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BISIO
DE LA


lA


Quand I'histo ire serait inutile aux autres
hom mes , il faudrair la faire Jire aux
Princes. 11 u'y a lBS de meilleur moyell
de leur décollvrir ce que pellvent le"
passions et les intéréts , les tcu.s el 11'&
eonjectures , les hons el les mauvais cou-
seils.


Bossrrn-r , Avant prnpo5 arm«, univ,.
=-


MADRID:
LN I.A 11'4 I'¡a:N'I'A 11~. n. J.I:ON A,"A('ITA.


lltZlJ •


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PRÓLOGO.


LA historia de las revoluciones, segun la opio
nion de algunos sabios, no debiera escribirse tan
distante de ellas que se haya perdido su memoria,
ni tan cerca qne falte al escritor la necesaria liber-
tad. Bien impregnados los chinos de estos princi-
pios siguen la regla desde tiempo inmemorial de no
publicar las crónicas de S.lIS Emperadores mientras
dura su propia dinastía; i entre los antiguos egip-
cios, deseosos de evitar iguales escollos, no se pro-
nunciaba el juicio de sus personas hasta despues de
haber Elllecido.


Pues si en todos tiempos i paises se ha recono-
cido la dificultad de dar á luz una historia severa
'Viviendo los sugetos que han tenido parte. en ella,
¿ cómo podré yo desempeñar dignamente mi encar-
go, cuando en este mismo recinto en que escribo
se halla una gran porcion de funcionarios públicos,
á quienes la inconstante fortuna cansada de dispen-'
sarles sus caprichosos dones les obligó á abandonar
las playas de América? Ni es este el solo tropiezo
que se presenta á ostruir la carrera de mis buenos
deseos, sino los grandes talentos que se necesitan
para tan delicado trabajo. No basta que sea v~l'da­
dera i exacta la relación de los sucesos, que c§tos




IV


se hallen bien enlazados, que haya uniformidad en
el. plan, i que la narracion esté amenizada con la
sana crítica, sino que el raciocinio debe ser vigoro-
so, los pensamientos nobles, el lenguage puro i cor-
recto, el estilo fluido, conciso, vivo i moderada-
mente elevado; i finalmente, debe formar un cuer-
po hermoso, cu)'as partes esten en perfecta armo-
nía con el todo.


El conocimiento pues de las altas .. dotes que se
requieren para formar un buen historiador, la es-
casez que se nota en todas las naciones de sugetos
que merezcan tal calificacion , i señaladamente Jos
obstáculos indicados arredrarian á cualquiera que
no tuviese un temple de alma capaz de hacerse su-
perior á la critica, si consigue el grande objeto de
presentar un cuadro bien tejido de la revolucion
americana, indicando sus causas, manifestando sus
progresos i marcando los defectos, para que al favor
de esta escrupulosa revista se aclare la verdad de
los hechos, se aumente la prevision, se fortalezca
la virtud i la obediencia ,se geneealice la instruc-
cion, i se lleguen á descubrir los medios de evitar
los escollos en que se ha estrellado una vez la cons-
tancia española.


No consultando yo sino el bien que podia resul-
tar á nuestra Monarquía de la publicacion de esta
obra, me he dedicado á leer de ocho aíios á esta
parte todas las que han salido á luz en pro i en con-
tra de dicha rebelion; me he insinuado con los mis-
mos gefes independientes que residían en Francia
é Inglaterra para saber todas las ocurrencias de aque-




v


Ilos paises, para oir sus discursos i objeciones, i fi-
nalmente, para recoger cuantos datos podian servir-
me de guia en tan importante empresa. Apenas lle-
gué á España contraje relaciones con muchos de los
gefes que han capitaneado los ejércitos realistas en
América, i no he cesado de reunir apuntes, hacer
estractos, i finalmente, de enriquecerme con cuan-
tos conocimientos han estado al alcance de un hom-
bre curioso é indagador.


La mayor parte de los acontecimientos mas in-
teresantes los he oido i discutido con individuos
de ambos partidos, i los he visto en obras i escri-
tos de unos i otros, que es el modo mas seguro de
formar un juicio con todos los caracteres de verdad.


He consultado, i tengo á la mano ~ las obras de
Mr. Humboldt, del abate de Pradt , de White Blanco,
del Dr. Funes , de MI'. Brackenridge, de los Sres. Ro-
binson i Ward, [os manifiestos de Iturbide i de Riba-
Agüero" i una porcion considerable de publicacio-
nes sueltas de los insurgentes, folletos , periódicos
i otros documentos. Por 10 que respecta á los espa-
ñoles, he recogido preciosos documentos é in tere-
san tes noticias verbales de la mayor p~rte de los ge-
nerales, intendentes, oidores i otros gefes i emplea,
dos que han figurado en aquella escena; he consul-
tado los archivos públicos i privados, tenido presen-
tes asimismo varios tratados publicados por los se-
ñores Cancelada, Urquinaona i Pardo, D. José Do-
mingo Diaz , D. Juan Martin de Martiñena i otros;
debiendo hacer honorífica meneion en este lugar de
un manuscrito del Dr. Nabamuel , que refiere aun-




VI
que sucintamente, los principales acontecimientos de
Buenos- Aires , Perú, Chile i Quito desde el año 1806
hasta el 1818, i de otro del R. P. Martinez, que es-
tiende la historia de Chile hasta el 1~ho.


En una palabra, no he perdonado diligencia al.
guna para dar á esta historia todo el grado de au-
tenticidad é interés que debe apetecerse : no la pre-
sento al público como perfecta, pero me lisonjeo á
lo menos de que no se hallarán en ella errores de
mucho bulto. ¡Ojalá tuviese igual felicidad en la
parte de adorno, en la nobleza de conceptos i en la
amenidad de diccion! ¡Ojalá pudiera imitar á Sa-
lustio , Tito Livio, Tácito, Mariana, Solís, Garcilaso,
Daniel, Bossuet , Condillac, Hnme , Robertson, Hen-
ry, Guiciardini, Estrada i Dávila, que me han ser·
vido de modelo!


La precede un discurso preliminar, trabajado
con el posible esmero, para rectificar la opinion tan
estraviada por los insurgentes i por sus partidarios
europeos, únicos impuros canales por donde, pue·
de decirse, han sido comunicados al Mundo antiguo
los escesos de aquella terrible revoluciono En dicho
discurso se presenta el estado del gobierno del Rei
en aquellos paises antes de la guerra, esplicando las
varias secciones civil, administrativa, judicial, mi-
litar i eclesiástica, sus productos i rentas, su im-
portancia i los rasgos principales que caracterizan
aquel hermoso continente, cuyo recobro podrá ser
mas ansiosamente apetecido cuando se generalicen
los conocimientos de su feracidad y opulencia.


.La historia principia en 1809 i sigue hasta 1825,




VII
trazándose por años el cuadro general de los suce-
sos en cada uno de aquellos importantes dominios,
por cuyo medio podrá el lector comparar las cau-
sas i efectos de la insurreccion entre los varios plIn-
tos, conocer el modo con que se desarrolló aquel
mal, la influencia que tuvo un pais sobre otro, los
esfuerzos de todos para derribar el dominio espa ñol,
i. los escollos en que tropezaron los gefes realistas.


Estos generalmente se han conducido con ho-
nor, i han dado constantes pruebas- de fidelidad i
adhesión á nuestro Soberano; algunos ha habido sin
embargo que han cometido defectos, procedentes
de poca prevision ,de demasiada confianza, de los
impulsos de alguna privada pasion , ó de equivoca-
cion de cálculo: son por lo tanto escusables estos
lunares que desaparecen ante las duras privaciones
i costosos sacrificios que han hecho por la monar-
quía española. Espero por 10 tanto me permitirán
que por no faltar á la verdad histórica haga men-
cion de ellos con aquella moderacion i suavidad que
es propia de mi pluma, considerando que mis in-
dicaciones no pasan de ser el resultado de la opi-
nion de un individuo, quien á pesar de su desvelo i
de la rectitud de sus intenciones, está espuesto á
equivocarse, i mui lejos por lo tanto de establecer
un grado de certeza en la parte crítica, superior al
que cualquiera otro pueda presentar, tal vez con
mas fundamento. Espero asimismo de su modestia
i de sus virtudes, que cada cual sacrificará una par.
te de su amor propio en obsequio de mis trabajos,
sin resentirse de que á unos se ensalce mas CJU.e á




vm
otros; porque si bien como escritor no conozco par-
tidos, ni quemo incienso á otro ídolo sino á la ver-
dad, podrá suceder que la casualidad haya puesto
en mis manos mas abundantes materiales para des-
cribir las hazañas de unos que las de otros, que
acaso tendrán títulos mas solemnes para ser elogia-
dos; pero pueden estar asegurados de que no soi
capaz de defraudar á nadie el mérito si llego á con-
vencerme de su realidad. .


Ruego al público sea indulgente con esta obra,
i que la reciba como un testimonio de mi gratitud,
de mi respeto, i de mis deseos de contribuir á su
ilustración í provecho.




DISCURSO
1


PRELIMINAR.


PRl!llRRA. PARTE.


Las posesiones del Reí en América ocupan un inmenso
terreno que se estiende desde los 41~ 43/ lato S. hasta los
3,° 48' lato N., comprendiendo un espacio de 79 grados,
i de cerca de 1600 leguas en línea recta.


El punto mas austral de dichos dominios es 'el fuerte
Maulin, frente á la estremidad de la isla de Chiloe, i el
mas septentrional la l\'lision de San Francisco en las cos-
ta-s de la Nueva California.


La poblacion de todas estas colonias se calcula de
16.385.000 almas.


Sus producciones vejeta les las mas preciosas, indepen-
dientemente de las semillas i demas plantas que constitu-
yen la principal subsistencia de aquellos habitantes, son
el cacao, café, canela, azucar, pimienta, zarzaparrilla, vai-
nilla, grana, tabaco, añil, quina, sasafrás, aloe, algodon,
seda, cera, azafran , miel, cañafistolas , tamarindos, raíZ"
de China", ñame, plátanos,hipecacuanas, inciensos,go~as.
cortezas, resinas, yerbas medicinales , i la llamada coca,
i del Paraguai; mil especies de bálsamos, aromas i dro-
gas; palo de Brasil, de Campeche i otros de tinte , innu-
merables árboles frutales, i de maderas tan útiles como
preciosas.


En la América española se hallan casi todas las espe-
cies de animales domésticos i silvestres que se conocen en
Europa, i se ve reunida otra porcion mui considerable, pe-
culiar de aquellas regiones. Los principales son los yagu:\-
res, coguares, osos mui gl'3ndes, gatos i cabras monte-
ses, monos de varias especies, armadillos, higuanas, dan-
tas , mulitas I aperiades 1 lobos mejicanos; coyotes) tapires,


I




2
guamay05, leones, chunzos, erizos, zainos, comadrejas,
pericos ligeros, mapurites, llamas, vicuñas, huanacos, osos
hormigueros, quiriquinchos, vizcachas, huihuaques, cuyes,
punchanas, cunocunos, llauques ó pataces, canchalucas,
musf{llimus.quis, chinchillas, nonorietas, suis, pinches,
mutmutes , mucamucas , achumis , chuchas , sorosoros, chao
chapas, majas, choscas , chichipis, capis , picudos, ronzo-
cos, chuischuis, sotos, pericotes, raposo», zorros de listas,
pactares, alpacas, huanganas, tejones, amusquis etc.


En. materia de aves se distinguen los aguiluchos, buairo-
nes, ciervos marinos; alcatraces, alcaravanes, cigü.eñas, pa.-
pagllYOS, guacamayos, cotorras, patos, chachas, ohaehalaras,
faisanes, cotusas , toches, totos , azulejos, babaguis, pau-
gies, organeros, uquiras , gallinas de India, avestruces,
candores, abutardas , cisnes, periguanes , trompetas, tucas,
murciélagos mui gl'atldes, trencas, pelícanos, vandurrias,
cernícalos , neblies , gallitos de Orinoco, turupiales, arren-
dajos, pájaros soldados , zamuros, dincas, trillis , los me-
Io.licsos zenzontles , arroceros, avilillos , pallcares, gars,
picaíloras , candones , buboneros, garzas rurnichuzas , ga-
llos de! rio Yapura, gllanchaqueros , charanuris , gorrion-
citos, quisquines ,. queroqueques, piches , chiscos , galline-
tas, gílrzas coloradas , cuicuyos , gilgueros de montaña, co-
medulces , funges "pichiches , apalinis , guangachos, yau-
tíes , i otra infinidad de volátiles. En el ramo de pescados,
cetáceos i anfibios, ademas de los conocidos en nuestros
paises, abunda la América española en caimanes, opacasos,
crocodilos, lagarto!, manaties , lobos marinos i de rio,
nútrias, róbalos, sienas, cabrillas viejas, mochuelos, pejega-
llos, pámpanos, corbines, pejereyes, lisas, diáfanos, tollas,
sábalos, bagres, cazones , damas, ratones, barbudos, ciegos,
bioajbocachicos., caballas, dicos , peces espadas, taurones,
camaronesj morocois, cachicamos, i otros infinitos. En la
clase de réptiles se hallan con la mayor abundancia vího-
ras, culebras de todas especies, alacranes, sapos, ratones,
eucuyos, buhíos, capivaras erc, , i en la de insectos ve-




3
nenosos , mosquitos zaneudos , jejenes , rodadores, utas,
coyas, i otras muchas especies (1).


Por lo concerniente á la parte mineralógica se dadn
á continuacion algunos estados , en los que se espresaran
los 'productos de plata i oro que la España ha sacado de
aquellos sus dominios desde su descubrimiento; i en este
lugar tan solo enumeraremos las varias especies de sus
metales, minerales i pedrería, que son el cobre , azogue,
fierro, plomo, platina, estaño, antimonio, azufre, sal, ca-
parrosa, alma:z.lIITon, nitro, 'Cinabrio, mercurio, cristal,
carbon de piedra, alumbre, vitriolo , cardenillo; diaman-
tes, rubíes, esmeraldas, jacintos, pantauras, amatistas, gra-
nates, ágatas, turquesas ,cornerinas, piedra iman, gira-
soles, gallinazas, mapules, piedras de cruz, alabastro, már-
moles de todas especies, jaspes, pórfidos, lapis-lázuli i
betunes.


Los rios principales en la parte ·deMejicoson el del
Norte ó Bravo, el Colorado, Rio grande de los Apóstoles,
Santiago, Papagayo, Palmas, Panuco , Alvarado ,Coatza-
cualco , Tabasco, Sumasinta i San Jnan; en Guatemala San
Juan, Cempa, Chamelicon , MORtague, Patochíp 'i Chiapa;
en Colombia el Orinoco , Rio Negro, Meta, Apure, Arau-
ca, Magdalena, Guaviare i Caroni; en el Perú el 'Tungu-
ragua, Apurimac, Ucaya' , Mamaré, Beni ,Tapisi, Hualla-
ga, Piura i Pilcomayo; en Chile el Salado, Juncal, Guas-
co, Limaci , Mapocho, Maipu, 'I'opccalma, Delora , Mau-
le, Itata , Laja, Biobio, Tongoi, Tolren, Valdivia i Río
Bueno; en las provincias de Buenos Aires ·eIParaguai, Pa-
raná, Uruguai, Rio de la Plata, Pilcomayo, Bermejo, Sa-
lado, Dul-ce, Mendoza, Primero, Segundo, Tercero, Cuar-
to, Saladillo, Rio Negro i "I'ebiouari.


Son los lagos principales de Mejito los de Mandinga,


(1) De estas podrán hallarse mayores detalles, del mismo modo
lJ.ue de los demas ramos pertenecientes á la Geografía l en la ebra pu-
blicada en 1828 en Madrid por el autor de la presente.




4
la Culata, Parras, Mextitlan , Chapala , Tezcuco, Chalco i
Patzcnaro ; de Guatemala los de Nicaragua y Atitan; de
Colombia los de Maracaibo , Valencia, Ipava y Parime; del
Perú los de Titicaca, Chinchayacocha, Moina, Pomaean-
chi, Umamarca, Parí i U11aga~; i de la Plata el Huana-
cache, i el lago Grande con otros menores.


La gran cordillera de los Andes cruza por todos los
dominios del Rei con pocas interrupciones: uno de los
varios ramales en que se divide, tira por el interior de
Nueva Granada al S. de los llanos de San Juan hasta la
Guayana) i otro forma varios arcos que van en diferen-
tes direcciones ácia el Cuzco, Tucuman, Tarma i Pa-
raguai. La gran ca(lena atraviesa por el istmo de Panamá
siguiendo pOI' Guatemala, Mechoacan i Cinaloa, hasta per-
derse en los paises incógnitos del Norte. Acia el Potosí
se halla la parte mas ancha, i ácia el Ecuador la mas
alta, que es el Chimborazo , de so.ooo pies sobre el nivel
del mar.


Los climas son tan varios en América, que un viage de
solas cuatro horas conduce de una estacion á otra: pre-
pondera generalmente el calor en las costas, la humedad
en los valles, i el frio en los grandes llanos que se ha-
llan sobre la cordillera, tanto ea la parte del Norte como
en la del Sur; pero aun mas en esta última. Llega su ri-
jidez á tal estremo , que los Indios del Perú en particular
no se atreven á bajar á los valles por temor de sus insu-
fribles efectos, ¡Tal.es la diferencia que se nota entre pue-
blos tan inmediatos! La Corona ele Castilla siempre solí-
cita por el bien de sus vasallos de Ultrnrnar , mandó que
á los habitantes de las regiones frias no se les pudiera
obligar bajo pretesto alguno á trabajar en las calientes, i
"ice versa. Generalmente son los frios mas penetrantes en
toda la América que en el antiguo continent.e á iguales
Iarituiles , de lo que se infiere que no -es la elevación del
polo, i sí la tle las tierras la que causa el rigor que se
observa en .la atmósfera, Empero tomado colectivamente,




5
el clima de la América española es el mas templado, dul-
ce i sal urlable que se conoce; es una primavera perpétua,
en que nunca se ve agostada la vegetacion, estendiéndose
á tal graélo Sil benéfico influjo, que los naturales usan un
ligero vestido de lana todo el año, escepto en algunos pun-
tos de la costa en que la poblaeion es mui escasa por los
estragos que produce su ardorosa temperatura. .


Los rasgos principales que constituyen la diferencia
mas marcada entre América i el Mundo antigllo, son sus
montes, rios i vastas para meras. Allí todo es grande, ma-
gestuoso, sublime: dichas montañas, las mayores del mun-
do, si se esceptÍlan las de Himalaya en cuanto á su altu-
ra, mas no en estension. Sus rios los mas caudalosos (1).
Sus llanos los mas nivelados é inmensurables. Sus minas
las mas productivas. Su suelo el mas feraz; i su clima el
mas benigno. Parece que aquel nuevo Mundo fué el últi-
mo esfuerzo de la creacion, donde plugo al supremo Ar-
tífice prodigar sus dadi vasos beneficios, marcandolo con
el sello de su omnipotencia.


Todo es en estas regiones susceptible de cultivo; hasta
las Pampas lo serian si tuvieran la necesaria poblacion. La
Amazonia regada por los ríos mas soberbios del globo, i
11abitada tan solo por tribus enantes, es el país mas fértil
que se conoce rnoIo son menos los terrenos ftwundaetus
por las inundaciones del Pa I'a na, Rio del Brasil, [tio NPgro,
Misisipí i Orinoco. 1,1 provincia de Tejas es uno de los
puntos mas ricos de la tierra. El interior de Guatemala es
poco conocido, pero demuestra todos los rasgos de fera-
cidad; no los presentarian menores Honduras i Yuca tan si
se desmontasen sus impenetrables LOS([ll es. Al tender la


\\) \,l,m\.e e\\ >;u. \\.\>;\0':'" Ile e>;\"b\ec\",\e\\\Ol; e\l~ú'l'eo'" <'-i.ce ,\\le b""
en América 50 ríos por lo menos tan caudalosus como el Rhin Ó el
Danubio, entre los cuales pueden abrirse fáciles comunicaciones que
establezcan un cambio recíproco de frutos, i efectos de una á otra es-
tremidad de dicho continente.




6
vista sobre tan inmensos paises, al examinar la abundan-
cia, riqueza i variedad de sus producciones, i la rapidez
con que se desarrolla su lozana vegetacion j al considerar
la importancia de este continente, igual á lo menos á la
de todos los demas del globo reunidos, i aun superior en
varios ramos, me atrevo á asegurar conviniendo con la
opinion de otros que se han anticipado á emitirla, que la
sola parte de América llamada española podria mantener
por sí sola todos los actuales habitantes de Europa i Asia.


Cuando el comercio de Oriente pase por el golfo de
Méjico, sea que se habilite el proyectado canal entre Coat-
zacualco i Tehoantepec, ó entre la bahía de Cupica en
el Pacífico, i la boca del Rio Atrato que lleva sus aguas
al Atlántico, lo que sería de una ejecucion tanto mas fá-
cil, cuanto que es la única parte en que la cordillera de
los Andes está enteramente interrumpida; en cualquiera
de los dos citados casos la América sería reconocida por
punto central del ¡;-lobo habitado.


Esta misma importancia del Nuevo MUFHl0, tan sólida
i universalmente reconocida, ha sido la causa de que va-
rias naciones hayan aspirado en di versas épocas i circuns-
taneias áapropiarsela. Los holandeses sostuvieron una lu-
cha larga 'i penosa con los portugueses para posesionarse
del Brasil; los ingleses han hecho repetidas tentativas so-
bre los dominios espa ñoles: unos i otros han llegado á
formar pOI' fin brillantes establecimientos en algunos pun-
tos de la Guayana, .¡ en varias islas sumamente produc-
tivas; mas se han 'malogrado siempre sus empresas sobre
el continente dominado por la España. El apoyo ·que los
insurgentes han hallado durante la lucha moderna en al-
gunos gobiernos estrangeros, ha tenido por origen al pa-
recer miras interesadas de ocupar algun diaaquellos pai-
ses, i como medida preparatoria vincular en sus manos
su rico comercio, tratando de seguir el ejemplo de los car-
tagineses en nuestra península.


La América española estaba dividida al tiempo de la




7
insurrección en cuatro Vireinatos i en siete Capitanías ge-
nerales: aquellos eran los de N neva España, Perú, N ue-
va Granada i Buenos Aires; i estas las de Yucatán , Gua-
temala , Venezuela , Chile, Cuba, Puerto Rico i Santo
Domingo.


Hasta el siglo XVIII hubo un solo Vireinato en la
América meridional (1) que fué el del Perú; pero COllO-
ciendo la Corte de España los grandes inconvenientes que
resultaban de las inmensas distancias que habia que re-
correr para llevar las órdenes desde aquel centro comun 1
erigió otro en 1718 en Nueva Granada; formó la Capitanía
general de Caracas en 1731; otra acia el mismo tiempo
en Chile , i el Vireinato de Buenos Aires con .las provin-
cias del alto Perú en 1777,


Las Capitanías generales, del mismo modo que los Vi-
reinatos 1 estaban subdivididas en Intendencias, Corregi-
mientos 1 ó Subdelegaciones, Alcaldías, Encomiendas i
Misiones.


El Virei era el representante del Soberano, i su Corte
respiraba tanta pompa i brillo que era una imitacion de la
de Madrid hasta en la etiqueta de palacio, cuya relajación
introducida impolíticamente en los últimos, tiempos con-
tribuyó no poco á destruir aquella. parte de prestigio, sin
la cual no es posible asegurar: la ohediencia de tan inmen-
sos pueblos i de tan diversas especies. Dichu Virei presidia
todos los ramos del Estado, i reunía el poder civil i mi-
litar, sin mas contrapeso que la remota dependencia del
Consejo de Indias, i la próxima ,aunque indirecta inspec-
cion de las Audiencias. Su sueldo de 60.000 duros en Mé-


(1) Por América meridional entienden los estrangeros, especial.
mente los ingleses, toda la América española, pero impropiamente;
porque siendo el istmo de Panamá el que divide los dos continentes,
quedan á la parte del Norte, Méji€o i Guatemala, i los demas á-la
parte del Sur. Esta es la hase que han seguido los Geógrafos cuando
han levantado los mapas de uno i otro hemisferio.




8
ico i Perú, i de 40.000 en Buenos Aires i Nueva Granada,


juntamente con algunas obvenciones del ramo de Aduanas
i otras gratificaciones, bastaba para sostener el lujo prescri-
to por las ordenanzas. Cuando concluia su mision, (Iue ge-
nei..rlmente no duraba mas que cinco años , á menos que
S. M. no tuviese á bien prorogarla, como sucedió alguna
vez en los tiempos modernos, estaba sujeto al juicio lla-
mado de residencia; es decir, á dar una cuen ta exacta i
documentada de su buena administracion , i á presentarse
lJor sí ó por medio de apoderado sólidamente afianzado
á responderá cuantos cargos le hicieran las provincias li-
bres ya del influjo de su autoridad; sabia providencia á la
que estaban asimismo sujetos los dernas empleados de la
primera gerarquía, i que era la priucipal barrera contra
las demasía!' dtd pnder.


La Audiencia era un trihunal de apelacion para toda
causa que no escediera de 10,000 duros, pues que siendo
mayor la suma era preciso recurr ir al Consejo de Indias.
El Virei era su presrdenre nato, cuya sancion se requeria
para promulgar oualquiera sentencia, siendo asistido en
este ramo por un Asesor, quien era igllalmen te responsá-
blede toda medida violenta i digna de censura.
, Para que los individuos de dicha Audiencia pudieran


ejercer libemente sus Iuncioríes, i sin mas iconsideracion
que á la justicia, estaba prevenido que fueran naturales de
España, i que no pudieran enlazarse en intereses ni en ma-
trirno nio con las familias del pais; i aun se recomendaha
que no se estrechasen con demasiada intimidad en el tra-
to social; -mas en estos puntos hubo algunas escepciones
á favor de los criollos.


Este cuerpo, que en todas épocas ha sido considerado
por el pueblo como el baluarte de la razon i de la justi-
cia, i el escudo del desvalido, se ccrnponia de un Re-
gente, tres Oidores idos Fiscales donde menos, i de un
llegente, quince Oidores i tres Fiscales donde mas, que era
en la capital de Méjico: correspondia directamente con el




9
Rei á quien tenia obligacion de informar del estado del
pais que se hallaba cometido á Sil inspección: se le con-
fiaban todas las comisiones importantes, escepto las del ra-
mo de guerra; i antiguamente el Regente ó el Decano se
encargaba del Gobierno en caso de fallecimiento del Vi·
rei , hasta que llegaba el sucesor.


La creación de Intendentes, de -esa magistratura inter-
media cutre los Yireyes ¡Corregidores ó Subdelegados,
que principió en 1782, produjo los mas saludables efec-
tos. Las vejaciones i abusos que algunos subalternos ejer-
eian impunemente en razón de la distancia del centro del
poder para tener conocimiento de ellas, cesaron desde que
se presentó en cada pro\' incia ti n gefe celoso á inspeccio-
nar i fiscalizar las acciones de estos mandatarios. Los in-
dios i la gente de color gozaron de mas seguridad en sus
propiedades, i de todo el beneficio de las leyes.


Las funciones de los Corregidores i Alcaldes eran igua-
les á los de la misma clase en la península, con la sola
diferencia de que los primeros no tenian mas sueldo que el
4 por 100 sobre la recaudacion de tributos, i algunas otras
obvenciones propias de su bufete i ministerio. Algunos
de estos empleados adquirían antes riquezas inmensas por
medio del repa:rtimien to , Ó sea de los préstamos de .gana-·
do, semillas , ropas i ot1'05 efectos que hacían á los indios,
cuyo tl';jlico h promovió la misma Cor-te de España con
la idea de estimula!' al trabajo aquellos pueblos perezosos,
quienes pudiendo granjearse facilmente su precario susten-
to, holgaban la mayor parte del tiempo, i se entregaban
á una ;-id:.J viciosa, inerte i deleitable; mas luego que S. M.
tuvo conocimiento de los abusos que se cometían por este
medio, tan plausible en su origen, fué suprimido dicho
repartimiento.


La institucion de municipalidades ó Ayuntamientos
era la mayor garantía de la seguridad individual de los ha-
hitantes i de su recta administracion ; i causa estrañeza
ann á los partidarios de los disidentes, i señaladamente


2




10


al anglo.americano BrackenriJge una medida tal vez
viciosa por su escesivu condescendencia I i demasiado fi-
lanrrópica para regir aquellos estensos dominios. Los Ca-
bildos [lues I Ó Ayuntamientos, compuestos de Regidores,
Akaldes i otros oficios I eran unas asambleas, populares
que reunian el ejercicio del gobierno interior, la policía,
la adrninistraeion de justicia en los casos ordinarios, el
manejo de los fondos municipales i otras muchas é im-
portantes facultades; de modo que sus atribuciones i pre-
rogativas eran rnui vastas, i aun superiores á las de los
mismos Ayuntamientos de la península, de donde habia.
sido tomada aquella forma de gobierno, con la idea en su
principio de oponer una barrera á la ambicion i tropelías
de los encomenderos ó señores territoriales.


Aunque los individuos de estas corporaciones no se ele-
gian popularmente, pues q:ue el Rei nombraba los Regi-
dores, i los mismos Regidores designaban los Alcaldes
de primero i segundo voto, eran sm embargo reconoci-
dos por el pueblo como sus legítimos representan tes, i en
todas ocasiones tomaban con empeño i decisión la defen-
sa de sus personas i la proteccion de sus intereses. De la
marcada índole de estos cuerpos era facil deducir que en
la guerra de independencia habían de ser los primeros
en desconoce,' la autoridad Real, i en arrogarse el poder
fuprelllo.


La gerarquía eclesiástica formaba otra parte del siste-
ma colonial, y fue constantemente una de las palancas
principales del gobierno del Rei. Desde que Alejandro VI
por su bula de 150 I trasfirió á los Monarcas Cat61icos to·
da su jurisrli ccion, quedó el Soberano español constituido
cabeza de aquella iglesia, i dueño de nombrar para to-
dos los obispados, prebendas i beneficios sin mal' depen-
dencia de la corte de Roma que pan su sanciono A fin de
evitartcdo roce de autoridad se acordó que el Santo Padre
no tuviera comunicación directa con aquellos dominios, si-
no por-el conducto del Consejo de Indias, i que todos los




11


breves, bulas i dispensas fuesen remitidas á España para
recibir la aprobacionReal antes de pasar á América. En
virtud de tales concesiones pertenecian á la Corona de
Castilla los diezmos, las vacantes, los subsidios i demás
productos de dicho ramo.


Para que e! público pueda tomar una idea mas clara
i precisa de todos los ramos que componian el sistema
administrativo de los dominios de América, daréá su con-
tinuacion algunos estados. que los, ilustren, principiando
por Jescribil' la situaciou de cada UllO de aquellos Virei-
natos i Capitanías generales antes de la revolución, su po-
blacion i su estension


. El Vireinato de Méjico juntamente con la Capitanía
general de Guatemala estaba situado entre los 9 y 44Q lato
N. i entre los 254 y 291 long. E. de la isla de Hierro; te-
nia 620 leguas de N. á S., 321 de E. á O. en la parte mas
ancha, y se regulaban de 118,478 las leguas de superficie
de 20 al grado, en la que sobre una poblaeion de 6.000.000
de habitantes entraban 51 de estos por legua.


El Vireinato de N ueva Granada, inclusive la Capitanía
general de Caracas, estaba situado entre los 12° lato N. i
5° lat. S., i entre los 297 i 320 lJ 30' long'. E. j tenia 340
leguas de N. á S., 463 de E. á O. i 106'950 de superficie,
la que habida cuenta á su poblacion de tres millones de
individuos, daba 28 de estos por legua.


El Vireinato del Perú estaba situado entre los 3 y :d'"
lato S. i entre los 296Q 30


'
Y 3 dO 30' long. E.; tenia 400


leguas de N. á S. ácia la costa, 254 de E. á O. en su ma-
yor anchura, i 30.000 de superficie, la que con respe(:to á
su poblacion de un millon de individuos con tenia 30 de


..


estos por le~ua.
El Vireinato de Buenos-Aires estaba situado entre lo,


15 y 37° lato S. i entre 105 309.i 3:l4Q long. E.; tenia 440




12


leguas de N. á S., 270 de E. á O., i 150.000 de superfi-
cie, la que sobre una poblacionde tres millones de indivi-
duos da ha 20 de estos por legua.


La Capitanía general de Chile estaba situada entrelos 24
i 44° lato S., i entre los 303 y 308 long. E,; tenia 400 le-
guas de largo, 80 en su mayor anchura de E. á O., i 14.24C:
de superficie, la que sobre una poLlacion de un millon de
individuos daba 70 de estos por legua.


Los dominios pues-de S. M. en el continente americano
tenían aproximadamente 420.ooo1egl.las de superficie, i 14
millones de súbditos segun elcenso de entonces , es decir,
una estension igu,alá lade toda la Europa, i el tercio de
la del Nuevo J\lundo, con una población poco mayor que
la de España.


'''/'




l\bnco. 13


Rentas i gastos del '7Jireinato de Marreo en ¡809~'
sus minas ~ agricultura, fábricas i comercio.




Ramos de sus rentas.


Derechos de ensayo. . ......•••••.
Derechos de oro i pasta .
Derechos de plata pasta •....• ; . : .
Derechos de vajilla ...........••..
Acufíacion de oro i plata •• " ...•.
Tributos.......•....•..........•


" Alcab.alas. • .......•.•.... '...• ~ .•.
. Pulque ..••.......•..•••••.....•
", Pólvora ; ..
.Loterías ...................•....


..' Novenos .
Oficios vendibles i renunciables ; .
Papel sellado .................•..
Medias anatas ..•................
Oficios de chancillería .
Juego de gallos .
Pulperías .
Nieve.....•......•.............
Salinas i derecho de sal. . .... : : ••
Estanco líquido de lastre en Veracruz ,
Panadería i bayuca en id. . . •....•
Fortificacion , . .......•..••..••..
Donativo ..••..•....•...........


Producto líquido
en pe.os fuerle. (').


72 •506.
~4·908.


!:l.086.565.
., 25'7 16.


1.628.259'
1. 159.951.
2.644·618.


750.46 2.
• 370.829.


109.002.
Ig2.333.


27· Iú 6.
64.goo.
37.338.
1.035.


33.322.
22.883.
31.814·


132'982.
2g.


II.g8g.
8.003.
1.480.


9·438.030.


("') 'Se advierte que no se ponen los quehraclos porque nada hacen
al intento; i ¡Jorque suprimiéndolos, arroja la cuenta mayor claridad.




14 MEJlCO.
Suma de la vuelta .


ldem para la guerra .
Caldos ..•.......•.....•........
'Tintes i vainillas. • .
Almojarifazgos..••.•.............
Aprovechamientos .
Rentas menores sin egreso de admi-


nistracion.•.......•.•........•
Alcances de cuentas .•..•..•.•.•..
Bulas de Santa Cruzada ..•.. ~ .
Diezmos eclesiásticos.•...• · .
Subsidio eclesiástico. . .••.•...•...
Medias anatas i mesadas id. . .....•
Vacantes mayores i menores.••....
Azogues de Castilla.••...•........
Azogues de Alemania•.•...•.•.•..
Fletes de azogues. . .••...•....•.•
Naipes ......••.•.••••.••.......
Tabaco..•...•.•••••••••....•.••
Del 4 por 100 del sueldo de em-


pleados.....•...........••••..


TOTAL •••••••••••••


Del líquido de ...•...........••••
Deben rebajarse por suel-


dos i gastos de adrninis-
tracion ...•.• ;....... 596.260


Por los donativos que hu-
bo este año, i que no de-
ben figurar como renta. 647,939


Renta neta.•....."...


9·438.030.
646.459,
.06.18r.
45'740 •


27 5.894.
57'9 67'


76. 151.
24.989'


271.828.
30.320.


4.686.
50.540.


1 I~L733.
474'7 2 2 •


42.583.
2'7 57'


148.861.
3·~P7·822.


15.693.895.


15.693.895.


14.449.696.


Inoersion de fondos en dicho año 1809'


Gastos de fortificacion. . •.....••..
Sueldos de armada, tropa veterana,


800.000.




MEJIeo.


arsenal de S. BIas, almacenes de
pólvora i otras cargas .


Sueldos de Oidores) i demas emplea-
dos de justicia, i Misiones para con-
vertir indios........•..........


Pensiones á varios individuos......•
Gastos de hospitales) reparos de sus


fábricas, etc...•.••..••••......
Réditos de cantidades impuestas ....


Suman los gastos...•......•.•
Suman las rentas....•...•..•.


Quedaron libres en pesos fuertes.


15
800.000.


3.000.000.


250.000.


zoo.ooo.


400.800.
1.496.0 0 0 •


6.146.800.
14.449.696.


8.302.896.


Esta fue pues la renta líquida de Méjico en el citado
año de 180g. Igual con poca diferencia fue desde fines del
siglo pasado, si bien la mitad se invertía en los situados
ultramarinos, de modo que escasamente entraban de cua-
tro á cinco millones en las arcas reales de la Península.
No sería asi en el dia, en que algunos de dichos estable-
cimientos españoles que necesitaban del socorro .anual,
han sido constituidos bajo un pie que no 5010 pueden sos-
tenerse por sí, sino dar aun lucidos sobrantes; i los de-
mas han mudado de dominio.


En 1792 ascendieron los referidos situados ultramari-
nos á la suma de 4.322.000 pesos en esta forma.


A la Isla de Cuba •............
Por atencion marítima .
Por las fortificaciones .
Por atencion de tierra, . .•...•.
Para compra de tabacos remisi-


bles á España .
A la Luisiana..•••.••.....•.••


1.286.000 pesos.
7°0.000.
I50.00n.


136.000.


500.000.
250.000.


3.022.000.




r6> MEJIeo.
Suma de la vuelta .


A la Isla de Puerto-Rico .....•.
A la de Santo Domingo..•••...
A las Islas Filipi nas ........•..
A la Isla de la Trinidad.. • . .
A la Florida oriental ...• , .
A Panzacola....•.....••......


TOTA~ .••.•.....


3.022.000.


;376.000 pesos.
274.0 0 0.
"250.000. "


200.000.
/';: "1 oo.ooo,


50.000.


4·322.000.


Ademas del ahorro de esta gran suma podria simpli-
ficarse la adrninistracion de modo qllc irrogase gastos
incomparablemente menores, pues parece increible que
hubieran de absorver un tercio de la renta i la mitad de
Io liquido.


Minas.


El valor de los productos metálicos antes de la guerra
era un año con otro de 22 millones, á saber: 21.300.000
pesos en plata i 700.000 en oro. Los años de mayor acuña-
cion , que fueron los de 1804 i 1805, rindieron 27.090.001
el primero, i 27.165.888 el segundo: hubo varios de 24
á 25 millones; pero ninguno superó la suma anterior. En
el periodo de 133 años , que fue desde 1690 hasta 1822,
se contaron 1.640.493.784 pesos acuñados en N neva-Es-
paña ,entrando el oro por 60.238.008 , i la plata por
1. 580.255'766, "independientemente de las g"randes canti-:
dades que salieron furtivamente i de contrabando; por lo
que no me admiro de que muchos pretendan que el total
de la plata i oro esn-aidos de Méjico desde la conquista
hasta el año 1803 ascienda ú la asombrosa cantidad de
1.920 millones, á la -que si se agTegan 350 millones" acu-
ñados desde 1803 hasta el presente, segun cálculo aproxi-
mativo, i á 110 millones sacados sin registro, daní 1I11
resultado de 2.360 millones.


-.1.>




MEJIeo.


Producto anual del oro i plata que se estraia de los domi-
nios de S. 111. en Amdrica en. la última época antes de


la revolucion.


c;; .....


Dominios. Oro, marcos. Plata, marcos. Total en pesos.


Méjico ........ "' 22.170'740.7.0 0 0 2.2ClO.000
Perú......... 3·400 513.000 5.3 1 7 ' 9 8 8 .
Chile. ........ 10.000 29.70 0 1.737.3 8 0.
Buenos-Aires con


el Alto Perú .. 2.200 414.000 4.212·404·
"Nueva Granada. 18.000 poco ~.624·760.


Total. ... 40.600 3.206'70 0 36.063.272 •


Producto general de los metales estraidos de América desde
1492 hasta el presente, tirada la cuenta por épocas


i quinquenios.


Reinos. Con registro,pesos fuertes.
Sin regis tro,


ídem. Total.


De Méjico.... 2.097.952.000 262.048.000 2.360.000.000.
Del Perú alto i
hajo 2.000.000.000 474.000.000 2.474.000.000.'


De nueva Gra-
nada i Chile., 434.350.000 82.000.000 516.350.000.


Total de los do-
minios espa-
ñoles •...•.• 4.532.302.000 818.048.000 5.350.350.000.


Dominios del
Brasil, . . . • • 780.000.000 171.000.000 951.000.000.


Total general.. 5.312.302.000 989.048.000 6.301.350.000.
3




18 MEneo.
Para juzgar qué regiones del reino de ]\'1(;\[\ E~pa[la


son las mas metalíferas, insertaré á contiuuacion el 'valor
de los derechos reales sobre la plata que se pagaron á ra-
zon de 10~ por 100 cn 1795, en cuyo año acuñó la casa
de moneda 24 millones i medio de pesos.


San Luís Potosi. .........••
Zacatecas........•.... , .
Guanajuato .
Rosario .........•.........
Bolaiios •............•.....
J'l'léjico ....•...•.....•.....
Guadalajara .......•........
Durango ..........•.•.....
Zimapan....•.......•.•....
Sornbrerete .............•.•
Chihuahua .••.••••...•.•••


96.000169. 0 0 0
67.000
45.000
41.000


:~:~~~Jmarcos("').
33.000
10.000


7.0 0 0
7.0 0 0


Todas las minas de las posesiones españolas consumian
anualmente 30.000 quintales de azogue, que al precio de
50 pesos, en que se podia regular un año con otro, im-
portaban un millon i medio..


Cuando la acuñacion era de 15 millones anuales gana-
ba el Rei un 6 por 100 sobre ella; i cuando pasaba de 18,
casi un 7: esta diferencia se debia al arreglo i manejo de
dicha casa en la que ocurrían los mismos gastos para 2.0 Ó
24 millones que para 15. Trescientos cincuenta ó cuatro-
cientos empleados con diez molinos para estirar la plata,
veinte i un bancos para el tiro de hilera, cincucnta idos
cortes, i veinte volantes, pueden acuñar diariamente de 12
á 15.000 marcos, i hasta 30 millones de pesos al alío, sin
aumento de máqumas ni de gente.


(') Se cuentan bOa Reales de minas esparcidos por este rico país I i
en ellos mas de 3.000 minas de trabajo.




.MEJIeo.


Fuerza militar antes de la revoluciono


Tropa veterana..••....•........•........•.
Presidiales i volantes del Vireinato .
Presidiales i volantes de provincias internas...•
:Milicias provinciales .•.....................


Total de la fuerza en tiempo de paz..


Plaz3S.


7.0 8 3 .
595.


3'°99·
18.884.


2g.6Gr.


Su manutencion costaba anualmente. . 1.800.000 pesos.
El fuerte de San Carlos de Pcrote ab-


sorvw. . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . 200.000.


Los gastos de fortificacion i otros im-
previstos.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.000.000.


Total. ..•.......•....... 4.000.000.


AgricultllT'a.


Este ramo rendía una suma igual á la de las minas, es
decir , de 22 á 24 millones.


Hé aqui el estado de sus diezmos, que es el mejor ba-
rómetro de la riqueza territorial.


Obispados.
ProduCID de la agri-


cultura en 1790.
Pesos fuertes.


Renla IÍ<luid3..
decimal.


Pesos fuertes.


Méjico ......•••••••
Puebla ......•......
Valladolid ....••....
Oajaca .......•.....
Guadalajara .
Durango .


Seis obispados.


8.500.000


4·400.000


4·000.000


1.000.000


3·400.000


1.200.000


22.500.000


850.000.


440.000.


400.000.


100.000.


340.000.


120.000.


2.250.000.




2.0 MEJICO.


Fábricas.


[as fábricas de lana i algodon mas considerables eran
las de Puebla i las de Queretaro. En este último punto se
consumían anualmente en 20 obrajes i 300 trapiches
46.000 arrobas de lana, de las que se trabajaban 6.000
piezas de paño Ó 226.000 varas, 280 piezas de jerguetilla
Ó 39.000 varas, 200 piezas de bayeta Ó 15.000 varas, 161
piezas de jergas Ó 18.000 varas; el valor de cuyos artefac-
tos ascendia á 600.000 pesos.


El mismo Queretaro consumia 200.000 libras de algo-
don en tejidos de mantos i rebozos.


Las fábricas de algodon de la Intendencia de Puebla
comprendidas en esta ciudad, Cholula, Tlascala y Guejo-
cingo trabajaban en tiempo de paz por un millon i medio
de pesos. Habia otras en varios puntos.


Comercio.


Las importaciones por Veracruz antes de la
~ guerra ascendian un año con otro á ••••• 19.000.000.


Sus esportaeiones inclusive la plata á , 22.000.000:


Diferencia en favór de fa esportacion . . • . . . . 3.000.000.


Total del giro mercantil. ........•...... " 41.000.000.


Los objetos de dicha esportacion eran en plata. 14.000.000.
En productos de agricultura " . . . . . .. 8.000.000.


Total. ...•.............•.••.•. :l2.000.000.


Especificacian de oijetos de esportacion.


Peso en arroba.


Grana. ," ••.•.......••
Ázucar •• '~" •. " •..••...


24·500


500.000


Valor en puos fuert.es.


1'715.000.


1.500.000.


3.215.000.




Msnco. .2[
Suma anterior.• 3.215.000.


Vainilla ..........•.... 00.000 60.000.
Añil. ................. 60.000 2·7°0.000.
Zarzaparriila..........• 20.000 9°·óoo•
Pimienta de Tabasco..... 24.000 40.000.
Harinas............... 00.000 500.000.
Curtiduría............. 00.000 80.000.
Varios renglones sueltos. 00.000 315.000.


Total. .......• 00.000 7.000.000.


Especificacíon de ol:¡'ctos de importacion.


Vino de , 25 á 30.000 barriles .••..
Papel. 125.000 resrnas ....•.....
Canela 100.000 libras ....••.....
Aguardiente. 32.000 barriles .
Azufran, 17.000 libras .....•...••
Fierro , 50.000 quintales .
Acero. . . . .. 6.000 quintales......•.•
Cera. ... . .. 26.000 arrobas...•.•....
-Cacao .; . ; •. 20.000 fanega,s .
~(j'p.a~,ql).incana; i demas ramos de in-


dustria•..•..............•...•.•.


1.000.000.
375.0 0 0 •
400.000.


1.000.000.


350.000.


600.000.


110.000.


500.000.


1.000.000.


14·000.000.


Total. . . . • • . . • . • . . .. 19.335.000.
I


De un estado publicado pOI; el Consulado de Veracruz
resulta (Iue la importación de España en 180.2 fue como
sigue.


En nacional ..••..•• 11.539.219. I
En estrangero . . . . • • 8.060'78 I. ¡ 19.600.000. ps.
Esportacion en dicho año , , • • • • • . • 33.866.219'


Difel'encia en favor • •• . • • . • • • • •. . 14.266.219.




22 ~1EJIco.
Comercio de la Metrópoli .


Importacion de América •..•......
Esportacion para América .......•.


Importacion general ••............
Esportacion general .
Comercio total de Veracruz en dicho


año de 180'1 ..•...............


53.466.219.


1.607-792 •
4·0.81.148.


2. 1.207.792.
38.447. 367'


59.655.159.


ESte se hizo en 558 buques. A saber:
De España. . . .. 148. Para España... 112.
De América. . .. 143. Para América ... 155.


Balanza mercantil de Feracruz del año 18°9, que despues
de la de 1802 fue la mas importante.


Importacion de España ..•......•.
Idem de efectos estrangeros .
De América, efectos de su industria.
De idem , efectos cstrangeros .


10.252.69 8.
6'9 1 1.607'
1.643.018.
3.263.201.


. Total ......••. ~ .22'°73.524.


Esportacion pata: Es':' .
pañaen plata , . ... 16.318.846. J


En efectos. . . . . • . • 5.506.380.
Para América plata acuñada ..•.••.
En efectos de su industria ••.•..•.•
En idem de Europa •..•.•..•..•.•


Suma de la esportacion general ...•.
Suma de la importacion general .•..


Comercio total; ...•.•
El tráfico de las CO¡¡t¡H¡ laterales fue de ;


Total general ••••••••


5.442.342.
982.695.


27.2 7° .
2.¡;L277·533.
22.073.524.
00.351.057'


97°.723.




6.000.000.


51.777'
814'947'


1.0,24'7 2 1.
·53.697'
560'777'
500.000.


GUATE:rIALA.


En vista de los estados que se insertan i con presencia
de otros datos de igual autenticidad, parece indudable fIlie
el Rei de España recibía de SW¡ dominios de ultramar un
año con otro antes de la guerra, una renta Iiquida de 8 á 9
millones de pesus, en esta forma.


lUéjico •....... '. '.' ....•....•'
GuatC'lnala ..........•...•...
Buenos Aires _.
Perú '," .•...•....•'. 0:'
Chile ..•...• ',' .••...• '" .•.• '
Caracas '.' .
Nueva Granijda ......•..•.. ~~,


Sobrante para España .....


Estado general de la Real Hacienda de GUATE-
lUALAantes de la revolucion , graduadas sus


rentas respectivas por un quinquenio.


, Ramos generales, ingreso líquido en El. masacomun;


Tributos ...•.. ,. '" ..•.........
Alcabala i almojarifazgo •... '....•..
Quintos •..•••.• , •••.••••••• ~ ••.
Producto de papel sellado ••.......
Agnardien le' . . • . . • . • .• •••.•••.•
Asiento de gallos ..•.••..•.......
Idem de nieve ...•.•.•••...•.•...
Producto de pólvora •........•...
Cornisos ...•......•...... , .:....•
Derechos de pulperías.•..•........
Producto de azogue •.•.•..•.•..••
Arbitrios para el pago de réditos ..•
Pasage de mulas .•..•.•.••.••.••.


Total. ..• ; •.•


Pesos fuertes,


194989'
157.68 1.


.2 1.3g 1.
12.087.
415 '72 7'


1.4<·8.
.278.


3.87 2 •
3.644.


30.
.2'°78.


19.633•
1.26.




GUATEMALA.
Suma de la vuelta.•.


Ramos particulares.
. ..


Producto del tabaco .
Idem de Cruzada ....•...........
Medias anatas seculares .•.•.......
Oficios vendibles •......•...•.....
Vacantes mayores i menores .
Novenos ....•' .
Venta de tierrase. ' .•.•
Donativos de idem •..............
Gracias al sacar ........•........
Inválidos .
Monte-pio militar ..........•.....


Total .


256.37 5.
16'925.
5.104.
2.838.
7. 1 0 0 •
8.116.
2.500.


625.
13.


9.064.
4.07°'


NOTA. En los ramos generales solo entran los produc-
tivos. Tampoco en los particulares se hace mencion de
los improductivos, ni de los agenos por estar separados
de la Real Hacienda.


Erogaciones de Guatemala.


Sinodos i doctrinas •....•...•.•••
Sueldos á los Capitanes de los puer-


tos , i presidio del Peten ••......
Sueldos políticos ...•....•........
Sueldos de Ministros i empleados de


Real Hacienda .•....•..........
Idem d" tropa veterana ........•..
Idem de milicias ..........•.•...•
Gastos de guerra i fortificacion ••.•.
Pensiones i limosnas ••.•••.•.••.•
Juros ......•........•....•..•..
Gastos ordinarios i generales •.•.•.•
Idem estraordinarios ....•.....•••
Pago de réditos de cousolidacion • !. "


Pesos fuertes,


48.313.
~225.61r,


9 2 •576.
1.773.
8·400.


14.008.
42.382.
4·013.


79.651•




GUATEMALA.
Suma anterior.


Idem de cantidades recibidas á premio.
Presidios , , .
Misiones i conquistas . , .. , .
Gastos de hospitales ...........•..
Gastos de buques i de, marina •..•..
Hospitalidades •...•...........•..
Real Hacienda en comun ...•••.•••.


Total. .


25
632.552.


8.658.
4·802.
1.384.


13.108.
3.649·
2.540.


1';'
;)0.000.


Ramos particulares cu)'os ingresos no 'alcanzabaa á; saiiifa-
.cer sus cargas, i Zos cubria. la Real Hacienda.


Chancillería .•. ; ............•....
Penas de cámara .
Gastos de justicia'. ', , .. , , .
Idem de estrados . , •....... r•••••••


. Total •..•.. , ..


ResUmelt.
Entradas '. , . , , , .. , ..••.•••..
Salidas ; ,', .•.... ~ , .. , ..•'.


Quedan á favor de la Real Hacienda.


81.
5,035.


1.836.
192 •


775.674.
7 23.'897'


Estado de las rentas i gastos del Fireinato de
BUENOS AIRES en el año 1803 quefue el último


de su tranquilidad.


Rentas de t.a clase.


Diezmos i cobas .. " , .. , ••.•.
Tres por ciento sobre el oro .•..•••
Ventas i cornposicion de tierras .•...
Tributos •••.. " ........•....••.


4


Producto íntegro.


266.141.
IS.871.
2.7 1 7.


721.948.
..


1.009.677'




26 BUENOS AIRES.
Suma de la vuelta.


Almojarifazgo .......•...........
Alcah:¡]as .•....•.........• '.' ....
Estraccion para el comercio de negros.
Cambio de frutos con colonias es-


trangeras ....•••....•.•......•
Derechos de entrada i salida de Es-


paña....•..•.•....••..•.....•
Impuesto sobre el aguardiente ....•
Novenos Reales......•..•••.
Cuarta capitular de diezmos del Pa-


raguai ..............••
Producto del papel sellado.
Idem de Cruzada . . . . . .
Inválidos .•..•...••.••
Lanzas i medias anatas. . . . . .
Oficios vendibles i renunciables.
Alcances de cuentas. . . .
Almacenage. • . • . . • • •
Composicion de pulperías.
Comisas..•.•..•
Port~~....•.•.....•
Derecho de gúias. . . . . . . • •
Producto de la Casa de moneda.
Idern del banco de rescates.
Real Hacienda en comun.


Rentas de 2.a clase.


Producto de azogues de Europa. •
Idern de naipes. . . • . . . . .
Vacantes mayores ...•....•.
Idem menores.. . .
Mesadas eclesiásticas. .• • . .
Sisa .
Municipal de guerra. . . . •


1.°°9.677'
168.089'
686.394.


41.624·


43.664·
2.657'


50.860.


I.17°·
45.g81.
21.285.
28·779·
15.146.
19·991.
8·9°0.


11.94 2 •
22.660.


2.9 55•
2.9 2 9.
6.348.


183.270 •
43.542.


130'765.


198.629'
14·244·
1.17°·


41.984.
11.622.


133.589'
238.256.


3.190 •349.




BUENOS AIRES.
Suma anterior...


Donativo para la guerra. . . . • . • .
Producto de Lulas de indulto••
Subsidio eclesiástico. . . . . • .
15 por 100 sobre manos muertas. • •
Temporalidades.••
Tabacos..•..' •


Total..


Ramos agenos.


Media anata eolesiastica. ..•..
MOllte-pio militar...
Idem de Ministros. . . . .
Idern de Cirujanos. . . • • .
Real Orden de Carlos IU.
Espolios......•. :
Redencion de cautivos. .
Penas de cámara. . . . .
Hospital de Buenos Aires.
Cinco por ciento de sinodos para Ios


curas de Mojos i Chiquitos. . . .
TI'es por ciento para el Seminario.
Censos de indios. .
Bienes de difuntos. .
Depósitos. . ....


Total. .


Gastos en dicho año 1803.
Sueldos de Ministros i empleados en


el tribunal de- cuentas.. l. • •• ~
! Idem en las cajas Reales.·: ... : .•
Idemadministracionesde alcabalas i


sus resguardos.......•


27
3.11:}0.349·


2.224·
2.4 0 9.


22.240.
2·797·


76.0 27'
328.3°9'


14·940.
18.079·
12.449·


93.
4·800.


1I.4g5.
1.431.


67 8.
9'975.


12.139'
4.273.
8.161.


37. 223.
148·444·


3.908.535.


Pesos fuertes.


15.546.
, 59.845.


87.403.
162·794.




12.906.


153.812.


21 4'733•
20.000.


11·434·
41 7.


151.7 15.
17.167.
23.434.
19·400.


9.332.
3·47°'


666.
148.075.


49·
17.666.


101.939.
47. 29 2 •


5'786.


](12·794.
. 1.732.


850.
10.367'


28 BUENOS AIRES.;
Suma de la vuelta, ' .


Idern Contaduría. de rentas.. --_......:..,:;...--
Id. subalternos de la Junta superior•.
Id. ministros jubilados .....' .....
Id-, mineraluzia , botánica i contaduría


entre partes ' o'
Id. gastos de Cruzada. o.. . . .. . .' •.
Id.. de bulas de indulto .
Id. de tabacos. . . . . . . . . .
Id. de naipes.. . . . . . • . . . . . . . .
Id. de temporalidades .
Id. de casa de la moneda ..
Banco de rescates... '.' ......•.
Pensiones...............••.
A la tesorería del ~~onte pio ,de ;MiQis-


tras......• e ••••••• " .
Gastos de matrículas de indios..
Id. ordinarios. . . . . .. . . . .
Id. estraordinarios , . . . . . • .
Réditos de principales á censo.....
Principales á censo redimido. . . . . .
Devoluciones de Real Hacienda, de-


pósitos y bienes de difuntos .•...•
Aplicado por Reales órdenes de unos


á otros ramos....•.........•...
Suplido al gre~io de azogueros de Po-


._ .....tosí ••..•......................
Id. á la Real compañia marítima .•..


Ramo de guerra.


46)327'
.6.244·


779.868.
1.982.


1'969.457'




BUENOS AIRES.
Suma anterior .•••.•


Milicias i sus asambleas .
Marina ........................••
Jubilados i retirados...............•
Viudas i huérfanos" , .
Hospitales i medicinas............••
Artillería i sala de armas..•....•.•..
Prisioneros ingleses ........•....•.•
Gastos ordinarios .
Id. estraordinarios , ...•..


Ramo político.


Audiencias i subalternos...••..•....
Presidencia de Charcas, Gobernadores


é Intendentes .
Sus Asesores ...........•... , ..••.
Ministros jubilados, , .•.•..••..
Proto-medicato ..~ .
Premio á 19s. sll.l!~elegados '.' .
Manutenciones de presidiarios .
Asj%~acion alimenticia de pobladores. .


europeos " .. , •..•••
Auxilios á comunidades de' ·indios ....
Impuesto á réditos en favor de la ca-


ja de censos de indios , , . , ,
Pensiones... , .•...............••.
Secretaria de la intendencia de la Paz.
Establecimientos de Rio-negro i Puer-


to-deseado , .
Islas Malvinas . ..•..••....•.. : .
Gastos ordinarios .
Id. estraordinarios••••••.• , , ••..•...


29
1.969.4 57'


220.478.
141. 249'
34·949'


9.39°'
96.7 2 9.
13.692 •
1.316.


59. 188•
87.0°9'


64.961.


46'925.
6.435.
2'°7 5.
2. 237.


30.641.
14'7 13•


18.191.
5.484.


11.000.


3.046.
5.200.


10.376 .
24·564.


2.541.


307'
2.882.153.




30 PERIT.
Suma de la vuelta, . • . • . 2.882.1:")3.


Estado eclesiástico.


Sínodos de Curas ....• ; ......••.••
Fomento de nuevas Misienes .•......
Canónigos del Paraguai .
Mercedes piadosas ..•..... , ..•.....
Fiestas dotadas .•...• ;.; .
Seminario de la Plata .. ·•...........
Hospital de Buenos-Aires ..........•


Total. ....•


Resumen.


152.846.
1 2.3~1O.
4.2 13.


29.4 18.
400.


3.843.
8.395.


3.o93.~)88.


Rentas; ...••••...... 3'9°8.535.
Gastos ...•••••.... , 3.093.588.


Sobrante... ;..


Estado de la Hacienda del vireinato del PERU
en el año de' 1804.. ; .


. Ramos de Real Hac·iénda.


Cobos i diezmos ..•....••.........
Diezmo de plata labrada..•..••.•...
Tres por 100 de oro......••..••...
~ Derechos de fundicion i ensayo •••.•.
Composicion. de pulperías .
Reales tributos..•• ; ..••••.•......•
Arrendamiento de suertes.......•.•.
Id. da coliseo de g;allos .


Pesos fuertes.


471.745.
3.605.
9'76 1.


16.870 •
10·945.


1.'224.417'
73.102•


3.141.
dh3.586.




PElIU.
Suma anterior.


Id. de cajones de Palacio ..........•
Lanzas de tí tulos ......•..........•
Media anata secular .
Reales novenos ........•.........•
Alcances de cuentas ....•...•......
Oficios vendibles ............•....•
Responsivas ............•......•..
Donativo ordinario .
Derechos de toma de razon...••.•.•
Aprovechamientos ..•.........••.••
Inválidos..•............•.........
Fábrica de cuarteles ..•......•...••
Almojarifazgo....•...............•
Alcabala ..•......•....••..•....••
Impuesto ',' ',' l.
Estanco de nieve .....•••.•.......•
Comisas ..................•...•..
Ventas i composicion de tierras .....•
Bienes mostrencos.•...........•...
Portazgo ..........•...•.•..•...•
Almacenage•••......•....•.•....•
Restituciones ....•.. '.' . '.' ~ •.•...••
Mitas •..... ',' .........•..•.....•
Productos de azogue de Huancavélica.
Id. de la casa de moneda .
Id. de Cruzada ',' .....•
Estanco de pólvora .....••..•••.•..
Id. de breas .
Id. de aguardientes ........•.......
Real Hacienda en comun .•..• " ••.•


Ramos particulares.


31
1.813.586.


2.304.
318.


14. 1 67'
50.652.


4.658.
27. 060•


460.
50.157'


42 7'
3.536.
~2.463.


1.682.
236.19 2 •
787.689'
128.972 • .:


¡.50o.:}¡.
2.843.' -:
8·977'


11.
65.


13'969'
900.


24·413.
223. 267'
371.506.
85.500.
3°'973.
25.121.


105.21 l.


66'775.


4·111.654.


Vacantes mayores. . . . . . . . • .• . • . . • • 270.
4.1I1.92 4.




32 PERU.
Suma de la vuelta. . . . ,.


Id. menores .
Mesada eclesiástica ...•...•..•.....
Id. para la Real capilla .
Asignaciones i reintegros para España.
Donativo pam la guerra .
Préstamo patriótico '..•......
Contribucion de legados ........•..•
Producto de bulas de indulto .
Id. de aumento en las de Cruzada " .
Id. del azogue de Eueopa .
Id. de frascos de fierro .
Id. de papel sellado .............•..
Quince por ciento sobre manos muertas.
Estanco de naipes .....••..•......•
Id. de tabacos par tesorería ..•.•....
Temporalidades ••••• '••.••••.••.•..


Ramos agenos.


33.045.
2.5g8.


27 2 •
382.


I.R58.
148'7 26.


1.224·
7.677'


25.
195.475.


1.950.
50.849'


1. 109.
21.386.


587.380.
95.645.


7~39:l·
125.61I.


6.468.
4o.I08.


3.353.
20.503.


67'
18.801.


2.452.
1.158.
24.4~w.
7. 2 0 4.
1.031.


28,798.
5.548.887'




PER~ 33
Suma anterior. 5.54R.887·


Depósitos. . . . . . . . . . . . . .. 21l"J,·J9G.


Total ...•.......


Gastos. P",os f!lertes.


45,7 2 1.
77·4°9'


13.165.
10·474.
16.650.
14·510.
148.18;~.


746.
280'743.
261.033.


5.024.
127.806.


4.Cí9° ·
23'9 23.


474.555.
28. 1 2 7'
23·480.


2.366.
8'9 35.


12.881.
12'°98.


1.86].413.
5


Sueldos de Ministros i empleados en
el tribunal de cuentas .


Id. en Cajas Reales .
Id. en administraciones i sus resguar-


dos .........•..........
Id. en la renta de tabacos i ramos agre-


gados ..........•.......
Id. en la administracion de ternporali..


dades............•......
Id. de ensayadores .....•....•
Id. de empleados supernumerarios..
Id. i gastos de Cruzada . . . . . .•..
Id. de la Real casa de moneda .
Id. de bulas de indulto ...
Compra de azogue .•...•..•
Id. de especies estancadas•.......
Ayudas de costas . . . . . . • . . • • •
Réditos de censos . . . . . . . .
Pérdida en moneda macuquina .
Devoluciones .
Reintegros hechos por la Real Hacien-


da .
Suplementos por la misma .
Pensiones de viudas de Ministros .
Pago de deudas atrasadas••..•
Gastos de Callanas. . . . . . . . . . . .
Id. de matrículas .


. Id. de reparo de la mina de azogue.
-----'"--=,..--




1.867 4 13.
123 76 1.


60.153.
20.65;.


34 PERU.
Suma de la vuelta.


Id. ordinarios .•..•.••.••....
Id. cstraordinarios. . . . . . . . . . . •
Aplicaóon de depósitos ..•••.•..


------


Estado de guerra.


Sueldos de la Capitanía gene¡'al i pla-
na mayor. • . • • • • . . • . • . . • • 91.893.


TI'OP:l veterana, infantería i artillería. 494.62.8.
Asamblen i milicias . • • . . • . • • • • 22gCl38.
Compañías de la guardia del Virei, • 21.8II.
Inválidos. . . . . .. . . . . . • . . • • • 38.504.
Oficialidad suelta. • . • • • • • • • • • • 24.406.
Gastos de Marina. . . . . . . . • • •• 1.037'779.
Id. de la comisaría de guerra. • . • . • 13.433.
Id. salas de armas. • . . • . . . . . • • 14.048.
Compra de pólvora. . • . . . . . . • . • 4.462.
Refaccion de cuarteles. . . . • • • . • • 624.
Pensiones de viudas de oficiales. 6.355.
Gastos ordinarios.. • • • • . . • • • • • 137.343.
Id. estraordinarios. . .. • . • . • • • . 2~h.86I.
Estado político, • • • • • • • • • • • • • • 24 333.
Reales Audiencias j subalternos. • . • 118.099.
Asesores i Secretarios. . . . . . . • . • 41.001.
Premios de Subdelegados. • • . . • • • 56'743.
Encomiendas . • . . . . . • • . • . • • . 116.765.


. Contribuciones á hospitales. • . • • • 36. :378•
. Pensiones de suertes. . • . • • . • • . • 24,791.


Id. de Sisa . • • •.••.•••••••••' J 2.3H8.
Id. de mojonazgo. . . • • • • . • • • • • 2 354.
Gastos de la espedicion botánica. • • 2.1 J4.


--4-.g-o·3.65s.-




PERU.
Suma anterior..


Estado eclesiástico.


Sínodos de Curas .
Mercedes piadosas .
Fahrica de iglesias. • • • • • . . .. . •
Misiones .•.....•..••.••...
Capellanes de coro••••.•••....


Total. ...•


Resumen.


35
4.903.655.


318·4:)4·
41.[96.


3.368.
13·73 r.
2.165.


Entradas .•••••••••..
Salidas .•.•.••..•..•


Sobrante.••.•
A este sobrante debe añadir-


se-'a mitad por lo menos
de los gastos de marina car-
gados en data, pues quecom·
prende los años 1804, 1803,
i tres meses de 1802••••


Debe añadirse asimismo co-·
mo pago esrraordinario de
atrasos.....•....•.•


Total del sobrante. • • •


5'7 51.487.
5.282. 569.


468.g18.


36,984.
1.024.721.




36 CrJH,E.
Estado de la Real Hacienda de CHILE antes de
la revolucion , calcu:ladas "" rentas por un


qUtnquemo.


Ramos generafes-.


Almojarifazgo .
Alcabalas .
Pulperías.................•.
Tabacos ..................•
Tres por ciento de oro .
Diezmo de plata. . . . . . . . . .. . ..
Uno i medio por ciento de cobas...
Veintavo de cobre. . .. . ......•
Venta de minas. . . ...........•
Venta de tierras. . .•.• ',' •.•.
Confirmaciones de id.•........
Mesadas eclesiásticas. . . . . • . • • • . •
Dos novenos de diezmos. . . . •....
Vacantes mayores i menores..•.•.
Oficios vendibles i renunciables..
Puente de Acorícagua, • • • . . . • . . .
Pasage del Río ltata. . • • . . • . . . • •
Dulas. . . . . ... '. -.". . . . -..•....
Papel sellado. . .•..•••..•..•.
Media anata secular. • .••...•..
Limosna de c(;)ra i vino. . . . . . . . • .
Tributos por razón de encomiendas...
Estrangería, •- . • . • • • . • • . • . . . •
Comises.•.•••••.•.••.•••
Casa de gallos. . • • • • . . . • . • • . •
Canchas de bolas.••.••.••...
Situado para pagos del ejército de la


frontera. .. . . 11. • • • • • • • • • • • •


Pesos fuertes.


60.255.
85.153.
3.07 0.


182.031.
16.503.
12.890 •
1.934.
3.816.


79 3.
378.


40.
52.


• 15.240.
5'774.
1.663.
2.200.


236.
6.548.
3.550.
4·332-


4J-
Sr.
23.
88.


2.53.
1.000.




CHlL}<~. 3"")


619.000.


1',72 7,
738.


~,6:;.5~2.
2°·9~)2.
15.063.


J .61O.
3'°92 •
4·IH)"
4·J36.


350.
676.
974.


Ramos particll!arcs.


Suma anterior.•......
----'--~


Real casa de moneda......•....
Azogues..................•
Gran CrU7.. . . . . . . . . . . . . . . ..•
Media anata eclesiástica. • ..
Inválidos..........•.•.••
Depósitos i consignaciones.. . . . .
Balanza...•....•.....•...
Barco del Maule..•.....•..•
Dos millones ele ducados..•..
Monte pio de Ministros. • ..•..
Monte pio militar. . . •••..•..


Total. ...•.


Gastos.
Mercedes piadosas i reales .
Sueldo del Sr. Presidente .
Gastos de j,llsticia .
Gastos de hacienda... . . • • • . . . ••
Gastos políticos; . . . . . . . . . . . . ~
Gasto militar en las tropas del Reino.
Vestuario de dichas tropas. ..•...
Situados para el ejército de la frontera é


Isla de Juan Fernandcz..•......
Víveres para Valdivia i Juan Fernandez..
Fortificaciones de Valparaiso.....
Reparacion de plazas de la' frontera.


e Sínodos de curas.. . . . . .
Misiones..•.......•


. Portes de cartas de oficio ..
Gastos ordinarios. •
id. estraordinarios.•


17.2 19.
10.00Q,
50·426.
2. 1.070.


1..500.
212'.201.


4.236.


164·8~).2.
26'7 62.
~,h309'
7.294.
2.205.
6.220 .
2.352.


12.004·
24,683.


Total. .•. 565.303.




38 CHILE.
Resumen.


Entradas.
Salidas. . •


Sobrante l'íquido..


61g.ooo.
Cí65.303.


NOTA. En las .mercedes piadosas se comprenden la ca-
sa de Huérfanos, parroquia de San Isidro, fábricas de las
santas iglesias catedrales l i sus funciones.


En el gasto de justicia se comprenden los Oidores i
sus subalternos.


En el de Hacienda los empleados en las Contadurías i
Cajas Reales:


En el político el Corregidor de la Concepcion,
En el militar todo lo concerniente al ejército) gobel'-


nadores , comandantes, plana mayor) etc.


Estado de la Real. Hacienda en la l-apitanía.
general de CARACAS en J808.


.....


Gastos. Pesos fuertes.


2.240.


1.:u8.
219.


,3.158.


2~.o44·
17~·45o.
223.047'


33.228.
12,608.
15.389.


485,601.




, '. ..


CARACAS.
Suma anterior. . .•


Id. de la Real armada.. . • . .
Gastos de hospitales militares.•
Gastos de presidios. . •.•.
Gastos reservados. . • • • • •
Gastos i sueldos del cuerpo de arti-


lIería.. . . . . . • . . . . •
Gastos de-l repuesto de víveres. , . , •
Misiones..........•.•
Ministcl'iopotítico i militar, •...
Ministerio de Real Hacienda.
ManuteIJcion de catedráticos.
Id. de iglesias. . . . . , . .. .,
Pensiones á los emigrados de ,Santo


Dom ¡ngo. " , . ... . . . . •
Portes de cartas de .oficio, .'
'P<lpe\ sd\:u\o.. , . ,
Bulas..... , .... '.••
Reales asignaciones. • . . . .
Real Hacienda en común, " -,
Réditos de consolidacion.
Sueldos militares, .• , • ,
Sueldos de milicias. • , , ... ,
Sueldos de ingenieros", , • , .', "
Sueldos de oficiales retirados. '.
Sueldos i gastos del resguard0.
Sueldos de cañameros.... '..
Tributos Reales de .indios. .'.
Sublevación de negros- de Coto.


Total. ....•• , •


Gastos de ramos separados.. . •
Gastos de ramos particulares i agenos.


Total general. .


39
485,001.


:LH.
79. 2 29.
25.511.


'250.


95.546,
492 •


19·43 lo
55.567'
96.078•


1.425.


1.011.


67·423.
1:4.2tíO.


1:'°7 6•
995.


1.186.
6~478.
I.ogl.
~83'939'
:177·~w6.


12'°78.
15.7 59'
83.0°9'


366.
1.180.


488.


1.627.016.


103.381.
242.208.


1.97 2 .605•
ti " .. L




40 CARACAS.
lientas de Real Hacienda en el mismo alio, Lí'í',íd".


Pesos fuertes.


97 8.341.
rg3.586.
358.153.


1.530.080.


59'
238.


34·224.


7°·
25.64r.


6.684·


351.47°'
12'952.
3.142.


48'768•
289 '72 7.


2.845.
25.366.


2.099·
36.07 8.


9.289.
36'°78.
9. 289.


580.
39. 835..


2.9 10•
30.79 1 •


8.880.
1.322.


Alcabala do .ticrra..
Alcabala de mar. . .
Alcance de, cuentas, .
Aguanlientp. de caña,
Al rnojal'ifazgo. . . .
Aprovechamientos.. .
Armada i armadilla...
f;\rrendamiento de tierras realengas: . ~
ComposiciQll. de pulperías. • . . ..••
Composicion de. tierras. . , . > •••••
Confirrnacion de id. . .........•
Diezmos....•.......••...••


, Guarapo, gallqs j boliches .......•
Medias anatas seculares..• ' .....
lHostrencos. '.' ." " •.......
Novenos Reales de diezmos.


. Producto del papel sellado.•..
Id. l de bulas.. . ',' • • • . • • . • • • • .
Cuarta de comisas.•.......•.
Restituciones á la ReaL Hacienda.•.•
Regalía de la sal. '.' . • . • • . • • • ••
Regalía de minasó metales. •••.••
Servicio pecuniario. . .•.......•
Tributos reales.. ~ '. • . . . . . . • . ••
Venta i renuncia de oficios .


rrot\ll. . . " . . • • . . . • • • •
Ramos separados. . . . . . . . • . •
Ramos particulares..••••


Total general. .•.•••.•••
Resumen.


Salidas. ,. .••••• 1.972.605.
Entradas. . . • • • •• 1,530 080.


• ,'·Alcance contra la Real Hacienda••




CARACAS.
Este duflcit se cubrió con la renta dd


tahaco, que un año con otro se po.lia
calcular de 700.000 pesos libres, i 50-
hraron todavía para el Real Erario. .


A los que si se ngrcgan por cuentas atra-
sadas pagadas este año, . . . . •.•


Por estraordinarios i preparativos de
g'llerra. . . . . . . . . . . • ..•...


Por id. de fortiíicnciou. . .
Por pensiones á los emigrados de Santo


Domingo...........•.•....


Quedaban sobrantes un año con otro por
10 menos.••....•.....•.•..


223.047 .
12.608.


Este alcance fue motivado por la baja del comercio
producida por la guerra contra la Inglatcl'l'a, que cesó en
este mismo año, i por los preparativos de defensa para sos-
tener la Metrópoli contra la invasión de Francia.




VIREINATO DE NIJEVA GRANADA.
SANTA FE.


------"'....,090.;-...------


~,
~


Pe.os fuertes.


Estado de las rentas en 1801 con especificacion
de todos los ramos.


Estado de los {{astos en 180 I con especijicacion
de todos los ramos.


Alcabalas.....•..
Tributos .


Prorecturía . . . . . . • . •
Novenos Reales .....•


Inválidos .
Quintos Reales. " .•


Fundicion .
Medias anatas. . . . .


Tierras " .. ,
Salinas........•...


Papel sellado. . .. ...
Aguardiente .... ' .. ,


Pólvora. • • . . • . ..•.


97.7 62.
41.424·


90 4.
26.574.


3.223.
3.360.


638.
4.394.


7,974.
42.725.


6.235.
75.341.


1.301.


Sueldos del Virei.
Audiencia .


Tribunal de cuentas.•.•
Real contaduría. . . . . .


Gobernadores i Corregido-
res , .


Secretaría.•.......•
Gratificacion á los curas.•


ldem á 10sSdcristanes...
Niños espósítos..•....


Minas de Muzo. . . • • • .
Historia natural. .•.•..


Salinas. . .•.•••••..


PPSO' fuertes.


,¡o.ooo.
15.158.


15.382.
7.58 1.


10.17!.
I r.599'


1.450.
528.


2.028.
1.300.
9·7~9·


1.1JI.




COlnisos.••••......
Multas ........•..•


Arriendo de gallos. . . .
Aprovechamientos de amo-


nedacion .•.......
Recaudado. por las tesore-


¡'ías de provincia. .,
Imposiciones á censo ..


Oficios vendibles. . . • .
Real Subsidio.....•.


Minas de plata. . • • •.
Vacantes mayores .....


Idem menores. . . . . . . •
lVledias anatas ecJesiasti-


cas .
Mesadas eclesiásticas. .•


Bulas de Cruzada .
Bulas de carne .


Tabaco solo por Sta. Fé..


1.019.
IlG.


370 •


3.194·


688.503.
24.155.


2.196.
245.


15.07 2 •
2·458.


19.561.


6.179'
6·4;')2.


5.863.
777'


64.039,


11


Pensiones particulares. . .
Portes de correos..•.••


Gastos de papel sellado...
Gastos de las cajas de las


provincias de Pamplona,
Honda, Chile, llio-Ha-


cha , J\lompox, Sta.l'iIaI'-
ta , Cartagena, j\oV J ta,


Antioquía i Popayan. 1
Batallon ausiliar•......


Artillería......••...
Guardia de palacio.....


Sueldos militares. . . . . .
Hospitalidades. . . . . . ..


Inválidos. . . . . . . . . . .
Alguaciles .


Librado por Cruzada .
Gastas de tabaco para to-


do el reino .


4·66:1.
4·130.


2.881.


5.36Z·
73.oo~).


5·445.
1).674.


4·484.
2.0:n.


7·4:)2.
241.


10.6)7.


85.4(;~.


Suma.••••... 1.152.144. Suma. • . . . . . •. 339.664.


..¡;;....
ú..;¡




SANTA FÉ 1 80 1. ~
---_oiiiiii?...rjj,.._........----·


CARGO.
Sama de la vuelta. , .


Naipes. . . . . . .
Espolios " ..•


Novenos beneficiales....
Fábricas de Iglesias. . . •


Camellon. . . . . . . . . .
Seminario .


Real Orden de Carlos Ill. .
Hospitales sin destino.


'I'emporalidades. . . ..
Penas de Cámara••..


Suma.••.......


1.152.144·


¡fIlO.
74.468.


77 964.
6.69 3.


5.248.
2.020.


10.200.
3.853.


22.500.


104·
1.335.634·


TlATA.
Suma de la vuelta. . .


Mesadas eclesiásticas..
Gastos en las vacantes ma-


yores .
Idern en las menores .


Hospitales sin destino. .
Novenos beneflciales .


Seminario .
Fábricas de Iglesias. . .


Biblioteca. . . . . . . . .
Espolios .


Camellon .


Suma la data..
Suma el cargo.


33g.6(;/¡.
.;)7·


2.JOO.


4.6g8.
2.12.8.


2.276.
2.020.


9;'3.
282.


550.
600.


3.),').808.
I.3.'Cí.634.


99~) 8:26.Sobrante (a) .
-----


QUITO. CA RGO I~N 1803. QUITO. DATA E'" 1803.
---~~---


Alcahalas . 27·IlU . Trihutos . 47.7 29.




Tributos .
Reales Novenos..


Oficios vendibles.
:Medias aoatas .


Papel sdlado .
Azogue .•.....•..•....


Con lisos . , .....•...•. ,
Tierras ........•......


Aguardiente .
Pólvora .


Inválidos .
Tiendas .. ' '"


Real Hacienda ..•......


Suma ....•.....


128'°73.
6,905.


12.268.
4.689,


1. 2 g:-L
Il J.


267.
59·


44. 246,
3:n.


1. 1 7:'
20J.


24.274.


251.001.


Novenos .••......••...
Oficio... -\'f~nrlibles ..•.....


Papel sellado ........•..
Im;ilidos ... , .... , .....


Gasto:; de Real Hacienda .•
Gastos estr;lordlllarios de
gue~'l'a .


Sueldos militares .
Idcrn pqllticos .


Espedicion de límites .
JUl'OS ••••.••••• , •••.••


Correos .....•. , .. ' .
Becas , .. , .


Suma la data .
Suma el cargo .


Sobrante , . , .


2-982.
800.


467'
747·
~1.0·775.


I,4:i6,
:U.C~)C).


48.64:1.
3·9


'
í l .


2.H'o.
g.Ilj.


980.


173.43:1.
2SI,OOI.


77. 566.


(a) Auur¡ne el sobrante de los renta, de Nueva Granada aparee.. en el aíio 1301 de 9n~U¡2G pesos, i el de
Quito en 13Ú3 asciendo u 77.5(;C. i jmnque de he calcnl arse de igual cantidad poco mas ó menos en los últimos


años que precedieron á la revoiucion ,no podia contar el Gobierno de España siuo con 5ÚÚ.01J1J pesos á lo sumo, qlle
son los que se sacan á colacion en el resumen general, IlIles (lile lo restante se invertía en la manuteucion de la


importante pla:ta de Cartagenil , la que absorvia un año con otro sobre 500.000 pesos.


1·,1, ,',: ,_ ..'~'~". ~'-Jl


~'. ".".,J ~~.: .r,. ......- ;""~."
"",,- '.,,,,,. ,":tr~~~,_,_<>,


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.
'¡'; i


.1 j-




46
Para que el público juzgue de la solidez de las


inserta el presente ESTADO .sacado de los mejores


REINOS. I PROVINCIAS. 1AJ'Zo-1 Oh is-h.spos, ('0S.
réj¡CO........... , I


V N Puebla de los Angeles.. 1InEINATO DE UE- l\1 1E ~ re toar-an....•.•.. IVA SPANA. O .
aJaca. . .. . .•... I


Yucatan........... I


r",d'l'j"", ICAPITA:\'IA GENERAL Durango. . . . I
DE (;UADAL.UARA. Nuevo Leon,


·
I


Sonora.••.
·


I¡Guatemala. •
·


I
C.UITANIA GENERAl, ~o~·nayagua ••


·
I


DE Gu ATE~IALA. Cluapa.. •• I
Nicaragua.. .


·
I


(Lima....
· ·


I
Arequipa•• .


·
.


·
1


VIREINATO DEL Trujillo.•• 1
PERU. fCUZCO' •••


· ·
.


·


1
Huamanga, .


· ·


. 1
\ lUainas. • • I


CAPITANIA GENERAL l Sanliag·o. •
DE CHILE. !Concepcion. .. / ~ I


I Charcas. . 1
La Paz. 1


VIItEINATO BUE- Santa Cruz de la Sierra.. 1DE Buenos Aires••NOS AIRES. 1Córdoba.


:I 1Paraguai. I\ Salta. . I
Total. •••


·1
4 24




47
razones espuestas por el autor en la pagll1a 72, se
documentos que se hall podido hallar en los archivos.


ca,edr~-l Digllíd?des 1o·d ·1 f" 1 \ (Jlliver-lc' . IConven-1 . .. llores, < iscu es. id 1 u.eg'os. tos.es. l CanOllJgos. 81 ur es.
2.


1


1


1
1


1
1


1


1


1
1
1


1
1
1
1
I


1
1


I3
9


11


10


14
9
7


10
5


II


6


6


6


11


6


6


3


2.


2.


2.


2


1


1


1


1


1


10
1


1


1


4


4
1
1
2.
1


2
1


j


34


115


45
1 1 ( 6 2 1 2.
1 7 1
1 4 1
1 6 5 2 1 1 64
1 5 1 2
1 6 1
, 7


8 510




( Car acas .CAPITANH. GE~ERAL !'1' , .ail
C . lT aracai JO ••••••DE ARACA.S. 1('


, JlI:lyana. .


RE1:'\"OS.


VIREINA1'O DE Nu~­
VA. GRANADA.


PROVINCIAS.


Suma de )a vuelta.
'Q .lulo...
Cuenca..
Popavan.
Santa Fe.
Cartagena..
Santa Marta.
Antioquia ..
.panamá.


Total general.


I 4 24
l


l
l


l


l
l


l


"
l


:I l I ll
..[ 6 I 33


NOT.\5. r ," En el número de catedrales de .l\1,;jieo va com-
prendida la Ccleguta de Cuadalupe , i en la casilla
de Canónigos van asimismo inclusos los once que
pertenecen á dicha iglesia.


a." En el número de Oidores van comprendidos
tambien los Alcaldes del Crimen.




49
catedra-I Digll'ídarlcslo' 1 "1 F" 1 Ivni--er-I\c' 1 'OS ICon ven-les. i canóuigus. '- lt ores, <rsca es. sidades. o.egl.. tos.


27 24::1 I 62 17 8 37 I 5101 11 6 2 1 3
1 7 1
1 6 1
1 12 6 2 1 3 66
1 9 I
1 4 1
'1),- ~ ¡ ', ~ ,4 ..
1 .. , ,g.:, 1..


- 1 I.: '/10 6 I 2 1 4 r1 5 3 121 2 I
38 1, 319 :l 80 l· 23 ¡ II 56 588
3.a Los colegios de que se trata en el presente Estado son


de estudios mayores; pues que los de primera enseñanza de amo
bos sexos son infinitos.


4.a Hai ademas una considerable porción de sociedades li-
terarias, academias i '-establecimientos científicos que prueban
hasta la evidencia la.gran1,Jredileccioncon que 10s'Reyes de Cal.
tilla han h'atado siempre á aquellos sus dominios.


7




50
SEGU~D:\ PAnTi.-DEL HISC'UnSo PIi.iLDJÍXAÍi,··


L:ls divisiones generales de la Arnerica española por el
orden de su mayor número son los indios, las castas mez-
claclasv Ios hispano-americanos , los negros i los europeos,


La parte principal la forman los indios., que son gente
floja ge,nerálmente 1 i que solo á íucrzn de falsas escita-
dones de entusiasmo II¡itrio han tomado algnnas veces
las armas, para cuya profesion han sido constantemente
ta n aversos como ineptos, si se esceptuan ~UllO~ depar-
tamen tos, en los que está reunida la fortaleza de lsu fibra
á la ferocidad de S!JS sentimientos, Su caJ'a~~rís-ticalla si-
do la obediencia al gobierno español, el respeto á sus le-
yes, i una veneracion casi idólatra al nombre del Sebera-
nu legítimo, cuyo mág!co,prestigiono!ha po~¡dQ bor-rar
la san~vienta lucha ¿ivil, idificil será que (lo'haga desa-
parecer el cursó a¡no)fSÍg1os-;'áülisufiUMt1n~t~1fsc:nle'qtle
.aquellos.ipaises hubiesen de quedar emaucipaJosde la
~letrópoli.


Mil ejemplos po drian citarse de la semi-adoracion que
aquellos pueblos prestan-al-trono l;lspañpJ: bast~ráeI si-
.~uienle pf\ra acreditar"Il&~ illcor¡t,raSl,í\);JI~ verdtcl. Era
costurnbre., en América. <¡u,e! ~~ji;,,Gw:.\q\les iV, ,4,lql~~ .in-
dios al tiempo de tomar posesion de 'sus varas se ,al'r:odi-
llasen ante la efigie de S. NI. á prestar el juramento de fi-
delidad; i lo era asi mismo que estos se erH.:argaf.€n de re-
coger los tributos i de llevarlos á la ca pital del parrido Ó
de la provincia. Durante el interregno constitucional en
que fueron abolidos dichos tributos i actos de vasalla ge,
las autoridades españolas trataron de plantear este nuevo
sistema: todos creian que seria recibido con el mayor al-
borozo; ¿p~ro cuál fue su sorpresa cuando á pesar de sus
mas vivas insistencias no pudieron consegl\irlo? Cuando
les decian: "Ya sois iguales á los demas ciudadanos: ya se
«han proscrito esos actos de sumisa dependencia: ya se os
.ha elevado al noble rango de hombres libres: ya se han




51
«abierto las puer!as para que oLtengais todas las .oalifica-
«eiones civiles", ¿Cuál era la contestación de aquellas sen-
cillas gentes á tan platónicas é inadecuadas alocuciones?
No, taita (1), eso no: haremos todo lo que quieras, todo
.lo que nos mandes, con tal que no nos prives de la gtlS-
"tosa costumbre de arrodillarnos i besar la ima~('n de
«nuestro Reí: el cielo nos lo ha dado, i lo hemos de res-
"petar como obra de sus manos: los tributos son suyos, i
"no se los podemos negar.» ¿Puede haber un lengllage mas
espresivo l qúemas toque al eorazon ?¡Ojalá no hubiera
inventadola\ filosofía moderna especiosos argumentos, i
habrian sido desconocidas las porfiadas guerras civiles que
han empapado el suelo de sangre durante el siglo pre-
sente, ique hacen todavía gemir la humanidad!


La-casta :de las mezclas es mas importante que la de
los indios netos (aunque menos numerosa), especialrnen te
en Méjico y Colombia, en dondé puede decirse que dictan
la leien la actualidad, si bien son tadavia capitaneados
en gran parte por gefes hispano-americanos en quienes
reconocen mayor ingenio é -ínstruecion. Esta es una fuer-
za que la puede mover con facilidad ó hacerla v~riar de
partido cualquiera que le' oftezcala libertad de entre-
garse al desorden, al saqueoi á la destruceion, que es el
objeto i el término ele todos sus afanes bajo el gobier-
no revolucionario. En tiempo del dominio legítimo eran
sumisos i obedientes á la autoridad ,i respetaban de tal
modo el nombre español que no se cuenta un ejemplo'
de que hayan puesto las manos sobre' n'ingun peninsu lar
ni aun en los subterráneos de las minas, esplotadas co-
munmente por la gente mas desalmada; siendo pOI' el
contrario mui frecuentes los asesinatos cometidos-comra
105 criollos (2). ' , ' Ó


(1) Nombre cariiioso i cordial que usan los iudios, especialmente
en el Perú i Méjico, ,para espresar la voz de padre ó seiior,


(2) Cl'iol\OI se llaman 101 americanos de sangre española,




No Sé ha borrado todavía este respetuoso recuerdo
del trono español, ni desconocen la su perioridn d de los eu-
ropeos, á los que hall servido siempre con mayor gusto i
fidelidad que á los hijos del pais. Los ejércitos realistas se
han compuesto .en gran parte de' estas castas, especialmen-
te en Culombia i en el alto Perú. Hubo época en que el
Comandante Boves reunió 12.000 de ellos, entre los cua-
les habria apenas 200 europe.osj i los Vireyes Abascal, Pe-
zuela, i Laserna llegaron á tener de 15 á 20.000 hombres
sobre las armas, no entrando ~ veces por millos peninsula-
res. Es asimismo digna de honorífica mencion la eiróunstan-
cía de que aquellos leales soldados, aunque propensos á
la desercion , jamas se pasaron al bando de los lOsnrgen-
tes; ClI yo mérito resalta estraordinariamente a I examinar
con crítica imparcial que no fue tan noble la conducta
de algunos europeos.


Empero los Anwticanosespañoles forman la parte mas,
influyente de la pohlacion á causa de su mayor riqueza i
astucia, de su caracter mas atrevido i emprendedor, i de
la estensiou de sus conexiones políticas i comerciales con
el mundo antigt)o. "


Habiendo sido mui corta la emigracioll de mugeres
españolas á América, i nurnerosísima la ,de,hombr~s, pro-
cede dicha casta de éstos i de las americanas , las que ha-
hiendo observado en dichos españoles .maYf!I'eS virtudes,
s?LH'i~,daq, templanza , economía i constancia deafectt).
qlie en Ios..hijos del- pais., les. han dado la_pl'llt~reneij en,
todos tiempos ,de; un modo tan invariaLle, que ya desde
la mas tierna infancia aprendían las niñas aquel proverbio
tan tl'illac1o«lIiarido, 1JlnO i Bretaña (1) de Espaiia.»


Elautor 4~;1:~iageá laAmérica ,4el Sl,I1', ejecutado por
órden d..l gobierno anglo-americano en los años 1817 i


(1) Bretaña es un lienzo llamado asi por la provincia francesa del
mismo nombreque lo trabaja, de cuyo pais ,lo llevaban Iosespaiioles,
á !>Iuéri\:il. _. ,.,," _.}




53
18r8 (r), aun1lue animado (lel mismo espJrltu de libertad
é independencia que caracteriza á todos SllS paisanos, ha-
ce observaciones mui justas acerca de la estrañeza que
causa el ver que los insurgentes criollos en sus areng'as i
escritos declamatorios quieran identificarse con los indios
indígenas, i separarse totalmente de la cuna de su existen-
cia. «Al" oir sus a póstrofes contra la o presion de 300 años,
«Iice el referido autor, cualquiera creerá que no circula
"sangre' española por sus venas, i que son la misma clase
.de gente que Cortés' j. Pizarro subyugaron á la Corona
«le Castilla."


, ¿1 es- posible que pue~a el entendimiento humano ob.
cecarse hasta el pun to de que un hijo desconozca á su
propio padre, i que unos hombres que por casualidad han
visto la primera luz en América hayan llegado á renegar
de los autores de su existencia, i aun á decretar su m uer-
te en pago de los trabajos que han sufrido para educados"
i de las riquezas que han acumulado para que algunos de'
estos hijos pródigos las disipen en la carrera .de los vi-
cios? Pues t:tI ha sido la conducta de algunos de los co-
rifeos de la revolucion. El atroz l\1Qnteagudo, primera-
mente Secretario del sanguinario Casteli, i sucesivamen-
teclel llamado Protector del Perú San Martin , en la es-
pedicion qúe -hizo desde Buenos-Aires al Alto Perú con
el indicado Casteli , llegó á proferir ante un concurso de
gente distinguida, la ferozespresion «de que era preciso
.degollar á todos los que hubiesen nacido en España, i
~qlJe si supiera que para llevar á efecto tal medida podia
«servir de obstaculo la circunstancia de hallarse su padre
llcomprendido en la citada clase, él mismo se constituía
«en ser su verdugo.» Una señora tan respetable por sus ca-
r.as como por sus virtudes, despreciando los peligros á
que se esponia contrariando los planes, i afeando la con-·


(1) l\Ir. Bracke:uidge.




54
ducta é ideas de aquellos terroristas, no pudo contener su
justa inJignacion sin esclarnar: "jcu;ínto lilas haln-ia valido
-que su padre de V. hubiera engendrado en u na fiera, por-
"que á lo menos no tendria V. la forma humana!"


Entre los varios monstruos de barbarie, que no han es-o
caseado en el reino-de Méjico, hubo quien dijo repetidas
veces, "que si él. supiese por donde corria lasangre: ('spa-
«íiola, se la estraería á puñaladas (1 ).• En Buenos-Aires se
han visto algunos hijos delatar á sus padres ; otros hacer
centinela al rededor del cadalso dende .aqnell~s·e~taban
espirando, i aun los ha habido que se presentaron. en el
primer. ardor de la revolucion á lá Junta representativa del
pueblo, pidiendo permiso para matar á los autores de su
existencia, por la sola razon de haber nacido en España;
pero basta de funestos recuerdos (lue hacen estremecer á
la misma naturaleza.


Ha sido tan fuerte el empeño de los gefes independien-
tes en persuadir al pueblo de que nada tienen de comun
con los espgñoles , llamados por ellos sus opresores, que
han hecho aprender á los niños canciones alusivas á este
absurdo principio; ¿pero qué pueden tan débileaasercio-
nes cuando lareligion, la lengua, los nombres de las fa-
milias, los establecimientos científicos, los templos, los
edificios, i cuantos ohjetos se presentan á la vista, todo,
todo indica que es procedencia de España, creado ó in-
troducido en el pais por sus padres ó ahuelos , fomentado
por su industria, i perfeccionado por la proteccion de la
Corona de Castilla, que vió despoblarse sus dominios con.
tinentales, i decaer su industria por llevar á la ingrata
América la antorcha del Evangelio, la ilustracion , las ar-


(1) Don Pedro Garmendia , vecino de Puebla, hijo de un honrado,
vizcaino, se espresaba asi delante de sus dos hermanas, i sobrinas, qnie-
nes 10 llenaban de improperios, porque pensaban de distinto modo,
como sucede generalmente aun en el dia al bello sexo; cnya adhesion
á los españoles ha exaltado considerablemente la animosidad de los
criollos.




55
tes, Jos genioq, las escuadras, las leyes, el gobierno, el
órden i la fdit:idatl?


'S\\\ e\\\\)'~'f"bC) i\e \~ \\C)\m\~i\'d\l \le e'>,\G'>, ,¡\'>,e"t\C)'>, 1 'ffi~ \i'd-
rece OpOltullO copiar en este lugar ladisertacion que ya
en el ~iglo XVI Iuzo sobre las colonias el literato italia-
no Juan Botero 1 i que consignó en su apreciable obra,
titulada Hagion di Stato , publicada en Roma en 1580.
«Los Romanos establecieron muchas colonias, con cuyas
«fuerzas sostuvieron empeñadas guerras. Los Castellanos i
-,Portugne~es s-iguicnclo su ejemplo han fundado varias de
«ellas : estos en las islas de l\'Iadera, Cabo verde, Terceras,
«Santo Tomás, en el Brasil i en la India; aquellos en las
«islas del nuevo 1\Jnndo, en Nueva España, en el Perú , i
..finalmente en Filipinas. Es verdad que en esta empresa
-unos i otrosLan seguido mas bien la necesidad de sus
«conquistas que el ejern plo de los Romanos.


«Como .son poco útiles á la .putria las colonias planta..
•das en paises remotos de los que no se puede sacar ayu-
«la ni socorros de importancia, no se determinaron los
.llomanos á formar ninguna de ellas fuera de Italia en mas
«de 600 años. Auernas DO enviaban con esta mira sino gen-
.'te mui rvil i haja, que servia mas bien de ,gravámen,que
.de úü1i.dad á las ciudades; pero losCastellanos i Portugue-
ases no mandan afuera .Io que á ellos les sobra, sino bra-
-zos útiles i aun necesarios, i se quitan, no la sangre es..


,-cesiva Ó viciada, sino parte de la mas sana i mas pura,
«con lo que se enflaquecen i vienen á menos .las provin-
-cias, Podrian en su vez imitar á los Romanos poblando
-las colonias, no solo con españoles, sino con súbditos
«conquistados , aunque fueran de los mas toscos i rudos:
«asi aquellos, ademas de su gente, llevaban ¿( los latinos á


, -los puntos menos importantes. Porque si Castilla i 1)01'-
-tuga} siguen como hasta ahata enviando todos los años


,«miles de personas sin recibirlas por otro lado, quebrarán
-finalmente á modode bancos mercantiles que tienen gran
~salida i ninguna eutrada,»




56
Pero volviendo al primitivo argumento, ¿cómo pueden


llamar opresores á sus padres los hijos de artesauos , ne-
gociantes, propietarios ó administradores de ingenios, mi-
nas ó haciendas , ó de otros u-alicantes i gente empleada
en la industria, que son las clases esclusi vas de la pobla-
cion eUl'Opea domiciliaria, si nunca han ejercido el poder?
Si este hubiera sido tan tiránico como el de los nuevos
republicanos, á lo mas comprenderia aquel dictado á los
Vireyes, gobernadores de provincias, gefes militares, oi-
dores, intendentes i demas empleados del Rei; ¿mas quién
no ve la superchería de los discursos revolucionarios? Aun
admitido el casó de que alguno ó algunos hubieran abu-
sado de la autoridad que S. JU. les habia conIiado, ¿ po-
drian decir SIlS hijos ó sus nietos que habían sido oprimi-
dos por un dominio estrangero? Sancionado este princi-
pio, se sancionaría el d e la insurrección general de las fa-
milias. Asi pues Santana, Guerrero, Arce, Bolivar, La-
Mar, Pinto, Lopez. i demas gefes de las nuevas repúblicas
no podrian contar con la seguridad de su dominio, ni aun
con la de su existencia, si á sus hijos se les antojaba de-
cir que eran oprimidos por ellos 1 aunque solo exigieran
una regular dependencia. ¿Y para qué cansarse en elucidar
una cuestion que es tan luminosa como el astro del dia,
si la adopción de tan erróneas ideas precipitaría la dislo-
cacion absoluta en el órden social?


Para que la Europa i el mundo entero se penetren de
'lo infundadas que han sido las quejas de los independien-
tes sobre la tan decantada opresion, citaré en estracto al-
'gunas de las leyes de Indias, i sucesivamente ilustraré esta
materia, apoyado en la autoridad de varios escritores pú-
blicos, de ningun modo sospechosos para los descontentos.


Pondré primero á la vista la cláusula del testamento de
la' Reina Doña Isabel la Católica, contenida en la leí La,
título 10, libro 6.° del inmortal Código formado para el
régimen i dirección de los vastos dominios de América.
Después de hacer la debida mencion de las letras apostó.




!"


':>7
liras e.lpedidas por la Santidad de Alej,¡ndro VI, relativas
á la co ncesiou de islas i tierra Iiru.e del mar Océano des-
cubiertas i por descubrir, suplica afectuosamente á su au-
gusto esposo el señor Don Fernando 1 i manda á su hija
Doña Jllana, i al Príncipe su mari do, que cumplan religio-
samente la obligacion en que se habian constituido, de
procurar por todos los medios posibles la con version de
aquellos naturales á nuestra santa Fe católica, con el mas
positivo encargo i recomenJaciou de que no permitan que
reciban el menor ,agravio en sus personas 1 ni en sus hie-
nes, i que remedien todos los males (lue hayan sufrido, to-
mando las debidas precauciones para que ningun gefe es~
pailol abuse de su autoridad.


Siguiendo las huellas de su ilustre progenitora, el seiiur
Don Carlos II i la Reina gobernadora, apellas tuvieron co-
nocirnicn to de los malos tratamien tos que á pesar de las
sabias prov idencias adoptadas para evitarlos l r ecibiau al-
gunos de aquellos naturales, ordenaron en la última lei
del n.ismo título i libro lo siguicn te: "Quiero, dice á las
«autoridades de América, fIlie me deis satisfaccion á mí i
"al muurlo del modo de tratar á esos mis vasallos; i de no
-hacerlo de modo que en respuesta de esta carta vea yo
-ejecutallos ejemplares castigos en los que se hubieren es-
-cedido en esta parte, IIId daré p01' deservi.lo ; i aseguraos,
-que a1lll1lue no lo remedicis, lo tCllgo do remediar, i man-
«daros hacer gran cargo de las mas leves omisiones en es-
-to, por ser contra Dios j contra mí, i en total ruina i Jes-
«truccion de esos mis Ileinos , cuyos naturales estimo 1 i
-quiero que sean tratados como' lo merecen vasa 1I0s que
«tanto sirven á la Monarquia , i tanto la han engrandeci-
«lo é ilustrado.•


En el título del servicio personal, que eS el 12.0 de di-
cho lihro el Emperador Carlos V, i los Reyes Don Feli-
pe II, UI i IV se empeñaron en poner los indios á cubier-
to de toda incomodidad, abrazando en 49 leyes cuantos
casos pueden ocurrir en el servicio que se exige de ellos


8




58
hasta prohihir en la 6.3 bajo las mayores conminaciones
i las penas mas severas, « que no se pueda cargar á los in-
"dios con peso alguno, aunlue lo soliciten, i menos por
«mandato de sus caciques, ni con licencia de los Vireyes,
"Audiencias ó Gobernadoresj añadiendo en ia 14." qlle en
"los pocos casos permitidos cargar por las leyes, se ha de
«entender con los qne tengan diez i ocho años cumplidos:
"en la 1 5.a, que aun en los casos esceptuados no ha de
..esceder la carga de dos arrobas, incluso lo qne lleven pa-
«ra su mantenimiento ji en la 38. a que á'los indios de Ve-
..nezuela no se les permita salir á mas distancia que á la
«de doce legnas, ni para sacar oro, porque se ha esperi-
«mentado (Lue peligran en su salud.»


Por la misma razón ordenó el señor Don Felipe III en
la lei 11, título 13 del libro 6.°, "que no se consienta que
-trahajen en trapiches é ingenios de azucar, ni ensacar
«perlas.» i en la 3.:< del mismo libro, título i4, prohibió el
señor Don Felipe Il que á los indios de Guatemala se les
'emplease en la cosecha i beneficio del añil, aunque ellos
10 pidieran, teniendo en mayor aprecio el bien i la con-
servacion de los indios, que el aprovechamiento que po-
d ia resultar de su trabajo. Son tambien innumerables las
leyes espedidas para metodizar el de los naturales en las
minas de plata, con absoluta prohibicion de que se les em-
plee en el desagüe de las mismas, aunque ellos lo soliciten.


Empero donde mas respla ndece la Real beneficencia
es en la 8.a, título 4.'\ libro 3.°; por la que se manda
'á los Vireyes, Audiencias i Gobernadores que procuren
atraer á la obediencia á los indios alzado> por medio de
la suavidad, i que si es preciso, les otorguen exeocion de
tributos i otras gracias en vez de castigar su rebelion; i en
la 9.a, <¡ue 'no seIes pueda obligar á abrazar la fe católica


"sino por! lápétsua~ion, ni imponer por la fuerza género
"~lguno de lei: '


Con el fin de asegurar la libertad, la propiedad i el
bien estar de los indígenas se dictaron las 67 leyes del tí-




59
tulo de los indios de Chile, i la 14." i 16.a del título
2. o, libro 6.0 , con otras muchas para los del Tucuman i
Paraguai; para los de 'I'lascala desde la lei 3.3 , título 1.0,
libro 6.o, hasta la 46; i para la comun garantía, el que en
las causas de fe contra ellos no pudieran conocer los in-
quisidores sino los ordinarios eclesiásticos; i otras infini-
tas prerogativas que hacían de mejor conclicion al indio
que al peninsular.


Los indios tenian cajas de comunidad, de censos i de
hospitales, caciques que los gobernasen, i protectores de
partido i aun generales que podian ser.considerados como
linos tribunos de aquellos pueblos. Otra prueba de la pre--
dileccion de los Reyes católicos ácia ellos se halla consig-
nada en la lei r.", título 2. 0, libro 1. o, en la que estable-
ció el señor Don Felipe H, «que el derecho d6 patronato
«no pudiera salir jamás de la Corona bajo ninglln pretes-
«to , después que ya sus augustos padre i abuelo habian
"prometido solemnemente en la leí La, título I. 0, libro 3.°,
"que aquellos dominios estarían siempre unidos i bajo la
"inmediata proteccion de la Corona de Castilla.»


En apoyo de la beneficencia que respiraba el gobierno
español en América, copiaré algunos parrafos escritos por
l\Ir. White Blanco, autor del Español. en Londres, tan ces.-
petado por \05 mismos <\isluenlcs, á quienes ha sabido ha-
lagar sobradamente en sus movimientos subversivos.


"Los indios, di ca Blanco, son tenidos por hombres de
"sangre limpia, i asi son admitidos en todos los gremios
"de oficios, lo mismo que los españoles; i sus caciques tie-
-nen el privilegio de nobles. Los que viven de por sí en
"pueblos separados, tienen prohibicion de vaguear por
«otros, i están sujetos á otras restricciones de poca mon-
«ta ; l)ero en cambio son gobernados por alcaldes i regí-
"dores de su nacion, que por lo regular son elegidos de
,,\as familias de sus antiguos caciques, i á ningun español
.ni hombre de color es \lermitid.o estal)lecenc entre ellos,
"ni ocupar parle de sus tierras. Estan bajo la especial pro-




60
«teccio n de todas las autoridades consrituidas, civiles i ecle-
.SIJStlCaS, las qne tienen obligacion de defenderlos de in-
-ju-ticias , i de satisfacer sus agravios. La lei ha previsto
-to dos 105 medíos para defenderlos de la opresión á que
-podrian quedar espuestos; asi es que para evitar la faci-
,,\i~b(l ,le ser engañ<\dos \lor ~ente taimada i artificiosa, se
"ha man.larlo que no puedan disponer de su propiedad real
«sin la interveucion de un magistrado, ni hacer negocia-
«ciones , ni ajustar tratados que escedan del 'Valor de tres
«duros. Illtimamente, annque sujetos á tributos, estan exen-
-tos de alcabala i de toda otra clase de pechos, menos del
«tributo que es vario en las diversas provincias; i annqne en
«algunas partes es molesto por el modo con que se recauda,
"e~ ninguna es escesivo, En la mayor parte de Nueva Es-
-paña 110 pasa de dos duros, i 1>010 lo pagan los indios va-
«rones de 10 á 50 años, de cuyo gravamen estan también
"exentos los caciques i sus primogénitos.»


Al hablar Me. Humboldt de la riqueza de América, ma-
nifestando que los que se hallan en el primer grado de
su posesion son los propietarios de minas, i en segundo
Jos propieracíos de tierras i señores de indios, que antes
eran reconocidos por siervos, pero cuya condicion, añade,
ha mejorado considerablemente desde el tiempo de los
pr-imeros conquistadores, concluye sus reflexiones con de-
eir: "Sa mas hu bo en Méjico otra clase de esclavitud; i á
"los esfuerzos de la Munarquía española en aliviar aquella
"clase desgraciada se deben las henignas i saluda bIes leyes
..en favor de los indios, que en esta parte han elevado con
..justicia el caracter español sobre el de todas las naciones
·,europeas."


El ya citado Brackenridge hablando de las leyes de
Indias, confiesa" que eran muí favorables ú los esclavos,
-i (lue los derechos sobre ellos nunca fueron tan cstensos
..bajo el gohíerno español, como en las colonias de otras
"naciones; que el esclavo aprontando una suma deterrni-
"nadd podía obEgar á su amo oí qíle le diera la libertad , i




61
-que en caso de ser maltratado, rara vez dejaba de ha-
-cérsele justicia."


En las disertaciones sobre el derecho público de las
colonias españolas , inglesas i francesas, publicadas en
Ginebra en 1778, se hicieron los mayores elogios de nues-
tro sistema colonial, declarando unánimemente" que se
-distinguia sobre todos los clemas de Europa, i que con-
.tenia escelentes modelos de reglamentos civiles.»


La sola escepcion que se presenta contra el buen con-
eepto, formado aun por los mismos enemigos, acerca de la
suavidad de las leyes i del filantrópico gobierno que re-
gía en los dominios españoles de América, es la mita ó
contribucion de hombres que obligaba :í los indios á con-
currir por cierto tiempo al trabajo de minas, mediante un
jornal competente que se pagaba con religiosidad. De aquí
se ha tomado protesto para deprimirnos del molla mas:. .'
violento, haciendo las mas tristes descripciones, con la~!
pérfida mira de escitar la compasión de las almas sensibles·.\ 1)
ácia los indios, i de indignaeion contra sus supuestos opre- '\"':
sores, Asi se espresan nuestros contrarios: "los que van '>.
'por órden del Rei á trabajar á las minas del Potosí, aban-
«donan su pais con el mas vivo dolor , porque saben que
-la mayor parte de los que bajan á abrir las entrañas de
«la tierra, son atacados de asma, i mueren :i los pocos
«meses. El dia de su salida es de amargura i luto. Se pre-
«sentan estas víctimas al cnra , quien vestido de pontifical
.10s aguarda á la puerta de h. iglesia con la cruz en la ma-
"110, los rocía con agua bendita, lee algunas preces, i les
«lice IIlIa misa solemne para rogar á Dios les conceda un
-próspero viage. Van luego á la plaza mayor acornpaiiados
.por sus amigos i parientes, de quienes se despiden des-
-pues de tiernos abrazos, mezclados de lágrimas i sollozos,
«i emprenden su marcha seguidos por sus mugcres é hijos,
«sumidos en el mayor abatimiento i desconsuelo, comple-
-tando las negras tintas de este cuadro el lúgubre sonido
«le sus campanas i los roncos golpes de sus tambores.»




62
¿Pero quién no ve que estos son pensamientos poéti-


cos, producidos por la viveza de imaginacion de los ame-
ricanos? Las ceremonias religiosas que precedían general-
mente á todas las empresas i operaciones de los indios,
justifican los elogios que hemos tributado en otro lugar
á las acendradas virtudes i paternal desvelo del gobierno
español. Con respecto á la pretendida parte de dolor i sa-
crificio que se les imponia, responderá llor mí el célebre
MI', Humboldt, quien al examinar en Nueva España las
minas de Guanaj uato i Zacatecas falló con cálculos segu-
ros, que el trabajo de las minas no podia perjudicar á la
pohlacion, dando á entender que habían sirlo vallas i vul-
gares declamaciones cuanto habían dicho j escrito sobre
este ramo los hipócritas protectores de la felicidad ame-
ricana.


Habria sido igual la opinion de MI'. Humboldt relati-
vamente al Perúsi hubiera presenciado aquellos trabajos
mineralógicos, Diez i ocho meses de asistencia que se re-
queria de cada indio en diferentes tiempos desde la edad
de 18 ,l 50 años, ¿podrá parecer servicio escesivo á quien
está acostumbrado á ver las duras fatigas de los que es-
plotan las minas de azogue en Almaden de Espaiia l las de
carbon de piedra en Northumberland de Inglatcna, i las
de fierro en Danemoria de Smolandia?


El único ca racter de violencia que encerraba la mi ta
era el de exigirse forzadamente aquella con tribucion: ¿mas
cómo era posible escitar de otro modo la actividad de
aquellas gentes, si ni los premios, promesas i ninguna
elase de estímulo alteraban en lo mas mínimo su apatía
natural? ¿N o hubiera sido mas penoso i espu esto un lar-
go servicio en la carrera de las armas, del que estaban
exentos?


