la peña de Gorbea, en el cual la pérdida de los r e -
beldes fué de muchísima consideración. El 16 del
mismo sorprendió aquel general en los montes de
Berriz á la gavilla que capitaneaba el cura párroco
de Durango, D. Pedro Barreneche, quedando este
prisionero, y deshecha y dispersa su vandálica tribu.


Estaba «ncargado esté cura de hostilizar con su
gavilla á la guarnición del espresado, pueblo de D u -
rango, én cuyas cercanías habia incendiado varios
edificios pertenecientes á propietarios conocidamente
adietos á la reina:, y cometido otros desmanes, en cu-
ya justa espiacion fué pasado por las armas en el
pueblo de Marquina, á las doce horas de su captura.


El 18 continuando la persecución de las faccio-
nes que le abandonaban el campo constantemente,
rproveyó ESPARTERO de víveres para seis meses á la
guarnición de Lequeitio; y noticioso de que en aque-
llas cercanías ocultaban los enemigos un cañón de 16
conobgetó de atacar á dicha guarnición , logró apo-
derarse de él é inutilizarle totalmente, ya que no le
era posible sacarle de donde estaba. En lossiguien-




— 1 6 3 —
tes días, hasta el 2 1 , recorrió los pueblos de Guer-
nica y Munguía, sin que los facciosos le esperasen,


proveyendo á su paso de vitualla á Bermeo, y líe—
gando el22 á Bilbao para dar á ¡as tropas zapatos y


continuar la persecución hacia Arratía, en donde las
facciones se habían reunido.






CAPITULO X .


» r Co-


acciones de Ormaistegui, Fttíareaí de Z«Miárra<¡fa,
Miraballes, Villar o , Descarga y Puente de Cas-
trejana: socorro de Bilbao asediado por los fac-
ciosos: batalla de Mendigorría.


amos á entrar en el año 1 8 3 5 , y la
guerra de las provincias del norte
de España, lejos de terminar ni
aun mitigarse , acrecentaba y en-
cruelecíase masy mas. Muchos ge-
nerales , y de partes aventajadas
algunos de ellos, habían ya estre-


llado su reputación y su crédito en
las escarpadas rocas del Pirineo y de
San Adrián, menos duras sin embargo
que Jas cabezas porüadas y tenaces de


sus habitadores. Infatuados estos con la
idea de sus decantados fueros, verdadero
monopolio del cual solo disfruta en el


país una escasa y dominadora pandilla, que ense-
ñoreando allí su influjo y valimienio, dispone á su


TOM. i . ^




— 1 6 6 —
antojo y con dominio absoluto de la clase proletaria
de aquella sociedad, que viene á ser una verdadera
oligarquía , no una república como creen algunos;
fanatizados con el principio religioso, que juzgaban
ver por tierra y menoscabado , á impulso de las ins-
tituciones liberales; solícitos y celosos defensores
de los pretendidos derechos que á la corona de Isa-
bel 11 alegaba , y aun alega , su lio D. Carlos , los
tercos provincianos sostenían con obstinación. una
guerra montaraz y sangrienta , de que ofrece escasos
egemplos la historia de los tiempos modernos.


El gobierno de Madrid por su parte , aferrado y
confiado en la conducta lene , que el tiempo después,
y. tristes "y lamentables desengaños, le hicieron ver
cuan ímpo.líticci y desacertado anduvo en observarla;
prendado de las bellas cuanto impracticables teorías
de fusión, mas propias para lisongear la pueril y
florida imaginación de un poeta , que para satisfacer
la razón de ün sesudo estadista; creyendo ensueños
y visiones las que eran funestas realidades, apenas
usaba sino de ineficaces lenitivos que fuesen quitan-
do poco á poco la herrumbre supersticiosa, y des-
vaneciendo los escrúpulos monárquicos ; sin curarse
apenas de establecer un plan de campaña adecuado á .
la clase de guerra que habian adoptado los facciosos,
ni aun siquiera de mandar á las provincias subleva-
das el número de fuerzas suficientes para contener
la rebelión, y los gefes mas á propósito, por su es-




—167 —
periencia y conocimiento del país, para hacer aquella
especie de campaña. Enlutecíase el corazón al con-
templar el triste cuadro que ofrecia aquella hermosa
región de nuestra España, en donde la opinión eno-
jada y embravecida , transformada ya en pasión viva
y frenética, y apellidando guerra con altos pregones
por do quier , convertia á aquel suelo privilegiado
en un verdadero campo de Agramante.


Personages de gran cuenta habian aportado ya
en esta sazón al campo de D. Carlos; egércitos nu-
merosos y aguerridos le poblaban, guiados por g e -
nerales de grande valía algunos de ellos; un gobierno
habia allí constituido, el cual gozaba de crédito en
las corles ó capitales de las monarquías absolutas;
hasta el punto de recibir grandes auxilios pecunia-
rios de ellas. Poderosos ayudadores y robustos


, puntales todos con los cuales contaba el despotismo;
y llano era que á semejante eslado no debiera ya
mostrarse indiferente el gobierno de Isabel 11: Así
qué necesidad hubo de que el ministerio, que pre-
sidia entonces el Sr. Martínez de la Rosa , se ocu-
pase con interés deteste grave asunto; y en los es-
comienzos del año en que entramos, tratóse en con-
sejo de ministros de declarar á las provincias suble-
vadas en estado de sitio, sugetándolás en un todo á la
autoridad militar, según se observa en semejantes
casos en todas las naciones, y con arreglo á lo que
previenen nuestras leyes y ordenanzas, en armonía




— 1 6 8 —
con el Estatuto Real , que era la ley política que r e -
gía en esta época. Así fué decretado en 12 de enero
de dicho año.


Presupuestas ya estas observaciones, volvamos
la vista á las operaciones militares, siguiendo con
especialidad el hilo de las que á ESPARTERO atañen.


En diciembre del año anterior, de 834 , el gene-
ral en gefe del egército del Norte habia hecho saber
al comandante general de las provincias vascongadas,
que dos divisiones, al mando del general Córdoba,
iban á emprender sus operaciones desde Navarra so-
bre las facciones de Zumalacárregui que ocupaban
las Amezcuus y otros puntos del interior de aquel
p¿is; y con tal motivo, prevenía al referido coman-
dante general, el mariscal de campo D. José Carra-
talá, que reuniendo desde luego todas las fuerzas
posibles de las que habia en dichas provincias, ope- •
rase también para estrechar á los enemigos y contri-
buir á su esterminio. Cumpliendo el gefe superior
militar de las provincias con la referida disposición,
reunió en Mondragon la división de Vizcaya al man-
do del general ESPARTERO y las brigadas de Álava y
Guipúzcoa, bajo el del gefe principal de esta, el br i -
gadier Jáuregui: y noticioso de que los'espresados
enemigos se hallaban en los altos de Descarga , mar-
chó sobre ellos el 2 de enero de 3 5 , confiado en que
se aproximarían las predichas divisiones de Navarra.
Zumalacárregui, después de algún tiroteo con las




— 1 6 9 —
guerrillas de los nuestros, se replegó sobre Ormais-
tegui, pueblo de su naturaleza , y en el cual no pa-r-
rece sino que anhelaba aquel caudillo ostentar su bi-
zarría y ondear orgulloso el pabellón de la victoria.


Allí, con efecto, empeñó una acción, en mal ho-
ra para é l , si bien el inevitable compromiso de ella
fué debido al escesivo valor del batallón de Chapel-
gorris, que formaba la vanguardia de nuestras t r o -
pas, y que insistiendo en el tiroteo y ganando campo,
dio lugar á que la acción se generalizase. Fué esta
reñidísima y sangrienta , y por lo mismo tanto mas
gloriosa para las armas vencedoras, que tomaron á
viva fuerza, y aun después de perdidas volvieron á
tomar las distintas posiciones, cercas y zanjas que
hay en las alturas de dicho pueblo de Ormaistegui,
y que servían á los enemigos de fuertes parapetos.
Aun entrada la noche se hacia oir el combate, que
habia dado principio á las tres y media de la tarde,
y no cesó hasta que nuestros valientes, ocupando
del todo las mas encumbradas cimas de dichos c e r -
ros, hicieron resonar en ellas los dulces ecos de Pa-
tria, Reina, y Libertad, mientras que al compás de
estos vítores huian los rebeldes al abrigo de la oscu-
ridad, arrojándose por aquellos precipicios, y dis-
persándose desconcertados en todas direcciones.


Fué esta victoria debida principalmente á las di-
visiones ó brigadas de Álava y Guipúzcoa, compues-
tas de los dos batallones del provincial de Córdoba,




— n o -
el segundo de África, el segundo de San Fernando,
el de Chinchilla y el de voluntarios guipuzcoanos de
Isabel I I , los cuales hicieron todos prodigios de va-
lor , conducidos por sus bravos y dignísimos g e -
fes y oficiales. El bizarro brigadier Jáuregui al-
canzó nuevos laureles, así como el señor Alaix , de
igual graduación y que hacia de gefe de estado ma-
yor de dichas tropas, que salió herido aunque leve-
mente. A la división de ESPARTERO cupo en suerte
formarla reserva, contribuyendo poderosamente con
su presencia á la victoria en la cual brilló sobre-
manera el digno comportamiento, el valor y pericia
militar del ya mencionado mariscal de campo D. José
Carratalá, comandante general de las-provincias, que
mandó la acción.


Al siguiente dia permanecía este en aquellos pun-
tos , al frenle de los enemigos , y esperando la deseada
aproximación de las divisiones del general Córdoba;
cuando hé aquí que supo, con sorpresa, por sus
confidentes, que estas fuerzas no existían sino á muy
larga distancia de las que él guiaba. Ni pudieron con
efecto hallarse allí con la oportunidad que era de de-
sear y según estaba prevenido , ni aun llegaron á ve-
nir por entonces á las provincias, por haber sido des-
tinadas , en punto opuesto, á otro servicio impor-
tante que no pudo evitarse, según llegó á saberse en
(lias posteriores. A vista de tal contratiempo, y c o -
nociendo ademas, el señor Carratalá, el ningún fruto




— H i -
ele las acciones aisladas con obgeto de ocupar posicio-
nes difíciles en aquel pais y en aquella clase de
guerra, especialmente cuando no media el concurso
de varias fuerzas en combinación; teniendo esto en
cuenta y sin olvidar tampoco otras atenciones urgentes
en el distrito de su mando, sobre todo en Vizcaya,
resolvió dividir nuevamente sus fuerzas, enviándolas
á sus respectivas provincias, en donde debieran
continuar llenando el obgeto de su primitivo encargo.


Practicados los movimientos oportunos para ocul-
tar al enemigo aquel repliegue , verificóse este en la
tarde del 3 , emprendiendo la división del general
ESPARTERO y la brigada de Álava el camino de V e r -
gara , con el espresado comandante general de las
provincias á la cabeza. Pero no pudo menos de su-
ceder que los enemigos, al fin, viniesen á incomodar
la retaguardia de los nuestros, presentándose como
decididos á ocupar su flanco izquierdo. Vana y cos-
tosa temeridad ; pues el general ESPARTERO, que con
su división se había colocado por escalones sobre Vi-
llareal de Zumárraga y en los altos de Descarga , los
rechazó con denuedo por lodos los diferentes pun-
tos sobre los cuales dirigieron aquellos sus ataques,
logrando así que , entrada la noche , todas nuestras
ya indicadas fuerzas fuesen tranquilas á descansar á
Vergara. La distinguida y bizarra conducta de E S -
PARTERO en esta jornada fué obgeto de especial re-
comendación en el parte que el general Carratalá




— 1 7 2 —
elevó al gobierno , y recomiéndala principalmente la
circunstancia de haber recibido el caballo que mon-
taba dos heridas de bala.


Algunos dias pasaron sin que circunstancias par-
ticulares propias de la guerra y un temporal crudo
y lluvioso permitiesen llevar á cabo operaciones de
gran cuenta: y habiéndose detenido ESPARTERO, por
la segunda de aquellas causas, los dias 8 y 9 de f e -
brero en Vitoria, á cuyo punto se habia trasladado
con su brillante columna de orden del comandante
general de las provincias vascongadas, pasó el s i -
guiente dia 10 á Ochandiano, sin temor á la mucha
nieve que caia, conduciendo á aquella villa un con-
voy de comestibles y efectos para la maestranza de ar-
tillería establecida en Eibar, que el espresado coman-
dante general de las provincias le habia entregado; y
dirigióse á Durango en la madrugada del 11, después
de remesar á Eibar todos los efectos indicados.


En dicho pueblo de Durango supo que la facción
de Vizcaya, con tres piezas de artillería, se hallaba
reunida en Guernica: y creyendo que lo ventajoso
de la posición que el enemigo ocupaba le animaría á
esperar en ella la embestida de los nuestros, cuya
opinión le era confirmada por las varias noticias que
en el camino recibió de algunos paisanos viajeros, r e -
solvió ESPARTERO atacar, tomando antes las precau-
ciones convenientes. En esta idea , desalojó las avan-
zadas que los contrarios habían nuesto^ á nesar del vi-




— 1 7 3 —
vo fuego que estas hacían; y cuando ya se lisonjeaba
aquel general de poder destruir en un solo dia á t o -
dos los rebeldes que infestaban la provincia de su
mando , supo con sentimiento que cuatro horas antes
habian abandonado aquella villa, dejando solo las
avanzadas.


Siendo ya tarde , se decidió á pernoctar en Guer-
nica , y persuadido de que no era fácil que hubieran
podido los enemigos trasportar muy lejos la art i -
llería que consigo llevaban, mayormente cuando le
constaba que su fuerza principal habia quedado en
Mendala , dispuso que al siguiente dia 13 saliesen los
batallones de Isabel 11 y Gerona á recorrer los case-
ríos y pueblos inmediatos, ínterin el de Córdoba t o -
maba posición en las alturas que los dominan , que-
dándose él con el resto de la division en Guernica con
obgelo de acudir al punto en que fuese necesario, en
el caso de que el enemigo tuviese la resolución de
querer impedir el reconocimiento proyectado, y en
cuya virtud logró ESPARTERO apoderarse de las tres
piezas que los facciosos llevaban, de á 16 la una y
las dos restantes de á 4 , descubriendo al mismo tiem-
po un depósito de 150 pares de zapatos , varias pie-
les, cáñamos y demás efectos de construcción que te-
nían en Guernica.


Divididas y ahuyentadas las fuerzas rebeldes, y
siendo necesario que los soldados de ESPARTERO se
repusiesen de la marcha penosa que habian sufrido




— 1 7 4 —
abrumados con nieves continuas, deseando también
recibir la correspondencia atrasada de todos aquellos
dias, se decidió aquel general á trasladarse el 14 á
Bermeo, logrando descubrir otras dos piezas de á 2,
que se bailaban enterradas en las inmediaciones de
Mundaca , para lo cual contribuyó eficazmente el al-
calde de dicho pueblo de Bermeo, con una partida
de urbanos de la misma villa; en la cual dejó las
cinco piezas indicadas, pasando á Bilbao el 15.


Por este tiempo, la guerra que habia estado en
cierto modo paralizada y suspensa en sus operacio-
nes principales, con motivo de la enfermedad que
aquejó por algunos meses al general en gefe de los
egércitos del Norte, D. Francisco Espoz y Mina, y
que solo habia presentado tal cual destello ú signo
de victoria en los hechos parciales que ofrecían los
generales Manso, Córdoba, Carratalá, ESPARTERO, el
brigadier Jáuregui (el Pastor) y otros gefes distin-
guidos que guiaban las fuerzas que el gobierno le-
gítimo tenia en aquellas provincias, principió ya á
presentar mas vida, mas vigor y mas regularidad
también en su sistema , desde que restablecida la sa -
lud del valiente cuanto ilustre patriota , el ya citado
general Mina, presentóse este encampana, empuñan-
do aquella «espada de honor» (1) terror de los escla-


( 1 ) En sesión estraordinaria del 20 de diciembre de 1834. y
á propuesta del socio C. Z. de Liancourt , dedicó por aclamación
la «Sociedad universal de civilización» titulada Union de las




— 1 7 5 —
vos, áncora de los libres , símbolo eterno de las vic-
torias. Las alcanzadas en aquellos dias por este
inmortal caudillo , hacen ver que ni los años , ni las
penalidades consiguientes á la emigración, ni aun
los padecimientos que acababa de esperimentar, ha-
bían hecho decaer , ni un ápice , los brios y la hidal-
ga pujanza de un general, que formaba entonces la
esperanza de todos los liberales honrados. Mas des-
pués veremos que una triste fatalidad nos privó de
dar complemento y satisfacción á esta esperanza.


Entretanto diremos que ESPARTERO , sabedor de
que en el pueblo de Aracaldo, por donde tenia él
qne transitar con su división , habian dejado los fac-
ciosos cuatro cañones de madera con aros de hierro
y cargados de metralla, para que estallasen cuando
pasase su tropa , y que los habitantes de dicho pue-
blo , lejos de advertirle el peligro, se mostraron
cómplices, retirándose al monte, mandó dar fuego
á las casas, habiendo él tenido la suerte de que solo
un cañón rebentase , mas sin ocasionar desgracia a l -
guna.


El 28 de marzo también batió en Miraballes á


Naciones, residente en Paris, una espada de honor al ilustre ge-
neral Mina, en reconocimiento á sus distinguidos servicius mi-
litares y á la fidelidad con que defendía los derechos de la n a -
ción española y de su reina Isabel n . Esta espada fué remitida
por el señor duque de F r i a s , nuestro embajador entonces cer -
ca del rey de los franceses, al general Mina, por conducto del
gobernador de Jaca.




— 1 7 6 —
cuatro batallones carlistas, mandados por Luqui,
causándoles grande pérdida.


Un egército de reserva habia sido organizado en
Castilla, y puesto á las órdenes del general D. José
Santos de La Hera. El general Córdoba habia reem-
plazado, en el cargo de la comandancia general de
las provincias- vascongadas, al Sr. Carratalá, nom-
brado capitán general de Estremadura.-Por dimisión
del Sr. Marlinez de la Rosa, entró el conde de T o -
reno á presidir el consejo de ministros; y por acuer-
do de este, y en virtud de un real decreto espedido
el siete de abril, se encargó del mando de todas las
fuerzas existentes en Navarra, provincias vascon-
gadas, Castilla la vieja y Aragón, el Sr. Valdés,
ministro de la Guerra. Así desapareció, tan de r e -
pente, del teatro de esta , el ilustre y bravo general
Mina, con harto sentimiento del egército y con nota-
ble sorpresa del público, sin que hasta hoy hayan
podido inquirirse ni menos averiguarse los verdade-
ros motivos de su renuncia. Es verdad que al dirigir
esta á la reina Gobernadora, mediante una repre-
sentación fecha en Pamplona á 8 de abril (es decir
un dia después del decreto que investía á Valdés de
tan omnímodas facultades, que le quedaban someti-
dos todos los generales en gefe de aquellos egér-
citos), alegaba solamente aquel caudillo, como cau-
santes de su determinación, sus padecimientos físicos;
pero es lo cierto, que ya en aquella sazón hallábase




— 1 7 7 —
siempre dispuesto á salir á campaña, lo habia hecho
repelidas veces y con gloria; y sobre lodo, al re-
cordar este suceso , no es posible olvidar la estraña
coincidencia del otro su adjunto, ni tampoco la c ir -
cunstancia de haberse recibido en la corte varias
comunicaciones do las provincias sublevadas, en
queja de que al general en gefe no se concedía por
el gobierno toda la libertad necesaria para obrar
contra las facciones, antes bien se le oponiaH obs -
táculos y embarazos que dificultasen y aun imposi-
bilitasen á veces el buen éxito de sus operaciones.
Estas cartas fueron en parte desmentidas por la
prensa; pero ellas encerraban una opinión que e s -
taba ya bastante generalizada en los pueblos y en los
campamentos. De todos modos es este uno dé los
infinitos misterios que ha habido en la pasada lucha,
misterios mas fáciles de concebir que de espresar y
descifrarlos.


Prosiguiendo la historia de la campaña en Viz-
caya, diremos que el dia 1 . ° de abril salió E S P A R T E -
RO de Bilbao, en unión con el brigadier Iriarte y el
batallón de Segovia agregado á su división , y per—
noció en Durango. Los enemigos que se habían reu-
nido todos en Arratia, pasaron el 5 1 de marzo á
Ubiria; pero al dia siguiente contramarcharon al es-
presado valle. El 2 aparentó aquel general dirigirse
hacia Vitoria ; y después de andar una legua, guió
su movimieuto por el boquete de las peñas de Má-




— 1 7 8 —
saría, sobre Jos valles de Dima y Arratia. Nada
encontró en el primero; mas al dar vista al segundo
desde las alturas de Lamindano, descubrió al ene-
migo que ocupaba en dos líneas las formidables po-
siciones que desde el mismo rio y pueblo de Villaro
se suceden consecutivamente por mas de legua y me-
dia, hasta la gran peña de Gorbea y las altas cuchi-
llas que separan los valles de Arratia y Orozco.


La fuerza que se descubría era como de seis ba-
tallones, obra de 3,000 á 3 , 500 hombres, y algunos
30 ó 40 lanceros, todos en posiciones tan bien
escogidas, que el atacarlas pudiera calificarse de i m -
prudencia, ano hacerlo ya indispensable el'parage en que nuestros soldados sé hallaban y también el
honor de nuestras armas. Por esta razón , y persua-
dido de que , según la actitud de los rebeldes, espe-
raban estos el ataque de nuestras tropas por el refe-
rido pueblo de Villaro, donde hay puente para
pasaT el rio :, practicó ESPARTERO su descenso de las
predichas alturas por la derecha, con la mayor r a -
pidez , y con el designio de ocupar otro puente que
hay hacia Arteaga, y atacarlos por su izquierda.
El los , á vista de esto, empezaron desde luego tam-
bién á maniobrar con el fin de bajar al puente ama-
gado; pero llegando antes los nuestros , les fué im-
posible á aquellos disputar á estos el paso del rio;
realizado el cual, dispuso ESPARTERO atacar su cen-
tro y ala izquierda.




— 1 7 9 —
El fuego se habia hecho general á la una y media


de la tarde, hora en que empezó la carga de tantas
y tan temibles posiciones. Nuestra tropa trabajó co­
mo lo ha de costumbre en tales casos, venciendo
obstáculos al parecer insuperables, á pesar de que
el enemigo , valido de lo favorable del terreno, pre­
sentaba por todas partes uña tenaz resistencia. Pero
la victoria coronó al fin los esfuerzos délos leales:
y el grito de Isabel н resonó, como por encanto,
triunfante en sus mas fuertes posiciones. De una en
una fué desalojado el enemigo de todas, llevando la
cabeza de nuestras columnas de ataque los bizarros
batallones del Príncipe, el segundo de Córdoba, el
segundo de Almansa y el segundo.de Gerona. Serian
las seis de la tarde, cuando rompieron los nuestros
definitivamente por varios puntos la estensa línea
enemiga en lo mas culminante de las cuchillas in­
termedias de Arratia y Orozco; dividiéndose su
fuerza, los unos á coger el boquete de la peña' de
Gorbea,y los otros hacia su derecha á caer sobre
Ceberio. Entonces ordenó ESPARTERO que el coronel
D. José Ozores, con los batallones segundo del
Príncipe, Almansa y Gerona, marchase enpersecu­r
cipn de los de la derecha, enderezándose él y el
señor lriarte , sobre los de la izquierda con las r e s ­
tantes fuerzas. •


Sostuvieron los enemigos un rato su retirada por
escalones amagando una carga de caballería que fué




— 1 8 0 —
rechazada por la segunda de cazadores del Príncipe,
al mando de su capitán D. Pedro Gibert. Pero no
pasó mucho tiempo sin que se declararan en comple-
ta dispersión, huyendo en todas direcciones, y mas
particularmente por el agugero de la peñadeGorbea,
hasta cuyo pié los persigió el mismo ESPARTERO
con el primer batallón del Príncipe , que guiaba su
bizarro comandante accidental,el capitán D. Antonio
Guerrero, apoyado ademas por el provincial de Com^
postela. Al llegar á aquel punto á las siete dadas,
cerró la noche en parages escabrosísimos, siendo ya
preciso hacer alto y reunir la gente: y como prin-
cipiase una fuerte lluvia, que impedia campar, bajó,
en unión del mencionado brigadier Iriarte, á Orozco,
distante unas dos leguas, á donde llegó á la una de
la madrugada, con la mitad de la columna. La otra
mitad, con el coronel Ozores, habiendo rechaza-
do los cazadores de Almansa, mandados por su
capitán D. Juan Francisco Alonso , una carga de ca-
ballería enemiga, continuó la persecución hasta Ce-
berio, donde pernoctó. Al siguiente dia 3se reunie-
ron ambas columnas en Miraballes, desde donde
partieran hacia Bilbao á conducir los heridos.


La pérdida que resultó á los nuestros de esta
brillante jornada, de Villaro, fué la de dos muertos
y 38 heridos; entre estos los ayudantes de campo de
ESPARTERO, el teniente coronel de caballería D. Juan
Zabala, que sacó el brazo izquierdo atravesado de




—181 —
un balazo, y D. José Allende Salazar, capitán gra-
duado de infantería y alférez de la Guardia Real, que.
también recibió otro balazo' en la mano izquierda,
D. Pedro María Gutiérrez, teniente del regimiento
del Príncipe, tercero de infantería, y D. Francisco
Lloret, subteniente del mismo cuerpo, con otros diez
individuos de tropa contusos de mas ó menos gra-
vedad, saliendo herido también el caballo del g e -
neral ESPARTERO. La del enemigo fué de mas consi-
deración, y no fácil de calcular al pronto por lo
vasto y quebrado del terreno' que comprendió la
acción; bastando solo para dar una idea de lo em-
peñado y sangriento de esta , que los nuestros conta-
ron sobre la marcha cerca de cien cadáveres faccio-
sos. Fuéles ademas apresado á estos, entre otras
cosas, 40 fusiles, varias lanzas, y una bandera n e -
gra que llevaba escrito el lema de Victoria ó muerte.
Algunos prisioneros, tres pasados , y rescatados 26
individuos, procedentes de los regimientos de Gra-
nada , Estremadura , Mondoñedo y Alcázar , que ba-
bian sido cogidos por ellos en diversas ocasiones,
los cuales verificaron su presentación armados (co-
mo que habían sido incorporados ya á la fuerza
en las tilas facciosas), fueron también parte del
fruto que produjo este memorable suceso de armas,
que infundió gran terror en las destrozadas hordas
de Luqui y La Torre , y acreció sobremanera el e n -
tusiasmo de los valientes que con tanta gloria y h o -


TOM. i. 13




— 1 8 2 —
ñor militar y con estrella tan afortunada , conducía
diariamente á las victorias el ilustre y bravo general
D . BALDOMERO ESPARTERO.


Aquí será muy del caso, ya que hemos anuncia-
do la salida repentina que verificó el señor ministro
de la Guerra, D . Gerónimo Valdés, de Madrid, para
ponerse al frente del egército de operaciones del
Norte, y de la consiguiente renuncia que del cargo
de general en gefe de dicho egército hizo el teniente
general D . Francisco Espoz y Mina; que hagamos
mérito igualmente de un suceso de grande impor-
tancia y de trascendencia suma en los anales de la
guerra, cual es el tratado cuya celebración tuvo l u -
gar el 27 del abril en que estamos , entre los coman-
dantes generales de los egércitos beligerantes en
aquellas provincias, á nombre de Isabel n y de C a r -
los V , el espresado general D . Gerónimo Valdés y el
de igual clase , entre los carlistas , D . Tomas Zuma-
lacárregui, por mediación del lord Elliot, encargado
al efecto por el gobierno británico, y con anuencia es-
presa del gabinete de las Tullerias. Hé aquí la
ESTIPULACIÓN para el cange de prisioneros 'propuesta


par el lord EUiot, comisionado por S. M. Británica,
y que servirá de norma á los comandantes en gefe de
los egércitos beligerantes en las provincias de Gui-
púzcoa, Álava y Vizcaya, y en el reino de Navarra.


«Artículo 1.° Los comandantes en gefe de los
«egércitos actualmente en guerra en las provincias de




— 1 8 3 —
«Guipúzcoa, Álava, Vizcaya y en el reino de Na-
«varra, convienen en conservar la vida á todos los
«prisioneros que se hagan por una y otra parte, y
«en cangearlos según se espresa á continuación.»


«Art. 2.° El cange de prisioneros será periódi-
«co, dos 6 tres veces al mes, ó mas á menudo, si
«las circunstancias lo requieren y lo permiten.»


«Art. 3.° Dicho cange será en justa proporción
«del número de prisioneros que presente cada par-
«tc, y los escedentes los retendrá la parte en cuyo
«poder se hallen hasta nueva ocasión de cange.»


«Art. 4.° Se cangearán por igualdad de clases,
«empleos, categorías y dependencias de una y otra
«parte beligerante.»


«Art. 5.° Si después de verificado un cange en-
«tre las dos partes beligerantes, una de ellas nece-
«sita un punto donde pueda guardar los prisioneros
«escedentes, que no hayan sido cangeados, para la
«seguridad, buen trato y decoro de estos, se con-
«vendrá de que queden depositados y custodiados
«por la parte en cuyo poder se hallen, en uno ó
«mas pueblos, que serárffespelados por la contra-
«ria, sin que esta pueda entrar en los indicados pue-
«blos ni hostilizarlos en manera alguna durante el
«tiempo que en ellos permanezcan los prisioneros:
«bien entendido que en el pueblo 6 pueblos donde
«queden los prisioneros, no se podrán fabricar a r -
«mas, ni municiones, ni efectos militares; y que




— 1 8 4 —
«este pueblo ó pueblos serán elegidos de antemano
«por acuerdo de ambas partes.»


«Arl. 6.° Durante la actual lucha, á ninguna
«persona , cualquiera que sea , civil ó militar, se le
«quitará la vida por razón de opiniones políticas,
«sin ser juzgada y condenada previamente con ar~
«reglo á las leyes, decretos y ordenanzas vigentes
«en España. Esta condición debe entenderse únrca-
«mente con los que no sean en realidad prisioneros
«de guerra ; pues respecto á estos ha de regir lo que
«queda estipulado en los artículos anteriores.» *


«Art. 7.° Ambas partes beligerantes respela-
«rán religiosamente y dejarán en plena libertad á
«los heridos y enfermos que encuentren en los hos-
«pitales , caseríos3 cualquiera otro punto, previo
«el correspondiente reconocimiento de los faculta-
olivos , con respecto á los enfermos.»


«Art. 8.° Si la guerra se estiende á otras pro-
«vincias, regirá en ellas el presente convenio, con
«tal que sean los mismos egércitos beligerantes en
«las provincias vascongadas y en el reino de Na-
«varra, los que por las vicisitudes de la guerra pa-
«sasen á hacerla en oirás provincias de la monarquía.


«Arl. 9.° Este convenio se observará estricta-
«menle por todos los comandantes generales de am-
«bas partes que se sucedan en el mando.—Cuartel
«general de Logroño 27 de abril de 1835.—Coman-
«dante en gefe del egércilo de operaciones del ñor-




— 1 8 5 —
ule.—-GERÓNIMO VALDES.—Cuartel general de Asar-
l a 28 de abril de 1835.—El comandante general
«del egéreito.—TOMÁS ZUMALACÁRREGUI.—ELLIOT.-
«Firmado á mi presencia.—S. GURVOOD, teniente
«coronel.


No cumple al propósito nuestro hacer la historia
de este tratado, ni menos emitir un juicio crítico-po-
lítico de la justicia y conveniencia de los puntos que
él comprende; puesto que ninguna parte cupo á E S -
PARTERO en su celebración: y solo damos conoci-
miento de él en este lugar, para fijar las bases y sen-
tar la legislación que en lo»s«cesivo ha de regir en es-
ta guerra. Salo sí diremos, que si bien un sentimien-
to de amor propio'y de orgullo nacional hizo que en
un principio los liberales mas ardientes le recibiesen,
condisgusto unos, con indignación otros, por la con-
sideración é importancia que en él se daba á las fuer-
zas rebeldes, y el reconocimiento tácito ú espreso
que de ciertos derechos y cierta representación de
autoridad en él se hacia, es indudable que el tiempo
después y una esperiencia ilustrada por los sucesos
que sobrevinieron durante aquella lucha , llegaron á
rectificar la opinión , rehaciéndola á favor de un tra-
tado que tantas víctimas arrancó al cadalso , escati-
mando así la efusión de preciosa sangre española.
Que lio hay para labrar desengaños y disipar errores,
cosa mejor que la esperiencia y el transcurso de los
tiempos.




— 1 8 6 —
El 1 . " de mayo fué nombrado ESPARTERO coman-


dante general de las provincias vascongadas, en justo
premio del celo que habia desplegado en Vizcaya: y
hallándose el día 2 de este mes en Vitoria, recibió, á
las.ocho de la noche, una comunicación del gober-
nador de Durango y simultáneamente otras de Bi l -
bao , las cuales le anunciaban contestes la marcha
del brigadier Iriarte sobre Lequeitio, el movimiento
de la facción de Vizcaya sobre Guernica y el de dos
batallones guipuzcoanos por Mallavia á Marquina.
Sin mas antecedentes » partió , á las cinco de la ma-
ñana del siguiente dia, con direcciou á Durango, en
medio de una copiosa 6 incesante lluvia que le hu-
biera obligado á detenerse en Ochandiano, á no ha-
ber sabido en dicho pueblo la desgraciada acción
ocurrida en Guernica con la división de Iriarte.


Sin detenerse empero , marchó, como hemos di-
cho, la vuelta de Durango; y al amanecer del dia
siguiente voló sobre Guernica. Desde el alto de M u -
niqueta divisó ya las llamas que rodeaban el convento
de monjas, en el cual se habían refugiado 200 hom-
bres de Gerona y Príncrpf, cuyos valientes hubie-
ran sido devorados por las llamas , si ESPARTERO hu-
biese tardado algunas horas mas en socorrerlos. Pero
viendo el gran peligro en que se hallaban, le ocurrió
disparar tres cañonazos desde el espresado alto de
Muniqueta , á fin de que les sirviesen de señal del
próximo auxilio, no menos que de inminente riesgo




— 1 8 7 —
á los rebeldes. Con efecto, no bien se babia acerca-
do nuestro general, con parte de los suyos, al pue-
blo de Muniquela, cuando aquellos se pusieron en
precipitada fuga, tornando los vizcaínos la via de
Larravezua para Arratia, y los guipuzcoanos la de
Munitivar para su provincia. Sobre estos se movió
ESPARTERO por las calzadas de Astuaga; mas no
siendo posible darles alcance, y deseando vivamente
salvar cuanto antes á los héroes del convento de
monjas de Rentería, bajó por Mendata á Gueruica.
Llegó al fin al convento, salió precipitadamente de
él aquel grupo de bravos, y no hay pluma capaz de
describir con exactitud lo interesante y tierno de la
escena que tuvo lugar al presentarse ESPARTERO de-
lante de ellos.


Pero oigamos á este mismo general que en una
carta que sobre este hecho transmitió al gobernador
militar de Durango, D. Ramón Solano, fecha 5 de
mayo en Muudaca, se espresa, al llegar á este paso,
de la manera siguiente:


«Hasta aquel momento ignoraban 'quien era el
«gefe á quien debian su salvación: yo me habia ade—
«lantado con un piquete de caballería: me conocie-
«ron antes de pasar un pantano, que, aunque p e -
«queño, daba el agua mas arriba de la rodilla; y
«todos, al verme, se tiran al pantano, le atraviesan
«y vienen á abrazarme, é inundados con lágrimas de
«júbilo esclaman: ¡solo nuestro general, nuestro va-




— 1 8 8 —
«dre podia haber sido nuestro libertador! mis lá—
«grimas se unieron con las de estos héroes, y seguid
«damente desfilaron por delante de mi columna, que
«los recibió con las armas presentadas y con mil v i -
«vas de aclamación.»


Inmediatamente pasó el general" ESPARTERO al
convento á prestar consuelo y pronto, y eficaz auxilio
á los infelices heridos; dio las mas afectuosas y e s -
presivas gracias á las santas vírgenes que con tanta
virtud y caridad cristiana habían socorrido á sus
refugiados , pasando á continuación aviso de su mo-
vimiento al brigadier Iriarte.


Aquella mansion sagrada donde se habian defen-
dido nuestros héroes por tres dias consecutivos,
presentando egemplo de un denuedo todo español,
y solo comparable al valor numanlino, ofrecía á la
espectacion de todos el cuadro mas espantoso y hor-
rendo. Todas las puertas habian sido incendiadas;
y el fuego devorador habia invadido también parte
del techo: las paredes habian sido horadadas por el
enemigo, que hacía desde ellas con la fusilería un
fuego horroroso. En el lugar mismo en donde c o r -
respondía y estaba el sagrario de la- iglesia, habian
abierto los rebeldes un grande agujero, al cual adap-
taron un cañón , con cuyo auxilio batian á nuestros
bravos á bala rasa y metralla. Mas estos habian j u -
rado morir antes que rendirse; y diga la historia si
eran hombres de cumplir sus juramentos. Con los




— Í 8 < ) —


ladrillos y con los muebles de los claustros y celdas
formaron como barricadas y retrinchcramientos in-
teriores, y disputaban el terreno por palmos. Ocu-
pábanse los unos en dichas obras, los otros en con-
ducir agua para apagar el incendio , otros en'fin , en
defender su puesto á fuego y bayoneta. Perdieron
los enemigos, en los diferentes ataques que dirigieron
al convento, cuatro oficiales y muchos soldados
muertos, retirando ademas porción de heridos.


El general rebelde Sarasa, que mandaba las fuer-
zas del asedio, les pasó varios oficios, intimando la
rendición á aquellos bravos, y haciéndoles á la vez
ventajosos ofrecimientos; pero el comandante del
puesto, que lo era el teniente del batallón de Gerona
D. N. Calvo, á ninguno quiso contestar.por e s -
crito; y todos los oficiales y tropa contestaban por
aclamación renovando sus juramentos, y añadiendo
que tenian 10 cartuchos en sus cartucheras, con los
que harian pagar bien caro el sacrificio de sus vidas.
Pero tantos y tan heroicos esfuerzos hubieran sido
de todo punto infructuosos, s i , como llevamos di -
cho, se dilata algunas horas la llegada de E S P A R T E -
RO; pues los-feroces sitiadores habían rodeado aquel
débil edificio de un inmenso combustible que ya iban
á incendiar, haciendo así, su alma fiera, á tantos va-
lientes pasto horrible de las llamas.


Para terminar la interesante narración de este
memorable hecho de armas, timbre glorioso con




— 1 9 0 -
que ilustra la historia la vida- inmortal de los héroes
del convento de Rentería, y de Su- noble y bizarro
libertador, copiamos á continuación la orden general
que ESPARTERO-dio á sus tropas el 4 de mayo de
1 8 3 5 en Mundaca.


Dice así:
«Comandancia general de las provincias vascon-


gadas. Orden general etc.»
«SOLDADOS : Van á desfilar por delante de voso-


«tros 1 9 4 valientes, que atacados por 8 batallones,
«batidos por la artillería, á menos de tiro de pis-
«tola y rodeados del incendio que devoraba el débil
«edificio á que se habían acogido, no han titubeado
«un instante entre el honor y la muerte que les ame-
«nazaba. Han sellado su lealtad con su sangre, y la
«patria admirada premiará y transmitirá á la poste-
«ridad los heroicos hechos de tres dias, en que el
«hierro, el plomo y las llamas han cercado á estos
«bizarros militares. Saludadlos en el nombre au-
«gusto de S. M . , á cuyos reales pies, elevaré la r e -
«lacion de este soceso; suplicándola los premie y se
«consagre su memoria para eterno honor de los r e -
«gimientos de Gerona y Príncipe, á que pertenecen.


«Hé aquí, compañeros, el fruto de las dos pe-
«nosas marchas que habéis hecho desde Vitoria:
«sin vuestra constancia, y sin vuestro sufrimiento,
«el enemigo no se hubiera ahuyentado , y estos h é -
«roes hubieran sido pasto délas llamas: los habéis




— 1 9 1 —
«salvado, los volvéis á sus familias y á la patria,
«y yo os doy las gracias , satisfecho de vuestro
«proceder, y seguro de que no olvidareis esta loc -
«cion para llevar con alegria los trabajos que oírez-
«ca la campaña, y en que siempre os acompañará
«vuestro general.—ESPARTERO.


En atención al mérito distinguido que contrajo
este ilustre general en el suceso que acabamos de
referir, y á los infinitos servicios que habia prestado
en aquella campaña, desde su principio, S. M. la
reina Gobernadora tuvo á bien ornar su pecho con la
gran cruz de S. Fernando.


Vamos á hablar de un hecho de armas, el mas
infausto, el único tal vez desgraciado de cuantos nu~ .
mera ESPARTERO en su larga y brillante hoja de ser-
vicios militares; pero que habiendo sido adulterado
y disfrazado en sentido mas ó menos contrario siem-
pre á la justicia que la historia debe á este general,
cumple á nuestro propósito referirle aquí tal cual le
hemos podido aprender de boca de varios testigos
presenciales y que se hallaban en los dos campos, en
el de D. Carlos y en el de las tropas de la reina. En
esta época, y con tales indicios, fácil es á nuestros
lectores colegir que hablamos de la famosa retirada
que ESPARTERO hizo desde el alto de Descarga á
Vergara, el 2 de junio del año eri que vamos de 1835.
Hecho de grande importancia por las fatales conse-
cuencias que produjo, y que mas adelante se deta-




— 1 9 2 —
Harán; hecho en fin, que no parece sino que un ha-
do siniestro preparó á ESPARTERO con el fin de
eclipsar el sol dé las insignes victorias que un mes
antes y en dias anteriores habia alcanzado. Veamos,
empero, hasta qué punto puede hacerse responsa-
ble á este gefe por la sorpresa que sufrió en Des-
carga. , •


La división de Álava , al mando del barón del
Solar de Espinosa, la de Vizcaya rejida por el con-
de de Mirasol, y la brigada auxiliar de Navarra que
guiaba el coronel Ulivarri , emprendieron reunidas
su marcha desde Vitoria, bajo la dirección del g e -
neral ESPARTERO, y con el designio de realizar una
combinación del general en gefe, D. Gerónimo Val-
dés, cuyo obgeto era levantar el sitio puesto por Zu-
malacárregui á Villafranca de Guipúzcoa, á cuyo
resultado también debían concurrir las tropas de
Navarra que mandaba el general Oraa. En esta idea,
las tropas de ESPARTERO hicieron su marcha por Du-
rango, Vergara y Mondragon, procurando así entrete-
ner el tiempo necesario para caer al lugar combinado
de Villafranca, llamando entretanto desdedidlo pun-
to de Mondragon la atención de las fnerzas carlistas
que habia en Oñate. Pero no teniendo ESPARTERO
noticia de las otras tropas auxiliares, como tampoco
del paradero del general en gefe Valdés se decidió
á salir de Mondragon , y pasando por las' inmedia-
ciones de Vergara , enderezóse al alto de Descarga




- 1 9 3 —


que ocupó militarmente en la tarde del 2 , después
de haber desalojado algunas guerrillas que escara-
mucearon al aproximarse nuestras tropas.


Camparon estas en las mencionadas alturas for -
madas por varios barrancos que encierran grandes
sinuosidades: y por disposición de ESPARTERO fueron
cubiertas en poco tiempo , y con la mayor puntuali-
dad y exactitud , aquellas inespugnablcs posiciones;
estableciéndose allí como providencialmente un v i -
vac, el mas arreglado á las leyes de castrametación
que se vio jamas en ninguna ocasión ni época de la
pasada lucha, á juicio de personas inteligentes en la
materia. Apoyadas las tropas en aquella altura eran
invencibles, según la atinada elección que de las es-
tancias se habia hecho. Todo indicaba que allí se iban
á pasar algunos dias, y que sé trataba de socorrer y
aliviar á la población sitiada: y en esta seguridad, los
oficiales discurrían tranquilamente en derredor de
las fogatas. El enemigo, avisado por sus guerillas
y por los puestos avanzados que tenían los nuestros,
se alarmó, como era de esperar; y descargando ya
sus ataques y embestidas á Villafranca, vióse pre-
cisado á destinar fuerzas en obsevaciün de sus con-
trarios.


En tal estado, sin recibir los nuestros molestia
alguna ni ser ostigados por el enemigo, Serian las
ocho de la noche cuando se hizo oir el toque de o r -
den general y se dio, con asombro y sorpresa de l o -




— 1 9 4 —
dos, la de retirada sobre Ver gara, cu j o movimiento
debian emprender rompiéndole la división de Álava,
siguiendo á esta la brigada de Navarra y cubriendo
Vizcaya la retirada. Con efecto , roto el movimineto
y egecutado sin obstáculo por la división de Álava,
legó esta á las diez y media á Vergara , en donde se
alojó tranquilamente. Entretanto el comandante g e -
neral carlista D. Benito Eraso, que se hallaba en V i -
llarreal de Zumárraga, habia ordenado que saliesen,
entre ocho y nueve de la noche, unos 40 caballos del
escuadrón de Vizcaya, al mando de su hijo, y ademas
cuatro compañías de infantería, del batallón titulado
«Gias de Álava» con orden de subir al alto de Des-
carga , en observación de la retirada que estaban
practicando nuestras tropas por la carretera de Ver-
gara, según queda dicho.


Era la noche lluviosa y de fuertes y de recios
vendábales: y no contribuyó poco esta notable c i r -
cunstancia al éxito fatal de tan singular sorpresa , la
cual tuvo lugar de la manera siguiente. Verificaban
la subida á la montaña las fuerzas predicbas que se
habían destacado en Villareal, y encontrándose con
el primer centinela de los nuestros, al quien vive
dado por este, hubieron de contestar aquellos Isa-
bel II. Entonces, sin dar lugar á mas, quitáronlos re-
beldes el fusil al espresado centinela * que estaba so-
brecogido y yerto ademas, con el horroso temporal
que hacia, logrando en seguida dicha fuerza carlista




— 1 9 5 —
arrojarse sobre toda la avanzada que tenia la reta-
guardia de las tropas de ESPARTERO ; consiguiendo
desordenarla y ponerla en fuga , como igualmente á
toda la demás fuerza de retaguardia que se dispersó
á derecha é izquierda del camino real. Tal era la con-
fusion, tan cabal y completa la sorpresa, y tan dies-
tramente manejada por los gefes y aun soldados car -
listas, que cuando algunas tropas de ESPARTERO
gritaban, viva Isabel II, los enemigos contestaban
lo mismo, añadiendo con maña las espresiones de
Todos somos unos.


Allí , en medio de la confusion, y en donde se
hizo mas empeñada la pelea, hallábase el general
ESPARTERO con su escolta , que mandaba el capitán
de húsares D. Manuel Mecolalde, y con su estado
mayor: allí, haciéndose superior el conflicto, ani -
maba á la infantería , dando repetidas veces la voz
de fuego, y siendo á aquella absolutamente impo-
sible hacer disparos , por estar todas las municiones
inutilizadas á causa de las aguas. Varias veces se vio
atacado y obligado á sostener hasta combates per-
sonales, sin éxito y con grave riesgo y peligro.


Dispersa la brigada de Navarra, fué imposible ya
contener al enemigo; y vióse ESPARTERO obligado á
dirigirse á Vergara, sin aguardar á la division de Viz -
caya, la cual, como situada al estremo izquierdo del
campo , tardó en descender á la carretera. Efectuá-
ronlo al cabo dos batallones de Almansa y uno de




- 1 9 6 —
San. Fernando con el conde Mirasol á la cabeza; pe-
ro acometidos por los rebeldes que los cortaron al
bajar, y sorprendidos de tan inesperado ataque, per-
dieron las primeras compañías (pues bajaban para-
lelos para abreviar) y fué hecho prisionero, á su ca-
beza, el conde.


Entretanto el bravo y entendido coronel Araoz,
gefe de E . M. de Vizcaya, y que estaba todavía en
posición, en lo mas culminante de su anterior cam-
pamento , con el bizarro batallón del Príncipe, man-
dado por su valiente gefe el coronel Jove, esperando
el repliegue del tercero de Almansa (alias los bedui-
nos porque estuvieron en Argel) que se hallaba e s -
tablecido delante de la línea y no tenia tiempo para
incorporarse; luego qué oyó el tiroteo de la car-
retera, voló con sus ayudantes, adictos y ordenanzas
en busca del Comandante General, y dio de frente
con el coronel Baseti, que mandaba un batallón de
Almansa y retrocedía de la carretera, salvando el
resto de los tres batallones; los cuales, reunidos por
dicho señor Araoz al Príncipe y cuantos dispersos
pudieron agruparse , emprendió este benemérito ge-
fe , á las 1 1 de la noche, el movimiento retrógrado
sobre Vergara, por el mismo punto que habia subido
aquella tarde, dejando por consiguiente la carretera
á la izquierda, según queda indicado, y burlando
así, con tan atinado proceder, el designio de los ene-
migos.




— 1 9 7 — Durante aquella terrible n o c h e , distinguiéronse en actividad, serenidad y c e l o , los valientes gefes, J o v c del Príncipe, Baseti de Almansa y Preisle del R e y , ayudando en la importantísima operación a n -tedicha al señor A r a o z , quien consiguió entrar en Vergara, á las cuatro de la madrugada, con cerca de 1,800 hombres. Próximo ya á la población , p r e -séntesele el conde Mirasol , que habia podido fugarse á favor de la oscuridad; pero en tan mal estado, que se hacia conducir en brazos de los soldados por no serle posible ni aun montar á caballo. E l señor Araoz c e d i ó , como debia, al conde el mando de aquella fuerza; pero su malandanza no permitió á este aceptarlo, viéndose precisado á instar vivamente á a q u e l , para que continuase guiando las tropas , como en efecto lo hizo. Cinco ú seis veces fueron rechazados los c a b a -llos carlistas por los nuestros en esta famosa r e t i -rada: con especialidad á la entrada del pueblo de Anzuela , en cuyo punto se resistieron estos f u e r t e -mente , dando así lugar á que pudieran los batallones ganar á Vergara. Pocos prisioneros se hicieron por los facciosos en aquella noche; mas al amanecer del dia siguiente se fueron cogiendo , de los infinitos r e -zagados que habia en distintos puntos del alto de Descarga , hasta el número de unos 1,100 h o m -b r e s . — E n aquella mañana, ni descansó la división en Vergara , como era natural y aun necesario , ni se hi-
TOM . i . ' 14




— 1 9 8 —
7.0 salir á la de Álava para proteger, como era justo,
á los muchos dispersos que erraban por aquellas si-
nuosidades: antes bien se emprendió la marcha para
Durango, adonde llevaron nuestros soldados el pavor
pintado en sus semblantes, dejando ademas abatido el
ánimo de los que guarnecían á Vergara , cuya guar-
nición , que consistía en 800 hombres, así como la de
la espresada villa de Durango, hubieron de rendirse
á discreción luego que pasaron nuestras tropas. V i -
llafranca, Eibar, Tolosa, lodos los puntos fuertes
de las costas de Vizcaya y Guipúzcoa, en cuyas
provincias nos quedaron solamente las capitales,
fueron abandonados los unos, capitulando los otros,
á consecuencia de aquel funesto descalabro que tan-
tas ventajas produjo á los carlistas. No son estas pro-
porcionales al mérito que los vencedores atribuyen
á este hecho de armas , que si bien fué de grandes y
muy provechosos resultados para los rebeldes, no
pasa de ser considerado como una de tantas sorpre-
sas de las muchas que ocurren en las guerras; sor-
presa debida al cruel temporal de aguas, á la oscuri-
dad de la noche, al cansancio de nuestras tropas y á
todas las demás circunstancias ya enunciadas; pero
en la cual no intervino plan alguno combinado al
efecto por los carlistas, como lo prueba el hecho de
no haberse movido el egército faccioso que estaba en
Villareal de Zumárraga hasta al otro dia en que tu-
vieron noticia del suceso acaecido en la noche an-




— 1 9 9 —
Icrior. Bien que esto aumenta la gloria de la pequeña
fuerza que cometió el increíble arrojo de avanzar
y entrometerse en las filas de las tropas leales.


Preciso es también hacer justicia á ESPARTERO,
quien, con sereno y fiero ademan, dio en esta como
en todas ocasiones, pruebas irrefragables de valor
personal, impidiendo así hacer quiebra en su bien
acreditada fama de valeroso adalid, de gran soldado.
Mas no es tan fácil disculparle del vituperable des-
acuerdo que cometió, como general de la división;
puesto que, si no había de conservarse la posición
de Descarga, ¿á qué era ocuparla? Y una vez esta-
cionadas allí nuestras tropas, ¿á qué la orden gene-
ral de retirada tan imprevisiva como imprevista , tan
intempestiva é inoportuna como malhadada y funes-
ta?—Causas puede haber, sin embargo, que obli-
gasen á este general á dar un paso tan desacordado;
pero estas causas no han llegado todavia á noticia
nuestra. La historia , por lo tanto , á fuer de veraz,
imparcial y justa, no puede aun relevar del todo á
ESPARTERO del cargo que contra él resulta por el des-
liz cometido en tan desastrosa jornada.


Consecuencia de este suceso lamentable, y conse-
cuencia que pudo haber sido muy trascendental para
el porvenir y el éxito de aquella guerra , fué el sitio
que sufrió la invicta villa de Bilbao dias después de
la infausta noche de Descarga. El 4 de junio entró
ESPARTERO en la capital de Vizcaya , de donde partió




— 2 0 0 —
el 8 dirigiéndose por las Encartaciones; y dos días
después, el 1 0 , dio principio al bloqueo de aquella
villa inmortal un numeroso egército carlista mandado
por el terrible Zumalacárregui. Dos dias solos tardó
este en tomar las medidas conducentes al fin que se
proponía, que era estrechar el bloqueo y convertirle
en asedio ; y el 13 por la mañana ya se hallaba este
formalmente establecido. Animosos y envalentonados
los carlistas con haberse enseñoreado, en poco tiem-
po , de casi todo el territorio que comprenden las
tres provincias vascongadas , fijaban ya sus miras con
grande ahinco y con grandes esperanzas en aquel ín-
clito pueblo, que en esta, como en otras posteriores
ocasiones, decidió á favor de la causa santa de la li-
bertad. Otro interés ademas mediaba en tan ardua
empresa. D. Carlos habia contratado un empréstito
en Holanda, en cuya garantía no tuvo escrúpulo de
ofrecer la toma de aquella plaza: y la adquisición de
este empréstito no podia ser en manera alguna indi-
ferente á las apuradísimas huestes del príncipe rebel-
de. Ganosas estas de prez, y mas ganosos todavia los
numerosos buitres que fiados ya en la presa, la cual
contaban por segura, habían atravesado el Pirineo,
olfateando el botin y el empréstito (que no la pólvo-
ra) y esperaban ansiosos el desenlace en lugares cer-
canos , si bien no tanto que corriesen peligro, tales
como Salvatierra, en cuyo punto hacían votos por la
rendición de Bilbao , con muchos emigrados que as-




— 2 0 1 —
piraban á empleos, mas de 300 entre curas y frailes,
que solo querían mitrarse, habían hecho ya de la to-
ma de tan importante plaza una condición necesaria
de su existencia y de su porvenir.


Combinados todos estos elementos, eran otras tan-
tas mechas para dar fuego á los muchos cañones, mor-
teros y obuses que fueron asestados contra aquel pue-
blo heroico. Larga, porfiada , tenaz , reñidísima, du-
dosa también algunas veces, fué la lucha que de una
y otra parte presenciaron aquellos muros débiles, r o -
bustecidos empero con el entusiasmo y el ardimiento y
el valor que encierran los hidalgos pechos bilbaínos.


Dos buques de guerra ingleses que se hallabau
en la ria de Bilbao , preguntaron al gobernador, con-
de de Mirasol, si quería que le auxiliasen decidida-
mente hostilizando á los facciosos, ó si mas bien
prefería una neutralidad que pudiera serle provecho-
sa para asegurar las comunicaciones. El gobernador
optó por el último partido.


Todo se libraba en esta como en otras veces
al patriotismo , á las virtudes, al valor de los heroi-
cos habitantes de la ínclita villa. Nuestra indepen-
dencia, nuestra libertad, el trono de Isabel n , lodo
cuanto hay de respetable y de grande en nuestra so-
ciedad , cifraba su porvenir y le depositaba dentro
de aquellos muros invencibles. Los Urbanos, Gero-
na , Voluntarios de Valencia, Cazadores de Isabel u,
provinciales de varios cuerpos que allí habia , salva-




— 2 0 2 —
guardias, ingleses, todos rivalizaron en disciplina y
en valor. Los primeros no solo hacian el oficio de
soldados, sí que también los de saqueros, cuberos,
embaladores, todo cuanto de ellos se exigía. Las ni-
ñas se entretenían en hacer hilas, las ancianas asistían
á los enfermos, las mas delicadas señoritas empleaban
la aguja en la construcción de sacos para las fortifi-
caciones. Mejor diremos, que allí no había niños, ni
ancianos, ni mugeres: todos eran hombres, todos j ó -
venes , todos soldados, todos héroes.


Grande fué el estrago que sufrió aquella her-
mosa población en 20 dias de terrible asedio; pero
á fé que no egercieron los carlistas impunemente sus
destructores efectos: pues entre los infinitos dete-
rioros producidos en sus filas por los cañones de la
plaza, y aun por el fuego de fusilería, tuvo el egér-
cito sitiador una pérdida que el tiempo no pudo des-
pués reparar jamas. Habia salido el general en gefe
Zumalacárregui á practicar un reconocimiento el dia
1 5 , y acercándose á la población mas de lo que la
prudencia debia dictarle, fué herido en una pierna
de un balazo salido de las aspilleras de Larrinaga,
que dio fin á su existencia el 24 del mismo junio.
Así concluyó, sepultado por el plomo délos bilbaí-
nos , aquel hombre orgulloso y cruel que pocos dias
antes les decia en una proclama : si no os entregáis al
momento, reduciré á cenizas la ciudad, y todos seréis
pasados á cuchillo.




— 2 0 3 —
Era Zumalacárregui hombre de grandes talentos


militares, conocedor ademas de aquella tierra, c o -
mo oriundo de ella, meditabundo, reservado, sagaz,
profundamente calculador y previsor (menos en el
lance funesto que le privó de la vida), valiente, ren-
coroso , y , sobre todo, era un genio creador para
la guerra. Cualidades todas que hacian de él un c a -
pitán digno de la fama y del renombre que le dá la
España y la Europa, y que le consignará la historia;
digno también de haberse consagrado á la defensa
de otros principios y de mejores causas. Pero el po-
co tino y la singularísima falta de tacto que ha mos-
trado siempre el partido liberal español para con los
hombres de verdadero mérito , hicieron enagenar la
voluntad de este, como de otros, y lanzarle al ter -
reno en que espió su temeridad, que no era por
cierto su verdadero terreno.—Con este dominio na-
tural que dan el talento y el valor, había logrado
Zumalacárregui hacerse temer de todos los gefes
carlistas, y hasta del mismo Pretendiente, según es
pública fama, quien parece que hubo de dar señales
muy marcadas de contento al saber su muerte; pero
es lo cierto que solo este gefe puso al egército car -
lista bajo el pié respetable é imponente en que se
encontraba al tiempo de su muerte; y solo á él , á
sus aprestos, á sus acertadas disposiciones, debió
D. Carlos el conservar cierta preponderancia todavía
por espacio de dos años. Otro Zumalacárregui en los




— 2 0 4 —
egércitos de la reina , \ es seguro que la guerra de
las provincias no hubiera costado tanto tiempo, tan-
ta sangre , tantos sacrificios de toda especie.


Su perseverancia y su tesón eran tales, que j a -
mas le arredraban ni aun los mayores contratiempos:
y cuando en mayo de este mismo año de 35 se hizo
valer en las provincias la idea de intervención e s -
trangera á favor de la causa de la reina , se espresaba
aquel caudillo en estos términos. Y aun en el caso
de que invadiesen el territorio los partidarios del
usurpador Luis Felipe ¿qué importa? Acordaos de
que en la campaña de la independencia, de 600,000
soldados que vinieron á hacernos la guerra, los
300,000 quedaron sepultados en estas provincias.


De tal manera le preocupaba su designo y la idea
del asalto al tiempo de su muerte, que solo pensa-
ba en la toma de la plaza y en la venganza que ha-
bía de tomar de sus enemigos : y hé aquí como á este
propósito se esplica un periódico liberal de aquella
época:


«En los últimos momentos de Zumalacárregui,
«cuando el sacerdote le exortaba á que preparase su
«alma para el trance fatal, el caudillo de los rcbel-
«des, el gefe del cristianísimo cgército de D. Carlos,
«contestaba á las piadosas palabras del agonizante
«con las voces de mando y las órdenes de asaltar; y
«como si estuviese al frente de Bilbao decia: á la
«plaza, navarros, á la plaza, que es nuestra: entrad




— 2 0 5 —
«y degollad á esos traidores. Sus úuimas pa\abras
«fueron de sangre y de matanza. No quita lo cris-
«liano á lo valiente; pero él se mostró mas valiente
«que cristiano.


Murió al fin , y con él murieron las esperanzas y
el porvenir sino del partido , al menos del egército
de D. Garlos; ganando con su muerte muchísimo
terreno la causa de la libertad y de la reina.


Empero volramos los ojos al cerco de Bilbao, y
examinemos atentamente la conducta de los gefes
que guiaban nuestros egércitos, y que estaban cons-
tituidos en el deber imperioso de prestar pronto y
eficaz auxilio á los infelices sitiados. Sobre este
punto, que tanto y tan justamente llamó la atención
en aquella época, por las estrañas anomalías que se
notaron y por el grave daño que resultó, y el mayor
aun que pudo haber resultado á la causa pública de
dichas circunstancias anómalas, hemos consultado,
ademas de los partes oficiales , otros muchos docu-
mentos y noticias, oido también el parecer de algu-
nas de las personas que en estos hechos intervinie-
ron. Para esclarecerlos, cual conviene, y para dar
una idea cabal del sitio y defensa de Bilbao, en
1835, juzgamos nosotros que es muy del caso trasla-
dar aquí los párrafos mas esenciales de una memoria
que sobre este acontecimiento notable publicó en-
tonces en Bilbao un digno oficial, que servia en la
división del general Latre, llamado D. Sotcro de Goi-




— 2 0 6 —
coechea, la cual corrió entonces con gran crédito,
sirviendo para ilustrar la prensa periódica, como
ahora sirve para ilustrar la historia.


«El d'va 13 , dice el Sr . Goicoechea, recibió el se-
ñor gobernador de esta plaza la primera intimación
del gefe rebelde, cuyo curioso documento está asi
concebido. «Comandancia general del egército real
«de Vizcaya.—El Excmo. señor gefe de E . M. G. de
«losreales egércitosD. Tomás de Zumalacárregui, me
«ha conGado la misión de anunciar á V. S. su apro-
«ximada llegada. La artillería de grueso calibre,
«los mortíferos obuses, los horrendos morteros que
«acaban de llegar, anuncian la última ruina á la
«hermosa población de Bilbao. En medio de este
«cruel, pero precioso aparato, por ser destinado á
«restablecer el reino de la justicia, intimo á V. S.
«formalmente la rendición de esta plaza, con su
«guarnición , urbanos, peseteros y toda clase de
«armados; en la inteligencia, de que si como lo
«dicta la prudencia y la razón, cuando está V. S.
«destituido de toda esperanza de auxilio, no sigue
«el egemplo de Vergara, Eibar y Ocliandiano, sino
«que obstinado imita á Villafranca, tendrá el f u -
«nesto resultado de aquella plaza, sepultando su
«oprobio en las ruinas de la hermosa Bilbao. Tres
«horas quedan á Y. S. para decidirse, pasadas las
«cuales reemplazará el vigor á la clemencia , la jus-
ticia á las consideraciones. Dios guarde á Y. S. mu-




- 2 0 7 —
«chos años. Cuartel general de Bolueta, 12 de junio
«de 1 8 3 5 . — Francisco Benito de Eraso.—Señor
«Don Ramón Solano, gobernador de Bilbao.—Con—
«testación.—En este momento que son las tres de
«la mañana se me acaba de entregar el oficio de
«V. S. de 12 del corriente ; y hallándose en esta vi-
«11a el señor comandante general de la provincia,
«conde de Mirasol, he creido de mi deber trascri-
«birlo á S. S. para que como autoridad superior á
«la mia, y enterado de su contenido pueda contes-
«tar á V. S. si lo juzgare oportuno. Lo que digo
«á V. S. en contestación á su referido escrito. Dios
«guarde á V. S. muchos años. Bilbao 13 de junio
«de 1835.—Ramón Solano.—Sr. D. Francisco B e -
«nito de Eraso.»


Hablando después de la entrada de los parlamen-
tarios , dice así:


«Esta tarde (la del 27) á la puerta de Durango
se presentó un parlamento con pliegos para las
autoridades militar y civil, intimando segunda ren-
dición, se les recibió , ofreciendo contestar sin pér-
dida de tiempo. Se pasó la noche observando la v i -
gilancia mas estricta. Mucha y descompasada grite-
ría desde las alturas de Miravilla, Begoña y Uri-
barri : abultaban los facciosos cual lobos rabiosos,
anunciándonos nuestro próximo esterminio si en bre-
ve no rendíamos las armas.»


«Et 28 : tocan su grande diana nuestros faccio-




— 2 0 8 —
sos. A las tres y media, al punto de rayar el dia, sa-
ludan la aurora con unos pocos fusilazos, y siempre
con los mismos ahullidos de costumbre.»


«Preséntase el parlamento de la víspera reclaman-
do la respuesta á los pliegos, la que con efecto se
les entrega. Nos aseguran que fué sagaz y valiente
cual el patriótico gefe que la habia dictado. El conde
de Mirasol, en esta ocasión, ha manifestado que si
sabe manejar la espada con bélico ardimiento, no es
menos feliz con la pluma. Por una consecuencia de
estas comunicaciones hay tregua, cesan los fuegos
por ambas líneas. A las once y media de la mañana
los enemigos envían á dos do sus oficiales, un coro-
nel y un teniente coronel. Fueron recibidos en la
puerta con mucho decoro y acompañados hasta el
alojamiento del Sr. comandante general por el gefe
de la plana mayor D. Manuel Araoz, el corregidor y
alcalde D. Juan Ramón de Arana. Después de can-
gcados los respectivos cumplidos de estilo, y que
hubiesen tomado caldo y sopa , se encerraron en el
gabinete con el general para tratar del obgcto de su
venida. La sesión fué corta, porque apenas duró me-
dia hora. Los parlamentarios, en nombre de su rebel-
de gefe D. Francisco Benito de Eraso, intimaron la
rendición de la plaza concediendo los honores de una
capitulación. Representan á nuestro comandante ge-
neral los estragos sufridos por la villa con el bom-
bardeo , la gravísima responsabilidad que pesaba




— 2 0 9 —
sobre é l , si demoraba la entrega , y finalmente , se
apoyan en la ninguna esperanza que podria tenerse
de ser socorridos por nuestras tropas, lo primero,
porque sobre Valdés habian caido fuerzas que le
obstruian el paso, y lo otro , por haber sido el g e -
neral Lalre completamente derrotado en las inme-
diaciones de Castrejana.»


«Nuestro general que meditaba el plan de en-
tretener á la canalla, no dudando en los socorros
que esperaba recibir, con aquella calma y dignidad
que le caracterizan , aparentó sentir el peso de las
razones que le hacían , y con el mayor tino contestó
en militar , político , filósofo y caballero. Manifestó
que nadie mejor que él sabia los derechos que la
heroica población bilbaina tenia á su aprecio y con-
sideración por los inmensos sacrificios que estaba
haciendo; pero que para entrar en preliminares con
su gefe Eraso, le era preciso, ante todas cosas, estar
cerciorado de la verdad de los hechos que se le
referian, para lo cual exigia que con el salvo con-
ducto correspondiente se permitiese á uno ó dos de
sus oficiales, pasar á Porlugalete, quedando igual nú-
mero de oficiales de la misma graduación en la plaza;
hasta el regreso de los nuestros. Contestaron los par-
lamentarios que así lo harian ver á su general, ofre-
ciendo la respuesta para las tres y media de la tarde,
á lo que añadió nuestro comandante general, que
hasta dicha hora quedarían suspensas las hostilidades




—2 l O -
en toda la línea; con lo cual se dio fin á la conle-
rencia despidiéndose los parlamentarios, y por el
mismo orden que entraron, fueron acompañados
hasta la puerta: pero en el tránsito tuvieron que
presenciar un espectáculo grandioso: la población
heroicísima de Bilbao , sin poder penetrar los arca-
nos de nuestro dignísimo gefe militar, creía acaso
que se trataba de rendir la plaza, cuya idea atormen-
taba á tantos leales: prorrumpe en vivas los mas ar-
dientes á Isabel I I y la libertad. Los parlamentarios
tuvieron que aguantar estos trasportes de la mas sin-
cera exaltación, y penetrarse, que una plaza que en-
cierra semejantes elementos , no es fácil se rinda sin
haber apurado los últimos recursos. Tanto mayor
debió ser su admiración, cuanto que se lisongeaban,
que al cabo de 20 dias de continua fatiga , verían á
una guarnición exánime y cadavérica, á nuestros
habitantes consternados y abatidos con el estrago de
tantas bombas y granadas. Manifestáronse, sin e m -
bargo , resentidos de aquellas demostraciones, en las
que suponían un insulto hecho á sus personas pues-
tas en aquellos momentos hajo la salvaguardia y pro-
tección de las leyes de la guerra y el derecho de
gentes.»


«Nuestro general que advirtió desde su balcón
el bullicio, y adivina la causa, baja presuroso á la
calle, pro clama el orden, reconviene á muchos, y
nuestros facciosos parlamentarios prosiguen su ca -




— 2 1 1 —
mino, recibiendo con esto la única satisfacción que
podia dárseles; porque es preciso confesar, que el
general no podia mandar sobre los corazones de tan-
tos héroes; pero que si hubiese podido comuni-
carles sus arcanos, esta población entusiasmada
hasta el delirio, y que tanto debe á su patriotismo y
conocimientos, á buen seguro que no le hubiese
causado aquel instantáneo disgusto. En los mismos
instantes ocurrió uno de aquellos hechos que au-
mentan el brillo de las páginas de este memorable
sitio. Los vivas á la reina de nuestros valientes u r -
banos, queria el general se suspendiesen por aque-
llos momentos, á fin de que, como ya va dicho, no
se contrariasen sus planes; pero esto era bueno para
prevenido de antemano; así fué , que dirigiéndose á
estos beneméritos defensores de la patria, haciendo
traición á los sentimientos de su inflamado corazón,
reconvino con aparente aspereza, diciendo: «que
aquellos vivas se reservasen para los fuertes y as-
pilleras » Al pronunciarse estas palabras se pre-
senta el digno, el patriota y virtuoso comandante de
la milicia ciudadana, D. Antonio de Arana, que allí
se halló accidentalmente, y sin poder contener la
efusión que sentía su noble pecho, esclamó dirigién-
dose al general: «los urbanos , mi general, saben
dar esos vivas aquí, en las aspilleras y en todas par-
tes: están resuellos á morir por Isabel y la libertad,
y yo con ellos á la cabeza.» He aquí uno de los sin-




— 2 1 2 —
tantes de la vida, en que acaso mas se habrá com-
placido el general; así es , que lleno del placer que
sentía al mandar sobre tantas virtudes, no pudo ya
por mas tiempo contener el disimulo, y con una
emoción difícil de esplicar, repuso con igual entu-
siasmo: «muy bien, señor comandante, yo también
moriré con ustedes, y antes arrojaré sobre las c a -
bezas de los enemigos, esas mismas balerías que con
tanto denuedo defendemos, que consentir en la ren-
dición de esta plaza.» Ya no se oyen mas que vivas
prolongados: ellos anuncian el triunfo de tan her-
mosa causa.


«Durante la tregua , varios urbanos suben á Mi-
ravilla, altura desde la cual los enemigos nos han
asestado los mas de sus mortíferos fuegos. Hablan y
beben juntos. El hermano tropieza con el hermano,
sirviendo en las filas de la deslealtad. Una sola mi-
rada conpasiva puede dar á entender la aflicción de
su corazón. ¡ Fenómenos lamentables que nos ofre-
cen las guerras civiles !»


«Llega la última intimación de Eraso concebida
en estos términos. «Enterado de lo que V. S. ha ma-
nifestado á mis oficiales comisionados que acaban de
presentárseme de vuelta de esa plaza, tengo el sen-
timiento de anunciarle, que si dentro de dos horas
después de recibir este oficio , no se aviene á fir-
mar las bases de capitulación para la entrega de
aquella, se continuarán las hostilidades contra la




— 2 1 3 —
plaza.—Dios guarde á V. S. muchos años.—Campo
del honor 28 de junio de 1835.—Francisco Benito
de Eraso.—Sr. conde de Mirasol.»


La respuesta de nuestro general fué lacónica.
«Se puede romper el fuego cuando se quiera.»


«A breve rato él mismo á la YOZ eléctrica de
«viva la reina» recorre la línea, y á las cuatro de
la tarde un cañonazo de nuestras baterías anuncia la
señal de haber cesado la tregua.»


Al llegar al 1." de julio en que alzaron el sitio
los facciosos, se lee en la memoria :


«Hé aquí un día que amanece mas benigno: él
pone un término á nuestras fatigas. Diana facciosa
no tan prolongada como los dias anteriores, y al pa­
recer de un solo tambor. Nuestra brillante música
de Almansa sube al fuerte del Circo, y regala con
un himno patriótico á los enemigos. Se han metido
siete bueyes en la guarnición, y nuestro ayuntamiento
regala á los urbanos con una ración de carne fresca.»


«Obsérvase que una­ infinidad de aldeanos suben
por distintos caminos cargados de efectos que se lle­
van á ocultar en los montes, porque debiéndoles
remorder la conciencia , temen que nuestros solda­
dos usen con ellos de represalias por la infame, inso­
lente y criminal asistencia que voluntariamente han
prestado á nuestros enemigos durante los dias del
sitio, llegando la audacia de esta vil canalla basta el
estremo de aguardar en las alturas el momento de la


том. i . 15




— 2 U —
entrada de sus parciales en el pueblo, para llenar de
doblones los sacos de que se les veía cargados: Apa-
recen nuestras columnas en las alturas mismas que
una hora antes ocupaban los facciosos. A cosa de las
once y media un gallardete encarnado en el palo
del O. indica que nuestra tropa se ha apoderado de
aquella eminencia. Ocupan sucesivamente el conven-
to de S. Mames, Olaveaga y todas las inmediacio-
nes. A las doce ya considerábamos el sitio como l e -
vantado. Las Cristinas de Olaveaga encerradas veinte
dias bajo la protección hospitalaria de una casa in-
glesa , al grito de «Viva Isabel» de nuestros sol-
dados que resuena por la orilla izquierda del rio,
salen presurosas, enarbolando el pendón de Castilla
sobre las ruinas del fuerte demolido por la horda
enemiga. Nuestras tropas piden 20,000 raciones, y
17 batallones, ó sean dos divisiones, verifican su en-
trada á las dos y media de la tarde. Todas las casas
de las inmediaciones de Begoña , Uribarri y Mira-
villa, desde donde mas han ofendido á la plaza, son
entregadas á la voracidad de las llamas. ¿Serán subsa-
nados los dueños , mayormente cuando el daño recae
e-n muchos beneméritos que han contribuido á la
defensa de la plaza? La razón y la justicia dictan lo
que debe hacerse, y es de esperar que el gobierno
adoptará las medidas necesarias, para que así estos
perjuicios como los demás sufridos por el bombardeo
obtengan la necesaria reparación.»




— 2 1 5 —
«También merecen copiarse aquí los sentimientos


patrióticos de las componías de urbanos, compuestas
de los que por su edad no pueden tomar una parte
activa en las fatigas de la guerra.


«Estos insignes defensores del trono legítimo,
no pudiendo ser indiferentes al estrago que los mor-
teros y obuses causaban en esta hermosa villa, habían
formado el atrevido proyecto de arrebatárselos á los
enemigos por medio de un golpe de mano. A este
efecto disponen suscribir una esposicion á nuestro
invicto general, que prueba mas que ninguna cosa
los sentimientos de que se hallan animados. Este
precioso documento se halla concebido en los t é r -
minos siguientes.»


«Las dos compañías llamadas de ancianos ó la
«milicia auxiliar urbana de esta villa, compuesta to-nda de individuos que por su edad han sabido en
«épocas anteriores servir de baluarte á su patria,
«hoy mas que nunca acérrimos sostenedores de la
«causa justa de nuestra inocente reina Isabel n , no
«pueden mirar con apática indeferencia el que esas
«hordas de foragidos huyendo el combate asesten
«sus horrísonas bombas desde Miravilla y cueva de
«Porgiron, para que destruyendo la población tal
«vez consigan por su estrépito y por las ruinas apo-
«car los ánimos que sean menos valientes, que los
«que suscriben, en cuyo concepto y para hacer ver
«á esos destructores de la humanidad lo que pueden




— 2 1 6 -
«el valor y la sensatez de principios adquiridos por
«la edad y la esperiencia,»


«A V. S. suplican se digne concederles la gracia
«de que pasen á apoderarse de las baterías que los
«enemigos tienen en los dos referidos puntos, á fin
«de restituir á sus conciudadanos una gran parte
«de sosiego, y hacer todavía algo en obsequio de su
«patria y de su reina: merced que esperan tic la
«bondad de V. S. á quien Dios guarde muchos años.
«Bilbao 29 de junio de 1835.»


«Por último, para que vean nuestros lectores
que este triunfo ha costado poca sangre, copiamos
del estado que manifiesta la pérdida que en todo el
sitio ha sufrido la guarnición y la milicia, el total que
es el siguiente.»


«Muertos 31 , heridos 130 , contusos 22 y pri-
sioneros 11.»


Dada esta reseña histórica y verídica del primer
sitio de Bilbao , réstanos tocar el punto mas delicado,
y de mas interés también, que comprende este suce-
so. Quince días después de quedar fuera de combate,
herido de muerte, el gefe principal, el capitán de
mas valía que militaba en las filas rebeldes , conti-
nuaron estos aun molestando con obstinado empeño
á aquella plaza , sin que la notabilísima falla que
debió hacer á los sitiadores la dirección de aquel
hombre estraordinariamente activo y emprendedor,
influyese apenas ni se hiciese sentir en el campo del




- 2 1 7 -
asedio. Y .es que el egército de la reina , que su h a -
llaba en Miranda de E b r o , y que debía acorrer sin
demora al socorro de los sitiados, lejos de hacerlo
así , se mantuvo inmóvil, á pesar de los continuos
clamores de aquellos, y de las reiteradas instancias
que al general en gefe hacian los señores Latre y
E S P A R T E R O . Misterio es este que el tiempo aun no
ha podido descifrar; y que no deja todavía de ocupar
la atención de los críticos, vistas las infinitas contra-
dicciones que aquí se observan.


Un historiador contemporáneo asegura que en
virtud de la estraña inacción del general Valdés,
representóle D. Manuel Latre los peligros á que c s -
ponia la patria; y después de mediar varias contesta-
ciones , le confesó el ministro que tenia órdenes paru
no empeñar ninguna acción formal con los rebeldes.
Si oimos al Sr . Valdés y á sus adictos, señaladamente
á los gefes subalternos que tenia á su lado en el
egército, lejos de ser escitado aquel por los generales
Latre y E S P A R T E R O á fin de que partiese á socorrerá
Bi lbao, él sí les ordenó imperiosamente que con sus
divisiones protegiesen á aquella villa , mientras que
dicho señor general en gefe alraia hacia sí todas las
fuerzas sitiadoras, que así con efecto lo practicó V a l -
dés, faltando empero los dos generales citados, quie-
nespermanecieron con sus divisiones estacionadas, sin
saber por qué, tres dias consecutivos en Portugaletc:
que cuando Valdés creia el movimiento ya efectuado,




— 2 1 8 —
no estaba aun principiado: que la atención preferente
de este gefc superior de las fuerzas, no se cifraba en
entrar con todo su egército en Bilbao , dejando así
descubierto y facilitando el paso á las facciones, que
podrian entonces emprender impunemente sus cor-
rerías por toda España; sino que procuraba entrete-
nerlas y distraerlas á retaguardia,,con la idea de que
Latre y ESPARTERO, que estaban mas inmediatos,
salvasen á Bilbao sin grandes sacrificios, sin disparar
tal vez un fusil. Por lo que se ve que aun siendo
falsa la indicada prescripción del gobierno (la cual
no ha sido desmentida en forma), estos tres genera-
les diferian en el plan que debia adoptarse para l i -
bertar á Bilbao del asedio: y esta disidencia de pare-
ceres , unida á la falta de subordinación, es motivo
mas que suficiente para dar una solución al proble-
ma difícil y cstraño que nos ocupa.


El general Valdés entretanto , ora fuese que al-
gún fatal secreto uniese su proyecto á los proyectos
y planes de sus colegas del gabinete, ó bien porque
vínculos de otra especie, pero de igual fuerza para
é l , no le permitiesen obrar contra los generales que
así faltaban á los sagrados deberes de la disciplina y
la ordenanza; juzgando que era ya llegado el tiempo
de hacer un sacrificio personal, en obsequio al go-
bierno, úpor deferenciaá sus compañeros y amigos;
viendo por otra parte que la opinión pública levan-
taba sin cesar un grito de indignación contra él, por




— 2 1 9 —
el mal suceso que obtenía en la guerra, presentó
al punto su dimisión, que fué aplaudida por el pú-
blico , sustituyéndole en el mando del egércitoel ge-
neral La Hcra.