1 los nuevos regeneradores de América) que tanto abo-
minan estos supuestos ultrages contra las clases abyectas
de a.quella sociedad, ¿han sustituido por ven tura otro go-
bierno mas filantrópico i paternal? Hé aquí lo que refie-




63
re un español nada averso á la independencia america-
na (1). «Yo mismo, dice, he visto en noviembre de 1820
"entrar al gobernador de Buenos Aires en la capital con
«un gran número de indios Pampas, que fueron encerra-
«dos como rebaños de carneros en un gran corralon, i
«distribuidcs como esclavos á los militares. Allí medio
"muertos de sed i de hambre imploraban con gestos la
"caridad de sus mismos verdugos: los hombres daban Lo-
«queadas de necesidad: los hijuelos tiraban de los pechos
"secos i exhaustos de las infelices madres que pediau agua
"para eHos i se la llegaban: otros se metian los dedos en
"la boca, i los chupaban para engañar su hambre i su ra-
«biosa sed. Los hijos eran arrancados sin piedad de los
«brazos de sus madres, i todos juntos daban alharidos
"que quebrantaban los corazones: los que eran de una
«misma familia form.aban grupos separados, se arrodilla-
.ban delante de su!' verdugos, i pedian por señas que los
"llevasen juntos á una misma parte; pero los criollos sin
«moverse á coru pas ion los separaban á golpes. Los mismos
.tigres se huhieran enternecido, i los criollos se divertían
«con aquellas escenas inhumanas.. Las mugeres fueron se-
"paradas de sus maridos, los hiJOS lo fueron de sus padres,
«i todos fueron cargados de cadenas.»·


La casta de los negros es escasísima en Méjico á causa
de la menor necesidad que se habia tenido de ellos en aquel
país, poblado de indios basta n te laboriosos. Por igual razon
era mayor su número en las provincias de Venezuela, en la
alta costa del Perú i en Buenos Aires. Esta clase taa feroz
por naturaleza como sumisa i fiel en el estado de depen-
dencia, ha perdido todo respeto á los blancos desde que


(1) Don Miguel Cabrera de Nevares, quien publicó en 1321 una
memoria mas abundante de flores oratorias que de razones sólidas,
Jlara demostrar la conveniencia i necesidad de 'l'lC el gobierno de
aquella época reconociera la independencia de las Américas.




64
impolíticamente se la declaró libre, i se la confiaron las


armas que debieran senil' para mantenerla en la necesaria
ohediencia.


Todas las castas estan en la actualidad mui interpola-
das: acaso es solo en Chile donde la sangre española se
conserva con mas pm'eza á causa del perpétuo estado de
lucha en que han permanecido con los indios Araucanos;
en seguida las provincias de la Plata, si bien aquí se ob-
serva alguna mezcla de indio con las clases bajas de la 50-
ciedad.


Los indios pastores que habitan en los paises al N. de
Méjico ,i en las Pampas del nía de la Plata ioruuiu llna
raza peculiar de poblacion , el¡ la que se observa la ma-
yor afinidad á pesar de las gr'andes distancias qlle separan
unos pueblos de 011'05: son todos ellos robustos , vigoro-
505, valientes, esforzados, toscos é indomables. Los lla-
neros de Venezuc1a, aunque de la clase mezclada i mas
próxima á la raza africana, son del mismo temple que los
antedichos, con poca diferencia en su barbarie i feroci-
dad, aunque viven bajo el influjo de las leyes.


Siem pre ha sido inquiero el carácter de estos pueblos;
la guerra es su elemento. Si la España llega á reconquis-
tar sus posesiones americanas) serán los de Buenos Aires
los últimos que reconozcan su dominacion. El moJo de
humanizar sus costumbres seria convirtiendo en cuan to
fuera posible en sitios de agricultlll'a aquellos paises in-
mensos, ocupados tan solo por el ganarlo. Desde las eda-
des mas remotas han sido los pueblos paslores los mas es-
forzados i belicosos; i esta misma índole se ha trasmitido
sin alteracion á los habitantes de las Pampas de Buenos
Aires, i á los llaneros de Venezuela i Nueva España.


En cuanto á la poblacion española en América, si da-
mos crédito á MI'. Humboldt ascendía tan solo á 300.000
almas cuando estalló la revolucion; pero como casi todo
el capital activo del pais estaba en sus manos, asi como
los primeros empleos eclesiásticos, civiles i miljtares , pa-




65
rece no debía haber sucumbido su dominio sin un con-
curso de circunstancias inesperadas i :aflictivas, especial-
mente la de haber quedado la España reducida por cierto
tiempo á la situacion mas apurada por las opresoras armas
(le! Coloso de Europa, i sucesivamente por las no bien
calculadas intrigas tle otros gabinetes.


Esta misma rellexion destruye el argumento de los que
apoyan su opinion sobre \a inevitahle independencia tle
los dominios de S. 1\1., en el hecho de no haber podido
sujetar los suyos la Inglaterra con todo su gigantesco im-
perio i prepotencia marítima. «Si la Gran Bretaña hubiera
«podido contar á 10 menos con 40 ó 50.000 hombres adic-
«tos á Sil causa en los diferentes puntos de nuestro pais,
"Jice el ¡¡IlglO-~lIneric,111O Brackenridge, i que estos huhie-
«ran poseido fa mayor parte deC capifaC activo, i eJ'en:;do
"los príncipales empleos públicos, habria sido infrnctuo-
«sa nuestra resistencia .•


Todavia se ofrecen al profundo obscl'Vador razones
que no son de peso inferior para persuadir de que las mis-
mas causas que hicieron perder á la Inglaterra sus domi-
nios ultramarinos, deherian haber conservado lcsespaño-
les, i en el dia contribuir á su recobro, Los Estados Uni-
dos se componian de gentes de todas naciones de Euro-
pa,ligaJas por intereses de comercio i por su propia con-
servacion : los indígenas eran pocos i vivian sin civilizacion
i sin roce alguno con Jos colonos. Esta asociacion de horn-
bres, si bien nueva i compuesta de elementos diversos, era
una en Sil esencia, é indivisible en sus sentimientos de
mirar por el fomento de sus intereses, emancipándose de
un poder estrangero cual reconocian en toda la acepcion
de la palabra al de Inglaterra.


Iudependientemcnte de este estímulo simulníneo , to-
do esteba allí prepararlo para la seosreciaa : luces,' iIJ.6-
truccion " laboriosidad, industria, comercio, poblaáon,
espíritu publico, estados parciales, asambleas populares, i
reglamentos constitucionales; solo faltaba dar el impulso,


9




66
i hacer la facil mudanza de que el Presidente del Estado
fuera americano en vez de inglés.


¿ Había alguno de estos elementos en las posesiones es-
pañolas? ¿Los tienen en la actualidad que ya han trascur-
rido tantos años después de haber quedado libres de ene-
migos esteriores? ¿Cuáles son pues las clases i de qné mo-
do concurren á ese centro cornun de union i fuerza, sin
el cual no pueden existir los paises revolucionados? Una
numerosa poblacion indígena, esclava de sus háhitos, guia-
da por sus tradiciones, humanizada con una benéfica re-
ligion , i que ve en el refulgente aunque remoto solio es-
pañol un digno equivalente del trono de los Incas i Moc-
tezumas , cuyo restablecimien to está en oposicion con su
propia inercia i con la impasibilidad de su caracter : una
reunion de africanos libres ó esclavos esparcidos por aquel
vasto continen te, sin mas ideas que las de su odio á los
blancos i aun á los bronceados indios, pero sofocado ante
el convencimiento de su nulidad hasta que los nuevos re-
generadores les hicieron conocer su importancia con in-
minente riesgo de su propia seguridad: una porcion con-
siderable .de familias mezcladas , menos amigas de los in-
dependientes que de los mismos europeos; i finalmente
los naturales ú oriundos de España identificados con esta
nacion por los títulos mas solemnes.


(! Cuál de las citadas clases ha tenido derecho para ha-
ber declarado la guerra al legitimo Soberano, al protec-
tor de la América? ¿Cuál de ellas reconocra por es tran-
gero el mando del Rei Don Fernando Vn? ¿Serían los in-
dios de Méjico, en -quienes no pudo el cura Hidalgo es-
citar en el primer ardor de su revolucion género alguno
de entusiasmo hasta que tomó el nombre de dicho Mo·
narca , haciéndoles creer que lo llevaba oculto en su co-
che, conduciendo en su vez lo que el pudor i la decencia
no' me permiten 'manifestar? ¿Serian los indios del Perú,
cuya 'única desobediencia á las autoridades realistas íué la
de insistir en arrodillarse ante el retrato de tan escelia So-




67
berano , i de prestarle aquellos actos de respetuoso vasa-
lIage que el llamado sistema constitucional habia tenido
la impolítica mira de proscribir? JSería la gente de color
de Venezuela , que para distraerla de sn sumisa dependen-
cia fué preciso persuadirla de que la institucion de sus
primeras juntas subversivas no tenia mas objeto que la de
conservar para el legítimo Monarca aquellos dominios ame-
nazados por el ambicioso Napoleon?


¿Serían los llaneros de Buenos Aires que solo se pres-
taron á la suhordinacion i disciplina cuando se les inculcó
la idea de que iban á defender aquel territorio contra las
hostiles miras de la Corte de Francia, i contra las ambi-
guas de la del Brasil, empeñadas ambas en apoderarse de
aquellos dominios, la primera para arrebatarlos del Señor
Don Fernando VII, i la segunda al p~recer para ponerlos
á su disposicion luego q1ile hubiera salido de su cautive-
rio? ¿Serían los indios araucanos de Chile que se mantu-
vieron constantemente fieles á la causa del Rei, i que aun
después de haber sucumbido todas las autoridades espa-
ñolas en América, sostuvieron Jos reales derechos hasta 1827
bajo la direccion de los ilustres gefes Benavides, Pico i
Senosiaín?


¿Quiénes eran pues los que tenian por estrangero el
mando del Rei de España r .(; Quiénes los que se creian au-
torizados para sacudir tan suave dependencia? ¿Quiénes
los que alegahan el derecho de derribar un gobierno ase-
gurado por la pacífica posesion de 300 años?


Tratándose de derecho, de justicia i de razón , todo
hombre pensador atribuirá tales gestiones á los descen-
dientes de los Atabalipas, i de los Guatimocines, á los in-
dios netos que metidos en sus escabrosas sierras conservan
todavia sin alteracion las absurdas prácticas de su idola-
tría, i que recordando pOI' tratlioion los opulentos impe-
rios de sus antepasados desean restablecerlos enseñoreé n-
dose libremente por aquellos vastos paises que consideran
como de su propia i csclusiva pertenencia. Estos, si bien




68
en cortísimo número , i aun' los indios civilizados, podrian
con alguna vislumbre de razon acometer la empresa de la
independencia: estos son los Íínicos que prulrian disputar
á la España sus derechos, si no hubieran SIdo solemnemen-
te adquiridos pOI' una costosa conquista, sancionados con
la introducciun de una benéfica religion, con la cesacion
de las sa ngrientas guerras civiles en tiue se destruían unas
tribus con otras por el afdn <le enriquecerse con sus des-
pojos , i de poblar sus harems con las rnugeres rendidas,
con la abolicion de sacrifi-ios humanos i tiernas actos de
ferocidad i barbarie r-n contradiccion el 'u la moral i con
el estallo social, j fortalecidos finalmente con la saugTtl es-
pañola derramada en aquellas playas, i con los infi nitos
bienes de que fueron portadores los peninsulares cun de-
trimento de su pol~laciou, i ruina de su industria i opu-
lencia.


Pues si ni aun los indios tienen derecho para rebelar-
se contra el Soberano español, ¿cómo lo pretenden los
criollos, que en caso de volver el pais al estado en que se
hailaba á filies del siglo XV, serian los primeros que de-
herian salir de América como hijos accidentales é intru-
sos, i tan advenedizos como los mismos españoles, con la
notable i única diferencia de que estos han fabricado un
edificio político en armonía con la I'eligiou , con la moral,
con la justa libertad , i con la paz i mútua conveniencia,
i aquellos lo han destruido por los cimientos introducien-
do la dislocacion general, la miseria i la mina?


Los especiosos pretestos de que se 11[11I valido los di-
sidentes para hacer valer su derecho de insurreccion, han
sido la opresion eil'l'cida por la España en aquellos paises,
la imparticipncian de los beneficios de que disfrutaban los
peninsulares, la preferencia de estos para los destinos, la
uinculacion. del comercio en sus manos, la prohibida inf/Y;-
duccion de libros estrangeros, la desconfianza con que se co-
municaban las luces, i la ninguna proteccion. á los america-
nos que sobresalían por s ~. ingenio ó por sus virtudes.




69
Empeño poco árduo será contesrarra.cargos.tsnmfun-


dados j i espero que en pocas lineas podré trazar. el cuadro
de la predileceion cun quc fueron tratados aquellos .domi-
nios , capn de desalucinar á cuantos se hubieren dejado lle-
var de las artificiosas arengas con que han procurado en-
gañar á la Europa aquellos falsos apóstoles de la libertad,
único conducto por el quc han sido trasmitidos los suce-
sos de su no menos injusta que bárbara revolucion.


Por lo que respecta á la decantada tiranía i opresion es-
pañola ha respondido satisfactoriamente el ilustre Campo-
manes en el apéndice á la edueacion popular,publicaao
eon mucha antelacion á la lucha actual. «Los escritores es.-
" trangeros, dice aquel insigne literato; que tantas cruelda-
" des atribuyen sobre su palabra á los españoles contra los
« indios, podrian hacer memoria de las inhumanidades he-
"ehas por los Forbanres i Bucaniers , protegidos, por ellos
<\ mismos en la Costa-firme i en el istmo de Panamd, De. esta
« suerte de insultos no se leen en la historia de Españ a" pi-los
" admite la discrecion i cordura de sus Ieyes ,ni su,siS;tcmÍl
.. político. Si aquellos escritores meditaran la templanza 'i
« escelentes reglas con que se ha aumentado el imperio es-
" pallol en Indias, sin poner nada de su casa deherian col-
tl marlos de elogios. 1 .1'10\0 es 'digno de. censura que los es·
"pañoles sean los que menos lo disfruten por no vencer
• preocupaciones i sofismas dÚ;lados por intereses 'contra,
• ríos á los de la nacion. n I en otra. parte añade i,« Vean
• también los declamadores si nacion alguna tiene leyes i
"defensas tan espt'cíficas á favor de los indios,:i si hubie-
« ra sido mas conveniente haberles llejado sacrificar sus vi.,..
• rilas á los idolos , que reducirlos al cultivo delcampo,á
.la vida civil, i al eonocimiento de la leievangélica••.


Estendiéndose el mismo autor sobre las acriminaciones.
relativas á la conquista, concluye diciendo: • Si se refirie-
«ran imparcialmente los estragos. de ·,{\lemania en la ;guer.
«ra de relig-ion, los asesinatos del¡dia .de,S. Bartolorné m
« Francia, i .las re'Voluciones· de CromweU en ljlglat~l'l"a~





" acaso estaría la-ventaja de moderados á favor de los eon-
d quistadores de Indias. Las cosas nuevas i distantes, como
« estas, era facil abultarlas i exagerarlas en odio de una na-
« cion gloriosa, i que acrecentaba su poder considerable-
" mente...


Cuando ún pueblo ha roto los diques' de la subordina-
cion , i se ha propasado á rebelarse contra su legítimo So-
berano, recurre á las armas de la detraccion i de la calum-
nia, alega pretendidos agravios, se apoya en las pernicio-
sas, teorías de algunos nuevos publicistas que admiten el
derecho -de insurreccion cuando los agobios i vejaciones
han apurado -el caliz del sufrimiento, i procura abonar
con' giros retóricos lo que reprueban las inmutables leyes
de la justiciá, i que resiste el sólido raciocinio. Ni hai cau-
sa por descabellada que sea que no pueda ser fortalecida
por especiosos argumentos inventados por fecundas imagi-
naciones, i presentados con cierto aire de deslumbramien-
to por ingenios traviesos. El mismo Napoleon hacia prece·
del' á todas: :SUS' guerras,las mas de ellas injustas i empren-
didas por sacia!' su inmensurable ambicion , un pomposo
manifiesto hinchado 'Con fútiles razones de legalidad; i si
al principió supo crear algun alucinamiento al favor de su
lógica seductiva, no fueasi luego que la Europa observó
que las elegantes frases trazadas por una pluma delicada
estaban en eontradiccion con el derecho de las naciones i
con los rectos principios de la diplomacia.


Del mismo modo debe haberse convencido la Europa
de que todas las endechas lúgubres de los disidentes de
América: para· interesar la humanidad á su favor, no son
map'que ardides mal concebidos para fomentar su causa;
que sus proeaasrevolucionarias no han tenido el objeto no-
hle de mejorar su oondicion , sino el de usurpar el poder;
que: toda esa ostentación de virtudes cívicas tan decantadas
en .sus ¿iscursos congrel:kles i en sus periódicos, es aparen-
te, es 'f~ga'L; i que sÓWpoquísimos los verdaderos republi-,
caucsv-i desédndcidos totalmente los austeros Catones.




?,I
Hai en la lengua española un refran que aunque vul-


gar hace al caso presente: "Otro vendrá que bueno me ha-
rá." Aun cuando el Gobierno español hubiera tenido de-
fectos de los que nadie está exento, i aun cuando algunas
de sus providencias se hubieran resentido de violentas, ¿po·
drian guardar proporcion con el espíritu despótico i san-
guinario que se observa en los nuevosmandatarios P¿Cuán-
(lo la administracion de justicia ha sido mas corrompida?
¿ Cuándo se ha visto el espionage erigido en sistema? ¿ Cuán-
do el padre ha tenido que ocultar sus lágl'ÍnlHs para no ser
delatado por su hijo? {iCuándo ha reinado mayoroorrói" i
desconfianza? ¿ Cuándo se han visto suplicios .sin rorma al.
guna de proceso, secuestros por anónimos, prisiones po'r
cartas ling'iclas, i sentencias de muerte apoyadas en testigos
comprados? ¿En qué época de la dominacion española se
ha visto adoptada la execrable máxima de qu'e todo lo útil
es lícito?


No será menos faeil derribar el débil edificio fabricado
por los disidentes sobre acriminaciones al Gobierno espa-
ño] por haberles negado la participaeion : de sus favores.
"Desde el descubrimiento i conquista de América habia se-
guido la España en su gohierno los mismos principios fun-
damentales, religiosos i de equidad que en la .metrópoli , sin
mas diferencia que aquella que era absolutamente; precisa
para conservar su correspondencia, 'cornunicucion i comer-
cio con aquellos dominios, siendo estas restricciones, co-
mo ya se ha observado, aun citando la autoridad dejos
mismos partidarios de los disidentes, incomparablemente
menores que en las demas colonias europeas (1).


Si la Espaiia se conformó con el sistema de las demás


(1) El hijo de un inglés nacido en las colonias br,\~ánicas no tiene
e~lledita la cilldu<laní~ en la metrópoli, al pas~ clue el de un espajio], en
cualquiera parte de los dominios de S. M. e.'que hayavisto la prime-
ra Iuz , es igual en todo á los peninsulares. Esta ventaja. es' superior á
cuantas puedan citarse en favor de los estrangeros, '."




72
naciones, ditoigidoá mantener el privilegio esclusivo en sus
productos, no fue asi en los demas ramos, sino que pl'O-
cediendo desde el principio con una conducta franca, ge-
nerosa i. verdaderamente paternal, les dió la misma forma
de gohierno.que .ella tenia, los mismos gefes, los mismos
tribunales. 'de justicia, las mismas corporaciones civiles i
eclesiásticas, las mismas universidades, los mismos colegios
i su mismo ser.


. La España como huena madre amaha verdaderamente
á sus, .hijos, i colocada en el centro de esta gran familia no
tenia mas aspiraciones que la felicidad general. Aquellos,
en !donde quiera' que hubiesen nacido, tenían abiertas to-
das las. carreras del honor i del interés que el sistema de
la naeion ofrecia sin mas desigualdad de hecho que la que
era consiguiente en sus principios rí unas poblacionus aun
poeo menos que en su infancia, i tan distantes del centro
del gobierno; por lo dernas la iglesia, la milicia, la toga
i Iaadrninistracion pública tenian en todos sus diferentes
órdenes i ministerios españoles americanos que ocupaban
105 puestos destinados á la virtud i al valor, á la ciencia i
al merito. i á veces al favor.


.Un americano del Sur, lleno de ilustracion i virtudes,
al examinar el manifiesto de independencia i de pretendi-
dos. agravios contra la España, que dieron ~í la Europa las
provincias del Rio de la Plata, hizo i publicó en 1820 las
siguientes observaciones. «En toda la América han circula-
"do Jos diálogvs patrióticos escritos por un sabio de dicho
" polis, bien conocido en él i en Europa, i publicados en
«.Méjico á fines de 1810. Con ímprobo trabajo recogió.su
"a:u,tor, i presentó en el diálogo tercero las notas de los
"americanos que en Espalía i en América obtuvieron los
,,' primeros destinos, sin csceptuar los vircinatos, Dichas notas
o:B~n.nlUiiIH::C?mpletas; pero el número dclos empleados es
,/"tan' gritt1dcquc élsolo forma la mas bi:illante apología del
":G?~iéhl?:e~paJ101, ~: dche,asombl'ar á las naciones á quie-
« nes se dirige el.ci~ólp..OJnanifiesto.~ A quién no pasmará.




73-
(con efecto la gcncrosidad ele una 'nacian que fiaba á ame-


« rica nos los Vircinatos, Capitanías generales, Presidencias,
" Magistraturas ,'Arzohispados i Obispados? (1) Que en la Pc-
« nínsula hayan mandado ejércitos, acaudillado espcdicio-
u nes , goLerllado provincias, scntádose en todos los COllse-
"jos supremos, i aun en las sillas ministeriales, i ocupado
« todo linage de destinos conforme á su.capacidad , instruc-
« cron i mérito, esta bien i era mui justo; ¿ pero Vireina-
" tos, Capitanías generales, Arzobi...pados i Obispados en


(J) En prueba de esra verdad insertamos el siguiente estado de IUi
americanos empleados en Méjico en 1311.


Empleos ocup ados por Euro- Ameri-
peas. canos.


Secreta'r'io ,lel Vireinato ........•.....
Oficiales de dicha Secrctaría . . . . . . . . . . . 4.
Escribano de guerra i Alguacil mayor ...
Escrihanos de cámara , Relatores, etc. _. 7.
Juzgado general de bienes dc difuntos.. . 1.
Id. de indios.. . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . • 2.
Juzgado ordinario de Méjico........... t.
Cabildo eclesiástico.. . . . . . . . . . . . . . . . . . 10.
T'r ilumal cclesiásticov, , . . . . . . • . . . . . . . . 3.
Regidores perpétuos , . .. . . • . . • • . . . • . . • 2.
Houornrius id,; . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . 2.
Empleados del Ayuntamiento. . .•. . . . . . 2.
Id. en el ramo de alcabalas. . . •. . . . . . . . 8.
Subalternos de esta ren ta , . . . • . . . . . . . . 7.
En el tribunal de cuentas , . . . . . . • . . . • . lO.
En la tesorería de ejército , . . . . . . . . . . • • 6.
1':11 la contaduría de azogucs. . . . . . . . . . . 2.
En la direcóulI depúlvom i lIai.pes..... 3.
En Loterías . .. . . . . . . . .. . .. . . . . . . . . . . 6.


Total. . . ... . . . 7G.


l.
10.
2.


88.
6.
9.
3.


19.
17.
12.
2.


24.
16-.
24.
64.
14.
6.


it .
22.


338.


Bajo este pie eran regidos los dernns Estados, en los ql1e solo de Obis-
pos i Arzobispos se cuentan mas de 250 hijos del pais,


Primeros empleos ecupados pl)r americanos en dicho reino i año.
Capitan comandante de alabarderos , Guardia de la persona del


Virei. Gobernador de la Sala de! crimen , Obispo de Puebla, Abad de
la Colegiata de Guarl.dupe , Rector dc la Universidad, Gefe principal
de l.a junta de Monte-pio. Presidente del Real Prutomedicato, Conta-
dor general de Prupios , Decano del tribunal de Cuentas, Gefe prin-
cipal de la Tesorería de ejéreilo, primer Oficial de la direcciun de Al-
cabalas. Director gcneral de pólvora i naipes, Director de la Lotería,


10




74
« la misma América? ¿Qué pensarán los estrangeros habi-
" tuados al lenguaje i máximas del sistema colonial iJ ti Qué
"otra metrópoli trató asi á sus colonias? Pues desde otras
.. metrópolis han salido i salen todavia los gritos incendia-
"Tios contra la tiranía del gobiern.o español sobre los ame-
• ricanos, quienes han aprendido su lenguaje i decorado
..miserablemente todas sus frases. ¿Hasta cuándo ciegos
.. mis. paisanos amarán la vanidad i la mentira?"


Aun en lo fuerte de las convulsiones políticas se ha-
llaban mandando indistintamente americanos i españoles.
Los ejércitos insurgentes se formaron de los mismos gefes
americanos al servicio del Rei. El llamado Emperador de
Méjico. Iturhide era coronel cuando se sublevó, faltando á
la confianza que en él habia depositado el Virei Apodaca
para que diera el primer impulso al derrocamiento del sis-
tema constitucional. El Presidente actual de la república del
Perú era General i comandante del Callao, cuando rindió
aquella importante fortaleza, i tomó partido con los revol-
tosos. El general Gamarra, comandante de] estado de Boli-
via, era ayudante del Virei Pezuela cuando se pasó á los in-
surgentes. Los corifeos de la revolucion en Buenos-Aires
Rondeau, Alvear i San Martin ; en Chile los Carreras, Ohig-
gins i Freire; en Venezuela los Bolivares ,los Escalonas, los
Ayalas, los Sojos , los Manriques i los Toros, i finalmente
cuantos han mostrado alguna inteligencia militar, todos se
habian formado en las filas de los realistas.


Cuando el americano Sr. Goyencche mandaba el alto
Perú, todo su ejército era del pais , i en tiempo del Señor


Intendente deOajaca., Gobernador de Colotlan , GobernAdor de Mono
terey ,id~ de Veracruz , Regente de la Real Audiencia de la Capital,
íd~"·de la de Guadalajara , un Gefe· de brigada, seis Coroneles, doce
Comandantes; i otros muchos empleados civiles i militares i eclesiás-
tlcos , cnyfl. enumeracion omito por su prolijidad; si bien no se debe
pasar por alto que· eu la aduana de Puebla. compuesta de 35 depen-
dientes, solo el Administrador D. Miguel Beruete era español.


Entre los pocosYireyes de Buenos Aires se cuenta al Sr. Vertil. ame-
ricano, i cuatro mas en Mélico.




75
Pczue!a haliia de 24 ;i 30 gefe5 americanos, i los europeos
no llegaban á 12: los mismos americanos estaban á la cabeza.
de las provincias é intendencias, escepto en tres Ó cuatro
puntos, ti igual era la deferencia que se tenia en los dernas
empleos de América ácia dichos individuos, cuya ingrati-
tud en muchos de los gef'es superó los cálculos de la pl1e-
vision , al paso que otros manifestaron con su fidelidad i
constancia la sangre noble que corria 'por sus venas.


La España pues á pesar de cuantas negras calumnias
hayan invemado tcorrosivas plumas, puede decirse que no
teniasistemacolonial. Los americanos que pasaban á la Pe-
nínsula, no me cansaré de repetirlo, luego que habianoon-
c1uido su carrera de estudios, eran admitidos en Iaadmi-
nistrucion pública, tal vez con preferencia á los mismos
españoles: asi los hemos visto i los vemos aunen el dia
figurar en todos los ramos hasta en la alta diplomacia, ha-
biendo convertido algunos contra esta nacion aquellas mis-
mas luces, rango é importancia de que le eran deudores.


Pero aun admitido que 'se hubiera establecido una ba-
lanza tan poco fiel que el peso de las gracias hubiera pro-
pendido al lado de los españoles ,¿ podrían fundar sobre es-
ta cuestion los americanos una justa queja, cuando si se
. rebajan los indígenas i las castas., genteinhabil para los des-
tinos, apenas quedarán en toda la Americade dos ·á tres
millones dc criollos, mientras que en la Península toda su
poblacion de doce malones es una misma, sin mas diferen-
cia que en su mayor ó menor educacion,estudioé inge-
nio?¿ Pues no vernos en la misma España provincias que
poco ó ningun inllujo han ejercido en los mandos i hORO-
res, i otras que pa'rece los han tenido vinculados en 'Sus
manos? ¿Cuándo se han quejado en tono insurreccional Ios
catalanes, andaluces, castellanos ó gallegos porque guar-
dada proporcion no hayan salido de entre sus paisanos tan-
tos empleados como por ejemplo de Asturias) Vizcaya i la.
Montaña?


M.e 'l?alece \\aber 'l?l:obad.o 'ha:>ta \a evidenci.a que los




76
americanos no estaban escluidos de ninguna clase tic des-
tinos dentro i fuera desu suelo; pero la sana política, la
propia conveniencia i leyes saludables i prcvisivas se opo-
nian á que los Vircinatos , Capitanías generales, Gobiernos
de provincias i Magistraturas se proveyesen en gentes re-
lacionadas en el pais por naturaleza é intercses , si bien aun
sobre este pl1nto tan importante habia muchas escepciones.
Esta medida, quedeberia haberse llevado á efecto todavia
con mas rigor en América, es la misma que se ha obser-
vado en los grandes reinos i estados, i que la legislacion
española la prescribe aun para la Península. Tan injustas
eran pues: estas quejas como las relativas al atraso de su
agricultura, industria i comercio. Para graduar i conocer
si lo qnc sc ha hecho en 300 aíios en un pais tan inmen-
so, tan distante, tan rudo i tan despoblado como la Ame-
rica, ha sido cuanto podia exijirse de un gobierno paternal
i celoso, es precisa no compararla -con la Europa, cuya ci-
vilizucion trae su origen desde las brillantes épocas de gric-
gos i romanos, i sí buscar otro punto de vista mas natu-
ral i mas próximo. Parangónese el estado actual de las po-
blaciones formadas ó dirigidas por los españoles, con el
que tenian antes de su descubrimiento: cotéjcse la vida er-
rante, feroz i bárbara de los, antiguos habitantes con el es-
tado de ilustracion , seguridad, conveniencia, regalo i bri-
llantez en qne se hallaban constituidos los modernos antes
de comenzar la malhadada lucha que les ha privado de tan-
tos heneficios debidos al anhelo.español; i se vendrá en co-
nocimiento de que ninguna. nacion del mundo habria po-
dido hacer tantos' sacrificios ni aun por 1:[ ,provincia, mas
predilecta, si trataba de conservar inalterables sus lazos con
la metrópoli.


Para que no se crea que la fuerza de 'estas, razones es-
triba meramente en gratuitos, asertos de .quien escribe en
la capital -de España iá la sombra del gobicl'1lo, citaré pa-
ra los dos puntos de comparncion que se km indicado, la
autoridad de dos corporaciones respetables , cuales son




77
el consulado dc JIJjico i los editores del periódico litera-
rio titulado Revista de Edimlmrgo, publicado en Escocia.


Dice el primero cn su informe dirigido ú las Cortes de
Cadi'l en 181 1: "El lilas escrupuloso indagador de la de-
« eantad« opulencia americana antes de la conquista , si
« quiere por un momento sacrificar sus pasiones i rcsenti-
"mientos á la pura verdad, hallará que aquel continente
« era un desierto espantoso, ó un pais desaprovechado é in-
"culto en manos de diversas tribus errantes i bárbaras, cm-
" pleadas en la caza i en la guerra, sin sosiego, sin.vcon-
« cierto ni comunicacion ,sin comercio ni caminos, Si11 agl'Í-
n cultura ni g'anac1eria, sin artes ni industria, i preocupa-
n das con la mas rabiosa supersticion de ritos i ceremonias
n insultantes á la razon i ,á la misma naturaleza, de regla-
n mentos malvados, absurdos i locos, i de prácticas cuyo
« conjunto hacia un cuadro abominable de todos los erro-
« res i atrocidades que consagró la gentilidad en diversas
« partes i tiempos; que los imperios del Perú i :l\Iéjico,
\< únicos en América, no eran mas que la reconcentración
"de una tribu mas briosa, mas numerosa, mas prevísi"a
'ó mas afortunada, afligida siempre por enemigos irrecon-
u ciliahles , i que para su propia eonservacion se reunió
« toscamente en sociedad. Empero la ambician de los gefes
« combinada con la codicia de los ausiliares del ciego fana-
l( tismo sacerriotnl , i dc las pretensiones de los guerreros,
«produjo el sistema mas monstruoso de nrlministrncion ,
.. donde reinaban á un mismo tiempo la mas inicua tiranía
!( del trono, el mas (1csenfl'cnado despotismo feudal, la mas
« sangrienta i ter-rible su pcrsticion, 1la mas desoladora liccn-
.. cia militar. El desdichado indio en presa á todas estas ca-
- lamidades era el juguete de tantas i tan brutales institu-
• cionos , esclavo del gobierno, siervo de los señores , vícti-
« ma de la cuchilla sacerdotal, i blanco de los escesos de
"la soldadesca desenfrenada, sin propiedad en sus bienes ni
" en su familia, sin alimento, ropa ni abrigo, sin fuerza
« física ni moral, sin e.speranzas ni deseos, sin amor ni afee-




,.,8
"
'( tos paternales, sin cornpasion ni ternura por el proJlrno,
" sin apego á la vida, i semejante en fin á un animal in-
" mundo, revolcándose en el cieno de la sensualidad, de la
« borrachera, de la dejadez mas apática, i de una total in-
o diferencia en el porvenir, divirtiendo su sombrío humor en
« espectáculos sangrientos, i saboreándose brutalmente en la
« carne hu mana, i alguna vez en la de sus mismos parientes .»


Los editores de la Revista de Edimburgo al examinar
en 1811 el ensayo político de las obras de MI'. Humboldt,
espresan de este modo el brillante estado en que se halla-
ban nuestras posesiones ultramarinas cuando estalló la in-
surreccion: « Una guerra civil vária en sus sucesos, empero
n manchada toda ella con crueldades i despojos, ha dividi-
~ do los colonos i los ha armado en mutuo dafio. La san-
" gre ha corrido profusamente en el campo, i sin piedad so-
n bre el cadalso. Provincias florecientes cuya riqueza i ci-
n vilizacion crecia á largos pasos ahora poco, se ven al pre-
n sente víctimas del furor de los defensores de su libertad
"i de los enemigos de su independencia...


Otra de las medidas gubernativas que se presentaba ~i
los americanos con todos los caracteres de dureza i veja-
cion era el privilegio esclusivo de los españoles para el co-
mercio con aquellas regiones. Prescindiré por ahora de lo
sancionado que se halla aquel principio por la práctica cons-
tante que en el sistema colonial observan todas las nacio-
nes, i 10 discutiré política i económicamente. Siempre solí-
cita la España por sacar de la América meramente aquella
parte de provecho que no estuviera en oontradiccion con
la prosperidad del pais , apenas recibió razonadas represen-
taciones que demostraban la necesidad i conveniencia de
destruir el monopolio que hacian los opulentos comercian-
tes de Cadiz , Méjico i Lima, empezó a templar sus leyes
prohibitivas desde el año de 1765, cuyos efectos fueron que
se repartiesen dichas ventajas entre toda clase de personas
activas é industriosas, quienes contentándose con una mo-
derada ganancia en sus especulaciones, hicieron refluir con




79
ahnndancia todos los génel'o~ europeos, poniendo sus pre-
cios al nivel de los productos territoriales, i despertando
por este medio la energía de los naturales bastante ador-
mecida por las trabas anteriores.


Ya por una Real orden de 23 de febrero <le 1706 se
habian quitado los derechos á los aguardientes de la Ha-
bana. En abril de 1774 se concedió igual beneficio al pa-
lo dc Campeche, pimienta, cera, carei i achiote. En el
arancel de 1776 se acordó, que los nuevos. efectos. que se
trajesen de América á España fuesen libres de derechos á
su entrada. La plata copella i el oro tuvieron libre estrac-
cion para la Península desde agosto de 1778. En este mis-
mo año se dió el regbmento pa¡'a el comercio libre. En
1785 se declaró la franquicia de derechos á todas las pro-
ducciones naturales é industriales de las Islas Filipinas el]¡
el giro de su compañía. De igual beneficio disfrutaron los
cueros al pelo desde abril de 1792<' Por otra '.,Real ·Cédula
de marzo de 1796 se estendió aquella ventaja al lino i cá-
ñamo quc se cosechase en América, asi como á la harina
i dinero que se estrajese de VeracrUz, en virtud de otros
dos decretos de abril del :mismo año, i de diciembre
de 1797-


Por R.eales órdenes de 23 de agestó de 1796 i de 3
de enero de 1797 se concedió á los americanos la facul-
tad de hacer espediciones para los puertos habilitados de
la Metrópoli con cargamentos de frutos i producciones, i
con retorno de efectos, del mismo modo que lo ejecuta-
ban los españoles dscde la Península.


En setiembre de 1803 i abril de 1804 se quitaron los
derechos al algodon, café, azucar i añil: en diciembre
de 1gIl á todos los frutos i producciones de Costa-rica
que se espartasen por el puerto de Matina ; i en 1817 á
los añiles de Guatemala.


Ha habido otros muchos reglamentos temporales, que
si bien han sufrido algunas variaciones segun las épocas i
circunstancias, demuestran que el sistema mercantil de Es-




80
paña no ha sido absolutamente prohibitivo, i (iue si no
se habia hecho mas en este ramo, se (lehia :í [os deteni-
dos cálculos de hombres de tino é inteligencia en la cien-
eia económica, que reuniendo 1::1 filantropía mas 1'(,C0\11CI1-
dable al raciocinio mas exacto, nconsejaban que se .debia
conceder á los americanos tan solo aquel gJ'ndo de liber-
tad comercial que mantuviera al nivel los intcrr-ses de ambos
mundos ,evitando un estrcmo vicioso que privase á la Espa-
ña de .sus ventajas, i á la América de su verdadera riqueza.


Pera dejemos á un lado la conveniencia de la Metrópo-
li, i concreté monos á la de los mismos dominios tras-atlan-
ticos, Los profundos 'políticos que conocen bien aquellos
paises opinan que no les conviene una libertad absoluta de
comercio, i la ha resistido i resiste aun al I)I'esente lain~
mensa inayoría de, aquellos pueblos. Cuando se trató del
comercio: libre. i-sin restriccion en las Cortes de Cadiz de
1 81xsb opusieron 105 &iguientcs argumentos. "La ~ueva
«España' tieneseismilloues de habitantes: los cinco i me-
"dio no quieren el comer:cio libre. Cuatro millones consu-
• men efectos ,del, pais 1 Í hacen circular 28,760.000 duros,
«único"dinero que conservan pór; medio de 'sus rnauufactu-
"ras: el comercio libre les quita esta circulacion, atrasa la
• agricultura, deja sin medios de subsistir al crecido núme-
-rode los que se ejercitan en la 'arrierta , imposibilita los
.medios de que progresen las, :provincias internas, da pOI'
« tierra con las importantes fabricas del P¡ÚS; luego es per-
"judicial. u


Ig'uales razones han militado con respecto á la Améri-
ca del Sur: la abertura de sus mercados ha producido
unas ventajas momentáneas; ha proporcionado el primer
año un aumento considerable en las aduanas, con el. que
los disidentes han salido de sus apuros; mas como los
puertos se llenaron al instante de toda clase de efectos,
cesó enteramente la recaudaeion , i Ileg'aron al último pun-
to los agobios pecuniarios, i á su total ruina la industria
nacional.




IJo acertado de los cálculos de nuestros hacendistas an-
tiguos se vió en Buenos Aire« luego que el Virei abrió
aquellos puertos á los cstrungcros. D. Miguel Ag'üero, apo-
derado del Consulado de Cadiz, en Sil representacion con-
tra una providenoia tan impolítica profetizó en 180g co-
rno consecuencia de la misma los movimientos subversivos
de las provincias del Ilio de la Plata, Aquel virtuoso su-
geto fue zaherido amarg:Hnente, i aun insultado pOl' uno
de los primeros corifeos de la revoluciou (1), atribuyendo
á falta de patriotismo lo que era efecto de una sag:lz pre-
visiono Empeco lo que mas admira i demuestra los desva-
rios é inconsistencia de los rebeldes americanos son sus
mismas contradicciones. Hé aqui como se esprcsaba poco
tiempo despues aquel furibundo republicano (2): "El es-
"trangero no viene á nuestro país á trabajar por nuestro
"bien, sino á sacar cuantas ventajas pueda proporcionar-
"se. Recibámosle enhorabuena, aprendamos las mejoras de
«su educacion , aceptemos las obras de su industria, i fran-
• queérnosle los frutos que la naturaleza nos reparte á ma-
«nos llenas; pero miremos sus consejos con la mayor res el'.
«va. Aprendamos de nuestros padres; i que no se escriba
•de nosotros lo que se escribió do ellos con relacion á los
«Cartagineses:, 1 el comercio afectando , entrar, vendiendo,
«por salir mandando".


Todos los cálculos de los nuevos regeneradores se han
malogrado: ellos creian ser Jos duchos del comercio, i vin-
cular en sus manos las ganancias i la riqueza; ¿pero cuál
ha sido el resultado? Que los estrangeros han ido adqui-
riendo cartas de ciudadanos, que aquellos fátuos repuhli-
canos se han apresurado á concederles, figurándose poder
fomentar por este medio la emigracion europea, habiendo


(1) Dr, D. Mariano Moreno, vocal secretario de la primera junta
rebelde de Buenos Aj, es, en su represeutacion hecha á nombre de los ha-
cendados en 30 dc setiembre de ISO:}.
~2) .En la gaceta de Buenos Aires de 20 de setiembre de 1310.


r l.




S2
logrado en su vez el fatal resultado de que los naturales
hayan sido alejados gradual mente de las consignaciones i
negocios hasta el punto de ser en l.i actualidad unos es-
pectadores indolentes de la industria de sus nuevos hués-
pedes.


Segun las vanas teorías (fue hablan sido adoptadas en
los nuevos Estados como principios fijos de buena admi-
nistracion i sólida prosperidad, ¿quién podia figurarse cuan-
do se abrieron aquellos puertos .i todas las naciones que
á los siete anos de goce de tan decantadas ventajas se ha-
bia de oir de la boca del mismo Congreso una confesion
tan bochornosa corno la que hizo en su manifiesto á los
pueblos en 1816? "j Que las importaciones estrangeras cs-
• taban estancadas en los almacenes por falta de consumi-
"dores! i que el erario sufria un quebranto enorme en sus
"ingresos! j que sobre las fortunas particulares se recarga-
"ba el peso de nuevas contribuciones causadas por las ur-
«gencias cada vez mayores! j que el comercio i la industria
"apenas respiraban! i que todas las clases del Estado se ani-
"quilahan i consumian! i (Iue el pais devastado i exhausto
• no presentaba sino la imagen de la desolacion, cuyo tris-
q te cuadro alejaba de aquellas costas á los negociantes por
"no hallar un objetodeinteres á sus especulacioncs l »


¿Podria el enemigo mas encarnizado de los disidentes
hacer en menos lineas una descripcion mas aflictiva i pa-
tética de los males que les ha acarreado su injusta rebe ,
lion , i de los tristes efectos producidos por' la libertad ab-
soluta de su comercio?


Pero aun contrayéndonos al estado presente, ¿ cuáles
son LIS ventajas que nos ofrece la abertura de sus mer-
cados. en cornparacion del estado de pujanza i vigor que
ofrecian los mismos (salvo algunas épocas i circunstancias)
cuando se hallaban cerrados? ¿ Dónde está la opulencia
americana? ¿Dónde la fuerza i pr05pcl'idad tan consenti-
das i anunciadas enfáticamente á esos pueblos luego q~e
hubieran sacudido la dependencia española? Diez. i nueve




83
años de existencia libre del supuesto yugo lleva la repúbli-
ca de Buenos Aires, once la de Chile, llueve la de M0jico
i Guatemala, seis la de Colombia, i cinco la del Perú. ¿I
cuales han sido sus progresos? El abatimiento i la miseria
genera! (1). ¿Cuándo pues lle¡;arán á convencerse los pue-


(1) En comp rohaciou o" esta verrlud trascribiré litcralrneure el ad·
junto arriculo , estra cturlo de uu periódico de Montevideo de 13 de di-
ciembre de I fl2Q, el 'loe de ningua modo debe P'lJ ecer sospechoso á
los enemigos de la España.


La. Gaceta mercantil de Buenos Aires de :) de diciembre de 182~
dice:


El s,¡bado tÍ la, {)el. la tarde salió S. E. el Sr. Gohernador provisorio, á
la cabeza como de coa ho mbres de cabr.Iieria con direccion rÍ la guard:a del
JUont", donde parece 'fue se /t"lla el Sr. Gobernador Dcrrego COIl parte de S1l


fuerza. El Brigadier ge'lcral D. b-Jartin Rodáguez, i los coroneles Rauch- i La
Madrid acompañan al Sr. General Lavalle, El Gobierno provisorio lea si-
do delegado en la persona del Sr. Almirante Br oion , Una compruiia de ciu-
dadanos mandada por D. José Gallardo ha hecho la guardia de honor en el
Fuerte , desde que entró el Sr. Gobernador delegado.


.


Rtjlexiones de los redactores americanos•
• Cuando los hombres, desconociendo sus verdaderos intereses, ó


por mejor decir, los de la sociedad, no escuchan otro consejo que el de
'~us pasiones mezquinas, son incalculables los yenos que pueden co-
meter, i las calamidades que necesariamente deben seguirse de tan fu-
nesto trastorno. El gran pueblo de Buenos Aires, centro de las luces
modernas, i morada de los íilosofus del dia, nos ofrece una prueba in.
equívoca de la "er,bd q'le acahu mos de aducir. ¿Cuáles han sido las
ventajas que ha repor-tado desde el dia en que alli se pronunció la he"
chicera voz de libertad? ¿Qllé felices adelantos se advierten en SIl sis-
terna, despues que se ha separado de la Metrópoli espario ln P ¡Vergüen.
za da recordarlo! La paz, la abundancia i la moral huyeron de su seno.
S;guiéronse el lujo, los vicios i la iniquidad. i Por do quier crímenes é
infortunios! por do quier un cuadro horrible! i en esta posicion lamen-
tahle cuenta ya casi veinte i cuatro oscilaciones revolucionarias, sin ha-
her avanzado una línea ácia el punto de sus aspiraciones. i Triste repú-
blica! Yo te comparo en mi idea con un enfermo casi exáuime, á quien
cuantas mas drogas se le suministran para restituirle el vigor, tanto
mas pronto le arrojan á la huesa•


• De facto, ¿qué otra cosa. debe esperarse de aquellos que en la grave




8Lí
hlos de que torla providencia por benéfica que sea en su
esencia, se hace viciosa i perjudicial en sus efectos, si se


enfermedad polirica que esper imentan solicitan su curacion á virtud de
remedios violentos? El ataque dado á la autoridad últimamente, nos
conduce á inferir resultas mui serias. Susrituido el mando de Dorrego
en el General Lavalle, este lo delegó en el Almirante Brown por la ur-
gencia de correr á impedir que el primero haciéndose de fuerza armada,
regrese á Buenos Aires á vengarse del partido que le depuso. Parece
imposible, pero ello no tiene duda; i lo que mas sorprende, lo que lla-
ma mas nuestra atenciou es el (Iue se halle tan escasa de hombres la
República argentilla, que sea necesario apelar á un inglés para ocupar
el destino de primer funcionario. ¿Qué es esto? ¿Hasta dónde te con-
duce, ó ciudad malhadada, el oprobio de tu situacion? ¿ Qué se ha he-
cho el patriotismo de que tanto blasonaban tus regeneradores? i Ah, se-
mejante á un fuego fátuo, se inflama i disipa al soplo de su propia in-
consecuencia ; pohre, pobre Buenos Aires!


* Disculpen, i hasta encomien á su placer los sectarios de asonadas
el hecho atentatorio que nos impele á esta crítica: nosotros sin meternos
.. discutir si Dorrego procedió bien ó mal: sí era tirano, Ó no lo era: si
debia ó no obligárSele á renunciar el mando; jamas aplaudiremos que una
faccior, subversiva á nombre del puehlo , i en circunstancias espinosas,
se haya erigido la árbitra, para suplantarle , ¡ colocar en el gohiemo á
otro. Si una tal disposicion emanase del Cuerpo representativo, en bue~
na hora; ¡pero de un monton de soldadesca!... Desenga'ñese la Repúbli·.
ca ó los republicanos : interin no se oponga un muro inaccesihle á estos
eseesos en la refurma de las institucioues , la tranquilidad pública siem-
pre se verá perturbada, i al fin vendrá á hundirse en un e¡;pantoso caos,
de q'le no podrá salvarse, i en el cual encuentr-e ¡;U eterna ruina. i Oja-
lá que los orientales, estremecidos al recuerdo de esta prediccion , 'un
el plantel de un sabio código fundamental, eviten que uu día se vcrin:
que tambien en ellos! Así se lo deseamos de corazon , aunque por nues-
tra pronta ausencia de Montevideo, no hemos de ser testigos de nada.»


Clos« dei autar, ¿Pnede hacerse una declaracion mas vergonzosa? í A
qué estado de ahyeccion habrá llegado Buenos Aires CUándo aquel go-
bierno revolucionario no tiene fuerza para impedir la circulaciou de unos
escritos, que arrojando sohre él horribles manchas é ignomiuía, forman
f'lmayo~descrédito <le su causa!




85
arranca por la violencia? ¿Cuándo se desengaúaráll de que
todo acto revolucionario convierte en tósigo el mismo
antídoto indicado para sanar las llagas P ¡ Cuánto mas útil
hubiera sido á los nuevos filósofos americanos haher es-
puesto respetuosamente sus dolencias, haber hecho pre-
sentes los remedios tIue tuvieran por mas eficaces, i haber
implorado la generosa protección del Monarca legítimo,
quien desde el momento en que salió de su cautiverio, i que
pisó el territorio español, empezó á ocuparse con peteme!
solicitud de la felicidad de sus dominios ultramarinos! ¡Cuán-
tos desastres se habrian ahorrado á las familias, cuántos
desacatos á la religion i á la humanidad, i cuántas man-
chas á su propio nombre! j Cuán diferente sería el estado
actual de América si los disidentes hubieran oido la voz
de un Soberano tan bondadoso que siempre ha estado
dispuesto á hacer en bien i obsequio de sus pueblos toda
clase de sacrificios compatibles con el decoro de su Co-
rana, i con la felicidad general!


Donde lilas resplandece la beneficencia, la generosidad
i la grandeza de alma del SI'. D. Fernando VII es en las
instrucciones dadas. al general Morillo cuando fue envia-
do en 181 tí :i pacificar la América. « Córrase un velo im-
e penetrable, dijo el augusto Monarca, sobre todos los pa~
e sados desaciertos: no se derrame la preciosa sangre de
n mis amados pueblos de América: agótense todos Jos me-
• dios de la dulz\ll'a: proruetaseles , i se cumpla rc1igiosa-
• mente la mas decidida proteccion , aun con preferencia á
e mis vasallos peninsulares: óiganse todas sus (luejas i re-
• clarnaciones : socórranse profusamente las públicas necesi-
• dades: repártanse con igualdad los empleos i gracias: abran-
• se las puertas de la reconciliacion aun á los mas obstina-
.dos, aun á los que en su fiebre revolucionaria se han
u cebado en las inocentes víctimas cspniiolas : propónganse-
•me los medios de cicatrizar las llagas, i de dar nuevo im-
«pulso á la prüspericlad de aquellas regiones: que vuestro
«norte sea la paz, vuestras guias la moderacion i templan-




86
« za, vuestros ausiliares la pcrsuasion i el exhorto, vuestro
"noble aguijon la clemencia, i vuestro triunfo el estable-
"ci miento de la mas cordial, de la mas pura i de la mas
o sólida fraternidad entre los hijos de ambos continentes.
"Que la oliva sea la señal que anuncie vuestro regreso, i
"no funestos laureles cogidos sobre mis propios súbditos,
,,1 si á pesar de mis generosos sentimientos el hado adver-
"so trocase en desprecio i terquedad de los revoltosos lo
"que es efecto de los estímulos (le mi corazon; i si la fuer-
J( za imperiosa de las circunstancias os obligase á tomar el
« último i doloroso recurso de sacar la espada, tenedla
"siempre pronta á volverla á la vaina; que vuestros brazos
~ jamás se nieguen á estrechar á los arrepentidos, ni vues-
«tra mano á firmar el pcrdon , aunque ;¡Igunos abusen una
"i mas veces de tanta bondad. Quiero finalmente que si el
"mundo me ha· de acusar de algun error). me acuse de pie-
o dad, no de rigor (1).»


Pero volvamos Ji describir la apurada posicion de los
nuevos Estados: todos ellos han debido abrir ruinosos em-
préstitos para sostenerse, sin que haya producido mas be-
neíicio que el de enriquecer á los especuladores i manda-
tarios, i el de comprometer á las naciones que tan ne-
ciamente han fiado sus caudales para sostener el vicio i
la inmoralidad.


(1) Tales fueron los snblimes sentimientos de nuestro augusto Mo-
narca consignados en aquella época; tales son en el dia , i 10 serán eter-
namente. De tanta nobleza i clemencia no se hallan ejemplos, sino re-
montándose á los tiempos brillantes del Imperio romano en que flore-
ció UlI Tito, quien por complacers e en eoufundir con un generoso per-
don aun á los reos de lesa Magestad, mas bien que con terribles castigos,
mereció el renombre de tt Delicias del Mundo;»


El General Morillo correspondió en cuanto le fue posible á 1" con-
fianza de su Soberano I i lo cnmprobó el generoso perdoaconcedido
al bárbaro Arismendi, autor del sacrificio de 800 españoles en la Guai-
ra, asi como en cuantos casos se lo permitió uu celo discreto que deja-
se cubiertos los Reales intereses. Los malignos tiros de venenosas phi-
mas nada pueden contra la realidad de los hechos.




87
HIlO de los primeros corifeos de la revolueion meji-


cana, tan amable i caballeroso en su vida privada, como
criminal en la pública (1), dejó traslucir las ideas que ani-
man á los gefes de los nuevos gobiernos, declarando con
mi mayor sorpresa en una tertulia de Londres ~i la que asis-
tí accidentalmente, « que él no estaría contento ni ten-
dria confianza en la estabilidad de lo que decia ser en gran
parte ohra de sus manos, si no conseguia que Méjico lle-
gase á deber de. 200 á 300 millones de duros á la Euro-
pa; i añadiendo «que este i no otro era el medio de que
q sin ningun trabajo ni riesgo pudiesen ellos disfrutar tran-
"quilamente de los ópimos frutos que se prometian sacar
«de su independencia."


Los especuladores europeos, acostumbrados á mirar á
los españoles con siniestra preveneion, é inclinados á dar
siempre á una impostura brillante la preferencia sobre el
mérito verdadero, ignoraban seguramcnte que la escesiva
beneficencia de nuestros augustos Soberanos habia conce-
dido á las Américas universidades, colegios, academias y
demas establecimientos cientificos ; se fig"uraban ver en los
americanos unos seres mui inferiores á los peninsulares,
i por lo tanto , segun ellos , poco distantes de la crasa ig-
norancia i embrutecimiento, i sobre todo exentos de ca-
btllas i de intrigas: asi es que cayeron fácilmente en la
red que les tendieron aquellos astutos agentes, i les abrie-
ron sus bolsillos para toda clase ele proyectos trasatlanti-
cos , seguros de nlisorver en poco tiempo todas las rique-
zas del nuevo Mundo. i Pero cuál ha sido su sorpresa al
observar que sus millones se han empleado en atizar las
guerras civiles, en saciar la inmensurable ambicion de los
gobermUltes, i en socabar por los cimientos el mismo edi-
ficio republicano! j Cuál" su amargo' desengaño al ver to-
talmente malogrados. sus: gigant.escos planes, i al examinar
por sí mismos .que aquellos genios atrahiliarios solo tienen


(1) Don Miguel Cavaleri,




88
habilidad i disposicion para rIestruir , i que son incapaces
de crear (")! ¡1 cuál finalmente Sil sentimiento de haberse
dejado alucinar por la prnfesion verbal de virtudes repu-
blicanas que nunca han tenido, ni está en su índole ad-
quirir!


Felizmente ha reconocido la Europa con tiempo el
error en que se hallaba con respecto ~í los dominios es-
pañoles en América; los apóstoles dc la revolucion han si-
do reconocidos por los flancos que encubria débilmente
el velo sutil del maquiavelismo. Cesó pues el fatal empeño
de comprometer sus intereses con aquellos gobiernos; solo
subsistirá su aparente adhesion el tiempo necesario para re-
cog'cr parte de sus capitales tan equivocadamente emplea-


(.) El Doctor Qnij~no, uno de los genios mas turbulentos tleAméri.
ca, i Secretario que fue del gobierno rebelde de Quilo, desengañado de
su fatal error cuando 1:1 fiehre corporal tomó el lugar de la revoluciona-
ria, dió á su confesor con todas las formalidades necesarias que justifica-
sen la verdad, un manifieste muí precioso del que citaré tan solo el si-
guiente párrafo•


• En la asombrosa variedad de nuestras trasformaciones políticas he-
mos tenido sucesivamente juntas, cungn;sos, divisiou de poderes, COllS-
tituciones i toda la baraunda de disposiciones relativas á uu gobierno
representativo i popular; peru nada menos hemos sahido que glJLern~r
bien: hemos ten: do muchos empleados i mandones; pero no hemos sido
Illejores ni mas [dices. La política nueva i superficial ha pretendido va-
namente formar Estados-Unidos de nuestrns provincias divididas en
opiniones é intereses, adoptando cjpgarnenle el sistema federativo, Este
es un bello ideal, que tanto deslumbra i arrebata.sin consultar la c~pa·
cidad moral i política de sus habitantes, mezclados de tantas castas es-
trañas, i separados en distintas condiciones, i sin atender á la variedad
de circunstancias en que nos hallarnos los americanos españoles respec·
to de los anglo-americanos, cuya moderna constitucion la aplauden i
recomiendan con tanto entusiasmo nuestros.brillantes publicistas, aun
sin conocer bien, i sin demostrar que ella sea la mejor, la mas adecua-
dai permanente; Es preciso pues que recouozcarnus i confesemos ¡Í pe-
sar de nuestras vanas alucinaciones, que nosotros solamente hemos sa-
bido desorgauizar i destruir, i no edificar sólidamente ¡ i en una pala-
bra, deslumbrarnos, estraviarnos i perdernos.•




89
dos; i considerándolos como presa de un naufragio impre-
visto, se darán por mui dichosos si reciben por ganancia
de lo perdido sus despojos. Cesará así mismo esa mal con-
cebida codicia comercial. i Cuántos buques se han visto re-
gresar sin haber desembarcado sus cargamentos! j Cuántos
otros han .perdido sus capitales i aun parte de los gastos;
i cuántos negociantes han tenido que vender sus efectos
á precios mas bajos que los de primer costo en la fabri-
ca! En la ciencia económica se equivocará siempre quien
DO sepa hacer una justa aplicación de los principios. Hai
en dicho ramo brillantes teorías apoyadas en bases fijas del
raciocinio, que planteadas en ciertos puntos i paises SOn
productivas .de felicidad, i en otros de ruina. La contri-
huciondirecta, tan recomendada por Smith, Say, Bentham,
Filangieri , Gioja. i pOl'otros publicistas muí acreditad<is
(como que debe gravitar con iguald-ad sobre las clases ¡.
pudientes, i no sobre fas menesterosas), fue con todo mui '.: /
fatal al llamado gobierno constitucional, quien hubo de ',",
reponer la contribucion indirecta, como de mas suave eje~
eucion aunque nada equitativa en su esencia. Otros mu-
chos ejemplos se podrian citar de los desaciertos que se
cometen en las alteraciones de sistemas de comercio , de
industria , de' agricultul'U i demás secciones' de 'la Jracien-
da, aun cuando se mida el terreno con el mas recto com-
pas de la justicia, i se reduzcan los cálculos á mía certe-
za matemática. .


Pero contrayéndomeála codicia de los estrange-
ros 'en sus empresas comerciales con la América española;
que tan erradas les han salido, comentaré las siguientes
rellexiones que se les ofrecieron apenas fueronabiel'tos
aquellos mercados, i que si bien justas en apariencia han
correspondido tan malamente á sus esperanzas. "Los espá'"
«ñoles, decian ,compraban los efectos franceses é ingleSés.1
"i ganaban un 30 por 100 vendiéndolos en América'; Iue-
a go si nosotros franc-eses é ingleses los llevamos 'en dere-
«chura á aquellos puertos, disfrutaremos dé dicha ganan-


12


,~.;.~
~.~~." \ ~





"cm adenias de la primitiva: vaciemos pues todos nuestros
"almacenes, i seamos los primeros en coger aquellos fru-
« tos. " En virtud de este silogismo vestido con todas las for-
mas lógicas hicieron á toda priesa. espediciones escesivas , i
tan mal calculadas, que si bien tuvieron alguna ventaja
1:05 primeros buques que arribaron á las playas del nuevo
Mundo, fueron gradualmente descendiendo los precios has-
ta quedar reducidos al estremo indicado de volverse algu-
nos á Europa con los mismos cargamentos.


Los negociantes españoles i aun los criollos que vie-
ron fríamente la ceguedad con que los estrangeros se arro-
jaron sobre la América, formaron una especie de liga tan su-
til i bien combinada, que llegaron á darles la lei completa-
mente. El antiguo sistema de comercio fue sin embargo
trastornado para todos; se perdió aquel sabio equilibrio
en que nuestros españoles supieron mantener la balanza
de las importaciones con las esportaciones, i no volverá á
su nivel mientras que los estrangeros no cesen de reme-
sar directamente á aquellos paises. Ya parece que se ha-
Dan bien convencidos de esta inalterable verdad; ya han
yistoque nunca sacaron un partido mas seguro ni mas
ventajoso qlie cuando no se entrometieron en el comer-
cio de la América española; i han llegado á conocer que
no puede haber verdadera i sólida ganancia para ellos, .si-
no vendiendo sus efectos á los españoles, para que res-
tablecido el antiguo método puedan estos nivelar los pre-
eios , de modo que no perjudiquen á la industria ni al gi-
]'0 nacional. Este equilibrio, repito, solo pueden mante-
nerlo los españoles á causa de la íntima unían en que han
vivido siempre) de su mayal' conocimiento del pais , de
su sólido crédito i opinion , de su sobriedad i perseveran-
te industria, i de la gran práctica de aquella clase de ne-
gociaci6nes. Limítense pnes los estrangeros á una modera-
{la ganancia, i no correrán riesgo alguno sus intereses:
conténtense con el huevo de oro de la fábula, i podrán
fomentar SUS fáhricas: entablen de nuevo sus antiguas re-




91
luciones con los honrados capitalistas españoles , i será se-
gura la salida de sus efectos.


Siendo tan importante en el dia esta cuestion , haré al-
gunas ampliaciones, aunque incurra en el defecto de que
se I'cpi,ta una parte de las ideas ya vertidas.


Los especuladores codiciosos que anteponiendo lo util
¿Í ]0 honesto han protegirloabiertamente la independencia
amcricana , han tenido los mas tristes desengaños de la fa-
lacia de. sus cálculos, i de que una logreria torpe rara ve?
deja delestrellnrse, Hahrá· pocos al' presente que no -esten
arrepentidos de la parte' activa que tan impolíticamente
han tornado en la emancipacion de -la América~ española..
Cada dia son mas odiados los mismos agentes favorecedo-
res de ella. Todo americano al ver un estrarigero se figu-
ra hallar en él un aventurero que no ha sido conducido
al pais por otro fin· sino el de llevarsele su dinero i ha-
cienda: de esta desconfianza, i de la diferencia de idioma,
caracter , costumbres i religion nacen á veces lances los
mas serios que comprometen su tranquilidad, sus intereses,
i hasta su propia existencia. Empero considerando' las co-
sas bajo el' aspecto general político, es digna de' ocupar un
lugar 'en' este discurso la .resolucion que dió al problema
de las colonias el profundo napolitano Filangieri en el se-
gundo tomo de su obra titulada Ciencia de la legislacion,
publicada en 1780. Es tal la exactitud de su raciocinio, i
de tal modo IIa conespondido el éxito á la acertada pre-
vision de aquel insigne literato, que me ha parecido con-
veniente insertar íntegro este curioso artículo, marcando
distintamente aquellas líneas que forman el verdadero CU;l~
dro actual de las posesiones españolas.


"Si las colonias inglesas quedan independientes, ¿ quiélt
«podrá contener las de los españoles, portugueses i franca-
«ses? Brillando una vez en la América anglicana el relarn-
«pago de la independencia, ¿no comunicaria su luz á todo
«el resto de aquel vasto continente? ¿No se declararia en-
«ronces toda la América independiente de la Europa? ¿.Qué




92-
« sena en tal C:1SO de nuestro comercio ~ ¿Qué podrianros
" permutar p;lr nuestras producciones ~ .¿ Con qué podriamos
"pa;;ar á los propietarios del Pcrú , á los dounuadore» del
« Brasili' ¿ Acaso con nuestro.'¡ frutos ji Pero la m:lyur parte
« de estos se darían asimismo en .aqucllos paises lllego que
"su agric!lltura fuera puesta en acciono ¿ Con nuesteas ma-
« nufacturas , COI) nuestras artesP: Pero estas ya florecen 'en
« la Pensilvania á pesar del estrépito de las arruas i de los
«.horrores de la guerra., ¿Les pagarémos por ventura con los
n produetos-dcJas Indias orientales ~ Pero, la 'pérdida' de la
"AméJ'ica no~.privarja.tambien de este comercioque nos-
"otros no sostenemos sino á sus espensas. Sin las.minas del
« Potosí no podríamos condimentar nuestros manjares cun
"los aromas del Asia, ni vestir las preciosas telas del Coro-
" mandel, El comercio pues de toda la, Europa podl'iil.per~­
- cer con el de 1<:>5 ingleses, si.estos, pierden suseolonias.r].
e:..con todo el espíritu de rivalidad ha obcecado de tal modo
" alos gobiernos, que algunas naciones de Europa se atreven
~ á preparar los materiales' que servirán un dia para fr~'guar
" su ruinaj.i, estienden su imprevisión hasta elpunto de ofre-
'..cel! una.mano intrépi~a i¡Jos. artificc,s de sus-cadenas.


. <Obseniandó, la.cuestionpor la parte de: las.oclouias-ha-
«Ilarémos que cuándo sud.ependencia de la Gran Bretaña
..fuera cual debiera ser una dependencia de gobierno i no
"de esclavitud; que cuando la libertad de su comercio i
.. S'IS derechos fueran tan respetados por su madre como
"los de sus hermanos; que cuando la metrópoli no hicie-
-se una. distincion absurda. entre los intereses de sus ciu-
"dadanos de América i los de sus ciudadanos de Europa;
(. cuando olvidándose del mar que los separa no viese en sus
• provincias americanas . sino ..una prolongacion no inter-
«rumpida de su territorio europeo; entonces, digo, la de-
•pendencia de las colonias lejos de impedir los pl'ogresos
"de su prospel'idad, la aSe,§illl'lllia mas , preser(.Já/'ldola de los
..pefigros ti que porlz'a quedar espuesta Sil total indepcnden-
«cia; OttOJlce.r TlO se Itallariml ellas en el caso de temer la




93.
"ambicion de, a (!{ll1l cspirittc .arrojado iacsioo , tu lasin~
«ternas discordias que padrianisuscitarsc en f:!l reposo de la
"paz,. ni llls disensiones recíprocas, entre si mismas, ,d/scnsio-
"nesqlle la politlca gl'icg.~ no- pudo impedir;:811 suf,rCjníbli.
«cas ,i que la sola pooreza JoctJ,? ha (t'!li(1o tal'vez por tan-
«to tiempo .lEjOS de las, costas: de, ,lasLprp",i~,cias unir/as ~'€ll'
• tonces fina!meTtte la Europa sin.-que la-asustara su prosperi-
"dad, podria tener parte en 'ella: j,: "
,:"Jr.r~ué s~ t,J.it'L~t;,}~~tr~~)a~:~?n q~e, _~,:Ir?nen. los &~
5!i¡:lf:~l~eS se c;:omJlP:~c;).b,an! 1;18 :hH:f0&:í la-!iPll~6c~ ,i (ra la
pi'~hibli.<:ion de libros- Qbl.rangerol'?,!IDj,ü.i¡;~ "hubieran lle-
vado á·cfecto'€on'-todo rigor tantsabiasdisposiciones ! Mu-
cho toridria q~e agradecC'r Iá hunlanidad: á los' gefes espa-
ñoles, si no hubieran mirado con descuido unpuntcide
tanta ilppurta;)ci~" qlle h'l-rido' ~r f'-!l~l~;;principal del des-
arrollo revolucionanic, Exaltnda la,viva imaginacionde los
americanos: con IaIeetura ·de los nuevos publicistas, i- faI~
sarnente entusiasmados sus ánimos con los discursos i es-
critos de los jitcobirios franceses, creyeron poder 'adq~ii:ir
igualcel~brjd~'(l'e~ ~í templo 'de la <tisc'ordia,' i asornlrrar
á 1~ Europa con sus brillantes hazañas en la, ominosa car-
rera de h\ insurreccion, fundando. una 'quiméeica libertad
Ó verdadera licencia ,en que ha sido convertido' aquel en.
te imaginariopoÍ' los regeneradores modernos.


Dos fueron sefíaiaHallJcnte las clases que comun';ca¡:on
ála infeliz América esos tenebrosos rayos de luzacompa-
fiados por todos los incentivos que podian halagar la arnbi-
cion de unos, 'Ias pasiones de otros, e introducir -la aber-
raeion de ideas en cuantos no viesen en los diques de la
l'eligion i de las leyes el saludable freno del genio del; mal,


La primera fue la. de los doctores en leyes, Ó ahogados~
quienes en retribucion á los mayores beneficios" de, que eran
deudores á la paternal solicitud del l\1on-arcaespañol por
haberles proporcionado universidades.'] maestros para' se-
guir la noble carrera de la toga, fueron los primeros en se.
llar sunegraingratitudmaquinundo los planes de subver-




94
sion , ereandó juntaspopulares , redactando constituciones,
manejando los actos legislativos i judiciales, i convirtiendo
en daño de su propio pais las luces i conocimientos que se
les habían comunicado, pata afianzar la justicia, dirigir el
puehlo por el camino de la obediencia i suhordinacion , con-
solidar el órden , 'i fomentar la -prosperidad pública (1).


(1) La casualidad ha hecho.Jlepar á mis manos el informe secreto
que uno de dichos abogados,el Dr. Moreuo , dió á la junta de Buenos
Aires en t alosoln-e los medios de arraiga~ su re;;)\ucion. Se estremece
el alma ni eonsiderur los atroces i hárharos a'teniáílos de queés'capaz
una cabeza: eacéntrica, '~xa~tádapor.el estúpido ídolo del republicauis-
roo. Copiaré algl,lnos articules cuya autenticidades, inncgllcble.:


Párrafo. del exordio • •1 en consecuencia creería no haber cumplido tan-
to conlo que se me ha honrado, como con la ~ratilud qllcdeb~ á la pa·
tria, si no manifestara mis ide'a~ ~eglln i confurrne las. siente mi cor-azou, i
segun los conocimientos qué ,he han' fl'anqll~\idfo2~ años dc un 'cstlt(lio
constante sobre ';1eornzon hUlriano ,';nc;~yo tiempo 1 Sill quemeidomi-
De la vanidad, creo tener algun-voto el) sus funciones iutelectuales ; j
llor lo contrario si moderando mis reflexiones no mostrase los pasos
verdaderos de la felicidad, seria uu reo digno de la mayor couside-
raciou , í asi no debe escandalizar el sentido de mis voces de cortar
tdhezdj ~t 'l'értet sangre i sacriftca) á t¿){lci: (,iC15tá ,r áunqllJ 'éJie 'p~'(t'cedt:!é' nos
aproxime á las costumbres de los antro~f~gos i caribes. 1 sino ¿ pa.
ra qué nos pintan á la libertad ciega i armada de'lAPpuñal? Porque
ningun estado envejecido ni sus provincias pueden regenerarse, ni cor-
tarse sus corrompidos abusos sin hacer correr aJr0Yos de sangre.-


Heflexion 2> ~ A todos los verdaderos patriotas cuya conducta sea
satisfactoria, i tengan ya <ladas pruehas relevantes, si en algo dclinquie-
sen que no fuera contra el sisj ema , debe tenerse siempre con estos una
consideracion i estremada bondad: en una palabra, en tiempo de revolu·
cion ningun otro delito debe castigarse sino el de infidencia i rebelion
contra los sagrados derechos de la causa que se establece. i todo lo
domas debe disimularse..·~ .


Reflexiones 4." i 5.01. "Con los descontentos debe observar el go-
hiernoun'a conducta cruel i sangninaria; la menor especie dehe ser cas-
tigada; i en los juicios i asnntosparticulares debe preferirse siempre al
patriota para api·isil)n~;inas.su voluntad. Item , la menor semiprueba
de hechos ó palabras contra dicha clase de descontentos debe castigar-
se con pena capital, principalmente si son sugetos de talentos , rique-
za, caracter i opinion.•


Reficxioo,' 7,- '. Deben ser decapitados cuantos Gobernadores, Ca-




95
La segunda clase' que tomó ,á su cargo los riesgos de


la empresa, i la ejecucion de los planes i proyectos forja.


pitaues generales, 'Mariscales de campo, Brigadieres i Coroneles rea-
listas caigan en nuestras manos, asi como todos uquellos-sugetos que'
ocupan los primeros empleos en los pueblo" que todavia no' nos han re-
conocido, pues que gozando de algun influjo popular, i conociendo nues-
trasmiras pueden desacreditar nuestra causa entre los mismos patriotas,
i espccialmente ante el GobienlO español, privándonos de la" ventajas
que podernos derivar de las relaciones qne trataremos de entablar'
conél .si podemos mantener lo engai'íosamente adormecido, 6 á.lo me-
nos perplejo en resolver, hasta que ganemos tiempo para, deeenvolvec
nuestros planes, 'lue es de lo que mas necesitamos.•


Heflexion 20. a «El misterio de Fernando es una circunstancia de las
mas importautes para llevarlo siempre por delante, tanto en la boca como
En los papeles públicos i decretos, pues es un ayudante de nuestra causa
el mas soberbio, porque aun cuando nuestras obras i conducta desmien-
tan esta apariencia en nuestras provincias, nos, es muí del caso para con
las estrangeras, asi para contenerlas, ayudados de nuestras relaciones i'
esposiciones políticas, como ignalmente para con la misma España por
algun tiempo, proporcionándonos con la demora de los ausilios qne debe
prestar, si revive l el que vayamos consolidando nuestro sistema, i consi-
guiente,mente nos da un margen absoluto para fundar ciertas cuestiones
iargumeuros , así con las cortes estrangeras COmO con la España, ql!e 1'0-,
dremos hacerlas dudar cual de los dos partidos s.eael verdadero realista,»


Reflexion 9." lid 2.° articulo. • Deberá enviarse inmediatamente á,
los pueblo~ del'Urugu~ii de':13S prineipales de la campaña una fuerza
de 600 á 800 hombres con mas oficiales, sargentos i cahos de los que
correspondan, á fin de que sirviendo de apoJo se vayan organizando en
los mismos pueblos algunos escuadrones de caballería ¡ cuerpos de in-
fantería; teniéndose presente el haberse ya atrairlo á nuestro par ti-
doi bonradolos con los primeros cargos á un Valdenegro, á un Bal-
Usar Bargas, á los hermanos i primos de Arligas, á un Benavides , á
un Vazquez de S. José, á un Baltasar Ojeda, ete.; sngetos que por lo,
conocido de sus vicios i condiciones son capaces de todo, que es lo que
conviene en las actuales circunstancias, por sus talentos campestres i
opiniones populares qne han adquirido con Sl1S hechos temerarios, i
~si deben escogerse los demas para furmar buenos cuerpos••


Reflexion 16. • Todas, las íincas , raices i domas clases de bienes de
los que han seguido el partido contrario serán secuestradas á favor del.
erario público, é igualmente los bienes de 1011 españoles que no hayan
abrazado abiertamente nuestra causa,s




96
dos por los letrados , la constituyeron principalmente los


jóvenes díscolos i bulliciosos, que alucinados por los vene-
nosos ejemplos que les ofrecia la rcvolucion francesa, i en-
cantados con la lisonjera .perspectiva de apoderarse de los
empleos de los españoles, i hasta de las riquezas adquiri-
das por estosuon su 'activa industria j' perseverante sobrie-
dad ,entr~ron gustosos en las conspiraciones catilinarias,
en las que se proponian, á imitacion de aquel despechado
repablicano , levantar sus arruinarlas casas sobre las rapi-
ñas, en la Real Hacienda, i 'reunir ademas en sus' manos
lal'iqüeza de los pacíficos habitantes para dar rienda suel-
ta á sus vicios i desordenes: '


Esta segunda clase era bastante numerosa i contaba HS-
cendientes respetables que con sus virtudes i prudente eco-
nomía habían adquirido fortunas colosales , que por aque-
llos sus hijos corrompidos habian sido sumergidas en el
abismo de sus licenciosas pasiones (1).


De este jaez son los demas artículos del proyecto que ocupa nueve
pliegos; ¿r.ero quién 'ha de tener paciencia parlt insertar un escrito tan
mal zurcido, .sin sintáxisni método , sin conexion en las ideas, sin en-
laceéri las frases, pesado, confuso ,repetitivo: i fMtidioso? ¿ Quién la
tendhí para oirtítleS desbarros del entendimiento '; í unos insrdtos tan
horribles á 1a moral ,á la justicia i á l n.hnmanidnd ? No me detendré en
refutar tanhárbaros ultrajes porque deben horrorizar á toda alma
sensihle ; tan solo diré que aun cnando dicha .revolucion no hubiera
tenido mas mancha qne ésta, i la de haber sirio nomhrado sucesiva-'
mente embajador á Londres este Ilobespier-re americano, del que que-
dó libre la tierra felizmente durante su travesia para desempeñar aquel
altodestino; aun cuando no se pudieran pr!'sentar á docenas los rasgCíS'
de crueldad que han sido característicos á los rebeldes de Améric~, hasta-
rian estos sanguinarios apuntes para hacer coucebir á la Europa i al mun-
do eutero la justa indign'acion que merecen tan inhumanos procederes,


{t), Padre-pulpero ,Id/" caballero i nieto I,t>rdiosem. E.,te era unpr-over-
hio muí conocido en América , i que no carecia totalmente de verdad.
Muchos españoles habian cODcnrridoá aquel pnissin mas elcPI'Ieutos que
su industria i sobriedad. No era CÓFtO el número de los muchachos que
se rnerian furtivamente en los barcos , .i '!iue solo se presenta han al Ca·
pitan cuando ya se hallaban muí dis tan tes de tierra para poder retro-




97
Estas dos clases fueron las princ;pa1es instigadoras de


la rcvolucion americana ; si los que pertenecian á las de-
mas de la sociedad se comprometieron en ella, fue por
equivocación de calculo, por dcj,lrse llevar de vanas teorías)
por creer muchos ele buena fe que iban' á rnejorur de COIl-
dicion , i aun que poclrian lleg;n' á dictar la lci con elcur-
so del tiempo al mundo antiguo, adquiriendo un nombre
j celehridad que tanto halaga al cor31.on de todo america-
no, dominado generalmente por la ostcntacion i pompa,
lilas Lien que por la fi'ug'alidad. i templanza. Si las clases
bajas tomaron parte en la independencia i libertad, no fue
por aíiciou á unos ídolos cuyos atributos dcsconociau , i sí
porque se les quitaba el sahio freno de las leyes, i les ale-


jahan el temor del caslig(j, i cuyo soja noml.re bobum
estado sumisas para no cometer los escoses á que S~H.::e


cntregursc l,¡ g"CIltC siu moral i s/n Prll1C1f)ios. Si á pc~al' de


ceder á dcscmbnrcarlcs. U no, i otros llevaban una educaciou religiosa,
a'ullf)ne rosca , i Un animo exento de corrupcion, Con estas solas pren-
das. i con su laboriosidad i buena fe hallaban prontamente apoyo en
los negociaul!'s europeos i aun en les criollos, quienes les dispensaban
toda su conílanzn ; i el manejo de intereses. Su s principios eran los de
abrir una tienda de comestibles llamada ¡m1perla, Ó 105 de ocuparse en
el tráüeo ,l'e la mercer ia ambulante, i sucesivamente iban progresando
con su est ricta ecrmnrnía i sus no interrumpidos afaues , hast a el punto
de acumula)' cuantiosos caudales. Cas.il)illlSC comu nmeute con .::nlleJ'Ica-
nas ricas, SIIS hijos eran educados co u tudo el mimo i coutempluciou
propia de gentes lJietl nconro.Iadas. A su muerte aJnptahan estos uue-
TOS caballeros la vida i costumbres de Ja nobleza, desdeií,indose de
ejercitarse en los oficios de SIlS padres, cuyo solo recuerdo los rubo-
rizaba; ¡ se dahan t-al priesa á disipa!' los bienes heredados, que ge-
neralmente no t rnsmirian a sus inmediarus sucesores sino sus despojos, i
l~s viciadas incliuucioncs de una vida inerte i afemiuada que lus sumer-
¡;ia bien pronto en la mi seria,


De ésta clase hall salido la mayor parle de los corifeos de la revolu-
clono Habia i lrai sin l'>Ulhargo esccpciones muí honrosas; no son poco~
los llijos i nietos de éspaiioles, dis!hJguidos por sus virtudes, por 1" no-
hleza de su áuimo, i por la hrillantez de su ingenio, que hacen honor
al or¡¡¡-ea de su cu na.




98 -
que los criollos conocían estos escollos les dieron parte en su
revolucion, fue porque necesitaban de hombres esforzados,
de hombres decididos i aun feroces que sembrasen el ter-
ror i espanto por el pais : con esta mira armaron el brazo
de aquellos negros , zambos, mestizos i demas castas qne
por su arr-ojo i barbarie eran temidos i respetados en sus
respectivas asociaciones , i los comprometieron confiándo-
les el m.mdo de partidas, que sucesivamente fueron engro-
sánJose hasta formar divisiones, capaces de imponer á los
mismos directores que hablan pnesto en acoion una fuer-
za tan peligrosa.


1 chocando en América elementos tan opuestos, ¿cuál
pOtI, á ser el resultado de su violenta posición? Al mas pro-
fundo observador solo dos términos se presentan: 6 su
reunion á la Metrópoli, ó su dominacion por las castas.
Es i u d o du ble que si el Monarca espaiiol no presta una ma-
no henéfica para que rompan aquellos pueblos las cade-
nas que les han impuesto por ahora los demagogos ilus-
trados, vendrán á ser presa de esa misma gente tosca é in-
civil, á la que han distraido de sus materiales ocupacio-
nes , haciéndoles conocer su peligrosa importancia para
que un dia sean su mismo azote i esterminio.


Méjico ha principiado ya á sufrir los efectos ele mi pre-
diccion. El mulato Guerrero con sus hordas foragidas va
á entronizar un despotismo tan duro como lo fué el del
negro Enrique en Santo Domingo. Ya la capital ha sufrido
recientemente un horroroso saqueo, en el que 500 Iarni-
Iias de las mas opulentas han quedado reducidas á la men-
dicidad. Ya ha comenzado en aquel desgraciado pais la,
guena civil de la gente de color reforzada por toda la pi-
llería i hez de las poblaciones contra los criollos autores
de esa misma revolucion, de la que, no me cansaré de
decirlo, han de ser finalmente sus víctimas espiutorias.


El Perú tan solo necesita de otro 'I'upac Amaru para
restablecer el imperio de los Incas, acabando con todos los
blancos que apcuas forman el 10.0 de la pohlacion. Si




99
aquellos indios llegan á perder su prestigio acia el Monar-
ca español, lo que sucederá si nuestro gobierno renuncia
directamente á aquellas ricas posesiones reconociendo su
independencia, ó indirectamente mirándolas ron descui-
do; si los indios del Perú, repito, se llegan á persuadir
de que la madre patria no ha de recobrar aquellos do-
minios, i con qué facilidad i prontitud podrán hacer una
revolucion, cuyos efectos deberian ser tan fatales á los di-
sidentes hispano-americanos que aquellos reconocen por
intrusos i verdaderos opresores del pais!


Si recorremos el triste cuadro de la insurreccion de
1780, nos convenceremos de que á dichos indios les asis-
ten los medios, el vigor i la fuerza para salir triunfantes
en su lucha. Sin los eficaces auxilios prestados en aquella
época por la Corte de España, sin la heróica decision i
empeño de bizarros é inteligen tes oficiales españoles, sin
las rá pidas i acertad as providencias emanadas de los dos
vireinatos ele Lima i Buenos Aires, i sin el prestigio Real
que enmedio de aquella conflagracion general inflamó
todavia el pecho de una parte de los mismos indios, ha-
bria desaparecido de aquellas regiones hasta el último crio-
llo. La tierra I\C empapó en sangre de los blancos: toda-
via las ruinas de algunas poblaciones demuestran los es-
tragos producidos por la ferocidad de unas castas, tan
dóciles en el estado de surnision i dependencia, como ra-
hiosas en el de exaltacion. Todavía recuerdan infinitos
testigos presenciales las escenas horribles de San Pedro de
Buena Vista, de la Villa de Oruro, de la Iglesia de Cara-
cato en Sicasica, en donde la sangre vertida llegó á cubrir
los tobillos de los furiosos indios, del pueblo de Arque.,
de los partidos de Ayopaya i 'I'apacari , de Tigiiina 1 Copa-
cabana i Sorata, Si los esfuerzos de estas hordas subleva-
das no fueron coronados de un feliz suceso 1 obtuvieron
sin embargo la gran ventaja de conocer que eran capaces
de hacer una revolucion; i no se les oculta que el malo-
gro de aquella su primera tentativa se debió á los inmen-




100


sos é inagotables recursos de una gran nacían, i que LI-
tando estos, será segura su victoria el dia , qUtl tal vez no
está lejos , en que hagan resonar sus trompas guerreras.


Chile volverá á caer en poder de los indómitos arau-
canos. Estos valientes guerreros que desafiaron todo el po-
der col('s~l de España por el espacio de 250 años, ¿qué miedo
podrán tener ele un puñado de criollos sin un ion para
ccuetituirse , sin concierto para obrar, sin elementos para
hacerse respetar, sin disposiciones para obedecer, sin vi-
gOl', sin energía i sin recursos? Abandonados los chilenos
á su Jes;;raciaJa suerte, tardaran á ver puesta en su ca-
pital la sede de los indígenas el tiempo que estos empleen
en determinarse á aquella facil empresa.


Buenos Aires, aunque no tan próxima á ser dominada
por los i u.Iios ó mestizos, tendrá que seguir el destino
que nos indica la historia de Ias naciones. Los pastores de
los Pamras, esa gente tan robusta i nervuda, como in-
quieta i bulliciosa desde que impolíticamente se la amaes-
tró en el arte de la guerra i esos hombres feroces que ya
en los primeros años de la revolucion arjentina hicieron
ver á las órdenes del atrevido , revoltoso i esforzado Aeti-
gas el desprecio con que miraban al centro del poder de
aquella república; esos aduares errantes han de hacer tem-
hlur á los regeneradores buenos aireños el día en que to-
ruando gusto á las dulzuras de la vida social les ocurra
hacer una vandálica irrupción en la capital, apoderándo-
se por el derecho del mas fuerte de todas las riquezas de
las poblaciones cultas.


Colombia 1 que sin duda es el pais en que está mas in-
terpolada la gente de color con la hlanca , siendo aquella
20 veces mas numerosa; que cuenta entre sus mas esfor-
zados guerreros á los llaneros, hombres feroces, de fi-
gura gigantesca i de hercúlea musculatura, no Lien huma-
nizados todavia aUlllJue viven en sociedades arregladas
ó pueblos sujetos al gobierno, dotados de cualidades rnui
parecidas á los errantes pastores de los Pampas de Buenos




101


Aires j del Norte de Méjico, aficionados al pillaje, i res-
petando en los blancos el solo signo representativo del p~.
der i de la fu erzn de un orillan le tr ono , con cuyo prestI-
gio fueron las columnas principales de los gefes realistas
Boves i Morales ; la gente de co lor , repito, ha de hacer
bien prollLo una terrible revolución que pasmará la Eu-
ropa. Ya mil ó Jos III il de ellos, capitaneados por escalen-
tes oficiales, formados en las filas realistas, se hallan en las
montañas de los Güíres proclamando á nuestro augusto
Monarca, i haciendo la guerra á todo hombre del pais ó
estranjero que no sea del partido español.


Si la Metrópoli por objdlls políucos , qne no es facil
calcular, les negase los auxilios que imperiosamente recla-
man; si se viesen abandonados á sus propios recursos; si
finalmente convirtiendo por efecto de la necesidad los no-
bles sentimientos con qlW han daJ.o principio a sus mo-
vimientos en objeto (le su propia conservacion; SI por igual
fatalidad se vieran precisados a uxar delmediv violento de
armar el hrnzo del pobre contra el rico, i ile jurar el es-
ter minio de los blancos americanos, i in feliz. Colomhia!
i cuán pronto espj arian esos monstruos de ingratitud la
atrocidad de sus atentados! ¡cuán pronto querlarian ven-
gados lus manes de la Guaira i de los infinitos españo-
les que asesinados á sangl'l,: fria yacen insepultos por aque-
llos des iertus!


j HOlriL11: clladro por cierto presentaría la América si
en el 11111'0 ti.: Jos ,dtos destinos estuviera escrita Sil defi-
nitiva separaciou de J.¡ Península ! Pero este decreto jamas
ser a fulminado contra aquellas tan ricas como desgracia-
das regiones. Los promovedores de sus desórdcnes , los
despech.ulos que no tienen mas partido qlle la muerte ó
una f;;'foZ democracia , 1')5 únicos é inexorables enemigos
del truno espaii«] i del imperio de la razo n, pueden mar-
earse COI! el dedo: j tan limitado es su númcro! Todo el
resto de los americanos, aun aquellos ({lIe mas decision han
mostrado por la indepeudencia , i que han hecho los ma-




IO~
yores sacrificios paracenseguirla ; aquellos mismos (i son
los mas) que dejándoseseclucir de vanas teorías, creían
de buena fe que iban :í dar un impulso magestuoso á la
carrera de su prosperidad, todos han llegado á convencer-
se por una triste esperiencia i funesto desengaño, "que SIl
emancipacion no puede consolidarse; que su nuevo siste-
ma ha: de ser un perpétuo semillero de disensiones, i que
¡Jebe abrir abismos sobre abismos ,en que se sepulten al-
'ternativamente los partidos, los intereses i la paz: que es-
tanda todos los revolucionarios prontos á mandar i tardos
en obedecer; que creyéndose cada uno de los corifeos su-
pe'rior á los demas ; que no reuniendo ni;¡guno de ellos
bastante nombradía i prestigio para hacerse respetar; ({ue
no siendo posible estinguir en ellos aquellaaversion que
'Constantemente han tenido de ser mandados por sus mis-
mas compañeros á causa de la familiaridad i llaneza con
que se han tratado durante la infancia, en los colegios,
en las armas, en el juego, i aun en el libre ejercicio de
otras pasiones vergonzosas, jamas podrán sostener género
alguno de gobierno formado por ellos, el país estará per-
:pétuamente sujeto á oscilaciones políticas, serán intermi-
nables sus discordias, no habrá mas lei que la que dicte el
partido dominante, lel país irá caminando de día en dia
i á pasos agigantados ácia su total disnlucion.


El mayor castigo que el Soberano español podia impo-
ner á la América sería abandonarla á su propia suerte: ¿pe-
ro cómo su magnánimo coraza n dejará de oir los clamo-
res de aquellos sus hijos infelices, muchos de ellos inocen-
tes, i aun arrepentidos los mas de los culpados P


Las revoluciones ó se fijan ó llegan á sucumbir por
su propio peso: si lo primero, son los pueblos víctimas de
un soldado afortunado como los Cromwelles i Buonapartes;
i si lo segundo, el esceso del ma1 desarma á la mayor parte
de los descontentos i les hace desear el restnblecimieut o de
aquel gobierno que ellos mismos han tratado de destruir.
Esto último sucede en América: aun las gentes faltas de




103
lógica, que no conocen el bien por cálculo sino por
comparacion , suspiran por los tiern pos antiguos en que
era respetado el imperio de las leyesebajo cuya ejida
110 respiraban aquellas regiones sino opulencia i prosp.e-
rielad.


El genio de la revolucion todo lo tala, destruye y es-
termina; el gobierno legítimo cura las heridas, cicatriza
las llagas, i abre nuevas fuentes de riqueza. Durante el
interregno constitucional de la Península desde 18:1.0 has-
ta 187.3, se apoderó. el gobierno revolucionario de los hie-
Des elelos monacales; sus productos tan solo servian para
enriquecer á los comisionados i manipulan tes , i el Erario
público apenas podia pagar las pensiones anejas á sus le-
gítimos poseedores. Se abrieron empréstitos sobre emprés-
titos que henchian los bolsillos de algunos mandatarios,
en vez de ser invertidos en satisfacer las cargas del Esta-
do. Se pusieron en práctica medios eficaces de reunir
fondos para cubrir los presupuestos, i todas las clases es-
taban sin cobrar sus sueldos, escepto la militar activa, á
la que desde el principio de la revolucion se la eonside-
ró con preferencia á causa de una tímida política qne la
llenaba de orgullo, le comunicaba una importancia peli-
grosa, i relajaba la primera divisa del soldado que es la
disciplina. Se propusieron gigantescos proyectos que in-
sensiblemenre desaparecían ante lo impracticable de su
ejecución. Se tra tú de imponer Je~pcto á las naciones eu-
ropeas, i estas se reian de sus locas jactancias, é irnpo-
tentes esfuerzos. Se establecieron planes de reconciliar las
posesiones de ultramar, i acabaron de perderse. Se ocupa-
ron los regeneradores mas juiciosos en dar impulso á esta
nacion en la carrera de su prosperidad; mas por una fata-
lidad inesplicable los medios que se adoptaban servian pa-
ra ostruir las fuentes de la riqueza pública, i para sumir
al pais en el abatimiento i la miseria.


Tal ha sido en torlas épocas el cuadro de las revolu-
ciones; tal lo es en Amhica, i tal. lo será mientras que




Iroq.
el autor de la naturaleza no cambie la índole de los hum-
bres i rectifique sus inclinaciones•.


Cuando el augusto Monarca español fué restaurado al
pleno ejercicio de su autoridad, estaban exhaustas todas
las cajas públicas: vacíos los almacenes de las aduanas, des-
hecho el ejército, reducida la marina :í uua completa nu-
lidad, menoscabado el crédito, desorganizada la arirninia-
tracion, i arruinados finalmente todos los ramos del Est~d().


A pesar de algunas chispas que en los primeros iIIl:J"
salian de las no bien apagadas ceniz.is revolucionarias, ha
ido esta nacion dando pasos acelerados aria su antiguo
lustre. Sin mas elementos qne el prestigie, de un trono le-
gítimo, la feliz cooperacion de celosos m in isuos , i las vir-
tudes de la inmensa mayoría del pucblo , sin habe)' teni-
do qne recurrir á ruinoso s empréstitos, sin agobio de los
contribuyentes, i sin la exigencia de costosos saorifi-iio s ,
se ha formado una buena marina que es el asombro de 10"
mares de América; se ha 0l'f~anizado un hril lante ejército,
modelo de disciplina, fidelidad i bizarría ; se ha clIll'rer!-'
dido la abertura de canales, la esplotacio n de minas, i la
hahilitacion de nuevos caminos; se han fijado ¡osl'eleutes
reglamentos de recta administrac ion ; se hu enfrenado el
vicio i la licencia; se ha fomentado la industria i comer-
cio; se ha dado el mayor im pulso al ramo de pesca; se ha
decretado (fue Cadiz sea el emporio de la ri(l"eza mercan-
til; se ha mejorad» de tal lJIod,) el sistellJa de rcntas que
supera de mucho á l.t parte de gastos, siendo aquellas de
600 millones de reales, i estos de !¡.1¡6.o99.]5o por la lis-
ta ele presupuestos i hasta poco mas ele 500 millones con
las demas cargas de la eleuda n neva que gravita sobre el
tesoro; se satisfacen por Io t.uuo sin atraso alguno todos los
sueldos, que es el mejor barómetro del estarlo de la admi·
nistracion, i se ha establecido finalmente una sólida pn en
todos los ángulos de la Monarquía, qlle debe ser objeto de
envidia para los paises qne carezcan (le tan importante
beneficio.




'"'1 O~)


Descansando ya S. l\:I. sobre la mas suhlime <le sus
obras, dt~st:mbarazado de los complicados neg<lcios de la
Penmsul.r que han tenido en teramcn te ernpefiada su ateu-
cion en estos primeros años de sn restauracio n , podrá
ocuparse con torlo el ardor de su solil'iwd pnterna] <'11 d
arreglo de sus dominios de América.


Taruhien estos llegarán á disfrutar de igual felicidad
que sus hermanos los peninsulares: volverán los tiempos
gloriosos i tranquilos que el genio del mal hizo desapare-
cer momentáneamente. Autoridades respetables españolas
en las que resplandezcan mas las virtudes que Sil larga
carrera i alta gerarquÍa; gefes dotados de energía i pru-
delIcia, i cUJa noble i generosa conducta haya dejado.
dulces recuerdos en aquellas regiones; sujetos bien cono-
cidos por su probidad i por sus talentos políticos i mili-:
tares, que sepan conciliar la opinion é inspirar confianza
á los mismos contrarios; caudillos, cuyo solo nombre sea
una garantía segura de sus promesas á los rendidos i un
firme apoyo de los que se pronuncien por la causa legí-
tima; oficiales que organicen respetables cuerpos en el
mismo pais ; divisiones peninsulares que se distingan mas
por !U disciplina que por su número, sirviendo menos
de instrumentos de conquista que de puntos ausiliares á
los agobiados americanos para sacudir el yugo de los fu-
riosos demagogos; leyes benélicas r¡ue pongan en anuo..
nía la prosperidad del Nuevo MUlldo COI! la conveniencia
i seguridad del ,trono español ; disposiciones g'nbernati-
vas rectificadas por la larga esperiencia; proteccion á to~
dos los rumos de industria i fornen to ; inviolabilidad de
propiedades, sean de naturales ó estraños ; repartimiento
justo de g,'aci:Js i distinciones ; imposicion (le castigos los
meramente indispensables para desa;;r:nio de la viudicta
pública, i tan solo sobre los complicados en delitos
civiles, ó sobre los que no escuchen la voz de la ruzon i dl:f
legítimo gobierno; suave eX:l('('ion de derechos i contri-
huciones; vIgor en las leyes; afabilidad en los encargados


14




lOt.;
de ejecutarlas; (lisian Je partidos en el de buenos súb-
ditos; union fraternal entre los hijos de ambos continen-
tes; recta observancia de nuestra religion benéfica i mejo-
ra de ec!ucacion , i reforma de costumbres. Hé aquí los
únicos medios de qne renazca la infeliz América para si
mis.ua , para la Metr ópoli , i para el Mundo entero.


Para que el público pueda apreciar dignamente el be-
néfico influjo de un gobierno fundado en el derecho, en
la religion i en la justicia, pondré á su vista el estado de
vigor i pujanza á que han llegado las posesiones españolas
que se han mantenido fieles á su legítimo Soberano, á fin
de qne comparándolo con el de miseria, abatimiento i
ruina que presentan los paises revolucionados l se con-
fundan los causantes de tamaños desórdenes.


Las. islas Filipinas necesitaban antes de un situado anual
de 250.000 duros; la de Cuba de 1.200.000 i la de Puer-
to Hico de 3'50.000. pébese al celo del .Monarca español,
a su esmero en fomentar aquellos paises, i al acierto de
sus reglamentos administrativos, que dichas posesiones no
5010 se basten á sí mismas en la actualidad para cubrir
todas sus atenciones, sino que ya la Metrópoli haya prin-
cipiado á recibir el premio de sus sacrificios.


Hé aqui el estado general de rentas de las Filipi-
nas en 1825 (f).


Ingreso en las cajas de FILIPINAS en
Contribución directa...•...•..•...
Tabacos...•....•.••....•..•..•.
Vinos ...........•...•..••. , ....
Aduanas.•.............••..••...
Alcaicería de San Fernando..•.....


1825.
257.2 19.
499'999'
244·064..
148'7 33.


4·843.


(1) J\1ui sensible me fué qlJe el presente estado no hubiera llegado
antes á mis manos para haberlo insertado en e\ apéndice á la. Geogra-
fía Universal.




Suma anterior.
Bulas.......•.•.•..............•
Barajas..... , ...........•.......
Diezmos..........•.•......•.•.•
Gallos........•.................
Pólvora ..........•.....•.......
l)apei sellado .
De comisos , . ••........••.......
Medias anatas eclesiásticas ..•......
Idem seculares .
Derechos de Secretaría de Gobierno.
Almacenes ........••.•.........•
Mesadas eclesiásticas..••.•..•....•
Indultos para comerciar.•.........
Renta de Correos ..••............
Penas de Cámara de las Islas.•.....
Sueldos de Hacienda....•.........
Quintos de oro.......•....•.....
Vintas.•........•..............•
Hacienda en comun .............•
Depósitos.....•......•..•••.....
Fortificacian .....•..........•...
Hospital ......•.....•....•......
Inválidos. . ..•••.•.....•........
.1\'larinul .
lUiliciana .
Monte pio militar .....•..•...•..•
Id. de Cirujanos ......•....•.....
l\'Iaestranza de Artillería .
Cuerpo facultativo.........•....•.
Tropa veterana .................•
Aumento de bulas .•.............
De comisas de la superintendencia ..
Oficios vendibles i renunciahles .
Penas de Camara del Consejo .


Total de la renta. . •.....


1°7
1. 1 54.838.


:w.245.
35.


13.044.
2:1.°98.


1.3;)2.
5'1-19·


79·
1.23r.


2.386.
5.067'


60'996.
616.


2.49 1 •
3.27 6.
1.422.


179·
102.


3.07 3.
154.595.


55.30:'..
396•


6.562.
7.018•
2.140.


682.
3·4~3.


233.
64.


19 r.
5.505.


582.
2'7 16.
9. 187.
2.716.


1.5 5o':~7 l.




108
EI'Og'lcIOIlCS de las Islas Filipinas en dicho año de 1S2S.


Hacienda en comun.............. 52.397·
Contribucion directa. . . . . . . . . . . . . . 6.285.
Sueldos de Secretaría de Gobierno. . II .425.
Idern de los Señores Oidores....... 24.177'
Idcm de los empleados en Hacienda. 41.373.
Gastos de oficina............ . .... 275.
Asignaciones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3 [)96.
Estipendios eclesiásticos. . • • . . . . . . . .23.806.
Bulas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . 1.424.


. Situados.•....' . . . . . . . . . . . . . . . . • . J .800.
Gastos de justicia '" . . . . . 5.865.


, Pensiones vitalicias...... . •. . . . . . . 6.882.
Colegio de Santa Potenciana. . . . . . • t>.I.1[).
Almaccnes . • . . . • . . . • • . . • . • . . . . • . 65.693.
Presidios. . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . 13.573.
Papel sellado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 436.
Medias anatas seculares. . . . . . . . . . . 566.
Renta de Correos. . . . . . . . . . . . . . . • 362.
Depósitos. . . . . . . . . . . . • . . . . . • . . . . 11.222.
Asignaciones militares., . . . . . . . . • . . 943.
Capilla Real.. . . . . . . . . . . .. . . . . . . . 3'951.
Fortificacion , . . . . . . . . . . .. . . . . • . • 52.575.
Hospital militar.................. 25'772.
Inválidos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . 5.119.
l\Iarina. . . . . . .. . . . .. . . . . . . . . . . . . 218.259.
1\Iiliciana. . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . 133.484.
Pensiones militares............... 2.200.
Monte pio militar.... ... .. .. ..... 7.347'
Ioem de Cirujanos. . . . . . . . . . . . . . . 1.203.
Maestranza de artillería. ... . . . . . . . 30'974.
Cuerpos facultativos..... . . . . . . . . . 5.303.
Tropa veterana. . . . . • . . . . . . . . • . . . 486.453.


. b
En documentos de c'. . . . . . . . . . . . . 69.6 28.


1.320.117'




Suma anterior.
1°9
I.~bÜ.117·,.


Créditos atrasados pagados este año,


A 1:'\ Rt~al I:ompaüía de Fili-
pillaS ••••••••••••.••••


A depósitos particulares.•..
A diferentes militares.....•
Enviado á las islas Marianas.
A varios empleados......•.
A cabecillaje de chinos..••.


150.000.
30.000.


1.614·
2.5.000.


3.686.
2.895.


Total de los gastos ...•..•
Total de la renta .


Queda á favor del Rei ..
Reunida la suma anterior de


que debiera segregarse de la parte de gas-
tos de dicho aiio , resultaría que las islas
Filipinas habrían producido en 1825 un
sobrante líquido de doscientos treinta mil
doscientos cincuenta i cuatro pesos fuertes.


1.533.312.
1.550.371.


17.059'
2. 13.195.




110


Estado de las entradas i salidas de las cajas
matrices de la HABANA en 1828.


=


Entradas.


Producto de los derechos Reales ma-
rítimos i territoriales recaudados
por la Aduana..............••.


Idem de los ramos de directa entrada.
Del Real Consulado por el derecho de


armamento, i el denominado de
ausilio ......................•


Total de las entradas.


Salidas.


En atenciones de la Isla. . .. 3.269.472
En parte de pago al emprés-


tito del Consulado. ..•... 142.235
En remesas á la Península., • 840.063
En atenciones de la marina., 1.708.838
En idem de otras provincias. 374.121


Queda á favor del Reí .•


4.533.000.
1.615.095•


246.134·
------6.394. 229'


59.5 0 0 .


Si se agregan á dicha suma las remesas á España, de
que se ha hecho ya mencion , i los demas gastos estraor-
dinarios, se vendrá en conocimiento de que dicha isla.
puede producir anualmente unos dos ó tres millones libres
para S. 1\1.




1.7S~.G21


17 .~9.L2 í


En depósito,
-- ..... prr-~----..


En: huques' En ~Jllql1es
r~pañoles. eslraÍJg~l'os.


6"
2,741.174 7.G9G.208
,~~O.bb2 8(;3..544


79.461 47499
33.49¡;9C!l,67¡;


3,2.593 387.429
1.530 4.248


34598 24.120
'3.1~ 9992.724


Primera balanza mercantil lleta Isla de CCBA del año de 1826.
• • -, _ .. , ' '.' -1 ..


"lMPOR'l'ACION GENE:RAL 1ESPORTACION GENERAL
~-


PUERTOS.


Habana .
Santiago .


Príncipe .
:Matanzas......•


Trinidad .
Baracoa•• · ....•
Manzanillo ....•


Totales ... ,


Est ados Umdos , • •••••• , , , • , .:. "
Francia.....•.......•.., , .....•.


Inglaterra •........ , ........•...
Ciudades Anseáticas....• , . , ...•.


Italia .
Paises Bajos .•........... ,.,',.'


Portugal .•. , •.. , , . , .
Dinamarca..•..... , .• , .•• , .


Isla de l'ladagascar; ., .,", ••.•
Totales.... , , ....• ,


o~{)33.869
1. 169.451


1,:b4.628
1.293'987


54,676
338,156


161.I<)8
5,995


10.8:')4
9.992'724


ESTmrlacion ;ndiviliu"l por eslrangerns en 1826.


3,894·597
1.162.218
1.583·474
1.667'949
18~b69


1.33Q.210
12.496


65464
41?75R


10.;)17·4·);) -........




Resumen.


Impertaciou-cn buques españoles .. ',' ...•..... , . , .. , , , ...•...
ld~~lneu' OUf{UCS cstI'angeI'os ... , .....0.' ••••••••••••••••••••••••••••••


Depósito de entrada, i consumo •••...•,..........................•..•
, Suma .


Esportacion en buquys españoles.... . . . . .. .. . . . . . . . . . . . . 2',179,561 l
Idem ~n estrangeros .•.......••.•..•.....•.••......... 10.3 17.4: 5 ,


Depósito u,e salida, ..... '" .. . . .. . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . L312.8~9 J
Diferencia á favor de la importacion: •.• ',' • , , ; ..•


Movimiento general del comercio en dicho ano .


Objetos de esportacion i sus cantidades en 1 ~hG.


3.17 3.409
9.99 2'7 2 4


J.759.()2 1 _
14,925'754


13.8°9.835


LO 5.!)l9 _
2;:',735,.'189


~


~


~.


J 97. r ~¡¿~


CigarroS,
li"'r~s.


--183.8 r8
4. 2 78


67.1
6.or 2


2.4 1 2


26.038
51'768


1.342


79·:J !) 1


433


'Tabaco eu rama,
nrrohas.


37.601
'1.9°6



23.340


,5.943


68.880


Miel,
bocoves.
-~


2


39


2·438
II8


Ce~a, Aguarcliente,
arrobas. pipas.


--- .


Café,
arrobas.


--------


1.2Ú.609
319.475


4·336.220
31.5..240


;/3.'2(,)7
I·t9§,627
3~6.096 '


Azucue,
anohas.
---~


12·9:)9
3,223


4·242
164.470' 211


4,380 783
63.864 1.400


6.2:\7..~!)O ,1.773'798 22.818 2.5g}
~~.; 'lo' _,0.· '.


PUERTOS.


Habana, ..... :.:.....
Santiago. , ..• '.' ..•.


Príncipe .
.iViatanzas.


Trinidar] : .:::~; .
Baracoa .


Total. .. ' .




PU E R T O R 1 e o.
~


Esrino de sus rentas i gastos desde 1.' de junio de 1827, hasta 31 de mayo de 1828.


. . . .En tr11(] as. . . • • • • • • •
Salidas, • . • ••• , • . • • • • • • . • • • •. • .•


Sobrante••.•••.••..••••.•••••.••
AIUdanse como par-os hechos en este año por deudas anteriores, •


Pensiones á los ell~i~r¡¡dos civiles i militares con ecupacion.
Idein a los <le igual ~clase sin ocupaciou••.••


TOTAL DEL SOBRANTE. • • • • • •


727'7 14.
725.0 (().


2.°95.
41,416.


20. 819'
)9·2~2.
f14~1~.


Para dar una nueva prueba de los prop;resos qlle va haciendo esta Isla en la carrera de su prosperi-
d.arl, msertaré los estados de sus principales objetos de esportacion.
~ F,'ut08.


AZ1Iear. lihras.•
Cuíé , liln-as.•
AI~o,10n. libras.•


Mdno. cuarnllos.
Cm'ros al ne!o , libras.


A,t<ls de t,:l'o. núuu-rn.
.Maderas, n.O de Vig<1S.


Esportacion desde 20 de
agosto de 1826, hasta 20


ídem 1827'


4'974. 5 1 5 •
645·452.


14o • 2ug.
147'750.


1 ¡i''j.9.52.
2.600.


150.


Esportacion en 1828.


6·485.515.
1.5 ¡f. 642.


l Cg·:J ¡ 4.
278. 5 0 2 •


296'979'
9. 1 8 0 •


245•


Aumento en dicho año.


10511.000.
67\.210.


29 165.
150.552.


183'747'
6.580.


95• --('A




ESTADO de [as esportaciones é. importaciones por la sola Aduana de la capital de Puerto Rico .¡;.
en 1/)28, con especificacion de las naciones que se han ejercitado en este tráfico.


77iijiiii'iiii¡¡¡¡;;;= _


N.le rONES.
. Irnportaeion,


valor en P'''os fuertes.
Esportaniou,


valor en pews.!'uerlel.
Diferencia á favor de la


importaoion,
Jdem en favor de la


. esportaciou,


E.'paña....
Estados Unidos.


Dinamarca .•
]n¡¡:la terra. •


Holanda....
Francia ..


nusia. . • •
Alemania..


11r'bil. .
l\ ilpoles.


Cer deña.


672 .422.
5°7. 097.


1 I. 620.
18.alf5.


1.640.
19.0 95.


18'7 10.
7. 3 1 11 •


6.547'


1,062.288.
....--------


. ,,- .


179.575•
581.044'


53. ;)92'
44'952'


568·
lo 8 J9-


9,862.
684·


)·5.025.
8.362.


573.085.


49 2 . 847'
26.o5~.


1.27 2 •
1 7. 2 76•


8.84H.
6 6'18.


5.547'


558.47 j •


21,77 2 •
26.1°7'


15.025.
¡.;, ;;11'~.


Lg. 'l6Ij.




115


Division grnera/ de la América espanola segun el arreglo que
fe han dado los insurgentes, con cspresion de SIL último censo.
~~!'Zn _


POBLACJON.


TOTAL.


l." República de las provincias unidas del Uio de la
2." Hei,úhlica de Chile.
3." Uepúblir,a del Perú.
4.o Dictadura del Puraguai.
5." Il epúhlica ele Rolivia ..
6.< llepúhlica de Colombia,
7'" República de Méjico.
8.· República de Goatemala.


Plata. 600.000.
1. 200. 000.
1. ¡ 36 ()23.


500.r){)0.
1.200.000.
2.7 1 1• 396.
8.000.000.


___1_.700. OO~
• • • 1 ¡.g58. 21!J.


SUS DIVISIONES POR PROnNCIAS.
-----:tW.:i~


PROVINel A.S.


Partidos.PROVIXCIA8.


AVACUCUO,
;lntes


lIuAIlAJ\'GA.


·Cajamarea,
Chaeha payas.
Chola.
Huamachueo,


T .. u JI L LO. J aen,
Lambaye qae,
Ma inas,
Pataz,
Piura,


, :~:a~~~'Jauja.Paseo.
Jv .. r .. , Huarnalies;


antes TA8IU'( Gonchucos,
Huari~
Cujatamhn,


, 'I'arma,
( Lampa.
, AZ{kogaro.


PI/Ka. <Caral','ya.
JChucuito,
{ Guancani,


1


Cercado,
~l'qu'·gua.
.\. iea.


AIlEQUIPA. 'I'a.apnr-a,
Condesuyos,
Cai llorna,
Camaná,


t ~~~~iHla i l a s .Can~all:J.Huamanga,l.Iunncavelica,Huanta,Lucana••\


Buenos aires.
Córdoba.
COl'l'it.'nte~.
Calamarca.
Mendoza ó Cu-


yo.
Misiones.
1\Ion te video.
Hioja.
Salta.
S a n tia go del


Estero.
Santa Fé,
San Juan.
San Luis.
Tucuman,
Tarija.


I~;~~~l~~~i.Couecpcion.Cu rugaitia.Candelaria.
I~~~~::;:,o;.Santiago.Colchagua.Maule.Conccpeíon.Valdivia.Chiloe.


Pal'/id,.••


\g~~l\:~IO 'Cañete.Chancay.Ica.Santa,H uarnc hiri,Yauyos.
C 11 1 L E.


PARAGUAI.




o
U


P,.OV]lI'tIU. Pnr/;r/,o.<.
I T;,,;j~.


llOYACA JP:tmp!ona.
1S 'COI 1'0.
t Casanare,
{ Bogotá.


CUUDUUIABCA. , Antioquía.
1 Mariquita.
\ Neiva.


\
Car1agena.


¡ A, DALBNA. 1 Santa Marta.
1 Rio del Hacha.
í Popayan.


qAueA. 'Chocó.
l1'",to.
~ Buenaventura.


ISTllO. {Panamá.
Veragua.


~ Pichincha.E e u ADOR. Imbubura.Chimboraao,
t


Cuenca.
A 8 U Al. Laja.


Jacn.
Mainü.


GUAYAQUIL. {Guayaq,úl.
Manah.


EST ADaS FEDERADOS.
Chiapa.
Chihuahull.
Cohahuila í


Tejas.
Durango.
Ouanajuato.
lI1éjico.
Mechoacan.
Nuevo Leon,
Oajaca.
Puebla de lo.


Angeles.
QUCr é t8 IO.
San Luis de


Potosí.
Sonora y Sina~


loa.
Tabasco.
'I'amaulipas,
Vera Cruz.
Jalisco.
Yuca tan.
Zacateca••
California.
Tlascala.
Cfllirna.


'Santa Fe.¡Goalemala.'San Salvador.Honduras,Nicaragua.
Costa Rica.


GOATEMALA.


Par/idos,


\


Cercarlo,
Abaneai.
Almarae s.
Calea.
Ghurn b ivi1ca"


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I ~::~~;,mba,


Paucartambo.
Qui.picanchi.
Tinta.
l1rubamba.


{ Cuman'.
, Barcelona.
l Margarita.
! Guayana.
l Caracas.
i Cara bobo.


{ Varinas,Apule•


l
'Maracal'bo'.
Co.o,
Mérida.
l'1'u j iJlo.


,\'igUí:,


C u z C p.


PROVINCIAS.


ORIIlOCO.


VE1UZVELA.


_.~,.~~ - ....- ..


AYACPC HO,' \ Tavacajo. -
a\l!'cs J Casho\'il..· 3.


HIJA1IANGA. . Pa:inaCOL'I.' 8.


\


Cint i .
Yamparaes.


GH.!JlCAS. Tourma,
« Varia.


Oruro,
Carangas.


1
~~;~::nes.


POTosí. Porco.
Chayanta.
Chicha••


~ paca j e s .Sicasica.LA PAZ. Chulumani.~ Oma-ujns.Larecaja.Apolobamba.
~ ¡;;aC a ba .Tapacari.COCHAEUlBA. \ Arque.1PaIca.


- f Clisa.
Mizque.


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SANTA CRUZ ) Chiqnilos. ,


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TOMO l.
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Será denunciarlo como furtivo todo ejemplarque no.~ve la
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5
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PRI~CIPIO DE tA HEVOLUCION.


B tI E N O S-Al RES.
CAPITULO PRIMERO.


---~~'="---


Sucesos importantes que precedieron á la insurreecion de Bue-
nos-Aires. Apresamiento de cuatro fragatas españolas por
los ingleses, antes de haber declarado la guerra. Inoasion
de los mismos el las órdenes del general Beresford, Rendi-
cion de este gefe al capitan de navio don Santiago Liniers.
Reoolucion para deponer del mando al virei Sobrémonte ; i
sú retirada á Montevideo. Toma de esta plaza por Sir Sa-
muel Achmuty. Nombramiento del mismo Liniérs para
suceder al marques de Sobremonte. Nueva inoasion de 10$
ingleses al mando del general Whitelocke; su derrota i
reembarco por los esfuerzos de dicho Liniers ~ quien reco-
bró á Buenos-Aires i toda la banda oriental. Disensiones
con el general Ello ; comandante de fa plaza de Montevi-
deo. Conspiracioti de Buenos-Aires para establecer una jun-
ta popular. Destierro de los principales cómplices. Recelos
injustos acerca de las miras de la casa de Braganza. Ar-
ribo del lluevo virei don Baltasar Hidalgo de Cisneros. Li-
bertad absoluta de comercio, proclamada en aquella capital
por dicha autoridad. Estado de los negocios á fines de 18°9'


La ereccion de un vireinato con sus tribunales i estable-
eimicntos competentes en 1777, i la libertad de comercio con
la metrópoli, decretada en 1778, sacaron repentinamente aque-
lla 'capital i sus provincias del estado de inacción i atraso en
que' yacian desde que descubrió las costas del rio de la Plata
en 1516 el primer piloto Juan Diaz de Solís,




4 IlUY,"WS-ATllES: I ~0'Í,
Desplegando los grandes recursos de aquel fértil i dilatado


territorio, i aprovechando las ventajas de su esceIente situa-
eion , se hizo mui pronto el centro de casi todas las relacio-
nes mercantiles del Pertí , i el depósito de sus riquezas. Tomó
entonces la población un rápido vuelo; su comercio interior
se estendió hasta el Cuzco i Arequipa, i los productos metá-
licos del Potosí fecundaron las inmensas Pampas, dando á su
capital una robustez i virilidad superior á tojo cálculo.


No tardaron en escitarse celos i ambician de parte de los
estrangeros , especialmente de los ingleses, quienes á la som-
bra de sus relaciones con los establecimientos confinantes del
.Brasil, trataron de sacar partido de la pujanza de Buenos-Ai-
res por medio del comercio clandestino, sin perder de vista el
apoderarse de aquellos paises, cuya idea llabia &ido concebi-
da desde fines del siglo pasado.


Ya desde dicha época se había anunciado en Europa que
el Comodoro Popham trataba de hacer una invasion en el rio
de la Plata para formar algunos establecimientos en la costa,
dándose á esta espedicion un carácter mas comerciante que
militar, i á sus tentativas i relaciones con los habitantes un
aire mas político que guerrero.


Persuadida la Inglaterra de lo imposible que era conser-
var sus buenas relaciones de amistad con la España mientras
que esta nacion estuviera tan íntimamente aliada con la Francia,
usando de una política en contradiccion con los principios del
derecho de gentes, anticipo las hostilidades á su declaracion de
guerra contra aquella potencia; se apoder6 por sorpresa de cua-
tro fragatas (1), que bajo el seguro de la pal; conducían á Cá-
diz desde 1\lontevideo los caudales del Rci i del público, no
sin alguna resistencia , en la que se vol6 la Mercedes \ que-
dando prisionera¡ las tres restantes. Esta violacion del derecho,


(1) La Fama, la l\ledlla, la l\hrcedes i l. Flora; las dos primeras pro.
cedeutes de l\1Qlltevideo con 1.564.54' p".os, i las dos últimas de Lima,
con cerca de dos millones en metálico udemas de 8U precloso carga~ellt"i
t"das al cargo del brigadiei dou Jos;: de Bustamaute ¡ (;"W!'l·...




HI'EI\Os-AIln:<:: ) 805 el
de gentes, este abuso de la fuerza, este desprecio de la razon
i de la justicia, estos actos violentos, en los que lo ho-
nesto quedó totalmente sacrificado á lo útü, escitaron viva-
mente el resentimiento del gabinete espariol , é hicieron que
se lanzase con mas energía i decision á favorecer el sistema
continental de Bonaparte, con la esperanza de ver perecer so-
bre montones de fardos, repelidos de todas partes, á los autores
de tamaños ultrages.


La alarma general producida por este inesperado rompi-
miento, i la sucesiva declaracion de guerra por parte de la
España en. este mismo ano de 1 80..¡., dieron fuerza á las sos-
pechas i creencia antigua, de que los ingleses tratarían de ha-
cer una invasión sobre el vireinato de Buenos-Aires.


El Virci, marques de Sobremonte , que se había distin-
,guido de un modo mui recomendable durante su anterior go-
bierno en Córdoba, por la fundación de nuevas poblaciones i
por la erección de obras curiosas é importantes, no correspon-
dió en esta época al gran concepto que de él se tenia forma-
uO. L.l3 precauciones que tomó para poner el país á cubierto
del inminente riesgo que le amenazaba, fueron ineficaces.


Una escuadra inglesa de 109 hombres de desembarco ha-
bia zarpado el ancla desde Bahía de Todos los Santos, i no se
dudaba de que su objeto fuera contra la banda oriental. Des-
de la salida de Bustamante habia quedado mandando la pla-
za de Montevideo el brigadier don Pascual Ruiz Huirdóbro,
sujeto dotado de talentos nada comunes, i de un cadcter acti-
vo, esforzado, i emprendedor. Sin embargo de las buenas dis-
posiciones de este gefc, pasó Sobremonte al citado puerto á fi-
nes de 1 B05 á formar por sí mismo el plan de defensa; mas
como dicha espedicion tenia por verdadero destino el cabo de
Buena Esperanza, cesaron por entonces los temores, i Sobre-
monte regresó á Iu capital.


A mediados de junio de 1806 se tuvo noticia en Buenos-
Aires de haberse dejado ver en las aguas de Montevideo algu-
nas velas sospechosas; i si bien esta alarma debiera haber sido
~ficieute p~a que se hubieran tomado enérgicas medidas de


17




ti Ill'ENOS-A1RM: 1806.
precaucion i defensa, se notó por el contrario bastante descui-
do é indiferencia de parte del gobierno.


Aquellos buques se fueron internando en el rio , i el 24
del mismo junio amagaron el desembarco en la ensenada de
Barragan , del que desistieron por la oposición de algunas ca-
ñoneras, mandadas par el eapitan de navío don Santiago Liniers.
Informado el virei de este primer ataque, aprestó la poca
tropa veterana, i convocó las milicias á recihir en el fuerte
con no poco desorden el mal armamento que en él habia. Em-
peñados los enemigos en llevar á cabo su arrojada empresa,
desembarcaron en los Quilmes á cuatro leguas de la ciudad,
teniendo que vencer un estero mui pantanoso que los pnícti-
cos creían intransitable. Esta ciega i mal calculada confianza
fue causa de que no se les opusiera una vigorosa resistencia,
oomo se habria podido con suma facilidad i poco riesgo, en
atención al poco fondo del rio en el punto del desembarco,
que hubieron de hacer en botes i partidas pequeñas, dejando
las naves á considerable distancia.


El 26 salió contra los invasores el subinspector don Pedre
Arce á la cabeza de un cuerpo de veteranos, i de unos 400
milicianos de caballería, mal armados i peor disciplinados; fr.
ro sin empeñar aecion alguna retrocedió ácia el puente de Gal-
Tez, que mandó incendiar para detenerles el paso. Despues de
haber dispuesto el virei la traslacion al interior de los cauda-
les públicos, se situó con 1500 hombres de caballería en ob-
servacion del enemigo; mas en la misma noche se retiró al
hospital de Barbones, i en seguida cuatro leguas tierra aden-
tro al monte llamado de Castro, dejando prevenido al briga-
dier Quintana, que se replegase al fuerte con su tropa i que
eapitulase en último apuro.


Reunidas allí todas las corporaciones del vireinato , rindie-
ron las tropas sus armas con los honores de la guerra, estipu-
lanJo los magistrados civiles la libertad de trasladarse á otro
punto en ejercicio de sus funciones" el reverendo obispo la
protección de la Relígion i culto, i el cabildo ó ayuntamiento
lJ garantía de las persona s i propiedades de aquel vecindario,




IWllNO.'-AI'tES: 1 ~o6. '7
i la conservación de los archivos príblicos. Así tomó posesión
de la capital del Rio de la Plata el general Beresford en 27
del citado junio con solos 1564 hombres que componían to-
da su fuerza. A las primeras agitaciones succdió un profundo
silencio, precursor del furioso volean que debia estallar muí
en breve, El dolor i la irritación se apoderaron á porfia del
corazón de los habitantes, i corridos de vergüenza no sabían
atinar el modo con que un puñado de estrangeros habia da-
do la lei á una ciudad de mas de 50~ almas, bien provista
de armas i artillería, i dotada de recursos i brazos, capaces de
haber sepultado en aquellas playas á cuantos hubieran tenido
la temeridad de profanarlas. Sus primeros desahogos fueron
las mas vehementes declamaciones contra el virei i gefes mi-
litares, atribuyendo aquel bochornoso desenlace á inteligencia
de unos con los ingleses, i á un criminal aturdimiento en los
dornas. Tomaron tal incremento estas voces i acriminaciones,
que penetrando hasta el acampamento del marques de Sobre-
monte se introdujo la desercion en sus milicias, i se relajó
completamente el respeto debido á su alto carácter.


Dueño ya Beresford de las armas i pertrechos de guerra,
pidió al ayuntamiento la devolucion de los caudales públicos que
habian sido estraidos anticipadamente; i como hubieran sali-
do dos comisionados de aquel cuerpo á informar al virei de
una peticion tan poco conforme con 108 mismos artículos de
la eapímlacíon, se vió sin embargo con sorpresa general la dé-
bil condescendencia con que fueron entregados, á pesar de te-
ner fuerzas para resistirlo, i medios para ponerlos en salvo.
Aunque Beresford había prometido tener en depósito dichos
caudales hasta la decision de las cortes respectivas, los embar-
có sin embargo para su nacion , i ocupó con igual injusticia
los fondos de propiedades estrarias , invadiendo las privadas de
la fragata Joaquina , i apremiando con rigor á los deudores de
la compañía de Filipinas. Desenvolviendo gradualmente di-
cho general sus simulados planes, se dcdicó á minar la opí-
nion del país insinuándose en los animes de sus habitantes, de-
clamando contra la figurada dureza i opresion del gobierno k:J": ...


.t,;~·i
./'




Ó llrENO.~-,\JllES: ¡ 806.
español, i soltando al mismo tiempo algunas espresiones que
les hiciesen concebir esperanzas de que la nación inglesa aspi-
raba mas bien á establecerse entre ellos como amiga, que á
dominarlos.


Habiéndose trasladado el marques de Sobremonte desde
Lujan á Córdoba, declaró á esta ciudad provisionalmente por
capital del vireinato , i desde allí ofició á los gobernadores de
su jurisdiccion i á las autoridades que mandaban en los PUIl-
tos confinantes, para que le ayudasen á arrojar de aquel conti-
nente á los invasores.


El capitan de navío don Santiago Liniers , frances de na-
eion , al servicio de España, se hallaba destacado en la ense-
nada de Barragan cuando se rindió la capital: libre por esta
circunstancia del juramento prestado por la guarnicion, pudo
entregarse á meditar los medios de salvar una benemérita po-
hlacíon , la que si bien ardía en deseos de sacudir el yugo tan
ignominiosamente impuesto, no se atrevia por sí sola, inerme
i sin apoyo, á dar rienda suelta á SllS nobles y generosos senti-
mientos de lavar el deshonor en que había quedado sumida
por descuido de unos, impericia i flojedad de otros, i por la.


. sorpresa de todos...
El valiente Liniers, cuya hermosa presencia i aire noble


compet ía con la grandeza de sn alma, cuya viveza de imagi-
nacían i lo exaltado de sus afectos, le hacían tan atrevido en
los consejos como pronto en la ejecucion , pasó á Montevideo,
donde se resolvio hacer una espedicion para la reconquista. El
honor de este mando 10 cedió en su obsequio el gobernador
Ruiz de Huirdohro , que ya de antemano hahía tenido igual
idea, i que sin la concurrencia de dicho Liniers, la habria lle-
vado á efecto. Con 800 hombres i varias lanchas de fuerza,
cañoneras i botes armados, zarpo Liniers de la colonia en 23
de julio, i desembarcó con su gente i artillería en las Conchas.


Divulgada en Buenos-Aires i su campaña la noticia de la
espedicion , redoblaron aquellos habitantes su alicnto , i vola-
ron gentes de todas clases á aumentar las filas realistas. El pe-
'luefio cuerpo de Liníers se había reforzado asimismo con




n CEi\'05- A TTlF:~: ,8oG. 9
323 hombres, que el capitan de fragata donjuan Gutierrez de
la Concha mandaba en el referido punto de la Colonia.


Con estas fuerzas, si bien inferiores todavía á las de Beresford,
le intimó en la de agosto la evacuacíon de la plaza, i una,
pronta rendicion sino qucria esperimentar el duro trance de la
guerra. El valiente caudillo británico, tan deseoso de conser-
var el honor militar como su conquista, hizo saher á Liníers,
que su defensa habia de ser tan gloriosa como la nacían á la
qne él pertenecía.


En su virtud se prepararon ambos á sellar con su sangre
la fidelidad que debian á sus respectivos Soberanos. El día
siguiente se pasó en escaramuzas de una i otra parte, en que
Beresford fue batido sobre la plaza del Retiro, cuyo triunfo,
aunque pequerío , se creyó como presagio de otro mui cercano
i decisivo. En efecto atacó Liniers el dia 12 por diferentes pun-
t os. La juventud hispano-americana suplió con sus pechos la
falta de aban trenes de la artilleria.


"Grandes habían sido los preparativos de Beresford ; mas
nada era capaz de arredrar á los que peleaban por la defen-
sa de sus hogares i de sus familias. Diez i ocho piezas de
artillería guardaban las entradas de la Plaza mayor, i sus
tropas guarnecían las azoteas, balcones, i. demas puntos
dominantes.


Fue embestido el enemigo por los realistas -con el mayor
esfuerzo i decisión. Liniers , que para hallarle era preciso bus-
carle donde habia mayor pc1igro, sin embargo de haber sido
ya traspasado su vestido por tres partes, parece que crecía en,
él su arrojo i bizarria en razon directa de la mayor resistencia
del enemigo.


Dos horas duró este terco i sangriento combate: triunfa--
ron las armas españolas; los ingleses cedieron, i se encerraron
precipitadamente en el fuerte, perseguidos con viveza por los,
vencedores,


Beresford lidió una capitulación que dejara cubierto el.
honor de sus armas; pero despreciadas sus primeras señales de:
bandera parlamentaria, i puestas escalas para el asalto, enar-.




1o BUENOS-ATllI!S: 1506.
baló la Española , sometiéndose á las con Iicíones tlue quisiera
imponerle el tan valiente como generoso Liniers. Lo fue este
hasta el estremo de concederle todos los honores de la guerra,
sin embargo de haberse rendido á discrocion los 1200 hom-
bres que sobrevivian al ejército espedicionario , entregando
1600 fusiles, 26 caüoucs ~ i las banderas del regimiento nú-
mero 71.


Habiéndose querido dar posteriormente al acto de dicha
eapitulacion un valor i estension mui distante de la realidad,
se vió precisado Liniers á contradecirlo solemnemente por me-
dio de un manifiesto , apoyado en los mismos hechos, que
habian ocurrido á la vista de los oficiales i tropa inglesa,
quienes habian sido testigos del noble comportamiento del
caudillo realista.


Este gran triunfo sin embargo produjo efectos mui con-
trarios á la estabilidad del dominio español ~ porque debi-
Iitado con la complicacion de los sucesos el imperio de las
leyes, i el respeto ácia las autoridades , se estinguió total-
mente aquel prestigio, Un necesario para conservar el pue-
blo en la sumisa dependencia; i aprovechándose los intri-
gantes del necio orgullo i torpe imprevisíon de la muche-
dumbre, fueron socavando el edificio del gobierno, envol-
viendo en sus criminales maquinaciones :í los que, deslum-
hrados con la precaria aura popular ~ no conocian que su
verdadera existencia políríoa , i la mas firme égida de sus
personas estaban identificadas con la conservacion de las de las
leyes i magistrados.


Cualesquiera que hubieran sido los cargos que resultasen
contra el virei Sobremonte , no era el pueblo quien debía eri-
girse en su juez, sino el Soberano español : hé aqui el primer
eslabón desprendido °de la gran cadena política, en la que es-
taban enlazados los intereses de aquellos paises. Empeñados
los buenos aireños en despojar del mando al gcfc legítimo, i
en investirlo en el libertador Liniers , se vió precisado el go-
bierno provisional á condescender con tan enérgicas reclama-
ciones que llevaban el sello de la insubordinación i rebeldía.




n t: JI\'OS- AlTIE,: ; 80G. I 1
Esta fue la primera revolucion de estado en que se ensay6 el
pueblo argentino para emprender mui pronto la de su inde-
pendencia. Los hombres sensatos, i entre ellos el mismo Li-
niers , veian con el mayor dolor el pernicioso ascendiente que
tomaba el mismo pueblo (TI las deliberaciones públicas; desde
luego se vió la formacion de un peligroso partido, que apoya-
do por el ayuntamirnto , i agitado ror el intrigante manejo
de algunos astutos conspiradores, iba minando la base de la
ebedíencia , é introduciendo una peligrosa aficion á la repre-
sentacion popular, tan contraria al gobierno i á las leyes es-
pañolas.


La primera tentativa de esta especie fue la convocatoria
que en 13 de agosto pasó el ayuntamiento á la Real Audien-
cia, corporaciones i vecinos de aquella ciudad, para que al
día siguiente concurriesen á una junta general que debia abrir-
se en obsequio del mejor servicio del Rei i de la Patria. Los
gefes que se hallaban á la cabeza del gobierno en aquella cri-
sis, debieron haberse opuesto á tan peligrosa innovacion; pero
no es facil descifrar el motivo del estupor é irresolucion que
se notó en ellos, de la que se aprovechó dicho Ayuntamiento
para llevar adelante sus planes desorganizadores. Se reunió
con efecto la junta, compuesta del citado cuerpo Consistorial,
del Obispo diocesano, tribunales, prelados i vecinos principa-
les; i discutida en ella la cuestion de si se debia reconocer la
autoridad del virei Sobremonte , la multitud se declaró por la
negativa del modo mas violento, cuyo alboroto produjo la re-
tirada de los ministros de la Real Audiencia, i á su continua-
cion proclam6 aquella asamblea tumultuaria por su gobema-
dor i comandante general al benemérito Liniers , quien no ad-
mitio el mando sino despues de una viva resistencia, i ofre-
ciendo al mismo tiempo su respetuoso hornenage al legítimo
gefe. Desconfiando los buenos-aireños de las miras de la Real
Audiencia, reconocidas por mui opuestas á la rerpetracion
de tamañas tropelías, se metieron diez de ellos enmascarados
en la casa del entonces fiscal Caspe , i en la actualidad con-
sejero del Supremo de Indias, íntímandole in muerte i la de




1 z RJjE\OS-AII:ES: 1~O(j.
BUS oompañeros , si intentaban restablecer á Sobre monte en el
asiento que le pertenecía,


Si bien la eleccion del nuevo gobernador no podía ser
mas acertada, fue sin embargo aquel atentado de un pésimo
egemplo; i de las mas fatales consecuencias la importancia
que se dirí á la muchedumbre, haciéndola creer que estaba en
su mano elegirse un gefe, i mezclarse en los negocios públicos,
profanando el santuario de las leyes i del legítimo poder.


Resignado el marques de Sobremonte á la fatalidad de su
destino, confirmó el mando militar á Liniers, delegó el políti-
co i administrativo en el regente de la. Real Audiencia, i se
retiró á Montevideo.


Bienio de temer una nueva tentativa de parte de los in-
gleses contra Buenos-Aires , bien fuera con refuerzos del Cabo,
ó con los de Europa, despleg::í Liniers el mayor celo i energía
para resistir á tola agresion. Con esta mira mandó se alista-
sen en cuerpos de milicias todos los habitantes de aquella ciu-
dad, nombrándose ellos mismos los gefes que debian mandar-
los, i dividiéndolos segun las provincias de su origen. Asi se
vieron organizados con la mayor presteza brillantes soldados,
Henos de emulacion i competencia, i deseosos todos de cubrir-
se de gloria. Los batallones de patricios, de los arribeños,
montañeses, andaluces, g'lllegos, vizcainos , castellanos, cata-
lanes, i los pardos i morenos; varias compañfas de artillería, i
bizarros escuadrones de caballería daban sólidas garantias al
esforzado Liniers de hacerse superior á toda clase de embate
esterior. Este fue el segunda paso equivocado, cuyas conse-
euencias previeron pocos por entonces. Se desniveló t.:l siste-
ma politico; se dejó tomar al pueblo una preponderancia peli-
grosa, al paso que se miró con descuido la tropa veterana, dra-
gones i blandengues que se hallaban en esqueleto, i que solo
habiendo sido aumentados en proporcion de la milicia local,
podian haber contrapesado la eposlcion , i haber formado una
impenetrable barrera contra las demasias de los innovadores.
En fin, sucedió á Buenos-Aires lo que sucede á todos los pue-
blos .cuando para salir de grandes apuros recurren á medida¡




lllJF.NOF-~-\íRES: 180;. 1.)
estremadas I como el hombre, que acometido de una enferme-
dad aguda i mortal, toma á su pesar medicinas, que si bien
le sacan del proximo peligro, traen á lo largo dolencias croni,
cas no menos graves.


Hasta el mismo gobierno se deslumbró con el brillo i
pompa de los naturales : aquel entusiasmo guerrero que se no-
taba en todas las clases, la emulacion de gloria, los despren-
dimientos generosos, la general disposicíon de sacrificarse to-
dos por sostener el honor de las armas españolas, i la firme de-
eision i confianza ccu que desafiaban al gran poder británico,
hicieron creer que un pueblo dotado de tan nobles sentimien-
tos no sería capaz de volver las armas contra aquel miSID()
Soberano, que de tan buena fé se las habia confiado para su
propia defensa.


En medio de este be1ico ardor se recibió la noticia de ha-
llarse ya sobre aquellas aguas una nueva escuadra inglesa con
fuerzas mui superiores: estas se presentaron con efecto á fines
c'e octubre á la vista de Montevideo, contra cuya plaza rom-
pieron el fuego, que fue contestado con viveza por sus ba-
terías.


Embestido Maldonado con mayor empeño , cayó en poder
de los ingleses, é igual suerte cupo á la isla de Gorriti des-
pues de una defensa gloriasa. Para contener á los que escita-
dos por el cebo del pillage se habian dirigido al cerro de San
Carlos, fue enviado el comandante don Felix Abreu con 400
hombres, é instrucciones de no arriesgar una batalla campal;
pero comprometido por el ardor imprudente de su misma tro-
pa, fue muerto con su segundo, i aquella sufrid un notable
descalabro.


El general de mar, Sir Home Popham , habia sido relevado
por el comandante Sterling, Sir Samuel Achmuty que mandaba
5~ hombres de tropas terrestres, desembarcó en 18 de enero
de 1807 al oeste de la punta de Carretas , é intimó la rendi-
elon á h. plaza de Montevideo. El virei 'i)o\m~mcmte contel>t6
con firmeza, arengó á su tropa, i se preparó á hacer una vigo-
rosa defensa. Los ingleses acoderaron sus buques para verifi-


18




14 BUF:NOS-AIllES: J807'
ear un desembarco á cubierto de sus fuegos por el punto
del Buceo, í lo verificaron sin tropiezo batiendo al virei que
se retiró en dispersíon á la vilIa de Guadalupe. Esta desgracia,
debida á la fatalidad, i de ningun modo á la falta de celo i
decisión, alentó á Jos revoltosos para desenfrenarse contra una
persona que miraban con tanto ceño,


Estrechada la plaza por el enemigo, salieron contra él 3:t}
hombres mandados por el brigadier Lecoc i por el mayor ge-
neral Viana. A pesar de los grandes esfuerzos de estos valientes,
perecieron 600 de ellos, i los demas hubieron de retirarse en el
mayor desorden. No sedesanimo la plaza por tan duro contraste,
ni fue menos heroica la resistencia que opuso á los repetidos
ataques que la dió el enemigo por el espacio de catorce días,
con tan poca interrupcion que las tropas no tuvieron un mo-
mento de descanso. Viéndose en este conflicto, pidieron con
la mayor ansiedad ausilios á Buenos-Aires, de cuya ciudad sa-
lieron inmediatamente 3200 hombres á las órdenes de Liniers.
El inspector Arce, que mandaba la vanguardia, entró en
Montevideo en 2 de febrero; pero habiendo dado los enemi-
gos en la misma noche un asalto irresistible á dicha plaza, se
posesionaron de ella en la mañana del 3, malogrando por
este inesperado incidente los nobles esfuerzos de la espedi-
cion argentina.


Los facciosos de Buenos-Aires se valieron de esta ocasión
para dar el último golpe á la autoridad del virei , i ensanchar
la del cabildo ó ayuntamiento, á cuya sombra esperaban rea-
lizar otros planes mas atrevidos que iban preparando con el
mayor disimulo.


Aqudla capital estaba entonces dividida en tres partidos.
Unos daban á entender que el marques de Sobremonte obra-
ba de acuerdo con los ingleses; otros atribuían el mal éxito
de sus operecíones á su torpe direccion , i los mas malignos
no se proponían mas objeto que el de fomentar la discordia
para minar las bases de la subordinacion , i allanar el camino
á la independencia, cuya idea halagüeña abrigaban muchos
en el corazon , siendo los menos los que previendo las funes-




15
tratasen de con-


BL'ENOR-ATREf\: J 807'
tas consecuencias de estos choques violentos
tenerlos.


El pueblo de Buenos-Aires, artificiosamente inflamado,
pidió la prision del marques de Sobremonte. El alcalde de
primer voto don Martin Alzaga, hombre tan ambicioso, co-
mo decidido realista, que sucesivamente fue víctima de su
fidelidad, era el fomes principal de aquel alboroto, por con-
siderarlo necesario para la seguridad del dominio español. Apo-
yado por varios comandantes de los nuevos cuerpos volunta-
rios, pidió otra convocacíon general, semejante á la del 1 3 de
junio del ano anterior. La Audiencia se opuso con vigor á es-
ta medida; pero los conspiradores supieron llegar á conmover
la entereza de Liniers , quien deseoso de conservar el órden i


las vidas de los oidores, influyó en los mismos para que para-
sen con su ecquiescencis el terrible golpe que les amenazaba
un pueblo desenfrenado i resuelto.


Reunida con efecto dicha junta ello de febrero, i pre-
ponderando en ella, como era de esperar, los revoltosos, reasu-
mió la Real Audiencia el mando pohtico , i Líniers el de las
armas; se decretó el arresto del virei , la ocupación de todos
sus papeles, i fue encargada su ejecucion al oidor don Ma-
nuel Velasco, quien con dos regidores, dos compañías de in-
fantería i una de caballería, á las órdenes del comandante del
cuerpo de vizcaínos don Pedro Murguiondo, pasó al sitio de
Pabon , donde aquel se hallaba; i sin la menor resistencia fue
conducido á Buenos-Aires.


El virei del Perú veía con el mayor dolor las disensiones
intestinas que agitaban al vireinato de Buenos-Aires, i los
peligros de que estaba rodeado por los ataques esteriores: su
primera idea fue de pasar en persona á calmar aquellos desór-
denes; pero el temor de los compromisos á que se esponia en
dicho viaje, hizo que desistiese de él, i envia en su lugar un
ausilio de 70o® .pesos.


Dueños los ingleses de Montevideo, se estendieron por Ia
Colonia í por toda la banda oriental, en la que no había quedado
mas tropa que 10$ dispersos de las acciones anteriores. Los ín-




16 flUENOS-ATll'R';: IRoj.
gleses habian adquirido mayor atrevimiento por impulso de
siete oficiales de su nacion , entre ellos el teniente coronel
Pak, quienes al tiempo de ir á ser intern rdos desde Lujun,
donde se hallaban en la clase de prisioneros, pudieron fugar-
se atropellando el sagrado de su palabra de honor i juramen-
to. Contra aquel ejercito altanero se envió una espedici: n,
mandada por el entonces coronel don Francisco Javier El.o , IX ra
que reuniendo las partidas sueltas , procurase incomodarlo i
contenerlo. Todo el arrojo de este gefe no pudo salvarlo de
ser derrotado las dos veces que se presentó al enemigo. En
vista de este malogro, i de los grandes refuerzos que recibían
los contrarios, con los que amenazaban una inminente inva-
sion en la capital de la Plata, se le mandó regresar á ella con
los restos de su division.


Ya desde mediados de mayo se hallaba en Montevideo el
teniente general Whítelocke encargado de la grande empresa
contra Buenos-Aires : reforzado este célebre guerrero por 70
hombres i por tUl gran número de oficiales generales; i bien
informado por Beresford i Pak de la situacion de aquel país,
desembarcó con 100 soldados á tres leguas oeste de la ca-
pital , protejido por 71 buques de Sil nacion, de los que se
desmembraron asimismo 1500 marineros con los que se for-
mó un total de 11.500 hombres.


Las tropas de defensa apenas llegaban á 79, casi todas
compuestas de los cuerpos voluntarios recién levantados; pero
aunque inferiores al enemigo en número i disciplina, le supe-
raban en valor, entereza í decision. Avanza la vanguardia in-
glesa en 30 de junio con 3500 hombres al mando de Ios ge~
nerales Gower i Crawford, bajo la direccion del astuto Pak;
le sigue el centro compuesto de 59 hombres, i quedan 2 ó 39
de retaguardia. A este tiempo. llegaron· despachos de la corte
confirmando á Thiniers en el mando de aquellas provincias;
cuya noticia, recibida en tan críticas circunstancias, dió ma-
yor impulso á la defensa proyectada. Ocupa el nuevo virci el
puente de Galvez, i permanece en él hasta el dia 2 de julio,
en que habiendo tomado Ios enemigos. la direccion del paEO




l'lT'El\OS-ATJn:s: 18oj: 17
chico , abandonó aquella posicion, i regresó á la ciudad que
circumbalaron i atacaron los ingleses el 5 por diferentes
puntos.


Una columna enemiga de 1500 hombres se dirigió al re-
tiro, i lo tomó despues de haber hecho una vigorosa defensa
el capitan de fragata don Juan Concha. Otra de 29 al mando
de Crawford penetró hasta la plazuela de Santo Domingo;
pero rechazada por el batallan de montañeses, ocupó aquel
convento, desde cuyas eminencias hacia un fuego vivísimo,
Este era general en toda la ciudad, cuyas azoteas tenian toma-
das confusamente la tropa i vecindario, causando desde ellas i
con las ventajas que les daba el conocimiento de la localidad,
tales descalabros en los enemigos, que llegaron estos á atolon-
drarse i desmayar á la vista de una resistencia tan terca como
inesperada. Empero 10 que mas abatió su espíritu fue la noti-
cia de que el general Crawford , no pudiendo con toda su di-
visión dar un paso adelante en Santo Domingo, i temiendo
ser sepultado entre sus ruinas por los muchos fuegos de la ar-
tillería gruesa, asestados contra él, se había visto precisado á
rendirse, despues de haber sufrido una pérdida considerable en
muertos i heridos.


Algo se reanimó WhiteIocke cuando supo que la columna,
destacada á ocupar el monasterio de Santa Catalina, lo había
ejecutado con tanta rapidez, que las religiosas no habian te'"
nido tiempo de huir sino de encerrarse en una pieza, llenas
del mayor sobresalto, i temiendo toda clase de desacatos; pero
el :~eiíor, que vela sobre las almas justas, contuvo la desen-
frenada licencia de la sohíadesca , salvando aquellos templos
vivos de su gracia, mientras que por sus inescrutables juicios
perrnitia 11 profanacion de sus altares; mas este fue un efíme-
ro triunfo. i un consuelo rnui pasagero, que se acibaró comple-
tamente con el total malogro de la columna destinada contra
el convento de la Merced, la que halló por todas partes la des-
truccion i la muerte.


Ambos ejércitos seguian peleando sin embargo con el ma-
yor encarnizamiento; el empello de la resistencia crecía en ra-




l~ lH'ENOS-AIRES: 1807.
zen de los obstáculos del ataque: este se hizo general; todos
estaban resueltos á sacrificarse; hasta el bello sexo se hallaba
armado del mas esforzado valor; el miedo era un ente desco-
nocido, í habria costado caro á quien hubiese tenido la im-
prudencia de pronunciarlo.


Ochenta oficiales de todas graduaciones con I:t> soldados
prisioneros, i á lo menos el doble de muertos, hacían esperar
una pronta terminacion de aquel sangriento choque. Aprove-
chándose Liniers del desaliento introducido en el campo ene-
migo, intima la rendición á Whitelocke, dejándole libre el
paso para reembarcarse con el resto de su ejército, i pro-
metiéndole la devolucion de los prisioneros de aquella luchai
de la primera espedicion. Whitelocke la acepta despues de va-
rias contestaciones, en las que no podía ocultar el vivo dolor
de que estaba poseido su corazon al ver frustrada una empre-
sa principiada con todas las probabilidades de buen resultado,
i en la que se hallaba comprometido su propio honor i la
gloria de su nacion. Firmdronse finalmente las capitulaciones
en 7 de julio, obligándose los ingleses á evacuar todo el ter-
ritorio americano-español, i á restituir la plaza de Montevideo
en el mismo estado en que se hallaba al tiempo de su ren-
dicion.


Una defensa tan valiente, un triunfo tan glorioso i unos
laureles tan ilustres, arrebatados de la arrogancia inglesa, lle-
naron de gozo á toda la América, é hicieron que se mirasen
con indulgencia las disensiones anteriores del ayuntamiento
i del pueblo de Buenos-Aires contra las autoridades: pero este
mismo orgullo popular, reforzado por el convencimiento de
su propia fuerza, i por la noble i generosa condescendencia
del gobierno, fue causa de que gradualmente se aumentase
la relajacion en la obediencia i respeto al virei i tribunales,
i de que llegase á tal grado la insubordinación de los cuer-
pos voluntarios i las demasías del cabildo, que tomando la
voz del pueblo se suscitasen continuas alarmas i ason adas
con la perniciosa tendencia á manejar los negocios de Estado.


-·Los ingleses habían sembrado varias semillas de discordia




TlrE~OS-A1RES: 1807- 19
con el objeto de fomentar en los habitantes su añcion á la
independencia. Su comercio clandestino, con el que se ha-
hian enriquecido algunas familias, escitó en otras el deseo de
que continuase aquel desorden en la administracion: el ayun-
tamiento i los cuerpos voluntarios, compuestos en su mayor
parte de la gente mercantil, lejos de apoyar la autoridad pa-
ra cortar tales escesos, los favorecian porque se hallaban inte-
resados en ellos: el gobierno tenia que tolerarlos á su pesar,
porque de quererlos resistir abiertamente, habría quedado des-
airado. No fueron pocos los casos en que los comandantes de
los cuerpos llegaron al estremo de atropellar á los empleados
i guardas de la Real Hacienda.


Por otra parte, todos estos cuerpos que en su origen no
habian irrogado gasto alguno, ensobervecidos con sus recien-
tes triunfos se hicieron tan exigentes, que fue preciso darles
un sueldo superior á los mismos veteranos, i cuanto podia
servir á sostener su lujo i estravagancia. j Desgraciado el go-
bierno que se ve en la necesidad de temer i halagar á la fuer-
za armada! Cuando las masas ignorantes llegan á penetrarse
de su valor é importancia, se convierten en verdaderos ene-
migos del mismo gobierno, por el que debieran sacrificarse.
Tal fue el resultado de Buenos-Aires: el virei conocia estos
inconvenientes, i no veía otro remedio á tan grave mal sino
la insensible reforma de aquellos cuerpos. Para llevarla á
efecto se pidieron tropas veteranas á España, sin las cuales
era imposible destruir el maligno contagio insurreccional que
iba cundiendo por América, ya con las intrigas de los estran-
geros, ya con la Iectura de nuevos publicistas i modernos fi-
lósofos, i ya finalmente con algunas furtivas publicaciones de
los americanos mas bulliciosos i atrevidos.


Con tales elementos no es estraño que el espíritu de re-
volucíon recorriese con rapidez los largos espacios, i fuese
preparando la opinión de los pueblos para declararse contra el
dominio español. tan pronto como se les proporcionase una
ocasion favorable, en la que pudiesen con menos riesgo entre-
garse á la ejecucion de sus atrevidos planes.




20 IHl"EN()~-AIRES: 18n8.
La eleccion de oficiales de república en I80S aumentó


Ias agitaciones interiores, i puso al gobierno en los mayores
co.airomisos. Dan Martín Alzaga en incautam .nte, i tal vez
sin conocerlo, el prototipo de los revoltoso : 3:lS d.seos de con-
tinuar ea el ejercicio de su empleo de primer alcal.le , para
hallarse á la cabeza del pueblo, infiamaron á este hasta el
punto de propasarse con asonadas i pasquines.


La traslación de la Familia Real de .llraganza al Brasil,
i varias especies rnaiiciosamente verüdas , hicieron mas cr.rica
i espinosa la situacion del gobierno, quien por mas que co-
nociese 10 arriesgado i costoso de los tercios voluntarios? cre-
yó necesaria su conservacion para ponerse al cubierto de todo
ataluc esterior. Agotados todos los fondos del tesoro público,
así como los donativos i préstamos de las provincias del Perú,
fue preciso realizar una contribución estraordinaría para
hacer frente á los inmensos gastos que erogaban las escesivas
atenciones de aquel vireinato. Decretóse un moderado im-
puesto sobre las propíedades , i el 114 por 100 de derechos so-
bre los efectos de introduccion: mas uno i otro fueron recha-
sa Ios por aquel pueblo inquieto i tumultuoso, que había ya
roto el dique del respeto i de la obediencia.


En el mes de abril comenzó la Serenísima Seiíora infan-
ta doiía Carlota á desplegar sus miras de proteger las provin-
cias del Rio de la Plata para arrebatarlas del poder de la
Francia, que las amenazaba inminentemente, i conservarlas
á la Real Familia de Esparía , de la que S. A. era el único
t"ástago que se hallase libre del influjo del emperador NaT
poleon.


En 14 de julio de 1803 lleg6 de Espaíi~ al puerto de Mon-
tevideo el berg.mtin Amigo Fiel, i en 25 la barca Santo Cristo
del Grao, conduciendo este último buque la Real cédula de 10
de abril del propio año , que ordenaba la jura en aquellos
dominios de nuestro Soberana el Sellar don Fernando VII,
i noticias mas que suficientes para venir en. conocimiento de
los infames proyectos de Bonaparte. El gobernador de aque-
lla plaza, don Francisco Javier Ello, dió cuenta al virci




nl'E'\OS--,\IT\ES: 1808 21
Liniers de haber proclamado á S. M. por bando publicado,
i anunciado el acto solemne de la jura para el dia 12 de
agosto inmediato, con arreglo á lo prevenido en dicha Real
cédula. El virei dispuso que se trasfiriese aquel acto al 3 1 del
referido mes, cuando la llegada en el dia 1 3 de Mr. Sasse,
nay, emisario de Napoleon para hacer reconocer por Rei de
España i de las Indias á su hermano José, hizo que se abre-
viasen los términos de la espresada jura, que se celebró el 2 l
con la mayor pompa i solemnidad.


TodavIa duraban los regocijos i fiestas públicas de la pro-
clamacíon , cuando se presentó el brigadier don José Manuel
de Goyeneche con las mas amplias facultades de la junta de
Sevilla para sostener la soberanía de Fernando VII en Amé-
rica, i la integridad de la Monarquía española, anunciando
al mismo tiempo el heroico empeño con que se hallaba
dispuesta la península á recibir las huestes enemigas, i á
sepultarse en sus ruinas antes que sufrir un yugo estrangero.


El orígen francés del virei Liniers , la proclama que este
dió á luz con fecha de 15 del citado agosto, reputada entre
muchos por sospechosa; la suspension de la jura por algunos
días, que tambien se calificó con el propio carácter, i el man-
do de las tropas que confirió en aquellas críticas círcunstan- .
cias :í su hermano el conde Liniers, hicieron creer al be-
nemérito gobernador Elfo, que el virei no tenia todo el ca-
racter i virtudes necesarias para regir aquellas provincias, i le
obligaron á hacerle oficialmente algunas advertencias, que con-
sideró aquel gefe como ofensivas á su persona i autoridad su-
perior. De aquí rcsultó que se reuniese la audiencia, el cuer-
po consistorial , el obispo diocesano i las principales autori-
dades ele Buenos-Aires, i acordasen el compareoimiento de
Elfo en aquella capital. Representaron este i el cabildo de ..'\1on-
tevideo con razones legales i de alta política la imperiosa ne-
cesidad de que no se llevase á efecto dicho comparendo, para que
no quedase sin cabeza aquel pueblo en momentos de tanta agita-
cion; i estando pendientes estas contestaciones, decretó e~ virei
porsí solo la deposicion del gobernador Ello, nombrandoen su


19




22 llLEl'\OS-A ¡nES: 18°0-
lugar al capitan de navio don Juan Angel JUichilena. Rece-
lando sus habitantes que esta novedad producirla miles de
mucha gravedad i trascendencia, protestaron contra a=luella
dísposicion, i se acordó la creacion de una junta, dando cuen-
ta exacta i documentada de todo lo ocurrido al citado virei i
al gobierno supremo de la nadan.


Si bien me he protestado constantemente contra todo ac-
to de desobediencia á la autoridad primaria, aunque envuel-
va en si solidas miras de conveniencia pública, ya que las
impresiones que deja son de mayor considerarion que el mo-
mentáneo bien que puede producir; aunque en esta parte no
soi un apologista del general Elío, no por eso dejaré de pro-
clamar altamente sus acendradas virtudes, sus brillantes ta-
lentos militares, su fidelidad al Soberano, i su decidida ad-
hesion á sus Reales derechos; cuyos dignos i sublimes senti-
mientos selló con su sangre, dejando con su ilustre i generosa
conducta, aun en el acto de su violento sacrificio, un modelo
de imitacion á los defensores de la Monarquía, i un indele-
ble borran á los perpetradores de aquel horrendo crimen.


El virei Liniers sofocó su resentimiento contra Elío, i
convino en que continuase con el gobierno de Montevideo,
siempre que fuese anulada la junta. Creyendo este que obra-
ba conforme con los intereses de la metrópoli, se decidió por
la conservacion de aquella, i quedó cortada la correspon-
dencia entre los espresados virei i gobernador.


Descle el principio de estas conmociones se había observa-
do en los ayuntamientos Cele Montevideo i Buenos-Aires una
estrecha correspondencia que arrojaba las mayores alarmas, i
hacia sospechar que aquel fatal ejemplo se comunicaria pron-
tamente por todas las clases.


Estalló finalmente el oculto complot en I? de enero; los
revoltosos se presentaron en la plaza de Buenos-Aires, pidien-
do una junta á imitacion de Montevideo. Aunque Liniers te-
nia fuerzas sobradas i el necesario prestigio para reprimir
aquellos primeros movimientos, quiso antes de manchar su
espada con la sangre de sus hijos, recurrir á los medios de una




I\LE~OS-AIr.ES: 18()g. 2:;
generosa concilíacion. Contenido el furor de las tropas, i con-
gregados en su palacio el obispo, la audiencia, el cabildo an-
terior i de aquel arío , el general Huirdobro, el brigadier Ma-
lina i otros sugetos de distincion , propuso Liniers hacer re-
nuncia de su mando en el oficial mas condecorado, con tal
que no se llevase á efecto la instalacion de una junta popu-
lar, que consideraba de la mas fatal trascendencia i come
el apoyo principal de los enemigos de la España. Habiende
sido infructuosas las medidas de persuasión adoptadas por
el prelado i ministros para calmar el alboroto, fue admiti-
da la demision de Liniers , i se instruyó al pueblo de aquella
novedad.


Empero observando los comandantes de los cuerpos pa-
tricios que el establecimiento de un gobierno colectivo era to-
davía prematuro, í qne no podría producir los buenos efec-
tos á que aspiraban, cambiaron prontamente la escena polí-
tica entrando precipitadamente en el fuerte algunos de ellos,
i protestando su resolucion de sostener la autoridad del virei
contra los amotinados, Conociendo estos su crítica posición,
desistieron de su maligno proyecto; i restituido Liniers á la
plenitud de su autoridad , se present6 en la plaza rodeado de
aquellas mismas tropas que na podían mirar al héroe que
tantas veces las habia conducido á la victoria sin prestarle
aquellos actos de homenage, i espresiones de entusiasmo á que
era tan acreedor. El pueblo demostró con iguales testimonio.
el jubilo de ver devuelto el mando i manos de quien tenia
tan sagrados títulos para conservarlo. Descubiertos los porme-
nores de la insurreccion , se vió que ésta había emanado del
ayuntamiento con el apoyo de algunos comandantes i cuer-
pos de patricios ~ de acuerdo con otros genios intrigantes i bu-
lliciosos; cuyo partido, si bien despreciable por su número,
ya que la inmensa mayoría estaba decidida por el orden , no
lo era así por su arrogancia, por su atrevimiento, i por ha-
llarse con las armas en la mano, acostumbrados á despreciar
el peligro i á sujetar la victoria. Aprehenlidos los principales
Instigadores don Martín Alzaga, don Esteban Villanueva, don




~d~ BUEN05-,ur,ES: i 809.
Juan Antonio Santa Colama i don Francisco Neira , fueron
relegados á la Costa Patagónica: otros tuvieron por arresto la
ciudad 6 sus casas, i se publicó un indulto en favor de la
multitud, que por seduccion ó sorpresa hu bieran tenido parte
en el alboroto, con reserva de imponer algunos castigos ejem-
plares , que nunca llegó á firmar el clemente i generoso
Liniers.


Otra de las medidas sabias, aunque tardía, fue la prohi-
hicion hecha al cabildo de celebrar sesion alguna cstraordina-
ria sin conocimiento del gefe superior, i el desarme de los
cuerpos voluntarios de vizcainos, catalanes i gallegos, que
mas se habían distinguido en la sedícíon. Esta providencia,
aunque útil en su esencia, como qne inutilizaba una peli-
grosa fucrza que había atentado contra el gobierno, fue sin
embargo mui perjudicial bajo el aspecto de que con la supre-
sien de aquellos cuerpos fieles á la metrópoli, si bien su ce-
guedad les hacia obrar en sentido contrarió, quedaron los del
pais libres del único dique que los contenia , i árbitros por
lo tanto del gobierno i del destino de a juella capital. La épo-
ca era la mas calamitosa. Se presentaba el horizonte tan car-
gado de nubes que anunciaba una proxim i tempestad. Las
infaustas noticias recibidas de los progresos de los franceses
en España tenian acobardados á los buenos realistas , al paso
que daban mayor arrogancia á los perturbadores del órden.
La Serenísima Señora Infanta doña Carlota Joaquina anun-
ció desde el Brasil la revolucion que se j ha maquinando en
Buenos-Aires, á cuyo fomento contribuían poderosamente el
médico ingles Mr. Paroysien i el rebelde Miranda, que des-
de Londres habia entablado una correspondencia criminal
con el ayuntamiento de Buenos-Aires, á quien escitaba abier-
tamente á la independencia, remitiéndole las bases i el modo
de constituirse, é instrucci ones para dirigir su empresa. El
virei recibió asímismo del Janeiro informes importantes, i
útiles consejos sobre la desconfianza con quc debía mirar ;Í
los ingleses, especialmente al coronel Borough , enviado del
almirante sir Sidney Smith,




nTExoS-Alntll: 180g. .25
No dejaba ele arrojar algun:ls recelos un papel en forma


ele manifiesto que circulo en Buenos-Aires á me.liados de este
año , escitando á los americanos á reconocer los derechos de
dicha Señora Infanta para ponerse á la cabeza de los domi-
nios españoles durante la cautividad del Soberano legítimo,
i especialmente la circunstancia de haberse reunido ácia el
mismo tiempo un ej~rcito de seis mil portugueses en el Rio
grande? amenazando las fronteras del Rio de la Plata.


El celoso Ministro plenipotenciario de S. M. C. en la
CÓIte del Brasil marques de Casa Irujo manejó este delica-
do negocio con todo el pulso i circunspeccion que exigían las
circunstancias? i con el acierto que era de esperar de sus su-
periores talentos,


No se ocultaron á su animo investigador los grandes esco-
llos en que le harían tropezar Ias sutilezas diplomáticas del
Conde de Linares i de Lord Strangford ; pero se presentó en
la palestra pol.tica, resuelto á sostener con el mayor tesan los
intereses del augusto Monarca que representaba.


El citado Lord Strangford , entonces lHinistro plenipo-
tenciario de S.'\1. B. en la corte del Brasil? había mostrado
desde el principio de las conmociones de Buenos Aires un
grande empeño en fomentarlas, creyendo abrir por este me-
dio un comercio mas lucrativo á los comerciantes de su na-
cion. Con esta mira se había opuesto :í la entrega de dos mil
fusiles que el gobierno legitimo de Buenos Aires habia com-
prado en el Cabo de Buena Esperanza? á cuyo punto los Iií-
zo retroceder luego qUt supo l~s primeras disensiones de la
plaza de lHontevideo con Liniers ; i si dicho armamento llegó
á ser entregado dcspucs á las autoridades del Rei , se debio tí
los esfuerzos del marques de Casa Trujo i á su activa corres-
pondencia entablada con el lHinistro esparíol cerca del gabi-
nete de San James. El mismo Straugford fue dando sucesi-
vamente nuevas pruebas de su adhesion al sistema de los in-
novadores argentino,? quienes se valieron mas de una ve»
(.~e los testimonios públicos de aquel representante para em-
baucar á los americanos con la idea de una decidida proteo-




26 BIJEJ'lOS-Alnl!S: [S<'9'
cion de parte de la Gran Bretaña. Es superior á todo elogio
el celo mostrado por el marques de Casa Irujo en esta oca-
sion para neutralizar los venenosos efectos que producia en
el giro de la revolucion la oficiosa intervencion del diplomá-
tico Ingles.


No es posible adivinar los motivos que influyeron en
aquel representante para observar una conducta tan dife-
rente de la que adoptaron varios comandantes ingleses q ue
cruzaban por aquellos mares, i en particular Fleming, Elliot
i aun el gobernador de Curazao. Es indudable qne Lord
Strangford contrarió constantemente las patrióticas miras del
Ministro español, Cuando al año siguiente ocurrieron los trá-
gicos sucesos de Buenos Aires, de los que se tratará en el ca-
pítulo que abraza la citada época, se le vió seguir una carre-
ra tortuosa i un simulado sistema, en medio del cual se tras-
lucia un deseo de que progresase la cansa de los rebeldes: de
aqui dimanó el patrocinio que dispensó á varios reos de es-
tado que desde Buenos Aires habían emigrado al Brasil; de
aqui el negarse al préstamo de cien mil pesos que le pidio el
marques de Casa Irujo para ausiliar á los defensores de
Montevideo; de aqui sus ocultos oficios para que el gobierno
Brasileño desechase asimismo aquella demanda; i de aquí
procedió finalmente el motivo de que S. A. R. la señora In-
fanta diese un rasgo sublime de desprendimiento i amor fra-
ternal, ofreciendo heroicamente al referido marques todas sus
joyas i alhajas al ver su desamparo i afliccion en momentos
tan críticos.


Después de haber trazado el carácter i conducta observa-
da por el representante britanico ~ será mui conducente para
la ilustracion de la historia pasar en revista la del Conde
Linares que dirigia en aquella época á su antojo los nego-
cios del Brasil. Los talentos de este estadista habrían resplan-
decido de un modo recomendable, si hubiera sido mas delica-
Jo en la eleccion de medios para promover la importancia de
su Soberano. Desde que principiaron los movimientos subver-
sivos de Buenos Aires, creyó haber llegado el momento,




IlLEl\'f)S-A1RE~:. 180) 2'"'
I


ansiado des.Ie tantos afias, de restablecer el dominio que la
Córte del Brasil pretendía sobre la Colonia del Sacramento, i
aun de estenderlo por taja la banda Oriental. Para ir prepa-
raudo este proyecto form6 un respetable c:lmpo en las fron-
teras del Vireinato , i lo conservó en estado de operar con
actividad á pesar de las vivas representaciones del Ministro
español, á las que contestaba con razones frívolas ó mas bien
subterfugios, alegando vanos temores de enemigos que no
existían.


Otro de los intrincados giros de su política era el de ha-
cer reconocer á la augusta esposa del príncipe Regente por
heredera eventual de la Monarquía española, á cuyo objeto
se esforzó cerca del gobierno de Cádiz para que dicha augusta
Princesa fuera colocada á la caheza de la Regencia que iba á:
establecerse en la península. No habiendo surtido SllS negocia-
ciones el efecto que se prometía de ellas, volvió sus miras á
los dominios de América, i empleó todos los recursos de su
ingenio para ver cumplido su plan favorito, á lo menos en
aquella parte; pero la sagaz prevision i los esfuerzos de los
buenos realistas i en particular del hábil Negociador marques
de Casa Irujo, i de las autori.lades de Montevideo, frustraron
sus ideas, aumentándose por estos manejos aquella fatal des-
confianza, qne si bien era justa en sus principios, tal vez ha-
bría admitido en el año de 181 1 una escepcion mui favorable
á los intereses del Rei. El Príncipe Regente i su augusta Es-
posa entraban gustosos en las miras de su lHinistro sin partici-
par de los simulados planes ambicioso, que se atribulan á
aquel diplomrítico. La Serenísima Señora Infanta dió testi-
monios irrefragables de su amor á la Real Familia, de la que
había heredado sus virtudes: sus promesas de hacer toda cla-
se dc sacrificios en obsequio ele los españoles eran tan síncc-
ras como noble su coraza n ; i por mas conjeturas que el polí-
titico observador haya querido formar sobre aquellos aconte-
cimientos, sed injusto todo cargo que arroje la menor man-
cilla sobre el caracter de tan ilustre Princesa.


No son los miramientos debidos á la hermana de nuestro




28 HENOS-AmES: 1809.
amado Monarca los que dirijen nuestra pluma para celebrar
sus virtudes, i su leal i gencroso comportamiento, sino la certe-
za de los hechos que hemos podido adquirir por documentos
incontrastables procedentes de lasmismas autoridades, cuya obli-
gacion era el referir sin disfraz hasta los menores estravíos
políticos de las personas que componían la Córte del Brasil en
aquella época. Apoyado pues en tales testimonios podemos sin
faltar á la verdad histórica presentar aquella augusta Prince-
sa bajo el aspecto mas lisonjero, proclamando sus conspicuas
dotes i los heróicos rasgos de desinterés, amor i lealtad ácia la
Monarquía de los Borbones, que por el realce adquirido en
aquella época calamitosa merecen que se perpetúe su memoria
en los anales de España,


Despues de haber hecho esta prolija digresion, si bien
necesaria para conocer las varias complicaciones políticas que
mediaron en el curso de la revolucion argentina, volveremos
á tomar el hilo de la narración histórica.


Alarmada la junta central por las discordias en que es-
taba sumido el gobierno de las provincias del Rio de la Pla-
ta, recelando tal vez de la fidelidad de Linicrs , i conociendo
que solo colocando á la cabeza de aquel víreinato un perso-
nage de alto rango, de acreditada opinion , de pulso en los
negocios, de conocidas virtudes í de fina política, podia res-
tablecerse la disciplina i obediencia, tan relajada por las con-
mociones anteriores, nombró para aquel delicado puesto á
don Baltasar Hidalgo de Cisneros , confirmó á don Francisco
Javier Elio la sub-inspeccion general, i confirió á don Vicente
Nieto el gobierno de Montevideo. Para hacer menos sensible este
golpe al pundonoroso Liníers , se le reconoeió la asignacion
anual dc 10021 reales sobre las cajas de Buenos-Aires, que
con el título de conde de dicha ciudad le habia sido concedi-
da en premio de sus victorias sobre Whitelocke, por las cuales
había sido hecho tambien gcfe de escuadra de la Real armada,


Como ya hubieran empezado las disensiones intestinas en
el Alto Perú, cesó la remesa de fondos á Buenos-Aires: los
apuros pecuniarios llegaron al estremo, la contribución es-




nlE:'o.OS-,\lfrE";; ISO!). ~C)
traor.Iinaria no había tenido efecto. El virei Cisneros ') que no
IitllÍJ rueaos de alfInirar la conducta de Liniers en el acto de
la cntrega del mando (I), i que debio persuadirse de lo in-
fundadas qne habían sido las sospechas concebidas contra es-
te digno militar, cuando él mismo solicit6 retirarse á 150
leguas de distancia para quitar á la maledicencia toda la fuer-
za de sus tiros; el benemérito Cisneros , á cuya voz se des-
armaron moment Ineumente los partidos, se vió forzado por el
curso imperioso de las circunstancias, i para salir de la crítica
posidon en que se veía envuelto por la falta de recursos, á de-
cretar la libre introduccion de comercio bajo un nuevo regla-
mento de utilidad precaria, que si bien correspondió al princi-
pio á las miras que se había propuesto, por las crecidas sumas
que rindieron las aduanas, produjo sin embargo fatales resul-
tados á la estabilidad. del gobierno i á la prosperidad nacional,


En cualesquiera otra época habría sido altamente repren-
sible la atrevida providencia del virei ; pero entonces se hizo
escusablc , atendida la carencia absoluta de medios para cu-
hrir las obligaciones del Estado, la ninguna esperanza de
recibir ausilios de la agoviJ.da península, la falta de marina
para icontener el horroroso contrabando que se hacia por
aquellas costas, i el funesto convencimiento de que t;l0 había
otro medio para salvar aquel reino.


Toda la sagacidad i política de Cisneros no pudo libertar-
le de ser el blanco de las intrigas revolucionadas: dudoso i
perplejo cual nave comhatida por las olas, iba creciendo en
él la J.eacon{janza, i en igual modo el aliento de los que sa-
bian .inspirfrsela. Dejaremos en este estado de aparente tran-
quilidad, pero de sordo murmullo, la capital de Buenos-
Aires, i pasaremos á recorrer la primera época de la revolu-
don del Alto Perú.


(J) FUl~ con efu.;h..: al t arnente rt"come:~ualJle el varoui l estuerzo con
que desechó ti s(~dudor e1l1jleÜO de los Hueuoa-Aireúos en oblig'31le á
n;tenel' t·l uiaudo , i La helúica resoluciou con que tatuando una pistola en
la mano olr eció asestarla contra su propia cabeza antes que faltar á S,,¡;
¡]d'~rei.


20




30
""'"'''''''''''''"'''''''''''""'~V',1'''''''''''V\,,," """" ,,'"


CAPITULO n.


-----<~I\t~,.,,~-.---


,


PERU: ANO DE 18°9·


Insurreccion de Charcas, i La Paz. Arribo del brigadier don
José M,muel de Goyeneche. Prision del presidente don
Ramon Garcla Pizarra, i su forzada renuncia. Deposi-
cien de las autoridades de La Paz, é instalacion de una
junta popular con el nombre de Tuitioa, Goyeneche nom-
brado presidente interino del Cuzco, i general en gefe de
un ejército que debia organizarse para calmar dicha insur-
reccion ; i del que habia de ser su segundo el coronel don
Juan Ramirez, Nombramiento de don Vicente Nieto para
la presidencia de Charcas. Alboroto de los principales reos
contra sus autoridades. Sacrificio de Indaburu ; gefe de
las armas rebeldes. Saqueo horroroso de La Paz. Entrada
de las tropas realistas en dicha ciudad, i destruccion de
los revolucionarios. Sujecion de Charcas.


El Alto Perú, segun se ha dicho en otro lugar ~ se com-
ponía de las provincias de Potosf , La Paz, Charcas (1), Co-
chabamba , Santa Cruz ~ i de los gobiernos de Mojos i Chi-
quitos, de cuyo pais ~ aunque incorporado al vireinato de
Buenos-Aires desde el año 1778, hablaremos separadamente por
haber formado desde 1810 una especie de gobierno misto,
dirigido por un general en gefe realista, sin mas dependencia
del virei de Lima que en los puntos generales de alta ad-


(1) Dehe tenerse prrsr-n te que Charcas, Chl!q;lisaca i La Plala son
los nombres usados iud ist intam ente papa espresar la misma ciudad, t{UF.
es la capital actual de la nueva república de .Uolivia.




PERÚ: 180g_ 31
mínistracion , ó para la sanción de sus providencias i ope-
raciones.


Desde mucho tiempo existían empeñados debates entre el
presidente de Charcas don Ramon Garcia Pizarra i la au-
diencia, i entre su arzobispo i cabildo eclesiástico. El estado
violento é inquieto de los negocios iba tomando cada dia ma-
yorcuerpo; i enconados los partidos hasta un grado irrecon-
ciliable, solicitaban respectivamente el apoyo del pueblo pa-
ra salir triunfantes de aquella lucha, aflojando por este me-
dio los resortes de la obediencia, i dando el fatal ejemplo de
que la insensata muchedumbre llegase á cnsobervecerse con
una importancia tan impolíticamente declarada.


Creció de punto la írritacíon de ambos partidos, cuands
el prcsidente se declaró en favor del arzobispo, acerca del
nombramiento de provisor, en oposición al cabildo eclesiás-
tico, que se veía apoyado por la audiencia. Cuando la exas-
peracion de los ánimos ha llegado á un grado de desenfreno, el
menor incidente abre hondos abismos en que se sepulta el
bien estar de los pueblos, i aun de reinos enteros, por no ha-
ber virtudes, que haciendo callar los estímulos del ignoble
resentímiento , sacrifiquen á las aras de la justicia 6 de la
conveniencia pública los dictados de privadas pasiones.


Había llegado á esta sazon el brigadier Goyeneche con el
mismo objeto que le había conducido á Buenos-Aires, que
era el de hacer reconocer la autoridad suprema de la junta
central de Scvilla, i de avivar en los habitantes del Perú los
sentimientos de fidelidad al Soberano i de union á la metró-
poli. La audiencia se habia manifestado indecisa, i aun re-
nitente en reconocer al enviado, i asimismo en respetar el
objeto de su mision , sin mas razon aparente que el ernpeüo
de Pizarra en sostener á Goyeneche, i la desconfía nza de sus
poderes. Estos dos gefes estaban para apelar al estremado re-
curso de una oposicion armada contra las pretensiones de Ia
audiencia, cuando se presentó el arzobispo á templar los áni-
mos con su apostólica medíacion,


Sin embargo de esta conciliacion esterlor comenzaron los




31 PERÚ,' 1809.
descontentos á minar sordamente la opinion bien cimentada
del señor Goyeneche, atribuyéndole ocultas miras de entre-
gar aquellos paises á la Serenísima Señora Infanta doria Car-
lota Joaquina de Barban, á cuya augusta Princesa se la ul-
trajaba con solo recelar de que fuera capaz de mostrar otra
clase de ambician que la mui noble de salvar aquellos domi-
nios para entregarlos á su legítimo Soberano, cuando hubiese
vuelto de-su cautiverio.


La audiencia, que habla jurado un odio irreconciliable al
presi.iente , se valió de las alarmantes voces que habían em-
pezado á cundir en el pueblo, para deponer á dicho gefe. Con.
Ia idea de hacerlo mas odioso, esparció la voz, de que trataba de
prender, i aun de decapitar secretamente algunos vecinos i em-
pleados que no eran de su partido.


Dificil es el atinar las verdaderas causas del motin qne se
suscito con este pretesto en 25 de mayo. Los oidores que de-
bieran haber sido el baluarte principal de la obediencia á la
autoridad del Reí, i que no podían ignorar Ins fatales conse-
cuencias que había de producir la rclajacion del freno de las
leyes i el movimiento de la fuerza popular , parece que fue-
ron los primeros qne se pronunciaron por la subversion. Re-
unidos en una casa particular, al tiempo que la furiosa plebe
introducía el· desorden i la anarquía, amenazando á la villa
del general Pizarra, tomaron el partido de estrechar :t aqud
benemérito gefe á su renuncia i á la entrega de las armas i
artillería: uno de ellos pasó á apoderarse de esta última, otro
á situarla en la plaza violentando el aImaeen de pólvora, i otro
<1 intimar de un modo airado á dicho presidente h ab.Iica-
cion de su autoridad. Se dió soltura á los presos, i lejos de
contener á la desenfrenada multitud en la carrera de sus es-
cesas, se la dió rienda suelta i una ilimitada libertad. Apoyados
los facciosos esencialmente en la audiencia, como la única
áncora de su esperanza contra los esfuerzos de Pizarra, ata-
caron violentamente su palario , se apoderaron de su perso-
na , lo encerraron en una prision, i lo forzaron á abdicar el
mando,




PT'n ir: 1809- 33
El gobernador intendente de Potosí don Francisco de Pau-


Ia Sanz no se atrevió á dar un paso para sofocar la insurrec-
cíon de Charcas, temiendo sin duda salir desairado en su em-
presa contra un pueblo tan decidido i resuelto, que se pre-
paraba á oponer á las bien concertadas maniobras de una
tropa bizarra i perfectamente disciplinada una resistencia fu-
riosa, i todos los recursos de un despechado compromiso,


Mientras que dicha ciudad de Charcas estaba ardiendo en
el mas vivo fuego revolucionario, aparentaba su Real audien-
cia una engaiíosa calma, i trataba de convencer de la cesacion
de los desórdenes al virei de Bucnos-Aires , á fin de paralizar
con estos falsos informes todo esfuerzo que pudiera hacerse
para tomar la debida satisfaccion de aquellas tropelías.


Los motivos alegados de su alzarnientc- eran mui pareci-
dos á los de los otros paises que se fueron revolucionando su-
cesivamente. Aparente fidelidad á Fernando VIl, decision por
conservarle aquellos dominios para cuando saliese de su cau-
tiverio, fingidas sospechas de que las autoridades legítimas
tratahan de proclamar la soberanfa de la Casa de Braganza,
formación de juntas independientes para preservarse de unos
males, inventados por una falsa aprehension, i sostenidos por
la intriga: hé aquí los medios de que se valieron los conspi-
radores en todo el vireinato de Buenos-Aires i del Perú, para
llevar adelante sus planes de infidencia,


Los apóstoles de la revolucion de Charcas, Paredes, Mi-
chel, Alcerrica, Lanza i otros muchos partieron inmediata-
mente para las demas provincias del Alto Perri á contaminar-
las con su cngailosa seduccion. De todas partes fue repelida
3U oficiosa intervencion , menos de la ciudad de la Paz. La
mandaba por dcsgracia á aquella sazon un asesor octogenario,
i IJS armas estaban confiadas á un oficial subalterno del fijo
de Buenos-Aires, con un puñado de veteranos, independien-
temente de un batallón de milicias , cuya disciplina i arreglo
se hallaba asimismo en el mayor descuiIo. Las tentativas del
comisionado de la AUlliencia de Charcas no produjeron al
;princ~Jio el resultado que se prometia ; pero al favor de la




3/~ I'ER Ú: 180g.
imprevision i falta de precauciones de los gobernantes estalle)
el fuego de la sedición en la noche del 16 de julio, sorpren-
diendo los conjurados al centinela i guardia de prevencíon , i
apoderándose de la fuerza armada i del gobierno. .


A su consecuencia se exigió la renuncia del asesor i del
obispo, se creó una junta con el nombre de 'I'uitiva , fueron
agregados cuatro individuos al ayuntamiento, depuestos va-
rios empleados públicos, nombrados otros gefes i cabos mili-
tares, enviados nuevos subdelegados i comandantes á los par-
tidos, tomadas varias medidas de defensa, i dilapidados los
fondos públicos.


Siempre con el nombre de Fernando VII en la boca, i
publicando al mismo tiempo mil especies injuriosas sobre Ia
supuesta traicion de las autoridades para cntregar aquellos do-
minios á la corte del Brasil, fueron alarmando los demas pai-
ses confinantes, í haciendo los posibles esfuerzos por cornu ni-
car su injusta desconfianza i la semilla de la insurreccion á
los sencillos indios, que formaban la masa principal de la po~
hlacion.


Alarmado el virei de Lima, i temeroso de que los ausi-
lios de Buenos-Aires no pudiesen llegar oportunamente á apa·
gar el horroroso fuego que amenazaba comunicar su llama á
las demas provincias de aquel vireinato , envió al coronel don
Juan Ramirez á la provincia de Puno para que organizase en
ella un cuerpo de tropas, i nombró al brigadier Goycneche
presidente interino del Cuzco, í general en gefe del ejército,
del que dicho Ramirez debia ser su segundo, oficiando al
mismo tiempo á todas las autoridades realistas par:! (pe co-
operasen por todos los medios posibles al feliz resultado de las
operaciones cometidas á estos digllOs gefes.


La Audiencia de Charcas seguia en el entretanto aparen-
.tando una fingida armonía con los comandantes realistas de
los demas puntos; pero secretamente ostruia todos los medios
que se dirigian á la reconciliaclon , lejos de prestarse á sofo-
car el fuego de la rebeldía.


Penetrado el vire] de Buenos-Aires del mal espíritu de




J'Enü: 180q. 35
las autoridadcs de aqueIIa ciudad, nomhró un gefe para n;p;
se encargase de su presidencia, confiándole una fuerza com-
peten te, é instrucciones para que obrase de acuerdo con el go·
bernador de Potosí, i con el comandante general, que había
salido de Lima. Desconcertados los revolucionarios de la Paz
al ver ya situadas las tropas del brigadier Goyeneehe en la
provincia de Puno i márgenes del rio del Desagüadero , que
dividía los dos vireinatos ; hallándose sin recursos para resis-
tir la seria lucha que se disponia contra ellos, sin gefes , sin
union , sin direccion, i sin mas fondos que los tristes despojos
de su dilapidacion, trataron de desistir de sus absurdos planes;
pero aun en esta forzada humillacion se hallaron mil incon-
venientes, inventados por el despechado compromiso de los
principales autores, que temian no les alcanzase la clemencia
del gobierno del Rei.


Aunque dicha junta había prometido en particular icen
reserva reconocer francamente la dependencia de los vireyes
de Buenos-Aires i de Lima, el de este último punto, que te-
mía con sobrado fundamento que aquel acto de sumision fue-
ra efecto del temor i no de la voluntad, di6 algunas treguas
para que conociendo los revoltosos el volcan sobre que cami-
naban, se apresurasen por sí solos á destruir el germen de la
discordia, i á hacerse dignos de la gracia del gobierno legíti-
mo. No fueron vanos estos cálculos: algunos de los revolu-
cionarios, el cabildo, i aun el mismo Muríllo , gefe principal
de las armas, se dirigieron de nuevo al virei de Buenos-Aires
j al gobernador de Potosf , manifestando las buenas disposi-
ciones de que se veían animados.


Coherentemente á estas sus primeras aberturas, suaviza-
ron el sistema de opresion en que habían tenido á los euro-
peos i á la parte sana del vecindario; pero trasluciendo estas
ideas los principales delincuentes, suscitaron un terrible albo-
roto en la noche del 13 de octubre, de cuyas resultas fue se-
parado del mundo [}lurillo, arrastrados por las calles el alcalde
de primer voto don Francisco Yangüas, i el ministro tesore-
"KO don Sebastian de Arrieta, i dispersos i ahuyentados los de-




3G PERÚ: 1 S0!1.
mas vecinos honrados que estaban fraguando la contra-revo-
lucien.


Tomó el mando de las armas el segundo de Murillo, un
tal Indaburu , quien penetrado de la inconsistencia de su go-
bierno, mas bien que por arrepentimiento de su error, trató
de persuadir secretamente al comandante general Goyencche
de los deseos que tenia de entregarle su espada, que la Indis,
pensable necesidad le babia hecho desenvainar á favor de los
facciosos.


Dicho general Goyeneche, constituido ya en estado de ha-
cerse respetar, intimó la rendicion á la ciudad, i convino en
una generosa conciliacion con dos diputados que aquella le
comisionó, si el cabildo recogía todas las armas i las entrega-
ba á un edecan encargado de la egecocion. La ciudad se pres-
taba gustosa á estas justas condiciones, pero los despechados.
se armaron de un desesperado furor para estorbarlo. La fuer-
za de todos los facciosos se componía de 600 hombres de fu-
sil, 200 paisanos bien montados i armados, i de una multi-
tud de indios con lanza i macana: una parte se hallaba en
un campamento que habían formado en el cerro de Chacal-
taya á una legua de la ciudad, i la otra de guarnícíon en la
misma.


Indabnru, que aspiraba á contraer distinguidos méritos,
que lavando su mancha anterior, lo restableciesen en la gracia
del gobierno del Rei , sorprendió en la noche del r8 de octu-
bre á varios de los principales alborotadores. Contando con la
tropa de la guarnicion i con la del campamento, que supo--
nia de toda su devocion , trató de decapitarlos á la maña-
na siguiente. Ya lo habia ejecutado con Rodriguea, cuan.ío
sus compañeros bajaron desenfrenados á la ciudad, penetra-
ron hasta la plaza, i forzando las trincheras con que se ha-
bia parapetado Indaburu , dispersaron toda su gente, lo hi-
cieron pedazos i lo colgaron en la misma horca que él había
preparado para aquellos.


Esta fue la señal del desorden i de la anarquía. La tropa,
la plebe i los indios se entregaron á un saqueo general de




PERÚ: 180g_ J~
• ¡


tiendas , almacenes i casas de todos los europeos i de sus par-
tidaríos ; i despues de haber saciado su furor i codicia, volvie-
ron :í. ocupar la posición de Chacaltaya con la mira de salvar-
JC con la fuga tan pronto como se presentase el ejército rea-
lista. Asi se verhico en la mañana del 25 á la vista de la¡
primeras partidas, volando el parque i municiones, i abando-
nando sus tiendas, víveres, i varios efectos procedentes del
laqueo.


La ciudad quedó desierta; el mayor general Tristan en-
tró de vanguardia, i en seguida el general Goyeneche des-
pues de haber dejado en el alto una parte de su ejército á las
órdenes de su segundo, el coronel Ramirez. Mui pronto vol-
l'ió á poblarse la ciudad: cundiendo por su campaña la faus-
ta noticia de su ocupacion por las tropas del Rei , se restitu-
yeron á sus hogares las muchas familias que habian debido
sustraerse con la fuga á los escesos de la indómita plebe.


Mientras que el digno general se ocupaba en arreglar la
administracion pública, salieron dos espediciones para los pue-
blos de Coroico é Irupana , donde se había reunido la mayor
parte de los facciosos. Don Domingo 'I'ristan , que las manda-
ba, los derrotó completamente, i apresó casi todos los caudi-
llos; i dos de los pocos que pudieron fugarse, fueron asesina-
dos por sus mismos cómplices en la montaña que divide Ia
provincia de la Paz de los indios errantes.


Habiéndose dirigido el general Goyeneche al virei de Bue-
nos-Aires en solicitud de un togado que sustanciase la causa.
de los reos de aquella revolucion , recibi6 en su vez la facul-
tad de juzgarlos militarmente con su auditor de guerra, ha-
ciendo algunos ejemplares castigos para escarmiento público.
ValitJndose Goyeneche de [estas facultades, impuso la pena
capital á nueve de los principales delincuentes, la de destier-
ro, confinación, i multas pecuniarias á otros, i publicó en se-
guida un indulto general.


Los de Charcas, que se habian resistido á dar curso á
una proclama, que desde Tupiza les habia anticipado el nue-
vo presidente Nieto, i que habian presentado diricultades pa-


21




38 1'1iHU; 18°9'
ra recibirle sin que precediese una cordial transacion que de-
jase cubiertos bajo un velo impenetrable sus primeros desa-
ciertos; aterrados con el éxito desastroso de los revoluciona-
rios de la Paz, se apresuraron á poner en libertad al general
Pizarro , i á nombrar una diputaeion que presentase su ren-
dido homenaje al nuevo gefe.


Verifico este su entrada en la Plata el 24 de diciem-
bre; i dando principio á sus indagaciones contra los perturba-
dores del 6rden, se hicieron varias prisiones, fueron confina-
dos á diferentes puntos los ministros de la Audiencia, á es-
eepcíon del conde de San Javier i del oidor Campoblanco , i
remitidos -á Lima el asesor Romano, el comandante de ar-
mas Arenales, con algunos otros individuos.


Con estas suaves medidas, i con mui poca efusion de san-
gre, fue enfrenada la osadía de los primeros sediciosos de la
América Meridional i Nieto quedó mandando la provincia i el
coronel don Juan Ramirez paso al gobierno de la Paz, i el
general Goyeneche á su presidencia del Cuzco. Asi termino
la primera revolución del Alto Perú en el año 18°9'




39
\ n1,H 1 ~ \ ln ~,Hit n l'\'\}\¡\I\J\.'IU\'\f'I\I\i\!lJ\IlJ\'VIr"tIV\Jl<J~.'tJ\'lJ'!iV\I\'\'\Ill'M;~i\ll'


CAPITULO IIJ.


out r o: .80g.


Primera época de la reuolucion de Quito. Deposicion del pre-
sidente Conde Ruiz de Castilla. Instalacion de una junta
suprema con todos los atributos de la Soberanla, Decision
de las provincias por la causa del Rei. Protesta del ayun-
tamiento contra aquel movimiento subversivo. Destruccion
de las partidas insurgentes. Renuncia del primer presiden.
te, marques de Selva Alegre, i nombramiento de don Tor-
cuato Guerrero. Reposicion del legitimo presidente Casti-
lla, i restablecimiento sucesivo del gobierno del Rei. Es-
pediciones de Santa Fé i Lima contra los sediciosos quite-
ños, Arresto de los principales motores de la revoluciono
Estado de los negocios á fines de 18°9'


Participando algunos inquietos i ambiciosos quiteños de
las mismas ideas revolucionarias que han sido comunes á to-
da la América, i abusando cobardemente de la debilidad i
desamparo en que estaba sumida la madre patria por las ter-
ribles armas del guerrero del siglo, fueron los que mas pron-
to se ensayaron en sacudir la dependencia de las autoridades
realistas. Celebrando su primera ilegítima reunion en 25 de
diciembre de 1808 en el obrage de Chillo, bajo la direccion
de don Juan Pio ::vIontufar, marques de Selva Alegre, se con-
vinieron en formar una junta suprema, aparentando un fingi-
do celo de conservar aquel reino al seriar don Fernando VII,
con cuyo ardid esperaban paralizar todo esfuerzo que hiciera
el inocente pueblo contra tales innovaciones.


Por mui reservado que hubieran tenido este proyecto, IN




40 oriro : 18°9'
dejó de traslucirse. El padre comendador de la Merced frai
José 'I'orresano , á quien se habia confiado el secreto, lo \.:0-
municó á otro religioso de su orden, éste á don José AlarIa.
de la Pella __ quien lo denunció á don Francisco Javier Man-
zanos, entonces asesor general de la presidencia, i actualmente
ministro togado en el Supremo de Indias.


Jnstruyose el proceso, i se procedió en 9 de marzo
de 18c9 al arresto de dicho marques de Selva Alegre, del
doctor don Juan de Dios Morales, secretario qne había sido
de la misma presiJencia, de don Juan Salinas, capitan refor-
mado de las compañías de Quito, de den Nicolás Pena, capi-
tan de milicias, i de don Manuel Quiroga, abogado de aque-
lla Audiencia. La designacion de estos sllgetos, como corifeos
de la revolución proyectada, se iba evídenciando ; el capitan
general manifestaba el empeño de castigar aquel primer aten-
tado, cuando no hallando los reos medio alguno de evitar la
tormenta que les amenazaba el celo i eficacia del incorrupti-
ble Manzunos , hicieron una representacion para que este be-
nemérito togado no interviniera en su causa, alegando como
motivos de su recusacion , varios disgustos ocurridos entre los
MontIÍfares i el suegro de aquel, don Simon Saenz de Verga-
ra. El presidente Conde Ruiz de Castilla, cuya confianza,
sinceridad i buena fé competían con su generosidad i dulzura,
accedió á una súplica que estaba en armonía con la mas es-
crupulosa moralidad, si bien era poco conforme á las apura-
das circunstancias de aquella época. Se trasladó la causa al se-
ñor Fuertes i Amar, oidor de la misma Audiencia, cuyo su-
geto , aunque Íntegro i justificado, carecía sin embargo de
aquel tacto fino i delicado que nace de la gran práctica del
mundo para conocer los genios intrigantes que saben con una
seductora elocuencia ó hipócrita impostura deslumbrar aun
á los hombres de mas sabiduría, si poseen en igual grado
una incauta confianza i descuido.


Por falta pues de prevísion , 6 por malicia del fiscal Are-
chaga que actuó en el proceso, se pusieron en libertad los re-
feridos presos. La favorable terminacion de este juicio pam




Qlj rro : 18°9. ¿¡-t
los acusados, i la alegrÍa con que se recibió su triunfo, les hi-
zo ver el apoyo ó la tolerancia con que podían contar de una.
parte del pueblo, i aun de varias corporaciones, quc atribuían
torpemente á un acendrado patriotismo lo que era efecto de
la ambicion i rebeklía.


Los europeos residentes en dicha ciudad de Quito estaban
bien convencidos de las pérfidas miras que animaban á los
bipócritas conservadores del Trono de nuestro Augusto monar-
ca; mas no era fácil destruir el falso concepto que ellos ha-
bian arraigado en lo general de la poblacion. A la sombra de
la alucinacion que habían sabido crear, iban sazonando sin
tropiezo la revoluciono Esta debía estallar el 2 o de agosto, á
cuyo fin habían dispuesto que se remitiese al canónigo don
Santiago Lopez una carta apócrifa de una monja de Lima, te-
nida en opinión de santa, vaticinando que Quito sería totalmen-
te destruido por un espantoso terremoto en el citado día 20.
Esperaban los facciosos que sobrecojido el pueblo por el te-
mor de aquel terrible azote no tendría decision para oponer-
se á sus ambiciosas miras; pero como fuese descubierto opor-
tunamente este pérfido i antireligioso artificio, conocieron los
conjurados la necesidad de abreviar los términos de su rompi-
miento ~ que se fijó para ello del mismo mes.


El dia 9 por la noche empezaron á reunirse los confede-
rados en la casa de doña Manuela Cañizares ~ á cuya señora
se dió el sobre-nombre de muger fuerte, tanto por el influjo
que ejercía con los principales corifeos , especialmente con
Quiroga, como por la serenidad de su ánimo, i por el varonil
esfuerzo con que animaba á la empresa á los que manifesta-
ban algun temor ó desconfianza.


Cuando ya habia en dicha casa unos sesenta individuos, en-
tre ellos veinte nobles i algunos curas, salió el atrevido Sali-
nas á las once de la noche á conmover el cuartel, cuyos solda-
dos hahian sido ya seducidos en gran parte de antemano ~ i
los restantes lo fueron en el acto por Ios ardides de aquel
demagogo, que supo persuadirles de que los europeos trataban
de entregar Quito á los franceses, quienes se hallaban ya en




4:-l QUITO: 13°9'
el cerro de Pichincha. Llenos de terror los conjurados al ver
la tardanza de Salinas, estaban para abandonar la empresa i
para fuglfse, cuando el intrépido Morales los contuvo ame-
nazando con una arma de fuego al que no se mantuviese fir-
me en su puesto.


A las doce i cuarto de la noche dió Salinas la señal de ha-
ber triunfado, i ya entonces mas animados los revoltosos se
dírizieron al cuartel, donde hallaron la tropa sobre las armas, i


b
dispuesta á segundar sus planes. En su consecuencia fueron
presos en la misma noche el presidente Conde Ruiz de Casti-
lla, el regente de la Real Audiencia, el asesor general don
Francisco Javier Nb_uzauo3 , i otras autoriúaües i ge~es milita-
res; fue erigida una junta con el dictado de Soberana, com-
puesta de todos los títulos de Castilla, de los sugetos princi-
pales, i de algunos abogados; cuyas clases, así como el clero
secular i regular, se decidieron desde el principio con mui po-
cas escepciones por el nuevo gobierno, con asombro de cuan-
tos tenían algun conocimiento del carácter de las revolu-
cines, las que son movidas generalmente por gentes per-
didas é inmorales, í de ningun modo por las que disfrutan
de tolas las ventajas i goces de una sociedad bien arreglada,
Se crearon á su consecuencia ministros de Guerra, Hacienda,
Gracia i Justicia i de relaciones esteriores : se instituyó la 6r-
den de san Lorenzo en conmemoraeion del dia de su alza-
miento, i la deeoracíon de una gran banda tricolor; i se de-
cretó el levantamiento de tropas que debían ser mandadas por
Salinas como general en gefe, i por el m1r'lues de Selva Ale-
gre, nombrado Presidente con el tratamiento de Alteza.


Los conjurados se esforzaron en III mifestar p"r sus escri-
tos i discursos, que su alzamieuto contra las autoridades no te-
nia mas objeto que el de conservar aquellos dominios al legí-
timo Monarca , salvándolos de las manos de los europeos, á
quienes inicuamente suponían absurdos planes de iufidencia,
disputando al mismo tiempo á la junta de Sevilla el derecho
de asumir la autoridad del Monarca durante su cautiverio.


En .medio de los elogios que tributaban al Reí Fernando,




or ITO: 1809- itJ
de cuyo nombre se valían los conspiradores para alucinar al
puehlo , trataron de sembrar especies injuriosas á los españo-
les, que fueron recibidas sin embargo con la misma indigna-
cion como la proclamación con repique general de camranas
i salva de artillería de aquella malhadada junta, i de la escan-
dalosa usurpacion que habla hecho del pomposo tratamiento
de lHagestad.


Dispuso Salinas la jura del nuevo gobierno en la misma
tarde; pero como echase mano del Estandarte de la plebe pa-
ra tremolarlo en el acto del juramento, se dirigieron las cas-
tas á su tribuno Antonio Busramante para que estorbase
tamaña profanacion. El tribuno toma con calor aquella causa,
Salinas se desconcierta i teme; pero volviendo de su primera
alarma, da un giro retórico á dicho acto en favor del lHonarca
espaiíol, victoréa su Real Persona, i deja embaucada aquella
gente tan sencilla como fiel, Vuelve ésta sin embargo á in-
quietarse, se protesta de nuevo por sostener los derechos del
Reí, desaprueba la traslacion del gobierno á manos de criollos,
i da tales señales de oposicion abierta contra aquel atentado,
que los facciosos se ven precisados á desplegar toda su energía,
i á tomar las mas vigorosas medidas para no ser víctimas de
sus primeros movimientos revolucionarios.


Decretan la deposicion de varios corregidores, la ereccion del
Tribunal de justicia en senado, el despacho de órdenes secre-
tas para arrestar los gobernadores de Guayaquil, Cuenca i Po-
payan, la formacion de tres batallones nacionales con el nom-
bre de Falanjes de Fernando VII, adoptado como un aliciente
ó cebo para atraer la plebe á su incorporacion, la profusa pro-
digacion de grados para comprometer la juventud noble, la
fabricacion de muchos miles de lanzas que supliesen la falta
de fusiles, el conferimiento de tratamiento de sellaría á los
canónigos, i de escelencia á los individuos de Ayuntamiento,
la estincion del estanco de tabaco, la supresion de cabezon de
tierras ó derecho de alcabala, la disminución de precio al pa-
pel sellado, el ofrecimiento de mil ventajas á las castas, í final-
mente la adopción de toda cIasc d e medidas que pudiesen dar




4', QUTTO J 8°9.
vigor á sus descabellados proyectos; si bien se notaba en to-
das ellas su misma debilidad é impotencia.


Fue llamado el obispo i obligado á prestar su juramento
de fidelidad al nuevo gobierno. El 16 se reunieron todas las
autoridades creadas por la junta para ser reconocidas por el
pueblo. Montufar concurrió á este acto con todo el aparato
teatral de un Monarca; se pronunciaron varios discursos aná-
logos á las circunstancias; el tribuno de las castas Antonio
Bustamante , que ya había sido seducido de antemano por
Salinas, recitó tambien la. arenga que le habian enseñado.
Aprovechándose de aquel primer ardor, se mandaron recoger
firmas de tolos los habitantes que se adhiriesen al nuevo go-
bierno: este examen ocasionó escenas mui desagradables, pro-
ducidas por la vigorosa protesta de personas mui distinguidas
por su rango i por sus virtudes.


Llegó la ceguedad de los innovadores hasta el estrcmo d~
profanar el templo de Dios el 17, prestando sus juramentos
revolucionarios sobre los santos Evangelios, i con toda la pom-
pa con que suele celebrarse la jura de un nuevo Soberano
en los pueblos cristianos. Empero toda esta magnificencia es-
terior , inventada para alucinar la muchedumbre, no produjo
los efectos que se prometían. Los gobernadores de las provin-
cias se pusieron de acuerdo para destruir sus quiméricos pla-
nes, i desplegaron tal energía i decision , que alarmados los
quiteríos enviaron 800 hombres, divididos en tres columnas
para contener aquellos movimientos. En el entre tanto se ins-
talo el Senado con las .lJlismas ceremonias pantomímicas con
que se habían celebrado los demas actos de la insurrecciono Se
dieron órdenes á los párrocos para que propalasen aquellas
doctrinas, i se echo mano de todos los recursos que puede su-
gerir el primer fuego revolucionario; pero todos estos esfuer-
zos eran inútiles faltando el apoyo de la mayoría de la
poblacion.


Los comandantes de las columnas espedicionarías pedían
urgentes refuerzos ; se había acabado la sal del consumo co-
mun ; el pueblo murmuraba i se reía de las eloouentísímas




QOI1'O: 18°9. [~5
proclamas de los héroes quiteríos. El gobernador de Guaya-
quil dirigia sus amenazas hostiles, el de Popayan sus vigoro-
sas protestas, i el de Cuenca sus capciosas razones para pre-
pararse de acuerdo con el primero.


Para atraer i su partido á estas tres províncias , les hize
la junta propuestas, cuyo cumplimiento estaba lejos de la po-
sibilidad. Por momentos creeia el nublado, el fuego revolu-
cionario se iba reconcentrando en las paredes de algunas casas
de Quito, las provincias i partidos se iban confederando con-
tra los rebeldes, los curas hacian resonar en los púlpitos la fi-
delidad debida á la Metrópoli i los anatemas contra la con-
ducta de la capital. Los de Pasto negaron la obediencia al
Obispo, por que se habia contaminado con las doctrinas de los
disidentes. Todos los elementos conspiraban contra el nueve
edificio fabricado por los quíteríos, i la revolucion estaba para
dar un estampido, i esconderse cn las tenebrosas cavernas de
donde habia salido.


Conociendo lo inminente del peligro mudó el ayuntamien-
to de lenguage, i trató de ganarse el favor de la muche.lum-
hre , manifestando aun los mas sediciosos no babel' tenido
parte en los movimientos subversivos.


Entonces fue cuando el benemérito don Pedro Calisto,
bien conocido por sus ideas realistas, i mirado con la nu.yor
desconfianza por los rebeldes, sacó Su espada; i arrojándola
con furia protestó su heroica resolucion de verter toda s u
!angre antes que ser traidor al Rei. Algunos apoyaron aquel
brioso pronunciamiento; la junta conoci6 10 embarazoso de
SU posicion, vió los malos efectos que podia producir en el
pueblo la circunstancia de ser algunos de los capitulares taa
contrarías al nuevo gobierno; i para atraerlos á S:I partido
nombró á Calisto embajador para Cuenca en compañía del
senador Murgueitio, para Guayaquil al senador Salvador i al
marques de Villa-OrelIana, i para Papayan á don J1anuel
Zambrano, con amplios poderes de transigir con l.is autori-
dades realistas de aquellas provincias, En el entretanto se
ocuparon los disidentes en seducir la gente mas perdida de la


21




:~6 QlJIrO: 18°9.
población para fortalecer su moribunda causa. El día 6 de
setiembre las masas 'Conmovidas del pueblo hicieron una apa-
rente coaccion al presidente Montufar, para que se traslada-
se á palacio, desalojando de él al conde Ruiz ~ quien fue
confinado el dia 7 en Aiíaquito ~ i á su consecuencia lo fue-
ron el regente en Otávalo ~ el asesor en Rio Bamba ~ Villa
Espesa en Lavilla , ,Vergara en su hacienda de ChillogalIo:
Resua en Ambisa ~ i don Simon Saenz quedó en casa con
guardia hasta que diera sus cuentas.


Los resultados de las embajadas fueron tan fatales á la
causa de los revoltosos, que introdujeron en ellos un terror
general. Salvador abandonó á su compañero Villa-OrelIana i
se pasó á los realistas. Calisto se puso de acuerdo con las au-
toridades de Tacunga ~ Ambato, Rio Bamba i Cuenca; mien-
tras que su hijo don Cdrlos desplegaba igual decisión por la
palie de Ibarra i Otávalo, en comhinacion con la ciudad
de Pasto; i Zambrano hubo de sustraerse con la fuga al fu-
ror de los fieles popayaneses. .


Todo el pueblo se dividió entonces en partidos, si bien
se designaba el realista como victorioso ~ i por un efecto de
aquella inconsecuencia política que forma un carácter distin-
tivo de todas las revoluciones ~ se comenzó á quemar incienso
al conde Ruiz de Castilla , á quien antes se habia mirado con
tanto desprecio, Introducida ya la desconfianza entre los mis-
mos individuos de la junta, i convencidos todos de 'su pró-
xima ruina ~ trataron de parar el curso de los sucesos colo-
cando al presidente Castilla á la cabeza 'del nuevo gohierno
por renuncia de Montufar; mas estas artificiosas proposicío-
nesfueron desechadas por el' respetable anciano con la ma-
yor indignacion.


Despechados los revolucionarios ~ acordaron asesinar á to-
do¿ los europeos en -Ia noche del 30~ é indudablemente ha-
brian perpetrado aquel horrendo crímen ~ si sabedor de él el
obispo no lo hubiera evitado saliendo en procesion espiatoria
por las calles con el cabildo ~ clero ~ religioncs i vecindario.


A principios de octubre fue interceptado un pliego qUf~




Qt'lTO: 1809- 47
el valiente Calisto dirigia desde Alausí al gobernador de
Cuenca don Melchor Aimerich , escittíndole á que condujera
tropas contra Quito para destruir el gobierno revolucionario,
Una partida de doce hombres, dirigida por dicho Peña i por
el teniente Larrea , salió á castigar aquel rasgo de acendrada
lealtad; acometen á Calisto en su posada, le hacen varias des-
cargas, sin mas resultado que el de herir á dos de los mis-
mos insurgentes; se enfurecen los soldados, pero dando el
terrible lance nuevas fuerzas á aquel bizarro realista abro-
quela su cuerpo con el de los oficiales citados. Manda enton-
ces Peña que su gente use de la espada; Calisto recibe ocho
heridas, es conducido moribundo al cuartel ambulante, ata-
do inhumanamente á nn poste, i dejado en él medio desnu-
do hasta la mañana siguiente, en que viéndole desangrado i
espirante lo abandonaron á su desgraciada suerte.


La sangre de este mártir de la fidelidad ahogó los triun-
fos de los revoltosos. Rio Bamba, Guaranda, Ambato i Ta-
cunga se declararon abiertamente á favor del ReL Mandaba
aquellas tropas don José Checa, gobernador de Jaen de Hra-
camoros , quien usando de una política abonada por la desleal
conducta de los disidentes de América, les había arrancado
1 4~ pesos que sirvieron para el ejército realista; la artille-
ría estaba confiada á don Jorge Ricaurte. Las columnas es-
pedicionarlas , que desde sus primeros encuentros conocieron
la imposibilidad de salir triunfantes en su lucha, hacian
ver con sus premurosas representaciones la necesidad en
que se hallaba Ia capital de hacer su último esfuerzo con-
tra tan poderosos enemigos, que se levantaban por todas p:u-
tes. Se armaron con efecto 30 hombres, que al momento fue-
ron enviados contra los realistas; pero estos estremados re-
cursos, dictados por la desesperación no pedían de modo al-
guno calmar la inquietud del farsante Montufar. Dándose
ya por perdido, renuncia su elevado puesto; Morales aspira
á él; la junta elige á Ascásubi, mas el pueblo á fuerza de
gritos consigue que fuera nombrado don Torcuato Guerre-
ro. Este digno descendiente del conde de Selvaflorida , que




45 QUITO: 18oq.
en 1765 había aplacado otra revolucion igual, acepta la
presidencia con la condicion de reponer el gobierno antiguo
del Reí.


A} mismo tiempo que iba renaciendo la tranquilidad en
la ciudad de Quito, sufrian los mayores descalabros las tropas
de los facciosos destinadas contra las provincias; los esforza-
dos habitantes de Pasto, dirigidos por don Gregorio Angulo,
natural i vecino de la ciudad de Popayan, sin mas armas que
algunas que llevó aquel, i las que cada cual tenia en su casa,
rechazó victoriosamente la columna que habia salido contra
ellos; hasta el bello sexo tomó una parte activa en esta re-
friega, i para escarnio del cabecilla Asc.ísubi , que habia caido
prisionero con toda su oficialidad, le hizo la guardia con su
mismo sable. Varios soldados dispersos ql1e llegaron á Ql1ito,
confirmaron sus derrotas : estas noticias i. las de que venian á
marchas dobles 2:¿) hombres de Santa Fé , llenaron de con-
fusión á los conjurados, quienes se ampararon del Conde Ruiz
de Castilla, como la única áncora de su esperanza. El presi-
dente aceptó el mando supremo bajo ciertas restricciones, que
si bien no destruian completamente el espíritu de insurrec-
cion ~ estaban mas en armonía con los intereses de la lVIe-
trópoli.


El 25 de octubre hizo aquel respetable general su entra-
da triunfante en Quito con universal aclamacion, Las provin-
cias no quedaron mui contentas al ver que Ruiz de Castilla
no habia repuesto los negocios públicos en el estado en que
se hallaban el 9 de agosto. Don Gregaria Angula que amena-


. zaba con 2~ hombres de tropas colecticias de Popayan i Pas-
to, i don Melehor Aimerich con otros 2~ de Cuenca, no
pudieron alterar al principio las disposiciones del tan inflexi-
ble como confiado Ruiz de Castílla; pero de allí á pocos días
disolvió la j unta provincial, estinguió el Senado i resta blecio
la Audiencia en 9 de noviembre, quedando así planteado el
antiguo gobierno. Este tan deseado acontecimiento fue co-
municado rápidamente á las provincias con orden de que sus-
pendieran su marcha las tropas ausiliares, i la de que no en-




QrlTo: 18 °9- 1,0
traran en la capital sino 500 hombres que desde Lima había
enviado el virei Abasc::fl al mando del· coronel don Manuel
Arredondo, superando con ánimo esforzado los infinitos pa-
decimientos de un viage tan dilatado i penoso.


Con estas disposiciones quedó Quito aparentemente tran-
quilo hasta el 4 de diciembre , en que noticioso Castilla de
nuevos planes de los revoltosos, mandó prender ú Salinas , ú
quien había tenido l.t imprevisión de conservar á SU lado con
el grado de coronel, así como á otros muchos de los compli-
cados en la primera conmoción hasta el número de sesenta.
Montufar pudo salvarse con la faga, cuyo partido abrazaron
otros muchos que habían preparado aquella nueva borrasca
política. Luego se suscitó una competencia entre el coronel
Cucalón, gobtrnador iIe Guayaquil, que hahia acudido á Qui-
to á escitacion del presidente, i entre el comandante Arre-
dando, que fué decidida á favor de este último, regresando
el primero á su gobierno.


En este estado de sorda agitacion dejaremos los negocios
de Quito á fines de 1809, ínterin pasamos á recorrer los su-
cesos históricos ocurridos en este año en los demas dominios
de América.




~)O
\.f\ "~\';i\"l \1\ '. U\I\'W\I\f\I\:V\f\f\¡ \I\I\I\I\I\I\JnN\i\.I\M\ \'\IH;HU\I\\I\'\1'-'\1\\I\!


CAPITULO IV.


CAR.ACAS: 180g_


Noticias preliminares á la insurrecciori de Caracas. Efimeras
revoluciones de 1711 i 1748. Movimientos subversivos en
1797. Espedicion de Miranda en 1806. Institucion de
una junta popular á consecuencia de los ruidosos aconteci-
mientos de la Península. Progresos del espíritu de sedi-
cion por flojedad i descuido del capitan general don Vi-
cente Emparan. Estado agitado de los negocios á fines
de 18°9.


La capital de las provincias de Venezuela ha sido la fra-
gua principal de la insurreccion americana. Su clima vivifica-
dor ha producido los hombres mas políticos i osados, los mas
emprendedores i esforzados, los mas viciosos é intrigantes, i
los mas distinguidos por el precoz desarrollo de sus facultades
intelectuales. La viveza de estos naturales compite con su vo-
luptuosidad, el genio con la travesura, el disimulo con la as-
tucia, el vigor de su pluma con la precision de sus conceptos,
los estímulos de gloria con la ambician de mando, i la saga-
cidad con la malicia.


Con tales elementos no es de estraríar que este pais haya
sido el mas marcado de todos en los anales de la revolucion
moderna. Ya habia hecho sus primeros ensayos en 17 r 1 por
escitacion del mulato Andresote que habia concebido el pro-
yecto de erigirse en Rei de Venezuela, i en 1748 por impul-
'S,() (.\e tiU h.aceudado de cacao que había tratado de dar por tier-
ra con la compañía guipuzcuana; pero ambos movimientos se




f¡ I
que los ha-
C,\RAr.A~: 1800.


malograron i fueron espiados con las vidas de los
bian promovido.


Desde que principió la revolución francesa i que sa-
lieron dc aquellas fábricas de la impiedad i del desorden dis-
cursos i escritos incendiarios, trazados por cabezas empapadas
en el furor rcvolucionario, i presentados á la Europa como
emanaciones del raciocinio i corolarios de sus principios poI:.
ticos sancionados por la moderna filosofía, en contradiccion
con los dictados del derecho establecido, base fundamental de
toda sociedad bien organiza::la, fue la ciudad de Caracas uno
de los primeros puntos de América á donde fueron trasmiti-
das estas subversivas doctrinas, i el que mas pronto trató de
probar sus efectos.


El culpable descuido que se notó en las autoridades rea-
listas para impedir su introduccion , i la demasiada tolerancia
en la admision de estrangeros , interesados la mayor parte cn
socavar la autoridad real, fueron las causas principales de que
cada dia echase nuevas raíces el genio del mal. Alucinados los
jóvenes por tan venenosos maestros, facil era prever la des-
moralizacion civil i religiosa que insensiblemente había de in-
troducirse en todas las cluscs. No habiéndose sofocado este mal
en su origen, debía ser la consecuencia inmediata de tan cul-
pable imprevision el desprecio de las autoridades gubernativas,
el escarnio de los dogmas religiosos, la sustitucion de la licen-
cia i desenfreno á la moral i á la decencia, i finalmente el en-
tronizamiento de la ambician i del predominio con menosca-
bo d~ todos los derechos, leyes i razones que no estuviesen
en armonfa con los impulsos de sus ilícitas pasiones.


La deportación á las bóvedas de la Guaíra en 1794 de
Picornell , Andres , Cortés i otros genios díscolos i revoltosos
que habían tratado de formar en la Península una conspira-
don conocida con el nombre de San Blas á imitación de
las de Francia, creó un interés criminal en los Guales, Espa-
ñas, Ricos i en los jóvenes turbulentos de Caracas, quienes
teniendo á los deportados por mártires de la ilustración i
de la misma elevación de sus pensamientos, les prestaron un




52 C,\R\C!iS: 1800'
acatamiento respetuoso i tan cordial deferencia que llegaron
á tomarlos por modelos de virtudes cívicas i á proporcionar-
les la fuga.


Los discípulos que estos hombres atolondrados habiau
formado en su escuela, concibieron el absurdo plan de esta-
blecer en Caracas los principios subversivos que regian en la
Francia. No calculando las consecuencias de tan prematuras
é impolíticas maquinaciones iban ya á precipitarse á su arro-
jada empresa, cuando fueron delatados en 13 de julio de
1797, i arrestados en el acto. La lentitud en la sustancia-
cion de este proceso hacia ver una connivencia criminal ó á
lo menos una reprensible condescendencia de parte de 10i
encargados de él.


Dos anos habían ya trascurrido cuando arribó á aquellas
costase! nuevo capitan general D. Manuel de Guevara Vascón-
celos. Informado este digno gefe del estado de inacción i descui-
do de aquella causa, cuya pronta terminacion la exigia el des-
agravio de la vindicta pública, i la conveniencia política de
hacer un terrible escarmiento sobre los primeros que habían
osado levantar la voz contra un gobierno respetado por la ac-
cion viva de tres siglos, dio órdenes tan terminantes para su
pronta docision , que en breves días salieron unos al patíbulo,
otros fueron deportados, i puestos en libertad los que ha-
bían sido comprometidos por el engarro i por la intriga.


Este activo i sabio magistrado dió con la severidad de sus
providencias un golpe terrible al genio de la discordia; mas
no por eso se acobardó la bulliciosa nobleza de Caracas, que
no contenta con todos los goces que podía proporcionarle
SU rango i opulencia bajo el imperio de las leyes, tenia as-
piraciones estravagantes i quiméricas, sin calcular que en las
revoluciones solo medran los perdidos, i que no reeojen el
fruto de ellas los que las principian.


Alucinados con sus vanas teorías entraron en comunica-
ciones con el aventurero Caraqueño Don Francisco Miranda
que habiendo abandonado su patria desde mui joven habia
sido general de la república francesa, favorito en la Córte de




CAnACA5: ISOCl. 53
Catulína rr de Rusia, i que se hallaba entonces en Londres
protejido i considerado por el gobierno de la Gran Bretaña.
Cediendo ¡VEranda á las repetidas instancias de los desconten-
tos de Caracas equipó en 1806 una espedicion compuesta de
una fragata i dos corbetas mercantes para introducir con
ellas la guerra civili el desorden en las provincias de Vene-
zuela. Con esta flota apareció á principios de agosto sobre la
costa de Ocumare ~1 seis leguas de Puerto Cabello. De este
apostadero salieron inmediatamente algunos buques que empe-
llaron un reñido combate, del que escapó tan solo la fragata.
Algunos aventureros que se cogieron en las dos goletas con
el car.ícter de oficiales fueron ahorcados prontamente; un
gran número de proclamas, i el retrato de Miranda quemados
por mano de verdugo en. la plaza mayor de Caracas; i el ar-
mamento i vesruario , que tambien había caido en poder de
los realistas, fue destinado á la Real Hacienda.


Mientras '1ue el pueblo se entregaba al placer de presenciar
el castigo de los perturbadores del orden , desembarcaba en
Coro el mismo rebelde Miranda con 400 hombres. El coman-
dante de la provincia D. Juan Manuel Salas, falto de tropas
para resistir aquella invasion , abandonó la capital, situada á
una legua del puerto, i se retiró á la Sierra en donde reunió
una fuerza igual á la de los espedicionarios , compuesta la
mayor parte de Indios. Con estas tropas coleeticias se dirijió
bizarramente contra el famoso Miranda, á quien arrojó de la
ciudad, i acabó de poner en fuga en elRío que se llalla á la
mitad del camino entre ella i el puerto, obligándole á
reembarcarse precipitadamente con pérdida mui considerable.


La noticia de esta invasión corrió en cuatro dias i medio
el inmenso espacio de 160 leguas, que dividen la ciudad de
Coro de la de Caracas. Conociendo el general Vasconcelos,
que no hai celo ni precaucion que baste para cortar pronta-
mente los vuelos á la revolucion, desplegó una increíble ener-
gía en las providencias, i la mayor celeridad en su marcha,
qlle emprendió con el segundo batallón de la Reina, el Fijo,
i dos de milicias, i con otros dos de igual arma que tomó en


23




54 r..~R}CB" 180g.
10; Valles de Arágua hasta el completo de 59 hombrea, pe~
ro al llegar á la ciudad de Valencia recibió la plausible noti-
cia de la espulsion de Miranda, i regresó á Caracas á disfru-
tar de la calma que el malogro de aquella nueva tentativa
debia producir en el país, Empero- esta desapareció con la
muerte ele aquel digno general. Tan irreparable pérdida,
ocurrida en octubre de 1807, marc6 la época fatal del desar-
rollo revolucionario. Los disidentes despedazaron el freno con
que habian sido reprimidas sus bulliciosas maquinaciones, i
fueron madurando en sus clubs 6 conciliábulos los medios de'
derribar la autoridad real, i entronizar su nuevo gobierno
mdspendierrte de la Metrópoli.


En este estado de sorda ínquíetud , precursor del furioso
volean, cuya erupcion se iba preparando diestramente, llega-
ron en 15 de julio de 1808 las primeras noticias de la revc-
lucion de la Península por una fragata de guerra inglesa, i
por un bergantin frances que traía á su bordo dos Comisio-
nados con instrucciones para hacer reconocer áJosé Napoleon
por Rei de España i de las Indias. Reunida la Audiencia con
otras varias personas de la mayor distincion para deliberar
sobre un asunto de tanta gravedad, se resolvió la jura del
Soberano legítimo, i el desprecio de las órdenes del intruso,
Mientras que se trataba de tomar las disposiciones para so-
lemnizar este acto, salidIa turbulenta juventud de Caracas
á dar gritos descompasados por las calles, los que si bien es-
taban en armonía con los deseosdel gobierno de la Metrópoli
encerraban ocultamente d sutil veneno de escitar , i conmover
las masas para acostumbrarlas á obedecer i seguir el impulso
que las dieran otros motivos mui diferentes, que hahian de
desarrollarse muí en breve. Lo tumultuoso de estas escenas
fue atribuido por muchos á la fuerza del entusiasmo por
Fernando VII, del que estaban mui distantes los directores
de aquellas tramas.


Dado este paso preliminar , que fue la primera serial de
su marcha sediciosa, i continuando los revolucionarios en su
sistema de aparente celo por preservar aquellos dominios de




GARAC,\S: 1809. 55
la influencia francesa, solicitó el ayuntamiento la creación
de una junta gubernativa en nombre de S. M. á la que acce-
dió el incauto capitan general interino Don Juan de Casas,
dando en 28 de julio al mismo ayuntamiento la orden de formar
su reglamento. Mui de estrañar es que un gefe militar á
quien debiera suponerse inteligencia en los negocios, sagaci-
dad i prevision contra las asechanzas enemigas, tino í acierto
en el modo de tratar á los pueblos, consumada prudencia,
i la mayor desconfianza en las demostraciones de la. muche-
dumbre, no hubiera sabido discernir la diferencia que me-
diaba entre la posición de la Península i la de las provincias
de VenezueIa; que en estas habia de ser la primera piedra del
edificio revolucionario la institucion de juntas populares, al
paso que en aquella lo era de su salvacion i felicidad.


Las vigorosas protestas de varias personas llenas de celo,
i especialmente del Visitador i Regente de la Real Audiencia
D. Joaquín de Mosquera í Figueroa despertaron momentánea-
mente la dormida energía de dicho capitán general contra
las emboscadas qne le tendian los revoltosos. Sin embargo de
haber suspendido la formación de la citada junta, como las
providencias sucesivas que se tomaron llevaban el sello de la
frialdad i falta de resolucion , se alentaron los conjurados á
celebrar reuniones nocturnas en casa de D. José Pdix Rívas,
en donde el juego de banca qu e se había establecido con
tan engañoso designio prestaba la mas amplia libertad para
entrar sin misterio, verse con frecuencia, i discu tir los pla-
nes sobre independencia en una sala inmediata, donde por
la misma publicidad esterior que aparentaban, daban menos
que recelar á un gobierno tan poco activo i observador.