Tampoco este nuevo gefe , falto de resolución,
y no sabemos si también falto de autoridad, se alre-
vióá corresponder al d e s e o , tan generalmente m a -
nifestado ya, de que partiesen inmediatamente nues-
tras tropas al socorro deBilbao. ESPARTERO entonces,
llevado de un sentimiento de delicadeza y de honor
militar-, arrastrado del lecho del dolor en que yacia
por uno de esos ímpetus de ardimiento bélico que
han hecho en ocasiones de su espíritu un ser todo
activo y altamente emprendedor, propuso al general
Latre marchar al espresado pueblo de Miranda, con
una pequeña escolta de caballería , á fin de avistarse
con el general en gefe, y regresar con las fuerzas
que se necesitaban para levantar el sitio de Bilbao.
Tan arriesgada operación la llevó á c a b o ESPARTERO,
atravesando desde Portugalete hasta unirse con el
egército, un pais casi intransitable , sublevado en su
totalidad, con solos cinco caballos y sus ayudantes.


En el camino dirigió al Sr. La Hera la siguiente
carta, que, por lo significativa y eficaz, es de s u m a
importancia.


« Q c r s c ó c E S 28 de junio , á l a s 11 de l a roaña-


«na.—Mi estimado general: A y e r » l a s doce reci-
b i ó Latre la orden de Y. para que nos replegase-




— 2 2 0 —
«naos sobre el valle de Losa, y como semejante
«medida ademas de desacreditarnos completamente
«con nacionales y estrangeros, era dar el golpe mas
«terríbfe á nuestra patria: por esta razón, y por el
«interés de V. me resolví, sin embargo de bailarme
«enfermo, á venir hasta Miranda casi solo j sin r c -
«parar en riesgo. A mi llegada á este panto he sa-
«bido que V. pernoctó anoche en Vilíalva, y que
«hoy pasaba á Arciniega. En esta virtud, y sin em-
«bargo de hallarme lleno de fatiga , y los caballos
«cansados, rogreso á Mena por la Peña de la Com-
«placera, y pernoctaré esta noche en Mercadillo.»


«Bilbao se defiende heroicamente de todas las
«facciones que allí se han reunido. Zumalacárregui
«murió el 24 de resultas de su herida. A Cuevillas
«lo matamos el 23 en la acción del puente de Cas-
«trejana. El general Latre quedó en Portugalete con
«su división y la mia, buques de guerra y una gran
«provisión de municiones de boca y guerra que e s -
«tán prontas para entrarlas en Bilbao, cuya opera-
«cion habríamos practicado si los enemigos no tu—
«viesen interceptada la ria con gabarras echadas á
«pique , y para ponerla espedita se necesita la coo-
«peracion de mas fuerzas. No vacile V. un momen-
«to; mañana temprano marche V. con todas sus
«fuerzas á Balmaseda sin oir á nadie que proponga
«lo contrario. Repito que marche V. mañana tem-
«prano á Balmaseda donde aguardo á V . , y crea V.




— 2 2 1 —
«que se le prepara una brillante espedicion sin r ies-
«go. Desde Balmaseda debemos dirigirnos á Portu-
«galale, y seguidamente á Bilbao; pero si, como no
«espero, V . desatiende el consejo de su amigo, este
«tirará la faja, detestará hasta el nombre de español, «y V . quedará cubierto de ignominia. No crea V .
«que es duro este lenguaje, lo dicta el interés de
«la patria y el de mis amigos. Repito que mañana
«temprano en Balmaseda aunque arda el mundo. Es
«de V . su affeetmo.—BALDOMERO E S P A R T E R O . — S e -
«ñor Don José Santos de La Hera.»


Esta comunicación dice mucho mas de lo que
nosotros pudiéramos decir en elogio de ESPARTERO,
historiando el comportamiento de este general (y de
los otros generales también) ante los muros de la
invicta Bilbao, durante su primer sitio. Mas habrán
de dispensarnos nuestros lectores la inserción de
otro documento , que eu obsequio á la exactitud y
al rigorismo fiel con que deseamos tratar asunto de
tanta vitalidad, y tan esencial también en los fastos
de la última guerra, no podemos menos de consignar
aquí, á fin de que la inmensa luz que él derrama en
el campo donde tuvieron lugar estos sucesos, nos
haga verlos con claridad , dispensando á cada uno de
los actores la justicia á que él se haya hecho acreedor
según sus obras.


Una población hermosa, liberal, ilustrada, rica,
como lo es Bilbao, que sufre por espacio de veinte




— 2 2 2 —
dias terrible asedio impuesto por una turba facciosa
mas ó menos organizada , pero cuyas fuerzas, consi-
deradas numéricamente, escedian en mucho á los
medios de resistencia que podiaoponeruna villa casi
abierta ; que asi y todo , lucha sin embargo con una
bravura propia solo de los héroes; que rechaza una
y otra y mil veces las grandes masas carlistas que
osadamente intentan avanzar dentro de sus frágiles
pero impenetrables muros; que devuelve con usura
á sus contrarios el fuego y el hierro que contra ella
furiosos vomitaban; que jura perecer sepultada bajo
las ruinas de sus edificios, alimentada en sus últimos
momentos con su propia sangre, derretida por el
plomo, sofocada por el fuego, antes que rendirse
esclava á sus opresores, á sus implacables verdugos;
que en tantas ocasiones, tantas veces durante aquellos
dias de maravilloso contraste, de agonia y de inmorta-
lidad , decide ella sola, con sus propios y únicos es-
fuerzos, á favor de la santa causa de la humanidad y
la emancipación de los pueblos; que ciñe al fin sus
sienes, en justo galardón de tantos y tan grandes sa-
crificios , con la brillante aureola de la victoria ; y
que todo esto, tantos padecimientos, tantos riesgos,
tantos peligros, acontecen á vista y paciencia de un
cgército numeroso , que en muy pocas marchas , y
con sola su presencia, hubiera sido bastante á librar
á Bilbao de las desgracias que de otro modo no pu-
dieron evitarse; bien merece que la historia consagre




— 2 2 3 —
algunas páginas, para deshcnetrar los hechos é indi-
gar as4 su origen y la índole de sus causas. Solo de
esta suerte puede darse el justo valor á los sucesos,
y á las personas los derechos que les competan, según
los principios de la justicia distributiva.


Para conseguirlo dignamenle*juzgamos muy opor-
tuno dar cabida en este lugar á la adición importante
que en su segunda edición puso el Sr. Goicoechea á
la Memoria Histórica que publicó sobre este célebre
sitio, y que hemos citado ya en nuestras páginas an-
teriores. Son de tal naturaleza las revelaciones que
acerca de los puntos que nos preocupan hace su au-
tor en este nuevo trozo de su concienzudo trabajo,
que unidas á la carta de ESPARTERO que acabamos de
leer, ponen en nuestras manos, ó muy al alcance, la
clave de tan estraños acomtecimientos.


lié aquí los párrafos á que nos referimos:
«Cuando nuestras tropas se aproximaron á esta


villa, ocupando los puntos de Burceña y Castrejana,
con las alturas inmediatas en frente de la línea de los
facciosos, creímos todos que el dia22 seria el del- le -
vantamiento del sitio, pero al ver que pasaban dias
y mas dias sin que se nos socorriese., crecía nuestra
admiración, y en tal estado de ansiedad'nada tenia de
particular, el que cada uno en la fuerza de su des-
pecho formase acaso siniestras conjeturas acerca de
los motivos que podían causar tan inesperado retra-
so; pero ahora podemos formar una idea mas exacta,




— 2 2 4 —
pesando nuestra consideración sobre un documento
original, que un individuo respetable, que sirve al
lado del general Latrc , ha remitido con la súplica
de que se haga uso de él en esta memoria. Fácil por
consiguiente nos será el juzgar ahora á quien somos
deudores de la satisfacción de haber visto al egército
dentro de este recinto. El citado documento dice así:


«El día 15 de junio se avistó el general Lalre
en Berberana con el general Valdés, y convinieron en
acudir al socorro de Bilbao, viniendo Latre por Arci-
niega y Balmaseda, y el ministro por Orduña ; pero
el dia 17, estando ya Latre próximo áArciniega, r e -
cibió una orden, fecha del mismo dia en Berberana,
del general en gefe, en que le decia: «que después
«de pesar el pro y contra de marchar sobre Bilbao,
«habia determinado reducir la operación á solo
«enviar á Orduña una división, aparentando que
«marchaba todo el egército, cuva división llevaba
«orden de regresar á Berberana el 18 para seguir
«el movimiento del egército, y le mandaba que el
«mismo dia 18 se replegase también sobre sus po-
«siciones, en el concepto, de que el egército ten-
«dria que atender á otros obgelos.» En virtud de
esta orden pernoctó Latre aquella noche en Arci-
niega , y el dia 18 retrocedió á Villanasa de Mena.
Desde este pueblo remitió á Valdés dos comunica-
ciones de Bilbao, oficiando al mismo tiempo al g e -
neral La l lera , participándole la orden del ministro,




— 2 2 5 —
y que no pasaba á ocupar sus posiciones, y se dete<-
nia en este pueblo por ver si el ministro resolyia
otra cosa, en.vista de lo que se decia en Bilbao. No
habiendo así sucedido , pasó el 1 9 á Castrobarto. El
mismo dia por la noche llegó, por último , la orden
tan deseada de marchar sobre Bilbao con la división
de reserva, y la del general ESPARTERO , que ponia
á las órdenes de Latre : daba el ministro á este ge-
neral varias instrucciones que no hacen para la cues-
tión: decia «que S. E . concurriría á la operación
«marchando sobre Murguia para llamar la atención
«del enemigo, y distraer el todo ó parte de sus
«fuerzas, y le recomendaba solamente que no com-
«prometiese una acción general ó aventurada.» Se
puso en comunicación Latre con el general E S P A R -
TERO que se hallaba en Quincóccs, y el 2 0 em-
prendieron su marcha ambas divisiones, durmiendo
la de Castilla en el valle de Mena, y en Balmaseda
la de ESPARTERO. El 2 1 por la mañana al llegar á
este último pueblo , entregó ESPARTERO á Latre un
oficio que habia recibido del general en gefe, fecha 2 0
en Villalba de Losa, en que decia: que en vez de
marchar por Muguia , -pensaba hacerlo por Amurrio
á donde llegaría aquella noche , y Latre al contes-
tarle le indicaba, que su movimiento casi tendría
un efecto seguro si se adelantaba hasta Llodio , en
el concepto, de que las divisiones que estaban á sus
órdenes desde Burcefía, podian observar sus moví-




— 2 2 6 —
mientos, y siguió á pernoctar á Portugalete. El
dia 22 salió para Burceña, y llegó á medio dia poco
mas ó menos: aquella tarde se pasó en practicar a l -
gunos reconocimientos , y en acampar la tropa , y se
pasó la noche sin novedad. Ofició al general Valdés,
viendo que ninguna orden recibia, y Je hacia pre-
sente lo conveniente que'seria el que S. E. viniese
por el flanco derecho sobre los enemigos. En la ma-
ñana del 23 tampoco hubo novedad; pero ya á cosa
de la una empezaron los enemigos á hacer movi-
miento , y cayeron sobre la segunda brigada de la
división de Castilla, que mandaba el coronel del
provincial de Scgovia , D. Ramón Castañeda, que
estaba sobre el puente de Castrcjana, con el arrojo
que dan sus primeros ataques , y la confianza que les
inspiraba la artillería qne tenían , y mas que todo
las ventajas conseguidas sobre nuestro egército. El
general Latre, á los primeros tiros, marchó sobre
el punto atacado y y dio sus disposiciones para r e -
peler al enemigo; y en el mismo momento recibió
un pliego del general en gefe con dos órdenes fecha-
das en Villalba de Losa (en donde estaba el 20) una
del 21 , en que le decia «que el dia siguiente pensa-
«ba retirar de Orduña las tropas que estaban allí
«situadas y dirigirse el 23 sobre Puentelarrá y Mi-
«rauda, lo que le avisaba para quo no se compro-
«meliese con las tropas de su mando, que debían
«retirarse al valle de Losa.» Y otra del 22 , en la




- 2 2 7 —
que daba por razón de no poder hacer el movimiento
sobre Llodio; «el que estaba allí Villarreal y mu-
«chas partidas de observación sobre Orduña; que
«de consiguiente al ponerse en marcha para Lio—
«dio encontraría reunidas las fuerzas de aquel ca—
«becilla , y se veria comprometido á una acción g e -
«neral que deseaba y tenia órdenes de evitar: que
«no podía adelantar mas el movimiento, y que al
«dia siguiente salia para Miranda ; que Latre obrase
«en consecuencia con la fuerza de su mando del
«modo que creyese mas conveniente, partiendo
«siempre del principio, de la conservación de la
«fuerza, y de no esponerla á una acción decisiva,
«limitándose á lo que en aquel dia pudiera hacer én
«beneficio de la plaza de Bilbao, y retirándose»
«donde no pudiese ser comprometido.» Aquella
noche después de la acción, se acampó al raso y al
dia siguiente volvió el ganeral Latre con las divisio-
nes á PorlugaJete, y desde allí ofició al general en
gefe, y se puso en comunicación con la plaza de
Bilbao. Transcribió estas órdenes al conde de Mira-
sol para que no se atribuyese su retirada á otro m o -
tivo, y para que la guarnición y el pueblo no per-
diesen la esperanza de ser socorridos: le decia que
permanecía en aquel pueblo hasta que se conven-
ciese el general Valdés de la necesidad de socorrer
á Bilbao, ó le diese orden terminante de no hacerlo,
y que entretanto mantendría en jaque al enemigo,




— 2 2 8 —
amagándole, ya por uno ya por otro lado de la ría,
para distraerle y aliviar en algo al pueblo. El dia26
al amanecer llegó un oficio duplicado del genaral
La Hera; lo noticiaba haber tomado el mando del
egérci» de operaciones «y le ordenaba regresar con
«las divisiones al valle de Losa por los parages me-
taos espuestos, y que le diese aviso del recibo y
«cumplimiento de esta orden:» la contestación de
Latre fué; «que acababa de recibir dos papeles en
«que aparecia la firma de S . E . , que temiendo fue—
«sen supuestos, diferia el cumplimiento, y que en-
«tretanlo le hacia presente que Bilbao contenia una
«guarnición numerosa, inmensas riquezas, y que
«8U entrega era, decían, el plazo en que debía re-
«cibir su empréstito el Prentendiente : que nació-
«nales y estrangeros los miraban, y que si se daba
«escándalode tan inconcebible abandono, iba á r e -
«caer sobre ellos la ignominia ; que quedaba espe-
«rando órdenes que no pudiera dudar eran de S . E.
«y manteniendo á Bilbao y el puesto cuanto le fue-
«se posible.» El general ESPARTERO, á quien ani-
maban los mismos deseos que á Latre, propuso á
este irse á verse con el general en gefe La Hera , y
convencerle de la necesidad de venir sobre Bilbao;
y á pesar del mal estado de su salud, monta á caba-
llo y no para hasta encontrarle. Vienen juntos hasta
Portugalete el 3 0 : aquí se celebra una junta de ge-
nerales y gefes de brigada. Latre y ESPARTERO opi-




— 2 2 9 —
nan por ir al socorro de Bilbao; el primero hace
dimisión de la faja en el caso de qne se resuelva lo
contrario: y este dice, «mándeseme tomar las posi-
«ciones y flanquear el puente de Burceña con cuatro
«soldados ó solo, y no se me obligue á emprender
«una retirada vergonzosa.» Se decide, por fin , s o -
correr la plaza, y al dia siguiente se pone en movi-
miento el egército. Latre llevaba la vanguardia; sus
tropas sufrieron el poco fuego que hicieron los ene-
migos ; pasaron las primeras la ria, y ocuparon las
posiciones. Entró el último en Bilbao, pero aun en


esto sirvió á la plaza «diga V. al general (con—
«testó á un ayudante que de orden de S. E . le in -
«vitaba á pasar á la villa] que no pienso abandonar
«este punto (la altura de Castrejana) hasta no estar
«asegurado de que las municiones y artillería que
«vienen por mar para la plaza puedan entrar sin
«riesgos, porque este es el verdadero socorro para
«Bilbao, y no que nosotros entremos.»


«Me abstengo de hacer reflexiones sobre estos
hechos, porque me he limitado á la relación de ellos
para que el público sepa qué es lo que hicieron los
generales durante el sitio de Bilbao , por qué se de-
tuvo Latre en Portugalete tantos dias, y lo que ha
trabajado en favor de este pueblo. Cualquiera cosa
que yo digcra pudiera ser sospechado de parcialidad
hacia un general á cuyas órdenes sirvo, y á quien
aprecio como se merece. Por otra parte las opinio-


TOM. i . 16




— 2 3 0 —
nes necesitan doctrinas para poder apoyarlas, y con-
vencer; los hechos hablan y persuaden ellos mismos.»


Aquí termina la Memoria Histórica del Sr. Goi-
coecha: de la cual se deduce, que si al cabo el 1 . A


de julio entraron triunfantes nuestras tropas en Bil-
bao, habiendo avanzado por distintas vias las colum-
nas que estaban en Portugalete para levantar el ase-
dio ahuyentando á las facciones ; si el grueso de
nuestro egército , mandado últimamente por La lle-
ra, avanzó también contribuyendo así á llevar á efec-
to aquella operación tan sencilla como importante,
tan necesaria como deseada , debido fué á los esfuer-
zos de ciertos militares decididos y valientes que, ru-
borizados al ver el estraño y singular papel que de-
sempeñaban nuestros soldados al frente de los muros
de aquella»villa, no vacilaron un instante en cargar
sobre sí una responsabilidad que no les correspon-
día, logrando de tal modo qne fuese fructífera la
heroica resistencia de los bilbaínos.


Preliminar para tan feliz suceso fué el movi-
miento que practicó el general Latre sobre Burcefía
el 22 de junio, con el fin de reconocer la fuerza del
enemigo y las posiciones que este ocupaba : y al dia
siguiente fué atacada la brigada segunda, que regia el
coronel Castañeda, por todas las fuerzas facciosas
sobre el puente de Castréjana , en donde aquella es-
taba apostada. Los rebeldes llevaron artillería y em-
prendieron su ataque con toda la ostentación y con




— 2 3 1 —
todo el orgullo á que le daban en cierto modo de-
recho los sucesos recientemente acaecidos; y pa-
sando á la vez los vad«s y el puente ílgunos de ellos,
arrojáronse sobre la estancia quo ocupaba Castañe-
da. Vano empeño, que no les fué posible avanzar ni
un solo paso, siendo rechazados y batidos comple-
tamente, y sufriendo pérdidas de consideración al
repasar el rio los fugitivos y dispersos. Reforzadas
á tiempo estas tropas por algunos batallones de la
división de ESPARTERO á las órdenes de su general,
quien habia hecho alarde también el dia anterior de
su bizarría junto al puente y fuerte de Burceña, die-
ron igualmente en Castrejana grandes pruebas de su
antiguo valor. Siguió ESARTERO con los suyos la di-
rección del rio Salcedon encaminándose al punto
atacado : y entonces fué cuando los valientes regi-
mientos de Betanzos , Segovia , primer batallón de
Borbon y compañías de granaderos y cazadores del
segundo, que componían la brigada de Castañeda,
animados con tan buen refuerzo, rechazaron al
enemigo en todas partes, quedándose el batallón
faccioso que habia pasado el rio sin mas de la mitad
de su gente.


Llenos de ardor estos cuerpos , y animados con la
presencia del general ESPARTERO y sus batallones de
Almansa, empeñáronse en atacar desventajosamente
la posición del enemigo, defendida, al lado opuesto
del rio , por dos casas fuertes , por varias líneas de




— 2 3 2 —
parapetos aspillerados, por la artillería colocada en
la altura y por fuerzas considerables que aun no ha-
bían entrado en fecion. El bizarro coronel de Betan-
zos D. Benito Menacho al frente de su 3 . a compañía
con el capitán D. Baltasar Ortiz, y el subteniente
abanderado D. N. Pimentel, fué el primero que se
atrevió á pasar el puente, llegando hasta la casa for-
tificada. Temerario arrojo, que no pudo menos de
tener un resultado funesto; pues todos fueron ó
muertos ó heridos, siendo de estos últimos el coronel
Menacho, quien, con varios individuos de su regi-
miento , quedó muy maltratado sobre el puente , á
donde no se atrevían á ir y recogerlos ni los unos ni
los otros. Desistióse entonces ya de nuevo ataque,
continuando por una y otra parte un vivo fuego de
fusilería sin mas consecuencia, hasta que la noche le
hizo cesar del todo.—Una partida del 2." ligero vol-
vió al puente y recogió á todos nuestros muertos y
beridos, entre los últimos al espresado coronel Me-
nacho , cuyo pecho fué atravesado por una bala de
fusil, perdiendo la patria, dias después, á este va-
liente que, según la frase usada entonces por la
prensa «había heredado con «I apellido el valor y
«serenidad de su digno padre el general Menacho,
«muerto gloriosamente en Badajoz en los primeros
«años de este siglo.—Caro, muy costoso salió á


nuestras tropas el escarmiento que á las rebeldes
dieron en Castrejana.




— 2 3 3 —
AI tiempo mismo que Bilbao, libre ya de sus


opresores , entonaba sus cánticos de victoria y sus
himnos patrióticos despidiendo, al compás de estos,
á los rebeldes y saludando el anhelado arribo de
nuestros soldados, el general Córdoba , que había
estado hasta entonces en Madrid, con una comisión
del general Valdés, llegó á tomar parte en la alegría
de los vencedores, poniéndose al frente del egército
como general en gefe nombrado por el gobierno ; y
poniendo así término al mando que había egercido,
por ocho días, el Sr . La Hera, tan infructuosamen-
te como se deja ver y como lo demostró entonces
la prensa , fiel intérprete de la opinión pública con-
tra ciertos generales fuertemente irritada.


También en el egército de D. Carlos hubo por
este tiempo grandes alteraciones. Muerto Zumala—
cárregui, tomó provisionalmente el mando de las
fuerzas el mismo Pretendiente, con obgeto de evitar
rivalidades: y no perdiendo de vista este fin, teniendo
en cuenta ademas la conciencia de su propia nulidad,
confirió al general Moreno el cargo de general en
gefe del estado mayor (que era como se titulaba Zu—
malacárregui). Esta disposición del Pretendiente
nombrando á un castellano para conciliar la división
de ánimos producida por las encontradas exigencias
de los rebeldes de cada una de las provincias suble-
vadas, que aspiraban á vincular el mando, lejos de
conseguir el fin apetecido, no logró sino disgustar ¿




— 2 3 4 —
todos á la vez, manifestándose en todas partes paten-
tes síntomas de esta^escision.


Entre los varios puntos fortificados de las pro-
vincias litorales de Yizcaya y Guipúzcoa, de los cua-
les se apoderaron los rebeldes en esta época de pre-
ponderancia que disfrutaron en aquel pais á conse-
cuencia de la desgraciada acción de Descarga, cuén-
tase á Balmaseda y á Plencia, cuya responsabilidad
se ha querido atribuir esclusivamente á ESPARTERO,
por hallarse comprendidos en la línea izquierda, ope-
rando el egército sobre la derecha, á algunas leguas
de distancia. Pero es lo cierto, que si prescindimos
de la causa general ya indicada , y localizamos la
cuestión en los referidos puntos, ningún cargo puede
hacerse en justicia á ESPARTERO por haberlos ocu-
pado los carlistas. Por lo que respecta á Balmase-
da , aunque perteneciente á la provincia de Bilbao,
se hallaba á las órdenes del general en gefe del egér-
cito de reserva, no á las de ESPARTERO: y ataca-
do por superiores fuerzas enemigas, hubo de entre-
garse; si bien la conducta del gefe y cuerpo provin-
cial que le guarnecía, no mereció la aprobación del
general en gefe, como tampoco del egército, ante el
cual se presentó aquel como reprensible y sufrió los
vejámenes que constan en las órdenes generales do
aquella fecha. Y ya que de esto tratamos, creemos
importante el desvanecer un error que tal vez con
siniestras miras, ó por efecto de^mala inteligencia,




- ^ 2 3 5 —
se hizo esparcir cuando se perdió la mayor parte de
los puntos fortificados durante el segundo mando
del Sr. Valdés. Díjose entonces que fueron abando-
nados de orden suya; así se ha repetido después, y
así parece que lo comprendieron ó afectaron com-
prender algunos gefes de los que mandaban en dichos
puntos. Mas es justo observar, que lo que ordenó
Valdés, conociendo lo difícil que era después de los
últimos desgraciados sucesos, no ya socorrer, pero
ni aun saber el estado de ciertos puntos situados á
gran distancia de nuestras tropas y separados de es -
tas por fuerzas carlistas ó por pueblos ocupados tam-
bién por ellas, les previno que le diesen noticia del
estado en que respectivamente se encontraban, mas ó
menos dispuestos á la defensa; y que caso de ser es-
ta imposible ó muy costosa, salvasen eLmaterial y.el
personal, replegándose á la fortaleza mas inmediata.
El obgeto del general-ministro parece que era el de
formar con las guarniciones que ya no podían pres-
tar utilidad en aquel destino , una nueva columna de
operaciones para engrosar su egército.


Plencia sufrió poco después^ igual suerie que
Balmaseda, y por causas análogas , si bien de un
modo mas honroso para las armas que la defendían.
Cuando se perdió aquel punto, habia tomado la
guerra tal giro, que ya no era permitido al egército
penetrar en el interior, posesionados como estaban
los carlistas de otros varios que dejaban incomuni-




— 2 3 6 —
ca'do á aquel, y los demás que nosotros aun conser-
vábamos, con nuestra primitiva línea de operaciones
y con las columnas que solian abastecerlos. En tal
situación, fácil era al enemigo reunir fuerzas supe-
riores sobre cada uno de ellos, y obligarlos á ren-
dirse detalladamente ; sin que para evitar este mal,
que era ya una consecuencia precisa de males ante-
riores, pudiera adoptarse otra medida que una ope-
ración de todo el egército, lo cual en aquella sazón
no dejaba de ser también harto peligroso.—Muchos
de los pueblos que hubieron de entregarse, obligados
imperiosamente por una necesidad triste y apremia-
dora, llenaron cumplidamente sus deberes y dieron
insignes muestras de valor y de heroismo. Cuéntase
principalmente entré ellos á la liberalisima villa de
Plencia , que sostuvo una resistencia bizarra contra
el general faccioso Eguia, que personalmente y con
imponentes fuerzas y materiales de sitio, empleó al-
gunos días para ocuparla, teniendo al' lin que con-
ceder una honrosa capitulación á sus beneméritos
defensores, que pertenecían al regimiento provincial
de Mondoñedo, quienes fraternizando con los natu-
rales de Plencia, decididos todos por la causa de la
nación y de la reina, hicieron prodigios de valor en
aquella , aunque infructuosa, memorable defensa.
El general en gefe, D. Luis Fernandez de Córdoba,
dio orden de socorrer á esta población por mar,
que era el único modo de que podia verificarse; mas




— 2 3 7 —
estos auxilios no llegaron á tiempo. Plcncia sucum-
bió, como los demás puntos ;«¡r como no podía ya
menos de sucumbir, sin que fuese dado á E S P A R T E -
RO , á quien por estas pérdidas se suelen dirigir mu-
chos y muy graves cargos, variar el curso de los
acontecimientos; puesto que ni aun estaba en sus
atribuciones obrar por sí en estas cosas , que eran
del cargo«especial y de la incumbencia peculiar del
general en gefe.—Y ya que de Plencia hablamos,
pueblo en el cual hemos admirado , en nuestras pá-
ginas anteriores, las virtudes cívicas y la noble y
gallarda y varonil resolución de una heroína, no
pasaremos en silencio el inimitable egemplo que
nos ofrecen otras dos en la misma villa que pa-
rece ser la cuna de las amazonas españolas. Mien-
tras duraba el sitio que, según hemos dicho, puso
Eguia á aquella plaza, una joven que tenia amo-
res con uno de los oficiales de Mondoñedo, juzgan-
do en su tribulación y presintiendo la mala suerte
que cabria á su amante si llegaba á verse en poder
de los rebeldes, concibió el designio arriesgado de
libertarle, para lo cual ideó un ardid tan eficaz co-
mo ingenioso. Yistióle de muger, y juntos atravesa-
ron por entre las filas enemigas, y pasaron después
por muchos pueblos ocupados por las tropas carlis-
tas, presentándose á los pocos días en Bilbao en don-
de fueron recibidos con agradable sorpresa por el
señor Araoz, que mandaba á la sazón la fuerza e s -




— 2 3 8 —
tacionada en dicha villa. Otra joven después de esci-
tar la admiración de los sitiados , con rasgos de in-
comparable valor durante el asedio, salió de la piar»
en el momento de su rendición, no queriendo some-
terse á vivir en dominios facciosos, y desde esta
época siguió por largo tiempo la division del general
E S P A R T E R O , en la que no soló prestaba grandes ser-
vicios retirando de las guerrillas á los ileridos en
una caballería menor que tenia , en la cual llevaba
cigarros y aguardiente para vender á la tropa , sino
que con una carabina , que apenas se le caia de las
manos, se batia en las mas comprometidas guerrillas,
habiendo sido herida varias veces. Adornaban el pe-
cho de esta heroína diferentes cruces de distinción,
entre ellas la de Isabel u . ¡Lástima grande que no
conservemos los nombres de mugeres tan singulares!


Contratiempos tales habían influido siniestramen-
te en el ánimo de nuestros soldados, quienes al l le-
gar el general Córdoba á tomar el mando del egérci-
to, hallábanse desanimados y faltos de aquel entusias-
mo présago de las grandes victorias. Así que era de
todo punto necesario que el nuevo y joven caudillo
acometiese alguna empresa ardua y difícil, capaz por
lo mismo de reanimar el espíritu de nuestros valien-
tes, guiándolos, como lo habian de costumbre, por la
senda en que caminan» los vencedores. Notando Cór-
doba , con aquella vista inteligente y previsora que
tenia, que los enemigos, al tiempo de descercar i




— 2 3 9 —
Bilbao, verificaban su retirada ocupando una larga
cordillera de montañas, y apoderándose de todos los
desfiladeros que podían dar salida á nuestro egérci-
to , el cual quedaba por consiguiente encerrado en
lo mas profundo de Vizcaya , estancia harto difícil y
peligrosa, meditó al momento el plan mas adecuado
para esquivar el lazo que se le preparaba, y e m -
prendió su marcha rápidamente al frente del egér-
cito , via de Orduña , hacia Vitoria: y ni la presen-
cia de 6 batallones facciosos que á una legua de Bil-
bao quisieron impedirle el paso , ni las embestidas
que Castor daba á su retaguardia, pudieron estorbar
que realizase su movimiento y que se apoderase de
la inespugnable peña de Orduña.


Los enemigos cayeron con la mayor parte de sus
fuerzas sobre Navarra y pusieron sitio á Puente la
Reina. Temia nuestro general en gefe por Peñacer-
rada , punto del mayor interés , y dejando bien pro-
vista de vitualla á la espresada ciudad de Vitoria,
enderezóse á aquel pueblo, que guarneció conve-
nientemente, y atravesó todo el pais intermedio has-
ta Logroño. Pasó en seguida á los pueblos de Lerin
y Sesma , trasladándose el 15 á Lárraga. Tan luego
como los rebeldes notaron la dirección de nuestras
tropas, se replegaron en número de catorce batallo-
nes, mandados por el Pretendiente en persona, sobre
Mendigorría, pueblo que se asienta en un monte e r -
guido , situando estas fuerzas en la'série de buenas




— 2 4 0 —
posiciones, que, con retirada pronta y segura, les
ofrecian las dos márgenes del r io , de las cuales era
también dueño Córdoba por medio del puente de
Lárrega. Todo aquel dia pasó en maniobras de una y
otra parte sin salir del espacio de una legua ; y ven-
cido el enemigo en estos movimientos, dejó á Cór-
doba ganarla posición de Ártajona, que le abría fá-
cil camino para Puente la Reina, Pamplona y demás
lugares del tránsito. El primer bien que resultó de
estas operaciones preliminares, fué el verse el ene-
migo precisado á descercar en este dia á dicho pueblo
de Puente la Reina. A las cuatro de la mañana s i -
guiente , practicó el general en gefe un reconoci-
miento, con la brigada de Gurrea, la cual, tomó po-
siciones , y desde muy temprano sostuvo combates
parciales con la izquierda enemiga, cuyos puestos
avanzados arrolló completamente.—A las nueve es-
pidió al general ESPARTERO, que con cuatro brigadas
habia pernoctado en Lárraga, las órdenes consi-
guientes al ataque que él debia dirigir con tres de
aquellas sobre la derecha enemiga, que se apoyaba
en la formidable altura de la Corona , á la margen
izquierda del Arga. Al brigadier Gurrea encargó que
atacase la izquierda de los rebeldes, reservándose
dicho señor general en gefe el dirigir la embestida
del centro, que no sin razón previo que seria, como
realmente fué, la de mas riesgo y mayor obstinación
por parle de los contrarios; pudiendo ademas desde




— 2 4 1 —
allí observar y comunicar sus órdenes á los dos estre-
ñios de la línea , que media una legua de ostensión.


Sabedor que Eraso , con 110 lanceros de tropas
navarras, situado en Ovanos, amenazaba por su po-
sición envolver el flanco derecho y la retaguardia
de los nuestros, mandó Córdoba al coronel D. Fro i - .
lan Méndez Vigo que tomase posición con su briga-
da en la dirección de aquel pueblo, observando á la
vez y conteniendo á dicha fuerza.


La de las doce fué (a hora señalada para el ata-
que general: los puestos intermedios facilitaban la
comunicación para hacerlo simultáneo sobre todos
los puntos. Nuestra caballería , colocada entre los
caminos que conducen de Mendigorría y Arlajona
hasta Lárraga, tenia orden de espiar el momento de
utilizar su cooperación en terreno á propósito , y
protegia, en caso necesario , la retirada de todos
nuestros cuerpos.—Cuatro piezas rodadas marcha-
ban en el centro, por la carretera de Artajona, con
la segunda división.


Dada la señal, el mas ferviente entusiasmo se
apoderó, con instantaneidad eléctrica, del corazón
de todos nuestros bravos, que venciendo obstácu-
los, y despreciando la mas vigorosa resistencia que
oponían los rebeldes, tomaron á la bayoneta todas
las estancias de aquella parle del rio; siguieron, al
pueblo sin vacilar un momento; precipitaron la r e -
tirada del enemigo, que pasó el puente en espantoso




— 2 4 2 —
desorden; obligaron.á dos batallones cortados á sal-
varse por un vado que hay á la derecha del pueblo,
con pérdida de algunos ahogados y prisioneros; y
sin temor á las fuerzas enemigas colocadas en posi-
ción á la otra parte del r io , forzaron á descubierta
el paso de dicho puente; atropellaron su retirada car-
gándole en la serie de elevadísimas posiciones que
forma la cordillera de montañas que conduce á C i -
rauqui, Mañeru y Lorca, las cuales fueron corona-
das por nuestras tropas hasta en su punto mas cul-
minante , causando en fin á los rebeldes una pérdi-
da que no bajaba de 1500 hombres entre muertos y
heridos y cerca de 300 prisioneros..También noso-
tros tuvimos la muy sensible de unos" 500 hombres
fuera de combate.


Sangrienta y empeñada lid esta de Mendigorría,
digna en verdad de la fama que ha llevado al sepul-
cro el infortunado general que la mandaba, digna
también de ser numerada entre las innumerables
victorias que forman la esplendente corona láurea del
general ESPARTERO. Este valiente gefe que, como he-
mos dicho, guiaba las operaciones de nuestra iz -
quierda contra la derecha enemiga, estaba al frente
de uno de los dos cuerpos (en que Córdoba dividió
entonces el total de su egército), compuesto de 1 2
batallones: y habiendo destacado uno solo de estos
al final de la acción, en la cual habia hecho ya pro-
digios de su acostumbrado valor dando repelidas car-




— 2 4 3 —
gas á la bayoneta , pasó á la bayoneta también , y
eon sola la fuerza últimamente indicada, el puente
de Mendigorría, el cual se hallaba defendido por la
reserva enemiga, fuerte de 5 batallones, los que ar -
rolló, persiguió y dispersó completamente tomán-
doles porción de prisioneros y armamento y causán-
doles terrible mortandad; y fué tanta su esposícion
en esta brillante jornada, que el caballo en que mon-
taba recibió dos balazos. Cuando con tanta bizarría
y tanta gloria perseguía á la reserva enemiga , rec i -
bió por dos veces la orden de regresar que le espe-
dia el general en gefe por medio de un ayudante;
pero insistiendo ESPARTERO constante y firme en su
propósito, contestó ambas veces: «Diga Y . al g e -
neral que ya no es tiempo.». Empero las reiteradas
órdenes de Córdoba le obligaron al cabo á desis-
tir en la persecución que fué sin embargo de muy
prolongada distancia. Cualquiera que fuese el moti-
vo que indugera al general Córdoba á tomar aquella
disposición, es lo cierto, que en su parte al gobier-
no se espresaba de esta suerte: «El intrépido g e -
«neral ESPARTERO dirigió el ataque de la izquier—
«da , el del puente y el de todas las posiciones
«de la otra parle del rio con el mayor orden y acier-
«to , y entusiasmando á su tropa con ejemplos de
«un valor personal insuperable.»—También reco-
mienda aUa y dignamente c\ general Córdoba en su
parle sobre esta jornada , i\ue tanta gloria produjo á




— 2 1 1 —


nuestras tropas, con baldón y mengua á D. Garlos
que, con sus mas acreditados caudillos Eraso, V i -
llareal y otros, mandaba en persona la acción, á los
señores brigadieres Gurrea , barones del Solar y de
Meer , Méndez Vigo (D. Santiago) , San Miguel
(D. Evaristo), Rivero, Tello, Bernuy, Oráa, Mon-
tenegro y otros beneméritos gefes y oficiales.


7 . /




CAPITULO X I .


Consideraciones generales sobre la política y la
guerra. Bilbao bloqueada por los facciosos y li­
bertada otra vez por nuestras tropas: acciones
de Arrigorriaga y del puente de Bolueta, con
otros hechos de armas hasta finar el año de 1 8 3 5 .


ODOS los indicios marca­
ban ya, desde la memo­
rable batalla de M e n ­
digorría, que la guerra
del norte había tomado
un nuevo giro , por el
cual caminaba con paso
mas seguro á un fin mas
cierto; y todo el mundo


veía con claridad que este fin no podía ni dcbia ser
otro que el triunfo de la justa causa, de la causa de
la nación , de sus fueros , de sus franquicias, de sus
derechos, de sus libertades y del trono que ella, en
virtud de su soberanía, había legitimado adoptándole
y defendiéndole con sus tesoros y con la sangre de


том. i. 17




- ^ 2 4 6 —
sus hijos contra la usurpación, contra la ignorancia,
contra el despotismo fiero, contra soñados derechos
que no tienen fundamento alguno en la esfera de lo
humano y lo racional; finalmente , contra las fero-
ces y obstinadas huestes del fanatismo.


Un egército numeroso y aguerrido, nada escaso
de recursos, tenia á, su frente un caudillo joven
valiente, liberal , entendido , y que le habia sabido
guiar, hacia poco , á la mas señalada y gloriosa de
cuantas victorias se habian alcanzado hasta entonces
sobre los rebeldes: y este entusiasmo, que tan insigne
triunfo no pudo dejar de labrar en el ánimo y lijar
en el pecho de nuestros bizarros soldados , unido al
decaimiento y tristura que debió infundir en los fac-
ciosos la grande y vergonzosa rota que sufrieron en
las márgenes del Arga, fieles testigos del oprobio
con que vio allí cubierto su rostro un príncipe equi-
vocado , nacido sin duda para el infortunio, para la-
brar, con su propia desgracia, la del pais infortunado
que le vio nacer, eran elementos muy poderosos para
dar pronta y cumplida cima á la campaña que, bajo
auspicios tan favorables y risueños, emprendió el
ilustre , cuanto desgraciado,, general D. Luis F e r -
nandez de Córdoba, en el mes de julio de 1835.


Mas á pesar de tan feliz augurio, el señor conde
de Toreno, presidente del consejo de ministros, que
habia heredado, con el cargo, la malquerencia y
odiosidad que supo acarrear sobre sí su colega y




— 2 4 7 —
antecesor Martínez de la Rosa, aturdido con los cla-
mores que varias provincias de la monarquía alzaban
contra su administración, que no era sino una s e -
cuela de la anterior; y viendo que los pronuncia-
mientos al son de las voces / abajo el ministerio!
¡no mas frailes! ¡vengan las prometidas reformas! se
iban generalizando de tal modo, que el gobierno de
Madrid se vería, como se vio bien pronto, reducido
á los estrechos límites de la capital y sus alrededores,
aspirando sin embargo á dominar la situación tan
ardua y tan difícil como se le presentaba por las dos
distintas fases, la política y la guerra , tomando por
motivo ú por pretesto á esta, y no hallando recursos
para salir de tan grande aprieto dentro de la España,
apeló á un medio que hubo de hacerle pasar por un
sonrojo harto humillante para aquel ministro de tan
grande valía y de tantos y tan reconocidos talentos.
Con fecha 30 de agosto bizo una solicitud al gabinete
de las Tullerías, pidiendo que la Francia interviniese
con las armas á favor de la reina Isabel, desbara-
tando así, en poco tiempo, las huestes de su tio Don
Carlos, y acabando hasta con la esperanza que este
pudiera abrigar de sentarse en el trono de S. F e r -
nando. No vcia en su despecho el conde, que los su-
cesos últimamente acaecidos en las provincias y que
aun entonces mismo se repetían cada día y sin cesar,
harían que el gobierno de Luis Felipe mirase con
detenimiento tan súbita y estraña demanda, como en




— 2 4 8 —
efecto lo hizo, contestando á su nombre el duque
de Broglie, en 16 de setiembre, con una negativa
muy absoluta,' fundada al parecer en el tratado mis-
mo de la Cuádruple alianza, que era el que servia
de fundamento á la petición del señor Toreno*


Privado este del recurso que se prometía en la
fuerza, y rechazado por la opinión que á gritos le
espulsaba y ya no le obedecía , salió del ministerio
reemplazándole en el cargo de presidente, D. M i -
guel Ricardo de Álava , y poco después, por renun-
cia de este, D. Juan Alvarez y Mendizabal, que des*
empeñaba la cartera de Hacjenda, y llegó á reunir
y despachar él solo, en dias posteriores, cinco délos
seis ministerios en que se distribuye el poder egecu-
tivo en España. Este célebre ministro, que á pesar
de sus estravagancias y su escasez de instrucción, se
halla dotado, si no de talentos, al menos de instintos
revolucionarios, y de una decisión y un arrojo sin
límites, siéndole por esto deudora la España liberal
de las pocas reformas importantes que aquí se han
hecho durante la última década, en lo cual este
hombre singular (hasta en lo físico, pues, contra lo
establecido generalmente por la naturaleza, reúne á
una estraordinaria corpulencia, una actividad ma-
yor) ha dejado muy atrás á otros revolucionarios de
tribuna y de prensa, de peroratas y de pluma, que,
colocados en el poder, ó ignorantes no han sabido,
ó cobardes no se han atrevido, ó malvados no han




— 2 4 9 —
querido hacer nada en favor de los intereses mate-
riales y aun morales del pais; Mendizabal, decimos,
dio, poco tiempo después de haber llegado de Ingla-
terra , su famoso programa, en el cual ofrecia t e r -
minar la guerra civil en solos seis meses. Y era que
venia del estrangero, después de largos años de au-
sencia de su pais natal, y una idea equivocada é im-
perfecta presidia sin duda á su designio y á su buen
propósito. La guerra civil de España era el azote de
su revolución; y este azote se hallaba en manos que,
sobre ser poderosas, le usaban con harta destreza,
por ocultos medios, y sin ningún género de respon-
sabilidad. El tiempo nos ira aclarando y acabará por
demostrarnos, quien fué bastante fuerte y de sufi-
ciente resolución para arrancar este azote cruel de
aquellas manos impias. Pero si por tales causas no
pudo tener cumplido efecto el programa, tuvolé en
gran parle , como se hará notar en los capítulos s i -
guientes, y como lo hará ver el estado de.la guerra,
el incremento de nuestro egército y el entusiasmo y
reanimación que esperimentaron nuestros soldados.


Si la intervención francesa no pudo lograrse co-
mo apetecia el conde de Toreno, para sofocar con
una mano la guerra, con otra la revolución, afir-
mándose él en el poder y logrando por tales medios
el triunfo de sus principios , pudieron sí , entre este
ministro y Mendizabal, contratar tres legiones auxi-
liares, francesa, inglesa y portuguesa , que á las ór-




— 2 5 0 —
denes de los generales Bernelle, Lacy Ewans y barón
das Antas empezaron desde este tiempo á participar
de las faenas y del tráfago bélico, no menos que de
las glorias de nuestro valiente egército. Sin embargo,
y sin que sea visto que nosotros miremos con ojos
de ingratitud los beneficios que hayan podido dispen-
sarnos, y que de hecho nos han dispensado, naciones
aliadas y amigas1 nuestras, que han mirado con mas
ó menos interés la causa de la libertad y de la rege-
neración española, no podemos menos de hacer notar
aquí el desacuerdo de nuestros gobernantes al pactar
este género de auxilio, que siendo mucho mas one-
roso que el que pudiera haber prestado un número
igual de tropas nacionales, nunca podía ni debía e s -
perarse de aquellas (colectivamente consideradas)
igual servicio , en nuestro suelo , que el que puede
exigirse de soldados nacidos de él. Nada por consi-
guiente hay que agradecer, antes sí mucho que cen-
surar , á los señores Toreno y Mendizabal, por la
contratación do dichas legiones. t


Pero tornemos ya la vista á los sucesos de la
guerra.—Mientfas la España entera ardia aun, víc-
tima de revueltas que ministerios anteriores ha-
bían hecho indispensables , y que cada provincia,
después de verificar su pronunciamiento, se g o -
bernaba por sí misma, por medio de una junta di-
rectiva compuesta de varios patriotas que simboli-
zaban la suprema autoridad local, reasumiendo, por




— 2 5 1 —
decirlo así, la soberanía del territorio, en una ver-
dadera representación provincial , y emancipándose
del gobierno de la nación, hasta el punto de ser t o -
davía difícil, constituido ya el ministerio Mendiza-
bal, reconciliar á algunas con la Metrópoli, el egér-
cito liberal del Norte, estraño entonces á las contien-
das políticas, y dejando, caá! debia, á la libre decisión
de los pueblos la resolución de un problema que ellos
en virtud de su absoluto y supremo poder , y de su
razón suprema y absoluta, que son los elementos
constitutivos de su SOBERANÍA , se habían propuesto á sí mismos resolver, como únicos jueces , en,tales
casos, cual era el de fallar sobre la conducta del go-
bierno ú, mejor dicho, délos gobernantes, y obrar
después á consecuencia de aquel inapelable fallo;
nuestro egército, decimos, ostentando en esto prue-
bas inequívocas de su patriotismo y de sus virtudes,
tampoco las escatimaba cuando se exigían de su bien
acreditado valor. Así es que dando vagar á que la
nación, el tiempo y los sucesos diesen por terminada
la liza política, proseguía él impávido en sacar ven-
taja de los triunfos de la guerra, cortando á esta los
vuelos y conteniendo los progresos y obstinados em-
bates de los carlistas, quienes ala sombra de nuestros
disturbios y protegidos por nuestras mismas disen-
siones, pudieron haber adelantado mucho mas en su
obra de esterminio, á no tener la causa de la libertad
y de la reina soldados tan bizarros, tan decididos, y




— 2 5 2 —
sobre todo tan virtuosos, como los que militaban en
las lilas de la lealtad.


La heroica villa de Bilbao volvió á ser blanco y
obgeto predilecto de la implacable saña de los car -
listas. El 24 de agosto presentóse el general rebelde
D. Rafael Maroto al frente de los muros de tan
distinguida é ilustre población, guiando 14 bata-
llones facciosos: y apoderándose de todos los pun-
tos importantes que la circuyen , y tomando estan-
cias escogidas muy á su sabor, dieron los enemi-
gos desde este dia principio á un bloqueo terrible,
que no se levantó hasta el 7 del mes que sigue. Tam-
bién esta vez contribuyó poderosamente ESPARTERO
á la salvación de aquella invencible villa.—Hallá-
base el 2 de setiembre en Vitoria, con la división de
su mando; y aquí recibió orden el general Córdo-
ba , que le prevenía salir en el momento, y á mar-
chas forzadas al frente de su división con dirección
á Miranda de Ebro , y con el fin de ponerse á las ór-
denes del general en gefe del egército de reserva don
Joaquín Ezpeleta, encargado por dicho señor gene-
ral en gefe del de operaciones D. Luis Fernandez de
Córdoba, de ir á levantar el enunciado bloqueo de
Bilbao. Hízolo así en efecto; y el dia 7, según queda
dicho, verificó su entrada triunfal en aquella villa,
en unión con el brigadier Iriarte, que llevaba 2,500
hombres de la reserva, y conduciendo ademas fuer-
zas respetables, que componían un total de 10,000




— 2 5 3 —
hambres, después de haber obligado á los bloquea-
dores á huir azorados , abandonando los puntos que
ocupaban y las obras que habian construido contra
la plaza. La heroica constancia de esta en defenderse,
solo es comparable al decidido y tenaz empeño que
hacian los rebeldes por tomarla. En esta ocasión fué
cuando por vez primera entró en Bilbao un batallón
escoces perteneciente á la legion británica , de la
cual habian desembarcado, hacia poco, en Portnga-
lete como unos 5,000 hombres guiados por su g e -
neral Ewans. Tanto estas tropas como las españolas
fueron recibidas en medio del clamoreo mas entu-
siasta , de los vivas y vítores mas estrepitosos y de
un regocijo marcial que reinaba en los semblantes y
en los corazones de los patriotas bilbainos, capaces
por sí solos de infundir valor y animación á lodos
los egércitos del mundo.


El día 11 del mismo setiembre salió ESPARTERO
de Bilbao con la division de su mando, de orden del
señor general en gefe de la reserva, encaminándose
otra vez á Vitoria, y emprendiendo su marcha por
el camino real de Bolueta y puente de Uzueta, que
dista un cuarto de legua de aquella villa. Al lado
opuesto del rio , y sobre las inmediatas alturas de
Ollargan que le dominan, avistáronse dos compañías
enemigas, las cuales fueron cargadas por tres de ca -
zadores de la primera brigada de ESPARTERO , vién-
dose forzadas á abandonar sus estancias, y retirán-




— 2 5 4 —
dose por la cúspide en dirección de Oquendo. Con-
tinuaron su marcha por el camino real el resto de
la división y la brigada de reserva que con ella iba,
y no habia trascurrido mucho tiempo cuando se
presentaron algunos facciosos que indicaban por sus
movimientos y por la estraña confianza de que hacían
ostentación , estar protegidos por fuerzas, mas con-
siderables. Y era así la verdad; pues tanto en el
camino que conduce á Durango, cuanto en los bos-
ques y alturas inmediatas dejáronse ver varias c o -
lumnas, señaladamente en la dirección de Ollargan,
cuya cúspide ocupaban ya nuestras compañías de c a -
zadores. Persiguiendo estas á los enemigos , descu-
brieron otros dos batallones rebeldes, los cuales no
solo detuvieron la marcha de aquellos bravos, sino
que indudablemente hubieran tenido que abandonar
la altura , á no haber acudido ESPARTERO desde el
camino real, con el batallón de cazadores de la
Guardia que, con el singular denuedo que siempre
acreditó en las lides aquel bizarro cuerpo, flanqueó
la posición del enemigo, poniéndole de seguida en
vergonzosa y desordenada fuga. ESPARTERO que ob-
servaba esto, notando al punto la imposibilidad de
que la infantería les diese alcance, dio una carga con
el gefe de la plana mayor y con los ayudantes de su
división y de la de reserva , lo cual hizo aumentar
estraordinaríamente la confusión y el desaliento del
enemigo, que solo debió entonces su salvación á las




— 2 5 5 —
grandes quebradas que hacia el terreno, mas prácti-
camente conocido por los facciosos que por nuestras
tropas. TUYO esta carga el mal resultado de que el
teniente de la Guardia Real de infantería D. Isidoro
Chacón sufriese una herida que le ocasionó bien
pronto la amputación de una pierna.


Continuaron los rebeldes su retirada con la ma-
yor precipitación, unos por la falda derecha de la
cordillera , otros por la izquierda; y era curioso el
yer pasar en el mas confuso desorden á miles de fac-
ciosos que se dirigieron al puente de Arrigorriaga,
sobre el Nervion , río de caudal no abundoso, á una
legua de Bilbao.—El pueblo de Arrigorriaga fué
ocupado inmediatamente por nuestras tropas , qué se
disponian á pasar el espresado puente y ocupar las
formidables alturas que le dominan, para lo cual ha-
bia espedido ESPARTERO las órdenes oportunas; cuan-
do hé aquí que en el crítico momento de emprender
esta operación importante, presentáronsele varios
pasados, que antes habian pertenecido á nuestro
egército , los que interrogados por el general , le
anunciaron que la facción tenia al frente de los
nuestros 18 batallones compuestos de navarros,
alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos , con el Preten-
diente á la cabeza y 300 caballos; gente toda que es -
taba apostada en estancias no lejanas, puesta allí c o -
mo en celada y en espera de los movimientos de las
tropas leales.




— 2 5 6 —
Esta notable circunstancia bizo variar la determi-


nación de ESPARTERO, quien, obrando en conformi-
dad con las órdenes que al efecto tenia del general
en gefe del egército de reserva, colocó los regimien-
tos del Príncipe, cazadores de la Guardia , tercer
batallón de Almansa, y parte del 2.° ligero en el
pueblo; situando en el litoral del r io , con fuertes
líneas de tiradores, el resto del 2." ligero y parte de
Borbon, y los demás cuerpos de la división en masa,
sosteniendo á aquellos. En esta actitud permaneció
ESPARTERO , con sus fuerzas, hasta que dicho señor
general en gefe de la reserva, D. Joaquín Ezpeleta,
dispuso la marcha retrógrada sobre Bilbao , la cual
se llevó á efecto, por escalones, en el mayor orden,
habiendo recibido ESPARTERO , del espresado señor
general en gefe, el cargo de cubrir la retaguardia.


Tan luego como los enemigos observaron este
movimiento, arrojaron todas sus masas sobre nues-
tras tropas, que los recibieron con la mayor sereni-
dad y con un fuego mortífero, ocasionándoles una
considerable pérdida , señaladamente en la altura de
Ollargan, en donde colocándose ESPARTERO á la ca-
beza de un batallón de Almansa y varias compañías
de Córdoba, mandó romper un fuego graneado tan
sostenido y certero, que les causó gravísimo daño.


En esta forma continuó este bizarro general su
brillante retirada, en la cual el terreno fué defendido
por palmos hasta el puente dcBolueta, que dista un




— 2 5 7 —
cuarto de legua de Bilbao, cuyo interesante paso en-
contró desgraciadamente ocupado por alguna caba-
llería é infantería enemiga. En tan crítico momento,
para facilitar el paso de las tropas que le seguian, no
yaciló ESPARTERO un instante en cargar con solos
sus ordenanzas, á los contrarios , los cuales se v i e -
ron obligados á replegarse , dando así lugar á que
la infantería verificase el paso. Pero rehecho el ene-
migo con otras mas fuerzas, ocupó segunda vez el
puente ; y en tal estado , fué preciso á ESPARTERO
volver á la carga y rechazarlos , como lo realizó
bien pronto , dejando dos lanceros muertos.


En esta importante carga , hija del sin par arrojo
y de la valentía singular que ha caracterizado siem-
pre al general'EspARTERO, recibió este un balazo que
le atravesó el brazo izquierdo y una contusión de
golpe de lanza en el mismo; resultando igualmente
herido de gravedad el cabo de sus ordenanzas F r a n -
cisco Peralta, á quien también mataron el caballo.
A pesar de la herida , continuó aquel bravo general
en el puente , del cual no consintió separarse hasta
que hubo pasado la mayor parte de la infantería, ha-
biéndose dirigido por los vados la restante. Evacuado
que fué al fin el puente, pasáronle los enemigos con
fuerza de un batallón y algunos caballos ; mas no
tardó mucho tiempo sin que se viesen precisados á
abandonarle otra vez por la carga que les dieron dos
compañías inglesas unidas á alguna mas fuerza espa-




— 2 5 8 —
ñola. Llegó , al cabo , la noche, y los enemigos se
retiraron á sus primitivas posiciones, dando ya va-
gar á los nuestros para hacer su entrada en Bilbao,
como realmente lo verificaron.


De tal manera tuvo lugar la desgraciada acción
de Arrigorriaga y puente de Bolueta, las cuales com-
prendemos en una sola porque se verificaron en una
misma jornada : jornada infausta y triste para nues-
tras bizarras tropas, acción desgraciada, repetimos,
y una de las pocas sin ventura que alcanzó ESPARTERO
entre los infinitos hechos de armas gloriosos que
cuenta eri su larga y esplendente carrera, este céle-
bre general; porque ella menguó las filas de nues-
tros valientes con un total de pérdida que no bajaba
de 600 hombres fuera de combate , sih contar otros
300 que, entre oficiales é individuos de la clase de
tropa, cogieron prisioneros los rebeldes. Muchos de
nuestros bravos, al ver cortado el puente, arrojá-
ronse al Nervion , prefiriendo el morir, víctimas de
aquel terrible elemento, á caer en manos de sus im-
placables enemigos. Que también la desesperación
tiene su heroísmo, y este heroísmo suele conducir
á la fatalidad.


Si en el revés que en Bolueta sufrieron nuestras
tropas , cabe alguna culpa al general ESPARTERO , á
quien con tanta saña se ha acriminado por sus émulos,
con ocasión ó con pretesto de esta retirada y la de
Descarga , fuerza es que confiesen que esta culpa,




— 2 3 9 —


sobre ser levísima , atendidas las circunstancias que
hemos espuesto, y teniendo en cuenta igualmente
que, al salir aquel general de Bilbao (por orden del se-
ñor Ezpeleta) no se tenia noticia de que las facciones
se hubiesen reunido en tanto numero, ni de que este
número considerable de fuerzas se hallase tan pró-
ximo á dicha villa de Bilbao, sino que en aquella
misma noche fué reforzada la facción que allí cerca
había por unos Í 2 ó 14 batallones , que debieron
hacer, sin duda, alguna marcha forzada é imprevista
(y así con efecto lo confesaron los pasados); si en
esto , decimos, cabe alguna culpa al general E S P A R -
TERO , que no se halló bien servido de espionage
en aquellas tristes circunstancias, esa culpa quedó
lavada con su sangre que bañó profusamente el
campo del escarmiento , y las peñas que sirven de
pavimento al ya enunciado puente de Bolueta. El
hombre que lejos de arredrarse al verse cortado
por un rio y por un puente ocupado por fuerza ene-
miga , incapaz de volver pies atrás por este ni por
otros mayores conflictos, acomete con solos cuatro
ordenanzas de caballería á los enemigos que le im-
piden el paso de dicho puente , los carga con heroico
denuedo hasta el punto de mezclarse entre sus lan-
zas y bayonetas, batiéndose cuerpo á cuerpo con
ellos por largo rato , y no cesa hasta obligarlos á ce-
der el paso ; ĉ ue los persigue todavía después baña-
do en sangre y cqntinúa batiéndose por espacio de




— 2 6 0 —
uua hora sin hacer caso de las heridas, y sin retirar-
se de los puntos mas avanzados, sino cuando vio ter-
minado el combate, al cerrar la noche; ese hom-
bre, repetimos, bien merece que la historia l e t ra -
te con menos rigor y mas justicia al formar el pro-
ceso enojoso de Arrigorriaga. La imparcialidad his-
tórica nada tiene de común con la apasionada acrimo-
nia de los partidos. En las guerras mas gloriosas, en
los fastos militares de los capitanes mas célebres, no
todas son victorias; siempre hay pérdidas, reveses,
infortunios, lunares que suelen manchar, aunque
levemente, la vida de los hombres, y de los p e -
riodos históricos, como acontece con la vida de los
pueblos y de las sociedades.


Es una ley constante de la naturaleza: como el
placer y el dolor, el mal y el bien, combinados y al-
ternados, son los que constituyen la vida del hombre
y también la de las naciones. Los hechos históricos
solo arrojan de sí aquellos elementos: en combinarlos
debidamente, en deducirlos con exactitud del fiel é
imparcial relato de aquellos, es en lo que estriba prin-
cipalmente la sagrada obligación del historiador.


El 6 de octubre dirigió el general en gefe de los
egércitos de operaciones del Norte y reserva, D. Luis
Fernandez de Córdoba, una alocución á las tropas
de su mando , con motivo de la pacificación general
de las provincias, que se habían pronunciado , en la
cual designaba á este hecho memorable de la recon-




— 2 6 1 —
ciliacion con las notables frases de «solemne y mag­
nífico acto de concordia nacional, con que la in—
«mortal Cristina, aurora de la libertad española, hija
«predilecta de la civilización europea, ha sabido cal­
«mar todas las pasiones, satisfacer á todas las justas
«exigencias, reunir en un centro común y grandio­
«so á la mayoría de los buenos españoles, completar
«las instituciones del pais, asegurando los derechos
«del pueblo por larepresentacion especial que este
«elija, y restablecer la paz y la justicia, sofocando
«de una vez la penosa lucha que las destruye en
«nuestras provincias.—Y después , hablando del
ministerio Mendizabal, el señor Córdoba se espresa­
ba de esta suerte:' «Compañeros, un ministerio l ibe­
oral y franco, compuesto de personas que han mere­
«cido la estimación nacional y presidido por el activo
«y desinteresado patriota que fundó la libertad y el
«crédito de una nación vecina, é inseparable de
«nuestra suerte política, es quien reúne en este ins­
«tante la confianza del pais y de nuestra augusta r e ­
agenta, de hoy mas que nunca identificadas.»


Ya en lo que resta del año 3 5 apenas hay suce­
sos notables que enumerar habidos en la campaña.
Las facciones perseguidas en todas partes y escar­
mentadas por los activos generales Córdoba y E S ­
PARTERO, perdieron á Estella que fué tomada á viva
fuerza por los nuestros el 1 5 de noviembre, empe­
ñándose al siguiente dia una porfiada acción en el


том. i. 18




— 2 6 2 —


monte Jurra, la cual fué sostenida en una de sus fal-
das por el general en gefe del egército de operacio-
nes , que consiguió arrojar de ella al enemigo, y en
la otra por el-general Tello que también se coronó
de gloria en esta jornada.—El 2 7 del mes anterior
habia caminado ESPARTEB.0 las once leguas que me-
dian entre Vitoria y Bilbao con solos ocho batallo-
nes , sin que se atreviesen á molestarle los facciosos;
lo que prueba el desaliento de que ya en esta sazón
se hallaban ellos poseídos; y tres dias después revol-
vió sobre Vitoria desde la capital de Vizcaya, á
donde habia ido á proteger el movimiento de la legión
británica, unido á esta brillante fuerza estrangera, y
puesto al frente de diez batallones, cuatro escua-
drones y una batería, con el fin de allegarse al punto
que ocupaba Córdoba y tomar parte en las combina-
ciones de este general , quien hallándose en Logro-
ño, dispuso que ESPARTERO con catorce batallones,
quinientos (jabalíos y dos baterías, cubriese la línea
de Vitoria á Miranda de Ebro, cuyas posiciones con-
servó durante los meses de noviembre y diciembre,
evitando así las incursiones del enemigo.


El general rebelde Eguia reemplazó á Moreno
en el mando en gefe de las tropas carlistas.


A consecuencia del real decreto de 2 4 dé octu-
bre, que declaraba soldados á todos los españoles sol-
teros ó viudos sin hijos desde la edad de diez y ocho
años á la de cuarenta, ordenando ademas que del




— 2 6 3 —
número total de hombres que produgcse este llama-
miento, se aprontasen desde luego cien mil, los
cuales habían de organizarse y habilitarse inmediata-
mente con el obgeto de terminar la campaña en los
seis meses que dijo Mcndizabal en su célebre y ya
indicado programa, dispuso.la reina Gobernadora
que el ministro de la guerra, que era entonces el
conde de Almodovar , pasase al egército del Norte
con el encargo especial de arreglar los planes de cam-
paña que habían de adoptarse en lo sucesivo, tanto
en dicho egército como en los de Aragón y Castilla,
proveyendo á la disciplina, subsistencias y todos los
demás ramos militares de acuerdo con el señor g e -
neral en gefe del egército de operaciones D . Luis
Fernandez de Córdoba.—Las fuerzas que el egército
de la reina tenia por este tiempo {es decir á Enes de
1835) en las provincias sublevadas del norte, consta-
ban de 600,000 hombres que operaban á las órdenes
de dicho señor general en gefe, y unos 11,600 que
formaba el total de las guarniciones. De los prime-
ros estaban 11,000 á las inmediatas órdenes del g e -
neral ESPARTERO.


De referir es aquí un suceso por el cual se ha
censurado agriamente á este general, y que tuvo lu-
gar en los últimos dias de este año. Fácil es colegir
que hablamos del fusilamiento de varios individuos
diezmados en el batallón franco de voluntarios de
Guipúzcoa, llamados chapelgorris. Ilabia sido crea-




— 2 6 4 —
do este cuerpo en San Sebastian, que repartiendo en
quince dias 400 fusiles, formó un lucido batallón de
miñones, el cual recibió aquella denominación pro-
vincial. Grandes pruebas de decisión y de valentía
dieron desde su principio aquellos bravos y libres
guipuzcoanos, de los cuales solos 150 bastaron en
Tolosa para batir y derrotar á 1,000 rebeldes. Con
motivo de estos y otros muebos hechos señalados,
habianse grangeado no solo la voluntad y la estima-
ción, sí que también la admiración de sus conciudada-
nos, de todo el egército y de sus gefes, señaladamen-
te de ESPARTERO que tanto distinguía siempre y tanto
deferia también á los que se distinguían por el va-
lor. Acaso esta deferencia suma, llevada á un esceso
vituperable y reprensible de parte dé^un gefe que
todo lo ha sacrificado siempre á las glorias de la p o -
pularidad , fuese la Gausa primordial y el origen
verdadero de los escesos á que se entregaron últi-
mamente los chapelgorris, quienes, si dieron gran-
des y patentes pruebas de su amor á la libertad, no
las escasearon después de afición al libertinage y al
desenfreno mas feroz. Yese es, á nuestro modo de ver,
el único cargo que puede hacerse á ESPARTERO por
este hecho: noque él, de súbito y livianamente,pidie-
se un castigo que la conciencia y las leyes reprobasen,
no; pues harto necesario y muy justo era ya cuando
fué impuesto aquel castigo: sino que esta necesidad
triste, aunque provechosa, habia sido en cierto modo




- 2 6 5 —
creada por é l , por su tolerancia , por su conducta
lene , por su descuido , por su punible condescen-
dencia, per su escesivo (tal vez indiscreto) amor á
los cuerpos y á los soldados que prodigaban su san-
gre y su vida en el campo del honor. Si en esto pue-
de haber criminalidad, es la única que debe imputar-
se al general ESPARTERO.—Pero vengamos ya á la
esplicacion del hecho.


En la noche del 11 de diciembre varios individuos
de dicho cuerpo, armados, enmascarados y disfraza-
dos invadieron los pueblos de Subijana y Ollavarry,
cometiendo todo linagéde escesos, penetrando en la
casa del cura de este último y apoderándose de las
llaves de la iglesia, la cual fué saqueada , robada
(bástalos vasos sagrados), resultando por último en
ella un horroroso incendio. En Subijana cinco indi-
viduos de estos maltrataron á los regidores hiriendo
á uno de ellos, y cometieron iguales tropelías con el
cura, á quien también hirieron después de robarle.
Vistos por ESPARTERO tan escandalosos y repetidos
escesos , perpetrados por unos hombres que hacían
ya alarde de tanta brutalidad , y en quienes no era
fácil poner en claro los que fuesen verdaderos a u -
tores de esta demasía mediante la actuación de
una sumaria , habiendo sido inútil la que con igual
motivo se mandó formar á resultas de los desórde-
nes cometidos en Briñas y Labastida, de los que nada
pudo averiguarse, por la mutua protección que los




— 2 6 6 —
cómplices se dispensaban; viendo por otra parte que
era absolutamente necesario restablecer la discipli-
na y la subordinación on aquella fuerza desmoraliza-
da, y creyendo, como así era justo creer, que este
era el primero y principal de sus deberes , resolvió
reprimir y poner coto á tanto escándalo, imponiendo
un castigo ejemplar que ahorrase otros mayores
males para lo sucesivo.


Al efecto reunió lodos los cuerpos de la división
de su mando en el campo de Sarichu, no lejos del
pueblo de Gomecha; y habiendo hecho formar la
infantería en columnas cerradas, ocupando su cen-
tro el batallón delincuente) colocóla caballería avan-
zada al costado derecho, dándole frente , y al i z -
quierdo la artillería.—Los chapelgorris , puestas las
armas en pabellones , salieron á su frente con todo
su bagaje, formando en alas por compañías ; y di-
rigiéndose entonces ESPARTERO á su comandante, le
hizo conocer el motivo y objeto de aquel aparato,
invitándole á que se practicase un prolijo recono-
cimiento , con el ün de averiguar y denunciar á los
criminales, y amenazando con que de lo contrario
sufrirían aquellos que la suerte designase. Entretan-
to los gefes de los cuerpos leian á estos la orden del
dia ; verificado lo cual, arengó ESPARTERO á todas
sus tropas, imprimiendo en su ánimo el horror que
inspira el crimen , y la imprescindible necesidad de
castigarle, y concluyendo con varios vivas y acia-




— 2 6 7 —
mariones entusiastas á la reina, á la libertad, al orden
y á la disciplina. Con esto qnedó labrado el mas pro-
fundo convencimiento de la justicia que presidia á
aquel acto en el corazón de todos los soldados , que
daban de ello señales ostensibles en sus semblantes.


No habiendo resultado prueba completa del r e -
conocimiento de los efectos, fué diezmado el bata-
llón , sacando cinco individuos por compañia ; y en
seguida fueron quintados estos , resultando siete
(uno por cada compañía), los cuales fueron fusilados
en el acto con los tres que habían ejecutado el robo
de Ollavarry, denunciados por los siete, y que ade-
mas corroboraron el dicho de estos con las señales
de sus personas.Verificada la egecucion con todas las
formalidades de ordenanza, y habiendo conservado la
tropa durante el acto un respetuoso silencio, el ba-
tallón volvió á tomar las armas y desfiló para la ciu-
dad de Vitoria , en donde dicho señor comandante
general de las provincias Vascongadas, el general E S -
PARTERO , adoptó cuantas providencias y disposicio-
nes creyó oportunas y aun necesarias para asegurar,
como realmente aseguró en lo sucesivo, el orden y
la disciplina en aquel cuerpo y en todos los que
componían la división que él gobernaba.


Como los hechos de esta clase rara vea suelen
llevar la aprobación de todos, levantóse fuerte mur-
mullo en algunas partes, y no faltaron gefes del ejéir—
cito que mas ó meno&clara y directamente se espre—




— 2 6 8 —
sasen contra la predicha determinación del general
ESPARTERO. Llegaron los clamores hasta las cortes:
y el procurador guipuzcoano D. Joaquin María Fer-
rer , mal enojado por la conducta, á su parecer in -
justa, que con sus paisanos habia observado el gene-
ral ESPARTERO, y juzgando tal vez que este habia
querido gallardearse, para con los chapelgorris , en
el abuso brutal y crudo de la autoridad militar que
egercia, no que hubiese querido solo tomar prendas
que fuesen seguro de la obediencia y la ulterior dis-
ciplina, castigando en ley y en conciencia delitos por
desgracia demasiado positivos, hubo deesplicarseen
términos algo duros contra el hombre á quien el
mismo Ferrer habia de coronar después en 1840 con
motivo del alzamiento nacional de setiembre , l l e -
gando á ser los dbs colegas de un mismo ministerio
y co-regentes. Pero como aun este hecho , que en
sí nada tiene de estraño, ni por sí cscluye tampoco
los que sobrevinieron, ha sido adulterado y presen-
tado de diferentes modos por la prensa, para darle
todo el valor que de suyo tiene, juzgamos que nada
es tan conducente como el trasladar aquí las palabras
testuales de dicho señor procurador á cortes D. J o a -
quín María Ferrer, quien contestando y aludiendo al
discurso de otro señor procurador que én la sesión
del 28 de diciembre habia hecho mérito del aconte-
cimiento infausto de los chapelgorris , di jo:


«Lo único que yo quisiera es que no hubiera




— 2 6 9 —
«mezclado el desgraciado suceso que ha dicho el
«señor conde de las Navas: los servicios que han he-
«cho (los chapelgorris) han escitado la envidia de a l -
«gunos, se ha provocado á una oposición contra este
«cuerpo que tanto se ha sacrificado: y espero que
«el gobierno de S. M. tome sobre esto providencia,
«para que el batallón de chapelgorris se vindique
«del borrón con que,se halla cubierto. Délas recla-
«macioues que han llegado á mis manos no he reci-
«bido aun de mi provincia las aclaraciones necesa-
«rias; nó tengo dificultad en pedir la cabeza de quien
«debe responder de un atentado semejante para que
«sirva de egemplar; me reservo para su debido
«tiempo , y cuando tenga documentos de autoridades,
«el hacer las reclamaciones debidas para que mis
«compatriotas se persuadan de que como hombre pü-
«blico no tengo ni he tenido jamás consideraciones.»


Lenguage muy propio de un digno procurador
de los pueblos, y que no empece en nada á la amistad
que puede y aun podía entonces mismo profesar el
Sr. Ferreral general ESPARTERO ; puesto que, como
dice aquel, el hombre público , mucho mas el re -
presentante de los pueblos, no debe teüer conside-
raciones á nadie, ni á sus mayores amigos , ni á sus
padres cuando la patria*está por medio.—El gobier-
no , á vista de esto, pidió esplicaciones al general
Córdoba, mediando en seguida algunas comunica-
ciones entre este gefe y ESPARTERO que sirvieron




— 2 7 0 —
para esclarecer y dilucidar completamente los he-
chos , hasta el punto de evidenciarse la justificación
del último de aquellos generales, sin qoe fuese ya
después necesario que el Sr .Ferrer hiciese uso de las
facultades que reservaba , y que le competían c o -
mo procurador, de reclamar contra ESPARTERO, caso
de haber sido este general el verdadero delincuen-
te. El Sr. Ferrer y todo el mundo llegó á persua-
dirse de que si aquel hecho ha sido calificado por los
enemigos de ESPARTERO de la mas inaudita violencia,
y por sus amigos de la mas severa justicia, la i m -
parcial historia que reconoce que no puede haber
ejércitos sin que en ellos haya orden y subordinación
y disciplina, y que no es posible conciliar estas cosas
sino con la mas rigida y estricta observancia de la ley
y de las ordenanzas militares, no puede dejar de
calificarle de una necesidad triste, tan provechosa
como imprescindible.


Mucho se ha escrito y hablado acerca de este
ruidoso asunto, tanto en la prensa periódica como
en las historias biográficas: y en verdad que los mis-
mos que acriminan á este general, mas de lo que es
justo, por su demasiada tolerancia para con los solda-
dos , no pueden menos de reconocer aquí una prueba
irrefragable de su celo y áo%a amor á la disciplina.


Citando todos los dias recibía ESPARTERO multi-
plicadas quejas de parte délos vecinos y de las j u s -
ticias de los pueblos contra unos hombres , á quienes




— 2 7 1 —
animaba un espíritu de destrucción vandálica, que
miraban como enemigos á los lugares que abando-
naban los facciosos, entregándolos al saco y al e s -
quilmo, siendo tan revolvedores, tan terribles , tan
criminales y atroces, que no respetaban nada, ni aun
los cálices, copones, patenas y demás vasos sagra-
dos , así como toda otra clase de alhajas dedicadas al
culto en los templos, maltratando de paso al sacer-
dote , al anciano, á la doncella, á todo el que
intentaba oponer un solo dicho, una palabra á sus
brutales fuerzas; cuando después de haber mediado
varias amonestaciones y algunos castigos de menor
valía, á consecuencia de otros desmanes y estravios
*de igual naturaleza, no habia conseguido nada aquel
general que le diese indicios de corrección y en-
mienda, ¿restábale por ventura otro recurso que ese,
al cual apeló con tantos y tan justos motivos?—Na-
die puede menos de reconocerla justicia de esta eje-
cución, que no hubiera sido tan criticada quizás , á
no haber mediado en ella la triste y fatal casualidad
de morir en suerte (y es muy probable que inocen-
te) el alcalde de un lugar de Guipúzcoa , patrióla
distinguido, llamado Álzate, quien 4 poco de ser
nombrado por sus compatricios para aquel cargo
honorífico, se alistó voluntario en el batallón de
chapelgorris, en el cual habia dado pruebas de un
valor nada común y de una constante decisión por la
causa de la libertad , para venir después á perder la




— 2 7 2 —
vida de tan mala manera; pero estas son circuns-
tancias lamentables, harto comunes é inherentes á
ese género de castigos. No es la suerte ciega la mas
á propósito para buscarla verdad, ni testigo abonado
para denunciar los delicuentes y probar los delitos.
Y esos pequeños males son siempre el precio de los
mayores bienes que resultan de sucesos como el que
acabamos de esponer.




C A P I T U L O X I I .


Siluacion del gobierno y de las cortes: estado de la
guerra: gloriosas acciones de Orduña y Unza:
espedicion y persecución del general carlista Gó-
mez : batalla de Ezcaro: sublevación de todas
las provincias de la monarquía contra el minis-
terio Isturiz, y proclamando la Constitución
de 1 8 1 2 : ESPARTERO es nombrado general en
ge fe del egército de operaciones del Norte.


principios de este año •
de 1836 concurrieron
graves desórdenes en
Barcelona y Tarrago-
na, cuyas ciudades re -
sentidas y enconadas á
causa de haber sacrifi-
cado inhumanamente
los facciosos á varios


individuos de milicia y de tropa, que tuviéronla des-
gracia de caer en sus garras pocos dias antes, pen-
saron desde luego hacer uso de tristes y horrorosas
represalias. Ciento cuarenta desafectos sacados de




- 2 7 4 -
Átarazanas y treinta y cinco del presidio de la segun-
da de dichas ciudades, fueron pasados por las armas
en la noche del 4 de enero con aquella horrible pres-
teza que acompaña á esos actos en tales casos. Atroz
y cruel resolución, que sin embargo parecia en
cierto modo disculpable, teniendo en cuenta la bar-
barie que la provocaba. jDolorosas tornas que siem-
pre suele llevar consigo la violenta saña!—Tam-
bién en Reus y en Valls hubo indicios de querer
turbarse la tranquilidad pública; pero el continente
austero de sus autoridades logró evitarlo, ahorrando
así el derramamiento de sangre y la repetición de tan
crueles desastres.


Tales disturbios no llevaban ahora , como el año
anterior, el sello de la inobediencia y de rebelión
contra el ministerio que presidia el Sr . Mendizabal.
Antes bien, este ministro que entró á gobernar en
medio de los mayores aplausos, continuaba aun sien-
do obgeto de grandes esperanzas, conservando con
su fama ilesa la aprobación universal. Si la nación
contemplaba entonces á aquel ministerio como el
único capaz de poner término á los males que tanto
la afligían, las cortes no cifraban menos en él el
cumplimiento de sus mayores designios: y prueba
clara de esto es el célebre voto de confianza que le
otorgaron y que también fué sancionado por S. M.
la reina Gobernadora con fecha 16 del citado enero.
En virtud de este voto facultábase al gobierno para




— 2 7 5 —
continuar recaudando las contribuciones, y para apli-
car sus productos á los gastos del estado; pudiendo
igualmente, sin alterar los tipos esenciales de aque-
llas, hacer variaciones que estimase convenientes
en el sistema de administraciony recaudación, y pro-
porcionarse cuantos recursos y medios considerase
necesarios al mantenimiento y sosten de la fuerza
armada, y á terminar la guerra civil con la breve-
dad posible, sin otra obligación qUe la de dar cuen-
ta á las cortes en la próxima legislatura del uso
que hubiese hecho de tan omnímodas y eslraordina-
rias facultades, cuales s*e le conferian por la presen-
te ley y otras votadas anteriormente. Ejemplo de nna
generosidad, pródiga tal vez, que no suele repe-
tirse muchas veces en las asambleas nacionales; pero
del cual no tuvo la nuestra necesidad de arrepentirse,
puesto que lejos de abusar el gobierno, según creían
y vociferaban sus adversarios, dio muestras de que


' solo aspiraba á emplear aquellos medios en bien del
pais , dando aumento , con tal ocasión, ú la Guardia
Nacional, fomentando y protegiéndola organización
y equipo deesta fuerza ciudadana, cuidando al propio
tiempo esmeradamente de las bizarras tropas que
componían nuestro egército. Ninguna alteración
esencial en la administración , ningún desorden, nin-
gún desfalco, ni menos lesión alguna en el crédito,
resultó de aquellas medidas ó facultades estraordi—
narias que tanto lamentó y censuró entonces la pren-




— 2 7 6 —
sa de la oposición. El partido carlista tampoco turo
que temer por falta de protección y amparo en las
leyes.


Mientras el gobierno se entregaba de tal suerte y
con tal confianza á procurar los intereses materiales
del pais, á los cuales parecía que habia consagrado
sus tareas con esclusion de otro obgeto, la oposición
que tenían en las cortes, que hasta aquí habia sido
harto insignificante, creció de repente con motivo
de una cuestión política (el proyecto de ley electo-
ral) , en la cual se vio, por una de esas tristes ano-
malías que prueban la infidelidad y falta de conciencia
en los partidos, á los conservadores defender ideas
progresistas contra el ministerio , y á este y á sus
amigos, que eran progresistas, sostener contra aque-
llos las doctrinas conservadoras ó reaccionarias, lle-
gando los primeros á obtener un triunfo, mas glo-
rioso para ellos si hubiera sido mas ingenuo, con-
tra el gobierno, y este á sufrir una derrota, que
le hubiera reportado mas honor, si.hubiese sido de-
fendiendo allí, en su propio estadio, las doctrinas
avanzadas que afectan oiertoshombrcs profesar cuan-
do están fuera del poder. Que no parece sino que
esas doctrinas para esos hombres solo son un medio
de oposición faccioso y por consiguiente de mala ley;
puesto qne cuando se hallan al frente del gobierno,
no saben gobernar sino apelando á los mismos medios
que con tanto calor anatematizaban en sus contra-




— 2 7 7 —
rios.—La consecuencia inmiediata dé esta derrota
parlamentaria que sufrió el gabinete Mendizabal, fué
la disolución de los estamentos el 27 de enero, pu-
blicándose en el mismo dia la convecatoria de otros
nuevos para el 22 de marzo.


En el norte, no obstante la crudeza del tempo-
ral .marchábanlas cosas á muy buen paso. Los valles
de Roncal, Baztan, Aezcoa y Salazar, que estaban
por D. Carlos , se pronunciaron á favor de la reina,
cuyo notable acontecimiento fué entonces muy cele-
brado, porque mediante él perdían los rebeldes apo-
yos de grande importancia , ocasionándoles ademas
distracción de fuerza, caso de querer reprimir á los
sublevados. El general Córdoba , que tenia previa-
mente conocimiento del suceso, y contaba con él para
sus operaciones ulteriores , le creyó entonces p r e -
maturo, y así le juzgó, alegando que la línea que
había ideado construir por Irurzun y Lccumberri á
Tolosa, tenia que hacerla pasar, después de aquel
acontecimiento, por Zubiri renunciando así á las
muchas ventajas que de la otra se prometía.


Por este tiempo emprendió dicho señor general en
gefe el ataque de las formidables posiciones que ocu-
paba el enemigo en Arlaban, dividiendo al efecto sus
fuerzas en tres columnas: la del general Ewans, con
su gente inglesa y algunos españoles , que debia h a -
cer su movimiento por la derecha; la de E S P A R T E R O ,
que habia de ser guiada por la izquierda, via de Du-


TOM. i. 19




— 2 7 8 —
rango, para caer sobre Villareal; y la suya , que for-
maba el centro, engrosada con la legion francesa del
general Bernelle. Notado que fué este plan por los
contrarios, vióse Córboba acometido el 15 de enero
en Ulibarri-Gamboa, sin dejarle tiempo para plan-
tear el proyecto que debia poner en ejecución al s i -
guiente dia. Mas á pesar de todo, nuestras valientes
tropas rechazaron con denuedo los ataques del ene-
migo , posesionándose con admirable presteza de to-
das sus estancias. El 10 volvieron los rebeldes á la
carga, con pretensiones de recobrar lo que habían
perdido; pero si bien combatieron con arrojo y de-
cision provocando y eScilando el arder de los nues-
tros , ora de frente, ora por los flancos, en todos
puntos bailaron insuperable resistencia , quedando al
fin terriblemente escarmentados. Todas nuestras tro-
pas se condujeron con gloria en estas brillantes jor-
nadas ; é hízose superior á todo elogio el 5.° de l í -
nea mandado por su digno coronel y comandante ge-
neral de la «invencible brigada de vanguardia» (co-
mo la apellidaba Córdoba) el brigadier, entonces,
don Felipe Rivero. Esta cuerpo distinguido que de-
fendía el 16las posiciones de nuestra izquierda, blan-
co escogido por los rebeldes para dirigir sus mas
fuertes ataques, sostuvo con una impavidez que ra -
ya en heroísmo toda la rudeza de su porfiada cuanto
inútil obstinación.


Igual éxito alcanzaron ESPARTERO y Evvflns, l o -




— 2 7 9 —
grando comiíletamente el objeto de su salida; pero
no siendo posible fortificar á Villarreal, que era el
punto que ocupaba el primero, y no hallándose tam-
poco el ejército en estado de poder maniobrar , por
efecto de la estación y de las privaciones que esperi-
mentaba, se decidió al fin Córdoba á regresar á sus
cuarteles de invierno. Los generales ESPARTERO y
Ewans, con su división y legión respeetivas , fueron
á acantonarse en TreviñoyPeñacerrada, ocupándose
en fortificar estos puntos interesantes.—Entretanto
San Sebastian, Guetaria y otros de Guipúzcoa que se
hallaban bloqueados ó sitiados por los facciosos , y
que no podían ser socorridos por nuestro ejército,
sin que del movimiento de este se siguiesen mayores
males que los que él habia de evitar , continuaban
dando grandes pruebas de valor y de adhesión á la
libertad y al gobierno legítimo.—El 4 de febrero
trasladóse al cuartel general de Pamplona, en donde
se hallaba la segunda división. La reserva quedó
acantonada en Puente, Mendigorría, Artajona y
Lárraga; la vanguardia en Alcanadre, Lerin y L á r -
raga ; la caballería que de este cuerpo de ejército
estaba en Álava , también se enderezó á Pamplona.
Todo indicaba que las operaciones se dirigían al N. E .
de esta ciudad. El general ESPARTERO , dejando en
Peñacerrada dos batallones para continuar las obras
de fortificación, entró en Vitoria el 9 de este mes
con siete batallones y dos escuadrones. El dia s i -




— 2 8 0 —
guíenle partió con esta misma fuerza', aumentada
con otro batallón de cazadores de la Guardia y una
batería, con dirección á Balmasedade Vizcaya, cuyo
pueblo estaba sitiado por los rebeldes : y después de
haber hecho este inútil movimiento, no habiéndole
sido posible libertará dicho pueblo, que ya á la sazón
estaba por los facciosos, según hemos espuesto con
las causas y motivos de ello en otro lugar , revolvió
sobre la espresada ciudad de Vitoria , á donde llegó
el 26 . Por este tiempo fué nombrado «general de la
izquierda» el señor de LacyEwans, reasumiendo bajo
su autoridad el mando de la división de ESPARTERO
en unión con el de las tropas de la legión británica
que tenia á sus "órdenes. La modestia del general
español no se mostró resentida , dándole á reconocer
él mismo á sus tropas en la enunciada capital de Ala-
va.—El general don Antonio Ramón Zarco del Valle
se hallaba entonces en el ejército comisionado por el
gobierno para plantear y dirigir las operaciones y ha-
cer la consignación y distribución de tropas, de acuer-
do con el general Córdova. Este gefe publicó el 2t
de febrero un bando, fecho en Lizazo, valle de U l -
zaina , el cual era como una adición al que espidió el
13 de diciembre , declarando en estado de bloqueo á
todas las provincias sublevadas. Según este nuevo
bando ú adición, la línea de bloqueo se fijó en ade-
lante por la que forman al N. E . de la plaza de Pam-
plona, Arga arriba, los puntos fortificados de Villa-




- 2 8 1 —
b», Zabaldiea , Larrasoaña , Zubiri, puerto Engui á Zilbeli y puerto de Guruchaga en los Alduides,
hasta la frontera de Francia. Todo indicaba que me-
jorada ya la estación ,iban á emprenderse con gran-
de actividad importantes operaciones militares.


En los primeros diasde marzo, hallábase E S P A R -
TERO acantonado en Berberana y pueblos cercanos,
con su división y la brigada de vanguardia , com-
puesta aquella de ocho batallones y esta de cuatro, á
las órdenjs del brigadier don Felipe Rivero , y ade-
mas dos escuadrones de húsares. El general en gefe
del ejército enemigo, Eguia, se encontraba en
Amurrio y pnntos inmediatos con veinte batallones,
teniendo avanzado en Orduña, distante una legua, un
fuerte batallón castellano y dos escuadrones , con or-
den de sostenerse en la Aduana, que es un edificio
fuerte, caso de ser atacados. Con efecto, ESPARTERO
concibió al punto la idea de darles una embestida y
apoderarse de este batallón, verificando su operación
eon tal rapidez , que no diese tiempo á que el grueso
de sus fuerzas viniera á protegerle. Para este fin á las
siete y media de la mañana del 5 emprendió el mo-
vimiento; y dejando situadas las dos brigadas de su
división por escalones en la bajada de la Peña , avan-
zó sobre Orduña con la brigada de vanguardia y los
húsares. La bajada es larga, y los enemigos divisa-
ron á los nuestros luego que arribaron ala cumbre.
Tenían ellos su avanzada en la venta primera deTer -




— 2 8 2 —
tanga, en cuyo apoyo salieron una compañía y dos
escuadrones , avanzando estos sobre el pié de la emi-
nencia, y tomando aquella las alturas de su derecha y
las casas del pueblo de Tertanga , con el objeto de
privar á los contrarios el paso del camino real.


En esta sazón conoció ESPARTERO que era llega-
do el momento de hacer ver á los rebeldes que el
valor y disciplina de los soldados que él guiaba, sa-
bían superar lasventajas que su posición lesofrecia.
Al punto ordenó que las compañías primera y segun-
da de cazadores del Infante y de la Princesa desalo-r
jasen de sus estancias al enemigo; mientras que p o -
niéndose él á la cabeza de los dos escuadrones de
húsares déla Princesa, bajó al paso de trote el resto
de la Peña. Ciaron entonces los escuadrones rebel-
des encaminándose ala ciudad; mas al llegar E S P A R -
TERO al llano, mandó la carga á escape , habiendo
conseguido darles casi alcance sobre las primeras ca-
sas, en donde teniendo los carlistas oculta numerosa
infantería protegida de bajas paredes, rompió este
un fuego nutrido contra la caballería nuestra , visto
lo cual por ESPARTERO dispuso hacer alto, ordenan-
do inmediatamente la retirada , con objeto de atraer
al enemigo. Pocos pasos retrógrados bastaron para
lograr el fin que él se proponia , y para que con el
orden y serenidad mas admirable viese alineados sus
dos escuadrones , sufriendo á quema ropa el fuego
enemigo. Uno de ellos instantáneamente y como por




— 2 8 3 —
instinto, volvió á la carga puesto ESPARTERO á su


cabeza y conducido por el valiente coronel dou Pedro
Regalado Elio y por el bizarro comandante don Juan
Zabala. Atónitos los rebeldes y sorprendidos de tal
bravura, pusiéronse en fuga con el mayor desorden.
Sus escuadrones, lanceados por nuestros valientes
húsares, entraron en Orduña; y la infantería envuel-
ta cuanto lo permitían las fraguras y sinuosidades
del terreno, recibióla muerte mientras hubo resisr
tencia, haciéndose muy de notar en el calor del com-
bate la generosidad con que nuestros soldados, tan
nobles como bizarros , daban acogida á los rendidos
á pesar de que aun estaba por vencer el principal pe-
ligro.


Viéndose ESPARTERO á las puertas de Orduña, no


era posible que su temple arrebatado le permitiese
el cejar sin posesionarse de aquella ciudad; sabia
ademas que haciendo el enemigo resistencia en el ya
mencionado fuerte de la Aduana, no podia desalo-
jarle, hallándose , como se hallaba , tan próximo el
grueso de la facción. Era preciso aprovechar los mo-
mentos; y en tal estado, se resolvió á entrar con unos
cuantos húsares mandados por el bizarro teniente
don Gaspar Rodríguez, y haciéndose acompañar de
su ayudante el teniente graduado de capitandon Ber-
nardo Senosiain; mandando al coronel graduado don
Francisco Linage diese orden al resto de la caballe-
ría para seguir su movimiento. Al llegar á la plaza,




- 2 8 4 —
sufrió el fuego de medio batallón, con la felicidad
de perder solo un caballo; pero fué tanto y tan
grande el hostigamiento que á los rebeldes hizo este
valiente general, que bien pronto fueron desaloja-
dos , corriendo en retirada por la puerta de Bilbao,
y viniendo á coronarse la victoria en el campo , al
cstremo opuesto de la población, con horrible mor-
tandad de muchos y un número asaz considerable de
prisioneros. Lo que mas de admirar hay en esta bri-
llante jornada, es la notable circunstancia de haber
acometido los nuestros con fuerzas solo de caballe-
ría igual á la del enemigo , que contaba ademas con
600 peones escogidos, y la protección de un pueblo,
de gran defensa; y no es menos admirable también
que casi el total de esta infantería. quedase muerta
en el campo , herida ó prisionera , antes de que pu-
diese llegar el señor brigadier Rivero con los bata-
llones de su mando.


Tan señalado triunfo, debido á la oportunidad
de aprovechar un momento , le obtuvo la patria por
las acertadas disposiciones y singular arrojo del g e -
neral ESPARTERO, y por el valor heroico de los dos
escuadrones de húsares, cuyos gefes, oficiales y de-
más individuos, se hicieron dignos de la admiración
y aprecio-de todos los otros cuerpos de la división
que miraban asombrados desde el anfiteatro déla P e -
ña los hechos portentosos que harán para siempre
memorable la gloria adquirida en este día. Pero en




— 2 8 5 —
medio de tan grande y tan justa satisfacción , tuvie-
ron nuestros valientes la muy sensible pérdida del
bravo coronel D. Pedro Regalado Elio , comandante
general de la caballería, finado en el combate. Este
gefe, tan bizarro como desgraciado, habia superado
todos los peligros, habia dado aquellas cargas h e -
roicas que hemos mencionado arriba , habia penetra-
do con ESPARTERO en la ciudad, y habia por fin v is -
to sobre el camino de Rilbao el término feliz dé la
jornada; cuando un infame prisionero, hecho por él
mismo , que conservaba aun su fusil, merced á la
imprudente generosidad de Elio, cometió la iniqui-
dad de dispararle á quema ropa , privando á la pa-
tria en aquel instante y con aquel crimen , de un
ciudadano honrado y de un militar valiente. Fuera
de esta lamentable desgracia , que lloró el ejército
todo , la pérdida de los nuestros fué harto insignifi-
cante , atendida la grande esposicion en que se vie-
ron. Los enemigos ya hemos dicho que se quedaron
sin la infantería, casi en totalidad,-pues elque nofué
muerto , quedó herido ú prisionero; siendo bastante
el decir, que uno de los dos escuadrones de húsa-
res, al cual habia dado el general lanzas nuevas á su
salida de Vitoria, rompió trece de ellas sobre los
cuerpos de los rebeldes.—Aun continuó ESPARTERO
en persecución de algunos restos por el camino de


• Amurrio; mas como estaba ya conseguido el objeto,
regresó á Orduña , desde donde se puso en retirada




— 2 8 6 —
con la brigada de vanguardia, conduciendo los pri-
sioneras en número de 1 7 0 , sin contar con- otros
muchos pasados que habian pertenecido al ejército y
se incorporaron seguidamente á sus antiguos regi-
mientos. Tornaron nuestras tropas á sus cantones
poseídas del mas grande entusiasmo, y decididas á
acometer empresas tan gloriosas como la de aquel
dia, mientras que la facción quedó confundida y ater-
rada , á vista de tanto arrojo y de triunfo tan singu-
lar y tan completo como el que habían alcanzado s o -
bre ellas nuestros valientes, á pesar de tenerlos car-
listas, dándose la mano, fuerzas considerables. Apoco
de principiar los nuestros á subir la Peña , observa-
ban que todo este grueso ejército enemigo comenza-
ba á hacer su entrada en Orduña , para ser testigo
ocular do la catástrofe ocurrida á su vanguardia,
participando con ella del cruel sentimiento de ver -
güenza que debió embargar el ánimo de los carlistas
en esta , para ellos, tan infausta jornada.


El notable é interesante documento que trasla-
damos á continuación , prueba evidentemente el mé-
rito de este inolvidable hecho de armas, y el valor
que justamente le dio el ilustre general Córdoba.
Dicho documento es la
Contestación del general en gefe del ejército de opera-


ciones al general ESPARTERO al recibir el parte de
la accionocurrida en las inmediaciones de Orduña.


«Exmo. Sr. Recibo en este momento el parte de




— 2 8 7 —
«V. Er fecho ayer sobre el brillante reconocimiento
«y gloriosa acción á que dio aquel margen en la c iu-
«dad de Orduña, el cual remito á S .M. por eslraor-
«dinario con esta fecha, dando á V. E . y á los valien-
t e s que tomaron parte en tan brillante jornada las
«mas espresivas gradasen nombre de nuestra augus-
«ta Reina. En uso de mis facultades estraordinarias,
«trasmito á Y . E. las necesarias para agraciar desde
«luego á los heridos y demás individuos que nombra
«por haberse distinguido en esta acción, confirién-
«doles las gracias ó decoraciones que hayan me—
«recido hasta la clase de capitanes inclusive , y con
«presencia de sus circunstancias particulares , de-
«biendo V. E . proponerme las gracias correspon-
«dientes á las clases superiores, con la equidad y
«circunspección que están tan justamente recomen-
«dadas por S. M..para conservar todo su prestigio
«al mérito, al estímulo y á la recompensa.»


«El regimiento de húsares ha dado ya tales prue-
«bas de su arrojo y bizarría en el poco tiempo que
«este egército tiene la honra de contarlo en sus filas^
«que como á los de cazadores y lanceros déla Guar-
«diaReal y á los 4.° y 5.° de infantería de línea, pido
«á S. M. les conceda la alta distinción dé llevar en
«las corbatas de sus banderas y estandartes la cinta
«de la cruz de S. Fernando.»


«La muerte del bizarrísimo y malhadado Elio
«es una pérdida para la patria, y será un duelo g e -




— 2 8 8 —
«neral para el ejército, del cual era un motivo de
«orgullo y confianza. Para perpetuar su mérito,
«honrar su memoria y dar á su familia una prueba
«del aprecio en que le tenian sus compañeros , dis-
«pondrá V. E. que esa división lleve por tres dias
«luto , y que mientras dure la campaña el regimien-
«to de húsares dé la Peincesa, á cuyo frente murió,
«no pase jamás revista de comisario sin que dicho
«difunto coronel sea llamado por su grado, nombre
y apellido, para que el primer húsar que forme
«responda en voz alta: muerto en el campo del ho-
«nor por la causa de la patria, pero después de cu-
abrir de gloria á las armas de este regimiento y al
«ejército del Norte en que servia voluntario. Al mis-
«mo tiempo quiero que el dia que V. E . señale se
«hagan á Elio en esta capital las exequias fúnebres
«con todo aparato y con los honores militares cor -
«respondientes al grado de brigadier, costeados por
«suscricion voluntaria de las planas mayores y del
«arma de caballería del ejército, y que se ponga
«una lápida sobre su tumba con la inscripción que
«los oficiales de húsares acuerden entre sí para hon-
«rar su memoria. Por último, que este oficial sea
«inserto en la orden general del ejército, el cual en-
«contrará un justo desahago de tan dolorosa pérdida
«en el túmulo que debe y ofrece á la memoria dé
«aquel brillante oficial cobardemente asesinado el
«dia de su mayor gloria. Dios guarde á V. E. mu-




— 2 8 9 —
«chos años. Cuartel general de Vitoria 6 de febrero
«de 1 8 3 6 . — Luis Fernandez de Córdoba.—Escelen-
«lísimo Sr D . BALDOMERO ESPARTERO, comandante
«general de las Provincias Vascongadas.»


Las.ventajas de esta gloriosa acción fueron bas-
tante considerables, ora se atienda á la animación y
estrema confianza que ella infundió á nuestros sol-
dados, ora también se mire al desaliento y enojo pro-
fundo que se apoderó de los facciosos , como lo
prueba mas que todo la circunstancia de ser batidos
v derrotados completamente en dias posteriores, no
muy lejanos de los que vamos recorriendo , según
haremos ver en las páginas sucesivas. Todo lo cual
iba contribuyendo poderosamente á neutralizar los
malos efectos que desaciertos anteriores habian acar-
reado al campo de la guerra , en el cual se mostra-
ban animosos y envalentonados los carlistas en tanto
grado, cuanto estaban los nuestros llenos si no de
pavor, al menos de un fatal sobrecogimiento quo
fué harto costoso al pais y nada favorable á la opi-
nión de algunos de sus gefes.


En los primeros dias después de la victoria de
Orduña, permaneció ESPARTERO acantonado con su
división en Berberana y Espejo. El general Ezpelela
con la reserva y la legión portuguesa se hallaba en
el valle de Mena. El general en gefe con la primera
y segunda división y la legión británica ^eguia esta-
cionado en Vitoria. Intransitables los caminos á cau-




— 2 9 0 —
sa de un fuerte temporal de aguas y nieves, bacian
de todo punto imposible la prosecución de. las ope-
raciones militares. Hallábanse entonces situados los
enemigos en esta forma. Desde la estrema derecha
hasta Estella, de seis á siete batallones con Iturralde
y García. Sobre Villarreal de Álava, Salinas y Arla- -
ban, cuatro batallones con Villarreal observando á los
nuestros y cubriendo á Guevara. Entre Ochandiano
y Durango otros tantos: tres en Orduña en observa-
ción de ESPARTERO, y desde Llodioá Bilbao 1 7 ó 1 8
escalonados.


Mejorado el tiempo y provisto el ejército de di-
nero, presentábase ya ocasión á mediados de marzo
de emprender de nuevo las faenas de la campaña.
Brillante página nos da todavía este mes para la his-
toria del general ESPARTERO. Encontrábase este el 1 7
del citado marzo en Murguia con los dos escuadro-
nes de húsares y sü división y la del brigadier don
Santiago Méndez Vigo, compuestas cada una de ellas
de seis batallones; y el 1 8 fué reforzado con la divi-
sión de vanguardia al mando del brigadier don Felipe
Rivero , que constaba de cinco. El general Oráa, ge-
fe de E . M. G. del ejército, se presentó en dicho
pueblo de Murguia , con objeto de dar instrucciones
á ESPARTERO de orden del general en geTe, Córdoba,
acerca de la operación que se le encomendaba, la
cual estaba reducida á que dejando la espresada di-
visión de vanguardia en Murguia, como de protec-




— 2 9 1 —


eion, marchase ESPARTERO con las otras dos á Amur-
rio , haciendo pasar desde este punto á Balmaseda la
división Méndez Vigo , con el fin de reforzar al ge-
neral Ezpeleta, verificado lo cual, y luego que la
considerase en seguridad, debia regresar por Amur-
rio á Vitoria. Opinó ESPARTERO que la división de
vanguardia quedaba espuesta en Murguia á ser ata-
cada parcialmente ; que los enemigos podian inter-
ponerse entre esta y la suya, tomando las alturas de
Altube, siendo imposible entonces su reunión ymuy
posible el que fuesen batidas sucesivamente; y que
el único medio de asegurar el éxito de la operación,
era situar la división de vanguardia sobre Oyardu y
Unza, alturas que señoreadas por gente nuestra f a -
cilitaban la reunión de las tropas de ESPARTERO.


Insistia Oráa sin embargo en su primera idea,
mas hubo de ceder al fin á las reflexiones de aquel
general, y las tropas marcharon á las doce del mis-
mo dia 1 8 , con ánimo de pernoctar las de E S P A R -
TERO y Vigo en Arnurrio , y la división Rivero en
Ayardu y Unza. Penetró ESPARTERO con los suyos
por Altube, en el valle de Ayala, con todas las pre -
cauciones que exigia tan atrevido movimiento, sobre
un pais de difícil acceso, dominado por la facción,
y creído por ella á cubierto de ser bollado por tan
escasas fuerzas. Llegado que hubo á la altura del
pueblo de Lezama , después dé señorear sin oposi-
ción las formidables de Altube y la embocadura de




— 2 9 2 —
Orozco , tuvo noticia de que los rebeldes conserva-
ban un grande almacén de trigo en la ermita de la
Magdalena, sita en punto no lejano; y como ni era
prudente el detener la marcha, ni posible el condu-
cir el trigo por falta de acémilas, ordenó al coronel
graduado don Francisco Linage, que con una partida
de caballería del 1.° de ligeros, marchase á incen-
diar el referido almacén , lo cual fué egeculado con
presteza, privando al enemigo de una provisión muy
importante.


Alojáronse los doce batallones de la primera y
segunda división la noche del 1 8 en Amurrio, sin
que las fuerzas rebeldes que se hallaban entre Llo-
dio y Orozco, osasen incomodarlos en todo aquel
tiempo. Al alborear del 1 9 hizo ESPARTERO que for-
masen todos los cuerpos, y sabedor de que los fac -
ciosos no tcnian sobre Arciniega fuerzabastante pa-
ra oponerse á la marcha de la segunda división, la
emprendió esta guiada por su gefe, el ya citado bri-
gadier Méndez Vigo , cautelosa y solícita, á fin de
esquivar la vigilancia del enemigo y unirse en Ba l -
maseda con el Sr . Ezpeleta. En esta sazón, creyó
ESPARTERO deber esperaren dicho pueblo de Amur-
rio con los seis batallones de la primera división,
hasta tanto que la segunda se viese fuera de todo pe-
ligro ; adelantando al efecto caballería del 1 . ° de l i -
geros en observación, y pronunciando su movimien-
to sobre las fuerzas rebeldes con el escuadrón de




— 2 9 3 —
húsares y dos compañías de infantería qne , Camino
de Bilbao, llegaron hasta Luyando. Serian las nue-
ve y media, cuando logrado el objeto, hizo alto, re -
volviendo en seguida rápidamente sobre Orduña, á
cuyo ayuntamiento habia prevenido la noche anterior
tuviese dispuestas 4,000 raciones, y que el vecinda-
rio se mantuviese tranquilo en sus casas ; puesto
que habian probado ya la noble conducta y rígida
disciplina de sus tropas, cuando en medio, del calor
del combate, habido en aquella ciudad el 5 del mis-
mo mes, no se habia causado la lesión 6 estorsion
mas mínima, á pesar de haber dado margen á ello
la fuga del mismo ayuntamiento, el cabildo y otras
muchas personas de todas clases y estados. Vana es-
peranza la de ESPARTERO; porque el espíritu rebe l -
de, superior á todo, produjo el desprecio dé su i n -
vitación , encontrando á su llegada abandonado el
pueblo, según era costumbre de aquellas gentes, que
no pueden disimular nunca su mal ánimo , su hosco
genio y su natural acerbo.


Pero era preciso racionar los cuerpos; y aquel
general no halló otro medio que el de destacar parti-
das que reconociendo las casas, condujesen al edificio
de la aduana todos los víveres que hallasen en ellas;
y ya se estaba egecutando la distribución, cuando re -
cibió aviso de la venida de enemigos por la parte de
Amurrio. En el primer reconocimiento que empren-
dió ESPARTERO sobre el boquete que forman la cor-


TOM, i. 20




— 2 9 4 —
dillera de la Peña y alturas de Santa Cristina, pene-
tró el proyecto de aquellos, dirigido á llamar su
atención sobre dicho punto, distraerla con las esca-
sas fuerzas que presentaron, separándole así de la
división de vanguardia que esperaba en Unza, según
las órdenes que había dado al brigadier Rivero. Con
un piquete de 30 caballos salió este bizarro gefe de
aquel pueblo, encaminándose y subiendo á las a l -
turas , con la idea de observar la marcha de E S P A R -
TERO ; y no tardó en ver que apenas este general ha-
bía dejado á Orduña, cuando gruesas columnas ene-
migas se presentaron, avizorando y acechando sus
movimientos, al paso que otras fuerzas de bastante
consideración aparecían sobre la alta cumbre que
domina la peña de Unza, con objeto sin duda de to-
marla antes que ESPARTERO pudiese llegar á ella.


Habia ordenado este general que los batallones
saliesen de Orduña en dirección de Unza, condu-
cidos por el coronel Linage, como prático del t e r -
reno , disponiendo ademas que las brigadas forma-
sen en columnas paralelas sobre el mismo camino,
hasta que viendo ratificada su opinión por la concur-
rencia de mayores fuerzas enemigas , mandó conti-
nuar la marcha y subir la eminencia que da principio
en el pueblo de Artomaña, distante media legua de
Orduña. En [tal ¿disposición fuéronse presentando
los rebeldes en la llanura, avanzando en columnas
protegidas por cuatro escuadrones: ESPARTERO se




— 2 9 5 —
mantuvo entonces enJa espresada llanura, con el b a -
tallón de Gerona, mandado por el coronelD. Leopol-
do O-Donnell, y con los dos escuadrones de húsares
y t .° ligero al cargo del capitán D. Francisco Aleu,
para dar lugar al paso del desfiladero de Artomaña,
examinar de cerca al enemigo, y cargarle con deci-
sión si, fiado en su superioridad, intentaba atacarle;
pero demasiado prudente , contúvose al ver formar
á Gerona en batalla, y marchar con precisión, sere-
nidad y orden,, protegiendo á las guerrillas que con-
testaban al fuego de los rebeldes.


Al abrigo de este fuego de las guerrillas, y apo-
yado en el esenadron de húsares, proseguía E S P A R -
TERO su marcha sin temor al fuego vigoroso que le
hacia el enemigo. Aumentando este sus fuerzas, fué
adelantándolas hacia donde se hallaba aquel general,
quien puesto entonces á la cabeza del escuadrón de
húsares, dirigió una carga que sirvió para poner en
retirada las guerrillas y caballería facciosa, y p a r a
que, haciéndolo también en batalla el espresado bata-
llón , llegase á pasar el desfiladero, haciendo alarde
en este movimiento de una serenidad é instrucción
a4m\TA\>\es.


Retiróse al fin la caballería, quedando dos com-
pañías de cazadores sosteniendo el primer escalón; y
dispuestos ya los sucesivos en las ventajosas estancias
que va ofreciendo la altura, se decidió E S P A R T E R O á
seguir hasta ella para unirse al brigadier Rivero y




— 2 9 6 —
disponer la línea de ataque general, seguro de que
las masas rebeldes se habian de precipitar á darle,
como consecuencia precisa de sus movimientos , y
porque creyó también que babrian adelantado otras
fuerzas desde Amurrio, para ganar anticipadamente
la altura por la parte de Uzquiano.—Hiciéronlo así
en efecto; pero el acreditado y entendido brigadier
Rivcro, que tenia reunida su fuerza en Unza, cono-
ciendo la importancia de aquella posición, que debia
considerarse llave de las operaciones de aquel dia,
marchó rápidamente á ella con los dos batallones del
5.° de línea y 50 caballos del 3.° ligero, desalojando
al carlista de lacumbre y precipitándole por los mis-
mos puntos que habia subido, distribuyendo en s e -
guida el resto de sus fuerzas con la idea de resistir
los ataques de frente que bien pronto intentó el ene-
migo. Así el bizarro gefe de la vanguardia, atento á
la defensa de los puntos mas accesibles , por donde
subían ya otras fuerzas contrarias , prestó un s e r -
vicio importante en este dia, sosteniendo á viva
fuerza una posición que con tanta gloria habia ad-
quirido poco antes, haciendo allí firme rostro y cau-
sando terrible y mortífera diversión álos rebeldes.


Mientras se coronaba de este modo la línea por
la derecha, fué ESPARTERO estableciendo la del cen-
tro é izquierda, teniendo que cubrir desde el puerto
de Bagate hasta el de Uzquiano una prolongación de
mas de una legua. Mas esta operación fué egecutada




— 2 9 7 —
con el orden y precisión que pudiera hacerse en un
estudiado y prevenido simulacro ; porque la fuerza
escalonada en el descenso, batiéndose con bizarría,
al paso que procuraba todo el tiempo conveniente,
hacia sobre el enemigo los estragos naturales y pro-
pios de su ventaja .serenidad y disciplina.


Contrastaban singularmente estas calidades per-
sonales de nuestros guerreros, en. especial de los
gefes, con el genio impetuoso y aquel carácter lleno
de fogosidad que distinguía al caudillo de los rebel-
des; y como estas circunstancias no hermanan bien
con el espíritu bélico ni con la prudente inteligen-
cia, precipitó Eguia fuerzas numerosas sobre puntos
donde la facción supo solo pelear , y únicamente
vencer las armas de Isabel n . Todavía aspiraba E S -
PARTERO á la última imprudencia del acalorado gefe
de los carlistas: queria presenciar el obstinado em-
peño de acometer á la cumbre; mas como sus envia-
dos le hallaban ya lejos, y el entusiasmo que en los
primeros momentos supo Eguia imprimir en el áni-
mo de los suyos iba también en notable decaimiento,
hicieron alto á los tercios de la subida , desde
donde procurándose el posible abrigo , sostuvie-
ron el fuego , que se hizo general en toda la l i -
nea enemiga.—Colocadas en la nuestra cuatro piezas
de á lomo en el paraje que creyó ESPARTERO mas
conveniente, hicieron un fuego certero y nutrido
contra las masas rebeldes. Ordenó al punto que el




— 2 9 8 —
escuadrón de húsares fuese sobre la derecha , don-
de era mas f á c i l el acceso, y al del 1." ligero le
colocó entre el centro é izquierda. Las músicas y
bandas, tocando sin cesar himnos patrióticos y pie-
zas escogidas, formaban con los ecos del cañón,
marcial y animoso constraste; y el enemigo, muy
dado á T o c e a r con gritos descompasados en tales
ocasiones, acreditaba entonces su estupor con el
mas pavoroso silencio.


Mas de tres horas de no interrumpido fuego ha-
bían ya pasado: los carlistas no osaban dar el avance
que ESPARTERO anhelaba para aniquilarlos entera-
mente , y las bizarras tropas que este regia, cansadas
ya de hacerse temer, querian solo embestir y arro-
llar. Al recorrer nuestro general la línea, veía con
estrema satisfacción y como que palpaba el entu-
siasmo unánime de que se hallaban poseídos lodos
sus soldados; y aquel entusiasmo era para él la mas
segura prenda de buen éxito. Conocidos los deseos,
era ya preciso satisfacerlos. ESPARTERO lo creyó así
necesario, y juzgó que era conveniente también acre-
ditar á los rebeldes, que las estancias que ocupaban
habian sido cedidas para recuperarlas cuando fuese
tiempo oportuno. Así que, dar la señal de ataque
en el centro , ejecutar por él una brillante carga á
la bayoneta, punzar y fusilar á los enemigos á que-
ma ropa, y aventarlos de sus formidables posiciones,
fué una operación simultánea, practicada con rapidez




— 2 9 9 —
eléctrica y con feliz resulta por derecha é izquierda
de toda la línea, recibiendo las fuerzas encargadas
de tan repentino ataque los mas sinceros testimonios
de admiración y aprecio de los demás cuerpos, cuyos
individuos entusiasmándolos primero, vitoreándo-
los después , rindieron á aquellos bravos el justo
homenaje debido á su grande arrojo.


Los enemigos, en la mas completa derrota, se re -
tiraron al anochecer en varias direcciones, sin atre-
verse á pernoctar en Orduña , y marchando la ma-
yor parte sobre Amurrio. Ya bien entrada la noche,
mandó ESPARTERO reunir los suyos en Unza.


Grande y sobre escelente fué el triunfo que nues-
tras tropas , guiadas por aquel general , alcanzaron
en esta memorable jornada. Diez y nueve batallo-
nes carlistas fueron rechazados , y obligados á huir
cobardemente por once nuestros, teniendo que re t i -
rarse el orgulloso Eguia con la mágica presteza que
ya hemos indicado, puesto que ni aun quiso dete-
nerse en Orduña. Tuvieron los rebeldes entre muer-
tos, heridos, prisioneros y pasados mas de 1,000
hombres fuera de combate ; no escasa tampoco
nuestra pérdida , pues tuvimos 4 muertos y 61 heri -
dos de la división de ESPARTERO y 19 dé los prime-
ros y 250 de los segundos en la de vanguardia. El
brigradier Rivero, gefe de esta , y que en lo fuerte
de la aecion mandó la derecha, tuvo mil ocasiones
de ostentar su pericia y su valor en este dia, en el




— 3 0 0 —
que brilló también sobremanera el malhadado briga-
dier D. Rafael Ceballos Escalera, que mandaba el
centro, no menos que el coronel D. Leopoldo O-Don-
nell , que regia el ataque de la izquierda.


Falto ESPARTERO de municiones por haber con-
sumido hasta las de repuesto, y sin medios para c o -
municarse con Córdoba, ni los necesarios tampoco
para cuidar de sus heridos, fuéle forzoso ponerse
en marcha para la ciudad de Vitoria, con harto
sentimiento, por verse en la imposibilidad de con-
tinuar las operaciones al siguiente dia , en el cual el
triunfo hubiera sido indudablemente mas completo,
y las consecuencias de la victoria dé Unza mas tras-
cendentales. Fatalidad esta de no sacar partido de
las ventajas obtenidas sobre los rebeldes, y del mor-
tal vencimiento en que estos se veian á veces, que
no pocas aquejaba á nuestro ejército, durante e s -
ta guerra, haciéndola así mucho mas duradera y
desastrosa de lo que dehió ser, atendido su origen
y su naturaleza.


El 20 pernoctó ESPARTERO enNenclares, hacien-
do el 21 su entrada triunfal en Vitoria, en donde
recibió las ovaciones mas gratas, y las manifestacio-
nes mas cordiales y satisfactorias de parte del general
en gefe, que le felicitó y aun le ensalzó por el acier-
to con que habia desempeñado la difícil comisión
que poco antes habia tenido á bien encomendarle.


Con tan feliz suceso, la situación de aquellas




— 3 0 1 —
provincias venia á ser mas lisonjera ; y la invencible
Bilbao no podia ser embestida mientras el general
Ezpeleta operase en las Encartaciones con 14 bata-
llones y algunos caballos. Por este tiempo también
el gobierno inglés, que desde un principio se ade-
lantó á coadyuvar por el triunfo de nuestra causa,
hizo un nuevo esfuerzo, y de grande importancia,
aumentando sus fuerzas navales e n la costa cantá-
brica con tropas de desembarco, y previniéndoles
que obrasen decidida y abiertamente contra la fac-
ción en lodos los puntos litorales, impidiendo que
cayesen en poder de los carlistas los fuertes de aque-
llas costas que sostenían aun el pabellón de la reina
Isabel, y recobrando de ellos cualquiera de los pun-
tos de la misma que estuviese ya sometido á sus
armas. Esta determinación influyó ventajosamente,
como era natural, en los ulteriores sucesos de la
guerra civil. Motivo era este de grande animación
para los liberales, de desaliento y tristura para los
carlistas.


Notables sucesos acaecieron por este tiempo en
el campo de la política. Llegado el 22 de marzo ve-
rificóse la apertura de los estamentos, en los' cuates-
contaba con una inmensa mayoría el ministerio Mefi-
dizabal. Pero del seno mismo de esa mayoría, y del
lugar de donde esperaba el gobierno su mejor apoyo,
salió el poder que muy en breve habia de derrocarle.
Y lo que hay de mas singular en esta transformación,




—302 —
es la manera y los medios con que se verificó, no
menos que los resultados inmediatos que ella pro-
dujo. No es de nuestro propósito el esplanar aqtií las
circunstancias estrañas que mediaron para la forma-
ción del ministerio Isturiz y la caida de Mendizabal:
solo sí diremos que sacrificando entonces , como
siempre , ciertos hombres la causa del país , y pos-
poniéndola á. la suya propia , á su engrandecimiento
personal, á su orgullo , á la consideración mezquina
de «¿quién ha de figurar mas en un partido?» y
á otras consideraciones semejantes, en las cuales
muéstranse siempre tan fecundos la pasión bastarda
y el sañudo resentimiento , presentóse á la España y
al mundo todo el espectáculo triste y bochornoso de
una defección , tanto mas lamentable, cuanto que
ella ha servido de modelo á otras muchas que desde
entonces acá hemos ido presenciando.


Atacado el gobierno en las cortes, con motivo
de algunos disturbios que habían tenido lugar en
Valencia , Málaga, Burgos y otros puntos; con pre -
teslo de haber fallado el célebre programa del pre-
sidente del consejo respecto á la guerra ; y con oca-
sión, supuesta por algunos señores diputados, del uso
mas ó menos acertado que habia hecho aquel de las
facultades estraordinarias otorgadas por las corte 8


anteriores, creyó el ministerio (que permanecía
incompleto hacia mucho tiempo) que era llegado
el momento de robustecerse, evitando así al propio




— 3 0 3 —
tiempo siniestras interpretaciones á sus émulos. El
27 de abril fué provista la cartera de Estado en el
conde de Almodovar, y la de la Guerra en el marqués
de Rodil. Pensóse después en remover algunos obs-
táculos.que se oponían tenazmente á la marcha del
gobierno , á fin de que este, recobrando el apoyo que
le iba faltando en otras partes, pudiera caminar mas
desembarazadamente por la senda que se habia tra-
zado ; y para este efecto, pidieron los ministros á la
reina Gobernadora que exonerase de sus deslinos á
Qucsada , capitán general de Madrid, al conde de
Ezpeleta, inspector general de infantería, y al de
San Román, que lo era de milicias provinciales. To-
das cuantas gestiones hicieron los ministros progre-
sistas para conseguir de S. M. estas operaciones,
fueron de todo punto inútiles. La reina se opuso una
y otra y muchas veces á la exigencia de sus conseje-
ros , los cuales se vieron precisados á hacer su d i -
misión otras tantas veces, desestimada al principio
por S. M. hasta que al cabo les fué admitida el 15de
mayo. En Vos últimos días de esta quincena , habíase
maquinado con grande afán entre ios circuios po\í-
licos , ya públicos, ya secretos, acerca de la manera
de que habia de ser reemplazado el gabinete, los
hombres que habian de sustituirá los dimisionarios
y la marcha política que debia suceder á la época
que en aquella sazón finaba.


D. Francisco Javier Isturiz, procurador por la




— 3 0 4 —
provincia do Cádiz, y que por algún tiempo había
desempeñado el cargo de presidente del estamento
en las últimas cortes, para cuya función le hacen
justamente recomendable algunas prendas personales
que le adornan , cuales son una firmeza de carácter
á toda prueba, una inflexible severidad y una impar-
cialidad digna de grande elogio , era el candidato que
la mayoría presentaba al principio para el espresado
cargo de la presidencia ; pero habiendo después ena-
jenádose la voluntad y perdido por consiguiente la
confianza del estamento, si bien al principio logró
ser presidente interino , vióse pospuesto á otros
candidatos en la elección definitiva. Irritóse el pro-
curador gaditano con tal proceder, el cual no sabe-
mos si fué causa única y esclusiva de su ulterior
conducta, ó mas bien efecto de la conducta que él
anteriormente hubiera con sus amigos políticos ob-
servado; casos, los dos, que ninguno disculpa la re-
pentina metamorfosis de aquel, y que no pueden des-
nudar del carácter de interesada , y como tal odiosa,
la transformación de un hombre que volviendo la
espalda, no ya solo á Sus amigos de siempre, sino á
los principios que habia siempre profesado y defen-
dido con notable calor y exaltación, se traslada al
bando opuesto , apoya sin rubor lo que antes con-
trariaba , y forma alianza estrecha con los enemigos
que tan vigorosamente habia poco antes combatido.
Con Isluriz también hizo tránsito al bando contrario,




— 3 0 5 —
su paisano y amigo el célebre orador tribuno D. An-
tonio Alcalá Galiano, que tantas glorias populares
hibia adquirido en la época constitucional del 20 al
23 , no solo en las tribunas de las cortes, sino en las
mesas del café de la Fontana, en Madrid, que no
pocas veces sirvieron de pedestal á sus fervientes y
democráticas peroraciones.


Éstos dos personages, tan notables en el partido
que entonces se apellidaba exaltado, hoy liberal ó
progresista, fueron nombrados ministros el mismo
dia 15 de mayo, á poco de abandonar sus antiguas
filas, el primero de Estado, con la presidencia del
consejo , y el señor Alcalá de Marina , cuyo nom-
bramiento no deja de ser bien estraño. Los demás
miembros del nuevo gabinete eran D. Ángel Saave-
dra, duque de Rivas , de la Gobernación; D. Ma- **
nuel Barrio Ayuso, de Gracia yJuslicia ; el mariscal
de campo D. Santiago Méndez Vigo, de Guerra;
y D. Félix d' Olháberriague y Blanco, de Ha-
cienda.


Con grande sorpresa y mayor desden fué reci-
bido por el partido liberal este ministerio, como no
podia menos de acontecer; y viniendo al terreno de
las rivalidades y recriminaciones los ministros en-
trante y saliente, Isturiz y Mendizabal, antiguos
amigos, hubieron de dar á Madrid, y á la España to-
da , el escandaloso espectáculo de debatir y vengar
sus querellas en el campo, á pistoletazos. ¡Brillante




— 3 0 6 —
ejemplo de moralidad y de respecto á las leyes, dado
por dos primeros ministros ó consejeros de la c o -
rona!


Emprendió Istüriz en su administración la via re-
trógrada y anti-liberal que era consiguiente adopta-
se, atendido el origen de su elevación al poder, y te-
niendo en cuenta también laimplacable saña y el mor-
tal espíritu de venganza de que entonces se hallaba
animado : y en el estamento de procuradores pre-
sentóse al dia siguiente del nombramiento de los
nuevos ministros, y al tiempo mismo de entrar tres
individuos del nuevo gabinete en el salón, una pro-
testa firmada por cuarenta y seis diputados, la cual
comprendía las peticiones siguientes : «i.* Que las
«facultades estraordinarias concedidas al gobierno
«en la legislatura anterior ron el voto de confianza,
«habian cesado al abrirse las actuales cortes: 2 . a Que
«si estas se prorogaban, ó disolvían sin estar vota-
«dos los presupuestos , no se pudiese en lo sucesivo
«recaudar impuesto alguno; y 3.* Que todos los
«empréstitos ó anticipaciones, de cualquiera clase
«que fueran, contraidos sin autorización de las cór-
«tes, fuesen absolutamente nulos.»


Con audaz serenidad recibieron los ministros este
voto de reprobación lanzado por sus émulos: y p i -
cados de honor, obstináronse en defender sus pues-
tos, recogiendo impávidos el guante, que con no
menor audacia se les arrojaba. Mañero en su con-




- ^ 3 0 7 —
duda el presidente del consejo, y haciendo gala de
la maestría que le es propia, como orador aventaja-
do y táctico en el parlamento, impugnó eon singu-
lar habilidad las proposiciones que le herían tan de
cerca; pero aprobadas al fin por el estamento de
procuradores , aprestáronse los nuevos consejeros á
seguir gobernando , respaldándose en el trono y sin
temor á las- censuras de los estamentos. Acedába-
se en estos cada dia mas y mas la opinión con-
tra el ministerio; y pasadas las primeras sesiones
en recriminaciones mutuas, en amargas censuras,
y hasta en los mas insultantes desprecios, depues-
to enteramente el disimulo, presentóse el dia 21
de mayo una proposición, que firmaban sesen-
ta y siete procuradores del reino , en la cual se
decía : «Pedimos al estamento declare que los indi—
«viduos que componen actualmente el ministerio no
«merecen la confianza de la nación.»—Setenta y
ocho procuradores aprobaron esta petición contra
veinte y nueve que la desaprobaron y trece que se
abstuvieron de votar , después de un ruidoso y apa-
sionado debate: y siendo ya imposible toda avenen-
cia , en la sesión del 23 leyó el presidente del con-
sejo el decreto de disolución de aquellas cortes,
como cuatro meses antes habia sido leido el que
disolvia otras, si bien por causas diametralmente
opuestas á las de ahora. Así la lucha pertinaz y las
rivalidades intestinas de los partidos eolíticos , han




— 3 0 8 —
hecho infructuosa é improductiva por largos años en
España la representación nacional.


A los que juzguen que la conducta del estamento
popular era injusta, por precipitada, en atención á
que aun no habian tenido tiempo de obrar los minis-
tros cuando se fulminó contra ellos tan terrible ana-
lema, hechos posteriores, y sobretodo la nación mis-
ma obrando después, les convencerán de que los
procuradores del reino , obrando de aquella manera,
fueron intérpretes fieles de su voluntad y de sus s o -
beranos designios. Fuera de que, otras causas y otras
razones que no cumple al propósito nuestro enume-
rar tan por estenso, concurrieron también y pesaron
en alto grado en el ánimo de los representanles de
los pueblos para tomar una resolución queel-tiempo
vendrá á justificar brevemente:


Los ministros al disolver los estamentos elevaron
una esposicion á S. M. la reina Gobernadora , en la
cual hacian responsables de la providencia adoptada
á los señores procuradores, rogándola que convocase
nuevas cortes, con el carácter de revisorasde las le -
yes políticas, para el 20 de agosto. Así se espidió el
decreto de convocatoria y , lo que es mas notable,
acompañaba á este decreto un Manifiesto de S. M. la
reina Gobernadora a los subditos de su augusta hija,
corroborando lo que en su esposicion sentaban los
ministros, y patrocinando de esta suerte los actos de
sus consejeros, únicos responsables.




—309—
^^Ф^'фоглщ, mómeníola. Kza de l o a ptarft^


d o p ^ ^ e ^ t á r r ^ e l e e t o r a l y-y tornemos á r e r l o qué
s É ^ | e j ^ n ' e | i d e l a ' g a e r r a . Nada d e particular «ofrecen
W*operaciones d e l a campaña desde к4&ЪлУ0Ш]фе>


. le hemos dejado hasta e l 21 del citado ritato, e n q u e
e l general e n g e f e C ó r d o b a « m ^ B n d i ó ^ n ^ d a á e n t o s


^ e ; grande. m i p t n j ( a ü c i a s o W e ; l a s gigr-ra^^R^afig>
p j á P P ^ a a r gloriosamente e|1­Ы^ШалаЩцкеа^е
e l 2I<nuestras .tropas á Salvatierra /¿desde las iíimiy-i;
diacrohes d e Vitoria, donde se encontraban , y bien-
pronto aventaron a l enemigo d e sus lineas d e Aralar,
e n cuya «peracion ^(narou, partó l a s dimisiones d e l


, | ^ e * a Í ¿ Í ^ d ^ ^
W condujo l>i e n ; pero la.segunda; c o o p e r a b a e n la.
izquierda;< tomó y ^coronó' las :.posiciones enemigas
с й П admirable presteza y sin par denuedd^subiendo
á l a cumbre d e dicha sierra, y enseñoreando d e s d e
allí lo .dp i«l; c^ix^^^UÉé-teaii-; ^ ^ ^ ú ^ a ^ g ^ e ^ ^ ^ i B i i ^ '
perdido; 1«».:|вМ|^о^1^1^1^Щца«; i murió e l
joven pundonoroso y capitán bizarro'!). Marceliáo-
Qráa, hijo del general del mismo nombre, .«аДЦЫЬЬ
batido, e l valiente brigadier 0-Boan^№ij^;.^e!^M>>
el e n é t ó i ^ s e j r a desalojado e l 22 d é } : pueblo de G a -
larreta, posiciones contigg&eí^; demás cordi~-
lleras, basques y barrancos ,b^tá M j í g a r T á ^ r < m a r
nuestras bizarras tropas l o s , clevadísimos puerto^ d e
San Adrián y Áraozaz'u, cuyo terreno t o d o © r a d e f e n -


TOM . i . 21




- 3 1 0 — dicta sor pulgadas * sUvgráiMábrica de pólvorái^ Araya ftté eaUregaátt á las; llama*. v -•>: itA-; ' Otw choque empellado el 2 3 , en el cual torné' una parte intuy activa é interesante b división E s -
PARTERO que descendió basta Salinas, acabó de hacer
á nuestro* soldados dueños dB loda: la cima d e lia c p í d ü í w H ^ i ^ f e » 6 'W ^ ^ W * f e í á f t » i t o «ofcre sü ' «quiérda^y envolviendo las líneas a^noberiN^(|¿ Arlaban y Villarneal, fruto dé cuatro meses de trÍM bajo de un ejército entero y de toda aquella pobla-ción que en ello»se habia empleado, creyendo sin duda haber levantado una barrera impenetrable. Las;
t í ^ a | > i Í M ^ : ^ i * Í F d d ^ ' ¿ wéfómijse' ¿orpp^áiáidis envueltas e n sus parapetos, los abandonaron rélf^gi rindosepor e l camino de SaKnasj, y, Eguía que •s§*' habia, concentrado en Olíate , y pasó la noche cons-truyendo ffcrapetos, vióse burlado en todos snscái-culos. El 24 se estendió nuestra izquierda, guiada por E S P ABTEftO , t e t a el pueblo dé^ViHarreal, des-haciendo los parapetos ; y todo efresto sostuvo nna. secunda batalla larga, porfiada y general, que duró desde las ocho de la mañana hasta las once déla no-<^¿r$-Arlaban', nombre célebre en los fastos dfoésta guerra^ JK "ié récdrdocion garios» para'niiístros v a -lientes, tuvo pcñsian de presenciar porSereora vez la humillación de los mas vigorosos esfuerzos de los carlistas; pues habiendo estos atacado COR bravura nuestra derecha, en númoro de nueYc batallones,




-^311— .


ji№0KS(yi^p^&^nttá las bayonetas dé nuestros'
2aÉ^id«^sbMíÑio^ qaé, en fuerza 4« reiteradas c a r ­
gas,los rechazaron co¿ hidalguía é inimitable valor.


Está espcdicion, que con tanto acierto y tino tan
singular dirigió eibizarro'y enteadtdomneral Cór­
doba , fué de «rt¿*6e¿to­maravillosa y Utfg,: íesnit*s


jMé' gratídetrascendencia, podie^a^áray 'aJá
fótisos,­acobardándolos, destrwycndo<ana^ pía.­


flesde invasión por de pronto, y desacreditando á ttno
desttsgenerales de mas alta y c é l e f i r e reputación.
Todo al contrarío jdé­ió 'quenaturalmente sucedía
« o hrtréttiirás &er© tá*ta fríarf ­tu* 4e;eoBM¡*ni&


. .^^M^^eeito '|spjp^r4ljÍiB. considerables, nó' ba^
jan^o de'600 hombres los ^ne ei* esfoS díastuvimos


' mora de combate; Si bienVjbs enemigos triplicaron
^cste .número , *


El 26 fué llamado ESPAKÍÉIW» á­ Vitori*, éftdondé
le manifestó el ge^«**l en :f^j^^'l((dÁtde'%Í«^Mr
á i a H l ^ ^ s M i A ^ / ^ M ' ^ ^ o ^ ' 4 i l № ^ d a s e ; encar­
gado def mando del ejército. ESPARTERO .resistió
cuánto le>' fué posible este encargo, haciendo presente
quo sehalkiba en el ejército el general ferGnNtófeíi
rondeléf ¿ qoe siendo mas antiguo que é l , tenia mas
tUdlos que alegar\y mas*d.ereoKoXtánibien.aitriando
eil gefé d«';naestras tropas. Todo' fué en Vanó: Cór­
doba' insistida n u e v a m e n t e * , y d e urf&j manera tal, que
ESPAHTÉRO sé vfó'ál'imprecisado á ceder porque no




— 3 1 2 —


se creyese que intentaba, evadir la responsabilidad,
con la cual se le brindaba tan eficazmente.


Al conferir el general Córdoba á ESPARTERO el
mando interino del ejército, lo hizo con la recomen-
dación « de no emprender operación ofensiva durante
su ausencia#» según se espresa él mismo en la M E -
MORIA jjjsfriFiCATivA que al siguiente año publicó
en París. Por lo cual, en los veinte dias , poco mas
ó menos, que duró esta interinidad, se limitó nues-
tro ejército, falto en estremo de recursos, á hacer
algunos reconocimientos y demostraciones en fuerza
sobre los trabajos que empezaban á reconstruir los
febeldcsá su frente, y sobre las fuerzas que éstps
tuvieron siempre concentradas para protejeraquellós
trabajos contra todo el número de batallones que
para atacarlos y destruirlos de nuevo tenia nuestro
ejército á muy corta distancia,—Y en honor sea
dicho de ambos generales, en la alocución que di-
rigió el primero á lasiropas al tiempo de su partida,
les decia de esta suerte: «Durante mi ausencia queda
«al frente de vosotros . el dignísimo general E S P A R -
«TERO , tan conocido por su denuedo de todos los
«valientes, como de lodos amado por sus prendas y
«virtudes.» •"


Mucho se ha hablado y escrito acerca de los
motivos y objeto de este viaje que hizo Córdoba á la
corte, así como de los designios del joven caudillo
y planes y confabulaciones atribuidos al gobierno de




. —313—
entonces; pero, sobre haber sido aq uñí viaje acor-
dado y autorizado en tiempo del Sr. Mmdizabal,
según dice el misino general en su j a citada Memo-
ria, las razones y datos'docutnéntales que aduce en
la misma , así como la conducta que entonces y des-
pués observó aquel ilustre cuanto malhadado gefe,
ponen en claro; y fuera de toda sospecha, fes motivos
reales y justos que dieron margen á esta determina-
ción; que no fueron otro», en sustancia, queesponer
el estado y las grandes necesidades del ejército „ e s -
plicar el plan de campaña que habia creído conve-
niente adoptar , y obtenida que fuese la aprobación
del gobierno, compartir con este la inmensa res -
ponsabilidad que en cierto modo solo sobre sí basta
entonces gravitaba; y en caso contrario,es decir, en
el de no obtener la aprobación que anhelaba, y con
la cual quería como era justo guarecerse, presentar
su dimisión, dejando aquel puesto espinosísimo á
otro gefe mas diestro ó mas afortunado : sin'-que sea
fácil , ni menos recto y concienzudo acusar á este
general de planes reaccionarios y liberticidas, y de
transacciones con D. Carlos, cuando susantecedentes
dicen lo contrario ; cuando él deshace ciará y pala-
dinamente todo escrúpulo de sospecha que pudiera
haber sobre este delicado y enojoso asunto con de-
mostraciones sólidas ; cuando su posterior conducta
lo desmiente ; cuando en fin, tan desnudas, de funda-
mentos vemos las recriminaciones que, tanto en la




— 3 1 4 — .


prensa nacional como enlaestrangera, osaron dirigir-
le entonces sus émulos y sus atrabilarios enemigos.
Tal vez, si no el gobierno, qu« presidía el señor
Isturiz, algunos de sus amigos y echadizos invitasen
al general (lórdoba para que se doblegase él y su
espadar,•:; é l|iciese lo mismo con las bayonetas del


/ejército, ^nde^ueeste>sírviesecón?0;ÍBistr'Umento
ciego á,las miras de un partido (y de esto hace'r,ya
aquel alguna ligera indicación en su obra); poro BÍ
así fué, es tambienlocierto que este militar.honrado
y pundonoroso rehusó siempre tomar parte activa
en tales contiendas y querellas ; y que observador
rígido de sn$ principios de obediencia pasiva, los
cnales interpretaba él con arregló á su conciencia y
con lá libertad" que dederechó compete á todo hom-
bre en tales casos, siempre se declaraba esclavo de
laley y funcionario del gobierno , sin acceder jamás
abastardas é interesadas sugestiones. Nosotros al
menos fiados en' su palabra de honor (y la palabra
de honor de un soldado español es prenda de grande
valía), damos fé y entero crédito á sus aserciones.


Restituyóse Córdoba al ejército á mediados de
junio; y":pocosdias después vióse que la guerra.que
hacían los carlistas, limitada hasta entonces á las cua-
tro provincias-sublevadas, con algunas pocas mas es-
cepciones , quería tomar vuelo y probar ventura, sa-
liendo como de madre, y rebasando la meta que
hasta aquella época habia creido prudente conservar




intacta. Y era que sus necesidades se iban ya hacien-do sentir tanto mas, Cuanto mas escaseaban los r e -cursos en aquel suelo, tan trabajado y combatido cómo aburrido y desengañado durante cuatro años de eterno guerrear y sin adelantar nada. EL hambre, pues, y el anhelóle probar fortuna, hicieron que los. rebeldes fjroyeetascttespediciones ai interior del r e í *
.4e0^^u»U¡k: -el- conde de Casa E g u í a , que tantos 'Séífehfabros sufrió en el poco lieiüpo que duró su? mando ea gefe, y que tanta oposición habia mostra-do siempre á este plan de las columnas espedicióna-rias, fué reemplazado por D . Bruno. Yillarreal, gefe de muy alta nombradla en las filas carlistas, compa fiero que habia sido de Zumalacárregui /y dolado eu verdad de prendas muy recomendables jiara la guer-ra. Era este partidario acérrimo del sistema de las espediciones, y así lo' habia manifestado y procurado» inculcar repetidas veces en los consejos de? la corte carlista, condenando abiertamente el plan seguido por E g u í a : y entre las diversas columnas errantes que organizó, á poco de ascender al mando, fué la mas notable y la que llegó á hacerse también mas c é -lebre, la que capitaneó el mariscal de campo dé los ejércitos rebeldes D . Miguel Gómez. Constaba esta columna de cuatro batallones castellanos, dos escua-drones y dos piezas de montaña con diez artilleros; obra todo de unos 2,700 infantes y 180 caballos. El pais escogido para que esta gente llevase la. guerra y




—316— esploráse él espíritu público .animándole al par en
favor de D. Carlos, era el de las provincias de Astu-
rias y Galicia. • " .


Reuniéronse estas fuerzas el 25 de junio en la
villa de Amurrio, del señorío de Vizcaya, y em-
prendieron la marcha á l a s dos de lo madrugada del '26 , procurando esquivar el encuentro rcon nuestras' tropas i p a F a lo cual dieron un largo rodeo, llegando
á la aldea llamada la Colina, distante ochó leguas
y fres cuartos de Amurrio, á las tres de la mañana
del 27. Repasaron a q u í algún tiempo, aprestándose
á continuar la marcha: y e n esta s a z ó n , sabedor el
general Tello, comandante general del cuerpo de re-
serva , de la dirección que llevaban los espidiciona-
r ios , partió al punto también en su seguimiento. Muy
poco tiempo tardaron en avistarse unos y otros en los
campos de Rivero y Villasante;'y muy poco tardaron
también en trabar batalla. Pero la suerte mostróse
desesperada é infausta á los nuestros, quienes á pe-


'. sar de contar casi el doble de la fuerza enemiga , y
de llevar al frente de la caballería el valiente y tan-
tas veces acreditado coronel Aibuin (alias el Manco),
fue de tollo punto infructuosa Ta audacia de,este y
los constantes esfuerzos de nuestros soldados, quie-
nes al eabo desonce horas de, incesante fuego, ago-
tadas ya las municiones, aunque no el sufrimiento,
hubieron de ceder el campo y la palma de l a victoria
á los de Gómez que auguraron así, con tanta dicha,




— 3 1 7 —
sus Correrías aventureras (que no terminaron de
igual suerte), dando ocasión y motivo á esta nuestra
derrota, la estrella infeliz del Sr. Tello, que cometió


• graves faltas, al dirigir la operación , si bien estas'
faltas, á juicio de los inteligentes;, eran todas dima-
nadas del arrojo , de la impaciencia, y d« una esce-
siva confianza én sí mismo. ¿ ;


»^Terminada la acción, y después de descansar los
éspeuicionarios aquella noche, prosiguieren su mar-
cha al dia siguiente enderezándose por San Martin á
Sóncillo , pueblo situado en la carretera de Burgos á
Santander; y después por los Caraveos, Colada y
otros puntos, atravesando de seguida el famoso
puerto de Tarna, Viriñuela, y de aquí á Oviedo, en
donde entraron sin oposición alguna el 5 de jul io .—
El marqués de Bóveda, uno de los gefes que acom-
pañaban á Gómez, salió de esta ciudad por orden de
su general, en dirección al puente de Soto y enáni—
mo de atacar á la columna.de Pardiñas, que estaba'
situada hacia aquel punto; Hubo con efecto un cho-
que aunque breve, si bien sensible para nuestras
tropas, á quienes tocó igualmente llevar en esta otra
refriega la peor parte. Tales contratiempos sufridos
por nuestros soldados, por causas que no Suelen e s -
casear, mayormente en guerras como esta, no podían
menos de influir ventajosamente en el ánimo de los
aventureros, quienes iban ensoberbeciéndose de una
manera estraordinaria. Creían ellos ya, en su deli-




— 3 1 8 —
ranle orgullo, que á comienzos tan dichosos solo pb̂ -
dia corresponder un próspero y feliz: remate.


El general ESPARTERO que se hallaba con la d i -
visión de su mando, al tiempo de partir Gómez de •
las provincias, en Yillareal de Álava , también «e
movió en su seguimiento; pero conao el faccioso lo


'¿llevaba maWo <á cinco marchas de veéitotija, solo, pudo
seguir la pista á la espedicion , forzando las, que -
hacían sus soldados, y pernoctando casi en los1 mis-
mos puntos que la noche anterior habían dejado los
rebeldes precipitadamente. El Sr. Manso, capitán
general de Castilla la Vie ja , que habia también sa-
lido de ValladóKd con la idea de hostigarlos, no se
atrevió á darles arremetida alguna, ni á entretenerlos
para que los ganase ESPARTERO, sin duda enatencion
á las pocas fuerzas con que contaba su columna;
pero saliendo hasta«Pola de Lena , destacado los su-
yos un batallón franco y algunos caballos , cuya .
fuerza se incorporó á la división de ESPARTERO e s
Sama de Sangredo, tres leguas de la capital de A s -
turias, el 7 de julio.


Al siguiente dia 8 , y cuando Gómez habia salido
poco antes dirigiéndose rápidamente á Grado, entró
ESPARTERO en aquella ciudad, no sin alcanzar la re-
taguardia enemiga, cogiéndola algunos prisioneros y
salvando á la vez varios nacionales que al entrar los
rebeldes en la espresada capital habian apresado, por-
que resistieron entregar las armas. Dividió aquí E s -




- 3 1 9 —


PARTERO su gente en dos trozos, haciendo que .mar-
chase el mayor por la venta de Eseampredo al punto
donde se hallaban los carlistas, y el otro por su iz-
quierda, ú ijíual altura, con el fin de prestar auxilio
en caso necesario. Sabedor Gómez de este movi-r-
miento, ya solo pensó en,huir y ver modo de e s -
quivar un encuentro que no podría menos de íerte
funesto, mayormente cuando las tropas que guiaba
nuestro general, sobre ser mejores, eran también
masque las espedicionarias. Con grande prisa y ma-
yor cuidado corrieron estas desde el referido pueblo
de Grado á Salas, encaminándose desde aquí á Borras
y Lago,.y después á Castro y Fuensagrada; y conti-r
nuando por el Padrón, Soto de Torres y San Fis de
Lugo, pasaron el Miño por el vado, después de ha-
ber permanecido mas de cuatro horas á la vista de
Lugo, á tiro de fusil. Hallábase encerrado en esta
plaza, confuerza no insignificante, el general Latre*
quien,, llevado de una prudencia tal vez escesiva, .no-
tuvo por conveniente el salir á escaramucear s i -
quiera , con elfin de evitar el paso del río y detener
la espedicion, que debió ser aquí batida ppr E S P A R -
TERO ; y solo , sí, adoptó el medio , menos compro-
metido sin duda, de disparar al ganos Cañonazos á los
huéspedes, quienes sin temor á aquel fuego, que solo
llegó áherirles el ©ido, y al compás del cañoneo, hi-
cieron pasar por el vado su inmensa carretería de
bueyes, artillería, caballería y todo el-tren que for-




— 3 2 0 —
inaba el rico botin que les habían suministrado Ovie-
do y otros pueblos, concluyendo por pasar todos los
infantes, sin novedad alguna por ahora en su atrevi-
da empresa , y continuando su viaje con dirección á
Santa María", á-Foxá y Santa Gadea.—En vano trata-
ron aquí los enemigos de apoderarse dol convento
del Sobradó*, en el cual se habían refugiado alguna
tropa nuestra y nacionales, procedentes todos de « a
convoy que había salido de Lugo para la Cor uña;
pues apenas osaron Ercercarse un tanto á las paredes
de aquel bien defendido edificio, riéronse precisados
á retirarse no sin sufrir grande escarmiento, habién-
doles ocasionado los nuestros bastante daño.


Pasaron desde este punto los espedicionarios á
San Lorenzo deCarelle y San Tirso, entrando por
último en la ciudad de Santiago el 18 de julio. Co-
mo en la capital de Asturias, también en la del an-
tiguo reino de Galicia, entró esta famosa espedicion


-sin oposición alguna de parte de aquel vecindario,
y como a l l í , también aquí se proveyeron de fusiles,
pólvora, monturas, sables y varias fornituras y ves-
tuarios de los guardias nacionales y de las milicias
provinciales. Empero no fué su detención en Santia-
go tan sosegada ñi tan duradera como en la capital
de aquel principado. Pues con la noticia recibida allí
de que ESPARTERO les iba á los alcances y pernocta-
ba el 19 en San Tirso , y de que otras muchas fuer--'
zas mandadas por Latre , e l marqués de Astariz y




— 3 2 1 —


otros ge fes, bajaban de distintos pantos, para aco-
sarlos y perseguirlos, alarmáronse los de Gómez de:
tal suerte, que á" las ocho de la noche del 1 9 citado,
dio el general carlista orden de que á las diez de
la misma estuviesenlodos los batallones y escuadro-
nes formados en las plazas y demás sitios convenidos,
así como la brigada, artillería equipagesty iodo car-
gado y uíspuesto á emprender la marcha á la prime-
ra señal. Con tal precipitación se dieron, tomaron y
practicaron estas disposiciones, que á las doce r o m -
pió el movimiento la división espedicionaria por el
camino real.de la Coruña, llevando en el centro la
brigada, compuesta de unos 10ÍEJ carros de bueyes*
3 5 0 arrobas de pólvora, 2 , 0 0 0 f u s i l e s , 3 , 0 0 0 bayo-,
netas nuevas, mas de i 4 5 0 arrobas de balas, y como
una docena de Cargas de cartuchos. Un escuadrón
carlista, que quedó en Santiago por algunas horas,
con el fin de proteger la retirada de las- .otras fuerzas,
al desocupar la ciudad rayando el d j á , s o s t u v o ; y a
algún tiroteó con las tropas de ESPARTERO que á la
propia sazón entraban.


Iba camino de la Coruña aquella gran carabana
marchando de prisa, cuando sabedora de que enSe-
queiros habia cerca de 2 , 0 0 0 hombres, procedentes
de aquella.ciudad', juzgó prudente el revolver, co-¿
TOO \obAio ftaeíacAo ,dw\g\ewk>se áCÁAaAe\\a^dis-
tante nueve leguas de Santiago, en cuyo punto per-
noctaron aquella noche los viandantes: Al amanecer




' —322—
volvieroná anudar su rata prosiguiendo por Crupes-
á Baamonde, llegando al fiit á Móndoñedo el24. Solo
se detuvieron aquí lo preciso para descansar,y al diaf
siguiente d é su arribo continuaron la marcha por Ve-
ra del Rio, Brafia y Nogueiras, dirigiéndose á San
Martin. En ésée punta llegó á sabeí Gómez por sus


„ GQDfi , d d B t e s r ^ o e Latre se h ahia movido 'desde San-
tiago'con dirección á Grandasy Salime y con é l ob 1-
jeto de cerrar al rebelde la única salida que tenia,
que era el puente de aquel pueblo; pero desgra-
ciadamente este nuestro general tampoco ahora fué
feliz ensu empresa. Los enemigos aceleraron el p a s o
con la m i t a d d « 1» fuerza* logrando apoderarse del
puente y llegar á Grandas una hora antes que Latre,
quien tuvo que desandar algunos pasos volviéndose á
Fuensagrada.


Al siguiente día se incorporó toda la- división en
dicho punto de- Grandas y Salime, y adelante en su
marcha, pernoctó en Pola d e Allende: pasando él 27 á Cangas de Tineo, descansó aquí dos dias, sa-
liendo después via de León aqnella tribu errante,
desengañado ya Gómez , como debía estarlo, de- lo
imposible que era fijar la banderado la rebelión ero
las pacíficas y apacibles pro vineras d e Asturias y Ga-
licia , ea donde no consiguieron otira cosa que a u -
mentar las partidas dé ambos países con los facciosos
que se incorporaban á ellos en los pueblos del trán-
sito, y que no pudiendo seguir tan penosas y agitadas




— 3 2 3 —
maroias, quedaban, naturalmente rezagados. Pasa-
ron, pues por Cecea y por lo alto del pserto do
Litariegos á Vilíabriiio, por Murías, Adrián y otros1


* puntos, hasta, que el l . ' d e agosto entraron en \a¡ f
ciudad de León. El general ESPARTERO , constante y
presuroso en persecución, aunque sin poder alcan-
zará los espedicionarios (lo cual no es f&eilfitpro-'
(rat)^jdicé,el general Córdoba, pues eíque^ Küyé fie»
nt^^any huye por donde quiere, sobre todo-en un
país tan cortado y quebrado como .España], habia sa-
lido el 2 0 de Santiago y llegado á Lugo- el 2 1 ,
forzando las marchas de una manera tan considera-
ble cual se. deja ver. Y es que habiendo abservado
qué el enemigo, forzando también lassoyas; se har-
bia entonces dirigido á la provincia antigua de Mon-.
doñedo, según dijimos antes , creyó sin dnda que el
objeto de este era el de contramarchas , penetrando
por Asturias. Pero nótese que Gómez, viniendo»
parar á León, robó tre9 marchas al geaerttltí/sPAR—
T E R O , quien se habia creído con razón, obligado á
costear la frontera de Galicia , á fin de impedir la
contramarcha de los rebeldes sobre este reino. El 30
de julio se hallaba en Muñas, muy satisfecho , y
como él también sus tropas, del esmero y actividad^
de las autoridades cuya cooperación necesitaba para
la mayor rapidez en sus marchas. La que hizo desde
Yillaodrid á Navia fué en triunfo, quedando las t r o -
pas recompensadíis dé sn constancia , penalidades y




— 3 2 4 —
privaciones, con los homenajes de gratitud que les
rindieron los guardias nacionales y demás personas
de todas clases, sexos y edad ; con la circunstancia
de haberse despoblado los lugares que no se halla­
ban en su tránsito, como Rivadeo , Castropol y F i ­
gueras, pqra saludar con entusiasmo ardiente en los
caminos á los que proclamaban libertadores de As­
turias y Galicia.


Al finhabian de avistárselas tropas de ESPARTERO
y lafaceionespedicionaria, recibiendo esta el condig­
no escarmiento. Saliendo de León dos dias después
de su entrada en esta capital, revolvieron sobre A s ­
turias los rebeldes, no atreviéndose á perder de vista
las instrucciones que habian recibido desu rey Car­
los: de aclimatar la venenosa planta de la guerra en
aquel principado y én Galicia. Loca y presuntuosa
temeridad , que fué harto costosa á la facción pere­
grinante. Entró esta en el vajie de Buron, no lejos
del cual se hallaba ESPARTERO, y anhelosa de pose­
sionarse de un punto que pudiera guarecerla sin
grande esposicion , juzgó acertadamente que ningu­
no le convenia tanto como el famoso puerto de Таг­
па, cuya embocadura podia defenderse solo con dos
compañías contra toda nuestra división; y én esta
idea, encamináronse hacia Tarna los do Gómez; pero
al llegar al pueblo de Ezcaro, sito en el espresado
valle, trabóse un combate terrible y tan reñido entre
las tropas de ESPARTERO y los espedicionarios, quo




_ 3 2 5 —
á pesar de ocupar estos las formidables estancias que
enseñorean á dicho pueblo en sus inmediaciones, des<­
alojado de ellas con asombrosa rapidez por nuestra
infantería, y lanceada por nuestros bravos la caba­
llería facciosa, .sufrió aquí la espedicion golpe tan
tremendo, quGno bajó de 500 el número délos pri­
sioneros , con varias prendas de armamento, ves­
tuario, cajas de guerra, etc.—De los prisioneros he­
chos en esta ajpcion memorable , dada el 8 de agosto,
se formó el batallón de Guias, que luego fué .Re­
gimiento de Luchana , cuerpo de voladora fama , de
muy gratos recuerdos para la patria por los servi­
cios importantes que prestó en esta guerra, y que si
el ruin espíritu de partido, rencoroso siempre y
siempre injusto , ha intentado afectar su olvido eli­
minando de la nomenclatura de nuestro ejército aquel
nombre (que muy pronto veremos los grandes títu­
los que él tiene para ser glorioso), eternamente es ­
tará fijo en la memoria de los buenos españoles,, y
jamás habrá una mano bastante fuerte que sea capaz
de borrarle en la historia.


Las consecuencias de esta acción fueron inmen­
sas. Si en lugar de batir, ESPARTERO hubiera sido
batido por Gómez en Ezcaro (lo cual no era presu­
mible), alentados los apóstoles de la rebelión con un
triunfo para ellos de tanta trascendencia , y anima­
dos y ensoberbecidos y envalentonados también los
partidarios de D. Carlos que hasta entonces no habían


том. i . 22




— a c -


osado levantar cabeza en Galicia, Asturias y la" Vieja
Castilla, fácil es presumir adonde nos hubiera l le-
vado un descalabro de tal naturaleza y en tal ocasión.
La guerra civil hubiera entonces recibido un incre-
mento considerable, la insurrección hubiera cundido
en todas partes alzando orgullosa su abatida frente,
el teatro .horrible de devastación se hubiera ensan-
chado,y tiambienmultiplicado se.habría elnúmero de
los actores. Quien tenga un conocimiento exacto de
la disposición en que se hallaban entonces muchos
pueblos gallegos, castellanos y astures, endondelos
carlistas estaban aprestados y prontos á la señal de
alarma para alzar la voz á favor de D. Carlos, y
empuñar las armas.y emprender la guerra , podrá
reconocer todoel valor tjue de suyo tiene el servicio
que en esta ocasión , como en otras infinitas, prestó
al pais el valiente y patriota general ESPARTERO.


Aldia siguiente de la batalla presentóse á este el
señor Rivero , comisionado por el general en gefe
Córdoba para tomar el mando de su división, á fin de
que ESPARTERO pasase otra vez á mandar en gefe el
ejército de operaciones, por haber admitido el g o -
bierno la dimisión de Córdoba. ESPARTERO tuvo á
bien contestar al señor general comisionado,-que pre-
fería continuar en persecución de Gómez , á quien
seyrometia destruir completamente en breves dias,
haciendo así, según su entender, mejor servicio á la
causa pública.




— 3 2 7 —
Desde aquí pasó.ESPARTERO á Oseja de Sajam-


bre, én cuyo punto y sus inmediatos hizo que des-
cansase dos dias sü división , á causa de un temporal
crudo y de muchas aguas que hacia de aquel agosto
un verdadero invierno en Asturias. Y ya que de este
pueblo de Oseja hablamos, ño pasaremos de aquí sin
dejarconsignado un hecho queprueba los sentimien-
tos humanos y propiamente liberales que abriga el
general ESPARTERO , así como el eelo paternal que
ha mostrado siempre hacia la infeliz clase de soldado.
En la .HISTORIA DE LA ESPEDICION DE GÓMEZ, escrita


por el gobernador de su cuartel general; obra que fué
cogida manuscrita á un prisionero en la acción de
Huerta del Rey, y que después havistolaluzpúbli-
ca, se espresa el escritor carlista de esta suerte. «Em-
prendió la división (de Gómez) su marcha para
«Castilla,.pasando (el 14 de agosto) por el puerto
«de Sajambre á Oseja de Sajambre , en cuyo pueblo
«habíamos dejado 1 8 heridos de la acción del 8 ,
«que por su gravedad no pudieron conducirse mas
«adelante; y habiendo llegado ESPARTERO , fué ávi -
«sitarlos, y obligó al cura párroco á que les llevase
«gallinas, chocolate y lo demás que necesitaban, y
«les ofreció dinero; al siguiente dia les proporcionó
«carros, y con la comodidad que prometían lás'cir-
«cunstancias los mandó á León para que fuesen c u -
arados.» . . . . • •


Continuó después ESPARTERO la persecución de




— 3 2 8 — v


Tos rebeldes trashumantes, que desbaratados en E z -
caro, habían logrado al cabo reunirse con Gómez
el dia 11 en Cangas de Onis : y noticiosos de que
aquel general se hallaba el 13 en Infiesto con ánimo
de acometerlos, salieron de Cangas el 14 atravesando
el penosísimo puerto de Besay dirigiéndose á Potes
á donde llegaron el 16 y salieron .al siguiente dia,
pocas horas antes de entrar ESPARTERO , quien los
hizo huir con el mayor desaliento y sin-esperanzas
de salvarse. Y cierto que no se hubiera .salvado ni
uno solo, á no haber sobrevenido un accidente fu -
nesto para aquel general,no menos que paranuestro
ejército, y solo ventajoso á la facción, la cual se vio
por de pronto libre, de tan cruel azote; pues habien-
do atacado á los pocos dias una fuerte enfermedad á
ESPARTERO, tuvieron que conducirle el 27 en una
camilla á Lerma , en donde se quedó unos dias, pa-
sando después á Logroño á ponerse en cura al lado
de su familia. La división quedó entonces á cargo
del brigadier D. Isidro Alaix, que hasta entonces
habia hecho de gefe de estado mayor.


Con motivo de haberse aJzado la mayor parte de
las provincias de España proclamando el restableci-
miento de la Constitución política, de la monarquía
española promulgada en Cádiz en 1812 , y de haber,
ordenado la reina Gobernadora su publicación, como
ley del Estado, aboliendo el Estatuto, por decreto-
de 13 de agosto dado en la Granja , de cuyos nota- '




— 3 2 9 —
bles sucesos nos ocuparemos después, ESPARTERO
que se hallaba "el 22 , todavía al frente de su divi-
sión , enVillaláco, dirigió una comunicación al g o -
bierno sobre asuntos de guerra , pero cuyo último
párrafo, era como sigue:


«Los continuos movimientos por poblaciones r e -
«ducidas puedo -asegurar me* han tenido siempre
«ignorante dé los sucesos, y particularmente de Jos
«últimos déla corte y.provincias que desengañaron
«á la augusta reina Gobernadora de la mala direc-


• «cion de los negocios del Estado. Hoy, casualmente,
«me he impuesto por periódicos de esa capital que
«leí en-Fromista, y en su consecuencia he dado á las
«tropas de mi mando la orden general de quein-
«cluyo copia , esperando lo eleve V . E . á coñoci-
«miento de S. M. por sí merece su aprobación.» La orden general de 22 dé agosto de 1836 que
dio ESPARTERO á su división en Fromista , y ala cual
alude el párrafo anterior", decia así:


«SOLDADOS: Nuestra augusta reina Gobernadora,
«solícita siempre del bien y de la felicidad de los es—
«pañoles, se ha dignado decretar se publique la
«Constitución política del año de 1812 , en el ínte-
«rin que reunida la nación en cortes manifieste es-
apresamente su voluntad , ó dé otra Constitución
«conforme alas necesidades de la misma.—Solda-
«dos : esta nueva prueba de amor que da á los e s -
apañóles la heroina del siglo, la inmortal Cristina,




— 3 3 0 - .
«ds prepara el completo triunfo contra los parlida-
«rios de la usurpación y de la tiranía.»