A pesar de las medidas de precauclon que se adoptaron
para no ser descubiertos, se cont uva la esplosion por la vi-
gilancia del citado Regente, quie l¡ á pesar de haber descu-
bierto la criminalidad de aquellas sesiones, vió malogra-
dos todos sus desvelos por la ingeniosa travesura de los re-
voltosos en manifestar que sus confabulaciones no habían
tenido mas objeto que insistir respetuosamente en que se lle-




56 CARM:A~: rSoq.
vase á efecto la formacíon de la junta propuesta en el junio
anterior. Para dar mayor peso á este fementido alegato se
escudaron con las firmas de varios sujetos respetables, á quie-
nes habían sabido atraer artificiosamente á su partido. El
Regente visitador se esforzó en poner en claro la verdad de
los hechos, hizo algunos arrestos; pero habiéndole faltado la
cooperacion activa que debió tener, hubo de sobreseer en
sus procedimientos.


Jamas se ha visto una eonspiracion tan bien tramada i
diriji.la : una parte de los conjurados estaba engallada por
la otra. Las personm; respetables querian establecer un go-
bierno oligárquico, i la libre i licenciosa juventud el demo-
crático: los primeros se habian unido á los segundos porque
necesitaban de gente activa i resuelta, i estos favorecían las
miras de aquellos por que veían en su apoyo la necesaria
opinión para fortalecer su partido, embaucar la plebe igno-
rante, i nevar á cabo sus miras ambiciosas


Llegó á esta sazon :í Caracas en el mes de mayo cl nue-
vo capitan general D. Vicente Emparan, llevando consigo á
D. Ferdando del Toro en la clase de inspector de llfiliciuE.
La alta opinion que Emparan hahia adquirido en su ante-
rior empleo de gobernador de .la provincia de Cumaná liaba
las mas sólidas garantías á los amantes delorden , de que este
quedaría prontamente restablecido; ¡pero cuan sensible fue su
desengaño al ver enteramente convertida en estupor i debil
condescendencia su antigua energía! Figurándose equivoca-
damente que el carácter de popularidad, desconocido hasta
entonces en los capitanes gener31es, sería el mas :i pro!wsito
para grange3rse la aceptación pública, hizo perder á su autori-
dad aquel prestigio que es la primera. base del respeto i de
la obediencia. Los astutos caraqueños se insinuaron facíl-
mente en su confianza, i con especialidad ese mismo Bolivar,
entonces teniente de milicias del batallan de mancos de
Arágua, joven buUicioso, tan idistingui.lo por su riqueza i
lustre de su cuna, como por su desmesurada ambician.


No faltaron sujetos que trataron de de~correr el velo fatal




CARACAS: 180q. 57
con que los ílnjidos confidentes de Emparan habian sabido
encubrir sus artificiosos designios. El teniente del batallan
veterano D. Mauricio Ayala, i el oficial mayor de la secreta-
ría general D. AmIres Bello, se habían delatado como cómpli-
ces de la conjuracion ~ otras personas respetables confirmaron
la existencia de los proyectos revolucionarios; pero el gober-
nador se limitó á imponer leves castigos á algunos de los jó-
venes denunciados, despreciando impolíticamente aquel mal,
que cortado en su origen habria ahorrado la efusion de tan-
ta sangre.


Estas medidas paliativas eran insuficientes para curar el
cáncer revolucionario, que ya en este año habia presentado sín-
tomas los mas alarmantes. No será estraño por lo tanto que
aparezca COIl todo su corrosivo influjo en el siguiente, del que
se tratará por su orden respectivo.




58


CA.PITULO V.


1\1 EJ 1 e o.
Causas que prepararon la reoolucion de Méjico. Pretensio-


nes de su ayuntamiento á ejercer la soberanía durante el
cautiverio 'del Monarca español. Celebracion de una junta
popular contra el acuerdo de la Real Audiencia. Vacila-
cían del Firei Iturrigarai. Su deposlcion por influjo de
los europeos, i delegacion del mando en el general Gari-
bai, Salida de Iturrigarai para la península. Posicicn d«
Nueva España áfines de 1809.


Se hallaba á la cabeza del Vireinato de Nueva Espalí!.
don José Iturrigarai, cuando en 8 del mes de junio de 1803
llegaron á aquel país las noticias de las ocurrencias de Aran-
juez del 19 de marzo. El advenimiento al Trono de nuestro
augusto actual Monarca, i la caida de don Manuel Godoi,
gran privado en el reinado anterior, causaron las mas viva¡
sensaciones de placer i alegría; pero no fueron estos sentimien-
tos tan intensos de parte del Vlreí , mas bien al parecer por
gratitud á su decaido protector, que por falta de amor al nue-
vo Soberano. Estas consideraciones, ó tal vez el estupor que
se apoderó del ánimo de Iturrigarai , i la irresolucion que se
notaba en sus providencias, en la que se echó de menos aque-
lla manifestación pública que suele acompañar á todos los ac-
rosespresivos de grandes i faustos acontecimientos, arrojaron
los primeros síntomas de la desconfianza ácia dicha autoridad,


Igual trepidacion se observó al arribo de las noticias de
las transacíones de Bayona; de aquí las diversas eongeturas i




Múleo ~ 1808. 59
el perderse la ímaginacion de los políticos observadores sin ati-
nar la verdadera causa de tan misteriosa conducta.


Los mejicanos no se habían contaminado todavía con las
doctrinas revolucionarias, ni habian formado mas aspiraciones
que por sostener el poder del Monarca español, i el imperio de
la religion. Un indio que aleg6 derechos á la corona de Méji-
co, como descendiente por línea recta del Emperador Mocte-
zuma , fue tratado como merecía su insensato proyecto. El
ayuntamiento de la capital, en cuyo seno habian principiado á
sembrarse las primeras semillas de la discordia, aparentando
el mismo falso celo que los demas de la América española, de
gobernar el pais durante el cautiverio del señor don Fernando
VII, trato de aprovecharse de la vacilacion del Virei para pre-
sentarse el 18 de julio en palacio, representando ~ que el dere-
dIO de soberanía habia recaído en el pueblo, á quien dicho
cuerpo representaba, i que habían de cesar todas las autorida-
des en su ejercicio hasta que hubieran recibido nueva investi-
dura." La ineseusable perplegidad de dicho Virei di6 nuevo
aliento á los capitulares para insistir en sus pretensiones, á pe-
sar de no verse apoyados por el pueblo, el que lejos de pres-
tar un razonado motivo para que se tomase su voz, daba con
IIUS aclamaciones al Reí i á la España evidentes pruebas de
que su fidelidad á .aquellos dos venerables objetos era su úni-
ca divisa.


Habiendo ya dado Iturrigarai desde el principio de aque-
llas rebeldes escenas, señales de una reprensible índecision,
pidió el voto de la audiencia sobre el partido que debía to-
marse en tan criticas circunstancias: esta se opuso vigorosa-
mente á las ilegales miras del ayuntamiento, i dej6 con sus so-
lemnes protestas sumido al Virei en mayor confusion. Las li-
sonjeras noticias que llegaron en 29 de julio de la heroica re-
sistencia que preparaba la España al coloso de la Europa, lle-
varon al último grado de exaltación el jubilo de los mejicanos,
de cuya boca no se oian mas que cspresíones de una acendrada
lealtad, i votos por la conservacion del Reí i por la prosperi-
dad de las armas de la Metr6poli.




60 :lflÍJlr:O: 1808.
Cualesquiera que pudieran ser las ideas del ayuntamiento


i del Virei , hubieron de tomar parte en este simult.Inco pro-
nunciamiento de la opinion; pero calmada ya la efervescencia,
i pasados los primeros arrebatos del entusiasmo, hizo el cabil-
do otra nueva representación por el estilo de la primera. Cita
el Virei al Real Acuerdo, propone la formación de la junta; los
oidores la resisten, el Virei se esfuerza en manifestar la nece-
sidad de tomar aquella medida; protéstase de nuevo la Audien-
cia; pero aquella se lleva á efecto admitiendo en su seno á un
crecido número de europeos i americanos distínguídos , inclu-
sos los mismos oidores i alcaldes de córte.


Conociendo el Virei lo poco grata qne había sido general-
mente aquella alteracion gubernativa, anduvo mui detenido
en sus deliberaciones, ni se discutieron otros principios que
los de la pronta jura de Fernando VIl. Esta se verificó el 13
de agosto, no habiendo sido menor la decision del pueblo en
la celebracion de este acto solemne, ni menos ardientes sus
Sinceros votos por el Monarca español,


Algunos movimientos que se notaron posteriormente en la
plebe, cuyo origen i objeto eran desconocidos, la contradiccion
de sus mismos procederes victoreando al Virei , é insultando al
mismo tiempo á los blancos, aumentaba las dudas i confusion
de los amantes del orden. Se emprendió la guerra de pasqui-
nes entre europeos i criollos, i parece que una mano oculta
iba preparando los medios de barrenar la intima union i fra-
ternidad que desde tanto tiempo había existido entre los hijos
de ambos continentes.


En medio de estas fluctuaciones no es de estrañar que al-
gunos llegasen á sospechar de la fidelidad del Virei, en cuya
conducta se observaba á lo menos la falta de aquel vigor i
energía que se requiere para contener las commociones popu-
lares. De tal modo prevaleoia la idea de que Iturrigarai estaba
mui distante de reconocer el gobierno establecido en la Penín-
sula, que deseosos algunos sugetas acaudalados ¡i influyentes
de ausiliar á la España sin chocar de frente con las ideas que
jiD atribuían á dicha autoridad, se adelantaron á designarle




m~.j .co : , 009. 6,
como primer gefe del reino en caso de sucumbir la Metrópoli,
escitandole á desplegar su energía en el entretanto para enviar
cuantos socorros estuviesen á su arbitrio hasta ver el fia de
aquella lucha.


El mismo entusiasmo, que se había observado en 1'Iéjico
para la proclamación de Fernando VII, habia cundido de tal
modo por todas las provincias, que se verificó al momento
aquel acto solemne, en algunos puntos de noche, i en otros
á despecho de los intendentes ó subdelegados, que deseaban
verse autorizados por ordenes superiores.


Parece que el Virei tenia mui poca confianza en los he-
roícos esfuerz¿s que pudiera hacer la Espaiía contra el domi-
nador de Europa. He aquf la sola i verdadera causa de la trai-
cían que injustamcnte se le atribuyó. No fueron pOCJS los quc
pensaron de ígualmodo, i que sufrieron un desengaño, tan po-
co conforme con los detenidos cálculos de la política.


Llegaron á esta sazon el coronel don Manuel dc Jáuregui,
í el oficial de marina donJuan Jabat, comisionados por la jun-
ta de Sevilla para hacerla reconocer en aquellas regiones. Reu-
niose inmediatamente una junta, i aunque se tocaron algunas
dificultades para dicho reconocimiento, se convino la mayoría
sin embargo en lo concerniente á guerra i hacienda. Se hizo
traslucir por algunos el proyecto de rennir un congreso de to-
das las provincias de Nueva Esparla, nombrar un consejo igual
al supremo de Indias, i poner el reino en estado de defensa.
El auditor de guerra don ¡Uígue! Bataller se opuso abierta-
mente á estas ideas que descubrían el germen de la indepen-
dencia; sus razones fueron apoyadas por otros individuos; i
los conspiradores hubieron de desistir por entonces de aquel
prematuro proyecto.


Convocada otra junta á consecuencia de haber recibido el
Virci algunos pliegos de la de Asturias, relativos á manifestar
sus primeros convenios coa la Inglaterra, i acompañados con
fuertes escitaciones para que se declarase contra el gobierno
francés, desenvuelve en ella nuevas dudas, fundadas en la
multiciplirlad de poderes que se habían creado en la penínsu-


!;l4




eh: MEPCO: 1 SU9'
.la. Fhrctuando siempre el Virei entre el temor i la incerti-
dumbre, se decide por llamar representantes de todos los pue-
blos del Vireinato ; la Audiencia resiste segun costumbre la
adopción de aquellas peligrosas teorías; el Virei se irrita al
ver una tan terca como laudable oposicion, i trata de hacer re-
nuncia de su mando. El Real Acuerdo se dispone á admitirla,
i se conviene en que el mariscal de campo don Pedro Garibai
tome interinamente las riendas del gobierno. La mayoria
del pueblo celebra con alborozo esta prematura noticia , pero
su gozo fue de poca duración. Estrechado el Virei por los in-
dividuos del ayuntamiento, desiste de su proyectada renuncia,
hace venir mas tropas á la capital, nombra :l do·n Felix Calle-
ja gobernador de Veracruz , manifiesta desconfianza de los
europeos, i desplega una cnergia desconocida hasta entonces.


Creció la inquietud pública; nadie podia adivinar el re-
sultado de la violenta posieion de los negocios; no era menor
el desasosiego que reinaba en las provincias; la animosidad
entre criollos i europeos estaba echando profundas raices; el
descontento se iba generalizando, los europeos desacreditaban
al Virei , i éste trataba de sujetarlos, bien convenciJo de que
habían de ser sus enemigos irreconciliables. Unos i otros re-
presentaban á la Metrópoli pintando la tortuosa conducta de
sus respectivos antagonistas. Fácil era prever que esta agita-
cion i este choque violento de los partidos habia de tener una
terminacion fatal al bien estar del pais. Los que habian de-
cretado la deposición del Virei necesitaban de un hombre de
opinion i respeto para dar el golpe. Todos fijaron la vista en
el español don Gabriel de .Ycrmo . su geto de bien conocida
probidad i sano patriotismo. Apenas supo Yermo que en él se
fundaban las esperanzas de los que deseaban conservar la in-
disoluble unión entre Nueva Esparla i la Metrópoli, aunque
no se le ocultaba que los medios de la ejecucion habian de
parar por. un momento el curso regular de las leyes, i que tal
vez aquel acto violento afiojaria los resortes de la suhordina-
eion , se decidid finalmente por la arrojada empresa de aten-
tar contra la primera autoridad. Para hacer mas suave i me-




.\~ EJ lf:',): r0u9· 63
nos escandalosa esta tropelía, prescribió ciertas condiciones que
ponían en claro sus virtudes, capaces de hacer su apología, si
alguna vez pudo merecerla el desacato i la violencia.


En la noche del 15 de setiembre se dió el golpe funesto
contra el primer gefe del Estado; se desenvolvió el plan con la
mayor felicidad, lIO se derramó sangre, i este fue el triunfo
principal de aquel movimiento. Consecuente Yermo al espíri-
tu de desinterés que se habia propuesto en aquella ocasíon,
tanto mas apreciable cuanto que su profesión de contratista i
especulador de!a alejarle de tan generosos desprendimientos,
se retiró al seno de su familia, tan pronto como hubo instafa-·
do el nUtVO gobierno en la persona del ya. citado don Pedro
Garibai.


El Z 1 del mismo mes salió el señor Iturrigarai para Vera-
cruz con sus dos hijos. El pueblo, cuya tendencia es la de atro-
pellar al caido sin indagar las causas de su desgracia, i pron-
to siempre á segundar los impulsos de la capital, mostró su
encono contra el depuesto virei por todos los puntos de aquel
tránsito; pero la resuelta escolta á la que estaba confiada su
persona, lo salvó de todo peligro.


Salió la vireina de Méjico el 6 de octubre, i reunida en
san Juan de Ulúa toda la familia, se hizo á la vela para Es-
paña en el mes de diciembre, á bordo del navió san Justo,
donde se habían embarcado ocho millones de pesos, proce-
dentes de donativos i rentas de la Real hacienda, para socor-
rer á los vjércitos esp:uÍoles.


Apenas hubo cesado lturrigarai en sus funciones, se ocu-
paron los innovarlores en recoger pruebas luminosas que jus-
tificasen la necesidad de aquel atentado. ri.lui agitada ha sido
esta delicada cucstion ; las opiniones han estado divididas
acerca de la conducta del espresado virei ; el ataque contra su
persona no ha sido menos vigoroso que su defensa. El go-
bierno anduvo mui detenido en su juicio, ni se atrevió á dar
un fallo injurioso á aquel individuo. Segun los informes que
han sido presentados con un carácter mas positivo de impar-
cialidad, parece que Iturrigarai no hizo traicion ni á su Reí




()~. MEJICO: 18°9
ni á su patria; pero que su gobierno no estuvo exento de fal,
tas i de errores: su debil condescendencia en lo interior de
su famili a comprometió mas de una vez su autoridad por la
escandalosa prevaricacion de algunos de sus individuos; la
falta de energía en los momentos que mas se necesitaba , la
tibieza i desconfianza con que recibió las primeras noticias
de la revolucion de España; su intempestiva aprehensíon de
no ser posible contrarestar las victoriosas armas de Buonapar-
te; la impolítica intimidad con que se estrechó con las per-
sonas mas influyentes entre los americanos, su f'ftta de prevision
en favorecer el sistema de juntas populares, i su torpeza en
haberse estrellado con el respetable partido de europeos, sin
cuya coopcracion era imposible salvar la nave del Estado,
son tantos lunares que aparecen en la vida pública del señor
I tu rrigarai.


No hai acontecimiento mas fatal en las sociedades cultas
que el despojo violento del gefe del gobierno. Por mas que.
Hobbes i otros publicistas sancionen estos principios, seré yo
BU constante impugnador. El abuso de la fuerza, ó la torpe-
za en ejercerla, acarrea á veces males mui serios, pero pue-
den remediarse. La relajacion de los resortes de la obediencia.
la insurrección contra la autoridad legítima, el fatal ejem-
plo dado á un pueblo de ver premiada su rebeldía, deja ter-
ribles impresiones que dificilmente sabe borrar el curso de los
tiempos. Los europeos de Méjico obraron indudablemente en
el sentido de salvar la soberanra del Señor don Fernando VII.
Si en ellos hubo algun desbarro, fue lJijo del error i no de la
malicia; pero j cuánto mas glorioso hahrí« sido su triunfo si 10
hubieran conseguido por otros medios, i cuánto mas mérito re-
fluiría sobre su celo i decisión sin un choque tan violento i de
tan pernicioso influjo!


Estos fueron los pasos preliminares de la revolucion que
se desenvolvió en el afio siguiente, de la que trataremos á su
debido tiempo.




65
\'\l'\:HJl'\YI:\"::\'\i\'\'\'\\/t\" \it"'"Vi.\/t\·\\/\'\I\\\ \in,\I\;\\\,\¡\\.U\ \HI\'\\i\!


CAPITULO VI.


BUENOS-AIRES: 1810;


Reoolucion de Buenos-Aires, cuyos efectosfueron la instala-
cían de una junta popular i la separacion del oirei Cisne--
ros. Propagacion del fuego sedicioso por todas las provin-
cias de este oireinato. Halagüeñas esperanzas de que el es-
forzado Liniers restablecerla el dominio del Rei. Planes
combinados con las autoridades de Córdoba del Tucuman
para rechazar las armas argentinas que se dirigian al al-
to Perú. Desercion de las tropas que mandaba Liniers ; Sil.
prision i horroroso suplicio. Persecucion del obispo Grella-
na. Estraordinaria energía desplegada por los rebeldes de
Buenos-Aires. Los montevideanos reconocen la Regencia de
España. Espulsion de Buenos-Aires; del oirei Cisneros i
de la Real Audiencia. Prepárase Montevideo á rechazar
los ataques de Buenos-dires. Revolucion en aquella plaza
causada por don Prudencia Murriondo, puesto á la cabe"
za de los tercios voluntarios; prision de este individuo, i
desarme de sus soldados. Amaños de los buenos-aireños pa-,-
ra incorporar la banda oriental á su nuevo gobierno.


Seguían conmovidos los ánímos de los buenos-aireiíos,
empleando todos sus arbitrios i ardides para desconceptuar al
gobierno del Reí con sus censuras i diatribas, cuando llega-
ron á mediados de marzo noticias de la invasion de las An-
dalucias por los franceses. Figurándose ya los disidentes des"
concertados los planes de defensa, levantados por los españo-
les, dueños á los franceses de toda la Península, i. reducid",




66 IIlENOS-AlllES: 181\1.
esta nación al último grado de nulidad é impotencia, supie-
ron insinuarse tan diestramente en el ánimo del virei Cisne-
ros, que éste llegó á creer no le quedaba mas recurso que
echarse en brazos de los mismos americanos; i que solo dando
publicidad á aquellos acontecimientos, se calmaria la eferves-
cencia popular, i se escitaria la nobleza de carácter de aque-
llos habitantes á redoblar los sacrificios que la apurada posi-
cion de la España hacia necesarios.


El doctor Castelli propuso al mismo tiempo un proyecto
de gobierno representativo manifestando que su admisión era
la única tabla para salvarse de aquel naufragio político. Los
que desde tanto tiempo iban madurando sus planes de inde-
pendencia, discutían estas materias á la vista del gobierno
que en medio de su irresolucion é inquietud no se atrevía á
tomar providencia alguna. El descaro de los nuevos políticoi
había llegado al último grado; i abroquelados con la intem-
pestiva proclama de la Regencia de 14 de febrero de este mis-
mo año, desafiaban todo el poder de las autoridades, i se pro-
pasaron hasta el estrerno de pedir al cabildo, que exigiese del
virei su renuncia absoluta, i que se subrogase otro gubierno
conforme á sus deseos.


En medio de la turbulencia í ambician de que estaban
poseídos los capitulares, i sin embargo de ser los verdaderos
instrumentos del estado de abatimiento en que habia queda-
do sumido el virci; cuando vieron que estaba ya para reven-
tar el volean que desde tres años habían alimentado ellos mis-
mos con materia infíarnable , llegaron i arredrarse al conside-
rar el insondable abismo de males en que iban :i precipitarse
aquellas provincias si se daba rienda suelta al populacho, de
cuyo apoyo necesitaban para llevar á cabo su revoluciono


El alcalde de primer voto j el sindico procurador, en cu-
yo espíritu habia arraigado impresionas mas fuertes el temor
í la desconfianza, se dirigieron al señor Císneros pidiendo su
demision. Sofocando este digno general su justo resentimiento
por un desacato tan horrible á su autoridad, imploró el ausi-
lío de los comandantes de los cuerpos militares para sostener-




1:1: éstos, que ya en parte habían sido ganados por los mis-
mo, disidentes, creyendo inevitable la ruina del partido legí-
timo, convencieron al virei con sus respuestas ambiguas, de
la imposibilidad de resistir á los embates revolucionarios. Le
faltaron fuerzas para oponerse á la junta general que celebró
el ayuntamiento en 22 de mayo, en la que el doctor Castelli,
declarando por caducado al gobierno español, i por ilegítima
la instalacion del consejo de Regencia, votó por la emancipa-
cion indirecta de la Metrópoli, proclamando el derecho de
Buenos-Aires para constituirse i gobernarse por leyes fragua-
das á su antojo.


El entonces fiscal de 10 civil don Manuel Genaro de
Villota , i en la actualidad consejero del supremo de Indias, se
opuso á aquellos principios subversivos, i si bien sus convin-
centes razones i persuasiva elocnencia arrancaron algunas lá-
grimas de aquellos mismos, que alucinados por los ardides de
los enemigos de la España , habían contribuido á desairar la
autoridad legItima, no produjeron otra alteracion sustancial
en los planes de los conspiradores, sino la de modificar Caste-
l1i su proposicion reduciéndola á la necesidad de destituir
al virei.


Puesta en votación, opinó el obispo por la continuacion
de dicha autoridad, i el gefe de escuadra don Pascual Ruiz
Huirdobro por su separacion. Tomando por base los sufragios
de estos dos respetables sugetos , resultaron 108 votos :í favor
del primero, i 150 por el .segundo.


Conforme con esta deJiberacion, se creó una junta, á cu-
ya cabeza fue colocado el mismo Cisneros ; mas por una in-
consecuencia propia de espíritus bulliciosos, se anuló aquella
junta al dia siguiente, arrancando del virei su total abdica-
cion ; i se instaló otra en la noche del 25, compuesta de siete
individuos, que lo fueron Saavedra , Castelli , Delgrano, Az-
cuénaga , Alberti , ~lateu i Larrea; i de los secretarios i'Vlore-
no. i Paso.


Parecía que esta revolucion , hecha sin sangre, i producí- "'.. ':"""~~ .
da por el mismo curso de los bien combinados planes, había t"-':::'"
1~;;::~
. \


..:t...


" ¡O:~




68 JHE:'iOS-AmES: 18. (J.
de seguir magestuosamente su carrera; mas bien pronto se
vieron los horrores, la desolucion , i el esterminio como sus
inmediatos efectos.


No teniendo la junta una idea favorable de su estabilidad,
no se atrevió á proclamar la independencia absoluta, ilimitó
por lo tanto sus providencias á comunicar circulares por to-
das las provincias, p:ua que tornando con el nombre de Fer-
nando VH la primera influencia en los negocios públicos, la
reconociesen en la clase de provisional, hasta que reunidos
sus diputados en la capital, formasen un congreso que fijase
el gobierno que debía regir.


Lss ruiJ)30S acon taci.nientos de Buenos-Aires resonaron
pro.rta.n eute ¡>:>r tO].:>3 los insulos de aquel víreinato ; se
agitlrllil los pueblos , se alentaran los espíritus bulliciosos, te-
mió la gente pacifica i virtuosa; se quebrantaron los últimos
eslabones del respeto i la obediencia, se prostituyó el honor
i la fidelidad , i se erigieron altares á la inmoralidad i al vi-
cio. En este desbordamiento de pasiones solo una malla se
designaba capaz de contenerlas. Era esta la del agraviado Liniers,
de ese hombre que por pr.imio de sus hazañas políticas i mili-
tares había recibido el desprecio, el aban.lono , la deseen-
fianza i el acecho. Cayó de los ojos del. íntegro pero incauto,
Cisneros ~ la fatal venda con que habían sabido los revoltosos
encubrirle sus falaces designios. Aban 101l'1:l0 i ultrajado por
aquellos mismos comandantes que le habían dado á entender
la mas firme decísion por su persona i autoridad, á cuya im-
postura había dedo mas créLLitJ que á los avisos amistosos,
por medio de los cuales intentó varias veces el bravo
Liniers desengañarle de su funesto error; viéndose ya Cimeros
hecho el juguete de sus fementidos confidentes, hizo pasar
por estraordinario las noticias de aquellos desastres al men-
cionado Líniers , confiriéndole todos sus poderes i autoridad,
para que valiéndose del prestigio de su nombre hiciese el tÜ-
timo esfuerzo por estinguir el fuego revolucionario, al que
ya no estaba en su mano aplicar ningun remedio.


Ada el mismo tiempo escribieron á Liniers los individuos




11¡;1':I)R-~TJn:s: ¡ g I o. (:0
de 1:1 junta revolucionaria, recordándole los agravÍos que había
recibido, ofreciéndole el mando, i rogándole á lo menos '1ue no
tomase parte en aquellos movimientos, porque de lo contrario iba
,í perder á su numerosa familia; mas todo fue en vano, i tan
indecorosas ofertas solo sirvieron para aumentar su irritacion
i su ardiente entusiasmo. Conociendo que habia llegado el
caso de desplegar todo su vigor i energía, jura sacrificarse por
su Soberano, i lo consigue de un modo tan trágico i lamen-
table que llenó de horror é indignacion a: todos aquellos pai-
ses que habian sido testigos de sus heróicos hechos (1). Era


(.) Este t crtiblc suceso, que fue el primcr ensaJo de la ferocidad
'lile l'rccec!i,j á todas las deliberaciones de los rebeldes, merece pasar
á la mas remota posteridad con t ...da la est ensio n é incontrastable Vera-
ciclad que debemos á un testigo ocular, part.cipe de los dolores i con-
gojas que acompañuron ú aquel bárbaro sacriflcio.


Este fue el presbítero don Pedro Alc,intara Jimenez, capellan m a-
yor i confesor del illmo. señor obispo de Córdoba del Tucuman, de
qu ien hemos podido adquirir circunslanciados apuntes, de los que por el
intcrcs que ofrecen nos ha parecido Conveniente estractar la presen-
te not a ,


"],\ adago dia 25 de mayo del afro i Sr o file el del crnel desengaño
del tan virtuoso COmO desprevenido Cisneros. Viéndose depuesto tumul-
tuosameute, abandonado de todos los que consideraba sus defensores,
i :o·yendo con espanto que las suaves promesas se convert ia n en maldi-
ciones t~ im proparios , conouio aunqu~ tarde su alucinam iento. Budea-
do de tantos ohstacnlos i peligros, trató de dirigirse rescrvadamente á
su antecesor i condiscipulo Lin iei s rug'indole sah ara el p ai s dc su mi-
na. "\0 t~llcuntJ'a1Ja pt·I'.~Olla lid ~ qujen sin riesgo pudiera entregar su:"
comunicacinncs , cuando se le presunto felizmente i ú deshoras de la
noche el iutrépido jllVel1 : Lavie ofreciendoles sus servicíus, Los admitió


sin repllgnanciil i en aquellos criticas mum en tos escribió una simpl e
carta fanriliar al refe-rido Linir-rs cumun ic ándcle su triste situacion i el
estra ño t'lICCSO que Gil aquel diu ha hia ocurrido: confesaba su error en
no haber abrazado SU:'l a rn istusos consejos ; manifestaba qne soja en su
fidelidad estribab a la única esperansa de contener el impetuoso torren-
te de los revoltosos, ;í cuyo fln le cedia sin restriccion sus omnímodas
lacultndes .


Salió Lavin para su mision , i lIegú;i Córdoba á las once i media de
la noche <Id 28. Como jóvcn inesper to par" lances tan delicados se di-
rijió á 1:1 casa dcl dean don Gregorio Funes, cuyo astuto é infiel ecle-
s i.istico pasó con él al palacio del obispo i á la hahítacion del señor Li-


25




"'0 nr:NOS-.\InT\S: IRIÜ.,
tal el influjo de Lhi~rs, i tan g'Jncr<.ll~nmte respeti.Ia Lr fama
de sus proezas i virtudes, que temerosos los gü1Jc:r:uates de
los nulos efectos (lue pu .liera pro.lucir en el público la noti-
cia de su cruento sacri.ici o , procuraron ocultarla, i prohi-
bieron l i celebración de sus fúnebres exe.juias , para evitar
que otro YIlrCO A.lt:nÍJ conmoviese 1:1 muchedumbre con el
ensangrentado ropage del nuevo César de Am,(rica.


La capital en el entretanto seguia fomentando su causa,
consumando toda clase de atentados , de los que resultase al-
gnna utilidad á sus designios, aunque estuviese cnjibierta


niers aparen tondo un fingi~o celo por la causa del lleí, ¡Í fin de ser ad-
mitido en las jLlnla~ secretas (lue se ceh-brasen para diseutir los p1aIH''';
d~ defensa , cu)'a reviIacion se proponía hacer á Jus disidentes de Buenos-
Ail't':i, adquiriendo allí una criminal uorubradia en los anales de la re-
volur ion •


El gobernador é intendente don Juan de la Conc ha reunió ;'¡ las ciuco
dc la nvaúan a á los dichos señores obispo i Liniers , al oidor jubilado
~loscoso" al honorario Zau.alloa , á los alcaldes de pi-irnero i seg;llll1o
'Voto, al coronel (le rn ilic ia s provinciulcs Allende, ¡'l los dus o íiciales
reales , al asesor del gubierno Ho,!, igu<'z, i pUl' .muru polil;1'a al citado
Fun--s 1, pesar de los vehementes sospechas que habia s...hre su op iuion,


El primer acto de dicha reunion fu" prp..,,,.' juramento en manus del
obi spo de guarc'ar el mas escrupuloso secreto hasta que los sublevados
c umunlr ase-n oficialmente la ucticia , tomando en el entretanto las me·
dld as de spgul'idurl que pareciesen filas convenir-nres. Desconfiando Li-
n i.-rs de las tropas co. dohesas , propuso salir para el Pe rn con el objcto
de levantar un respetable ejército, i caer con 1'1 sobre Buenos-Aires , (1
rechazar en el C"llIPO las fuerzas que aquella ciudad hubiera d-stncadu
para insurreccionar Ias prnviucias iuteriurcs. Todos se conformaron con
la opinion de Liniers , menús el sagaz i P' e visivo Funns , que compren-
dió al momento las fatales consecuencias 'lile tal r~so¡uciull debía acar-
re ar á la cama que él defeudia,


Poniendo en ejercicio todos los recursos de su ingeniosa «locuennia,
se esmeró eo probar qne la sola presencia del bravo Liniers seria sufi-
ciunte pala sofocar la furia de los sublevados, i qne por 10 tanto no
debía llevarse ú efecto su salida de aquellas prov i-mias ; }lt~;O viendo (Jlle
lJor mas rezones que alegase para Iortalecer su d i.taunn 1..0 hab ia sido
tomado en consideracion , ern pezn Ú formar srcre-tame» tc paitido con
e l apo!ft de su hermano don Ambrosio , de varios dt~l'igos regulnrt's j
seculares, ahogados i come rciantes , adictos á la iudcpcudcucí a. ~lan­
dó emisarios con proc lamas i rapt'lt's inceudiarios ú pOLt:r ro movi-




nrnxos-vmns : 1810. ~t


oposición con la razón i con la justicia. Conociendo que la espada
había de decidir una causa que debia de perderse en el tri-


n.ir-nto la campaña, i á levantar partidas para que colocadas en la Ira-
""ía de AmbO! ga>ta ostruyesen el paso á los realistas, é inlerceptasen
sus cumunicaoiunes con los gd'es del alto i bajo Perú.


Enterado Linicrs de la sublevaoion promovida por el ponzoñoso in-
Ilujo de Funes , suspendió su salida, i se dedicó en su vez á circular
órdenes á los comandantes de los fuertes i á los oficiales de milicias del
Campo para que sin pérdida de tiempo so presentasen en Córdoba COIl
toda la tropa disponible, callones i armamento. Esta medida, dictada por
lo critico de las oi rcuustancias , produjo los efectos 'mas funestos: la re-
uniun de ti opas dd pais cn la ciudad de Córdoba, donde residía un
tr-rrib l« fllt'go revo luciun a riu , aunque artifir-iosamente encubierto, per-
virtió su {'spifÍlu {¡ tal grarlo que desaparecieron todas en la primera
jamada, quedando solos 2($ oficiales, casi todos europeos.


En tan inesperado apmo ya no quedaba mas arbitrio qu@ la desor-
denarla fuga por diversos caminos i veredas. Asi lo manifestó el bizarro
general Liniers , deseando á todos sus dignos compañeros una fortaleza
rle ánimo capaz de superar los graves peligros de que se veian rodeados,
i citándolos para e! Alto Perú, á donde él trataba de diligirse, apli-
cando para eIJo todos lo, esfuerzos de un denodado espíritu i arrojada
decisión.


El derígo cordol.é Dr. Careía, salió en posta á participar las alar-
mantes ocurrencias de ]\uenos-AiH;s al virei dc Lima, cuyo aviso ll"ga-
do oportunamente sirvió para reforzar el ejército del Rei, i fortificar las
gargantas dcl Perú.


La infidr.ucia de los guías que tomó Liniers para seguir su marcha,
la retardaron de tal modo, que á los ocho dias fue preso con su
comitiva por un destaca meuto de 100 hombres que ,j este efecto babia
nu:ndauo á las ürdt:nt's de don Antonio Balcarce , r-I g('neral insur-
gen le Oeampo desde la ciudad de Corc.oba , á donde ya babia llcpado
el ejército n~l'olu(;jmlaIjo de Buenos-Aires, Despucs de un co mplet rsimo
.aqueo i cruel tratnmicu to , consiguiente a la inmoralidad i barbarie- de
los aprd"'IlSl.r(·,<, condujeron cutre bayonetas por les escabrosos i des-
poblados caminos de! Río-Seeo,;i les siete que conceptuaban mas cri-
minalcs , corno cabezas de aquellos preparativos bélicos, i autous de Ia
acedada Icsl)luciun ele lefugiariie en el fCJÚ para hacerles allí una guerra
ofensiva i d-Ieusiva.


Eran esLos el ilustrfsirn o señal Obispo doctor don Horl 'igo An torin de
Orcllana . el Lsce leutisirno señor don Sal tiago de-' Lii.ier s «I goLen ador
intendente don Juan dt' la (Iooclm : su H:-(':Ol uon lj('Loj'i~.1 O HjJd,:i~,utz,
el coronel 0<: milicias dun Sanli,,!,," AlJcnd,': ,,1 rrin"" oficial leal don
Joaquin Morcuo : id p"'BL¡tel'o don FedlO Alcáldal a Jhuer.ez , capellán




J 2 nm:XOS-AmB; 1810.
bunal del raciocinio, levantaron nuevas tropas, convirtiendo
in regimientos reglados los cuerpos de los voluntarios nacio-


moyor i confesor del señor Obispo. Cerca de 200 lf'g"uas fueron conducidos
por espuntcsos p ára rnr.s i de cárcel en cürcel , Im-om unicados con la mas
vigilante e el upolosidad ')casi ('psnudcs, i sin otro alirnen lo fJ(I~ un pedazo
de carne mr-dio asada, hasta la Pampa, conrcirla con el nourb ie de monte
de los Papagayos, tres Ó cuatro legllas distante de la posta [laur arin Cabeza
del Tigre. AlIi mandó el gefe de la escolta hacer alto, no pudiendo-
le figu/'ar las siete víctimas, que aquel silencioso desierto era el altar
destinado pa, a consumar el sacrificio.


A los pocos momcntos, hora de las once de la mañana del .6 de
agosto IIc'gó el doctor don J nan Jase Casldli, segllndo vocal de la
junta su hve i siva , don NicoLs Peña , asociado en clas~ de secretario,
el coronrl Frr nch , el teniente coronel dou Juan Ha mon Balearee,
vados ofi. iales i unos 50 solddos , con el perverso designio de come-
ter á sangre fria el mas inaudito i cruel atentado. En el momento
mismo del encuentro, por vi a de salutacion irrt imó el sangu inario Caso
telli la sentencia de muerte á todos en comun , añadiendo despues de
un gran rato, que el obispo i su eapellan no eran comprendidos, i que
sol amente dehian sufrir tina cnnfi nacion perpetua, como se habia de-
cretado en cl injustísimo tribunal de BuenosAires , sin Iormalidml de
proceso, sin deelaracion, i sin permitir defensa. i Qué honor! Ll asesi-
nato debió ejecutarse en el instante luismo á no ser por los Iame-u tosos
ruegos del señor obispo, quien en medio de aquella gravísima afliccion
suplicó encarecidamente con las hígrimas en los ojos se les concediese la
libertad para salir de aquellos dominios. Oyendo la negativa con amenazas
i palabras indecorosas, pidió á lo menos la suspens ion por a'gunos dias
para disponerse i morir como verdaderos cristianos.


Are,ar de la irreligiosidad con que oian los asesinos la piadosa sú-
plica del obispo con risotadas , mofa i desprecio, se les permitió Ia d is-
posicion espirilual, (mas por nillglln estilo la testamenturia ) en el t ér-
mino perentorio de dos horas, ligando en el eu t n-t anto fuertemente sus
brazos por la espalda con los cordeles que al efecto t rai an preparados.
Llegado el fatal momento, elevan sus trémulas manos al cielo penetran-
110 los aires los santos i religiosos ecos que resonaban, repitiendo uni-
formemente las consolatorias voces con que los ausiliab a StÍ compañero
el citado capellan; con una serenidad inimitable i sin permitir Li-
niers que le vendasen los ojos, presentaron sus res pe tab les pr-chr.s {¡ fas
punzantes bayonetas para recib ir los mortales golpes. A la primera des-
carga cayeron en tierra aquellos cinco pro to-mé rtire s de la lealtad, i á
la segunda exhalaron el último aliento.


French, que como gel'e superior dirigió el basten en aquella horro-
rosa escena, cometió la accion mas iubumann que probó hasta qué gra ..




nncNOS-ATr."ES: ISIO. 7:5
1131es, i suprimiendo los europeos; derramaron asimismo con
la mayor prodigalidad i estravagancia cuatro rniUones de du-
ros que acababan de llegar del Perú, i con este cobar-
de robo sanciomron su nuevo derecho de la fuerza.


do de insensibilidad " ingratitud pudo llegar el empedernido corazon de
estos monstruos vengativos. Humeando aun los cadáveres, bañados en
la Iresca sangre que á borbollones corria de las heridas, i presentando
las vn-t imas un tr istisimo espectaculo , digno de atemorizar no solo á 105
homhres sino tambicn ¡t las aves i animales feroces, qne ahsurtos i des-
puvm-idos huian de aquellos contornos al estrepitoso ruido del fusil i la-
mentahle sonido de los lastimeros ayes i roncas voces de los pacientes;
i deseoso de borrar del todo COn un nuevo acto de ferocidad la dulce me-
maria del hombre generoso, á quien debla sus grados é importancia po-
Iitica , asr-stó 1111 pi.stoletazo contra la r-ab eza de este h éroe que dos años
antes l!ahia reconquistado aquel desgraciado país de los ilJgleses, con glo-
ria sin igual, colmando entonces de beneficios á todos sus desapia da-
dos verdugos.


Como famélicas fieras, que irritadas disputan sobre la p"esa , empeza-
ron á recojer los tristes despojos de las vic tirnus que acababan de inmo-


·lar en obsequio de] insaciable ídolo de su voracidad. No contentos to-
davia con el cruento sacrificio si en él no iba envuelta algnna nueva
crueldad, ar-r-a s l r-ar.m por el sudo los yertos cad áve rex , sepu l t.in do los
desplles cn un pe quv.io foso que al intento hicieron abrir enmedio [le!
campo, prolh-icndo al loísmo tiempo las m as sur.ias , indecentes, obs ...
cenas, é i.npúdicas palabras. No bastaron hechos tan irregulares e inau-
ditos para saciar su luzhelica rabia. Previendo el tervible sentimiento
qne esta inimaginada novedad habia de causar en los ánimos de los ha-
bitantes de Amértca , tanto leales COIDO infieles ~ circularon una orden
general mandan r]n bajo J'igtlr06aS pena:,; que ni los hijos, esposas, pa-
rientes, amigos ni cualesquiera otra per:~i'..lIla hiciese funcinnes mortuorias
pOI' los inocentes Iina dns , priv.1ndo de este modo ~í sus deudos i allf'ga-
dos del únic.i cOIBlJt,lo que les n~.'.¡Ltba de~pLlc:; de esta pértl i da irre p ara-
ble , Así demostraron la conviccion de su cr i men los pnrrici das ; i a si
le vio que no cea d voto púlJJico sino la perversa ingratitud de algu-
DOS facciosos la qae hab ia cunc ebid.. i ejecutado el sacrificio del liber-
tador aí revid.i i ""lebre d efe nsor de BucnosAires ; de aqnel militar va-
Iien te , que era rayo en la batalla, e sclavo en la oh~tlifncia, inerme en
la venganza, i pacicnusimo en el m arl ir-irj ; ele aquel varón leal qne sien ..
do de las mas nobles familias snc.Hlcadas en la guerra de la Vanrlee ,
fue á morir en AlJlerica para qa4'l la zneru.n-ia de sus virtudes sirviera de
argumento perpetuo contra lus revnlucinna: b.s qnc desprecian el influjo
de la nob i-zu i de la l'dig-ion. ,eu"! seria pues el sentimiento del ilustrí-
simo sellar obispo i de su Gel capelian , espf~cladores inmediatos de aquella
sangrieuta catastrole P Pasages de esta naturaleza se comprenden mas bicn




r


, J
QI u, o.


Enviaron agentes <Í Inglaterra solicitando su amistad i
protección p:ua asegurar su gobierno; i en caso de resistirse
ajuel gabinete á obrar en sentido contrario á los intereses de
Ia alianza que había estrechado con la Espaiía, presentar nue-


coa un profundo silencio i elevada medita cien que pinLados coa p al nhra s.
Cao sudos ya. de cometer iniquidades aquellos verdugos, COIOC:liOIl en-


medio de la escolta á los dos restantes ¡,,",'sos, i sin la n... nor deferf'n-
cía ni atcncion á su sagi ado carácter fueron conducidos J la Guardia
de Lujan , 90 1"[;Ollas d ist a nte del lugar del sacrificio. Alli debia ser su
permanencia basta nueva orden. viviendo en una incómoda choza de
paja sin reut as ni ausilios , d~stjtuidos de todo socorro hurnauo , sin co ..
municacion por escrito con todo el mundo, i aun sin la verbal , mien-
tras que el comandante que los custodiaba no concediese un espreso
permiso.


Diez i ocho meses permanecieron en tan triste det en cion , hasta que.
t~meI'USOS algunos ecl esicst icus del cisma devorador que se hab ia origina-
do en la iglesia de Córdoba con la i njust.a i atropellada '''pancion del
h ondadoso pi elado , propusieron al intruso gohiel'llo se discutiese la
e u est ion en nna junta de los mas acreditados téulogos i canonistas, su-
jct¡'¡ndose á su dt:cisi{)D. Fuese por convencimieutn interior, ó porque las.
circuntancias politicas así lo exigiesen, se congrt'g-ó de hecho la junta,
p re sixlid a por el diuc'~Rano don Benito de Lúe i Rjrga, i no discrepan-
do otro voto que el del il',elig-ioso i corrnmpido dean Funes , se resui-
vió la re posicion del legítimo pastor en su silla episcopal; alladi('llc!o
que no residía en ningnn gobierno civil la mas mínima autoridad para
dcclai ar vacau tc una mitra, vivien do el actual prelado; i que á lo su-
mo que podia esteurlerse , siendo los crirnenes probados i perjudiciales
al bien púb lico ~ era ;i su spendcr lo de sus sagradas funciones, i privar-
le de las It'mpol'a!idades; i pUl' lo tanto que el señur obispo debia vol.
ver inmediatamente á Córrlcha ;'1 subsanar tan grav('s males espirituales
como ú los fieles se hab ian causado, observaudose JigulofOumcllle:-ll con ...
ducta polit ir-a i poniéo dosele con d isimu lo védclcs ('('10."0:-;, á fin de que
DO hicie~e uso de ~(J decidida adhesion al gobierno do 'E~paiia, ni de su
pública repugnancia al nuevo sistema americano.


Volvió en efecto á reunirse con su f.'sposa este djgnisimo prelado;
pero l'lJIl1.0 no e~ posible servir Lien á dos SCií~H'CS) ni nni r ú Dios con I3c-
Iia! , al poco tiempo se declaró contra su celo verdaderamente apostó-
lico otra nueva persecucion, que (uva ror resultado una ~t'gunda con-
finar-ion al colegio de san Lorenzo, sobre el gran rio Paraua , desde
CllYJ punto , duspues de treo a110S de continuos é indccibles padecimien_
tos, pudo fugarse felizmente á la península, arrostrando los lllayol'es pe...
ligros i venciendo i nuume rnhles dificultades, quedando de este mod o
burladas las astucias, intrigas i maquinaciones de los iebeldes , ene..
Jllj¡;o. irrcccnoiliables del altar", del. trono y de nuestra amada nac ion.




1\1 ESn~-A¡r;E5: J 8 ¡ n. 1')
vas instrucciones, mostrando un acatarnicnt o al Trono espa-
úol que desmentian sus acciones, i aun las mismas injurio-
sas cspresiones con que estaban embadurnadas las piginas de
SU$ incendiarios papeles i períodicos,


El tan ingenioso como perverso plan de destruir todo
cuanto tuviese rclacion con el gobierna de la l'l,Ltrópoli, invo-
cando el nombre de Fernando YII con tan fementido entu-
siasmo, que no se cala de sus labios, alucinó ú algunos de los
gefes de las provincias interiores, que creyendo de buena fé
sus engaiíosas protestas, se pusieron de acuerdo con la junta
de Buenos-Aires para sostener su autoridad, figur(;ndcse que
en ella estrihaba b principal defensa del gobierno legitimo.


Habiendo l1q~ado ú este tiempo ú JUontevideo una fraga-
ta procelLnte de C:fdiz, con noticias las mas Lal::.giit:f¡"s de
los heroicos esfuerzos con (iue la nacion c'j-aiicla trataba de
resistir la invasión írancesa , i conduciendo al mismo tiempo
las órdenes necesarias pan el reconocimiento del Consejo de
Regencia, los habitantes de dicha ciudad recibieron con las
demostraciones mas cspresivas de su complacencia i satisfac-
cían a'Iudlas lisongcras comunicaciones ; i declar.índose sin
vacilar por el nuevo gobierno establecido en la península, i
ratificando con tan plausible motivo su union , obediencia i
fidelidad, lavaron la mancha de su anterior insubordinación,
si bien con esta tardía manifestacíon no pudieron ya reparar
sus funestos efectos.


Los ele Buenos-Aires se resistieron furiosamente á dicho
reconocimiento á pesar de las enérgicas escitaciones de los
oficiales de S. U. i de la Real Audiencia. Estc desengaño ~ si
bien triste i funesto, pro-lujo á lo menos el fdü; resultado
de que se corriese el velo maquiavélico, con que los faccio-
SGS habían procura.lo ocultar sus ideas, i de que los partidarios
realistas acabasen de perder las quiméricas esperanzas con
que se alimentaban enmedio de aquella horrible convulsión,
i que se dedicasen á rescatar con dobles sacrificios lo que hu-
bieran podido conservar con un grado mayor de prevision, i
con otro menor de ligereza i de desohcdienciu.




;0 nn~'OS-'Ir.ES: ]'<::"C)
Los oidores de Buenos-Aires fueron de los primeros que


pro baron los terribles efectos de una revolución desorganiza-
dora. Llenos los facciosos de inquietud i sobresalto, creyen-
do hallar por todas partes el brazo de la justieia, armado con-
tra sus sacrílegas aspiraciones, temiendo que la presencia de
las autoridades legítim as pudiese inflamar el pecho de los niu-
chos enemigos de su nuevo gobierno, resolvieron dar el últi-
mo golpe á la esperan za de los buenos con la esruhion dc di-
cho cuerpo, á cuyo f'n conTrolH:tícrcn cen cstras a[ante rro-·
digalidad al espitan de una balandra inglesa central andista,
que se hallaba surta en Yalisas. Cuando ya esta se hallaba
pron ta á hacerse á la vela, citó la jl1nta á la Audiencia i al
Virei para una sesion muí interesante al servido. Reunidas es-
tas autoridades en el fuerte, les intinarcn Castelli i Mateu su
pronta salida de aq uel territorio, si queriun salvar SUIj vidas
del inminente peligro que las rodeaba; i haciéndose insensi-
bles á sus ruegos i lamentos, fueron conducidos por una por-
cion de oficiales embozados á bordo de la balandra indicada;
en la que halló cada uno un pequeño cofre que se había pe··
dido reservadamente á sus familias, las que quedaron en la
mayor consternacion por una separacio n tan violenta, que lle-
vaba todos los caracteres de que había de ser eterna.


Esta inaudita tropelía fue la última prueba que debió
desengañar aun á los mas alucinados, de las pérfidas miras de
la junta revolucionaria; i de la hipocresía é impostura con
que prostituía el augusto nombre de nuestro Soberano.


La marina Real se retiró á Montevideo, en donde con el
apoyo del paisanage, i con la decision de las tropas i milicias,
i con socorros del Brasil que Iiabian pedido urgentemente al
celoso ministro español marques dc Casa-Irujo , trataban de
hacer una empeñada resistencia á las desleales miras de los
revoltosos de Buenos-Aires.


La plaza de Montevideo sin embargo no podia destruir
el furioso torrente que salia de la voIcanizada Buenos-Ai-
res; pero comunicó una parte de su ardor i decision á las
demas provincias de aquel ,vireinato. Paraguaí , Córdoba, Pe-




nrENO~-AIRES: 1810. 77
tosí i Charcas se disponían áempeiíar una sangrienta luehlJ
contra la capital. Esta se alarma al ver tanta entereza de par-
te de las autoridades realistas, conoce lo crítico de su posi-
cion, i se convence de que su causa perece sino desplega todo
el carácter de ferocidad que solo cabe en el primer ardor de
un pueblo revolucionario. Su mismo despecho le inspir6 un
grado de resolucion i actividad de que los mas furiosos disidentes
no se creían capaces. De aquí el acudir todos á las armas, i á
prestarse gustosos á cuantos sacrificiosexigiera de ellos el sostén
de su ilegítimo gobierno : de aquí procedieron aquellas frené-
ticas espediciones contra Córdoba, 'I'ucuman , Salta i provin-
cias del Alto Perú, cuyos primeros efectos quedan ya apun-
tados, reservando para el pr6ximocapítulo los progresos su-
cesivos, i concluyendo éste.con dar una idea de los alborotos
de Montevideo en este mismo año.


Don Prudencio Murriondo comandante del cuerpo de in-
fantería del Río de la Plata, que se hallaba de guarnicion en
la plaza de Montevideo, uno de loS genios mas díscolos i am-
biciosos de América, trat6 de conducir con la intriga aquel
pueblo fiel ácia la desobediencia é insubordinacion, figurándose
adquirir por este medio 10 que no podia proporcionarle su es-
casez de mérito i falta de virtudes. El obstáculo principal que
se le presentaba para que el pueblo reconociese la nueva jun-
ta revolucionaria de Buenos Aires era el cuerpo de marina,
que se hallaba animado de la mas firme lealtad i decísion: de-
seoso, pues, de desembarazarse de él, obligándolo á reembar-
carse, se valió del mas artificioso manejo á fin de hacerlo odio-
so :i la guarnicion i á tocio el vecindario.


Una persona de las mas influyentes era el sargento mayor
í comandante de infantería ligera don Juan Balvin ; i como
na ignorase Murriondo que ganando á su hijo don Luis, por
quien aquel era dominado , tendría á su disposicion dicho
cuerpo, procuró atraerlo á su partido en unas juntas que se
celebraban en casa del escribano Pedro Cavia, hijo de Bue-
nos-Aires , casado con una parienta de dicho Balvin , i bien
conocido por.su orgullo i modales desabridos, así como por


26




78 Jlt:'F.~O'-HnES: 181 o.
su adhesion á la ilegítima causa de los insurgentes. Fraguados
en dichas reuniones los medios de dar ejecucíon á sus atrevi-
dos planes, se esforzaron en desacreditar al citado cuerpo de
marina, propalando la insidiosa voz de que trataba de desar-
mar á los voluntarios i de embarcar su oficialidad para Espa-
tía. Contando con el apoyo del respetable Balvin , con la con-
sideracion que le daban cincuenta í tres años de residencia en
Montevideo, catorce hijos, su honradez, su fidelidad, sus dis-
tinguidos méritos, i sobre todo el amor que habia sabido esci-
tar en el pueblo, llegó á creer que éste nunca se separarla de
la senda qae se le trazase bajo el sello de la-aprobacíon de
tan ilustre ciudadano.


Habiendo llegado el dia 11 de julio la Zumaca del capí-
tan Rodriguez con noticias que habia adquirido en Santa Ca-
talina del comanclante de un buque de guerra portugues, del
ataque que habian dado los franceses á la plaza de Cádiz i á la
isla de Lean por ocho días consecutivos, en cuyos choques
habían perdido 30~ hombres, i de que una escuadra salida
de Talan con tropa para Málaga habia sido apresada por 10B
ingleses, se fijaron carteles anunciando tan faustos aconteci-
mientos, que el pueblo recibió con el mayor alborozo. Cuan-
do se creia que por tal razon deberia reinar el mayor sosiego
i tranquilidad, se vió con gran sorpresa que á las ocho de la.
noche fueron avisados todos los individuos que componian los
cuerpos de milicias para que acudiesen á sus cuarteles respec-
tivos. Murriondo se hallaba en el fuerte, en donde se le invitó
á salir para Maldonado con 60 hombres, prometiéndole el
grado de coronel; pero en vez de acceder á estas propuestas
pasó á las nueve de la misma noche á reunirse con su cuer-
po i con el de Balvin que se hallaban en igual movimiento
que las milicias. Los gefes de estas pasaron á las doce un re-
cado al gobernador Soria qnejándose del mal estado de su
cuartel, que se habia llenado de agua en la creciente última.


Al mismo tiempo que contestaba Seria manifestando la
indispensable necesidad de que sufriesen por entonces aquella
molestia, mandó retirar á sus casal á Murriondo i á Balvin,




BUENOS-AIRt:S: 18Jo. 7g
cuyos cuerpos habían seguido el impulso de las milicias, sia
órden espresa para ello. Empeñados los comandantes de los ter-
cios voluntarios en desconocer la voz del gobierno, se intro-
dujo en el pueblo la mayor agitacion, i el temor de que es-
tallasen males infinitos, i de que corriese copiosamente la san-
gre inocente.


En la mañana del 12 repitieron los comandantes Mur-
riondo i don Juan Balvin , i los mayores Murillo i Luis Bal-
vin sus primeras intimaciones, de que se embarcase en el
mismo dia la marina, i de que se separase del mando al vir-
tuoso mayor de la plaza don Diego Ponce de Leon. Este to-
no firme i amenazador confirm6 los justos recelos que se te-
nian concebidos. El gobierno i ayuntamiento mandaron lla-
mar á dichos comandantes, quienes se rehusaron á compare-
cer sin que antes fueran satisfechas sus reclamaciones.


.EI huracan iba creciendo ; el pueblo azorado recorría las
calles sin atinar el desenlace de aquellos sucesos; la marina
desembarcaba todas las armas de los buques mercantes, i sus
tripulaciones; gruesos destacamentos de aquel cuerpo i de mi-
licias, mandados por oficiales escogidos, patrullaban en todas
direcciones; las avenidas del barracon de marina habían sido
guarnecidas con artillería, i sus azoteas se veían llenas de
gente armada. 'I'odo , pues, anunciaba una horrorosa espío-
sion. El cuerpo de Balvin, que guarnecia la plaza, fue releva-
do por el de Murriondo.


Una comision del cabildo salió para la ciudadela con el.
deseo de celebrar una junta en la que se conciliasen los áni-
mos, i se evitase por este meclio la efusion de sangre. Murriond()
i Murillo prometieron asistir á ella si el cabildo salia garante
de sus personas. Pasa á esta sazón por la plaza el comandante
de marina don José MarIa Salazar, se acercan á él varios ve-
cinos i le juran sacrificarse en su defensa. Cruza en seguida
un trozo del mismo cuerpo, que es recibido con públicos tes-
timonios de alegria i aplausos. Todos estaban ansiosos por ver
el resultado de aquel furioso choque de partidos. Salen tres
divisiones con 2800 hombres i 8 cañones de batir, tirados




f,(j llUENOS-A:1R1!S: 1810.
por marineros, contra. el cuartel de infantería ligera, manda-
da por Balvin; éste que se hallaba entonces con su hijo en el
cabildo , recibe la intimación de que sus tropas rindan las ar-
mas; dase esta orden, i sus dóciles soldados abrazan el partido
de la obediencia, i resignacion.


Celebrase una junta general en 13. sala capitular á la que
asistieron los bulliciosos Murriondo i Murillo. Inquieto ya el
pueblo al ver acercarse la noche, prorrumpen en execrables
espresiones contra el primero, i en voces alarmantes i amena-
zadoras , sino se concluia pronto aquella sesion que tenia en
la mayor inquietud los ánimos de todo el vecindario. Cono-
ciendo Murriondo sus delirios i el inminente peligro que fe
amenazaba, firmó la órden para que su cuerpo se entregase á
discrecion del gobernador; i la junta decretó su prision en la
fragata Proserpina , el arresto de Balvin , el de los mayores
de ambos cuerpos, i de todos los oficiales que habian tenido
parte en aquellos acontecimientos, i el desarme de los solda-
dos inclusive los sargentos. En el mismo dia se llevaron á
efecto estas medidas, i se hicieron por h noche varias prisio-
nes; el escribano Cavia se fugó precipitadamente, dejandose va-
rios planes, i su correspondencia con la junta de Buenos-Aires,
que descubria toda la perversidad de aquellos rebeldes.


Sosegada con la vigorosa energía del gobierno de Montevi-
deo esta conjuracion, fraguada por los genios díscolos para in-
corporar á la nueva república de Buenos-Aires toda la banda
oriental, inclusive su capital; conociendo sus habitantes los
pérfidos amaños con que habían ahusado anteriormente de su
credulidad i buena fé, i habiéndose declarado por 10 tanto con-
tra los regeneradores revolucionarios, se sostuvo con brillo el
gobierno del Rei , i lejos de temer los ataques de los argenti-
nos, desafiaba todo su poder i los tenia alarmados de con-
tinuo.


Sigui6 en este estado Montevideo todo el aJIO de 1 810 es-
perando refuerzos de la Penínsu la, ó una com binacion con las
tropas realistas delAlto Perú para derribar el naciente gobier-
110 de la independencia.




Sr
\'\'lI\I\I\I\,\;\'\J\'\'\,\ \'\J\'\J\I\¡\'\i\'\i\MI\i\I\JW\i\lWW\\;\/\j\;v \'\I\I\l\r\l\'\I\I\J\I\'\'\I\I\I


CAPITULO V 1l.
,


II E 1\ ti: 1810.


Disposiciones del oirei Abascat i de los gefes realistas Goye-
neche; Paula Sanz ; i Nieto, para rechazar á los insur-
gentes de Buenos-Aires. Espedicion de 600 provinciales
ácia Tupiza ; al mando de don Indalecio Gonxales. Carac-
ter de Nieto, i Paula Sane. Insurreccion de Cochabamba,
Salida de una columna mandada por el coronel don Fer-
min Pierola ; que fue sorprendida i derrotada por los re..
beldes de aquella ciudad en Aroma. Retirada del general
Ramirez ácia el Desaguadero. Defeccion. del coronel don
Domingo Tristan. Aproximacion del general argentino
Balcarce á las gargantas del Alto Perú. Retirada de don
Indalecio Gonzalez desde la villa de Tupiza á Santiago de
Cotagaita. Desavenencias entre este i el mayor general don
José C6rdova. Resigna aquel el mando de las armas. Ata-
que de Balcarce contra dicha posicion de Cotagaita, i su
derrota por la acertada direccion de los fuegos de Gonza-
lez, Llegada del presidente Nieto i del teniente coronel
Basagoitia d reforzar las tropas de C6rdova. Desgraciada
espedicion de este último, i su derrota en Suipacha, Dis-
persion de las tropas realistas. Arresto del mismo Córdova,
Paula Sanx; i Nieto, i su sacrificio en la plaza mayor de
Potosí. Reconcentracion de las tropas fieles ácia el Desa-
guadero para obrar bajo. la direccion del general Go-
yeneche.


LUf'go que el celoso virei de Lima, don José Fernando
Abasca\, tuvo noticia del fuego revolucionario qne soplaba




82 PERÚ: 1810.
en el vireinato de Buenos-Aires, i señaladamente del horrero-
so asesinato cometido contra el general Liniers i sus compañeros,
conoció la necesidad de desplegar todos los recursos del arte para
hacer frente á unos enemigos, que se habían hecho mas temi-
bles desde que sus mismas tropelías i estorsíones los habian
colocado en un punto de compromiso, del que ya no era posi-
ble retroceder sin aventurar todos los trances de una guerra
terca i desesperada. Siempre solícito por sostener la autoridad
del Rei en aquellos dominios, envió planes, instrucciones,
consejos, refuerzos, armamentos i cuantos ausilios estuvieron
á su alcance, apesar de hallarse entonces empeñada su aten-
cion, i divididas sus fuerzas en sofocar la revolucion de Qui-
to, cuya ejecucion habia sido confiada á don Joaquín Molina,
nombrado presidente en relevo del conde Ruiz de Castilla.


El presidente del Cuzco don José Manuel de Goyeneche,
que con su sutil penetracion llegó á prever que en el baluar-
te impenetrable de su pecho habían de estrellarse todos los ti-


. ros de la revolucion, se ocupó con infatigable constancia en


.prepararse á dar un golpe decisivo que añadiera nuevos tim-
bres á las armas del Rei, i restituyera la calma á aquella mio-
ma América, á la que c1 debia el ser.


La posicíon topográfica del punto en que ejercía su mando
lo habia colocado á retaguardia de los dos gefesespañoles Pau-


.la Sanz , intendente de Potosí, i Nieto, presidente de Char-
cas, que debian ser los primeros diques á la invasión de las
tropas de la república argentina.


Se hallaba ésta mui ufana con los primeros triunfos con-
seguidos sobre el malogrado Liníers , i con la incorporacion :f
su partido de las provincias de Tucuman i Salta; i por lo tanto
se figuró que las cuatro principales del alto Perú, Potosí, La
Plata, Cochabambai La Paz, sucumbirian fácilmente al pon-
soñoso cebo de las doctrinas revolucionarias, i que las tropas
republicanas recorrerian con mui poco tropiezo aquellos in-
mensos espacios plantando en la ciudad de Lima el ominoso
árhol de la libertad.


Crecia su confianza al considerar la fermentacion que reí-




rl~ó: 18ro: 8~
naba en dichas provincias del alto Perú, i la eorrupcion de
las mejores tropas que mandaba el presidente Nieto, pues
que, compuestas en gran parte de los cuerpos voluntarios de
arribeños i patricios de Buenos-Aires, habian mostrado una
decidida adhesión al sistema de su rebelde capital, por cu-
ya razon se habia visto precisado Nieto á desarmarlas.


El gobernador de Potosí, como el mas próximo al peligro,
aceleró la marcha de 600 provinciales al mando del coronel
don Indalecio Gonzalez de Socasa, militar esforzado i decidido,
sagaz, virtuoso é inteligente, pero poco práctico en los lances
de la guerra. Púsose en marcha esta division con dos piezas
volantes i con suficientes municiones, para situarse en Chi-
chas, cuyos mozos debian haber aumentado sus filas en ma-
yor número de 200, que fueron los que únicamente se alis-
taron en aquellas banderas, si el subdelegado interino doctor
Agrc10 no hubiera estado vendido á los argentinos.


El 2 de setiembre entró don Indalecio en 'I'upíza , capital
de dicho partido de Chichas, i á los pocos días se le reunió
el mayor general don José Cordova, con un corto número de
marinos i provinciales. Fué don Indalecio infatigable en la
organizacion de su pequeño ejército, i en la iastruccíon de
los nuevos reclutas que había sacado del país. Un pliego in-
terceptado, que el cabildo de Cochabamba dirigia al rebelde
general Ocampo , anunciaba claramente la disposición de aque-
lla provincia á sublevarse contra el Reí, como lo verificó mui
pronto.


Los gefes Nieto i PauJa Sauz se veían animados de los
mas nobles sentimientos de honor i virtud; pero les faltaba
Ia entereza, el vigor i la energía que se requiere para gober-
nar los pueblos en tiempo de discordias civiles. No creyendo
que la relajación de costumbres fuese tan comun en aquellos
paises, se empeñaron en calmar las agitaciones públicas con
la impunidad i la clemencia, procurando confundir :í los mis-
mos reos con el lleno de sus gracias i distinciones. Este noble
proceder habria derramado abundantes frutos en la república
ideal de Platón ; pero en paises viciados en que se desatendía




8 '~ PllI ti: I 8 I o.
el pundonor i la delicadeza, sino estaba en armonía con sus
aspiraciones ambiciosas, no podia menos de producir el fatal
resultado de que ,la autoridad fuese desairada, i de que á SQ
abrigo se ~adUI'QSeIi los planes de suhversion,
, Mientras que la guarnici&n de Tupiza se preparaba á re-


cibir las primeras falanjes enemigas, se observaba en su reta-
guardia un activo movimiento. El teniente coronel Basagoitia
había pasado, á Potosi con 500 hombres de las milicias de
Puno i Areguipa; don Juan Ramirez habia dejado el mando
de La Paz al coronel don Domingo 'I'ristan , i se ocupaba en
organizar en sus cercanías 2~ milicianos. El presidente del
Cuzco, Goyeneche, trabajaba sin cesar por amaestrar nuevos
soldados en el arte de la guerra, á fin de protejer i apoyar
las operaciones de los cuerpos de 'vanguardia, i mantener los
pueblos en la obediencia í respeto. Los buenos realistas se en-
tregaban á las mas Iísongeras esperanzas ~ cuando un terrible
golpe ~ la insurrección de Cochabamba , hizo variar totalmen-
te la escena política.,


Aquella provincia, situada entre las de Charcas, Potosí i
La Paz ,era la mas fuerte 1 la mas feraz, la mas poblada 1 i
cuyo influjo finalmente habia de ser decisivo para el partido
que abrazase. Ya desde .el año anterior había estado fluctuan-
do entre sus juramentos al legítimo Trono español i entre la"
doctrinas subversivas de los disidentes: vencieron sin embargo
IQs emisarios de dicha junta de Buenos-Aires, i por su intriga
estalló la revolucion á mediados de setiembre con el apoyo de
h misma guarnicion qu.e era del país. Sus primeros ensayos
fueron la deposicion del gobernador, su adhesion á los princi-
pios de h república argentina, su sumision al general Ocam-
po, la clrculacion p<;>r todas las demás provincias de sus pape-
les incendiarios , su. ~~citacioná seguir el mismo ejemplo , i
sus disposiciones guerreras para llamar la atención del f'jército
realista.


No podian los eochabambinos haber elegido una ocasioa
mas propicia para sus inicuos designios. Aquel atentado tras-
tornó todo el plan de los :gefes realistas; fue preciso pedir á




prn:u: t ~1 o. 85
Lima nuevos refuerzos i consejos ; se paralizaron los movi-
mientos militares ~ se ostruyó una parte de los bien combí-
nades planes contra el enemigo ~ i este inesperado golpe au-
mentó el compromiso del gobierno ~ é hizo mui critica la po-
sicion de los comandantes que se hallaban organizando nue-
vas tropas en aquellos partidos.


La división de Ocampo por un lado ~ i los cochabambínos
por otro amenazaban dar un golpe decisivo á las armas del
Rei: ya estos últimos se habían situado en la villa de Oruro,
que se halla en el centro de las cuatro provincias; habian ocu-
pado los fondos i pastas de aquellas cajas ~ i cortado con Poto-
sí i la Plata la correspondencia ~ que al mismo tiempo ruante-
roa mui activa con los disidentes de La Paz, por los valles del
partido de Sicasica.


Conociendo Ramirez la urgente necesidad de pararlos pro-
gresos de aquella revolucion , é ignorando los .intrigantes ma-
nejos i comunicaciones de los paceños con los cochabambinos
apuraba á aquel cabildo para que le franquease refuerzos i
ausílios de que tanto necesitaba, pero desengañado finalmente
de que no podia contar sino con sus propios recursos, desta-
eó al coronel don Fermin Pierola para que con 450 infantes
escojídos i IS0 dragones de Tinta se avanzase hasta Sicasica
á fin de observar á los rebeldes, sin comprometerse en accíon
alguna hasta que él pudiera reuniraele. '.


Escediendo Pierola sus -instrueciones , se avanz6 cuatro le-
JUas mes allá de los límites prefijados, i se situó en el llano
ó pampa de Aroma, en donle fue sorprendido en 15 de nc-
víembre , tÍ causa de su poca precaucion, por unos 39 caba-
llas i 500 infantes. Formada su línea con la mayor precípí-
tacion ~ empezó á batirse destacando varias guerrillas; pere
algunos tiros bien dirigidos de la artillería enemiga acobarda-
ron su tropa, que la caballería insurgente acabó de envolver al
favor de la ventaja del terreno, tomándole liU campamento i
dispersándola completamente.


Avisado Ramircz de aquella e itastrofe por los pocos 301-
4ados, i por el mismo Pierola que pudieron salvarse de ella,


z'!




86 PF.RlÍ: 1810'-
tomó posícíon á la falda del cerro de las Animas, remitió los
fondos públicos i otros objetos ele dificil conservacíon al pue-
blo del Desagüadero , i ofició al coronel don rcmjn¡.~o Tris-
tan, gobernador de La Paz para que evacuase aquella ciu-
dad, i se le reuniese con los efectos dd ranl ue , icen todo
cuanto pudiera salvarse de la dibpidaeion do los rebeldes; mas
Tristan, que ya había principiado á aficionarse á aquella ile-
gítima causa, acabó de decidirse por ellu , tan pronto como
supo la derrota de Aroma; i convocada una junta g(~neral, se
acordó el reconocimiento de la de Buenos-Aires i el 'envío de
cuatro diputados para unirse con los cochabambinos , de cu-
ya aproximaeion no dudaban en vista de sus últimos triun-
fos. Empero, estos sediciosos, como gCIlte colecticia i sin dis-
ciplina, se retiraron 1JlTcipitadamente luego quc hubieron sa-
queado el nm:po de Pie rola i el pueblo de Sicusíca, ror temor
de que el ejército Real hiciese algun movimiento contra ellos.


A consecuencia de estos desastres se retiró el impávido
Ramirez á Tiaguanaco para concertar allí nuevos planes que
volviesen á las armas españolas aquel lustre i esplendor que
siclIl,pre. habían tenido, i cuyos momentáneos contrastes se
habían debido á inesperadas .circunstancias que no habia es"
tado en su arbitrio calcular.
~ntretanto que las tropas del Rei recibían estos golpes en


el centro de] Alto Perú, se preparaban otros mayores ácia
los confines, con las de Buenos-Aires. Dos eran los gd'ts in-
surgentes á quienes estaba confiada la espedicion argentina


.que se dirijia contra el Alto Pení: uno era el general Ocarn-
po, hombre absolutamente nulo rmra el mando, aunque de
escelente caracter , i el otro su muyor lJal('~¡¡Tc, el ljllC si
bien tenia alguna disposición [Ura dirigir aquella fUI rza, se
perdía todo el fruto de sus medianos conocimientos con su
misma arrogancia i presuncion , que le retraía de tomar conse-
jo alguno de sus oficiales. Reprendido amargamente el gene-
ral Oeampo por un hermano suyo. sacerdote virtuoso, resi-
dente en Córdoba, llegó á arrepentirse de sus drsvarfos , i es-
taba para abandonar una causa tan injusta i vergonzosa, cuan-




P'Rl\Ü: I RI o: 87
do la desmesurada ambicien de su segundo le efrecÍó un
plausible protesto para demitir el mando, del que aquel fue
investido por el representante de la junta, doeto~ Castelli.


Encarga-lo ya Balcarce de aquella espedicion , salió de J u-
jui á mediados de arío , i llegó á Yavi sin mas contratiempo
qlle la deserción de algunos soldados tucumanos, que criados
bajo un temple benigno i delicioso, no podían avenirse ca n
la' rigidez i esterilidad de los puntos á que se iban internan-
do. Cuando Balcarce acuarteló su division en la hacienda del
marques del Valle de 'rojo á últimos de setiembre , solo con-
taba con 800 plazas de todas armas. Este noble americano
'habia sabido conservar una perfecta neutralidad entre ambos
partidos; se hallaba en buena armonía i correspondencia con
don In:lalecio GOllzalez, i lo estuvo de mui buena fé con
Balcarce, apenas se presentó en sus vastas posesiones. Unos i
otros recibieron ausilios; pero fueron de mayor valor é impor-
tancia los que suministró á los insurgentes. Mas adelante se
vera este sugeto poner en claro su infiel conducta á la causa
del Rci.


Informado el comandante español de que el enemigo iba
á recibir un refuerzo de mas de 600 hombres, con los que
cornpondria una fuerza de 1500, doblemente superior á la
luya; puesto de acuerdo con su campanero Cdrdova , i des-
pues de' haber oido su consejo de guerra, determinó aban-
donar la posicion de Tupiza , cuyos estensos flancos no podían
cubrirse con, menos de 49 sol,Jados, i retirarse á Santiago de
Cotagaita, en donde podía hacer una defensa mui vigorosa
con la simple fuerza que mandaba. Habiendo enviado al cam-
po enemigo :íun capitan gallego, que lo fue don Juan Gomez,
para proponer algunos medios de zanjar sus respectivas pre-
tensiones, volvió dicho comisionado con la misin i ne:~lti'{a
que ya había previsto el astuto Gonzalea ; pero con el feliz
resultado de haber ganado tiempo para emprender su retira-
da, i de arrojar la parte odiosa de la agresion á los rebeldes
buenos-aíreños,


Una terrible alarma suscitada en 'I'upiza pocas noches an-




~8 P!!\U: 1810.:
tes de abandonar aquel pue hlo , hizo ver 10 que pc.,)ia espe-
rarse de unos soldados, que aunque acuarLh(;o.: en palItos
distantes i diversos , se hallaron reunidos en pocos minutos
sin que faltase ninguno de dios. "No 'lra, paes, el soldado
quien hacia desconfiar del buen éxito lJ¡~ bs armas del Rei , i
jÍ las dcsaveaencías 'iue habían principiado entre CórJova i
Gonzalez. Era el primero aitanero i- presuntuoso; i engreído
con su propio mérito, no vcia en don lndalecio sino un gefe
subalterno, adocenado, é inesperto en el arte de la guerra.


Este por el contrario estaba lleno de modestia, de mode-
racion i de templanza, i conociendo por lo tanto las fatales
consecuencias que había de producir la pretensión de Cerdo-
va al mando de aquellas armas, si él persistía en conservarlo,
tuvo la generosidad de vencerse á sí mismo, para que no triun-
faran los contrarios. l~o duuando , pues, de que removido
aquel obstáculo se darían mas firmes garantías al buen éxito
de la causa legítima, puso su división á las órdenes de su
émulo, reservándose tan solo el mando del batallan del que
era coronel.


El dia 9 de octubre salid de Tupiza para Santiago el nue-
YO comandante general á la cabeza de las tropas realistasv-i
el 11 ocuparon los insurgentesIas posiciones que aquellos ha-
bian abandonado. Pónese el caudillo argentino en marcha
contra las tropas de Córdova ~ llega á situarse enfrente de Co-
tagaita, i acampa á tiro de caíion en 27 de octubre. Sedien-
tos los independientes á causa del calor de aquel día sin ha-
llar agua en todas aquellas cercamas, se arrojan IJor saciar tan
urgente necesidad á la parte opuesta de Iu playa, i i tiro de
fusil del enemigo. Perecen varios soldados, sin que el inmi-
nente peligro los retraiga de saciar su insufrible sed. Viendo
Balcarce la irremediable pérdida de su ej~rcito, adopta un
partido mas terrible todavía que el mismo mal: sin darle t<
mas descanso que el corto tiempo de una hora, que empleó
Iln oarlamentario en ir i volver del campo enemigo, resuelve
el ataque con una gente rendida i sin aliento.


A la llegada de dicho parlamentario, que lo fue el bullicio-




PR!6: 1810: 89
so oficial Carrera, natural de C6rdoba del' Tuéuman, se Ior-
maron en junta todos los oí.ciales realistas para oir la atrevi-
da arenga de aquel fantIstíco emisario. Los puntos agitados
en esta discusión hicieron ver la vil sol....pería con que camina-
ban los disidentes ; i la respuesta de los gcfes españoles debic
dcsengal1Jrlos de que sus necios artificios jJllcian poca ímpre-
sion en sus ánimos. ~ El objeto de la junta de Buenos-Aires,
"dijo el bizarro comandante español , está demasiado conocí-
" do; no habia la menor necesidad de su instalacion; el go~
"h~erno i lo~ pue~log estaban ~eCidÍ\los por con~e~var la ~mé- ¡y_r ;,~~
"[lca en quietud 1 amor á su Soberano : estos últimos m aun !í'-,,~;.,..
"habian oído el nombre de junta; i Cuán distantes, pues, es- .~l ~~'
"taban de desearlo! ¿Han pedido ausilio contra sus gefes?'~ .-:'
"No por cierto. ¿Obedecen á su Rei i autoridades? Nadie lo' .;:.:
"duda. Luego ¿ á qué enviarles tropas que no necesitan ni \\. \
"han solicitudo ? La junta ha puesto bien en claro su traicion.'';:>~
"El ejército de mi mando sostiene los derechos de Fernan- ' .. ' .- ....".
"do VII. El gohierno de Buenos-Aires no podrá arrancarnos
"de las manos las banderas, sino espirando todos al rededor de
"ellas. Ese mismo gobierno subversivo de Buenos-Aires, 1'11
"otro tiempo j~!ró los signos emblemáticos de la autoridad
"real ;' pero ahora no conoce otros que los de la independen-
"cia. Es un hombre vil el que sigue ese partido. Vuelva V. á
"S11 campo, i diga á su gefe que estos son los unánimes sentí-
"mientas de las tropas realistas, i que si tiene el atrevimien-
z to de atacarnos, hallara en su mismo malogro lecciones
~ prácticas de nuestra fildidad i amor al Soberano legítimo,
"por el que todos estamos pront8s á sacrificarnos,"


Este sublime lenguage del mayor general Córdova le
grangeó una popularidad que hasta entonces no habia tenido,
i le reconcilió los ánimos de los que hahian censurado su ulti-
;'a conducta con el coronel Gonzalcz. Sus protestas salian de
un corazón puro é incorruptible , i las sclló mui pronto con
IU sangre, presentándose como noble víctima ante las aras de
la monarquía.


Irritado Balcarce por la befa i escarnio con que había ¡,i.




oo PEl1lÍ: 1810.
do tratado su farsante embajador, dividid su fuerza en tres
columnas para acometer vigorosamente á la plaza: ya los bue-
nos aíreños se habían apoderado de h, alturas, cuand ) el co-
mandante Gonzalez les dió un brus:o ata'~uc con un refuer-
zo que tenia apostado en las mismas cimas: muchos de los in-
surgentes perecieron en este choque; otros por sustr.ierse :! h
muerte que aquel denodado oficial vomitaba por tajas pJ rt~s,
se arrojaron por los precipicios, i se introdujo tal terror i con-
fusionen el cam¡Jo enemigo, que hasta las tropas mas dist.m-
tes de la acción quedaron acobardadas, midiendo ya con el de-
seo el cambo por donde debían emprender su fuga. El cen-
tro abandon.í su posicion; el comandante de artillería los dos
cañones que estaban confiados á su rnando ; las compañías que
se habian apoderado de los cerros se entregaron á una fuga
desordenada; fue grande el número de muertos, i no menos
considerable .el de prisioneros i heridos; pero ya á los dos
dias se habían reunido los dispersos en la villa de Tupizasin
que las tropas realistas se hubieran ocupado en perseguirlos.


A pesar de esta victoria no estaban tranquilos los gcfcs· es-
pafíoles: habían contado con algunos refuerzospara t01l11r una
actidud imponente, i tan solo se les habla unido el teniente
coronel Rlsagoitia con 350 hombres, i el presidente Nieto
con otros ciento. Aunque el general Goyeneche había prome-
tido enviarles alguna fuerza , no pudo cumplir su pal.ibra , en
razón de hallarse sus tropas sin disciplina ni instruccion , en
cuyo interesante objeto estaba trabajando con ial:ttigable celo,
para formarlas, de modo que se estrellasen en 101113 Ias armas
de los independiente" si la suerte pro1Jicia les lu~~ia fmulLIear
el paso de aquellas provincias.


Prevía al mismo tiempo, que aun cuanlo hubiera. querido
enviar refuerzós , tal vez no habrían llegado á tiempo, i que
en caso de recibir algu·n revés las tropas de C~kbva, queda-
riun inutilizadas las de que él Unto necesitaba para contener
el impetuoso arrojo (le un enemigo victorioro. El ej:<rcito de
vanguardia sin embargo era bastante fuerte para rechazar IOi
ataques de Balcarce, si continuaba en el mismo estado de aba-




p"nú: 1810. nI
timiento i escasez de municiones ~ en que se halló después
de b acción de Cotag8ita. De tal modo lo creian sus gefes que
dando la victoria por segura, se determinaron á adelantarse
contra él. Despues de varios debates en que se perdió el .iem-
po mas precioso para uscgun:r el éxito, fue c;esignu(!o p0l' co-
mandante de la espeuicion, compuesta de 9°0 hombres, el ma-
yor general don José Cordova, Entra este gefe esforzado en
Tu piza el día 6 de noviemhre ; el enemigo babia evacuado
aquel pueblo en el dia anterior, i se habia situado á dos le-
guas de distancia mas abajo de la angostura del río: la villa
de Tarija ausilio á esta sazon al general Balcarce con 200
hombres mandados por el vizcaíno Larrea, Balcarce levanta
su campo de la angostura, i pasa á ocupar el pueblo de Naza-
reno, situado al frente de Suípacha : la Ientidud de Cúrdova
en atacarle dúj lugar á que en el dia 7 llegasen á los inde-
pendientes nuevos refuerzos, un obus , i muchas cargas de
municiones. Conviniendo al astuto enemigo que Córdova ig-
norase a'luellos socorros, esperando que así sería mas eiegíl su
confianza i mas fácil su derrota ~ envió por el mismo camino
algunos espías bien amaestrados en el arte del disimulo, los
que cayendo con estudio en manos de las tropas realistas, las
confirmaron dolosamente en la fatal creencia del lastimoso es-
tado de los independientes.


Recreándose ya la imaginncion del tan bizarro como in-
cauto Cordova con los Sallados triunfos, que daba por segu-
ros sobre las tropas enemigas, apresuró su marcha , i turró en
Suipaclia á las doce del mismo dia 7. "Has saga:~ en esta ocasíon
el caudillo argentino, hace un breve lila, iniiento con algunos sol-
dados áeia la phya, los que en cumplimiento de sus instruc-
ciones se retiran precipitadamenrc á la vi.t« del enemigo,
aparentando un temor, que ¡ID era mas que estr¡¡t',igcma para
atraer las tropas del Rei, i envolverlas luego con Ls emhos-
radas que al intento tenían preparadas en las gar¡;:(utas de
Charaya. Viendo Cordova la aparente fuga del enemigo, par-
te como un rayo contra él, csticn.le su Iínna dc batalla hasta
un tercio mas allá de la playa, rornpese el fuego, bátanse las




.!g rr.nú: 1810:
tr:}?a3 con el mayor denuedo; pero en lo mas vivo de la pe-
Iea cae Balcarce sobre los peruanos con to.ia su trona i arti-
Ileria ; dirige principalmente sus fuegos contra la trupa escoji-
da de marino" i veteranos; djase un cañon , desui.í.rtase otro;
asoman al mismo tiempo grupos de indios curiosos por Íus lo-
mas í campos que dominaban la vista de la rdri'ga; se des-
concierta C6rdova atribuyendo á una bien calculada eornbi-
nacion lo que era efecto de una rara aun::¡uc funesta casuali-
dai ; cree que aquellos paisanos son tropas de reserva; ve en
el entretanto desordenado su centro de batalla, rotas las alas,
i en particular la izquierda puesta en fuga; sus solla los se
desmayan, temen caer en las desapia.ladas manos de sus con-
trarios, i no hallan mas esperanza para salvar sus vi.las , que
entregarse á una fuga precipitada. Tojo se perdió en esta des-
graci:da batalla: dos cargas de plata, artilicr/a , tiendas de
camparía , municiones de guerra i boca, i cuantiosos despo-
jos fueron los trofeos del victorioso Balcarce.


e'Aterrado Nieto con la triste nueva de la derrota de Suí-
pacha , i no menos agobiado su ánimo con el peso de 70 arios,
en medio de la fuga, que era el único arbitrio que le queda-
daba, tuvo la prevísion de enviar á Potosí al conde de Casa
Real de Moneda para que diera cuenta de aquellos desgracia-
dos sucesos al intendente Paula Sanz , i lo determinara á una
pronta fuga salvando todos los caudales de la Real Hacienda.
Llega el conde á Potosí en la tarde del dia 9; usa de su natu-
ral actividad i energta para desempeñar con lucimiento su co-
mision ; muéstrase Sanz indeciso en sus consejos, i tardo en la
ejecucion; se descuida en tomar el partido que mas le conve-
nia, vuelve Gonzalez á la carga en la mañana sig,úcnte, re-
Ilu¿¡vese por fin el demasiado confiado i venerable ai.c' mo;
trata de poner en salvo 200.~ pesos que tenia en pastas de
oro; pero ya era tarde. El ayuntamiento habla recibirlo un
pliego de Castelli anunciándole su próxima llegada á Potosí, i
mandando que fuera arrestado su gobernaélor. Entra el alcal-
de Quintana á intimarle la prision , i el pacifico Sanz se re-
siga:! á cuanto quiera exigirse de su moribunda autoridad,




1'1'.),;): IdlO 93
EH el entretanto habia rccogilo don Indalecio Gonzalcl:


ha reliquias del ejército realista, i había tomado el camino de
Puno para dirigirse al desaguadero. El presidente Nieto en
compañía del cura de Tupiza i de algunos oficiales emprendió
-su retirada por el despoblado que va á la costa. Córdova, des
amparado i prófugo, tuvo la imprevision de buscar un asilo en
las cercanías de Porosí ; i por una inesperada fatalidad fueron
arrestados éste j Nieto para sufrir en oompañía de Sanz el in-
humano castigo que habia decretado el sanguinario Castelli
·para terror del partido realista. Así pues, sin que valieran los
cariñosos oficios de personas interesadas en conservar tan pre-
.oíosas vidas, fueron estas sacrificadas al furor revoluciona-
rio, á los diez i nueve días del mes de diciembre, en la plaza
mayor de la espresada ciudad de Potosí.


La fortaleza de ánimo con que estos tres mártires de l:t
fidelidad recibieron los mortíferos tiros, asestados contra sus
pechos, debe ser trasmitida á la mas remota posteridad, des-
collando en particular el último rasgo de heroismo que dió en
esta ocasión el impávido i pundonoroso Paula Sauz. Después
de haber protestado en alta voz aue su brga carrera militar
no tenia mancha alguna, i que ha bia conservado una cons-
tante é invariable lealtad al Rei , por cuyasagrada causa i en
defensa de sus derechos iba á dar el último aliento, pidió por
gracia especial que· le acercasen las banderas que se hablan
desplegado en el acto de aquel horroroso suplicio. ~ Si esas
.,., banderas, dijo el impertérrito magistrado, son las de mi Rei
"Fernando VH, déseine el gusto de besarlas: sea esta la ül-
"tima prueba de mi amor i veneración á tan augusto Monar-
"ca; quede consignado de un modo indeleble mi entereza i
"decision, i sepa el mundo, que ni los tormentos, ni los mas
"horrendos castigos son capaces de alterar en lo mas mínlme
"mis puros sentimientos, ni de intimidar á una alma , cuya
" firmeza parece va creciendo á medida que se aflojan 101>
" muelles vitales de mi frágil cuerpeo-,Terminada esta corta, pero
elocuentfsíma arenga, le fue concedida la gracia que solicitaba,
i eesaron de existir aquellos tres nobles i esforzados españoles.
~3




(j', }'l':nú: ISIO.
Tan felices sucesos dulcificaron los amargos tragos qu e había
recibido la junta de Buenos-Aires con la abierta oposicion de
los montevideanos, i con el descalabro que el general lleIgra-
no había sufrido en las orillas del rio Tebicuari en su espedi-
cían para atraer á su partido ~ de grado ó por fuerza , la pro-
vincia del Paraguai. Engreídos los insurgentes con los triun-
fos obtenidos en el Alto Perú~ corrieron en tropel á ocupar 105
destinos de aquellas provincias. Don Juan Martin Pueiredon,
de gobernador de Córdoba paso á tomar el mando de la presi-
dencia de Charcas , relevándole su hermano don Diego en el
destino que dejaba. Don Feliciano Chiclana pasó del gobierno
de Salta á la intendencia dc Potosí; i de este modo fueron
distribuyéndose los empleos con la mas ciega confianza.
. Un estraordinario procedente de Cocliabamba, i conducido
por uno de los oficiales de 'I'inta , prisionero de la acción de
Aroma, á su tránsito por Tiaguanaco ~ di6 parte á Ramírez
de estos desgraciados sucesos, i de los grandes progresos que
iban haciendo los revolucionarios por medio de sus ocultos
agentes ~ que hormigueaban por todas partes hasta en el mis-
mo vireinato de Lima. En tal conflicto determinó el benemé-
rito Ramirez retirarse al Desaguadero ~ i reunirse con la dívi-
sion del coronel Picoaga ~ que se hallaba en aquel punto
aguardando el arribo i ordenes del general en gefe, Goyene-
che: instruido éste de la desesperada situacion de los nego-
cios del Alto Perú, vió por pública manifestación que en su
decision i celo por la causa del Rei , estaban cifradas todas
las esperanzas de los buenos para neutralizar los tiros de la
seduccion , i para sostener la sagrada causa, por la que había
jurado sacrificarse.


Quedará suspensa por ahora la relacion hist6rica de estas
provincias, hasta la época de 18 r 1 ~ en la quc se continuará
proclamando las sabias medidas tomadas por el citado ilustre
americano Goyeneche para restablecer el honor de las armas
'de Castilla, i encareciendo- los preciosos laureles de qne que-
.daron cubiertas sus sienes en aquella campada.




95
\1'. \, t H \ \:H\\ \:\ \\"'v,H \lXI:\\iU't\\\Y\JH\i\\.\\V\:'\J\\J\'\\i\J'J\\J\iW


eA P 1 '1' U L o VIII.


1811}.


1,{wolucion de Chile. Carácter de su presidente interine; bri-
gadier Carrasco. Arresto de algunos individuos tenidos
por sediciosos. Exasperacion del pueblo por esta prision.
Osad/a del doctor Argomedo. Celebracion de una junta po-
pular. Separacion del presidente, i nombramiento del de-
crépito conde de la Conquista para este destino. Instala-
cion de la junta provisional. Pérfida conducta' de los re-
voltosos.


115 noticias de la revolución de Buenos-Aires tuvieron
un influjo decisivo en el reino de Chile, á cuya cabeza se ha-
llaba interinamente por muerte del teniente general de mari-
Da Muiioz, el brigadier don Francisco Carrasco, como oficial
de mayor graduacion. Este gefe, mas abundante en rectitud
i buenas intenciones, que en luces i práctica de mundo para
gobernar aquel estado en tiempo tan calamitoso, tuvo por
desgracia á su lado un confidente i asesor de genio inquieto i
de ideas revolucionarias, por quien se vio empeñado en va-
rias competencias con los cabildos eclesiástico i secular, en
que tomó parte la Real Audiencia, con menoscabo de su au-
toridad i desunión de aquel vecindario.


Rozas era el nombre de aquel fementido favorito de Car-
rasco, á quien tenia adormecido en el' dulce letargo de la con-
fianza i seguridad, mientras que diestra i ocultamente mane-
jaba el timón de uu partido, que- había de estallar un día sus
maquinaciones contra el gobierno del Reí. Siguiendo los mis-




06 CIIILE: ¡ 8 ro.
mas principios que habían dirigido á los revolucionarios de
Buenos-Aires, con quienes estaban en íntima corresponden-
cia Rozas i los demás conjurados, se dedicaron á principios de
J 810 á aumentar las atribuciones del ayuntamiento, i á que
tate cuerpo se compusiera en su totalidad de gente de su par-
tido, :l cuyo fin influyeron con buen éxito para que las va-
ras vacantes, los alcaldes i síndico procurador, i doce indivi-
duos mas que agregaron en calidad de ausiliares , fueran elegi-
dos todos de los iniciados en sus misterios, para que diesen
doble vigor á sus pretensiones. Un enviado de la Serenísima
Señora Infanta regenta del Brasil, que llegÓ á este tiempo a
Chile con algunas cartas para el gobierno i para varios parti-
culares , escitándolos á la obediencia i á la fidelidad al Mo-
narca español, arrojaron las mas terribles sospechas contra.
las sanas intenciones de aquella augusta princesa, á la que
injustamente atribuyeron los revoltosos miras de usurpacion i
perfidia, que estaba muilejos de abrigar sunoble corazon. Es-
tas alarmantes voces sin embargo aumentaron la agitacion de
los ánimos.


Indeciso el brigadier Carrasco, i no menos aprehensivo
por los resultados de la guerra de España , no se atrevió á
cortar oportunamente los vuelos á aquella peligrosa corpora-
cion , la que aprovechándose del flanco descubierto por el ge-
fe superior, se propaso á celebrar ocultas sesiones que ten-
dian á prep1rar los negocios públicos para el rompimiento
premeditado. Este se efectud.a consecuencia de las noticias de
la deposicion delvirei Cisneros, i de la instalacion de la junta
de Buenos-Aires. ASilStado Carrascocon los síntomas precur-
sores de la esplosion , decretó el arresto de don José Antonio
Rozas, don Juan Antonio Valle , i don Bernardo Vera; i su
estrañamiento á la capital de Lima por el puerto de Valparaiso
en castigo de la osadía con que ayudaban á preparar la revc-
lucion ; á cuyo efecto habían sabido seducir con su venenosa
influencia todas aquellas poblaciones que conservaban una
síncera adhesión á la Madre Patria.


En la noche del J o de julio llégó ;í Santiago el parte de




ClIiU:: 1810. 97
(luedar embarcados los dos primeros, i de que el tercero ha-
hia quedado en tierra á causa de sus achaques. A la mañana
siguiente se reunieron varios facciosos en la plaga, i convoca-
do el cabildo á fin de segundar sus impulsos, citaron al presi-
dente para que concurriese á dar cuenta ante aquella corpo-
racion de los motivos que le habían decidido á tratar de un
modo tan violento 6. personas, que se habían grangeado por
sus virtudes el aprecio general. Carrasco desechó con indigna-
cion aquella primera tentativa, í mandó disolver el cabildo (1).
Infíamadoéste del mas vivo enojo, se queja ante la Real Au-
diencia de los agravios i uItrages atribuidos al presidente; sus.
representaciones conmueven aquel cuerpo; dos individuos de
su seno esponen al presidente la necesidad de que asista á la
Sala Capítular; cede este á .sus instancias.


El síndico, doctor Argomedo, pronuncia un elocuente
discurso pidiendo la libertad de los reos, la declaracion de su
inocencia, la casación del proceso, i la separacion del asesor
i secretario de gobierlio; pinta COJl los colores mas vivos la
infraccion de las leyes en el modo de haber procedido contra-
los reos, el deshonor con que se habia tratado al cabildo i
nobleza que habían garantido su seguridad para que fuesen
oídos i juzgados~ i' el negro engaño -con que á pesar de las
promesas de- detenerlos en Valparaiso los, habia embarcado'
para Lima; i concluyó su discurso con el siguiente epílogo
sentencioso. ce Sino se ataja este engaño, señores ~ ¿cuál será
~"el ciudadano que no tenga su vida i honra pendiente de la
"dclacion de un enemigo, 6 de un vil adulador de aquellos que
"aspiran á elevarse sobre la ruina de sus semejantes ?Yo mÍS-
»rno seré tal Vez su víctima en un cadalso público hoí 6 ma-
Ȗana , porque defiendo los derechos de un pueblo religioso,
»noble, fiel , i amante de Sil Reí; pero moriré lleno de gloria
,,¡ satisfacción , si mi muerte sirve para redimir á la patria
"del envilecimiento (o infamia á que se la quiere conducir;


:1) S't~mrTC que se ll;,_hk de ('ólbill!C) hin otra d- ...ígIl~cion, 'e ('ntc~c_(>·
ra el nyulllamiento.




93 cnrr.e : 1810.
"porque en tanto estimo la vida en cuanto puede ser útit i
"la misma patria.


Este discurso, adornado con todas las figuras retóricas,
capaces de entusiasmar la muchedumbre, produjo el efecto
que se habian propuesto los directores de los movimientos re-
volucionarios. Los hombres sensatos traslucieron en él todo el
germen de la insubordinaelon i rebeldía. Empero conociende
el presidente que sería infructuosa su resistencia á esta pri-
mera tentativa de los sediciosos, por no poder contar con la
poca tro?a que guarnecía la plaza, en la que habian principia--
do ya á. arraigarse los mismos principios subversivos que ha.
bia propalado el doctor Argomedo, hubo de ceder á la nece-
sidad, i resignarse á lo que quisieran prescribirle los viciados
órganos del pueblo.


Desde aquel día quedó resuelta la pronta traslacion de !UJ
reos á la capital, la deposicíon del asesor doctor Campo, del
secretario Reyes i del escribano de gobierno Meneses; se
nombró en reemplazo del primero al oidor decano Concha,
con la humillante condición para Carrasco, de que sin la fir-
ma de aquel no deberia llevarse á efecto ninguna delibera-
cion ó providencia gubernativa. Desde aquel momento se vi()
espirar la autoridad del presidente, i aunque concluido diche
acto , fue éste acompañado por el cabildo i la nobleza hasta
su palacio con todos los honores debidos á su alto rango,
fácil era prever qU6 habiendo ya los sediciosos conseguido este
primer triunfo, no tardarían mucho tiempo en quitarse la
máscara para dar ejecucion á la última parte de su plan, de-
poniendo á la legitima antoridad , i vinculando en sus manos
el gobierno del pais. Para preparar este golpe, empezaron á.
verter ideas injuriosas al carácter del dicho presidente, supo-
niéndole devastadores planes i medios violentos para sostener
su mando, Las noticias que en 12 de julio se recibieron de Es-
paria por el correo de Buenos-Aires, relativas al reconoci-
miento del Supremo Consejo de Regencia, á los heróicos es-
fuerzos de los peninsulares para rechazar las huestes france-
sas, i al .nombramiento del general Elío para la presidencia de




GlJtE: 1 f; 1O. ng;1
este reino ~ causaron aparentemente una alegría general; pero
escítaron en realidad mayor osadía i decision en 1005 facciosos,
para llevar adelante sus miras ambiciosas.


Una visita, que el presidente habia hecho el 13 de julio
:11 cuartel de artillería ~ fue considerada COlDO un acto de co-
hecho i seducion icia aquel cuerpo, llegando el arrojo de los
,alcaldes i del mismo oidor Concha, i quien los sediciosos ha-
Lían sabido alucinar con sus intrigantes manejos, hasta el es-
tremo de reconvenir á la primaria autoridad sobre hechos in-
ventados por la aprehensión, ó mas bien por la malicia. Cohe-
rentemcnte á sus pérfidos planes se pusieron los revoltosos :í
la cabeza de gruesas patrullas, con las que recorrian la ciu-
dad 1 tomando las avenidas del pueblo ~ acechando el parque i
Jos menores movimientos de un palacio, sumido en el mas
profundo silencio, i de un gefe despojado ya de la fuerza i
de la autoridad..


Viendo íos sediciosos removidos todos los obstáculos para
perpetrar su atentado 1 celebraron una sesion estraordinaria
en la que con el pretesto de hacer volver á Santiago al doctor
Vera, uno de los deportados de que se ha hecho mención,
pronunció otro acalorado discurso el tribuno Argomedo, des-
cubriendo sin disfraz el verdadero objeto de sus maniobras,
ee Córrase de una vez, dijo, el velo hasta aqui misterioso de
"nuestras operaciones, pues que sus ambages habían sido has-
z ta ahora mui necesarios para el acierto de la empresa; ya
"no puede darse medio entre la renuncia ó deposición del
z presidcntc i la libertad de la Patria."


He aquí puesto en claro el vértigo revolucionario de que
han estado poseídos los ánimos de todos los disidentes. Las
-ideas, los planes, las intrigas, los manejos, las disposiciones i
los medios de dar ejecucion á la obra de la independencia,
han sido los mismos en todos los állgnlos de la América espa-
ñola. El espíritu sectario parece haber dirig!do las operaciones
de ambos ernisferios : solo las emanaciones de tenebrosos con-
ciliabulos han podido esparcir su pernicioso influjo desde la
Patagonfa hasta la Nueva Alhion, Por tan inmensas distan-




100 f:HlT.E: /8/0.


cias no pueden conducirse íntimas i constantes relaciones ile-
gítimas sin el ausilio de abominables sociedades, inventadas
para la desgracia del género humano.


Determinarlos ya los capitulares á dar el ultime golpe,
comisionaron á nn religioso, sabio i virtuoso i de la confian-
za del presidente para que le exhortase á la renuncia del em-
pleo por convenir á su propia seguridad i á la de la ciudad,
manifestandole la resaludan que habían tomado para conse-
guir con la fuerza lo que no fuera posible por los medios de
la dulzura i persuasion. Alarmado el presidente con tan vio-
lentos procederes, i sofocando en su pecho su justa irritacion,
convocd al Real Acuerdo para consultar una materia tan de-
licada: temerosos los oidores de no poder contrarestar al tor-
rente impetuoso de la opinion , le aconsejaron se resignase i
BU fatal destino. Viéndose Carrasco abandonado por un cuer-
po en quien depositaba toda su confianza, recurrió á los ofi-
ciales de graduacion i gefes de enerpos para que le diesen su
dietámen; i como este fuera igual al de la débil Audiencia,
hizo la renuncia, por la que tanto ansiaban los disidentes, i
fue electo para reemplazarle en la clase de interino el briga-
dier conde de la Conquista, á quien llamaba la lei por Sil
mayor graduacian.


Revestida la eleecion del conde de la Conquista con todas
las formulas de aparente legitimidad, se hallaron ya los se-
diciosos en estado de obrar libremente en la trazada carrera
de su independencia, sosteniendo la efímera autoridad de
aquel anciano nonagenario i decrépito, hasta que la marcha
de los negocios de Buenos-Aires los habilitase á rasgar el óltimo
i débil velo que ocultaba sus pérfidos designios. Empero, reco-
nociendo que su causa adquiria cada dia nueva fuerza i vi-
gor, se instaló por influjo de un tal Lastra una junta popu-
lar con el título de Conservadora de los derechos del Rei du-
rante su cautiverio, á cuya cabeza colocaron al referido pre.
sidente interino, i como vocales al obispo don José Antonio
IHartinez de Aldunate, á don Fernando Marquez de la Pla-
1:1 1 á don Juan Martinez de Rozas I á don Francisco Ja-




CHILE: 1810. 10J
vier Reina, coronel de artillería, i á don Enrique Rosales.


Siguiendo esta junta las huellas de Buenos-Aires se h izo
reconocer i jurar por todo el reino ,circuló las órdenes para
la reunion de un congreso general que fijase nuevo gobierno,
.i tomó al mismo tiempo las disposiciones mas enérgicas par~
disciplinar los regimientos de milicias, acuartelar tropas, i
poner el pais en estado de defensa.


Pocos días antes que la junta gubernativa hubiera esten-
dido sus órdenes para reunir el citado congreso, habia manda-
do Rozas desde Santiago sus comisionados secretos á la Con-
cepcion , i escrito á sus parientes i amigos, para quehiciesea
recaer las elecciones en los sugetos que él designaba como 101
mas adecuados para segundar sus planes. La intriga de Roza¡
engañó á muchos incautos ,i tuvo el efecto que deseaba en
casi todos los partidos menos en Concepcíon , en dónde fue-
ron contrariadas sus miras por un enemigo superior á él. en
recursos de toda especie. Era este el vizcaino don Pablo Hur-
tado, coronel del regimiento de milicias de caballería de .Qui-
rihue , comerciante mui rico, radicado i casado en aquella
ciurlad , apoyado por una parentela numerosa, i de grande
ascendiente en el país por sus esclarecidas virtudes, .i por los
grandes beneficios que le prodigaba. Ayudado por el ilustrí-
simo señor Obispo de aquella diócesis don Diego Antonio de
Villodres, .i por sn activo sobrino ·i provisor, hizo que fueran
electos diputados por aquella provincia don Agustin de Ur-
rejola , canónigo magistral, su hermano don Luis, capitán que
entonces era del mismo regimiento de Quirihue que manda-
ba Hurtado, i el doctor don Juan Zerdan , clérigo de gran
concepto por sus luces i buenos sentimientos.


Los compañeros de Rozas en la junta gubernativa, i los
partidarios de sus ideas revolucionarias, trabajaron con anti-.
c:;JaC;OIl lo mismo que él para que las elecciones de diputa-
dos en los partidos de la provincia de Santiago, recayeses
también en sugetos de su devocion , i lo consiguieron en casi
todos ellos, esceptuando la ciudad de Talca , en que tenían
grande influjo .los Cruces (hermanos del conde de Maule ), In


29




102 CHITE: 1810.
villa de Ranctigua ~ i alguno que otro; de modo que cuando
llegaron las órdenes para la convocatoria ~ ya estaba todo
preparado para que se nombrasen sugetos ~ si no adictos lí las
novedades que se preparaban, porque hasta entonces general-
mente se ignoraban, á 10 menos dispuestos á obrar en el con-
lireso por el influjo i direccion de los corifeos de la revoluciono


Así lograron éstos que de los 36 diputados de que
se componia el citado congreso ~ mas de 24 fuesen a.Iic-
tos á la emancipacion , i escasamente podía contarse con
la tercera parte para defender la causa de la metrópoli. Era
pues de esperar de la índole de una corporacion compuesta
de elementos tan opuestos las interminables discordias en que
estuvo envuelta hasta su violenta supresion , ocurrida al año
siguiente. En medio de estos acalorados debates tuvieron aque-
llos genios turbulentos i ambiciosos, medios i oportunidad
para vigorizar su ilegítimo empeño. Uno de' los que mas se
distinguierou en esta ominosa carrera fue con sorpresa gene-
ral el español don Fernando Maquez de la Plata, ex-regcn-
te de la Audiencia de Chile, quien despreciando la generosi-
dad de su patria ~ que se habia estendido hasta el estremo de
darle plaza en el supremo Consejo de Indias ~ había preferi-
do servir el empleo de juez privado del pais con el inicuo de-
signio de fomentar su favorita causa de la independencia.


Los aparatos hostiles de los revolucionarios desmentían la
profesion pública de sus sentimientos de amor i fidelidad al lHo-
narca español. El reino de Chile había pertenecido al vireí-
nato de Lima desde su conquista hasta el ario de 1797. Su
posicion entre la Cordillera, los paises de los araucanos, i
el desierto de Atacames lo ponían al abrigo de toda invasión
estrangera ~ i por lo tanto solo podia temer los ataques del
gobierno superior de Lima. ¿A qué fin pues tales armamen-
tos si los chilenos sosteni:m la buena causa de la metrópoli?


Estas inducciones tenian mayor fuerza que las aparentes
manifestaciones de la junta sobre la pureza de sus fines i so-
bre el reconocimiento de Fernando VII, cuya falsedad iba en-
vuelta en sus mismos manejos. Sus artificios é intrigas no




rHHI': r!'\IO. lO:>
fueron capaces de sorprender al Virei .Abasca}, ni de burlar
su vigilancia; pero COmo su situación fuese en aquella época
sumamente embarazosa, i que su atencion se hallase distrai-
da para reprimir los movimientos abiertamente hostiles del
mismo Perti Í Quito, hubo de disimular por entonces las tro-
pelías de los chilenos, permitiendo la continuacion de su co-
mercio ele qne tanto necesitaba.


Esta fue la primera época de la revolucion de Chile, que
queda interrumpirla hasta que llegue el turno de describir
los principales sucesos ocurridos en 1 81 l.




lO!t-
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CAPITULO 1 X.


1810.


Persecucion de los facciosos por el presidente conde Ruiz de
Castilla. Maquinaciones de los revoltosos para una segun~
da conspiracion, Primeras noticias de la próxima llegada
del comisionado regio don Carlos Montufar. Dioision de
los sediciosos en dos partidos. Nueva reuolucion estallada
en 2 de agosto. Victoria de las tropas del Rei ; i muerte
de los primeros corijeos de la reoolucioti anterior. Indulto
general publicado d favor de los facciosos. Las tropas de
Lima al mando del brigadier Arredondo evacuan la ciu-
dad de Quito. Tercera reoolucion estallada por escitacion
del comisionado Montufar. Preparativos en Guayaquil del
nuevo presidente de Quito, don Joaquin Malina, para re-
poner la autoridad real en aquel reino. Atroz asesinato
de dos beneméritos españoles. El pérfido lVlontufar entra
en comunicacion con Malina, quien envia dos comisiona-
dos para arreglar los negocios públicos.


A fines de 18°9 habia hecho el conde Ruiz de Castilla
una pesquisa general de los reos de la primera revolueion
á pesar de la palabra que habia dado á los revoltosos de cubrir
con un denso velo sus pasados desaciertos. Mas de setenta ha-
bian sido encerrados en estrechas prisiones; pero con el ausi-
Iio de sus familias logró don Pedro Montufar fugarse de la
cárcel, i varios de los iniciados pudieron sustraerse á la per-
secucion. Puestos de acuerdo todos los partidarios, proyecta-
ron otra conspíracion de consecuencias mas trascendentales,




QUTO: I S 10. 105
tio era posible que unos hombres constituidos ya en el últi-
mo grado de compromiso, i relacionados en toda la provincia
por su ilustre nacimiento, por sus riquezas, i por su podcro-
so influjo sobre la plebe ignorante, permaneciesen tranquilos
espectadores del triunfo de sus contrarios, i que dejasen de
empeñarse en lluevas aunque temerarias tentativas para adqui-
rir la libertad, i hacer triunfar su causa. Principiaron estas
por derramar el cohecho sobre las tropas de Lima, manda-
das por el coronel don Manuel Arredondo, marques de san
Juan Nepomuceno , figurándose que serian tan felices en sus
maquinaciones, como lo había sido el capitán Salinas con las
compañías de la guarnicion de Quito en la primera revoluciono


Malogrado este primer paso, se valieron del astuto ardid
de atacar la opinion de dichas tropas, atribuyéndolas un es-
píritu de rapacidad, dureza, i desorden, que, salvo algunos
casos aisl idos , .estaba ciertamente mui distante de la rigurOl5a
disciplina que habia introducido en ellas su celoso comandan-
te. Todos estos amaños i otra porcion de gratuitas invenciones,
forjadas COIl la idea de hacer concebir al pueblo un odio in-
justo contra los que habian venido á salvarlo de la anarquia,
ponían en claro los bulliciosos proyectos de los despechados
revolucionarios. Todos estaban persuadidos de que aquellos
iban preparando los medios para dar un terrible golpe á la
autoridad del Rei. Solo el incauto i .desprevenido capitan ge-
neral estaba sumergido en un profundo letargo, precursor de
la gran borrasca que mui pronto babia de levantarse contra
su propia cabeza.


En este estado de sordo murmullo i de peligrosa agitacion
fe anunció la próxima llegada del comisionado regio don Car-
los Montufar , hijo del marques de Selva Alegre, que había
capitaneado los primeros movimientos sediciosos de aquella
capital. K o faltaron personas sagaces i previsivasque hiciesen
ver al presidente los malos efectos que había de producir á la
tranquilidad pública la presencia de un sugeto relacionado
con los primeros corifeos de la revoluciono Subieron de punto
las sospechas cuando se hubieron interceptado 'cartas que




106 QUITO: 1810.
dicho Montufar dirijia desde Popayan á su hermana, vertien-
do en ellas las especies mas injuriosas á la causa del Rei, que
él pretendía sostener. Empero era tan refinada la astucia, i
tan disimulado el fingimiento de dicho IHontufar, que supo
deslumbrar á los gefes realistas, especialmente tÍ. don Miguel
Tacan, gobernador de dicha ciudad de Popayan, quien al
anunciar al presidente la llegada del pérfido comisionado, se
deshacia en elogios ácia su persona, presentándolo como el
Iris de paz que habia de serenar todas las borrascas polú.cas,


Apesar del alucinamiento que había sabido crear el astuto
.Montufar, habia muchas personas que Ilevadas de un acen-
drado celo, i que aun desconilaudo de los dones que pudieran
venir por manos tan sospechosas, trataron de despertar la
dormida energía del presidente, corriendo el velo que encu-
bría los artificiosos designios de los revoltosos: entre estos se
distinguieron el citado Arredondo i el asesor general Manza-
nos; mas todas sus medidas de precaucion eran paralizadas
por la demasiada confianza de aquel gefe, i por el pernicioso
influjo de su confidente don Tomas de Arechaga, hombre dl~
principios mui humildes, de cuyo defecto adolecían todas las deli-
beraciones que se tomaban sobre negocios de alta importancia.