«Vosotros, á costa de vuestra sangre, habéis
«acreditado siempre el mas puro entusiasmo- por la
«consolidación de un sistema , que afianzando el" t ro-
«no de la Segunda Isabel, asegure la libertad de que
«es digno el heroico pueblo cuyos-derechos defen-
d é i s . Ahora los obstáculos deben desaparecer, y


«el triunfo será decisivo. Para conseguirlo me ha-
«llareis siempre dispuesto y entre vosotros ;' pues
«con tales guerreros y con tan saludables medidas, •
«nunca será dudosa la victoria. Soldados: viva, la
«Constitución: viva Isabel 11, viva la reina Goberna-
«dora.—Vuestro general, BALDOMERO ESPARTERO.»


Así era natural que se esplicase y que obrase el
hombre que desde sus primeros años había dado tan
ostensibles pruebas de amor á la libertad, que r e -
cientemente acababa de hacer grandes sacrificios, y
aun entonces mismo.los estaba haciendo, y mayores
todavía los ha hecho después , en obsequio' de esa
encantadora libertad, y de la independencia, engran-
decimiento y prosperidad de su patria.


Dejásmosle enfermo en Logroño , mientras G ó -
mez , que salió de Palencia el 22, emprende sus vas-
tas correrías, encaminándose por el Pinar dc-Airríba
y Peñafiel, saltando á Albacete y de aquí á Córdoba,
recorriendo también la Estremadura, entrando en
Cáceres, y paseando igualmente las provincias mas




• « ^ — 3 3 1 —


mcridBtiales, visitando á Ronda, y tocando por ú l -
timo en San Roque y Algeciras, en donde entraron
los rebeldes el 22 de noviembre, desde cuyo punto,
revolviendo hacia el norte á buscar.sus propias gua-
ridas, lograron entraren Orduña (Vizcaya) el 20.de
diciembre; es decir, á los cinco meses y veinte y
cuatro dias de haber salido Gómez de aquellas pro-
vincias ,• en cuyo tiempo , según se ve, recorrieron
los cspedicionarios toda España. Y cierto, que no
hubiera sucedido así, si no se hubiese abandonado
en un principio el sistema adoptado por ESPARTERO
de acosar á la espedicion , marchando siempre sobre
sus huellas,.y sin dejarla sosegar, por cuya causa
empezó á engrosarse y á dar mayores cuidados, des-
de que la dejó ESPARTERO, hasta que por último,
habiendo adoptado otra vez el sistema de este gene-
ral, pudo arrojársela fá'cilmente y de hecho se la ar-
rojó á las provincias del norte. Véase , pues, con
cuánta sinrazón é injusticia se critica á ESPARTERO
por la persecución de Gómez, tachándola de inactiva
y torpe; cuando si se tiene en cuenta las marchas y
contramarchas que-hizo , pellizcando siempre á la
espedicion y siempre ocasionándola daño; si se atien-
de á las ventajas que naturalmente lleva elqueliuye,
escogiendo la rula ,. destruyendo y consumiendo las
vituallas, privando hasta delbagage necesario al per-
seguidor, cómo sucedía con este cabecilla cuando
hacia montar á su división en carros, con lo cual r o -




— 3 3 2 - . ' #
baba también algunas marchas á nuestras trabas'; si
no se olvida el retraso que desde un principio llevaba
ESPARTERO al salir de las provincias; y sise recuerda
en fin el golpe terrible y contundente que dio este
general á la espedicion en Ezcaro , nadie pondrá en
duda que el tiempo que ESPARTERO invirtió en esta
persecución, es de aquellos en que mayores y mas
importantes servicios ha prestado á la causa nacio-
nal. Que lejos por consiguiente de censurarle, la
historia debe tributarle grande homenage, y el pais


• mostrarse reconocido á esta otra prueba de su pa-
triotismo y de su valor.—Ni tiene, pues , tanto mé-
rito como algunos le atribuyen esa decantada espe-
dicion de Gómez, ni hay demérito alguno , antes, sí
grandes títulos de merecimiento en la conducta que
observó ESPARTERO durante la época en que con sus
tropas la seguia: y así lo reconoció el general engefe
de entonces, el ilustre general Córdoba, quien al
hablar en su Memoria de la espedicion que nos ocu-
pa , dice entre otras cosas lo siguiente:•


"¿Qué hizo esta mas que huir continuamente
«delante de ESPARTERO, ó ser batida siempre que
«este general alcanzó á picar su retaguardia? Atra-
«vesar Asturias y Galicia sin detenerse en ninguna
«parte, y sin utilidad alguna parasu causa; y cuándo
«pudo descansar tres dias en León*, robando otras
«tantas marchas á su perseguidor, por tener este
«quepreservar de una contramarcha á Galicia, yol-




— 3 3 3 —
«ver á huir á Asturias, sin osar esperar á aquel ni
«combatirme á mí para penetrar en sus guaridas,
«sin tener eañn masbrújula que el miedo, mas plan
«que la fuga
« . . . Gómez no tuvo pues , lo repito, mas
«miras en su larga y transhumante peregrinación, que
<(huir, y no llevó mas dirección, así que vio f rus-
trados sus designios sobre Asturias y Galicia , que
«la que mas pronto y seguramente le alejaba de su
«contrario. Sueños fueron los cálculos estratégicos1


«que el espíritu de partido le prestó tan gratuita-
«mente.»


Sucesos cstraordinarios acaecieron en política en
los últimos dias de julio y en agosto de*este año dé
3 6 , según hemos antes indicado. El ministerio Istu-
riz fiabia sabido grangearse la animadversión y esci—
lar contra sí la animosidad de. los pueblos por medio
de su conducta reaccionaria. Hablábase de proyectos
de transacción con D. Carlos, y se comentaba de di-
versos modos el viaje del general Córdoba ala corte;
lo cual juzgamos que era un arma vedada de que ha-
cia uso, con injusticia, el espíritu de partido. Pero
si esto pudo ser exagerado y aun inventado tal vez,
era sí una triste realidad la persecución que aquel
gobierno entabló contra los mas decididos liberales,
y el ataque directo que hacia alas instituciones, s e -
ñaladamente á la Guardia- Nacional y á la prensa.
Los muchos liberales interesados en el progreso




— 3 3 4 —
de aquellas, veían con dolor que lejos de refor-
marse élraquítico Estatuto en sentido racional y dan-
do la estension debida á los"derechos del ciudadano,
iba á retrogradarse, perdiendo por consiguiente en la
carrera de la libertad, según las ideas que la fuerza
y Josamaños de gobierno hacían triunfar en las elec-
ciones. Y el espíritu de reforma, constante, vigoroso
y libre como el aire, que tanto mas se ensancha y
dilata ouanto mas se le comprime, solo deseaba una
ocasión propicia en que poder sacudir el yugo de la
violencia. Los gloriosos recuerdos de 1812 y 1820
no se habian borrado (ni se borrarán jamás) del a l -
ma de los libres, y aquel voto de reprobación lan-
zado en el augusto Congreso Nacional contra un go-
bierno engendrado por el dolo y1a aposlasía, había
resonado con magostad imponente en las provincias,
circulando con.rapidez, eléctrica por todos los puer-
bjos , fijando el germen déla insurrección en los co-
razones y poniendo en combustión los ánimos de to-
dos los verdaderos patriotas. •


Málaga, la culta y liberal ciudad de Málaga, fué
la primera que alzó el grito é hizo.tremolar el es -
tandarte de la rebelión contra aquel gobierno. Pero
es sensible decir que este sacudimiento tío le hizo sin
mancharse con la sangre inocente de sus autoridades.
Crímenes son estos que, mas que á las causas inme-
diatas que los producen-, deben imputarse á los fau-
tores de estas mismas causas, á los que con su im-




— 3 3 5 —
prudente temeridad los han hecho en cierto modo
necesarios. Que es tan difícil reprimir el ímpetu de
las pasiones populares, una vez desbordadas, como
fácil y hacedero el contenerlas dentro de los límites
de su natural álveo , por medio do leyes justas y con
la aplicación de los buenos principios de gobierno.
El que habia" entonces , quiso mandar solo con'el sa-
ble, y tuvo la suerte que deben esperar todos los
gobiernos que busquen su apoyo en la fuerza. La
opinión, mas robusta que esta, transformada tam-
bién en fuerza al poco tiempo', destruirá á aquella, y
precipitará y arrollará y ahogará también á veces.á
tan insensatos gobernantes.;


El fundadorccelodelas autoridades, viendo ebu-
llírla zozobra en medio de las gentes, les hacia dictar
en ocasiones algunas medidas, que aunque al parecer
insignificantes, bastaban sin embargo para despertar
ó avivar la desconfianza, dando pábulo y estímulo al
disgusto. El general San Just , gobernador militar
de aquella plaza,' ordenó el 25 de julio que á cierta
hora de la noche dejaron de tocarse los tambores al
pasar la tropa. El pueblo que estaba como en guar-
dia , y que en la menor cosa v'eia un motivo de sos-
pecha, interpretó en contra suya aquella prescripción
sencilla* naciendo de aquí terrible lucha entre él y
las autoridades. Obstinóse San Just en hacerse res-
petar, y el pueblo cada yez mas se empeñabacn des-
obedecerle , viniendo á parar esto á una crisis tan




- 3 3 6 -
espantosa, que ño solo produjo la muerte de aquél
desgraciado general, sino la del gobernador civil,,
conde de Donadío, que, como el primero , pereció
víctima del cumplimiento de los deberes que su po-
sición respectiva le imponía , de reprimir á los per-
turbadores. Triunfaron al fin estos , y sucumbió á la
mayor la menor fuerza, como casi siempre natural-
mente acontece : y arbitro entonces el pueblo de su
voluntad, estableció el 26 una jui\ta de gobierno que
proclamó la Constitución política de 1812.


Estaba entonces el partido liberal regularmente
organizado; y como por otra parte, era tan gene-
ral y profundo el disgusto, logró ser casi simultá-
neo el movimiento en todas las provincias, pronun-
ciándose en muy pocos dias y en'iguál sentido que
Málaga, todas las primeras capitales de España, y
cundiendo el movimiento de eslas'á- los pueblos y
aun .á las aldeas de menor vecindario. La ciudad de
Cádiz, cuna ilustre de la libertad española , se suble-
vó el 2 9 ; el dia siguiente lo hicieron Sevilla y Gra-
nada: el 31 también lo verificóla ciudad de Cór-
doba. La Andalucía toda se vio emancipada instan-
táneamente de la autoridad del supremo gobierno, y
rigiéndose por medio de otro federal que el propio
instinto y las necesidades del momento le aconseja-
ron como el nías conveniente, cual era el de las Juntas
provinciales, elegidas, como el año anterior, por el
pueblo, investidas por él de la autoridad suprema de




— 3 3 7 —
aquellos pequeños estados, y correlacionadas entre
sí á fin de prestarse mutuo auxilio en caso.necesario.
El l ! ° de agosto siguió su ejemplo la inmortal Zara-
goza y con ella el Aragón entero. La plaza de Badajoz
también se pronunció el 3,volañdoalpuntolainsur-
reccion por toda laEstremadura. Valencia el 8 : Al i -
cante, Murcia, Castellón de la Plana y Cartagena el 11.
Por último, la populosa c indomable Barcelona se l e -
vantó el 13 secundándola todo el principado: y á esta
fecha no habia ya en el reino una sola provincia que no
se hubiera declarado independiente del gobierno, el
cual, según la espresion usada entonces, veía redu-
cidos sus dominios á los límites que marca la simple
vista desde la torre de Santa Cruz de Madrid.


Pero tampoco esta'capital, á pesar de la grande
energía que desplegaron sus autoridades, podía per-
manecer tranquila en medio de tan general confla-
gración. La simultaneidad del movimiento habiahe—
cho que en la tarde del 3 recorriesen las calles de
Madrid varios tambores de la Guardia Nacional t o -
cando á.generala'; peco habiendo llegado á noticia
del capitan general Quesada, fueron conducidos á
prisión; resultando de la alarma consiguiente á esta
novedad, el declarar á la capital en estado de sitio,
desarmar a los nacionales y disolverlos. También se
prohibió la publicación de los periódicos contrarios
al gobierno, estableciéndose una comisión militar, y
espidiendo Quesada uu.bando con penas tan severas,




— 3 3 8 —
que declarábalo de muerte á todo el que gritase
viva ó mxieja en cualquier sentido. Situación vio-
lenta, y que como tal, no podia menos de ser tran-
sitoria. Así el gobierno de la metrópoli, abando-
nando las leyes y deponiendo las pláticas de paz,
cuyos ecos decia él que eran perdidos en medio de
aquel bramido universal y del continuo rugir de
las pasiones, buscaba ya su natural arrimoéu la fuer-
za, sin preveer en su despecho que esa misma'fuerza
vendría á ser su dogal y habia de dar con él en tierra.


Pasaron así algunos dias en los cuales iban estre-
chándose los límites del poder supremo del Estado,
hasta venir á quedar reducido á la compendiosa so-
beranía que hemos dicho antes, la cual sin embargo
era sostenida y apuntalada con las bayonetas.Impo-,
sible era que Madrid respirase, sin qjie sus calles
se hubieran convertido al punto en torrenteras de
sangre: y por mas que la opinión pública se agria-
ba cada dia mas contra el gobierno, era preciso y
prudente el contenerse, á ün de evitar tan horrenda
catástrofe. Pero babia otro medio-mas eficaz y hace-
dero, y esta circunstancia no la perdieron de vista
los constitucionales. La reina Gobernadora se h a - ,
liaba en San Ildefonso, lo cual facilitaba estraordina-
riamente el éxito de lá empresa'. La voz* de insur-
rección babia resonado ya por todo el ámbito de la
España el dia 12 del mes en que estamos, y t o -
davía no se habia hecho oír. suficientemente en el




• . — 3 3 9 —
alcázar de los reyes. Natural era y aun necesario
que aquella voz encontrase también un eco, un
intérprete f iel , cerca del gefe del Estado: y si
ese eco salió de donde no debió salir jamás , sin
que en cierto modo llevase consigo el carácter de
la violencia , nadie tiene derecho á culpar por ello
á la revolución; pues las revoluciones no reconocen
leyes,; ni- clases, ni fueros, ni ordenanzas: no ven
masque'individuos , ciudadanos sublevados: no r e -
conocen las antiguas autoridades , ni las gerarqnías
antiguas: no hay*militares ; y á veces también des-
conocen á los reyes. No siguen mas regla que Ja^ue
les prescriben las leyes providenciales del deslino,
muy superiores á todas las demás leyes. Por eso el
hecho, de la Granja, si considerado aisladamente y
en el estado normal es un gran crimen, en una crisis
revolucionaria, cual era aquella , es un efecto natu-
ral, de fácil y sencillaesplicacion. Lodiremtfsdeuna
vez : los sargentos de la Guardia que abordaron á
S. M. lareina Gobernadora y la hablaron esponien-
do la opinión del ejército y del pais, eran el eco fiel
y natural del pais y del ejército; puesto que estos
aprobaron y ensalzaron y aun magnificaron después
aquel suceso. Olvidando que eran soldados, y tenien-
do entonces solo en cuenta que eran ciudadanos es -
pañole!?, aquellos militares hicieron un gran servicio
á la nación, y no fué menor por cierto el que pres-
taron á la reina.




— 3 4 0 —
Decíamos que el 12 de agosto se hallaba esta au-


gusta señora en el Real Sitio de San Ildefonso, to-
davía en contradicción conlamayor parte de las pro-
vincias, acaso sin saberlo: y hallándose también en
aquella sazón al lado de SS. MJ1. algunos batallo—


. nes de la Guardia Real de infantería, varios sargentos
demandaron permiso para que se les dispensase una
audiencia. Encontró esta especie, como era consi-
guiente, fuerte oposición entre los gefes de la tropa
y los cortesanos; pero superior á todo la franca vo-
luntad y el carácter agradable de 'lá reina Cristina,
ordenó esta señora que los llevasen á su presencia,
como se verificó inmediatamente*. Híginio García,
uno de los sargentos, dirigió respetuosamente la voz
á S . M . , en nombre de todos ^manifestando que la
opinión de las tropas y la de toda la nación, estaba
espresada por el grito dado en las provincias, r o -
gándola* al par se dignase sancionar como ley funda-
mental del Estado la Constitución de 1812. Algunas
horas transcurrieron en conferencias y mutuas espli-
caciones, oponiéndose naturalmente la reina, por
consejo de las personas que la circuían, á tamaña
exigencia, y sin atreverse tan de pronto y por sí sola
á tomar una resolución de tanta importancia.. Pero
al fin á las tres de la mañana del 13 firmóel decreto
que á la letra decía así : « Como reina Gobernadora
«de España ordeno y mando que se publique IaCons-
«titucion política del año 12., en el ínterin quereu-




— 3 i l —
«tiida la nación en corles , manifieste espresamente
«su voluntad, ó dé otra constitución conforme á las
«necesidades de la misma.»


Recibiósc'al poco tiempo en Madrid esta nueva;
pero con la particularidad de mostrarse el gobierno
silencioso, permaneciendo entre tanto la población
con la mayor zozobra y en angustiosa cspectativa. El
siguiente dia 14 divagaba por las calles deda, capital
un gentío inmenso, siendo sobre todo numerosísi­
mos los grupos qué se reunieron en la Puerta del
Sol y en las plazas de la Cebada y Santo Domingo.
La coincidencia casual de ser festivo aquel dia con­
tribuyó poderosamente á aumentar la concurrencia
de los curiosos. Andaban estos , y platicaban entre
sí sobre los sucesos que preocupaban los ánimos de
todos, a! principio con impaciente tranquilidad; pero
habiendo subido de punto la impaciencia entre los
habitantes de la corte, que, desesperados á vista de
la grande obstinación de los ministros .y del capitán
general Quesada, hacian tristes é irritantes conside­
raciones acerca de la situación; los que se hallaban
en la Puerla del Sol prorumpieron en vivas á la
Constitución, á la libertad y á la reina Gobernado­
ra , sin que les arredrase el temor de los terribles
castigos que les estaban impuestos. Oidos que fue­
ron los gritos por el capitán general, que con su es­
colia recorría la población , cerciorado del punto de
donde salian las voces, mandó emplear la fuerza y


том. i. 23




- ¡lía—
cargar á los grupos que movian tal alboroto , sin
que un tiro , salido de entre los amotinados y diri-
gido á su persona , fuese bastante á recordarle el fin
desastroso de los desgraciados San Just y Donadío,
que era cabalmente el mismo fin que esperaba á
aquel desventurado.


Muchos de los guardias nacionales desarmados
se aprestaban en esta sazón á la resistencia , reu-
niéndose al efecto en el cuartel de San Basilio, don-
de habia algunos tiradores de Isabel II; pero sabe-
dor de este hecho el capitán general, envió inme-
diatamente mayores fuerzas , que no tardaron en
someter á los sublevados. Agrupáronse otros nacio-
nales armados en la plaza de la Cebada; y habiendo
recibido orden de dispersarlos una partida del regi-
miento Reina Gobernadora, mandada por el coman-
dante do batallón Calvet, empeñóse un tiroteo del
cual resultaron muertos y heridos por una y otra
parle, siendo de los primeros el gefe de la tropa.


Mas gloriosa página desdobla la historia el 15 de
este mes para los madrileños, si bien manchada esla
página con la sangre de sus autoridades; pues ape-
nas despuntaron los arreboles de aquella mañana, es-
parcidas con la velocidad del rayo las noticias proce-
dentes de la Granja , de haber el dia antes S. M.
alzado el estado de sitio , nombrando ademas nuevo
ministerio y disponiendo la reorganización de la
guardia nacional, vióse ya el horizonte político con




— 3 4 3 —


un aspecto mas agradable y lisongero. No fué menos
gozoso el respiro que recibieron los descontentos al
saber la separación de Quesada del mando de la c a -
pitanía general, nombrando su sucesor á D. Antonio
Seoane, cura providencia fué espedida también con
la propia fecha. Todos los amigos del señor Quesa-
da, que eran muchos en los dos partidos , constitu-
cional y anti-constitucional, y que veian con dolor
la horrible catástrofe que amagaba á su existencia,
si no procuraba ponerse en salvo, catástrofe que an-
helaban evitar á toda costa , se apresuraron á ofre-
cerle sus casas y sus posibles auxilios; pero un hado
cruel mas fuerte que las reflexiones todas, y que to-
das las intimaciones de la amistad, conducía ciega y
obstinadamente á aquel general á la mas trágica des-
ventura. Empeñado en salir de la corle, sin mas
acompañamiento que un criado, en medio del día, y
cuando los vencedores estaban como delirando con
la embriaguez del triunfo, llegó á Hortaleza, en
donde conocido por el alcalde , ordenóle esta auto-
ridad que se entregase preso. En esta disposición, es
decir, sometido ya á la autoridad y bajo la égida de
la ley, atravesaba las calles de aquel pueblo este in-
fortunado general, cuando esparcida la noticia entre
los grupos que por allí divagaban, no faltaron entre
estos algunos bárbaros asesinos, escoria de toda so-
ciedad culta, é indignos de pertenecer, por ningún
concepto, á la gran comunión de los liberales, que




—34-i—
rechaza lanía barbarie.y. tanto crimen , no fallaron,
decimos , algunos sicarios cuya mano impía asestase
un puñal al pecho indefenso de Quesada, que espi-
ró así víctima del cumplimiento de sus deberes como
miülar rígido , y como mero instrumento qae era
del gobierno. ¡ Desapiadado fatalismo de las revolu-
ciones: que subvierte los principios, pervierte los
sentimientos, confunde las ideas y trastorna los,.jui-
cios de ciertos hombres , hasta el punto do aplicar
tan mal las prescripciones de la justicia distributi-
va!—Entre tanto, su valedor el señor Isluriz, y los
demás miembros del antiguo gabinete, supieron muy
bien guardar sus cuerpos, sustrayéndolos á la furia
popular, que ellos habían escitado, habiéndose dicho
de público que el ex-presidente del consejo tomó re-
fugio en la casa del nuevo capitán general Seoanc.


Los ministros nombrados el 14 eran D. José Ma-
ría Calatrava.de Estado, con la presidencia del con-
sejo; D. llamón Gil de la Cuadra , de Gobernación;
y D. Joaquín María Fcrrer , de Hacienda. Después
reemplazó á este D. Mariano Egca, entrando en el
ministerio de la Guerra el marqués de Rodil, y en el
de Gracia y Justicia, D. José Landerp. Por último,
el 11 de setiembre quedó definitivamente arreglado
el ministerio, sustituyendo, en Hacienda, á Egea el
señor Mendizabal; pasando Gil de la Cuadra a Ma-
rina, y lomando la cartera de Gobernación el soñar
D. Joaquín María López.




_ 3 i . 5 —


El 17 de agosto, después de abandonar el real
sitio de San Ildefonso, hicieron su entrada triunfal
v solemne en Madrid SS. MM., acompañadas de los
nuevos ministros y (lelos guardias. El vecindario de
la capital recibió con grandes muestras de júbilo á
tan ilustre comitiva, y la gente observadora notó que
el nuevo ministro de la Guerra, el señor Rodil, os-
tentaba á su lado , á caballo también, á aquel famo-
so sargento García que tan brillante servicio acaba-
ba de prestará los constitucionales en la Granja (1).


Ocurrieron algnnos disturbios entre las tropas
que guarnecían á Madrid; pero fueron al punto sofo-
cados. El 21 de agosto se espidió la real convocatoria
de cortes constituyentes, cuya apertura debia cele-
brarse el 24 de octubre. En este intermedio tomó
el gobierno medidas de suma importancia, siendo la
primera, como mas urgente, la movilización de la
.Milicia Nacional, ó sea, la reunión de los milicianos
nacionales solteros y viudos sin hijos, desde la edad
de 18 hasta la de 40 años, organizándolos en batailo-


( !) No será perdido que n o s o t r o s h a g a m o s n otar aquí t a m -
bién que este cé lebre s a r g e n t o que abrió á la r e i n a el l ibro de
la Consti tución en San I l d e f o n s o , m u r i ó el año i% en M a d r i d ,
abandonado, y no sabemos si p e r s e g u i d o , por el gobierno cons-
titucional de E s p a r t e r o , que i n g r a t o c o m o lodos los gobiernos
p r o g r e s i s t a * para con los p a t r i o t a s que de b u e n a fe han a r r o s -
t rado los mayores peligros y espuesto su cabeza por s a l v a r la
l i b e r t a d , volvió la espalda á aquel i n f e l i z , c o m o la habia v u e l -
to con m a y o r injuria el minis ter io C a l a t r a v a , veri6cándusc asi
el m e n o s p r e c i o del escabel luego qne ha servido á la elevación de
los s o l i p s o s , que tanto abundan por d c s g i a c i a entre nuestros




— 3 4 6 —
nes, que pudieran ser inmediatamente destinados al
servicio, durando esta movilización general y cs -
traordinaria por espacio de seis meses. Con igual
fecha, de 26 de agosto, se decretó otra quinta de cin-
cuenta mil hombres. Sacrificios todos que hacia in-
dispensables la prolongación de la guerra, y que eran
consiguientes á la declaración hecha en el año ante-
rior, la cual prescribia que lodos los españoles com-
prendidos en aquella edad y circunstancia deberían
considerarse como soldados, según digimos al hablar
del remplazo de cien mil hombres también decre-
tado entonces.—El 30 del mismo agosto se decre-
tó la formación de los batallones 5 . " , 6.° y 7.° de
la Milicia Nacional de Madrid y un anticipo de 200
millones de reales, pagaderos por la nación en cua-
tro plazos. Con igual objeto, es decir, para atender
á las grandes y apremiadoras urjencias de la guerra,
se echó mano igualmente de otros recursos; tales
fueron la adjudicación de los productos que pudie-
ran obtenerse de la venta de los monasterios y con-
ventos suprimidos, ó de los terrenos que, demolidos
aquellos edificios , debieran enajenarse, así cómo
también lo que rindiesen en venta las campanas de
sus iglesias y demás alhajas , muebles y enseres de
toda especie, que habiendo pertenecido á las comu-
nidades, hubiesen venido á quedar sin destino útil, ó
resultado sobrantes y sin aplicación alguna.—Tam-
bién se restableció, por otro decreto, el de las corles




— 3 4 7 —
de 27 de setiembre de 1820 , en cuya virtud queda-
ban suprimidas las vinculaciones r declarando libres
los bienes que las componían.


Las primeras tropas que en el norte proclama-
ron la Constitución de 1812 T aun antes de los suce-
sos de la Granja , fueron las que componian la d i -
visión de caballería, llamada de la Ribera, cuyo c o -
mandante general era el brigadier D. Miguel Iribar-
rcn. Pocos dias después, el 19 de agosto , se coro-
naron de gloria estas bizarras tropas batiendo á la
facción de Iturralde en Lodosa, y ocasionándola una
pérdida de grande consideración.


El general Córdoba , cuya renuncia habia sido al
fin aceptada por el ministerio Isturiz, luego que su-
po los sucesos de la Granja , dejó el mando del e jér-
cito al mariscal de campo D. Pedro Méndez Vigo , á
quien por antigüedad correspondía , habiéndose en-
cargado después de él, por disposición del gobierno,
el general Oráa, quien en los 31 dias que mandó
interinamente el ejército, escarmentó en varias oca-
siones á los rebeldes, señaladamente en la gloriosa
acción de Monte-Jurra dada el 14 de setiembre. El
gobierno había investido con el carácter de general
en gefe , en propiedad , del ejército de operaciones
del norte y del de reserva, al marqués de Rodil
ministro de la Guerra.


Hallábase en esta sazón ESPARTERO en Logroño,
á donde le babia conducido el mal estado de su sa-




— 3 4 8 —
huí , lo cual liemos dicho antes; y como en este
punto se hallaba entonces establecido el cuartel ge-
neral, cuyas tropas acababan de proclamar la Cons-
titución de 1 8 1 2 á la llegada de ESPARTERO, quien,
por olra parle, se habia anticipado ya , jurándola en
Fromista, ssgun hemos visto anteriormente, fué muy
bien recibido este general por el ejército pronun-
ciado , el cual aplaudió su llegada, considerándola
como un augurio feliz para el porvenir de la revo-
lución, que ya era nacional, no menos que el de las
tropas constitucionales.—El general Córdoba al des-
pedirse del ejército habia lomado una resolución
irrevocable, mucho mas en las nuevas circunstan-
cias que los últimos acontecimientos creaban; puesto
que , según él mismo se espresa, sus principios mi-
litares habian sido vencidos en la Ribera y condena-
dos en San Ildefonso. Consultado , de una manera
confidencial , este ilustre gefe, por el ministerio Is-
turiz al tiempo de admitirle la renuncia , acerca de
la persona que él juzgase mas ápropósito para ocu-
par dignamente tan alto y delicado puesto , fué tan
terminante la decisión de Córdoba á favor de E S -
PARTERO , que nosotros no podríamos espresarlo
tan bien como lo dicen sus mismas palabras.


«El gobierno deseó (dice Córdoba en su Memo-
«ria) saber confidencialmente mi opinión acerca del
«general que mejor podia desempeñar el mando, y
«agradecido á esta prueba de confianza, no obstante




— 3 4 9 —
• la responsabilidad moral á que me asociaba , con—
«testé que el general ESPARTERO, por su alta gra-
«duacion, esperiencia de la guerra, perfecto cono-
«cimiento del pais, crédito entre las tropas y entre
«los mismos enemigos, y por todas las demás ven-
«tajosas prendas y circunstancias que en él concur-
«ren, me parecía reunir las mejores condiciones.»


Así contesta la historia * así los hechos con toda
su fuerza inmensa, así en fin las mismas personas
mas interesadas en que descuelle y triunfe la verdad,
desmienten de un modo esplícito y palpable esas ha-
blillas tan desnudas de fundamento que han corrido
de boca en boca y han llegado á consignarse también
on periódicos y en folletos, dictados por las pasiones
de los partidos , acerca de las rivalidades y envidias
que existían entre los dos generales, entrante j sa-
liente, y de los medios que puso en juego el pr i -
mero para deshancar al segundo. Es verdad que los
dos partidos políticos, constitucional y anti-constitu-
cional, en los cuales estaba dividida la España que
queria por reina á Isabel II , quisieron hacer instru-
mentos de sus miras ambiciosas y de sus peculiares
intereses á aquellos dos generales ; cierto que no fal-
taron algunas tentativas de seductora sugestión y de
mañosas intimaciones; pero también lo es que hasta
esta época habia permanecido siempre inalterable la
buena armonía que existió desde un principio entre
los dos, sin que so dejase vislumbrar síntoma alguno




— 3 5 0 —
do rivalidad , á no ser en tiempos posteriores y por
causas bien distintas en verdad de las que en esta
otra ocasión, les han falsamente imputado. Por lo
demás, querer atribuir tanta virtud al general Cór-
doba, que así recomendase él (y privadamente : y á
sus amigos políticos) y ensalzase las prendas de un su
enemigo mortal, como pudiera hacerlo al tratar de
su mejor amigo , es una inocentada con rebozos de
cálculo, una suposición demasiado gratuita, y que
solo puede .tener cabida en el espíritu apasionada-
mente interesado de los hombres de partido. AI me-
nos , si eso fuese cierto , tiene la desgracia de que
no lo aparece.


Promovido ESPARTERO al empleo de teniente ge-
neral de los ejércitos nacionales, desde el 20 de junio
fle este año, acreditado en la guerra por medio de
una serie de importantísimos servicios, que desde su
origen, habia prestado en ella; recomendado franca
y eficazmente por el bizarro y entendido general
Córdoba, en atención debida á sus relevantes prendas
militares; y probada plenamente su adhesión á los
principios proclamados por los pueblos y por las tro-
pas en aquellos dias , y reconocidos y jurados por la
Reina en la Granja, ningún otro general podía pre-
sentar entóneos los títulos que él para ser investido
del noble cuanto importante cargo de general en gefe
del ejército de operaciones.—Así lo reconoció el mi-
nisterio Calatrava, quien habiendo relevado de aquel




— 3 5 1 —
cargo al marqués de Rodil, ministro de la Guerra,
por haberle conferido, en decreto de 16 de setiem-
bre , una misión especial en los ejércitos del centro
y del norte, relativa á su reorganización y al plan
de campaña que en lo sucesivo debia adoptarse»
nombró con fecha 17 del propio mes, para el re fe -
rido cargo de general en gefe del ejército de opera-
ciones del norte, y para los de virey de Navarra y
capitán general de las provincias Vascongadas, al
espresado teniente general de los ejércitos naciona-
les D . BALOOMERO ESPARTERO tributando en esto
un homenage á la justicia y al bien probado mere-
cimiento.






DESDE QTE ESPARTERO TOMÓ E L MANDO, COMO G E -
NERAL E>I GEl 'E DEL EJÉRCITO DEL NORTE , HASTA
C»IE LAS CORTES LE NOMBRAROS REJENTE DEL REINO,


E L 8 DE MAYO DE 1841.


CAPITULO P R I M E t t O .


Joma el mando de las tropas: estado en que estas
se hallaban: medidas y operaciones previas para
la campaña: acción ganada á los rebeldes en Cas-
ircjana: tercero y último sitio de Bilbao, y ata-
que glorioso de su afamado puente de Lucharía.


RILLANTE y anchurosa
% carrera ábrese ahora á


H 'iS ESPARTERO , lan am-


bicioso de gloria, tan
amanlede un esplendo-
roso porvenir. Cuan-
do las naciones guer-
rean, apenas hay per-
sona de mas interés ni
de mas prestigio que
la que está al frente


do ios ejércitos; puesto que de ella pende en cierto
modo, la suerte del Estado, viniendo por decirlo así,




— 3 5 1 —
á simbolizar sus destinos, sus poderes todos, y hasta
su misma nacionalidad. Por otra parte, la aurora
de la libertad esparcia ya sus hermosos arreboles en
nuestro bello horizonte, y esta luz radiante y ma-
jestuosa no podia menos de dar un nuevo realce
haciendo mas ostensibles las futuras glorias. Bajo
auspicios tan lisonjeros y magníficos entró E S P A R -
TERO á mandar en gefe el ejército ivA norte, si bien
el estado de su salud, restablecida apenas , y otras
causas , apuntadas ya y que esplanaremos des-
pués , no permitían que su inauguración le fuese
tan de todo punto agradable como parecia y aun
debía serlo,


Al hacerse cargo del mando , el 25 de setiem-
bre en Logroño, dio á las tropas la siguiente Orden
general:


«Compañeros: sin estar completamente rcstable-
«cido de mi enfermedad, tomo el mando del e jerc i -
ólo. El encargo es superior á mis fuerzas: las c i r -
cunstancias son críticas y espinosas; vosotros espe-
«rimentais la quemas me aflige, la falta di recursos
«para cubrir las atenciones. Sin embargo, he debido
iihacer tan costoso sacrificio porque S. M. la reina
«Gobernadora , la madre del pueblo, la protectora
«de las tropas, ha manifestado este deseo y voluntad.
«Empero al decidirme he contado sobre todo con
«vuestro amor, constancia, sufrimiento y heroísmo;
«porquesin vuestro afecto y sin las virtudes que tan-




- 3 5 5 —
«to os distinguen, nada me seria posible emprender
«ni ejecutar.»


«Soldados y compañeros de fatigas t Una nuera
«era de gloria se nos presenta, mi decisión será igual
«á la que siempre habéis tenido. La constante perse-
«cucion y completo estcrminio de los facciosos, lía-
ornará mi principal cuidado. Gonvencido de que la
«contemplación para separarlos de su carrera crimi-
«nal, ha engrosado las filas del príncipe rebelde, fo-
«menlado su orgullo y producido los horrores de
«que hemos sido víctimas, no seré yo el que dé
«nuevo pábulo por tal medio. Satisfaré vuestra an-
«siedad y la de la nación que gime la pérdida de sus
«hijos predilectos, asesinados por esa turba de am-
«biciosos, fanáticos, egoístas, enemigos de la líber-
ciad y del progreso de la patria que destrozan.»


«Pero soldados de los ejércitos dol norte y de
«reserva: ¿creeréis que basta para conseguir el triun-
«fo vuestra constancia, el sufrimiento y el valor que
«tenéis acreditado? ¿Os persuadiréis que es suficien-
«te la honradez, la buena fé y el entusiasmo con
«que ha de seguir conduciéndoos al combate el g e -
«neral que tiene la gloria de mandaros ? Ni basta,
«ni es suficiente mientras que el orden y la1 mas r í -
«gida disciplina no acompañen á los demás títulos que
«constituyen el honroso nombre y reputación que
«habéis adquirido. Sin disciplina, el valor y la fuer-
«za carecen de acción, y no podremos jamás contar




—3,56—
«con la victoria. Con disciplina la obtendremos
«siempre, y veréis arrollados, destruidos pronto,
«á los enemigos de nuestras leyes fundamentales
«en que estriban la felicidad y ventura de los espa-
bilóles.»


«Soldados: no dudo que vuestro respeto y ciega
«obediencia á los superiores, llenará todos mis de-
aseos. Espero que ninguno me pondrá en el sensible
«caso de tener que emplear el rigor para corregir
«una falta tan trascendental. El que la cometiera se-
«ria objeto de reprobación de la patria; y como mal
«soldado se veria destituido de mi estimación, y con-
«denado infaliblemente á la pena que determinan las
«ordenanzas militares. Para evitarlo , cuento con ol
«celo y patriotismo de los generales, gefes, oficiales
«y demás clases del ejército; cu el concepto de que
«responderán con su persona y empleo, si por debi-
lidad ó poca firmeza en el mando permitiesen el me-
«nor acto que pueda relajar la disciplina. Compañe-
«ros, seguid llenando vuestro deber siendo modelos
«de subordinación, y sufrid resignados las privado-
+nes, seguros de que no tendré un momento raio,
«todos serán vuestros para facilitaros recursos, para
«administraros justicia y para proporcionaros nuc-
«vos laureles, participando como siempre de vues-
«tros trabajos y peligros, hasta que csterminados los
«enemigos del reposo público, cuente la satisfacción
(de ver afianzados los derechos de que es digno el




— 3 3 7 —
«pueblo español.—Vuestro general BAI.DOMERO E S -
«PARTERO.»


Tan liberal como prudente alocución fué recibi-
da con ardiente entusiasmo por todas las tropas , las
cuales veían ya á su frente , llenas de gozo, al hom-
bre que mejor simbolizaba las glorias de nuestro
ejército y los principios políticos recientemente pro-
clamados. Y es muy digno de notarse aquí ese em-
peño decidido por conservar ó mas bien restaurar la
disciplina y la suburdinacion, tan necesarias en los
ejércitos, que muestra ESPABTERO en esta proclama.
Los que critican su inacción durante los dos prime-
ros meses de su mando en gefe, debieran tener á la
vista esta circunstancia, y depondrían al punto la
censura , si considerasen el estado anormal en que se
encuentra un ejército que acaba de pasar por la p e -
ligrosa y terrible prueba de los pronunciamientos,
que tanto relaja los vínculos, no solo de la discipli-
na , sino hasta de la organización militar ; un e jérc i -
to ademas tan descuadernado , tan diseminado como
estaba el del norte, y sobre todo , tan falto de r e -
cursos como se hallaba entonces, según su gefe hace
ver en la anterior proclama , y según aparece tam-
bién de las comunicaciones oficiales que con tal moti-
vo dirigió al gobierno. Si á todo esto se añade el mal
estado de salud del general ESPARTERO , malestar que
todavía le aquejaba imperiosamente al tiempo de em-
prender las operaciones sobre Bilbao, como diremos


TOM. i. 2 4




— 3 5 8 —
á SH vez, ¿quién habráque cslrañe que solo tardase
dos meses en templar todo á su tono para obrar des-
pués con la actividad, con la energía y con el éxito
venturoso con que lo ejecutó?—Solo un espíritu de
partido y de jurada y ciega hostilidad, puede deducir
cargos y formular acusaciones, en donde, por el
contrario , la imparcial historia encuentra motivos,
no ya de aprobación solamente, sino basta de admi-
ración y de eterna loa.


Uno de los asuntos que ocuparon con mayor em-
peño el ánimo de ESPARTERO desde sus primeros dias
de mando, fué el de procurar el rescate de los pri-
sioneros que, muy maltratados, gemían en poder de
los enemigos. Lisonjeábase nuestro general con la
idea de verlos á todos pronto en libertad , median-
te un cango , por cuanto existia en su poder ma-
yor número de prisioneros carlistas. Pero el cau-
dillo de los rebeldes, mal avezado en los casos de
cange , habiéndose negado hasta entonces á la admi-
sión de todos los de su bando que caian en manos de
nuestros valientes, queriendo dar siempre la ley, por
medio de la designación de los que había él de reci-
bir, entregando igualmente aquellos que le sugería
su capricho , sin guardar el orden de antigüedad de
prisioneros, ni querer prestarse á cangear milicianos
nacionales y chapelgorris por sus voluntarios de Car-
los V, había hecho ilusorio, hasta cierto punto, el
tratado Eliot, c! cual se hallaba como cu suspen-




— 3 5 9 —
sion, porque la firmeza de carácter del generalEs-
i»ARTERO no quiso doblegarse jamás á unas condicio-
nes que degradando la dignidad de la nación y del
gobierno legitimo, herian y mancillaban el noble or-
gullo del ejército constitucional.


En disposición ESPARTERO de dar la ley , no de


recibirla de los rebeldes, bailándose el 16 de octu-
bre con su cuartel general en Miranda de Ebro, i n -
vertido en lomar las graves é importantes medidas de
que hemos hecho mérito anteriormente, y conside-
rando como una de ellas esta del cange, espidió una
orden circular con aquella fecha , advirtiendo que
habia cortado por su parte las comunicaciones sobre
rescate de prisioneros., y que no volvería á enta-
blarlas mientras no fuese á ello invitado por los car-
listas, quienes en tal caso deberían condescender con
su propuesta de que fuese general el espresado can-
ge , sin ningtin género de cscepcion ni de limitacio-
nes ; todo con arreglo al espíritu y letra del trata-
do, y conforme á los principios de equidad y de r i -
gorosa justicia. «Pero al mismo tiempo (decía) los
"prisioneros rebeldes serán internados y pasarán á
«un destino sufriendo el mismo trato que esperi—
«mentan los nuestros.»—Tan enérgica resolución,
la cual produjo los ventajosos resultados que ESPAR-
TERO se promelia, marcaba ya bien á las claras el
tono de grande é incuestionable superioridad y de
imponente predominio que siempre ejerció este gefe




— 3 6 0 —
sobre las huestes de D. Carlos; calidades que eran
como un signo présago de 'los importantes sucesos
nue ocultaba en su seno el porvenir , y que habían
de decidir de la suerte de los rebeldes bajo el glo-
rioso mando de aquel general, tan afortunado y vale-
roso en la guerra, como en política irresoluto é in-
fortunado.


Con el fin de poner al alcance del gobierno todos
los medios posibles de ilustración que para su mas
pronto y acertado desempeño reclamaban los vastos
y complicados negocios de la guerra, con fecha 24de
octubre de este año se creó una «junta» compuesta de
generales y brigadieres de luces y esperiencia acre-
ditadas, y con el nombre de «auxiliar del gobierno
para la dirección de la guerra» , cuyo principal obje-
to era el de desempeñar todos los trabajos relativos
á las operaciones militares que se le encargaban por
el ministerio del ramo , con arreglo a los datos é
instrucciones que el mismo le comunicaba. Tenia
ademas á su cargo esta junta la revisión y proyecto
de reforma de las ordenanzas militares en los mismos
términos que poco antes sehabia encargado á la junta
de inspectores. Los individuos que componian la
nuevamente creada , eran el teniente general conde
de Sarsfield, como presidente; y como vocales e|
gefe del cuerpo de estado mayor, vocal nato, los
mariscales de campo D. Juan Moscoso, D. Francisco
Ranionety D . Gaspar Dirucl, el consejero cesante del




— 3 6 1 —
estinguido de España é Indias, D. Joaquín Liañó ; y
los brigadieres D. Carlos Emilio y Dv José Corlinez.


Los facciosos no apartaban la vista de la impor-
tante y por ellos tan codiciada plaza de Bilbao. Ya
digimos al tratar del sitio que en el año anterior s u -
frió esta invicta villa, los grandes motivos que tenian
los carlistas para, sin levantar mano, emprender cada
dia , si posible les fuese , el asedio de dicba plaza: y
como pasando el tiempo sus necesidades iban en au-
mento , y no era posible ya sostener con engaños el
buen espíritu y generosa voluntad de los amigos
prestamistas que hasta entonces habia contado en E u -
ropa la causa de D. Carlos ; como por otra parte los
pueblos sublevados se hallaban ya en la absoluta im-
posibilidad de subvenir por sí, y con solos sus esfuer-
zos , á las grandes exijencias de las tropas rebeldes,
representaron estos mismos pueblos á su rey en los
primeros dias de octubre de este año de 1836, espo-
niendo lo urgente y aun necesario qué era el poner
sitio á la bella y opulenta capital de Vizcaya , piu-
lando las grandes ventajas que se seguirían ásu cau-
sa de la posesión de tan anhelado punto , y deman-
dando en fin piadosamente que sin demora alguna se
asestase todo género de proyectiles contra Bilbao y
cayesen sobre esta cuantas tropas carlistas hubiera en
aquellas provincias, con el objeto de apoderarse de
ella ó dejarla confundida y sepultada bajo sus pro-
pias ruinas.




— 3 6 2 —
Este inicuo proyecto de desolación halló, como


era natural, favorable acogida en la corte de Oñatc;
pues habiendo celebrado D. Carlos una junta-para
tratar de él y tomar en su consecuencia una resolu-
ción , sus ministros consejeros el obispo de León y
Calomardey el general D. Nazario Eguía , con a l -
gunos otros personages de cuenta, le aprobaron de-
cididamente; y aunque el sesudoD. Bruno Yillareal
espuso los grandes inconvenientes que veia en la em-
presa y la suma dificultad en llevarla á cabo, conclu-
yendo con desaprobarla de un modo esplícito, hubo
de prevalecer sinembargo el atroz dictamen de aque-
llos, llevándose-a efectode unamanera tan eficaz, que
el 22 del espresado octubre ya se hallaban fuerzas
imponentes sitiando otra vez á Bilbao con un formi-
dable tren de artillería. Quines batallones, tres com-
pafiías- de desertores argelinos , diez y nueve piezas
entre cañones , morteros y obuses, siendo la mayor
parte de los primeros de grueso calibre , setecientos
cincuenta carros de municiones y pertrechos de guer-
ra , de los cuales los seiscientos eran solo de pro-
yectiles huecos y balas rasas, fueron los objetos de
terror que se aproximaron á Bilbao en estos dias: y
cierto que tan grande aparato hubiera sido mas que
suficiente para arredrar á otros espíritus menos fuer-
tes y menos esforzados que los que encierran los he-
roicos pechos bilbainos. Era tanto lo que fiaban los
rebeldes , y tan esperanzados estaban en el buen éxi-




— 3 6 3 -
lo de su empresa , que antes de acometerla ni aun
se dignaron dispensar á Bilbao los honores de una
simple intimación. No tardó mucho el tiempo euha-
cerles conocer lo infundado y temerario de una pre -
sunción tan vana.


Si la mira principal de los carlislas se cifraba en
la toma de Bilbao, la de ESPARTERO no se apartaba
jamás de esta horóica villa cuya salvación siempre le
habia estado encomendada. Hallábase el 23 de octu-
bre en Villarcayo desde donde , sabedor del peli-
gro que corría aquella plaza, ordenó al brigadier
Araoz que se encaminase á Sautander á fin de que
por mar se dirigiese desde este punto á Bilbao , con
el provincial de Toro, una compañía de zapadores y
veinte artilleros, cuyas tropas todas llegaron á P o r -
tugalete el 2 6 , al propio tiempo que lo verificaron
nuestras fuerzas navales, quedando de este modo
asegurado aquel interesante punto, llave déla r i a . —
En esta sazón la artillería enemiga fulminaba ya infi-
nitosproyectiles contraía plaza, habiendo logradodes-
mantelar y desmontar á las seis horas de fuego, dos
de sus principales baterías, quedando los artilleros
fuera de combate, la brecha abierta y todo en dis-
posición de dar el asalto. Diéronle , con efecto , los
rebeldes á las once de la noche llegando hasta el pa-
rapeto; pero acometidos por los sitiados con singu-
lar intrepidez y arrojo, ciaron apresuradamente muy
luego de comenzar su embestida , no sin dejar cu-




— 3 6 4 —


bierto el foso de muchos heridos y algunos cadáve-
res. Otras dos baterías fueron también desmantela-
das al dia siguiente, pero habiendo sido imposible á
los facciosos realizar el segundo asalto proyectado,
dedicáronse ya los bilbaínos á reconstruir sus obras,
de forma que al tercer dia se hallaban apagados los
fuegos del enemigo; y convencido este de las graves
dificultades que ofrecía aquella empresa, se decidió
á abandonarla ó diferirla al menos para otra ocasión
mas propicia. Influyó también notablemente en esta
resolución de los facciosos la noticia de la aproxima-
ción de ESPARTERO que desde Yillarcayo se habia
trasladado á Villalazara y de aquí áBerron, amagan-
do á la vez que á los sitiadores á la facción espedi-
cionaria que intentaba penetrar en las Castillas.


Algunos dias transcurrieron sin que los enemigos
que habían levantado del todo el sitio y retirado su
artillería, diesen muestras de querer repetir sus ata-
ques contra aquella capital; pero en la noche del 8
de noviembre bajaron ocho batallones rebeldes con
dos piezas de artillería y Eguía al frente de esta fuer-
za, desde Murguia á Santo Domingo; y al amanecer
del 9 se observó á esta gente sobre las alturas de
Archanda y Banderas, á cuyas inmediaciones situa-
ron las dos piezas en una batería que previamente
habían construido. Unos cuantos disparos dirigidos
contra el último de aquellos fuertes le hicieron enar-
bolar bandera blanca, ocupándole en seguida sus




— 3 6 5 —


tropas, y quedando prisioneros los sententa hombres
que le guarnecian. Los que ocupaban el fuerte de
Capuchinos , teniendo á la vista las instrucciones de
su gefe , abandonaron su puesto, luego que vieron
perdido el anterior y cayeron casi todos en poder de
los sitiadores. Dirigieron estos el dia 10 sus ataques
contra el convento de San Mames, cuyos defensores
resistieron con bravura por espacio de seis horas,
hasta que viéndose estrechados en todas direcciones,
tuvieron al fin que retirarse á la iglesia, donde capi-
tularon para ser tratados después por los contrarios
con una inhumanidad bárbara é indigna de ser em-
pleada en hombres que habían acreditado tanta cons-
tancia como firmeza y valor.


También los fuertes del Desierto y de Burceña se
rindieron el 12; puutos que hallándose aislados y
siendo harto débiles , no podían menos de sufrir ya
esta suerte.


Entre tanto el general ESPARTERO sabedor de que
el rebelde Sanz , perseguido por nuestras tropas, al
mando del capitán general de Castilla la Vieja , pre -
tendía internarse en las provincias vascongadas, man-
dó á las divisiones primera y segunda y á la de van-
guardia de la izquierda, que estaban acantonadas en
el valle de Mena, que se pusieran en movimiento
como lo verificaron en efecto dirigiéndose esta ú l t i -
ma á la vega de Pas, la primera hacia Alcedo de las
Pueblas y la segunda con el general en gefe al refe-




— 3 6 6 -
rido punto de Villarcayo el 8 de noviembre. Al si-
guiente dia 9 prosiguieron su marcha estas divisiones
sin saber la verdadera dirección del enemigo , hasta
que al fin se supo que era la de S. Pedro de Rome-
ral. Combináronse entonces presurosamente las ope-
raciones, y colocado un batallón del regimiento del
Rey en las estacas de Trueba en espera del movi-
miento que por allídebia ejecutar el enemigo, vióse
este envuelto en la celada al pasar por aquel pun-
to el día 10 en que fué vigorosamente atacado s u -
friendo horrible mortandad.—Segunda vez fué al-
canzada , batida y derrotada en la Peña de Ángulo
esta facción espedicionaria el dia 11 por el coronel
del 3 ." de ligeros D. Agustín Oviedo, viéndose en
terrible aprieto , sobre todo los que componían su
retaguardia. Consecuencia plausible de tan dura per-
secución filé el causar á estos rebeldes la muy con-
siderable pérdida de unos 700 hombres fuera de
combate-entremuertos, heridos, prisioneros y pa-
sados ; 30 ó 40 caballos , muchas armas , acémilas,
equipages , cajas de guerra , con otros muchos tro-
feos militares. Por manera que de unos 1,500 in-
fantes y 60 caballos que pasaron por S. Andrés de
Lucna el dia 9 , apenas entrarían en Vizcaya , 800 de
los primeros y 20 ó pocos mas de los segundos.
Estos y otros incidentes distraían la atención de E s -
i'ARTiiito, echándosele por ello de menos ante los
muros de ^inmortal Bilbao.




- 3 6 7 —
El i i fué cuando pronunciaron j a decididamente


los facciosos el ataque contra esta plaza comenzando
sus trabajos por la parte de la Estufa j el convento
de S. Agustín. El regimiento'dé Trujillo que esta-
ba acuartelado en este último edificio , hizo un fue-
go nutridísimo toda la noche hacia donde se hallaba
el enemigo : é interrumpidos los trabajos-al otro dia
para continuarlos por la noche , el'16 aparecieron'
formadas, como por encanto, tres baterías, las cua-
les fueron artilladas el 17 y aumentadas con dos mas
en los sitios llamados Celeminchu y Esnarrizaga. Se-
guidamente establecióse otra contigua á la iglesia de
Abando, y todas ellas estaban guarnecidas de gruesa
artillería que apuntaba al edificio de S. Agusliu,
que luego que rompieron aquellas el fuego contraía
plaza, fué el que mas sufrió dé todos los edificios;
pues fueron tan horrosos los efectos de aquel ata-
que , y tan empeñado este y tan porfiadamente sos-
tenido por los sitiadores, que no bien habían pasado
cinco horas desde que principió /cuando ya aquel
convento no era mas que un montón de escombros.
Posible era ya dar por cualquiera parte el asalto;
pero á pesar de haber sido este'intentado dos veces
por los enemigos, en ambas fueron rechazados Con
el mayor denuedo por los provinciales de Trujillo,
dos compañías de Toro y una de Compostela. Pro-
siguieron atacando aun-con mas ó menos vigor , en
los días 18 y 19'; y suspendida la operación en los




— 3 0 8 —
dos siguientes apareció el 22 otra nueva batería
construida y artillada junto al cementerio de Alvia,
dirigida también contra S. Aguslin; batería que no
tardó mucho en ser destruida por los fuegos de la
plaza y desmontadas sus piezas, lo cual no fué posible
ejecutar con las primeras, que bien al contrario mul-
tiplicaron sus estragos contra el convento, dando así
á los sitiadores facilidad para volver á iutentar el
asalto. Acometieron en efecto con la mayor confian-
za ; pero la serenidad y bizarría délos defensores
tambicnhumillaron esta vez el orgullo de los carlis-
tas , quienes en las tres cargas que diero n con de-
cisión y grande estrépito, lograron solo el retirarse
horriblemente escarmentados.


Poco que de notar sea ocurrió en los siguientes
dias, si se esceptúan algunos trabajos practicados
junto al cuartel de la Estufa y dos nuevas baterías
levantadas la una por la parle de sus últimas obras
y la otra hacia la de Alvia; todas las cuales rompie-
ron el fuego en la mañana del 25 sosteniéndole con
el mismo empeño en los dias 2G y 27.—Pero no ha-
blaremos de este último sin que lo haga aquí por
nosotros un escritor ya citado, el Sr. D. Solero Goi—
coechea (1) , quien al hablar en su Historia de los


( i) Ofu'ial de la Milicia Nacional de B i l b a o , que no del e j é r -
cilo como e q u i v o c a d a m e n t e digimos al c i t a r su pr imera Memo-
ria. N u e s t r a c q u h o c a c i o n nació de que el úl t imo párrafo que
de esla inser tamos , ó sea su adición, la r e c u d o el S r . Goicoe-
chea de un cahallcru oficial de la división de I . a t re .




— 3 6 9 —
dos últimos sitios de Bilbao, de este inolvidable dia
27 de noviembre , se espresa del modo siguiente:


«Si todos los sitios cuentan un momento, una
hora, un dia memorable y terrible digno de trasmi-
tirse ala posteridad, cierto que Bilbao puede decir
que tuvo un 27 de noviembre para que jamás se apar-
te de su memoria. Dia execrable , dia de luto, de
horror , mas bien que de gloria para las armas de la
libertad, porque en él hemos visto confirmada la su-
blime verdad de que es libre el pueblo que quiere
serlo.»


«Por las observaciones que con los mejores t e -
lescopios se hicieron el dia anterior desde el fuerte
de Miravilla, senotó que algunas brigadas del ejército
bajaban por lapartedeCestaoen dirección del Desier-
to. Al amanecer del de hoy se vio que el enemigo man-
tenía las mismas posiciones, y á muy pocos instantes,
que nuestro ejército desfilaba por la parle de B a n c a l -
do á caer sobre Castrejana , tanto que á las nueve y
media se sentía y aun veia el fuego de sus guerrillas.
Anunciado este dia como el de nuestra rendición, dis-
tantes estábamos de creer que el estampido enemigo
volviera á resonar en nuestros oidos ; pero cabal-
mente á esa misma hora rompieron el fuego de sus
cinco baterías dirigidas esclusivamente contra el con-
vento de S. Agustín, que fué desde el principio del
sitio el blanco de sus ataques. Muchos creyeron que
trataban de dar fin á sus municiones para en seguida




- 3 7 0 —
retirar la artillería; porque se notó que la mayor
parte de los disparos eran de metralla y granadas al
cdiíicio. Poco rato después el enemigo cesó en sus
fuegos. Los del ejército iban al parecer aproximán-
dose por grados, lo que hacia presumir que ya ha-
bia vencido el principal obstáculo , es decir, el for-
midable paso del puente de Caslrejana. Llenos de tan
halagüeña idea no fueron pocos los que daban por
llegado el término de nuestros padecimientos. ¡Va-
na ilusión ! Se disipó como el humo para hacer ar -
repentimos bien luego de nuestra prematura alegría.
Este incidente según todas las apariencias mas bien
-¿parecía un lazo tendido por el enemigo. Víctimas de
una credulidad harto indiscreta , no estaba distanto
el aciago momento en que íbamos á palpar todo el
horrorde nuestra situación.»


«A la una, poco mas ó menos, hora en que los
mas estaban despachando su frugal comida , fué s i -
gilosamente sorprendido el convento de S. Agustin,
penetrando el enemigo por los lugares comunes que
están al piso principal, de donde enfilaban la en-
trada de la portería y claustros bajos , facilitándose-
les por este medio la introducción á la sacristía, de
esta á la iglesia., y finalmente por el coro á la casa
contigua conocida por la de Menchaca. Muy luego
«se hicieron dueños de toda la parte alta del edificio
que les proporcionaba la ocasión de molestar á pla-
cer toda la plazuela de enfrente, y de consiguiente




— 3 7 1 —
la segunda línea que apoyando su izquierda eula ca-
sa palacio de Quintana , quedaba desde este instante
constituida en primera. El mismo regimiento provin-
cial de Trujillo guarnecia este desmoronado edificio;
y de sus soldados mas de media compañía fué cogida
prisionera, á muchos de los cuales vimos conducirlos
cu mangas de camisa por las huertas de airas del con-
vento. ¡Impía suerte! Este es aquel Trujillo,para el
que ha dispuesto el hado adverso tan infausto revés;
pero revés que de ningún modo puede marchitar los
laureles anteriormente adquiridos. Notorio es el va-
lor con que supieron defender esla perseguida línea,
testigo la preciosa sangre que los valientes derrama-
ron por sostener con honor esc fatal edificio, que Ira
costado al regimiento hasta el dia la enorme baja de
l i j í hombres!!! Pero faltóles en aquel aciago instan-
te la presencia de su bizarro coronel D.Juan Duran...
Este digno militar, para eterno sentimiento suyo, no
menos que el del vecindario, se halló accidental-
mente en el interior del pueblo sin poder animar con
su marcial presenciad valor de sus soldados. Llegó
por consiguiente tarde para poder salvárosla inte-
resante línea. La confusión desde el principio habia
ocupado ya el lugar del orden y la serenidad. Losque
aun pudieron rehacerse se defendieron no obstante con
tesón, pero el enemigo habia penetrado demasiado,


y fueron vanos sus esfuerzos Cediéronle por (iu
un punto que tantos sacrificios les habia costado.»




— 3 7 2 -
«Ducños ya los enemigos del objeto que tanto


anhelaban, bastábales sin duda unos minutos mas de
audacia y entusiasmo, si de entusiasmo , al menos
noble, son capaces jamás los facciosos, para haber-
nos dado mayor cuidado acometiendo con su primer
ímpetu la barricada que defendia el paso á la Cende-
ja ; pero los cobardes no ignoraban que este era el
tránsito de la muerte ( 1 ) y por consiguiente el de su
esterminio. Allí en efecto los esperaban tropa y n a -
cionales resueltos á disputarles el terreno palmo á
palmo , haciéndoles morder la tierra á metralla y
bayoneta antes que permitir su libre acceso al Are-
nal.»


«Con la velocidad del rayo se comunicó este in-
fausto suceso por la población. La noticia de que los
enemigos eran dueños del convento, difundió el e s -
panto en la parte inerme de los habitantes. La con-
fusión y gritos de alarma se multiplicaban todos los
instantes; pero los valientes armados se abalanzaron
hacia el lugar del peligro, marchando con paso firme
y con una decisión y entusiasmo precursores del triun-


(1) P a r a la mejor inte l igencia de esta f iase convendrá a d v e r -
t i r que los denodados defensores de Bilbao habían i m p r o v i s a d o
el l í ) , dia de la reina I s a b e l , u n í inscr ipción q u e fijaron en
la p u e r t a y b a r r i c a d a l lamada de S. Agust ín , y que c o n t e n i a e s -
t a s l ú g u b r e s p a l a b r a s : TRANSITO A L A M U E R T E , apareciendo
en seguida en la bater ía denominada a n t e s de las Cujas u n a l á -
pida s e p u l c r a l de fondo n e g r o , en cuyo c e n t r o se veia u n a c a -
l a v e r a sobre dos huesos c ruzados y en g r a n d e s c a r a c t e r e s b l a n -
c o s es ta terr ible l e y e n d a : B A T E R Í A S E L A M U E R T E .




fo.EI numeroso pueblo, las esposas, bijasy ancianos
los bendicen al pasar retirándose al interior de sus
habitaciones á rogar al Dios de eterna justicia no
abandonara en aquella tribulación á su escogido pue­
blo , concediendo la victoria á los defensores de la
inocencia. La Providencia Divina oyó sus fervoro­
sas preces ahuyentando el peligro que tan cercano
estuvo.»


Conocido todo lo que tenia de grande y lamen­
table la pérdida que se acababa deesperimentar, tra­
taron al punto los intrépidos nacionales bilbaínos de
repararla. Al efecto reuniéronse las compañías 1 . a ,
5 . a y 6 . a y guiadas por el bizarro brigadier D. M i ­
guel Araoz, que era segundo cabo de la provincia,
lograron al pronto algunas ventajas conteniendo á los
facciosos que desde los claustros altos del convento
hacian un fuego horroroso á los nuestros; hasta que
muertos y heridos muchísimos de estos infelices, en­
tre los cuales se numeraban padres de familias , e s ­
posos y otras personas que con su muerte ocasiona­
ban la de otras muchas, fué ya preciso desistir del
proyecto y retirarse.


Prosiguiendo la historia de este infausto dia (el 27^
diremos que poco después de la desgracia de San
Agustín, y cuando serian las dos y media de la tarde,
otro nuevo infortunio vino á acrecentar los horrores
y peligros de la situación. El comandante general
D. Santos San Miguel fué herido de bala, cuando un


том. i. 25




— 3 7 4 -
moiíiento antes lo habia sido también de un china-


zo,su segundo el • Sr. Araoz. En aquel trance f u -


nesto, en el terrible tránsito de S. Agustín alas C u -


j a s , al cual el escritor antes citado llama con mucha


propiedad el Inferno, solo un accidente de tal natu-


raleza, ttii suceso tan aciago y lastimoso, faltaba para


qtic'la confusión y el horror de aquellos momentos


so convirtiesen en un caos espantoso y tremendo.


¡Los dos comandantes generales heridos! ¡A ambos
los conducen al hospital civil! Son las voces que h a -


ce resonar el aire en aquella atmósfera de pólvora y


de sangre. Voces de agonía cruel y de mortal d e s -


pecho, que anidas á la inmensa mortandad de que eran


testigos los vivientes que allí habia, y á la multitud


de heridos que entre los muertos aparecían y se q u e -


jaban en aquel suelo alfombrado do desdichas , sin


haber siquiera bastantes brazos para conducirlos á


los hospitales, nada tenia de estraño que hiciesen


desesperanzar álos pusilánimes, y que la generalidad


considerase á la plaza en el mas inminente peligro.


Bien penetrado el Sr. San Miguel de lo azaroso y tris-


te de aquella situación, al separarse de los naciona-


les ,- conducido en unas parihuelas á la mansión del


dolor, con la mas dulce y tierna emoción, si bien


con acento agado y penetrante, los arengó dirigién-


doles, entre o t ras , las siguientes palabras: «Sr. c o -


imandante, nacionales: confio en vosotros ; y estoy


vseguro que no p3nni!ireis que el eucaiigo viole es-




— 3 7 5 —
«te sagrado baluarte déla libertad.» En tan agravan-
tes circunstancias, se aumentó considerablemente el
entusiasmo con el mágico poder de estas significan-
tes palabras.


Eran las tres de la tarde, cuando la principal y
mas urgente necesidad que aquejaba á los valientes
defensores de. la villa invicta , era el nombrar un s u -
cesor del Sr. San Miguel que tomase á su cargóla de-
fensa de la plaza. El tiempo vuela,, aquellos momen-
tos eran críticos y afligidos en estremo. Preciso era
por lo tanto poner remedio í una tan acerba y an-
gustiosa situación; pero todo es grande y admirable
en esta defensa maravillosa, verdadero dechado de
defensas. La instantaneidad de las operaciones no es
aquí menos sorprendente que el éxito y el acierto en
ellas. Al momento se reunió en sesión la junta de
armamento y defensa , ó mas bien la comisión p e r -
manente de esta , con soioaquel objeto; y de acuerdo
con el comandante general, fué designado para sus-
tituir á este el brigadier D. Miguel de Arechavala,
que se hallaba mandando en el punto de Larrinaga,
en el cual le reemplazó el de igual clase D. José R a -
món de Ozores. Nombrar á Arehavala, salir en su
busca dos individuos de la junta y venir con él á 'la
plaza de S. Agustín , todo fué obra de instantes; de
modo que á las tres y media ya se bailaba este bizar-
ro gefe al frente de los denodados nacionales, consti-
tuido en aquel lúgubre y ensangrentado recinto, ver-




— 3 7 6 —
(ladero teatro de heroísmo y de inesplicables hor-
rores.


Hecho cargo del mando, pensó Arechavala en
tomar disposiciones fuertes, enérgicas , terribles;
siendo la primera de ellas incendiar los tres edificios
que ocupaba él enemigo. Para este efecto hizo gran-
de acopio de jergones, paja suelta, alquitrán y otros
muchos combustibles; reunidos los cuales arengó á los
cazadores salvaguardias, cazadores de Compostela y
á los nacionales, diciéndolcs estas lacónicas y notables
palabras: Amigos: la salvación de este heroico pue-
blo consiste en quemar esos edificios. ¿ Quiénes son los
que se animan á tan atrevida empresa ?— «Todos,
lodos.»—Respondieron á una voz aquellos bravos,
enardecidos con el mas grande entusiasmo y el mas
acendrado patriotismo.—Marchemos pues en buscada


la muerte, pero sálvese Bilbao añadió el nuevo
gefe y repitieron los héroes que él conducia: y todos,
á la voz de / vamos!... salvemos á Bilbao!... sin que
fuese bastante poderoso á contener su ardimiento y
su inefable entusiasmo el horroroso fuego de cañón,
bombas y granadas que contra ellos asestaban las b a -
terías enemigas, ni el abundante granizo de fusilería
que á quema ropa dirigían los facciosos desde las ven-
tanas del convento; cargados del combustible nece-
sario y siu desatender por esto el uso de las armas,
aproximáronse aquellos esforzados campeones á este
edificio poniéndole fuego por diferentes puntos.—




— 3 7 7 —
Infinitos son los rasgos de heroismo que cuenta este
memorable sitio. Pero entre ellos descuella uno
ocurrido en esta sazón, que prueba hasta lo sumo
el valor y serenidad no menos que el patriotismo de
un distinguido oficial de aquellos bravos nacionales.
Era este el teniente D. Luciano Celaya, quien conun
jergón bajo del brazo y la tea encendida en la mano,
acercóse á la casa de Menchaea con el designio arro-
jadísimo de entregarla él solo á las llamas; pero no
bien hubo llegado al umbral de la puerta, cuando lié
aquí que le abren esta los mismos facciosos. Cclava
entonces apelando á esos recursos esíraordinarios que
enlates ocasiones da el valor, cuando este es patri-
monio de un alma grande y serena, lejos de intimi-
darse así que los vio prorumpió, afectando la mayor
confianza, en altas vocesá sus compañeros diciéndo-
les : Granaderos, á ellos que aquí están, viva Isa-
bel II! sin haber tales granaderos ni cosa igual en
aquel punto ; mas creída la estratajema por los ene-
migos, apoderóse de ellos tal atolondramiento , que
aturdidos y acobardados volvieron á cerrarlas puer-
tas sin disparar un tiro; prosiguiendo entonces mas
animoso el imperturbable Celaya su operación hasta
conseguir el prender fuego al edificio.


Cuando el sol dejó de alumbrar aquella larde, ya
Bilbao estaba iluminada con el fuego de estos edifi-
cios que se veían arder con grande satisfacción de
todos, menos los carlistas. Espectáculo imponente y




— 3 7 8 —
horrible de suyo, temible y aun vituperable solo en
otras circunstancias; no en estas en que debia apare-
cer grato y plausible, por los buenos efectos que ha-
bia de producir y realmente produjo, siendo el ánco-
ra de salvación de los valerosos bilbaínos, y una
prenda de ventura para la causa de la libertad y de
1* reina. —Al abrigo de este fuego, que dio bastante
que hacer á los rebeldes, consiguió Arechavala re-
parar y adelantar considerablemente los trabajos ne-
cesarios para las obras de defensa , reforzando la
cortadura de la primera linca , estableciendo otras
dos de caballos de frisa, engrosando las baterías
preparando con agua-ras, alquitrán y brea las casas
de la Cendeja para incendiarlas, caso de perderse
aquella línea, y mandando en fin cortar una de ellas,
Gomo medida de precaución, por si se hiciese nece-
saria la quema de las otras , encontrar allí alta y es-
carpada muralla contra los rebeldes. Confundidos
estos y aterrados con-el , para ellos, tan inesperado
acontecimiento del incendio, no osaron acometer ten-
tativa alguna ulterior en aquella noche que se pasó
ya en regular quietud, continuando, sin embargo, con
bastante vigor el fuego de fusilería por la parte del
convento en que les era permitido incomodar á los
nuestros. Así dio fin este dia célebre que hará para
siempre época en los fastos históricos déla invicta
Bilbao; dia en que la pérdida de los defensores de
estaínclita villa no baja de 140 de todas armas, fue-




ra de combate, ascendiendo el número de los muer-
tos á 51 no escaso tampoco el de los heridos. Uno de
estos fué el bizarro cuanto desgraciado gefe de plana
mayor D. Miguel Socies, que murió dias después,
de estas resultas; otro el ayudante de plana mayor
D. Fernando Cotoner , qua lo fué también de grave-
dad , aunque no tanta; asi como otros tres ayudantes
de órdenes del general.


Para dar una idea cabal de este dia y de este s i -
l io, y venir después á graduar el mérito incalcula-
ble déla defensa de Bilbao y de los servicios que co-
mo complemento de ella prestó á su vez y en su dia
el general ESPARTERO , no menos que de los presta-
dos por el digno comandante general Arechavaladu-
rante la época de su bien desempeñado mando, cree-
mos del caso trasladar aquí un documento interesan-
tísimo, propio de la historia, cual es la nota tan
lisonjera como espresiva que el indicado comandante
general interino mereció de la junta de armamento y
defensa de la capital de Vizcaya.—Hé aquí su tenor
literal: «Junta de armamento y defensa de Vizcaya.—
«Núm. 190.—Ni seria consecuente ni agradecida c s -
«ta junta á los servicios señalados que V. S . prestó
«desde que en las circunstancias mas apuradas, en
«las angustias mas amargas de esta plaza se encargó
«de la comandancia general de Vizcaya, hasta queso
«la entregó al digno propietario de ella , si no le
«manifestase su gratitud y singular placer que la cabe




— 3 8 0 —
«en que las esperanzas que fundó en la entereza , vi-
«gilancia y valor acreditado de V. S. hubiesen que-
dado plenamente cumplidas.»


«El dia 27 de noviembre de este año, de terrible
«y triste recordación para Bilbao, apoderado elene-
«migo del convento de S. Agustín, heridos los dos
«comandantes generales y corriendo en abundancia la
«preciosa sangre de multitud de ilustres víctimas,
«entre el estampido de la artillería, el estallido de las
«bombas y la ruina de los edificios, se vio esta he-
«róica población y sus denodados defensores en un
«estado demasiado crítico y peligroso.»


«En medio de tal conflicto, la comisión perma-
«nente de esta junta, de acuerdo con el Sr. coman-
» danto general San Miguel, puso los ojos en V. S .co-
«mo el mas á propósito para sustituirle por la firmeza
«de su carácter y las prendas militares que le ador-
«nah. Dos individuos del seno de la precitada comi-
«sion, despreciando los riesgos, sin reparar en for—
«malidades de que no puede prescindirseen circuns-
«tíncias comunes, volaron al puesto cuya defensa
«estaba encomendada al celo y conocimientos de V. S.
«y pusieron en su noticia que los deseos de la junta
«y la voluntad del comandante general, le destina-
«ban otro mas peligroso y difícil. Ellos, la junta de
«armamento, la guarnición, el pueblo entero deBi l -
«hao, saben que su confianza no quedó burlada. V. S.
<sin desalentarse por c! lamentable estado de las en-




—381 —
«sas, ni por lo arduo de la empresa, tomó el mando
«sin tituhear y ordenó que inmediatamente se incen-
«diasen la casa de Menchaca y el convento de San
«Agustín en que se habían alojado los rebeldes. Los
«naciouales, soldados y cazadores salvaguardias, obe-
decieron dóciles la voz de V. S. y siguiendo su
«egemplo con valor imponderable, lograron el objeto
«apetecido. Esta medida enérgica y osada contribuyó
«á contener la irrupción de los enemigos y ¿libertar
«á Bilbao de mil desastres. ¿Podría la junta dejar de
«dar á V. S. las gracias mas sinceras y cordiales en
«su nombre y en nombre delaplaza, por laparte que
«le cupo en tan atrevida empresa? Recíbalas pues
«V, S. como testimonio de nuestra profunda grali-
«tud, como una débil recompensa de los desvelos y
«fatigas que ha empleado para impedir las desgracias
«que á esta villa amenazaban en aquel aciago dia, así
«como también por el celo y acierto con que poste-
«riormente se ha conducido V. S. durante suinleri-
«no mando.—Dios guarde á Y . S. muchos años etc.»


Amaneció el dia 28 sin próxima esperanza de so-
corro, pero sin desaleníarpor eso el ánimo esforzado
de los bilbainos. El enemigo envalentonado á causa
de un movimiento retrógrado que habian tenido pre-
cisión de ejecutar nuestras tropas, antes de poder
franquear el Cadagua, y sabedor del estado penoso á
que se iban reduciendo los sitiados , en fuerza de, lo
que i han escaseando ya las municiones de boca y guer-




— 3 8 2 —
ra , procuraba intimidará aquel valiente pueblo ha-
ciéndole un fuego vivísimo; y como S. Aguslin no
existia, sus baterías jugaban contra las de Maltona,
el Diente y la Muerte, durando su terrible detona-
ción hasta caida la tarde; pero sin cesar, dia y noche
la de fuegos curvos, que causó en las casas los mas
horribles estragos.—Una pequeña suspensión hubo
sin embargo á las dos y media de esta tarde, motiva-
da por la circunstancia de haberse divisado en una
de las ventanas del costado saliente del edificio que-
mado de S. Agustin bandera blanca, que habían fija-
do los rebeldes pidiendo parlamento. Circunstancia
que no dejó de estrañarse bastante por los sitiados,
puesto que esta era la primera vez que el espúreo
vizcaíno D. Nazario se dignaba dar este paso aten-
to , preliminar de costumbre, y aun apremiadora
exigencia de urbanidad entre guerreros dotados de
algún sentimiento de generosidad y nobleza. Mas no
bien hubieron notado nuestros valientes aquel signo
que creyeron de ignominia para ellos, cuando la in-
dignación mas profunda dejó verseen los semblantes
de los bravos defensores de Bilbao , que á una voz
esclamaban: No queramos capitulación, nada de tran-
sacciones conelenemigo, morirá vencer!... Tanto era
el entusiasmo y tal el clamor universal de aquellos
héroes. Las baterías de Maltona suspendieron por un
instante los fuegos, juzgando que tal fuese la inten-
ción de la plaza, en vista déla efervescencia que st¡




— 3 8 3 —
notaba en la plazuela de S. 4gustin; pero el coman-
dante de aquella línea, marqués de TorreMegia, c o -
ronel de Cuenca, que no había recibido aun tal o r -
den, lleno de entusiasmo y de ardimiento ordenó que
lejos de cesar los fuegos continuasen con mas vehe-
mencia, si era posible; y anadia blandiendo el acero:
«acaso esta sea alguna nueva trama del enemigo: mas
que nunca fuego á ellos! compañeros y amigos
míos , hasta que lo contrario ordene la autoridad
superior.»


Pocos instantes después recibió esta con efecto
un pliego procedente del campo del asedio, en el
cual se leia la intimación concebida y estendida en
estos términos:—Sobre eslerior .— «R. S . - -A1 gefe
«de las tropas enemigas en Rilbao. Del teniente g e -
«neral conde de Casa-Eguía, comandante general
«del sitio.—Interior..—Una capitulación decorosa y
«á tiempo, podrá salvar ese pueblo y su guarnición
«de una catástrofe.—El incendio, el saqueo y los
«horrores que son consiguientes á una plaza tomada
«á viva fuerza, sin que yopueda contenerlos, son los
«males que preveo , si V. que lia cumplido con su
«deber hasta;ahora, escediéndose, dá V. lugar áque
«continúe tomando la plaza á viva fuerza , según
«lo he verificado con San Agustin.—Dios guarde
«á V. muchos años. Cuartel general de Olavenga; 28
«de noviembre de 1 8 3 6 . — E l conde deCasa-Eguía.»


Mucho, y muy equivocada méate,, alimentaba, la




— 3 8 1 —
esperanza, y muy grande también era la confianza de
este conde balandrón, á juzgar por lo que de sí ar -
roja ese papel, modelo de estupidez, verdadero tipo
de barbarie, digna muestra de la civilización carlis-
ta.--Risa y desprecio; lié aquí el único efecto que
produjo en los nobles y denodados bilbaínos tan rús-
tica como ridicula intimación, á pesar de los grandes
padecimientos que, de largo tiempo, csperimentaha
ya aquella culta y heroica villa. Pero no , no consi-
guieron esto solo los rebeldes con sus bravatas y
amenazas. También lograron escitar mas y mas la
cólera y despecho de los sitiados, quienes al mismo
tiempo dedaral corneta portador del oficio de Eguia
la orden de retirarse á su campo sin demora, dieron
también la de que continuase la plaza haciendo fue-
go, como así aconteció, rompiéndose este con el ma-
yor furor, luego que el emisario se hubo alejado la
distancia de ordenanza, en medio de las mas estre-
pitosas aclamaciones y entusiasmados vivas ¿t Isabel
y á la libertad. Que tales suelen ser las resultas de
estos pasos cuando se dan al aire, á destiempo, sin
la presunción de la victoria, y sin la autorización que
dan la fuerza , el valor, la razón y la justicia de la
causa que se defiende.


Todos creyeron que el frenético é iracundo Eguía,
á quien tan mal debió sentar la resolución de los
bilbaínos, arrastrado por sus instintos sanguinarios
y por su cólera implacable, juraría pronta y terrible




— 3 8 5 —
venganza > siendo tal vez aquella misma noche la
destinada á dar cumplimiento á sus amenazas y á sus
feroces designios, por medio de un repentino y vio-
lento asalto. No obstante, el mutilado viejo no creyó
prudente aventurar también este otro paso, y aquella
noche fué tranquila para los sitiados. En la mañana
siguiente, del 29, apareció una nueva balería enter-
rada y muy robusta, con dos piezas, la una de á 24
y la otra de á 12, que habian colocado los sitiadores
junto á Ja casa de Ruete, en el barrio de Mena, juris-
dícion de Abando, cuya batería, á una con las demás,
rompió el fuego á las diez de la mañana, dirigiéndole
esta nueva á la casa aspillerada , puerta y convento
de la Concepción, cuyas fortificaciones, compuestas
solo de simples tapias y sin artillería , halló el ene-
migo mas fáciles de vencer que el punto, paradlos
tan costoso, y harto costoso también para los nues-
tros, del abrasado convento de San Agustín. Impo-
sible era á la artillería de la plaza jugar sus fuegos
sobre la nueva batería de Mena por ninguno de los
costados ; y solamente los curvos de Mallona y M i -
ravillas fueron empleados con profusión á fin de mo-
lestarla. No desayudaban tampoco en esta importante
operación los fuegos que á ella dirigían un cañón pe-
queño situado en la torre de San Francisco y la f u -
silería que desde este convento, la Merced y las casas
de la Naja, contiguas al lugar atacado y ocupadas por
un piquete del 4.° ligero y cazadores salvaguar-




— 3 8 6 -
dias , asestaban á los de Mena. Sin embargo, el es-
trago que causaba la artillería de éstos era horren-
do, no siendo fácil ni aun posible impedirlo ; de
modo que á las pocas horas estaban ya las brechas
practicables.


Decidióse por tanto el enemigo á penetrar por la
principal de ellas, aprestándose á verificar un asalto
a las cuatro de la tarde, para lo cual habia ocultado
la noche anterior algunas fuerzas en el convento de
Santa Clara, que distará medio tiro de bala de la
Concepción, como también en las casas mas cercanas.
Cuatro compañías de estos fueron las primeras que,
con bastante ímpetu y arrojo, corrieron á la brecha
á la hora indicada; pero nuestros héroes las reci-
bieron con las puntas de sus bayonetas, oponiéndose
á tan rudo ataque con una impavidez superior á todo
elogio , causando en breves instantes al faccioso hor-
rible estrago : y á tal estremo ¡levaron su arroje
aquellos valientes, que sin poderlos contener sus ofi-
ciales, varios soldados saltaron á la huerta para cla-
varse mejor con Jos rebeldes, que desmayados, con-
fundidos y aterrados, huyeron llenos de vergüenza,
no sin dejar, en justo castigo de su temerario empe-
ño, aquella heredad cubierta de cadáveres, en núme-
ro de 76, entre ellos un comandante y dos oficiales,
ademas de 150 heridos que pudieron llevar á sus
hospitales. Recogieron los nuestros unos cuantos fu-
siles de los cadáveres que quedaron al frente de la




— 3 8 7 —
brecha, dando á estos sepultura; pero habiendo que-
dado insepultos varios de los que se hallaban á ma-
yor distancia de la plaza, bien pronto la corrupción
empezó á infestar aquellos aires. 200 homhres del
regimiento de Valencia 4 ." de ligeros, 100 del p r o -
vincial de Cuenca, 50 del de Compostela, una parti-
da del de Larcdo, con unos Cuantos zapadores que se
ocupaban en los trabajos de reparación, á las órdenes
todos del bizarro coronel ü. Manuel Saliquet, pr i -
mer comandante del 4.° ligero, eran las tropas déla
guarnición que tanta gloria adquirieron en esta me-
morable jornada.—Por primera vez empezó á jugar
el telégrafo de Miravilla en la mañana de este día,
correspondiendo muy bien con Portugalele, que era
el único medio de comunicación que habia con el
ejército. Manifestada ante todo por la plaza la gran-
de necesidad.que tenia de ser inmediatamente auxi-
liada, recibió por contestación: continúe Bilbao de-
fendiéndose; pronto será socorrida.


El general ESPARTERO al frente de 14,000 hom-
bres se habia dirigido á dicho pueblo de Portugalele,
á donde llegó el 25 sin oposición alguna de parte de
los carlistas. El ejército se acantonó en los pueblos
de aquella comarca; y el general en gefe, alsiguiente
dia de su llegada , espidió las órdenes mas conve-
nientes y activas, lanío á sus subordinados, como á
ias juslicias y autoridades de las poblaciones cerca-
tas , á fin de reunir en Porlugalctexuantos víveres.




- 3 8 8 —


municiones, trasportes, combustibles y demás efec-
tos de guerra fuesen necesarios para dar principio
á la arriesgada é importantísima empresa que se ha-
bía propuesto. En la mañana del mismo día practi-
có , con su gefe de estado mayor el general D. Mar-
celino Oráa un reconocimiento por las alturas que
dominan el puente de Castrejana, con la idea de
forzar el paso y tomar las casas que, al otro lado y
cabeza del mismo puente , estaban ocupadas por los
enemigos, atendiendo á que la toma de aquel punto
era de una grande importancia para adelantar, á cos-
ta de menos tiempo y sangre, el plan de sus opera-
ciones «obre Bilbao.


En consecuencia de esto, dispuso atacar á los
enemigos el 2 7 de noviembre, dia en que tuvo l u -
gar una acción , en la cual, á pesar de haber riva-
lizado los cuerpos que la sostuvieron en disciplina
y en valor , fué tan singular y tan obstinado el em-
peño que hicieron los facciosos, que no fué posi-
ble á los nuestros forzar el paso, ni tomar el puen-
te , resultando en las lilas de ESPARTERO bastante
número de muertos y heridos. Con estos se trasladó
el general á Portugalcte, dejando algunos cuerpos
campados sobre las espresadas alturas.


La noche del 2 8 determinó ESPARTERO pasar su
ejército á la orilla oriental de la ría, con el f i n de
operar por aquella parte en defensa de la plaza s i -
tiada. Para este efecto tuvo á bien oir la opinión de




— 3 8 9 —
los gefes de las marinas española y británica y la
del ingeniero del ejército, sobre señalar el punto
mas á propósito para establecer un puente que fa ­
cilitase el libre tránsito entre ambas orillas, con el
objeto deque pudiesen pasar, no solo la infantería,
sino igualmente la caballería , artillería , brigadas y
demás. Unánimemente convinieron todos en que de­
bía establecerse en uno de los dos puntos, ó enfrente
del Desierto ó en el mismo Portugalete; pero en uno
y otro se ofrecian algunas dificultades que vencer.
En este último punto la proximidad á la entrada de la
barra hacia sentir mas la fuerza de la corriente , y
son terribles los efeclos'del mar cuando hay tempo­
ral del N. O. En el Desierto no había tantos ele­
mentos contrarios; pero el fuego de la artillería ene­
miga le alcanzaba, y aun era muy fácil á los carlistas
establecer en pocos momentos una balería sobre las
alturas que le dominan , con lo cual se tardaría mas
en realizar la operación y con mucha pérdida de
gente. En vista, pues, de todas estas consideraciones,
dispuso el general en gefe se estableciese el indicado
puente desde la rambla principal del muelle de la
espresada población de Portugalete; lo que se veri­
ficó trabajando desde el amanecer del dia 29 de no­
viembre hasta las diez de la mañana del 30 , colo­
cando en línea barloados 32 lugres, goletas y ber ­
gantines, que se hallaban en la ria, perfectamente
amarrados en la larga.estension de 680 pies, y con


том. i. 26




- 3 9 0 - ,
sus planchas (1c cuarteles de unos á otros; en tal «lis-
posición, que ¿ ias cuatro de la larde del j a m e n -
cionado 30 de noviembre se hallaba á la otra orilla
todo el ejército, con mas de 800 caballerías de todas
clases que llevaba, permaneciendo aquella noche
acampado en las alturas inmediatas y pueblos de Al-
gorla y Lejona.—Señaláronse por los eminentes ser-
uicios que prestaron en esta importantísima o p e r a -
ción los brigadieres I ) . Manuel de Cañas y D. .losé
Morales de los Itiós , comandantes generóles , p r i -
mero y segundo , de las tuerzas navales que opera-
ban entonces en la costa cantábrica , como también
los señores comandantes de los bergantines británi-
cos líingdovve y Sarraceno. La .inteligencia, activi-
dad y acierto de estos distinguidos marinos, no m e -
nos que la eficaz cooperación de la marina del i n -
mediato puerto de Castro-Urdiales , contribuyeron
poderosamente á dar cima á aquella medida tan i n -
teresante como salvadora.


Volviendo á Bilbao, diremos que la noche del 2 9
la pasaron los sitiados tranquila, ocupándose con la
mayor actividad en componer las brechas en térmi-
nos que pudieran resistir nuevos ataques, cortar el
puente colgante y tomar otras precauciones bastantes
á contrarcslar los proyectos enemigos por la orilla
izquierda. Los facciosos continuaron también sus
trabajos, entre ellos el de un camino cubierto desde
las rasas del Tíboli hasta las ruinas de San Agustín.




— 3 9 1 —
Al siguiente dia 30 reiteraron los enemigos sus fue-
gos de baterías, pero fueron destruidas las que te-
nían en Alvia y Esnarrizaga y desmontadas dos de sus
piezas, si bien hicieron nuevos destrozos en los mu-
ros de la Concepción abriendo otras brechas.—El
telégrafo de Miravilla recibió del de Portugalete en
este dia el siguiente parte, que no dejaba de ser l i -
sonjero para la plaza: El ejército del Norte, decia,
estará 'hoy entre Algorta y Aspé ó alto frente de Por-
tugalete, y se dirige por el E. á Azúa, y mañana por
Archandu á Bilbao. Con esto los bilbaínos cobraban
mayor aliento , lisonjeándoles la idea de que muy
pronto serian recompensadas sus pérdidas y penali-
dades con (a esplendente aureola de la victoria. Pero
desgraciadamente este dia estaba aun muy distante,
viéndose obligadas nuestras tropas á practicar antes
algunos movimientos que hacia indispensables la
obstinación con que Eguía se había propuesto no
permitir á todo trance el paso de nuestro ejército,
sin abandonar empero sus miras de estrechar mas y
mas el sitio de Bilbao , que era lo que cabalmente
formaba entonces el gran desiderátum de los carlis-


, tas, por estar en ello muy comprometida la causa de
su amo; circunstancias todas, que no pudieron m e -
nos de retardar el auxilio de nuestros valientes has-
ta fines de diciembre.


Así que el dia 3 se recibió otro parte telegráfico
anunciando desde Portugalete que el ejército iba á




— 3 9 2 —
reforzarse con 5,000 iiombres mas de la reserva , y
escitando á la plaza á que continuara defendiéndose,
pues que el socorro llegaría muy pronto. Sin em-
bargo, en la mañana del 5, oyendo los sitiados un fue-
go mucho mas vivo que el de los dias anteriores ha-
cia el campamento de. los nuestros , fuego que al
p a r e c e r s e aproximaba por instantes, entusiasmá-
ronse con la idea lisonjera del arribo de las tropas
auxiliares de taLmodo , que como conducidos por
un movimiento eléctrico, los bravos que componian
la guarnición y los beneméritos nacionales, olvidan-
do tantas fatigas y penalidades, y sin tener en cuen-
ta la enorme baja que ya en aquella sazón contaban
en sus destrozadas filas, solo anhelaban el momento
de salir de la plaza y hacer briosa ostentación de su
denuedo en el campo enemigo.


La autoridad entonces, queriendo sin duda apro-
vechar tanto entusiasmo , ordenó la salida de una
columna de 400 hombres, con objeto de divertir un
tanto al enemigo situándose en Artagan. Mandaba
esta columna el brigadier D. Joaquín Oliveras y
componíase de tropa del 4 . " de ligeros, Cornpostela,
salvaguardias, Cuenca y una compañía de naciona-
les. Créese que s i , como fueron tan pocos , hubie-
sen sido 1 ,500 á 2 ,000 hombres los que formaran
esta eolumna, era fácil que nuestro ejército, estando
entonces cual estaba decidido á atacar , distraídas
lis fuerzas del enemigo como era consiguiente , ga-




nase con un golpe atrevido la cúspide de Archanda,
punto cuyas vertientes le separaban de Bilbao y
Azi'ia, Natural era que los rebeldes en aquel m o -
mento nada temiesen tanto como una salida arrojada
é impetuosa de una guarnición, do cuya bravura,
conocimientos del terreno y demás circunstancias
estaban tan plenamente convencidos y debian temerlo
todo. Como prueba de esto, diremos que en el mo-
mento en que tuvieron ellos noticia de esta resolución
de la plaza, viéronse precisados á desmembrar sus
fuerzas, dirigiendo por de pronto tres batallones
contra la pequeña columna de los nuestros , la cual
se escaramuzó con ellos sin perder su primera po-
sición. Mas habiendo cesado enteramente el fuego
de Azúa, serian como las once y media de la mañana
cuando considerando inútil su estancia por mas tiem-
po en Artagan, recibió dicha columna orden de ve -
rificar la retirada; la que se ejecutó con el mayor
lino, guarecidos los espedicionarios por la artillería
de la plaza, y sostenidos por el coronel de Cuenca
con dos compañías que tenia escalonadas en Begoña,
hasta pasar aquellos el puente levadizo. Esta ligera
espedicion costó á los sitiados el sacrificio de dos
muertos y 40 heridos y contusos de tropa y nacio-
nales , siendo de los segundos el teniente del 4 :"
ligeros D. Gonzalo Duran y el de tiradores de la
Guardia nacional D. Juan Antonio Barrueta, y ha-
biendo salido contuso el mismo brigadier Oliveras




— 3 9 4 —
que la mandaba. Mucho mas considerable debió
ser la pérdida de los carlistas, porque la artillería
de la plaza estuvo muy activa y certera en sus tiros
contra las masas contrarias , causando en ellas hor-
rible matanza.


No hubo en los siguientes dias de este mes s u -
cesos de grande importancia. Los sitiadores levan-
taron nuevas baterías en los sitios llamados de la
Salve y de la Cruz de Fierro , rompiendo esta y la
conocida por la Perla en Alvia, un vivo fuego el dia
12 con seis piezas de grueso calibre, contra la casa
y balerías de Mallona, que ocasionaron bastante da-
ño , señaladamente la primera ; pero en cambio las
contrarias fueron también mas de una vez arruina-
das, y alguna imposibilitada completamente. Conti-
nuaron los proyectiles enemigos molestando á la pla-
za con mas ó menos interrupción; pero el momento
que fué reputado como el mas peligroso de todos,
fué aquel en que se descubrió la mina que habian
emprendido los facciosos para volar la plaza. — Hé
aquí cómo al tratar de este curioso y Iriste asunto se
espresa en su ]}femoria el Sr. Goicoecha :


«Uno de los medios, dice, que la iniquidad habia
sugerido á los sitiadores fué el facilitar por medio de
nna catástrofe la entrada de sus hordas en esta villa,
ya que no le fuese posible rendir de otro modo su
heroica constancia, Pero demasiado sufre la huma-
nidad en el siglo que llamamos de la filosofía, para




— 3 9 5 —
que un proyecto tan infernal contase con la unión de
simpatías, aun entre los mismos parciales. Existen
todavía seres que conservando un resto de pudor, no
se han corrompido todos hasta el punto do participar
del mismo grado de ferocidad. En efec to , desdo
principios del mes , muy luego de haberse perdido
nuestra primera línea de San Agustin, se habia e s -
tendido la voz de que e! enemigo trabajaba en una
mina para hacer volar la iglesia del convento ó bien
la casa fuerte de Quintana. Noticias adquiridas y un
aviso telegráfico de Portugalete del 2 0 , confirmaron
estas presunciones, fijándonos en cuanto á lo d i r e c -
ción sobre el último de dichos edificios. E l coronel
D. Ignacio Capuzo , segundo comandante del 4 . "
ligero y gefe de la fuerza avanzada en la casa de
Quintana , fué el primero que dio el aviso de estar
sintiendo trabajos de zapa en las inmediaciones del
tambor situado á espaldas de aquella. A las ocho y
media de la noche se dio principio á la contramina
trazándola en dos direccioues. A las tres y media de
la mañana tuvieron la fortuna nuestros mineros de
dar con el verdadero ramal, en términos que hasta
la palanca enemiga fué empuñada por el sargento 1 . °
de zapadores de la Guardia nacional D. José Antonio
de Elizagarale , quien habiendo disparado varios
pisloletazos en el interior de la galería mató á un
faccioso é hirió á otro como se ha averiguado d e s -
pués. La mina fué inmediatamente ahumada, y aliu-




- 3 9 6 -
yentados así los enemigos penetraron en seguida
unos cuantos refugiados nacionales de Eibar arma-
dos de mosquetes hasta llegar á la boca que aquellos
se dieron prisa á cerrar con sacos de tierra en ade-
man de defenderla. La primera escavacion para c o -
ger el nivel de la galería daba principio en el piso
bajo de la casa de D. Casimiro dcNagusia, contigua
á la fuente del barrio ó arrabal de Uribarri, siguien-
do la galería en cuatro y tres cuartos piós de altura
con tres de ancho, formando un ángulo obtuso por
la misma calle ó calzada, en 82 pies de longitud has-
ta terminar en el tamborete espresado.»


«Esta tarde (añade el mismo autor) sucedió un
caso muy original, que prueba que la Providencia,
en sus inescrutables designios, ha mirado con mar-
cadas señales de predilección la suerte de esta villa,
premiando de una manera inefable la virtud y cons-
tancia de los buenos. Hallándose el dignísimo coronel
de Compostela, brigadier D. José Ramón de Cho-
res, en las inmediaciones de las Cujas observando con
el anteojo los movimientos de los facciosos sobre
Archanda, una bala de fusil enemiga dirigida de la
parte de Alvia vino á dar en la ingle de aquel va-
liente, y rompiendo el cristal y tripas del reloj, que-
dó por fortuna alojada aquella dentro de la caja del
mismo. Ozores únicamente sintió la contusión que
es natural y siguió en su puesto sin novedad.»


Después de haber pasado nuestro ejército eINer-




—397—
vion, según digimos, en primeros de diciembre d i -
rigióse ESPARTERO con todas sus fuerzas sobre los
enemigos, que ocupaban la izquierda de la línea,
sosteniendo por tres días consecutivos un fuerte ata-
que con la infantería y alguna artillería que mandó
colocar en diferentes alturas escabrosísimas, á fuerza
de unos pocos bueyes y á brazo de varias compañías
de tropa. Vista la imposibilidad de forzar el paso
también por aquel punto, dejándolo cubierto se tras-
ladó á Portugalele, en cuyo pueblo situó el cuartel
general, y puesto de acuerdo con los gefes de las
marinas española é inglesa, se adelantó hasta el D e -
sierto, desde cnyo punto y Portugalele se principió á
batir con la artillería las casas y baterías que prote-
gían el puente de Luchana. En todo este tiempo se
construyeron varios otros puentes, con los buques y
lanchas, á fin de poder atender con prontitud á la de-
recha é izquierda del Nervion, donde se hallábanlas
tropas batiéndose constantemente. Construyéronse
ademas diferentes baterías, y se dieron por el general
en gefe. cuantas disposiciones podian conducir al ar-
rojado ataque que habia de ser final y decisivo.


Durante las diversas operaciones de estos dias
hubo ocasiones de admirar en el ejército hechos sin-
gularísimos de valor, que el general en gefe premió
sobre el campo de batalla.—Desde el 9 al 15 de di-
ciembre los movimientos de nuestras tropas se limi-
taban de nuevo á la orilla izquierda del Nervion,




— 3 9 8 -
sin que presentasen apenas carácter alguno de im-


portancia ; pero en el último de aquellos dias, á cau-


sa del fuerte temporal, tornó otra vez el ejército á


Portugalete, en donde se verificó una junta de gefes


con el objeto de tomar en consideración el estado


de las cosas. En esta junta juró ESPARTERO l ibrará


Bilbao y con ella la causa nacional, y sin embargo


de que le constaba que el soldado ardía en deseos


de avanzar y escarmentar al enemigo , juzgó p r u -


dente esplorar primero la voluntad de todo el e j é r -


cito y asegurarse de que ella era eficaz y unánime.


Para conseguirlo, espidió al salir de la junta la m e -


morable orden que copiamos á continuación ; docu-


mento notabilísimo y de una importancia inmensa


para juzgar á ESPARTERO por el lado del talento y


de la previsión, puesto que él prueba, con eviden-


cia, las altas y penetrantes miras del caudillo , no


menos que la inteligencia y lino que presiden á su


redacción.—Hé aqní la


«Orden general del Id de diciembre en Portuga-
lete.—Soldados: Vuestra conservación para ios glo-


r i o s o s hechos que os esperan, me decidió ayer á re-


t r o c e d e r sobre este punto. El fuerte temporal de


«agua no teniendo lechado en que guareceros, aun—


«que insuficiente para apagar vuestro ardimiento,


«habría inutilizado las municiones con que debéis ba-


stir al enemigo. Aquí tenéis la causa del retroceso.


«No, de ninguna manera, no el abandonar la g r a n -




— 3 9 9 —
«de obra de salvar á Bilbao. El heroísmo con que
«se han defendido sus fieles ciudadanos , la cons-
«tancia y el valor de los compañeros vuestros que
«guarnecen aquella plaza , merecen todos vuestros
«esfuerzos y nuestro sacrificio , si es necesario , pa-
«ra evitarles la opresión de la tiranía. ¿Y qué seria
«de nosotros si faltásemos á un deber tan sagrado?
«La maldición de todos los españoles caería sobre
«nuestras cabezas : la ignominia y el baldón nos se -
«guiria hasta el escondido seno donde fuésemos á
«ocultar nuestra vergüenza; y las naciones, el mun-
«do entero diria con fundamento, que el ejército
«del norte habia degenerado de su bravura , entu—
«siasmo y decisión.»


«Soldados: no seré yo el instrumento del opro-
«bio ; os ofrecí conduciros á la victoria' cuando me
«encargué del mando, y pereceré antes que priva-
aros del triunfo. Empero la empresa que vamos á
«acometer es ardua, y solo el conocimiento de vuei-
«tro valor me decidió á acometerla. Cuento ya con
«mas recursos, que el gobierno de la inmortal C K I S -
«TINA manda para vosotros, y cuando volváis á s a -
«lir de los cantones , espero no tornareis á ellos sin
«que la guarnición de Bilbao baya estrechado en
«sus brazos á sus libertadores.»


«Quiero sin embargo saber quiénes son los qne
«están decididos á morir antes que retroceder , y
«mando que los gefes de los cuerpos formando los




— 4 0 0 —
«suyos respeclivos , lean esta orden general y alis-
«ten en el acto á los oficiales é individuos de tropa
«que se ofrezcan voluntariamente á ser los primeros
«para la gloria del combale. Escito también el pa-
«triotisnio de los señores oficiales para que dejen sus
«caballos á cargo de los soldados cansados, para
«que sus asistentes participen de la misma gloria, y
«para que se eviten los entorpecimientos que re -
«tardan las operaciones.»


«Compañeros : el premio del valor os espera:
«yo seré pródigo en repartirle sobre el campo de
«batalla , pues no perderá de vista ninguna de vues-
«tras heroicas acciones vuestro general .»—ESPAR-
TERO.


Soldados españoles , libres y conducidos á la vic-
toria y alentados é invitados á ella por un general
cuya mágica voz tantos prodigios hizo siempre en las
filas de la lealtad, electrizando el espíritu de aquellos
bravos campeones , ¿ qué habia de suceder ? . T o -
dos á una correspondieron fielmente á los patrióticos
acentos de su distinguido gefe , decidiéndose desde
aquel momento, de la manera mas solemne, la sal-
vación déla heroica Bilbao, y como preludio de ella
el restablecimiento definitivo del puente de Luchana
para el paso del ejército. Esta importante opera-
ción dio principio el siguiente dia 17 acampándose
nuestras tropas en las alturas de A Izaga , montes de
Aspé y Arriaga , sobre la derecha del Ncrvion; cm-




— 4 0 1 —
pleándose en seguida algunos dias y venciendo i n -
finitas dificultades para conducir la artillería y esta-
blecer las baterías inglesas y españolas que habían
de proteger tan atrevida empresa.


El l±~¿ presentó el enemigo una batería en la c a l -
zada contigua á la casa de la pólvora , la cual d i r i -
gió al punto sus fuegos contra el bergantín ingles
Sarraceno, la goleta española María y lanchas c a ñ o -
neras situadas en el paralelo.del Desierto. La bate -
ría anglo-hispana de este, servida por los inteligen-
tísimos artilleros del Ringdovve y Sarraceno , y que
entre otras varias piezas contaba una de á 3 2 , c o n -
testó con el acierto propio de los artilleros bri táni -
cos. En esta sazón el ejército continuaba ocupando
á Lcjona, Aspé y alturas de Erandio. Situada en una
de estas habia otra balería de cañones y obuses i n -
gleses, la cual rompió igualmente un fuego certero á
las ocho de la mañana contra la batería enemiga de
Luchana.—Al amanecer del 2 3 , el coronel ingles de
artillería M r . Wylde , sugeto distinguido por su i n -
teligencia y por su valor, no menos que por sus ideas
altamente liberales y su entrañable decisión por la
causa que tan noblemente defendía en España, echó
un puente de barcas con grande actividad y brillan-
te éxito, estableciéndole al frente, del Desierto con
la idea de facilitar el paso del Galindo. A las nueve
de esta mañana las balerías inglesas y españolas r o m -
pieron un nutridísimo fuego, que hizo callar á la




— 4 0 2 —
enemiga de la calzada de Luchana ; cuya pieza de á
24 fué retirada aquella misma noche. La voz de Sal'
vemos la libertad salvando á Bilbao, repelíase en co-
ro y con el mas ardoroso entusiasmo por entre to -
das las filas de nuestro valiente ejército; y cierto
que ya en esta sazón era bien necesario el auxilio á
aquella infortunada y valerosa población.


«El triste aspecto del parque (dice el Sr. Goi-
coechca, refiriéndose aun á dias anteriores), el de las
principales piezas de artillería, algunas de ellas inu-
tilizadas, el escesivo número de víctimas que habían
bajado al sepulcro, el lastimoso estado de los hos-
pitales que con dificultad podían proporcionarse car-
ne fresca para los enfermos y heridos, cuando la de
gato entre las gentes vino á ser un bocado regalado,
llegando á buscarlos á los precios de 4 , 5 y 6 p e -
setas cada uno; la absoluta escasez de víveres, que
llegó al punto de pagarse 100 reales un par de ga -
llinas , 60 la docena de huevos y á este respecto los
demás artículos que la gente acomodada buscaba
para alimentarse de cosa limpia; lo crudo de la es -
tación que hacia cada dia mas penoso el servicio en
una dilatadísima línea; la miseria consiguiente á es -
tas privaciones que por todas partes y mas particu-
larmente en la clase indigente descubría su hedionda
cabeza ; esa infinidad de madres , ó mejor diré es -
pectros ambulantes, que con sus tiernas criaturas en
los brazos buscaban un bocado de pan recorriendo




— 4 0 3 —
las calles con desprecio de la muerte, que á cada
paso les ofrecia el estrago de los proyectiles enemi-
gos.. . ¡Desgraciadas! imploraban el amparo de la
humanidad y aun no quedaba la caridad satisfecha
con dinero! Este metal apenas las proporcionaba el
remedio á su necesidad!!! Horrible y espantoso cua-
dro !!! Empero mas admirable aun la constancia de
las gentes que no desmayaron en medio de tanto con-
flicto ! Desgraciado de aquel que osara pronunciar
la terrible palabra de capitulación 6 de transacción
de ninguna especie con el enemigo! La muerte ad-
quirida entre nosotros mismos, decían estos nuevos
numantinos, seria una muerte dulce , á la par que
gloriosa. La que después de humillados nos diese el
enemigo, ignominiosa, amarga y acompañada de
todos los tormentos de una cruel agonía. ¿Pero aca-
so nuestra situación ha llegado al estado de la deses-
peración? No; no, añadían: aun nos quedan recur-
sos. Agotados estos , nos salvaremos todavía y sal-
varemos también á nuestras desgraciadas familias...
Seis mil hombres resueltos á morir, venderán bien
caras sus vidas. La desesperación engendra prodi-
gios , y nuestros enemigos son harto cobardes para
disputarnos el paso. Tal era la irrevocable resolu-
ción de los defensores de Bilbao a


En medio de estas consideraciones, en la ma-
ñana del 17 recibieron los sitiados la comunicación


.telegráfica que desde Portugalete les decia : Bilbao




- 4 0 4 —
será libre y premiada su constancia ; y era que en
efecto nuestras tropas , moviéndose sobre Azúa,
avanzaron esta vez para nunca mas retroceder. Así
lo creyeron también los bilbaínos, cuando el siguien-
te dia 18 les avisó igualmente el telégrafo que el ge-
neral en gefe pasó revista al ejército, el cual juré
morir ó entrar en Bilbao, y que el dia siguiente em-
prendería la marcha.—Un sentimiento grato de con-
fianza empezó á difundirse ya desde este dia entre
aquellas infelices gentes , á lo cual contribuyó en
gran manera la circunstancia de volver á encargarse
entonces del mando de las armas el señor comandan-
te general propietario D. Santos San Miguel, resta-
blecido un tanto de sus heridas.


Pero vengamos al memorable dia 24 de diciem-
bre, el mas glorioso sin duda de cuantos numera esta
asoladora y fraticida guerra. Tiempo era ya , des-
pués de 64 dias de bárbara espugnacion y de una
magnífica y valerosa propulsa , en los que se de-
mostró bien á las claras cuánto tenia de sobrehu-
mano el porfiado lidiar de los héroes bilbaínos, cuán-
ta era también y cuan impía la ruda obstinación de
sus acometedores; tiempo era ya, repetimos, de que
la acrisolada constancia de los primeros y la des-
compuesta osadía de los segundos, recibiesen á su
vez las justas tornas que, según los altos designios y
eternales decretos de la Providencia, habían mere-
cido.—La resolución estaba tomada la ocasión habia




— 4 0 5 —
llegado, y con ella el monunlo de dar un golpe de
escarmiento terrible a los enemigos.


Era ya el citado dia 24 de diciembre, cuando la
brigada del coronel D. Baudilio Mayol, que se ba-
ilaba acantonada en Cestao, pasó, de orden de E S -
PARTERO, la ria del Galindo por el puente de pon-
tones que en el dia anterior, según digimos, habia
construido en el Desierto la marina real inglesa. Es -
ta brigada, á la cual auxiliaba también media batería
de lomo servida por individuos de la misma nación,
fué á situarse, con arreglo alas instrucciones del
general, en la altura llamada de Rentegui, que da
frente á la desembocadura del Azúa; colocándose
los tiradores en la arruinada torre de Lucbana, lugar
destinado en anteriores épocas á la cuarentena, y en
las casas contiguas á la ria de Burceña. Era el objeto
de este movimiento llamar, cuanto fuese posible, la
atención del enemigo hacia la izquierda delNervion,
para que disminuyese las fuerzas que tenia sobre las
líneas del proyectado ataque, protegiendo al mismo
tiempo la espedicion que estaba destinada á lanzarse
sobre el puente de Luchana. Este puente era la c la-
ve de la posición del monte de Cabras y de la Cal-
zada , donde habia dos baterías enemigas, como
igualmente de toda la cordillera de Archanda ; y el
franquearle venia á ser la operación mas vital que
en aquella sazón se ofrecia, puesto que con él que-
daba asegurado el paso del Azúa , que era, diga—


TOM. I . 27




— 4 0 6 —
uioslo así, el fosó del campo enemigo. Empresa di-
fícil, temeraria, arrojadísima, capias de arredrar á
otros espíritus meaos esforzados que los de nuestros
valientes, á vista de un enemigo que se hallabaifor-
tifieado-á la parte opuesta de la corladura de un arco
del puente de mas de 40 pies de diámetro, posesio-
nado de varias casas inmediatas á él, y colocado en
zanjas y parapetos diestramente establecidos , con la
protección ademas de las baterías antedichas, una de
las cuales se hallaba á 50 pasos sobre el camino. Otra
circunstancia concurría á hacer mas imponente y á
dificultar la cgecacion de «sle proyecto tan grande
como arriesgado; y era el horroroso temporal de
aguas y nieves que entonces hacia, y con el cual el
Dios de los ejércitos enojado con la furia destructo-
ra que veía en los humanos, como que parecia opo-
nerse á la cruenta liza que allí iba atener lugar en-
tre españoles, entre hermanos , entre individuos de
una misma familia. Y para que la gloria y la dicha
de las armas constitucionales resaltasen mas, en me-
dio de aquel tropel de desdichas, también E S P A R T E -
RO en aquellos momentos hubo de agravarse en sus
dolencias, viéndose precisado á confiar interinamen-
te la dirección de las tropas al general D. Marcelino
Oráa , gefe de la plana mayor general del ejército.
Así estos distinguidos y bravos militares, arrostran-
do todo género de peligros y venciendo las mas a r -
duas y mayores dificultades, fiados en la intrepidez




—407—
y bizarría de sus virtuosos soldados, supieron ha-
cer del dia mas espantoso y cruel que la naturaleza
nos dio en aquel año, el mas grato y hermoso de to-
dos los que en sus mas bellas páginas cuentan los
fastos contemporáneos.


A las cuatro de la tarde, cuando ya estaba p r o -
nunciada-la marea, ocho compañías de cazadores , á
saber} la Г.* y 2 . a del primer regimiento de la Guar-
dia Real, la 1. a y 2 . a del de Soria,, la 1. a y 2 . a del
de Borbon , estas seis pertenecientes á la segunda
division; la del tercer batallón de Zaragoza y la del
segundo del 4.° ligero, acompañadas de algunos a r -
tilleros mandados por el teniente de la misma arma;
D. Manuel Alvarez" Maldonade, con el objeto de
servir las piezas que se habían de tomar al enemigo.,
fueron embarcadas en varias lanchas y dos balsas di-
rigidas por nuestros marinos, y dispuestas á saltar á
la opuesta orilla, apoderarse de las obras de los r e -
beldes y proteger la rehabilitación del enunciado
puente de Luchana. Mandaba esta brillante columna
de cazadores el comandante del regimiento infante-
ría de Soria D. Sebastian UHbarrena , y como se-
gundo dé este, el de Zaragoza, D. Francisco Jurado.
Con marcial aspecto y magestuoso continente zarpa-
ron estas lanchas, guiadas y escoltadas por las trinca-
duras de la marina nacional al mando del brigadier
D. Manuel de Cañas y de su segundo el de igual cla-
se D. José Morales de los Rios , sin hacer desviar




— 4 0 8 —


de su propósito á tan bravos adalides la crudeza del
temporal, que quisó aumentar con un furioso hu-
racán acompañado de nieve y granizo la solemnidad
tremenda que llevaba consigo el acto imponente del
embarque. Contraste sublime el que formaban en
aquel recinto helado y embravecido las muestras os-
tensibles de serenidad y ardimiento que con frecuen-
tes vivas y aclamaciones, precursoras de la victoria,
daban aquellos hidalgos campeones. En el instante
mismo de partir la espedicion fluviátil , redoblaron
el fuego todas nuestras haterías , así como los tira-
dores de la derecha é izquierda del IServion; y muy
luego se situaron las trincaduras en disposición de
proteger con sus fuegos el desembarco de nuestros
valientes, que arrostrando el de fusilería y despre-
ciando el de cañón , saltaron animosos en tierra,
dando entusiasmados vítores á la reina y á la liber-
tad. Aterrado el enemigo con tanto arrojo y sor-
prendido con tan inesperado ataque, no se atrevió á
hacer larga resistencia. Hízola sin embargo por algún
tiempo, trabándose nna refriega singular y nunca
vista en tan críticos y horribles momentos, en que
acrecentando la naturaleza sus furias, azotando el
viento, apedreando el granizo, agoviando y confun-
diendo bajo su peso enojoso el agua y la nieve , mas
qué una batalla dada acá en la tierra, parecía aquello
una escena propia de los infiernos. Posesionáronse
al cato les nuestros, en medio de tan horrenda con-




— 4 0 9 —
fusión, y haciendo que sus fuegos prevaleciesen no
solo sobre los fuegos enemigos, sino sobre las aguas
que para apagarlos derramaba con profusión la-na-
turaleza; posesionáronse, decimos, en poco tiempo
de las fortificaciones del puente de Luchana , de las
casas inmediatas, de los parapetos,, y finalmente, de
las baterías contrarias que se hallaban en el camino
y en el inmediato monte de Cabras. El valiente c a -
pitán de fragata D. Francisco Armero, á,pesar de
hallarse herido , fué el primero que poniendoiel pié
sobre una batería enemiga, se hizo dueño de una de
sus piezas.


Alejados los facciosos de estas posiciones yense-
ñoreados los nuestros deí puente , ordenó inmedia-
tamente el general que nuestros ingenieros proce-
diesen á la recomposición de este, con el fin de dar
paso á las tropas. Solo hora y media emplearon nues-
tros activos é inteligentes ingenieros en esta iropor T
tañte rehabilitación, para la cual traian los malcría-
les prevenidos de antemano; y habiendo formado
entre tanto otro puente de pontones los marinos in -
gleses, dirigidos por su digno comandante D. G u i -
llermo Lapidgc, mientras que el primer batallón de
Soria marchaba embarcado á reforzar á los cazado-
res en las mismas lanchas que habían conducido á es -
tos, muy en breve se halló el tránsito facilitado, y
en disposición de que el barón de Meer, coniaudan-
te general de la 2." división , pudiera trasladar esta




— 4 1 0 —
al otro lado de la ría, con orden de apoderarse del
monte de San Pablo.


A este tiempo los facciosos habían vuelto ya de
su sorpresa, y reforzados considerablemente descen-
dieron de la alta cumbre de Banderas, tomando po-
sición en los parapetos-y otros plintos que dominan
la altura ocupada por'nuestras tropas. La batalla en-
tonces se empeño con encarnizamiento. Una batería
enemiga, colocada sobre el flanco derecho á reta-
guardia de las fuerzas rebeldes, causaba grande es -
trago en las nuestras. A pecho descubierto, con ad-
mirable impavidez y serenidad, recibiau estos va-
lientes eí hierro y el plomo. De una y! otra parte se
hacian repetidas cargas á la bayoneta, sin que los
enemigos pudieran ser desalojados, ni la bizarra
division de Meer lanzada de aquel cerro, cuya de-
fensa fué encomendada á su heroico esfuerzo y cu-
ya conservación le fué harto costosa. Centenares de
heridos entraban sin cesar en los hospitales de san-
gre , la nieve cubría en aquel campo de desolación
infinitos cadáveres, y en los rigores del combate
habia sido herido el mismo barón y posteriormente
contuso el brigadier D. Froilan Méndez Yigo que
babia quedado mandando aquella fuerza.


Postrado ESPARTERO en el lecho del dolor , en
SU cuartel general establecido en el caserío de Don
José María de Jado, frente al Desierto, oia tan be-
licoso estruendo en medio del sobresalto y de h




— 4 1 1 —
mas grande desesperación; y á pesar del estado en
que se hallaba, temiendo que un revés malograse las
ventajas obtenidas por la tarde, dio orden al general
D. Rafael Ceballos Escalera para que hiciese mar-
char rápidamente al punto del combate la 1 . a briga-
da de su división, y ¡que siguiese él al mismo con la
otra; mandando también'nn ayudante de campo á
reunir lanchas, pasarlas al Desierto y seguir en bus-
ca de la brigada Mayol, con orden de que dejando
solo un batallón en las posiciones , pasase con los
otros dos al lugar del combate , atravesando la ria
do Galindo por el puente de pontones y Ja de Bilbao
en las lanchas, pues había deshecho el temporal el
gran puente de quechemarines.—Pero todavía hizo
mas; serian las once de la noche cuando se presentó
en el cuartel general el gefe de E . M. G. D.. Mar-
celino Oráa , y pocos momentos después el coronel
Toledo, ambos noticiando como se había empeñado
fuertemente la batalla en las líneas del monte de
Cabras y falda del de S. Pablo, añadiendo lo conve-
niente que seria que el general en gefe se pusiera á
la cabeza del ejército, pues de lo contrario peligra-
ba el éxito de la acción y sobre todo la suerte de las
tropas que habían pasado el puente de Luchana. No
bien había oído el intrépido ESPARTERO el final de
este relato, cuando arrastrado por el mas vehemen-
te y ardoroso entusiasmo, olvidando todos sus pa-
decimientos y trayendo solo á la memoria los que




— 4 1 2 -
acarrearia á la patria un descalabro de tal naturale-
za, escitado por su patriotismo, impulsado por su ho-
nor, aguijado por su yalor, conducido por la mas
halagüeña esperanza, guiado por su feliz estrella, y
llevado de esa firme y serena confianza que le inspi-
raba siempre su constante y venturoso hado, en esas
ecasiones críticas y de prueba, «salta del triste ger-
«gon, que en una barraca le servia de lecho» según
se espresa un escritor contemporáneo , monta á c a -
ballo con todo su estado mayor, y á pocos instan-
tes veiascle ya blandir la espada al frente de las t ro -
pas , en lo mas recio de la pelea , cuyo sangriento
teatro era «n esta sazón la falda del ya mencionado
monte de S. Pablo. Con las mas gratas emociones de
transporte y en medio de estrepitosos vítores y acla-
maciones fué recibido este valiente general por los
soldados, que no parecía sino que con su presencia
multiplicaban el entusiasmo y el valor.


Aprovechando entonces ESPARTERO tan buenas
disposiciones, en el primer momento que logró de
silencio , si bien interrumpido por los fuegos con-
trarios , dirigió á sus subordinados las siguientes pa-
labras :


«Compañeros: la noche de este dia está des! i -
«nada para cubrirnos de gloria, y para dar á cono-
«cer á los enemigos y al mundo entero, que somos
«dignos de empuñar estas armas que la nación nos
«ha confiado. Habéis sufrido con la constancia mas




— 1 1 3 —
«laudable las privaciones y trabajos que ofrecen dos
«meses de campamento en medio de la estación mas
« C r u d a d e l año. La reina y l a patria necesitan que
«esta noche hagamos el último esfuerzo. Los solda-
«dos valientes como vosotros no necesitan mas que
« n n solo cartucho: ese solo se disparará en caso
«necesario; y c o n l a s puntas de vuestras bayonetas,
« t a n acostumbradas á vencer , daremos fin á esta
«grandiosa empresa , batiremos á l o s enemigos de
«nuestra idolatrada reina , l o s arrollaremos ; y tanto
«vosotros como yo, que soy el primer soldado, el
«primero delante de vosotros , los veremos ó mo-
«rir, ó abandonar el campo llenos d e oprobio y de
«ignominia, corriendo precipitadamente á ocultarla
«en sus encumbradas guaridas. Marchemos pues al
«combate, marchemos á concluir l a obra, á reco-
«ger l a corona de laurel que nos está preparada; y
«marchemos en fina salvar y abrazar á nuestros her-
«manos, l o s valientes, que con tanto denuedo h a n
«imitado nuestro egemplo, defendiendo la causa na-
«cional dentro de los muros de 1a inmortal Bilbao.»


Dijo : y dando en seguida dos vivas á la libertad
y á la reina, los cuales fueron contestados con deli-
rante entusiasmo por aquellas bizarras tropas, puesto
al frente de la segunda división, que era laque allí
estaba,la cual se hallaba entonces á cargo del coronel
D. Antonio Valderrama , comandante de la Guardia
Real de infantería, que habia remplazado á Mcery




— 4 1 4 —
Méndez Vigo , ordenó que las bandas tocasen paso
de ataque , rompiendo la marcha en columna y- en
dirección de la elevada cumbre de Banderas , ocur-
pada por los enemigos. Seria entre doce y una de
aquella noche memorable, noche y hora en que la
Iglesia celebra uno délos mas grandes y sublimes
misterios de nuestra divina religión, por medio del
santo sacrificio déla Misa de Natividad , queenaque-
11a sazón precisa se ofrecía en todos los templos de
la católica España, cuando los humanos, que tan
mal suelen interpretar los altos designios de la P r o -
videncia, hacian otros sacrificios tan cruentos como
crueles y despiadados, y á los cuales parecía oponer-
se el Dios de eterna justicia, desencadenando contra
Jos ejércitos beligerantes toda la furia délos elemen-
tos. El estruendo de las armas y los gritos desafora-
dos de los contendores, formaban singular y pavo-
roso contraste con el fuerte soplido de los vientos,
con el imponente bramido de los cercanos mares,
con el chasquido continuo del granizo y de las aguas.
También contrastaban singularmente con la estrema
frigidez de la atmósfera, el mucho fuego que vaga-
ba por los aires; con la densa lobreguez de los c ie -
los , el grande albor del suelo, en donde la nieve
sepultaba al instante los cadáveres. Noche horrible,
espantosa , tremenda: noche , en fin , tan fecunda en
penalidades como en glorias, y que la historia r e -
cuerda y recordará siempre con lágrimas de gozo,




— 4 1 5 —
pero lágrimas también de sentimiento y de dolor
acerbo! !—-A las dos de la madrugada, proclamándose
los elementos superiores á la fortaleza humana, com-
batidos por el huracán los dos ejércitos de tal m a -
nera que no pudieron ya contrarestar sus ímpetus
como hasta entonces, quedaron ambos como apla-
nados y en el mas grande estupor j viéndose preci-
sados á suspender el fuego y las terribles cargas á la
bayoneta , pensando solo en buscar un abrigo de la
tempestad al través de aquellas breñas y en medio
de los fosos y barrancos. Era de ver al infeliz sol -
dado, lo mismo que á los gefes , buscar una gruta,
una peña, ó el sencillo tronco de unarbusto, en don-
de poder guarecerse y conservar su existencia , su
vida ; aquella vida que momeutos después habia de
sacrificaron las aras de su patria amada ! !


Pasaron dos horas , tiempo que la naturaleza tu-
vo , si no adormido , comprimido al menos el f u -
ror de los combatientes; y á las cuatro de la maña-
na , habiendo el temporal amansado, pudieron estos
empeñar nuevamente la refriega. Habia llegado á este
tiempo con su brigada el valiente coronel Minuisir,
en virtud de la orden que ESPARTERO dio al generaí
Escalera, y dirigiendo segunda vez la palabra aquel
ilustre caudillo á sus tropas, logró como siempre
escilar en ellas el entusiasmo, y puesto él á la cabeza
déla 1 . A columna y á la de la 2. a el general Oráa,
con ímpetu mayor y mayor brio embistieron esta vez.




— 4 1 6 —
nuestros soldados á los contrarios , logrando dar la
mas brillante carga á la bayoneta que entre guer-
reros se ha dado jamás. Las mas entusiastas aclama-
ciones acompañaban al pasó de ataque. Un caserío
que se hallaba en la falda del monte de San Pablo
fué, por decirlo as í , la manzana de la discordia por
algunos instantes; puesto que perdido por unas , al
punto era recobrado por las tropas contrarías. Pero
fué tan terrible y decisivo el final acometimiento de
los nuestros , que arrollando á los rebeldes hacia el
punto culminante de Banderas, bien pronto los aven-
taron también de este, obligándolos á fiar su salva-
ción á una fuga precipitada y vergonzosa, que en el
mayor desorden y confusión emprendieron desman-
dados por la bajada de la parte opuesta de la cum-
bre , y en dirección de los pueblos de Azúa, Heran-
dio y Dcrio.


Despuntaban apenas los arreboles de la mañana
del 2 5 , cuando ESPARTERO hacia blandir y brillar su
victoriosa espada en la eúspide elevadísima llamada
de Banderas, punto enseñoreador de toda la campiña
y de las estancias que ocupaban las tropas y las fac-
ciones, después de once horas de sangrienta liza , e n
las que aquel arrojado y distinguido gefe , hacién-
dose superior á sí mismo, por uno de esos arrebatos
de entusiasmo heroico que son harto frecuente-sen la
vida militar de tan noble como bizarro caudillo, n O
solo venció á un enemigo prepotente y orgulloso que




- 4 1 7 —
poseía grandes medios de resistencia en posiciones
casi inaccesibles, destruyendo de una vez la obra y
las grandes esperanzas de treinta batallones carlistas,
que eran los que asediaban á Bilbao ; sino que tam-
bién triunfó de la resistencia mas poderosa y temi-
bl4}que á su sobrehumano esfuerzo opusieron los
elementos: y como si no bastasen tantos títulos para
acreditar su heroísmo y su inimitable valor, la P r o -
videncia, para ensalzar y aun magnificar su gloria en
esta ocasión , le habia proporcionado otro adversa-
rio, quizás mas terrible que todos los demás. Este
adversario, del cual supo también ESPARTERO triun-
far con admiración de todo el orbe, eran sus dolen-
cias, el malestar de su salud. Todo, todo fué i n -
ferior al sin par denuedo de este valeroso capitán.
Todo sirvió solamente para teger la brillante corona
del vencedor, para labrar esa esplendente aureola
que inmortalizará su nombre, llevándole mas allá
de todos los tiempos venideros.


Dueño nuestro ejército de aquella importante
eminencia , posesionóse al punto de las baterías que
constaban de 26 cañones , la mayor parte de grueso
calibre, un inmenso repuesto de balas, carros, br i -
gadas, bueyes y caballerías sueltas, todo el parque
del sitio, almacenes, hospitales; todo cuanto allí te-
nían los carlistas , que era mucho y era lo mejor
que ellos poseian, fué apresado por las tropas cons-
titucionales , mientras los restos de las fuerzas ven-




— 4 1 8 - -
cidas abandonaban presurosos las estancias que ocu-
paban á la derecha de la ria, pasando en dispersión
por los puentes que habian establecido en San M a -
mes y Olaveaga. Nuestra caballería no había podido
llegar al campo de batalla, porque toda la noche es-
tuvo obstruido el paso del desfiladero por los que
retirábanlos heridos y por las tropas de la 2 . a y 3 . a


brigadas de lá 1 . A división que con el general Esca-
lera siguió á la del coronel Minuisir. Ni tampoco
juzgó ESPARTERO prudente empeñarla de noche, en
terreno montuoso y desconocido, donde un azar
cualquiera habría ocasionado su pérdida.fácilmente.
No obstante, el comandante general de ella, maris-
cal de campó barón de Garondelet, acompañó al g e -
neral en gefe toda la noche, habiendo resultado he-
rida, en los momentos de dar la carga, el caballo que
montaba. A las siete de la mañana logró incorporarse
á ESPARTERO SU escolta , compuesta de cazadores y
lanceros de la Guardia Real, cuyo comandante el in-
trépido capitán D. José Lemmery, persiguió álos úl -
timos facciosos que se retiraban en dirección de Mun-
guia, logrando hacerles hasta 60 prisioneros. Al mis-
mo tiempo el bravo coronel, comandante de escua-
drón del 6." ligero, Juan Toledo, ayudante de
campo del general, perseguía también con cinco o r -
denanzas de húsares de la Princesa á los que huian
por los ya referidos puentes de Olaveaga y SanMa-,


¡mes, matando algunos y haciendo otros 28prisione-




— 4 1 9 —
ros . El número total de estos solo ascendió á urios
2 0 0 , entre ellos 7 oficiales y un comandante de a r -
tillería. Habría sido muy considerable, atendida la
general dispersión, si nuestra caballería hubiese p o -
dido obrar. La baja de las tropas constitucionales, de
resultas de estas jornadas, se calcula en 1,000 hom-
bres fuera de eombatc. El campo enemigo quedó,
masque sembrado, cubierto de cadáveres; si'bien
las nieves ocultaban la mayor parte bajo sus densas
capas.


Recorrió ESPARTERO todo aquel campo en las pri-
meras horas de la mañana, imponiendo altó respeto
y pavor profundo á los rebeldes que huían y tembla-
ban con solo verle de lejos; y á las nueve resolvió
hacer su entrada triunfal en Bilbao, con su Estado
Mayor y la compañía de Guías d<i infantería, que no
le abandonó jamás en esta como en ninguna de sus
mas arriesgadas empresas. Difícil, y mas que difícil
imposible, es á nuestra pluma trazar un ligero bos-
quejo, dar aunque leve una idea, que esprese en a l -
guna manera todo Jo que tiene de inefable y sublime
la afectuosa escena que tuvo lugar en estos momen-
tos entre ESPARTEROS los valientes bilbaínos. El r e -
pique general de campanas , los infinitos víctoresy
aclamaciones, los mayores transportes de alegría, mil
pañuelos que las delicadas manos de otras tantas da-
mas, empleadas hasta entonces en coser sacos para
la fortificación, hacían ondear en aquellos instantes




—420—
desde las ventanas y balcones de las casas qne aun
los conservaban, todo parecia haber transformado á
aquel pueblo, mansión de calamidades y desdichas
una hora antes , en aquel otro pueblo hermoso,
placentero, alegre, bello, cual era Bilbao hacia
dos meses. Todos los padecimientos , todos los ma-
les se olvidaron entonces ; y solo el bien, el inmen-
so é incalculable bien que en aquella sazón se pe-
seia, era lo que preocupaba los ánimos de aquellas
heroicas gentes.


ESPARTERO verificó su entrada á pié, atravesan-
do por la batería de la Muerte el paseo del Arenal,
en donde encontró formada la Milicia Nacional, qae
tan señalados servicios había prestado á la buena*
causa; y no bien la hubo reparado, cuando abalan-
zándose á ella fué abrazando uno por uno á sus ge-
fes, tributándoles en una corta pero tierna y afectuo-
sa arenga, las gracias en nombre de la patria, por
su denuedo, constancia y valor, diciéndoles que en-
vidiaba mucho la justa y merecida gloria que habían
adquirido.—Saludando después con el marcial con-
tinente que le es propio , á los arruinados muros de
la invencible Bilbao , dirigió á sus habitantes, guar-
nición y Milicia la alocución que sigue:


«La heroica defensa de Bilbao formará época en
«los fastos de esta sangrienta lucha. Las bizarras Iró-
«pas de su guarnición, la belicosa Milicia nacional,
'dos habitantes de esta segunda Zaragoza, fieles á la




«mas justa de las causas , vivirán eternamente en la
«memoria de España libre, y las naciones adiuira-
«tráti tanto valor/constancia y sufrimiento.»


«Los rebeldes, poniendo en uso todos sus medios
«y cuantos recursos les proporcionaba el pais de su
«dominación, deben baber quedado atónitos devues-
«tra resistencia. Ellos han probado vuestro esfuerzo,
«la inutilidad de los suyos, y convencidos de que
«cada pecho de los defensores de Bilbao era un fuer-
ele muro impenetrable á su osadía ¿ qué arbitrio,
«qué proyecto les restaba poner en acción? Reduci-
«dos por el hambre á una capitulación que creyeron
«alcanzar, oponiendo al ejército obstáculos á su ver
«invencibles para que os diese el merecido socorro.»


«Pero el ejército imitador de vuestras virtudes
«despreciando los peligros, haciéndose superior á
«todo, jaro en vista de mi orden general del 16,
«morir antes, sucumbir primero, que renunciar á
«la obtenida gloria de salvaros y de estrechar en sus
«brazos i la guarnición y al pueblo digno y mere -
«cedpr por tantos títulos de losmayores sacrificios.»


«Sin embargo , su deseo y el mió no habrían po-
«dido verse satisfechos, sin la cooperación de los
«subditos de S. M. B. y de su celoso representante
«en este ejército, el benemérito eoronel Wyldc. Jus-
«to es le tributemos el cordial homenage de grati -
t u d y de reconocimiento. Su voluntad decidida, sus
«importantes auxilios; su trabajo material, sus acer-


TOM. i. 28




«tartas y «oportunas indicaciones , han influido dental
«modo, que mi corazón se" goza en , ofrecerles este
«[íoque^o pero público testimonio de agradecimien-
t o , mientras que el gobierna de S. M. recompensa
«tan señalados servicios.»


«A. la vez., aguerridos defensores de Bilbao, l íe-
nles habitantes y celosas autoridades de tan heroico
«pueblo, haré patentes los vuestros con el mismo
«lin ; y entre tanto recibid lis gracias que con toda
«la efusión do su corazón os da el general .—ESPAR-
T E R O . »




C A P I T U L O IT.


Conúrnmcion del anterior. Reflexiones sobre el mé-
rito.de la defensa y consecuencias de la_ victoria
(enseguida en Bilbao: cómo es recibida esta por
las cortes., el gobierno y el pais: ESPARTERO «.S
nombrado CONDE DE LÜCHAXA: brillante impro-
visación del ministro y diputado LÓPEZ.


IENTRAS los sectarios de Carlos,
que tan ganosos estaban de e n -
trar la villa invicta de Bilbao, no
solo se vieron precisados á des-
cercarla, si que también á recejar


los mas, desbandados por aque-
llas fraguras, menguados con gran-


des pérdidas de gente, de material y
de vitualla, dispuestos por lo tanto a
emprender de nuevo su antigua vida de
merodear y pillar por aquellas campi-
y lugares; mientras aquel príncipe, tan
graciado como funesto, recibia en su


'ti* corte tan fatal nuera que no podia menos de
aíectar su espíritu produciéndole el mayor desabri-
miento y enojo; el general ESPARTERO veja solo en




— 4 2 1 —
lórho stiyó S H O pueblo agradecido, que en altas
voces le aclamaba su libertador y su padre, en me-
dio de un arrobamiento general , de una satisfac-
ción , una alegría, que en vano venia á enturbiar el
triste recuerdo de pasados males. Todos, olvidaban
los suyos: el general, á quien aquejaban tan cruel-
mente los padecimientos físicos, y el pueblo, s u -
mergido hasta entonces en un abismo con todo linage
de pesares.


Mucho tienen que agradecer lacausa de la liber-
tad y del trono de Isabel II á este pueblo y á aquel
genera!.—Con altos pregones eternamente vociferará
la fama las ínclitas hazañas dg un!pueblo, que des-
acostumbrado ala pelea y á estrépitos marciales, sin
castillos, sin fuertes y sin muros, sin mas baluartes
que la constancia y los pechos broncíneos de sus de-
fensores , sostuvo mas de dos meses cruda y deses-
perada guerra , con huestes numerosas, aguerridas y
bien provistas; sin que en tanto tiempo de belicoso
tráfago le fatigase jamás el continuo ludimiento de
las armas, hasta el punto de decaer su espíritu y des-
caecer sus fuerzas, ni menos ciar en un ápice su
grande , su inimitable perseverancia. Emula de las
glorias de Zaragoza y Gerona, la inmortal BilbaoJia
sabido también probar que aun no han-degenerado
de su hidalguía y de su valor los dignos descendien-
tes de Numancia y Sagunto.^Parapetos, blindages,
reductos, casas atroueradasHechas avanzadas para




flanquear los aproches'del enemigo, escombros, rui-
nas todavía humeantes; la desolación en fin mas com-
pleta, V las sefiales mas significativas de un sitio
destructor,-y del asolamiento que habia sido impía-
mente decretado por los acometedores, formaban el
espantoso ceadro^que bfrecia entonces una población
notable entre todas las dé España por sus hermosas
vistas, su aseo y su estraordinaria belleza.


No menos que en treinta millones de reales so
calcula la enorme pérdida que sufrió Bilbao en eslw
terrible asedio. Esto sin contar la , muchísimo-ma-
yor, mas sensible, trascendental é irreparable de las
infinitas víctimas que hicieron á porfía el hambre y
el fuego enemigo. Grande fué el servicio que todos
á su vez prestaron , tanto el pueblo como la guarni-
ción y milicia de Bilbao. Diremos en resumen que
ios parques.de artillería é ingenieros, los. zapadores
del ejército y milicia, fueron infatigables en los tra-
bajos que atañen á sus respectivos institutos; habiéiW
«lose consumido en la plaza desde el 23 de octubre
hasta el 24 de diciembre, (5,580 entre bombas y gra1-
nadas, y 10,378 balas rasas , que con 715 proyecti-
les de metralla de menor calibre, componen un total
de 17,673 disparos de cañón , que hizo la plaza á
lossitiadores durante el tiempo espresado. Los c a r -
luchos de fusil invertidos ascienden á 446,000 en la
mismaépóca. La pólvora de cañón á 640 quintales;
la-do fu.s¡4 á 2S id.—Para que se forme una .idea




- 4 2 6 —
aproximada de los inmensos recursos que aquellos
leales habitantes facilitaron en esta ocasión por con-
ducto de su ayuntamiento constitucional, bástannos
decir que recibió este, entre otras muehas cosas,
300,000 clavos de diversos tamaños, 160,000 sacos
de tierra, 20,000 tablones de pino de Francia, 16,000
cestas ó espuertas, 5,500 barricas y pipas , 3,000
quintales de carbón de piedra, 100 sacas de la-
na, 2,000 hachas, picas, palas, martillos, e t c . , 300
sacos para cartuchos de cañón, 400 colchones y 800
sábanas para hospitales. Todos aprestaban sus fuer-
zas y aprontaban sus haberes á tiu dé contribuir á la
salvación de sus hogares, de sus intereses , de sus
vidas, y sobre todo de la libertad aacional y del tro-
no constitucional , que eran las grandes cuestiones
que ante aquellos débiles muros se debatían. Deci-
mos mal; nada habia débil, lodo era fuerte y robus-
to, lodo grande, colosal, en aquella invencible vi-
lla. Todos allí eran atletas ; hasta las mugeres , este
sexo delicado y frágil que tiene la debilidad por uno
de sus esenciales atributos, presentábanse como
otras tantas amazonas dando egemplo de serenidad y
de heroísmo. Era de ver, en nno de los dias de ma-
yor peligro, á una de estas esclarecidas matronas,
esposa de un granadero de la milicia , cuál anima-
ba con vigoroso acento á los soldados que en-
contró al paso junto á unas aspilleras diciéndolcs:
amigos, defended nos y defended á nuestros inocen-




— 4 2 7 —
tes hijos. Nuestra suerte está encomendada á vuestras
virtudes y á vuestro valor.—A pesar délos 64 dias
de mortífero combate, pasados en continuada vela,
y en alarma continua, nadie quiso allí jamás abrir
tratos ni aun siquiera entrar en habla con los enemi-
gos. Tanta era la fortaleza, tanta la constancia y
la hidalguía de los bilbaínos. Los brigadieres San
Miguel, Araoz, Arechavala, Oliveras y Ostores, el
coronel Duran y el comandante de la milicia Arana,
robustos pilares que sirvieron de apoyo á esta me-
morable defensa, inmortalizarán sus nombres con
solo unirlos al nombre glorioso de Bilbao. Eterna
celebridad llevaron también á la tumba los bizarros
comandantes Ulibarrena y Jurado, quienes según
digimos, se apoderaron impávidos del famoso puen-
te de Luchana, finados después en el terrible ataque
dado en aquella tremenda noche contra el fuerte
de Banderas. ¡Ilustres víctimas, sacrificadas en aras


del bien público y de la libertad de s» patria!
Finalmente, el general ESPARTERO tampoco halla un
nombre en todos los que forman el largo catálogo
de sus multiplicadas victorias, que le haga tanto ho-
nor como el ilustre , el ínclito nombre de Bilbao; y
no hay un hecho entre todos los infinitos que es -
maltan su vida pública y que entrelazados forman esa
esplendente corona láurea que orna sus sienes , no
hay un hecho, decimos, que mas contribuya á eter-
nizar su gloria, que el de haber libertado á esta




— 4 2 8 —
nueva Jcrusilen de 1» implacable saña de bárbaros
infieles. Lo diremos cien veces: Bilbao, dando muer-
te á Zumalacárregui en 1 8 3 3 , y conlrarestando el
inmenso poder de Eguía en 836, defendiéndose á sí
misma, defendió á la libertad y al trono de Isabel;
ESPARTERO salvando á Bilbao en ambas ocasiones,
como lo hizo siempre, salvó también estos objetos,
tan queridos de los españoles.


De allí, en efecto, datan el pos'.críor vencimiento
de los facciosos y la victoria decisiva de las tropas
constitucionales. Allí quejaron para siempre con-
vertidos en humo los ideados é impróvidos intentos
de la ciega ambición; y aquel engañoso señuelo que
todavía entretenía á los ilusos alimentando las espe-
ranzas de los parciales y fomentando la codicia de
la corte transhnmante de D. Carlos, desvanecióse
completamente en el momenlode saber las tristes r e -
sultas que, para ellos, tnvo la eterna noche deLucha-
na. Ya no había empréstitos para los carlistas , por-
que no habia prendas que ofrecer, como seguro de
un buen éxito para el porvenir: y este era sin duda
un grave mal para la causa del Pretendiente. Eguía
por otra parte quedaba desacreditado , sus tropas
sin aliento , sin recursos y lo que es nías , sin r e -
mota esperanza de obtenerlos.


Bien al contrario, tan fausta y plausible nueva fué
recibida en la corte de Madrid y en toda España con
el mayor regocijo. De todos los ángulos de la nación




partieron felicitaciones, pagando un justo--tributo de
homcnagey de adrtriracien á los valientes-'bilbaínos,
y mil parabienes también al bizarro ejército y á su
digno gefe que así los había librado del yugo ominoso
de la esclavitud.—La reina Gobernadora espidió un
decreto, con fecha 3 de enero, manifestando que ha-
bían llenado cumplidamente sus esperanzas y mereci-
do su gratitud el pueblo de Bilbao, su guarnición
y milicia nacional, el general en gefe D. BALDOMERO
ESPARTERO, el ejército de su mando, la marina na-
cional , la auxiliar británica y todos cuantos habían
defendido, libertado y cooperado á salvar aquella
inmortal plaza ; ordenando por su artículo 2." que á
los títulos de muy noble y muy leal , que ya tenia,
añadiese desde entonces el de IJÍVICTA. También con-
cedía varias cruces de distinción; y por último, en
su artículo 7." la merced de título de Castilla con la
gloriosa denominación de CONDE DE f A CU AS A al ge-
neral en gefe D. BALDOMERO ESPARTERO para él y
sus descendientes , por el •orden regular. Timbre
de los mas preciosos que adornan á este caudillo.


igual entusiasmo produjo en Jas cortesía lectura
del parle dado al gobierno por el general. Decla-
róse que los defensores de Bilbao, el general en. gefe
ylas tropas de mar y tierra habían merecido bien
de la patria; acordándose al .propio tiempo que el
presidente, que lo era en aquella sazón el Sr. D. Joa-
•'=11(1) Maria Ferrer, decoyo nombre hemos hecho ya




— 4 3 0 —
asteen otra ocasión bien diferente, en esta historia,
dirigiese una carta autógrafa á ESPARTERO, acompa-
ñada del decreto, manifestándole los sentimientos
mas puros de gratitud por el eminente servicio que
acababa de prestar al país. La carta fué concebida,
espresada.y dirigida'en estos términos:


'«Escmo. Sr.—Las tropas que han defendido á
«Bilbao, bis que han hecho levantar su memorable
«sitio y V. E . que tan dignamente las ha inundado y
«manda, .HAN MERECIDO BIEN DE LA PATRIA.—Las


«cortes constituyentes lo han declarado así por una-
«nimidad, y han tomado las demás disposiciones que
«contiene el decreto cuya copia auténtica es adjun-
«ta. A,sí han creído cumplir con lo que I» nación pe-
«dia para sus hijos predilectos : pero se faltarían á sí
«-mismas, si no dirigiesen su voz al ejército que la
«ha proporcionado un d'ia de gloria tan señalado , y
«que tan fecundo promete ser en grandes resultados.
«V. E . es el único que puede juzgar con acierto del
«mérito que cada uno ha contraído, y á V. E.'. loca
«dar á todos las gracias en nombre de la patria. Las
«cortes autorizan á V. E . para ello y se las dan á
«V. Eidirectamente por el valor estraordinario, por
«la pericia, y por la,sia igual constancia que en esla
•ocasión, mas que en ninguna otra, le han distingui-
d o . Un momento solo, la resolución de un instante,
«valen tanto como la vida entera del mis distingui -
d o general. Cuando después de una prolongada y




— 4 3 1 —
«sangrienta pelea , habia. la fuerza dé los elementos
«reducido ya á la impotencia á unos y otros comba-
«tientes , V. E . se atrevió a pensar qsic se p odia
«romper aquella tregua que la naturaleza hacia ne-
«cesaria. Lo pensó y lo hizo. V. E . fué inspirado
«por la patria, y los soldados españoles entendieron
«esta inspiración. Bilbao se salvó : la memoria de
«cuantos han contribuido á ello será eterna.»


«A los nobles y patrióticos sentimientos del con-
ffgreso nacional tengo la honra dé agregar la partici*-
«lar consideración con que soy de V. E. su mas aten-
«to y seguio servidorQ. S. M. B-—L. S . — J O A Q C I »
«MARÍA F E R R E K , presidente.—Palacio de -las cortes


«14 de enero de 1837.—Escmo. Sr. D. BALBOMERC*
«ESPARTERO, general en gefe del ejército del norte.»


Con tan fausto motivo , varios señores diputados
pronunciaron discursos muy notables por la elocuencia
que inspiraba lo grande del suceso, por el entusias-
mo de que eslalyan como henchidos y por el patrio-
tismo noble qué fluiade todas sus palabras* El señor
D. Joaquín María López, ministro cíe la Goberna-
ción, orador afamado yá quien, efecti»amenle^aun-
que después haya probado con evidencia que no
sirve para otra cosa , nadie puede negarle su estre-
ma habilidad en el decir, se es presó d&l modo, si-»
guíente:


«Las cortes acaban de oir la relación de lodo,
lo ocurrido; ea ella todo os admirable,, todo es,




elevado , todo heroico. Con tales gefes y soldados,
señores ,* nada es imposible, nada difícil; se hace
cuanto se quiere, se manda al destino y se escala
basta el cielo, realizando la fábula de los Tita-
nes.»


; «Nuestro ejército no ha peleado solo con otro ene-
migo , tenazmente empeñado en la operación y po-
sesionado de posiciones formidables, en que el va-
lor y la desesperación habian reunido lodos sus r e -
cursos j no, ha peleado con la naturaleza, con el
furor desencadenado de los elementos , y hasta de
los elementos ha sabido triunfar. Azotado por la
tempestad, abrumado por la lluvia, por la nieve
y por el granizo, én medio de la noche mas espan-
tosa , se ha hecho superior á lodos los obstáculos; y
no ha necesitado decir como aquel célebre capilan
de la antigüedad en el sitio de una ciudad acaso no
masfámosa qúe;Bilbao: ¡Gran Dios, vuélvenos la luz,
y pelea'contra nosotros! No , nuestros soldados sa-
ben vencer así en la luz como en medio de las t i -
nieblas, y «o necesitaban entonces la claridad sino
para que iluminara su triunfo , y dejase ver el pen-
dón radiante de la libertad , que se elevaba ondean-
do en los campos de Bilbao < sirviéndole de (roño
los cadáveres de SUS enemigos.»




Í N D I C E D E L T O M O P R I M E R O .


F B O I - OG O i > . . . . . . . ; Pág. \


fíesde el nacimiento d e E s P A n T E R O hasta i¡uc toma el mando
cerno general en gefe del ejército del Norie, el 23 de seliem
bre da 183«.


C A F I I C L O P R I M E R O . Origen <le Espartero, su patria, s u fa -
milia, su infancia, su instrucción y educación
primarias. . • . . 1


C A . F . ti. Espartero estudiante en ¿V'magro, abraza la c a r -
rera de de las armas; sus primeros pasosen esta
carrera , su ingreso en los.colegios de la Isla de
León y de Cádiz, hasta su salida déosle ú l -
timo. . . . . . . 7


C A P . I I I . Desde.que salió Espartero de la academia espe-
cial del cuerpo de ingenieros de Cádiz, hasta
su embarque para America en dicho puerto, ve-
rificado el 1.° de febrero de. 1813. . . . . 19


C A P . I V . Arribo del ejército espqdicionario de .Morillo a las
playas de Cosía F i r m e ; estado de aquel pais,
toma de la Isla. Margarita; el regimiento de E s -
Ircmadura, donde servia Espartero,es deslina-
do á Lima, desde cuyo punto sale con dirección
á la provincia de Charcas: pacificación de esta
y otras provincias y comportamiento, de Espar-
tero en aquellos, hechos de a r m a s . . . . 23


C A P . v. Espediciori d e j u j u í y Salta: recíbese en América
la noticia de haber sido jurada porel rey el 9
de marzo de 1820, la constitución política de la
monarquía, preclamáda en la Islael l . °de ene-
ro del mismo a ñ o , porel ejército destinado á
aquellos dominios ; idéaspolíticas deEspartero
en aquella época ; conspiración de Óruro des-
cubierta y castigada por él:, otra espedicion a
las costas de Arequipa. '., . . •,. . , . . 43


C A P . V I . Acción de Calaña-v reconocimiento de Tacna:




— £ 3 4 —
;. j ! f*g«ieiftat telillas de Tora En y Hoqiiclíua, 'gto*


rías -«'dqa tridas p»r ¡ispart$r» en estas memo-
rabies jornadas-: ocupación de Lima por nues-
tras tropas: bloqueo del castillo del Callao: ea:!i-


0 * F . vi l . Defección del general Olafieta : conducta que cu
esta ocasión observa Espartero : eomisiun im-
portante desempeñada por este en la ciudad de
Salla, en union con «tro encargado de la repúbli-
ca de Buenos-Aires: otra comisión, mas trascen-
dental aiui, que recibeEs/)(irt«ro del virey, cer -
ca del gobierno de Fernando : torna aquel »
América cmbarcándosccn Burdeos : su arribo á
aquellas costas, sus padecimientos;' su vuelta á


C¡vp. vni . Llega Espartero <¡ España: cómo es recibido en
la corle: -cásase: loma el mondo del regimiento
de Soria: con t i cual pasado guarnición á B a r -
celona y después á las Islas Baleares: solicita y
obtiene del gobierno permiso para trasladarse a
lasprovincias vascongadasal principiar la guer-
ra c iv i l : sus primeros hechos de armas luego
que desembarco en la Península 111


CAP. I X . 'Espartero es nombrado comandante general de
la provincia de Yi»cay.a: encuentro de Barani-
bio : acciones de Guernica y Qñale : sorpresa de
Cianuri: socorro de Portugalcte: aprehensión de
la junta de Castilla: Acción dada en el puerto
de Artaza , 'Con otros Iieclios.de armas quetuvie-
ron lugar durante el año de 1834. . . . . 1-21


CAP . x . Acciones de OrmaislcguijYillareal de Zuniárrago,
Mirabolles, Villaro, Descarga y Puente de Cas-
trcjanavsocorro deiJilbao asciiiado.por los fac-
ciosos: batalla de Aíciidigoxria. . . . . . HUÍ


CAP. I I . Consideraciones generalcs-sobite la política y la
guerra. Bilbao bloqueada por Jos .facciosos y
libertada otra vez por nuestras tropas: a c -
ciones de Arrigorriagá y del puente de B o -
lueta, con otros hechos de armas hasta linar el


CAP. X I I . Situaciun <kl igohierivo y dé las cortes: estado
de la guerra: gloriosas acciones de Orduña y
Unza: «pedición y persecución del general car-
lista Gómez: batalla de Ezcaro: sublevación de
las provincias de lamonarquía contra el ministe-
rio Isturiz, y proclamando la constitución de
1812: Espartero es nombrado genera: en ge fe
del ejercito de operaciones del Norte. . . . 327


paña del Sur, tu


•España ¡SI


airo de 1833. 2 í o




— 4 3 5 —


Denle que E S P A R T E R O tomó el mando corno general en ¡jefe drt
ejército del Norte, hasta que las cortes le nombraron Regan-
te del reino, el 8 de mayo üe Í8H.


C V P I I T I . O t n i M E i i o . Toma el mando de las (ropas: estado
en que estas se hablaban: medidas y operacio-
nes previas para la campaña: accioft ganada á
los rebelde» en Castrcjana ; tercero y último s i -
tio de Bilbao, y ataque glorioso de su afamado
puente de Lucbana 3 3 3


CAP. I I . Continuación del anterior. Reflexiones sobre el mé-
rito de ¡la defensa y consecuencias de la victo-
ria conseguida en Bilbao: cómo es recibida esta
por las curies : el gobierno y el pais -. Espartero
es nombrado conde de l.ucliana : brillante im-
provisación del ministro y diputado l . o i ' M . . í2«




ESPARTERO.




XII\ - 3/.fO


Esta obra es propied~d de la Sociedad ti/eraria.






• • 4 •


. .




m20~®lli2&.


\lE SU VIllA M1LITAU y rOLITICA
y DE


LOS GRANDES SUCESOS CONTEMPORÁNEOS.


DE




Tlle pr/)per stluJy uf maJlf¡i~!d is mlm.
(POPE. )




~pO,tt Stgnnbtt.
_ea


~A.PITIJL. 111.


~=<'D:::~


SiLuaoiondel gobierno: ábrense las córtes constitu-
yentes: primeros decretos de estas: plan de cam-
paria propuesto por el genet'al Ewans: accion
de Galdácano: gloriosa retirada de Zornoza.


NTES de proseguir
narrando los suce-
sos de la guerra,
diremos algo de la
política con rela-
cion ahora al minis-
terio Calatrava.-
Ascendido al po-
der y al gobierno
supremo del esta-


do este personage, de la manera que hemos visto, y
por los medios que son mas fáciles de sentir y juzgar




-6-
que de ver , ere}'~~()n mucfios, Ij~eJa)es, sin tener en
cuenta los antecedentes, nada faustos por cierto, que,
en anteriores épocas; caracteriZaban ya la índole de!
ministro, que este y sus cólegas iban á emprender
U(la marcha política y administrativa de verdadero
progreso, puesto 'que 'progre~s'as' se decian, fomen-
tando los intereses materiales y morales del pais, en
cuanto lo permitían las críticas y apuradas circuns-
tancias de la guerra, tendiendo una mano protectora
al gran partido liberal, que era de quien debian es-
perarlo todo. y finalmente, cónservando en lo da su
pureza I~s grandes y sublimes principios de orgilni-
zacign rIlocíal que las libres cuanto ilustradas córtes
de Cádiz habian dejado consignados en el memorable
código de 1812, que la nacion en masa acababa d@
erigir en ley constitucional del estado.


Almas viejas unas, envejecidas otras, cobardes
é irresolutas las que no estaban agoviadas conel peso
de lasenéctud, no eran las mas á prop6sito las de es-
tos ministros para dominar, tan difícil y complicada •
situacÍon., ni menos para empeñaF decisivos trances
con los muchos:y poderosos enemigos que dentro )'
fuera del reino tenia la c-onstitucion española. Una
sola fueriá bastaba para contrarestar el poder de
todas esas fuerzas reaccionarias: la fuerza revolu-
ciouttria , . la fuerza nacional, el elemento popular
manejado l dirigido con acierlopor un gabinete de
mas robustez y de mas bríos que el' que presidia el




-7-
señor Calatrava. Pero si bien es cierloquc este, en
los primeros dias de su ad venimiento al poder, tenia
á su disposidon aquella fuerza, asustaba ella mas al
espíritu apocado y meticuloso de los ministros, que
todas las reacciones que pudieran sobrevenirles, y
aun que las mismas huesles de D. Cárlos.


EsCalatrava hombre de acreditada honradez, pe-
rito en la jurisprudencia y orador de bien merecida fa-
ma. y CGmo eDla confusilln de ideas que reina gene-
ralmente en España, respecto á la cali6cacion de las
personas, confusion que nace del gnnde atraso inte-
lectual, sea harto frecuente ese trastrocamiento que se
obstina á veces en hacer de un orador. un -ministro
de marina, de un poela un gefa de la hacienda pú-
blica -y de un cómico un hombre de estado, malo-
grándose por esto algunos talentos y fracasando al-
gunas reputaciones, hasta el punto de convertirse
en verdaderas calamidades pan el pais, hombres be-
neméritosque, bien. empleados, hubieran siempre
dado mucho honor.y glót'ia á su patria, el ministro
estrcmeño que ha lucido constantemente por su sa-
ber é integridad en su natural elemento, el de ]a ma-
gistr.atura, 110 ha subido una vez al poder sin que
esto haya servido para eclipsar]e, rebajándole en la
consideracion y opinion de sus conciudadanos.-Con
mas presuncion y orgullo que sólidos talentos, do-
tado además de ulla .grande susceptibilidad que ha
ido creciendo en él y fomentándose con el álito de





-8-
la dañina lisonja, á cuyos placenteros erectos no sue-
le mostrarse indiferente el D. José, ha creido siem-
prebastarse á si mÍllmo 4óm las mas árduas é impor-
tantes deliberaciones, sin d:iroidoll jamás á los
consejos de nadie, .que estima él en menOll que el
sUJo, considerando á los tales consejos, á las amo-
nestaciones de Ja prensa y aun Jas peticiones y exi-
gencias de Jo.s mismos pueblos, comoottos tantos
insultos ó delitos de profunda lesion hecha á su per-
sóna. Es él.ministro? Basta; ya está hecho todo: ya
puede y debe pararse el carro de la revolucion, co-
mo uno de .suscólegasdijo en las córtes , días poste-
riores. Y hé aquí el lema político de estos y de otros
muchos corifeos progresistas.


Mucho pudo hacerse entonces á favor de la co-
mcnzadaregencracion social y de los nuevos intere-
ses que la rcvolucion creaba. Pero monopolizada
esta por los que' se decian sus mas ardientes sectarios,
y que con efecto, fueron tan amantes de ella que la
quisieron solo para sí, 'el ministerio Calatrava fué
mucho menos que un ·ministerio de partido, fué
solamente un ministerio de pandilla, que aspirando á
sostenerse, y nada mas, con una mano halagaba á sus
enemigos, los vencidos en la Granja, tal vez con-
fiando neciamente en ~ue estos le perdonarian su
origen y llevarían en paz su elevacion y su perma-
nencia en el mando, y con la otra asestaban golpes
tremendos á los mas decididos patriotas, como en




-9-
ofrenda hecha al implacable enojo de aquellus olros
adversarios. Nunca se habló mas de sociedades se-
cretas, jamás hubo tantas causas de conspiracion ni
se hizo tanto uso de las elásticas y acomodatidas pa-
labras de convíccionmoral f sospechas de desafeccion
y otras análogas, CGmo en esta época; pero siempre.
téngase entendido, para cohonestar la persecucioD
impía que sin cesar se estaba haciendo á los libera-
les. Entre losmucbos de estos beneméritos patricios
que en la córte;comoen las provincias, gemian en
calabozos;, víctimas c).esgraciadas- del despotismo
exaltado que egercian los hombres de la Granja,
cuéntase al ilustre español, antiguo adalid de nues-
tra independencia y de nuestras liberlades, D. Loren-
zo Calvo de Rozas" á quien se fraguó una' causa
crimiual de conspiracion, notable y célebre por baber
figurado en ella como testigos auriculares ó de re-
ferencia , pero sentados en el banquillo de los acu""
sadoreg" algunos smíoressecretarios del despacho,
qtie afortunadamente hici~rollsu o6cioen vano, vién-
dose probada la inocencia de Calvo y puesto este en
libertad, no sin haber sufrido algunos meses de in...,.
comunicacion en una prision inmunda. Para este sis-
tema de p~rsecuciones y de solícito espionage que
contra los liberales adoptó aquel gobierno, y que no
parece siuoque le era inspirado por los mas astutos
enemigos del, partido reformador, que tan mal para-
do dejó el Sr. Calatrava, valióse este de un hom-




-1"0-
bremuy ií. propósito para el caso, como entendid6
que es, segun parece, en asuntos de coospiraci{)tl; y
de asociaciones clandestinas: era esta el gefe político
de ~fadrid' D. Pio Pita' Pizarro, á· quien despues
",irnos remplazar en el ministerio de la GobernaCÍol1
al Sr. Lopez , y en tiempos posteriore.s formar parte
de otros J!acbioétes bien .opuestos en idea-s á las que
pre'Valécieron en la. Granja : ElserlVicio que el señor
Pila' prestariaen GobernaciGn á 5US amigos polilicos~
ya, se ileja conocer 'po«" eslM' .. al .alcance .de t€Jdos; y
al que 00 lo penctl"e,liecb'OS' postedores vflDdJ'án á
sacade de toda vaciladon, de toda duda .. Dirade las
personas que intervenían muy de cerca en estas tra-
moyas., .era un D. N. Pasea, italiano aventurero, y
como tal, muy dado á intrigas y. manejos deellte gé-
Bero~ segun lo ticnen'acr.editado 000 egetnplosdi-
'feJ!sos en España ;algunos indiviDUOS de aqueJ.la
sacion.