La incertidumbre .i el temor, que precedían á la marcha de
.Ion Cárlos Montufar, aumentó la ferrnentacion de los animos
en la ciudad de Quito. La paralizacion de los castigos contra
los complicados en la primera rcvolucion , causada por la im-
política providencia del vireí de Santa Fé en avocar á sí aque-
lla ruidosa causa, animó á los descontentos, i les hizo ver que
nunca les faltarían recursos para salir impones de cualquiera atre,
vida aunque malograda empresa. De aqul resultó el que vario'!"
de los mismos prófugos entrasen dísfrazados de noche en la
población para celebrar sus tenebrosos conciliábulos, i prepa-
rar una nueva esplosion política. Con estos ocultos manejos,
que un gefe activo i cuidadoso habria podido disipar con fa-
cilidad , se llegó á pervertir enteramente el espíritu publico,
'¡ i lomentar ~ OQ.10 contra ct gDblt:tn\), \ t\)u'tn\~b 't'l:\)P~
de Lima que ·10 sostenian.




QrlTO: ¡ 8 ¡ o. 107
Dos fueron los partidos que salieron d. la palestra, dirijí-


do el uno por los Monnifarcs , i el otro pOl" los bulliciosos
.íHor:tles, Quiroga i flemas satélites dc la primera revoluciono
Eftc último partido puso en movimiento todos sus inícuos
resortes para precipitar el rompimiento antes que llegase el
joven iVlüiltufar, con cuyo padre se hallaban muí resentidos
por atribuir á Sil torpeza ó cobardía el triunfo conseguido por
las tropas de Lima cuando restablecieron en su presidencia al
conde Ruiz de Castilla, así como porque no podían avenirse
en que recogiera el fruto de sus esfuerzos, quien no había te-
nido parte en sus padecimientos i peligros.


Por mui oculto qtl'C se hubiera tenido este plan, no dejó de
traslucirse. El asesor Ii1anzanos i ot ros varios sugetos dieron par-
te de él al presidente, quien calificó de calumnia la misma rea-
lidad de los hechos ; i por mas.que se trató de d"sv;:lllceer su
ceguedad, i de cscitarlo á la adopción dc rigurosas medidas
precautorias, fueron estos avisos mirados can desprecio, cau-
5:111do el mayor dolor el ver que aquel venerable anciano per-
sistia dominado por la terca opinión, emitida desde el princi-
pio, rule qne él solo con su guardia era capaz de disipar todos
"los gru pos de los revoltosos, si alguno tenia la osadía de pre-
»sentársele al frente."


En el punto de reclusion , llamado el Presidio , se halla-
ban los soldados que habían abandonado las banderas del Rei
en 9 de ag-osto del aüo anterior por cohecho de Salinas; al
favor del descuido i abandono del presidente pudieron éstos
recibir algunas armas, municiones, i aun uniformes iguales
á los de las tropas de Santa Fé , que se hallaban entonces de
guarnicion en Quito. Llegado el día fijado para el rompimien-
to, que fue el 2 de agosto, dichos soldados presos asesinan al
centinela, se apoderan de la guardia, i salen furiosos de sus
encierros, vestidos con los mencionados uniformes \ á fin de
que las tropas realistas en el momento de la aecion dudasen
á quien dirigir sus tiros. Poco antes de estallar el alzamiento,
que fue á la una i media de la tarde, habían pasado el prc.5-
bítero don Antonio Tejada i don Simón Saenz de Vergara :í




1 O~ QT'lTO: 1810.
comunicarlo al conde, asegurando el primero que tenía de él
un conocimiento exacto por un negro esclavo suyo que babia
sido convidado por otro para tomar parte en aquella empre~
sa , cuyo premio habia de ser su Iíbertad. Levantóse el presi-
dente de su cama ; pero scgun su terca costumbre estaba tra-
tando de cobardes á aquellos dos liugetos, desechando con
mofa sus importantes avisos, cuando se empezar<nl á oir tiros
de fusil en la plaza.


El primer golpe que recibieron los facciosos fue de las
guardias del principal i de la cárcel de la ciudad, cuyos sel-
dados al ver correr aquellos hombres desaforadamente, les
cruzaron los fuegos por hallarse el un piquete enfrente del
otro, matando algunos de ellos, en cuyos bolsillos se encon-
traron 50 pesos, que había sido el premio concedido á cada
uno de los sublevados. Ya á este tiempo babia sido tomado 111
cuartel principal por varios insurgentes que salieron de la
Universidad i de la capilla del Sagrario ~ favorecidos por el
descuido ~ ó mas bien por la malicia del teniente coronel Celi.,
perteneciente á las tropas de Lima ~ que había sido conrami-
nado por el pestífero aliento de los sediciosos. Don Gregario
Angula ~ comandante de .las tropas de Popayan ~ corrió á Ias
primeras señales de alarma á su cuartel, que estaba pegado
con el principal, sin mas división que la de un endeble tabi-
que: este pequeño obstáculo que se ofrecia al esforzado An-
gulo para arrojar á los rebeldes de aquel edificio ~ es allanado
bien pronto por un cetioneso; penetra atrevidamente en
aquel recinto cuando ya los revoltosos habían ayudado á pa-
nel' en libertad á algunos presos de los calabosos hajos, i
cuando catorce de los altos habían sido asesinados por sus
mismas guardias .Iimeñas , .temerosas de ser víctimas del furor
revolucionario que las amenazaba con la proscripcion i h
muerte. El coronel Arredondo ~ que se hallaba en el palacio
del conde Ruiz de Castilla, cuando estalló el alzamiento, salió
precipitadamente á ponerse á la cabeza de las tropas ~ i se
presentó en el cuartel principal cuando Angula habia pene-
trado .en él por el Interior. Obrando ambos gefes en perfecta




QmTO: 181 O. 1°9
armonía i combínacion , desalojaron de él á los rebeldes, dan-
do en este día terrible lus mas distinguidas pruebas de decí-
sioni arrojo.


Recobrado el cuartel, i alejados los enemigos de aquella¡
Inmedíaciones , uno de los primeros cuidados del coronel Ar-
redondo fue templar el ardor de los valientes soldados que
deseaban vengar las muertes de su comandante don Joaquin
Villaespesa i de su querido espitan don Nicolás Galup, que
habían sucumbido, el último á los primeros golpes de los fac-
ciosos cuando sorprendieron la guardia i i el primero en la Ca-
lle luchando largo tiempo contra un gran número de aque-
llos asesinos: trató en seguida de asegurarse de los presos de
los calabozos altos que habian podido ocultarse; algunos de
los calabozos .bajos, que lograron evitar la catástrofe de sus
cornpañeros , salieron con algtUlos fusiles que pudieron haber
á las manos á sembrar el horror i espanto por las calles 00
la ciudad , reunidos con los demas fáccíosos armados de pu~
ñales. .


¡ Horrible dia por cierto fue el 2 de agosto para los habi-
tantes de QuitoI El odio mas encarnizado, el deseo de la·
venganza, la crueldad, i la ferocidad estaban pintadas en los
semblantes de los revoltosos: el mas critico compromiso, el
honor de la nülícia , el de~eó dé s11 propia conservaeíon , i el
mas denodado valor para rechazar victoriosamente á los q~e
habían jurado el esterminio de los buenos, dirijian el brazo
irrcsistíhle de los comanriantcsArredondo, Angulo i de todas
hs tropas realistas. El fuego hahia prendido casi simultanea-
mente por todos los ángulos de la ciudad; la muerte vQlaba
por todas partes; las campanas de las iglesias tocaban á re.;.
bato; el vecindario estaba dividido, úna parte entre los com-
batientes, i otra en el seno de SUB familias, esperando el td~
gil'o fin de aquellas sangrientas escenas. Todo era horror :i
confusion ; pero vencieron las armas de C~$.tiHa.' A las ciaéo
de la tarde quedó sosegado el tumulto, Los facciosos que pu-
dieron salvar sus vidas se retiraron á los Ejidos de la ciudad;
en donde esperaban un refuerzo de 40o hoinbl'esdec,ibalie-


JO




¡ 1o !,lUTO: 1 AI o.
da de los pueblos inmediatos. No faltando ya para coronar el
triunfo de aquella jornada sino la dispersión de dicha fuerza,
salió el ilustrísimo obispo con las comunidades i demas prela-
dos eclesiásticos á persuadiría de lo ínfrucruoso de sus esfuer-
zas, cuando ya los agentes de la primera revolucion , que ha-
bian sido los promovedores de aquellos desordenes , habían
sido víctimas de este nuevo atentado.


Digna es de especial recuerdo la visible disposición del
Altísimo en el castigo impuesto en esta ocasion á los impíos.
Los primeros revolucionarios del 9 de agosto del año anterior
espiaron sus horrendos delitos en el mismo sitio en que ha-
hian dado principio á sus movimientos subversivos. Ellos mis-
mos forjaron una nueva revolucion para ser sus primeras víc-
timas. En la misma sala capitular en que se habia dado el
primer grito contra la autoridad del Rei se vieron por una
rara casualidad cadáveres yertos los catorce corifeos principa-
les de la pretendida regeneracion quiteña; i por una fatali-
dad inesplicable, ó mas bien para que se cumpliesen los ines-
crutables decretos del autor Supremo, hallaron por sepultura
las mismas bóvedas destinadas á los malhechores que sucum-
ben al brazo de la justicia. j Cuántas reflexiones arroja este
lastimoso suceso! i Qué lecciones tan amargas para los promo-
vedores de desórdenes, para los genios ambiciosos, para los
que lanzándose en la carrera de la rcvolucion aspiran al pom-
poso título de héroes, sin calcular que son pocos los que de-
jan de pagar en un patíbulo aquel falso i momentáneo brillo
con que se han dejado deslumbrar! Testigos son de esta ver-
dad los mismos quiteiíos , los caraqueños , los mejicanos, los
buenos-aíreños , los peruanos, los chilenos, i finalmente to-
dos los estados revolucionados de la América española. Sus co-
rifeos con mui pocas escepciones han tenido una muerte la
mas desastrada. Casi todos han sucumbido á los golpes de
una lanza, al impulso de un puñal, á los filos de la espada,
llas puntas de las bayonetas, á la mordedura de insectos ve-
nenosos, al estrago de la¡ balas, i aun varios á los acerbos
dolores de violentas enfermedades.




Qt:fTO: 1810. 111
Restablecida ya la calma en la ciudad de Quito, se cele-


br6 una junta general, en la que se acord6 publicar un in-
dulto sin restricción alguna. Parecía que esta medida había
de ser recibida con el mayor alborozo por todas las clases;
mas no satisfizo á la nobleza, la que al considerar malogra-
dos mas de 202' duros empleados para conmover la plebe, ,¡
degollados en las últimas refriegas varios de sus amigos i pa-
rientes, nunca desistieron de sus inicuos i desorganizadores
¡m_yectos.


Conociendo el gobierno que los ánimos estaban muí dis-
tantes de reconciliarse , .se tomaron las mas activas disposi-
ciones para fortificar la plaza, i precaver toda sorpresa; i co-
mo se creyera erroneamcnte que ya las tropas de Lima no
fueran de una absoluta necesidad para cubrir aquella guar-
nicíon , de la que se habían encargado las tropas de Santa Fé,
emprendió el coronel ArreJondo (nombrado ya brigadier por
su bizarro comportamiento) su marcha para Guayaquil, en
cuyo tránsito padeci6 bastantes trabajos por haberle privado
de víveres i demas ausilios los pueblos de aquella carrera, per-
vertidos con las cartas de los revolucionarios de Quito, que
pintaban á estos beneméritos soldados con los mas horrible.
colores.


La salida de dichas tropas de Quito fue la señal-de una
nueva revolucion , fomentada por .el poco respeto que infun-
dian las de Santa Fé , en razon de su corto número. El
día 9 de setiembre 1II<gó el pérfido Montufar á la capital:
faltando este comisionado regio á las leyes del honor i de la
confianza que había merecido del gobierno español , abuso de
tal modo de la sencillez del conde Ruiz de Castilla, que 10
redujo á una completa nulidad; i despidiendo las pocas tropas
ausilíares que habian quedado, i levantando otras uuevas del
país instaló la antigua junta revolucionaria en 20 del mismo
mes, colocando al marques su padre á la cabeza, i en segui-
da al obispo con otros varios miembros del clero, nobleza :i
pueblo, Todos los autores i cómplices de los primeros movi-
.mientos subversivos fueron convocados de nuevo, i emplea.


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.•.:.. '-"


~




] 12 QrITO: I S 1O.
dos en la adrninistracion piihlica ó en el servicio de las armas.
Confiados en la debil resistencia que podía oponerles la esca-
sa guarnicion, descorrieron el velo á sus proyectos de inde-
pendencia, si bien pronunciaban todavía con un fingido aca-
tamiento el augusto nombre de nuestro Soberano, conser-
vando al legitimo presidente una cierta apariencia de autori-
dad, que era mas bien juguete ó instrumento pasivo de SUI
maquinaciones.


Noticioso de estos alarmantes procederes el gefe de escua-
dra. don Joaquín :Molina, que se hallaba en Guayaquil de
paso para relevar de la presidencia de Quito al conde Ruiz
de Cast illa., reunió unos 600 Ó 700 hombres de las mismas
tropas que se retiraban á Lima i de algunas otras del país;
cuyo mando confió al brigadier Arredondo pam que fuese
con ellas <Í guarnecer el pllnt.o del asiento de Huaranda. Loa
desórdenes iban creciendo en la rebelde Quito: entre las víc-
timas sacrificadas al rigor revolucionario, debe hacerse par-
ticular mencion de dos beneméritos esparíoles ; el uno don Fe-
lipe Fuertes i Amar, oidor de aquella real Audiencia, que
fue el qne entendió en la causa, incoada contra los primeros
I'evolucionario:s por el asesor general Manzanos, i el otro don
José Vergara Gabiria administrador de Correos.


Parasnstraerse estos dignos sngetos al despecho de los re-
voltosos, salieron de Quito con la mayor reserva dirigiéndose
ácia los desiertos de J\:1ainas; pero como al llegar al pueblo
de Pupallacta viesen la imposibilidad de franquear lo fragoso
de aquellos caminos i montañas sin el ansilio de los indios,
encargaron á un tal Rasantes les proporcionase los competen-
tes guias; mas abusando villanamente este traidor de la apu-
rada posición de aquellos ilustres prófugos, pasó á Quito á
descubrirlos al capitan don Kicobs de b Pella \ por cuyo in-
finjo fue comisionado donJVIanueI Torres i Tinajero, para
que con algunos soldados de caballería se apoderase de sus
personas. En el entretanto habia el inhumano Peña seducido
algunos indios del Ejido de Añaquito para que cuando lo!
prófugos llc&usen á este sitio los matasen ~ palos, si Ira era




QT:TTO: 18 I o. J J :5
posible. Codiciando el infame Torres apoderarse de 30 á 40~
duros que el infeliz Gabiria llevaba en oro i alhajas, metidos
dentro de un pelIon, propuso á esta destinada víctima mu-
dar de caballo para seguir el viage , haciéndole ver la mayor
facilidad que él tendría de salvar aquellos intereses. Aceptó
gustoso esta proposicion el incauto csparíol , i desde aquel
momento quedó decretada su muerte. Los indios, aunque albo-
rotados por Pella, habrian podido ser contenidos por la escolta de
Torres; pero este perverso, que ya estaba saboreando el fru-
to de su rapiña , fomentó el desórden en vez de apaciguarlo,
i presenció con complacencia aquel bárbaro asesinato.


Ya Torres se creia seguro poseedor de aquel tesoro, con
el que trataba de proporcionarse una vida cómoda i deleita-
hle, cuando la visible mano del Omnipotente tomó á sn car-
go vengar de un modo terrible i estrepitoso aquel bárbaro ul-
traje hecho á la humanidad. Desapareció la calma del ánimo
de Torres; principiaron los remordimientos, la aprehensión,
el temor, el delirio i la desesperacion. Veia por todas partes
la sombra de Gabiria, que le pedía cuenta de su asesinato i
de su robo. "Si, yo fuí , esclamaba Torres en la fuerza de
"SU estravío mental, ¿qué quieres de mí? Aquí está tu dine-
" ro, no me atormentes; vete, fantasma terrihle, [imita tu
"castigo al vivo aguijon de mi delito que me roe las entra-
"¡las, ó acaba de un golpe con mi vida sino está satisfecha
"tu venganza. No prolongues mas mis tormentos. Clava en
"mi pecho el mismo puiíal al que yo dí impulso pan que
"se cort.íra l:t carrera de tus dias. Céhate en mi s~mgr3, bien
,,10 merezco; pero haz que ceseel martirio que sufre mi agi-
"tado espíritu.


Así pereció aquel miserable, traspasado por los agudos filos
de Sil conciencia, dan.lo con su sobresalto, :lCliles¡ :,g:mhs; i estra-
vagantes contorsiones in-luhaolos pruebas dG la desesneracion de
su alma (1). Saeri:lccLcLs J,l 1:3t;13 Jos nobles víctimas, fueron ata-


(1) r,81t~ cuadro original i vpn.lad~:r('lo, que el au tor d(~ la presente historia
ha trazado .egun documeatos lidedi¡;IlOS que han llfgado á OUI mauos , :líen"




1 1,+ (TiTO: 18 I o.
das por loa pies, arrastradas por las calles i espuestas en el pretil
de palacio á la vista pública. La furiosa plebe trató de dar
igml fin al presidente; pero pudo estorbarlo la entereza del
cabildo eclesiástico, que accidentalmente salia de la catedral.


El pérfido don Cárlos :1Iontufar, autor de estas conmociones
i escesas, que á aquella sazón se hallaba en el asiento de Am-
bato, ocultaba con una falsa hipocresía i refinado fingimiento
los dictados horribles de su corazon , dando parte al presiden-
te Molina de tamaños ultrages con espresiones las mas aflicti-
vas, i llenas de celo por restablecer la autoridad Real, creyen-
do le sería fácil hacerle tragar el pestífero veneno de sus im-
posturas i falsedades. Nlolinu fingió creerlo i envió por comi-
sionado para tratar sobre las bases de restablecer la pdblí-
ca tranquilidad al capitán del puerto de Guayaquil don Joa-
quín VilIalba. Al llegar éste á las inmediaciones de Quito, sa-
lió el pueblo alborotado contra él, fingiendo un entusiasme
por la revolucion que no era mas que el efecto inmediato de
las sugestiones de los nobles, i de la obedíencia que aquel
prestaba á sus disposiciones; fue alojado en la casa de don Pe-
dro Montufar , i tenido en cIase de preso con guardia de la
misma turba, que movia continuas asonadas, con la idea de
que á su regreso á Guayaquil hiciese ver al nuevo presidente
la imposibilidad de dominar un pais, en el que se habia arrai-
gado tan profundamenteel espíritu de la independencia.


Los horriblescoJores con que Villalba pintaba el estado
de Quito, i los desacatos i tropelías contra su persona, irrita-
ron de tal modo Jos ánimos de los guayac(uilCflos, que se pre-
sentaron en la mayor exaltación á don Joaquín Molina, pi-
diéndole que hiciese uso de las armas contra los rebeldes, ya
que se habían agotado todos los recursos de la persuasion,
Viendo el detenido i reflexivo presidente los negocios públicos


a todos los circunstantes, menos á la "'po." dcl rC'¡lIo',,, Torres, llamada
yulgarmente [(1. balido/a, la quc despreciando los estimulos de la ,,~Iigion i
de la justicia, retuvo, i destinó rara su. capricho. i placeres aquellos mis-
mos Intereses que lleva h"ll el sello de la mal,lition.




QUTO: 1&10. 115
bajo un aspecto mas pacífico, trató de apurar los últimos es-
fuerzos de la dulzura i mediacion. Con esta mira aceptó la
del coronel Bejarano, que aunque notado por algunos Calla
adicto á la independencia, se creia sin embargo que obraría
en buen sentido, i que finalmente sería poco de sentir su pér-
dida, si se declaraba por los insurgentes.


Apenas llegó á Quito este nuevo comisionado, fue puesto
en libertad Villalba, i aquel fingió arrojarse con el mayor celo
á sostener la causa de los revoltosos, mientras que con su
acostumbrado disimulo trataba al parecer de restablecer la
paz i ahorrar la efusión de sangre. Siguiendo su curso estas
negociaciones, en las que competían de un lado el disimulo,
los ardides, el engaño i la traicion , i de otro la buena fé , la
franqueza, el amor al orden , i el deseo de la reconciliación,
se pasaron los últimos días de 1 S10.




1 16
""~~""""~W~,~~,~\~~~""W""WW~~W


CAPITULO X.


NUEVA GPtANADA: 1810.


.Carácter de los habitantes de Nueva Granada, i del otre»
Amar. Llegada á Santa Fé del comisionado regio; do"
Juan Panda San Llorente. Desagrado del público por el
carácter serio de este emisario. Disposiciones gubernativas
para hacer respetar la autoridad. Celebracion de una jun-
ta á consecuencia de la insurreccion de Quito. Aumento de
vigilancia por tal acontecimiento. Conducta del uirei Amar.
Desavenencia entre éste i los oidores, i reconciliacion su-
cesioa. Entrada de los comisionados Montufar i Fillaui-
cencio, Subleoacion popular verificada sin sangre i sin es-
torsiones. Conoocacion general del ayuntamiento; creacion
de una junta suprema. Arresto del uirei i de las principa-
les autoridades. Momentáneo restablecimiento de la tran-
quilidad pública. Insurreccion de Cartagena , Pamplona,
Socorro, Tunja, Casanare ; Antioquía, CJioc6, Neiva, i
]Jfariquita..!J,Iovimien!os en Popayan , sofocados por los
realistas. Batalla de Palace, JYIanijiesto de la junta de
Cartagena. Acaloradas discusiones sobre el modo de go-
bernarse aquellas distintas provincias. Tratado de alianza
con las de Venezuela. Fidelidad de Santa Marta.


Lo> habitantes del Nun-o Reino de Granada se Iiabían
distinguido en tedas épocas por su car íctcr pacifico, por su
adhesion al Trono español , i por cl respeto ~l las autoridades
constituidas. No es, pues, estraño que hayan sido de los últimos
á lanzarse en la dcsapiadada revolucion por la independencia




NrrV! GnA~AnA: 1810. 117
~4pesarde los vínculos de fratemi.Iad, i de intereses que debían
unirlos con los venezolanos , tardó mucho la desleal Caracas
en pervertir el .íni mo de los Ianudos (asi son llama dos los de
Nueva Gran:llla por :1:¡nellGos sus vecincs) entre quienes ha exis-
tido constantemente una cGlr..[Jetencia í enconada animosidad,
(Jue se ha perpetuado hasta el presente en la furiosa pugu'{,
sostenida por Santander i Bolívar, natural el primero de San-
ta Fé , i el segundo de Caracas.


Cuando llegaron á la capital de aquel vircinato las noti-
cias de las transaciones de Ihyom i del can tiverio del IVIo-
narca español, se hallaba á su cabeza el sordo i demasiado
candoroso general don Antonio Amar. La desgracia principal
que tuvo b América e~;;ai:i,)la cuando principió la gurrra pc-
lúus:Jbr, fue J¡¡ de ll:!Jlarse á la cabeza de fUS gobiernos res-
pectivos sugctos poco aptos p3rJ dirigir los negocios públicos
en tiempo de rcvolucion; sugetos , que si bien abundaban en
virtudes, dulzura de carácter i justificacion , carecían de
aquella fortaleza de alma, i de aquel vigor i energia que se
requiere para dirigirla nave del Estado en medio de las osci-
luciones políticas. Buen militar, amante de la subordinacíon,
integro, hienintencionado , fiel á sus deberes; peJ:O flojo , in-
cauto i desprevenido en la administracion , tardo en los con-
sejos, i pesado en la ejecucion: este era el carácter del virci
lt\mar; i con poca diferencia fue tl mismo el de Iturrigarai
en Méjico; el de Sobre-Monte en Buenos-Aires , el de Carras-
ca en Chile, 01 de Ruiz de Castilla en Quito, el de Emparan
en Caracas , i otros varios.


El acto de la jara del Seriar don Fernando VII fue ce-
Iebrado en Nueva Granada. con aplauso universal, i solemni-
zado con íiest.rs públicas, cspresivas del mas puro regocijo.
DCdJe que se divulaaron Ias primeras noticias de los pl'ogre-
sos que hací-m !VS franceses en las provincias de España, em-
pezó ¡Í dividirse la oj.iniou sobre les medios que deberían
aplicarse para salvar aquel país eu caso de que sucumbiera
la metrópoli. Unos ju 1'gab:111 que la suerte de ésta debería
aer comun á la Améán; otros por el contrario ~ i en este


JI




tl~ NVlV,~ GnANATlA: 1810.
número entraban aquellos genios mas altivo. que Mpira-
han á la independencia, pero que tenian encubiertos sus pro-
yectos al ver la ninguna predisposicion del pueblo para segun-
darlos, eran de parecer que debia instituirse una junta popu-
lar, para que obrase en obediencia. i con sujccion al gobierno
legítimo de Esparla; i si por una fatalidad dejaba este de
existir, arrogarse el mando supremo hasta que resucitase la
monarquía legItima de los Barbones, en cuyas manos habrian
resignado gustosamente la soberanía de que se hubieran en-
cargado con el solo objeto de salvar aquellos paises de la do-
minacion francesa.


Estas eran las patrióticas ideas, cuya profesion se apa~
rentaba por no chocar de frente con la opinioa general; pero
envolvían á imítucion de los demas estados revolucionado!
el mismo inicuo plan de sacudir la dependencia de la Ma-
dre patria.


Mui desde el principio babia enviado la junta de Sevilla
"arios comisionados á la Am;~rica para asegurar su obediencia
durante la lucha que había emprendido con el Emperaúor
Napoleon. Al nuevo reino de Granada le cupo en suerte don
Juan Pando San Llorente , que habia sido subrogado al pri-
mer electo brigadier Justiniani. La poca franqueza con que
este comisionado se presentó en Santa Fé, su misteriosa con-
ducta, i disimulado trato en una época en que los americano,
manifestaban deseos de hacer toda clase de sacrificios por so-
correr á sus hermanos los peninsulares, pero que en cambio de
¡US buenos sentimientos esperaban hallar la debida cordialidad
i porte afable en los ejecutores del poder, i aun mas en lo¡
que venian á ser los 6rganos del gobierno supremo, para es-
trechar con mayor firmeza los vínculos de union i fraterni-
dad, no eran al parecer los mejores resortes para ganarse la
voluntad de los pueblos.


Por escitacion de la Audiencia que se hallaba en pugna
con el virei , se form6 una junta bastante numerosa para que
le reconociese la dominacion de la de Sevilla, i se oyera á su
representante. Celebrada dicha reuaion en 5 de setiembre




N1JEVA GRANADA: 1810. 119
de r808 ~ el víreí que la presidia pronunció una corta arenga
alusiva á las circunstancias; se leyó el manifiesto de Sevilla,
i se cerró la sesíon sin que se hubiese discutido punto alguno,
i sin que el comisionado San Llorente , que ocupaba un
asiento igual al del vírei ~ hubiera intervenido en la cuestión.


Parece sin embargo que en esta parte anduvieron cuerdos
,el virei Amar i el comisionado ~ negando al pueblo la parti-
cipacion de los secretos de estado, prevalidos de aquellos prin-
cipios ~ cuyo acierto ha acreditado la constante práctica; ~ de
que se precipita el gobierno ~ cuando la plebe ignorante prin-
cipia á hacer cálculos políticos, i á ingerirse en los negocios
públicos."


La llegada de dicho comisionado produjo el feliz resulta-
d.o de que se consolidasen las autoridades establecidas ~ i de
que se recogiesen algunos socorros metálicos , con los que re-
gresó á España. Deseoso el virei i los oidores de conservar
aquellos dominios en dependencia de la metrópoli ~ se ocupa-
ron en colocar en los mandos civiles i militares de las pro-
vincias wgetos que inspirasen confianza, alejando de ellos á
aquellos americanos de. cuya fidelidad había motivos para re-
celar. Por efecto de estas medidas fue arrojado Camacho de
Pamplona ~ i poco despues de la provincia de Socorro; San
)Iiguello fue de la jnrisdiccion de Neiva; á la cabeza de Po-
payan se coloco al decidido realista don l\'Iiguel Tacan; Bo-
badilla fue enviado á la provincia de los Llanos; Planes al
partido de Casanare ; Fuertes á la audiencia de Quito, i
Aguirre al mando del Choco,


Para reforzar el partido del Rei en el ayuntamiento se
decretó la provisión de las plazas vacantes de regidoi"es, ise
tomaron otras medidas á fin de preservar el reino del conta-
gio revolucionario. Eran ya los últimos días de agosto de 13°9
cuando llegaron las noticias del alzamiento de Quito: para
descubrir si en Santa Fé reinaban iguales ideas que las mani-
festadas por los revoltosos de aquella ciudad ~ dispuso el vi-
reí, de acuerdo con la Real Audiencia, secelehrase una nume-
rosa convocacion de todos los cuerpos. Veinte i ocho fueron los




120 ~[,TIíA l":]'L'XATlA: ¡SU).
votos que pi.lieron la erección ele una junta provincial rara re.
unir 1'13 voluntaLs i sentimientos de todos 103 pueblos, i atraer
con blandura á los quitc'ílOS antes que a1'e1:11' al cstrcmado
recurso de Ius arnras ; pero fue desechada diL'!13 moción co-
mo atentatoria al gobierno lcgítimo, i promovedora de desór-
denes rcvolucion.irios : i en su vez se decretó drs;Jcg:u todos
los medios de vigor i energía para reprimir al[Uellos primeros
mov imientos. Con esta mira se llamaron tropas de Ca:tagrna,
lnua que en unión con las de Popayan i Pasto, i parte de la.
misma guarnicion de Santa Fé , volasen en socorro de 13 au-
toridad Real tan vilmente atropellada en la referida ciudad
de Quito,


Habiéndose descubierto en la capital del víreinato Ya-
rios sfntomas de cl(lhesion á LIs doctrinas subversivas , em-
peZJrÜll á mirarse con desconfianza aquellos mismos sugetos
que anteriormente se habían tratado con la mayor intimidad:
de aquí los bandos de policía, las pesquisas domiciliarias,
i la exasperacion de los ánimos: de aquí la precautoria pro_o
videncia de colocar en el ayuntamiento sugetos eminentemen-
te realistas : de aquí el nombramiento de don Bernardo Gu-
tierrez al empleo de Alferez Real, quien opinó i sostuvo que
la América debía seguir la suerte de España , cualesquiera
que esta fuese, antes qne erigirse en independiente.


Parece que el virei , si bien hacia profesión de invariable
fidelidad á Fernando VII mientras que hubiera alguna espe-
ranza de conservarle aquellos dominios, se deci.lia por la
creación de un gobierno popuhr, mas bien que sucumbir ft
las armas de Napoleon. Varios de los ini ..ia</')s por afectos al
sistema de la independencia, i en particular su secretario don
José Leiva , hombre astuto , intrigante i ambicioso, habían
contribuido :í hacerle formar uqnella opinion , Iisonjetíndole
de que su posición í el amor que le profesaban los lanudo!
le colocarian en el elevado rango de ser el gefe supremo d.
aquel estado, i de rivalizar en gloria i heroísmo con el mis-
mo Washington,


Lejos de mí el culpar las intenciones de aquel noble m:lgi..~-




NrEVA G~~N'"A: l~lO. 121
fr:y1o: si verdaderamente suscril.io ir ks l;lp1s (Je sus pérfidos
cOlnj,·l'cs, no lo Li;;:) SCgUr:1EltIltC por dul.:abld al Hei ni
por desafeccicn á la nación C3F'úoh, i si por l.al.er creí.lo
irremediable la [cérdichdc la illEt:d¡JC'!i, é irresistible la agl't'-
sion del dominador de Europa. Deüienrh optar entre la sumi-
sion i( este ambicioso conquistador i entre la independencia
de Nueva Granada, se inclinaba mas.a este partido con la es-
perafiíla de poder volver un dia á besar el augusto cetro del
Monarca eSiaíÍol. Parece que su esposa, dotada de m:tyor sa-
gacidad i de una penctracion mas sutil , contribuyó no poco
á confirmarle en esta opiníon : temia los trastornos polfricos,
i creyó que condescendiendo con los deseos de los regen2rado-
res podría grungL'arsc su afecto, i continuar á la cabeza del go-
híerno , cualesquiera que fuese la variacion que se intentase.
Las sugestiones de este ingenio femenil triunfaron sobre el
apocamiento i pacíficas intenciones de su marido.


Los oidores no sabían atinar la C:ll151 de la lentitud de
que se resentían todas las operaciones del virci , i (le su moro-
sidad i condescendencia en los asuntos en ('l'h~ antes habia mos-
trado bastante enrrgia i carácter: ohservan.lo que al abrigo de
IIU inercia se fomentaba considerablemente el esníritu de la
sedicion , trataron de tomar medidas para despertarle de aquel
fatal letargo ,. i ene1 entretanto representaron á Iacorte pan
que fuera reemplazado' por otro. que diera mayor vigor á 12.s
operaciones gubernativas, i enfrenan la licencia pooulsr, Los
directores de las tramas revolucionarias, que deseaban fo-
rnent.ir la escisión entre estas antoridades , propalaron la exis-
tencia de una conspiracion fraguada por dichos oidores para
deponer al débil Amar. D. Joaquín Ricaurte se fingió de los
ínicirdos en aquellos ocultos manejos, i los denunció al al-
calde ordinario , i este al virei , representanrloselos con tal vi-
veza i tan fementi.lo celo que el buen Amar llegó á ser vícti-
ma de la intriga i perfidia.


A pesar de esta fa111 creencia, anduvo mui detenido
en proceder contra Ios supuestos reos, limitando sus pre-
cauciones á seguirles los pasos i á acechar escmpulosamen-




12~ NUEVA GllANADA: ]~]o.
te sus acciones. Se desengañó mui pronto sin embargo de
su funesto error , i asi 10 manifestó en pleno acuerdo á
dichos oidores, dándoles con esta ingénua confesion una
cumplida satisfacción por su desconfianza. Este golpe, quo
parece debiera haber sido la senal de un odio irreconcilia-
ble entre los encargados del poder, estrechó mas i mas la
buena armonía que convenia existiera entre ellos, porque
llegaron á convencerse, de que sin ella iba á quedar compro-
metida la autoridad real, i á ser precipitados todos en un abis-
mo de male~ por los genios turbulentos i sediciesos , que desdo
mucho tiempo estaban fraguando esta escisión, .


Viendo Jos revolucionarios malograclos sus designios por
este lado, variaron de direccion, dedicándose en su vez á per-
vertir la opinion inculcando al pueblo el empeño que supo-
nian á los europeos de entregar aquellos reinos al poder de la
Francia. Para contener los malos efectos que iban producien-
do estas intrigas, se hicieron venir nuevas tropas de Cartage-
na; fue llamado de Rio-Hacha el teniente coronel don Juan
Samano con la guarnicion de aquel puerto: del batailon au-
sillar de Santa Fé se formó un regimiento cuyo mando fue
confiado á este bizarro oficial; fue conservado en el grado de
mayor de la plaza el cuñado del oidor Alba, reconocido por
furioso anti-independiente ; i se tomaron otras medidas eñca-
ces para reprimir los movimientos sediciosos.


Es increible la energfa desplegada desde este momento: se
PUiO la tropa sobre las armas; se difundieron por las calles
patrullas que velasen día i noche por la tranquilidad pública;
fueron aprehendidos los disidentes don Baltasaril1iúano de las
Casas, oidor de Quito, que por sospechas de infidencia había
sido .confinado á este punto, .don Antonio N arillo, los pres-
bíteros Gomez, Asuero, i otros; fueron decapitados los re-
voltosos Rosillo i Cadena, quienes apoyados por un tia suyo
magistral de aquella iglesia, habían estado alborotando la pro-
vincia de Casanare ; i se procuro asegurar por todos los me-
dios la obediencia de aquellos pueblos al gobierno de la me-
trópoli.




NCE'A GRANADA: ]~tO. 123
Una de las primeras providencias del consejo de la Regen-


cia española en 181 o ~ habia sido la de comisionar para el vi-
rcinato de Nueva Granada á don Cirios 1110ntufar i á don
Antonio Villavicencio ~ ambos nacidos en Quito ~ i el segundo
educado desde su niñez en la capital. La llegada de estos 80S-
pechosos personages en 1810 fue de mal agüero para los ver-
daderos amantes del gobierno espariol ; i por lo tanto no se
enfrió su ardor en los armamentos guerreros para ponerse al
cubierto de toda asechanza. Creció la vigilancia de las autori-
dades realistas cuando supieron las nuevas maquinaciones de
los revolucionarios de Quito ~ porque aquella terquedad i des-
esperada decision les hacia ver que los genios turbulentos ja-
mas desisten de sus estravugantes aspiraciones. Los atizadores
del fuego revolucionario le iban aplicando materia inflamahle;
las medidas mas puras del gobierno eran trocadas por ello.
en soñados instrumentos de opresion ; los actos mas indiferen-
tes se consideraban como atentatorios á la libertad i aun á
la vida de los individuos; Íos ánimos se hallaban en la ma-
yor fermentacion, i solo se aguardaba un pretesto cualquiera
para hacer la esplosion.


Se presentó este á las diez de la mañana del 20 de julio al
proferir don José Llorente ~ natural de Cádiz ~ algunas espre-
siones injuriosas contra los americanos ~ dirijiéndose en parti-
cular :í don Francisco Morales i á sus hijos don Antonio i
don Francisco, naturales de Santa Fé ~ que habían ido de
intento á insultarle :í su tíenrla ~ au mentando la irritación de
que ya estaba su ánimo poseído por haberle embadurnado
con tinta en la noche anterior tojos los libros que tenia de
venta por medio de una geringuilla que habían aplicado al
agujero de la cerradura. Esta casual ocurrencia atrajo mucha
gente á la calle Real ~ que fue donde principió el tumulto:
este i el gentió fue creciendo sin que el gobierno se ocupase
en disiparlo, como habri:l podido con la mayor facilidad si
hubiese acudido oportunamente al remedio.


El pueblo se había dirigi:!o á pedir la prisión del regidor
Inficsta i de don José Trillo, atribuyéndoles una conjuración




12'1 l\TTWA Gil \~.U)A: IR 10.
de acuerdo con Liorenre para matar 1. 10$ patriotas america-
nos: el prLnero fue hallado escondido en su casa i eouducirlo
á un encierro entre el inmenso pueblo; el segun-lo se presen-
t6 espontáneamente al virei , i desde alli fue llevado en silcn-
cio por el señor Cortazar á la carcel de Corte.
Sigui~llilo el pueblo en su exaltación pidi6 una convoca-


cion general i pública del ayuntamiento: fue aumentdudose
el huracan i ya por la noche había en la plaza una numero-
sfsima reunión de gentes con cuantas armas pudieron haber á
las manos, pidiendo que fueran colocados al frente de los ne-
godos aq uellos mismos sugetos que por sus ideas sediciosas ha-
bian sido perseguidos anteriormente. El pueblo se había apo-
derado de la artillería ; las eampanas tocaron tÍ rebato hasta
el amanecer ; se iluminaron los balcones .i ventanas, arrojando
tanta claridad que parecia que el astro del día babia trocado
su curso. A las once de la noche principió la sesion acalorada
del ayuntamiento; se pronunciaron discursos llenos de ardor
revolucionario, repitiendo la decantada tiranía española i ha.
lagando á la muchedumbre con quimérreas ideas de Sallada
opulencia i prosperidad, i se concluyo la discusión con resol-
ver la creación -de una junta suprema compuesta del ayun-
tamiento i de los diputados del pueblo, i presidida por el vi-
rei hasta que se instalase la suprema representativa del reino,
qne deberia formarse de los diputados de tollas las provincias.


A las cinco de la mañana del dia ~ 1 fue reconocida i ju-
raja por todos 103 cuer;;os mili turcs , ec1c'i:isticos i civiles.
En medio de esta agitacion popuiar i de UJl c'Jj,j-¡Io tan vio-
lento de gobierno no hubo elusion d~ E::n¡;rc., ni se observo
aquel espíritu de o.lioi encono que h:r cur.ictcriaalo !:lo revo-
luciones de los domas estados de Allu'rica: el pueblo conmo-
"ido no puso las manos en ninguno de los antiguos gober-
nante.. , limitó su persecucion al suave arresto de una medía
docena de personas que habían dew1cr,al!o m3)"'Jf ear.ícter i
tesan en aquella crisis. Este comportamiento generuso es una
nueva prueba de las virtudes , del genio pacífico i humano, i
~c Ia moderacion de principios do lOS nuevos granadinos, do




¡~ , F,'f \ ¡: !1ti ~\\ ]) v : 1:5 1 o' 1 :,>,'
(luyas recomendables cualidades no ha podido desposeerlos el
gc~io esterminador que se ha paseado en su icarro de fueg..
por todos los ángulos de la América Espafiola.


Comprometida ya la capital de Nueva G'ranada á llevar
adelante su revolucion, adoptó las mismas ideas de los demas
paises insurreccionados, i señaladamente de la lindante capita-
llÍ:l general de Caracas, pero sin imitar los horrores con que
muchos de estos han manchado las páginas de su historia.


La mayor persecución que hicieron los nuevos granadino:>
fue contra el fiscal Frias i contra el oidor Alba; pero aquella
calmó tan pronto como vieron que en el balcon de la misma
cárcel se les habían puesto los grillos, que era el único casti-
go á que se limitaba su Olla: sucesivamente fueron ambos
conducidos al Socorro, f encerrados en lóbregos calabozos , en
los que sufrieron indecibles trabajos.


Entre las varias providencias que se tomaron para asegu-
rar la garantIa de la causa sediciosa, fue una la de quitar el
mando de su regimiento al coronel don Juan Sámano, por-
que no de otro modo podían consumarse sus alevosos planes.


A las siete de la noche del 22 Be suscitó una nueva alar-
ma producida por una intempestiva aprehension de los patrio-
t3.S~ concebida por la circulacion de falsas voces sobre la entra-
da en Santa Fé de una partida de negros del Trapiche de don
Clemente Alguacil, distante jornada i media de aquella ciudad.


Se repitió el alboroto al día siguiente contra don Lorenzo
Marroquin; pero la energía con que don Manuel de Pombo,
contador de la Real casa de Moneda, peroró 111 pueblo, in-
flamó de tal merlo la generosidad de sus sentimientos, que
picíndosc de honor i delicadeza, lo sacó de la cárcel i lo con-
dujo respetuosamente á su casa.


La divisa que hasta este dia habían adoptado los revolto-
lOS era una cinta blanca en el sombrero con la inseripcion de
~ Viva Fernando VII i la suprema Junta de Gobierno del
" Nuevo Reino de Granada." Es indudable que eran muí
pocos los que dejasen de reconocer de buena fe la soberanía
de nuestro augusto Monarca. Creía el pueblo inocentemente


32




i2G JtiTE'".'\. CfiANADA: l~ro.
que el único medio de salvar aquellos dominios de la influen-
cia francesa era el de formar Sil gohierno representativo es-
cluyendo Ias antiguas autori.lades , contra las que hablan S:.l-
hielo escitar una fatal desconfianza los uirevtores encubiertos
de la verdadera revolución por la independencia absoluta de
la metrópoli.


I\1inanoIo sordamente la opinión estos genios desorganiza-
dores, inflamaron al pueblo para que pidiera la sepuracion del
virzi , del regente de la Real Audiencia, del oidor Carrion i
del fiscal }'Iancilla; i lo consiguieron con tan feliz resultado
que para calmarlo fue preciso proceder al arresto de dichos
sugetos i á notificar al virei con decoro i urbanidad la necesi-
daJ de que se tra.Jadara al tribunal de Cuentas, i su csposa
al convento de Santa Gertrudis.


Este fue el último golpe dado á la autoridad suprema;
pero 10 que confirma mas i mas la aserción de que los nuevos
granaJinos estaban rnui distantes de abrigar ideas de desorden
i anarquía fue su respeto i veneracion por estos ilustres presol
en el acto que eran conducidos ¡Í sus respectivos encierros,
pues que no se oyó una voz de desprecio ó escarnio, cuando
en iguales casos hemos visto la plebe de otros paises cebarse
cobardemente en la sangre de sus gobernantes al verse libres
de su autoridad.


Empero llenos de irritación los corifeos revolucionarios al
ver que el pueblo no había hecho el desacato que ellos desea-
ban á la autoridad del virci, 10 alarmaron de nuevo para que
pidiera con descompasadas voces 1:1 traslación de la víreina ¡Í
la cárcel pública, llamada el Divorcio.


Esta era la escena destinada para manchar las página3 de
la revolucion de Nueva Granada. Las furiosas verduleras,
conmovidas con el oro que 38 derramó ~í manos llcnas , i aun
algunas nobles, rivales i enemigas de dicha ilustre sellara, se
apoderaron de su persona, la metieron en el arroyo que cru-
zaba por el mismo tránsito, se desataron en desvergüenzas é
impúdicos dicterios, i la hicieron las mas horribles injurias oí
su pudor i recato.




1;;T,' A r n. :.; .\ P!,; 1 8 l o. 1 2-
,


Como una consecuencia ¡1e la separacion lid virei , fue-
ron arrestados su mayordorno , el asesor Vicrnn i :U120, i
el F"crcnrio del vireinato don José Leiva. Con hs referidas
prO'. i.lcncias quedó calmada la agitllf'ion popular, i con el ar-
resto del nuevo alferez real don Bernardo Gutierre7., veri-
fícado el dia 26, cesó la persccucion ; i ya desde el dia si-
guiente volvieron todos á sus tareas confiando á la junta el
cuidado de velar por su tranquilidad sin que se reprodujese
acto alguno (Iue marcase su periodo revolucionario, si se l'5-
cepttian algunas músicas i funciones públicas, dadas para cele-
brar aquel acontecimiento importante, que lisonjeaba la am-
bician de los verdaderos facciosos, i tranquilizaba los ánimos
de los indiferentes, i aun de los mismos realistas americanos i
de no pocos europeos, penetrados incautamente de que aquella
mudanza de gobierno cm la única tabla que se presentaba p:.l-
ra salvar el reino del horroroso naufragio que le amenazaba.


La provincia de Cartagena se habia anticipado á la capi-
al en sus movimientos políticos. Luego que supo la dispersion
Je 1:1 Junta Central i los r.ípidos progresos de las armas fran-
cesas en Esparía , nombró aquel ayuntamiento dos diputados
para que acechasen é interviniesen en las operaciones del go-
hernador: éste se sometió al principio á aquellas trabas im-
puestas á in autoridad; mas como se arrepintiese mui pronta
de tan débil condescendencia ~ fue depuesto de su empleo, i
reemplazado por el segundo cabo.


Tambien las provincias de Pamplona i de Socorro habiaa
verificado su revolucion con antelacion á Santa Fé, rebelán-
..ose contra sus respectivos corregidores Bastas i Valdés. El
escesivo celo que este último mostró por sofocar los primeros
alborotos, hizo correr alguna sangre; pero su noble resis-
tencia hubo de ceder á la irresistible fuerza de 89 hombres,
armados i comprometidos en sostener su ilegftimoemperlo.


A continuación de la capital se sublevaron las provincias de
Tuuja , Casanare, Antioquía, Chocó, Neiva, Mariquita i Car-
tagena. El gobernador de Popayan , don Miguel Tacón, había
reunido los principales de la provincia tan pronto como llega-




NUEvA CJUNAOA: I Sin.
ron á su noticia los movimientos de las dcmas ; P:;I'O ,ti oker-
var que aquellos se decidían por el mismo sistema (le junt.i;
que con tanta razon había alarmado ,í las autoridades realis-
tas, disolvió la asamblea, i se dedicó con el mas vivo empcrio :t
levantar nuevas tropas para destruir el gohierno de Santa F,:.
Habiendo Balido Baraya de esta capital contra el gd'c C3;,:¡íiuL
antes que pudiera reforzarse lo alcanzó en Palacé l á tres bgua¡;
de Popayan, i le obligó á retirarse.


La junta de Cartagena , que babia intentado vanamente
atraer á su criminal partido á la de Santa lVIarta, sin que hu-
bieran podido avenirse los pareceres rIc los dos comisionados
de este último punto l clue lo fueron el canónigo Guerra i el
oficial real don Pedro Rodríguez con otros Jos que habían si-
do nombrados por la citada ciudad de Cartagf:na, publicó un
manifiesto en 19 ele setiembre de 1810, proponiendo el pro-
yecto ele reunir todas las provincias del nuevo reino de Gra-·
nada bajo un sistema federal, i declarando la libertad que
cada una de ellas tenia de adoptar el gobierno que iuas le
conviniese , supuesto que la misma rcvolucion de Santa 1"é.
que había quebrado el pacto que la unia con la metropoli, ha-
bia disuelto el que tenia ligadas á las demas provincias. Aun-
que algunos departamentos propendían á formar un gobierno
central independiente, los de San Gil, Socorro, Giron , Pam-
plana, Mompox , Cartagena i otros adoptaron el proyecto del
federalismo; i los de Popayan l Santa Marta , Río del Hacha,
Calí, Pasto é Ibarra se negaron á sacudir la dependencia de
España l cuya laudable decision les utrajo la persecucion de
las tropas insurgentes. Todas estas provincias adquirieron in-
negables títulos á la gratitud espaiíola , especialmente las de
Pasto i Santa Marta: de la primera se hablará en el artículo
de Quito l i con respecto á la segunda es mui justo que des-
tinemos algunas líneas á describir sus rasgos particulares cI.,
lealtad i virtud, i sus padecimientos i sacriñcios.


Cuando principió á desarrollarse en la capitanía general
de Caracas el gérmen revolucionario l habia en Santa Marta
algunos genios díscolos i ambíciosos que no se' atrevían ,( dar




7\-r T~ r.\ (~n ~ \ _\ f\ v : 1 ~3 1 O.. 1 29
h cara, IJerque la gcneralidod de la pühb.cion detestaba sus
do~>tl'inaE> Gobernaba entonces aquella diócesis el In. R. Obis-
po Fr. Nfiglld Sanchez Cerrudo , de la Orden de San Fran-
cisco, prelado de gran sabiduría i acrisoladas virtudes, por
cuyas relevantes prendas se habia graageado la vcneracion
universal. Halicndo caido enfermo de un resfriado , fue lla-
mado el boticario mulato Remigio Marquez, á quien se pres-
taba la mayor confianza por el continuado acierto que había te-
nielo con los muchos enfermos á los que había asisri.lo con par-
ticular esmero. Empero la divina Providencia habia decretado
la irreparable pérdida de aquel varan apostólico, tal vez pa-
ra ponr.r á nuevas pruebas las virtudes de los l¡abit:mtes de
la provincia, tÍ par:i 'lue se cumpliesen sus ineserutables de-
crrtos , rlej:wdo el curso libre al encono de los partidos. El
citado ii1arqu(~z, instrumento al parecer de aquel inicuo
triunfo, mandó hacer una sangr~a al paciente, 'Iue 10 condujo
mui pronto i las puertas de la muerte. Toda la poblacion se
conmovió al saber la triste posicion de su amado prelado:
cuando las camFanas anunciaron su agon(a, prorrumpieron
sus feligreses en un 3.nnrgo nanto, i en imprecaciones contra
el autor de tamaña desgracia. Fue buscado con ansiedad
el objeto de su ira para cebarse en su sangre; mas este se
había sustraído con una fuga anticipada á la persecueion
popular.


Pocos hombres nos presenta la historia, cuya Lita haya
sido mas sentida, ni su memoria mas respcta-ía ; para perpe-
tuar ésta se culucó su retrato de cuerpo entero frente ¡Í la si-
lla e/,ismpal dd altar mayor, á fin de que sus sll~esores le
tuvieran siempre :i la vista como un digno moldo de imita-
cían: siendo mui reparable que los insurgentes no le hayan
quitado aun en la mayor fuerza de su furor revolucionario.


A instancia de los habitantes de Santa Jl'hru. nombró la
corte de ;~s¡)ai1a por sucesor del señor Cerru.lo :í su secreta-
rio (el", JvL:nud ReJondo i Gomez; i auw¡ue las virtudes eL;
este religioso rorrcsponrliau al empeño con que fue solicitada
su eleccion , no qucdó sin embargo cubierto el gran vacío qnc
Be notaba en aquella provincia con la falta del único hombre




} :)o !.;t: r: í" _~ r: 1: .\"; :\n .. : 1 g 1 es,
capaz de haber contcni.lo con su sim~)l.; Yu;: c'v:m;J1ic,1 el ge-
nio del mal en sus tenebrosas cavernas.


Los primeros qne se pusieron :i Ia cabeza del partiIo fac-
cioro pidiendo la crcacion de una junta Po;),:1Jr, :1 imitaeioa
de la que al mismo tiempo se habia instituido en Cartagcna,
aparentando un lingido celo de salvar aquel p:Jis de la coyun-
da francesa, fueron el coronel de milicias don José j'raneisc()
l\lunin;, i el boticario :,Iarquez, que hahia sabido con sus es-
tratagemas i ardides calmar la primera irritacion producida
por la muerte del obispo : unidos estos dos corifeos con otros
de sus partidarios, que lo eran los Diaz , Granados , i una.
parte de los inrlivíIuos del regimiento de rnilicias , única fuer-
za que se hallaba en Santa lVlarta además de los pocos artille-
ros, logrJ.ron sobrecoger al pueblo, i establecer la junta pro-
yectada. El coronel don Tomás de Acosta, gobernador de la
provincia, dotado de la mas acendrada lealtad i de bastante
firmeza de ánimo, sin embargo de su avanzada edad, hubo
de tolerar la primera erupcion volcánica, i aun de admitir la
presidencia que le dieron los facciososcon la idea de adormecer
su energía i vigilancia; pero estaba trabajando ocultamente con
el mayor empeño para derribar aquella asamblea, cuando una
conmoción popular se anticipó á dar ejecucion á sus deseos.


No se desanimó el intrigante Munive con este golpe, i tra-
tó en su vez de fortalecer su partido con el mismo cuerpo de
milicias, á cuyo frente quedó todavia colocado; mas la crea-
cían de otro batallan de milicias de seis compañías con el
nombre de voluntarios patriotas de Santa ATarta leales á Fer-
nando VII, que empezaron á servir á fines de! presente alío,
i el nombramiento de don José María Martinez de Aparicio,
sugeto de los mas influyentes de aquella ciudad, i autor de
tan acertada disposicion , paralizó. por entonces las maquina-
ciones de los enemigos encubiertos.


Terminó el año 1810 con adoptar los revoltosos de la ca-
pital como medidas principales despues de sus movimientos
populares la estipulación de un tratado de alianza con los di-
sidentes de Venezuela, i el nombramiento de diputados de
las provincias para el congreso de Santa Fé.




1 :3 i
H t; , ,U h '., H v ~ ....',¡\;ntUi\;"'I\il¡\il\\\'\"n.·;,;,H\.\í'tiv\i\i"."\:\I\i" ,','~\ ,l


CAPITULO X 1.


1 S ¡ o,


Reoolucion de Caracas d consecuencia de la llegada de los
comisionados ~MontuflIr i Fillauicencio. Fatal despreven-
cion del eapitan general Emparan : asalto de su persona
i jórzosa abdicacion del mando en manos del ayuntamien-
to. Institucion de la primera junta, á cuya cabeza [ue co-
locado aquel incauto gefe; i su inmediata exoneracion. Di-
lapidacioti de los fondos puhiicos, i escesos cometidos por los
revoltosos. Arresto i espulsion de todas las autoridades
realistas. Esfuerzos para comunicar á las demas prouin-
eias el filego de la independencia. Chasco terrible de las
familias opulentas que habian [raguad« la revolucionoCons-
piracion para restablecer la autoridad del Rei; malograda
por infidencia de dos perversos oficiales europeos. Oposicion
Ile la provincia de Coro contra la capital de Caracas, cu-
yas tropas [ueron. derrotadas por aquellos fieles vasallos.
Regreso de Bolivar de Londres con el rebelde Miranda,
Formacion de un congreso reoolucionario, Predisposicion
"\:[ pais éL sacudir el yugo de los úemagogos.


'N'
. . mguno de los estados de Aménca había presentado


1an fuertes s.ntornas de insubordinación como Caracas, ni
ofrecía tantos dementas para acometer la empresl de la indc-
pen.iencra. Todo estaba preparado para dar el golpe, i solo se
agll~rda¡n 1:g!'n~1 ocasion filvorahlc que hiciese perder aquel
resto de timilez lpe to.lavfa se observaba en los corifeos
revolucionarios. Esta se presentó á consecuencia de haber lle-




g;do á Puerro-Cabello en 13 de abril un bujue mercante
procedente de Cádiz con la noticia de haber si io .Iísuelta h
junta central, i de haber sido invadidas las Andalucras pür
los ejércitos franceses; noticia que fue conrirma.lu por otro
baque de igual procedencia, que fondeó en la Guaira cuatro
dias despues , llevando á Sil bordo á Villavicencío i ;\'IontuEu.
comisionados ambos por la Regencia del Reino para pacificar
el primero el vireinato de Nueva Granada, i el segundo el
reino de Quito.


Los conjurados caraqueños, que aun;¡ue dispersos habías
principiado á reunirse á principios de este arlo en la casa de
lUisericordia , que servia de cuartel á los gran,ltlcros de Ará-
gua, llevando por objeto seducir aquellas tropas, mm ladas por
el marques del Toro i por su hermano dou Fernsndo , i ata-
car con ellas al gobierno, creyeron tocar el deseado momento
de derribar sin tropiezo Ia autoridad Real, tan pronto como


.recíbieron las espresadas noticias de la embarazosa crítica
posición en que se hallaba envuelta la madre patria.


Abrmado el débil Emparan con tales reveses, procuró
neutralizar los esfuerzos de IOi disidentes, presentan10 al pü-
blico aquellos acontecimientos con toda la franqueza i buena
fe de un honrado militar, creyendo que esta misma confían-
ea , con la que se entregaba en sus brazos, empeñaría su pun-
donor i delicadeza, i les haria caer las armas de las manos
j Desacertada providencia en un hombre priblico , si bien 130-
nia en claro sus privadas virtudes! Alentados los sediciosos
con la impunidad de sus delitos i con l« débil condescenden-
cia del gobernador, se mofaron de sus platonicas alocuciones,
i se prepararon á dar ejecucion á sus atrevidos planes.


Al medio dia del miércoles Santo " 18 de abril, lle-
garon á Caracas los pérfidos comisionados Villavicencío i
Montufar ; i de acuerdo con ellos los Montillas , Hol/vares,
Sojos , Rivas i demas conjurados, trataron en la misma tarde
de asesinar al gobernador ó de obligarle á resignar el mando
ante el ayuntamiento que á la mañana siguiente debería re-
unirse en sesian estraordinaria. Puestos de acuerdo sobre este




CARACAS: 1810 l33
segundo proyecto , sedujeron al alcalde ordinario don José de
13D Llamosas , para que convocado dicho ayuntamiento tu-
multuariamente, representase al capitan general la indispen-
sable necesidad de constituir un nuevo gobierno en Caracas.


El débil Emparan vio levantarse esta terrible borrasca, i
no tUYO fuerza para disiparla. Algunos de los iniciados en 1011
tenebrosos misterios le hicieron ver el inminente riesgo que
corría su autoridad: la circunstancia de haber sido convocado
el ayuntamiento sin su anuencia daba nuevo peso á los pri-
meros avisos: sugetos de rango i respeto, entre ellos el magis-
tral de aquella iglesia, trataron de despertar su dormida ener-
'gía; pero nada fue capaz de hacerle tomar las vigorosas me-
didas que exigia 10 crítico de aquellas circunstancias. Lej05
de desconfiar del ayuntamiento, se presentó en él á las ocho
de la mañana del citado dia 19, sin que le hubiera escitado
la menor sospecha lo desusado de aquella invitacion , ni la
vista. de varios jóvenes, de quienes tenia justos motivos para
recelar, i que halló en el tránsito, embozados en sus capas :í
pesn de la solemnidad de aquel dia,


Apenas entró Emparan en la sala del ayuntamiento, le
insinuaron la necesidad de que se trasladase su autoridad á una
junta, á cuya cabeza quedaría él colocado. Oyó Emparan sin
inmutarse aquella intimacion , i socolor de asistir á Iosoñcíoe
divinos, se retiro prometiendo, que despues de ellos se ocu..
paria sériamente de un asunto de tanta gravedad.


Los facciosos, que aguardaban en la plaza el feliz resulta-
do de sus maquinacíones , se llenaron de aprehensión luego
que vieron salir solo á dicho gobernador de las casas capitula-
res, porque se figuraron que acudiría á pedir ausilio al cuerpo
de guardia que se hallaba inmediato, con cuya fuerza (en la
que no podian confiar los revoltosos) temían que desplegase
sus últimos esfuerzos para sostener su vacilante autoridad;
mas por una fatalidad inesplicable estaba decretado de que
Emparan se entregase á díscrecion en manos de sus enemigos.
Formase la guardia tan pronto como ve á su capitan general;
pasa este por delante de ella sin acordarse de que todas aquc-


33




1:;{~ CARAr.A~: 1810.
lIas bayonetas estaban para defenderle , llega al templo en cu-
ya puerta había otra guardia de granaderos del regimiento de
la Reina: al poner el pie en sus umbrales le alcanza el de-
saforadc Francisco Salias, le asesta un puñal al pecho, i le in-
tima el regreso al ayuntamiento; el sargento i los granaderos
preparan las armas á favor de su general; pero ceden :í la voz
del infiel capitan don José Ponte que ordenó lo contrario.
Desconcertado Emparan, se deja conducir maquinalmente por
Salias á las casas consistoriales, i entrega allí el mando de
aquellas ricas provincias.


Al principio se acordó crear una junta presidida por el
mismo Emparan, dejando á la Audiencia i demOls juzgados en el .
libre ejercicio de sus atribuciones. Mientras que don Germ;m
Roscio esrendía la minuta de estas primeras deliberaciones, se
presentó en la sala el presbítero chileno don José de Madaria-
ga, canónigo de la catedral de Caracas, i principal director
de la conspiracion ; apoyado por todos los revoltosos, llevó el
descaro i la arrogancia hasta el estremo de destruir el acuerdo,
pidiendo la exoneracion del capitan general en nombre de un
pueblo que él dirigia á su antojo con su audacia, charlatane-
ría , i fingida austeridad de costumbres.


En este dia se consumó cIatentado mas atroz, i se pusie-
ron en uso todas las armas de la perfidia, del engaiío, de la
mala fé, de la traición i de las mas criminales pasiones. Le».
masas de la poblacion se movieron por instinto maquinal; to-
dos gritaban sin saber lo que querían, ni lo que les convenia;
aquel contraía mas mérito que tenia pulmones 'mas fuertes
para levantar su voz , i á no pocos les valió este servicio para
conseguir grados i empleos. Aprovechándose los conjurados de
aquel desorden i confusión ,circularon ordenes premurosas á,
las provincias para que reconociesen al nuevo gobierno.


Poca critica se necesita para conocer con la simple lectura
de esta historia, que si el eapitan general Emparan hubiera
desplegado la necesaria actividad i energía, jamas los conjura-
dos habrían podido prevalecer en sus inicuos designios. El
'.-ursa mismo de los sucesos indica que la opinion estaba en lo




C.\RACAS: 1810.·1~5
·general :í favor del trono español ; que solo una porción de
ambiciosos oligarcas, i de varios jóvenes díscolos i viciosos,
pero todos ellos Ilenos de astucia, i muí versados en el manejo


·de la intriga, pudieron dar un impulso feliz á la creacion de
un nuevo gobierno, para el que no estaba preparada la masa
de la poblacion.


Estos filantrópicos regeneradores marcaron los primeros pa-
sos de su carrera con un acto de dilapidacion que puso en claro
el esprritu de rapacidad de que todos ellos se veian animados.
Era costumbre repartir entre las casas pudientes el sobran-
te de las cajas reales, para quc con seguridad .i sin quebranto
fuese remitido á Espaiía por el giro mercantil. Como dicha
distribucion se habia hecho pocos días antes de estallar aquel


· alboroto, no se habían librado todavía aquellas partidas: así
pues obligaron los nuevos gobernantes su devolucion á los rea-
listas, que eran los menos, i de ninglln modo á los conjurados,
quienes retuvieron escandalosamente 10 que habían percibido.


Las bases, bajo las que se había formado la revolucion , i
los principio. que profesahan sus directores, eran los mas
á propósito para que tomasen parte en ella todos ·105 hombres
·perdidos, inmorales i viciosos de aquella sociedad. Desconfian-
do los mismos conjurados de llevar á cabo sus planes desvas-
.tadores sino comunicaban el incendio par todas partes, su-
pliendo con la intrigai artificio-la falta de opinion , desplega-
ron en este teatro una actividad i energía tan estraordinaria,
que habría dado lustre i esplendor á toda otra causa que no
hubiera estado manchada con tan vergonzosos atentados.


Decretóse el arresto del capitan general, de los ministros
de la Real Hacienda, del intendente i de otras autoridades, i
su traslación al Puerto de la Guaira, para ser transportadas á
los Estados Unidos; .fueron comunicados rápidamente aquellos
sucesos al marques del Toro i á su hermano, que habian sali-
do con anticipacion para la ciudad de Valencia, á fin de dar
impulso á la revolucion; se publicó un manifiesto lleno de
patrañas i mentiras para deslumbrar á la muchedumbre 1 apa-
tentando un fementido celo de conservar aquellos dominios


:


.,~,




136 CARACAS: 181 e.
para el señor don Fernando VII; se enviaron comisionados á
las demas provincias i estados de América para soplar el fue-
go de la independencia; se solicitó la protección del Empera-
dor de los franceses; i finalmente se adoptaron los medios
mas eficaces para dar vigor i pujanza á su malvada empresa.


De las pestíferas fraguas de Caracas salieron los asolado-
res rayos revolucionarios que pusieron en convulsion las de-
mas provincias i toda la América española. Allí se vió con el
mayor asombro una revolucion formada por las familias mas
opulentas, por los principales campeones los Toros, los Bolí-
vares, los Rivas, i por otros distinguidos i respetables sugetos,
cuyas rentas anuales .no bajaban de 200 pesos; ¿pero cuál
fue su sorpresa, especialmente la de los provectos revolto-
sos, cuando vieron presentarse ya á sus primeras sesiones
los representantes de las castas? Fué entonces cuando se con-
vencieron de que era fácil lanzar una revolucíon , pero mui
dificil parar su curso, i modelarla con un recto compás. Es
innegable que estas opulentas familias se habían propuesto
vincular en sus manos el gobierno, bajo la forma oligárquica;
mas mni pronto conocieron que el pueblo llegaría á dictarles
la lei , i que se entregaria á todos los desórdenes que suelen
acompañar á las revoluciones, de las que son una consecucn-
da inmediata la relajacion de la obediencia i los deseos de
enriquecerse las clases bajas con los despojos de las acomoda-
das, Empero ya no era tiempo de retroceder de un CJompro-
miso tan abiertamente contraido , i era preciso á despecho de
los mismos agentes fomentar un partido quc á imitacion de
Saturno había de terminar por devorar á sus propios hijos.


Los comisionados á las provincias lograron felices resulta-
tados , menos en la de Coro, Puerto Rico , Barcelona, Gua-
yana, i otros puntos. La fatalidad de hallarse en las Cajas
Reales i en los depósitos particulares cerca de tres millones
ele peSOS, dió un impulso mas rápido i activo á la rebeldía.
Convites, bailes, fiestas públicas, gratificaciones, aumentos
de sueldos, i cuanto podía halagar á la muchedumbre, fue-
ron las bases sobre <¡ue sentaron su pretendida regeneracíon,




GATlACAS: 1 ~ 1 o. 137
sin calcular que disipada aquella reserva, habían de ser ma-
yores los males que esperimentase el nuevo- gobierno, mas di-
ficiles los medios de contentar á los que ya se habían acos-
tumbrado :í aquella insoportable prodigalidad, i menos reali-
zables las contribuciones que habían de necesitar para soste-
ner su estravagante lujo.


A la gente sensata no se ocultaba el trágico desenlace que
había de tener una revolucion fundada en bases tan débiles i
quiméricas, i por lo tanto se trazó el proyecto de una reac...
cion que restableciese el antiguo gobierno. Sus directores prin-


. cípales fueron los españoles don Francisco i don Manuel Gon-
zalez de Linares, el abogado caraqueño don José Bernabé
Díaz , i el actual intendente de ejército don José Domingo
Diaz. Ya estaban designadas las personas que habian de com-
poner el gobierno provisional; se contaba con la cooperacion
del batallan de pardos, con la de mucha parte del veterano i
de la artillería, con un escuadran de eaballería , i con 13°0
paisanos perfectamente armados. La reacción había sido fra-
guada con miras grandiosas i benéficas; se hallaban ya fleta-
dos los buques que habían de conducir fuera del pais á los
gefes de la rebelión, i todo finalmente estaba pronto para ase-
gurar el golpe.


El I? de octubre era el día destinado para acometer ague'-
11a heroica empresa; pero la cobarde infidencia (mengua es
el decirlo) de dos capitanes europeos, don José Ruiz i don
José Mires, frustraron con su pérfida denuncia un plan con-
cebido con la mas acertada prevision. Se hicieron varias pri-
siones; 1mbo cntre los arrestados algunos mártires de su fide-
lidad i compromiso; pero los capitanes de la reina .don José
Girón i don Antonio Guzman, i el de artilIeria don José Mon.
tu el , todos tres europeos, no tuvieron la fortaleza de ánimo
para sostener su emperío , formando con su debilidad un con-
traste vergonzoso con el abogado Diaz , quien no cesó un
momento de proclamar la legitimidad de la Regencia de Es-
paña, i la injusticia, villanía i afrenta de los disidentes. Todos
-los reos fueron confinados en estrechos encierros , ielno ha-




. 13~ ('ATIArAS: 1810.
berlos condenado al último suplicio, fue presentado por los
facciosos como una pru-eba luminosa de la lenidad de su go-
·bierno .:


El desaire mas sensible para los rebeldes fue la oposícion
de los habitantes de la provincia de Coro á reconocer sus pla-
nes. Creyendo, pues, que todo cedería á una espedicion bien
combinada, salieron en el mes de agosto algunas milicias de
los valles de Arágua, á las que se agregaron otros cuerpos
hasta el número de 59 hombres, mandados por el inesoerro
marques del Toro. Esta división compuesta de tropas colecti-
cías ibisofias, en las que no se habia arraigado todavía el espíritu


.de la insurreccion, se presentó delante de Coro despues de una
marcha penosa de IS0 leguas, i fue derrotada fácilmente por
el esforzado brigadier Ceballos , puesto á la cabeza de los va-
lientes corianos , que apenas formaban la tercera parte de las
fuerzas sediciosas.Este hecho de armas, que fue el primero de
la revolucion , probó los efímeros elementos con que se conta-
ba para consolidarla.


Don Simon Bolívar, que habia sido comisionado á Lóndre~
diplomáticamente con don Luis Lopez Mendez, dt>jó á su
compañero encargado de la mision , i regresó á Caracas con el
rebelde don Francisco Miranda. Este ruidoso personage, dota.
do de un genio bullicioso, de una fortaleza de ánimo estraor-
dinaría , de un arrojo sin igual, de un gran tesan i constancia
en las empresas, i de talentos no comunes políticos i milita-
res, fue recibido en su país nativo con testimonios públicos
de satisfaccion i confianza. Este era el gefe que la opinion de
los revolucionarios designaba como el mas á propósito para
dirigir los destinos de aquel pais. Los mas ambiciosos sin em-
bargo empezaron desde luego á considerarle como un sér pe-
ligroso que habia de .usurparles los gloriosos triunfos i altos
mandos con que ya se estaban saboreando.


El negocio de mas importancia en que se ocuparon los
facciosos á fines de 18 10 fue la formacion de su congreso,
para cuyo nombramiento no hubo género de intriga que no
8e pusiera en ejecucion. A pesar de que la opinión no era fa-




LnAl.AS: 1810. 139
l'\)f:lble en 10 general á los innovadores ~ consiguieron estos
sin embargo con sus artificiosos manejos, i derramando el oro
á manos llenas, que todos los electos fueran de su mismo
partido. No obstante este pequeño triunfo , los progresos que
hacían las ideas revolucionarias eran mui lentos; el ape-
go que la generalidad conservaba al régimen monárquico, la
costumbre de obedecer á un brillante trono, los principios de
religion i virtud á los que atentaba el nuevo gobierno, los vi-
cios de muchas de las personas que formaban el principal escudo
de aquellos movimientos, i el temor de la larga i sangrienta
lucha en que iban á quedar envueltas las provincias de Vene-
zuela ; todo hada que se retragesen muchos del partido de los re-
generadores, i que se recibiesen con alborozo, aun en los pue- .
bIas dominados por ellos, las noticias de oposición de los que
desde el principio habían desenvainado la espada para soste-
ner los derechos de nuestro amado Monarca.


Todo indicaba, pues ,que el pais no estaba dispuesto á re-
cibir aquella mudanza de gobierno ~ i. que si la debilidad é im-
previsíon de Emparan í de otras autoridades había dado lugar á
que los revoltosos salieran triunfantes en sus primeras tenta-
tivas, no estaba tal vez lejos el día de la reaccion en que con
igual facilidad pudiera reponerse la autoridad real en aque
110s dominios.




140
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CAPITULO XII.


,


1'IEJ 1e O:


Administracion de don Pedro Garibai. N01ltbramiento del
M. R. arzobispo de Mégico para virei. Conspiracioti de
Valladolid, descubierta oportunamente. Traslacion del gIJ-
bierno á manos de la Real Audiencia. Planes suboersioos.
Conducta de dicho cuerpo. Insurreccion del cura Hidalgo;
su entrada, acompañada de escesos; en San Miguel el Gran-
de i en otras poblaciones. Arribo del nuevo oirei ; el te-
niente general don Francisco Javier J7enegas, i sus pri-
meras disposiciones para contener el fuego de la reuolu-
cion. Entrada de los insurgentes en Guanajuato. Horrores
cometidos en aquella ciudad. Hipocresla religiosa i polí-
tica del cura Hidalgo. Decision de los sencillos indios.
Enérgicas disposiciones del uirei para destruir al cura Hi-
dalgo. El intendente de Valladolid i los coroneles Casa-Rul
i Garcia Conde caen en poder de los enemigos, i á su
consecuencia sucumbe aquella ciudad, abandonando su
guamicion las banderas realistas. Marcha de los enemi-
gos contra la capital de Méjico. Energía del virei para
rechazar el ataque. Derrota de los insurgentes en Queré-
taro i en el monte de las Cruces. Retirada del enemigo i
su nueva derrota en San Geránimo de Aculco. Progresos de
los disidentes en las provincias del Norte. Entrada del
ejército realista en Guanajuato. Horribles estragos cometi-
dos por los revolucionarios contra los europeos. El puerts
de san BIas cae en. poder de los enemigos. Victoria det




M1?.TIr.O: 1810:" 141
general Cruz en Huielulpan. Combinacion de los gefes rea-
listas para dar un golpe decisivo al cura Hidalgo. Alza-
miento del cura j'Vlorelos dcia las provincias del Sur.
Bloqueo por éste de la plaza de Acapulco. Ventajas del
teniente coronel Andrade en Tepecuacuilo. Sorpresa de la
dioisioti de don Francisco Pái i J ,por lllorelos. Accion de
Toluca; ganada por el realista don Juan Sanchez, Prepa-
rativos para la sangrienta batalla del puente de Calderon.


l..1a poca importancia de los sucesos en el año 1809 nos
dispensa de destinar un largo capítulo para esta época, i por
lo tanto, despues de haber marcado sus principales su-
cesas, procederemos al 1810, i señaladamente al mes de
setiembre de dicho alta, que fue cuando principió el gobier-
no del benemérito virei Venegas, desde cuya entrada en Nue-
va Esparta datan los principales destellos de la revolución, que
ie hallaba preparada ya mui de antemano. j Ojalá hubiera po-
dido aquel esforzado general anticipar la llegada dos ó tres
meses á lo menos, i no habríamos llorado tal vez tantos
desastres que sobrevinieron á este desgraciado pais!


Eran Ios principios del ano 1809 i apenas trascurridos
tres meses de estar confiada la direccion de los negocios pú-
hlicosá la decrépita mano de Garibay , cuando comenzaron á
esparcirse algunos síntomas de insurrecciono Como en aquel
gobierno mandaban mas los agregados i subalternos, J!ll par-
ticular los que habían tenido una parte mas activa en la de-
posicion del virei lturrig:uay, todas las operaciones se resen-
.tian de la flojedad de! nuevo gefe, i de la violencia de los que
se creian con derecho para abusar del poder. Se sostuvo, sin
embargo, el reino de Nueva España en bastante tranquilidad,
si bien al abrigo de aquellas perniciosas desavenencias torna-
han mas aliento los ocultos agentes de la sedición para prepa-
rar sus maquinaciones.


Penetrado el gobierno español de la necesidad de poner á
Ia cabeza de los negocios de Méjico una persona respetable;


34




142 )nbrcn: 1810.
capaz de conciliar la opmlOn que tanto se había estraviado
con la furiosa pugna de españoles i criollos , fomcnt nla por
los pasquines de ambos partidos ~ nombró ,í l' ~eé'bdos de 18°9
por vireí de aquel estado á su M. R. arzobispo don Francisco
Javier de Lizana. Se persuadió este virtuoso prelado de que
eon apost6licas pastorales i con medidas llenas de Ieni he! i
condescendencia se desvanecería la exaltación de los 6nimos,
i se fortalecerla la íntima unión que hasta aquella funesta
época había reinado constantemente entre los habitantes de
dicho reino; pero mui pronto hubo de desengañarse de que
no siempre la dulzura es el mejor correctivo de les revoltoso.
i obstinados. A fines del mismo afio 18°9 ce descubrió oportu-
namente un plan de conspiración en la capital de Valladolid,
dirijido á renovar las vísperas sicilianas, acabando en una no-
che con todos los españoles residentes en aquellos dominios.
fueron presos el capitan Obeso, don Mariano Michelena , i
etros varios sugetos; pero á poco tiempo de haber sido con-
ducidos á la capital se les puso en libertad bajo fianza,
menos Michelena que fue enviado á España bajo partida
de registro.


Escitada la Metrópoli por vivas representaciorres de los realís-
tas para que depusiera del mando al virtuoso arzobispo, cuya
religiosa i pacífica conducta habria sido mui á propósito para
gobernar el estado en tiempo de serenidad i calma, mas no
en circunstancias criticas i apuradas, en las que se requería
mayor energía en las providencias, i doble vigor en la ejecu-
eion , fueron trasladadas las riendas de aquel gobierno á la
Real A.udiencia á principios de 1810.


Aunque este era un cuerpo colegiado, en el que las provi-
dencias no suelen ser tan rápidas i ejecutivas como se necesi-
ta para contener el fuego ínsurreccíonal , tuvo sin embargo
bastante .tino i acierto en la díreceion de los negocios hasta
10l! meses de julio i agosto. Llegaron á este tiempo á ro noti-
cia avisos mui opoctunos i exactos de un plan de conspiracion,
al que IÍ desde sus principios se hubiera prestado una aten-
.nl mM .éria, se habrían podido evitar acaso unoa males taa




MÉJICO: t 8 I 0.- J 45
terrible. que llenaron de sangre i luto aquellos paises. No el
mi ánimo mancillar la buena opinion á que son acreedores
los miembros que componían la Real Audiencia en la citada
época: todos ellos reunidos, i cada uno en particular, dieron
las mas relevantes pruebas de su fidelidad al Rei , i de Sil
aversion á las innovaciones políticas ; sus virtudes públicas ¡
privadas los hicieron altamente recoraendables , i el solo de-
fecto que algunos les atribuyen, de no haber cortado de raíz
Ios primitivos planes de los insurgentes, ~e desvanece ante la.
calidad i distintivo de la carrera de aquellos gobernantes, i
ante las mayores dificultades que esperimenta ua cuerpo co-
lectivo para comunicar la debida celeridad á la ejecucion de'
empresas militares.


Dicho plan de insurreccion había sido fraguado por
los capitanes del regimiento de dragones provinciales de
la Reina don Ignacio Allende, don Juan Aldama, i don
José Mariano Abasolo de acuerdo con el corregidor de Queré-
taro, i con don Miguel Hidalgo, cura del pueblo de Dolores.
En este último punto se verificó á mediados de agosto el rom-
pimiento, debido al intrigante manejo i elocuente predominío
de Hidalgo en el ánimo de aquellos naturales, en quienes ha-
bia sabido eseitar un vivo resentimiento contra los españoles,
, Ios que designaba como instrumentos de su opresión, i acti-
vos resortes de la Francia para entregar aquellos dominios al
Emperador Napalean, privándolos por este medio de una re1igion
benéfica, cuya conservacionformaba todo el objeto de sus ansias.


Verificada ya la sublevacíon , aquellas masas informes ca-
pitaneadas por los citados corifeos , i apoyadas por el espresa-
do regimiento de dragones, se dirigieron á la villa de San Mi-
guel el Grande, en donde conmovida la hez de la poblacion,
i deseosa de tener parte en el furioso botín que yª estaban
saboreando con todo el afan de gentes gue ven Ir; alborotos
por el prisma de la rapacidad i del brutal deshaogo de MUS in-
dómita.s pasiones, se lanzaron como lobos rabiosos contra to-
das los europeos i contra sus propíedaries , sin perdonar á SUI


mismos compatriotas ; dando á l~ resistencia en unirse al par-




J4'l ]¡i.m:o: 1810.
tído insurgente todo el carácter de criminalidad, para cubrir
ea apariencia el riolento despojo de sus riquezas.


El pueblo de Chamacuero , la ciudad de Celaya , i la villa:
de Salamanca, varias haciendas i poblaci••es de la comarca
sufrieron asímismo el fuego devorador de estos fieros revolu-
cionarios. Este incendio hizo rápidos progrews, escito una
alarma general, abatió los ánimos de los buenos realistas, i
habría introducido el mayor desorden i confusion sin la bi-
zarría, entereza, inteligencia i acierto del nuevo virei que ha-
bía negado á la capital el 14 de setiembre, i era el único al que
creían capaz de salvarlos en tan espantosa borrasca. No se ea-
g3.úaron los buenos españoles en el alto concepto que tenían
formado del señor Veuegas. Conociendo este digno gefe la ne-
cesidad de cortar oportunamente los vuelos á aquella ternera-
ría insurreccion , desplegó una actividad poco conocida en
aquellos pueblos, i tomó las providencias mas eficaces para
que sus bien combinados planes fueran coronados de un fells
suceso.


Es innegable que el virei Ven~as, cual nave combatida por
las olas en un Oceano desconocido tuvo que luchar con la
bravura de los elementos políticos, i que sufrió los mas hor-
rorosos contrastes; pero al favor de su tesan i constancia llevó
á salvamento la nave del estado.


Fueron sus pri meras medidas ordenar en 17 del mismo se-
tiembre al brigadier don Felix Calkja su pronta traslación á
Querétaro con toda la tropa de que pudiera disponer sin que hi-
ciera falta á la guarnicion de la ciudad de San Luis de Potosí,
i la salida con alguntls tropas i artillería del coronel conde de
la Cadena que se hallaba accidentalmente en la capital de
Méjico, para que obrando en combinacion i :i las órdenes de
Calleja, i reunida. las tropas de ambos con las de Querétaro,
sujetasen á los enemigos.


La celeridad con que se desarrolló el germen revoluciona-
rio, frustró loa primeros efectos de tan sabias disposiciones; así
es que antes de franquear aquellos bizarros cuerpos la distan-
da que 108 separaba del teatro de la guerra, pudieron los sedí-




lfTLTTr.O: 1810. 145
tÍO,,05 estender el veneno de la seduccien , halagar la muche-
dumbre, sorprender á los incautos, i dar á su causa un fo-
mento rápido é inesperado.


Con tan favorables elementos penetraron hasta la ciudad
de Guanajuato, é intimaron la rendicion al intendente corregi-
dor don Juan Antonio Riarío. Este gefc había tomado las mas
vigorosas medidas para defender aquella ciudad, fundando
toda su esperanza en la ventajosa posicion de la Alhóndiga
nueva, parecida á una fortaleza: i juzgando finalmente que
el honor es el premio mas digno de disputarse por los hom-
hres, se decidió con empeño i constancia á sostenerlo, i á per-
der la vida antes que permitir la prefanacion de aquella ciu-
dad por las hordas foragidas.


Desengañados los insurgentes de1llingun fruto que podían
prometerse de sus comunicaciones parlamentarias, dieron el
!l8 de setiembre un furioso ataque con 2 o~ hombres, anima-
dos por el afsn del botin i sed de la venganza. El bizarro
Riaño se abrió las puertas de la inmortalidad. Una bala homi-
cicla destruyó i este valiente realista á la hora i media de sos-
tener con el esfuerzo ele su brazo i con su popular elocuencia
el honor de 111.3 armas españolas. ~ Pero qué puede la mas acen-
drada lealtad i decision de un gefe militar cuando en sus mis-
mas filas se abrigan seres desnaturalizados que asestan su.
reos tiros contra los que debieran ser objetos de su amor i ve-
neracion ? Este digno gefe i un l1ijo suyo sucumbieron al fu-
ror de aquella desenfrenada muchedumbre, doblemente irrita-
da con su terca i desesperada resistencia, Aquella desgraciada
ciudad quedó entregada á la desolacíon i esterminío.


Dos mil víctimas de la fidelidad i constancia á la madre pa-
tria fueron sacrificadas :í Ia saña i venganza de los furiosos
revolucionarios; otras dos mil fueron sepultadas en estrechas
prisiones. Millon i medio de pesos fueron el fruto de la vic-
toria. La ciudad presentaba el aspecto mas horroroso. Gran-
des habían sido los desacatos cometidos en los primeros pun-
tos en que había estallado la insurreccion , especialmente en
Celaya i Acámbaro; peto nada igualó á la ferocidad que di-




145 Inbrco: J~ 1e
rigiQ la mano de aquellas sacrílegas gentes contra la desgra-
ciada ciudad de Guanajuato. El cura Hidalgo, cual otro Neron,
presenciaba I~ ruina idevastacion de uno de los pueblos mas
rices é industriosos de Nueva España. Con una hipocresía sin
igual, i con un fingido celo religioso trataba de convencer á la
desenfrenada plebe de que aquellos ejemplares i terribles cas~
tigO¡ eran necesarios para desagraviar la ira de nuestra Señora
de ~uadalupe de Méjico, cuya venerable imágen l1evaba en
un estandarte, victoreando al mismo tiempo su santo nom-
bre, el de nuestro augusto Monarca Fernando VII, i el de
la patria, é invocando tan sagrados objetos como testigos de
sus impías profanaciones i horribles carnicerías.


Conociendo el astuta Hidalgo que le sería dado entregarse li-
bremente al ejercicio de sus licenciosas pasiones si salvaba en
apariencia el respeto á la religion católica, de la que hall sido
constantemente los devotos mejicanos el apoyo mas firme, tra-
tó de deslumbrarlos con un engañoso acatamiento á sus ritos
i preceptos, oyendo misa todos los dias , salvando los templos
desu misma furia, escitando en todos un fervor fementido,
que estaba en contradicion abierta con sus alevosossentimientos:'


Usando de igual fingimiento en la parte política, biza los'
esfuerzos posibles por generalizar su maléfico influjo, persua-
diendo á los pueblos, que sus aspiraciones no tenian mas obje-
to que asegurar la independencia nacional bajo el nombre de
Fernand~ VII, de cuyo legítimo dominio querían despojarle
los europeos; i para cubrir sus horribles estorsiones, daba á en-
tender la dura posicion en que lo constituía la necesidad de
dar vigor á la causa que se hahia propuesto defender, aria-
diendo, que'trataría del modo mas generoso á los que de bue-
na fé se adhiriesen á ella, i aun á los que se mantuviesen pa-
cfficos espectadores sin mezclarse en aquellos disturbios á fa-
vor de los europeos.


Alucinados algunos con estasfalsasalocuciones, deseosos otros
de mejorar de fortuna, i comprometidos los mas por el ali-
ciente del robo, se difundió presto el fuego revolucionario
por la~ provincias de Guadalajara, Méjico, i por las del Nor-




lrÉ.rrro: 1~10. 1+7
te. Cada dia iba engrosándose el ejército rebelde. Los sencillos
indios creyendo de buena fé que iban á defender á nuestro
augusto Monarca, que el astuto Hidalgo les habia hecho creer
llevaba oculto en su coche, salieron de su natural estado de
apatía é inercia, i desplegaron en aquel sangriento teatro un
vigor i una valentía desconocida hasta entonces, llegando á
tal grado su serenidad en arrostrar la muerte, que en algu-
nas acciones se les vi6 abalanzarse contra los cañones, cuyaa
bocas intentaron tapar con sus sombreros.


Alarmado el virei Venegas por el triunfo de los revoltosos
conseguido en Guanajuato , vi6 la necesidad de desplegar todos
los recursos de su ingenio i valor para contrarrestar aquel fu-
rioso torrente. Con esta mira dispuso la pronta salida para
Querétaro de la columna de granaderos compuesta de mil pla-
zas, i del regimiento de dragones de Méjico; aquella al mando
del coronel don José MaríaJalón que desdeJalapa habia llegado á
Puebla, i éste al de don Miguel José de Emparan, reforzan-
do dichos cuerpos con cuatro piezas de artillerfa , i haciendo
las mas enérgicas prevenciones al comandante en gefe conde
de la Cadena para que de acuerdo con el brigadier Calleja se
determinase á dar un golpe decisivo á los enemigos. Aunque
las órdenes comunicadas á Calleja habian sido interceptadas
por las tropas de Hidalgo, habia tomado sin embargo aquel
distinguido gefe todas las medidas necesarias para cooperar al
esterminio de 1011 rebeldes, i se.habia adelantado con un cuer-
po de tropas á cinco 6 seis leguas de San Luis de Potosí.


Empero como el conde de la Cadena no tuvo conocimien.
to de este movimiento militar, i como por otra parte no ha-
bían llegado todavía las tropas de refuerzo, no se atrevió á
operar en aquel estado de aislamiento en que se hallaba ,va-
Iiéndose los insurgentes de esta forzada posicion para dirigir
!lUS pasos á la ciudad de Valladolid, á cuyos habitantes habían
sabido conmover con sus intrigas revolucionarias,


Noticioso el virei del inminente peligro que corría dicha
ciudad, hizo salir de Méjico á su intendente don Manuel Me-
rino, al coronel de aquel reglmiento provincial conde de Cilla




148 ~IÉ.JICO = t 81 o.'
Rul , i al coronel don Diego García Conde á quien confirió
el mando de las armas, encargando á todos el mayor celo i
dccision para preservar aquella dudad del incendio insurrec-
eional. Salieron juntos de Méjico estos tres gefes deseosos de
sacrificarse por el Rei en la defensa de Valladolid; pero infor-
mados los rebeldes de su viage, los sorprendieron junto al
pueblo de Acámbaro, i despues de haberlos maltratado gra-
vemente, los llevaron prisioneros á Celaya.


Esta infausta noticia introdujo el temor i el desaliento en
.el animo de los realistas: ya se figuraban al cura Hidalgo en-
·trar triunfante en aquella ciudad con los rayos vengativos,
atributos de su soberanía; ya se figuraban oir los lastimeros
quejidos de las p~lpitllltcs víctimas, i :ra veian el momento
fatal de que desapiadadas tropas consumasen las mismas es-
rersioees i atrocidades que habían distinguido las primeras
empresas revolucionarias. Despavoridos con esta idea abando-
naron toda medida de defensa í ya no pensaron sino el). su
propia conservacion.


Huyen todos los europeos i fieles americanos; crece la
osadía de muchos partidarios que tenia allí el cura Hi-
dalgo; cree esta ciudad haber adquirido nuevos blasones
con haber dado estudio i nombre literario á aquel genio
bullicioso, designado por gefe del estado mejicano; el celoso
obispo es insultado insolentemente por sus mismos párrocos, i
sus escomuniones i edictos mirados con el m1S alto desprecio;
trata sin embargo de que la guarnidon compuesta del regí.,.
miento provincial de los dragones de Pdtzcuaro , i de 1580
lanceros salga de aquel punto para incorporarse con el ejército
del Rei; pero todo es inútil. Se presentan los insurgentes; di~
ehos regimientos, de quienes se había tenido una justa descon-
fianza, los reciben con aplauso; victorean al cura Hidalgo mu-
chas gentes de aquel vecindario iniciadas en sus planes, entra
éste á caballo con estandarte i espada en mano. El repique
general de campanas i Ias voces de jubilo que resonaron en
Jos templos prostituyendo la magestad de aquellos sagrados re-
.cíntos á lOE ecos deIa revolucion , manifestaron que el Dios




,~r':.f]C:O: 181t) 1'~9
de 10';; ejJrcitos quería por sus inescrutables juicios dar á esta
ilegítima causa una elevación mayor, para que su desplome i
horroroso estruendo dejase impresiones mas duras i permanen-
tes del desagrado divino.


Viendo el señor Venegas los rápidos progresos de aquel
fuego devorador, que amenazaba comunicar sus estragos á todo
el vircinato , puso en aceion los últimos esfuerzos de su ta-
lento, bizarría i arrojo. La ebediencia á S. M. fue inculcada
por todos los medios imaginables; en los papeles públicos, en
elocuentes proclamas, i en los púlpitos resonó la profesión de
aquellos principios políticos i el presagio de los terribles males
que debían ser la consecuencia i el fruto de la .infidencia i
del desorden. Los cuerpos Iiterarios , los prelados de comuni-
dades i de otras corporaciones, los diputados elegidos para las
cortes , í finalmente cuantas personas eran conocidas por su
popularidad é influjo, fueron invitadas eficazmente por el vi-
reí para sostener el espíritu público i preservar el estravío de
Ja opinion.


La larga distancia de mas de cuarenta leguas que hai des-
de Querétaro á Valladolid, i la total incomunicacion produ-
cida por las maniobras de los enemigos del órden, ocultó á
los gefes de nuestras tropas los movimientos de Hidalgo, con-
tra cuyo caudillo se dirigieron á San Miguel el Grande; pero
ya el generalísimo de los ejércitos rebeldes había evacuado
aquel punto para caer sobre Valladolid. El conde de la Cade-
na se dirijió en seguida al pueblo de los Dolores, en donde se
reunió en 28 dc octubre con el brigadier Calleja. Mientras
que aquel ejército estaba combinando los planes de batir al
insurgente, reforzado éste con la defección de los dos regi-
mientos situados en Valladolid, trató de avanzar ácia la capi-
tal, haciendo de paso un amago engañoso sobre Querétaro.
El arrojo de los rebeldes en esta ocasion fue superior á los
cálculos de la prevision , i el mismo carácter de temeridad
que llevaba aquella empresa, les daba nuevo aliento, é inspi-
raba justos temores á los realistas.


Sin embargo de lo inverosímil que parecía .Ia dirección de
35




\;1(" 1,IÉJrr.o: ¡SIn.
10s insurgentes ,(cia la capital de Méjico dejan.lo ,í sus espal-
das las valientes tropas de Calleja i del conde de la Cadena,
re ocupó sin embargo el activo virei Vcnrgas en hacer los
preparativos mas vigorosos de defensa. Para calmar la fer-
mentacion de la numerosa é inquieta plebe de la capital, for-
mó con increíble celeridad tres batallones de infantcna i un
escuadren LIe oaballcría con el título de patrióticos distingui-
dos de Fernando VII, en cuyos cuerpos se alistaron á porfia
i sin distincion alguna europeos i americemos, ,i los que fue-
ron conferidos los gnHIos con igualdad, esccpto el de Coronel
que se reservo el virei para escitar mayor entusiasmo i decisión.


Los grandes genios se conocen en los estremados apuros.
La proximidad del peligro daba nuevo vigor é impulso :í las
operaciones del señor Venegas , i comunicaba nuevo alicll to á
la impavidez de su ánimo. Los cuerpos de milicias estaban es-
casos de oficiales, i los mas de sus gefes en estado pasivo, é
inhábiles para dirigirlos; pero la actividad i energía desplega-
da por el general realista dió un rápido brillo (¡ aquellos
cuerpos, supliendo con sus acertadas providencias tI carencia
de los medios que constituyen la verdadera fuerza. Los hacen-
dados contribuyeron á la defensa pública con sus dependien-
tes i caballos; el celo de la primera autoridad se comunicó á
todas las clases. Aun los enemigos encubiertos tuvieron que
tomar una parte activa en los armamentos guerreros. 1'iI(~jico
presentaba el aspecto de una nueva Cartago, i se observaba en
ella igual movimiento, empeño i decisión al que desplegó
aquella antigua i floreciente ciudad cuando se vio amenazada
por las victoriosas armas del. gran Escipion.


Los insurgentes iban caminando acia la capital creyendo
que todo debería ceder á los rayos esterrninadores de 800 com-
batientes. La derrota de un destacamento que habían envia-
do contra Querétaro , mandado en aquella sazon por el hi-
sarro coronel don Ignacio García Rebollo, fue el anuncio pre-
cursor de los grandes laureles de que habían de estar ceñidas
bien pronto las sienes de los gefcs realistas.


Informado el virei Vencgas por el mismo Rebollo el," b




MIUICU: ! 8, o. J J J
pro;.;imidad de los enemigos á aquella capital, dispuso la sali-
da de su ayudante general don 'I'orcuaro 'I'rujillo con el regi-
miento provincial de las Tres Villas, i con varias partidas
sueltas de troF:! veterana i ele milicias que deberian situarse
en Toluca, distante diez i seis leguas de Méjico, para observar
los movimientos del enemigo. A pesar de la grande escasez de
tropas se le enviaron de refuerzo una compañía de patriotas
de á caballo mantenida :í espensas del comercio, i una porción
de lanceros formados por don GabricI del Yermo i por don
Jaime Selvet de entre los dependientes de sus hacienda s,


Avisado el esforzado TrujilIo de la entrada de los insur-
gentes en Ixtlahuaca , i del inmenso número de gente armada
que iba i caer sobre él, no tuvo por conveniente esperarlos
en 'l'o!uca, en donde podia ser fácilmentc cortado, si una
parte de aquellos se avanzaba por Lcrma; i sc retiró por lo
tanto al puente que creia ser un punto ventajoso para resistir
al ataque. Empero noticioso de que los enemigos vadeaban el
rio con la mira de cortarlo, se vió precisado á emprender su
retirada i tomar posición en el áspero monte llamado de las
Cruces, punto fortificado por la naturaleza, í tan solo accesi-
hle por el sitio que él ocupaba. Habiendo recibido oportuna-
mente dos cañones, esperó á pie firme las hordas foragidas, por
las que se vió acometido en la mañana del 30 de octubre su cor-


. to ejército compuesto de unos 1200 hombres de todas armas.
La intrepidez de este puñado de valientes, su pericia


militar, especialmente del regimiento de las Tres Villas i par-
tida de dragoncs de Espaua, el denuedo de un destacamento
dc voluntarios patriotas mandado por el bizarro capitán de
dragones don Francisco Bringas, i el buen uso que supo ha-
cer de los dos cañones el teniente de navío don Juan José
Ustsriz , que dirigió sus fuegos, dieron en este brusco ataque
un grado dc lustre i brillantez á las armas del Rei , de que
se hallan pocos ejemplos en las historias. L03 insurgentes su-
frieron una pérdida considerable de muertos i heridos. El
combate fue tan desigual que se calculó sostenido por uno
contra ochenta. Si bien entre estos últimos había muchos in-




! :)~ lIEnco: I S I o.
dios i ~ente colecticia sin orden i sin dísciplim , se contaban
sin embargo algunos regimientos que habían desertado de la~
filas realistas, entre ellos los de infantería de Celaya , Valla-
dolid i Guanajuato, los dragones de Pát;.:cuaro, Reina i Prín-
cipe, i los lanceros de Valladolid. No se sabe por lo tanto
cómo esplicar las causas de tan brillantes victorias, sino ele-
vando al último grado la inteligencia i decisión del nuevo
Milciades i el esfuerzo de aquellos modernos atenienses. Pocos
ejemplos de imitacion ofrece la batalla de Mar,llón , compara-
bles con la del monte de las Cruces; la gloria dc que se cu-
brieron las armas españolas en aquella ilustre jornada sera
eterna en los fastos de la historia.


Aunque 'I'rujillo contuvo todo el día 30 la marcha del
enemigo contra la capital, al pasar la revista del corto ejérci-
to, vió que le faltaba una tercera parte de sus valientes sol-
dados, i trató por lo tanto de retirarse despues de haber ano-
checido. Engreidos los insurgentes con aquel soñado triunfo.
se adelantaron á la mañana siguicnte hasta la venta de Cual-
ximalpa , distante unas dos leguas de aquella ciudad. l'a des-
de el dia z8 habian sido acampadas las tropas en sus inme-
diaciones i avenidas, se habian establecido baterías, cubierto
varios flancos fuera del alcance de la artillería del campamen-
to, hecho varias cortaduras, abierto zanjas, i practicado cuan-
to podían sugerir la prevision , la entereza, i los últimos re-
cursos del esfuerzo. No fueron menos activas las providencias
para que el regimiento de Toluca que se hallaba en Puebla
se dirigiese á marchas forzadas ácia la capital í para que d
capitan de navío don Roscndo Porlier , comandante de la fra-
gata Atocha, saliese en posta para Veracruz á traer toda la
gente disponible de los buques que alli estuviesen surtos.


.No dejaba de dar alguna inquietud al valiente Venegas la
exaltaeion del populacho de la capital, porque si bien en to-
das las conmociones, que eran frecuentes en aquellos días crí-
ticos , resonaban con entusiasmo los vivas á nuestro augusto
Monarca, el hombre público i esperimentado debe siempre te-
mer el movimiento de las masas ele un pueblo desordenado.




1IY.1It:fl: ¡ 8 I O. 1 ~)3
Jamas se vio la capital de Méjico en mayor conflicto. En


medio de la confianza que aparentaban los gefes realistas, no
podían disimularse la justa aprehensión de que estaban sus áni-
mos poseidos , ni desconocer el terrible trance en que se veian
envueltos. Los insurgentes que se hallaban al frente de la ca-
pital, si hubieran tenido buen manejo i disciplina, habrían
podido reducirla á cenizas tu breves instantes ; las tropas que
la gnarnecian eran escasísimas, los nuevos cuerpos que se ha-
Lían levantado no podian inspirar una confianza de que serian
tan firmes enel ataque como decididos en sus sentimientos;
los 20:V léperos (populacho) que se abrigaban en aquella ciu-
dad, en medio de su aparente entusiasmo dejaban traslucir sus
deseos de enriquecerse con el botin; entre los mismos habi-
tantes se lwbia difundido el fuego revolucionario i no se igno-
raba de que abundaban los emisarios de los corifeos de la in-
dependencia. Todo concurría á inspirar fundados temores i una
justa desconfianza de salir triunfantes en tan terrible lucha.


No se ocultó al previsivo virei lo apurado de su situa-
cien cuando al escribir á Trujillo para que contuviera al or-
gulloso enemigo, se esplicaba en su carta confidencial de un
modo tan elocuente, espresivo i heróico que merece ocupar
un lugar de preferencia en la presente historia. r~ Trescientos
"anos de triunfos i conquistas de las armas españolas en estas
"regiones nos contemplan; la Europa tiene fijos sus ojos so-
"bre nosotros; el mundo entero va á juzgarnos; la España,
»ese cara Patria, por la que tanto suspiramos, tiene pendien-
r, te sn destino ele nuestros esfuerzos, i 10 espera todo de
"nuestro celo i decision. Vencer ó morir es nuestra divisa. Si
"á V. le toca pagar este tributo en ese punto, tendrá la glo-
»ria de haberse anticipado á mí de pocas horas en consumar
"tan grato holocausto; yo no podré sobrevivir á la mengua
"de ser vencido por gente vil i fementida."


Dispuesto el benemérito Venegas á sacrificarse en las aras
de la fidelidad antes que permitir la profanacion de la capital
de ~léjico por las huestes enemigas, aguardó con impertur-
hable serenidad sus violentos ataques. Estas esperaban que 1.1




),)1 J.iJ[r:o: J8'0.
misma plebe de Méjico ~ estimulada por el atan del saqueo Ies
facilitaría con su sublevación la entrada libre en aquella ciu-
dad. Con esta mira se suscitaron varias alarmas anunciando
la llegada del ejército contrario á las mismas pucrtas ; llera
viendo malogradas por este lado sus maliciosas intrig:1s ~ i á
esa misma plebe ~ (naturalmente dada á la vagancía i al
vicio) insensible á los vivos estímulos de entregarse al oes;)o-
jo violento de los que sostenían la causa del Rei ; observando
la decisión con que todos estaban resueltos á sepultarse en
las ruinas' de Méjico; desengañados del poco fruto que po.lian
prometerse de los artificiosos manejos de sus emisarios; infor-
mados del desprecio C011 que había sido recibirlo don Joséi'VIa-
riano Jimenez ~ titulado teniente general de los revoltosos,
que había sido enviado por ellos con credenciales para inti-
mar Ia rendicion ; i temerosos de ser flanqueados por las tro-
pas del brigadier Calleja que á marchas forzadas se dirijia en
ausilio de la capital ~ renunciaron por entonces á sus gigan-
tescos proyectos ~ i emprendieron su retirada.


Dicho cuerpo de Calleja ~ compuesto de .121 caballos i 600
infantes ~ ademas de las fuerzas del conde de la Cadena que
se habia reunido el 28 en el pueblo de Dolores ~ llegó á Que-
rétaro poco despues de haber sido derrotados por el coman-
dante Rebollo los insurgentes que habían tenido la osadía de
atacar aquella ciudad. Reforzada esta guarnicion para evitar
otro goli:)e de mano ~ se dirigió Calleja contra el prófugo cuer,
po del enemigo, al gu·; alcanzó en san Gerónimo de Aeúleo.
Verlo, atacarlo, derrotarlo i ponerlo en desordenada fuga,
cogerle toda la artillería, municiones ~ bagagcs ~ rescatar al
coronel don Diego García C;onde ~ al conde de Casa-Rul i al
intendente Merino ~ fue obra de una sola bol' a.


Esta importante victoria debida al brillante genio militar
i al esforzado valor de don Felix Calleja ~ reanimó el abatido
espíritu de los realistas ~ i aterro de tal modo á los rebeldes
que huyeron despavoridos en todas direcciones ~ sin orden,
sin plan i sin concierto.


Mientras que el victorioso Calleja se hallaba en Queré..




lIlUiCU: J S ¡ o.
taro dando algun descanso á su tropa, un cuerpo de insur-
gentes apoyado por los pueblos, i en particular por el conde
de la Laguna de Tayagua, se había apoderado de Zacatecas,
Aguas calientes, i de otras poblaciones; i finalmente de San
Luis de Potosf por infidcncia de las mismas tropas destinadas
á ;;uarnecr,r aquella ciudad, i por culpable descuido de los
gcL's, á cuya falta de precaucion se debió la fuga de los pre-
sos de las cárceles, la pérdida de la artillería i armas, la con-
fusión i desorden que se introdujo en las mismas íilus i en el
pueblo. La muerte de muchos dignos europea" el saqueo de
sus cisus , la del mismo Cullejr , la dilapidación de millon i
medio de pesos que había en las cajas reales, fueron el resul-
tado de a' [IH'l fatal golpe de mano, en '{ue tuvo la ignorancia
mas parte (FW b malicia, i el torpe manejo todavía lilas que
la deslealt.rt.


Un comboi , que escoltado por 140 lanceros de San Luis
de Potosi, hahia sali.lo de la capital el 12 de noviembre, fue
interceptado ;Í los cuatro días por 70 lanceros i 300 indios de
Huie!l:í;)an, al mando cid rebelde sanguinario don Juliun Villa-
gran: llenos de cobardía los lanceros realistas se entregaron á
una fuga vergonzosa, abandonando al auditor don José Igna-
cio V elez , i á tres oficiales civiles, á quienes servían de es-
colta, que fueron asesinados á sangre fria. Toluea i su terri-
torio habían hecho algunos movimientos á favor de la revolu-
cion , pero fueron sofocados al momento llue se presentó' una
espedicion de :00 hombres, que el virei Venegas habia envia-
do al mando (It! teniente coronel don Juan Sanchez.


Todos estos fllegos parciales, sin embargo, daban poca
aprehensión al ejército realista : el nervio de la revolueion se
hallaba princip.rl-ueute en Valladolid, GuarhJajara, i Guana-
juato. En la primera de estas ciudades había tenido origen, i
habiu llegado ;Í echar profundas raices. Su clero secular i re-
gul..lf mostró dC3'~C el principio una decidida adhesion :í los
subversivos p:·;n.i)ios del cura Hidalgo. La de Guadal!ljara
partid,)") de ti misma aberracion de ideas, especialmente las
clases haj'.ls de la poblacion , á cuyo apoyo debió el C~-




1 :lb ~d:.nr.o: IR 1o.
becilla Torres su entrada triunfante el r s de noviembre.


Guanajuato fue uno de los puntos en que dejaron los re-
voltosos mayores i mas horribles manchas de la crueldad i
barbarie que presidía á todas sus acciones. Como en esta ciu-
dad se habían abrigado los principales corifeos , conoció el sa-
bio Calleja la necesidad de evitar con la oportunidad de sus
medidas el incendio que se iba preparando. Con esta mira em-
prendió su marcha el 16 ácia aquel punto ,é imponiendo
de pliSO algunos castigos sobre los principales revoltosos de la
culpable Cehya, para que sirviendo ele escarmiento le evita-
ran la efusión de otra sangre mas preciosa, entró en -licha
ciudad de Guanajuato, cuyas calles halló todavía empapada¡
en sangre de inocentes víctimas, sacrificadas á la ferocidad
de la plehe i de los rebeldes al tiempo de tomar la fuga.


Exigiendo la vindicta piÍblica un terrible escarmiento en
los culpados, aplicó el gefe realista la pena de muerte á
53 individuos de los mas comprometidos en la sublevación.
La toma de esta ciudad, i el indulto que se dió á su conti-
nuacion á los que abandonando su temeraria f;)mpresa se aco-
gieran bajo el manto de la Real Clemencia, produjo los mas
saludables efectos en la mayoría de los pueblos alucinados¡
mas na por eso se desarmó el furioso brazo de Hidalgo, Allen-
de i demas corifeos. Habían tomado éstos posicion en San Fe-
lipe i en Lean; i mientras que Calleja preparaba un ataque
general que cortase de un golpe el vuelo á sus quiméricas es-
peranzas, despechados los revoltosos por sus anteriores derro-
tas, juraron el esterminio de los europeos, i 10 nevaron á
efecto con tanto furor i barbarie que no se salvó uno de tan
cruel decreto. Se vaciaron las cárceles de ValIadoIid, i todos
sus detenidos fueron cobardemente asesinados en los caminos.
En San Felipe fue derramada la preciosa sangre de r 30 már-
tires del honor i de la fidelidad; i el número de estos llegó en
Guadalajara i en otros varios puntos á mas de 600. Noticioso
el virei Venegas de tan horribles ultrages , dió las órdenes mas
eficaces para que á toda costa se acabasen de destruir aque-
llos tigres sedientos de sangre humana, Los comandantes mi-




11ÉJICO; d) 10. ¡ ::'V;
litares i auro ric!adcs de Durango, Cohahuila , i de otros varios
puntos, aSJ COlUO las de GuaJalajara, que se habian refugiarle
al puerto de san BIas, recibieron órdenes perentorias para que
acudiesen con la celeridad del rayo en apoyo del ejército de"
operaciones, mandado por los brigadieres Calleja i Cruz: es-
te último obtu va gr;l1ll1es ventajas en Huichapan , debidas á
su celo é inteligencia.


Calleja s:l!ió el 10 de diciembre de Guanajuato para La-
gos i Aguas Calientes. Este ~ovimiento, i el que hizo con-
tempor.íneamente el brigadier Cruz sobre Celaya, produjo la
retirada del enemigo ¡!cia Guadalajara , donde se propuso
hacer su última .i desesperada defensa. Hubo en el entretanto
algunas acciones parciaíes , favorables á las armas realistas,
.ma,> ningarn de; ellas decisiva. El honor de este triunfo, el
totai esterminio dé los rebeldes estaba reservarlo para el año .
siguiente. ¿(o


El estado de los 118gocios á fines de 1810 no dejaba deL!!~/
ser alarmante; era preciso arriesgar una gran batalla; i aun~~
que no se duhlJa dd éxito, daIn sin embargo algun cuidado~'ClD
la sola idea de algun imprevisto revés, demasiado frecuente'·,; ,
en lo. anales militares, en los que parece que una inesplica-
ble fatalidad se deleita á veces en trastornar los planes mas
bien combinados. Se hallaba sublevado el país en todas direc-
ciones, i difundido el espíritu de independencia por todas las
clases; sus principales corifeos , aunque escarmentados por las
distinguidas acciones de las Cruces i AcuIco, de ningun mo-
do estaban abni:lus, sino Inr el contrario se habían vuelto
mas osados i flirios'JS; sus ejércitos, aun'lue faltos de discipli-
na', ascendían <Í 1009 hombres, con cuyo número escesivo
trataban de igualar la diferencia que les llevaban las aguerri-
das tropas del Reí. Todo pues anunciaba que los revoluciona-
rios no cederían el terreno sin haber ensayado antes los últi-
mos esfuerzos de la intriga i de la desesperación.


Deseosos los gefes realistas. de asegurar un triunfo com-
pleto á sus armas, concibieron planes militares en los que
sobresalía la inteligencia íprevision á la par de su bizarría i


36




15b Ml!:JlCO: 1810.
fidelidad. Don jasé de la Cruz pa~() á. tomar poses ion de Ya-
liadoIid; don 'I'oreuato 'I'rujíllo se adelantó desde 'I'oluca has-
ta Acámbaro con la idea, de que sostenidas ambas divisiones


··por las tropas de CalIeja, pudiesen todas reunirse el, T5 de
enero de 1 BIl en el puente de Guadalajara, distante solo
seis leguas de .. aquella ciudad, considerada por los revoltoso.
como el gran baluarte, en el que cifraban su principal COIl-
fianza al favor de sus inmensas masas, i ele TOO piezas de ar-
tilIeria con que se hallaban apoyadas,


El señor Venegas desplegó en esta ocasión la mayor acti-
vidad i energía; i previniendo oportunamente tocios los aza-
res é incidentes, 'dió nuevas pruebas de su sagacidad i de los
recursos de su vasto ingenio: su benéfico influjo alcanzaba
hasta Jos puntos mas remotos, De todas partes se iban re-
uniendo poderosos refuerzos para cortar de una vez la cabeza
á la hilra revolucionaria. Cuando don Antonio Cordero, go-
bernador de, Cohahuila estaba ya cerca de San Luis de
Potosí con un cnerpo respetable i con algunas piezas de arti-
Ilería., creyó Venegas que había negado el tiempo de que
.emprendieran su combinado movimiento las tres divisiones
realistas ; i ávirtnd de sus animosas disposiciones, segunda-
das heroicamente pOl" los gefes respectivos, señaladamente
por los esforzados Calleja, Cruz i Trujillo se pusieron en
marchatodas las tropas para dar un dia de gloria i de honor
eterno á las armas de Castilla.