" De tálmailel'a procuraba este ministerio inspirar
confianza á los Iiherales.;yde: táI suetteempleaba
un tiempo precioso q~e debia invertir en atender
á las apremiantes exigencias dela guerra, en mejo-
rar. el crédito, y.ecbar las hases .de una adminislra-
CiOD mas liberal, mas justa ,mas' equitativa,mas
racional y mas'ecoD6mi~a tambien que la que hahia,
mediante algunos proyectos d:e mejoras quedehie-
ron s.er presentados á las córtes constituyentes, y que
hubieran estas discutido en las sesiones que prece-




-11-
dieron á los debates sobre ConslituCÍon. Pero bien
al contrario de todo esto, ocupados solo.1os goher-
nantes en armarse de facultades estraordinar1"as" ~s
decir, estra-constitucionales,. en iÍnimo de prose':'"
guir aquel su plan diabólico y sus miras pesquisa-
doras, demandaron y ohtuvieron de las córtes'las
predichas facultades, queeran al parecer los~grandes
medios de gobierno y el helio ideál de los ministros
constitucionales. Afortunadamente el tiempo y los
sucesos vinieron á hacer ilúsorias en sus:mallQ$ tales
m~dj.das; :pdrque los ministros habian ,trabajaclode-
masiadamente y con harta imprudencia en contra
suya, y no lardaron mucho en Labrar, con la derrota
del partido liberal, su propia ruina, como diremos
despues.


A quien parezca injusto este j~iciodel ministe-,
fio Calatrava despues de la victoria de Bilbao ,de-
heremos decir 'lile esta 'victoria señaladisima qua. al
cabo de sesMta y cutJ.tro dia;s de horrible asedio. al-,-


• -(lanzaron ante los muros de aquelIa invicta villa Ir.,
tropas constitucionales, era ya un suceso en, cierto
modo necesario, atendidas las circunstancias que
para él mediaron; y que. si alguna gloria cabe, co-
mo no puede menoS de acontecer. á aquel 'minis ...
terio ,por el hecho memoraLléde LllChllDa." bi~n
pronto esta gloria quedó eclipsada con la estraña. pa-
ralizacioD de nuestras tropas que bizo desaprovechar
las inmensas ventajas que debieron seguirse al ' des-




-12-
cerco de Bilbao , seguu veremos mas adelante; y no
se haria sentir ni cundir mucho .ciertamente aquella
gloria ministerial por las provincias meridionales de
España, que en los últimos meses de este año de 36,
sufrieron el cruel azote de la guerra,que eu su cor-
reria les import6 el rebelde Gomez. Bien que DoCal-
taron .entonees genios suspicaces, tal vez mal inten-
cionados, que viesen en estacorreria una medida
próvidencial·de los gobernantes, que si así fuese solo
pOdria.esplicarsede modo que ellos tolerasen aquel
castigo impllcsto a unos puebt()s cuy() delito no po-
dia ser otro que el de· haberse alzado los primeroi
proclamando la Constitucion de 1812, y verificando
la revolucion que colocó.en el poder al Sr. Calatra-
va. Pero cuenta que la historia, mas circunspecta
que.cávilosay snspicaz, no puede dar como hechos
meras conjeturas, ni menos osaríamos nosotrosatri-
huir.· aquellos ministros, ni á ningunos otros. con
tan pocos fundamentos, tanto crímen. Quizás se vis-
!umbra algun misterio en la conducta de los perse-
guidores de Gomez, señaladamente en la de los se-
ñores Bodil y Alaix, que fueron los mas desgracia-
dos, costando al primero su separacion del ministe-
riode la Guerra y del mando de la division de la
G:uardia Real, por decretos del 15 de noviembre;
pero si algun misterio existe, todavía el tiempo y los
intereses y respetos personales no hau dado lugar á
revehirlo. Mas quede consignado que la historia, im-




-13-
11arcial y veridica, no puede prestar de modo algu-
no su asentimiento á tan malignos rumores, que su-
pondrianmucha criminalidad de parte d~ los minis.,.-
tros, Jo cual no es presumible atendida' la probidad
del Sr. Calatrava, quien si pudo ser instrumento tal
vez, nadie creerá que fuese causa eficiente y pri-
mordial de tamaíios males. Una cosa, sin embargo,
tonviene que apuntemos: acaso otro poder. que no
era el del gobierno, sino que ,por el contrario,
cifraba su interés en obrar en daño suyo, fuese la
verdadera causa de aquellos desastres, que tanto
contribuyeron á desacreditar el ministerio Calatrava:
lo cual si es así, solo podremos inculpar á este por'
su falta de prevision y tino, por su debilidad para
con los malvados poderosos (comparable solo con la
fuerte energia (tue desplegaba contra inermes pa-
triotas) y finalmente por sus imprudentes desacier-
to~, que son los que forman el carácter esencial de
aquella época.~Cierto que no faltaban enemigos
poderosos á aquel mini!!terio dentro y fuera del rei-
no, prescindiendo de la oposicion que tuvo á poco
de subir al poder en el mismo partido progresista.
oposicion que echaba en cara á los ministros el ba-
ber estos desconocido su orígen conculcando á cada
paso la ley política que habia servido de andamio á
su elevacion, ,'olviendo la espalda á los mas fieles
parhdanos de esta ley constitucional, y ofreciéndolos
como en holo(,(lUsto y como verdadl'ras "iclimaJ pro-




-14-
piciatoriag, : á los enemigos jurados de la revo-
lucíon ,. y tIue era eali6cada por ,elgohierno con IOit
dictlldos de ultrfr"exaltaaa y anárquica; pero tam-
bien es indudable que los gobernantes; obrando de
tal suerte, velaRse privados desuprincipal, naturaly
único apoyo,. llevados de miras mezquinas y tIe un
miedo que probaba bastante el espíritu apocado éin-
su6ciénte de aquellós. hombres, nada propio para la
situacioD que en· ·vano se empeñaron en dominar.


Alahrirse las c6rtes constituyentes el 24 de oc-
tubre hallaron un ministerio sin opinion, sin .crédi-
to y sin fuerza, con la desgracia además de haber in-
vadido en su tiempo el cáncer horrible de la guerra
las vírgenes provincias meridionales de ESJl3ña.-No
fueron aquellas c6rlos tumultuosas y anárquicas, co-
mo creian algunos meticulosos que esperaban ver
repetidos en nueslrapatria los inolvidahl('s y temi-
bles «ias de la ConveQcion fránc~sól, mediante un
terrorismo re vol ucio:n:a rio, ~eQllejan.te al de es1a na-
cion; bien al contrllfio, dóciles. en . d.emasía los di-
putados constituyentes á la v.oz del sólio , los vere-
mos dentro. de p()Co formar una Conslilucion que
<lisia menos del Estatuto (anstraccion hecha de su
origen), que 'de la ley fundamental del 12 que era
la que se proponian rcvisar.-Sus primeros a.cucr-:-
dos fueron ílprohar 'todo lo he.cho por el gobierno,
confirmar á la reina viuda en la regencia del reino
y en la tutda de sus hijas, y reconocer la indepC\l-




-15-
deneia dé los estados de América, que un tiempo
fue'ran trozos de nuestra inmensa nacionalidad , y
qiIc s-icHdo ya independientes de heoho, se. estaba en
el caso de reconocerlos de derecho, como' ahara se
hizo i autorizando las córles al; 'gobiernopara.qti.e,
no obstante los:art8. 1(}; 172 y 173 de la Constitu-
don de 1812, pudiese concluir tratados de paz y de
amistad con los nuero¡;- estados de la América es-
pañola, sohre la base del reconocimiento de su in-
dependencia y renu:ncia de todo derecho territorial
Ó de'~ob!n':lnia por parte de la antigua metr6poli.
Medida qne sobre ser justa para con los americanos,
era tambien tle grande utilidad y aun necesaria para
nosotros.


Vol viendo á las Cosas de la guerra, no daremos
principio al añ() 31 sin hacer una reseña, aunque li-
gera, de algunos sucesos que tuvieron lugar en
Jos postreros meses del 36. Hay 'entre ellos uno,
'fUe si bien es parcial y aislado, no p9r .'eso e~
menos curioBo-é interesante. El gefecarlista Itur-
ralde , sucesor que hahia sido, al principiada guer:"
ra, de D. Santos I.adron, y que despuescedió el
mando al ,famoso Zumalacárregui, se halbba' con
su familia en la villa de Zalduendo, distante una
legua de Salvatierra. Sabedor !le ello el· partida~
rioMartin Zurbano, 'Conocido tambien por·el nom"""
hre de Varea· (pueblo de su naturaleza}, cr:eyó.
oportuna coyuntura aquella para apoderarse de sú




-16-
persona, y puesto á la cabeza de unos "einle caba-
Hos y doce infantes á quienes montó en otros tantos
hagages dispuestos al efecto, parte como un rayo este
célebre gllerrillero.cncaminándoseá la citada ,'il/a,
á donde llega el 24 de noviembre. cerca precipi-
tadamente la casa en donde se hallaba el cabecilla, y
apoderándose de elté, 'de su muger, su hijo y doco
oficiales con sus respectivos asistentes que le acorn-
pañ'aban, los condujo á todos al siguiente dia á JiI
ciudad de YitOria. ,Era este Zurbano un contr .. ban-
dista lliltural de aquel pais y muy conocedor pOI' lo
tanto de la tierra y de sus llabitanles, valeroso, at:-
tivo, osado, emprendedor. el mas á propósito sin
duda para bacer esa guerra de sorpresas y golpes
atrevidos que lan conveniente era entonces en las
provincias vascas, pri vando como por encanto á los
rebeldes de hombres, de auxilios y tarnbien de al~
gunos de sus establecimientos: y conelfin de obtener
estas ventaj~s, le hahiá permitido el gobierno ~ por
recomendadon especial del general en gefe'y en aten-
cion á otros servicios de este género que habia pres-
tadoánteriormente, que organizase y capitanease una
partida de gehte de su ley y de su confianza, con la
cual pudiera dedicarse á aquellinage de pcrsecucion.
El éxito de la mencionada empresa y de olrasmuchas
semejantes, justilicó plenamente esla resolucion del
gobierno, criticada en un principio por algunos, co-
mo no podia menos de serlo, atendida la calidad de




-17-
las personas en cuyas manos se ponian las armas
constitucionales. Empero Zurbano, por medio de
los mas eminentes servicios prestados á la causa na-
cional en los campos de Guipúzcoa, Vizcaya, Alava,
Navarra, y des pues tambien en Cataluña, segun ha-
remos ver en lo sucellivo, hizo olviJar de todo pun-
to sus antecedentes, durante la gueHa, alcanzan-
do por premio de sus hazañas los mas altos grados
de la milicia, y haciendo pasar su nombre á la pos-
teridad alIado de los primeros J mas famosos ada-
lides de los ejércitos constitucionales, habiendo lle-
gado á recorrer en pocos alios la pasmosa gradacion
de contrabandista, guerrillero, general y conde. Ta-
les y tan estraordinarias suelen ser las peripecias d
lAtl guerras y las revoluciones. .2


....


Por este tiempo la plilza de Morella rechazÍl de ~.,. . o'
v. O ''l..~


ante sus muros á las faccioBes de Aragon , Valell- y\
cia,.que al abrigo de la infidelidad de varios vecinos,
algunos oficiales y soldados del provincial de Lorca
que la guarnecia, y tambien ciertos dependientes
del gobierno militar, qua estaban en relaciones clan-
destinas cOn los rebeldes, intentaron acometerla y l?
verificaron con tan mala ventura, que noticioso el
g!lh.ernador de ello, lomó medidas oportunas, las cua-
les dieron porresuItado el repeler á cañonazos á di-
chas facciones, que (i¡UI,lS en el secreto de la sorpre-
sa, aparecieron orgullosas en las alturas del camino
dc Chiva; pero que viéndose sorprcndidas á su vez,


TO.\f. 11. 2




~f8-
cmprcndierón biell deprisa la retiradap6r el eSf>resa-
do camino yel del Orcajo. Así se salvó por entonces
este punto interesante y altamente estratégico, casi
imposible de S(lr tomado por la fuerza, y ell donde
tllntns -veces se ensayaron los villanos resorles de la
traicion J de la-int-riga, hasta el eslremo, tan deseado
por los cltrlistas, de ocuparle estes, como así sucedió
C~ dias posteriores-o l\f¡is coja ocaliion de ahora solo
sirvi6 á los faccios9s para mengua, y á sus encuhier-
tos adictos para un térrible y egem¡Jlar escarmiento.


De igual imporlancia ,,1 menos, ó de ma)'or aUII,
fué otro triunfo que consignieron las arma¡; naciona-
les casi en la propia fecha. El general del <>jército drl
centro D. Evaristo San Miguel, se aporleró en la ma-
iíana del 31 de octuhre de la importante plaza de
Calltavieja, la cual tenia asediada hacia algunos dia .. ,
pero que á pesar de una ímilil resistencia, vióse obli-
gada á reildil'sc, abandonada por la guarnicion car-
lista, no sin sufrir esta en la retirada rudos golpes de
San 3figuel que la hizo mas de 200 prisioneros. Era
Cantavieja el balua¡lle de los enemigos de la libertad
el1 el Aragon, centro de sus operaciones en las prú-
víncias limítrofes y depósito no solo de inllumerables
acopios y pertrr:chos militares, si qUé \ambien de
mucbos prisionews que nos tenían allí los contrarios.
La ~dqui§iciotl -pues de tan interesante plaza rllé un
paso a'lentaju(lísimo en lil guerra, tanto mas, cuanto
"lue 165 -rebeldes al empren!ler la fqga t010 lo deja-




-19-
ron á merced de los vencedores; y aquí fueron res-
catados los mudlOs prisionoros hecbos por Gomez
en la funesta accion de Jadraque, quienes ofrecian
un cuadro espantoso <le miseria y de abatimiento,
tratados como estaban contra todas hls leves de I¿I


" gu~rra ,habiéndose visto algunos de ellos, segun se
dijo de púlJlico, precisados á alimentarse, por salvar
la vida, con carne humana. Que tanta era la crueldad
y la barbarie 'de aquellos caribes.


El brigadier D. CayetanoBorso alcanzó tamhicn
por entonces otro triunfo en un encuentro que en
las inmediaciones de la Cenia tu vo COIl el cabecill:t
T¡,Nada y otros á quienes mató 80 hombres; y el
de igual clase D. AgusUin Nogueras derroló igual-
mente en los términos de Miravctc, á las partidas de
Jara, Orejila, Peco y Palillos. Por último el general
Idarte tambien aumentó el catitlogo de las victorias
que obtuvieron las tropas constitucionales, en este
año de 36, batiendo y destrozando el dia 13 de di-
ciembre en Cataluña y en el punto llamado Esplug:l
Calva, al rebelde Griset, que dejó en el campo mas
tle 100 muertos, un considerable número de heri-
dos, armas municiones y otros efectos.


Pero volvamos ya la visla al cuadro mas interc-
s:mte de la guerra. que es el que en el norte ofrecen
los dos ejércitos beligenlUte.s, y demos principio á la
campaña de 1837. Rehechos los carlistas y recobra-
"o su .ánimo ,.á bene.ficio.de la prolongarla inaccion




-20-
en que se COllstitli,yeron nuestras tropas despues de
la noche inolvidable de Luchana, bien pronto se cre-
Jeron en disposicion de emprender nuevas lides, ó
:11 menos oponer fit'me rostro á nuestros valientes,
sin que el terrible escarmiento que debieron sufrir
delante de Bilbao, y los desengaños que en sus cor-
rerías obtuvieron por fruto los espedicionarios Ba-
tanero, Sauz, D. Basilio j Gomez y otros, hastasen
á convencer al fascinado Cárlos y á sus secuace~ de
la mala acogida que en el pais hallaba su causa; y de
la reconocida impotencia de sus esfuerzos. Empero
el haston de generalísimo fué arrehatado de las ma-
hos de Eguía, como era consiguiente segun el acos-
tumbrado proceder de la córle carlista con los ven-
cidos, y puesto esta vez á dis posician de un hombre
nulo, el infante Do Sebastian, cuyo valor corria pa-
rejas con su aptitud! y cuyo prestigio no era cier-
tamente el mIs á propósito para avivar el amortigua-
do entusiasmo de los facciosos, y poder asi reparar
las grandes pérdidas que en las últimas rotas habían
sufrido. Este pel'sonage habia salido algun tiempo
antes de Madrid, con pretestos que nunca faltan á los
príncipes, cometiendo despuQs la travesura de ir á
aumentar los cuidados y atenciones de los sectarios
de su tio D. Cárlos con un mueble mas en el campo
enemigo. Mas las consideracienes de nacimiento, que
son consideraciones de gran cuenla entre estas gen-
t~s , dieron el mando de las armas carlistas al D011




-21-
Sehastian , presentándose así ulla ocasion harto [11'0-
picia á nuestras tropas para haber cOllcluido en pOCOi
días con las principales huestes del rey pretendiente.
; Lástima grande que nuestro gobierno y nuestro
ejército de¡¡aprovechasen tan oportuna coyuntura!


El general ESPARTERO, que desde la época en
que le dejamos trocaba ya su nomhre [lor el glorio-
so título de CONDE DE LUCJlANA.., timbre que debie-


. .
ran envidiarle muchos descendientes de la, ,antigua
nobleza, porque los títulos cU~lDdo sJguHiC:Ul y cuan-
do Talen, es cuando uno los alcanza por sí, en yir-
tud de senicios propios, personales, sill merecimien-
tos adquiridos en la cuna; el general ESPARTERO, de-
rimos, interesado mas que ~ud,ie en dar cima /J su
proeza, aprovechando los momentos 'Iue siguieron al
levantamiento del sitio de Bilbao, persiguiendo sin


celiar á los rebeldes, hostigándolos á todas horas y
en todas partes, y df'slumbrándolos con el resplandor
de su victoria, lejos de hacerlo a~i. permaneci6 lar-
go tiempo en la mas completa inaccion, con Jo clJal
se irrítaha en gran manera el ánimo de los pueblos,
quC" veían pasar y porderse los dia.s mas oportunos
para concluir de una vez atIuel1a guerra cruel y deso-
ladora. Muchas y muy poderosas eran las causas que
contribuian áesta dccision, 6, mejor dicho, indeci-
sion del nuevo CmmE, las cualesespondremos aquí
brevem~tlte para que el buen juicio del.leetor com-
prenda 5í hubo 6 1)0 culpabilidad en este hecho, y dJ}




-2:l-
parte de quién la bubo, ó si mas bien él rué un efeclo
natural y aun necesario de causas que no era dado á
ningun ser bu mano· remover, ni .aun siquiera ate-
IlUar.-Enumerarémoslas principales. La prolonga-
da y penosísima.opm-acion que habia terminado feliz-
mellte el 25: de diciembre, dejó, como no podia. me-
nos de suceder, ,¡. nuestro ejército'en un estado de-
plorable de cansancio. contando además con que una
gran parte de él. existía en los hospitales; l no fa~la
quien asegura que entre enfermos, heridos y ('speailos
tenia inutilizada entonces la mitad de su fuerza. El
descanso de nuestras tropas era, pues, absolutamen-
te' necesario á· fin de repararlas grandes pérdidas que
acababan de es~rimentar y no aventurarse impru-
dentemenfe á sukir otras mayores; y esta necesidad
resaltaba tanto mas;- cuanto que el mismo CONDE se
bailaba tambicn indispuesto en su salud, como he-
mos visto anteriormentG. Olra cansa taninevitablr
como la que precede, era el h'orroroso lernflor¡¡J de
aguas y nieves que bizo imposible todo movimiento y
toda operacion militar durante los primeros meses
de aquel año> La grande eSCilsez de recursos en que


se haH'aba el ejército tambicn cOHtribuy6 poderosa-
mente á su illaCciQn en este tiempo, que para que
no·fuese·d·él todo perdido procuró el general en gare
inverlir en las fe:-lificaciones de aquc lIa plaza, á lin


de que si alguna vez intentaban los enemigos reite-
rar SIlS ataquet;, no fuesen mas felices que en las tres




-23-
disLinlas ocasiones en que habian osado realizarlo.


Otra causa escncialísima existe aun entre-las ya
enunciadas q uc justifica el quietismo en que se cons-
tituyó el general ESPARTERO despues del último sitio
de Bilbao; y es que las operaciones que debi:m em-
prenderse en aquella época fuoron objeto de pla nes
que ocuparon sériamenle la atencion del.gobierno.
Estaba ,a para cumplir el plazo de la legion britá-
nica, sin que esta-hubiese becho grandes,proezas, an~
tes ~bieD8u, .. mMa estreHa lahabia ocasionado una
triste r()~¡í,'en·las inmediacio.nes.del"uenterrabía po-
cos días antes, y picado en su honor á v.ista -del mal
papel que á su. vuelta. á Ingl:"erra iba á representar
para con su, gobier,oo y de la, ppbre falDA que en ·Es..,.
paiía dejaba el general "gcre dI} dicha' legion, Lacy
Ew;¡ns. propuso un nuevo plan de· campaiía algo-
bierno deMJldrid, llor conduclo<:d'et embajador .de
sú fta.cioB,;eLcllaJ estaba reducido á, privar á I~ re..,...
beldes desu,colUunic¡\cion con Fr.nncia, ocupandoto-
da Ja,fro-nlera, y :.rrelalarles lamhien con el Il}islJ)o
ohjelo los puertos que en :l'lllclla costa posl'ian;
olmindn para llerarle ~ cabo bs fuerzas que él gUÍ:lh:l
.en combinacion .con las que existian en VizC'liya y en
Nayarra, de la circunferencia al centro, y pl'Ocuran-
do arrollar en esta operacion mú-ltiple· á las fuerzas
contrarias. Aprohú el gohierno .este plan con tanto
mas motivo, cuanto que'el Sr. Mendizabal, minis-
tro de Hacienda, se ha mostrado si empre mu~' adicll~




-24-
á todo cuanto procede de Inglaterra; pero halland6t
algullos illt:onvenientes y mostrando algunos escrú-
pulos el ministro delralilo, hubo de consultarse por
este al general conde de Sarsfield, que en aquella
sazon se hallaba de cuartel en Pamplona, y que ha-
biendo mandado en gefe nuestras tropas habia razon
para juzgársele entendid-o y para estimar su voto en
cosas pertenecientes, á aquella campaña. Sarsfield •
... 1· vez estimulado por la ambicion ó por alguna mal
calculada esperanz~, bien fuese por entretener su
aburrimiento y sus ocios, ó finalmente, llevado de
un arrebato, ú de una especie de enagenacion men-
tal, de esas que preocupan á veces el ánimo de los
bombres mas euetdos, haita el punto de hacerlos de-
generar completamente de su índole pervirtiendo su
buen criterio, no solo prestó asentimiento y apro-
bacion al plan del in~les, si hien adicionándole con
algunas modificaciones, sino que se ofreció ig1lal-
mente á tomar parte en su ejecucion. mandando el
cuerpo que segun su dictámen debia partir dePam-
pIona .


• ':n los dias que precedieron ó casi al mismo
tiempo ~n que se verificaba el levantamiento del sitio
de Bilbao, fué cuando Jlegó otra vez á manos del go-
hierno este nuevo plan de campaña para invadir y
ocupar las provincias vascongadas, el cual aun des-
pues de modificado por Sarsfield. alteraba esencia 1-
,nenle el de bloqueo establecido por Córdob~.-Con-




-25-
sistía esto en ligar con puntos fortificados toda -la lí-
nea enemiga de~de V .. lcárlos por Zubiri J la ribera
del Arga, Huerta t Villaba, Pamplona, Puente la
Reina, Lárraga á Tudela, que era la ,llamada línea
de Zubiri ó del Arga, la cual ponia á cubierto de las
tentativas del enemigo el territorio que cae á l:& de-
recha de este rio; y que unida á la otra llamada del
Ebro que se eslendía desde Lerin á Calahorr .. '! pro-
siguiendo despuei á Vitoria, Balmased .. , Bilbao á
San Seblstian t venia á quedar encerrada la faccion
dentro de los límites aquí marcados, estableciendo
además divisiones en Navarra, IlIs Encartaciones y
San Sebastian para que defendiesen dichas líneas, y
situándose el general en gefe con el grueso del ejér-
cito en Vitoria t cltmo punto el mas céntrico 1 es-
tratéjico de este plan, desde donde podia caer sobre
cualquiera otro en que el enemigo hiciese punta con
el fin de invadir las demás provincias no inficionadas
por la guerra. En una palabra, ~l objeto de Córdo-
ba era bacer consumir al carlista sus recursos en las
pro,,-incias vascas, é ir estrechando paso oí paso su
terreno.-Las tentajlls de este plan eran las de no
aventurarse en el corazon delpais enemigo. y estar
pronto á caer con fuerzas superiores, especialruente
en caballería y artillería, si acaso los rebeldes salían
de sus montañas: las desventajas, el tener los nues-
tros que correr el arco de línea fortificada, cuan-
do el enemigo lo verific¡lba por los radios, siéndo-




-26-
k por consiguioote ,fácil, acumular en mcnos tiem-
po fuerzas supcrió<l"$ sobre cualquier punto esLra-
tí'gico óvulnerahh~.,


Sarsfield propuso; primero, reforzar' lasdi~i.,.,.
siones de Navarra y Gu-i;fl'1Ízcoa; ,segundo, im'adír
simultáne-amenlc los.. Lr~ cuerpos de .ejfrcilQ, uno
desde BiHI3() al malli)'+} de ESPARTERO, otro desde
San Sehastian al de Ewans, y el de Pamplona bajó
sus imúediatas órdenes, 10005 marchando con di-
reccion á Ll'cumbel'ry , y,C()U la idea d~ ocurar ,in-
mediatamente la línea que media de San Scbasti'ln
~ Pamplona, quitanclo al enemigo la frontera de
I;'rancia, de coya nacion recihi,a loda clase· de re--
t'ur,!lOS ,y reduciendo. el pais. por él-: dominado;...,..
Las eoosccuenGias. de esle pI 11 11 SNÍ,¡lll; primera, qui-
tar á D. Cátlos la frontera por I,a cual estaba C:~,w­
murucacion directa con sus parpdal'Íos ,de Europa;
segunda, pri'(31l)e tambiea de los valles del. Jlaztaa,
Aezcoa y olros, y del. caó¡,illqreal de IruD. por ;cuyo
medio se retiraria de la faccionlll jllventud de aquc I
país, .como babi·a sucedido can ~, de· Erro y. Ron...,
ccsnlles: terccra, :3wrtal' b lí,nm,. de,.cirl':llo.v.aJa~
'("ion [lar Lecumbellry oéu.p.'lndo el camino"real de
Pamplona á Irun.Conseguido estc resaltado j. hu-
hiera sin duda quedado el c,1rll'Sta notablemente dtS~
miu.uido tanta en recursos de loda oi.pa:'Íe,;, cuanto
f\U fucua moral! material. "., '\,.


El gobierno c-ntonccs pasó Cite. p.iau ¡j ESl'.\RTEIW




-27----
por ver si merecía su aprobacion, mstánd'olc al pro-
piu liempo para que sin dtlmora al-guna continuasen
las operacioues de campaña: y ~on el fin de orillar
cualquiera dificultad que pudiel'a ocurrir enola adop-
cion ó egecucion de aquel, comisionó á dos diputa-
do&, los señores D. Francisco Lujan y D. ·Antonio
María del Valle, el primero á Bilbao, cerca delCo!\-
DE DE LUCHANA, y el segnndo á Pamplona<junto al da
Sardield. Para asegurar mejor ·el. éxiw. de esta C()l-
misloD, que imitaba en cierto 010(10 la que algunos
diputado& de una nacion 'vecina desempetiaron en su
rjército durante los días de su grande re,yolucion.
10i señores comisionados pidieron licencia al con,...
greso el mismodia"de su partida; pretestando eu-
fermedad, si bien se dió conocimiento á ,la asamblea
en sesion secreta del objetodeaqueHalícencia. Ne-
góla el congreso en la mismasesion á,los Jiputados
oespedieioollrioll., .oponiéndose ,lÍ ello.lenallJnemo va-
rios, otros señores diputaoGs,; entre los cua[r$- hacian
pnnta los señores OltÍllaga y Casl'ro Orolco, y ha.cién-
dose notar bastanh~ que ciertos oficiales de las secre e
torías delde&pacho ""taron tambicn 6)n colltrra. Mas
00; por eso cejó el gobierno en su empresa, ni menos
,descacció el ánimo de-Io~ diputados elegitlospara lIe-
nr.laá ,cabo. Parlieron: estos al fin ¡j desempeñar su
cometido; mas.hicDcon el: cariclcr de deserlores del
congreso, 'q1Je"c.on el de representantes de la nacian
s('gull' era. el deseo delgsbicrno, y parlier0n sin mas




-28-
crcdencialei ni autorizacion que una carta confiden-
cial de este; de modo que m<lS bien que una comi-
sion de tamaña importancia parecia I{ue solo iban á
egercer un yerdadero espionage eu nuestro ejército.
Tal y tan crítiea fué la posicion en que los colocó el
congreso. Los iu~esos sin embargo vinieron despues
¡j justificar esta medida; y la prudencia, tino y cir-
cunspeccion de dichos dos señores diputados, no
menos que la conducta observada entonces por (11
general ESPARTERO, hicieron que aquellos salies~n
airosos en su empres:l, y que no se aventurasen ma-
les que de otro modo pudieron sobrevenir en aque-
lla ocasion entre nuestras tropas. Déjase entrever
aquí cierlQ designio de parte del gobierno,' señalada-
mente del miliistro de Hacienda, Mendizahal, en
querer asegurar el élito del plan de Ewans, no 5a-
hemos si coo el 6n, segun ban creido algunos .escri-
tares contemporáneoi, de remplazar á ESPARTERO con
d general ingles, Ó éon el irlandei ~onde de Sars-
field. Pero 110 tardaremos en ver cómo el astuto
CmlDE Dt LUCIlANA, si babia proyectos contra él,
frustró y clesburató completamente estos I)royeclos.


Con electo, el generaÍ ESPARTERO, bien fuese por
celos ó bien por conveneimieuto de que el plau' era
descab~Hl:Ida 6 al menos impracticable. como asi fué,
le desap,obó en todas s,us partes4 tapto en 5US co-
mllnic~iones oficiales como en las prindas; si bien
prelestando un pr,ofumlo respe,OO á la 4isciplina y al




-29-
gobierno, ofreeióse á lomar en él la parle que se le
habia designado; y cierto que su juicio en este pun-
to era atinado por demás, y muy digno de que el
gohierno le hul,-iese lomado I!I1 cuenla.-Adolecia
el plan de defecto$ muy graves, siendo preciso para
su realizacion que el grueso de !¡¡s fuerz¡¡s carlistas
no se moviese (lo que no hubiera dejado de ser pe-
regrina exigencia); pues de lo contrario, situados
los enemigos en un punto estratégico y central, se
les proporcionaba la oc.asion indudable de batir su-
cesivamante y casi con simultaneidad á cada uno da
JO! tres cuerpos de ejército destinados para aquella
mal calcul"da operacion, como así principió á veri-
ficarse, segun veremos despues, sin que fuese dado á
IQs otros prestar el necesario auxilio atendida su po-
sicioB; quedaba además descubierto en su egecucion
el interior de la monarquía, dando asi lugar á que
el enemigo intentase alguna operacion alrelida, re-
plegándose sobre el Ebro, de donde era convenien-
te alejarle cuanto fuese posible.


Una de las biografías de ESPARTHRO publicada
recientemente, escrita en un sentido nada favorable
por derto á este personage, y coyo constante empe-
ño es el de presentarle á la posteridad con las notas
de inepto, envidioso, ingrato, incorregible, ambi-
cioso, muy amigo sobre todo de «que los errores
agellos se convirtiesen en ventaja propialt eSl'lica
esta circunstancia de haberse prestado el CONDti VE




-30-
LUCHA~Aá cooperar al plan de Ewans, hilciendo ver
tIue esta condu,cta llevaba un objeto que deh}a re-
dundar en beneficio suyo; y para probarlo y darlic
razon.de las interesadas miras del general en gcfe,
forma el sigUiente dilema:


.. Si la combinacion de Ewans tenia buen resul-
(\tado, ESPARTERO salia con sus fuerzas por el CI-
«mino de Durango, se colocaba en una marcha sobrc
·«el flanco y la rctaguardia del enemigo ya derro-
",tado, y recogia fácilmente todo el fruto de óI<ruella
·(.batalla; y..si la combinacion tenia malas resultas,
"ESPAUTERO se desembarazaba de dos rivales, de
"Ewans .porqne habia sido !iU autor ~ y de Sarslleld
«porque la la·ahia aprobado, !'tin que nada sufriera
"por ello su repulacion puesto que hahia censurado
,(el plan, y sin que su ejército corriera grave riesgo,
>('porque anmzari ... lcnla~ente y de manera que'{lu-
... diera contramarchar en caso necesario. Todos bu-
"hieran sabido entonces que (\Sta operacion se habia
«emprendido sin su consentimiento, J en vez de
«amenguar habria crecido su fama de caud.illo.)}


Así, de esta manera tan sagaz, supouen los enc-
migos. de ESPAltTERO que obraba élal aceptar la ege..,. .
cucÍon del plan referido, des pues deell teoría fII-
l)robarle ; y al concederle esta habilidad, despoján-
dole en cambio de las dotes de subordinacion , de
obediencia, olvidan sus adversarios. que incurren eu
,>una g-rannll contradiccion.; ,porque á. la verdad, si




-31-
ti! mente de ESPARTERO J sus miras ell ostllocasrou
hubjeran .,ido estas, su conduela podrá no ser mo-
raí, pCI'O nadie nos negará que era mu] sáhia. Veall
pues lo~ que tal dicen cómo concilian esta singular
y esh'lIiia doblez de ESP.'U\TERO, eOIl la es~asez de
Juces y poquedad de entendimiento que los mismos
le atrihuyen, A lan erróneas consecuencias conduce
siempre la cegueoa(l de las p'lsioIlCS.


Mas sca cualquiera la causa, resulLó al fin que
l~sPARTEno, despues de mediar muchas y !¡trgas con-
testaciones entre el gobierno yél, enlre estos y l~
diputados espedicionarios, y hna!mente todos, inclu-
sos los otros dos generales Lac)' Ewans y Sarsíield.,
que habian de concurrir con el gencral e11 gefe á la
operacíon propue~ta por ellos; al eabo de dos meses
y medio de quietismo, pasados de la manera que ''. " •
hemos espuesto, pel'o no sin valer al gobierno y al :':t(;O ~ ~


e d l d ) . ~~ ... , .... ~ue~·O?~~E, ~m~t?a.,s.,c~~~.~~a~. e a prensa y e a
opioion pública, terí'iblemenle embravecida á vista
oe una inaccion que proporcionó ~ los carlistas tiem-
po mas que suficiente para reponerse y poder repa-
rar así la rota de Lucuana, salió de Bilbao ellO de
mllflO, al frente de unos 29 batallones., via ·de Du.-
rango, dispuesLo tÍ coadyu val' á aquella combinacion,
'lue segun los planesindicudos habia de producir un
at,aque general y la ID'ilS completa derrota de las hues-
li~dc D~.C_árlos. Operaciun funesta que hizo rnal-
~astar un tiempo precioso, que dió alas y ánimo tÍ los




-32-
carlistas hasta el punto de olvid:'f su humillacion an-
te los débiles é invencibles muros de Bilbao, que pu-
so en grave riesgo á todo nuestro ejército y á la sa-
grada causa que él defendia, y finalmente tambien
hilO pagar bien caros á nuestros soldados los errores
de los que la concibieron como despues veremos.


Antes de hablar de los movimieatos que empren-
,Heron nuestras tropas para llevar á efeclo este plan,
daremos una sinópsis de las fuerzas que componian
en esta época los dos ejércitos beligerantes en el
norte de Esp:.ña, que es como sigue:


¡':stado de las fuerzas de que constaba el ejército
constitucional del norte.


EN OPERACIOJES,
---_/'-.._---


PRESENTES. EN REVISTA •


.,; .,:. '¡" .,; o o
'"'


...


'"'
...


"
... j¡ ...


"
-< < ::¡;
=


:1 g:¡
.:> « .:> « := ~ := :..J


Derecha •.•.• 298(;9 1978 3900t 2249
Izquierda ...• 23225 293 27528 304
A las órdenes del} 6000 220 6000 220 general Rivero.


Tolal. .... 59094 2491 72529 2773




-33-
EN GUAnNlcro~E~,'


./ .......


SITUACION. PRESENTES. EN Rf:VIST!.,.


ti .,; .,; ui O O ro¡
...


ro¡
... ¡:ti ~l ¡:ti ... ~


-< 11=1 -< ::el ~ ::i! ~ O
-< O -<


= u = ':.)


En NaV:1rnl. 7518 195 9579 206
1':n Rioja .. 2751 98 3050 98
}<~n Alava ... 4015 » 4822


" En Vizc.aya .. 6983 )1 7772 )¡
En Guipútcoa. 1958 )) 2;S05 »


Tolal. 23225 293 27528 30·í
..... ..


Existían además las legiones franCC!8, íllgle$B y portuguesa.
Disponibles 50,000.
Las fuerzas carlistas del norte en la misma épo-


ca eran:


BATALLONES. NÚMERO.


Navarros. . 13
Alaveses. . . . . . 7
Vizcainos. o . o o . 9
Guipuzcoanos. . 7
Castellanos. o . o ti
Aragoneses. o . o 1
Estrangeroso . o 1


Tota} de batallonos. U


TO~l. no 3


rl




-3t---
Entre. este que era el grueso de su '<1'ércilo, al-


gunas compañías &ueltas y los aduaneros, reuni~lIl
un total de fRerza que no bajaba de 32,800 infantes.


La caballería ascendía' á 1,500 'J su arti lIería
~onstab", de unas 40 piezas.


Sale al 6n ESPARTERO de Bilbao, segun anuncia-
mos al1tes, con mas confianza en sí mismo, en su va-
lor y decision, y en la decision y valor de sus solda-
dos que l¡¡que podia inspirarle un plan considerado
por él como perjudicial á lodas luces; y no bien llegó
á divisar los altos de Sta. Marina, en las inmediacio-
nes de Galdácano, cuando divisó en ellos tambien á la
faccion q¿e apoyada en diferentes líneas de parapetos
opuso grande resistencia al tránsito de los nuestros,
habiéndose empeñado un fuerte tiroleo con nuestra
vanguardia,que regia el mismo CONDE DE LUCHANA,
el cual recibió \lna herida de bala en el brazo iz-
(luierdo en lo mas recio de la pelea; pero sin que
obstase este 'contratiempo ,a -pr.ose.guir impávido al
frente de los suyos, animándol'os con su aco~lum­
hrada bravuray con las voces de i fuego Ji á ellos,
soldados! dando des pues una terrible carga con su
escolta, con la cual decidió la accion 'que costó á los
eDntrarios,cercu de 200 prisioneros, un.gran núme-
ro de muertos y heridos, con una multitud de armas
y olros pertrechos de guerra.-Continuó el ejército
su marcha h'ácia Galdácanü, en donde durmió aque-
llanoche y la siguiente; y saliendo el 12 para l)u-




-35-
rango, presentároDse nuevamenleJos rebeld~s en las
alturas inmediatas á esta villa. Era aquel dia lluvio-
so y sum,¡mentc frio : ESPARTERO tenia la herida en
¡nny mal estado, hahiéndole sido afectada de erisi-
pela, y como si la incomodidad· que naturalmente
debia esto produ6rle no bastase, vióse atacádo de
repente del dolor agudo que solia acometerle. Ten-
dido en el suelo, con menos abatimiento que desas-
peracion, 'lIegó á ofrecer á todos lal cuidado, que en
aquella ocasion temi61'0n muchos por su vida~ é ini-
ladó repetidlis veces por los que le rodeaban á fin
de que.se dejase conduair ;¡Í Bilbao, no fué posible
jamás que él asintiese, ante-s moslrábase mas incó-
modo y despechado con solooir la propuesta. Yape-
llas notó alguna mejora, ,monla á caballo repitiendo
el arrojo del 24 de,dicinmbre, encamínase á las al-
turas guiando la citada fuerza de vanguardia, y como
quien busca la muerte para alivio de sus males, sin
temer nilÍun reparar el nutridísimo fuego que le
hacían los rebeldes desde sus fuertes posiciones del
monte deLemüna, bienpronlo los aventó de aque-
llos .corros, gallardeimdose él y sus victoriosas
ItLles{cs en las cumbres, desde donde los unos per-
.seguian á los fugitivos que se despeñaban por aque-
llas fraguras, y los otros eran testigos del baldon
(llIe cubria á los vencidos y que procuraban oeultor
~!U el seno mismo de la tierra .


. Enlrar.on despues en Durango nuestras tropas, en




-36-
donde permanecieron hasla el 16, día en que !le
{¡'asladó el CONDE con parle del ejército á Elorrio,
dejando en aquella villa la divisioll de la Guardia:.
Los enemigos con 14 batall'ones ocupaban los puntos
de Elgueta, !lañaria J MOlldragon; y cuando el CON-
DE se proponia emprender el dia 20 un reconoci-
miento sobre este último pueblo, á fin de poder con-
tinuar sus operaciones con arreglo á las circunstan-
cias y noticias que adquiriese, recibió durante lano-
che dcl19 por medio de un confidente uua comuni-
cacion del general San !liguel en que le participaba
(lue habiendo f .. ncasado el plan de Ewans, segun ha-
bia presentido con harto fundamento el general Es-
PARTERO, babia sido batido y derrotado aquel gene-
ral ~l 16 al frenle de Hernani por el grueso de las
facciones, que no parece sino que eligieron el punto
de donde habia emanado dicho plan para sofocarle,
y ahogarle en su propia cuna. Muy costoso salió al
inglés su desacierto; segun Vl'.remos denl-ro de poco,
y bien caro hubiera costado tambicnprobablemen-
te al señor Sarsfield eLsuyo, á no haber mediado la
proteccion de un fuerle temporal de agoas y nieves
que le obligó á recejar sobre Pamplona, desde Dos
Hermanas ,punto hasta el cual púdo avanzar con el
cuerpo de ejército que guiaba.


Á visla del funesto suceso de Hernani. y de la
relirada de Sarsficld, consilleró ya ESPARTERO ine(i-
eal su permanenci¡¡ en los puntos en donde lenia su




~37-
ojércite escalonado desde Durango á Elorrio , como
son Abadiano, Apata-monaslerio y San AgusHn de
Echavarri, que parten túrminos entre Vizcaya y Gui-
púzcoaj y teniendo tambien en cuenla el crecido nú-
mero de mas de 1000 cilferm(}s que la crudeza del'
tempol'al yeltifus le habia.n ocasionado, se decidi6
inmediatamente á reconcentrarse otra vez sobre Bil-
bao. Difícil se presentaba la r~tií'ada desde un pr~n­
cipio por el grande embarazo que causOIban la mucha
al'tillería y bagages, ! mas 'que todo los enfermos;
pe ... ()la~aéli"idad J esceh~ntes disposiciones del gene-
ral en gcfé, no menos que las del benemérito y ma-
logrado general D. Rafael Ceballos Escalera, que
lan relevantes servicios prestó en aquella campaña,
señaladamente desde que nuestro ejército se pr.e8en-
tú al frenle de Bilbao, y que habia sido, nombrado
en 'aqllel dia geCe de E.M. G., facilitaron cuanto
rué p,psiLle el éxito de laopcraci()u.


Pueslo en movimiento este cuerpo de ejército el
dia 20, al quebrar el alba, marchó la vuelta de Zor-
lIoza , sin ser en un principio molest .. do por el ene ...
migo; mas al pas .. r las últimas compañí;¡s de la re-
taguardia por el puellte de Euba, intentó ya acome-


.terlas aquel, viéndose empero contenido por dicha
fuerza. Pertenecía esta á -¡a valiente brigada de van,..
gúardia compuesta de dos batallones (le Borbon, dos
de Gerona \ el provincial de Chinchilla y un eseua..-
dron del Príncipe, gente Loda eU .. lucida y a"ezada




-38'-
á· los combates, regida por el brigadier D. Isidro
HOylls, que babia recibido órdcn de permánecer á
retaguardia con"el finae sostener la retirada.-Con-
linuaron los nuestros su marcbael siguiente dia 2 L
por el camino real basta Galdácano: y apenas habian
salido de· Zornoza, 1'iéronse cargados de repente 'por
fuerzas rebeldes que á manera de torrentes se des-
plomaban sO~lle etJos, esperanzados los acometedo-
res en qlfe las gargantas que median enlre los dos
referidos pooblos de ZornoZ'a y Galdácano, serian la
lumba que podría encerrar dentro de poco los,éadá-
yeres de'inrmit'Üt! valientes. Vana y temeraria ilusion,
qllC no embargó por mucho. "¡empo el ánimo de los
carlistas; pues habiend& at'Jcado estos COIl grande
8rroj8' y en medio- de-una copiosa lluvia y granizada
el puenlle' dEl' IlJorra que- d-cfendian los bravos caza-
dores de' Ba.boD, viérome rechazados vari:ls veces,
dando asi lugar á qUll' noostro ejército pudiera ir
marchando á la desfilada. Notaoo este movimiento
de los nuestros por los rebeldes, bil'n pronto aumen-
taron sus fuerzas hasta el número de cinco batallo-
nes, Jos cuales se dirigieron impetuosos contra los
espresados cazadores de la vanguardia, quienes se
vieron obligados en un principio á ceder á tan supe-
riQres fuerzas, precipitándose parle da eslas qu~
formaria unbalallon sobre el puente, y poniendo
en gran cQnfliclo á Jos nueslros.· Otra circunstancia
vino á agravar el eompromiso del bizarro gefe de la




-39-
vanguardia en tan apurados momentos. Un ayltdantc
de campo del general ESPARTERO '~re comunica en
aquel instante J.a órden de emprender al punto la re-
tirada. Imposible era en aquella sazon-egecutarla , á
no abandonar la arlilleríaque aun no habia acabado
de salir del pueiJlo; y no era prudente tampoco in-
fundir el desaliento en nuestros soldados, lo cuat
pared a consiguiente desde el momento en que ellos
juzgasen forzada y violenta la partida. Situacion crí-
tica en estremo • y que solo una' resotuCion eficaz,
pronta y valerosa podía salvarla. No. faltó esta· reso-
lucioo al digno brigadier Hoyos, Iluien puesto al
frente del bizarro escua?ron del Príncipe. ordenó al
valiente comandante de Gerona, Alvarez Bayon (que
murió allí alravesado por do!! bala~), se pusiese á la
cabeza de las compaíiías de granadlu'floS de su regi-
miento, y le siguiese; y haciendo sei\>;t1 á los cazado-
res para que ava'nzasen á la carrera. cargó con sus
caballos al galo'pe, ocasionandotantocstos como la
inrantería·á la bilyonetn, tal destrozo: en los carlistas,
que no pudiendo resistir go~pes ~an· tremendos, reti-
ráronse en desórden, quedando a~uchillado. ú prisio-
nero. el batalloll que sobre- el puente se h¿lbia aVan-
zado. Los bravos de Gerona. sentidos de la muerl€}
de su geCe, apenas querian dar cuartel á nadie, sal-
vándose en tan ho.rrible mortandad solo 39 enemigos,
CAtre ellos el gefe del bat.dlon, por haberse- agrup:J-
do y acogido. bajo. la proteccion del Sr. Hoyos y de




-40-
algum!)s oh'os 06ciales,-Mucba sangre sin embal'go
cosló á Jos nuestros esla carga; pues· además de la
pérdida que tuvo la infanlería, en la caballería arenas
hubo hombre ni caballo que no sacase una herida. Al
comandallte general le matuon dos caballos en menos
de cinco minutos; pero no decayendo por eso su espi-
rítu y su denuedo, animaLa sin cesar á los suyos, é
imponia terriblRmenle á los conlrarios; debiéndQs~
sobre todo á este digno gefe el haber facililado de
esta suerte la egecucion de la relirada, que se em-
prendió tan luego como se recogieron los heridos.


Defendía el segundo puente una brigada de la
primera division , la cual habiendo emprendido de-
masiado pronto la retirada, dejó descubierto un flan-
co por donde pen·~traron dos batallones enemigos,
cargando por él, mientras que lo hacian de freute
nue,·as tropas que los rebeldes habian destacado.
Pero estos dos bdtallones enemigos cedieron Licll
pronto á la carga que les dieron los de Borbon, si-
tuados i, los costados del puente con la idea de faci-
litar el paso al resto de la vanguardia que b,lbia
vuelto con el comandante general á su frente sobre
el enemigo, causándole' en esta segunda carga dada
en las mismas calles de Zornoza mas de 150 muer-
tos. Por .. esle luedio logró p,lsar el segundo .puen ~
le toda la lrop", sic dejar en [loder del enemigo ni
un solo herido. .


Aumelllábanse las fuerzas carlistas- succsiY<lmcn-




-.tl-
te; y además de los diez bal<lllones que á las órdelles
de Goñi se propusieron envolver nuestros flancos,
singul<lrmenle el derecho, y fort<lr la retaguardi<l de
los nuestros, "enian marcb<lndo olras consider<lhlcs
de ¡nfanteria, caballería y artillería procedentes de
Guipúzcoa y Alava p<?r el camino de Durango, bajo
el mando de Villarcal ; pero todo este imponente
aparato no impidió que lastroras de ESPARTERO con-
tinuasen su marcba, conteniendo constantemente al
enemigo y conservando las posiciones en que sucesi-
-vamenle se iban aquellas escalonando, hasta el mo-
mento preciso de egecutar su retirad .. , Verificóse es-
ta en escalones y con un órden admirable, sostenien-
do un fuego muy vivo por ambas partes. Los bata-
llones avanzados al enemigo hacian su descarga; y
dando meclia vuella á la izqui{'rda, marchaban, no
huian, á colocarse olra vez á rctaguardia de los (Iue,
remplazimdolos en el puesto, no les cediallen valor.


Al posesionarse los nuestros de las últimas cs.
lancias que en el camino ocupaba el enemigo, sc
encontró cortado un batallon del regimiento dc la
Reina: el CONDE DE LUCIIANA entonces TJl<Jodó á he
division de la Guardia que avanzase para libl'rlarl~,
y esta brillante divisioH que iba á cargo de uno de
los gefes que mas avenla ¡ado papel ban reprcs('fI{,lao
rn esta guerra, el Sr. Rivero, su comandanle gc-
nel'al f dió una terrible carga á los contrarÍos, po-
niendo á mllchos encobro. mal<lndo á otros y ha-




~42-
~icoJo rHl>ir á los d'Cm~s. quedando así libre el bala-
U.on e.JI'lado que. inmediatamente se reunió al ejérci-
l.o.-'Concenlrndas¡ lod':Is nuestras fuerzas sobre las
alLuras de Cerleohes y Abrid, detúvose el enemigo
(.)O las posiciones. q:u.e se le· tomaron el 10, habiendo
sido antes destruidas sus líneas de. parapetos. Desde
fUllonces. se verificá, la marcha con desembarazo,y
el ejército entró en BiLbao despucs de un dia muy
faligoso, pero sin qne h.ubies6' suírido ya postcrior-
1l1ente coolralicmpo' al~un01..


Brillante retirada esta de ZOlrft(}Za , "en la que
unas tropas que iban abruma.das con todo el inmenso
tren de artillería. bagages. etc., que salió de Bilbao
para la campaña que. se em(lrendia enhmces, Ilcván-
do además un núm.ero de enfermos ta(l esccsivo cual
e.s. el que hcm{)S mencionado. anteriormente, todo ~o
salvaron. inclusos los muchos prisioneros que hitie-


, ron á Jos rebeldes. á quienes arrebalaron infinitos
trofeos, lejos de dejar los suyos alem.·migo , como
siempre suele acontece. en las r.etiradas j y sin aba~
tirse su espíritu ni aua amenguar ¡¡iquiera la sere-
nidad é impavidez de que dieron l:lntas pruebas ('n
tantas oampañas • á pesar del mal ánimo que debia
ponerles la inf:msta noticia do Guipúzcoa • rechaza-
ron hasta á los que venian orgullos()s ~on el laurel d~
aquella victoria, conliadós sin duda en poder bacel'
en Vizcaya lo que acababan de egocutaren aquella
elr .. proyincia. Once hora$ de rqdo cqmbatc en medio




-43-
de una tcmpestad~ hcrrrorosa de niel'e, 111'1via J' gra-
nizo, y atravesando terrenos, iUlpracticables- por.sQ.
aspereza y acritud, marjales-, ciénagos, fi-¡Igosida.-
des sin cuento, rocas dlJscarnadas, si bien cubierla!t
por la nieve '" y otros obstáculos infinitos que acre-
cian de conlÍllUo COIf¡ las gll:lndes-. a\\enidas de genl6
enemiga, qúe cumo, t<,rrenter~'1S>- se despor8ndian fu-o
riosas de aqucHas moo{:lÍ'ias. noda fll'é bastante á,
disminuir ni un solo momento clloValor inGompnra-
blc de los vt'nccdorl.lsdc Luchana •.


Tan.!ei\aIMlo tri'unfo le @htuvieron nUflstrasar-
mas sin mas- pórdi,-Ja que unos, 300 hombres entre'
muertos, heridos- 'J conlusos, qU'C quedúITian. fuer, •.
de combate; no- tan ('srasa la de bs reheldes que'
ascendió á onos 1200 jncluyendo lo~ prisioneros que
condugeron, á Bilbao nuesllr.as tr.opas, entre Jos cua-
les se contaoon alglBlOs gefes.


l\Iayores que en lo> moterial ,. co~ ser estas LaRl
grandcs'j fOOTO'naun las ,",enlajas que· en to mora"


.. produjo esta importantísimo heuho de arma.!!; pues
que bl sirvió para rectif¡c.1r y robustecer la opinioll¡
del soldado, basta cl pumo de 'l'uedar este conven-
cido de una verdad su~mente' trasc'Cndenlal y de-
sumo interés en aqudlaguerra, á saber; que no po ...
abandonar el campo COIto precipilacion, no Jlor cor-
rer, libraban mejor los nuestros, y se salv<lban con.
mayor facilidad esquivando la presteza de los ene-o
migos ;. sino que por el conLrario, C~alld.o. coo. ad.e ...




-u·-
man firme y sereno hacian frente á las fuerzas rehel-
des, por mas que estas fuesen muy superiores, la
disciplina en las nuestras era siempre para ellas una
prenda segura tlel triunfo. Así aconlació en esta JOI'-
nada memorahre, que es una dI;) las muchas en que
el bizar¡'o cuanto ilustra general ESPARTERO, sacan-
do airosas á sus tropas y guiándolas á la victoria, sal-
vó la causa nacional de la libertad y el trono consti-
tucional de Isabel 11. Y para convencerse de esto, nos
bastará lener presente el malogrado suceso acaecido
;í Ewans en O,·iamendi. y qué es lo que naturalmen- .
te huhiera seguido si ESP.\RTERO es derrotarlo en
Zornoza. El enemigo entonces envalentonado con
tantos y tan decisi"os triunfos, dueño de lodo aquel
territorio y en disposicion de enseñorearse de. olros
muchos, sin que á Sarsfield encerrado en Pamplona
le hubieie sido ¡¡osible contener sus progresos, habría
ponetrado en Caslilla, 6 elegido el sendero que mas
grillo le flle~ •. llevando la guerra y la devaslacioná
las provincias centrales de la monarquía, que hubie-
ran desde aqJl~1 momento sufrido tan terrible azote,
hasta dar tiempo á nuestro ejército para rehacerse y
volver 4Í emprender de nue\'o la Cé!mpaña. ¿Quién sil-
be cuántos males liubieran entre tan lo ocasionado los
carlistas? ¿ QuiL'J.l era capaz enlonces de dar seguri-
dades de lriuní., á las armas conslilucionalcil? ....... .
Cuánlas'y cnán grandes hab"ian sido las.calamida-
des que ~calliol1ár .... al país el funesto plan de los ge-




-4..5-
fes británicos, dejámoslo á la consideradon de nues-
tros lectores que puedan sentirlo, de los inleligen-
(Iue puedan calcularlo.


Llegó, segundigimos, ESPAl\TERO con sus triun-
fantes huestcs á Bilbao, en donde prosigllió come an-.
tes ocupándose én adelantar 108 trabajos de fortifica-
don que babian de dl'jar en est:.ldo de completa se-
gUl:idad á -aquella plaza; J antes de continuar 11050-
tt·os refiriendo las operaciones que emprendió dias
despuIs, diremos algo acerca de 105 sucesos de Gui-
l,úzcoay lle Navarra.


El mismo dia 10 de marzo en que digimos que el
general ESPARTERO babia emprendido su marcha des-
de Bilbao, en ánimo de contribuir á la operacion
Ewalls-Sarstleld, salió igualmente el primero de es-
tos ¡!enerales al frente de un cuerpo de ejército anglo-
español, fuerte de unos 10,000 hombres, de la capi-
tal de Guipúzcoa, enderelándose á las fortificadas lí-
ncas de Hernani. Al promediar de dicho mes ya reci-
hi6el gobierno el primer parte del geJe británico, en
el cual noticiaba la ocupacion hecha por sus lropas de
los reduclos y alrincheramientos enemigos en las al-
turas de Amelzagaiía. Operacion previa que debia fa-
cililar los movimientos de las olras divisiones del ejér-
cilo, llamando la alencion de los con(rarios por aque-
lla parle; y mientras eslablccia la derecha de su co.,..
lumua cenlral en aquel punto y la izquierda en Gal-
ZilO, alacaba con olra á Lasarle para caer sobre All-




-46-
1!oain,eñclIm¡n:lndo aun otra tercero ':[lor,Rentcl'ía en
direccion de la ·venta de Astigarraga. Tales ventajas
no se obtuvieron sin alguna pérdiru., 'costando' á los
nuestros no menos que 800 hombres fuera de.com-
bate, si bien el' enemigo quedó pri",ado de mas
de, 1000 por la supeNQric¡.ad denuesLra artiUería y
e a ball cttí.a .


.!\delante i;wans'en su~propÓt>;t{) y su plan, man-
"lé pasar el Drume., á UlHl de sllsbrigadas, la cual
se apod'Cró el dia 12 del pueblo de (.oyola y de las
alturas inmediatas. Esta misma.fllerza, (lue era la que
.regia el valionte brigadier Chiche6ter ,.atacó y tomó
con intrepidtY.l d.os casas -situadas en las mismas altu-
ras, en dOMe .ahalldonaron IQS rebeldes gran canli-
'¿,Id de municiones . .y ,,1veres. Inmediatamente pro-
·curaron los nuestros asegurar la comunicacioIl por
medio de un puente de pontones; pero el objeto
p,rincipal de sus mOl'imiulIlos diTigíase entonces á la
·ocupacion de la venta de Uernani, para cuya empresa.
uió el general las oportunas-disposiciones, designan-
uo l.:Js puntos en que debian si.tuarse .Ias diferentes
tropas, 1.<\ anillaría 'Y los ,marinef(}s hritánicos. La
crudeza dol tC'fnporal retardó un tanto las operacio.nes;
mas sin que impidiese que á la nna del dia 14 fuesen
arro.lIadas por el camino real las avanzadas enemigas,
generalizándos~ á poco. tiempo el fuego en loda la
-línea, jugando la artillería por ambas parles. Inten-
,.tó Ewans cllvo.lver la derecha de los carlist<1i; y rOIl




-4~-
('sIc fin s¡,l~ó de Loyola, cdtrsigttictldontrdllados
t'nlá série de hosques y colill:fs -que se enlazan con
las rnolll¡iiias de la venta; peto las inmensas dili-
eultades del terreno-, mayores aun por las copios!l'S
Ilmias, moti ,;¡ron que hasta las seis 3e ,la >tarde no
se pudiese fOl'mólT la coltmlna de ataque, la coal
compuesta de cuatro batallones, uno espaiiol 'J tres
ingleses, se arrojó arma -al bl1azo sobre lüsparape'"
tos enemigos, puse en precipitada fuga á los que los
defendian, apoacrilDG0se on -seguida l-os nuestros de 1
¡\terle de Oriamendi en donde b~lIaron dos piez!IS de
<lI'lilIería y otros varios trofeos.-Entre tanto la di-
"ision á cargo del generol Jáuregui se apoderó de
la venta, casas fortificadas y barricadas inOlcdiatas
¡, dicho fuerte -, cer.rando la noche al mismo tiempo
que se decidió la fuga y dispersion del enemigo en
todas direcciones.


Así las cosas, pasó -la n6cbe del j,.C}-,en uua espe-
ciede lregua; per.o en la mañana del 16, á POoCQ de
romper el alba, arrojaron los nuestros á las avanza-
t!asde los carlistas de las alturas que ocupaban á
su frente, forzándolos á retirarse dentro de los mu-
ros de Hocuani, que con Jos .cerros alrinchcrado-s
de Santa Bá(lbara f un reducto inmediato al ,puebla,
l~ran los únicos puntos que en aquella -sazony en
aquellos lugares posei¡\D los rebeldes.


Serian las once de la mañana, hora precisa en
{ll1cE.w~nspr¡llc~piaha á tomar -bsd!~rosiciones nc-




-48-
cesari:ls para un ataque general, cuando se observó
que por la carretera de Tolosa avanzaban hícia Her-
Dauí refuerzos considerables, que poco despues se
pusieron el) movimiento hácia la izquierda , mien-
tras que otra fuerte columna, avanzando en la misma
direccion, desembocó por retaguardia de las alturas
de Santa Barbara hácia la derecha de Jos nuestros.
Eran ocho batallones y tres piezas de artillería, re-
fuerzo considerable COD que el infante D. Sebastj¡m
vino á aumentar las crecidas masas de los rebeldes.
J;:n tal disposicion, vióse Ewans precisado á suspen-
d~t tt\~ ~\le acaba.ba de toma.r \lüta el dec\~iv() ataque
del pueblo. El enemigo entonces pasó rápidamente
por el puenle de Astigarraga ála retaguardia de
Ililestro llanco izquierdo, á cuya cabeza matchaba el
primer regimiento de la brigada Cbichester. Hasta
este momento las baterías inglesas habian ocasionado
bllstante destrozo á los carlistas, descubiertos á las
mortíferas descargas de metr.alla: mas viéndose ata-
cado de improviso este primer regimiento, se desor-
denó completamente, desbandáronse sus soldados, y
no tardó mucho en introducirse tambien el desalien-
to y el desórden en las filas de los tres batallo-
nes españoles que formaban parte de dicha ¡¡la iz-
quierda. Mientras esto sucedia á los de este lado,
cl centro y la derecha sostenianaun la accion con
HQ calor estremado y dando egemplos de inimita-
ble valor; cuando hé aquí que ua incidente funes-




-49---
lo , de esos que no son fáciles de prever en tales


. ocasiones, vino á mudar completamente el aspecto
de las cosas, empeorando en alto grado la situacion
de nue5tras tropas.


Babia acudido de San Sebastian al lugar, del com-
bate un gentío inmenso de curiosos, sin mas objeto
que el de presenciar la aecion ; y esta masa compac-
ta pudo conseguir', en mal hora, el penetrar hasta el
centro de nuestro ejército. Los primeros movimien-
tos de retirada de dicho primer regimiento de Chi-
chester llevaron, como era consiguiente, el espanto
al seno de aquclla multitud espectadora'. La con-
fusion crece por instantcs ~ comunÍcase al costado
derecho, creen las (ropas de esta al,a que la relaguar-
di.a es atacada, y principian á batirse en retirada,
pero con órdcn.-De las dos piezas de artillería co-
gidils á la faccion el dia anterior en la ven la , la una
fué clavada y la (jlra se la llevaron las tropas de 'la
reina • ....;.:.A pesar de todo, auméntase el des6rden por
momentos: cualro batallones carlistas que llegaron
iI las doce á Hcrn:lOi, mandados por Villareal, ata-
caron como tropa de reserva acabando así de efec-
tuar la retirada de los nuestros. Ewans, Jáuregui y
otros generales y oticiales del estado mayor, ponián-
se delanle de las t,·opas pr?curando reanimarlas é
introducir en ellas buena ordenanza; mas todos sus
esfuerzos fueron inúliles, llegando la exasperaci{)n
del gefe ing1{,s hasta el punto de mandar á la Milicia


TO:\!. Il. 4




-50-
Nacional de San Sebaslian que hiciese fuego á los
fugitivos;


Así ocupados nuestros gofes I tanto ingleses como
españoles, en reunir sus desmandadas trupas'y dar
las órdenes oportunas á fin de restablecer en ellas la
di&ciplina, que tanta 'j tan funesta quiebra hacia en
aquellos momentos, todavía no les era sin embargo
posible minorar la confusion que por instantes acre-
cia mas y mas ,viéndose el cuerpo del ejército ame-
nazado 0.0 su retirada. En t~n críticas circunstancias.
~l batallon de marina real inglesa formóell batalla,
y. haciendo varias descargas por mitades, sostuvo
con un valor de que se dan pocos cgemplos todo el
choq ue inmenso de tan poderosos y engreidos con-
trarios, 9ando por este medio tiempo á las tropas del
cen'tro y dela izquierda para reunirse, como lo ve-
rificaron" '!j baceren seguida una retirada h-onrosa.-
Este balallon marino que salvó aquí al ejército iba
eonducido en tal ocasion por el ilustre comodoro
inglés lord John Hay. que tan eminentes servicios
ha prestado á nuestra causa en esta guerra, y solo
contaba unos 500 hombres de fuerza. habiéndole
resultado 25 heridos y un solo muerto en tan reñi-
do combate. Los cal"listas apresaron 70 hombres del
regimiento inglés de la izquierda que se desordenó
el primero. ,El 2. 0 ligero, que siempre habia dado
muestras de gran valor en el c<lmpo de balalla, aban-
donó en esta ocasion á su cOl'ouel Velasco, que fué




-51-
herido batiéndose en retirada á retaguardia. El de
Oviedo , desplegado en guerrilla por el lado de Oria-
mendi f y que por la posicion que ocupaba no podia
ver lo que ocurría á las otras fuerzas, advertido de
ello algo tarde, fuble ya imposible el retirarse con
toda su gente: 70 hombres cortados por los facCio-
sos viaronse obligóldos á ellcerrarseen una casa in~
mediata á la ermita de Santa Bárbara. los cuales des-
pU.es de una vigorosa resistencia tuvieron que ren-
dirse ..


Esta misma compañía hahia becho prisionero po-
cas horas antes el cabecilla M:ontagut, coronel de lan-
ceros carlistas, que fué conducido á San Sebastian: 265
ingleses heridos y 325 espaiíoles entraron en los hos-
pitales, sin contar olros 14~ que se recibieron en
eas.<Is particulares, si bien las heridas de estos últi-
mos eran Ull1y leves. El número de muertos no fué
respectivamente tan consjderable, si se atiende á lo
vigoros.o de la aceion y al tiempo que esta duró: y
no. fué poco. en -yerdad,á pesar de tan triste rota co-
mo aquí sufrieron los nuestros, el haber salvado,
además de los heridos, la artillería y las provisiones,
volando lambien el fuerte de la ~'enta que poseian
los contrarios. - Funesta batalla esta primera de
Hernani, llamada tambien de Oriamel1di, que echó
por tierra todos los planes y proyectos del gefe. de
la legion británica, el Sr. Ewans, f(uieQ al tiem-
po mismo que estalla sufriend.) esta derrota, reei-




-52-
. Lió, como para acibarar mas sus pesares, la triste
nuev~ de haberse retirado Sarsfield hácia Pamplona
con sus fugrzas; y es tanto mas vergonzoso este su-
ceso para las tropas anglo-españolas, sobre todo pa-
ra sus gefes ,cuanto que la victoria conseguida aquí
}lor los carlistas alimentó, aunque poco tiempo, la
opinion de general inteligente y c~forzado á favor de
un hombre de menguado seso y de corazon melqui.-
110, cual es el ex-infante D. Sebastian que mandó la
accion; si bien su calidad de gcfe era tan solo no-
minal haciéndose guiar por pl'rsonas de mas capa-
cidad y de mas valor que él , como Villa real y otros
generales carlistas. Pero lo que vino á demostrar de
una manera indudable este suceso, fué el buen jui-
cio y alta prevision del CONDE DE LUCHAN A , quien.
segun hemos dicho. habia hecho presente al gobier-
no de una manera clara y esplícita los graves incon-
\'e'lIientes del plan, sosteniendo igualmente su opinion
ante los diputados á córtes comisionados al efecto á
su cuartel general, quedando así cubierta de todo
punto su respensaLilidad oficial y moral. y condes-
cendiendo en tomar parte. si así se decidia, solo por
dar esta prueba de subordinacion y de obedienda al
gobierno. Hagamos esta justicia al general ESPARTE-
no contra la opinion de algunos que se han obstinado
en pr~sentarle constantemente como indócil, turbu"';'
lento, díscolo, empeñado siempre en que prevale-
ciesen sus inl1ucncias sobre las decisiones y delihe-




-53-
raciones mas importantes del supremo gobierno del
Estado. Cierto que no faltarán ocasiones, y no están ya
muy lejos, en que el general ESPARTERO se nos pre-
sente en alguna manera tal cual sus enemigos le han
querido pintar por caritcter y por temperamento;
pero tambien lo es que los gobiernos de parlido, que
son todos los gobiernos que hemos conocido en Es-
paña en la última década, son los vedaderos res-
ponsables de tan estraña y funesta mudanza; pues
habiendo querido valerse de Su espada para someter
y dominar á sus ad versarÍos políticos, ban creído
conducente á su propósito el conquistarle por medio
de una imprudente condescendencia y de una deferen-
cia sin límites, cediendo cada vez mas de suderecho
los ministros de la corona (y tal vez algo mas que los
ministros), llevando hasta las cuestiones mas impor-
tantes y mas agenas de los campamentos á su cuar~e 1
general, pasando de aquí á la sumisíon y de esta á la
abyeccion , hast; el punto de pervertir, no solo el
ánimo y la índole del general en gefe que se halló
ser muy otro de lo que él mismo creia, si que tam-
bien las condiciones esenciales de los gobiernes re-
presentativos, sacrificadas al ansia de dominar, que
no halla nunca inconvQniente en soslituir la sobera-
nía del sable á la soberanía de las naciones. Culpa es
pues de los ministros si las influencias del general
ESPARTERO lI~garon alguna vez á preponderar masde
lo necesario y de lo justo en los altos consejos del




-54-
Estado; y aun por esose nota que el partido que mas
lastimosamente se queja de esta conducta y que mas
ha alzado]a voz contra esas influencias, es el' que mo-
nos se ha apro\'echado de ellas, siéndole por el con-
trario nocivas y altamente perjudiciales. Huhiéralali
convertido en su pró, y en verd,ad que entonces no
habria levantado tan altos sus clarnores. Que asl sue,.
le esplicarse .:empre la justicia y la equidad enlre
los partidos políticos.


Digamos algo del cuerpo de operaciones de Na-
varra. Sarsfield que debia salir de Pamplona el mis-
mo dia en que lo hicieron ESPARTERO y Ewans, es
decir el 10 , con el objeto de combinar su movimien-
to cou los de estos dos generales, no pudo verifi-
carlo hasta el dia 11, en que vencidos en lo posible
los obstáculos que habian emb,arazado su marcha, la
emprendió muy de mañana, encaminándose por la'
carretera de Tolosll. A las dos leguas tuvo el primer
encuentro en Sarasa con unbatallon rebelde, el cual
despues de una corta resistencia abandonó la posicion
replegándose sohre Erice. Allí el enemigo, protegi-
do por numerosos parapetos, construidos hacia ya
año y medio en defensa de la cañada de aquel nom-
bre, y las formidables .\lturas que la forman; opuso
mayor aunque tamhien inútil resistenc.ia; siendo des-
salojado de todos por ]a brigada de vanguardia al
mando del coronel D. Cayetano Urbina, y por el
primer batallon de tiradores de' Isabel II á las inme-




-55--
di atas órdenes de su primer comandante D. Benito
Rodriguez de Arellano. Batido en unoy otro punto el
faccioso" continuó nuestra division su movimien-
to via de Irorzun, cuyo pueblo abandonaron sus
habitantes al acercarse las tropas liberales, no obs-
tante la proteccion que habiaofrecido Sársfield á los
navarros en su alocuciou del 2, anunciándoles su
marcha contra las facciones. La proximidad de la no_
che y el peligroso paso de las Dos Hermanas que·
dirige á Lecumberri, ponto que se hahia propuesto
ocupar, obligó á Sarsfield á suspe'nder la continua-
don del movimiento en aquel dia, en que vivaquea-
ron las tropas apoyando su derecha en el pueblo de
Echeverri y la izquierda en el camino real que con-
duce á la Borunda. dando el frente al pueblo de
Echareu. Fué aquella noche tempestuoSa ,no cesan-
do en toda ella de llover y de nevar, de suerte que las
tropas padecieron mucho; y al dia siguiente fué ya
indispensable acanloDarlMen diferentes pueblos, dis-
tantes como una legua dél campamento indicado. En
tal disposicion, y con ellaudable6bjeto de impedirla
reunion del cuerpo enemigo que mandaba D. Sebas-
tian con las fuerzas que tenia ya á su frente el general
Ewans, manlú vose por entonces Sarsfield en aquellos
puntos. Mas habiendo arreciado considerablemente el
tc.mporal , y hallándose circuidas nuestras tropas por
numerosas fuerzas car\ista$, no solo fué imposible á
este general lograr lo que deseaba respecto á los bata-




-56-
nones del ex-infante , segun hemos visto al hablar de
Guipúzcoa, sino que tambien se vió' precisado á re-
troceder hácia Pamplona, baciendo cesio~.del maD-
do, con motivo de ~nfermedad , al mal'isca.l de cam-
pI;) D_Miguel lribarrell.


Este gefe se apoderó el 19 de las ya referidas
posiciones de Erice y Sarasa que fueron (;).cupadas
el11. y abandonadas al volver nuestras tropas á los
auntonamientos de los Berrios. El 2ü marcharon
sobre el valle de Ulzama dirigiéndose por Aristegui,
Oseñaga, y ~izaso. y el brigadier D. Antonio Van-
Halen con la primera brigada y algunas otras fuer:-
zas, conquistó sucesivamente las formidables estan-
cias de la ermita de San Bartolomé, Munguia y otras
que habia camino de Lizaso , y que eran defendidas
por los rebeldes con el mayor empeño. Nadie puede
negar que en esta marcha SUmamente lenta, pero pe-
nosa en, alto grado, dieron nuestras tropas prue-
bas nada equívocas de su valor y de su disciplina. y
los gofes no menos de su pericia y bizarría • ven-
ciendo al par que los esfuerzos de un enemigo po-
deroso y bien estacionado. las inmensas dificultades
que ofJ:e<'Ían'. unos caminos que podian considerarse
intransitables.


Prosiguió Iribarren en sus acantonamientQs e121,
en c~yo di.a atacó el enemigo á Larrainzar C!ln
cuatro batallones; mas estos fueron rechazados con
.IDucha pérdida por la legion francesa situada en el




-57-
pueblo, la cual dió repetidas cargas á la bayoneta,
conduciéndose con tan marcial arrojo, que bubo
soldado que á pesar de estar dos veces herido, se
apoderó de una bandera enemiga. Faltas de subsis-
tencias estas tropas en la mañana del 22, sabedoras
además del descalabro sufrido por Ewans el 16 en
las líneas de San Sebastian, creyeron sus gefes que
ya estaba cumplido el ohjeto de aquella operacioD,
por lo cual ordenó el general la retirada hasta po-
nerse en comunicacion con Pamplona, de donde de-
biart lle'gar los víveres necesarios. Emprendieron las
tropas su movimiento por la izquierda de Elzaburu
á Olagüe, Sorauren y Zabaldica, siendo atacada la
retaguardia y algunas veces los flancos por gente
enemiga, cuyos repetidos y obstinados esfuerzos se
estrellaron siempre en las bayonetas de nuestros va-
lienles, que en su marcha presentaron un egemplo de
firmeza, serenidad y órden, egeculando las maniQ-
bras con el tino que pudieran verificarlo en' un'cam-
po de instruccion, en términos de no dejar en su
movimiento en poder de los carlistas un solo indi vi-
duo, ni aun de los que fueron heridos. Tanto y tan
admirable fué el acierto de Iribarren al conducir sus
tropas en esta brillante retirada.


Triunfos mas positivos consiguieron algun tiem-
po despues las armas constitucionales. La parte '<le
la línea junto á Loyola que fué tomada el3 de mayo
á los enemigos, ballós6 atacada por estos en la ma-




-58'-
ñana del 6, habiendo construido la noche antes una
batería con varios cañones de grueso calibre·, y lo-
grado IÍ favor de la oscuridad acercarse á nuestros
puestos sin ser apercibidos. En mal hora lo hicieron;
pues descubiertos" con la aurora del día siguiente,
viéranse acoinetidos":por todas partes á la bayoneta,
~on pérdida de 300 á 400 hombres, dejando sem-
Mado el campo con mas de 80 muertos; la pérdida
de los vencedores seria de un 'Os cien hombres fuera
de CUinooté.


En ios mismos ó en cercanos dias tambíen el se-
ñor vizconde Das Anlas, general en gefe de la divi-
sion auxiliar portuguesa, alcanzó sobre los carlistas
u.na muy señalada victoria. Salió el gefe lusitano de
(á capital deAlava el día 9 del ma'J'o citado, endere-
zándose con su fuerza distnibuida en dos columnas
via ·de Arlllban; y hallando defendidos los fuertes
pa'tapetos quehaciari á aquel punto.jnespugnable por
dos batallones alaveses y uno vi\lert!liano, protegidos
por 150 caballos facciosos, mandó inmediamente
atacar aquellas formidables estancias, siendo el re-
sultado de tan bizarra y eficaz resolucÍon , el baberse
enseñoreado de ellas los auxiliares á las oncede la ma~
ñana, apoderándose asimismo de VilIareal y forzando
á los rebeldes á huir despavoridos y ocultaren Sa-
linas su derrota. Era el objeto de esta espedicion del
portugués llamar fuerzas enemigas sobre aquel pun-
to, alhiando así de ellas al general en gefe, quien,




-59-
tomo veremos en el capítulo próximo, habia inten-
lado y llevado despues á felíl término un ataque
cOlltra las importantes y ya por este tiempo famosas
líneas de Hernani.


No tan dichosa era la estrella que guiaba á nu~s­
tras armas, en el tiempo en que vamos, por la parte
de Aragon y Valencia; pues si bien el coronel Abe-
cia se apoderó de Beceite, venciendo las grandes di-
ficultades que opuso el carlista en el estrechó del mis-


; lOO nombre, y demoliendo sus temibles fuertes; si
el coronel Oribe batió el 16· de enero en Alcoleadel
Cinca á los cabecillas Arbonés y Calavera, matándo-


·Ies mas de 100 hombres de los 800 que llevaban; si
el general Oráa alGanzó y batió á principios de mayo
al terrible Cabrera, ocasionándole tan cabal derro-
ta, que no menos que un batallon entero, 100 cabllllos
y un convoy que aquel cabecilla conducia. quedaron
en poder de los nuestros; si este mismo general'dias
despües hatió y venció en Sot, en CbuliIlay en la ri-
hera del Guadalaviar al rebelde Forcádell, causándole
graMes pérdidas, si la caballería del Rey bizo alar-
de de su incomparable arrojo y destreza dando una
carga tremenda en las eras de Alcanar á la gente de
Cabrera, Carbó y Llangostera , haciéndola un con-
siderable número de muertos y herioos; si el infati-
gable Nogueras humilló con varias derrotas la feroz
altivez de J.<'orcadell y el Serrador; si finalmente los
rebeldes se vieron precisados á abandonar á Chelva,




-60-
donde tenian sus provisiones y hospitales, lueg() que
supieron la aproximacion á aquel punto d~ nuestro
general en gefe , segun diremos despiles; snfrieron
sin embargo nuestras armas el ~uceso mas funesto
que indudabJemente pudo acaecer}as en este territo-
rio, cual fué la p~rdida de la importan~e . plaza de
Cantavie.ja, qne. por traicion ó sorpresa cayó el 24
de abril ~n poder de los rebeldes, desaprovechan-
do de ta.1 suerte todos los esfuerzos empleados el año
anterior en su conquista, y recobrando el faccioso


. Una fortaleza de tanto interés para él. La segunda
hrÍle;ada de aquel ejérci.to que \lahia sa\ldo de l\uño\
el 17 de febrero, marchando al ancuentro de algu-
nas fuerzas enemigas estacion~das en,Sieteagua3, oh-
tuvo, en vez del triunfo que busc~ba, un fUérte des-:.
calabro debido á la estraña circunstancia de haberse
desbandado parte de nuestra infantería á poco de
haber p~incipiado el ataque, siendo inútil el pode-
roso auxilio que prestó nuestra caballeria, y vanos
tambien y nulos los esfuerzos que hicieron los otros
infantes con el fin de rehacerse; por cuya razon
estos y aquellaviéronse obligados á replegarse hácia
TurÍs pasando.de aquí á Torrente,


Entre las diferentes acciones, encuentros y ata-
ques que ocurrieron por este tiempo en Cataluña,
fueron los mas notables el que sostuvo en. Rió da
Col s el coronel D. Martin José Iriarle contra la par-
tida de Fabot, fuerte de unos 400 hombres, la cuat




-61-
quedó reducida casi á la mitad, tomando los nuestros
al propio tiempo varias municiones, caballérías y
otros efeelos de guerra; la accion que el coronel
Aspiroz empeñó con el cura Trislany junto á la Ree-
torÍa de Fals , causándole gran destrozo; la ocurrida
en Monrós entre las guarniciones de Pobla y Jerri
y las gavillas del Eros de Tirvia, favorable á las pri-
meras; olroataque dado junto á Calaf al ya referido
Tristany ; la sorpresa hecha á. Griset en la Pobla de
SubioIs;, y finalmente ·las llcciO{}cs habidas en Mas:-
llorensy en los campos 'de Vilavei·t y CoU de tilla,
entre D. Franeisco Bcllera, comandante de un ba-
tallon franco, y el cahecilla Marcó que sufrió gran-
des reveses, sobre lodo en la segunda.-Como para
compensar eslos triunfos pueden tamhien citarse tres
sucesos que nos fueron contrarios; la presa de un
convoy enlre Cervera y Panadella· con la derrota de
la columna que le custodiaba regida por el córonel
Oliver, triunfo adquicido por Trislany; el golpe
que dieron los faccio~os á los nacionales de l\'Iatilró
en una salida que hicieron de San'Pedro' de Torelló,
de cuyas resultas perecieron varios; y sobre lodo, la
toma de Solsona sorprendida por el mencionado Ca-
becila Trislany, en donde ocurrieron graves des-
gracias, á pes<lr de la her6ica defensa que hicieron
sus habitanles.


Las facciones de la Mancha, que separadas deGo-
mcz vol viel'on ~ su antigua vida de merodeo por




. -6:!-
aquellos pueblos, sufrieron tambien algunas pérdi-
das, batidas por nuestras tropas,! nacionales en el
Rincon del Soto, en el Moral de Cal~trava, eo Al-
cubillas y en los campos de Granát~(a; pen,) en Bo-
laños y en Brazalortas tomaron ruin venganza,. los
hllndidos, por medio del asesinato, la tala y el in-
cendio ,ensayando frenéticos y poniendo en egecu-
cion las mas inauditas crueldades.


El primero de aquellos pueblos fué acometido
. por el .feroz 'Palillos, él Cabrera de la Mancha; y
e~rechados los nacionales pór la numerosa partida
que capitaneaba este m6nstruo , viendo lo inútil y aun
perjudicial que seria toda resistencia, no habiendo
esperanza de próximo auxilio, y dando valor á la
palabra empeñada por el partidario rebelde, y á la
promesa que- con ella les hizo de conserv~r sus vi-
das, ripdieron las' al'mas los nuestros. fiados en el
cum'plimiento de un pa.cto que creyeron seria sa-
grado para los facciosos; perp apenas se vió Palillos
dueño de sus personas, cuando burlándose de su sin-
ceridad y falfando innoblemente á la fé de su pala-


- bra; el bárbaro, los sacrific6 inhumanamente, ofre-
ciendo esta prueba mas. de su bestial crueldad 80
menos que de la villanía y bajeza qe sus sentimien-
tos.-Parecida hazaua llevaron á caLo los reheldes
en el referido pueLlo de Brazatorlas; si hien la fir-
meza de sus defensores, entre los cuales cont~banse
algunos soldados del provincial de Có¡'doba, mino-




-63-
rú un tanto las desgracias que pudieron haber so-
brevenido, si su ánimo se abate por un momento.
Penetrado que hubieron en la poblacion los insur-
gentes, intimaron rendicion á los habitadores, y aun
amepazaron con llevarlo todo á sangre y fuego, sj.
estos se obstinaban en resistir. Obstináronse empero
y dieron los defensores al desprecio sus hrav<ttas,
con lo que fuertemente irritados los contrarios, y
no siéndoles dado usar otra venganza, pusieron fue- .
go á mas de 50 casas, cuyas llamaradas solo sinie-
ron para alumbrar á los rebeldes en la fuga. Tan
cierto es que la crueldad y la cobardía siempre es-
tan juntas, en impía y mísera alianza hernunadas.






""PITilLO IV.


Nuevo plan de campaña que adopta el general en
gcre: gloriosas operaciones emprendidas sobre
la línea de Hernani: apodéranse nuestras tro-
pas de este punto y los d~ Imn, Fuenterra-
bía, etc. : espedicion acaudillada por D. Cár-
los: funesta accio» de Huesca: batalla gloriosa
dada en los campos de Grá.


SPARTERO, que desde
su vuelta de Elorrio,
el 23 de marzo, per-
maneció en Bilbao es-
tacionado con el ejér-
cito, el cual ocupaba
esta villa y sus in-
mediaciones sufrien-
do á un tiempo los
horrores del tifus (cu-


ya epidemia empezó á desarrollarse luego de ha-
ber entrado nuestras tropas en la capital de Vizcaya)
y los contínuos ataques de los enemigos, ora en des-
tacamentos, ora en las salidas que verificaban los


TOM. H. ;:;




-66-
Joidados para proporcionarse el alimento de los ca-
hallos y algunos utensilios, decidióse al fin á mover-
se el 9 de mayo, emprediendo el plan de campaiía
que él habia concebido como el mas útil y practica-
hle en aquella guerfól.


Estaba este plan reducido á transportar dicho
ejército á San Sliliaslian, dejando una division en
Vizcaya, con objeto de obligar al enemigo á trabar
una batalla en circunstancias las ma~ feutajosas para
nuestras tropas, su~eriorcs en disciplina y organi-
zacion para un ataque d-elílleas, y con artillería muy
superior en número, calibre y servic¡o, á la de los
rebeldes; pudiendo tambien añadirse que nuestros
soldado!! saldrian al ataque descansados y de UII¡l
plaza en donde tenian todo género de recursos, COII
inc\llsion de buenos hospit;tlei para los eventos que
ocurrir pudiesen.Reunia este plan á las ventajas del
anterior la circuflstancia de evitar sus inconvenientes;
pues teniendo aquí la seguridad de balil· á los ene-
migos, hacerlos desocupar sus guaridas, ú obligarlos
á concentrarse en elbs, pri vados empero de su comu-
nicacion con Fr¡lIlcia , y por consiguiente de los m~­
dios para llocte'!" prolongar allí su existencia, ni se les
daba la iniciativa y la eleccion de batir á nuestrOls
tropas, ni menos estas podian ya ser acometidas en
detall; destrozando así diseminadas á unas fuerz~s
que, unidas, eriln mas que suficientes para ahatir p]
<Jrgullo de todas la.s huestes de D. C;\r1os.




-67-
lltJy urgente era en verdad desalojar al carlista


tle las inmensas fl'aguras que ocupaba en aquel t~r­
ritorio, que era para él como unl grande fortaleza,
en donde contando con víveres y municiones puede
hacerse una guerra perdurable; y para demostrar
csta necesidad, no menos (Iue apreciar en su justo
valor las openciones de que hemos hablado, así co-
mo las de que hablaremos en lo sucesivo, daremos
aquí una idea, aunque ligera, de la naturaleza del
terreno, sobre todo '" de la índole superficial de las
provincias vaseongadas y la Navarra, Bastar~nos de-
cir que las grandes inflexiones tic las principales cor-
dilleras de montañas complican de tal manera sus
estribos y descendencias, que escapan á los ojos
mas perspicaces las leJes generales á que sin emhar-
go están, y no podian dejar de esLar sujetas; que la
notabílisima elevacion del centro de Navarra y de la
llanada de AJava rcspedo del mar, es c<lusa de los
grandes desniveles del terreno, y de que las provin-
cias de Guipúzcoa y Vizcaya, formando un plall(j
inclinado hácia el mismo mar, de grande ¿lltura y
poca base, tengan vcrLientr,s r.ipidas , valles profun-
dos, una cosla peñascosa y brava, una fisonomía muy
pronunciada. Bajar de Alava á Vizcaya es caer del
alto al hondo casi repcntinamente. Circunstancia que
ella sola, bien estudiada, esplica muchos fen6me-
nos de las operaciones y movimientos de nuestro
ejército, y ponc en claro sobre todo las dificultades




-68-
que sobrevinieron en el socorro de Bilhao.-A esta
irregularidad de la superficie hay que agregar tam-
bien el inilujo de los muchos y espesos bosques al-
tos y bajos que la cubren, la dirp.ccion de los ca-
minos que serpentean con el curso de los rios en Jo
profundo de los valles, lo diseminado de la poblacion
en todo el ámbito del país, ye\ sistema de su agri-
cultura en cuya virtud se halla cruzado de zanjas y
cercas. Todl)-vía aumenta los elamentos materiales de
resistencia en este territorio clásico de la guerra, s in
duda por esta ralOn, desde la antigüedad mas remota,
el apoJo y reIacion del suelo con el clima, constan-
temente lluvioso, de variable temperatura, de abun-
dantes nieves, de arroyos y rios torrentosos unas
veces, escasos de aguas otras, para poder servir
de defensa á los nuestros, hácia cuya parte corres-
pondia el principal curso, puesto que el enemigo
ocupaba las montañas, ,


Ahora bien, si se liene en cuenta que aquel se
hallaba situado en un espacio que tenia aproximada-
mente la figura de un círculo, y con ella todas las
propiedades ventajosas al que posee el centro; que
este está cabalmente formado por las montañas mas
altas que hacen del pais un campo atrincherado na-
tural, donde pocos resisten á muchos, donde Jos
habitantes vi ven fácilmente siendo imposible que Jo
hagan tropas de olros climas en número y organiza-
cion diferentes, que las gargantas de las cordilleras




-69-
l'C defendian sin dificull:ld, y cuando nuestras ltop¡\s
las forzaban, dejándolas á retaguardia, las ocupaba
eon igual facilidad el enemigo, necesitando por tan-
to los nuestros doble fuerza para conservarlas yope-
rar mas adelante, en un pais que se encontraba aban-
donado de sus naturales y no ofrecía recursos de
i>ubsislencia ; si se tiene tambien presente el influjo
y preponderancia que daba á esta guerra la conti-
güidad del pais rehelde con el de otra nacion , de la


I cual; ó al menos por cuyo conducto, recibían losfac-
ciosos lodo ellanto necesitaban, eaballos, vestuarios,
municiones, víveres, dinero y la. vida que da ha á
aquel partido su comunicacion y relaciones con los
gobiernos absolutistas de Europa; si se atiende á que
nuestro ejército estaba precisado, con arreglo a1 sis-
tema antiguo, oí cubrir ochenta y cuatro leguas de
circunferencia, quedando aun un hueco harto per-
judicial de nueve; si no se pierde de vista que las
comunicaciones entre los cuerpos de ejército que
cubrian nuestra línea eran largas y difíciles; que pa-
ra que nUl'stra fuerza fuese bastante á contrarestar
la enemiga en aquel punto de la circunferencia á don-
de rápidamente podia esta dirigirse, no es difícil cnl-
miar en qué pruporcion deberian estar la una con la
,olra; que aun dada una gran superioridad de nues-
tra pnrte, siempre quedaba á favor del enemigo la
inmensa ventaja de la eleccion de objeto que le daba
fácilmente la iniciativa, y la seguridad que le pro-




-70-
porcionaban los ohstáculos naturales para contener
los ·progresos de nuestras tropas en los puntos que
él mismo debilitaba al reconcentrarse en otros; que
de esta disposicion reciproca resultaba la imprescin-
dible necesidad de tener cincuenta y seis puntos
fortificados entro las cuatro provincia:> y la Rioja,
resultando de tan considerable número y de las pé-
simas condiciones topográficas de sus forzadassilua-
fljODos I la dificultad invencible de que las obras tu-
viesen las proporciones neoosarias para resistir al
formidable tren de batir que ya en este tiempo ha-
bian los facciosos reunido I y la 110 menor de gastos
considerables para artillarlos debidamente I como
tambien la necesidad funesta de consumir mucha
fuerza en guarniciones que 110 pueden ser pequeiias
en pais sublevado; si todo estó I decimos, se tiene
en cuenta, podrá juzgarse con acierto acerca del
mérito ú demérito de los sistemas adoptados en esta
campaña por les distintos generales que han guiado
nuestras [mnas durante ella '. al paso que del mismo
modo podrá hacerse juslicia al evaluar las diferen-
tes operaciones aisladas ó en combinacion que hall
tenido lugar en esta guerra.


Presupuestas las observaciones que yan hechas,
diremos aun que el general en gefe I CONDE DE Lu-
CUANA, ,-¡endo á su ejl~rcito sufrir escaseces, hasl ..
el punto de serie imposible ellransporlarse a San
Sehaslian para emprcnler las operadones de que ya




-71-
hl'!i:nos hecho cuenta, unió á los pocos recursos que
pOI' enlonces pudo facilitarle el gobierno, otros que
él por sí se vi6 en la precision de buscar, ora fuesen
propios, ó bien' adquiridos bajo la seguridad de su
crédito, haciendo así un adelanto pecuniario á nues-
tras tropas y con él un servicio á la patria de grande
importancia, servicio que repitió varias veces, yen
ocasiones muy críticas y apuradas ¡ durante la larga


. época .de su mando, con un celo muy digno de ser
celebrado y aplaudido, porcuanto él prueba, de una
manera indudable, su amor al ejército no menos
que su eminente patriotismo.


Discutido y aprobado el nuevo plan propuesto
por ESPARTEl\O, y resucIto en el consejo de guerra
celebrado el 14 de abril en Bilbao, el tramportar
las tropas á Guipúzcoa, comenzó á verificarse esta
operarion el 22 tlel mismo por medio de los vapores;
y á medida que llegaban nuestros soldados, iban lo-
mando posicion en la línea y obligando á los enemi-
gos á replegarse. Aquí fué' en donde tuvieron lugar
los sucesos ocurridos con tal ocasion en los prime-
rOIl dias de mayo, segun hemos ya dicho anterior-
mente.


Anles de partir el CONDE, juzgó prudente to-
mar otras medidas que conducianmuy bien á su pro-
pósito, y que debian asegurar el éxito de aquel mo-
vimiento. Por si el enemigo no aceptaba la batalla·
J drlerm i naba una e~pedicion al interior ó solJre la




-72-
córte , segun se susurraba hacia ya tiempo, mandó
reforzar á Iribarren con la division Buerens y con
la caballería que estaba en Castilla. El diputado oÍ
córtes D. Francisco Lujan salió de Bilhao el 25 de
abril con direccion á Pamplona J con objeto de co-
mllnicar de acuerdo con ESPARTERO y por encargo
especial de este á dicho señor general Iribarren el
nuevo plan de campaña; previniéndole al propio
tiempo que debia impedir el paso del Ebro á los ene-
migos , entreleniéndalos y llevándolos al ángulo for-
mado por aquel rio y el Cinca, dando así lugar á
que el CONDE atravesando por Lecumberry subiese á
Pamplona cayendo despues sobre los carlistéls á quie-
nes obligaría, en lal caso, á combatir fuera de las
montañas, en terreno que no dominaban, y cargado!!
por la division Iribarren, el ejército de ESPARTERO
y las tropas de Cataluña y Aragon que debian im-
pedir el paso del Cinca. Llev:mdo mas allá sus cál-
culos y ensanchando ·la esfera de sus proyectos y de
los que en su sentir atribuia á los contrarios, pre-
guntó al general Seoane y á dicho seiíor diputado
Lujan en Bilbao, si le aseguraban que ~Iadrid opon-
dria resistencia á las facciones por tres días; á lo
que contestaron a(luellos señores que era tal la con-
fianza que les inspiraban el valor y patriotismo de la
Miliéia Nacional de la c6rle, que tlO solo TRES DlAS
sino aunf[ue fueran SEIS, que pudiera tardar el auxilio
de nuestro ejército , podía tener el CONDE por cierto




-73-
que aquella fuerza ciudadana no sucumbida (COIJIO
en efeclo no sucumbió); que el representante, enton-
ces, del despotismo nI} osaría entronizarse ni por tm
momento en el sólio consagrado á la reina nitia, ni
tampoco le seria dado sentar su inmunda planta en las
calles y plazas de ¡}ladrid. Los sucesos que sobrevi-
nieron prueban de un modo inequívoco el singular
acierto en los p~anes, el grande fundólmellto en los
proyectos y la tan alta como profunda prevision de l
general ESPARTEB.O.


Traslóld6se este con su cuartel general y los Guías
desde Portugalete á San Sebaslian el dia 9 de mayo
citado, verificando su entrada á las tres de la tarde;
descansó ellO y pasando el siguiente dia 11 revista
á las tropas, las dirigió esta proclamll :


«Soldados: llegó al fin el día que tanto deseaban
«vuestro valor y decision. Animados de un noble
,entusiasmo, quereis dar una prueba mas al trono
«(le nuestra inocente reina y á su patria, cuya liber-
(Itad nos está encoméndada , de cuán poco apreciais
((vuestra sangre cuando se trata de derramarla por
"esas dos causas tan caras á todo corazon verdad e-
«ramente español. A la vista teneis á ese ene migo
«que tantas veces habeis vencido. y que sabe cuán
«imposible le es resistiros cU:llldo deseais conseguir
ceel triunfo. Esas fortificaciones que os le ocultan.
«demuestran su debilidad y el temor que le inspiran
(vuestras bayonetas. ¡Insensalos! ¿De qué les sirvie-




-74-
«ron ~us famoiills líneas de Arlahan J de Villarel1l,
Kasi como las ('scarpadas posiciones de Luchana? Ya
(do s<lbeis, soldados; de aumentar su deshonor y
"de dar mayor brillo á vuestra victoria. Marchemos
"pues al combate, que con yalientes como vosotros
"no hay obstúculo que nos detenga. Pero recordad
(que de nada sirve el valor inconsiderado, cuando
.. no le acompañan la union, la mas perfecta discipli-
(lna y la obediencia mas ciega á las órdenes y dispo-
(,siciones de vueslros gcfes. Mirad esas filas de Ta-
~Iientes y h;llJare¡"; á su frenle á los mismos gefes
"que tantas veces y con tanta gloria os han condu-
"cido al campo de batana. Ved á los hijos de la
"Gran Bretaiia, nuestra poderosa aliada, que impa-
(,cientes están por participar de nuestros laureles.
«Ved al lado del estandarte de Casti!la ese pabelloo
~que ondea hasta en los helados mares del polo.
«Contemplad esas montañas que nos Sl'paran de la
(,Francia, y van á ser testigos de la import:mte lu-
(¡ella que se prE'para: los ecos que en ella resuenen
«transmitirán á la Europa entera los cantos de la
«victoria y los lamentos de 105 vencidos.\)


(Sed humanos eon los que en el ardor de la ac-
«cion caigan en poder vuestro. Los valienles como
((vosotros no reputan por enemigo sino al que pelell,
((pero alargan una mano generosa al que se rinde y
(,e~'itan la efusion inútil de sangre.)}


«Soldados: nada os detenga; haced olro esfoer-




-75-
(lO J la patda y el (¡'OIlO defendidos por vosotros os
.deberán su gloria en un dia que ha de perpetuar
('vuestra reputacion, Acordaos de los juramentos
«que habeis prestado, y no dudareis del triunfo,
((Corred á aclamar en las posiciones enemigas 10/1
-nombres augustos de ISABEL y de LmERTAD, y allí
"hallareis á mestro compañero-El general en gefe
,(del ejército del Norte, CONDE DE LucnANA,»


U n doble efecto produjo por de pronto esta ani-
madísima y entusiasta alocucion. Reavivar el espí-
ritu de nuestra!\ invencibles huestes aprestándolas iI
la pe!ea, con esperanza firme de victoria, y hacer
que los enemigos. aterrados con la. presencia de Es-
PARTERO, retirasen las piezas de sus baterías, bus-
cando refugio el ex-iufante D. Scbastian en Tolosa,
ó¡ donde retrocedió con ocho batallones, fuerza qu~
creJó el generalísimo suficiente para guardar el
terror pánico que el solo nomhre de LUClIANA le in-
fundia.


El mismo día 11 dió el general Lacy Ewalls un
espléndido banquete al general en gefe del ejército
del norte en la capital de Guipúzcoa, al cual asis-
tieron todos los demás generales españoles; los ge-
fes superiores de la Icgion británic<l, lord Jolln Hay,
los comisarios ingles/-'s, franceses y portugueses, los
cónsules y lasauloridades civiles. Entre los brindis
con que se terminó la comida sobresalieron estos
cnll10 los mas notables:


,.




"'::76-
,nEl CO~mE DE LUCHAN.l. Al primer gran:ldero


,«que entre en Hernani ,It
«El general Seoane. Prometo una pension vitali-


«cía de cinco reales diarios sobre mi fortuna parli-
,«cular al primer valiente que entre en Hernani.1t


«El general baron de Carondelet. Ruego al ge-
«neral Seoane que escluya del derecho á esta pen-
«sion al general en gefe, que olvida muchas veces
«lo que debe á sus funciones por ambicionar la glo-
«ria de los simples, granaderos.»


Brindis que fué celebrado con numerosas acla-
maciones por todos los concurrentes, quienes no
pudieron menos de aplaudir la exactitud del juicio
que él enyol via respecto al inimitable arrojo y sin
par bravura del ilustre CONDE DE LUCHANA.


Practicado por este un reconocimiento sobre las
posiciones de los contrarios en los dias 11 y 12, ob-
servó que la derecha de la línea enemiga, situada it
la izquierda del Urumea, debia ser el objeto del ata-
que de nuestras tropas, no obstante su formidable as-
pecto, pues que ocupaba la cordillera de Oriamendi
con h'es fuertes reductos y una batería, guarnecidos
de cañones, y ligados por varios parapetos, teniendo
otros á la izquierda del alto de Oriamendi, llave de
la posicion, que eorrian por todas l:ls alturas del mis-
mo lado, y á CU}O abrigo podian los contrarios de-
fenderse con gr,mdes ventajas.-Penctrados los re-
beldes de la resolucion dClEsl'J.RTERO V dol pelirrro


" ~




-i7-
que corria su artillería y material si la sucrte se in-
clinaba á favor dc los nuestros, procuraban aumen-
tar sus medios de dl'fensa, construyendo nueva!
obras y preparándose al combate; pero los movi-
mientos egecutados por las tropas constitucionales
que operaban en Navarra, Alava J Rioja , á conse-
cuencia de las instrucciones que habian rccibido y de
que hemos hecho mérito anteriormente, llamaron
en alto grado su alencioll, lo cual unido á los gran-
des aprestos, á las medidas atel'radoras y las miras
alta~ente hostiles que mostraba tener el general en
gefe, obligó á ponerse en salvo al de Jos carlistas,
como antes digimos, dejando solo 13 batallones á las
órdenes de GuihelaldtJ para atendcr á la defensa de
sus líneas y de los puntos fuertes de Irun y f'uenter-
rabia.-En el citado dia 12 tomaron ya posicion
nuestras lropas campando en las colinas inmediatas
al fuerte de Pugno


Llegado era ya. el momento y la ocasion oportu-
na para obrar; y habiendo invertido el dia 13 en
trasladar los cuerpos del ejército de los cantones que
Mupaban á Jos puntos convenientes, fij6se para el
H la ocupacion de Hernani y de las líneas que le
(lefendian. A las dos de la mañana de es le último dia
monla á caballo el generol en gefe, y al despuntar
del alba estaban las tropas de su ejército situadas de
la manera siguiente; la segunda division y el el!~
dron del regimiento doel Rey á lai 6rdenes del ~aríS'f,


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-78 .....
cI11 de campo D. Manuel Gurrea, formando la iz-
quierda de nuestra lbea en la posicion de Asuetea,
con objeto de proteger el flanco de los nuestros COIl-
lrn las fuerzas que el enemigo pudiera pres~ntar por
la parte del cerro de San Marcos Ó del inmediato
puelJlo de Asligarraga, el cual debia ser ocupado por
Jos nuestros luego de apoderarse estos de la impor-
tante cordillera de Oriamendi: la division de vanguar-
dia mandada por el brigadier D. José Rendon, colo-
carla á la inmediacion de las casas de Aguirre, en
observacion de las a "enidas que pudieran deslizarse
Jlor el puente de Asligarraga, del lado izquierdo del
Urumea, y de las estaneÍas que el rebelde ocupaba al
frente de dichas casas: esta·division delJia secnndar
el ataque principal; cualro hataltones de la quinta
conducidos por su comand¡mle general el marisc¡¡1
de campo D. Gaspar de Jáuregui, tomaron posicion
sobre el camino de lIernani, tenieodo á su retaguar-
dia á la legion auxiliar británica de todas armas, cu-
yos dos cuerpos estaban destinados á verificar el ata-
que principal contra la altura de Oriamendi bajo la
(lil'eccion del teniente general bcy Ewans, soste-
nidos por la primera di vision á las órdenes del ma-
riscal de campo conde de Mirasol, con una batería:
finlllmente , la division de la Guardia Real, forman-
do la reserva con los escuadrones de la Reina y
Príncipe se hallaba á las inmediaciones de San Se-
hastian, pronta á acudir á donde la nucesidad Jo




-79-
exigiese. El resto de la artillería, tanto española co-
mo la real británica, sostenida por ~u brillante ba-
tallon de marina I ocupaba los puntos mas á propó-
sito para obrar en caso necesario.


Serian las cuatro de la mañana cnando rompieron
su movimiento las tropas destinadas al ataque princi-
pal; y no bien sus tiradores llegaron á encontrarse
frente á la primer cortadura con que defendia el ca-
mino real el enemigo, rompiú este el. fuego; pero
contestado por algunas piezas servidas por la artille-
ría de la legion auxiliar y la española, vióse obligado
el faccioso á. abandonar sus parapetos y refugiarse á
los que guarnecian el pié de la ulencionada altura de
Oriamclldi. Pr')siguieron los nuestros su marcha. por
la izquierda del camino Ínterin los zapadores de am-
has uaciones habilitaban el paso para la artillería,
desobstruyenJo á aquel de los muchos obstáculos
(Ion que le había interceptado el enemigo; conseguido
lo cual, t,omaron posicion una batería de la legion
auxiliar, dos piezas de grueso calibre servidas por
la artillería real inglesa, y dos haterías de cohetes
servidos POl' aquella y por la marinería del bergantin
Realista de la misma nacion, dirigiendo todos sus
fuegos sobre los parapcJos de Oriamendi, y prote-
giendo los .iltaques que verificaban por la derecha del
camino la compañía de Guías del general, el bata-
llon de Chapelgorris y dos de la It'gion auxiliar, sos-
tenidos por 101; cuatro de 111 Reina y Zar<lgoza, que




-80-
formaban la primera brigada de la primera di vision,
en tanto que el resto de la quinta di vision y de la le-
gion auxiliar lo egecutab:lO por la ilquierd;¡. Obser-
vados que fueron eslos movimientos por el enemigo,
despues de algun rebate de guerrillas abandonó pre-
cipitadamente todas sus estancias, relirándose al abri-
go de Hernani, de las altllras de Santa Bárbara y
garganta de Arricarte , que era 10 que venia á for-
mar su segunda línea de defensa. Aquí notaron los
nuestros que en las guerrillas contrarias venia una
muger haciendo fuego.-La línea de Oriamendi fué
tomada á las ocho de la mañana.


Posesionadas ya las tropas constitucionales de
esta, que era la primera línea enemiga, era preciso
arrojar de la segunda á Jos rebeldes, para lo cual
ocuparon los nuestros en seguida las colinas que
descienden á Hernani; cuatro piezas de artillería de
campaña in~lesas se adelantaron y cañonearon á este
plleblo; la division de Jállregui flaRllueó por la dere-
cha de la montaña @n qlle está situada Santa Bárbara
y qne domina á aquella pohlacion; el general Ewans
con los batallones de la legion auxiliar y la primera
hrigada de la primera division marcharon sobre Her-
nani por el camino real y la parte comprendida entre
este y el Ur~mea, protegiendo est(}s ataques el"fue-
go de una hatería de la legion auxiliar británica. Ei-
taba Hernani fortificado, aspillerado su rednto, y for-
tificados lambien el convento de las monjas, la iglesia




-81-
Y -In ermita Je Santa Bárbara. Esto prescindiendo de
las Tentajas natural~s que le da su posicion topográ-
fica. El enemigo opuso grande resistencia, é hizo
un nutrido fuego seiíaladamente desde el convento
Jla ermita: pero nada fué bastante á contener el
mar.cialarrojo de nuestros valientes, que atacando
con vigor pos€sionáronse del pueblo á vi va fuerza,
00 u1edio de una lluvia de halas, viéndose dueños
6le él y de sus fortificaciones á las doce del dia, ho-
ra en que los ~nemigos abandonando tambien á San-
laBá~b:llra, rectllTierOIl á la fuga encaminándose á
Urnieta. En· los momentos (le realizarse el ataque de
las fortificaciones de Hernani, se puso el bravo gene_
ral Ewans á la cabeza del bizarro escuadron de lan-
ceros de la legion, y acompaiíado del estado mayor
de la misma y de varios generales y gefes espaiíoles,
cargó al enemigo que temiendo vel'se envuelto, prc-
tipit61a retirada de los batallones que tenia sobre el
camino real y los que defendian. la pesicion de Santa
Bárbara y Arricarte, des pues dehabérsele incorpo-
rado las fuerzas que tenia en Asligarraga, punto que
ocupó inmediatamente la segunda division de los
nuestro~ .


Perseguido el carlista sin descanso, se detuvo en
U rnieta y derendió este puchlo, especialmente-la
iglesia, con tenaz empeño; sin embargo á las tres de
la tarde atacada esta poblacion por algunos halallolH i
{,ipaJioles é ingleses sostenidos por el escu:1dron ,le


. T&lJ. II. G




-82-
lanceros y una pieza de la legion auxiliar, fué ocupa-
da como Hernani, y arrojado el enemigo en direc-
ción de Andoain.-Conquista de tamaña importancia.
cual era en este tiempo 'la de Hernani, s.olo costó al
CONDE DE Lt1CHANA 'Iap~dida de dos mllertos y 16
heridos en Su ejército, el cual no obstante sufrió
mucho en aquellos dias por causa del temporal que
particularmente la noche del 13 rué de copiosas y no
interrumpidas lluvias, teniendo que vivaquear las
tropas, mas sin que por eso se entibiase en lo mas
mínimo' su ardor ydecision. Tampoco fué de mucha
consideracion la pérdida que en el personal sufrió el
enemigo; si bien se vió obligfldo á abandonar gran nú-
mero de municiones ,de artillería de todos los calibres
eJltre las cuales habia algunas huecas cargadas. Pero
no dejó por eSo de ser este acontecimiento de grave
y muyperniciosainOuencia para su causa, por cuan-
to veiím allí ya Sus parciales anonadados en un m'o-
mento lodos los proyectos' y trabajos, producto de
tanto tiempo y de tantos sacrificios, mostrándose á
los pueLlos de aquella provincia lo poco que debian
esperar ya de la proteccion carlista, y principiándo-
se á inculcar en aquel pais la idea do que si habia
'de Hegar un dia en que disfrutasen sus habitadoros
la paz y tranquilidad que tanto anhelabán , . este. bien
solo podian recibirle de manos del ilustre CONDE DB
1.1'CUANA.-Distinguiéronse en la toma de Hernani el
j "Die·nlE" gNJOr,?J De L,?l')' E wans, e) comoooro 00 }é/S




-83-
fuerzas navales de la Gran Bretaña lórd Jobn Hay,
el general gefe de la P. M. G. del ejército D. Rafael
CebaIlos Escalera, y los comandantes generales de las
divisiones primera y quinta conde de l\'lirasol y Den
Gaspar de Jáuregui. Acompañaban además al gene-
ral ESPARTERO, al verificar su entrada tri'unfal en
aquel pueblo, el mariscal de campo D. Antonio
Seoane, los comisarios de las naciones signatarias
eon la España del tratado de la cuá druple aliallZa; los
coroneles Witde, Senhilles y Pinto de Lemus, J
los diputados á cÓrles, comisionados en el ejército,
D. Fr;mcisco Lujan, Ü. Juan Ramon de Arana y Don
Francisco Jad~r de Santa Cruz, lo cual aumentaba
el realce y h solemnidad de aquel acto.


El 15 descansaron nuestras tropas en Hernani y
puntos inmediatos: al siguiente dia 16 salió de ,aquel
la legion auxiliar inglesa y la quinta divisioll al man-
do de Ewans, á· eso de la madrugada, con el fio de
apoderarse de Irun y Fuenterrabía. La divi~ion Jáu ....
rcgui flanqueó por la derecha. Al dar vista estas Li-
zanaS tropas á Oyarzun, pueolo fortificado y en el
cual habia dos batallones rebeldes. abandonáronla
estos de pTisa, y libres los habita ntes abrieron las
puertas á los nuestros con grandes. muestras de ale-
gría, mas sin que esta circunstancia impidiese á
Ewans el dejar allí una guarnicion de 700 hom-
bres.-Prosi~uieron nuestras colnmnas su marcha
llegando á las doce del dia á la vista de lrun, pue-




-84-
blo que se hallaba bien forLificad(), coronado y guar-
necido de numerosa artillería, fortificada tambien la
casa de ayuntamiento, todo su recinto aspillerado,
cerradas las puertas, con grande estacada, y foso
además. Por la tarde circunvalaron los nuestros la
poblacion y dierpn principio á la embestida atacando
el fuerte del Parque. Un fuego vivo de cañon y de
fusil se hizo oir bien pronto por ambas partes, y no
lardó mucho en ser tomadas á viya fuerza todas las
cll~as estramuros del pueblo y en verse obligada la
guarniciOlf de este á encerrarse en sn recinto. Nues-
tras tropas camparon á tiro de pistola de las mura-
llas, y al anochecer se suspendió el fuego.


Durante la noche establecieron los nuestros una
baterí,a en las casas contÍ'guas á la puerta de Francia t
y al romper el dia rompió ella tambien sus fUl'gos
dirigidos á derribar dicha puerta para proceder inme-
diatamente al asalto. Al punto se hizo general el fue-
go tanto de cañon como de fusil en todo el recinlo.
La artillería de la legign jugó admirablemente, si
Liel'lla circunstancia de sel' demasiado ligero iU sa-
litre, minoró un tanto los estragos que de otro mo-
~o hubiera hecho. Pero la hizarría de las tropas se •
hizo abrir paso con las armas superando las mayores
dificultades y distiguiéndose por su inimitable per-
severanci¡t y su eslraordinario 'valor los regimientos
británicos Rifles, Reales irlandeses y P1·imero guia-
dos por sus valiefllcs coroneles f onlescuc, C<!r.nan




-85-
Y Shan. Veiote horas duró tan terrible ,combate, en
cuyo largo periQdo ni por un instante siquiera llegó
á entibiars'e el ardor y entusiasmo de nuestros bra-
vos.-A las once de la mañana fué herido de grave-
dad el teniente de artillería D. Domingo Beogoa que
mandaba una batería colocada en la carretera á'150
varas de una de las puertas· principales, y tres arti-
lleros mas de la misma batería; y no habiendo' otro
oficial de artillería español que remplazase á aquel
geCe !. el Sr. Lujan , diputado á córtes de quien he-
mos hablado anteriormente, y oficial ta~bien del
real cuerpo de artillería de la Guardia, que se halla-
ba con el general Ewans á la vista y á tiro de cañon
de Irun , sin mandato de nadie corrió inmediatamen-
teá encargarse del mando de la batería, hizo que·
continuase el fuego y á lQS muy pocos disparos logró
derribar la mencionada puerta de lroo, por donde al
momento se lanzaron nuestras tropas, penetrando á
viva fuerza en el pueblo y obligando á rendirse á la
guarnicion que se habia replegado al fuerte y á las
casas de ayuntamierilo é inmediatas. Fué tan señala-
do y de tanta importancia el servicio que el ilustre
diputado estremeño prestó al frente de esta batería,
que segun se espresa el Sr. Ewans en su parte dado
al gobierno «bajo un fuego sumamente vivo, y por
«la ciencia y valor que desplegó mandándola, se
«atrajo la observacion de lodoll.lI


.. El fuerte del Parque se rindió á discrecion á los




.,....86-
;¡J ud¡mles de campo de dicho señor general Ewans,
Shely y Cotoner, á la cabeza de algunas compa ...
fiías del regimiento de la Princesa.;,-La obslinacion
que aqui desplegaron los rebeUas y eLnúroero y
fuerza de los obstáculos que opusieron y que solo
pudieron superarse por ulla multitud de esfuerzos
personales y ~ecididos, bicieron sangriento este. ata.-
qlle.:-La legion inglesa tuvo bastantes pérdidas, no
escaseando estas tampoco en los CIlet"pOS españoles;
dando.asi lugar á que e!{.asperado el sol~l\do (espe-
dalmenle los ingleses) entrase á saco el pueblo, co-
metiendo todos los escesos que son de lamentar en
semejantes ocasiones; mas sin que faltasen al mismo
tiempo de parle de los vencedores grandes pruebas de
generosidad; pues! .pesar de haberse tomado á viva
fuerza a,lgu,nas. casas guarnec~das que ocupaban los·
I:ebeldes, DO solo. salvaron á estos las vidas, sino
que ni aun los desPQjarol;l de ninguna prwda de su
equipo, esceplo las armas.


Al anochecerdeslllarOf. llis tropas en direceio
de ~'uenterrabía, y al amanecer del día siguiente
saliÓ Jll general Ewans p;ira esta plaza que rué em-
bestida é.inlimada sU,rClndicion á las ocho de la.ma-
ñana.Grande f~é el seni~j. que las fuerzas maríti-
mas t;1Oto españolas ·C()IJlO ing\esas' prestaron en la
loma de .este punto interesantísimo; lo eual nos
obliga á hacer una reseña de las opa.radones que' en
t:jtos últimos di¡¡s practicaron. El general Ewans bi-




-87~
20 saber el 15 del mes en que vamos al co~andantc
gcooral de nuestras fuerzas navales del Norte, el bri..-
gadier D. Mauuel Cañas, los movimientos de ata-
ques que conl~a las ya mencionadas plazas de Irun
y Fuentcrrabía iba á emprender inmediatamente con
el cuerpo de ejército que gu.iaba; hllciéndole notar
al propio tiempo lo conveniente que seria para cl
buen éxito de sus opora.ciones, que las fuerzas nava-
les españolas del mando de aquel obrasen por el
Vidasoa ; y que contando oon·la inmediata y eficaz
cooperacioD de las de S.M~ B; podia combinar con
eJ Escmo. Sr. Jord John Hay el plan y.el órden pro-


'gresivo de sus movimientos.-Avisláronse en virtud
de este aviso, los dos gefes marinos español é inglés,
conviniendo cnpracticar un reconocimiento en jas
inmediaciones de la barra. del Vidasoa, del estado y
calidad de las fdrtificacionesde Fuenterrahia que
miran.á la·' mu, para cuya operacion designó el
noble,lo"d al comandante del vapor Fenia;, y por
parte' de' nuestro ilustre bi'igadíer Cañas. fué nom-
brado el capitan de frag<lta D. Juan Otalora. Acer-
tada . eJeccjo~, pues ambos comisionados verifica-
ron satisfactoriamente al siguiente diasu encargo.


En la mañana del 16 trasladóse el Sr. Cañas á
.:tallages, donde ordenó que se reuniesen la goleta
lsqbel 11 , la balandra Atalaya y otras U emharca-
ciollts'j:lntre trincadurás y lanchas armadáli. prel'i-
niendo alcomandanle de la tropllembarcadá, el ca-




~88-
pitan de fragata D. Antonio Fernandez de Landa, que
lIeforzase con artilleros las guarniciones de los bu-
ques embarcándose' el mismo Landil en la trincadura
Churruca, y que el vapor Isabel II ;.del mando del
brigadier D. Federico Henry, lo verificase tao luego
como 'hubiese reparado una corta avería q~e babia
esperimootadoen la máquina. - Otra conferencia
tuvo Cañas aquella Qoche con el lord Jobn Hay, enla
cual quedaron ya deQnitivamente. arregladas y com-
binadas' sus mútuas operaciones, ofrec~egdo en eUa
sincera y cordialmente al gefe español el inglés que
aceptase el vapor .Fenix para tramiportarse y para
hacer desde él con las fuerzas españolas de su man-
do; Guantos arreglos)" movimientos juzgase oportu-
nos, seguro de que el lord daria al punto las órdenes
correspondientes al efecto. Aceptó gustoso el espa-
ñol los corteses:ofrecimientos delgefe británico; y
á las diez de la mañana del 17 se .embarcó aquel. en
el Fenix arbolando la insignia nacional en. el otro
vapor nombrado Isabel 11, viniendo así en satisfacer
los deseos de su digno comandante el ya citado briga-
dier Henry. Tomaron estos vapores el re,molque de los
demás buques, y partiendo de Pasages, enderezáron-
se al cabo de la Higuera, mientras que el.lord. John
Hay con el batallon y artillería r.eal de marina:y ,ta
marinería de los huques de su mando·" marchaba por
el elevado cerro de Jayzquivel con elimporLanle
objeto de ocupar la posicion de la Guadalupe. Una




~89-
hora despues , á las once anclaron todos los buques
en el surgidero del cabo de la Higuera, lo mas im-
mediato posible. á la harra del rio Vidasoa, verifi-
oondolo tambien á poco tiempo los vapores de
S. M. B. lladamanto y Colombia que re.moleaban
dos embarcaciones con artillería, municiones y demás
útiles que habia preparado lord Jobn Hay con obje-
to de eslablecQr balerías en los puntos convenientes,
y segun lo exigiesen las cir.cuustanci.as; ll.lotivQpor
eLcual di~puso el Sr. Cañas que l¡tgo1eta.l.ab4l,13
Af.q.1,aya.,dos calioneros, dos trincaduras y nna lan-
cha ~e atoaje armada. permaneciesen á las inm8~
diaciones de las playas de la .Magdalena, para qne
en . union con los vapores dirigiesen sus disparos
conlra la plaza, auxiliasen con las tripulaciones y
demás medios el desembarco deaquetla batería., y
la apoyasen con sus fuegos en la ocasion, ye~ los
tétmiBOS que lo ordenase el coman9anteen gefjt ; ~
las fjlj)rzlI,s $avalesde S. M. B. ,debiendo dirigirse
el g.cfe espáñol con el resto de las de su mando á
ocupar el interior del rio; situándose entre Henda-
ya y Fuenterrabía.


No· bien habian daao fondo fnerade .la barra
nuestros buques, cualldo rompieron contra ellos su~
fuegos las baterías de aquella plaza; fuegos que fue-,
ron bien pronto contestados por el vapor Fenixc~
acertados disparos de bombas, y despues pot t.a ba-
landra y la goleta. Juzgando en esta sazon el. señor




-90-
Cañas':que era muy conveniente tÍ}Inar conQcimiénto
deiasopel'aeiones de nuestro'ejército sGbre bun,


- despáthó en tin bLle al capilan de" (lUl!l'tode Foen-
térrábia D. Jos~ Antonio EchenaglJ~~i"jque le acom-
pafiall~ ,¡'con el :1indc' adquitir uolídas enlá costa.
Graodefué ~I¡'egócijode nUeSttos marinos 'alsaber
apoco 'ralo' yoil' Aeb6ca de un aldeanóqueal\í
COUdill() Echenagnsa ,quc'á las diez de aquella mis~
I1IOnaiiitna' habiinHomado las tropas de la reina oí
viva 'fuertab' fórta]ezay 'Pueblo d:e, Irun; eRoellya
virtud y en ]a necesidad de proporcionar mllDicimies
al ejército, comision6 Cañas nI vapor Isabel JI pa-
ra que las condugesc- de ;San Sehastianeonla pron-
titud {urgencia qúe tan criticas circunstancins r~
darrlaban~' , . .
. . A:la'unádc,tHarde se ·em'harc6dicho señor 00-
lh~O"a'Dlegeneral en la trinéaiura Vizcaya, ;Jc()m-
pMíád6;.o.esl1s~tilÍdo· e" brigadier Mor,le-s .'08
RíOi;SUS lIyndirnt~s -Pavía y ,Espeliosy eel tertiunte de
navio D.' JiJan NepomuceM ;}lartinei. CQlocóse en
seguida ,á la caheza de los dem.ás buques, cuya linea
y .6rden habia confiado al capitan de fragata Olálo ..
ra; y'pi10tcadop()r ei cnpita"n de puerto Ee-henagu-
sa,' hiza que esta flotilla forzase la barra y bancos de
ata\1I 'dij·la 'entrad'a y delinlerior del rio á -medio ti ..
rt) de metralla de las balerías de la pla2a;' que no ce-
satOrl de descargar sus fuegos cent'ra·losbuques du-
rante todo el tránsito; y aunque ona de nuestras trio-




-91-
cad tiras hubo de varar llOr uno de aquéllOi ItcaSoS
inevitables del arte y de los inconvenientes que ofre~
cen aquelfos paráges, prosiguió sin embargo la flota
rioadelante; hasta llegar á situarse frente á la po-
blaeion d'e Hendaya, cuyos muelles estaban cubiertos .
de espectadorei que en gran,número babiaiJ. aporta-
do alli de los pueblos inmedialos.'-:"Mientras de tal
manera forzaba Cañas la entrada del Vidaso3, el y'a-
po!' Fenix, la goleta j la blilllndra'Y'd(lmás'buques
qUlfbablán quedadofuerá' d.e, la ;barrá; dirigiatnus
acertados tiros á la plaza de Fuenterrahía; y 10'8 hur-
.. 6s deJos súbditos deS. M. B. J las aclamaciones
de Jos espectadores de Hendaya,' mezclados con los
viv'as á la Libertad y á la reina Isabel, mil veées re-
petidos por aquellas virtuosas cuanto esforzadas tri-
pulaciones, daban un aspecto imponente ~fd'e mar-
cial solemnidad á 'aquel acto. -


,Etfel momento en que' el Sr.Caiitisdesernhai'có
en H~dllya ,·sepuso por Bcovia: en c(JmuIiic~cion
con el general Ewans, y de acuerdo con :él dispuso
que Eéhenagusa, el mas á propósito por los conoci-
mientos prácticos que tenia en el pais, adquiriesQ a1-
'gunas gábarras ú otras embarcaciones de este genero
propias para establecer Un puente que remplazase
alq~'bábian quemado' los rebeldes, para facilitar ~l
paso, ál¡¡'parte de Capuchinos, de laS tropas J:ál'ii~
lIcría quedeb ianobrar contra la plata; confiando
la práctiea de esta opeTacionalcapitan de fragata




-92-
OLa lora • auxiliado de los datos y noticias que le
proporcionase Ecbenagusa, como tambien de los
conocimientos del teniente de na~~{) Martinez y de
algunos mllrineros. A las cuatro de la mañana del 18
yabábian llenado estos pumplidament,e so cometido
y satisfecho IQS deseos del geueralEwans; y á pesar
de que los,enemigos procuraron' con algunos fuegos
oppnerse á su conclusiQn, no. solo se llevó esta á
cabo,$ino . que se realiz6el paS!) de. nUElstras tropas,
p(lrqu() y d~mas, sió baber suftido desgracia ni me-
noscabo de ningnna especie.


Durante aquella noche babian huido á Francia,
atravesando el Vidasoa, los mas comprometidos car-
listas de Fuenterrabía; por lo"cual d~sde l.a aproxi-
macionde nuestras tropas, notóse ya que la plaza no
ba~i~ grande resistencia. Con eXecto, á las diez de la
mañana, hora en que el, dia ant~riorsehabian apo-
derado de Iruo, á viva fuerz;t, nuestras tropas, los
ayudante!> de campo del g~neral Ewans D. J;\.icardo
Shelly y el teniente D. Ignacio Gurrea negociaron
coo mucho acierto la capitulacion de esta plaza, en
la cual se estipulaba que quedarian prisioneros de
guerra los que laguarnecian, quienes dehi;m ren!Iir
las armas en el glacis de l¡a fortificacion, .prometién-
doserespetar las vidas, cas"s y haciendilsde sus ,ha-
bitantes.-Veinte piezas. de. artillería"gran cantidad
de municiones y víveres, lil ,prjn~jpal fundicion de
cañones que poseia el enemigo, y su mas rico arse-




-93-
nal fueron el precio de estas conquistas y el frulo
de tan brillantes y gloriosas jornadas, justo despique
del grande descalabro que dias antes habia esperi-
mentado ~J general Ewans en sitios no lejanos de los
que ahora son teatro de su ventura y sus victorias,
.MiI doscientos hombres, inclusos tos muertos, im-
portó á los carlistas la pérdida sufrida en est{)s dos
dia!> , quedan Jo en poder de los nuestr{)s 800 pri-
sioneros, entre ellos 66 oficiales.


Capitulando Fuenterrahía,· se evitó mucho tiem-'
~o ! mucha sangre tambien que hubiera costndo ·Ia
conquiilta de aqudlil fortaleza. si los rebeldes se hu-
JJi1)ran obstinado en hacer toda la deft>nsa de que era
susceptible, aten<lido el estado de ,sus fortificadones;
su adquisicion empero, unida ú la de los demils pun-
tos, obstruía á los cnemig{)s sus relacioHes cOÍl
¡"rancia por e'sta parte, privándolos así de los cuan-
tiosos recursos que en esta direccion se les ea'Yi"ball:
siendo esta jotnada tanto mas ventajosa para nues-
tras armas, de mar y tierra, cuanto que á pesar· de
la metralla que esparcian los cañones enemigos del
calibre de á 18 Y 12 con que balieron nuestra flota
los carlistas en la tarde y noche del 17, Y de haber
varado, como hemos dicho, una trincadura hasta
llegar á quedar en seco y sin poder salir hasta la un:1
de aquella noche , ni en el personal ni en los buques
se esperimenló el mas leve daiío,


En la tarde de este mismo dia 18 se ~proxiulú el




-94-
enemigo á la línea ocupada [lor la primera di.vision
en las posiciones dc.Uruieta, viéndose repentina-
m~nte atacad\, el ala derecha de los nuestros, sitQa-
da sebre la cima del cerro Ezqui1el ,por una fuer-
za como de dos ó tres batallO:Jles. 19u.al nÚluero al
pare~er se destacó sobre el centro'J.el batallon
llamado de Cb:tpelchurris bajando oculto por un.bar-
ranco , intentó sorprender y euvol ver nuestra iz-
quierda.-Las sinuosidades del terreno y el oo¡loci-
mientop:ráctico que de él tenia el enemigo, facili-
taron á este su aproche hasta una distancia tal que
pudo aparecer de improviso sobre los puntos avanza-
dos. Las. compañías de preferencia y la 6. a del segun-
do batallon del regimiento de Castilla, que estaban.
en la derecha, hicieron pié firme j J cuando el co-
mandante Concha llegó á Ía cima con el resto del
batallon; su dircccion activa y eficaz y sus atinadas
medidas dieron impulso á las compañías que con
tanto denuedo habian combatido ~ fuerzas superiQ-
res, y el enemigo hajó disperso y á la carrera, lle-
gando á perder hasta la línea en que Qrdinariamenle
lenia sus puestos avanzados. Toda la fuerza de este
batalfon se condujo de una manera digo.a, prodigan-
do muestras del singular val()r de que ha hecho
siempre ostcnlacion en la cam paña.


La columna que embistió el centro, pudiendo
llegar mas compacta y á menor distancia por la cali-
dad del terreno, desalojó á la 3.a compañía de ca-




-95-
za®re~ d~ la Reina que ocupaba la casa. yallura
única que domina una pequeña parte del camino real.
EntPn~s el brigadier D. Segundo U1iharri, gefede
la primera hrigada , penetrado de la importancia de
aquel punto, ordenó al coronel del mismo cuerpo
D. Andres Parra.; que con su segundo b~tallon le
tomase a la ba.yoneta; operacion que fué egecutada
instaotaneamenle por esle distinguidogefe y sus hi-
zarros soldados,qufl! h~en pronto .avenlaron á los re-
beldes de la easa y. la altura, po&esioo,á[\liQ!llEl!~ ella$
y ¡C)hljgandQ'á ;¡queHos á huir . despavoridos por la
bajada opuesta.-Habia penetrado un batallon faccio-
so por la cañada que está alIado dela misma altura,
y el capitan de la 4.. 8 compañía del segundo hatallon
de la Reina D. Juan Julian de Lujan, que con otra de
su· mismo cuerpo estaba destinado á cubrir aquella
avenida, vista la oportunidad que se le presentaba
al tomar su ~oronella altura, cargIJ;á l¡:t bayoaeta al
batallon quedebi'a esperar tras un parapeto,! le ar~
rolló, le llevó en dispersion por delante hasta cerCa
de Andoain, y ligando su fuerza por la jzquierda con
la columna de cazadores que mand.aba el bravo co-
ronel Malloll, salió precipitadamente por el <:lImÍno
real, llevando por delante .cuanto se le presentaba.
Varios hechos singulares de heroísmo caracterizaron
y calificaron esta accion, corno generalmente. acon-
teció. enlod.as las que á los carlistas dieton la! tro-
pas liberales; y clllre ellos solo cilacemos el de un




-9G-
cazador'de la2. a del regimiento de la Reina, llama ...
do Domingo Diaz, que herido en el pecho y sin po.:.
der levantarse del suelo, continuó sin embatgo ha-
ciendo fuego al enemigo hasta I,ue este salió de 'su
alcan'ce;locual esciló, como no podia menos de el-
citar, la jtista 'admiracion del comandante generaH de
la division, conde de Mirasol, y de lodos losdetnái
gef-es; oficiales y soldadOS.-Eo la izquierda la conl""
pniiía de granaderos del tercer batallon de la Reina
á la cllal' no asustó jamás, antes bien parece que gus-
taba de ver á los enemigos de cerea, dejó apt'<ixi-
mar el batall(m de Cbapelchurris, quien á pesar del
gr::ln crédito y alto renombre que gozaba eotre los
facCiosos, rué arroliádo á la bayoneta por ,aquello
sola compañía, pagando muchos de ellos cou llO vi-
da el temerario arrojo de haberse acercado tanlo Él
aquellos valientes.


No era posible al CONDE DE LUCHAre<\. , que se
hallaba con su cuartel general en Hernani • oir lo.
tiros y permanecer en la inaccioo. A la primera se-
ñal de alarma, ccrciorado dc que su primcn dívi-
sion se veía atacada en Urnicta, monla á caballo.
trasládase al lugar del comb;¡te que halló ya fucrlc-
mente empeñado, y "terrado el enQmigo á vista de
tan importante refuerzo como el que recibía enton-
ces nuestra línea, no osó hacer ya frente, antes hu-
~'ó la cara hasta mas allá de Aodoain, á ocultar ('o
el eSlle!iOr de aquellos campos el terror que la pre-




----,97-
scnc\a sola de ESNRTERO al frente de nu~stras a~ucr-
.. ida! tropas infundía .cn su ánímp.-AI anochecer 5~


,retiraron estas vict(}riosas á s.us ~ntones ~ín temor
de ser molestildas de nadie.-,EI regociJo de tantos
trofeos ~villo á enturbiarse en cierto .modp con un
SfJeeso acaecido el 20 de este mayo, cual ftlé 1apér-
di da de Lerin, punto importante, ,altamente mili-
·tar yestratégico, llave de nuestrO,s puestos forlifica-
dO¡i d:e la línea de la ribcra. .
' .. Tan terribles contraliem,pos y rcve.ses como cn
.eslQs dias sufrieron los carlistas, ,unidos.,al fnCl'te
dj!sc.alabro que babían esperimentado en Bilbao y á
Jo mal parados que quedaban sus inlereses flor me-
dio. de la casi íncomunicacioncon Francia á que le
habian reducido las victorias que sobre ellos acaba-
ban de .alcanzar nueslras tropas cnlas lineas de San
Sel>as.tian y lIernani, hacian ya no solo probable si-


. no aun n.ecesarj:~ la proyectada p,sp:~lic.ion facciosa
qj\\ .interior .deLr.ciuo, la ,cual, &e llevó á .cabo al· pro-
u..I(~diar de mayo, .que ·es ,la· esla¡.:ion IJlas Jayorablc
Iwr,a :Ias,m:trchas y tambiellpara es traer recursos de
los:pllcblos ,.fin pcinci,pal.d.c ¡;jsta memorabk escur-


. siou. Las que basta entonces.se ,hahian ,verificado
ac,ll.i.dilladas. por variOi generales y cabecillas de alta


.nombradía entre los rebeldes, solo habian servidosiu
eJllbargQ para d.escrédito de estos ~ y para demostrar
la imp'ot()ncia de sus esfuerzos á fav()r de una ,,!3usa.
{lue lejos de encontrar simpatías en el pais, recha-
l'O~L Il. 7




-98-
záhanld y odiábanla de muerte casi todos los espafio-
les. Menester erapór lo tanto que este otro ensayo
llevase consigo mas probabilidades de buen éxito á
favor del Preteridiímte, para que en caso contrario
fuese tambien mayor y mas terrible el desengaño que
sufrieran, como realmente su(ri~ron , este obcecado
príncipe y sus secuates.


Marchaba p.ues áhora al frenle de la espedicion
no menos que el mismo D.Cárlos en persona, acom-
paiíadode su sobrino D. Sebastian, de los generales
de mas crédito en la facdon, d~ aquellacórte erran~
te, ó mas bien cohorte v;¡gamunda y ociosa, que no
llevaba mas ocuparíon que la de titularle rey y se-
ñor de España • y de otros varios personages de su
habitllal-eomitiva, qu'iénes en el concepto de priva-
dos ó favoritos, quiénes en el de consejeros ó altos
funcionarios, que ellos decian, del Estado. Sus fuer-
zas al salir de las provincias cousistiim en diez y seis
batallones ceQ 10,700 plazas, ocho escuadrones con
720 hombres montados y 300 desmontados, y 6()
artilleros. Cabrera quedaba en surtirlos de lIDas 16
piezas de artillería que era lo que necesitaban para
las empresas que se proponian realizar. En las pro-
viucias vascongada~ y Navarra, segun los estados
remitidos entonces al gobierno , quedaban todal'ia


. 30 batallones con 14,290 hombres, 184 caballos y
cuarenta y tantas piezas de arlillerí~. Total de fuer-
zas mas que sufici,~nte para alimentar la guerra en




-99-
el principal teatro de ella , y endonJe ya:se . hallaba
·como connaturalizada. Iba la infanteríaespedicjona;...
ria'distribuida en cuatro brigadas, al respectivoman"
do de los generales Villareal, Sopelana, Cuevillas
y Arroyo. Quilez el de Aragon ; ~fanolin ,Tarin y
otros gefes gobernaban la· cabaHería : y él· general
::Uoreno , famoso por su barbarie crue). y por el odio
encarnizado que.siempre profesó á los liberales,' ha-
cia de gefe de estado mayc;,r. Notará aquí el lector la
falta de un hombre que: en esta ocas¡'on pudo haber
sido de grande tilitrdad á los espediciónarios;: y es
que el ¡¡cneral D. Miguel Gomez, á quien nos re-
ferimos, célehre ent¡·c todos los gefcs carlistas por
su larg::¡ correría al .través de casi todas las pro-
vincias de España, á su vuelta de elb y entrada en
las provincias, bien lejos de hallar en su seiíor y rey
el recibimiento lisonjero que de derecho parecia es-
tarle reservado, encontró ceñudo ·su rostro y exal-
tada y embravecida su bilis ,porefccto de las dela":'
ciones ó chismes que la envidia habia acarreado al
ánimo desconfiado y al empedernido cerebro de Don
Cárlos contra el D. Miguel, hasta el punte de ver-
se este inmediatamente encerrado en un castillo, so-
metida su conduela al fallo de un consej() de guerra
nombrado para juzgarle, y muy á pique de ser fusi-
lado, habiendo podido. salvar la vida comO milagro-
samente y no sin grande riesgo de perderla. Que así
paga D. Cárlos á quien bien le sirve.-'-Censurába-




-100-
sel~ á es\e general su conduela en las Andalocias,
el ha,her faltado á cierlas órdenes é instrucciones de
D. Cárlo5, y sobre todo le achacobansus . émulos que
sehabia enriquecido escandalosamente haciéndose
dueQQbasta deJos despojos sagrados de los templos.
Imputaci~n, eslaúltim¡l ,'que .par('~e tan,increible
como injusta, visloél honrado porte que general-
mente ha podido observar cualquier.a en Jaconduc ta
de este general (:arlista. La circunstancia empero de
babel' él ido acompañado .. en ciertos periodos de Sil
espedicion, de algunos otros cabecilllls menos escru-
pulosos que él y de n9 tanta probidad como la . que
á él distingue, y el estarlo de indisciplina y desen-
freno de unas tropas que, sobre ser facciosas, iban
crrantes y transitando por pueblos que las. eran enc-
migos y á quiencs [JO esperaban ya ver ;jamás , pro-
.dujo sinsabores á Gamez que 'no oran sino una COll-
dicion esencial, una consecuencia necesaria de su [10-
sicioD patlicula:r, sin que esto debiera irrogar re8.-
ponsabílidad alguna al gefe espediciollario. al mCIlOS
para con su amo y rey D. Cárlos.


Igoorábase al principio el punto á donde se diri-
gia la espedicion; pero 'no -tardó 'mucho tiempo en
conocers~ que ibn á Cataluiía: y que {ln sntránsilo
por Arag@n deberian incorporarse á ella las fu{'(\z as
de Cabrera y otros cabecillas que habia.en aquel
pais, con las cuales se aumentarian IlIs suyas pro-
pias. El 17 de mayo se hall;,ban en Echauri, y al dia




-101-
sigmante se, encaminaron á }fonreal desdedoode,
por. Lumbíer; lIeg~ron el20 á Caseda, Gativioozo y
pueblos inmediatoS" tmtra~do el 23 su caballería OO!,
Gurrea . ...;.Antes de proseguirla los pasos, diremos
algo de los DlOvimientBs y: operaciones de~ CONDE;.
DE LU<:lL\N4. á cfmsecueocia do eSte s1,JlCes~:"qóe'tan
bien pré'f.isto y cal~1l1ad(). tenia 6l , segun hemos dí-
cho en. páginas antel'ipres.


El mism()'dia ls.:en que se p08esiooaronooestras
tropas de FuerlterraMa y! tUfO' lugar b, acCi()D de;
Ul'IIiet-a,;' supo ESPA1tTERO 'por cottiuóiCádoí1es' del
general Iribarren ydal diputado ácórtes D.Anto.-'
nio María del Valle, que D.Cárlos al frente de esta
respetable fuerza hl4bia pasado el Arga eacaminán;';
dose al 'interior del reino; y en él instante mismo. 1'0-
solvió seguirle dejando en GOlpfizcoa cQn el ~ne'"
ra1 Ewans al general O-DonneU maooando> una diri-
siou paraopoDel!Se"; las fac~!!que'aUí qüeaabal1;


. Empl'e8aal'dll1l,~t"acion arriesgada, iaqneel
general en gafé t~nia'~oe tlevar á cabo trasladánd~
se con su ejército, desde Hernani á Nav'arra, via la
mas peligrosa y difícil y ]a que mas habia di6oulta-
do tambien el enemigo, posesionándose al efeetolle
sus inespugnables '~slanoias. L6S grandes- ~[ieligF~
que tenia que correr·, C'l)ftocia[os bien ,ESl'AB:TEao-;
pero era indispensable ganar tiempo J evitar ti. lOdo
trance los males que pudiera ocasionar et ip'retett-
diente Elll so incurS'Íon al interio1' de la fuboilrquia.




-102-
Habia-:noomás ofrecido salvar á la cap~tal,. mausion
de la reina, yceiltro de todos los poderes del Esta-
do; y estap.alabra.que á f'!.er de caballero y . de ,no ....
ble caudillo de la libertad constitucional, habia em-
peñad!l, érale forzoso cumplirla. La, necesidad urgia
y volaba el tiempo. Embarcar al ejército para regre-
sar por. Castro-Urd¡:iles y las Encartaciones á la línea
del Ebro, era operacion harto pesada y que por otra
parle quedaba en descubiert~ toda 'nuestra espresada
línea;, ,y: 10& fQeF,\esde,Navarra,,$ih, proleccion algu-
na. La poSi(l'ioo de HernaniperOlitíale dirigir.se a es~
ta provincia por distintas vías mas Ó .menos difíci-
les, ora atendiendo al mal estad!> de los caminos,
efecto, dI) )3& continu¡¡d¡¡s Uuv;ias óque ,caian, ,ora te~
oiel,lelo .en.cuQntaJas 'ventajasqiIe podian, ofí'eeer,a\
eoernigQlasposiciones que,ocupaba y otras que era
cOO$iguient~ ,QCl,lpllSe. ¡donde.con m~ndres fuerzas
le e~Já~l QPolltlrse.al P1JS6 de;mI~tras tropas.;:Eu";"
tre.todQs IQs cami:qos ,,1lil1guoo,pre~ntaba, mns iu-
couveníe,ntes que el que pasando por Arezo y Gor-
riticonduce al puerto de Lecumberri; pero este pro-
porcionaba á nuestro general la oportunidad de ha-
cer ,.creer :al carlista que trataba de egecutal" un
m,oyir;uicnto combinado con e) ctrerpo 'de ejército de
la ~Q~t,a d.e €aptabr~ para apOdl)Farsede 'J'oIO$a, obli-
g~n4q1(v~q cuidar d'e la segnridad. 4l~ est.a villa, en
tantQ ~pe:~Sf¡ABTERO lograba ocupar ~l. ,punto cul-
minante de la cQrdillera de Lecumberri, antes que




-103-
áq,ue pudiese realizarlo, en cuyo caso ya no era tan
difícil la situacion en que el ilustre CONDE DE Lu-
CHAJ.'{A vendría á encontrarse. .9


Con tal designio, arreglados los diferentes servi-
cios que tenia entonces á su cargo el mencionado
euerpo de ejército de la costa, cantábrica, y supera-
dos en lo posible los grandes. obstáculos que á su
plan oponia la escasez de fondos para alender á las
necesidades de las tropa~, determinó ESPARTERO po-
Derse en movimiento el dia> 29 de mayo ; y guiado
por 'las: luces. y conocimientospbíllticos que del pais
tenian los generales D. M~nuel Gurrea y D. Gaspar
de Jáuregui yel brigadier D. Fermin Iriarte, em-
prendió la marcha por la citadadíreccion de Lecum-
berrí, en tanto que eIteníente general, Lacy Ewans,
con' el ya referido cuerpo de la costa cantábrica, si-
tuándose en AndoaiD, indicaba teuer por objeto el
dirigirse por eleamino real Ua antedicha villa de
Tolosa'.,:
, • Alboreaba apenas este'dia 29 cuando partiendo


nuestras tropas de HernaDi marchaban la vuelta de
Andoain, en cuyo punto ú antes de arribar oÍ él es~
peraba ESPARTERO que le haria firme rostro el ene-
migo. En consecuencia de esta su opinion, dispuso
lJue desde el pueblo de UrDieta, donde se bailaba
acantonada la primera divisioll, marchasen por las
alturas de la derecha los dos batallones del· regi-
nliento infantería de Castilla, pertenecientes· á la se-




-W4-
gunda brigada de la misma á las órdenes de su, gefe
D. 'Miguel Mir, para que cubriese aquel flanco, lo
que verificó sil) encontrar,' obsL1Íau\.o. pór parte del
enemigo: al propio tiem,o"por las alturas de la iz-
qúieroa realizaban igual operaeiou los dos ba,tallooes
de 1'11: 'Reitta." dirigidos por elge[e ie la primera: bri-
gada á ~e perteweri:m, , D .. Ami re~ Parra; loS cuales
desalojll'I'oD á varias pa:rtidhs eoomigas que les aM-
metieron por su' izquiercfu , ,y.qne fueron ahuyenta-
das SiD gra~de esfuerm,. v.iriieoOO; á eonourrÍ&" ambas
columnaS' sobre las alturas que dominan áAnaoain,
en el momen10 mismo·en. que lo verificaban 108 ba-
tallones de Zaragoza y Estréinadura con 28 caballos
del, regimicltto& del PríMJpe yuna balería de cohetes
de la legio.R auxiliar britáriica., quc' fornrobael resto
de la primer.;. di visioo, y marchaba por et camino. real
guiádapm- Su< cOlrulndaote: general el brigadier Do-o
Seg~db UIi'ial!tio,. seguido tle las demás di,isi&ll61h


Llegado que hubo el CONDE al frente de AntloMn,
notó ya que el faccioso estaba decidido á impe'dirle
el paso, para lo cual tenia ocupadas ambas oriHas
delOrrio con' sus aC05tumltraaas cortaduras. ,líneas
de parllpetos J casas aspmeradas, presentaaOO .e~
ma.Yllr' n"Ílmell'o de BUSi fuellzas seMe las< a1turas,~
Elitondé á fa. , dere~b de aquel rio 1 cubiel'tOSQ
frente-por ilrde, Audomn¡ Sin arredrarla Lo., formi-
dable de las pOSiGlO1leS que ocupaban llGsCdntraondi,
y penetrado ESPA&TERO de que~a indispensable I1r-




-105-
rojarlos de ellas, por ser Jadi,feccion, 'que d~s'de~quel
pu:a.~o debia seguir nuestro ejército, ordenó ~1 cita,..;
do brigadier U1ibarri que procediese sin de.mora á
egeeutarIo' con los batallones de Zaragoza y Castilla
protegid<ls por la caballería del. Príncipe y nna hate-
ría de carril estrecho co.locada en las cercanías de la
iglesia. Para realizar su encargo estas denodadas y
biza".ras tropas tenian '1U2 atravesar un estrecRo
puent~sobre el (lual dirigia .el enemig() un mortífe-
ro y soMen~~Qfuego·en;~odasdirecciones;. pero sin
que, ~d;t Ba!l!la~ á entibiar su ardor ni á 00ntenu
un instante so artojo y valentía. vencieron momen-
táneamente tan terriMe paso, y emprendiendo des-
pues su a'llque contra las p()siciones enemigas t . ar'-
roj árónse- so bre los parapetos y sobre los caserlos.en
qne se apoyaban, á pesar de las inmensas dificulta-
des d'el terreno, haciendo prodigios.de valot et!tre-
mallo. siDgülarÓ\ente.- el.primer batalloD ;~ ~M~O-
1&.,' q.il~ se atrajQ la :adinir~iOB y aplauso ,del ej~rcito
pOI'Sú brillante comportamientó. en esta critica oca-
sion : y era tan· estraordinario y nunca visto Sil de.,-
nU6.dQ , que crecia en proporcion de las bajas qM
eBperim~ntaha en sus filas por la tenaz resistencia
que opollia el enemigo ~ el cual se vió precisado á
aballdonal" ~eúpitadamente los bosques y caserios
en ,qlle tooavÍa inteu.laba resist¡irse, ya,.u~las. mn~\~
ciones too. qJle en aqllellos mQmentos se, .e",t4lh.~,re:-.
poniendo,}: que sirvieron para, tep~a.~ l~: .qtm 'Ios




-106-
valiente8dedicho primer halallon de Zarágoza ba-
hiancónsumido de una manera tan gl'orioslI como
heroica.


, Grande era etcdJrtpromiso! en que se bailaba la
primera division ,lo éual demandaba el dirigir fuer-
zas en su apoyo sin esperar á que reconocido el rio
de Ándoain pudiera encontrarse algun vado por don-
de desfilasen aquellas; por cuya razon previno el
CONDE al comandante general de lilsegunda division,
Di Manllel Gurrea, que v~ri6IJas'e su'marcha soste-
niendo á la pÍ-imera, cuya operacionsiendd indispen-
sable egecutarla entonces por aquel funesto puente,
ocasionó la muy sensible pérdida de este bizarro y
distinguido 'general, que murió gloriQsamente al
pasarle, dando egemplos debravura:y de serenidad'en
los últnnos instailles de l'ida á Sus soldados, y llevando
á littumba'lágrimas de de!\consuelo que conprofusion
den'amaron ~obre ella todos sUs Iltgnbs'compañe-
roS de armas.· La· pérdida delliherál;, dellh:tuo-
liO, del acreditado y valiente general D. Manuel Gur-
rea, en quien la patda tenia fundadastanjustas como
halagüeñas esperanzas, fué tanto mas sensihle cuan-
to que en aquellos momentos, merced al celo ilus-
trado y eficaz de los oficiales del cuerpO deinge--
ni eros y plana mayor general de aqúel ~jél'cito, se
encObtró-un vado; tIlle aunque difícil, proporcionó
sin embargo el paso al resto de las tropas y al mate-
rial de aquel, á cubierto de los fuegos enemigos, fa-




--,-101-
cilitándo aSl a ESPARTERO el toníar posicion sÍn
muchos obstáculos, en las citadas alturas de Elizoil-
do, donde campó el ejército aquella noche. Menos
preéipitacion, mas prevision , mas tino y cálculo eo-
las operaciones, y acasO el ejército no hubiera tenido
que llo~ar la infausta muerte de uno de sus mas
disiinguidos gefes. El cuerpo de tropas de la costa
deCantabria cuya artillería, perteneciente á lit le-
gion auxiliarbritániéa, causó hastante dañó á 'los
fa'tciosos, petmaneció en Andoain. ;"


, ¡:Amaneci.Ó' 'el 'dia 30 y nuestro ejército continuó
su movimiento, atrave~ando un terreno dificil ,en-
contrando al paso abandonados varios parapetos. El
enemigo se Hmitabasolo á presentar algmias fúerzas
deohservacion sobre el flanco derecho de tos nues-
tros en las alturas quedon:!inan á Amasa, y Villabo...:.
na; las cuales no'egecutaron mas hostilidad en este
dil\;queel tirotear débilmente la retaguardia delejér-
cito: que' 'cubria:JFdivisiOB' de la 'Guardia R-eal; y
pasando por, 'Elduayen vino aqúel á acantonarse en
Ver¡Ístegui ,cuyos VlldIlOS, como los de la pobladon
anterior, permanecieron tranquilos, á escapcion de
un'cortonúmero q'uehuyó' al presentarse repenti-
namepte á su vista nuestras tropas. No fué menor
]:t:fatiga que estas ~speJlimentaroneD este dia que la
que, en el an!erier habian sufrido; pues hallaúdose
en movim.ento 'desde el anianecer sin comer y'sin
mas descanso que' los'precisos altos para reorgimi-




-108-
zar l~lP~~cb~ ,.ntcl'.rumpida ~ cadapa~o ippdo$:D,ijlr
~bo$ ,desfiladeros: que tuvieron, qU(Hdl'a~ar ~no
pu4ieron,lIegar losúltimos(JQe~po& ;á sus carltQnes
basta las ,do~e y rpedia (le la madrug~d.,.del sig~i,eQ,­
te dia 3~ ", -
S~ianlas seis de la mañaDól de este; dia ,Q\lan,@
v~l",ió!á pQDm;seenmarcba el ejército por t'l1 uamaDo
de¡1\~e1;oyGarrili ,llevadllo:¡f la vangua .. !1ia kt,pri+
mera'divisioo" y c\lbciend~ la 1"IllaglJardia.: la seg;un-
da. Llegado que hubieroll Que$l1ila;lf~as al puco.le
que se encuentra antes del primero 4le a~uenQS' pue-
blos ,presentárol;lSe ~n las alturas que -le dornioan_
por sq izf{uierda algunas compañías enemigas C'()[l
objl)tp deineomooar la marebao; pero fuerooJiveo!""
tada&: ~e;dlí' fá.cjtmcllle por .las de. éllzadoreside,I.áse-
gtlpdil" brigada de la pcimera: div ¡sion. que cOllserva-
rsn aqlJel!lap6sicion imp<}r.tallt~ ínterin desfilé todo
e~qércHo; manteniendo en, .espeto, a.l:etitlnigQ ,que
sehabia replegado sob're LeíiA, endu,ot)\'lDlo, oonim
dos batallones. Entr:e tanto la pri.mer" divisioo:, ma ....
ch,ando por la falda de la cordillera- qué domina á
Arlt2;G por su derecha, protegia esteilafteo; .y si bien
s'Ipptaban algunas fuerzas carli¡¡;t,1s en,Ja.mreccÍon
deTolO$a, fueron estas cOId.enidaruio que at,pare-
cer se, decidieran á emprendellnada ~e ,~ies.e ptr.-
wrl)ar elmoyimienle- de i(>s" 'QuestrilS,.; ·}[1tS .('¡uando
la segunda division soballaba'puanQn'el puente de
Hurto. vi6ie ataca~a impetll0.SIUnoote. po~-uoa nabe




-109-
de tiradbres sostenidos por varias masas que al abri-
go .de los bosques y barrancos intentaban envolver
ellIanco derecho de di"cha division, al mismo tiem-
po quejas otras fuerzas que se presentaron por la
C<lrrelera de T(Jlosa'se dirigian á ocupar la ermita
(Je 'la Cruz de Arezo, conseguido lo cual hubiera si-
do harto difícillasituacion del ejército : pues obs-
truidoellargo desfilad-cro, dominado por la cordiHe-
ra en que aquella eslasiluada , por los equipages y
.QQnvoy de 'Y:Í\'6reslfjlic;'en . aquella sawn precisa le
pasaban.mal\ábiJsln,iislada la segund ... division y ata-
cada por fuur:zas 'superiores que ocupaban estanciaS
en estremo vont.ajosas. '


Luego que ESPUtTEUOOyÓ el fUQgo que se babia
rolo á su relag:uardia, previno á los brigadieres
Ulibarri é Iriarte'lfUe volviesen á ocupar la,oitada
ermita en laidEÍade proteger >Í las tropas que se
veian atácad~s; OpeTllc,on que egecutaronesoos oet'e-
ditadós gefes tOO :los batnHonesde ¡Estrernad-rira y
Castilla que: en :coli!kéuenci~ del movimiento gene-
ral habian ya descendido de aquella altura pnfa -atra-
vesar el 'barranco que la separa de fa·de GOl'riti. L~
celeridad con que 'estos hi-z.arros cuerpos ver-ificaron
su movimiento , hizo que este coincidiese con el no
mellos oportuno,idispuesto por el general en gefe de
la plana mayor general D. Raf¡iel Cehallos Escaler;il.
desde'cl'putJntede ATezo donde habia quedado para
acudir tmcaso necésario á impedir al enemigo'em'ol-




-110-
vi~s~ nuestros flancos á retaguardia al paso dol pU(l,...
blo. Al observar este general el alaque que el carlista
habia hecho sobre el flanco derecho de la segun4a
division, hizo que siete campañías deI.primer bata-
lIon del primer regimiento de granaderos deja
GuardíaRcal de infantería marchase' rápidamente á
ocupar las alturas qua dominan á Arezo, sostenién-
dolas á toda costa mientras eran apoyadas por algu-
nas fuerzas dala segunda division á proporcion que
llegase ;' pero el arrojo y decision de que en todas
ocasiones hizo alarde aquel distinguido' cuerpo, no
era posible fuese desmentido en este dia; pues á pe-
sar de lo largo y penoso del camino y sin temor al
nutrido fuego que de flanco sufria, marchó al paso
de carga, y arma al brazo', hasta subir á la meseta
mas elevada de aquel estribo ~ á tiempo que el ene-
migo corria aceleradamente á apoderarse de la er-
mita; pero rué obligado á retroceder.por la impe-
tuosidad con que cuatro de las citadas eomllañ\as á.
las órdenes del capitan D. Juan de Lara le acometie-
ron, presentándose entonces sobre dicha ermita tos
batallones que, como llevamos dicho, habian mar-
chado con los brigadieres Ulibarri é Iriarte y que
apoyaron esta operacion.


El movimiento de la Guardia no .solo impidió al
enemigo realizar sus proyectos, .sique tambiell dió
lugar á que algunos batallones de la segunda di vision
se arrojasen sobre las fuerzas que los incomodaban,




-111-
ohligando á todas Qllas a replegarse s.obre el ,:amino
de Tolosa. A pesar de estos combates, IQ testante
del ejército continuaba tranquilamente sumovimien-
to con 'direcdon al pueblo de Gorriti. replegándose
con oportunidad las fuerzas que lehabian .protegido
par las direcciones que respectivamente se les sei.ía-
laran. Mas cuando las últimas compai.íías del regi-
miento de Castilla, encargadas de conservar la po-
sicion de la ermita hasta el última momento, em-
pezaban á verificar su; repliegue, se lrab& de nuevo
el: combate; y á pesar del obstinado ·fuego y tenaz
empeño del enemig.) por obtener sobre tan cortas
fuerzas, y á favor de la superioridad de las suyas,
alguna ventajl, no le fué posible el lograrlo, y
aquellas se reunieron al resto del ejército que erl
aquella noche campó en las inmediaciones del refe-
rido pueblo de Gorriti.


Creyó el CONDE que el enemigo, en vi~a de las
fuerzas ~ue habia reunido el dia anterior, intentada
de nuevo incomodarle el 1.0 de jlini·o en su marcha;
pero no sucedió así, pudiendo nuestras tropas efec-
tuarla hasta el pueblo de Lecumberri ,donde f>~ pre-
sentaron nuevas fuerzas rebeldes con el designio de
oponerse á su paso, y sin duda tambien con el de •
retardar su movimiento y da.r vagar á que Ile-
gasen'de Guipúzcoa las facciones que habian attt-:-
cado el di,a anterior; y obligar á ESPARTERO á sos-
tener un doble .combate, de frente y á retaguar-




-112-
día, 'Ma5 la' impavidez J "rrojo con que fuer.oD
acometidas las que ffltahan situad~s en lai alturas de
LecunlueTl'i por algunos batallones de la dh'ision de
la Guardia Real, señalánUose entre ellos el del 4. ·;r,,~
gími~nto,d~rla de infantería, r la impetuosa carga
que egecutaron los piquetes de cazadores J bncQ-
ros de la misinaGuardia 'Y dd laescoIta der COOJBIE,
eon una parte de su cuartel general, y á su'caber.'d
'lnal'isctildecampobaron deCarondelet, obligaron
;UOilcOIrtrariosánbandonar los bosques y parapetos
tm que se sostenian;· retirandose desordenadamente
y en distintas direcciones. Superado este obst'uu1o,
prosiguió ~I ejército su marcha ocupando aquelta no-
che 'los pueMos de Echalecll yOzco:& ,cuyosbabi-
tantes permanecieron tranquilos', prwporcionáhdo.á
bs tropas los atIXilios que se las pidier01\ y que les
era dado el facili tal'.