Antes de concluir este f,ap:nil0 haremos mencion del pri-
mer levantamiento de un gefe insigne, que sucesivamente ad-
quirió la mayor nombradía en los anales de Ji! rcvolucion , i
que causó Ias mayores estorsioncs en los pueblos del Sur.
Este fue el licenciado don José María 1\1oreloi, cura lile Cll-
ráguaro, quien desde principios de noviembre hahia formado
una espedicion en Valladolid contra el puerto de Acapulco.
Apoyado por algunos genios díscolos i bulliciosos, i por la
plebe ignorante, á Ia que había sabido seducir con su hipó-
crita lenguage, habia cm prendido la ejecucion de su atrevido
plan ~ cuando encontrada su vanguardia en Arroyo Moledor




lJl';HCO: 1 ~ 1o, 1~)9
por don Francisco IJáris el día J? de diciembre ~ fue puesta
en desordenada fuga con la pérdida de 100 mnertos i de va-
rios prisioneros. A pesar de este golpe se rehizo aquel sedicio-
so eclesiástico, í logró presentarse á formalizar el bloqueo de
la citada plaza. Aunque los comandantes Púris i Pareja , de
acuerdo con aquella guacnicion ~ combinaron un ataque para
el día 6, .en el que lograron algunas ventajas, volvió aquel
sin embargo á sus mismas posiciones; pero por mas que usó
de todos los ardides propios de la seducción .i engaño., estaba'
mui lejos la plaza de ceder por flaqueza, i menos por falta, de
fldelid,ad.


El 13 del mismo mes fue atacado nuevamente .Moreloi~
por los comandantes Páris ·i Pareja sin qlll.c hubieran consegui-
eh el objcto propuesto de arrojar al enemigo de sus atrinche-
ramientos , i sí solo el de causarle pérdidas de bastante consí-
deracion, La! u:[}pas, que Venegas había enviado.a Cuernavaca
al mando del teniente coronel Andrade {'on ordenes, de que su- ,
perando toda clase de dificultades se idirigiescu desde aquel.
punto á reforzar la. divisiones de Acapuloo , se habían ade-
lantado hasta 'I'epecuacuíio , distante 41 IeguasdeIa .capital,
par,e atacar á una reunión de sediciosos, á los .que derrote.tan
pronto coma los hubo avistado. Continuaba AndraJe ensu
marcha 'cuando la noticia' de otra numerosa :gavilla de insue-
gentes,~ue re !lahia reunido en el -pueblo de f,gllala, le obligó
á retirarse r-só2 o leguas ,í :.í situarse en la hacienda de San
Gabriel ~ sin atreverse á dar un paso en oumplimiento .de 1aB
eficaces órdenes que se le habian comunicada.


Viendo el señor Vmegas ptraIizada esta fuerza ~ tal vez
por falta de arrojo de su cornandante, envió desde Méjico al
sftgento mayor dOllNicolásC08io para que puesto ásu cub~-.
za con algunos refuerzcsque le había. snministrado , supliese
con una estraordinaria actividad la "falta que debía haber he-
cho aquella columna para dar ua golpe decisivo á los l'evolu-
cicnarios de Tierra Caliente. Este nuevo gefe dióp accio-
nes brillantes, en las que tomó 15 cañones á los enemigos; i
engreiüo 1:DD tales triunfos, i D0 menos ufanepor el apoyo de




160 ]H:nco: 1810.
varios pneblos que á su paso por ellos se- habían declarado
decidí. lamente por la causa del Rei , había emprendido una
marcha rápida sobre Acapulco para combinar sus operaciones
con las tropas que estaban allí observando al enemigo.


Mientras que el sabio virei Venegas se entregaba á las
mas lisonjeras esperanzas de que quedaría bien pronto ester-
misado el genio del mal por la parte del Sur, recihio la in-
fausta noticia de haber sido sorprendida por el cura Morelos
en la mañana del 4 en el campo de los Tres palos la 5~ divi-
Ilion mandada por don Francisco Paris , sufriendo una pérdida
considerable, que se hizo mayor por haber abandonado el co-
mandante Pareja el punto de los Cohaulores, donde deberian
haberse reunido. A fin de neutralizar el mal efecto que debia
producir aquel fatal suceso, fueron enviados desde la capital
100 dragones escogidos para que á marchas forzadas llt'gasen
pronto á incorporarse con el comandante Cosía; i al mismo
tiempo se dieron órdenes al coronel Bonavia comandante de
la 7~ brigada para que hiciera salir rápidamente á reforzar las
divisiones del Sur al hatallon provincial de aquella ciudad i
varias compañías sueltas de latmisma intendencia.


Casi al mismo tiempo se divulgó con certeza la noticia
de haberse apoderado los insurgentes del puerto de San BIas
por capitulación con los gefes realistas que lo guarnecian. En
esta inesperada desgracia, que fue atri buida general~nte á
impericia ó mal manejo, i tal vez á una infundada deseen-
,fianza, tuvieron una parte activa el comandante de la plaza
La Ballen , el del bergantin Activo don Antonio Cuartara , i
el del bergantin San Cdrlos lfon Jacobo Murll; cuyos gefes
pareee no hicieron la resistencia que podia esperarse de su po~
sicitm i de sus recursos. En medio de estos contrastes logr~
ron las armas del Rei , mandadas por don Juan Sanchez, di-
sipar los rebeldes indios de 'I'oluca , que en número de 30
hombres se habían aproximado á aquella ciudad, á cuya con-
secuenciaJlÍdieron el indulto varios pueblos de los muchos
que se halJian alzado contra el gobierno.
. El mal habia cundido casi por todo el reino; hormiguea-




m:.!fCo: i b I O. 161
ban bs gavillas rebelde. desde las provincias del Norte, Rio
\Terde i Nuevo Santander hasta Zimapan , Cadenita, lxmi-
quilpan i otros puntos. Solo en las intendencias de Veracruz,
Oajaca i Puebla no había sido turbada' la tranquilidad, si
bien era de temer que al menor contraste de los ejércitos rea-
listas seria la esplosion general.


No se le ocultó al señor Vcnegas lo apurado de su situa-
cion : conocía que tenia que luchar con enemigos despecha-
dos, con todas las artes de la seduccionidel engaño, con el
genio de la discordia, i finalmente con el estravío general de
la opinion; mas nada era capaz de arredrarle en su laudable
empeño de sostener á todo trance la autoridad del Rei en
aquellos dominios. Su imperturbable 'serenidad se comunicó
á todos los gei'cs militares. Calleja, Cruz, Trujillo, el conde-
de la Cadena, i cuantos oficiales i soldados empuñaron las
armas del Rei , todos se cubrieron de gloria en el desempeño
de los bien combinados planes desenvueltos en el año 18 II,
de los que se tratará en su respectivo lugar.




162
le'\\ '. '\U",lT\. '..\'\'t\;\'~\!,'lVH'\lAY,,'~\,H.l'UN. \ '-,''',', ~,\ 1,n "n:1Tn1. t


CAPITUL'O XIII.


E;.ttt:td3 crtti.:o de ..Buenos-riires. Arrihoá Montevideo del
lZU/WG oirei Elilj. JVegociaciones entabladas para hacerse
reconocer por la junta ergensina. Declaracion de guerra i


., bloqueo de Buenos-rlires. Ventajas conseguidas por los in-
dependientes. Discordias de la capital. Discusiones acerca
del mode de, gobern,arse. Facciones de Saaoedra i Moreno.
Mlerte de éste último. Formzcion. de un club jacoMnico.
Alhoroto del 6 de abril. Progresos de los independientes
en la banda oriental. Bttallas de san Jase i de las Pie-
dras. Conunicaciones del virei Elio COIl el gobierno de
Buenos-Aires para entablar un arreglo político. Insurrec-
cion del Paraguai. Bombardeo de Buenos-Aires por una
escuadra de Montevideo, Espulsion i destierro de Saaoe-
dra, Formacioa de un triunvirato en Buenos-Aires. Bata-
lla de los 1l-:Iéda:ios que empeoró la situacion deMonteoideo.
Aproxima::ion de tropas portuguesas en ausilio de aquella
plaza, Ar:n¡sticio entre ésta i la de Buenos-Aires. 1Vo/Jl·
bramiento del general Vigadet rv« sucesor de El/o..4.1-
barotos del 6 de diciembre eh la capital: Refiexioncs poli.
ticas sobre la revoluciono


l" 1 nuevo 'gobierno de Buenos-Aires se VIO a principios
de 1811 en la situacion mIS amrada. Aun'Iu3 sus ejércitos
cid Alto Perú habían adquirido considerables triunfos i con-
sc3J.ido el principal objeto que era el de insurreccionar aque-




r.U:~\()C;-,~j,\r.5: 1g) 1. 163
lb" prorincias, habian hallado sin embargo un dique impe-
netrable en"el Desaguadero, en cuyo' punto se hacia preciso
arriesgar una sangrienta batalla para consolidar sus victorias.
Las tropas que habia enviado contra el Paraguai habían sido
derrotadas. En la misma capital tic liuenos-Aires se notaban ele-
mentos de discordia que hacían temer una horrorosa esplosion,


La plaza de Montevideo habia aumentado su orgullo i
confianza con el pronto regreso del nuevo virei i capitán ge-
neral don Francisco Javier Elío, que había salido para..EspaÍla
pocos meses antes, i con el anuncio de nuevos refuerzos que se
esperaban de la península. Noticioso el referido Elio del estado
violento de los negocios públicos, crey6 posible la reposicion
de la autoridad Real sin apelar al estremado recurso de las
UrlTI3S. Con esta ruira ofició en 15 de enero amistesarnante á
la junta suprema establecida en dicha capital de Buenos-Ai-
res, á su ayuntamiento i á la Real Audiencia, dando parte de
su nombramiento i de 8IJ8 vivos dese~8 de que se restableciese
la antigua armonía i la mas perfecta union para preservar
aquel vírcínato del influjo estrangero, Prometía al Illismo
tiempo bajo el sagrado de SI) palabra i juramento correr un
denso velo por todas las faltas anteriores, i principiar una
nueva época de buena inteligencia i fraternidad. '


Aunque la coatestacion de las autoridades revolncienaries
fue descomedida é insultante, trato sin embargo el celoso virei
de apurar todos los .medios de la eonciliacion antes da desen-
vainar la espada; pel'O viendo que sus esfuerzos para sujetar
:í los disidentes por la vía del exhorto eran considerados como
un efecto de impotencia ó cobardía, se resolvió á obrar hostil-
mente á fin de castigar su terquedad. El riguroso bloqueo que
trato de poner á la ciudad i costa de Huenos-Aires fue
anunciado en 12 de febrero por el capitau EUiot, comandante
de las fuerzas británicas en aquellos parajes, á los comercian-
tes de su nacion , encargándoles la observancia de ltJ,nJl\S
perfecta neutralidad.


A su consecuencia declaró el general Elfo la guerr~ ;i
Buenos-Aires condenando por rebelde la junta que aque-




16'~lWl;rtOS-AE\U;: 1811.
Ila ciudad había establecido. Dirijió sus primeras tentati-
vas contra los orientales que se mantenían en insurrcccion;
pero el éxito de aquella espedicion correspondió tan triste-
mente á sus esperanzas, que aumentado el número de los des-
contentos, cayeron en poder de éstos los pueblos de J}Ierce-
des, Soriano, Gualeguai, GualeguaicllU i otros ,i se le de-
sertaron varios oficiales de valor i prestigio, cuales fueron Ron-
deau , Artigas, Ortiguera, Sierra i Fernandez. Estos primeros
golpes paralizaron las operaciones del nuevo virei , i dieron
alguna. treguas á la agitacion i alarma de la capital, hasta
que principiaron mui pronto sus discordias civiles.


Algunos genios inquietos i ambiciosos que deseaban apo-
derarse del gobierno, atacaron la opinión de los principales
gefes, designándolos al público como traidores que iban á
poner la patria bajo el dominio ele las tropas elel Brasil, cu-
yos planes dirijia la Serenísima senara infanta doña Joaquina
Carlota como heredera eventual de estos dominios. Los goher-
nantes trataron de desmentir aquella impostura con su mis-
ma' ~omlucta i con el celo que desplegaron para dar vigor á
la causa de la independencia. Con esta mira i con la de man-
tener en sus justos .lfmites las pretensiones del pueblo i las de-
masías del poder, decretaron la formacion de jumas subalter-
nas en todas las provincias, las que recibieron con agrado es-
tas disposiciones, si bien no pudieron disimular su resenti-
miento al ver que la 'capital absorvia todos lo. destinos de
lustre é importancia.


El gobierno supremo de l1nenos-}\.ires habia prometido
convocar un congreso general llamando con igu:,lldad á todos
los pueblos para la eleccion de sus representantes; pero como
'la capital había manifestado desde el principio su empefío de
vinculare! mando en sus manos, se fue retardando aquella
medida; i aun' cuando se' trató de llevarla á efecto, se hizo
de. un modo tan vago é indeterminado, que UD satisfizo la
ansiedad de dichas provincias. AIgull1s de estas, como las de
Mendoza , Córdoba, 'I'ucuman i las del Alto Perú, enviaron
un. diputado por .cada ciudad; pero á su llegada á Buenos-




'1H'1!NO~-AfRK~: 1~, l. 165
Aires se difirió todavía IU organizacion á causa d~ los empe.
ñados debates entre las facciones de Moreno i Saavedra , qu~
mantenían en la mayor !lnsiedad la espectativa" pública. Mo-
reno se oponia á la incorporacion de los diputados en la junta
suprema; pero el partido de Saavedra prevaleció, i así quedó
compuesta dicha junta de quince individuos, quienes se ocu-
paron en formar varios reglamentos iegislativ()s, i en dirigtr <
la ~pinion áda los fines que 50 habiaa propuesto de~de el prin-
cipio de sus movimientos, que eran los deaacudir totalmente
la sujecion de la península, i proclamar su.Indepeadeacía,


A pesar de este empeño polftico, en el que eonrenian am-
bos partidos ,.,¡ no obstante que el atroz ~reno hubiera
muerto durante suviage á LÓRdres, para dosde habia sido
enviado con oredeneiales de embaja.40r, RO se había desani-
mado 8U partido, ni desistía de sus pretensiones. Se formó á
este tiempo URa lógia Ó club 1 parecido á los conciliábulos de
1>6 jacobinos de Francia durante 8U revolucion, que llevaba
por objeto sindioiír las operaciones dei gobierno i derrocar pOÍ'
este medio la autoridad de Saavedra, Este trató de -eortar con-
la fuerza liflIDada los escesos que debían resultar de aquellas
yiolentas reuniones, protejídas por a.lgunosindiv,W.uOl de 'la
misma junta. '


El .~ 6 .ae abril fue destina.do· para... ejeeueiou de
aC{liel movimilnto hostil, euyo ejemplo había- de ser de 111
JIlU . fatal trascendencia i había de' amaestrar á otros genios
bulliciosos en la carrera de despreciar tI8 leyes i de entro-
nizar la del mas fuerte. Tres regimientos cíYicos del partido"
del espresado Saavedra se formaron en la plaza 'lltayor, i de
acuerdo con una numerosa muchedumbre pidieren la supre-
sion del club jacobino i el destierro de Larrea , Peña , Posada
i otros de los llamados pat):'Íotas. La fuerza se hizo superior á.
toda reflexion política, i salió triunfante en aquella conmo-
cion, aunque con escándalo de lIS personas mas sensatas, que
man en tamaño atentado el gérmen de nuevos alborotos, ca-
paces de sepultar en las ruinas aquel naciente estado.
,,~. Estos desordenee sin embargo no influyeron de modo 'a1- .


• 7, .




166 nUENOg-AnÜ~S: 1811.
guno en variar la suerte de ·183 armas realistas en la banda
oriental. D. Venancio Benavid~s se habia: apoderado dé Cane-
lones, idon Jesé Artigas había ganado la batalla de San José
contra las tropas de Elío. Los triunfos del coronel Rondeau,
á quien fue confiado sucesivamente el mando de aquellas fuer-
zas ~ fueron mas importantes: 108 pueblos de las' Minas, San
Cjrlos i J,\faldonado f~e~A- scmetídos, ~ toda la banda orlen-
ral, levantada ,en m~ ~ ,pasó á ponee.sitio á Montevideo. ~o­
nociendo el impá~o Elío la necesid~dde destruir oportuna-
mente la gran preponderancia que había tomado el enemigo,
dispuso una espedicion de 1230 hombres de sus mejores tro-
pas con un grWI tren de artillerfa. 'Toma posieion este bri-
llante cuerpo en el lugar de las Piedras ~ confia~do en que la
superioridad de su disc¡p1w.a ~:\lrreg}o Ie.haria triunfar de las
informes masas de los insúrgentes ; pero la. veleidosa fortuna
110 correspondío á la' veneración que se la prestaba en el altar.
de las esperanzas. El bullicioso Artigas· desplegó en esta, oca-
sion un valor indomable', i una -decisíon t¡m" heroíca ~ que lo-
1}abria-cubierto de. gloria ,si la causa que sostenía no llevara
e~ sello de la reprobacíon : .se,debío puesa sus esfuizos la der-
rota completa de Iaa tropas realistas que hubieron. de retirarse'
en dispersion á la plaza.


Alarmado Elfo eon tales-reveses; i sabiendo-que elcaudí-
110 Rondeau movía su cuartel general de Mere_es para estre-.
char el sitio de Montevideo~ envió UQ parlamentarie ,á la jun-
ta de nuenos-Aires~. fin de- entablar un acomodamiento pa-
cífico, haciendo el sacrificio de su .empleo, si este era el
llnico obstáculo que se oponía á su reconciliacion. Mientras
que la junta deliberaba sobre este punto.~ recibió la noticia,
de que el Paraguai se había sublevado; contra su gobernador
Velasco ~ estableciendo una.juntapepular é .independiente. Es-
te importante acontecimientoaumenté suorguUoi dictó la
atrevida contestación ~ reducida á prescribir el absoluto sorne-
timíento de la citada plaza de Montevideo. Dando al general
Elío llJ1evas fuerzas su misma adversidad i despecho ~ prepa-
rouna escuadra decinco buques, con la que se presentó lHi-:.




I\I!l'NO<;-HltF.!l: 131 l. 16)-
chelena á las puertas de-Buenoe-Aires , i le intímóla rendí-
cion. Desechadas por la ~ftnta con altanería aquellas amena-
zas, se dió principio al bombardeo ,que de ningunmodo in-
timidó á los habiranres , poseídos entonces de todo el ardor
revolucionario,'


A pesar de que la armada del Reí dominaba todas las cos-
tas , se estrellaban IUS heroicos esfuersos en la desesperacion.
con que peleaban losrebeídea¡ i sus conln~iQIl~ intestinas
habían 'enidó .fllguna tre!ua desde que se supo los graades
refuerzos que se esperaban de la península para sujetar aque-
llos pueblos. Eñtre las varias medidas de forti.6cacion i mtí-
tUIl defensa fue una la de enviar á Saavedra i Molinacomo


"diputados para las ciudades del Alto Perú á fin de '"'tonreren-
ciar con .sus ayuntamientos sobre los medios de fortalecer su
.causa i de terminar las discordias civiles; pero apenas habia
salido el primero para su comision , cuando sus encarnizados
enemigos lo escluyeren del gobiernoi 10 condenaron al des-
tierro.


Creyendo los regeneradores iJar nuevo vigor á su revolucion
.J:ef'ormando str'monatruoso gobierno, suscitaron otro alboroto
en 23 de setiembre pafli" nombrar un poder.ljecut,ivo, com-
puesto de tres personas, que fueronSarratea, Chiclana i Paso,
cQn:lliva~a.bi:.a; i 'Peres COIl¡lO ~.r:elario•• Todos, fuu¡aban las
JIlllS'lisonj.eras esperansas e~~~\lev()¡s gobernantes: ,los poli.
:#cos observaban que cuando son ¡luchó.i los que dirigl!lD el
.limon del estado, BU' operaciones deben resentirse de aquella
lentitud propia de la díscusíon i de la poca facilidad de ave-
nirse los pareceres; i que por elcontrarío formando un triun-
yirato Q~n avenido, sus 6rdenes podían comunicarse con ma-
yor celeridad, sus disposicionesser mas reservadas , í sus re-
euItados .mas felices. ...


, Si Cita nueva magistratura hubiera Iimitadosu autoridad
.1 la parte ejecutiva, el indudable que su .instítuclon habria
.Jido provechosa á los intereses del país en aquellos momentos
4!lti0nvulsion;' pero habiendo mostrado desde el' principio una
:...Dl.bicion sín'líiW.tes por infamr todcsIcs poderes del. estado,




168 nU?:NOhUl\ES: 1 1; I t "
se perdió. aquel equilibrio tan necesarío para mantener la tran-
quilidad de los gobiernos reprelenttlivos. La junta suprema
quedó disuelta; sus individuos se diseminaron por las provin-
das blandiendo con su irritacion la tea de la discordia: todo,
pues, quedó sujeto al capricho de tres hombres , á los que no
se puso mas traba, que la de mudar uno de ellos cada seis
meses, reemplazándola por el que eligiese la asamblea de los
diputados de Jos ayuntamientos. "


Con la idea de mantener al I?lÍmico en la .obedie~cia pa-
siva anunció aquel triunvirato un nuevo estatuto, prometien-
do convocar una representación popular para' formar el cuer-
po deliberativo. Sin embargo de estos debates no eran menos
activos los movimientos hostiles contra Montevitleo. Sarratea
i Rondeau se habían aproximado con sus tropas en térmi-
nos de incomodar considerablemente aquella plaza, en parti-
cular con los fuegos de la batería de los Médanos. Elío hizo
una salida vigorosa á fines de julio para destruir estas
obras; pero fue rechazado con gran pérdida sin lograr su
objeto,


Viéndose el gefe realista apurado por ros insurgentes, ha-
bia pedido urgentes socorros á la córt~· del Brasil, no dudan-
do del interés que tomaria S. A. R. la señora Infanta doña
Joaqnina Carlota por sostener la autoridad de su augusto
hermano en aquellos dominifs; í babia escrito al mismo
tiempo al general b{asiIe~ que mandaba la division situada en
la frontera, para que volase en su ausilio en conformidad con las
repetidas ofertas que le había hecho su g9bierno. El sabio í
celoso marqués de Casa-Irujo, que C01l tanto empeño se había
opuesto á la peaetracion de las tropas portuguesas sobre el
territorio español , por creerla de fatal tráseendencia , cedi6
en esta ocasion á las imperiosaa circunstancias ~ i sf'g,und6 las
mtenciones del virei lejos de contrariarlas.


Noticiosos los insurgentes de la aproximacíon de dichas
tropas portuguesas, agoíaron todos los recursos de su intriga
para sembrar la semilla de la discordia ide lá deseonfiaaaa
rn el ánimo de los realistas ~ fingiendo correspondencia COJll l"l




l\1~E'NM-AIl1l1:S: I 8I 1. ,69
misma corte del Brasil, i esmerándose en probar por todos los
medios qne les sujeria la malicia ,..de que aquel gabinete as-
piraba al dominio absoluto del Río de la Plata, i de que la
división ansiliar no tenia ..as objeto que el de prot~~ger al
partido que se declarase por la casa de Braganza.


Fuese por que verdaderamente los gefes realistas llegasen
á desconfiar de 'Ias miras del Brasil, 6 por que creyesen que lo
exijia así la situación de los negocios piíblicos , aceptaron el
tratado de armisticio i el plan de pacificacion que la junta de
Buenos-Aires propuso en el mes de octubre. Fueron las bases
de aquel tratado el reconocimiento del señor don Fernando
VII i la integridad de la Mvnarquía; promesa sobre la que
habia sus fundados motivos para creer que no se cumpliria,
i cuyos reecIos adquirieron mayor fuerza al ver que los fac-
ciosos se negaban á obedecer á las ccrtes i Regencia del reino
aun antes que se hubiera resueIto en el congreso que se trata..
ba de reu·nir. Lós demas artfcqlos abrazaban el modo de eva-
cuar la banda oriental, la restitucion de prisioneros, la amnis-
tía recíproca por las opiniones pasadas i los solemnes empeños
para socorrer :í la península, asumiendo en todas estas fran-:·
saciones la junta argentina el tono de un estado semi-inde-
pendiente.


En aquel racional convenio infiuyeren , entre otras graves
eausas , la escasísima tropa awnada i de poca confianza con
que contaba el virei EIío para defender aquella plaza: la ab-
soluta falta de recursos de toda clase i especialmente de víve-
res i numerario, en términos que de los primeros no habia sino
para dar de comer á la tropa unos quince 6 veinte dias , i
de dinero solo habia en cajas Reales doscientos pesos: la nin-
guna esperanza de rehabilitar el Real tesoro por la estanca-
eion del comercio, i navcgacion: la resistencia del gobierno
supremo á mandar, sin duda por sus apuros en la penfnsula,
los ausilios que repetidas veces le pidió dicho virei con suma
.rgencia: la conducta demasiado sospechosa del general de
las tropas portuguesas, acreditada en SUi movimientos j corres-
pondencia oñcíal que llevaba con el virei, i en la secreta que




<t •1'7 0 .tl!!'(OS-UlIU: 1,,11.
se le descubrid mantenia con el gobieruo rebelde de Buenos-
Aires: la notable dolorosa lflOrta.dad que se esperimentaba en-
tre los vecinos de la fiel Montevideo por causa del riguroso ase-
dio queimpedia la introducción de¡omestibles; i las diferentes
disposiciones comunicadas al virei por la Regencia del reino
para que si sus apuros eran de la naturaleza que van esr!'e~
sados , obrase. segun "las circunstancias, con toal que quedase
'á salvo el decoro de la nadan.


En .la celebración de este armisticio no procedió el general
Elfo por sí solo, sino de acuerdo i entera conformidad con una
junta compuesta del gobernador que era entonces de aquella


.plaza don GasparVigodet, de los gefes de todas armas que habia
en ella, del ayuntamiento, de las principales autoridades de Real
Hacienda ~ i iíltímamente de varios comerciantes i hacendados
particulares de aquel tejritorio..El referido convenio produjo,
entre otras ventajas, .la de que cesasela horrorosa mortandad in-
dicada, se vivificaseel comercio terrestre i marítimo i se abastecie-


..


se para mucho tiempo aquel importante punto de todos los ar-
tículos necesarios para la vida,i su defensa, que duró tres años
IDu,.hasta que regresado á Espalla el general EIío, í nombra-
do capitan general de aquellas provincias don Gaspar Vi~odet,
capituló éste la entrega de dicha plaza.


De todo dió cuenta circunstanciada el virei Elío ála espresada
Regencia en carta de 3o de dicierghre de 18 1 1, i por Real órden
de 28 de marzo de 18I:;l espedida por el ministerio de la guerra
no solo se aprobó cuanto habia ejecutado, sino que se le manifestó
que la Regencia estaba mui satisfecha dc su conducta militar
i tina con que habia desempeñado el vireinato; que contaba
siempre con los ~ntimientos de honor que eran propios del
carácter de S. E.; i que locmplearía en los ejércitos para
que continuase sus servicios en beneficio del Reí i de la patria
á quienes t¡mia tan biep acreditados su amor i constantes de-
seos de sacrificarse por tan dignos objet?s (1).


(1) Ha sldo preciso describir con alguna"proiijidad ~sIOS sucesos para
embotar k" veneucscs liros que al~un"s por equivocados informes, i otros




nr'El'iO,~·,Hr.Jl:S: 1511. '';1
POCO tiempo después de haberse celebrado este convenio


fire relevado el general Elío de su mando i para su cederle se
nombró al mariscal de campo don Gaspar Vigodet. Las prin-
('ipaIts condiciones estipuladas en la citada pacificacion ha-
han si-lo la evacuación del territorio por los portugueses. i
h retirada de "los independientes 'al otro lado del l'ruguai;
c'j'a infracción as] como el negarse los b~nos-airefio3 á CUIn
plir otras obligaciones, i singularmente la de remitir fondo,' ;í
la península ~ iban preparando un rompimiento, al mismo
tiempo que las intrigas domésticas aceleraron una terrible fS-
plosion en la misma capital. Esta se verificó en la noche del 6
rl,c diciembre al dar el grito de sublevacion contra el gobierno
dgcn1e el regimiento n.imero r? Fue desoída la voz de las
autoridades, desobedecidos sus oficiales, arrojarlos del cuartel
é insultados sus gefes, i desconocidos los exhortos i la persua-
sion de los prelados eclesiásticos, i de los personages mas res-
petables é influyentes. Todo fue iniitil con aquella soldadesca
desenfrenada; los habitantes estaban llenos de recelo de que
tamarla rebeldía tuviera vastas i peligrosas ramificaciones; el
gobierno temió; i roda la ciudad estaba esperandocon inquie-
tud i sobresalto el resultado de una escena de tanta alarma i
terror.


Agotados los medios de la dulzura, i' desairadas las au-
roridades á pesar de haber derogado su dignidad en el modo
débil i contemplativo con que se humilláron á acariciar á los
rebeldes, les amenazaron con los mas severo, castigos sino de-
ponían las rumas al instante. Una parte de dicho regimiento
cscuci-ó los dictados de la razón i se fugó precipitadamente
del cuartel ; pero los demas, agitados por su escandalosa pro-
-----;------------~-------
1'01' siuic strrs intenciones ":in dirigit!o contra la sólida Op;r:iOD de los dos
l11"rur15 .guen'l.')os El ío i Liniers , cUJas brillantes hazañas rner-.cen MIl' tras-
mit idas il Iamas remota posteridad con caractéres de bronce. Las mismas
U.~('(lsiüne.s susrit ad as entre e llos acrisolaron con mayor pureza ~:~t_ acendra ... ·
.la, lealtad, la ,[ue sellaron ambos con su sangre adquiriendo F'lr ella,¡ I
con su nombre do.;; títel'Js de CastiU~, Uf~ los qae l;.''.~r en actual rQJl(,f~OU
'lr;~'tt~lH:tti\'~~t'~.i'ÍJ¡¡¡as_




1 72 lHJlN{)~-ATitr:g: ,S I 1.
terria se determinaron á correr todos los riesgos de un san-
griento combate. Dá el gobierno las órdenes mas terminantes
para que abance la caballerfa con rapidez, mas no se intimi-
dan los facciosos con aquella cllrga impetuosa; se traba un
empeñado choque, concurren las domas tropas á dar un ata-
qJe simultáneo por todos puntos; se arredran entonces los re-
beldes é imploran QOn humildes ruegos la clemencia que aea-
baban de despreciar con altanería i petulancia. Se sosegó el
tumulto: once soldados desiguados como los principales auto-
res de aquella conmocion fueron pasados por las armas; i su-
perando el gobierno aquella crisis t adquirió mayor solidez en
la opinion , i doble energía en sus operaciones.


Antes de concluir este capítulo convendrá dar una idea
del modo con que fue considerada la revolución de América
por la. potencias estrangeras que podían tener en ella un in-
flujo decisivo. En Cuanto á la Inglaterra , fácil era conocer
que una nación, que tantas vece¡ i á costa de tantos sacrificios
había procurado ejercer su preponderancia política i comercio
en aquellos dominios, habia de ver en la. insurrección fragua-
da por lo. naturales el cumplimiento de 3US miras i de SU¡
deseo¡..Así es que los negociantes i demás individuos ingleses,
que residían en las provincias del Rio de la Plata al tiempo
de su esplosion, se declararon ardientemente por aquellos
movimientos subversivos , i lisonjearon á los nuevos gefes con
la idea de que su gohierno protejeria dicha empresa; pero la
íntima alianza, con que éste acababa de estrecharse con la
España, fue causa de que al principio tomase el carácter de
conciliador, i de que declarase sucesivamente su abierta des-
aprobacíon.


El gobernador de la Barbada confirmó en su respuesta
á los insurgentes de Caracas la rectitud i lealtad' del ga-
binete inglés con su nuevo aliado, í cortó las esperan-
zas que algunos concebian de que pudiese patrocinar aque-
llos desórdenes. El brigadier Fleming se esplicó de un modo
todavía mas positivo en sus comunicaciones con los chilenos,
á los que híeo ver con toda la sinceridad í buena fé caract~·




rrf,\"n~- ,\rnrs : I ~ 1 1 ~ ~'73'
~ti('a de aquel gefe bizarro lo incompatibles que eran si
pretensiones con los sagl\lilos vínculos '1ue había contrai.Io Ir,
Gran 15reuih con el gr¿icrno C3faI-;üI, al que había prome-
ti.:o conservar 1.1 intl'gridad de su ;nollarquia; i se esf¡:zó er,
exhortar u'IuelIos hahit:mtl's á la obediencia i sumisión, de
la {fUe no podían prescindir , atendido el atraso de sus Iuces,
"i la carencia de elementos para intentar la emancipacion.


Tales eran , pues, al principio las ideas de la Inglaterra,
anunciadas de mil modos, i señaladamente en las instruccío-
nes de Lord Live~ol al gobierno de Curazao; pero eam-
'hianrlo' muí pronto de cenducta , atropellando el bloqueo eg .
que el gobierno espaáol habia declarado los pU8rtos de las pro~
vincias insurreecíonndas , protegiendo p,~blicam,ei1te su comer-
cio con tIbs, i con simulado artificio el de Lis armas i 1;tl1e5
de gucrl':!, que la Espafia no radia impedir r0l' la casi nuli-
dad rnar.tima á que había sido reducida, iba fomentando fu-
'riosamente la revolución C:)TI CS;);~Ci1Eébd C:1 Buenos-Aires, en
donde se habían establecido ya i arraigado muchos ingleses, no
siendo pocos los aventureros que amenazaban tomar una
parte activa en ella, alistándose bajo las banderas rebeldes, i
aun mas en la marina.


Sobre la conducta de los portugueses en esta época hemos
dado nuestra opinión en varios lugares de la presente historia, i
de ella nada aparece que pueda mancillar el decoro de los au-
gustos reinantes. \


Los EsDdDS Unidos se presentaron desde el principio con
fralll[UCZa i sin di"imulo en a;JOYo de los iindependientcs, i
10 con.lrmaron p:íi .Iica.nente por su d~rao de fines del aIJO
181 1. No es estra.io , pues, que esta repúiJlica fomentase la
revolifion con gente, armas, buques , i demas ausilios , si se
,aücl1(lm á la mancomunidad de sus intereses i ¿Í sus atrevidos
deseos i gi;~~Jltcseo.~ planes, de que el continente americano
ll'guc á aJ,pirir un gr:do' de "j¡;ar i puj:mza que pueda de-
safiar todo el poder dc1 mundo antiguo. Todas la. representa-
cienes ,dirigiclas con razon i justicia por el háhil representante
español en los Estallos Unidos, don Luis Onis 1 eran desaten-


38




cunstaneias,


1"'(, 7IFENDS-ÁlRlC>:: ).!\ 11.I -r
didas con subterfugios i vanos sofismas, alegando que los (lO-
corros que se enviaban á aquellos dominios no procedían
del gobierno sino de particulares, á los que no se podia poner
ninguna traba en el comercio segun las leyes \ igentes en
dicha "epúhlica. De este modo eludían to.Ias Ias (juejas de
los espaíiolcs , quienes en su apurada situacion so veiau l;nci-
sados á sufrir aquel agravio, haciendo el mas terrible sacritl-
cío de su amor propio i orgullo nacional en obsequio de la
buena inteligenci3. que no convenia alterar en tan criticas cir-


•Aai fue progresando el espíritu de la insurreccion , que ha-:
bria podido estinguirse totalmente sin el apoyo estrangero.
)\1,,5 de una vez se han hecho votos paque c.líga el brazo de
la venganza sobre los causantes de aquellos des.irdcncs: el cíe-
I'J parece que ha oido estas voces , i ya en gran parte vernal
realizados nuestros deseos. j Ojalá sirva lo ocurrido hasta el
dia de permanente leccíon , i respetándose Illas religiosamente
los principios de la legitimidad, del orden , i de Lt justicia,
cese de una vez el vértigo revolucionario, i sean felices los
pueblos bajo los gobiernos en que la providencia los ha co-
locado!





175
\,"1\/\:\'\;\\IV\\'"'\M¡'\1'I\;\'\'''\\'\1''",\1\'\1''\\ \i\\Mi\'\i\<:\\\\!\'\'\11\'\í\Y\I\''\1


• , CAPITULO
~ .


..~ E B -cr:
XIV.


1tsl 1•


..


Sublcvacion general de las provincias d.lto Perú. Prepa-
rativos guerreros del general Goyeneche \ i su caltlcter.
Fatal deslumbramiento del caudillo insurgente Castelli,
Conducta de las tropas argentinas. Desacatas á la reli-
gion. Formacion de cuerpos rebeldes para atacar á las tro-
pas realistas. Comunicaciones del ayuntamiento de Lima
con los independientes de Buenos-Aires. Suspension de
hostilidades i armisticio. Batalla de Huaqui. Entereza i
decision del general realista. Alhorotos de La Paz. Con-
ducta ambigüa de su gobernador don Domingo Tristan:
Ocupacion de la citada ciudad de La Paz por las tropas
realistas. Mooimientee revolucionarios estallados en ~e­
quipa i sofocados en el acto. Sitio de La Paz por los sedi-
ciosos: ventajas obtenidas por estas hordas rabiosas. Ener-
g{a desplegada por el virei Abascal. Batalla de Sipesipe;
Entrada de Goyeneche en Cochabamba \ marcada por su
comportamiento ltheral ibelZt(fico. Espedicion de los coro-
neles Llstete / Lom/;era en aüsi/¡() de La Paz. Hazañas
del coronel Benaoente en aquel mismo teatro. Derrota del
ener¡,igo por estos tres gefes, i alzamiento del sitio. Prose-
cueion de sus empresas guerreras. Ecacuacieti ¡ de Chu-
quisaca i Potosí por los insurgentes. Entrada de Go-
yeneche en este último plinto. Acantol'lamiento de tro-
p~s en Tupiza . Nueva ¡jlevacion l!e Cochabamba i de
otros puntos interiores. nispos!ll;ones de los gefes realistas
para sofocar aquel fuego. Carácter de severidad desplega-
do por los mismos. Campaña penosa para .las tropas del




1..,0 N:nU: t~Jl.,
Rei. Insurreccion en la provincia ele Chuquisaca. J7t'.'ltejá$
obtenidas por los independientes. Salida de Tuoiza de una
c~lU1.nna realist~,c~ntra las tr91la~ ". BI~nos~A¡res. 1110-
oimientos estrategtcos de amb'ejercitos,


• •Principiód. :uno 18 U con la conmoción general (le to-
das las provincias del Alto Perú, habiéndose debido retirar
las reliquias del ejército del Reí al Desaguadero, punto limí-
trofe del vireinato de Lima. Ya lTcsle el octubre anterior se
había situado el encral Coyeneclie en uno de los parages
,mas 1!estempIados de la provincia de Puno á orillas de la cé-
-Iebre bguna de Titicaca Ó Cliucu ito , reconociendo que aquel
sitio seria d.ms á prapé"üo pam crear un respetable ejército
que contuviera el torrente furioso de la insurreccion, Aunque
habla dejado ~í su eG¡i,dda la provincia del Cuzco, de la que
habia sido nombrado' [lresident!3, había sabido escitar sin em-
bargo un entusiasmo tan puro en sus habirantes , que todos
·á porfia venían espont.íneamcntc á ulistarse b:!jo sus banderas,
.¡ á ofrecerle cuantos ausilios podía necesitar para 11"var ade-
lante su atrevida empresa. Los talentos políticos desplegados
pdP el bizarro Goyeneche en esta ocasion , esceden á t~do do-
gio. Conociendo' la importancia de aquel país , sus grandes rí-
'quezas, la influencia de la nobleza, su numerosa poblacion, la
estension de su territorio, in favorable situadoa i elnoble or-
gullo que le infundía su antiguo carácter de capital del reino,
se esmeró en comprometerla por la causa del Reí , i lo logró
con tan brillante resultado que superó los c.ílculos de la pre-
vision , i dejó atónito al mismo víreí Abascal , cuya suertc,_
asi como la de todo su vireinato , estaba pendiente del. mayor
ti menor acierto de las operaciones de dicho gefe.


Su porte afable, sus modales finos é insinuantes , su pe-
netracion sutil, 81'1 conocimiento práctico del genio i car.lcter
de sus paisanos, su ~exibi1ilad "'condescemlenda en aquellos
defectos que no arguyese. una malicia de corazon , su tino
é inteligencia en halagar el amor propio del. pueblo i su glo-
ria nacional, 5U sagacidad en escitar una noble emulacion i


I




PRrnJ: '177
compctf'rlci~ contra los pomposos triunfos tsn dceautados por
las t,op's ausiliares de Iluenos-Ains , su amor i fidelidad al
Rei, de cUYé!S suhlimes ideas supo impn'.2;uar el á¡ú,¡v ele
aqncll.rs g¡~nr'S, h::tbi,~nJo teniIo, la L.Ji,:;,;:d de penetrarlas
1'011 su es¡:rcsiva elocueucia i profundo raciocinio , r~dc quc no
paeUan ser í'tJit'cs ~i se (~tOi~¡L2n dOlninar de la hif1;Jf~i1:;i:t es-
. .


tranzera "" i f~n~lLne;1tc su muestrfa en ciirl:!,ir I,lS volnntades,
" . .' .


eran Ias mejores g:lnnt{us en tan apuradas circunstancias pa-
ra mantener aquellas provincias bajo la obediencia i sumision,
á fin de que renaciera de ellas el genio de la victoria, que
borrara la afrenta de las horcas Caudinas ó el deshonor de las
legiones de Vario.


Fijo siempre este infatig:J.ble i celoso amerieano en su
grandioso p'oyecta, de que una parte de la misma América
destruyese los criminales planes de j¡tc1e¡,enc!tncLl levantados
'por la otra , trato de dar un rúblü:o testimonio al mundo , de
que si en aquel nuevo continente se abrigsban seres desorgani-
zadores é infieles ,í la madre comun, {¡ la oue debían todo en


" - • • •• • • • Jl... I


el orden f181CO 1 moral, los h:lh:a asnmsmo dignos vástagos
de los Pizarros ~ que justiílcaudo Ia noble sangre que corría
por sus venas ~ estaban prontos á sellar con el sacrificio de sus
vidas su fidelidad i amor al Trono español , i sI! constancia en
aostener el legrtimo imperio, fundado por la razon , por
la j~icia, por la religion i por la conveniencia.


• ,l\Ianejando el general Goyencche con destreza estos brí-
nantes resortes, sUio i,¡"MiDen con su causa á taja la no-
bleza peruana, al rcs;'N::th1e clero, á los hacendados , nego-
ciantes, i Jin:¡lmente á iohs las clases del pueblo. La base
del ejército que principio ,í formar, se componía de solos 200
hombres que !lahia ILl!laJo en la ¡¿uarnieion del Cuzco: debe
asombrar por lo tanto como á los' seis meses hubiera póditlo
reunir 89, que por su disciplina , instruccion , bizarría, en-
tusiasmo i arrojo podi.m ser propuestos como modelos de imi-
tacion . El virci Abascal le envió cuantos ausilios estaban á su
alcance, i en particular todo el armamento que necesitó. Lo




1 ., ~ l'l''ln']: 1~ 1 1 :
demas se debió al celo i actividad de dicho gefe, á quien el
mismo virei había subdelegado las mas amplias facultades,


Para comprometer con mas firmeza i seguridad 6.105 nobles
del pais , coníirío á los que -mas se distinguían P?f su talento
i virtudes el mando de los cuerpos; i aunque la mayor parte
de estos, i en particular 16s soldados nnnca hubiesen oido el
silvído de Ia~ balá~ se hallaron mui prbnto en c§tado de -de.
safiar todo el pódez' revolucionario. En el arte dificil de amaes-
trar para la guerra á hombres-tan rudos que ni aun sabían el
idioma castellano, fue segundado poderosamente el general
Goyenc(;he por el entonces coronel don Juan Ramirez , i por
el mayor general don Pio 'I'ristan.
, '·Th:Iiéntms que Goyeneche estaba desplegando los últimos


recursos de su illgenio i decisión para formar el eje:rcito, que
había de ser mui pronto el esterminio ele 108 rebeldes, se halla-
ban estos adormecidos en el ocio i en la voluptuosidad. El so-
hervio representante Castelli , deslumbrado con la adoración
que le presta,ban los pueblos somcti.Ios , llc¡.~ ú perder aque-
lla energfa revolucionaria que habia d(:spL'j!;'Hlo al principio.
Las dulzuras de Potosí; i en particular las de Chuquisaca , lo
habían enervado: la no interrumpida lisonja i el resonar de
continuo en su. oídos las frases mas estravagantes de servil
adulacion lo habían endiosado: los grandes banquetes i con-
vites servirlos por ninfas impúdicas lo habi:m aCQstulllbado á
e~r¡tregars!j á las locuras de ~aco i á los hechizos de V~nus.
J~;n esta nueva Capua (lllcdo sepultado el ardor revoluciona-
rio. Todas sus disposiciones guerreras des~ este punto se li-
mitaron á intimar al ejáeito del Rei, que no franquease Ia
línea que divide los dos vireinatos.


. Al ver Castetli el entusiasmo que todas las poblaciones
del Alto I>erú habían mostrado por la causa de la indepen-
ciencia, se figur6 que sin apelar á las armas i sin necesidad
de abandonar sus deltciososcampos elíseos de Chuquísaca,
cundiría el fuego de la insurreccion por medio de sus nume-
rosos agentes, reventarla el volean que estos estaban soplando




1'1'1~Ü :18! l. '7q
en el víreínato de Lima ~ quedaría cortado i destruido el dé-


.,u ejú-eito "de Goycneehe, i todo el país sacudiría ú un tíem-
'po la dependencia de la IVIetrópoli. .


Estos eran Ios planes del referido representante de la jun-
ta de UUUlOS- Aires ~ á quien se habían confiado todas las fa-
cultades soberanas. Los4J(>royectos de dicha junta ~ aunqutt
dictados por otro espíritu, convenían en el objeto ~ que era
de no llegar á las manos con el ci*cito de Goyeneche. Alar-
mada por el gran influjo que hahia adquirido CastelIi en Chu-
qnisaea, cuyo solio le habían !tegado ~t ofrecer sus viles adu-
ladores ~ temía los resultados de 1'1 acción gt:neral que se em-
peñase con el referido ejército rc.il. Si eran favorables ~ recela-
ba de flue el cnvall'ocicl.c~wtdh realizase sus ambiciosos pro-
yectos; i si coutrarios , veía sumamante cornprometida Ia suer-
te de sus tropas qm: so habirn alej.do tí t'ijl inmensas eiistan-
cías, í cuyos descalabros no era úicil remediar. Partiendo de
estos principios inculcó repetidas veces al comandante genrral
Balcarce anduviera muí detenido en sus operaciones, ponien-
do mas bkll en actividad las resortes de la intriga que los re-
cursos de las armas.


Esto es precisamente lo que necesitaba .el benemérito G6-
yencche. Si el insurgente Castelli le hu_ra atacado en los
primeros momentos del terror que había infundido con sus
victorias de Suipacha , trcpelfas de Potosí, i entrada en Chu-
quísaca , parece indudable que todo el heroísmo de las tropas
realistas ~ replegadas al Desaguadero, se habría estrellado con-
tra los irn,sistibles esfuerzos de un ejheito orgulloso con sus
Iaureles , i con el prúm:nciamiento general de la opinión por
BU misma causa; pero haLlendo desapraveehltlo los preciosos
elementos que obraban á su favor ~ era de esperar que saliese
un nuevo :C'abio que con sus acertadas maniobras, infatigable
celo ~ i consumada prudencia, fuese el a~ote del Anibal ame"
ricano,


Antes de principiar Ía relacion de la campaña del general
.Goyencche ~ pasaremos en revista la conducta de las tropas
irgentinas espedicionarías, El grande ardor que estas ha-




·-l~~ ~:r-nTY: l ~ f 1.~
bian s:J.hido escírar con' sus nromesas de nesncr1azar le» SU~
pUé'stas csdeuas con que el H~bjerno dd Hei' tenia 111(TfOj'4f¡.
dos a'il:eilos pueblos, se ina resfriando :í JIlf,!¡'ia que estos
observaban prácticamente las mayores tru;_,-,Las cometidas por
los pretendidos lihertádores. Una de los escollos en que tro-
pezaron los ausiliares, i que les en.no una gran parte de la
poblaeion , fueron los go~es dados con el mayor descaro é
impudencia á las p~á('ticaPreligiosas que, á pesar de la re1lja-
cían del país, no dejaban de ser tenidas en la mayor vene-
raciono


Los gefes argentinos hadan alarde de su impicdad , dando
pruebas repetidas del espíritu de fatalis.no é incrc.lulid Id que
los do~Jinaha. Fueron infinitos los .aratos que se hicieron
contra IDs signos de nuestra santa rdigioIl; í en sus ¡uhbrJs
i accienes no se v;U mas (lue un ardiente deseo de couiuni-
car al devoto pueblo p(;ru3.llo sus erróneas doctrinas. Permi-
ti6 el Ser Supremo la profanacion de su culto i la "perpetra-
cion de Infinitos desafueros con la mira ostensible Lit! probar
la fortaleza de espíritu de estos pueblos , pero tamaños uí-
trsges no quedaron impunes: á los pocos meses mordían el
-polvo casi todos aquellos genios devastadores.


El mismo Castlilfi, cuya vida fue conservada mas tiempo
para que fueran mas conocidos sus delitos, llegó á perderla
de un modo tan tdgico i lamentable que debió aterrar á to-
dos los 'FlC se habian c1('j,tdo llevar de la pcrversí.íaI de SU¡¡
ideas. A,jueIIa misma L;Il:"iJ~, que t'lnt"g hl:toi~~,liÍ:lS había
pronunciado, i qüc t n.tcs ,h~)s La:)Í1 cans ido :1 Ia ver.lude-
ra creencia, fL18 1:1 qu~~ acarreo ]:1 c!l::olut'iJ!l (L~ SLl C¡1t~Tpf>:
quemada leve'u.te Sb nunta D2r 1:1 cstrcmi.lnd de un cí-rarro


"'-' ~ o


que aplicó inadvertidamente á Ii boca p()r la parte encendida,
clnpezó ,í gangrenarse presentando los síntomas mas alarman-
tes. Deseosos los arr~os de aquel monstruo de salvarle la vi-
da á tajo trance,' se determinaron á hacerle la ampntscion
corno único i estremado remedio; pero hubía de cumplirse el
decreto divino: aqueldesesperado esperimcnto tan solo sirvió
pura agravar tos dolores i agQlllaS del paciente e quien E'spinj




1'81


poseído por ~ furias
l'ERL: 181 1-


con todas las muestras de un hombre
infernales.


Empero volvamos á nuestro objeto del que nos ha iepa~·-·
rado el deseo de pintar con sus propios colores á Iosprincipa-
les corifeos de la revolución americana, para que el público
juzgue si una causa principiada bajo tan execrables auspicios
puede tener un resultado favorable de-solida consistencia i de


.. verdadera felicidad.
e.


Aunque parece que por un convenio tácito Se habían sus-
pendido las hostilidades, no dejaba Castelli de ocuparse ea
reforzar su ejército, organizando en el cuartel general de La-
ja .numerosos cuerpos, entre los'que se contaban de la sola
provincia de Cochabamba 5 6 6:0 cabillos. Se iba apoderan-
po al mismo tiempo de los puntos principales .de Ja linea de
ambos vireinatos ; había tomado ya el estrecho de Ticüina i
los altos de Larecajáí Omasuyos, que confinan ,con la pro-
.víncia de Puno por la parte del Este; se .habiahecho due-
ño asimismo de los pasos del ríoedel Desaguadero , cerca de
los pueblos de Jesus i San Andres de Machaca, iaun-se es-
tendian sus partidas hasta las faldas de la cordiU~rad&la;~
ta , con cuyos pueblos i por su conducto, estaba eueornuní-
cacion con-Arequipa, en .cuya capital' mas ;que en níngun
G1ro'pueblo delvireinato de. Lima se,h~it\-;S:e8tir la .fe~me.­
taeioh de las nuevas -ídeas•.... ' :. '.<;' .j , "


En el entretanto el acantonamiento de Cepita ,se asemeja-
ba ,á las fraguas de Vuleano , en las que los ciclopes america-
nos forjaban los rayos con los que su numen tutelar habia de
estermínar á los impíos. Todo era accion i yigor en aquel
acantonamiento; á todas horas se oían resonar' las voces mar-
ciales para comunicar la. disciplina é. instruccion; portod:I¡
partes se veian grupos de tropas i cuerpos .enteros haciendo
evoluciones militares i simulacrosde p~t(l,llas., Era grande l~
competencia que el gefe habiasabido introducir. en las tres
armas; i dificil de resolver cual de ellas desempeñaba con
masacierto é inteligenCia sus- maniobr~.,ElI!ú~ero" de 10&
iidividuos que las manejaban pasaba de B~: el tren ,se com...


39'




182 pf.n(:: 1811.
p6niade 20 piezas de á cuatro, S de ellas volantes con 'so-
brados repuestos de municiones.


Increíble parece que en tan corto tiempo hubiera podido
wrganízarse un ejército tan brillante: se componía en su ma-
yor parte de cuzqueños i de algunos habitantes de Arequipa
i Puno. A falta de, cuarteles estaban aeampadoe en tiendas de
Cll.IÍlpálla .!ldbnl· unterreno hdmedo i en la estacíon .rigurosa
de las lluvias i tormentas; pero á pesar de Citas desventajas'
no hubo enfermedadeS"en aquel ejército, ni faltaron víveres,
ni escasearon los forrajes.


La vanguardia fuerte de 1® hombres, al mando del coro-
:nef Pícoaga , estaba situada en el Desaguadero, á dos leguas
de Cepita, apoyada en cuatro piezas de cañon para la defensa
del puente. En el. camino de la Paz se habia plantado una
batería con una gran guardia que descubría toda la avenida
de Huaqní, Otra avanzada cubria el costado derecho de esta
pósicron es el cerro dé San Andres, desde donde observaba
los: campos de Machaea. Er'Cuartel general, que se hallaba en
Cepita ;t~riia- su frente defendido por la Laguna, - i su iz-
qok:fda.por la- península. de Copacabana, que hace el estre-
cho de: 'Dcüina, el cual era guardado por el eseuadron de
dragones de .Chumbivi1cas· que ocupaba el pueblo de Yunguyo.


- HalIábase ya el ejército del Reí en estado .de operar.cfea,
sívamente, cuando receloso el ayuntamiento de Lima de los
resultados de la lucha que iba á emprenderse , se dirigió á la
junta de Buenos-Aires, comunicagdo el aspecto favorable' que
habian tomado los negocios públicos, i la lisonjera perspecti-
~ de Sil pronto arreglo, segun avisos de los diputstíos ameri-
-cllD9sm' láS:'OOrt8iHISpatiolas, acompañando copia de las once
eélebms propO!liciones qee aquellos hebían. heebo al congruo
en 16 de diciembre del aiío'an't61ior. Invitaba'4:on- este JDQ-
fiv()al representanteCastelll ~.suspender ·laa. hostilidades 11$-
ta-quese hubiesen probado los medios de aanjar aquellas di-
krenci!uJ.
,. _. - Esta&negedacione9,fueron tomando bastante peso;. ~ '11e-
Cd :í fijar en }ti de JlIlí.yo un armiBtiCio de Cuarenta dias, que




-


}'Er.Ú: 1811. 183
firmó en l-,aja el coronel don Mariano Campero por parte del
general Goyeneche. ..Dicho armisticio, ratificado pér ambas
partes, fue remitido al virei inmediatamente con la contesta-
cion de Castelli al ayuntamiento, 'en la que faltando á los
términos de la urbanidad i decoro debidos á aquel cu~rpo, 1"
amenazaba con un tono imperioso sino se sometía á su partí-
lio sacudiendo la dependencia de los gohernantes~ealistai.


Estas impolftieas amenazas sirvieron para aumentar la vi·
gilanciadel*irei i la energía i decision del pacífico i honrad8
pueblo limeño .:Independientemente de lossacrificiospara sos-
'tener la autoridad del Rei contra los rebeldes de Quito, Chile
i Buenos-Aires, estaba ausiliando i manteniendo nna PJJ
parte del ejército del Desaguadero; i para dar el celoso é in-
fatigable Abascal mayores garantías á su cairsa, habia dedica-
do su mayor atención á fomentar en Lima el ramo de arti-
llería, cuyos adelantamientos, i aun puede decirse creacíoa,
se debió esclusivamente al brillante esmero de don Joaquín
de la Pezuela, entonces brigadier de dicha arma. Al mísme
tiempo creó el virei Abascal el regimiento de la Concordia es..
paríola del Perú, incorporando en él los principales .sugetoa de
la poblacion , para que repartidos con igualdad 10$ grados en-
tre patricios ~ europeos, .se formase una..,n~ri\Validad de
,illCrificarse .todos ante lis aras' deja 1JlQnarqllía'C8PaúQl.a."


.Al firmar -easteUi el armisticio nQ1~eJ.1IhiapNpnestomM
objeto que el de ganar tiempo paraterminarsus preparativos
guerreros i dar un golpe de sorpresa al ejército realista; iCQ-
U)O J.llegasen á este tiempo l~s papeles públicos de Buenos-Al-
.s que presentaban ya Iu Espaiiaatada al carro del VeIl~~,;l~
de Europa, pasó CasteHí á declarar la libertad americana en
Tiaguanaco á nombre de la soberana junta, contodas las ~i»­
.Iemnes ceremonias de pasesion formal, realieando este a~
sobre las ruinas i antiguos címientos de una de las casas qw:
se asegura haber sido de los .Inéas, Dispensó graci,as iprilli-
regios de igualdad aun á la casta de mulatos, habiUtand~Htt:;
tas fam,ilias para la obteneíon .de todo empleo,hopl)j:ifieo~,Jf¡i'~:i"I;
,iD. de entusiasmará~ indios en.su ellUaá'ákY~ta:A!HÜgJl-If,'-;',,',.


, . ' . ,( ... '
. ~/.


....


40J
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~,~" íA ,~,é.~


. ",~ ,t.~ < s-
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184 ]'Hú: I 8 1 J.
nos residuos, que todavía se conservaban de sus antiguos edi
ficios, les hizo una alocucion tan incendiaria como la del di-
vino Demóstenes al escitar los atenienses á la guerra contra


.Filipo. Todo pues anunciaba que Castelli estaba mui dis-
tante de entrar en términos de acomodamiento con las tro-
pas del Reí. Los libramientos que daba aquel revolucionario
para pagar los atrasos á fines de.junio en Puno, i las prome-
sas de conferir bien pronto los empleos que dejasen .vacantes
:h)g"rrealistas, manifestaban claramente el despre& que hacia
dpl armisticio firmado.


Con estas noticias vió Goyeneche la necesidad de prepa-
rarse al ataque, 6 de adelantarse á él para asegurar mejor el
éxito. Estaban distribuidas las fuerzas de los enemigos desde
Huaqui á Jesus de Machaca en disposición de ausiliarse (Jan
facilidad entre los tres puntos que ocupaban. La imponente
caballería cochabambina con algunos callones al mando de
Rivero estaba en Machaca, habiendo construido un puente
sobre el rio que divide ambos vireinatos para poder atacar al
ejército real por su derecha. En la quebrada de Caza al fren-
te del ejército, del que distaba cuatro leguas, i que formaba
un punto .íntermedío entre Machaca i Huaquí , habían situa-
do los insurgentes qp gran campamento á las órdenes de los
caudillos Viamont i Diaz Velez; i en Huaqui se hallaba Cas-.
telli i Balcarce con el cuartel general, gran parque, almace-
nes, i hospitales. Bien instruido el general Goyeneche de que
el enemigo pensaba sorprenderle el día Z 1 de junio, reunió
el 20 por la noche una junta de guerra á fin de anticipar el
rompimiento de las hostilidades. . '.


Digha es de .honorffica mención la gloria adquirida por el
general en gefe en aquella junta. Despues de haber probado
en ella la seguridad que tenia de que. el enemigo iba á echár-
sele encima inesperadamente, i de la mayor conveniencia
en salirle al encuentro para desbaratar sus .planes , halló al-
guna contr-ariedad en la mayor parte de sus gefes, no por te-
mor '6 cobardía, sino porque creian mas acertado esperar al
enemígo.easus posiciones, Lleno el general de aquel fuego




J'Enú:J81J. 185
eléctrico que comunica una viva accion á todos sus moví-
mientas, í arrebatado de su mismo celo al ver que no era se-
gundado con una pronta aquiescencia aquel plan, que aun-
'lue atrcrido , era el único que podía ofrecer alguna garantía,
de que un ejército de 89 hombres, cual era el suyo, pudiera
triJinfar de 189 combatientes de que se componía el adversa-
rio, supliendo con la celeridad de sus movimiento' i con lo
acertado de sus maniobras la diferencia numérica que existía
entre ambos; observando finalmente que su afable elocuencia
militar no hacia impresion alguna en los ánimos ~e dichos
gefes, se levantó furiosamente de su silla i ápostrofándolos
Con términos picantes, aunque no injuriases, concluyó por,
decirles con tono firme i asegurado.


reEs posible que den ustedes este pago~ su general l que les ha
" colmado de honores i di¡tinciones , que se ha desvivido por pro-
~ porcionarles toda clase de consideración é importancia, i que se
"ha anticipado á remedi~r aun aquellas urgencias que proce-
"dian del esiravio? ¿Quién hai entre ustedes que no haya es-
;, perimentado los efectos de micelo ? i ahora que los necesito
» ¿ llalla amortiguado aquel ardor bélico de que hacían vana
»ostentacion cuando estaban distantes del peligro r ¿ Cuando
~ el enemigo nos amenaza. con sus abrasadores rayos, veo con-
" vertido en tibie;za· i desconfianza aquel noble espíritu de de-
);cisión i arrojo, que JO me. he esmerado en .formn? Tantas
", promesas de sacrificarse todos por defender la vida de su ge-
»nerel , que está identificada con la causa dcl Rei ¿se desva-
»necen tan miserablemente en el momento en que yo apelo
"con mayor empeño al esfuerzo de sus brazos para dar un
»día de gloria á las armas de Castilla , laonrando sus sienes
"de preciosos laureles, de que se han hecho indignos con so-
"lo vacilaren lanzarse con ardor á tan gloriosa lucha? Pero
"á bien qu~ no necesito de gefe~ tan "'Poco decididos : corro i
"confiar-cl mando. de los cuerpos á los capitb.nes mas anti-
"guos; yo, sabré entusiasmarlos con mi decisión i ejemplo;
»ellosse harán dignos Je1 rango á que voi á elevarlos; ellos
".guirán ,~rrostr;lndo impávidamente la muerte ,,icuan-




\~\G 1'\1'<1:;: 1811.
"do vuelvan cargados de trofeos, verán ustedes en cada un ..
"de ellos un testimonio vivo de esa falta que han de llorar
" amargamente._"


La irresistible fuerza de este discurso se comunlM simul-
doeamente i con tanta rapidez al pecho de los gefes realistas,
que arrebatados todos de amoeíeatusíasmo, 'corrieron á atra.-
zar á su~eneral'pí"Orrumpiendo enlas &;presiones. maaenér-
gicas de ternura, í protestando su firme decísíon i ardiente¡
deseos de arrostrar los mayores peligrOiJ á las drdenes de un
guerrero tan esforzado, que encadenaba las voluntades coa
su mágico poder. 'I'al era la exaltación de dicho general que
'parecia que un genio sobrenatural dirigia sua acentos. Loo efec-
tos que produjo fueron tan prodigiosos que se escitó al últimQ
grado ~1 entusiasmo i empeño de todos los comandantes par:!
desvanecer con su heroica conducta WJalesquiera siniestra im-
presión que hubiera podido producir su primera repugnandl
á la ejecución de aquella atrevida empresa.


OCUpÓ8e el resto de aquella noche en la f~rmacion det
plan de batalla i en' prepararse para el combate. Al romper
el día estaban ya todas las tropas sobre la¡¡ armas i en el esta-
do mas brilla:ate de arrojarse al enemigo. Dejando Goyene-
che 2~ soldados al mando del coronel ;Lombertl lt la. derecha
del rio para contener á los cochabambinos i icubrir la reta-
guardia, emprendió la marcha con 621 ~ontra un formidable
ejército, que esperaba con su inmensa superioridad numérica
compensar la ventaja que le llevaba el del Rei en su mejor
disciplina i arreglo. Al cruzar Goyeneche el Rubic6n se vió
su ánimo agitado por las mismas fantasmas que despedaza-
ron el del iantiguo -díctador romano: ~ Si se pierde esta ac-
z cion, dedil. entre sí el general realista, oscurezco lagloria lb!
"mi patria, espongo estospaises á la dMolacioni estelllnini.
"del vencedor ;e8tese cebará en mi .sangre i en la de itodos
"mis amigos i farientes; la España perderá para sieftlpre tan
;, ricos dominios, serán talados sus campos, yacerán insepul-
"tos millares de víctimas de la fidelidad i de la constancia, i
"se sentaré sobre sus minM el trono de la impiedad i~ ~


J




HR1': 1811. ¡8-
I


NlevasfacÍoll. j Infeliz patria! Tu salvación ó tu eterna ruina
'"va á firmarse dentro de pocos instantes; mis fuerzas desfa-
»Ilecen i mi ánimo decae al solo pensar en la posibilidad de
"que el Dios de los ejércitos me abandone en este crítico mo-
"mento ~ i permita por sus incomprensibles juicios que des-
z apareaean de estas regiones la paz i la felicidad."


Terminado este soliloquio, hizo el último esfuerzo para
que su ejército no echase de ver su agitacioné impaciencia.
Revistiéndose de una firme serenidad, ca[>az de inspirar con-
Sanzaaun al ánimo mas abatido é irresoluto, empieza á dar
las ótdcnes·con el mayor acierto, infundiendo con ellas nue-
vo'ardor én el pecho de sus subalternos, El segundo en el
mando, dQP Juan Ramirez , tomó la dirección de Jesus de
Machaca con los cuerpos Paruro, Paucartambo , .Abancai~
escuadren de caballería de Arequipa i cuatro piezas de ar-
1illería. El general en gefe tomó la izquierda de la quebrada
de Caza á fin de posesionarse de los llanos del Azafranal, te-
Iliendo á Sus órdenes inmediatas los batallones de Cuzco, Pu-
no, Real de Lima, un escuadran de .Ia caballería de Tinta:,
los dragones de BU escolts , la compartía de ganadores i otras
Cuatro piezas. El centro era mandado por don Pío Tristan
eon dos batallones, •


, .Al de~lega" el enemigo sm flierzas no había punto en' el
dmp6'~rti~'1\O .uvi~ bien éilbierto i reforsado,' Serian 186"
d\re\'O de la JiUlÍJana cuandoel co-ronel Ramíres :descubrid á
lOIl iIl8Urgentes flanqueados por la cabeza saliente del cerro
blanco; á pesar de su posícion desventajosa ~ se empeño en la
sccíon, i sostuvo con impavidez el vivo fuego de fusil i de ar-
tillel'fa de aquella division que trataba de abrirse paso por la
:Wfétida.qtaebrada de Caza. Sobre e1camino de Jesus de Ma-
chaca' se habia roto tambien un fuego vivísimo diríjíendo los
insurgentes todos 8US conatos á ganar el puente viejo que con
tI mayor tesen era defendido por los realistas.


.La accion se había hecho general á las diez de la mañana,
'Atdiad campo en todeadireccíones, "na densa nube de hu-
ÚIO oonltaba anabOl ejércitost todo¡ peleaban sm verse i sin




188 n:n(': 1811.
saber cual sería ,el resultado de aquella sangrienta batalla. La
cabaIIeria. realista había empezado á desordenarse cuando una
sensible i elocuentísima reconvencion del gefe la hizo volver
á sus posiciones, formando desde entonces una columna de
bronce en la que se estrellabantodos los esfuerzos contrarios.
Se disputó el terreno con el mayor ,encarnizamiento. Acosado
el general Ramíree porfueezas muí superiores haciaheróícos
esfuerzos para sostenerse; ,


Ya i este tiempo se habiaempeiíado Goyeneehe en él ca-
mino de Huaquí, en el que le esperaban los enemigos p/ote-
gidos por una buena posicíon , sobre la que habíari·colocado su
artillería: habiéndose adelantado hasta medí. tiro de fnsil., i
observado que los fuegos contrarios llevaban Ul}Jl direccion
muí elevada, permanecirí.dos horas en aquel descubierto para
ver si podia forzar las trincheras enemigas; mas fueron inúti-
les sus esfuerzos hasta que el mayor general 'I'ristan tomó las
alturas que flanqueaban al enemigo, i lo atacó desesperada-
mente al mismo tiempo que tres comparüas sueltas de la di-
visión principal avanzaban por el centro, i que el general en
gefe con el resto d~ la tropa, en columna entraba por, la len-
gua de tierra de la íequierda, La caballería de los insurgen-
tes salió á dar varias cargllltpero fue siempre arrollada. Vien-
do ya BaIcarce la disputada posición en poder de 'I'ristan ~ i á
la columna de Goyeneche, que formando un muro impene-
trable iba á atacarle de frente ~ abandono aquel punto con el
mayor desorden , i fue perseguido hasta Huaqui, en cuyo
pueblo entraron triunfantes las tropas del Reí.


Ramirez por su parte se cubrió de gloria en los vigorosos
ataques que sostuvo contra Viamont i Diaz Velez, á los que
puso en desordenada fuga, tomándoles dos obuses ~ ~'S,~tUe:­
brinas , cuatro píeeas -de campaña i todas SU!! tiendas í cam-
pamento.


Cay6 en poder de las tropas realistas en esta ilustre jor-
nada todo el cuartel general de CastelIt, su artillería, 280
eajones de pertrechos ;1IfIn armamento inmenso, sus 'hospita-
les, 250 prisioneros, numerosos acopios de víveres; i final-




l'En. : 1.3 I l. 139
mente cuanto poseía aquel ejército orgulloso, que dejando el
camporegado de fusiles i cadaveres c huia preeípítadamente
sembrando el terror i el asombro por Idas partes.


Un triunfo tan brillante, conseguido -sobre un ejército
tres veces mayor en número, con pérdida muí corta de 1~
tropas del Rei , fue recibido en todos los pueblos del vireina-
to de Lima cea los maY6res -traspo.rtes de alegria i placer.
El repique general de campanas, los divinos cánticos entona-
dos simultáneamente en todos los templos, las fiestas püblí-
cas celebradas para solemnizar tan fausto aconteeimiento , las
medallasacuñadas en honor del vencedor de Huaqui, J el no-
hl~ título que sucesivamente se le concedió de. condede lIquel'
punto, ton ótros tantos testimcnioss de Ja importancia de 'la.
batalla.


Esta fue -eon efecto decisiva. El Perú se hallaba al
borde del precipicio: Goyeneche lo salvó. Se reanimó el espí-
ritu abatido de los realistas, i se aterraron los orgullosos re-
volucíqnarios. La inconstante fortuna, que les había sido pro-
picia hasta entonces, trocó en esquivez su misma prodigalidad.
Desde este momento quedó asegurada la opihionmilitar del
se~or Goyeneche, i la revolucion fue ocultando sn ca-
beza en sus mismos descalabros. Iacreible vpárece -. que
UWl aecion tan brillante como la de Huaqui ,hubiera sido
compra~ con tan poca saugre : este favorable resultado se.de-
bió esencialmente á la impericia del enemigo en dirigir sus
fuegos; i su horrorosa mortandad al mejor tino i mayor sere-
nidad de las tropas del Reí.


Las cuadrillas de dispersos comenzaron á entrar en La
Paz desde el amanecer del dia 2 1 , comunicando á los rebel-
des el desaliento i la desesperacioa, Fuese porque el mied8 les
hubiera hecho engraadecer los peligros, ó porque 'entraba en
el plan de los revolucionarios desacreditar al general en.gefe
realista, era este pintado con los colores mas horribles, i de-
signado como un tigre sediento de sangre que no se saciaba
siJw>~ertiendo la de todas aquellas poblaciones que habiad' to-
.ma.do parte en la insurrecciono El gobernador don DpmiIfge





t qo FliRT'r: 15¡ 1 •
T~istan, que habíasido eoaservado en el mando por las tropas
de Buenos-Aires, dispuso evacuar la dudad con los caudales
públicos; la mayor pa1te del vecindario se preparaba asímis-
roo á abandonar SUs hogares ; todo era confusión i desorden;
la tnd6mita plebe, que tanto abunda en aquella ciudad ~ 101>
indios desU's l!uMrbíos, i algunos dispersos de los mas desal-
madosse desenfrenaron á la sombra de la anal't1nía; í capita-
neados por alguÍ'lOS indiDs mestizos, se derramaron por Ias
callesfuríesameute en busca de europeos Con el objeto de sa-
crificarlos á Sil saña i venganza.


De los cuatro colegas que tenia Tristan 'en la junta de go-
bierno, soló habían quedado en sus casas el marques de San
Felipe iel doctor don Jos~ Landaberi , ambos sugetos' de pro-
bidad i mas adictos á la cama del Rei que á la junta, en la
que si habían entrado como vocales había sido con el lauda-
ble fin- de templar la violencia de SIlS medidas, ide ser los
pretectores de Ios perseguidos emopeos.
-GóIitihnando ambos en el desempeñe de sus funciones aun


enI'Itedio de la confusión i desórden que se había illtrodu~idt)
de!de'}a &i'reitll de Huaqui , determinaron no alejarse un ins-
tante de las casas consístoríales, en-donde la desenfrenada ple-
be iba depósitabllo tÍ los afligidos realistas. Temiendo el mar-
ques de SUB Felipe Iasuerte fatal que les esperaba, lesfaci-
litó la fuga, pasando :pore! interior del edificio al contigue
templo de la c3tedral.Echando de imenos los conjurados SllS
víctimas, se arrojaron como tigres COntra este generoso protec-
tor, i le dieron una muerte barbara é inhumana. Igual !lu-
oria sido la suerte-delIionrado Lllncliberi, si Ia facilidad de
eeplicarse 'en el idioma 'indio, i supartícular conocimiento con
Ies pritJé'ipaiescabeciUas 'no hubieran ablandado su irritación.
na%~gada delceudíllo Jlliverb con':>00cochabambinos , i la


dealgohos oflciales de Buenos-Aires, contrihuyó poderosa-
mente ·á enfrénar-aquélrebloéo populacho, si bien fue preci-
so hileet 'tbooviaa}gun sacrificio para contentarlo, El gobcrna-
d6r TtiSfáll ,quehabia aliándonado la ciudad i se'hallaba á ~­
re 'leguas de'dis'taneí!l.)l'edhió una garantía 'por sudcslcal




l'EIlÚ: 1811. I~)l
conducta anterior, con la seguridad de continuar en el man-
do de la misma, á la que regresó á tiempo que Rivero la es-
taba evacuando á causa de las noticias de haber salido ya del
Desaguadero con dirección á ella la primera división delcjér-
cito de Goyeneclte.


Para destruir este general el injurioso concepto que se ha-
bia formado de él á instigacion de los malvados, que veían
en aquel ilustre magistrado un dique impenetrable á sus loca¡
pretensiones, publicó un manifiesto lleno de las ideas mas su-
blimes i generosas, que por la importancia de SUs fines i bri-
llantez de sus conceptos, nos ha. parecido oportuno insertar
en este lugar. re Soi americano, de alma sensible, apa5iónado
"con ternura ,{ mis paisanos, tan benigno despues de 'haber
;, vencido como terrible al acometer á mis enemigos. He llo-
"rada sin consuelo los peligros de la patria i la suerte funesta
"de BUS pueblos e~clavizados por el engaúo i por la fuerza.
~,En la mano derecha llevo empuñada la espadavengadora
:1 de la justicia para estermiaar á los proterros , i en ll,l iz-
» quierda enarbolo el ramo pacífico de! olivo para perdonar á
"los desgraciados, á los débiles, i á los alucinados por fala-
"ces opinioncs."


A pesar de los execrables manejos de los revolucionarios
para conservar el horrible fuego de la sedicion en las provin-
cias del Alto Perú, iban estas cediendo á la impotencia de
sus esfuerzos, i aun mas al desengarlo fatal, de que no era
posible hallar la felicidad por la vía del crimen.


La Paz había sido la primera en enviar diputados parll
solicitar la clemencia del vencedor, quien concediendo á aque-
l1osindómitos habitantes mayores gracias de las que podían
esperar, hizo su entrada en ella con 1500 grall.aderos en B
de julio; i después de haber arreglado la admin'stracion pú-
blica, le dejó una competente guarnicion i continuó su mar-
cha sobre Oruro i Cochahamba.


• En medio de las victorias que ganaba el general Goye-
'fleche con su espada, con su pluma i con su espresiva elo-
cuencia. i sagaz política, supo el movimiento revolucíoaarie




.;92 n:r.il: 181 l.
que babia estallado en Arequipa su patria por seducción de
varios agentes, qpe. habianíntroducído en aquella ciudad los
rebeldes de Buenos-Aires; pero su corazon no pudo estar an-
gustiado mucho tiempo por tan inesperada noticia, pues que
apenas ll€gó el conde de Casa Real é informó á los habitan-
tes de aquella ciudad de los inmarcesibles laureles con que
babia ceñido su frente enHuaquiuno de sus mas ilustres hi-
jos, el aparente i venal entusiasmo por la junta i libertad,
fue convertldo en cordiales vivas al Monarca español i al di-
cho general Goyeneche.


No, bien había trascurrido un mes desde la derrota de
Huaqui , cuando alguaos- de los mismos caudillos pudieron
reunir parte de las reliquias de su ejércíto , i sublevando la
Indiada, procedieron á sitiar la espresada ciudad de La Paz
en el mes de agosto. El versátil don Domingo 'I'ristan , que en
esta ocasión obraba con sinceridad en favor de la causa del
Rei, se apresuró á dar parte de aquel alarmante suceso tanto
al general en gefe Goyeneche, como al comandante del Desa-
guadero don Pedro Benavente; i sabiendo que estaban tarn-
bien alzados los pueblos de Calamarca , IIayohayo, Sícasica i·
demas de la carrera.de Cochabamba.; despachó orden al mar-
ques de.Coehan , que había salido con 160 fusileros á incor-
porarse con el ejército, para qne se replegase á La Paz, en
donde serian mas útiles sus servicios. A pesar de las vigorosas
medidas para poner aquella ciudad en estado de defensa, cor-
taron mui. pronto los rebeldes. su comunicacion , haciéndose
dueños de todos los caminos de correspondencia. Soldados i
habitantes rivalizaban en esfuerzo i decision para salvar aque-
lla ciudad del hraso devastador de .las furiosas masas,


Algjmos _de los pazeños creían sin embargo que limitando:
los euemigos~su encono ácia los partidarios del Rei , serian-
respetados por los indios los que no participasen de aquellas
ideas; i por esta falsa creencia se enfriaron en sostener una
causa ~ de cuya pérdida creian no podria resnltarles el menor
daño. Prevaleciendo entre ellos esta fatal opinion, se resol
~iel'On dos habitantes del partido de Larecaja á retirarse á




J'I:l\ L'; 181 I . 193"'
.'11., casas con salvo conducto de los comandantes indios; pero
j cuál fue la sorpresa de la- poblacion cuando á mui poco
tiempo de su salida vieron clavadas sus cabezas en los pilares
situados en los altos de aquellas inmediaciones! Ceso desde
entonces aquella funesta confianza que había puesto la ciu.-
dad de La Paz á la orilla del precipicio; i lo que acabó de
comprometer á todos indistintamente por rechazar los impe-
tuosos ataques de 103 rebeldes, fue la noticia de haber sido
sacrificados inhumanamente en el pueblo de Sicasica otros va-
rios sugetos naturales de aquella ciudad, á pesar de ser cono-
cidos por los indios, de hablarles en su misma lengua, de ha-
ber pertenecido á las tropas de Buenos-Aires, i de haber sido
los muelles de aquella conmociono


Este violento i mal calculado proceder de los indios salvó
dicha ciudad de 108 horrores que la amenazaban: todos pues
juraron sacrificarse en su defensa; hasta la misma chusma
provista de lanzas i de algunas armas de fuego ausiliaban la
tropa veterana, i á los cuerpos voluntarios en las salidas' fre-


Cuentes que hacían contra el enemigo. Eran yaclos últimos de
agosto, i la ciudad se hallaba en' el mayor lIJlur.o desde qU6
aquellas hordas sublevadas habian destrozado un destacamen-
to de las tropas del Rei en el estrecho de 'I'icuina , apoderán-
dose de todos sus fusiles i de cuatro piezas, con las cuales ha-
bian comenzado á batir aquella desgraciada población.


El general Goyeneche tenia demasiado empeñada su aten-
cion contra las tropas de Rivero i Diaz Velez , que le espera-
ban cerca de Cochabamba, para que pudiera acudir al socor-
ro de La Paz. El coronel don Pedro Benavente , bizarro ofi-
cial que había acreditado su valor desde la revolución general
de J 780, sin embargo de tener qu e cu brir les importantes
puntos del Desaguadero, para 10 que ~enas" bastaba la tropa
que tenia á sus órdenes, se resolvió de acuerdo con el gober"
nador de la provincia de Puno á destacar una pequeña diví-
sion en ausilio de los sitiados. Noticioso al mismo tiempo el
infatigable virei Abasca} del alarmante estado de los negocios
por aquella parte, enmedío de los inmensos cuidados que le.




I 9!~ 1'1:1;ti: I O1 1 •
.rodeaban ~ despleg6 Id mar.;»t el1ergíjl para que el brigadier in-
dio don J.tlateoPtllD"C~l.ia. , cacique del pueblo de Chincheros,
juutamente con el de Asángaro j Asilla en la de Puno don
MlUlUel Choquehuanca , levantasen de cuatro á cinco mil in-
lJiós, 'lue apoyado! por algunoa fusileros i piezas de campaña,
pacifícasen íÍ t0008 los de Sil casta.


Mientras que S6 tomaban estas activas providencias quo
inticaban el terrible estado de agonía en que se hallaba la
ciudad de La Paz, i el desorden i confusion que reinaba en
aquella provincia, se iba preparando el esforzado Goyeneche
para dar la batalla de Sipesipe, que había de dar nuevo realce
á la gloria de Huaqui, Antes de proceder á ella había agota-
do el gefe realista todos los medios de la prudencia i del ex-
horto para hacer deponer las armas á los despechados reyolu-
cionarios. Sus arrogantes respuestas á las negociaciones enta-
bladas pan ahorrar la efusión de sangre, i que por aquellos
delirantes genios eran interpretadas como signos de flojedad i
cobardía, hicieron ver al ejército realista la necesidad de acu-
dir á la espada para dar peso á BU raciocinio. Sin conceder
Goyeneche á BU ejército el descauso que necesitaba después de
una marcha rápida, en que superando todo género de fatigas
habia logrado franquear escabrosas montañas , intransitables
gargantas, i horribles precipicios, asomó en la mañana del 13
por la elevada altura de erres cruces que domina la. llanura del
valle de Cochabnmba. El brigadier Ramirez , que se hallaba
á la vanguardia , fue el primero que descendió la cuesta con
los batallones del Real de Lima, IJaruro , i algunas guerrilla.
con el apoyo de seis piezas de campaña. El general en gefe
mandaba el centro, í el IDllor general Tristan dirigía la re-
taguardia.


Un ejército de 12~ hombres cual era el de Ios insurgen-
tes, los mas de eaballerta , apoyando su frente en el río de
Amiralla i su retaguardia en elevadas montañas, con partidas
tDui gruesas destacadas en el pueblo de Sipesipe , habría arre-
drado á cualesquiera otra clase de tropas que no se hubieran
ya aooatumbrade á medir IlUS esfuerzos por la vara de 103 tro-




F'l\Ú: 1811. 195
piezos. Eran ya las tres i cuarto de la Urde euando el gene-
ral en gefe pudo reunirse con Ramirez. La aspereza del des-
censo de aquella montaña no habia permitido que negase te-
davía 1a retaguardia ni la caballería; pero ansioso el gefe rea-
lista por ceñir su frente de nuevos laureles, determinó dar un
ataque brusco á la bayoneta para apoderarse del pueblo de
Sipesipe, en cuyas avenidas se había roto ya un vivo fuego de
artillería. El enemigo no pudo resistir la violencia de esta car-
ga, i quedó forzada su primera línea. Replegado á otra posí-
cien mas dominante, á. vanguardia de su ejército, fue atacado
este punto con igual tesan, i forzado con la misma felicidad,
á pesar de sus bien dírijidos fuegos de artillerfa que fueron
contestadoscon viveza por las baterías de los realistas.


Reeurriendo entonces el enemigo á hacer uso de" toda
sucabnllerfa , en la que estribaban sus principales .esperanzas,
se dividió en dosgrandes columnas por derecha é izquierda
para eortarpor retaguardia al ejército del Rei; pero fueron
tan acertadas las maniobras del general Goyeneche, i tan rá-
pidos los despliegues de sus impavidossbatallones , que ataca-
das aquellas tropas con el mayor denuedo por todas partes, se
entregaron á una fuga desordenada favorecida por la oscuri-
dad de la noche , á laque debieron su salvación. Fueron los
principales .feos de -esta insi[ne victoria 13 callones, un obus,
una. 'bandera., 7~sioneros, i 600 .muertos que se hallaron
al día siguiente tendidos en el campo.


Ya desde el principio de la accion se había retirado el in-
surgente Rivera, que era uno de losgefes que la mandaban:
el otro caudillo Diaz Ve1ez se fugó por el camino de Clmqui-
saca, desengaíÍ¡r<!b con esta nueva derrota de la inutilidad de
sus esfuerzos para sostener su moribunda causa. Cie~to cin-
cuentamil pesos que le enviaba 'la ciudad de Potosí para el
pago de sus tropashabian sido sorprendidos en Misque por el
actual brigadier don Sebasrian Henavente, i iañadleron nuevo
lustre á aquella jornada.


Precedido Goyeneche por la vocinglera fama de sus ilus-
tres acciones, hizo su entrada solemne en ;{)jchabamba. ofre-




196 HI1Ú: 1811.
ciendo un perdou general aun á los mismos corifeos de la re.
volucion ; i para dar Un'! prueba luminosa de la nobleza de
sus sentimientos i de la sinceridad de sus promesas, confirió
el mando de uu 'cuerpo de caballería al mismo cauelillo Rive-
ro, causante de aquellos desórdenes; proveyó los empleos en
hijos del país; puso en libertad a todos Ios prisioneros de la ba-
talla ,i tuvo 'Ia esplendidez de arrojar dos mil duros desde los
halcones de su residencia en señal de la feliz reconciliacion de
los partidos. llevando asimismo el doble objeto de ganarse .el
amor i confianza de aquellos habitantes con estos actos de
popularidad.


Luego que dicho gefe hubo organizado la provincia de
Cochabamba , dispuso que los coroneles Astete i Lombera sa-
liesen 'con sus dos divisiones á contener los partidos de la espal-
da i abrir las comunicaciones con la Paz. El esforzado Be na-
vente, padre del ya citado, se habia adelantado desde el Des-
aguadero en ausilio de la mencionada ciudad, i su aproxima-
cion había sido anunciada por sus mismos triunfos conseguidos
sobre una partida de insurgentes que se había apoderado de 50li>
mulas del ejército realista, las que rescató con muerte de algu-
nos de sus conductores. Continuabaelicho Benavente sus incur-
siones sobre el enemigo, i -mientras que en el campo de éstos
se celebraba con algazara el sacrificio de alguna v~tima espa-
ñola,cuyas palpitantes entrañas recreaban.jvista de aquellos
feroces caribes , iba causando diarios descalabros en sus infor-
mes masas, .llegando á tal grado su varonil esfuerzo, que en
una sola batalla que dió á esta desordenada muchedumbre
mató é hirió lilas de IOOJ hombres. Al favor de estas ven-
tajas había podido penetrar hasta la misma c1bdad de la Paz,
é .introducir algunos víveres de que empezaba á escasear; pe-
ro no siendo sus fuerzas suficientes para desalojar á los ene-
migos de las respetables posiciones que ocupaban, se situó en
un alto en el camino real de Lima, esperando nuevos refuer-
zos para dar el último golpe de desconcierto á las esperanzas
de los malvados.


Habiéndosele reunido en este punto los 20 hombres del




['Ene: r81 l. 197
ejército de Goyeneche , se pusieron sus gefes de acuerdo- coa
Benavente i Tristán para dar un ataque general á los indios,
que á su llegada se habían situado al otro lado de la ciudad
en el cerro de Pampajasi. Aquellas posiciones tenidas por im-
penetrables á causa de lit escabrosidad del terreno i de la es-
trechura de las sendas que conducen á su cima, fueron fol''';
sadas con la mayor facilidad l i libre ya desde este- ínomento
la ciudad de la Paz, tomaron los g'efes realistas diferentes dí.,.
recciones para esterminar á un tiempo todas la. partidas de
los insurgentes. Lomberaaalió para lo. Yungaa ¡.valles de
Caracato é Incuisivi; Benavente para Omasuyos .i. Larecaja, ~
Astete para Pacages i Sicasica, contribuyendo al-niismó,tiem":
po á restablecer la pública tranquilidad los eaudilloa PUlna..
cagua i CllOquehuanca, que ya á fines de octubre se habiau
situado á esta parte del" Desaguadero con sus partidas de in-
dios animados del mejor espíritu por la causa del Reí,


Aunque se hicieron varias prisiones en La Paz, i se -impu-
sieron algunos ejemplares castigos sobre aquellos indios i mes-
tizos que habían cometido mayores escesos , habían .quedado
impunes sin embargo muchos de los .revoltosos á.-~usa:_ de.ld
complicado de. las circunstancias que no.permitían desplegas
todo aquel carácter de dureza que serequersa para.estermínar
una revolucion t..sangnenta en que .seveia envuelta .una
gran parte d¡la pllovi_d\i¡í. Its-que La Paz conservó siem-
pre encubierto en sus'cenísas eh-fuego de la reb,eJdía;. iaun..
que cediendo á su forzada posicion , cóacurrían todos los par.
tidos con donativos i préstamos para sostener el ejército del
Reí, vacilaba la opínion , i se inclinaba mas bien á la causa
de los ínsurgentes , habiendo quedado todavía en el partido
de Larecaja .i en algunos valles del de Sicasica i Aropaya gro..
pos de despechados que servían de apoyo á los descontentos,
i agitaban sordamente el país,


No era menos apurada la situación de los insurgentes en
las demas provincias. Apenas se divulgó la noticia de la victo-
ria del ejército real en Sipesípe, tomaron sus gefes las ma, re-:
telvl1das ~edidai para evacuar áChuquiaaca iPctosí, !4.pri:'.


•p




J 98 J'llItT = 181 t.
mera de estas ciudades, que con tanta altanería hahia respon-
dido á las anteriores intimaciones def general en gefe ~ mudó
de lenguage é imploró su proteecion, luego que supo su mar-
cha acía aquel punto.


Potosí sufrió los mayores quebrantos, causados por las
tropas de Buenos-Airesen su retirada. Habia llegado á esta
villa Pueirredon con 200 hombrea que había sacado de ehu-
quísaca , apenas supo la batalla de' Sipesipe, Era su ánimo
apoderarse de todos los fondos de aquellas cajas antes de aban-
donar el pueblo á las tropas realistas, de cuya aproximacion
no se dudaba. Para que no se estrañase aquella dilapidacion,
hizo circular noticias fraguadas á su antojo ~ pintando el es-
tado de las armas de los rebeldes bajo un aspecto que daba
las mayores garantias, de que mui pronto volverían J tomar
la ofensiva, i á posesionarsede las posiciones que hahian debí-
do abandonar momentáneamente. Luego que hubo reunido
un número. considerable de' acémilas, cargó en ellas toda la
plata í oro que pudo, i que ascendió á 6009 pesos, dejando
todavía 30o~ por. falta de medios' de trasporte; i dando á en-
ténder-Jahpueblo ~ que otros fondos se invertirían en levan-
tar nuevas-tropes-con las que volvería mui pronto á recon-
quistar aquellas provincias, emprendió precipitadamente su
marcha dejando á los potosinos en la mayos indecision i abatí-
miento. El comandante mulato Nogales; natural de Ia.misma
villa, que guarnecía el punto de Yocalla, distante once le-
guas, lleg6 al dia siguiente 26 de agosto á dar parte á sus
paisanos de la derrota que habían sufrido las armas de la pa-
tria en Sípesípe. Agitado el populacho con esta noticia, se
pu-so en marcha cont.a Pueirredon, quien se hallaba ya fuera
del~lcan~pe isusitiros,"a ifavorl.de ,la. diligencia; t.actividad
que empleófm su retirada. .


Viéndose los potosinos tan miserablemente burlados por
10& huenos-aireños ~ enviaron diputados al general en gefe rea-
lístasometíéndose cordial i sfnceramente á su autoridad. Di-
cho.gefe hizo su.entrada.en. aquella villa á mediados de se-
tieJl~bfe derramando sobre 8US habitantes 198-' mas· generosDs




PRRIÍ: 1811. "'99
dones de 'dulsura i bondad. Yaá este tíempo-habíanfrsn,
queado todos los gefes de Buenos-Aires la línea que divide el
..!lto Perú de aquel vireinato; i conigual felicidad habían salvado
los despojos i rapiñas de los pueblos, á los que· habian veni-
do á defender. Tal vez habria sido muí diferente su suerte si
un vecino de Chichas, á quien se dirijió el general Goyene-
che despues de la batalla de Huaquí , dándole parte de aque-
lla ilustre jornada, i de las medidas que convendría adoptar
para completar su triunfo, no hubiera comprometido con su
imprudente, aunque leal conducta, la autoridad del subdelegado
.de aquel partido, que estaba proyectando diestramente un al.
zamiento, que deberla reventar cuando los desprevenídos cau-
díllos fuesen á cruzar por aquel punto en BU retirada á lag
provincial! de abajo..


Dueño ya Goyeneche de aquellos paises,situó una de BUll
divisiones en Tupiza, i cuando se trataba de reforzarla para
que continuase sus marchas contra Jujui i Salta, á donde se
habían replegado los prófugos con el fin de reunir sus fuer-
zas dispersas, i organizar un-nuevo ejército, se recibió la no-
ticia de una conspiracion formada en los valles de Clipsa i
Tarata de la provincia de CoehabaUlba; á cuyo punto come)
el mas peligroso fue preciso dirigir la principal.atenoíon. Ape-
nas había, trucurrido dos meses desde que la inquieta ciudad


" de Cochabamba había pronunciado solemnes juramentos ae
fidelidad al Monarcaespaiíol, cuando la interceptacion delas
correspondencias, i las tropelfas i vejaciones contra el descui-
dado pasagero, anunciaron la mala fé de aquellos pueblos,
los que quitándose la máscara del disimulo, procedieron á res-
tablecer el gobierno revolucionario, apoderándose de. Ias ar-
mas i de la corta guarnicion quehabia quedado.


Para dar mayor impulso á la insurrccion, los directores
:de ella estendieron su maléfico influjo por las provincias co-
marcanas , i en particular por las de La Paz, Oruro, i par-
tido de Chayanta. A mediados de noviembre se presentaron
Ios insurgentes delante de la villa de Oruro con cuatro ó cinco
mil hombres, entre los que le contaban 2 SO ~ileros ·.e..ñAAdo




tO~ < J'nú:t811.
montados los damu i provistos de lanzas ~ sables i de cuantas
armas pudieron haber á las manos. Su corta guarnicion man-
dada por. el eor.oneI don Indalecio Gonzalez de Soeasa hubo
de reconcentrarse en la plaaa, desdecuyo punto rechazó aque-
llas informes masas,~iIas obligó á retirarse en el mayor des-
órden· I éoníusiori;,) .


. .Se'baHaba,a; .esh: lazon~eil' la Paz. el 'coronel Lombera
• • J •


ron :200. éaballosi 900 infantes. Elai'ribo al mismo. punto
· del coronel Astete con su division produjo una total des-
avenencia entre ambos gefes sobre el mando de aquella


· fuerza j, i· aunqriese declaró oportunamente que corres-
pondia al primero, no se reconciliaron por eso los ánimos con'
Iadehida.sinceridad , i se resintieron' por lo tanto sus opera-
ciones de aquel espíritu de discordia. Lucgo que se hubo re-
unido con estos gefesel coronel Benavente, se forjaron nuevos.
planes para sofocar el fuego de la rebelion. Lombera sali6
para 'los valles de la provincia dejando por todas partes seña-
les de los buenos efectos de aquella correría. Benavente se bao
tió con un trozo formidable de insurgentes en las cercanías de


· la misma ciudad de La Paz; i despues de haberlos derrotado,
i de haber pasado algunes por~lilsarmas\ se dirijió á Huacha-
cachí , cuyo pueblo i partido hall6 en' la mayor sublevación.


Arrebatado este gere por su mismo celo, i lleno de irritacíon
al ver el ningu:n escarmiento de los rebeldes ~ quienes á la


· sombra de laescesiva clemencia del vencedor, maquinaban
los planes de infidencia ~ er.eyó era llegado el momento de
desplegar un carácter de dureza i severidad que dejase im-
presiones permanentes de la suerte qucdebia prometerse to-
do el que despreciando las lecciones dictadas por la dulzura i
el exhorto provocase.Ios medios. del rigor para ser contenido.


Por mas tercos i obsdnades-que estuviesen aquellos pue-
blos, no podemos aprobar el sacrificio de mas de 3~)Yíctimas\
ejecutado en distintas ocasiones por este gefe realista, aunque


: todas ellas mereciesen. aquel castigo por su rebeldía i crimina-
lidad; Hubo al mismo tiempo algunos otros comandantes que
imitaron aquel-rigor en este teatro de sangre ; i .entre ellos




PIlr.Ü: 1811. 101
el teniente coronel don Agustín HuiCÍ: sentimos verdadera-
mente que estos lunares hayan empañado el lustre de tan
heroicas campañas (1).


No, es la copiosa efusion de sangre la que corta los des-
órdenes de un pueblo", sino la' oportunidad de este vio-
lento remedio. Las penas se imponen para escarmien-
to i nunca por venganza: algunos ejemplares castigos ~ acom-
paiíados con todo el aparato que impone al mismo tiempo
respeto i terror ~ pueden P!od~cir resultados muí favorables;
pero si al pueblo se le acostumbra á estos repelidos ensayos
de horror i muerte, llega aembotarse totalmente su sensibi-
Iidad , i á considerar aquel lúgubre acto como un paso de' la
quietud al descanso ~ ó como el término de sus padecimientos
i trabajos. Así hemos visto en todas Ias revoluciones, i aun en
la francesa, que tan presente podemos tener á la memoria,
correr á la muerte personas de todas clases ~ edades i sexos,
riendo, cantendo i celebrando como un triunfo su mismo
suplicio.


Otro de los inconvenientes que se toca en los planes de
derramar mucha sangre para sosegar las conmociones popula-
res, es el compromiso en que quedan infinitasfamilias, de ven-
gar los manes de sus allegados, deudos i parientes.


A pesar de la energía desplegada por los mencionadosge-
: fes, ausiliados por los esfuerzos de Pumacagua i Choque-
, huanca , que con su fieles indios se habían avanzado ácia Si-


easíea ~ no dejaban de hacer por eso frecuentes sorpresas los
insurgentes sobre las partidas sueltas, pasageros i traficantes,
á quienes robaban i asesinaban á título de realistas, infun-
díendo un terror general que ostruia el giro de unas proviIl~
cías con otras ~ i destruia su agricultura é industria.


(1) Fue ('scmab1e sin cmba:'¡;0 el rigor d~>pkgado por el có,ond Ilc-
n avente . l-abia {!'te rOfrido p!'h:kr'f~tTiS en una acclon nHIS de 7(l0 indios,
i á tudcs l"~ hahia d~do ~I iJi:kit de ínrlu]¡o. Estos ingratos se aparecieron
al (ha "fligllÍcnfe en mcc{io de las !ul'has, insultando groser-.ament~,;jsu hieu-


" hecho,,; ¡.qué e~t¡.aúo es., ¡mea, qll~ seprovocase su enojo cou exaltncioe'




so ~ PFRÚ: 181 lo
Esta clase de guerradesordenada j sangrienta era mui 'fa-


tal á las tropas del Rei: aquellos bandidss no presentaban nin-
guna batalla campal; pero talaban las haciendas i casas de
campo, i hacian que los empleados en ellas se les incorpora-
sen en sus desarregladas filas: cuando se veian hostigados, se


-retiraban á las elevadas cordilleras, i se colocaban en desfilade-
ros i qnebradas impenetrables. Su conocimiento práctico del


. terreno era su mejor defensa; i las marchas forzadas i contra-
marchas que las tropas del Rei teni:ui que hacer para alean-
.zarlos causaban mas bajas que sus mismos ataques..


De aquí provenia el aburrimiento del soldado i la deser-
cíon , cuyo mal era dificil corregir por el apoyo que para ello
prestaban los indios i cholos de los pueblos, i porque de que-
rer castigar con todo rigor aquel delito, se habria aumentada
el descontento í el número de los enemigos. Al favor de las
citadas ventajas se fomentabanIas gavillas de los revoltosos,
de las que se iba infestando el país, A principios de diciembre
se dejaron ver delante de Chuquisaca cuatro 6 cinco mil m-
surgentes mandados por el cabecilla Carlos Taboada. El bri-
gadier don Juan Ramirez presidente de aquella Audiencia sa-
lió con la tropa de la guarnicion contra dicha chusma, á la
que no pudo alcanzar sino subiendo á lo mas empinado do
los cerros por fragosos caminos, cortaduras i despeñaderos, en
cuyo tránsito sufrió las mayores penalidades; i aunque consi-
guió derrotarlos matándoles 70 hombres, fue poco decisive el
fruto de esta victoria, si bien tuvo la ventaja de regresar sin
lesion á la ciudad, cruzando por el partido de Yamparaes , de
cuya fidelidad se tenian justos motivos de desconfianza.


Cuando se creía que rfaboada no se hallase en estado de
operar despaes del golpe que le habia dado Ramirez , se supo
que se dirigia á Chuquísaca , i que otra espedícíon de cocha-
hambinos tenia en el mayor apuro al coronel Astete, arrin-
conado en Chayanta, escaso de víveres, falto de vestuario, i
sin fondos para pagar su división. De allí á poco se supo tam-
bien el cruel destrozo que los i,ndios habían hecho de una
.CQwpañía di granaderos que dicho Astete había enviado á




l'F.RÚ: I g, t , '03
Oruro para pedir socorros; de la cual, atacada en- el cerro de
Guamuni, tan solo cuatro ó cinco habian podido sustraerse
á la muerte.


En este estado' de anarquía se hallaban las provincias que
Goyeneche había dejado á su espalda; i como habia empeza-
do ya la....estacion de las lluvias, que dura desde el mes de oc- o
tubre hasta el de abril, fue preciso renunciar por entonces á,
la reconquista de la capital de.Cechabamba., que era el foco'
de la insurreccion del interior, ciñéndose aconservar con com-


o petentes guarniciones las ciudades de Potosí, La Plata, La,
Paz i la villa de Oruro , en tanto que el grueso del ejército
eubria las gargantas del Perú, amenazadas por las tropas -
de Buenos-Aires? que babian tomado nuevo aliento desde que
supieron la ínsurreccion que se había manifestado en dichos:
pueblos del interior.


Para contener la insolencia de los soldados de Buenos-Ai-
res, que mandados por Díaz Velez destruian las poblaciones-
de Chíchas , salió de Tupiza el brigadier don Francisco de Pi-
coaga el 9 de diciembre; i su primera avanzada descu-
brió el dia r r Ja vanguardia del enemigo, entre cuyas tropas:
hubo una pequeña escaramuza. No era el ánimo de:'Picoaga:
estender mucho su Iínea, sino descubrir el campo enemigo é
imponerle algun respeto, Ambas divisiones se acechaban sin:
que ninguno de sus gefes respectivos se atreviera á venir á
las manos. La del Reí apenas contaba 600 hombres, i la de
Diaz Velez tenia .desde eL'principiO -unos mil que sucesiva-
mente se fue engrosando hasta 1600. OonOéiendo el caudillo,
insurgente por una triste esperiencia la superioridad de las ar--
mas del Rei en arreglo, disciplina, i esfuerzo , confiaba el lo-
gro de sus triunfó¡,Ji:.1as;bien..~ la intriga, que al combate.


Viendo sin embargo que su adversario evitaba Iashatalla,
i que la posicion que ocupaba le era poco favorable, sabien-
do por otra parte que iba aquel á ser reforzado mui en breve,
quiso anticipar una accíon que le ofrecía toda la probabilidad;
de un feliz resultado. Estaba ya acordado que habia de darse'
I¡l día 29, cuando noticioso el gefe realísta de aquellos planes




."?o4 1'lmü: I~II.
hudó las esperanzas de los contrarios con sus acertados i opor-
tunos movimientos , tomando una fuerte posición en el pue-
blo de MJjo, desde la que desafiaba todas sus bravatas,


Irritado el gefe argentino al ver deshechos sus quiméricos
proyectos, determinó arriesgar la batalla á todo trance. Salid
de Barrios á la UDa de la mañana e.precedido de algunas guer-
rillas, las qne. principiaron un fuego de pretendida sorpresa,
que'füe correspendido con vigor por 'los prevenidos realistas:
estos se 'pusieron sin embargo en retirada con mui ipoca ;pir-
dida , i al día siguiente. acampó la vanguardia en Suipacha;
i el ejército insurgente llegó al pueblo de Nazareno, en don-
de tomó posiciono


Era el ultimo dia de diciembre cuando ambos campamen-
tos se hallaban el' uno en frente del otro con el río de por
medio, que servía de barrera, tan solo penetrable cuando mi-
noraba su caudal, lo que sucedía muí pocas veces en aquella
estacion , pues que las continuas lluvias lo engrosaban es-
traordinariamen.te.


Dejaremos en este estado los negocios del Perú, i pasare-
lIlOS á -FCQuer 'los demas Estados hasta haber trazado sus
principales SUOf:íiOI ocurridoa en este ano de I 8 1 l.


,\




:Jo:í
H1.\ n nn:nnH! '"\V1Jl\V,H \\ H n\/\íWHll:\Hn\\H.t\H\i\'Hl1'


CAPITULO XV.


ClIILE: 181 l.
. .


Instalacioti del congreso nacional de Chile. 1JiiCfJrdiai civi-
les llevadas '(í un estremo horrible de irrisoeion. J..,Aegada
de Carrera, procedente de Espatia. Malograda reaccion in-
tentada por don Tomas Figueroa. Fementida corresponden-
cia de los revoltosos con la Métró~oli. Errores de 10$ go-
bernantes de aquel/u época. Conspiracion MI 4 de setiem-
.bre dirigida par los Carreras. Reoolueion. del S de- $C-
tiembre elt la Concepcion: Decretos oioletuos de lOs nuevor
regeneradores. Guerra civil entre el partida de .R.rMa;r i el
1e dichos Carreras. Aparente recancdiacionde.le« dosfuc.,.
cienes. A1borot08 del 1.5 de setiembre• . Grt:aCion 'de un
triunvirato. Declaracion de la indepe'tttienei(J- absbllda de
la 1}-letr&poli. CMspiracil;n del 27 de nOfJitlnbra oouw
los ambiciosos Czrreru.


Verilic<ldaya la primera revoleoion de Cbi1e, se reunió
ú principios de 18 I I el congreso nacioaaJqtrehabia ;sido.de-
cretado en el año anterior. No teniendo enemigos que com-
batir, se dceÍicó toda la ateneion de lesrevoiueionarios .á dis-
putarse el mandc , i á. recorrer la .misma carrera de desordenes
que han sido tan comunes á tocios los estades de .América.


Apenas se jnstald el citado eongreso, fue cs:tingt.ticla la pri-
mera junta, i creada otra nueva, á la que fuec0nfi~do el po....
der ejecutivo, reservándose aquel la facultad de legislar. El
doctl>r Rosas" que había sidoel principal agente de l~ IJr~­
ros movimientos, i que era designado cerno ti gef-e: de aqllltl1
partido, perdió su influjo en estas delíberacioaes , i ae pW1iea-


42




206 CIlIL}¡; 1811.
do sobrellevar con ánimo sereno este primer golpe de ingm.ti>
tud á sus pretendidos servicio" se retiró á la provincia tic
Concepción con la idea de establecer allí otra junta ó gobier-
no independiente, que recibiese esclusivamente el impulso de
su genio.


Poco antes de la instalacion del congreso había ocurrido
un lance mui serio ,qur. estuvo para precipitar todos los pla-
nes de los sediciosos. Se hallaban de guarnicion en Santia-
go • tres compañías del batallón de veteranos de Coneep-
cion; cuyos soldados, por mas seductora que fuese la elo-
cuencia de sus oficiales, nunca pudieron adherirse á las ideas
de subversion i de deslealtad á la Metrópoli. Estando por el
contrario dispuestos á,emplear todos los esfuerzos de su brazo
en .obsequio de las Reales banderas que hahían jurado, se
exaltó su indignacion al último grado con la separacion de su
amádo comandante don Tomas de Figueroa, que bajo este as-·
pecto había sido considerada su venida á la capital desde
Concepcion , donde se hallaba la principal fuerza del citado
cuerpo, si bien aquella no habia tenido mas objeto que el
de visitar á su' familia que residía en este punto.


Sublevada aquella tropa i díríjída por un valiente sargen-
to, fue en busca de su comandante para que la guiase al con,
solado, donde suponia se hallaba reunida ¿a junta suprema.
No habiéndola hallado en dicho punto, pasó dicha columnu
á formarse á la plaaa , á la que concurrió mui pronto el ba-
tallon titulado granaderos de la Patria, alarmado del mis-
.mo modo que todos los independientes, por aquellos movi-
mientos que amenazaban la ruina de su vacilante partido.


Formados ambos cuerpos el uno enfrente del otro, entra-
ron sus respectivos gefes en varias contestaciones, de las que
resultó retirarse cada uno' de ellos á susfilas para sostener con
el fuego sus pretensiones. Como si una misma mano hubiera
dirigido el brazo de los comhatientes , los dos bandos hicieron
simultáneamente una furiosa descarga, i entrambos se disper-
saron al instante en opuestas direcciones dejando el campo lit:
hatalla en poder de los.muertos i heridos.




CllíL1<:: 18]1, 2('7
Si el comandante 'Figueroa hubiera desplegado en aquella


ocasión un espíritu mas atrevido i emprendedor, habría podi-
do hacerse duelo de la ciudad, ¡ tal era el desorden i la confu.
sion que reinaba en ella! pero habiéndose refugiado en Santo
Domingo, i faltando á los fieles soldados un gefe que los di-
rigiera, pues que el sargento que se había puesto á la cabeza
de los primeros movimientos, habia quedado muerto en la
plaza, se retiraron al cuartel, de donde al verse sitiados por
las tropas i paisanage, huyeron para Valparaiso , á fin de re-
unirse con otras dos compañías de su mismo cuerpo; mas al-
canzados en el camino hubieronede rendirse á las nu¡nerosa:o
fuerzas que cargaron sobre ellos; i su malogrado comandante
fue sacado sucesivamente de su asilo,'¡ fusilado.


AIgun tiempo despues de estos sucesos llegó á la capital
de Chile en ro de julio don José Miguel Carrera, hijo de un
negociante distinguido de dicha ciudad, que había 'servido en
España de sargento mayor en un regimiento de húsares. Este
hombre ambicioso, engreído con las riquezas i con el nombre
de su casa, i apoyado por dos hermanos igualmente empren-
dedores , habia manifestado. desde el principio q,n carácter de
predominio que anunciaba las terribles discordias en qne ha-
'bia de envolver aquel país. Hacie~do valer lo distinguido de
su carrera, sus conocimientos teóricos i prácticos, SU$ largos
viages, sus padecimientos, su arresto i persecucion en Cadie, i
los infinitos riesgos que había arrostrado para venir ~ dar la
libertad á su patria, llabfa adquirido tanto orgul1o, i obraba
en él con tan viva fuerza la idea de la superioridad de su mé-
rito sobrc cuantos habían tenido parte en los primeros ensa-
yos de aquella insurreccion , que alarmados estos con la irri-
tante tendencia del nuevo defensor, empezaron á mirarle con
desconfianza i con desabrimiento: aquel supo sin embargo
fomentar su partido, i dirijir Jí su antojo el curso de los ne-
{¡ocios.


El funesto triunfo conseguido por los facciosos sobre el
comandante Figueroa habia hecho subir de punto su altane-
ría i descaro. Era bien manifiesto que todas sus miras tendía"




.2o8 en1LE : 1 ~ 1 ! •
.{ L:L imlf'.I{p.OIlp.nr.ia ~> Qp.ro como fieles imitadores de los ¡"¡Uenos-
aíreríos, i no menos astutos en el manejo de la intriga, man-
tenían una respetuosa correspondencia con la metrópoli, pin-
tando los sucesos con tan fementidos colores, i reiterando con
tanta vehemencia las p~otestas de su fidelidad 'i pureza de in-
tenciones, quesus diputados suplentes en la península suj.ic-
ron alucinar ale gobierno i arrancarle un decreto, por.el que
toleraba la primera junta subversiva, con la condición de que
dejase espeditas en sus funciones á las Iegítimaa autoridades;
i cooperase con ellas:í la conservacion del orden', i á dar au-
.ilioippa la guerra peninsular.


Jamás resaltdtan vivamente la astucia americana come
en esta ocasiono A pesar de hallarse á la cabeza de los nego-
cios de Espana sugetos de sólidá instruccion , de ingenio pro-
fundo, í de fino discernimiento, triunfaron las arterías de lqs
revolucíonariosLaquelloa virtuosos españoles no creyeron á
stJiJlerll'l.an08 de ultramar capaces de tan refinada malicia; se
persuadieron de buena fe de que la' creación de juntas popu-
Iares en-sus diver,sO$ estados no tenia mas objeto que el de
aSegurar un ~ntio de gobierno en-caso de que sucumbiera Ia
metropolírDe este modo sancionaron la revolueion de Chile
i Quito ;i' para darle mayor peso comunicaron al virei del
Perú aquella funesta resolucíon que llevaba el sello del pérfi-
do triunf-o de los revcltesos.