El2 eOlltiouóde 'nuevo .su mevilhienlo tllIestro
eJército cubriendo la retaguardia ia Pf'j¡m~8 .ar.q;ada
de la primeradivision, y sin.que elca.rlista se, pre-
sentaseásu frente, hasta que aq uel~a llegó á :las in-
mediaciones de Muzquiz di Imoz, punto: en qlle em-
pez-at'oná .aparecer ,¿¡Igunos baWHones t"~ld(ls,am~­
nazllndo envolver sus flancos y ;atacarl. :M;miSlll{)
tiempo por su rétaguardia.',J)esde 'éntQnCes' sediú
principio á un combate sangrientoyte;nazmeate em-
peñado,· que duró porespácíQ de siete horas,' en me-
diode ;l'quellos espesos bosques y-pcligrosos destila....,




-113-
.Jeros, con un calor escesivo, sostenido lile poslclon
en posicion por nuestras hiiarras tropas, que se veian
acosadas en todas direcciones por un enemigo á quien
alentaba y daba audacia la circUlistancia de haberse
colocado a retaguardia de los nuestros; pero la in-
teligente actividad del brigadier D. Segundo Ulibar-
ri, comandante general de dicha division, y las op(}r-
tunas medidas q ueadopt6, secundado por los gefes
de brigada de la mismi, los coronel~s D. Miguel
Mir y. n.Andrés Parra, unido todo al valor é,¡ in-
comparable serenidad de las tropas, hicieron de lo":
do' púnto infructuosos Iml esfuerzos de Jos rebeldes;
dando lugar á que la marcha prosiguiese COD el ma-
yor órden hasta el inmeJiato pu-eblo de Larrayoz.


, El segundo batallon de Castilla que habia queda-
do encargado de sostener á los demás que descen-
dían por la penosa cnesta que termina en aquel,Pue-
blo" sufría' un nu(rido fuego que era. correspÓDdido
activamente por sus valientes soldados;' pero uua
desgracia harto lamentable vino á hacer muy crítica
la situadon de tan distiuguida tropa. Al tiempo mis-
mo que su digno comandante D. lsidl'o Alonso, deJ-
pues de dar las voces preventivas de desplegar en
·batalla, iba ya á pronunciar la efectiva, recibió un
hala~o en la cabeza, que en aquel acto priv6 á su
cuerpo de un gefe bizarro, al ejército de uno dé
sus mejores- soldados, á la patria en fin de un ciu-
dada M heoemárito. de un hijo que conlrilDuia en


l't)M. 11. 8






-114-
gran manera á su esplendor y su gloria. -Remplaza';'
do al punto por el capitan U. Mariano Morcillo,
taJó este tambien inslantáne:nnente herido de gra-
vedad ,y encontrándose. así el halaBon sin gefes y
envuelto por todas partes ,.¡,fuél~(lrooiso ir á apo-
yarse apresuradaménte al primero dril regimiento cI~
Estremadura que s.e hallaba. situado con oportuni-
dad. Prosiguió la primera divisioD su marcha sos-
tenida :por la primera brigada de la Guardia, la cual
desde el momcRtO en que aquella se· vió atacadQ ba-
bia sido colocada ventajosamente por su digno co-
mandante general el mariscal de campo 1). Felipe
Rivero. El CONDE DE LUCIIANA que estaba ya en las
inmed'aciones de Pamplona, luego que recibió ni-
so de haber¡;e empéñado formalmente el·eembate •


. retrocedió COIl la velocidad del rayo al teatro de él,
seguido de los caza-dot:es.y lanceros de su estalla, el
escuadron 'de,la Reioo. y la scguft'tla brigadll de la
(;-uardía , siendoet resultado de esta operaeion y de
las aeertadas disposiciones que adoptó el general
gefe de la plana mayor general D. Rafael Ceballos
E~aJera, que les enemigos recihiesen un terrible
escarmiento. vié,ldose en su consecuencia obliga-
dos.á contenerse en Larrayoz .-pasando desde este
punto las tropas dela primera divisi.on y las de: la
Guardia á escalouarsesllcesivamente y lort\ar posi-
cion entre ambos Berrios, dirigiéndose despues á
Pamplona en donde quedaron acantonadas el .citad<l




~n5-
dü 2 de.j unio. despues de haber Ilevatlo ¡'¡cabo una
optwacion sumamente di.fioil y de una importancia
(fue 110 ha sido bien calculada; operacion que puso
en efidellcia á cuánto llegaba el sufrimiento, el pa-'
lriolism:l y el valor deonas [ropa~ que sín deScanso
"penas y aun sillcl alimcnlO necesllrio, sósluvieron
encinto dias cuatro acciones con su ·acostonlbrado·y
nunc'aaesmentido árFO.iO, habiéndoselascontb f~~r­
zas ·cunsideFabl~s en terrenos ág.,ios y difi'dles, lu-
chando nI propil) ttémpo en' lllÍasocilSÍo.nM' con' las
lhívias:,enotras éon un cálQr sofocante y esceslvo.
y cierto, que no es la menor ventaja entpe fas adquf-
ridas por estos hechos de armas que tanta gloria re':"
p6rlaron al noble CONDE y á los dignísimos gefes y
soldados que guiaba, la circunstancia de ha.ber él\-
trado en 111 capit-al de Navarra con mny pocas pér-
didas en sus filas, si se c5ceplúa la muy considerahle
<lue hemos ya referido, la del malogrado y eterna,..
mente sentidó general D. Manuel Gurrea. Los con-
trarios sufrieron hajas numéricas de mucha cuantía,
rechazados como fnel"On por los nuestros en todas
circunstancias y en todas partes.


-Anles de seguir al Pretendiente en su escur§ion
y de marcar sus primeros pasos en Aragon y Cata-
luña, nos haremos cargo de un suceso que IIamó
bastante la atenciO'npúhncaen esta época. Cuando el
19 de mayose hallaba ESPARTERO en Hernani, pose'-
sionailas ya su!! tropas, ad('más,de este punto, de lo~




-116-
de Oriamendi, Astigarraga, Oyarzuu, Irun J )<'ucn-
lerrabia, dirigió dos proclamas, una á llls facci90es.
otra á los habitantes da las provincias sublevadas.
cuyos documentos fueron objeto de gran.Jes eomen-
tarios por parte de la prensa peri4d;ca. Jnsertaré:-
moslos primero, y despues diremos acerca de ellos
dos palabras; porque si entonces podian dar lugar á
iQterpret"ciones de diversa especie, hoy p, cuando
posterioresacontecimientes han venido. á desci(rar
todo el enigma que en aquellasazon podian encerrar
las.palabras que el general en gefe esta,mp6 en estas
alocuciones, ha disminuido considerablemente su
interés, pudiendo no obstante sen irnos de ellai co-
IiPO clave para darnos eilp\ica~ion de esos sucesos que
han sobr.evenido.


La primera proclama se halla concebida en estos
túriDin~s ¡


EL· GmNERAL EN 'GEFE DEL EJERCITO D~L nORTE
A LOS


GENERALES I GEI"ES, ü)<'ICIALES y DEMÁS
INDIVIDUOS DE LAS TROPAS ENEMIGAS.


·,!Largo tiempo habeis combatido con mas. valor
«que fortnna , en defensa de una causa que· crimi-
«nales ambiciosos han querido pintaros como justa.
(Nuestra stlngre ha corrido á torrentes por dr-jaros




-11'7-
«;¡l!lcinar con mentidas promesas, t'sperimentandl'l
«desgracias en casi to-dos los punfo's en quehabeis
-Y'elead.o, y la oeupacion reciente de las lineas . de
~Oriamendi, de Hernani, Astigarraga, Oyariun,
drun y Fuentcrrabía; la pérdida de la artillería y
"demás recursos que enecrraball los d{)s últimos,
«'como la rendici{)n de sus guarniciones. que ie ha-
.lIao en nuestro poder, Oi demuestra' de 'UD modo
.. evidente que son in«tiles' los esfuerz.os de los que
'<lnada les importa pereozclIis t-odos 'Con tal" que su
fiambicion'y'~odicia quede satisfecha.»


.Iusto es ya ceseR las desgracias que anigen á
«vuestras familias" y que vosotros depongais lasar-
«mas volviendo á ocuparos 'en vuestras labores, y á
.. contribuir de nn modo verdaderamellte honr~ á
(cfostablecer la paz y felicidad de que antes goziibais .
.. D~ voso1ros d-epellde únicam·eole termine ulla guer·-
.. raque ha consumido ya la ju\'entod l hormosa que
"((Racia ~l ornatode vuestl'lÍs pravincias ,y qlte cada
((dia que p:.sa arrebata nuevas victimas.·»


IfComp:.rad vuestros recursos para sostenerla
((con 10s qye nosotros tenemos á naestradisposicion.
((Contad el número de nuestros soldados. el de nue5-
((tra caballería y artillería muy superior al ~ues­
«tro; miralnos apoyados por naciones poderosas,
((cuyos hijos combaten á nuestro lado, en tanto ec
«Oll engalla con auxi1io!! estrangeros que RunCa' ha-
«beis visto llegar;' á nosotros ocupaftdo las plazas y




-118-
<'princi[lales .:iu dades que solo pisareis, como berm¡¡-
~IlÓS Ó como rendidos;. yo en fill.aJimenlado este e.iér-
«cilo con J()S produetos-decasi loda España, mie.tl-
«tras vosotros os' v-eis 'obligadOsá dev;ltitar yueslro·
~pais.»


(,¿Qué es~rais pues? Venid á colocaros állues~
(,lro ,lado y el recihir los cuidados de una' REiNA"
(,d.licia de los españoles> qpQ-á pesar de vuestros-
(,estrayíos suspira. c6nstaote~nle por haceros feli-
«ces. Aprovechad las segtn'idades tIlle se ospresen-
"tan para, conseguirlo; pues como general ·eo· geft~
"de este ejército yen nombre del legítimo gobierno.
"de la REINA DOÑA ISABEL 11 os ofrezco:


l.\) . «Serán reconocidos los- empleos <ID todo ge-
«neral, gefe-, Qfkial y sargento q,ue en el término
«deou mes contado desde esta fecha, se presentare'
«con. Una' fllena igual á la que por su clase le cor-
'~respondermmdar , yóutinadOsácontinullr sirvien-
«do en nuestras filas ir á retírarse' á sus bogares, se-
«gun mejor les conviniere.»)
. 2.<1- «tos iodí viduos' de las mismas clases que se
.present¡¡r~n aisladúsy en el indicado plazo, les se-
Ct.rá. rccOllocido el empleo inmediato inferior al que
«hay-an (lbt1.'üith;cn las filas enemigas ,-_ :si ,antes no
<1'u~bjeren senído ·e11 las .. nuestras; pero los, q.ue-


. (tl)focedie~en de .estas I cOllsel!vawjil los mismos em-
«pleos y.eonS;Ü}eraei9neide que antes gozaban." .


a·.o · . "Los, individuos presentados de las clases d~




-119-
(((ropa .• quedarán en libertad de continuar sirviendo
«eo nuestras filas. con la facultad de elegir el cuerpo
«á que baJan de ser destinados. ó retírarse á SU6
«hogares Ó puntos ocupados por nuestras tropas don-
«de encontrarán toda seguridad y proteccion.>l


.. No 0& detenga ninguna especie de lemo\", ni
«creais herido vuestro amor propio para adoptar
(,~l único partido que os queda de salvacion; pues
«en las guerras civiles no hay gloria para los vence-
~dpres, ni mengua para l~s.yencidos. Tened pre-
"SfD.te q,ue tuando renace la paz todo se confunde;
«y que la relacion de los padecimientos y desastres,
(la de los triunfos y conquistas se mira como pa-
(,Irimonio comun de los que autes pelearon en han-
«dos contrarios, Pero al mismo tiempo no olvideis,
«que si concluido el plazo que se os señala. no ha-
(,beis cedido al convencimiento y á la razou. entoo-
('ces ..... reflexionad en vuestra futura suerte.»


"Cuarlel general de Hernani 19 de mayn de
1837.~El,general en gefe, CONDE DE LUCHANA.ó


La tltra proclama, mas notable aun que la ante-
rior, dice de esta suerte :.


HA~TANTES DE LAS PaÓVINClAS VASCONGADAS


y N.\VARRA ..


«Ha-'llegádo la ocasión de'que os convenzais ~uátl
«engañados os fienenllÍs agentes do la usurpaCion




~120-
lemaS injusta y los autores de los males que aOigén
"unas provincias risuetias y felices otro tiempo; as~­
.],adas y abatidas en la .actualidad. Las tropas vence-
«doras de vuestra legitima REINA DOÑA ISABEL 11, que
«defiendeu· la causa sagrada de la patria, ocupan á
IIHernani, .A:stigarraga, Oyarzun, Irun y Fuen-
IIterrabía, sin que nada haya podido detener su es-
Gfuerzo. Y entre tanto ¿qué han heah(l los que abu-
«sando de vuestra sencillez y docilidad arrancaron
Icde las, labores-del campo y del cuidado de sus fa-
«milias á aquellos, que no siendo útiles para "evar
«las armas, los emptearon en levantar esas inmensas
(clíneas de parapetos y esas fortificaciones que cir-
«cundan á Oriamendi, yen inutilizar vuestros cami-
(eROS Jpuen.t~. malgastando así vuestro sndor y
-«vuestros intereses? Abandonaros á vosotros mismos
«J haceros mas desgraCiados todavia obligándoos á
e(huir á las montaña-s.» _.


"Volved la vista ;vascongadol!.y -nnarros, á
«vuestra situacion actnal, y decid con la franqueza
lié ingenuidad que os distingue, qué bienes babeis
«c-onsegllido en compensacion de tantas desgrauias
«~omo hancaido sobre vosotros, desde el principio
«de estadesalltrosa guerra? Vuestros bijos y her-
((manos han perecido en los campos de batalla, Ó en
{(los hospitalas, ó han quedado inutilizados para con-
<ctinu.ar ganando so. s,ubsistencia, sin que nada pueda
«consolaros de su pérdida. Vuestros ~ampQs IIstán




-121-
((yermos P?r falta de brazos para la labran!a, Ó des-
"pojados de sus frutos para alimentar á vuestros
«opresores, sin que estos os remuneren con el mas
cdigero alivio en el pago de la.s terribles contribu-
«dones con que os agovian. Vuestros pueblos y ca-
«serÍos incendiados y destruidos os han privado de
«los hogares en qtie vitiais pacificos, en tanto que
«esos á quienes nada importan vuestros males se gó~
utatl y sonríen 'en las mejores poblaciones.»


'!(¿Y pata qué·bátBér1ido t:Üitbslsacrificicis? Para
«sÓStencl" "as· ridícolas pretensiones de tinos 'hóíri-
~(bres que no os prestan mas utilidad que la de ro-
ftdear al que tilulan su soberano para apoderarse
«de sus gracias y obtener lá promesa deempleoll y
apensiones que si, lo que no es posible; consiguie-
,(sen, habia de ~r·á costa de vuestros verdaderos
llinterl:lses. Examinadlos y vereis qué confianza pue-
(.uen inspirar á vuestra notoria bonradef unos hóm-
obres, qU\l despues de haber jurado fidelidad y obe-
!<diencia á su verdadera REINA, abandonaron su causa
('parque temieron yerse despojados de lo que injns-
((lamente adqúirieron , ó por huir del castigo que
«merecieran sus crímenes y sus dilapidaei1)nt'il,1I


«Estos mismos que no se Cansan de engañaros, 05
.ce~ieen flue peleais en defensa de vuestros fueros;
cepero no los creai~.·Como general en gefe del ,egér-
«cito de la REINA. y en nombre de su gohieriló 08
(.(ase¡uro " ,,1W estos fueros que habeis temido per-




-1Z"2-
((der os stmín conservados. y que jamás se h:. ¡Wll.·
«sallo en despojaros de ellos. ¿Y cóm~ podl"ia snec-
«der tal error bajo un régi¡ne{l ~ instituciones co-
«Olo el 'Iue rige á la nacion . cSf'añoliJ, . fundado en
«leyes tan, libres como las que os han hecho felices
~por tanto tiempo?))
«S~mejantes .ad venedizos t estrangeros á vIIDslro


llpais ~ quieren alucinaros pintán.ionos como uno~
eehombres sedi~ntos.de sangre y.de rapiñas; pero pre.,.
"gun~d.á1o·s pueblo&. que ocupamos en esta pro-
«vincia. á los de Durango, Elorrio, Zornoza y de..,..
«más de Vizcaya que han recorrido nuestras tropas,
¡(cómo ban sido tratados sus habitantes y pro pie da-
{(des = si han sidosatisfecllos de cnanto nos ba~ su...,.
«ministrado; y si nuestro comportawiento no les era
«~as grato .que~l de los. que así nos injuriaban.»
. "Ya es tiempo de que cesen vuestros p~decimjen­


«t,o¡: y lahondadosa REINA madre de los espai)oles
«os espera para abrazaros; pues sol0 mi .. a en voso-
,(,tros unos hijos dignos de SIJS cuidados. Concluya
(Ide derramarse inútilmente tanta sangre que la Es-
(epañ~ necesita para ser rica y pllderosé,l. Deponed las
narfll.as que soJ?hiln servido. P¡U'jl vu~sl .. a .ru,ina, y
~y~ni~ á· reu~rQs~on vuestros berlIlIUlP$ . .q.ue solo
eede~p vuestra felieidad, y elltrecb~r.,soon.tr~ su
((C9ta,z~".para hacer·yer al mu~doqui' ~f)il(tlff· Il.QDlOS
}(cspj\ijQlqs~. hijos de UI}í' millIDap;,lria.; Vol.ed-pa-
«cíficos ~. v:,e&trps h~"res yal ¡eno de.vuestm- fa.-




-li3-
«millls, Ó ros puntos ocupados por nuestras h'o ....
«pas, segun mejor os COllvenga, seguros que no~solo
«no sareis molestados, sino que an.tcs .bien encon ....
drarcis la.,proteecion que merecen vuestras dei-
«gradas,»


(,Vascongados y navarros, persuadíos que no Cj;
Mnuestra debiJjdad ni la cscasez de medios lo que nos
;«Qbliga á ha'blaros así. Cuando las armas de la REI~¡\,
«y·de la patria se haUanvencedoras, es cuand.o os
,.tend@mos na Ina'n6de rQOOl}ciliacion. ·Unmas os
·«queda para que, l'econocicpdo vuestros sufrhnien-
«tos, arr()jeis ignominiosamente de vuestro llld() á
.:los que por espacio de tres años y medio han abu-
«sado de vosotros. Concluido aquel plazo, si 1:. guerra
«continúa, entonces culparos oí vosotros mismos de
.. vuestras desgraci<iS. que á nosotros siempre nos
«quedará la gloria de haber pueslo de nuestra .parte
(,los medios ele hacerla cesar, cuanto tcnemos .ilh-
«mepSQllrem,rsO$ parallostenerlapot largo tiempo.»
- «Cuartel ~eDCral de Hernani 19 de mayo de


1837.» -El general en ge{e, CONDE DE LUCHANk.
Las prendas.que soltaba el CONDE DE LCGHAl'U. en


estos d(}comelllos, seiialadamenle en el segundo- do
f)U~ i si bien ló hacia, segun seespresa. 'de aCuer ...
do y cOn la auh)ri7.,3cioD debida del supremo g~~
LienÍo, era .natural que agitasen los ánimos tan
suspieaces" entonces. siempre. que se vislumbraba
ó.ltgun g~nero ~ .lrani!t3cl'ion ó:dc acomodamiento




-124-
contrario á las libertades públicas, á la mas perfecta
igualdad, á 1" unidad nacional, á la ley fonda mental
del Estado, y finálmente á lo que la "azony la jus"'-
ticia demandaban deconsllno en aquellaguerrá. 'Pero
la conducta observada aquí por ESPARTBRo hállase
esplicada en sus propias palabras y descifrada despues
y justificada plenamente, por el tiempo en "el advetli .... •
miento de otros sucesos . ....:;..Losvascos y los navarr08
se hahían levantado, y mantenid.o ya durante algunos
añoscosÚ)sa y sangrienta luchaeont'i"á el legitimo
gohler'no de las Espaiías ; 'y no eta estraño temiesen
con algun fundamento, que cuando las armas nacio-
nales estaban, 6 al m'eDOS parecian estar, próximas
á completar el triunfo, reduciendo á obediencia á 1011
sublevados, usase el vencedor del derecho de guetra
para C'on el vencido. En parecida lúcha ,annque mas
jusla;pol'sl1 parte que la de sus' veóinos, perdieron
los· aragoneses sus mas 'preciosos flleros; quedando
reducidos á la duraesclavitud'que les impusiera un
déspota superticioso" el célebre Felipe 1I: y los ca-
la laRes tambien, hasta que en el levantamiento na~
cíonal de 1808 sacudieron las cadenas con qtleesta-
hanaberrojados, habian sufrido el yugo de la serVi-
dumbreysus ignominiosos vesli'gi'os 1 desdclftle
foeronsometidos Y' eondenados á tan trisfe 'situadon
por ¡"elipe V, el primero da los ~ol'bonesde Espa-


, ña, SiR que este 'mollarea pudiera imputar á Cata~
IURa' otro delito, que el haber admitido unaopillion;




-125-
dudosa,·á '10 mas, teniendo ernpel'o á su favor do¡:u-
DU}utos de derecho internacional y va.rias leyes do
nuestros códigos.


Los hahi.tanles de las provincias del Norte podian
por lo tanto alimentar temores, fundados en nuestra
historia, fundada tamLien en la historia de todos los
pueplos del mundo: y si Lien 1.01 ilustracion de este
siglo repugna ya la realizacion de esa costumbre bár~
hara,; ~unque generalmente. se h.íllla condenado ese
abuso. de laviclQria,lla~do iQlpropi,,~p~ derecho
de ILJ ~rra • abuso ,que hasla los hombres mas filan-o


. ,


trópicos han solido aprobar, por exigirlo así la ne-
cesidad en ciertos caSOíi, era preciso disipar esos te-
mores, á fin de. atraer por la vja de la razon á los car-
listas de buena fé , que seducidos y engañados por
los mismos que los tiranizaban. estab"n creido8' de
que solohallarian violencia. envilecimiento y des~
gracia en una sumisioq, que era lo úni~oque, P!ldia
vplnrlesJosbienes que h¡lbianperdido y que tanlo
anhelaban: la paz , $U verdadera libertad y su ven-
tura .. En.lal concepto. el general en gefe les ofrecia
y podia ofrecerles, á nombre del gobierno, que
tampoco podia querer otra cosa, la conservacion de
sus fueros, puesto que en la esencia habian de go-
zar, de ellos, no sO!lletiéndolo,s á un régimen especial
como en ]0 antiguo, y como estuvieron tambien los
catalilnes, sino como decia el CONDE, á «un régi-
~mcn de iUlitiluciones como el que ri¡e á la nacioll




~126-
ffIlSJlIli"tOlu, funll·ado enkyes tun lib/"I's como las- que
((@S /t(11/. lte~h(J _ (el ices por tanto tiempo.,,-EI objeto
del general no era posible fucse otro que el indi-
cado; sus facultades no-se eslendian á otra cosa ~ y
ni el gobierOO' mism'O podía darle por sí una autori-
zucían que él DO tcnia, y que solo puede corres-
ponderá tinascórt~s co.nstituyentes, rara segreg-ar á
CU'3tro provincias del régimen constitucional esta-
blecido'pat"ct todálanacion, tlnc era todavía en aque-
lIascircutlstancias elciSdigo fundamental de 1812,
rmnplaudo un mes deslmes por la cons\itucian po-
Jítiea de 1837.
P~ro hablemos ya de la espedicion acaudillada


pur D.CIÍÑ6's-,;~itnpoiiiblcerll que cnpítises tan lea-
les como Aragon y Calaluña lagraseelpríncipe re-
beldeaélimar la planta destructora y ahorrecible
del despotismo' "y de la guerra. Solo I~slíberale!'l
pt"oviocias de liat'agoza y "uesca aprestaron doce mil
nllcionales movilizados desde el instante mismo en
que se encaminó bácia ellas el Pretend¡ente: y per-
seguHJo esle por un ejército 'numeroso, aguerrido y
esforzado, -al mando del aClivo y valiente general
D. Miguel Iribarren·; amagado por las fuerzal que
capitaneaba Oráa en el bajo Ál'agony que sediri-
gieron al norte luego que se supo.el rumbo- que He-
v-aban los espcdidomrrios; esperado además por el
haron de Mcer" capilan general del Principado, que
dcspues de' babel' dejado .las -faenas oocesarias para




-127~
conten~r ~Ias facciones deTrislanyyolros eabeci-
IIns quc se hallaban en Ager ¡ se habia adelantado 3
la frontera de Aragon, al frente de 3,OOOhombri!s,
con objeto de cubrir el paso del Cinca, muy lejos_
estaba nadie de creer que consiguiese el rey aventu-
rero oioguogéner6 de, ventaja en su correría, ni
triunfo alguno, el mas mínimo, de cualquiera espc-
(;ie. Pero una fatalidad deplorable le proporciúnó sin
embargo un bien al cx-:-infante, si es que bien ptiede
llamarse la triste 'y , e~téri:l 'satisfaccion qUé' resulta
¡lelmal .le:~ 'tonttarlos, tuando dé este málno se
sigue resultaJo alguno ventajoso á la causa que aHí
se dice vencedora,


El CONDE DE LL"CIIANA que con tanto tino babia
previsto los designios del Pretendiente en su decan-
tada escursion, habia tambien aeoRsejado y preve..,.
nido el plan de oblig,arleá encerrarse ; como bemos
dicho, en lo más estrecho d{+ángnlo que COTm':t el
E~o eOIl el Cinca, á·fin:de qúe 's'e' viese' fortáifó á
presentar batalla 'en terreno ·á ¡tropósito para nnes:"
tras tropas, en que pudiesen estas jugar la cabaHe-
ría, ora fuese en Ar~gon , ora en Nav~rra, á donde
!le veria precisado á retroceder y en donde debcria
'8er b:.tido por e( mismo ESPARTERO. En una palabra,
el objeto del CONDE era el de tener acosado y Cón:l'O
comprimido siempre al Pre1cm1ien1e 'Por fuerzas
numorosas. pero sin comprometer accioft algnnit, á
menos que no fuese en circunstancias ventajosit5




-128-
para questrlls armas, puesto que en esta oeas~on
era ton fácil hacerlo aSÍ, limitando por consiguiepte
en gran manera el área en que aqual verificase su
correría, impidiendo que hiciese prosélitos en el pais
r@corrido ,como sebuhiera verificado ,dejándole
nuestras tr,opas en abandono, y abreviímdo, en fin,
Qltérmi~o de aquella angustiosa y fratricida guerra.
Ma!! ;eLimprudent,e arrojo de uno de nuestros mas
beneméritosydisliqguidos gefes, arrojo que pOl'ldes-
gracia,co,&tó biencal'o~'la patria ,.y tambien á aquel
desdic~ado, hizo que se malograsen estos planes,
precipitando los sucesos, y trastornando completa-
mente los proyectos del general en gefe del ejército
del norte.
~abia&~lido el general Jriharre". l' con todas'}as


fuerzas eXistentes ell, :Navarra, en persecucion del
Pretendiente el di" ~.7 de mayo, cuando, segundigi-
mos,:aotes ,se hallaba la faccion expedicionaria en
EC,ooJui. Dej,a~do en~argadode ~ubrir su izquierda
al general Buerens, bizo aquel gefe una marcha
forzada desde Tudela á Tauste, llegando el 22 á Zue-
ra; y mientras daba aquí ~escansoá sustropas, acer-
cabanse las espedicionarias á Amarracos, pasando el
Gallego en la mañana del 2:3. Dehia Iribarrenlimitar
sU.Qperacion entopces á cubrir la ribera del Ebro,
impi4iendo al enemigo, á todo traoce,· ~l· paso de
este rio J el de Sil tributario el Cinca; pero un día·
aeiag-o y 1,lna bora funesta, que nunca faltan en la




-129-=-
guerras como en Ia~ revoluciones, ((luían reservado
cercano fin á aquel gefe enténdido y esforzado y á
olros muchos de los valientes que le acompañaban,
viéndose cubierto de lulo nuestro ejército y la patria
¡megada en Ilanlo y en profündo desconsuelo.


Avisos recibidos por IribaI'ren le anunciaban la
marcha difl'.cla del rnemigo á Hucsca: y al punto
ordenó aquel gefe (Iue b milad de la caballería se
encaminase· á Alcalá conpal'te de l .. infanlería; ocu-
pándose este punto. en lalila.lia"nnlc12.i:PocQ antes
de medilH' este di~, presentóse ya la espedicion poco
falighda ante losmuws dela capital del alto Aragon.
Cuatro horJs distante de esta hállase Almudevar, á
donde llegó Iribarren aquella mañana, permanecien-
do solo el tiempo suficiente para subvenir á l~ impe-
riosa necesidad de racionar las tropas; y d~seoso elite
g.eneral de i~pedir al rebelde el paso ¡:lel Cinca, ga-
nándole en sudireccioll á Barbaslro , salió de· aquel
pueblo, marchando la vuella de lIuQsca, á cuya \'isla
Ilegarolllluestras'tropas Ít las dos y media de la tar-
de.-No debieron estas haber pas.Jdo delas:Canteras
de Almudcvar, á juicio de inteligenLes y co.nocedorc!
del terreno , por CU<luto aquell"s consLiluyen una
posicioll formidable y muy á proposilo. para¡el ohje-
to.-A tiro de cañon de· dicha ciu!iad, es decir, á
distancia de un CUarlo de hora, ó menos, hállase: si-
iuada la ermita de San Jorge , que se asienta en UII
i:!crro empinado -yes.Larp¡¡dísiIllO " del cual. como Jc


TO)!. n. 9




-130-
la ermita. se babia n apoderadQ ya 108 enemigosaf
arribo de nuestro egército. Aquí flié donde se trabó
el combate. Habia ordenado Iribarren al brigadier
D. Diego Leon y Navarrate. comand:mle general de
nuestra caballería, que de Diogun modo empeñase
entonces accion alguna, por no ser las circunstancias
oportulDs Di el terreno á propósito para que operase
dicha arma; pero animOSOS J entusiasmados nuestros
bravos, y no menos entusiasta· y ganoso de gloria este
bizarro g-efe., dignísimo sohrino y connoOlinado del
malogrado conde de Belascoain , teniendo' á la vista
sin duda el noble egemplo que acababa do darle su
tío en la memorable jornada de ViIlarrobledo, en vez
de mandar en descubierta una cuarta ó.mitad de ca-
ballería, aguijado por el ardimiento y arrojo de los
valientes que gobernaba, queandahan todos solícitos
t,'nntra la dilacion de la pelea,embisliócon casi todas
las fuerzas; y puesto él á la cabeza de un escuadron
¡lecoraceros de la Guardia, acometió., arrolló fItcil-
mente á las guerrillas cootrariast penetrando segui-
.bmente hasta. el centro de las masas enemigas, J
haciendo prodigios de un valor, comparable solo af
queostentahan nuestros apuestos caballeros de los si-
gtos.XlIIc'rXlV. ¡ Lástima grande que la suerte dejase
bien pronto sin premio tanta hazai'ia 1 Pues llevando
ya et bravo Leoo \loocida J arrollada una fuerza de
cahaUeria é infantería, triple de 1", que él de cerca
guiaba, una hal" , de las infinitas que diluviaban cn,-




-131-
tre los .coraceros, nos priv6 para siempre de aquel
esforzado caudillo, no sin haber él antes matado con
su lanza once facciosos. De tal suerte este Diego
teon di6 6n á una vida, toda ella esmaltada de bri-
I!;mtes servicios militares, y que aun podia haber
sido para su patria de 'grande utilidad, de mucha
gloria.


tos caballos de este escuadron de coraCeros se
sumergieron en un terreno pantanoso, como que
hahia sido regado por los labradores el dia antes,
segun costumbre de aquella tierra; circunstancia quc
no dejó de contribuir poderosamente á la desgracia.
T;Jmhien las acémilas que cOllllucian nuestra artille-
ría se empantanaron, dando asi ocasion á que un ba-
tallon de argelinos carlistas se apoderase de ella; si
hien los argelinos que iban en las tro-pas constitllcio-
nales, en número de dos batallones, hubieron de
rescatarla inmediatamente.


Viendo lribarren empeñada y generalizada la ~e­
cion, mal de su grado, hallando difícil, y mas que
difícil imposible, contener el furor de batallar quc
aquejaba á nuestros valientes soldados, púsose él
tambien al frente de otr? escuadroD, con el cu~l
deshizo á un batallon rebelde, y des pues á otro que
reforzó al primero, y por último á un escuadron de
)Ianolin, del que apenas quedarian veinte hombres.
1'.a iufanteria estaba di!illribuida en tres columnas de
ataque; una á las órdenes del brigadier Conr3d, y




---.:.132-:-
la~. del centro á las del de la misma graduacion! dou
Antonio Van-Halen. Varia~ veces fué atacad;,!. pOI'
los nuestros la estancia cnemiga con mucho valor,
pero jamás se logró tomarla. Al principio de la ac~
cion. solo maniot~raba la va!lg'uardia de D. Cúrlos: el
centro en aquella sazon salia del pueblo; la retaguar-
dia estaha cntrando : de modo que la batalla vino á
emprenderse en el momento mismo de estar esta to-
mandoalojamienlo.Entre tan lO los nuestros no po-
dianevitar la salida que de la ciudad hacia n ¡as ma-
sas enemigas viniendo á reforzal' la línea de ataque,
por impedirlo las muchas paredes que cercan las
huerlas inmcdiatas al pu~LIo, formando estrechos
callcjones, que se cruzan en direcciones dirersils, ~
por los cuales venian los reh:Jldes gUill'ccidos y a
.cubierto de los fue~s contrarios.


De tal manera alteró á Iriharren la sensible pl'r-
dida del esforzªdo Diego Leon;. que desde aquel mo-
mento solo pensó en tomar del ad v('I:sario pronla ';i
leniLle venganza. Redoh1óse entonces la accioll con
un encarnizamiento de que ofrece escasos egemplo~
la historia de esta guerra. Nueslra artillería jugó
poco tiempo yen el principio de la Latalla. sin qUll
algunas granadas dirigidas á las masas que ocullaban
las tapias, bastasen á obligar al faccioso á despren-
derse del muro qUQ con tanta 'oportunidad y tan il
sahor suyo hahia allí encontrado. La caballería hizo
prodigios de estremado valor. Capihn hubo, de los




-133-
granaderos de la Guardia, que habiendo muerto su
ca~alló, dió la carga ápié con espada en mano: los
lanceros que se veian desmontados en medio de la
pelea, metíanse entre las niasas enemigas con una
ceguedad que rayaba en frenesÍ. 'Iribarren se hallaba
siempre donde estaba el mayor peligro, dando egem-
plo de un valor tan funesto entonces para él como
para la patria; y marclíando á la cabeza de las guer- '
rillas, dejó tendidos cinco' facciosos, entre ellos un
cabo que le habicnileanzado 'con la punta de Su lanza,
(jcr,sio~ándole una herida al' costado que por de-
pronio no pareció ser grave. Dos horas duraria la
refriega ell cuyo tiempo corrió la sangre con abun-
dancia; y segun el furor con que por una y otra parte'
se combatia, hubiérase fácilmente creido ser aquella
la batalla que decidiese la suerte y fijase los destinos
de la n~cion , asegurando el triunfo á una de entram-
bas causas. Encarni~adaysangrieÍlta'liill, couro :qúc
pelearon casifodo el tiempo 'te\fúelto's 'tinos con
otros, facciosos y'constitucionales. Mas' de dos mil
hombres de ambos campos quedaron aquí fuera de
combate; siendo en estremo sensible nuestra pérdi-
da, si no por l,a escesiva ca_ntidad; por la calidad de
ella, y porque el éxito de esta liza fué contrarió di
todo puntó á la~ grandes probabilidades yaun segu-
ridades de triunfo que consigo llevában ent~nccs
nuestras armas.-Los cuerpos que mas: sufrieron
fueron ¡'Os coJ.a~eros y lairi'ranteria de la legion




-'134-
que entró á lá bayoneta. Dos batallones facciosos
que recibieron'laprimeracarga, quedaron reducidos
á 400 hombres. Nuestros lanceros, los polacos y el
regimiento de caballería de Borbonciñéronse glorio-
sos laureles. El campo quedó, como es consiguiente,
por los carlistas, á cuyo lado se lijó la victoria que
fueron á c:tlltar á Huesca. Los nuestros recejaron
subre' Almudevai, sosten,iendo por espacio de una
hora la reti~a ,quQ fué .de gran mérito, y enla
cual se condujo con pericia y serenidad admirables
el ya citado brigadier D. Antonio Van-Halen. Nues-
tros argelinos dieron tambien en esta ocasion palen-
tes pruebas de su escesivo valor.


A espaldas de los de Iribarren, no lejos del sitio
OOiqUC, se empeñó el combate, existe una laguna que
cuando está lIC1ia~como entonces casual y fatalmente
acontccia t 'tendrá media legua de circunfercm;ia. En
esta ,laguna perecieron ahogados I!luchos de lluestros
valientes, que tr.atan40de' s"l varse, viéndose acosados
por 1()S enemigos, arrojábanse inadvertidos 31 agua.
Tal era -el des6rden , J tal la confusion que en aque-
llos momentos terribles reinaba en nuestras lilas;


Reñido y' obstinadísimo combate este de Huoica
en el cual. á pesar del incomparable arrojo é inimi-
table, valor de los soldados que ,. conducia Iriharre·n,
(lue llegaron Tcpelidas veces hasta pisar las calle~ de
la ciudad al traves de copiQsas granizadas de plo-
mo·, preguntando ágritQS por el palacio episcopal,




-135-
que era ]a m:lDsion del Pretendiente, púsose sin cm~
hargo eo evidencia lo nect'saria flue es la disciplina
para moderar los ímpetus del heroismo, y que l<ls
mejores deseos, el valor mas acendrado, son sin la
estrictllobservancia de aqnella la ruina infalible de
los ejércitos, siendo muycierlo el dicho aquel célebre
de uno de nuestros mas' distinguidos historiadores,
que juzga que ~(en la guerra pel~a mas la cabeza que
las .manos.JI -}!as prevision y ~as cálculo en el
desvcDturado gefe que comandaba nuestra ~anería,
lDaS subordinacion y prudencia en los soldados que
él gobernaba, y la patria no hubiera tenido que llo-
rar lanlas y tan enormes y sensibles pérdidas ~ ni
aquel desgraciado hubiera puesl<l fin á sus dias, víc-
tima de unas faltas que recuerda la memoria y la
historia consigna, para que sirvan de salud .. ble lec-
~ion en los tiempos venideros.


Ochocientos caballos nuestros, en I~s que seha-
llctbot lo mas florido y hermoso que poseíamos (lU-
tOnces de esta arma, á saber, dos escuadrones de
lanceros, dos de coraceros, dos de granaderos, uno
de cazad<lres, todos estos de la Guardia Real, mas
otro escuadron del regimiento de Borbon, fuerzas
-que bien empleadas bubieran sido mas que soocicn-
leil para anonadar ¡j los espedicionarios en el nuevo
terreno que habian elegido, hallaron aquí frustradQ
su designio é inutilizados sus esfl&r·zos, siendo así
que eo el ()tro~mpo solo bw.ia se{ecienl<ls malos




-136-
caballos, que apenas podi¡in equipararse á la cuarta
parte de. los nucsiros:' Tambien nuestra infantería
era nurneros¿i,aguértida y brillante, digila en verdad
de 01ro premiO. muy distinto del que la deparó la
suerte 'enaqoeld'iafúneslo y de 'aciaga recordacion,
en que un 'cscesO'de confianza) un abuso de bravura,
rompiendo los lazos' de la dísciplill!J, hicieron ,fraca-
sar el éxito de una batalla; que jamils, ni aun 'en
sueños, debió el carlista enumerar en el catálogo de
sús vÍetorias; Pero"es ciego el destino', y da pásosá
veces, que aleJándole de la anhelada senda del ¡¡cie,.,:,
to, precipitan al hombre en un abismo de errores y
desgracias.


, Reliró~e'lribarrencon los. suyos, segun hemos
dicho ,al ,illm'ediato pueblo de Almudeur, y de-
sistiéndose del mando, á causa de sus heridás; to..:.
móle interinamente el bizarro brigadier Conrad que
comand:lba Inlegihn 'francesa que taritós servicios
prestó 'en este dja , señaladamente al sosleneda reti-
rada; siendo esta la única ó una de las muy pocas
fuerzas en quienes no hizo quiebra la disdplina en
aquel(os crílicos momentos.-EI siguiente dia 2-5
priv6 á la patria de uno de sus mas esclarecidos hi-
jos,' habiendó muerto aquel general, masque por
efecto de suspadeeimientos f'rsicos , afectado su áni-
mo coh.la terrihle impresion qM en 'él hizo la rota
tan ine'!iperada como infausta que vióallí sufrir á sus
soldados. El'a'lrl"ibarrén un militar esf(}rzado J ra-




-137- '
tiente, conocedor además de sus altos deberes como
POCQS de los infinitos que en España logran ceñir la
faja, honrado, sagaz, muy decidido á favor d'(j los
principios liberales, caballero y pundonoroso en fin
hasta el estremo de echar sobre sí la responsabilidad
de agenas faltas, de lo cual nos di'ó una prueba sió-
guiar poca!! horas antes de su muerte. Impósible era
á este benemérito gefe culpar la desgracia de otro,
SU amigo; desgracia que contemplaba él mas qtie
espiada con una muerte, digna tambiende ser eter-
namente llorada.-Hahiendo ordenado Conrad reli':"
¡oar los heridos del espresado pueMo, de Almudevar,
en donde no los contempl,lha libres de riesgo, Súpo-
Jo Iribarren y le hizo comparecer á so presencia,
manifestándole desd() el lecho del dolor, pero ron la
ent-ere'Za que no le desampar6 aun en los lÍltimos mO-
mentos, que no se removiese á los heridos de aquel
pueblo, donde podian tener la asistencia necésarid, y
estabpn con entera seguridad aunque al r~ente del
enemigo. Tal ~ra la confianza y talla her6ica reso-
Jucion de este malhadado caudillo. Pocos inslantes
despues hahia dado ya 'fin á su existencia. Hasta que
esta termin6 estuvo dando disposiciones para dirigir
las operaciones de nuestras tropas contra las enemi-
gas, lleno de una firme esperanza en los resultados.
Murió -al fin: el ejército y la España entera le:Uora-
ron: la suerte favoreciÓ al faccioso dirigiendo dos
golpes qne nos privaron de los d9s primeros gefe¡




-138-
que, mandaban las tropas leales cnso persecucion,
'ide los PI'¡me:ros lambicn que boaraban al ejército
español.


En el citado dia 25 se hanaba el general BucreDS
enZaragou wn las fl.lerzas que componian su divi-
sion y 'la brigada de Villap;adiema, '. en nómero de
5,000 iafantes, 600 cabanos y 4 piczus de artillería.
Nuevo,motivo para bacer un recuerdo desesperado
de lo acaecido en Hucsca. Et mismo di", luego de
saber este su-cel'O, salió dicho gene ... "l de la capital
de AllagOR, al frente de estas lucidas tropas, via
del Dorte, á incorporarse con el ejército dc Con-
roo, quien bubo de eeder á Buereos el mando que
por ~r-deQaQza le -correspoudia.Pocos dias ,despucs
rué ~te reemplazado por el general en gefe del
ejército del centro, capitan general de AragoD y
Valencia, D. lbrcelino Oráa, quien por este tiempo
se bailaba ~nel bajo AragOD. desde dontrese enca-
minócá Zaragoza~ pasando dce aquí á Berhegal, pun-
toen el <:ual estaba ya constituido el ctlartel general
de nuestras tropas, que se hallaban distribuidas Me-
más ea los de Selgua y Castejon de la Puente, si-
tuados todos en las cercanías d'e Barbastro, á donde
se habia trasladado D. Cál'los con sus huestes, eons-
tant~ en su propósito de cruzar el Cinca.


Uállase esta ciudad de Barbastro asentada en un
110'0 que dominan 'tarias alturas tomadas todas por
nuestras tropas; IJl5lS ;sin que (uesedadD á 'estas diri-




-139-
iir Sil embestida. que no podria menos de ser im..-
prudente. conLra una pobladon que contiene edili-
cios muy sólidos, defendida por 20 batallanes, Y si-
tuada en terreno nada tÍ propósito para que obrase la
caballería, que era la que podia y Aebia proporcio-
nar á nuestras armas completo ·triunCo. Pero COlilo
unadesgraeia. especialmente en -la -guerra" nunca
viene sola, siendo por el contrario las mas veces
preeursora de otras calamidades,aconleció aquí que
la de HUClca 'tuvo por in~iata y falaHsima conse-
cuencia otra .muy deplorable.en Ilarbaslro.


Con el fin de elegir posiciones desde dondeob-
serrar á Jos contrarios, mantenerlos en conLinua
alarma y atacarlos con ventaja. necesitaba Oráa prac-
ticar un.reconocimientO' s-obre la estancia de aque-
1I0s. su fuerza y sus intenciones. Resol vióse á ha-
cerlo sin demora; y rennidas al efecto todas las .bri-
gadaseo la cordillera de la Torre. de Gracia ..hilO
queJo, batallones. de la vanguardi.a ~e cada ltlIa de
las divisiones formasen una línea de masas á distaD-
cia de batallon, y una columna las compañías de ea-
zadores, desplegando ulla mitad en guerrillas soste-
aidas por las reservas parciales, estas por la general
y por las masa8, cubierlosconvenienlemt'mle los ilaD~
cos de 111 línea, y protegidos por la correspondiente
cah.iliería ligera.-En tal disfJOSicion, ordenó .,. .. n-
zar las :tropas .~ las alturas que tenia delante,Jascna-
les enSeñoreabau, eom& hemos dicbo, Ha ciudad de




-14.0-
Barbastro, dejando en segunda línea dos hataUon~
de la columna del brigadier Villápadicrna, tres de
la de Navarra del malldo del brigadier Conrad .. y
otros tres de la tercera del ejéreito del Norte á las
órdenes del dé i¡;u:rl claseD. Ramon Solano, dos
baterías rodadas y otra de montaña y dos escuadro-
nes para operar segun los movimientos queegecu-
tase la primera línea.


La 'brigada que form'aba el ala izquierda 1l~g6
»in obstácuJoal punto que se le habia designado; y
ooterado desde allí ,de la colocacion de las frierzall
enemigas, notó Oráa que algunas de ellas, con equi-
pages, marchaban por el camino de Graus, abando-
nando al propio tiempo la formidable posicion de la
ermita del Pueyo, y dejándole enteramen.te libre
el flanco izquierdo. Alento tí esta circunstancia, dis-
puso nuestro genorar que variando de direccion á Ja
derecha 'se e'hcamioa5e'la referida brigada de la iz-
quierda sobre ,aquella cordillera, marchando 'él á
unirse á la del centro. que iba' tí cargo del coronel
del Príncipe D. Sixto Fajat:do, y que debia haber
Hcupado la cumbre al mismo tiempo que aquella;
pero vióse tristemente sorpre~dido" al observar que
no solo, no se ,babia' verificado así, sino que dispersos
sus batallones, vagabaI.l desmandado'l por el llano,
dando funesto egemplo del 'mas completodésórden.
Noladoqué búbo este iucidenle, tan desagradable,
descendió Oráa de la altura,' envió varios oficiales de




-141-
plana -mayor y ayudantes para que contribu,Yesen á
reorganizar aquellas fuerzas, J puesto él á la cabeza
del escuadron destinado á proteger á los tiradores,
hizo frente á la caballería enemiga que amenazab"
por c1l1ano. L~ de los eSClJadrones 4.° y 6.° ligeros
{Iue se hallaba en el ala derecha, y que anteriormen-
te se habia conducido hien, amagó á la tic los rebel-
des, intentando carg::rl:l; pero repenliname;lte yol-
,iú ahora lall11~ien lliés atrás, dejando á la infantería
eSlmesta á ~er arrollada.


Tan inesperados como inesplicables suceso~,
obligaron al ger.eral ú disponer de algunas fuerzas
de la segunda línea, y á permanecer constantemellte'
en los punlos annzados y espuestos al fuego, á fin
Je evitar con su presencia maJor descalabro. Aquí
fué donde Ichirieron dos caballos, y otro de un 01'-
denar~a. Los enemigos que estaban preparados á
emprender su retirada por Graus, luego que vi ero ..


• flaquear á lo~ nuestros, los acometieron con osadía é
.intrepidez, aprovechando así la favorable ocasion
que se les ofrecia; cargaron con ohstinacíon y vigol'
por el centro J ala derecha, queriendo envoher es-
la, atacando aquel, cmpetiálldosc por lo tanto formal-
mente la accion, que hubiera sido quizá la mas fu-
nesta de todas l' nucstns tropas, sin los esfuerzos
del denodado brigadirr D. Diego Leon , el vencedor
de VilIarrobledo, que hath sucedido ú su sobrino
en el mando 'tic la caballería, y que condujo esta ar,...




-142-
ma con su acostumbrada bravura preservando de ra-
tal desgracia -á nuestro ejército. Casi lodas nuestras
fuerzas entraron en ruego para contener al enemigo:
nuestra artillería. rodada y de montaña y la de la le-
gion auxiliar francesa jugaron admi~ablemente: la
accion fué sangrienta, encarnizada de uaa y otra
part,e; durando lo fuerte de ella desde las diez de la
mañana ·del 2 de junio hasta muy entrada la noche:
los nacionales de caballería de Barbas~ro prestaron en
esta ocasion un servicio importantísimo, dirigiendo
los escuadrones por caminos y veredas que solo á los
naturales del pais era dado conocer. El campo que-
dó por los carlistas, que, envalentonados con lo de
Huesca , desplegaron grande arrojo en este dia. Po-
sesionáronse de las alturas cercanas á Barbastro,
ocupadas antes por las tropas constitucionales, vién-
dose esbs pa'ecisadas á retirarse á sus antigues can-
tones. En esta desgraciada accioo murió el bizarro y


• distinguido brigadier D. José Contad, comandante
gcnE'ral de la legion auxiliar francesa, finado por una
bala enemiga junto al espresado santuario del Pueyo,
á tiempo que se ocupaba en contener el desórden que
tambien en su gente se babia introducido. Este ilus-
tre francés, veneranda reliquia tic la funesta jornada
de Huesca, babia rivalizado siempre en pericia y va-
lorcon los mas aventajados ge.fes espaíloles.


La pérdida del enemigo rué grande, tÍ caUSa del
estrago que le ocasionó nuestra artillería. La nuestra




-143-
empero Do-bajó de 80 muertos y mas de 600, heri-
dpsde todas armas; siendo de 1I0tar que la retirada
se verificó COD: tal órdeu, que niugullo .de est-os que-
dó en poder de los vencedores. Es sobre todo dig-
no de singular memoria y de cumplido elogio el
comportamiento del mariscal de campoD. José Bue-
rens, los brigadieres Leon y Van-~alen, así como
el ent~ndido y valiente coronel, gefe de la plaDa ma-
yor gooellal, D. l)Qmingo Aristizabal.-Conc1uire-
mos el robto de tan,infaustos sucesos; diciendo so-
lamente que si consideramos la mengua que CltpO
en estos dias á las trepas aguerridas y familiarizadas
con la victoria; fuertes, poruna numerosa y brillau-
le caballería, y por la es'Cclente artillería de cuya
arma carecian los enemigos; muy superiores, por la
calidad de ellas y por la disciplina; que cuando fue-
ron vencidas en Barbastro no bajaban de diez Y ocho
á veintl} mil hombres; y que c:sto sucede precisamen-
te, no en Navarra ni en las provincias vascongadas,
ni en el bajo Ar.agon, ni en Cataluña; sino á la Qri-
Jla izquierda del Ebro, antes de pasar el Cinca, en
un pais que física y moralmente consid~rado debió
haber ofrecido tantas y tan incalculables ventajas á
los ejércitos que sostenian la causa de la libertad,
cáusanos ciertamente un profundo asombro el ver
tanla ceguedad y falta de tino en la direccion de
nuestras armas.


A los tfl~S dias salió el Pretendiente de Barllastro




-tU-
con direccion á Estada y EstadHla .. en cuyas barcas
pasó la espedicion el Cinca con escándalo de toda
España, que ,DO podia menos de irritarse al ver que
ni Oraa' con sus 20,000 hombres, ni el baron dí'
Meer, copitan geñeral del Principado, que con 4,000
irífantés y 200 caballos se haUabaen Monzón, im-
pidieron á D. Cá~los el cruzar este rio por un pun-
to cn el cual invirtieron mucho tiempo los facciosos
para atrilvesarle, puesto que solo 50 hombres po-
dian hacerlo de una ,ez. El único, paso quehabia,
(1 seis leguas de este, estaba obstr-uido por 12,000
nacionales de la pro\ incia , los cuales habiJnimpe-
dido, dnrante la permanencia de los espedieionarios
en Barbastro rl paso de todos los recursos, viéndo-
se aquellos reducidos á las pro~isiones de que los
abaslecia Barbastro y dos ó tres aldeas inmediatas.
El rio, por otra parte, hallábase entonces invadea-
ble, por ser la época en que se deshacen las nieves
de los Pil·ineos.


A pesar de todo, el señor Oráa , que supo á las
doce de aquella misma noche la salida del Preten-
diente y qne este habia uejado en Barbaslro cuatro
batallones á retaguardia, los que pudo haber copa-
do facilmente, si desplega la oportuna acthidad; le-
jos de hacerlo así, aguardó á salir muy entrada y3
la mañana; yen vez de hacerlo por la parte de oriente
del Berbegal, donde se hallaba, lo verificó por elnor-
te, mandando que los soldados se parasen por com-




-.145-
¡millaS áhehcr agua en una halsa inmediata al pue-
!.I() ,siendo así que en este, Plldieron heb~r cuanta
fluisiesen por ser abulldaJllísimo; logrando, en fuer-
la de tanta calma, llegar á tiempo en qUQ ya habia
pasado toda la [acciun, menos un batallo'l, el 4.· de-
1I0minado de Castilla, cuyo alcance y lotal 'dcstruc-
cion fué <lchi.lo al int~ré5 y celo de los nacionales de
cahallcria que dos di¡lsantes habian prestado igua-
les servicios. Quinientos ,de aquellos infelices pe-
r~cieroll ahogados Cll,el rio. qQc. con mas Jedos-
cicntGs cincuenta que fu,croa hechos priSiGllCl'OS,
componian el esprcsado hali,lIol1 de Castilla.


Tampoco el Lw.roll 1IIl<.IUVO ml,ly $olícilo en el
tlumplimiel'lLo de los altos deberes que tenia sobre
sí ; pues pudiendo y debiendo haber saUdo á impe-
dir el paso el dia anterior á los rebeldes., operacioll
fácil de llevar á cabo á eorta fuerza contra o\ra,. por
muy superior que ella sea, en pasos como el que
aquí atravesó el faccioso, no salió sin ~mbarg'o de
!Ionzon hasta que los nacionales de esta plaza y 10l'
de Barbaslra, que daban la guarnicion, hubieron de
disgustarse profundamente manifl'slándosc quejosos
de lanla ¡naccion, con csp,ecialidad al oir los tiros á
la, parte opuesta del río,' en el choque en, que' pere-
ció el ya mencionado batallon de Castilla. Aguijado
entonces Meer salió de la plaza al freote de sus trQ-
pas sin desviarse á mas distancia que un tiro de ha-
la de la misma, á donde se replegó seguidamellte


'1'0&1. 11. 10




-146-
liando {lOf' motivo ú pretesto el haber cesado el fue-
go.-Durante esta accion hallábase el Prctendien~e
en Estadíll .... , es decir, á una legua de distalld .... dd
teatro de ella, y dos de Monzon , formando los tres
llUnLos un triángulo; y es mUl digno de lIotarse que
tan luego como tUfO aviso de etla , segun· trlldicion
constante en aquel pais, salió al baleon y ~irando al
¡lUnLo de donde partían los fuegos, csctamó deses-
perado: ¡No es esto lo que tenia tratado con Oráa/-
Si se tiene. además en cuenta que el baron de l\Icir
pudo y debió haber acudida el dia de la accíon de
Barbastro, aumentando así la fuerza nuestra y el
terror al enemigo, y que situado despues en Fons
debió háber jmped~do desde este punto el paso á los
rebeldes, podrá así esplicarse fácilmenle el.ma\ é~ilo
de nuestras operaciones en el alto Aragon , y la es-
traña ¡rrurcion del Pretendiente en Cataluña.


Preciso era empero atajar ya los intentos de este
y vohér por cfhonor de nuestras armas. Nocra hien
tluesoldados acostumbrados siempre á vencer re-
presentasen ahora el triste papel de los vencidos. Ja~
más se vi<'i escarmentado el valor de nuestras aguer-
ridas tropas; y si alguna vez sus gefes, flaqueando
del lado ~l~prestez~, de la exactilúd {t de la-6deli-
liad tal vez, ó acaso pllg'ándo, como aconteció en oca~
siones, un trihuto:á su al'ro-jamiento escesivo ú á su
imprudente ó mal dirigido valor, las bi'Cieron desviar
tIc 1:\ sendl1 por donde siempre caminan los ven('C11o-~




-147-
res, Men pronto vol viendo de esa especie de }(ltargo,
en que nos sumergen las espeloanzas frustadas y la
terrible pena de contrariedad que llevan consigo lo~
eonh11lliempos imprevistos de la guerra, han hecho
patente al mundo flue los héroes de I.uch.ma nunca
~ucumben por mas que la fortuna se empeiie alguna
vez en vol vedes desdeiiosa la espalda. Así sucedió
cabalmenle 011 los dias en que vamos; y no pasaron
muchos sin (¡ue las rotas dc-HuElsca y Barbaslro fue-
sen ¡nas que deJ:¡idamentc compensadas-por medio
-de ~olen1nes Iriunfos alcanz,ttiQs por nuestr38 armas
l'1I't'llerrilorio catalan.


Hnhí.ue retirado el baron de 3feer á Lérida, y
hallándose ya invadido par los rebeldes el distrito de
8U manda, tocábalc mas:rar en los campos de hata--
Ila la enología y eficacia que babia derecho de exigir
enlonces del gefe militar del Principa40y su ejér-
cito. Desde A.grallltlnt á donde se lr1!!\~a4ó en. segui .....
,¡JIl, púsose-en marcba:al amanecer del 12 de junio,
persiguiendo al enemigo en direccion de Guisona_
D~. Cárlos que habia asociado á sus batallones cspe-
dicionnrios gran número de facciosos indígenas. r.e-
solviópresentar el combate en las cercanías de aqud
pU(~~ti0', L3· mas perentoria necesidad urgía )' obli-
gaha al :¡>·relcndienle á tomar. una.r~solucioll de tal


-naluraleza" puesto que falto de víveres y sin espe-
fanllll de 1.0$ .SOGOrros qu.e en. vano habia pedido :í
~a~'arra"ór'llc,for~oso desembarazarse:y sacudir uu




-14.8-
tantó ('1 pesado yugo dc sus perseguidores para po-
der respirar y vivir en el Pl'Íncipado; pero desgra-
ciadamente para él, ignoraba sin duda que el im-
pulso aterrador de nuestras armas no era enemigo
menos temible á sus oj08, que juntos todos los rigo-
res de la escasez y el hd!llbre.


A las dos horas de marcha descubrió ya el baron
á los rcbeldes que apreslados á la I)c1ea se hallaban
en posicion, apoyando su derecha casi á la aItu~a del
referido punto de Guisona, su izquierda en Gr,¡ , J


Jlrolongando su Iínga de batalla en una estension de
media legua que tcnian delante, al propio tiempo
que ocupaban con a'guna fU~l'Ia \os pu~M\)~ de San
Martin y la Moraíia.-Tres empinados Cf'rros que
unidos en anfiteatro por su parte superior prescuta-
banelros tantos ángulos salientes y escarpados al ene-
migo, const.ituían el terreno favorecido que lUeer
debia cubrir por prestarle un frente igual al de la Ií-
"nea de los contrarios, siendo al mismo tiempo base de
donde hici~se partir sus movimientos, J segura de-
fensa, caso de que la suerte no favoreciera á nuestrai
armas. A consecuencia de la posicion indicada y de
baberse quedado sobre un flanco la brigada que regia
Clemente, en ánimo de observar los movimientos dl'l
enemigo y cubrir ]a marcha del genl'ral en .gefe, rc-
sultó en cabeza la '4.a division, rcforzada con los hú-
sares de la Princesa, al mando inmediato del general
BuerenS. "Marchó este bizarro gdc hasta dilr vist;¡ á




-149-
Grá; y formada In di ,'ision en batalla por masas á
liro de cañoQ del enemigo, cstableciérons-e las bate-
rías rodada y de montalia, empezando á jugar con
notable acierto, mientras que adelantadas sostenian
un "ivo fuego las tres compañías de cazadores de la
primera brigada. Ordenó entonces el baron que el
primer batallo n del. 6. o infa~tería ligera atacase al
pueblo de la Morana; y habiéndose retardado esta
operacion por la naturaleza del·tcfreno, dispuso que
el: comandante general de la division, q~Q lo. era el
brigadier D. An tonio V an-Halen, marchase con los
dos batallones del segundo regimiento de la Guardia
á apoderarse de aquel pueblo queel enemigo no os6
disputar al denuedo de nuestros valientes.


Superado este obstáculo, mandó el general que
se reuniesen á su division los batallones de Africa y
Avila que Van-Halen !tabia dejado d~ su órd"n en la
primera posicion, apoyando la artillería; y este úl-
limo gefe·ordenó lambieo. desp\les que fuese refor-
zado por cualro compañías de A vila el puoblo de San
lIartín, que disputaba con empeño al enemigo la
divigion del brigadier Carbó, la cual habia sido
remplazada por la brigada Clemente en el ala dere-


. chao Instalada ya la línea de los nuestros, en los tér-
.minos qne se habia propuesto Meer, previno este al
general D. José Buereos , que CODo UU balalfon, el
primero de la Guardia Real, y el regimiento d~ hú-
sares, bajase desde la MO,rana á la llanura de Guiso-




-150-
na, con objeto de aprovechar desde ,allí el momento
oportuno de en vol nil' la derecha <lel enemigo, mien~
tras que para prepara .. el ataque del'eentrohaci .. ~I
geócrltl engefe'quebajase elbataUon de :Africa dés-
de fa Mor;na'áSan Martín,y la brigada~Clcmente al
fl'ente dehutsmo; deja}ldo el que bcopaba' deiaer ....
mita-; en fa; ooa~ del-ertttiíló 3poy.;lr la derecnade: la
línea dé balana por ta:lerrel'a division del ejército
del Norle,que babia reservado para el ataque de Grá.


, «Tal et'ael estádé) de ras ,cosos (dice Meer'én
«su parte), Ít las tres de'ia larde de esterlia! elaere-
«dilado regimienté) de Zamora al mismo tiem'po que
((sostenía/mil baleda de tres piezas dirigida conlra
«el pueblo de Grá, contra .. est~ba el ; 'Vivo, fu~o de
«(las guerriUás enemigas = el nbslinadocombate con
(lque'~nas' 'J -: olrll~ ptclen!inn liaéerse dueñas' dti 'ter-
«rerroiUte'rmedio; 'el ~lI'ñOhooj sostenido, por espacio
de éuátro' horas; los: rélterád()S el;i'uer.tos" de las
((tropás para 3rrollar b.tíne~ enemiga, nada' habia
"bastado' todavía para' romper el equilibrio entre 31ll-
(tilos ejércitos, yla victoria se mantenia indecisa,
«cuando' el general Büerens en cumplimiento tic
«mis instrucéiólÍ~s.. otdenl. al' hrigád'Í'er D. Diego
«Lc'on que mandabá la iiqoierda, que decididblnéO:"
({tésIÍ atatase' el 'Oáncoder~cho de los rebéld eS • Este
(lhC'Cbo estaba' res:ervado. iá, las lanzas' de la Princé5a
«r á ~. las h~Jonétn's de la Guardia. Tres' cOlllpa-
«ñíasdc1 primer batallon del 2.° regimiento; oon-




-151~
"uucidas po~ SU primer comandante D. Leonardo
~fA.·jas, avanzaron denodadamente al enemigo, y
«cuando este cargaba sobre ellas con fuerzas infini-
"lamente superiores, el bravo capitan de húsares
"D. José Concha con una sola mitad de tiradores diú
"una carga ve'ncedora, que apoyada despues por el
~bizarro brigadier Leou con otras repelida's, arroIlú
¡'al enemigo, y señaló principio á la victoria, repro-
«duciendo en lo~ ásperos campos del Cid los laureles
ltalcanzadO$ en las·llanuras de Villaro'bledo. SituadQ
«Buercns perpendicularmente sobre el flanco dere-
((cho de los rebeldes, era ocasion de aprovechar tan
(,conocida ~entaja, y al instante dispuse que se hicie-
((se general el ataqne: lo empezó por (jI centro el co-


. oronel D. José Clemente, gefe de la brigada de van-
"guardia, preoodidopor alguna fuerza del 6.0 de
«inf¡lQtería ligera y provincial de Avila.caD algllftO§
¡'caballos ilel escuadron ,de14.? de Hile!" C1>010 'cl
«enemigo ocupaba aun en fuérza ,I!l pueblo de Grá,
((pudo oponer á Clemente 11M resistencia, obslina-
"da. Rechaz,ldo una vez el batallooestrangero, sus
«dignos oficiales, sin 'Volver lltrás un :¡¡olo paso, ·cla-
(,uron sus sables en el suelo, y gritaron ida vista
«de todo el ejér~ito, que alli morwn por lsaoolll y'
«por Espq¡ia; y los soldados fueron i1,s-us puostos.
«Allí .perecieron no pocos valtenl.es, y ¡,tU fué herido.
«de muerte el velerano brigadier D. Dauiell)orgen,
({coronel de los granaderOs de Opórlo, que en una




-152-
«hlrga carrera militar habia ennoblecido su nomhre
«tres naciones " J sobrevivido á la batalla de las lJi-
«rámides ., ,11 cañon de Water/oo.j¡


.


En tal situadon era preci80 refonar á Clemente,
para lo cual avanzó la primera brigada d~ la lercera
division del ejército del norte, al mando del valiente
coronE'1 D. Cayelano Urbina, con el escuadron del
cuarto de línea. La presencia de estas bizarras tro-
pas y las brillantes cargas que tanto el cuarto de lí-
nea cOlno los lanceros y cazadores de la' Guardia
Real egecutaron en pocos instantes. tuvieron á raya
á los rebeldes refrenando en gran manera su auda-
cia. Entonces fué'herido gr<lvemeute de fuego y ba-
!oneta el bravocapitan del Infante D. tuis de Cas-
lejoo. qne dió pruebas de admir-able een-nidad' en
medio de UD batallon navarro. Los momentos eran
crílie.os, decisivos; y penelradoelharonde ta ftece-
sitiad de ar['ollar impetuosamente el ee'lltro yla de-
recha, puestO' á la cabeza del batallo n de A frica y
cahallería de Castilla, 1.0 ligero, rompió en person:l.
el centro desalojando sucesivamente á los carlistas de
todas I<ls posiciones que á su frente ocupaban.


Entre tltnto el coronel de estado mayor D. Ma-
nuel Mazarredo, en cumplimiento de ~rdene& comu-
nieadas por el general en' gel'e, atacó -de frente al
pueblo de Grá- con alguna fuerza de la Albuera y
dos compañías de Avila, al mismo tiempo que p,0r
una feliz oportunidad el brigadiar comandanle gene-




-153-
rill de la tercera division. D. Ramon 8olano, ló man-
dó eg~utar por la derecha al coronel D. Juan de la
Pozuela con la segunda brigada de la misma. El ata-
que fué simultáneo, ordenado, vigoroso; y las
huestes espedicionarias de D. Cárlos viéronse pre-
cisadas á ceder á las bayonetas de los soldados cons-
tilucionalp.s. Las calles de Grá aparecieron en pocos
instantes cubiertas de cadáveres, y los facciosos que
pudieron salv3l'se sé refugiaron en las cercas y va-
llados que habia á retaguar~ia ; J que MaZ'3lT~do
mandó tomar por las guerrillas de Avila, la AI-
buera y Príncipe, á cllyo apoyo marchaban en co-'
lumnalas fuerzas mismas que habian ocupado el
pueblo. En esta sazon el ejército todo babia dejado
muy á su espalda la línca que durante" seisboras
y con tanta tenacidad y arrojo habia defendido el
contrario, que arrollado y disperso era perseguido
iin cesar por todas partes , señaladamente por el
"¡zarro coronel: Urbiná que le siguió sin" descanso
hasta cerca de CerTera, en donde pernoctó este gefe,
decidiéndose así una de las victorias maS memora-
bles que han alcanzado nuostras armas en esta cam-
paña.


Vencidas las masas fugitivas de Navarra ~ ater-
radas las indomables y terribles bordas calalanas, re-
beldes siempre al freno de las leyes y estrañas á "la
disciplina; humillado el orgullo de D." Cárlos un
tanto engreido con los inesperados triunfos que aca-




..


-15.i-
haba íle lograr en el all.o Arllgon, Jos campos de
Gr4.flJcron el sepulcro que enterró para siempre 1:&$
espctanzas é ilusiones que dentro y fuera de Espa~
ua' habian concebido los sectarios de aquel Príncipe
J de ,la CllUsa que él rop,resentaba. ,Esta gloriosa jor-
l1a4u,c9SIÓ á nuestros bravos la sensible pérdida de
uD,b,igadier ,{res geCes • 34 oficiales y 6.t6 indi-
viduos de tr'opaque con 57 cabalJosquedaron fuera
de combale.Cuátrocientos muertos ,·mas de 200 he-
rid08lqué~ay~on en poder de nuestras tropas, ctr-
ca de 700 entre prisiorieros y plIsndos. y el gran nú-
mero de armas recugidas á los rebeldes, hace subir
la pérdida de estos á mas de 2,000 hombres. Sin em-
h.1rgo~ mayor aun pudo ser y mas trascendentales las
consfÍcuenciasdeeste' glorioso becho de armas,' si
el ba'ron de lIeer, 'que tan denodadamentese;condu-
jo eneste.pia, haciendo olvidar encrerto modo las
enormes faltas que babia eometidO:en los ~nteriorcl!lt
hubiera querido dar cima á su proezh j aprovechan-
do todas las ventajas que las circl1nstantias leofre-
cieron para dar feliz complemento á tan singular
hazaña. El geCe de nuestra caballería debió baber
becho seis mil prisioneros sin trabajo alguno en, la
cal'~a que dió á lolfacciosos cuando ya huian disper-
SO'S; ",nuestro general en gefe entonces inand6 locar
retirada',poi' dos vece!!, enviando ála tercera un ayn~
dante con órden cspresa dé que digese á aqnel 'que
si eontinttaba el mO'DimÍtnto, tlevase entendido que




-155-
abraba bajo su responsabilidad personal. Palabras que
flcsagradaron tanto á los gefes que gobernaban la
(,aballeria n~estrá, que amostazado Zallala mandó
cchar pié á tierra viniÍ'ndose con los caballos del
diestr\)o El esforzado Diego Leon, cuya lanza brill6
tanto cn los campos de Grá, sostUYO á consecuencia
de esto una rcyerta acalorada con M(~er; es fama que
llegó hasta desafiarle; pero lo que es de todo punto
cierto, ~s que Leon se separó desde entonces de las
órdenes del baron, retirándose á harcelona disguli-
tallo y haciendo propósito de no volver á servir
hajo el mando de aquel jamás.




1 "f




Prosigue la esped-icion de D. Cárlos: jl!ra !f pro-
mulgacíon de la CONSTlTliCI(}.'\" POLÍTICA DE 1837:
o/'ra espedicion del rebelde Zariáteg1l'i; acerca~e
ti Pretendiente á la cór/e: entra en 'ella ESPAR-
l'lmo,: los sucesos de Aravaca ocasionan la cai-
da del ministerio Calatrava: asesinatos de 1,'(,/-
q·jos ge(es miíi/arl's en el Norte.'


OCAS ocasiones se presentan tan
oportunas, tan convenie ntes, tan
propióas para terminar la guer-
ra por medio de las armas, ani-
quilando las fuerzas, destruyen-
do todos los medios" y acabando
de una vez con las esperanzas to-


das de D. Cárlos y sus secuaces, como
esta que nos ofreció el príncipe rebel-
de en su descabellada correría. Desde
que este, viniendo de .Porlugal por


Inglaterra, y atravesando despues de in-
c6gnito la Francia, penetl'ó en las provin-
cias suhlevadas para dar .~iete años d~ guer-


fU y ,labrar la desgracia de una nacíon que tantos
aiíos ""'lit, proporcionado á úl de hartl1ra ydeggees




-158"""","
~n vegetallíoJganza, concibió eI·proyectode desta-
car grandes rilasas de fuerza con el fin de insurrec-
donar el resto de Jamonarquía, llevando la deso-
lacíon mas espantosa por todos su~ ángulos. Guer-
gllé p1lSÓ ya con este objeto? al principiar la guerra,
.:. Cataluña; Batanero despues marc.hÓ á Cai;tillu; Go-
mez á Galicia ; SaJl~ á Asturias, lo cual pone de ma-
nifiesto el plan de .loscar/istas en Qst<lS espcdicio-
ud ,que no era otro que 111 de ligar en una línea
contínua de insurreccionfodo el sistema pil'enáico,
y el terreno montaiioso comprendido desde el cabo
Creu.r lwsta el Finis[erre. Afortunadamente el ca-
dete!, el espíritu y buen sentido de los pue-bloi
Jel ¡¡lt9 Aragon, rompió (¡sta Iíneade bataHi'; y he-
cha esta interrupcion, f¡dtand~ el centfo ú at rncn!)s
uno de}os pUl~tos mas notables y e~enciaie$j bllhie-
r"}ll.dere~urrir los c;¡rlistas:4 olró medlo:'lIcvar la
g~~rra. at'.h~jo, Ar'ago~ 1 y hacerla t~mb[e.n'estel1si va
á . alguna de las provin~ia~.meridionales.:.. <':'


Mas ni aun así log"aron los directores de JaJac-
cion el intento'que con tanto aran se habían pro~


. pueslo : y firmes en la "csolucionprimcra, lisonjc.:i-
h'lIllje de poderla llevar [¡ cabo ahora que tralába de
1'1!a.lilarbnada ,Q.1CllUS q~c el mismoPr~lendie'nte.
P\,fo·sin duda ignoraha t'sl,e y; ~us' adictos qli~. ':á-Jós
obslác.~I~s que sicmp~e,ll,1biiq),rqsentado, h~'cn­
tOl1ces~la ell)prcsa~ ,ha.bia, que añadirab(}l'a el can-


. saucio :d<! los pueblos, trabajados con·t¡lIltos años de




-159-
interminahle guerl'a, y el espíritu de escision: que b
rivalidad y la envidia babian ido 'creando y fomen-
tando cada dia mas en las filas carlistas, ~atural era
que al salir el Pretendiente de las provinciás se des-
perta~en y agitasen' ma~ aquellas pasiones entre hom-
bres ,cuya ferocidad se ensañaba á medida que in-
tervenian en elJa rencores é interesadas miras de
prov¡ncialismo, Prueba clara de esta ,'erdad es la
furiosa proclama que el 'rebelde Quilez, gefe de la
caballería facciosa dd',ejército de 'Nava'rra ,dirigió
a sus paisanos los 'aragoneses, desde 'Pons ~on' fe-
cha 17 ele este junio;


Despues de hacer cumplida enumeracion de 105
servicios que !Iabia prestado en un principio oí ,h
causa de D. ClÍrlos en Aragon, y los resuhados'qu~
iC lisonjeaba obtener á vista del bizarro'comporta-
miento de sus compatricios, cuando estuvieron bajo
IiU mando, continúa esplicándose de esta soorte:· .


«Tal ('ra vuestra conducta, y á no haberos ~bte­
(,yenido con el carácter de gefe principal, un adve-
,.nedito catalan, inmoml, ambicioso y ~isolllto, ni
.nuestro suelo lamentaría sus crueldades y la' mas
.fatal miseria, ni serian hoy tan escasos nuestros
.triunfos sobre los rebeldes. EstendeJ . Utm mirada
... á nuestro pais y comparad su ruinoso 'estado con el
.n(jreciente que tenia :lutes de sujetarse al cap¡oicho
"de ese hombre feroz, de ese búrbaro" deshohot' de
~IOi c:irlfstas, de eSQ Cabrera, as~sinQ- t'an -ernel'co-





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(,mo mililar éobarde, de ese catalan en fin que jue ..
~ga con vosotros como con esclavos hasta privaros
«de gofes aragoneses bizarros t instruidos, amantes
«de su patria, y cual ningunos del rey y de la Jgle-
«sia. Midecision y obediencia me alejaron de voso-
«[ros para el ejércilo de Navarra; y aunque tan di s-


"' (Itante, no he ignorado el desprecio con que os lra-
da ese perverso, subyugándoos á gefes catalanes, J
«(despojándQos de vueslros benemérilos compatricios
«A.r.év<lll>, Hl'rrero, Cabañero, Bonet y de olros, a/
"paso que dispensando á aquellos consideraciones.
(honores y mandos hasta el gobierno de Cantavieja
«iÍ un catalan: y ¿á qué puede conducir tan injusta
~preferén,cia? no á otra cosa qne á hacerse con un
.\capitul de dinero para abandonaros tal vez en esos
(IUlO~entos en que peligra nuestra c¡jusa. Mucho
filiémpG hace debiais haberos desprendido de esos
~maDdarines catalanes, y hoyes urgentísimo los SQ-
"pareis de vosotros para no Veros envueltos en la
«tuicion que os prepardn.1l


«Demasiado fund<lmento me asiste para aconSQ-
"jaros esta reso/ncion, porque acobardados vúeslros
«estrafios gefes con los considerables descalabros que
«ban tenido las armas del rey en el alto Arag,on, y cu
~este Principado, en donde úhimamenle las ;maSllS
«cátalanas carlistas han causado; con su cobardía


, (.nuestras derrotas, puedo aseguraros que os prepa-
'tI'aD vucstra destruccion; pues Cabrera, Forcade",




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nLlangostera y otl"OS están conchavados par3 refu-
«giarse al estrangero, para vivir allí regalados conol
"peculio que han ~abido proporcionarse con bs con-
(,trihuciones y productos de los ricos frutos y reba-
«iios que nuestros puéblos han llevado en cuanliosas
('cantidades á C.mtavieja, en donde como sabeis se
(comerciab:m por una compañía Je catalanes á Ínli-
«mos precios con escandalosa soborno de ese Cabre-
((l'a , titulado caudillo vuestro. Preciso es pues que
"le abandoncis pidiendo al rey nuestro señor os dé
t<gefesdignos de mandaros, resueltos á defender sus
"SObCl'¿IUOS derechos y con Ilrestigio en Ar~gon. Pit-
(Ira conseguirlo contad con mi apoyo, persuadidos de
«lJue .por el peligro en que os considero, y por el
«,Imor que os profeso, os dirijo esta man~fcs{aciol1
"demasiado interesante á vuestra seguridad, á vucs-
,,[ra honra y para la felicidad de nuestra provincia y
((vicloria del tr~llo y del. ahar.-En el campo de
uPons á 17 de junio de 18:n .-El mariscal de cam-
«po Joaquín Quilez.»


Admirable procacidad, y deslenguamiento nol.1-
blc el de esta p.roclama, que prueba claramente la
inconfidencia que reina.ba entre los gefes rebeldes de
las difurentes provincias alzadas, que tanto discorda-
han y tan mal se compadedan en la ocasion crilica
rlc ir el Pretendiente á arbolar su bandera á pais es-
trAiio, y que no le era tan adicto como el que á es-
paldas dejaha. Si á esla circunstancia se añade el


TOi't1. 1I. 11




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mal est ar de la económica de 1~ guel'ra en las filas
carlistas, cuyo comisariato impróvido distaba mu-
cho de PQder saasfacer las grandes y apremiadoras
necesidades de la faccion espedicionaria, tanto mas
difícil de moverse y avituallarse cuanto mayor era
en número, siendo una verdad constante y palmaria
en la guerra que las grandes masas son menos mo-
viLles y encuentran subsistencias con mas ·dificultad,
viéndose precisadas á agoviar á los pueblos con ma-
yores y mas violentas exacciones, subirá nuestra es-
trañeza de punto al considerar que fracasasen aquí,
en las márgenes del Ebro y del Cinca, los bien cal-
culados planes del CONDE DE LUCIIANA, tan .Jesayu-
dados Qor otros ~efes ~u cu!as manos se ltaUaron ma,>
de una veZ la suerte de Don Cárlos y los destinos
de España.


Antes de seguir en sus pasos á"la espedicion del
Pretendiente, nos haremos cargo de un suce,so me-
morable que tuvo efecto en estos dias. El 18de ju-
nio, despuCls de discutida en Córtes y aprobada ya lól
CONSTlTUCION POLÍTICA que habia de ser LEY FUNDA-
MENTAl. DEL ESTADO, fué el elegido para su promul-
gacion y solemne jura. La reina Gobernadora, acom-
pañada de la reina menor Doña Isabel I1, salió del
régio'alcázar rodeada de pompa y magestad, yenca-
minándose al. palacio de las Córtes, atravesó por me-
dio de un concurso innumerable que bacian brillar
Il1<1S las lilas de la milicia nacional y de las trop~s que




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daban la guarnicioIl á Madrid, las cuales con su as-
pecto mareial aumentaban la grande solemnidad de
aquel aclo. Muchos miles de vivas y' aclamaciones
entusiastas poblaban los aires de la córte en aquellos
instantes; porque es propio, y una de las principa-
les escelencias del entusiasmo, que no calcula, de-
jando al hombre en pacífica posesion de los goces
con que le brinda lo presente, sin curarse apenas dc
lo que allá en sus senos recónditos le reserva el
porvel)ir.


Constituida en medio de la represimtacion na-
cional, prestó la Gobernadora del reino el debido ju-
ramento, verificándolo de seguida el presidente del
Congreso y todos los seííores diputados: terminado lo
eual, leyó S. M. un