Este paso gigantescO dado por los chilenos en la carrera
de su rebelion no satisfacía todavía sus deseos r era grande
su impaciencia por llegar al término de sus aspiraciones. Los
bulliciosos Carreras no podían refrenar mas tiempo el escoso
de su fl'Illbícion, i determinaron por lo tanto dar un golpe de
mano para apoderarse del gobierno. Dirijida la conspiracion
con refinada astucia i acertado manejo, dió aquella su esta-
llido el 4 de setiembre al medio dia. Ganado el parque de ar-
tillería con la intriga, i desarmado el rfgimiento de unilicias,
en quien no se 'tenia- la debida confianza, fue intimada al
congreso su deposíoion ,i arresto por su misma guardia de ho-
nor; á su eontinuacion se procedió ;í 13 prision de los miem-




cm u. : ]SIl. 2°0
bros del poder ejecutivo ~ i se nombraron nuevos vocales pa-
ra dicha junta , que lo fueron don José ·:!Vliguel Carrera , co-
mo presidente ~ don Enrique Rosales ~ don 1Iartin Calvo En-
calada ~ don Juan M:iguc1 Benavente ~ don Juan lHaclena ~ i
don ]OSl( Guspar Marin .


. Continuando los Carreras en su empella de alterar todo
el sistema administrativo, i en sus miras de consolidar el triun-
fo de su partido, nombraron por brigadier i comandante gcne-
ral de las armas á su padre don Ignacio, quien tuvo la cordu-
ra i acertada previsión de no admitir aquel destino. Publica-
ron en seguida' un pomposo manifiesto acompañado de termi-
nantes decretos para que en el término de treinta días diesen
sus nombres los que no se aviniesen con el nuevo gobierno,
i en el de seis meses evacuasen . libremente aquel territozio
con sus familias é intereses; conminando terribles penas ¡[ los
quenegdndose :í disfrutar 'de aquel permiso no se declarasen
activamente en defensa de su causa ~ quedando desde enton-
ces declarada por crímen de lesa-patria la m!SillJ indiferencia.


El carácter de violencia que encerraban estas disposiciones se
comunicó :í todos los ramos do! estado: en todas lasoperacio-
nes de los nuevos legisladores i directores se observaba aquel
ardor revohicionario, que á" manera de un torrente furioso to-
do lo .inunda, 10 tala i 10 destruye. Hasta la misma autoridad
eclesiastica se vió comprometida á sancionarIas nuevas refor-
mas. Con igual arbitrariedad i precípitacion se promulgaron
leyes :ll1ál~gas ,¡ sus deseos, Ias que si bien se presentaban bajo
el aspecto de conveniencia i utilidad ~ se resent ian 11(; la du-
.reza de Ia mmo que las escríbía, i de la violenta manía i pre-
maturo espíritu de innovacion , de que estaban poseídos los
;lnimos de aquellos revoltosos.


fue entonces cuando se decreto la dotación del clero so-
. .


bre el tesoro público ~ proscribiendo toda clase de derechos in-
herentes :11 servicio de la iglesü, la Iibcrta.I de los hijos de
esclavos1 b ubrlicion tic regidores perpetuos ~ los qué en lo
sucesivo deberían ser el~gilos 'popularmente todos los (UlOS ~ 11
supresión de plazas inútiles, la reduccion de sueldos á los cm-




2 I O CHILE: 181 I •
picados, la abolición del impuesto conocido con el nombre de
licencia, á la que estaba sujeto todo el que salia del pais , la
libre facultad de SeJílhral' tabacos, la creacion de jueces que
decidiesen todas las causas sin tener que recurrir á la penín-
sub, el nombramiento de subdelegados ó corregidores por elec-
cion popular, el establecimieuto de escuelas de matematicas,
de dibujo militar, i de otras varias clases , i la organizaciou
de cuerpos militares con el car.ícter de activos. Se dieron al
mismo tiempo las órdenes mas positivas para que se hiciesen
vigorosos preparativos de defensa erogando enormes gastos,
sin tener fondos para cubrirlos, ni enemigos á quienes com-
batir.


El doctor Rosas, que obraba perfectamente de acuerdo
con el revoltoso Carrera, i que dcbia haber suscitado símul-
táneamente igual alboroto en Concepcion con el apoyo de sus
amigos i partidarios, no pudo dar el golpe hasta el día si-
guiente , 'que lo fue el 5 de setiembre. Fueron depuestos en
su consecuencia -¡os individuos qllc componían el ayunta-
miento, aclamando al comandante de armas don Pedro José
Benavente po~ gobernador propietario i primer vocal de su
nueva junta, i por compañeros al mismo doctor Rosas, don
Luis de la Cruz, don Pedro Vergara i al licenciado Novoa,
confiriendo la plaza de secretario á Fernandez. 'Los mismos
alborotadores quitaron los poderes á los tres diputados Cerd.ín
i á los dos Urréjolas , quienes fueron citados á comparecer en
el término de cuarenta dias para dar descargo de sus perso-


I


nas ¡ i eligieron en su lugar á don Francisco Lastra, don Joa-
quin Larrain , i al padre OrihucIa. Don Agustin Urréjo1a, ca-
nónigo magistral de aquella iglesia no se atrevió á compare-
cer por temor de ser asesinado. Su hermano don Luis, que
tuvo la firmeza de presentarse, sufrió primeramente un arresto
de tres meses, i recibió á su continuacion la sentencia de tres
aiíos de destierro á los puntog de Pemuco i fuerte de Santa.
Bárbara, con la nota de reo de Iesa-pftria.


Se dió asimismo facultad á esta junta para conferir los
empleos civiles i militares hasta el de coronel inclusive, i S~




cmL",: llS¡ r • .2 I 1
~cordó que en cada cabecera de partido hubiera otra subal-
terna de tres individuos , de la que el juez de mayor gradua-
cion debiaser vocal nato, i los otros dos nombrados por el
pueblo,


La aparente unión de Carrera i Rosas sufrió mui pronto
un terrible contraste: pretendía aquel que la provincia de
Santiago nombrase dos miembros para el poder ejecutivo, i la
de Concepción solo uno; Rosas solicitaba en su vez que en la
nueva divisiun del reino entrase la provincia de Coquimbo con
igual derecho, i que para evitar quejas i parcialidades cada una
de las tres nombrase su vocal en dicho. poder ejecutivo. Era
sin embargo dificil que ninguno de aquellos dos ambiciosos
revolucionarios desistiese de sus intentos. Esta simple cuestion
tomó el caracter de la 1I13S viva irritacion , i provocó las mas
agrias contestaciones, que anunciaban la esplosion de la guer-
ra civil; las' provincias participaron del empella i animosidad
de aquellos dos genios bulliciosos que las dirijian. Si Rosas era
superior en inyiga i astucia i los Carreras, le superaban estos
en osadía, en arrojo i decisión.


Ambos antagonistas se preparahan á sostener sús partí-
culares empeños : ambos acercaron sus tropas al Maule con
grande aparato i pomposas bravatas , mas ninguno de ellos
deseaba venir á las manos; Abriéronse las negociaciones; í
no teniendo ninguno de ellos la necesaria virtud para COIIl-
pral' la paz con el sacrificio de su ambician, 'se prolongaron
aquellas con tun frívolos prctestos , que pronto se conoció no
era otro su objeto sino el de suplaIJtar~e recíprocamente; pero
conociendo la i;Ilposibilídad de verificar sus planes por enton-
ces, se convinieron en dividirse el mando, i en ausiliarse para
conservarlo; mus ni aun asi quedó asegurada de buena fe su
reconciliacion , i se retiraron con la misma desconfianza i odio
encubierto con que se habían reunido.


. La revolucion del 4 de setiembre, que se habia serenado
con la deposición de los indivi.Iuos representantes del, poder
ejecutivo i con la anulacion del congreso, abrió el camino á
la formacion de nuevos bandos que iban, á sepultar la nave


..





21'1 CHiLE: ISII.


.Iel estado en el abismo de la ambician. Este germen de dis-
cordia , de descontento i de resentimiento, inflamado por 111
pasion dominante del egoismo, dIó en el mes de noviembre
un terrible estallido que pudo cubrir de luto á todo el reino
de Chile.


En la mallana del 15 se descorrió el velo que ocultaba
todavía una parte de la desenfrenada ambician del partido de
los Carreras. Don Juan José de este nombre, comandante de
granaderos, dispuso que desde su cuartel se avanzasen centi-
nelas en aparato hostil: puesta tolla aquella tropa sobre .las
armas, hizo presente rí las autoridades gubernativas la necesi-
dad que tenia de alegar sus quejas contra el p002r ejecutivo.
Contestado el primer oficio en tono conciliador , que era 1:1
mejor prueba ele la misma debilidad , pidió agucl genio foge·.
so, de acuerdo con otros cuerpos vcteranos , que se cele-
hrase cabildo abierto. Aunque fue concedida esta arrogante i
subversiva demanda , era entonces mur corto el número de
los congregantes, i los conspiradores Iirnitaron por lo tanto SIn
pretensiones al nombramiento de cuatro comisionados, para
que repfesentasenal congreso, mandando al mismo tiempo
convocar por bando á ¡~ parte sana del pueblo para que se
reuniese de nuevo á discutir sus propios intereses.


Hahieado concurrido :í la plaza al día siguiente masde 3(}
personas, renouaron sus peticiones i nombraron otros comi-
sionados por el estilo de la anterior conmoción.. El resultad.
de estas escenas subversivas fue la disolucion del citado con-
greso, la deposición de.los vocales del poder ejecutivo, i su
reemplazo por don José lV)"iguel Carrera, don &rnardo O-Hig-
gins i don Gaspar Marin, formando asi un triunvirato arma-
do con todos los rayos de aquella turbulenta soberanía. Des-
plegando el nuevo directorio un atrevido espíritu-de reformas,
dió una constitución provisional, sustituyó el tricolor al pa-
hellon español, creo un senado i adoptó otras muchas medí-
das prematuras i violentas ,--á consecuencia de las cuales se-
suscitaron cuatro conspiraciones, i entre ellas la del 27del mes
de noviembre, díríjída contra la vida de los Carreras, padre é




;jiU: ¡jI:. 215
hijos, j cortado por la débil denuncia de algunos de los con-
jurados, quedando por este medio salvos aquellos furibnn-
dos sediciosos , para que fomentando con su influjo la es-
cision de los :ínimos, se suscitasen nuevos desórdenes en los
qUé: quedasen envueltos los intereses, la paz i la tranquilidad
de aquellos pueblos.


Veremos con efecto á dichos Carreras blandir en todas di-
recciones la tea de la discordia, i sumir el pais en un abismo
de males , hasta que fueron todos víctimas espiatorias de aque-
Has mismos delitos de ínfídencia , á que habian provocado al
pueblo chileno.


Es indudable que como rebeldes se distinguieron brillan.
teniente sobre todos sus paisanos, i que con su arrojo i deci-
sion se hicieron acreedores á dirijir la nave de aquel estado fac-
cioso; pero tuvieron el desastrado fin que deben prometerse
todos los héroes revolucionarios, que es el de ser víctimas de
sus desvaríos, llevando al sepulcro el odio i execracion de
aquellos mismos pueblos á quienes han llegado á precipitar
haciéndoles chupar el veneno de sus doctrinas.


43




2 J{l
\I\V, i,;V• .:1UtlIU.r.:W\/UJ\.\;\:\,\"'\;\,\;\:\\>\/\:\:\IH'\\\:\\ \;;.u \:\.\\ \:\'in 'u '<ni


CAPITULO XVI.


NUEVA GRANADA Y QUITO


Reunion del congreso de Santa Fé. Discusiones preliminares,
Comunicaciones con los disidentes de Venezuela l i perni-
ciosas doctrinas propaladas por éstos. ¡.Ji[ayor cordura de
los habitantes de Santa Fé l á cuyo estado fue dado por
los revoltosos el nombre de Cundinamarca, Pacto jhieral
de 27 de noviembre. Retirada del general Tacón á Pasto.
.dccion de Izcuande ; que obligó á dicho Tacón á abando-
nar las provincias internas. Proyectos de federalismo. De-
mision de la presidencia de don Tadeo Lozano l i eleccion
de Nariño para este destino, Disensiones de las provincias.
A mbigüos manejos de Bcjarano en la capital de Quito. Fa-
vorable resultado de sus negociaciones con el coronel Ar-
redondo i retirada de éste del punto de Huaranda: Si;
ocupacion por las tropas rebeldes l i su entrada triunjul
en Quito con algunos efectos de que se hablan apoderado.
Padecimientos i servicios de don Simon Saenz de Fergara
i familia. Malogro de las negociaciones pacificas entabla
das por el presidente Moiina contra aquellos disidentes.
Espedicion de éstos contra Cuenca l de cuya provincia fue-
ron rechazados. Ataques dados rt la provincia de Pasto.
Toma de esta ciudad por los insurgentes, su euacuacion ; l
derrota sucesiva en la segunda espedicion,


I-Iabiendo principiado ya las sesiones el congreso ele
Santa Pé l reunido en el mes de diciembre riel ario anterior,
opinaron algunos diputados porque se admitiese en su seno :i




:t rE V\ r: fU N" AD A Y () U ITO: 1:3 1 L "' 1 .¡
los representantes de aquellos departamentos que se habían
decidido por formar provincias separadas; pero otros se 0:'11-,
sieron á esta medida alegando las fatales consecuencias que
podria tener :lflueIla condescendencia, que era una especie de
sancion de las innovaciones que ellos mismos condenaban, i
haciendo ver el inminente riesgo de que se encendiese una
guerra civil, ó :í 10 menos de que se entorpeciese la acción
del gobierno.


Don Tadeo Lozano, presidente del estado, que ya á este
tiempo habia tomado el nombre de Cundinamarca , comunicó
al gobierno de Venezuela en 10 de mayo de 181 1 la instala-
cion de su congreso; pero los facciosos venezolanos, si bien
aplaudieron el celo de los regeneradores de Santa Fé, les mos-
t raron su des:'grado "porque á imitación de ellos no hubieran
;)sacudido totalmente Ia dependencia de la metrópoli, esfor-
"zcíndose en persuadirles de que no podían contar con una
» paz sólida i estable mientras que se mantuviesen, segun ha-
;, bían proclamado, sumisos al monarca español; i añadiendo
~.' que aunque su acatamiento á aquel soberano no fuera cor-
~, dial 1 i si efecto de la política, por no chocar de frente con
;, la envejecida costumbre de quemar incienso á un ídolo des-
"conocido 1 con venia ,í todo trance quitarse la máscara, i en-
"caminar al pueblo desde el principio por la senda ele la V'et:-
»dadera independencia. " ''1':"


Los reformadores de Venezuela ignoraban seguramente el
gran prestigio que todavía conservaba el trono de los Borbo-
'les sobre aquellos paises; pero los de Santa Fé que tenían
Iríen sondeado el :íllimo de sus paisanos, se guardaron mui
bien ele revelar ni aun remotamente tal idea , la que induda-
hlementc habría arrojado por tierra el edificio insurrecciona1.


Esperaron pues con mas previsión í detenida calma que el
tiempo mismo fuese preparando la opin ion para dar aquel
atrevido paso; i en el entretanto se ocuparon en su arreglo
administrativo, i en el modo de constituirse , en cuyos deba-
tes i acaloradas discusiones se pasó todo el aíio 1 8 1 l. Los
representantes de Pamplona, 'I'unja , Neiva , Cartagena i An-




:.lID NníVA C.RANADAY onrro : i Sr i ,
tíoquía ajustaron en 27 de noviembre un pacto federal, se-
gun el cual debían ejercer las provincias el poder absoluto de
su administracion interior i confiar al congreso la direccion de
los negodos generales. Estas contiendas domésticas dieron al-
gunas treguas á las armas de los realistas en las provincias
del oeste.


El fiel 'I'acon se había retirado á la de Pasto despues
de la derrota de Palacé; i no pudiendo organizar un ejército
para oponerse á las tropas de Santa Fé, aunque desplegó la
mayor energía i decisión en obsequio de la buena causa, fue
hatijo por Baraya en 1zcuandé en 21 de noviembre, i se vió
precisado á retirarse á la costa cerca del puerto dc San Bue-
naventura 1 á donde llegó con 25 hombres de escolta prece-
di.lo por 70'0 pesos que en pastas de oro i plata había po-
dido salvar de la rapacidad de los insurgentes. El citado Lo-
zano, presidente de Cunc1inamarea, propuso dividir el ter-
ritorio en cuatro departamentos. i reunirse al gobicrno fe-
deral , figudndose que por este medio se allanarían tallas
las dificultades en que tropiezan generalmente los nuevos es--
tados para constituirse sólidamente. Cartagena se opuso ,í es-
te proyecto, asi como el congreso titulado de Nueva Gra-
nada , que se congregó en la ciudad de Ibarra.


Disgustado Lozano de ver tantas contrariedades como se
presentaban á sus favoritos planes, hizo demisión de su des-
tino , en el que fue reemplazado por el antiguo revoluciona-
rio Nariño. Este propuso otro plan de constitucion que fue
adoptado por las provincias de JHari'¡uita, Neiva i Socorro:
i aun la de 'I'unja iba ,í acceder <Í «(1 cuando un destacamento
mandado por el ya mencionado Haraya 1:1 lJizo desistir en fa-
vor del congreso, que pasó á fijar allí su residencia.


Este movimiento, que chocó abiertamente con varias de
las provincias, dividió enteramente la opinion , agrió los áni-
mos de los directores de aquellos planes 1 sernhro entre ello,
el descontento Í la desconfianza , i fue causa de (pJe estallase
una guerra civil entre los congresistas i partidarios de Nariño
,í principios de T8 1 2 • de la que se tratad á su debido tiempo.




;\ r LI"\ e ~ ,\ ,; .UH T (lUTO: 1Sil. 2 ¡ '7
La provincia de Santa Marta se preparaba [or su par-


te ,( rechazar los ataques que proyectaban los cartagene-
ros desde el pueblo de la Barranqllilla , á cuyo fin habían in-
troducido fuerzas sutiles por las bocas del rio grande de la
lHagllalena. Entre los fieles realistas de que no escaseaba la
referida ciudad de Santa lHarta se distinguia el negociante
don Vicente Puyals, teniente á aquella sazon del barallon
de patriotas leales á Fernando VII: con venia saber con segu-
ridad i precision el número de los enemigos que había que
combatir i los demas pormenores relativos á la invasión
que acaba de mencionarse; Puyals se encargó de esta cs-
pinosa comision , fingiendo pasar á dicho punto de Ilarran-
quilla con el objeto de comprar algodones, 10 que verificó á
fines de junio. Apenas se hahia este ausentado cuando la fac-
cion de Munive trató de apoderarse de la fortaleza de Santa
Bárbara que estaba guarnecida por el referido cuerpo de P<1-
triotas. Se dispuso á este efecto un gran movimiento popular,
i se pidió al gobernaclor con la mayor algazam i confusión la
entrega de dicha fortaleza, pretestando que el cuerpo anti-
guo de milicias estaba desairado al ver que se confiaba al mas
moderno la defensa ele aquel punto importante.


Si bien se calmó por entonces el alboroto con algunas
forzadas promesas qne hubo de hacerles el gobernador Acos-
ta, se repitió al dia siguiente bajo auspicios mas peligrosos
pues que una parte del mismo ayuntamiento contaminado ya
con el fuego de 1:1 scdicion se interesó para el logro de la gra-
cia que solicitaban los :Jlllotiu:ulos. Se li6 por 10 tanto preci-
sado el gobernador rí d:!r la &dcn que solicitaban; al prescn-
tarla al cQpítan don Vicente rdoré, que hacia de coinan.lante
de dicho cuerpo, la resistió con el mayor tesan. Ya no que-
daha :( los farciosos mas recurso pal'<tsalir con sus intentos
que el de tomar hostilmente la dernanda ; asi pues deterrni-
liaron no dej:lr pas:!r víveres para dicha fortaleza. El gober-
nador, (Ille hubo de contcmpori.enr con 10& revoltosos mientras
que estaba á discreción de ellos, ofreció ir en persona {Í la re-
ferida fortiílcacíon para hacer respetar la orden que habia (1~h




:2 ¡ () Nl:1WA (;nASAnA ): (ylJl ro : 1 ¡.;, 1 r .
do acerca de su entrega; mas apenas se halló dentro de su
recinto, cuando desplegando un nuevo carácter de vigor i
energía introdujo el mayor terror en los revoltosos, i obligó :í
ponerse en fuga á los principales campeones, entre los que fue
de los mas activos en refugiarse en Cartagena el famoso Re-
mígio II'Iarquez, que por sus brillantes fechurías revoluciona-
rias fue nombrado en el acto capitan de aquel puerto.


Habiendo regresado en el dia 27 del mismo junio, que
fue dos dias después de su salida, el referido Puyals , trajo no-
ticias tan detalladas de los preparativos hostiles del gobierno
de Cartagena, que fue preciso celebrar sin pérdida de tiempo
una junta militar, en la que se declaró abiertamente la
guerra. Entre algunos emigrados realistas que hablan busca-
do un asilo en Santa Marta , se hallaba el teniente coronel
don Pedro Dominguez fugado de Santa Fé , á quien se había
confiado el mando del importante fuerte del Morro , i como
á los pocos días S3 hubiera aproximado un tal Bravo, rer~
no de iVlunive, con tropas ele Cartagena , i hubiera ocupado
ya el pueblo de Gllaiul'l00 , nombró el gobernador Aco:ota :f
dicho Dominguez para que saliera á dcsulojurlo con 300
hombres.


A la inteligencia i decision de este comandante, se debirí
la derrota rlel citado Bravo; en cuyo ilustre triunfo tuvo asi-
mismo una parte muí interesante el ya citado Puyals , ofre-
cien 10 gcneros:ullentc sus ausilios pecuniarios, sin los cuales
no :u 'da [Jo~lido moverse aquella columna. Alentado Acosta
CO:l esta ventsja aprestó cuatro corsarios para que cruzasen
sobre las costas el>, Cart;¡gcm, i se apoderasen de la fortaleza
del .3:1pote. DG este modo pudo conservar su tranquilidad el
interior de la provincia , escepto Ocaña i sus cercanías que su-
frieron algunos embates por los insurgentes del reino i de Mom-
pox, villa situada en una isla del rio lHagclalena pertenecien-
te á Curtagena, que fueron reprimidos por el cUl'rpo llamado
de colorados que se formó en aquella ciudad.


Seguia Bejarano en Quito manejando todos los resortes
de la intriga, aparentando su adhesión ~í la cama de los in-




,nEn (;n,\:'>,HH y QUTO: 1811. 219
ourgentes en tanto que salvaba á Víllalba de los peligros
que le rodeaban, dando al bri~adíer Arreclondo oportunos
avisos para que evacuase el sitio de Huaranda. Con este
fin pasó dos veces desde la villa de Riobamba , donde es-
taba acampado Montufar i su ejército rebelde á conferen-
ciar con el citado Arredondo ; i si bien al principio se re-
sistió éste á tamaños consejos, llegó por fin á convencerse
de la imposibilidad de sostenerse en aquel aislamiento, si
daba lugar á qne la próxima estar ion de las aguas le cer-
rase la cordillera. Influyó asimismo en el ánimo de Arre-
dando para tomar esta resaludan la circunstancia de ser im-
practicable su comunicación con el gobernador de Cuenca,
con quien hubia contado desde el principio para todas sus
operaciones.


Llevado pues ele su celo por salvar el honor de sus armas,
abandonó dicha importante posicion de Huaranda , de la que
se posesionaron inmediatamente los revoltosos con gran sor-
presa de la misma poblacion al ver que las pocas tropas sin
orden ni disciplina que se dirigieron á aquel punto pudieran
profanar LInos sitios que acababan de ser guarnecidos por unos
soldados tan valientes i esforzados. No fue menos sensible que
aquella fuerza insubordinada se apoderase de una considerable
porcion de efectos que no habían podido salvarse en el mo-
mento de la retirada. Pertenecían estos en gran parte á don
Simón Saenz de Yergara, noble i virtuoso español , estableci-
do en Quito, quien desde el principio de la revolución se ha-
hia ('ons~lgrmlo con toda su familia á la defensa de la causa
del Reí. Cmmdo fueron introducidas aquellas cargas, que con-
sistian en metales por el valor de 402) duros, Ias presentaron
al público como trofeos de una brillante victoria, fraguada
en su delirante imaginacion. Al mismo tiempo que se proce-
dio á la venta de estos efectos, se verificaba la de los demas
bienes de dicho benemérito español , cuya pérdida total se
graduó de 150 á 2002) pesos, con los que salieron de los
grandes apuros en que se hallaban envueltos los insurgentes,
\ dieron mayor impulso á su ileg(tima causa.




~'.'lO NrCU Gl'cA:\,\i)A Y Q1JI'l'O: ¡tí, L
No deberá parecer estraño que nos detengamos á referir


hechos privados, cuando estos tienen una relacion tan íntima
con los públicos, i cuando aun sin esta poderosa considera-
cion seria inescusable quien al describir los sucesos mas im-
portantes que han marcado aquella revolucion dejara de ha-
cer mención de los rasg03 de heroísmo que han brillado fre-
cuentemente enmedio del horror i del desorden , i sino con-
signara en caracteres indelebles los elogios que son debidos
á aquellos pechos esforzados que han sabido arrostrar la
muerte con impavidez, i perder con ánimo sereno sus colo-
sales fortunas en obsequio de la madre patria.


En el catálogo pues de los hombres ilustres debe ocupar un
lugar distinguiJo el referido don Simon Saenz de Vergara, su
esposa i su hija, consorte del actual consejero de hacienda, don
Francisco Javier Manzanos. Aquel empezó á sufrir duras pri-
dones desde los primeros movimientos subversivos, vió con-
fiscados todos sus bienes, i debió mas de una vez la salvacion
de su villa á los recursos de su ingenio i al esfuerzo de su
brazo: éstas fueron confinadas en un convento á fines de l 8 r 1;
i descubierta su leal correspondencia con Ias tropas del Rci,
pidió uno de los fiscales la pena de muerte, que no lle-
gó sin embargo á efectuarse. Veremos en el año prríximo á
estas dos respetables señoras , i en particular á la espos:! del
señor Manzanos, armada de un heróico valor superior á su se-
X), entregarse á los mayores peligros para sustraerse á la
persecución de sus enemigos, i entusiasmar con su noble ejem-
plo el animo del soldado enmedío de una sangrienta batalla.


Engreídos los rebeldes con el efímero triunfo conseguidu
en Huar.m.Ia , miraron con el m1S alto desprecio la umnistía
general i las nuevas i porfiadas exhortaciones del presidente
Mo!im i del gobierno de Lima para que desistiesen de su te-
meraría empresa i reconociesen al gobierno del Rei, dan.lo só-
lilas gll':l.l1tfas de que no recibirían la menor Iesiou aun los
mas com irometirlos. Continuando en su despechada carrera,
se .lirijierou áci:l la provincia de Cuenca, en cup ciula 1se ha-
llaba desde fines de enero dicho presidente Molina i el señor




Nl'F.V'\ GRAN~~DA Y QUTTO: ISlt: 221'
~ranzanos~ ya entonces oidor de la Real Audiencia de Quito.


Era don Carlos ]';Iontufar el gefe de aquella espedícion, com-
puesta de mas de 29 hombres con todas Ias armas i pertre-
chos neeesarios : animarlas estas tropas de aquel valor que ins-
pira el mismo ardor revolucionario, habían cruzado por cami-
nos fragosos superando infinitos obstaculos, i se habían pre-
sentado ante las tropas del Rei con la mas ciega confianza.
Al ver aquel aparato imponente i la decisión de tan rabiosos
republicanos ~ temieron los buenos realistas; pero vueltos de
su primer estupor formaron con la mayor prontitud grandea


. reuniones de gentes armadas cou toda clase de Instrumentos
hostiles; i apoyadas por el coronel Aymerich se presentaron.
contra el enemigo ~ quien viendo la desperacion con que toda.
aquellas poblaciones se habían sublevado ~ se aterro, i se puso
en retirada,


Desde este tiempo se restablecio la calma en dicha ciudad
de Cuenca, i en el mes de setiembre se abri6 el tribunal de
la Real Audiencia que entendía de todos los negocios que allí
se remitían de los puntos libres del contagio insurreccional.
Reunidos los habitantes de Quito con los disidentes de Popa-
yan trataron de invadir la ciudad de Pasto. Se presenta delan-
te de esta ciudad don Joaquín Caicedo al frente de sus tropas;
los pastusos la defienden con el mayor heroísmo dando terri-
hles pruebas de decisión i arrojo. Redoblan los sitiadores sus
esfuerzos, i llega su gefe á penetrar en la poblacion. Viéndose
aquellos hahitantes reducidos al estrernado apuro, ajustan una
honrosa capitulacion , Caicedo sale para Quito dejando 500
hombres ti" guarnición en aquella plaza; se ponen de acuerdo
estos habitantes con los de Pana ~ i supliendo la falta de ar-
mas i municiones con el esfuerzo de su brazo i arrojo de su
espíritu, se lanzan simultáneamente contra los quiterios , ha-
cen un gran destrozo de ellos, i consiguen por último apode-
rarse de todos ine1usive el mismo Caicedo, que ya á esta sazón
habia vuelto de la capital ~ i el caudillo anglo-americano Mac-
Aulai ~ quienes fueron pasados por las armas á principios del
atÍo 1813.


44




222
\,\n \'\\f\\'\.\"'''"\\'t \'\ \\VIc\r.'\'\J\ln'\\:\\'\!\~\\\'\ \\iU\1\\\\;\ \\ \,"",\¡,,,\,\


GAPITGLO X VII.


CARi\.C:\S: 181 l. •


Instolacion del congreso de Caracas. Predisposicion del [1a1'-
tido realista para subleoarse. Dislpacion de las insurgen-
tes. Primer alzamiento de los rcnlist.¡s, Dcclarncion por
aquellos de su absoluta inticpe.uienc:a. ]'¡.]á!og;-"du reaccion
intentada por R'ore~ i Sanciiez, Sél.':h','·tCiOn á f'.wor del
Re! de la ciudad dc Videncia, sus wCi·i/;·;ios i desastres.
Creacion de paJlel moneda por el congreso rciolccionurio,
Ai,o.·t:) .ie una cotrjuracion contra la genle h!r:IlNI. l Ierái-
ces sacrificios de la provincia (le Cuayuna ; é importantes
acciones graludc;s por sus armas.. Estado apurado de las
provincias de Fenezuela á fines de 131 l.


1 a elección de diputados para el congreso, qne se había
de reunir á principios de este año, fue en parte cual podía es-
perarse de los medios de intriga con r¡ue fue manejada, si
bien entre los revoltosos se vieron mezclados varios sugetos ti-
moratos i buenos realistas, i ulgnnos honrados lubradores que
jamas habían oído cuestiones políticas de gobierno, i que ci-
fraban toda su felicidad en el cultivo de sus haciendas, en la
educaciou de sus hijos i en la obediencia á ,¡quelIa autoridad
paternal, que con tanto acierto i provecho lubi:! g·J)Jerm-ld.
á sus respetables ascendientes.


Este cuerpo, compuesto de tan heterog~neos elementos.
le instaló en los primeros días del año, abrazando como mo-
delo de imitacion los principios poltticos proclamados en ei-
diz. La imuguracion de dicho ('on~rcso fue celebrada con bri-
llantes funciones publicas, en las que ti lujo i la cstravagnncia
compitieron á porfía en divinizar su injusta empresa.


La rebelión no había tomado hasta entonces 1:", horribles




('ATlACA~: 1811: 223
formascon que mui pronto fue manchada. La gente sensata,
que conocia las diílcu ltadc5 de reprimir los primeros ardores
de ulla juventud fogosa i decidida, se mantuvo pacifica es-
p¡;ct¡¡,dora del curso de los SUCe5'Js .. esperando que el tiempo,
el cansancio.. el ítesL:ngaCío i los III iSIllOS desor cienes .. que de-
biull ser uua consecuencia inmediata de aquellos movimientos,
serían los agcnt~s mas poderosos para restablecer el sistema
antiguo, á cuya sombra habían tomado las provincias de Ve-
aczuela un auge i una preponderancia sin igual que formaba
1<1 mayor apología de sus regIas administrativas.


Había entrado el mes de julio de 131 1 cuando ya los re-
volucionarios habían visto desaparecer de sus manos los tres
m!1I'JDCS de pesos fuertes .. que habían encontrado en depósi-
to el 19 dJ ahril del arto anterior. Se habian disipado así-
mismo todos 103 productos de las rentas ordinarias; i Iié aquí
el primer embarazo de los 11:10\"OS regeneradGres. Ya á princi-
pios del mismo mes de junio hahia aparr.cido hostilmente en el
territorio do San FelilJe una partida española alarmando el
país contra los estcrmínadores proyect0s que tenían encubier-
tos los disidentes ; el capitun don Felicisno lHontenegro; que
babia sido colocado por ellos en el empleo de oficial mayor de
la Secretaria de la guerra, ubandcnó'aqucl infiel partido lle-
vándose los papeles lilas importantes. Desde este momento se
quitaroll la máscara .. proscribieron de SlIS actos el augusto
-!lCll!¡]Jf(ó Ó" nuestro ,'Honarea, con cuya artificiosa pantalla ha-
j)~an bpado embaucar un.i gran parte de Ia pobiacíon.


El di:, cinco de .iuIio sed mrmoralil« por sus escesos en
los ::¡¡ul s de la l'(:roiucl'Jil \"cnl'zoLwa. En aquel dia la ju-
"l,-'nL!d se.licicsa obHg:j al congreso i declarar Ix independen-
cia, i corrió mucho riesgo de se: asesinado el respetaiYleTvIoya,
q'"~) haLü truta.!o de contener ;}'íucl dcsorden : reunidas h~
tr.:'¡rcs en h ph?::! de 11 c:tu[l'::ll arrastraron la. banderas i es-
carapelas c::':p~:LicLL$') COrntór-fon it;ual desacato con los retra-
tos ([,; S. I,l... a:'LUlC;;¡;kbs de varios lug:;n'es en los ({Ue Ia
mas firme fibi, la.I Ics tenia cclocados ; se pro!\rÍpron las mas
.osceuas é, LlluriQS:i~ csprcsicnes Centra los peninsulares; i el




~2't- tU,M'.,\5: \~11:
populacho tomó tal ascendiente en aquella escena de buIJici<1
i desorden , que se apoderó un terror pánico aun de aquellos
mismos que tan impolíticamente lo habian movido. Todos los
hombres honrados estaban ocultos en sus casas temiendo 101
terribles efectos de aquel estado de embriaguez popular.


Todos elevaban sus votos al cielo pidiendo un remedio
para tamaños ultrajes. Todos conocian la necesidad de hacer
generosos esfuerzos para salvarse de la inevitable ruina que
amenazaban aquellos genios violentos i sanguinarios; pero los
mas detenidos pensadores conocían que no era llegado toda-
vía el tiempo de declararse abiertamente. Había sin embargo
algunos mas decididos, que careciendo de la necesaria calma i
paciencia para aguardar que el mismo esceso del IIlJI diera
nuevas fuerzas á su leg:tima cama, se lanzaron á una reac-
cían mal calculada , cuyo malogro había de empeorar los ne-
cios j la situación de los verdaderos amantes del gobierno real.


Los agentes de aquella empresa eran el canario don Juan
Diaz Flores i el caraqueño don José Maria Sanchez : sin em-
hargo de carecer de los elementos necesarios para dar un
golFe acertado, contaban con el.apoyo de la ciudad de Va-
lencia i da Puerto Cabello, i con algunas tropas españolas
de Maracaibo. Empero lá causa principal de Sil mal resultado
fue Ia precipitacion i el torpe mallo con que dieron principio
á sus movimientos el día 11 del mes de julio. Sesenta españo-
les de Canarias reunidos en una llanura á la salida de Cara.
cas , montados en sus mulus , armados de trahucos , i cubier-
tos sus pechos con hojas de Iata dieron el rríto :l favor del
Rei l i de muerte á los Uailcres. A la LorJ <Ie ¡¡obcr formado
este alboroto fueron rodeados i prcsos por la guarnirion:
arrestados asúnimo Sauchez i DiJ.z Floree cuya complicidad
Lizo patente el interrogatorio de los detenidos , fueron fusila-
dos diez i seis de los pri.icipales en la tarde del 15, colgados
de la horca, cortadas despues 8'J3 cahezas , i coloca las en di-
versos puntos de aq uellas ínrncdíaciones : otros muchos i entre
ellos el benemérito Azpunia sufrieron estrechas prisiones
COitOS os sacrificios. .




r.AUCH: 1811. 225
Casi al mismo tiempo apareció en la ciudad de Valencia


otro fuego mas vivo que el que acababa de ser apagado, i
que causó una estraordinaria alarma en el partido indepen-
diente. Aquel movimiento habia sido segundado por T~ios
pueblos circumvecinos, i dirigido por personas de inteligencia é
influjo. El aventurero Miranda i el inspector de milicias don
Fernando del Toro salieron de Caracas con un cuerpo de' tro-
pas para reprimir con prontitud aquella reacciono Tan rápida
fue la marcha de estos celosos republicanos, que 2~ hombres
que mandaba el gobierno de Mar.acaibo no pudieron llegar
oportunamente al socorro de los valientes Valencianos, quie-
nes se vieron envueltos en aquella lucha sin mas animo que
la fortaleza de sus pechos.


No pudiendo ya retroceder de la heroica empresa en
la que se habían lanzado, se determinaron á hacer una
defensa tan obstinada como el mismo ataque, supli.-ndo
con su arrojo i decisión la falta de recursos guérreros. Fir-
mes en vender caras SllS vi.las ~ sostuvieron un combate
sangriento í no interrumpido de algunos dias , hasta que
reducidos al ültimo apuro hubieron de ceder el campo al
enemigo. Muchos fueron fusilados en el acto, otros depor..
tados , i algunos de los mas principales destinados :í barrer las
calles de Caracas, en cuya vil ocupacíon permanecieron hasta
la entrada de las tropas españoles.


Entre los cántico! de la victoria, conseguida por las ar-
mas sediciosas, resonaban los penetrantes quejidos del infiel
inspector 'Eoto , á quien l¡tIbia sido fracturada una pierna en
13 refrit'Ga, dc cuya herida murió algnn tiempo después con
jos mas tcrrihlcs dolores i congojas.


Des.mimados los realistas con los golpes que acababan de
recibir; juzgaron (lue su salvacíon habia de ser una obra mas
larga, i efecto de planes mas hien combinados; i desistieron
por 10 tanto de sus activas maniobras, fingirn,Io una aparen-
te adhesión :i los nuevos principios hasta que llegase el ansiado
momento de despedazar las cadenas que les hahian impuesto
los demagogos.




~20 CA;l\C\S: ISI1.'
Habiendo ya estos agotado todos los fondos públicos en el


ejTeiciv de sus ambiciosas i estravagantes pasiones, hubo de
crear el congreso un papel moneda, quimél,camcllte ga:'allti-
do ,con los productos de la renta dd t'lhaeo, sin calcular
qne esta providencia había de arruinar la riqueza del país i
el ci¿lIüo del gobierno.


Entre las provincias americanas que mas se han distinguí....
do en todas épocas por sus sentimientos á favor de la madre
patria merece un lugar honorífico la benemérita Guayana.
Los rebeldes habían pasado á atacarla en tres divisiones si-
tuándose á la orilla: del rio Orinoco i apoderándose de los pue-
hlos de Santa Cruz, la Soledad, Uracoa i Tabasca : habían
formado acia las barrancas que caen al frente de la -nueva i
antigua Guayana una respetable batería con la que trataban
de hacer rendir aquellas dos poblaciones.


Ya habían pasado dos meses de coutfnuo fuego sin que
los insurgentes hubiesen logrado el objeto de sus miras ; pero
deseosos los realistas de arrojar del país aqu'JIas fuerzas tan
peligrosas á la pública tranquilidad , reunieron veinte i seis
buques de todo porte , i embarcanrlose en ellos ;ioo hombres
entre europeos, criollos i castas, atravesaron el rio , i acomc-
tiendo :i los barceloneses el dia 5 de setiembre con la ll}ayor
bizarría, los desalojaron de su ~posicion, se apoderaron de la
batería á las tres horas de un ataque eucaraizado , i se hicie-
ron dueiioz del campo cubierto de muertos i heridos , asi como
de varios prisioneros,


Fueron asimismo derrotadas por el valiente don Truncisco
Quevedo las tropas rebeldes de CUllIanú, capjt:we:d:is pOf don
Cirios Coinet i don Agustin .Arrioj.i , que orupahan los Ime-
hIas de Uracoa i Tabasca. Igual suerte sufrió la otra divisioa
:i las rírdenes de don José Maria. Freites , quien per.Jió~u ar-.
tillftría, i fue puesto en precipitada fuga hasta la viBa ud PaG
cuarenta bgu\ls distante del Orinoco.


Mientras que Quevedo se cuhria de gloria en el C':\111;10,
maniobraban con utilidad las fuerzas sutiles , aposüdas en
:!Hoitaco; habiéndose presentado -lel.mte del rebelde pueblo dI¡:




c.
r, O': \ r.,~ s = 1 (~ J lo '227


Santa Cruz ~ 10 incen.liaron , apoder.índose de cIós' flecheras
con pedreros, i rec,)~i:'ro;l á 10.3 vecinos fieles que solicit aron
trasladarse ~í la orilL! O¡mCiLl pJ.ra vivir entre Jos esforzados
guaY:ll1('s~·s. •


Ensohervecidos los realistas con estos triunfos cO;ls~g'..¡jlGScon
la sol \ Iucrzu de 3Y ) ho.nhres de que se In hecho mención,
dis.msirron otra salida con 150 de deserubarco contra 10. rJ-
beldes del Apure , cuya fueran obrando en combinación can
Quevedo., llegó á desafiar á todos los insurg ent-s de las cua-
tro provincias de Ilarinas , Cum.mri , Barcelona i Caracas.


Empero ;Í pesar de estos hercieos esfuerzos era el estarlo
de los ne;:;oci03 el mus lastimoso ,í fines de 1311. AAAbaba ele
dcseuhrirso una ec;traib conspiracíon lDC daba una írlea clara
de 1:;8 abrrrl,·l .. ,nf's me nvl1:_'s de aquellos gf'tlies a1:r~J_i1i~~rios~
su ohjeto era h'l::cr sucumbir b. r.izn hhnca á los castas; í
con la mayor estraúeza se vio q;,¡e los autores de este desea-
ln~llado proyecto pertenecían á la clase que trataban de de-
pri.nir , i eran de los mismos co.ijnr.idos de la primera sedí-
cion de Caracas, Aun'luc este fuego hubia sido sofocado oporJ
tunamente con el arresto i cspulsion de Sil.S principales cóm-
plices, había quedado sin emb~lrg) estremecido el gobierno
disidente. El congreso había termiaado sus "tareas formando
una constitucion á imitación de h de los Estados Unidos,
fundada toda en teorías sublimes sin haber calculado antes su
aplicación.


EsD misma f:l].;2'Í:d .12 ;lrincir}b~, sobre 'fue estaba fun-
dado su lHjC'/O gol.'j(r~1<), 1:1 f~_'rnH:nLteioil general que 'Se no ....
tuha en los JnirH(·s ~ la escasez de recursos, la paralizacion
del comercio i de Iu iu.Iustria , los g:Jlpts dado3 á la agriculJ
tura , Lt riv.rli.Ie.I entre los mis.nos tr:fcs, su precaria i efírne-
ra o;lini.):j en o! ¡"Ji>, el des,:oi1t',mtG que iba creciendo de
día en diu , la a ¡:L:>'·ion ;\ la uictr ópoli, cuyos sentimientos de
qur; se V('1:l anin i h h nLij-)r pa:',c de la poblacion no ha-
bien Ilabido t'sti ~~~Ij¡r los independientes ;í pesar del estrernado
rigor que ImLi,m dtsrleg':l'[o para ello; 'todo, pues, concurria
á evidenciar la inseguridad del gobierno revolucionario, i daba




225 CAlIACA'l: 1811~
las mas dulces esperanzas á los buenos realistas de que cesarían
muí pronto sus horribles persecuciones.


Se iba, pues, preparando el gran volean que había de
desceacertar los planes de los revoltosos, volver el lustre á las
armas de Castilla i entronizar de nuevo el imperio de la ra-
zon i de la justicia. En el entretanto que llega la deseada
época de 181 2 tan distinguida en las páginas de la revolu-,
cíen moderna, pasaremos á trazar el cuadre) de Méjico.




'~.t~
~n\\\\.\:\\ \ \\\ 1.un'\:\ n '.'\\:ll.l n HU \U;~'\j'.'¡;"\'\!\¡\"~'~"Vn;\ni;\'


CAPITULO XVIII.


l\IÉ J 1 e O:


Iútado crítico de los negocios en Nueva España. Batallas de
Urepetiro i Calderon, Crueldades cometidas por el cura
Hidalgo. Reconquista del puerto de San BIas. Defeecío",
de las tropas de Cohahuila. Brillantes acciones de Zitácua-
ro, de Zapotlen ;del Real de Tasco, i otras. Crítica situaeion
del oirei Fenegas. Conoulsioa general del reino. Influjo de
algunos eclesiásticos en la revoluciono Aprehension en Chihua-
hua de losprincipales corifeos de ella. Obstinacion i terquedad
de los revoltosos á pesar de los muchos golpes'que reei-
bian de las armas del Reí. Defeceion de un cuerpo de tro-
pa insurgente. Horribles estragos cometidos contra los eu-
.rcpeos, Aiaques de los rebeldes contra Guadalajara. Derre-
ta de est&s en varias accienes; sin que cedan de su despe-
chado empeño. Aumento del fuego sedicioso en Valladolid,
á cuya provincia se hablan refugiado varios cabecillas ; i
entre ellos el famoso Rayan. Se fort~liea este último en
la ciudad de Zitdcuaro. Destruceion de una columna rea-
lista mandada por Latorre. Ataques obstinados contra .la
ciudad de Valladolid, i heroica deferlsa de Trujitlo. Crea-
eion de una junta soberana por Rayan. Inútiles tentativas
de lo» realistas contra el punto de Zitdcuaro, Batalla de
Tixtla ; favorable á Morelos. Conjuracion del'3 de agO$ta'
c4lttra la vida del oirei. Ventajas obtenida.' por los rea-
liettu; me..cladas de' algunos reveses. Progresos de More-


45




.230 ~IÉJJ(::O; I S ¡ l.
Zas. Espedicion deZ general Calleja contra Zitdeuaro, Ac-
ciones ganadas por las tropas del Rei en las provincias
del Norte. Victoria del brigadier Porlier en el cerro de
Tenango,


El estado de los negocios era el mas alarmante á princi-
pios del afio 181 1. El genio de la revolucion parece que re-
nacía de sus.mismas.cenizas. Cuantos mas golpes recibian los
ínsurgentes., era tanto mayor el empeño de la clase viciosa i
corrompida, que tanto abunda en este pais , para engrosar
sus filas, Sus derrotas en las Cruces, Aculco, i en otros va-
rios puntos, debieran haber cortado las esperanzas de los re-
beldes ; pero era mui diferente el estado de la opinion. No'


·bíenhabia salídoelejército del Reí. victorioso de un combate
cuando ya debía prepararse para otro, tal vez m3sterrible


· que el primero.
Tres meses hacia que se había dado la batalla de Aeu1co,


· cuando fue preciso que los realistas reuniesen todos sus es-
fuerzoa para sostener la importante de Urepetiro , pueblodís-


· tante dos leguas de la villa de Zamora, i la notable de Calde-
· ron. Fue dada la primera en 14- de' enero por el benemérito
brigadier don José de' la Cruz, comandante general del ejér-


.cito de reserva; i tan completa la derrota de los 6~ hombres,


.Ia mayor parte de caballería, de que se componía el ejército·
contrario, sostenido' por 30 piezas de canon, que dejando el
campo regado con mas de 500 muertos, su artillería i otros-


·muchos trofeos ~ huyeron todos en el m:.lyor desorden i con..
.fusion.


. .Este primer triunfo, ilustrado con la dispersion de 1 SOÓ
{a~iosos, capitaneados por el cura Navarrete , causada por
.Ias bien combinadas maniobras. deleitado brigadier Cruz, fue
.el anuncio de los brillantes laureles de que iban á ser corona-
das las sienes de los gefes realistas en la sangrienta batalla
del 17.


El ejército rebelde se componía de 939 hombres, entre
los que se distinguían siete batallones' de los regimientos de




MHJlCO: 181 lo , 2-31
infantería de Zelaya, Valladolid, Guallalajara, i Guanajuat(),'
i diez i seis escuadrones de dragones de la Reina, Príncipe,
Patzcuaro , i NUf-va Galicia, ocho batallones de nueva. crea-
don, i 200 caballos, que si bien no estaban sujetos á la tácti-
ca militar, eran manejados diestramente por buenos ginetee
del Bajío , acostumbrados al uso de la lanza. Su artillería se
componía de 44 piezas de varios calibres, uaidas de San BIas
i servida. por artilleros de la misma plaza, i de 51 cationes
fundidos por ellos mismos, entre los que había algunos de
18 i 24. El ejército del general Calleja contaba' escasamente
dos mil infantes, cuatro mil caballos, i diez piezas de artillería.


Una loma escarpada de bastante elevación que seestendia
COlDO tres cuartos de legua, i terminaba en un plano inclina-
do bastante espacioso, en el que se hallaban reunidas las


-prineípales fuerzas de los rebeldes; una gran batería en la.
parte superlor que apoyaba su espalda á una profunda bar-
ranca, flanqueada por otras dos baterías menores que abraza-
ban toda .la circunferencia del' terreno por donde había de


'penetrar el ejército de Calleja, intermediando además otro
arroyo profundo que se dirigia de Este á Sudoeste, sin otro
'paso que el puente, descubierto al fuego de todas las bate-
rías: hé aquí los terribles obstáculos que se opusieron al ge-
neral realista. Cualquiera otro gefe que ne hubiera tenido UD
'temple' de alma tan fuerte i decidido, se habria arredrado al
\8010 ténder la vista sobse aquel Imponente aparato'; pero Ca-
lleja había nacido para grandes empresas; su hélico ardor se
electrizaba cuando era llamado para' ejecutar accione; que á
los genios comunes parecían impracticables.


Al reconocer el campo enemigo se llenó de complacencia,
i dió por segura la victoria. ~~ Esas inmensas masas de ca-
." ballería, en las que se pierde la vista como en un vasta
" Oceano, dijo el sábio i previsivo Calleja, han de asegurar
f} mi triunfo: yo sabré introducir .el desorden en sus prime-
'Has filas, i su fuga ha de precipitar la ruina de tan' orgu.
"lloso ejército." El resultado justit&ó lo acertado de aquella
predíccíon. Díspuestas.sus tropas en tres columnas, procedió




232 Hinco: 181 í.
al ataque con paso firme i arreglado. El conde de la Cadena,
segundo en .1 mando, dirigía el ala izquierda; i aunque le
habí¡ sido prevenido DO franquease la línea que debían se-
guir uniformemente las demas divisiones, engreido sin embar-
go con algunas ventajas que obtuvo en las primeras cargas,


·Ie adelantó mas allá de los límites que se le habian prescrito,
cuyo imprudente arrojo le habria comprometido si el general
en gefe, viendo el peligro quecorría aquella columna , no le
hubiera reforzado con una pequeña divisioa que condujo el
entonces primer ayudante¡ don Bernardo Villamil, quien. des-
empeáó bizarramente esta importante oomísion, cargando vi-
:¡orosamente á la bayoneta.


En el entretanto se cubria de gloria la columna de la de-
recha mandada por don l\liguel de Emparan; i el general Ca-
lleja colocado en el centro Jirigia con el mayor acierto el bra-
zo de todos Ios combatientes. El ataque -se habia hecho gene-
ral: al primer esfuerzo vigoroso de los granaderos í patriotas,
-mandados por don José María Jalon , i por les tenientes COfO-
neles Ovledo , i don Joaquín del Castillo i Bustamante , se de-
bió la ocupaeion. de una batería ele siete cañonea: este último
en particular se cubrió 00 gloria, rechazando un impetuosa
carga de caballería enemiga. No bien habian concluido estos
valientes aquel bizarro choque, cuando hubieron de volar en
au'silio de Emparan , sobre el que habia cargado una fuerza
mui superior, la que fue disipada COD facilidad, adquiriendo
.aqui nuevos laureles.


"Hallándose todavía la aecien indecisa, creyó Calleja que
había llegado el momento de desplegar todos los recursos de
JU genio i de dar el último golpe: para lograr su intento era
.preciso apoderarse de la gran batería defendida por 67 piezas
que enfilaba el puente pQt,donde había -de penetrar. La em-
presa no pedía ser mas arriesgada; pero, nada era capaz de
contener el ardor de los realistas : atacaron á un tiempo z@
caballos el flanco izquierdo I la infantería el derecho , i el ge-
neral con la fllefZa principal se dirigió por el centro con taa
impeluoBo valor L confianza, que se atqrro el enemigo; las




)jÉJH~O: 1~ 1 l. 2:53
masas- de caballería principiaron á, remolinarse i á confun-
dirse; todos creían ver sobre sus criminales cuellos las venga~
Goras espadas; nadie pensó sino en su propia conservacion;
los mas fuertes atropellaron á las mas débiles; intereeptose el
camino, i llegó en un instante á' tal grado el desorden de
_aquellas tropas, que formando en el aeto de la fuga unas ma-
las compactas é inamovibles, no pudo la caballería realista ir
en su persecución hasta que ya mas desembarazado el cami-
no se hallaron algunos claros por donde penetró sin riesgo de
estrellarse. Empero el conde de la Cadena, que arrebatado de
IU ardor se introdujo con 2 o dragones por uno de-aquellos
grup06 mas peligrosos, halló una muerte cruel, que llenó de
aflicción á aquel ejército, que tantas veces babia sido testigo
de su inimitable valor i distinguidas hazanas.


No es fácil describir la confusion de esta batalla: el bra--
zo de 10& realistas estaba ya cansado de descargar mortíferos
golpdltsobre aquellos rebeldes: fue inmenso el numero de sus
muertos i heridos; cayeron en poder del vencedor todos sus
cañonea, infinitas armas de fuego i corte, municiones, pertre-
chos, equipages i toda clase de despojos. Los dos priaeipales
cabecillas , Hidalgo i Allendil, fueron los primeros en fiar la
leguridad de eus personas j{lau<1alesá la celeridad .de sus ca..
baUQS, dejando abandonadas -aqaellae gavillas á las que taa
l'illanamente habían seducido.


LQS trofeos conseguidos por el señor Calleja en esta ilus-
lre jornada , fueron de los mas importantes. El valor de dicha
¡efe compitió con su pericia militar; su actividad i energía
con lo acertado de sus maniobras, su sagaz prevision con su
-,erenidad, i su bélico arcior con su acendrada lealtad,


Pocas victorias nos ofrece la hutona de- América' taa
brillantes como la de Calderon : par-a, perpetuersrr memoria, i
plfa recompensar el estraordinario mérito del general que ci:'
fió su frente con tan esclarecidos Iaureles , fue creado U11 tf~
lulo de Castilla.cen el nombre de Calderon , í conferido aJ
~ue .tan digno se ha'bia hecho de aquel noble distintivo.


Eneite dia se afianzd.la autoridad Real; era de temer




.?Y~}f!;:,JICO: 18 i t,
'que si hubiera sido vencido aquel ejército, todo' l1alJiil cedi-
-do á los esterminadores r;yos de Hidalgo. Los negocios ptí..
hlicos cambiaron de aspecto con tan importante victoria; se
rectificó la opinion; se. desalentaron los amantes de la inde-
pendencia ; acabaron de enfriarse los tibios; i se decidieron por


-la causa del Rei los.indiferentes, que esperaban el desenlace
.de aquella lucha para agregarse al partido victorioso.


Comunicadas estas lisongeras noticias por el benemérito.I
ansioso virei á todo el reino, escitaron una indecible alegria i
un consuelo vivificador en todos sus habitantes, i especial,
mente en los de la capital, i en mas de 500 españoles que se


•hallaban en la inquietud mas alarmante sobre el éxito .de
aquella batalla. .


La calma sin embargo estaba muí distante de' quedar res-
-tablecida en aquel agitado país. Los golpes mas decisivos des-
concertaban por el momento á los revoltosos; mas pronto vol-
vian estos de su estupor; i obrando ardientemente en 81los el


deseo de enriquecerse con los despojos de los europeos, cuyo
-esterminio habían jurado, volvían luego á reunirse para dar
nuevo impulso á su sacrílega causa, esperando someter con
su terquedad á la misma fortuna. Así veremos al benemérito
Calleja continuar activamente IUS operacíoaes con tan ínfatí-
jable celo i constancia que conto el número de sus triunf~
par el de sus movimientos militares.


Los primeros que emprendió á consecuencia de la citada
victoria, fueron sobre GuadaIajara, en cuya ciudad entró en
el mismo día que la división del brigadier Cruz, que fue el 21.
Noticioso de qt1e el despechado cura Hkblgo había des-
fogajo su -saña i venganza contra IlJRS de 500 europeos iner-
mes de aquella ciudad, á cuya bárbara suerte habianpodido
sustraerse con el apoyo de algunos honrados vecinos otros 200,
i entre ellos ~ brigadier don Roque de Abarca i el intenden-
te don Francisco Readon , creció su justo furor de esterminae
aquellas tropas desapiadadas que habían huido en el mayor
desorden ácia Zacatecas, á reforzarse con otro gran trozo de
insurgentes mandados por el cabecilla Iriarte.




:\J~JTCO: ] 8 1 1. 235
Mientras que Calleja recomponía su armamento en Gua-


dalajara i tomaba medidas eficaces para continuar la camparla
con mayor tesan i firmeza, había salido don José Cruz en di-
reccion del puerto de San BIas contra el cura Mercado, que se
habia fortificado en el sitio llamado la Barranca, con 14 pie-
zas de artillería, algunas de ellas de á 24. Fueron tan felices
los esfuerzos de este digno gefe, que arrojado de aquel punto
el enemigo con pérdida de 8 cañones, se habían levantado en
masa los pueblos inmediatos á San BIas, les que dirigidos por
el celoso párroco don Nicolas Santos Verdín', se habían apo-
derado de dicho puerto, dando muerte al bullicioso M:erca:.-
do , -causante de aquellos desórdenes.


Estas lisongeras noticias fueron contrapesadas por la de-
.feccíon en el pueblo del Saltillo de las tropas de don Anto-
nio Cordero, comandante de Cohahuila , quien se había visto
~recisado á retirarse, abandonando aquella provincia. Desde
aquel momento se ocupó el gobierno con el mayor empeño
en enviar tropas á este punto para impedirla fuga de los dis-
persos ácia los Estados Unidos, á cuyo efecto se despacharon
asimismo algunos buques que se opusieran á su embarco por
:cualquiera de los puntos de aquella costa; la que deberían
-eecorrer desde Tampieo hasta la bahía del Espíritu Santo.


Al regresar dou José de la Cruz de su feliz espedicion
.oontra el puerto de San BIas ~ fue encargado de la presiftencia
i comandancia militar de Guadalajara, de cuya ciudad Jlabia
salido ya el brigadier Calleja con dirección á San Luis de Po-
tosí, á donde habían pasado los encmigos desde Zacatecas.
Los sediciosos que infestaban la provincia de Guanajuato fue-
TOn escarme~tados por el teniente coronel urbano don Fer-
nando Romero Martinez. El capitán de dragones don Fran-
cisco Izquierdo, correspondiente á la division del teniente co-
sonel Trujillo se encontró en Zitácuaro con 10:0 insurgentes
mandados [Jor un fraile Francisco del convento de 'I'oluca , por
los que fue batido cou alguna pérdida ~ si bien pudosalvar la
fuerza principal al favor de su celo i decision.


.Mient-ras que Calleja sazonaba los planes. de dar el últi,-
-


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" .\',


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t:~ ~
\\ '~l.\ '




2:>G lfl':.rrCO: '~l ¡ .
rao golpe á los principales caudillos de la revolucíon que ~e


.habian situado en el Saltillo , salían á sus espaldas infinitas
guerrillas sueltas ,que teman en contínua alarma :í hs tro- '
paji del Rei. 'I'oda la grande actividad que desplegó el iniper-


,turbable Venegas en este vasta teatro de sangl"c i horror, era
insuficiente para cortar de raiz aquel pestífero germen: Ls


,eEperanzaii de loa buenos estaban cifradas en los felices resul-
tados que debian e¡¡perar.e de la espedicion del referido brÁga-
dier Calleja, sin cuya presencia no era posible restablecer el
órden en provincias tan distantes. Hacer una prolija relacion
de tantos choques como empeñaron las armas del Rei en esto.
dias , seria molestar la atención del político observador que
desea recorrer el cuadro de los sucesos con amenidad. Para
evitar pues su monotonía, instruyéndolo sin fastidio, recorre-
remos con rapidez las acciones poco importantes, fijando prin-
cipalmente nuestra atención en las que han podido tener un
influjo decisivo en la opinion.


El segunde de la división de Cruz, don Rosendo Porlier,
espitan de navío , di6 una brillante prueba ele su diatinguiJo
mérito, arrojándose contra un cuerpo de 122) insurgentes en
la cuesta de Zapotlan, matándoles mas de mil, i poniendo en
confusa dispersíon á los demas, Es también digno de honorí-
,n;;a. mencion el arrojo del espitan don Marianc Garcia, quien
atacando á los insurgentes el 3 de marzo cerca del Real de
'¡'asco, se apoderó de 19 piezas de artillería. Fueron asirnis-
rno ilustres las acciones sostenidas por don Juan Bautista de
Ia Torre en Santiago del Cerro, i en San Mateo i Amanalco.


Empero la gaviHa que se sostenía-con mayor esfuerzo era
111 del cura MoreIos, compuesta de 49110mbres medianamente
.orgauiaadcs , que á pesar de algunos golpes recibidas por la¡
armas del Reí, continuaban en el sitio de Acapulc\}, si bien
se esperaba que el ~rgento mayor de dragones de España don
Nicolás Cosio rescatase aquella poblacíon de la desgraciada


..
suerte que la amenazaba.


La situaci811 del celoso virei VenegM era la mas embara-
~i!l; i lo que contribuía mu á agravarla" era su insomuní-




¡"lr,n~o: 1SIl. 237
ctlcioJl con la ll.';iyür parte de los puntos de operaciones. Por el
Sur yagahan desde el territorio de Huich.ípan hasta TIalpuja-
gU:L [os Vilbgranes i Anayas interceptando correos, robando
pueblos, i cometiendo toda clase de insultos. Entre Veracruz
i 1\Iéjico, i entre esta capital i las provincias del Norte her-
viau las partihs que se disipaban en caso de ser perseguidas,
con la mi3111c! facilidad con que se reunían. Bastaba que un
cura ó un fraile les perorase para que todos le siguiesen, alu-
cinados C0n el halagüeño i falso brillo de sus doctrinas revo-
lucionar ias.


Increible parece I]ue 1101 guerra civil, sostenida con
tan horribles manchas de obstinacion i furor, haya sido
conducida casi esclusivamente por el brazo eclesiástico, cuyo
instituto es dirigir las almas por el sendero de la salvacion í
de la virtud. Es doloroso confesar que el cIero católico, tan
abundante en virtudes i piedad, ofrezca esta desgnciada es-
cepcion en Nueva España. Una gran parte de los generales de
&'Iuella bárbara revolncion pertenecian :í arrue! ramo; 10 fue-
ron asimismo los gefcs de partidas, i se debio finalmente á su
maléfico influjo el estravío general de la opinion.


Hubo, sin embargo, respetables i virtuosos eclesidsticos,
i entre ellos el benemérito Pi Fr. Diego Bringas , de la 6rden de
San Francisco , que condenaron aquellas ideas subversivas, í
que hicieron resonar en los púlpitos la caridad cristiana i la
obediencia á las autoridades constituidas , esmerándose en dísi-
pár las tinieblas de les sediciosos; pero los esfuerzos de su .ce-
lo fueron infructuosos. La parte viciada de aquella respetable
corporacion , que aunque infinitamente menor en número,
era la mas osada, prestaba demasiados incentivos á las pasio-
nes de la desenfrenada muchedumbre para que dejase está de
adherirse á un partido que le abría las puertas del libertinage,
de la licencia, del saqueo, i de la devastacion, Una parte de
estos miomas eclesi.ísticos rebeldes pertenecían á la clase de los
mulatos ó de los indios, cuya afinidad i contacto era la mas
á prop?EÍto para grangearsc el aura popular: asi, pues, no de-
be estrañarse la simultaneidad de fuegos que aparecían por


46




ld:.rrCO: ¡ Sil.
todas partes, i que mantenlan en perpetul inquietu.I ~í 1.13
tropas del Rei , i en la mayor agitacion á sus dignos gefcs,


El brigadier Calleja se desvivía por cortar los vuelos á los
cabezas de aquella horrorosa revolucion , figLldn!lose que este
sería el único medio de calmar el desorden general. Con esta
mira dividió su ejército en varias columnas, que dirigió á la
provincia de Guanajuato, á Rio Verde, al Real de Pinos por
el rumbo del Oeste, i ácia el Norte para cubrir la avenida
principal del Saltillo. La inquietud general crecia por mo-
mentas; la insurrcccion se fomentaba considerablemente; el
cura Calvillo levantaba nuevas fuerzas por la parte de Juchí-
pila i 'I'altenango: igual aumento habría tomado la sedición
en Zapotlan i Zacoa1co sin la oportuna presencia del coman-
dante Porlier,


No era menor la conmocion en In. provincia de Valla-
dolid, mandada entonces por el bizarro Trujillo ~Í pesar de Lis
ventajas obtenidas por don Juan Sanclicz en las inmediacio-
nes de Puruandiro, Estos ilustres triunfos sin embargo, así co-
roo los obtenidos por don Juan Bautista de la 'forre contra
los rebeldes del valle de 'I'emascaltcpec , i por otros gefes rea-
listas, estaban mui distantes de hacer renacer la calma en
aquellas desgraciadas regiones. La espectacion pública estaba
fija en las operaciones del ejército del Xarte: todos esperaban
con la mayor ansiedad el resultado de los planes de aquel ge-
fe, cuando se recibió la plausible noticia de haber sido apre-
hendidos en Chihuahua el 21 de marzo en el paraje llamado
Acatita de Bajan, cerca de la villa de lHondova, los corifeos
principales de la insurrecciono


Hostigados estos por las tropas realistas habian determi-
nado retirarse á los Estados Unidos para gozar en ellos des-
cansadamente del fruto de sus rapiñas. Poco les faltaba para
franquear la línea divisoria de aquella rcpdblica , cuando una
emboscada realista, dirigida por Elizondo , que habi«(w~ose
fingido del partido independiente habia sabido atraer á sus
ideas á Menchaca , Carrasco, Borrego i otros oficialcs, se co-
locó en el mismo camino por donde había (le f'lsar la pomo




po,;:t couuuva, l;ic~n distante ,;sta de hallar su muerte en
aFH'lh fucrza , que creia destinada :í su defensa , fue cayendo
incautamente i sil] mijo en sus manos, á medida que llegaba
:t aquella posiciou , quedando ocultos en un recodo que for-
maba el terreno los primeros presos para quc los de la reta-
gU:lrtlia continuasen su marcha sin desconfianza.


Por este medio ingenioso consiguieron las armas del Reí
el mas ilustre de sus triunfos, cuyos trofeos fueron el arresto
de 1500 hombres, 60 oficiales de plana mayor, entre ellos
el cura Hidalgo, los generales Allende , Jimenez , Aldama,
Camargo , Lanzagorta, Zapata, Santa Marfa , Abasolo, i
Carrasco, ademas de otros brigadieres i coroneles, seis clé-
rigos i tres frailcs , que fueron fusilados sucesivamente, ha-
biéndose contado entre lo mas importante de aquella presa
los inmensos tesoros, que algunos hicieron ascender á tres
millones de pesos, 13 coches, una volanta, i todos sus ricos
equipages.


Los realistas se entregaron á las mas Iisongeras esperanzas,
creyendo que cortada la cabeza á la hidra de la revolucion
serian mui efímeros los esfuerzos que hicieran sus nuevos se-
cuaces; pero desgraciadamente fue muí diverso el resultado.
Redoblando los principales atizadores del fuego insurreccio-
nal su empeño en dar vigor á aquella ilegítima causa, se va-
lieron de sus mismas desgracias para reanimar el espíritu de
los alucinados, haciendo que la pubiicacion de los triunfos de
Acatita fuera considerada como los últimos é impotentes es-
fuerzos de la intriga para conseguir con la falsedad lo que no
les era dado con la espada. Lejos pues de estinguirse la rebel-
día en los paises del Sur i del Centro, tomaba nuevo impul-
so i vigor, i hacia ver la urgente necesidad de desplegar los
medios mas enérgicos para reprimirla. Creció de tal modo la
osadía de los revoltosos, que en el mes de abril llegaron á
aproximarse á la misma capital de Méjico, á atacar, aun-
que infructuosamente, á las tropas que se hallaban acantona-
das en 'I'ula.


Otro de los golpes importantes, que deberia haber deseen-




r r,~
;J I o ~'F..TI(fl: ¡ o1:.
cerrad» á los revolucionarios, si hubieran silo Cl[JJC::S de re-
troceder de su criminal empresa, fue el reconocimiento de la
autoridad real por un cuerpo de tropas de la provinciu del
Nuevo Santander que hahia abrazado el p.u ri lo de la insur-
recrion , i la prision i entrega del lego Fr. Luis Herrera, que
los acaudillaba, asi como la de 400 individuos, inclusos 56
oficiales con 10 cañones de varios calibres , algunas municio-
nes i un considerable número de armas de chispa i de corte.
No eran tan favorables las noticias por otros puntos : los
sanguinarios i vengativos facciosos se cebaron en la sangre de
los europeos, asesinando una gran pon-ion de ellos en hs in-
mediaciones de Acapulco , en Salarn-mca i hasta en Calpul.rl-
pan, que tan solo dista doce Ieguas de la capital del vi-
reinare.


Se agolp3.ron al mismo tiempo las bandas de los insur-
gentes con tanta terquedad sobre Guadalajara , llIle se habria
visto precisado el brigadier Cruz á evacuar aquella ciudad
sino hubiera llegado oportunamente la división del teniente
coronel don Celestino Negrete, gefe valiente, que había dado
repetidas pruebas de su inteligencia i acierto. El comandante
Ochoa en su marcha al Saltillo derrotó en Aguanueva un
cuerpo numeroso de enemigos, cuyos restos, que todavía as-
cendian á 69 hombres, protejidos por 17 piezas de artillería,
atravesaron el paso que media hasta Zacatecas , de cuya ciu-
dad se apoderaron de nuevo, así como de su corta guarnicion
que mandaba el capitan Zamhrano. Calleja salió á recobrar
la ciudad de San Luis de Potosí, de la que huyó el enemigo
con anticipacion ; pero fue este alcanzado i batido por las tro-
pas, que habían sido destacadas el 1 ~ de mayo á las ordenes
del coronel de dragones don '\'liguel Emparan.


La insurreccion se desplegó en este tiempo con mayor fu-
ria en la provincia de Valladolid por dircccion de los dos cu-
ras Navarreto i Garcilita. El licenciado Iguacio JbYOl1, ex-se-
cretario de AJIende, que había quedado en Cohahuila cuando
fue preso el cura l{ióhlgo, se retiró con su gente á Zacateeas,
cuya ciudad hubo de abandonar apenas supo que Calleja sa-




]\~í':,¡r(.n: 1811. 2~ 1
lü CO:lt¡'J d desk San Luis de Potosí ; i evadiéndose de los
movimic.itos de Emparan 1X1S6 á situarse en 1.1 citada provin-
cia de Vull.ulolid.


Un hombre rudo i salvaje , llamado Benedicto Lopez , de
acuerdo con Orti:o:, sobrino de Hidalgo, reunió algunas reli-
quias de las tropas que se habían batido en el puente de Cal-
deron , i guarneció con ellas la ciudad de Zitacuaro , figurán-
dose (fue aquella escabrosa situacion le defenderia de la afor-
tunada copada del ejército realista. Creció el orgullo de estos
facciosos con el triunfo conseguido en ~2 de mayo sobre el
capitan don Juan Bautista de la Torre, quien fue muerto
con la mayor parte de SllS oficiales i soldados que habian ido
á atacarlos , quedando enteramente deshecha aquella columna.


Engreidos los insurgentes con este golpe, que fue de los
mas importantes que consíguieron contra las tropas del Reí,
se atrevieron ¡( atacar la ciudad de Valladolid, defendida por
el bizarro 'I'rujillo. Los principales gefes de esta espedicion ,
M Ulliz, Torres , Rayon , Liceaga, Huidobro, Salto, Carrasco
i Ramos, trataron de hacer el último esfuerzo para dar vigor
á su causa. No bajaban de 89 hombres los que tuvieron si-
tiada cuatro días aquella ciudad; pero sus ataques, aunque
impetuosos fueron recibidos con la mayor impavidez. La
oportuna llegada de la columna de don Antonio Linares
reanimó el espíritu de los sitiados, i desconcertó los planes
de los enemigos, quienes hu bicron de retirarse con pérdda
mui considerable.


Rayoll, que j¡ahi!! pasado f establecerse en Zit.ícnaro , pu-
do atraer á sn partido 1J. mayor parte de aquellos facciosos,
con cuyo ajJoya se propuso derrocar .í. LIS que ;¡Ilí ejercian la
principal autoridud. Para dar mayor peso ,í Ia suya, erigió
una junta de tres miembros con el titulo de Soberana , i pa-
ra quedar solo en el mando asesinó á Ortiz, i alejó á Benedic-
to con vanos prctcstos , haciendo en seguida una aparente
eleccion popular en su misma persona, con las firmas de
aquellos miserables que seguían cirgamente su propio impulso.
Para deslumbrarlos nombró dos colegas desprcciables , que fue-




2J~? MLJiCQ: 1811.
ron Líceaga i Verdusco , arrog~nclGse la l'C(sidcl\(i:¡ prpu C[l.


Conociendo el sabio i activo virei \' enegas la necesidad de des-
hacer en su origen aquella peligrosa reunion , dispuso la pronta
salida de una espedicion iílas órdenes del coronel don José J',ligud
de Emparan, cuya fuerza reunida á la que manuah» d tenicn-
te coronel don José Castro ascendía á cerca de 2:3 hombres.


Despues de haber superado este digno gefe la cañada que
forma una serranía fragosa i elevada, llegó elfl2 de junio á
las inmediaciones de Zínícuaro , i á pesar de los grandes obs-
táculos qne le opuso el enemigo atacándolo por los cuatro
frentes i por la retagaardia , logró al principio algunas ven-
rajas , i les tomó 5 cañones ; pero las profundas zanjas
que habían hecho los insurgentes á fin de evitar el asalto, la
falta de víveres i las copiosas é incesantes lluvias le ohligaron
:i retirarse á Toluca con bastante pérdida en hombres i baga-
ges, Hall.índose Emparan inhábil para continuar la campaña
á causa de habérsele abierto la herida que recibió en Calde-
ron, fue enviado el conde de Alcaráz á tomar el mando de
aquellas tropas.


La ciudad de Valladolid recibió á este tiempo i en el
dia 22 de julio un nuevo é impetuoso ataque. Diez mil in-
surgentes con 40 callones de metal se arrojaron con el mayor
furor contra sus esforzados defensores, i llegaron á penetrar
por las mismas calles; el fuego duró desde las diez i media
de la mariana hasta las seis de la tarde" á cuyo tiempo, vien-
do los facciosos la tenaz resistencia de aquellos valientes, se
retiraron con pérdida de 500 hombres, 1 U caríoncs , muchas
municiones, armas i caballos. El bizarro 'frujiI1o, puesto á la
cabeza de algunos caballos, se arrojó con el mas decidiúo cm;-
peñosobre el orgulloso enemigo, al que desconcertó comple-
tamente, fijando por este atrevido i aun temerario golpe Ia
suerte de aquella ilustre jornada que lo cubrió de gloria; i el
triunfo habría sido completo si el cansancio de las tropas hu-
biera permitido ir en persecucion de los dispersos.


A pesar de la derrota del enemigo, temió Trujillo alguna
sorpresa de aquellas mismas masas que se reunían con la mis-




n:JTf.O; ¡SI J. 2~3
llJ:l faciIiJ11 con que se desbandaban ; i no pudiendo contar
siempre con los dones de la caprichos'! fortuna , pidió nuevos
refuerzos que le fueron cnvia.Ios desde Toluca. Estos sublimes
rasgos de herolsmo rd1cjllnll el mayor lustre sobre las armas
cspafiobs; mas no alteraban de modo alguno el estado critico
de los negocios. La insurrección seguia su curso, í para sofo-
carla se necesitaban fuerzas lIl'lyorcs. Las atenciones preferen-
tes del general Calleja en destruir las primeras reuniones, i en
asegurar las dilatadas provincias de Zacatecas , Guanajuato i
San Luis, i las de la Colonia i Nuevo reino de Leen, dieron á
los gobernantes de Zitacuaro algunas treguas para recrearse en
la ostentacion de sn poder quimérico. Empero conociendo Ra-
yon que la 0iJinioIl no estaba preparada para sacudir de un
modo absoluto la dependencia de la metrópoli, conservo to-
davfa para todos sus actos el augusto nombre del señor don
Fernando VII. Dicho insurgente se erigió en capitan general
de todos los ejércitos americanos. i se constituyó al mismo
tiempo en ministro de sí mismo, ofreciendo los desvaríos de
aquel insensato un fenómeno raro en polúica , ce de que un
"mismo individuo pueda ser presidente de un estado i su mi-
»nistro universal. "


En tanto que se creaba el descabellado gobierno de Zit:i-
cuaro , seguían las tropas realistas en su infJtig,lble celo por
desbaratar las infinitas partidas que herbian p,:)r todas partes:
lo fueron con efecto cerca del pueblo de 'I'epetitlan , en Ato-
tonilco , en el cerro cld Zcpo , i en todas Ias provincias dd
Norte, en las que se distingui~:rün los comandantes Andrude,
Arrec10w lo, Garda Conde, i [¡-Jadera; lIlAS no fueron las ar-
mas del Rei tan afortunadas :ícia la parte del Sur, El cura
More/os con un cuerpo de 28 hombres, bien armados i adies-
trados por un anglo-americano , fue atacado en 'I'ixtla par la
columna del teniente coronel don Juan Antonio Fuentes,
compuesta de 900 horubrcs ; pero el éxito estuvo t:1I1 lejos de
corresponder á las esperanzas del geli.: realista , que derrotado
completamente por los Si:, liciosos, quedaron estos dueños de
las provincias de Oujaca i Puebla. Acapulco en el entretanto




.2,!¡'~ ld'¡¡Ci): 101 l.
se hallaba en los mayores apuros, j próximo :í capitular por
falta de víveres. Estos golpes desgraciados influían considera-
hlemente en el desaliento de los realistas : amaestrados los in-
surgentes en el arte de la guerra, 110 eran ya aquella clase
de bandidos que abandonaban e] campo á las primeras des-
cargas : era otra su decisión i firmeza, i se necesitaba por lo
tanto doble esfuerzo i precaucion para burlar sus ataques.


Aunque el número de personas de cousidcracion no era. tan
grande como antes de ser aprehendidos los primeros corifeos,
tenían mas erden i mas práctica '105 que tomaron posterior-
mente el mando de las partidas, A.lcmas de las que estaban
situadas en Zitáeuaro, en Chilapa , i en Acapulco, había otras
infinitas que á manera de las guerrillas de Fsparia inundaban
el reino, trayendo en continuo movimiento á Ins tropas del
Rci , é interceptando de tal modo las comunicaciones, que
solo en grandes convoyes se atrevian los comerciantes á con-
ducir sus efectos.


Villagran , situado á la entrada de la Huastcca , tenia en
continua alarma á Zimapan , Pachuca , Ixrni-juilpan i llfex-
titlan; i posesionado del Real del Rector, trabajaba una bue-
m. mina, con cuyas platas i con la impenetrabilidad del ter-
reno se mantenía al abrigo de todo ataque. Canas, colocado en
la serranfa de la villa del Carbon , se paseaba libremente por
Chapa de Mota, Gilotepec i Tepexi, estendiéndose hasta Cuau-
t itlan, Huehuetoca, é Ixtlahuaca, Aldama se habia estacionado
en los llanos de Aran, donde había principiado á turbar la
tranquilidad de que había gozado el obispado de Puebla , in-
terrumpiendo sus comunicaciones con VCLHTU:!, i estendién-
dose hasta las inmediaciones do 'I'ezcuco ; pero irahiendo sido
arrojado de allí por los realistas, apareció muí pronto en San
Juan de los Llanos i en las cercanías de Perote.


Para completar las tristes sombras de este cuadro se anun-
ció una terrible conjuración, que debia estallar el] de agosto,
desigruíndose como víctimas que habian de sacrificarse al fu-
ror revolucionario, el mismo virei i las principales autorida-
des. Este plan de refinada perversidad debía producir á los re-




3IEnro: )SI i , 24;)
beldes los mas favorables resultados: con la aprehensión del
primer gefe i con su traslacion á Zitacuaro , se proponían
desconcertar todas las operaciones ele los realistas, introducir
el desorden i la confusion , i valerse de su firma para man-
dar la entrega de las armas á todos los comandantes de cuer-
pos i plazas. Los buenos realistas, que conocieron el grave pe-
ligro de que plúgo á la divina Providencia libertarlos con una
oportuna revelacion de aquellos devastadores proyectos, se es-
meraron en demostrar á porfia su jribilo í satisfaccion : se re-
doblaron las medidas precautorias, se estableció una super-
intendencia de policía, se hicieron varias prisiones; i seguidas
sus causas por los trámites legales, sufrieron el último supli-
cio el abogado don Antonio Ferrer , los cabos Ignacio Cata-
lío i José Mariano AyaIa, i los individuos Antonio Rodriguez
Longo, Felix Pineda i José Mariano Gonzalez. Fueron apli-
cadas asimismo otras penas, aunque mas benignas, á varios
sugetos, i entre ellos á algunos religiosos que resultaron cóm-
plices en aquella horrible conspiracion.


Con tan feliz descubrimiento se reanimó el espíritu de los
realistas, í sus armas adquirieron el mayor lustre en varias
acciones que se trabaron en el mismo mes de agosto: tales
fueron las que dieron los capitanes Zarzosa i Collado en las
inmediaciones de Querétaro ; las del capitán Güelbenzu en el
llano de las Animas junto á Aculco; la del capitan ArguIDo-
sa defendiendo el pueblo de Ixmiquilpan contra el bárbaro
caudillo Villagran; la del capitan Menezo sostenida en Pén-
jamo contra 29 rebeldes mandados por los cabecillas Cleto Ca-
macho, el cruel albino García i un tal N ájera; i en particu-
lar las dd comandante don Manuel del Rio en el mes de se-
tiembre en la villa de Colima, de la que fueron desalojados
los rebeldes con pérdí.ía de cuatro estandartes, cinco caño-
nes, todas sus municiones, fusiles, armas, equipagcs í caba-
llos, dejando tendidos en las calles mas de 300 hombres, i
en poder de las armas del Rei la muger del cabecilla Sando-
val, que se titulaba emperatriz. El mismo gefe realista adqui-
rió nuevos laureles en otra accion que sostuvo contra el ca-


47




:>'/1 ti lIÜICO: 181 1.
hecilla Ricardo Ruiz de Esparza, alias el inglesito, á quien
causó la pérdida de 600 hombrea.


No fueron menos importantes las seis acciones sostenidas
por el capitán de fragata don Ciriaco del Llano, uno de los
quince oficiales que el capítan general de la Havana había
remitido al virei Venegas, habiéndose cubierto de gloria aquel
digno gefe en todas ellas, i en otras muchas escaramuzas i
bruscos ataques que sufrió desde 3 de setiembre hasta 5 de
octubre, en cuyo tiempo anduvo 180 leguas entre ásperas
montañas i quebradas, que dejó teñidas con la sangre de los
rebeldes.


Contribuyeron asimismo á dar lustre á las armas del Rei
las acciones que se dieron á este tiempo en Guanajuato por
la division del coronel Garda Corule , í en particular la que
sostuvo el teniente coronel don José Lopez por el rumbo de
Zacatecas contra tres ó cuatro mil insurgentes, á quienes der-
rotó completamente cogiéndoles toda su artillería, que se com-
ponía de diez piezas, sus municiones i cargas con varios pri-
sioneros. Fue asimismo distinguido el ataque que di6 el capí-
tan Salazar al Real de Asiento, á donde se habían refugiado
los rebeldes, á los que derrotó completamente con pérdida
considerable de oficiales i soldados.


El combate de Tenango á las inmediaciones de Toluca, sos-
tenido por el bizarro Porlier tuvo un resultado favorable, si
bien fue acompañado de bastante pérdida que sufrieron las
tropas del Rei. El teniente coronel don Joaquín del Castillo i
Bustamante se cubrió de gloria en dos acciones que dió en el
mismo mes de setiembre, habiendo contado entre los trofeos
de la primera 1 200 rebeldes tendidos en el campo, 1 2 caño-
nes de todos calibres, i un gran repuesto de municiones i pól-
Tora, muchas lanzas i mas de 300 arcabuces; i como resul-
tado de la segunda la destrucción de mayor número de ene-
migos i la toma de 2 o cañones, i la de todas las municiones
que le restaban.


Esta terrible época forma una serie no interrumpida de
lances guerreros, en los que la victoria no estuvo siempre en-




.\Jl\.llr.O: 18 j l. 2f~7
lli:ldczuda á las armas del Rei. El comandante don José de
Cespedes, que desde Méjico habia salido á reemplazar á Co-
lumna, gefe de una division, fue sorprendido con su escolta
por los insurgentes, conducido á Zitácuaro i sacrificado á su
bárbara venganza: el teniente de fragata don José Ruiz de
Cárdenas, segundo en el mando de aquella fuerza, puesto á la
cabeza de algunos infantes i dragones quiso vengar la muerte
de su nuevo gefe, i volver por el honor de las armas españo-
las; pero habiéndole sido esquiva la fortuna, pagó aquel noble
arrojo con su misma vida i con la clestruccion de su tropa.


El comandante Soto derrotó un cuerpo de 3~ rebeldes,
apoyados por tres cañones á las órdenes del feroz ViUagran~
les causó la pérdida de .)00 hombres i de dichas tres pieza.,
municiones i efectos. Don Francisco Guiaanortegui, capitan de
dragones de Puebla derrotó en las provincias internas en la
hacienda llamada de la Cebada un cuerpo de dos mil bandi-
dos, acaudillados por Bernardo Guacal i por otros cabecillas,
á quienes causo la pérdida de 450 hombres.


En los últimos meses de 181 1 se complicaron los sucesos
militares i políticos en 'este vasto teatro: ya los insurgentes ha-
bian ido engrosando sus divisiones i adquiriendo algunos ele-
mentos de órden é inteligencia de que antes carecian, á los
que debieron principalmente los progresos de sus armas en
algunos puntos.


Dichos facciosos habían reunido en Chilapa 4500 hombre¡
con mas de 900 fusiles i 29 cañones : tambien en Tlapa se
habían fortificado contando con el apoyo de la provincia que
habia sido seducida por el cura Tapia. Morelos se dirigió so-
bre Chautla , cometiendo mil atrocidades, i asesinando al te-
niente coronel don Mateo Musita i á cuantos europeos caye-
ron en sus manos. Envalentonado con estos cobardes triunfos se
adelantó hasta Iaucar , i trató de aproximarse á Puebla. Alar-
mado el virei Venegas, dió las órdenes convenientes para
que una parte de la división del brigadier Llanos se adelan-
tase á tomar posición en Atlixco, punto intermedio entre
Izucar i Puebla, á fin de que contuviese al osado eclesiástico.




2!~8 11JÜrCO: 18[ l.
Deseosos los gefes realistas de venir á las manos con aquel


formidable enemigo, le atacaron en el referido pueblo de Izu-
car con el mas denodado valor; pero la herida mortal que re-
cibió el teniente de fragata don Miguel Soto, que mandaba
aquella fuerza, i las de otros valientes oficia.leshicieron variar
el curso de la fortuna que se habia presentado con aspecto
risueüo ; se vió por lo tanto obligada la division realistaá em-
prender su retirada, que fue dirigida con la mayor inteligen-
cia i bizarfa por el moribundo Soto, cuyo indomable valor
no le abandonó hasta que hubo exhalado el postrer aliento.


A pesar de este sensible golpe había sufrido demasiados
descalabros la gavilla de MoreIos para que insistiese en su
direccion contra Puebla; asi pues volvió sus miras 1Í ocupar
aquellos puntos en que no habia fuerzas que pudieran resis-
tirle. Uno de ellos fue el de Tasco, cuya corta guarnicion hi-
zo el última esfuerzo, si bien hubo de sucumbir á la inmen-
sa superioridad del enemigo i al desaliento que se introdujo
con la muerte del comandante, capitan de milicias, don Maria-
no García i Ríos, Los rápidos progresos de este infame cabe-
cilla introdujeron la mayor confusión hasta en los pueblos in-
mediatos á la capital. Mas de 2~ individuos emigraron de
Cuernavaca i se refugiaron en San Agustin de las Cuevas. Otra
columna del mismo insurgente invadió las Amilpas, arruinan-
do las ricas haciendas de cañas de que abunda aquel ter-
ritorio.


La osadía de los rebeldes había llegado á tal grado que
hizo ver al impávido vireí la necesidad de reconcentrar las
fuerzas de las provincias del Norte para destruir las conside-
rables de Morelos, atacando el punto de Zitácuaro, en el que
se abrigaba la pomposa junta nacional que fomentaba la re-
belion con sus proclamas, despachos i títulos librados á sus
mas adictos partidarios. A este fin dió órden al ~neral Calleja
para que pasara con su ejército á la provincia de Valladolid
i al lugar de Acámbaro á fin de ejecutar el plan de ataque,
combinado con un movimiento que debía hacer sobre Tenan-
go la division que se hallaba en 'I'oluca , allanando por este




Ml~JI(;O: 18¡ l. 21ig
medio aquel obstáculo á Calleja. Era de presumir que tan
pronto como las tropas del Rei saliesen de Guanajuato, cobra-
rían nuevo aliento los rebeldes en aquella parte: á pesar de
las enérjicas disposiciones para reforzar con tropas de San
Luis de Potosí i Guadalajara aquellos puntos que mas pudie-
ran necesitarlo ~ atacaron los rebeldes la espresada ciudad de
Guanajuato ~ de la que fueron rechazados por la corta guar-
nicion i por la bizarría de algunos honrados habitantes.


Habiéndose reunido aquellos de nuevo en número de 50 hom-
bres bajo la direccion de los caudillos Albino García~Tomás Val-
tierra ~ i Toribio N ájera~ dieron el segun do ataque á la referi-
da ciudad en 26 de noviembre; i apoyados por el populacho
que se les había agregado por el afan del botín, se trab6 un
sangriento combate, prolongado desde las ocho de la mañana
hasta la una de la tarde, en que por un esfuerzo estraordina,
rio lograron las trop2s i el paisanage apoderarse de un cañon i
de IUi municiones del enemigo, con cuyo suceso se aterró i se
puso en precipitada fuga, quedando desvanecidas las esperan-
zas de los amantes del desorden, pero desconsolados los realis-
tas, aunque victoriosos, por la pérdida considerable que sufrie-
ron de personas del mas alto mérito.


Los refuerzos de la Nueva Galicia calmaron los recelos de
aquella ciudad ~ que á pesar de sus triunfos no- se creía segu-
ra de las intrigas de los revoltosos. Las tropas del general
Cruz se cubrieron dc gloria en otra porcion de acciones que
dieron á los rebeldes en octubre, no-viembre i diciembre: me-
recen entre ellas particular mención la de don Juan Rulfo en
Zapótlan contra 600 rebeldes; la de TetÍl contra 4°0; la del
Rancho del Capulin , ganada por el capitan Linares contra
400, á quienes quitó 130 caballos; la de Acaponeta sostenida


por el teniente Espinosa con 200 contra 2000 ~ salvando así
aquel vecindario de la destrucción á que había sido condena-
do por haber aprehendido á varios cabecillas, que fueron pa-
sados por las armas; la de Jiquilpan sostenida por el capitan
Mora; la de Jalostotitlan en la que 2 5 patriotas contuvieron
á 500 rebeldes; la de San Diego en la Sierra ~ sostenida pOIl'




250 AlÉneo: 1811.
el capitan Arbizu, quien con 240 soldarlos mato la mitad de
los 500 hombres de que se componía la columna de los fac-
ciosos; la de la hacienda del Pozole cerca de 'I'epic , cuyo co-
mandante el capitan Gurrea mato 100 hombres de la n ume-
rosa gabilla de Cecilio Gonzalez; la toma de Coallomarta por
los capitanes Cuellar i Mora al favor de sm· bien combinados
movimíentos , en cuyo pueblo 1 que era la madriguera de 10i
rebeldes, hallaron 6 cañones, muchas cureñas, herramientas i
máquinas, 1000 arrobas de hierro fun Iido , soo del llamado
bergajon, i mucha madera de construccíon ; i la de Arandas,
cuyo solo vecindario rechazó á 800 revoltosos. Con tales gol-
pes i con la actividad de las siete columnas en que el general
Cruz habla dividido sus trop:!s, quedo Nueva Galicia libre de
enemigos, i se rectificó de tal modo el espíritu público, que
los patriotas solos bastaban para tener enfrenado el genio del
mal.


Siguiendo en el entretanto su IDlrc111 el general Calleja,
llegó en 12 de diciembre á San Felipe del Obraje, distante
quince leguas de 'I'oluca , en cuyo punto hallo abundancia de
víveres i municiones con algunos refuerzos qae el celoso virei
había proporcionado á fuerza de los IDlyores sacrificios á fin
de asegurar el éxito de aquella importante campana.


Había acordado dicho virei que siendo tres los puntos por
los que se poíia penetrar á Zitácuaro, debería acercarse la di-
vísíon dePorlier p:.uacubrir la entrada llamada de 8:1.11 Mlteo;
otra parte del ejército ocuparía la de 'I'uropan , i Calleja con
el nervio de sus tropas tomaría posesión de Ia tercera, mas ac-
cesible que las otras, para que verificado el ataque por este
Iado hallasen 105 insurgentes ostruida su retirada, i se lograse
aprehender á los individuos de aquella quimérica junta, con cu-
yo golpe se esperaba cortar enteramente los vuelos á la rebelión.


Este sabio i acertado plan, que hacia el elogio del gefe
que 10 había concebido, fue alterado sin embargo por el
.general Calleja, deseoso al parecer de suplir la tardanza qu6
se había notado en sus marchas ; i llevado de su celo por lle-
gar á las manos con el enemigo antes que pudiera ponerse




MÜ¡CO: ISI l. 251
fuera de su alcance, se resolvió á atacarlo en 29 de diciem-
bre par la parte de san ~ateo, que había sido confiada á Por-
Iier , i éste fue destinado al mismo tiempo contra los rebeldes,
situados en el fortificado cerro de Tenango. El resultado de
la empresa del benemérito Porlier fue de tanto brillo i esplen-
dor, que arrojado el enemigo de su posicion ~ dejó 9 cañones,
todas ¡US municiones, banderas ~ gran número de ganado,
muchos efectos, i un crecido número de muertos. El de otra
acción que dió este mismo gefe en Teeualoya, i el de la ba-
talla de Zitácuaro se verá en la siguiente época de J 8 J II á la
que pertenecen.


" "'.




2i2
\,~\"\,",\,,\1\\'\\M/\,,\ww ~\I\"",¡\f\\¡\\i\¡\i\MMMI\1\I\i\J\r\I\Mr\r",W\¡,W


CAPITULO XIX.


BUENOS-AIRES:
---~~----


Permanencia de Artigas en las orillas del Uruguai condes-
precio de las condiciones pactadas en el tratado de octu-
bre de 181 l. Escaramuzas de sus tropas con las portugue-
sas, Retirada final de éstas. Regocijo de la junta sub-


versiva de Buenos-Aires por el buen éxito de sus intri-
gas. Conspiracion del 2 de julio dirijida por Alzaga. Des-
avenencia de las tropas orientales i de los gobernantes de
Buenos-Aires. Medidas de proscripcion i secuestro, dicta-
das por éstos contra los europeos. Declaracion del general
Vigodet contra tales desacatos. Critica posicion de los in-
surgentes. Negociaciones entabladas con la plaza de Mon-
tevideo. Nueuos-alborotos en la capital de La Plata. Pro-
yecto de otra espedicion para sitiar á Montevideo. Bata-
lla del 31 de diciembre. Apuros de los sitiados.


E1 acomodamiento pacifico, que en octubre del aiío an~
terior habian hecho las tropas de Buenos-Aires con la plaza
de Montevideo, no podia ser mui duradero, cuando para su
formación no habian concurrido la buena fé i sinceridad con-
venientes. El grande objeto de las intrigas de la junta de
Buenos-Aires era la separacion de los ausiliares para ata-
car de nuevo dicha plaza de Montevideo con mayor vigor i
esfuerzo. Sin embargo, la permanencia del gefe sedicioso don
José Artigas en las orillas del Uruguai, i el pernicioso influjo
que iba ejerciendo en los pueblos circunvecinos, fue causa de
sérias contestaciones de parte de los generales portugués i es-
pañol, con el gobierno disidente, el cual insistía en la pronta




ntm~OS-,\IRES: 1812. 253
evacuacion del territorio argentino por dicha division portugue~
sa. Ambos generales pedían que Artigas se trasladase á la
otra parte del citado rio Uruguai ~ segun se había establecido
en el espresado convenio, sin cuya circunstancia no podía
llevarse á efecto la retirada de los ausiliares. Lejos, pues, de
conformarse con estas disposiciones el bullicioso Artigas, sos-
tuvo algunos choques parciales contra los citados alíados ; i
con sus tropelías i arbitrariedades tuvo suspensa por largo
tiempo la cjecucion de aquel tratado.


Avenidos finalmente los partidos, se retiraron. las tropas
portuguesas á sus dominios ~ i quedó el general Vigodet redu-
cido á sus propios recursos para resistir á todos los ataques
de la intriga, de la seducción , del engarro, de la mala fé ~ i
de todas las fuerzas rebeldes combinadas. Gozosa la junta de
Buenos-Aires de haber triunfado en sus maquinaciones, i es-
pecialmente en la de haber inspirado á los gefes realistas una
intempestiva desconfianza de la córte del Brasil, dirigió
8U fementida política ácia dos puntos importantes. Fue el
primero intrigar en Rio Janeiro para que no volviesen sus
tropas en ausilio de los españoles ~ haciendo valer por una
parte la mala correspondencia con que trataban de persua-
dir á aquella córte, que habian sido pagados sus gener9sos
servicios, i la injuria que se la habia hecho con solo creerla
capaz de una perfidia, i por otra la poderosa mediacion de
Lord Strangford á fin de que estorbase á todo trance la re-
novacion de aquella liga.


Asegurados los rebeldes por este diplomático, de que sus
planes no serian de modo alguno contrariados por las tropas
del Brasil, se ocuparon en llevar á efecto su segundo proyecto,
que era de rendir la citada plaza de Montevideo, sin cuya
posesion no podria jamas tener consistencia su gobierno. La
conspiración del 2 de julio dirigida por el español don Mar-
tin Alzaga, uno de los comerciantes mas ricos, i que tanto
se había seiíalado en los primeros movimientos equivocados
contra la autoridad de Liniers; aquella conspiracion,formada
al parecer con elementos poderosos, que contaba ya con al-


48




25!~ nTjT::!'\Olh\II1~~: 1812.
gunas compañías de infantería i con bastantes armas para
distribuir á los partidarios del gobierno realista, i que daba
por seguro su triunfo, del que había de ser el resultado in-
me-Iiato la elevacion de Alzaga al mando de Buenos-Aires
hasta la decisíon de las Cortes , se malogró por la impruden-
te revclacion que uno de los iniciados hizo á su esclavo, de
quien obtuvieron los insurgentes los primeros avisos. Desple-
gando estos toda la energía de su furor, arrestaron los prin-
cipales motores, i entre ellos al fiel Alzaga, que fue pa-
sado por las armas con 25 ó 30 mas de sus compañeros, ha-
biendo sido desterrados al mismo tiempo otros muchos
eclcsi.ísticos , religiosos i paisanos á Lujan i fuerte de la
Frontt;ra.


No podía haberse fragua:lo en mejor tiempo una conju-
ración contra aquel rebelde gobierno. Sarratea , que había si-
do enviado á la banda oriental, se hallaba en la mayor des-
avenencia con Artigas i en términos de llegar á las manos.
Igual desunión i falta de armonía se notaba en los tres sllge-
tos que componían el gobierno de Buenos-Aires, que eran
Chiclana , Pueirredon i Rivadabia. Era pues de esperar que el
menor impulso precipitase el edificio revolucionario. Tal vez
si manos mas espertas hubieran manejado la reaccion, habria
tenido un resultado favorable. Sea como quiera, aquella alar-
mante tentativa hizo ver á los ambiciosos mandones la nece-
sidad de deponer sus privados resentimientos para evitar su
destruccion. Desde aquel momento se dictaron terribles me-
didas de rigor i proscripcion ; se juró el esterminio de los es-
pañales, i una guerra cruel á sus intereses. Un millon i medio
de pesos fuertes, qne produjeron las propiedades secuestradas,
habilitó al gobierno insurgente á hacer los posibles esfuerzos
para otra tentativa contra dicha plaza de :\<Iontevideo.


Apenas supo el general Vigodet las tropelías i estragos co-
metidos en Buenos-Aires contra los peninsulares, espió lió ban-
dos í proclamas para cortar toda comunicacion con dicha ciu-
dad, conminando la pena capital á los que trasgrediesen aque-
llas enérgicas dísposící.c.es,




nn:l\'OS-AI RES: t 812. 255
La entereza i decision de aquel gefe realistadid á cono-


cer á hti rebeldes la necesidad de redoblar sus cuidados para
que no zozobrase su nave cn tan borrascosa crísis. Su ar-
rojo i despecho revolucionario no era suficiente para dar so-
Jilez á su causa. Sus tropas dirigidas al interior del Perú ha-
bian debido replegarse al Tucuman en el mayor desorden;
la campana que trataban de abrir contra Montevideo reque-
ria mucha gente; el enemigo que iban á combatir era muí
respetable. Sobre las costas é inmediaciones de aquella capi-
tal dominaban los buques del Reí, ae los que escaseaban 101'
huenos-aireños ~ quienes hacia poco tiempo que acababan de
perder un queche en Patagonia: era preciso pues poner en
actividad estremados recursos. Dióse la orden para levantar
tres regimientos de cívicos ~ invitando á la población á pres-
tarse :í tan interesante servicio, bajo la pública manifesracíon
ds que la seguridad del Estado se hallaba en el mayor peli-
gro; i fue dirigida en ausilio del Tucuman una parte de ha
tropas que tenían en la banda oriental.


El gobierno insurgente propuso á esta sazon , que fue
en 2B de agosto, un acomodamiento pacífico á la. plaza de
Montevideo bajo las bases de formar todos un mismo pueble
hasta que volviese de su cautiverio el Monarca español , ca
cuyo caso se someterian á su autoridad, ofreciendo la media-
cien de Inglaterra como garantía de aquel convenio; pero el
general Vigooet desechó ron indignacion tollo ajuste quenCl
llevase por base el reconocimiento de la regencia de la penín-
sula; i el ayuntamiento de Montevideo, al que se diríjieron
los rebeldes con igual objeto, dió con su enérgica i leal con-
testación una nueva prueba da su decision i virtudes.,


Esta fue la época mas terrible i alarmante que presenta
la revolucion de Buenos-Aires. Las tropas de Goyeneche que
habían llegado victoriosas hasta el Tucurnan, debíanobrar en
combinación con Vigodet~ i con nuevos refuerzos portugueses
que la Serenísima señora doña Carlota Joaquina había prome-
tido á dicho gefe. Todos los elementos obraban á favor de los
realistas: todo anunciaba que el pendón de. Castilla había de




.255 Rl1ENOS-AIRES: 1812.
tremolar mui pronto sobre la plaza de Buenos-Aires, i que
el genio de la revolucion había de esconderse para siempre
en SU8 tenebrosas cavernas.


Empero una aciaga fatalidad vino á frustrar del modo
mas sensible é inesperado tan halagüeñas esperanzas. Los cál.
culos de la prevision no podian alcanzar al terrible desenlace
de las armas de Tristan, comandante de la vanguardia del
ejército del Perú, cuya primera derrota en el Tucuman,
i su total rendicion en Salta ahrieron al vencedor las
puertas del Perú, desalentaron á los amantes de la me-
tr6poli ~ i dieron nuevo vigor i entusiasmo á los indepen-
dientes.


Apenas acababa de llegar esta importante noticia á
Buenos-Aires, otro embate revolucionario vino á conmover
el Estado. El espíritu de partido, que influía en todas las de-
liberaciones públicas, anul6 arbitrariamente la eleccion que
en aquel tiempo se habia hecho de don Pedro Medrana para
reemplazar al triunviro saliente. Sus enemigos supieron escí-
tar la desconfianza del pueblo, i formar un alboroto para que
el gobierno recayeseen don Juan José Passo , don Nicolas Pe-
ña, i don Antonio Alvarez Jonre,


La agitada situacion de las provincias argentinas era la
de creerse con derecho de juzgar i dictar leyes á los sugetos
en quienes habian depositado el poder. Con tan desconcerta-
dos principios no puede subsistir ningun gobierno. Es un er-
ror pensar que este se refuerza con desacreditar á los caídos
i con dar opíníon á los nuevamente entronizados: si los go-
bernantes llegan á persuadirse de que son unos meros aven-
tureros, espuestos á caer por su propio peso i por la tenden-
cia popular á renovar el ejemplo de las guardias pretorianas,
sofocan toda medida de interes comun ante su propia conser-
vacíen, i en nada mas piensan que en acumular fondos para
mantener con ellos la comodidad i el fausto de que puede
privarles el capricho i la volubilidad. El nombre de patria
en la boca, i el egoismo é interes personal en el corazon;
esta es la divisa de 10$ revolucionarios, i aun lilas de




tlrENOS-AIRES: 1S12. .257
los que no cuentan con una seguridad en sus destinos.


Pero volvamos á tomar el hilo de la narración histórica.
Con la funesta derrota de Tristan pudo ya el gobierno de
Buenos-Aires reunir mayores fuerzas, dirigir una respetable
division á la banda oriental, i emprender con el mas vivo em-
peño el sitio de Montevi,leo bajo la garantía de que el mi-
nistro británico en Río Janeiro no permitiria que aquella
córte enviase clase alguna de socorros á dicha guarniciono


El enemigo mas terrible para la causa del Reí en aque~
110s parages era el feroz Artigas, quien con sus indómitos
gauchos, que obedecían ciegamente sus .{)rdenes, se creia
superior á todo poder. Conociendo el general Vigodet el pe-
ligro que corria la plaza, trató de hacer una salida bien com-
binada contra las primera tropas que se presentasen á su
frente, confiando que le sería mas fácil batirIas antes que
hubieran podido organizarse i fortificar sus posiciones. Una
brillante espedicion de 20 hombres, mandada por el mayor ge-
neral brigadier don Vicente María Muesas empeño un choque
sangriento en 31 de diciembre contra los rebeldes. El ataque
fue impetuoso i dirigido con todas las reglas del arte. Los
soldados españoles ansiosos por cubrirse de laureles se Ianza-:
ron contra el enemigo con la mayor decisión ; hicieron prodi-
gios de valor i se empeñaron en conseguir la victoria con el
sacrificio de sus vidas; pero la caprichosa fortuna fue esquiva
é ingrata con gentes, que por sus esfuerzos i por la santidad
de la causa que defendían, eran acreedoras á su favor i
predileccion. Todo el heroísmo desplegado por aquella bri-
llante columna no pudo preservarla de su completa derrota.


Un gran número de oficiales i soldados se abrió las puertas de
la inmortalidad cayendo entre montones de cadáveres sacrifi-
cados por sus manos: el campo quedó empapado en sangre, i
los que pudieron sobrevivir á aquella catástrofe, se retiraron
en el mayor desorden á introducir en la plaza el terror i el
desaliento. El benemérito Muesas, que habia tenido la fatali-
dad de caer prisionero en esta infausta batalla, fue inmolado
atrozmente á la barbarie de aquellas tropas, las que come-




253 BUENOS-AIRES: l~lJ.
rieron los mas repugnantes escándalos contra su yerto cuerpo
estrayéndole el graso para untar sus botas. La humanidad se
horroriza, i tiembla la mano al trazar el cuadro de tamaños
ultrages!


La osadía i el orgullo de los insurgentes llegó al última
grado con esta victoria. Rondeau que mandó la accion , i los
gefes Soler, Ortiguera , Quintana, Escalada i demas oficiales
que mas se distinguieron en ella, se creyeron invencibles. Los
realistas quedaron desanimados; se estrechó el sitio de un
modo impenetrable por la parte de tierra; solo por la de mar
tenian los españoles abiertas sus comunicaciones al favor de
la superioridad de su marina, con la que incomodaban á los
pueblos de la costa del rio , i entorpecian las relaciones de
una í otra banda; pero en medio de estas únicas ventajas de
que gozaban, temían con sobrado fundamento el riesgo que
correría la plaza, luego que los rebeldes pudiesen organizar
fuerzas navales capaces de operar activamente, como en efec-
to hacian las mas vivas diligencias para conseguirlo.


Con esta mira se habían dedicado á comprometer en su
causa una parte de la marinería de buques estrangeros i no pe-
queño número de aventureros que iban concurriendo al pais,
atraídos por un decreto en que se les prometía tierras i cuan-
tos ausilios pudieran necesitar para establecerse en él. Mien-
tras que los insurgentes daban fomento á su revolueion coa
estas halagüeñas providencias, corrían los realistas acelerada-
mente ácia su decadencia i ruina. Escaseaban entre ellos to-
dos los artículos necesarios para sostenerse, i cn particular el
numerario, por cuya causa se hallaban con mucho atrase}
en sus pagas las tropas de tierra i la marina; todos los esfuer-
zos del celoso marqués de Casa-Irujo para sacar ausilio de la
córte del Brasil eran frustrados por la tenaz contrariedad de
Lord Strangford, quien llegó á amenazar á aquel gobierno
de cortar con él todas sus relaciones i de retirarse, si favore-
cía la causa de los españoles; la península se hallaba dema-
siado agoviada con las huestes francesas para que pudiese Ii-
hrar la plaza de Montevideo de tan grandes apuros. La cona-




JlVE:\"OS-ATr.FS: 1~12. 259
rancia del general Vigodet era á toda prueba ~ el valor de sus
tropas i vecindario inflexible, i su decisión i lealtad superio-
res á toda dcscripcion ; pero estos recursos no eran suficientes
en el concepto general para conservar largo tiempo el honor
de las armas de Castilla. Se conservó sin embargo, corno se ve-
rá en la historia del año siguiente.




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CAPITULO
r


PE R U:
xx.


Estado del Perú á principios de 1812. Batallas de Suipa-
cha i Nazareno. Pretendida negociacion del general Go-
yeneche con'el gefe insurgente Pueirredon. Repliegue de los
rebeldes á Jujui. Sujecion de Cochabamba. Espedicion del
mayor general Tristán contra las tropas de Buenos-Aires.
Ocupacion de Jujuí i Salta. Batalla del Tucuman: funesta
á las armas del Rei. Retirada de Tristán á Cobos. Ata-
que de Jujui sostenido por el coronel realista Socasa, Prin-
cipio de nuevas agitaciones producidas por los reveses de
Tristan.


Al principio del ano 1812 se hallaban las divisiones de
los coroneles Lombera, Astete , Socasa, Conde de Casa-Real,
Peralta é Imas maniobrando sin cesar en diversas direcciones
desde Sicasica á Potosí, A pesar de su decision i de sus con-
tinuos movimientos, iban tomando incremento las gavillas de
los insurgentes; la eomunicacion de las provincias estaba in-
terceptada; los facciosos se habian cebado de tal modo en el
pillaje que no había propiedad, asiento, mineral , ni estancia,
libres de sus incursiones; i era mui frecuente no ciar cuartel
aun á los infelices paisanos que caían en su poder. Ácia el
mismo tiempo estaba la vanguardia realista en Suipacha al
frente de los rebeldes de Buenos-Aires, que habian tomado po-
sicion en el pueblo de Nazareno: reforzados éstos con 200
hombres, que habla conducido el teniente coronel don Martin
Güemes de la provincia del 'I'ucuman, habían completado una
divísion de 2000 hombres, doble en número á la de los realis-
tas, que escasamente pasaba de 900.




PERÚ: 1812. 26t
Ambos cuerpos estuvieron acechándose hasta el dia 12, en


que Diaz Vclez , comandante general de las fuerzas rebeldes,
trató de atacar por sorpresa al ejército del Rei, i desempeño
con tanto tino sus bien combinados planes, que habia ya cru-
zado el rio con una gran parte de sus soldados, especialmen..
te de caballería, cuando los del Rei echaron de ver el grave
peligro que les amenazaba. Si bien estaban desprevenidos i des-
bandados por el pueblo, desplegó su ilustre comandante tan-
to vigor i energía en aquella crisis, i se vió segundado tan
bizarramente por ellos, que á los primeros tiros se fueron re-
uniendo en batalla para rechazar al orgulloso enemigo. Llenos,
pues, del mas heróico valor, i resueltos á sacrificarse antes que
rendir vergonzosamente las armas, trabaron un choque ter-
rible i sangriento, cuyo descalabro se aumentó por la parte
del enemigo al intentar vadear el río , que en aquel corto in.
térvalo habia tenido un aumento considerable ,por cuyo in-
esperado incidente fueron envueltos en la ruina i destruccion
muchos de los que se fiaron á su corriente. Fue tanto mas
sensible este golpe al caudillo insurgente, cuanto había sido
mayor su confianza de adquirir un triunfo completo sobre sus
contrarios, para el que contaba con el feliz resultado de la
sorpresa,i con la diferencia -tan considerable de sus fuerzas;


Habiendo llegado el 17al campo realista nn batallan
mandado por el coronel don José Gareía Santiago, á tiempo
que el brigadier don Francisco Picoaga atacaba al enemigo en
el punto fortificado de Nazareno, logr6 desalojarlo de él en la
mañana del 18, quedando por este medio los realistas dueños
de aquellas posiciones; pero poco satisfechos de ver que el
enemigo -se sustraia con la fuga al justo furor de que estaban
poseídos ~ 'i el que se aumentó con la orden de no ir en se-
~uimiento de 10% "prófugos; medida que fue mui censurada,
aunque hubiera sido dictada con el objeto de evitar las con-'
tingencias de una nueva crecida de dicho río que los dejase
cortados á la otra parte.


La. d{',HGt:l de Suipacha cubrió de oprobrio á los soldados
de Velez i i cornunicadg esta noticia á las ciudades de Jujut iSal-


4q




262 r-nnú : 18]2.
ra , empezaron á titubear aquellos habitantes, quienes trata-
ron de ganarse la amistad del vencedor con la circunspec-
cion de su conducta i con el sutíl manejo de prestar-
le una deferencia que no chocase abiertamente con los gefes
de Buenos-Aires. La funesta impresión que causó en éstos
aquel desgraciado combate, i los temores de que su república
pudiese sucumbir á los embates de las discordias civiles, que
por aquel mismo tiempo se habían manifestado en la capital
amenazando todos los horrores de la anarquía, .hicieron que
algunos pensasen en proponer al general Goyeneche los me-
dios de 'transigir aquellos negocios, reconociendo como base
'del acomodamiento pacífico su sumisión al señor don Fernan-
do VII, i en su nombre al consejo de regencia. Aun hubo
quien atribuyese el honor ele esta idea al comandante general
don Juan Martin Pucirrcdon que habia pasado á tomar el
mando de aquellas tropas; pero como ningun acto público
del sellar Goyeneche acreditase la existencia de tales negocia-
ciones, es preciso caminar con mucho pulso antes de fijar la
opinion sobre ellas.


Es indudable que si al general realista se le hubieran
hecho unas proposiciones tan halagüeñas , por medio de las
cuales hubiese obtenido las mismas ventajas que trataba de
ganar con la espada i á fuerza de padecimientos i sacrificios,
no se habría descuidado en aceptarlas; pero lo infundado de
aquel aserto se halla esplicado en la misma circunstancia de
no haber tenido un pronto cumplimiento, así como en la
defensa que hizo Pueirredon , cuando alarmado su gobierno
por las terribles sospechas que se habian concebido contra él,
fraguadas tal vez por sus mismos émulos, envió á Belgrano
para que lo relevase del mando, negándose abiertamente á
toda transacion que no llevase el sello positivo de una ernan-
cipacion absoluta.


En el acto de vindicarse aquel caudillo insurgente ele los
cargos que le hacia la voz pública, confesó que sus únicas
relaciones con el ejército del Rei se limitaron á alguna co-
municacion con uno delos secretarios d~ Goyeneche , á quien




PERÚ: 1812. 263
intentó engariar con la mira de que le descubriese todos los
planes de su general, i le enterase de los flancos por donde
podía hacer alguna brecha en el ánimo de aquel impávido é
incorruptible guerrero. No nos consto; que haya tenido con-
secuencia alguna tan estraña negociacion, si verdadera-
mente existió; pero de todos modos habrían sido vanos é in-
fructosos los esfuerzos del mas astuto insurgente para envol-
ver en sus intrigas á un general de tan sagaz previsión i bri-
llante ingenio, que tantas pruebas había dado de que no eran
menos poderosas las armas de su política que las del acero,
para triunfar de sus enemigos.


Desvanecidos los recelos que la junta subversiva del Rio
de La Plata había concebido de los resultados de esta soñada
negocíacion , se replegaron los enemigos ácia Jujuí , i el gene-
ral Goyeneche se determinó á la grande empresa de sofocar
la horrible insurrección de Cochabamba , castigando la osadía
de SllS tercos habitantes.


Esta campana para ser brillante en todas sus partes re-
quería mucho tiempo i constancia; i este fue el sabio plan
que adoptó el general realista, persuadido de que las tropas
de Buenos-Aires se hallaban demasiado débiles para incomo-
dar la vanguardia, que había quedado en la frontera de aquel
vireinato. Se trataba de sujetar una porcion de hombres su-
blevados en masa, sin órden, sin concierto, sin subordina-
cion , sin conocimientos militares, i aún escasos de armas,
pero despechados hasta el último grado de exaltacion. Los
mayores obst.ículos que se ofrecían á la realización de este
plan eran los trabajos i privaciones que debía sufrir el ejér-
cito del Reí cn el largo i penoso camino, por toda cuya es-
tension habian cometido los cochabambinos los mayores es-
tragos, incendiando i saqueando los pueblos, talando los cam-
pos, retirando los ganaclos, sustrayendo los comestibles, i de-
vastando cuanto podía servirle de alivio i eubsistencia.


A principios de mayo levantó el generaL Goyeneche S11
cuartel general de Potosí con la mayor parte del ejército.
Lombera tomó igual dirección desde Oruro con ~9 hom-




264 PERÚ: 1812.
bres; Hnící , i Alvarez Sotomayor movieron asimismo sus di-
visiones desde Chillan. Parece que el solo aparato de unas
fuerzas tan considerables, que se distinguian menos por su
número que por su arreglo , disciplina i valor, debería haber
desarmado el brazo de los rebeldes ; pero ni la proximidad
del peligro, ni las intimaciones amigables i pacificas que les
dirigió el general con la mira de evitar los males de la guer-
ra, hicieron la menor impresion en sus endurecidos corazo-
nes, hasta que fue derrotado en Pacana su principal caudillo
Arce por las primeras guerrillas del ejército del Reí. Cono-
ciendo entonces que su inútil resistencia habia de empeorar
la sítuacion de los negocios, é irritar los ánimos de los realis-
tas de un modo que pudiera cubrir de luto aquellos paises,
enviaron diputados para someterse al vencedor, mediante
proposiciones que podian ser admitidas sin mengua ni.desdoro.


Creyendo el general que aquel acto de sumision , dictado
por el mismo convencimiento i conveniencia, reunia todos
los caracteres de sinceridad i buena fe, lo aceptó con genero-
sidad, i se encaminó con la mayor confianza á tomar posesión
de la ciudad. Cuando ya se hallaba en las cercanías del cerro
de San Sebastian , que está situado á la entrada de dicha po-
blacíon , rompieron los insurgentes mas furiosos un fuego ge-
neral de canon. i fusil" que exaltó la indignacion de los rea-
listas, i aumentó los deseos de hacer un terrible escarmiento
sobre aquellos pérfidos rebeldes. Inflamados pues con un ras-
go tan bárbaro de deslealtad é infamia, dieron un ataque im-
petuoso el 27 de mayo, en el que arrollaron á cuantos se atre-
vieron á resistirles, poniendo á aquellas masas informes en la
dispersion mas desordenada, í apoderándose de sus armas de
corte i fuego, i de una gran porcion de cañones de estaño, fun-
didos en la misma provincia. Entró á su consecuencia en la
ciudad la tropa victoriosa, envuelta con los mismos fugitivos,
i se entregó al saqueo de algunas casas, cuyas tropelías , que
no fue posible evitar, si alguna vez han merecido la indul-
gencia de los críticos mas severos, fue ciertamente eu esta oca-
síon, en que le hizo preciso convencer á aquel indómito pueblo




rEno: 1812. 265
de un modo que dejase permanentes recuerdos, ~ de que no se
insultaba impunemente la generosidad i nobleza de un ejérci-
to, que tantas pruebas habia dado de moderacion i templanza,
i que habia correspondido con profusos dones en vez de casti-
gos á los primeros rasgos de infidencia é ingratitud."


Dolorosa es por cierto la posiciou de un gefe virtuoso, que
ee ve precisado á autorizar ó á disimular este acto violento sobre
su propio suelo; i lo es todavía mas el verlo ejecutado por gentes
de la misma familia; ¿pero qué puede hacer un padre afectuo-
so cuando las amonestaciones, los consejos, la bondad, la to-
lerancia, i el perdon aplicado repetidas veces á los criminalet
estravíos, no producen mas efecto que el de animar á los mis-
mos reos á cometer otros mayores? ¿Qué había de haeer el
gefe mas circunspecto con una poblacíon, que tantas veces se
había burlado de la humanidad del vencedor, i que demostra-
ba abiertamente atribuir á cobardía ó flojedad lo que era efec-
to de la clemencia i de un ardiente deseo de reconciliar lo!
ánimos?


Aquel Goyeneche, que tantas señales habia dado de bon-
dad i dulzura en la primera entrada gloriosa que hizo con su
ejército en Cochabamba; aquel mismo general, que para ga.
narse la voluntad de los rebeldes i para establecer con ellos
la mas perfecta unión, les habia arrojado una porcion conside-
rable de plata desde sus balcones, les había devuelto sus prí-
sioneros , indultado á sus mas encarnizados enemigos, confía-
do el mando de un cuerpo de caballería al principal caudillo
Rivero, i empleado á los dernas indistintamente en la carrera
civil i militar; aquel gefe realista, tan noble como celoso por
conservar el honor de sus armas, conoció era llegado el tiem-
po de suspender la clemencia con pechos tan empedernidos, i
de dictar algunos rasgos de dureza i justicia. ee calmó sin
embargo su írritacion con el castigo de Antesana, autor prin-
cipal de aquella sublevacion , i con el de algunos de sus com-
pañeros , que fueron pasados,por, las armas, é imponiendo á
otros penas menos rigurosas. Desagraviada ya de este modo la
...iDdi.cta "2ública~ 'l<:i\,'l\.~ ..i. ~\.)\;\i.\:"lI'I. uu m~:y\w. ¡t:ue:ral par;¡


..-;...-,


t . ."."
":':".r


f''j.---.




I'FRú: I 8 I 2.
pudiesen resti tuirse con segllridarl al seno de sus


2()6
que todos
familias.


Estas medidas de severidad, templadas con la sucesiva
dulzura del gefe realista i con sus promesas solemnes de olvi-
dar para siempre la negra ingratitud de aquellos habitantes,
les hicieron concebir ideas mas análogas al orden i tranquili-
dad, que era el objeto de las ansias de Goyeneche, de modo
que desapareció totalmente el genio del mal, i Cochabamba no
volvió ya á sublevársele, ni se separó de la línea de una su-
misa dependencia. Después de haber terminado el señor Goye-
'neche aquella dificil empresa, i tomado las medidas mas con-
venientes para asegurar la quietud dc la provincia, dejó en
dicha ciudad una guarnicion de 1500 hombres al mando del
coronel Lombera, i regresó á Potosí por la vio. de Chuquísa-
ca, en donde hizo una magnífica entrada triunfal, cuyo lus-
tre se aumentó con las sínceras aclamaciones i muestras de
público regocijo por la prosperidad de sus armas. Hallándose
á esta sazon con un brillante ejército, orgulloso por sus an-
teriores victorias, i muí superior en numero i disciplina á las
pocas i desalentadas tropas de Buenos-Aires, que ocupaban
las ciudades de Jujuí i Salta, á las que se habian retirado
despues de los ataques de Suipacha i Nazareno, con orden de
su comandante Belgrano para que todos los habitantes eva-
cuasen aquel territorio llevándose los archivos i aun los arma-
mentos i vasos sagrados de las iglesias, dispuso que el mayor
general don Pio Tristáu avanzase con 3500 hombres en perse-
cucion de aquellos prófugos.


Sin la menor oposición continuó su maroha el referido
Tristán hasta apoderarse á fines de agosto de las mencionadas
ciudades de Jujuí i Salta, que habian sido evacuadas por los
enemigos cuando supieron la proximidad de las tropas del Rei.
Siendo la conducta de estas sumameute arreglada i circuns-
pecta, se determinaron á volver á sus hogares los tímidos ve-
cinos , que habían emigrado por temor de estorsiones i trope-
lías que estaban mui distantes del noble carácter de los rea-
listas. Asi fue organizando 'I'rist an aquellos ayuntamiéntos , i




}'rnt: 1812. 267
arreglando el gobierno para continuar sus marchas en apoyo
de los coroneles Llano i Huici , que continuando en la per-
secucion de los rebeldes, habían logrado sorprender una avan-
zada i una porcion considerable del pesado convoi. Aunque á
principios de setiembre dieron en una emboscada de mas
de 400 hombres, que ocupaba los pasos de un camino áspero
i montuoso, defendido por dos piezas situadas en buena po-
sicion , lograron sin embargo desbaratarla completamente i
tomarle 50 prisioneros, entre ellos 3 oficiales, 40 fusiles, i
muchos equipajes.


Las garantías que daba al general Goyeneche la bizarría
de aquel respetable eircito, el buen espíritu que reinaba en
las ciudades de Jujuí i Salta i entre los habitantes del tránsi-
to , la debilidad de las tropas enemigas, los apuros en que se
veía envuelta á aquella sazon la suprema junta Argentina, i
las promesas que había hecho al gefe realista la Serenísima se-
nara Infanta regenta del Brasil, de que las tropas portugue-
sas acantonadas en la frontera de :1}1ontevideo tomarian una
actitud hostil para segundar los heróieos esfuerzos que él hi-
ciera á fin de reconquistar la capital de Buenos-Aíres , lo de-
terminaron á mandar que el mayor general Tristán avanzase
sobre el Tucuman i Santiago del Estero, para formar desde
aquellos puntos un plan combinado de ataque, que derrocase
el gobierno insurgente i restableciese so1idamente la autoridad
del Monarca español,


La situacion de los rebeldes era la mas apurada: ya la!
tropas del Rei eran saludadas como restauradoras de la paz i
felicidad: ya el comandante en gefe Tristán suponiéndose due-
no del Tucuman i Santiago trataba de buscar los medios de
entablar una correspondencia activa con el capitan general Vi-
godet para dar á su empresa un carácter mayor de seguridad
i consistencia: ya finalmente saboreaban los realistas el placer
de que volviese á tremolar sobre aquella inquieta población el
pendan de Castilla, cuando por uno de aquellos azares; que
deciden frecuente de la felicidad ó desgracia de una batalla, se




.268 l'Ent: 1812.
sepultaron en el abismo de la confianza los planes mas sabios
i mas bien calculados.


Habiendo l1egado Tristán con todo su ejército al punto de
Tapia, distante ocho leguas del Tucuman, torno las disposi-
ciones necesarias para atacar dicha ciudad, en la que se habia
encerrado el enemigo. Al llegar á sus inmediaciones 1Ia116 al-
gunas partidas de caballería que se retiraron sin hacer rcsis-
tencia. Era su plan llamar toda la atencion del enemigo ácia
el camino real por donde caminaba lentamente para dar lugar
á que una hermosa columna , formada de los granaderos i de
la mejor tropa de su division , lo envolviese por Ia espalda á
fin de que nadie pudiera salvarse de sus victoriosas espadas.
Debia esperarse que el éxito correspondiese á las fuudadas es-
peranzas i bien tiradas líneas del gefe realista, si se considera
la superioridad de su fuerza i el desaliento de sus contrarios,
que en la mayor parte eran gente colecticia del campo, los
que podía presumirse se servirian de sus buenos caballos para
huir, si alguno podia conseguirlo.


Una inesplicable fatalidad derrib6 todos los proyectos del
comandante Tristán : la misma confianza con que caminaban
sus tropas fue causa de su perdicion. Es una imprudencia des-
preciar al enemigo aunque se le reconozca por mui inferior: el
mismo despecho dá á veces un valor i una fuerza que supera
todos los cálculos de la previsión. Situados los rebeldes en
buenas posiciones recibieron con impavidez á los realistas que
se díríjian contra ellos en la mayor desprevencion, creyendo
que su sola presencia había de ponerlos en precipitada fuga;
i bien convencidos de que en aquel momento iba á darse el
fallo irrevocable de su muerte, desplegaron una osadía tan
temeraria i Un valor tan terco i desesperado, qu.e rompiendo
un fuego terrible introdujeron el desorden en los batallo-
aes realistas, durante el cual recibiero n bastante descalabro.
VueItos sin embargo de su primer desconcierto atacaron con
denuedo, i arrollaron la infantería enemiga, pero ésta volvió
á rehacerse, luego que su caballería tuvo la felicidad de rom-




PEnú: 1812.' .2.()g
per por un flanco 1 cayendo sobre la escolta que custodiaba el
parque j del que se apoderó 1 introduciendo de nuevo el ter-
ror i espanto, i causando á las tropas del Rei la pérdida de 13
hombres entre muertos i prisioneros j entre ellos 50 oficiales,
4 capellanes 1 7 piezas j 40 0 fusiles, 3 banderas, 1 estandarte,
j todas sus tiendas i equipages.


A pesar de este terrible é inesperado golpe j reunido Tris-
tán con la columna de preferencia que no habia entrado en
la accion j se halló mui pronto en estado de obrar ofensiva-
mente, i de caer sobre el 'I'ucuman. Ya á este tiempo se ha-
bian replegado á este punto los victoriosos enemigos con sus
brillantes trofeos; i aunque les escaseaban las municiones j de
las que no les era ficil proveerse por hallarse sns primeros
repuestos á noventa leguas de dísrancía , desecharon sin em-
bargo con la mayor insolencia la rendicion que les habia in-
timado Tristán j quien despues de haber permanecido un dia
entero delante de aquella ciudad sin haberse atrevido á em-
períar un ataque formul , que por la decision que afectaban
los sitiados 1 amenazaba un nuevo desaire á sus armas j ern-
prendio su retirada 1 i la verificó sin mas tropiezo que la de
ser picada ligeramente su retaguardia por los envalentonados
insurgentes.


Sumido Tristán en el mas profundo dolor al pensar en la
funesta fatalidad de haber sido vencido por U!J. enemigo que
contaba poco mas de la mitad de sus fuerzas, i que de ningun
modo podía ponérselo en cotejo por la parte de disciplina,
pericia i arreglo, hizo alto en Cabos, punto situado entre
Salta i Jujui, i desde alli dirigió sus partes al general Goye-
neche , quien desde luego se resolvió á reforzarlo'con un ba-
tallan i demás ausílíos de que necesitaba á fin de que conservase
aquellas posiciones. Los enemigos trataron de sorprender á Ju-
ju tI que subían se hallaba con mui poca guarnicion j i habién-
dose dirigido por un flanco ácia dicho punto, lo atacaron vi-
gorosamente obligando al coronel Socasa que 10 defendia, á.
encerrarse con los caudales i municiones en una sola calle, en
donde sostuvo con denuedo las impetuosas cargas de los re-





.2'70 PEllÚ: 1812.
beldes hasta que la oportuna llegada de los refuerzos envía"
dos por Tristan lo libertó del inminente riesgo que le ame-
nazaba.


Desde que se traslucieron en 10interior del Perú los reveses
de las armas del Reí 1 empezó á notarse una cierta agitacion
en los ánimos, que indicaba su dormida, pero no sofoca.Ia
predisposicion á segundar los impulsos de la independencia.
Desapareció, pues 1 la calma i la sumisión que había sabi Io
asegurar Goyeneche con sus victorias; la atención tic los IJUe-
blos , que á esta sazon estaba embebida en pu blicar la cons-
titucion de Cádiz i en hacer sus elecciones, se vulrió á. los
objetos políticos que los rodeaban ; i aquellos genios atrabi-
liarios 1 que habían debido ocultarse en los despoblados i de-
siertos, comenzaron á asomar la cabeza, i :i manifestar nuevos
i mas ardientes deseos de encender el fuego de la sedicion,


Mientras que los gefes realistas tratab.m de paralizar con
nuevos sacrificios los malos efectos que había pro.lucilo en la
opinión la derrota i retirada de 'rrist:ín, trabajelba Bdgrano
con infatigable celo por conmover i sublevar 1:.Is pobhciones
qne iba ocupando 1 i por reforzar su ejército pan llevarlo á
nuevas acciones de guerra, cuales eran de esperar de los rea-
listas comprometidos ya á desplegar todos los esfuerzos de su
brazo para volver por el honor de sus armas. Ambos partidos
hacían vigorosos preparativos para decidir de la suerte de
aquellos paises: á pesar de la agitacian que se observaba en
las provincias sujetas á los realistas, confiaban éstos que la
fortuna no abandonaría la justa causa que defendian; pero
tambien fue esquiva en el primer hecho de armas que se em-
peíió en Salta, del que trataremos en el arío siguiente de 1 31 J.




27 1
\nn\ ..n l:\t\:\t\\'\ www \'\i\\I"\I\í\\;'\n\\wuwn\;n '''\\'''''!\'\I\\I


CAPITULO XXI.


CI-lILE: 181.2.
---_"'!=9~**~e==~--


Introduccion de una imprenta en &mtiago i publicacion .del
primer periádico en aquel reino; Abolieion de todos los sig-
nos de la monarquia. Tropiezos hallados por los Carreras en
la }Jobleza i clero .l'ara hacer .l'rogresar S?J revolz¿cz"m. Su-
bleuacion de la Concepcion contra Rosas, i ST¿ retirada d
Mendoza. Arribo á Chile del coronel Poinset ; nombrado
cónsrtfpor los Estados Unidos. Violencias cometidas por
Carrera, A dhesion de algunos eclesiásticos á las doctrinas
revolucionarias. Conducta irregular del ilustrísimo obispo
señor Guerrero. 8ltblevacion de Valdioia contra el Rei.
Noticias de los planes del oirei de Lima para sujetar á
los Chilenos,


Los chilenos imitaban fielmente los desaciertos de los re-
beldes de Buenos-Aires , cuya causa habian abrazado con
tanto entusiasmo, que para fomentarla habían ofrecido toda
clase de ausilíos , i aun les habían enviado una columna de
300 veteranos de Penco, sin que sea feícil adivinar el motivo
por que de repente les negaron su apoyo de que tanto nece-
sitaban aquellos sus vecinos á principios de este afio.


Ansioso el infatigable Carrera por remontar á su apogeo
la ilustración i gloria de su patria, había hecho venir una im-
prenta, con la que se di:) principio á la publicacion de un perió-
dico titulado la Aurora, con el objeto de generalizar las' ideas
demoeráticas , exaltar los ánimos con halagüeñas esperanzas




272 cmrs : 1812.
de una pronta felicidad como resultado inmediato de su nue-
vo sistema, i de predicar la imposibilidad de que la metrópo-
li pudiera resistir al poder colosal de Buonaparte , i menos á
los esfuerzos que hicieran los estados de América para ase-
gurar su independencia.


A pesar del atrevido espíritu de reformas que hahia maní-
festado el bullicioso Carrera, quien á principios de este año
llegó á abolir todos los signos de la autoridad Real, i aun á
arrancar de la frontera de su casa el escudo de armas ó em-
blema de su nobleza; aunque algunos aplaudían i celebraban
la grande energía de su magistrado i los encantos de una Ii-
bertad tan apetecida, con cuyo deslumbramiento se les ocul-
taban las pesadas cadenas con que Carrera los iba unciendo á
su despótico carro i estravagantes caprichos, eran muí lentos
los progresos que se hadan en la opínion, El infiujo del clero
i d e la nobleza, á cuyos cuerpos chocaba una democracia
tan absoluta como la que se proclamaba, ó mas bien la suar
índole de los chilenos los retraía de precipitarse en una em-
presa tan arriesgada, que privándolos de su comercio í relacio-
Des con Lima ,único punto para la estraccion de sus frutos,
debia acarrear la ruina del país, A .estas consideraciones se
sgregaban los celos de los Oligarcas que aspiraban al mando,
quienes trabajaban en su mútuo daño , para que ninguno de
Ics partidos fijase un gobierno sólido i permanente.


Los ecos, pues, que repetía la Aurora, i que demostraban
el mas furioso ardor revolucionario estableciendo todas las for-
mas i nomenclatura republicanas hacían un curioso contras-
te con la gran calma de la masa general de la poblarion, que.
estaba mui distante de agitarse í ele ponerse en aquel activo
movimiento que deseaban los agentes de la rebelion.


Uno de los puntos mas importantes que llamaron la
atención de Carrera fue el modo de determinar las desave-
nencias con su rival Rosas; pero la incomprensible fortuna,
que desde algun tiempo miraba á aquel gefe ambicioso com(}
u';' objeto de sus complacencias, lo libró de su cuidado i


a prehension de un modo inesperado, i sin necesidad de qut;




CHILE: 1812. 273
aplicara el menor esfu erzo. Despues del convenio que ambos
habían celebrado á las orillas del lUaule se había restituido
Rosas á la Concepcion para reforzar su partido, i mantenerse
en actitud imponente, á fin de poder resistir á cualquiera
otro ataque de su competidor, del que no dudaba, atendida
la falta de sinceridad que había mediado en su reconcilia-
CÍan. Empero este aparato militar erogaba gastos superiores á
los recursos del país, De aquí resultó el disgusto i la mur-
muracíon , que tornando gradual incremento llegó hasta los
oficiales i soldados veteranos, quienes derribaron aquella
junta, arrestaron á su presidente i vocales, i los enviaron á
Chile á disposición del gobierno, formando en su lugar
un consejo de guerra permanente. Habiéndose visto precisa-
do Rosas, á consecuencia de aquella conmocion , á pasar la
cordillera i abrigarse en Mendoza su patria, qucdó todo el
Chile agregado al gobierno de la capital, i el ambicioso Car-
rera se halló libre de tropiezos para dar rienda suelta á sus
cstravagantcs i fogosas pasiones.


Hahia llegado á este tiempo el coronel Poinset con la in-
vestidura de cónsul de los Estados Unidos de América; i co-
mo era este el primer funcionario público de nacion estran-
gera que se hubiera presentado en aquel pais , se le dispensa-
ron tales distinciones. i obsequios, que mas bien era recono-
cido corno un predilecto individuo de aquel gobierno que co-
mo un diplomático. Fue alojado en la misma casa del presi-
dente, quien se constituyó su campanero inseparable en la
mesa, en los ncgocios, en el paseo, en las tertulias, i hasta
en indecentes devaneos. Tales eran los de salir disfrazados
por la noche con otros jóvenes de su edad á insultar i sacu-
dir latigazos sobre las personas que no pensaban de un modo
tan violento como ellos en favor de aquella injusta rebelion,
cuyo descaro é insolencia llegó hasta el estrerno de propa-
sarse á penetrar por los recintos domésticos con tan-execrable
objeto.


Entre los varios rasgos de desaprobacion que dió el pue-
hlo chileno contra aquella pretendida regeneracion 1 fue la.




27'~ CmTE: I S J 2.
mofa i escarnio del famoso cuerpo de voluntarios de la Pa-
tria, compuesto de la gente principal, sobre el cual payó de
tal modo el azote del ri.Lculo , por haber adoptado como in-
signia tres bolas de seda pendientes del sombrero, á imita-
cion de los indios bfrbaros , que fue preciso disolverlo.


Conociendo el astuto Carrera la frialdad con que sus pai-
sanos habían recibido el nuevo orden de administraclon , tra-
tó de aplicar los medios mas eficaces para acalorar sus áni-
mos. No sc ocultó á su fina penetracion que las armas del
evangelio habian de ser las que produjesen resultados mas
favorables á sus intentos: con esta mira procuro g:Ularse la
confianza de algunos eclesiásticos que se creían poco remune-
rados de sus méritos i servicios, ulcerando sus corazones con
su hipócrita lenguage, i con una afectada compasión por el
desprecio con que los había tratado el gobierno español , ba-
jo el cual daba á entender era considerado esclusivamente
para la provision de las dignidades el espíritu de paísanage,
i no el mérito ni la virtud, Con estas alocucioncs , i con pro-
meter grandes ascensos i premios, atrajo á su partido una
parte de dichos ministros, si bien la mayorfa se mantuvo
firme en sus principios de lealtad al Monarca español.


Entre los varios sacerdotes que mancharon las p:íginas de
aquella revolucíon , se distinguió el IJI:no. Sr. Guerrero , na-
tural de Algeciras, obispo titular de Epif:ínia i ausiliar de
tres diócesis. El espíritu de imparcialidad quc dirige nuestra
pluma nos obliga á presentar dos escepciones á 13. benemé-
rita clase de los prelados de América , el un'> fue el O~)is­
po de Quito, se.íor Caíce.io , de quien }¡:óhm1s en h his-
toria de dicho reino, i el otro el que oeClra al presea te nues-
tra atención, Dicho venerable cuerpo no debe sufrir la me-
llar mengua porque en él se hayan hallado d03 miembros
corrompidos. Todos los dernas han desempeñado con honor i
lustre sus altas funciones, sin que Ias amenazas ni la pers-
pectiva de los mas horribles padecimientos i suplicios haya
entibiado en lo mas mínimo su apostólico celo. Una gran
parte ha emigrado á la península huyendo de la protérvía de




CilILE: ISIQ. 2~5
,


aquellos impíos; otros han sucumbido al duro pesar de ver
la irreligiosidad i desmoralizacion de su grei; i los pocos
que se conservan, están sufriendo con la mayor resignacion
toda clase de dicterios é insultos por no dejar en horfandad
aquellas iglesias, que todavía cuentan como verdaderos cre-
yentes la inmensa mayoría de aquellos pueblos.


Duro es referir la historia particular del señor Guerrero
á causa del sagrado carácter de que estuvo revestido; pero
nos vemos precisados á ello por no dejar en descubierto este
periodo de la revolucion chilena, en el que ejerció tanto in-
flujo aquel prelado. Se hallaba pues en la villa de Qui11ota,
retirado i descontento Forque había sido escluido de la adrni-
nistracion dd obispado de Ssntiago , en razón de las sospe-
chas que infundía á los revolucionarios como sacerdote i co-
mo europeo; pero advirtiendo Carrera la ambician que des-
plegaba dicho eclesiástico, i conociendo que su apostólica
mediacion había de ser sumamente útil á la causa de la in-
dejJendencia, pasó en perSOll;J. á ofrecerle la admínístracíon
deseada.


Abrazando el señor Guerrero con la mas fina voluntad
los intereses de los rebeldes, desplegó un celo tan ardiente
por segundar sus sacrílegas miras, que no contento con aren-
gar al pueblo repetidas veces en una cátedra que hizo colocar
en la plaza, recorrió roda el reino pervirtiendo el espíritu de
sus sencillos habitantes , i circulando edictos i pastorales sub-
versivas é incendiarias.


Empero todo su prestigio fue cediendo á la impropiedad
de su conducta; los pucblos se acostumbraron á mirar con
desprecio toda amonestación que les era dirigida por un con-
ducto tan viciado; i para que se viera que sus aberraciones
no habían de quedar impunes, fue SUCEsivamente desprecia-
do por los mismos revoltosos , á quienes tantos servicios ha-
bia prestado, i oblibado á embarcarse precipitadamente para
Londres, huyeud» de la afortunada espada de Fa reja.


La plaza i presidi o de Yaldivía Se habían conser vado fíe-
les á la metrópoli hasta el U1CS de marzo en que estalló una




276 CHJtE: 181~L
conspiracion 1 fraguada por una gran parte de sus inquietos
i seducidos habitantes 1 quienes se apoderaron por sorpresa de
la persona del gobernador i de varios de sus gefes; con cuyo
inesperado golpe quedó inactiva la guarnicion, que se compo-
nia de un batallón veterano de infantería i de algunas com-
pañías de artilleros i gastadores, la que hubo de reconocer al
gobierno !le la capital.


Ya tremolaba, pues, el pabellon independiente por todo
aquel reino, escepto en la provincia de Chiloe; ya se había
publicado el reglamento provisional, en el que á pesar del
afectado reconocimiento de Fernando VII se sentaban las ba-
ses de una absoluta separacion de la metrópoli; i ya finalmente
se disponia uno de los Carreras como primer miembro del
poder ejecutivo á salir á recorrer todo el país para cimentar
en él el nuevo sistema polí'tico i militar, cuando comenzaron
á divulgarse las noticias de una espedicion dirigida por el se-
fior Abascal desde Lima para reconquistar aquel Estado. Di-
cho virei, que no había podido tomar una parte activa para
sofocar los primeros movimientos, i que tampoco se habia
atrevido á cortar sus comunicaciones con dicho reino por la
necesidad que tenia de granos, sebos, carnes saladas 1 i otras
e¡;pecies con las que remediaba Lima sus urgencias, en cam-
bio de los azúcares i otros frutos de su suelo i comercio, co-
nació, sin embargo, que era llegado el momento de hacer
uso de toda su energía para restablecer la autoridad del Reí
en aquellos dominios.


Noticioso al mismo tiempo de la favorable predisposicíon
qne se notaba en la provincia de Concepcion, dispuso que su
gobernador el brigadier don Antonio Pareja, que entonces se
hallaba en Lima, pasase con una plana mayor i con todos los
pertrechos necesarios á formar en la isla de Chiloe una divi-
sion de 29 hombres para dirigirse con ella á dicha provincia
de Concepcion, i estender desde aIli sus operaciones segun se
lo permitiesen las circunstancias, con particular encrrgo de
no apelar á la fuerza sino despues de haber agotado todos loo
recurso s de la persuasion i del exhorto.




en rr.t : 181 2. 277
Esta animosa i bien dirigida espedicion aumentó el catá-


logo de los distinguidos servicios que adornan la carrera del
gefe que la proyectó en medio de las infinitas atenciones de
que se veía rodeado, como podrá leerse en la historia del alío
siguiente al que pertenecen tan brillantes sucesos.




278
""\1\\'¡\\Mil!\\ '\,"'i\I\; \i\lll\\'li\'\l\in\1\;\ \\ \I\i\l\lW\¡\\1\1'"w\¡" \1'1/\1\1\\\1\:\:'1


CAPITULO XXII.


QUIT O:
Conducta irregular del Reo.obispo de Quito don José Cuero i


Caicedo , i de la mayoría del clero, que sa.declaró á favor
de la revoluciono Cobarde asesinato del conde Ruiz de Cas-
tilla. Espedicion de don Feliciano Checa contra la ciudad
de Cuenca, reprimida por el coronel Valle. Preparativos
de otra espedicion en Guayaquil por el nuevo presidente
general Montes. Combate de San Miguel de Chimbo. Ba-
talla'de Mocha. Accion distinguida de una ilustre ame-
ricana. Varios choques parciales con los rebeldes. Bárbaro
sacrificio de dos fieles realistas. Batalla del Panecillo que
abrió las puertas de Quito al ejército victorioso. Salida
del coronel Sámano en persecucion de los facciosos. Bata-
lla de San Antonio de Carangui. Negociaciones entabla-
das con los insurgentes, i frustradas por su mala Jé. Es-
tado de los negocios á fines de 181 2.


El Rev. obispo don José Cuero i Caicedo , que se habia
dejado alucinar por las doctrinas subversivas i por los pérfi-
dos consejeros que le rodeaban, fue uno de los enemigos mas
terribles que se presentaron á la causa del Rei. A sus pasto-
rales i predicaciones revolucionarias se conmovió una gran
parte del clero; i escudados algunos religiosos con las indul-
gencias, que dicho prelado concedia á los que salian á defen-
der la patria i libertad, se pusieron sobre las armas, i forman-
do partidas ambulantes se dedicaron á hostigar á los realistas,
i aumentar la fuerza de los que sostenian la independencia.
En medio de esta conflagracion general se mantuvieron algu-




QUTO: 1812. 279
nos pueblos firmes en la obediencia i sumisión á la Metró-
poli, habiéndose distinguido sobre ellos los de Pasto i Patta,
que adquirieron inmarcesibles laureles en repetidos choques.


Empero la decision parcial de algunos habitantes no era ca-
paz de contener el torrente que inundaba aquellas provin-
cias. Las armas de la religion que siempre se han ejercitado
en estrechar la union i concordia,· formaron un funesto pa-
réntesis en esta época: lejos, pues, de remediar tan terribles
discordias, parece que las fomentaban con los poderosos me-
dios que les prestaba la santidad de su carácter, sin que po-
damos atinar la causa de una contradicion tan manifiesta.
La historia moderna nos ofrece algunos ejemplos de indivi-
duos pertenecientes á dicho ramo, que ó bien por vivir con
mas libertad de la que les permite su ministerio, ó por miras
de reprensible ambicion han abandonado la justa causa de la
religion i de la legitimidad; pero estaba reservado al reino de
Quito el horrihle escándalo de que la mayoría de dic hos ecle-
si ásticos con el obispo á su cabeza se dedicase á trabajar por
el buen éxito de una revolucion, que tarde ó temprano ha-
bia de acarrear su propio descrédito i ruina.


Creciendo con tales ausilios la exaltación popular de
los quiteños , se propasaron á manchar las páginas de su
ilegítimo .empeno con el último rasgo de ferocidad i barbárico
Aquel mismo conde Ruiz de Castilla , cuyo solo defecto era
su demasiado candor, lenidad i confianza; aquel presidente
que no había empanado su larga carrera militar con ninguna
falta del corazon , i que había trabajado infatigablemente por
la felicidad de sus mismos verdugos, fue sacrificado inhuma-
namente en 15 de junio al furor de la indómita plebe, esci-
tada por los principales agentes de la sedicion , que trataron
de comprometerla hasta un grado del que ya no fuera posi-
ble retroceder.


Creyendo, pues, que este cobarde asesinato habiu puesto
el último sello á sus depravados intentos, formaron una im-
ponente i resuelta espedicion, mandada por don Feliciano
Checa, que salió de la capital en el mes de agosto para ínva-




280 QTHro: 1812.
dir á la ciudad de Cuenca. Situándose Checa en el punto de
Paredones, que se halla á los confines de esta provincia, llenó de
alarma el ánimo del presidente Malina, que se hallaba en di-
cha ciudad mientras que amenazaba envolver con el escesivo
mímero de sus tropas á las del Rei , mandadas por el gobernador
Aimerich i por el comandante Valle, que ocupaban diversas
posiciones en la misma provincia. Deseaba este último que
los insurgentes se dirigieran ácia Cuenca para que atacando-
los al mismo tiempo que el presi:lente hiciera una "Vigorosa
defensa, fuera mas seguro el triunfo de sus armas; pero Mo-
lina que temió justamente los desastres i alborotos que debía
producir en aquella poblacion la proximidad del enemigo,
dió las ordenes mas terminantes al refericlo Valle para que
acometiese á los rebeldes sacando partido de su misma crftica
posicion , i supliendo con el acierto de sus maniobras, con la
firmeza de su brazo, i con el arrojo de su espíritu la des-
igualdad de fuerzas con que era preciso entrar en batalla.


Resuelto el teniente coronel V311e á correr los graves ries-
gos de un combate , que se presentaba con todos los caracté-
res de serle infausto, parece que la fortuna agradeció la con-
fianza de este bizarro gefe, i trató de compensarla con la lar-
gueza de su mano. Un día entero duró el vivo fuego que se
empefíó por todas partes; i aunque al caer la tarde estaba in-
decisa la "Victoria, sin embargo la oportuna llegada·de algu-
na gente enviada por el presidente Malina con pertrechos de
guerra, introdujo un terror pánico en los disidentes, quienes
huyeron con precipitacíon en la misma noche , Jejando en el
campo de batalla 17 piezas de- artillería, muchas armas, mu-
niciones, equipages, i un rico botin,


Ya en este tiempo se hallaba nombrado presidente de
Quito el teniente general don Toribio Montes, cuya buena
opinion i conocimientos militares ofrecían las mayores garan-
tías <1 los realistas, i contribuyeron considerablemente á alla-
nar los obstáculos que en tan críticas circunstancias ofrecía
el arreglo de llna importante espedicion , cual se requería pa-
fU sujetar á los indómitos i despechados quiteiíos. Esta fe ot:




Qr!TO: 1812. 281
ganÍzó con efecto en Guayaquil al {aror de las activas dispo-
siciones i enérgicas medidas tomadas por aquel ilustre gefe, á
quien el virei Abaseal habia confiado dicha empresa, ausi-
liándole con todos los medios que le dictó Sil celo i decision.


La tropa quiteila despues de la accion con Valle se habia
diríjido á Rio Bamba: una parte de ella al mando de don
Manuel Mateus , reforzad a por muchos sublevados de aque-
llos pueblos había pasado á atacar al coronel Eagar, que se
habia situado en el de San Miguel de Chimbo. Estando
en lo mas encarnizado de la pelea, que aquel digno gefe
sostenía bizarramente con solos J 80 hombres, fue víctima de
una bala sacr.lega , disparada por un pérfido soldado que se le
había pasado del campo enemigo; pero á pesar de este terri-
ble contraste fueron batidas las tropas revolucionarias, i las
del Rei siguieron su camino para incorporarse en Huaranda
con las del general Montes, á cuyo ejército pertenecían..


Este triunfo, si bien no pudo llamarse decisivo, fue pre-
cursor de otros mas importantes que ilustraron la marcha del
general Montes. Reunidas en el pueblo de San Andres las tro-
pas de este general con las columnas de Sámano i Aimeric11,
que venían de la parte de Cuenca, se dirijieron en el mes de
setiembre á atacar los rebeldes en el pueblo de Mocha, ea
donde se habían fortificado con buenos atrincheramientos i
cortaduras. Despreciando las tropas del Rei la confianza i al-
tanería que afectaban los enemigos desde sus importantes po-
siciones, rompieron contra ellos un vivísimo fuego, i los des-
alojaron victoriosamente de aquel punto, tenido por intoma-
ble, i titulado enfaticamente el gran fuerte de Irlocha, Ar-
rollados los rebeldes por las irresistibles fuerzas realistas, se
entregaron á una fuga vergonzosa, abandonando 6 cañones,
una gran cantidad de fusiles, i otras armas i municiones.


Concurrió á aumentar el lustre de esta jornada la hízar-
ría i arrojo de una jóven i distinguida americana, que con sa-
ble en ruano se mantuvo en medio del fuego escitando valor i
emulacion en el ánimo del soldado, arrostrando todos los
peligros de un sangriento choque por defender la causa del




2 B1. QUITO: I 8 I 2.
Rei que formaba todo el objeto de sus ansias. Era esta la es-
posa del señor don Francisco Manzanos, de la que se ha he-
cho mención en el capítulo destinado á describir la historia
de Quito del año anterior; la que habiéndose sustraído con
la fuga á la persecucion de sus enemigos, pudo reunirse a la
division del coronel Samano , i dirijirse en seguida al cuartel
general para tomar una parte activa en la gloriosa accion que
acabamos de referir.


Llegó á tal grado el heroísmo i empeño de esta ilustre se-
llora, que burlándose del vivo fuego que hacian los insurgen-
tes, fue la primera que con una persona de su servicio entró
en el citado pueblo de Mocha tremolando en su mano la ban-
dera de la victoria, i pasó á repicar las campanas, cuyo alar-
mante signo acabó de poner en fuga á los desconcertados se-
diciosos. Por tan distinguido servicio le fue conferido el escu-
do que había sido creado para los valientes de aquella bri-
llante jornada.


El general Montes levantó su campo, i dirijió su marcIl3.
sin el menor tropiezo hasta el asiento de Latacunga , en don-
de se detuvo algunos días para combinar acertados planes que
diesen el último golpe á las esperanzas de los rebeldes. A fin
de esplorar el terreno destacó algunas guerrillas sueltas en va-
rias direcciones: una de ellas pasó á atacar una partida de in-
surgentes que se habia situado en la hacienda de San José,
perteneciente á la marquesa de Maenza. La casa fue abando-
nada tan pronto como se aproximaron las tropas del Rei; pe-
ro se halló en ella una espléndida comida que denotaba la pre-
cipitacion con que habían huido las personas para las que era
destinada, ó mas bien la malicia de sus intentos.


Era grande la tentacion que se ofrecia á aquellos soldados
con tan rico i abundante banquete; pero esa misma ilustre ameri-
cana, que tomando las formas de Minerva cubría con su manto
las armas realistas, evitó con su sagáz previsión las muchas v.c-
timas que hubieran sucumbido á la actividad del veneno, de
que estaban impregnados aquellos manjares. Dando fuego á
aquella mansion de horror i de perfidia volvieron los realistas




QrIro: 1S12. 285
á Tacunga , de donde salió todo el ejército para Quito, á fl-
nes de octubre , guiado por el benemérito don Andres Salva-
dor? quien lo separo del camino real para evitar las embos-
cadas que le habían armado los rebeldes protegidos por las
ventajas del terreno; i penetrando por páramos i caminos in-
accesibles sobre una cordillera llena de quebradas i derrum-
baderos, tan pendientes que se precipitaron por ellas varias acé-
milas? llegaron por fin al Ejido de Turubamba, donde for-
maron sus campamentos.


Deseoso el general Montes de ahorrar á la ciudad de Quito
los desastres consiguientes á un furioso asalto, intimó la ren-
dieion en términos perentorios? pero llenos de humanidad i
de generosos sentimientos. La' obsti.nacion de aquellos habi-
tantes? la insolencia de la tropa que guarnecia aquella plaza,
i los dicterios é insultos dirijidos contra la persona del mismo
Montes, en quien alegaban no podían residir otras facultades
para mandar aquel reino sino las que hubieran podido tras-
mitirle los mercaderes de Cadiz , hicieron ver á este bizarro
general que aquella cuestión había de decidirse con la espada,
i de ningun modo con el raciocinio ni con platónicas alocu-
ciones.


En el entrefanto daban los rebeldes pruebas inequívocas
de su ferocidad i despecho, i de su empeño en hacer efectivas
las amenazas que habían dirijido al ejército del Reí, ~ de que
no darian cuartel á nadie." Viéndose ya estrechados mui de
cerca? i sin esperanzas de poder resistir á los bien organizados
batallones de Montes i Henos de aquel furor que solo cabe en
ánimos poseidos del último grado de la desesperacion , proce-
dieron á sacrificar bárbaramente á don Pedro Calixto i á su
hijo don Nicolás, que en su marcha desde sus haciendas á in-
corporarse con los valientes pastusos, que peleaban por los dere-
chosdel lVlonarca español, fueron sorprendidos por los insurgen-
tes en el pueblo (le Tusa? i escarnecidospor el comandante don
Joaquín Saldumbide, vocal del congreso revolucionario, quien
les hizo entrar en triunfo en la capital, colocándoles una hor-
quilla debajo de la barba para que todos aquellos habitantes




28i~ QUITO: 1812.
viesen á estos dos mártires del honor i de la fidelidad.


Cuando estas desgraciadas víctimas creían tocar el mamen.
ro de sustraerse á los furiosos castigos que les preparaban sus
empedernidos paisanos, pues que estaban ya 1:.lS tropas de Mon-
tes sobre aquella ciudad, i con efecto tardaron solos cuatro
dias á apoderarse de ella, se les notificó la bárbara sentencia
de rendir el cuello á la cuchilla fratricida para que fuera
mayor el dolor de perder la vida en el momento mismo en
que iba á triunfar la causa que ellos defendian. El impá-
vido Calixto, cual otro Junio Bruto, á quien todavía superó
en la grandeza de su alma, quiso presenciar la decapitacion
de su hijo, i esta fue la única gracia que imploró de sus in-
humanos verdugos. ~Muera, dijo, esta tierna planta sin que
"se contamine con el pestífero aliento de la seduccion. Perez-
"ca yo, pero sepa que mi hijo me precede en la carrera de
"la gloria. Baje yo al ,sepulcro con la confianza de que los
"mas horrendos suplicios no han podido conmover la cons-
»rancía de este jóven desgraciado. Corra mi sangre, pero sea
"con pureza, para que los que se gloríen de verla circular por
"SUS venas, tomen por modelo de imitacíon , no á un hom-
» bre amaestrado en los trabajos, en la carrera de la virtud i
"en los desengaños del mundo, sino á ese naciente héroe, cu-
"yo vigor i sublime resaludan en abrazar gustoso este.cruen-
:, to sacrificio será un rasgo distintivo de la historia de Quito,
"i dejará dulces ,recuerdos de la malograda familia de los
" Calixtos. "


Llegó con efecto al último grado la desventura de esta fa-
milia; una hija del digno de mejor suerte, don Pedro, fue el
objeto de la mofa i escarnio de los rebeldes, encerrada en es-
trechas prisiones, i espuesta mil veces á sufrir una dura muer-
te. Otro de sus hijos, llamado don Cárlos, pudo salvarse de las
manos de 25 insurgentes que habian ido á prenderle á sus
haciendas , i aun de apoderarse de todos ellos i de sus armas
al favor de su ingenio i astucia en haber sabido embriagarlos
con aguardiente; i despues de haber prestado servicios impor-
tantes á la monarquía, hubo de abandonar á su esposa é hijos,




QrITO: 1812. 285
írcfugiarse en este reino á recibir como el mejor premio la
consideración del gobierno i de sus hermanos peninsulares.


A este tiempo se iba ya aproximando el ejército á dar la
accion decisiva del 7 de noviembre, que había de abrirle la
puerta de aquella indómita poblacion: se emprendió con efec-
to el atacIue al romper el dia contra los obstinados insurgen-
tes que se hablan fortificado en el Panecillo, la Magdalena i
San Sebastian ; los comandantes Sámano i Valle se diríjieron
contra el primero de dichos puntos; el ingeniero Atero contra
la Magdalena; i el general Montes se arrojó sobre San Sebas-
tian. El enemigo defendía sus posiciones con un desesperado
valor, nada inferior al.que desplegaron las divisiones realistas
en sus cargas impetuosas: estas empleaban todos los esfuerzos
de su brazo i las ventajas de la mejor disciplina i pericia mi-
litar; aquellos agotaban todos los recursos de su mismo com-
promiso, recibiendo con impavidez los mortales golpes de la
ertilleri« i fusilería, dirijidos con el mayor acierto.


La gritería i furiosas amenazas d() estos facciosos , las pie-
dras qu.e hacían rodar por el cerro para embarazar la subida
á las tropas del Rei, los cohetes con arpones envenenados de
fierro quc les lanzaban, las bombas i granadas de mano lle-
nas de agudas puntas l el vivo fuego de sus baterías; todo se
puso en actividad para rechazar los ataques de nuestros sol-
dados. Mas de tres horas duró lo encarnizado de"este eomba-
te; pero al firf cedió el enemigo dejando el campo cubierto
de cadáveres, su artillerfa i demas efectos de guerra, i reti-
r:1ndose á la ciudad l de la qne lmyeron tambien por la no-
elle. Al dia siguiente entró en Quito el ejército victorioso, i
se ocupó el señor Montes con el mayor afan en hacer volver


"á sus hogares á los que los habian abandonado por el injusto
temor que les habían infundido los facciosos, de que las tro-
pas realistas habían jurado pasarlos á cuchillo sin distinción
de. edades ni personas.


Alentados los quiteños al ver el porte afable i la humaní-
dad i dulzura de los vencedores, empezaron á volver 'á la
desierta capital, restableciendo el giro de su. comercio i las


52




286 f¿UTI): 1012.
comunicaciones con los' pueblos circunvecinos. Mientras que
el referido Montes trabajaba por asegurar el orden i la tranqui-
lidad en lo interior, salió un~ división de 500 infantes i 100
caballos, mandada por el bizarro coronel Sámano á perse-
guir á los prófugos que se habían reunido en el pueblo de
San Antonio d~ Carángui, i que habian sido reforzados con
mas dé 6~ paisanos de aquellos pueblos. Ya las tropas del
Rei habian sid~ envueltas entre esta inmensa muchedumbre;
sus municiones habian quedado reducidas á los últimos tiros,
i se hallaban en poder de los enemigos todos sus cañones,
cuando arrojándose el valiente gefe sobre uno de ellos, dió
fresco vigor é impulso á su misma tropa , la que se apoderó
de e1 i de un cajon de pólvora; i saliendo entonces de la igle-
sia una parte de la misma columna que se había hecho fuer-
te en aquel punto, se rompió de nuevo un vivo fuego, se res-
tableció la conflanza en la división realista, i fueron carga-
dos los rebeldes con tanta decisión i empeño que se entrega-
ron á una fuga desordenada, introduciendo por todas partes
el terror i el desaliento. Aquella funesta retirada fue marca-
da con todos los horrores del desorden. Mil i doscientos fusi-
les, algunos caflones, gran cantidad de pertrechos de guerra,
equipages i otros efectos fueron los trofeos con que se ador-
naron las victoriosas tropas 'de Sámano. Entre los varios pri-
sioneros que ilustraron su triunfo se halló un francés capira-


•neando una parte de aquella gavilla, i el oficial real de la
ciudad de Cuenca, Calderon , que fueron pasados por las armas
con otros varios.
C~minando el coronel Sámano para la vilIa de Ibarra en


persecucion de los facciosos, recibió un oficio firmado en di-
cha villa 'por el marques de Villa-Orellana , don Manuel Ma-
teus , .i por don Carlos Montufar , reducido á proponerle un
acomodamiento pacífico que hiciera cesar el derramamiento
de sangre, i restableciese la armonía i uníon entre los hijos de
un mismo suelo, que luchaban por la misma causa cual era
la delaugusto Monarca don Fernando VII. Aunque Sámano
conocía que aquella aparente sumisión procedía del' estrema-




QVUO: 1812. 23J
do apuro á que se veian reducidos los rebeldes, i de Qjpgun
modo de un sincero reconocimiento de sus errores, pasó sin.
embargo aquel oficio al señor Montes para que to"'ase el par-
tirlo que tuviera por mas con veniente. Este astuto i esperto
general fijó como bases del propuesto convenio la entrega de
todas las armas á dicho coronel Samano , la sumisión de todos
los oficiales civiles i militares, quienes quedarian indultados
de la pena capital, i libres todos sus bienes de secuestro, escep-
to los principales motores de los desórdenes, cuyos nombres
eran designados. i que no pasaban de 10; comprendiendo á
todas lasdelJlas clases en la amnistía que ofrecía c~n }o~a, la
solidea .que aseguraba su pundonor i delicadeza.


Esta contestacion , que fue enviada por un sargl;n,\o. i.;seis
dragones, produjo una exaltación tan bárbara éjJ,l~IU~~ana en
el ánimo de los facciosos, que' sacrificaron rab,i8salllente
aquellos desgraci~dos e~nisarios, .i cometieron igual srueldad
con otros cuatro realistas enfermos que hallaron en el pueblo
de Otavalo. Al oír estas tropelías las tropas de Sarnano , se di-
rigieron llenas de un justo furor contra dicha villa ~e Jba~ra,
que abandonaron mui pronto los rebeldeshuyendo ~nei ~a­
yor desorden.


Así quedd la mayor parte .1 reino de Quito libre. de los
._~tragos,revolucionarios á fines de 1812; i el victorioso Mon-
. tes se dedicó á trazar nuevos planes para el año ,s,iguiente ha-
ciendo preceder un indulto por los anteriores es~esos,si bien
ya de este fueron escluidas cerca de 'f0 person;s, que con su
terquedad i encono se habían hecho i{ldignas.de aque~la
gracia.




.2M
\1\) \\i\lW\l\f\!\V\'\i\'\1\'\1\'\1\ \1\1\1\1\:\'\1\'\1\'\J\I\I\J\I\I\I\J\I\'\i\'\J\J\I\J\I\\i\l\l\'\:\'\iVlJ\'\I


• CAPITULO XX lII.


NUEV-A GRANADA:


Guerra civil entre los partidarios del centralismo i federa-
lismo. Carácter de Nariño. Ventajas obtenidas por el con-
greso de Tunja por la activa ejecucionde Baraya , contra el
partido de dicho Nariño. Espedicion de las tropas del ci-
tado congreso contra Santa Fé. Preparativos del gobierno
de esta capital, i envio de tropas á Ventaquemada , en don-
de fueron oencidae por los tunjeños. Se dirigen estos á di-
cha capital i le ponen un estrecho sitio. Varios choques sos-
tenidos por la fiel Santa Marta para defender la autoridad
real. Ventajas de los rebeldes en la accion de Mompox.


tos partidarios del federalismo llegaron á enconarse de
tal modo con los del centralisf!J.o , que estalló una furiosa guerra
civil entre ellos. Don Antonio Nariño , que se hallaba á la cabe-o
za de estos últimos, recibió los mas dulces testimonios de adhe-
sion de los habitantes de la capital i de otros puntos. Como
hasta entonces no hubiera manifestado otros planes sino los
de mantener la integridad de aquel reino para devolverlo á
su legítimo Monarca, en cuyo nombre se estcndian todos los
actos gubernativos, se vió asimismo apoyada su autoridad por
los españoles residentes en el país , quienes levantaron volun-
tariamente á sus espensas un escuadron de caballería, titu-
lado dragones de Santa Fé.


Reuniendo Nariño por otra parte un gran fondo ·de huma-
nidad, dulzura, nobleza, i rectitud, que lo hacian altamen-
te recomendable, se empeúó la gente sensata en conservar á
la cabeza del Estado un gefe tan afable i popular, que con




NV1:rA CTdN,\D.'¡: 1812. 289
sus benéficas providencias, tan agenas de los desórdenes, que
suelen acompañar á todas las revoluciones, haria que aun los
mismos realistas sofocasen sus justos temores de que la ter-
minacion de aquellos sucesos pudiera ser la independencia ab-
soluta de la metrópoli, i la dislocacion de las familias. Hasta
las comunidades de frailes i monjas atestiguaron del modo
mas espresivo su satisfaccionde ver las riendas del gpbierno
en una mana tan esperta, que daba las mas sólidas garan-
tías de evitar toda clase de desafuero religioso i tropelía ci-
vil; i aun llegaron á persuadirse de que Naritio no sería ca-
paz de hollar la Magestad del Trono. \"


Empero lashalagüenas esperanzas á que se entregaban
los que deseaban el bien del país se malograron completa-
mente por la abierta escision de la capital con las demas pro;.
víncías , i por la simularla ambician que fueron desenvolvien-
do con el tiempo aquellos innovadores.


Seguia en el entretanto el congreso de Tunja adquiriendo
nuevo vigor i pujanza con el apoyo de las provincias mas im-
portantes de aquel vireinato , i con la reunionde .Mariquita
i Neiva, que se verificó á consecuencia de haber sido batidos
Ios- partidarios de Nariño pOI' el ejército del"congreso al man-
do de Baraya, Ayala i Riraurte; pero empeñado dicho con-
greso en destruir la preponderancia de Santa. Fé , i de obli-
garla á federarse; dictaba leyes violentas i caprichosas para
provocar suagresion. Ya desde el dia2 de noviembre' ha-
bia exigido armas, municiones, i otros ausilios , amenazándo-
la con tono imperioso si en el término de siete dias no"tenian
cumplimiento aquellos suministros. Esta violenta intimacion
llevaba todos los caractéres áeáeclsrscum de guerra, supues-
to que sabia bien el congreso que el medio mas contrario de
reunir los pareceres eran 'los de la humillación i desdoro.


Se e\>t\}t·z:~.ba ))(>'\: ",u. l'arte el g"b'>"xnQ ile 'Danta Fé en des-
acreditar al citado congreso, haciendo publicar sus' estorsie-
nes consignadas en los gravosos contingentes impuestos á todo
el reino. Un millon ciento ochenta i cuatro mil duros era la
contríbucion &retada que debía repartirse entre Antioqu.ía,




290 NI:EVA GRANA.OA: 1812.
Cartagena, Casanare, Santa Fé~ Neiva, Mariquita, Chiquin-
quina, Musos, Velez , Novita ,Pamplona, Popayan , Socor-
ro, San Gil, Barichara , Tunj;¡ i Citará, i que debía hacerse
efectiva con préstamos voluntarios ó forzosos, con confisca-
cionesá los enemigos de la Iibentad americana, exacción, de
las alhajas de or.q í.plara de los particulares, ¡aun: .de.Ios, va-
sos sagradós. ... s J


.Estas providencias arbitrarias, i un modo tan impolíti-
co de atropellar las personas, i de apeopíarse los intereses,
eran tanto mas sensibles cuanto .que nunca habían sido prac~
ticadas bajo el dominio español, Este era,; pues ,.el sistema
IDas á propósito para enageuar 10s..áwIIlÓS i para-que: dicho
congreso hubiera sido víctima de sus .tropelias ,.si no se hu-
biese visto apoyado por la fuerza de las hayonetasi por e!
error de algunos pueblos. Como los planes principales de di-
cho congreso. tendian á negar. la supremacía á Santa Fé, i á
reducir aquella ciudad á la misma esfera que las demas , S()
iban preparando las ·tropas de ,Tunjll 'á hacer la ínvasion pre..


'meditada. Ya desde, el día 'I-B de noviembre se había .dado or-
den á don José Ay.alapara qnemarehase á la villa de Leiba
con 100 hombres i 4 pedreros;i el comandante principal
don Antonio Baraya iba á ponerse á la cabeza de una divi-
.sion compuesta de 500 soldados entre patriotas i tropas, de-
biendo asfmismo concurnir á la ~rnpresa los. destacamentos de
-Leiba , Sutamarchan , Hato viejo i Guacheta,. así como I~O
hombres que acababan de llegar del Socorro, quieneshabian
de principiar por invadir á Vclez i caer después sobre Ulate.


No se descuidaba por otra parte Nariiío en tomar las ne-
cesarias dispos-iciones para resístir.alenemígo ,.á .cuyo.fln ha-
bia formado dos espedicíonea , mandada la :UJiapor,e\ .briga-
dierdon.Jose Ramón de fLrliba,j la. otra por -elcapítan don
Lorenzo Leí. En, el dia I? de dieiembreise reunieron ambas
en el sitio llamado Enemoconisto: como aquella noche fuese
.muí Iluviosa ;i las tropas escaseasen de tiendas , no pudieron
emprender la. marcha al dia siguiente sino .mui rtarde, por
haberamanecido muí mojadas, del: mismo, 1&do que .sus fu-




NUEVA GDANAOA: 1812. 291
síles. Otra columna, al mando del. teniente coronel Pardo, ha-
hia dormido en Hato viejo con órden de incorporarse con las
demas. Ya habían llegado las dos primeras á la venta de Albar-
racin cuando se recibió un parte del teniente coronel don Ig",
nacio Salcedo, que mandaba la descubierta, dando aviso de
haberse posesionado de dicho pueblo de Venta quemada 300
hombres de las tropas de Tunja..Sin aguardar á la columna de
Pardo emprendió Leibasu marcha, i al llegar al alto de Al.
barracin, supo por tres prisioneros hechos por sus avanzadas,
que el grueso del ejército contrario debia llegar enel mismo
día.


Teniendo Leiba por mas segura la viCtoria dando el ata ...
que antes que Be veriflcase la citada ¡eunion, aceleró su movi-
miento. Apenas vieron los tunjeños aproximarse aquella fuer ..
za , desampararon el citado pueblo i se situaron en las altu-
ras variando de posicion segun los movimientos que hacian las
tropas de Santa F'é. A las cuatro de la tarde había ya llegado
la columna de Parcia, i se rompió un vivo fuego con la ma-
yor sorpresa de Leiba que vi6 presentarse á su frente 800 fu"
sileros en vez de los 300 de que se le habia informado. Se
sostenia sin émbargo el ataque con vigor por ambas partes,
cuando una voz alarmadora, que salió repentinamente de sus
filas, desconcertó completamente á los soldados, quienes Cre-
yéndose envueltos en una inevitable ruina, desoyeron la voz
de sus oficiales i de su mismo general. Viendo éste lo infruc-
tuoso de sus esfuerzos para contenerlos con el exhorto i per-
suasion, se adelanto con una de las banderas del ejército, qlle
habia tomado en sus manos; pero de nada sirvió este arroja-
do golpe, ni cedió por eso el desórden i la dispersión. Tan $0-
lo pudo reunir una partida sobre la altura, que contuvo al-
gun tiempo al enemigo, hasta que el batallan provincial de
Salcedo i las compañías de patriotas pudieron ret irarse con al-
gun orden al referido pueblo de V~ta quemada. Aquella
corta fuerza sostuvo los empeñados i vigorosos ataques de
sus etintrários hasta mui entrada la noche, en que haciendo


, éstos sus últimos esfuerzos lograron penetrar en la población,




mismo
NUEVA cn1NADA: 1812.


santa-feéinosr, i hacer prisionero al
292
arrollar .á los
general Leiba.


Viendo ya Naríríe perdida enteramente la batalla, huyó
precipitadamente para la capital dejando las instrucciones mas
acertadas que le sugirió el apuro del momento para dismi-
nuir los males de aquella derrota.


. Engreidas lis tropas de 'Punja con una victoria tan bri-
llante, creyeron que nada habria capaz de resistir al torrente
de su opinión, i se dirigieron por lo tanto con la mayor con-
fianza á poner sitio á la ciudad de Santa Fé, cuya libre po-
sesion daban por segur:¡, no pudiéndose figurar (Iue sus ha-
bitantes hubieran vuelto tan pronto de su primera alarma i
confusion para hacer la o.J:>stinada resistencia, que salvo en el
ano siguiente la mengua de sus primeros reveses.


En tanto que los mismos disidentes se despedazaban con
sus discordias intestinas, la fiel Santa Marta se ocupaba en ad-
quirir nuevas fuerzas para sostener la autoridad Real. Este
habia sido el asilo de los perseguidos i proscripros por los go-
biernos insurgentes, i con su apoyo babia sabido imponer res-
peto á los enemigos del orden , i aun estender la línea de sus


·operaciones fuera de sus murallas.
Habiendo llegado á principios de este afio á dicha ciudad


el batallan de Albuera, cuyas cornetas fueron las primeras qU!.l
allí se oyeron, i cuya nueva táctica militar era desconocida
hasta entonces, eseitó un noble entusiasmo en aquellos ha-


·bítantes , quienes con tal apoyo se creyeron suficientemente
fuertes para rechazar todo ataque, no solo de Cartagena sino


· aun de los dernas puntos del reino; pero habiendo por desgra-
cia cegado de repente el gobernador Acosta, tomó el mando
.el coronel don José del Castillo, sugeto que si bien no care-
.cia de mérito, era sin embargo .\Ilui inferior á 81,.1 antecesor en


· la energía de sus providencias ,i enIa prontitud de su ejecu-
cion. Para dar una m!estra de su talento i valor empeño una


¡ accion en Mompox; i aunque fue de fatal resultado, probó á
Jo menos su lealtad, i decisión. Dióse dicha accion por las
:tropas de Santa Marta en 19 de octubre con 250 fusileros




NUEVA GR"\NADA: 1812. 293
apoyados por cinco buques de guerra. Habiendo desembarcado
cuatro violentos, atacaron con ellos dicho punto de Mom-
pox; pero la suerte contraria los obligó á retirarse con algu-
na pérdida, la que ni desalentó aquellos valientes, ni alteró
sus nobles planes de perecer antes que abrazar el sacrílego
hando de sus vecinos.


Habiéndose sabido ácia este mismo tiempo, que se dirigía
contra Santa Marta el aventurero francés Pedro Labatut,
exigió el nuevo gobernador el suministro de 13 á 14 mil du-
ros, sin los cuales manifestaba no serIe posible defender aque-
lla plaza. A la eficacia i empeño con que Puyals se encargó
de recolectar esta suma, con la idea de que los rebeldes no
profanasen el recinto de dicha ciudad, se debió la habilita-
cion i salida de las tropas realistas para defender el pueblo de
San Juan de la Ciénaga, punto importante á siete leguas de
la capital; mas por una fatalidad inesplicable se perdió el fru-
to de tantos sacrificios á principios del año siguiente.


53




294
WW\I\IW\I\I\I\I\/\J\I\i\!\I\I\I\I\I\I\I\'\I\\l\\J\'\I \1\I\MMJ\J\I\I\I\I\I\I·\;\I\J\I\I\i\I\I\il\i\lW


CAPITULO XX 1V.


CARACAS:
----.¡~~


g'petlicion de Coro al manda de don Domingo Monteverde
contra los insurgentes. Toma de Siquesique ; Tocuyo i Ca-
·rora. Furioso terremoto. Arriesgada posicion de Monte-
eerde, Rectificacion del espíritu público á favor de la cau-
4a del Rei. Rasgos particulares de aquel espantoso fertó-
meno. Derrota de la espedicion que habia salido contra los
fieles guayaneses. Progresos de Monteverde. Batalla i to-
ma de San Cdrlos. Entrada de aquel gefe en Valencia.
Salida de Coro del brigadier Ceballos en ausilio del mis-
mo. Malogrados esfuerzos de los facciosos. Nombramiento
de Bolioar para el mando de la plaza de Puerto Cabello.
Desavenencias de Monteverde con Ceballos, Nombramiento
de Miranda para mandar los ejércitos de la república.
Retirada de este al Maracay, i sucesivamente á la Vic-
toria. Entrada de Monteoerde en San Mateo, i sorpresa
de la Victoria por sus soldados. Nuevos apuros de aquel
general. Subleoacion de Puerto Cabello á favor del Rei,
Abatimiento de Caracas. lnsurreccion de los negros de
las costas orientales. Tratado de pacificacion entre Mi-
randa i Monteverde. Desavenencias de este con el capi-
tan general don FernandQ Miyares. Desarme delos mu-
latos. Entrada de Monteverde en la capital. Arresto de
Miranda, i espulsioti de varios revoltosos. Nuevos prepa-
rativos para la independencia.


A principios de 1812 se hallaban ya instaladas en Ca-
racas todas las corporaciones que designaba su constitución,
i desde entonces comenz6 á observarse algun arreglo en el
gobierno, que si bien daba pocas garantías de su duracion,




(>\RACA5: 1812. 295
templaba sin embargo la dura suerte de los que gemian bajo
el yugo democrático. En el entretanto la provincia de Coro,
que cual firme roca se había mantenido libre de las oleada¡
revolucionarias, iba preparando los medios de abrir una cam-
palia, cuyos felices resultados superasen las ventajas que po-
dían entrar en el cálculo mas osado. Habiendo recibido
el brigadier Ceballos, que mandaba aquella provincia, 0POl'o
tunos avisos de las favorables disposiciones de algunos insur-
gentes para volar á sus banderas, i especialmente del cacique
indio Juan de los Reyes Vargas, capitan urbano de la villa
de Siquesique , quien prometía la formacion de una partida
para segundar los impulsos de las tropas realistas, se aprestó
una espedicion de 200 á 300 hombres, cuyo mando se con-
fió al entonces capítan de fragata don Domingo de Monte-
verde I que acababa de llegar de la isla de Puerto Rico COD
una compañía de marina.


Cuando Monteverde llegó con su columna al pueblo de
Siquesique I 10 ll.llló ya en poder del citado Reyes Vargas,
quien puesto á la cabeza de 200 fusileros i 100 flecheros ha-
hia arrestado las autoridades que lo mandaban á nombre de
la junta de Caracas; i habiéndose encaminado sin pérdida. de
tiempo ácia el Tocuyo se había apoderado asímismo de-aquel
punto aprovechándose de los primeros movimientos de la
confusion i del desórdeu. Ejecutados felizmente estos dos gol-
pes de mano, volvió á Siquesique á recibir al señor Monte-
verde, cuya division, reforzada con aquellos ausilíos , se di-
rigió ácia Carora, defendida por 700 hombres, entre los que
se distinguian 300 veteranos I mandados por el desleal espa-
iíol don Manuel Marin; pero fue tan impetuoso el ataque da-
do el 23 de marzo por las t ropas del Rei , que los rebeldes
quedaron arrollados á las primeras descargas, i huyeron des-
pavoridos, abandonando siete piezas de artillería, muchas ar-
mas i pertrechos.


A los pocos días de esta brillante accíon , i cuando los
insurgentes iban moviendo sus cuerpos para destruir la pe-
queúa columna de Monteverde, que al favor de la opiuion




~96 CARAC.~S ) 812.
de loo pueblos del tránsito habia progresado mas de lo que
habh podido prometerse el brigadier Ceballos que le habia
dado el primer impulso, ocurrió uno de aquellos fenómenos,
suscitado visiblemente por la divina Providencia para demos-
trar su brazo omnipotente, que se complace á veces en des-
hacer con humildes medios los grandiosos planes forjados por
la soberbia. Cuando el furioso terremoto de 26 de marzo ar-
ruinó las poblaciones de San Felipe, Barquisimeto , Mérida,
la Guaira, Maíquetia , Chacao i Caracas, ten ian los rebeldes
la mayor parte de sus tropas en las inmediaciones de la capi-
tal, con guamicíones en los valles de Aragu:!, de la Guaira,
Puerto Cabello i demas fondeaderos de la costa, en los que
conservaban algunas flecheras, cañoneras , tres bergantines i
una goleta de guerra. En Barquisimeto hahia 1000 hombres
de guarnicion con artillería i pertrechos. 'I'cnia pues la repú-
blica de Caracas 5°00 hombres disponibles para presentar
á la columna realista, sin contar un cuerpo de 2500 que se
habia dirigido ácia la capital de Guayana, sostenido pur 32
buques armados que seguian su marcha por el Orinoco. Co-
nociendo Monteverde lo crítico de su posicion , trató de po-
ner la ciudad de Carora en estado de defensa, con mui POC¡¡
probabilidad de que todo su celo i esfuerzo pudiera suplir
la falta de medios para librarla de una espedicion bien
concertada.


Mejor enterado el hrigadier Ceballos del inminente peli-
gro que corria aquella columna, escribid á Monteverde en-
cargándole la evacuación de dicha ciudad de Carora para no
ser cortado por las tropas de Barquisimcto, reforzadas con
otra parte de los 1500 á 2000 hombres que el congreso de
Venezuela había reunido en Valencia desde que se había
trasladado á aquel punto como el mas central para sus ope-
raciones. N o entraba pues en los cálculos de la humana
prevision el creer que el esforzado J\'Iontevcrde pudiera con-
servarse á tal distancia del cuartel general de Coro sin el in-
dicado estraordinario acontecimiento del terremoto. La cir-
cunstancia de haber hecho éste tan terribles estragos en el




CAR,\(;,\5: ] 812 297
mismo dia en que dos años antes se había puhlicado la in-


surreccion , que fue el jueves Santo á las cuatro de la tarde,
hizo creer á todos aquellos hahitanres , que conservaban to-
davía algunos sentimientos de piedad i religion, "que aquel
era castigo del cielo por los sacrílegos actos de rebeldia con-
tra elleg,tilno Monarca, i de crueldad i barbarie contra los
que defendían su causa."


Como los caraqueños habían sido los principales motores
de la insurreccion , fueron mas penetrantes los aguijones de
sus criminales conciencias. En medio de la consternacion que
se apoderó de sus ánimos al ver caer los edificios por sus ci-
mientos, hundirse los templos, espirar infinitas víctimas, i
exhalar lastimeros alaridos las que no habian tenido la fortu-
na de acabar sus padecimientos á los primeros golpes, hubo
algunos protervos que parece insultaban á la misma provi-
dencia, i que desafiaban todo su poder. Fue uno de estos el
implo Bolivar, quien llegando á la plaza en mangas de cami-
sa i poseído de un dialJólico furor, al contemplar las ruinas
de aquella magnifica catedral prorrumpió en la feroz sentencia
siguiente: reSi la naturaleza se opone á nuestros esfuerzos, lu-
»charemos contra ella, i haremos que nos obedezca. ,;


Otro de los genios atrabiliarios, i que dio la última prueba de
su desorden mental, fue el mayordomo de los hospitales don
Rafael de Leon, Burlándose este malvado de lQS vehementes
exhortos religiosos que hada el Rev. P. prior de los domini-
cos á los afligidos caraqueños , que veian abierto su sepulcro
debajo Je los pies; ridiculizando al doctor don Nicolas Anzo.
la que pcdh de rodillas i con el mayor fervor un humilde
penlon al señor don Fernando VII por los desacatos que ha-
bia cometido contra su autoridad; i aparentando al mismo
tiempo la mayor serenidad i calma en su semblante, intentó
variar la opinión del pueblo, haciéndole ver que aquel es-
pantoso fenómeno era un nuevo argumento de la religiosidad
de su causa, que el autor Supremo habia querido sancionar,
destruyendo hasta las casas fabricadas por los españoles, para
que no quedase el menor recuerdo de su dominio.




~93 C,lllACAS: 1812.
No debe pasarse por alto uno de los sucesos mas notable¡


de aquel aciago dia , que escitó el mayor asombro, i aumen-
tó la creencia de que el cielo reprobaba la revolución empren-
dida. Al lado del templo de la Trinidad se hallaba 1.1 horca en
que ocho meses antes habían sido colgados varios mdrtires
del honor i de la fidelidad ; se hallaba asimismo á poca dis-
tancia de dicho templo el gran cuartel veterano, i en el pilar
de una; de aquellas capillas estaba pintado elescudo de las ar-
mas del Reto Solo este precioso monumento quedó en pie en
el horroroso hundimiento que sufrió dicho templo; í aquella
misma horca, que ofrecía al pueblo los funestos recuerdos de
la tiranía revolucionaria, cayó al suelo por impulso de un
gran trozo de los pilares de la iglesia, que fue rodando COD
la mayor violencia.


Alarmados los furiosos rebeldes por los rápidos progresos
que hacian en la opíníon los elocuentes discursos pronuncia-
dos por dicho prior de los dominicos i por el filipense don
Salvador Garcia Ortigosa, i no menos inquietos por la fuerte
impresion que observaban había hecho asimismo en los habi-
tantes la circunstancia de que se hubiera salvado de las rui-
nas como único trofeo el emblema de la autoridad real; i la
ocurrencia de otra porcion de lances estraordinaríos , de nin~
gun modo favorables á los planes de los sediciosos l dieron or-
den para ser fusilados en el acto dichos dos RR. religiosos, i
para que fuera derribado el referido escudo real; mas ni uno
ni otro llegó á efectuarse por que nadie se halló con fuerzas,
ni resolucion para ejecutarle.


Como en el mismo dia dieron las tropas rebeldes la bata-
lla de Angostura contra los fieles guayaneses, influyó consi-
derablemente aquel alarmante azote del cielo en la brillante
victoria que obtuvier-onlas armas del Reí, derrotando com-
pletamente á los invasores i destruyendo toda su escuadra,
sin que un solo buque pudiera salvarse de la irresistible fuer-
za de unas gentes que peleaban con todo el ardor que inspi-
ra la fidelidad i la religiosa creencia.


Apecvechandose Monteverde de la predisposícion general




CA1'AC:AS: 18 J s . 299
del pais para abrazar la causa del Reí ~ determinó emprender.
la campaña sin aguardar los refuerzos que había pedido á
Coro. La vanguardia compuesta de 200 hombres al mando
del capitán don Francisco Mármol, llegó el dia 2 de abril
á Barquisimeto , en donde halló ya repuesta la autoridad real
por la lealtad i celo de aquellos habitantes. Reforzado Mon-
teverde con siete cañones i con un buen repuesto de maní-
ciones i pertrechos que sacó' de las ruinas de este pueblo, re-
solvió dirigirse ácia Valencia ~ esperando que la fortuna sería
inseparable de sus banderas ~ atendido el estadode abatimien-
to de los rebeldes, i el sincero arrepentimiento de la masa
principal de la poblacion,


En el entretanto se ocupaban algunos de los mas tercos
disidentes, que manejaban las riendas del gobierno ~ en per-
suadir al pueblo, de que aquel fenómeno que tanto lo habia
alarmado no era mas que el efecto de causas naturales que
seguían su curso invariable sin la 'menor dependencia ni rela..
cion con los sucesos políticos; que iguales estragos recordaba
la historia en otras varias épocas i en diversos puntos delglo-
ho , sin que se hubieran atribuido á aquel rneteoro votras ra-
zones sino las que resultan de los mismos movimientos de la
tieua i demas afecciones puramente físicas. Dicho gobierno
insurgente quiso obligar al M. R. arzobispo á dirigir pastora-
les que propalasen aquellas ideas con el objeto de reunir de
nuevo la opinion que ya habian perdido. Pero cuando este
Rev. prelado llegó á dirigir aquella forzada alocucion episto-
lar á sus feligreses, que fue mucho tiempo despues del que
habían preiijado 1GS sediciosos, lo hizo de un modo tan ambi-
guo i sutfl ~ que empeoró su causa en vez de mejorarla. ,


A pesar de los felices elementos que obraban á favor del
ejército de Monteverde, temia el prevenido í circunspecto
Ceballos los riesgos en que podia ser envuelta aquella colum-
na por las tropas insurgentes de la provincia de Barinas ~ que
había salido libre de los estngos del terremoto, asi como, po,r
lQS pueblos de Guanare, Araure, i Trujillo, i aconsejó á di-
cho Monteverde que no intentase nuevas conquistas hasta




300 cnAcA~: 1812.
que pudiese reforzarlo con los ausilios que habia pedido á la
isla de Puerto Rico. Empero el aliento- que habian infundido
á este gefe realista sus primeras victorias, el pronunciamiento
casi general de los pueblos á favor de su causa, las vivas es-
citaciones que le hacían algunos de ellos para llevar adelante
sus armas triunfantes, los deseos de adquirir gloria, i los con-
sejos de su bizarría i arrojo tuvieron un lugar de preferencia
en el-manejo de los negocios.'


Sus primeros movimientos se dirigieron sobre Barinas,
Tocuyo , 'I'rujillo , i principalmente sobre San Carlos : al aproxi-
marse á este último punto contaba con una fuerza de I@
infantes i 18o caballos, í con algunas piezas de artillería
con todos sus pertrechos correspondientes. Engreido con sus
triunfos i bien asegurado de la devocion de aquella brillante
columna, relajó notablemente la obediencia que debia al co-
mandante general de Coro, i entablo sus comunicaciones con
el capitán general de aquellas provincias, que á aquella sa-
zon residía en Puerto Rico, don Fernando Miyares. Ansioso
de mayores glorias, determinó acometer al citado punto de San
Carlos que se ha:lIaba defendido por una fuerza considerable
de infantería i caballería: se rompió un vivo fuego, i se trabó
un sangriento combate; pero el espíritu de desercion , que reí-
naba entre' los rebeldes, fue causa de su completa derrot a , i
de que dicho gefe ciñese aqui su frente de nuevos laureles.
Doscientos enemigos muertos, 127 heridos, 470 prisioneros,
mas de 500 fusiles, la entrega de toda la caballería enemiga,
i la incorporacion de 67 valencianos decididos á sostener la
causa del Rei , fueron los trofeos de aquella ilustre jornada.


A-consecuencia de esta victoria se dirigió Monteverde
ácia Valencia, cuyo gobierno federal se retiró á la Victoria.
alarmado por los rápidos progresos de las armas españolas i
por la predísposieion que se notaba en aquellos habitantes
para segundar sus impulsos. Destacando en el entretanto un
pequeño cuerpo para ocupar á Calabozo i los LIanas, se pre-
sénto Monteverde el 3 de mayo delante de l~ referida ciudad
al favor de una marcha velocísima, á tiempo que las tropa¡




O/lAC1.';: IS12. 301


rc!xldes habían vuelto :l disputarle la entrada. Verlos ~ ata-
carlos , deshacerlos, ponerlos en fuga, cogerles un gran nú-
mero de prisioneros, un pedrero i cien fusiles, fue obra de
pocos momentos.


Enmedio de las ;lorias que iba adquiriendo este afortunado
guerrero no se le ócultaron los grandes riesgos que le rodeaban
hallándose á una distancia tan considerable del cuartel general,
i no teniendo otro punto de donde recibir los perentorios refuer-
zas que necesitaba para defenderse de 39 insurgentes que ame-
nazaban 'arrojarse sobre aquella ciudad con amllería de grue-
so calibre; se Jirijió· [lar 10 tanto con la mayor urgencia al
brigadier Ceballos par:! que le enviase cuantos ausilios estu-
vieran á su alcance. Sofocando este digno gefc cn obsefJtlio de
la justa causa los resentimientos particulares que tenia con
lVlonteverJe por haber observado en su conducta un empella
en emanciparse de su autoridad, salio con 700 hombres ,isal-
var aquella columna de la eatástrof~ que la amenazaba.


Los insurgentes en d entretanto no se descuí.Iuban de
poner en movimiento tojos los recursos de su inpeúio i des-
esperado campromiso ; pero la opinion les era contraria, i sus
progresos no podían ser sino muí lentos. Cuando un edificio
empieza á desmoronarse, su mismo pe80 lo hace venir al sue-
lo. Este era el curso que seguían los negocios de los rebeldes.
Si por una parte se mostraban todavía algunos de ellos deci-
didos á sellar con su sangre h decisión por sus primeros em-
peiíos , se notaban por otra síntomas de descontento i deseen-
fí:ll1;m, i los pueblos continuaban predispuestos en lo general
á recibir con alegría á las victoriosas armas españolas,


Aóa este mismo tiempo ocurrió el nombramiento del ya
coronel don, Simón Ilolivar , para el mando de la plaza de
Puerto Cabello; i la llegada á Caracas de aquel célebre Picor-
nell que en el arlo 1794 mientras se hallaba preso por su con-
duct.i subversiva, había eseitado en los primeros revolucio-
narios de aquellas provincias una admiracion como genio pri-
vilegiado para altas empresas, cuyo brillante concepto no
correspondió con los hechos que marcaron su adminístracion


54




302 C\J~ACAS: 1812.
durante el empleo de gefe de policía que le fue conferido.


Al llegar Ceballos al Tocuyo con ánimo de ponerse á la
cabeza de aquel ejército, tuvo avisos de don Domingo Mon-
teverde de que llO podia entregarle el mando porque se halla-
ba con órdenes reservadas para conservarlo. Con el objeto de
arreglar aquellas desavenencias que tan fatales podian ser á la
causa del Rei, pasó Ceballos á avistarse con el referido gefe;
pero insistiendo este en su determínacion de no despojarse de la
autoridad qne creia tan necesaria para terminar felizmente la
reconquista de aquellas provincias, hubo de ceder el prudente
Ceballos , i .volverse al mando de la de Coro, quedando su
rival á la cabeza de aquella espedicion , que con los refuerzos
que le habia llevado, con los desertores del ejército contrario, i
con tropas colecticias que voluntariamente se incorporaban en
aquellas filas llegó á formar un completo de 39 hombres.


Viéndose la república en el mayor conflicto, i necesitando
de un esperto general para' contener los progresos del victo-
riOso Monteverde, nombró por generalísimo ~í don Francisco
Miranda, á quien los gobernantes habían mirado hasta en-
tonces con la mayor desconfianza por temor de que la supe-
rioridad de su mérito le asegurase un influjo decisivo en los
negocios de aquel país, que humillase su soberbia i sofocase
su ambician. A los pocos días de haber sido ocupada Valencia
por el comandante español, se había situado Miranda en el pue-
blo de Guácara, distante cuatro leguas, con 49 hombres, de que
se componía entonces su ejército. Habiendo destacado desde este
punto una avanzada de 500 á esplorar el terreno, i habien-
do llegado á las manos con otra de MonteverJe, se rehusó la
mitad de ella á hacer fuego á las tropas del Roí , á las que se
pasó una compañía entera de tropa de línea. NQticioso Mi-
randa de este contratiempo resolvió retirarse al pueblo de Ma-
racai , que dista ocho leguas, en donde, á pesar de habérsele
anteriormente desertado en la Victoria en una sola noche
casi todo el batallan llamado de Tui, compuesto de 400 pla-
zas, recibió sin embargo varios refuerzos; i valiéndose por
otra parte del apremió i del rigor, aumentó considerablemen-




!'\TIM:,\S: 1812. 303
te su ejJl'cítu, se atrincheró en los puntos de la Cabrera i
GU'líCJ.


Espcrando rvlonteverde que el espíritu de las tropas re-
heldes seria el mismo quc habian manifestado la avanzada
que había salido de GII<Ícara i el hatallon de Tui, se adelantó
rápidamente á atacarlas; i aunque obtuvo pocas ventajas en
los tres choques que empeño , desamparó lVIiranda dichas for-


. tiflcaciones de la Cabrera iGuaica, i se retiró seis leguas al
pueblo 'de la Victcria , en cuyo. punto, fortificado con muchas
piezas de artillería, i defendido por 50 hombres que habia
podido reunir á fuerza de los mayores sacrificios, creia se es-
trellarían todos los proyectos de los realistas. El valienteMon-
teverde dejando que la fortuna fijase la suelte de sus· armas
mas bien que los detenidos cálculos del raciocinio , se adelan-
tó sin pérdida de tiempo á Maracai , i desde allí al pueblo
de San Mateo, dosIeguas distante de la Victoria. Figurándo-
se con demasiada confianza que todo habia de ceder á la rapi-
dez de SllS maniobras i á los esfuerzos de su brazo, trató de
sorprender á los insurgentes en una madrugada: el éxito jus-
tificó lo acertado de sus planes: fueron cogidos con efecto
desprevenidos los soldados de Miranda; pero favorecidos por
la posicion , alentados por su número, i confiados en el tino
é- inteligencia de su general,. hicieron una desesperada defen-
sa rechazando al enemigo con bastante pérdida, i dejándole
tan débil de resultas de esta malograda tentativa, que apenas
podía contar con 500 hombres de tropas disciplinadas, sien-
do Ias demas bisoñas é iuespertas,


La posíeion de IHontevenle se 11_entonces mui apura-
da: escaso de tropas, falto de muníciones , distante 130 le-
guas de Coro, que era el primer punto de donde podia reci-
bir algunos refuerzos, con un formidable enemigo al frente i
la plaza'de Puerto Cabello á la espalda, no le quedaba ni


'. aun el recurso de la retirada, porque habría sido filas seguro
el desaliento de sus soldados, i mas fácil su propia destruc-
cion.Una junta de oficiales, sin embargo, resolvió volver á
Valencia ; pero á los ruegos i escitaciones del presbítero don




Juan Antonio Rojas Queipo , que acompaíiaha á lHontevcrd~,
de quien pudo conseguir se difiriese aquella providencia dos
ó tres dias á lo menos, se debió tal vez la salvación del ejér-
cito espartal. Sucedio en este tiempo la sublevación de los
realistas úeterú.ros en Puerto Ca\)cll0, entre 10i que se distin-
guian los que habían suscitado i sostenido la contra-revolucion
de Valencia del afio anterior don Jacinto Istueta , don Fran-
cisco Sanchez, don Francisco Inchauspi \ don Juan Antonio
Baquero i el sargento Alarcon.


Ganada por estos atrevidos sugetos la gUllrnicion del cas-
tillo i 111. compañía de artilleros acuartelados en las boredas,
lograron tremolar el pabellón español, arriar los buques fon-
deados, batir la poblacion i hacerse dueños de aquella plaza,
la mas importante de taja la provincia. El memorable diil I?
de julio, en que se dio un golpe tan feliz como inesperado,
reanimó el espíritu de las tropas de Monteverée , quien vo-
lando á proveerse en aquel puerto de víveres i municiones de
que tanto necesitaba , JIegó á tiempo todavía de arrollar en
el puente que llaman de los muertos los restos fugitivos de la
guarnieion, que no tuvieron la dicha de fugarse por mar,
como lo verificó Bolívar embarcándose para la Guaira.


La situación de Caracas era al mismo tiempo la mas lamenta-
ble. A Ios estragos causados por el terremoto se reunia una falta
tan grande de metálico, que se daban 2~ pesoi en papel por
100 en metálico; de aquí resulto la paralizacion de su co-
mercio, la incomunicacíon de los pueblos, la dificultad de
adquirir víveres i demas efectos, que todos ocultaban por no
recibir en pago el 8. de valor imaginario , la miseria con


. iUS mas horribles formas, la disenteria i la muerte.
Faltaba todavía otro golpe que completase la tristeza de


este cuadro, i tardó poco en esperimentarse. A las doce de la
noche del. 13 de julio sonó la genenla para que Sil1.rmaSen
todos los habitantes contra lss negros de Curiepe , Capaya,
Guapo i costas orientales, que habían sido sublevados por
Quintero i Elzaburu á favor del Rei, i que amenazaban el
esterminio total de los pueblos. Esta inesperada conmocion




fAr:AU,s: 1$]2. 505
,(caLe( de e!cfconcutar asimismo al gfIlcral Miranda, que ya
se [iailaha 110 rOCo desalentado con la horrorosa clcEcrrion de
sus trops desde (pie ie haba rendido la plaza de Puerto
CilJC1lo.


interesados todos los blancos en rejrirnir los csccsosde la
gfJ1te de color , se rusicrcn de acuerdo realistas é indepen-
dientes en hacer 1IW) transacion amistosa , por la que fuera
repuesta la autoridad del Rei , sin ql¡C sufrieran la menor le-
sien ni quebranto los que Lul.ieran profesado opiniones dife-
rentes. Ya l~s negros hal.ian llegado á Cuatírc, que dista doce
leguas de Caracas , i los mementos eran sumamente preciosos
si se había de pr:.;r tI ;¡faelue dirijido contra dicha capital
que se hallaba entoncr s sin fner zas ¡¡Ha resistirlo. El actual
intendente de cjt'nÍto den JOi{ LeIllingo Diaz , entonces ins-
pector de los hospitales , sugeto recomendable por su celo i
constanci.. en el servicio del Rei , por su afan en fomentar los
intereses de la metrópoli, por su ímpavidez en entregarse á
toda clase de planes que tuviesen por oljeto la destruccion
del gobierno independiente, j por el vigor de su pluma para
desacreditar Ios sacrílegos empeños de sus paisanos; dicho be-
nemérito americano, lleno de aquella energía i decisión que
le son caracterilticas, hizo ver al marqués de Casa Leon la
necesidad de tomar urgmtcs medidas rara que rindiera las
armas el ejército de Mirande, único medio .de contener el
torrente furioso de las gentes de color, las que tal vez abu-
sando del augusto nombre del Monarca español se cebarian in-
distintamente en 1115 pcrsoms i en los intereses de los hlan-
fas, ora pcrtcnccie.ccn al partido español, ó bien al de la in-
dependencia.


Antes del amanecer del dia siguiente estaba ya en mar-
eha dicho marqués pa,ra la Victoria, en donde supo manejar
tan cliestramente los recursos de su eloruencia i persuasion,
que el caudillo Miranda, acaso el mas juicioso i menos violen-
to de todos los corifcos revolucionarios, se determinó á enviar
al cuartel general de JUonteverdj: proposiciones de una tran-
sacien amistosa, asegurado por el referido marqués de que le




306 <;AI1,I(;,I<;: 1812. ...
serian suministradas mil onZ1S de oro para proveer á su sub-
sistencia en paises -estrangeros , á donde le seria preciso re-
·fugiarse.


Natándose bastante discordancia en los ánimos de ambos ne-
'gociadores, i urgiendo considerablemente que se ajustase con
prontitud el convenio profl~sto, pasó el marqués á verse
cou el gafe realista en San Mateo, con el cual se fijaron defi-


-nitivamente las bases de la sumision absoluta de las tropas
rebeldes, ~¡,¡yas personas i bienes, asf como las de todos los di-


--sidentes en los puntos no ocupados por los realistas, debían
¡quedar inmunes; transacion que fue ratificada por ambas par-
tes en los dias 24 i 25 de julio.


Mientras que se estaban discutiendo estas negociaciones, i
en el mismo dia 22 en que -miranda había comisionado al
marqués de Casa Lean ,para que alterase ó modificase las con-
diciones del tratado" arribó á Puerto Cabello el eapíran gene-


. ral de aquellas provincias don Fernando Miyares, quien, pues-
- to en .inmediata comunicacion con J'HonteverJe, vió con el ma-


yor.dolor la ninguna disposícíon de este gcfe ú cederle el
<mandoque 'legítiJnaimentc le pertenecía, Escudado dicho Mon-
1:everde en· los' artículos pactados para.darejecucion al trata-
do principal ,entre cuyas condiciones se hallaba la de lJue la
_ocupacion i territorio de la provincia de Caracas debia ser de
'süesclusiva ínspecoion.sín.que le fuera permitido hacer va-
riacion giguna en esta parte , admitió las representaciones de
varios ayuntamientos para que conservase la autoridad hasta
que 8.1\1. resolviera lo que fuera de su superior agrado. En
su consecuencia lo hizo asi presente al citado capitan general, :Í
quien con toda la urbanidad i decoro que ha inventado la fi-


-::na política hizo ver, la necesidad de que desistiese por entou-
'''-ces.de -suempeño en' temardas riendas del gobierno, ale-


gando - la santidad de un solemne tratado \ í la conveniencia
de que completasen la reconquista las mismas manos que ha-
bían sabido encadenar la victoria inspirando á los pueblos una
-conflanza sin límites, causs-prínoipal de sus ilustres triunfos.


Habiéndonos pretestado repetidasveces contra ..los actos




CAI:!CAS: 1012. 307
(le ínsubordinacíon , que tan fatales consecuencias han acarrea-
do ,í la justa causa del Monarca español, no deberá estrañar-
se que desaprobemos la conducta observada por el señor Mon-
teverde en estas circunstancias. Es Iastima, en verdad, que.
una campaña tan brillante, en la que se (Ubrío de gloria aquel
gefe esforzado, presente un flanco que tanto contribuye á
rebajar el distinguido mérito que contrajo en ella. El desce-,
nocirniento que hizo primeramente. de sucomandar te inme-
diato , el brigadier Cehallos , i su insistencia en, conservar el
mando ~ desairando la dignidad del espitan general legítima-,
mente autorizado, i que con el objeto de ponetie á la cabeza
de aquellas provincias ~ se habia hecho á la vela desde Puer-
to Rico con. su plana mayor, con nuevas instrucciones de la
corte i encargo particular de plantear Ia constitucion de Cá"
diz que le había sido remitida ~ hicieron ver claramente que
el señor Monteverde había adquirido con sus victorias la am-
bician tan propia de 10i conquistadores. Si bien las razones
espuestas por dicho gefe estuvieron muí distantes de satisfacer
al prudente i detenido Miy:ues, disimuló sin embargo el sen-
timiento de aquel desaire, i para que jamás recayera sobre su
persona lo odioso de esta escisión ~ se retiró á Coro á esperar
el desenlace de aquellos sucesos i órdenes ulteriores de la pe..
nínsula (1).


Solícito Miranda-por cumplir exactamente las condiciones
del tratado ~ i observando que varios cuerpos de pardos salían
IlD tropel del pueblo de la Victoria con dirección á Caracas,
publicando que no entraban en la capitulación ajustada ~ dió
las órdenes mas terminantes para la pronta entrega de las
tropas que quedaban cn dicho pueblo de la Victoría., i salió


1) Si "l(,ma ~ez :melfeió disculpa la ']('n!J,cicJ:fia, fue cic¡,awcu-
le en est a ccasio n en 'l"c el n"'~i,o plCfI;gi(' de Mu:hHJ(le er a t an ne-
cesario para conservar la J ecnn quista de las provincias de Ycncwela. El
goLiclDO supremo de la na eion COI pCHll(ja de lo oI'Uf·,lo {, d por am-
hes sdel i por algur.os ayunten.ien te s, i en vi. tud de la capitulacicn de San
M.ateo, tei mrnó d asunto nombrando a :M',"IC1'Clde {(oLenmdor j capit an
¡enelallle dicha provincia. ~




30~ CARACAS: 1812.
pH:l h capital á desarmar todos Ioa m.ilatos , 10; que temía
puIiesen reunirse con los negr03 sublevados de las costas
orientales, i C1USetr el estermiuio dc los ])L1:1':os. Asi halL>;Vlon-
tcverde espedita su eutra.lu eu Caracas, que veritico el día 3o
de julio con gcncnl aclarnacion de aquellos habitantes.


Al mismo tiempo que el comandante re:llista torn.rbr p03C-
sion de esta ciu Iad , se dirigia Miranb. á embarcarse en la
Guaira, esperando recibir en este punto /750 onzas dc las 19
que le hablan sido ofrecidas para rendir las armas, i de las que
tan solo hablan sido remitidas á la Victoria 25::> por el conducto
dedon J05é Domingo Dl.u; ¡Joro se.luci.lo vilmente por el
ambiciosoBolívar el comandante de dicho puerto don José
Pería , sin embargo de ser deudor á Miranda del puesto que
ocupaba , procedi6 á su arresto de acuerdo con don IHmuel
Muía Casas i otros falsos amigos i hombres ingratos que se
habían propuesto contraer por este medio un distinguido mé-
rita para con el gen3ra! español, }<iste apreció alue! servido,
i si bien debió mirar con indigi1:lcion i horror á u'Judlos in-
morales sugetos , dio órdün, sin emb:lrgo, pan la seguri.lad
de la persona del citado Miranda i la de oeho mas, contra 10'1
que se alegaban algunos cargos de dilapidacion de los fondos
públicos i otros delitos; i en su consecuencia fueron l'eUlitidos
:i CiJi" , donde sucumbió e! primero al peso de su adversidad.
Obtuvieron pasaportes al mismo-tiempo psra la isla de Cura-
Z!l.O dicho Bolivar, don JosJ Felix Rihas , i otros furiosos re-
publicanos , habiendo seguido igual destino muchos de los
principales comprometidos dcsconflanIo de la sq;uridad de
sus personas, si bien estaban garantidas por el convenio de
San Mateo. Otros se pasaron :Í Cartagena , cuyo punto parece
fue la madriguera. de los mayores sediciosos, á donde concur-
rieron asimismo en el mes de octubre Bolívar, Ribas i CU:lU-
tos deseaban trastornar de nuevo aquel país , come> lo verífl-
earon :í principios del año siguiente.


Scguh en el entretanto i11ontcver3e recibiendo la espon-
tánea sumisión de laa provincias de Cumana i Barcelona, i
,¡;lc la isla' de Mariquíta , que fueron las últimas en sacudir d




( ~!: r'. s : I 3 1 2. 3"C)
gC'0ierno indcpcnJiente. De este modo quedó toda la capita-
nÍ:I general de Caracas bajo el paternal dominio del señor don
Fernando Vil; i el alboroto de los negros se calmó al mo-
mento quc se divulgó tan plausible noticia. Parece que este
órdcn de administracion tan apetecido por los buenos debía
ser subsistente, i así lo hacia creer el pronunciamiento casi
general de la opinion ; pero fuese que esta empezó á cstraviar-
se por algunos actos violentos é impolíticos? ejecutados espe-
cialmente en Cumaná por el oficial comisionado don Francis-
co Javier Cerveriz , quien escedíendo la. instrucciones del se-
ñor l\1ontevenle había aprisionado una porcion de sugetos que
debian hallarse comprendidos en las garantías del tratado de
pacifiClcion? ó bien fuese por efecto de algunas fatales medi-
das de proscripción arrancadas del gobierno de la capital por
encubiertos i fementidos confidentes de aquel gefe superior,
que forjaban conspiraciones en su fantasía para tenerlo en
contÍnua alarma i desconfianza; ó fuese finalmente á impul-
so de los vigorosos esfuerzos de los rebeldes dc Cartagena,
apoyados por los cstrangcros , c1 edificio monárquico se estre-
meció de nuevo á fines de 1812 i volvió á sucumbir en el
siguiente con la misma precipitacion con que se había le-
vantado de sus ruinas.


55




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CAPITULO XXV.


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lVIEJICO:
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1812.


Batalla de Zitdcuaro i derrota completa de los insurgentes.
Acciones de Tenango i de Tecualoya. Retirada de Rayan
á Tlalpujagua. Elementos de discordia entre los indivi-
duos de la junta suprema. Arribo de nuevas tropas de la
Península. Pastorales del Rev. obispo de Puebla para pa-
cificar el pais, Varias acciones parciales gloriosas á las
armas del Rei. Espedicion de Calleja contra Cuautla. Si-
tio i abandono de esta plaza. Inoasion de la provincia
de Oajaca por Morelos. Nuevas disensiones entre los
facciosos. Indisposicion del general Calleja. Hechos de
armas del coronel don Joaquin del Castillo i Busta-
mante ; de don Agu!Jtin de Iturbide ; i de otros varios
gefes. Ventajas conseguidas por las tropas del Norte de
1I'1r!jico. Insurreccion de la costa de Veracruz, Fatales
efectos producidos por la libertad de la imprenta. Sirios
alborotos en 1VIéjico, i grande e:xaltacion en los ánimos.
Suspension de dicha libertad de imprenta.


La atención publica de ]03 habitantes de NIéjíco estaba
fija en el resultado de la batalla que iba á darse en Zitrícua-
ro, en cuyo punto se hallaba reunida la fuerza principal de
los revoltosos, apoyados en aquella quimérica forma de go-
bierno qne habían establecido. Las ventajas conseguidas por
el brigadier Porlier en el cerro de Tenango el dia 1? del arlo,
daban lisonjeras esperanzas de que la victoria coronaria los
esfuerzos de las armas realistas. La empresa de Zitiícuaro era
de las mas difíciles que se hubieran presentado: los facciosos




M !"neo: 1 <3 12.· :5 1 (
hubuiu fOftíficJ,iú 1flue1b posicion con baluartes, zanjas , fo-
sos, i con todos los medios de defensa que sugieren los ardi-
des de la guerra. El terreno, por otra parte, les era favora-
ble. Una sierra de doce i quince leguas de estension circula
el citado pueblo. Elevadas i espesrsimas arboledas, por las
que difícilmente penetraban algunos débiles rayos del sol; sen-
das, que aun en tiempos comunes ofrecian un penoso i difi-
cil tránsito por sus empinados cerros i profundas barrancas, í
que en aquella ocasion habian sido ostruidas por innumera-
bles i robustos pinos; un horizonte, cubierto de densas nie-


-hlas , 'Iue alternativamente producían vientos , nieves i hielos,
formando resbaladeros en las laderas, i atolladeros en los ba-
gios; pueblos i haciendas abandonadas, forrages incendiados,
campiñas asoladas: cste era el camino que se ofrecia al va-
liente Calleja para llevar sus tropas contra el enemigo. Em-
pero por grandes que fueran estos obstáculos, los superó bi·
zarramente el ejército del Rei , el que campó el primero del
año á legua i media eleI mencionado pueblo de Zitacuaro,


Ocupado aquel dia el general Calleja en reconocer las po-
siciones de los rebeldes, vió con la mayor sorpresa veinte ba-
terías colocadas del modo mas ingenioso? todas con merlones
de cuatro varas de espesor, escepto una que lo estaba á bar-
beta. Otro de los medios vigorosos de su defensa era una pro-
funda barranca, que circunvalaba dicho pueblo á medio tiro
de callan, i una zanja mas inmediata llena de agua de-tres
varas i media de profundidad i cuatro de anchura, que ro-
deaba todas SllS fortificaciones, i un gran cerro , en cuya
cúspide se hahían colocado diez i seis piezas de artíllerfa. El
número de los enemigos que habia que combatir no bajaba
de 309 hombres, i entre ellos 1 2~ de caballería: no podía
ser mas arriesgado el empeño del general realista en atacar á
pecho descubierto una posieion tan respetable, defendida por
gente despechada aunque colecticia , quc no tenia mas alter-
nativa que la victoria ó la muerte.


No se le ocultó á este esforzado gefe lo crftico de su si-
tuacíon ; pero ya no era tiempo de retroceder: su honor es-




31:>' )lj·:.1ICíl: J 8 1 '<o
taba comprometido; lo estaba asimismo la opiníou de su ej:!r,.
cito; i la salvación ó la ruina del reino dcpendia del resulta-
do de aquella batalla. Los granJes genios cuentan el número
de sus hazañas por el de los tropiezos í contrariedades; i re-
creándose con el mayor punto de gloria que pueden merecer
cuanto son menores los recursos i elementos, redoblan heroi-
camente sus refuerzos para que se deba á estos esclusivamen-
te lo ilustre de sus empresas. Esta idea bizarra ocupaba en-
teramente el ánimo de Calleja, i disipaba el temor que podia
inspirar el terrible aparato de los enemigos á otros pechos me-
nos varoniles, que sujetándolo todo al calculo prudenciul no.
quieren fiar nada á los prodigios del valor. Pura salir sin em-
bargo de aquella ansiedad, determinó el ataque para el día
siguiente á las seis de la mañuna.


Envestido el enemigo en todas direcciones por varias co-
lumnas, en que había sido dividido el ejército realista i que
obraban en una perfecta eombinaeion; forzadas sus líneas, i
desmontadas sus baterías por los fuegos de artillería que diri-
jió con el mayor acierto el entonces coman.Iante de aquella
arma ~ don Ramon Diaz de Ortega, empezó á rernolinarse i á
presentar todos los síntomas del desorden i de la confusíon : es-
trechado ya mas de cerca por los rápidos movimientos de las
valientes tropas de Calleja, perdió su formacion i se des-
bandó ~ fiando la defensa de sus vidas á la celeridad de sus
pies. Todos corrian en tropel arrojándose por fosos i despeña-
deros, i precipitándose unos sobre otros para evitar el alcance
de los soldados victoriosos. A las dos de la tarde ya no había
en aquel recinto un solo enemigo vivo, escepto el corregidor
i diez i ocho personas mas, que fueron pasadas por las armas.
Los cabecillas Rayan, Liceaga , i Verdusco se sustrajeron tarn-
bien con la fuga al justo furor de los realistas. Esta insigne
victoria que costó á los insurgentes de 3 á 49 muertos ~ 43
curiones, infinidad de pertrechos de guerra, dos fundiciones
de artillería de bronce, varias maestranzas i laboratorios, una
inmensa cantidad de vívcres , 6:3 carneros, gran porción de
bueyes , i otros muchos despojos i equipages de tan numerosa




)¡ÚIW: ISI? 313
gavilla, no produjo en el ejército del Rei mas pérdida que
la de 5 muertos, 7 heridos i 4 contusos. Increíble parece que
un triunfo tan glorioso para las armas españolas fuera com-
prado con tan poca sangre.


Conociendo Calleja 1<1 necesidad de hacer un escarmiento
terrible que dejara indelebles señales del fin que podían pro-
meterse los que guiados por sus depravadas pasiones ó aluci-
nados por su misma torpeza ó ignorancia intentasen reproducir
las escenas sangrientas de Zit.ícuaro, en cuyas calles se habían
visto colgadas las cabezas de varios beneméritos soldados rea-
listas, i en donde el furor revolucionario había llegado al es-
tremo de armar el brazo del débil sexo i de los tiernos ni-
¡lOS, dió un decreto solemne de que dejára de existir aquel
pueblo rabioso, concediendo el término de seis días para
que SllS habitantes se trasladasen con sus intereses á los pai-
ses inmediatos, i adoptando otras medidas de rigor contra los
que mas se hubieran señalado en aquella bárbara revoluciono


El mismo Porlier, quc tanto se habia distinguido en la ac-
cion del día 11}, atacó nuevamente el día 3 al enemigo que
se hallaba situado á la otra parte de la profunda i escabrosa
barranca de Tecualoya. A pesar de la escelente posieion que
ocupaban los bandidos, fue tan impetuosa la carga de los rea-
listas, que se dispersaron aquellos en varios rumbos , por los
que fueron perseguidos con gran mortandad. Entre los tro-
feos de esta sangrienta accion se contaron algunos cabeci-
llas, 3 callones, muchas escopetas, lanzas i otras armas,
gran cantidad de víveres, azricar , caballos i mulas, i la des-
truccíon total de la fihrica de pólvora que tenian en el mis-
mo pueblo de Tecua10Yil.


Con tan furiosas derrotas se desvanecieron por el mo-
mento todos los proyectos deIos visionarios de la junta sobe-
rana: pero como su ciega ohstinacion na cedía ni aun á los
mas fieros desastres, se refugiaron en el Real de Sultepec para
resucitar sus insensatos proyectos. Siendo el mas terco i am-
bicioso de tollas los vocales el indomable Rayan ,\ promovió
fácilmente la desavenencia de los demas , con la idea de sepa-




51!~ iIIÉ.nrO: 11\12.
radas, para que encargáudose cada uno de ellos de la organí-
zacion de un distrito, se mantuviese en pie á lo menos en
apariencia su junta ó congreso, en la que ellos hadan estri-
bar la garantía principal de la devocion del pueblo.


Situado Rayan á cunsecuencia de este proyecto en 'I'Ial-
pujagua, su patria, lugar de la áspera serranía de Angangueo,
mientras que sus coosoberanos vagaban por las provincias del
Norte i Poniente, conservó en sus manos las riendas princi-
pales del gobierno á pesar de los esfuerzos para disputarselo,
cuyo acalorado empeño produjo una funesta enemistad entre
todos ellos.


El apóstata Morelos , que á esta sazón se había colocado
en Cuautla de Amílpas , distante veinte i dos leguas de Mé-
jico, despues de haber conseguido varias ventajas en las cos-
tas del Sur, observó la debilidad de la junta establecida en
Sultepéc , i continuó por lo tanto en obrar con independen-
cia absoluta, reconociéndose superior en fuerzas á los indi-
viduos de aquel gobierno. Viendo estos 10 peligroso que po-
día ser para sus ambiciosas pretensiones un enemigo tan
osado cual era Morelos, depusieron por un momento su ani-
mosidad, i se convinieron en incorporarlo á su junta, nom-
hrándole vocal de ella, i confirmándole la investidura de ge-·
neral del Sur que él mismo se habia arrogado.


Suspendiendo por un momento la relacion ele las altas
disposiciones gubernativas dictadas por los llamados gcfes
supremos de la nacían, retrocederemos á dar un bosque-
jo aunque rápido de 108 principales sucesos de las armas
realistas.


No bien había descansado el valiente Porlier de las dos
distinguidas acciones trabadas por los insurgentes en el l':! i
3 de enero, cuando ya debió prepararse para la tercera en 17.
Dióse esta en la misma barranca de Tecualoya contra una
numerosa reunión de bandidos pertenecientes al cura IHore-
los, i entre ellos varios prófugos de Zitácuaro. A pesar de
la inferioridad numérica de las tropas del Rei , fueron ba-
tidos los rebeldes con gran mortandad i con la pérdida de




Múleo: 1 S 12. 315
siete cazlones , varios fusiles, lanzas, municiones i otros per-
trechos.


El desembarco de los batallones de Asturias i Lobera,
verificado el 13 del mismo mes de enero en Veracruz , pro-
dujo las mas puras sensaciones de alegría, manifestadas en
todas partes, especialmente en el citado puerto, en el que
fueron recibidos con triunfo, i en medio de las mas ardientes
aclamaciones.


Seria demasiado prolijo referir los infinitos choques que
se trabaron en todas direcciones en esta época: para conci-
liar, pues, la parte instructiva de la historia con la ameni-
dad i fluidez de su redaccion , nos vemos precisados á omitir
un gran número dc combates parciales que no son del ma-
yor interes , sin que pretendamos por este silencio defraudar
el mérito que contrageron todas las partidas sueltas que tu-
vieron parte en ellos.


En tanto que estas llenaban sus deberes á satisfaccion de
sus gefcs, se había derramado á manos llenas por todo el
reino una circular del R. Obispo de Puebla, que con la apro-
hadan del virei había dirigido á los curas de su diócesis, ma-
nífestdndoles los insignes triunfos de las armas del Rei , el
arribo de nuevas tropas de la península, i la indispensable
necesidad de que fueran sucumbiendo gradualmente á su fa-
tal destine todos los sediciosos, á quienes ofreeia un indulto
generoso si abjurando sus errores políticos se acogían bajo el
manto de la Real clemencia.


Entre las varias acciones dignas de particular mencion
sobresale la del teniente de 1anceros Godinet , quien con la
sola escolta que prestaba al correo de Puebla, se defendió en
la venta de Chalco de dos mil bandidos que le tuvieron si-
tiado dos dias , pasado cuyo tiempo llegó á la capital sin mas
pérdida que la de un soldado muerto, tres heridos i algunos
contusos. Porlier volvio ,í ser atacado en la mañana del 22
de enero en su posicion ele Tenaneingo; i despues de haber
resistido denonadamente las impetuosas cargas del cura Ra-
hadan, hizo una salida, en la que se apoderó de seis cañones




316 MÉJICO: 1812.
i de todas las municiones: todo aquel. dia i noche continuó
un fuego horrible de cañón i fusilería en medio del incendio
de las casas que circundaban la plaza; i á fin de salvarse de
los peligros que le rodeaban, dispuso en la mañana del 23 la
salida del teniente de navío l\:Iichelena para apoderarse de dos
cañones que los rebeldes habían colocado sobre un cerro con
los que le causaban bastante daño,


Ya el valiente Michelena habia forzado la poslclOn i ar-
rebatado á los enemigos una de estas piezas, i se preparaba
á tomar la otra cuando una emboscada, que él no Iiabia po-
dido descubrir, cayó repentinamente sobre su columna, la
desconcertó i la obligó á replegarse á la plaza luego que su-
cumbieron á su mismo arrojo i decision este digno gefe i los
oficiales don Pedro Toro 1 don García Revilla , don Antonio
Da